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Full text of "Biblioteca de autores españoles, desde la formacion del lenguaje hasta nuestros dias"

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AUTORES  ESPAÑOLES. 


(TOMO  LXX  DE  LA  COLECCIÓN.) 


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AUTORES  ESPAÑOLES 


DESDE  LA  FORMACIÓN  DEL   LENGUAJE  HASTA  NUESTROS  DÍAS. 


CRÓNICAS 


DE 


LOS  REYES  DE  CASTILLA 


DESDE 


DON   ALFONSO    EL   SABIO,    HASTA   LOS   CATÓLICOS   DON   FERNANDO   Y   DONA   ISABEL. 

COUBCCION  ORDENADA 

POR  DON  CAYETANO  ROSELL. 


TOMO  TERCERO. 


/// 


MADRID, 

M.    RIVADENEYRA  — EDITOR, 

ADMIKI8TBACI0N  :  MADEBA  BAJA,  KÚM,  8, 

1878. 


^ ,  lo 


lUrREKTA ,  ESTEREOTIPIA  T  OAI.VASOPLAfiTIA  DE  AlilFAU  Y  COMPASÍA  (POCESOBES  DE  RIVADENEYEA), 
lUi'itEwr.rj  DE  cAMAri  DE  í.  M Cftlledfll  BnnupiJe  Omina,  niün.  3. 


ADYEETENCIA. 


■Para  dar  por  terminada  la  colección  de  Crónicas  de  los  Reyes  de  Castilla,  que  nos  propu- 
simos incluir  en  la  Biblioteca  ,  restan  únicamente  las  que  corresponden  á  los  reinados  de 
Jthirique  IV  y  los  Reyes  Católicos.  Hasta  ahora  contamos  en  cada  reinado  con  una  crónica; 
ni  tampoco  se  extendia  á  más  nuestro  empeño ,  atenidos  como  estábamos ,  no  á  reproducir 
monumentos  esencialmente  históricos,  sino  aquellos  que  de  común  acuerdo  se  conservan  y 
recomiendan  como  superiores  por  su  concepto  y  mérito  literarios.  Pero  el  renacimiento  de 
las  letras  en  Occidente  perfeccionó  los  estudios,  ensanchó  el  campo  de  la  erudición,  y  armo- 
nizó más  y  más  la  manera  de  expresar  las  ideas  con  el  mejor  arte  de  la  forma,  modelada 
sobre  los  insignes  ejemplares  de  la  antigüedad  clásica. 

El  siglo  XV  cae  de  lleno  en  este  período;  y  lo  que  antes  era  semilla  copiosa,  pero  poco 
fecunda  aún  ,  llega  en  breve  á  hacerse  campo  de  frondosa  y  lozana  fertilidad.  Allí  no  era 
posible  la  preferencia ;  aquí  lo  dificultoso  es  la  elección ;  pues  exceptuándose  algún  investi- 
gador de  memorias  y  documentos,  que  en  fuerza  de  aplicación  y  voluntad  hacía  olvidar  lo 
deslucido  de  su  propósito,  los  más  eran  escritores  de  profesión,  que  con  observar  lo  que 
acontecía  á  su  vista  y  referirlo  según  su  pasión  ó  sus  intereses ,  por  elegante  manera  y  aci- 
calado estilo ,  creían  haber  desempeñado  su  papel  á  gusto  de  los  que  los  pagaban  ó  los  aplau- 
dían. El  más  retórico  era  el  que  presumía  de  mayo^iacíerto. 

Dijimos  al  finalizar  la  Advertencia  que  encabeza  el  tomo  ii  de  nuestras  Crónicas,  que  en 
el  presente,  relativo  al  reinado  de  los  Reyes  Católicos,  marcharíamos  con  más  desembarazo 
en  cuanto  á  la  concurrencia  de  los  autores  que  se  disputan  la  propiedad  de  alguna  de  las 
obras  de  esta  colección.  No  cabe,  en  efecto,  duda  respecto  á  los  verdaderos  historiadores  de 
aquel  reinado;  pero  no  sucede  lo  mismo  conloa  del  precedente,  es  decir,  con  el  de  D.  Enri- 
que IV,  en  cuya  vida  pusieron  mano  á  la  vez  varios  escritores ,  sin  que  sea  posible  afirmar 
sin  pruebas  á  quién  ha  de  atribuirse  esta  ó  la  otra  obra  determinada.  Cuál  más,  cuál  ménos^ 
sabemos  que  intervinieron  en  aquella  empresa  el  competidor  de  Nebrija,  Alonso  de  Falen- 
cia, Mosen  Diego  de  Valora,  Diego  Enríquez  del  Castillo ,  D.  Juan  Arias  Dávila,  el  famoso 
compilador  y  refundidor  de  los  documentos  históricos  de  aquella  edad ,  Don  Lorenzo  Ga- 
lindez  de  Carvajal,  y  con  carácter  más  general,  sin  ceñirse  á  limitado  ¡espacio  de  tiempo,  el 
bachiller  Alfonso  de  Toledo,  Pedro  de  Escávias ,  y  quizá  algún  otro. 

No  nos  detendremos  á  referir  las  circunstancias  de  la  vida  de  algunos  de  estos  autores, 
personajes  importantes  en  las  cortes  de  Enrique  IV  y  de  los  reyes  Don  Fernando  y  Doña 
Isabel  (1),  porque  están  ya  consignadas  tan  ampliamente  como  es  posible  en  obras  recientes 

(1)  Alfonso  de  Falencia  ó  Fernandez  de  Palen-  bando  del  rey  intruso  Don  Alfonso,  hermano  do 
cía,  natural  quizá  de  esta  ciudad,  ó  según  otros,  de  Don  Enrique.— Diego  Enriquez  del  Castillo,  natu- 
Sevilla,  nació  el  año  1443,  y  murió  el  92.  Se  educó  ral  de  Segovia,  fué  capellán  y  del  consejo  de  dicho 
en  Italia,  adonde  pasó  de  joven  con  el  obispo  de  rey  Don  Enrique.  —  Diego  de  Valera,  nacido  en 
Burgos,  Don  Alfonso  de  Santa  María  ó  de  Cartagena,  Cuenca  en  1412 ,  murió  en  1486.  Merced  á  su  talen- 
siendo  familiar  del  célebre  cardenal  Besarion.  Vuel-  to  y  á  los  caballerescos  servicios  que  prestó  á  Es- 
to á  España,  sucedió  á  Juan  de  Mena  en  el  empleo  paña  en  los  países  extranjeros,  fué  muy  estimado  y 
de  cronista  y  secretario  de  latín,  y  se  afilió  ea  el  distinguido  por  Don  Juan  II  y  los  Keyes  Católicos. 


VI  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 

de  autores  contemporáneos,  que  sin  dificultad  pueden  consultarse  (1).  Ni  es  tampoco  del 
caso  incluir  aquí  la  enumeración  y  juicio  de  los  muchos  y  varios  escritos  que  se  conservan 
de  aquéllos ,  cuando  sería  inútil  por  una  parte  y  pretencioso  por  otra  el  intento  de  acometer 
este  trabajo ;  no  será  poco  el  de  concretarnos  á  nuestro  ot^jeto. 

Tres  son  las  principales  Crónicas  que  se  citan  de  Enrique  IV :  la  de  Alfonso  de  Falencia, 
la  de  Diego  Enriquez  del  Castillo  y  la  de  Mosen  Diego  de  Valora ,  esta  última  titulada 
Memorial  de  diversas  hazañas ,  y  hasta  hoy  inédita  como  la  primera.  Escribió  también  Fa- 
lencia las  Décadas  Latinas ,  cuyo  verdadero  título  es  las  Tres  Décadas  de  las  cosas  de  mi 
tiempo  f  que  comprenden  desde  1440  hasta  que  queda  asegurada  la  sucesión  de  la  reina  Isa- 
bel en  el  trono  de  Castilla.  La  Crónica  abraza  solamente  el  reinado  de  Enrique  IV,  y  en 
algunos  ejemplares,  no  cabal,  falta  que  puede  atribuirse  á  que  los  códices  no  estén  completos. 
Las  Décadas  están  escritas  en  latin,  la  Crónica  en  castellano;  lo  cual  ciertamente  no  se  opone 
á  que  ésta,  ya  que  no  una  traducción ,  por  lo  menos  sea  casi  un  extracto  de  las  primeras. 

Fudo  muy  bien  Falencia  ser  autor  de  este  trabajo ,  como  lo  es  de  las  versiones  de  otras 
obras  suyas,  dado  que  todas  las  escribió  en  latin,  obligación  tal  vez  aneja  al  título  de  Secreta^ 
rio  de  latin  ^  en  que  sucedió  á  Juan  de  Mena;  mas  esta  conjetura,  sobre  alguna  razón  que  ale- 
garemos luego,  es  de  ningún  valor  desde  el  momento  en  que  se  dice,  como  es  verdad,  que 
él  mismo  formó  una  lista  de  sus  escritos,  y  no  menciona  en  ella  la  Crónica  de  Enrique  IV, 
Si  ésta,  según  la  opinión  de  algunos,  fuese  meramente  un  extracto  romanzado  de  las  Déca^ 
das,  quedarían  resueltas  todas  las  dificultades;  se  llamaría  Crónica  de  Falencia  lo  que,  sin 
ser  trabajo  propio,  era  creación  suya,  como  se  llaman  comedias  de  Calderón,  por  ejemplo, 
lasque  andan  hoy  refundidas  por  otras  manos,  unas  conocidas,  otras  anónimas  é  igno- 
radas. 

Fundamento  hay,  pues ,  para  negar  la  autenticidad  de  la  Crónica  de  Falencia  tal  como 
existe  hoy  día.  De  este  parecer  es  el  señor  Ríos,  allegándose  al  emitido  anteriormente  por  ei 
académico  Don  Fedro  Sainz  de  Baranda,  quien  demuestra  con  argumentos  incontestables 
que  ni  aun  traductor  de  sí  propio  puede  §er  quien  desfigura  su  obra  original  hasta  el  extremo 
de  no  comprenderla  y  equivocar  por  ignorancia  aquello  mismo  en  que  había  probado  su  su- 
ficiencia. La  solución  que  Zurita,  y  el  señor  Fabié  en  su  biografía  de  Alfonso  de  Falencia, 
dan  á  este  problema  es  tan  admisible,  que  no  cabe  explicación  más  satisfactoria.  Mosen  Die- 
go de  Valora  tomó  de  las  Décadas  latinas  su  Crónica  de  Enrique  IV,  que  llamó  Memorial 
de  Hazañas;  algún  otro  quizá  tradujo  de  aquéllas  la  parte  que  se  atribuye  al  primitivo  au- 
tor, y  de  aquí  las  dudas,  la  confusión  y  las  tergiversaciones  en  que  se  ha  incurrido.  ¿Qué 
tendría  esto  de  extraño,  cuando  Galindez  de  Carvajal  confiesa  que  su  Historia  de  JEnri-' 
que  IV  no  es  más  que  una  compilación  de  la  de  Falencia  ? 

Hemos  tenido  la  curiosidad  de  cotejar  algunos  trozos  de  la  obra  de  Valora  con  la  llamada 
de  Falencia,  y  es  completa  su  identidad.  El  atentado  de  Ávila  y  la  muerte  del  infante  Don 
Alfonso,  con  levísimas  variantes,  se  refieren  en  los  mismos  términos.  ¿Cuál  de  los  dos  re- 
latos es  anterior  al  otro?  Coetáneos  eran  ambos  autores,  aunque  Valora  de  más  edad;  pero 
no  es  creíble  que  Falencia  tradujera  en  latín  para  los  doctos  lo  que  andaba  vulgarizado  en 
romance,  y  por  consiguiente  al  alcance  de  todo  el  mundo.  Y  que  el  Memorial  de  Hazañas 
pueda  reputarse  obra  do  Falencia,  no  es  verosímil  tampoco.  Falencia  escribe  tan  premiosa- 
mente y  con  un  sabor  tan  exótico  en  castellano,  como  lo  prueban  sus  traducciones. 

Algo  más  añadiremos  para  terminar  cuestión  tan  empalagosa.  En  la  Biblioteca  Nacional 


(1)  Don  José  Amador  de  los  Ríos,  en  su  Historia  del  Triunfo  Militar,  impresos  ambos,  con  un  Ensa- 

Crítica  de  la  Literatura  Española,  tom.  vii,  capítu-  yo  biográfico  y  bibliográfico  que  los  precede    en 

los  xvn  y  xx,  Don  Antonio  María  Fabié  en  los  dos  la  Colección  titulada  Libros  de  Antaño,  tomo  v 

tratados  de  Alfonso  de  Falencia ,  la  Batalla  campal  Madrid,  Duran ,  1876.— Discurso  de  recepción  en  la 

que  los  Lobos  y  los  Perros  ovieron ,  y  la  Ferfeccion  Academia  de  la  Historia  del  mismo  señor  Fabié. 


ADVERTENCIA.  vil 

existen  multitud  de  códices  de  la  Crónica  de  Enrique  IV  escritos  en  los  siglos  xvi,  xvii  y 
aun  xviii  (1);  unos  alcanzan  solamente  hasta  la  muerte  del  falso  rey  Don  Alfonso;  otros 
llevan  por  vía  de  continuación  la  Crónica  de  Enriquez  del  Castillo,  ó  el  Memorial  de  diversas 
Hazañas,  de  Valera,  y  alguno  la  de  un  anónimo.  Es  de  advertir  que  en  muchos  se  ha  omi- 
tido el  nombre  de  Falencia,  é  intercaládose  ó  añadídose  posteriormente.  ¿Qué  indicaba  esta 
opinión  ó  esta  incertidumbre?  Finalmente,  en  la  Biblioteca  de  la  Academia  de  la  Historia 
se  conserva ,  entre  otros ,  uno  en  cuya  portada ,  que  se  refiere  á  las  Crónicas  de  Falencia  y 
Enriquez  del  Castillo,  hay  una  nota  escrita  por  Don  Luis  de  Salazar  y  Castro,  que  dice  así: 
«Esta  Crónica  no  es  de  Alonso  de  Falencia,  ni  de  Diego  Enriquez  del  Castillo,  sino  formada 
por  la  de  ambos ,  y  debió  de  ser  obra  de  Don  Ambrosio  Sánchez  del  Águila ,  ó  del  Doctor 
Lorenzo  Galindez,  etc.»  (2).  Basta  de  suposiciones. 

Ahora  bien:  nadie  ha  negado  jamas  que  el  Memorial  de  diversas  Hazañas  sea  obra  de  Me- 
sen Diego  de  Valera.  Original  ó  traducida,  completa  ó  extractada,  merece  que  se  dé  á  luz; 
si  en  ella  tiene  parte  Falencia ,  por  no  defraudar  de  su  respectiva  propiedad  á  ninguno  de 
ios  dos  autores;  si  sólo  pertenece  á  Valera,  por  no  dejar  más  tiempo  en  la  oscuridad  la  que 
como  historia  es  á  todas  luces  recomendable,  y  como  trabajo  literario,  no  inferior  en  verdad 
á  ninguno  de  los  de  su  época.  El  que  ilustró  la  suya ,  de  joven ,  con  proezas  que  tan  singu- 
lar nombradía  y  tan  extraordinarios  honores  le  granjearon  entre  propios  y  extraños;  en  su 
edad  viril ,  defendiendo  la  causa  de  la  razón  y  de  la  justicia  contra  los  ambiciosos  magnates 
que  destronaban  á  su  rey,  so  pretexto  de  incapacidad,  para  sentar  sobre  el  trono  una  oli- 
garquía facinerosa;  y  el  que  en  sus  postreros  años  dirigía,  por  medio  de  sus  memoriales  y 
cartas,  sabios  y  patrióticos  consejos  á  los  reyes,  á  los  amigos  y  á  los  adversarios,  ganándose 
reputación  de  animoso ,  fiel ,  cuerdo  y  docto  en  todos  los  ramos  del  saber  humano ,  digno  es 
de  mayor  aplauso  y  estimación  que  la  que  la  posteridad  ha  tributado  hasta  hoy  á  sus  virtu- 
des y  á  su  talento.  El  tono  sencillo  y  grave  y  el  espíritu  de  rectitud  é  imparcialidad  que  re- 
saltan en  su  Memorial  de  Hazañas  ó  Crónica  de  Enrique  IV,  purgada  de  la  afectación  que 
iba  ya  cundiendo  entre  los  escritores  de  aquel  siglo,  y  de  los  discursos,  arengas  y  aderezos 
convencionales  con  que  se  procuraba  remedar  á  los  historiadores  de  la  antigüedad,  dan,  á 
nuestro  juicio,  indudable  preferencia  á  esta  obra  sobre  cualquiera  otra  monografía  histórica 
de  aquel  reinado.  En  todo  caso,  la  rareza  del  libro,  que  por  primera  vez  se  da  á  la  estampa, 
juzgamos  que  lleva  en  sí  suficiente  recomendación  (3). 

For  la  que  de  antiguo  goza ,  mayormente  desde  que  se  divulgó  impresa  en  el  postrer  ter- 
cio del  pasado  siglo  (4),  no  hemos  debido  excluir  de  esta  colección  la  Crónica,  relativa  tam- 
bién á  Enrique  IV,  escrita  por  su  capellán  Diego  Enriquez  del  Castillo.  Falencia  era  secuaz 
del  imberbe  monarca  proclamado  en  Avila;  Castillo  guardaba  fidelidad  á  su  señor;  y  aun- 
que reconocía  y  confesaba  sus  defectos,  censurables  en  cualquier  hombre  ,  pero  más  graves 
y  perniciosos  en  un  rey,  pintaba  en  su  repugnante  desnudez  las  maldades  de  aquellos  nobles, 
rebeldes  por  sistema,  traidores  por  instinto  y  perversos  por  naturaleza.  Tan  denodadamente 
los  combatía,  y  de  tal  modo  se  atrajo  su  enemistad,  que  allanaron  su  casa,  se  apoderaron  de 


(1)  Llevan  las  signaturas  siguientes :  G.  21.— G.  Valera  las  eiguientea  obras:  Defensa  de  virtuosas 
25.— G.  27. — G.  28. — G.  33. — G.  34. — G.  35. — G.  mujeres;  Esp^o  de  verdadera  noblesa;  Ceremonial  de 
168. — G.  192. — I.  213. — J.  224. — J.  225. — J.  226, —  Príncipes  ;  Tractado  de  las  armas;  Genealogía  de  los 
Q.  127. — T.  4.— T.  36. — V.  12.— V.  23.— X.  19. — X.  reyes  de  Francia;  Doctrinal  de  Príncipes;  Coránica 
120. — Dd.  31.— Ee.  217. — Ee.  219.  Abreviada  de  España;  en  cuatro  partes,  y  algunos 

(2)  Lo  de  Sánchez  del  Águila  se  deduce  de  que,  otros  tratados  morales.  Los  cinco  primeros  se  con- 
segun  el  testimonio  de  Don  Manuel  Pantoja  y  Al-  servan  en  el  departamento  de  MSS.  de  la  Bibliote- 
puche,  la  letra  del  Códice  es  suya,  y  ademas  está  ca  Nacional. 

firmado  por  él ,  y  era  persona  dada  á  este  género  de  (4)  Por  Sancha ,  Madrid,  1787.  Dícese  segunda 

estudios.  edición,  pero  no  conocemos  la  primera. 


(3)  Ademas  de  bus  Cartoi  familiares,  escribió 


Vni  CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 

sus  manuscritos  y  le  condenaron  á  muerte  (1).  Salvóle  el  ser  sacerdote;  pero  aquella  perse- 
cución le  obligó  á  interrumpir  sus  trabajos,  de  que  no  poco  debió  resentirse  la  obra  cuando 
pudo  proseguirla  y  llevarla  á  cabo.  A  esta  contrariedad  se  atribuyen  los  defectos  é  inexacti- 
tudes de  que  adolece  en  fechas  y  pormenores  de  poca  monta ;  pero  otros  más  sustanciales, 
como  el  amaneramiento  del  estilo,  lo  artificioso  de  la  frase,  las  frecuentes  declamaciones,  ra- 
zonamientos y  apostrofes  con  que  interrumpe  la  narración,  no  admiten  igual  disculpa ;  el 
lenguaje,  sin  embargo,  es  enérgico,  elegante  y  fluido.  No  desmerece  de  sus  modelos. 

La  protección  que  la  reina  Católica  dispensó  á  los  que  cultivaban  las  letras  con  tanta  gloria 
de  su  reinado,  necesariamente  habia  de  aumentar  el  número  de  sus  biógrafos,  pudiendo  todos 
ellos,  sin  dar  en  lisonjeros,  representar  el  airoso  papel  de  panegiristas.  Distinguíase  sobre  los 
demás,  el  autor  de  los  Claros  varones  de  Castilla ,  que  por  sus  especiales  condiciones  para  la 
historia,  y  por  ser  secretario,  canciller  de  la  puridad  y  cronista  de  la  misma  Reina,  no  podia 
eximirse  do  aquel  deber  (2).  Alguno  afirma  (3)  que  escribió  asimismo  una  Crónica  de  Enri- 
que IV.  No  ha  llegado  hasta  nosotros ;  si  existia  realmente,  no  habrá  perecido  por  olvidada. 

Ello  es  que  al  reunir  las  obras  que  más  ordenada  y  elocuentemente  refieren  los  grandes 
hechos  del  reinado  de  Don  Fernando  y  Doña  Isabel ,  no  podíamos  menos  de  dar  principi(* 
por  la  Crónica  de  Hernando  del  Pulgar  (4).  Ni  el  bachiller  Palma  en  su  Divina  Retribu- 
ción, compendio  de  lo  acaecido  en  España  desde  Don  Juan  I  hasta  su  restauración  por 
los  Reyes  Católicos  (5) ;  ni  el  obispo  Don  Diego  Ramírez  de  Villaescusa  al  llenar  la  His" 
toria  de  la  vida  y  muerte  de  la  reina  Doña  Isabel ;  ni  el  capitán  y  cronista  Gonzalo  de  Ayora, 
autor  de  otra  de  la  misma  Reina;  ni  el  cosmógrafo  Alonso  de  Santa  Cruz ,  que  se  empleó 
también  en  escribir  libros  sobre  igual  asunto ,  aventajan  á  nuestro  Hernando  del  Pulgar  en 
la  acertada  distribución  de  su  obra  en  tres  partes,  ó  mejor  dicho  en  dos,  precedidas  de  una 
introducción,  como  tampoco  en  la  grandiosidad  del  conjunto,  en  la  gallardía  de  la  expresión, 
en  la  regular  y  armónica  construcción  de  los  períodos,  sin  otras  prendas  que,  como  dice  un 
juicioso  historiador  de  nuestra  literatura  (6),  «preludiaban  el  próximo  reinado  de  la  verdade- 
ra historia.»  Incurre  en  el  propio  abuso  que  Castillo,  en  la  intercalación  estudiada  y  falsa  de 
las  arengas  y  discursos,  bien  que  algunas  puedan  considerarse  como  acabados  modelos  de 
elocución ;  por  falta  de  datos  veraces,  falsea  en  algún  período  de  su  obra  hechos  que  debió 
investigar  más  detenidamente ;  pero  ni  siempre  es  mordaz ,  ni  sin  notoria  y  apasionada  in- 
justicia puede  ser  calificado  de  escritor  bárbaro,  como  alguno  ha  dicho  (7). 

Su  Crónica  termina  mucho  antes  de  la  muerte  del  rey  Católico ;  y  para  obviar  en  parte 
este  inconveniente  en  que  algunos  han  reparado,  hemos  añadido  en  un  apéndice  cierta  con- 
tinuación (8),  que  acaso  no  nos  agradezcan  nuestros  lectores.  Es  una  relación  insulsa,  pesa- 

(1)  La  Crónica  que  se  dice  de  Falencia  refiere  el  En  el  prólogo  de  la  edición  de  Monforte  (Valen- 
lance  del  allanamiento  y  secuestro  en  términos  que  cia,  1780),  que  es  la  más  hermosa  y  la  que  nos  ha 
dejan  muy  malparada  la  reputación  de  Valera.  Ya  servido  de  texto,  se  explica  este  quid  pro  qiio,  como 
Be  hizo  cargo  de  ambas  versiones  el  Sr.  D.  José  A.  verán  nuestros  lectores. 

do  los  Ríos  en  la  parte  citada  de  su  Historia  de  la  (5)  Tenemos  entendido  que  va  á  publicarse  en 

Literatura  Española.  Sabido  es  que  los  testimonios  breve  por  la  Sociedad  de  Bibliófilos  Españoles. 

de  los  enemigos  no  son  fehacientes  en  buena  crítica.  (6)  El  mencionado  D.  José  A,  de  los  Eios. 

(2)  Supónese  que  Pulgar ,  á  quien  el  lector  habrá  (7)  Véase  el  Prólogo  de  la  edición  de  1780,  que 
entendido  que  nos  referimos,  nació  en  Toledo  :  más  copiamos  en  esta  nuestra. 

probable  parece  que  en  Madrid,  porque  Fernandez  (8)  Copiada  de  un  MS.  de  la  Biblioteca  del  se- 
de Oviedo  así  lo  afirma.  ñor  Duque  de  Osuna,  que  se  nos  recomendó  extra- 

(3)  Don  Nicolás  Antonio,  en  el  artículo  correspon-  ordinariamente  por  quien  sin  duda  no  tuvo  ni  si- 
diente  do  su  Bibliotheca  Nova,  quiera  la  curiosidad  de  verlo.  Es  sobre  todo  insopor- 

(4)  En  la  edición  que  se  hizo  do  ella  en  Vallado-  table  la  monotonía  con  que  están  construidos  los 
lid,  el  año  1565,  se  puso  por  autor  á  Antonio  de  Le-  periodos,  en  los  cuales  el  verbo  va  siempre  al  fin, 
brija,  porque  así  lo  hizo  creer  el  haber  hallado  el  aunque  para  llegar  á  él  se  tropiece  con  mil  estorbos 
manuscrito  entre  sus  papeles ;  pero  al  reimprimirla  y  escabrosidades.  No  era  más  sistemático  el  abate 
dos  años  después  en  Zaragoza  se  subsanó  el  error.  Marchena  en  su  enrevesada  prosa. 


ADVEETENCIA.  n 

dísima,  obra  al  parecer  de  más  de  un  ingenio,  como  se  advierte  desde  que  se  da  por  termi- 
nada la  conquista  de  Granada  (1),  en  que  el  texto  ofrece  tantos  tropiezos  como  palabras,  y 
un  criterio  tan  vulgar  y  tan  insensato ,  que  no  sabemos  si  provoca  á  risa,  &  asombro  ó  á  in- 
dignación. Discúlpenos  nuestro  buen  deseo. 

Con  el  mismo  fin  de  completar  la  vida  de  Don  Fernando,  y  de  salvar  al  propio  tiempo  al- 
guna omisión  ó  descuido  de  Pulgar,  hemos  insertado  en  un  segundo  apéndice  los  Anales 
que  dejó  manuscritos  el  Dr.  D.  Lorenzo  Galindez  de  Carvajal,  y  el  principio  de  una  Cróni- 
ca de  los  Reyes  Católicos  hasta  la  muerte  del  esposo  de  Doña  Germana  de  Fox,  literalmente 
tomados  de  una  publicación  importante  que  ha  preservado  ya  de  la  destrucción  muchos  do- 
cumentos de  nuestros  archivos  (2).  Son,  como  su  título  lo  indica,  apuntes  puramente  cro- 
nológicos ,  pero  ilustrados  con  copiosas  notas  que  dan  sumo  interés  y  utilidad  á  este  im- 
portante epítome. 

Finaliza  este  último  tomo  de  nuestra  colección,  por  cierto  sobrado  voluminoso,  con  la 
Historia  de  los  Reyes  Católicos  del  bachiller  Andrés  Bernaldez,  Cura  de  los  Palacios  (3),  teni- 
da en  grande  estima  de  los  eruditos ,  y  sin  embargo  casi  desconocida ,  hasta  que  el  célebre 
sevillano  Rodrigo  Caro  franqueó  un  ejemplar  de  su  propiedad,  y  de  él  se  sacaron  los  prime- 
ros traslados ,  que  después  se  reprodujeron  en  bastante  número ,  y  podían  disfrutarse  en  la 
Biblioteca  Nacional ,  en  la  de  la  Academia  de  la  Historia  y  en  las  librerías  de  algunos  parti- 
culares. Imprimióse  por  primera  vez  años  atrás  en  Granada,  mal  y  desaliñadamente,  y  con 
esmero  y  perfección  en  Sevilla,  el  año  1869,  por  la  Sociedad  de  Bibliófilos  Andaluces  (4). 
Para  nuestra  edición  nos  hemos  valido  de  una  excelente  copia,  que  hoy  se  guarda  en  la  Bi- 
blioteca Nacional  (5). 

No  le  conviene  el  nombre  de  historia  á  la  obra  del  Cura  de  los  Palacios:  carece  del  tono, 
del  movimiento,  de  las  condiciones  internas  que  se  requieren  hoy  en  estas  composiciones ,  y 
sobre  todo  del  estudio  amplio  y  particular  que  desentraña  y  completa  el  verdadero  estado 
social,  intelectual  y  político  de  un  país  en  un  tiempo  dado;  no  se  sutilizaba  tanto  en  aque- 
llos :  gracias  que  se  acopiasen  los  materiales  para  acometer  en  los  nuestros  tan  ardua  empre- 
sa. Este  objeto  se  propuso  al  parecer  Bernaldez,  y  lo  realizó  con  un  celo,  una  buena  fe  y  una 
modestia  que  ni  entonces  ni  después  ha  tenido  muchos  imitadores  (6).  Es  su  trabajo  una  Cró- 
nica, en  el  verdadero  sentido  de  la  palabra,  rica  de  datos  y  pormenores,  llana  en  su  estilo, 
ingenua  en  la  exposición ,  escrita  con  facilidad,  sin  pompa  ni  pretensiones  ostentosas :  él  mis- 
mo refiere  sencillamente  el  móvil  que  le  excitó  y  los  propósitos  que  le  guiaban  á  la  ejecu- 
ción de  tan  noble  y  honrado  empeño  (7). 

Damos  punto  á  esta  enojosa  advertencia ,  y,  como  queda  dicho ,  término  á  nuestra  colec- 
ción, renovando  aquí  cuanto  dejamos  expuesto  en  loa  dos  tomos  anteriores  respecto  á  las 


(1)  Con  razón  puede  hacérsenos  el  cargo  de  que,  (4)  En  dos  tomos,  que  van  precedidos  de  unos 
al  echar  mano  de  este  documento,  no  hemos  tenido  datos  biográficos  y  un  juicio  crítico  debidos  á  la 
en  cuenta  la  índole  de  la  Biblioteca,  como  otras  ve-  distinguida  pluma  del  Sr.  D.  Fernando  de  Gabriel 
ces.^8i  es ;  no  lo  negamos ;  pero  si  no  en  este  senti-  y  Ruiz  de  Apodaca. 

do,  estímese  como  una  muestra  del  espíritu  religio-  (5)  Era,  según  noticias ,  la  que  destinaba  el  edi- 

so  y  político  que  animaba  al  vulgo  de  aquella  épo-  tor  Sancha  á  ser  impresa,  para  que  formase  parte 

ca,  y  de  la  fraseología  que  empleaba  al  discurrir  de  su  bella  colección  de  Crónicas. 

sobre  estas  materias.  (6)  De  las  íntimas  relaciones  que  tuvo  con  Cris- 

(2)  El  tomo  xviii  de  la  Colección  de  documentos  tóbal  Colon,  no  hace  alarde;  y  las  alabanzas  que 
inéditos  para  la  Historia  de  España,  por  Don  Mi-  tributa  al  Duque  de  Cádiz,  y  que  algunos  censuran, 
guel  Salva  y  Don  Pedro  Sainz  de  Baranda.  Madrid,  eran  un  sentimiento  espontáneo  de  admiración  há- 
viuda  de  Calero,  1851.  cia  aquel  héroe. 

(3)  Natural  de  la  villa  de  Fuente,  en  la  Enco-  (7)  Véase  el  capítulo  vn  déla  obra,  que  tiene  por 
mienda  Mayor  de  León  de  la  Orden  de  Santiago.  Se  epígrafe :  Delpronóstico  del  reinado  del  rey  Don  Fer- 
ignora  la  fecha  de  su  nacimiento  ;  es  de  presumir  nando  el  Católico  en  Castilla, 

que  fuese  á  mediados  del  oiglo  xv. 


t  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA.' 

irregularidades  y  faltas  que  se  observan  en  la  parte  material  de  aquéllos  i  como  8d  obsenrá- 
ránen  éste:  inconsecuencia  en  la  ortografía,  inconsecuencia  en  la  escritura  de  los  nombres 
y  vocablos,  en  términos  de  ser  imposible  fijar  la  genealogía  gráfica  de  la  lengua.  Saltan 
desde  luego  á  la  vista  que  en  Jas  primitivas  copias  intervinieron  varios  amanuenses.  No 
hemos  querido  tomarnos  la  fácil  libertad  de  adoptar  un  sistema  uniforme  j  propio :  harto 
trabajo  nos  ha  costado  interpretar  el  sentido  de  algunos  textos,  que  parecen  escritos  adrede 
para  que  resulten  ininteligibles. 


MEMORIAL  DE   DIVERSAS   HAZAÑAS, 


POR 


MOSEN  DIEGO  DE  VALERA. 


O.-III. 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS, 


POR 


MOSEN   DIEGO   DE  VALERA. 


Sigúese  él  prólogo  en  la  obra  llamada  Memorial  de 
diversas  hazañas,  ordenada  por  Moscn  Diego  de 
Valera,  Maestre  Sala  y  del  Consejo  de  los  Serení- 
simos PrÍ7icÍ2Jes  Don  Fernando  y  Doña  Isabel,  Rey 
y  Reyna  de  España,  nuestros  Señores. 

Como  entre  las  cosas  terrenas,  caducas  y  transito- 
rias ,  el  honor  y  fama  sean  con  mayor  ardor  de  de- 
sear según  sentencia  de  Séneca  en  el  segundo  de  la 
Clemencia ,  donde  dice  :  «  Vuestros  hechos  y  dichos 
la  fama  rescibo  ;  por  ende  de  ninguna  cosa  otra  de- 
bes más  curar»;  y  Salomón  en  sus  Proverbios :  «Más 
vale  ol  buen  nombre  que  las  muchas  riquezas»,  é 
el  filósofo  en  el  cuento  de  las  Eticas :  «  El  honor  es 
galardón  de  la  virtud,  y  por  eso  á  los  virtuosos  es 
debido»;  pues  si  esto  se  deniega  ó  encubre,  no  pe- 
queña injuria  en  lugar  do  galardón  se  les  hace; 
donde  yo ,  no  queriendo  ser  de  tal  error  participan- 
te, determiné  en  suma  escrebir  las  cosas  más  dignas 
de  memoria,  no  solamente  hechas  en  esta  España, 
mas  en  otras  partes,  desde  el  año  de  mil  é  quatro- 
cientos  y  cinquenta  y  quatro  años  en  que  comenzó 
á  reynar  el  Serenísimo  Príncipe  Don  Enrique,  quar- 
to  deste  nombre  en  Castilla  y  en  León,  hasta  el 
tiempo  presente ;  las  quales  como  quier  que  elegan- 
temente estén  escritas  en  las  Corónicas  d'España, 
éstas  son  tan  largas  y  tan  difíciles  de  haber,  que 
muy  pocos  las  pueden  alcanzar  ni  leer  :  por  eso  las 
hazañas  y  virtuosas  obras  de  aquellos  que  las  hicie- 
ron están  como  sepultadas  y  puestas  en  olvido  ;  y 
ponerlas  en  luz  me  parece  ser  honesto  y  provecho- 
so trabajo ,  siquiera  porque  los  hacedores  de  aque- 
llas y  los  descendientes  suyos  sean  acatados  con  la 
reverencia  y  honor  que  les  pertenece  ,  y  por  enxem- 
plo  suyo  otros  se  esfuercen  á  tales  obras  hacer  :  y 
determiné  en  esta  obra ,  no  solatnente  escrebir  las 
hazañas  y  virtuosas  obras,  mas  algunas  aunque  ta- 
les no  fueron ,  porque  los  obradores  así  de  las  unas 
como  do  las  otras ,  resciban  el  premio  á  su  mereci- 
miento debido  ;  y  dexé  de  escrebir  en  esta  obra  las 
cosas  mucho  antiguas,  porque^  de  aquellas  asaz  men- 


ción se  hizo  en  la  copilacion  de  las  Corónicas  de  Es- 
paña por  mí  ordenadas ,  que  Valeriana  se  llama.  Y 
porque  en  tal  obra  no  conviene  largo  prefacio  ó  exor- 
dio ,  lo  prometido  quiero  seguir. 

CAPÍTULO  PRIMERO. 

Como  el  Príncipe  Don  Enrique  fué  rescebido  por  Rey  y  Señor  des- 
pués del  fallecimiento  del  Rey  Don  Juan  su  Padre. 

Fallescido  el  Rey  Don  Juan  el  Segundo,  comenzó 
á  reynar  en  estos  Reynos  Don  Enrique ,  quarto  hijo 
suyo  y  de  la  Reyna  Doña  María,  hija  del  Rey  Don 
Fernando  de  Aragón ,  en  la  Villa  de  Valladolid, 
martes  veinte  y  tres  dias  del  mes  de  Julio,  año  del 
Nascimiento  de  nuestro  Salvador  y  Redentor  de  mil 
é  quatrocientos  y  cinquenta  é  quatro  años  y  medio 
y  diez  y  ocho  dias.  En  el  mesmo  dia  del  fallesci- 
miento  del  Rey,  depositado  su  cuerpo  en  el  Mones- 
terio  de  San  Pablo,  todos  los  Grandes  que  en  la  Cor- 
te se  hallaron  le  vinieron  á  besar  las  manos  por  su 
Rey  y  Soberano  Señor,  y  le  hicieron  homenage  se- 
gún la  costumbre  é  forma  de  España  ;  y  los  princi- 
pales que  ende  estaban  fueron  los  siguientes :  Don 
Juan  Pacheco,  Marqués  de  Villena  ;  Don  Pedro  Gi- 
rón ,  su  hermano  ,  Maestre  de  Calatrava  ;  Ruy  Diaz 
de  Mendoza,  Mayordomo  mayor  que  fué  del  Rey 
Don  Juan  ;  el  Mariscal  Diego  Fernandez  ,  Señor  de 
Baena  ;  Don  Pedro  de  Aguilar ,  Señor  de  Pliego  y 
Cañete  ;  y  sepultado  el  cuerpo  del  Rey ,  el  Prínce- 
pe  Don  Enrique ,  ya  obedecido  por  Rey ,  cabalgó 
por  la  Villa,  y  con  él  todos  los  Caballeros  ya  dichos, 
llevando  delante  de  sí  su  pendón  Real ,  y  todos  los 
reyes  de  armas  y  trompetas  que  en  la  Corte  habia, 
uno  de  los  quales,  vestida  su  cota  de  armas,  en  alta 
voz,  de  hora  en  hora,  diciendo :  ((Castilla,  Castilla, 
por  el  Don  Enrique  » ;  y  en  esta  forma  anduvo  por 
toda  la  Villa,  y  vuelto  á  su  Palacio  se  vistió  de  luto 
y  todos  los  caballeros  y  gentiles  hombres,  y  comun- 
mente todos  los  hombres  de  honor  se  vestieron  de 
marga,  la  qual  truxeron  los  nueve  dias  que  duraron 
las  osequias  del  Rey  Don  Juan,  después  de  los  qua- 


4  CRÓNICAS  DE  LOS 

les  sobrevinieron  en  diversos  dias  Don  Gastón  de  la 
Cerda,  Conde  de  Medina  Celi  y  Don  Pero  Hernán- 
dez de  Velasco,  Conde  de  Haro,  y  Don  Alonso  Piínen- 
tel ,  Conde  de  Benavente ,  y  Don  Juan  Manrique, 
Conde  do  Castañeda ,  y  Don  Alvaro  de  Estúfiiga, 
Conde  de  Plasencia,  y  Don  Kodrigo  Manrique  Con- 
de de  Paredes ,  y  Don  Gabriel  Manrique,  Conde  de 
Osorno ,  y  Don  Pedro  Alvarez  Osorio ,  Conde  de 
Trastamara,  y  Don  Pedro  de  Acuña,  Conde  de  Va- 
lencia y  Don  Juan  do  Silva,  Alférez  Mayor  del  Rey, 
que  después  fué  Conde  de  Cif uentes ,  y  Don  Pedro 
de  Acuña,  Señor  de  Dueñas  y  Tarrego ,  que  después 
fué  Conde  de  Buendia,  hermano  de  Don  Alonso 
Carrillo ,  Arzobispo  de  Toledo ,  Primado  de  las  Es- 
pañas,  y  Don  Rodrigo  Delma,  Arzobispo  de  San- 
tiago ,  y  Don  Alonso  de  Fonseca ,  Arzobispo  de  Se- 
villa, y  Don  Alonso  de  Cartagena,  Obispo  de  Bur- 
gos, y  Don  Pedro  de  Castilla,  Obispo  de  Palencia, 
y  Don  Fray  López  de  Barrientes ,  Obispo  de  Cuen- 
ca, y  Don  íñigo  Manrique,  Obispo  de  Oviedo,  y  Don 
Pero  Baca,  Obispo  de  León,  y  Don  Alonso  de  Ma- 
drigal ,  llamado  el  Tostado,  Obispo  de  Avila,  y  Don 
Diego  de  Iniescas,  Obispo  de  Córdoba,  y  otros  al- 
gunos Perlados  y  Caballeros,  los  quales  todos  le  be- 
saron la  mano  y  le  hicieron  homenage  en  la  forma 
acostumbrada,  y  los  otros  Grandes  del  Reyno,  así 
Perlados  como  Caballeros  y  Alcaydes  de  las  Forta- 
lezas, que  allí  no  pudieron  venir  por  algunas  justas 
causas,  inviaron  sus  Procuradores  á  le  dar  la  obe- 
diencia y  le  hacer  homenage,  como  eran  obligados. 
El  Rey  Don  Enrique ,  así  obedecido,  acordó  de  in- 
viar  sus  embaxadores  en  Francia ,  los  quales  fueron 
Don  Juan   Manuel,   Caballero  mancebo   pariente 
suyo ,  su  Guarda  mayor,  el  Doctor  Ortiz  Velasco  de 
Cuellar,  Protonotario  Apostólico,  Dean  de  la  Iglesia 
de  Segovia;  por  los  quales  hizo  saber  al  Rey  de 
Francia  el  f  allescimiento  del  Rey  Don  Juan  su  pa- 
dre ,  y  como  era  obedecido  por  Rey  por  todos  los 
Grandes  de  su  Reyno ,  sin  contradicion  alguna ,  y 
que  á  61  placiendo,  quería  con  él  tener  y  guardar  el 
alianza  y  amistad  que  entre  él  y  el  Rey  Don  Juan 
su  padre  hablan,  á  lo  qual  el  Rey  de  Francia  res- 
pondió habiendo  muy  grande  desplacer  del  falles- 
cimiento  del  Rey  Don  Juan,  y  placerle  mucho  la 
sncesion  del  Rey  Don  Enrique  con  el  qual  era  con- 
tento, y  lo  placía  tener  la  confederación  y  alianza 
que  con  el  Rey  Don  Juan  bu  padre  habia  tenido. 

CAPÍTULO  IL 

De  como  el  Rey  Don  Enrique  poco  tiempo  después  que  rcynó, 
mandó  delibrar  de  prisión  á  Don  Diego  Manrique,  Conde  de 
Trevifio,  y  le  mandó  restituir  todo  lo  suyo. 

No  mucho  tiempo  después  que  las  osequias  del 
del  Rey  Don  Juan  fueron  fechas,  el  Rey  Don  En- 
rique envió  á  mandar  á  Diego  do  Tapia ,  Maestre 
Sala  suyo,  que  delibrase  á  Don  Diego  Manrique, 
Conde  de  Trevifio,  que  lo  tenía  preso  en  la  Ciudad 
de  Segovia  por  su  mandado,  é  mandóle  restituir  to- 
dos sus  lugares  é  fortalezas  ó  rentas ,  que  le  estaba 
todo  embargado  desde  el  tiempo  del  Rey  Don  Juan, 


REYES  DE  CASTILLA. 

de  lo  qual  todos  los  grandes  destos  Reynos  fueron 
mucho  alegres,  porque  les*  páreselo  buen  comienzo 
para  las  cosas  porvenir,  lo  qual  fué  causa  de  animar 
á  su  servicio  á  los  parientes  é  amigos  del  dicho  Con- 
de é  aun  generalmente  á  todos,  como  sea  verdad  que 
los  Reynos  é  Señoríos  mucho  mejor  se  gobiernen  ó 
tengan  con  clemencia  é  amor ,  que  con  fuerza  é  ri- 
gor. E  después  desto  Don  Iñigo  López  de  Mendoza, 
Marqués  de  Santillana ,  como  fuese  pariente  é  mu- 
cho amigo  de  Don  Fernando  Alvarez  de  Toledo, 
Conde  de  Alba,  procuró  con  grande  instancia  la  de- 
liberación suya,  que  habia  seido  preso  en  Tordesi- 
llas  con  los  otros  Caballeros,  como  dello  es  hecho 
larga  mención  en  la  Corónica  del  Rey  Don  Juan ,  é 
así  por  la  intercision  del  Marqués,  como  por  lo  que 
fué  dicho  al  Rey,  que  para  la  guerra  de  los  moros, 
quél  mostraba  mucho  desear ,  le  cumplía  ser  delibe- 
rado, porque  era  Caballero  que  habia  mucho  ejerci- 
tado aquella  guerra  é  sabía  bien  todo  lo  que  para 
ella  convenia,  y  era  de  los  moros  mucho  temido,  é 
é  por  eso  el  Rey  lo  mandó  delibrar. 

CAPÍTULO  m. 

De  como  el  Rey  Don  Enrique  se  fué  para  la  Cibdad  de  Avila,  é 
allí  mandó  llamar  algunos  Grandes  del  Reyno  para  haber  su  Con- 
sejo de  la  forma  que  habia  de  tener  en  la  guerra  que  quería  ha- 
cer á  los  moros. 

Estando  el  Rey  en  Avila,  vinieron  allí  por  su  man- 
dado algunos  de  los  Grandes  del  Reyno,  allende  del 
Marqués  é  Maestre  su  hermano,  que  de  contino  en 
su  Corte  estaban ,  é  por  todos  se  acordó  que ,  pues  á 
nuestro  Señor  habia  placido  dar  al  Rey  tantos  é  tan 
grandes  aparejos  para  recobrar  la  tierra  que  los  mo- 
ros en  España  tenían  usurpada,  en  injuria  de  los 
Reyes  antepasados  é  del,  é  de  tan  noble  caballería 
cuanta  en  sus  Reynos  habia,  el  propósito  suyo  en 
les  querer  facer  guerra  era  sancto  é  bueno,  é  que  lo 
debía  luego  poner  en  obra,  para  lo  qual  envió  lue- 
go á  llamar  la  gente  que  para  esto  era  menester,  pues 
nuestro  Señor  le  habia  dado  grandes  tesoros  para  lo 
cumplir ,  é  voluntad  é  cuerpo  para  lo  proseguir  y 
acabar  ;  para  lo  qual  el  Rey  acordó  de  llamar  sola- 
mente tres  mil  hombres  de  armas,  repartidos  entre 
los  Grandes  de  sus  Reynos,  contando  entre  estos  los 
continos  de  su  casa  é  algunos  vasallos  suyos,  no  de 
grande  estado,  y  con  éstos  y  con  la  gente  del  Anda- 
lucía é  con  veinte  mil  peones,  le  parecía  asaz  para 
hacer  la  guerra  como  convenía,  y  determinóse  que 
el  Rey  enviase  al  Sancto  Padre  Caliste  tercero  le 
quisiese  ayudar  con  el  tesoro  de  la  Iglesia,  dándo- 
le plenaria  indulgencia  so  cierta  forma  para  vivos  é 
muertos,  la  qual  indulgencia  le  fué  dada  por  Nicolao 
quinto  sucesor  (1)  inmediato  que  fué  de  Calísto 
tercero;  y  dada  conclusión  en  las  cosas  ya  dichas, 
el  Rey  mandó  á  los  de  su  Consejo  é  á  sus  Conta- 
dores mayores  que  estuviesen  en  la  Villa  de  Aré- 


(1)  AI  mSrgcn  del  MS.  que  nos  sirve  de  texto  se  lee  la  pala- 
bra «antecesor»,  corrigiendo  el  evidente  error  en  que  incurre  el 
cronista. 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


valo  pwque  allí  se  hiciese  la  libranza  de  tierras  y 
mercedes  y  raciones  é  quitaciones  y  limosnas  y 
sueldo  para  la  gente  que  habia  ordenado  de  llevar; 
y  desde  allí  el  Rey  se  partió  para  Segovia,  donde 
tovo  la  Navidad  del  año  de  cinquenta  y  cinco,  que 
fué  segundo  de  su  reynado  de  este  Rey  Don  Enrique. 

CAPÍTULO  IV. 

De  como  estando  el  Rey  en  Segovia  concurrió  allí  una  grande  mu- 
chedumbre de  frailes  de  San  Francisco  oservantes  y  claustrales, 
y  de  la  forma  quel  Rey  tuvo  con  ellos. 

En  este  tiempo  hobo  grande  ayuntamiento  en  Se- 
govia de  frailes  de  San  Francisco,  los  unos  oservan- 
tes y  los  otros  claustrales,  y  los  oservantes  decían 
que  los  claustrales  no  guardaban  la  Orden  de  San 
Francisco,  y  que  suplicaban  al  Rey  que  les  diese  el 
Monesterio  que  allí  estaba  ;  sobre  lo  qual  hobo  muy 
grandes  alteraciones ;  é  ayudó  mucho  á  los  oservan- 
tes el  Maestro  Fray  Alonso  del  Espina,  que  era  hom- 
bre muy  letrado  y  gran  predicador,  y  era  oservanto 
y  Confesor  del  Rey  ,  y  con  todo  eso  los  claustrales 
daban  por  sí  tantas  razones  que  no  se  pudo  bien  de- 
terminar quales  tuviesen  mayor  razón;  y  el  Rey, 
deseando  concordarlos ,  y  no  queriendo  amenguar  á 
los  unos  ni  á  los  otros,  deliberó  dexar  á  los  claustra- 
les en  su  Monesterio,  como  lo  habían  poseído  de  mu- 
chos tiempos  acá,  y  mandó  edificar  de  nuevo  fuera 
de  la  Cibdad  un  Monesterio  muy  notable  de  la  advo- 
cación de  San  Antonio,  el  qual  dio  á  los  oservantes, 
y  le  dio  muy  ricos  ornamentos  y  todas  las  cosas  ne- 
cesarias al  culto  divino. 

CAPÍTULO  V. 

De  como,  después  que  el  Rey  hobo  dado  orden  para  la  Justicia 
en  sus  Reynos,  se  partió  tle  Segovia  para  hacer  guerra  á  los 
moros. 

El  Rey  partió  de  Segovia  en  un  día  del  mes  de  Mar- 
zo del  dicho  año,  é  anduvo  tanto ,  que  pudo  entrar 
poderosamente  en  el  Reyno  de  Granada  las  ochavas 
de  Pascua  de  Resurrección  ;  do  que  los  moros  fue- 
ron mucho  espantados  en  ver  en  tan  breve  tiempo 
facer  entrada  contra  Granada  con  tanta  muchedum- 
bre de  gente  como  el  Rey  llevaba.  Y  el  Rey  llegó 
con  toda  su  gente  cerca  de  la  Cibdad  de  Granada;  y 
como  los  moros  creyesen  que  el  Rey  no  podía  en 
tan  breve  tiempo  y  tan  presto  entrar,  como  quiera 
que  fuesen  avisados  de  la  gente  que  llamaba  para 
les  ir  á  facer  guerra,  no  pusieron  guarda  en  sus  ga- 
nados, ni  en  los  muebles  que  tenían  en  las  alcayrias 
cercanas  á  la  Cibdad,  en  lo  qual  recebieron  muy  gran 
daño,  y  fueron  quemadas  y  robadas  las  más  de  aque- 
llas. Y  el  Rey  estuvo  con  su  gente  desta  entrada  qua- 
tro  días  en  la  tierra  de  los  moros  ;  en  el  qual  tiempo 
80  fizo  gran  daño  en  los  panes  y  viñas  de  la  vega  de 
Granada,  y  fueron  sacados  dende  grandes  rebaños 
de  ganados,  así  de  vacas  ó  yeguas ,  como  de  asnos 
é  acémilas;  é  como  quiera  que  algunas  veces  se  mos- 
traron bien  dos  mil  de  caballo,  nunca  osaron  pelear, 
é  algunas  pequeñas  escaramuzas  que  hicieron  fueron 


cerca  de  los  olivares  más  cercanos  de  la  Cibdad  ;  é 
así  en  la  entrada  como  en  la  salida  la  gente  del  Rey 
fizo  gran  daño  en  los  panes  é  huertas  de  Mochín  ó 
lUora.  Y  de  allí  el  Rey  se  volvió  á  Alcalá  la  Real , 
y  de  allí  despidió  la  mayor  parte  de  la  gente  é  ví- 
nose para  Ecija,  sin  poner  cerco  ni  facer  otra  cosa 
mas  de  lo  ya  dicho,  de  que  los  más  de  los  Caballeros 
fueron  mucho  maravillados  por  haber  visto  facer 
tan  grandes  aparejos  para  no  hacer  más  de  lo  quo 
se  hizo;  y  los  Grandes  que  con  el  Rey  fueron  en  esta 
entrada,  son  los  siguientes:  Don  Juan  Pacheco, 
Marqués  de  Villena  y  su  hermano  Don  Pedro  Girón, 
Maestre  de  Calatrava ,  y  el  Conde  de  Osorno,  Don 
Gabriel  Manrique ,  que  era  capitán  do  la  gente  do 
la  guarda  del  Rey ,  y  los  mariscales  Diego  Fernan- 
dez de  Córdoba,  Señor  de  Baena,  que  después  fué 
Conde  de  Cabra  ,  y  Payo  de  Ribera  ,  y  el  Mariscal 
Pedro  de  Ayala  ,  y  Alfonso  de  Monte  Mayor,  Señor 
de  Aleándote ,  y  los  Comendadores  Gonzalo  do  Sa- 
yavedra.  Comendador  Mayor  de  Monte  Alban ,  Al- 
cayde  de  Tarifa,  y  Juan  Fernandez  Galindo,  Comen- 
dado  de  Rcyna.  Iba  así  mismo  con  el  Rey  la  gento 
de  Don  Alonso  de  Aguilar,  que  era  niño,  y  no  ha- 
bia quatro  meses  que  era  muerto  Don  Pedro  de  Agui- 
lar su  padre.  Iban  con  el  Rey  otros  muchos  Caba- 
lleros de  menores  estados ,  de  que  la  Corónica  no 
hace  mención ,  entre  los  quales  no  se  debe  olvidar 
Garcilaso  de  la  Vega,  Comendador  de  Montizon ,  el 
qual  así  en  esta  entrada  como  en  otras  cosas  en  que 
se  habia  visto  con  moros,  siempre  se  hobo  valiente- 
mente, y  mató  por  su  mano  algunos  dellos,  y  siem- 
pre hizo  cosas  muy  hazañosas  y  de  valiente  y  noble 
caballero ,  como  lo  era ,  aunque  no  de  gran  cuerpo. 
Fueron  así  mismo  en  esta  entrada  las  Cibdades  de 
Córdoba  y  Jaén  y  Ubeda  y  Baeza  y  Carmena  y  Eci- 
ja :  así  que  sería  toda  la  gente  que  con  el  Rey  entró 
fasta  ochocientos  hombres  de  armas  y  ocho  mil  gi- 
netes  y  treinta  mil  peones. 

CAPÍTULO  VI. 

De  la  entrada  que  tres  caballeros  ficieron  en  tierra  de  moros,  lla- 
mados el  uno  Martin  de  Avcndaño ,  natural  de  la  Montaña  ,  Te- 
niente de  Adelantado  de  Cazorla  por  Pedro  de  Acuña  ,  Señor 
de  Dueñas,  hermano  del  Arzobispo  de  Toledo  D.  Alonso  Car- 
rillo, y  Gonzalo  de  Deteta,  Corregidor  de  la  cibdad  de  Ubeda, 
6  iüigo  de  Molina,  que  Cra  Alcayde  de  Quesada. 

En  este  tiempo  los  caballeros  susodichos,  con 
cierta  gente  del  Adelantamiento  de  Cazorla  y  de 
Ubeda  y  de  Quesada  juntaron  consigo  docientos  é 
veinte  do  caballo  y  novecientos  peones,  y  en  el  día 
de  San  Jorge,  que  fué  en  veinte  y  tres  dias  del  mes 
de  Abril ,  acordaron  de  entrar  en  tierra  de  moros 
por  barajar  una  aldea  ques  cerca  del  rio  de  Fardos, 
término  de  la  cibdad  de  Guadis ,  los  quales  perdie- 
ron el  camino  por  falta  do  los  adalides,  de  tal  ma- 
nera ,  que  no  pudieron  allegar  al  lugar  que  desea- 
ban, y  anduvieron  ansí  perdidos  la  mayor  parte  de 
la  noche;  y  cuando  amáneselo,  acordaron  de  enviar 
cinquenta  de  caballo  á  correr  el  rio  de  Fardos,  y  los 
ciento  y  veinte  con  los  peones  se  pusieron  en  cela- 
da ;  de  los  quales  enviaron  otros  cinquenta  á  correr 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


la  tierra  y  vega  de  Guadix ;  y  como  los  de  la  cibdad 
vieron  los  corredores,  salieron  della  hasta  docien- 
tos  y  cinquenta  y  con  ellos  el  Alcayde  de  Guadix  y 
trabóse  escaramuza  con  los  corredores ;  y  estando 
ansí  escaramuzando  los  unos  con  los  otros ,  pares- 
ció  muy  cerca  dende  el  Rey  de  Granada ,  llamado 
Muli  Abdelico,  con  quatro  cientos  de  caballo,  el  qual 
iba  á  la  cibdad  de  Almería  á  cercar  á  un  hijo  del 
Rey  Ceriza ;  el  qual  visto  los  christianos ,  juntó  su 
batalla  y  consigo  los  de  la  cibdad ,  que  podían  ser 
todos  hasta  ochocientos  de  caballo  y  ocho  mil  peo- 
nes ,  y  los  christianos  se  juntaron  todos  en  su  trai- 
miento  ,  de  los  quales  los  moros  fueron  hasta  cerca 
do  un  alcana  que  se  llamaba  La  Torre  de  Xequelis, 
quanto  una  legua  de  la  cibdad  de  Guadix,  y  los  Ca- 
pitanes christianos  con  la  gente  que  traían  acorda- 
ron de  pelear  con  ayuda  de  Dios,  como  les  páresela 
que  no  podían  otra  cosa  facer,  como  quiera  que  se 
veía  ser  muy  grande  la  ventaja  que  los  moros  de- 
llos  tenían  ;  y  ficiéronse  todos  un  cuño,  y  con  gran- 
de ánimo  fueron  f eríendo  en  los  moros  de  la  delan- 
tera, y  desbaratáronlos,  por  manera  que  luego  co- 
menzaron todos  á  huir,  y  los  christianos  acordaron 
que  treinta  de  caballo  anduviesen  con  la  cabalgada 
que  traían  en  que  habia  ducientos  bueyes  y  vacas, 
y  ciertos  moros  cativos,  y  pusieron  á  las  espaldas 
dellos  cinquenta  ballesteros ,  y  los  otros  peones  to- 
maron á  la  mano  derecha,  y  así  firieron  á  los  moros 
con  tan  grande  osadía,  que  los  moros  fueron  desba- 
ratados y  volvieron  las  espaldas ,  y  los  christianos 
fueron  hiriendo  y  matando  en  ellos  hasta  que  lle- 
garon á  una  grande  acequia,  quanto  tercio  de  le- 
gua de  donde  los  moros  comenzaron  á  huir,  y  los 
christianos  no  quisieron  pasar  allende,  vista  la  gran 
muchedumbre  de  moros  que  páresela ;  asi  se  volvie- 
ron mucho  alegres  y  vítoriosos,  y  dende  á  tres  ho- 
ras se  vino  para  ellos  un  Elche  que  habia  sido  chrís- 
tiano,  con  propósito  de  se  reconciliar,  el  qual  se  lla- 
maba Luis  de  Jaén,  que  habia  sido  page  del  Rey  de 
Granada ;  el  qual  les  díxo  que  supiesen  que  habían 
peleado  con  el  Rey  de  Granada ,  y  que  le  habían 
muerto  mucha  de  su  gente ,  y  que  los  caballeros  de 
Guadix  habían  habido  gran  debate  con  el  Rey  por- 
que no  habia  desbaratado  los  christianos,  habiendo 
dellos  tan  gran  ventaja  como  todos  habían  visto,  y 
que  el  Rey  les  respondiera  que  aquellos  christianos 
eran  gente  desesperada  y  habían  voluntad  de  mo- 
rir si  con  ellos  se  porfiara  más  la  pelea.  Era  cierto 
que  los  moros  rescebieron  muy  mayor  daño  del  que 
Iiabian  rescebido ,  y  quél  había  por  mejor  lo  hecho 
que  no  de  haber  peleado  más  de  lo  que  peleó  con  los 
christianos. 

Después  desto  el  Rey  se  partió  de  la  cibdad  de 
Ecija,  víspera  de  San  Marcos,  que  fué  á  veinte  é  cin- 
co días  del  mes  de  Abril  del  dicho  año,  y  el  Marqués 
de  Villena  con  él  con  trecientos  de  caballo,  con  pro- 
pósito de  escalar  la  villa  de  Archídona,  con  algún 
ardid  que  para  ello  tenia  ;  y  anduvo  todo  el  día  y 
la  noche ,  y  cuando  llegó  era  cerca  del  sol  salido 
de  manera  que  no  ovo  lugar  de  hacer  lo  que  pen- 
saba ,  y  mandó  correr  la  tierra  y  facer  el  daño  que 


pudo,  y  volvióse  á  Ecija,  y  desde  allí  envió  sus  car- 
tas á  todos  los  grandes  del  Reyno  mandándoles  que 
viniesen  á  la  cibdad  de  Córdoba  para  cierto  dia,  y 
que  cada  uno  truxiese  cierto  número  de  gente  de 
armas ,  en  tal  manera  que  el  que  pudiese  traer  qui- 
nientas lanzas  traxiese  ciento,  y  por  este  respeto  to- 
dos los  otros,  mandándoles  que  la  gente  que  traxie- 
sen  fuesen  hombres  muy  escogidos  y  polidamente 
armados  y  bien  encabalgados.  Y  en  tanto  que  esta 
gente  se  juntaba ,  acordó  con  consejo  del  Marqués 
y  del  Maestre  su  hermano  de  tornar  á  entrar  en 
tierra  de  moros ,  y  partió  postrimero  de  Abril  con 
hasta  ochocientos  hombres  de  armas  y  docientos 
ginetes,  y  vinieron  á  él  los  pendones  de  las  cibda- 
des  de  Sevilla  y  Carmena  y  Xerez  y  Ecija  y  Jaén, 
en  que  podían  ser  hasta  seis  mil  de  caballo  y  veinte 
mil  peones,  y  puso  el  primer  real  cerca  de  Alora,  y 
otro  dia  siguiente  se  sentó  en  la  Vega  de  Anteque- 
ra, y  de  allí  fué  á  talar  los  campos  de  Archídona. 
Y  los  moros  salieron  por  defender  la  tala,  y  fueron 
retrahídos  por  fuerza  de  armas  á  la  villa ;  y  otro 
dia ,  que  fué  primero  de  Mayo ,  continuó  su  camino 
para  Málaga,  y  asentó  su  real  cerca  de  la  villa  de 
Alora ,  en  un  valle  que  está  entre  dos  ríos,  y  allí  fue- 
ron presos  algunos  moros  y  tomado  el  ganado  que 
ende  se  falló  y  talados  los  panes,  y  dende  á  dos  días 
fué  á  poner  su  real  á  una  legua  de  Málaga,  y  otro 
día  mandó  pasar  el  real  á  media  legua  de  la  cibdad, 
donde  estuvo  seis  días  ;  en  el  qual  tiempo  se  hizo 
asaz  daño  en  panes  y  en  viñas ,  y  se  hubieron  algu- 
nas escaramuzas  en  que  murieron  más  moros  que 
christianos,  aunque  no  fueron  muchos,  y  se  quema- 
ron en  rebato  dos  lugares  que  se  llaman  el  uno  Po- 
piana  y  el  otro  Loabin,  con  una  fortaleza  asaz  bue- 
na con  otro  lugar  llamado  Huriana,  con  otra  for- 
taleza bien  fuerte,  en  los  quales  lugares  ovieron 
algunos  moros,  y  allí  vino  el  Rey  Ciriza  de  Grana- 
da á  facer  reverencia  al  Rey  D.  Enrique. 

En  este  tiempo,  como  oviese  días  que  el  Rey 
D.  Enrique  oviese  hecho  divorcio  de  doña  Blanca, 
su  legítima  muger,  hija  del  Rey  de  Navarra ,  y  ovie- 
se comenzado  trato  de  casamiento  con  doña  Jua- 
na, hermana  del  Rey  de  Portugal,  y  desease  mu- 
cho hacer  este  casamiento,  acordó  de  enviar  á  don 
Fernán  López  de  la  Orden  ,  su  Capellán  mayor,  y 
Albar  García  de  Cibdad  Real,  su  Secretario,  por  dar 
fin  en  el  negocio  ;  y  rescebida  por  el  Rey  D.  Alonso 
de  Portugal  la  embaxada,  dilatóse  la  conclusión 
bien  por  espacio  de  quatro  meses ,  y  después  con- 
cluyóse quel  dicho  Fernán  López  se  desposase  con 
la  Infanta  doña  Juana  con  los  poderes  bastantes 
que  del  Rey  D.  Enrique  llevaba ;  el  qual  desposorio 
se  hizo  en  la  cibdad  de  Lisbona  por  mano  del  obis- 
po de  Cohimbra,  seyendo  presentes  el  Rey  D.  Alon- 
so y  el  Infante  D.  Fernando ,  su  hermano ,  y  la  In- 
fanta doña  Catalina,  hermana  suya,  y  otros  muchos 
grandes  señores  de  Portugal.  É  las  condiciones  del 
casamiento  fueron  que  la  Infanta  doña  Juana,  ya 
llamada  Reyna  de  Castilla,  no  llevase  dote  alguno, 
y  quel  Rey  D.  Enrique  hiciese  el  dote  en  suma  de 
cien  mil  florines  de  oro ,  y  la  Reyna  hobiese  veinte 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


mil  florines  de  arras ,  y  se  le  diese  en  prendas  Cib- 
dad  Real,  con  condición  que  aunque  aquellos  vein- 
te mil  florines  le  fuesen  pagados,  luego  que  la  cib- 
dad  fuese  de  la  Reyna  para  en  toda  su  vida,  y  le 
fuese  dada  la  villa  de  Olmedo  é  su  tierra,  con  me- 
ro é  mixto  imperio  y  jurisdicion ,  y  para  manteni- 
miento lo  fuesen  puestos  en  los  libros  del  Rey  quen- 
to  y  medio  de  maravedís  en  cada  un  año.  Otrosí, 
que  la  Reyna  pudiese  traer  consigo  en  Castilla  doce 
doncellas  generosas,  ó  quel  Rey  D.  Enrique  les  die- 
se maridos  según  á  sus  linages  y  estados  convenia, 
compliendo  las  arras  é  dotes  é  gastos  de  los  tales 
casamientos  ;  é  que  truxese  la  Reyna  por  su  aya  á 
doña  Beatriz  de  Merueña,  con  quatro  doncellas  hijas 
de  algo,  de  poca  edad  ;  en  el  qual  desposorio  se  hi- 
cieron muy  grandes  fiestas  de  justas  é  danzas  é  de 
todas  las  otras  formas  acostumbradas  de  hacer  en 
tan  alto  auto  entre  grandes  Príncipes.  Y  luego  se 
dio  orden  en  la  venida  suya  para  venir  en  los  Rey- 
nos  de  su  marido ,  con  todo  lo  susodicho ;  é  así  par- 
•tió  la  Reyna  doña  Juana  de  la  cibdad  de  Lisbona, 
é  salieron  con  ella  el  Rey  de  Portugal  y  el  Infante 
D.  Fernando  su  hermano ,  y  la  Infanta  doña  Cata- 
lina, é  muchas  dueñas  é  doncellas  é  muchos  otros 
grandes  de  aquel  Reyno ;  é  salió  por  la  costa  de  la 
mar  é  hízose  una  calle  con  toneles  y  mucha  otra 
madera ,  la  qual  iba  cubierta  de  ricos  paños  de  ra- 
so ,  por  la  qual  entraron  en  una  galea  muy  rica- 
mente guarnida,  y  fueron  ansí  fasta  un  lugar  ques 
á  tres  leguas  de  Lisbona ,  é  allí  estuvieron  aquella 
noche ,  habiendo  grandes  deportes  é  gasajados ;  é 
desde  allí  el  Rey  y  el  Infante  é  las  dueñas  é  donce- 
llas y  caballeros  que  con  la  Reyna  habían  salido  se 
volvieron  á  Lisbona,  y  la  Reyna  continuó  su  cami- 
no para  Castilla. 

CAPÍTULO  VIL 

De  como  la  Reyna  daña  Juana ,  esposa  del  Rey  D.  Enrique ,  fu6 
rescebida  en  la  cibdad  de  Badajoz  así  por  los  caballeros  quel 
Rey  mandó  que  viniesen  con  ella,  como  por  los  caballeroso 
Regidores  de  la  cibdad. 

Sabido  por  el  Rey  D.  Enrique  como  la  Reyna  do. 
ña  Juana  era  partida  de  la  cibdad  do  Lisbona  para 
venir  en  Castilla ,  mandó  á  D.  Juan  de  Guzman, 
Duque  de  Medina  Sidonia  é  Conde  de  Niebla,  que 
partiese  de  Córdoba  con  hasta  docientos  caballeros 
y  grandes  hombres  de  su  casa  muy  guarnidos ,  é 
fuese  á  recebir  á  la  Reyna  su  esposa  á  la  salida  de 
Portugal,  é  viniesen  con  ella  fasta  Córdoba  donde 
estaría;  é  mandó  á  D.  Alonso  de  Madrigal  llamado 
el  Tostado,  Obispo  de  Avila,  que  era  varón  de  gran 
ciencia,  que  juntamente  fuese  con  el  Duque  para 
acompañar  á  la  Reyna  ;  y  como  fueron  certificados 
que  la  Reyna  era  cerca,  el  Duque  y  el  Obispo  y  to- 
dos los  caballeros  de  la  cibdad  la  salieron  á  recebir 
hasta  un  lugar  que  se  llama  la  Raya ,  ques  en  los 
confines  de  los  Reynos  de  Castilla  é  Portugal,  don- 
de les  era  mandado  por  el  Rey  que  la  rescibiesen  é 
se  viniesen  con  ella ;  pero  los  caballeros  portugue- 
ses que  con  la  Reyna  venían"  no  quisieron  dexarla 
fasta  llegar  á  la  cibdad  de  Badajoz,  donde  fué  res- 


cebida con  aquella  solenidad  que  se  acostumbran 
recebir  á  los  nuevos  Reyes ;  é  allí  se  fizo  muy  gran 
fiesta  á  los  portugueses ,  no  solamente  por  el  Duque 
de  Medina,  el  qual  allí  fizo  muy  grandes  despensas, 
mas  por  ciertos  oficiales  del  Rey ,  los  quales  por  su 
mandado  eran  allí  venidos  para  facer  la  despensa  á 
la  Reyna  é  á  todos  los  que  con  ella  venían ,  fasta 
llegar  en  Córdoba,  é  la  Reyna  no  se  detovo  en  Ba- 
dajoz más  de  un  día,  é  de  allí  se  partió  continuando 
su  camino  para  Córdoba  en  el  qual  le  fueron  he- 
chas muchas  fiestas  é  servicios  por  todos  los  lugares 
donde  pasó. 

Estando  el  Rey  en  Ecija ,  como  fué  certificado 
que  !a  Reyna  llegaba  cerca  de  un  lugar  que  se  lla- 
ma las  Posadas ,  salió  desconocido  al  camino  con 
quatro  de  caballo  por  ver  en  qué  forma  venia ;  ó 
anduvo  ansí  gran  pieza  mirando  á  la  Reyna  sin  ser 
conocido,  la  qual  venía  en  una  hacanea  muy  rica- 
mente guarnida ,  é  con  ella  doce  doncellas  en  esa 
misma  forma,  todas  cabalgando  en  sus  hacaneas;  y 
el  Rey  llegó  así  al  lugar,  é  fuese  aposentará  la  posada 
de  su  embaxador;  é  desque  ovo  cenado  envió  secre- 
tamente á  decir  á  la  Reyna  cómo  él  era  allí  venido  por 
la  ver,  de  lo  qual  ella  fué  muy  alegre,  é  luego  el  Rey 
se  vino  para  ella  y  estuvo  quanto  quatro  horas  en 
sus  gasajados,  y  el  Rey  se  tornó  para  Córdoba  don- 
de la  Reyna  fué  rescebida  con  muy  gran  solenidad, 
así  por  los  caballeros  é  gente  de  la  cibdad  como 
por  todos  los  grandes  de  Castilla  que  allí  eran  en- 
tonces juntados  para  ir  á  la  guerra  de  los  moros,  é 
por  los  Procuradores  de  las  cibdades  é  villas  que 
allí  estaban  por  mandado  del  Rey.  E  falláronse  allí 
á  la  sazón  dos  Embaxadores  del  Rey  de  Francia, 
muy  notables  hombres:  el  uno  era  Arzobispo  de 
Torens,  en  Torayna,  llamado  D.  Juan  Bernal,  y  el 
otro  Senescal  de  Berga ,  que  se  llamaba  Micer  Gui- 
llaome  Destachc ,  é  venían  con  ellos  Gayralso  Bol- 
sier ,  maestro  de  las  requestas  de  Francia ,  é  Iñigo 
de  Arceo ,  Bolsero  de  España,  Regidor  de  la  cibdad 
de  Burgos,  los  quales  eran  allí  venidos  por  afirmar 
las  alianzas  é  confederaciones  del  Rey  de  Francia 
con  el  Rey  D.  Enrique  ;  las  quales  como  quiera  que 
ya  eran  afirmadas  por  D.  Juan  Manuel  é  por  el 
Dean  de  Segovia,  Ortuño  Velazquez  de  Cuellar,  el 
Rey  de  Francia  quiso  enviar  solemne  embaxadapor 
hacer  saber  al  Rey  el  pesar  que  había  habido  de  la 
muerte  del  Rey  D.  Juan,  é  porque  sus  Embaxadores 
viesen  firmar  las  alianzas  al  Rey  D.  Enrique.  E  la 
Reyna  entró  en  miércoles  veinte  de  Mayo  del  dicho 
año,  acompañada  de  tantos  é  tan  grandes  Señores, 
como  por  aventura  ninguna  Reyna  en  Castilla  en- 
tró ;  donde  se  le  ficieron  tantas  fiestas  ó  de  tan  di- 
versas formas,  que  si  se  hobiesen  descrebir  sería 
muy  largo  proceso,  y  el  Rey  la  esperó  en  el  Palacio 
con  los  Embaxadores  de  Francia;  é  llegado  cerca 
del  Palacio  ,  el  Rey  la  salió  á  recebir  á  la  puerta,  ó 
le  fizo  muy  grandioso  recebimiento ,  é  le  dio  paz ,  é 
la  tomó  por  la  mano  é  la  metió  en  una  Sala  Real 
que  estaba  muy  ricamente  aderezada,  é  allí  los  Em- 
baxadores de  Francia  le  ficieron  reverencia ;  é  lue- 
go el  Arzobispo  Embaxador  les  tomó  las  manos  é 


8  CRÓNICAS  ÜB  LOS 

los  desposó,  é  dende  á  poco  espacio  cenaron  en  una 
mesa  el  lley  y  la  Reyna  é  los  dos  Embaxadores ,  é 
púsose  otra  mesa  donde  cenó  la  Condesa  de  Tubra 
que  dende  Portugal  era  venida  con  la  Eeyna,  en  la 
qual  se  asentaron  las  dueñas  é  doncellas  que  con 
ellas  venian  y  el  dia  de  Pasqua  de  cinquesma  el  Rey 
se  veló  con  la  Reyna  su  esposa  é  velólos  D,  Alfon- 
so eleto  confirmado  de  la  Iglesia  de  Mondoñedo, 
que  después  fué  Obispo  de  Jaén,  é  díxoles  la  misa 
baxa  en  la  cama ;  é  luego  el  Rey  y  la  Reyna  cabal- 
garon y  con  ellos  todos  los  grandes  que  en  la  corte 
estaban  y  fueron  á  oir  misa  solene  á  la  Iglesia  Ma- 
yor, la  qual  dixo  el  Arzobispo  Embaxador  del  Rey 
de  Francia.  Acabada  la  misa  volviéronse  á  su  Pala- 
cio y  comieron  juntamente  el  Rey  y  la  Reyna  y  con 
ellos  los  dichos  Embaxadores,  é  á  la  noche  el  Rey  é 
la  Reyna  durmieron  en  una  cama,  y  la  Reyna  que- 
dó tan  entera  como  venía,  de  que  no  pequeño  enojo 
se  rescibió  por  todos  ;  é  fecho  este  auto ,  el  Rey  se 
detuvo  pocos  dias  en  Córdoba ,  é  porque  los  Emba- 
xadores del  Rey  de  Francia  no  se  detuviesen  allí 
hasta  la  vuelta ,  envióles  á  mandar  que  explicasen 
su  embaxada  lo  qual  ellos  lo  pusieron  en  obra. 

CAPÍTULO  VIII. 

De  como  el  Arzobispo  de  Torens  enTorayna,  embaxador  del 
Rey  de  Francia,  explicó  su  embaxada  en  iircscncia  del  Ilcy 
jauto  todo  su  Consejo. 

Como  el  Rey  estuviese  presto  para  se  partir  por 
facer  guerra  á  los  moros ,  envió  á  decir  á  los  Em- 
baxadores del  Rey  de  Francia  que  antes  de  su  par- 
tida espUcasen  su  embaxada,  y  en  el  dia  siguiente 
ellos  vinieron  al  Palacio  como  les  era  mandado ,  y 
estando  el  Rey  en  Consejo  con  todos  los  Grandes 
de  su  Rcyno ,  el  Arzobispo  propuso  en  latin  larga- 
mente todo  lo  quel  Rey  de  Francia  le  mandó ,  é  las 
conclusiones  de  su  embaxada  fueron,  después  de 
las  saludes  acostumbradas  entre  los  Reyes,  facer 
saber  al  Rey  el  gran  sentimiento  quel  habia  habi- 
do del  fallecimiento  del  Rey  Don  Juan  su  padre ,  y 
gran  placer  que  habia  rescebido  en  saber  el  ser  obe- 
decido en  estos  Reynos  sin  contradicion  alguna ,  y 
quel  Rey  en  presencia  de  sus  Embaxadores  firmase 
las  alianzas  entre  entrambos  á  dos  é  sus  Reynos  ;  á 
los  cuales  el  Rey  respondió  en  breves  palabras, 
agradeciendo  al  Rey  de  Francia  su  buena  voluntad 
y  dixo  al  Arzobispo  que  qualesquier  escrituras  ó 
instrucciones  que  él  traya,  que  las  diese  al  Doctor 
Fernán  Diaz  de  Toledo ,  su  Relator  é  Referendario 
ó  de  su  Consejo,  para  que  vistas,  le  ficiese  dellas 
relación,  al  tiempo  que  de  la  guerra  viniese;  é  asi 
los  Embaxadores  quedaron  en  Córdoba,  y  el  Rey  se 
partió  para  la  guerra  á  quatro  dias  de  Junio  del  di- 
cho año;  é  algunos  de  los  gentiles  hombres  france- 
ses que  con  los  Embaxadores  venian,  le  suplicaron 
que  hubiese  por  bien  quollos  fuesen  con  su  Alteza 
en  aquella  entrada,  ó  al  Rey  plugo  dello,  ó  les 
mandó  dar  caballos  6  armas  y  todo  lo  que  menester 
ovieron  para  aquella  entrada ;  ó  fueron  con  ellos 
por  mandado  suyo  Iñigo  de  Arceo  porque  los  acom- 


REYES  DE  CASTILLA. 

pañase ;  é  los  Grandes  que  á  esta  guerra  vinieron 
por  mandado  del  Rey  fueron  los  siguientes :  el  Al- 
mirante Don  Fadrique  su  tio ;  Iñigo  López  de  Men- 
doza, Marques  de  Santillana,  Conde  del  Real;  Don 
Juan  Pacheco ,  Marqués  de  Villana ;  Don  Pedro  Gi- 
rón ,  su  hermano ;  Don  Enrique  de  Castilla ,  Conde 
de  Alba,  hermano  del  Almirante;  Don  Alvaro  de  Es- 
túñiga  Conde  de  Plazencia,  Don  Fernán  Alvarez 
de  Toledo ,  Conde  de  Alba ;  Don  Alfonso  Pimentel, 
Conde  de  Benavente ;  Don  Diego  Manrique ,  Conde 
de  Trevifio  ;  Don  Juan  Manrique,  Conde  de  Casta- 
ñeda; Don  Gabriel  Manrique,  Conde  de  Osorno;  Don 
Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Paredes,  é  muchos 
otros  caballeros  no  de  tanto  estado ,  á  los  quales  to- 
dos el  Rey  mandó  traer  cierta  copia  de  gente ,  de 
manera  quel  que  podia  traer  quinientas  lanzas, 
truxese  ciento ,  é  por  esta  forma  todos  los  otros,  é 
así  se  juntaron  para  esta  entrada  con  el  Rey  tres 
mil  hombres  de  armas  muy  señalados  é  muy  bien 
armados  ó  muy  bien  aviados ,  é  fasta  ocho  mil  gi- 
netes  é  veinte  mil  peones ;  y  el  Rey  se  fué  con  sola- 
mente veinte  de  caballo  á  dormir  á  un  lugar  que  se 
dice  Castro  el  Río;  é  mandó  á  los  Comendadores 
Gonzalo  de  Sayavedra  é  Juan  Fernandez  Galindo 
que  fuesen  á  la  villa  de  Baena  é  Almochen ,  é  allí 
ñciesen  que  se  recogiese  toda  la  gente  de  la  hues- 
te; la  qual  recogida,  el  Rey  so  juntó  con  su  hueste 
c  do  allí  entró  por  Alcalá  la  Real  poderosamente 
en  el  Rcyno  de  Granada  sin  fallar  resistencia  nin- 
guna ;  é  asentó  su  real  cerca  de  Moclin  ,  y  el  Rey  se 
apartó  con  doscientos  de  caballo  de  la  cibdad  do 
Ubeda,  y  fué  á  correr  á  Monte  Frío,  é  salieron  do 
la  villa  cinquenta  de  caballo ,  los  quales  trabaron 
con  el  Rey  su  escaramuza ,  en  la  qual  fueron  fcri- 
dos  algunos  christianos,  é  los  moros  fueron  re- 
trahidos  á  la  villa  por  fuerza  do  los  christianos;  é 
antes  quel  Rey  llegase  á  la  vega  de  Granada ,  fué 
asimismo  á  correr  á  Moclin  con  otros  docientos  de 
caballo ,  é  alli  se  ovo  otra  escaramuza  mucho  mas 
peligrosa  que  la  primera,  donde  fueron  feridos  con 
saetas  muchos  mas  de  los  christianos  que  lo  prime- 
ro ,  entre  los  quales  fué  f erido  de  una  saeta  enar- 
bolada  un  noble  caballero  llamado  Gonzalo  Muñoz 
de  Castañeda,  é  alli  fueron  algunos  muertos,  é  de 
los  moros  asimesmo  fueron  algunos  feridos,  y  el 
Rey  se  tornó  al  real  á  hora  de  comer,  y  á  la  tarde 
tornó  á  dar  otra  vista  á  Moclin ,  el  qual  se  acercó 
tanto  á  la  villa,  que  le  tiraron  una  saeta  que  lo  dio 
en  la  estribera ,  de  que  todos  los  Grandes  del  Rey  no 
que  con  él  estaban  hobioron  gran  desplacer ,  ó  se 
maravillaron  mucho  de  un  Príncipe  tan  grande 
quererse  meter  en  tales  escaramuzas  donde  ligera- 
mente podia  ser  muerto  sin  hacer  cosa  de  su  honor, 
y  como  quiera  que  por  algunos  le  fuese  reprehen- 
dido la  tal  osadia,  como  él  fuese  hombre  regido 
mas  por  voluntad  que  por  razón ,  no  dexaba  de  se 
meter  cada  dia  en  las  semejantes  cosas.  Y  en  este 
dia  los  moros  de  lUora  enviaron  al  Rey  un  gran 
presento  de  muchas  aves  é  figos  é  pasas  ,  suplicán- 
dole que  no  mandase  hacer  tala  en  sus  panes  ni  vi- 
ñas é  otros  daños  algunos,  lo  qual  les  fué  otorgado; 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


y  estando  el  real  allí  asentado ,  Miguel  Lucas ,  que 
después  fué  Condestable ,  y  un  hermano  suyo  que 
era  camarero  de  los  paños  del  Rey,  se  apartaron  con 
cierta  gente  é  fueron  á  una  atalaya  que  es  cerca  de 
Illora,  de  donde  los  christianos  rescebian  mucho 
daño  é  derribáronla  hasta  loa  cimientos ,  y  de  allí 
mandó  mover  su  gente,  ó  asentóse  allende  de  la 
puente  de  Pinos ,  y  de  allí  el  Rey  con  poca  gente 
fué  á  dar  vista  á  Granada,  y  en  el  camino  se  trabó 
escaramuza  de  los  moros  quel  Rey  consigo  llevaba 
con  algunos  de  los  de  Granada  que  andaban  en  el 
campo ;  y  en  el  día  siguiente  el  Rey  mandó  asentar 
su  real  casi  una  legua  de  Granada ,  y  él  se  fué  á  co- 
mer á  una  alearía  que  era  entre  la  ciudad  y  el  real, 
y  aquella  mandó  que  no  se  derribase.  Y  entre  tanto 
quel  Rey  allá  estuvo  siempre  fué  á  comer  aquel  al- 
quería y  en  el  día  de  San  Bernabé  el  Rey  puso  to- 
das sus  batallas  en  orden  y  fué  á  dar  vista  á  Gra- 
nada y  pasó  de  los  olivares  y  salieron  de  la  ciudad 
fasta  mil  é  quinientos  de  caballo  y  gran  gente  de 
pie ,  y  trabáronse  escaramuzas  por  diversas  partes, 
aunque  no  en  la  orden  que  el  Rey  quisiera ,  en  las 
quales  fueron  muertos  y  feridos  asaz  moros,  y  chris- 
tianos murieron  solamente  quatro,  de  los  quales  el 
uno  se  llamaba  Figueroa  y  el  otro  Diego  de  Valera, 
que  vivía  en  Ubeda,  y  otros  dos  escuderos  cuyos 
nombres  no  se  supieron.  En  el  qual  día  Garcilaso  de 
la  Vega,  Comendador  de  Montizon,  de  quien  desuso 
es  fecha  mención ,  en  presencia  del  Rey  mató  un 
moro  muy  valiente ,  y  derribó  otro  y  tomólo  el  ca- 
ballo y  la  adarga  y  presentó  el  caballo  al  Rey,  y  el 
Rey  diólo  á  Miguel  Lucas.  Y  en  aquel  día  se  arma- 
ron Caballeros  por  mano  del  Rey,  Don  Alonso  En- 
riquez ,  hijo  del  Almirante  Don  Fadrique ,  y  Don 
Juan  de  Luna,  Conde  de  Santisteban,  y  Miguel 
Lucas,  que  después  fué  Condestable,  y  Fernand 
Arias  de  Sayavedra,  hijo  de  Gonzalo  de  Sayavedra, 
Comendador  mayor  de  Monte  Alban,  y  un  gentil 
hombre  francés  de  los  que  con  el  Rey  fueron  en 
aquesta  entrada ,  y  otros  algunos  escuderos  caste- 
llanos ,  cuyos  nombres  la  historia  no  escribe.  Y  en 
este  dia  acaesció  asimesmo  una  escaramuza  que  co- 
menzaron con  los  moros  Lope  de  Baldevieso,  Maes- 
tre Sala  del  Rey,  y  Pedro  de  Ribadeneyra,  hijo  del 
Mariscal  Hernando  de  Ribadeneyra,  y  Juan  de 
Barrionuevo ,  y  otros  algunos  caballeros  y  escude- 
ros, en  la  qual  murió  un  moro  muy  principal  lla- 
mado Abenamar  de  Mendoza,  y  otros  quatro;  y  los 
moros  fueron  retrahidos  por  un  callejón  que  duraba 
bien  dos  tiros  de  ballesta,  donde  los  christianos  pa- 
saron una  celada  que  los  moros  tenían,  la  qual  dio 
luego  en  ellos  y  los  mas  volvieron  á  fuir ,  y  Lope  de 
Baldevieso  y  Juan  de  Barrionuevo  y  otros  escude- 
ros quedaron  atajados,  los  quales  juntos  rompieron 
por  los  moros  y  pasaron  por  ellos  fasta  el  fin  del 
callejón  donde  ficieron  rostro ;  y  allí  mataron  el  ca- 
ballo áLope  de  Baldevieso,  y  dieron  á  él  veinte  y 
dos  f erídas  que  algunas  dellas  fueron  muy  peligro- 
sas ,  y  con  todo  eso  so  levantó ;  y  peleando  como 
caballero  el  espada  en  la  mano ,  so  defendió  fasta 
que  fué  socorrido,  y  allí  ovo  tan  gran  pelea,  que 


fué  cosa  maravillosa,  en  que  murieron  algunos  mo- 
ros y  ovo  un  caballo ;  y  asi  con  el  ayuda  de  Dios 
escapó  y  estuvo  mas  de  veinte  días  á  la  muerte.  Y 
como  en  la  vega  de  Granada  quedase  una  valiente 
torre  en  que  estaban  quince  moros,  la  qual  estaba 
bien  bastecida  de  todo  lo  que  menester  habían ,  el 
Marqués  de  Villena  suplicó  al  Rey  le  diese  licenoiii 
por  la  combatir,  la  qual  el  Rey  le  otorgó;  y  luego 
fueron  á  la  combatir  Juan  de  Luna,  hijo  de  Juan 
Fernando  de  Mendoza ,  Mayordomo  mayor  del  Rey 
Don  Juan,  y  Hernando  de  Ribadeneyra,  Camarera 
que  fué  del  Maestro  Don  Alvaro  de  Luna ;  los  qua- 
les la  combatieron  con  esas  artillerías  que  tenían, 
que  no  eran  tales  que  los  bastaba  para  la  fuerza  do 
aquella  torre  y  los  moros  se  defendían  valientemen 
te  con  ballestas  y  saetas  y  piedras  y  canteras.  En 
el  qual  combate  Juan  de  Luua  fué  ferido  en  la  ca- 
beza de  una  esquina  de  tal  manera ,  que  ovo  de 
dexar  el  combato  y  quedó  en  él  Fernando  de  Ri- 
badeneyra ;  lo  qual  visto  por  el  Rey  invió  á  Fernan- 
do de  Villafranca  y  á  otros  de  su  casa  porque  el 
combato  uo  cesase;  y  como  Hernando  de  Ribade- 
neyra, que  estaba  firme  en  el  combate,  vido  que 
venían  de  nuevo  aquellos  caballeros  ovo  dello  tan 
grande  desplacer  que  dexó  el  combate  diciendo  que 
al  tiempo  quel  tenía  el  fecho  casi  vencido  venían 
otros  por  atribuir  á  sí  el  honor  de  aquel  fecho ;  cou 
todo  eso  como  los  moros  estaban  mucho  cansados  y 
algunos  de  ellos  feridos ,  diéronse  á  prisión,  y  al- 
gunos se  quemaron  en  el  fuego  que  los  christianos 
pusieron ;  y  en  esto  segundo  combate  fué  ferido  de 
una  saeta  enarbolada  Fernando  de  Villafranca,  pero 
fué  socorrido  de  tal  manera,  que  sanó,  y  la  torre  so 
puso  por  el  suelo. 

En  este  tiempo  los  moros  ficieron  muchos  rebates 
especialmente  de  noche,  de  que  los  christianos  res- 
cebian asaz  trabajo  y  enojo ;  y  acaesció  que  un  mo- 
ro quo  había  sido  christiano  y  había  sido  criado  en 
la  Cámara  del  Rey  de  Granada ,  alumbrado  por  el 
Espíritu  Santo,  se  vino  para  el  real  y  se  tornó  chris- 
tiano, y  dixo  al  Rey  que  fuese  cierto  quel  Rey  de 
Granada  llamado  Muli  Ato ,  era  concertado  con  el 
Rey  Arisa  y  se  había  de  venir  á  Granada  con  seis- 
cientos de  caballo  donde  se  juntaba  toda  la  caballo- 
ría  del  Reyno  y  los  mas  y  mejores  peones  que  en  él 
había;  y  se  habían  concertado  de  venir  una  noche 
todos  juntos  y  salir  y  dar  en  el  real ,  por  tal  mane- 
ra que  pensaban  ser  maravilla,  según  la  muche- 
dumbre dellos,  poder  escapar  ninguno  de  los  chris- 
tianos ;  y  esto  sabido ,  púsose  muy  gran  guarda  en 
el  real ;  y  como  dende  á  tres  días  tuviese  la  guarda 
del  real  Don  Rodrigo  Manrique ,  Conde  de  Paredes 
quera  caballero  muy  esforzado  y  mucho  diestro  en 
la  guerra,  esa  noche  acercóse  tanto  ala  ciudad,  que 
pudo  oír  el  bollicio  que  en  ella  había  para  ver  de 
venir  en  la  forma  que  dicha  es  ;  y  dexando  sus  es- 
cuchas y  guardas  en  el  campo ,  se  vino  á  gran  prie- 
sa para  el  Rey,  y  despertóle  y  díxole  lo  que  había 
sentido  y  púsose  tal  guarda  en  cl  real  que  toda  la 
gente  se  armó  y  se  puso  en  la  forma  que  debía  para 
rescebír  los  moros  si  viniesen  ;  lo  qual  por  los  mo» 


10  CRÓNICAS   DE  LOS 

roa  sentido,  dexaron  la  venida  y  oko  dia  salieron 
de  la  ciudad  fasta  dos  mil  é  quinientos  de  caballo 
y  setenta  mil  peones  y  mas ,  y  pusiéronse  entre  los 
olivares,  y  algunos  de  líos  se  vinieron  tendiendo  á 
puerta  del  real ,  y  el  Rey  estaba  en  el  campo  con 
asaz  gente  de  hombres  de  armas  y  ginetes,  y  como 
conosció  que  las  batallas  suyas  querían  pelear ,  no 
dio  á  ello  lugar,  antes  los  detuvo  creyendo  que  los 
moros  tenian  puestas  algunas  celadas  de  donde  los 
christianos  podrían  rescebir  gran  daño ;  y  allí  el  Rey 
evo  su  consejo  de  lo  que  debia  hacer,  en  que  ovo 
diversas  opiniones;  y  el  Conde  de  Paredes  dixo  al 
Rey  que  según  lo  que  los  moros  en  aquel  dia  hablan 
mostrado,  querían  haber  batalla  y  que  era  cierto 
que  entre  ellos  se  fallaba  serles  gran  mengua  de  ver 
talar  y  quemar  sus  riberas ,  y  por  temor  de  muerte 
haberlo  do  sufrir ,  y  que  su  parecer  era  que  pues  el 
Rey  allí  tenía  tanta  y  tan  buena  gente ,  con  que 
con  el  ayuda  de  Dios  podría  esperar  la  vitoria ,  que 
debia  dar  la  batalla  si  los  moros  la  quisiesen  espe- 
rar; finalmente  como  los  mas  que  en  el  consejo  es- 
taban quisiesen  seguir  la  voluntad  del  Rey,  la  qual 
era  de  no  pelear,  determinóse  que  la  batalla  no  se 
diese,  salvo  si  los  moros  saliesen  del  todo  al  llano, 
donde  sin  ventaja  los  christianos  pudiesen  pelear 
con  ellos,  y  la  tala  se  ficiese  lo  mas  duramente  que 
ser  pudiese;  lo  qual  así  se  puso  en  obra ,  que  les 
fueron  talados  todos  los  árboles  y  viñas  y  panes  que 
haberse  pudieron,  y  les  fueron  quemadas  algunas 
aldeas  y  alquerías  y  lugares  ;  lo  qual  visto  por  los 
moros ,  enviaron  á  hablar  con  Don  Alonso  Pimen- 
tel,  Conde  de  Benavente,  los  quales  le  dixeron  que 
no  pensase  el  Rey  que  por  talas  ni  quemas  de  luga- 
res habían  de  sojuzgar  el  Reyno  de  Granada,  en  el 
qual  había  tantas  y  tan  grandes  fuerzas  y  tanta  y 
tan  buena  gente  para  las  defender ,  que  no  espera- 
ban que  jamas  los  christianos  las  pudiesen  ganar,  y 
que  al  Rey  le  estaba  mejor  haber  paz  con  el  Rey 
de  Granada  y  con  sus  Reynos ,  y  que  se  le  darían 
las  parias  muy  mas  crecidas  que  á  ningún  Rey  de 
los  antepasados ,  y  lo  darían  todos  los  christianos 
cativos  ;  lo  qual  sabido  por  el  Rey ,  acordó  de  dar 
seguro  á  Abdíbar  para  que  viniese  á  hablar  con  el 
Rey,  y  para  concertar  lo  ya  dicho,  y  este  moro  Ab- 
díbar vino  á  la  f  abla  con  el  Rey ,  y  traxo  consigo 
hasta  dos  mil  de  caballo,  los  mas  á  punto  de  guerra 
que  había  en  el  Reyno  de  Granada ;  y  salieron  con 
el  Rey  á  la  f  abla  el  Almirante  Don  Fadrique  y  los 
Marqueses  de  Santillana  y  Villena,  y  el  Maestre  de 
Calatrava  y  los  Condes  do  Plasencia  y  Benavente 
y  Alba  y  Paredes ,  y  todos  los  otros  principales  Ca- 
balleros que  en  el  real  estaban  ;  y  las  batallas  del 
Rey  estaban  todas  en  el  campo  puestas  en  el  orden 
que  debían  ;  y  los  moros  mostraron  grande  alegría 
creyendo  que  se  concluiría  perpetua  paz  entre  estos 
Reyes ,  y  la  conclusión  que  so  tomó  fué  que  cono- 
cida la  voluntad  del  Rey  que  no  fuese  de  les  dar  la 
paz  que  demandaban ,  le  darían  cierto  número  de 
christianos  porque  levantase  el  real  de  la  Vega  de 
Granada  y  se  tornase  en  sus  Reynos.  En  tanto  que 
el  trato  duraba,  el  Rey  de  Granada  envió  al  Rey 


REYES  DE  CASTILLA. 

grandes  presentes  de  aves  y  frutas  de  diversas  ma- 
neras ,  y  envióle  sus  menestriles  á  los  quales  el  Rey 
mandó  vestir  y  dar  largamente  gran  suma  de  do- 
blas. Y  en  este  tiempo  el  Rey  de  Granada  fué  certi- 
ficado que  en  el  real  oviese  gran  mengua  de  vino 
y  de  todas  las  otras  viandas  necesarias,  y  envió  á 
decir  al  Rey  que  si  le  quería  dar  la  paz  en  la  forma 
que  la  había  demandado,  que  le  daría  todos  los 
cativos  christianos  que  tenia  y  las  parias  como  di- 
cho habia ,  y  en  otra  manera  no  quería  otro  partido 
que  ficiese  lo  que  quisiese ;  y  asi  el  fecho  se  acabó 
sin  otra  conclusión.  Y  el  Rey  estuvo  en  esta  entra- 
da en  el  Reyno  de  Granada  diez  y  ocho  días ;  y  le- 
vantó su  real  de  sobre  Granada  en  veinte  y  nueve 
días  del  mes  de  Julio ,  y  continuó  su  camino  para 
Córdoba,  donde  afirmó  las  alianzas  del  Rey  de  Fran- 
cia y  despidió  los  Embaxadores ,  á  los  quales  envió 
muías  y  caballos  y  piezas  de  brocado  y  seda;  asi 
ellos  se  partieron  muy  alegres  y  contentos  del  Rey, 
el  qual  el  año  venidero  mandó  llamar  á  los  Procura- 
dores ,  y  les  dixo  que  él  entendía  entrar  en  tierra  de 
moros  muy  mas  poderosamente  de  quantas  veces 
había  entrado ,  para  lo  qual  con  venia  que  en  sus 
Reynos  se  repartiesen  sesenta  quentos  de  marave- 
dís; y  como  quiera  que  á  los  Procuradores  esto  pa- 
resciese  mucho  grave,  así  por  los  trabajos  pasados, 
como  por  ver  la  forma  que  el  Rey  en  la  guerra  te- 
nia, en  que  conocida  la  verdad  en  la  guerra  pasada 
muy  mayores  daños  habían  rescebído  estos  Reynos 
quel  Reyno  de  Granada,  con  todo  eso  acordaron  de 
facer  lo  quel  Rey  les  mandaba,  pero  suplicáronle  que 
estos  sesenta  cuentos  se  le  pagasen  dos  años ,  por- 
que la  gente  rescibiese  menos  trabajo,  y  el  Rey  se  lo 
otorgó  y  asi  se  puso  en  obra;  y  de  allí  el  Rey  se  par- 
tió para  la  ciudad  de  Sevilla ,  donde  era  esperado 
con  muy  grande  amor ,  como  no  hobiesen  visto  Rey 
en  aquella  ciudad  desde  el  Rey  Don  Enrique  segun- 
do ,  donde  le  estaba  aparejado  muy  notable  recebi- 
míento  ;  y  el  Rey ,  no  queriendo  ver  la  nobleza  de 
la  gente  de  aquella  ciudad,  se  apartó  con  pocos  de 
los  suyos  y  entróse  por  el  postigo  del  Alcázar,  don- 
de muy  pocos  lo  pudieron  ver,  de  que  todos  los  de 
la  ciudad  fueron  mucho  maravillados  y  mal  conten- 
tos; con  todo  eso  la  gente  del  Rey  fué  muy  bien 
aposentada ,  y  alegremente  rescebida  por  los  hues- 
pedes. Y  estando  el  Rey  en  aquella  ciudad  acaes- 
cieron  dos  cosas  muy  estrañas  y  muy  feas,  las  qua- 
les fueron  que  Mofaras ,  un  moro  quel  Rey  consigo 
traía ,  fué  aposentado  en  la  casa  de  un  mercader 
llamado  Diego  Sánchez  de  Orihuela ,  el  qual  tenia 
una  hija  muy  hermosa  de  que  el  moro  se  enamoró; 
y  como  á  la  doncella  fuese  aborrecible  la  habla  suya 
y  no  quisiese  dar  lugar  á  su  voluntad,  el  moro  aguar- 
dó tiempo  en  que  el  padre  y  la  madre  estuviesen 
fuera  de  casa ,  y  tapóle  la  boca  de  manera  que  no 
pudiese  dar  voces,  y  atóle  las  manos  y  púsola  en  un 
caballo  y  con  ciertos  moros  la  sacó  de  la  ciudad  ;  y 
quando  los  padres  vinieron  y  hallaron  su  hija  lleva- 
da, dieron  muy  grandes  voces,  á  que  toda  la  ve- 
cindad se  juntó ,  y  así  una  gran  muchedumbre  de 
gente  fueron  al  Palacio  Real  con  el  padre  y  la  ma- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


11 


dre,  que  iban  dando  muy  grandes  voces,  muy  agrá- 
mente llorando,  demandando  justicia;  y  llegados  al 
Rey,  oida  su  querella,  el  Rey  \atuperó  muy  fuerte- 
mente á  la  madre,  diciéndole  ser  loca,  y  haber  pues- 
to muy  mal  recado  en  su  casa  y  fija  dexándola  sola, 
y  dando  el  cargo  al  padre  y  á  ella  del  caso  acaesci- 
do ,  con  la  qual  respuesta  ellos  comenzaron  muchas 
mayores  voces,  demandando  justicia  á  Dios,  de  que 
el  Rey  ovo  tan  grande  enojo,  que  mandó  llamar 
un  verdugo  para  que  los  azotase  por  la  ciudad;  y  en 
este  punto  llegaron  allí  Don  Alonso  Pimentel ,  Con- 
de de  Benavente,  y  el  Conde  Don  Juan  de  Guzman, 
y  viendo  el  mandamiento ,  el  Conde  Don  Juan  le  di- 
xo:  «Señor  ¿cómo  dirá  el  pregón  cuando  se  esecuta. 
re  esta  justicia  que  mandáis  facer  ?  »  y  el  Rey  con 
enojo  80  metió  en  su  palacio  ,  y  los  que  cerca  del  es» 
taban  ficieron  ir  de  alli  á  los  que  con  esta  querella 
venieron ,  y  asi  el  moro  Mofaras  llevó  la  doncella  y 
púsola  en  salvo  en  un  lugar  de  Granada,  y  ansi  la 
tomó  por  manceba  en  injuria  de  nuestra  Sancta  Fee. 
Fué  la  segunda  que  un  capitán  del  Rey  llamado 
Rodrigo  de  Marchena,  hombre  de  baxo  linage  y 
deshonesta  vida,  tomó  por  fuerza  una  doncella  hija 
dalgo,  y  como  los  padres  y  parientes  al  Rey  se 
querellasen ,  ovieron  el  mesmo  remedio  que  Diego 
Sánchez  de  Orihuela,  do  que  no  solamente  la  gente 
de  la  ciudad ,  mas  todos  los  cortesanos  fueron  mu- 
cho turbados,  y  decian  que  cómo  se  podria  consentir 
quedar  tales  cosas  ein  grande  punición,  á  causado  lo 
qual  al  Rey  vinieron  muy  grandes  inconvin lentes  y 
daños  de  que  adelante  se  hará  mención.  De  allí  el 
Rey  se  vino  en  Castilla ;  y  estando  en  la  ciudad  de 
Avila,  mandó  enviar  sus  cartas  de  apercibimiento 
á  todos  los  Grandes  para  que  fuesen  con  él  ala  guer- 
ra, y  mandó  hacer  muy  grandes  provisiones  asi  de 
bastimentos  como  de  lombardas  y  ingenios  y  man- 
tas y  todos  los  otros  pertrechos  necesarios  para  com- 
batir fortalezas. 

CAPÍTULO  IX. 

De  como  el  Rey  se  partió  de  Avila,  y  se  fué  para  la  ciudad  de 
Badajoz  por  se  ver  con  su  primo  el  Rey  do  Portugal. 

Partido  el  Rey  de  la  ciudad  de  Avila  para  se  ver 
con  el  Rey  de  Portugal ,  para  lo  qual  el  Rey  conti- 
nuó su  camino  y  la  Reyna  con  él  para  la  ciudad  de 
Badajoz,  desque  allí  fueron  llegados,  vino  ende  el 
Rey  de  Portugal  con  el  qual  venían  el  Infante  Don 
Fernando,  su  hermano,  y  el  Infante  Don  Enrique, 
8u  tío,  y  otros  muchos  Grandes  de  su  Reyno  y  es- 
taban con  el  Rey  de  Castilla  el  Marqués  de  Villena, 
Don  Juan  Pacheco,  y  Don  Pedro  Girón,  Maestre  de 
Calatrava,  hermano  suyo,  y  muchos  otros  Condes  y 
Caballeros  y  Perlados.  Y  sabido  por  el  Rey  de  Cas- 
tilla como  el  Rey  de  Portugal  venia,  saliólo  á  rece- 
bir  quanto  á  media  legua,  y  con  él  todos  los  Gran- 
des que  allí  estaban  acompañadlas  de  mucha  noble 
caballería ;  y  los  Reyes  se  hablaron  con  grande 
amor,  y  asi  vinieron  á  la  ciudad  de  Badajoz  donde 
el  Rey  tenía  aparejada  muy  gran  fiesta  para  el  Rey 
de  Portugal  y  para  todos  los  que  con  él  venían,  y 


comieron  con  el  Rey  aquel  dia  el  Rey  de  Portugal 
y  la  Reyna  su  hermana  y  los  Infantes  Don  Fernan- 
do y  Don  Enrique,  y  el  Rey  de  Portugal  estuvo  allí 
tres  días ;  en  el  qual  tiempo  el  Rey  mandó  facer  la 
espensa  al  Rey  de  Portugal  y  á  toda  su  gente  muy 
abundosamente  ;  y  pasados  así  aquellos  dias,  el  Rey 
de  Castilla  y  el  de  Portugal  se  fueron  á  Yelves  y 
con  ellos  la  Reyna  ,  donde  les  fueron  fechas  muy 
grandes  fiestas ,  en  otros  tres  días  que  ende  estu- 
vieron; y  vuelto  el  Rey  de  Castilla  á  Badajoz,  vino 
allí  la  Infanta  Doña  Catalina  á  ver  á  la  Reyna  su 
hermana ;  y  en  este  tiempo  estaba  pucjita  tregua 
entre  el  Rey  Don  Enrique  y  el  Roy  Ariza  de  Gra- 
nada, la  qual  el  Conde  de  Cabra  había  puesto  pur 
mandado  del  Rey ;  en  el  qual  tiempo  Abdalla  Am- 
bran  había  hurtado  el  castillo  de  Solera,  que  tenía 
Diego  de  Araya,  un  Caballero  natural  de  Ubeda,  y 
al  tiempo  que  aquella  treguase  asentó,  concordóse 
que  las  villas  y  fortalezas  de  los  Rcynos  de  Castilla 
y  del  Reyno  de  Granada  fuesen  seguros  de  la  una 
parte  á  la  otra,  y  de  la  otra  á  la  otra,  y  el  Conde  de 
Cabra  envió  requerir  al  Rey  Ariza  de  Granada,  por 
un  Caballero  de  su  casa  llamado  Gonzalo  de  Ayora, 
que  mandase  restituir  el  castillo  de  Solera  que  era 
obligado  de  lo  asi  hacer,  según  lo  capitulado ,  al 
qual  el  Rey  respondió  que  Abdalla  Ambran  había 
furtado  aquel  castillo  sin  su  licencia  y  mandado, 
y  que  desto  él  no  tenía  cargo  ;  al  qual  Gonzalo  de 
Ayora  respondió  que  si  la  fortaleza  no  se  le  entre- 
gaba, que  fuese  cierto  que  luego  se  faria  la  guerra, 
y  el  Conde  desde  allí  alzaba  la  tregua  por  poder 
que  para  ello  del  Rey  tenía.  El  Rey  moro  dixo  ; 
quél  enviaría  á  llamar  aquel  caballero  Abdalla  Am- 
bran, y  le  mandaría  que  entregase  aquel  castillo,  y 
que  habría  gran  placer  que  lo  ficiese  ansí,  y  que  en 
otra  manera  él  no  podria  otra  cosa  facer,  porque 
aquel  moro  era  tan  poderoso  quel  no  podria  com- 
pelerlo á  lo  entregar  sin  su  voluntad ,  y  que  á  él  le 
placía  de  guarda  la  paz  con  el  Rey  de  Castilla  y 
con  sus  Reynos,  así  como  lo  había  asentado  con  ol 
Conde  de  Cabra  ;  al  qual  Gonzalo  de  Ayora  respon- 
dió que  si  él  quería  paz  con  el  Rey  de  Castilla ,  que 
había  de  facer  dos  cosas,  la  primera  entregar  el 
castillo  de  Solera  á  Diego  de  Araya,  y  le  convenia 
que  fuese  vasallo  del  Rey  de  Castilla  ,  así  como  el 
Rey  Don  Mahoma  lo  había  sido  del  Rey  Don  Pe- 
dro, y  fuese  de  su  Consejo,  y  tener  dezmero  á  la 
Puerta  Delvira,  que  cogiese  el  diezmo  y  medio 
diezmo  por  el  Rey  de  Castilla,  y  que  diese  en  el 
año  primero  de  la  paz  mil  cativos ,  y  en  los  tres 
siguientes  cada  año  trescientos  y  treinta  y  tres 
cativos  que  habían  de  ser  por  todos  dos  mil,  y  cada 
vez  que  el  Rey  Don  Enrique  le  llamase  en  toda  el 
Andalucía  fasta  el  Reyno  do  Toledo  fuese  obligado 
á  le  servir  con  dos  mil  de  caballo ;  y  si  demás  se 
quisiese  servir  que  le  pagase  el  sueldo  fasta  ser 
vuelto  en  su  Reyno  al  fuero  y  costumbres  de  Cas- 
tilla, y  que  le  volviese  todas  las  villas  y  fortalezas 
que  en  tiempo  del  Rey  Don  Juan  su  padre  habían 
perdido,  y  con  estas  condiciones  se  le  daría  la  paz 
por  diez  años,  y  en  este  tiempo  se  metiesen  al  Rey- 


CKÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 


12 

no  do  Granada  todas  las  cosas  que  en  el  tiempo  de 
la  paz  se  soliaii  meter.  A  lo  qual  el  Key  de  Grana- 
da le  respondió  que  aquello  que  demandaba  y  los 
hijos  y  las  mugeres  ,  todo  lo  dieran  en  el  año  pri- 
mero que  el  Rey  Don  Enrique  reynó,  y  en  el  se- 
gundo no  le  dieran  los  fijos  ni  las  mugeres,  y  que 
ya  era  el  año  tercero  y  lo'  habían  bien  conocido,  y 
que  no  le  darian  cosa  de  quanto  demandaban ;  quel 
Key  Don  Enrique  ficiese  lo  que  quisiere  :  con  lo 
qual  Gonzalo  de  Ayora  se  volvió  para  el  Conde  de 
Cabra,  el  qual  escribió  todo  lo  susodicho  al  Rey  que 
estaba  en  Badajoz  con  el  Rey  de  Portugal,  y  sabi- 
da esta  nueva,  partióse  para  Sevilla  para  desde  allí 
facer  su  entrada  en  tierra  do  Moros. 

CAPÍTULO  X. 

De  como  ol  Rey  Don  Eiuriquc  se  partió  de  Sevilla  para  entrar  en 
tierra  de  moros  y  dcxó  allí  á  k  lleyna  su  muger. 

El  Rey  se  partió  para  Ecija  y  mandó  llamar  á 
Don  Juan  de  Guzman,  Duque  de  Medina  Sidonia  y 
á  Don  Juan  Ponce  do  León,  Conde  do  Arcos  ,  y  los 
Consejos  do  Sevilla  y  de  Xerez  y  de  las  otras  villas  y 
lugares  comarcanos ,  y  mandó  questa  gente  se  jun- 
tase en  los  prados  de  Antequera,  donde  fueron  jun- 
tos fasta  ochocientos  hombres  de  armas  y  tres  mil 
ginctes  y  trece  rail  peones;  y  los  Grandes  que  con  el 
Key  entonces  entraron  fueron :  el  Duque  de  Medi- 
na Sidonia  y  el  Marqués  de  Villena  y  ol  Maestre  de 
Calatrava  y  los  Condes  de  Benaveute  y  de  Arcos  y 
de  Osorno  ;  y  de  allí  fue  á  sentar  su  real  en  un  valle 
ques  cerca  de  Alora,  entre  los  dos  rios ;  y  en  tanto 
quel  real  se  asentaba,  el  Rey  se  apartó  con  hasta 
quatrocientos  de  caballo  y  fué  á  correr  el  Valle  de 
la  Cartana  y  otros  lugares  dende  cercanos ,  donde 
ticieron  algún  daño ,  y  el  Rey  se  volvió  al  real  y  el 
dia  siguiente  fué  á  sentar  su  real  en  la  Vega  de  Má- 
laga, donde  estuvo  treinta  dias ;  en  el  qual  tiempo 
se  fizo  tala  solamente  en  los  panes,  por  quel  Rey  no 
consintió  que  so  talasen  huertas  ni  viñas,  y  se  que- 
maron algunas  aldeas  que  los  moros  habían  desam- 
parado. En  este  tiempo  so  ficieron  algunas  escara- 
muzas en  que  murieron  algunos  moros  é  christia- 
nos,  y  así  el  Key  levantó  su  real  de  sobre  Málaga,  y 
acordó  de  se  ir  por  el  ¡Val  de  Coer  ques  en  termino 
do  Marvclla,  é  determinó  de  se  ir  por  la  costa  de  la 
mar  donde  pasó  ú  tan  gran  peligro  de  su  gente,  que 
según  la  muchedumbre  de  los  moros  que  por  la 
sierra  parecieron ,  pudieran  si  quisieran  con  solas 
piedras  destruir  la  mayor  parte  del  real ;  poro  siem- 
pre estuvieron  quedos  mirando  la  gente  del  real, 
do  donde  se  creyó  haber  un  trato  secreto  entre  el 
Rey  y  los  moros ;  y  pasando  la  gente  cerca  de  una 
villota  que  se  llama  Benalmadana,  seyendo  pasado 
todo  el  real  y  veniondo  en  el  cabo  catorce  ó  quince 
hombres  de  armas  de  la  guarda  del  Roy  y  fasta  se- 
senta hombres  de  Sevilla ,  los  moros  comenzaron  á 
gritarlos,  y  tan  grande  enojo  rescibioron  los  chris- 
tianos,  que  vinieron  á  combatir  el  lugar  y  entrá- 
ronlo por  fuerza  de  armas ;  y  como  el  Rey  lo  supo, 
ovo  dello  enojo,  é  iuvió  á  Gonzalo  do  Sayavedra  y 


á  Fernando  de  Fonseca  y  á  los  que  estaban  en  el 
lugar,  que  luego  saliesen  dende  sopeña  de  la  vida ; 
los  quales  lo  ficieron  luego  ;  pero  pusieron  fuego 
por  muchas  partes  al  lugar  de  tal  manera ,  que  su- 
bió tan  alto  que  visto  por  los  moros  de  Estepona 
desampararon  la  villa  y  se  subieron  con  todo  lo 
suyo  á  la  sierra.  Y  en  este  dia  una  fortaleza  que  se 
llama  la  Fonxirola  se  combatió,  no  por  mandado 
del  Rey,  y  estándose  combatiendo  por  la  gente  de 
un  Vallenel  de  uno  que  se  llamaba  Juan  Vidal,  sa- 
lió en  tierra  y  con  el  maestre  del  Vallenel  escalaron 
la  fortaleza,  y  subieron  en  ella  catorce  ó  quince  hom- 
bres vizcaínos  dando  grandes  voces  diciendo  :  «Cas- 
tilla Castilla  por  el  Rey  Don  Enrique  «  ;  y  como  los 
moros  vieron  la  fortaleza  entrada,  todos  se  retruxe- 
ron  á  una  buena  torre  que  ende  estaba,  y  desde  allí 
se  defendían  quanto  podían ,  y  púsose  fuego  en  las 
puertas  de  la  fortaleza,  y  el  Conde  de  Osorno  que 
era  capitán  de  la  guarda  del  Rey  entró  dentro  della 
con  trecientos  hombres  de  armas,  y  á  la  entrada 
fuéimuerto  un  gentil  hombre  francés  que  ora  allí 
venido  por  se  fallar  en  algún  fecho  señalado,  y  allí 
fueron  f eridos  otros  doce  hombres  de  armas  aunque 
no  de  feridas  peligrosas  ;  y  los  moros  no  teniendo 
ya  con  que  se  defender  desfacian  las  almenas  y  lan- 
zaban piedras  y  ladrillos ;  y  estando  en  tan  grande 
aprieto  que  de  fuerza  se  habían  de  dar,  demandaron 
f  abla,  y  luego  el  Roy  mandó  salir  toda  la  gente  de 
la  fortaleza  y  los  moros  se  quedaron  apoderados  en 
ella.  Otro  dia  el  Rey  mandó  asentar  su  real  cerca 
de  Marvella,  donde  se  fizo  tala  en  los  panes  ;  y  el 
dia  siguiente  se  asentó  el  real  cerca  de  la  villa  de 
Estepona,  y  el  Rey  se  aposentó  dentro  della ,  en  la 
qual  ninguna  cosa  se  falló.  Y  el  Marqués  de  Ville- 
na suplicó  al  Rey  le  ficiese  merced  de  aquella  Villa, 
y  al  Rey  plugo  dello,  y  mandóla  bastecer  de  los 
mantenimientos  que  en  la  hueste  había  y  de  armas 
las  que  eran  menester  para  su  defensa,  y  desde  allí 
ol  Rey  mandó  á  los  Grandes  que  con  él  venían  que 
se  fuesen  con  la  gente  que  había  de  Xerez,  y  dende 
la  gente  se  fuese  cada  una  á  su  tierra,  y  el  Rey  se 
fué  por  la  costa  de  la  mar  tomando  la  vía  de  Gibral- 
tar  con  fasta  trecientos  de  caballo  y  llegando  cerca 
de  la  ciudad  salieron  della  fasta  quarenta  de  caballo, 
y  el  Rey  envió  á  ellos  á  Gonzalo  de  Sayavedra  á  les 
decir  como  el  Rey  de  Castilla  venía  allí  por  mirar 
aquella  tierra  ;  y  como  esto  supo  el  Alcayde  de  Gi- 
braltar,  que  era  buen  caballero  que  se  llamaba  Aben 
Comixa,  envió  á  demandar  seguro  al  Rey,  con  el 
qual  le  vino  á  facer  reverencia,  é  fizo  al  Rey  pre- 
sente de  todas  las  frutas  que  haber  pudo ,  y  mandó 
meter  barcos  y  redes  en  la  mar  por  facer  servicio 
al  Rey,  el  qual  estuvo  gran  parte  del  dia  allí  miran- 
do la  pesca,  y  á  la  noche  fué  á  dormir  á  una  torre 
que  se  dice  de  Cartagena  ,  que  es  una  legua  de  Gi- 
braltar,  y  como  el  Capitán  de  Ceuta,  que  se  llamaba 
Don  Sancho,  Conde  do  Udemira,  fué  certificado  por 
algunos  navios  que  por  mandado  del  Rey  eran  ve- 
nidos sobre  Málaga  quol  Rey  allí  estaba ,  aderezó 
una  fusta  y  quatro  carabelas  por  le  ir  facer  reve- 
rencia y  le  facer  algún  servicio  ,  y  como  supiese  de 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


13 


su  venida  á  Gibraltar ,  luego  se  puso  por  mar ,  é 
f uele  facer  reverencia,  y  el  Rey  le  rescibió  muy 
graciosamente  y  le  agradeció  mucho  su  venida ;  é 
desde  allí  el  Rey  mandó  á  Gonzalo  de  Sayavedra 
que  con  la  gente  que  ende  estaba  se  fuese  á  Algeci- 
ra  y  lo  esperase  ende,  y  el  Rey  se  metió  en  el  me- 
jor navio  quel  Conde  traia,  y  acordó  de  se  pasar  no 
solamente  en  Ceuta  mas  allende  por  [ver  el  Reyno 
de  Fez,  de  lo  qual  Gonzalo  de  Sayavedra  é  Juan 
Fernandez  Galindo,  que  ende  estaba ,  ovieron  muy 
grande  enojo  é  dixeron  al  Rey  que  se  maravillaban 
mucho  de  su  Alteza  quererse  meter  en  tan  gran  pe- 
ligro, sin  causa  ni  razón  alguna,  y  que  mirase  bien 
como  la  via  de  la  mar  era  dudosa,  que  en  un  hora 
facian  en  ella  mil  movimientos,  y  aunque  entonces 
parecía  el  tiempo  ser  bueno ,  muy  prestamente  se 
podría  mudar  de  tal  manera  que  no  se  podiese  re- 
mediar ;  y  allende  desto  debia  mirar  quanto  era  de 
dudar  pasar  con  gente  estrafia  mayormente  en  Rey- 
no  de  infieles  y  naturalmente  enemigos  ,  y  le  supli- 
caban y  le  requerían  que  no  quisiese  hacer  tal  viage, 
del  qual  aunque  con  salud  saliese,  seria  diño  de  gran 
reprehensión  de  todos  los  que  lo  supiesen.  E  con  to- 
do eso  el  Rey  no  creyó  de  cosa  desto :  y  cuando  Gon- 
zalo de  Sayavedra  é  Juan  Fernandez  Galindo  vieron 
que  no  pudieron  escusar  al  Rey  aquel  viage,  tomaron 
pleito  homenage  y  juramento  muy  fuerte  al  Conde 
con  las  mayores  firmezas  que  pudieron  que  él  vol- 
verla al  Rey  de  Castilla  en  segura  y  sana  paz  en 
sus  Reynos ,  guardándolo  Dios  de  los  peligros  de 
la  mar;  y  así  el  Rey  se  partió  y  con  él  Miguel  Lu- 
cas y  los  dichos  Comendadores,  y  pasaron  con  él  en 
Ceuta,  ó  Gonzalo  Carrillo  é  Gonzalo  de  Sayavedra 
fueron  con  la  gente  que  quedaba  en  tierra  y  se 
fueron  aposentar  en  las  Algeciras  entre  el  rio  que 
dicen  de  la  Miel,  y  estuvieron  ende  dos  dias;  y  den- 
de  apoco  que  ende  fueron  llegados,  llegó  allí  el 
Marqués  de  Villena,  que  habla  quedado  en  Estepo- 
na,  por  la  dexar  á  buen  recaudo  ,  y  alU  fué  certifi- 
cado por  algunos  navios  como    el  Rey  era  pasado 
en  Ceuta  ;  el  qual  se  metió  en  uno  dellos  y  seguió 
asimismo  aquel  viage  y  pasó  en  Ceuta,  donde  el 
Rey  y  toda  su  gente  fueron  muy  bien  recebidos  y 
hospedados  y  servidos  con  grande  amor  y  reveren- 
cia ;  al  qual  y  á  todos  los  que  con  él  iban,  el  Conde 
fizo  dar  firmemente  todas  las  cosas  que  menester 
ovieren,  y  el  Rey  se  detuvo  allí  cuatro  dias  por- 
que los  vientos  fueron  contrarios,  y  no  pudo  antes 
partir ,  y  en  tanto  que  ende  estuvo ,  fué  á  correr 
monte  de  leones  á  tierra  del  Rey  de  Fez  donde  hay 
muchos,  é  yendo  asi  el  Rey  con  propósito  de  facer 
su  montería,  vido  una  gran  muchedumbre  de  moros 
que  venían  por  correr  á  Ceuta,  y  asi  ovo  de  mudar 
su  propósito  y  volverse  antes  á  Ceuta  de  lo  que 
quisiera  ;  y  pensando  que  por  aventura  por  causa 
de  los  vientos  se  oviera  de  detener  allí  mas  de  lo 
que  habla  estado,  envió  á  mandar  á  Gonzalo  de  Sa- 
yavedra y  á  Gonzalo  Carrillo  que  con  la  gente  que 
había  quedado ,  se  fuesen  á  Tarifa  y  le  esperasen 
allí,  los  quales  lo  pusieron  así  en  obra  ;  é  como  quie- 
ra que  la  mar  se  mostrase  asaz  alta  y  con  mucha 


furia,  el  Rey  determinó  de  pasar.  En  este  mesmo  dia 
llegó  á  Tarifa,  de  que  así  los  caballeros  que  con  él 
iban  como  los  otros  que  lo  estaban  esperando,  fue- 
ron mucho  alegres  por  lo  ver  venir  como  vino  con 
el  Conde  de  Udemira ,  el  qual  dexó  á  Gonzalo  de 
Sayavedra  y  á  Juan  Fernandez  Galindo  que  ovic- 
sen  por  bien  complido  su  homenage,  pues  el  Rey  de 
Castilla  era  venido  en  salvamento  en  la  Villa  de 
Tarifa,  que  era  suya ;  y  el  Conde  desde  allí  se  vol- 
vió en  Ceuta  con  sus  navios ,  que  habla  traído  en 
guarda  del  Rey  ;  y  el  Rey  se  partió  de  Tarifa  y  fizo 
la  via  de  la  villa  de  Bejel,  ques  del  Duque  de  Me- 
dina, donde  fué  rescebido  con  aquella  reverencia  y 
obediencia  que  á  su  Rey  y  Señor  era  debida,  donde 
el  Duque  tenia  aparejadas  todas  las  cosas  que  eran 
necesarias  para  el  servicio  del  Rey  y  de  todos  los 
que  con  el  venían ;  y  allí  el  Duque  le  suplicó  que 
porque  ya  era  el  tiempo  de  las  almadravas  de  los 
atunes,  le  pluguiese  de  ir  á  tomar  placer  y  ver  co- 
mo los  atunes  se  tomaban.  El  Rey  lo  fizo  así,  don- 
de ovo  grandes  placeres ,  y  rescibió  muy  grandes 
fiestas  del  Duque,  el  qual  fizo  dar  muy  abundante- 
mente á  los  que  con  el  Rey  iban  todo  lo  que  me- 
nester ovieron ;  y  desde  allí  el  Rey  se  partió  para 
Xerez,  y  dende  se  fué  para  Sevilla ,  donde  estuvo 
algunos  dias  con  la  Reyna  su  mugor,  donde  se  ficie- 
ron  grandes  justas  y  torneos,  en  el  qual  se  creyó 
que  viniera  alguna  turbación  por  las  competencias 
que  habla  entre  el  Duque  de  Medina  Sidonia  y  el 
Marqués  de  Villena ;  y  ese  dia  estuvo  armada  muy 
gran  parte  de  la  gente  de  la  ciudad,  y  aun  el  Rey  vi- 
no al  torneo  trayendo  corazas  vestidas  y  casquete 
en  la  cabeza ;  y  plugo  á  nuestro  Señor  que  las  cosas 
se  metiguaron.  En  este  torneo  fueron  Capitanes  de 
la  una  parte  el  Duque  de  Medina  Sidonia,  en  cuya 
parte  venia  Miguel  Lucas,  que  ya  parecía  contendor 
de  parcialidad  con  el  Marqués  de  Villena,  y  de  la 
otra  parte  el  Marqués  de  Villena. 

CAPÍTULO  XI. 

De  como  se  ganó  la  villa  de  Ximena  de  los  moros. 

Estando  el  Rey  en  Sevilla,  Juan  de  Sayavedra  le 
envió  á  decir  que  había  tentado  la  villa  de  Ximena, 
que  los  moros  habían  recobrado,  después  que  la  ga- 
nó el  Mariscal  Pero  García,  y  que  la  falló  de  tal 
manera ,  que  le  páreselo  ser  ligera  de  tomar ,  y  le 
suplicaba  le  pluguiese  irlo  á  poner  en  obra ;  y  oída 
esta  nueva  por  el  Rey ,  salió  de  Sevilla  con  la  más 
gente  que  pudo  y  fuese  para  Xerez ,  y  mandó  salir 
toda  la  gente  así  de  caballo  como  de  pié ,  y  envió  á 
llamar  á  gran  priesa  al  Duque  de  Medina  Sidonia; 
y  juntáronse  con  el  Rey  fasta  mil  é  quinientos  de 
caballo  y  fasta  seis  mil  peones ,  y  los  caballeros 
principales  que  con  el  Rey  partieron  fueron  :  el  Du- 
que de  Medina  Sidonia  y  D.  Juan  Paclioco,  Marqués 
de  Villena,  y  D.  Rodrigo  Manrique ,  Conde  de  Pa- 
redes, y  otros  caballeros  aunque  no  de  tanto  esta- 
do, con  docientosde  caballo.  Y  el  Rey  mandó  par- 
tir la  gente,  y  tomó  consigo  á  Juan  de  Sayavedra, 
y  fué  á  mirar  la  villa  de  Ximena  y  miróla  toda  en 


14 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


torno,  y  tornóse  á  Castellar  donde  había  mandado 
que  toda  la  gente  le  esperase,  y  mandó  al  Duque  y 
al  Marqués  y  al  Conde  de  Paredes  que  se  aposenta- 
sen cerca  de  la  villa  porque  no  les  pudiesen  entrar 
gente,  los  quales  lo  ficieron  ansí;  y  otro  dia  bien 
de  mañana,  Juan  de  Sayavedra  quel  ardid  había 
traído ,  les  dixo  que  debían  combatir  luego  la  villa, 
lo  cual  se  puso  luego  por  obra,  y  combatióse  de  tal 
maneta  que  prestamente  se  tomó  por  fuerza  de  ar- 
mas ;  y  el  primero  que  en  ella  entró  fué  Alvaro  de 
Balbuena,  criado  de  la  Reyna  doña  María ,  que  era 
hombre  muy  valiente  y  uno  de  los  que  mejor  se 
ovieron  en  el  combate  de  Benalmadana,  y  fué  allí 
muerto  de  una  esquina  que  le  -dieron  sobre  la  ca- 
beza. Y  los  moros  se  retruxeron  á  la  fortaleza,  y 
ficieron  su  pleitesía,  quel  Rey  los  mandase  poner  en 
salvo  con  todo  lo  que  tenían ,  é  al  Rey  plugo  dello, 
é  mandó  luego  ir  con  ellos  á  un  caballerizo  de  su 
casa,  llamado  Juan  Guillen,  y  al  Alcayde  de  Tari- 
fa, que  se  llamaba  Alfonso  de  Arcos,  los  quales  pu- 
sieron los  moros  en  la  ciudad  de  Qibraltar,  y  se 
volvieron  para  el  Rey,  y  el  Rey  mandó  bastecer  la 
villa  de  todo  lo  quera  necesario ,  y  dexó  en  ella  por 
Alcayde  un  caballero  de  su  casa  llamado  Esteban 
de  Villacreces ,  natural  de  la  ciudad  de  Xerez ;  y  el 
Rey  se  volvió  para  Sevilla ,  donde  entonces  se  pa- 
resció  una  cometa  en  el  cielo ,  tan  grande  y  con  tan 
grandes  rayos,  que  parecía  quemar  una  gran  parte 
del  cielo ,  la  qual  duró  quarenta  y  siete  dias  y  no- 
ches continuos ,  de  la  qual  diversos  juicios  se  ficie- 
ron ,  ó  algunos  quisieron  decir  quel  Rey  perdería 
prestamente  la  corona  ó  la  vida ,  6  que  los  moros 
habrían  alguna  gran  victoria  de  los  christianos; 
otros  quisieron  pronosticar  que  prestamente  mori- 
rían algunos  grandes  del  Reyno  :  los  cuales  juicios 
salieron  muy  ciertos,  que  muy  pocos  dias  después, 
D.  Juan  Manrique,  Conde  de  Castañeda,  que  era 
Capitán  General  en  la  ciudad  de  Jaén,  fué  preso 
por  los  moros  y  su  gente  desbaratada,  y  muchos  de 
los  de  sn  casa  muertos  á  gran  cargo  é  culpa  de  la 
gente  de  Jaén  que  les  fuyó ;  y  como  quiera  quel 
Corregidor  de  aquella  ciudad  sócuyo  cargo  venían, 
que  se  llamaba  Pedro  de  Cuéllar,  hombre  hijo  dalgo 
y  buen  caballero,  trabajó  quanto  pudo  con  ellos  por 
los  detener,  no  lo  pudo  acabar,  y  quiso  antes  morir, 
como  murió  peleando  como  muy  buen  caballero,  que 
fuir  viendo  al  Conde  do  Castañeda  é  á  los  de  su  ca- 
sa pelear  tan  valientemente,  que  cerca  del  Conde  se 
hallaron  mas  do  cínquenta  moros  muertos,  y  otros 
tantos  de  los  de  su  propia  casa,  y  él  sólo  fué  preso 
y  con  él  dos  criados  suyos ;  el  qual  estuvo  preso  en 
muy  estrecha  vida  por  espacio  de  diez  y  siete  me- 
ses, y  por  salir  de  trabajo  tan  incomportable ,  él  se 
rescató  por  sesenta  mil  doblas  de  la  banda,  y  en  las 
haber  trabajó  tanto  la  Condesa  su  muger,  que  era 
hermana  del  Almirante  D.  Fadrique,  que  fué  cosa 
muy  maravillosa ,  y  vendió  para  ello  todas  sus  jo- 
yas, y  empeñó  algunos  lugares,  y  requerió  á  todos 
sus  parientes  que  oran  grandes  señores  en  estos 
Reynos,  é  importunó  tanto  al  Rey,  fasta  que  delibró 
á  su  marido,  de  las  quales  pagó  antes  que  de  la  pri- 


sión saliese  las  treinta  y  cinco  mil ,  y  por  las  rea- 
tantes dexó  en  rehenes  á  su  fijo  mayor,  llamado 
D.  García ;  para  lo  qual  pagar  el  Rey  le  fizo  merced 
de  quatro  quentos  de  monedas  ;  el  qual  caso  acaes- 
ció  el  dia  de  Sancta  Clara  del  dicho  año. 

CAPÍTULO  XII. 

De  una  entrada  que  Fernando  de  Nanaez,  Alcayde  de  Antequera, 
fizo  en  tierra  de  moros. 

En  este  tiempo  Fernando  de  Narvaez,  Alcayde  de 
Antequera ,  deseando  servir  á  Dios  y  al  Rey  acordó 
de  entrar  á  coiTer  el  Bal  de  Cártama,  y  ajuntó  con- 
sigo ciento  é  veinte  de  caballo  y  trecientos  peones, 
y  en  viernes ,  doce  dias  de  Marzo  del  año  del  nasci- 
miento  de  nuestro  Redentor  de  mil  y  quatrocientos 
é  cínquenta  y  seis  años,  continuó  su  camino,  y  pa- 
só cerca  de  la  villa  de  Alora ,  y  llegó  á  Cártama ,  é 
corrió  la  tierra  fasta  el  rio  de  Xuriana,  ques  á 
una  legua  de  Málaga,  y  de  allí  sacó  un  gran  reba- 
ño de  vacas  é  bueyes  é  acémilas  é  otras  bestias,  y 
fasta  veinte  moros,  y  volviendo  ansí  con  su  cabal- 
gada por  cerca  de  la  villa  de  Alora,  falló  que  le  es- 
taba tomada  la  delantera  por  los  moros,  en  una  an- 
gostura que  se  face  cerca  de  aquella  villa;  y  estaba 
por  capitán  de  los  moros  un  valiente  caballero  que 
se  llamaba  el  Alatar,  cabecera  de  Málaga,  con  fasta 
quatrocientos  de  caballo  y  fasta  mil  peones  puestos 
en  dos  partes;  y  desque  los  christianos  vieron  tanta 
muchedumbre  de  moros,  é  llegaron  al  vado  del  rio 
que  se  llama  Guadalquevirejo ,  hobieron  gran  tur- 
bación, y  los  más  eran  de  acuerdo  que  matasen  to- 
do el  ganado  y  los  moros  que  llevaban,  y  se  fuesen 
por  otro  puerto  que  se  llama  el  puerto  de  Agras.  El 
Alcayde  Fernando  de  Narvaez  fué  de  otro  propósi- 
to, y  esforzó  tanto  su  gente,  que  les  ñzo  dexar  aquel 
acuerdo  y  haber  corazón  de  pelear;  é  así  les  fizo 
pasar  el  vado,  el  qual  pasado ,  los  moros  dieron  en 
ellos  por  dos  partes ,  y  los  christianos  se  esforzaron 
tanto,  que  á  pesar  de  los  moros  pasaron,  aunque  res- 
cibieron  algún  daño ,  y  fueron  muertos  y  f eridos 
muchos  délos  moros,  y  volvieron  las  espaldas,  y  los 
christianos  fueron  en  su  alcance  algún  tanto  ,  don- 
de fueron  ansí  mismo  feridos  asaz  moros  ;  y  Fer- 
nando de  Narvaez  con  los  suyos  continuó  su  cami- 
no, sacando  la  mayor  parte  de  la  presa  que  lleva- 
ba ;  y  ansí  volvió  vitorioso  y  alegre  á  la  villa  de 
Antequera. 

CAPÍTULO  XIIL 

De  como  el  Rey  se  partió  ffd  Andatu»ía  y  se  fué  para  Castilla, 
teniendo  gran  sospecha  de  las  confederaciones  que  le  decían 
que  los  Grandes  de  su  Reyno  facían. 

Como  el  Rey  estaba  sespechoso  del  desagrado 
que  sabía  que  todos  los  más  de  sus  Reynos  tenían 
de  la  forma  de  su  gobernación ,  acordó  de  se  partir 
para  Castilla  é  dexar  por  frontero  y  Capitán  Gene- 
ral á  D.  Pedro  Girón ,  Maestre  de  Calatrava ;  é  man- 
dó quedar  en  Jaén  á  Gonzalo  de  Sayavedra,  natural 
de  Sevilla ,  con  docientos  de  caballo  ,  allende  de  la 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


gente  de  la  ciudad ,  y  en  la  ciudad  de  Ecija  á  Don 
Fadrique  Manrique,  hermano  de  los  Condes  de  Tre- 
vifio  é  Paredes,  con  otros  docientos  de  caballo;  y 
esto  ansí  fecho,  el  Rey  se  partió  para  Segovia,  y  fué 
á  tener  la  Pasqua  de  Navidad  á  la  ciudad  de  Falen- 
cia, donde  le  fué  traida  la  Bula  de  la  Cruzada  para 
vivos  é  muertos,  que  el  Papa  Calisto  III  le  envió, 
la  qual  rescibió  con  grande  acatamiento  y  reveren- 
cia ;  y  predicóla  Fray  Alonso  del  Espina ,  hombre 
muy  notable  y  de  honesta  vida  y  gran  predicador; 
el  qual  dixo  al  Rey  que  debia  mucho  acatar  quan 
señalada  gracia  habia  rescebido  del  Sancto  Padre, 
que  jamas  se  fallarla  haber  sido  dada  semejante 
indulgencia ;  pero  que  debia  mirar  el  cargo  con  que 
se  la  daba ,  que  no  podia  despender  de  los  marave- 
dís de  aquella  cosa  alguna,  salvo  en  la  guerra  de 
los  moros,  excepto  el  mantenimiento  de  los  predi- 
cadores é  cogedores  sin  caer  en  descomunión  ma- 
yor ,  de  la  qual  no  podia  ser  absuelto  sin  personal- 
mente requerir  la  Sede  Apostólica,  lo  qual  se  afir- 
maba el  Rey  haber  muy  mal  guardado.  Fué  tan 
grande  el  dinero  que  por  virtud  desta  Bula  Cruza- 
da se  ovo  para  el  Rey  durante  el  tiempo  de  los 
quatro  años  en  ellas  contenidos,  que  se  afirmaba 
por  los  thesoreros  é  recebtores  dellas  que,  paga- 
das BUS  despensas ,  vinieron  á  poder  del  Rey  más  de 
cien  quentos,  de  los  quales  muy  poca  parte  se  gas- 
to en  la  guerra  de  los  moros ;  de  lo  qual  todos  los 
Grandes  del  Reyno  fueron  mucho  turbados  ;  de  los 
quales  el  primero  que  se  quiso  mostrar  fué  D,  Pero 
Fernandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro ;  el  qual,  co- 
mo fuese  hombíb  de  gran  conciencia  y  descricion, 
mirando  como  las  cosas  deste  Reyno  iban  en  perdi- 
miento, quiso  poner  su  estado  y  persona  á  todo  pe- 
ligro por  reformar  estos  Reynos,  como  convenia  al 
servicio  de  Dios  y  del  Rey  y  del  bien  común  dellos; 
el  qual  se  confederó  para  esto  con  el  Arzobispo  de 
Toledo  D.  Alfonso  Carrillo,  y  con  el  Almirante  Don 
Fadrique,  y  con  el  Marqués  de  Santillana,  y  con  los 
Condes  de  Benavente  y  Alba  y  con  algunos  otros 
caballeros  y  ciudades  de  estos  Reynos ;  de  lo  qual 
como  el  Rey  rescibiese  gran  turbación,  fué  el  con- 
sejo del  Marqués  de  Villena  D.  Juan  Pacheco  y  del 
Arzobispo  de  Sevilla  D.  Alfonso  de  Fonseca ,  quel 
Rey  se  fuese  á  Vitoria,  y  desde  allí  se  tratase  vista 
suya  con  el  Rey  D.  Juan  de  Navarra  por  haber  su 
amistad,  en  la  qual  no  menos  se  ganaba  el  amistad 
del  Rey  D.  Alfonso  de  Aragón,  su  hermano ;  y  tra- 
tada así  esta  vista,  acordóse  la  partida  del  Rey  pa- 
ra Vizcaya  y  Guipuzca ,  y  entró  por  lugares  tan 
montañosos  é  ásperos,  donde  no  se  acuerdan  Rey 
haber  entrado  jamas,  y  desde  allí  el  Rey  se  volvió 
para  Alfaro,  ques  cercano  lugar  á  Corella,  donde  el 
Rey  de  Navarra  estaba.  Concordóse  desde  allí  que 
los  Reyes  en  la  mitad  del  camino  se  viesen,  y  las 
Reynas  no  menos,  las  quales  eran  muy  diferentes 
en  condiciones ,  é  allí  se  concordaron  y  se  concordó 
casamiento  del  Infante  D.  Alfonso,  fijo  del  Rey  Don 
Juan  de  Castilla,  con  doña  Juana,  hija  del  Rey  de 
Navarra,  y  de  D.  Fernando ,  Infante  de  Aragón, 
con  doña  Isabel,  Infanta  de  Castilla,  hermana  des- 


15 

te  Infante  D.  Alfonso  ;  y  fecha  esta  concordia,  los 
dos  Reyes  se  vinieron  á  Alfaro ,  donde  el  Rey  de 
Navarra  rescibió  muy  grandes  fiestas  del  Rey  y  de 
la  Reyna,  y  durmió  ende  una  noche ,  y  otro  dia  se 
tornó  para  Corella ;  y  dende  á  tres  dias  la  Reyna  do 
Castilla  salió  á  la  mitad  del  camino  ques  entre  Alfa- 
ro y  Corella  por  ver  al  Rey  de  Navarra ,  que  era  su 
tio,  hermano  de  su  madre,  y  se  fué  con  él  á  Corella, 
y  durmió  allí  aquella  noche,  donde  le  fué  fecha  muy 
gran  fiesta ;  y  así  quedaron  los  Reyes  mucho  con- 
formes y  amigos.  Y  estando  los  Reyes  en  el  campo, 
el  Rey  de  Castilla  se  tornó  para  Alfaro  y  el  Rey  de 
Navarra  para  Corella,  y  el  Rey  pensó  que  acabadas 
las  vistas,  en  la  vuelta  pudiese  prender  al  Conde  de 
Haro,  que  estaba  en  Briviesca ;  el  qual  como  esto 
sintiese ,  juntó  consigo  tres  mil  peones  y  quatro- 
cientos  hombres  de  armas.  Esto  sabido  por  el  Rey, 
disimuló  el  fecho,  y  acordó  quel  Marqués  de  Villena 
y  el  Arzobispo  de  Sevilla  ó  Diego  Arias,  su  Conta- 
dor mayor,  que  fuesen  á  hablar  con  el  Conde  de 
Haro  por  le  segurar  y  aplacar  y  le  rogar  que  miti- 
guase  y  aplacase  los  ánimos  del  Arzobispo  de  Tole- 
do y  del  Almirante  é  de  los  otros  caballeros  ya  di- 
chos, los  quales  todos  insistían  que  las  leyes  y  los 
antiguos  estatutos  destos  Reynos  fuesen  guardados. 
Él  temia  mucho  este  ayuntamiento  de  los  Grandes, 
y  ningún  remedio  otro  fallaban,  salvo  la  conformi- 
dad con  el  Rey  de  Navarra.  En  el  qual  tiempo  el 
Rey  de  Navarra  tenía  preso  al  Príncipe  D.  Carlos, 
BU  fijo,  por  la  inobediencia  y  grandes  enojos  que  le 
habia  fecho ;  al  qual  entonces  mandó  soltar,  toman- 
do del  la  fe  que  nunca  volvería  en  Navarra,  y  des- 
pués de  su  libertad  jamas  se  juntase  con  los  Navar- 
ros ni  saliese  de  su  voluntad  ni  mando ;  é  así  el 
Príncipe  D.  Carlos  se  partió  y  tomó  el  camino  para 
Francia,  y  llegado  al  Rey  Carlos  VII  de  Francia,  le 
suplicó  le  quisiese  favorecer ,  si  acaesciere  quel  ho- 
biese  de  contender  con  el  Rey  de  Navarra,  su  pa- 
dre ;  al  qual  el  Rey  respondió  no  ser  cosa  justa  quél 
hobiese  de  favorecer  á  hombre  que  fuese  inobedien- 
te á  su  padre  ;  é  así  el  Príncipe  D.  Carlos  se  partió, 
y  se  fué  á  Ñápeles  para  el  Rey  D.  Alonso  ,  su  tio, 
con  el  qual  estuvo  hasta  quel  preclarísimo  Rey  Don 
Alonso  murió.  Estas  cosas  así  fechas,  el  Rey  deter- 
minó de  dar  orden  en  se  partir  para  la  guerra  de  los 
moros ,  para  lo  qual  se  vino  á  Segovia,  y  de  allí  en- 
vió á  llamar  á  todos  los  que  del  tenían  acostamien- 
to, los  quales  habia  apercibido  dias  habia,  mandán- 
doles que  se  fuesen  derechamente  para  la  ciudad  de 
Córdoba ,  lo  qual  así  mesmo  mandó  á  Ruy  Díaz  de 
Mendoza,  hijo  segundo  de  Ruy  Díaz,  Mayordomo 
mayor  que  era ,  Capitán  General  de  su  guarda  ;  é 
dio  sus  cartas  y  poderes  al  Mariscal  Payo  de  Ribe- 
ra, que  juntase  todas  las  gentes  del  Reyno  de  To- 
ledo y  se  fuese  á  Córdoba,  y  envió  á  Juan  Fernan- 
dez Galindo  con  sus  cartas  para  D.  Pedro  Girón, 
Maestre  de  Calatrava,  que  era  Capitán  General  cu 
toda  el  Andalucía,  y  á  los  otros  capitanes  que  esta- 
ban en  Jaén  y  en  Ecija,  para  que  todos  estuviesen 
prestos  y  aderezados  para  entrar  con  él  en  el  Reyno 
de  Granada ;  el  qual  mandamiento  envió  á  los  Con- 


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sejos  de  Sevilla  é  Córdoba  é  Jaén  y  Ecija  y  Carme- 
na y  Ubeda  y  Baeza  y  Andújar;  envió  así  mesino 
esto  á  mandar  á  D.  Juan  de  Guzman,  Duque  de  Me- 
dina Sidonia,  y  á  D.  Juan  Ponce  de  León,  Conde  de 
Arcos,  y  á  D.  Diego  Fernandez  de  Córdoba ,  Conde 
do  Cabra,  y  á  todos  los  otros  caballeros  del  Anda- 
lucía ,  mandándoles  que  fuesen  juntos  á  cierto  dia 
en  Almorchon ,  donde  fuesen  ciertos  que  él  al  mes- 
mo  tiempo  sería  ;  lo  qual  todo  se  puso  en  obra ,  y 
fueron  juntos  en  Almorcbon  á  quince  de  Junio  del 
año  del  nascimicnto  de  nuestro  Redemptor  de  mil  é 
quatro  cientos  y  cinquenta  y  siete  años ;  en  el  qual 
dia  el  Eey  fué  con  ellos ;  y  antes  que  el  Rey  de  Se- 
govia  saliese,  fué  certificado  que  D.  Diego  Hurta- 
do de  Mendoza ,  Marqués  de  Santillana ,  estaba  en 
Uceda  con  el  Arzobispo  de  Toledo  D.  Alonso  Carri- 
llo, á  los  quales  envió  al  Marqués  de  Villena  Don 
Juan  Pacheco,  é  á  D.  Alonso  de  Fonseca,  Arzobispo 
do  Sevilla  para  los  concertar,  de  tal  manera  que  en 
tanto  quel  estaba  en  la  guerra ,  no  oviese  noveda- 
des ni  bullicios  en  el  Eeyno ;  y  estando  el  Rey  en 
Jaén  vinieron  ende  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el 
Conde  de  Alba  para  fablar  al  Rey,  asi  en  lo  que  le 
cumplía  facer  en  la  guerra  de  los  moros ,  como  en 
otras  cosas  que  cumplían  á  su  servicio  y  á  la  pacifi- 
cación de  sus  Reynos. 

Después  que  la  gente  fué  juntada  en  Almorchon, 
el  Rey  entró  en  tierra  de  moros ,  y  los  caballeros 
principales  que  con  él  entraron  fueron  el  Marqués 
de  Villena  y  el  Maestre  de  Calatrava,  su  hermano, 
y  D.  Diego  Fernandez  de  Córdoba,  Conde  de  Cabra, 
y  D.  Gabriel  Manrique ,  Conde  de  Osorno,  y  Don 
Alonso  de  Silva,  Alférez  del  Rey,  hijo  del  Conde 
de  Cif  uentes  D.  Juan  de  Silva,  y  D.  Fadrique  Man- 
rique, hermano  de  los  Condes  de  Trevifioy  Paredes, 
y  Ruy  Díaz  de  Mendoza,  Capitán  de  la  Guarda  del 
Rey,  hijo  de  Ruy  Díaz  de  Mendoza,  Mayordomo 
mayor  que  fué  del  Rey  D.  Juan ,  y  D.  Alonso  de 
Guzman,  hermano  bastardo  del  Duque  D.  Juan,  de 
Medina  Sidonia,  y  Alfonso  de  Monte  mayor,  Señor 
de  Alcaudete,  y  Martin  Fernandez  de  Córdoba ,  Al- 
cayde  de  los  Donceles,  é  Gómez  Méndez  de  Soto 
mayor,  y  el  Mariscal  Payo  de  Ribera,  y  D.  Pero 
Ponce  de  Leen,  hijo  del  Conde  de  Arcos,  é  Gómez 
de  Avila,  que  por  entonces  era  Corregidor  de  Cór- 
doba, é  Juan  de  Sayavedra,  y  Luis  de  Pernia,  Al- 
cayde  de  Osuna,  é  Gonzalo  de  Betueta,  criado  del 
Rey,  con  la  gente  de  Ubeda ,  donde  por  entonces  él 
era  Corregidor.  Y  el  Rey  estuvo  en  tierra'de  moros 
en  esta  entrada  quince  días ;  en  el  qual  tiempo  no 
se  fizo  cosa  alguna  que  digna  sea  de  memoria,  sal- 
vo talar  algunos  lugares,  y  el  Rey  se  volvió  para 
Alcalá  la  Real,  y  desde  allí  mandó  que  así  los  caba- 
lleros como  las  ciudades  que  con  él  habían  entrado 
se  fuesen  á  sus  tierras ;  y  él  se  fué  para  la  ciudad  de 
Jaén ;  y  desde  allí  el  Rey  mandó  cabalgar  dos  mil 
é  decientes  de  caballo,  y  fué  á  Cambil,  y  llevó  con- 
sigo á  la  Reyna ,  la  qual  iba  en  una  hacanea  muy 
guarnida,  y  con  ella  diez  doncellas  en  la  misma 
forma,  do  las  quales  las  unas  llevaban  musequies 
muy  fcbridos,  y  las  otras  guardabrazos  y  plumas 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


altas  sobre  los  tocados ,  y  las  otras  llevaban  alme- 
xias  é  almayzares ,  á  demostrar  las  unas  ser  de  la 
Capitanía  de  los  hombres  de  armas ,  y  las  otras  de 
los  ginetes ;  y  llegaron  así  con  esta  gente  el  Rey  y 
la  Reyoa  tan  cerca  de  Cambil ,  que  parecían  que 
querían  combatir  la  fortaleza;  y  como  los  moros 
vieron  ansí  llegar  la  gente,  salieron  á  las  haceras,  y 
la  Reyna  demandó  una  ballesta,  la  qual  el  Rey  le 
dio  armada  y  fizo  con  ella  algunos  tiros  en  los  mo- 
ros; y  pasado  este  juego,  el  Rey  se  volvió  para 
Jaén,  donde  los  caballeros  que  sabían  facer  la  guer- 
ra y  la  habían  acostumbrado ,  burlaban  y  reían  di- 
ciendo que  aquella  guerra  más  se  hacía  á  los  chris- 
tianos  que  á  los  moros ;  otros  decían :  por  cierto  esta 
guerra  bien  parece  á  la  quel  Cid  en  su  tiempo  solía 
facer.  Y  estando  ansí  el  Rey  en  Jaén,  el  Rey  de  Fez 
le  envió  un  rico  presente  de  almexias  y  almay- 
zares y  arreos  de  la  gineta,  é  menjuy  y  estora- 
que y  algalia,  y  muchos  otros  olores  para  la 
Reyna. 

Estando  el  Rey  asi  en  Jaén,  fizo  otras  dos  entra- 
das en  tierra  de  moros ,  en  que  se  ficieron  algunas 
talas  y  escaramuzas,  en  que  murieron  algunos  chris- 
tianos  é  moros ;  y  lo  mejor  que  en  esta  entrada  fizo, 
fué  que  entró  á  una  aldea  llamada  Cogollos,  que 
era  lugar  de  asaz  pueblo,  é  teníanlo  los  moros  muy 
bien  barreado  y  fortalecido  de  tal  manera,  que  so 
entró  con  gran  trabajo  y  peligro  y  muertos,  así  do 
moros  como  de  christianos;  donde  algunos  caballe- 
ros de  que  aquí  se  hará  mención ,  se  ovieron  va- 
lientemente, los  quales  fueron  :  Don  Juan  de  Men- 
doza, hijo  del  Marqués  de  Santillana,  Don  Iñigo 
López,  é  Gonzalo  Muñoz  de  Castañeda,  é  Diego  de 
Acebedo,  sobrino  del  Arzobispo  de  Sevilla  Don 
Alonso  de  Fonseca ;  en  el  qual  combate  fué  f erido 
el  dicho  Gonzalo  Muñoz  de  Castañeda,  y  bien  diez 
ó  doce  escuderos  que  en  aquel  combate  se  hallaron, 
y  por  el  esfuerzo  de  aquestos  caballeros  que  podían 
ser  todos  hasta  treinta,  el  lugar  se  entró  y  fué  que- 
mado y  robado,  y  fueron  muertos  y  presos  mas  de 
cien  moros  y  moras,  la  qual  aldea  es  muy  cercana 
á  la  ciudad  de  Granada.  En  este  dia  Pero  Arias  de 
Avila,  hijo  de  Diego  Arias ,  Contador  mayor,  con 
fasta  treinta  de  caballo  ovo  un  encuentro  con  fasta 
ochenta  de  caballo  moros,  con  los  quales  peleó  va- 
lientemente, y  fueron  muertos  siete  moros,  y  otros 
algunos  heridos,  é  de  los  christianos  ninguno  mu- 
rió, y  fueron  cinco  heridos  ;  y  con  esto  el  Rey  se 
volvió  á  Jaén. 

En  este  tiempo,  partido  el  Rey  de  Jaén,  fué  cer- 
tificado que  Alonso  Faxardo  f  azia  guerra  contra  su 
sei-vicio  en  el  Rey  no  de  Murcia,  donde  entonces  él 
estaba  muy  poderoso,  el  qual  envió  en  aquel  Reyno 
á  Gonzalo  Carrillo,  natural  de  Córdoba,  con  dos- 
cientas lanzas,  el  qual  se  juntó  con  el  Adelantado 
de  Murcia  Pero  Faxardo,  y  con  el  Corregidor  que 
se  llamaba  Diego  López  de  Sosa^  los  quales  con  los 
poderes  del  Rey  ficieron  tan  gran  guerra  á  Alonso 
Faxardo,  que  le  tomáronlas  villas  de  Alhama  y  Le- 
tar  y  Lorca,  y  las  fortalezas  dellas;  y  estando  cerca- 
do Alonso  Faxardo  en  la  fortaleza  de  Lorca,  visto 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


17 


por  el  Adelantado  é  por  los  otros  capitanes  que  ende 
estaban  como  fortaleza  era  tan  grande ,  que  no  se 
podía  tomar  salvo  en  algún  tiempo,  acordaron  de 
estar  por  el  partido  siguiente,  es  á  saber;  que  Alon- 
so Faxardo  libremente  entregase  la  fortaleza,  y  fue- 
se seguro  de  muerte  y  de  lision  y  de  prisión ,  y  se 
fuese  donde  por  bien  tuviese ;  é  el  Adelantado  y  los 
otros  capitanes  se  obligaron  de  le  ganar  perdón  del 
Rey  y  de  suplicar  á  su  Alteza  le  ficiese  merced,  para 
lo  qual  se  le  ovo  de  dar  en  rehenes  un  hijo  de  Juan 
de  Haro,  y  Martin  de  Sosa,  fijo  del  Corregidor;  é  así 
Alonso  Faxardo  entregó  á  los  dichos  capitanes  to- 
das las  fuerzas  quel  de  Lorca  tenia,  y  se  partió  con 
los  que  con  él  estaban,  y  los  llevaron  en  salvo  has- 
ta Xiqua ;  lo  qual  todo  como  habia  pasado  los  di- 
chos capitanes  le  ficieron  saber  al  Rey,  el  qual  ovo 
por  bien  todo  lo  por  ellos  fecho ,  y  lo  confirmó  y 
aprobó  y  rescibió  por  suyo  al  dicho  Alonso  Faxar- 
do, y  dexóle  á  Caravaca  y  á  Cehiguin  y  á  Cañera  y 
á  Letur  ;  é  acabadas  estas  cosas,  el  Rey  envió  á 
Gonzalo  de  Sayavedra,  Comendador  mayor  de  Mon- 
tealban,  con  sus  cartas  y  poderes,  mandando  que  lo 
ficiese  entregar  la  ciudad  de  Lorca  con  su  fortale- 
za, lo  qual  se  puso  luego  en  obra  ;  y  después  Gon- 
zalo de  Sayavedra  entregó  la  ciudad  ó  fortaleza  por 
mandado  del  Rey  á  Juan  Fernandez  Galindo  ,  Co- 
mendador del  Reyno. 

En  este  tiempo  el  Rey  Don  Enrique  fué  certifica- 
do que  entre  el  Rey  de  Francia  y  el  Delfín  su  hijo 
habia  gran  discordia ,  y  acordó  de  enviarle  sus  em- 
baxadores,  los  quales  fueron  D.  Juan  Manuel,  pa- 
riente suyo,  y  el  Dotor  Alfonso  de  Paz ,  natural  de 
Salamanca,  por  dar  algún  medio  entre  ellos ;  y  como 
quiera  que  estos  embaxadores  trabajaron  en  ello 
cuanto  pudieron ,  el  Rey  de  Francia  dio  algunas 
razones  por  que  no  le  convenia  perdonar  al  Delfín, 
y  así  los  embaxadores  se  volvieron  sin  ningún 
acuerdo  facer  entre  el  Rey  de  Francia  y  su  hijo  ; 
y  visto  por  el  Delfín  quan  poco  habia  aprovechado 
el  ruego  del  Rey  de  Castilla,  enviándole  agradecer 
el  trabajo  que  por  él  habia  querido  tomar  ,  se  partió 
de  su  tierra,  y  se  fué  para  el  Duque  Felipe  de  Bor- 
gofia,  el  qual  le  recibió  con  muy  grande  acatamien- 
to y  reverencia  ,  y  envió  luego  su  embaxador  al 
Rey  de  Francia ,  faciéndole  saber  como  el  Delfín  su 
hijo  ora  venido  en  su  tierra  y  le  suplicaba  dello  no 
rescibiese  enojo,  donde  él  seria  servido  y  acatado 
según  debia,  fasta  que  su  Alteza  perdiese  el  enojo 
que  del  tenia,  y  como  quiera  que  se  dijo  el  Rey  de 
Francia  haber  dello  enojo ,  disimulólo  y  enviólo 
agradecer  al  Duque  do  Borgofia,  el  qual  dio  al  Del- 
fín la  villa  de  Bruselas  en  Bravante  en  que  estuvie- 
se. Es  una  de  las  mas  gentiles  villas  que  hay  en 
Alemana,  ni  en  Francia ;  en  la  qual  el  Delfín  estu- 
vo por  espacio  de  quatro  años,  seyendo  muy  bien 
servido,  monteando  y  cazando;  habiendo  todos  los 
deportes  que  dársele  pudieren ;  y  en  todo  este  tiem- 
po el  Duque  le  dio  en  cada  año  cinquenta  mil  co- 
ronas para  su  despensa,  y  á  la  fin  el  Duque  trabajó 
tanto  con  el  Re>y,  que  á  suplicación  suya  le  per- 
donó. 

Cr.-m. 


Después  desto,  estando  el  Rey  Don  Enrique  en 
Madrid  en  el  año  de  nuestro  Redentor  de  mil  é 
quatrocientos  y  cinquenta  y  ocho  añoa  con  la  Rey- 
na  Doña  Jtiana  su  muger,  si  tal  se  puede  decir,  se 
ficieron  allí  muy  grandes  fiestas  de  justas  y  torneos 
é  juegos  de  cañas  ;  y  entre  los  otros  caballeros  que 
allí  estaban,  eran  dos  criados  suyos,  el  uno  llamado 
Miguel  Lúeas,  natural  de  Belmente,  y  el  otro  Gó- 
mez de  Cáceres,  que  después  so  llamó  Don  Gómez 
de  Solis;  el  primero,  hombre  de  poco  estado  y 
bajo  linage  •  el  otro ,  aunque  de  pobre  estado,  escu- 
dero hidalgo  y  de  buenos  parientes ,  nacido  en  la 
villa  de  Cáceres  ;  y  como  quiera  quel  primero  desde 
asaz  mozo  lo  habia  criado  el  Rey  y  dado  grandes 
rentas,  y  le  habia  fecho  su  Chanciller  mayor ,  y  al 
segundo  de  estado  de  una  muía  lo  habia  fecho  su 
Mayordomo,  parescióle  poco  lo  que  les  habia  dado, 
y  á  Miguel  Lúeas  fizo  barón  do  torneo  y  Condesta- 
ble juntamente  en  un  día.  cosa  no  vista  hasta  en- 
tonces, y  dióle  la  villa  de  Agreda,  y  las  fortalezas 
de  Betunto  y  Boz  Mediano,  como  quiera  que  esta 
merced  no  ¡ovo  efeto ,  las  quales  dinidades  se  cree 
no  ser  dadas  á  hombre  del  mundo  fasta  hoy  en  un 
día ;  y  á  Gómez  de  Cáceres  el  Maestrazgo  de  Alcán- 
tara, que  dias  habia  que  era  vaco  por  muerte  del 
Maestre  Don  Gutierre  de  Sotomayor  ,  las  rentas  del 
qual  el  Rey  habia  llevado  fasta  entonces  por  Bula* 
apostólica ;  de  la  provisión  de  los  quales  no  poco 
fueron  maravillados  todos  los  que  lo  vieron,  porque 
no  parecía  preceder  merecimientos ,  ni  linage  ,  ni 
virtudes  tan  señaladas  de  aquellas  que  dinos  loa 
ficiese  de  conseguir  tan  altas  dinidades ,  acostum- 
bradas de  dar  á  personas  notables  y  de  grandes  me- 
recimientos. 

CAPÍTULO  XIV. 

De  una  Vitoria  asaz  grande  que  de  los  moros  ovieron  Don  Pero 
Manrique,  hijo  de  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Paredes, 
y  Dia  Sancliez  de  Benavides,  Señor  de  la  Villa  de  Santisteban 
del  Puerto. 

En  el  dicho  año,  faciendo  el  Rey  la  guerra  á  los 
moros  asi  tibiamente  como  dicho  es,  Don  Pero  Man- 
rique, fijo  de  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Pa- 
redes, como  quiera  que  fuese  mancebo  de  poca 
edad ,  queriendo  seguir  las  pisadas  de  su  padre  y 
de  aquellos  de  quien  descendía ,  como  él  én  este 
tiempo  estuviese  en  el  Val  de  Segura ,  acordó  de 
enviar  á  rogar  á  Día  Sánchez  de  Benavides,  su  tío, 
Señor  de  la  villa  de  Santisteban  del  Puerto ,  que  le 
pluguiese  tenerle  compañía,  y  que  ambos  á  dos  con 
la  gente  que  pudiesen  entrasen  en  tierra  de  moros  ; 
los  quales  juntaron  consigo  fasta  quatrocientos  de 
caballo  y  seiscientos  peones,  y  fueron  correr  la  vi- 
lla de  Huesear  quel  Conde  Don  Rodrigo  Manrique 
su  padre  habia  ganado  de  los  moros  con  gran  peli- 
gro suyo  y  muertes  de  muchos  criados,  donde  en  su 
persona  fué  agrámente  ferido ;  y  después  de  tenida 
por  él  algún  tiempo  ,  los  moros  la  recobraron,  no 
por  cierto  á  cargo  suyo,  mas  porque  en  tiempo  del 
Rey  Don  Juan,  á  causa  de  algunos  no  buenos  ser- 
vidores suyos,  so  dexaron  do  dar  las  provisiones  que 

2 


18 

convenían  para  aquella  Villa,  de  tal  manera,  quo 
(luedó  tan  despoblada  de  los  christianos,  que  los 
moros  la  pudieron  tomar,  y  de  allí  sacaron  los  di- 
clios  caballeros  una  gran  presa  de  vacas  y  bueyes, 
yeguas  é  moros ,  y  á  la  salida  quebrantaron  una 
acequia  por  donde  les  venia  el  agua  que  ellos  con 
gran  despensa  hablan  fecho ;  en  lo  qual  los  moros 
rescibieron  muy  gran  daño ,  y  apellidáronse  todos 
para  venir  á  pelear  con  los  dichos  caballeros ;  y  como 
quiera  que  se  juntó  gran  muchedumbre  de  moros, 
los  christianos  pelearon  así  valientemente,  que  los 
moros  fueron  vencidos  y  desbaratados,  y  murieron 
dellos  bien  ciento  y  veinte,  y  fueron  ochenta  cauti- 
vos, y  fueron  otros  muchos  f eridos,  y  de  los  chris- 
tianos murieron  pocos  aunque  perdieron  asaz  caba- 
llos feridos  de  saetas  ;  ó  así  los  nobles  caballeros  so 
volvieron  en  su  tierra  mucho  alegres  y  vitoriosos, 
de  la  qual  vitoria  el  Key  ningún  placer  mostró,  y 
partióse  cerca  de  Loxa,  donde  tenia  asentado  su  real 
al  tiempo  que  esta  nueva  le  vino,  y  volvióse  en  Jaén, 
y  de  allí  volvió  con  poca  gente  por  correr  á  Baza  y 
áGuadis,  donde  se  comenzó  en  Guadix  una  escara- 
muza de  poca  gente,  donde  el  valiente  y  noble  ca- 
ballero Garcilaso  de  la  Vega  fué  muerto,  ferido  con 
una  saeta  arbolada (1);  y  como  la  nuova  déla 
muerte  de  Garcilaso  al  Eey  llegase,  no  con  triste 
corazón  dixo :  «Vamos  á  ver  la  fuerza  que  tiene  la 
ponzoñan;  y  así  fué  sin  turbación  alguna  á  ver  al 
desdichado  caballero  que  con  la  yerba  hacia  gran- 
des rabias ;  y  muerto ,  los  parientes  suyos  se  llega- 
ron al  Rey  y  le  suplicaron  que  oviese  memoria  de 
quántos  servicios  aquel  noble  caballero  le  habia  fe- 
cho, y  cómo  era  muerto  en  su  servicio,  y  le  pluguie- 
se facer  merced  á  un  fijo  suyo  mozo  de  la  Enco- 
mienda de  Montizon ,  que  era  suya,  y  le  diese  el 
hábito  militar  de  la  Orden  de  Santiago.  Esta  supli- 
cación hacían  al  Rey  su  tío  el  Conde  do  Paredes  y 
muchos  de  los  Caballeros  que  cerca  del  Rey  esta- 
ban ;  el  Rey  respondió  floxamente,  ni  denegando 
ni  otorgando  la  suplicación,  y  en  el  mesmo  día  por 
virtud  del  poder  que  tenia  de  Administrador  de  la 
Orden  de  Santiago,  proveyó  de  la  dicha  encomien- 
da á  un  hermano  de  Miguel  Lúeas  ;  de  lo  qual  to- 
dos los  Grandes  fueron  muy  mal  contentos  ;  y  vis- 
ta la  ingratitud  del  Rey,  dende  adelante  siempre  lo 
desamaron ;  y  vuelto  en  Jaén ,  fizo  desposorio  de 
Miguel  Lúeas  con  una  muy  noble  doncella  llamada 
Doña  Teresa  de  Solier,  fija  de  Pedro  de  Torres,  y 
nieta  del  Adelantado  del  Andalucía,  prima  del  Con- 
de Don  Pero  Fernandez  de  Velasco,  fijo  de  bu  tía, 
hermanado  su  madre,  mugor  muy  rica ;  el  padre  de 
la  qual  era  el  mayor  hombre  que  en  aquella  cibdad 
habia,  en  cuyos  bienes  esta  sola  hija  sucedió  ;  lo 
qual  fizo  contra  voluntad  de  todos  sus  parientes,  de 
que  no  menos  turbación  ovieron  todos  los  grandes 
y  nobles  de  su  Corte  que  de  las  cosas  pasadas,  de 
que  siempre  fué  acrecentando  el  odio  é  mal  queren- 
cia cerca  del  Rey ;  y  allí  el  Rey  fizo  merced  á  Mi- 
guel Lúeas  de  dos  villas  de  la  ciudad  de  Baeza,  Ua- 

^1)  Al  margen:  «envenenada  con  ycrbas<s 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


madas  la  una  Linares  y  la  otra  Baños ;  y  como  el 
Condestable  Don  Miguel  Lúeas  enviase  á  tomar  la 
posesión  de  las  dichas  dos  villas,  falló  en  ellas  tan 
gran  resistencia,  que  no  pudo  haber  el  sefiorio  do- 
lías ;  de  lo  qual  el  Rey  ovo  muy  grande  enojo  é 
mandó  prender  algunos  vecinos  de  los  mas  princi- 
pales que  en  aquella  villa  vivían,  y  mandó  ir  cierta 
gente  de  armas  para  tomar  las  dichas  villas,  en  de- 
fensa de  las  quales  la  ciudad  de  Baeza  se  puso  do 
tal  manera,  no  solamente  defendiéndolas  por  ar- 
mas, mas  mostrando  los  privilegios  que  tenían  de 
los  Reyes  pasados,  confirmados  por  él  con  grandes 
firmezas  y  juramentos,  en  tal  guisa  que  el  Rey  ovo 
de  dexar  aquella  empresa;  y  así  el  Condestable 
Don  Miguel  Lucas  quedó  sin  aquellos  lugares.  Y 
en  este  año  acaesció  que  Don  Pedro  Girón ,  Maestre 
de  Calatrava,  demandó  al  Rey  la  villa  de  Frexenal, 
ques  de  la  cibdad  de  Sevilla ,  el  qual  le  fizo  della 
merced,  pero  la  cibdad  de  Sevilla  la  defendió  tan 
ásperamente,  que  el  Marqués  no  la  pudo  haber. 

CAPÍTULO  XV. 

Del  fallescimiento  del  Rey  Don  Alonso  de  Aragón,  y  de  la  forma 
que  [tuvo  en  la  sucesión  de  sus  Reynos,  y  la  muerte  del  Papa 
Calísto  tercero,  y  de  la  criación  del  l'io  segundo,  natural  de  la 
Ciudad  de  Sena. 

Estando  el  Rey  en  Ubeda,  ovo  nueva  como  el 
Rey  de  Aragón  su  tío  era  fallescido,  de  quél  mostró 
muy  gran  sentimiento  ;  el  qual  dexó  por  heredero 
en  los  Reynos  de  Aragón  y  de  Cecilia  y  el  Condado 
de  Barcelona,  y  en  las  Islas  de  Mallorca  y  de  Me- 
norca é  Ibiza  y  Cerdeña ,  al  Rey  Don  Juan  de  Na- 
varra, su  hermano ,  y  dexó  el  Reyno  de  Ñápeles  á 
Don  Fernando,  su  hijo  bastardo,  porque  de  la  Rey- 
na  Doña  María  su  muger  nunca  ovo  generación  ;  y 
allí  asi  mismo  ovo  nueva  de  como  el  Papa  Calis- 
te tercero  era  muerto,  y  era  criado  en  su  lugar  Pío 
segundo,  al  qual  el  Rey  Don  Enrique  envió  un  flai- 
re,  maestro  en  Santa  teología,  gran  predicador  y  de 
la  Orden  de  San  Francisco  oservante,  llamado  fray 
Alfonso  de  Palenzuela ,  á  le  dar  la  obediencia ;  el 
qual  después  fué  Obispo  de  Ciudad  Rodrigo  ;  y  co- 
mo quiera  que  muchos  de  los  frailes  de  su  Orden 
refutaban  del  por  haber  tomado  Obispado,  él  dio 
de  sí  tan  buena  qucnta  y  vivió  tan  limpiamente, 
haciendo  enteramente  su  oficio,  confesando  sus  sub- 
ditos y  predicándoles  continuamente  de  tal  manera 
que  sirvió  á  Dios  en  recebir  la  dicha  dinidad  de 
Obispado ,  y  después  ovo  el  Obispado  de  Oviedo, 
donde  no  menos  sirvió  á  Dios  que  en  el  primero. 

En  este  tiempo  el  Arzobispo  de  Sanctiago  Don 
Rodrigo  de  Luna,  sobrino  del  Maestre  Don  Alvaro 
de  Luna,  fijo  bastardo  de  un  hermano  suyo,  que  ha- 
bia sido  caballero  de  la  Orden  de  San  Juan  y  te- 
niente de  Basaba ,  fué  llamado  por  el  Rey  á  causa 
de  algxmas  informaciones  que  le  fueron  fechas  de 
su  deshonesto  vivir ;  y  entre  otras  cosas  asaz  feas 
que  este  Arzobispo  habia  cometido,  acaesció  que 
estando  una  novia  en  el  tálamo  para  celebrar  las 
bodas  con  su  marido,  él  la  mandó  tomar  y  la  tuvo 
consigo  toda  una  noche.  Y  como  esto  Arzpbispo  vi- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


19 


niese  al  llamamiento  del  Rey,  llegado  ya  á  Sala- 
manca, le  vino  ende  nueva  como  los  caballeros 
principales  de  Galicia  se  hablan  levantado  contra 
él  y  se  hablan  apoderado  de  la  Iglesia  de  Sanctiago 
y  de  toda  la  cibdad  y  fuerzas  della,  y  habían  en- 
trado el  Palacio  Arzobispal  y  robado  todo  lo  que  en 
él  fallaron,  y  habían  ocupado  las  villas  de  Muros  y 
Noya  y  Pontevedra  y  del  Padrón  y  otros  lugares 
del  Arzobispado;  y  como  desto  se  querellasen  al 
Rey,  y  como  ya  fuese  informado  de  su  deshonesto 
vivir,  no  se  dio  á  ello  ningún  remedio ;  de  que  se 
triguieron  grandes  daños,  muertes  y  robos  en  aquel 
Reyno  de  Gralicia ;  y  los  caballeros  que  contra  él  se 
levantaron  fueron  Fernán  Pérez  do  Andrada,  y 
Suero  Gómez  de  Sotomayor,  y  López  Sánchez  de 
ÜUoa,  y  Bernal  Diañez  y  muchos  otros  sus  parien- 
tes y  amigos  ;  y  estando  las  cosas  en  este  estado, 
Don  Peralvarez  Osorio,  Conde  deTrastamara,  se  fué 
á  Santiago,  y  los  Caballeros  que  lo  tenían  se  lo  en- 
tregaron, y  asi  mesmo  todas  las  villas  y  lugares 
que  del  Arzobispado  tenían  ;  el  qual  quisiera  haber 
aquel  Arzobispado  para  un  hijo  suyo  llamado  Don 
Luis  Osorio,  sobre  que  ovo  muy  grandes  contiendas 
y  debates;  y  como  solamente  ovíese  quedado  por  el 
Arzobispo  una  fortaleza  llamada  la  Focha ,  un  Al- 
cayde  suyo  que  en  ella  tenía  con  quarenta  hom- 
bres castellanos  naturales  de  Avila  facían  tan  gran 
guerra,  que  destruían  la  ciudad  de  Sanctiago  y  toda 
la  comarca,  y  por  eso  el  Conde  determinó  de  po- 
ner cerco  sobrella  y  túvola  cercada  seis  meses,  com- 
batiéndola con  tres  ingenios  y  otros  pertrechos;  en 
el  qual  tiempo  se  halla  que  fueron  entradas  dentro 
en  la  fortaleza  mil  é  quinientas  piedras  de  inge- 
nio ;  y  con  todo  eso  el  Alcayde  y  los  que  con  él  es- 
taban se  dieron  tan  gran  recaudo,  que  no  solamen- 
te defendieron  la  fortaleza ,  mas  algunas  veces  sa- 
lieron de  noche  y  ficieron  grandes  daños  en  la  gen- 
te del  real,  de  los  quales  murieron  mas  de  ochenta 
hombres  y  de  los  de  la  fortaleza  solamente  tres ;  y 
la  historia  no  pone  el  nombre  deste  Alcayde ,  que 
no  era  por  cierto  de  olvidar,  y  este  Arzobispo  ovo 
siempre  de  contender  por  recobrar  lo  que  le  era  to- 
mado, y  jamas  lo  pudo  acabar ;  y  así  murió  desama- 
do y  pobre  por  sus  grandes  culpas  y  deméritos,  de 
que  todos  los  hombres,  por  de  grandes  estados  que 
sean,  deben  tomar  exemplo,  y  guardarse  de  facer 
lo  que  no  deban,  confiando  en  su  gran  poder,  acor- 
dándose ser  nuestro  Señor  tan  justo ,  que  ni  dexa 
mal  sin  pena,  ni  bien  sin  galardón. 

CAPÍTULO  XVI. 

De  los  daños  que  los  moros  ficieron  en  el  Andalucía  después  quel 
Rey  della  se  partió,  y  de  la  prisión  de  Juan  de  Luna. 

La  forma  de  la  guerra  fecha  por  el  Rey  á  los  mo- 
ros en  el  comienzo  de  su  reynar,  les  fizo  perder  el 
miedo  que  antes  que  reynase  del  tenían  ;  y  como  el 
Rey  fué  partido  del  Andalucía ,  el  Rey  de  Granada, 
como  era  caballero  bien  esforzado  y  conocía  bien 
las  costumbres  del  Rey  y  sus  fuerzas ,  ayuntó  muy 
gran  gente,  y  vino  sobre  la  Ciudad  de  Jaén;  y  por 


estonces  el  Rey  había  dexado  por  Capitán  á  Rodri- 
go de  Marchena,  hombre  nuevo  y  do  muy  bajo  li- 
nage,  y  de  vida  y  costumbres  asaz  deshonestas.  Este 
Rodrigo  de  Marchena  es  de  quien  la  Corónica  arri- 
ba hizo  mención  en  la  entrada  primera  quel  Rey 
Don  Enrique  fizo  en  Sevilla,  después  que  tomó  tí- 
tulo de  Rey,  forzó  auna  doncella,  é  ni  del  ni  de  otro 
moro  llamado  Mof arras,  que  asi  mesmo  á  la  sazón 
había  forzado  otra  y  llevándola  á  tierra  de  moros, 
ninguna  justicia  fizo  el  Rey.  El  qual  Rodrigo  de 
Marchena,  vista  la  venida  del  Rey  de  Granada  con 
gran  muchedumbre  de  gente ,  ovo  tan  gran  turba- 
ción ,  que  ni  él  ni  los  de  la  Ciudad  no  ovieron  con- 
sideración de  cerrar  las  puertas  ni  poner  gente  so- 
bro la  cerca ;  de  tal  manera  fueron  todos  turbados 
que  sí  los  moros  quisieran,  pudieran  tomar  la  Ciudad, 
pero  esta  turbación  que  en  la  Ciudad  ovo,  le  apro- 
vechó mucho,  porque  los  moros  pensaron  que  aque- 
llo fuere  algún  engaño  que  los  christianos  les  tuvie- 
sen aparejado',  y  por  eso  no  se  osaron  de  acercar  a 
la  Ciudad ,  y  ansí  curaron  de  correr  el  campo  ma- 
tando los  hombres  que  en  él  hallaron ,  y  las  ovejas  y 
otras  muchas  bestias,  y  talaron  árboles  y  viñas  y 
cuanto  pudieron  haber,  no  hallando  resistencia  al- 
guna, y  sacaron  gran  cabalgada  de  yeguas  y  vacas 
y  acémilas,  con  lo  qual  todos  fueron  en  salvo.  En 
este  tiempo,  habiendo  el  Rey  consideración  que  des- 
pués de  la  muerte  del  Rey  Don  Alfonso  de  Aragón 
sucedió  en  su  lugar  el  Rey  Don  Juan  de  Navarra, 
su  hermano ,  del  qual  temió  que  viéndose  poderoso 
querría  demandar  los  heredamientos  que  en  Castilla 
le  eran  tomados  y  porque  Juan  de  Luna  era  habido 
por  mucho  suyo  y  estaba  apoderado  en  todas  las  vi- 
llas y  fortalezas  de  la  Condesa,  mujer  del  Maestre 
Don  Alvaro  de  Lana,  parescióle  que  si  este  quisiese 
favorecer  al  Rey  de  Navarra,  que  ya  era  de  Aragón, 
que  podría  mucho  daño  facer,  é  por  consejo  del  Mar- 
qués de  Villena  Don  Juan  Pacheco  y  del  Arzobispo 
de  Sevilla  Don  Alfonso  de  Fonseca,  fué  determina- 
do que  Juan  de  Luna  fuese  preso ;  lo  qual  así  se 
puso  en  obra;  el  qual  fué  puesto  en  una  torre  á  muy 
buen  recaudo,  donde  jamas  salió  fasta  que  entregó 
todas  las  villas  y  fortalezas  que  tenía ;  y  así  la  Con- 
desa, mujer  del  Maestre  de  Santiago,  perdió  la  po- 
sesión de  todas  sus  villas  y  fortalezas,  y  ella  se  fué 
al  Castillo  de  Montalvan  después  que  supo  la  prisión 
de  Juan  de  Luna. 

En  este  tiempo  el  Papa  Pío  segundo  deste  nom- 
bre concedió  Bulla  para  que  Don  Alvaro  de  Estúñí- 
ga,  Conde  de  Plasencia,  pudiese  casar  con  Doña 
Leonor  Pimentel,  sobrina  suya,  hija  de  su  herma- 
na, su  comadre,  y  su  ahijada  de  pila. 

CAPÍTULO  XVIL 

De  cierta  conjuración  que  los  Grandes  del  Ileyno  de  Ñapóles  hi- 
cieron contra  el  Rey  Don  Fernando,  hijo  bastardo  del  Rey  Don 
Alonso  de  Aragón,  y  de  como  un  moro  llamado  Zayde  quiso  ma- 
tar á  Garcia  de  Herrera,  Señor  de  Pedraza;  y  de  algunas  mara- 
villosas señales  acaescidas  en  este  tiempo. 

El  Rey  Don  Fernando,  fijo  bastardo  del  Illustre 
Señor  Rey  Don  Alonso  de  Aragón,  ayudó  mucho  en 


20 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


este  caso  un  casamiento  que  habia  fecho  do  una  fija 
suya  con  un  sobrino  del  Papa  Pió,  donde  asi  fué 
que,  muerto  el  Serenísimo  Rey  Don  Alonso  de  Ara- 
gón ,  todos  los  Grandes  del  Rey  no  de  Ñapóles  hicie- 
ron entre  sí  conjuración  de  tornar  la  corona  del  Rey- 
no  á  Don  Juan  ,  hijo  de  Reynel,  y  á  espulsar  de 
aquella  señoría,  para  lo  qual  acordaron  de  matarle, 
al  Rey  Don  Fernando  ;  la  qual  empresa  tomó  el 
Duque  de  Sesa ,  y  para  lo  poner  en  obra ,  acordóse 
quel  Rey  y  este  dicho  Duque  oviesen  de  haber  fabla 
en  un  campo  á  cierto  dia  con  cada  docieutos  de  ca- 
ballo, y  que  solamente  á  la  habla  con  el  Duque  lle- 
gasen dos  caballeros  llamados  el  uno  Diafebus,  hijo 
del  Conde  de  Averso,  y  el  otro  llamado  Tártago ;  de 
los  quales  el  uno  disimulando  obediencia,  con  gran- 
de acatamiento  llegase  al  Rey  á  le  besar  la  mano ,  y 
en  tomándola,  se  la  tuviese  tan  recio  quanto  pudie- 
se y  el  otro  le  firiesc  con  un  cochillo  empozoñado 
que  traía ;  los  quales  llegando  al  Rey,  Diafebus  que- 
riendo tomar  la  mano  al  Rey  por  se  la  besar ,  mudó 
tanto  el  color  y  se  turbó  de  tal  manera,  quel  Rey 
conoció  la  voluntad  con  que  venía,  y  Diafebus  no 
pudo  tomar  la  mano,  y  el  Rey  puso  las  espuelas  al 
caballo  y  dio  un  gran  salto,  de  manera  que  se  deli- 
bró dellos.  Tártago,  teniendo  sacado  el  cuchillo  en 
la  mano,  fué  por  ferir  al  Rey,  y  el  Rey  se  ovo  tan 
valientemente  con  ellos ,  que  los  desbarató ,  y  luego 
las  gentes  de  la  una  parte  y  de  la  otra  comenzaron 
á  pelear,  y  los  del  Duque  f uyeron  y  los  del  Rey  los 
fueron  siguiendo  ;  y  desde  allí  en  adelante  se  co- 
menzó abiertamente  la  guerra  de  los  napolitanos 
contra  el  Rey  Don  Femando.  En  este  tiempo  vino 
Don  Juan,  hijo  del  Rey  de  Ñápeles,  á  quien  todos 
los  napolitanos  querían  haber  por  Rey  eceuto  el 
Conde  de  Fanda  y  los  españoles,  los  quales  en  el 
Rey  no  habían  poco  poder,  de  los  quales  eran  los 
principales  Don  íñigo  de  Guevara,  gran  Senescal,  y 
sus  hermanos,  y  todas  las  ciudades  y  villas  le  fueron 
rebeldes ,  salvo  Ñapóles  y  Gaeta ;  é  ya  le  fallecían 
dineros,  que  habia  fecho  muy  grandes  despensas 
en  las  gentes  que  había  ajuntado  contra  el  dicho 
Don  Juan ,  al  qual  con  todos  sus  parciales  fizo  re- 
traer á  la  Ciudad  de  Esenía,  ques  maravillosamente 
fuerte,  y  no  contento  de  la  Vitoria  habida,  con  ar- 
dor juvenil  pensó  por  fuerza  entrar  aquella  Ciudad 
contra  el  consejo  de  Símoneto,  Duque  viejo,  que  era 
en  extremo  prudente  caballero,  el  qual  requirió  al 
Rey  que  no  aquexase  tanto  á  la  nobleza  que  allí  es- 
taba inclusa ;  el  qual  consejo ,  teniendo  el  Rey  en 
poco,  rescibió  daño  muy  grande  que  súbitamente  sa- 
lió toda  aquella  gente  con  grande  ímpetu  y  dio  en  el 
real  del  Rey  Don  Fernando ,  donde  ovíeron  de  f uir 
los  suyos ,  y  fué  muerto  Símoneto,  y  muchos  otros 
de  los  mas  principales  déla  hueste ,  y  el  Rey  con  solos 
tres  caballeros  délos  suyos  se, fué  huyendo  á  la  ciu- 
dad de  Ñapóles;  en  el  qual  dia  el  gran  Senescal  Don 
Iñigo  de  Guevara  y  su  hermano  Don  Alfonso  de 
Avales,  valientes  caballeros,  con  fasta  setecientos 
de  caballo  llegaron.  Llegó  así  mismo  cu  el  tiempo 
de  esta  adversidad  el  ayuda  de  Madama  Lucrecia 
pj^adrastra  del  Rey ,  que  estaba  en  un  cantillo  cerca 


de  Ñapóles,  y  allí  paresció  la  traycion  de  muchos 
de  quien  el  Rey  entendía  ser  servido,  entre  los  qua- 
les principalmente  se  mostró  enemigo  Ercoles,  her- 
mano de  León,  el  Marqués  que  fué  de  Ferrara,  cría- 
do  desde  niño  con  el  Rey  Don  Fernando  como  si 
fuera  hermano  suyo,  el  qual  quisiera  matar  á  tray- 
cion al  estrenuo  caballero  Don  Alfonso  de  Arauso, 
si  por  su  brazo  viguroso  no  se  defendiera.  Y  tanto 
iba  abaxo  el  partido  del  Rey  Don  Fernando,  que  si 
el  Papa  Pió  no  le  socorriera ,  sin  duda  perdiera  la 
Corona.  Envió  así  mismo  gran  ayuda  al  Rey  Don 
Fernando,  Francisco  Esforcía,  Duque  de  Milán,  c6n 
cuya  hija  era  casado  Don  Alonso,  Duque  de  Cala- 
bria ,  primogénito  del  Rey  Don  Fernando,  y  envió 
así  mesmo  el  muy  fuerte  y  estrenuo  varón  Estandar- 
be,  que  de  muy  léxos  traía  quatrocíentos  do  caba- 
llo en  ayuda  del  Rey  Don  Fernando,  al  qual  en  al- 
gún tiempo  el  Rey  Don  Alfonso  habia  mucho  ayu- 
dado en  Albania,  faciendo  guerra  contra  el  Turco; 
el  qual,  no  queriendo  ser  ingrato  al  beneficio  resce- 
bido  del  Serenísimo  Rey  Don  Alonso,  quiso  pagallo 
en  tiempo  de  tan  gran  necesidad  de  su  fijo ,  y  pasó 
en  Italia  dexando  sus  propios  negocios  á  se  juntar 
con  el  Rey  Don  Fernando,  para  ser  su  compañero 
en  la  adversa  y  próspera  fortuna  que  Dios  darle 
quisiese  ,  y  por  esto  quiso  que  por  batalla  en  un  dia 
se  determinase,  y  así  se  fizo;  en  la  qual  tanta  fué  la 
virtud  y  valentía  del  Rey  Don  Fernando  y  de  Es- 
candarbe  ,  y  así  esforzaron  sus  gentes,  que  los  ene- 
migos fueron  vencidos  y  muchos  dellos  muertos.  Y 
tan  grande  fué  el  gozo  que  Don  Iñigo  de  Guevara 
desta  Vitoria  ovo  que  súpitamente  murió,  sin  haber 
rescebido  ninguna  herida  en  aquella  batalla;  en  la 
qual  fueron  presos  muchos  de  los  principales  de  los 
enemigos,  y  el  Duque  Don  Juan  que  los  napolita- 
nos quisieran  haber  por  Rey,  salió  fuyendo  de  la 
tierra.  El  Rey  Don  Enrique  que  deste  caso  quedó 
como  atónito,  porque  le  paresció  que  la  vitoría  por 
el  Roy  Don  Fernando  habida ,  resultaría  en  favor 
de\  Rey  Don  Juan  de  Navarra,  á  quién  él  quería  des- 
truir, y  teniendo  ya  habla  con  los  valencianos  y 
barceloneses  y  aragoneses ,  pensaba  conseguir  su 
deseo  á  tanto  ,  queriendo  el  Rey  ocupar  la  Villa  de 
Pedraza ,  ques  cinco  leguas  de  Segovía ,  pensó  de 
enviar  un  moro  suyo ,  el  qual  era  mucho  conocido 
de  García  de  Herrera,  cuya  es  Pedraza,  para  que  ha- 
blando con  él  lo  matase ;  el  qual  se  fué  para  Pedra- 
za, simulando  venir  muy  descontento  del  Rey ,  di- 
ciendo que  lo  habia  echado  de  su  corte,  no  acordán- 
dose de  muchos  servicios  que  le  había  fecho;  y  como 
él  fuese  moro  y  estrangero ,  natural  de  Granada ,  y 
en  este  Reyno  no  tuviese  parientes  ni  amigos,  era 
allí  venido  conociendo  su  gran  liberalidad  y  virtud, 
á  suplicarle  le  quisiese  recebir  en  su  servicio  como 
él  ninguna  esperanza  tuviese  de  volver  en  su  tier- 
ra, lo  qual  todo  dixo  con  grandes  sospiros  y  gemi- 
dos; al  qual  García  de  Herrera  respondió  maravi- 
llándose mucho  de  la  humanidad  que  en  el  Rey  to- 
dos hallaban ,  como  con  él  de  tanta  dureza  hubiese 
usado,  dicíéndole  que  después  de  comer  quería  con 
él  más  largamente  hablar  para  dar  órdeu  en  lo  quo 


MEMORIA.L  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


21 


habia  dicho  ;  y  asi  García  de  Herrera  se  subió  á  la 
fortaleza  y  el  moro  fué  por  su  mandado  bien  apo- 
sentado, y  fuéle  inviado  todo  lo  necesario  á  su  po- 
sada, y  asentado  en  la  mesa,  puesta  delante  del  la 
vianda ,  jamas  la  quiso  gustar,  y  estovo  siempre  gi- 
miendo y  Suspirando;  y  en  levantándose  de  la  mesa 
sin  comer ,  como  hombre  enojado  decia  ;  a  conviene 
que  se  haga  lo  que  se  ha  de  hacer  »  ;  y  antes  de  las 
vísperas ,  el  moro  se  fué  á  buscar  á  García  de  Her- 
rera, al  qual  falló  saliendo  de  la  fortaleza;  y  co- 
menzando á  hablar  de  gran  priesa ,  sacó  un  cuchi- 
llo, y  dio  una  tan  gran  herida  á  un  mozo  que  cerca 
de  García  de  Herrera  venía ,  que  le  fendióla  cabeza 
hasta  los  dientes.  Entonces  Luis  de  Herrera,  herma- 
no de  García  de  Herrera,  que  cerca  estaba,  dio  un 
tan  gran  golpe  con  un  palo  que  en  la  mano  traia  al 
moro  encima  de  la  ^cabeza  que  dio  con  él  en  el  sue- 
lo ;  y  por  cierto  sea  que  en  un  monte  muy  cercano 
de  aquella  villa  estuvieron  aquel  día  cinquenta  de 
caballo  esperando  al  moro  para  lo  salvar  si  á  García 
de  Herrera  matase ;  la  cual  cosa  dio  muy  gran  te- 
mor á  los  Grandes  deste  Eeyno,  los  quales  no  sola- 
mente dendo  adelante  se  guardaban  de  los  moros, 
mas  de  cualesquier  mensageros  que  el  Rey  les  en- 
viase. En  el  qual  año  muchas  señales  parecieron, 
que  se  mostró  en  un  día  muy  sereno  una  muy  gran 
llama  en  el  cielo,  la  qual  se  partió  en  dos  partes,  la 
una  paresoió  quedar,  y  la  otra  corrió  al  oriente  en 
tierra  de  Burgos  y  de  Valladolid  ;  en  el  Estío  mu- 
chas aves  y  bestias  de  gran  piedra  é  agua  perecie- 
ron ;  los  panes  y  árboles  fueron  gastados ;  un  niño 
*de  tres  años  cerca  de  Penal  ver  habló  amonestando 
hiciesen  penitencia;  en  el  mesmo  año  se  mostró 
otra  muy  gran  llama  en  el  cielo  ,  y  lo  que  mayor 
turbación  dio  en  todos  los  deste  Eeyno  ,  fué  que  te- 
niendo el  Rey  en  Segovia  en  su  Palacio  muchos  leo- 
nes y  leonas,  é  habiendo  ende  uno  muy  grande  á 
quien  todos  los  otros  obedecían ,  se  comenzó  entre 
ellos  tan  gran  pelea,  que  todos  se  juntaron  contra 
el  mayor  loon,  y  lo  mataron  y  comieron  parte  del : 
do  ende  todos  pronosticaron  ser  cercana  la  muerte 
del  Rey  ó  gran  caída, 

CAPÍTULO  XVIIL 

De  la  gran  turbación  y  escándalos  acacscidos  en  estos  Reynos  en 
el  año  de  1í60  años;  y  del  ayuntamiento  y  conjuración  que 
ficicron  muchos  de  los  Grandes  dellos. 

Visto  por  los  Grandes  deste  Rcyno  como  las  co- 
sas del  iban  de  mal  en  peor,  y  acordándose  que  en 
el  año  LVII  el  Rey  había  sido  requerido  por  supli- 
cación muy  justa  é  muy  honesta ,  fecha  por  el  Ar- 
zobispo de  Toledo  Don  Alonso  Carrillo  y  por  Don 
Iñigo  López  de  Mendoza ,  Marqués  de  ¿antillana, 
en  nombre  de  los  tres  Estados  destos  Reynos ,  su- 
plicándole con  gran  reverencia  quisiese  enmendar 
su  vida  y  castigar  las  cosas  mal  fechas  y  facer  la 
guerra  de  los  enemigos  do  la  fe,  como  cathólico 
Rey,  y  no  en  la  forma  que  hasta  allí  la  habia  fe- 
cho ,  la  qual  suplicación  por  el  Rey  vista ,  no  con 
propósito  de  emendar  cosa  alguna ,  mas  con  perti- 


nacion  y  desolucion  mas  y  mas  cada  día  los  daños 
se  acrecentaban ;  comenzaron  á  buscar  alguna  vía 
para  reparar  los  grandes  males  é  daños  destos  Rey- 
nos,  lo  qual  conocieron  que  si  con  tiempo  no  se  fi- 
ciese ,  no  solamente  serian  destruidos ,  mas  serian 
para  siempre  tenidos  por  desleales  y  malos  caba- 
lleros, acordaron  el  Marqués  de  Santillana,  Don  Die- 
go Hurtado ,  y  los  Condes  de  Haro  y  de  Alba  y  de 
Paredes  juntarse  con  el  Arzobispo  de  Toledo ,  Don 
Alonso  Carrillo,  y  con  el  Adelantado  Don  Fadrique 
cerca  de  la  villa  de  Yepes ,  donde  determinaron  de 
resumir  suplicaciones  fechas  al  Rey  por  el  Arzo- 
bispo y  por  el  Marqués  Don  Iñigo  López ,  como  di- 
cho es,  y  dióse  el  cargo  que  en  nombro  de  todos  el 
Almirante  y  el  Conde  de  Haro  enviasen  al  Rey  su 
petición,  BÓ   la  forma  siguiente:  suplicándole  se 
acordase  que  al  tiempo  que  fué  por  Rey  rescebido, 
fizo  el  juramento  acostumbrado  por  los  Reyes  ante- 
pasados del ,  es  á  saber ,  que  guardaría  inviolable- 
mente la  fé  cathólica  y  el  derecho  de  la  Iglesia,  y 
de  todos  los  eclesiásticos,  y  de  los  caballeros  y  due- 
ñas y  doncellas,  y  generalmente  de  todos  los  pue- 
blos por  Dios  á  él  encomendados ,  y  gobernaría  se- 
gún las  leyes  y  estatutos  fochas  por  los  ínclitos 
Royes  sus  antepasados,  y  que  en  casa  mandase 
guardar  toda  honestidad,  y  fuera  de  ella  toda  igual- 
dad y  justicia,  y  ternia  integridad  en  el  regimiento 
y  gran  prudencia  en  facer  diferencia  entre  las  per- 
sonas, y  en  el  castigo  de  los  malos  toda  severidad, 
y  en  honrar  y  mirar  por  los  Grandes,  dando  á  cada 
uno  según  mereciese,  y  cerca  de  sí  tuviese  hombres 
notables ,  ancianos ,  prudentes ,  de  quien  rescibiese 
consejos,  y  quisiese  en  sus  rentas  poner  recaudado- 
res honestos,  tales  que  fielmente  cogiesen  sus  tribu- 
tos, sin  dañar  ni  destruir  sus  subditos ,  como  fasta 
allí  se  habia  fecho ,  y  quisiese  reformar  la  discipli- 
na militar  en  la  forma  acostumbrada  por  los  Reyes 
antepasados  del,  y  ficieso  la  guerra  á  los  infieles 
como  la  ficieron  los  altos  Reyes  de  donde  venía,  y 
apartase  de  sí  ios  moros  que  en  su  compañía  traia, 
é  mandase  castigar  los  corregidores  de  las  ciudades 
é  villas  y  los  regidores  dellas,  poniendo  en  los  tales 
oficios  personas  idóneas  y  suficientes  para  los  admi- 
nistrar. Las  quales  cosas  humílmente  le  suplica- 
ban pusiese  en  obra,  según  las  leyes  de  sus  Reynos 
lo  disponían ;  y  que  en  tanto  que  fijos  no  habia,  que 
á  nuestro  Señor  pluguiese  darle  como  él  deseaba, 
quisiese  mandar  á  todos  los  Grandes  y  ciudades  é 
villas  y  lugares,  y  generalmente  á  todos  sus  subdi- 
tos y  naturales ,  oviesen  por  primogénito  heredero 
al  ínclito  Infante  Don  Alfonso,  su  hermano  ;  y  qui- 
siese retornar  en  poder  de  la  Serenísima  Reyna  do- 
ña Isabel  viuda,  los  Ilustrísimos  Infantes  Don  Al- 
fonso y  doña  Isabel,  sus  hijos,  que  inhumanamente 
habían  sido  sacados  de  su  poder ,  dando  lugar  que 
con  ella  estuviesen  en  alguna  ciudad  ó  villa  qual  á 
él  pluguiese,  poniéndoles  ayos  y  servidores  así  pru- 
dentes y  buenos  como  á  tales  Señores  convenia ,  y 
no  consentiese  que  los  derechos  de  la  eclesiástica 
inmunidad  fuesen  violados,  y  en  el  dar  de  las  dig- 
nidades quisiese  acatar  la  calidad  de  las  personas, 


22 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  fuesen  tales  quales  el  derecho  canónico  deter- 
mina, y  destruyeselas  públicas  usuras,  según  las 
leyes  de  sus  lieynos  lo  disponen  y  mandan,  y  las 
querellas  de  los  querellantes  quisiese  oir  benina- 
mente,  y  á  los  injuriados  proveyese  con  justicia,  no 
dando  lugar  que  los  dañadores  quedasen  sin  pena 
y  los  dañados  rescibiesen  injurias ,  como  muchas 
veces  hasta  aquí  ha  acaescido.  La  qual  suplicación 
por  mandado  de  los  dichos  caballeros  llevó  al  Rey 
el  noble  y  prudente  caballero  Diego  de  Quiñones; 
la  qual  le  dio  en  pública  forma ;  y  le  dixo  de  pala- 
bra todo  lo  que  le  fué  mandado.  El  Rey  respondió 
breve  y  escuramente  que  convenia  ver  lo  que  de- 
cía con  los  que  en  su  corte  y  Consejo  tenía,  y  faria 
lo  que  le  pareciese  que  debia,  y  con  grande  enojo  y 
como  amenazando  se  lanzó  en  su  cámara  con  esos 
que  cerca  de  sí  tenía,  y  con  la  malenconia  que  lle- 
vaba, como  ya  claramente  lo  habia  mostrado,  luego 
acordó  de  enviar  en  Cecilia  á  llamar  al  Príncipe  Don 
Carlos,  é  requirió  por  sus  embaxadores  á  los  de 
Barcelona  que  allí  lo  rescibiesen.  ¿Quién  podría 
decir  la  gran  felicidad  que  los  barceloneses  tovicron 
en  el  tiempo  quelllustrísimo  Rey  Don  Alfonso  en  el 
Reyno  de  Ñapóles  estuvo  ?  Y  con  todo  eso  tentaron 
de  haber  libertad ,  y  regíanse  por  comunidad ,  sin 
obedecer  yugo  real;  á  lo  qual  pensar,  les  dio  osadía 
la  gran  riqueza ,  de  donde  tan  gran  soberbia  consi- 
guieron, la  qual  suele  muchas  veces  derribar  aque- 
llos que  la  tienen ;  con  el  qual  deseo  se  afirma  que 
los  de  Barcelona  mataron  con  yerbas  al  Serenísimo 
Rey  Don  Fernando  en  el  lugar  de  Igualada,  y  conti- 
nuando su  propósito ,  como  no  pudiesen  conseguir 
lo  que  deseaban  en  tiempo  del  Rey  Don  Alonso  por 
lo  ver  tan  poderoso ,  atentaron  de  ponerlo  en  obra 
en  tiempo  del  Rey  Don  Juan,  sucesor  suyo,  acatado 
como  estaba  y  ocupado  en  grandes  cosas,  y  no  tan 
poderoso  ni  tan  rico  cuanto  convenia ,  y  con  gran 
pertinacia  perdieron  el  seso ,  pensando  entre  todos 
los  hombres  ser  ellos  los  mas  sabios,  publicando 
osadamente  que  si  Dios  oviese  menester  consejo, 
no  en  otra  parte  que  en  Barcelona  lo  fallaría  ;  y 
luego  acordaron  de  enviar  á  llamar  al  Príncipe  Don 
Carlos,  el  qual,  olvidando  los  mandamientos  de  su 
padre  el  Rey  de  Navarra,  con  liviano  consejo  luego 
se  vino  á  Barcelona,  con  el  qual  se  esforzaron  ;  el 
qual  siguiendo  la  voluntad  de  los  ciudadanos  en  su 
comienzo,  le  paresció  que  debia  poner  cizaña  entre 
la  Reyna  su  madrastra  y  todos  los  ciudadanos ,  no 
solamente  de  Barcelona  mas  de  toda  Cataluña,  di- 
ciendo ella  ser  inventora  de  las  contribuciones  ó 
tributos  quel  Rey  les  demanda  y  ser  amiga  de  los 
malos,  y  causa  del  odio  quel  Rey  les  habia.  Así  el 
Rey,  estimulado  de  las  cosas  pasadas  y  vístelo  que 
de  nuevo  el  Príncipe  Don  Carlos  su  hijo  trataba,  de- 
terminó de  lo  prender,  y  como  lo  pensó  lo  puso  por 
obra  ;  lo  qual  sabido  por  los  barceloneses  enviaron 
al  Rey  su  embaxador^  no  como  rogando ,  mas  ame- 
nazando ,  el  qual ,  como  dilatase  en  deliberar  al 
Príncipe,  la  conjuración  y  rebelión  declaradamente 
se  fizo  entre  los  de  Barcelona  y  Cataluña,  y  luego 
acordaron  de  prender  al  Rey  que  en  la  ciudad  de 


Lérida  estaba,  lo  qual  como  el  Rey  sintiese ,  se  fué 
á  Fraga  donde  la  Reyna  su  mujer  y  el  Infante  Don 
Fernando  su  fijo  estaban,  y  desde  allí  se  fué  para 
Zaragoza,  y  puso  á  la  Reyna  y  al  Infante  en  seguro 
lugar.  Y  los  barceloneses  y  catalanes  combatieron 
á  Fraga,  y  tomáronla ;  y  después  de  muchas  cosas 
pasadas  entre  el  Rey  y  los  de  Barcelona ,  dio  lugar 
á  quel  Príncipe  Don  Carlos  volviese  á  Barcelona,  de 
donde  muy  mayores  daños  se  siguieron,  según  ade- 
lante se  dirá ;  los  quales  dieron  mayor  esperanza  al 
Rey  Don  Enrique  y  álos  que  lo  seguían  para  poder 
conseguir  lo  por  ellos  deseado ;  y  no  curaron  de 
guardar  las  palabras  y  convenencias  fechas  y  re- 
cobradas por  juramento  entre  el  Rey  Don  Enrique  y 
el  Rey  Don  Juan  de  Aragón  á  causa  de  los  quales  el 
Rey  de  Aragón  habia  renunciado  todo  el  derecho 
que  tenía  á  las  villas  y  castillos  y  rentas  que  en  es- 
tos Reynos  poseía  por  cierta  suma  de  dinero  que  de 
juróse  le  habia  de  pagar,  como  dicho  es  ;  lo  qual 
todo  quebrantó  y  con  gran  gente  fué  facer  guerra 
en  NavaiTa,  y  mandó  facer  moneda  mucho  más  ba- 
xa  que  la  quel  Rey  Don  Juan  su  padre  labró ,  y  la 
quel  Rey  Don  Enrique  su  abuelo  habia  mandado  la- 
brar, que  era  mucho  mejor  ;  y  mandó  fundir  á  causa 
de  haber  alguna  ganancia  con  gran  daño  de  sus 
subditos. 

A  causa  de  lo  qual  en  estos  Reynos  se  ficieron 
muy  grandes  ayuntamientos  de  gentes,  así  por  la 
parte  del  Rey,  como  por  parte  de  los  caballeros,  de 
que  muy  grandes  daños  y  males  se  siguieron;  lo 
qual  dio  osadía  á  los  moros  para  entrap  en  ellos  po- 
derosamente como  entraron,  y  entre  otros  males  y 
daños  que  en  estos  Reynos  ficieron ,  entraron  por 
fuerza  en  la  villa  de  Quesada  y  pusiéronla  á  fuego 
y  á  sangre. 

CAPÍTULO  XIX. 

De  la  pmbaxaíla  de  los  aragoneses  y  valencianos ,  y  de  la  guerra 
de  Navarra  y  de  la  muerte  del  Príncii)e  D.  Carlos,  y  de  la  muer- 
te del  Rey  Don  Carlos  de  Francia. 

La  guerra  comenzada  en  Navarra  por  dañar  al 
Rey  de  Aragón,  como  dicho  es,  vinieron  al  Rey  Don 
Enrique  embaxadores  de  Aragón  y  Valencia  y  Bar- 
celona de  voluntad  verdadera  ó  falsa  del  Príncipe 
Don  Carlos,  el  qual  entonces  simulaba  concordia  con 
su  padre,  los  quales  suplicaron  al  Rey  les  pluguie- 
se dexar  en  paz  á  los  Reynos  de  Aragón  y  Valencia 
y  Barcelona ,  pues  nunca  á  ellos  habia  placido  la 
guerra ,  ni  en  ella  habían  consentido  contra  el  Rey 
á  los  que  por  sus  cosas  particulares  querían  tentar- 
la, la  qual  voluntad  en  todo  tiempo  habían  conoci- 
do de  su  Roy ;  el  qual  siempre  habia  determinado 
de  tentar  todas  las  cosas  ante  que  venir  á  la  guer- 
ra á  la  qual  si  necesidad  lo  atraxiese,  constreñido  y 
contra  su  voluntad,  tomaría  las  armas  por  tirar  loa 
daños  de  Navarra ;  y  como  quiera  que  honesto  le 
fuese  resistir  á  aquellos,  nunca  para  ello  constriñó 
á  los  aragoneses  ni  valencianos,  porque  á  ellos  no 
viniese  desta  guerra  daño.  Al  Rey  D.  Enrique  plu- 
go la  sentencia  dcsta  embaxada,  estimando  más  fá- 
cilmente poder  apremiar  los  navarros ,  no  teniendo 


MEMOKIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


23 


favor  ni  ayuda  de  los  aragoneses  ni  valencianos  y 
barceloneses,  como  les  quedase  flaco  favot  en  el 
Eey  de  Aragón  sin  ayuda  de  sus  Reynos ,  al  qual 
Don  Carlos  su  hijo  secretamente  dañaba.  En  este  tiem- 
po el  Rey  de  Aragón  vino  á  Sangüesa,  y  forneció 
las  fuerzas,  y  puso  ende  á  Don  Alonso  su  hijo  bas- 
tardo ,  que  era  muy  valiente  y  esforzado  caballero. 
El  Rey  Don  Enrique  comenzó  á  facer  la  guerra  en 
Navarra,  y  tuvo  cercada  la  villa  de  Viana  por  espa- 
cio de  quatro  meses  la  qual  defendia  un  estrenuo 
caballero  llamado  Mosen  Pieres  de  Peralta,  el  qual 
ya  no  podiendo  sufrir  la  hambre  y  trabajo,  la  en- 
tregó al  Rey  Don  Enrique,  la  tenencia  de  la  qual  el 
Eey  dio  á  Juan  Hurtado  de  Mendoza,  prestamero 
de  Vizcaya ;  el  qual  cerco  se  puso  en  principio  del 
mes  de  Julio  del  año  de  nuestro  Redentor  de  mil  é 
quatrocientos  y  sesenta  y  un  años  por  mandado  del 
Rey,  y  fueron  en  él  los  principales,  el  Conde  de  Mc- 
dellin  y  Payo  de  Rivera ;  y  después  el  Rey  dio  la 
posesión  de  aquella  villa  al  Marqués  de  Villena,  el 
qual  en  esta  guerra  con  el  Rey  de  Aragón  parecía 
disimular,  porque  en  aquellos  dias  la  fortuna  pares- 
cia  favorecer  al  Rey  Don  Fernando  de  Ñapóles  y  el 
Duque  Juan,  hijo  del  Rey  Reynel ,  y  los  franceses 
que  en  Genova  precedian  hablan  sido  vencidos  de 
los  ginoveses  y  de  los  caballeros  del  Duque  de  Mi- 
lán, Francisco  Eaforza.  En  este  tiempo  murió  el  Rey 
Carlos  de  Francia,  cuyo  poder  y  fama  entonces  mu- 
cho florescia  en  el  mundo,  y  sin  dada  Luis,  sucesor 
suyo,  no  sucediera  en  el  Reyno,  sino  por  el  favor 
del  Ínclito  Diaque  FeUpo  de  Borgofia,  el  qual  á  sus 
despensas  lo  tuvo  en  su  tierra  quatro  años  contra 
voluntad  de  su  padre,  como  dicho  es,  y  lo  fizo  co- 
ronar por  Rey  de  Francia  en  París,  el  qual  ora  mur 
cho  amigo  del  Rey  de  Aragón,  y  creíase  por  todos 
según  los  grandes  beneficios  rescebidos  del  Duque 
de  Borgoña ,  que  jamas  debía  de  salir  de  su  querer 
y  voluntad,  al  qual  ni  espantó  la  ira  del  Rey  Carlos 
tan  poderoso,  ni  las  grandes  despensas  que  con  él 
fizo  le  enojaron;  así  la  voluntad  de  todos  estaba  sus- 
pensa ante  quel  secreto  del  querer  del  Rey  Luis  se 
conociese ,  creyendo  favorecer  al  Rey  Don  Juan  ue 
Aragón,  á  quien  el  Duque  de  Borgoña  mucho  ama- 
ba. En  este  año  murió  asimesmo  Don  Carlos,  Prínci- 
pe de  Navarra,  cerca  do  la  ciudad  de  Barcelona, 
donde  entonces  los  ciudadanos  de  aquella  ciudad 
ovieron  de  declarar  la  maldad  concebida  contra  el 
Rey  de  Aragón  ;  y  luego  comenzaron  á  decir  é  afir- 
mar el  Príncipe  Don  Carlos  ser  muerto  por  yerbas  por 
su  madrasta,  la  mahcia  de  los  quales  no  les  dexó 
acordarse  cuantos  años  había  quel  Príncipe  Don 
Carlos  había  que  padescia  la  enfermedad  do  perle- 
sía, de  la  qual  muchas  veces  habia  llegado  en  pun- 
to de  la  muerte  ;  y  así  todos  unánimes  y  conformes 
tomaron  las  armas  para  revelar  á  su  Rey  y  Señor; 
en  el  qual  tiempo  muy  grandes  maldades  intenta- 
ron. Y  luego  el  Conde  de  Pallares  con  mucha  gen- 
te de  Barcelona  puso  sitio  á  la  ciudad  do  Girona, 
queriendo  no  solamente  prender  á  la  Reyna  y  al 
Príncipe  Don  Fernando ,  su  fijo ,  que  ende  estaba, 
mas  matarlos    si  haberlos  pudiesen.   Y   entre  las 


otras  maldades  atentaron  una  no  fecha  semejante 
fasta  entonces  en  el  mundo,  la  qual  fué  que  sepul- 
taron al  Príncipe  Don  Carlos  en  forma  de  santo  ,  y 
ficiéronle  altar,  y  pusiéronle  diadema,  y  buscaron 
hombres  pobres  á  quien  dieron  gran  suma  de  dine- 
ros tomando  dellos  estrecho  juramento  que  jamas 
este  secreto  revelasen,  de  los  quales  unos  se  ficie- 
ron  ciegos,  otros  tullidos,  ó  endemoniados,  y  otros 
de  muy  diversas  enfermedades,  que  viniesen  velar 
delante  del  Príncipe  Don  Carlos,  y  salidos  de  allí  pu- 
blicasen que  salían  sanos  cada  uno  de  la  enferme- 
dad que  tenía ;  esto  para  enemistar  al  Rey  y  á  la 
Reyna  con  todos  los  catalanes  ;  y  como  á  nuestro 
Señor  place  que  las  maldades  algún  tiempo  preval- 
gan y  no  puedan  para  siempre  permanecer  vi  que- 
den sin  pénalos  perpetrados  de  aquellas,  quiso  que 
un  capitán  de  los  que  principalmente  en  esta  mal- 
dad fueron  llamados  viniese  por  los  campos  de  Ur- 
gel  á  la  ciudad  de  Lérida  con  cierta  gente ,  porque 
la  ciudad  más  segura  estuviese  por  los  barcelone- 
ses, al  qual  el  Illustrísímo  Rey  de  Aragón  de  aven- 
tara encontró  y  peleó  con  él  y  lo  prendió  á  él  y  á 
muchos  de  los  suyos,  y  los  que  escaparon  subiéron- 
se á  una  alta  montaña,  y  pusiéronse  en  un  castillo 
derribado  que  se  llamaba  el  castillo  de  los  Asnea; 
á  los  quales  todos  el  Rey  mandó  tomar  las  armas  y 
dexolos  ir  libres,  y  solamente  detuvo  al  malvado 
capitán ,  el  qual  afirmaba  en  la  ciudad  de  Tarrago- 
na el  Príncipe  Don  Carlos  haber  fecho  muy  grandes 
milagros,  sanando  á  coxos  y  dando  vista  á  los  cie- 
gos, y  salud  á  todos  los  enfermos  que  venían  á  vi- 
sitar su  sepultura ;  lo  qual  juraba  todo  ser  verdad. 
Y  como  después  de  su  vencimiento  el  Rey  viniese 
á  Tarragona  y  allífuese  traído  el  dicho  capitán  Hga- 
do  en  grandes  prisiones,  en  público  confesó  por  sen- 
tencia de  Dios  ser  venido  en  el  punto  en  que  estaba 
por  la  falsedad  que  habia  afirmado  por  juramento 
de  los  milagros  ya  dichos ,  falsamente  fabricados, 
con  gran  suma  de  dinero  por  la  maldad  do  los  bar- 
celoneses, en  la  qual  él  habia  sido  compañero  y  uno 
de  los  principales  fabricadores  de  aquella ;  por  la 
qual  confision  espontánea  el  Rey  lo  mandó  enfor- 
car,  y  sin  duda  los  barceloneses  no  quedaron  sin 
pena  de  la  maldad  así  por  ellos  falsamente  fabrica- 
da, á  los  quales  el  Rey  fizo  contino  cruel  guerra  por 
espacio  de  trece  años,  en  el  qual  tiempo  el  Rey  ovo 
dellos  muy  grandes  Vitorias,  y  ñieron  infinitos 
muertos  de  los  catalanes,  y  finalmente  la  ciudad  de 
Barcelona  fué  tomada  por  el  Rey,  y  toda  la  provin- 
cia de  Cataluña  fué  puesta  so  la  obediencia  de  su 
cetro  Real ,  y  después  la  ciudad  de  Barcelona  se  le 
dio,  como  adelante  se  dirá,  con  perpetua  infamia  y 
daños  irreparables  de  los  barceloneses;  los  quales, 
de  muy  ricos  y  poderosos  que  antes  eran ,  por  su 
maldad  fueron  tornados  pobres ,  flacos  y  mengua- 
dos, y  en  vano  demandaron  ayuda  del  Rey  Don 
Enrique,  al  qual  desde  el  comienzo  desta  rebelión 
habían  enviado  por  embaxador  á  Mosen  Copones, 
hombre  muy  astuto,  malicioso,  y  sin  vergüenza  y 
gran  elocuente. 


24 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  XX. 


Del  nacimiento  de  Doña  Juana,  fija  de  la  Reyna  Doña  Juana ,  se- 
gunda mugcr  del  Rey  D.  Enrique,  y  de  la  venida  del  Conde  de 
Armenaque  á  Madrid,  y  de  la  venida  de  los  Embaladores  de 
Barcelona  y  de  Aragón,  y  de  la  batallTque  ovieron  los  del  An- 
dalucía con  el  Rey  de  Granada. 

Estando  el  Rey  Don  Enrique  en  Madrid ,  nació  á 
la  Reyna  Doña  Juana  una  hija  que  llamaron  Doña 
Juana,  scyendo  los  mas  destos  Reynos  certificados 
de  la  impotencia  del  Rey  é  de  la  duda  de  la  Reyna, 
en  el  nacimiento  de  la  qual  el  Rey  mostró  tan  gran- 
de alegría ,  quanto  si  por  cierto  tuviera  ser  su  hija; 
y  mandó  hacer  muy  grandes  alegrías  y  fiestas.  En 
el  qual  tiempo  vino  allí  el  Conde  de  Armenaque, 
seyendo  mucho  aborrescido  del  Rey  Carlos  de  Fran- 
cia, y  no  menos  lo  fué  del  sucesor  Luis,  fijo  suyo, 
por  la  maldad  por  él  cometida  con  una  hermana  su- 
ya, en  la  qual  ovo  dos  hijos,  y  fué  la  causa  de  su 
venida  por  haber  favor  del  Rey  Don  Enrique  en  sus 
fechos ,  y  fué  padrino  desta  Doña  Juana.  Y  enton- 
ces el  Rey  mandó  á  los  Grandes  deste  Reyno  que 
jurasen  á  esta  Doña  Juana  por  Princesa,  lo  qual  al- 
gunos hicieron  mas  por  temor  que  por  voluntad,  co- 
mo fuesen  ciertos  aquella  no  ser  fija  del  Rey,  y  otros 
no  lo  quisieron  facer,  y  algunos  ficieron  reclama- 
ción del  juramento ;  entre  los  quales  como  quiera 
que  á  Don  Luis  de  la  Cerda,  Conde  de  Medina  Celi, 
fueron  prometidos  mil  vasallos  porque  la  jurase  por 
Princesa  ,  nunca  lo  quiso  facer.  En  este  tiempo  vi- 
nieron al  Rey  embaxadores  de  Aragón  y  de  Barce- 
lona, muy  diferentes  en  lo  que  demandaban ,  como 
los  aragoneses  demandaban  al  Rey  le  pluguiese 
guardar  las  confederaciones  fechas  entro  estos  Roy- 
nos  y  quisiese  concordia  é  paz,  la  qual  á  todos  era 
muy  provechosa,  y  los  de  Barcelona ,  con  artificiosa 
maldad ,  ofreciesen  al  Rey  el  señorío  de  Barcelona, 
Y  estando  las  cosas  asi  suspensas,  el  Rey  moro  de 
Granada  conociendo  la  pereza  y  mala  gobernación 
del  Rey  Don  Enrique,  y  la  poca  guarda  que  en  el 
Andalucía  se  hacia ,  ayuntó  muy  grandes  gentes, 
asi  de  caballo  como  de  pié,  y  fueron  tantas,  que 
pensó  con  aquellas  poder  sobrar  á  toda  la  gente  del 
Andalucía ;  con  el  qual  exército  entró  por  la  parte 
de  Osuna ;  de  lo  qual  como  el  Conde  de  Cabra ,  Don 
Diego  de  Córdoba,  fuese  certificado,  luego  lo  envió 
facer  saber  á  Luis  de  Pernia,  Álcayde  de  Osuna,  ca- 
ballero muy  esforzado  y  de  los  moros  mucho  temi- 
do; el  qual  luego  lo  envió  á  decir  á  los  de  Arcos  y 
Marchcna,  y  á  todos  los  vecinos,  y  á  los  de  Córdoba 
y  á  los  de  Ecija  y  de  Xercz,  faciéndoles  saber  el 
camino  qucl  Rey  de  Granada  traia.  Y  Don  Rodrigo 
Ponco  de  León,  fijo  heredero  de  Don  Juan,  Conde 
de  Arcos,  con  esa  gente  que  pudo  cabalgó  muy  pres- 
tamente camino  de  Osuna  y  falló  á  Luis  de  Pernia 
con  alguna  gente  de  caballo  que  andaba  recogiendo 
toda  la  mas  gente  que  podia ;  á  los  quales  vino  lue- 
go nueva  qucl  Rey  de  Granada  con  todo  su  exército 
estaba  muy  cerca ,  y  que  páresela  locura  con  tan  po- 
ca gente  quanta  tcnian  Don  Rodrigo  é  Luis  de  Per- 
nia esperar  tan  gran  muchedumbre  de  moros  quun- 


tos  el  Rey  de  Granada  traia ;  y  asi  parescia  mas  se- 
gura cosa  retraerse  y  esperar  gente,  que  haber  de  pe- 
lear; que  todas  las  gentes  que  estos  dos  caballeros  po- 
dían tener  podian  ser  fasta  trecientos  de  caballo  y 
seiscientos  peones,  y  eran  ciertos  el  Rey  de  Granada 
traer  mil  é  quinientos  de  caballo  y  ocho  mil  peones^ 
allende  de  quatrocientos  de  caballo  muy  escogidos 
que  Audalla  Amblan  había  llevado  por  correr  á  Eci- 
ja; y  con  todo  eso  Luís  de  Pernia ,  como  fuese  ca- 
ballero muy  esforzado ,  parescióle  ser  mejor  tentar 
la  fortuna  que  haber  de  volver  atrás ,  el  qual  dixo  su 
parecer  á  Don  Rodrigo  Ponce  de  León ,  el  qual  co- 
mo fuese  de  muy  poca  edad  ,  que  apenas  le  eran  las 
barbas  salidas,  y  nunca  fasta  entonces  oviese  pelea- 
do ni  en  peligro  se  oviese  visto ,  respondió  como  ca- 
ballero muy  esforzado ,  queriendo  seguir  las  pisa- 
das de  su  padre  y  de  aquellos  de  donde  venia ,  di- 
ciendo que  á  él  placía  mucho  de  seguir  el  consejo  de 
Luis  de  Pernia  ;  y  luego  fueron  á  tomar  un  paso  que 
se  llamaba  el  Madrofw ,  donde  ya  los  moros  llegaban 
y  algunos  habían  comenzado  á  ocupar  el  paso.  En 
este  tiempo  llegó  ende  el  Comendador  de  Cazalla, 
Diego  de  Castilla ,  que  después  fué  Comendador 
mayor  de  Calatrava,  con  diez  de  caballo,  y  juntóse 
con  los  dichos  caballeros ,  y  ovóse  en  la  batalla  va- 
lientemente peleando  y  esforzando  la  gente  como 
muy  buen  caballero  ;  y  con  tan  grande  ímpetu  lle- 
garon á  pelear  con  los  moros  con  esa  poca  gente 
que  tenían ,  esforzando  los  suyos  y  peleando  tan  ani- 
mosamente ,  que  la  primera  batalla  de  los  moros  fué 
rompida,  y  en  aquella  entrada  Don  Rodrigo  Ponco 
fué  m  al  herido  en  el  brazo  derecho ,  pero  no  como 
mozo,  mas  como  veterano  caballero  mucho  mas  se 
esforzó  á  pelear  y  esforzar  los  suyos,  en  tal  manera 
que  los  moros  fueron  vencidos  por  el  esfuerzo  y  vir- 
tud destos  caballeros,  y  asi  el  Rey  de  Granada  con 
muy  pocos  fué  huyendo,  y  los  moros  por  diversfiS 
partes  recibieron  gran  daño ;  y  mucho  mayor  lo  re- 
cibieran, si  la  noche  no  les  ayudara.  Y  en  tanto  que 
estas  cosas  se  facían ,  Audalla  Ambian  corría  el 
campo  de  Ecija  ,  donde  por  fierro  mas  de  trecientos 
hombres  mató  y  muchos  mas  matara,  si  la  gente  de 
caballo  de  Ecija  no  saliera ;  y  allende  desto  otro 
mayor  daño  entonces  rescibieron  :  que  sobrevino  el 
Conde  de  Cabra  y  Martin  Fernandez  de  Córdoba, 
Alcayde  de  los  Donceles,  y  Martín  Alonso  de  Mon- 
temay or  con  mucha  gente  de  pié  y  de  caballo ,  y 
fueron  en  siguimicnto  del  Rey  de  Granada  por  las 
faldas  del  monto  donde  mataron  y  prendieron  mu- 
chos moros,  y  así  por  la  gracia  de, Dios  é  por  el  es- 
fuerzo de  los  caballeros  ya  dichos ,  el  Rey  de  Grana- 
da fué  vencido  ,  y  la  tierra  del  Andalucía  quedó  sin 
recibir  el  daño  que  esperaba. 

En  este  tiempo  yo  el  dicho  Mosen  Diego  estaba 
en  la  ciudad  do  Palencia  donde  tenia  la  goberna- 
ción de  la  justicia  por  el  Rey ;  y  conociendo  el 
desagrado  que  los  tres  Estados  destos  Reynos  te- 
nían de  BU  gobernación,  temiendo  lo  que  después 
acaescíó,  escrebí  á  Su  Alteza  la  siguiente  epístola: 

«Muy  alto  é  muy  ccelente  Príncipe,  podcroeo  Rey 
y  Señor ; 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


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nComo  todos  los  derechos,  así  positivos  como  na- 
turales ,  á  todo  vasallo  apremien  y  obliguen  á  decir 
verdad  á  su  Rey  y  Señor  natural ,  mayormente  en 
las  cosas  que  de  tal  calidad  son  que  podrían  traer 
daño  mengua  é  peligro  á  la  persona  Real  ó  al  bien 
común  de  sus  Reynos ;  yo  aunque  el  menor  do  vues- 
tros subditos ,  teniendo  mi  lealtad  en  el  precio  que 
debo ,  por  la  presente  determiné  de  declarar  á  vues- 
tra Alteza  algunas  cosas  á  su  servicio  cumplideras, 
aunque  no  es  duda  muchas  veces  haya  traido  daño 
álos  que  las  dicen.  Pues,  Illustrísimo  Príncipe,  á 
vuestra  Real  Majestad  suplico  no  quiera  haber  tur- 
bación en  lo  que  diré,  mas  con  ánimo  libre  lo  quie- 
ra mirar,  y  con  gran  discreción  remediar,  como  á 
tan  alto  Príncipe,  como  vos,  Señor,  sois,  conviene 
acordándoos  del  Cesar  á  quien  acaesció  que  como 
un  su  caballero  le  dixese  palabras  de  que  grande 
enojo  recibiese,  él  respondió  con  gran  paciencia: 
«  á  tus  palabras  debemos  risa ;  á  nuestros  yerros 
emienda.»  En  lo  que  diré  sea  menos  preciado  por  la 
poqueza  de  mi  estado  ó  mengua  de  autoridad,  ha- 
biendo memoria  de  Séneca ,  que  dice :  «jno  te  mueva 
la  autoridad  del  que  f abla  ni  quien  es ,  mas  lo  quo 
dice  entiendo»;  ni  haga  á  vuestra  Alteza  tan  ciega  ó 
loca  osadia  yo  f ablar  en  cosas  tan  altas ,  que  me 
acuerdo  ser  hombre  y  vuestro  vasallo  y  no  tengo  ol- 
vidado á  Terencio  que  dice:  «hombre  so;  de  las 
cosas  humanas  ninguna  pienso  ser  agena  de  mi.» 
Pues,  Príncipe  muy  esclarescido,  es  así  quo  muchos 
de  los  grandes  de  vuestros  Reynos ,  y  porque  mas 
verdad  diga,  la  mayor  parte  do  los  tres  Estados 
dellos  son  de  vos  mal  contentos  por  las  cosas  si- 
guientes :  la  primera,  porque  para  la  gobernación 
de  tan  grandes  cosas  como  son  los  fechos  tocantes 
á  la  guerra  y  gobernación  destos  Reynos ,  de  todos 
Be  ficiese  poca  mención  y  si  alguna  parece  facerse, 
no  se  rescibe  consejo  de  quien  se  debía ;  la  segunda 
la  forma  que  tenéis  en  el  dar  de  las  dinidades,  así 
eclesiásticas  como  seglares,  que  dicen,  Señor,  quo 
las  dais  á  hombres  indinos,  no  mirando  servicios, 
virtudes,  linajes,  ciencias  ni  otra  cosa  alguna, 
salvo  por  sola  voluntad,  y  lo  que  peor  es,  quo  so 
afirma  que  las  dais  por  dinero ,  lo  qual ,  quanta  in- 
famia sea  á  vuestra  persona  Real ,  á  vuestro  claro 
juicio  asaz  ha  de  ser  manifiesta ;  tercera ,  por  el 
grande  apartamiento  vuestro,  no  queriendo  oír  á 
los  que  con  grande  necesidad  ante  vuestra  Alteza 
vienen;  quarta,  por  ser  todos  comunmente  mal  pa- 
gados de  lo  que  en  vuestros  hbros  han ;  quinta ,  y 
no  menos  principal ,  que  todos  los  pueblos  á  vos  su- 
jetos reclaman  á  Dios  ,  demandando  justicia  como 
no  la  hallan  en  la  tierra ,  y  dicen  como  los  corre- 
gidores sean  ordenados  para  facer  justicia  y  dar  á 
cada  uno  lo  ques  suyo;  que  los  mas  de  los  que  hoy 
tales  oficios  ezercen  son  hombres  imprudentes ,  es- 
candalosos ,  robadores  y  cohechadores ,  y  tales  que 
vuestra  justicia  públicamente  venden  por  dinero, 
sin  temor  de  Dios  ni  vuestro ,  y  aun  los  que  mas 
blasfeman  es  que  en  algunas  ciudades  é  villas  de 
vuestros  Reynos  vos  los  mandáis  poner,  no  los  ha- 
biendo menester  ni  seyendo  por  ellos  demandados, 


lo  qual  es  contra  las  leyes  de  vuestros  Reynos.  Pues 
con  ánimo  atento  oya  agora  vuestra  Alteza  mi  pa- 
recer, aunque  en  poder,  discreción  y  saber  sea  el 
menor  de  los  menores  de  vuestros  subditos;  en 
lealtad ,  amor  y  deseo  del  servicio  de  Dios  y  vues- 
tro y  bien  común  de  la  natural  tierra ,  sin  duda, 
Señor,  igual  del  mayor  de  los  mayores;  y.  Señor, 
todo  hombre  es  de  oír,  porque  el  espíritu  de  Dios 
donde  quiere  espira,  y  muchas  cosas  se  callaron 
por  algunos  grandes  varones  que  so  dixeron  por 
otros  menores ,  y  como  el  filósofo  diga  que  las  co- 
sas contrarias  por  sus  contrarios  se  deban  curar, 
conviene  curarse  la  vieja  enfermedad  destos  Reynos 
con  todo  lo  contrario  que  hasta  aquí  se  ha  hecho; 
y  si  queréis,  Señor,  saber  quanto  vos  cumple  aques- 
te remedio  poner,  quered.  Señor,  en  los  tiempos  de 
la  ociosidad  las  antiguas  y  modernas  historias  leer, 
y  fallareis  que  por  muy  menores  causas  de  las  ya 
dichas  se  perdieron  grandes  Reynos  y  Príncipes, 
que  dexando  agora  de  mencionar  trece  Reyes  go- 
dos que  en  España  murieron  por  manos  de  sus  va- 
sallos por  su  mala  gobernación  ,  de  quien  el  Arzo- 
bispo Don  Rodrigo  face  mención  en  su  corónica, 
parece  por  la  corónica  de  los  Reyes  de  Francia  que 
el  Papa  Zacarías  privó  de  la  corona  del  Reyno  á 
Grifón,  hermano  de  Carlos  Martel,  y  puso  en  su 
lugar  á  Pepino  ,  padre  de  Cario  Magno ,  y  asolvió  á 
los  franceses  del  juramento  y  homenagc  que  áél  te- 
nían fecho,  como  se  nota  en  el  capítulo 

(1);  y  no  menos  acaesció  á  Federi- 
co, Emperador,  al  qual  quitó  la  corona  el  Papa  Ur- 
bano por  indino  de  tanta  dignidad  como  parece  por 
el  treceno  libro  déla  Historia  Teutónica,  y  si  que- 
remos agora  las  naciones  estrañas  poner  en  olvido, 
hayamos  memoria  del  Rey  Don  Fernando  de  Por- 
tugal ,  á  quien  fué  dado  coadjutor  para  la  goberna- 
ción del  Reyno  al  Conde  Dabelona,  su  hijo,  como 

parece  por  el  capítulo (2)  para 

lo  tomar;  y  si  todos  los  ya  dichos  en  olvido  pone- 
mos, no  debemos.  Señor,  olvidar  al  Rey  Don  Pe- 
dro, que  fué  quarto  abuelo  vuestro ,  el  qual  por  su 
dura  y  mala  gobernación  perdió  la  vida  y  el  Reyno 
con  ella.  Pues  no  plega  á  Dios  semejante  caso  de 
los  ya  dichos  á  vos.  Señor,  pueda  acontescor,  para 
lo  qual ,  Señor,  evitar  conviene  tomar  los  caminos 
contrarios  que  fasta  aquí  Devastes,  lo  qual ,  Señor, 
será  tan  ligero  á  vos  do  facer ,  quanto  á  ellos  os 
queráis  desponer.  Si  mas  osadamente  que  debo.  Se- 
renísimo Príncipe,  he  hablado,  vuestra  Majestad 
me  perdone ,  que  me  compelió  á  decir  lo  ya  dicho 
temor  do  ver  lo  que  nunca  acaesca.  De  Palencia 
á  XX  de  Junio  del  año  del  nacimiento  de  nuestro 
Redentor  de  mil  quatrocientos  sesenta  e  dos  años; 
suplicando  á  nuestro  Señor  que  asi  alumbre  vues- 
tro entendimiento  porque  á  su  servicio  en  paz  y 
concordia  gobernéis  estos  Reynos  que  por  él  vos  fue- 
rou  encomendados. 

(1)  Esta  cita  está  tan  mal  indicada  en  el  origina!,  que  no  es 
posible  adivinar  lo  que  se  lia  querido  decir. 

(2)  Aquí  ocurre  la  misma  dificultad ;  se  ven  unas  abreviaturas 
ininteligibles. 


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CRÓNICAS  DE  LOS 


CAPITULO  XXI. 


[)e  la  f  rma  en  que  la  ciudad  de  Gibraltar  se  tomó  á  los  moros,  y 
de  lus  debates  que  sobre  esto  soa  entre  el  üuque  Don  Juan  de 
Guzman  y  el  Conde  de  Arcos  Don  Juan  Ponce  deLeon. 

Eq  un  (lia  del  mes  de  Agosto  del  dicho  año  acaes- 
ció  que  un  moro  vecino  de  Gibraltar  llamado  Alí  el 
Curro,  se  vino  á  la  villa  do  Tarifa  y  se  tornó  Chris- 
tiano;  el  qual  fabló  con  el  Alcayde  de  aquella  villa, 
que  se  llamaba  Alfonso  de  Arcos,  y  le  mostró  como 
pudiese  facer  una  entrada  á  los  moros  de  aquella 
cibdad,  y  de  tal  manera  se  lo  dixo,  que  conocieron 
ser  cosa  f acedera  ,  y  luego  fabló  con  algunos  de  los 
de  la  villa  y  les  dixo  lo  que  aquel  tornadizo  que  ya 
se  llamaba  Diego  el  Curro  le  liabia  dicho,  y  concor- 
dó con  ellos  de  lo  ir  poner  en  obra ;  é  ayuntó  ochen- 
ta de  caballo  y  ciento  y  cinquenta  peones,  y  fuese 
para  Gibraltar;  y  repartiólos  por  la  forma  que  Die- 
go el  Curro  le  habia  dado  y  mostrado;  y  salieron  de 
la  ciudad  tres  moros  atajadores  y  fueron  luego  pre- 
sos y  puestos  al  tormento,  y  confesaron  que  todos 
los  principales  de  la  ciudad  eran  idos  á  Málaga  por 
recebir  un  Rey  que  se  llamaba  Muley  Mahomad, 
que  de  Castilla  habia  entrado  con  docientos  de  ca- 
ballo con  favor  del  Rey  Don  Enrique  ;  ó  que  en  la 
ciudad  quedaba  muy  poca  gente,  y  el  principal  era 
Mahomad  Caba  ;  y  Diego  el  Curro  dixo  al  Alcayde: 
«Señor,  ya  vedes  lo  que  estos  moros  dicen :  la  ciu- 
dad es  muy  grande ,  y  está  ansí  despoblada,  y  creo 
que  ei  buen  recaudo  se  pone,  será  muy  ligera  de  to- 
mar ;  y  es  cierto  que  si  en  ella  gente  oviera,  alguno 
oviera  salido ;  y  pues  nuestro  Señor  vos  ha  fecho 
tanta  gracia  de  ser  vencido  en  tal  tiempo ,  debes 
ordenar  que  los  chistianos  de  la  comarca  vengan 
á  la  tomar.  Al  Alcaide  le  páreselo  bien  lo  que  Die- 
go el  Curro  decia,  y  luego  escrebió  á  la  ciudad  de 
Xorez  y  á  todas  las  villas  de  la  frontera  y  al  Conde 
Don  Juan  Ponce  de  León  que  estaba  en  Marchena 
y  á  Don  Juan  de  Guzman,  Duque  de  Medina  Sido- 
nia,  que  estaba  en  Sevilla  ;  y  los  que  primero  vinie- 
ron fueron  las  gentes  de  las  villas  de  Arcos  y  Me- 
dina y  Bejel  y  Alcalá  de  los  Ganzules  y  Castellar;  y 
otro  dia  siguiente  llegó  allí  el  pendón  de  Xerez  con 
quatro  cientos  de  caballo  y  muchos  peones ,  é  Gon- 
zalo de  Avila  con  él ,  que  era  buen  caballero  y  tenía 
el  corregimiento  de  aquella  ciudad ;  y  quando  la 
gente  de  Xerez  llegó,  ya  habían  combatido  la  ciu- 
dad la  gente  do  los  dichos  lugares  por  muchas  par- 
tos ;  y  por  la  parto  de  la  mar  combatieron  gentes 
de  algunos  navios  que  entonces  allí  se  hallaron ,  de 
los  quales  algunos  fueron  muertos,  y  otros  f crides, 
y  dos  barcos  tomados  por  los  moros ;  y  acabado  este 
combate,  estuvieron  en  gran  división  los  christia- 
nos,  porque  unos  decian  que  se  debían  partir  de  allí 
pues  los  moros  también  se  defendían  y  ellos  habían 
rcscobido  asaz  daño ;  otros  decian  ser  vergonzosa 
cosa  pues  tanta  gente  allí  estaba  y  esperaban  muy 
gran  socorro;  ó  Diego  el  Curro  dixo  que  traían  muy 
mal  consejo  haberse  de  levantar  de  allí  teuieudo  la 
gente  que  allí  estaba  y  esperando  el  socorro  que  ha- 


REYES  DE  CASTILLA. 

bian  llamado,  y  quél  era  cierto  que  tornando  á  com- 
batir la  ciudad,  sin  ninguna  duda  se  tomaría  ;  y 
estando  en  este  debate,  un  moro  salió  de  la  ciudad 
y  se  vino  á  los  christianos,  y  les  dixo  como  los  mo- 
ros estaban  muy  temerosos  de  habur  otro  combate, 
porque  en  la  ciudad  habia  muy  poca  gente  y  desa 
que  era  en  el  combate  del  dia  pasado,  eran  algunos 
muertos,  y  otros  asaz  heridos,  con  la  qual  nueva  los 
christianos  fueron  mucho  alegres;  y  como  en  la  ciu- 
dad fué  sabido  este  moro  ser  salido  creyendo  que 
diría  la  necesidad  en  que  estaban ,  acordaron  de  de- 
mandar habla  con  los  Alcaydes ,  y  sacaron  ciertos 
capítulos  ordenados  ;  en  los  quales  se  contenia  que 
dándoles  libertad  de  sus  personas  y  de  sus  mujeres 
y  fijos ,  y  que  pudiesen  ir  libremente  con  todos  sus 
bienes  al  Reyno  de  Granada  y  que  le  pagasen  por 
su  valor  todo  lo  que  no  pudiesen  llevar,  así  do  man- 
tenimientos como  de  otras  cosas,  que  ellos  darían 
la  ciudad  y  fortaleza,  y  les  diesen  de  plazo  quatro 
días  para  facer  sus  líos  y  ataviar  sus  faciendas.  Y 
los  Alcaydes  respondieron  que  algunos  dellos  eran 
del  Rey,  y  los  otros  eran  de  los  dichos  Señores  Du- 
que y  Conde,  y  que  no  podían  facer  ningún  asiento 
y  por  esta  respuesta,  de  que  los  moros  fueron  no 
bien  contentos ,  se  volvieron  á  la  ciudad.  Y  estando 
las  cosas  en  este  estado,  Don  Rodrigo  Ponce  de 
León  llegó  cerca  de  la  ciudad  con  trecientas  lanzas, 
que  venía  á  más  andar,  dexando  al  Conde  su  padro 
en  la  ciudad  de  Arcos ,  porque  venía  flaco  y  no  pudo 
tanto  andar ;  y  el  Alcayde  y  gente  de  la  ciudad  de 
Arcos,  como  supieron  la  venida  de  Don  Rodrigo» 
salieron  del  Real  á  se  juntar  con  él ,  en  manera  que 
llevaba  en  su  batalla  quatrocientos  y  cinquenta  de 
caballo  ;  y  ante  que  Don  Rodrigo  llegase  á  la  ciu- 
dad, salieron  á  lo  rescebir  sin  gente  los  Alcaydes  y 
Caballeros  que  allí  estaban:  al  qual  ficieron  relación 
de  todo  lo  pasado,  y  Don  Rodrigo  determinó  de  lle- 
gar á  la  puerta  de  la  ciudad  por  ver  la  dispusicion 
della ;  y  como  los  moros  de  la  ciudad  vieron  aque- 
lla gente,  dieron  voces  por  saber  quien  eran;  y  como 
les  fué  dicho  que  era  Don  Rodrigo  Ponce  de  León, 
hijo  mayor  del  Conde  de  Arcos,  plúgoles  mucho, y 
enviáronle  á  demandar  seguro  para  fablar  con  él,  y 
él  se  lo  envió  por  la  venida  y  estada  y  vuelta  á  la 
ciudad ;  y  luego  salieron  Mahomed  Caba  y  otros 
cuatro  de  los  más  principales  y  le  dixeron:  «Señor 
á  nuestro  Señor  ha  placido  que  esta  ciudad  sea  ve- 
nida en  tan  gran  necesidad,  que  vos  la  hayamos  de 
dar,  lo  qual  haremos  otorgándonos  los  capítulos  que 
á  los  caballeros  que  ante  de  vos  vinieron  demanda- 
mos »  ;  y  Don  Rodrigo  respondió:  «Yo  he  visto  es- 
tos capítulos,  los  quales  no  puedo  otorgar,  porque 
el  Conde  mi  Señor  y  mi  Padre  será  aquí  esta  noche 
ó  mañana  á  comer ;  y  asi  mismo  Don  Juan  de  Guz- 
man, Duque  de  Medina  Sidonia  que  son  parientes  y 
amigos  y  confederados ,  y  es  razón  que  ambos  á  dos 
resciban  la  honra  de  la  tomada  desta  ciudad.  E  yo 
pediré  por  merced  álos  dichos  Señores  que  losquie- 
rau  otorgar  esto  que  demandáis :  por  eso  volveos  á 
la  ciudad,  y  si  acordáremos  de  combatilla  y  tomalla 
por  fuerza  no  estéis  con  fianza  de  mi  seguro,  que 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


27 


no  fué  para  más  de  para  hablar  conmigo » ;  y  con 
esta  respuesta  los  moros  se  volvieron  muy  tristes  á 
la  ciudad ;  y  como  Don  Rodrigo  se  volvió  por  el  ca- 
mino del  Real ,  los  caballeros  de  Xerez  no  fueron 
con  él,  antes  se  volvieron  á  la  ciudad ;  y  Gonzalo 
de  Avila  habló  con  Mahomad  Caba  diciéndole  que 
bien  habia  entendido  aquellas  palabras  que  Don  Ro- 
drigo le  habia  dicho ;  el  qual  era  caballero  que  se 
andaba  á  ganar  honra,  y  que  viniendo  el  Conde 
fuese  cierto  que  combatirían  la  ciudad  y  la  toma- 
rían por  fuerza,  y  serian  cativos  ellos  y  sus  mujeres, 
y  quel  remedio  desto  era*  que  le  diesen  aquella  puer- 
ta y  las  otras  de  allá,  y  quél  y  los  caballeros  que  allí 
estaban  la  defenderian  y  meterían  dos  mil  hombres 
que  allí  tenía  de  Xerez,  y  él  compliria  con  ellos  todo 
lo  que  habían  demandado.  Y  con  esta  fabla  los  mo- 
ros fueron  tan  atemorizados,  que  no  les  quedó  es- 
fuerzo ni  razón,  é  abrieron  luego  las  puertas.  Y  los 
caballeros  de  Xerez  descabalgaron  para  entrar,  y 
como  Don  Rodrigo  iba  cerca  y  sintió  lo  que  los  ca- 
balleros de  Xerez  hacían ,  volvió  las  riendas  á  su  ca- 
ballo, y  vino  á  espuela  hita  con  toda  la  gente  que 
traia,  y  llegó  tan  presto  que  pudo  entrar  en  la  ciu- 
dad antes  que  los  caballeros  de  Xerez  so  pudieron 
della  apoderar;  y  en  muy  poco  espacio  tomó  las 
torres,  y  mandó  poner  su  bandera  sobre  la  puerta  y 
los  moros  fueron  f uyendo  hacia  la  fortaleza ;  y  la 
gente  de  Don  Rodrigo  firió  y  mató  algunos  dellos, 
y  prendieron  algunos ,  y  tomaron  muchos  líos  y  jo- 
yas y  apoderáronse  de  toda  la  ciudad  ;  y  Don  Ro- 
drigo fizo  poner  estancias  contra  la  fortaleza,  por- 
que los  moros  no  pudiesen  salir  á  hacer  daño  en  los 
christianos  ;  y  esto  ansí  fecho  los  caballeros  de  Xerez 
con  toda  la  gente  del  real  se  vinieron  para  la  puer- 
ta de  la  ciudad  y  pedieron  por  merced  á  Don  Rodri- 
go que  les  diese  lugar  de  entrar,  pues  habían  mu- 
cho trabajado  y  habia  habido  malas  noches  en  el 
campo  ;  y  á  Don  Rodrigo  plugo  dello,  y  mandóles 
abrir  las  puertas,  y  entraron  todos,  é  aposentáronse; 
y  luego  enviaron  á  demandar  albricias  al  Rey,  y 
otros  á  Sevilla  y  á  Córdoba,  y  á  todos  los  lugares  co- 
marcanos. Y  como  esta  nueva  llegó  al  Duque,  con 
el  qual  venia  Don  Enrique,  su  hijo,  y  Don  Pedro  do 
Estúñiga,  su  hierno,  por  el  camino  donde  venía, 
anduvo  quanto  pudo ,  y  envió  dos  caballeros  de  su 
casa ,  llamado  el  uno  Rodrigo  de  Ribera,  y  él  otro 
Pero  Suarez  á  Don  Rodrigo ,  faciéndole  saber  el  pla- 
cer que  habia  habido  de  la  vítoria  que  Dios  le  había 
dado,  rogándole  afectuosamente  que  le  pluguiese 
sobreseer  en  la  tomada  de  la  fortaleza  fasta  que  lle- 
gase; y  los  dichos  caballeros  quando  llegaron  con 
esta  embaxada,  hallaron  á  Don  Rodrigo  á  la  puerta 
de  la  fortaleza ;  el  qual  la  demandaba  á  los  moros  ; 
y  como  los  moros  estuviesen  muy  temerosos,  res- 
pondieron que  les  placía  de  se  la  dar.  Y  oída  la  em- 
baxada del  Duque  Don  Rodrigo,  respondió  á  su«j 
embaxadores  que  como  quiera  que  la  fortaleza  se  le 
daba,  como  ellos  veiau,  que  á  él  placía  de  sobreseer 
fasta  que  el  Duque  viniese ;  y  luego  mandó  cabal- 
gar fasta  cinquenta  lanzas ,  con  las  quales  salió  á  lo 
recebir,  y  desque  ee  ovieron  fablado,  Don  Rodrigo 


le  recontó  todas  las  cosas  pasadas  desde  que  allí  ha- 
bia venido,  y  como  el  Conde  su  padre  le  había  man- 
dado que  así  ficíese  el  querer  y  mandado  suyo  como 
de  su  propia  persona  ;  y  por  esto  como  quiera  que 
la  ciudad  se  le  daba ,  luego  como  á  ella  llegó,  él  no 
la  quiso  rescebir,  esperando  la  venida  suya  y  del 
Conde  su  padre ;  y  habíase  ofrescido  caso  en  que 
ovíese  de  tomarla,  como  la  tomó,  y  que  le  pedia  por 
merced  que  le  pluguiese  sobreseer  en  la  tomada  del 
castillo  fasta  la  venida  del  Conde  su  padre  ,  lo  qual 
le  ternía  en  merced  porque  todos  oviesen  parte  de 
la  honra,  lo  qual  entre  ellos  así  quedó  concertado;  y 
como  en  el  punto  que  Don  Rodrigo  entró  en  la  ciu- 
dad escrebió  al  Conde  su  padre  la  forma  en  que  la 
habia  tomado,  el  Conde  envió  la  mesma  carta  al  Rey 
por  la  qual  fué  sabido  de  la  tomada  de  Gibraltar 
ante  que  de  otra  persona ,  de  que  el  Rey  ovo  gran 
placer  y  todos  los  que  lo  supieron ,  y  quedando  fe- 
cho el  asiento  ya  dicho,  el  Duque  secretamente  en-- 
vió  aquella  noche  á  hablar  con  los  moros  á  Martin 
de  Sepúlveda,  haciéndoles  saber  que  si  más  espera- 
sen, que  todos  serian  cativos  y  sus  bienes  tomados, 
y  que  si  le  diesen  la  fortaleza,  que  él  los  f aria  libres 
con  todas  sus  faciendas;y  á  los  moros  plugo  desto, 
y  le  respondieron  que  se  lo  tenían  en  mucha  mer- 
ced ;  y  concertó  con  ellos  que  otro  día  de  mañana 
enviasen  á  decir  de  la  fortaleza  al  Duque  y  á  Don 
Rodrigo  que  les  diesen  seguro  para  quatro  moros 
que  querían  f ablar  con  ellos ,  el  qual  seguro  so  les 
dio,  y  venidos  Mahomad  Caba  y  con  él  otros  cinco 
moros,  dieron  una  carta  que  se  creia  el  Duque  haber 
mandado  ordenar  la  noche  de  antes,  por  la  qual  le 
facían  saber  que  ellos  y  los  moros  que  en  la  fortale- 
za estaban  la  tenían  tan  bien  proveída,  que  la  po- 
dían bien  defender  por  algún  tiempo ;  pero  que  por 
reverencia  del  Duque  y  por  haber  sido  muerto  el 
Conde  de  Niebla,  su  padre,  en  aquella  ciudad,  les 
placía  de  entregar  á  él  aquella  fortaleza,  y  no  á 
otra  persona  alguna;  á  lo  qual  Don  Rodrigo  con 
mucho  enojo  respondió :  que  lo  que  los  moros  decían 
no  había  lugar  porque  era  cierto  que  desque  la  (du- 
dad se  tomó,  la  fortaleza  estaba  tomada,  y  por  ellos 
mesmos  se  la  daban  si  la  él  quisiera  recebir;  y  que 
le  pedia  por  merced  no  quisiese  ir  contra  lo  asenta- 
do, quel  Conde  su  padre  vendría  á  más  tardar  esa 
noche  y  que  pues  en  esperar  no  habia  inconvíniente 
alguno,  le  pluguiese  que  la  toma  de  la  fortaleza  se 
detuviese  por  la  venida  del  Conde.  El  Duque  res- 
pondió que  él  habia  de  dar  quenta  al  Rey  de  aquel 
caso,  y  que  si  algún  inconviníente  ovíese  en  no  to- 
mar la  fortaleza ,  se  le  podría  de  ello  seguir  gran  in- 
convíniente y  daño ;  y  con  esto  dióse  orden  entre 
ellos  que  las  banderas  de  ambos  á  dos  viniesen  con 
cada  cien  escuderos  á  pié,  y  juntas  las  pusiesen  en 
la  fortaleza  y  con  la  del  Duque  que  iba  Martin  de 
Sepúlveda  y  con  la  de  Don  Rodrigo  Don  Diego,  su 
hermano;  y  el  Duque  y  Don  Rodrigo  fueron  á  caba- 
llo ,  y  como  las  banderas  entraron  en  la  fortaleza, 
un  moro  demandó  la  bandera  del  Duque  y  dexabán 
la  de  Don  Rodrigo,  de  lo  qual  Don  Rodrigo  ovo  tan 
grande  enojo  que  puso  mano  á  la  espada  y  dio  un 


28 


CBÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


golpe  al  Alférez  del  Duque  en  el  brazo  ,  que  le  fizo 
derribar  la  bandera  en  el  suelo,  de  lo  qual  el  Duque 
ovo  grande  enojo,  y  dixo  á  Don  Rodrigo  que  le  ro- 
gaba que  en  aquello  no  oviese  mas.  Y  mandó  su- 
bir las  banderas  juntas  ambas  á  dos,  y  luego  entró 
la  gente  de  los  dichos  Señores  y  se  apoderaron  de 
la  fortaleza  y  torres  de  ella ;  y  el  Duque  mandó  que 
pocos  á  pocos  viniesen  á  la  fortaleza  muchos  de  los 
suyos,  diciendo  que  venían  por  la  mirar,  y  desque  ee 
fallaron  dentro  bien  ducientos  del  Duque,  allende 
de  los  ciento  que  primero  entraron ,  comenzaron  á 
se  apoderar  de  la  torre  del  homenaje  y  de  las  otras 
principales  torres  de  la  fortaleza ,  lo  qual  Don  Die- 
go envió  á  facer  saber  á  Don  Rodrigo,  pidiéndole 
por  merced  le  enviase  á  mandar  lo  que  ficiese ,  y 
Don  Rodrigo  cabalgó  y  fuese  para  la  fortaleza  y 
fabló  con  Don  Diego  ;  y  sabido  todo  el  caso,  mandó- 
le que  tomase  la  bandera  y  con  toda  la  gente  que 
aUí  tenía,  dexase  la  fortaleza  y  se  viniese  á  su  apo- 
sentamiento ;  lo  qual  Don  Diego  puso  así  en  obra 
de  lo  que  todos  los  que  lo  vieron  ovieron  gran  des- 
placer, porque  temieron  los  inconvinientes  que  de 
aquellos  podrian  nascer ,  como  después  por  la  obra 
páreselo.  De  lo  qual  el  Duque  mostró  desplacer,  y 
envió  á  decir  á  Don  Rodrigo  que  se  maravillaba  del 
y  que  no  sabia  la  causa  ni  porque  había  mandado 
sacar  su  bandera  de  la  fortaleza,  y  venirse  su  gente 
que  en  eUa  estaban ;  á  lo  qual  Don  Rodrigo  respon- 
dió que  no  era  necesario  dar  la  causa,  pues  él  muy 
bien  la  conocía;  lo  qual  él  no  pudiera  pensar  ni  creer 
si  por  obra  no  lo  viera,  y  que  no  queria  que  desqucl 
Conde  su  padre  viniese ,  hallase  su  bandera  y  su 
gente  debaxo  de  la  mano  de  la  gente  del  Duque.  Y 
esto  ansí  pasado ,  Don  Rodrigo  supo  como  el  Conde 
venia  y  saliólo  á  rescebir ;  y  como  quier  que  el  Du- 
que supo  bien  de  su  venida  y  oyó  sus  trompetas,  no 
salió  á  él ;  y  Don  Rodrigo  fizo  relación  al  Conde  de 
todo  lo  pasado ,  y  después  de  ser  el  Conde  aposen- 
tado y  haber  cenado ,  el  Conde  quiso  haber  consejo 
con  Don  Rodrigo  y  con  los  otros  caballeros  princi- 
pales suyos ,  que  allí  estaban,  de  lo  que  debia  facer; 
y  el  parecer  de  Don  Rodrigo  fué  que  pues  el  Conde 
veía  las  formas  que  el  Duque  en  aquel  caso  había 
tenido,  y  como  no  había  guardado  el  amistad  y  con- 
federación que  con  él  tenia,  y  había  mostrado  claro 
el  enemistad  en  no  quererlo  salir  á  recebír,  le  pare- 
cía que  toíla  cosa  debía  de  facer  contra  él  sin  re- 
proche alguno ;  y  la  venganza  de  esto  se  podía  muy 
ligeramente  tomar  si  á  él  le  placía,  porque  la  posa- 
da del  Duque  era  muy  cerca  de  allí  y  «vos,  Señor, 
dixo  ,  tenéis  aquí  mil  hombres  muy  buenos  y  bien 
apercebidos ,  con  los  quinientos  de  los  quales  yo  iré 
á  su  posada  y  le  prenderé  ó  mataré,  y  los  otros  qui- 
nientos quedarán  con  vuestra  Señoría.  A  lo  qual  el 
Conde  respondió  alegremente  que  le  placía  de  lo 
que  decia  ;  pero  que  le  parecía  que  no  se  debia  fa- 
cer; porque  de  rompimiento  en  aquel  lugar  se  podria 
seguir  gran  deservicio  á  Dios  y  al  Rey;  y  pues  eran 
vecinos,  tiempos  vendrían  en  que  pudiesen  emen- 
dar, y  con  este  consejo  concordaron  Suero  Vázquez 
de  Hoscoso  y  Juan  Alonso  de  Mesa;  y  con  esto  cesó 


de  se  poner  en  obra  el  propósito  de  Don  Rodrigo ; 
y  estas  cosas  ansí  pasadas,  el  Duque  envió  á  rogar 
al  Conde  que  cabalgase  con  quatro  ó  cinco  y  se  sa- 
liese á  una  plaza  que  era  cerca  de  In?  posadas  de 
ambos  á  dos,  y  el  Conde  lo  fizo  así  y  el  Duque  co- 
menzó ase  disculpar  de  las  cosas  pasadas,  rogándole 
que  se  diese  medio  el  que  convenía  para  lahonra  de 
ambos  á  dos,  pues  que  los  moros  habían  querído  dar 
á  él  aquella  fortaleza,  habiendo  respeto  á  ser  muer- 
to en  aquella  ciudad  el  Conde  Don  Enrique  su  pa- 
dre, é  que  á  él  le  pluguiese  dello;  y  que  para  dar  el 
medio  que  convenia,  se  diesen  quatro  caballeros, 
dos  de  cada  parte,  y  quel  estaría  por  lo  quellos  sen- 
tenciasen. A  lo  qual  el  Conde  respondió  que  en  esto 
no  había  lugar,  porque  según  las  cosas  pasadas  si 
Don  Rodrigo  quisiera  no  obedecer  el  mandado  su- 
yo, en  facer  todo  lo  que  él  quisiese  ,  que  él  pudiere 
haber  bien  tomado  la  fortaleza,  como  el  Duque  Bo- 
bía,  y  que  por  esto  no  le  parescia  que  pudieso 
haber  buen  medio  en  este  caso  ;  y  sobre  esto  pasa- 
ron entrellos  algunas  palabras  de  enojo,  pero  hones» 
tamente ,  y  así  se  partieron ,  y  cada  uno  dellos  se 
fué  á  su  posada  ;  y  otro  día  el  Conde  y  Don  Rodri- 
go se  partieron  de  la  ciudad  con  toda  su  gente,  y 
asentaron  su  real  en  Guadiaro,  ques  cerca  de  la  ciu- 
dad ;  y  el  Conde  envió  á  decir  al  Duque  que  lo  es- 
peraba en  aquel. campo  do  le  faría  conocer  el  error 
que  había  fecho  en  haber  quebrantado  su  amistad  y 
alianza  en  la  forma  que  á  todos  era  jiotoria.  Y  el 
Conde  estubo  allí  tres  dias;  en  el  qual  tiempo  el 
Duque  no  vino  ni  respondió  cosa  alguna,  y  el  Conde 
se  partió  para  Sevilla,  y  desde  allí  siempre  queda- 
ron resabiados  y  se  siguieron  entrellos  muy  grandes 
contiendas  y  muertes  y  daños.  Y  sabido  por  el  Rey 
todo  el  caso ,  envió  á  mandar  al  Duque  so  grandes 
penas  que  luego  entregase  la  ciudad  de  Gibraltar  y 
su  fortaleza  á  Pedro  de  Porras,  natural  de  Córdoba, 
criado  suyo ,  al  qual  el  dio  el  alcaydia.  Y  visto  el 
mandamiento  del  Rey  y  sabido  como  habia  man- 
dado provisiones  para  el  Conde  y  para  todas  las  ciu- 
dades é  villas  del  Andalucía,  que  le  diesen  favor  y 
ayuda  para  tomar  aquella  ciudad  si  el  Duque  no  la 
quisiese  entregar,  el  Duque  entregó  la  ciudad  y  for- 
taleza á  Pedro  de  Porras,  el  qual  la  tovo  algún 
tiempo  por  el  Rey,  el  qual  juró  de  nunca  enagenar 
de  la  Corona  Real  aquella  ciudad  y  fortaleza  el  con- 
trario de  lo  qual  no  muchos  dias  después  puso  en 
obra. 

CAPÍTULO  XXII. 

De  como  los  Hoyes  Luis  de  Francia  y  Don  Enrique  de  Castilla  se 
vieron  en  San  Jaan  de  Luz,  y  de  la  embaxada  del  Uey  de  In- 
glaterra en  este  tiempo  venida  al  Key  Don  Enrique. 

En  el  mes  de  Enero  del  año  de  nuestro  Redentor 
de  mil  y  quatrocíentos  y  sesenta  y  tres  años  se 
concertó  vista  de  los  Reyes,  estando  el  Rey  Don 
Enrique  en  Navarra ;  y  dexando  allí  al  Arzobispo 
de  Toledo  se  partió  para  Segovia ,  porque  las  cosas 
80  dilatasen  por  dos  meses  ;  y  Don  Alonso  de  Silva, 
que  después  fué  Conde  de  Cifucntes ,  haciendo 
guerra  á  Valencia  y  los  catalanes  y  barceloneees, 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


id 


ofrecían  al  Arzobispo  grandes  dádivas  de  oro  y 
plata  porque  los  f avoresciese ,  la  qual  no  pudieron 
con  él  acabar  y  comenzaron  luego  mover  otras  co- 
sas nuevas.  En  este  tiempo  embaxadores  de  Duar- 
te,  hijo  del  Duque  de  Yorca,  que  ya  se  llamaba  Rey 
de  Inglaterra,  menospreciando  á  Enrique ,  que  an- 
tes del  fué  Rey,  vinieron  al  Rey  Don  Enrique  en  la 
ciudad  de  Burgos  demandando  perpetua  amistad 
suya,  como  en  el  tiempo  del  Rey  Don  Pedro  se  te- 
nia, la  qual  amistad  parescia  ser  muy  provechosa 
á  las  dos  partes.  Y  como  el  Rey  Don  Enrique  tu- 
viese gran  odio  al  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  á 
quien  el  Rey  Luis  de  Francia  parescia  entonces  fa- 
vorescer,  oida  la  embaxada  de  los  Ingleses  tovo 
suspensa  la  respuesta,  hasta  ver  como  sucedía  la 
fabla  con  el  Rey  de  Francia ;  y  mostró  placerle  mu- 
cho de  la  amistad  del  Rey  de  Inglaterra ;  pero  puso 
algunas  limitaciones  y  condiciones  tales  á  que  con- 
venía respuesta  del  Rey  de  Inglaterra,  porque  en 
este  medio  tiempo  so  conociese  lo  que  mas  le  con- 
venía facer.  Y  en  el  mes  do  Marzo  del  mesmo  año 
el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Marqués  de  Villena  so 
fueron  á  Bayona,  donde  vinieron  el  Maestre  de  Mon- 
tosa Don  Luis  del  Puche,  y  Mosen  Pierres  de  Peral- 
ta, ya  Condestable  de  Navarra,  para  que  en  uno  en- 
tendiesen en  las  cosas  de  Cataluña  y  de  Navarra  y 
en  todas  las  otras  contiendas  en  quel  Rey  de  Fran- 
cia había  de  intervenir;  y  la  Reyna  Doña  Juana, 
muger  del  Rey  de  Aragón,  á  quien  era  dado  poder 
del  Rey  su  marido  para  en  todo  determinar,  traba- 
jaba con  todas  sus  fuerzas  por  guardar  la  honra  de 
su  marido,  y  así  la  porfiaban  y  acrecentaban  ;  pero 
al  ñn  parecióle  que  debía  todo  dexarlo  só  la  fe  del 
Roy  do  Francia ,  mayormente  como  viese  al  Arzo- 
bispo y  al  Almirante  estar  en  voluntad  de  se  partir 
de  Bayona  y  las  cosas  dañarse ;  pero  todavía  de- 
terminóse só  la  forma  siguiente,  es  á  saber:  quel 
Rey  Don  Enrique  se  dexase  de  favor escer  ni  ayu- 
dar á  los  barceloneses,  y  que  llamase  toda  la  gente 
que  en  Cataluña  y  en  Aragón  y  en  Valencia  facía 
guerra  por  su  mandado ,  y  que  en  Navarra  el  Rey 
Don  Enrique  tuviese  la  villa  d'Estella  con  su  tier- 
ra, y  que  la  Reyna  Doña  Juana  estubiese  en  la  villa 
de  Larago,  y  quel  Arzobispo  de  Toledo  la  guarda- 
se, y  quel  Rey  de  Aragón  nunca  demandase  los 
treinta  mil  florines  de  oro  quel  Rey  Don  Enrique 
era  obligado  de  le  pagar  perpetuamente  por  el  pa- 
trimonio y  rentas  que  en  el  Reyno  de  Castilla  había 
dexado.  El  Rey  de  Francia  llegó  á  San  Juan  de  Luz 
en  fin  del  mes  de  Abril,  y  con  él  el  Duque  de  Berri, 
BU  hijo,  y  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  el  Conde  de 
Fox,  y  un  fijo  suyo,  Príncipe  de  Navarra,  nieto  del 
Rey  de  Aragón,  y  el  Duque  de  Borbon  ,  y  el  Almi- 
raüte  de  Francia  ,  y  el  gran  Mariscal ,  y  otros  mu- 
chos nobles  caballeros  y  dos  Obispos;  losquales  to- 
dos venían  no  ricamente  guarnidoo.  El  Rey  Don 
Enrique  llegó  con  gente  muy  maravillosa  y  muy 
ricamente  ornada ;  é  iban  con  él  el  Marqués  de  Vi- 
llena  y  el  Maestre  de  Alcántara  y  los  Condes  de 
Santa  Marta  y  Osorno,  y  el  Mariscal  García  de  Aya- 
la,  é  Juan  de  Vivero,  que  después  fué  Vizconde  de 


Altamira,  y  el  Conde  de  Ledesma  Don  Baltasar  de 
la  Cueva,  entre  los  quales  esto  sobraba  á  todos  en 
riqueza ;  y  en  el  viage  este  hizo  mayor  despensa 
con  el  Arzobispo  de  Toledo.  Venían  muchos  nobles 
hombres  entre  los  quales  fueron  el  Conde  de  Ríba- 
deo,  Gómez  Manrique  y  Juan  de  Albornoz,  Señor  de 
Torralba  y  Beteta ;  y  los  Reyes  se  vieron  alegremen- 
te, y  hablaron  algún  poco  público,  y  todos  los  que 
eran  presentes  pensaron  que  desde  allí  la  paz  queda- 
ba perpetua  para  siempre  entrellos ;  pero  allí  el  Rey 
de  Francia  pareció  menospreciar  el  amistad  del  Du- 
que de  Borgoña,  por  respeto  de  la  qual  parescia  de- 
biese ayudar  al  Rey  de  Aragón ,  y  con  tiránica  vo- 
luntad menospreciando  la  convenencía  que  estaba 
entre  él  y  el  Rey  de  Aragón,  no  solamente  qxiiso 
ocupar  á  Perpífian,  mas  la  ciudad  de  Uñan,  y  todos 
los  lugares  del  Condado  de  Ruísellon,  lo  qual  el 
Rey  de  Aragón  no  pudo  sufrir ;  y  como  la  Reyna 
quedase  detenida  en  poder  del  Arzobispo ,  la  villa 
de  Estella  no  se  entregó  al  Rey  Don  Enrique,  y  las 
gentes  que  estaban  en  Cataluña  y  en  Aragón  y  en 
el  Reyno  de  Valencia  se  vinieron  en  Castilla,  y 
quedó  la  guerra  contra  los  de  Barcelona,  y  no  se 
perdió  la  esperanza  de  la  reconciliación  venidera 
por  los  casamientos  que  ya  eran  hablados,  que  Do- 
fia  Juana,  hija  del  Rey  de  Aragón,  casase  con  Don 
Alonso,  Príncipe  de  Castilla,  y  Doña  Isabel,  Infan- 
ta de  Castilla,  con  Don  Fernando,  Principe  do  Ara- 
gón. En  este  tiempo  ovo  gran  contienda  entre  los 
dos  Arzobispos  de  Santiago  y  de  Sevilla,  tío  y  so- 
brino de  un  mismo  nombre,  porque  con  la  gran  pri- 
vanza que  este  Arzobispo  viejo  de  Sevilla  Don  Alon- 
so de  Fonseca  ovo  con  el  Rey  Don  Enrique,  pu- 
do haber  el  arzobispado  de  Sevilla  para  su  sobrino, 
y  quedó  él  con  el  otro  de  Santiago,  lo  qual  él  fizo 
con  intención  de  llevar  las  rentas  de  ambos  á  dos 
estos  arzobispados.  Y  como  ya  estuviese  fuera  de 
la  privanza  que  solía,  y  le  fuese  dicho  por  algunos 
adevínos  á  quien  él  daba  mucha  fe ,  que  jamas  él 
no  tornaría  en  la  privanza  sino  tomaba  el  Arzobis- 
pado de  Sevilla,  para  esto  procuró  quel  sobrino 
oviese  el  Arzobispado  de  Santiago ,  y  él  retornase 
en  Sevilla,  lo  qual  como  fuese  al  sobrino  muy  mo- 
lesto, trabajó  quanto  pudo  por  quedar  en  Sevilla,  y 
ovo  entrellos  tan  gran  desconcordia,  que  della  se  si- 
guieron grandes  daños  y  males  en  la  ciudad  de  Sevi- 
lla y  en  otras  partes  destos  Reynos,  porque  el  Arzo- 
bispo viejo  era  mucho  desamado  del  pueblo ,  y  el 
nuevo  mucho  amado,  porque  en  el  tiempo  de  la  ca- 
restía había  dado  mucho  pan  á  la  ciudad,  y  habíase 
con  todos  muy  humana  y  graciosamente ;  y  el  viejo 
mandaba  cargar  su  pan ,  algunos  afirman  que  para 
tierra  di  moros,  otros  para  otras  diversas  partes ;  y 
con  todo  eso  el  sobrino,  como  fuese  hombre  de  gran 
conciencia  y  viese  grandes  daños  aparejados,  como 
quiera  que  pudiera  quedar  en  Sevilla  según  la  par- 
te que  en  ella  tenia  y  las  fuerzas  de  la  ciudad,  qui- 
so dar  lugar  al  tío  para  retornar  en  Sevilla,  y  él 
quedó  en  Santiago,  donde  rescíbió  grandes  trabajos 
y  peligros ,  y  aun  hoy  no  está  fuera  dellos.  En  el 
dicho  año  Don  Pedro  Girón,  Maestre  do  Calatrava, 


30 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ganó  de  ios  moros  la  villa  do  Archidona  por  indus- 
tria y  trabajo  del  buen  caballero  Luis  de  Pernia,  á 
lo  qual  ayudó  mucho  Don  Diego  de  Córdoba ,  Con- 
de de  Cabra,  el  qual  en  persona  vino  allí,  y  con  toda 
su  casa  estuvo  ende  á  sus  propias  espensas  fasta 
que  se  ganó. 

CAPÍTULO  XXIIL 

De  como  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  tomó  por  fuerza  de  ar- 
mas la  ciudad  de  Arcila  de  los  moros,  y  la  ciudad  de  Tanjar  por 
ellos  desamparada. 

Ovo  próspero  viento  Don  Alonso  de  Portugal,  y 
mandó  á  los  marineros  que  tomasen  la  via  de  Arcila, 
con  esperanza  de  la  haber,  como  el  Rey  Don  Juan 
su  abuelo  tomó  la  ciudad  de  Ceuta,  y  él  oviese  to- 
mado de  los  moros  la  villa  de  Alcázar  Saguer.   Y 
llegado  á  la  ribera,  fué  certificado  de  la  ciudad  ser 
saUda  alguna  gente  de  caballo  que  Mubixeque,  Rey 
de  Túnez,  habia  mandado  llamar ,  el  qual  por  trai- 
ción habia  muerto  al  Rey  su  Señor ,  y  habíase  apo- 
derado del  Reyno  ,  y  con  el  Rey  Don  Alonso  iban 
muchos  caballeros  castellanos  ;  y  como  los  portu- 
gueses sean  de  natura  muy  soberbios,  pensando  de 
ganar  el  mayor  honor  del  mundo ,  no  sabiendo  el 
puerto,  entraron  sin  orden,  donde  algunos  navios 
se  perdieron,  en  que  murieron  mas  de  trecientos 
portugueses ;  y  sin  duda  si  los  de  la  ciudad  gente 
de  caballo  tuvieran ,  el   Rey  do  Portugal  pudiere 
recibir  gran  daño ;  mas  como  todos  estuviesen  á  pié, 
y  oviesen  gran  temor  de  los  tiros  de  pólvora ,  no 
pudieron  defender  que  la  gente  de  la  flota  no  toma- 
se puerto  en  tierra,  y  así  el  Rey ,  y  no  con  muchos 
decendió  en  tierra  y  dio  muy  gran  priesa  en  man- 
dar asentar  las  lombardas,  y  en  mandar  armar  los 
trabucos  é  ingenios,  y  mandó  combatir  la  cibdad, 
como  ya  toda  la  gente  suya  estuviese  junta  y  los 
moros  muy  temerosos ,  y  en  al  no  pensasen ,  salvo 
en  defender  los  muros,  de  los  quales  en  el  primero 
combate,  que  fué  el  segundo  dia  que  allí  llegó,  una 
parte  fué  derribada,  y  por  allí  la  gente  del  Rey, 
puestas  escalas,  tomó  el  muro,  y  los  moros,  no 
esperando  remedio,  se  juntaron  todos  en   la  plaza 
con  pocas  armas  que  tenian.   Los  christianos ,  así 
castellanos,  de  que  muy  gran  parte  allí  habia,  como 
portugueses,  fueron  ferir  en  los  moros,  de  los  qua- 
les muy  gran  parte  allí  murió ;  y  como  uno  dellos 
viese  al  Conde  de  Marialba  ricamente  armado,  pen- 
sando que  fuese  el  Rey ,  tan  do  súpito  se  vino  para 
él,  que  ante  que  fuese  socorrido  el  Conde  fué  muer- 
to, lo  qual  fué  causa  que  ninguno  de  los  moros  que- 
dase á  vida,  salvo   los  mozos  y  mozas  y  niños.  Y 
luego  la  ciudad  fué  tomp.díi  ú  sacomano^  lo  qual 
acaesció  en  veinte  y  quatro  días  de  Agosto  del  año 
de  nuestro  Redentor  de  mil  y  quatrocientos  y  se- 
tenta y  un  años,  lo  qual  sabido  por  los  moros  de 
Tan  jar  teniendo  ciudad  muy  fuerte  y  bien  murada 
y  torreada,  concebieron  tan  gran  temor  del  caso 
acaescido  en  Arcila ,  que  desampararon  su  ciudad ; 
y  el  Rey  de  Portugal  dex^ndo  el  recaudo  que  debía 
en  Arcila,  se  partió  para  Tánjar,  y  como  la  hallase 


desamparada  y  sin  defensa,  ocupóla  y  puso  en  ella 
la  gente  y  pertrechos  y  vituallas  que  le  paresció 
bastar  para  su  defensa,  y  rescibió  só  tributo  los  lu- 
gares cercanos  de  aquellas  ciudades.  En  esta  ciu- 
dad de  Tánjar,  en  el  año  do  mil  é  quatrocientos  y 
treinta  y  siete  años ,  los  Infantes  Don  Enrique  y 
Don  Fernando,  tíos  deste  Rey  Don  Alonso  ,  ovie- 
ron  muy  adversa  fortuna,  queriendo  tomar  aquella 
ciudad  por  el  poco  saber  y  gran  soberbia  de  los 
portugueses  ;  é  allí  fueron  desbaratados,  y  fué  pre- 
so y  cativo  el  Infante  Don  Fernando  ,  y  fué  dexa- 
da  en  salvo  toda  la  otra  gente  é  así  yitorioso  este 
Rey  Don  Alonso,  con  gran  triunfo,  se  tornó  en  su 
tierra,  dexando  todos  los  castellanos  que  en  aquel 
caso  Je  hablan  bien  servido. 

CAPÍTULO  XXIV. 

De  como  el  Rey  acordó  de  dar  el  Maestrazgo  de  Santiago  al  Conde 
de  Ledesma  Don  Bcltran. 

En  este  tiempo,  las  Bullas  del  Maestrazgo  de  San- 
tiago para  Don  Beltran  de  la  Cueva  llegaron  á  Se- 
govia,  estando  ende  el  Rey  Don  Enrique,  donde  el 
Marqués  de  Villena  Don  Juan  Pacheco  trabajó  por- 
que no  se  lo  diesen  y,  quanto  no  pudo,  trabajó  por 
ajuntar  á  sí  todos  los  grandes  por  traer  en  efeto  la 
punición  y  castigo  del  Rey  y  de  sus  sequaces  como 
muchas  veces  se  habia  pensado,  los  quales  consin- 
tieron en  ello,  salvo  el  Marqués  de  Santillana  y  toda 
la  casa  de  Mendoza ;  el  qual  con  su  casa  seguró  al 
Rey  Don  Enrique;  y  luego  el  dicho  Marqués  de 
Villena  se  salió  de  Sogovia,  y  de  aquí  comenzaron 
las  revueltas  de  Castilla  que  se  dice  la  desampa- 
raron. 

CAPÍTULO  XXV. 

De  como  el  coronista  Alonso  de  Palencia  fué  enviado  en  Roma  por 
facer  saber  al  Sanio  Padre  la  dura  y  áspera  gobernación  que 
el  Rey  Don  Enrique  en  estos  Reynos  tenia,  y  de  la  deliberación 
del  Principe  Don  Alonso,  hermano  del  Rey  Don  Enrique,  y  de 
los  Jueces  que  fueron  puestos  para  entender  en  las  divisiones 
del  Reyno,  y  de  la  revocación  del  Maestrazgo  fecha  á  Don  Bel- 
tran de  la  Cueva. 

En  tanto  que  estas  cosas  se  facían,  Alonso  de 
Palencia,  coronista,  fué  enviado  á  Roma  por  facer 
saber  al  Santo  Padre  la  forma  que  el  Rey  Don  En- 
rique en  la  gobernación  destos  Reynos  tenia,  el  qual 
falló  ende  á  Pedro  de  Solis ,  protonotario  del  Papa, 
que  después  fué  obispo  de  Cáliz ,  procurador  del 
Rey  Don  Enrique  y  del  Marqués  de  Villena ,  cuyo 
criado  él  era,  y  Antón  de  Paz,  procurador  del  Conde 
de  Placencia,  y  el  Dean  de  Salamanca,  procurador 
del  Arzobispo  de  Toledo,  y  Juan  Fernandez  de  Si- 
guenza,  procurador  del  Arzobispo  de  Santiago ;  los 
quales  todos  eran  grandes  letrados  y  de  grande 
autoridad,  los  quales  cometieron  la  narración  de  los 
negocios  de  Castilla  al  dicho  Alonso  de  Palencia, 
por  ser  hombre  muy  elocuente  y  haber  muy  ente- 
ramente noticia  de  las  cosas  de  Castilla,  y  junta- 
mente ganaron  del  Santo  Padre  que  un  griego, 
Obispo,  Cardenal  Tusnalano,  y  Guillermo,  fran- 


MEMORIAL  DE  DIVEESAS  HAZAÑAS. 


31 


ees,  Obispo  Cardenal  de  Ostia,  por  autoridad  del 
Santo  Padre  oyesen  cierta  acusación  que  el  Rey  Don 
Enrique  del  Arzobispo  viejo  de  Sevilla  facia,  y  á 
ellos  oyesen,  no  solamente  para  escusar  al  Arzobis- 
po, mas  para  acusar  al  Rey  de  los  crimines  y  ece- 
sos  por  él  cometidos ,  la  qual  narración  Alonso  de 
Falencia  fizo  á  los  dichos  jueces  elegante  y  pruden- 
temente ;  y  vista  por  ellos,  como  quiera  que  antes 
de  entonces  los  Cardenales  usando  de  la  condición 
curial,  favoreciesen  la  parte  del  Rey  Don  Enrique, 
creyendo  ser  mas  poderosa  que  la  de  los  caballeros 
querellantes ,  pero  después  que  fueron  certificados 
de  los  muchos  Grandes  que  al  Rey  contrallaban,  y 
de  las  cosas  por  él  cometidas,  vinieron  á  considera- 
ción de  la  gran  paciencia  que  en  tan  grandes  cri- 
mines se  habia  liabido  y  la  calidad  vergonzosa  de 
aquellos,  comenzaron  á  aprobar  la  lealtad  y  bondad 
de  los  grandes  querellantes,  deseando  en  lo  comen- 
zado perseverasen  porque  fuese  corregida  la  tirá- 
nica gobernación  del  Rey  Don  Enrique :  lo  qual 
visto  por  el  Rey,  comenzó  á  temer ;  é  como  sea 
cierto  que  ninguna  cosa,  según  sentencia  de  Séneca, 
haga  temeroso  el  corazón  salvo  la  vida  reprehensi- 
ble, luego  deliberó  al  Infante  Don  Alonso,  su  her- 
mano, el  qual  tenia  preso  en  el  Alcázar  de  Segovia 
en  gran  peligro  de  su  persona,  el  qual ,  según  fama, 
algunas  veces  tentó  de  matar  con  yervas  la  Reyna 
Doña  Juana  su  muger  ,  lo  qual  se  cree  fué  puesto 
en  obra,  salvo  por  la  diligencia  y  bondad  de  Peru- 
cho Vizcaíno,  Alcayde  del  Alcázar  de  Segovia  ;  á  la 
qual  deliberación  mucho  amonestó  al  Rey  Alvar 
Gómez,  su  secretario,  cuya  sentencia  mucho  por  en- 
tonces el  Rey  aprobaba;  después  de  lo  qual  un 
ayuntamiento  de  los  Grandes  se  fizo  en  la  villa  do 
Dueñas,  que  en  aquellos  dias  fué  tomada  por  Don 
Alonso ,  premogénito  del  Almirante  Don  Fadrique, 
por  Juan  de  Vivero  ;  y  allí  se  acordó  f  abla  destos 
Grandes  con  el  Rey  Don  Enrique  cerca  de  la  villa 
de  Cabezón ,  en  la  qual  f abla ,  después  de  grandes 
alteraciones,  se  hizo  compromiso  en  el  qual  fueron 
puestos  por  jueces  de  todos  los  debates  que  eran 
entre  el  Rey  y  el  Príncipe  Don  Alfonso  y  los  Gran- 
des deste  Reyno,  en  manos  de  Don  Pedro  de  Velasco, 
primogénito  del  Conde  de  Haro,  y  de  Don  Gonza- 
lo de  Sayavedra,  Comendador  mayor  de  Monto  Al- 
ban,  en  el  Reyno  de  Aragón,  de  la  Orden  de  San- 
tiago,  y  por  parto  del  Príncipe  Don  Alonso  y  los 
Grandes  que  lo  seguían,  el  Marqués  de  Villena  Don 
Juan  Pacheco,  y  Don  Alvaro  d'Estufiiga,  y  junto 
con  ellos  Fray  Alonso  de  Oropesa,  General  de  la 
Orden  de  San  Gerónimo ,  que  era  varón  de  gran 
ciencia  y  de  honesta  vida  ;  los  quales  pudiesen  di- 
finir todos  los  debates  que  eran  entre  el  Rey  y  el 
Príncipe  su  hermano  y  los  grandes  de  sus  Reynos, 
y  que  antes  de  toda  cosa  Don  Beltran  de  la  Cueva 
renunciase  el  Maestrazgo  de  Santiago  en  manos  del 
Sancto  Padre,  al  qual  dio  el  Rey  en  equivalencia  el 
Condado  de  Ledesma  y  las  villas  de  Alburquerque 
y  Cuellar  y  Roa  é  el  Colmenar  de  Arenas  y  el  Andra- 
da,  y  le  fizo  Duque  ;  y  la  renunciación  fizo  en  favor 
del  Ilhistrisirao  Príncipe  Don  Alonso,  el  qual  ins- 


trumento fué  inviado  á  los  procuradores  que  en  Ro- 
ma estaban,  la  qual  renunciación  rescebida  por  el 
Padre  Sancto,  para  la  espedicion  do  las  letras  al 
Papa  demandó  ser  pagado  de  la  media  nata,  lo  qual 
Alonso  de  Falencia  contradixo ,  dando  muchas  ra- 
zones porque  no  se  debia  pagar,  mostrando  como 
los  que  oviesen  el  Maestradgo  no  eran  obligados  á 
pagar  media  nata,  porque  en  los  tiempos  antepasa- 
dos el  Santo  Padre  no  tenia  que  ver  en  el  Maes- 
tradgo de  Santiago ,  ni  otra  persona  alguna,  salvo 
solamente  trece  comendadores  de  aquella  Orden 
para  ello  deputados,  á  quienes  pertenecía  la  elecion  ; 
ni  la  Sede  Apostólica  en  ninguna  cosa  se  requería, 
salvo  en  ciertos  casos,  de  los  quales  ninguno  por 
entonces  se  requería ;  y  en  tiempo  de  Don  Alvaro 
de  Luna  esto  se  comenzó;  y  allende  desto  los  hijos  do 
los  Reyes  no  eran  tonudos  á  pagar  medía  nata,  ma- 
yormente el  lUustrissimo  Rey  Don  Alfonso  que  era 
verdadero  heredero  del  Rey  Don  Enrique,  é  hijo  del 
Rey  Don  Juan  el  segundo  de  Castilla  y  de  León ; 
lo  qual  el  Padre  Santo  no  negó  ser  ansí ,  pero  con 
todo  eso  dixo  que,  en  tan  gran  necesidad  como  él 
estaba  por  la  guerra  de  los  moros  en  defensión  do 
la  religión  chrístiana,  le  parecía  ninguno  debía  ser 
esemido  de  pagar  media  nata  á  la  Sede  Apostólica 
para  pagar  el  sueldo  á  la  gente ;  á  lo  qual  Alonso 
de  Falencia  respondió  ,  que  aunque  todos  los  otros 
Príncipes  esto  debiesen  pagar,  el  Príncipe  Don 
Alonso  debia  ser  esemido,  porque  no  reformándose 
las  costumbres  del  Rey  Don  Enrique,  asaz  turcos 
tenían  en  las  entrañas  do  España,  les  quales  seyen- 
do  vencidos  enflaquecería  la  cabeza  dellos,  que  era 
el  turco  y  todos  los  miembros  de  los  infieles ;  y  así, 
vistas  las  cosas  dichas  por  Alonso  de  Falencia,  el 
Sancto  Padre  mandó  despedir  las  Bullas  del  Prínci- 
pe Don  Alonso  para  la  Administración  del  Maes- 
tradgo. En  tanto  Don  Beltran  de  la  Cueva  fué  apar- 
tado de  cerca  del  Rey,  el  qual  se  fué  á  la  villa  de 
Cuellar,  la  qual  pertenecía  á  la  Illustríssíma  Infan- 
ta Doña  Isabel,  hermana  del  Rey  Don  Enrique,  á 
quien  fué  dada  por  el  Rey  Don  Juan  su  padre,  y  así 
dexada  en  su  testamento  los  jueces  ya  dichos  en- 
tendían en  diñnir  y  acabar  las  disinsiones  comen- 
zadas, y  el  Rey  ya  no  podía  comportar  la  absencia 
de  Don  Beltran  de  la  Cueva  ni  el  destierro  de  los 
moros  y,  seguíendo  el  consejo  de  los  que  cerca  del 
estaban,  pensó  de  prender  á  los  jueces,  lo  qual  les 
fué  revelado  por  Alvar  Gómez,  Secretario,  el  qual, 
porque  el  Príncipe  Don  Alonso  fuese  libre,  no  quiso 
mas  estar  cerca  del  Rey,  y  juntamente  con  Don  Gon- 
zalo de  Sayavedra  se  fué  al  Maestre  de  Alcántara, 
con  el  qual  gran  familiaridad  tenía,  y  luego  el  Rey 
mandó  llamar  á  Don  Beltran  de  la  Cueva,  en  el 
qual  llamamiento  se  ficieron  las  cosas  que  adelante 
se  dirán,  y  la  culpa  de  dar  el  Rey  al  Infante  Don 
Alonso  á  Gonzalo  de  Sayavedra  por  cuyo  consejo 
él  entonces  se  regía,  y  le  deshonró  muy  mal  Juan 
Fernandez  Galindo  on  Xerez  sobre  este  caso. 


32 


CRÓNICAS  DE  LOS 


CAPITULO  XXVI. 


De  cómo  se  concertó  entre  los  Grandes  que  el  Rey  Don  Enrique 
fuese  preso. 

Visto  por  loB  Grandes  deste  Keyno  como  ningu- 
na amonestación  bastaba  para  corregir  la  mala  go- 
bernación del  Rey  Don  Enrique,  y  visto  como  las 
cosas  siempre  iban  do  mal  en  peor,  y  todo  esto  vi- 
niese en  punto  de  se  perder,  en  un  ayuntamiento 
que  se  fizo  en  el  Monesterio  de  San  Pedro  de  las 
Dueñas,  fue  determinado  quel  Rey  fuese  preso;  y 
en  la  mesma  liora  de  la  habla,  ó  le  fué  revelado 
por  alguno,  ó  porque  el  Rey  so  le  antojó,  con  muy 
pocos  se  fué  huyendo  á  Segovia  y  deude  en  ade- 
lante se  fué  mas  encendiendo  la  guerra. 

Después  desto  ovo  guerra  en  diversas  partes  des- 
tos  Reynos  y  el  Príncipe  Don  Alonso  se  vino  á  la 
villa  de  Arévalo  por  ver  á  la  Reyna  su  madre,  y  de 
allí  se  partió  para  Plasencia,  donde  se  entendió  en 
la  privación  de  la  corona  al  Rey  Don  Enrique,  y 
fueron  ocupadas  diversas  villas  y  ciudades,  algu- 
nas por  la  parte  del  Rey  Don  Enrique,  y  otras  por 
la  parte  del  Príncipe  Don  Alonso ;  y  como  Alvar 
Gómez,  Secretario,  oviese  comprado  la  villa  de 
Torrejon  de  Velasco,  fué  acordado  que  se  diese  el 
cargo  del  cerco  de  aquella  villa  á  Pedro  Arias ,  hijo 
de  Diego  Arias,  Contador  mayor,  el  qual  la  tovo 
asaz  tiempo  cercada ,  y  después  de  grandes  traba- 
jos y  peligros  é  muertes  de  gente ,  así  de  la  parte 
suya  como  de  los  que  en  la  fortaleza  estaban ,  se  le 
dio  por  el  Alcayde  llamado  Pedro  de  Arroyo,  varón 
esforzado  que  la  tenia ,  no  pudiendo  comportar  la 
gran  hambre  y  necesidad  y  todas  las  otras  cosas 
que  le  fallecían. 

CAPÍTULO  XXVII. 

De  la  Vitoria  que  bobo  el  Principe  de  Aragón  Don  Fernando,  hi- 
jo del  Rey  Don  Juan  ,  de  Don  Pedro  Condestable  de  Portugal, 
que  se  llamaba  Rey  de  Aragón  ,  y  de  los  borgoñones  y  portu- 
gueses y  barceloneses  que  le  ayudaban. 

Don  Pedro ,  Condestable  de  Portugal ,  venido  en 
Barcelona  llamado  por  la  ciudad  después  de  haber 
dexado  el  Rey  Don  Enrique  de  ayudar  y  favorecer 
á  los  de  Barcelona ;  á  este  Don  Pedro  secretamente 
f avorcscia  con  intención  de  destrr.ir  al  Rey  de  Ara- 
gón, su  tío  ;  y  como  entonces  oviese  muchos  por- 
tugueses en  casa  de  la  Royua  Doña  Juana ,  su  mu- 
gcr,  á  todos  les  dio  con  larga  mano  lo  que  ovieron 
menester  para  ir  á  servir  á  este  Don  Pedro  en  apa- 
rato de  guerra.  Y  en  este  tiempo  acaesció  que  el 
Duque  de  Borgoña  envió  cí^vloñ  navios  al  Santo 
Padre  Pío  para  facer  la  guerra  al  turco ,  y  como  los 
capitanes  dellos  fueron  certificados  el  Papa  Pió  ser 
fallescido,  y  su  armada  ser  desbaratada ,  acordaron 
de  se  volver,  y  venidos  en  Barcelona,  asi  por  se 
fornecer  como  per  reposar  de  los  trabajos  pasados 
en  la  mar ,  fallaron  allí  al  incluso  Don  Pedro  de 
Portugal,  que  Rey  de  Aragón  se  llamaba,  los  qua- 
les  conociendo  el  gran  deudo  que  este  tenia  con  la 


REYES  DE  CASTILLA. 

Duquesa  de  Borgoña ,  como  lo  fallasen  en  punto 
para  ir  á  socorrer  á  los  de  Barcelona  que  estaban 
cercados  y  en  gran  trabajo  y  peligro ,  acordaron  de 
le  ir  servir  en  aquella  jornada ,  creyendo  en  ello  fa- 
cer servicio  á  su  Señor,  y  ansí  Don  Pedro  de  Por- 
tugal salió  de  Barcelona  con  muy  gran  número  de 
gente,  así  do  caballo  como  de  pié,  borgoñones, 
portugueses  y  catalanes,  por  ir  socorrer  á  los  do 
Cervera;  y  como  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón  esto- 
viese  en  Tarragona  muy  trabajado,  de  manera  que 
casi  ninguna  cosa  veia  por  el  crecimiento  de  las  ca- 
taratas que  entonces  mucho  se  le  habían  acrecen- 
tado ,  y  teniendo  muy  poca  gente  en  comparación 
de  la  mucha  quel  adversario  traía ,  determinó  en 
lugar  suyo  de  enviar  al  Príncipe  Don  Fernando, 
seyendo  de  edad  de  trece  años ,  á  resistir  el  paso  al 
dicho  Don  Pedro ,  é  dio  el  cargo  de  la  gobernación 
á  Don  Juan  de  Cardona ,  Conde  de  Paredes ,  varón 
estrenuo ,  é  caballero  mucho  esforzado ;  é  ansí  el 
Príncipe  partió  con  asaz  poca  gente  en  comparación 
de  la  quel  adversario  traía ,  pero  gente  muy  leal  y 
esforzada  é  usada  en  los  belicios  atos,  si  en  ntime- 
ro  fuera  igual  á  los  adversarios ;  pero  sin  duda 
eran  mas  de  dos  tantos  que  la  gente  del  Rey  Don 
Juan.  E  partido  el  Príncipe  con  esa  gente  que  pudo 
por  defender  el  paso ,  considerada  la  muchedumbre 
de  los  enemigos  é  las  ayudas  que  tenían  de  los  ca- 
balleros espertos  en  la  guerra,  ninguna  cosa  tanto 
les  facia  temer  como  la  persona  del  Príncipe  en 
tan  tierna  edad ,  é  acordaron  de  escrebir  al  Rey  to- 
das las  cosas  en  el  punto  en  que  estaban ,  donde  no 
se  sabían  dar  remedio  ;  el  qual  respondió  que  la  ce- 
guedad le  habia  costreñido  no  ser  en  la  batalla,  co- 
mo deseab  a,  é  haber  de  enviar  al  Príncipe  su  hijo 
que  tuviese  su  lugar,  porque  aquel  todos  mirasen  y 
él  á  ellos  pudiese  mirar,  lo  qual  todo  á  solo  Dios 
encomendaba,  E  viendo  esta  respuesta,  el  Conde 
ordenó  sus  batallas  como  sabio  y  esforzado  capitán 
é  puso  al  Príncipe  acompañado  de  muy  escogidos 
caballeros  en  lugar  donde  pudiesen  ayudarle,  es- 
tando fuera  de  la  orden  de  las  batallas  é  así  la  ba- 
talla se  dio  de  tal  manera ,  que  con  el  ayuda  de 
Dios  é  la  buena  ordenanza  quel  Conde  de  Paredes 
dio  en  esta  batalla,  Don  Pedro  de  Portugal  fué 
vencido  é  desbaratado  ,  é  mucha  de  su  gente  é  de 
sus  ayudadores  muertos  é  presos,  é  á él  le  fué  muer- 
to el  caballo  é  oviera  de  ser  preso ,  salvo  porque  fué 
socorrido,  é  le  fué  dado  un  caballo  en  que  se  pudo 
salvar ;  é  de  los  peones  catalanes  pudiéronse  muy 
pocos  salvar,  porque  venían  tan  armados  que  no 
ovieron  lugar  de  f  uir.  El  alcance  no  se  siguió  mu- 
cho por  la  gente  ser  muy  poca ,  é  tenia  mucho  que 
facer  en  guardar  los  prisioneros.  Fué  esta  batalla 
cerca  de  la  villa  de  Cohimbre ,  é  poco  tiempo  des- 
pués este  Don  Pedro  de  Portugal  murió,  afírmase 
que  por  yerbas  que  le  fueron  dadas  por  los  barce- 
loneses ,  donde  de  en  delante  las  fuerzas  de  los  re- 
beldes so  fueron  abaxando ,  y  el  favor  del  Rey  Don 
Juan  fué  siempre  creciendo  ,  de  lo  qual  no  menos 
desplacer  mostró  el  Rey  Don  Enrique  que  si  el  caso 
propio  suyo  fuera. 


CAPITULO  XXVIII. 

De  como  faé  quitado  el  cetro  real  c  la  corona  del  Reyno  al  Rey 
Don  Enrique  en  la  cibdad  de  Avila. 


Los  Grandes  del  Reyno  que  en  Avila  estaban  con 
el  Principe  Don  Alonso  determinaron  de  deponer 
al  Rey  don  Enrique  de  la  corona  é  cetro  real ,  é  pa- 
ra lo  poner  en  obra  eran  diversas  opiniones,  por- 
que algunos  decian  que  debia  ser  llamado  é  se  de- 
bia hacer  proceso  contra  él;  otros  decian  que  debia 
ser  acusado  antel  Santo  Padre  de  herejía  é  de  otros 
graves  crimines  é  delitos,   que  se  podrían  ligera- 
mente contra  él  probar.  La  segunda   opinión  fué 
reprobada  por  los  que  conocían  las  costumbres  de 
los  Romanos  Pontífices ,  cerca  de   los  quales  valen 
mucho  el  gran  poder  é  las  dádivas  de  quien  quiera 
que  darlas  pudiese ,  é  tenían  que  si  el  caso  se  defi- 
niese, el  poder  del  Rey  Don  Enrique  se  acrecenta- 
ría por  el  gran  tesoro  que  tenian ,  é  las  fuerzas  del 
Príncipe  Don  Alonso  é  de  los  que  lo  seguian  no  so- 
lamente se   adelgazaban  é  apocarían,  mas  total- 
mente se  perderían  por  la  mengua  del  dinero  ;  por 
lo  qual  ninguna  cosa  les  parecía  mas  conveniente, 
ni  que  mas  sabiamente  se  pudiese  facer ,  que  la  pri- 
vación del  tirano  ,  al  qual  f  allecia  vigor  de  corazón 
é  prudencia ,  é  esfuerzo  é  todas  las  otras  habilida- 
des que  á  buen  Príncipe  convienen  ;  ninguna  otra 
cosa  le  quedaba,  salvo  nombre  de  Rey  ,  el  qual  qui- 
tado ,  él  era  todo  perdido  ,  lo  cual  no  era  cosa  nue- 
va en  los  Reyuos  de  Castilla  é  de  León ,  los  nobles 
é  pueblos  dellos  elegir  rey  é  deponello,  lo  cual  por 
canónicas  autoridades  se  podría  bien  probar,  ó  por 
muy  menores  causas  de  las  que  contra  el  Rey  Don 
Eurique  probarse  pueden.   Quel  Rey  Don  Alonso, 
deceno  deste  nombre ,  que  por  su  gran  virtud  é  bon- 
dad fué  elegido  por  Emperador,  por  solamente  ser 
habido  por  pródigo,  fué  privado  de  la  corona,  é 
muy  mas  reciente  enxemplo  tenemos  del  Rey  Don 
Pedro ,  el  qual  por  su  mala  é  dura  gobernación  per- 
dió el  Reyno  é  la  vida  con  él,  é  óvolo  Don  Enrique 
su  hermano,  no  le  perteneciendo  derecho  por  ser  bas- 
tardo ,  é  por  favor  de  los  nobles  é  pueblos  del  Rey- 
no  ;  é  finalmente  ansí  por  consejo   de  los  Grandes 
que  allí  estaban ,  como  de  algunos  famosos  letra- 
dos, fué  determinado  que  al  Rey  Don  Enrique  fue- 
se tirada  la  corona  del  Reynoj  para  lo  qual ,  en  un 
llano  questá  cerca  del  muro  de  la  cibdad  de  Avila, 
Be  fizo  un  gi-ande  cadahalso,  abierto,  como  de  to- 
das partes  que  allí  eran  por  ver  este  acto,  pediesen 
ver  todo  lo  que  encima  se  ficiese ,  é  allí  se  puso  una 
silla  real  con  todo  el  aparato  acostumbrado  de  de- 
poner á  los  Reyes ,  y  en  la  silla  una  estatua ,  á  la 
forma  del  Rey  Don  Enrique  ,  con  corona  en  la  ca- 
beza é  cetro  real  en  la  mano  ;  y  en  su  presencia  se 
leyeron  muchas  querellas  que  antel  fueron  dadas  de 
muy  grandes  ecesos ,  crimines  é  dilítos  antel  mu- 
chas veces  presentadas,  sin  las  querellas  haber  ha- 
bido cumplimiento  de  justicia  ;  é  allí  se  leyeron  to- 
dos los  agravios  por   él   fechos  en  el  Reyno,  é  las 
causas  de  su  depusicion,  é  la  estrema  necesidad  en 
Cr.-III. 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS.  33 

que  todo  el  Reyno  estaba  para  facer  la  dicha  de- 
pusicion, aunque  con  gran  pesar  é  mucho  contra 
su  voluntad.  Las  quales  cosas  ansí  leídas,  el  Arzo- 
bispo de  Toledo,  Don  Alonso  Carrillo,  subió  en  el 
cadahalso  ,  y  quitóle  la  corona  de  la  cabeza,  como 
primado  de  Castilla,  y  el  Marqués  de  Villena,  Don 
Juan  Pacheco,  le  quitó  el  cetro  real  de  la  mano, 
habiéndole  fecho  Marqués  de  Villena,  que  su  padre 
Diego  Tclles  no  tenia  mas  de  á  Belmente,  en  la 
mancha  de  Aragón;  y  el  Conde  de  Placencia,  Don 
Alvaro  de  Estuñiga,  le  quitó  el  espada  como  Jus- 
ticia mayor  de  Castilla  ;  y  el  Maestre  de  Alcántara 
Don  Gómez  de  Solis ,  al  qual  el  Rey  fizo  maestro 
de  un  escudero  fijodalgo,  natural  de  Cáceres  ;  y  el 
Conde  de  Benavente,  Don  Rodrigo  Pimentel,  y  el 
Conde  de  Paredes,  Don  Rodrigo  Manrique  ,  le  qui- 
taron todos  los  otros  ornamentos  reales ,  y  eon  los 
piós  le  derribaron  del  cadahalso  en  tierra  y  dixeron 
á  tierra ,  puto  /  y  á  todo  esto  giraiaa  y  lloraban  la 
gente  que  lo  veian  ;  é  luego  incontinente  el  Prín- 
cipe Don  Alonso  subió  en  el  mismo  lugar  donde 
por  todos  los  Grandes  que  ende  estaban  le  fué  be- 
sada la  mano  por  Rey  y  Señor  natural  destos  Rey- 
nos;  y  luego  sonaron  las  trompetas,  y  se  fizo  muy 
grande  alegría,  lo  qual  acaescíó  jueves,  á  cinco 
días  del  mes  de  Julio  del  año  de  nuestro  Redentor 
de  mil  y  quatrocientos  y  sesenta  y  cinco  años,  se- 
yendo  el  Príncipe  Don  Alonso  de  once  años  y  cinco 
meses  é  cinco  días.  Ansí  duró  el  Reyno  del  Rey 
Don  Enrique  dcsdel  dia  que  comenzó  á  reynar 
fasta  esta  depusicion  do  su  corona ,  diez  años  é  on- 
ce meses  é  quatro  dias.  Oídas  por  todas  las  partes 
de  España  la  privación  del  Reyno  fecha  al  Rey  Don 
Enrique,  maravillándose  mucho,  daban  gracias  á 
Dios  como  les  pareciese  cosa  que  por  manos  de 
hombres  no  pudiese  ser  fecha.  Al  Papa  Pablo  pá- 
reselo grave  cosa  esta  depusicion  ,  é  pesóle  mucho 
de  la  caída  de  tan  gran  Príncipe ,  como  por  letras  y 
mensajeros  del  Rey  Don  Enrique  el  Santo  Padre 
era  certificado  que  del  todo  quería  ansí  é  á  este  Rey 
no  sojuzgase  á  él. 


CAPÍTULO  XXIX. 

Del  tumulto  é  administración  que  los  Reynos  de  Castilla  é  de 
León  ovieron  por  el  aucto  en  Avila  pasado,  é  de  las  letras  que 
al  Santo  Padre  fueron  enviadas  por  las  principales  cibdades 
destos  Reynos. 

Los  mas  de  los  pueblos  de  Castilla  é  de  León  es- 
tovieron  como  atónitos  maravillados  del  caso  en  la 
cibdad  de  Avila  acaecido,  la  forma  del  qual  á  al- 
gunos fizo  temerosos  é  á  otros  mas  osados.  La  cib- 
dad de  Toledo,  cinco  dias  después  de  la  depusicion 
del  Rey  Don  Enrique  é  de  la  sublimación  del  Rey 
Don  Alonso  ,  no  solamente  aprobó  lo  fecho  en  Avi- 
la por  bueno,  mas  óvolo  por  muy  necesario,  ó  sú- 
pitamente el  pueblo  tomó  las  puertas  de  la  cibdad 
é  el  alcázar  é  la  puente  de  Alcántara ,  é  combatie- 
ron fuertemente  la  puerta  de  San  Martin,  la  qual 
por  fuerza  de  armas  tomaron.  É  pasados  diez  días 
del  aucto  fecho  en  Avila,  en  la  cibdad  de  Sevilla 
Don  Pedro  de  Estüñiga  é  con  él  Fernando  de  Cue- 

3 


34 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


vas  Rubias,  Maestre  Sala  del  Rey  Don  Alonso,  que 
dias  avia  secretamente  estaban  en  Sevilla,  persua- 
dieron al  Duque  Don  Juan  de  Guzman  é  al  pueblo 
á  las  cosas  que  se  debian  en  obra  poner.  El  pueblo 
alegremente  recibió  la  sublimación  del  Rey  Don 
Alonso,  é  luego  los  caballeros  é  regidores  de  la 
cibdad  se  juntaron  en  su  colegio  acostumbrado, 
donde  las  letras  del  Rey  Don  Alonso  se  leyeron, 
las  qualcs  leidas  el  Duque  Don  Juan  de  Guzman, 
que  tenia  el  primero  lugar  en  el  ayuntamiento,  con 
grande  aJegria  recibió  por  Rey  é  Señor  natural  al 
Rey  Don  Alonso ,  y  otro  tanto  fizo  el  Conde  de  Ar- 
cos ,  Don  Juan  Ponco  de  León ,  Don  Pedro  d'Es- 
tuñiga  que  en  este  caso  dias  habia  que  trabajaba 
con  muy  mas  alegre  cara  ,  recibieron  por  Rey  á  Don 
Alonso,  é  ansí  mismo  lo  fizo  Don  Enrique  de  Guz- 
man ,  heredero  del  Duque  Don  Juan  de  Guzman. 
Don  Rodrigo  ,  fijo  del  Conde  de  Arcos,  no  fué  pre- 
sente al  caso  ;  é  todos  los  otros  caballeros  é  oficia- 
les questaban  en  aquel  ayuntamiento  con  grande 
alegría  siguieron  lo  que  los  mayores  comenzaron, 
é  todos  juntos  fueron  al  Sagrario  de  la  Iglesia  ,  é 
sacaron  dende  el  pendón  del  bien  aventurado  é  San- 
to Rey  Don  Hernando  que  ganó  á  Sevilla  é  á  Cór- 
doba é  á  la  mayor  parte  del  Andalucía ,  por  facer 
honor  en  la  fiesta  del  aceutacion  del  nuevo  Rey 
Don  Alonso ,  llevándolo  en  la  mano  Luis  de  Medi- 
na, caballero  novel,  natural  de  aquella  cibdad.  An- 
dovieron  por  toda  ella  con  grande  alegría  faciendo 
el  aucto  acostumbrado  de  se  facer  á  los  Reyes  que 
nuevamente  encomienzan  á  reynar. 

CAPÍTULO  XXX. 

De  los  Grandes  que  aprobaron  la  sublimación  del  Rey  D.  .\lonso, 
é  de  los  que  siguieron  al  Rey  D.  Enrique. 

Los  Grandes  que  siguieron  al  Rey  Don  Alonso, 
allende  de  los  que  en  Avila  con  él  estaban  é  de  los 
sevillanos  é  cordobeses,  en  la  provincia  de  León  si- 
guieron al  Rey  Don  Alonso  el  Almirante  Don  Fa- 
drique  y  el  Conde  de  Alba  de  Liste ,  Don  Enrique,  su 
hermano,  ó  Don  Diego  Fernandez  de  Quiñones  Con- 
de do  Luna,  Merino  mayor  de  Asturias,  é  Don  Pe- 
dro de  Bazan  Vizconde  de  Palacios ;  en  la  provincia 
de  Burgos ,  é  Palencia  los  Condes  de  Castañeda  é 
Osorio,  Don  Juan  Manrique,  é  Don  Gabriel  Manri- 
que, hermanos,  é  Don  Juan  Sarmiento,  Conde  de 
Santa  Marta  é  Don  Pedro  de  Acuña,  Conde  de  Buen- 
día  é  Señor  de  Dueñas,  é  Don  Juan  de  Vivero,  Viz- 
conde de  Cabezón,  y  el  Mariscal  Gómez  de  Benavi- 
des ,  Señor  de  Fromesta ,  Don  Diego  de  Estúfiiga, 
Conde  de  Miranda,  ó  Don  Fernando  de  Rojas ,  Con- 
de de  Castro  ;  en  la  provincia  de  Toledo  Don  Pe- 
dro Girón  ,  Maestre  de  Calatrava  ;  Don  Alonso  de 
Silva,  Conde  de  Cif uentes ;  Pero  López  de  Ayala, 
que  después  fué  Conde  de  Fuen  Salida;  Don  Alvaro 
Pérez  de  Guzman,  Señor  de  Santa  Olalla;  Lope  d'Es- 
túñiga,  Señor  do  Cuerva;  Payo  de  Ribera,  Mariscal; 
Fernando  de  Ribadeneira,  Mariscal;  Don  Pero  Puer- 
top.arrero,  Conde  de  MedcUin;  Don  Alonso  de  Cárde- 
nas, Comendador  mayor  de  León,  de  la  Orden  de 


Santiago,  que  después  fué  Maestre  de  Santiago ;  en 
la  provincia  de  Murcia  el  Adelantado  Pero  Fajar- 
do ;  el  Obispo  de  Burgos ,  Don  Luis  do  Acuña ;  Don 
Iñigo  Manrique,  Obispo  de  Coria,  Don  Pero  de 
Montoja,  Obispo  de  Osma;  Don  Diego  Banegas, 
Obispo  de  Cádiz,  el  electo  de  Sigüenza  Don  Diego 
de  Madrid,  después  de  la  muerte  de  Don  Pero  de 
Luxan.  Don  Pero  de  Silva,  Obispo  de  Badajoz,  fizo 
estar  dudoso  al  Conde  Cif  uentes  su  sobrino ,  el  qual 
y  el  Conde  de  Feria  estuvieron  algún  tiempo  como 
neutrales.  E  ansí  la  mayor  parte  destos  Reynos  de 
Castilla  é  de  León  contradecían  al  Rey  Don  Enri- 
que, é  Don  Pero  Fernandez  de  Velasco  Conde  de 
Haro,  que  por  cierto  era  muy  contrario  á  las  condi- 
ciones del  Rey  Don  Enrique,  quiso  ser  como  media- 
nero entre  los  dos  Reyes ;  pero  con  todo  eso  dio  lu- 
gar á  su  hijo  primogénito ,  llamado  Don  Pero  de 
Velasco,  que  siguiese  al  Rey  Don  Alonso,  el  qual 
tenía  gran  sentimiento  del  Arzobispo  de  Toledo  é 
de  los  otros  que  ficieron  la  depusicion  del  Rey  Don 
Enrique ,  ansí  aceleradamente  sin  lo  consultar  con 
él ;  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Duque  de  Alburquer- 
que,  que  no  solamente  por  voluntad,  mas  por  nece- 
sidad al  Rey  Don  Enrique  seguía;  Don  Diego  Fur- 
tado  de  Mendoza,  Marqués  de  Santillana,  é  Don  Pe- 
ro González  de  Mendoza,  Obispo  de  Calahorra,  é 
Don  Alonso  de  Figueroa,  Conde  de  Colufias ,  é  Don 
Iñigo  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilla,  é  Don  Gil  de 
Mendoza  é  DonFurtado,  hermanos,  Al  Rey  Don  En- 
rique seguían  Don  Alvaro  Pérez  de  Osorio,  Marqués 
de  Astorga ;  Don  García  de  Toledo,  Duque  de  Alba, 
y  el  Condestable  Don  Miguel  Lucas,  é  Don  Juan  de 
Valenzuela,  Prior  de  San  Juan,  é  Alvaro  de  Mendo- 
za é  su  hermano  Rodrigo  de  Mendoza,  hijos  de  Ruy 
Díaz  de  Mendoza  Mayordomo  mayor  que  fué  del 
Rey  Don  Juan,  é  Don  Pedro  de  Mendoza,  Señor  de 
Almazan,  é  Juan  Ramírez  de  Arellano,  Señor  de  los 
Cameros,  é  otros  muchos,  aunque  no  de  tanto  es- 
tado, seguían  al  Rey  Don  Enrique;  é  los  obispos  de 
Galicia  constreñidos  por  necesidad  seguían  al  Mar- 
qués de  Astorga ;  é  el  Obispo  de  Zamora,  Don  Juan 
de  Mella ,  estaba  en  Roma ;  el  Obispo  de  Salamanca 
de  necesidad  seguía  lo  que  aquella  cibdad,  aunque 
contra  su  voluntad  ;  Don  Martin  de  Vilches  Obispo 
de  Avila  seguía  al  Rey  Don  Enrique ;  Don  Juan 
Arias,  Obispo  de  Segó  vía,  por  necesidad  seguía  lo 
que  aquella  cibdad  seguía;  Don  Alonso  Pelaez, 
Obispo  de  Jaén,  seguía  al  Rey  Don  Enrique,  y  Don 
Lope  de  Barrientes,  Obispo  de  Cuenca,  siguia  asi- 
mismo al  Rey  Don  Enrique,  aunque  contra  toda  su 
voluntad  ;  Don  Pero  de  Solíer,  Obispo  de  Córdoba, 
en  el  comienzo  destas  cosas  estovo  como  neutral ,  y 
al  fin  siguió  al  Rey  Don  Alonso ;  Don  Alonso  de  Pa- 
lenzuela,  frayle.  Obispo  de  Cibdad  Rodrigo,  fué  neu- 
tral, y  Don  Juan  de  Carabajal,  Cardenal  de  Santán- 
gelo,  Administrador  de  Placencia,  estaba  en  Roma. 
Ansí  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  estaban  di- 
visos en  la  forma  ya  dicha. 


CAPITULO  XXXI. 

Déla  forma  que  los  ya  dichos  tavieron  en  seguí 
Eejes  é  para  los  tener  en  pendencia 


estos  dos 


Cosa  sería  muy  difícile  de  escrebir  por  urden  to- 
das las  cosas  pasadas  entre  los  Grandes  ya  dichos, 
de  los  quales  los  menos  forzaban  su  partido  por  bien 
de  la  cosa  pública  destos  Eeynos ,  ni  por  servir  á 
estos  Eeyes,  mas  por  acrecentar  sus  estados  ,  entre 
los  quales,  como  quiera  que  el  Marqués  Don  Juan 
Pacheco  pareciese  seguir  al  Rey  Don  Alonso,  con 
todo  eso  sostenia  al  Rey  Don  Enrique ,  no  daedo 
lugar  totalmente  a  su  caida,  ni  queria tanto  favore- 
cer el  partido  que  parecía  seguir,  é  porque  mocho 
sobrase  al  Rey  Don  Enrique  ;  é  así  en  la  pendencia 
destos  dos  Reyes  se  perdian  é  destruían  e&tos  Rey- 
nos  ó  no  menos  los  Grandes  dellos,  especialmente 
los  que  seguían  al  Rey  Don  Alonso ,  de  lo  qual  el 
Arzobispo- de  Toledo,  Don  Alonso  Carrillo,  tenía 
gran  sentimiento,  é  ovo  sob relio  palabras  de  gran- 
de enojo  con  el  Marqués  de  Villena ,  su  sobrino.  E 
como  en  este  tiempo  el  Rey  Don  Enrique  conociese 
el  gran  desamor  que  todos  los  pueblos  destos  Rey- 
nos  le  avian ,  determinó  de  se  pasar  en-  Portugal, 
temiendo  que  si  se  ponía  en  Segovia  allí  sería  cer- 
cado é  se  perdería.  Entre  los  caA)alleros  que  al  Rey 
Don  Alonso  seguían  había  diversas  opiniones ,  y  el 
Arzobispo  de  Toledo  y  el  Ahnírante  Don  Fadrique, 
y  el  Conde  de  Paredes,  que  verdaderamente  perse- 
guían el  negocio,  porfiaban  que  el  Rey  Don  Alonso 
debía  ir  con  la  mas  gente  que  pudiese  donde  quiera 
que  su  hermano  estuviese,  é  dar  fin  al  negocio,  para 
questos  Reynos  quedasen  en  paz ;  é  que  sí  esto  de- 
xaba  de  facer ,  poco  le  aprovechaba  aver  tomado 
nombre  de  Rey,  é  ya  el  derecho  en  las  armas  esta- 
ba, é  debia  trabajar  por  haber  la  vítoria,  porque 
siempre  los  vencedores  ovieron  corona ;  lo  qual  sin 
dilación  se  debia  luego  poner  en  obra  porque  el  fa- 
vor de  los  pueblos  es  mudable ;  é  la,  gente  castellana 
es  codiciosa,  é  como  conozcan  el  gran  tesoro  que  el 
Rey  Don  Enrique  tiene  abriendo  la  mano  así  los 
pueblos  lo  seguirán  como  las  moscas  siguen  la  miel; 
é  como  quiera  que  todos  conociesen  al  Rey  Don 
Alonso  tener  la  justicia ,  por  aventura  se  desviaran 
del  derecho  camino ;  é  pues  para  la  gente  quel  Rey 
Don  Alonso  pudiera  llevar  había  dinero  para  dos 
meses  de  sueldo,  en  el  qual  tiempo  con  el  ayuda  de 
Dios  se  podía  este  fecho  acabar ,  por  eso  convenia 
ponerse  luego  en  obra,  porque  la  dilación  sería  muy 
dañosa.  El  Marqués  de  Villena  é  otros  algunos  que 
lo  seguían  contradecian  este  consejo ,  lo  qual  sabi- 
do por  el  Rey  Don  Enrique ,  determinó  de  se  ir  á  la 
cibdad  de  Zamora ,  ansí  por  ser  muy  fuerte ,  como 
por  ser  cerca  de  Portugal  para  que ,  si  necesario  le 
fuese,  pudiese  usar  del  consejo  que  pensado  tenía; 
donde  ayuntó  gran  número  de  gente,  ansí  de  caba- 
llo como  de  pié ;  é  como  esto  fuese  sabido  por  el 
Rey  Don  Alonso  é  por  los  que  lo  seguían,  como  á 
la  fin  todo  se  gobernase  por  Don  Juan  Pacheco  ,  el 
Marqués  determinó  que  porque  pareciese  no  estar 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS.  35 

de  valde,  que  se  fuese  á  Medina  del  Campo ,  donde 
teniendo  aquella  villa  é  llevando  las  rentas  della, 
se  daria  enxemplo  á otras  cibdados  é  villas,  é  se  es- 
forzaría más  el  partido  del  Rey  Don  Alonso.  E  to- 
mada la  villa  de  Medina,  el  R«y  Don  Alonso  se  par- 
tió para  Valladolid,  é  allí  se  determinó  que  se  pu- 
siese cerco  sobre  la  villar  de  Simancas,  ques  á  dos 
leguas  de  Valladolid  ,  ques  lugar  muy  fuerte,  é  te- 
níala por  el  Rey  Don  Enrique  el  Comendador  Juan 
Fernandez  Galindo ,  que  era  caballero  esforzado  y 
usado  de  sufrir  trabajos  é  peligros  ;  é  tenía  consigo 
ciento  é  cinquenta  lanzas  de  hombres  escogidos;  é 
como  quiera  que  los  caballeros  que  al  Roy  Don 
Alonso  seguían  bien  conocieron  que  aquella  forta- 
leza no  se  podía  tomar,  salvo  eu  largo  tiempo,  ovó- 
se de  facer  lo  quel  Marqués  Don  Juan  Pacheco  que- 
ría ;  y  en  la  tardanza  el  partido  del  Rey  Don  Enri- 
que crecía  y  el  del  Rey  Don  Alonso  se  amenguaba, 
especialmente  poique  el  Rey  Don  Enrique  daba 
muy  grandes  previlegios  y  esenciones  á  los  luga- 
res que  por  él^se  tuviesen,  k>  qual  mucho  le  ayudó; 
é  puesto  an«í  el-cereoBobi'e  SimaHcas,  el- Arzobispo 
deToledo  con  la  gewte  de  su  casa  f^ié  á  poner  cerco 
sobre  la  villa  de  Pefiaflor,  la  qual  tenía  un  caballe- 
ro de  la  casa  del  Rey  Don  Enrique  ,  llamado  Lope 
de  Cernadilla,  hombre  mucho  esforzado  é  bueno,  el 
qual  la  defendía  valientemente  ;  lo  qual  como  el  Ar- 
zobispo mandó  poner  escalas  por  diversas  partes 
como  los  de  la  villa  conociesen  que  no  les  convenia 
pelear  por  defender  ks  almenas,  por  su  vida  é  bie- 
nes determinaron  de  ser  contrarios  al  Alcayde  á 
quien  primero  ayudaban ,  daotlo  lugar  á  los  cerca- 
dores que  libremente+omafien  la  villa,  á  fin  de  guar- 
dar sus  personase  bienes,  é  ansí  Lope  do  Cernadi- 
11a,  tom-ado  no  solamente  de  1<5S  enemigos,  mas  de 
los  que  solamente  le  debían  ayudar  á  defender  la 
villa ,  ovo  de  darse  al  Arzobispo,  con  partido  que 
dexase  las  armas ,  é  caballeros  é  se  fuesen  donde 
quisiesen  con  la  gente  que  allí  tenía.  El  cerco  de 
Simancas  se  tovo  dos  meses  donde  murieron  algu- 
nos ,  así  de  los  cercados  como  de  los  cercadores ,  en 
el  qual  cerco  ningún  provecho  ni  honor  se  recibió; 
y  estando  allí  Don  Enrique,  fijo  del  Almirante  Don 
Fadrique ,  salió  de  Torre  de  Lobaton  con  poca  gen- 
te, é  cayó  en  celada  de  gente  muy  demasiada  de  la 
quél  traia ,  é  fué  desbaratado,  é  allí  murió  un  buen 
caballero  de  la  casa  del  Almirante  llamado  Juan 
Carrillo,  hermano  de  Gonzalo  Canillo  el  de  Córdo- 
ba, Y  en  tanto  questas  cosas  pasaban  el  Rey  Don 
Enrique  tuvo  lugar  de  ayuntar  muchas  mas  gentes 
de  las  que  tenía,  y  el  cerco  de  Simancas  se  alzó ,  y 
el  Rey  Don  Alonso  se  volvió  á  Valladolid,  y  el  Rey 
Don  Enrique  se  volvió  á  Simancas  con  gran  núme- 
ro de  gentes;  é  allí  se  vino  para  él  Don  Alvaro 
Pérez  de  Osorio,  Conde  de  Trastamara  con  quatro- 
cientas  lanzas  é  gran  número  de  peones ,  al  qual  el 
Rey  Don  Enrique  dio  la  cibdad  de  Astorga  é  le  fizo 
Marqués  della  ;  con  el  qual  venía  Gutiérrez  Quexa- 
da.  Señor  de  Villa  García,  varón  muy  noble  y  es- 
trenuo caballero.  Don  García  de  Toledo  ,.  Duque  de 
Alba,  como  oviese  recebído  gran  suma  de  dineros 


36 

del  Rey  Don  Enrique,  vino  allí  á  servir  con  ocho- 
cientos de  caballo  ;  Don  Luis  de  la  Cerda,  Conde 
de  Medina  Celi,  traxo  alli  en  sei-vieio  del  Rey  Don 
Enrique  quatrocicntas  lanzas  ;  Don  Di«go  Furtado, 
Marqués  de  Santillana  é  sus  hermanos  traxeron 
ochocientas  lanzas  ;  Juan  Ramírez  do  Arellano,  Se- 
ñor délos  Cameros  é  Pero  de  Mendoza,  Señor  de  Al- 
mazan,  é  mucl«3s  otros  caballeros,  aunque  no  de 
tanto  estado,  traxeron asazgente;  é aiísí  el  Rey  Don 
En-riquo  allegó  alli  ocho  rail  lanzas  é  veinte  mil 
peones.  Sabida  la  venida  del  Rey  Don  Enrique  por 
el  Rey  Don  Alonso  con  tan  gran  muchedumbre  de 
gente,  el  Marqués  de  Villena ,  que  antes  solía  mos- 
trar tener  en  poco  el  poder  del  Rey  Don  Enrique, 
comenzó  á  teiner  la  batalla,  ó  deeia  qa«  e»  la  dfla- 
cion  siempre  se  a¡ej-eGeBíí;aria  el  poder  del  Rey  Don 
Alonso  por  su  edad  ó  fu«i-za  é  habilidad  é  por  tener 
la  mayor  parte  del  Rey«o  por  sí,  é  todo  lo  contra- 
rio se  debia  juzgar  del  adversario,  el  qual  á  Dios  é 
á  los  hombres  era  abon-eGÍble  é  á  ninguno  tuviese 
fiel  á  sí  salvo  por  respeto  de  las  dádivas  que  con  ne- 
cesidad facia  é  sus  tesoros  mal  ganados  por  gran- 
des que  fuesen  ligerajnente  avrian  íin.  Así  la  do- 
blada seña  del  Marqués  tenía  suspensos  los  corazo- 
nes de  los  que  lo  oian ;  pero  con  todo  eso  por  todos 
se  d<;terminó  quel  Rey  Don  Alonso  eetoviese  en  Va- 
lladolid,  é  toviese  consigo  la  mitad  de  la  gente  que 
allMenía,  é  la  otra  dexase  ir  á  sus  casas;  é  tales 
formas  se  truxeron,  que  se  dio  tregua  por  cinco  me- 
ses de  la  una  parte  á  la  otra.  En  este  tiempo  Don 
Pero  Fernandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro,  que 
decían  questaba  encerrado  con  cierto  número  de  ca- 
balleros de  8u  casa  só  cierta  regla  en  un  hospital 
que  el  había  edificado  en  la  villa  de  Medina  de  Pu- 
mar,  seyendo  certificado  de  las  grandes  turbaciones 
que  en  estos  Reynos  habia,  trayendo  hábito  de  re- 
ligioso, vino  á  la  villa  de  Cigalespoxdar  algún  me- 
dio entre  estos  dos  Reyes  lo  cual  como  no  pudiese 
acabar  se  volvió  en  su  hospital  como  de  primero  es- 
taba. 

CAPÍTULO  XXXIL 

Del  cerco  de  Jacn,  é  de  las  cosas  que  en  la  provincia  del  Andalu- 
cía en  este  tiempo  se  flcieron. 

En  tanto  questas  cosas  se  facían,  el  Maestre  Don 
Pero  Girón  pensó  ocupar  el  Andalucía ;  é  como  la 
cibdad  de  Jaén  se  acercaba  á  las  fortalezas  del 
Maestrazgo,  parecióle  que  podía  ligeramente  tomar- 
la, como  los  mas  de  los  fidalgos  de  aquella  cibdad 
fuesen  suyos  é  desamasen  mucho  al  Condestable 
Don  Miguel  Lucas,  el  qual  siempre  á  los  populares 
favorecía  ;  y  en  tanto  sojuzgó  aquella  cibdad,  que 
sus  mandamientos  mejor  en  ella  eran  obedecidos 
que  de  ningún  Rey  ;  é  como  en  ella  ante  de  entonce 
no  oviesemas  de  quinientos  de  caballo  ,  los  llegó  á 
niimero  de  mil  peones  ó  diez  mil  lanceros  é  balles- 
teros los  quales  todos  le  eran  así  obedientes  como 
si  domésticos  suyos  fuesen,  de  lo  qual  al  Maestre  de 
Calatrava  pesaba  mucho  ;  el  qual  como  tuviese  muy 
gran  partQ  con  Don  Alonso  do  Aguilar  y  él  tuviese 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


la  cibdad  de  Córdoba  á  su  querer  é  mando,  é  no  me- 
nos toviese  en  la  cibdad  do  Ecija  y  en  Sevilla  y  en 
Xerez  é  Carmona ;  é  tuviese  gran  parte  en  Ubeda  y 
Baeza  le  favoreciese,  porque  los  principales  de  aque- 
llas dos  cibdades  vivían  con  él,  ansí  que  en  aquella 
provincia  los  mas  estaban  á  su  querer,  salvo  Don 
Diego  Fernandez,  Conde  de  Cabra  que  era  muy  no- 
ble y  esforzado  caballero,  el  qual  tenia  dentro  de 
su  villa  de  Baena  quatrocíentos  de  caballo,  é  de  las 
otras  villas  suyas  docientos  de  caballo,  é  Alonso  de 
Montemayor,  Señor  de  Alcaudetc ,  que  en  aquella 
villa  tenía  docientos  de  caballo ,  los  quales  estaban 
quedos  sin  favorecer  ninguna  de  las  partes,  é  sola- 
mente el  Condestable  Miguel  Lucas  con  la  grande- 
za de  Jaén  é  Andujar  facia  guerra  al  Maestre  Don 
Pero  Girón ,  el  qual  con  tres  mil  de  caballo  é  gran 
número  de  peones  puso  cerco  sobre  la  cibdad  de 
Jaén ,  donde  vanamente  gastó  la  mayor  parte  del 
verano,  é  allí  se  ficieron  muchas  escaramuzas  en 
que  mas  perdieron  los  cercadores  ;  é  como  el  Maes- 
tre conociese  aver  gran  gente  en  aquella  cibdad  pa- 
ra su  defensa  é  no  les  faltar  cosa  de  lo  que  menes- 
ter avian,  é  tener  lugar  por  la  parte  de  la  sierra  pa- 
ra traer  la  gente  que  quisiesen,  determinó  de  levan- 
tar el  cerco  é  irlo  á  poner  sobre  la  fortaleza  que  le 
era  contraria  en  la  villa  de  Carmona,  la  qual  tovo 
cercada  asaz  días,  é  la  puso  en  tanto  estrecho ,  que 
de  necesidad  se  le  ovo  de  dar  ,  é  ansí  se  apoderó  de 
aquella  villa,  de  lo  qual  grandes  daños  se  siguieron 
en  aquella  provincia. 

En  tanto  questas  cosas  pasaban,  el  Rey  Don 
Alonso  se  partió  de  Valladolid,  é  se  fué  á  Portillo  ;  é 
de  allí  se  acordó  de  ir  á  Coca  por  saber  el  propósito 
del  Arzobispo  de  Sevilla  que  en  aquella  villa  resi- 
día ;  é  de  allí  el  Rey  se  partió  para  Arévalo  é  con  él 
el  Arzobispo  de  Toledo,  y  el  Marqués  de  Villena,  y 
el  Maestre  de  Alcántara,  Don  Gómez  de  Solís,  é  los 
Condes  de  Plaeencia  é  Benavente  é  Miranda  é  Pa- 
redes ,  y  el  Obispo  do  Coria ,  Don  Iñigo  Manrique, 
el  qual  como  partiese  de  Valladolid,  topó  en  el  ca- 
mino con  gente  del  Obispo  de  Palencia  Don  Gu- 
tierre de  la  Cueva,  hermano  del  Duque  de  Albur- 
querque,  é  peleó  con  él  de  manera  que  lo  desbarató, 
é  fueron  allí  algunos  muertos  y  otros  presos. 

CAPÍTULO  XXXIII. 

De  lo  que  el  Rey  Don  Enrique  en  este  tiempo  fizo ,  é  de  las  ins- 
trucciones quel  Rey  Don  Alonso  al  Papa  Pablo  envió,  é  déla 
muerte  de  la  Infanta  de  Portugal,  abuela  de  la  Reyna  Doña  Isa- 
bel, é  de  la  i  Ja  del  Conde  de  Plaeencia  é  del  Maestre  de  Al- 
cántara en  el  Andalucía ,  é  del  Rey  Don  Alonso  en  Avila ,  é  rie 
la  ¡da  del  Arzobispo  de  Toledo  en  Huele  por  socorrer  á  su 
hermano  Lope  Vázquez ,  que  lo  tenía  cercado  García  Méndez  de 
Badajoz. 

En  tanto  que  las  treguas  duraban ,  el  Rey  Don 
Enrique  puso  gran  gente  cerca  de  la  villa  de  Medi- 
na del  Campo  que  Pedro  Arias  luengamente  habia 
tenido  cercada,  é  la  habia  tomado,  é  asimismo  en  la 
villa  de  Olmedo.  Y  en  tanto  quel  Rey  Don  Enrique 
estaba  en  Simancas,  escribió  al  Santo  Padre  cartas 
muy  ansiosas ,  quexándose  de  sus  vasallos,  especial- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


37 


mente  de  aquellos  que  había  fecho  gratides,  é  como 
hijos  los  había  criado  é  peor  que  á  enemigo  le  trf- 
taban  ;  demandándole  favor  en  las  cosas  venideras 
porque  sus  Reynos  libremente  le  quedasen  ;  )o  qual 
sabido  por  el  Rey  Don  Alonso,  envió  al  Santo  Pa- 
dre haciéndole  saber  el  fundamento  é  comienzo  de 
los  debates  destos  Reynos  é  causas  de  la  depusicion 
del  Rey  Don  Enrique  su  hermano ,  suplicándole  no 
quisiese  dar  fée  á  las  cosas  no  verdaderas  que  por 
parte  de  su  hermano  Don  Enrique  le  eran  escritas, 
sobre  lo  qual  todas  las  cibdades  é  villas  al  Rey  Don 
Alonso  sujetas  escribieron  ásu  Santidad,  siguiendo 
la  forma  en  que  la  cibdad  de  Sevilla  escribió.  En 
este  tiempo  la  Infanta  de  Portugal  agüela  del  Rey 
Don  Alonso,  falleció  é  fué  enterrada  muy  honrada- 
mente en  el  Monesterio  de  San  Francisco ,  fuera  de 
los  muros  de  la  villa  de  Arévalo ,  la  muerte  de  la 
qual  fué  muy  dañosa,  ansí  por  ser  muy  notable 
muger  é  de  gran  consejo,  como  porque  su  vida  fa- 
cía grande  ayuda  é  consolación  á  la  Reyna  viuda 
su  hija.  E  de  allí  el  Rey  Don  Alonso  se  fué  á  Avi- 
la, y  el  Conde  de  Placencia  y  el  Maestre  de  Alcán- 
tara se  fueron  para  sus  tierras  que  en  el  Andalucía 
tenían,  é  desde  allí  para  Sevilla  por  dar  sosiego  en 
las  cosas  de  aquella  cibdad.  Y  estando  el  Rey  Don 
Alonso  en  Avila,  vino  nueva  cierta  al  Arzobispo  de 
Toledo  de  como  Garci  Méndez  de  Badajoz  tenia  cer- 
cado á  Lope  Vázquez  su  hermano  en  Huete ,  con 
seiscientas  lanzas  del  Rey  Don  Enrique  é  gran  nú- 
mero de  peones,  é  combatía  la  fortaleza,  é  es  cierto 
que  según  la  gente  que  Garci  Méndez  allí  tenía  y 
el  desamor  que  los  de  la  cibdad  le  avian,  fuera  for- 
zado de  se  dar,  é  le  fuera  tomada  la  fortaleza  por 
fuerza; lo  qual  sabido  por  el  Arzobispo  de  Toledo, 
partió  de  Avila  con  fasta  decientas  lanzas,  y  cuan- 
do llegó  á  Tarancon  llevaba  bien  ochocientas  ;  é 
desde  allí  envió  alguna  gente  para  que  comenzasen 
la  pelea  por  espaldas  del  castillo  ;  el  qual  como  tu- 
viese  por  su  parto  toda  la  cibdad  ,  salió  della  con 
seiscientas  lanzas  é  con  cinco  mil  peones  que  allí 
tenía  ;  é  como  en  el  camino  para  Tarancon  por  don- 
del  Arzobispo  venía  por  las  espaldas  de  la  forta- 
leza, como  Garci  Méndez  lo  supo,  volvió  por  socor- 
rer á  los  suyos  é  así  vuelta  la  pelea,  el  Arzobispo 
de  Toledo  é  los  suyos  vinieron  peleando  con  Garci 
Méndez  fasta  lo  meter  por  las  puertas  de  la  cibdad, 
en  la  entrada  de  la  qual  fué  preso  Garci  Méndez,  é 
con  él  alguno  délos  suyos,  é  de  los  seiscientos  de  á 
caballo  no  escaparon  quarenta  que  no  perdiesen  las 
armas  é  caballos ;  é  así  Lope  Vázquez  no  solamente 
fué  libre  é  la  fortaleza  quedó  por  él ,  mas  los  mise- 
rables cibdadanos  quedaron  debaxo  del  poder  suyo 
que  ante  de  entonce  muy  dura  é  ásperamente  los 
trataba  é  mucho  peor  esperaban  ser  tratados  dende 
adelante.  En  tanto  el  Almirante  é  los  Condes  de 
Paredes  é  Buendia  é  Santa  Marta  é  Monte  Rey,  y  el 
Vizconde  de  Palacios  de  Valduema  estaban  en  Va- 
lladolid,  donde  vino  nueva  que  Alvaro  de  Chinchi- 
lla con  decientas  lanzas  del  Rey  Don  Enrique  ha- 
bía tomado  una  fortaleza  cerca  de  una  cibdad  de 
León  ;é  luego  Don  Alonso  Enriquez,  hijo  mayor 


del  Almirante  Don  Fadrique,  se  partió  para  allá  con 
ciento  é  ochenta  de  caballo  c  quatrocientos  peones, 
é  puso  el  cerco  sobre  aquella  fortaleza,  é  combatióla 
de  tal  manera ,  que  la  tomó  por  fuerza  de  armas  é 
mató  algunos  de  los  que  en  ella  estaban  é  á  otros  to- 
mó las  armas  é  caballos,  é  volvióse  á  Valladolid 
donde  al  Rey  Don  Alonso  vinieron  embaxadores 
del  Conde  de  Fox,  que  en  aquel  tiempo  avia  toma- 
do la  cibdad  de  Calahorra  é  gran  parte  del  Reyno 
de  Navarra,  el  qual  afirmaba  haber  tomado  aquella 
cibdad  por  questaba  á  obediencia  del  Rey  Don  En- 
rique, é  por  su  embaxada  se  ofrecía  servir  al  Rey 
Don  Alonso,  el  qual  Rey  Don  Alonso  respondió  por 
Don  Pero  Duque,  varón  noble,  juntamente  con  los 
embaxadores  del  Conde  de  Fox,  al  qual  mandó  que 
le  requiriesen  que  no  detuviese  mas  en  los  Reynos 
de  Castilla,  pues  era  cierto  haber  pasado  las  leyes 
de  la  verdadera  amistad,  como  él  oviese  venido  en 
estos  Reynos  con  color  de  le  ayudar,  é  había  fecho 
en  ellos  muy  grandes  daños  é  males.  Oída  esta  em- 
baxada por  el  Conde  de  Fox,  él  se  partió  de  Cala- 
horra con  intincion  de  tomar  la  villa  de  Alfaro  por 
trato  ó  por  fuerza,  lo  qual  en  vano  trabajó,  como  en 
ella  estuviese  Gómez  de  Rojas ,  noble  y  estrenuo 
caballero,  el  qual  con  ayuda  de  los  moradores  della 
la  defendió  tan  valientemente ,  que  los  franceses  y 
gascones  recibieron  muy  gran  daño ,  é  muchos  de- 
Uos  murieron  allí,  é  otros  fueron  destrozados  ;  é  an- 
sí el  Conde  de  Fox  se  volvió  en  su  tierra  con  poca 
honra,  é  mandó  á  los  que  habia  dexado  en  Calahor- 
ra que  la  desmamparasen  é  lo  siguiesen.  E  al  tiem- 
po quel  Conde  de  Fox  tomó  la  cibdad  de  Calahorra, 
acaesció  allí  una  cosa  asaz  dina  de  memoria,  la 
cual  fué  que  como  ios  franceses  anduviesen  roban- 
do la  cibdad,  cinco  se  metieron  en  una  casa  de  un 
judío,  é  cerraron  la  puerta  por  de  dentro  ;  é  como  el 
judio  no  estuviese  en  la  cibdad,  en  la  casa  estaba 
solamente  la  muger,  moza  hermosa,  de  edad  de  vein- 
te é  quatro  ó  veinte  é  cinco  años ;  la  qual  como  sin- 
tió los  franceses  en  casa,  se  escondió  é  con  ella  una 
mozuela  que  tenía  de  ocho  ó  diez  años;  é  como  los 
franceses  anduvieron  por  la  casa  entraron  en  la  bo- 
dega donde  habia  muy  buenos  vinos  é  bebieron 
tanto  que  todos  cinco  se  durmieron,  é  dexaron  tira- 
do el  tapón  de  una  cuba ,  6  derramóse  muy  gran 
parte  del  vino ;  é  como  la  judía  estuviese  muy  gran 
pieza  é  no  oyese  bollicio  en  la  casa,  envió  á  la  mo- 
zuela á  ver  que  facían  los  franceses  ,  la  qual  los  fa- 
lló tendidos  con  el  vino  durmiendo ,  é  la  judía  de- 
cendió  con  un  cochillo  que  tenia  muy  agudo ,  y  en- 
tró en  la  bodega  muy  paso  é  degollólos  á  todos  cin- 
co, é  salióse  para  la  puerta  que  era  en  anochecien- 
do, é  fuese  á  la  villa  de  Alfaro.  Y  en  eete  tiempo  el 
Rey  Don  Enrique,  que  envió  tratar  con  el  Conde  de 
Fox  que  le  ayudase  contra  su  hermano  ó  ficiese 
guerra  al  Rey  de  Aragón,  como  fuese  certificado 
que  Doña  Blanca,  su  muger  que  habia  sido,  era 
muerta,  el  Rey  Don  Enrique,  sabida  la  muerte  su- 
ya, fizo  nuevas  velaciones  con  cerimonia  eclesiásti- 
ca con  la  Reyua  Doña  Juana,  de  que  todos  los  dis- 
cretos facían  burla  conociendo  ser  tan  vana  la  boda 


38 


CBÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


tercera  como  la  primera  y  segunda.  En  este  tiera- 
po  se  comenzó  la  hermandad  en  la  mayor  parte  des- 
tos  Eeynos,  de  que  gran  provecho  se  siguió,  como 
quiera  que  desque  la  hermandad  se  vido  poderosa, 
pasó  los  términos  del  fin  á  que  fué  ordenada,  é  reci- 
bieron algunos  por  ello  asaz  daños  é  muertes. 

CAPÍTULO  XXXIV. 

De  la  pertinancia  (|ue  los  barceloneses  tuvieron,  y  del  injusto  favor 
que  el  Papa  Pablo  dio  al  Rey  Don  Enrique,  é  de  como  el  Dean 
de  Toledo  quiso  sostener  no  ser  bien  fecha  la  deposccion  del 
r.cy  Don  Enrique ,  sin  consultar  al  sumo  Pontíüce,  é  de  como 
por  valientes  letrados  le  fué  probado  el  contrario. 

Después  de  la  muerte  de  Don  Pedro  de  Portugal, 
que  se  llama  Rey  de  Aragón ,  como  quiera  que  á  los 
de  Barcelona  se  hiciese  muy  áspera  guerra,  no  de- 
xaron  de  añadir  error  á  sus  errores  pasados,  ca  des- 
pués de  comienzo  do  su  rebelión  demandando  para 
ello  favor  al  Eey  Don  Enrique  é  aquel  ya  cesase, 
después  de  haber  llamado  á  Don  Pedro  de  Portugal 
é  haberle  dado  título  de  Rey  é  aquel  ser  muerto  de 
BUS  capitales  enemigos,  que  quisieron  facer  amigos, 
como  entrellos  é  los  de  Marcela  oviese  antigua 
amistad,  é  ante  que  el  Rey  de  entonce  se  oviese  lla- 
mado Rey  de  Cecilia  é  fuese  en  decrépita  edad ,  pe- 
ro curaron  que  el  Duque  Juan ,  primogénito  suyo, 
viniese  en  Barcelona,  prometiendo  el  dominio  con 
nombre  de  Rey,  del  qual  se  quisieron  ayudar  con- 
tra su  verdadero  Rey  tan  humano,  tan  noble,  tanto 
amador  de  sus  vasallos  ;  é  ansí  el  Duque  Juan  ya 
una  vez  vencido  en  la  guerra  napolitana  y  echado 
vituperiosamente  de  la  posesión  de  Genova  á  reques- 
ta  de  los  barceloneses,  fué  ende  venido,  con  cuyo 
favor  ellos  pensaron  poder  conseguir  el  fin  desea- 
do, é  donde  gloriosa  vitoria  esperaban,  siempre  cai' 
da  peligrosa  é  infamia  perpetua  les  vino ;  el  qual  ya 
llamado  Rey  de  Aragón ,  con  el  favor  de  Luis  Rey 
de  Francia,  cuyo  primo  él  era,  pensó  salir  con  la 
empresa  que  por  gran  daño  suyo  comenzó  é  la  guer- 
ra se  fizo  ásperamente.  Los  navarros  después  de  la 
muerte  de  la  Princesa  Doña  Blanca,  que  fué  muger 
del  Rey  Don  Enrique ,  comenzaron  á  contender ,  é 
la  división  entrellos  siempre  so  fué  acrecentando, 
de  que  gran  trabajo  al  Rey  de  Aragón  se  siguia ,  é 
la  ceguedad  allende  de  los  otros  trabajos  le  comen- 
zaba, é  á  su  afición  se  añadieron  las  turbaciones  que 
en  Castilla  tenían  todos  los  que  deudo  é  amor  le 
avian,  á  los  quales  el  Papa  Paulo  injustamente  per- 
seguía queriendo  favorecer  al  Rey  Don  Enrique,  ó 
á  los  intrusos  por  sus  letras  favorecía,  llamando  por 
ellas  al  Duque  Juan ,  Rey  de  Aragón,  en  gran  per- 
juicio del  verdadero  Rey  Don  Juan  é  á  suplicación 
de  aquel  ó  de  las  Iglesias  catedrales ;  é  en  Cataluña 
proveía,  é  otro  tanto  hizo  en  el  término  de  Castilla, 
mandando  á  los  procuradores  del  Rey  Don  Alonso 
que  en  su  corte  no  le  llamasen  Rey,  por  lo  qual  el 
Arzobispo  escribió  al  Santo  Padre  bus  cartas  llenas 
de  querellas  por  las  quales  esplicó  las  verdaderas 
causas  por  qué  las  principales  cibdades  de  los  Rey- 
nos  de  Castilla  á  su  Santidad  avian  escrito  so  la 
forma  que  la  cibdad  de  Sevilla }  é  con  aquellos  en- 


vió las  instrucciones  de  las  leyes  de  España  con  au- 
toridad teológica  8  canónica ;  á  las  cuales  todos  los 
Grandes  que  al  Rey  Don  Alfonso  seguían,  unáni- 
mes é  conformes  dieron  su  consentimiento  ;  lo  qual 
como  el  Rey  Don  Enrique  supiese,  buscó  alguna  do- 
,  fension  para  su  causa ,  é  fué  requerido  por  él  Don 
Francisco  de  Toledo,  Maestro  en  Teología,  varón 
muy  famoso  en  ciencia  é  de  honesta  vida ;  al  qual 
rogó  quisiese ,  ansí  en  sus  predicaciones  como  en 
escrito,  favorecer  su  parte ;  el  qual  en  muchos  ser- 
mones que  fizo  siempre  concluyó  que  por  malo  quo 
fuese  el  Rey,  sus  siiditos  no  debían  ni  podían  pro- 
ceder contra  él  ni  privarlo  del  Reyno ,  salvo  seyen- 
do  ante  juez  competente,  probando  el  crimen  de  he- 
rejía ;  al  qual  fué  respondido  é  probado  lo  contra- 
rio por  Don  Antonio  de  Alcalá,  Obispo  de  Asturias, 
f rayle  de  la  Orden  de  San  Francisco ,  varón  muy 
notable  é  de  gran  ciencia,  é  por  Fray  Juan  López, 
famoso  maestro  en  Teología  de  la  Orden  de  los  Pre- 
dicadores, é  por  otros  Doctores,  famosos  legistas  é 
canonistas,  los  quales  todos  por  muy  diversas  auto- 
ridades, así  del  Testamento  viejo  como  del  nuevo, 
teológicas  é  canónicas  é  jurídicas,  corroboraron  é 
aprobaron  la  deposecion  fecha  del  Rey  Don  Enri- 
que; é  por  eso  los  Grandes  destos  Reynos  á  las  ar- 
mas ocurrieron,  según  la  costumbre  vulgar  que  en 
semejantes  casos  se  suele  tener  entre  los  Reyes ,  en- 
tre los  quales  en  las  armas  está  el  derecho  é  por 
proverbio  común  so  tiene  que  en  la  corte  romana 
á  los  vencedores  dan  la  corona  é  á  los  vencidos  des- 
comulgan. 

CAPÍTULO  XXXV. 

De  como  fué  tomada  la  cibdad  de  Gibraltar  á  Esteban  de  Villa- 
creces  por  Don  Enrique  de  Guzman,  fijo  del  Duque  de  Mcdíaa 
Sidonia,  Don  Juan  de  Guzman,  c  de  la  tomada  de  Coria. 

Grande  esperanza  tovo  el  Duque  Don  Beltran  de 
la  Cueva  de  poder  tener  la  cibdad  de  Gibraltar ,  la 
qual  tenia  por  él  un  buen  caballero  natural  de  Xe- 
rez,  llamado  Esteban  de  Villacreces,  cuñado  suyo, 
casado  con  su  hermana ,  hombre  mucho  esforzado  é 
muy  discreto  en  las  cosas  de  la  guerra ,  é  usado  á 
sofrir  peligros  é  trabajos.  E  como  el  Duque  de  Me- 
dina Sidonia  siguiese  al  Rey  Don  Alonso,  é  le  pa- 
reciese á  su  primo  mucho  convenir  aquella  cibdad 
estar  á  su  obediencia,  envió  mucha  gente  á  la  cer- 
car en  comienzo  del  mes  de  Mayo  del  año  de  mil  y 
quatrocientos  é  sesenta  é  seis ;  la  qual  venida  Este- 
ban de  Villacreces  consideró  que  según  la  grande- 
za de  aquella  cibdad ,  él  no  la  podría  defender  con 
la  gente  que  tenia  é  por  eso  él  se  retraxo  á  la  for- 
taleza ,  lo  qual  luego  fizo  saber  al  Rey  Don  Enrique 
é  al  Duque  Don  Beltran  ;  lo  qual  sabido  por  el  Rey 
escribió  letras  á  gran  priesa  á  los  moros  de  Grana- 
da ,  rogándoles  afectuosamente  que  quisiesen  so- 
correr á  Esteban  de  Villa  creces,  los  quales  mirando 
como  no  podían  socorrer  la  fortaleza  sin  tomar  la 
cibdad ,  é  esto  á  ellos  les  fuese  difícil,  según  la  mu- 
chedumbre de  gente  que  en  ella  estaba,  como  quie- 
ra que  algunas  veces  llegaron  muy  cerca  doUa,  no 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS 


39 


lo  osarou  atentar;  é  con  esto  siempre  el  Duque  de 
Medina  acrecentó  el  cerco,  é  mandó  poner  estancias 
contra  la  fortaleza,  combatiéndola  fuertemente  cada 
día  con  grandes  tiros  de  pólvora  é  con  todos  los  otros 
aparejos  acostumbrados  á  combatir ;  lo  qual  duró 
fasta  quince  dias  de  Febrero  del  año  de  mil  é  qua- 
trocientos  é  sesenta  é  siete  años,  en  el  qual  tiempo 
Don  Enrique  deGuzman,  hijo  del  Duque  Don  Juan 
de  Guarnan,  sobrevino  con  mucha  mas  gente  é  con 
mas  artillería,  é  fizo  combatir  la  fortaleza  de  tal 
manera,  que  fué  derribada  muy  gran  parte  de  los 
muros,  é  derribadas  algunas  torres  della  y  entrada 
la  fortaleza  ;  y  Esteban  de  Villacreces  se  retraxó  á 
la  torre  principal  con  su  mujer  é  fijas  que  allí  tenia 
é  con  algunos  peones  que  le  quedaron,  donde  se  de- 
fendió varonilmente  por  quatro  meses,  pasando  in- 
finitos trabajos  de  noche  é  de  dia,  teniendo  ya  muy 
gran  mengua  de  las  cosas  necesarias  ;  é  como  quie- 
ra que  muy  grandes  partidos  le  fueron  movidos, 
jamas  quiso  entregar  la  torre,  como  quiera  que  vido 
los  que  con  él  estaban  descolgarse  con^sogas  é  darse 
á  misericordia  de  los  cercadores;  é  como  ya  no  le 
quedase  gente  con  que  pudiese  la  torre  defender  ,  é 
todas  las  vituallas  le  falleciesen ,  dio  la  torre  sin 
ningún  partido ,  é  ansí  el  Duque  de  Medina  poseyó 
libremente  la  cibdad  de  Gibraltar  é  su  fortaleza ,  ó 
ovo  previlegio,  del  dominio  de  aquella  cibdad ,  no 
embargante  ser  título  del  cetro  Real.  En  este  tiem- 
po como  el  Maestre  de  Alcántara  Don  Gómez  de  So- 
lis  toviese  cercado  mucho  tiempo  avia  la  cibdad  de 
Coria,  en  la  qual  estaba  Alfonso  de  Monroy  Clavero 
de  Alcántara,  la  defendía  ansí  porque  seguia  al  Rey 
Don  Enrique,  como  porque  tenia  grande  odio  al 
Maestre  Don  Gómez,  La  causa  principal  habia  sey- 
do  porquel  Maestre  tiránicamente  tenia  ocupada  la 
villa  de  Cáceres,  donde  el  Clavero  tenia  muchos  pa- 
rientes é  amigos,  los  quales  del  Maestre  eran  mal- 
tratados, seyendo  caballeros  dinos  de  honor;  é  no 
solamente  aquella  villa  mas  la  mayor  parte  de  aque- 
lla provincia  tenia  así  sometida  é  sojuzgada ,  é  al- 
gunas veces  con  soberbia  decía  que  el  Rey  por  po- 
deroso que  era  no  lo  temía,  como  quiera  quel  Cla- 
vero envió  á  demandar  socorro  al  Rey  Don  Enrique 
que  nunca  ge  lo  envió  é  pasó  muy  grandes  trabajos 
é  fatigas,  estando  mucho  apretado  y  de  contino  com- 
batido con  munchos  pertrechos  é  artillerías,  é  cos- 
treñido  por  mucha  necesidad  después  de  haber  sei- 
do  luengamente  cercado,  entregó  la  cibdad  al  Maes- 
ti-e,  é  fuese  á  la  fortaleza  de  Fertejo  que  habia  to- 
mado por  escala.  La  toma  desta  cibdad  ensoberbe- 
ció mucho  al  Maestre  de  Alcántara  ;  é  d«sde  allí  fué 
á  tomar  la  cibdad  de  Badajoz,  ques  cerca  del  rio  lla- 
mado Guadiana,  con  las  quales  cibdades  quiso  su- 
blimar y  engrandecer  sus  hermanos ,  el  uno  llama- 
do Gutierre,  al  qual  entregó  á  Coria  con  título  de 
Conde ,  y  al  otro  llamado  Fernán  Gómez  puso  en  la 
cibdad  de  Badajoz,  cibdades  obispados  muy  nobles 
é  antiguas  é  anejas  á  la  Corona  Real. 


CAPITULO  XXXVI. 

De  la  muerte  de  Don  Pedro  Girón,  Maestre  de  Calatrava,  6  del 
gran  milagro  que  nuestro  Señor  en  ella  demostró  por  la  llustri- 
sima  Infanta  Doña  Isabel,  é  de  la  caída  de  Donjuán  de  Valen- 
zuela.  Prior  de  San  Juan  ,  é  de  la  muerte  de  Francisco  Esforza, 
Duque  de  Milán,  é  de  la  victoria  que  en  este  .tiempo  ovo  el  gran 
Turco. 

Don  Pedro  Girón ,  Maestre  de  Calatrava,  no  con- 
tento de  la  gran  dignidad  é  rentas  que  la  fortuna 
le  avia  administrado ,  pensó  mucho  más  sublimar 
su  estado,  para  lo  qual  ovo  dispensación  del  Santo 
Padre  para  casarse ,  seyendo  fray  le  profeso  do  la 
Orden  de  San  Benito,  é  ovo  pensamiento  de  aver 
por  mugcr  la  Serenísima  Infanta  Doña  Isabel,  que 
hoy  es  Reyna  é  Señora  nuestra  ,  lo  qual  creyó  lige- 
ramente pudiese  acabar  según  la  parte  que  en  el 
Rey  Don  Enrique  tenia  ;  para  lo  qual  determinó  de 
venir  en  la  villa  de  Ocafia  con  tres  mil  lanzas,  don- 
del  Rey  Don  Alonso  é  la  Infanta  Doña  Isabel  esta- 
ban ,  con  propósito  de  inclinar  la  voluntad  de  la  In- 
fanta á  que  quisiese  casar  con  él,  é  quando  de  gra- 
do no  lo  pluguiese,  tomarla  por  fuerza;  la  qual 
como  fuese  certificada  del  propósito  con  quel  Maes- 
tro venia  é  con  grande  aparato,  no  solamente  de 
guerra  mas  de  Corte  é  con  grandes  aparejos  para  fa- 
cer justas  y  torneos  é  todas  las  fiestas  que  se  acos- 
tumbraban facer  en  las  bodas  de  los  grandes  prín- 
cipes, la  señora  Infanta  como  desto  fué  muy  turba- 
da é  triste,  estuvo  un  dia  y  una  noche  las  rodillas 
por  el  suelo,  muy  devotamente  rogando  á  nuestro 
Señor  que  le  pluguiese  matar  á  él  ó  á  ella,  porqueste 
casamiento  no  oviese  efeto,  é  viniendo  ansí  el  Maes- 
tre muy  sano  é  alegre,  dando  forma  en  las  fiestas 
que  en  sus  bodas  se  avian  de  hacer,  llegando  á  un 
lugar  que  se  llamaba  Villa  Rubia ,  cerca  de  Villa 
Real,  de  súpito  de  la  mano  de  Dios  f ué  f erido  de 
esquinencia  de  tal  manera,  que  dentro  de  tres  dias 
fué  muerto,  quedando  todos  los  suyos  sanos ,  é  no 
menos  los  vecinos  de  aquel  lugar;  é  ansí  nuestro  Se- 
ñor quebrantó  la  elación  é  soberbia  de  aqueste  ca- 
ballero, en  quanto  los  hombres  deben  tomar  enxem- 
plo  para  no  querer  subir  en  mas  alto  de  quanto  les 
conviene  por  la  sobervía  é  vana  presunción,  que  las 
mas  veces  derribaron  á  quier  que  las  toma  ,  como 
sea  por  Dios  desamado,  por  lo  cual  el  ángel  del  cie- 
lo cayó,  é  el  hombre  del  paraíso  fué  echado,  la  torre 
de  Babilonia  derribada,  é  Golias  muerto.  E  allí  el 
Maestre  repartió  entre  algunos  de  sus  criados  muy 
gran  parte  de  tesoros  que  consigo  traía,  é  dexó  el 
cargo  de  sus  hijos  é  la  administración  de  sus  bienes 
á  su  hermano  el  Marqués  Don  Juan  Pacheco.  Aquí 
parece  dina  cosa  escrebirse  un  caso  maravilloso 
acaecido  siete  dias  antes  de  la  muerte  del  Maestre, 
el  qual  fué  que,  como  partiese  de  la  villa  de  Porcu- 
na para  continar  su  viaje ,  fué  á  dormir  á  un  casti- 
llo llamado  el  Barrueco,  que  es  de  la  cibdad  de  Jaén, 
donde  casi  á  hora  de  vísperas  vido  venir  por  el  ca- 
mino quel  avia  traído  una  muy  gran  muchedumbre 
de  cigüeñas,  que  era  maravilla  do  las  ver,  viniendo 
delante  de  todas  una  que  las  guiaba ;  y  llegando  en- 


40 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cima  del  castillo ,  allí  estuvieron  un  gran  rato  fa- 
ciendo tan  gran  ruido  conlos  picos,  que  era  extraña 
cosa  de  ver;  é  juntándose  todas  ficieron  una  redon- 
dcza  tan  grande,  que  aunque  facia  sol  muy  claro, 
el  castillo  escureció,  poco  menos  que  si  fuera  de  no- 
che ;  de  lo  qual  el  Maestre  fué  mucho  turbado  é  pre- 
guntó á  todos  que  qué  les  parecía  de  aquello ,  los 
quales  re«poudieron  que  no  sabian  qué  decir,  salvo 
que  nunca  vieron  semejante  cosa,  y  el  Maestre  man- 
dó que  mirasen  que  camino  seguían  las  cigüeñas,  é 
fallaron  que  llevaron  el  derecho  camino  que  otro 
dia  el  Maestre  habia  de  llevar.  B  sabida  por  el  Mar- 
qués la  muerte  de  su  hermano,  el  Arzobispo  de  To- 
ledo y  el  Marqués  é  con  ellos  D.  Juan  Tellez,  fijo 
mayor  del  Maestre  ,  se  partieron  de  gran  priesa  de 
la  villa  de  Arévalo,  y  el  Arzobispo  se  fué  á  Yepes, 
y  el  Marqués  á  Ubeda  ;  é  desde  allí  dio  forma  como 
las  villas  é  fortalezas  del  Maestre  de  Calatrava  se 
entregasen  á  Don  Rodrigo  Girón  ,  su  sobrino  ;  y  él 
se  partió  para  la  villa  de  Almagro  ,  donde  fizo  jun- 
tar los  Comendadores  con  los  quales  tovo  tales  for- 
mas, que  eligieron  por  Maestre  al  dicho  Don  Ro- 
drigo, como  quiera  questa  elecion  fuese  contra  las 
Ordenanzas  de  la  Santa  Orden  de  Calatrava,  así  por 
la  inhabilidad  de  su  nacimiento  como  por  la  poque- 
za de  su  edad.  En  este  tiempo  fué  tomada  la  villa 
de  Sepúlvcdaque  por  el  Rey  Don  Alonso  estaba  por 
gente  del  Rey  Don  Enrique,  en  la  entrada  de  la 
qual  murieron  algunos  del  Marqués  de  Villena  que 
en  ella  estaban ;  é  ansí  mismo  pusieron  cerco  sobre 
la  cibdad  de  Ubeda  el  Condestable  Don  Miguel  Lu- 
cas é  Don  Juan  de  Valenzuela,  Prior  de  San  Juan 
al  socorro  de  la  qual  el  Marqués  de  Villena  ovo  de 
ir  con  trecientas  lanzas;  los  quales  como  fueron  cer- 
tificados de  la  venida  del  Marqués,  dexaron  el  arra- 
bal que  de  Ubeda  tenían  tomado,  é  partiéronse  para 
Jaén;  é  levantado  el  cerco,  en  seguimiento  dellos 
fueron  Dia  Sánchez  de  Benavides  é  Gonzalo  de  Sa- 
yavedra  é  Carabajal,  los  quales,  como  quisiesen  pa- 
sar el  rio  indiscretamente,  el  Prior  de  San  Marcos 
se  afogó  y  el  Prior  de  San  Juan  con  seiscientos  de 
caballo  é  ochocientos  peones  se  fué  á  la  villa  de  An- 
duxar,  é  en  el  camino  ovo  recuento  con  Don  Fadri- 
que  Manrique,  Hermano  del  Conde  de  Paredes,  el 
qual  le  quiso  defender  el  paso  de  Guadalquevir, 
donde  ovo  cntrellos  cruel  batalla  en  que  murieron 
muchos  de  ambas  partes ,  pero  al  fin  como  fuese 
mucha  mas  la  gente  del  Prior  de  San  Juan  que  los 
de  Don  Fadrique ,  que  de  súpito  acaesció  que  Don 
Alonso  de  Aguilar  que  llegó  allí,  que  quería  pasar 
á  Ubeda  con  gran  gente,  como  sintió  la  pelea  de  la 
gente,  socorrió  muy  prestamente  á  la  parte  de  Don 
Fadrique  su  tío,  é  no  solamente  lo  delibró,  mas  des- 
barató los  enemigos ,  é  mató  é  prendió  dellos  mas  de 
doscientos,  é  recobró  la  presa  que  de  los  arrabales 
de  Ubeda  habían  traído  éde  allí  el  Prior  de  San  Juan 
fué  f uyendo  con  muy  poca  gente,  andando  de  dia  é 
de  noche,  é  con  gran  peligro  pudo  llegar  al  castillo 
de  Consuegra  donde  sostuvo  grandes  trabajos  y 
intolerables  necesidades,  fasta  que  ovo  de  dar  la 
fortaleza,  quedando  menospreciado  de  sus  propios 


vasallos.  En  el  qual  tiempo  Don  Juan  Ponce  de 
León ,  Conde  de  Arco,  cercó  la  cibdad  de  Cádiz ,  la 
cual  tomó  hallándola  muy  vacía  de  gente  por  cau- 
sa de  la  pestilencia  que  en  ella  habia.  En  este  tiem- 
po fué  muerto  Francisco  Esforza,  Duque  de  Milán, 
estando  seguro  oyendo  vísperas  en  la  iglesia  mayor 
de  aquella  cibdad  por  un  mal  hombre, sin  sabérsela 
verdadera  causa  porque  lo  fizo,  llegándose  á  él  di- 
ciendoque  le  quería  fablar  é  le  pasó  una  daga  por  el 
cuerpo,  deque  súpitamente  murió;  y  algunos  decían 
questo  se  fizo  por  quel  Duque  avia  forzado  uno  her- 
mana de  aquel  caballero;  otros  decían  que  porque 
quitó  á  un  hermano  suyo  una  abadía  que  rentaba 
dos  mil  ducados  cada  año.  Como  quiera  quel  Duque 
se  murió,  como  dicho  es,  é  para  lo  poner  en  obra, 
como  dicho  es ,  tuvo  esta  forma :  que  se  conjuró 
con  otros  dos,  é  todos  tres  llegaron  mostrando  que 
querían  facer  reverencia  al  Duque,  y  el  uno  le  pasó 
tres  ó  quatro  veces  la  daga  por  el  cuerpo  ,  é  no  se 
pudo  conocer  qual  dellos  fuese ,  é  los  dos  fueron 
luego  allí  muertos  ,  y  el  uno  f  uyó,  é  después  se  supo 
queste  que  fuyó  lo  habia  matado.  E  esto  ansí  pa- 
sado, la  Duquesa ,  como  quiera  que  ovíese  gran  do- 
lor de  la  muerte  del  marido  ,  luego  de  súpito  prove- 
yó en  lo  que  más  le  cumplía  é  se  metió  en  la  forta- 
leza con  el  primogénito  heredero  é  con  los  otros  sus 
fijos;  é  luego  mandó  pregonar  por  mandado  del 
unigénito  que  ninguno  fuese  osado  á  traer  armas  so 
pena  la  vida,  é  que  todos  honrasen  é  acatasen  á  su 
primogénito  heredero  en  el  lugar  de  su  padre,  el 
qual  desde  aquella  hora  quitó  todas  las  cesaciones 
que  su  padre  en  aquella  cibdad  avía  puesto ,  sola- 
mente dexando  para  sí  las  rentas  ordinarias  que  so- 
lian  levar  los  Duques  de  Milán ,  faciéndoles  saber 
que  cualcsquier  costas  quel  Duque  debía  ó  injusta- 
mente avia  llevado ,  los  mandaba  luego  en  dinero 
contado  pagar,  é  quería  que  su  hijo  el  nuevo  Duque 
se  rigiese  é  fuese  gobernado  en  tanto  que  fuese 
mozo  por  consejo  de  nobles  cibdadanos  escogidos 
por  el  pueblo  ;  é  luego  escribió  á  los  ginovescs  ro- 
gándoles afectuosamente  que  quisiesen  estar  en  la 
fee  que  habían  estado  del  Duque  Francisco  Esforza, 
é  después  de  su  hijo  Galeaso ;  é  tanta  fué  la  virtud 
de  la  Duquesa,  que  todas  las  cosas  sosegó  en  tiempo 
de  tan  dura  é  grave  adversidad.  En  el  qual  tiempo 
el  gran  Turco  ovo  una  gran  vitoria  contra  los  Alba- 
leses  por  la  pereza  é  tloxedad  é  discordia  do  loe 
Príncipes  ;  é  para  más  sin  temor  natural,  dizque  los 
que  le  dieron  tenían  en  su  casa  fecha  una  estatua 
del  Duque,  al  qual  llegaban  á  dalle  de  manera  que 
cuando  vinieron  al  efeto  le  tenían  ya  perdido  el 
miedo,  el  qual  fué  dia  deSant  Esteban. 

CAPÍTULO  XXXVII. 

De  la  Embaxada  quel  Santo  Padre  en  estos  Reynos  envió  por  el 
lloclor  Misur  Leonardo. 

Grande  ocasión  dieron  los  Santos  Padres  de  nues- 
tro tiempo  á  las  discordias  é  daños  de  los  príncipes 
cathólicos,  los  cuales,  como  supiesen  los  escándalos 
é  desifiaciones  que  entrellos  pasaban ,  no  con  aquel 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS, 
fervor  é  ardiente  deseo  de  bien  universal  ponían  los 
remedios  que  los  antiguos  Padres  Santos  solian  bus- 
car é  con  gran  diligencia  poner,  mas  buscando  sus 
propios  provechos,  con  desordinada  codicia  de  los 
Rey  nos  extraños,  buscan  nuevas  ecesione8,y  el  Papa 
Pablo  de  aquestos,  mostrando  que  por  dar  libertad 
al  Arzobispo  de  Santiago,  questaba  oprimido  por  los 
Grandes  de  Galicia,  enviaba  su  embaxador  Mister 
Leonardo,  varón  grave  y  muy  docto,  el  qual  mas 
para  buscar  provechos  para  el  Santo  Padre,  que 
por  otra  cosa,  paresció  venir  en  estos  Reynos,  é  á 
fin  de  conseguir  su  propósito  mostraba  por  blandas 
palabras ,  ansí  á  la  parte  del  Rey  Don  Enrique  como 
á  la  del  Rey  Don  Alonso,  querer  la  concordia ;  de 
la  venida  del  qual  otro  ningún  provecho  se  siguió ; 
é  por  trato  del  Arzobispo  Don  Alonso  de  Fonseca 
en  este  tiempo  se  dio  alguna  suspensión  en  los  ne- 
gocios ;  é  si  agora  por  estenso  se  oviese  descrebir 
las  formas  é  tratos,  é  juntamientos  de  gentes,  é  cer- 
cos de  cibdades  é  villas  é  fortalezas  que  se  ficieron 
desde  la  sublimación  del  Rey  Don  Alonso  fasta  su 
fallecimiento,  mucho  pasarían  los  términos  de  lo  pro- 
metido en  el  exercicio  desta  obra,  é  por  esto  todas  las 
otras  cosas  dexadas,  solamente  se  fará  esencion  de 
la  batalla  acaecida  entre  estos  dos  Reyes  cerca  de  la 
villa  de  Olmedo,  é  de  las  cosas  más  principales  acae- 
cidas fasta  la  muerte  deste  Rey  Don  Enrique. 


CAPÍTULO  XXXVIII. 

i '  li  la  batalla  qnc  se  ovo  cerca  de  la  villa  de  Olmedo  entre  los  Re- 
yes Don  Enrique  y  Don  Alonso. 

En  este  tiempo  Don  Pedro  de  Velasco ,  primogé- 
nito de  Don  Pedro  Hernández  de  Velasco,  Conde 
de  Haro,  que  hoy  es  Condestable ,  que  algún  tiem- 
po habia  seguido  la  parte  del  Roy  Don  Alonso,  con 
gran  diligencia  ayuntó  todas  las  gentes  que  pudo 
en  Castilla  la  Vieja  para  venir  en  ayuda  del  Rey 
Don  Enrique,  é  ansi  lo  ñcieron  Don  Diego  Hurtado 
de  Mendoza,  Marqués  de  Santillana  é  sus  hermanos 
en  la  provincia  de  Toledo,  é  Don  Beltran  de  la 
Cueva,  Duque  de  Alburquerque,  é  no  menos  el  Rey 
Don  Enrique ,  dexada  la  pereza  que  solia  tener ,  ni 
perdonaba  las  despensas  ni  el  trabajo ;  é  queriendo 
aver  venganza  de  las  cosas  pasadas,  con  toda  soli- 
citud se  esforzaba  de  venir  á  poner  el  cerco  sobre 
el  Rey  Don  Alonso  su  hermano ,  que  en  la  villa  de 
Olmedo  estaba ;  de  lo  qual  como  el  Rey  Don  Alon- 
so fuese  certificado ,  como  quiera  que  le  fallasen 
principales  ayudadores,  determinó  con  consejo  del 
Arzobispo  de  Toledo,  Don  Alonso  Carrillo,  é  de  Don 
Diego  Hernández  de  Quiñones,  Conde  de  Luna,  de 
dar  la  batalla  con  esa  gente  que  tenia,  si  el  Rey 
Don  Enrique  á  la  villa  de  Olmedo  se  acercase ;  é 
para  la  venir  ayudar  estaba  muy  poco  tiempo ;  é 
como  el  Marqués  de  Villena  estoviese  en  la  provin- 
cia de  Toledo  empachado  en  diversas  cosas ,  y  el 
Conde  de  Placencia  y  el  Maestre  de  Alcántara  es- 
toviesen  mucho  lexos  para  poder  al  tiempo  venir 
é  solamente  el  recurso  quedaba  en  el  Almirante 
Don  Fadrique  y  el  Arzobispo  de  Sevilla,  Don  Alon- 


41 

so  de  Fonseca ,  nuevamente  al  Rey  Don  Alonso 
reconciliados,  y  el  Conde  de  Luna,  Don  Diego  Fer- 
nandez de  Quiñones,  que  poca  gente  tenia,  y  el 
Conde  de  Miranda,  Don  Diego  de  Estuñiga ,  que 
traxo  fasta  ochenta  lanzas  ;  é  desde  aquesta  guerra 
se  conxuróel  Arzobispo  de  Toledo  nunca  menos  gen- 
te haber  tenido  que  entonces,  no  creyendo  poder  ve- 
nir las  cosas  en  el  punto  en  questaban  ;  pero  como 
quiera  que  la  gente  quel  Rey  Don  Alonso  tenia  era 
muy  poca  en  comparación  de  la  mucha  quel  Rey 
Don  Enrique  traia ,  pero  habia  en  ellos  hombres 
muy  nobles  y  estrenuos  caballeros  é  muncho  espe- 
rimentados  en  las  cosas  de  la  guerra  ,  que  serian 
todos  en  número  ochocientos  de  caballo,  en  que 
podia  haber  docientos  hombres  de  armas,  é  la  gen- 
te del  Rey  Don  Enrique  serian  mil  é  setecientos 
de  caballo  é  mil  peones,  en  los  quales  habia  ocho- 
cientos hombres  de  armas,  ó  de  la  gente  quel  Rey 
tenia  falleciéronle  el  dia  de  la  batalla  bien  decien- 
tas lanzas  de  guisa  é  luego  que  le  no  quedaron  seis- 
cientas. Al  qual  tiempo  se  llegó  Don  Enrique  En- 
riquez,  hijo  del  Almirante  Don  Fadrique ,  con  do- 
cientas  lanzas,  é  ansi  mesmo  Fernando  do  Fonseca, 
hermano  del  Arzobispo  de  Sevilla,  con  ciento  é  cin- 
quenta  de  la  Condesa  de  Bcnalcazar,  hija  del  Con- 
de de  Placencia,  é  de  algunos  comarcanos  que  le  vi- 
nieron se  compiló  número  de  mil  é  trecientas  lanzas, 
en  las  quales  todas  podia  haber  quatrocientos  hom- 
bres de  armas ;  y  el  Rey  Don  Enrique  con  la  gente 
ya  dicha  partió  de  Tu  déla  con  el  propósito  ya  di- 
cho, continuando  su  camino  para  Olmedo  enten- 
diendo que  seguu  la  poca  gente  quel  Rey  Don  Alon- 
so tenia,  le  convenia  estar  dentro  de  los  muros  de 
Olmedo,  ó  locamente  pelear,  ó  facer  deshonesto 
partido ,  ca  entrellos  no  se  f  acia  mención  de  la  ba- 
talla, creyendo  que  los  del  Rey  Don  Alonso  no  la 
osarían  dar  ,  é  que  si  el  Arzobispo  locamente  darla 
quisiese,  muy  por  cierta  temían  la  vitoria ;  é  vinien- 
do ansí  por  el  camino,  cometieron  de  tomar  la  for- 
taleza de  Yecar,  ques  del  Conde  de  Miranda,  é  no  la 
pudieron  aver ;  ó  como  ya  llegasen  quatro  ó  dos  le- 
guas de  Olmedo.  Como  Don  García  de  Padilla,  cla- 
vero de  Calatrava,  que  hoy  es  Maestre,  fuese  muy 
noble  y  esforzado  caballero  y  estuviese  en  el  cam- 
po con  fasta  cinquenta  de  caballo  por  mandado 
del  Rey  Don  Alonso  para  ver  la  ordenanza  quel 
Rey  Don  Enrique  traia,  visto  por  él  la  gente,  lo  fizo 
luego  saber  al  Arzobispo  de  Toledo  é  como  el  Du- 
que Don  Beltran  de  la  Cueva  un  escudero  de  la  com- 
pañía del  clavero  quel  mucho  conocía,  dándole  se- 
guro, le  rogó  que  quisiese  fablar  con  él,  el  qual  to- 
mando letras  del  clavero  se  llegó  á  la  f  abla ,  y  el 
Duque  le  preguntó  si  crcia  que  la  gente  de  Olmedo 
osase  pelear  con  la  que  allí  venia ,  y  él  le  respondió 
que  no  solamente  lo  creía ,  mas  era  cierto  que  si  á 
la  villa  de  Olmedo  se  acercaban  la  batalla  no  se  po- 
dría escusar ;  de  lo  qual  el  Duque  riéndose  tornó  á 
decir  si  aquello  que  decia  lo  avia  por  cierto ;  el  cual 
lo  tornó  afirmar,  y  el  Duque  le  dixo  que  si  ansi  fue- 
se él  se  ofrecía  de  le  dar  cinquenta  mil  maravedís  de 
juro,  el  qual  teniéndogelo  en  merced  lo  aceutó ,  é  á 


42 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ruego  del  Duque  estovo  allí  fasta  que  todas  las  ba- 
tallas del  Roy  Don  Enrique  parecieron,  lo  qual  el 
Duque  quiso  facer,  porque  vista  la  muchedumbre 
de  la  gente  que  venia,  lo  dixese  á  los  de  Olmedo 
para  les  facer  temer ;  el  qual  mensagero  se  vino 
para  Olmedo  é  dixo  al  Rey  Don  Alonso  é  al  Arzo- 
bispo todo  lo  pasado,  é  ávido  su  consejo  ,  se  deter- 
minó quel  Rey  Don  Alfonso  otro  dia  muy  de  ma- 
ñana saliese  con  sus  gentes  á  dar  batalla  á  los  que 
acercarlos   querian.  E  dende  á  poco  el  Rey  Don 
Alonso  fué  certificado  que  los  enemigos  estaban 
cerca ;  ó   luego  el  Arzobispo    de  Toledo  salió  al 
campo  ó  ordenó  su  batalla  ;  é  aunque  el  Rey  Don 
Alonso  era  mozo,  armóse  de  todo  arnés  é  salió  al 
campo,  encima  de  su  caballo  encubertado,  é  con 
61  el  Conde  de    Miranda,   hermano  del  Conde  do 
Placencia,  y  el  Obispo  de  Coria  y  otros  algunos 
de  los  continos,  los  quales  todos  se  pusieron  de- 
lante del  Monesterio  de   Santo   Domingo ,  que  es 
cerca  de  la  villa  de  Olmedo,  y  el  Rey   Don  En- 
rique se  apartó  de  sus  batallas  é  con  fasta  trein- 
ta de  los  que  mas  queria  seguirle ;  é  llamó  á  Mo- 
sen  Pieres  de  Peralta ,   caballero  navarro  que  de 
aventura  era  allí  venido  por  negociar  con  él,  que 
era  ávido  por  muy  estrenuo  é  mucho  esperimentado 
en  cosas  de  guerra,  al  qual  rogó  quisiese  ordenar 
BUS  batallas,  las  qualea  él  ordenó  en  cinco ;  en  la 
primera  puso  al  Coronel  Juan  Fernandez  Galindo, 
con  trecientos  de  caballo  ;  é  después  del  al  Marqués 
de  Santillaua  con  dos  esquadras  de  gente  ,  la  una 
do   cien  hombres  de  armas,   é  la  otra  de  ciento 
de   ginetes;   é    cerca  dél   venia  Don  Beltran  de 
la  Cueva  con  cient  hombres  de  armas  é  ciento  cin- 
quenta  ginetes ;  é  cerca   deste  venían   hasta  mil 
peones  é  con  ellos  cinquenta  de  caballo  ;  é  luego 
venia  Don  Pero  de  Velasco  con  docientos  ginetes  é 
quatrocientos  hombres  de  armas;  é  como  el  Rey 
Don  Enrique  viese  las  batallas  del  Rey  Don  Alon- 
so con  tan  poca  gente,  maravillóse  mucho  del  Ar- 
zobispo de  Toledo  osar  pelear  con  tanta  muche- 
dumbre do  gente  quanta  él  traia,  lo  qual  ninguno 
de  los  que  allí  venían  podían  hacer.  El  Rey  Don 
Enrique  determinó  que  antes  que  la  batalla  se  die- 
se, fuese  enviado  mensagero  al  Arzobispo  de  Tole- 
do,  el  qual  fué  un  religioso  de  la   Orden  de  la 
Trenidad,  acompañado  de  un  trompeta,  el  qual  lle- 
gó al  Arzobispo  é  lo  dixo  que  el  Rey  Don  Enrique 
le  enviaba  decir  quisiese  no  empachar  su  camino, 
quél  quería  seguir  para  la  villa  de  Medina  del  Cam- 
po BÍn  intención  de  haber  batalla  ;  al  qual  el  Arzo- 
bispo respondió  que  dixese  á  Don  Enrique  que  otros 
munchos  caminos  pudiera  tomar  si  quisiera  para  ir 
¿Medina,  sin  acercarse  tanto  á  Olmedo,  sin  perjuicio 
ni  ofensa  del  Rey  Don  Alfonso  ;  pero  como  parecía 
questo  á  sabiendas  se  facía  por  ir  á  vista  de  los  dos 
exércítos  donde  vergüenza  ó  batalla  se  siguiese,  é 
como  escusarlale  fuese  mejor,  debía  desde  allí  tomar 
otro  camino  porque  por  allí  no  podía  pasar  sin  la  ba- 
talla, la  qual  en  las  manos  tenía.  E  luego  el  Arzo- 
bispo, ordenadas  sus  batallas,  puso  sobre  sí  su  cota 
de  armas  é  un  estola  colorada  con  cruces  blancas, 


en  el  contrario  de  lo  qual  los  enemigos  traían  ;  é  ya 
las  batallas  de  los  enemigos,  cercándose  muncho, 
las  del  Rey  Don  Alonso  se  pusieron  á  encontrallo, 
do  las  quales  la  primera  llevaba  Don  Enrique  En- 
riquez,  hijo  del  Almirante  Don  Fadrique,  con  do- 
cientos  é  cinquenta  de  caballos  suyos  é  del  Conde 
de  Luna,  para  pelear  con  la  primera  batalla ;  é  co- 
mo quiera  quel  Conde  de  Luna  estaba  muy  mal  de 
una  vieja  f  erída  que  en  la  pierna  tenia,  no  dexó  de 
entrar  en  la  batalla  contra  el  querer  del  Rey,  en  la 
qual  fizo  su  deber  como  muy  buen  caballero,  é  lue- 
go Don  Garcia  de   Padilla,  clavero  do   Calatrava 
con  docientos  de  á  caballo,  é  cerca  dél  Fernando  de 
Fonseca,  hermano  del  Arzobispo  de  Sevilla  con 
ciento  é  cinquenta  de  caballo  para  pelear  con  el 
Marqués  de  Santíllana  é  con  el  Obispo  de  Calahorra 
é  con  los  otros  sus  hermanos,  los  quales  tenían  el  á 
la  siniestra  del  Rey  Don  Enrique.  Contra  la  batalla 
de  Don  Pedro  de  Velasco  que  mas  fuerza  traía,  se 
puso  la  batalla  del  Arzobispo  de  Toledo  con  ciento 
é  veinte  hombres  de   armas  é  docientos  é  quarenta 
ginetes,  los  quales  iban  debaxo  del  pendón  real,  é 
cerca  dellos  iban  ciento  é  cinquenta  hombres  de 
armas  é  docientos  é  quarenta  ginetes  del  Conde  de 
Placencia  y  de  su  hija  la  Condesa  de  Benalcazar, 
viuda,  los  quales  gobernaba  Pero  de  Ontiveros.  E 
como  súpitamente  Don  Pedro  de  Velasco  con  gran 
ímpetu  mudase  la  orden  de  su  batalla  porquel  sol 
dañase  á  los  enemigos,  el  Arzobispo  de  súpito  pro- 
veyó de  manera  que  aquello  no  hobiese  lugar ,  é 
Don  Enrique,  hijo  del  Almirante  é  Fernando  de 
Fonseca,  con  tan  grande  animo  firió  en  los  enemigos 
que  fué  cosa  maravillosa,  los   quales  pelearon  con 
el  Duque  de  Alburquerque,  el  qual  se  ovo  muy  va- 
lientemente en  la  batalla,  é  con  él  algunos  nobles 
que  en  su  compañía  venían,  é  con  todo  eso  se  vido 
en  tan  gran  peligro ,  que  oviera  de  ser  muerto  ó 
preso ,  é  salvóse  por  la  bondad  de  su  caballo ,  que 
como  llevase  las  riendas  cortadas  ó  llevase  cubier- 
tos el  cuello  é  testera,  salvó  á  su  Señor  metiéndolo 
entre  su  gente  ;  é  Don  Enrique  é  Fernando  de  Fon- 
seca,  hermano  del  Arzobispo ,  peleaban  como  muy 
valientes  caballeros ;  en  la  qual  batalla  Fernando 
de  Fonseca  fué  f erido  de  dos  f cridas  muy  grandes, 
é  dende  á  siete  días  que  fué  la  batalla  murió ,  é  con 
todo  ese  nunca  dexó  de  pelear  ;  el  qual  siempre  en 
la  batalla  fué  acompañado  de  dos  escuderos  suyos 
que  al  fin  fueron  allí  muertos.  El  Arzobispo  de  To- 
ledo con  animoso  corazón  esforzaba  sus  gentes  é  pe- 
leaba como  caballero  muncho  esforzado ;  é  como 
quiera  quel  brazo  izquierdo  le  fuese  pasado  de  un 
encuentro  de  lanza,  nunca  por  eso  dexó  de  pelear  de 
tal  manera ,  que  munchos  de  los  que  poco  ante  pen- 
saban ser  vencedores  iban  fuyendopor  esos  campos; 
otros  fallaban  resistencia  é  desamparaban  las  ban- 
deras ,  é  Don  Enrique  Enríquez  é  Pero  de  Fontive- 
ros  siguieron  muncho  el  alcance  de  los  que  ansí 
f  uian  ;  é  como  ya  se  volviesen  cansados ,  recon- 
traron  con  alguna  gente  de  los  enemigos  que  ha- 
bían f  uído  y  estaban  muncho  apartados  de  donde 
se  fuian,  é  allí  fueron  presos.  En  tanto  el  Arzobis* 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


43 


po  de  Toledo  peleaba  con  gran  vigor  en  medio  de 
las  batallas  de  los  enemigos,  contra  el  qual  peleaba 
Don  Pedro  de  Velasco  como  caballero  muy  esfor- 
zado ,  ó  los  que  primero  rompieron  en  el  lado  iz- 
quierdo de  la  batalla  de  Don  Pedro  de  Velasco  fue- 
ron Girónimo  de  Baldevieso  é  Bartholomé  Malaver 
ó  Alonso  Cano,  que  iban  hombres  de  armas,  é  por 
enxeniplo  de  aquellos  munchos  otros  entraron  sin 
temor  é  desbarataron  aquella  ala  de  Don  Pedro  de 
Velasco  é  los  mas  de  aquellos  se  socorrieron  á  las 
batallas  del  Marqués  de  Santillana  é  del  Duque  Don 
Beltran.  E  paresciendo  á  los  del  Roy  Don  Alonso 
que  oviesen  la  vitoria  no  mirando  quanta  gente  en- 
tera quedaba  debaxo  do  la  bandera  de  Don  Pedro 
de  Velasco,  que  era  la  mayor  fuerza  quel  Rey  Don 
Enrique  tenia,  comenzaron  á  robar,  y  en  diversas 
partes  diversa  fortuna  seguía  á  los  unos  é  á  los 
otros,  porque  algunas  partes  parecieron  vencedores 
los  del  Rey  Don  Enrique  y  en  otras  los  del  Rey  Don 
Alonso;  ansí  fueron  tomadas  diversas  banderas  asi 
de  los  unos  como  de  los  otros  ;  que  por  la  parte  del 
Rey  Don  Enrique  fué  tomada  la  bandera  del  Arzo- 
bispo de  Sevilla,  en  tanto  que  su  hermano  Fernan- 
do do  Fonseca  siguió  el  alcance  de  los  adversarios 
que  iban  huyendo,  é  fué  tomada  la  bandera  del 
Clavero  de  Calatrava  é  las  banderas  del  Conde  de 
Placencia  é  su  hija  la  Condesa  de  Benalcazar.  Por 
la  parte  del  Rey  Don  Alfonso  fueron  tomadas  siete 
banderas,  en  las  quales  fué  la  de  Don  Pedro  de  Ve- 
lasco,  é  dos  banderas  del  Marqués  de  Santillana,  é 
otras  dos  del  Duque  Don  Beltran,  é  un  pendón  real 
del  Rey  Don  Enrique ,  que  venia  metido  en  una 
arca.  Así  fué  tan  dudosa  esta  vitoria,  que  no  es 
quien  pudiese  verdaderamente  juzgar  qual  de  las 
partes  enteramente  la  oviese  ávido  ;  é  duró  esta  ba- 
talla por  espacio  de  tres  horas,  é  por  maravilla  se 
halla  aver  acaescido  batalla  de  la  manera  que  aques- 
ta ;  la  suma  de  la  verdad  es  que  como  el  Rey  Don 
Enrique  en  el  comienzo  de  la  batalla  viese  los  su- 
yos huir  con  fasta  quarenta  de  á  caballo,  se  fué  á 
mas  andar  á  una  aldea  que  se  llama  Pozaldes,  ques 
á  legua  y  media  de  Olmedo ,  é  allí  esperó  donde 
ovo  diversos   mensajeros  que  diversas  nuevas  le 
traían  de  lo  que  en  la  batallase  facia,  ó  muy  gran 
parte  de  la  gente  del  Rey  Don  Enrique  fuyó,  de  la 
qual  unos  fueron  á  la  villa  de  Cuellar,  é  otros  á  Va- 
lladolid  é  á  Simancas ;  é  de  los  que  mas  firmes  de 
su  parte  estuvieron  fueron  los  de  Don  Pedro  de 
Velasco  é  del  Duque  Don  Beltran  ,  é  de  los  de  la 
parte  del  Rey  Don  Alonso  fuyó  casi    la  tercera 
parto,  é  otro  tanto  se  ocupó  en  el  robo,  en  que  poca 
honra  ganaron,  é  la  otra  tercia  parte  peleó  valien- 
temente como  en  ella  quedasen  munchos  hombres 
hijosdalgo  é  buenos.  De  los  de  la  parte  del  Rey 
Don  Enrique  quedaron  muertos  en  el  campo  qua- 
renta, é  de  los  del  Rey  Don  Alonso  ciento,  é  de  amas 
partes  murieron  docientos  é  ochenta  caballos,  é  mun- 
chos otros  murieron  después,  ansí  de  la  una  parte 
como  de  la  otra,  de  los  que  fueron  feridos  en  esta 
batalla,  en  la  qual  de  la  parte  del  Rey  Don  Alonso 
fueron  presos  sesenta,  c  de  los  del  Rey  Don  Enri- 


que docientos  é  quarenta,  entre  los  quales  fué  preso 
Arnao  de  Solier,  hermano  de  Juan  de  Velasco ,  va- 
ron  noble  y  muy  esforzado  que  en  esta  batalla  muy 
valientemente  se  ovo.  El  Arzobispo  de  Toledo  nun- 
ca dexó  de  pelear  aunque  estaba  muncho  ferido,  fas- 
ta que  en  el  campo  no  fallaron  con  quien,  é  ansí 
estovo  fasta  la  noche  ser  tenebrosa.  E  los  que  mas 
valientemente  se  ovieron  en  esta  batalla  de  la  par- 
to del  Rey  Don  Enrique ,  fueron  Don  Pedro  de  Ve- 
lasco  é  munchos  do  los  suyos,  y  el  Duque  Don  Bel- 
tran y  gran  parte  de  los   suyos,  y  el  Marqués  de 
Santillana,  y  el  Obispo  de  Calahorra  é  algunos  de 
los  suyos,  é  Juan  Fernandez  Galindo,  é  Martin  Ga- 
lindo,  su  hijo,  é  Barrasa,  hijo  de  Barrasa  el  viejo,  é 
munchos  otros  cuyes  nombres  no  se  saben,   E  los 
que  de  la  parte  del  Rey  Don  Alonso  mas  valiente- 
mente se  ovieron  fueron  el  Arzobispo  de  Toledo,  é 
Don  Enrique  Enriquez,  hijo  del  Almirante  Don  Fa- 
I    drique.  Mayordomo  mayor  que  fué  después  del  Rey 
;    Don  Fernando  de  Castilla  y  de  Aragón,  en  cuya  he- 
I    rencia  sucedió  el  Conde  de  Alba  de  Liste,  su  nieto 
i   y  Don  Enrique ,  hermano  del  Conde  que  vive  en 
I    Baeza,  y  el  Conde  de  Luna,  é  García  de  Padilla. 
Clavero  de  Calatrava,  é  Fernando  de  Fonseca,  her- 
I    mano  del  Arzobispo  de  Sevilla,  y  Troyllos  Carrillo, 
■    el  Conde  de  Ri vadeo,  Juan  de  Vivero  é  Pero  do 
Fontiveros,  Girónimo  de  Valdevieso  é  Bartholomé 
I    de  Malaver ,  é  Marchena  é  Carriaso.  E  ya  pasa- 
I    da  alguna  parte  de  la  noche,  el  Arzobispo  de  To- 
ledo se  fué  para  el  Rey  Don  Alonso,  al  qual  halló 
donde  lo  había  dexado;  é  recogida  toda  la  gente 
antes  quel  Rey  entrase  en  la  villa ,  guardando  la 
orden  que  en  las  batallas  se  suele  tener,  el  Rey  Don 
Alonso  mandó  facer  muy  grandes  fuegos  en  el  cam- 
po é  se  pregonó  la  vitoria  ávida  por  él ,  é  las  bande- 
ras que  por  su  parte  fueron  tomadas  fueron  colga- 
das en  la  plaza  de  Olmedo,  en  señal  de  la  vitoria 
ávida  por  él  de  su  adversario,  y  el  Rey  Don  Enri- 
que escribió  á   munchas  cibdades  é  villas  destos 
Reynos  faciéndoles  saber  como  había  peleado   en 
campo  con  su  adversario  é  avía  ávido  la  vitoria  del. 
La  fama  desta  batalla  voló  por  diversas  partes,  de 
lo  qual  cada  uno  hablaba  según  el  partido  que  se- 
guía ;  é  como  el  Rey  Don  Enrique  oviese  visto  ir  las 
cosas  en  otra  manera  quél  pensaba,  envió  á  gran 
priesa  á  llamar  á  todos  aquellos  de  quien  creía  ser 
servido  é  ayudado,  y  entre  aquellos  se  vinieron  pa- 
ra él  todos  los  que  de  la  batalla  de  su  parte  habían 
huido ,  é  luego  se  comenzó  por  diversas  partes  des- 
tos  Reynos  la  guerra  de  que  grandes  daños  en  él  se 
siguieron,  é  la  cibdad  de  Segovia  se  tomó  por  el  Rey 
Don  Alonso,  de  que  gran  caimiento  se  siguió  al 
Rey  Don  Enrique;  la  qual  tomada,  creció  tanto  el 
partido  del  Rey  Don  Alonso ,  que  se  juntaron  con 
él  cerca  de  seis  mil  lanzas,  é  á  gran  pena  quedaron 
con  el  Rey  Don  Enrique  dos  mil,  el  qual,  mengua- 
do de  con^sejo,  determinó  de  se  ir  para  Coca ,  don- 
del  Arzobispo  de  Sevilla  estaba,  al  qual  encomendó 
todos  sus  hechos,  dexándolos  á  su  arbitrio  é  volun- 
tad, é  para  certidumbre  desto  le  dio  en  prendas  la 
hija  de  la  Reyna  quel  suya  llamaba ;  é  los  Grandes 


44 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


(jiie  al  Rey  Dou  Enrique  siguian  determinaron  de 
Btí  ir  á  BUS  tierras.  El  Marqués  de  Santillana  é  sus 
hermanos  so  fueron  á  Guadalaxara,  y  el  Conde  de 
Trevifio  á  Najara,  é  ansí  lo  ficieron  todos  los  otros 
movidos  ;  é  se  determinó  que  para  dar  alguna  con- 
cordia entre  estos  Reyes ,  el  Rey  Don  Enrique  vi- 
niese al  Alcázar  de  Segovia  que  por  él  estaba ,  con 
seguro  é  voluntad  del  Rey  Don  Alonso  que  en  Se- 
govia estaba ,  el  qual  vino  allí  y  entró  en  el  Alcá- 
zar solamente  con  cinco  de  muías,  dexando  de  fue- 
ra toda  la  gente  de  caballo  que  traia ,  de  la  qual  ve- 
nida, como  fué  certificado  el  Rey  Don  Alonso,  ca- 
balgó é  andovo  por  toda  la  cibdad  faciendo  á  todos 
saber  como  la  venida  de  su  hermano  en  el  Alcázar 
era  por  su  consentimiento,  y  en  el  dia  siguiente  se 
acordó  que  se  diese  el  hábito  é  los  pendones  del 
Maestre  de  Santiago  á  Don  Juan  Pacheco,  Marqués 
de  Villena,  lo  qual  se  puso  ansí  en  obra  en  la  Igle- 
sia mayor  de  aquella  cibdad,  donde  los  mesmos  au- 
tos é  cerimonias  avian  seido  fechas  "tres  años  aviaá 
Don  Beltran  de  la  Cueva  por  Maestre  de  Santiago, 
é  allí  los  electores  del  Maestrazgo  é  los  otros  co- 
mendadores besaron  la  mano  á  Don  Juan  Pacheco 
por  Maestre  de  Santiago  ,  é  le  fué  tomado  el  jura- 
mento é  pleito  homenage  acostumbrado ;  en  el  qual 
tiempo  se  acordó  que  la  Reyna  saliese  del  Alcázar  é 
viniese  á  la  Iglesia  mayor ,  donde  le  esperaban  los 
Maestres  de  Santiago  é  Alcántara,  é  los  Condes  de 
Placencia,  é  de  Alba  de  Tormes,  é  Don  Enrique  En- 
riquez,  Conde  de  Alba  de  Liste,  é  Don  Alonso  Enri- 
quez ,  primogénito  del  Almirante  Don  Fadrique,  y 
el  Condestable  Don  Rodrigo  Manrique,  y  el  Conde 
de  Cif  uentes ,  é  Gómez  Manrique  ,  é  García  Manri- 
que, hermanos  del  Condestable,  é  juntos  todos  estos, 
el  Rey  Don  Enrique  les  dixo  que  notorio  era  á  to- 
dos ellos  quantas  turbaciones  é  daños  é  males  eran 
venidos  en  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  des- 
pués que  los  Grandes  dellos ,  ansí  prelados  como 
caballeros,  é  todos  los  otros  eran  divisos  é  por  ar- 
mas contendían  si  el  cetro  Real  destos  Reynos  per- 
tenecía á  él  ó  á  Don  Alonso  su  hermano  que  por 
alguno  dellos  había  sido  sublimado  en  estado  real, 
como  á  ellos  fuese  notorio  estos  Reynos  él  oviese 
ávido  por  derecho  hereditario,  después  de  falleci- 
miento del  Señor  Rey  Don  Juan  su  padre,  é  los 
oviese  poseído  pacíficamente  algún  tiempo  por  vo- 
luntad de  todos,  ninguno  discrepante,  é  la  dispe- 
rencia  mostraba  cuanto  mas  cada  dia  los  daños  se 
acrecentaban  ,  si  por  el  camino  comenzado  oviesen 
de  proseguir ,  lo  (jual  él  todo  deseaba  mucho  escu- 
sar,  é  con  todas  sus  fuerzas  le  placía  buscar  la  paz 
é  fuir  toda  discordia  é  rigor,  é  por  eso,  dexado  todo 
su  exército  con  poca  gente ,  avia  ido  á  la  villa  de 
Coca,  é  de  allí  era  vuelto  en  el  Alcázar  de  Segovia, 
donde  las  partes  estaban,  é  á  él  placía  no  refusar 
ninguna  condición  por  venir  á  la  paz  aviendo  con- 
fianza  en  los  homenajes  ó  juramentos  pasados  en- 
trellos,  é  su  honor  é  libertad  é  fortuna  é  todo  lo  en- 
comendaba al  arbitrio  dellos,  é  si  en  otra  manera, 
según  la  calidad  de  los  negocios,  á  la  sospecha  se 
diese  lugar,  mucho  dañosa  sería  la  tardanza,  é  por 


causa  suya  no  quedaría  do  venir  á  toda  honesta 
compusicion ,  rogándoles  en  esto  ningún  engaño  ni 
tardanza  oviese.  Estas  cosas  dichas  por  el  Rey  Don 
Enrique ,  todos  los  de  la  parte  del  Rey  Don  Alonso 
se  apartaron  é  ovieron  consejo  con  sí  en  lo  que  de- 
bían responder,  como  quien  seria  el  que  por  todos 
respondiese ;  é  fué  dado  el  cargo  de  la  respuesta  al 
Condestable  de  Castilla  Don  Rodrigo  Manrique,  no 
solamente  por  ser  un  caballero  anciano  é  muy  gra- 
cioso y  esforzado ,  mas  por  ser  muy  discreto  y  elo- 
cuente ;  el  qual  en  el  exordio  de  su  f  abla  loó  mu- 
cho las  cosas  dichas  por  el  Rey  Don  Enrique ,  que- 
riendo después  de  tantas  sospechas  dar  vía  ó  lugar 
ala  paz;  é  descurriendo  por  su  fabla,  comenzó  á 
increpar  á  cualesquiera  que  habían  comenzado  la 
guerra ,  é  diciendo  que  si  el  Don  Alonso  era  su- 
blimado, é  ávido  por  Rey,  avia  sido  por  justas  é 
verdaderas  causas ,  las  quales  por  todos  eran  clara- 
mente conocidas,  á  lo  qual  facer  la  debida  lealtad 
de  suditos  les  obligaba,  é  aquella  mesma  les  costre- 
ñia  siempre  á  sostener  su  honor  é  guardar  su  servi- 
cio ,  como  las  leyes  destos  Reynos  le  disponían  é 
mandaban.  Estas  cosas  así  dichas  por  el  Condesta- 
ble, comenzóse  á  entender  en  lo  que  se  debía  dis- 
poner del  Alcázar  de  Segovia,  é  concluyóse  quel 
Rey  Don  Enrique  alzase  el  pleito  homenaje  á  Pe- 
rucho, Alcayde  de  aquel  Alcázar,  é  lo  diese  al  Maes- 
tre de  Santiago,  é  diese  á  Perucho,  Alcayde ,  el  Al- 
cázar de  Madrid  ;  é  Perucho  como  temiese  las  cosas 
de  la  concordia  é  no  llevar  fundamento  de  verdad, 
requirió  al  Rey  que  no  entregase  aquel  Alcázar  á 
ningún  caballero.  El  Rey ,  teniendo  en  poco  el  re- 
querimiento de  Perucho ,  entrególo  á  Don  Juan  Pa- 
checo, Maestre  de  Santiago,  y  el  Rey  Don  Enrique 
se  fué  á  Madrid.  Como  todos  los  negocios  estaban 
en  gran  peso  é  avian  de  verse  en  ellos  munchas  co- 
sas ,  acordaron  de  dexar  por  entonces  la  determina- 
ción dellas ,  é  por  todos  se  acordó  que  dexasen  en 
depósito ,  en  poder  del  Conde  de  Placencia  é  del  Ar- 
zobispo de  Sevilla,  todas  las  joyas  de  gran  precio  en 
el  Alcázar  de  Madrid ,  donde  quedase  Pero  de  Fon- 
tíveros,  é  un  hermano  de  Perucho ,  y  el  Rey  dio  á 
Pero  de  Fontiveros  ,  en  nombre  del  Conde  de  Pla- 
cencia muchas  joyas  que  se  avían  prometido.  En 
este  tiempo  el  común  de  la  cibdad  de  Toledo  envió 
á  suplicar  al  Rey  Don  Alonso  por  sus  mensajeros 
que  le  pluguiese  aprobar  todas  las  cosas  que  en 
aquella  cibdad  eran  fechas  contra  los  conversos,  ó 
hiciese  merced  á  los  que  poseían  sus  bienes  é  oficios 
que  libremente  los  poseyesen ;  á  los  quales  el  Rey 
respondió  que  no  pluguiese  á  Dios  quél  aprobase 
petición  tan  injusta  é  tan  inicua,  que  su  intincion 
no  era  agi-aviar  á  ninguno  ni  tomar  á  persona  lo  su- 
yo sin  justas  causas,  siendo  los  tales  oídos;  é  díxo 
al  Alcayde  Fernán  Sánchez  Calderón,  que  era  el 
principal  mensajero:  «Bachiller,  mucho  soy  ma- 
ravillado de  vos,  por  ser  hombre  de  letras  de  buena 
fama  é  acetar  tan  iaf:une  é  deshonesta  embaxada, 
suplicándome  que  yo  diese  autoridad  á  los  malos, 
no  solamente  aprobando  su  maldad ,  mas  que  se  les 
diesen  las  f  aciendas  de  los  robados. »  El  qual  res- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


45 


pondió  al  Rey  :  que  no  pluguiese  á  Dios  quél  oviesé 
tomado  aquel  cargo ,  salvo  por  haber  lugar  de  ma- 
nifestar á  su  eselencia  las  maldades  fechas  por 
aquellos  malvados  robadores,  los  quales  afirmaban 
que  si  lo  por  ellos  demandado  no  les  otorgaban, 
que  darian  la  obidencia  al  Rey  Don  Enrique,  al  qual 
el  Rey  respondió  :  «fagan  lo  que  quisieren,  según 
su  maldad,  tanto  que  no  sea  á  cargo  mió  ;  é  yo  co- 
mo á  malos  los  entiendo  de  castigar  que  no  es  mi 
voluntad  de  facer  mercedes  á  los  malf echores ;  asaz 
les  debe  bastar  que  las  cosas  tan  mal  fechas  por 
ellos  pasen  so  disimulación  por  la  tribulación  del 
tiempo;  mas  que  las  cosas  nefandas  é  aborrecidas 
yo  haya  de  confirmar,  deshonesta  é  torpe  cosa  se- 
ria. »  Estas  cosas  ansí  pasadas,  el  Rey  se  partió  pa- 
ra Arévalo  y  llevó  consigo  la  Illustrísima  Princesa 
BU  hermana,  la  qual  dende  pocos  dias  llevó  ú  la  vi- 
lla de  Medina  del  Campo ,  á  la  qual  dio  la  posesión 
della  con  todas  las  rentas  que  le  pertenecían ;  y  en 
comienzo  del  año  de  mil  é  quatrocientos  é  sesenta 
y  ocho  años  se  comenzaron  á  romper  las  cosas  en 
Segovia  asentadas  é  ordenadas;  é  la  Reyna  Doña 
Juana  se  fué  á  Alahejos  con  el  Arzobispo  de  Sevi- 
lla, y  el  Rey  Don  Enrique  se  partió  para  Placencia, 
é  los  Maestres  de  Santiago  é  Alcántara,  é  los  Condes 
de  Placencia,  é  de  Alba  de  Termes,  é  de  Alba  de  Lis- 
te se  juntaron  en  Peñaranda ;  é  como  en  el  ayunta- 
miento se  apuntasen  munchas  cosas  en  perjuicio  del 
Rej'  Don  Alonso,  el  Obispo  de  Coria  Don  Iñigo  Man- 
rique ,  varón  muy  noble  é  muy  entero  defensor  del 
bien  destos  Reynos,  sabiamente  é  sin  temor  fizo 
protestación  en  nombre  del  Arzobispo  de  Toledo  ó 
del  Almirante  Don  Fadrique,  su  tio,  ó  del  Condes- 
table Don  Rodrigo  Manrique,  su  hermano,  é  de  los 
tres  Estados  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León 
que  no  consintió  ni  consintia  en  cosa  alguna  de  lo 
que  allí  era  acordado,  lo  qual,  si  ansí  oviere  de  pa- 
sar, sería  en  gran  daño  é  perdimiento  destos  Rey- 
nos  é  del  verdadero  poseedor  del  cetro ,  de  los  que 
era  el  Rey  Don  Alonso ;  y  ansí  discordes  se  partie- 
ron, y  el  Rey  Don  Enrique  se  fué  para  Guadalupe, 
el  Arzobispo  de  Sevilla  para  Alahejos,  y  el  Maestre 
de  Santiago  y  el  Obispo  de  Coria  se  volvieron  á 
Arévalo  para  el  Rey  Don  Alonso ,  donde  acaso  un 
día  antes  del  alba ,  yendo  el  Rey  Don  Enrique  de 
Santijusti  para  Olmedo,  topó  con  el  Obispo  de  Co- 
ria Don  Iñigo  Manrique,  donde  pensaron  los  que 
con  el  Rey  iban  que  lo  mandara  matar  ó  prender, 
antes  le  trató  bien  é  le  dixo:  «Tío,  ¿dónde  is?  —  A 
tal  parte.— Anda  con  Dios.»— Y  á  los  del  Rey  pesó 
por  no  prenderlo. 

CAPÍTULO  XXXIX. 

De  la  muerte  de  la  Ilustrísima  Reyna  Doña  Juana,  muger  del 
Rey  Don  Juan  de  Aragón. 

En  este  tiempo  falleció  en  la  cíbdad  de  Tarrago- 
na la  Illustrísima  Reyna  Doña  Juana ,  hija  del  Al- 
mirante Don  Fadrique,  muger  del  preclarísimo  Rey 
Don  Juan  de  Aragón ,  siendo  presente  el  Rey  su 
marido,  el  qual  había  tres  años  que  era  privado  de 


la  vista  por  grandes  cataratas  que  se  le  habían  fe- 
cho ;  é  como  el  Rey  tuviese  muy  gran  corazón ,  tra- 
bajaba con  maestros  que  del  curaban  que  se  quita- 
sen las  cataratas  con  fierro,  lo  qual  la  Reyna  como 
soberanamente  lo  amase ,  diferia  de  dia  en  día ,  te- 
miendo que  del  dolor  en  las  quitar,  le  podría  ocuiTÍr 
otro  mayor  daño  ó  peligro ,  de  lo  qual  tan  gran  cui- 
dado la  Reyna  tenía.  Ansí  con  el  enojo  del  trabajo 
del  Rey,  como  de  no  poder  remediar  en  lo  que  tanto 
deseaba,  le  vino  callentura ,  de  tal  manera,  que  en 
trece  dias  del  mes  de  Febrero  del  dicho  año  la  Illus- 
trísima Reyna  partió  desta  vida  en  edad  floreciente, 
después  de  aver  recebido  todos  los  sacramentos  con 
muy  gran  reverencia  é  contrición,  fablando  muy 
cathólicamente,  en  consolación  del  aflexido  señor  é 
marido,  sin  aver  memoria  de  cosa  alguna  de  las 
temporales,  de  donde  se  cree  según  sus  virtudes  é  la 
forma  que  en  su  vivir  tovo  é  la  muerte  gloriosa 
que  ovo ,  ser  cibdadana  en  aquella  soberana  cibdad 
á  que  todos  sospiramos ;  para  lo  qual  creer,  allende 
de  lo  dicho,  se  afirma  por  hombres  muy  dinos  de 
fée  que  en  el  punto  que  la  Reyna  espiró  tan  suave 
olor  procedió  de  su  cuerpo,  que  sobraba  á  todos  los 
olores  naturales,  de  que  todos  los  presentes  se  ma- 
ravillaron é  ovieron  por  muy  bien  aventurado  su 
fallecimiento.  Difícile  cosa  sería  de  contar,  é  mim- 
cho  mas  de  creer,  con  la  paciencia  quel  Serenísimo 
Rey  comportó  tan  gran  pérdida  en  edad  tan  decré- 
pita como  la  suya ;  é  luego  quiso  esperimentar  si  se- 
ria cierta  la  espirencia  de  poder  recobrar  lu  vista 
que  por  los  físicos  se  afirmaba;  á  lo  qual,  ayudante 
nuestro  Señor,  las  cataratas  le  fueron  quitadas  é  la 
vista  le  fué  retornada  en  tal  manera,  que  conocía  á 
quien  quiera,  é  afirmaba  su  nombre  tan  bien  como 
en  el  tiempo  que  cataratas  no  tenía. 

CAPÍTULO  XL. 

De  la  dolorosa  muerte  del  inocente  Rey  Don  Alonso  el  onceno  de 
este  nombre  en  Castilla  y  en  León. 

Como  en  este  tiempo  en  la  villa  de  Arévalo,  do  el 
Rey  Don  Alonso  estaba  muriesen  de  pestilencia, 
acordóse  que  dende  se  partiese,  é  partió  de  Arévalo 
postrimero  día  de  Junio ,  y  llegó  á  Cardeñosa,  qua- 
si  á  dos  leguas  de  Avila ,  é  con  él  la  Serenísima 
Princesa  Doña  Isabel,  su  hermana ;  é  como  se  asen- 
tase á  comer,  entre  los  otros  manjares  f  uéle  traída 
una  trucha  en  pan,  quél  de  buena  voluntad  comia; 
é  comió  della  aunque  poco,  y  luego  en  punto  le  to- 
mó un  sueño  pesado  contra  su  costumbre,  é  fuese  á 
acostar  en  su  cama  sin  fablar  palabra  á  persona,  é 
durmió  allí  fasta  otro  día  á  hora  de  tercia  ,  lo  qual 
no  solía  acostumbrar ;  é  llegaron  á  él  los  de  su  cá- 
mara, é  tentaron  sus  manos  é  cuerpo,  é  no  le  falla- 
ron callentura,  é  como  no  despertaba,  comenzaron  á 
dar  voces,  y  él  no  respondió,  é  al  clamor  é  grandes 
voces  que  daban,  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Maes- 
tre de  Santiago  y  el  Obispo  de  Coria  con  la  Señora 
Princesa  vinieron,  á  los  quales  ninguna  cosa  habló, 
é  tocaron  todos  sus  miembros,  é  no  le  fallaron  lan- 
dre ;  é  venido  el  físico  á  gran  priesa,  lo  mandó  san- 


46  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 

giar,  ó  ninguna  sangre  le  salió  ;  é  finchóse  la  len- 
gua, é  la  boca  bc  le  paró  negra ,  é  ninguna  señal  de 
pestilencia  en  él  pareció  ;  é  así  desesperados  de  la 
vida  del  Rey  los  que  muncho  le  amaban ,  mengua- 
dos de  consejo  daban  muy  grandes  voces,  suplican- 
do á  nuestro  Señor  por  la  vida  del  Rey :  unos  f a- 
cian  voto  de  entrar  en  religión ;  otros  de  ir  á  muy 
largas  romerías  ;  otros  facian  diversas  promesas,  é 
sin  ningún  remedio  el  inocente  Rey  dio  el  espíritu 
á  aquel  que  lo  crió,  en  el  quinto  día  del  mes  de  Ju- 
lio del  año  de  nuestro  Redentor  de  milé  quatrocien- 
tos  é  sesenta  é  ocho  años  ;  lo  qual  más  se  cree  ser 
yerbas  que  otra  cosa ,  porque ,  aunque  era  de  poca 
edad,  parecíales  á  los  principales  que  con  él  esta- 
ban que  seria  nitás  recio  en  la  gobernación  que  su 
hermano,  y  como  personas  questaban  mostrados  á 
sujuzgar  á  su  hermano,  quisieron  despachar  á  esto- 
tro por  tornarse  al  otro ,  el  qual  dicen  que  munchas 
veces  se  oviera  ido  á  su  hermano  si  no  le  ovieran 
puesto  guardas.  Vivió  este  Rey  Don  Alonso  catorce 
años  é  seis  meses  é  seis  dias ;  reynó  desdel  dia  de 
la  sublimación  suya  tres  años  é  un  mes.  Tan  gran- 
de fué  el  dolor  que  todos  de  su  muerte  ovieron,  que 
sobró  á  todos  los  dolores  que  por  muertes  de  Prín- 
cipes se  suelen  facer,  y  esa  noche  de  la  muerte  su- 
ya el  Obispo  de  Coria  con  los  criados  del  Rey  é  con 
iofe  suyos  se  fué  á  Arévalo  con  el  cuerpo  suyo ,  el 
qual  fué  sepultado  en  el  Monesterio  de  San  Fran- 
cisco fuera  de  los  muros  de  aquella  villa.  Afírmase 
por  munchos  que  en  la  mesma  hora  quel  lUustrísi- 
mo  Rey  Don  Alonso  desta  vida  partió ,  murieron 
rnunchos  de  diversas  enfermedades  por  algunos  lu- 
gares de  las  cibdades  de  Avila  é  Segovia,  los  quales 
revelaron  á  la  hora  de  su  muerte  su  fallecimiento  é 
su  eterna  felicidad,  mayormente  los  niños,  los  qua- 
les dixeron  aver  de  ir  á  la  gloria  en  compañía  del 
Rey  Don  Alonso,  el  qual  aquella  hora  daba  el  espí- 
ritu á  Dios.  El  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Maestre  de 
Santiago  partieron  luego  con  la  Serenísima  Prince- 
sa Doña  Isabel ,  legitima  heredera  destos  Reynos 
para  la  cibdad  de  Avila,  donde  fué  requerida  por 
munchos  do  los  Grandes  que  luego  se  llamase  Rey- 
na  de  Castilla  é  de  León  é  tomase  la  gobernación 
dellos,  pues  de  derecho  le  pertenecía;  el  qual  re. 
quirimiento  le  fué  ansí  mismo  fecho  por  todas  las 
cibdades  é  villas  que  al  Rey  Don  Alonso  obedecían^ 
pues  Don  Enrique  su  liermano  por  sus  deméritos 
avia  perdido  el  cetro  Real ;  á  ios  quales  la  Illustrísi- 
ma  Princesa  respondió  que,  pues  á  nuestro  Señor 
avia  placido  llevar  desta  vida  al  Rey  Don  Alonso 
su  liermano,  que  tanto  viviese  el  Rey  Don  Enrique, 
ella  no  tomaría  la  gobernación,  ni  se  llamaría  Rey- 
na,  mas  procuraría  con  todas  sus  fuerzas  como  el 
Rey  Don  Enrique  viviese  c  gobernase  mejor  estos 
Reynos  que  lo  había  fecho  en  el  tiempo  que  pacífi- 
camente los  poseía.  De  donde  se  pudo  bien  conocer 
quanto  fué  grande  la  virtud  desta  preclarísima 
Princesa ;  en  lo  qual  á  todos  dio  tierta  esperanza  de 
ser  tal  que  después  en  todo  se  ha  mostrado. 


CAPÍTULO  XLl. 

De  la  variable  torbacion  en  que  fueron  puestos  los  tres  estados 
destos  Kcynos  después  de  la  muerte  del  Rey  Don  Alonso. 

La  dolorosa  é  acelerada  muerte  del  Rey  Don 
Alonso  debe  ser  asaz  cierta  prueba  á  todos  los  mor- 
tales de  la  vana  é  poca  firmeza  de  las  cosas  deste 
mundo  y  de  las  cosas  del  nuestro  Rey  Don  Alonso/ 
Como  dicho  es,  los  tres  estados  destos  Reynos  fue- 
ron puestos  en  tan  variable  turbación,  que  los  unos 
quedaron  como  atónitos,  y  los  otros  como  triunfan- 
tes é  vencedores,  é  los  neutrales  no  menos  ansiosos 
é  tristes  que  los  primeros ,  creyendo  quedar  so  la 
única  é  dura  gobernación  del  Rey  Don  Enrique,  á 
los  quales  sola  una  esperanza  quedaba ;  esta  era, 
que  como  conociesen  á  la  Ilustrísima  Princesa  Do- 
ña Isabel,  su  verdadera  heredera  destos  Reynos,  en 
quien  ya  iban  conociendo  muy  grandes  virtudes  en 
tan  tierna  edad,  creían  que  iría  á  tomar  la  corona  é 
gobernación  dellos,  pues  de  derecho  le  pertenecían, 
la  qual  como  después  de  la  muerte  del  Rey  Don 
Alonso  se  fuese  á  la  cibdad  de  Avila,  desde  allí  es- 
cribió á  todas  las  cibdades  y  villas  destos  Reynos, 
faciendo  saber  el  fallecimiento  del  Rey  Don  Alon- 
so su  hermano,  trayéndoles  á  la  memoria  la  lealtad 
que  les  obligaba  á  que  la  oviesen  por  legítima  su- 
cesora  en  estos  Reynos  y  señoríos ;  la  qual  fué  allí 
requerida,  no  solamente  por  muchos  de  los  Gran- 
des dellos,  mas  por  las  mas  cibdades  é  villas  que  al 
Rey  Don  Alonso  obedecían,  que  tomase  la  gober- 
nación y  título  de  Reyna  pues  le  pertenecía  como 
á  verdadera  heredera  del  Rey  Don  Alonso  su  her- 
mano ;  á  lo  qual  la  Serenísima  Princesa  respondió 
que  nunca  pluguiese  á  Dios  que  viviendo  su  herma- 
no el  Roy  Don  Enrique,  ella  tomase  la  gobernación 
ni  título  de  Reyna  de  Castilla ;  y  lo  que  entendía  de 
facer  seria  que  trabajaría  con  su  hermano  quanto  á 
ella  posible  fuese  porque  tuviese  otra  forma  en  la 
gobernación  destos  Reynos  que  fasta  allí  había  te- 
nido, y  como  quiera  que  desto  fué  muchas  veces 
requerida,  nanea  le  pudieron  de  su  propósito  mu- 
dar. 

CAPÍTULO  XLII. 

De  la  variedad  de  consejos  que  entre  los  Grandes  ovo  para  dar 
orden  en  la  gobernación  destos  Ucynos,  é  de  como  se  de- 
terminó que  la  Princesa  Doña  Isabel  se  viese  con  el  Rey  Don 
Enrique,  é  de  las  cosas  que  se  asentaron  cerca  de  los  toros  de 
Guisando;  é  de  como  la  Princesa  Doña  Isabel  fué  allí  jurada 
por  el  Rey  Don  Enrique  y  por  todos  los  Grandes  y  Procurado- 
res de  Cortes  por  legítima  heredera  y  sucesora  en  estos 
Reynos. 


Como  el  Rey  Don  Enrique  fuese  gobernado  é  no 
gobernador,  avia  gran  turbación  en  las  cosas  des- 
tos  Reynos  é  óvose  de  dar  forma  que  la  Princesa, 
juntos  los  Grandes  dellos,  se  oviese  de  ver  con  el 
Rey  Don  Enrique,  á  la  qual  vista  el  Arzobispo  de 
Toledo  no  daba  consentimiento ,  conociendo  la 
poca  firmeza  que  en  el  Rey  Don  Enrique  avia  ;  é  á 
la  fin  el  Maestre  de  Santiago  Don  Juan  Pacheco, 


MEMOUTAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


47 


tanto  ovo  de  trabajar,  que  la  vista  se  concluyó,  pa- 
ra la  qual  se  acordó  que  la  Princesa  partiese  del 
monesterio  de  monjas  ques  fuera  de  la  cibdad  de 
Avila  y  se  fuese  á  la  villa  de  Zebreros ,  lugar  llano 
de  la  dicha  cibdad ,  donde  la  Princesa  se  detuvo  al- 
gunos dias,  y  con  ella  el  Arzobispo  de  Toledo  con 
docientas  lanzas  en  su  guarda ,  é  los  Obispos  de 
Burgos  é  Coria ,  en  tanto  quel  Maestre  de  Santiago 
era  ido  á  se  ver  con  los  Condes  de  Plasencia  é  Be- 
navente  é  con  el  Arzobispo  de  Sevilla ,  los  quales 
todos  acordaron  que  la  Princesa  se  viese  con  el  Rey 
Don  Enrique  su  hermano  en  la  villa  de  Cadahalso. 
E  las  cosas  estando  en  este  estado  y  el  Arzobispo 
teniendo  gran  sospecha  desta  vista,  de  súpito  llegó 
tanta  gente  del  Rey  Don  Enrique  en  torno  de  la 
villa,  que  la  cercaron  toda  en  torno ,  de  lo  qual  el 
Arzobispo  ovo  muy  gran  turbación,  é  pensó  que  to- 
dos loa  que  estaban  en  aquella  villa  serian  presos  ó 
muertos  ;é  no  sabiendo  darse  remedio,  recurrió  al 
consejo  de  la  Princesa ;  la  qual ,  como  quiera  que 
mucho  se  maravillase  de  aquella  novedad  é  dello 
toviese  gran  desplacer,  rogó  afectuosamente  al  Ar- 
zobispo que  en  aquel  caso  no  atentase  fuida  ni  otra 
cosa  siguiese ,  salvo  lo  quel  Maestre  ordenase ,  el 
qual  creia  que  todas  las  cosas  traerían  al  fin  que  de- 
seaban, paralo  qual  convenia  disimular  el  miedo,  é 
ir  donde  quiera  que  el  Maestre  quisiese ,  y  en  esto 
no  dudase  ni  temiese,  que  donde  su  persona  estaba, 
no  solamente  de  la  muerte  seria  seguro ,  mas  no  se 
tratarla  cosa  que  no  fuese  en  el  acatamiento  de  su 
honor  y  estado.  Y  estando  las  cosas  en  este  punto, 
acordóse  por  ciertos  mensajeros  que  allí  vinieron 
que  así  los  que  estaban  en  Zebreros  como  los  que 
estaban  en  Cadahalso  con  esperanza  viniesen  á  la 
mitad  del  camino ,  á  una  casa  que  es  cerca  dé  los 
Toros  de  Guisando,  donde  la  vista  del  Rey  é  de  la 
Princesa  se  habia  de  facer,  é  allí  la  Princesa  Doña 
Isabel ,  vino  con  ella  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el 
Obispo  de  Burgos  é  de  Coria  é  con  ellos  docientos 
de  caballo ;  é  de  la  otra  parte  vino  el  Rey,  é  con  él 
el  Maestre  de  Santiago  y  el  Arzobispo  de  Sevilla,  y 
el  Obispo  de  Calahorra,  é  los  Condes  de  Placencia 
é  Benavente,  é  Miranda,  é  Osorno,  é  Pedro  López  de 
Padilla,  Adelantado  de  Castilla,  é  otros  muchos  ca- 
balleros con  fasta  mil  y  trescientos  de  á  caballo  ,  y 
allende  destos  vinieron  con  el  Rey  Don  Antonio  de 
Veneris,  Obispo  de  León,  Nuncio  Apostólico  Lega- 
do del  Santo  Padre  Pablo  II ;  el  qual  vino  allí  por- 
que todas  las  cosas  que  en  aquel  ayuntamiento  pa- 
saban se  hiciesen  con  su  autoridad  y  mandado,  por- 
que para  siempre  quedasen  válidas  é  firmes,  porque 
todos  los  rigores  é  daños  en  estos  Reynos  cesasen  y 
de  los  autos  en  este  ayuntamiento  fechos  resultase 
pacífica  holganza  ó  conocimiento  de  la  verdadera 
subcesion  destos  Reynos.  E  como  se  acercasen  los 
unos  de  los  otros,  el  Arzobispo  que  traía  á  la  Prin- 
cesa ,  dejó  la  rienda ,  é  la  Princesa  se  llegó  gl  Rey 
por  le  besar  la  mano  ,  el  qual  no  se  la  quiso  dar  por 
mucho  quel] a  lo  porfió  ;  y  en  todo  esto  el  Arzobis- 
po ningún  acatamiento  ni  reverencia  fizo  al  Rey  ni 
habló  á  ninguna  otra  persona,  é  la  Princesa  se  lle- 


gó á  él,  y  muy  quedo  le  dijo  que  besase  la  mano  al 
Roy  é  le  ficiese  el  acatamiento  que  debía  ;  á  lo  qual 
el  Arzobispo  de  Toledo  respondió  que  ninguna  cosa 
él  faria  fasta  quel  Rey  la  declarase  por  legítima 
heredera  é  sucesora  destos  Reynos  ;  é  luego  el  Rey 
en  presencia  de  todos  los  Grandes  susodichos,  en 
las  manos  del  Legado  juró  la  legítima  sucesión  des- 
tos  Reynos  pertenecer  á  su  hermana  la  Princesa 
Doña  Isabel,  verdadera  heredera  dellos,  ó  de  todos 
los  otros  señoríos  que  so  el  cetro  dellos  se  cuentan, 
no  embargante  las  cosas  por  él  fechas  antes  de  en- 
tonces, en  favor  de  Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna 
Doña  Juana,  con  juramento  é  solenidadde  los  Gran- 
des destos  Reynos  é  de  los  pueblos,  según  la  costum- 
bre de  España,  lo  qual  todo  avia  por  vano  ó  por  nin- 
guno, como  ya  él  fuese  amigo  de  la  verdad  ó  de  to- 
da malicia  enemigo  ;  lo  qual  afirmó  por  espontáneo 
juramento,  é  dijo  que  ante  Dios  y  ante  los  hombres 
confesaba  aquella  Doña  Juana  no  fuese  por  él  en- 
jendrada ,  la  qual  la  adúltera  Reyna  Doña  Juana 
habia  concebido  de  otro  varón ,  é  no  del ;  é  por  eso 
no  queriendo  engañar  la  lejítima  sucesión  destos 
Reynos,  esto  avia  querido  confesar  para  confirma- 
ción del  derecho  hereditario  de  la  Princesa  Doña 
Isabel,  su  hermana.  E  las  cosas  dichas  ó  puestas  en 
forma  jurídica  ó  corroboradas  por  instrumento  con 
gran  ruido  de  trompetas  é  gran  solemnidad  de  to- 
dos los  Grandes  que  ende  estaban  por  sí  ó  por  los 
ausentes,  é  por  los  tres  estados  destos  Reynos,  be- 
saron la  mano  á  la  Princesa  Doña  Isabel,  á  la  qual 
todos  juraron  por  Princesa  é  verdadera  heredera 
destos  Reynos.  E  luego  la  Princesa  mandó  escrebir 
ciertas  letras  dirigidas  al  Arzobispo  de  Toledo  do 
las  quales  el  tenor  es  el  que  sigue :  «Doña  Isabel  por 
))la  gracia  de  Dios,  Princesa  legítima  heredera  des- 
»t08  Reynos  de  Castilla  é  de  León,  mirando  como 
«vos  el  reverendísimo  in  Christo  padre  Don  Alonso 
«Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo,  primado  de  las  Es- 
«pañas.  Chanciller  mayor  de  Castilla,  tío  mió,  sc- 
wguistes  en  el  tiempo  pasado  muy  fielmente  en  ser- 
«vicio  de  mi  señor  hermano  el  Rey  Don  Alonso, 
«cuya  ánima  Dios  haya,  y  en  la  tutela  de  la  suce- 
«sion  destos  Reynos  con  grandes  trabajos  6  solíci- 
ft  tud  de  vuestra  persona  é  gentes  fecistes  grandet 
«espensas,  como  muy  leal  é  verdadero  servidor  ó 
«pariente,  é  aquello  mesmo  aveis  siempre  procura- 
ndo después  de  la  muerte  del  señor  Rey  Don  Alonso 
«mi  hermano,  lo  qual  todo  es  muy  gran  cargo  é 
«tengo  en  voluntad  de  siempre  vos  lo  conocer  en 
»  regra  de  ser  satisf  aciéndovos  en  todo  lo  que  á  mí 
«posible  será;  é  como  quiera  que  después  de  la 
«muerte  del  señor  Rey  Don  Alonso  mi  hermano,  yo 
«pudiera  tomar  el  título  é  corona  destos  Reynos  si 
«quisiera,  déjelo  de  facer  acatando  los  inconvinien- 
»tes  de  guerras  que  se  pudieran  seguir  en  estos  Rey- 
anos  entre  el  señor  Don  Enrique,  mi  hermano  é  mí; 
«é  por  quitar  de  fatiga  á  vos  é  á  todos  los  otros 
«Grandes  que  aveis  seguido  é  seguís,  é  por  eso  con 
«buena  igualdad  yo  soy  acordada  con  el  señor  Rey 
«Don  Enrique,  mi  hermano,  así  sobre  la  sucesión 
«destos  Reynos,  que  después  de  su  vida  á  mí  perte- 


48  CRÓNICAS  DE  LOS 

»necen,como  eobre  el  titulo  de  las  otras  cosas  á 
«ello  concernientes.  Por  ende,  yo  vos  ruego  ó  man- 
))db  que  si  complacerme  deseáis  éá  mi  mandamien- 
))to  queréis  seguir,  con  igual  corazón  queráis  acetar 
»Ia  concordia  é  queráis  concertar  vuestros  fechos 
Bcon  el  Rey  mi  hermano ,  lo  mas  honesto  á  mí,  é  á 
» vos  mas  provechoso  que  pudiéredes;  lo  qual  á  mi 
B mucho  aprovechará,  por  respeto  de  la  paz  ó  fol- 
«gancia  de  todos,  que  á  mí  place  quel  Rey  mi  her- 
«niano  huya,  este  título  quanto  viviere,  é  yo  por 
«agora  me  contento  con  título  de  Princesa,  é  vos 
»ruego  queráis  prestar  á  él  la  obediencia  y  fidelidad 
»que  á  los  Reyes  de  gloriosa  memoria  mis  progeni- 
» toree  se  acostumbra  dar.  E  yo  por  el  vigor  é  f uer- 
»za  de  las  presentes  vos  relieve,  si  necesario  es,  de 
»  qualquiera  juramento  á  que  f uéredes  obligado  á 
»nii  señor  hermano  el  Rey  Don  Alonso,  así  como  á 
»Rey  é  señor,  é  á  mí  como  á  Princesa  heredera  suya 
»como  la  sucesión  destos  Reynos  á  mí  pertenezca, 
»  en  tal  manera  que  solamente  á  mí  seáis  obligados 
»como  á  Princesa  heredera  destos  Reynos  é  al  señor 
«Rey  mi  hermano  como  á  Rey  é  señor,  el  qual  de  mi 
»  consentimiento  quiero  que  sea  dellos  llamado  Rey; 
»por  ende  yo  vos  ruego,  é  mando  é  quiero  é  me  pla- 
» ce  que  vos  le  fagáis  la  reverencia  que  á  Rey  se 
«conviene  é  le  fagáis  el  juramento  de  fidelidad  que 
»  por  él  vos  será  demandado ;  la  qual  libertad  é  man- 
«damiento  do  al  reverendo  in  Christo  padre  Don 
«Iñigo  Manrique,  Obispo  de  Coria,  mi  primo  ,  é  á 
«qualquier  otras  personas  eclesiásticas  é  seglares 
«familiares  vuestros,  é  por  vigor  de  las  presentes 
B  relieve  á  todos  los  susodichos  de  qualquier  jura- 
omento  do  fidelidad  que  tenían  fecho  al  señor  Rey 
«Don  Alonso  mi  hermano  é  á  mi  obediencia  fueren 
» obligados  á  lo  facer;  el  qual  juramento  quiero  é 
«les  mando  que  lo  fagan  al  señor  Rey  mi  herma- 
»no.»  Las  quales  letras  la  señora  Princesa  firmó  de 
su  mano  é  mandó  sellar  de  su  sello. 

E  leídas  las  letras  dichas  en  presencia  de  los  su- 
sodichos so  leyeron  las  letras  que  se  siguen :  «  Don 
«Antonio  de  Veneris,  Obispo  de  León,  Nuncio  Ora- 
«dor  alegado  á  latere  embiado  en  estos  Reynos,  por 
«nuestro  muy  Santo  Padre  Pablo  II,  con  plenario 
«poder  de  su  Santidad,  como  vos  Don  Alonso  Carri- 
«11o,  Arzobispo  de  Toledo ,  primado  de  las  Españas, 
«  Chanciller  mayor  de  Castilla ,  ayais  seguido  é  ser- 
•  Bvido  al  Ilustrísimo  Rey  Don  Alonso,  cuya  ánima 
«Dios  haya,  é  después  de  su  fallecimiento  ayais 
»  servido  é  seguido  á  la  Ilustrísima  señora  Doña  Isa- 
«bel  Princesa  destos  Reynos,  hija  legítima  heredera 
»  del  Serenísimo  Rey  Don  Juan,  de  gloriosa  memo- 
»ria  y  en  defensión  del  derecho  de  la  dicha  señora 
«Princesa  ayais  con  grandes  trabajos  é  despensas 
«diligentemente  trabajado,  é  agora  por  la  divina 
«gracia  la  señora  Princesa  por  una  buena  igualdad; 
«es  acordado  por  el  señor  Rey  Don  Enrique  su  her- 
« mano,  así  sobre  la  sucesión  destos  Reynos,  como 
«sobro  el  título  dellos,  quieren  que  vos  le  fagáis 
«obediencia  é  juramento  de  fidelidad,  relevando  á 
«vos  de  qualquier  presente  é  juramento  á  ella  fecho, 
»lo  quaJ  vos  ruego  é  mando  que  fagáis  por  servicio 


REYES  DE  CASTILLA. 

nde  Dios  é  por  lo  que  cumple  al  bien  é  tranquilidad 
«é  sosiego  destos  Reynos.  E  Yo  en  virtud  del  po- 
«der,  por  la  autoridad  por  nuestro  muy  Santo  Pa- 
ndre  á  mí  dado ,  como  legado  en  estos  Reynos,  re- 
« quiero  é  amonesto,  é  de  parte  del  Serenísimo  Pon- 
«tífice,  mando  á  vos  el  Arzobispo  de  Toledo  que  al 
«señor  Rey  Don  Enrique  dedes  la  obediencia  é  fa- 
B  gades  el  juramento  como  á  Rey  se  conviene ,  é  por 
«virtud  de  la  dicha  facultad  de  que  uso  vos  asuelvo 
«de  qualquier  vínculo  ó  vínculos  de  sacramentos 
«que  ayais  prometido  de  qualquier  calidad  quesean 
«que  en  los  tiempos  pasados  por  vigor  de  los  dichos 
Bsacramentos  seáis  obligado  á  la  dicha  señora  Prin- 
«cesa,  de  los  quales  quiero  seáis  relevado  é  asuelto, 
Ben  testimonio  de  lo  qual,  mandé  dar  estas  mis  le- 
» tras  subscritas  de  mi  mano  é  selladas  con  mi  sello, 
«dadas  en  Cadahalso  á  diez  y  ocho  dias  del  mes  de 
B  Setiembre  del  dicho  año,  é  por  vigor  de  las  presen- 
« tes  letras  por  la  apostólica  autoridad  asuelvo  á  vos 
«el  Reverendo  Padre  Don  Iñigo  Manrique,  Obispo 
»  de  Coria,  é  á  los  otros  Grandes,  así  eclesiásticos  co- 
«  mo  seglares ,  de  qualquier  juramento  é  promesas 
»  de  fidelidad  fechos  á  qualesquier  personas  ó  por 
«qualesquier  causas  por  ellos  ó  por  qualquiera  de- 
«llos  fasta  el  día  de  hoy,  álos  quales  mando  qne  al 
«dicho  señor  Rey  Don  Enrique  fielmente  sirvan.» 
Las  quales  letras  fueron  puestas  en  la  Corónica  por- 
que queden  para  perpetua  memoria.  E  como  quiera 
que  al  Arzobispo  de  Toledo  fué  muy  grave  la  re- 
conciliación con  el  Rey  Don  Enrique  ,  por  facer  lo 
que  de  parte  del  Santo  Padre,  é  de  la  señora  Prince- 
sa le  era  mandado  é  por  la  pacificación  destos  Rey- 
nos,  fué  contento  de  besar  la  mano  al  Rey  Don  En- 
rique, y  él  se  volvió  á  Zebreros,  é  con  él  los  Obispos 
de  Burgos  é  Coria.  E  habiéndose  por  bienaventura- 
do por  la  Princesa  Doña  Isabel  ser  declarada  por 
heredera  destos  Reynos  con  consentimiento  del 
Rey  Don  Enrique.  E  porque  algunos  decían  quel 
Arzobispo  tenia  ocupada  la  fortaleza  de  Avila  que 
comunmente  se  llamaba  el  Cimoro,  entrególo  por 
mandado  de  la  señora  Princesa  á  Gonzalo  Chacón, 
comendador  de  Montiel,  é  desde  allí  al  Rey  Don 
Enrique.  E  la  Princesa  su  hermana  é  todos  los 
Grandes  que  con  él  estaban  se  fueron  á  Casarrubios, 
y  el  Arzobispo  de  Toledo  é  los  Obispos  que  con  él 
estaban  se  partieron  de  Zebreros  á  Yepes. 

CAPÍTULO  XLIII. 

De  las  formas  que  el  Bey  Don  Enrique  tuvo  para  ir  contra  toa';  lo 
asentado  cerca  de  los  Toros  de  Guisando. 

Como  la  condición  del  Rey  Don  Enrique  fuese 
mudable ,  é  cerca  de  su  persona  oviese  hombres  que 
sus  costumbres  siguiesen ,  acordó  de  se  ir  á  la  villa 
de  Ocaña,  por  ser  del  Maestre  de  Santiago,  creyen- 
do que  todas  las  cosas  allí  se  podían  hacer  s»igun 
su  querer  é  voluntad ;  é  mandó  allí  venir  al  Maestre 
de  Santiago  é  álos  Condesde  Placencia  é  Benaven- 
te,  é  al  Arzobispo  de  Sevilla ,  é  al  Obispo  de  Ca- 
lahorra que  ya  era  de  Sigüenza,  los  quales  quiso 
juntar  allí  para  dar  suspensión  en  los  negocios,  es- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS 
pecialmente  en  el  casamiento  de  la  señora  Prince- 
sa, 8U  hermana,  con  el  Príncipe  Don  Fernando  de 
Aragón,  el  qual  casamiento  el  Arzobispo  de  Tole- 
do con  todas  sus  fuerzas  procuraba,  y  el  Maestre  de 
Santiago  lo  estorbaba  ó  aborrecía ;  é  para  anular  é 
destruir  todo  lo  asentado  con  Apostólica  autoridad 
cerca  de  los  Toros  de  Guisaddo,  mandó  que  en  nom- 
bre de  Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna,  se  ficiese re- 
clamación é  protestación  é  apelación  de  todo  lo  allí 
fecho  y  espontáneamente  por  él  jurado,  de  que  se 
siguieron  grandes  inconvenientes,  daños  é  murmu- 
raciones generalmente  por  todos  estos  Reynos  ;  y 
el  Rey  con  todas  sus  fuerzas  procuraba  que  la  se- 
ñora Princesa  su  hermana  casase  con  el  Rey  Don 
Alonso  de  Portugal,  en  daño  universal  destos  Rey- 
nos.  E  como  Don  Juan  de  Guzman,  Duque  de  Me- 
dinasidonia,  fuese  requerido  por  el  Arzobispo  de 
Toledo  que  diese  consentimiento  al  casamiento  de 
la  señora  Princesa  doña  Isabel  con  el  señor  Prínci- 
pe Don  Fernando  de  Aragón  ,  estaba  en  ello  dudo- 
so, porque  recelaba,  si  este  casamiento  se  cumplie- 
se, seria  dar  gran  favor  á  Don  Enrique ,  Conde  de 
Alba  de  Liste ,  con  quien  se  esperaba  contender  so- 
bre la  sucesión  suya  ;  é  como  sobre  aquesto  tomase 
consejo  con  algunos,  entre  los  quales  habia  diversas 
opiniones,  Alonso  de  Palencia,  Coronista,  que  era 
uno  de  aquellos,  dijo  tantas  ó  tales  razones  al  Du- 
que, que  fizo  dexar  todas  las  dudas,  é  concertólo  á 
lo  voluntad  del  Arzobispo  de  Toledo.  E  como  en 
esto  tiempo  el  Duque  Don  Juan  fallesciese,  sucedió 
en  su  lugar  Don  Enrique  de  Guzman ,  su  hijo ,  el 
qual  siguió  el  camino  comenzado  por  su  padre.  En 
este  tiempo,  poco  antes  de  la  muerte  deste  Duque, 
páreselo  en  Sevilla  una  cometa  muy  grande  é  ar- 
diente que  duró  poco  menos  de  dos  meses,  de  la 
qual  fueron  proverticados  los  males  é  daños  que 
después  en  aquella  ciudad  se  siguieron  ;  de  la  muer- 
te del  qual  los  ciudadanos  de  aquella  ciudad  ovie- 
ron  muy  entrañable  dolor ,  como  fuese  de  todos 
mucho  amado  ;  en  el  qual  tiempo  acaeció  una  cosa 
muy  estraña  en  la  provincia  de  Toledo,  en  un  lu- 
gar que  se  llama  Pero  Moro ,  ques  del  Conde  de 
Fuensalida,  la  qual  fué,  que  como  fuese  ya  el  tiem- 
po de  segar  las  cebadas  y  un  hombre,  el  principal 
de  aquel  lugar,  fué  con  sus  hijos  para  segar  una 
pieza  suya,  del  primero  manojo  que  segó  corrió  tan- 
ta sangre  del,  que  fué  cosa  maravillosa ;  é  como  los 
hijos  viesen  la  rnano  del  padre  llena  de  sangre,  vi- 
nieron á  gran  priesa  á  lo  ver,  pensando  que  se  o^^e- 
se  cortado  con  lafoz,  y  catando  la  mano,  falláronla 
sin  ferida  alguna  é  tomaron  el  manojo  segado,  é 
vieron  como  por  cada  caña  salia  viva  sangre,  don- 
de todos  los  del  pueblo  se  llegaron  é  segaron  algu- 
nos otros  manojos  de  los  quales  salia  tanta  sangre 
como  del  primero,  lo  qual  tomaron  por  testimonio, 
é  lo  enviaron  al  Conde  do  Fuensalida  á  la  ciudad 
de  Toledo. 


49 


CAPITULO  XLIV. 


De  la  embajada  quel  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  embió  en  Cas- 
tilla, pensanilü  concluir  el  casamiento  suyo  con  la  señora  Prin- 
cesa Doña  Isabel. 


Cr.— III. 


Los  grandes  destos  Reynos  por  diversos  respetos 
deseaban  que  la  señora  Princesa  Doña  Isabel  fuese 
casada.  E  los  que  seguían  la  voluntad  del  Rey,  aun- 
que bien  conocían  el  casamiento  del  Rey  de  Por- 
tugal ser  muy  dañoso  á  estos  Reynos ,  daban  á  ello 
consentimiento,  y  el  Arzobispo  de  Toledo  é  los  que 
verdaderamente  deseaban  el  bien  general  contra- 
deciendo,  trabajaban  quanto  podían  porquel  casa- 
miento con  el  Principe  don  Fernando  de  Aragón  se 
concluyese ;  entre  los  quales  principalmente  el  Ar- 
zobispo de  Toledo  no  cesaba  por  secretos  mensaje- 
ros á  suplicar  y  requerir  é  amonestar  á  la  Princesa 
no  consintiese  en  el  casamiento  del  Rey  de  Portu- 
gal ni  otro  alguno  acetase ,  salvo  el  Príncipe  Don 
Fernando  de  Aragón,  el  qual  era  el  mas  honorable 
é  mas  provechoso  é  mas  convenible  para  su  verda- 
dera bienaventuranza.  Y  estando  las  cosas  así  sus- 
pensas, el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  embió  su 
embajada  solene  al  Rey  Don  Enrique,  la  conclusión 
de  la  qual  era  rogándole  afetuosamente  quisiese 
darle  en  casamiento  á  la  señora  Princesa  Doña  Isa- 
bel su  hermana,'  el  qual  como  estuviese  en  propósi- 
to de  concluir  este  casamiento  con  el  Rey  de  Por 
tugal,  é  conociese  ser  muy  contraria  la  voluntad  de 
la  Princesa  su  hermana,  acordó  que  Don  Pedro  de 
Velasco,  hijo  del  Conde  de  Haro,  fuese  á  hablar  con 
la  Princesa,  é  como  aconsejándole  le  dixese  que  to- 
davía cumplía  seguir  la  voluntad  del  Rey,  é  dexar 
á  su  arbitrio  lo  que  cerca  de  su  casamiento  quisiere 
facer ;  en  otra  manera  fuese  cierta  que  seria  puesta 
en  prisión,  la  qual  con  muchas  lágrimas  respondió 
quella  esperaba  en  Dios  se  daría  forma  porque  se 
escusase  de  recebir  tan  grande  injuria.  Y  en  tanto 
que  estas  cosas  se  pasaban ,  los  embaxadores  del 
Rey  de  Portugal  esperaban  su  respuesta,  é  como 
ningún  modo  se  fallase  el  casamiento  de  la  Prince- 
sa, atentaron  de  ponerla  en  el  Alcázar  de  Madrid,  lo 
qual  sabido  por  el  Arzobispo  de  Toledo ,  envió  se- 
cretamente á  fablar  con  los  principales  caballeros 
de  la  villa  de  Ocaña,  para  que  diesen  lugar  á  la  en- 
trada, de  sus  gentes  en  aquella  villa  para  dende 
llevar  á  la  Princesa ;  lo  qual  sentido  por  el  Roy  Don 
Enrique  é  por  los  que  le  seguían ,  por  la  gracia  de 
nuestro  Señor  concibieron  tan  gran  temor,  que  acor- 
daron de  enviar  á  decir  á  los  embaxadores,  que  con- 
venia sentar  otros  modos  para  aplacar  la  voluntad 
de  la  Princesa,  la  qual  naturalmente  era  enemiga  de 
violencia.  Con  la  qual  respuesta  los  embaxadores  se 
partieron,  no  mucho  alegres,  pero  con  todo  eso  no 
desesperados  del  casamiento ;  de  lo  qual  todo  á  su 
Rey  ficieron  relación.  E  como  el  Maestre  de  San- 
tiago fuese  mucho  amigo  de  la  suspensión,  aunque 
parecía  este  casamiento  desear ,  é  él  trabajaba  por 
lo  deferir,  como  supiese  la  venida  del  Cardenal  Tra- 
pacense,  el  qual  solicitaba  el  casamiento  de  la  se- 

4 


50 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ñora  Princesa  Doña  Isabel  con  el  Duque  de  Berri, 
que  después  fué  de  Guiana ,  hermano  del  Rey  Luis 
de  Francia,  de  la  qual  embajada  venir  en  estos  Rey- 
nos  al  Conde  de  Placencia  desplacía  como  estuviese 
mucho  aficionado  al  casamiento  del  Rey  de  Portugal, 
con  el  qual  dio  su  voto  que  la  Princesa  casase  quier  le 
pluguiese  ó  le  pesase.  En  el  qual  tiempo  Don  Rodrigo 
Manrique,  Conde  de  Paredes,  como  fuese  verdadero 
celador  del  bien  común  destos  Reynos,  vino  á  Yepes, 
donde  el  Arzobispo  de  Toledo  estaba,  é  trujo  el  con- 
sentimiento de  los  Condes  de  Medinaceli  é  Trevifio 
é  Benavente  é  Buendia  é  de  muchos  otros  grandes 
que  en  ello  avia  traido  Don  Iñigo  Manrique  Obispo 
de  Coria,  para  que  la  Princesa  casase  con  Don  Fer- 
nando, Príncipe  de  Aragón ,  en  lo  qual  el  Almiran- 
te Don  Fadrique,  abuelo  del  Príncipe,  aprovechó 
mucho,  atrayendo  á  muchos  grandes  á  este  consen- 
timiento. 

CAPÍTULO  XLV. 

De  una  gran  Vitoria  que  de  los  moros  ovo  Don  Lope  Vázquez  de 
Acuña,  Adelantado  de  Cazorla  ,  que  hoy  es  Conde  de  Bacndia, 
y  el  Comendador  Alonso  de  la  Peñuela,  alcayde  deQuesada. 

En  tanto  questas  diferencias  en  nuestros  Reynos 
estaban,  el  Rey  de  Granada,  creyendo  no  aver  re- 
sistencia ,  pensó  de  facer  en  ellos  gran  daño,  para 
lo  qual  juntó  novecientas  lanzas  étres  mil  peones 
de  la  gente  mas  escogida  que  en  su  Reyno  avia;  y 
envió  sus  capitanes ,  mandándoles  que  viniesen  á 
correr  las  ciudades  de  Ubeda  é  Baeza,  é  quemasen 
é  destruyesen  la  villa  de  Quesada  ,  ques  lugar  des- 
cercado, los  quales  lo  pusieron  así  en  obra,  é  lleva- 
ron de  aquellas  ciudades  gran  presa  de  vacas  é  bue- 
yes é  yeguas  é  ganados  menudos  é  hombres  del 
campo :  desde  allí  continuaron  su  camino  para 
Quésada.  De  lo  qual  como  fuese  certificado  por  el 
dicho  alcayde  el  dicho  Don  Lopes  Vázquez  de  Acu- 
ña, caballero  noble,  mancebo  mucho  esforzado,  de- 
seoso do  servir  á  Dios  é  al  Rey,  cabalgó  con  fasta 
ciento  de  caballo  é  quatrocientos  peones  que  pudo 
aver,  é  á  mas  andar  se  fué  á  meter  en  la  villa  de 
Quesada ,  donde  todos  los  suyos  tuvo  tan  encubier- 
tos que  aunque  los  moros  vinieron,  no  sintieron 
aver  mas  gente  en  la  villa  de  los  moradores  della ; 
é  como  los  moros  anduvieron  la  mayor  parte  de  la 
noche,  estando  ya  qnanto  media  legua  de  la  villa, 
los  capitanes  embiaron  trecientos  de  caballo  é  mil 
peones  poco  antes  del  alba  para  que  entrasen  en  la 
villa,  é  toda  la  otra  gente  se  quedó  con  la  presa  que 
de  Ubeda  é  Baeza  avia  traydo,  y  el  Adelantado  con 
su  gente  é  con  la  de  la  villa  tomó  las  entradas  é 
pasos  por  donde  los  moros  avian  de  venir,  é  veni- 
dos ,  con  tan  gran  vigor  é  fuerza  el  Adelantado  y 
Alcayde  é  sus  gentes  pelearon,  que  todos  los  moros 
que  se  apearon  para  entrar  en  la  villa  fueron  muer- 
tos é  presos  é  los  que  pudieron  fueron  fuyendo  para 
se  juntar  con  sus  gentes,  y  el  Adelantado  como 
quiera  que  conociese  la  ventaja  sin  comparación 
que  los  moros  del  tenian,  esfuerzo  su  gente,  como 
virtuoso  caballero,  la  qual  fizo  un  cuño  ;  é  con  gran- 


de ánimo  fueron  fcrir  en  ios  moros  que  tenian  la 
presa,  é  de  tal  manera  pelearon  con  ellos  que  ovie- 
ron  de  dejar  la  presa  é  ir  fuyendo.  Y  el  adelantado 
y  el  Alcayde  ganaron  dellos  trecientos  caballos,  ó 
gran  despojo  de  jaeces  ó  armas  ;  é  mataron  é  pren- 
dieron ochocientos ;  en  la  qual  batalla  Don  Fernan- 
do de  Acuña,  hermano  del  Adelantado,  y  mozo  de 
diez  y  seis  años,  que  contra  su  mandamiento  é  vo- 
luntad entró  en  aquella  batalla ,  hizo  cosas  tan  se- 
ñaladas ,  que  paresció  mas  ser  caballero  anciano 
que  mozo  ni  mancebo  ;  el  qual  fasta  aquel  dia  no 
avia  tomado  armas  ni  lanza  en  la  mano  para  pe- 
lear. Deste  se  afirma  haber  conservado  su  virgini- 
dad fasta  el  dia  que  casó,  que  seria  de  edad  de 
treinta  años,  que  fué  una  cosa  muy  maravillosa,  que 
quando  la  primera  pelea  se  comenzó,  las  mugerea 
de  la  villa  tomaron  armas  é  siguieron  á  sus  maridos 
peleando  virilmente,  é  fállase  que  entre  estas  fué 
una  que  vido  estar  siete  moros  en  la  concavidad 
de  una  peña,  é  con  una  lanza  en  la  mano  fué  sola  á 
pelear  con  ellos  é  los  prendió  é  trajo  á  todos  á  su 
casa.  E  en  esta  batalla  el  Adelantado  ganó  catorce 
banderas,  las  cuales  hoy  trae  en  torno  de  sus  armas. 
Algunos  de  los  que  fueron  cativos  en  esta  batalla 
afirmaron  que  la  gente  que  el  Adelantado  traia,  con 
la  de  la  villa  que  traia  el  Alcaide  ,  les  pareció  mu- 
cha mas  que  la  suya,  é  que  avian  visto  encima  del 
armadura  de  la  cabeza  de  Don  Fernando  de  Acuña 
tan  gran  claridad,  que  les  tiraba  la  vista;  de  que 
creyan  verdaderamente  nuestro  Señor  aver  embia- 
do  á  los  Christianos  ayuda  en  esta  batalla,  en  la  qual 
ganó  y  ovo  un  quento  en  moros  é  despojo  el  diclio 
Alcayde,  la  qual  dicha  alcaydia  Ubeda  le  dio  la  qual 
provee  de  alcayde  cada  año. 


CAPITULO  XLVI. 

De  la  gran  diligencia  que  Don  Rodrisío  Manrique,  Conde  de  Pa- 
redes, ovo  para  que  no  solamente  los  grandes  destos  Reynos 
diesen  consentimiento  al  casamiento  de  la  señora  Princesa  Do- 
ña Isabel  con  el  Príncipe  Don  Fernando  de  Aragón,  mas  las 
ciudades  6  villas  dellos. 

En  este  tiempo  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde 
de  Paredes,  se  vino  á  la  ciudad  de  Toledo,  el  qual  so 
concertó  con  Pero  López  de  Ayala  su  suegro,  el 
qual  Conde  avia  sido  casado  la  primera  vez  con  hija 
de  Gómez  Suarez  de  Figueroa,  Señor  de  Zafra  é  de 
Feria,  de  quien  avia  ávido  muy  nobles  hijos  y  es- 
trenuos en  caballería,  é  segunda  vez  con  hija  de 
Diego  Furtado  de  Mendoza,  montero  mayor  del  Rey 
Don  Juan,  de  quien  ningunos  hijos  ovo,  é  ya  en  la 
vejez  tercera  vez  casó  con  hija  de  Pero  López  de 
Ayala,  pero  con  todo  eso  tan  robusto  ó  tan  hábil  Be 
halla  para  todo  lo  que  facer  quería,  como  seyendo 
mancebo;  el  qual  discurrió  por  muchas  partes,  pro- 
curando el  consentimiento  ya  dicho.  En  el  qual 
tiempo  el  Maestre  de  Santiago  procuró  de  llevar  al 
Rey  al  Andalucía,  el  qual  determinó  que  antes  de 
la  partida  fuese  tomado  juramento  á  la  Princesa 
Doña  Isabel  que  ninguna  novedad  fiziese  en  su  ca- 
samiento,  creyendo  el  Rey  que  quebrantando  la 


MEMORIAL  DE  DTVEHSAS  HAZAÑAS. 


51 


Princesa  este  juramento  bastaria  para  destruir  su 
derecho,  y  si  esto  no  atentase ,  parecería  aver  co- 
metido todo  su  querer  é  autoridad  al  mandado  é 
querer  al  Rey;  é  como  deseasen  que  la  Princesa  que- 
brantase aquel  juramento,  diéronle  mayor  libertad 
é  mandaron  partir  cerca  della  todos  los  que  podian 
empachar  su  voluntad  para  escrebir  é  oir,  estando 
tan  cercana  del  Arzobispo  de  Toíedo  ,  que  en  Yepes 
estaba  de  donde  cada  dia  podia  embiar  los  mensa- 
geros  que  quisiese  é  proseguir  el  negocio  comenza- 
do en  favor  del  Príncipe  de  Aragón  ;  el  qual  casa- 
miento la  Princesa  ya  tenia  acetado  antes  del  jura- 
mento que  por  el  Rey  le  fué  tomado.  Y  en  tanto  que 
estas  cosas  pasaban,  el  Arzobispo  de  Toledo  acordó 
de  embiar  en  Aragón  al  Coronista  Alonso  de  Palen- 
cía,  por  aver  veinte  mil  florines  que  eran  prometi- 
dos de  se  dar  al  tiempo  quel  casamiento  se  acetó,  é 
un  collar  muy  rico  de  gran  valor  de  piedras  é  per- 
las para  la  Princesa. 

CAPÍTULO  XLVII. 

De  la  embajada  quel  Roy  Luis  de  Francia  embió  al  Rey  Don  En- 
rique sobre  el  casamiento  de  la  Princesa  Doña  Isabel  con  el 
Duque  de  Berri  é  de  Guiana ,  su  hermano. 

En  este  tiempo  los  embaxadores  del  Rey  de  Fran- 
cia vinieron  al  Rey  Don  Enrique,  el  principal  de  los 
quales  era  Guillelrao  ,  presbítero  Cardenal  llamado 
Trapacense ,  é  después  Albacense ,  hombre  al  pare- 
cer mucho  letrado  é  soberbio.  La  conclusión  de  su 
embaxada  era  demostrar  al  Rey  quanto  el  Rey  de 
Francia  deseaba  el  matrimonio  de  la  Ilustrísiraa 
Princesa  doña  Isabel ,  su  hermana,  con  Carlos  Du- 
que de  Guiana  é  de  Berri ,  su  hermano ,  mostrando 
quanto  este  casamiento  era  provechoso  é  honroso, 
así  á  los  españoles  como  á  los  franceses.  La  res- 
puesta desta  embaxada  se  detuvo ,  é  á  la  fin  fué 
respondido  á  los  embaxadores,  que  si  les  placía  po- 
der ir  á  ver  la  ciudad  de  Sevilla  en  tanto  que  el 
Rey  consultaba  este  negocio  con  los  grandes  de  su 
Reyno,  los  quales  lo  pusieron  así  en  obra,  como 
quiera  que  desta  respuesta  fueron  mal  contentos, 
pero  con  todo  eso  el  Cardenal  tovo  esperanza  que 
si  él  pudiera  f  ablar  á  la  Princesa ,  el  casamiento 
avria  conclusión ;  la  qual  en  este  tiempo  era  parti- 
da de  Ocaña  para  Arévalo,  é  desde  allí  se  fué  á  Ma- 
drigal, por  ver  á  la  señora  Reyna  su  madre  que  allí 
estaba.  Y  el  cardenal  Albacense,  sabido  como  la 
Princesa  estaba  en  Madrigal,  se  partió  para  allá 
donde  fué  visitar  la  Princesa  ante  la  qual  propuso 
su  embaxada,  mostrándole  por  quantas  razones  de- 
bía facer  el  casamiento  del  Duque  de  Guiana.  La 
Princesa  con  gran  discreción  respondió  no  aproban- 
do ni  negando  lo  quel  cardenal  decía,  mas  con  gran 
modestia  en  breves  palabras  dijo  que  ella  habla  de 
seguir  lo  que  las  leyes  destos  Reynos  disponían  é 
mandaban  en  honor  é  gloria  é  acrecentamiento  del 
cetro  real  dellos.  Con  la  qual  respuesta  el  Cardenal 
mal  contento  se  partió  para  Francia. 


CAPITULO  XLVIII. 


De  las  cosas  que  afirmaron  el  casamiento  de  la  Serenísima  Prin- 
cesa Doña  Juana  con  el  iluslrísimo  Príncipe  Don  Fernando, 
quando  la  fortuna  raas  contraria  se  mostraba. 

Trabajaba  mucho  el  Arzobispo  de  Toledo  la  difi- 
cultad del  negocio  comenzado,  como  cada  dia  le 
viniesen  mensajeros  de  las  turbaciones  en  las  cosas 
de  Aragón,  así  por  la  graveza  de  la  guerra  de  Bar- 
celona, como  por  la  tardanza  del  collar  ó  suma  de 
oro  que  se  había  de  traer  para  la  Señora  Princesa, 
quel  Arzobispo  de  Toledo  avia  prometido  de  le  dar 
al  tiempo  que  se  concertó    su  casamiento  con  el 
Príncipe  de  Aragón.  É  allende  desto  le  fatigaba 
mucho  saber  que  entre  los  grandes  de  Aragón  é  aun 
comunmente  entre  los  plebeyos,  avia  gran  diversi- 
dad de  opiniones,  porque  á  los  unos  parecía  bien  es- 
te casamiento  é  á  los  otros  desplacía,  pareciéndoles 
que  seyendo  el  Principo  de  Aragón  Rey  de  Castilla 
con  tan  gran  poder  podia  oprimir  al  Reyno ,  lo  qual 
no  podia  seyendo  solamente  Rey   de  Aragón ;  é 
creyan  que  dándose  aquella  suma  'de  oro  y  el  collar 
quera  prometido,  el  casamiento  se  concluiría.  B  co- 
mo Alonso  de  Palencia,  coronista,  allí  se  fallase, 
como  por  mandado  del  Arzobispo  fuese  venido  en 
Tarragona  donde  el  Rey  D,  Juan  de  Aragón  estaba, 
ante  su  Alteza  esplicó  la  embaxada  que  traya ,  y  el 
Rey  la  oyó  graciosamente ,  aunque  estaba  mucho 
empachado  en  dar  orden  á  la  armada  que  facía  de 
muchas  naos  é  galeas  para  hacer  cruda  guerra  á  los 
de  Marcela  é  Barcelona,  como  el  Rey  de  Francia 
mucho  apretase  la  guerra  por  tierra,  aviendo  toma- 
do el  Condado  de  Rosellon  é  alguna  parte  de  Am- 
purias  ;  las  quales  cosas  mucho  trabajaban  al  Rey, 
aunque  las  comportaba  con  gran  corazón  ;  é  lo  que 
mas  pena  le  daba  era  conocer  la  voluntad  de  los 
Grandes  de  su  Reyno  ser  lejos  de  su  querer  en  el  ca- 
samiento del  Príncipe  su  hijo,  en  lo  qual  Aloní.o  de 
Palencia  dijo  al  Rey  su  parecer,  el  qual  el   Rey 
aprobó  ;  é  para  esto  mandó  que  los  Grandes  que  allí 
estaban  fuesen  presentes ,  é  que  ante  todos  Alonso 
de  Palencia  esplícase  su  embajada,  los  quales  eran 
don  Pedro  de  Urrea,  Patriarca  de  Antioca,  Arzo- 
bispo de  Tarragona ,  é  Don  Juan  de  Cardona ,  Con- 
de de  Paredes,  é  Beltran  de  Ugon  de  Rojabeltrin, 
Castellan  de  Amposta ,  Prior  de  la  Orden  Militar  de 
San  Juan,  é  Don  Juan  Pajoso,  Vice  Canciller;  los 
quales  todos  reusaban  el  matrimoaío  del  Príncipe 
Don  Fernando  con  la  Princesa  de  Castilla  doña  Isa- 
bel. E  después  de  Alonso  de  Palencia  aver  esplíca- 
do  su  embaxada  que  al  Rey  se  dirigía ,  f abló  á  los 
Grandes  que  allí  estaban  largamente  reprobando  su 
errada  opinión ,  mostrándoles  muchas  evidentes  ra- 
zones por  que  ninguna  cosa  en  el  mundo  tan  bien 
les  podia  venir  como  el  casamiento  de  la  Princesa 
de  Castilla,  de  que  los  contradítores  de  aquesto  que- 
daron vencidos  de  tal  manera,  que  acordaron  de 
dar  é  dieron  el  casamiento  por  el  Rey  deseado.  E 
luego  el  Rey  determinó  que  el  Príncipe  se  viniese 
de  Cervera,  donde  avia  ido  por  socorrer  á  los  de 


52 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


aquella  provincia,  después  que  la  foitaleza  de  Mon- 
tefalcon  avia  seido  ocupada  por  un  ladrón  que 
grandes  daños  en  ella  liabia  fecho.  Con  la  venida  del 
Príncipe  el  Rey  ovo  gran  placer ,  é  con  acuerdo  de 
amos  el  Rey  quedó  en  Cervera,  y  el  Príncipe  se  vi- 
no en  Valencia,  por  quitar  el  collar  questaba  en 
prendas  por  gran  suma  de  dineros.  E  desque  tros 
dias  en  uno  estuvieron  entendiendo  en  sus  nego- 
cios ,  estando  presentes  todos  los  Grandes ,  al  Prín- 
cipe amonestó  que  á  toda  virtud  se  diere  é  siempre 
ficiese  bienes  é  mercedes  á  los  que  bien  y  lealmen- 
to  sirvieren  ,  amonestándole  que  al  Arzobispo  de 
Toledo  en  lugar  de  padre  tuviese ,  é  ansi  lo  acata- 
se c  honrase  é  gratificase,  á  quien  mas  debia  que  á 
persona  del  mundo ,  que  le  páresela  con  todos  sus 
Reynos  no  poder  enteramente  pagarle  lo  que  le  de- 
bia faciendo  mención  de  la  libertad  fecha  por  él  á 
la  Reyna  su  mujer  é  de  las  inumerables  ayudas,  que 
le  avia  fecho  en  tiempo  de  muy  grandes  necesidades 
é  la  vigilancia  é  dolencia  maravillosa  que  cerca  de 
aquel  casamiento  avia  tenido,  é  por  eso  le  manda- 
ba que  lo  mas  presto  que  pudiese  embiase  al  Arzo- 
bispo el  collar,  é  la  suma  de  oro  que  á  la  Princesa 
lo  era  prometido,  con  grande  humildad  de  cumplir 
todo  lo  á  él  por  el  Rey  mandado.  É  luego  el  Prínci- 
pe desde  allí  se  partió  para  Valaguer,  é  dende  se- 
f  ué  en  Valencia ,  donde  ligeramente  ovo  el  collar  é 
los  veinte  mil  florines ;  lo  qual  todo  mandó  dar  á 
Alonso  de  Palencia  é  á  Pedro  de  la  Caballería,  hon- 
rado ciudadano  de  Zaragoza,  los  quales  lo  traxeron 
todo  é  lo  entregaron  al  Arzobispo  de  Toledo  que 
estaba  en  la  Villa  de  Alcalá  de  Henares ;  el  qual 
con  su  venida  fué  mucho  alegre,  dando  gracias  á 
nuestro  Señor  porque  tan  grandes  dificultades  tan 
ligeramente  avia  determinado.  Restaba  con  todo 
eso  socorrer  á  la  Princesa  que  estaba  en  Madrigal, 
con  la  señora  Reyna  su  madre ,  la  qual  el  Maestre 
do  Santiago  solicitaba  de  aver  en  su  poder.  En  este 
tiempo  Don  Alonso  de  Monroy ,  Clavero  de  Alcán- 
tara, con  muy  poca  gente  desbarató  quatrocientos 
de  caballo  quel  Maestre  do  Santiago  tenia  sobre  la 
fortaleza  de  Montanchez. 


CAPÍTULO  XLIX. 

De  como  el  ney  Don  Enrique  se  partió  para  la  Ciudad  de  Sevilla 
con  intención  de  prender  al  Duque  de  íledinasidonia  é  apode- 
rarse de  aquella  ciudad,  é  de  como  el  Arzobispo  de  Toledo  fué 
llamado  por  la  Princesa  Doña  Isabel,  y  de  la  deliberación  suya 
fecha  por  él. 

En  este  tiempo  el  Rey  Don  Enrique  se  partió 
para  el  Andalucía  con  propósito  de  prender  al  Du- 
(|ue  de  Medinasidonia  y  apoderarse  de  la  ciudad  de 
Sevilla  ;  y  sabido  por  el  Duque  Don  Enrique  la  ve- 
nida del  Rey,  embió  á  Cantillana  á  suplicalle  que 
no  metiese  consigo  al  Maestre  de  Santiago  que  era 
su  enemigo,  lo  qual  el  Rey  mucho  porfió  así  allí 
como  después  en  Alcalá  de  Guadayra,  desde  donde 
embió  á  llamar  ciertos  veinte  y  ([uatros  de  la  ciu- 
dad para  quejarse  dellos  diciendo  que ,  siendo  su 
señor  no  consentille  meter  á  quien  él  quisiese  ;  y  un 


veinte  y  quatro  llamado  Sancho  Mexia,  dijo  quelloa 
tenían  mas  razón  de  quejarse  por  aver  dado  el  al- 
caydia  mayor  al  Duque  de  Medina,  que  antes  que 
la  tuviese ,  lo  echaba  la  ciudad  cada  vez  que  que- 
ría ,  y  con  ella  entraba  en  cabildo  y  tenía  parte  pa- 
ra ser  lo  que  su  Alteza  veia ,  así  por  el  voto  como 
por  la  vara ;  y  aunque  el  Rey  entró  en  Sevilla,  es- 
tuvo poco  por  causa  del  Maestre  ;  y  como  no  pudo 
hacer  lo  que  quería,  determinó  de  ir  en  Extrema- 
dura ,  con  voluntad  de  dar  la  plaza  de  Truxillo  al 
conde  Plasencia.  Y  venido  en  Truxillo,  vista  por 
los  moradores  de  aquella  ciudad  la  intención  del 
Rey,  hicieron  conjuración  con  el  Alcayde,  llamado 
Gracian  de  Sesé,  y  resistieron  al  querer  del  Rey,  de 
tal  manera  que  gastó  allí  algún  tiempo  sin  acabar 
cosa  de  lo  que  quería  ;  la  qual  tardanza  aprovechó 
mucho  á  la  libertad  de  la  Princesa,  porque  si  el  Rey 
pasara  los  montes  á  la  parte  de  Toledo,  no  pudiera 
la  Princesa  ser  libre  como  lo  fué ,  porquel  Maestre 
de  Santiago  continuamente  solicitaba  al  Arzobispo 
de  Sevilla,  que  en  Coca  estaba,  que  juntase  gente  ó 
viniese  á  Madrigal  é  se  apoderase  de  aquella  Villa 
é  prendiese  á  la  Princesa  porque  no  se  concluyere 
el  casamiento  con  Don  Fernando  Príncipe  de  Ara- 
gón ,  para  lo  qual  &1  Rey  escribió  á  los  moradores 
de  aquella  villa  rigurosamente  mandándoles  so  gra- 
ves penas  que  ningún  favor  diesen  á  la  Princesa 
porque  In  opresión  suya  era  muy  conveniente  á  la 
pacificación  é  bien  común  destos  Reynos.  Lo  qual 
sabido  por  la  Princesa  escribió  á  gran  priesa  al  Ar- 
zobispo de  Toledo  demandándole  ayuda ;  el  qual, 
vista  su  letra ,  se  partió  con  trescientos  de  caballo 
mucho  escogidos ,  é  continuó  su  camino  todavía  es- 
perando mas  gente,  la  qual  le  vino,  é  ansí  llegó  á  un 
lugar  que  se  llama  Pozaldes  cgn  asaz  gente ,  donde 
fué  certificado  que  cerca  de  allí  en  una  aldea  esta- 
ba Don  Alonso  Enriquez,  primogénito  del  Almi- 
rante Don  Fadrique ,  con  decientas  lanzas  para  el 
mismo  remedio  por  llamamiento  de  la  Princesa, 
donde  supo  que,  si  tres  dias  tardaran,  el  Arzobispo 
de  Sevilla  viniera  en  Madrigal  con  gran  compaña 
de  gente,  é  se  apoderara  de  la  villa  é  prendiera  á  la 
princesa.  E  desde  aquella  aldea  el  arzobispo  embió 
á  la  Princesa  el  collar  muy  rico  que  el  Príncipe  lo 
embiaba,  que  fué  estimado  por  grandes  lapidarios 
en  quarenta  mil  florines ,  é  le  embió  ocho  mil  flori- 
nes ,  de  los  veinte  mil  que  Alonso  de  Palencia  é 
Pedro  de  la  Caballería  avian  traído,  que  avian  sei- 
do prometidos  á  la  señora  Princesa  al  tiempo  que 
se  concluyó  el  desposorio  suyo  ;  é  de  allí  el  Arzo- 
bispo de  Toledo,  é  con  él  Don  Alonso  Enriquez,  fi- 
jo del  Almirante  don  Fadrique,  é  don  Iñigo  Man- 
rique con  gran  copia  de  gente,  la  Princesa  salió  do 
Madrigal,  é  se  vino  al  Monesterio  de  monjas  ques 
fuera  de  los  muros  de  aquella  villa  ;  é  allí  se  dio 
forma  que  viniesen  algunos  perlados  é  caballeros  ; 
los  quales  vinieron  dende  tres  dias  con  seiscientos 
de  caballo  ;  é  ansi  la  Princesa  se  partió  de  allí,  é  no 
tornó  á  entrar  en  la  villa,  temiendo  que  en  ella  ovieso 
traycion,  quedando  el  Obispo  de  Burgos  é  otros  que 
con  ella  estaban  muy  tristes  é  afligidos  é  no  quitos 


MEjrOlíIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


53 


de  temor,  como  no  oviesen  poJido  concluir  lo  á 
ellos  mandado.  É  la  Princesa  dixo  al  Obispo  de 
Burgos  que  so  podia  ir  donde  le  pluguiese ,  é  ansí 
el  Obispo  de  Burgos  se  partió  muy  triste,  é  la  Prin- 
cesa con  grande  alegría  é  sonido  de  muchas  trom- 
petas é  atabales  se  fué  para  la  villa  de  Fontiveros, 

CAPÍTULO  L. 

De  como  Gutierre  de  Cárdenas,  maestre  sala  de  la  señora  Prin- 
cesa doña  Isabel,  é  Alonso  de  Falencia,  coronistJ,  fiieum  em- 
biados  en  Aragón  por  concordar  la  venida  del  l'rincipe  Dun 
Fernando  en  estos  Ueynos, 

Gran  cuidado  tenía  el  Arzobispo  de  Toledo  por 
concluir  este  casamiento,  ya  tanto  deseado  por  el 
Príncipe  Don  Fernando  e  por  la  Princesa,  lo  qual 
Be  acordó  que  Gutierre  de  Cárdenas ,  que  después 
fué  Comendador  mayor  de  León  é  Contador  Mayor 
de  Castilla,  primero  fundador  de  la  casa  del  Ade- 
lantado de  Granada,  su  hijo,  al  qual  la  dicha  se- 
ñora Princesa  fizo  muchas  mercedes  después  de 
Reyna,  que  ovo  á  Torrijos  é  á  Maqueda  y  á  otros 
lugares  en  el  Reyno  de  Toledo ,  y  en  el  de  Granada 
á  Marchenilla  y  su  tierra ,  y  en  Aragón  á  Elche  y 
Crevillent  y  Aspe;  el  qual  estuvo  mucho  tiempo 
con  el  Arzobispo  de  Toledo  Don  Alonso  Carrillo 
muy  proveniente  con  no  mas  de  una  muía.  Era  so- 
brino de  Gonzalo  Chacón ,  que  lo  puso  con  la  seño- 
ra Princesa.  Alonso  de  Paleucia  fuese  eii  Aragón 
por  concertar  la  venida  del  Príncipe  D,  Fenando, 
porque  cesase  el  pensamiento  del  Cardenal  Trapa- 
cense  ,  de  quien  se  creia  oviese  de  volver  en  estos 
Reynos  continuando  su  propósito  comenzado ,  los 
qualcs  continuaron  su  camino  para  Zaragoza  donde 
fueron  certificados  quel  Príncipe  Don  Fernando  es- 
taba; al  qual  fecha  la  reverencia,  le  suplicaron  les 
quisiese  oir ;  lo  qual  con  muy  alegre  voluntad  él 
hizo,  é  se  metió  con  ellos  solos  en  una  capilla  en 
el  monesterio  de  San  Francisco,  y  explicada  su  em- 
bajada, acordóse  que  se  fablase  con  el  Arzobispo  su 
hermano ,  é  con  Mosen  Remon  de  Espes,  é  con  Mo- 
Bcn  Pedro  Baca ;  los  quales  visto  lo  dicho  por  Gu- 
tierre de  Cárdenas  é  Alonso  de  Falencia,  ovo  di- 
versas opiniones,  é  al  Arzobispo  páresela  quel  Prín- 
cipe se  devia  partir  sin  tardanza  alguna,  del  qual 
60  sospechaba  querer  mas  infortunio  ó  daño  del 
Príncipe  que  su  felicidad,  como  parecía  queste  don 
Juan,  hijo  bastardo  del  Rey  de  Aragón,  tenía  pre- 
sunción de  aver  el  Reyno  ;  é  allende  de  otras  cosas 
por  donde  esto  se  sospechaba ,  parecía  que  nunca 
quiso  recebir  orden  sacra ,  como  quiera  que  muchas 
veces  le  oviere  seido  mandado  é  rogado  por  el  Rey 
de  Aragón  su  padre  é  Mosen  Pero  Baca,  decía  que 
tan  gran  negocio  antes  se  debía  consultar  con  el 
Rey  de  Aragón  que  ponerse  en  obra,  el  qual  enton- 
ce estaba  en  la  provincia  de  Balaguer ;  é  de  otra 
parte  miraba  como  en  este  casamiento  estaba  todo 
el  bien  de  aquellos  señores,  é  se  acababan  todos 
los  trabajos  é  angustias  de  los  Aragoneses ;  é  visto 
por  el  Príncipe  las  opiniones  en  esto  tenidas,  deter- 
minó quel  señor  Rey  su  padre  fuese  en  esto  con- 


sultado ,  é  lo  fuesen  dichos  todos  los  bienes  é  utili- 
dades que  de  su  ida  se  esperaban ,  é  quanto  la  tar- 
danza de  su  ida  en  Castilla  le  podría  dañar,  si  por 
ventura  el  Rey  diese  lugar  á  la  tardanza,  é  la  par- 
tida del  Principe  todavía  se  ficiese ;  é  ante  de  venir 
la  respuesta  del  Rey  el  Príncipe  secretamente  se 
partió  con  cinco  ó  seis  servidores,  por  engañar  á  los 
que  bien  no  le  querían ;  é  ansí  el  Príncipe  continó 
su  camino  fasta  que  llegó  al  Burgo  de  Osma ,  donde 
Don  Pedro  Manrique,  Conde  de  Treviño,  primero 
Duque  de  Najara ,  estaba  con  decientas  lanzas  :  é 
como  el  Príncipe  llegase  á  media  noche ,  el  Conde 
á  gran  priesa  se  levantó,  é  mandó  encender  antor- 
chas é  lo  recibió  é  besó  las  manos  con  la  reverencia 
que  debía  ;  el  qual  con  gesto  muy  alegre  le  dio  paz, 
é  las  trompetas  con  grande  alegría  por  mandado 
del  Conde  sonaron,  de  que  los  vecinos  del  lugar  re- 
cibieron grade  espanto  é  no  menos  los  que  velaban 
la  fortaleza,  y  el  Príncipe  y  el  Conde  y  los  que  con 
ellos  estaban  pasaron  el  rio  é  se  fueron  á  Osma, 
donde  estaba  aposentada  la  gente  del  Conde,  y  el 
Príncipe  desde  allí  escribió  al  Arzobispo  de  Zarago- 
za su  hermano,  faciéndole  saber  todo  lo  pasado;  y 
el  día  siguiente  el  Príncipe  se  fué  á  Gumiel  de  Mer- 
cado, donde  estaba  Doña  Juana  Manrique ,  mujer 
de  Don  Fernando  de  Rojas,  Conde  de  Castro,  don- 
de  fué  elegremente  recebido  é  servido  según  con- 
venia ;  é  allí  le  vino  nueva  de  la  liberación  de  Juan 
de  Vivero,  questaba  preso  en  el  Castillo  de  Curiel, 
el  qual  fué  deliberado  por  la  gran  diligencia  del 
Arzobispo  de  Toledo  que  dio  muy  grandes  dádivas 
á  quien  lo  delibró.  E  allí  fué  el  Príncipe  certificado 
de  un  gran  desbarato  que  ovo  la  gente  del  Papa 
Pablo,  cerca  de  la  villa  de  Armiño,  en  Italia,  fecho 
por  caballeros  del  Rey  Don  Fernando  de  Ñápeles, 
de  la  qual  nueva  fueron  todos  alegres,  no  solamen- 
te por  la  victoria  habida  por  el  Rey  de  Ñápeles ,  su 
primo ,  más  porque  el  Papa  Pablo  favoreciese  quan- 
to podia  la  parte  del  Rey  D.  Enrique. 

CAPÍTULO  LI. 

Déla  venida  de  Gutierre  de  Cárdenas  6  de  Alonso  de  Palencia  á 
la  villa  de  Valladolid  con  la  nueva  de  la  bienaveulurada  venida 
del  l'rincipe  Don  Fernando  y  de  la  llegada  suya  á  la  villa  de 
DueQas. 

Gutierre  de  Cárdenas  é  Alonso  de  Falencia  con- 
tinuaron su  camino  desde  el  Burgo  de  Osma  fasta 
Valladolid ,  andando  de  noche  é  de  día  por  los  ca- 
minos mas  encubiertos  que  pudieron ,  fasta  que  lle- 
garon á  la  villa  de  Valladolid,  donde  fallaron  á  la 
illustrísima  Princesa  é  al  Arzobispo  de  Toledo,  á  los 
quales  dijeron  el  próspero  suceso  que  el  señor  Prín- 
cipe en  su  viaje  avia  ávido,  é  cómo  era  pasado  á  la 
villa  de  Dueñas.  Con  las  quales  nuevas  la  Princesa 
y  el  Arzobispo  fueron  sin  comparación  alegres ,  é 
no  menos  todos  los  que  lo  supieron,  é  luego  se  fizo 
un  gran  juego  de  cañas  de  muchos  caballeros  con 
grande  alegría ;  en  el  qual  Troylos  Carrillos  ovo  un 
gran  infortunio ,  que  su  caballo  cayó  con  él  é  fué 
f crido  de  tal  manera,  que  oviera  de  morir,  la  qual 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


caid:!  turbó  mucho  el  alegría  de  todos,  porque  se 
verificase  aquella  sentencia  del  sapientísimo  Salo- 
món que  dice  que  en  los  grandes  gozos  siempre  se 
mezcla  alguna  tristeza.  En  tanto  questas  cosas  se 
lacia n  ,  el  Príncipe  Don  Fernando  entró  en  la  villa 
de  Dueñas,  á  nueve  de  Octubre  del  año  de  nuestro 
ííedentor  de  mil  é  quatrocíentos  é  sesenta  é  nueve 
años  con  gran  compañía  de  noble  gente,  donde  mu- 
chos mas  le  vinieron  á  facer  reverencia  como  cono- 
cieron aver  de  ser  de  todos  señor.  E  después  de 
aver  estado  el  Príncipe  en  la  villa  de  Dueñas  cinco 
ditis,  recibiendo  grandes  servicios  é  fiestas,  secre- 
tamente de  noche,  por  concierto  del  Arzobispo  de 
Toledo  se  vino  á  Vallado! id  con  solos  tres  servido- 
res, para  en  presencia  suya  ver  la  señora  Princesa; 
y  entre  los  que  con  la  señora  Princesa  estaban ,  ovo 
gran  debate  de  la  forma  que  se  avia  de  tener  por  la 
Princesa  en  la  vista  del  Príncipe,  la  qual  no  curan- 
do de  las  vanas  opiniones  tenidas  por  algunos ,  que 
cerca  della  estaban ,  determinó  con  consejo  del  Ar- 
zobispo de  Toledo  ,  de  facer  al  Príncipe  todo  el  aca- 
tamiento que  debía  como  á  su  esposo;  y  el  Príncipe 
á  catorce  de  Otubre  entró  secretamente  por  la  puer- 
ta del  campo,  é  con  él  solamente  Mosen  Remon 
Despes  é  Mosen  Gaspar  su  hermano,  donde  el  Arzo- 
bispo llegó  al  postigo  á  lo  recebir,  é  trabajó  por  le 
besar  la  mano,  y  el  Príncipe  no  se  la  quiso  dar,  é 
abrazólo  con  muy  alegre  cara ,  é  honrólo  mucho ;  é 
ansí  el  Príncipe  se  fué  á  ver  á  la  Princesa,  é  con  él 
el  Arzobispo,  la  qual  lo  recibió  muy  alegremente 
con  aquel  acatamiento  que  á  su  esposo  debia ;  é  pa- 
sadas dos  oras  después  de  la  media  noche ,  el  Prín- 
cipe se  volvió  á  la  villa  de  Dueñas^  habiendo  rece- 
bido  de  la  Señora  Princesa  las  dádivas  que  se  sue- 
len dar  á  los  esposos ,  tales  quales  convenia  de  se 
dar  por  quien  se  daban  é  quien  las  recebia. 

CAPÍTULO  LII. 

De  la  solenidad  que  se  fizo  á  las  bodas  destos  serenísimos  Prín- 
cipes Don  Fernando  y  Doña  Isabel. 

Fecha  la  fabla  entre  el  Príncipe  é  la  Princesa, 
presente  el  Arzobispo  de  Toledo ,  como  de  la  tar- 
danza se  esperase  algún  inconvinieute,  determinóse 
el  matrimonio  de  aquestos  Príncipes  se  acelerase,  é 
acordase  que  los  desposorios  públicamente  se  hicie- 
sen con  la  debida  solemnidad ,  ni  estuviese  escon- 
dida la  utilidad  que  á  todos  estos  Reynos  desto  se 
seguia,  é  ansí  el  Príncipe  estovo  pocos  dias  en  Due- 
ñas, é  al  sexto  dia  en  honor  de  San  Lúeas  Evange- 
lista con  gran  número  de  gentes  aceleradamente  se 
volvió  en  la  villa  de  Valladolid,  al  recibimiento  del 
qual  el  Arzobispo  de  Toledo  salió  con  muy  noble 
gente ,  así  de  su  casa  como  de  vecinos  de  la  villa ; 
el  qual  fué  de  todos  recebido  con  grande  alegría ,  é 
con  mucha  tristeza  y  enojo  de  los  que  allí  eran  ve- 
nidos por  mandado  del  Maestre  de  Santiago  é  del 
Conde  de  Placencia,  á  quien  mucho  desplacía  este 
casamiento  ;  é  ya  venida  la  noche  y  el  Príncipe  en- 
trando cu  la  posada  de  la  Princesa,  en  presencia  de 
todo  el  pueblo  é  del  Almirante  Don  Fadrique ,  agüe- 


lo del  Príncipe ,  é  de  todos  loa  otros  grandes  é  no- 
bles que  allí  estaban ,  el  Arzobispo  de  Toledo  fizo 
presentación  de  la  Bula  Apostólica,  por  la  qual  el 
Papa  Pío  segundo ,  sucesor  inmediato  de  Pablo  se- 
gundo, daba  la  dispensación  para  el  casamiento  del 
Príncipe  Don  Fernando  con  la  Princesa  Doña  Isa- 
bel, legíCima  heredera  de  los  Reynos  de  Castilla  c 
de  León ,  mostrando  á  todos  como  el  deudo  que  avia 
entrellos ,  ningún  empacho  les  dava  para  su  casa- 
miento, é  ansí  el  Arzobispo  fizo  su  desposorio  por 
consentimiento  del  Príncipe  é  de  la  Princesa.  Este 
auto  ansí  fecho,  el  Príncipe  se  fué  á  la  posada  del 
Arzobispo,  é  otro  dia,  que  fueron  diez  y  nueve  de 
Otubre,  el  Príncipe  se  volvió  á  la  casa  de  Juan  de 
Vivero,  donde  la  Princesa  posaba,  é  ante  que  cele- 
brasen los  desposorios,  segunda  vez  el  Arzobispo 
mandó  facer  la  protestación  ya  fecha ;  el  Arzobis- 
po los  desposó  y  veló,  é  aquel  dia  todo  se  consumió 
en  fiestas  y  danzas  é  mucha  alegría ;  é  la  noche  ve- 
nida ,  el  Príncipe  é  la  Princesa  consumieron  el  ma- 
trimonio. Y  estaban  á  la  puerta  de  la  cámara  cier- 
tos testigos  puestos  delante,  los  quales  sacaron  la 
sábana  que  en  tales  casos  suelen  mostrar,  demás  do 
haber  visto  la  cámara  do  se  encerraron,  la  qual  en 
sacándola ,  tocaron  todas  las  trompetas  y  atabales 
y  menistriles  altos ,  y  la  mostraron  á  todos  los  que 
en  la  sala  estaban  esperándola,  questaba  llena  de 
gente.  E  por  siete  dias  duraron  las  fiestas,  é  guar- 
dándose la  católica  costumbre,  pasados  estos  diap, 
el  Príncipe  é  la  Princesa  fueron  á  oir  misa  solcno 
en  la  Iglesia  Colegial  de  aquella  villa,  por  recebir 
las  bendiciones;  la  qual  misa  dixo  el  Arzobispo. 
Estas  nuevas  sabidas  por  el  Rey  Don  Enrique  é  por 
el  Maestre  de  Santiago,  ovieron  dellas  gran  triste- 
za, é  pesóles  mucho  de  aA^er  gastado  vanamente  el 
tiempo  en  la  estada  de  Truxillo ,  sin  facer  caso  al- 
guno de  lo  que  deseaban ;  en  lo  qual  se  dio  lugar 
al  Príncipe  Don  Fernando  para  que  libremente  pu- 
diese tomar  su  mujer.  E  con  grande  enojo  él  se  fué 
para  Segovia,  y  el  Maestre  de  Santiago,  muy  fati- 
gado de  quartana ,  se  partió  para  Ocafia.  Y  luego  el 
Príncipe  y  la  Princesa,  por  consejo  del  Arzobispo 
ó  del  Almirante ,  embiaron  al  Rey  sus  embaxadores  • 
los  quales  fueron  Mosen  Pero  Baca  é  Diego  de  Ri- 
bera, el  Ayo  del  Rey  Don  Alonso,  é  Luis  de  Ante- 
zana. La  conclusión  de  la  embaxada  era  suplicando 
humildemente  al  Rey  quisiese  aprobar  el  matrimo- 
nio fecho ,  no  dando  en  esto  cargo  alguno  al  Arzo- 
bispo ,  como  él  lo  oviese  trabajado,  conosciendo  la 
verdadera  medicina  de  los  males  destos  Reynos, 
ser  el  ayuntamiento  destos  dos  Príncipes,  é  que 
sin  duda  si  él  conociera  otra  cosa  para  esto  mas  con- 
veniente ,  él  la  procurara  con  toda  diligencia ;  lo 
qual  el  Rey  debia  aprobar,  si  le  placía  el  remedio 
común  de  los  males  destos  Reynos ;  á  lo  qual  el  Rey, 
por  consejo  del  Arzobispo  de  Sevilla,  ninguna  otra 
cosa  respondió  salvo  que  convenia  esperar  la  veni- 
da del  Maestre  de  Santiago,  con  consejo  del  qual 
aprobaría  lo  que  fuese  de  aprobar,  é  siguiendo  esta 
seña  mandó  dar  sus  letras  á  los  embaxadores,  los 
quales  carecían  de  título  del  Príncipe.  Los  quales 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


55 


vueltos  á  Valladolid ,  fué  determinado  quel  Arzo- 
bispo enibiase  familiarmente  al  Maestre  de  Santia- 
go su  sobrino,  afetuosamente  le  rogando  quisiese 
tener  manera  con  el  Rey  como  aprobase  lo  fecho, 
é  quisiese  tratar  ol  Príncipe  é  Princesa  como  á  obe- 
dientes menores  hermanos,  lo  qual  así  puesto  en 
obra  ninguna  cosa  aprovechó. 

CAPÍTULO  Lili. 

De  las  divisiones  y  dolos  acaecidos  en  las  ciudades  do  Salaman- 
ca 6  Córdoba ,  ó  de  la  venida  de  los  franceses  en  el  condado  de 
Nanpurdan,  c  de  la  guerra  del  gran  Turco. 

En  este  tiempo  el  Rey  Don  Enrique ,  continuan- 
do su  dañado  propósito  por  aver  á  Don  García,  Con- 
de de  Alva,  fizóle  merced  de  la  ciudad  de  Salaman- 
ca, en  la  qual  como  de  grandes  tiempos  acá  oviese 
bandos  de  la  mayor  parte  de  los  caballeros  della, 
algunos  por  dineros,  otros  por  ser  del  ayudados  en 
BUS  bandos  le  servian  y  acataban.  E  como  en  este 
tiempo  oviese  debate  entre  ellos ,  el  Conde  de  Alva, 
.  como  fuese  tan  vecino  ,  vino  allí  con  color  de  los 
poner  en  paz  acompañado  de  muchas  gentes,  así  de 
caballo  como  de  pié  ,  con  intención  de  se  apoderar 
de  aquella  ciudad.  E  como  con  algunos  fablase,  di- 
ciéndoles  la  merced  que  el  Rey  della  le  habia  fecho, 
creyendo  atraerlos  á  su  querer ,  ellos  seyendo  ami- 
gos de  su  libertad,  fablaron  con  los  principales  de 
aquella  ciudad,  faciéndoles  saber  el  propósito  con 
quel  Conde  allí  era  venido ,  lo  qual  sabido  por  ellos 
recorrieron  á  las  armas,  é  fecho  grande  ayunta- 
miento de  gentes,  pelearon  con  el  Conde  de  tal  ma- 
nera, que  ovo  de  salir  do  la  ciudad  con  grande  pér- 
dida é  daño  suyo  é  de  sus  gentes.  Lo  qual  sabido 
por  el  Rey ,  salió  de  Segovia  con  seiscientos  de  ca- 
ballo con  propósito  de  prender  al  Príncipe  é  á  la 
Princesa,  lo  qual  no  pudo  acabar  porquellos  esta- 
ban en  tan  buen  recaudo  que  los  no  osó  prender. 

En  este  tiempo  se  fizo  en  Córdoba  otra  mayor 
guerra,  de  la  cual  fué  causa  la  ida  del  Rey  en  aque- 
lla ciudad ,  so  color  de  allanar  los  debates  della  é 
restituirse  las  fortalezas  quel  Conde  de  Cabra  é  Don 
Alonso  de  Aguilar  contra  su  voluntad  le  tenían  to- 
madas ;  y  entonces  dio  el  Alcázar  de  Córdoba  y  la 
Torre  de  la  puente  al  Conde  de  Cabra,  de  que  mu- 
cho desplugo  á  Don  Alonso  de  Aguilar,  é  pensó 
como  podría  recobrar  aquellas  fuerzas ,  y  esperó  al- 
gunos dias,  fasta  que  allí  vino  el  mariscal  Don  Die- 
go de  Córdoba,  al  qual  Don  Alfonso  prendió  á  cau- 
sa de  la  qual  prisión  ovo  entrellos  grandes  debates, 
c  Don  Alonso  combatió  con  gran  gente  la  fortale- 
za ,  é  ansí  mismo  la  torre  de  la  Puente,  lo  qual  todo 
obró  en  gran  daño  é  muerte  de  sus  gentes.  E  como 
quiera  que  de  todo  esto  el  Rey  fuese  avisado  ,  nin- 
gún remedio  á  ello  dio. 

En  esto  tiempo  el  Príncipe  Don  Fernando  embió 
en  Aragón  al  coronista  Alonso  de  Palencia,  por  su- 
plicar al  Rey  su  padre  le  mandase  embiar  dinero 
para  pagar  el  sueldo  á  mil  lanzas  que  tenía  é  le 
convenía  tener  en  Valladolid  é  sus  términos,  por- 
quel  Rey  Don  Emúque  no  oviese  lugar  de  lo  ofen- 


der como  lo  procuraba  cada  día  ,  no  demandándole 
otra  cosa,  salvo  que  á  él  é  á  la  Princesa  quisiese  oír 
á  justicia.  En  el  qual  tiempo  el  Rey  de  Aragón  es- 
taba en  la  villa  de  Monzón,  donde  avia  llamado  los 
tres  Estados  por  ir  á  resistir  á  los  franceses ,  que  ya 
tenían  ocupada  alguna  parte  del  Condado  do  Nam- 
purdan ,  mostrando  el  Rey  Luis  de  Francia  esto  fa- 
cer por  ayudar  al  Duque  Juan ,  fijo  del  Rey  Renel, 
que  se  llamaba  Rey  de  Aragón,  que  poseía  á  Bar- 
celona é  á  Gerona  para  lo  qual  avia  metido  en  Ca- 
taluña veinte  mil  hombres  de  armas ,  creyendo  que 
si  por  la  vejez  del  Rey  de  Aragón,  é  por  estar  pobre 
é  por  el  Rey  Don  Enrique  de  Castilla  serle  contra- 
rio, podía  ligeramente  tomarle  la  tierra ;  y  en  aque- 
llos dias  se  comenzó  guerra  por  el  Duque  Cario  de 
Borgoña  en  favor  de  su  cuñado  Duarte,  Rey  de  In- 
glaterra ,  y  en  Italia  se  ovo  gran  turbación  por  el 
armada  del  gran  Turco  á  que  los  príncipes  christia- 
nos  poco  curaron  socorrer,  como  el  Rey  Luis  de 
Francia  curase  mas  entender  en  la  injusta  guerra 
que  al  Rey  de  Aragón  facía,  ó  los  otros  príncipes 
cada  uno  curase  mas  de  entender  en  su  bien  parti- 
cular, que  en  el  universal  provecho  de  todos. 

CAPÍTULO  LIV. 

De  la  pertinacia  y  engañosa  división  quel  Rey  ovo  por  esperar  la 
venida  de  los  franceses,  é  déla  suplicación  de  los  vizcaínos  é 
lispuscanos,  é  déla  venida  y  embaxada  de  Francia  é  de  su 
partida  para  Bretaña. 

Muy  poco  aprovechó  cerca  del  Rey  Don  Enrique 
la  justa  suplicación  é  protestación  fecha  por  los 
Príncipes  Don  Fernando  y  Doña  Isabel ,  estando  el 
Rey  muy  atento  esperando  la  venida  del  Cardenal 
Trapacenee  por  concluir  el  casamiento  de  la  hija  de 
la  Reyna  Doña  Juana,  que  suya  llamaba,  con  el  Du- 
que de  Guiana,  hermano  del  Rey  Luis  de  Francia, 
el  qual  venia  acompañado  de  muchas  gentes  é  con 
él  venía  el  Conde  de  Bolonia;  la  qual  embaxada 
el  Rey  embió  á  mandar  que  viniese  á  la  villa  de  Me- 
dina del  Campo.  En  el  qual  tiempo  los  vizcaínos  é 
lipuscanos,  sabiendo  que  este  casamiento  se  trata- 
ba ,  é  seyendo  certificados  quel  Rey  Don  Enrique 
avia  fecho  merced  á  Don  Pedro  de  Velasco,  Conde 
de  Haro,  de  la  villa  de  Bilbao,  del  gran  sentimien- 
to que  tenian ,  acordaron  de  suplicar  al  Rey  que  no 
quisiese  facer  este  casamiento  tan  dañoso  para  sus 
Reynos ,  ni  quisiese  meter  en  ellos  franceses ,  que 
sería  encender  fuego  que  rauj'  tarde  se  acabase.  E 
los  primeros  queste  daño  avian  de  sentir  serian  ellos 
por  la  cercana  vecindad  que  tenian.  E  los  cmbaxa- 
dores  do  Francia  llegaron  á  la  ciudad  de  Burgos  en 
fin  del  mes  de  Julio  de  mil  quatrocientos  setenta 
años  para  desde  allí  se  venir  en  la  villa  de  Medina 
del  Campo ;  y  en  el  camino  ovieron  nuevas  por 
mensageros  del  Rey  de  Francia,  por  los  quales  fue- 
ron certificados  que  la  Reyna  su  muger  avia  parido 
hijo ,  la  qual  ante  de  entonce  avia  siempre  parido 
hijas  ;  de  lo  qual  el  Cardenal  fué  muy  triste,  porque 
en  el  trato  del  casamiento  del  Duque  de  Guiana, 
siempre  decia  él  ser  verdadero  heredero  de  los  Rey- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


nos  de  Fiaacia ;  ó  así  después  del  parto  de  la  Rey- 
na  de  Francia,  muchas  novedades  se  comenza- 
ron, é  por  mandado  del  Rey  de  Francia  mudaron  el 
consejo,  dejando  de  proseguir  la  comenzado,  é  par- 
tiéronse para  Bretaña,  porqucl  Roy  Duaitc  de  In- 
glaterra ó  Carlos  Duque  de  Borgofia  comenzaban 
facer  guerra  al  Roy  Luis  de  Francia.  En  el  qual 
tiempo  el  Conde  do  Barruy  é  muchos  do  los  nobles 
de  Inglaterra  sacaron  de  prisión  al  Rey  Enrique, 
que  dias  avia  estaba  preso,  y  el  Rey  Duarte  ovo  de 
ir  fuyendo  en  Borgoña  por  demandar  ayuda  al  Du- 
que su  cuñado. 

CAPÍTULO  LV. 

De  las  novedades  quel  Rey  Luis  de  Francia  en  las  parles  de  Ilalia 
movió. 

El  Rey  Luis  de  Francia  como  fuese  codicioso  é 
promovedor  de  guerras ,  siempre  procuraba  noveda- 
des ;  é  como  ya  oviese  puesto  discordia  entre  loa 
Grandes  de  Inglaterra,  después  del  nacimiento  de 
su  hijo  comenzó  de  hazer  alianzas  é  nuevas  amis- 
tades en  Italia ,  ó  poner  diferencia  entro  los  Prínci- 
pes é  los  pueblos  della,  para  lo  qual  ovo  mayor  lu- 
gar seyendo  Padre  Santo  Pablo  Segundo,  á  quien 
siempre  novedades  placían ;  é  como  se  fallase  muy 
rico  é  poderoso,  pensaba  todas  las  cosas  poder  traer 
á  su  voluntad  por  difíciles  que  fuesen  ;  ó  como  el 
Rey  Luis  de  Francia  oviese  poco  cuidado  de  repa- 
rar los  males  quel  gran  Turco  á  los  christianos  f acia, 
curó  solamente  de  atraer  á  sí  la  voluntad  del  Duque 
de  Milán,  Galiazo  Maria  Esforza,  hijo  del  Duque 
Francisco  Esforza ;  el  (jual  aunque  en  muchas  cosas 
siguiese  las  pisadas  del  padre,  engañado  por  el 
deudo  que  ya  tenía  con  el  Rey  de  Francia ,  como 
fuese  casado  con  hermana  de  la  Reyna ,  acordóse 
con  él,  é  ovo  entrellos  consejo  que  se  ficiese  amistad 
é  alianza  entrellos  y  algunos  príncipes  é  pueblos  de 
Italia,  lo  qual  el  Papa  Pablo  trabajaba,  atrayendo 
á  esto  el  Rey  Femando  de  Nápol ,  requiriendo  en 
esto  los  florentines,  los  quales  avian  por  grave  de 
se  partir  de  su  vieja  amistad ,  é  demandaban  algún 
tiempo  para  que  mas  honestamente  aquello  pudie- 
sen facer.  La  concordia  se  fizo  del  Papa  con  el  Rey 
de  Nápol,  la  qual  trajo  al  Rey  mas  provecho  que 
honor  al  Santo  Padre,  como  el  Rey  ovo  del  Papa  las 
ciudades  de  Benavente  é  San  Germán  que  ala  Sede 
Apostólica  pertenecían,  porque  la  ciudad  de  Armiño, 
poco  antes  ocupada,  fuese  restituida  al  Papa ,  é  el 
hijo  de  Sigismundo ,  á  quien  la  había  querido  res- 
tituir, la  tuviese  consigo  en  la  provincia  de  Nápol, 
ó  le  proveyese  dándole  equivalencia  por  la  ciudad  do 
Armiño  quel  Santo  Padre  avia  dado  como  aquella 
ciudad  á  el  hijo  de  Sigismundo  perteneciese  por  ser 
patrimonio  de  su  Padre  ;  é  como  esta  amistad  no  to- 
viese  verdadero  fundamento  de  virtud  ,  della  se  si- 
guió gran  daño  al  negocio  principal  de  laguerrade 
los  turcos,  como  los  venecianos  al  comienzo  destas 
cosas  estoviesen  como  atónitos ,  é  no  pudiesen  pro- 
veer á  los  negocios  de  Italia  como  convenia  en  las 
cosas  de  la  guerra  de  los  turcos,  en  que  todos  esta- 


ban turbados,  no  sabiendo  donde  la  armada  suya 
dispararía. 

CAPÍTULO  LVI. 

Del  perdimiento  de  la  isla  de  Negroponte. 

E  por  la  poca  resistencia  quel  gran  Turco  en 
los  príncipes  christianos  falló ,  acrecentó  mucho  la 
gloria  é  la  grandeza  de  su  imperio ,  titulándose  de 
títulos  muy  injuriosos  á  la  christiana  religioa  ;  é  ya 
hallándose  tan  poderoso  sin  fallar  ninguna  repuuan- 
cia  parecióle  grave  de  comportar  que  los  venecianos 
libremente  poseyeren  la  isla  antiguamente  llamada 
Boecia,  que  agora  Negroponte  se  llama,  que  es  en  cl 
mar  greciano,  donde  fué  la  muy  excelente  ciudad  de 
Tebas,  que  malaventuradamente  cayó,  corea  de  la 
qual  es  el  monte  Parnaso  é  no  muy  alongado  de  allí 
la  ciudad  de  Lacedemonia ;  é  los  venecianos  sospe- 
charon quel  gran  Turco  quería  señorear  aquella  pro- 
vincia, é  algunos  decían  que  avia  de  ir  sobre  Cecilia, 
é  otros  en  la  isla  de  Creta,  é  otros  en  otras  diversas 
partes.  Pero  como  los  venecianos  conociesen  el  gran 
desamor  quel  gran  Turco  les  avia  siempre,  cre- 
yeron que  iria  sobre  Boecia  ,  para  lo  qual  proveye- 
ron enviando  un  capitán  suyo  llamado  Nicolao  de 
Canal,  con  quarenta  y  cinco  galeas  é  quince  carracas, 
mandándole  que  estuviese  en  las  islas  Caladas  para 
socorrer  é  guardar  sus  tierras  ,  é  para  prestatnento 
resistir  á  la  flota  del  Turco  donde  quiera  que  supie- 
sen que  estava.  En  este  tiempo  el  gran  Turco  em- 
bió  con  su  flota  un  capitán  llamado  Mahouiad,  viz- 
caíno, con  quatrocientas  é  treinta  y  cinco  velas  de 
diversos  navios ;  é  mandóle  que  fuese  en  la  isla  de 
Boecia,  sin  que  persona  del  mundo  supiese  donde 
iba ;  é  así  la  flota  del  Turco  se  vino  en  el  mar  Egeo, 
y  llegó  á  la  isla  deTencdos  el  día  primero  de  Junio 
del  año  de  nuestro  Redentor  de  mil  é  quatrocientos 
é  setenta  años.  E  de  allí  se  partió  en  once  de  Julio 
en  la  isla  de  Embros ,  donde  tomó  por  combate  una 
villa  que  tenia  un  capitán  veneciano  llamado  Juan 
Marcos,  caballero  muy  esforzado,  el  qual  fué  allí 
muei-to,  é  con  él  trecientos  hombres  escogidos,  E  de 
allí  la  flota  se  fué  en  la  isla  de  Leranos,  la  qual  te- 
nia Antonio  Jacobo,  ciudadano  de  Venecia;  en  la 
qual  cinco  dias  continuos  combatió  un  castillo  11a- 
modo  Policastro,  é  no  lo  pudo  granar  por  ninguna 
fuerza  ni  arte.  E  de  allí  se  fué  á  la  isla  llamada  Ca- 
teron,  donde  quemó  una  pequeña  villa,  el  castillo  de 
la  qual  no  pudo  ganar,  ó  desde  allí  se  fué  á  la  isla  de 
Boecia,  agora  llamada  Negroponte  ;  y  en  el  mcsmo 
dia  que  la  flota  allí  surgió,  llegó  el  gran  Turco  con 
infinitas  gentes  de  caballo  é  de  pie ,  que  avia  pasa- 
do por  Tesalia  é  por  Acaya,  é  luego  mandó  facer 
artificiosamente  sobre  naves  una  maravillosa  puen- 
te en  que  avia  en  luengo  trecientos  pasos  é  quaren- 
ta en  ancho  ,  por  donde  toda  su  gente  pasase  en  la 
isla  sin  trabajo.  E  de  la  flota  descendieron  allí  con 
su  capitán  cinquenta  é  cinco  mil  combatientes; 
el  qual  puso  su  real  cerca  del  monesterio  de  San 
Francisco ,  y  el  gran  Turco  puso  el  suyo  junto  con 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


57 


el  monesterio  de  Santa  Clara ,  é  todas  sus  tiendas 
eran  coloradas.  Y  el  primogénito  del  Turco  puso  su 
real  también  de  tiendas  coloradas  de  la  otra  parte 
de  la  villa.  E  traia  el  gran  Turco,  entre  muchas  otras 
artillerías,  diez  tan  gruesas  lombardas,  que  un  hom- 
bre puesto  de  rodillas  podia  entrar  en  qualquiera 
dellas  sin  llegar  cabeza  arriba ,  é  treinta  cortagas 
de  grandeza  increíble,  é  muchos  engeños  é  trabu- 
cos é  cabritas,  con  que  combatía  la  villa  de  tal  ma- 
nera ,  que  de  diani  de  noche  un  momento  no  hablan 
de  descansar.  Con  todo  eso  la  virtud  é  valentía  de 
los  christianos  era  tan  grande  ,  que  aunque  ningu- 
na esperanza  tenian  en  los  muros  ni  fosados,  que 
estaban  llenos  de  agua,  según  los  pertrechóse  puen- 
tes é  bastidas  y  escalas  que  los  enemigos  tenian,  no 
dejaban  de  ferir  muchos  turcos ,  creyendo  por  las 
manos  poderse  defender,  como  quatro  dias  sin  ce- 
sar oviesen  maravillosamente  peleado  sin  les  poder 
entrar  por  ninguna  parte  con  bastidas  ni  escalas ;  é 
se  creia  que  no  les  entraran  ,  si  no  fuera  por  la  trai- 
ción de  Tomas  Ilirico,  que  dio  lugar  á  los  turcos; 
los  quales  avian  muerto  todos  los  moradores  de  las 
islas  ya  dichas,  solamente  dejando  para  su  servicio 
los  mozos  y  mozas;  y  el  gran  Turco  mandó  cegar 
el  fosado ,  questaba  lleno  de  agua,  con  gran  muche- 
dumbre de  gabillas  de  sarmientos,  donde  queriendo 
entrar  los  turcos,  fué  puesto  fuego  por  algunos  ca- 
balleros italianos  que  allí  estaban ,  donde  por  fierro 
é  por  fuego  fueron  muertos  catorce  mil  turcos  ó 
muy  pocos  christianos.  Y  el  siguiente  dia,  como  los 
christianos  toviesen  su  bandera  sobre  la  cerca,  los 
turcos  o  vieron  tan  grande  enojo  ,  que  súpitamente 
todos  vinieron  á  combatir  la  villa  por  diversas  par- 
tes ;  é  como  los  christianos  oviesen  muchos  tiros  do 
pólvora  ó  gran  ballestería,  tan  duramente  pelearon 
que  mataron  dellos  diez  y  seis  mil.  E  otro  dia  vol- 
vieron á  combatir  la  villa  no  con  menor  ardidez  é 
osadía  que  los  dias  pasados,  en  el  qual  combate  mu- 
rieron tres  mil  turcos  ;  y  en  este  dia  se  mostró  cla- 
ramente la  traición  de  Tomas  Ilirico,  por  ayuda  é 
favor  del  qual  los  christianos  vinieron  en  perdimien- 
to, c  los  turcos  se  esforzaron  tanto,  que  subieron  por 
la  parte  de  los  muros  questaban  derribados,  é  allí 
fué  la  pelea  muy  agrámente  peleada  por  ambas 
partes  ;  é  tan  grande  era  la  mortandad  de  los  hom- 
bres é  caballos,  que  se  fizo  con  ellos  llana  la  entrada 
del  fosado.  Duró  tanto  esta  pelea  que  era  cerca  del 
dia  quando  los  turcos  ganaron  el  muro  de  la  villa, 
é  la  crueldad  del  Turco  fué  tan  grande,  que  ningu- 
na persona  perdonó  ;  é  muertos  todos  los  christianos 
por  mandado  del  gran  Turco',  fueron  contados  to- 
dos los  muertos  ansí  turcos  como  christianos ,  é  fa- 
llóse de  los  turcos  ser  treinta  y  nueve  mil ,  é  de  los 
christianos  treinta  mil.  Y  el  mal  aventurado  caba- 
llero Nicolao  de  Canal,  capitán  de  los  venecianos, 
que  muy  cerca  dende  estaba  con  quarenta  y  cinco 
galeas  é  quince  caracas ,  no  quiso  socorrer  á los  déla 
villa,  ni  tampoco  á  los  caballeros  italianos  que  su 
ayuda  esperaban ;  el  qual  les  pudiera  muclio  valer 
si  quisiera.  Esta  vitoria  ávida  por  el  gran  Turco,  de 
alli  se  oartió  para  islas  cercanas ,  las  quales  todas  , 


se  le  dieron  sin  pelear.  De  lo  qual  gran  variedad 
avia  de  pensamientos  en  el  Senado  de  Venecia,  por- 
que este  caballero  en  muchas  cosas  pasadas  se  avia 
mostrado  forzado  é  valiente,  é  siempre  avia  dado 
de  sí  buena  cuenta;  é  los  unos  creian  questo  fuese 
por  trato  que  con  los  turcos  toviese ,  otros  creian 
esto  ser  fecho  por  parte  del  Santo  Padre ,  porque 
como  quiera  que  pareciese  ayudar  é  defender  é  fa- 
vorecer á  los  venecianos,  muchos  dias  avia  que 
tenia  con  ellos  secreta  enemistad ,  porque  siendo  el 
padre  Barbo  ante  que  fuese  Santo  Padre,  el  Senado 
de  Venecia  avia  desterrado  de  allí  á  algunos  parien- 
tes suyos.  Como  quiera  que  sea  ,  este  mal  caballero 
pudiera  mucho  ayudar  su  partido  si  quisiera,  según 
el  gran  poder  que  tenia,  por  cuya  culpa  los  venecia- 
nos recibieron  gran  daño,  que  toda  la  christiandad 
no  bastaría  á  remediarlo. 

CAPÍTULO  LVII. 

De  la  nueva  embajada  de  I(ts  franceses  venida  por  el  casamiento 
de  Carlos,  Duque  de  Guiana ,  con  Doña  Juana,  hija  déla 
Ueyna. 

En  este  tiempo  el  Rey  Luis  de  Francia ,  que  no 
solamente  dejaba  de  ayudar  é  favorecer  á  la  religión 
christiana  mas  aun  á  los  príncipes  ó  provincias  á 
quien  debiera  traer  á  dar  ayuda,  injustamente  fati- 
gaba é  contra  ellos  facia  guerra,  c  fasta  las  postri- 
meras partes  d'España  metia  discordias  y  disensio- 
nes. E  del  colegio  de  Roma  sacó  al  Cardenal  Trapa- 
cense,  porque  con  la  soberbia  é  audicia  é  maliciosa 
astucia  de  aquel  buscase  cosas  nuevas,  al  qual  quiso 
fuese  corredor  del  dañoso  é  aborrecible  casamiento 
de  Carlos,  Duque  de  Guiana,  su  hermano,  con  Doña 
Juana,  fija  de  la  reina  Doña  Juana.  El  qual  por  su 
mandado  vino  en  la  villa  de  Medina  del  Campo  con 
docientas  é  cinquenta  cabalgaduras,  dondel  Roy  Don 
Enrique  los  esperaba  é  los  Grandes  que  se  siguen  : 
Don  Juan  Pacheco,  Maestre  de  Santiago,  Don  Alva- 
ro d'Estuñiga,  Duque  de  Arévalo  é  Conde  de  Placen- 
cia,  é  los  Condes  de  Bcnavente  é  Miranda,  é  Don  Pero 
González  de  Mendoza,  Obispo  de  Sigüenza;  los  qua- 
les todos  con  gran  pompa  lo  salieron  árecebir,  é  des- 
que fueron  juntos  en  el  palacio,  el  Cardenal  esplicó 
su  embazada  por  palabras  muy  deshonestas,  ca  era 
hombre  sin  vergüenza  é  osado ,  é  parecíale  que  la 
sabiduría  en  aquello  consistía  ;  y  entre  las  otras  co- 
sas dixo  algunas  injuriosas  al  Príncipe  Don  Fer- 
nando é  á  la  Princesa  Doña  Isabel  y  al  Arzobispo 
Toledo,  é  atacaba  de  malicia  é  de  infidelidad  á  la 
gente  d'España,  y  con  su  soberbio  fablar  pensaba  la 
voluntad  de  los  oyentes,  á  quien  claramente  inju- 
riaba, atraer  á  lo  que  quería ,  deseando  quel  casa- 
miento del  Duque  de  Guiana  se  concordase  con 
Doña  Juana,  hija  que  se  llamaba  del  Rey  Don  En- 
rique ,  é  allende  destas  cosas  otras  muy  mas  locas 
palabras.  En  presencia  del  Rey  é  de  todo  su  Conse- 
jo habló,  no  habiendo  vergüenza  de  injuriar  al  Rey 
Don  Alonso,  é  á  todos  los  Grandes  que  con  él  esto- 
vieron,  ni  menos  á  los  ausentes  príncipes  Don  Fer- 
nando é  Doña  Isabel ,  al  Rey  tan  conjuntos.   En 


ós  CRÓNICAS  DE  LOS 

deudo  de  lo  quul ,  el  Rey  como  fuese  usado  de  so- 
frir  injurias,  ningún  sentimiento  mostró,  ni  tampo- 
co los  Grandes  que  presentes  estaban,  antes  el  Rey 
determinó  de  facer  este  casamiento,  é  muchos  ovo 
de  los  nobles  deste  Reyno ,  así  de  la  casa  del  Ar- 
zobispo de  Toledo ,  como  de  otros  Grandes ,  que 
determinaron  poner  las  manos  en  el  Cardenal  al 
tiempo  que  destos  Reynos  saliese  ,  y  sin  duda  so 
pusiera  en  obra  si  el  Arzobispo  y  el  Almirante  Don 
Fadrique  á  ello  dieran  lugar  ;  y  el  Rey  continuan- 
do BU  propósito,  dio  forma  de  ir  á  la  ciudad  de  Se- 
govia  para  á  facer  el  desposorio  de  Doña  Juana, 
que  su  fija  llamaban,  con  Carlos,  Duque  de  Guiana, 
hermano  del  Rey  Luis  de  Francia ;  para  lo  qual 
tomó  consigo  á  Don  Juan  Pacheco ,  Maestre  de  San- 
tiago, é  al  Conde  de  Placencia,  Don  Alvaro  d'Estu- 
ñiga ,  llamado  Duque  de  Arévalo  ,  é  al  Arzobispo 
viejo  de  Sevilla,  Don  Alonso  de  Fonseca,  é  á  Don 
Diego  d'Fstuñiga,  Conde  de  Miranda,  é  á  otros  mu- 
chos que  favorecían  este  tan  gran  error.  Y  en  veinte 
dias  de  Otubre  del  año  de  nuestro  Redentor  de  mil 
é  quatrocientos  é  setenta  años  se  partió  de  Segovia, 
é  se  fué  al  monesterio  de  Cartujos  que  se  llamaba 
Sotos  Albos,  donde  el  Marqués  de  Santillana  é  sus 
hermanos  avian  de  venir  con  Doña  Juana,  hija  de 
la  Reyna ;  la  qual  como  el  Rey  supo  que  venia,  por 
la  mas  honrar,  la  salió  á  recebir ;  é  desque  todos 
fueron  juntos  en  un  valle  ques  entre  Buytrago  é 
una  pequeña  aldea  que  ende  está,  se  comenzó  á  en- 
tender en  el  negocio,  ó  el  Rey  en  presencia  de  to- 
dos declaró  su  voluntad  en  gran  daño  de  la  prince- 
sa Doña  Isabel  su  hermana.  Faciendo  dia  muy  cla- 
ro, un  viento  súpito  se  levantó  con  una  tan  grande 
escuridad  de  nublados  é  de  agua  é  granizo  tan 
grande,  que  no  se  pudiendo  remediar,  se  partieron 
los  unos  de  los  otros ,  buscando  cada  uno  donde 
pudiese  guarecerse,  dejando  á  Doña  Juana  sola.  Ni 
el  Rey  que  era  usado  de  sofrir  muchas  veces  nieves 
é  vientos,  no  se  pudo  sofrir,  que  no  desamparase  la 
hija  tan  amada ,  la  qual  sola  quedó  con  un  mozo 
de8puelas,el  qual  la  puso  debajo  de  algunos  robles, 
y  estuvo  alli  una  gran  pieza  fasta  que  pasó  aquella 
turbación ;  é  los  caballeros  con  gran  vergüenza  vol- 
vieron ala  buscar  ,  de  los  quales  algunos  ovo  que 
pronosticaron  de  aquel  caso  los  males  que  después 
vinieron,  á  causa  desta  Doña  Juana ,  nacida  por 
daño  universal  d'Espaüa  ;  lo  qual  conocían  por  la 
voluntad  divina  aver  seido  fecho,  porque  fuese  por 
todos  conocido  el  aborrecible  ayuntamiento  ser  alli 
fecho  en  ofensa  de  Dios  y  en  daño  común  destos 
Reynos.  Después  desto,  el  Rey  con  todos  los  caba- 
lleros ya  dichos  se  volvió  en  Segovia  por  dar  conclu- 
sión en  lo  por  él  deseado.  E  queriendo  el  Rey  que 
los  autos  del  desposorio  so  celebrasen ,  los  embaxa- 
dores  del  Rey  de  Francia  dixeron  que  antes  questo 
se  ficiese,  querían  ver  el  derecho  que  Doña  Juana 
tenia  á  la  sucesión  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de 
León ;  que  como  á  todos  fuese  notorio  el  debate 
que  avia  si  esta  sucesión  pertenecía  á  Doña  Isabel, 
su  hermana  del  Rey,  ó  á  Doña  Juana  su  hija,  que  á 
ellos  convenía  ver  la  certitumbre  de  aquesto,  ante 


REYES  DE  CASTILLA. 

que  se  obligase  el  Duque  de  Guiana  á  este  casa- 
miento á  ellos  encomendado  ,  porque  de  aquí  no  se 
siguiese  guerras  ó  daños  entre  los  franceses  é  espa- 
ñoles, entre  los  quales  avia  buena  paz.  A  los  quales 
el  Rey  é  la  Reyna  respondieron  que  eran  prestos  á 
mostrar  la  obedencia  fecha  por  legítima  heredera 
sucesora  destos  Reynos  á  Doña  Juana  su  hija,  con 
juramento  y  omenaje  de  los  Grandes  de  los  Reynos 
de  Castilla  y  de  León,  por  todos  los  pueblos  dellos; 
el  qual  juramento  é  omenaje  fazia  asaz  firme  el  de- 
recho hereditario  de  Doña  Juana ,  su  hija  ;  pero  si 
allende  desto  otra  mayor  seguridad  querían,  porque 
no  fuesen  acusados  de  negligencia  por  el  Rey  de 
Francia  é  por  el  Duque  de  Guiana  que  avia  de  ser 
príncipe  de  Castilla  é  de  León ,  le  placía  en  público 
delante  de  todos,  la  Reyna,  en  la  Iglesia  mayor  de 
Segovia,  solemnemente  recibir  el  Cuerpo  de  nues- 
tro Señor ,  y  diciendo  la  misa  el  Cardenal ,  é  antes 
que  acabase  de  consagrar,  tomó  el  Corpus  en  las 
manos,  y  subió  la  Reyna  Doña  Juana  al  altar  ma- 
yor, y  en  presencia  de  todos  juró  ser  hija  D.*  Juana 
del  Rey  Don  Enrique  y  della,  de  que  los  embaxa- 
dores  fueron  contentos ;  é  dixo  q«e  por  tal  la  daba 
de  muy  buena  voluntad  por  esposa  á  Carlos,  Duque 
de  Guiana,  con  consentimiento ,  así  de  los  Grandes 
destos  Reynos ,  como  de  los  pueblos ;  lo  qual  los 
embaxadores  acetaron  ,  y  el  desposorio  se  fizo  con 
grandes  alegrías  y  juegos.  Y  luego  el  Rey  Don  En- 
rique reprobó  á  su  hermana  por  ciertas  cláusulas 
escritas  en  letras  que  por  estos  Reynos  envió,  por- 
que todos  fuesen  certificados  de  la  reprobación  fe- 
cha por  él  de  Doña  Isabel ,  su  hermana.  No  ovo  te- 
mor de  Dios  ni  vergüenza  del  mundo  el  Rey  Don 
Enrique  de  facer  este  aborrescible  desposorio; 
aviendo  pasado  los  autos  ya  escritos  cerca  de  los 
Toros  de  Guisando,  en  presencia  de  los  Grandes  des- 
tos  Reynos  y  del  Obispo  de  León,  legado  á  latero  é 
Nuncio  Apostólico  ,  é  infinitas  gentes ,  donde  con- 
fesó espontáneamente  é  juró  en  las  manos  del  dicho 
legado  públicamente,  Doña  Juana  ser  hija  adulte- 
rina de  la  adultera  Reyna  Doña  Juana,  é  no  suya; 
é  allí  juró  é  fizo  jurar  á  todos  los  Grandes  que  allí 
estaban  por  princesa  é  legítima  heredera  destos 
Reynos  é  señoríos  á  la  señora  Doña  Isabel,  su  her- 
mana. 

CAPÍTULO  LVIII. 

Del  bienaventnrado  parto  de  la  Serenísima  Princesa  Doña  Isabel, 
é  de  como  le  fué  tomada  por  el  Rey  Don  Enrique  la  villa  do 
Medina  del  Campo. 

Como  en  este  tiempo  no  solamente  muchos  de  los 
Grandes  destos  Reynos,  mas  generalmente  todos 
los  pueblos  estoviesen  doseosos  de  ver  el  parto  de 
la  Princesa,  mayormente  los  que  en  la  villa  de  Due- 
ñas estaban  con  ella  con  muy  mayor  ansia  lo  espe- 
raban ;  é  como  ya  se  acercase  el  dia  é  las  señales 
pareciesen,  estaban  en  gran  cuidado  recelando  su 
peligro.  E  plugo  á  nuestro  Señor  que  á  quatro  ho- 
ras del  dia  del  mes  do  Otubre  del  año  de  nuestro 
Redentor  de  mil  quatrocientos  setenta  años,  la  se- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


59 


ñora  Princesa  parió  una  hija,  á  quien  llamaron 
Doña  Isabel  como  a  su  madre.  E  cerca  del  Rey  Don 
Enrique  estaban  dudosos  si  era  hijo  ó  hija.  Como 
de  la  verdad  fueron  certificados  por  mandado  del 
Rey,  Rodrigo  de  ülloa  y  Alvaro  de  Bracaraoute,  se 
fueron  á  Medina  del  Campo  que  era  de  la  Princesa, 
é  luego  quitaron  su  justicia  é  pusieron  otra  nueva 
en  nombre  del  Rey ;  é  de  las  rentas  de  las  ferias 
que  en  aquella  villa  dos  veces  en  el  año  se  facen,  el 
Rey  dio  la  mayor  parte  á  Don  García  de  Toledo, 
Duque  de  Alva,  é  la  otra  parte  dio  al  Arzobispo  vie- 
jo de  Sevilla  en  gran  mengua  y  daño  de  su  herma- 
na la  Pi'incesa  en  galardón  de  no  haber  querido  to- 
mar el  título  de  Reyna  quando  el  Rey  Don  Alonso 
su  hermano  murió.  E  trabajaba  porque  la  ciudad  de 
Avila,  que  á  la  Princesa  obedecía,  le  fuese  tomada, 
á  la  qual  empachó  el  presto  remedio  del  Príncipe, 
que  luego  á  ello  envió  á  Gonzalo  Chacón  con  cien- 
to é  cinquenta  de  caballo,  é  envió  á  mandar  á  Pe- 
dro de  Avila,  señor  de  Villaf ranea  é  de  las  Navas, 
que  se  juntasen  ambos  á  dos  é  toviesen  la  guarda 
de  aquella  ciudad.  En  el  qual  tiempo  de  dos  forta- 
lezas queran  del  Aftsobispo  de  Toledo  é  se  las  auian 
furtado,  se  facían  grandes  robos,  la  una  llamada 
Canales,  que  tenia  Cristóbal  Bermudez,  é  la  otra 
Perales,  que  tenia  Vasco  de  Contreras ;  á  los  qualcs 
el  Rey  Don  Enrique  mucho  favorecía.  En  este  tiem- 
po vino  en  estos  Reynos  un  caballero  de  la  Orden 
de  San  Juan,  Guido  de  Monte  Alvaldo  enviado  por 
embaxador  del  maestre  de  Rodas  con  facultad  suya 
é  con  letras  del  Papa  Pablo  para  proveer  del  Prio- 
razgo  de  San  Juan  á  Don  Alvaro  d'Estufiiga ,  hijo 
del  Duque  de  Arévalo,  al  qual  el  padre  en  ninguna 
cosa  ayudaba,  porquel  Maestre  de  Santiago  ayuda- 
ba á  Don  Juan  de  Valenzuela ,  que  por  Prior  de  San 
Juan  so  avia  ;  al  qual  el  Príncipe  é  la  Princesa  y  el 
Arzobispo  de  Toledo  favorecieron.  A  Don  Alvaro 
d'Estufiiga  desbarató  la  gente  quel  Maestre  avia 
embiado  en  favor  de  Don  Juan  de  Valenzuela,  é  to- 
mó la  fortaleza  de  Consuegra  é  labróla  é  fortificóla; 
y  en  este  mesmo  tiempo  Don  Alonso  de  Monroy, 
Clavero  de  Alcántara,  como  sóplese  quo  doscientas 
lanzas  del  Maestre  Don  Gómez  de  Solis  estoviesen 
cerca  de  Guadalupe,  se  fué  á  pelear  con  ellos,  é  me- 
tiéronse en  la  villa,  é  allí  los  cercó ;  é  los  principa- 
les se  lo  dieron,  é  á  los  otros  despojó  de  caballos  é 
armas  é  ansí  los  embió;  de  que  gran  daño  se  siguió 
á  los  moradores  de  aquella  villa. 

CAPÍTULO  LIX. 

Oc  la  villa  que  ovo  Don  Jorge  Manrique ,  que  ayudaba  á  Don 
Juan  de  Valenzuela ,  prior  de  San  Juan  de  (juel  ovo  la  Vi- 
toria. 

En  mucho  fué  culpado  de  todos  el  Duque  de  Aré- 
valo por  dexar  de  ayudar  á  Don  Alvaro  d'Estuñiga 
su  hijo  por  complacer  al  maestre  de  Santiago,  que  á 
Don  Juan  de  Valenzuela]  favorecía ;  el  qual  Don 
Alvaro  ovo  do  buscar  el  favor  del  Arzobispo  de  To- 
ledo é  de  sus  primos  los  hijos  del  Conde  de  Pare- 
des, Don  Rodrigo  Manrique ,  entre  los  quales  Don 


Joj-ge  Manrique  comendador  de  Montizon  maravi- 
llosamente favoresció  á  Don  Alvaro  d'Estuñiga  su 
primo  ;  el  qual  como  fuese  caballero  mucho  esfor- 
zado é  con  entera  voluntad  quisiere  ayudarle,  mu- 
chos de  los  que  al  Rey  Don  Enrique  seguían  y  es- 
tovieron  juntos  en  Ajofrin ,  lugar  de  la  ciudad  de 
Toledo,  Don  Jorge  con  la  gente  que  pudo  aver, 
aunque  no  era  igual  número  de  la  que  ayudaban  á 
Don  Juan  de  Valenzuela ,  determinó  de  ir  á  pelear 
con  ella,  é  salió  de  la  villa  de  Alcázar,  en  un  día  del 
mes  de  Diciembre  del  año  setenta  ;  é  porque  la  gen- 
te de  caballo  que  llevaban  era  poca,  acordó  do  lle- 
var peones  bien  armados ,  é  porque  no  se  cansasen, 
mandólos  sobir  en  carretas  ;  é  como  el  camino  era 
llano,  andubo  á  gran  priesa ;  é  visto  los  enemigos 
que  ya  estavan  en  el  campo,  mandó  que  todos  pres- 
tamente viniesen  é  puso  la  gente  de  caballo  en  un 
tropel,  é  mandó  poner  los  peones  á  su  mano  dere- 
cha é  con  grande  osadía  paso  á  paso  fué  f erir  en  los 
contrarios,  donde  la  batalla  fué  ásperamente  pelea- 
da por  ambas  partes ;  é  los  peones  siguiendo  el 
mandado  de  Don  Jorge ,  firieron  tan  sin  temor  en 
los  enemigos,  que  mataron  muchos  caballeros  é  los 
que  allí  cayeron  fueron  luego  por  los  peones  dego- 
llados, de  tal  manera  que  los  del  Rey  Don  Enrique 
á  rienda  stielta  ovícron  de  foír  ;  c  los  enemigos  así 
vencidos,  Don  Jorge  se  volvió  á  la  villa  de  Alca- 
zar  donde  avia  salido. 


CAPITULO  LX. 

De  la  muerte  del  Duque  Juan  hijo  de  Renel,  que  fué  Rey  de  Cesi- 
lia.é  del  malaventurado  caso  acaecido  al  primogénito  Conde 
de  Fox, 

Mucho  ayudó  la  fortuna  á  los  serenísimos  Prín- 
cipes Don  Fernando  é  Doña  Isabel  en  un  gran  da- 
ño que  se  les  aparejaba ,  si  los  franceses  mucho 
tiempo  poseyeran  á  Barcelona.  Como  el  Rey  Luís 
de  Francia  desde  allí  ganara  la  mayor  parte  de  las 
fortalezas  del  Príncipe  Don  Fernando,  ansí  en  Ca- 
taluña é  Aragón  como  en  los  Reynos  de  Castilla  é 
de  León ,  como  sea  cierto  que  tanto  quel  Duque 
Juan  tuvo  á  Barcelona  con  ayuda  del  Rey  de  Fran- 
cia, cada  día  se  aumentaba  el  señorío  del  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  ;  el  qual  ya  no  podía  resistir  los 
enemigos,  así  por  la  decrépita  edad  suya,  como 
por  la  demengua  del  dinero,  lo  qual  todo  quiso 
nuestro  Señor  remediar  maravillosamente ;  donde 
quiso  que  se  cumpliese  aquella  sentencia  de  Grigo- 
rio  que  dice  que  entonce  nuestro  Señor  embía  los 
remedios,  quando  los  hombres  no  esperan  de  aver- 
íos, cayendo  estos  daños  sobre  aquellos  que  busca- 
ron sin  causa  destruir  al  verdadero  Rey  y  su  legí- 
timo heredero  ;  como  ya  no  tuviesen  ninguna  ayu- 
da á  tan  grandes  fatigas ,  donde  por  la  mano  de 
Dios  vino  en  el  intruso  Duque  Juan  que  Rey  de 
Aragón  se  llamaba  tan  grave  enfermedad,  que  fué 
verdadera  medicina  á  los  trabajos  é  infortunios  de 
Don  Juan,  verdadero  Rey  de  Aragón,  en  tanto  que 
como  el  Duque  Juan  se  viese  en  peligro  de  muerte 
é  conociese  aquella  enfermedad  serle  venida  por  la 


60  CRÓNICAS  DE  LOS 

mano  de  Dios  ,  mandó  llamar  á  todos  los  principa- 
les de  Barcelona  á  los  quales  amonestó  é  requirió  é 
rogó  que  no  quisiesen  estar  más  en  la  rebelión  que 
contra  su  verdadero  Rey  avian  estado  y  estavan, 
mas  á  la  clemencia  suya  con  grande  humildad  per- 
don  demandasen,  á. quien  sin  duda  la  potencia  di- 
vina ayudaba  como  pareciese  que  en  tanta  edad, 
aviendo  perdido  la  vista,  se  la  avia  tornado.  E  co- 
mo los  barceloneses  estuviesen  endurecidos  en  su 
malvada  pertinacia,  trayeron  de  lo  postrimero  de 
España  á  Don  Pedro,  Condestable  de  Portugal,  hi- 
jo del  Infante  Don  Pedro ,  al  qual  por  Rey  recibie- 
ron, y  en  breve  tiempo  malaventuradamente  murió; 
ó  como  en  su  enfermedad  conociese  que  nuestro  Se- 
ñor quisiese  dar  fin  á  los  trabajos  del  Rey  Don 
Juan  de  Aragón ,  á  los  barceloneses  exhortó  que  en 
otra  manera  mirasen  las  cosas  que  fasta  allí  las 
avian  mirado,  é  inclinasen  los  corazones  á  la  ver- 
dad, ni  quisiesen  tener  la  malvada  rebelión  que 
fasta  allí  contra  su  Rey  avian  tenido ,  en  tal  perdi- 
miento ó  desolación  do  aquella  miserable  ciudad, 
certificándoles  que  si  de  aquella  enfermedad  se  le- 
vantaba él,  buscaría  modo  como  con  buena  conve- 
nencia é  sin  peligro  de  los  ciudadanos  el  Rey  de 
Aragón  fuese  señor  de  lo  suyo ,  é  si  la  muerte  lo 
llevase ,  que  otra  vez  y  otra  les  i'ogaba  y  amones- 
taba que  no  buscasen  otras  nuevas  redes  en  que  se 
embolvcr,  é  conociesen  á  su  Rey,  é  fuesen  ciertos 
que  la  desordenada  codicia  y  ambición  del  Rey  Luis 
de  Francia  avia  fecho  venir  en  aquella  ciudad  al 
Duque  Juan  su  primo,  por  no  solamente  apode- 
rarse del  Condado  de  Rosellon  é  Concentayna ,  más 
de  la  provincia  de  Ampurdan ,  con  sed  inestingui- 
ble  de  ocupar  todo  lo  que  pudiese.  Estas  cosas  é 
otras  se  afirman  ser  dichas  á  los  barceloneses,  los 
quales  como  ya  estoviesen  obstinados  en  su  per- 
tinacia, ninguna  cosa  de  su  propósito  les  pudo 
tirar  ;  con  todo  eso ,  después  de  la  muerte  del  Prín- 
cipe, aunque  mostraron  defenderse  con  ayuda  de 
los  franceses,  ya  los  populares  claramente  osaban 
decir  mal  de  los  mayores,  é  loaban  la  virtud  del 
Rey  á  quien  contra  toda  justicia  tan  luengamente 
avian  aflejido  ;  é  turbó  mucho  los  corazones  de 
todos  el  mal  aventurado  caso  acaecido  al  primo- 
génito del  Conde  de  Fox,  á  quien  esperaban  ser 
Rey  de  Navarra,  al  qual  el  Rey  Luis  de  Francia 
avia  desposado  con  su  hermana,  con  quien  enten- 
día meter  viva  sentella  en  los  Rey  nos  de  Aragón. 
É  como  en  este  tiempo  viniese  la  nueva  al  Rey  de 
Francia  de  ser  fecho  el  desposorio  de  su  hermano 
el  Duque  de  Guiana  con  Doña  Juana,  llamada  hija 
del  Rey  Don  Enrique ,  ficieron  en  su  corto  grandes 
fiestas  por  este  desposorio ,  entre  las  quales  se  or- 
denó una  justa  de  guerra,  en  la  qual  el  mal  aven- 
turado mancebo  primogénito  del  Conde  Fox  justó, 
é  por  liviano  é  feble  ames  f uéle  dado  un  encuentro 
que  todo  el  cuerpo  le  pasó,  é  ansí  súpitamente  mu- 
rió ;  por  quien  muchos  dixeron  esto  aver  seido  di- 
vino misterio,  como  el  Rey  de  Francia  coii  este 
pensase  muy  mayores  daños  ministrar  al  ilustrísi- 
mo  Rey  de  Aragón  porque  desde  Navarra  nueva 


REYES  DE  CASTILLA. 

guerra  los  franceses  pudiesen  facer  á  Don  Fer- 
nando, Príncipe  de  Aragón,  Rey  de  Cisilia,  á 
quien  la  sucesión  pertenecía  de  los  Reynos  de  Cas- 
tilla é  de  León ,  y  por  cierto  en  otra  manera  lo  dis- 
puso la  soberana  Providencia ,  que  todos  los  casos 
dichos  quiso  é  ordenó  que  fuesen  en  favor  é  ayuda 
del  Príncipe  Don  Fernando  por  destruir  la  maldad 
é  porfiosa  obstinación  de  los  barceloneses,  los  qua- 
les con  toda  el  ayuda  de  los  franceses  nunca  pudie- 
ron cobrar  el  puerto  de  Colibre,  ques  cerca  de  Gi- 
rona,  por  la  industria  é  buena  guarda  de  un  capi- 
tán natural  de  Mayorga  á  quien  el  Rey  de  Aragón 
la  avia  dado ,  donde  murieron  muchos  de  los  fran- 
ceses con  tiros  de  pólvora  é  ballestas  por  la  virtud 
de  los  buenos  que  en  aquella  fortaleza  estaban,  que 
con  mano  vigorosa  ficieron  fuir  los  franceses. 

CAPÍTULO  LXI. 

De  la  causa  que  ovo  para  los  debates  é  guerras  de  Don  Pedro  de 
Velasco,  Conde  de  ílaro,  con  Don  Pero  Manriquez  Conde  Trc- 
viño,  primo  suyo. 

La  vecindad  de  la  tierra  de  estos  señores  dio  cau- 
sa que  entrellos  oviese  algún  desamor  ;  é  como  los 
vasallos  del  Conde  de  Treviño  recibiesen  algunos 
agravios  de  los  vasallos  del  Conde  de  Haro,  y  él  no 
lo  remediase,  el  Conde  de  Treviño  tenia  desto  gran 
sentimiento,  como  quier  que  lo  disimulaba  por  no 
aver  tiempo  para  se  vengar  :  donde  ansí  fué  que  co- 
mo el  Rey  Don  Enrique  todavía  estoviese  en  pro- 
pósito de  casar  á  Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna, 
con  el  Duque  de  Guiana  é  conociese  esto  desplacer 
á  los  vizcaynos  é  lipuscanos,  parecióle  ser  necesa- 
rio ponerles  freno,  para  lo  qual  acordó  de  embiar 
en  aquellas  provincias  á  Don  Pedro  de  Velasco, 
Conde  de  Haro,  con  sus  poderes  muy  bastantes  pa- 
ra los  costreñir  é  apremiar  á  facer  su  querer  é  vo- 
luntad ;  é  como  el  Conde  de  Haro  era  hombre  sa- 
gaz é  desease  acrecentar  su  estado,  parecióle  esto 
le  venir  muy  bien ,  é  con  muchas  gentes  se  apoderó 
de  la  ciudad  de  Vitoria  ques  cabeza  de  la  provincia 
de  Álava,  é  desde  allí  trató  con  los  de  Malbaseda 
con  quien  tenia  antigua  amistad,  á  los  quales  atra- 
jo á  su  querer  é  desde  Vitoria  se  fué  para  la  villa 
de  Bilbao ,  ques  la  más  noble  de  Viscaya ,  donde 
quiso  mostrar  su  grandeza ;  é  como  los  vizcaínos 
tengan  antiguas  leyes  é  costumbres  que  puedan 
desnaturarse  del  Rey  si  atentase  quebrantarlas,  y 
el  Condestable  ay  quisiese  algunas  cosas  facer  con- 
tra sus  leyes  é  costumbres,  los  vizcaínos  fueron 
dello  muy  mal  contentos,  é  pensaron  buscar  su  re- 
medio, aunque  la  antigua  discordia  entrellos,  en 
que  inumerables  gentes  por  fierro  é  por  fuego  avian 
sido  muertos,  ansí  de  linaje  de  Oñez  como  de  Gam- 
boa que  aquella  provincia  señoreaba,  les  dava  gran- 
de estorbo,  y  el  odio  que  entrellos  avia  repunaba 
al  deseo  de  la  libertad,  é  la  enemistad  que  ninguno 
fasta  entonces  pudo  quitar  de  entre  estos  dos  lina- 
jes á  la  ambición  y  deseo  de  señorear  aquella  pro- 
vincia. El  Condestable  buscó  nuevas  vías  de  recon- 
ciliar los  enemigos  do  tan  largos  tiempos  ;  ni  pu- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÍíAS. 


61 


dieran  ningunos  religiosos  ni  otras  personas  miti- 
gar lá  ira  de  los  corazones  quel  amor  de  la  libertad 
podo  templar  en  el  Conde  de  Haro,  olvidando  la 
persuasión  del  muy  virtuoso  é  muy  noble  padre  su- 
yo ,  el  qual  al  tiempo  de  su  fallecimiento  le  rogó  é 
requirió  que  á  los  grandes  de  Vizcaya  é  Lipuzcoa 
quisiese  tratar  amigablemente  como  á  parientes  é 
mucho  amigos,  certificándole  que  si  en  otra  manera 
lo  ficiese  se  le  seguirla  dello  gran  daño  ;  é  como  ya 
los  vizcaínos  oviesen  enteramente  conocido  el  pro- 
pósito con  quel  Conde  de  Haro  en  aquellas  provin- 
cias entrava,  é  fuesen  ciertos  que  buscar  remedio 
en  el  Rey  seria  demasiado,  determinaron  de  reque- 
rir por  ayuda  a  Don  Pedro  Manrique,  Conde  de 
Treviño ,  el  qual  como  quiera  que  fuese  primo  del 
Conde  de  Haro  é  como  del  estoviese  quejoso,  pen- 
só serle  venido  tiempo  para  vengar  sus  injurias, 
lo  qual  podia  bien  facer  con  aquella  gente  que  en 
tan  gran  fatiga  se  veia,  é  ovieron  consejo  de  re- 
conciliar á  los  dos  principales  caballeros ,  los  qua- 
les  eran  Juan  Alonso  de  Moxica  é  Pedro  de  Aven- 
daño,  hombres  muy  dispiertos  en  la  guerra,  los 
quales  vinieron  á'la  villa  de  Carrion,  donde  falla- 
ron al  Conde  de  Treviño  ;  los  quales  como  el  Conde 
conociese  dias  avia  ser  enemigos,  maravillóse  de  su 
venida,  é  fabló  con  cada  uno  dellos  aparte,  é  meti- 
dos en  una  celda  en  el  Monerterio  de  San  Francis- 
co fabló  con  amos  á  dos  juntamente,  é  cada  uno 
dellos  mirando  el  uno  al  otro  estuvieron  turbados  é 
ninguna  cosa  fablaron,  E  como  el  Conde  viese  la 
turbación  suya,  comenzó  la  fabla,  rogándoles  mu- 
cho que  su  vieja  enemistad  no  turbase  el  bien  co- 
mún é  libertad  de  todos.  Entonces  Juan  Alonso  de 
Moxica  dijo  á  Pedro  de  Aven  daño  :  «Pedro  de 
Avendaño,  ¿dónde  está  mi  padre  que  vos  cruel- 
mente con  fuego  matasteis  ? »  Al  qual  Pedro  de 
Avendaño  respondió  :  «¿Qué  voluntad  pensáis  que 
08  tenga  aviendo  por  vuestra  mano  muerto  á  mi 
hijo  é  á  mis  hermanos  é  á  muchos  otros  de  mis  pa- 
rientes?» Oidas  estas  palabras  por  el  Conde,  dijo  : 
«Parientes,  señores  y  amigos,  dejad  de  fablar  en 
las  viejas  querellas ;  encomendaldas  á  olvidanza, 
pues  otro  remedio  no  tienen,  é  fáblese  en  las  cosas 
presentes  de  que  mayor  caida  para  todos  se  espera ; 
¿qué  dolor  puede  aver  en  los  que  ya  perecieron 
ansí  de  una  parte  como  de  la  otra?  más  es  de  doler 
de  los  que  viven  en  miserable  catividad  que  la 
muerte  de  aquellos  que  en  libertad  la  recibieron  que 
ninguna  infamia  podia  ser  igual  á  la  de  vosotros 
gente  noble  Vizcaya,  á  quien  nunca  la  mano  real 
pudo  domar  voluntariosamente,  si  quisiéredes  el 
yugo  infame  consentir.  El  justo  imperio  de  los  re- 
yes nunca  quisistes  sofrir,  ¿é  sofrireis  agora  el  tira- 
no señorío  del  Conde  de  Haro?  Pues  tornad  en  vo- 
sotros las  fuerzas  que  aver  soliades  que  vanamente 
ejercitasteis ,  con  detrimento  é  daño  vuestro  é  de 
vuestros  parientes  é  amigos,  para  conservar  vues- 
tra libertad  con  mayor  gloria  é  fama ,  é  si  ayuda 
habéis  menester,  aquí  estoy  yo,  que  no  como  prin- 
cipal ,  mas  como  igual  de  vosotros  porné  la  vida  y 
estado  por  conservación  de  vuestra  antigua  liber- 


tad.» Lo  qual  teniéndole  en  mucha  merced ,  los  ca- 
balleros ya  dichos  ficieron  compromiso ,  é  dejaron 
todas  las  cosas  á  querer  é  voluntad  del  Conde  de 
Treviño,  el  qual  luego  fizo  amistad  de  los  dos  ca- 
balleros con  juramento  é  homenaje  de  siempre  se 
guardar  é  honrar,  é  fizóse  casamiento  de  lija  é  fijo 
de  los  dos  porque  mas  la  paz  entrellos  se  corrobora- 
se. É  luego  se  dio  forma  á  todas  las  cosas  necesa- 
rias para  echar  de  la  dicha  tierra  al  Conde  de  Haro, 
en  ansí  las  gentes  del  un  bando  é  del  otro  fueron 
conformes  para  ello. 

CAPÍTULO  LXII. 

nc  la  batalla  que  ovieron  el  Conde  ile  Haro  y  el 
Conde  de  Treviño. 

No  fué  negligente  ni  perezoso  el  Conde  de  Tre- 
viño en  llamar  sus  gentes ,  así  de  á  pié  como  de  á 
caballo  ;  é  luego  en  el  comienzo  se  trabajó  por  de- 
liberar la  villa  de  Bilbao  de  la  servidumbre  en  que 
esperaba  quedar,  é  comenzó  de  apremiar  y  castigar 
algunos  moradores  della  que  eran  conformes  al  que- 
rer é  voluntad  del  Conde  de  Haro,  en  gran  daño  é 
perdimiento  de  la  cosa  pública  de  aquella  villa  ;  lo 
qual  ligeramente  se  acabó,  como  para  ello  los  dos 
bandos  fueron  conformes  ;  é  de  allí  se  acordó  de 
embiar  gente  así  de  caballo  como  de  pié  á  la  villa 
llamada  Villarreal,  que  es  de  Pedro  de  Avendaño, 
muy  cercana  á  la  ciudad  de  Vitoria ,  porquel  Conde 
de  Haro  no  pudiese  sin  gran  daño  pasar  por  la  es- 
trechura de  los  montes  que  allí  hay.  Y  en  tanto 
questo  se  facia,  la  Condesa  de  Haro  en  persona  vi- 
no con  asaz  gentes  por  pasar  á  la  villa  de  Bilbao 
por  el  camino  de  Balmaseda,  en  el  qual  como  quie- 
ra que  hay  muchas  labranzas ,  no  es  el  lugar  cerca- 
do ,  pero  hay  muchas  torres  las  quales  por  sus  ban- 
dosidades, todos  tenían  muy  aparejadas  de  balles- 
tas é  tiros  de  pólvora.  E  como  ya  la  gente  de  Vizca- 
ya toda  fuese  conforme  para  facer  todo  el  daño  que 
pudiesen  al  Conde  de  Haro  é  á  sus  gentes ,  de  tal 
manera  tomaron  los  pasos,  que  la  Condesa  no  pudo 
pasar,  é  ovo  de  se  volver  con  gran  peligro  de  los 
suyos,  y  el  Conde  de  Treviño  estando  cerca  de  Vi- 
Uareal  con  gran  gente,  cada  dia  peleaba  con  los 
del  Conde  de  Haro ,  é  por  los  llanos  de  Álava  ve- 
nían é  facían  en  ellos  grandes  daños,  de  que  mu- 
cho se  acrecentó  el  homecillo  entre  aquellos  seño- 
res, en  que  muy  gran  daño  recibieron  los  del  Conde 
de  Haro,  é  por  eso  acordó  de  dexar  algunos  dias  de 
facer  guerra ,  porque  idos  los  vizcaínos  á  sus  luga- 
res, él  quedaba  muy  mucho  mas  poderoso  así  de 
gente  como  de  dineros  quel  Conde  de  Treviño ,  ma- 
yormente que  cada  dia  esperaba  ayuda  del  Rey  Don 
Enrique  é  del  Maestre  de  Santiago ;  y  como  todo 
esto  el  Conde  de  Treviño  conociese,  no  tardó  de 
buscar  ayuda  que  le  convenia  para  lo  qual  requirió 
á  Pero  López  de  Padilla,  adelantado  mayor  de  Cas- 
tilla, caballero  muy  noble  que  ya  en  algunos  peli- 
gros avian  sido  compañeros,  del  qual  algunos  sos. 
pechaban  que  ayudaría  á  la  parte  contraria  como 
fuese  yerno  del  Maestre  de  Santiago  ;  á  los  quales 


G2 


CKÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


Conde  de  Haro  é  de  Trevifio  el  Maestre  de  Santiago 
envió  afectuosamente  á  rogar  que  dejasen  la  guer- 
ra, é  para  que  esto  oviese  lugar,  tovo  maña  como 
el  Ecy  se  fuese  á  Burgos  ,  creyendo  questo  sabido, 
los  Condes  ambos  á  dos  dejarían  la  guerra  y  el  Rey 
en  persona,  si  menester  fuese,  los  iria  á  pacificar  ; 
é  como  el  Rey  creyese  la  parte  del  Conde  de  Haro 
estoviese  mas  poderosa  é  desease  aquella  oviese  Vi- 
toria, detóvose  mas  de  quanto  debiera,  y  entre  tan- 
to la  batalla  de  los  Condes  se  dio  cerca  de  Monguia, 
ques  muy  cercana  á  la  muy  noble  villa  de  Bermeo, 
donde  la  gente  del  Conde  de  Treviño  á  quien  mucho 
ayudóles  la  aspereza  de  la  tierra ,  sobró  á  la  muche- 
dumbre de  la  gente  del  Conde  de  Haro,  donde  muy 
í'speramente  por  ambas  partes  la  batalla  se  peleó  ; 
pero  á  la  fin  como  quiera  quel  Conde  de  Haro  pe- 
lease animosamente  como  muy  valiente  caballero 
y  esforzase  mucho  su  gente ,  todavía  ovo  de  ser  des- 
baratado, é  mucha  della  muerta,  de  la  qual  se  afir- 
ma ser  perdidos  más  de  mil  hombres,  de  los  quales 
fueron  bien  trecientos  de  caballo ,  entre  los  quales 
fué  muerto  Alvaro  de  Cartagena,  caballero  mucho 
esforzado ,  hijo  de  Pedro  de  Cartagena ;  y  el  Conde 
de  Salinas,  Don  Diego,  é  Don  Luis  de  Velasco  pri- 
mo del  Conde  de  Haro  con  gran  trabajo  se  pudieron 
salvar;  y  el  Conde  de  Haro  fuera  allí  muerto  ó  pre- 
so ,  salvo  porque  fué  bien  guiado  por  algunos  que 
la  tierra  sabían ,  é  por  muy  ásperos  é  montuosos 
caminos  con  gran  trabajo  se  pudo  salvar.  El  Rey 
Don  Enrique,  que  ante  de  la  batalla  otra  voluntad 
tenia,  después  de  pasada  comenzó  averse  más  blan- 
damente en  las  cosas  que  solía.  ¡  Oh  quanto  daño 
trae  á  los  mancebos  menospreciar  el  consejo  de  los 
padres  ancianos!  Que  por  cierto  si  este  Conde  de 
Haro  creyera  el  consejo  de  su  excelente  padre,  no 
viniera  aquel  rompimiento  que  vino  con  su  primo, 
ni  tomara  por  enemiga  la  nación  de  Vizcaya  que 
por  amor  siempre  sirvió  á  su  padre,  el  qual  con 
prudencia  muchas  veces  supo  hacer  de  los  enemigos 
amigos,  é  tanto  fué  caritativo  é  christiano  é  amador 
de  sus  vasallos,  que  como  en  algunas  villas  suyas 
oviese  muchos  judíos  é  con  los  logros  le  pareciese 
aquello  emprobecer,  mandó  so  graves  penas  ningu- 
no fuese  osado  do  dar  á  logro  ;  é  como  algún  tiem- 
po esto  durase  los  vasallos  se  quejaron  á  él  dicien- 
do que  muy  mayor  daño  recibían  en  no  fallar  di- 
neros á  logro  ni  en  otra  manera  como  ya,  no  los  fa- 
llando, les  convenía  vender  sus  ganados  é  lanas  é 
pan  é  otras  cosas  adelantado,  é  por  ende  le  suplica- 
ban que  diese  libertad  á  quel  logro  se  diese.  El 
Conde  queriendo  en  esto  remediar,  mandó  poner 
tres  arcas  en  Medina  de  Fumar  y  en  Herrera  y  en 
Villadiego,  poniendo  en  cada  una  dellas  docientos 
mil  maravedís,  en  los  alfolíes  de  cada  una  destas 
villas  dos  mil  fanegas  de  trigo,  mandando  dar  las 
llaves  do  lo  ya  dicho  á  quatro  regidores  de  cada 
una  de  las  dichas  quatro  villas,  mandándoles  que 
qualquíer  vasallo  que  menester  oviese  dineros  ó 
pan  fasta  en  cierto  número ,  dando  prendas  ó  fian- 
za, le  fuese  prestado  por  un  año,  con  lo  qual  con- 
servó todos  los  vecinos  de  aquellas  villas  que  todos 


vivieron  fuera  de  necesidad.  Cosa  fué  por  cierto 
esta  de  muy  cathólico  é  prudente  varou  é  muy  dina 
de  memoria. 


CAPITULO  LXIII. 

De  la  muerte  malaventarada  del  Papa  Pablo  segundo. 

Conveniente  cosa  parece  escrebir  aquí  la  nueva 
manera  de  muerte  del  Papa  Pablo  segundo ,  no  vis- 
ta semejante  en  el  mundo  fasta  entonces ,  el  qual 
mucho  favorecía  al  Rey  Don  Enrique  y  encobria 
sus  errores ,  la  maravillosa  muerte  del  qual  dio  tes- 
timonio de  su  torpe  vida,  el  qual  quando  vivió 
siempre  se  ejercitó  en  cosas  vanas,  y  en  juegos,  y 
en  buscar  las  figuras  de  las  monedas  de  los  tiempos 
mas  antiguos,  y  en  mirar  sus  tesoros  é  piedras  pre- 
ciosas en  lo  qual  siempre  contemplaba,  é  procura- 
ba tener  cerca  de  sí  nigrománticos  é  fechiceros  ;  el 
qual,  como  fuese  muy  hermoso  de  gesto,  é  de  cuer- 
po muy  grande  é  muy  sano,  sin  enfermedad  algu- 
na, la  noche  que  murió  fué  fallado  en  su  cama  tan 
pequeño  é  tan  flaco,  como  de  un  mozo  pequeño  de 
diez  ó  doce  años ,  todo  consumido  é  f erido  el  rostro 
é  la  cabeza  en  muchos  lugares  é  los  huesos  de  tal 
manera  como  si  fuesen  quemados  en  fuego  ;  el  qual 
se  afirma  tener  en  un  anillo  un  espíritu  familiar, 
por  el  qual  muchas  cosas  sabia.  E  muerto  así  el 
Padre  Santo ,  los  suyos  dieron  muy  gran  priesa  á  su 
enterramiento,  porque  no  fuese  á  todos  manifiesta 
la  nueva  forma  de  su  muerte ,  la  qual  bien  confor- 
me fué  á  su  vida,  como  siempre  se  diese  á  deleites 
é  pompas  é  obras  vanas  dejando  entender  en  las  co- 
sas á  que  su  divinidad  le  obligaba.  Solo  esto  fizo  bue- 
no en  su  pontificado,  que  recobró  algunos  bienes  del 
patrimonio  de  la  Iglesia,  que  tiránicamente  eran  te- 
nidos por  algunos  ;  é  murió  este  Padre  Santo  en  el 
mes  de  Agosto  del  año  del  nasciraiento  de  nuestro 
Redentor  de  mil  é  quatrocientos  é  sesenta  y  un  años, 
el  qual  no  contento  del  excelente  palacio  edificado 
por  Nicolao  quinto  cerca  de  San  Pedro ,  mandó  fa- 
cer otro  mucho  mayor  cerca  de  San  Marco  en  Ro- 
ma. Fué  enterrado  miserablemente  en  una  pobre 
sepultura,  é  sucedió  en  su  lugar  Sixto  quarto,  fray- 
le  de  San  Francisco,  antes  llamado  Francisco  de 
Ona,  ginoves,  maestro  de  Santa  teología,  el  qual 
muchos  cardenales  crió  de  sus  parientes ;  que  en 
este  tiempo  nuestro  los  Padres  Santos  parece  que 
para  sublimar  sus  deudos  son  puestos  en  la  silla  de 
San  Pedro ,  siendo  en  todo  contra  el  orden  de  la 
Santa  iglesia. 

CAPÍTULO  LXIV. 

De  los  escándalos  acaecidos  en  la  ciudad  de  Sevilla,  entre  Pon 
Enrique  de  Guznian ,  Duque  de  Medinasidonia ,  é  Don  Rodrigo 
Ponce  de  León,  Marqués  de  Cádiz,  é  de  la  salida  del  Marqués 
de  la  ciudad  de  Sevilla. 

Como  en  este  tiempo  las  voluntades  del  Duque  y 
Marqués  estuviesen  dañadas  por  las  cosas  entre 
ellos  pasadas,  é  como  ya  muchos  de  los  ciudadanos 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


63 


estoviesen  en  desgrado  é  mal  querencia  del  Mar- 
qués, la  parte  del  Duque  se  hacia  cada  dia  mucho 
mayor ;  é  como  de  contino  entre  las  gentes  destos 
señores  oviese  debates  é  contiendas  é  muertes  é  fe- 
ridas  de  hombres,  acaesció  que  en  veinte  y  cinco 
dias  del  mes  de  Julio  del  año  del  nacimiento  de  nues- 
tro Redentor  de  mil  é  quatrocientos  é  setenta  y  un 
años ,  ovo  un  tan  gran  roido  entre  las  gentes  destos 
señores,  que  duró  quatro  dias,  en  que  murieron 
é  fueron  feridos  muchos  de  la  una  parte  é  de  la 
otra,  é  puesto  fuego  en  diversas  partes  de  la  ciu- 
dad ,  en  que  se  quemaron  muchas  casas ;  é  como 
quiera  que  allí  estoviesen  el  Adelantado  Don  Pedro 
Euriquez  é  Don  Pedro  Estuñiga  que  según  quien 
.eran  debieran  poner  paz  entre  aquellos  señores, 
ayudaron  enteramente  á  la  parte  del  Duque,  por- 
que el  Adelantado  y  él  eran  casados  con  dos  her- 
manas, é  Don  Pedro  era  casado  con  su  hermana,  é 
como  los  suyos  fuesen  muchos  más  que  los  del 
Marqués ,  oviéronse  de  retraer  en  dos  coiliciones  de 
Santa  Catalina  é  San  Román,  donde  se  ampararon 
é  defendieron  de  la  muchedumbre  de  la  gente  del 
Duque  é  de  los  otros  caballeros  que  le  ayudaban  ; 
é  algunos  religiosos  queriendo  el  servicio  de  Dios 
y  el  bien  común  de  aquella  ciudad ,  se  interpusie- 
ron y  dieron  medio  como  el  Duque  y  el  Marqués 
fuesen  amigos  é  se  juntasen  en  la  laguna,  é  de  allí 
anduviesen  juntos  por  toda  la  ciudad  porque  fuese 
por  todos  conocida  la  amistad  suya.  E  para  mayor 
corroboración  de  aquello,  los  religiosos  tuvieron 
manera  como  el  Duque  y  el  Marqués  hiciesen  ju- 
ramento é  pleito  omenage  de  se  guardar  verdadera 
amistad  ;  é  para  mayor  firmeza  de  lo  ansí  complir  é 
guardar ,  partieron  ambos  á  dos  el  cuerpo  de  nues- 
tro Señor ,  de  todos  los  caballeros  ciudadanos  é  co- 
munidad de  aquella  ciudad  fueron  mucho  alegres, 
creyendo  que  la  paz  entre  ellos  para  siempre  se 
guardaría.  La  qual  duró  fasta  un  miércoles  veinte  y 
siete  de  Julio  del  dicho  año,  en  el  qual  dia  algunos 
dicen  que  estando  el  Marqués  durmiendo  la  siesta 
muy  seguro,  según  las  cosas  entrellos  pasadas,  que 
dos  hombres  de  pié  el  uno  del  uno ,  y  el  otro  del 
otro,  murieron,  é  comenzaron  á  llamar  apellidos. 
Juntóse  mucha  gente  de  una  parte  y  de  otra,  de 
manera  que  comenzaron  á  pelear,  tanto  que  entra- 
ron por  el  barrio  del  Marqués,  firiendo  é  matando 
é  robando  á  los  suyos,  é  otros  afirman  que  la  gente 
del  Marqués  comenzó  aquesta  pelea,  é  que  sobre 
aquello  ovieron  de  venir  la  gente  del  Duque  y  él  en 
persona  ;  lo  qual  dice  se  hizo  tan  de  súpito,  que  los 
del  Marqués  no  se  pudieron  tanto  ayudar  de  las  ar- 
mas como  les  cumplía  ;  con  todo  eso  pelearon  de  tal 
manera,  que  muchos  dellos  fueron  heridos  é  muer- 
tos, así  de  la  parte  del  Duque  como  del  Marqués; 
el  que  viéndose  así  apretado ,  puso  estancias  en  las 
calles  donde  fué  combatido  tres  dias ;  en  el  qual 
tiempo  fueron  muchos  muertos  é  feridos ,  ansí  de 
una  parte  como  de  la  otra,  é  á  la  fin,  como  el  Mar- 
qués viese  la  gran  ventaja  de  gente  que  el  Duque 
tenía,  á  quien  ayudaba  la  mayor  parte  de  la  ciu-. 
dad,  y  él  se  viese  arrinconado  en  una  pequeña  par- 


te de  allí,  tomó  por  remedio  desar  la  ciudad  é  par- 
tirse para  Alcalá  de  Guadayra  [lo  qual  fué  causa 
por  lo  mucho  que  quiso  alargar  sus  estancias  ;  é  co- 
mo tenía  poca  gente ,  é  como  tenía  mucho  que  guar- 
dar, no  pudo  sofrir,  de  que  de  necesidad  ovo  de  ir- 
se. Ido,  le  robaron  la  casa,  y  estándola  robando, 
llegó  el  Duque,  y  el  Adelantado  dixo  al  Duque  que 
seria  bien  que  no  se  la  robasen ,  y  dixóle  el  Duque 
que  entrase  él  allá,  y  entró,  toda  la  qual  halló  que 
no  se  había  robado,  é  dióla  á  Doña  Isabel  de  León, 
mujer  de  Don  Pedro  el  Bayo,  hermana  del  Mar- 
qués ;  é  demás  de  todo  esto  fué  la  causa  principal 
el  fuego  que  pusieron  los  suyos  á  la  iglesia  de  San 
Marcos,  la  que  se  quemó,  y  viéndola  arder  el  Mar- 
qués dixo  que  no  había  medio  de  apagalle  ;  al  qual 
pesó  mucho  del  fuego  que  se  puso  ;  y  la  Marquesa 
su  mujer,  después  de  él  muerto,  dio  para  ayuda  á  la 
labor  de  la  iglesia]  (1);  é  como  la  fortaleza  de  Alca- 
lá de  Guadayra,  tuviese  Hernán  Darías  de  Saave- 
dra,  cuñado  del  Marqués,  casado  con  Doña  Constan- 
za, su  hermana,  mandó  llamar  todos  los  caballeros 
y  escuderos  que  ende  tenía,  de  los  quales  algunos 
vinieron,  é  otros  no  quisieron  dexar  sus  estancias, 
no  sabiendo  lo  quel  Marqués  quería  hacer,  é  así  el 
Marqués  salió  de  la  ciudad  por  la  puerta  del  Hosa- 
rio,  con  fasta  docientos  de  caballo  é  se  fué  á  Alca- 
lá de  Guadayra.  É  allende  lo  fecho ,  la  comunidad 
é  gente  del  Duque  robaron  más  de  mil  é  quinien- 
tas casas  de  los  parientes  é  aficionados  al  Marqués  ; 
é  así  el  Duque  quedó  en  Sevilla,  de  lo  que  se  si- 
guieron infinitos  daños  ó  males,  no  solamente  en 
aquella  ciudad,  más  en  toda  su  comarca ;  y  el  Mar- 
qués de  Alcalá  embió  llamar  toda  la  gente  de  sus 
villas  é  lugares,  é  á  los  Alcaides  de  Osuna  é  Morón, 
llamados  el  uno  Luis  de  Pernia  y  el  otro  Luís  de 
Godoy,  los  quales  vinieron  á  gran  priesa  con  la  mas 
gente  que  pudieron  é  ay  se  juntaron  con  el  Marqués 
fasta  mil  é  quinientas  lanzas  é  dos  mil  peones,  con 
la  qual  gente  el  Marqués  salió  de  Alcalá  de  Gua- 
dayra á  tres  dias  de  Agosto  de  dicho  año  é  dio  á  en- 
tender á  todos  los  que  allí  iban  que  querían  entrar 
en  la  ciudad,  é  tomó  su  camino  derecho  para  ella, 
é  como  allí  estoviesen  espías  del  Duque,  fuéronselo 
á  decir ;  el  qual  mandó  luego  armar  toda  la  gente 
de  la  ciudad  para  se  poner  en  defensa ;  é  como  el 
Marqués  llegó  quanto  media  legua  de  la  ciudad, 
tomó  el  camino  del  Olivar  que  va  para  el  Alcanta- 
rilla é  anduvo  tanto ,  que  antes  de  que  anocheciese 
llegó  á  las  Cabezas  con  toda  su  gente  ordenada  en 
batallas ;  ó  otro  dia ,  que  fué  sábado ,  á  quatro  de 
Agosto,  amáneselo  sobre  la  ciudad  de  Xerez  [como 
quiera  que  los  de  Xerez  tenian  fecho  concierto  en- 
tre sí  que  si  el  Duque  de  Medina  viniese,  dixesen 
que  no  lo  podían  rescibir  de  miedo  de  la  parciali- 
dad del  Marqués,  é  si  el  Marqués  viniese  los  del 
Duque  de  Medina  dixesen  lo  mismo  de  manera  que 
al  uno  ni  al  otro  lo  rescibiesen.  Al  tiempo  que  llegó 
eran  salidas  mil  y  cinquenta  lanzas  á  partir  lostér- 


(1)  Este  trozo  consta  solamente  en  el  Códice  de  que  nos  hemos 
servido  jiara  esta  edición. 


64 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


rninos  con  los  moros ,  é  salió  á  él  Pedro  de  Vera  con 
un  capote  vestido  ,  que  le  mostró  por  donde  avia  de 
entrar  porque  aun  los  mas  de  los  caballeros  estaban 
deste  concierto,  é  algunos  tenía  él  ciertos  á  su  vo- 
luntad ]  (1)  ;  y  entró  en  ella  por  el  postigo  del 
Alcázar ,  que  por  él  tenía  Manuel  Riquel ,  é  otros 
entraron  por  la  puerta  de  Santiago,  de  tal  manera 
que  el  Marqués  de  súpito  tomó  todas  las  fuerzas  de 
la  ciudad,  é  sin  apearse,  hizo  prender  de  casa  en 
casa  á  todos  los  aficionados  al  Duque,  sin  ponerse 
ninguno  en  defensa,  salvo  Iñigo  López ,  Veinte  y 
quat7;o ,  el  qual  se  defendió  por  gran  espacio  é  fué 
ferido  en  la  cabeza,  é  á  la  fin  óvose  de  dar  á  prisión; 
los  quales  luego  embió  á  su  tierra  y  les  robaron  to- 
do lo  que  én  sus  casas  tenían.  Luego  el  Marqués 
mandó  pregonar  cartas  del  Rey  por  las  quales  le 
embiaba  á  mandar  que  toviese  aquella  ciudad  con 
la  administración  de  la  justicia ;  las  quales  prego- 
nadas é  obedescidas,  toda  la  gente  se  sosegó;  el 
qual  fortificó  la  fortaleza  é  hizo  en  ella  aquel  fo- 
sado que  agora  tiene  ,  para  lo  que  derribó  todas  las 
casas  que  eran  mas  vecinas  á  la  fortaleza  ;  é  los  ca- 
balleros que  mandó  prender,  dellos  embió  á  Marche- 
na  é  otros  á  Arcos,  é  algunos  mandó  que  quedasen 
allí ,  é  de  allí  en  adelante  se  hizo  tan  cruel  guerra 
entre  el  Duque  y  el  Marqués  como  entre  moros  é 
christianos.  Como  el  Duque  tuviese  en  San  Lucar  al- 
gunas naos  armadas ,  decían  ser  para  venir  sobre 
Cáliz  ;  entre  las  quales  avia  una  llamada  la  Bena- 
cleva  que  era  muy  grande.  Sabido  por  el  Marqués, 
mandó  annar  en  Cáliz  ciertas  naos  é  carabellas ,  é 
envió  en  ellas  ciertos  capitanes  que  fuesen  á  San 
Lucar  é  peleasen  con  la  flota  del  Duque ,  certificán- 
dole que  como  ellos  llegasen  en  San  Lucar,  él  por  la 
tierra  iría  con  toda  la  gente  de  Xerez,  lo  qual  así  se 
puso  en  obra ;  é  la  flota  del  Marqués  peleó  de  tal  ma- 
nera que  fué  desbaratada  é  tomada  por  el  armada  del 
Duque.  E  como  los  capitanes  della  quedasen  orgu- 
llosos por  la  Vitoria  ávida,  movieron  su  flota  el  rio 
arriba  hasta  cerca  de  las  Horcadas,  tomando  é  ro- 
bando todos  los  navios  que  fallaron.  En  el  qual 
tiempo  un  corregidor  quel  Duque  en  San  Lucar  te- 
nía, llamado  Diego  de  Villalan,  como  fuese  caba- 
llero esforzado ,  á  muy  gran  priesa  metió  gente  en 
algunas  gruesas  naos  que  en  Barrameda  estaban,  é  á 
la  vuelta  de  la  flota  del  Marqués  peleó  con  ella  ,  de 
manera  que  el  armada  del  Marqués  fué  desbaratada, 
é  le  fueron  tomados  algunos  navios  de  los  qtie  lle- 
vaba, é  los  otros  navios  con  gran  trabajo  salieron 
del  puerto  después  de  haber  recibido  gran  daño. 


(1)  Todo  este  párrafo  consta  asf  en  el  códice  que  liemos  segui- 
do para  nuestra  impresión.  En  otros  que  liemos  consultado  dice 
como  sigue  :  «y  como  quiera  que  el  Duque  tuviese  gran  parte  en 
aquella  ciudad  y  todos  los  aficionados  á  él  rondasen  aquella  no- 
che, á  la  maflana  se  fueron  á  dormir,  al  qual  tiempo  el  Marqués 
llegi')  á  la  ciudad  y  entró  en  ella  por  el  postigo  del  Aicíiz&r,  que 
por  él  tenia  Manuel  Requel,  etc.» 


CAPITULO  LXV. 

De  la  adversa  fortuna  acaescida  al  Rey  Duarte  de  Inglaterra ,  é  de 
la  batalla  que  ovo  después  de  vuelto  en  Inglaterra  con  el  Rey 
Enrique  en  que  murieron  el  Rey  Enrique  y  el  Conde  de  Barry 
é  muchos  otros. 

Como  estas  cosas  en  los  Reynos  de  Castilla  é  de 
León  pasasen,  é  buscasen  contrariedades  á  la  biena- 
venturanza de  los  Príncipes  Don  Fernando  é  Doña 
Isabel ,  gran  daño  se  siguió  al  Rey  Luis  de  Francia 
por  la  tornada  del  Rey  Duarte  en  Inglaterra,  el  qual 
como  después  de  salido  del  Reyno  en  él  tornase  con 
favor  del  Duque  Carlos  de  Borgoña  su  cuñado ,  é 
con  muchos  otros  que  le  ayudaban,  prósperamente 
peleó,  é  ovo  vitoria;  en  el  destierro  del  qual  el  Rey 
Luis  de  Francia  por  estrafios  modos  avia  trabajado, 
y  en  aquel  tiempo  atentó  de  pelear  con  Carlos,  Du- 
que de  Borgoña,  en  la  qual  batalla  ovo  la  fortuna 
contraria;  así  que  costreñido  el  Rey  de  Francia  por 
gran  necesidad,  ovo  de  buscar  algunas  formas  con 
el  Duque  vencedor,  como  ya  no  pudiese  ayudar  en 
aquellos  días  al  Conde  de  Barrunque  ;  el  qual  como 
fuese  certificado  del  gran  poder  quel  Rey  Duarte 
tenia  en  muy  grande  armada  aparejada,  é  oviese  te- 
nido muchos  navios  asi  de  ginoveses  como  de  espa- 
ñoles por  sueldo  el  Duque  Carlos  para  este  pasage; 
el  Conde  de  Barrunque  con  gran  diligencia  ayuntó 
quantas  gentes  pudo  de  las  que  deseaban  la  restitución 
del  Rey  Enrique  con  el  que  todos  juntos  vinieron 
en  batalla  contra  el  Rey  Duarte,  en  la  qual  tan  pros- 
pera fortuna  ovo  Duarte,  que  el  Rey  Enrique  y  el  Con- 
de de  Barrunque  é  todos  los  grandes  que  lo  seguían 
fueron  muertos,  é  los  que  ende  fueron  presos  dentro 
de  tres  dias  los  mandó  degollar  en  la  ciudad  de 
Londres,  en  el  dia  de  la  pasión  de  nuestro  Señor  del 
año  de  mil  y  quatrocientos  y  setenta  y  un  arlos. 
Muerto  así  el  Rey  Enrique  é  todos  los  que  le  seguían, 
fálleselo  la  esperanza  al  Rey  Luis  de  Francia,  pro- 
movedor de  todas  estas  cosas,  que  pensaba  aver  ma- 
yor poder  para  destruir  al  Rey  Don  Juan  de  Ara- 
gón é  á  su  hijo  el  Príncipe  Don  Femando  é  á  todos 
los  que  lo  seguían ,  y  estudiaba  no  menos  hacer  ea 
Italia  como  pensase  destruir  al  Rey  Fernando  de 
Napol,  aviendo  ya  por  amigo  á  los  venecianos ;  é 
pensaba  de  aver  para  esto  la  voluntad  del  Duque  de 
Milán,  Galiazo  María  Esforza,  é  los  ginoveses  é  los 
florentines ;  y  el  papa  Paulo  en  esto  estovo  dudoso; 
y  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  buscaba  no^ve- 
dades  entro  el  Rey  Don  Enrique  y  él ;  é  comenzó  de 
tratarse  casamiento  de  Doña  Juana  hija  de  la  Reyna, 
su  sobrina,  con  él,  aunque  en  ptiblico  estaba  despo- 
sada con  el  Duque  Carlos  de  Guiana,  hermano  del 
Rey  Luis  de  Francia ;  el  qual  conosciendo  el  error 
que  avia  hecho ,  buscaba  como  el  desposorio  se  di- 
solviese ;  lo  qual  como  el  Rey  Don  Enrique  conos- 
ciese,  buscó  de  tratar  casamiento  de  Doña  Juana 
con  Don  Fadrique,  hijo  del  Rey  Fernando  de  Na- 
pol ;  lo  qual  si  el  Rey  Fernando  aceptara ,  quedara 
enemigo  del  Rey  de  Aragón,  su  tío,  é  del  Príiuipe 
Don  Fernando,  su  primo,  E  dexando  esto,  el  Maes- 


MEMORIAL  DE    DWEESAS  HAZAÑAS. 


tro  de  Santiago  Don  Juan  Pacheco,  procuró  casa- 
miento desta  Doña  Juana  con  Don  Enrique  llamado 
Fortuna,  hijo  del  Infante  Don  Enrique,  Maestre  de 
Santiago,  B  porque  mas  notorio  sea  la  forma  quel 
Rey  Luis  de  Francia  en  su  vivir  tenia,  paresció  ser 
cosa  razonable  aquí  en  escribir  un  trato  muy  desho- 
nesto por  él  comenzado,  en  gran  daño  é  mengua 
del  Eey  Don  Enrique  de  Castilla,  teniendo  con  él 
muy  estrecha  confederación  é  alianza,  el  que  fué 
que  envió  en  Inglaterra  solene  embaxada  al  Roy 
Duarte,  enviándole  á  rogar  é  requerir  que  quisiese 
con  él  amistad,  é  hiciese  guerra  en  los  Reynos  de 
Castilla  é  de  León,  pues  de  derecho  le  pertenescian, 
é  le  daba  su  fe  que  en  el  tiempo  que  pusiese  plan- 
ta en  tierra  con  su  flota  en  los  Reynos  de  Castilla, 
él  poderosamente  entraria  por  la  tierra,  por  manera 
que  ligeramente  amos  á  dos  podrian  ganar  estos 
Reynos,  de  los  quales  para  sí  no  quería,  salvo  los 
muebles  que  pudiesen  aver  para  sus  despensas,  é  los 
Reynos  enteramente  quedasen  para  él,  pues  justa- 
mente le  pertenescian,  y  ellos  quedasen  para  siempre 
amigos  é  confederados.  E  al  tiempo  que  el  Rey  de 
Francia  esta  embaxada  en  Inglaterra  embió,  estaba 
ende  por  su  embajador  del  Rey  Don  Enrique  de 
Castilla,  Don  Alonso  de  Palenzuela,  frayle  del  Or- 
den de  San  Francisco,  hombre  muy  noble  en  vi3a  y 
en  ciencia,  Obispo  de  Ciudad  Rodrigo,  que  después 
fué  de  Oviedo;  á  la  qual  embaxada  el  Rey  de  In- 
glaterra no  quiso  en  secreto  responder,  ante  embió 
á  decir  á  los  embaxadores  de  Francia  que  viniesen 
al  Palacio  á  explicar  su  embaxada ,  presentes  todos 
los  de  su  Consejo,  y  embió  decir  al  Embaxador  de 
Castilla  que  fuese  presente  á  oír  la  embaxada  quel 
Rey  Luis  le  embiaba ;  é  juntos  así  todos  en  presen- 
cia del  Rey,  los  embaxadores  del  Rey  de  Francia 
explicaron  su  embaxada  en  la  forma  dicha,  á  los 
quales  el  Rey  Duarte  dixo :  «  Vosotros  diréis  al  Rey 
))Luis  que  oí  las  cosas  que  de  su  parte  me  dixistes, 
»de  que  no  poco  soy  maravillado,  sabiendo  la  estre- 
Dcha  amistad,  confederación  é  alianza  que  él  tiene 
»con  el  ilustrísimo  Príncipe  Don  Enrique,.  Rey  de 
^Castilla  é  de  León  ;  la  qual  estando  muy  firme  en- 
«trellos,  mover  trato  tan  feo  é  tan  detestable  entre 
»qualesquier  personas ,  quanto  mas  entre  Reyes, 
3)cosa  paresció  muy  estraña  de  oir  ;  é  á  lo  que  dice 
Dque  yo  tengo  derecho  á  los  Reynos  de  Castilla  é 
»Leon,  diréis  que  no  lo  tiene  bien  aprendido,  porque 
»tanto  que  durare  el  linaje  del  Rey  Don  Juan  mi 
3)tio,  de  gloriosa  memoria,  ellos  son  herederos  de 
))aquellos  Reynos,  y  ellos  vivientes ,  yo  no  tengo  á 
cellos  derecho  alguno ;  é  al  Rey  Don  Enrique  yo  lo 
»amo  mucho,  y  lo  ayudaría  é  favoresceria  quanto 
«pudiese  en  todo  lo  que  me  menester  oviese  ;  é  de- 
«cirleeis  que  yo  no  tengo  en  el  mundo  otro  enerai- 
»go  sino  á  él,  como  él  posea  el  Reyno  que  á  mí  me 
«pertenesce,  é  que  por  eso  tenga  por  cierto  que, 
))quando  no  pensare,  yo  iré  á  tomar  lo  que  me  per- 
Mtenesce.))  E  poco  tiempo  después  desto  el  Rey  Duar- 
te de  Inglaterra  pasó  poderosamente  á  Francia ,  é 
comenzando  facer  la  guerra,  el  Rey  Luis  tovo  con 
él  tales  formas,  que  él  pagó  las  despensas  que  avia 
Cr.— III. 


65 

fecho  y  el  pasage  porque  se  volviesen  en  su  Reyno, 
sin  le  facer  mas  daño,  dándole  por  cierto  tiempo 
cinquenta  mil  coronas  cada  año,  las  quales  algún 
tiempo  el  Rey  Luis  de  Francia  le  pagó  é  sin  empa- 
cho é  vergüenza  pxxblicamente  decía  que  el  Roy  de 
Inglaterra  vivía  con  él  é  le  daba  cinquenta  mil  co- 
ronas cada  año  de  acostamiento.  En  este  tiempo  el 
Rey  Don  Enrique  de  Castilla  embió  su  embaxada  al 
Rey  Don  Alonso  de  Portugal  para  afirmar  el  casa- 
miento de  Doña  Juana  hija  de  la  Reyna  Doña  Jua- 
na. E  al  tiempo  que  los  embaxadores  llegaron ,  fa- 
llaron al  Rey  de  Portugal  embarazado,  que  se  par- 
tía para  África  ;  y  como  supo  la  venida  de  los  em- 
baxadores, salió  de  la  nao  donde  estaba  por  los  oir, 
de  que  los  Grandes  que  con  él  iban  ovierpn  gran 
enojo,  sospechando  la  causa  de  la  embaxada,  é  su- 
plicándole que  ne  quisiese  venir  en  el  casamiento 
de  Doña  Juana  sobre  quellos  creían  aquella  emba- 
xada venia  después  de  ser  tantas  veces  ofrescida  é 
dada  á  Carlos,  Duque  de  Guiana,  é  con  ella  quisiese 
tantos  yernos  buscar  é  con  este  bueno  buscase  todo 
el  mundo  enficionar,  é  no  oviese  parte  donde  con  él 
no  oviesen  tentado  ;  é  lá  suplicaban  no  quisiese  á 
tan  gran  gloría  quanta  avía  ganado,  tan  gran  torpe- 
dad  se  juntase.  Con  todo  eso,  el  Rey  de  Portugal 
determinó  de  aceptar  el  casamiento  ;  ó  después  de 
haber  hablado  secretamente  con  los  embajadores,  en 
público  dixo  aver  salido  de  la  nao  por  rescibir  mas 
honradamente  aquellos  embaxadores  por  respeto  de 
quien  los  embiaba ;  y  en  presencia  de  todos  dixo  á 
los  embaxadores  que  podían  certificar  al  Rey  Don 
Enrique,  quedándole  Dios  próspero  suceso,  con  muy 
buena  voluntad  se  vería  con  él,  é  daría  forma  como 
el  amor  para  siempre  entre  ellos  quedase  con  gracia 
de  ambos  á  dos.  Las  quales  cosas  en  público  dichas, 
el  Rey  se  tornó  á  la  nao  é  mandó  dar  las  velas  al 
viento. 

CAPÍTULO  LXVI. 

De  la  venida  de  D.  Rodrigo  Ponce  de  León,  Marqués  de  Cáliz,  á 
la  ciudad  de  Sevilla. 

En  este  tiempo  Don  Rodrigo  Ponce  de  León,  de- 
seando hacer  algún  ultraje  al  Duque,  determinó  de 
se  venir  á  Sevilla,  para  lo  que  con  muy  gran  priesa 
embió  á  rogar  á  todos  sus  ayudadores ,  parientes  y 
amigos  que  á  cierto  día  fuesen  con  él  en  Xerez  ;  los 
quales  muy  prestamente  vinieron,  é  asi  mismo  to- 
das las  gentes  de  sus  villas  é  lugares.  E  como  el 
Duque  supiese  el  llamamiento  que  el  Marqués  ha- 
cia, embió  llamar  todos  sus  amigos,  de  los  quales 
ninguno  quiso  venir,  salvo  Don  Alonso  de  Cárde- 
nas, Comendador  Mayor  de  León ,  que  después  fué 
Maestre  de  Santiago,  del  que  una  sola  hija  que  te- 
nía era  esposa  de  Don  Pedro  de  Guzman,  hermano 
del  Duque,  el  que  vino  en  Sevilla  con  trecientas  y 
treinta  lanzas.  El  Marqués  á  gran  priesa  se  partió  de 
Xerez,  contra  la  voluntad  de  muchos  que  con  él  ve- 
nían, por  mostrar  á  los  sevillanos  del  infoiiunio  pa- 
sado averie  resultado  mayor  poder,  lo  que  tan- 
to mas  provecho  se  le  páresela ,  quanto  mas  presto 

5 


66 


CKÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


lo  hiciese,  como  do  la  tardanza  muy  grandes  des- 
pensas se  le  siguiesen,  é  al  enemigo  se  le  acrecen- 
tarían las  fuerzas  ;  lo  que  hizo  por  consejo  de  Don 
Gonzalo  de  Sayavedra,  Comendador  Mayor  de  Mon- 
talvan,  el  que  so  color  de  entender  contra  estos  ca- 
balleros, se  vino  á  la  ciudad  de  Xerez ,  é  quedó  en 
ella  por  guardar  la  fortaleza  é  ciudad  con  algunos 
de  quien  el  Marqués  se  confiaba ,  y  el  Marques  con 
mil  é  quinientos  de  caballo  é  tres  mil  peones  se 
vino  ala  villa  de  Alcalá  de  Guadayra,  ques  muy 
cercana  ala  ciudad  de  Sevilla,  lo  que  sabido  por  los 
sevillanos,  todos  recurrieron  á  las  armas,  especial- 
mente el  pueblo  que  mucho  deseaba  la  batalla ;  ni 
era  persona  que  pensase  que  escusarse  pudiese.   Y 
el  dia  siguiente  que  el  Marqués  á  Alcalá  llegó,  sacó 
sus  gentes  é  ordenó  sus  batallas  para  ir  á  Sevilla,  y 
el  Duque  salió  de  la  ciudad  con  fasta  mil  é  trecien- 
tos de  caballo,  é  con  tan  gran  número  de  personas 
que  pasaban  de  diez  mil  muy  bien  armados ;  los 
quales  todos  iban  con  muy  gran  voluntad  de  pe- 
lear. E  las  cosas  estando  así,  dinero  é  consejos  se 
ovieron  de  cada  parte,  é  ya  pesaba  á  la  gente  del 
Marqués  ser  venida  tan  cerca  de  Sevilla,  como  se  co- 
nosciese  ser  muy  pocos  para  pelear  con  tan  gran 
muchedumbre  de  gente  como  delante  de  sí  veían. 
El  Marqués  esforzaba  mucho  los  suyos.  Conoscien- 
do  su  temor  los  sevillanos ,  esperaban  comenzar  la 
batalla  por  ordenanza  del  Comendador  mayor  de 
León,  á  quien  el  Duque  había  dado  el  cargo ,  é  con 
palabras  trabajaba  quanto  podía  por  quitar  el  temor 
á  los  suyos.  El  Duque  incierto  del  consejo  que  debía 
tomar,  oyó  diversos  consejos  de  los  principales  que 
con  él  estavan.  Eran  algunos  que  decían  que  los  peo- 
nes armados  apartasen  de  la  ciudad  porque  la  cerca- 
nía de  la  guarida  no  les  diese  ocasión  de  f  uir.  Fué  el 
consejo  del  Adelantado,  el  qual  respondió  quél  no 
quería  dar  consejo  en  aquello,  é  antes  se  desvió,  é  díso 
que  lo  quel  Duque  determinase  facer  que  eso  haría, 
que  eran  chrístianos,  é  que  él  no  quería  dar  su  parecer 
en  ninguna  cosa,  sino  hacer  lo  que  el  Duque  hiciese. 
E  Don  Pedro  d'Estuñiga,  hijo  mayor  del  Duque  de 
Plasencia,  dixo  que  era  bien  de  mirar  qué  cara  los 
enemigos  facían,  antes  que  mas  á  ellos  se  acercasen. 
El  Comendador  Mayor  do  León,  á  quien  era  dado 
el  cargo  de  ordenar  las  batallas  ,  confirmó  lo  dicho 
por  Don  Pedro,  é  ordenó  que  quedasen  con  el  Duque 
ciento  y  quarenta  hombres  d'armas  de  caballos  en- 
cubertados é  que  toda  la  otra  gente  de  la  gíneta  se 
partiese  por  escuadras,  de  las  quales  una  fué  con 
Don  Pedro  d'Estuñiga  para  se  acercar  á  los  enemi- 
gos é  los  tentar  é  poner  temor,  lo  qual  así  se  fizó,  é 
fasta  entonces  siempre  fué  sospechoso  el  consejo  del 
Comendador  Mayor.  E  como  Don  Pedro  d'Estuñiga 
livianamente  comenzase  su  escaramuza  con  los  del 
Marqués,  luego  en  ellos  se  conosció  el  temor.  Esto 
conoscído  por  los  sevillanos,  todos  dieron  muy  gran 
clamor,  diciendo  al  Duque  que  si  era  deseoso  de 
honra,  que  á  tiempo  estaba  de  la  aver  ,  y  en  aquel 
dia  podía  ganar  paz  perpetua  para  sí  é  para  todos 
los  de  aquella  ciudad,  destruyendo  el  enemigo,    lo 
(jue  muy  ligero  les  páresela  de  hacer,  como  fuese 


cierto  aquella  gente  era  allí  venida  contra  su  volun- 
tad; el  Comendador  Mayor  dio  tantas  razones  porque 
la  batalla  no  se  debiese  dar,  que  turbó  las  voluntades 
de  los  unos  y  do  los  otros,  é  la  batalla  se  escusó  por 
causa  de  los  priores  de  la  Cartuja  é  de  San  Jeróni- 
mo é  de  otros  monesterios  que  en  ello  anduvieron 
de  una  parte  á  otra  muchas  veces.  Ovo  gran  tardan- 
za en  debatir  quien  primero  partiese  mano  del  cam- 
po; é  después  de  muchas  alteraciones,  determinóse 
que  quien  primero  avia  presentado  la  batalla,  pri- 
mero se  partiese  del  campo.  E  asi  el  Marqués  ovo 
de  volverse  primero ;  lo  que  se  hizo  contra  el  dere- 
cho de  armas,  el  qual  quiere  quel  demandado  salga 
primero  del  campo ;  é  así  el  Marqués  que  presenl  ó 
la  batalla  debiera  quedar  en  el  campo  fasta  quel 
Duque  se  metiera  en  la  ciudad.  Y  el  Duque  después 
se  fué  á  la  villa  de  Alcalá,  é  fué  conoscída  cosa  con 
quanto  temor  los  ayudadores  del  Marqués  miraron 
la  muchedumbre  de  los  sevillanos,  entro  los  quales 
uno  de  los  principales  llamado  Luís  de  Pernia,  ca- 
ballero muy  esforzado  y  criado  desde  su  niñez  so  la 
disciplina  militar,  trabajaba  quanto  podía  por  es- 
cusar  la  escaramuza  ;  el  que  tanto  se  metió  á  apartar 
los  unos  de  los  otros,  que  no  se  pudo  escusar  que  no 
recibiesen  un  encuentro  de  uno  de  los  de  Sevilla,  de 
que*  fué  asaz  herido  ;  el  qual  dixo  al  Marqués  que 
avia  sido  mucho  engañado  en  pensar  con  la  gente 
que  allí  traia  podría  contra  los  de  Sevilla  prospera- 
mente  pelear  ;  los  quales  si  el  Duque  fuera  acostum- 
brado á  las  armas  é  supiera  hacer  lo  que  cumplía, 
según  la  gente  que  allí  tenia ,  el  Marqués  y  todos 
los  que  allí  venían  sin  duda  fueran  perdidos.  La 
gente  de  Sevilla  se  quejaban  mucho  del  Comenda- 
dor Mayor  de  León,  al  qual  decían  muchas  injurias 
y  palabras  por  no  aver  dado  lugar  á  que  la  batalla 
se  diese  donde  tan  conocida  ventaja  el  Duque  tenia. 
El  Comendador  Mayor,  mostrando  tener  grande  eno- 
jo de  las  cosas  á  él  dichas,  se  volvió  en  su  tierra, 
quedando  las  cosas  en  pendencia  entre  el  Duque  y 
el  Marqués.  E  después  el  Duque  con  mucha  gente 
fué  á  dar  vista  á  Xerez  ,  á  dó  le  fueron  cerradas  las 
puertas ,  é  algunos  de  los  del  Duque  echaron  lanzas 
por  encima  del  adarve ,  á  do  mostró  mucha  cobar- 
día el  Marqués  de  no  salir,  como  hizo  el  Duque  á  él 
quando  fué  á  Sevilla. 

CAPÍTULO  LXVIL 

De  una  batalla  que  Don  Alonso  de  Aragón, hijo  bastardo  del  ilus- 
trísimo  llcy  Don  Juan  de  Aragón,  ovo  cerca  de  Barcelona  con 
franceses  é  italianos  é  catalanes,  de  que  ovo  la  victoria. 

En  este  tiempo  vinieron  al  príncipe  Don  Fernan- 
do alegres  nuevas  de  una  gran  vitoria  que  Don 
Alonso  de  Aragón ,  hermano  suyo ,  ovo  cerca  de 
Barcelona ,  teniendo  muy  poca  gente ,  con  gran  mu- 
chedumbre de  catalanes  é  italianos ,  de  los  quales 
ovo  muy  gran  despojo  é  muchos  prisioneros,  estan- 
do el  señor  Rey  su  padre  en  la  provincia  de  Ampur- 
dan  ,  después  de  aver  recobrado  á  Girona  é  aver  fe- 
cho cosas  muy  famosas  contra  los  franceses.  E  como 
ávida  esta  victoria  Don  Alonso  se  viniese  para  el 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


67 


Roy  su  padre,  é  oviese  algunos  de  aquella  provin- 
cia que  mostrando  ser  amigos  del  Rey  metieron  los 
franceses  muy  cerca  de  Peralada,  por  tal  manera 
que  muy  poco  fálleselo  de  se  perder  el  Rey  ó  toda 
su  hueste,  como  los  franceses  llegasen  antes  que 
amanesciese ,  é  la  hueste  del  Rey  estuviese  segura 
durmiendo,  é  como  Don  Alonso  de  Aragón  se  fa- 
llase mas  presto  con  algunos  pocos  de  caballo ,  de 
tal  manera  dio  en  los  franceses ,  que  mató  é  hirió 
muchos  de  ellos  é  salvó  la  vida  de  su  padre  ;  con  to- 
do eso  el  Rey  perdió  allí  mas  de  doscientos  de  ca- 
ballo é  algunas  tiendas.  E  después  deste  infortunio, 
el  Rey  recogió  sus  gentes  é  siguió  los  enemigos ,  é 
los  desbarató  é  venció ,  é  contra  la  opinión  del  so- 
berbio enemigo  se  of  resció  á  dalle  batalla ;  é  así  los 
franceses  despojados  é  huidos  de  la  ocupación  d'Am- 
purdan,  mayor  gloria  se  siguió  al  excelente  Rey  ;  é 
con  tan  gran  voluntad  todos  los  de  la  provincia  se 
juntaron  con  él  que  pudo  luego  poner  el  cerco  sobre 
Barcelona. 

CAPÍTULO  LXVIII. 

De  como  Don  Enrique ,  Duque  de  Medina ,  partió  de  ta  ciudad  de 
Sevilla  con  intención  de  tomar  la  ciudad  de  Xerez. 

En  fin  del  año  de  setenta  y  uno  el  Duque  de  Me- 
dina Sidonia  Don  Enrique  de  Guzman  ,  determinó 
de  ir  á Xerez,  donde  el  Marqués  de  Cáliz  estaba,  des- 
que supo  que  los  ayudadores  del  Marqués  eran  par- 
tidos de  Xerez.  E  como  el  Marqués  fué  certificado 
que  el  Duque  se  aparejaba  para  venir  contra  él,  em- 
bió  á  gran  priesa  á  llamar  sus  vasallos  de  Arcos  é 
Marchena  é  de  todos  los  otros  sus  lugares,  é  algunos 
de  sus  amigos,  conque  juntó  fasta  ochocientos  de 
caballo  é  ocho  mil  peones ,  con  la  qual  gente  se  fué 
á  Librixa  é  de  allí  á  San  Lucar  de  Barrameda.  Lo 
qual  como  el  Marqués  supiese ,  todos  los  sospecho- 
sos echó  de  la  ciudad  de  Xerez  ,  é  mandóles  estar  en 
los  arrabales,  é  metió  toda  la  gente  que  le  era  veni- 
da en  la  ciudad  é  las  mujeres  é  hijos  pequeños  de 
los  que  mandó  estar  en  los  arrabales,  los  quales  hi- 
zo estar  sobre  buena  guarda ,  é  las  haciendas  dellos 
mandó  meter  en  la  ciudad  so  color  que  no  rescibie- 
sen  daño ,  é  solamente  los  varones  quedasen  para 
pelear  con  los  enemigos,  E  como  el  Marqués  supie- 
se el  Duque  venir  cerca,  dejada  en  orden  la  guarda 
de  la  ciudad  é  arrabales,  dando  á  entender  á  todos 
que  quería  ir  á  dar  la  batalla  al  Duque,  cabalgó  con 
solamente  docientos  de  caballo ,  é  fué  mirar  las 
batallas  del  Duque  en  la  ordenanza  questaban ;  é 
vistas,  se  volvió  á  la  ciudad.  Y  el  Duque  llegó  á  la 
villa  que  es  cerca  del  arrabal  de  San  Miguel ,  y  allí 
esperó  por  ver  si  el  Marqués  le  daría  la  batalla ,  ó  si 
los  de  Xerez  que  por  secretos  mensajeros  le  habían 
fecho  allí  venir,  habrían  osadía  de  pelear  contra  el 
Marqués  como  los  tovieso  opresos  contra  su  volun- 
tad. E  como  ninguna  destas  cosas  sucediese ,  pare- 
cióle ser  demasiado  su  venida;  é  como  oviese  diver- 
sos consejos  de  lo  que  se  debía  facer,  determinó 
de  se  venir  á  San  Lucar,  é  dende  á  Sevilla,  de  que 
mucho  desplacía  á  los  mas  de  los  sevillanos,  los  qua- 


les ovíeron  por  mal  quel  Duque  no  quisiese  tentar 
los  arrabales,  que  creían  se  podían  tomar  ligera- 
mente según  la  muchedumbre  de  gente  quel  Duque 
allí  traía,  é  con  la  voluntad  que  todos  le  tenían  de 
combatir ;  y  esto  así  fecho  comenzóse  á  tratar  tregua 
entre  estos  señores  é  firmóse  por  quatro  meses  que 
fueron  fasta  el  postrímero  día  de  Marzo  del  dicho 
año. 

CAPÍTULO  LXIX. 

De  como  estando  el  Rey  Don  Enrique  en  la  ciudad  de  Córdoba, 
determinó  de  se  ir  á  la  villa  de  Andujar  por  desapoderar  della 
al  Condestable  Don  Miguel  Lucas. 

Como  al  Maestro  de  Santiago  despluguiese  del 
gran  poder  quel  Condestable  Don  Miguel  Lucas  te- 
nía, procuró  como  el  Rey  que  con  poca  gente  fuese 
á  la  villa  de  Andujar  é  della  se  apoderase ,  lo  qual 
el  Rey  puso  en  obra  ;  é  llegando  en  Andujar ,  fuese 
para  la  fortaleza  la  qual  tenia  un  virtuoso  varón  lla- 
mado Pedro  Descabias,  de  quien  el  Condestable  Don 
Miguel  Lucas  mucho  confiaba.  Al  qual  como  el  Rey 
demandase  la  fortaleza,  y  él  denegase  de  se  la  dar, 
el  Rey  mucho  le  amonestó  que  mírase  en  que  obli- 
gación los  hijosdalgo  estaban  de  dar  qualesquier  for- 
taleza que  toviesen  á  su  Rey  é  Señor  natural ,  que 
quan  feo  nombre  les  quedaba  para  siempre  á  los  que 
lo  contrario  hacían,  é  bien  debía  saber  quan  gran 
daño  se  avia  seguido  á  todos  los  de  aquella  provin- 
cia por  el  Condestable  aver  ocupado  la  ciudad  de 
Jaén  é  las  villas  á  ella  comarcanas ;  al  qual  Pedro 
Descabías  respondió :  «  Señor  Rey,  todo  lo  que  vues- 
» tra  alteza  dice  es  á  mi  notorio  ,  sí  lícito  sea  llamar 
» Rey  á  quien  por  su  voluntad  se  face  siervo  ;  é 
«cierto  es  las  leyes  destos  Reynos  disponen  á  los 
«Reyes  no  se  nieguen  las  fortalezas  por  los  Alcay- 
» des ,  ni  creo  yo  ser  notado  por  desleal  aviendo 
»  fielmente  guardado  esta  fortaleza  por  el  Condesta- 
»ble,  que  tanto  que  los  desleales  á  vos  con  muy 
«grandes  injurias  vos  trataban,  yo  siempre  guar- 
» dando  vuestro  servicio  y  el  bien  déla  tierra,  tiran- 
» do  muchos  daños  della ,  resistiendo  aquellos  de 
«  quien  era  deservido  é  duramente  injuriado ;  y  aque- 
»  líos  queréis  que  sean  de  vos  señores  é  así  confir- 
»  mais  é  facéis  verdad  todas  las  cosas  que  de  vos  se 
»  dicen,  porque  verdaderamente  mas  mostruo  ó  bru- 
«to  animal  debe  ser  llamado  que  Rey,  é  á  los  tales 
«  Reyes  gran  servicio  se  les  hace  en  denegarles  las 
»  fortalezas  porque  dellas  no  pueda  usar  en  daño  su- 
«  yo  y  en  destruimiento  de  los  bienes  de  la  Corona, 
» ni  estos  avran  vergüenza  según  su  fidelidad  11a- 
»  mar  lo  que  ellos  hicieron  maldad ,  los  quales  olvi- 
»  dados  los  grandes  beneficios  de  vos  recibidos,  no 
«solamente  vos  son  ingratos,  mas  siempre  acres- 
«cíentau  en  vuestras  injurias,  é  consentís  ser  nota- 
«  dos  de  infidelidad  aquellos  que  grandes  angustias 
«  é  trabajos  han  sufrido  por  vuestro  servicio,  á  quien 
«  el  gran  poder  de  los  infieles  á  vos  no  pudo  jamas 
«  atraer  á  seguir  sus  errores.  En  la  memoria  debíades 
»  tener  el  áspero  y  duro  cerco  que  la  ciudad  de  Xaen 
»  por  vuestro  servicio  sufrió  del  Maestre  de  Calatrava 


68 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


»  Don  Pedro  Xiron ,  el  qual  así  mesmo  quisiera  esta 
»  villa  ocupar  con  toda  la  provincia  de  Andalucía. 
»  En  ninguna  parte  desta  comarca  érades  ávido  por 
»  Rey ,  salvo  en  la  ciudad  de  Xaen  y  en  esta  villa;  é 
«  si  nosotros  de  infidelidad  somos  notados  por  aver 
«pasado  los  trabajos  é  fatigas  que  pasamos,  tenien- 
»do  siempre  vuestra  firme  obidiencia,  ¿por  qué 
))  causa  podéis  aver  por  leal  al  Maestre,  á  quien  te- 
»  neis  por  Señor  é  obedesceis  por  diversos  respetos 
»  contrarios ,  é  aveis  por  fiel  á  quien  por  estonce  de 
«necesidad  conviene  tener  por  verdadero  ó  agora 
»  por  desleal  ?  El  qual  é  los  otros  de  su  parcialidad, 
» ingratos  á  tan  grandes  beneficios  ciertos  que  de 
»  vos  rescibieron ,  más  sin  vergüenza  y  temor  inju- 
»  riaron  de  gran  fealdad  de  obras  é  palabras  vuestra 
»  persona  real ,  lo  cual  todo  tenéis  olvidado  por  las 
» leyes  por  ellos  quebrantadas  é  por  nosotros  guar- 
»  dadas ,  ¿  é  á  ellos  queréis  aver  por  leales  é  á  nos- 
»  otros  por  traidores?»  Estas  cosas  oidas  por  el  Rey 
con  gran  turbación,  ninguna  cosa  respondió,  é 
vueltas  las  riendas  salió  de  la  villa,  é  fuese  para  él 
Maestre  que  lo  estaba  esperando ,  é  desde  alli  se  par- 
tió para  la  ciudad  de  Baeza,  é  de  allí  se  fué  á  la  pro- 
vincia de  Toledo  ,  con  intención  de  no  dar  al  Maes- 
tre la  noble  villa  de  Madrid.  E  dende  el  Rey  se  vol- 
vió á  Segovia  con  propósito  de  darle  la  villa  de  Se- 
púlveda,  porque  así  de  la  una  parte  de  los  montes 
como  de  la  otra  el  Maestre  toviese  libre  sefiorio. 
Lo  qual  como  sintiesen  los  vecinos  de  aquella  villa 
temiendo  la  dura  servitud  que  muchos  dias  avian 
trabajado  por  escusar ,  á  muy  gran  priesa  embiaron 
al  Príncipe  suplicándole  quisiese  ocuparla.  El  qual 
luego  embió  á  Don  Beltran  de  Guevara  é  á  Pedro  de 
Avila ,  señor  de  Villaf  ranea ,  nobles  y  estrenuos  ca- 
balleros con  ciento  y  setenta  de  caballo  del  Arzo- 
bispo de  Toledo  ;  los  quales  se  apoderaron  de  la  vi- 
lla. E  luego  lanzaron  della  algunos  de  quien  avian 
sospecha  que  la  querían  dar  al  Maestre  de  Santia- 
go, en  daño  universal  de  toda  aquella  provincia,  lo 
que  ovo  por  muy  grave  el  Rey ,  y  acrecentó  mucho 
el  desamor  suyo  que  á  los  principes  avian ;  ni  se  pu- 
do abstener  el  Maestre  que  no  hiciese  grandes  ame- 
nazas á  los  moradores  de  aquella  villa. 

CAPÍTULO  LXX. 

De  la  embajada  que  Carlos ,  Duque  de  Borgofia  ,  embió  á  los  Prín- 
cipes Don  Fernando  é  Doña  Isabel. 

Partido  el  Príncipe  Don  Fernando  para  Cataluña, 
donde  se  esperaba  con  su  ida  fuese  quebrantada  la 
provincia  de  los  barceloneses,  en  este  tiempo  los 
embaxadores  de  Carlos,  Duque  de  Borgoña,  vinie- 
ron á  los  Príncipes  Don  Fernando  é  Doña  Isabel  por 
confirmar  la  consideración  é  alianza  y  estrecha 
amistad  que  de  largos  tiempos  acá  avian  seido  en- 
tre los  Reyes  de  Aragón  é  los  Duques  de  Borgoña,  de 
la  venida  de  los  quales  la  Princesa  Doña  Isabel  res- 
cibió  gran  placer ,  aunque  le  desplugo  el  señor  Prín- 
cipe ser  ausente.  E  en  el  rescibimiento  de  estos  em- 
baxadores é  la  manera  de  su  aposentamiento,  con 
larga  mano  les  fueron  ministradas  todas  las  cosas 


nescesarias  por  el  Arzobispo  de  Toledo,  como  la  Prin- 
cesa estoviese  en  Alcalá  de  Henares,  los  quales  des- 
de allí  se  fueron  en  Cataluña  por  visitar  al  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  é  al  Príncipe  Don  Fernando  su  hi- 
jo, é  por  concluir  el  efeto  de  su  embaxada,  en  la 
qual  oír  el  Rey  y  el  Príncipe  fueron  mucho  alegres, 
como  la  vieja  amistad  de  los  Duques  de  Borgoña 
con  los  Reyes  de  Aragón  á  las  partes  amas  á  dos 
fuese  muy  provechosa,  é  mucho  mas  agora  lo  era,  el 
Rey  siendo  en  edad  tan  decrépita,  é  al  Príncipe  su 
hijo  como  después  de  aquella  afirmada  mas  y  mas, 
el  Duque  seria  obligado  resistir  la  cruel  tiranía  del 
Rey  Luis  de  Francia ,  el  qual  con  tiránica  voluntad 
todo  el  mundo  entendía  ocupar,  con  todo  eso  tres 
veces  avia  seido  desbaratado  por  la  fuerza  é  vigor 
del  Duque  Carlos  de  Borgoña ,  la  grandeza  del  co- 
razón del  cual  siempre  quiso  socorrer  á  los  amigos 
que  menester  le  oviesen  ;  é  por  esta  causa  embió 
embaxadores  de  los  principales  de  su  casa,  no  sola- 
mente nobles,  mas  prudentes  y  esforzados,  por  dar 
enojo  á  los  adversarios  del  de  Aragón  é  de  su  hijo, 
é  á  ellos  consolación  é  alegría. 

CAPÍTULO  LXXI. 

De  la  batalla  que  se  ovo  en  la  villa  de  Carmena ,  é  de  la  muerte 
desastrada  de  Luis  de  Pernia. 

En  estos  dias ,  pasada  la  tregua  que  era  puesta 
entre  el  Duque  de  Medinasidonia  y  el  Marqués  de 
Cáliz ,  el  Marqués  dio  forma  como  los  que  seguían 
la  parte  del  Duque  fuesen  echados  de  aquella  villa, 
é  Luis  de  Godoy,  que  era  alcayde  de  las  dos  forta- 
lezas, no  cesaba  de  molestar  é  dañar  aquanto  podía 
á  Gómez  Méndez  de  Sotomayor,  alcayde  de  la  ter- 
cera fortaleza  de  aquella  villa,  el  qual  la  defendía 
virilmente,  á  gran  pesar  del  Maestre  de  Santiago, 
que  mucho  averia  deseaba ;  para  lo  qual ,  no  con- 
tento Luis  de  Godoy  de  tener  las  dos  fortalezas,  las 
iglesias  ocupó  é  puso  en  ellas  mucha  gente  é  tiros 
de  pólvora  é  ballestería,  é  en  aquellos  lugares  sa- 
grados algunos  hombres  mataron  ;  é  ya  estaba  en 
propósito  de  combatir  la  fortaleza  que  Gómez  Mén- 
dez tenia,  so  la  qual  los  vecinos  de  aquella  villa 
rescibieron  muy  grandes  daños,  é  ya  no  les  queda- 
ba ningún  remedio ,  si  la  fuerza  con  la  fuerza  no  re- 
sistían ,  como  los  de  Sevilla  conosciesen  si  aquella 
tercera  fortaleza  se  tomase,  fuese  la  mayor  parte 
del  daño  suyo ,  acordaron  embiar  á  Gómez  Méndez 
socorro  para  la  defensa  de  su  fortaleza,  donde  has- 
ta allí  estaban  encerrados ,  de  lo  qual  Luis  de  Go- 
doy con  gran  rabia  embió  á  requerir  á  Marchena  y 
Arcos  ,  de  donde  le  vinieron  asaz  gentes ,  é  con  ellos 
Don  Manuel  Ponce  de  León ,  hermano  del  Marqués, 
y  después  vinieron  ende  Luis  de  Pernia ,  alcalde  de 
Osuna,  é  Perea,  alcayde  de  Morón,  .de  donde  fué 
forzado  á  los  sevillanos  de  luego  enviar  socorro  á 
Gómez  Méndez  de  gente  de  caballo  é  de  pió,  Jo  qual 
Luis  de  Godoy  menospreciaba ,  diciendo  los  sevi- 
llanos aver  ávido  mal  consejo  en  embiar  aquella 
gente  perdida  á  pelear  con  setecientos  de  caballo  é 
otros  tantos  peones  usados  de  guerra,  é  así  pensó 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


69 


Luis  de  Goríoy  poder  señorear  toda  la  villa,  é  de  tal 
manera  la  guardar  que  los  sevillanos  no  pudiesen 
ayudarles ;  é  como  de  amas  paites  so  aparejase  la 
pelea,  llegó  con  la  gente  do  Sevilla  Don  Gastón  de 
Castro ,  caballero  mancebo  muy  noble  y  esforzado,  é 
mandó  de  súpito  derribar  una  albarrada  de  piedra 
quelos  de  la  parte  de  Godoy  tenian  para  su  defensa, 
é  no  solamente  entró  oon  grande  osadía,  mas  luego 
descendió  á  lo  llano  por  dar  la  batalla ,  y  luego  los 
Xerecianos  caballeros ,  que  primero  de  Sevilla  ha- 
blan venido,  de  quien  Godoy  avia  burlado  ,  comen- 
zaron á  pelear  con  tan  grande  osadia ,  que  los  de  la 
parte  de  Godoy  se  turbaron,  B  luego  Luis  de  Per- 
nia,  como  fuese  caballero  muy  esforzado ,  é  quisie- 
se á  gran  priesa  socorrer  á  su  valia,  ó  como  él  fue- 
se el  primero  que  iba  ordenado  con  su  gente,  fué 
herido  de  un  espingarda  de  tal  manera ,  que  de  sú- 
pito murió,  el  qual  en  muchas  batallas  contra  los 
moros,  con  poca  gente,  muchas  veces  de  gran  mu- 
chedumbre se  halló  vencedor,  con  cuyo  nombre  los 
enemigos  algunas  veces  se  espantaban  ;  el  qual 
siempre  aborresció  las  batallas  dentro  de  lugares ,  é 
mucho  contra  su  voluntad  fué  esta  venida  suya  en 
Carmena.  Así  fué  muerto  este  virtuoso  y  esforzado 
caballero  por  la  mano  de  un  barbero  mancebo  ,  en 
el  mes  de  abril  del  año  del  nascimíento  de  nuestro 
Redentor  de  mil  é  quatrocientos  é  setenta  y  dos  años. 
Fué  este  caso  de  gran  temor  á  Godoy  é  los  suyos,  é 
dio  grande  audacia  á  los  sevillanos,  los  quales  por 
diversas  partes  iban  venciendo  los  enemigos,  en 
que  muchos  de  ambas  partes  fueron  muertos.  E  ve- 
nida la  noche,  la  cual  cubrió  la  fuida  de  muchos, 
algunos  no  curando  de  los  caballos  que  en  las  posa- 
das dexaban ,  se  fueron  huyendo  á  meter  en  sus 
iglesias  que  por  su  parte  estaban  tomadas.  Así  fue- 
ron tomados  por  los  sevillanos  bien  ciento  y  noven- 
ta caballos  de  los  de  los  de  Arcos  é  Marchena  é  Mo- 
rón é  Osuna,  é  otro  día  las  iglesias  tomadas  por  los 
de  Godoy  fueron  libres ;  é  ninguno  otra  cosa  en  la 
villa  les  quedó ,  salvo  las  dos  fortalezas  que  Godoy 
tenia  ,  y  en  todo  lo  otro  quedaron  apoderados  los  se- 
villanos vencedores.  E  después  de  la  vitoria  ávida  é 
tomado  el  despojo,  con  mucha  alegría  se  volvieron  á 
Sevilla ;  los  quales  partidos,  los  de  Carmona  rescibie- 
ron  muy  grandes  daños ,  é  fueron  muchos  muertos  é 
heridos,  é  puesto  fuego  por  muchas  casas,  y  las  igle- 
sias ocupadas  por  Godoy  y  por  los  suyos,  robando  y 
matando  y  forzando  mujeres  sin  ningún  temor  de 
Dios.  E  así  los  sevillanos  no  sabiendo  usar  de  su  Vito- 
ria ,  dieron  lugar  á  que  los  vecinos  de  aquella  villa 
rescibiesen  grandes  daños ,  y  los  cometedores  de  tan 
grandes  excesos  quedasen  impunidos ,  y  no  mucho 
tiempo  pasó  que  hubieron  la  paga  de  su  negligencia. 

CAPÍTULO  LXXII. 

De  como  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón  puso  el  cerco  sobre  la  ciu- 
dad de  Barcelona ,  é  se  le  dio. 

Acabada  de  sojuzgar  la  provincia  de  Ampurdan ,  el 
ilustrísimo  Rey  Don  .Juan  luego  puso  el  cerco  sobre 
Barce'ona,  aunque  con  poca  gente,  del  qual  los  de 


Barcelona  ovieron  muy  grande  temor  y  los  del  pue- 
blo improbaban  á  los  principales,  notándolos  de  in- 
fidelidad por  la  rebelión  tenida  contra  su  Rey  tan 
humano  y  tan  benino ,  y  maravillóse  de  su  hijo  ser 
venido  á  le  visitar,  y  no  detenerse  por  le  quitar  de 
los  trabajos  de  la  guerra  ;  mas  el  Príncipe,  como  le 
cumpliese  mucho  la  venida  en  Castilla,  partióse 
para  Tarazón  a  é  desde  allí  se  partió  para  Castilla ,  é 
con  todo  loor  y  gloria  quiso  guardar  nuestro  Señor 
para  el  serenísimo  Rey  su  padre ,  el  qual  benina  é 
mansamente  tiró  el  temor  que  del  tenian  los  barce- 
loneses ,  é  todos  aunibles  y  conformes ,  determina- 
ron de  dar  la  obidencia  á  su  Rey ,  poniéndose  todos 
á  la  voluntad  suya,  á  quien  tan  gravemente  habían 
errado.  En  este  cerco  fueron  muertos  de  un  tiro  de 
pólvora  el  noble  y  esforzado  caballero  Diego  de 
Guzman ,  hermano  del  Conde  Don  Jerónimo  de  Guz- 
man ,  é  fué  dada  al  bienaventurado  Rey  Don  Juan 
la  ciudad  de  Barcelona,  en  un  día  del  mes  de  no- 
viembre del  año  del  nascimíento  de  nuestro  Reden- 
tor de  mil  é  quatro  cientos  y  setenta  y  dos  años. 

CAPÍTULO  LXXIII. 

De  como  Don  Rodrigo  Ponce  de  León,  Marqués  de  Cáliz,  tomó 
de  los  moros  la  villa  de  Cárdela  é  su  fortaleza,  é  de  la  venida 
del  Príncipe  Don  Fernando  en  los  Reynos  de  Castilla. 

Entanto  que  la  tregua  duraba  entre  el  Duque  de 
Medinasidonia  y  el  Marqués  de  Cáliz,  el  Marqués 
no  dejaba  de  pensar  como  pudiese  hacer  guerra  á 
los  moros ,  paralo  qual  embió  secretamente  sus  ada- 
lides para  tentar  la  villa  de  Cárdela ,  ques  muy  fuer- 
te ,  é  como  por  ellos  fuese  certificado  poder  aquella 
villa  escalar  y  estuviese  por  estonce  menguada  de 
gente  ,  como  la  mayor  parte  de  los  moradores  della 
fuesen  idos  á  la  guerra  de  Málaga ,  el  Marqués  de- 
terminó de  la  tomar.  Para  ello  ayuntó  toda  la  gente 
que  pudo  demostrando  que  la  juntaba  para  hacer 
guerra  al  Duque ;  el  qual  se  fué  de  su  ciudad  de 
Arcos ,  é  allí  juntó  cerca  de  tres  mil  de  caballo  é 
tres  mil  peones  é  partió  á  media  noche  sin  persona 
saber  donde  iba ,  sino  sus  adalides  ;  é  tomó  el  cami- 
no para  Cárdela  ques  quatro  leguas  de  allí,  sobre  la 
qual  amáneselo.  E  antes  que  á  la  villa  llegase ,  fue- 
ron muertos  tres  moros  que  en  el  campo  se  fallaron. 
E  como  los  moros  desde  la  villa  vieron  la  muche- 
dumbre de  gente  que  venia ,  subieron  todos  los  mu- 
ros pensando  poderse  defender,  según  la  fuerza 
que  tenian ,  como  otras  veces  oviese  sido  cercada  de 
christianos  é  nunca  oviese  eeido  tomada.  E  burla- 
ban de  los  christianos  peleando  todavía  valiente- 
mente. Y  el  Marqués  mandó  á  los  christianos  poner 
fuego  á  las  puertas  é  á  la  villa,  é  se  entró  por  fuer- 
za de  armas  ;  é  los  moros  se  retragerou  á  la  fortale- 
za con  todo  lo  que  pudieron  llevar ,  los  quales  pen- 
saban estar  allí  seguros  según  la  altura  de  aquella 
fortaleza.  E  tanto  la  fortuna  favoresció  al  Marqués, 
que  como  con  él  se  hallase  un  hombre  que  avia  sei- 
do  algún  tiempo  pastor  en  aquella  tierra  ó  sabia  un 
postigo  que  avia  á  las  espaldas  de  la  fortaleza  ques- 
taba  cerrado,  é  aunque  la  subida  para  él  era  muy 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


70 

alta  é  muy  agrá ,  dixo  al  Marqués  :  «  Yo  so  por  don- 
))  de  esta  fortaleza  se  pudiese  ligeramente  tomar  sin 
1) peligro;  por  ende,  Señor,  mandad  fuertemente 
«  combatir  por  la  parte  de  la  villa,  porque  los  mo- 
«ros  socorran  allá,  que  de  las  espaldas  bien  piensan 
«estar  seguros,  é  mandad  que  conmigo  vaya  algu- 
»  na  gente ,  ó  yo  les  daré  luego  la  torre  del  omenage 
»en  las  manos.»  En  lo  qual  el  oir  el  Marqués  fué 
mucho  alegre,  é  luego  su  hermano  Don  Manuel 
dixo  quel  quería  tomar  el  cargo ,  é  tomó  consigo  al- 
guna gente,  é  siguió  aquel  hombre  queste  aviso  avia 
dado  ;  é  visto  el  lugar  ó  subida  tan  agrá  ovo  por  di- 
ficile  poder  subir  por  peñas  tan  altas.  Con  todo  eso 
el  hombre  ios  dio  cierta  esperanza  de  aver  presto  la 
fortaleza,  subiendo  él  primero  que  otro ;  é  como  Don 
Manuel  fuese  caballero  muy  esforzado ,  é  viese  aquel 
labrador  tan  osadamente  subir,  siguiólo,  é  todos  los 
otros  siguieron  á  él ,  aunque  con  gran  trabajo ,  de 
tal  manera  que  como  los  moros  estobiesen  ocupados 
en  defender  su  fortaleza  no  recelando  de  las  espal- 
das, antes  que  fuesen  sentidos,  Don  Manuel  é  loa 
que  con  él  iban  tenian  tomada  la  torro  del  omenaje, 
é  como  paresciese  á  todos  imposible  hombre  poder 
subir  desarmado  por  donde  Don  Manuel  con  todas 
sus  armas  subió,  óvose  por  cosa  maravillosa,  é  Don 
Manuel  comenzó  á  pelear  con  los  moros  ,  é  ellos  fue- 
ron espantados  de  lo  ver ,  y  uno  deJlos  muy  deno- 
dadamente 80  vino  para  él ,  al  qual  luego  mató,  é  los 
otros  le  demandaron  misericordia  é  se  le  dieron.  E 
porque  no  rescibiese  daño  dixo  á  los  que  con  él  iban 
que  les  habia  dado  seguro  ,  y  no  consintió  que  daño 
roscibiesen.  E  así  esta  fortaleza  se  tomó  por  el  aviso 
de  aquel  buen  hombre  ,  é  por  el  grande  esfuerzo  é 
osadía  de  Don  Manuel ,  é  los  moros  fueron  todos  to- 
mados á  vida,  salvo  algunos  que  avian  sido  muer- 
tos peleando.  Este  noble  caballero  Don  Manuel  fué 
tanto  deseoso  de  honra ,  que  hizo  voto  de  pasar  en 
Berbería  é  no  volver  en  Castilla  hasta  aver  muerto 
en  pelea  tres  moros  por  su  mano ,  é  así  lo  puso  en 
obra ;  é  cumplido  su  voto  vino  en  Cárdela  con  el  se- 
ñor Marqués  su  hermano,  é  óvose  allí  en  la  forma 
ya  dicha.  El  Marqués  escribió  este  caso  al  Rey  Don 
Enrique  é  á  los  grandes  del  Rey  no ,  de  que  todos 
ovicron  gran  placer  porque  la  toma  desta  villa  era  á 
los  moros  gran  quebranto ,  como  fuese  guarda  y 
amparo  de  los  lugares  á  ella  mas  cercanos,  é  la  di- 
visión é  guerra  quel  Duque  y  el  Marqués  tenian  no 
pudo  tanto  que  en  Sevilla  no  oviesen  por  ello  gran- 
de alegría,  como  supiesen  quo  después  que  los  mo- 
ros á  España  ganaron ,  que  ha  mas  de  setecientos 
años,  en  este  tiempo  aver  sido  esta  villa  muchas 
veces  cercada  de  christianos  é  ser  sobre  ella  mucha 
sangre  derramada ,  é  no  aver  sido  tomada ,  la  qual 
el  Marqués  reparó  é  basteció  de  gente  y  armas  é  de 
las  vituallas  necesarias,  é  hizo  consagrar  la  mezqui- 
ta, é  pUfO  en  ella  clérigos,  é  los  ornamentos  nece- 
sarios al  culto  divino.  Después  de  ser  así  tomada  la 
villa  de  Cárdela  por  el  Marqués ,  el  Rey  de  Grana- 
da con  muy  gran  gente  puso  sitio  sobre  ella ,  é 
mandóla  combatir  de  tal  manera,  que  fueron  que- 
madas las  puertas,  y  entraron  algunos  moros  den- 


tro en  ella ;  é  los  christianos  que  eran  solamente  se- 
tenta con  su  Alcayde  llamado  Bernal  Diañez  ,  pe- 
learon tan  valientemente,  que  echaron  los  moros 
fuera  y  mataron  y  hirieron  muchos  dellos ,  é  como 
quiera  que  algunos  de  los  christianos  fueron  allí 
muertos  y  los  mas  dellos  feridos,  diéronse  tal  re- 
caudo ,  que  los  irnos  firieron  en  los  moros  con  ba- 
llestas é  tiros  de  pólvora ,  é  los  otros  cerraron  las 
puertas  de  piedra  seca  de  tal  manera  que  los  moros 
Se  partieron  del  combate  ;  y  visto  por  el  Rey  moro 
el  gran  daño  que  los  suyos  rescibian ,  é  creyendo 
que  prestamente  serian  socorridos ,  según  quien  el 
Marqués  era,  levantó  el  cerco  de  allí  con  poca  hon- 
ra é  gran  perdida  de  sus  gentes. 

En  tanto  que  estas  cosas  se  hacían,  en  muchas 
partes  de  Castilla  se  comenzaron  grandes  escánda- 
los entre  algunos  de  los  Grandes.  Como  Don  Rodri- 
go Pimentel,  Conde  de  Benavente ,  ocupase  la  noble 
villa  de  Carrion  quel  Conde  de  Treviño,  Don  Pedro 
Manrique,  decía  pertenecerle ,  la  qual  tomó  con  in- 
dustria de  algunos  vacinos  della,  y  del  solar  donde 
la  casa  de  los  Manriques  antiguamente  avia  seido,  el 
Conde  de  Benavente  hizo  fortaleza,  en  mengua  é 
oprobio  de  la  corona  Real  de  Castilla  é  de  la  antigua 
nobleza  de  los  moradores  de  aquella  villa ;  é  Don 
Diego  Sarmiento,  Conde  de  Salinas,  por  escalas  ocu- 
pó la  villa  de  Santa  Gadea,  ques  de  Pero  López  de 
Padilla,  Adelantado  Mayor  de  Castilla,  é  Don  Alon- 
so deFonseca,  el  viejo  Arzobispo  de  Sevilla,  inten- 
tó de  tomar  las  villas  de  Olmedo  é  Madrigal.  Todos 
estos  nuevos  crímenes  c  excesos  reproveyó  é  sosegó 
la  venida  del  Ilustrisimo  Príncipe  Don  Fernando. 

CAPÍTULO  LXXIV. 

De  la  vana  é  llorosa  entrada  del  Castillo  que  se  llama  de  la  Rey- 
na  en  la  villa  de  Carmona,  c  de  la  guerra  é  daño  que  el  Mar- 
qués de  Cáliz  hizo  á  los  moros  en  la  villa  de  Graciago. 

En  este  tiempo,  en  el  Andalucía,  el  Duque  de  Me- 
dinasidonia,  por  consejo  de  Gómez  de  León,  criado 
suyo,  cobró  la  fortaleza  de  Calanis  é  de  Arache, 
quel  Marqués  de  Cáliz  avia  tenido  algún  tiempo ,  y 
en  el  comienzo  de  su  guerra  la  fortaleza  de  Cons- 
tantina  avia  tenido  duramente  cercada.  E  después 
el  Adelantado  Don  Pedro  Enriquez,  que  la  parte  del 
Duque  f avorescia ,  tomó  la  fortaleza  de  Tenpul,  ques 
de  la  ciudad  de  Xerez ,  de  que  gran  daño  al  Mar- 
qués é  á  aquella  ciudad  se  siguió ;  é  como  estas  co- 
sas bienaventuradamente  al  Duque  paresciese  ha- 
ber sucedido,  determinó  de  tomar  la  fortaleza  que 
se  llamaba  de  la  Reyna  en  la  villa  de  Carmona ,  el 
cargo  de  la  qual  dio  á  Gómez  de  León ,  hombre  de 
quien  él  mucho  fiaba,  de  que  grandes  daños  se  si- 
guieron ;  é  como  Gómez  de  León  tuviese  este  cargo 
en  aquella  fortaleza,  estaba  por  Godoy  un  hombre 
muy  malicioso  llamado ¡  (1)  deseoso  de  ha- 
cer venganza  de  la  gente  del  Duque,  por  las  cosas 
allí  pasadas.  Este  dixo  á  Godoy  que  si  quisiese,  li- 
geramente podrían  ser  los  del  Duque  engañados,  lo 

(1)  Hay  aquí  un  trozo  en  blanco  en  el  eódice  original. 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


71 


qual  se  podria  facer  habiendo  él  habla  secreta  con 
Gómez  de  León,  de  quien  el  Duque  mucho  se  fiaba, 
la  qual  fabla  éste  procuró,  é  fingió  tener  muy  gran- 
de enemistad  con  Godoy  é  con  sus  hermanos,  dán- 
doles causas  é  fingiendo  dellos  haber  rescibido 
grandes  injurias,  habiéndoles  servido  lealmente;  el 
qual  ya  cansado  de  sufrir  injurias  y  daños  intolera- 
bles de  aquellos  hombres  que  más  les  parescia  ser 
esclavo  que  libre  en  sofrir  la  compañía  de  tan  ma- 
los hombres,  se  avria  por  muy  bien  aventurado,  é 
anteponiendo  la  fuerza  á  la  virtud ,  queria  buscar 
modo  de  se  vengar  si  pudiese  juntamente  con  su 
propia  libertad;  lo  qual  todo  Gómez  de  León  creyó, 
y  alegremente  oyó  lo  dicho  por  aquel  enemigo,  al 
qual  en  nombre  del  Duque  grandes  dádivas  prome- 
tió, si  él  daba  lugar  á  la  toma  do  aquella  fortaleza, 
é  concordaba  la  traición  de  aquel  que  avia  de  dar 
la  fortaleza.  Gómez  de  León  lo  f  abló  con  el  Duque, 
é  dióse  orden  como  Gómez  de  León  tomase  docien- 
tos  de  caballo,  é  fingiese  ir  á  Almodovar  del  Rio  á 
Gonzalo  de  Córdoba ,  hermano  del  Conde  de  Cabra, 
que  aquella  fortaleza  tenía,  é  á  media  noche,  por  el 
camino  más  escondido  que  pudo  se  fué  para  Car- 
mona,  é  llegó  por  aquella  parte  é  con  aquel  enemigo 
quedó  concertado ;  el  qual  como  sintió  la  gente,  co- 
menzó á  cantar ,  que  era  la  señal  que  avia  quedado 
concertada  con  Gómez  de  León.  E  luego  descendie- 
ron de  los  caballos  é  fueron  por  sus  escalas  é  subie- 
ron cinco,  los  qualcs  por  la  mano  del  traidor  fueron 
puestos  en  un  apartado  lleno  de  hombres  de  armas, 
é  después  de  aquellos  subieron  otros  quatro,  los  qua- 
lcs todos  fueron  muertos;  é  quando  el  deceno  subió 
é  sintió  el  ruido  de  la  gente  de  armas,  no  quiso  más 
adelante  pasar;  lo  qual  visto  por  la  gente  que  abajo 
quedaba  se  hubieron  de  retraer  é  volver  á  Sevilla 
con  el  daño  ya  dicho.  Y  es  cierto  que  si  gente  aper- 
cibida oviera  en  la  fortaleza  para  salir,  según  el  lu- 
gar donde  la  gente  del  Duque  era  metida,  uno  sólo 
no  pudiera  escapar.  Fué  por  cierto  este  caso  al  Du- 
que muy  dañoso,  é  peligroso  á  los  que  en  Carmena 
la  parte  suya  seguían,  y  el  mesmc  día  que  esto 
acaesció,  se  ovo  en  Sevilla  una  terrible  y  espantosa 
señal,  la  qual  fué  dos  lobos  que  saliendo  el  sol,  cor- 
riendo entraron  por  medio  de  la  ciudad,  los  quales 
dando  muy  grandes  ahullidos  se  fueron  á  la  iglesia 
de  Santa  Catalina  y  llegaron  fasta  el  altar,  estando 
el  sacerdote  diciendo  misa,  y  el  uno  dellos  le  trabó 
de  la  vestimenta,  é  de  allí  se  fueron  á  la  iglesia  de 
San  Pedro  ,  el  uno  de  los  quales  iba  herido  de  dos 
dardos,  al  qual  cortaron  la  cabeza  é  la  llevaron  al 
Duque,  y  el  otro  fuyó  é  se  fué  á  Santa  Lucía,  é  sin 
rescibir  ninguna  herida  salió  de  la  ciudad.  De  la 
qual  señal  diversas  señas  se  dieron ;  mas  lo  común 
fué  que  al  Duque  venía  algún  gran  caimiento,  como 
por  obra  después  páreselo. 

En  este  tiempo  el  Marqués  de  Cáliz  fué  certifica- 
do por  sus  adalides  que  la  villa  de  Cadiago  estaba 
de  tal  manera,  que  la  podia  bien  robar  é  quemar  si 
quisiese,  para  lo  qual  él  juntó  toda  la  gente  que  pu- 
do, é  anduvo  tanto  una  noche  quanto  que  ante  que 
íimanesciese,  él  tenía  la  villa  cercada  de  todas  par- 


tes en  torno,  salvo  una  pequeña  parte  que  no  se  po- 
dia cercar  por  unas  grandes  peñas  questaban;  é  co- 
mo los  suyos  entraron  la  villa  é  dieron  gran  grita, 
los  moros  con  temor  sacaron  las  mujeres  é  mozos 
por  aquella  pai'te  que  no  avia  gente ,  é  comenzaron 
á  defenderse  quanto  pudieron ,  é  á  la  fin  todos  los 
que  ende  quedaron  fueron  muertos  é  presos;  é  sacó- 
se de  allí  muy  gran  despojo ;  é  los  moros  que  huye- 
ron apellidaron  la  gente  de  la  tierra,  é  luego  vinie- 
ron fasta  trescientos,  tan  sin  ruido  que  no  se  sintió 
su  venida,  fasta  que  estuvieron  dentro  de  la  villa; 
é  como  alguno  de  los  chrietianos  peones  quedaban 
robando  las  casas,  fueron  algunos  dellos  muertos; 
é  como  el  Marqués  quisiera  tornar  á  la  villa  é  la 
estada  fuese  muy  estrecha,  mandóle  poner  fuego 
por  muchas  partes,  é  allí  fué  muerto  Pero  Nuñez  do 
Villavicencio,  Veinte  y  cuatro  de  Xerez,  que  era 
muy  buen  caballero ,  de  quel  Marqués  ovo  muy 
grande  enojo  ;  é  así  se  volvió  vitorioso  é  con  su  pre- 
sa á  la  ciudad  de  Xerez. 

CAPÍTULO  LXXV. 

De  la  malaventurada  muerte  de  Carlos,  Duque  de  Guiana,  fe- 
cha con  yerbas,  según  se  afirma,  dadas  por  mandado  del  Rey 
Luis  su  hermano. 

Ayudó  mucho  ala  perversidad  del  Rey  Don  En- 
rique la  maldad  del  Rey  Luis  de  Francia,  el  qual, 
en  tanto  que  las  cosas  dichas  en  España  pasaban, 
el  Rey  de  Francia,  como  desamase  mucho  al  Duque 
de  Guiana  su  hermano,  porque  parescia  favorecer 
al  Duque  Carlos  de  Borgoña,  é  porque  de  los  Gran- 
des, é  aun  de  los  pueblos,  era  mas  amado  quel  Rey, 
é  como  fuese  notorio  quel  Rey  Carlos  seteno ,  pa- 
dre destos ,  mucho  mas  amase  á  este  Duque  que  á 
Luis  primogénito  é  lo  desease  dejar  Rey,  si  la  for- 
tuna le  ayudara ,  tanto  quanto  mas  esto  el  Rey  sa- 
bía ,  tanto  mas  esperaba  el  destierro  suyo ,  y  disi- 
mulaba el  odio  que  le  avia ;  concordóse  á  vista 
destos  dos  hermanos  con  consentimiento  destas  dos 
partes  que  entonces  parecía  el  Reyno  estar  partido 
é  la  fabla  entre  ellos  duró  poco  espacio;  é  lo  que  se 
pudo  conoscer  á  los  de  la  una  parte  é  de  la  otra  fué 
que  se  partieron  con  gesto  alegre ,  y  el  Rey  mandó 
dar  al  Duque  cierta  suma  de  oro  y  socorro  de  sus 
necesidades  y  algunas  piezas  de  seda  y  do  paño,  de 
que  todos  los  que  lo  vieron  fueron  alegres.  E  den- 
de  á  pocos  dias  el  malaventurado  Duque  súpita- 
mente ovo  tal  enfermedad,  que  se  le  cayeron  las 
barbas  é  cabellos  é  cejas,  é  las  uñas  se  le  apartaban 
de  la  carne,  con  gran  dolor,  é  muchas  otras  señales 
parescieron  en  él ,  de  donde  se  conosció  aver  yer- 
bas rescebido ,  de  que  el  Rey  ningún  sentimiento 
mostró,  antes  con  cara  serena  dio  forma  de  ocupar 
la  señoría  de  su  hermano  é  todas  las  otras  cosas 
que  poseía;  lo  qual  dio  suelta  licencia  al  Maestre 
de  Santiago  do  traer  en  Castilla  á  Don  Enrique 
Fortuna,  al  qijal  hizo  estar  en  Requena,  é  de  allí  lo 
hizo  venir  al  castillo  de  Garci  Muñoz,  donde  estu- 
vo dos  meses,  mandándole  servir  con  tan  gran  pom- 
pa como  si  fuese  Roy,  enviando  con  él  á  fablar  la 


72  CRÓNICAS  DÉ  LOS 

foruia  que  se  avia  de  tener  de  su  desposorio  con 
Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna  Doña  Juana,  la  qual 
falsamente  le  ofrecía  por  mandado  del  Rey ;  é  así 
Don  Enrique  era  de  todo  engañado;  las  quales  co- 
sas, aunque  sean  secretas,  no  se  escondieron  al  Rey 
de  Aragón  en  la  provincia  de  Ampurdan,  donde 
estaba ;  á  causa  de  lo  cual  algunas  veces  pensó 
prender  al  sobrino  ;  é  así  escribía  al  Príncipe  Don 
Fernando  su  hijo  todo  lo  ya  dicho ,  amonestándole 
lo  que  avia  de  hacer;. el  qual  siguiendo  el  mandado 
del  padre,  no  quiso  acebtar  el  consejo  de  algunos 
que  se  ofrescian  á  lo  prender;  el  qual  vanamente 
pensaba  señorear  estos  Reynos,  si  su  casamiento 
^oviera  efeto.  En  este  tiempo  el  Serenísimo  Rey 
Don  Juan  de  Aragón  tomó  toda  la  provincia  de 
Ampurdan,  é  todos  los  puertos  della,  alguna  parte 
por  fuerza  de  los  moradores,  en  tanto  que  los  fran- 
ceses estaban  en  Viana,  con  intención  de  hacer  la 
guerra  al  Conde  de  Armeña ,  que  ya  era  vuelto  de 
España  en  su  tierra. 

CAPÍTULO  LXXVI. 

üc  la  muerte  del  malaventurado  Conde  de  Armefia,  fecha  á 
traición. 

Este  Conde  de  Armefia  que  en  tiempo  del  Rey 
Carlos  de  Francia,  padre  de  Luis,  muchos  trabajos 
avia  pasado  por  las  culpas  y  excesos  por  él  come- 
tidos, como  oviese  ávido  en  su  propia  hermana  dos 
hijos  é  la  oviese  tenido  públicamente  por  manceba 
en  oprobio  de  nuestra  Santa  fe  Cathólica ,  temien- 
do las  censuras  del  Santo  Padre  y  las  amenazas  del 
Cathólico  Rey ,  no  aviendo  venganza  de  las  quere- 
llas que  del  se  daban  por  todos  los  comarcanos,  ovo 
do  ser  desterrado  de  su  propia  tierra,  andando  por 
el  mundo  vagando,  siendo  privado  de  su  heredita- 
rio dominio ,  é  después  fué  tornado  en  posesión  de 
lo  suyo,  que  contenia  muchas  fortalezas  é  villas  é 
grandes  tierras,  en  las  quales  afirman  aver  mil  y 
seiscientas  plazas  de  puentes  levadizas,  en  que  hay 
tres  notables  ciudades,  la  una  llamada  París,  que 
es  Arzobispado,  é  la  otra  Leytora  é  la  tercera  Re- 
des ;  é  como  ya  este  Conde  fuese  restituido,  é  ovie- 
se por  mujer  una  hija  del  Conde  de  Fox,  el  qual 
casamiento  hizo  por  quitar  antiguas  enemistades 
que  entre  dos  casas  había ,  é  por  mas  confirmar  el 
amistad,  algunas  veces  estos  señores  se  juntaban 
en  sus  gasajadas  é  deportes.  Esta  amistad  turbó  la 
malicia  del  Rey  Luis  de  Francia,  de  toda  concor- 
dia enemigo,  mayormente  deseando  destruir  al  Con- 
de de  Armeña ,  para  lo  qual  cada  día  buscaba  oca- 
siones mostrando  del  tener  grande  enojo ,  diciendo 
que  había  fecho  guerra  á  los  de  Ampurdan  en  fa- 
vor del  Rey  de  Aragón.  E  porque  algún  tiempo 
íivia  tenido  amistad  á  los  ingleses  é  avia  tenido 
ocupado  el  Ducado  de  Guiana,  por  lo  qual  una  vez 
con  su  mujer  era  venido  en  Fuenterrabía,  en  tanto 
^uel  Rey  Don  Enrique  de  Castilla  allí  estaba,  el 
qual  en  los  Reynos  de  Castilla  poseía  el  Condado 
de  Cangas  é  Tineo,  por  cuyo  ruego  ovo  perdón  del 
Rey  Luis;  tornado  en  su  tierra  requerido  por  al- 


REYES  DE  CASTILLA. 

gunos  que  de  sus  infortunios  mucho  Be  dolían ,  so 
vino  en  la  ciudad  de  Leytora  ques  muy  fuerte ,  así 
por  el  sitio  y  altura  que  tiene,  como  por  algunos 
notables  edificios ,  donde  determinó  esperar  qual- 
quier  fortuna  que  le  viniese.  E  luego  el  Rey  Luis 
le  comenzó  á  facer  cruda  guerra ,  é  ninguna  cosa 
dexó  de  buscar  de  quantas  pudo  para  lo  destruir;  é 
como  el  Rey  conosciese  aquella  ciudad  ser  inpuna- 
ble  é  perder  el  tiempo  que  sobre  ella  estoviese, 
gastando  en  balde  dineros  é  gentes ,  determinó  qtie 
ninguna  cosa  le  podría  aprovechar  más  que  la  trai- 
ción para  conseguir  su  deseo ,  é  con  muerte  de  un 
hombre  excusar  los  daños  é  muertes  de  muchos  y 
ensanchar  su  señorío,  á  quien  después  de  la  muerte 
del  Conde  pertenescía,  como  el  Conde  hijos  no  tu- 
viese que  fuesen  dinos  de  heredar  su  señorío.  Estas 
cosas  en  la  voluntad  del  Rey  asi  concebidas,  deter- 
minó de  buscar  personas  que  pudiesen  poner  en 
obra  la  traycion  por  él  pensada ,  é  ninguna  halló 
mas  á  propósito  para  aquella  maldad  que  el  Carde- 
nal Trapacense,  el  qual  fué  intérprete  del  malaven- 
turado casamiento  del  Duque  Carlos  de  Guiana  con 
Doña  Juana,  llamada  hija  del  Rey  de  Castilla  Don 
Enrique,  el  qual  algunos  pensaban  aver  seido  parte 
en  la  muerte  del  Duque  de  Guiana;  pero  como  quie- 
ra que  sea,  después  de  su  muerte,  siempre  fué  muy 
probado  é  único  principal  consejero  del  Rey  Luis, 
no  haciendo  ningún  sentimiento  de  la  muerte  del 
que  tanto  en  su  vida  loaba,  mas  con  alegre  cara, 
sin  vergüenza  alguna,  iba  por  las  calles  con  las  ma- 
las mujeres  hablando  ;  é  como  el  Cardenal  mas  al 
Rey  que  á  Dios  obedeciese,  é  le  mandase  que  en- 
trase en  la  ciudad  de  Leytora  con  siguro  del  Con- 
de é  con  fe  que  le  diese  de  trabajar  con  el  Rey  que 
lo  perdonase  é  perdiese  del  todo  enojo,  el  malvado 
Cardenal  con  grande  instancia  procuró  la  habla  con 
el  Conde  de  tal  manera  é  con  tanta  familiaridad, 
quel  Conde  ya  enteramente  se  confiaba  del  creyen- 
do todas  sus  palabras;  el  qual  dixo  al  Conde  que  si 
quería  bien  librar,  entregase  al  Rey  la  ciudad  é  sus 
bienes  é  su  vida.  El  Conde  conosciendo  la  crueldad 
del  Rey,  dudaba  mucho  en  esto,  y  decia  que  quan- 
to  viviese  serviría  al  Rey  con  toda  la  lealtad,  y  pa- 
ra esto  daría  toda  la  siguridad  que  el  Rey  deman- 
dase, tanto  que  le  dexase  vivir  en  sola  aquella  ciu- 
dad sin  injuria  de  ninguno  ni  opresión  de  los  pue- 
blos, é  como  ya  fuese  viejo  é  pobre,  la  edad  que  le 
quedaba  pasar  haciendo  penitencia  de  los  grandes 
errores  en  que  avía  caído ,  suplicando  al  Cardenal 
que  le  pluguiese  procurar  con  el  Rey  como  su  justa 
suplicación  oviese  efeto ;  é  como  la  fe  por  ambas 
partes  fuese  dada,  el  Cardenal  entraba  fiablemente 
en  la  fortaleza  todas  las  veces  que  queria ,  ó  trata- 
ba secretamente  como  el  Conde  fuese  muerto  ;  el 
qual  ninguna  cosa  de  aquello  sospechaba.  E  como 
un  día  el  Conde  estuviese  muy  atento  en  la  fabla 
que  el  Cardenal  le  hacía,  por  uno  de  los  que  con  el 
Cardenal  venían  le  fué  puesta  una  daga  por  los  pe- 
chos, do  que  súpitamente  murió ;  é  luego  el  castillo 
fué  tomado,  é  la  ciudad  ocupada,  é  asimismo  todas 
las  otras  ciudades  é  villas  é  fortalezas  que  al  Con- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


73 


de  pertenecian  ,  diciendo  pertenecer  al  Rey  ,  como 
el  Conde  hijos  no  toviese  que  heredarlo  deviesen; 
lo  qual  todo  se  cree  pertenecer  á  Carlos  de  Arme- 
ña,  ques  hijo  legítimo  suyo.  Deste  caso  el  Cardenal 
Trapacense  quedó  muy  ufano  ,  como  triunfante  é 
vencedor  de  maldad  tan  conoscida,  é  muy  cercano 
á  la  voluntad  del  Rey,  como  fuesen  muy  conformes 
en  sus  condiciones. 

CAPÍTULO  LXXVII. 

De  como  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón  recobró  la  muy  noble  villa 
de  Pcrpiñan,  é  la  muchedumbre  de  franceses  quel  Rey  de 
Francia  embiópor  defender  la  fortaleza  que  por  él  estaba,  é  por 
recobrar  la  villa. 

En  tanto  quel  Rey  Luis  de  Francia  se  ocupó  en 
acabar  esta  obra  tan  dina  de  memoria,  de  hacer  ma- 
tar al  conde  de  Armeña,  que  por  la  forma  dicha, 
los  de  Perpiñan,  mirando  la  prosperidad  que  Dios 
avia  dado  al  serenísimo  Rey  natural  señor  suyo, 
que  no  solamente  oviese  recobrado  la  muy  noble 
ciudad  de  Barcelona,  mas  toda  la  provincia  de  An- 
purdan,  dello  por  fuerza  é  dello  voluntariamente, 
determinaron  de  lo  embiar  llamar  como  le  viesen 
en  su  vejez  aver  fecho  cosas  notables ,  dignas  de 
eterna  memoria,  é  páreselo  claramente  la  divina 
gracia  ayudarle  como  en  tan  grande  y  decrépita 
edad  le  oviese  retornado  la  vista  que  algunos  años 
avia  tenido  perdida,  é  aver  muerto  todos  los  intru- 
sos en  el  cetro  real  á  él  perteneciente,  é  o/iese  que- 
rido alongar  de  allí  tan  grande  enemigo  como  era 
Luis  Rey  de  Francia,  dándoles  nuevas  ocupacio- 
nes ;  así  los  de  Perpiñan  secretamente  embiaron  á 
suplicar  al  Rey  su  señor  quisiese  venir  tomar  su  vi- 
lla, ni  tuviese  en  mucho  el  poder  del  Rey  Luis  en 
que  tuviese  la  fortaleza  que  los  franceses  tenían 
muy  armada.  El  Rey  recibió  alegremente  la  emba- 
xada  de  sus  fieles  vasallos,  poniendo  luego  en  obra 
lo  por  ellos  suplicado ,  no  temiendo  ningún  peligro 
que  venir  le  pudiese,  ni  á  los  de  Perpiñan  les  es- 
pantó el  gran  poder  del  Rey  Luis  de  Francia,  te- 
niendo en  poco  qualquiera  mal  que  venirles  pudie- 
se por  recobrar  su  libertad ,  la  qual  por  ninguna 
otra  vía  podían  aver,  salvo  seyendo socorridos  de  su 
Rey.  E  como  la  gente  de  los  franceses  á  ellos  mu- 
cho desamase,  é  siempre  fuesen  enemigos  los  Cata- 
lanes é  Aragoneses,  é  fuese  cruel  é  agena  de  toda 
virtud  é  incomportable  su  condición ,  la  qual  siem- 
pre fué  tener  oprimidos  á  los  que  á  ellos  se  sojuzga- 
ban, el  magnánimo  Rey,  ganada  la  voluntad  de  sus 
fieles  vasallos,  quiso  igualmente  con  ellos  esperi- 
mentar  la  fortuna.  Ávida  esta  embazada,  el  Rey  se- 
ñaló día  en  que  los  de  Perpiñan  con  los  franceses 
de  súpito  peleasen,  certificándoles  en  aquel  dia  mes- 
mo  sería  con  ellos,  el  qual  lo  puso  así  en  obra,  é  los 
de  Perpiñan  pelearon  tan  duramente  con  los  fran- 
ceses ,  que  les  echaron  de  la  villa ,  matando  é  hi- 
riendo muchos  dellos  ;  é  sin  duda  si  la  fortaleza  no 
tuvieran,  donde  se  retrajeron ,  maravilla  fuera  ene- 
migo poder  escapar  de  ser  muerto  ó  preso.  El  Rey 
sobrevino  al  tiempo  por  él  asignado,  ó  mandó  lue- 


go facer  un  gran  fosado  sobre  la  villa,  entrella  y  la 
fortaleza,  por  la  parte  por  donde  los  franceses  po- 
dían salir  á  hacer  daño  á  los  de  la  villa,  donde  man- 
dó poner  los  ingenios  é  lombardas  para  combatir  la 
fortaleza  por  dar  temor  á  los  franceses  é  seguridad 
á  los  suyos.  E  como  la  provincia  de  Rosellon  sea 
cercana  á  Narbona,  á  la  parte  del  Oriente,  é  al  Occi- 
dente tenga  amas  provincias,  el  Rey  tovo  forma  de 
tomar  la  ciudad  de  Helna,  situada  en  los  valles  no 
muy  alongados  de  Perpiñan ,  que  parescen  del  al- 
tura de  los  montes  Pirineos,  que  derechamente  van 
del  Occidente  al  Oriente,  é  se  estiende  al  medio  dia 
fasta  el  mar  Mediterráneo  y  llega  fasta  el  puerto 
de  Colibre.  Los  de  Helna  quando  vieron  la  magna- 
nimidad del  Rey  que  á  todo  peligro  so  ponía  por 
la  salud  do  sus  subditos,  valientemente  pelearon 
contra  los  franceses  que  la  ciudad  tenían,  y  rescí- 
bieron  el  ayuda  que  el  Rey  su  señor  les  embió,  dan- 
do libre  entrada  á  los  catalanes  y  aragoneses  de  la 
provincia  de  Ampurias  en  Ruisellon.  El  Rey  que- 
riendo proveer  en  las  cosas  venideras,  mandó  ha- 
cer un  grueso  muro  entre  la  villa  de  Perpiñan  y  el 
castillo  por  mucho  mas  fortificar  el  fosado  que  ha- 
bía mandado  hacer,  é  desde  allí  de  dia  é  de  noche 
el  Rey  mandaba  combatir  la  fortaleza  con  ingenios 
é  lombardas  ó  con  todas  las  otras  artillerías  que 
aver  pudo,  de  tal  manera  que  gran  parte  de  las  tor- 
res é  muralla  le  derribaron,  de  forma  que  los  france- 
ses fueron  puestos  en  tanta  estrechez  é  necesidad, 
que  ningún  remedio  esperaban,  salvo  el  socorro  del 
Rey  de  Francia,  el  qual  se  tardaba,  como  estuviese 
ocupado  en  la  guerra  del  Duque  de  Borgoña;  la 
qual  quiso  dexar  con  cierta  conveneucia  que  con  él 
ovo,  ó  complia  entonces  mucho  al  Rey  de  Francia 
aver  el  puerto  de  Colibre  ;  é  como  la  provincia  de 
Narbona  ningunos  puertos  tenga ,  é  desde  Marsella 
fasta  Co libre  no  haya  lugar  para  poder  estar  naves, 
salvo  allí  donde  Aguas  Muertas  se  llaman ,  é  allí 
suelen  muchas  veces  las  galeras  estar,  así  era  gran 
cuidado  á  los  franceses  por  recobrar  otra  vez  á  Per- 
piñan é  á  Helna,  é  á  los  catalanes  en  recobrar  á  Co- 
libre é  otras  muchas  villas  cerca  del  lomar  en  los 
llanos  del  Ruisellon.  Colibre,  como  estuviese  ocu- 
pada por  valiente  gente  de  Francia,  no  se  pudo  re- 
cobrar ;  cobráronse  con  todo  eso  alguuas  villas, 
unas  por  fuerza  y  otras  por  su  voluntad.  La  villa 
de  Salsas  cercana  á  Narbona  convenia  tomar,  la 
qual  estaba  guardada  por  muchas  gentes  de  fran- 
ceses :  así  duró  por  muchos  días  la  contienda  de  los 
unos  por  recobrar  aquellas  villas,  é  de  los  otros  por 
defenderlas. 

CAPÍTULO  LXXVIIL 

De  coj;po  el  Marqués  de  Cáliz  üon  Rodrigo  Ponce  de  León  tomó 
por  escala  el  castillo  de  Alanis  y  después  le  tomó  el  Duque. 

Como  el  Duque  de  Medina-Sidonia,  después  de  los 
debates  comenzados  entre  él  y  el  Marqués  de  Cáliz, 
oviese  tenido  la  villa  é  fortaleza  de  Alanis ,  dio 
la  tenencia  de  ella  á  un  escudero  llamado  Pedro  de 
Nadal,  al  qual  dio  muy  pobre  tenencia,  é  como  él 


74  CRÓNICAS  DE  LOS 

viese  la  poca  gente  que  podia  sostener,  escribió  mu- 
chas veces  al  Duque  suplicándole  le  quisiese  pro- 
veer de  gente  é  de  vituallas,  con  que  pudiese  aque- 
lla fortaleza  defender ;  é  como  el  Duque  no  lo  pro- 
veyese, determinó  de  írselo  á  requerir  en  persona;  é 
venido  el  Duque,  fué  avisado  que  el  Marqués  se 
aparejaba  para  venir  á  tomar  aquella  fortaleza ; 
dióle  muy  poca  provisión,  é  mandóle  que  muy  pres- 
tamente se  volviese  á  poner  recaudos  en  su  fortale- 
za, é  por  mucho  que  él  anduvo,  quando  llegó  ya  la 
fortaleza  era  tomada  por  el  Marqués ;  a  la  qual  toma 
el  Marqués  avia  enviado  un  caballero  de  su  casa 
llamado  Christobal  Mosquera ,  hombre  no  perezoso 
ni  cobarde,  el  qual  la  tomó  con  muy  gran  gente 
que  del  Marques  llevó,  como  la  fallase  acompaña- 
da de  solos  dos  hombres  ;  é  luego  se  apoderó  de  la 
villa  é  fortaleza.  El  qual  era  en  ella  mucho  amado, 
é  tenia  allí  grande  heredamiento.  El  mensajero  de 
la  tomada  de  la  fortaleza  fué  el  miserable  alcayde, 
de  lo  qual  en  Sevilla  por  todos  se  ovo  gran  tristeza, 
como  esperasen  las  cosas  del  Duque  siempre  ir  de 
mal  en  peor,  como  desde  Alanis  é  desde  Alcalá  de 
Guadayra  podia  defender  el  paso  para  Ecija  y  Car- 
mona  ,  é  desde  Constantina  eran  tomados  quales- 
quiera  que  de  Córdoba  viniesen  con  pan  ;  é  como  el 
a5o  fuese  menguado,  ninguna  buena  esperanza  á  loa 
de  Sevilla  quedaba,  y  ala  provincia  de  León  era  ocu- 
pado el  camino ,  lo  qual  era  sigurosi  Alanis  estovie- 
ra  guardada,  é  asi  tomada  de  los  enemigos,  gran 
clamor  en  la  ciudad  se  hacia ,  dando  gran  culpa  é 
cargo  al  Duque  de  la  tomada  desta fortaleza.  E  ovó- 
se gran  consejo  en  la  ciudad  por  buscar  remedio 
para  la  recobrar,  é  fueron  muy  diversas  opiniones, 
é  á  la  fin  visto  el  daño  universal  que  en  la  ciudad  se 
seguía,  aunque  al  Duque  convenia  remediar  este 
caso,  como  por  culpa  suya  fuese  aquella  fortaleza 
perdida,  la  ciudad  acordó  de  sacar  el  pendón ,  é  con 
él  mil  é  quinientos  de  caballo  é  seis  mil  peones ,  ó 
partieron  así,  é  con  ellos  el  Duque,  por  dar  libertad 
á  la  ciudad  en  lo  qual  consistía  la  vida  y  honra 
de  todos  los  ciudadanos  de  aquella  ciudad,  y  en 
la  tardanza  perdimiento  con  grande  instancia  é 
infamia ;  é  así  fueron  todos  con  grande  animo  é  vo- 
luntad por  recobrar  aquella  fortaleza.  E  salió  esta 
gente  de  la  ciudad  de  Sevilla  á  diez  de  hebrero  del 
año  de  nuestro  Redentor  de  mil  é  quatrocientos  y 
setenta  y  tres  años.  Lo  qual  como  el  Marqués  supie- 
se, llamó  á  gran  priesa  sus  ayudadores,  é  como  en 
Xerez  alguna  sospecha  toviesen,  llevó  consigo  so- 
lamente setecientos  de  á  caballo  é  fuese  á  Alcalá  de 
Guadayra,  con  esperanza  que  ovo  de  aver  entrada 
en  la  ciudad  por  algún  trato  que  en  ella  tenia,  el 
qual  como  fuese  sentido,  los  que  en  el  trato  eran 
fueron  enforcados  en  vista  del  Marqués,  é  sin  duda 
si  en  Sevilla  capitán  hubiera  ,  pudiera  en  la  pasada 
rescibir  muy  gran  daño,  é  Christobal  de  Mosquera 
como  era  caballero  discreto  y  esforzado ,  reparó  su 
fortaleza  y  esforzó  la  gente  que  tenia ,  esperando 
todavía  el  socorro  del  Marqués  ;  el  qual  pasó  sus 
batallas  ordenadas  juntas  con  la  cerca  de  Sevilla,  y 
fué  pasar  por  el  vado  que  se  llama  de  las  Estacas;  é 


REYES  DE  CASTILLA. 

tomó  el  camino  de  Alcalá  del  Rio,  el  qual  en  otro 
tiempo  fué  muy  bien  murado,  é  agora  está  derriba- 
da la  cerca,  en  la  qual  villa  el  Marqués  entró  é  hizo 
en  ella  muy  gran  daño  ;  é  allí  se  detovo  dos  días,  é 
volvió  por  cerca  de  Sevilla;  é  llegando  á  la  puerta 
que  se  llama  Gradada,  ques  una  legua  de  la  ciudad, 
en  la  qual  avia  una  torre  muy  buena  questaba  por 
el  Duque,  é  la  tenia  un  esforzado  escudero  llamado 
Pedro  de  Montesdoca ,  mandóla  combatir.  E  como 
los  de  Sevilla  esto  supieron,  determinaron  de  salir 
á  defenderla,  como  les  pareciese  grave  cosa  de  com- 
portar quel  Marqués  con  tan  poca  gente  tan  grande 
injuria  pudiera  hacer  á  la  ciudad  de  Sevilla ;  é  como 
Rodrigo  de  Rivera,  hombre  de  noble  linage,  pero 
doblado  é  maneroso,  oviere  quedado  allí  como  prin- 
cipal, no  lo  consintia,  diciendo  que  guardase  su 
ciudad,  é  de  otra  cosa  no  curasen  fasta  que  el  Du- 
que viniese  ;  y  la  torre  se  combatió ,  y  el  Marqués 
mandó  poner  bancos  pinjados  y  de  manera  que  se 
pudo  cavar  por  el  pie,  é  puesta  sobre  puntales  lo 
pusieron  fuego,  é  la  mitad  de  la  torre  de  súpito  cayó, 
é  mató  quatro  de  los  que  en  ella  estaban  que  avian 
valientemente  peleado,  é  otros  quatro  quedaron  en 
la  mitad  de  la  torre,  á  los  quales  el  Marques  dejó  ir 
á  Sevilla,  é  llevó  consigo  al  alcayde.  Y  en  tanto  que 
estas  cosas  el  Marqués  hacia,  el  Duque  tenia  el  cerco 
sobre  la  fortaleza  de  Alanis,  el  qual  determinó  de 
la  combatir  por  tres  partes.  El  un  combate  tomó 
para  sí ;  el  otro  dio  á  Don  Pedro  d'Estúñiga,  su  cria- 
do ;  el  tercero,  que  era  el  mas  fuerte  é  mas  peligroso, 
dio  á  Hernando  de  Rivadeneyra ,  que  era  capitán 
de  la  gente  del  Adelantado  don  Pero  Henrique  ;  y 
en  quebrando  el  alba,  el  combate  se  aconteció  dura- 
mente por  todas  partes.  Christobal  Mosquera  esfor- 
zaba la  gente  que  en  la  fortaleza  tenia,  é  peleaba 
valientemente  como  buen  caballero,  dando  espe- 
ranza á  los  suyos  que  el  Marqués  muy  presto  loe 
socorrería.  Hernando  de  Rivadeneyra,  como  fuese 
caballero  esforzado  é  deseoso  de  ganar  honra ,  con 
tan  gran  fuerza  apretó  el  combate  por  su  parte,  que 
derribando  mucho  del  muro,  puestas  las  escalas,  la 
fortaleza  también  por  él  se  entró,  y  el  alcayde  toda- 
vía valientemente  peleando  con  los  suyos,  de  ma- 
nera que  allí  fueron  muchos  muertos  é  heridos,  así 
de  la  una  parte  como  de  la  otra,  é  á  la  fin  fueron 
todos  los  de  la  fortaleza  presos,  é  algunos  balleste- 
ros que  estaban  en  la  fortaleza,  que  eran  del  comen- 
dador Mayor  de  Calatrava,  el  Duque  los  mandó  ir 
libremente ,  é  á  todos  los  que  de  la  villa  en  la  for- 
taleza halló  mandólos  enforcar.  El  alcayde  man- 
dó honorablemente  tratar.  E  sabido  por  el  Marqués 
como  la  fortaleza  de  Alanis  era  tomada  con  grande 
enojo  fué  á  Alcalá  de  Guadayra.  El  Duque  tardó 
en  la  toma  desta  fortaleza  trece  días  é  ovo  consejo 
si  desde  allí  iría  con  la  gente  que  tenia  sobre  Alcalá, 
donde  creía  el  Marqués  esto  viese,  por  ver  si  le  que- 
ría dar  batalla,  ó  por  ventura  si  los  de  la  villa,  visto 
sobre  sí  tan  gran  poder ,  avrian  corazón  de  pelear 
contra  el  Marqués,  que  tiránicamente  los  tenia  opri- 
midos, seyendo  ellos  vasallos  de  la  ciudad ;  lo  qual 
como  el  Marqués  sóplese,  dejó  á  Alcalá   la  mejor 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


75 


guarda  que  pudo,  y  partióse  para  Xerez.  El  Duque 
con  todas  las  gentes  que  traía  é  con  la  que  de  Se- 
villa mandó  venir,  que  fueron  todos  veinte  mil 
peones  é  mil  é  ochocientos  de  caballo,  se  fué  para 
Alcalá  de  Guadayra,  donde  estovo  esperando  gran 
pieza  si  f  aria  algo  de  lo  que  avia  pensado  ;  é  como 
su  pensamiento  f allesció,  él  se  volvió  á  Sevilla  con 
toda  su  gente. 

CAPÍTULO  LXXIX. 

De  la  dolorosa  é  mal  aventurada  muerte  de  Don  Pedro  de  Gúz- 
man,  é  de  Don  Alonso,  hermanos  del  Duque  de  Medinasidonia; 
é.del  desbarato  de  Don  Pedro  d'Estúülga ,  é  de  la  prisión  de 
Don  Juan,  hermano  del  Duque. 

Como  entre  el  Duque  y  el  Marqués  se  hiciesen 
cruel  guerra  é  cada  dia  oviese  recuentos  del  uno  y 
del  otro ,  é  que  á  las  veces  llevaban  los  unos  á  los 
otros  ventaja ,  é  á  veces  los  otros ,  no  se  podia  des- 
to  cierta  cosa  escrebir,  pero  entre  las  otras  fué  una 
que  se  puede  bien  decir  batalla,  la  qual  acaesció 
en  esta  guisa :  que  como  el  Marqués  tuviese  cien 
lanzas  en  Alcalá  de  Guadayra,  de  las  quales  eran 
capitanes  Hernán  Darlas  de  Saavedra,  cuñado  del 
Marqués,  é  Martin  Galindo ,  hijo  del  Comendador 
Juan  Fernandez  Galindo,  é  de  allí  hiciesen  conti- 
nua guerra  á  los  de  Sevilla,  acaesció  que  un  dia, 
miércoles  de  las  tinieblas  del  año  de  nuestro  Reden- 
tor de  mil  y  quatrocientos  y  setenta  y  tres  años,  sa- 
lieron de  Sevilla  Don  Pedro  d'Estúñiga,  primogéni- 
to del  Conde  de  Plasencia,  é  Don  Pedro  é  Don  Alon- 
so é  Don  Juan,  hermanos  bastardos  del  Duque  Don 
Enrique  de  Guzraan ,  é  con  ellos  fasta  cieato  ó  ciu- 
quenta  de  caballo  de  hombrea  muy  principales  d« 
aquella  ciudad,  con  intención  de  acuchillar  á  los  de 
Alcalá ,  si  en  el  campo  los  fallasen.  É  como  Fernán 
Darías  de  Sayavedra  é  Martin  Galindo  fuesen  certi- 
ficados de  la  salida  destos  caballeros  de  Sevilla,  em- 
biaron  luego  decir  á  Godoy,  Alcayde  de  Carmona,  é 
á  Pedro  Mosquera,  Alcayde  de  Marchena,  rogán- 
doles que  á  mas  andar  viniesen  con  la  mas  gente 
que  pudiesen,  porque  ello»  avian  enviado  alguna 
gente  de  la  que  allí  tenían  por  algunas  cosas  cum- 
plideras al  servicio  del  Marqués  ;  los  quales ,  vistas 
las  letras ,  partieron  á  mas  andar ,  de  manera  que 
el  Jueves  de  la  Cena  en  amanesciendo  llegaron  á 
Alcalá  con  fasta  docientos  de  caballo  ;  ó  luego  pu- 
sieron gran  recaudo  en  la  villa  é  fortaleza,  temien- 
do que  por  aventura  oviese  allí  algún  trato  ;  é  salie- 
ron los  capitanes  con  docientos  é  cinquenta  de  ca- 
ballo é  siguieron  la  vía  por  donde  creyeron  que  los 
caballeros  de  Sevilla  avian  de  venir,  é  hicieron  dos 
batallas  no  muy  lejos  la  una  de  la  otra,  y  estuvie- 
ron así  esperando  gran  pieza  del  dia ,  é  desque  vie- 
ron que  ninguna  gente  páresela  acordaron  do  se 
volver  cada  uno  para  su  lugar ;  é  como  Pedro  Mos- 
quera oviese  mas  larga  la  jornada,  acordó  de  se  ir 
luego ,  é  Godoy  se  detuvo  á  dar  cebada  á  sus  caba- 
llos, é  los  capitanes  de  Alcalá  quisiéronle  tener  com- 
pañía fasta  que  fuese  á  caballo  para  se  partir,  Y  es- 
tando así,  vieron  venir  la  gente  de  Sevilla,  é  cabal- 


garon a  gran  priesa  y  enviaron  un  mensagero  a  mas 
andar  á  Pero  Mosquera,  rogándole  que  luego  vol- 
viese, é  los  capitanes  de  Alcalá,  é  Godoy  con  la 
gente  que  traia  fueron  paso  á  paso  al  camino  que 
los  caballeros  de  Sevilla  traían ,  é  fechos  todos  un 
tropel ,  tomaron  un  cerro ,  é  como  los  caballeros  de 
Sevilla  traían  todos  camisas  blancas  sobre  las  ar- 
mas ,  como  los  vieron  los  contrarios  tomaron  las  ar- 
maduras de  cabeza  é  las  lanzas  en  las  manos  é  man- 
daron salir  todos  los  pages  de  la  batalla,  é  así  vi- 
nieron los  unos  contra  los  otros ,  é  así  en  la  mitad 
de  la  ladera  del  recuesto  se  dieron  de  las  lanzas ,  é 
cayeron  muchas  así  de  los  unos  como  de  los  otros,  c 
allí  fué  la  batalla  muy  duramente  ferida  por  amas 
partes,  é  los  caballeros  del  Marqués  estaban  ya  po- 
co menos  vencidos  ;  y  estando  la  batalla  en  este  es- 
tado llegó  Pero  Mosquera  con  la  gente  de  Marchena 
ó  dio  tan  de  súpito  en  los  caballeros  de  Sevilla,  que 
los  desbarató  ;  é  allí  fueron  muertos  Don  Pedro  é 
Don  Alonso,  hermanos  del  Duque,  é  viéndolos,  to- 
mándolos uno  del  Marqués  á  vida  é  después  de  co- 
noscidos  matólos ,  de  lo  qual  al  Marqués  pesó  mu- 
cho ;  é  Don  Juan  su  hermano  preso  é  á  Don  Pedro 
d'Estúñiga  mataron  el  caballo  ó  dióle  otro  un  carni- 
cero de  Sevilla,  el  qual  so  salvó  á  uña  de  caballo  ; 
en  la  qual  batalla  murieron  otros  quince  escuderos, 
é  fueron  muertos  muchos  caballeros  así  de  la  una 
parte  como  de  la  otra ;  é  fueron  presos  Mousalve, 
criado  del  Rey  Don  Juan ,  é  Arellano ,  hijo  del  Ma- 
riscal Carlos  de  Arellano ,  y  el  Comendador  Pedro 
de  Cabrera ,  hermano  del  mayordomo  Andrés  de  Ca- 
brera ,  que  después  fué  Marqués  de  Moya ,  é  los  dos 
hermanos  Morales  é  otros  muchos  ;  é  los  caballeros 
del  Marqués  ojearon  el  campo  é  ovieron  gran  des- 
pojo de  caballos,  é  jaeces,  é  sillas,  é  armas,  rica- 
mente guarnidas ;  é  así  vitoriosos  con  todo  el  des- 
pojo ,  se  volvieron  á  la  villa  de  Alcalá ,  aunque  tris- 
tes por  la  muerte  de  aquellos  caballeros  é  de  algu- 
nos otros  con  quien  deudo  tenían.  E  allí  mandaron 
enterrar  todos  los  muertos ,  salvo  los  dos  hermanos 
del  Duque,  los  quales  embiaron  á  Sevilla,  puestos 
en  sendos  ataúdes,  en  dos  acémilas  acompañados  de 
alguna  gente ;  lo  qual  sabido  por  el  Marqués  mos- 
tró sentimiento  de  la  muerte  de  los  dos  hermanos 
del  Duque,  é  puso  luto  por  ellos;  é  mandó  llevar  á 
Don  Juan  é  á  los  otros  presos  á  la  villa  de  Marche- 
na, donde  los  mandó  bien  servir  y  honorablemente 
tratar.  El  Duque  fué  tan  remiso  é  tan  poco  cuida- 
doso ,  que  tomó  la  salida  de  tan  nobles  caballeros  de 
Sevilla;  como  ellos  saliesen  é  llegase  al  Duque  un 
pastor  é  le  dixese:  «Señor,  yo  sé  cierto  que  en  Al- 
calá son  venidos  asaz  güespedes,  é  por  eso  sería  nes- 
cesario  que  mandasedes  enviar  mas  gente  á  los  se- 
ñores vuestros  hermanos»;  é  como  allí  se  hallase 
Rodrigo  de  Rivera,  dixo  al  Duque:  «Señor,  no  cu- 
réis de  enviar  mas  gente,  que  para  el  ayuda  que 
puede  venir  á  los  de  Alcalá  asaz  basta  la  gente 
questos  caballeros  llevan  » ;  é  como  fuese  presente 
Alonso  de  Palencia,  coronista,  dixo  al  Duque:  «Si 
bien  sería  que  V.  S,'*  mandase  enviar  alguna  mas 
gente,  que  de  las  cosas  dudosas  siempre  debe  tomar 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


76 

lo  mas  seguro.»  El  Duque  como  hombre  adormido 
é  impróvido,  rescibió  tan  gran  daño  de  que  otros 
muy  grandes  daños  é  males  se  siguieron ,  por  dejar 
de  creer  á  quien  buen  consejo  le  daba. 

CAPÍTULO  LXXX. 

De  la  venida  de  D.  Enrique  Fortuna  en  Castilla,  é  de  la  forma 
que  el  Rey  Don  Enrique  con  él  tuvo. 

El  Rey  Don  Enriqxie  determinó  de  embiar  por 
Don  Enrique  Fortuna ,  para  lo  qual  ordenó  de  le 
embiar  embaxadores  de  autoridad  que  de  parte  suya 
lo  llamasen  é  le  ofresciesen  el  casamiento  de  Doña 
Juana,  bija  suya,  con  esperanza  de  haber  estos  Rey- 
nos  después  de  su  f allescimiento ,  para  lo  que  avia 
consentimiento ,  no  solamente  de  los  Grandes ,  mas 
aun  de  los  procuradores  de  las  ciudades  é  villas  de- 
llos;  en  tanto  que  algunas  cosas  se  emparejaban  é 
Don  Fernando  ó  Doña  Isabel  eran  desterrados,  lo 
que  ligeramente  sería  de  acabar  que  Don  Enrique 
Fortuna  se  viniese  á  la  villa  de  Requena ,  ques  cer- 
cana á  Valencia,  donde  el  Rey  embiaria  gran  copia 
de  dinero  en  plata  é  caballos  é  muías  é  todas  las 
cosas  á  su  estado  conv  inientes.  Oida  esta  embaxada 
por  Don  Enrique  creyó  todo  lo  que  era  dicho,  é  su 
madre  para  la  venida  le  dio  muy  gran  priesa  olvi- 
dando los  beneficios  rescibidos  del  Rey  de  Aragón 
su  tio,  é  no  aviondo  memoria  del  juramento  é  ome- 
nage  que  tenia  hecho  de  no  hacer  cosa  de  sí,  sin  sa- 
biduría é  consentimiento  suyo ,  conosciendo  las  mu- 
danzas que  en  el  Rey  Don  Enrique  avian,  el  qual 
sin  mas  pensar  se  vino  á  Requena.  Este  Don  Enri- 
que Fortuna  fué  hijo  del  Infante  Don  Enrique  her- 
mano de  los  Reyes  de  Aragón  Don  Alonso  é  Don 
Juan ,  el  qual  fué  Maestre  de  Santiago ,  caballero  de 
gran  virtud ,  por  cuyo  merescimiento  el  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  no  solamente  dexó  de  punir  é  cas- 
tigar los  excesos  de  Don  Enrique  Fortuna,  mas  tra- 
tándolo como  á  hijo  le  hizo  siempre  merced  é  bene- 
ficios, é  como  por  su  mala  gobernación  oviese  per- 
dido la  ciudad  de  Segorve ,  que  por  derecho  heredi- 
tario era  suya ,  é  no  la  pudiese  recobrar,  le  dio  re- 
compensación de  aquella  en  la  provincia  de  Am- 
purdan,  una  muy  noble  villa  llamada  Castillon,  lo 
qual  todo  olvidado,  Don  Enrique  ensoberbecido  con 
vana  esperanza  se  vino  á  Requena ,  é  desde  allí  el 
Marqués  le  hizo  venir  en  el  castillo  de  Garcimuñoz, 
en  el  comienzo  del  mes  de  hebroro  de  mil  y  quatro- 
cientos  y  setenta  y  tres  años  como  pensase  muy  li- 
geramente los  príncipes  sus  primos  podían  ser  des- 
truidos, y  el  Rey  de  Aragón  preso  en  poder  del  Rey 
Luis  de  Francia ,  é  que  él  podia  poseer  á  Valencia  é 
al  Reyno  de  Aragón  con  ayuda  del  Rey  Don  Enri- 
que ,  que  ya  creía  ser  su  yerno,  lo  qual  todo  después 
sucedió  muy  lejos  de  su  pensamiento. 

CAPÍTULO  LXXXL 

De  como  el  Rey  de  Granada  por  fuerza  de  armas  recobró  la  villa 
de  Cárdela. 

Haciéndose  la  guerra  duramente  entre  el  Duque 
de  Medinasidonia  y  el  Marqués  de  Cáliz,  en  un  dia 


del  mes  de  Agosto  del  año  susodicho,  el  Rey  de 
Granada  sacó  muy  gran  gente ,  é  vino  á  poner  sitio 
sobre  la  villa  de  Cárdela;  lo  qual  como  supiese  el 
Marqués  de  Cáliz,  determinó  de  la  ir  socorrer.  E  co- 
mo el  Duque  de  Medina  supiese  la  gente  quel  Mar- 
qués allegaba,  sacó  muy  gran  gente  de  Sevilla,  é 
vínose  por  la  villa  de  Utrera,  de  lo  qual  como  el 
Marqués  fuese  certificado ,  como  quiera  que  ya  te- 
nia mucha  gente  ayuntada,  así  de  sus  vasallos  como 
de  sus  valederos,  vióse  forzado  de  dejar  de  ir  á  so- 
correr á  Cárdela,  temiendo  que  el  Duque  viniese 
por  le  tomar  á  Xerez.  El  Rey  de  Granada,  temiendo 
que  Cárdela  seria  socorrida,  dio  tan  gran  priesa  en 
el  combate,  que  aunque  los  christianos  que  en  ella 
estaban  se  ovieron  valientemente,  é  la  defendieron 
valientemente  quanto  pudieron,  al  fin  ovieron  de 
retraerse  á  la  fortaleza ;  é  como  los  mas  de  los  chris- 
tianos estoviesen  heridos ,  ovieron  de  darla  con  con- 
dición que  libres  les  dejasen  ir,  y  así  el  Rey  do 
Granada  recobró  la  villa  de  Cárdela ,  é  así  fueron 
llevadas  las  cruces  é  cálices  é  campanas  é  todas  otras 
cosas  sagradas  que  el  Marqués  allí  avia  dado,  é  la 
iglesia  fué  tornada  mezquita ,  de  quel  Marqués  ovo 
muy  entrañable  sentimiento,  é  propuso  de  perder  la 
vida  y  estado  ó  aver  venganza  del  Duque,  á  causa 
del  qual  aquella  villa  se  avia  perdido.  El  qual  com- 
bate los  moros  hacían  peligrosamente,  y  el  Rey  con 
un  terciado  y  una  adarga  les  dijo:  «Arriba,  per- 
ros, que  hoy  será  Cárdela  de  Moros.»  Avia  Rey  nue- 
vo en  Granada. 

CAPÍTULO  LXXXII. 

De  como  el  Marqués  de  Cáliz  tomó  por  escala  la  villa  y  fortaleza 
de  Medinasidonia. 

Estando  el  Marqués  muy  lastimado  por  la  pérdi- 
da do  Cárdela,  cada  dia  andaba  buscando  como  pu- 
diese dañar  al  Duque  en  cosa  que  mucho  le  dolie- 
se, para  lo  qual  mandó  á  Bernal  Diafiez,  el  qual 
avia  sido  Alcalde  algunos  días  en  Cárdela,  que  se 
fuese  á  estar  en  la  torre  de  Lopera  quel  Marqués 
avia  tomado  á  Payo  de  Ribera,  que  desde  allí  ha- 
cia grandes  daños  é  males  á  todos  los  caminantes 
así  naturales  como  estrangeros.  El  qual  estando  en 
aquella  torre,  como  fuese  cerca  de  Medina  é  fuese 
en  invierno ,  iba  muchas  noches  por  tentar  aquella 
fortaleza  é  hallábala  á  mal  recaudo,  donde  no  pá- 
resela velar  mas  de  un  viejo ,  é  la  mayor  guarda  que 
en  ella  avia  era  muchedumbre  de  perros  que  de  dia 
tenían  atados  ,  é  de  noche  soltaban  por  la  fortale- 
za. E  BeiTial  Diafiez,  que  muchas  veces  venia  sin- 
tiendo aquellos  perros,  conosció  no  se  poder  escalar, 
pero  con  todo  no  dejaba  de  venir  muchas  noches  á 
tentar  aquella  fortaleza,  en  la  qual  era  Alcayde  un 
caballero  llamado  Pedro  de  Basurto ,  el  qual  como 
quiera  que  era  casado ,  dábase  tanto  á  mugeres ,  que 
pocas  veces  durmia  en  la  fortaleza ,  é  á  fin  de  no 
gastar  no  tenia  gente,  é  todo  su  gasto  era  en  caba- 
llo y  en  jaeces,  de  que  mucho  se  preciaba,  é  no  te- 
nia mas  en  la  fortaleza  de  dos  viejos.  É  como  la  ma- 
dre de  este  Alcayde  oviese  grande  enojo  de  su  mal 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


vivir,  é  viese  la  fortaleza  tan  mal  acompañada ,  é 
muchas  veces  lo  oviese  reñido  al  hijo  é  que  ningu- 
na cosa  le  aprovechase,  á  fin  de  que  tomase  gente, 
mandó  matar  todos  los  perros.  É  como  Bemal  Dia- 
fiez  á  menudo  viniese  á  requerir  aquella  fortaleza,  é 
una  noche  llegare  allí  é  ningún  perro  ladrase,  ni 
oyese  mas  de  una  vela,  la  noche  siguiente  trajo  sus 
escalas  é  subió  á  la  fortaleza ,  é  vido  el  mal  recaudo 
que  en  ella  avia ,  é  continuó  esto  algunas  veces  ;  é 
como  conosció  sin  peligro  poderse  aquella  fortaleza 
tomar,  venida  la  Pasqua  de  Navidad ,  Bernal  Diañez 
se  fué  para  el  Marqués  é  le  hizo  relación  de  todo  lo 
pasado ;  é  luego  el  Marqués  mandó  llamar  á  Don 
Diego,  su  hermano,  é  á  Pedro  de  Vera,  Alcaide  de 
Arcos,  álos  quales  dio  gente  escogida  de  sus  cria- 
dos, é  mandóles  que  siguiesen  á  Bernal  Diañez,  ha- 
ciendo fama  que  iban  á  tierra  de  moros  por  hacer 
algún  hecho  señalado.  E  así  Don  Diego  partió  de 
Xerez  la  primer  noche  de  Navidad,  é  tomó  el  cami- 
no de  la  ciudad  de  Arcos ,  é  anduvo  dos  dias  por  los 
montes  por  desatinar  la  gente ,  é  la  tercera  noche  de 
Navidad ,  que  fué  á  veinte  y  siete  dias  del  mes  de 
Diciembre  del  año  susodicho,  llegó  á  la  fortaleza 
de  Medina,  é  como  la  noche  fuese  muy  escura  é  hi- 
ciese gran  niebla,  no  fueron  sentidos.  É  Don  Diego 
mandó  al  Alcayde  Pedro  de  Vera  que  siguiese  á 
Bernal  Diañez ,  y  embió  con  ellos  cien  escuderos, 
hombres  principales,  para  que  fuesen  á  poner  las 
escalas  ;  é  Don  Diego  quedó  con  toda  la  otra  gente 
de  caballo  é  de  pié  para  socorrer,  desque  la  fortale- 
za fuese  escalada,  media  legua  ó  algo  mas;  la  qual 
se  escaló  sin  ser  sentidos,  é  como  ya  estuviesen  en- 
cima é  la  vela  que  andaba  rondando  llegase  á  ellos 
sin  sentir  ni  ver  cosa  alguna,  con  la  grande  oscuri- 
dad, fué  luego  preso  é  pusiéronle  los  puñales  á  los 
pechos,  diciendo  que  lo  matarían  si  voces  diese.  E 
luego  subió  toda  la  gente,  é  dos  ó  tres  fueron  con 
aquella  vela  á  la  torre  del  omenage,  é  mandáronle 
que  llamase,  diciendo  que  el  Alcayde  venia,  el  qual 
dormía  fuera  de  la  fortaleza  ;  é  dos  pages  que  en  la 
torre  estaban  abrieron  la  puerta  creyendo  que  el  Al- 
cayde venia ;  los  quales  fueron  luego  presos  é  ame- 
nazados que  callasen  ;  é  dieron  luego  las  llaves  de 
la  fortaleza  á  Pedro  de  Vera ,  el  qual  fué  luego  á 
abrir  el  postigo  por  el  qual  Don  Diego  entró  coa 
toda  la  gente  que  de  fuera  avia  quedado  ;  é  todo  lo 
dicho  ninguna  cosa  se  sintió  por  la  madre  del  Al- 
cayde, ni  por  su  mujer,  ni  por  los  esclavos  y  escla- 
vas que  en  la  fortaleza  estaban.  É  luego  Pedro  de 
Vera  fué  al  palacio  donde  estaba  la  madre  del  Al- 
cayde é  su  muger  é  sus  hijos,  é  cercóles  el  palacio 
por  defuera,  é  tomadas  ya  todas  las  torres  é  apo- 
sentamiento é  todas  las  cosas  que  en  la  fortaleza  se 
hallaron  ,  Don  Diego  envió  un  hombre  de  á  caballo 
á  mas  andar,  á  decir  al  Marqués  lo  que  era  hecho,  el 
qual  anduvo  tanto,  que  partió  de  allí  á  medía  noche 
é  llegó  á  Xerez  en  quebrando  el  alba.  B  la  tercera 
noche  de  Navidad  la  fortaleza  se  escaló;  é  como 
Don  Diego  mandase  á  toda  la  gente  del  Marqués 
que  en  la  fortaleza  estaban  que  diesen  una  gran  gri- 
ta,  y  el  Alcayde  lo  oyese ,  vino  como  hombre  turba- 


77 

do  con  fasta  cinquenta  ó  sesenta  hombres ,  é  llegan- 
do cerca  de  la  fortaleza  salieron  algunos  de  los  que 
en  ella  estaban  é  comenzaron  á  pelear,  y  el  Alcayde 
Diego  de  Basurto,  hombre  desesperado,  metióse  tan- 
to en  los  enemigos ,  queriendo  quebrar  una  cadena 
de  la  puente  levadiza,  que  fué  ferido  de  una  lanza- 
da por  la  boca  que  le  pasó  al  colodrillo,  de  que  lue- 
go súpito  murió  ;  é  así  juntamente  perdió  la  vida  é 
honra  é  bienes  y  el  ánima  é  fué  en  tan  gran  peligro 
quanto  paresce  que  debe  ir,  según  se  dice  de  su  vi- 
da. E  muerto ,  dijo  Pedro  de  Vera  á  su  madre  y  her- 
manas que  estaban  en  un  palacio  encerradas ,  que  lo 
tomasen  allá,  que  estaba  muerto.  Respondió  la  ma- 
dre que  el  que  lo  mató  que  lo  pusiese  en  cobro,  sin 
tomar  voz  ninguna  ni  hacer  ningún  sentimiento.  E 
afirmase  que  los  muebles  que  le  robaron  valían  mas 
de  un  quento.  E  sin  duda,  si  este  malaventurado  Al- 
cayde oviese  leído  la  segunda  partida,  no  pusiera 
en  tan  mal  recaudo  su  honra  é  su  vida ;  la  muerte 
del  qual  á  todos  los  Alcaydes  4ebe  ser  enjemplo, 
para  que  sepan  poner  cobro  en  las  fortalezas  que  les 
son  encomendadas.  Sabida  esta  nueva  por  el  Mar- 
qués, ovo  grande  alegría,  é  mandó  repicar  las  cam- 
panas é  salió  de  la  ciudad  de  Xerez  con  quatrocíen- 
tos  de  caballo ,  é  fuese  á  Medínasidonia.  Llegando 
á  la  ciudad,  los  vecinos  della  le  salieron  á  rescibir 
é  le  besaron  la  mano  como  si  fuera  su  señor  natu- 
ral, de  lo  qual  fué  causa  la  enemistad  que  los  mas 
de  los  vecinos  tenían  con  el  Alcayde,  é  les  injuria- 
ban é  les  quitaban  las  mujeres  por  fuerza,  aunque 
algunas  veces  se  quejaban  al  Duque  del ,  y  ningún 
castigo  en  ello  puso.  El  Marqués  dejó  por  Alcayde 
en  la  fortaleza  de  aquella  ciudad  á  un  hermano  de 
Pedro  de  Vera,  llamado  Martin  Gómez,  y  encomen- 
dó la  justicia  á  Francisco  de  Vera,  jurado  de  la  ciu- 
dad de  Xerez ,  é  basteció  la  fortaleza  de  gente  é  ar- 
mas é  de  todas  las  vituallas  nescesarias ,  é  hizo  re- 
parar la  fortaleza,  é  mandó  hacer  en  ella  una  bar- 
rera á  la  parte  donde  fué  escalada,  y  una  cava  asaz 
honda ;  y  estas  cosas  así  hechas,  el  Marqués  se  vol- 
vió á  Xerez,  é  mandó  que  Pedro  de  Vera  tomase 
todos  los  bienes  del  Alcayde  Pedro  de  Basurto  por 
le  satisfacer  de  quanto  el  Duque  tomó  á  Ximena, 
teniéndola  este  Pedro  de  Vera ,  donde  entonces  Pe- 
dro de  Basurto  ovo  todos  sus  bienes.  E  volviendo 
el  Marqués  á  Xerez ,  fué  certificado  cómo  el  Duque 
era  salido  de  Sevilla  con  muy  gran  gente,  pensan- 
do poder  socorrer  á  Medina ,  é  como  por  mensage- 
ro  cierto  fuese  certificado  la  fortaleza  é  ciudad  eran 
pacíficamente  por  el  Marqués,  volvióse  á  Sevilla 
con  gran  tristeza  y  enojo ,  al  qual  tomó  la  nueva 
llegado  á  Librixa. 

CAPÍTULO  LXXXIII. 

De  los  grandes  daños  acaescídos  en  la  ciudad  de  Córdoba. 

De  las  diferencias  é  guerras  pasadas  entre  el  Du- 
que de  Medina  Sidonia  y  el  Marqués  de  Cáliz,  resul- 
taron grandes  males ,  no  solamente  en  la  ciudad  de 
Sevilla,  mas  en  Córdoba  y  en  Sanlúcar  é  la  mayor 
parte  del  Andalucía.  E  como  en  aquellas  ciudades 


78  CRÓNICAS  DE  LOS 

los  príncipes  Don  Fernando  é  Doña  Isabel  fuesen 
mucho  amados,  algunos  que  bu  servicio  no  desea- 
ban, procuraron  de  meter  gran  cizaña  entre  los 
Christianos  viejos é  nuevos,  especialmente  en  la  ciu- 
dad de  Córdoba,  donde  entre  ellos  avia  grandes  ene- 
mistades é  grande  envidia,  como  loa  christianos 
nuevos  de  aquella  ciudad  esto  viesen  muy  ricos  y  les 
viesen  de  contino  comprar  oficios  de  los  quales  usa- 
ban soberbiosamamente,  de  tal  manera  que  los 
christianos  viejos  no  lo  podian  comportar.  E  como 
Don  Alonso  de  Aguilar  toviese  aquella  ciudad  por 
estonce  enteramente  á  su  mandar  é  querer,  f  avores- 
cianlos  quanto  podian  por  grandes  servicios  que  le 
facían ,  é  tanto  eran  de  Don  Alonso  favorecidos,  con 
la  amistad  y  envidia  que  dellos  tenian  y  aviendo 
quien  siempre  añadiese  discordia  entre  estas  gentes, 
de  tal  forma  que  esta  causa  se  ovo  de  hacer  una  con- 
juración en  la  ciudad  so  color  de  donación ,  en  que 
entró  la  mayor  parte  della ,  á  la  qual  llamaron  her- 
mandad de  la  ciudad,  hicieron  en  ciertos  dias  pro- 
cisiones ,  mostrando  hacerse  con  grande  devoción  ; 
é  acaesció  que  un  dia  yendo  asi  la  precisión,  una 
moza  de  edad  de  ocho  ó  diez  años  derramó  una  poca 
de  agua  por  la  ventana  de  una  casa  de  un  conver- 
so, la  qual  cayó  encima  de  la  imagen  de  nuestro 
Señora;  é  como  allí  fuese  un  cetrero,  que  en  aque- 
lla cofradía  ó  hermandad  era  ávido  por  muy  prin- 
cipal, dio  muy  grandes  voces  diciendo  aquellos  ser 
meados  echados  á  sabiendas,  en  injuria  é  menospre- 
cio de  nuestra  santa  fé  católica ,  é  á  grandes  voces 
diciendo  :  «Vamos  todos  á  vengar  esta  gran  injuria, 
é  mueran  todos  estos  traidores  é  herejes.»  E  como 
los  chistianos  viejos  tuviesen  el  odio  concebido  con 
loa  conversos,  iban  todos  juntos  por  quemar  las  ca- 
sas de  los  conversos ;  é  como  por  allí  pasase  un  es- 
cudero del  Alcayde  de  los  Donceles ,  llamado  Pedro 
de  Torre  blanca,  hombre  de  sana  é  buena  intención, 
comenzó  á  decir  que  no  hiciesen  tan  gran  movi- 
miento y  escándalo ,  de  que  se  podia  seguir  muy 
gran  daño  é  deservicio  á  Dios  é  al  Eey  ;  é  como  es- 
tas cosas  dixese ,  el  cetrero  le  dio  una  grande  heri- 
da ,  é  luego  vinieron  muchos  en  ayuda  de  Torre- 
blanca,  y  allí  se  comenzó  muy  gran  pelea  y  el  her- 
rero con  los  de  su  compañía  se  fué  huyendo  á  San 
Francisco,  é  de  súpito  se  llegó  allí  mucha  gente,  é 
Don  Alonso  de  Aguilar  vino  allí  á  muy  gran  priesa 
no  solamente  por  el  daño  que  Torreblanca  avia  rcs- 
cibido,  mas  por  escusar  el  daño  que  esperaba  que  de 
aquello  se  avia  de  seguir.  E  como  Don  Alonso  allí 
llegase,  el  herrero  salió  primero,  é  habló  á  Don 
Alonso  con  gran  soberbia  ,  lo  qual  Don  Alonso  no 
pudiendo comportar,  le  tiró  una  lanza  de  que  le  pasó 
de  parte  á  parte ,  que  luego  murió ;  y  llevado  á  su 
casa  el  herrero  muerto,  afirmaron  que  milagrosa- 
mente era  vivo,  de  que  ovo  muy  gran  turbación  en- 
tro los  conversos,  é  se  fueron  retrayendo  á  sus  bar- 
rios é  casas,  donde  se  aparejaron  para  su  defensa ; 
é  muchos  christianos  viejos  fueron  á  casa  del  herre- 
ro dardo  muy  grandes  voces,  diciendo  que  era  vivo 
é  sano ,  é  así  lo  fueron  publicando  por  toda  la  ciu- 
dad, á  causa  de  lo  qual  la  mayor  parte  de  la  ciudad 


REYES  DE  CASTILLA. 

!  se  levantó  por  matar  é  robar  los  conversos.  E  como 
Don  Alonso  de  Aguilar  ay  estoviese ,  salió  armado 
é  con  gente  de  caballo  pensando  escusar  el  gran 
daño  que  estaba  aparejado ;  é  vino  ala  casa  del  her- 
rero creyendo  con  su  presencia  poder  pacificar  aque- 
lla gente ;  é  como  en  aquella  ciudad  estuviese  un 
caballero  llamado  Pedro  de  Aguayo,  hombre  codi- 
cioso ,  trajo  consigo  muchos  de  sus  vecinos ,  con 
voluntad  é  propósito  de  robar  sin  vergüenza  é  aca- 
tamiento de  Don  Alonso.  Comenzó  el  robo,  y  allí  se 
hizo  muy  gran  pelea ,  é  fueron  tirados  por  los  del 
pueblo  muchas  piedras  á  Don  Alonso,  de  tal  mane- 
ra que  se  ovo  de  retraer  á  la  fortaleza  ;  é  así  por  to- 
das las  calles  de  la  ciudad  se  comenzó  gran  pelea 
entre  los  christianos  viejos  é  nuevos ;  en  el  qual 
tiempo  se  fallaron  allí  muchos  labradores  que  ve- 
nían al  mercado ,  los  quales  publicaron  por  toda  la 
comarca  el  estado  en  que  aquella  ciudad  estaba ,  á 
causa  de  lo  qual  muchos  vinieron  á  robar ;  é  como 
quiera  que  algunos  de  los  hidalgos  de  la  ciudad 
ayudasen  á  los  conversos ,  conosciendo  la  maldad 
con  que  eran  muertos  é  robados,  muchos  dellos,  vis- 
to la  muchedumbre  de  los  robadores  ,  diéronles  lu- 
gar, é  así  todas  las  cosas  de  los  conversos  é  algunas 
de  los  christianos  viejos  fueron  quemadas  é  puestas 
á  robo,  é  matronas  desonrradas,  é  algunos  muertos; 
é  ningún  linage  de  crueldad  quedó  que  aquel  dia 
no  se  ejecutase  por  los  robadores ;  lo  qual  acaesció 
en  diez  y  siete  dias  del  mes  de  Abril  del  dicho  año 
de  setenta  y  quatro.  E  la  pelea  duró  dos  dias  conti- 
nos, en  que  mucha  gente  murió,  así  de  la  una  parte 
como  de  la  otra ,  é  al  tercero  dia  se  hizo  el  robo  ge- 
neral ;  en  el  qual  dia  muchas  mas  casas  fueron  que- 
madas, é  los  que  por  los  campos  fueron  vistos  por 
los  labradores  luego  los  mataban  é  robaban  ;  é  fué 
hecho  pregón  por  la  ciudad  que  todos  los  convirsos 
fuesen  para  siempre  privados  de  los  oficios  públicos 
della ,  é  de  los  que  escaparon  muy  gran  parte  se  fué 
á  la  villa  de  Palma,  donde  por  exemplo  de  lo  de 
Córdoba,  así  allí  como  en  Ecija  y  en  Xerez,  hicie- 
ran otro  tanto  si  lo  consintieran  los  señorcB  que  las 
gobernaban ;  y  en  Andami  y  en  Montero  y  en  la 
Rambla  fueron  robados ,  y  lo  mesmo  hicieron  en  Ca- 
bra, si  el  conde  de  Cabra  Don  Diego  Hernández, 
señor  della,  lo  consintiera  ;  el  qual  en  algunos  que 
comenzaron  á  robar  hizo  muy  crudo  castigo  ;  y  en 
la  villa  de  Almodovar  del  Campo  algunos  conver- 
sos fueron  muertos  é  robados  por  mano  de  los  la- 
bradores, los  principales  de  los  quales  fueron  en- 
f  oreados  por  mandado  de  Don  Rodrigo  Jirón,  Maes- 
tre de  Calatrava ,  é  donde  quiera  que  no  habia  quien 
los  pueblos  castigase,  semejantes  robos  se  facían. 

CAPÍTULO  LXXXIV. 

De  la  muerte  del  Condestable  Don  Miguel  Lucas,  é  del  robo  de 
muchos  conversos  moradores  en  la  ciudad  de  Xerez. 

En  este  tiempo  entró  el  Rey  de  Granada  podero- 
samente á  correr  las  ciudades  de  Ubeda  y  Baeza 
quemando  é  talando  gran  parte  de  la  tierra  con  dos 
mil  de  caballo  é  quince  mil  peones;  por  lo  qual  el 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


79 


Condestable  Dou  Miguel  acordó  de  tomar  un  puerto 
con  quinientos  de  caballo  é  tres  mil  peones  por  ha- 
cer daño  en  los  moros.  E  vista  la  muchedumbre  de- 
llos,  el  Condestable  receló  de  continuar  lo  comenza- 
do, lo  qual  dio  osadía  á  los  moros  de  pasar  con  su 
presa  de  que  los  de  Xaen  daban  muy  gran  culpa  é 
cargo  á  la  flaqueza  del  corazón  del  Condestable  su 
capitán,  como  es  cierto  que,  según  el  lugar  donde 
estaban,  si  él  quisiera  lo  que  caballero  debia,  los 
moros  podían  recibir  muy  gran  daño ,  é  luego  co- 
menzaron todos  entre  si  de  murmurar  é  decir  mal 
del  Condestable,  é  buscar  algunas  novedades,  é  no 
tratarlo  con  el  acatamiento  ni  reverencia  que  solian, 
é  hízose  entre  algunos  del  pueblo  conjuración  en 
que  se  cree  cupiese  Gonzalo  Mexia,  caballero  de  no- 
ble linaje,  el  qual  tomó  algunas  torres  de  aquella 
ciudad,  é  puso  en  ellas  gente  de  armar  para  su  de- 
fensa ,  de  que  el  Condestable  ovo  grande  enojo ;  é 
luego  mandó  llamar  gente  é  comenzóse  la  pelea  mu- 
cho mas  grande  de  quanto  el  C'ondestable  pensaba, 
en  la  qual  murió  un  caballero  llamado  Diego  do  Que- 
sada,  pariente  muy  cercano  de  Doña  Teresa  de  Tor- 
res, muger  del  Condestable.  A  todos  los  de  la  parte 
contraria  paresció  que  ya  no  podia  bien  venir  des- 
pués de  la  muerte  de  aquel  caballero ,  si  algún  re- 
medio no  se  buscase,  por  quien  pensasen  ser  esemi- 
dos  de  la  dura  servidumbre  en  que  estaban,  seño- 
reados por  el  Condestable ,  contra  la  condición  do  la 
gente  de  aquella  ciudad,  la  qual  siempre  sufrió  de 
mala  voluntad  sujeción.  E  como  fuesen  asi  muchos 
armados,  discurriendo  por  la  ciudad  ,  diciendo  que 
querían  saber  qué  mandaba  hacer  el  Condestable, 
como  entrasen  todos  en  una  iglesia  donde  él  acos- 
tumbraba á  oir  misa  é  hacer  sus  ayuntamientos, 
cerno  el  Condestable  pusiese  las  rodillas  para  hacer 
oración,  uno  del  pueblo  que  mas  cerca  del  se  halló, 
le  dio  un  tan  gran  golpe  con  una  ballesta  de  acero 
en  la  cabeza,  que  dio  con  él  en  el  suelo,  é  todos  los 
que  cerca  del  estaban  le  firieron  con  lanzas  y  espa- 
das de  tal  manera  que ,  no  quedó  en  él  señal  de 
persona  humana.  B  luego  todos  juntos  fueron  robar 
é  matar  los  conversos  ;  y  en  tanto  que  la  multitud 
del  pueblo  en  aquello  se  ocuparon.  Doña  Teresa  de 
Torres,  m.uger  del  Condestable,  como  fuese  muy 
noble  é  de  gran  corazón,  temiendo  la  crueld  al  ó 
maldad  de  aquella  gente,  con  sus  hijos  é  con  los 
hermanos  del  Condestable,  se  metieron  en  la  f  ortale- 
za ,  é  la  basteció  de  gentes  é  de  armas  é  de  todas  las 
otras  cosas  nescesarias  ,  de  tal  manera  que  hacian 
cruel  guerra  á  los  de  la  ciudad,  donde  muchos  de- 
llos  fueron  muertos.  E  tal  fué  la  maldad  de  los  del 
pueblo  de  Xaen ,  que  no  contentos  de  la  muerte  del 
Condestable  ó  de  los  conversos ,  que  sin  causa  al- 
guna avian  muerto  ,  fueron  en  un  lugar  llamado 
Torre  del  Campo,  cercano  á  la  ciudad  de  Jaén,  é 
combatiéronlo  é  mataron  al  Alcayde  llamado  .Juan 
de  Marruecos,  é  ásu  muger  é  hijos  y  esclavos  é  ser- 
vidores, é  robaron  la  torre  :  tan  grave  fué  ia  rabia 
desta  crueldad  ;  é  como  ya  conosciesen  los  grandes 
males  que  habían  fecho  é  dello  se  arrepintiesen, 
acordaron  de  retornar  en  la  ciudad  los  caballeros  y 


escuderos  que  el  Condestable  avia  desterrado  por  se 
ayudar  dellos  para  la  defensa  de  aquella  ciudad,  ó 
costreñídos  por  necesidad,  acordaron  de  mitigar  el 
rigor,  ernbiando  por  Fernán  Lucas  comendador  de 
Oreja,  é  por  Martin  Lucas,  comendador  de  Monti- 
zon,  é  por  consentimiento  de  la  Condesa  viuda  Doña 
Teresa  los  dieron  la  administración  de  la  ciudad. 

CAPÍTULO  LXXXV. 

De  cómo  se  declaró  el  engaño  que  el  Rey  Don  Enrique  fizo  á 
Don  Enrique  Fortuna  con  una  esperanza  de  casamiento  suyo  con 
Doña  Juana  hija  de  la  Rcyna. 

Estas  cosas  así  pasadas ,  el  Maestro  Don  Juan  Pa- 
checo paresció  ser  tiempo  de  declarar  el  engaño  que 
el  Rey  habia  fecho  á  Don  Enrique  Fortuna,  dicién- 
dole  cierto  del  casamiento  suyo  con  Doña  Juana 
llamada  su  hija,  pasando  tiempo  con  él,  haciéndole 
venir  á  Requena  é  al  castillo  de  Garcimuñoz,  é  des- 
pués á  la  villa  de  Madrid ,  donde  estaba  muy  pobre 
é  amenguado,  en  tanto  que  costreñjdo  por  estrema 
necesidad ,  se  ovo  de  ir  al  conde  de  Bcnavente  su 
primo  ,  con  el  qual  estuvo  algún  tiempo  asaz  men- 
guado con  su  madre  donde  estovieronó  sintiéronla 
pena  de  su  ligero  creer.  Y  en  este  tiempo  el  Rey 
Don  'Enrique  y  el  Maestre  de  Santiago  no  olvida- 
ban de  revivar  el  casamiento  del  Rey  de  Portugal 
que  días  avia  tenían  asegurado  con  Doña  Juana, 
hija  de  la  Reyna  Doña  Juana ,  con  esperanza  de  ha- 
ber estos  Reynos  después  del  fallescimientodelRey 
Don  Enrique ;  é  ovóse  consejo  muy  secreto  que  el 
Rey  de  Portugal  ayuntase  todo  el  tesoro  que  pudie- 
se y  aparejase  las  gentes  de  su  Reyno  de  caballos  é 
armas  é  de  navios  é  de  todas  las  otras  cosas  necesa- 
rias para  facer  guerra,  socolor  que  se  aparejaba  para 
pasar  allende  para  hacer  guerra  á  los  moros,  en 
tanto  que  se  trabajaba  para  delgazar  el  poder  de  los 
Príncipes  Don  Fernando  ó  Doña  Isabel.  E  como  ya 
oviese  opremido  los  pueblos  del  Andalucía,  que  mas 
opremir  deseaba,  á  los  unos  por  robos  é  muertes,  é  á 
los  otros  por  temor,  al  Duque  de  Medinasidonia 
que  seguía  la  parte  de  los  príncipes  avia  fatigado 
é  fatigaba  por  cruel  guerra  que  el  Marqués  yerno 
del  Maestre  le  avía  fecho  é  facía  continuamente;  las 
quales  cosas  procedieron  de  la  pereza  é  flojedad  dal 
Rey  Don  Enrique,  é  por  la  malicia  de  los  que  cerca 
del  estaban ,  a  quien  placía  de  todos  los  daños  y  es- 
escándalos en  estos  Reynos  acaescídos,  creyendo 
por  aquellos  poder  mas  sublimar  sus  estados  é  acre- 
centar sus  rentas,  con  ayuda  general  de  la  fé  pú- 
blica dellos, 

CAPÍTULO  LXXXVI. 

Del  cerco  de  Perpiñan  é  del  Consejo  que  se  ovo  para  que  el  Prín- 
cipe Don  Fernando  fuese  á  socorrer  al  serenísimo  Rey  su 
padre. 

En  tanto  que  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  tan 
grandes  trabajos  sostenían,  é  los  catalanes  pensa- 
sen en  algo  de  sus  trabajos  ser  aliviados,  después  de 
aver  recobrado  á  Perpiñan ,  ninguna  otra  cosa  les 


80 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


parecía  de  adversidad  les  quedar ,  salvo  los  casti- 
llos de  aquella  villa  é  de  Colibre  ,  que  los  franceses 
tenían.  El  Rey  Luis  de  Francia  sufría  de  mala  vo- 
luntad que  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón  oviese  reco- 
brado las  villas  de  Perpiñan  é  de  Helna  é  por  eso 
trabajó  de  se  concertar  con  el  Duque  Carlos  de  Bor- 
gofia  porque  pudiese  todas  sus  fuerzas  poner  para  re- 
cobrar á  Perpiñan ,  para  lo  qual  ayuntó  gran  copia 
de  gentes,  con  los  quales  embió  estrenuos  é  valien- 
tes capitanes,  é  con  ellos  al  Cardenal  Trapacense,  y 
al  llamado  Albacense,  como  superior  é  amonestador 
de  las  cosas  que  facer  se  debían.  Esto  sabido  por  los 
catalanes  é  aragoneses ,  que  con  su  Rey  agravado  en 
tanta  vejez  estaban,  suplicaban  al  Rey  que  le  plu- 
guiese de  dejallos  el  cargo  de  la  defensa  de  aquella 
villa,  é  pusiese  su  persona  real  en  mas  seguro  lu- 
gar ;  ni  quisiese  ponerse  en  peligro  tan  conocido, 
como  sola  su  libertad  podía  mucbo  mas  aprovechar 
á  los  trabajos  de  sus  subditos  que  si  igualmente  á 
ellos  fuese  cercano ,  porque  les  páresela  ser  necesa- 
rio de  embiar  sus  mensageros  al  Príncipe  Don  Fer- 
nando su  hijo,  los  quales  le  amonestasen  que  todas 
las  cosas  dejadas  en  Castilla,  viniese  socorrer  á  su 
padre ,  como  él  fuese  en  estremo  caballero  é  mancebo 
é  pudiese  prestamente  discurrir  por  las  provincias 
cercanas  á  los  Reynos  de  Aragón,  el  qual  podía 
traer  gran  copia  de  gentes  para  resistir  á  los  enemi- 
gos ;  lo  qual  si  dejaba  de  hacer  con  gran  corazón  é 
dureza ,  ponía  en  peligro  su  persona  real  con  gran 
infelicidad  suya  é  miserable  servitud  de  los  suyos. 
A  lo  qual  el  fortísimo  Rey  respondió:  «Caballeros, 
mucho  estoy  maravillado  de  la  prudencia  y  virtud 
de  vosotros  como  ayais  ávido  el  honor  que  resce- 
bístes  con  la  guerra,  pensásedes  agora  la  verdadera 
salud  de  Perpiñan  é  de  todo  el  Condado  de  Ruyse- 
llon  no  estar  en  mi  presencia,  que  yo  estando  nin- 
gún espanto  nos  puede  hacer  el  exército  de  los 
franceses  por  grande  que  sea;  é   si  yo  me  par- 
tiese ,  por  la  opinión  concebida  ser  de  miedo,  los  que 
cerca  de  mí  estando,  serian  valientes,  con  mi  ausen- 
cia enflaquecerían  ,  é  por  aventura  darían  la  villa  á 
miserable  sujeción  é  podía  ser  que  algunos  de  los 
moradores  delta  se  inclinar  á  la  dar  por  traición.» 
E  visto  el  propósito  del  Rey ,  los  aragoneses  é  va- 
lencianos é  catalanes  que  allí  estaban  acordaron  de 
embiar  sus  embaxadores  suplicando  al  Príncipe  Don 
Fernando  quisiese  venir  ayudar  á  su  padre  puesto 
en  tan  decrépita  edad,  entre  tan  grandes  trabajos  é 
peligros.  Estas  cosas  oídas  por  el  Rey  mandó  lla- 
mar generalmente  á  todos  que  viniesen  á  la  iglesia 
mayor ,  donde  algunas  veces  mandaba  hacer  sus 
ayuntamientos,  é  allí  en  presencia  de  todo  el  pueblo 
hizo  un  juramento  en  forma  de  nunca  se  partir  de 
Perpiñan  fasta  tanto  que  aquella  villa  fuese  librada 
del  temor  que  tenia  del  cerco  venidero  de  los  fran- 
ceses, quitando  mucho  la  venida  dellos  con  gran 
muchedumbre  de  gentes ,  las  quales  pensaron  opre- 
mir  al  Rey  é  á  todos  los  de  la  villa  por  contino  com- 
bate de  tiros  de  pólvora  é  trabucos  é  ingenios  é  por 
hambre,  apretándolos  de  tal  manera,  que  de  nin- 
guna parte  le  pudiese  venir  socorro,  mayormente 


como  les  pareciese  que  el  atajo  que  el  Rey  avi« 
mandado  facer  entre  la  villa  é  la  fortaleza  no  podía 
ser  bastante  para  se  poder  amparar  é  defender ;  é 
tenían  los  franceses  allende  desto  esperanza  de  ha- 
ber la  villa  por  traición  de  algunos  moradores  de- 
Ua ,  é  creían  el  Rey  tan  viejo  no  podría  sostener  tan 
grandes  trabajos  é  fatigas  ,  é  convenille  ya  enco- 
mendar el  cargo  algunos  de  quien  los  moradores  de 
la  villa  no  acatasen  con  reverencia,  lo  qual  por 
cierto  mucho  lejos  acaesció  del  pensamiento  de  los 
franceses  como  el  valientísinio  Rey  desde  la  horade 
la  nona  armado  ,  encima  de  un  caballo  andaba  de 
estancia  en  estancia ,  requiriéndolas  é  poniendo  en 
cada  una  un  estrenuo  caballero  por  capitán,  é  gen- 
tes escogidas  para  las  guardar  é  con  maravillosa  so- 
licitud ninguna  cosa  le  quedaba  de  proveer  en  todo 
lo  necesario  ;  pero  con  todo  eso  los  franceses  tenían 
en  poco  la  virtud  del  Rey  confiando  en  la  traición 
que  algunos  días  estaba  puesta  en  obra,  como  tu- 
viesen una  mina  fecha  desde  el  campo ,  que  entra- 
ba en  la  casa  de  un  traidor  hombre  muy  principal  do 
aquella  villa ;  é  como  la  gente  de  los  franceses  de 
súpito  saliesen  por  aquella  casa,  el  Rey  que  en  to- 
das las  calles   avia  fecho  contraminas,  temiendo 
aquella  traición    poderle   ser  fecha,  socorrió  con 
muy  gran  presteza  con  quarenta  caballeros ,  é  en  la 
mitad  de  la  noche  valientemente  combatió  aquella 
casa  de  tal  manera  que  todos  los  franceses  que  por 
la  mina  entraron  ninguno  quedó  que  no  fuese  muer- 
to ó  preso ,  y  en  los  otros  que  de  fuera  estaban  so 
hizo  tal  daño  ,  que  pocos  dellos  volvieron  sanos  á  la 
fortaleza ,  é  todo  aquel  día  los  franceses  gastaron 
en  proveer  los  caminos  como  no  tuviesen  mucha  es- 
peranza de  aver  la  villa  por  combate ,  é  los  france- 
ses hicieron  en  torno  de  la  fortaleza  tres  fosados, 
porque  los  catalanes  é  aragoneses  aunque  eran  po- 
cos en  comparación  de  la  muchedumbre  de  los  fran- 
ceses, no  pudiesen  entrar  en  la  fortaleza  é  por  la 
tardanza  del  tiempo  con  la  hambre  oviesen  de  dar 
la  villa;  é  como  en  este  tiempo  los  que  en  ella  esta- 
ban con  Don  Juan,  Arzobispo  de  Zaragoza,  hijo 
bastardo  del  Rey  de  Aragón,  corrían  el  campo  é 
traían  provisiones á  Perpiñan,  é  hacian  grandes  da- 
ños en  los  franceses,  pero  con  todo  eso  los  de  Per- 
piñan, temiendo  el  largo  cerco,  enviaron  sus  mensa- 
geros al  Príncipe  Don  Fernando ,  suplicándole  se- 
gunda vez  no  tardase  de  venir  socorrer  á  su  padre, 
como  el  cerco  cada  dia  mas  amenazase  la  toma  de 
aquella  villa,  según  la  muchedumbre  de  los  enemi- 
gos que  cada  día  mas  se  acrecentaban,  como  la  vo- 
luntad del  Rey  Luis  de  Francia  mas  atenta  en  esto 
fuese  que  en  otra  cosa,  é  si  por  batallas  á  banderas 
desplegadas  no  eran  socorridos,  difícil  sería,  ó  mas 
verdaderamente  hablando ,  imposible  no  ser  muer- 
tos por  hambre.  Visto  este  mensaje  por  el  Príncipe, 
aunque  continamente  pensaba  venir  socorrer  á  su 
padre,  determinó  de  aver  el  consejo  de  la  Princesa 
Doña  Isabel,  su  muger,  é  del  Arzobispo  de  Toledo, 
los  quales  como  quiera  quo  conosciesen  quanto  daño 
venían  en  las  cosas  de  Castilla  por  la  partida  del 
Príncipe ,  paresoioles  ser  cosa  razonable  de  dejar  to- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


81 


dos  los  otros  negocios  por  socorrer  en  tan  estrema 
nescesidad  donde  pendía  la  vida  del  padre  é  la  liber- 
tad de  los  fieles  caballeros  é  vasallos  suyos,  é  que 
con  venia  sin  tardanza  alguna  la  partida  suya  poner- 
se en  obra ,  como  quiera  que  al  Arzobispo  quedaba 
gran  cargo  después  de  la  partida  del  Príncipe  con 
muy  delgada  sustancia,  después  de  aver  hecho  muy 
grandes  despensas  ;  é  como  entonces  Troyllos  Car- 
rillo tuviese  siete  mil  florines  por  aver  el  derecho 
del  Condado  de  Aguata  en  la  isla  de  la  ulterior  Ce- 
cilia ,  mandó  el  Arzobispo  que  los  diese  para  pagar 
sueldo  de  docientas  lanzas  que  con  el  Príncipe  fue- 
sen por  dos  meses ,  sin  que  el  Rey  de  Aragón  ni  el 
Príncipe  les  oviese  de  dar  cosa  alguna.  El  Príncipe 
loó  mucho  la  mananimidad  é  liberalidad  del  Arzo- 
bispo ,  é  todos  los  otros  grandes  que  á  los  Príncipes 
seguían  se  ofrecieron  de  lo  hacer  mas  largo  servi- 
cio, los  quales  todos  con  palabras  satisficieron,  sal- 
vo solamente  Don  Alonso  Manrique ,  hijo  mayor  del 
Almirante  Don  Fadrique ,  el  qual  trajo  setenta  lan- 
zas muy  escogidas  é  algunos  otros  peones  hijos-dal- 
gos  que  quisieron  ir  á  servir  al  Príncipe ,  con  la 
qual  se  acrecentó  el  número  de  la  gente  que  el  Prín- 
cipe llevó  en  Aragón  fasta  quatrocientas  lanzas,  lo 
qual  incitó  á  los  de  Zaragoza  á  hacer  ayuda  al  Prín- 
cipe con  docientas  lanzas  é  á  los  de  Valencia  no  rae- 
nos  movió  la  ida  del  Príncipe  é  la  calidad  de  tan  es- 
trema  nescesidad  en  que  su  padre  estaba.  E  con  es- 
tas gentes  el  Príncipe  continuó  su  camino  fasta  lle- 
gar en  Perpifian. 

CAPÍTULO  LXXXVII. 

Del  bienaventurado  suceso  que  ovo  el  Príncipe  Don  Fernando  en 
la  ida  de  Perplñan,  é  de  la  muerte  del  Cardenal  Albacense  é 
de  la  concordia  fecha  entre  los  Reyes  de  Francia  é  de  Aragón. 

En  otra  manera  sucedió  el  viaje  del  Príncipe  Don 
Fernando  de  como  lo  pensaba  el  Rey  Don  Enrique, 
el  qual ,  como  continuase  su  camino ,  muchos  de  los 
aragoneses,  valencianos  é  catalanes  lo  quisieron 
seguir,  aviéndose  por  bien  aventurados  en  poderse 
fallar  en  servicio  de  tan  gran  Príncipe  contra  sus 
enemigos;  ni  menos  los  que  estaban  en  Perpiñan 
con  su  Rey  trabajaban  por  conservar  su  salud  é  la 
libertad  de  sus  subditos,  en  tanto  quel  Príncipe 
Don  Fernando  recogía  sus  gentes  para  venir  en  so- 
corro del  Rey  su  padre.  Ni  los  que  en  Perpiñan  es- 
taban dejaron  de  pelear  continuamente  con  los 
franceses,  de  los  quales,  aunque  en  número  eran 
mucho  menos,  en  virtud  eran  mayores,  é  de  tal  ma- 
nera se  avian  con  ellos,  que  siempre  los  sobraban  é 
llevaban  dellos  ventaja  conoscida.  E  como  los  fran- 
ceses á  los  caminos  saliesen,  los  que  estaban  en 
Helna  con  el  Arzobispo  de  Zaragoza ,  hijo  del  Rey 
de  Aragón ,  aguardábanlos ,  é  mataban  é  prendían 
muchos  dellos;  é  increíble  y  maravillosa  cosa  es 
con  quales  artes  y  engaños  los  aragoneses  conser- 
vaban la  vida  de  su  Rey  é  la  libertad  general  de 
todos,  como  fuese  tan  poca  gente  dentro  en  Perpi- 
ñan en  comparación  de  la  muchedumbre  de  los 
franceses ,  teniendo  tan  grandes  fuerzas ,  é  fuese 

Cr.-in. 


libre  de  los  franceses  á  la  parte  de  Colibre  é  á  la 
provincia  de  Narbona ;  é  á  los  catalanes  ningima 
salida  les  era  sigura  sigun  la  dispusicion  é  ordenan- 
zas de  las  estancias  que  en  los  caminos  los  france- 
ses tenían,  á  los  quales  pudo  engañar  el  estrenuo  é 
valiente  caballero  Mosen  Pierres  de  Peralta,  Con- 
destable de  Navarra,  el  qual  como  supiese  la  lengua 
francesa,  vistiéndose  hábito  de  fraile  menor,  dis- 
currió por  todas  las  estancias  de  los  franceses  é  por 
todo  el  Condado  de  Ruysellon ,  y  entró  en  el  Real 
de  los  franceses,  é  con  ellos  muy  largamente  fabló 
haciéndose  á  ellos  muy  principal ;  é  como  entre  los 
franceses  é  catalanes  peleasen ,  é  algunos  cayesen 
de  los  franceses  mostrándose  misericordioso  é  así 
con  los  que  se  volvían  á  Perpiñan  se  metió,  de  quel 
Rey  ovo  gran  alegría ,  el  qual  en  muchas  cosas  les 
avisó,  de  que  gran  provecho  se  le  siguió ;  y  de  con- 
tino este  caballero,  aunque  viejo,  con  dos  hermanos 
llamados  el  uno  Beltran  de  Almendarez  y  el  otro 
Juan  de  Almendarez  que  mucho  habían  servido  al 
Rey  de  Aragón  en  el  tiempo  de  la  rebelión  de  Bar- 
celona, cabalgaban  todos  tres  con  poca  gente  é  tan 
sabiamente  lo  hacía,  que  siempre  mataban  é  pren- 
dían algunos  de  los  franceses,  de  tal  manera  que  ni 
osaban  ir  al  campo,  ni  solamente  á  dar  agua  á  sus 
caballos,  ni  á  traer  leña,  que  saliendo  de  su  real 
no  fuesen  presos  ó  muertos.  E  acaesció  que  como 
cada  día  bienaventuradamente  los  navarrospeleasen 
con  los  franceses,  tanto  cresció  en  ellos  la  osadía, 
que  como  los  franceses  desasen  las  puertas  del 
real  abiertas ,  Juan  de  Almendarez  con  tres  de  ca- 
ballo en  la  entrada  del  real  fué  preso ,  é  contra  la 
ley  de  la  guerra,  por  la  furia  de  los  franceses  fue- 
ron muertos.  El  Rey  con  el  gran  enojo  de  la  muerte 
de  aquel  caballero  é  de  los  que  con  él  iban ,  mandó 
degollar  todos  los  prisioneros  franceses  que  tenía» 
lo  qual  como  en  el  real  se  sintiese,  embiaron  luego 
humil  mente  suplicar  al  Rey  le  pluguiese  usar  de 
clemencia  é  misericordia  por  la  muchedumbre  de 
prisioneros  que  tenía,  perdonando  el  error  hecho 
por  algunos  sin  consentimiento  ni  voluntad  del  ca- 
pitán ni  de  los  otros  principales  que  con  él  esta- 
ban, é  quisiese  creer  que  dende  en  adelante  las  le- 
yes de  la  guerra  se  guardasen.  Al  clementísimo  Rey 
plugo  de  acetar  el  ruego  de  los  franceses,  los  quales 
como  ya  sintiesen  la  venida  del  Príncipe  Don  Fer- 
nando, pensaron  hacer  alguna  cosa  hazañosa  ante 
de  su  venida,  para  lo  qual  hicieron  una  mina  secre- 
ta por  debajo  del  atajo  que  el  Rey  de  Aragón  había 
mandado  hacer,  é  un  día  antes  que  amanesciese, 
salieron  por  la  mina  la  gente  de  armas  de  los  fran- 
ceses, é  pusieron  las  escalas  al  muro,  é  subieron  al- 
gunos por  ellas;  é  como  uno  quisiese  tomar  una  tor- 
re en  la  qual  estaba  un  velador ,  de  quien  ante  de 
entonces  muy  poca  cuenta  se  hacía ,  tan  valiente- 
mente peleó,  que  mató  á  aquel  que  primero  subió, 
é  defendió  de  tal  manera  el  muro,  que  antes  que  los 
franceses  pudiesen  tomar  ninguna  torre  el  velador 
fué  socorrido  por  los  españoles ,  é  la  virtud  de  solo 
un  hombre  pudo  tanto,  que  por  su  esfuerzo  la  villa 
no  se  tomó  é  muchos  de  los  franceses  fueron  muer- 

6 


82  CRÓNICAS  DE  LOS 

tos.  E  dejadas  de  escribir  otras  muchas  cosas  con 
viril  osadía  hechas  por  la  gente  del  Rey  de  Aragón, 
es  de  escribir  todo  lo  acaescido  al  Príncipe  Don 
Fernando  ante  que  pasase  de  la  provincia  de  Am- 
purias  é  la  villa  de  Helna  de  donde  los  que  en  la 
guarda  della  estaban  socorrían  la  mengua  de  vian- 
das que  los  de  Perpiñan  tenian;  é  como  á  los  fran- 
ceses paresciese  que  aunque  se  juntasen  los  de  Per- 
piñan é  los  de  Helna  no  bastarían  para  pelear  con 
ellos  y  el  contrarío  tenian  creido  los  españoles  co- 
mo siempre  en  las  peleas  pasadas  oviesen  llevado 
conoscida  ventaja  á  los  franceses ,  é  los  de  Helna 
señalaron  un  día  á  los  de  Perpiñan  por  bus  mensa- 
jeros para  que  fuesen  prestos  para  su  socorro,  por- 
que entendían  en  aquel  dia  al  tiempo  del  alba  pe- 
lear con  los  franceses,  donde  pelearon  de  tal  ma- 
nera que  los  franceses  fueron  desbaratados ,  é  allí 
fueron  presos  los  capitanes  llamado  el  uno  Mosen 
Dolao  é  el  otro  el  Senescal  de  Balcayre  con  muchos 
nobles  é  otra  mucha  gente  común  ;  é  los  que  esca- 
par pudieron  se  fueron  huyendo  á  su  real ;  lo  qual 
acaesció  en  veynte  y  dos  dias  de  Junio  del  dicho 
año.  El  Principe  Don  Fernando  llegó  á  un  paso  lla- 
mado el  puerto  de  Mozana,  la  subida  del  qual  era 
muy  alta  é  difícil  de  subir.  En  aquel  dia  hizo  un 
viento  tan  grande  que  á  todos  parescia  ser  imposi- 
ble poder  pasar  á  causa  de  lo  qual  los  grandes  que 
con  el  Príncipe  estaban  le  suplicaron  no  quisiese 
contender  con  la  adversidad  del  tiempo,  ni  quisie- 
se poner  á  sí  ni  á  los  suyos  en  tan  gran  peligro ,  el 
qual  querer  por  el  gran  esfuerzo  suyo  é  porque  el 
espíritu  divino  lo  llevaba ,  porfió  contra  la  volun- 
tad de  todos  continuar  su  camino ,  é  subió  en  la 
cumbre  de  increíble  altura ,  é  por  exemplo  suyo  to- 
da su  gente  subió,  ante  que  fuese  quatro  horas  del 
dia,  é  pasó  de  manera,  que  sin  perder  cosa  alguna 
casi  á  cinco  horas  del  dia  el  Príncipe  Don  Fernan- 
do en  vista  de  los  enemigos  ordenó  sus  batallas;  el 
qual  como  viese  grandes  lumbres  en  el  real,  que 
de  lejos  paresciesen  las  batallas  de  los  enemigos 
aparejadas  para  pelear,  el  Príncipe  amonestó  á  to  • 
dos  rogándoles  tuviesen  buen  corazón  y  esperasen 
bien  aventurada  Vitoria ,  como  á  todos  ellos  fuese 
notorio  la  maldad  de  los  franceses ;  que  quisiesen 
aver  memoria  de  los  maravillosos  acaescimientos 
en  que  siempre  la  divina  Providencia  ayudó  á  la 
verdad,  ni  les  pareciese  cosa  grave  de  recobrar  de 
los  franceses  lo  que  en  Cataluña  tenian  ocupado, 
como  la  muchedumbre  dellos  no  pudiese  sufrir  la 
ferocidad  é  valentía  de  los  españoles  y  como  fuese 
peligrosa  cosa  á  la  muchedumbre  de  gente  medro- 
sa pelear  en  campo  con  banderas  desplegadas  con 
gente  escogida  aunque  en  número  sea  mucho  me- 
nos como  muchas  veces  la  muchedumbre  de  los 
franceses  haya  sido  desbaratada  de  los  pocos  que  en 
Helna  y  en  Perpiñan  estaban  con  gran  daño  de 
sus  capitanes:  «é  si  por  ventura,  dixo  el  Príncipe, 
«aquí  hay  algunos  que  teman  pelear  por  la  muche- 
»dumbre  de  los  franceses,  díganlo  ante  que  la  ba- 
n  talla  comencemos,  porque  el  temor  de  aquellos  no 
))  traiga  daño  á  la  virtud  do  los  esforzados  varones. 


REYES  DE  CASTILLA. 

» como  mas  segura  les  sea  con  los  pocos  escogidos 
» terribles  cosas  cometer,  que  con  muchedumbre  de 
» gente  medrosa,  donde  la  turbación  de  los  tales 
»  suele  traer  perdimiento  de  todos, »  Las  quales  co- 
sas como  todos  oyesen ,  á  muy  grandes  voces  dixe- 
ron:  «Señor,  vamos á  ellos,  que  aquí  no  hay  ningu- 
»  no  que  tenga  temor,  mas  todos  queremos  ya  pe- 
))lear  é  no  perder  tiempo.  Vamos,  vamos  con  la  gra- 
»cia  de  Dios.»  Entonces  sonaron  las  trompetas,  ó 
las  compañías  de  Helna  é  las  batallas  del  Príncipe 
á  banderas  desplegadas  se  movieron.  El  Rey  en 
este  tiempo  requirió  todas  las  estancias  de  torres  ó 
puertas,  en  las  quales  proveyó  de  la  gente  necesa- 
ria, é  salió  contra  los  enemigos  con  los  pecnee  na- 
varros acostumbrados  de  guerra ;  é  mandóles  que, 
quando  menester  fuese ,  siguiesen  las  banderas  ó 
hiciesen  lo  que  les  fuese  mandado.  El  f  ortísimo  Rey 
armado  de  todas  armas  é  fortísimo  arnés,  encima 
de  un  gran  caballo  discurrió  por  sus  batallas,  or- 
denándolas; con  el  qual  estaba  Don  Alonso,  su  hi- 
jo bastardo;  y  el  Conde  de  Paredes,  é  Beltran  Ugon 
de  Rodelmin,  Prior  de  la  orden  de  San  Juan,  el  Cas- 
tellan  de  Amposta  é  Mosen  Pierres  de  Peralta,  Con- 
destable de  Navarra  y  Fernando  de  Rebolledo  y 
Beltran  de  Almendares;  con  los  quales  acordó  de  es- 
perarla venida  del  Príncipe,  para  ver  si  sería  mejor 
juntarse  todas  las  gentes  para  la  batalla,  ó  dasse  ca- 
da una  por  su  parte,  como  la  muchedumbre  de  los 
franceses  fuese  tanta  que  serían  bien  quarenta  mil 
hombres  d'armas ,  de  los  quales  en  las  peleas  pasa- 
das desde  el  principio  del  cerco  fueron  perdidos  por 
diversos  casos  bien  quince  mil  hombres,  algunos 
por  hierro  é  otros  de  fiebres  é  grandes  enfermeda- 
des; y  el  Cardenal  Albacense  fatigado  de  grande  en* 
f  ermedad  se  avia  partido  del  real,  el  qual  dado  á  to- 
da corrupción  é  malas  costumbres,  ovo  muerte  muy 
penosa,  en  testimonio  de  su  torpe  vida;  el  que  fué  el 
primero  que  en  esta  guerra  mandó  poner  fuego  en 
las  iglesias,  y  amonestó  á  los  franceses  usar  de  cruel- 
dad aun  allende  de  su  natural  costumbre.  E  los  otroe 
capitanes  franceses ,  mirando  como  eran  presos  loe 
principales  dellos ,  é  sabiendo  como  el  Príncipe  Don 
Fernando  venía  con  gran  gente  contra  ellos  de  Cag- 
tilla  en  otra  manera ,  pensaron  de  hacer  de  lo  que  ei 
Rey  de  Aragón  ni  su  hijo  creían,  los  quales  manda  • 
ron  poner  fuego  á  su  real  con  intención  de  dar  la 
batalla,  con  ma»  voluntad  de  se  ir  á  la  villa  de  SaS- 
sas  ques  cercana  á  la  provincia  de  Narbona;  los  qufe» 
les  cometieron  á  poner  fuego  á  su  real,  á  tiempo  qiisji 
vieron  á  lexos  por  la  ladera  de  un  monte  al  Principa 
Don  Fernando  con  sus  batallas  ordenadas;  y  el  Bej 
de  Aragón  eso  mesmo  esperaba  al  ver  lo  que  loa 
franceses  querían  hacer  y  querían  dar  batalla  ant^ 
quel  Príncipe  llegase.  Entre  tanto  los  franceses  pe- 
so á  paso  se  fueron  sus  batallas  ordenadas  como  b$ 
ovieran  de  pelear;  é  visto  por  el  Rey  lo  que  los  frac- 
ceses  hacían,  embió  á  gran  priesa  á  quien  conosclo» 
se  por  qué  causa  el  real  de  los  franceses  se  queraf:* 
ba ;  ó  los  que  fueron  hallaron  algunos  que  con  la 
fuerza  del  fuego  no  pudieron  salir;  lo  qual  como  ti! 
Rey  conosciese,  movió  con  toda  su  gente  de  cabj»- 


^Hfe  por  ir  rescibir  al  Príncipe  que  no  muy  lexos  pa- 
^^■scia  por  la  parte  de  Helna  é  como  llegase  muy 
^Bkrca  las  batallas  del  Rey  é  del  Príncipe,  los  Gran- 
des  que  con  el  Príncipe  venían  llegaron  besar  las 
manos  al  Eey ,  é  los  que  con  él  estaban  con  muy 
gran  gozo  fueron  besar  las  manos  al  Príncipe ,  el 
qual,  como  vido  al  Rey,  con  gran  reverencia  le  vi- 
no besar  las  manos,  y  el  Rey  le  dio  paz  é  le  dixo: 
«Agora  me  tengo  por  bienaventurado,  pues  engen- 
dré á  quien  dio  libertad  en  mi  tierra.  Yo  quiero  que 
seáis  mi  huésped  é  mi  convidado  en  la  ciudad  de 
Helna  que  está  muy  cerca,  dond«  comeremos,  é 
después  de  comer  iremos  á  Perpiñan.»  E  así  lo  pu- 
sieron en  obra;  é  antes  de  las  vísperas- llegaron  á 
Perpiñan,  donde  los  salieron  los  hombres  é  mujeres 
con  gran  gozo  á  rescibir ,  y  con  muchos  cantos  é 
danzas  é  juegos ,  dando  grandes  gracias  á  nuestro 
Señor  é  loando  mucho  la  virtud  del  Rey  é  no  me- 
nos del  Príncipe,  que  en  tan  gran  nescesidad  les  vi- 
no socorrer  é  á  dar  libertad  á  los  de  íiquella  villa  é 
toda  la  comarca,  dándoles  hartura  que  mucho  de- 
seaban después  de  tan  gran  hanbre  pasada. 


CAPÍTULO  LXXXVIII. 

De  como  el  Principe  Don  Fernando  el  dia  sigaiente  salió  á  dar  la 
batall»  á  ios  franceses ,  é  de  muchas  cosas  que  acaescicron  aate 
que  el  Principe  velvjese;  é  de  algunas  cosas  que  un  caballero 
llamado  DoD  Donis,  Disto  del  Rey  Don  Donis  de  Portugal,  hizo 
estando  en  servicio  del  ilu»trisimo  Rey  Don  Juan  de  Aragón. 

El  siguiente  dia  el  Príncipe  Don  Femando  salió 
de  la  villa  de  Perpiñan  con  sus  batallas  ordenadas, 
é  fuese  á  la  provincia  de  Narbona,  donde  supo  que 
los  franceses  se  habían  reta«i^,  paresciéndole  ser 
poco  avcr  feche  levantar  el  cerco  de  Perpiaaa  á 
gran  mnchedumbre  de  franceses ,  si  con  eiloe  no  pe- 
lease, á  k»fi  quales  envió  presentar  la  batalla  á  ban- 
deras desplegadas  ;  y  en  tanto  que  el  Prfocipe  esto 
hacia,  el  Rey  Don  Juan  su  padre  mandaba  comba- 
tir con  gran  vigor  la  fortaleza  que  los  franceses  te- 
nian ,  de  los  quales  muchos  dellos  estaban  derra- 
mados por  la  provincia  de  Rosellon  ,  é  como  supie- 
ron la  venida ,  se  vinieron  .á  juntar  con  la  muche- 
dumbre de  los  franceses  que  con  sus  capitanes  esta- 
ban ;  é  luego  todos  los  lugares  questaban  cerca  de 
Perpiñan  se  dieron  al  Rey,  é  muchos  otros  questa- 
ban en  la  ribera  de  la  mar ,  en  tal  manera ,  que  to- 
dos los  franceses  estaban  ya  juntos  en  un  lugar.  El 
Príncipe  Don  Fernando  llevaba  sus  batallas  ordena- 
das ,  é  como  sus  corredores  discurriesan  por  diver- 
jas partes ,  todos  los  franceses  que  topaban  é  iban 
por  se  juntar  con  sus   capitanes,  los  mataban  ó 
prendían  ;  é  tantos  caballos  les   fueron  tomados 
que  por  un  florín  de  Aragón  se  fallaba  un  caballo. 
E  ya  el  Príncipe  cerca  de  los  franceses ,  perdida  la 
soberbia  que  solían  tener ,  como  quiera  que  fuesen 
muchos  mas  que  los  españoles,  no  osaron  dalles  ba- 
talla ,  aunque  ningún  recelo  pudiesen  aver  de  cela- 
da ,  como  las  batallas  del  Príncipe  en  campo  llano 
todas  paresciesen.  En  aquel  dia, con  doscientos  gi- 
nrt'.'s  salió  uu  capitán  de  los  franceses  á  escaramu- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


83 


zar  con  la  gente  del  Príncipe ,  con  los  quales  de  tal 
manera  los  del  Príncipe  pelearon ,  que  muchos  de- 
llos fueron  muertos ,  é  los  otros  con  su  capitán  á 
gran  trabajo  pudieron  llegar  á  su  real ;  el  qual  te- 
nían mucho  fortalezido  de  cavas  y  palizas  de  guer- 
ra, según  costumbre  francesa,  sin  voluntad  de  dar 
la  batalla ;  lo  qual  como  el  Príncipe  conosciese,  des- 
pués de  haber  gran  pieza  esperado ,  sus  batallas  or- 
denadas ,  se  volvió  en  Perpiñan  ;  lo  qual  todo  como 
fuese  escrito  por  los  franceses,  el  Rey  de  Francia 
ovo  tan  grande  enojo ,  que  mandó  llamar  toda  la 
gente  que  avia  embiado  contra  los  ingleses  é  breto- 
nes é  borgoñones,  que  con  capitanes  muy  escogidos 
viniesen  contra  el  Rey  de  Aragón  ;  el  qual  estaba 
como  atónito  y  espantado  que  en  tan  grande  edad  é 
con  tan  poca  gente,  é  menguado  de  dinero  pudíeso 
aver  recobrado  á  Ruisellon  é  á  Barcelona  é  á  Perpi- 
ñan é  á  todas  las  villas  cercanas  á  ella ,  é  oviesen 
combatido  é  combatiesen  cada  dia  la  fortaleza  d'; 
Perpiñan  que  él  pensaba  ser  inespunable ,  é  oviesc 
muerto  é  vaicido  tanta  gente  suya ;  é  allende  desto 
dolíale  mocho  perder  las  rentas  de  Ruisellon  quo 
eran  muy  grandes ,  así  por  mar  como  por  tierra,  poi- 
que en  esta  guerra  estaba  mas  atento  que  en  nin- 
gún otro  negocio  el  Rey  de  Aragón,  creyendo  que 
después  de  aver  los  franceses  tan  grandes  daños  res- 
cebido  no  podían  tan  presto  le  hacer   guerra ,   é 
dio  licencia  á  la  mayor  parte  de  la  gente  que  tenia 
dejando  solamente  quinientos  de  caballo;  é  luego 
llegó  al  Rey  de  Aragón  la  fama  de  la  venida  de  los 
franceses  con  mucho  may^r  ejército  qu«  antes  ha- 
bían venido  ,  é  los  grandes  que  con  el  Príncipe  es- 
taban mostraron  gran  temor,  é  solo  el  Rey  sin  otro 
consejo  determinó  de  irles  dar  la  batalla  y  con  él  so- 
hwnent©  quinientos  de  caballo  y  dos  mil  peones  que 
tenia.  E  como  ei  Príncipe  fuese  al  Rey  muy  obi- 
dieute  é  conosciese  su  portinacia,  obedesció  su  man- 
dado ,  é  ninguno  fué  de  los  grandes  que  ende  esta- 
ban que  osase  contradecir  el  querer  del  Rey,  espe- 
rando con  todo  eso  que  á  la  vista  de  los  enemigos 
se  tomase  consejo ,  de  que  el  Rey  viese  la  muche- 
dumbre grande  de  ellos ,  é  quan  poca  gente  era  la 
suya  para  poder  con  ellos  peleai-.  E  así  el  Rey  coa 
sus  batallas  andando ,  embió  algunos  pocos  de  ca 
bailo  que  supiesen  qué  tanta  gente  era  la  francesa 
los  quales  miraron  discretamente  el  real  y  dixeron 
que  podían  ser  treinta  mil  combatientes  é  mas ;  lo 
qual  dixeron  ai  Príncipe  Don  Fernando  é  á  ios  Gran- 
des que  con  él  estaban  ,  los  qualas  pensaban  aquel 
dia  España  perderse  si  peleasen  tan  poca  gente  con 
tan  gran  muchedumbre  de  enemigos.  La  mayor 
parte  do  los  susodichos  eran  de  caballo,  é  con  quan- 
to  temor  los  españoles  tenían ,  ninguno  ovo  que  osa- 
se decir  al  Rey  su  parescer  como  ya  al  Rey  oviesen 
visto  en  grandes  peligros ;  é  fué  acordado  que  uu 
escudero  que  allí  estaba  llamado  Lope  Alonso  de 
Laguna,  aposentador  del  Príncipe,  criado  del  Ar. 
zobispo  de  Toledo  ,  á  quien  el  Rey  mucho  quería,  lo 
fuese  decir  la  verdad  de  la  gente  que  los  franceses 
tenían  ,  mostrándole  qnan  gran  peligro  seria  con 
poca  gonto  aver  de  dar  la  batalla  á  tan  tjrau  mu- 


84  CRÓNICAS  DE  LOS 

cheduinbre;  alo  qual  el  valientíaimo  Rey  respon- 
dió :  « Vosotros  los  que  nunca  esperimientastes  la 
»  fuerza  de  los  franceses,  ligeramente  vos  espantáis 
))  viendo  la  muchedumbre  dellos  ;  mas  nosotros  que 
•S)  muchos  años  ha  que  los  conocemos ,  é  mucho  de 
))  sangre  avernos  derramado  por  dar  libertad  á  esta 
» tierra ,  podemos  mejor  conoscer  qué  peligro ,  qué 
«infortunio  nos  pudiese  venir  si  pocos   espafio- 
))  les  contra  muchos  franceses  peleasen ,  é  y  a  de  los 
))mios  ninguno  avria  quedado,  si  temor  de  los  mu- 
»  chos  franceses  ovieseu  concebido ;  por  eso  ,  Lope 
»  Alonso,  yo  vos  ruego  queráis  aver  buen  corazón, 
»  que  yo  vos  certifico  que  ante  que  sea  hora  de  vís- 
)) peras,  seréis  muy  alegres  con  nueva  victoria.»  E 
Lope  Alonso  dixo  al  Rey  que  no  sabia  como  espera- 
se victoria  quien  veia  cien  franceses  para  un  espa- 
ñol. Al  qual  el  Rey  dixo  :  «Andad,  ios,  que  otra  vez 
»  certifico  avremos  victoria  por  la  gracia  de  Dios.» 
El  qual  espantado  é  maravillado  con  esta  respuesta, 
se  volvió  al  Príncipe  y  á  los  Grandes  que  con  él  es- 
taban ,  los  quales  como  quiera  que  viesen  tan  cerca- 
no el  peligro  ,  no  pudieron  estajtque  no  riyesen  de 
la  respuesta  del  Rey  ;  é  como  todos  estoviesen  des- 
esperados ,  vista  la  voluntad  del  Rey  dende  á  poco 
espacio  en  grande  alegría  se  convirtió  la  tristeza  de 
los  españoles ,  como  por  la  mano  de  Dios  á  los  fran- 
ceses llegó  un  mensagero  ,  el  qual  les  dixo  que  fue- 
sen ciertos  que  infinita  gente  de  españoles  venían  ; 
ó  como  este  mensagero  les  llegó  de  súpito ,  levanta- 
ron el  real,  dejando  en  él  todas  las  artillerías  de 
mayor  peso,  las  quales  el  Rey  de  Aragón  mandó  lle- 
var á  Perpiñan ,  y  los  franceses  espantados  iban  di- 
ciendo que  por  demás  era  el  Rey  de  Francia  con- 
quistar aquella  provincia  en  tanto  que  el  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  viviese ,  no  se  ganaria  por  mucha 
gente  que  contra  él  viniese.  Las  nuevas  de  todo  esto 
fueron  en  Borgoñay  en  Bretaña,  de  que  el  Rey  de 
Francia  ovo  gran  turbación  ,  é  pensó  de  tomar  otra 
forma,  y  envió  al  Rey  de  Aragón  personas  que  en- 
tre ellos  moviesen  tratos  de  concordia ,  lo  qual  mu- 
cho ayudó  al  Rey  de  Aragón  cansado  de  tan  gran- 
des trabajos  é  larga  guerra ;  y  en  tanto  que  el  Prín- 
cipe Don  Fernando  en  los  Reynos  de  Castilla  se  vol- 
vió ,  determinó  de  embiar  al  Rey  de  Francia  solen- 
ne  embaxada ,  en  que  fueron  principales  Don  Juan 
de  Córdoba  ,  Conde  de  Paredes,  é  Bernaldo  Ugonde 
Rocabertin,  Castellón  de  Amposta,  é  con  ellos  cin- 
quenta  caballeros  é  gentiles-hombres,  con  grande 
aparato ,  allende  de  la  gente  de  servicio ,  por  mos- 
trar el  poder  de  los  aragoneses ,  porque  no  pensase 
el  soberbio  Luis  de  Francia  la  nobleza  de  España 
fuese   del  todo  consumida.  Ni  por  eso  el  Rey  de 
Aragón  dexó  de  fortificar  el  atajo  que  avia  fecho 
entro  la  villa  de  Perpiñan  é  la  fortaleza,  el  qual 
acrecentó  mucho ,  así  en  hondura  como  en  largura, 
é  puso  en  él  muy  gruesas  lombardas  para  combatir 
la  fortaleza,  así  de  las  que  de  los  franceses  tomó 
como  de  las  suyas.  El  Príncipe  Don  Fernando  con 
mucha  alegría  é  triunfo  tomó  licencia  del  Rey  su 
padre ,  é  fuese  visitar  é  proveer  algunas  ciudades  de 
Cataluña  é  Aragón  que  bu  presencia  deseaban. 


REYES  DE  CASTILLA. 

Poco  tiempo  antes  desto  avia  estado  en  servicio 
del  serenísimo  Rey  Don  Juan  de  Aragón  un  caballe- 
ro llamado  Don  Donis ,  nieto  del  Rey  Don  Donis  de 
Portugal ,  el  qual  en  servicio  del  Rey  avia  ganado 
algunas  villas  é  fortalezas  de  los  rebeldes  á  él ,  ó 
avia  venido  al  socorro  de  Cervera,  pasando  veinte  y 
quatro  leguas  por  tierra  de  enemigos,  con  ciento  y 
cinquenta  castellanos  que  le  seguían ;  é  aviéndole  el 
Rey  grande  amor,  é  deseando  facerle  merced,  en- 
gañado por  el  Rey  Luis  de  Francia  con  vanas  espe- 
ranzas, dexó  el  servicio  del  Rey  de  Aragón  é  pasóse 
á  los  franceses  con  la  gente  castellana  que  le  se- 
guía^ de  que  el  Rey  de  Aragón  ovo  mucho  enojo,  E 
como  el  Rey  de  Francia  ninguna  cosa  cumpliese  con 
él  de  lo  que  le  fué  piometido,  dejó  su  compaña,  é 
fué  servir  al  Duque  Carlos  de  Borgofia,  é  después  de 
su  muerte  ha  servido  y  sirve  al  Rey  de  los  Roma- 
nos ,  hijo  del  Emperador  Federico  de  Alemania. 

CAPÍTULO  LXXXIX. 

De  la  venida  del  Príncipe  Don  Fernando  en  Castilla ,  é  del  enga- 
ño que  el  Rey  Luis  de  Francia  hizo  al  Rey  Don  Juan  de  Aragón. 

Estas  cosas  así  pasadas  ,  el  Príncipe  Don  Fernan- 
do se  vino  en  Castilla,  é  ante  que  de  Cataluña  vi- 
niese el  Rey  Luis  de  Francia,  mas  con  propósito  de 
seguir  á  se  vengar  que  de  aver  buena  paz ,  fingió 
de  tener  los  caballeros  quel  Rey  de  Aragón  avia  en- 
viado por  embaxadores,  en  el  comienzo  de  las  con- 
diciones de  la  mistad  que  entre  ellos  se  avia  de  ha- 
cer, con  esperanza  del  casamiento  del  Delfín  su  lii- 
jo  con  Doña  Isabel ,  hija  del  Príncipe  Don  Fernan- 
do é  de  la  Princesa  Doña  Isabel ,  diciendo  que  esto 
hecho ,  daría  qualesquiera  fuerzas  que  él  toviese  to- 
madas en  el  Condado  de  Ruisellon ,  con  tanto  quel 
Rey  Don  Juan  de  Aragón  dentro  de  un  año  le  pa* 
gase  trescientas  mil  coronas  que  él  avia  prestado 
para  hacer  la  guerra  á  los  rebeldes  catalanes ,  la  con- 
firmación de  lo  qual  se  cometiese  al  Conde  de  Pare- 
des é  al  Castellan  de  Amposta,  en  galardón  de  la 
embaxada ;  álos  quales  el  Rey  de  Francia  desto  cer- 
tificó ,  é  como  estos  caballeros  oviesen  entrado  en 
Francia  con  muy  noble  compañía  é  grande  aparato 
é  mucha  costa,  defirió  la  fabla  mostrando  tener  al- 
guna duda,  porque  en  la  tardanza  estos  caballeros 
creyeron  no  tener  franca  libertad  ni  se  les  daba  lu- 
gar de  rescibir  cartas ,  ni  las  embiar,  ni  menos  ya 
ir  donde  querían ,  lo  qual  al  Parlamento  de  París 
páresela  muy  mal.  El  Rey  de  Francia  de  nada  desto 
curó,  é  mandó  que  los  cinquenta  caballeros  que  allí 
eran  venidos  con  el  Conde  de  Paredes  é  con  el  Cas- 
tellan de  Amposta ,  se  volviesen  al  Rey  de  Aragón, 
é  los  dos  principales  con  poca  compañía  de  los  ser- 
vidores quedasen  allí ,  simulando  esto  facer  no  por 
los  privar  de  su  libertad ,  mas  que  fasta  tomar  con- 
clusión de  los  ingleses  é  borgoñones  é  bretones,  no 
podia  entender  en  las  cosas  de  España  ;  lo  qual  el 
Rey  de  Francia  hizo  por  aver  lugar  de  poder  enviar 
gente  poderosa  para  no  solamente  ocupar  el  Conda- 
do de  Ruysellon ,  mas  Cataluña  é  Aragón  é  las  pos- 
trimeras partes  de  España. 


CAPITULO  XC. 

I>ei  cerco  de  Alcalá  de  Guadayra  fecho  por  el  Duque  de  Mcdinasi' 
donia,  é  de  la  venida  del  Marqués  de  Cáliz  por  socorrer  á  la  di- 
cha villa ,  é  del  trato  que  entre  ellos  ovo. 


En  tanto  qne  estas  cosas  pasaban,  otros  movi- 
mientos de  Andalucía  se  movieron ,  como  aún  dura- 
se la  guerra  entre  el  Duque  de  Medinasidonia ,  Don 
Enrique  de  Guzman,  y  entre  el  Marqués  de  Cáliz, 
Don  Kodrigo  Ponce  de  León.  E  como  la  villa  de 
Alcalá  de  Guadayra  tuviese  Fernán  Darías  de  Sa- 
yavedra,  cufiado  del  Marqués,  é  desde  allí  siempre 
rescibiesen  daño  los  de  Sevilla ,  el  Duque  acordó  de 
allegar  gran  campaña  de  gente,  diciendo  que  qucria 
ir  á  Xerez ;  é  como  Alcalá  sea  dos  leguas  de  Sevilla, 
mandó  sacar  sus  pertrechos  muy  grandes  de  lombar- 
das é  quartagos  é  trabucos,  é  varios  pinjados,  é  to- 
das las  otras  cosas  nescesarias  para  combatir,  é  vi- 
no poner  el  cerco  sobre  Alcalá  de  Guadaira  con  fas- 
ta tres  mil  de  caballo ,  é  ocho  mil  peones.  E  como 
el  Marqués  fuese  certificado  el  Duque  combatir  la 
villa  de  Alcalá ,  escribió  á  todos  sus  amigos  é  ayu  • 
dadores,  é  juntó  poco  menos  gente  de  la  quel  Du- 
que tenia,  donde  es  cierto  que  de  la  una  parte  é  de 
la  otra  fué  puesta  la  mayor  parte  de  la  noble  gente 
del  Andalucía ;  é  como  el  Duque  oviese  comenzado 
á  combatir  la  villa ,  en  la  qual  estaban  Don  Alonso 
Ponce  de  León,  hermano  del  Marqués ,  é  Fernán  Da- 
rías de  Sayavedra,  é  Martin  Galindo  é  algunos  otros 
buenos  caballeros  criados  del  Marqués,  trabajaban 
quanto  podían  por  la  defender ;  é  con  el  Duque  ve- 
nían algunos  á  quienes  placía  que  la  villa  se  toma- 
se, los  quales  tubíeron  forma  que  los  dichos  caballe- 
ros fuesen  avisados  de  todo  lo  quel  Duque  hacer 
quería,  entre  los  quales  se  afirma  aver  seído  el  prin- 
cipal Alonso  Pímentel ,  de  quien  el  Duque  mucho 
confiaba ;  é  allende  desto  un  Comendador  de  la  or- 
den de  Santiago,  llamado  Mosquera,  criado  del 
Maestre  Don  Juan  Pacheco ,  que  hizo  grande  empa- 
cho porque  la  villano  se  tomase,  el  qual  fingió  aver 
seído  herido  por  la  mano  de  Maestre  Alonso  ,  lom- 
bardero  del  Duque,  el  qual  como  fuese  á  poner  fue- 
go auna  gruesa  lombarda,  díóle  una  gran  cuchilla- 
da en  el  pescuezo  de  que  luego  cayó  en  el  suelo  co- 
mo muerto ;  lo  qual  como  el  Duque  supiese ,  como 
quíer  que  él  naturalmente  no  fuese  inclinado  á 
crueza ,  gran  ira  ovo  que  puesta  mano  á  la  espada, 
la  puso  por  el  cuerpo  á  Mosquera,  de  tal  manera 
que  de  parte  á  parte  lo  pasó,  é  de  la  muerte  del  tan 
grandes  dificultades  ovo  é  nascieron,  que  se  dio 
grande  estorbo  en  la  tomada  de  aquella  villa.  Con 
todo  eso  el  arrabal  de  San  Miguel  se  combatió  por 
los  del  Duque ,  é  como  llegase  la  nueva  de  la  veni- 
del  Marqués,  ovo  turbación  de  consejos  de  lo  que 
se  debía  hacer ,  é  algunos  dixeron  que  como  el  Du- 
que allí  tuviese  gran  muchedumbre  de  gentes ,  que 
debía  escoger  los  que  mas  le  pluguiese  para  tener 
el  cerco ,  é  con  la  otra  gente  el  debía  ir  á  darle  ba- 
talla al  Marques.  Otros  fuerorí  de  acuerdo  que  el 
Duque  debía  levantar  el  cerco,  é  con  toda  la  gente 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS.  85 

dar  la  batalla,  y  el  Conde  de  Tendilla,  Don  Iñigo 
de  Mendoza,  é  Alonso  de  Velasco ,  hermano  del  Con- 
de de  Haro ,  dixeron  que  su  parescer  era  que  por  al- 
gunos medios  el  Marqués  fuese  tentado  para  dar 
entera  paz  entre  el  Duque  y  él ;  é  como  el  Duque 
fuese  mas  deseoso  del  reposo  que  de  la  guerra ,  ovo 
por  bueno  este  consejo  como  su  final  intención  fue- 
se recobrar  la  ciudad  de  Medina  que  tenia  perdida, 
de  que  no  solamente  se  le  seguía  aquel  daño ,  mas 
desde  allí  se  esperaba  perder  la  mayor  parte  de  la 
tierra  que  le  quedaba.  El  Marqués  estaba  en  grande 
agonía ,  porque  sí  la  batalla  se  daba  páresela  muy 
gran  sobra  de  gente  la  quel  Duque  tenía  ,  ó ,  si  tar- 
daba de  la  dar,  érale  gran  trabajo  haber  de  pagar 
sueldo  á  tan  gran  gente ;  é  los  caballeros  que  al 
Marqués  ayudaban  avian  por  grave  cosa  aver  de 
pelear  con  gente  tan  demasiada,  é  con  quien  tan 
gran  dinero  tenía  para  la  pagar,  é  decían  ser  ma- 
nifiesta locura  del  Marqués  sí  presumía  pelear  con 
la  gente  que  el  Duque  allí  tenía.  Y  el  Marqués  es- 
tando en  esta  agonía ,  llegaron  áél  el  Conde  de  Ten- 
dilla é  Alonso  de  Velasco ,  los  quales  quisieron  aver 
por  compañero  á  Don  Fadrique  Manrique ,  que  ha- 
bía traído  la  gente  de  Ecija  á  favor  del  Marqués,  el 
qual  mucho  deseaba  poner  la  paz  entre  estos  caba- 
lleros, especialmente  porque  Don  Pedro  d'Estuñí- 
ga,  sobrino  suyo,  que  mucho  amaba,  estaba  allí 
con  el  Duque  é  al  Duque  así  mesmo  amaba ;  é  dán- 
dose la  batalla  ninguna  alegre  nueva  le  podía  venir. 
E  todas  estas  cosas  vistas ,  el  Marqués  fué  ligero  de 
hacer  atraer  á  facer  el  compromiso,  el  qual  se  hizo 
por  parte  del  Duque  en  el  Conde  de  Tendilla  é  en 
Alonso  de  Velasco,  é  por  parte  del  Marqués  en  el 
Obispo  de  Cáliz  Don  Pedro  de  Solís  y  en  Don  Fadri- 
que Manrique ,  de  que  mucho  desplacía  á  los  sevi- 
llanos, mayormente  á  los  peones,  los  quales  desea- 
ban mucho  pelear.  Y  el  comienzo  de  lo  asentado  por 
los  dichos  jueces  fué  que  el  Duque  y  el  Marqués  se 
fuesen  al  castillo  de  Marchenilla,  lugar  de  Alonso  de 
Velasco ,  ques  muy  cerca  de  Alcalá  de  Guadayra ,  é 
con  ellos  entrasen  cada  tres  servidores  sin  armas  al- 
gunas llevar,  é  que  de  allí  no  saliesen  hasta  que  los 
jueces  susodichos  determinasen  en  todos  los  deba- 
tes que  entrellos  estaban.  La  senteacía  en  suma  fué 
la  siguiente :  que  la  una  parte  á  la  otra  luciesen  per- 
don  de  qualesquier  muertes  que  ovíesen  pasado  de 
los  unos  á  los  otros ,  é  que  todo  lo  tomado  de  los 
unos  á  los  otros  se  tornase  ásus  dueños,  é  la  ciudad 
de  Medinasidonia ,  que  por  el  Marqués  estaba  ocu- 
pada, la  restituyesen  al  Duque,  cuya  era,  en  cierto 
tiempo ,  é  que  el  Marqués  oviese  perpetua  libertad 
para  pescar  los  atunes  cerca  de  la  ciudad  de  Cáliz, 
después  de  ávidos  los  privillejos  por  el  Duque  en 
que  alien  desto  todas  las  cosas  que  restituir  se  pu- 
diesen de  la  una  parte  á  la  otra  fuesen  restituidas  á 
sus  dueños ;  lo  qual  todo  se  concluyó  en  tres  días, 
como  quiera  que  muy  grave  fué  al  Marqués  la  res- 
titución de  la  ciudad  de  Medina. 


86 


CRÓNICAS  DE  LOS 


CAPÍTULO  XCI. 


í)e  la  venida  en  Vizcaya  de  los  Embaxadores  del  Dnque  Carlos 
de  Borgoña,  el  qual  con  singular  amor  embió  al  Príncipe  Don 
Fernando  su  devisa  del  Tusón  de  oro. 

En  este  tiempo  el  Principo  Don  Femando  fué 
certificado  que  en  Vizcaya  eran  venidos  para  él 
enabaxadores  del  Duque  Carlos  de  Borgoña ,  á  los 
quales  luego  escribió  rogándoles  que  se  quisiesen 
venir  á  la  ciudad  de  Burgos ,  donde  mejor  pudian 
estar  que  en  otra  parte ,  fasta  que  oviese  despacho 
de  los  debates  de  Carrion ;  é  aunque  ovo  diversidad 
de  consejos  donde  el  Príncipe  los  debiese  recebir, 
al  fin  acordóse  que  fuese  en  la  villa  de  Dueñas ,  lo 
qual  asi  se  puso  en  obra;  donde  vinieron  quatro  em- 
baxadores del  Duque  de  Borgoña  con  asaz  gente  é 
grande  aparato.  La  causa  de  su  embaxada  fué  el 
Duque  desear  confirmarse  con  el  Príncipe  Don  Fer- 
nando el  amistad  que  antiguamente  avia  sido  en- 
tre los  Reyes  de  Aragón  Don  Alonso  é  Don  Juan, 
y  el  Duque  Felipo  su  padre,  la  qual  deseando  te- 
ner el  Duque  Carlos ,  con  verdadero  amor  embiaba 
al  Príncipe  Don  Fernando  su  devisa  del  Tusón ,  la 
qual  avian  tenido  los  Reyes  de  Aragón  ya  dichos. 
y  el  principal  de  estos  embaxadores  era  uno  de  los 
de  la  divisa,  el  qual  dijo  al  Príncipe  las  condicio- 
nes que  debían  guardar  los  que  esta  devisa  tuvie- 
sen, la  qual  el  Duque  le  enviaba  por  firmeza  in- 
violable que  para  siempre  entrellos  se  guardase  por 
juramento  militar  para  se  ayudar  é  socorrer  en  qua- 
lesquier  necesidades  que  se  viesen ;  la  qual  divisa 
tanto  aprovechó  al  Rey  Duarte  de  Inglaterra,  que 
como  fuese  echado  de  su  Reyno  con  el  ayuda  de 
Carlos,  Duque  de  Borgoña,  le  hizo  fuese  su  Reyno 
restituido ;  la  qual  embaxada  fué  explicada  ante  el 
Príncipe  Don  Fernando  en  la  Iglesia  de  Santa  Ma- 
ría de  la  dicha  villa ;  á  la  qual  por  mandado  del 
Príncipe  fué  respondido  por  Maestre  Hernando  de 
Moya.  E  de  allí  los  borgoñones  se  partieron  para 
Portugal.  E  ante  quel  Príncipe  de  Dueñas  partiese, 
fué  certificado  de  la  concordia  fecha  entre  el  Du- 
que Don  Enrique  de  Guzman  y  el  Marqués  de  Cáliz 
Don  Rodrigo  Ponce  de  León. 

CAPÍTULO   XCII. 

De  la  vnelta  del  Príncipe  Don  Fernando  en  Segovia  6  de  la  nue- 
va que  le  vino  de  la  enfermedad  del  Rey  su  padre. 

Fué  forzado  el  Príncipe  Don  Fernando  do  se 
partir  de  Segovia  é  ir  en  Aragón  á  causa  de  la  en- 
fermedad del  Rey  su  padre ,  en  tan  grande  edad 
ocupado  en  grandes  trabajos,  é  añadió  á  esto  que 
parescia  ser  conveniente  el  apartamiento  del  Prín- 
cipe é  la  Princesa  por  el  peligro  que  se  aparejaba 
de  amos  á  dos  ,  si  juntos  estuviesen,  é  de  la  estada 
de  la  Princesa  en  Segovia  se  esperaba  suceder  pro- 
vecho común,  como  ella  allí  estando  ,  siempre  que- 
daría á  los  del  Reyno  alguna  esperanza  de  conve- 
nencia con  el  Rey  Don  Enrique ,  ni  el  Maestre  de 
Santiago  habría  lugar  de  ocupar  aquella  ciudad  que 


REYES  DE  CASTILLA. 

mucho  deseaba,  como  lo  avia  comenzado  luego  que 
de  Carrion  vino;  pero  fué  puesta  tal  guarda  por  la 
ciudad  por  algunos  hombres  que  la  parte  del  Mayor- 
domo Andrés  de  Cabrera  siguian ,  y  muchos  desea- 
ban el  servicio  do  los  Príncipes,  que  no  se  dio  lugar 
á  lo  pensado  por  el  Maestre  ni  por  los  que  lo  se- 
guían ,  los  quales  trabajaban  por  destruir  la  repú- 
blica destos  Reynos,  queriendo  someter  en  misera- 
ble servitud,  trabajando  quanto  podían  por  concluir 
el  casamiento  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  con 
Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna.  E  como  no  sucedió 
la  ocupación  de  Segovia  como  el  Maestre  de  San- 
tiago pensaba,  el  Rey  se  partió  por  correr  monte 
como  solía.  Allí  dio  las  villas  de  Landrades  del 
Colmenar  al  Duque  Don  Beltran  de  la  Cueva ,  con 
previllegio  quel  Colmenar  dende  adelante  se  llama- 
se Monbeltran.  E  con  aquella  montería,  el  Maestre 
encubrió  algunos  días  la  ida  de  Portugal.  E  ya  el 
Rey  enojado  de  las  cosas  de  Segovia  no  haber  su- 
cedido como  quisiera,  se  partió  para  los  confines  de 
Portugal,  pensando  en  el  viaje  ó  concordia  concor- 
dar los  Grandes  del  Andalucía  para  que  consintie- 
sen en  el  matrimonio  del  Rey  Don  Alonso  de  Por- 
tugal con  Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna,  lo  qual  no 
pudo  acabar,  como  todos  conosciesen  este  casa- 
miento ser  total  destruimiento  destos  Reynos. 

CAPÍTULO  XCIII. 

De  como  el  Príncipe  Don  Fernando  se  partió  para  Aragón,  é  de 
la  muerte  de  Ximeno  Gordo,  fecha  por  justicia,  por  mandado 
del  Príncipe  Don  Fernando  en  Zaragoza. 

En  el  mes  de  Agosto  del  dicho  año  de  nuestro 
Redentor  de  mil  y  quatrocientos  y  setenta  y  qua- 
tro años,  el  Príncipe  Don  Fernando  ávido  su  con- 
sejo, se  partió  para  Aragón,  dejando  en  Segovia  á 
la  Princesa  Doña  Isabel ,  en  tanto  que  el  Rey  Don 
Enrique  y  el  Maestre  de  Santiago  estaban  en  los 
confines  de  Portugal,  á  los  quales  era  esperanza  de 
acabar  ligeramente  lo  que  deseaban  por  las  nuevas 
angustias  é  perplejidades  en  que  conoscian  al  Prín- 
cipe Don  Fernando  estar,  como  fuesen  ciertos  el 
Rey  Luis  de  Francia  tuviese  ayuntado  muy  gran 
ejército  para  venir  sobre  la  ciudad  de  Helna  é  pro- 
vincia é  sobre  los  otros  lugares  que  por  el  Rey  de 
Aragón  estaban  en  el  Condado  de  Rosellon.  E  ávi- 
do por  el  Príncipe  cierto  mensajero  destas  nuevas, 
determinóse  quel  Príncipe  se  partiese  para  Aragón, 
donde  los  que  su  servicio  deseaban  estaban  con 
gran  temor  por  ver  su  Rey  en  tanta  vejez,  mengua- 
do de  gentes  é  de  dinero  para  contender  con  ene- 
migo tan  rico  é  tan  poderoso.  El  Príncipe  con  gran- 
de ánimo  se  partió,  é  quiso  en  el  camino  ver  al  Ar- 
zobispo de  Toledo  que  en  Alcalá  de  Henares  esta- 
ba ,  é  desde  allí  determinó  ir  por  Guadalajara,  por- 
que si  pasara  por  el  camino  que  llaman  la  senda 
Galiana,  é  no  fuera  por  Guadalaxara,  paresciera 
poner  el  Marqués  deSantillana  alguna  sospecha.  E 
allí  el  Príncipe  estovo  dos  días  rescibiendo  del  Mar- 
qués grandes  servicios  é  fiestas  é  desde  allí  el  Prínci- 
pe se  partió  para  Zaragoza,  é  allí  comenzó  á  enten- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


87 


der  en  las  cosas  necesarias  para  la  guerra  que  de 
los  franceses  esperaban;  donde  fué  certificado  quan 
disolutamente  Ximeno  Gordo  en  aquella  ciudad  vi- 
vía, é  le  fueron  nunciados  grandes  crímenes  é  deli- 
tos por  él  cometidos  é  perpetrados;  el  qual  con  gran 
avaricia  y  deseo  de  haber  mando  en  aquella  ciu- 
dad, como  quiera  que  él  fuese  de  noble  linage,  re- 
nunció el  estado  de  la  nobleza  é  tomóse  ciudadano, 
porque  en  aquella  ciudad  los  hidalgos  no  pueden 
haber  oficios ;  el  qual  era  hombre  astuto  é  malicio- 
so é  tenía  la  lengua  muy  despierta  é  dulce,  con  que 
atraia  á  sí  el  pueblo.  E  como  quiera  que  el  Rey  de 
Aragón  oviese  sido  algunas  veces  avisado  de  las 
maldades  deste  hombre,  como  quiera  que  esto  viese 
ocupado  en  grandes  negocios  6  por  ser  naturalmen- 
te misericordioso  é  benino,  dejólo  sin  punición.  El 
Príncipe  muy  secretamente  quiso  saber  la  verdad 
délas  cosas  cometidas  por  este  Ximeno  Gordo,  é 
sabidas ,  desimuló  con  él  mostrándole  muy  buena 
cara  é  mandaba  que  hiciese  algunas  cosas ,  llamán- 
dole muchas  veces;  é  como  de  aquello  Ximeno  Gor 
do  estuviese  muy  contento,  el  primero  que  en  el 
palacio  venía  era  él,  no  sospechando  que  siniestra 
cosa  le  pudiese  venir.  E  acaesció  que  en  un  dia  ante 
que  el  sol  saliese,  el  Principe  le  envió  llamar,  el 
qual  muy  prestamente  vino ,  y  el  Príncipe  le  pre- 
guntó si  avia  puesto  en  escrito  algunas  cosas  que  le 
habia  mandado.  Él  respondió  que  sí.  Y  luego  el 
Príncipe  le  mandó  que  se  subiese  arriba  á  lo  mas 
alto  de  la  casa,  é  con  él  Mosen  Ramón  de  Espés  é  con 
ellos  un  secretario,  para  hablar  algunas  cosas  que  lo 
cumplian,  en  tanto  que  él  oia  misa.  E  como  el  Prín- 
cipe vido  ser  ya  Ximeno  arriba ,  él  se  subió  á  gran 
priesa  é  díxole  la  conclusión  del  negocio,  el  qual  al 
Príncipe  respondió  maravillándose  mucho  del  caso; 
y  el  Príncipe  respondió  é  replicó  diciendo  que  haria 
mejor  de  se  arrepentir  de  sus  pecados  é  dar  consejo 
á  su  ánima,  pues  le  convenia  luego  desta  vida  par- 
tir. Al  qual  Ximeno  Gordo  respondiendo  que  don- 
de estaba  el  clérigo  que  lo  habia  de  confesar ,  co- 
menzó luego  á  dar  grandes  voces  porque  oyesen  en 
la  ciudad  lo  que  hacía,  porque  según  las  leyes  della 
el  Rey  no  podia  matar  á  ninguno  después  que  ape- 
lase ante  el  pueblo,  fasta  que  fuese  visto  por  dere- 
cho; la  qual  esperanza  el  Príncipe  lo  quitó  mandán- 
dole luego  ahogar,  después  de  leida  ante  él  la  sen- 
tencia en  que  se  contenia  todos  los  excesos  é  male- 
ficios por  él  cometidos.  Al  Príncipe  fué  suplicado 
por  los  presentes  que  oviese  misericordia  de  Xime- 
no Gordo  c  se  lo  acordase  de  muchos  servicios  que 
le  habia  fecho ,  los  quales  fuesen  en  compensación 
de  los  males  por  él  cometidos ;  á  lo  qual  el  Príncipe 
respondió  que  á  él  pluguiera  por  los  servicios  facer- 
le merced,  mucho  mas  que  aver  de  punir  sus  deli- 
tos, si  la  calidad  de  aquellos  fuera  tal;  pero  á  él  con- 
venia facer  justicia,  é  los  servicios  que  Ximeno  Gor- 
do le  tenía  fechos,  á  sus  hijos  los  entendía  galardo- 
nar, porque  sus  graves  excesos  no  quedasen  sin  pe- 
na, ni  los  servicios  sin  galardón  ;  lo  qual  ninguno 
supo,  salvo  aquellos  que  por  mandado  del  Príncipe 
hicieron  la  ejecución.  E  luego  el  Príncipe ,  oida  mi-- 


sa,  mandó  llamar  un  pregonero,  é  mandó  que  subie- 
se arriba,  é  tomase  al  hoinbre  que  allí  estaría  muer- 
to é  lo  llevase  á  la  plaza,  el  qual  como  conosciese 
ser  Ximeno  Gordo ,  quedó  atónito  pensando  de  la 
muerte  de  aquel  se  siguiese  grande  escándalo  en  la 
ciudad.  E  aunque  con  gran  temor,  hizo  el  mandado 
del  Príncipe ,  é  llevó  el  cuerpo  de  Ximeno  Gordo  á 
poner  en  la  plaza ,  é  por  mandado  del  Príncipe  en 
alta  voz  pregonó  que  ninguno  fuese  osado  á  llevar 
aquel  cuerpo  sin  mandado  del  Príncipe,  so  pena  de 
la  vida.  La  muerte  de  aqueste  dio  gran  temor  á  to- 
dos los  ciudadanos  de  Zaragoza,  mayormente  á  Mo- 
sen Fernando  de  Lanuza,  como  páresela  este  haber 
sido  consentidor  en  los  crímenes  y  excesos  cometi- 
dos por  Ximeno  Gordo,  que  como  tuviese  poder  del 
Rey  para  punir  y  castigar  los  malf echores ,  oviese 
dejado  este  sin  pena.  Esto  fecho ,  el  Príncipe  deter- 
minó de  se  partir  para  Barcelona  para  el  Rey  su  pa- 
dre, é  mandó  al  Gobernador  Mosen  Juan  de  Torre- 
llas  que  luego  como  él  se  partiese,  ficiese  degollar  á 
Estéf ano  de  Urrea,  porque  se  probaba  ser  falsario  é 
compañera*en  los  crímenes  cometidos  por  Ximeno 
Gordo.  El  Gobernador  hizo  el  mandado  del  Prínci- 
pe con  grande  admiración  del  pueblo ,  é  no  menos 
de  los  Regidores  é  nobles  de  aquella  ciudad,  de  que 
todos  concibieron  temor,  como  nunca  oviesen  visto 
en  sus  tiempos  semejantes  justicias  facerse. 

CAPÍTULO  XCIV. 

Del  gran  exército  que  el  Rey  Luis  de  Francia  ayuntó  en  la  ciudad 
de  Narbona  para  embiar  en  la  ciudad  de  llclna  6  Pcrpiñan,  6 
de  los  consejos  que  el  Rey  Don  Juan  ovo  sobre  la  guerra  que  fa- 
cer le  convenia  é  sobre  el  casamiento  de  la  Infanta  Doña  Juana 
su  bija. 

Por  maravilla  fué  ávido  en  tan  grandes  necesida- 
des y  en  edad  tan  tierna  el  vigor  y  esfuerzo  que  el 
príncipe  Don  Fernando  mostraba,  como  fuese  cier- 
to del  grande  ayuntamiento  de  gentes,  así  de  caba- 
llo como  de  á  pié  que  el  Rey  Luis  de  Francia  tenia 
en  la  ciudad  do  Narbona ,  con  tantas  é  tan  grandes 
artillorias  para  combatir,  como  nunca  fasta  enton- 
ces en  las  partes  de  España  fueron  vistas  para  ve- 
nir sobre  la  ciudad  de  Helna ,  que  es  situada  al  pié 
de  los  montes  Perineos,  á  la  una  parte  Ruysellon,  é 
á  la  otra  parte  la  provincia  de  Ampurias,  para  facer 
guerra  no  solamente  en  los  lugares  que  por  el  Rey 
do  Aragón  avian  seido  recobrados ,  mas  en  todo  lo 
otro  que  le  quedaba.  El  Rey  de  Aragón  en  tan  decré- 
pita edad,  fatigado  de  tan  grandes  cuidados,  desea- 
ba mucho  la  venida  del  Príncipe  Don  Fernando  su  hi- 
jo,así  porconsultarconéllas  cosas  que  le  convenían 
para  resistir  atan  duro  adversario,  como  por  enten- 
der en  el  casamiento  de  la  infanta  Doña  Juana,  su 
hija;  que  ya  era  en  edad  de  casar,  los  quales  nego- 
cios así  difíciles  le  parecían.  El  Príncipe  siguiendo 
la  voluntad  del  padre,  se  partió  de  Zaragoza,  é  se 
vino  en  Barcelona,  donde  el  Roy  largamente  comu- 
nicó con  él  todas  las  cosas  que  le  parescian,  así  en 
lo  uno  como  en  lo  otro  ;  y  el  Príncipe  no  menos  es- 
plicó  al  Rey  los  gra?)d/i«  daños ,  agravios  y  males 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  rescibia  del  Rey  Don  Enrique  é  del  Maestre  de 
Santiago  Don  Juan  Pacheco  ,  quejándose  de  la  mal- 
dad del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  ,  á  quien  el 
Rey  de  Aragón  oviese  mucho  amado,  como  fuese 
sobrino  suyo,  hijo  de  su  hermana,  y  el  Rey  se  ma- 
ravilló de  la  ingratitud  á  él  mostrada  por  el  Rey  Don 
Alonso  de  Portugal,  intruso  en  sus  Reynos,  olvidan- 
do el  deudo  tan  cercano  que  con  él  tenia,  é  no  sola- 
mente con  esto  el  Rey  de  Portugal  habia  mostrado 
su  malicia ,  como  él  fuese  cierto  que  mostraba  ale- 
gría en  saber  las  aflicciones  é  trabajos  que  en  tanta 
vejez  estaba  ,  é  maravillábase  como  seyendo  el  Rey 
de  Portugal  en  fama  de  hombre  prudente ,  quererse 
meter  en  las  cosas  perdidas  del  Rey  Don  Enrique, 
regido  por  el  Maestre  de  Santiago  é  de  los  grandes 
de  Portugal ,  á  los  quales  siempre  fué  aborrecible  la 
infelicidad  de  los  Castellanos.  E  como  en  el  comien- 
zo de  las  cosas  en  Castilla  acaecidas  al  príncipe  Don 
Fernando,  él  estubiese  incrédulo  de  las  formas  que 
contra  él  é  contra  la  Princesa  su  muger  se  tenían,  la 
espiriencia  lo  mostró  ser  verdad ;  todo  lo  qual  Alon- 
so de  Falencia  coronistale  habia  dicho  cerca  délos 
casamientos  de  Doña  Juana ,  hija  de  la  Reyna ,  en 
Francia  y  en  Italia  y  en  Cataluña  ,  los  quales  todos 
avian  seido  dejados,  porque  oviese  efeto  el  casa- 
miento de  Don  Alonso  ,  Rey  de  Portugal ,  que  avia 
seido  desechado  por  la  princesa  Doña  Isabel ;  don- 
de el  Rey  de  Aragón  conosció  enteramente  la  ene- 
miga amistad  del  Maestre  de  Santiago,  el  qual  siem- 
pre le  habia  seido  capital  enemigo,  é  ni  por  ruego 
ni  por  promesas  nunca  su  propósito  quiso  mudar. 
Por  lo  que  el  consejo  para  proveer  en  estas  cosas 
fué  el  siguiente  :  que  el  Rey  de  Aragón  se  fuese  á  la 
provincia  de  Ampurias ,  é  se  pusiese  en  la  villa  de 
Castellón  ques  cerca  de  los  montes  Pirineos ,  é  aque- 
lla villa  é  fortaleza  hiciese  mucho  fortificar  é  apa- 
rejar de  todo  lo  necesario ,  é  pusiese  la  gente  de  ca- 
ballo de  Valencia  en  la  villa  de  Figueras,  é  con 
ellos  algunos  de  los  peones  de  Navarra  é  Vizcaya, 
é  los  caballeros  mas  acostumbrados  de  la  guerra  de- 
jase en  la  ciudad  de  Helna  con  los  caballeros  ita- 
lianos quel  Rey  Don  Femando  de  Nápol  le  avia 
embiado,  con  un  su  capitán  llamado  Julio ,  é  que  de 
los  caballeros  questaban  en  Perpifian  ninguno  fuese 
llamado ,  é  que  el  Príncipe  Don  Femando  se  fuese 
en  Aragón  é  hiciese  Cortes  generales,  donde  apro- 
base las  leyes  aprobadas,  é  las  que  fuesen  de  apro- 
bar confirmase,  é  demandase  el  sueldo  para  tres- 
cientos do  caballo ,  los  quales  á  muy  gran  priesa 
luego  lo  embiase  á  la  provincia  de  Ampurias,  é  con 
gran  diligencia  buscasen  dinero  para  el  armada  que 
mucho  le  convenia  hacer ,  como  el  Rey  de  Francia 
fuese  cierto  que  tenia  grandes  galeas  contra  la  cos- 
tumbre antigua  de  los  franceses  para  traer  en  ellas 
gran  muchedumbre  de  gentes.  E  dado  consejo  en 
las  cosas  dichas,  el  Rey  quiso  saber  el  parecer  del 
Príncipe  cerca  del  casamiento  de  su  hija  Doña  Jua- 
na, el  qual  era  demandado  por  notables  embaxado- 
res  por  parte  del  Rey  Don  Fernando  de  Nápol,  para 
él  ó  para  su  hijo  segundo ,  llamado  Don  Fadrique  ; 
á  lo  qual  el  Príncipe  respondió,  ninguno  destos  ca- 


samientos le  páresela  se  debiese  facer,  como  en  el 
deudo  pequeña  diferencia  oviese  entre  el  padre  y  el 
hijo  ;  é  como  el  padre  después  de  haber  perdido  la 
primera  muger  muchos  años,  recusó  nuevos  casa- 
mientos por  no  dar  madrastra  á  los  hijos,  y  el  ma- 
yor hijo  suyo,  Don  Alonso ,  príncipe  de  Capuana  é 
Duque  de  Calabria,  tuviese  hijos  de  su  mujer  y  her- 
mano del  Duque  Galeazo  de  Milán  ,  al  primogénito 
del  qual  peYtenescia  la  corona  del  Reyno;  asi  su  pa- 
rescer  era  el  ya  dicho  al  Rey ,  con  todo  eso  páres- 
ela seguirse  algunos  agravios  é  inconvinientes,  é 
dejándose  de  facer  alguno  destos  dos  casamientos 
como  menospreciándolos,  no  solamente  ingratitud 
se  mostraría  al  sobrino  Rey  de  Nápol ,  de  quien  mu- 
chas veces  avia  seido  socorrido  con  gente  é  dinero, 
mas  páresela  tener  con  él  enemistad ,  é  no  solamen- 
te á  esta  causa  dejaría  de  dar  ayuda,  mas  podría  ser 
de  ocupar  la  isla  de  Cecilia  que  por   él  mucho 
era  deseada ,  como  le  fuese  muy  cercana ;  por  las 
quales  causas  le  páresela  se  debía  acetar  el  casa- 
miento del  Rey  Don  Fernando  con  su  muy  ilustrí- 
sima  hija,  lo  qual  era  mas  conveniente  que  darla  al 
hijo  segundo ,  como  ya  su  hija  quedaría  Reyna.  E 
como  al  Rey  paresciese  esto  se  debiese  consultar 
con  la  hija,  porque  grandes  inconvinientes  se  si- 
guian  de  los  casamientos  que  se  hacen  sin  consenti- 
miento de  las  mugeres ,  el  Rey  mandó  llamar  á  la 
Infanta  su  hija  ,  é  díxole  todo  lo  que  en  este  caso 
avia  pasado  é  visto  con  el  Príncipe  su  hermano,  en 
las  causas  que  le  movían  á  este  casamiento;  porque! 
Rey  ninguna  cosa  desto  quería  concluir  sin  volun- 
tad é  consentimiento  suyo ;  é  así  le  mandaba  quo 
claramente  le  dixese  su  determinada  voluntad.  Lo 
qual  oído  por  la  Infanta ,  rescibió  vergüenza  en  este 
caso  aver  de  hablar ;  pero  como  fuese  toda  de  mu- 
cha virtud  é  discreción ,  respondió  que  como  ella 
fuese  nascida  para  casar  é  la  razón  esto  demandas© 
é  la  bienaventuranza  suya  fuese  en  el  casamiento, 
esto  era  de  remitir  á  nuestro  Señor,  en  cuyabenini- 
dad  esperaba  querría  mirar  con  ojos  de  misericor- 
dia los  grandes  trabaxos  del  Rey  su  señor  é  su  pa- 
dre en  los  quales  algún  remedio  se  daría  si  ella  bien- 
aventuradamente casase ,  é  ya  ella  fuese  en  edad 
conveniente  demandada  por  aquellos  príncipes  al 
Rey  muy  parientes  é  caros ;  é  pues  á  su  parescer  el 
Rey  esto  dexaba,  teniéndoselo  en  merced,  é  besan- 
do las  manos  por  ello ,  respondía  parescerle  ser  maa 
conveniente  el  casamiento  del  Rey  Don  Femando 
su  primo ;  á  lo  qual  dio  muchas  y  evidentes  razones,, 
las  quales  el  Rey  aprobó  y  el  Príncipe  loó  mucho  el 
ingenio  y  virtud  de  su  muy  amada  hermana.  E  á  los 
embaxadores  del  Rey  de  Nápol,  oída  esta  respuesta, 
con  grande  alegría  fué  luego  denunciando ;  é  pres- 
tamente subcedió  otro  nuevo  embaxador  del  ya  di- 
cho Rey  de  Nápol,  el  qual  siempre  siguió  las  pisa- 
das del  Príncipe.  E  como  el  Rey  de  Nápol  toviese 
gran  vigilancia,  en  cada  parte  del  mundo  procura- 
ba tener  hombres  discretos  que  en  todas  las  partes 
supiesen  las  cosas,  é  por  sus  letras  se  las  hiciesen  sa- 
ber. Estas  cosas  así  fechas  en  Barcelona,  el  Prínci- 
pe Don  Fernando  se  volvió  á  Zaragoza  por  proveer 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS 
en  las  cosas  según  el  mandamiento   del  Rey  su 
padre. 


CAPITULO  XCV. 

De  las  cusas  en  este  tiempo  en  Portugal  acaescidas  6  de  la  muer- 
te de  Don  Juan  Pacheco,  Maestre  de  Santiago. 

En  este  tiempo  el  Maestre  de  Santiago  Don  Juan 
Pacheco  á  reqüesta  del  Rey  de  Portugal  se  vido  con 
él.  Entonce,  entre  todos  los  Príncipes  Christianos, 
tenia  fama  de  ser  el  mas  prudente  é  mas  casto,  te- 
niendo el  cetro,  por  Dios  á  él  encomendado,  en  aque- 
llos dias  pacíficamente ;  ni  avia  causa  de  tener  guer- 
ra con  ninguno ,  salvo  con  los  moros  que  á  él  era 
muy  honrrosa,  el  qual  habia  rescibido  aquel  Reyno 
asaz  menguado  de  riquezas,  é  por  industria  del  In- 
fante Don  Enrique  su  tio,  hombre  muy  notable  de 
grande  edad  ,  le  habia  enriquecido,  mostrando  á  los 
portugueses  navegar.  E  ya  el  Rey  Don  Alonso,  ávi- 
do por  muy  claro  entre  los  príncipes  Christianos,  no 
pudo  guardarse  de  los  engaños  de  la  fortuna,  como 
tuviese  esperanza  do  avor  el  casamiento  de  Doña 
Juana  ,  llamada  hija  del  Rey  Don  Enrique  ;  é  cre- 
yendo haber  estos  Reyuos  de  Castilla  é  de  León  des- 
pués de  la  muerte  de  aquel ,  tovo  forma  con  el  Maes- 
tre Don  Juan  Pacheco  como  el  dicho  casamiento 
oviese  efeto,  sabiendo  ser  aquella  la  voluntad  del 
Rey  Don  Enrique ,  é  para  ello  oviese  público  con- 
sentimiento, no  solamente  de  los  Grandes,  mas  de 
las  ciudades  é  villas  é  pueblos  dellos;  y  como  en  esto 
ya  se  sonase  muy  poderoso,  desde  allí  comenzó  paso 
á  paso  de  entender  en  el  negocio,  tentando  el  pares- 
cer  de  los  grandes  do  su  Reyno,  porque  los  otros 
casamientos  de  que  ya  es  fecha  mención ,  se  avian 
estorbado,  é  todas  e?tas  cosas  asi  pasadas ,  de  con- 
sentimiento destos  dos  Reyes  se  ofresció  oportuni- 
dad para  hacer  este  casamiento,  en  tanto  que  el  Rey 
Don  Enrique  estaba  en  los  confines  de  Portugal,  el 
qual  habia  de  dar  al  Maestre  Don  Juan  Pacheco  la 
ciudad  de  Truxillo  ,  la  qual  dias  avia  que  avia  sido 
dada  al  Duque  de  Arévalo  ;  la  posesión  de  la  qual 
dada  al  Maestre  de  Santiago,  se  avia  de  facer  el 
desposorio  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  con 
Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna  Doña  Juana;  la  qual 
ciudad  de  Truxillo,  el  Duque  de  Arévalo  no  avia 
ávido  porque  le  fué  dado  el  Maestrazgo  de  Alcán- 
tara para  su  hijo  Don  Juan  Pimentel ,  en  recompen- 
sación della;  é  el  Rey  Don  Enrique  vino  á  Madrid  en 
tanto  quel  Maestre  de  Santiago  con  autoridad  suya 
ablandaba  los  corazones  de  los  de  Truxillo ,  é  podia 
atraer  á  Gracian  de  Seso ,  Alcayde  de  la  fortaleza 
de  Truxillo,  á  que  la  entregase.  En  tanto  questas 
cosas  se  trataban ,  el  Maestre  estaba  en  la  villa  de 
Santa  Cruz ,  ques  cercana  á  Truxillo ,  y  desde  allí 
por  sus  mensageros  solicitaba  los  grandes  de  Anda- 
lucía, que  diesen  consentimiento  al  desposorio  del 
Rey  Don  Alonso  de  Portugal  con  la  dicha  Doña 
Juana.  En  el  qual  tiempo  nuestro  señor  quiso  que  el 
Maestre  de  Santiago  no  viese  el  casamiento  por  el 
Rey  de  Portugal  tanto  deseado  en  daño  universal 
destos  Reynos ,  porque  en  él  se  verificase  aquella 


89 
sentencia  del  santo  Job  que  dice  :  Dios  disipa  los 
pensamientos  de  los  malos,  porque  sus  manos  no  pue- 
dan acabar  lo  que  desean.  E  su  voluntad  fué  que  de 
la  misma  enfermedad  de  que  murió  el  Maestre  de 
Calatrava ,  su  hermano ,  muriese  él ;  é  así  el  Maes- 
tre de  Santiago  Don  Juan  Pacheco  murió  en  la  villa 
de  Santa  Cruz ,  á  quatro  de  Octubre  del  año  de  mil 
é  quatrocientos  é  setenta  y  quatro  años ,  estando  en 
los  tratos  con  el  Alcayde  Gracian  ,  y  quando  esta- 
ba al  cabo,  ovo  de  venir  el  Alcayde  á  hablarle ,  y 
hicieron  sentar  al  Maestre  en  una  silla,  y  que  se  es- 
forzase lo  mas  que  pudiese,  haciendo  que  la  cáma- 
ra estoviese  escura  ,  porque  el  Alcayde  no  le  viese 
la  flaqueza  que  tenia,  á  do  concertó  que  le  entrega- 
se la  fortaleza.  Y  luego  otro  dia,  en  yéndose  el  Al- 
cayde ,  murió  el  Maestre ,  y  fué  tanta  la  astucia  de 
Pedro  de  Baeza  que  lo  contrataba ,  que  aunque  el 
Alcayde  estaba  receloso  dello,  le  dio  tanta  priesa 
que  le  entregó  y  dio  el  Maestre  al  Alcayde  Gracian 
á  Sahelices  de  los  Gallegos.  El  Maestre  dejó  por  he- 
redero á  Don  Diego  López  Pacheco,  Marqués  de  Vi- 
llena,  primogénito  suyo,  al  qual  entre  las  cosas 
grandes  que  le  dejaba ,  encomendóle  fuese  dada  la 
guarda  de  Doña  Juana ,  que  según  él  creía  avia  de 
ser  esposa  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal ;  é  á  Don 
Pedro  Puertocarrero,  su  hijo  segundo,  dejó  el  AI- 
caydia  Mayor  de  Sevilla  en  la  casa  que  avia  sido  do 
la  Marquesa  de  Villana,  su  madre,  con  todas  las 
otras  rentas  que  tenia  en  Sevilla  y  en  sus  términos, 
y  las  villas  de  Villanueva  y  MoguU  ,  con  otros  pe- 
queños lugares  que  en  el  Andalucía  tenia;  é  á  Don 
Alonso  Tellez  ,  su  hijo  tercero ,  dejó  el  castillo  de 
Montalvan  é  la  Puebla  de  Montalvan  é  otras  rentas 
de  dinero  ;  é  á  Don  Alonso  Pacheco,  hijo  suyo  bas- 
tardo ,  Comendador  de  Guadalherza ,  de  la  Orden 
de  Calatrava ,  dejó  algunas  rentas  de  dinero.  E  f  a- 
Uescido  asi  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  tóvose  su 
muerte  encubierta  algunos  dias  fasta  que  lo  lleva- 
ron á  depositar  al  Monesterio  de  Guadalupe,  para 
desde  allí  trasladar  sus  huesos  á  la  sepultura  por 
él  ordenada  en  el  Monesterio  del  Parral  de  Segovia, 
de  la  Orden  de  San  Jerónimo. 

CAPÍTULO  XCVI. 

De  los  Grandes  destos  Reynos  que  pensaron  avcr  el  Maestrazgo 
de  Santiago  é  de  la  forma  no  pensada  que  el  Arzobispo  de  To- 
ledo en  esto  tuvo. 

Grande  fué  el  alegría  que  los  mas  pueblos  destos 
Reynos  ovieron  <ie  la  muerte  del  Maestre  de  Santia- 
go, é  mucho  mayor  de  algunos  de  los  Grandes,  cada 
uno  dellos  creyendo  aver  aquella  dignidad ,  no  con 
Dios  ni  con  orden ,  mas  por  modos  esquisitos ;  de 
los  quales  el  principal  fué  Don  Enrique  de  Guzman, 
Duque  de  Medina  Sidonia,  que  no  avia  seido  en  la 
Orden,  ni  avia  razón  alguna  para  lo  demandar,  sal- 
vo por  su  grandeza  ;  y  el  Conde  de  Benavente,  que 
ya  en  vida  de  su  suegro  pensó  aver  esta  dignidad 
sin  tener  para  ello  razón  alguna ,  con  grande  ansia 
la  procuraba,  tomando  enjemplo  en  los  Maestres 
Don  Alvaro  de  Luna  é  Don  Juan  Pacheco,  loa  qua- 


90 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


les  mas  verdaderamente  intrusos  que  maestres  se 
pedieron  decir,  é  como  de  esta  dignidad,  mas  forzo- 
samente que  por  debida  elección,  rescibieron.  El 
Marqués  de  Santillana  con  gran  solicitud  demandó 
esta  digjnidad,  diciendo  no  quererla  á  cansa  de  las 
rentas,  mas  por  reformarla,  por  ser  nieto  del  Maes- 
tre Don  Alonso  Suarez  de  Figueroa,  que  fué  muy 
buen  caballero  é  reformó  mucho  esta  Orden.  Entre 
todos  estos  competidores,  el  Marqués  de  Villena, 
Don  Diego  Tellez ,  con  mayor  razón  pensaba  aver 
el  Maestrazgo,  como  después  de  la  muerte  de  su 
padre  luego  se  fuese  para  el  Rey  Don  Enrique ;  ol 
qual  mucho  lo  consolaba  é  le  decia  que  el  mesmo 
amor  que  avia  tenido  á  su  padre  queria  tener  á  él. 
É  como  entonces  el  Marqués  adolesciese  cada  dia,  el 
Rey  le  visitaba,  é  mandaba  allí  venir  menistriles  é 
cantores  por  darle  placer.  É  dióle  forma  para  poder 
aver  el  Maestrazgo  de  Santiago,  la  qual  fué  que  se 
fingiese  el  Maestre  su  padre  averie  renunciado  el 
raaestradgo ,  é  sobre  ello  haber  suplicado  al  Santo 
Padre  é  tener  su  consentimiento.  É  sobre  este  fun- 
damento el  Rey  envió  suplicar  al  Santo  Padre  en 
favor  del  Marqués ,  para  lo  qual  le  parescia  tener 
grande  ayuda  en  el  Arzobispo  de  Toledo,  el  qual,  no 
mucho  ante  de  la  muerte  del  Maestre ,  le  avia  recon- 
ciliado á  sí,  é  le  mostraba  grande  amor,  el  qual  te- 
nia muy  gran  parte  en  Alarcon  que  enteramente 
gobernaba  el  Arzobispo ,  á  causa  de  lo  que ,  el  Rey 
Don  Enrique  ya  mostraba  grande  amor  al  Arzobis- 
po de  Toledo ;  é  como  quiera  que  ya  todos  los  dichos 
trabajaban  cada  uno  para  sí,  no  menos  lo  hacían  los 
caballeros  de  la  Orden ,  á  quien  con  mayor  razón  el 
Maestrazgo  pertenescia ;  entre  los  quales  demanda- 
ba esta  dignidad  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de 
Paredes,  que  muy  mayores  razones  tenia  para  lo 
aver,  como  ya  oviese  seido  llamado  Maestro  de  San- 
tiago por  voluntad  Apostólica  del  Santo  Padre  Eu- 
genio quarto,  aviendo  respeto  á  la  grandeza  de  su 
linage  é  antigüedad  en  la  Orden,  é  merescimiento 
de  su  persona,  como  fuese  cierto  aver  peleado  ca- 
torce veces  á  banderas  desplegadas  con  los  moros 
enemigos  de  nuestro  Santa  Fé ,  é  haber  dellos  siem- 
pre ávido  Vitoria,  aviendo  dellos  ganado  la  villa  de 
Huesca  por  fuerza  de  armas  con  derramamiento  de 
BU  propia  sangre  é  muerte  de  muchos  criados  su- 
yos, el  qual  Maestrazgo  Don  Alvaro  de  Luna  for- 
zosamente le  avia  tomado  después  de  la  muerte  del 
Infante  Don  Enrique,  hermano  de  los  Reyes  de 
Aragón  Don  Alonso  é  Don  Joan.  É  pensaba  Don 
Rodrigo  Manrique  tener  ayuda  en  el  Arzobispo  de 
Toledo,  no  acordándose  de  las  cosas  pasadas,  mas 
siguiendo  el  querer  de  Alarcon,  fué  degollado  en  To- 
ledo año  de  ochenta  ;  hombre  perverso  é  malo ,  fa- 
voresció  quanto  pudo  el  Marqués  de  Villena  su  so- 
brino. Esta  mesma  dignidad  pretendió  haber  Don 
Gabriel  Manrique,  Comendador  Mayor  de  Castilla, 
Conde  de  Osorno ,  muy  magnífico  caballero  en  aque- 
lla Orden,  el  qual  trabajó  por  ser  elegido  é  ovo  al- 
gunas voces,  así  por  la  antigü6dad  que  en  la  Orden 
tenia,  como  por  la  nobleza  de  su  linage.  Fué  el  ter- 
cero Don  Alonso  de  Cárdenas,  Comendador  Mayor 


de  León ,  el  qual  procuró  de  ser  elegido ,  para  lo 
qual  atrajo  á  sí  á  Gómez  de  Miranda,  intruso  en  el 
Priorazgo  de  San  Marcos ,  é  otros  tres  6  quatro  de 
los  trece  á  quien  pertenesce  la  elección ;  de  los  qua- 
les Don  Rodrigo  Manrique  tenia  ocho  con  autori- 
dad del  prior  de  Uclés  ques  á  do  se  ha  de  hacer  la 
elección ,  é  no  en  otra  parte ;  el  qual  prior  los  ha  de 
convocar  y  estar  presente ,  y  ansí  Don  Alonso  de 
Cárdenas  afirmaba  pertenecer  la  elección  según  las 
constituciones  de  la  Orden  al  prior  de  San  Marcos, 
por  ser  muerto  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  en  la 
provincia  de  León,  por  lo  qual  él  decia,  la  elección 
de  Don  Rodrigo  Manrique  ser  ninguna.  La  quarta 
elección  decia  tener  el  Duque  de  Medina,  con  color 
de  la  renunciación  que  le  avia  de  hacer  Juan  de  Al- 
varado,  Comendador  de  Lobon,  el  qual  por  ruego 
del  Duque  avia  dejado  el  nombre  de  Maestre.  Allen- 
de destos,  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Duque  de  Al- 
burquerque,  que  ya  otra  vez  avia  seido  elegido  á 
esta  dignidad ,  pretendía  aver  derecho  é  con  gran 
instancia  la  demandaba,  mas  el  Rey,  con  gran  per- 
tinacia ,  procuraba  la  sublimación  del  Marqués  de 
Viileua  menospreciando  todos  los  otros. 

CAPÍTULO  XCVIL 

De  la  prisión  del  Marqaés  de  Villena  é  del  poco  saber  qae  el  Con- 
de de  Osorno  tovo  en  lo  guardar,  é  de  las  formas  que  el  Arzo- 
bispo de  Toledo  junto  con  la  voluntad  del  Rey  Don  Enrique  en 
esto  ovo. 

En  tanto  questas  cosas  pasaban,  estaban  los  Gran- 
des como  atónitos  mirando  el  entrañable  amor  que 
el  Rey  Don  Enrique  mostraba  al  Marqués  de  Ville- 
na, el  qual  les  parescia  así  en  la  dignidad  como  en 
todas  las  otras  cosas  aver  de  tener  el  lugar  de  su 
padre  cerca  del  Rey,  que  poco  miraba  el  bien  de 
BUS  Reynos.  Lo  qual  visto  por  algunos  que  á  su  pa- 
dre desamaban ,  á  él  mostraban  f  avorescer,  entre  los 
quales  el  principal  el  Arzobispo  de  Toledo  que  ya 
parescia  á  cansa  del  Marqués  tener  gran  parte  en 
el  Rey  y  procuraba  con  todas  sus  fuerzas  la  subli- 
mación del  Marqués ;  entre  los  quales  Don  Gabriel 
Manrique,  como  pensase  aver  el  Maestradgo  de 
Santiago ,  así  por  algunas  voces  que  de  los  Electo- 
res tenia,  como  por  la  nobleza  de  su  linage»  ó  por 
ser  Comendador  mayor  de  Castilla,  como  viese  al 
Rey  tanto  inclinado  á  dar  el  Maestradgo  contra  to- 
do derecho  al  Marqués  de  Villena,  determinó  de 
buscar  forma  para  lo  prender,  al  qual  como  el  Rey 
pensase  atraer  á  que  diese  su  voto  en  el  Maestrazgo 
al  Marqués  de  Villena ,  envióle  muchas  embazadas, 
lo  qual  asimismo  con  gran  solicitud  el  Arzobispo 
procuraba,  el  que  en  el  comienzo  se  mostró  muy 
grave,  dando  muchas  razones  para  mostrar  como 
el  Marqués  no  podía  ni  debía  haber  el  Maestradgo, 
como  en  esto  rescibirian  muy  grande  agravio  los 
ancianos  Caballeros  de  la  Orden ,  habiendo  de  dar 
esta  dignidad  á  hombre  tan  mancebo  fuera  de  la 
Orden,  contra  los  estatutos  é  decretos  della,  donde 
paresceria  que  ya  por  herencia  esta  dignidad  se  ha- 
bía de  aver,  asi  como  avia  acaescido  en  el  Maes- 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


tradgo  de  Calatrava  que,  muerto  Don  Pedro  Xiron, 
su  hijo  espúreo  nascido,  contra  todo  derecho,  ovo  el 
Maestradgo.  E  todas  estas  cosas  é  otras  mas  respon- 
didas por  el  Conde  de  Osomo ,  como  otra  nneva  em- 
baxada  le  viniese  con  grandes  ofrescimientos,  res- 
pondió mas  blandamente  diciendo  que  deseaba  mu- 
cho ver  aquella  Orden  reducida  á  su  primer  estado, 
como  estuviese  muy  abaxada,  é  si  él  fuese  cierto 
que  con  el  poder  del  Marqués,  á  quien  el  Rey  tanto 
amaba,  la  Orden  fuese  sublimada  comodebia,  por 
aventura  daria  lugar  que  las  Constituciones  della 
en  este  caso  fuesen  derogadas;  la  qual  respuesta 
fué  muy  agradable  al  Rey,  é  no  menos  al  Arzobispo 
de  Toledo ;  é  hablándose  mucho  de  una  parte  á  otra 
é  faciéndose  al  Conde  engañosos  ofrescimientos, 
acordóse  fabla,  á  cierto  dia  en  lugar  señalado,  con 
igual  compañía  del  Marqués  é  del  Conde ;  é  de  como 
el  Marqués  oviese  visto  á  su  padre  tener  en  poco  las 
asechanzas,  no  resceló  de  venir  al  lugar  acordado, 
el  qual  traxo  consigo  hombres  de  poco  valer,  pen- 
sando venir  al  lugar  seguro.  El  Conde  de  Osomo 
fizo  el  contrario  trayendo  consigo  hombres  señala- 
lados,  é  puso  en  celada  gente  escogida  para  ser  so- 
corrido bí  no  bastase  acabar  lo  "pensado  con  los  que 
consigo  tenia.  É  como  á  la  fabla  se  juntase,  é  algo 
la  fabla  durase,  los  suyos  sin  facer  repugnancia  se 
fueron  huyendo  dejando  preso  al  Marqués,  el  qual 
maravillado  de  su  prisión  dixo  al  Conde  que  por 
qué  razón  le  avia  prendido  así  á  mala  verdad.  El 
Conde  respondió  que  porque  el  Maestre  su  padre 
siempre  avia  sido  quebrantador  de  la  fó  é  do  los  ju- 
ramentos que  hacia ;  el  qual  en  tiempo  del  Rey  Don 
Alonso  le  avia  jurado  de  le  dar  la  villa  del  Made- 
ruelo,  porque  él  renunciase  el  derecho  del  Maestrad- 
go de  Santiago,  é  después  de  tomada  la  posesión, 
sin  ninguna  vergüenza  le  avia  mentido  diciendo  que 
mas  le  placía  ser  ávido  por  quebrantador  de  la  fé 
que  aver  de  dar  la  villa  de  Maderuelo,  el  qual  per- 
juro en  él  quería  vengar,  lo  qual  no  era  sin  razón. 
E  sabida  por  el  Rey  la  prisión  del  Marqués ,  pensó 
salir  fuera  de  sí  como  hombre  sin  sentido,  é  como 
naturalmente  fuese  de  flaco  corazón ,  comenzó  do 
llorar  agrámente ,  é  por  mucho  que  lo  consolaban 
los  que  cerca  del  estaban,  ninguna  consolación  que- 
ría oír  ni  rescibir.  Todas  las  cosas  tenia  en  poco  en 
comparación  de  la  liberación  del  Marqués.  É  luego 
recorrió  al  Arzobispo  de  Toledo,  al  qual  no  menos 
desplacía  la  prisión  del  Marqués ;  é  Alarcon  aqueja- 
jaba  mucho  en  que  se  diese  en  ello  remedio,  como 
fuese  mucho  suyo  é  le  oviese  dado  la  villa  de  Zafra 
en  el  Marquesado  é  oviese  del  de  acostamiento  qua- 
t'ro  mil  florines  en  cada  un  año ;  y  el  Conde  de  Be- 
n  avente  fué  requerido  por  ayuda  para  la  delibera- 
ción del  Marqués ,  como  fuese  casado  con  su  herma- 
na ;  é  prestamente  fué  recogida  gran  gente  para  ir 
combatir  la  fortaleza  de  Fuente  Dueña ,  donde  el 
Marqués  estaba  preso,  para  lo  qual  el  Arzobispo  fué 
en  persona,  é,  con  toda  la  fuerza  quel  llevaba,  la  ma- 
yor esperanza  que  ovieron  de  la  liberación  del  Mar- 
qués fué  el  engaño,  por  lo  qual  facer,  se  juntaron 
Lope  Vázquez  de  Acuña,  hermano  del  Arzobispo,  é 


91 

Juan  de  Vivero ,  hermano  de  la  Condesa  de  Osorno, 
los  quales  se  pusieron  por  medianeros  para  tratar 
con  el  Conde  sí  queria  dar  alguna  forma  en  la  deli- 
beración del  Marqués ;  é  determinóse  questos  dos  ca- 
balleros hablasen  en  ello  con  la  Condesa  de  Osorno, 
la  qual  como  saliese  á  la  fabla  con  ellos ,  fué  con- 
certado que  Lope  Vázquez  la  prendiese,  mostrando 
que  al  hermano  de  Juan  de  Vivero  pesaba  dello ,  é 
ficíese  muestra  que  la  quisiese  defender,  é  que  no 
podía  resistir  á  la  fuerza  de  Lope  Vázquez ;  é  si  an- 
tes el  corazón  del  Conde  estaba  flaco ,  mucho  mas 
enflaqueció  después  de  la  prisión  de  su  muger;  é 
luego  el  Conde  descendió  á  muy  mas  baxo  partido 
de  lo  que  primero  demandaba,  el  qual  deliberó  al 
Marqués  en  esta  forma ;  que  le  diese  la  villa  de  Ma- 
deruelo. Lo  qual  como  fuese  sabido  por  los  que  al 
Marqués  mal  querían ,  ovieron  dello  gran  desplacer, 
é  ni  por  eso  el  grande  ánimo  de  Don  Rodrigo  Man- 
rique ,  que  Maestre  de  Santiago  se  llamaba,  dexó  de 
perseguir  lo  comenzado,  contra  voluntad  del  Rey  é 
del  Arzobispo  de  Toledo ,  que  ya  en  este  negocio 
enemigo  se  le  mostraba ;  é  con  toda  esta  contrarie- 
dad Don  Rodrigo  Manrique  no  dexó  de  poseer  la 
provincia  de  Castilla  que  al  Maestrazgo  do  Santiago 
pertenescia,  é  lo  mismo  hacía  en  la  provincia  de 
León  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Comendador  Ma- 
yor, sojuzgando  á  sí  y  á  todo  lo  que  podía,  como 
quiera  que  mucho  les  estorbaba  la  vecindad  del  Con- 
de de  Feria,  con  favor  del  Duque  de  Medinasido- 
nia,  ó  de  algunos  otros  caballeros  de  la  Orden  que 
se  juntaron  con  la  parte  del  Comendador  Juan  de 
Alvarado. 

CAPÍTULO  XCVIII. 

Del  cerco  qne  los  franceses  pusieron  sobre  la  ciudad  de  Helna 
é  de  la  toma  della,  6  del  mandamiento  del  Consejo  del  Rey  Don 
Juan  de  Aragón. 

En  tanto  questas  cosas  pasaban ,  el  Rey  Luís  de 
Francia  no  dejó  de  perseguir  lo  concertado  é  tovo 
consigo  al  Conde  de  Paredes  Don  Juan  de  Cardona  ó 
al  Castellan  de  Amposta ,  embaxadores  que  el  Rey 
de  Aragón  le  avia  embiado  ;  el  qual  los  prendió,  é 
aviéndoles  dado  seguro  porque  con  ellos  iba  la  flor 
do  los  caballeros  de  Aragón ,  mandando  ayuntar 
gran  muchedumbre  de  gente  ,  así  de  caballo  como 
de  pié  en  la  provincia  de  Narbona ,  con  muy  gran- 
des artillerías  é  pertrechos  ípara  combatir ;  é  vinie- 
sen en  el  Condado  de  Ruisellon  para  el  mes  de  No- 
viembre porque  la  ciudad  de  Helna  no  pudiese  de- 
fenderse. Lo  qual  sabido  por  el  Rey  de  Aragón, 
ajuntó  caballeros  para  la  defensa  della,  aunque  pen- 
saban que  los  franceses  no  venían  tan  presto  por  la 
braveza  del  invierno,  los  quales  acostumbran  tam- 
bién facer  guerra  en  invierno  como  en  verano,  é  para 
estar  en  el  campo  hacen  casas  soterrañas  para  ellos 
é  para  sus  caballos ;  para  lo  qual  tenían  muy  poca 
gente  y  ferramientas  con  que  prestamente  las  ha- 
cen, é  luego  se  cerca  de  fosados  de  tal  manera,  que 
se  hacen  tan  fuertes  como  si  dentro  del  lugar  mo- 
rando estuviesen.  El  Rey  de  Aragón  estando  en 


92 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Castellón  estrañaba  los  franceses  no  poder  tomar  á 
Acuña,  así  por  la  fortaleza  della  é  gente  que  en  ella 
tenia ,  como  por  las  grandes  nieves  é  yelos  que  en- 
tonce avia  é  algunas  veces  el  Rey  dixo  que  avia 
piedad  de  los  franceses,  aunque  fuesen  sus  enemi- 
gos, por  emprender  cerco  en  tal  tiempo,  y  los  caba- 
lleros que  en  Helna  estaban  cada  dia  embiaban  á 
decir  al  Rey  que  ningún  temor  tenian  de  los  ene- 
migos, aunque  el  tiempo  fuese  bueno,  como  creye- 
sen que  aun  el  muro  primero,  según  la  gran  fuerza 
que  tenia,  no  podia  ser  derribado  por  ningunas  ar- 
tillerías, c  mucho  menos  lo  alto   de  la  ciudad  que 
naturalmente  estaba  cercado ,  donde  si  tal  necesi- 
dad viniese  podrían  socorrerse  y  ampararse ;  la  qual 
confianza  trajo  gran  dafío,  como  dende  en  ocho 
dias  que  el  cerco  se  pusiese,  la  cerca  primera  se 
derribó,  é  los  caballeros  que  en  la  villa  estaban  no 
podian  resistir  los  enemigos  como  fuesen  quarenta 
rail  combatientes  é  los  defensores  á  quatro  mil  no 
llegaban,  é  los  ciudadanos  no  les  ayudasen  é  ansi  no 
tardó  veinte  dias  de  se  tomar  la  ciudad,  como  no 
solamente  los  muros  é  torres  con  las  lombardas  der- 
ribasen, mas  ficieron  minas  para  entrar  en  lo  mas   | 
alto  de  la  ciudad,  de  lo  qual  tan  grande  espanto  los 
ciudadanos  tomaron,  que  ya  quisieran  aver  dado 
á  si  é  á  sus  hijos  á  los  enemigos ,  en  tanto  que  la 
vida  pudieran  salvar  de  la  briosa  crueldad  de  los 
franceses,  donde  la  estrema  nescesidad  fizo  que  la 
ciudad  se  diese  á  partido,  que  quatro  de  los  princi- 
pales que  en  la  ciudad  estaban  seguros  de  la  vida, 
fuesen  levados  al  Rey  de  Francia ,  é  todos  los  otros 
dejasen  las  armas  é  caballos  é  se  fuesen  donde  qui- 
siesen, é  los  ciudadanos  quedasen  en  su  ciudad  sin 
daño  reseibir,  so  el  señorío  del  Rey  Luis  de  Francia. 
Fué  pública  fama    que  fué  causa  de  darse  esta 
ciudad  Julio  caballero  italiano,  capitán  que  allí  es- 
taba con  decientas  lanzas,  que  el  Rey  Don  Hernan- 
do de  Nápol  al  Rey  de  Aragón  habia  embiado ,  el 
qual  aunque  estaba  en  fama  de  buen  caballero  ante 
de  entonces,  en  la  defensa  de  aquella  ciudad  teme- 
roso é  flaco  se  mostró,  é  desde  el  comienzo  de  aquel 
cerco  siempre  amonestó  á  los  españoles  que  no  con- 
fiasen mucho  en  la  fuerza  de  aquella  ciudad  según 
el  gran  poder  de  los  franceses ,  é  ¡buscasen  algún 
partido  para  su  salvación ;  lo  qual  mucho  enflaque- 
ció los  corazones  de  algunos.  La  toma  de  esta  ciu- 
dad fué  muy  dañosa  á  los  de  Perpiñan ,  los  quales 
luengamente  sostuvieron  el  cerco  con  fambre  tan 
estraña ,  que  comían  los  ratones  é  gatos  é  perros, 
después  de  aver  comido  los  caballos  é  muías ;  ó  se 
afirma  algunos  aver  comido  carne  humana  de  los 
cuerpos  muertos  de  los  enemigos,  é  lo  que  mas  gra- 
ve paresce,  algunas  madres  aver  comido  á  sus  hi- 
jos. Cosa  es  muy  difícile  de  creer  los  trabajos  é  an- 
gustias que  los  de  Perpiñan  tan  luengamente  tu- 
vieron sin  esperanza  de  socorro  como  los  franceses 
toviesen  tomados  todos  los  pasos  por  donde  pudie- 
sen ser  socorridos.  Después  de  tomada  Helna  y  Alon- 
so de  Falencia  coronista  é  Luiz  Gutiérrez,  secreta- 
rio del  Príncipe  Don  Fernando,  llegaron  á  Castellón 
donde  el  Rey  de  Aragón  estaba ,  asaz  seguro  no  te- 


miendo la  toma  de  Helna,  el  qual  con  atento  ánimo 
oyó  todo  lo  que  por  estos  embaxadores  le  fuese  di- 
cho, é  como  mucho  amase  á  Alonso  de  Falencia,  la 
mayor  parte  de  dos  dias  é  dos  noches  gastó  en  le 
preguntar  el  estado  de  las  cosas  de  los  Rey  nos  de 
Castilla,  y  entre  las  otras  cosas  tuvo  gran  cuidado 
de  los  negocios  del  Duque  de  Medinasidonia,  al  qual 
decía  que  el  Príncipe  no  solamente  avia  de  ayudar 
é  favorescer  en  el  negocio  del  Maestrazgo  de  San- 
tiago, mas  en  todas  las  cosas,  que  de  lo  propio  suyo 
le  debía  largamente  dar,  pues  á  él  no  podia  falles- 
cer,  pues  con  el  ayuda  de  Dios  tan  grandes  Reynos  é 
señoríos  esperaba ;  é  que  así  le  amonestaba  é  rogaba 
é  mandaba,  si  como  padre  facerlo  podia ,  que  no  so- 
lamente en  el  Maestrazgo,  mas  por  todas  las  vías  que 
pudiese  al  Duque  de  Medinasidonia  ayudase  é  favo- 
resciese  ;  é  luego  él  quería  escrebir  á  sus  procurado- 
res que  en  Roma  tenía,  que  ayudasen  é  favorecie- 
sen en  los  negocios  del  Duque  de  Medinasidonia; 
que  el  Príncipe  así  lo  debía  poner  luego  en  obra,  si 
deseaba  facerle  placer,  é  que  dejadas  todas  las  co- 
sas se  fuese  al  Andalucía ,  según  por  el  Duque  de 
Medinasidonia  le  avia  sido  suplicado ,  de  lo  que  al 
Príncipe  se  seguiría  gran  provecho  é  á  los  adversa- 
ríos  daño  conoscído ,  como  la  posesión  de  aquella 
ciudad  de  Sevilla  siempre  aprovechó  mucho  á  los 
que  la  tuvieron,  é  que  él  como  hijo  quisiese  ser  en 
todo  certificado  de  su  voluntad  la  calidad  de  las 
cosas  lo  excusasen  si  el  inconsulto  prestamente  en 
el  Andalucía  se  oviera  ido ,  por  ende  sin  tardanza 
alguna  se  partiese  para  el  Andalucía ,  acordándose 
de  aquel  común  viejo  proverbio  que  dicen  :  quando 
te  diere  la  cabrilla ,  etc.  Y  el  Rey  aprobó  mucho  la 
solicitud  de  Alonso  de  Falencia.  E  con  esta  respues- 
ta, Alonso  de  Falencia  que  con  ello  había  venido  y 
el  Secretario  se  volvieron  alegres  á  Zaragoza ;  é 
vista  por  el  Príncipe  la  respuesta  del  Rey,  comen- 
zó á  aparejar  su  partida  para  el  Andalucía,  la  qual 
estorbó  la  triste  nueva  de  su  mensajero  que  luego 
faciéndole  saber  la  toma  de  Helna,  con  revocación 
del  mandamiento  primero ,  mandando  al  Príncipe 
que  todas  cosas  dejadas  se  fuese  para  él,  é  si  mas 
no  pudiese,  si  quería,  con  tres  ó  quatro  ;  lo  qual  pá- 
resela muy  grave  á  todos  los  que  al  Príncipe  debían 
consejar,  los  quales  decían  que  en  él  no  debia  par- 
tir fasta  llevar  los  trecientos  de  caballo  quel  Rey- 
no  debia  pagar  para  servicio  del  Rey  é  fasta  aver 
despachado  todas  las  cosas  necesarias  para  la  guer- 
ra, si  se  deseaba  que  la  cosas  de  la  provincia  de 
Ampurias  bien  se  hiciesen. 

CAPÍTULO  XCIX. 

De  la  tristeía  que  el  Príncipe  Don  Femando  rescibió  de  la  toma 
de  la  ciudad  de  Helna  é  de  la  varia  determinación  de  consejos 
en  la  ida  del  Príncipe  á  Ampurias,  como  antes  tuviese  determi- 
nado de  proveer  las  cosas  del  Andalucía. 

Aunque  el  Príncipe  Don  Fernando  naturalmente 
fuese  magnánimo,  tan  grande  fué  el  enojo  de  la 
toma  de  Helna  é  tanta  turbación  rescibió  con  el  se- 
gundo mandamiento  del  Padre,  que  fué  forzado  de 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


Ó3 


lo  descubrir  por  muchaa  señales,  como  conoscieso 
para  la  ida  de  Ampurias  ser  nescesario  mucha  mas 
gente  de  la  que  él  por  entonces  podia  aver,  é  le  pa- 
reciese que  yendo  él  con  poca  gente,  mayor  desma- 
yo seria  á  los  de  Ampurias,  como  les  parecería  que- 
dar desesperados  de  mayor  favor,  quando  viesen  al 
Principe  con  poca  gente  contra  enemigos  tan  pode- 
rosos, porque  les  parecía  muy  mal  consejo  el  que 
el  Bey  su  padre  avia  tomado  en  aver  revocado  su 
primero  mandamiento,  el  qual  avia  pensado  con  solo 
su  hijo  podria  defender  aquella  provincia  con  pe- 
queño ejército ,  é  parecía  ser  mas  sabio  consejo  en- 
comendar la  gente  que  tenia  de  Valencia  en  Figue- 
ras  y  en  Castellón  al  ilustre  Don  Alonso ,  Maestre 
de  Calatrava  al  qual  mandase  discurrir  á  unas  par- 
tes y  á  otras,  proveyendo  en  tanto  que  él  podria 
juntar  la  gente  necesaria  para  resistir  á  los  france- 
ses, los  quales,  después  de  ávida  aquella  victoria,  si 
viesen  al  Príncipe  venir  con  tan  poca  gente ,  como 
antes  de  su  venida,  no  es  duda  que  requerían  la  ba- 
talla, la  qual  convenia  acebtar  con  peligro  inrepa- 
rable,  6  vergonzosamente  denegarla  quedando  cer- 
cados, el  qual  cerco  seria  mucho  peor  que  perder  la 
tierra;  é  páresela  á  los  prudentes  consejeros  ser  pro- 
vechosa la  sentencia  del  Príncipe,  el  qual  estaba  du- 
doso qual  mejor  seria,  si  obedescer  al  mandamiento 
del  padre,  que  á  todos  dañoso  páresela,  ó  facer 
aquello  que  por  mas  subtil  era  de  todos  ávido  ;  en 
lo  qual  la  voluntad  del  magnánimo  Príncipe  estaba 
suspensa  por  escoger  qual  mejor  consejo  le  seria,  ó 
fué  acordado  en  la  siguiente  sentencia  que  luego  par- 
tiesen de  allí  trescientos  de  caballo  pagados  por  el 
Reyno  debaxo  de  la  capitanía  de  Don  Juan  de 
Aragón,  Arzobispo  de  Zaragoza,  é  Don  Alonso 
Maestre  de  Calatrava,  sus  hermanos  bastardos ,  en 
tanto  que  el  Rey  por  su  parte  allegaba  mas  gente, 
él  por  la  suya  encomendando  las  cosas  del  Andalu- 
cía al  Duque  Don  Enrique  de  Quzman,  para  lo  qual 
mandó  á  Alonso  de  Palencia  que  juntamente  fuese 
con  el  noble  caballero  Gómez  Suarez  de  Figueroa 
para  que  á  los  de  Sevilla  diesen  esperanza  de  la 
ida  suya  en  aquella  ciudad,  que  tanto  por  ellos  era 
deseado.  En  Zaragoza  los  consejos  eran  muy  con- 
trarios, é  algunos  de  los  Grandes  se  mostraban  es- 
tar deseosos  de  ir  prestamente  en  este  socorro  é 
buscaban  otras  formas  para  se  detener,  é  alegrá- 
banse por  las  angustias  que  en  las  cosas  veían,  como 
durando  la  guerra  pensaban  poder  abiertamente 
robar ;  y  en  el  comienzo  muchos  de  los  nobles  estor- 
baron el  casamiento  del  Príncipe  con  la  ilustrísíma 
Princesa  Doña  Isabel,  paresciéndoles  que  con  esto 
se  aumentaban  el  poder  del  Rey  viejo,  al  qual  ya 
cansado  por  vejez  y  pobreza  en  poco  estimaban;  el 
qual  teniendo  poder  quería  dar  pena  á  los  disolutos 
hombres,  los  quales  como  no  pudiesen  estorbar  este 
casamiento,  de  qualquier  trabajo  que  al  Rey  vinie- 
se les  placia ;  así  que  en  aquel  ayuntamiento  de 
Zaragoza  muchas  maldades  se  buscaron  para  estor- 
bar la  verdadera  provisión,  sobre  lo  qual  el  Prínci- 
pe de  día  é  de  noche  no  cesaba  de  hablar  con  los 
<iue  el  conoscia  ser  mas  fieles  é  apartar  de  sí  los  sos- 


pechosos, dando  esfuerzo  á  los  temerosos  con  espe- 
ranza de  toda  fielidad ,  é  rogando  á  Gómez  Suarez 
é  al  de  Falencia  que  prestamente  se  partiesen;  é 
como  á  causa  de  Gómez  Suarez  de  dia  en  día  se  de- 
tuviesen, cada  dia  venían  nuevas  mas  tristes  de  la 
provincia  de  Ampurias,  como  los  franceses  cada 
dia  mas  afligesen  á  aquella  provincia  que  ningún 
socorro  esperaban ,  ó  afirmábase  el  Rey  Luis  con 
dádivas  é  promesas  aver  atraído  á  sí  los  embaxado- 
res  del  Rey  de  Aragón  que  consigo  tenia,  dándoles 
esperanza  de  les  dar  muy  mayor  poder  de  lo  quo 
tenían,  é  álos  de  Barcelona  esto  mesmo  movían,  co- 
mo ya  ovíesen  seído  rebeldes  é  ya  fuesen  avisados 
por  fieles.  Y  en  este  tiempo  algunos  mensageros  de 
Navarra  vinieron  faciendo  al  Príncipe  saber  quo 
de  aquella  parte  algún  peligro  se  esperaba  aver, 
como  Doña  Leonor,  hija  del  Rey  de  Aragón ,  des- 
pués de  la  muerte  de  su  hija  el  Príncipe  muy  mal 
rigiese,  é  al  Rey  su  padre,  verdadero  Rey  de  Na- 
varra, nuevos  daños  buscase,  favoreciendo  á  los  de 
Biamonte  contra  los  Agramonteses  que  al  Rey  ser- 
vían, por  lo  qual  aquel  estrenuo  caballero  Mosen 
Pierres  de  Peralta,  principal  entre  los  Agramon- 
teses, tan  duramente  se  avia,  que  ya  por  los  ene- 
migos era  buscado  por  subsidio,  como  parecía  aquel 
Reyno  en  vivas  llamas  arder  por  diversas  partes, 
por  la  crueldad  de  algunos  caballeros  que  á  los  po- 
bres labradores  destruían ,  de  tal  manera  que  so- 
lamente las  mugeres  ya  tenían  cargo  de  la  labor  y 
la  fama  ya  cada  día  crescía  que  con  tantos  tra- 
bajos los  navarros  muy  ligeramente  á  los  franceses 
se  darían. 

CAPÍTULO  C. 

De  las  cosas  que  en  este  tiempo  en  Castilla  se  hicieron  y  de  la 
muerte  del  Rey  Don  Enrique. 

•  Cada  dia  venían  mensageros  al  ilustrísimo  prín- 
cipe Don  Fernando  de  como  en  Castilla  había  gran 
competencia  entre  algunos  de  los  grandes  por  ha- 
ber el  Maestradgo  de  Santiago,  los  quales  todos 
acusaban  la  negligencia  do  Don  Gabriel  Manrique 
é  la  nueva  solicitud  que  el  Arzobispo  de  Toledo  te- 
nia en  procurar  esta  dignidad  para  el  Marqués  do 
Villena,  olvidando  la  vieja  amistad  que  avia  tenido 
con  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Paredes,  ca- 
ballero tan  noble  é  de  tanto  merescimiento  é  tan  an- 
ciano en  aquella  Orden ,  é  no  menos  recusaban  el 
poco  cuidado  que  el  Arzobispo  tenía  de  su  mesmc 
honor,  gobernándose  enteramente  por  Alarcon,  hom- 
bre conoscido  por  todos  por  muy  malo  é  disoluto, 
el  qual  públicamente  decía  poder  traer  al  Arzobis- 
po de  Toledo  á  todo  lo  que  quisiese,  en  tanto  que 
sí  él  le  quisiese  mandar  dexar  el  hábito  pontifical,  ó 
vestir  ropas  de  ruñan  ó  poner  espada  é  broquel  é  cas- 
quete en  la  cabeza,  que  él  lo  podia  hacer  ;  é  de  aquí 
afirmaba  Alarcon  que  pues  él  avía  de  servir  al  Mar- 
qués, que  con  el  favor  del  Arzobispo  no  solamento 
avria  el  Maestrazgo  de  Santiago ,  mas  qualquiera 
otra  cosa  que  quisiese ,  mayormeoto  que  el  Arzobis- 


94 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


po  ya  seguia  al  Rey  Don  Enrique,  al  qual  ante  de 
entonce  había  mucho  aborrescido,  é  así  parescia 
agora  aprobar  lo  que  muchas  veces  avia  reprobado 
por  las  quales  cosas  no  solamente  muchos  de  loa 
grandes ,  mas  los  pueblos  que  solían  amar  é  loar  al 
Arzobispo  porque  veían  que  síguía  á  los  Príncipes, 
murmuraban  del  é  desamábanlo.  Todas  estas  cosas 
vistas  por  el  Cardenal  de  España  que  al  Arzobispo 
era  contrario ,  determinó  de  se  ir  á  Segovia  é  allí 
continuar,  porque  él  y  el  Conde  de  Benavente  pu- 
diesen tener  lugar  cerca  del  Rey  Don  Enrique,  que 
ya  seguia  en  todo  el  querer  del  Marqués  de  Ville- 
na,  á  quien  ya  el  Arzobispo  síguía  con  esperanza 
que  él  avia  de  estar  por  principal  cerca  del  Rey,  é 
después  el  Cardenal ;  é  como  esto  al  contrario  subce- 
diese,  avíendo  de  tener  segundo  lugar  después  del 
Cardenal,  enojado  de  aquesto  se  fué  á  la  villa  de  Al- 
calá de  Henares,  lo  qual  hizo  contra  voluntad  del 
Marqués,  el  qual  quisiera  que  continuara  con  el 
Rey,  como  quiera  que  mucho  amaba  al  Cardenal  é 
al  Conde  de  Benavente,  los  quales  al  Arzobispo  eran 
contrarios,  salvo  en  la  espedicion  contra  el  Conde 
de  Osorno  que  por  consentimiento  de  todos  se  hizo 
después  de  la  partida  del  Arzobispo  de  Toledo.  El 
Marqués  de  Villena  pensó  para  siempre  tener  la  vo- 
luntad del  Rey  Don  Enrique  á  su  querer  y  ordenan- 
za,  á  la  qual  presunción  mucho  añadía  el  tener  á 
Doña  Juana ,  hija  de  la  Reyna.  Todo  este  pensa- 
miento turbó  la  muerte  arrebatada  del  Rey  Don  En- 
rique ,  el  qual  ante  de  entonces  tenía  muchas  pasio- 
nes ,  como  fuese  muy  mal  regido  y  en  ninguna  cosa 
siguiese  razón,  ni  quería  obedescer  en  sus  enferme- 
dades á  los  físicos  que  del  curaban ;  é  al  fin  un  sú- 
pito flugio  de  sangre  le  vino,  que  ninguna  cosa  le 
pudo  aprovechar,  como  en  dos  días  toda  la  fuerza 
perdiese ,  de  manera  que  se  tornó  tan  disforme ,  que 
era  cosa  maravillosa  de  lo  ver,  é  con  todo  eso  pen- 
só esforzarse  contra  la  enfermedad  si  viese  los  fie- 
ros animales  que  en  el  bosque  del  Pardo  tenía,  é  cqp 
este  deseo  cabalgó  en  un  caballo  pensando  poder 
llegar  allá;  é  muy  cerca  de  la  villa  enflaqueció  de 
tal  manera,  que  ovo  de  volver,  lo  qual  á  muy  gran 
pena  pudo  facer ;  ó  así ,  vuelto  en  su  palacio  con 
pocos  de  los  á  él  mas  allegados  estuvo  echado  en  su 
cama,  fallescido  de  todas  sus  fuerzas ;  é  como  quie- 
ra que  conosciese  ser  cercano  al  su  fin,  ninguna 
mención  hizo  de  confesar  ni  rescibir  los  cathólícos 
sacramentos ,  ni  tampoco  hacer  testamento  6  codi- 
cílio ,  que  es  general  costumbre  de  todos  los  hom- 
bres en  tal  tiempo  hacer ;  é  los  que  ende  estaban 
apartábanse  diciendo  unos  á  otros  qué  remedio  se 
podría  dar  á  tan  gran  presura,  é  como  el  físico  fue- 
se preguntado  con  grande  instancia  dixese  qué  le 
páresela  de  aquella  enfermedad ,  respondió  que  muy 
pocas  horas  quedaban  al  Rey  de  vida,  é  luego  los 
unos  fueron  llamar  al  Cardenal,  otros  al  Marqués, 
otros  al  Conde  de  Benavente,  otros  á  un  devoto  re- 
ligioso llamado  Fray  Juan  de  Máznela,  que  había 
sido  prior  en  el  Monestcrio  de  Santa  María  del  Pa- 
so, el  qual  á  muy  gran  priesa  vino  ;  é  como  conos- 
ciego  estar  este  Rey  en  fin  de  sus  dias ,  dulce  é  sa- 


biamente le  suplicó  recorriese  á  curar  de  su  ánlm&, 
como  este  fuese  el  mayor  remedio  que  tenía  y  lo  que 
mas  le  cumplía ;  lo  qual  oido  por  el  Rey  enmudeció 
estando  en  la  cama  mal  vestido ,  no  á  la  forma  que 
á  los  enfermos  suelen  estar,  mas  teniendo  calzados 
borceguíes ;  é  ya  mostraba  el  resuello  apresurado, 
comenzándosele  á  turbar  la  lengua  ;  é  como  alguno 
de  los  que  allí  estaban  le  preguntase  á  quién  dexa- 
ba  por  heredero  destos  Reynos ,  á  su  hermana  ó  á 
su  hija  sospechosa,  respondió  que  Alonso  González 
de  Turuégano  su  capellán  sabía  en  esto  su  intin- 
cion ;  é  como  aquel  religioso,  presciando  al  Carde- 
nal, le  requiriese  que  abiertamente  dixese  á  qual  de 
las  dos  Princesas  dexaba  por  heredera  destos  Rey- 
nos  ,  ninguna  cosa  respondió.  Entonces  el  devoto  re- 
ligioso le  dixo  :  «Señor,  gravemente  erráis  á  Dios  é 
«mucho  ofendedes  á  vuestros  súdictos  en  no  decla- 
»rar  la  verdad,  que  ya.  Señor,  vos  sabéis  é  á  todos 
»es  notorio  que  cerca  de  los  Toros  de  Guisando,  en 
«presencia  de  muchos  de  los  Grandes  destos  Rey- 
»no8,  en  público  declarastes  el  adulterio  de  la  Rey- 
una Doña  Juana  é  confesastes  Doña  Juana  su  hija, 
»  que"  antes  de  entonces  mandastes  princesa  llamar, 
»no  ser  hija  vuSstra,  mas  engendrada  de  otro  va- 
»ron ,  lo  qual  bien  se  verifica  por  dos  razones,  allen- 
»  de  de  vuestra  confesión  primera,  por  vuestra  noto- 
»  ría  impotencia  en  el  ayuntamiento  de  las  muge- 
j)res,  segunda  por  la  disolución  é  conoscida  infa- 
»  mía  de  la  Reyna  Doña  Juana  vuestra  muger,  si 
» tal  se  pudiese  decir ;  é  allí,  en  aquel  general  ayun- 
» tamiento,  jurastes  é  mandastes  á  todos  jurar  por 
» legítima  sucesora  heredera  destos  Reynos  é  seño- 
»ríos  á  la  Señora  Princesa  Doña  Isabel,  vuestra 
»  hermana,  y  por  tal  en  vuestra  presencia  por  todos 
))le  fué  besada  la  mano  ;  é  por  eso,  Señor,  con  Dios 
»vos  requiero  no  queráis  callar  la  verdad,  como  en- 
»tre  todos  vuestros  pecados  este  sería  el  mas  detes- 
» table  é  mas  enorme ,  como  de  todos  los  otros  po- 
»  dríades  ser  asuelto  por  Dios  todopoderoso,  sí  fiel- 
» mente  lo  confesáis ,  avíendo  dellos  verdadero  ar- 
»repentimiento,  é  deste  nunca,  pues  por  vuestro  ca- 
» llar  dexais  llama  encendida  en  que  vuestros  Rey- 
» nos  se  quemen ,  é  daréis  lugar  á  los  malos  para 
»  perseverar  en  su  acostumbrada  tiranía.»  Cosa  res- 
pondió ,  mas  comenzó  á  revolverse  en  la  cama  tor- 
ciendo la  boca  é  los  ojos ,  é  moviendo  los  brazos  á 
una  parte  y  á  otra,  comenzó  de  temer  como  ya  su 
muerte  fuese  cercana ,  é  luego  fué  mandado  poner 
el  altar  pensando  provocarlo  á  devoción ,  é  ni  por 
eso  mostró  señal  de  cathólico ,  ni  menos  arrepenti- 
miento de  sus  culpas  é  pecados ,  é  ansí  dende  á  po- 
co espacio  espiró,  poco  ante  que  amanesciese ,  en 
doce  dias  de  Diciembre  del  año  de  nuestro  Reden- 
tor de  mil  é  quatrocientos  y  setenta  y  quatro  años. 
Fué  levado  su  cuerpo  á  Santa  María  del  Paso  sin 
pompa  alguna  de  las  que  se  acostumbraban  facer 
en  el  fallescimíento  de  los  grandes  Príncipes,  é  allí 
estovo  depositado  fasta  que  fué  llevado  á  Santa 
María  de  Guadalupe ,  donde  está  sepultado  cerca  de 
la  Serenísima  Reyna  Doña  María  su  madre.  Vivió 
este  Rey  poco  mas  de  cinquenta  años  j  tovo  el  cetro 


MEMORIAL  DE  DIVERSAS  HAZAÑAS. 


95 


real  veinte  afios  é  cinco  meses  (1)  sin  cosa  ejercer 
al  oficio  real  conviniente.  Fué  verdaderamente  pró- 
digo, en  ninguna  cosa  liberal,  salvo  en  algunos  no- 
bles edificios  que  hizo,  como  en  la  ciudad  de  Sego- 
via  constituyese  el  monesterio  de  Santo  Antonio, 
fuera  de  los  muros,  el  qual  dio  á  los  frayres  de  ob- 
servancia de  San  Francisco ,  el  qual  ornó  de  muy 
ricos  ornamentos  ó  de  todas  las  cosas  nescesarias 
al  culto  divino ;  y  en  esta  mesma  ciudad  reydifi- 
có  muy  suntuosamente  el  monesterio  de  Santa  Ma- 
ría del  Parral,  de  la  Orden  de  San  Jerónimo,  é 
dotólo  de  grandes  rentas;  é  fortificó  maravillosa- 
mente el  Alcázar,  é  hizo  encima  de  la  puerta  del 
una  muy  alta  torre  labrada  de  mazonería ,  y  en  el 
corredor  que  se  llama  en  aquel  Alcázar  de  los  Cor- 
dones, mandó  poner  todos  los  Reyes  que  en  Cas- 
tilla y  en  León  han  seido  después  de  la  destruicion 
d'Espafia ,  comenzando  de  Don  Pelayo  fasta  él ,  é 
mandó  poner  con  ellos  al  Cid,  é  al  Conde  Fernán 
González ,  por  ser  caballeros  tan  nobles  é  que  tan 
grandes  cosas  hicieron,  todos  en  grandes  estatuas, 
labradas  muy  sutilmente  de  maderas  cubiertas  de 


(i)  Hasta  aqaf  llegan  otros  códices  que  hemos  consultado.  El 
que  seguimos  á  la  letra  nade  todo  lo  que  resta  hasta  el  nnal  de 
la  Crónica,  que  insertamos  más  como  curiosidad  que  por  poder 
afirmar  que  sea  obra  del  cronista  Valera. 


oro  é  plata.  É  hizo  en  este  Alcízar  un  fosado  muy 
fondo,  picado  en  la  misma  peña ;  é  cerca  de  la  Igle- 
sia de  San  Martin  desta  ciudad  hizo  una  casa  asaz 
notable  para  su  aposentamiento.  É  en  Balsain ,  ques 
á  dos  leguas  de  allí,  hizo  otra  casa  asaz  buena  para 
su  recreación,  con  un  bosque  muy  grande  cercado 
de  cal  y  canto,  en  que  tenía  muy  gran  muchedum- 
bre de  bestias  salvages ;  y  en  la  villa  de  Madrid, 
fuera  de  los  muros ,  hizo  un  monesterio  de  la  Orden 
de  San  Jerónimo,  llamado  de  Santa  María  del  Paso, 
á  quien  dio  grandes  rentas  y  ornamentos  muy  sun- 
tuosos ;  y  en  el  Pardo ,  ques  á  dos  leguas  desta  vi- 
lla, hizo  otra  casa  asaz  notable ,  con  un  bosque  poco 
menos  bueno  que  el  del  Balsain,  y  en  otras  partes 
hizo  otros  edificios  asaz  suntuosos.  Fué  este  Rey  do 
gran  cuerpo,  bien  proporcionado,  blanco  y  colorado 
mesuradamente,  los  cabellos  rubios.  Era  romo,  de 
una  caída  que  dio  seyendo  niño.  Fué  gran  caballero 
de  la  gineta,  buen  bracero.  Dióse  demasiadamente 
á  la  música ;  cantaba  y  tañía  muy  bien.  Era  grande 
escribano  de  toda  letra ;  leía  maravillosamente.  Fué 
docto  en  la  lengua  latina.  Oía  de  mala  voluntad  á 
quien  quiera  que  á  él  venia.  Era  mucho  apartado. 
Vestíase  mal.  Tovo  muchos  privados  á  quien  con 
larga  mano  dio  muy  grandes  dádivas.  Fué  siempre 
regido  por  su  voluntad,  fuyendo  de  todo  sano  con- 
sejo. 


CRÓNICA 


DEL 


REY  DON  ENRIQUE  EL  CUARTO 

DE  ESTE  NOMBRE, 

POR  SU  CAPELLÁN  Y  CRONISTA 
DIEGO    ENRIQUEZ    DEL    CASTILLO. 


Cr.-IÍI. 


COMIENZA   LA   HISTORIA 


DEL 


REY  DON  ENRIQUE  EL  CUARTO 


DE  ESTE  NOMBRE, 

DE     GLORIOSA     MEMORIA. 


Tanto  los  príncipes  señalados  y  antiguos  varones 
de  las  edades  pasadas  quedai'on  famosos,  é  sus  vir- 
tuosos trabajos  cubiertos  de  renombre,  quanto  la 
dulce  pluma  de  los  sabios  oradores,  haciendo  vivos 
sus  nombres  los  quiso  prestar  memoria ;  á  los  quales 
con  sus  inmortales  letras ,  con  su  perpetua  scriptura 
tan  nombrados  quiso  dexar  é  tal  gloria  mundana 
permitir,  que  ni  el  pasado  tiempo  los  tiene  morti- 
guados ,  ni  la  nueva  edad  adormidos  ,  ni  la  vida  lar- 
ga los  olvida,  ni  el  corto  vivir  los  amengua.  E  así, 
aunque  de  siglos  tan  luengos  hayan  discurrido,  y  de 
tiempos  tan  antiguos  pasados,  siempre  ante  los  ojos 
tenemos  sus  hazañas,  no  solamente  figuradas  ,  mas 
en  nuestras  fantasías  imprimidas  é  señaladas ;  por- 
que tanto  alguna  cosa  estimamos  ser  mejor  é  la  te- 
nemos por  mas  buena ,  quanto  mas  lexos  se  mues- 
tra ,  quanto  mas  es  apartada  é  quanto  menos  es  ve- 
cina de  nuestra  conversación.  Pues  si  aquellos  fue- 
ron dignos  de  tanto  don  señalado ,  é  de  tal  excelen- 
cia merecedores,  que  la  sola  scriptura  ansi  nos  re- 
presenta sus  bienes ,  é  en  tal  manera  los  dexa  loados, 
alcancen  nuestros  días  con  vivas  razones,  merezcan 
nuestros  tiempos  con  dulces  historias ,  gane  nuestra 
edad  con  \nano  estudiosa  las  insignes  obras ,  los 
sangrientos  sudores  é  trabajos  fatigosos  de  nuestros 
presentes ;  porque  ellos  renombrados,  á  toda  inmor- 
talidad sobrepujen  en  tal  manera,  que  ni  la  anti- 
güedad los  olvide,  ni  transcurso  de  tiempo  los  con- 
suma ;  ca  injusta  cosa  sería  si  el  pregón  de  sus  loores 
del  todo  quedase  mudo,  é  sus  hazañas  calladas.  Esi 
los  altos  ingenios  de  los  scriptores,  la  viva  luz  de 
sus  renglones ,  é  la  dulzura  de  su  estilo  hicieron  loa- 
bles á  los  Griegos,  é  notables  á  los  Romanos;  cuya 
perdurable  fama,  ni  el  pincel  de  los  pintores,  ni  el 
martillo  de  los  plateros  ,  ni  el  hierro  de  los  sculpido- 
res  pudieían  hacer  inmortal,  si  la  heroica  pluma  de 


aquellos  olvidada  la  dexara.  No  menos  el  resplandor 
de  nuestros  invictísimos  Godos,  la  pujanza  de  su 
grandeza  é  la  excelencia  de  sus  obras  merecen  al- 
canzar memoria  ,  como  sea  cierta  cosa  é  muy  sabi- 
da verdad  que  aquellos  la  porfía  de  los  unos  con  ma- 
no armada  venciendo,  é  la  sobervia  de  los  otros  con 
sangrienta  espada  derrocando,  abatieron  su  presun- 
ción, é  destruyeron  su  osadía  ;  6  así  quedaron,  no 
solamente  renombrados  é  temidos ,  mas  famosos  y 
estimados.  De  cuyos  varoniles  hechos,  caballerosas 
cosas,  reales  exercicios  y  empresas  tan  altas  grande 
testimonio  nos  representa  aquel  señalado  Rey  Theo- 
dorico,  que  así  como  fuerte  guerrero,  esforzado  va- 
ron  y  caudillo  animoso,  con  su  gente  gótica  no  so- 
lamente sojuzgó  toda  Italia,  mas  con  sus  belicosas 
armas  puesta  en  servidumbre ,  al  Emperador  Zenon 
despojó  del  señorío,  y  echó  fuera  del  Imperio.  E  no 
solamente  aquesto  de  que  inmortal  gloria  é  famo- 
sa nombradla  les  debe  ser  otorgada,  porque  asi  co- 
mo magnánimos  supieron  señorear,  y  como  pruden- 
tes capitanes  facerse  vencedores,  mas  de  tanta  no- 
bleza fueron  acompañados,  y  de  tanta  clemencia 
fueron  revestidos,  que  alcanzada  la  victoria,  con 
muy  gracioso  amor,  con  dulce  benignidad,  con  gran- 
de piedad  humana  trataron  sus  enemigos.  De  que 
azaz  claro  testimonio  é  prueba  manifiesta  nos  es 
aquella  insigne  bondad,  y  piadosa  virtud  del  Rey 
Alarico,  que  combatida  la  cibdad  de  Roma,  tomada 
por  fuerza  de  armas ,  apoderado  y  fecho  señor  de 
ella,  con  pregones  de  amenazas,  so  graves  penas 
mandó  que  las  muertes,  estragos,  é  daños,  é  cruel- 
dades fuesen  del  todo  cesadas,  c  que  ningunos  des- 
de allí  adelante  osasen  entrar  en  los  templos,  ni  ho- 
llar los  santuarios  ;  mas  que  los  vencidos  fuesen  li- 
bros é  seguros ,  los  christianos  é  sus  eglesiasno  fue- 
sen damnificados ;  donde  publicando    su    manse- 


100 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dumbre,  y  manifestando  su  noble  humanidad,  de- 
cía :  con  los  Romanos  lo  avernos ,  contra  ellos  pe- 
leamos, é  á  guerrearlos  venimos;  los  siervos  de 
Christo  queremos  sean  libres.  En  tal  manera  que  su 
bondad  fué  muy  loada ,  é  su  grandeza  en  mayor  re- 
verencia tenida ;  porque  templando  su  furia ,  puso 
freno  á  su  poder, é  amansando  su  rigor,  se  abrazó 
con  la  clemencia.  E  no  solamente  aquesto ,  de  que 
tan  largos  titules  de  honra,  é  tan  cumplidas  ala- 
banzas les  deben  ser  otorgadas ,  mas  si ,  discurrien- 
do lo  pasado ,  é  viniendo  á  nuestros  tiempos ,  que- 
remos escudriñar  sus  historias,  y  saber  de  sus  haza- 
ñas ,  aunque  somnolientas  é  ciegas ,  aunque  dexadas 
olvidar  por  poco  cuidado,  tantos  é  señalados  he- 
chos, tan  altase  tan  grandes  cosas  terniamos  para 
decir,  que  sus  comienzos  serian  muchos,  sus  loores 
infinitos ,  y  BU  fin  nunca  hallado.  No  solamente 
aquesto ;  mas  como  entre  aquellos  haya  sido  mas 
cierto  el  afecto  belicoso  é  la  costumbre  de  la  guer- 
ra, que  el  estilo  del  hablar,  mas  de  contino  fatiga- 
ron sus  manos  en  el  uso  de  las  armas,  mayor  deley- 
te  sintieron  en  el  menear  de  las  espadas ,  que  en  el 
rodear  de  la  pluma.  E  así ,  menospreciando  lo  uno, 
que  famoso  nombre  les  diera,  é  anteponiendo  lo 
otro ,  que  sangrienta  muerte  traia ,  dieron  exercicio 
á  sus  fuerzas ,  é  adurmieron  sus  memorias ;  donde 
con  sobra  de  sueño  pasadas ,  y  en  silencio  dormi- 
dos, dexaron  entonces  los  unos  muy  sepultada  su 
fama ,  é  los  otros  agora  cegada  su  nombradla ,  de 
tal  guisa ,  que  ni  los  pasados  lo  leyeron ,  ni  los  pre- 
sentes lo  saben.  A  los  quales  como  su  negligencia 
haya  sido  madrastra ,  é  su  menos  cuidado  enemigo, 
quise,  condolido  de  tan  grave  pérdida ,  é  sentido  del 
error  en  que  así  cayeron  los  pasados ,  despertar  las 
hazañas,  decir  los  famosos  hechos  de  los  que  agora 
viven  é  son,  para  que  revivan  sus  nombres,  é  sue- 
ne su  fama ,  así  de  los  buenos  para  su  mayor  ala- 
banza, como  de  los  malos  para  su  vituperio.  Oyan 
por  ende  los  presentes,  atiendan  los  que  vernan, 
sepan  los  ignorantes  é  noten  los  que  leyeren ,  que 
del  muy  esclarecido  quarto  Rey  Don  Enrique  de 
Castilla  é  de  León,  sus  hechos  é  vida  tratando ,  su 
puxanza  é  grandeza  diciendo ,  sus  infortunios  é  tra- 
bajos recontando ,  con  testimonio  de  verdad  prosi- 
guiendo ,  yo  el  Licenciado  Diego  Enriquez  del  Cas- 
tillo, Capellán  é  de  su  Consejo,  como  fiel  coronista 
suyo  protesto  relatando  scribir  su  Corónica.  E  pues 
que  á  los  historiadores  señaladmente  se  otorga,  é  á 
ellos  solos ,  como  jueces  de  la  fama  é  pregoneros  de 
la  honra  es  dado  de  la  gran  prosperidad  recontar 
enteramente ,  é  de  las  adversidades  hacer  larga  re- 
lación ,  diré  sin  dubda  ninguna  lo  que  vieron  mis 
ojos,  las  cosas  que  sucedieron,  la  causa  de  donde 
emanaron ,  ó  también  del  fin  que  ovieron ;  porque  el 
sobrado  señorío  á  los  mas  bien  afortunados  jamas 
les  ponga  soberbia ,  ni  los  trabajosos  males  hagan 
á  los  hombres  cobardes  ;  ca  sabida  cosa  es,  que  tan- 
to á  los  osados  ayuda  mas  la  fortuna,  quanto  puede 
á  los  mayores  derribar  de  lo  mas  alto.  E  quanto 
quiera  que  hablar  de  tan  alto  Príncipe ,  de  los  Gran- 
des de  BUS  reynos  é  de  los  otros  mas  baxos  parezca 


presunción  de  rudo  marinero  ,  que  puesto  en  la  fu- 
ria del  mar ,  lanza  su  batel  en  las  hondas ,  é  da  sus 
velas  al  viento,  sin  saberse  gobernar,  pero  supli- 
cando á  la  infinita  bondad  del  soberano  Redentor 
que  de  sus  inmensas  gracias  me  preste  alguna  par- 
te, para  que  obedeciendo  al  mandado,  é  la  licencia 
del  poderío  Real,  que  para  esto  me  fué  dado,  po- 
niéndolo por  obra ,  pueda  dar  fin  á  mi  promesa. 
Pero  si  aquesta  Corónica  no  fuere  tan  copiosa  é 
complida  como  debe ,  de  las  cosas  que  sucedieron 
en  la  prosperidad  del  Rey ,  primero  que  le  viniesen 
las  duras  adversidades ,  merezco  ser  perdonado  con 
justa  escusacion ;  porque  fui  preso  sobre  seguro  en 
la  cibdad  de  Segovia,  quando  fué  dada  por  traycion 
á  los  caballeros  desleales ;  donde  me  robaron ,  no  so- 
lamente lo  mió ,  mas  los  Registros  con  lo  procesado 
que  tenia  scripto  do  ella,  visto  que  la  memoria,  se- 
gún la  flaqueza  humana ,  tiene  mayor  parte  de  la 
olvidanza,  que  sobra  de  la  recordación. 

CAPÍTULO  I. 

De  la  fisonomía,  vida  é  condición  del  Rey. 

Quanto  mas  alta  cosa  es  aquella  de  que  se  debe 
tratar,  tanto  su  grandeza  pone  temor  en  el  decir;  é 
quanto  de  mayor  excelencia,  tanto  es  el  defecto  de 
las  palabras  mas  graves ;  porque  antes  el  estilo  de 
screvir,  que  materia  de  hablar  fallesce.  Siempre 
nuestras  lenguas  son  mas  aparexadas  á  disparar  sus 
dichos  que  las  plumas  á  componerlos ;  y  aun  aques- 
to la  misma  experiencia  natural  nos  lo  muestra, 
como  sea  cosa  cierta  que  el  uso  común  de  la  habla 
es  a  todos  general ,  y  á  muy  pocos  la  perfección  del 
decir  ;  é  no  sin  cabsa  los  humanos  ingenios  mayo- 
res cosas  entienden  que  saben  proponer,  é  mejor 
las  conciben  que  aciertan  á  pronunciarlas,  ni  decir 
lo  que  de  dentro  sienten.  E  porque  tratando  de  tan 
alto  Rey,  altas  é  grandes  cosas  se  deben  notar  pri- 
mero que  al  proceso  de  la  historia  vengamos,  para 
que  de  todo  prestemos  razón,  é  la  reprehensión  de 
la  ignorancia  se  escuse,  algo  de  su  gesto  y  facciones, 
de  sus  condiciones  é  vida  converná  que  digamos; 
en  tal  manera,  que  relatada  su  figura  é  la  orden  de 
su  vivir,  emprima  señal  é  noticia  en  los  que  su  his- 
toria leyeren.  E  pues  conviene  al  coronista  y  ea  ne- 
cesario que  sea  zeloso  de  la  verdad ,  ageno  de  la 
afición ,  quito  de  amor  y  enemistad ,  en  tal  manera, 
que  reprehendiendo  los  culpados,  é  alabando  los 
buenos,  escriba  sin  pasión,  é  proceda  como  juez  en 
las  cosas  de  la  fama ;  yo  desde  aquí  protesto  que 
todo  lo  que  dixere  y  mi  pluma  recontare,  sea  para 
cumplir  con  Dios  en  descargo  de  mi  conciencia  ó 
del  cargo  que  me  fué  dado ;  é  asi  agora,  procediendo 
con  la  reverencia  que  debo,  fablaré  primero  del 
Rey.  Era  persona  de  larga  estatura  y  espeso  en  el 
cuerpo,  y  de  fuertes  miembros  ;  tenía  las  manos 
grandes  y  los  dedos  largos  y  recios ;  el  aspecto  fe- 
roz, casi  á  semejanza  de  león,  cuyo  acatamiento 
ponía  temor  á  los  que  miraba ;  las  narices  romas  é 
muy  llanas,  no  que  así  naciese,  mas  porque  en  su 
niñez  rescibió  lision  en  ellas  ;  los  ojos  garzos  é  algo 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


esparcidos  ,  encarnizados  los  parpados :  donde  po- 
nía la  vista ,  mucho  le  duraba  el  mirar ;  la  cabeza 
grande  y  redonda  ;  la  frente  ancha;  las  cejas  altas; 
las  sienes  sumidas ,  las  quixadas  luengas  y  tendi- 
das á  la  parte  de  ayuso  ;  los  dientes  espesos  y  tras- 
pellados ;  los  cabellos  rubios  ;  la  barba  luenga  é  po- 
cas veces  afeytada ;  el  tez  de  la  cara  entre  rojo  y 
moreno ;  las  carnes  muy  blancas ;  las  piernas  muy 
luengasy  bien  entalladas ;  los  pies  delicados.  Era  de 
singular  ingenio  y  de  gran  aparencia ,  pero  bien  ra- 
zonado ,  honesto  y  mesurado  en  su  habla ;  placente- 
ro con  aquellos  á  quien  se  daba;  holgábase  mucho 
con  sus  servidores  y  criados ;  avia  placer  por  darles 
estado  y  ponerles  en  honra :  jamas  deshizo  á  ningu- 
no que  pusiese  en  prosperidad,  Compañia  de  muy 
pocos  le  placia ;  toda  conversación  de  gentes  le  da- 
ba pena.  A  sus  pueblos  pocas  veces  se  mostraba ; 
huia  de  los  negocios;  despachábalos  muy  tarde.  Era 
muy  enemigo  de  los  escándalos ;  acelerado  é  aman- 
eado muy  presto.  De  quien  una  vez  se  fiaba ,  sin 
sospecha  ninguna  le  daba  mando  é  favor.  El  tono 
de  su  voz  dulce  é  muy  proporcionado ;  todo  canto 
triste  le  daba  deleyte  :  preciábase  de  tener  cantores, 
y  con  ellos  cantaba  muchas  veces.  En  los  divinos  of- 
ficios  mucho  se  deleytaba.  Estaba  siempre  retraydo; 
tañia  dulcemente  laúd ;  sentía  bien  la  perfección  de 
la  música:  los  instrumentos  de  ella  le  placían.  Era 
gran  cazador  de  todo  linage  de  anímales  y  bestias 
fieras ;  su  mayor  deporte  era  andar  por  los  mon- 
tes, y  en  aquellos  hacer  edificios  é  sitios  cercados 
de  diversas  maneras  de  animales,  é  tenia  con  ellos 
grandes  gastos.  Grande  edificador  de  iglesias  é  mo- 
nasterios, y  dotador  é  sustentador  de  ellos:  dábase 
á  los  Religiosos  ó  á  su  conversación.  Labraba  ricas 
moradas  y  fortalezas ;  era  señor  de  grandes  tesoros, 
amigo  é  allegador  de  aquellos,  mas  por  fama  quo 
cobdicía.  Fue  grande  su  franqueza,  tan  alto  su  co- 
razón ,  tan  alegre  para  dar,  tan  liberal  para  lo  cum- 
plir, que  de  las  mercedes  hechas  nunca  se  recorda- 
ba ,  ni  dexó  de  las  hacer  mientras  estubo  prospera- 
do. En  la  guarda  de  su  persona  traía  gran  muche- 
dumbre de  gente,  de  guisa  que  su  corte  siempre  se 
mostró  de  mucha  grandeza ,  y  el  estado  real  muy 
poderoso.  Los  hijos  de  los  Grandes,  los  generosos  y 
nobles ,  y  los  de  menor  estado ,  con  las  pagas  de  su 
sueldo  se  sustubíeron  en  honra.  Era  lleno  de  mu- 
cha clemencia ,  de  la  crueldad  ageno,  piadoso,  á  los 
enfermos  caritativo ,  y  limosnero  de  secreto ;  rey  sin 
ninguna  ufanía  ,  amigo  de  los  humildes,  desdeña- 
dor  de  los  altivos.  Fué  tan  cortés ,  tan  mensurado  é 
gracioso ,  que  á  ninguno  hablando  jamas  decía  de 
tú,  ni  consintió  que  le  besasen  la  mano.  Hacía  poca 
estimado  sí  mesmo.  Con  los  príncipes  y  reyes,  y 
con  los  muy  poderosos  era  muy  presuntuoso,  Pres- 
ciábase  tanto  de  la  sangre  Real  suya  é  de  sus  ante- 
pasados, que  aquella  sola  decía  ser  la  mas  excelei)te 
que  ninguna  de  los  otros  Reyes  de  Christianos.  Fue 
su  vivir  é  vestir  muy  honesto,  ropas  de  paños  de 
de  lana  del  trage  de  aquellos  sayos  luengos,  y  ca- 
puces é  capas.  Las  insignias  é  cerimonias  Reales 
muy  agenas  fueron  de  su  condición.  Su  comer  mas 


101 


fué  desorden  que  glotonía  ,  por  donde  su  complexión 
en  alguna  manera  se  corrompió  ,  é  asi  padecía  mal 
de  la  ijada,  y  á  tiempo  dolor  de  muelas ;  nunca  ja- 
mas bebió  vino.  Tubo  flaquezas  humanas  de  hom- 
bre, y  como  Rey  magnamínídades  de  mucha  gran- 
deza. Era  gran  cabalgador  de  la  gineta,  y  usábala 
de  contíno ,  tanto  que  los  del  Reyno  á  su  exemplo 
conformados  dexaron  la  polecia  de  ser  hombres  de 
armas.  Tubo  muchos  servidores  y  criados,  y  de 
aquellos  hizo  grandes  señores ;  pero  los  mas  de  ellos 
le  fueron  ingratos ,  de  tal  guisa  que  sus  dádivas  y 
mercedes  no  se  vieron  agradecidas  ,  ni  respondidas 
con  lealtad.  E  así  fueron  sus  placeres  pocos ,  los 
enojos  muchos,  los  cuidados  grandes,  y  el  descan- 
so ninguno.  Mas  decíme  agora,  reyes  de  la  tierra, 
compañeros  de  la  cobdicía,  é  amigos  de  la  sober- 
bia y  padrastros  de  la  humildad ,  cuya  libertad  es 
captíverio,  cuyo  señorío  es  servidumbre ,  cuya  gran- 
deza congoja,  cuyo  poder  persecución,  ¿de  quál 
bienandanza  vos  podéis  alabar,  de  quál  prosperidad 
presumir ,  que  ni  el  retrete  vos  descansa ,  ni  la  ca- 
ma reposa,  ni  el  tesoro  consuela,  ni  el  dar  basta?  O 
¿  de  quál  perfección  mas  digna  queréis  alcanzar  re- 
nombre ,  quando  ni  siendo  señores  tenéis  libertad, 
ni  como  poderosos  la  dais  á  ninguno?  Baste  pues 
saber  de  vosotros  que  quanto  mas  grandes,  mas 
congojados,  é  quanto  mas  altos,  mas  sin  descanso. 

CAPÍTULO  n. 

Como  rné  jurado  por  Rey,  y  la  fabla  que  hizoá  los  Grandes  de  las 
Cortes,  para  soltar  á  los  Condes  que  tenia  presos. 

La  muerte  natural ,  que  á  todos  hace  iguales, 
aquella  que  á  ninguno  jamas  perdona,  é  á  los  mas 
poderosos  priva  del  mando,  y  los  quita  el  señorío, 
trasportó  del  mundo,  y  agenó  del  estado  al  segun- 
do Rey  Don  Juan  en  la  villa  de  Valladolíd,  por 
cuyo  fin  los  Grandes  del  Reyno,  que  allí  se  hallaron 
á  la  sazón,  alzaron  por  rey  al  Príncipe  Don  Enri- 
que ,  su  hijo  primogénito.  Donde  hechas  los  obse- 
quias funerarias  de  su  padre  en  el  monasterio  de 
Sant  Pablo  con  aquella  solemnidad  que  para  tal  acto 
se  requería ,  según  la  excelencia  de  tan  alto  Rey ; 
dada  la  orden  en  las  pías  cabsas  del  alma,  el  nuevo 
Rey  queriendo  manifestar  su  clemencia  é  la  gran- 
deza de  su  corazón  ,  para  dar  buen  exemplo  de  su 
realeza ,  mandó  llamar  los  Perlados ,  é  Caballeros  é 
personas  de  estado  que  en  la  Corte  estaban.  Los 
quales  venidos  delante  su  real  presencia,  con  ale- 
gre cara  é  gracioso  semblante  les  díxo :  «Suele  al- 
))  gunas  veces  el  gran  poderío  mover  á  los  que  reynau 
«antes  á  mal  hacer  que  ábíen  obrar  ;  y  el  absoluto 
»  señorío  de  reynar  á  los  altos  Príncipes ,  á  usar  mas 
»  del  furor  que  de  la  graciosa  mansedumbre.  Por 
»  esto  es  necesario  álos  que  en  tal  cumbre  y  tan  alta 
«suceden,  si  quieren  mirar  á  la  nobleza,  y  ser  teui- 
»  dos  por  tales ,  que  hayan  de  ser  revestidos  de  cle- 
»  mencía  é  ceñidos  de  piedad.  Ca  el  mando  ó  la  po- 
»  tencia  en  la  persona  Real ,  el  regir  y  gobernar  en 
»el  virtuoso  el  Rey,  solamente  ha  de  ser  para  ha- 
Bcerlo  magnánimo,  gracioso  y  benigno,  olvidador 


102  CRÓNICAS  DE  LOS 

»  de  las  injurias  é  galardonador  de  los  servicios.  De 
«donde  se  sigue,  que  á  los  reyes  es  dado,  é  á  ellos 
»propriamente  conviene  ser  agenados  de  la  ira  y 
» apartados  del  rencor  é  muy  despojados  de  toda 
»  enemistad.  E  por  esto ,  considerando  quanto  mas 
«segura  es  la  piedad ,  que  el  rigor  de  la  justicia,  yo 
» agora  porque  veáis  que  tan  humano  Rey  quiero 
«ser  á  los  culpados,  amoroso  á  los  leales  y  amigo 
»de  los  buenos,  vencido  de  mi  propia  voluntad,  y 
»  usando  de  aquella  liberalidad  que  á  los  reyes  de 
» tan  alta  sangre  como  la  mia  pertenece ,  perdono  á 
«D.  Fernán  Dalvarez  de  Toledo,  Conde  de  Alva,éá 
«Don Diego  Manrique,  Conde  de  Treviño , que ten- 
»go  presos,  y  lie  tenido  de  algunos  tiempos  acá:  á 
» los  quales  desde  agora  suelto  é  pongo  en  su  liber- 
B  tad  ;  é  mando  que  les  sean  tornadas  sus  tierras  sin 
«dilación  alguna.»  Oyda  su  habla,  é  vista  la  reale- 
za de  que  asi  usaba  con  aquellos  Condes  presos,  que 
mandaba  soltar,  todos  los  que  presentes  estaban, 
con  grande  reverencia  las  rodillas  en  tierra,  dixeron 
que  se  lo  tenian  en  mucha  merced,  besando  sus  rea- 
les manos  ;  que  bien  páresela  que  esta  era  la  reale- 
za de  su  sangre ,  pues  que  el  primero  dia  que  rey- 
naba,  ansi  les  daba  tan  cumplidas  señales  de  bien, 
por  las  quales  no  solamente  los  obligaba  para  lo 
amar  y  obedesccr,  mas  que  les  robaba  los  corazones 
para  le  servir  y  acatar  de  alli  adelante  con  mayor 
reverencia.  ¡O  singular  excelencia,  la  virtud  del  per- 
dón ,  que  donde  quiera  que  mora ,  siempre  roba  los 
corazones  y  gana  las  voluntades  para  mayor  afición! 
¡Bienaventurados  los  rey  nos  que  de  tales  Reyes  son 
suf  "-agáneos!  que  si  el  rigor  de  su  poderío  no  se  tem- 
plase con  la  mansedumbre  de  perdón ,  ni  los  subdi- 
tos osarían  ser  vasallos,  ni  los  que  sojuzgan  la  tier- 
ra hallarían  quien  los  sirviese.  Asi  que  la  clemencia 
puebla  los  reynos ,  y  los  hace  vivir  contentos,  y  la 
crueldad  los  disipa,  y  hace  ser  querellosos. 

CAPÍTULO  IIL 

Como  el  Rey  mandó  llamar  ü  los  servidores  ó  criados  de  su  pa- 
dre, é  consolados  graciosamente,  les  confirmó  los  oficios  que 
tenian. 

E  por  la  muerte  del  Rey  sus  servidores  quedaron 
muy  afligidos ,  en  tanto  grado  que  hacian  muy  do- 
lorosos llantos,  sin  que  ninguno  los  pudiese  conso- 
lar. E  como  fuese  notificado  al  Rey,  mandó  que  fue- 
sen llamados  ;  é  venidos  á  su  Cámara,  con  graciosa 
begninidad  les  dixo :  «  No  dudo  que  la  muerte  del 
«Rey,  mi  Señor,  que  haya  sancta  gloria,  os  haya 
«puesto  grave  dolor  é  tristeza,  asi  por  la  pérdida  de 
«su  Real  persona,  con  que  estábades  amparados  é 
«con  favor  defendidos,  como  porque  podria  ser  que 
»  vos  teméis  é  receláis  de  perder  los  oficios  con  que 
«teniades  cabida  en  su  Casa  Real ,  y  segura  sustcn- 
« tacion  de  la  vida.  Mas  porque  de  aquesta  sospecha 
«  seáis  seguros ,  é  conozcáis  que  las  tales  novedades 
«han  de  ser  muy  agenas  de  los  reyes,  mayormente 
«  de  mi  condición  ,  y  que  si  aquello  se  hiciese,  parc- 
«ceria  mas  crueldad  que  magnificencia,  é  mas  po- 
«quedad  que  realeza,  quiero,  é  es  mi  determinada 


REYES  DE  CASTILLA. 

»  voluntad,  que  todos  quedéis  en  vuestros  oficios,se- 
« gun  los  teniades  con  el  Rey  mi  Señor  (que  Dios 
»  haya)  sin  novedad  alguna  que  en  ellos  se  haga.  Y 
«aquesto  por  dos  razones,  la  primera,  porque  sin- 
« tais  que  si  en  él  perdisteis  señor,  en  mi  tenéis  se- 
«fior  é  defensor;  la  segunda,  para  que  con  aquel 
«mesmo  amor  é  lealtad  me  sirváis  queserviades  ásu 
«Señoría  quando  era  vivo,  é  por  ello  merezcáis  otras 
»  mayores  gracias  y  mercedes.  Por  tanto ,  yo  vos 
«mando  que  desde  agora  cada  uno  de  vosotros  me 
«  sirva  en  el  oficio  que  tenéis;  é  viváis  alegres  é  con- 
«tentos.»  Los  cuales  oyda  su  habla,  é  la  merced  que 
les  hacia  tan  realmente  ,  hecha  su  reverencia,  salie- 
ron dando  gracias  á  Dios,  porque  en  pos  de  tan  no- 
ble padre  les  sucedía  tan  excelente  hijo,  que  ansi 
los  amparaba  é  recebia  con  amor. 

CAPÍTULO  IV. 

Como  el  Rey  dio  medio  entre  los  capellanes  del  Rey  su  padre  é 
los  suyos,  para  que  en  conformidad  todos  lo  sirviesen,  y  la 
gratiücacion  que  los  hizo. 

Entre  los  capellanes  del  Rey  Don  Juan  su  padre 
é  los  suyos  hubo  grande  división  é  diferencia,  ansi 
en  el  servicio,  como  en  los  asentamientos  déla  Ca- 
pilla ,  queriéndose  preferir  los  unos  á  los  otros  ;  so- 
bre lo  qual  estaban  en  gran  debate,  diciendo  que 
pues  algunos  de  ellos  eran  primeros  en  tiempo  por 
ser  del  Rey  pasado,  que  deberían  ser  mejores  en  la 
preeminencia  ,  é  precederles  en  el  asentar.  Los  otros 
respondían  que  ellos  avian  servido  al  Rey  siendo 
Príncipe,  para  quando  sucediese  en  el  Reyno ;  é  que 
asi  como  primero  sucedieron  en  los  trabajos,  era 
justa  cosa  que  venido  á  ser  Rey,  gozasen  en  el  asen- 
tamiento de  la  mesma  prerogativa  que  ellos  avian 
gozado  con  su  Rey  de  que  vino  á  reynar  ;  é  por  esta 
razón  debian  conseguir  de  hecho  lo  que  por  muchos 
servicios  tenian  merescido.  E  como  aquesto  fuese 
notificado  al  Rey,  mandó  que  todos  viniesen  á  su 
Real  cámara  é  presencia :  donde  todos  venidos ,  les 
dixo:  «Si  á  vuestras  porfías  se  diese  lugar,  sería 
))cabsa  de  mayor  enconveniente ,  ó  cabsa  de  mas 
»mal  exeniplo  dexaros  perseverar.  Mas  por  quitaros 
»de  contienda  y  dar  medio  entre  vosotros,  quiero 
))que  sepáis  que  yo  no  solamente  sucedí  en  el  esta- 
))(lo,  lugar  é  señorío  del  Rey  mí  Señor,  que  ponga 
))Dios  en  su  gloría,  mas  en  todas  las  otras  cosas 
»de  que  su  Real  persona  se  servia,  y  entre  aquellas 
«en  esta  Capilla  suya  :  por  donde  paresce  que  tam- 
wbien  los  unos  como  los  otros  sois  míos  para  servir- 
))me.  Por  tanto  cumple  que  todos  de  hoy  mas  seáis 
«conformes  sin  contradicción  alguna;  ca  de  otra  gui- 
»sa  yo  no  seria  bien  servido,  ni  vosotros  haréis  lo 
))que  debéis  como  buenos  servidores.  Pero  por  qui- 
»tar  el  escándalo  en  que  agora  estáis,  y  escusar  la 
«enemistad  que  de  aquí  adelante  se  puede  recrescer, 
«quiero  é  mando  que  oí  Capellán  mayor  del  Rey  mi 
))Señor,  y  el  mío,  que  por  agora  no  sirvan,  hasta  que 
))á  alguno  de  ellos  se  do  algún  obispado  en  equíva- 
»lencía  de  su  oficio ,  y  entretanto,  que  en  lugar  de 
«ellos  sirva  Don  Justo  Alonso  Chiríno,  Abad  de  Al- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


103 


«cala.  E  asi  mesmo  mando  que  los  oficiales  junta- 
» mente  sirvan  sus  oficios  en  mucha  conformidad,  ó 
»que  los  Capellanes  sea  sienten  los  mas  antiguos  so- 
»bre  los  que  después  entraron  é  vinieron  ;  ca  seria 
»  cosa  vergonzosa  que  siendo  del  estado  eclesiático, 
))  donde  ha  de  resplandecer  el  bien  de  la  paz  é  sosie- 
»go,  oviese  de  nacer  discordia  y  rancor  en  las  vo- 
»luntades.»  Dada  esta  orden  é  medio  entre  ellos,  que- 
daron todos  pacíficos  y  contentos,  é  servían  con 
mucho  amor.  E  dende  á  pocos  dias ,  como  vacase  el 
Obispado  de  Cartagena ,  fue  dado  al  Capellán  ma- 
yor del  Rey  Don  Juan  su  padre ,  y  el  suyo  tornó  á 
servir  hasta  tanto  que  le  hicieron  Obispo  de  Sego- 
via.  Visto  aquesto ,  todos  los  otros  capellanes  é  can- 
tores fueron  muy  alegres  ,  y  desde  aquella  hora  en 
adelante  con  speranza  de  recebir  mercedes  trabaja- 
ron de  servir  sin  enojo ;  por  donde  fueron  sublima- 
dos con  granes  dignidades  ,  é  no  sin  cabsa;  porque 
el  Rey  se  deleytaba  mucho  en  los  Oficios  divinales, 
y  así  daba  grandes  rentas  á  los  que  le  servían. 

CAPÍTULO  V. 

Como  hizo  paz  con  el  Rey  de  Navarra,  su  tio,  6  le  compró  los  lu- 
gares que  tenia  en  Castilla,  é  perdonó  al  Almirante  é  á  otros 
caballeros,  que  estaban  desterrados  del  Reyno,  6  les  mandó 
tornar  lo  suyo. 

Después  que  así  liberalmente,  é  con  tanta  gracio- 
sidad ovo  tratado  sus  subditos,  acordóse  como  entre 
el  Rey  Don  Juan  de  gloriosa  memoria  su  padre,  y 
el  Rey  de  Navarra  su  tio  avia  sus  grandes  diferen- 
cias ,  de  que  se  siguieron  batallas  campales,  guer- 
ras, muertes,  robos  é  prisiones  tales,  é  tan  crudas 
é  de  tal  forma,  que  muchos  caballeros  principales  é 
otras  personas  de  menos  condición  se  salieron  hu- 
yendo del  Reyno ,  é  quedaron  despojados  de  sus  es- 
tados, no  solamente  por  ser  parciales  de  los  enemi- 
gos, pero  porque  á  banderas  desplegadas,  pelearon 
contra  su  Rey  :  de  que  asaz  enemistad  quedó  arrai- 
gada por  grande  tiempo  de  la  una  parte  á  la  otra. 
Pero  él  como  rey  humano,  queriendo  que  la  discor- 
dia pasada  fuese  convertida  en  sus  dias  en  amor,  é 
la  guerra  en  mucha  paz ,  é  porque  antes  fuese  ama- 
do que  temido ,  determinó  aunque  poderoso  é  sin 
necesidad  de  aver  menester  á  ninguno,  por  enxen- 
plo  de  virtud  de  hacer  amistad  con  su  tio ;  para  lo 
qual  envió  sus  embaxadores ,  que  fueron  muy  bien 
recebidos  por  él.  Y  su  embaxada  contenia  dos  co- 
sas :  la  primera,  que  para  quitar  todos  los  debates  é 
controversias  pasadas,  le  vendiese  las  villas  de 
Atienza  é  de  la  Pefiaé  de  Alcázar  que  tenia  en  Cas- 
tilla ;  la  segunda,  que  visto  el  deudo  que  entre  ellos 
estaba  tan  cercano,  quería  hacer  con  él  perpetua 
paz  é  confederación  de  firme  amistad.  Oyda  su 
habla,  el  Rey  de  Navarra  respondió  que  de  aquello 
era  muy  contento,  é  le  plascia  de  lo  hacer;  pero  con 
tal  condición,  que  pues  el  Almirante  Don  Fadri- 
que ,  é  los  hijos  del  Conde  Castillo,  é  Juan  de  Tovar, 
Señor  de  Berlanga ,  con  otros  caballeros  se  avian 
perdido  por  él ,  é  estaban  no  solamente  desterrados 
de  Castilla ,  mas  despojados  de  sus  tierras ,  le  plu- 


guiese perdonarlos,  é  mandar  restituir  lo  suyo,  que 
el  Rey  su  padre  le  avía  tomado.  A  lo  qual  respon- 
dió el  Rey  que  le  plascia  de  lo  así  hacer ,  asi  por 
contemplación  suya  que  gelo  rogaba ,  como  porque 
sus  naturales  conosciesen  quanto  era  contento  de 
los  tratar,  mas  con  beninidad ,  que  con  rigor,  é  ser 
para  ellos  mas  amigable  rey  ,  que  duro  señor.  E  así 
concertada  la  cantidad  que  se  avía  de  dar  por  las 
villas ,  é  pagada ,  las  villas  fueron  entregadas,  é 
puestos  en  ellas  alcaydes  por  el  Rey.  E  luego  veni- 
dos dolante  su  Real  presencia  el  Almirante  Don  Fa- 
drique  é  los  otros  caballeros,  que  andaban  dester- 
rados, el  Rey  con  alegre  cara  los  recibió,  é  dixo  al 
almirante  :  «Tío,  é  vosotros  Caballeros,  ya  sabéis 
))  que  los  reyes  reynan  en  lugar  de  Dios  sobre  la  tier- 
»  ra  ;  é  porque  asi  se  representa  su  señorío  divinal, 
))  todos  los  subditos  débenles  fidelidad  ,  lealtad,  te- 
»  mor,  reverencia  y  obediencia.  De  donde  se  sigue 
»que  los  naturales  han  de  ser  obedientes,  é  no  re- 
«beldes,  servidores,  é  no  enemigos  ,  é  leales,  é  no 
ntraydores;  porque  el  resistir  al  poderío  terrenal  de 
» los  reyes ,  es  resistir  á  Dios  ,  que  los  pone  en  su 
)) lugar,  para  que  manden  é  señoreen.  E  pues  ve- 
))des  agora  la  humanidad  con  que  liberalmente  vos 
» perdono  ,  y  el  amor  con  que  vos  rescibo ,  é  como 
«vos  mando  tornar  todo  lo  vuestro  ,  sin  acordarme 
»  de  vuestros  hierros ,  catad  que  vos  amonesto,  que 
«vos  emendéis  ,  é  miréis  por  mi  servicio  mejor  qne 
»lo  hicístes  contra  el  Rey  mi  Señor,  que  Dios  haya^ 
»  porque  tenga  yo  cargo  de  haceros  mercedes,  é  por 
«lo  contrario  no  tornéis  á  ser  peregrinos ,  é  andar 
»  por  tierras  agenas.»  Entonces  el  Almiranteen  nom- 
bre suyo  é  de  los  otros  caballeros  que  con  él  venían, 
respondió  que  besaban  las  manos  á  su  Alteza,  pro- 
testaban de  lo  hacer  así  como  su  Real  Señoría  lo 
mandaba.  E  tomada  licencia,  se  fueron  para  sus 
tierras,  que  les  fueron  entregadas. 

CAPÍTULO  VI. 

Como  el  Rey  envió  embaxadores  al  Rey  Don  Alonso  de  Aragón, 
que  estaba  en  Ñapóles,  é  se  conürmaron  las  paces  entre  Cas- 
tilla c  Aragón. 

E  luego  que  así  ovo  perdonado  á  estos  caballeros, 
é  recobrado  las  villas  que  el  Rey  de  Navarra  tenía 
en  Castilla,  para  mayor  cumplimiento  de  reposo, 
acordó  de  enviar  sus  embaxadores  al  Rey  Don  Alon- 
so de  Aragón,  su  tio,  que  estaba  en  el  Reyno  de  Ñá- 
peles, donde  con  gran  triunfo ,  é  vítoría  de  sus  ene- 
migos reynaba  pacíficamente ,  así  para  le  notificar 
el  suceso  de  su  próspero  Real  estado,  porque  le  ama- 
ba mas  que  á  ninguno  de  sus  hermanos  é  parientes 
de  su  linage,  é  le  tenía  en  grande  acatamiento ,  co- 
mo para  confirmar  las  alianzas  é  paces,  que  estaban 
entre  Castilla  é  Aragón.  Llegados  aquestos  embaja- 
dores cerca  de  la  cibdad  de  Ñápeles ,  notificada  su 
ida  al  Rey,  mandó  que  les  fuese  hecho  honrado  re- 
cibimiento, é  que  fuesen  no  solamente  bien  aposen- 
tados, mas  proveídos  copiosamente  de  todas  las  co- 
sas que  hubiesen  menester.  E  así  recebidos  con  mu- 
cha honra  é  tratados  con  mucho  amor,  después  que 


i  04 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


la  negociación  é  capítulos  de  la  paz  fueron  conclui- 
dos entre  los  embajadores  é  los  deputados  por  el 
Rey  de  Aragón  ,  estuvieron  en  gran  diferencia  de- 
batiendo sobre  que  en  la  scriptura  qual  de  los  Re- 
yes se  pornia  primero.  E  como  de  ello  de  amas  par- 
tes altercasen  alegando  sus  razones ,  quales  á  cada 
uno  pertenecía  en  favor  de  su  Rey,  los  embaxadores 
de  Castilla  dixeron,  que  aquella  contienda  querían 
que  su  Rey  la  determinase.  Ante  quien  relatada  la 
controversia  en  que  así  estaban,  respondió,  que  pues 
él  venía  de  la  casa  de  Castilla ,  y  el  Rey  Don  Enri- 
que su  sobrino  era  el  tronco  de  quien  él  y  el  linaje 
Real  de  los  Godos  de  España  decendian,  que  le  pla- 
cía, é  mandó  que  el  Rey  su  sobrino  le  precediese ,  é 
fuese  primero  puesto  en  las  scripturas  é  capítulos 
que  se  hiciesen.  E  dada  la  conclusión  de  todo  ello, 
ol  Rey  de  Aragón  queriendo  mostrar  el  mucho 
amor  que  con  el  Rey  su  sobrino  tenía,  é  quanto 
deseaba  honrar  á  él  é  á  sus  cosas,  ansí  por  ser  el  ma- 
yor é  principal  del  linaje,  como  porque  era  hijo  de 
la  Reyna  Doña  María  su  hermana ,  á  quien  él  mas 
que  á  todos  sus  hermanos  avia  querido,  convidados 
estos  embaxadores  á  comer,  hízoles  grande  fiesta  é 
mandóles  hacer  muchas  mercedes,  con  que  despedi- 
dos, se  tornaron  al  Rey.  E  recontadas  las  noblezas 
que  el  Rey  Don  Alonso  su  tio  con  ellos  avia  fecho, 
é  la  forma  con  que  los  avia  tratado,  quedó  mas  afi- 
cionado con  él ,  é  asi  puestos  sus  Reynos  en  tanta 
paz  é  sosiego,  quanto  nunca  se  vieron  en  tiempo  de 
su  padre.  Él  quedó  tan  próspero,  y  obedecido,  y  aca- 
tado y  tan  estimado  por  el  mundo  ,  que  á  todos  sus 
comarcanos  hacía  ser  embidiosos,  en  tanto  grado 
que  ninguno  de  los  reyes  sus  antepasados  se  pudo 
decir  mas  glorioso,  ni  con  tal  triunpho  mundano,  si 
todavía  quisiera  la  fortuna  serle  favorable.  Pero  con 
todo,  mientras  que  le  fué  parcial,  muy  mas  próspe- 
ramente subcedieron  sus  cosas,  quel  supiera  deman- 
dallas. 

CAPÍTULO  VII. 

Qué  personas-señaladas  tuvo  el  Rey  en  su  Consejo  para 
gobernar. 

B  porque  siempre  suele  é  debe  aver  cabe  los  Re- 
yes personas  señaladas,  así  para  su  secreto  consejo, 
como  para  la  gobernascion  de  sus  Reynos,  conve- 
nible cosa  es  que  se  digan  quién  fueron  las  princi- 
pales personas  que  con  aqueste  Rey  ovieron  cabida, 
é  de  quien  confiaba  las  cosas  de  su  consejo  é  de  la 
gobernascion.  Tenía  á  Don  Juan  Pacheco ,  Marqués 
de  Villena,  que  quando  mozo  pequeño,  fué  paje  de 
Don  Alvaro  de  Luna,  Maestre  de  Santiago,  Condes- 
table de  Castilla,  é  después  que  algún  tiempo  le  sir- 
vió, diólo  al  Rey  quando  era  Príncipe.  Salió  tan  dis- 
creto é  de  tan  buen  seso  é  reposado ,  que  para  qual- 
quiera  debate ,  ó  contradicción  solia  hallar  muchos 
medios.  Daba  en  todas  las  cosas  sanos  expedientes, 
en  tal  manera  que  su  prudencia  era  mas  provechosa 
que  de  otro  ninguno  de  quantos  por  entonces  le  ser- 
vían. E  así  allegó  á  tener  grande  cabida  con  el 
Príncipe  antes  que  fuese  Rey;  por  donde  quedó  con 


grande  amor  con  él,  en  tanto  que  por  su  solo  saber 
se  gobernaba;  por  dó  subió  á  ser  Marqués  de  Ville- 
na, é  alcanzar  rico  casamiento.  E  quando  el  Rey  vi- 
no á  reynar ,  como  aquel  se  avia  criado  en  su  casa, 
é  le  tenía  por  hombre  de  singular  ingenio ,  quedóse 
en  aquella  mesma  cabida  que  primero  tenía,  de  tal 
guisa,  que  era  el  mas  principal  hombre  de  su  Con- 
sejo. Tenía  así  mesmo  á  Don  Alonso  de  Fonseca,  que 
fué  Capellán  Mayor  del  Rey  Don  Juan  su  padre,  é 
desde  alli  subió  á  ser  Obispo  do  Avila ,  é  después 
Arzobispo  de  Sevilla;  é  porque  aqueste  siempre  fué 
mas  aficionado  á  él  que  á  su  padre,  quiso  que  fuese 
segundo  con  el  Marqués  do  Villena  para  su  servi- 
cio. Pero  aqueste ,  puesto  que  tenía  viveza  de  in- 
genio, faltábale  gravedad  é  perfecta  discreción  pa- 
ra gobernar;  mas  no  por  eso  dexó  de  ser  muy  leal 
al  Rey.  E  ansí  el  Marqués  con  prudencia ,  y  él  con 
lealtad  é  viveza  de  ingenio ,  rigieron  é  gobernaron 
sabiamente,  de  tal  guisa,  que  el  Re}' por  mucho 
tiempo  vivió  descansado  á  su  plascer  sin  que  ad- 
versidad le  perturbase. 

CAPÍTULO  VIII. 

Como  el  Rey  hizo  Cortes  generales,  é  determinó  liacer  guerra 
contra  los  moros. 

Traídas  todas  las  obediencias  de  las  cibdades  é 
villas  de  su  Reyno,  é  prestada  la  fidelidad  de  to- 
dos los  grandes,  así  perlados,  como  caballeros ;  des- 
que ya  conoció  quanto  prósperamente  sucedían  las 
cosas  en  sublimación  de  su  estado  Real,  queriendo 
manifestar  su  gran  poder  é  grandeza,  determinó  de 
hacer  Cortes  generales.  E  así  llamados  los  tres  Esta- 
dos, é  convenidos  en  la  villa  de  Cuéllar  ante  su  Real 
presencia,  les  dixo :  «Entre  los  varones  romanos 
»  siempre  fué  la  paz  mas  peligrosa  que  la  guerra, 
D porque  con  ella  puestos  en  ociosidad,  se  dieron 
»  mas  á  los  deleites  que  al  exercicio  de  las  armas, 
Dy  procurando  sus  particulares  intereses,  menos- 
j>  preciaron  la  fama ,  pospusieron  el  bien  de  la  pa- 
riría común,  é  perdieron  el  señorío  universal  del 
»  mundo,  que  como  industriosos  guerreros  alcanza- 
»ron  é  poseyeron.  Mientras  les  tuvo  la  guerra  fue- 
» ron  siempre  virtuosos,  señorearon  la  monarquía, 
» vencieron  sus  enemigos,  sostuvieron  la  república, 
» multiplicaron  el  bien  de  ella,  é  quedaron  renom- 
5)brados.  Pues  si  tales  y  tantos  bienes  suelen  nascer 
»de  la  guerra,  justa  cosa  é  muy  necesaria  es  que 
» nosotros  los  católicos  como  verdaderos  christia- 
»  nos  la  queramos  emprender ,  porque  con  ella  des- 
D echando  los  vicios  é  tomando  las  virtudes,  destru- 
»yamoslos  enemigos  que  persiguen  nuestra  fe;  pe- 
«loemos  céntralos  moros  que  usurpan  nuestra  tier- 
»ra,  tomada  por  gran  traición  á  aquellos  que  ge  la 
»  dieron.  Para  lo  qual  tres  cosas  señaladas  son  que 
»nos  ayudan :  la  primera,  que  nos  mueve  justa  can- 
osa;  la  segunda,  que  tenemos  clara  justicia ;  la  ter- 
»cera,  que  nuestro  propósito  es  sancto,  y  el  celo  de 
))  Dios  nos  guia,  cuya  causa  es  la  que  se  hace.  Asi 
«que guerreando  contra  ellos,  nosotros  pelearemos 
»  por  la  verdad  y  ellos  por  la  mentira ;  nosotros  por 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


105 


5)  glorificar  á  Dios,  los  otros  por  ofenderle.  Pordon- 
»  de  espero  en  la  infinita  bondad  de  nuestro  Reden- 
» tor  que  nos  dará  vencimiento  de  ellos  tal,  é  de  tal 
» manera,  que  tornaremos  con  honra,  é  recobrare- 
»rao8  lo  que  nuestros  antepasados  perdieron.  Para 
»lo  qual  quise  mandaros  llamar,  porque  con  vues- 
»tro  acuerdo  se  haga,  é  dándome  vuestro  consejo, 
»  digáis  vuestro  parecer  de  lo  que  hacerse  debe,  pues 
»  aveisoydo  mi  determinada  voluntad.»  Acabada  la 
habla  del  Rey,  aquellos  señores  é  gentesque  allí  esta- 
ban de  los  tres  Estados  quedaron  tan  contentos,  que 
loando  su  propósito,  é  aprobando  bu  deseo  por  cosa 
muy  sancta ,  rogaron  á  Don  Iñigo  López  de  Men- 
doza, Marqués  de  Santillana,  Conde  del  Real  de 
Manzanares,  que  en  nombre  de  todos  ellos  é  suyo 
quisiese  responder  á  su  Alteza.  El  qual  aceptando  su 
ruego,  con  mucha  gravedad  propuso,  diciendo: «  Bien 
aparece  sin  duda,  serenísimo  Rey,  quanto  sea  exce- 
» lente  la  grandeza  de  vuestro  real  corazón,  quando 
«a^í  ha  querido  el  dia  de  hoy  convidarnos  para  tan 
»  altos  é  señalados  exercicios  de  bondad.  Pero  por- 
»que  délas  cosas  deliberadas  é  con  discreción  pro- 
»  veidas  ningún  an'epentimiento  se  atiende,  con  tan- 
» ta  reverencia  como  puedo ,  le  suplico  que  quiera 
»  saber,  y  sepa,  que  para  tan  arduo  negocio  y  seña- 
» lada  empresa,  primero  que  se  comience,  antes  que  á 
wlas  manos  vengamos ,  es  necesario  que  con  madu- 
»ro  seso  se  piense,  é  que  con  deliberado  acuerdo  se 
1)  haga ;  porque  adonde  así  se  aventura  la  vida,  don- 
»de  así  se  pone  la  honra,  é  donde  peligro  cuelga,  no 
»  quiere  razón  ,  ni  consiente  que  con  liviandad  sea. 
»  Pues  así,  Señor,  se  comience  la  guerra,  é  así  la  11o- 
» vemos  delante  sin  pereza,  que  por  ella  alcancemos 
»la  Vitoria,  destruyamos  los  enemigos,  é  merezca- 
»  mos  ser  conocidos.  Para  lo  qual  tres  cosas  son  ne- 
»  cesarías,  sin  las  quales  sería  imposible  vencer.  Pri- 
«mera,  franca  liberalidad,  como  que  se  gana  lahon- 
«ra,  é  se  trasdobla  la  fama,  con  que  las  gentes  obe- 
ft  decen  y  se  animan  á  servir.  Segunda ,  que  vuestra 
«Real  Magestad  tenga  continuo  en  su  hueste  pru- 
»  dentes  capitanes  é  diligentes  cabdillos,  que  sepan 
«gobernar  las  batallas  sin  hacer  jamas  errada;  ca 
«la  guerra  é  sus  astucias  son  de  tal  calidad  é  de  tal 
«proporción  compuestas,  que  luego  dan  la  pena  del 
«error  que  se  hiciere;  que  sean  tan  animosos,  tan 
»  sufridos  de  miedo,  con  tal  presunción  de  esf orza- 
»  dos,  que  se  arreen  de  vencer,  é  jamas  nunca  huir; 
«que  se  pre8cien,é  se  atrevan,  mas  en  la  fuerza  de 
8SUS  manos,  q^ie  en  la  ligereza  de  sus  pies.  Terce- 
»ra,  que  con  mucha  dulzura,  con  gran  beninidad  tra- 
»te  á  las  gentes  que  le  fueren  á  servir ,  para  que  le 
«tengan  amor,  é  obedezcan  su  mandado ;  ca  la  hu- 
»  manidad  de  los  príncipes  hace  que  los  subditos  su- 
«fran  muchos  trabajos,  é  lesplega  comportallos ;  lo 
«qual,  muy  esclarecido  Rey,  con  la  humildad  que 
«debo,  protesto  que  sea  dicho.»  Estonces  el  Rey  con 
alegre  gesto  dixo  :  «  Marqués,  bien  paresce  que  tales 
»  palabras  sustanciosas  ó  discretas  propiamente  con- 
» vienen  para  la  lengua  de  tan  buen  caballero,  gra- 
«cioso  en  el  hablar  y  esforzado  en  las  armas  :  yo 
«agradezco  vuestro  consejo,  é  lo  apruebo  por  muy 


»  bueno,  n  E  así  fué  allí  determinado  que  la  guerra 
se  comenzase  en  el  año  venidero  ,  que  se  contaron 
mil  é  quatrocientos  é  cinquenta  é  cinco  años  del 
nascimiento  de  nuestro  Salvador  Jesu-Christo  :  de 
que  todos  fueron  muy  contentos.  E  así  tomada  li- 
cencia del  Rey,  Be  tornaron  á  sus  tierras  para  se  pro- 
veer de  las  cosas  á  la  guerra  necesarias. 

CAPÍTULO  IX; 

Como  el  Rey  dexó  por  Virreyes  en  Valladolid  á  Don  Alonso  Car- 
rillo, Arzobispo  de  Toledo,  é  á  Don  Pedio  Fernandez  de  Ve- 
lasco,  Conde  de  Haro. 

Entre  tanto  que  las  cosas  de  la  guerra  se  adere- 
zaban, é  se  acercaba  el  tiempo  de  ir  á  los  moros ,  el 
Rey  por  sus  cartas  envió  á  llamar  cá  Don  Alonso 
Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo ,  é  á  Don  Pedro  Fer- 
nandez de  Velasco,  Conde  de  Haro.  E  venidos  á  en 
Corte  les  dixo:  «Bien  sabéis  como  yo  determiné  de 
«guerrear  céntralos  moros,  é  porque  ya  se  acerca  el 
«tiempo  de  ir  á  la  tal  guerra,  quiero  y  es  mi  volun- 
«tad  que  vosotros  entramos  quedéis  en  mi  lugar  por 
«virreyes  en  Valladolid ,  para  que  en  las  cosas  de 
«la  justicia  dedes  aquella  orden  y  expediente  que 
«según  Dios,  é  vuestras  conciencias  viéredes  que 
«conviene.  Por  manera,  que  los  litigantes  no  ayan 
«  de  ir  en  pos  de  mí,  ca  sería  cosa  grave  para  ellos, 
»  é  á  mí  darían  pena  en  avellos  de  oir.  Por  tanto  yo 
«vos  encargo,  que  como  varones  prudentes  y  de 
» conciencia  administréis  á  todos  igual  justicia,  é 
»  gobernéis  según  de  vosotros  confio  ;  y  espero  que 
«haréis  por  manera  que  ningunas  apelaciones  ni 
«querellas  ayan  de  ir  ante  mí  entre  tanto  que  allá 
nestubiere/  E  mando  al  Presidente  é  Oidores  de  la 
»  Chancillería  que  se  junten  con  vosotros,  é  vos  obe- 
« desean  é  acaten  como  á  mi  mesma  persona.»  Los 
quales  obedesciendo  lo  que  su  Rey  les  mandaba,  to- 
madas sus  provisiones,  é  ávida  su  licencia,  se  par- 
tieron para  Valladolid ,  adonde  estubieron  residen- 
tes hasta  que  el  Rey  volvió  del  Andalucía. 

CAPÍTULO  X. 

Como  el  Rey  se  partió  para  el  Andalucía,  y  los  Grandes  del  Reyno 
que  fueron  con  él. 

Venido  el  mes  de  Abril  del  año  siguiente  de  su 
reynado,  que  se  contaron  mil  é  quatrocientos  é  cin- 
quenta é  cinco  años  del  nascimiento  de  nuestro  Sal- 
vador, en  que  la  guerra  se  había  de  comenzar  en  el 
Andalucía  contra  los  moros,  el  Rey  se  partió  para 
Córdoba,  donde  los  grandes  del  Reyno ,  é  las  otras 
gentes ,  asi  de  á  caballo  como  peones ,  se  avian  de 
juntar.  Los  señores  que  alli  vinieron,  fueron  los  que 
aqui  serán  nombrados.  Del  estado  eclesiástico ,  Don 
Alonso  de  Fonseca,  Arzobispo  de  Sevilla,  con  otros 
algunos  perlados.  Del  estado  militar,  Don  Fadrique 
Enriquez,  Almirante  de  Castilla,  tío  del  Rey,  Don 
Juan  de  Guzman,  Duque  de  Medina  Sidonia  y  Con- 
de de  Niebla,  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Mar- 
qués de  Santillana,  Conde  del  Real  de  Manzanares, 
con  sus  hijos ;  Don  Diego  Hurtado,  Don  Pero  Laso 


106 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Don  Iñigo  López,  Don  Lorenzo  Suarez,  Don  Juan 
Pacheco,  Marqués  de  Villena,  Don  Pero  Girón,  su 
hermano.  Maestre  de  Calatrava,  Don  Alvaro  deEs- 
tuñiga ,  Conde  de  Plazencia ,  Don  Juan  Pimentel, 
Conde  de  Benavente ,  Don  Fernand  Alvarez  de  To- 
ledo ,  Conde  de  Alva,  Don  Pedro  Ponce  de  León, 
Conde  de  Arcos,  Don  Juan  de  Luna,  Conde  de  San- 
tisteban,  Don  Enrique  Enriquez,  Conde  de  Alva  de 
Liste,  Don  Juan  de  Acuña,  Conde  de  Valencia,  Don 
Pedro  de  Córdoba,  Conde  de  Cabra,  con  su  hijo  el 
Mariscal  Don  Diego  de  Córdoba,  Don  Garci  Fer- 
nandez Manrique,  Conde  de  Castañeda,  Don  Ga- 
briel Manrique,  su  hermano,  Conde  de  Osorno  é 
Comendador  Mayor  de  Castilla,  Don  Rodrigo  Man- 
rique, Conde  de  Paredes,  Don  Pedro,  Señor  de 
Aguilar,  Pedro  do  Mendoza,  Señor  de  Almazan  ,  y 
otros  caballeros  de  estado.  Llevaba  el  Rey  de  las 
gentes  de  sus  guardas  tres  mil  de  á  caballo ,  hom- 
bres d'armas  é  ginetes :  Alvaro  de  Mendoza ,  hijo  de 
Rui  Diaz  de  Mendoza,  Señor  de  Castro  Xeriz,  capi- 
tán de  mil  é  quinientos  hombres  d'armas  ;  Rui  Diaz, 
su  hermano,  capitán  de  quinientos  ginetes  ;  Gonza- 
lo Carrillo,  capitán  de  quinientos  ginetes;  Rodrigo 
de  Marchena,  capitán  de  quinientos  ginetes ;  Garcia 
de  Jaén,  capitán  de  trescientos  ginetes  moriscos. 
Demás,  é  allende  de  aquestos  tres  mil  rocines  ya 
recontados,  iban  ducientos  ginetes  enjaezados,  de 
los  hijos  de  los  grandes  é  nobles,  que  solamente  te- 
nían al  Rey  por  capitán  ,  que  de  continuo  aguarda- 
ban su  persona  Real  quando  cabalgaba.  Asi  que 
entre  la  gente  del  Rey  é  de  los  caballeros ,  serian 
por  todos  catorce  mil  de  á  caballo  y  ochenta  mil 
peones.  Juntados  aquestos,  y  hecho  el  alarde,  el  Rey 
partió  con  todo  este  exército  poderosamente ,  é  por 
sus  jornadas  caminó  fasta  que  llegó  á  la  Vega  de 
Granada ,  adonde  fué  asentado  su  real.  Y  quando 
quiera  que  los  moros  sallan  á  trabar  escaramuzas,  el 
Rey  no  daba  lugar  que  ninguno  de  su  hueste  salie- 
se á  ellos ,  antes  mandaba  á  sus  capitanes  que  ja- 
mas consintiesen ,  ni  diesen  lugar  á  que  se  mezcla- 
sen con  los  moros  ninguno  de  los  suyos ,  recelan- 
do, como  era  la  verdad,  que  los  moros  eran  mas  in- 
dustriosos en  aquello ,  é  que  saliendo  á  se  mesclar 
con  ellos ,  avria  mas  muertes  de  christianos  que  de 
moros.  Ca  su  voluntad  era  solamente  hacer  la  tala 
por  tres  años,  para  ponellos  en  mucha  hambreé 
mengua  de  vetuallas,  é  luego  poner  su  cerco  y  estar 
sobre  ellos  hasta  tomarlos.  E  asi  fecha  la  tala  muy 
grande,  mandó  levantar  su  real ,  é  salióse  á  la  villa 
de  Alcaudete ;  é  por  aquesto  quedaron  los  caballe- 
ros muy  descontentos,  en  tanto  grado,  que  algunos 
ó  los  mas  de  ellos  confederados  de  secreto  con  el 
Maestre  de  Calatrava  Don  Pero  Girón ,  acordaron 
de  prender  al  Rey.  E  asi  dieron  el  cargo  de  lo  exe- 
cutar  á  Don  Fernand  Alvarez  de  Toledo,  Conde  de 
Alva,  é  á  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Pare- 
des. E  como  de  aquesto  fuese  sabidor  Don  Iñigo 
López  de  Mendoza,  hijo  tercero  del  Marques  de 
Santillana ,  siij  descubrir  el  caso  de  la  traición  al 
Rey,  le  dixo  el  mesmo  dia  que  le  avian  de  venir  á 
prender,  que  le  páresela  que  si  su  Alteza  quisiese. 


que  seria  muy  bien  partirse  luego,  é  pasarse  á  dor- 
mir á  Córdoba,  donde  podria  estar  de  mayor  repo- 
so. Vista  la  mucha  gente  que  alli  cargaba,  siendo 
el  lugar  pequeño ,  é  porque  Dios  es  guardador  de 
los  reyes  é  el  defensor  de  sus  ungidos,  púsolo  en 
voluntad  que  lo  pusiese  por  obra  é  se  partiese  sin 
ningún  detenimiento ,  en  tal  manera,  que  quapdo 
los  condes  fueron  á  executar  su  dañado  propósito, 
hallaron  partido  al  Rey,  é  como  se  iba  camino  du 
Córdoba;  é  asi  quiso  Dios  librarlo,  porque  aquella 
traición  no  se  cumpliese.  ¡  O  falsa  deslealtad  de  va- 
sallos, feo  pensamiento  de  subditos  naturales,  des- 
honesta empresa  de  caballeros  subditos,  cruel  atre- 
vimiento de  caballeros,  que  tal  osadia  atrevíades,  é 
presumíades  emprender,  para  desdorar  la  nobleza 
de  vuestra  sangre  !  Decidme  pues  agora ,  indiscre- 
tos varones,  ¿quién  defendiera  vuestra  limpieza, 
quando  vosotros  la  destruíais  sin  temor  de  haber  in- 
famia? ¿  quién  sostuviera  vuestra  honra,  quando 
vosotros  la  denostábades,  sin  recelar  vituperio? 
Baste ,  pues ,  saber  de  vosotros  que  vos  plascia  per- 
der lo  que  ninguno  vos  podia  dar,  é  queríades  aba- 
tir lo  que  jamas  recobraríades.  Llegado  el  Rey  á 
Córdoba,  porque  la  gente  de  la  hueste  venia  fati- 
gada, mandó  que  les  pagasen  todo  el  sueldo  que  les 
era  debido ,  é  se  fuesen  á  sus  tierras  con  tanto  que 
estuviesen  apercebidos  para  el  año  venidero.  E  asi 
derramada  la  gente,  después  que  el  Rey  reposó  allí 
algunos  dias,  fuéle  descubierta  la  traycion  que  con- 
tra él  se  avia  ordenado.  Y  entonces  él  como  católico 
Rey  dio  muchas  gracias  á  Dios,  que  le  avia  librado 
de  tan  grand  maldad.  Pero  ni  por  eso  dexó  el  pro- 
pósito de  la  guerra  contra  los  Moros ,  antes  deter- 
minó de  la  hacer  todavía  con  tanto  que  ninguno  de 
los  grandes  no  fuese,  salvo  que  cada  uno  enviase 
cierta  gente.  Ávida  esta  consideración  entre  sí  mes- 
mo, partió  para  Madrid. 

CAPÍTULO  XI. 
Como  el  Rey  tornó  á  entrar  en  la  Vega,  é  hizo  la  tala. 

Llegado  el  Rey  á  Madrid ,  tuvo  alli  el  invierno  é 
las  fiestas  de  Navidad  con  mucho  placer  :  donde  los 
montes  é  la  caza  era  su  mayor  deporte,  porque  en 
aquello  era  su  contino  pasatiempo.  E  venido  el  mes 
de  Abril,  que  era  el  tercero  año  de  su  reynado,  man- 
dó llamar  sus  gentes ,  é  de  cada  uno  de  los  grandes, 
según  su  estado,  ciertos  hombres  d'armas  é  gine- 
tes. El  Rey  se  partió  para  la  Vega  de  Granada,  é 
llegado  á  la  cibdad  de  Ecija,  se  partió  dende  víspe- 
ra de  sant  Marcos,  que  fué  á  veinte  é  cinco  dias  deJ 
mes  de  Abril  de  dicho  año ,  y  el  Marques  de  Villena 
con  él ,  con  trecientos  de  caballo.  Y  entró  muy  po- 
derosamente en  tierra  de  moros  con  propósito  de  es- 
calar la  villa  de  Archidona  con  algund  ardid  que 
para  ello  tenia ;  é  anduvo  todo  el  dia  é  la  noche ;  é 
quando  llegó,  era  cerca  del  sol  salido;  de  manera 
que  no  ovo  lugar  de  facer  lo  que  pensaba ,  é  mandó 
correr  la  tierra,  y  fizo  el  daño  que  pudo,  é  volvióse 
á  Ecija.  E  dende  alli  envió  sus  cartas  á  todos  los 
grandes  del  Reyno ,  mandándoles  que  cada  uno  le 


enviase  los  dichos  hombres  d'armas  y  ginetes  á  la 
cibdad  de  Córdoba  para  cierto  dia,  é  que  el  que  pu- 
diese enviar  quinientas  lanzas  enviase  ciento ,  é  por 
este  respecto  todos  los  otros ;  é  que  fuesen  de  hom- 
bres umy  escogidos ,  c  pulidamente  armados  ó  bien 
cabalgados.  Y  en  tanto  que  esta  gente  se  juntaba, 
acordó  con  consejo  del  Marques,  é  del  Maestre,  su 
hermano,  de  tornar  á  entrar  en  tierra  de  moros,  ó 
partió  postrimero  de  Abril  con  hasta  ochocientos 
hombres  d'armas,  é  docientos  ginetes.  E  vinieron  á 
él  los  pendones  de  las  cibdades  de  Sevilla  y  Carme- 
na y  Xerez  y  Ecija  y  Jaén,  que  podian  ser  hasta 
seis  mil  de  caballo,  y  veinte  mil  peones;  y  puso  el 
primer  real  cerca  de  Lora ;  y  otro  dia  siguiente  se 
asentó  en  la  Vega  de  Antequera,  é  de  alli  fué  á  ta- 
lar los  campos  de  Archidona,  é  los  moros  salieron 
por  defender  la  tala,  é  fueron  resistidos,  é  por  fuer- 
za d'armas  retraídos  á  la  Villa.  E  otro  dia ,  que  fué 
segundo  de  Mayo,  continuó  su  camino  para  Mála- 
ga, é  asentó  su  real  cerca  de  la  villa  de  Alora,  en 
un  vallo  que  es  entre  dos  rios ,  é  alli  fueron  presos 
algunos  moros  é  tomado  el  ganado  que  ende  se  ha- 
lló, ó  talados  los  panes.  Dendo  á  dos  dias  fué  á  po- 
ner su  real  á  una  legua  de  Málaga  ;  é  otro  dia  man- 
dó pasar  el  real  media  legua  de  la  cibdad,  donde 
estuvo  seis  dias ,  en  los  cuales  se  fizo  asaz  daño  en 
panes  é  viñas.  E  se  huvieron  algunas  escaramuzas 
en  que  murieron  mas  moros  que  christianos,  aunque 
no  fueron  muchos;  é  se  quemaron  é  robaron  dos  lu- 
gares, que  se  llamaba  el  uno  Pupiana,  y  el  otro 
Loubin,  con  una  fortaleza  asaz  buena,  y  otro  lu- 
gar llamado  Churriana  con  otra  fortaleza  bien  fuer- 
te. Ea  los  quales  lugares  vinieron  algunos  moros,  é 
alli  vino  el  Rey  Ciriza  de  Granada  á  facer  reveren- 
cia al  Rey.  E  puesto  que  los  caballeros  mancebos 
asi  generosos,  como  hijos-dalgo  é  otras  personas  se- 
ñaladas, iban  ganosos  de  hacer  algunas  cosas  haza- 
ñosas, famosas  do  varones,  por  ganar  honra  é  al- 
canzar nombradla,  segund  la  costumbre  de  la  no- 
bleza de  España,  quando  los  moros  sallan  á  dar  las 
escaramuzas,  jamas  el  Rey  daba  lugar  á  ello,  por- 
que como  era  piadoso,  é  no  cruel,  mas  amigo  de  la 
vida  de  los  suyos,  que  derramador  de  su  sangre,  de- 
cía que  pues  la  vida  de  los  hombres  no  tenia  prés- 
elo, ni  avia  equivalencia,  que  era  muy  grand  yer- 
ro consentir  aventuralla,  é  que  por  eso  no  le  pías- 
ela que  los  suyos  saliesen  á  las  escaramuzas,  ni  se 
diesen  batalla,  ni  combates.  E  quanto  quiera'que  en 
las  talos  entradas  se  gastaban  grandes  sumas  de  di- 
neros, queria  mas  expender  sus  tesoros,  dañando 
los  enemigos  poco  á  poco,  que  ver  muertes  y  es- 
tragos de  sus  gentes.  E  asi  hecha  la  tala,  mandó 
alzar  el  real ,  é  salióse  á  la  Cibdad  de  Córdoba,  adon- 
de venido,  mandó  pagar  su  sueldo  á  toda  su  gente 
para  que  se  fuesen  á  sus  tierras,  y  que  para  el  año 
siguiente  estuviesen  apercebidos.  E  despedida  toda 
la  gento,  el  Rey  tornó  á  Madrid,  é  de  Madrid  á  Se- 
govia,  donde  reposó  hasta  que  fué  tiempo  de  hacer 
la  tala. 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


107 


CAPITULO  XIL 


Como  el  Rey  tornó  ú  entrar  por  la  Vega ,  é  lo  que  allí  sucedió. 

Venido  el  mes  de  Abril ,  que  era  el  quarto  año  de 
su  reynado ,  convocadas  las  gentes  de  sus  Reynos, 
asi  de  á  caballo,  como  peones,  salvo  los  grandes, 
que  no  quiso  llevarlos,  el  Rey  se  fué  para  Córdoba, 
é  de  alli  entró  poderosamente  en  la  Vega  de  Grana- 
da. Donde  llegado,  luego  otro  dia  siguiente,  como 
los  moros,  segund  su  costumbre,  saliesen  á  dar  sus 
escaramuzas ,  ciertos  caballeros  mancebos  del  real 
con  deseo  de  ganar  honra,  sin  ser  sentidos  de  los 
capitanes,  se  desmandaron,  é  salieron  á  los  moros. 
Donde  vuelta  la  escaramuza  muy  brava ,  fué  muer- 
to un  caballero  de  la  Orden  de  Santiago ,  que  se  lla- 
maba Garcilaso  de  la  Vega,  varón  de  mucho  esfuer- 
zo é  de  grand  merescimiento.  El  Rey  fué  muy  pe- 
sante, é  se  indignó  de  tal  guisa,  que  luego  mandó 
hacer  la  tala  muy  crudamente,  en  tanto  grado,  que 
no  solamente  los  panes,  pero  muchas  viñas  é  huer- 
tas é  olivares  fueron  destruydos.  E  desde  alli  fue- 
ron sobre  una  villa  que  dicen  Gimena,  lugar  muy 
fuerte ,  el  qual  mandó  combatir ;  donde  muchos  no- 
bles hijos-dalgo  aprobaron  tan  bien,  que  la  Villa 
con  la  fortaleza  tomaron  por  pura  fuerza  de  armas. 
Entonces  el  Rey  de  Granada,  visto  aquesto,  temien- 
do la  furia  del  Rey,  envióle  sus  embajadores,  su- 
plicándole quisiese  tomar  del  algunas  parias  y  tri- 
butos en  señal  de  vasallage,  con  tanto  que  luego 
saliese  con  toda  su  hueste ;  y  como  el  Roy  estaba 
indignado  por  la  muerte  de  Garcilaso,  respondió 
muy  ásperamente.  E  al  fin  vencido  de  las  suplica- 
ciones quo  los  moros  mensageros  le  hicieron  do  par- 
te de  su  Rey,  aceptó  las  treguas  condicionalmente, 
que  cada  año  le  diesen  doce  mil  doblas  feroces ,  é 
seiscientos  captivos  christianos;  é  si  faltasen  chris- 
tianos, que  fuesen  moros,  puestos  en  Córdoba  á  cier- 
to dia  señalado.   E  asi  concertados  con  estas  condi- 
ciones ,  y  que  la  guerra  contra  ellos  se  quedase  abier- 
ta por  la  parte  del  Rey  no  de  Jaén ,  fueron  alli  luego 
traídas  las  parias  de  aquel  año  primero,  y  el  Rey  se 
volvió  á  Córdoba,  donde  mandó  despedir  toda  su 
gente,  y  él  se  quedó  alli  por  algún  tiempo. 

CAPÍTULO  XIII. 

Como  el  Rey  determinó  de  casarse ,  y  se  casó  con  la  Infanta  Doña 
Juana ,  hermana  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal. 

Pasados  algunos  dias  que  reposó  el  Rey  en  la  cib- 
dad de  Córdoba,  mandó  llamar  los  perlados  é  caba- 
lleros de  su  Reyno  que  alli  estaban ;  é  convenidos 
en  su  palacio,  les  dixo:  «Quanto  sea  cosa  justa  é 
«debida  que  los  reyes  hayan  de  ser  casados,  las  le- 
»yes  divinas  é  humanas  lo  disponen  é  lo  mandan. 
«Pues  si  aquesto  es  convenible  entro  todos  los  esta- 
«dos,  porque  la  generación  dellinage  humanal  vaya 
«de  gentes  en  gentes,  é  los  nombres  de  los  padres 
«revivan  en  los  hijos,  mucho  mayor  é  mas  necesa- 
»rio  é  convenible  cosa  es  en  los  estados  Reales; 
«porque  quando  en  ellos  falta  la  sucesión,  crescen 


108 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«muchas  divisiones,  y  hay  grandes  escándalos  y  tra- 
«bajos;  é  los  reynos  donde  tal  acaesce  son  damnifi- 
«cados  con  sobra  de  gran  detrimento.  E  por  esto,  co- 
»mo  yo  esté  sin  muger,  según  vedes,  seria  gran  ra- 
nzón de  casarme,  ansi  por  el  bien  de  la  generación 
«quesubceda  en'estos  Reynos,  quando  Dios  me  qui- 
Bsiere  llevar,  como  porque  mi  Real  estado  con  ma- 
»yor  abtoridad  se  represente.  E  pues  ya  vos  he  dc- 
» clarado  mi  voluntad,  quería  saber  vuestra  detor- 
»minacion,  y  el  consejo  que  para  esto  me  dais.» 
Oyda  su  habla  por  los  grandes  que  presentes  esta- 
ban, respondieron  cada  uno  por  su  orden,  que  el 
proposito  é  voluntad  de  su  Alteza  era  justo  é  nece- 
sario, é  que  les  páresela  que  se  debia  luego  poner 
por  obra;  pero  que  le  suplicaban  les  quisiese  decir 
con  quien  le  agradaba,  é  seria  cosa  convenible  que 
su  casamiento  so  contratase,  é  que  entonces  le  sa- 
brían decir  mejor  su  parescer.  Y  el  Rey  les  respon- 
dió, que  su  deseo  é  gana  era  de  se  casar  con  la  In- 
fanta Dofía  Juana  de  Portugal ,  hermana  del  Rey 
Don  Alonso  de  Portugal,  porque  do  aquella  sabía  é 
avia  oydo  ser  muy  señalada  muger  en  gracias  é  en 
hermosura.  Los  Grandes  respondieron  que  aquello 
aprobaban  é  avian  por  muy  bueno,  é  que  su  voío 
era  que  luego  se  enviasen  sus  erabaxadores  á  lo  coi> 
tratar. 

CAPÍTULO  XIV. 

Como  el  Rey  envió  sus  crabaxíclores  al  Rey  Don  Alonso  ¡le  Portu- 
gal, para  que  le  diese  S  la  Infanta  Doña  Juana  su  hermana  por 
muger,  y  se  concluyó  el  casamiento. 

Ávido  el  consejo  é  acuerdo  de  los  Grandes  do  la 
Corte,  el  Rey  envió  por  embaxador  á  Don  Fernan- 
do, su  Capellán  Mayor,  al  Rey  de  Portugal ,  que  le 
diese  á  la  Infanta  Doña  Juana  su  hermana.  E  asi 
rescibidas  sus  letras  con  la  instrucción  de  la  nego- 
ciación é  cabsa  sobre  que  lo  mandaban  ir,  el  Cape- 
llán Mayor  se  partió  para  el  Rey  de  Portugal ,  don- 
de fué  muy  bien  rescebido  é  festejado ,  asi  por  el 
Rey,  como  por  los  principales  de  su  reyno.  Donde 
oyda  su  embaxada  con  que  asi  venia,  muy  alegre- 
mente respondió  que  le  placía,  pero  con  tal  condi- 
ción, que  el  Rey  hubiese  de  dar  á  la  Infanta  su  her- 
mana á  Cibdad  Real ,  é  la  villa  de  Olmedo,  é  ciertos 
quontos  de  renta  situados  en  dote  y  arras;  é  que 
diese  su  palabra  Real ,  que  daría  casamiento  á  cier- 
tas damas  que  la  Infanta  su  hermana  llevaría  con- 
sigo quando  se  fuese  á  casar  con  el  Rey.  E  consul- 
tados con  él ,  y  ordenados  los  capítulos  de  ello ,  é 
los  firmó  é  juró,  segund  que  en  tales  casos  se  acos- 
tumbra á  hacer.  E  asi  cumplido,  é  acordado  por  am- 
bas las  partes,  asignado  asi  rnesmo  el  tiempo  que 
avian  de  venir  por  ella,  el  Rey  mandó  á  Don  Juan 
de  Guzman ,  Duque  de  Medina  Sidonia,  que  fuese 
por  ella  á  Badajoz,  donde  le  seria  entregada;  y  la 
trnxcse  cf  n  aquella  solemnidad  é  honra,  que  para 
muger  de  tan  alto  Roy  pertenescia.  E  así  el  Duque 
se  partió  muy  acompañado  de  singulares  caballeros 
é  nobles  personas,  é  se  fué  á  Badajoz,  donde  la 
Reyna  lo  fué  entregada.  E  asi  rescebida,  el  Duque 


la  truxo,  haciendo  muchas  fiestas  en  todos  los  lu- 
gares en  que  se  aposentaban ,  hasta  que  llegó  á  Cór- 
doba. Sabida  su  venida ,  mandó  el  Rey  que  la  fuese 
fecho  muy  alto  recibimiento,  asi  por  los  señores  ó 
grandes  de  su  Corte,  como  por  parte  de  la  cibdad,  é 
con  muchos  entremeses  é  alegrías  grandes  entró  en 
la  cibdad.  E  luego  llegada,  los  desposorios  fueron 
celebrados  por  Don  Alonso  de  Fonseca,  Arzobispo 
de  Sevilla,  é  pasados  tres  días,  se  celebraron  las 
bodas.  Ansi  celebradas,  el  Rey  se  fué  á  Sevilla  con 
la  Reyna,  donde  le  fueron  hechas  muchas  fiestas  de 
justas,  é  juegos  de  cañas,  correr  toros,  é  señalada- 
mente un  torneo  de  cien  caballeros,  ciuquenta  de 
cada  parte,  de  que  fueron  capitanes  el  Duque  de 
Medina  Sidouia  é  Don  Juan  Pacheco,  Marques  do 
Villena;  que  fué  cosa  muy  señalada  de  ver.  Pasa- 
dos algunos  días  después  de  aver  reposado  alli  con 
la  Reyna,  acordó  de  andar  por  su  Reyno  ;  pero  por- 
que la  frontera  de  los  moros  de  la  parte  del  Regno 
no  quedase  á  mal  recabdo ,  mandó  que  Don  García 
Manrique,  Conde  de  Castañeda,  quedase  en  la  cib- 
dad de  Jahen  por  capitán  frontalero  con  dos  mil  lan- 
zas. E  asi  puesto,  el  Rey  se  partió  con  la  Reyna  ó 
toda  su  Corte  para  Madrid. 

CAPÍTULO  XV. 

Como  el  Papa  envió  al  Rey  un  sombrero  y  una  espada ,  y  (t*4«tBo 
desbarataron  los  moros  al  Conde  de  Castañeda. 

Venido  el  Rey  á  Madrid,  estuvo  alli  grand  tiempo 
mucho  á  su  placer,  asi  porque  se  holgaba  con  la 
Reyna,  como  porque  sus  cosas  sucedían  próspera- 
mente. E  como  la  fama  de  su  grandeza  se  publica- 
se por  todo  el  mundo  con  muy  claro  renombre ,  di- 
ciendo que  guerreaba  contra  los  moros  enemigos  de 
la  sancta  Fé  católica,  conquistando  el  reyno  de  Gra- 
nada ,  era  tenido  en  grande  estima  entre  los  princi- 
pes christianos,  mayormente  por  el  Papa  Calixto, 
que  entonces  era  Sumo  Pontífice  en  la  Iglesia  Ro- 
mana. El  qual  teniendo  del  muy  alto  concepto,  é 
viéndole  por  el  mejor  de  todos  los  royes  que  enton- 
ces reynaban  en  la  christiandad,  y  porque  el  dolor  de 
la  perdición  de  Costantinopla ,  que  el  Turco  avia 
tomado,  estaba  muy  reciente  en  los  corazones  d» 
todos,  parecióle  que  él  mas  dignamente  merescia 
ser  honrado  por  la  Sede  Apostólica,  que  ninguno 
de  los  otros.  E  ansi  bendixo  el  sombrero  y  el  espa- 
da, que  la  noche  de  Navidad  á  los  maytines  el  Papa 
pone  en  el  altar  quando  celebra  la  Misa  del  gallo.  E 
acordósele  de  enviar  con  un  mensagero ,  exortándo- 
le  por  su  Breve ,  que  pues  tan  varonilmente  se  avia 
en  defensión  de  la  Fé  católica  é  aumento  de  ella, 
quisiese  continuar  su  santo  propósito  comenzado; 
notificándole  asi  mesmo,  que  él,  siguiendo  su  cami- 
no ,  enviaba  una  grande  armada  contra  el  Turco 
por  el  mar  con  el  Cardenal  Patriarca  de  Aquileya, 
su  Legado  á  latere,  para  que  le  hiciese  cruda  guer- 
ra. El  Rey  con  mucho  amor  rescibió  el  Breve  y  «íl 
presente  del  Papa,  é  mandó  hacer  grandes  merce- 
des al  mensagero.  Pero  como  ningún  gozo  en  esta 
vida  sea  cumplido ,  ni  tan  lleno  ni  entero ,  que  con 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


109 


algun  pesar  no  se  mésele,  acontesció  que  el  Conde 
de  Castañeda,  que  avia  dexado  el  Rey  por  capitán 
frontalero  contra  los  moros  en  Jahen ,  siendo  mas 
remiso  que  diligente,  mas  descuidado  que  astuto  en 
las  cosas  de  la  guerra,  é  mas  escaso  que  franco  para 
la  gente  de  su  hueste,  en  tanto  grado,  que  á  todos 
daba  mal  recabdo  del  cargo  que  asi  tenia ,  lo  fué  en 
tal  manera ,  que  los  moros,  vista  su  desorden  y  mal 
procedimiento,  armaron  contra  él  una  grande  cela- 
da secretamente  de  muchos  caballeros  é  grande 
peonaje ,  y  echaron  sus  corredores  que  robasen  el 
campo.  Y  como  esto  fuese  notificado  al  Conde,  sa- 
lió á  resistir  la  cabalgada  con  poco  tiento  é  menos 
orden  de  su  gente,  de  tal  guisa,  que  sin  se  saber  go- 
bernar, ni  mirar  los  engaños  de  la  guerra  que  los 
enemigos  suelen  armar,  siguiendo  contra  los  corre- 
dores, dio  en  la  celada,  donde  él  fué  preso,  é  su 
gente  destrozada,  muchos  feridos,  muertos  é  capti- 
vos, de  tal  son,  que  rescibió  grandísimo  daño  ;  asi 
que  podríamos  decir  aqui  aquello  del  refrán  viejo, 
uno  vale  por  mil,  y  mil  no  valen  por  uno.  De  este 
destrozo  el  Rey  fué  muy  pesante,  no  tanto  por  la 
pérdida  de  su  gente,  quanto  por  la  fama  que  de  ello 
sonaría  por  el  mundo.  Entonces  el  Roy  envió  luego 
otro  capitán ,  y  mandó  que  del  todo  se  concertase 
paz  con  el  Rey  de  Granada,  con  tanto  que  las  parias 
acostumbradas  al  tiempo  limitado  se  pagasen,  y  fué 
rescatado  el  Conde  por  grand  suma  de  doblas.  En 
este  medio  tiempo  fallesció  Don  Alonso  de  Carta- 
gena, Obispo  de  Burgos,  y  fué  dado  el  Obispado  á 
Don  Luis  de  Acuña ,  Obispo  de  Segovia ;  y  el  Obis- 
pado de  Segovia  á  Don  Hernando,  su  Capellán  ma- 
yor del  Rey,  é  la  Capellanía  mayor  á  Don  Luis  Da- 
za, pariente  del  Marqués  de  Villena. 

CAPÍTULO  XVI. 

Como  proveyó  el  Rey  ciertas  dignidades,  que  estiban  vacas,  á  sns 
criados. 

Acordábase  al  Rey  que  algunos  Grandes  de  sus 
Reynos  se  avian  confederado ,  para  lo  prender ;  lo 
qual  queriéndose  remediar  contra  lo  semejante, 
para  tener  seguridad  en  su  estado  y  estar  con  me- 
nos recelo  de  lo  tal,  acordó  de  sublimar  algunos  de 
BUS  criados  y  hacerlos  grandes  hombres  ;  porque  asi 
fechos  é  puestos  en  estado ,  toviese  servidores  lea- 
les, que  mirasen  por  su  servicio  y  osasen  poner  las 
manos  en  quien  lo  desirviese.  E  como  por  entonces 
estaban  vacantes  la  Condestablia  de  Castilla,  y  el 
Maestrazgo  de  Alcántara,  y  el  Priorazgo  de  Sant 
Juan,  proveyó  é  dio  el  Maestrazgo  de  Alcántara  á 
Don  Gómez  de  Cáceres,  su  Mayordomo  mayor,  é  la 
Mayordomia  á  Don  Beltran  de  la  Cueva,  otro  cria- 
do suyo,  que  avia  sido  paje  de  lanza ;  é  la  Condes- 
tablia dio  á  Don  Miguel  Lucas  Diranzo  ;  y  el  Prio- 
razgo de  Sant  Juan  á  Don  Juan  de  Valenzuela.  E 
asi  fechos  é  puestos  estos  tres  criados  en  grandeza 
de  señorío,  parescióle  que  su  estado  Real  estaba 
mas  crescido  é  con  mayor  seguridad.  En  este  medio 
tiempo  fallesció  Don  Iñigo  López  de  Mendoza, 
Marqués  de  Santillana.  Subcedió  en  el  señorío  Don 


Diego  Hurtado,  su  hijo  mayor,  él  qual  vino  allí  á 
Madrid  luego  con  sus  hermanos  el  Obispo  de  Ca- 
lahorra, Don  Iñigo  López,  Don  Lorenzo  Suarez, 
Don  Juan  y  Don  Hurtado  á  hacer  reverencia  al 
Rey,  para  dar  la  obediencia  é  fidelidad  acostumbra- 
da. El  Rey  le  confirmó  su  señorío  con  los  títulos  de 
Marqués  y  Conde,  que  su  padre  tenia,  é  mandó  que 
Don  Juan  é  Don  Hurtado  andubiesen  continos  en 
su  corte  como  otros  hijos  de  Grandes  estaban. 

CAPÍTULO  XVII. 

Cómo  Tino  nueva  que  era  muerto  el  Rey  Don  Alonso  de  Aragón. 

La  cibdad  de  Segovia  é  la  villa  de  Madrid  fue- 
ron dos  señalados  lugares,  donde  el  Rey  mas  se  hol- 
gaba, é  mayor  descanso  para  su  reposo  rescebia.  E 
no  sin  cabsa  *  porque  como  él  en  alguna  manera 
era  retraído,  avía  allí  bosques  en  que  estaban  gran- 
des montes  espesos,  amigables  á  su  inclinación  y 
calidad,  en  tal  manera,  que  naturalmente  se  deley- 
taba  en  andar  por  ello,  y  entremeterse  en  la  caza  de 
los  animales  salvages,  que  alli  nasciesen  y  anda- 
ban ,  é  aun  porque  asi  mosmo  los  negocios  de  la 
gobernación  le  daban  pena,  é  eran  muy  ágenos  do 
su  condición.  Verdad  es  que  ni  por  esto  se  dexaba 
el  regimiento  del  Reyno,  ni  el  despacho  de  los  li- 
brantes ;  ca  dada  la  orden,  y  expidiente  de  las  cosas 
por  los  de  su  alto  Consejo,  el  Rey  firmaba  las  ¡jrovi- 
siones  que  aquellos  le  enviaban.  Tampoco  se  per- 
día la  administración  déla  Justicia;  que  siempre 
se  daba  en  ella  tal  orden ,  que  la  Corte  estal)a  en 
muchapaz  é  sosiego  ;  los  insultos  castigados  de  tal 
guisa,  que  ninguna  violencia  ni  opresión  se  hacia. 
E  quando  quiera  que  al  Rey  era  necesario  andar 
por  su  Reyno  á  remediar  é  proveer  en  las  cosas  del, 
no  le  páresela  tener  reposado  asiento,  salvo  quando 
estaba  en  algunos  de  estos  lugares,  señaladamente 
lo  mas  del  tiempo  en  Madrid,  porque  la  comarca 
suya  era  mas  abundosa  de  vituallas  é  mantenimien- 
tos para  los  cortesanos.  Estando  el  Rey  alli  en  Ma- 
drid con  grand  contentamiento ,  no  solamente  por 
la  pujanza  do  su  próspero  estado,  mas  por  las  mu- 
chas y  diversas  fiestas  que  los  caballeros  é  nobles 
de  su  Corte  le  hacían,  asi  por  le  servir ,  como  por 
cabsa  de  la  Reyna  su  muger ,  que  nuevamente  era 
venida,  á  cuyo  respeto  páresela  que  todos  avian 
gana  de  festejar,  y  de  expender  el  tiempo  en  cosas 
de  placeres,  según  el  estilo  y  costumbre  de  la  Cor- 
te ;  llegó  la  nueva  como  el  Rey  Don  Alonso  su  tío 
era  fallescido  en  la  cibdad  de  Ñápeles ,  de  que  ovo 
grand  sentimiento  ;  ca  lo  amaba  mucho,  é  tenia  en 
lugar  de  padre  ;  porque  ala  verdad  era  persona  que 
meresció  ser  querido  de  todos  los  grandes ,  y  todas 
las  gentes,  asi  por  sus  muchas  é  señaladas  virtudes, 
como  perlas  grandes  excelencias  que  hizo  mientras 
murió.  E  asi  tomado  luto  por  él,  mandó  que  le  fue- 
sen fechas  solemnes  é  ricas  obsequias,  segund  que 
á  tan  señalado  Rey  portenescia.  Subcedió  en  su  lu- 
gar, porque  no  tuvo  hijo  legítimo,  en  los  reynos  de 
Aragón  el  Rey  Don  Juan  de  Navarra,  su  hermano, 
y  en  el  reyno  de  Ñápeles  Don  Hernando ,  su  hijo 


lio 

bastardo.  A  este  contradixo  el  Papa  Caliste,  que- 
riéndole privar  de  la  subcesion  del  reyno,  diciendo 
que  pues  aquel  Señorío  era  feudatario  á  la  Iglesia, 
á  él  como  Sumo  Pontífice  pertenescia  poner  Rey  é 
confirmarlo;  por  donde  padesció  asaz  trabajos,  é 
grandes  persecuciones.  Pero  en  ftqueste  medio  tiem- 
po fálleselo  el  Papa  Calisto,  é  subcedió  el  Papa  Pió 
Segundo,  que  favoreció  á  este  Rey  Don  Hernando 
por  amor  de  las  grandezas  del  Rey  de  gloriosa  me- 
moria su  padre,  é  lo  tornó  á  pacificar  en  el  Reyno. 

CAPÍTULO  XVIII. 

Como  el  Rey  mandó  prender  á  Juan  de  Luna,  é  le  quitó  el  Seño- 
río que  tenia. 

Algunos  caballeros  é  grandes  del  Reyno  por  afi- 
ciones siniestras  de  la  paz  que  unos  con  otros  te- 
nían, estaban  aliados  para  poner  al  Rey  en  necesi- 
dad é  acrescentar  sus  estados.  Entre  los  quales  era 
uno  Juan  de  Luna,  sobrino  de  Don  Alvaro  de  Luna, 
Maestre  de  Santiago,  é  Condestable  de  Castilla,  que 
estaba  poderoso  en  el  Reyno  ,  no  tanto  por  anti- 
güedad de  su  estado,  quanto  porque  el  Maestre  su 
tio  le  avia  apoderado  en  algunas  tenencias ,  así  de 
la  cibdad  de  Soria,  como  de  otras  Villas  que  le  avia 
dado  con  singulares  fortalezas,  asi  mesmo  el  Conda- 
do de  Sant  Esteban,  que  estaba  todo  de  su  mano 
después  de  la  muerte  del  Conde  Don  Juan  de  Luna, 
hijo  del  Maestre  Don  Alvaro  de  Luna ;  é  la  hija  he- 
redera como  tutor  de  ella  y  gobernador  del  Conda- 
do. Y  como  el  Marqués  de  Villena  avia  grand  gana 
de  aver  aquel  señorío  con  las  tres  Villas  del  Infan- 
tazgo pai-a  Don  Diego  Pacheco  su  hijo  mayor,  y  ca- 
salle  con  aquella  hija  succesora  y  heredera  de  aquel 
condado  y  señorío ,  ovo  manera  de  indinar  al  Rey 
contra  este  Juan  de  Luna,  para  que  le  prendiese, 
diciendo,  que  pues  aquel  era  parcial  de  los  caballe- 
ros deservidores  de  su  alteza,  é  tenia  usurpada  la 
fortaleza  y  cibdad  de  Soria,  y  el  Condado  con  las 
Villas  del  Infantado,  que  desde  alli,  si  se  rebelase, 
podría  hacer  mucho  daño.  En  tal  manera,  que  el  Rey 
determinó  de  ponello  en  obra,  diciéndole  que  le  iba 
á  deportar  por  las  tierras  del  Condado,  y  fuese  para 
Ayllon,  donde  Juan  de  Luna  estaba;  el  qual  con 
mucho  amor  y  ganosa  voluntad  le  rescibió  é  fes- 
tejó lo  mejor  que  pudo.  E  después  á  la  partida, 
quando  Juan  de  Luna  salió  con  el  Rey,  el  Marqués 
de  Villena  tenia  dado  cargo  aciertos  criados  suyos, 
que  vista  su  señal,  que  les  avia  de  hacer,  que  le  cer- 
casen é  prendiesen  en  el  campo ,  junto  con  la  per- 
sona del  Rey.  E  ansí  salido  Juan  de  Luna  al  campo, 
y  fecha  la  señal  por  el  Marqués,  aquellos  que  tenían 
el  cargo,  le  prendieron  muy  rigurosamente,  é  pre- 
so, mandó  el  Rey  que  le  llevasen  á  buen  recabdo, 
diciendo  que  le  mandaría  degollar,  si  luego  no  en- 
tregase todas  las  fortalezas  que  tenia,  asi  de  Soria, 
como  del  Infantazgo ,  é  del  Condado  é  las  suyas, 
con  la  Condesa  de  Sant-Estevan,  que  estaba  en  su 
poder.  Entonces  Juan  de  Luna,  temiendo  de  morir, 
mandó  luego  entregar  todo  quanto  le  fue  pedido 
por  el  Rey;  é  ansí  entregado,  el  Rey  puso  sus  al- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


caydes  en  todas  las  fortalezas.  Pero  dende  á  poco 
tiempo  fue  entregado  al  Marqués  todo  lo  que  era 
del  Condado,  con  el  Infantazgo  y  la  Condesa  ;  don 
de  apoderado,  hizo  lo  que  adelante  será  contado  por 
la  historia. 

CAPÍTULO  XIX. 

Como  Alonso  Faxardo  fué  destruido  por  los  males  que  hacia  en  el 
reyno  de  Murcia  contra  los  christianos  en  favor  de  los  moros. 

Alonso  Faxardo  fue  un  caballero  de  los  mas  prin- 
cipales en  el  reyno  de  Murcia  ;  el  qual  por  las  tur- 
baciones del  Reyno,  que  fueron  en  tiempo  del  Rey 
Don  Juan,  se  avia  apoderado  de  la  cibdad  de  Car- 
tagena, é  de  Lorca  con  otras  fortalezas  é  lugares, 
asi  del  Maestradgo  de  Santiago,  como  del  Marque- 
sado de  Villena  y  de  la  Corona  Real.  Y  como  esta- 
ba poderoso,  hacia  muchos  males,  unas  veces  me- 
tiendo moros,  que  robaban  la  tierra ,  é  captivaban 
los  christianos,  é  otras  guerreando,  é  desipando 
muchos  lugares,  que  no  se  querían  someter  á  su 
mandado ,  porque  eran  sus  vecinos  é  comarcanos. 
Sabido  que  fué  aquesto  por  el  Rey,  é  visto  como  se 
hacia  grande  ofensa  á  Dios,  é  deservicio  suyo,  asi 
mesmo  el  Marqués  de  Villena,  porque  perseguía  á 
sus  vasallos,  le  suplicó  mandase  castigar  tan  feos 
insultos  como  aqueste  caballero  hacia.  E  luego  el 
Rey  mandó  á  Gonzalo  de  Saavedra,  un  caballero  de 
su  Consejo,  prudente  varón,  para  capitán,  que  fuese 
luego  sobre  él,  é  le  cercase  con  seiscientos  caballos. 
El  qual  fué,  y  dio  tal  orden  en  cercarle,  é  púsole  en 
tanto  estrecho ,  que  muy  presto  le  tomó  quanto  te- 
nia usurpado,  é  solamente  se  quedó  escudero  de 
una  lanza;  empero  teniéndolo  en  merced  señalada, 
porque  el  Rey  no  le  mandaba  degollar.  Donde  pá- 
reselo que  la  mano  poderosa  de  Dios  le  quiso  cas- 
tigar, asi  por  su  vana'  soberbia ,  como  por  la  par- 
cialidad que  tenia  con  los  moros  en  ofensa  de  la 
Fé,  é  daño  de  la  religión  christiana.  ¡  O  quáato  se 
deben  guardar  los  que  tienen  estado,  de  hacer  mal, 
y  los  que  son  poderosos,  de  tener  presunción ,  y  ser 
desdeñosos!  Porque  ninguna  cosa  hay  que  tanto 
desagrade  á  la  divina  voluntad,  quanto  el  menos- 
precio de  los  ultrajosos,  y  la  soberbiado  los  alti- 
vos :  ca  ni  los  unos  quedan  sin  abatimiento ,  ni  los 
otros  sin  ser  avergonzados. 

CAPÍTULO  XX. 

De  las  cosas  excelentes  que  el  Rey  hizo  é  dixo  como  Principe 
magnánimo. 

Altas  cosas  de  mucha  grandeza ,  é  señalados  di- 
chos de  magnánimo  Príncipe  tuvo  el  Rey  en  los 
tiempos  que  prósperamente  subcedieron  sus  cosas  ; 
porque  mientras  la  fortuna  le  fué  favorable  y  no 
contraria,  muy  famosos  hechos  y  señaladas  obras 
de  grandeza  fueron  las  suyas:  por  donde  meresció 
claro  renombre  entre  los  reyes  de  su  tiempo.  Y  no 
sin  cabsa:  ca  traía  de  contino  en  la  guarda  de  su 
persona  tres  mil  é  seiscientas  lanzas,  hombres  d'ar- 
mas  y  ginetes,  con  muy  singulares  capitanes.  An- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


111 


daban  de  contino  en  su  Corte  muchos  nobles  hijos 
de  grandes,  é  otras  notables  é  generosas  personas, 
á  quien  no  solamente  mandaba  pagar  sueldo  é  acos- 
tamiento ,  mas  ayuda  para  su  costa  con  otras  mu- 
chas mercedes  :  de  tal  forma  que  siempre  andaban 
lucidos,  é  tan  caballerosamente  ataviados,  que  bien 
representaban  quién  ellos  eran,  é  á  quién  servían. 
E  como  sus  realezas  é  magnificencias  fuesen  mu- 
chas é  señaladas  de  contino,  acaesció  un  dia  que 
Diego  Arias  su  Contador  mayor  é  Tesorero,  que- 
riendo pagar  sueldo  á  todas  estas  gentes,  le  dixo  : 
«Ciertamente  Vuestra  Alteza  tiene  mil  escesivos 
» gastos  é  sin  provecho  ;  porque  sin  dubda  manda 
»  dar  de  comer  á  muchas  gentes,  que  no  le  sirven, 
»ni  lo  merecen,  é  seria  bien  que  se  diese  otra  forma, 
»y  es  que  solamente  sean  pagados  los  que  sirven ,  é 
i)no  los  que  son  sin  provecho. »   A  lo  qual  el  Rey 
como  magnánimo   Príncipe  y  liberal,   respondió : 
»  Vos  habláis  como  Diego  Arias,  é  yo  tengo  de  obrar 
«como  Rey,  en  quien  como  en  espejo  todos  se  han 
»de  mirar  é  tomar  doctrina ;  porque  sabida  cosa  es 
»  que  con  los  enxemplos  del  Rey  se  conforman  los 
»  del  reyno.  Asi  que  si  bien  consideramos  la  dignidad 
»Real,  y  como  Dios  la  hizo  para  señorar  en  el  mundo 
«por  el  bien  universal  de  todos,  no  son  nascidos  los 
«Reyes  para  procurar  sus  propios  intereses,  ni  para 
«hacer  lo  que  solo  á  ellos  cumple ,  mas  que  aprove- 
fjchen  á  todos,  é  quieran  la  utilidad  de  los  muchos; 
»  ca  de  otra  guisa  mas  se  podria  llamar  tiranía  que 
«realeza,  é  mas  codicia  desordenada,  que  señal  de 
«bondad.  Porque  los  buenos  Reyes  ansi  han  de  ser 
«amigos  de  sus  subditos,  é  parciales  de  la  franqueza, 
»  que  no  á  si  mesmos,  mas  que  á  todos  ayuden  y  se  ale- 
«gren  quando  dieren.  Y  pues  no  es  magnanimidad 
«  dar  y  perder,  salvo  perder  y  dar,  quiero  é  mando  que 
«dedes  de  comer,  á  unos  porque  me  sirvan,  ó  á  otros 
«porque  no  hurten  y  mueran  desonrados.  Tampoco 
«me  place  que  para  esto  mis  pueblos  sean  despecha- 
«dos,  ni  tampoco  les  pongan  nuevos  tributos,  pues 
«que por  la  gracia  de  Dios  queme  lo  dio,  tengo  rentas 
«y  tesoros  para  ello  grandes.»  De  alli  adelante  fué 
muy  amado  de  los  buenos,  y  temido  de  los  malos  y 
servido  de  los  suyos,  pero  en  lo  secreto  mal  querido 
de  los  Grandes;  porque  todos  los  hijos-dalgo  y  gente 
común  dexaba  de  vivir  con  ellos ,  por  ir  á  servir  al 
Rey,  que  les  hacia  muchas  mercedes.  Andaba  por 
su  Reyno  muy  poderoso ;  todos  los  suyos  ricos ,  con- 
tentos y  ganosos  de  su  servicio;  la  justicia  bien  ad- 
ministrada en  su  Consejo,  donde  se  oian  las  cabsas 
de  la  Corte  ;  y  la  Chancilleria ,  donde  pendían  los 
pleytos,  tenia  Perlados  Presidentes,  Letrados  famo- 
sos de  conciencia,  donde  se  descubría  la  verdad  ,  y 
por  ninguna  cosa  se  tercia  la  justicia.  Para  la  puni- 
ción de  los  malhechores  avia  prudentes  alcaldes,  que 
executaban  sus  delitos ;  y  ansi  andando  por  sus  ciu- 
dades y  villas,  vino  á  la  villa  de  Arévalo,  donde  se 
descubrió  una  grand  falsedad  de  un  secretario  suyo 
que  se  llamaba  Pero  de  Tiedra,  que  él  y  otras  per- 
sonas falseaban  la  firma  del  Rey  é  de  los  otros  Ofi- 
ciales, y  vendían  las  cartas  en  grandes  sumas  de  di- 
neros, los  quales  fueron  justiciados  públicamente. 


CAPITULO  XXI. 


Como  el  Rey  fué  á  la  cibdad  de  León  y  de  lo  que  alli  hizo. 

Partió  el  Rey  de  la  villa  de  Arévalo,  y  fué  á  la 
cibdad  de  León,  donde  fué  rescibido  con  gran  so- 
lemnidad; pero  porque  el  Rey  era  poco  amigo  de 
las  cirimonias  Reales,  y  jamas  queria  que  fuesen 
hechas  en  grande  aparato,  mandaba  que  á  la  Reyna 
se  hiciesen;  y  ansí  era  ella  rescibida  con  palio  y 
con  las  otras  insignias  que  á  los  Reyes  pertenes- 
cen,  porque  con  aquello  se  abtorizaba  lo  que  él  avia 
menospreciado.  Luego  que  allí  fué  llegado  á  León, 
fuéle  dada  querella  de  ciertos  hijos-dalgo  que  por 
traycion  avian  tomado  una  fortaleza  de  un  caba- 
llero en  el  reyno  de  Galicia,  y  se  la  tenían  por  fuer- 
za con  favor  de  algunos  enemigos  suyos;  y  como 
aquello  fuese  caso  aleve,  mandó  á  cierta  gente  de 
sus  guardas  con  un  capitán,  que  fuesen  sobre  ellos 
y  se  los  trugesen  presos.  Asi  tomada  la  fortaleza, 
fueron  traídos  á  la  cárcel ;  de  los  quales  mandó  el 
Rey  hacer  justicia,  diciendo  que  pues  todas  las  for- 
talezas de  su  Reyno  estaban  so  la  guarda  y  amparo 
de  su  Real  persona,  y  á  él  primero  se  juraban  los 
oraenajes  que  los  alcaydes  hacían  por  ellas,  que 
aquellos  escuderos  en  hurtar  tales  fortalezas  avian 
cometido  traycion  y  en  quebrantar  su  seguro;  y 
mandaba  que  fuesen  degollados.  Así  fueron  públi- 
camente justiciados,  y  el  caballero  querelloso  resti- 
tuido en  su  fortaleza;  lo  qual  páreselo  cosa  muy 
bien  hecha,  y  digna  de  gran  loor;  porque  mientras 
el  Rey  hacia  tales  justicias  como  aquestas,  reynó 
pacíficamente  con  mucho  amor  de  sus  pueblos.  Ca 
sabida  cosa  es  que  mientras  los  Reyes  se  trabajan 
por  ensalzar  la  justicia,  y  con  sana  voluntad  la  ad- 
ministran sin  usar  de  crueldad.  Dios  pelea  por  ellos, 
y  los  hace  vivir  prósperos  sin  contradicción  algu- 
na; ca  escrito  es:  pelea  por  la  justicia,  y  Dios  pe- 
leará por  tí  contra  todos  tus  enemigos.  Pasados  al- 
gunos días  después  que  el  Rey  estuvo  en  León,  se 
partió  de  allí  para  la  villa  de  Escalona. 

CAPÍTULO  XXIL 

Como  el- Re;  fué  á  la  villa  de  Escalona,  y  de  lo  que  allí  hizo. 

La  villa  de  Escalona  fué  del  Maestre  Don  Alva- 
ro de  Luna,  donde  labró  una  singular  fortaleza  con 
muchos  é  ricos  aposentamientos,  grandes  é  visto- 
sos. Y  por  ser  tal  ó  señalada  casa,  é  asi  mesmo  la 
tierra  suya  fértil  y  deleytosa,  acordó  el  Rey  de  irse 
allí  á  tener  las  fiestas  de  Navidad  con  la  Reyna  é 
con  toda  su  Corte;  donde  estuvo  mucho  á  su  con- 
tento, así  por  verse  no  solamente  próspero,  mas 
acompañado  de  muy  notables  personas,  así  perla- 
dos, como  caballeros  é  otras  gentes  de  abtoridad  ó 
merescimiento.  Estuvo  allí  mucho  á  su  reposo,  é 
como  se  deleytaba  en  los  oficios  divinales,  traya 
señalados  varones  en  su  Capilla,  así  capellanes  do 
grande  aotoridad,  como  cantores  de  dulces  voces, 
que  de  contino  le  desoían  sus  Oras  cantadas.  Estos 
eran  en  tanta  cantidad,  que  ningún  emperador  por 


112 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


monarcHa  que  fuese,  podría  traer  mas  abtorizada 
Capilla  :  con  que  sin  duda  resplandescia  la  grande- 
za de  8U  Real  estado.  Verdad  es,  que  por  la  mayor 
parte,  unos  eran  generosos  é  otros  letrados  de  gran- 
de merescimiento;  é  como  fuesen  tales,  de  contino 
los  sublimaba,  á  unos  para  obispos,  y  á  otros  en 
grandes  dignidades  é  rentas;  por  manera  que  se 
animaban  á  le  hacer  agradables  servicios  sin  enojo. 
E  no  solamente  aquesto,  mas  siempre  les  mandaba 
hacer  mercedes  é  socorros  para  sus  gastos;  de  gui- 
sa, que  con  aquestos  vivían  tan  ricos  como  con  la 
renta  que  la  Iglesia  les  daba.  En  este  mesmo  tiem- 
po subcedió  que  como  el  Papa  Pió  segundo  fuese 
asumpto  en  el  Papazgo,  llamó  todos  los  príncipes 
christianos  para  la  dieta  que  hizo  en  Mantua.  Donde 
convenido  con  sus  cardenales  quiso  primero  resce- 
bír  las  obediencias  de  todos  los  Reyes,  para  notifi- 
carles después  la  cabsa  de  su. llamamiento.  E  como 
ansí  fuesen  embaxadores  de  cada  reyno,  el  Rey  en- 
vió por  su  embaxador  á  Don  Iñigo  López,  hijo  ter- 
cero de  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Marqués  de 
Santillana,  caballero  prudente  y  gracioso,  segund 
que  para  tal  embaxada  convenia.  Y  concedidas  las 
peticiones  que  cada  uno  de  los  embaxadores  avia 
menester  para  su  Rey,  el  Papa  declaró  como  quería 
ir  en  persona  contra  el  Turco,  enemigo  guerreador 
de  la  Christiandad,  rogando  á  todos  los  Reyes,  que 
para  esto  le  quisiesen  dar 'favor  é  ayuda.  E  así  des- 
pedidos los  embaxadores,  para  que  aquesta  cabsa 
de  tanta  importancia  consultasen  con  sus  Reyes, 
Don  Iñigo  López  de  Mendoza  suplicó  á  su  Santidcd 
le  quisiese  conceder  un  Jubileo  para  una  herraita 
de  la  advocación  de  Santa  Ana,  que  él  tenia  en  una 
villa  suya  que  se  decia  Tendilla;  porque  la  quería 
hacer  Monasterio  de  devotos  Religiosos.  Entonces 
el  Papa  considerando  la  calidad  de  tan  generoso 
caballero,  y  la  grandeza  del  Rey  que  le  avia  envia- 
do, liberalmente  se  lo  quiso  conceder,  con  tanto 
que  los  que  visitasen  aquella  Iglesia,  desde  las  pri- 
meras vísperas  de  la  vigilia,  fasta  las  segundas  del 
día  de  Santa  Ana,  y  diesen  cada  dos  reales,  que  ga- 
nasen todos  los  perdones  y  plenarías  indulgencias, 
que  ganan  los  que  van  á  -Jerusalen,  y  á  Roma  é  á 
Santiago.  Publicada  esta  indulgencia  por  todas  las 
Españas,  vinieron  asaz  gentíos;  y  de  lo  que  ansí  se 
ofresció,  Don  Iñigo  López  hizo  allí  un  singular 
Monasterio  de  la  Observancia  del  señor  San  Geró- 
nimo, que  agora  se  llama  Santa  Ana  de  Tendilla. 
Dotólo  en  alguna  manera  muy  bien,  y  hizo  allí  su 
enterramiento;  pero  después  Don  Iñigo  López,  y  el 
Arzobispo  de  Sevilla  su  hijo,  le  ennobleció  mucho 
mejor.  Publicado  el  propósito  del  Papa,  é  notificado 
á  los  reyes  christianos,  dio  indulgencias  plenarias 
con  infinitos  é  grandes  perdones  para  todos  aque- 
llos, que  á  su  costa  por  un  año  le  fuesen  á  servir  é 
ayudar  en  la  Santa  Cruzada  contra  el  Turco  enemi- 
go de  Jesu-Christo,  perseguidor  de  la  religión  chris- 
tiana;  para  lo  qual  se  movieron  infinitas  gentes  de 
diversas  naciones,  de  muchas  partes.  Entretanto 
que  estos  gentioa  se  iban  allegando,  el  Papa  mandó 
hacer  una  armada  grande  de  muchos  é  diversos 


navios,  para  entrar  por  mar,  é  pasar  contra  al  Tur- 
co á  Costantinopla,  donde  estaba  muy  poderoso.  E 
así  adereszadas  todas  las  cosas  que  para  su  viaje 
eran  nescesarias,  é  juntas  las  gentes,  el  Papa  se 
partió  de  Roma  con  todo  el  Colegio  de  sus  Carde- 
nales muy  poderosamente,  y  con  todos  los  otros 
Perlados  de  la  Corte,  y  se  fué  camino  de  Ancona, 
para  embarcar  allí.  Dondo  llegado,  le  tomó  el  mal 
de  la  muerte  de  que  fallesció;  por  donde  fallesció 
la  justa  guerra  comenzada  y  las  gentes  se  fueron 
para  sus  tierras;  é  los  Cardenales  se  tornaron  á  Ro- 
ma, y  entrados  en  su  conclave  eligieron  el  Papa 
Paulo  Segundo.  Pasado  algunos  dias  que  el  Rey 
reposó  en  Escalona  acordó  de  ir  á  Madrid. 

CAPÍTULO  XXIII. 

Cómo  el  Rey  se  faé  á  Madrid,  y  las  cosas  que  allí  subcedieron. 

El  Rey  con  toda  su  Corte  se  fué  á  la  villa  de  Ma- 
drid, donde  vido  concurrían  siempre  muchas  gentes 
de  todas  partes,  así  de  mayores  estados,  como  de 
menor  condición,  tanto  por  ver  la  grandeza  de  su 
potencia,  quanto  por  negociar  lo  que  avian  menes- 
ter. E  como  las  cosas  de  sus  estados  subcedian 
prósperamente,  la  mayor  parte  del  tiempo  se  distri- 
buía en  justas,  convites,  galas,  juegos  de  cañas  y 
correr  toros,  de  tal  guisa,  que  á  los  cortesanos  esto 
les  era  su  mayor  deporte.  Entonces  el  Arzobispo  de 
Sevilla  Don  Alonso  de  Fonseca  una  noche  hizo  sala 
al  Rey  é  á  la  Reyna  con  todas  sus  damas;  é  después 
que  muy  espléndidamente  uvieron  cenado,  en  lugar 
de  la  colación  mandó  sacar  dos  platos  con  muchos 
anillos  de  oro,  en  cada  uno  diversas  piedras  pre- 
ciosas engastadas,  para  que  la  Reyna  é  sus  damas 
tomasen  el  anillo  con  la  piedra,  que  mas  les  agra- 
dase. E  quanto  quiera  que  la  Reyna  era  la  mas 
hermosa  del  Reyno,  é  tenía  singulares  mugeres 
desenvueltas  é  palancíanas  que  le  pertenescian  para 
estado  de  Reyna,  entre  aquellas  avia  una  que  se 
llamaba  Dofiía  Guiomar,  que  era  de  singular  presen- 
cia, y  hermoso  parecer,  y  agraciada;  con  la  qual  el 
Rey  tomó  pendencia  de  amores,  de  que  se  le  siguió 
asaz  honra  y  provecho.  Verdad  es  que  ella  con  el 
favor  tomó  alguna  presunción ,  mas  que  la  razón 
queria,  en  tal  guisa  que  hacia  muy  poco  acatamien- 
to á  la  Reyna,  de  donde  subcedió,  que  vista  su  poca 
mesura,  la  Reyna  puso  las  manos  en  ella  ayrada- 
mente,  de  que  el  Rey  uvo  grande  enojo.  E  así  man- 
dóla apartar  de  la  compañía  de  la  Reyna,  é  que  se 
aposentase  dos  leguas  de  la  Corte.  Pero  dióla  esta- 
do de  gran  señora,  y  gente  de  abtoridad  que  la  sir- 
viese é  acompañase;  é  iba  el  Rey  muchas  veces  á 
la  ver,  é  holgar  con  ella.  De  aquesta  Doña  Guiomar 
era  el  Arzobispo  de  Sevilla  muy  parcial,  y  el  Mar- 
qués de  Villena  de  la  Reyna,  de  tal  guisa  que  cada 
uno  honraba  su  parcialidad. 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


113 


CAPITULO  XXIV. 


De  un  embaxador  que  vino  del  Duque  de  Bretaña,  y  de  las  gran- 
des flestas  é  mercedes  que  el  Rey  le  mandó  hacer. 

Estando  el  Rey  asi  muy  acompañado  de  los 
Grandes  de  su  Reyno  é  de  los  otros  nobles,  que  con 
tal  triunfo  honraban  su  Corte,  el  Duque  de  Bretaña 
le  envió  una  embaxada  con  un  principal  caballero 
de  su  casa,  en  que  le  pedia  su  confederación  é 
alianza;  de  que  el  Rey  fué  muy  contento,  y  le  re- 
cibió graciosamente.  Entretanto  que  se  daba  con- 
clusión en  la  demanda  que  traia,  mandó  que  fuese 
hecha  gran  fiesta;  6  porque  mejor  se  mostrase  la 
pujanza  de  su  grande  estado,  quiso  que  se  hiciese 
en  una  casa  suya  de  bosque,  que  se  dice  el  Pardo, 
lugar  muy  deleytoso  y  dispuesto,  así  por  la  espe- 
sura de  los  montes  que  al  rededor  avia,  como  por 
los  muchos  animales  que  dentro  del  sitio  estaban, 
que  es  á  dos  leguas  de  Madrid.  Allí  fué  aderezada 
la  fiesta  muy  ricamente,  así  de  atavíos  de  casa, 
como  de  grandes  aparadores,  en  que  había  mas  de 
veinte  mil  marcos  dorados.  Aquí  mostró  el  Rey  una 
gran  nobleza  de  real  magnanimidad;  que  como 
viese  que  dos  escuderos  en  ávito  é  demostración  de 
abtoridad  llegaron  disimuladamente  á  los  aparado- 
res y  hurtaron  ciertas  piezas  de  plata,  fingiendo 
que  no  los  veía,  les  dexó  abarcar  su  hurto  y  llevar- 
lo; é  quando  los  reposteros  hallaron  mftnos  la  pla- 
ta, y  se  lo  notificaron,  respondió:  «los  ladrones  eran 
«personas  que  lo  avian  menester,  y  pues  que  lo  hi- 
»cieron  con  necesidad,  mas  vale  que  se  atreviesen 
»á  lo  mió  que  de  otro  ninguno;  yo  les  hago  merced 
»dello:  por  ello  no  curéis  de  buscallo.»  La  fiesta  duró 
quatro  dias:  el  primero  se  hizo  una  fiesta  de  justa  de 
veinte  caballeros,  diez  de  cada  parte,  todos  con  muy 
ricos  paramentos  y  atavíos;  iba  precio  de  una  pieza 
de  brocado,  y  otras  dos  de  terciopelo  carmesí  para 
los  que  mejor  lo  hiciesen.  El  segundo  dia  corrieron 
todos  á  caballo,  é  después  un  juego  de  cañas,  en 
que  avia  cient  caballeros,  cincuenta  por  cincuenta, 
los  mas  principales  nobles  y  hijos  de  grandes  que 
avia  en  la  Corte,  todos  con  jaeces  dorados  y  gran- 
des atavíos  de  sus  personas.  El  tercero  dia  fué  una 
señalada  montería  donde  se  mataron  muchos  é  di- 
versos animales  bravos  é  peligrosos,  así  á  caballo 
como  á  pié.  Para  estas  fiestas  hizo  el  Rey  muchas 
mercedes  de  dineros,  brocados,  sedas,  paños  é  sin- 
gulares enforros  de  martas,  armiños,  grises  y  veros, 
no  solamente  á  la  Reyna,  é  á  sus  damas  é  á  los 
principales  de  su  Corte,  mas  á  sus  criados  é  servi- 
dores é  á  los  otros  nobles  caballeros  que  la  seguían. 
El  quarto  dia  fué  como  el  Rey  tenía  entonce  por  su 
mayordomo  un  caballero  que  se  llamaba  Beltran 
de  la  Cueva,  antiguo  hidalgo  de  los  mas  generosos 
de  Úbeda,  persona  muy  acepta  á  él,  tanto  que  nin- 
guno de  los  privados  pasados  hasta  allí  tuvo  tan 
grande  privanza,  ni  tanta  parte  en  la  voluntad  del 
Rey  como  él  solo;  é  no  sin  cabsa:  que  ciertamente 
avia  en  él  tantas  partes  de  bondad,  que  le  hacían 
merecedor  de  toda  bondad  y  prosperidad  é  bien 
Cr.— III. 


andanza  que  le  vino.  Era  grande  servidor  é  sin 
enojo  para  el  Rey,  y  magnífico  en  sus  cosas,  cortés 
é  gracioso  con  todos;  hacia  liberalmente  por  los  que 
á  él  se  encomendaban.  Era  grande  gastador,  f  este- 
jeador  é  gran  honrador  de  los  buenos;  gran  cabal- 
gador de  la  gineta,  gran  montero  é  cazador,  costo- 
so en  los  atavíos  de  su  persona,  franco  é  dadivoso. 
E  como  ya  oviese  alcanzado  estado  de  grand  señor 
é  corazón  para  ello,  acordó  que  para  la  torna  del 
Rey  y  de  la  Reyna  é  Embaxador  con  los  otros  seño- 
res á  Madrid,  se  hiciese  un  Paso  en  el  medio  del 
camino  cerca  de  la  villa  en  aquesta  guisa.  Estaba 
puesta  una  tela  barreada  en  derredor,  de  madera 
con  sus  puertas,  por  donde  avian  de  entrar  los  que 
venían  del  Pardo;  en  cuya  guarda  estaban  ciertos 
salvajes  que  no  consentían  entrar  á  los  caballeros  é 
gentiles  hombres  que  llevasen  damas  de  la  rienda, 
sin  que  prometiesen  de  hacer  con  él  seis  carreras,  é 
si  no  quisiesen  justar,  que  dexasen  el  guante  dere- 
cho. Estaba  junto,  cabe  la  tela,  un  arco  de  madera 
bien  entallado,  donde  avia  muchas  letras  de  oro 
muy  bien  obradas,  é  avia  tal  postura,  que  cada  ca- 
ballero que  quebrase  tres  lanzas,  iba  al  arco  é  to- 
maba una  letra  en  que  comenzase  el  nombre  de  su 
amiga.  Avia  así  mesmo  fechos  tres  cadahalsos  al- 
tos, uno  para  que  comiesen  é  mirasen  el  Rey,  y  la 
Reyna  con  sus  damas,  y  el  Embaxador;  otro  para 
los  grandes  señores;  é  otro  para  los  jueces  de  la 
Justicia.  La  comida  que  se  dio  á  todos  fué  muy 
suntuosa,  en  grandísima  abundancia  é  con  mucha 
orden,  sin  desconcierto  ninguno.  Duró  esta  fiesta 
desde  la  mañana  hasta  la  noche,  que  se  retruxo  el 
Rey  con  la  Reyna  á  sus  Palacios.  Y  como  aquel 
Paso  fué  cosa  señalada,  queriendo  el  Rey  honrar  su 
Mayordomo  é  favorecer  su  fiesta,  mandó  allí  hacer 
un   Monasterio  de  la  Orden  de    Sant  Gerónymo, 
que  se  llama  agora  Sant  Gerónymo  del  Paso,  Aca- 
badas las  fiestas,  y  el  Embaxador  tratado  con  tanta 
honra,  dada  conclusión  en  su  embaxada,  el  Rey  le 
mandó  hacer  grandes  mercedes  de  caballos,  muías, 
plata,  dineros  y  piezas  de  brocado  y  de  seda;  con 
que  se  partió  muy  contento  loando  la  grandeza  de 
su  estado. 

CAPÍTULO  XXV. 

Como  el  Rey  tomó  la  cibdad  de  Guadalaxara,  y  echó  fuera  de  ella 
al  Marqués  de  Santillana  é  á  sus  hermanos. 

Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Marqués  de 
Santillana,  tenia  la  cibdad  de  Guadalaxara,  donde 
estaba  muy  apoderado,  asi  de  la  fortaleza  é  puer- 
tas, como  de  los  oficios  de  ella,  que  toda  estaba  en 
su  poder  segund  que  sus  antepasados  le  avian  te- 
nido ,  en  tal  manera ,  que  parescia  estar  mas  cierto 
é  seguro  que  los  otros  Grandes  del  Reyno ,  asi  por 
el  asentamiento  é  morada  que  en  lugar  tan  señalado 
tenia,  como  por  la  pujanza  é  grandeza  de  su  esta- 
do. Hallábase  asi  mesmo  próspero  con  cinco  her- 
manos, un  Obispo,  é  quatro  Caballeros,  todos  prós- 
peros é  bien  afortunados.  Mas  como  las  bienandan- 
zas del  mundo  tarde  ó  nunca  se  hallan  sin  aver  ad- 


114  CRÓNICAS  DE  LOS 

versidad  que  las  combata ,  ni  sin  envidia  que  las 
malsigne,ni  sin  maldicientes  que  las  revuelvan  por- 
que el  poderío  temporal  jamás  está  en  su  ser,  ni 
vive  sin  adversarios  ;  acaesció  que  teniendo  él  por 
Alcayde  de  la  fortaleza  un  hidalgo ,  criado  antiguo 
de  BU  casa,  que  se  llamaba  Alonso  de  Gaona,  mo- 
vido con  propósito  más  de  dañar  á  su  Señor,  que  no 
hacer  lo  que  debia,  é  mas  con  gana  de  intereses  que 
de  servir  á  su  Rey,  trató  muy  secretamente  que  le 
daria  entrada  en  la  cibdad  por  la  fortaleza  que  él 
tenia,  y  que  asi  podrian  prender  al  Marqués  é  á  sus 
hermanos ,  é  apoderarse  de  su  cibdad ;  lo  qual  el 
Rey  aceptó  de  buen  grado,  porque  estaba  descon- 
tento del  á  cabsa  de  la  confederación  que  tenia  con 
Don  Alonso  Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo  ,  y  otros 
Grandes  del  Reyno  en  deservicio  suyo.  E  fecho  el 
concierto ,  é  asignado  el  dia  en  que  él  les  daria  la 
entrada,  el  Rey  envió  al  Comendador  Juan  Fernan- 
dez Galindo,  un  caballero  de  los  mas  leales  de  su 
Consejo,  con  seiscientos  rocines ;  el  qual  disimula- 
damente partió  sin  que  fuese  sentido  á  donde  iba, 
é  llegó  á  media  noche  por  la  parte  de  la  fortaleza  ; 
y  allí  llegado ,  el  Alcayde  le  dio  entrada  por  la  for- 
taleza ,  por  la  puerta  de  Bramante.  Entonces  Juan 
Fernande^í  con  toda  la  gente  que  llevaba  cercó  la 
casa  del  Marqués;  el  qual  como  se  vido  cercado,  te- 
mió ser  preso ;  asi  mesmo  el  Obispo  de  Calahorra, 
su  hermano ,  que  allí  estaba  con  él.  Y  estando  asi  el 
Comendador  Juan  Fernandez  Galindo,  llamó  al 
Marqués  que  se  parase  á  una  ventana,  y  parado  le 
dixo:  «Señor  Marqués,  el  Rey  nuestro  Señor  vos 
»  manda  que  le  dexeis  su  cibdad ,  é  vos  vais  á  vues- 
« tra  tierra.»  El  Marqués  le  respondió  :  «Comenda- 
»  dor,  ¿seremos  seguros  yo,  y  mis  hermanos  de  pri- 
»  sion?  El  le  dixo ;  «señor,  si ;  pero  cumple  que  lue- 
ngo vos  y  ellos  partáis  é  salgades  de  la  cibdad.  »  Y 
asi  el  Marqués  y  el  Obispo  con  los  otros  sus  herma- 
nos que  allí  estaban  con  él  é  sus  hijos,  se  salieron  é 
se  fueron  á  mas  andar  á  la  villa  de  Hita ;  y  dende 
á  pocos  dias  el  Rey  y  la  Reyna  con  toda  su  Corte  se 
vinieron  á  Guadalaxara ,  donde  estuvo  de  reposo 
algún  tiempo.  E  luego  como  alli  fue  venido,  man- 
ió á  Alonso  de  Gaona ,  que  le  dexase  la  fortaleza, 
donde  puso  por  Alcayde  á  Diego  de  Sepúlveda.  E 
mandó  luego  hacer  una  barrera  en  derredot  con 
una  caba ;  é  dexó  alli  por  Asistente  al  mariscal  Her- 
nando do  Ribadeneyra  con  gente  para  guarda  de  la 
cibdad ;  é  partióse  para  Segovia. 

CAPÍTULO  XXVI. 

Como  el  Rey  llegó  á  Segovia,  y  se  partió  luego  para  Valladolid, 
é  lo  que  ailf  sucedió. 

E  después  que  el  Rey  uvo  reposado  algunos  dias 
en  Segovia,  yendo  al  plascer  de  sus  montes  ó  de  sus 
bosques ,  partióse  para  Valladolid  muy  poderosa- 
mente ,  asi  porque  llevaba  consigo  á  la  Reyna  y  al- 
gunos grandes  del  Reyno,  como  por  la  gente  de 
BUS  guardas  que  era  mucha  é  de  señalados  hombres. 
Alli  fué  rescobida  la  Reyna  con  grande  solemnidad, 
porque  entonces  entraba  nuevamente  después  que 


REYES  DE  CASTILLA. 

era  casada.  Estando  alli  gobernando  su  Reyno  con 
mucha  justicia,  f  uéle  notificado  como  el  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  se  habia  confederado  con  el  Almi- 
rante Don  Fadrique  su  suegro,  é  con  Don  Alonso 
Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo,  é  con  el  Maestre 
Don  Pedro  Girón,  é  con  todos  los  Manriques  y  con 
otros  caballeros  algunos,  para  lo  deservir  y  dañar. 
E  asi  mesmo  porque  su  dañado  propósito  se  pudie- 
se mejor  executar,  el  Rey  de  Aragón  tenia  fecha 
cierta  alianza  con  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal, 
y  quería  que  una  hermana  suya  casase  con  el  Prín- 
cipe Don  Carlos,  su  hijo.  B  como  aqueste  trato  fue- 
se descubierto  á  Don  Alonso  de  Fonseca ,  Arzobispo 
de  Sevilla  ,  primero  que  á  ninguno,  usando  de  mu- 
cha lealtad  como  fiel  Consejero,  lo  hizo  saber  al 
Rey  secretamente,  para  que  lo  remediase.  Entonces 
el  Rey  envió  al  Obispo  de  Cibdad  Rodrigo,  é  á  Die- 
go de  Rivera  con  cierta  embaxada  al  Rey  de  Ara- 
gón ,  para  que  disimuladamente  tratasen  con  el 
Príncipe  Don  Carlos,  como  no  casase  con  la  Infan- 
ta de  Portugal,  é  que  le  daria  la  Infanta  Doña  Isa- 
bel su  hermana  para  su  muger.  Y  como  aquello  era 
lo  que  el  Principe  Don  Carlos  deseaba ,  é  le  cum- 
plía á  cabsa  de  la  enemistad  que  el  Rey  Don  Juan 
su  padre  le  tenia  por  respecto  del  Almirante,  é por- 
que con  el  favor  de  la  casa  de  Castilla  estaría  mas 
seguro  é  con  mayor  favor,  aceptó  lo  que  el  Rey  que- 
ría, é  denegó  el  casamiento  de  Portugal.  E  asi  de- 
negado, la  Infanta  de  Portugal  se  metió  luego  mon- 
ja ;  por  donde  el  concierto  fecho  contra  el  Rey  pá- 
reselo quedar  vano.  Durante  aquestos  tratos  que 
ansi  pendían ,  el  Rey  en  alguna  manera  tomó  sos- 
pecha contra  el  Marqués  de  Villena ,  diciendo  que, 
pues  su  hermano  el  Maestre  de  Calatrava  era  en  la 
liga  é  confederación  de  sus  enemigos ,  no  podía  ser 
sin  su  acuerdo  é  consentimiento ,  é  por  aquesto 
deliberó  de  prenderlo.  E  como  aquestas  cosas  po- 
cas veces  se  pueden  tener  secretas,  señaladamente 
donde  hay  diversas  aficiones,  el  Marqués  de  Vi- 
llena  fué  avisado ,  é  por  algunos  días  dexó  de  ir 
á  Palacio,  disciendo,  que  se  sentía  mal  dispues- 
to, é  poniendo  su  persona  á  buen  recabdo.  Y  en- 
tre tanto  dio  forma  de  reconciliarse  con  el  Rey, 
de  manera,  que  tornó  á  su  privanza,  tanto,  y 
mas  que  de  primero  ,  é  no  solamente  aquesto,  pero 
muy  cautelosamente  rodeó  con  el  Maestre  de  Cala- 
trava se  apartase  de  la  confederación  del  Rey  de 
Aragón  é  de  los  otros  caballeros  que  eran  con  él ,  é 
se  tornase  á  servicio  del  Rey.  Lo  que  asi  fecho,  el 
Rey  por  gratificarle  hízole  merced  de  la  villa  de 
Morón,  que  era  una  principal  encomienda  del  Maes- 
tradgo  de  Alcántara.  E  porque  de  alli  era  Comen- 
dador Diego  de  Belmonte ,  criado  suyo ,  envióle  á 
descir  que  la  dexase  para  el  Maestre  de  Calatrava ; 
el  qual  rehusó  de  la  dar.  Entonces  el  Rey  le  mandó 
prender,  hasta  que  la  dexó  é  le  fué  dada  equivalen- 
cia por  ella.  E  dio  asi  mesmo  el  Rey  al  Maestre  de 
Calatrava,  á  Fuente  Ovejuna,  que  era  el  lugar  mas 
grande  que  avía  en  tierra  de  Córdoba ,  é  de  alli 
quedó  mucho  á  su  servicio.  Pero  como  el  Marqués 
de  Villena  sospechó  que  á  cabsa  del  Arzobispo  de 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


115 


Sevilla  el  Rey  le  liabia  querido  prender,  quedó  en 
la  voluntad  muy  enemigo  suyo,  é  no  menos  el  Maes- 
tre de  Calatrava,  su  hermano  ,  con  propósito  de  le 
echar  fuera  de  la  gobernación  é  del  Censejo,  segund 
que  adelante  será  relatado.  E  como  por  entonces  el 
Arzobispo  de  Sevilla  estaba  muy  conjunto  con  el 
amor  del  Rey,  y  vacase  el  Arzobispado  de  Santia- 
go, el  Rey  se  le  dio  para  Alonso  de  Fonseca  su  so- 
brino, que  era  Dean  de  Sevilla.  El  reyno  de  Galicia 
estaba  á  la  sazón  alterado,  á  cabsa  de  Don  Luis  Oso- 
rio,  hijo  del  Conde  de  Trastamara,  que  estaba  en- 
truso  en  el  Arzobispado  ;  y  grande  parte  de  aquella 
provincia  era  con  él.  Por  manera  que  paresció  cosa 
dificultosa  al  sobrino  poderlo  aver,  y  por  esto  el 
tio  quiso  que  proveyesen  al  sobrino  del  Arzobispa- 
do de  Sevilla,  y  á  él  el  de  Santiago,  por  donde  muy 
mejor  se  pudiese  aver  la  posesión  del  Arzobispado, 
y  echar  fuera  el  intruso  ;  pero  con  tal  condición, 
entre  tio  y  sobrino ,  que  pacificado  lo  de  Santiago, 
tornasen  á  destrocar  los  Arzobispados  :  en  la  qual 
provisión  subcediólo  que  adelante  se  dirá.  Después 
que  el  Rey  uve  estado  asaz  de  tiempo  en  Vallado- 
lid,  acordó  su  partida  para  Segovia.  Estando  allí, 
adolesció  el  Arzobispo  Don  Alonso  de  Fonseca,  y  en 
andas  le  llevaron  á  bu  villa  de  Coca  ,  donde  estuvo 
hasta  que  fué  sano  é  tornó  á  la  Corte. 

CAPÍTULO  XXVII. 

Coran  el  Rey  de  Aragón  prendió  al  Principe  Don  Carlos  su  hijo 
por  inducimiento  del  Almirante  Don  Fadrique,  é  de  lo  que  snb- 
cedió  de  aquella  prisión. 

El  Almirante  Don  Fadrique  Enríquez  fué  nieto 
del  Maestre  Don  Fadrique ,  hermano  de  un  vientre 
del  Rey  Don  Enrique  el  segundo,  hijos  del  Rey  Don 
Alonso,  el  que  ganó  á  Algezira.  E  quanto  quiera 
que  fué  de  sangre  real ,  aunque  de  bastardía ,  era 
presuntuoso,  é  quería  ser  de  todos  muy  acatado  é 
tenido  en  grande  reverencia.  Presciábase  de  ha- 
cer por  sus  parientes,  tanto  porque  le  siguiesen, 
como  por  les  hacer  mercedes.  Era  caballero  bulli- 
cioso, y  si  como  venia  de  sangre  real,  se  presciára 
de  ser  pacífico,  y  viviera  en  sosiego  sin  escándalos, 
no  se  viera  en  los  trabajos  que  se  vio ,  é  menguas 
que  padesció,  ni  anduviera  peregrino  ni  avergon- 
zado por  tierras  agenas  en  algunos  tiempos  como  es- 
tuvo. Fué  padre  de  la  noble  Reyna  Doña  Juana, 
muger  del  Rey  Don  Juan  de  Aragón ,  en  quien  sin 
duda  moraba  gran  perfección  é  muchas  virtudes. 
Era  muy  amiga  de  castidad  y  limpieza,  abrigo  de 
la  bondad,  reparo  de  la  nobleza,  en  tanto  grado, 
que  mas  se  pudo  llamar  madre  de  las  excelencias 
mundanas ,  que  hija  de  hombre  humano.  Aqueste 
Almirante  siempre  tuvo  secreta  enemiga  contra  el 
Príncipe  Don  Carlos,  hijo  del  Rey  Don  Juan  de  Ara- 
gón ,  después  que  su  hija  casó  con  el  padre  ;  en  tan- 
to que  por  toda  vía  trabajó  en  poner  discordia  é  mal 
querencia  entre  padre  é  hijo.  Qual  fué  la  cabsa  de 
ello,  ligeramente  se  podrá  juzgar  en  el  seso  de  los 
prudentes.  Ansí  el  Príncipe  Don  Carlos  sintiendo 
su  propósito  é  siniestra  voluntad  con  que  le  trataba, 


un  dia  se  descomedió  á  le  descir  feas  y  descomedi- 
das palabras,  de  donde  se  quedó  la  enemistad  ar- 
raigada entre  ellos.  Como  asi  estuviesen  las  volun- 
tades dañadas  el  uno  contra  el  otro ,  después  que  el 
AkrJrante  vio  que  era  descubierto  lo  que  ansí  esta- 
ba concertado  entre  él  y  los  otros  caballeros  confe- 
derados, é  como  no  podía  sortir  efecto,  envió  se- 
cretamente un  caballero  de  su  casa,  que  se  llamaba 
Juan  Camilo ,  al  Rey  de  Aragón  é  á  la  Reyna  su 
hija ,  notificándoles  como  el  Príncipe  Don  Carlos 
se  avia  confederado  con  el  Rey  para  ser  contra 
ellos,  é  daba  orden  como  fuesen  danificados  é  des- 
truidos, en  tal  manera,  que  indignada  la  voluntad 
del  padre  contra  el  hijo,  rodeó  como  el  Príncipe  f  ue- 
83  preso  en  la  cibdad  de  Lérida  ;  de  que  todos  los 
tres  estados  del  Principadgo  de  Cataluña  sentidos, 
é  aviéndolo  por  muy  grande  mal,  se  levantaron 
contra  el  Rey  de  Aragón,  disciendo  que  por  su  man- 
dado ,  é  sobre  su  real  fe  ellos  avian  dado  seguridad, 
é  sido  fiadores  del  Príncipe  Don  Carlos  su  hijo,  para 
que  seguramente  pudiese  venir  á  él  sin  temor  é  sin 
rescelo  de  prisión  é  muerte ,  é  que  sobre  aquesta  se- 
guridad ,  que  ansí  ellos  avian  dado  al  Principe ,  se 
avia  venido  á  él  como  hijo  de  obediencia,  ganoso 
de  servir  é  acatar  á  su  padre ;  y  pues  él ,  no  guar- 
dando lo  que  como  Rey  había  jurado  é  prometido, 
tan  rotamente  les  avia  quebrantado  su  palabra  real, 
y  mandado  prender  á  su  hijo  injustamente ,  le  su- 
plicaban é  requerían  una  é  muchas  veces  le  manda- 
se soltar,  é  se  lo  diese  libremente  sano  y  esento  ; 
donde  no,  que  á  ellos  era  necesario,  é  les  convenia 
forzadamente  buscar  como  libertasen  su  Príncipe, 
seyendo  como  era  legítimo  subcesor,  para  reynar 
después  de  sus  días  en  aquellos  reynos  é  señoríos.  E 
quanto  quiera  que  todos  ellos  insistieron  con  él  que 
ge  lo  diesen,  siempre  el  Rey  traía  dilaciones,  dán- 
doles palabras  sin  efecto.  Entonces  ellos,  ávido  su 
acuerdo,  determinaron  de  se  poner  en  armas  ;  pero 
entretanto  que  aquesto  se  ponía  por  obra,  acorda- 
ron de  enviar  sus  mensageros  al  Rey,  notificándole 
la  prisión  del  Príncipe,  suplicándole  les  quisiese  so- 
correr con  favor  é  con  gente. 

CAPÍTULO  XXVIII. 

De  como  llegado  el  Rey  á  Madrid,  supo  la  prisión  del  Príncipe  por 
los  embaladores  de  Cataluña, y  envió  gente  para  ayudarlos  has- 
ta que  fuese  suelto;  y  lo  que  subcedió  eu  el  Andalucía  contra 
los  moros. 

El  año  que  se  contaron  mil  é  quatrocientos  é  se- 
senta y  dos  años  del  Nascimiento  de  nuestro  Salva- 
don  Jesu  Christo,  se  partió  el  Rey  de  Valladolid,  y 
se  fué  para  Segovia,  donde  estuvo  muy  poco,  y 
luego  se  pasó  á  Madrid.  Y  estando  allí,  le  llegó  la 
mensagería  délos  Catalanes,  notificándole  la  pri- 
sión del  Príncipe  Don  Carlos ,  como  el  Rey  Don 
Juan  de  Aragón  le  avia  prendido  á  cabsa  de  la  con- 
federación é  amistad  que  con  su  Alteza  había  fecho, 
porque  tenia  acebtado  el  casamiento  de  la  Infanta 
Doña  Isabel  su  hermana,  y  dexado  el  de  la  Infanta 
de  Portugal.  Sabido  aquesto ,  el  Rey  envió  al  Co- 
mendador Gonzalo  de  Saavedra  con  mil  c  quiuien- 


116 

tos  rocines  en  favor  é  ayuda  de  los  Catalanes,  é 
mandóle  que  si  el  Key  de  Aragón  no  soltase  luego 
al  Príncipe  ,  que  le  hiciese  guerra  por  el  reyno  de 
Aragón  muy  crudamente.  El  Comendador,  allegada 
la  gente  que  con  él  avia  de  ir,  se  partió  é  entró  por 
el  reyno  de  Aragón  fasta  la  frontera  de  Cataluña; 
por  cuya  llegada  los  Catalanes  se  esforzaron  mucho 
contra  el  Rey  Don  Juan ,  diciéndole  como  le  con- 
venia soltar  al  Principe  su  hijo  luego,  é  dárselo  sano 
é  vivo.  Entonces  el  Rey  de  Aragón ,  visto  el  favor 
y  ayuda  que  el  Rey  les  hacia,  y  el  atrevimiento  de 
los  Catalanes,  que  con  tanta  osadía  le  hablaban, 
fuéle  necesario  soltar  al  hijo  contra  todo  su  grado  ; 
de  tal  guisa ,  que  por  no  se  enclinar  á  las  rogarías 
é  suplicaciones  de  sus  subditos  ,  lo  que  primero  pu- 
diera hacer  á  su  honra,  uvolo  de  hacer  por  fuerza, 
sin  que  le  fuese  agradescido.  ¡O  quánto  es  excelen- 
te virtud  en  los  Príncipes  ser  convencidos  de  rue- 
go ,  é  jamás  vendicativos!  Nunca  experimentar  su 
poder  ,  ni  probar  su  gran  pujanza ;  porque  la  resis- 
tencia no  los  ofenda,  ni  la  contradicción  los  traiga 
á  mengua ;  ca  solo  el  poderío  de  Dios  es  aquel  que 
sin  resistencia  alguna  puede  quanto  quiere ,  y  quie- 
re quanto  puede.  Ansi  que  fuera  mejor  á  este  Rey 
de  Aragón  oír  el  clamor  de  sus  vasallos,  é  amansar 
su  saña ;  que  usar  de  voluntad,  para  verse  en  tal 
afrenta.  Páresela  mas  honroso  aver  piedad  de  su 
propia  carne,  que  ser  carcelero  de  lo  que  engendra- 
ron sus  lomos  ;  fuera  mas  justa  cosa  escuchar  á  sus 
vasallos,  que  creer  los  adversarios  y  enemigos  de  su 
hijo.  Entregado  el  Príncipe  á  los  Catalanes,  muy 
triunf  antemente,  con  grande  honra  é  grande  alegría, 
le  llevaron  á  Barcelona;  é  ansi  libertado,  el  Comen- 
dador Gonzalo  de  Saavedra  con  su  gente  se  volvió 
al  Rey.  E  como  todas  sus  cosas  subcedian  próspe- 
ramente ,  y  se  hacían  mucho  mejor  que  él  quería, 
acaesció  que  el  Infante  Muley  Bulhacem  con  dos 
mil  é  quinientos  rocines,  é  diez  mil  peones  salió  de 
la  casa  de  Granada  para  hacer  cavalgada  en  tierra 
de  christianos  ,  é  vino  á  correr  la  villa  de  Estepa, 
donde  robó  mucho  ganado,  é  mató  é  cautivó  muchas 
ánimas  de  los  que  andaban  por  el  campo.  E  como 
la  nueva  de  este  rebato  vino  de  Marchena  á  Don 
Rodrigo  Ponce  de  León  ,  hijo  mayor  del  Conde  de 
Arcos  ,  salió  de  presto  con  ciento  de  caballo,  é  fue- 
se camino  de  Estepa.  E  como  llegó  cerca  de  Osuna 
donde  era  Alcayde  Don  Luis  de  Pernia ,  salióle  á 
rescebir ;  é  como  allí  se  certificaron  de  la  entrada  de 
los  moros  ,  tomó  otros  ciento  de  á  caballo,  é  juntos 
se  fueron  para  socorrer  á  Estepa.  E  como  así  cami- 
nasen de  grande  priesa,  supieron  el  gran  daño  é  ro- 
bo que  los  moros  avian  fecho  allí  en  Estepa,  y  como 
llevaban  gruesa  cavalgada  é  algunos  captivos.  En- 
tonces Don  Rodrigo  é  Luis  de  Pernia  como  caballe- 
ros animosos,  animaron  su  gente  ,  que  seria  hasta 
ducientos  é  sesenta  de  á  caballo  ,  é  seiscientos  peo- 
nes ,  que  se  vinieron  juntando  con  ellos  de  los  luga- 
res por  do  pasaban ,  de  tal  guisa  que  les  pusieron 
gana  de  pelear.  Yendo  asi  ordenadamente  recogidos 
por  tan  señalados  capitanes ,  llegaron  á  Peña- rubia, 
é  allí  alcanzaron  la  rezaga  de  los  mo¡ros,  donde  ma- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


taron  algunos  de  ellos.  Pero  ni  por  eso  los  christia- 
nos se  desordenaron ,  antes  con  mucho  tiento  iban 
siguiendo  el  rastro  de  los  moros  ;  y  llegando  al  rio 
de  las  Yeguas,  vieron  subir  los  Moros  por  la  ladera 
de  la  atalaya,  que  se  dice  de  Madroñal.  Luego  que 
los  moros  vieron  á  los  christianos ,  apartaron  hasta 
dos  mil  é  trecientos  de  á  caballo,  los  mejores  arma- 
dos é  de  mayor  esfuerzo  que  entre  ellos  avia,  y  en- 
viaron toda  la  otra  gente,  asi  de  á  caballo  como  do 
peones,  con  la  cavalgada  ;  y  enviados,  se  hicieron 
tres  batallas.  Y  quanto  quiera  que  los  christianos, 
vista  la  muchedumbre  de  los  moros,  desmayaban, 
Don  Rodrigo  é  Luis  de  Pernia  los  pusieron  tanto 
esfuerzo,  que  los  hicieron  cobrar  nuevo  corazón  é 
osadía  para  pelear;  é  asi  desplegada  la  bandera  de 
Don  Rodrigo  Ponce,  mandó  tocar  sus  trompetas ,  é 
con  mucho  denuedo  se  fueron  duscientos  é  sesenta 
de  á  caballo,  é  seiscientos  peones  á  dar  en  los  mo- 
ros, donde  la  batalla  fué  tan  reñida  de  ambas  par- 
tes por  una  gran  pieza,  que  ninguna  ventaja  ni  me- 
joría se  mostraba  de  los  unos  á  los  otros ;  pero  al 
fin  los  christianos  volvieron  sobre  la  mano  derecha, 
hiríendo  tan  de  recio  á  los  moros ,  que  los  desbara- 
taron ,  é  hicieron  fuir  del  campo  á  rienda  suelta  sin 
resistencia  ninguna.  Y  non  solamente  aqueste  des- 
trozo, mas  un  capitán  moro  con  trecientos  rocines 
se  avía  arredrado,  para  dar  en  las  espaldas,  é  los 
christianos  dieron  en  él  tan  de  recio,  que  lo  desba- 
rataron é  hicieron  ir  huyendo  en  pos  de  las  otras  ba- 
tallas. Entonces  Don  liodrígo  Ponce  é  Luis  de  Per- 
nia mandaron  tocar  las  trompetas  para  recoger  su 
gente ,  y  recogida ,  hallaron  que  de  los  suyos  que- 
daban muertos  treinta  de  á  caballo,  é  ciento  é  cin- 
cuenta peones ,  é  de  los  moros  infieles  mil  é  quatro- 
cientos,  sin  los  que  llevaron  presos.  Ávida  la  victo- 
ria de  los  moros,  infieles  enemigos ,  aquella  noche 
se  fueron  á  reposar  á  la  Fuente  de  piedra,  de  la  que 
otro  día  vinieron  por  la  matanza,  para  acabar  de 
recoger  el  despojo  de  los  vencidos;  é  allí  vieron  como 
el  ganado  que  los  moros  llevaban  se  volvía,  á  cab- 
sa  de  lo  aver  desamparado  por  huir.  Fueron  toma- 
das en  aquella  batalla  las  banderas  é  atabales  é  aña- 
files  del  Infante  Albuhacem  con  otros  instrumentos 
suyos ;  é  asi  mesmo  grand  despojo  ,  que  fué  allí  re- 
partido entre  todos.  Sabida  esta  nueva  de  tan  gran- 
de é  señalada  victoria ,  el  Rey  mandó  hacer  gran- 
des procesiones  é  alegrías  en  su  Corte.  Estuvo  allí 
en  Madrid  asaz  tiempo ,  é  fué  acordado  que  pasase 
los  puertos. 

CAPÍTULO  XXIX. 

Como  el  Rey  se  partió  de  Madrid,  é  pasados  los  puertos,  fué  á  la 
villa  de  Sepülveda;  é  vinieron  á  su  servicio  el  Marqués  de  San- 
tillana  y  el  Obispo  su  hermano. 

Después  que  el  Príncipe  Don  Carlos  fué  liberta- 
do de  la  prisión ,  el  Rey  acordó  de  se  partir  de  Ma- 
drid y  pasar  los  puertos  ;  el  qual  se  fué  á  Segovia,  ó 
luego  de  allí  se  fué  á  la  villa  de  Sepúlveda,  donde 
reposó  algunos  días.  Entonces  el  Marqués  de  San- 
tillana  y  el  Obispo  de  Calahorra  bu  hermano  por  bus 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


117 


mcnsageros  notificaron  al  Rey  como  ellos  querían 
ser  suyos  é  venir  á  su  servicio.  Oida  su  embaxada, 
el  Rey  aceptó  su  ofrecimiento  y  obediencia;  y  para 
dar  medio  y  conclusión  en  lo  que  asi  proferían, 
mandó  al  Marqués  de  Villena  é  al  Arzobispo  de  Se- 
villa que  saliesen  á  verse  con  ellos,  para  que  se  die- 
se asiento  en  lo  que  convenia  para  su  servicio.  Las 
vistas  fueron  fentre  Buitrago  é  Sepúlveda ;  donde, 
convenidos  ,  fué  concertado  que  el  Rey  le  mandase 
volver  al  Marqués  á  Guadal axara  con  todo  el  man- 
do é  preeminencia  que  en  ella  tenia ;  pero  que  el 
Obispo  de  Calahorra  uviese  contino  de  estar  en  la 
Corte ;  y  que  el  Marqués  de  Santillana  enviase  á  su 
hijo  Don  Juan  en  rehenes  á  la  Corte  condicional- 
mente,  que  no  saliese  de  ella  sin  licencia  y  expreso 
mandado  del  Rey.  E  asi  desde  en  adelante  el  Mar- 
qués y  el  Obispo  y  los  otros  sus  hermanos  fueron 
siempre  firmes  é  muy  constantes  é  leales  servidores 
del  Roy.  Dada  conclusión,  é  firmada  esta  concor- 
dia, el  Rey  se  partió  de  Sepúlveda  para  Aranda. 

CAPÍTULO  XXX. 

Como  el  Rey  se  fué  á  la  villa  de  Aranda,  y  de  las  cosas  que  allí 
se  hicieron,  é  subcedieron  en  el  Rcyno. 

Partióse  el  Rey  do  Sepúlveda,  y  fuese  á  aposentar 
á  la  villa  de  Aranda,  donde  reposó  gran  tiempo  con 
mucha  tranquilidad  é  sosiego  de  sus  Reynos ,  é  sin 
adversidad  alguna,  que  á  la  pujanza  de  su  estado 
pusiese  perturbación,  teniéndose  por  muy  servido 
de  los  dos  principales  señores  que  traiaen  su  conse- 
jo, el  Arzobispo  de  Sevilla  y  el  Marqués  de  Ville- 
na ,  los  quales  por  mucho  tiempo  parescieron  estar 
conformes,  si  todavía  les  durara.  Mas  como  las  co- 
sas mundanas  nunca  están  en  un  ser,  antes  de  con- 
tino se  mudan  étrastuecan,  unas  veces  levantando, 
otras  veces  trastornando,  señaladamente  aquellos 
que  mas  cercanos  se  hallan  de  la  sombra  é  favor  de 
los  reyes,  los  quales  suelen  ser  combatidos  de  las 
furiosas  adversidades  é  subversión  tempestuosa  de 
la  fortuna  ;  así  fué,  que  este  Arzobispo  de  Sevilla, 
siendo  muy  enteramente  del  Rey  fiel  consejero  ó 
vasallo ,  celador  de  la  honra  é  real  estado  de  su  se- 
ñor, haciendo  lo  que  debia,  no  respondió  el  tiempo 
con  lo  que  la  razón  demandaba,  antes  al  contrario, 
que  el  Marqués  de  Villena,  Don  Juan  Pacheco,  so 
especie  de  buen  servidor ,  teniendo  pendencias  en 
diversas  partes  mas  siniestras  que  convenibles  al 
servicio  del  Rey,  con  sus  modos  astutos,  antes  fun- 
dados sobre  intereses  que  llenos  de  leal  consejo, 
siempre  rodeó  como  los  leales  fuesen  arredrados  del 
costado  del  Rey ,  y  los  que  tales  no  eran  acogidos, 
según  que  sus  obras  lo  mostraron  é  fueron  testigos 
de  ello.  E  así  acordándose  como  el  Rey  lo  quiso 
prenderen  Valladolid,  creyendo  que  á  cabsa  dei 
Arzobispo  de  Sevilla  fuese ,  ansí  mesmo  veyendo 
que  en  alguna  manera  le  contradecía  algunas  cosas 
de  las  que  él  proponía  en  el  Consejo  delante  del 
Rey,  señaladamente  en  las  de  la  gobernación,  pensó 
de  lo  expeler  y  echar  fuera  del  Consejo  y  apartar 
de  cabe  el  Rey,  en  tal  manera,  que  mostrándose  muy 


parcial  de  este  Arzobispo  de  Sevilla ,  queriendo  lo 
que  él  quería,  y  que  era  lo 'mejor,  especialmeote 
contra  el  Rey  de  Aragón,  dixo :  que  el  Rey  en  todo 
caso  debia  de  ir  á  guerrear  al  reyno  de  Navarra,  así 
para  damnificar  al  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  como 
para  ayudar  é  favorecer  al  Príncipe  Don  Carlos,  que 
tanto  era  suyo,  é  por  seguir  su  partido  le  avia  pren- 
dido el  padre.  E  que  para  esta  guerra  Don  Pedro 
Girón  su  hermano,  Maestre  de  Calatrava,  vernia  con 
gruesa  gente  á  lo  servir.  E  así  mesmo,  porque  el 
Arzobispo  de  Toledo  y  el  Almirante  Don  Fadrique 
Enriquez  estaban  juntos  en  Yepes,  y  se  creia  que 
querían  ayudar  al  Rey  de  Aragón,  y  mostrarse  por 
él,  que  le  páresela  debia  enviar  algún  caballero  que 
tratase  con  ellos,  para  los  traer  á  su  servicio.  E  vis- 
to que  en  tierra  de  Campos  avía  muchos  caballeros 
poderosos,  de  quien  podría  nascer  algún  escándalo 
por  su  ausencia  de  la  entrada  en  Navarra,  que  sería 
bien  enviar  á  Valladolid  persona  principal  por  vir- 
rey, para  tenellos  en  paz  é  sosiego.  Ávido  este  con- 
sejo por  muy  bueno ,  según  que  entre  el  Rey  y  el 
Marqués  estaba  de  secreto  acordado ,  el  Rey  deter- 
minó que  venido  el  Maestre  de  Calatrava  con  la 
gente,  el  Marqués  fuese  á  negociar  con  el  Arzobis- 
po de  Toledo  y  con  el  Almirante  que  viniesen  á  su 
servicio,  y  el  Arzobispo  de  Sevilla  quedase  por  vir- 
rey en  Valladolid  ;  y  tomada  esta  deliberación  ,  el 
Rey  envió  luego  á  llamar  al  Maestre  de  Calatrava. 
En  aqueste  medio  tiempo  subcedió  que  el  Obispo  de 
Palencia  Don  Pedro  de  Castilla,  subiendo  á  ver  una 
labor  que  en  su  casa  se  hacía,  cayó  de  las  escaleras 
abaxo,  é  murió  ;  é  fué  dado  el  Obispado  á  Don  Gu- 
tierre de  la  Cueva,  hermano  de  Beltran  de  la  Cueva, 
Mayordomo  del  Rey.  Estando  allí  la  Reyna  se  hizo 
preñada,  de  que  el  Rey  fué  muy  alegre.  El  Maestre 
do  Calatrava  obedesció  el  mandado  del  Rey,  é  vino 
con  dos  mil  é  quinientos  rocines  de  gente  muy  lu- 
cida é  ataviada  ;  de  que  el  Rey  se  tuvo  por  muy 
bien  servido  por  su  venida.  E  así  acordada  su  parti- 
da, mandó  que  el  Marqués  de  Villena  fuese  á  Oca- 
fia,  para  tratar  con  el  Arzobispo  y  con  el  Almiran- 
te, í)orque  deOcaña  á  Yepes  avia  dos  leguas;  y  el 
Arzobispo  de  Sevilla  fuese  á  Valladolid ;  y  la  Rey- 
na por  su  preñez  se  quedase  en  Aranda.  Y  luego  el 
Rey  se  partió  muy  poderosamente  así  con  la  gente 
de  sus  guardas,  como  con  la  que  Don  Pedro  Girón 
traía ;  llamando  así  mesmo  á  los  perlados  é  caballe- 
ros de  aquellas  comarcas,  que  con  sus  gentes  lo  vi- 
niesen á  servir:  é  así  se  fué  para  la  cibdad  de  Lo- 
groño. 

CAPÍTULO  XXXI. 

De  como  el  Rey  fué  á  Logroño,  y  de  lo  que  allí  se  hizo  contra  el 
Rey  de  Navarra ,  é  los  lugares  que  se  ganaron. 

Luego  que  el  Rey  fué  llegado  á  la  cibdad  de  Lo- 
groño ,  los  que  estaban  en  la  guardia  temieron  ser 
cercados,  é  que  rescibirian  mucho  daño,  é  acordaron 
darse  al  Rey.  E  así  hecho  su  trato,  qual  entendían 
que  les  cumplía,  obedecieron  su  mandado,  é  le  en- 
tregaron la  fortaleza  é  las  puertas  de  la  villa ;  é  pu- 


118 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


so  el  Rey  allí  por  alcayde  á  Rodrigo  de  Mendoza. 
Diéronse  así  mesmo  los  Arcos,  Sant  Vicente  é  otros 
lugares  pequeños  de  enderredor.  E  luego  que  estos 
1  ligares  fueron  tomados,  é  puestos  alcaydes  en  ellos, 
acordó  de  poner  cerco  sobre  Viana ;  é  así  dio  el  car- 
go á  Gonzalo  de  Saavedra,  Comendador,  capitán 
muy  prudente ,  é  astuto  en  las  cosas  de  la  guerra, 
sabio  é  discreto  para  gobernar  grandes  exércitos  de 
gentes ,  persona  de  grande  confianza  en  lo  que  el 
Rey  se  naba  del  para  la  guerra.  E  si  tal  fuera  des- 
pués en  el  fin  quales  fueron  sus  comienzos  en  ser- 
vicio del  Rey,  quedara  sin  dubda  su  fama  mas  lim- 
pia que  non  la  dexó.  Dentro  de  Viana  estaba  por  ca- 
pitán Mosen  Fierres  de  Peralta,  Condestable  de  Na- 
varra ;  el  qual  se  defendió  muy  bien  por  algunos 
días;  pero  los  daños  que  le  Lacian  con  las  lombar- 
das, quartadgos  y  tiros  de  ingenio  fueron  tantos,  é 
de  tal  manera,  que  por  sobra  de  los  males  que  así 
rescibia ,  sin  se  poder  defender  ni  amparar ,  vino  á 
demandar  por  partido  que  le  diese  seguridad  de 
muerte  é  prisión  para  él  é  los  suyos ,  é  que  le  dexa- 
ria  la  villa.  Dado  el  seguro  por  el  Rey ,  é  firmado  é 
sellado,  se  salió  por  una  puerta  cubierto  de  luto  con 
todos  los  suyos ;  é  luego  entró  la  gente  del  Maestre 
de  Calatrava,  é  se  apoderó  de  la  villa.  E  así  apode- 
rado, alzaron  luego  pendones  por  el  Rey,  é  fué  allí 
puesto  por  alcayde  Mendoza  el  Prestamero.  Entre 
tanto  que  la  guerra  se  hacía  contra  Navarra,  el  Prín- 
cipe Don  Carlos  envió  al  Rey  por  embajador  un  ca- 
ballero catalán,  que  se  descia  Mosen  Juan  Trayllas, 
así  para  concluir  é  capitular  su  casamiento  con  la 
Infanta  Doña  Isabel,  su  hermana  del  Rey,  como  por 
verla  é  llevar  nuevas  de  ella  al  Príncipe.  De  aques- 
to fué  el  Rey  muy  contento,  é  fecha  la  capitulación 
é  concluida ,  mandó  al  Obispo  de  Astorga ,  que  lo 
\levase  á  la  villa  de  Arévalo  donde  la  Infanta  esta- 
ba, é  se  la  hiciese  ver  y  hablar ;  de  cuya  vista  é  pre- 
sencia el  embaxador  fué  muy  contento,  é  se  fué  pa- 
ra el  Príncipe.  Tomada  Viana ,  el  Rey  acordó  de  ir 
en  persona  á  poner  cerco  sobre  la  villa  de  Lerin, 
donde  estuvo  por  espacio  de  diez  dias.  E  como  era 
lugar  enrocado  é  muy  fuerte,  no  se  pudo  poner  allí 
cerco  sin  gran  peligro,  mayormente  que  no  se  podia 
batir  ni  bombardear ;  é  por  eso  mandó  el  Rey  levan- 
tar el  cerco ,  é  tornóse  á  Logroño,  donde  llegado, 
mandó  derramar  su  gente.  En  este  comedio  vino  allí 
Don  Pedro  González  de  Mendoza,  Obispo  de  Calahor- 
ra, hermano  del  Marqués  de  Santillana,  para  andar 
de  contino  en  la  Corte  según  se  avia  capitulado 
quando  él  é  sus  hermanos  se  tornaron  al  servicio  del 
Rey ;  é  traxo  consigo  á  su  sobrino  Don  Juan,  hijo  del 
Marqués  su  hermano,  para  que  anduviese  allí  en  re- 
henes donde  quiera  que  el  Rey  fuese.  Derramada  la 
gente  de  guerra,  el  Rey  se  partió  para  Aranda. 

CAPÍTULO  XXXII. 

Como  el  hey  se  vino  á  la  villa  de  Aranda  é  la  dio  á  la  Reyna  su 
muger. 

E  venido  el  Rey  á  la  villa  de  Aranda,  estuvo  allí 
algunos  dias  holgando  con  la  Reyna,  así  porque  la 


amaba  mucho  como  porque  estaba  preñada  de  tres 
meses.  E  por  gratificar  su  preñez ,  que  tanto  avia 
sido  deseada,  hízole  merced  de  aquella  villa  de  Aran- 
da é  su  tierra,  donde  luego  fué  jurada  é  obedecida 
por  Señora.  Fecho  aquesto ,  estando  allí  el  Rey  con 
grande  contentamiento ,  el  Marqués  de  Villena  le 
escribió  desde  Ocaña ,  notificándole  como  el  Arzo- 
bispo de  Toledo  y  el  Almirante  querían  estar  muy 
á  su  servicio ,  con  tanto  que  el  Arzobispo  hubiese 
de  estar  en  su  Consejo,  así  para  entender  en  la  go- 
bernación del  Reyno,  como  en  la  administración  de 
la  justicia;  por  tanto  que  cumplía  á  su  servicio  que 
luego  fuese  para  Madrid.  E  como  el  Rey  muy  ente- 
ramente se  guiaba  por  el  querer  de  entrambos  her- 
manos, determinó  su  partida,  é  mandó  que  la  Reyna 
se  quedase  allí  en  su  villa ,  hasta  que  él  enviase  por 
ella. 

CAPÍTULO  XXXIII. 

Como  el  Rey  se  fué  á  Madrid ,  é  vino  allí  el  Arzobispo  de  SeviUa, 
para  avisarle  de  tas  cabtelas  que  contra  él  traian,  éno  le  quiso 
oir  ni  escuchar. 

Después  que  el  Rey  vino  á  Madrid ,  el  Arzobispo 
de  Sevilla  veyendo  el  camino  tan  errado  que  lleva- 
ba el  Rey,  é  cómo  aquella  confederación  del  Arzo- 
bispo de  Toledo  con  el  Marqués  de  Villena  avia  do 
redundar  en  grande  deservicio  suyo,  puesto  que  por 
entonces  páresela  que  echando  á  él  fuera  de  la  go- 
bernación del  Reyno,  ser  cosa  que  le  cumplía,  acor- 
dó de  le  venir  á  hacer  reverencia ,  é  avisalle  de  lo 
que  le  convenia  hacer.  E  como  ya  el  Rey  estaba  in- 
clinado á  el  querer  del  Marqués  de  Villena  é  de  su 
hermano  el  Maestre,  é  determinado  entre  ellos  lo  que 
se  debía  de  hacer,  no  le  mostró  buena  cara,  ni  mu- 
cho menos  le  quiso  oir,  antes  le  mandó  que  luego 
se  tornase  á  Valladolid ;  el  qual  obedesciendo  lo  que 
su  Rey  le  mandaba,  se  partió.  ¡O  quánto  se  deben 
guardar  los  Reyes  de  tener  consejeros  parciales  de 
sus  enemigos ,  é  aficionados  á  sus  propósitos  é  inte- 
reses, é  nunca  dexar  á  los  que  con  amor  é  fidelidad 
sirven  é  guardan  su  servicio!  Ca  las  tales  mudan- 
zas mas  peligrosas  son  que  seguras,  mas  vergonzo- 
sas que  honestas,  é  mas  dignas  de  reprehensión  que 
de  alabanza  ;  porque  jamas  pudo  ser  ni  se  vido  que 
los  interesales  fuesen  sanos  consejeros,  ni  pudo  nas- 
cer  lealtad  de  la  arraigada  mal  querencia  :  así  que 
ni  dul  árbol  inficionado  salió  buen  fruto,  ai  de  co- 
razón dañado  buen  servicio. 

CAPÍTULO  XXXIV. 

Como  el  Bey  fué  á  la  villa  de  Ocaña,  é  le  vino  á  hacer  reverencia 
el  Arzobispo  de  Toledo  é  el  Almirante. 

Luego  que  el  Arzobispo  de  Sevilla  se  partió ,  el 
Marqués  de  Villena  envió  á  suplicar  al  Rey  que  se 
fuese  á  Ocaña,  lo  que  el  Rey  puso  por  la  obra.  Don- 
de llegado ,  le  fué  fecha  relación  de  lo  que  se  avia 
concertado:  de  que  el  Rey  mostró  algún  contenta- 
miento, creyendo  que  tales  estaban  las  entrañas  de 
dentro,  qusl  demostraban  sus  lenguas  por  palabras. 
E  así  fué  acordado  que  le  viniesen  á  hacer  reveren- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


119 


cia  cada  uno  por  si.  Luego  dende  á  dos  dias  vino 
el  Arzobispo  de  Toledo  desde  yepes,  que  está  dos 
leguas  de  Ocaña ;  el  qual  vino  muy  acompañado  de 
señaladas  personas,  así  de  los  Manriques  como  de 
otros  generosos  varones.  El  Rey  le  rescibió  muy 
graciosamente  con  alegre  cara,  mostrando  ser  con- 
tento de  su  servicio  para  estar  en  su  consejo,  y  en- 
tender en  la  gobernación  del  Reyno.  E  asi  aparta- 
dos hablaron  un  rato,  donde  páreselo  el  Rey  estar 
alegre  de  su  venida,  todavía  el  Arzobispo  mostran- 
do grand  deseo  é  gana  de  servirlo,  é  el  Rey  prome- 
tiéndole honras  é  mercedes.  Acabada  la  habla,  el 
Arzobispo  se  tornó  á  Yepes,  é  otro  dia  siguien- 
te vino  el  Almirante;  é  llegado  delante  del  Rey 
con  grande  reverencia  dixo  que  protestaba  de  allí 
adelante  le  seria  leal  servidor :  el  Rey  le  respondió 
que  así  le  baria  muchas  mercedes.  Fecha  su  habla 
on  breve,  el  Almirante  se  despidió  del  Rey,  é  so 
volvió  á  Yepes ,  á  desde  allí  para  su  tierra.  Eston- 
ces el  Roy  se  partió  para  Madrid,  y  envió  á  mandar 
al  Arzobispo  que  luego  se  fuese  para  la  Corte,  por- 
que su  ida  era  necesaria. 

CAPÍTULO  XXXV. 

Como  el  Rey  se  fué  á  Madrid ,  é  de  la  manera  qae  se  tenia  en  la 
administraciou  de  la  justicia. 

Tornado  el  Rey  á  Madrid,  vino  allí  luego  el  Ar- 
zobispo de  Toledo,  que  fué  muy  bien  rescibido  por 
todos  los  Grandes  de  la  Corte,  é  tratado  con  mucho 
amor  del  Rey  ;  por  cuya  venida  fué  acordado  que 
de  alli  adelante  todos  los  viernes  se  uviese  de  tener 
Consejo  público  de  la  justicia  en  la  posada  del  Ar- 
zobispo, é  que  todos  los  letrados  del  Consejo  de  la 
justicia  fuesen  alli  convenidos ,  para  que  relatadas 
las  cabsas  de  los  pleytos  que  ante  ellos  ocurrían, 
determinasen  lo  que  por  justicia  se  avia  de  hacer,  é 
fuese  luego  executado ;  porque  los  pleyteantes  no 
se  gastasen  :  donde  continuamente  de  aquesta  guisa 
iban  todos  despachados  sin  dilación  de  tiempo  é 
perdición  de  sus  haciendas.  Entre  las  otras  cosas 
que  alli  venían  á  pedir  justicia,  acaesció  que  uno 
llamado  Garci  Méndez  de  Badajoz,  entremetido  de 
servir  al  Rey  de  cosas  interesales  de  qualquier 
suerte  que  fuesen ,  ovo  tomado  ciertas  joyas  á  un 
mercader  estrangero,  diciendo  que  porque  no  las 
avia  manifestado  en  los  puertos  por  donde  entró,  las 
avia  perdido ;  é  asi  tomadas  ,  presentólas  al  Rey.  E 
como  el  mercader  se  vido  injustamente  despojado 
do  lo  suyo,  reclamó  muy  ásperamente  del  agravio 
é  violencia  que  le  era  fecha,  delante  del  Arzobispo 
é  del  Marqués,  presentes  todos  los  del  Consejo  ;  é 
asi  mostrada  la  verdad  é  su  inocencia ,  é  llamado 
Garci  Méndez  para  que  mostrase  las  cabsas  por 
donde  avia  tomado  lo  de  aquel  mercader,  conoscie- 
ron  por  su  respuesta  la  grande  sinrazón  que  á  aquel 
mercader  se  le  hacia,  é  condenaron  a  Garci  Méndez 
en  el  principal  é  costas  ;  é  mandaron  que  aquella 
sentencia  fuese  notificada  al  Rey,  para  que  su  Al- 
teza mandase  dar  las  joyas  que  asi  avia  llevado  á 
su  Cámara.  El  Rey  respondió  alegremente  que  le 


plascia,  é  que  si  Garci  Méndez  merescia  pena  cor- 
poral por  averias  tomado  injustamente,  que  fuese 
castigado.  E  llamado  aquel  mercader,  mandóle  el 
Rey  no  solamente  dar  las  joyas  é  pagar  las  costas, 
mas  hizole  merced.  De  aquesta  guisa  por  algún 
tiempo  estuvieron  las  cosas  de  la  justicia  muy  prós- 
peras, é  la  gobernación  del  Reyno  en  mucha  orden 
é  grande  sosiego. 

CAPÍTULO  XXXVI. 

Como  el  Rey  envió  por  la  Reyna,  é  vino  á  parir  á  Madrid. 

Vista  la  gobernación  del  Reyno  é  administración 
de  la  justicia  que  andaba  en  tanta  orden,  con  mu- 
cho sosiego,  sin  turbación  de  cosa  ninguna,  el  Rey 
80  hallaba  descuidado  é  contento.  Así  para  su  ma- 
yor placer,  acordó  de  enviar  por  la  Reyna,  que  vi- 
niese á  parir  alli  á  Madrid,  donde  él  estaba.  E  ávi- 
do su  acuerdo  con  los  del  su  muy  alto  Consejo,  rogó 
á  Rodrigo  de  Marchena  que  con  la  gente  de  su 
guarda  fuese  por  ella,  é  la  truxese  en  andas,  porque 
viniese  reposada,  é  sin  peligro  de  la  preñez.  Obe- 
desciendo  el  mandado  del  Rey ,  fué  por  ella,  é  la 
traxo  muy  acompañada,  según  que  á  tan  alta  Rey- 
na pertenescia.  E  como  Juan  Guillen  tenia  la  guar- 
da de  ella,  traia  siempre  cien  rocines  en  su  capita- 
nía. Llegada  la  Reyna  cerca  de  Madrid,  el  Rey  con 
todos  los  Grandes  de  su  Corte  la  salieron  á  rescebir; 
é  visto  como  venia  en  las  andas,  mandó  que  la  pu- 
siesen á  las  ancas  de  su  muía,  porque  con  mas  hon- 
ra é  reposo  entrase  en  la  villa  hasta  el  Alcázar 
donde  se  avia  de  aposentar,  en  que  se  mostró  el  mu- 
cho amor  que  el  Rey  la  tenia  ,  por  donde  era  muy 
acatada  é  tenida  en  gran  reverencia.  Y  si  ella  asi  se 
quisiera  conservar  con  templada  honestidad,  é  re- 
girse discretamente  según  que  estaba  estimada  en- 
tre todos,  sin  duda  muy  renombrada  fuera  su  gran- 
deza, é  mayor  la  gloria  de  su  fama  ;  mas  como  po- 
cas veces  suelen  los  señores  terrenales  pasar  sin 
adversidad,  ella  como  las  otras  también  pa^ó  sus  in- 
fortunios. 

CAPÍTULO  XXXVIL 

Como  á  grande  instancia  del  Arzobispo  de  Toledo,  é  á  suplica- 
ción del  Marqués  de  Villena  el  Rey  mandó  traer  á  los  Infantes 
á  la  Corte. 

El  Rey  Don  Juan  de  gloriosa  memoria  ovo  en  la 
Reyna  Doña  Isabel,  su  segunda  muger,  dos  fijos  :  á 
la  Infanta  Doña  Isabel,  que  nasció  primero ,  y  al 
Infante  D.  Alonso.  Aquestos  dos  Señores,  después 
que  el  padre  fálleselo,  siempre  el  Rey  los  trató  con 
mucho  amor  é  grande  honra,  é  no  menos  á  la  Reyna 
su  madre  ;  ca  los  tuvo  todavía  en  lugares  señalados, 
una  vez  en  la  villa  de  Escalona,  y  otra  vez  en  la 
villa  de  Cuellar.  Traia  con  ellos  en  su  guarda  un  ca- 
pitán con  ducientos  rocines ;  estaban  de  contino 
proveídas  sus  personas  de  todas  las  cosas  que  les 
eran  necesarias,  é  convenían  al  estado  de  hijos  de 
tpíin  altos  reyes.  El  como  el  Arzobispo  de  Toledo  y 
el  Marqués  de  Villena  tenían  algunos  siniestros 
motivos ,  ágenos  de  lo  que  al  estado  del  Rey  con- 


120 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


venia,  insistieron  con  el  Rey  que  mandase  traer 
á  los  Infantes  sus  hermanos ,  para  que  de  contino 
anduviesen  por  la  Corte,  porque  allí  serian  raejor 
criados,  y  aprenderían  mas  virtuosas  costumbres 
que  estando  apartados  del  Rey.  El  Rey  aviendo  por 
bueno  su  consejo,  mandó  que  los  truxesen  ;  é  traí- 
dos, dio  cargo  del  Infante  á  Diego  de  Ribera,  caba- 
llero de  limpia  sangre ,  é  crianza  de  mucha  virtud, 
para  que  fuese  su  Ayo,  é  le  dotrinase  como  á  hijo  de 
Rey  pertenescia ;  é  mandó  que  la  Infanta  Doña  Isa- 
bel de  contíno  estuviese  con  la  Rey  na,  de  la  qual 
con  mucho  amor  é  hermandad  fué  siempre  tratada. 

CAPÍTULO  XXXVIII. 

Como  la  Reyna  parió  una  hija  que  sollamó  Doña  Juana,  é  de 
cómo  vino  el  Conde  de  Aimeñaque  por  erabaxador  del  Rey  Luis 
de  Francia  á  conQrmar  las  alianzas  entre  entrambos  Reyes. 

Estando  las  cosas  del  Reyno  en  próspero  estado, 
fálleselo  el  Rey  Carlos  de  Francia,  é  subcedió  en 
el  reyno  el  Rey  Luis  su  hijo  ;  el  qual,  queriendo  con- 
servar la  antigua  confederación  é  hermandad  que 
sus  antepasados  tuvieron  con  la  casa  de  Castilla,  en- 
vió por  BU  embaxador  al  Conde  Armeñaque,  para 
que  se  confirmase.  Sabida  su  venida,  el  Rey  mandó 
que  le  fuese  fecho  honrado  reacibiraiento,  como  la 
razón  quoria,  é  así  fué  tratado  con  mucho  amor, 
rescibiendo  grandes  fiestas,  y  entre  ollas  el  Arzo- 
bispo le  presentó  mil  fanegas  de  trigo,  é  mil  de 
cebada,  é  mil  cántaras  de  vino,  é  mil  pares  de  ga- 
llinas, é  quarenta  pavos  :  lo  qual  fué  luego  llevado 
á  su  despensa.  En  aqueste  medio  la  Reyna  se  sintió 
de  parto,  donde  fueron  convenidos,  teniendo  ala 
Reyna  en  medio,  puestos  por  orden  :  de  la  una  par- 
te el  Rey,  y  el  Marqués  de  Villena,  y  el  Comenda- 
dor Gonzalo  de  Saavedra  é  Alvar  Gómez,  secretario; 
de  la  otra  parte  el  Arzobispo  de  Toledo ,  y  el  Co- 
mendador Juan  Fernandez  Galindo  y  el  Licenciado 
de  la  Cadena,  estando  la  Reyna  en  los  brazos  de 
Don  Enrique,  Conde  de  Alva  de  Liste.  Tuvo  en  al- 
guna manera  trabajoso  parto,  é  parió  una  hija,  por 
cuyo  nascimiento  se  hicieron  alegrías  en  la  Corte  de 
muchas  justas  é  juego  de  cañas  é  de  correr  toros. 
Pasados  los  ocho  días  después  del  parto,  fué  acor- 
dado que  el  baptismo  se  hiciese  en  la  capilla  dentro 
de  BU  palacio  real.  Baptizóla  el  Arzobispo  de  Tole- 
do :  tenia  por  asistentes  al  Obispo  de  Calahorra,  y 
al  de  Cartagena  y  al  de  Osma ;  y  fueron  padrinos 
el  Conde  de  Armeñaque  y  el  Marqués  de  Villena,  é 
madrinas  la  Infanta  Doña  Isabel,  hermana  del  Rey, 
é  la  Marquesa  de  Villena,  Sacó  en  brazos  á  la  Prin- 
cesa el  Conde  de  Alva  de  Liste,  y  túvola  en  la  pila; 
pusiéronla  por  nombre  Doña  Juana,  como  á  su  ma- 
dre. Por  todo  el  Reyno  se  hicieron  grandes  alegrías, 
asimesmo  los  reynos  comarcanos,  haciendo  merce- 
des á  los  que  llevaban  las  nuevas. 

CAPÍTULO  XXXIX. 

Como  el  Rey  hizo  conde  de  Ledesma  á  Don  Beltran  de  la  Cueva, 
y  dio  la  Mayordomía  á  Andrés  de  Cabrera  otro  criado  suyoj 

Pasados  algunos  días  después  del  baptismo  de  la 
Princesa,  el  Rey  veyendo  los  merescimientos  del 


su  Mayordomo  Beltran  de  la  Cueva,  é  conosciendo 
los  servicios  que  le  hacia  sin  enojo,  parescióle  cosa 
convenible  sublimar  su  persona  con  título  de  mayor 
honra ;  é  así ,  ávido  su  acuerdo  con  los  de  su  alto 
Consejo,  determinó  de  le  hacer  merced  de  la  villa 
de  Ledesma,  é  darle  título  de  Conde.  E  así  determi- 
nado, un  domingo  después  que  el  Rey  ovo  oido  la 
Misa  cantada  solemnemente ,  salióse  á  su  sala  real 
acompañado  de  los  Señores  del  su  alto  Consejo, 
como  de  los  caballeros  de  su  Corte,  estando  allí  pre- 
sente el  Conde  de  Armeñaque,  que  junto  con  el  Rey 
estaba.  E  estando  asi,  el  Mayordomo  Beltran  de  la 
Cueva  entró  por  la  sala  adelante  con  muchas  nobles 
é  generosas  personas  que  lo  acompañaban.  Donde 
llegado  en  presencia  del  Rey  con  humilde  reveren- 
cia, hechas  las  cerimonias  é  solenidades  que  en  tal 
caso  se  requerían,  le  fué  dado  título  de  Conde  con 
todas  las  insignias  que  á  la  dignidad  pertenescen. 
E  como  aqueste  Conde  era  magnánimo,  asi  de  mi 
propia  inclinación,  como  por  la  mucha  parte  que 
en  la  voluntad  del  Rey  tenia,  quiso  aquel  dia  hacer 
sala  y  fiesta  al  Conde  de  Armeñaque  que  presente 
estaba,  é  á  los  otros  Grandes  é  principales  de  la 
Corte ;  donde  mucho  fué  loada  su  liberalidad  y 
magnificencia ;  porque  á  la  verdad  era  tal,  é  tan 
cumplido  en  todas  las  cosas,  que  después  del  nin- 
guno meresció  ser  privado  del  Rey.  E  después  que 
así  fué  criado  Conde,  quiso  el  Rey,  por  dalle  mayor 
honra,  que  dende  allí  adelante  entendiese  en  la  go- 
bernación del  Reyno,  é  anduviese  en  todos  los  ne- 
gocios en  que  los  otros  Señores  de  su  alto  Consejo 
entendían,  como  uno  de  ellos.  E  porque  por  el  título 
de  Conde,  que  asi  le  avia  dado ,  vacaba  la  mayordo- 
mía, hizo  merced  de  ella  á  otro  criado  suyo,  que  se 
llamaba  Andrés  de  Cabrera ;  el  qual  aunque  de 
poca  edad  en  los  dias,  era  viejo  en  el  seso  é  reposo; 
de  quien  el  Rey  se  confiaba,  é  le  daba  parte  de  sus 
secretos.  Este  era  casi  medianero  entre  el  Rey  y  el 
Marqués  de  Villena  ;  porque  entrambos  hallaban  en 
él  habilidad,  é  suficiencia  para  ello.  Capitulada  é 
concluida  la  capitulación  de  las  alianzas  de  Francia, 
el  Rey  mandó  hacer  muchas  mercedes  al  Conde  de 
Armeñaque,  é  se  partió  muy  contento,  parcial  é  afi- 
cionado al  servicio  del  Rey. 

CAPÍTULO  XL. 

De  eomo  el  Rey  hizo  Cortes  generales,  é  mandó  jurar  á  la  Prince- 
sa Doña  Juana  su  hija. 

Después  que  la  Princesa  Doña  Juana  ovo  do& 
meses,  el  Rey  determinó  de  hacer  Cortes  generales, 
donde  fueron  convenidos  Perlados,  é  grandes  Se- 
ñores, caballeros  é  Procuradores  de  sus  Reynos.  Los 
quales  ayuntados  é  venidos  delante  su  Real  presen- 
cia, é  de  los  Infantes  sus  hermanos  que  estaban  á 
par  de  él,  les  dixo:  «Quanto  sea  grande  la  premi- 
«nencia  de  los  primogénitos  Reales,  las  leyes  divi- 
»  nales  é  humanas  lo  disponen ;  porque  asi  como  es 
'  »  cosa  de  mucho  peligro  morir  los  Reyes  sin  dexar 
«subcesion,  por  los  males  é  escándalos  que  de  ello 
«se  siguen  en  los  reynos  donde  tal  acaesce,  asi  ea 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


121 


» gran  bien  señalado  quando  place  á  Dios  é  tiene  por 
»bien  dalles  generación  en  quien  subceda  el  sefio- 
»  río.  E  pues  su  bendita  bondad  quiso  darme  fruto 
» de  bendición  en  quien  subceda  la  memoria  de  los 
«Reyes  mis  antepasados  é  mia,  é  aquella  vaya  é 
upase  adelante,  yo  le  rindo  infinitas  gracias,  é  hu- 
«mildemente  suplico  á  su  piadosa  clemencia,  quiera 
I)  darme  gracia,  que  asi  se  lo  sepa  servir  é  agrades- 
a  cer,  que  siempre  le  reconozca,  y  nunca  le  ofenda. 
«Por  tanto  yo  asi,  como  vuestro  Rey  é  Señor  natu- 
«ral,  ruego  á  los  Perlados,  é  mando  á  los  Caballeros, 
»é  Procuradores  que  aqui  estáis,  é  á  los  otros  que 
«son  absentes,  que  luego  juréis  aqui  á  la  Princesa 
«Doña  Juana,  mi  hija  primogénita,  é  la  prestéis 
«aquella  obediencia  é  fidelidad,  que  á  los  primogé- 
«nitos  de  los  Reyes  se  suele  é  se  acostumbra  á  dar, 
«para  que  quando  Dios  nuestro  Señor  dispusiere  de 
»mí  haya  después  de  mis  dias  quien  herede  é  reyne 
«en  aquestos  mis  Rey  nos.»  Acabada  su  habla,  mandó 
al  Arzobispo  de  Toledo  que  tomase  á  la  Princesa 
en  los  brazos,  é  tomada,  llegaron  primero  los  In- 
fantesa la  jurar  é  dar  obediencia  besándole  las  ma- 
nos ;  é  luego  en  pos  de  ellos  los  Perlados  é  Caballe- 
ros que  alli  se  hallaron.  E  porque  entre  los  Procu- 
radores de  las  cibdades  é  villas  avia  algunas  dife- 
rencias, señaladamente  entre  los  Burgaleses  y  To- 
ledanos, queriéndose  preferir  loe  unos  á  los  otros, 
alegando  sus  justas  razones ,  estonces  el  Rey,  vista 
su  controversia,  mandó  que  ninguno  de  ellos  llega- 
se á  dar  la  obediencia  primero,  sino  quien  él  quisie- 
se é  nombrase.  E  asi  llamando  primero  á  los  de 
Segovia,  juraron,  é  después  como  él  los  nombraba, 
é  asi  quitó  la  porfía.  Pero  cuando  todos  llegaron 
delante  del  Rey,  dixo :  yo  hablo  por  la  cibdad  de 
Toledo  ;  hablen  los  de  Burgos  é  los  de  León.  Dada 
la  obediencia ,  é  pasada  por  autos  públicos  según 
que  las  leyes  en  tal  caso  disponen,  el  Rey  por  al- 
gunos dias  reposó  alli  en  Madrid ,  andando  en  bus 
montes  é  holgando  con  la  Reyna. 

CAPÍTULO  XLI. 

Como  el  Rey  se  partió  de  Madrid ,  é  se  fué  á  la  villa  de  Alfaro,  pa- 
ra  quitar  ciertas  diferencias  que  estaban  entre  él  y  el  Rey  Don 
Juan  de  Aragón ,  su  tio,  y  de  lo  que  subcedió  por  entonces. 

Estando  el  Rey  mucho  á  su  plascer  con  descan- 
so, se  recrescieron  algunas  diferencias  entre  él  y  el 
Rey  Don  Juan  de  Aragón ,  su  tio ,  do  páresela  an- 
tes esperar  discordia  que  paz,  é  mayor  escándalo 
que  sosiego.  Pero  porque  entre  ellos  se  tomase  al- 
gún medio  convenible,  é  la  rotura  cesase,  fué  acor- 
dado que  el  Rey  se  fuese  á  la  villa  de  Alfaro ,  y  el 
Rey  de  Aragón  para  la  cibdad  de  Tudela,  del  rey- 
no  de  Navarra,  que  ay  quatro  leguas  de  un  lugar  á 
otro.  Tomado  aqueste  concierto  el  Rey  se  partió  de 
Madrid  para  Segovia ,  é  llevó  consigo  á  la  Reyna. 
Estuvo  allí  algunos  dias,  por  irse  á  su  bosque  á  de- 
portar, é  de  Segovia  se  partió  para  Aranda.  Donde 
llegado ,  porque  la  Reyna  estaba  preñada  de  tres 
meses,  el  Rey  mandó  que  se  quedase  alli,  conside- 
rando el  peligro  que  suele  acontescer  á  las  muge- 


res  preñadas'  quando  caminan  ;  é  fuese  á  la  villa  de 
Alfaro,  donde  llegado,  supo  como  ya  el  Rey  de  Ara- 
gón ,  su  tio,  estaba  en  Tudela.  E  porque  el  Marqués 
de  Villena  era  prudente  negociador,  é  sabia  dar 
medios   en  qualesquier   debates  é   contrataciones, 
mandóle  el  Rey  que  fuese  de  su  parte  á  hablar  con 
el  Rey  de  Aragón,  Y  puesto  que  él  obedesció.  el 
mandado  del  Rey,  fué  necesario  que  para  seguridad 
de  su  vida  demandase  que  el  Rey  de  Aragón  envia- 
se á  la  villa  de  Alfaro  al  Arzobispo  de  Zaragoza ,  su 
hijo ,  á  poder  del  Rey ,  para  tener  rehenes ,  entre- 
tanto que  él  iba  á  Tudela  á  hablar  con  él.  El  Rey  de 
Aragón  fué  muy  placentero  dello ,  é  mandó  á  su  fijo 
que  fuese  ;  el  qual  vino  á  hablar  al  Rey  ó  hacerle 
reverencia ,  donde  fué  muy  bien  rescibido  é  feste- 
jado. Estuvo  allí  un  dia  é  una  noche,  hasta  que  el 
Marqués  fué  tornado ,  y  él  se  fué  á  Tudela.  Entre- 
tanto que  aquestos  tratos  pendían ,  é  de  cada  parte 
se  buscaban  los  medios  que  le  cumplían ,  subcedió 
que  alli  en  Alfaro  un  dia  vino  muy  súbitamente  un 
muy  fiero  y  espantable  nublado ,  tenebroso  y  oscu- 
ro, el  qual  traxo  consigo  tan  terrible  pedrisco,  con 
muy  grande  é  furioso  viento ,  que  tal  nunca  fué  vis- 
to entre  los  vivientes  de  aquel  tiempo.  Duró  la  tem- 
pestad por  espacio  de  una  hora;  las  piedras  que  así 
cayeron  fueron  gruesas  é  muy  muchas,  tanto  ,  que 
páresela  aver  nevado.  Fallóse  que  algunas  piedras 
de  aquellas  pesaban  mas  de  una  libra.  Fué  tanta  la 
destrucion  é  daño  que  hizo  en  aquella  tierra  el  pe- 
drisco ,  que  casi  por  dos  años  no  se  pudo  coger  fru- 
to ninguno  que  aprovechase.  Entonces  visto  el  mal 
é  pérdida  que  á  los  moradores  de  aquella  tierra  les 
era  venido ,  el  Rey  movido  á  compasión  de  su  tra- 
bajo hízoles  merced  de  sus  alcabalas  é  tercias  por 
tres  años ,  con  que  se  pudiesen  remediar  de  su  pér- 
dida. En  pos  de  aquesto  llegó  nueva  como  la  Reyna 
estando  un  dia  al  rayo  del  sol,  que  entraba  por  una 
ventana  de  su  cámara ,  le  encendió  fuego  en  la  ca- 
beza ,  que  le  quemó  un  poco  de  los  cabellos ;  é  si  no 
fuera  presto  socorrida ,  que  le  mataron  el  fuego  las 
mugeres  que  con  ella  estaban ,  fuera  peligro  de  su 
vida.  Así  mesmo  de  aquel  espanto  avia  movido  un 
hijo  de  seis  meses ,  de  que  el  Rey  no  solamente  fué 
pesante ,  mas  turbado  é  muy  triste.  Sobre  aquesto 
ovo  diversos  juicios  entre  las  personas  notables  del 
Reyno,  pronosticando  los  trabajos  que  después  vi- 
nieron sobre  el  Rey  é  sobre  la  Reyna ,  según  será 
recontado ,  por  el  proceso  de  la  Corónica.  E  porque 
la  conclusión  de  los  debates  que  entre  entrambos 
los  Reyes  pendían  ,  llevaba  dilación,  é  á  cada  uno 
de  ellos  convenia  ir  á  entender  mas  en  las  cosas  de 
sus  Reynos ,  tomaron  por  expediente  que  para  el 
despacho  de  todo  ello  el  Marqués  de  Villena  oviese 
de  ir  á  Zaragoza ,  donde  el  Rey  de  Aragón ,  é  la  no- 
ble Reyna  su  muger  se  iban  á  reposar,  é  que  allí 
se  tomaría  medio ,  é  conclusión  é  concordia.  E  ansí 
el  Rey  se  partió  para  Aranda  á  mas  andar,  y  el 
Marqués  se  quedó  en  Alfaro,  para  ir  á  Zaragoza.  E 
llegado  el  Rey  á  la  villa  de  Aranda ,  halló  á  la  Rey- 
na flaca  y  descayda,  asi  por  el  espanto  del  caso  en 
ella  acontescido ,  como  por  el  mal  parto  del  hijo  va- 


122  CRÓNICAS  DE  LOS 

ron  que  avia  movido  ,  de  que  sin  dubda  estaba  muy 
triste ;  pero  con  la  venida  del  Rey  ella  se  alegró  é 
convalesció  de  tal  guisa,  que  pudo  luego  caminar; 
é  partióse  con  el  Rey  ,  é  fuéronse  derechos  á  Sego- 
via  ,  é  de  alli  á  Madrid.  E  en  aqueste  medio  tiempo 
el  Marqués  de  Villena  se  partió  de  Alf  aro  para  Za- 
ragoza, donde  llegado ,  halló  que  el  B.ey  de  Aragón 
era  ido  al  Principado  de  Cataluña  para  tornar  muy 
presto.  E  como  asi  fué  llegado ,  la  Reyna  le  mandó 
aposentar,  é  le  rescibió  con  muy  alegre  cara.  Otro 
dia  siguiente  quiso  que  comiese  con  ella,  é  le  man- 
dó asentar  á  su  mesa  ;  é  entre  las  otras  fiestas  que 
alli  rescibió  fué  una  señalada ,  que  solas  las  damas 
sirvieron  sin  varón  ninguno  á  la  mesa  de  todos  los 
oficios  que  todos  los  Reyes  suelen  ser  servidos.  Es- 
tuvo alli  el  Marqués  algunos  di  as  esperando  la  ve- 
nida del  Rey ,  é  luego  que  vino ,  fué  concluida  la 
negociación ,  é  firmada  la  paz  é  concordia  entre  am- 
bos Reyes.  E  asi  el  Marqués,  tomada  licencia  del 
Rey  de  Aragón ,  é  de  la  Reyna  su  muger ,  se  vino  á 
Madrid ,  donde  estaba  el  Rey  y  la  Reyna  con  los 
Grandes  de  su  corte. 

CAPÍTULO  XLIL 

Como  Don  Beltran  de  la  Cueva  se  casó  con  la  hija  menor  del  Mar- 
qués de  Santillana. 

Por  la  venida  del  Marqués  de  Villena  el  Rey  fué 
muy  alegre,  así  por  aver  puesto  concordia  entre  él 
y  el  Rey  de  Aragón,  su  tio  ,  como  por  los  negocios 
de  la  gobernación  del  Reyno  que  les  daba  buen  ex- 
pediente, y  el  Rey  se  confiaba  mucho  del.  E  como 
el  nuevo  Conde  de  Ledesma  se  vio  puesto  en  esta- 
do con  el  grande  é  continuo  favor  del  Rey ,  deter- 
minó de  buscar  parentela  con  quien  se  pudiese  abra- 
zar é  tener  mayor  parte  de  valedores  quando  fuese 
menester.  E  asi ,  ávido  su  acuerdo  con  el  Rey,  su- 
plicóle tratase  casamiento  con  una  hija  del  Marqués 
de  Santillana ,  la  menor ,  que  estaba  doncella  ;  de 
que  el  Rey  fué  muy  contento ,  asi  por  lo  que  cum- 
plía al  Conde  de  Ledesma,  como  porque  ya  tenia 
por  mucho  suyos  al  Marqués  y  al  Obispo  de  Cala- 
horra su  hermano.  Para  lo  qual  envió  sus  embaxa- 
dores  al  Marqués ,  y  él  en  persona  habló  al  Obispo 
que  andaba  en  la  corte,  en  tal  manera  que  luego  fué 
concluido.  E  asignado  el  dia  de  los  desposorios,  el 
Rey  por  honrallos ,  determinó  de  ir  á  Guadalaxara 
con  la  Reyna  é  con  toda  su  corte  ;  donde  ido,  le  fue 
fecho  solemne  rescibimiento  por  el  Marqués  é  todos 
BUS  hermanos.  Los  desposorios  se  hicieron  con  mu- 
chas fiestas  de  diversas  maneras ,  torneos,  correr 
toros  y  sortija ;  de  noche  con  muchos  faroles.  De 
aqueste  casamiento  desplugo  mucho  al  Marqués  de 
Villena  ,  ansí  por  la  grand  parentela  que  el  Conde 
de  Ledesma  tomaba  con  la  casa  de  Mendoza ,  á  cu- 
ya cabsa  ternia  mayor  parte  en  el  Reyno ,  como  por 
la  voluntad  del  Rey  tan  inclinada  para  lo  querer 
prosperar  y  poner  en  grande  estado.  E  siempre  fué 
que  la  envidia  pare  discordia ,  acarrea  enemistad, 
busca  novedades  é  formas  cautelosas  para  dañar; 
así  que  podemos  descir  que  aqueste  casamiento  fué 


REYES  DE  CASTILLA. 

sementera  de  los  males  que  después  subcedieron. 
Acabadas  las  fiestas,  é  pasados  pocos  dias,  el  Rey 
determinó  su  partida,  é mandó  que  la  Reyna  con  la 
Princesa  é  los  Infantes  sus  hermanos ,  c  los  del  Con- 
sejo ,  é  toda  la  corte  se  fuese  para  Segovia.  Y  él 
con  muy  pocos  de  los  suyos  se  fué  á  la  villa  de 
Atienza  por  verla  ,  é  holgarse  allí  un  dia  ó  dos  ;  en 
la  qual  avia  mandado  labrar  tanto,  que  casi  de  nue- 
vo páresela  ser  tornada.  Llegado  allí ,  parescióle  tan 
bien,  que  quiso  reposar  en  ella  mas  de  ocho  dias,  y 
estuvo  allí  mucho  á  su  plascer. 

CAPÍTULO  XLIIL 

Como  fallesció  el  Príncipe  Don  Carlos  en  Barcelona,  y  por  su 
muerte  se  rebelaron  los  Catalanes  de  todo  el  Principadgo  con- 
tra el  Rey  de  Aragón,  é  embiaron  su  embajador  al  Rey  con  la 
obidiencia  de  vasallos  suyos ,  para  que  los  rescibiese  é  enviase 
socorro ;  é  llegó  su  embaxador  allí  á  la  villa  de  Atienza  ;  y  lo 
que  el  Rey  respondió. 

Después  que  el  Rey  don  Juan  de  Aragón  sacó  de 
la  prisión  al  Príncipe  Don  Carlos ,  su  hijo ,  é  lo  lle- 
varon los  Catalanes  á  Barcelona,  nunca  se  sintió 
bueno,  ni  tuvo  disposición  de  salud  en  su  persona, 
antes  la  enfermedad  cresció  tanto  en  él,  que  sin 
rescebir  mejoría  fallesció.  Por  cuya  muerte  todos  los 
del  Principadgo  de  Cataluña  ovieron  grand  senti- 
miento ,  é  se  rebelaron ,  é  pusieron  en  armas  contra 
su  Rey,  disciendo  que  él  avia  sido  cabsa  que  mata- 
sen al  Príncipe  su  hijo  con  hierbas ,  teniéndole  pre- 
so en  poder  de  los  que  le  avian  mas  gana  de  matar 
que  darle  la  vida ;  por  donde  páresela  que  mas  le 
avia  sido  enemigo  que  padre ,  é  mas  desipador  de 
su  salud,  que  ganoso  de  conservarla,  vistas  las 
grandes  crueldades  que  contra  él  por  su  mandado  é 
consentimiento  se  avian  cometido  ;  de  lo  qual  daban 
cierto  testimonio  las  claras  é  públicas  prisiones 
donde  lo  avia  tenido  los  tiempos  pasados.  E  así 
puestos  en  rebelión ,  haciendo  públicos  actos  en  for- 
ma jurídica  con  grandes  protestaciones,  enviaron 
sus  querellas  delante  la  See  Apostólica,  publicando 
la  crueldad  con  que  duramente  los  trataba ,  no  como 
su  propio  Rey ,  ni  como  Señor  natural ,  mas  como 
adversario  é  perseguidor  porfióse ;  por  donde  justa  é 
legítimamente ,  como  damnificados  en  la  vida  y  en 
la  libertad  contra  sus  fueros  é  privíUejos,  que  to- 
dos los  Reyes  sus  antepasados  les  juraron  ó  guarda- 
ron sin  violencia  ni  quebrantamiento  alguno  ,  onde 
visto  que  él  ansí  se  los  usurpaba  é  corrompía  contra 
toda  razón  ,  que  lo  podían  desobedecer  ;  por  tanto, 
que  ellos  lo  denegaban  de  Rey  é  Señor,  é  le  quita- 
ban toda  la  obidiencia  é  fidelidad  que  hasta  alli  co- 
mo subditos  é  vasallos  le  avian  tenido ,  é  la  pasa- 
ban á  la  casa  de  Castilla,  é  al  Rey  Don  Enrique,  su 
verdadero  Rey  é  Señor,  á  quien  según  derecho  divi- 
no é  humano  pertenescia  el  Reyno  de  Aragón  é  se- 
ñorío de  Cataluña ;  al  qual  desde  allí  elogian  é  to- 
maban por  su  Rey  é  Señor  natural,  é  que  así,  como 
verdaderos  subditos  é  vasallos  suyos ,  se  ponian  de- 
baxo  de  su  protección  é  amparo  é  defendimiento 
real.  Fecho  aquesto ,  todos  en  una  conformidad  en- 
viaron por  su  embaxador  al  Rey  un  caballero  letra- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


123 


do ,  que  se  desoía  Mosen  Copones ;  el  qual  por  temor 
del  Rey  de  Aragón  ó  de  sus  gentes  vino  en  ávito  di- 
simulado, hasta  que  llegó  ala  villa  de  Atienza,  don- 
de el  Rey  estaba,  fíl  qual  llegado  delante  de  su  real 
presencia,  con  grande  sentimiento,  con  lágrimas 
en  sus  ojos ,  propuso  diciendo :  «  Muy  alto  é  serenl- 
»  simo  Rey  :  si  el  Rey  Don  Juan,  nuestro  Rey  que 
«solia  ser,  se  acordara  de  la  clemencia  Real  y  de 
n la  noble  cepa  gótica  de  Castilla,  donde  él  descen- 
n  dia ,  tratara  á  su  propia  carne  con  mayor  clemencia 
»  é  piedad  que  la  trató.  Mas  como  todo  aquello  es- 
»  taba  desterrado  de  sus  entrañas ,  y  era  muy  age- 
»  no  de  su  condición ,  sabrá  vuestra  Real  Magestad 
»  que  el  Príncipe  Don  Carlos  de  gloriosa  memoria, 
»  su  hijo ,  estando  en  la  isla  de  Sicilia  mas  temeroso 
»  que  contento  de  su  padre ,  por  las  prisiones  en  que 
» le  avia  tenido  tan  largos  tiempos ,  é  sospechando 
»  mayores  enconvenientes  é  males  de  los  pasados, 
» tenia  determinado  de  estar  allí  apartado ,  así  por 
»  no  provocar  la  ira  de  su  padre ,  como  por  escusar 
I)  los  peligros  que  sospechaba  y  después  le  sobrevi- 
»  nieron.  E  quanto  quier  que  los  Sicilianos ,  segund 
»  los  privillejos  de  la  casa  de  Aragón,  que  los  primo- 
»  génitos  de  ella  so  han  de  llamar  Reyes  de  Sicilia, 
» lo  querían  alzar  Rey ,  él  deseando  ser  obediente  é 
»no  salir  del  querer  de  su  padre,  jamas  consintió  ni 
» quiso  aceptallo  ;  antes  como  hijo  de  obidiencia 
»  dixo  que  quería  esperar,  y  ver  lo  que  el  Rey  su  pa- 
»  dre  mandaba  é  disponía.  E  como  así  estuviese  es- 
»  perando  lo  que  le  fuese  mandado ,  el  Rey  á  íns- 
j)  tancía  é  suplicación  de  los  tres  estados  de  sus  rey- 
»  nos  determinó  de  lo  llamar  é  traer,  Pero  porque  el 
»  Príncipe  sin  rescelo  osase  venir ,  mandó  á  los  per- 
» lados  del  estado  elesiástico,  é  á  los  otros  nobles  va- 
»  roñes  é  caballeros  del  Principadgo  de  Cataluña, 
»  que  sobre  su  fe  y  palabra  real ,  que  publicamente 
»  é  con  juramento  nos  dio,  le  diésemos  todas  las  se- 
»  guridades  que  él  nos  demandase  é  á  nosotros  pa- 
»  resciese  ser  necesarias  para  en  tal  caso ,  que  él  las 
«guardaría  inviolablemente,  é  lo  trataría  de  allí 
»  adelante  con  todo  amor  paternal ,  segund  que  todo 
»  padre  piadoso  suele  tratar  á  su  hijo.  E  así  el  Prin- 
»  cipe  confiándose  de  nosotros ,  é  creyendo  el  seguro 
»  que  así  le  dábamos,  vino  muy  alegre  á  la  obidien- 
»  cía  de  su  padre.  E  puesto  que  el  Rey  le  rescibió 
»  con  gracioso  semblante ,  é  mostró  aver  plascer  con 
»  su  venida ,  antes  que  mucha  dilación  de  tiempo 
«pasase,  no  solamente  le  mandó  prender  feamente, 
»  é  tratar  con  gran  crueldad  ,  mas  disimuladamente 
»  consintió  é  dio  lugar  que  su  propia  carne  é  lo  que 
»  engendraron  sus  lomos  fuese  á  manos  de  alevosos 
»  muerto  con  hierbas  venenosas.  E  así  muerto  el  hi- 
» jo ,  encendido  con  mayor  saña ,  puso  por  obra  de 
»  disipar  los  bienes  é  consumir  la  vida  de  sus  vasa- 
»llos,  en  tal  manera,  que  ni  podemos  sufrir  sus  ho- 
Rmicidios,  ni  comportar  su  desenfrenada  ira.  Por 
»  donde  justa  é  debidamente  le  pedimos  denegar  de 
»  Rey ,  é  quitar  la  fidelidad  é  obidiencia  que  como 
»  subditos  le  debíamos  ;  porque  si  como  vasallos  le 
Ddebiamos  servidumbre  é  temor,  él  como  Rey  nos 
»  avia  de  responder  con  piedad  é  con  amor.  La  qual 


«obidiencia  así  quitada,  todos  los  de  aquel  Princi- 
»  padgo  é  sus  cibdades  ó  villas  muy  conformes ,  é 
» sin  discrepacion  alguna  de  los  tres  estados,  ave- 
»  mos  elegido  á  vuestra  Real  celsitud  por  nuestro 
»  Rey  é  legítimo  é  verdadero  Señor  natural ,  á  quien 
»  segund  derecho  divino  é  humano  por  reta  descen- 
))  dencia  la  casa  de  Aragón  é  Principadgo  de  Catalu- 
»  fia  pertenesce.  Por  tanto  ,  yo  en  voz  y  en  nombre 
»  de  todo  aquel  Principadgo  é  sus  cibdades  é  villas 
Ȏ  lugares,  por  virtud  de  los  poderes  que  de  ellos 
» traygo  ,  aquí  vos  rescibo  por  Rey ;  é  yo  en  su  nom- 
» bre  vos  doy  la  obidiencia  é  fidelidad ,  que  como 
«subditos  debemos  y  avemos  de  dai  ;  suplicando 
«con  quanta  reverencia  y  humildad  puedo,  nos 
» quiera  tomar  por  vasallos ,  é  amparar  con  su 
«sombra  real.»  Oída  su  embajada,  el  Rey  con  mu- 
cha graciosidad  le  respondió  :  «  Yo  agradezco  á  los 
»  del  principadgo  el  amor  é  buena  voluntad  que  han 
»  mostrado  en  quererme  por  su  Rey.  Placerá  á  Dios 
» que  ellos  resciban  de  mí  no  solamente  muchas 
»  mercedes,  mas  tales  obras ,  que  siempre  sean  con- 
» tentos  de  tenerme  por  Señor.  Pero  porque  este  ne- 
«  gocio  es  de  gran  importancia ,  é  para  lo  aceptar  se 
»  requiere  seso  é  maduro  consejo,  será  necesario  aver 
»  deliberación  ó  consultallo  con  los  del  mi  Consejo, 
»  para  que  en  ello  se  dé  la  orden  que  conviene.  Por 
B  tanto ,  converná  que  ayais  paciencia  hasta  que  yo 
«vaya  á  Segovia,  que  allí  seréis  respondido,  é  se 
«  hará  lo  que  cumple. »  Dicho  aquesto ,  mandó  que 
le  aposentasen  muy  bien ,  y  se  fuese  en  pos  del 
quando  se  partiese.  Pasados  ocho  días  que  el  Rey  se 
holgó  en  Atienza ,  se  partió  para  Segovia. 

CAPÍTULO  XLIV. 

Como  venido  el  Rey  á  Segovia,  é  llamados  los  de  su  alto  Conse- 
jo, ovo  acuerdo,  é  envió  gente  en  socorro  de  los  Catalanes. 

Venido  el  Rey  á  Segovia,  llamados  los  del  su  alto 
Consejo,  les  dixo :  «Muchas  veces  avemos  visto  é 
» así  meamo  leído  que  á  los  altos  Príncipes  altas  é 
«grandes  empresas  se  les  suelen  ofrecer,  á  unos  con 
«grande  trabajo,  é  á  otros  con  poca  fatiga;  é  de  aquí 
«es  que  aquellos  se  juzgan  ser  famosos,  que  con 
«mayor  corazón  las  osan  emprender.  E  por  esto  los 
«antiguos  poetas  dixeron  que  la  fortuna  es  de  tal 
«condición  compasada,  que  á  cada  uno  de  los  varo- 
«nes  se  le  presenta  delante,  cogidos  los  brazos  é 
«descabellada  la  cabeza,  para  que  quien  mejor  la 
«supiere  asir  de  los  cabellos  é  tener  que  no  se  le 
«vaya,  aquella  señoree  é  triunfe  con  vitoria  sin  te- 
«mer  sus  adversidades.  E  pues  agora  se  me  ofrece 
«señalada  prosperidad  sin  fatiga,  señorío  sin  tra- 
«bajo,  vasallos  que  se  me  dan  sin  illos  á  conquistar, 
«yerro  manifiesto  sería  é  cobardía  de  corazón  dexa- 
«llos  de  rescebir.  Aveis  de  saber  que  el  Principad- 
»go  de  Cataluña  se  ha  rebelado  contra  el  Rey  de 
«Aragón  á  cabsa  de  la  prisión  é  muerte  del  Prínci- 
«pe  Don  Carlos,  que  Dios  aya;  é  todos  los  tres  Es- 
«tados  unidos  é  conformes  me  han  elegido  por  Rey 
«y  por  Señor,  é  me  han  venido  á  suplicar  con  un 
«caballero  suyo,  que  á  mí  es  venido  por  embaxadíT, 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


124 

«los  quiera  rescebir  por  mis  subditos  é  vasallos.  E 
» porque  aquesto  parece  disposición  de  la  divinal 
«Providencia,  é  los  tiempos  lo  acarrean,  parésceme 
«que  se  debe  aceptar.  Por  eso  quiero  oir  vuestro  pa- 
«rescer,  y  esperar  vuestro  consejo;  porque  de  las 
«cosas  deliberadas  nunca  viene  arrepentimiento.» 
Oido  lo  que  el  Rey  avia  propuesto,  todos  los  del 
Consejo  fueron  maravillados  de  aquella  tan  grande 
novedad;  ó  como  las  voluntades  de  los  mas  princi- 
pales estaban  divisas  y  en  diversas  aficiones  pues- 
tas, unos  votaban  que  aquello  no  se  debia  aceptar 
porque  era  contra  su  tio;  otros  afirmaban  que  era 
cosa  justa  tomallo,  porque  su  tio  mas  le  avia  sido 
contrario  que  buen  pariente,  quando  hizo  sus  alian- 
zas con  los  caballeros  de  Castilla  y  con  el  Rey  de 
Portugal  contra  él.  Al  fin,  dexadas  las  altercacio- 
nes, acordaron  que  Mosen  Copones  fuese  allí  llama- 
do; é  venido  fué  preguntado  qué  era  lo  que  al  Rey 
demandaba,  é  quería  que  el  Rey  hiciese  en  favor 
de  los  Catalanes.  El  qual  respondió  é  dixo  que  dos 
cosas  eran  las  que  príncipalmen,te  pedía  é  deman- 
daba en  nombre  de  aquellos  que  le  enviaban :  la 
primera  é  mas  principal  que  el  Rey  los  tomase  por 
sus  vasallos,  pues  que  ya  le  tenían  elegido  por  su 
Rey,  y  el  señorío  de  Aragón  é  Cataluña  le  pertenes- 
cía  por  legitima  subcesion;  la  segunda  que  les  en- 
víase gente,  para  quo  con  su  favor  alzasen  pendones 
por  él,  é  labrasen  luego  su  moneda,  é  para  que  los 
defendiese  de  quienquiera  que  los  quisiese  guer- 
rear. E  que  pues  tan  sin  trabajo  de  conquistar  é  de 
gasto  lo  ponían  en  el  señorío,  que  su  Alteza  no  le 
debía  rehusar,  ni  mostrar  flaqueza  de  corazón  en 
dexar  de  aceptar  lo  que  Dios  é  las  gentes  le  daban 
é  ponían  en  las  manos  sin  contraste  ninguno.  En- 
tonces los  del  Consejo,  visto  que  el  Rey  se  inclina- 
ba, é  estaba  ganoso  de  lo  hacer  é  aceptar,  dixeron 
que  convenía  enviar  para  caso  tan  grande  señala- 
dos capitanes  y  copia  de  buena  gente,  é  fué  acor- 
dado que  fuesen  dos  mil  é  quinientos  de  á  caballo, 
E  así  el  Rey  mandó  á  Don  Juan  de  Biamonte,  Prior 
de  la  Orden  de  San  Juan  en  el  reyno  de  Navarra,  é 
á  Juan  de  Torres,  un  caballero  principal  de  la  cib- 
dad  de  Soria,  que  fuesen  por  capitanes  de  aquella 
gente,  é  diesen  orden  como  alzasen  pendones  en 
todo  el  Principadgo,  señaladamente  en  Barcelona; 
por  manera  que  en  todo  se  diese  buen  recabdo  qual 
cumplía  á  su  servicio.  Los  quales  tomada  su  gente 
se  partieron  é  pasaron  sin  contrasto  ninguno  hasta 
que  llegaron  á  Barcelona,  donde  fueron  muy  bien 
rescebidos.  Llegados  allí,  todos  los  de  la  cibdad 
muy  conformes  alzaron  pendones  por  el  Rey,  é  la- 
braron luego  su  moneda ;  así  mesmo  por  las  otras 
cibdades  del  Principadgo. 

CAPÍTULO  XLV. 

orno  el  Rey  «e  fué  á  la  villa  de  Agreda,  y  de  lo  que  allí 
subcedió. 

Enviada  la  gente  al  Principadgo  de  Cataluña,  fué 
acordado  que  el  Rey  se  allegase  á  la  frontera  de 
Aragón  é  Navarra;  é  así  fué.  á  la  villa  de  Agreda, 


que  está  junto  con  entrambos  reynos,  pava  hacer 
espalda  á  los  suyos  é  tener  en  sosiego  aquella  tier- 
ra, que  no  se  osase  hacer  rebato  ninguno.  Estando 
allí,  con  grande  poder  é  triunfo  de  señorío,  le  llega- 
ron alegres  nuevas  é  prósperas  mensagerías  de  di- 
versas partes.  Sus  capitanes  le  hicieron  saber  como 
todo  el  Principadgo  ie  Cataluña  era  suyo  muy  pa- 
cificamente. Llególe  jiueva  como  Don  Juan  de  Guz- 
man.  Duque  de  Medina-Sidonia,  Conde  de  Niebla, 
con  su  gente  é  la  de  Xerez  é  de  aquellas  comarcas 
al  derredor  avían  tomado  la  cibdad  de  Gíbraltar 
de  poder  de  los  Moros  ;  y  sabido ,  mandó  que 
aquella  de  allí  adelante  se  pusiese  en  el  titulo 
de  sus  ditados.  Vínole  otra  nueva,  como  Don  Pe- 
dro Girón,  Maestre  de  Calatrava,  avia  tomado  do 
los  Moros  la  villa  de  Archídona,  lugar  muy  fuer- 
te. Vínole  otra  nueva  del  Rey  Don  Fernando  de 
Nápol  su  primo,  suplicándole  que  lo  tomase  por 
suyo  de  acostamiento,  para  que  con  nombre  de 
suyo  é  con  su  favor  fuese  defendido  en  su  Reyno, 
por  quanto  lo  guerreaban  sus  enemigos  para  lo 
echar  del  Reyno.  E  llególe  otro  mensagero  por  par- 
te del  Papa  Pío  é  del  Colegio  de  los  Cardenales,  ro- 
gándole que  quisiese  hacer  perpetua  confederación 
con  la  Sede  Apostólica.  E  llególe  así  mesmo  otro 
mensagero  por  parte  de  los  Ginoveses  é  Venecia- 
nos, diciendo  que  Genova  se  le  quería  dar  en  per- 
petuo vasallage  de  su  Corona  Real,  é  Venecía  en 
perpetua  amistad,  para  ser  por  siempre  amiga  de 
amigos  y  enemiga  de  enemigos  con  la  Casa  de  Cas- 
tilla. E  puesto  que  todas  estas  cosas  de  tan  alta 
prosperidad  é  honra  temporal  le  vinieron,  era  tan 
magnánimo,  que  nunca  mostró  mas  alteración  por 
ello,  como  si  ninguna  cosa  ni  oferta  le  ovieran  fe- 
cho é  ofrescído.  Lo  qual  muy  pocas  veces  suele 
acaescer  entre  los  poderosos;  ca  bien  tarde  se  vido 
que  los  altos  Principes,  á  quien  semejantes  prospe- 
ridades suele  acarrear  la  fortuna,  se  pudiesen  abs- 
tener de  presuntuosa  vanagloria,  ó  sin  ramo  de 
fantasía  ó  de  soberbiosa  altivez.  Pero  aqueste  Rey,  á 
quien  propia  cosa  era  reynar  é  hacer  mercedes,  en- 
salzar los  hombres  é  ponerlos  en  grandes  estados, 
sí  la  deslealtad  no  le  fuera  contraria  é  pudiera  en- 
clavar la  rueda  de  la  fortuna,  que  nunca  se  tastor- 
tornára,  ansí  era  singularmente  magnánimo,  que 
todas  las  honras,  prósperos  sucesos,  pujanza  de  se- 
ñoríos é  grandeza  de  estado  en  que  viniese,  estima- 
ba de  ser  merecedor  é  digno  de  rescebirlas.  Mas 
como  la  deslealtad  de  sus  falsos  consejeros  iba  cres- 
ciendo,  su  poco  amor  se  desdoraba,  é  sus  dañados 
deseos,  tratos  é  pensamientos  se  descubrían,  todas 
las  cosas  de  prosperidad  que  asi  le  venían,  impug- 
nándolo ellos,  las  contradecían  disciendo  que  aque- 
llas cosas  mas  eran  vanas,  de  poca  certidumbre,  é 
grandes  gastos,  que  de  honra  ni  provecho  alguno, 
é  mas  peligrosas  que  seguras,  en  tal  manera  que  le 
hacían  atibiar  el  corazón,  no  sólo  para  aceptallas 
como  la  razón  quería,  mas  para  proseguíllas  como 
á  los  animosos  varones  conviene.  Y  asi  de  contino 
buscaban  exquisitas  formas  de  dilación,  con  que  las 
cosas  aparejadas  é  ligeras  de  aver  efecto  se  perdían, 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


125 


con  grand  infamia,  mengua  é  vituperio  del  Rey,  se- 
gund  que  sus  obras  fueron  claros  testigos  que  dieron 
testimonio,  como  adelante  será  relatado  por  el  pro- 
ceso. Ca  por  esta  cabsa  apartaron  de  cabe  el  Rey 
al  que  con  entrañas  leales  daba  sano  consejo,  é  con 
afición  verdadera  procuraba  su  bien  é  aumento  de 
la  Corona  Real.  Estando  asi  el  Rey  en  calma,  que 
no  se  sabia  elegir  qual  camino  le  seria  mejor  é  mas 
provechoso  para  su  eetado,  vino  secretamente  un 
escudero  navarro  á  hablar  con  el  Conde  de  Ledes- 
ma,  proferiéndose  de  le  dar  una  puerta  principal  de 
Tudela  de  Navarra  con  una  torre,  para  que  el  Rey 
se  apoderase  de  ella  é  oviese  la  cibdad  de  su  mano 
con  tanto  que  le  hiciese  alguna  merced.  Entonces 
el  Conde  habló  con  el  Rey,  é  por  su  mandado  con- 
certó con  el  escudero,  dándole  grandes  seguridades 
é  promesas  muy  firmes,  que  entregada  la  cibdad  é 
apoderado  el  Rey  de  ella,  le  daria  cierta  renta  de  la 
misma  cibdad,  é  dineros  de  juros  situados  en  la  vi- 
lla de  Agreda.  Fecho  el  concierto,  el  Conde  envió 
con  el  escudero  un  caballero  de  su  casa  llamado  Pe- 
dro de  Guzman  con  otros  veinte  hombres,  para  que 
aquel  tratante  les  entregase  la  puerta  con  la  torre 
como  estaba  concertado,  y  entregada,  se  alzasen 
con  ella,  é  serian  luego  socorridos;  porque  el  Conde 
iba  en  pos  de  ellos  con  gruesa  gente  para  socórre- 
nos. E  yendo  una  noche,  como  el  trato  era  falso,  en 
llegando  á  la  puerta  de  la  cibdad  fueron  luego  pre- 
sos, de  que  el  Rey  ovo  grande  enojo,  é  mandó  al 
Conde  de  Ledesma  que  tomase  mil  rocines  de  los 
de  las  guardas,  é  fuese  sobre  Tudela,  é  si  no  le  en- 
tregasen luego  los  presos,  sin  detenimiento  que  hi- 
ciese luego  talar  las  viñas  é  las  huertas,  é  pusiese 
fuego  á  toda  la  tierra.  Pero  como  el  Conde  llegó,  é 
vieron  todos  los  de  la  cibdad  que  comenzaba  á  talar 
sacaron  luego  los  presos  é  se  los  entregaron,  é  así 
librados,  el  Conde  mandó  cesar  la  tala,  ó  se  tomó 
para  el  Rey.  Pasados  algunos  dias  que  el  Rey  ovo 
estado  en  Agreda,  fué  determinado  que  se  fuese  á 
tener  la  Navidad  á  la  villa  de  Almazan. 

•  CAPÍTULO  XLVI. 

Como  el  Rey  vino  á  la  villa  de  Almazan,  é  de  lo  que  allí  subcedió ' 
con  los  Catalanes. 

Luego  que  el  Rey  fué  venido  á  la  villa  de  Alma- 
zan con  la  Reyna  é  la  Princesa  é  con  los  Infantes 
sus  hermanos,  é  aposentados  los  de  su  Corte,  tuvo 
alli  la  fiesta  de  Navidad  con  mucho  placer.  En 
aqueste  medio  tiempo  llegaron  otros  dos  embaxado- 
res  del  Principadgo  de  Cataluña,  uno  Eclesiástico, 
que  era  Arcediano  de  Girona,  é  otro  Caballero,  que 
se  llamaba  Mosen  Cardona;  los  quales  le  tfaian  la 
obidiencia  del  todo  el  Principadgo  con  grand  con- 
formidad, en  que  le  juraban  por  Rey,  é  le  prestaban 
la  fidelidad  que  los  vasallos  acostumbran  dar  á  su 
Rey  quando  le  resciben  por  su  Señor.  Donde  veni- 
dos, é  juntados  con  el  otro  Embajador  que  vino  pri- 
mero, fueron  al  palacio  Real;  é  presentado  delante 
del  Rey  é  los  de  su  Consejo,  con  grande  reve- 
rencia el  Arcediano  de  Girona  propuso,  diciendo:   I 


«Serenísimo  Señor,  é  muy  poderoso  Rey:  si  el  Rey 
«Don  Juan  de  Aragón,  que  solía  ser  nuestro  Rey,  se 
«recordara  de  la  grandeza  Real  de  España,  de  don- 
»de  su  padre  y  él  descendían,  fuera  por  cierto  mas 
« piadoso  é  humano  para  sus  subditos  que  lo  han 
«mostrado  sus  obras,  después  que  sobre  nosotros 
«reynó.  Mas  como  su  reynar  era  contra  derecho,  y  en 
«grande  perjuicio  de  la  Corona  Real  de  Castilla  é 
«de  á  quien  de  derecho  divino  é  humano  pertenes- 
«cia,  no  quiso  Dios  que  tanta  sin  razón  padesciése- 
«mos,  ni  que  fuésemos  agenados  de  quien  eramos 
«con  justicia.  E  por  eso  él  olvidando  la  clemencia 
«é  benignidad  que  como  Rey  avia  de  tener  con  sus 
«subditos,  no  solamente  fué  cruel  para  nosotros, 
«mas  en  nombre  de  padre  fué  capital  enemigo  con- 
«tra  su  hijo,  desipador  contra  nuestra  república,  é 
«desbaratador  del  bien  común  de  aquella,  matándo- 
«nos  é  privándonos  del  verdadero  y  ligítimo  subce- 
«sor  que  sobre  nosotros  avia  de  reynar,  dando  lugar 
» que  fuese  muerto  con  hierbas,  avíéndole  nosotros 
«asegurado  de  muerte  é  de  prisión,  sobre  su  fé  é 
«palabra  Real  que  nos  dio  é  juró.  Por  donde  los 
«tres  Estados  de  Principadgo  do  Cataluña  justa  é 
«debidamente  lo  pedimos  é  debimos  denegar  por 
«Rey,  é  darnos  á  quien  de  derecho  pertenesciamos, 
«que  sois  vos,  muy  alto  é  muy  poderoso  Rey.  E 
«pues  asi  tan  piadosamente  nos  aveis  Señor  abri- 
«gado,  enviándonos  socorro  de  gentes  é  capitanes 
«que  nos  socorriesen  é  ayudasen  é  defendiesen, 
«viéndonos  ya  libres  de  la  cruel  servidumbre  en 
«  que  vivíamos  con  tanto  temor  de  perder  las  vidas, 
«  venimos  á  vuestra  Real  celsitud,  para  que  así  como 
«allá  vos  elegimos  en  concordia,  y  quedamos  por 
«vuestros  vasallos,  asi  acá  en  nombre  de  todos  ellos 
«besamos  vuestras  reales  manos,  é  damos  la  obi- 
«diencia  como  á  Rey  é  Señor  natural.  A  cuya  Real 
«excelencia  notificamos  que  el  Rey  Don  Juan  ha 
«empeñado  la  villa  de  Ferpiñan  con  ciertas  fortale- 
«zas  al  Rey  de  Francia,  é  se  la  ha  entregado  condi- 
ncíonalmente,  que  le  prestase  ciertas  mil  coronas,  é 
»le  ayudase  con  gente  de  guerra  para  nos  destruir; 
«por  manera  que  ha  enviado  gente  de  armas  contra 
«nosotros,  é  destruye  la  tierra.  Porque  humilmente 
«con  quanta  humildad  podemos,  le  suplicamos  quie- 
«ra  defender  lo  suyo,  é  enviar  luego  tal  socorro  de 
« gente,  que  nuestros  enemigos  no  nos  puedan  da- 
»ñar,  é  quedemos  libres  é  exemptos,  como  vuestros 
«vasallos,  para  vuestro  servicio;  porque  sépanlos 
«Franceses  que  la  casa  de  Castilla  mató  sus  Pares 
»de  Francia,  é  destruirá  su  soberbia  quando 'fuere 
«menester.  Pero  porque  todo  aquesto  lleve  cimiento 
«de  salud,  é  del  buen  principio  se  atienda  próspero 
«fin,  con  quanta  instancia  podemos  le  suplicamos 
« se  quiera  luego  entítular  é  tomar  nombre  de  Rey 
»de  Aragón  é  Conde  de  Barcelona;  porque  con  sólo 
«aqueste  nombre  seremos  amparados  é  abrigados  é 
«defendidos;  y  entre  todas  las  naciones  con  solo 
«este  apellido  avremos  lugar  é  cabida.»  Acabada  su 
habla  el  Rey  les  respondió,  que  les  agradescia  mu- 
cho la  voluntad  é  buen  amor  con  que  se  avían  mo- 
vido á  ser  suyos,  é  que  estaba  ganoso,  no  solamente 


126 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  los  amparar  é  defender,  mas  de  hacelles  muchas 
mercedes,  como  á  buenos  servidores;  pero  que  para  la 
conclusión  de  aquello  quepedian  era  necesario  con- 
sultallo  con  los  de  su  Consejo,  é  ávido  su  acuerdo 
ó  deliberación,  les  mandaría  responder  con  efecto. 
Entonces  todos  tres  embaxadores,  fecha  su  reveren- 
cia, salieron  muy  contentos,  é  salidos,  el  Rey  habló 
con  los  de  su  Consejo,  é  les  dixo  que  seria  bien  lue- 
go hacer  é  poner  por  obra  lo  que  aquellos  embaja- 
dores de  Cataluña  pedian  é  suplicaban,  ansi  de  lo 
uno  como  de  lo  otro,  porque  él  tenia  mensageros  de 
los  principales  do  Aragón  en  que  se  proferian  que 
6Í  tomase  titulo  de  Rey  de  Aragón,  que  se  levanta- 
rían por  él  la  cibdad  de  Zaragoza;  é  ansi  mesmo  de 
otros  Valencianos,  que  le  prometían  de  le  dar  á  Va- 
lencia cada  é  quando  se  llamase  Rey  de  Aragón.  E 
que  bien  considerado  lo  que  Dios  así  le  traía  á  las 
manos  é  le  ofrescía  con  tan  poco  trabajo,  que  sería 
manifiesto  error  no  rescebillo:  por  tanto,  que  su  voto 
era  de  avello  de  aceptar  é  poner  por  obra  lo  que 
con  tanta  instancia  le  suplicaban,  porque  tarde  é 
muy  pocas  veces  se  avía  ofrecido  semejante  caso. 
Algunos  de  su  Consejo,  los  mas  principales,  que  mas 
gana  avían  de  le  ver  abatido  que  prosperado,  res- 
pondieron que  las  tales  empresas,  quando  así  venían 
tan  de  rebato,  mas  era  tentación  humana  que  pro- 
visión divina;  é  que  aquellos  que  tan  ligeramente 
se  proferian  á  tan  grandes  cosas,  mas  lo  hacían  por 
voluntad  de  algund  interese,  que  por  gana  de  le  ser- 
vir; é  que  su  parescer  era  que  en  ninguna  manera 
aquel  titulo  de  Rey  de  Aragón  se  debía  tomar  hasta 
que  todo  fuese  ganado  é  sometido  á  su  Señoría.  El 
Rey,  replicando,  descia  que  dexar  de  lo  hacer,  era 
mostrar  mas  cobardía  que  esfuerzo,  é  que  no  era 
cosa  justa  que  los  Aragoneses  é  Valencianos  se  le- 
vantasen contra  el  Rey  de  Aragón,  sin  que  viesen 
que  él  se  intitulaba  Rey  de  ellos,  é  que  todavía  era 
su  voto  que  se  debía  poner  por  obra  lo  que  pedian 
los  Catalanes,  pues  que  de  justo  titulo  le  pertenescía 
el  llamarse  Rey  é  socorrerlos.  Mas  como  los  que  im- 
pugnaban é  contradescian  con  grand  instancia  lo 
que  al  Rey  convenía,  y  fuera  mejor  aceptar,  eran  los 
principales  del  Consejo,  conviene  á  saber,  el  Arzo- 
bispo de  Toledo  y  el  Marqués  de  Villena,  los  otros 
que  allí  estaban,  puesto  que  veían  ser  sus  dichos 
ágenos  de  la  verdad  é  les  pesaba,  no  tenían  osadía 
de  votar  lo  contrarío,  ni  menos  contradecirlo.  En 
fin  fué  acordado,  porque  aquellos  dos  lo  quisieron, 
que  les  fuese  respondido  á  los  Catalanes  que  sí  que- 
rían 'gente,  que  traxesen  dinero  para  pagalla,  y  se 
la  darían;  é  quanto  al  tomar  del  título,  que  el  Rey 
lo  tomaría  quando  fuese  tiempo,  E  ávido  aqueste 
acuerdo,  el  Arzobispo  y  el  Marqués  con  los  otros 
del  Consejo  salieron  á  la  habla  con  los  embaxadores 
é  apartados  con  ellos,  el  Marqués  les  dixo:  uEl  Rey 
«nuestro  Señor  oyó  vuestra  embajada,  y  entendidas 
«las  cosas  particulares  de  ella,  puesto  que  sea  bue- 
» no  lo  que  asi  traéis  á  su  Alteza  en  querer  daros 
»por  vasallos  suyos,  paresce  que  desdora  con  lo  que 
))á  la  postre  pedís,  sí  es  que  vos  dé  gente  para  vues- 
»tra  defensión  contra  los  Franceses  que  vos  guer- 


»rean;  porque  su  Alteza  ya  vos  envió  dos  mil,  é 
«quinientos  rocines  con  señalados  capitanes,  por 
«cuyo  socorro  no  vos  han  dañado  vuestros  enemí- 
»gos,  é  pedir  agora  mas  gente  de  nuevo,  es  que 
«haya  de  gastar  de  sus  tesoros  para  vuestra  libertad. 
» Mas  pues  tanta  necesidad  tenéis  de  gente,  y  con 
«tanta  instancia  la  pedis,  fuera  razón  que  truxera- 
«des  dinero  para  pagalla,  porque  fuérades  mas  pres- 
«to  socorridos.»  Por  la  habla  del  Marqués  sintieron 
bien  los  Catalanes  que  el  Marqués  y  el  Arzobispo 
mas  eran  parciales  del  Rey  de  Aragón,  que  verda- 
deros servidores  del  Rey.  E  por  eso  Mosen  Cardona 
tomó  la  habla,  é  dixo.  «Por  cierto,  señor  Marqués, 
» esa  libertad  que  vos  decis  ser  nuestra  es  acrecen- 
«tamiento  de  la  corona  y  estado  del  señor  Rey  mas 
«que  provecho  nuestro;  é  sí  algo  aquí  su  Alteza 
«gastaba  de  sus  tesoros,  era  trasdoblallos  de  renta. 
«Mas  queríamos.  Señor,  saber  de  vuestra  merced  é 
«ser  certificados  de  únasela  cosa:  si  dando  nos- 
«  otros  el  sueldo  que  decis  para  dar  á  su  Real  Señoría 
« la  tierra  del  Principadgo  que  le  ofrecemos  y  da- 
«mos,  si  seremos  seguros,  é  tememos  certidumbre 
«que  su  Alteza  quiera  intitularse  de  Rey  de  Ara- 
«gon.»  A  esto  respondió  el  Marqués  titubeando,  é 
dixo  que  sin  duda  quando  ellos  truxesen  dinero  para 
pagar  sueldo  á  la»  gente  que  demandaban,  que  él 
sería  contento  de  llamarse  Rey  de  Aragón.  Luego 
que  aquesto  oyó  el  Arcediano  de  Gírona,  dixo:  «Se- 
nñor  Marqués,  si  aquesto  que  vuestra  merced  dice  es 
«ansí,  y  somos  seguros  de  ello,  muy  mas  cumplida- 
«  mente  lo  quiere  hacer  el  Principadgo  de  Cataluña 
»  é  nosotros  en  su  nombre,  porque  ansi  nos  es  man- 
«  dado,  é  traemos  señalados  poderes  para  ello  de  to- 
«das  las  cíbdades  é  villas,  y  de  los  perlados,  condes 
«barones  é  caballeros  señalados  que  en  él  viven  y 
»  están  é  tienen  sus  tierras  é  señoríos,  que  desde 
«el  día  que  su  Alteza  se  intitulase  é  llamase  Rey 
»  de  Aragón  é  Conde  de  Barcelona,  en  sesenta  días 
«primeros  prometemos  y  aseguramos  que  le  da- 
» remos  setecientos  mil  florines  de  oro  puestos  en 
»  Castilla,  con  que  podrá  guerrear  nuestros  enemigos 
« é  quedar  pacífico  Rey  de  Aragón  é  nosotros  libres 
Ȏ  perpetuos  vasallos  de  su  Corona  Real.  Mas  ave- 
»mos,  señor,  oído,  é  aun  somos  certificados,  que  al- 
«gunos  de  los  que  estáis  en  su  alto  Consejo  estorbáis 
» que  su  Magestad  no  acepte  aquesta  impresa  tan 
«alta  é  gloriosa  de  emprender,  ligera  de  acabar,  y 
«segura  de  señorear.  Pues  ciertamente  osamos  afir- 
nmar,  é  somos  ciertos,  que  si  lo  semejante  fuera 
«ofrescido  al  Rey  Don  Juan  que  nos  persigue,  con- 
»tra  los  reynos  de  Castilla,  que  sin  tantos  rodeos  é 
«acuerdos  é  dilaciones  lo  hubiera  emprendido  é 
«puesto  las  manos  con  mejor  esfuerzo  é  denuedo 
»que  acá  se  ha  rescebido.  Por  ende,  señores,  por 
«parte  de  aquella  provincia  que  acá  nos  envía,  vos 
«suplicamos  é  requerimos,  pedimos  por  merced  é 
«amonestamos,  sí  de  fieles  consejeros,  verdaderos 
«  servidores,  é  leales  vasallos  vos  presciais,  le  que- 
«rais  consejar  que  luego  se  llame  Rey  de  Aragón  é 
» Conde  de  Barcelona,  é  lo  acepte  sin  dilatar,  pues 
«que  Dios  é  su  justicia  so  lo  da;  é  los  setecientos 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


127 


Binil  florines  que  asi  le  proferimos ,  crea  su  Real 
» celsitud  que  sin  dubda  se  los  daremos,  so  pena  que 
«todos  tres,  como  aqui  estamos,  perdamos  la  vida.» 
Oido  su  razonamiento,  é  lo  que  tan  liberalmente  pro- 
ferian,  todos  del  Consejo  quedaron  maravillados. 
Pero  como  el  Marqués  y  el  Arzobispo  tenian  daña- 
das las  voluntades,  é  muy  agenas  de  lo  que  al  Rey 
é  á  la  sublimidad  de  su  Estado  convenia,  respondie- 
ron que  aqtiello  era  necesario  comunicarse  con  el 
Rey,  é  que  sabida  su  deliberada  voluntad,  los  tor- 
narían á  hablar.  Mas  la  comunicación  que  con  el 
Rey  hicieron  fué  burlar  é  juzgar  por  cosa  vana  lo 
que  avian  proferido  disciendole,  que  mucho  mejor 
é  mas  segura  cosa  era  tractar  con  el  Rey  de  Fran- 
cia, para  que  tuviese  forma  como  le  diesen  alguna 
parte  del  reino  de  Navarra,  que  le  cayese  mas  jun- 
to de  sus  Reynos,  que  no  el  Pr'incipadgo  de  Catalu- 
ña. Y  puesto  que  el  Rey  fue  avisado  ó  amonestado 
é  requerido  por  algunos  del  Consejo  é  leales  servi- 
dores é  criados  del  grande  daño  y  engaño  que  le 
hacian  en  hacer  dexar  lo  cierto  ptfr  lo  dudoso,  é  que 
se  guardase  que  por  cosa  del  mundo  no  desampa- 
rase á  los  Catalanes,  porque  en  aquello  consistía  la 
seguridad  de  su  Estado,  la  paz  é  sosiego  de  sua 
Reynos,  no  ee  curó  de  ello,  antes  se  inclinó  á  lo  que 
el  Marqués  y  el  arzobispo  descian  é  le  aconsejaban. 
E  como  ya  ellos  de  secreto  tenian  inteligencia  con 
los  Reyes  do  Francia  é  de  Aragón,  enviaron  á  de- 
cirles que  viniese  á  hablar  con  el  Rey  uno  de  aque- 
llos capitanes  Franceses  que  estaban  contra  Catalu- 
ña, é  que  el  Rey  se  iria  á  la  villa  de  Monteagudo 
con  muy  pocos  de  los  suyos  en  son  de  ir  á  caza,  é 
que  allí  se  tomaría  algún  medio.  E  asi  el  Rey  se 
fué  á  Monteagudo  el  día  de  Año  Nuevo,  donde  ve- 
nido el  Capitán,  habló  con  el  Rey  en  el  campo  disi- 
muladamente, é  fué  concertado  con  él  que  el  Rey 
de  Francia  enviase  un  caballero  principal  de  su 
Corte  á  concertar  vistas  entre  ellos.  Y  tomado  aques- 
te acuerdo,  el  Rey  se  tornó  á  la  villa  de  Almazan, 
donde  estuvo  la  fiesta  de  los  Reyes  con  mucho 
plascer  y  reposo,  festejándole  Mendoza,  Señor  de 
la  villa. 

CAPÍTULO  XLVII. 

Como  estando  el  Rey  en  Almazan,  vino  un  embaxador  del  Rey  de 
Francia,  é  se  acordaron  las  vistas  de  Fuenlerrabía,  é  de  lo  que 
alli  subcedió  de  aquella  embaxada. 

Tornando  el  Rey  á  la  villa  de  Almazan,  tuvo  allí 
la  fiesta  de  los  Reyes  con  la  Reyna  é  con  la  Prince- 
sa é  con  los  Infantes  sus  hermanos,  pasando  el  tiem- 
po en  mucho  plascer.  E  no  sin  cabsa,  que  era  razón 
de  sentirse  alegre,  ca  se  vía  puesto  en  la  mas  alta 
cumbre  de  sublime  estado  que  nunca  estuvo  ningún 
Rey  de  sus  antepasados  de  grandes  tiempos,  ni  tan 
poderoso  ni  temido  ni  tan  enjoyado ,  viéndose  no 
Bolamente  poseedor  de  grandes  tesoros ,  mas  Señor 
de  los  ricos,  porque  todos  en  sus  Reynos  estaban 
enriquecidos  é  nunca  despechados.  Pasadas  asi  las 
fiestas  de  los  Reyes,  vino  allí  un  embaxador  del  Rey 
de  Francia,  donde  oída  su  embaxada,  en  que  rogaba 


al  Rey  quisiese  verse  con  el  Rey  de  Francia  su  Se- 
ñor, para  dar  algún  medio  en  los  debates  del  Prin- 
cipadgo  de  Cataluña  con  el  Rey  Don  Juan  de  Ara- 
gón ,  fueron  acordadas  las  vistas  entre  Fuenterrabía 
é  Sant  Juan  de  Luz,  pasada  la  fiesta  de  la  Resurrec- 
ción. Tomada  así  la  conclusión  de  las  vistas,  el  Rey 
mandó  hacer  fiesta  á  este  embajador,  y  fué  que  la 
Reyna  con  todas  sus  damas  saliera  á  la  sala  del  Rey, 
donde  los  caballeros  de  la  Corte  danzaron  con  ellas, 
é  porque  el  embaxador  rescibiese  mayor  honra,  qui- 
so que  danzase  con  la  Reyna.  E  como  el  embaxador 
vio  quanta  honra  señalada  le  fué  danzar  con  tan  al- 
ta Reyna,  acabado  de  danzar  con  la  Reyna  la  baxa 
é  la  alta ,  hizo  voto  solepne  en  presencia  del  Rey  é 
de  la  Reyna  que  jamas  danzaría  con  dama  ningu- 
na, pues  que  con  tan  alta  señora  había  danzado.  El 
Rey  mandó  hacer  mercedes  á  este  embaxador,  con 
que  se  partió  muy  contento.  Luego  fué  acordado 
que  el  Roy  se  partiese  para  Segpvia  con  toda  su 
Corte. 

CAPÍTULO  XLVIII. 

€omo  el  Rey  estuvo  en  Segovia  algunos  días ,  y  de  allí  se  partió 
para  Burgos ,  para  verse  con  el  Rey  de  Francia. 

Después  que  el  Rey  ovo  reposado  en  Segovia  al- 
gunos dias,  como  ya  se  acercase  el  tiempo  asignado 
para  las  vistas  del  Rey  de  Francia ,  el  Rey  mandó 
que  la  Reyna  y  la  Princesa  con  los  Infantes  sus 
hermanos  se  quedasen,  y  el  Comendador  Juan  Gui- 
llen en  su  guarda  con  ciento  de  caballo,  é  él  con  to- 
da su  Corte  se  fuese  á  la  cíbdad  de  Burgos,  donde 
estuvo  hasta  que  la  Quaresma  fué  entrada ,  é  desde 
allí  se  fué  á  Sant  Sebastian.  Llegado  allí,  como  el 
Arzobispo  de  Toledo  y  el  Marqués  de  Villena  eran 
los  mas  principales  por  quien  las  cosas  del  Consejo 
se  gobernaban,  é  tenian  voluntad  de  sostener  al  Rey 
de  Aragón,  rodearon  por  sus  exquisitas  formas  co- 
mo el  Rey  oviese  de  poner  los  debates  de  Cataluña 
en  las  manos  del  Rey  de  Francia,  para  que  él  sen- 
tenciase entre  él  y  el  Rey  de  Aragón  su  tío;  por  ma- 
nera que  se  tomase  medio  convenible,  é  se  quitasen 
las  diferencias.  El  Rey,  creyendo  que  tales  tenian 
dentro  los  corazones  qual  fuera  lo  manifestaban 
sus  lenguas,  dio  su  consentimiento,  é  otorgólo  co- 
mo ellos  quisieron.  Para  conclusión  de  lo  qual,  con- 
formándose con  su  querer  y  voluntad,  mandó,  que 
ellos  entrambos  y  Alvar  Gómez  de  Cíbdad  Real,  su 
Secretario,  fuesen  embaxadores  al  Rey  de  Francia, 
así  para  entender  en  la  forma  de  la  sentencia,  que 
fuese  á  su  honra  é  provecho,  como  para  concertar 
las  vistas  quando  é  donde  avian  de  ser.  De  aquesta 
embaxada  se  siguieron  los  infortunios  ó  infamias  é 
dolorosos  trabajos  del  Rey ,  no  solamente  por  la  di- 
soluta maldad  que  aquestos  sus  mensageros  hicie- 
ron é  cabsaron  en  la  sentencia  que  contra  la  honra 
y  estado  y  fama  de  su  Rey  ordenaron  é  consintie- 
ron, haciéndose  parciales  de  los  enemigos  de  su  Rey, 
mas  porque  siendo  él  amonestado  é  requerido  por 
muchos  de  sus  leales  servidores  que  se  guardase  de 
ellos  é  supiese  cómo  avia  de  sor  engañado  é  des- 


128  CRÓNICAS  DE  LOS 

honrado  por  eu  cabsa,  no  los  quiso  creer,  é  hizo  con- 
fianza de  los  que  le  vendieron.  Después  que  así  fue- 
ron entrados  en  Francia,  se  juntaron  con  el  Rey  en 
ia  cibdad  de  Bayona.  Luego  el  Marqués  tomó  acos- 
tamiento de  él,  é  llevaba  cada  un  año  por^uyo  do- 
ce mil  coronas.  El  Arzobispo  se  alió  é  confederó 
con  él,  y  Alvar  Gómez  quedó  por  su  servidor,  en 
tal  manera,  que  teniéndolos  por  suyos,  fué  ordena- 
da é  capitulada  la  sentencia  á  mengua  é  abatimien- 
to del  Rey  é  á  honra  é  provecho  del  Rey  de  Ara- 
gón ;  porque  el  fin  é  conclusión  de  todo  ello  fué 
mentira,  é  con  intención  de  mentir  é  engañar  al  Rey, 
según  que  la  obra  dio  testimonio  de  ello,  é  por  el 
proceso  de  la  Corónica  será  recontado.  Luego  que 
la  sentencia  fué  concluida,  firmada  é  consentida  por 
el  Rey  de  Francia  é  por  estos  embaxadores,  el  Arzo- 
bispo y  el  Marqués  escribieron  al  Rey  que  se  pasase 
á  Fuenterrabía ,  donde  el  Rey  con  la  caballería  de 
su  Corte,  vino  luego.  Llegado  el  Rey  á  la  villa  de 
Fuenterrabía,  fué  acordado  que  el  Marqués  viniese 
á  hablar  con  él,  é  por  parte  del  Rey  de  Francia  el 
Conde  de  Comenge  á  le  notificar  mas  falsías  que 
verdades.  Aunque  hablando  aquí  sin  pasión,  pues- 
to que  sin  mucho  dolor  é  sentimiento  no  se  podría 
escribir,  la  venida  del  Conde  de  Comenge  al  Rey, 
mas  fué  por  colorar  la  falsedad  é  disimular  la  ma- 
licia de  sus  embaxadores ,  que  por  ser  necesaria. 
Mas  como  los  tales  insultos  siempre  van  cubiertos 
de  alguna  dorada  razón ,  mientra  que  no  se  descu- 
bren parece  que  todo  es  oro ,  é  después  son  como 
falsa  moneda,  que  en  nombre  de  ser  buena  va  llena 
de  falso  metal :  así  fué  lo  de  estos  tratos  que  ,  ci- 
mentados sobre  poca  verdad  con  dañadas  entrañas, 
fueron  descubiertos  al  tiempo  que  no  llevaban  re- 
medio. E  porque  todo  lo  que  al  Rey  convenia  fuese 
de  mal  en  peor ,  quisieron  que  en  aquellas  vistas ,  6 
mas  propiamente  ciegas,  quedase  antes  ofendido  su 
Rey  que  honrado,  mas  desabtorizado  que  tenido  en 
estima.  Ca  lo  que  debiera  ser  en  medio  de  los  tér- 
minos de  Castilla  é  de  Francia,  hiciéronle  que  pa- 
sase todo  el  rio  y  entrase  en  el  reyno  ageno,  no  mi- 
rando á  lo  que  la  lealtad  les  obligaba,  é  á  la  decen- 
cia de  su  Rey  con  venia.  Pues  decidme  agora,  grand 
Perlado  é  grand  Caballero,  ¿  qué  tan  buenas  obras, 
qué  señaladas  mercedes  pudisteis  rescibir  del  Rey 
extranjero  é  ageno,  que  no  fuesen  muy  mayores  las 
que  de  vuestro  Rey  natural  teniades  rescebidas? 
¿  Qué  interese  tan  grande  vos  pudo  venir  de  honrar 
al  Rey  ageno,  que  no  fuese  mayor  pérdida  la  men- 
gua de  vuestro  Rey,  que  vos  puso  en  su  lugar,  para 
negociar  lo  que  á  su  estado  é  honra  tocaba  ?  ¿  Qué 
pudisteis  ganar  en  ser  parciales  á  los  enemigos  de 
vuestro  Rey,  que  no  perdieseis  mucho  mas  en  ser 
ávidos  por  traydores ,  no  mirando  al  servicio  de 
vuestro  Rey,  ni  perdonando  á  vuestras  píopias 
famas  ? 


REYES  DE  CASTILLA. 

CAPÍTULO  XLIX. 

Como  se  vieron  los  Reyes,  é  de  la  forma  que  se  tuvo  en  sus  vis- 
tas, é  fué  leyda  é  pronunciada  la  sentencia  sobre  el  debate  de 
Cataluña. 

El  día  que  ovieron  de  ser  las  vistas  ,  el  Rey  de 
Francia  se  vino  á  Sant  Juan  de  Luz ,  que  está  jun- 
to con  el  rio  de  Fuenterrabía,  é  con  él  el  Arzobispo 
de  Toledo,  que  aquel  día  comió  con  él ;  y  el  Rey  con 
mucha  caballería  é  principales  Señores  de  su  Corte 
pasaron  en  barcas  hasta  la  otra  parte  del  rio ,  donde 
el  Rey  de  Francia  con  muchos  señores  y  perlados  le 
estaba  esperando  á  pié.  El  Rey  iba  en  una  barca ,  y 
con  él  el  Marqués  de  Villena  y  el  Obispo  de  Cala- 
horra ,  y  en  torno  dq  la  barca  del  Rey  iban  otras 
muchas  barcas  y  en  ellas  los  Señores  que  aquí  serán 
nombrados.  En  una  barca  iba  Don  Gómez  de  Cáce- 
res,  Maestre  de  Alcántara,  é  con  él  muchos  caballe- 
ros principales  de  su  Orden  ;  en  otra  iba  Don  Juan 
de  Valenzuela,  Prior  de  Sant  Juan  ,  con  otros  mu- 
chos caballeros  de  su  Orden ;  en  otra  iba  Don  Luis 
de  Acuña,  Obispo  de  Burgos ,  con  mucha  notable 
gente  de  los  suyos ;  en  otra  barca  iba  Don  Beltran 
de  la  Cueva,  Conde  de  Ledesma,  acompañado  de 
muy  notables  caballeros.  En  otras  barcas  iban  otros 
muy  señalados  caballeros  de  Estado,  cuyos  nombres 
seria  grand  proligidad  contar  por  extenso.  Todos 
fueron  tan  ricamente  ataviados  é  vestidos,  quanto 
en  ningún  tiempo  se  pudo  ver  en  Castilla ;  tanto  é 
de  tal  guisa  que  los  Franceses  quedaron  muy  ma- 
ravillados. Y  como  los  Reyes  se  vieron,  el  uno  des- 
de el  agua ,  y  el  otro  en  tierra ,  con  mucha  mesura 
quitaron  los  sombreros,  é  salió  el  Rey  en  tierra.  El 
de  Francia  se  vino  para  él,  é  quitados  los  bonetes  á 
la  par ,  se  abrazaron ;  é  abrazados  con  acatamiento, 
el  uno  del  otro  se  tomaron  de  las  manos  ;  é  juntos  á 
la  par  se  fueron  hasta  una  peña  baxa  que  está  á  la 
orilla  del  rio,  donde  el  Rey  se  arrimó  las  espaldas, 
y  el  Rey  de  Francia  se  quedó  delante  de  él  sin  arri- 
marse, y  en  medio  de  ellos  se  puso  un  valiente  le- 
brel é  hermoso ,  sobre  el  qual  tenían  ambos  Reyes 
puestas  las  manos.  El  Rey  comenzó  la  habla  con  el 
Rey  de  Francia,  que  estaba  muy  atento  á  ella ,  por 
espacio  de  un  quarto  de  hora.  Acabada  la  habla,  el 
Rey  de  Francia  le  respondió ;  é  luego  llamó  al  Ar- 
zobispo de  Toledo,  y  al  Marqués  de  Villena,  y  al 
Conde  de  Comenge  y  junto  con  ellos  á  Alvar  Gó- 
mez, que  traia  la  sentencia;  al  qual  mandaron  que 
la  leyese,  en  que  el  Rey  de  Francia  dio  por  su  sen- 
tencia que  el  Rey  desistiese  de  la  impresa  de  Ca- 
taluña ,  y  que  en  equivalencia  de  aquella  y  de  loa 
gastos  que  había  hecho ,  el  Rey  de  Aragón  le  diese 
la  cibdad  de  Estella  con  toda  su  merindad,  que  es  en 
el  reyno  de  Navarra ,  é  así  mesmo  cinquenta  mil 
doblas ;  é  que  todo  aquesto  le  oviese  de  dar  é  cum-- 
pliese  dentro  de  seis  meses.  E  que  para  certinidad  y 
seguridad  del  cumplimiento  de  todo  ello ,  la  Reyna 
Doña  Juana  de  Aragón  se  pusiese  en  rehenes  en  po- 
der del  Arzobispo  de  Toledo  en  una  villa  de  Navar- 
ra, que  se  dice  Lárraga,  la  qual  le  fué  luego  entre- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


129 


gada  y  puesta  en  ella  la  Reyna.  E  que  el  Rey  man- 
dase á  sus  capitanes  con  la  gente  que  tenía  en  Cata- 
luña saliesen  de  toda  ella  dentro  de  veinte  dias  pri- 
meros siguientes,  é  mandase  á  los  Catalanes  que  se 
volviesen  luego  á  la  obidiencia  de  su  Rey ,  con  que 
el  Rey  de  Aragón  los  perdonase.  Leyda  la  senten- 
dia,  é  consentida  por  ambas  partes,  el  Rey  se  despi- 
dió del  Rey  de  Francia  ,'é  con  toda  la  caballería  se 
tornó  á  las  barcas  en  que  avia  venido,  é  ee  fué  á 
'dormir  á  Fuenterrabía. 

CAPÍTULO  L. 

Como  el  Rey  mandó  llamar  los  embaxadores  de  Cataluüa ,  y  les 
dixo,  como  era  necesario  se  tornasen  ú  la  obidiencia  de  su 
Rey,  el  qual  les  daria  todas  las  seguridades  que  ellos  quisie- 
sen, é  lo  que  ellos  respondieron,  é  allí  subcedió. 

Venido  el  Rey  á  Fuenterrabía ,  y  con  él  el  Mar- 
qués y  el  Arzobispo,  mandó  llamar  á  los  embaxado- 
res de  Cataluña;  é  venidos  delante  de  su  real  presen- 
cia, les  dixo:  «El  Rey  de  Francia,  como  hermano 
»mio  de  armas  y  amigo  del  Rey  de  Aragón,  con 
» mucha  instancia  procuró  que  aquestos  debates  de 
»  Cataluña ,  por  el  bien  de  la  paz  é  por  escusar  las 
» muertes  é  daños  que  tan  aparexados  estaban ,  se 
» pusiesen  en  sus  manos ,  para  que  determinase  en 
»  ello  lo  que  mejor  é  mas  convenible  le  paresciese 
«para  entrambas  las  partes  ;  lo  que  se  huvo  de  com- 
B  prometer.  E  seguud  lo  que  él  ha  pronunciado  por 
»su  sentencia,  vosotros  aveis  de  tornar  á  la  obidien- 
»cia  de  vuestro  Rey  ;  pero  con  tal  condición  que  vos 
»dé  seguridad,  y  vos  perdone  lo  pasado ,  é  do  aquí 
»  adelante  vos  haya  de  tratar  muy  benina  é  gracio- 
« sámente,  sin  mirar  á  cosa  ninguna  de  lo  pasado. 
«Por  tanto  yo  vos  ruego  que  así  lo  queráis  hacer, 
» porque  para  ello  vos  serán  dadas  las  seguridades 
«éfinnezas  que  vosotros  demandáredes ;  y  esto  es 
«necesario  que  hagáis,  porque  á  mí  me  conviene 
«sacar  toda  mi  gente  que  allá  está.»  A  esto  respon- 
dió Mosen  Copones  con  mucho  denuedo:  «Pensába- 
»  mos,  serenísimo  Rey,  que  por  avernos  encomenda- 
»do  á  la  casa  de  Castilla  y  á  vuestra  real  Excelen- 
«cia,  como  á  nuestro  Rey  natural,  que  aviamos  de 
«ser  amparados,  é  somos  destruidos;  é  que  aviamos 
B  de  ser  defendidos ,  é  somos  maltratados.  Querría, 
«  Señor,  que  mirase  vuestra  Alteza ,  y  estos  Señores 
»  de  su  muy  Real  Consejo,  é  nos  dixese  á  qué  razón 
«quiere  que  nos  podamos  confiar  y  esperar  piedad 
»  alguna,  de  quien  nunca  la  ovo  de  su  propia  car- 
»  ne,  y  así  tan  crudamente  consintió  matar  á  su  pro- 
»pio  hijo.  Nosotros  nos  dimos  á  vuestra  Real  Coro- 
8  na,  sabiendo  muy  bien  que  el  rey  no  de  Aragón  con 
«el  Principadgo  de  Cataluña  é  su  señorío  según  de- 
Brecho  divino  y  humano  le  pertenescia,  esperando 
«como  suyos  ser  libres  de  las  manos  de  nuestros 
«perseguidores,  é  de  nuestro  capital  enemigo;  é 
»  agora  somos  puestos  al  cuchillo  por  quien  nos  de- 
«biera  amparar  y  defender,  Pero  pues  así  le  plasce, 
»é  quiso  antes  creer  á  sus  desleales  servidores  é  con- 
«sejeros,  que  tomar  lo  que  Dios  le  daba,  de  tanto  le 
«certifico,  y  téngalo  bien  en  su  memoria,  que  nunca 


»  á  vuestra  Real  Magestad  faltará  de  aquí  adelante 
«sobrade  muchas  guerras  y  persecuciones,  ni  á  los 
«Catalanes quien  los  defienda  en  gran  menosprecio 
»  de  vuestra  real  Alteza,  é  vituperio  de  su  Consejo.» 
E  dicho  aquesto,  él  y  Mosen  Cardona  sin  mas  dila- 
ción se  salieron  del  Palacio,  y  se  pasaron  en  Fran- 
cia, disciendo  á  grandes  voces:  Descubierta  es  ya 
la  traj'cion  de  Castilla ;  llegada  es  ya  la  hora  de  su 
grand  desventura  é  deshonra  de  su  Rey.  Pero  el  Ar- 
cediano de  Girona  y  el  otro  su  compañero  se  que- 
daron allí  con  el  Rey  hasta  que  se  partió  para  Se- 
govia  y  fué  con  él.  Y  el  Arzobispo  de  Toledo  se  fué 
á  Lárraga,  é  le  fué  luego  entregada.  Donde  vino 
luego  la  Reyna  de  Aragón,  é  se  puso  en  su  poder 
segund  la  forma  de  la  sentencia.  El  Marqués  de  Vi- 
llena  quedó  allí  por  algunos  dias,  disciendo  que  con- 
venia para  bien  de  lo  capitulado. 

CAPÍTULO  LI. 

Como  venido  el  Rey  á  Segovia,  conosció  el  engaño  que  avia  res- 
cebido,  6  lo  que  bizo. 

Venido  el  Rey  á  Segovia,  é  salida  su  gente  de  Ca- 
taluña, sintió  el  engaño  que  había  rescebido  en  con- 
sentir la  sentencia  del  Rey  de  Francia,  é  como  todo 
aquello  se  avia  hecho  por  sacar  al  Rey  de  Aragón  de 
la  necesidad  en  que  estaba ,  é  que  el  Arzobispo  de 
Toledo  é  el  Marqués  á  este  fin  lo  avian  rodeado.  E 
ansí  muy  sentido  del  Arzobispo  y  del  Marqués,  con- 
cibió alguna  enemistad  contra  ellos ,  y  pensó  en  sí 
de  no  cumplir  cosa  de  lo  sentenciado.  Y  pensándo- 
se remediar  de  tan  grande  pérdida,  así  de  la  honra, 
como  del  señorío,  mandó  llamar  al  Arcediano  de 
Girona,  que  se  avia  quedado  en  Fuenterrabía,  é  ve- 
nido, habló  con  él  largamente,  rogándole  que  se  fue- 
se á  mas  andar  á  Barcelona,  é  trabajase  como  no  se 
hiciese  mudanza  ninguna,  é  que  luego  tornaría  á 
enviarlos  muy  gruesa  gente  con  que  se  defendiesen; 
y  el  embaxador  como  estaba  ganoso  de  servirlo,  res- 
pondió que  le  plascia  de  ir  á  trabajarlo  con  todas 
sus  fuerzas.  Entonces  mandó  el  Rey  hacerle  merced 
é  socori'o,  con  que  se  partió  luego.  Pero  puesto  que 
este  embaxador  iba  con  buen  deseo ,  su  ida  aprove- 
chó muy  poco  ;  porque  ya  los  Catalanes ,  viéndose 
desamparados,  avian  elegido  por  su  Rey  á  Don 
Pedro,  Condestable  de  Portugal,  y  enviádole  á 
llamar. 

CAPÍTULO  LII. 

Como  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Marqués  de  Villena  enviaron  á 
llamar  al  Rey,  que  se  fuese  á  Logroño;  donde  llegado,  le  hicie- 
ron entrar  en  la  villa  de  Lerin.é  lo  que  alli  subcedió. 

El  Rey  estaba  descontento  del  Arzobispo  y  del 
Marqués,  sintiéndose  mucho  en  lo  secreto  de  su 
poca  fidelidad  é  menos  amor  que  avian  mostrado  á 
su  honra  é  servicio,  en  lo  que  de  ellos  avia  confia- 
do. Mas  como  á  la  decencia  de  los  Reyes  pertonesce 
mostrar  en  los  enojos  serena  cara,  é  disimular  las 
cosas  con  alegre  semblante,  é  fingir  con  apariencia 
lo  que  en  la  voluntad  no  tienen  ,  puesto  que  ansí 

9 


130 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


estaba  sentido ,  nunca  su  boca  disparaba  palabra 
deshonesta  ni  rabiosa  contra  ellos.  Los  quales  ,  pa- 
sados algunos  dias  que  el  Rey  avia  reposado  en  Se- 
govia,  lo  escribieron  que  se  fuese  á  Logroño  con 
su  gente ;  porque  alli  estaría  mas  cerca  por  cabsa  de 
los  tratos.  Ávida  su  carta,  el  Rey  se  fué  á  Logroño, 
donde  llegando,  le  tornaron  á  escribir  que  seria 
mejor  que  se  entrase  dentro  en  Navarra  á  la  villa  de 
Lerin ,  que  estaba  asi  por  él.  Entonces  el  Rey  se  fué 
á  aposentar  en  ella,  y  estuvo  alli  por  espacio  do 
tres  meses  sin  que  conclusión  alguna  se  diese,  antes 
las  mentiras  se  multiplicaban  é  las  cabtelas  iban 
trasdobladas  sin  vergüenza  ninguna,  tanto  ,  que  ya 
el  Rey  cansado  de  sus  falsías ,  no  daba  crédito  al 
Marqués  que  iba  ó  venia  con  los  tratos,  antes  quan- 
do  iba  al  Consejo ,  no  se  le  hacia  la  cabida  que  de 
antes  se  le  solia  hacer  y  tener.  E  quanto  quiera  que 
todo  el  tiempo  que  alli  estuvo  se  pasó  en  vanidad, 
subcedió  luego  otro  mas  disoluto  caso,  y  fué  que 
Mosen  Fierres  de  Peralta  entró  en  Estela,  y  se  apo- 
deró de  la  fortaleza  é  del  lugar,  fingiendo  rebelarse 
on  ella  contra  el  Rey  de  Aragón,  para  no  ge  la  dar 
ni  consentir  que  se  enagenase  de  la  Corona  de  Na- 
varra. E  no  solamente  aquesto,  mas  para  temorizar 
al  Rey  de  la  estada  en  aquella  villa ,  se  echaban 
algunos  escritos,  de  ellos  en  las  escaleras,  y  de  ellos 
en  las  salas,  diciendo  que  se  guardase  é  pusiese 
grande  guarda  en  su  persona,  que  estaba  en  grande 
peligro  su  vida.  De  manera  que  vista  la  poca  ver- 
dad é  grand  falsia  de  los  que  avian  de  ser  leales  é 
veladores  de  su  honra,  determinóse  de  partir,  é  fue- 
se á  la  cibdad  de  Logroño  ;  el  Marqués  de  Villena 
80  quedó  alli  todavía  tratando  é  fingiendo  negociar 
sin  provecho.  Llegado  el  Rey  á  Logroño,  se  partió 
luego  de  allí  para  Segovia. 

CAPÍTULO  Lili. 

Como  el  fiey  se  partió  para  Segovia,  y  de  aüi  á  Madrid  ,  c  de  lo 
que  alli  subcedió. 

Mas  enojado  que  contento  llegó  el  Rey  á  Segovia, 
donde  reposó  algunos  dias ;  é  luego  se  partió  para 
Madrid  desde  Segovia  con  la  Reyna  é  la  Princesa  é 
los  Infantes.  Estando  alli  el  Rey  de  reposo,  y  con  él 
el  Obispo  de  Calahorra,  y  el  Conde  de  Ledesma  con 
otros  algunos  del  Consejo,  vino  alli  el  Maestro  del 
Espina,  y  Fray  Fernando  de  la  Plaza  con  otros  Re- 
ligiosos de  la  Observancia  de  Sant  Francisco  á  no- 
tificar al  Rey,  como  en  sus  Reynos  avia  grande  he- 
regía  de  algunos  que  judaizaban,  guardando  los  ri- 
tos judaicos  ,  y  con  nombre  de  christianos  retaxa- 
ban  sus  hijos  ;  suplicándole  que  mandase  hacer  in- 
quisición sobre  ello ,  para  que  fuesen  castigados.  So- 
bre lo  qual  se  hicieron  algunos  sermones  ;  y  en  es- 
pecial Fray  Fernando  de  la  Plaza  ,  que  predicando 
dixo  que  él  tenia  prepucios  de  hijos  Christianos  con- 
versos, que  avian  retaxado  sus  hijos.  Sabido  aques- 
to el  Rey  les  mandó  llamar,  ó  les  dixo ,  que  aquello 
do  los  retaxados  era  grave  insulto  contra  la  Fé  Ca- 
lliólica  ,  y  que  áél  pertenescia  castigarlo,  équetra- 
traxese  luego  los  prepucios,  y  los  nombres  de  aque- 


llos que  lo  avian  fecho ,  porque  él  quería  entender 
en  ello.  Fray  Fernando  le  respondió,  que  gelo  avian 
depuesto  personas  de  autoridad ;  el  Rey  mandó  que 
dixese  quién  eran  laa  personas  ;  denegó  desculo; 
por  manera  que  se  halló  ser  mentira.  Entonces  vino 
alli  Fray  Alonso  de  Oropesa,  Prior  General  de  la  or- 
den de  Sant  Gerónymo ,  con  algunos  Priores  de  su 
Orden,  é  se  opuso  contra  ellos,  predicando  delante 
del  Rey,  por  donde  quedaron  en  alguna  forma  loe 
Observantes  confusos.  Pasados  pocos  dias  después 
de  aquesto,  vino  el  Marqués  de  Villena  con  un  nue- 
vo trato  que  le  avian  movido  para  equivalencia  do 
la  merindad  de  Estella.  Pero  como  el  Rey  estaba 
sentido  y  enojado  de  las  mentiras  pasadas ,  no  le 
dio  el  crédito  que  solia,  antes  se  apartaba  do  él  sin 
mostrarle  el  amor  que  primero  le  mostraba,  en  tal 
manera,  que  al  Rey  crescia  la  enemistad,  y  al  Mar- 
qués el  temor  y  la  sospecha;  por  donde  los  hierros 
del  uno  contra  el  otro  se  comenzaron  a  multiplicar. 
Y  puesto  que  aques  tas  cosas  pasaban ,  el  Marqués 
era  astuto,  é  de  grande  sufrimiento,  y  con  mucha 
pascíencía  disimulaba  los  ultrages  y  desdenes;  pero 
de  seci'eto  comenzó  su  trato  con  los  Grandes  del 
Reyno;  mas  para  deshonrar  y  destruir  al  Rey  que  lo 
hizo,  que  para  servirlo.  Y  esto  es  lo  que  dixeron  los 
antiguos,  que  los  que  yerran  nunca  perdonan,  antes 
sospechando  la  pena  de  sus  culpas,  multiplican  en 
el  mal.  E  desde  alli  en  adelante  el  Obispo  de  Cala- 
horra y  el  Conde  de  Ledesma  comenzaron  á  enten- 
der en  las  cosas  de  la  gobernación  del  Reyno,  y  ser 
casi  los  principales  del  Consejo,  y  mayormente  el 
Conde,  como  que  tanto  estaba  en  su  voluntad  del 
Rey,  de  tal  guisa,  que  la  enemistad  entre  el  Mar- 
qués y  el  Conde  quedó  del  todo  arraigada  señala- 
damente, porque  las  cosas  del  Consejo  se  goberna- 
ban por  las  manos  del  Obispo  y  del  Conde.  Pero  el 
Rey  por  convencer  las  malicias  del  Marqués  y  lle- 
varlas fasta  al  cabo,  mandó  que  él  y  el  Obispo  de 
Calahorra  juntamente  fuesen  á  Navarra  para  enten- 
der en  aquel  nuevo  trato  que  el  Marqués  dixo  que 
traía  ;  los  quales  fueron,  é  llegados  allá,  como  las 
cosas  iban  cimentadas  sobre  falsedad,  fué  tan  vana 
su  ida  é  de  tan  poco  fruto,  que  ninguna  conclusión 
se  pudo  tomar  sobre  ello.  E  acordaron  de  escribir  al 
Rey  y  embíarle  un  mensagero  á  le  notificar  como 
el  Rey  de  Aragón  é  la  Reyna  su  muger  decían  que 
en  ninguna  forma  podían  cumplir  lo  sentenciado, 
asi  por  la  mucha  necesidad  en  que  estaban,  como 
porque  Estella  la  tenia  Mosen  Pierres  de  Peralta,  é 
no  la  quería  dar.  Entonces  el  Rey,  oídas  las  vanas 
escusaciones,  y  vista  la  dañada  voluntad  del  Arzo- 
bispo y  del  Marqués,  les  envió  á  mandar  que  hicie- 
sen lo  que  mejor  les  paresciese  y  se  viniesen  á  Ma- 
drid. Vista  la  respuesta,  el  Arzobispo  soltó  ala  Rey- 
na que  tenia  en  rehenes,  y  entregó  Lárraga  áel  Rey 
de  Aragón.  E  ansí  entregada,  el  Arzobispo,  y  el  Mar- 
qués y  el  Obispo  de  Calahorra  se  vinieron  juiítos 
hasta  Madrid ,  y  estuvieron  allí  esperando  al  Rey, 
que  era  ido  al  Andalucía,  y  á  Gíbraltar,  donde  se 
vido  con  el  Rey  de  Portugal,  que  estaba  en  Cept.iy 
segund  será  contado 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


131 


CAPITULO  LIV. 


Como  dieron  nueva  al  Rey  que  la  cibdad  de  Sevilla  estaba  muy 
alborotada,  para  se  perder,  y  el  Rey  se  fué  allá  á  grande  priesa, 
é  lo  que  allí  se  hizo. 

Luego  que  el  Marqués  de  Villena  y  el  Obispo  de 
Calahorra  se  partieron  para  Navan-a,  llegó  nueva  al 
Rey  como  la  cibdad  de  Sevilla  estaba  muy  alterada 
para  se  perder  ;  porque  el  nuevo  Arzobispo  de  Se- 
villa y  la  Comunidad  estaban  puestos  on  armas  con- 
tra los  Caballeros  y  la  Clerecia,  á  cabsa  de  no  querer 
el  Arzobispo  obedescer  los  mandamientos  del  Papa, 
en  que  mandaba  que  pues  su  tio  de  este  Arzobispo 
avia  pacificado  el  Arzobispado  de  Santiago,  que  le 
avia  dado  el  Rey  para  él,  segund  que  ya  fué  re- 
contado por  la  historia,  le  tomase  é  dexase  el  de  Se- 
villa. E  asi  estando  él  rebelado,  é  apoderado  en  los 
lugares  ó  fortalezas,  y  en  la  Iglesia  mayor,  que  te- 
nia encastillada,  presumió  de  se  defender.  E  como 
á  el  Papa  fuese  fecha  relación  de  la  ingratitud  de 
este  Arzobispo  contra  su  tio,  dio  im  mandamiento 
monitorio  penal  en  que  le  mandaba  que  luego  se  de- 
sistiese del  Arzobispado  de  Sevilla,  é  lo  dexase  pa- 
cifico para  el  tio ,  que  tan  bien  le  avia  fecho ,  é  se 
fuese  á  su  Arzobispado  de  Santiago ,  so  graves  pe- 
nas é  censuras,  no  solamente  contra  él,  mas  contra 
toda  la  clerecía  de  la  cibdad,  y  los  caballeros  de  ella, 
para  que  no  le  oviesen  por  Arzobispo ,  ni  le  obedes- 
ciesen,  salvo  ásu  tio.  E  como  asi  estaba  endurecido^ 
lleno  de  ingratitud  tenia  muy  engañada  la  comuni- 
dad con  muy  grandes  promesas  ,  para  poner  á  cu- 
chillo toda  la  clerecía ,  é  caballeros,  porque  avian 
obedescido  los  mandamientos  Apostólicos  en  tal  ma- 
nera; que  muerta  la  clerecía,  avia  prometido  los  be- 
neficios suyos  á  los  hijos  de  aquellos  que  le  ayuda- 
ban en  los  insultos.  En  aqueste  comedio  llegó  el  Rey, 
é  mandó  al  Doctor  Diego  Sánchez  del  Castillo  ,  su 
Oidor  é  del  su  Consejo,  que  hiciese  la  pesquisa  ;  é 
fecha,  hallóse  que  no  solamente  quería  hacer  aque- 
lla cnxeldad,  mas  que  executada,  se  avia  de  alzar 
con  la  cibdad  e  hacerla  comunidad ,  é  tomadas  las 
galeras  que  estaban  en  las  Atarazanas,  hacer  guer- 
ra por  mar,  é  defenderse  por  tierra,  para  que  de  alli 
adelante  no  fuesen  sujetos  al  Rey  ni  reconosciesen 
señor  ninguno.  Sabido  aquesto,  é  vista  la  pesquisa 
en  el  Consejo,  el  Rey  mandó  llamar  á  los  principa- 
les de  la  Comunidad,  que  eran  capitanes  de  aquella 
conjuración  con  el  Arzobispo ;  é  venidos  delante  de 
él,  dentro  en  el  Alcázar  mandó  prender  algunos  de 
los  mas  culpados ;  y  entretanto  que  se  hacia  justicia 
de  ellos,  mandó  que  el  Arzobispo  como  inventor  é 
cabsaíior  de  los  tales  insultos  estuviese  detenido  en 
pu  casa,  é  no  saliese  de  ella  so  pena  de  perder  la  na- 
turaleza de  sus  Reynos.  E  porque  en  menosprecio 
de  la  Sede  Apostólica  tenia  encastillada  la  Iglesia 
Mayor  é  muy  fortalecida,  mandó  derrocar  todo  lo 
que  asi  estaba  fecho  é  dar  la  posesión  del  Arzobis- 
i>íulo  al  tio;  lo  qual  fué  muy  alegremente  obedecido 
portufloH,  asi  dignidades,  y  canónigos,  como  por 
los  caballeros  de  la  cibdad.  E  deudc  ú  tres  días  fue- 


ron ahorcados  seis  hombres  de  los  que  estaban  pre- 
sos ,  de  las  ventanas  de  sus  casas,  como  perpetrado- 
res del  insulto;  é  á  los  otros  mandó  que  los  llevasen 
presos  á  Madrid.  E  asi  sosegada  la  cibdad,  partióse 
para  Gibraltar. 

CAPÍTULO  LV. 

Como  el  Rey  fué  á  Gibraltar,  é  vino  el  Rey  de  Portugal,  que  estaba 
enCepta,  á  verse  con  él. 

Partióse  el  Rey  de  Sevilla  para  Gibraltar,  porque 
después  que  se  avia  ganado  de  los  moros,  nunca 
avia  estado  en  ella;  é  llegado  allí,  sopo  como  el  Rey 
Don  Alonso  de  Portugal  estaba  en  Cepta  de  la  otra 
parte  del  Estrecho  ,  de  que  el  Rey  ovo  mucho  plas- 
cer,  y  le  envió  á  rogar  se  quisiese  ver  con  él  é  ve- 
nirse á  holgar  con  él ;  lo  que  el  Rey  de  Portugal 
aceptó  de  buen  grado,  é  se  vino  á  Gibraltar  con  muy 
poca  gente.  Fué  rescebido  con  mucho  amor,  segund 
que  se  acostumbra  entre  propios  hennanos,  y  estu- 
vo alli  por  espacio  de  ocho  dias,  comiendo  entram- 
bos á  una  mesa.  Fué  tratante  entre  ellos,  para  los 
conformar,  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Conde  do  Le- 
desma;  púsolos  en  grande  alianza  é  confederación, 
y  quedó  la  conclusión  de  ciertos  capítulos  para  otras 
vistas,  que  después  se  hicieron,  segund  que  ade- 
lante será  contado,  de  las  quales  se  encendió  el  fue- 
go de  Castilla.  Concluido  aquesto,  é  ávido  sus  de- 
portes de  mucha  monteria,  donde  los  mas  dias  se 
salian  á  solazar,  el  Rey  de  Portugal  se  despidió 
para  tornarse  á  Cepta,  y  el  Rey  salió  con  él  hasta  la 
ribera  del  mar.  E  luego  que  el  Rey  de  Portugal  fué 
partido,  el  Rey  quitó  la  alcaydia  de  Gibraltar  á  Pe- 
dro de  Porras ,  que  la  tenia  desde  que  la  cibdad  se 
ganó,  y  la  dio  al  Conde  de  Ledesma,  y  el  Conde 
puso  alli  por  él  á  Estovan  de  Villa-Creces,  casado 
con  una  tia  suya.  Y  esto  hizo  el  Rey  porque  avia 
grand  voluntad  de  prosperar  al  Conde,  vista  la  ene- 
miga que  el  Marqués  tenia  contra  él  sin  cabsa  algu- 
na. Después  que  el  Rey  ovo  reposado  en  Gibraltar 
algunos  dias,  partiese  para  Ecija. 

CAPÍTULO  LVI. 

Como  el  Rey  fué  á  Écija,  y  de  alli  fue  sobre  Granada,  para  que 
le  diesen  las  parias ,  y  dadas,  se  partió  á  Jahen ,  6  lo  que  alli 
sucedió. 

Venido  el  Rey  á  la  cibdad  de  Écija,  mandó  jun- 
tar toda  la  gente  de  á  caballo  que  alli  estaba ,  é  por 
toda  la  comarca,  é  partióse  para  la  vega  de  Grana- 
da, donde  puso  su  Real ;  y  puesto,  los  moros  salieron 
áél  con  las  parias  acostumbradas,  é  con  ricos  pre- 
sentes de  ricas  é  diversas  cosas  que  le  presentaron. 
Estuvo  alli  una  noche,  é  á  otro  día  derramada  la 
gente,  se  fué  para  Jahen,  donde  fue  muy  bien  res- 
cebido por  el  Condestable  Don  Miguel  Lucas  Di- 
ranzo ,  que  tenia  la  gobernación  con  los  Alcázares. 
Venido  alli  el  Rey  para  reposar  algunos  dias,  vino 
á  le  facer  reverencia  Don  Pedro  Girón ,  Maestre  de 
Calatrava,  mas  con  propósito  de  dañar  al  Conde  de 
Ledesma,  que  de  ver  al  Rey.  Solamente  fué  su  ve- 


132  CRÓNICAS  DE  LOS 

nida  cabtelosa,  para  suplicar  al  Rey  diese  el  Maes- 
trazgo de  Santiago  al  Condestable,  sospechando  que 
lo  quería  dar  al  Conde  de  Ledesma.  Como  el  Rey 
ya  estaba  indignado  en  la  voluntad  contra  el  Arzo- 
bispo de  Toledo. y  el  Marqués  de  Villena  su  herma- 
no, por  las  formas  que  avian  tenido  contra  él  sobre 
las  cosas  de  Cataluña,  y  que  él  no  avia  de  ser  con- 
tra el  hermano,  antes  ayudalle  en  deservicio  suyo, 
no  le  mostró  el  amor  que  solia ,  ni  le  quiso  otorgar 
lo  que  le  suplicaba  porque  vio  que  aquello  que  pe- 
dia no  lo  pedia  de  verdad,  ni  lo  descia  para  que  se 
hiciese,  salvo  para  enemistar  al  Condestable  con  él 
y  con  el  Conde  de  Ledesma.  Y  no  solamente  aques- 
to, pero  el  Rey  se  apartaba  de  él  é  se  retraía;  por 
manera  que  se  ovo  de  tornar  á  su  tierra.  En  este 
medio  tiempo  vino  un  torbellino  en  Sevilla  tan  es- 
pantable é  tan  temeroso,  que  jamas  fué  oido  ni  vis- 
to, segund  los  grandes  males  que  hizo.  Arrebató  un 
par  de  bueyes  unidos  con  su  arado  colgado  del  yu- 
go, é  llevólos  en  el  ayro  un  grand  trecho.  Arrebató 
una  campana  de  la  Iglesia  de  Sant  Agustín,  que  la 
echó  de  alli  un  grande  tiro  de  ballesta.  Derribó  cier- 
tos arcos  de  los  caños  de  Carmena ,  é  muy  grandes 
pedazos  de  los  muros  de  la  cibdad.  Arrancó  de  raiz 
muchos  naranjos,  y  echólos  tan  altos ,  que  pujaban 
sobre  las  paredes  de  quatro  é  de  cinco  tapias  á  la 
parte  de  fuera  de  las  huertas  ;  é  otras  muchas  co- 
sas temerosas  de  oir.  Afirmaron  algunas  personas 
de  buena  vida  é  niños  inocentes  que  vieron  venir 
en  el  aire  gentes  armadas,  peleando  unos  con  otros 
con  estruendo  muy  grande.  Entre  tanto  que  el  Rey 
estaba  en  Jahen,  el  Arzobispo  y  el  Marqués  esta- 
ban en  Madrid  con  la  Reyna,  puesto  que  entendían 
en  la  gobernación  del  Reyno  é  administración  de  la 
justicia.  E  aunque  algunas  querellas  les  venian  do 
los  agravios  que  se  hacian  en  algunas  cibdades  por 
los  corregidores  de  ellas ,  asi  de  robos ,  como  de 
muertes  injustas,  mas  les  placía  dello  que  no  de  re- 
modiallo,  segund  que  lo  solian  remediar  é  castigar 
antes,  siendo  remisos  en  aquella.  Con  mayor  dili- 
gencia procuraban  sus  confederaciones  é  alianzas 
con  los  Grandes  del  Reyno  ;  é  como  quiera  que  sus 
capitulaciones  que  asirhacian  no  declaraban  ser  con- 
tra el  Rey,  tampoco  declaraban  que  guardando  su 
servicio;  pero  el  fin  de  todo  ello  fué  para  destruir 
su  Estado,  según  que  las  obras  dieron  testimonio 
dende  á  poco  tiempo.  E  puesto  que  de  todo  aquesto 
fué  avisado  el  Rey  por  muchos  de  los  suyos,  asi 
grandes  como  pequeños,  que  amaban  su  servicio, 
fué  tan  remiso ,  que  no  lo  quiso  creer ,  ni  curó  de 
ello  ni  de  remediarse  ;  de  guisa  que  el  malino  de- 
seo de  sus  enemigos  ovo  lugar  de  se  cumplir.  Des- 
pués que  el  Rey  ovo  reposado  en  Jahen  por  algún 
tiempo,  acordó  su  partida  para  tornarse  á  Madrid. 

CAPÍTULO  LVII. 

Cómo  el  Rey  vino  á  Madrid,  y  lo  que  alli  sucedió;  é  como  se  vido 
con  el  Rey  de  Portugal  en  la  puente  del  Arzobispo,  y  de  lo  que 
alli  se  concertó. 

Venido  el  Rey  á  Madrid,  como  ya  estaba  mas  sos- 
pechoso que  contento  del  Arzobispo  y  del  Marqués, 


REYES  DE  CASTILLA. 

é  ellos  temerosos  de  él,  las  cosas  de  la  gobernación 
eran  mal  administradas,  c  peor  proveídas,  en  tal 
manera,  que  los  negocios  que  ocurrían  no  avian 
conclusión,  ni  los  librantes  despacho,  ni  la  justicia 
execucion ;  porque  quanto  el  Rey  con  el  desgrado 
que  con  ellos  tenia  ,  estaba  tibio  y  atónito ,  tanto 
ellos  con  sus  dañados  propósitos  y  pensamientos  di- 
lataban lo  que  muy  ligeramente  se  podia  despachar. 
Mas  como  su  determinado  propósito  ora  mas  para 
destruir  que  para  reparar,  antes  deservir  que  no 
ayudar,  andaban  por  su  camino  hasta  ponello  en  el 
cabo.  E  así  dieron  ocasión  que  las  querellas  de  loa 
menudos,  y  el  mal  contentamiento  de  los  mayores, 
ellos  ayudando,  cresciesen.  Pero  si  como  el  Rey  era 
enagenado  de  la  crueldad,  é  amigo  de  la  clemencia 
que  jamas  le  plugo  matar  ni  destruir  á  ninguno, 
fuera  vendicativo,  y  executor  de  los  que  tales  yer- 
ros ensayaban,  quedara  temido  é  servido  é  acatado. 
E  no  solamente  aquesto,  mas  quaudp  el  Arzobispo 
y  el  Marqués  iban  á  Palacio,  si  por  caso  no  les  abrian 
tan  presto,  los  suyos  se  atrevían  con  palabras  desho- 
nestas contra  los  porteros.  Estando  asi  las  cosas  mea 
en  vegilia  de  rompimiento  que  de  paz ,  para  que 
mas  se  doblase  el  temor  ó  la  sospecha  en  el  Arzo- 
bispo y  en  el  Marqués ,  escribió  el  Rey  de  Portugal 
al  Rey  é  á  la  Reyna  como  iban  á  tener  novenas  á 
Guadalupe,  rogándoles  quisiesen  ir  á  la  Puente  del 
Arzobispo,  para  que  se  viesen  alli.  El  Rey  ovo  plas- 
cer  de  ello,  é  sin  consultar  cosa  alguna  con  el  Arzo- 
bispo ni  con  el  Marqués ,  determinó  su  partida ,  é 
mandóles  que  se  quedasen ,  é  llevó  consigo  á  la  Rey- 
na, é  la  Princesa  con  los  Infantes  sus  hermanos. 
Llegado  el  Rey  á  la  Puente  del  Arzobispo,  vino  alli 
el  Rey  de  Portugal ;  donde  vistos,  hicieron  grandes 
alianzas  é  confederaciones  ;  y  entre  las  otras  cosas 
que  alli  se  concluyeron,  fué  que  el  Rey  de  Portugal 
casaría  con  la  Infanta  Doña  Isabel,  hermana  del 
Rey.  E  fechos  sus  conciertos,  firmados  é  señalados, 
el  Rey  de  Portugal  se  tornó  á  Guadalupe,  é  de  alli 
para  su  reyno. 

CAPÍTULO  LVIIL 

Como  partido  el  Rey,  el  Arzobispo  y  el  Marqués  de  Villena  sa- 
lieron de  Madrid,  y  se  fueron  á  Alcalá  de  llenares,  c  lo  que  allí 
subcedió. 

La  partida  del  Rey  muy  acelerada,  sin  averia 
consultado  con  el  Marqués  ni  con  el  Arzobispo ,  é 
sin  avellos  llevado  consigo,  fué  para  ellos  muy  es- 
candalosa, é  los  puso  en  tanta  sospecha,  que  temien- 
do ser  presos  é  destruidos  ,  determinaron  de  ir  á  la 
villa  do  Alcalá  de  Henares ,  y  no  tornar  á  Madrid 
ni  estar  en  la  Corte;  y  aquesto  no  sin  justa -cabsa, 
ca  razonable  cosa  era  aver  miedo  donde  la  concien- 
cia dañada  remordía,  é  reprehendía  la  deslealtad, 
é  acusaba  las  maldades  y  nialvadas  obras.  E  asi 
partidos,  é  pospuesta  toda  vergüenza,  poniendo  por 
obra  sus  malos  deseos,  comenzaron  de  hacer  nue- 
vos tratos  ,  provocando  á  los  Grandes  á  rebelión, 
é  desobidencia  al  Rey ,  en  tal  manera,  que  algunos 
de  los  mas  principales  descubiertamente  lo  aceta- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


ron.  De  los  quales  fueron  el  Almirante  Don  Fadri- 
que  Enriquez,  é  Don  Rodrigo  Pimentel ,  Conde  de 
Benavente,  hierno  del  Marqués  de  Villena,  el  Obis- 
po de  Coria,  é  todos  sus  hermanos  de  la  seqüela  del 
■  Arzobispo  de  Toledo.  E  no  solamente  aquesto,  mas 
entretanto  que  el  Rey  estaba  en  las  vistas  con  el 
Rey  de  Portugal ,  el  Marqués  de  Villena  como  as- 
tuto é  mas  industrioso  en  las  cabsas  de  cabtela,  se- 
cretamente, sin  que  fuese  sabido,  con  dos  de  muía 
que  le  acompañaron,  se  fué  á  meter  por  las  puertas 
de  Don  Alvaro  de  Zuñiga,  Conde  de  Plascncia,  é  de 
Don  Garci-Alvarez  de  Toledo,  Conde  de  Alva.  Con 
los  quales  se  confederó  con  grandes  seguridades, 
para  ser  juntos  contra  todas  las  personas  del  mun- 
'  do,  é  si  fuese  menester,  contra  el  Rey.  E  asi  confor- 
mados, fué  el  concierto  que  en  lo  público  fingiesen 
estar  enemigos,  para  engañar  al  Rey,  como  adelan- 
te se  dirá,  é  aver  á  los  Infantes  á  sus  manos ;  y 
esto  fecho,  se  tornó  para  Alcalá,  E  quanto  quier 
quel  Arzobispo  y  él  parescian  estarse  allí  de  reposo, 
no  á  lo  menos  tan  descuidados  que  sus  mensageros 
'  cesasen  de  andar  por  todo  el  Reyno,  moviendo  y  al- 
'terando  las  gentes  para  escandalizarlos.  Y  no  sola- 
mente ellos  alli  donde  estaban  sembraban  discor- 
dia, mas  el  Maestre  de  Calatrava  Don  Pedro  Girón 
por  toda  la  Andalucía  hacia  lo  semejante.  E  puesto 
que  cada  dia  iban  mensageros  al  Rey  á  le  notiíiüar 
las  novedades  é  formas  deshonestas  que  con  él  se 
hacian ,  fue  tan  remiso  en  se  proveer  y  remediar, 
que  lo  trageron  á  los  trabajos  en  que  se  vido. 

CAPÍTULO  LIX. 

Como  el  Rey  torní  á  Madrid,  é  de  loque  alli  subcedió. 

Venido  el  Rey  á  Madrid  ,  é  vista  la  novedad  del 
Arzobispo  y  del  Marqués,  que  asi  avian  fecho  en  se 
apartar  de  donde  él  los  avia  mandado  quedar ,  es- 
peró su  venida  por  espacio  de  quatro  dias,  é  luego 
enviólos  á  rogar  é  mandar  que  se  viniesen,  para  co- 
municar con  ellos  las  cosas  que  con  el  Rey  do  Por- 
tugal se  avian  negociado,  asi  mesmo  acerca  del  ca- 
samiento de  la  Infanta  su  hermana,  y  de  oíros  ne- 
gocios particulares  que  cumplian  á  su  servicio.  Ellos 
respondieron  que  si  su  Alteza  oviera  gana  de  les 
dar  -parte  de  las  cosas  concertadas  con  el  Rey  de 
Portugal ,  les  mandara  ir  con  él,  y  pues  les  mandó 
quedar,  páreselo  que  no  le  plugo  de  ello.  E  que  se- 
gund  avian  visto  é  conoscido  en  los  dias  pasados, 
la  experiencia  mostraba  que  tornar  á  su  Corte  é  an- 
dar en  su  servicio  les  era  cosa  de  grand  peligro  é 
de  poca  seguridad,  asi  por  lo  que  de  su  real  Señoría 
les  era  notificado,  é  lo  sabían  de  cierto,  como  por  la 
enemiga  que  contra  ellos  tenian  algunos  de  los  que 
andaban  cerca  del,  E  que  por  aquello  é  otras  cosas 
notorias,  que  á  ellos  eran  notificadas  ,  avian  deter- 
minado de  se  apartar  de  su  Corte,  por  escusar  los 
enconvinientes  que  se  lea  podían  seguir ;  mas  que  si 
su  Alteza  quisiese  salir  á  verse  con  alguno  do  ellos 
en  el  campo,  alli  serian  notificadas  todas  por  exten- 
'''  iBO  las  cabsas  de  su  apartamiento ;  y  puesto  que 
por  una  parte  se  ponian  en  pendencia  de  tratos,  por 


133 

la  otra  buscaban  el  reparo  é  seguridad  de  sus  vi- 
das y  estados,  basteciendo  sus  fortalezas  é  aperci- 
biendo sus  gentes.  Pero  aunque  el  Rey  era  sabidor 
de  aquesto,  disimulaba  no  sabollo.  Al  fin  por  con- 
firmar su  malicia,  é  no  Uegalla  hasta  el  cabo,  de- 
terminó de  salirse  á  ver  con  el  Marqués  entre  Ma- 
drid é  Alcalá.  E  como  ya  se  iba  rompiendo  el  velo 
de  la  vergüenza,  crescia  el  desamor,  é  reynaba  la 
deslealtad ;  por  manera,  que  de  aquellas  vistas  nin- 
guna conclusión  se  pudo  tomar,  antes  do  contino, 
fingiendo  mayores  sospechas,  ó  porque  sus  concien- 
cias los  remordían,  ó  sus  culpas  los  acusaban  ,  so 
movían  nuevos  tratos  sin  conclusión  de  ningunos. 
Al  fin,  después  de  tomados  muchos  acuerdos,  fué 
determinado  que  para  la  seguridad  de  su  venida 
del  Marqués  de  Villena  á  Madrid ,  que  el  Marqués 
de  Santíllana  é  D.  Pedro  de  Velasco,  Conde  de  Haro, 
se  oviesen  de  ir  á  la  fortaleza  de  Alcalá  la  Vieja,  y 
ponerse  en  rehenes  en  poder  del  Arzobispo  do  To- 
ledo, y  estar  alli  fasta  que  el  Marqués  de  Villena 
fuese  tornado  á  Alcalá.  Tomado  aqueste  medio,  el 
Marqués  de  Santíllana  é  D.  Pedro  de  Velasco  se 
fueron  á  la  fortaleza  de  Alcalá  ;  é  asi  puestos  en  po- 
der del  Arzobispo,  el  Marqués  de  Villena  se  fué  á 
Madrid;  donde  venido,  por  enemistar  al  Rey  con 
los  Grandes,  para  que  ninguno  se  fiase  de  él  ni  cu- 
rase de  servirlo,  díxole  que  Don  Alonso  de  Fonso- 
ca,  Arzobispo  de  Sevilla,  era  su  enemigo  capital ,  é 
que  si  no  le  mandaba  prender  para  destruillo,  que 
él  en  ninguna  manera  se  fiaría  de  andar  en  su  Cor- 
te. Y  aquesto  hacia  él  para  que  viesen  todos,  é  to- 
masen mal  enxemplo  del  Rey,  que  destruia  sus  lea- 
les, señaladamente  aquel,  que  por  muy  fiel  lo  avia 
echado  fuera  de  la  gobernación.  B  no  solamente 
movió  la  voluntad  del  Rey  á  ello,  mas  hizo  creer  al 
Obispo  de  Calahorra,  que,  prendido  el  Arzobispo,  le 
daria  el  Arzobispado  de  Sevilla;  por  manera,  que 
el  Obispo  con  la  cobdicia  fué  incitador  de  la  pri- 
sión suya  con  el  Rey,  porque  de  aquella  prisión  se 
alterarían  los  Grandes  para  no  se  confiar  del  Rey  ; 
é  seria  forzado  por  pura  necesidad  que  oviesen  do 
creer  sus  engaños,  y  querer  lo  que  él  quisiere,  y  no 
la  voluntad  del  Rey  que  le  avia  levantado  del  pol- 
vo. Y  quanto  quiera  que  el  Rey  sentía  sus  cabtelas, 
deseando  quitar  los  escándalos,  porque  las  cosas  no 
viniesen  á  rompimiento,  para  convencer  su  malicia, 
consintió  en  ello,  é  mandó  á  Juan  Fernandez  Galin- 
do,  Comendador  de  Rey  na,  é  del  su  Consejo,  porque 
siempre  fué  leal  servidor  é  consejero,  que  fingien- 
do irse  á  su  casa,  fuese  {*>  Cantillana,  é  prendiese  al 
Arzobispo  de  Sevilla,  que  por  fuerza,  que  de  grado. 
El  Marqués  por  otra  parto  secretamente  envió  á  avi- 
sar al  Arzobispo  de  Sevilla  que  se  pusiese  en  salvo, 
porque  el  Rey  le  enviaba  prender.  E  asi  el  Arzo- 
bispo quedó  enemistado  con  el  Rey,  é  amigo  suyo; 
por  manera,  que  quando  llegó  Juan  Fernandez  Ga- 
líndo,  ya  el  Arzobispo  estaba  en  Bojer.  Do  dondo 
resultó  que  los  que  estaban  ganosos  do  servir  al 
Rey,  quedaron  sospechosos  é  con  róscelo  de  lo  se- 
guir ;  por  donde  los  malos  deseos  del  Marques  de 
Villena  ovleron  cabida  en  los  pensamientos  de  mu- 


134 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYJíS  DE  CASTILLA. 


chos,  que  estaban  fuera  de  la  Corte,  é  no  se  osaban 
mostrar  por  el  Rey,  ca  no  sabían  de  que  forma  pa- 
saban las  cosas. 

CAPÍTULO  LX. 

Como  quisieron  prender  al  Rey  en  el  Alcázar,  é  prender  á  los 
Infantes,  y  quebrantadas  las  puertas,  entraron  por  fuerza  en  la 
Cámara  del  Rey. 

Pasados  algunos  días  después  que  el  Marqués 
vino  á  Madrid,  yendo  á  Palacio  unas  veces  solo,  é 
otras  acompañado ,  apartábase  á  solas  con  el  Rey, 
para  hablar  en  las  diferencias  que  traían.  Y  desque 
sintió  la  grand  afición  que  el  Rey  tenia  con  el  Con- 
ile  de  Ledesma  y  con  el  Obispo  de  Calahorra,  y 
como  en  aquel  propósito  perseveraba,  acordó  de 
llamar  algunos  caballeros  de  su  confederación.  Don- 
de vino  luego  Don  Alonso  Enriquez,  el  hijo  mayor 
del  Almirante,  é  Don  Rodrigo  Pimentel ,  Conde  de 
Benavente,  é  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Pa- 
redes ,  y  otros  algunos  caballeros  é  personas  de 
quenta.  E  asi  venidos,  é  ávido  su  consejo  secreto 
entre  ellos,  acordaron  que  todos  juntamente  se  fue- 
sen á  Palacio  con  sus  secretas  armas ,  para  tomar 
los  Infantes  de  su  mano,  é  prender  al  Rey  y  al  Con- 
de de  Ledesma.  E  como  quiera  que  los  tratos  pen- 
dían, siempre  el  Rey  estaba  sobre  aviso  de  poner  á 
sus  hermanos  á  buen  recabdo ,  por  manera,  que  la 
maldad  pensada  no  ovíese  efecto,  é  lo  mas  del  tiem- 
po del  día  los  mandaba  estar  en  la  torre  del  ome- 
nage  con  guardas.  E  como  aquel  día  venían  con  da- 
ñado propósito,  llamaron  á  las  puertas  con  gran  ri- 
gor, ó  sin  acatamiento  ninguno  :  de  tal  son  que  las 
quebraron ,  entrando  todos  por  fuerza  á  pesar  de 
los  porteros.  Entonces  el  Rey,  oydo  el  estruendo  de 
la  entrada  con  tanto  alboroto,  sospechando  la  des- 
lealtad de  los  que  ansí  entraban ,  tomó  consigo  al 
Conde  de  Ledesma,  é  retrúxose  en  un  retrete  peque- 
ño, donde  pudo  estar  en  alguna  manera  seguro ;  de 
guisa,  que  quando  pensaron  hallar  al  Rey  en  la 
sala  y  al  Conde  de  Ledesma  con  él,  no  los  pudieron 
aver,  ni  tampoco  á  los  Infantes.  Pero  el  Marqués  de 
Villena,  como  era  astuto,  visto  que  su  mal  propósi- 
to no  se  podia  executar,  disimuladamente  hablan- 
do, fingiendo  rigor,  comenzó  á  retraer  la  gente,  dis- 
ciendo  algunas  palabras  mas  lisongeras  que  de  re- 
prehensión. E  así  apartados  fuera  de  la  puerta  de  la 
Cámara,  fuese  á  donde  el  Rey  estaba,  é  fingiendo 
ser  pesante  de  lo  que  avían  fecho ,  díxole  que  su 
Alteza  debía  de  mandar  castigar  aquel  insulto. 
Mas  si  el  Rey  quisiera  tener  esfuerzo  de  varón  é 
osadía  de  caballero ,  é  para  tan  feo  atrevimiento  le 
plugíera  mas  el  castigo  que  la  toleracion  de  ello, 
muy  ligeramente  les  podía  dar  el  pago  de  su  des- 
vergonzada osadía.  E  porque  fue  muy  remiso  quan- 
do debiera  ser  executivo,  é  mostró  flaqueza  quando 
debiera  de  tener  esfuerzo,  sus  desleales  cobraron 
osadía,  y  él  quedó  mas  amedrantado  que  con  de- 
nuedo. Luego  que  el  Rey  vio  al  Marqués  de  Ville- 
na, dixo  :  «¿  Parecevos  bien.  Marqués,  esto  que  se 
ha  fecho  á  mis  puertas  ?  sed  seguro ,  que  ya  no  ee 


tiempo  de  mas  paciencia.»  El  Marqués ,  de  que  vido 
la  indignación  del  Rey ,  salióse  de  Palacio  con  to- 
dos los  que  avian  venido  con  él ;  é  para  aplacar  la 
indignación  del  Rey,  envióle  aquella  tarde  al  Conde 
de  Benavente  su  hierno  con  trato  de  mas  livianas 
cosas  que  de  sustancia.  Y  esto  no  sin  cabsa  :  ca  co- 
mo de  la  condición  del  Rey  sabia  que  era  íncliaarsc 
á  los  tratos,  é  con  aquellos  le  avia  de  traer  á  quan- 
to  él  quisiese,  todavía  buscaba  con  él  nuevas  pen- 
dencias sin  conclusión  ninguna. 

CAPÍTULO  LXI. 

Como  el  Rey  acordó  de  dar  el  Maestradgo  de  Sanctiago  al  Conde 
de  Ledesma. 

Viendo  el  Rey  el  feo  atrevimiento  que  se  avia  fe- 
cho á  sus  puertas,  é  que  aquello  se  hacia  maliciosa- 
mente por  apartar  al  Conde  de  Ledesma  de  la  Cor- 
te é  quitalle  de  su  favor,  crescióle  mayor  afición  de 
ponello  en  mas  alto  estado.  E  asi  para  mayor  des- 
grado del  Marqués  de  Villena,  determinó  de  le  dar 
el  Maestradgo  de  Santiago,  que  él  tenía  en  admi- 
nistración desde  la  muerte  de  D.  Alvaro  de  Luna, 
Condestable  que  fué  de  Castilla,  así  para  hacerle 
mayor  pesar ,  como  para  que  con  la  grandeza  del 
estado  pudiese  competir  con  él.  Ávido  su  acuerdo 
entresí  mesmo,  mandó  llamar  al  Obispo  de  Calahor- 
ra y  al  Conde  de  Ledesma  é  á  Alvar  Gómez  su  se- 
cretario, y  apartado  con  ellos  en  grand  secreto,  les 
dixo :  «  Conocida  tengo  la  maldad  y  dañado  propó- 
»sito  del  Marqués  é  de  estos  caballeros  que  á  cabsa 
nsuya  andan,  no  solamente  por  me  deservir  y  enojar 
wsegundse  ha  mostrado  por  el  perverso  atrevímien- 
»to  que  á  mis  puertas  hicieron ,  mas  porque  yo  aya 
»de  apartar  de  cabe  mí  al  Conde  de  Ledesma  que 
«aquí  está.  Pero  porque  sus  malinos  deseos  no  ayan 
nlugar,  ni  se  cumpla  lo  que  ellos  quieren,  tengo 
«determinado,  y  es  mí  deliberada  voluntad  de  ha- 
«celle  Maestre  de  Sanctiago,  para  que  como  Grande 
))é  con  la  grandeza  de  su  estado  me  pueda  mejor 
«servir,  é  competir  con  el  Marqués  de  Villena,  que 
«tanta  enemistad  ha  concebido  contra  él  sin  cabsa 
«ninguna,  é  á  mí  ha  deservido  con  tantos  enojos  ó 
«pérdidas  que  por  él  me  son  venidas.  Por  tanto  yo 
« desde  agora  como  administrador  del  dicho  Maes- 
«tradgo  lo  renuncio  en  las  manos  de  nuestro  muy 
«Sancto  Padre,  que  agora  es  para  que  su  Sanctidad 
»lo  provea  del.  E  asi  mando  que  todas  las  provisio- 
«nes,  é  todo  lo  que  fuese  necesario  lo  despachad 
«luego  Alvar  Gómez,  sin  que  sea  sabido.»  E  con 
este  mensage  fué  un  capellán  de  su  Capilla,  que  se 
llamaba  Suero  de  Solis,  al  qual  dieron  luego  cator- 
ce mil  florines  para  la  data  y  expedición  de  las  bu- 
llas ,  con  que  se  partió  disimuladamente  é  á  grand 
priesa.  Entre  tanto  que  este  mensagero  iba  su  ca- 
mino de  Roma,  como  Alvar  Gómez  era  muy  aficio- 
nado y  parcial  al  Marqués  de  Villena  desde  la  mal- 
dad de  la  embaxada  de  Francia,  en  que  tanta  pér- 
dida cabsaron  contra  el  Rey,  todo  el  negocio  de  la 
renunciación  del  Maestradgo  le  descubrió,  por  don- 
de la  enemiga  creció  mayor  en  el  Marqués  contra  el 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


135 


lley  é  contra  el  Conde  de  Lodesma  ;  por  manera  que 
las  cosas  desde  alli  adelante  iban  mas  dañadas  é 
de  peor  suerte ;  y  el  Marqués  tuvo  tiempo  de  ma- 
yores confederaciones  con  los  Grandes  del  Reyno, 
para  que  cuando  las  bullas  del  Maestradgo  de  Sanc- 
tiago  fuesen  venidas,  que  todos  se  alterasen  é  rebe- 
lasen contra  el  Rey ;  de  tal  forma,  que  por  todas  las 
vias  é  formas  que  pudo  buscar,  buscaba  la  perdi- 
ción del  Rey  é  destrucion  de  su  magnifico  estado,  é 
tan  pacifico.  E  porque  aquello  se  pudiese  mejor 
executar,  dixo  al  Rey  que  aquellos  negocios  mejor 
88  acabarían  en  Segovia,  que  en  Madrid.  Aquesto 
no  lo  procuró  sin  cabsa;  porque  estando  alli  ternia 
mas  cercanos  los  caballeros  de  su  partido,  para 
quando  fuese  menester  venir  á  las  armas  ;  los  qua- 
les  eran  el  Almirante  con  los  Manriques,  é  los  Con- 
des de  Plasencia,  é  Alva,  é  Benavente  con  otros  de 
menor  estado.  El  Maestre  de  Calatrava  se  pasó  lue- 
go á  su  villa  de  Peñafiel ;  é  fue  acordada  la  partida 
de  los  rehenes  que  estaban  en  Alcalá  la  Vieja ,  que 
eran  el  Marqués  de  Santillana,  é  Don  Pedro  de  Ve- 
lasco,  como  arriba  se  dixo,  é  asi  mesmo  el  Conde  de 
Saldaña  Don  Pedro  y  Don  Juan  de  Mendoza  que 
estaba  en  üzeda  en  lugar  del  padre  ;  pero  por  algu- 
na seguridad  quiso  el  Marqués  de  Villena,  que  el 
Obispo  de  Falencia,  hermano  del  Conde  de  Ledes- 
ma  se  pusiese  por  rehenes  en  Peñafiel,  en  poder  del 
Maestre  su  hermano  ;  é  puesto,  el  Rey  se  pasó  luego 
á  Segovia  con  la  Reyna  é  la  Princesa  su  hija,  é  con 
los  Infantes  sus  hermanos,  y  el  Marqués  de  Villena 
en  pos  del. 

CAPÍTULO  LXII. 

Como  llegado  el  Rey  á  Segovia,  sucedieron  grandes  novedades. 

Después  que  el  Rey  fué  llegado  á  Segovia,  donde 
mas  pensaba  reposar,  el  Marqués  de  Villena  publi- 
caba que  los  Condes  de  Plasencia  y  de  Alva  eran 
sus  enemigos,  y  que  siendo  aquellos  contra  él,  no 
podia  estar  seguro  en  la  Corte ;  que  por  eso  conve- 
nia que  el  Rey  les  enviase  á  mandar  que  se  aliasen 
con  él.  B  esto  hacia  él  porque  cuando  los  Condes  le 
ayudasen,  que  fuese  por  su  mandado.  El  Rey  cre- 
yendo ser  asi,  envió  'sus  mensageros  á  los  Condes. 
Durante  aquesta  falsa  pendencia,  el  mensagero  que 
avia  enviado  á  Roma  fué  tan  solícito ,  que  despa- 
chó la  provisión  del  Maestradgo  de  Sanctiago  para 
el  Conde  de  Ledesma,  é  traxo  las  bullas,  de  que  el 
Rey  fue  muy  contento.  E  asi  envió  á  llamar  al 
Marqués  de  Villena,  é  venido,  notificóle,  como  el 
Papa  avia  proveydo  del  Maestradgo  de  Santiago  al 
Conde  de  Ledesma,  rogándole  quisiese  dar  su  con- 
sentimiento en  ello.  El  Marqués  respondió  que  si  á 
suplicación  de  su  Alteza  se  le  avia  dado  el  Papa,  á 
él  no  convenia  sino  obedescer,  pero  que  fuera  me- 
jor avello  consultado  con  los  Grandes  de  su  Reyno, 
é  no  esperar  los  grandes  escándalos  que  por  ventu- 
ra se  podrían  seguir ,  por  no  avello  sabido  antes  ; 
mayormente  pues  que  tenia  á  su  hermano  el  Infan- 
te, á  quien  de  derecho  le  pertenescia,  y  lo  debia  de 
aver.  El  Rey  no  curando  de  aquello,  porque  sintió 


ser  dicho  con  malicia,  otro  dia  siguiente  acordó  de 
gelo  confirmar,  é  darle  las  insignias  que  como  á 
Maestre  le  pertenescian.  Entonces  el   Marqués  de 
Villena  vista  la  novedad ,  y  como  el  Conde  do  Le- 
desma, seyendo  Maestre,  era  mayor  señor  que  no  él, 
procuró  y  trabajó  quanto  pudo  la  deshonra  é  per-, 
dicion  del  Rey,  en  tal  manera ,  que  luego  procuró 
que  los  Grandes  de  su  confederación  allegasen  sus 
gentes  é  se  pusiesen  en  armas  y  estuviesen  aperce- 
bidos.  E  asi  pensó  como  pudiese  prender  al  Rey  con 
la  Reyna  y  la  Princesa,  é  tomar  á  los  Infantes,  é 
tenerlos  asi  de  su  mano,  é  matar  al  nuevo  Maestre ; 
para  lo  qual  se  puso  en  tratos  secretos  con  un  capi- 
tán del  Rey  que  se  llamaba  Hernando  Carrillo,  hijo 
de  Gonzalo  Carrillo  de  Córdoba.  Este  Hernando 
Carrillo  era  casado  con  una  dama  de  la  Reyna,  quo 
se  llamaba  Doña   Mencia  de  Padilla.  Esta  Doña 
Mencia  era  á  la  sazón  dama  de  la  infanta  Doña  Isa- 
bel, que  después  fue  Reyna  de  Castilla.  E  porque 
entrambos  dormían  dentro  del  Palacio  de  la  Reyna, 
que  estaba  junto  cabe  con  el  Palacio  del  Rey,  pro- 
metiéndole grandes  mercedes,  concertó  con  ellos 
que  una  noche  señalada  les  diesen  entrada  por  la 
puerta  de  la  Reyna  secretamente,  élos  apoderasen 
dentro  la  casa,  para  que  él  tomase  á  los  Infantes;  el 
Conde  de  Paredes  prendiese  al  Rey,  el  Maestre  do 
Calatrava  al  nuevo  Maestre  de  Sanctiago ,  é  lo  de- 
gollase ,  é  los  Condes  de  Alva  y  de  Plasencia  á  la 
Reyna  é  á  la  Princesa.   E  asi  concertados  é  todos 
apercebidos,  para  lo  poner  en  obra,  plugo  á  la  bon- 
dad de  Dios,  que  nunca  se  paga  de  la  traycion  ni 
de  la  ingratitud,  que  aquella  mesma  noche  que 
aquello  se  avia  de  executar,  tres  horas  antes  fuese 
descubierto  al  Rey,  estando  el  Marqués  con  él  en  eu 
Palacio,  de  que  el  Rey  fue  turbado.  E  apartado  con 
algunos  principales  de  su  Consejo,  para  se  lo  mani- 
festar, todos  eran  de  acuerdo  que  lo  prendiesen,  pues 
lo  tenía  dentro  de  su  Palacio  é  tan  feas  cosas  per- 
petraba contra  él ;  pero  el  Rey  no  lo  quiso  hacer, 
diciendo,  que   seria  infamia  de  su  Real  pebona ; 
porque  él  era  venido  alli  sobre  el  seguro  suyo,  é  que 
á  todos  no  seria  notorio  el  caso  de  su  traycion,  como 
seria  manifiesta  la  prisión,  é  que  de  alli  se  podría 
seguir  mayor  escándalo  é  menos  confianza  de  su 
palabra  Real,  segund  el  estado  en  que  las  cosas  es- 
taban ;  pero  mandó  que  Gonzalo  de  Sayavodra  é 
Alvar  Gómez  se  lo  entrasen  á  notificar,  para  saber 
lo  que  respondía.  E  respondió  que  él  no  sabía  tal 
cosa,  é  pluguiese  á  Dios  que  no  oviese  de  caer  en 
tal  fealdad  ;  que  él  iría  á  saber  la  verdad,  ó  que  si 
algunos  de  los  suyos  eran  en  culpa  los  entregarla  á 
la  justicia  para  que  fuesen  castigados.   E  asi  con 
gesto  demudado  salió  de  Palacio,  é  sin  ir  á  su  casa, 
se  fue  al  Parral  fuera  de  la  cibdad ,  donde  puso  su 
persona  á  grand  recabdo  con  gran  guarda  de  gente. 
E  después  nunca- entró  eu  la  cibdad,  antes  hacia  que 
el  Rey  saliese  á  hablar  con  él ,  pero  no   el  nuevo 
Maestre. 


136 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  LXIII. 


Como  se  trataron  vistas  entre  el  Rey  y  los  Condes  de  Plasencia  y 
de  Alva,  y  quisieron  prender  al  Rey. 

»  Desque  vio  el  Marqués  de  Villena  que  so  avia  des- 
cubierto el  trato  de  su  traycion  ,  é  que  por  allí  no 
se  podia  executar  su  dañado  propósito,  pensó  con 
sus  cabtelosaB  formas  otro  nuevo  trato  de  mayor 
escándalo,  y  fué  hacer  que  los  Condes  de  Plasencia 
é  de  Alva  pidiesen  vistas  con  el  Rey  ,  diciendo  que 
de  su  boca  querían  saber  lo  que  le  píasela  que  se  hi- 
ciese en  la  paz  con  el  Marqués  de  Villena ,  y  en  que 
forma  los  mandaba  concertar  con  él  porque  después 
su  Alteza  no  los  culpase  de  lo  que  sobreviniese.  E 
como  el  Rey  tenia  grand  gana  de  la  paz ,  respondió 
que  le  píasela,  c  que  las  vistas  fuesen  entre  Sant 
Pedro  de  las  Dueñas  é  Villa-Castin ,  donde  ellos  es- 
taban. E  asi  concertadas ,  el  Rey  se  fue  alli  á  Sant 
Pedro ,  que  es  un  Monesterio  de  1  a  orden  de  Santo 
Domingo  ,  á  quatro  leguas  de  Segovia ,  con  la  gen- 
te de  sus  guardas  ;  ó  fué  con  él  el  nuevo  Maestre  do 
Sanctiago  con  quinientos  rocines,  y  el  Obispo  de  Ca- 
lahorra con  sus  contínos,  é  los  otros  caballeros  é  le- 
trados del  Consejo.  Los  Condes  estaban  en  Villa- 
Castin  con  quatrocientos  rocines ;  y  el  Marqués  de 
Villena ,  fingiendo  su  enemistad  con  los  Condes  ,  se 
vino  á  Lastrillas  con  trescientos  rocines  ;  y  el  Maes- 
tre de  Calatrava  á  Tuerégano  con  quatrocientos  ro- 
ñes ,  é  con  él  el  Conde  de  Paredes  y  el  Obispo  de 
Coria  con  ciento  é  cinquenta  rocines.  Pero  porque 
el  Maestre  de  Calatrava  é  los  Manriques  estaban 
ocho  leguas  del  lugar  donde  las  vistas  estaban  con- 
certadas ,  é  para  el  dia  señalado,  que  se  avian  de 
hacer,  no  pudo  llegar ,  y  el  Marqués  dilató  las  vis- 
tas para  otro  dia  siguiente  ,  que  el  Maestre  su  her- 
mano podria  llegar ,  y  se  hiciese  lo  que  entre  ellos 
estaba  concertado  contra  el  Rey.  El  Rey  aquella 
noche  en  el  Monesterio  reposó  sin  sospecha  de  lo 
que  contra  él  se  ordenaba  ,  é  á  la  media  noche  lle- 
garon dos  measageros  á  grand  priesa,  uno  en  pos 
de  otro ,  haciéndole  saber  que  el  Almirante  Don 
Fadrique  se  avia  puesto  en  armas  en  Valladolid, 
para  levantarse  con  ella  ,  é  que  avia  alzado  pendo- 
nes por  el  Infante  su  hermano,  diciendo :  Castilla 
por  el  Rey  Don  Alonso;  é  que  los  de  la  villa  avian 
ido  contra  él ,  é  lo  avian  echado  fuera,  no  solamen- 
te á  él ,  mas  á  todos  los  de  su  valia  ;  por  manera 
que  la  villa  estaba  á  su  servicio  ,  y  que  le  suplica- 
ban, que  pusiese  luego  remedio  ,  é  les  enviase  so- 
corro de  gente,  y  capitán  que  loa  gobernase.  E  sa- 
bido aquesto,  el  Rey  envió  luego  al  Comendador 
Gonzalo  de  Sayavedra  del  su  Consejo,  con  trescien- 
tos rocines  de  las  guardas ,  que  se  partió  luego  á 
mas  andar;  y  entrando  en  la  villa,  puso  luego  guar- 
da. Venido  el  dia  siguiente  de  las  vistas ,  los  Con- 
des enviaron  á  descir  al  Rey  que  su  Alteza  comiese 
luego  de  mañana,  porque  las  vistas  serian  después 
mejor  é  tcrnian  mas  largo  espacio  para  platicar  é 
comunicar  los  negocios,  pero  aquesto  rodeaba  al 
Marqués  cabtelosamente  por  dilatar  el  tiempo,  para 


que  el  Maestre  su  hermano  pudiese  llegar  á  las  vis- 
tas é  juntarse  con  ellos.  Después  que  el  Rey  ovo  co- 
mido, salió  al  campo  con  la  gente  de  sus  guardas, 
aunque  era  poca  la  que  allí  estaba,  é  asi  naesmo  la 
del  nuevo  Maestre,  esperando  la  venida  de  los  Con- 
des. Estando  asi ,  llegaron  quatro  de  á  caballo  cor- 
riendo á  muy  grande  priesa  por  diversos  caminos, 
haciéndole  saber  como  el  Maestre  de  Calatrava  é  los 
Manriques  venían  con  seiscientos  rocines  con  deli- 
berada voluntad  de  lo  prender;  de  lo  qual  avian  sido 
avisados  de  los  que  venían  con  el  Maestre  para  que 
lo  notificasen  á  su  Alteza ;  é  en  el  concierto  de  la 
traycion  eran  los  Condes ,  é  principalmente  el  Mar- 
qués de  Villena,  á  cuya  requesta  estaban  todos  con- 
formes, é  que  se  venían  á  juntar  para  ello.  Quanto 
quiera  que  el  Rey  se  turbó  de  aquella  nueva ,  con 
disimulado  semblante  llamó  al  Obispo  de  Calahor- 
ra é  á  mí,  como  su  Coronista  é  del  su  Consejo,  é  nos 
mandó  que  de  parte  suya  fuésemos  á  los  Condes ,  ó 
les  dixésemos  aquella  novedad  ,  que  se  descia ,  ó  le 
avian  venido  á  descir  por  tantas  partes  ;  que  se  ma- 
ravillaba de  ellos  de  caer  en  tan  gran  fealdad,  é  que 
quería  saber  si  era  verdad ,  para  ver  si  los  avia  do 
tener  por  suyos  ó  no.  E  asi  el  Obispo  é  yo  con  él 
tomamos  nuestro  camino  para  Villa-Castín,  por 
donde  los  Condes  venían;  pero  apoco  mas  demedia 
legua  que  ando  vimos,  encontramos  con  otros,  que 
ibaná  desengañar  al  Rey;  porque  avian  cabida  en  el 
secreto,  é  como  lo  avian  de  prender  en  aquellas  vis- 
tas, é  le  cumplía  no  esperar  allí  ni  verse  con  ellos. 
Entonces  el  Obispo  de  Calahorra  acordó  que  yo  tor- 
nase al  Rey  á  mas  andar,  para  notificalle  lo  que  alH 
nos  avian  certificado.  E  desque  llegué  al  Rey,  é  le 
notifiqué  todo  lo  que  al  Obispo  é  á  mí  avian  dicho  é 
descubierto,  tomó  consigo  veinte  de  á  caballo,  é  su- 
bióse por  lo  alto  de  la  sierra,  camino  de  Segovia ;  ó 
mandó  hacer  apellido  por  todos  los  lugares  de  la 
sierra,  para  que  la  gente  saliese  á  le  acompañar,  é 
llevasen  sin  rescelo.  Fecho  el  mandado,  salieron 
mas  de  cinco  mil  peones,  que  lo  acompañaron  hasta 
las  puertas  de  Segovia.  B  como  el  nuevo  Maestre  de 
Sanctiago  se  quedase  en  el  campo  con  su  gente  é  la 
de  las  guardas  ordenando  sus  esquadrones ,  para  dar 
la  batalla  al  Maestre  de  Calatrava,  subiéndose  el 
Rey  á  la  sierra ,  envióle  á  mandar  conmigo  que  mo- 
viese su  gente,  é  se  fuese  camino  de  la  cíbdad  lo 
mas  ordenadamente  que  pudiese,  é  que  por  cosa  del 
mundo  non  pelease  ni  consintiese  revolver  escara- 
muza ninguna.  El  nuevo  Maestre,  oydo  lo  que  yo 
le  dixe  de  parte  del  Rey,  movió  sus  batallas  con 
buen  tiento  camino  de  Segovia ;  pero  como  el  Maes- 
tre de  Calatrava  ,  llevaba  seis  cientos  rocines,  si  es- 
tuvieran los  Condes  y  el  Marqués  juntos  con  él,  sin 
dubda  todavía  se  diera  la  batalla  al  Maestre  de 
Sanctiago.  E  como  por  todo  aquel  dia  no  se  pudie- 
ron juntar  hasta  la  noche,  no  ovo  lugar  de  pelear; 
por  manera  quel  Maestre  Don  Beltran  de  la  Cueva 
pasó  sin  contradicion  alguna  fasta  que  llegó  á  Sego- 
via, donde  halló  al  Rey,  é  le  plugo,  porque  no  avia 
peleado.  Entre  tanto  que  el  Rey  y  el  Maestre  Don 
Beltran  de  la  Cueva  se  fueron  á  la  cib'lad,  el  O  bis- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


137 


po  de  Calahorra  llegó  donde  los  Condes  venían  por 
su  camino  adelante ;  é  como  los  vio  venir  armados 
en  son  de  pelear  con  propósito  de  prender  al  Rey,  él 
les  dixo  :  «Por  cierto,  Señores  Condes,  feo  apellido 
»  paresce  aqueste  que  traéis  el  dia  de  oy  ,  que  fián- 
»dose  el  Rey  de  vosotros,  é  saliendo  él  seguramen- 
» te  á  verse  con  vosotros  como  con  sus  subditos  é 
«naturales  vasallos,  deseando  pacificar  vuestras 
«discordias,  vengáis  con  tanto  disoluto  é  peligroso 
»  pensamiento ,  que  queráis  prender  á  vuestro  Rey. 
«Parecería  mejor  por  cierto  presumir  de  servillo 
»  con  lealtad,  que  procurar  de  perseguillo  sin  cabsa, 
»  mayormente  acordandovos  de  los  bienes  é  merce- 
«des  señaladas  que  hizo  á  vuestros  padres,  quando 
» al  uno  hizo  tornar  la  tenencia  de  Burgos  é  dar 
»la  cíbdad  de  Plasencía  con  título  de  Conde,  é  al 
»  otro  soltó  de  la  prisión  é  mandó  dalle  lo  suyo.  De 
» tanto  yo  vos  aseguro,  pues  que  con  tanta  ingrati- 
»tud,  é  sin  cabsa  ninguna  vos  movéis  á  perseguillo, 
«que  antes  hallará  su  Alteza  caballeros  que  lo  sir- 
»van  é  sigan  con  su  lealtad ,  que  vosotros  un  tal 
»  Rey,  que  tales  mercedes  vos  haga.»  Equauto  quie- 
ra que  los  Condes  quisieran  trabar  largo  razona- 
miento con  el  para  colorar  su  yerro,  el  Obispo  se 
despidió  dellos  ,  é  se  tornó  á  Segovia  con  diez  de  á 
caballo  que  le  acompañaban. 

CAPÍTULO  LXIV. 

Como  los  caballeros  se  fueron  á  la  cibdad  de  Burgos ,  y  lo  que 
alli  tentaron  é  hicieron  contra  el  Rey. 

Luego  aquella  noche  se  juntaron  el  Marqués  de 
Villena  y  el  Maestre  de  Calatrava  con  los  Condes,  y 
halláronse  confusos  y  descontentos,  visto  que  el 
Rey  y  el  Maestre  Don  Beltran  de  la  Cueva  se  avian 
ido  en  salvo.  Verdad  es  que  si  el  Rey  quisiera  como 
varón  tener  osadia  del  Rey  y  esfuerzo  de  caballero, 
para  que  aquella  mesma  noche  fuera  sobre  ellos, 
muy  ligeramente  los  pudiera  prender  y  destruir  para 
siempre  ,  porque  ellos  estaban  derramados  ó  mal 
proveídos  ó  sin  orden  ;  mas  como  era  remiso  ,  é  la 
rotura  may  agena  de  su  condición,  antes  quería 
pendencia  de  tratos,  que  destruir  sus  enemigos.  Es- 
tonces sus  enemigos  acordaron  que  para  la  exccu- 
cion  de  su  propósito,  sería  bien  ir  á  la  cíbdad  de 
Burgos;  porque  allí  temían  mayor  seguridad  que  en 
otro  ningún  lugar  del  Reyno,  visto  que  la  fortaleza 
estaba  porel  Conde  de  Plasencía.  E  asi  determinado 
otro  dia  siguiente  partiéronse ,  é  se  fueron  derechos 
hasta  entrar  en  la  cibdad  ;  donde  llegados ,  la  ma- 
yor parte  del  pueblo  se  alborotó ,  veyendo  la  nove- 
dad con  que  venían.  Pero  el  Marqués  de  Villena, 
como  era  astuto,  comenzó  de  convocar  la  gente  an- 
dando por  las  Iglesias  ,  hablando  con  los  vecinos, 
ó  perroquianos  dellas,  é  así  mesmo  por  las  plazas, 
donde  mayores  ayuntamientos  se  hacían.  A  los  qua- 
les  con  dulces  razones  halagüeñas  comenzó  á  apla- 
car é  atraer,  dísciendo  que  ellos  no  venían  á  damni- 
ficar la  cíbdad ,  ni  alterar  el  Reyno ,  salvo  para  re- 
mediar loa  grandes  insultos  é  graves  delitos  é  agra- 
vios enormes  que  contra  toda  razón  so  hacían  por 


la  culpa  del  Rey  é  de  su  mala  vida.  El  qual  se  po- 
dría mas  propiamente  llamar  enemigo  del  Reyno 
que  señor  ,  mas  disipador  que  Rey,  mas  tirano  que 
gobernador,  mas  cruel  que  justiciero.  E  que  sobre 
aquesto  ellos  seyendo  de  los  mas  principales  del 
Reyno ,  é  sintiéndose  de  tantos  males  que  así  se  ha- 
cían ,  en  nombre  de  todos  los  grandes  señores  é  ca- 
balleros del  Reyno,  se  avian  venido  ámeter  en  aque- 
lla cibdad ,  como  principal  é  cabeza  del  Reyno,  para 
que  juntamente  con  ellos  se  diese  forma  que  los  ma- 
les é  daños  fuesen  remediados  ;  é  que  esto  querían 
que  se  hiciese  con  su  acuerdo  é  consejo  é  consenti- 
miento. E  asi  colorando  sus  razones,  y  desdorando 
la  honra  ó  fama  del  Rey ,  aplacó  algún  tanto  su  al- 
teración ;  mas  no  enteramente,  que  á  los  discretos  é 
personas  de  abtoridad  no  pareciese  cosa  muy  des- 
vergonzada é  de  mal  enxemplo  lo  que  así  el  Mar- 
qués de  Villena  proponía  de  hacer ;  é  asaz  mormu- 
rando de  su  feo  atrevimiento,  é  de  su  disoluta  osa- 
dia, daban  sobre  él  diversas  sentencias.  Unos  le 
juzgaban  por  alevoso  servidor,  dísciendo  que  pues 
era  levantado  del  estiércol,  ó  fecho  tan  grand  señor, 
c  puesto  en  tan  alta  cumbre,  páresela  cosa  muy  de- 
testable ,  fiera  é  de  muy  grand  abominación  poner 
la  lengua  tan  rotamente  en  el  Rey  ,  que  lo  avia  fe- 
cho ,  é  disfamar  á  quien  tan  sobrado  señorío  le  avia 
dado.  Pero  ni  por  esto  dexaban  de  sentir  ni  conos- 
cer  que  aquello  que  asi  se  intentaba,  era  muy  aire- 
ño de  la  verdad  ;  é  que  no  lo  hacia  por  celo  que  tu- 
viese al  bien  común,  ni  afición  á  la  justicia  ,  salvo 
por  su  propio  interese ,  é  á  fin  de  aver  el  Maestrad- 
go  de  Sanctiago,  é  quítallo  á  quien  lo  tenía.  Aca- 
bados sus  largos  razonamientos  por  diversas  partes 
de  la  cibdad ,  y  en  el  ayuntamiento  donde  la  ma- 
yor parte  del  pueblo  concurría ,  dixo  que  para  la 
prosecución  de  esta  sancta  empresa  convenía  que 
algunos  principales  hombres  de  los  cibdadanos  se 
juntasen  con  él  é  con  los  otros  señores  que  alli  es- 
taban y  esperaban  venir  ;  donde  todos  juntamente 
diesen  orden  en  el  bien  del  Reyno,  é  los  daños  del 
fuesen  ;luego  remediados.  E  así,  elegidas  algunas 
señaladas  personas,  vinieron  á  su  congregación ,  é 
venidos,  acordó  el  Marqués  de  Villena,  como  guia 
é  cabdillo  de  aquella  congregación,  que  se  escribiese 
una  carta  al  Rey ,  la  qual  sin  dubda  iba  tan  desme- 
surada con  espuelas  de  rigor,  tan  fuera  de  todo  aca- 
tamiento, sin  freno  de  templanza,  que  ni  á  los  sub- 
ditos era  conveniente  envialla,  ni  á  la  decencia  del 
Rey  rescebilla.  Mas  como  ya  él  avia  perdido  al  mun- 
do la  vergüenza,  é  á  Dios  el  temor,  é  de.su  anima 
la  consciencia,  pospuesta  la  honestidad,  que  siquie- 
ra como  grande  Señor  fuera  razón  de  tener,  sin  em- 
pacho ninguno,  é  sin  memoria  de  las  señaladas  mer- 
cedes é  bienes  rescebídos,  quiso  que  allí  pública- 
mente en  presencia  de  todos  se  leyese.  E  puesto 
que  toda  ella  era  disoluta,  é  llena  de  feas  palabras, 
quatro  muy  señaladas  cosas  en  ella  se  contenían  : 
La  primera,  que  su  Alteza  en  ofensa  de  la  Religión 
christiana  traía  consigo  ordinariamente  capitanía 
de  moros  infieles,  enemigos  de  la  sancta  fee  catho- 
líca,  que  forzaban  las  christianas,  é  hacían  otros 


138 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


muclios  graves  insultos ,  sin  ser  pugnidos  ni  casti- 
gados. La  segunda,  que  los  corregimientos,  é  ofi- 
cios de  la  Justicia  eran  dados  á  personas  inhábiles, 
agenas  do  todo  merecimiento  é  de  malas  concien- 
cias ;  en  tal  manera ,  que  con  poco  temor  de  Dios 
vendían  la  justicia,  haciéndolo  sin  miedo  ninguno. 
La  tercera,  que  avia  dado  el  Maestradgo  de  Sanctia- 
go  á  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Conde  de  Ledesma, 
en  grand  perjuicio  del  Infante  su  hermano,  á  quien 
de  derecho  pertenescia  como  hijo  del  Rey  Don  Juan 
su  padre.  La  quarta,  que  en  grand  perjuicio  é  ofen- 
sa de  todos  sus  Reyuos,  é  de  los  legítimos  subceso- 
res  sus  hermanos,  avia  fecho  jurar  por  princesa  he- 
redera á  Doña  Juana,  hija  de  la  Reyna  Doña  Jua- 
na, su  muger,  sabiendo  él  muy  bien,  que  aquella  no 
era  su  hija ,  ni  como  legítima  pedia  subceder ,  ni 
ser  heredera  después  de  sus  dias.  Por  tanto,  que 
le  suplicaban  é  amonestaban  é  requerían  con  Dios, 
una  é  muchas  veces ,  quisiese  remediar  tan  grandes 
agravios ;  é  remediados,  mandar  luego  jurar  por 
Príncipe  heredero  al  Infante  Don  Alonso  su  herma- 
no, y  dalle  el  Maestradgo  de  Sanctiago  como  á  le- 
gítimo hijo  del  Rey  Don  Juan  su  padre  ;  pues  que 
de  derecho  divino  é  humano  le  pertenescia. 

CAPÍTULO  LXV. 

Coiiio  el  Rey  se  fué  á  Valladolid ,  é  de  las  cosas  que    allí  sub- 
cedieron. 

Luego  como  el  Rey  supo  que  los  caballeros  esta- 
ban en  Burgos,  ó  lo  que  andaban  ordenando,  acor- 
dó de  se  ir  á  Valladolid  con  grande  poder  de  gen- 
tes, así  de  sus  guardas  como  de  algunos  caballeros 
que  lo  venían  á  servir,  por  estar  mas  cerca  de  ellos. 
E  si  como  traía  sobrado  poder,  quisiera  tener  es- 
fuerzo de  varón,  é  osadía  de  caballero  é  atrevimien- 
to de  Rey,  muy  livianamente  sin  peligro  ninguno 
los  pudiera  destruir  ;  en  tal  manera,  que  castigan- 
do sus  yerros,  rcscibieran  el  pago  de  su  desvergüen- 
za é  maldad,  c  perpetua  memoria  de  sus  graves  cul- 
pas, é  quedaran  denostados  para  siempre  con  feo 
apellido  de  desleales,  y  él  como  Rey  vencedor,  é 
prosperado  é  con  glorioso  renombre  entre  todas  las 
naciones.  Llegado  el  Rey  á  Valladolid  é  notificada 
8U  venida  á  los  caballeros ,  acordaron  de  le  enviar 
un  mensagero  con  la  carta  que  así  tenían  ordena- 
da. La  qual  rescebida  é  vista  por  él ,  hizo  tan  poco 
scntiniiento,  qnanto  si  ninguna  cosa  llevara,  ni  fue- 
ra en  flerogacion  de  BU  persona  Real;  de  que  to- 
dos, así  los  do  su  Real  Consejo,  servidores  é  criados, 
como  los  otros  que  seguían  su  partido ,  fueron  no 
solamanto  niaravillados,  mas  tristes  é  muy  descon- 
tentos, viendo  quan  tibiamente  c  con  quanta  floje- 
dad se  descuidaba,  é  ponía  á  las  espaldas  lo  que  tan 
criminalmente  en  la  honra  le  tocaba  y  en  la  fama. 
Mas  como  los  juicios  de  la  divinal  providencia  son 
altos  é  muy  cscuros,  nuestros  humanos  entendi- 
mientos no  los  pueden  comprehender,  ni  bastan  á 
conocer  sus  profundos  secretos.  Ni  avrá  quien  sepa 
desoír  de  un  Rey  tan  poderoso,  tan  rico,  y  tan  pros- 
perado, é  tan  temido  desdo  el  dia  que  reynó,  siendo 


de  persona  tan  dispuesto,  teniendo  tan  varonil  aca 
tamiento ,  para  atemorizar  á  las  gentes ,  puesto  en 
edad  de  valentía,  que  no  avia  quarenta  años,  donde 
las  fuerzas  corporales  é  la  ira  del  corazón  avian  de 
resplandecer,  y  hervir,  é  ser  bravo,  cómo  perdido 
el  esfuerzo,  le  cayó  la  osadía,  é  murió  su  denuedo, 
para  perseguir  sus  enemigos  desleales  é  vengar  sus 
enjurias;  antes  como  atónito,  ni  á  lo  uno  daba  re- 
medio, ni  á  lo  otro  socorría  con  tiempo,  quando  era 
menester.  Baste,  pues,  saber  que  ni  en  los  grandes 
estados  está  la  fortaleza ,  ni  los  muy  poderosos  tie- 
nen mayor  osadía ,  é  que  la  omnipotencia  de  Dios 
es  aquella  que  manda  los  corazones  de  los  Reyes,  é 
los  guia  quanto  quiere ,  para  que  anden  en  vano  é 
vayan  fuera  de  camino.  Leyda  la  carta  que  así  le 
traxeron  de  parte  de  los  caballeros,  mandó  llamar 
á  los  del  su  muy  alto  Consejo,  principalmente  á  Don 
Beltran  do  la  Cueva,  Maestre  de  Sanctiago,  é  á  Don 
Pedro  González  de  Mendoza ,  Obispo  de  Calahorra, 
é  á  Don  Lope  de  Barrientes,  Obispo  de  Cuenca,  quo 
por  mandado  del  Rey  era  venido  allí,  porque  avia 
sido  su  ayo  é  su  Maestro,  é  á  los  otros  caballeros  ó 
letrados  del  su  Consejo.  A  los  quales  convenidos  en 
su  Cámara,  é  mostrada  la  carta,  díxoles  que  sobro 
ella  quería  que  lo  dixesen  é  aconsejasen  lo  quo  ha- 
cer se  debía.  E  como  el  Obispo  de  Cuenca  era  entro 
todos  el  mas  antiguo,  é  de  mas  letras ,  que  en  los 
tiempos  del  Rey  Don  Juan  su  padre,  avia  cabido  en 
la  gobernación  del  Reyno,  todos  conformes  dixeron, 
que  le  pertenescia  hablar  primero.  E  así  tomada  la 
habla,  díxo,  que  su  voto  era  quo  su  Alteza  no  vi- 
niese con  ellos  á  partido  ninguno ,  salvo  en  todo 
caso  dalles  la  batalla ;  é  que  sería  sin  dubda  vence- 
dor por  quatro  razones :  la  primera,  porque  sus  ene- 
migos eran  tray  dores,  y  siempre  Dios  destruíala 
traycion;  la  segunda,  porque  sus  desleales  vasallos 
traían  la  falsedad  como  mentirosos,  y  él  la  verdad, 
é  la  justicia;  la  tercera,  porque  él  estaba  rico,  é  po- 
deroso é  con  mucha  gente,  é  sus  enemigos  pobres, 
é  desacompañados,  aborrecidos  de  los  pueblos  ó  de 
los  suyos  menospreciados  ;  la  quarta,  porque  él  iba 
contra  ellos  como  Rey  y  Señor  natural  de  todos 
ellos,  y  ellos  venían  como  vasallos  traydores  des- 
agradecidos ;  é  que  en  los  tales  casos  siempre  ayu- 
daba Dios  á  los  Reyes,  como  ungidos  suyos  ;  ó  por 
aquello  su  voto  era  que  todavía  les  diese  la  batalla, 
mediante  la  qual  era  muy  cierta  cosa  que  sería  ven- 
cedor, é  quedaría  poderoso  é  temido  para  siempre,  é 
sus  desleales  enemigos  destruidos  sin  reparo.  E  co- 
mo el  pelear  y  el  rigor  de  las  armas  era  muy  ageno 
de  su  condición  del  Rey ,  é  cosa  muy  aborrescida 
para  su  voluntad,  un  poco  riguroso  se  volvió  contra 
el  Obispo,  é  dixole  :  «Los  que  no  aveisde  pelear,  ni 
«poner  las  manos  en  las  armas  siempre  hacéis  fran- 
»  queza  de  las  vidas  agenas.  ¿Querriades  vos,  padre 
»  Obispo,  que  á  todo  trance  diese  la  batalla,  para  que 
«pereciesen  las  gentes  de  amas  partes?  Bien  parcs- 
fl  ce  que  no  son  vuestros  hijos  los  que  han  de  entrar 
«  en  la  pelea,  ni  vos  costaron  mucho  de  criar.  Sabed 
»  que  de  otra  forma  se  ha  de  tornar  este  negocio ,  é 
»  no  como  vos  desoís,  y  lo  votáis. » Estonces  el  Obis- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


139 


po  coñio  era  osado,  respoudióle  con  poca  paciencia, 
é  dixole:  «Ya  he  conoscido,  Señor,  é  veo  que  vues- 
« tra  Alteza  no  ha  gana  de  reynar  pacíficamente, 
»  ni  quedar  como  Rey  libertado  ;  y  pues  que  no  quie- 
» re  defender  8U  honra,  ni  vengar  sus  injurias,  no 
«esperéis  reynar  con  gloriosa  fama.  De  tanto  vos 
«certifico,  que  dende  agora  quedareis  por  el  mas 
»  abatido  Rey  que  jamas  ovo  en  España,  é  arrepen- 
» tiros  heis,  Señor,  quando  no  aprovechare.»  Pero  ni 
por  estas  amonestaciones  el  Rey  dexó  de  venir  á 
tratos  con  el  Marqués  de  Villena ,  pensando  de  ha- 
llar algún  medio  para  paz  é  sosiego  ;  é  con  esto  que 
así  vieron  los  del  Consejo  ,  acordaron  el  callar  sin 
descir  su  parescer.  Luego  el  Rey  envió  secretamen- 
te á  descir  al  Marqués  de  Villena  é  á  los  otros  caba- 
lleros de  su  partido  que  se  viniesen  á  Dueñas ,  que 
está  seis  leguas  de  Valladolid,  por  cabsa  de  los  tra- 
tos ;  é  asi  él  é  los  otros  caballeros  se  vinieron  allí 
luego,  y  el  Almirante  y  el  Arzobispo  de  Sev^illa  se 
vinieron  allí  á  juntar  con  ellos,  donde  los  tratos  an- 
duvieron do  una  parte  á  la  otra ;  é  al  fin  fué  concer- 
tado para  mayor  engaño  del  Rey  é  persecución  su- 
ya, que  los  caballeros  se  viniesen  á  Óigales  é  á  los 
lugares  de  al  derredor,  y  que  el  Rey  se  fuese  á  Ca- 
bezón ;  é  desde  allí  se  saldrían  á  ver  él  y  el  Mar- 
qués de  Villena,  é  se  ternaria  medio  para  la  paz  é 
concordia. 

CAPÍTULO  LXVI. 

Como  el  Rey  se  vio  con  el  Marqués  de  Villena,  y  le  enlregó  al  In- 
fante Don  Alonso  su  hermano. 

Dado  ol  concierto  de  las  vistas,  é  asignado  el  dia 
en  que  se  avian  de  hacer,  el  Rey  se  fué  á  Cabezón 
con  alguna  gente  de  sus  guardas ,  y  el  Maestre  de 
Sanctiago  y  los  Obispos  de  Calahorra  é  de  Cuenca 
con  los  otros  del  Consejo  se  quedaron  en  Vallado - 
lid ;  é  los  caballeros  se  vinieron  á  Óigales  é  á  los 
otros  lugares  de  al  derredor.  E  venido  el  dia  asig- 
nado de  las  vistas ,  se  salieron  á  ver  en  aquesta  for- 
ma :  que  el  Comendador  Gonzalo  de  Sayavedra  con 
cinquenta  de  á  caballo  salió  á  mirar  el  campo  por 
parte  del  Rey,  é  por  la  otra  parte  salió  Pedro  de 
Fontiveros  con  otros  cinquenta.  E  requerido  é  ata- 
layado el  campo,  el  Rey  salió  con  tres  de  á  caballo, 
y  el  Marqués  con  otros  tres.  E  asi  vistos ,  después 
que  juntamente  se  ovieron  paseado  una  grand  pie- 
za por  el  campo,  fué  determinado  entre  ellos  que  el 
Rey  entregase  al  Infante  Don  Alonso  su  hermano 
en  poder  del  Marqués  de  Villena ;  é  que  así  entre- 
gado le  mandaría  jurar  por  Príncipe  heredero  é  sub- 
cesor  de  sus  Reynos ,  con  que  ellos  prometiesen  que 
casase  con  la  Princesa  Doña  Juana  su  hija ;  é  que 
Don  Beltran  de  la  Cueva  renunciase  al  Maestradgo 
de  SanctiagOi  é  lo  dexase  para  el  Infante  Don  Alon- 
so su  hermano ;  é  que  así  mesmo  para  el  regimien- 
to é  goliernacion  del  Reyno  é  ponello  en  justicia, 
fuesen  diputados  quatro  caballeros ;  é  que  Fray 
Alonso  Oropesa,  Prior  General  de  la  Orden  de  Sanct 
Gerónymo,  fuese  tercero  entre  ellos,  para  que  don- 
de él  se  acostase  con  los  dos  de  los  diputados,  aque- 


llo valiese  é  pasase ;  é  que  para  mayor  seguridad  de 
que  el  Rey  daría  y  entregaría  al  Infante  su  herma- 
no dentro  de  doce  días,  que  Don  Beltran  de  la  Cue- 
va, Maestre  de  Sanctiago,  se  pusiese  en  poder  del 
Comendador  Gonzalo  de  Sayavedra  en  la  fortaleza 
de  Portillo,  hasta  que  el  Infante  fuese  entregado;  é 
que  de  parte  de  los  caballeros  el  Conde  de  Bena- 
vente  se  pusiese  en  poder  del  Conde  de  Sancta  Mar- 
ta en  la  fortaleza  de  Mucientes  para  seguridad  que 
ellos  en  aqueste  comedio  no  harían  ninguna  nove- 
dad. E  así  puestos  estos  dos  señores  en  rehenes ,  ju- 
rados é  sellados,  é  firmados  ios  capítulos  por  ambas 
partes,  el  Rey  con  muy  poca  gente  se  partió  para 
Segovia  donde  halló  á  la  Reyna  é  á  la  Princesa  con 
los  Infantes  sus  hermanos,  que  estaban  dentro  del 
Alcázar  á  buen  recaudo.  Iba  con  el  Rey  Alvar  Gó- 
mez, su  Secretario,  Luego  que  el  Rey  fué  llegado  á 
la  cibdad,  muchos  de  sus  criados  é  servidores  le  su- 
plicaron, requirieron  é  amonestaron  que  se  guar- 
dase de  entregar  á  su  hermano  é  de  lo  sacar ;  por- 
que si  al  contrario  ficieso,  luego  lo  alzarían  por  Rey, 
que  no  lo  querían  para  otra  cosa,  é  que  no  se  lo 
demandaban  por  otro  respecto.  Ecomo  Alvar  Gó- 
mez tenia  ya  raygada  la  maldad  en  el  cuerpo,  é  to- 
da su  afición  era  con  el  Marqués  de  Villana,  comen- 
zó de  insistir  con  el  Rey ,  disciendo :  que  le  conve- 
nía guardar  lo  que  avia  capitulado  é  puesto  con  los 
caballeros,  porque  de  otra  guisa  sería  grand  infa- 
mia suya  é  peligro  quebrantallo ;  é  que  entregando 
al  Infante ,  pacificaba  su  Reyno ,  y  de  otra  guisa 
pornia  grand  fuego,  é  se  rcbolveria  mas  cruda  guer- 
ra. De  tal  forma  que  el  Rey  convencido  de  la  false- 
dad de  sus  entrañas,  entregó  al  Infante,  é  mandó  á 
él  como  Secretario  suyo,  que  lo  llevaso  á  la  villa  de 
Sepúlveda  ,  que  entonces  la  avia  tomado  al  Rey  el 
Marqués  por  traycion ;  ó  allí  estaban  ciertos  caba- 
lleros suyos  esperando  que  gelo  llevasen  ,  para  to- 
mallo.  E  ansí  entregado  en  poder  do  aquellos ,  Al- 
var Gómez  se  tornó  á  Segovia  al  Rey ;  é  desdo  Se- 
govia el  Rey  se  tornó  á  Valladolid.  Donde  llegado, 
los  dos  señores  Maestro  de  Sanctiago  é  Conde  de 
Benavento  fueron  librados  de  los  rehenes  en  que  es- 
taban. 

CAPÍTULO  LXVII. 

Como  el  Rey  se  tornó  á  ver  con  todos  los  caballeros  sus  contra- 
rios entre  Cabezón  é  Cigales,  y  juraron  al  Infante  por  Príncipe 
heredero,  é  fué  ordenada  la  Deputacion  en  Medina  del  Campo. 

Para  dar  conclusión  en  lo  que  así  estaba  capitu- 
lado, é  jurado  entre  el  Rey  é  los  caballeros,  el  Rey 
fué  á  Cabezón,  é  con  él  los  perlados  é  caballeros  de 
su  alto  Consejo  ;  donde  llegados,  luego  otro  dia  si- 
guiente salió  el  Rey  al  campo  con  ellos,  é  de  la  otra 
parte  los  perlados  é  caballeros  que  allí  estaban,  que 
aquí  serán  nombrados  :  Don  Alonso  Carrillo  ,  Arzo- 
bispo de  Toledo ;  Don  Alonso  de  Fonseca,  Arzobis- 
po de  Sevilla ;  Don  Iñigo  Manrique ,  Obispo  de  Co- 
ria ;  Don  Fadrique  Enríquez,  Almirante;  Don  Juan 
Paclieco,  Marqués  de  Villena ;  Don  Alvaro  de  Zúñí- 
ga,  Conde  de  Plasencia ;  Don  Garn-Alvarez  de  To- 


140 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 


ledo,  Coiiilc  de  Alva;  Dou  Rodrigo  Manrique,  Con- 
de de  Paredes;  el  Conde  de  Saucta  Marta,  el  Conde 
de  Ribadeo  é  otros  muchos  caballeros.  Donde  todos 
así  convenidos  juraron  al  Infante  Don  Alonso  Prín- 
cipe heredero  c  subcesor  en  los  Reynos  después  de 
los  días  del  Rey ,  que  presento  estaba.  E  que  así 
inesmo  todos  elíos  juraban  é  prometían  que  á  su 
leal  poder  trabajarían  é  procurarían  como  el  Prín- 
cipe Don  Alonso,  que  asi  avían,  jurado ,  casase  con 
Doña  Juana  su  hija  del  Rey,  é  no  con  otra  mugor 
ninguna.  Fecho  aquesto ,  el  Rey  dixo  que  para  la 
diputación  acordada  nombraba  de  su  parte  á  Don 
Pedro  de  Velasco ,  hijo  primogénito  heredero  do 
Don  Pedro  Hernández  de  Velasco ,  Conde  de  Haro, 
y  al  Comendador  Gonzalo  de  Sayavedra,  de  su  Con- 
sejo. Los  caballeros  nombraron  al  Marqués  de  Villc- 
na  y  al  Conde  de  Plasencía,  é  de  consentimiento  de 
todos  á  Fray  Alonso  do  Oropesa  ,  por  tercero.  Los 
quales  así  nombrados ,  juraron  solemnemente  que 
guardarían  el  bien  del  Reyno  é  lo  que  cumplía  á  la 
administración  de  la  justicia.  Dada  conclusión  en 
todo  esto,  el  Rey  por  aquella  noche  se  tornó  á  Ca- 
bezón, é  los  caballeros  á  sus  aposentamientos.  E 
luego  otro  día  siguiente  por  la  mañana  vinieron  al 
Rey  por  parte  de  los  caballeros  el  Licenciado  de 
Logroño,  y  Hernando  de  Arce,  para  que  su  Alteza 
mandase  á  Don  Beltran  de  la  Cueva  que  renunciase 
al  Maestradgo  de  Sanctiago  según  estaba  capitula- 
do. El  obedesciendo  el  mandado  del  Rey,  dixo  que 
como  leal  servidor ,  é  sin  aver  hecho  traycion  ,  ni 
cosa  por  dó  debiese  perder  el  Maestradgo  ;  mas  por- 
que el  Rey  gelo  mandaba  é  por  el  bien  de  la  paz,  que 
desde  allí  lo  renunciaba  en  manos  del  Papa,  aunque 
contra  todo  su  grado.  E  así  renunciando ,  el  Rey  en 
equivalencia  del  le  dio  la  villa  de  Alburquerque  con 
titulo  de  Duque,  é  dióle  las  villas  de  Cuellar ,  de 
Roa,  é  Molina,  é  Atienza,  é  la  Peña  de  Alcázar  con 
tres  quentos  é  medio  de  renta  situados  en  Ubeda  y 
en  Baeza  y  en  otros  lugares  del  Andalucía,  donde 
él  quiso.  E  dende  allí  adelante  dexado  el  título  de 
Maestre,  se  llamó  Duque  de  Alburquerque  y  Conde 
de  Ledesma.  Fecho  aquesto,  el  Rey  se  partió  de 
Cabezón  para  la  villa  de  Olmedo;  los  diputados  se 
fueron  á  la  villa  de  Medina  del  Campo,  é  los  perla- 
dos é  caballeros  se  aposentaron  por  los  lugares 
de  al  derredor ,  esperando  la  sentencia  de  los  dipu- 
tados. 

CAPÍTULO  LXVIII, 

Como  durante  la  diputación  el  Almirante  y  el  Arzobispo  de  To- 
ledo trataron  con  el  Hoy  de  ser  suyos ,  y  el  Rey  los  rescibió ;  y 
lo  que  subcedió  de  la  diputación. 

Entretanto  que  los  cinco  diputados  entendían  on 
las  cosas  á  ellos  encomendadas,  Don  Alonso  Carri- 
llo, Arzobispo  de  Toledo ,  é  Don  Fadrique,  Almiran- 
te de  Castilla,  fingiendo  estar  descontentos  del  Mar- 
qués de  Villena  é  de  sus  formas  interesales ,  y  de 
como  en  todos  los  negocios  se  hacia  parcial ,  trata- 
ron secretamente  con  el  Rey ,  diciendo  que  de  allí 
adelante  querían  sor  suyos  enteramente,  é  servillo 


contra  todas  las  personas  del  mando,  vistas  las  cán- 
telas y  engaños  de  poca  verdad  que  el  Marqué» 
traía  con  todos.  E  que  si  su  Alteza  les  diese  las  se- 
guridades con  que  ellos  so  pudiesen  fiar  del,  que  lo 
vernian  luego  á  seguir  é  servir  lealmente,  para  que 
el  Marqués  de  Villena  fuese  destruydo,  y  el  Prínci- 
pe Don  Alonso  su  hermano  tornase  á  su  poder  é 
sombra  real,  como  la  razón  lo  requería.  Y  él  creyen- 
do que  el  Arzobispo  dé  Toledo  era  perlado  de  mu- 
cha verdad  é  firmeza,  é  que  á  cabsa  suya  el  Almi- 
rante no  sería  movible,  como  fasta  allí  avía  sido 
muchas  veces,  acordó  de  los  rescibir  é  fiarse  do 
ellos.  E  así  capitulado  con  ellos,  se  concertó,  que 
para  la  seguridad  que  así  demandaban,  daría  al  Ar- 
zobispo la  fortaleza ,  y  el  Cimorro  de  la  cibdad  de 
Avila,  é  la  Mota  de  Medina  del  Campo ,  y  al  Almi- 
rante haria  merced,  é  le  daría  de  juro  la  villa  do 
Valdeuebro  con  la  tenencia  de  Valladolid.  E  en  tal 
manera,  que  ellos  mostrando  contentamiento  de  ser- 
vir al  Rey,  quedaron  dende  allí  adelante  por  suyos, 
dando  para  ello  sus  firmas  é  sellos  con  grandes  jura- 
mentos. Fecho  aquesto,  con  que  el  Rey  páreselo  te- 
ner algún  contentamiento ,  acordó  do  enviar  á  lla- 
mar á  Don  Gómez  de  Cáceres ,  Maestre  de  Alcánta- 
ra, é  á  Don  Pedro  Puertocarrero ,  Conde  de  Mede  - 
Ilin,  qué  viniesen  con  las  mas  gentes,  que  pudiesen 
traer  ;  á  los  quales  él  mandó  llamar ,  porque  de  po- 
bres escuderos  los  avia  fecho  grandes  señores ;  y 
ellos  respondieron  que  les  plascia,  é  que  lo  poriiian 
luego  por  la  obra,  quanto  su  gente  fuese  allegada. 
Puestas  las  cosas  en  aquestos  términos  ,  con  que  el 
Rey  pensaba  llevar  bien  cimentado  lo  que  á  la  se- 
guridad de  su  estado  convenia,  creyendo  que  el  Ar- 
zobispo y  el  Almirante  é  aquellos  sus  dos  criados, 
que  así  mandaba  llamar,  le  avían  de  ser  firmes,  é  no 
desleales,  quando  pensó  tener  descanso,  ovo  nuevo 
cuidado.  E  aquesto  fué  porque  las  cosas  de  la  dipu- 
tación subcedieron  tan  adversarias,  que  así  los  di- 
putados por  su  parte,  como  los  otros  estrecharon  el 
poderío  del  Rey  en  tanto  grado  é  de  manera,  que 
casi  ningún  señorío  le  dexaban ,  salvo  solamente  fel 
título  de  Rey  sin  libertad  de  mandar,  ni  preminen- 
cia. De  que  el  Rey  fué  avisado ,  é  como  muy  senti- 
do dello,  quiso  saber  la  verdad,  y  halló  que  Don  Pe- 
dro de  Velasco,  inducido  por  el  Marqués  de  Villena, 
no  solamente  seguía  su  querer  é  de  los  otros  caba- 
lleros de  su  parte,  mas  que  de  secreto  estaba  ya  con- 
federado con  ellos,  como  dende  á  pocos  días  lo  mos- 
tró por  la  obra ,  ca  se  pasó  á  ellos ,  é  dexó  de  seguir 
al  Rey ;  y  de  aquello  fué  pesante  el  Conde  su  padre, 
é  jamas  quiso  dalle  gente  ninguna,  de  manera  que 
se  andaba  solo  éntrelos  otros  caballeros, é  desacom- 
pañado ;  Gonzalo  de  Sayavedra  halló  que  era  con- 
sentidor, é  le  plascia  de  lo  que  así  so  ordenaba  en 
detrimento  de  su  persona  real ;  Alvar  Gómez  su  se- 
cretario, que  yendo  é  viniendo  del  Rey  á  la  deputa- 
cion,  era  cabsador,  inventador  é  perpetrador  de  to- 
do lo  que  contra  la  honra,  y  estado  real  suyo  se  avia 
fecho  é  ordenado.  Estonces  eí  Rey ,  para  ser  del  to- 
do informado  antes  que  la  sentencia  so  diese  ni  se 
acabas©  de  firmar ,  envió  á  llamar  al  Comendador 


DON  EKRTQUE  CUAETO. 


141 


Goo/.íilo  de  Sayavedra  y  Alvar  Gómez;  pero  ellos, 
como  ya  los  acusaba  su  culpa,  é  los  condenaban  sus 
yeiTOs ,  c  remordía  la  consciencia  de  su  falsa  des- 
lealtad,  huyeron  ascondidamente,  é  se  fueron  sin 
ser  sentidos.  E  porque  su  traycion  fuese  del  todo 
cumplida,  fuéronse  á  encontrar  con  el  Maestre  de 
Alcántara,  y  con  el  Conde  deMedellin,  que  venían 
con  rail  de  á  caballo  á  servir  al  Rey.  A  los  quales 
falsificadamente  mintiendo ,  hicicronles  creer  que 
el  Rey  los  enviaba  á  llamar  para  los  prender  é  des- 
truillos;  en  tal  manera,  que  ellos  creyéndoles  lo  que 
así  les  descian,  dexaron  de  ir  al  Rey,  é  se  fueron 
todos  quatro  juntamente  á  juntar  con  los  caballeros 
desleales.  E  pues  aquestos  como  perversos  asi  se 
quisieron  señalar  en  la  dcslealtad,  para  ser  conoci- 
dos por  tales  en  perpetua  memoria  de  su  traycion, 
razón  será  que  diga  quien  fueron.  Gonzalo  de  Sa- 
yavedra, aunque  fué  de  limpia  sangre,  ensució  los 
descendientes  de  él,  é  puso  alguna  mancilla  en  su 
liuage.  Aqueste  por  aver  seido  del  Condestable  Don 
Alvaro  de  Luna ,  Maestre  de  Sanctiago ,  el  Rey  lo 
quiso  para  su  servicio ,  é  después  do  aver  rescebido 
muchas  mercedes,  lo  hizo  de  su  Consejo,  é  dióle  car- 
go de  algunas  capitanías,  de  que  dio  buena  quenta. 
por  donde  lo  puso  en  estado  de  caballero ;  pero  quan- 
do  debiera  de  ser  mas  leal ,  é  servir  al  Rey ,  que  lo 
hizo,  cególo  su  malicia,  é  fue  traydor  contra  su  Rey. 
Alvar  Gómez  de  Cibdad  Real ,  así  fué  de  baxa  san- 
gre, que  de  su  linage  no  conviene  hacer  memoria. 
Este  después  que  el  Rey  lo  hizo  secretario,  confió  de 
él  quanto  de  ningún  secretario  se  pudo  hacer  ma- 
yor confianza.  Hízolo  Señor  de  Maqueda  ;  ganó  tan- 
to con  el  favor  de  la  Secretaría ,  que  pudo  comprar 
á  Sanct  Silvestre  é  á  Torrejon  de  Velasco.  Estaba  ri- 
co é  prosperado  y  puesto  en  estima  de  mucha  hon- 
ra ;  mas  como  sus  merescimientos  eran  pocos,  é  los 
defectos  muchos,  huyó  de  la  lealtad,  é  halló  cabida 
la  traycion;  en  tal  manera,  que  no  acordándose  de 
quien  era,  ni  délas  mercedes  rescebidas,  pospuso  el 
temor  de  Dios  é  la  vergüenza  de  las  gentes ,  para 
destruir  á  su  Rey. 

CAPÍTULO  LXIX. 

Como  el  Rey  se  partió  de  Olmedo  para  Segovia ,  y  los  caballeros 
se  fueron  á  Plasencia  con  el  Príncipe  y  lo  que  se  hizo  en  este 
tiempo. 

Luego  como  el  Rey  supo  como  Don  Pedro  de  Ve- 
lasQO  era  con  los  caballeros  é  se  avia  pasado  á  ellos, 
é  vio  la  traycion  de  Gonzalo  de  Sayavedra  y  de  Al- 
var Gómez,  que  así  avian  huido  é  estorbado  la  ve- 
nida del  Maestre  de  Alcántara  é  del  Conde  de  Mede- 
llin  á  su  servicio ,  é  los  hicieron  ir  á  juntar  con  los 
caballeros  sus  enemigos,  quedó  muy  enojado.  Y 
puesto  que  de  todos  tres  tenia  sentimiento,  mucho 
mas  lo  tenia  de  Alvar  Gómez ;  porque  él  avia  sido 
el  inventor  de  las  maldades,  é  descobridor  de  los  se- 
cretos de  su  Consejo  :  de  tal  forma,  que  sus  pisadas 
fueron  las  de  Judas,  que  vendió  á  su  Rey  é  á  su  Se- 
ñor. E  así,  movido  con  indignación,  mandó  á  Pedra- 
riay  de  Avila,  hijo  de  Diego  Arias  Dúvila,  su  Con- 


tador mayor  é  servidor  leal,  que  fuese  luego  á  cer- 
car á  Torrejon  de  Velasco,  é  lo  tomase  para  sí,  de 
la  qual  le  hizo  merced.  E  no  solamente  aquesto,  mas 
estaba  muy  sentido  é  descontento  délas  ordenanzas 
y  estatutos  que  los  diputados  avian  fecho  en  dero- 
gación de  su  preminencia  é  dignidad  real;  como 
quiera  que  todo  aquello ,  é  todo  lo  al  que  hacían, 
procedía  de  las  dañadas  entrañas  del  Marqués  de 
Villena,  cuyo  propósito  era  de  destruir  é  deshonrar 
al  Rey.  E  por  eso  él  revocó ,  é  dio  por  ninguno  todo 
lo  que  así  avian  fecho  é  ordenado,  poniendo  sospe- 
cha en  ellos  como  en  enemigos  de  su  servicio.  Fe- 
cho aquesto,  el  Rey  se  partió  de  Olmedo  para  Sego- 
via; é  los  caballeros,  eentida  la  indignación  del 
Rey,  tomaron  al  Príncipe  Don  Alonso,  é  se  fueron 
con  él  ala  cibdad  de  Plasencia;  donde  llegados,  so 
vinieron  á  se  juntar  con  ellos  el  Maestre  de  Alcán- 
tara y  el  Conde  de  Medellin,  é  con  ellos  los  dos  tray- 
dores  que  los  inducieron :  los  quales  fueron  bien  res- 
cebidos,  porque  con  ellos  paresció  crescer  su  parti- 
do. El  Maestre  de  Calatrava  se  partió  al  Andalucía, 
así  para  levantalla  contra  el  Rey,  como  para  guer- 
rear á  los  leales  servidores,  seguud  adelante  será  re- 
contado. El  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Almirante 
Don  Fadrique  se  fueron  á  sus  tierras,  para  seguir  al 
Rey  quando  los  llamase. 

CAPÍTULO  LXX. 

Como  el  Uey  se  partió  de  Segovia  para  Madrid,  y  el  Arzobispo  lie 
Toledo  vino  allí,  para  lo  servir,  é  de  lo  qne  alli  subcedio. 

Pasados  algunos  días  que  el  Rey  estuvo  en  Sego- 
via, partióse  para  Madrid,  é  mandó  que  la  Rey  na  é 
su  hija  é  la  Infanta  su  hermana  se  quedasen  alli  co;. 
buena  guarda.  E  venido  á  Mfjdrid,  el  Arzobispo  de 
Toledo  se  vino  luego  á  su  servicio  á  grand  prisa ; 
porque  supo  que  la  muger  del  Marqués  de  Villena 
venia  á  él  con  tratos  del  Marqués  su  marido  é  de 
parte  de  los  otros  caballeros.  Con  su  venida  el  Rey 
fué  muy  alegre,  é  fué  muy  bien  rescibido  asi  del 
Rey  como  de  los  otros  perlados  é  caballeros  que  en 
la  Corte  estaban.  E  otro  dia  siguiente  mandó  llamar 
al  Obispo  é  á  los  otros  del  su  muy  alto  Consejo. 
Dónelo  convenidos  ante  su  Real  presencia  les  dixo  : 
«Ya  creo  aveis  visto  é  conoscido  las  formas  desho- 
«nestas  que  el  Marqués  de  Villena,  mi  criatura  é 
fihechura  desagradecida  ha  tenido  para  me  destruir 
))c  deservir  é  poner  en  necesidad,  no  solamente  po- 
Bniendo  osadía  en  los  corazones  de  mis  subditos, 
»  para  que  sin  vergüenza  se  atreviesen  é  pusiesen  en 
«armas  contra  mí,  para  quererme  prenderen  el  cam- 
«po,  mas  después  con  sus  cíibtelosas  formas  rodeó 
«que  yo  le  oviese  de  entregar  al  Infante  mi  her- 
«mano,  discien  do,  que  jurado  por  Príncipe,  avria 
«paz  ó  sosiego  en  mis  Reynos.  E  asi  convencido  de 
«sus  pocas  verdades,  confiándome  del  como  de  cria- 
ndo, é  considerando  que  á  mí  como  á  padre  del 
«Reyno  pertenescia  escusar  la  rotura  é  procurar  el 
«sosiego,  porque  las  muertes  é  males  de  mis  natu- 
«ralcsse  escusasen,  phigome  do  lo  dar.  E  asi  entrc- 
Dgado  é  jurado  en  tanto  perjuicio  de  mi  honra  é  de 


142 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 


»la  justicia  de  mi  hija,  quando  pensé  tener  sosiego, 
»veo  mas  alteración  y  menos  sosiego;  porque  él  é 
»los  caballeros  de  su  confederación  agora  que  tienen 
ȇ  mi  hermano  en  su  poder,  andan  puestos  en  ar- 
»mas  por  mis  Reynos,  cabsando  alteraciones  en  mis 
»  pueblos  por  donde  van,  en  grand  deservicio  de  Dios 
))é  mió.  Por  tanto  quiero  aver  vuestro  consejo,  élo 
))que  vos  parece  que  sobre  ello  se  debe  hacer.»  Aca- 
bada su  habla,  todos  los  del  Consejo,  que  alli  estaban, 
dieron  sus  veces  al  Arzobispo,  porque  como  era  pri- 
mado, respondiese  primero  é  diese  su  voto.  El  qual 
con  grand  reverencia  propuso,  disciendo  :  «Sin  dub- 
))  da,  Señor,  vistas  las  desórdenes  del  Marqués  é  de  los 
B otros  caballeros  de  su  confederación,  mucho  me- 
»jor  fuera  no  avelles  dado  al  Infante  vuestro  her- 
»  mano,  para  jurarlo  por  Príncipe,  según  lo  que  ve- 
»mos,  que  se  hace  y  el  camino  tan  roto  que  llevan; 
«pero  pues  ya  es  fecho,  conviene  buscar  el  remedio. 
wP]  porque  ellos  en  lugar  de  estar  sosegados  andan 
«deshonestamente  por  vuestros  Reynos  con  gente 
«armada,  escandalizando  los  pueblos  é  alborotando 
«las  cibdades  ;  por  tanto  mi  parecer  es,  que  vuestra 
«Alteza  les  envié  luego  á  mandar  que  le  tornen 
«luego  á  el  Príncipe  vuestro  hermano,  visto  que  es- 
«tarú  mucho  mejor  debaxo  de  vuestra  sombra  Real, 
«que  no  en  su  poder  ;  ca  teniéndolo  ellos,  procura- 
«rán  de  escandalizar  vuestros  Reynos,  é  poner  en 
»  necesidad  vuestra  persona  real,  para  que  les  haya 
«de  dar,  é  tengan  cabsa  de  pedir.  E  quando  asi  no 
« quisieren  obedescer,  que  se  proceda  contra  ellos, 
«como  contra  rebeldes  é  desobedientes  vasallos  é 
«subditos  naturales  ;  é  que  con  mano  armada  é  su 
«grand  poder,  vuestra  excelencia  los  vaya  á  buscar, 
» yéndose  á  Salamanca,  cerca  donde  ellos  están ;  en 
«tal  manera,  que  con  la  pujanza  de  su  poderlos 
«haga  venir  á  obediencia  por  fuerza  quando  no  qui- 
«sieren  de  grado.  Yo  entre  tanto  llamaré  mis  gen- 
ntes,  ó  serán  luego  conmigo,  para  proseguir  esta  cab- 
«sa  en  vuestro  serví  ció. «  Oydo  lo  que  asi  avia  pro- 
puesto el  Arzobispo,  quedó  el  Rey  muy  contento ,  é 
los  otros  del  Consejo  que  presentes  estaban ,  pen- 
sando que  tales  estaban  los  enforros  de  dentro  qual 
se  mostraban  en  la  cara  por  las  palabras  de  fuera. 
E  asi  aprobando  lo  que  desoía,  é  aviéudolo  por  mas 
sano,  fué  acordado  que  luego  se  partiesen  para  Sa- 
lamanca, disciendo  que  tomarían  á  los  enemigos  de 
sobresalto,  sin  que  se  pudiesen  proveer  ni  estar  aper- 
cibidos. A  este  voto  se  llegaron  los  otros  del  Con- 
sejo ;  é  asi  acordada  la  partida,  el  Rey  con  toda  su 
Corte  é  la  gente  de  sus  guardas  se  partió  camino  de 
Salamanca. 

OAPÍTÜLO  LXXI. 

Como  íion  Garci-Alvarez  de  Toledo,  Conde  de  Alva,  envió  á  su- 
plicar al  Rey  se  quisiese  ir  por  aquella  su  villa,  á  rcscebir  lies- 
tas;  á  donde  el  Rey  fa6,y  el  Conde  quedó  por  suyo. 

Luego  que  el  Conde  de  Alva  supo  la  pasada  del 
Rey  á  Salamanca,  le  envió  á  suplicar  que  quisiese 
venir  por  aquella  su  villa  de  Alva,  á  rcscebir  fiesta 
é  servicio  ;  lo  lual  el  Rey  aceptó.  E  venido,  estuvo 


alli  por  espacio  de  quatro  días,  y  el  Conde  le  festejó 
quanto  mejor  pudo,  no  solamente  á  su  persona  real, 
mas  á  los  otros  señores  que  iban  con  él.  Y  estonces 
el  Conde  queriendo  satisfacer  y  enmendar  el  yerro 
pasado  de  las  vistas  de  Sant  Pedro ,  díxo  al  Rey 
que  le  quería  servir  é  ser  suyo,  é  que  suplicaba  á  su 
Alteza,  que  perdiendo  el  enojo  de  lo  pasado,  lo  qui- 
siese rescebir  por  suyo  é  para  su  servicio.  De  aques- 
to fué  el  Rey  muy  contento ,  e  le  respondió  que  los 
Reyes  nunca  avian  de  acordarse  de  sus  propias  en- 
jurias,  mas  disimuladamente  olvidallas  ;  porque  de 
otra  guisa  serian  vendicativos,  é  por  ello  no  mere- 
cedores de  reynar  ;  que  á  él  píasela  de  lo  que  asi  lo 
hablaba,  y  era  muy  contento  de  su  servicio,  é  le  pro- 
metía grandes  mercedes.  Fecho  este  concierto  con 
el  Conde  de  Alva ,  el  Rey  se  partió  para  la  cibdad 
de  Salamanca. 

CAPÍTULO  LXXII. 

Como  el  Rey  llegó  á  Salamanca,  6  de  lo  que  alli  subcedió. 

Después  que  el  Rey  fué  llegado  á  Salamanca,  é 
con  él  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Duque  do  Al- 
burquerque  y  el  Obispo  de  Calahorra  é  los  otros  del 
Consejo,  fué  acordado  que  el  Rey  enviase  su  carta 
patente  á  los  caballeros  que  estaban  en  Plasencia, 
en  que  le  mandaba  que  luego  le  diesen  y  entrega- 
sen al  Príncipe  Don  Alonso  su  hermano ,  porque 
ya  ellos  sabían  que  lo  avían  demandado  para  la  pa- 
cificación é  sosiego  del  Reyno,  y  que  ellos  le  traían 
haciendo  escándalos  y  alborotos,  andando  con  gen- 
te armada  por  las  cibdades  é  villas  é  lugares  de  sus 
Reynos  sin  su  licencia  é  mandado  :  por  tanto ,  que 
era  necesario  é  convenia  que  gelo  oviesen  de  tor- 
nar á  su  poder ;  é  que  como  á  subditos  les  mandaba 
que  depusiesen  las  armas  é  viniesen  á  su  servicio, 
segund  que  todo  leal  vasallo  era  y  es  obligado  á 
su  Rey :  en  otra  manera ,  que  los  avria  por  rebeldes 
é  desobedientes  ,  é  mandaría  proceder  contra  ellos, 
así  como  contra  deservidores  de  su  Rey  é  señor  na- 
tural. Entre  tanto  que  aquesto  se  trataba  ,  é  la  res- 
puesta de  los  caballeros  venia,  el  Arzobispo  de  To- 
ledo, como  ya  se  acercaba  el  tiempo ,  para  lo  que 
él  deseaba  é  movía  de  secreto ,  envió  á  suplicar  al 
Rey  quisiese  cumplir  lo  que  con  él  y  con  el  Almi- 
rante estaba  capitulado,  é  su  Alteza  tenia  prometi- 
do para  la  seguridad  de  sus  personas,  pues  que  es- 
taban prestos  é  aparejados  para  su  servicio.  El  Rey 
respondió  que  le  plascia  de  buen  grado  ;  pero  ^ que 
entre  tauto  que  venían  los  Alcaydes  de  Ávila  é  de 
Medina  del  Campo  é  de  Valdenebro,  para  mandalles 
entregar  las  fortalezas,  que  llamasen  luego  sus  gen- 
tes é  las  juntasen ;  el  Arzobispo  la  suya,  que  la  tru- 
xese  allí  consigo ,  y  el  Almirante  la  suya  ;  é  que  la 
tuviesen  en  Valladolid,  para  guardar  la  villa  ;  é  les 
mandaría  dar  luego  sueldo  para  ella.  E  quando 
quiera  que  por  una  parte  estos  dos  Señores  pedían 
al  Rey  que  cumpliese  con  ellos  io  capitulado  é  con- 
certado, por  la  otra  parte  tenían  de  secreto  su  trato 
con  el  Marqués  de  Villena  é  con  los  otros  caballe- 
ros -"ue  estaban  en  Plasencia  para  que  se  hiciese  lo 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


143 


que  presto  se  mostró  por  la  obra.  Llegado  el  mensa- 
gero  del  Rey  á  Plasencia,  é  presentada  la  carta  á 
los  caballeros  que  el  Rey  les  enviaba,  é  vista,  ávido 
BU  acuerdo  entre  ellos,  respondieron  por  otra  carta, 
disciendo  que  su  Alteza  les  avia  dado  para  seguridad 
de  sus  estados  al  Príncipe  Don  Alonso  su  hermano, 
y  que  ellos  le  tenian  con  aquel  acatamiento  que  á 
todo  Príncipe  heredero  se  debe  tener,  y  lo  servían 
con  aquella  reverencia  que  se  debía ;  porque  su 
real  señoría  los  perseguía,  é  venía  contra  ellos  con 
mano  armada,  pidiéndoles  cosas  injustas.  Por  tan- 
to, que  humildemente  le  suplicaban  no  los  quisiese 
molestar  ni  estrechar  ;  é  pues  que  ellos  como  sub- 
ditos se  arredraban  é  huían  de  su  ira,  que  su  Alteza 
no  los  quisiese  mas  perseguir  ni  ir  contra  ellos.  E 
donde  aquello  no  bastase,  para  aplacar  su  indig- 
nación, tomando  á  Dios  por  testigo,  se  despedían  de 
BU  servicio :  é  que  le  suplicaban,  no  quisiese  casar  la 
Infanta  Doña  Isabel  su  hermana  con  el  Rey  de  Por- 
tugal sin  grado  é  consentimiento  de  los  tres  Esta- 
dos de  Castilla,  é  de  sus  Roynos.  Tornando  el  men- 
sagero  con  la  respuesta,  que  ansi  enviaban  los  ca- 
balleros al  Rey,  é  vista  por  algunos  de  sus  criados 
é  servidores,  le  dixeron  é  amonestaron  que  su  Alte- 
za quisiese  mirar  é  notar  las  palabras  señaladas  de 
aquella  carta,  en  que  los  caballeros  desoían  que  se 
despedían  de  su  servicio  ;  pero  que  no  se  desnatu- 
raban de  BUS  Reynos,  por  las  quales  se  manifestaba 
la  dañada  voluntad  de  todos  ellos,  é  páresela  que- 
rían hacer  Rey  á  su  hermano :  por  tanto,  que  viese 
bien  lo  que  le  cumplía,  é  se  remedíase  con  tiempo; 
é  que  asi  mesmo  sospechaban  é  aun  eran  certifica- 
dos que  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Almirante  so 
avian  de  pasar  á  los  caballeros  quando  les  fuesen 
entregadas  las  fortalezas  ó  dado  el  sueldo  que  pe- 
dían. E  como  el  Rey  era  mas  remiso  que  diligente, 
mas  descuidado  que  proveído  en  sus  cosas ,  pasó 
muy  livianamente  por  todo  lo  que  asi  le  fué  de- 
puesto, disciendo  que  quería  cuinplir  con  el  Arzo- 
bispo y  con  el  Almirante,  confiando  de  su  bondad 
que  le  serian  leales,  é  que  con  ellos  se  estorbaría  el 
dañado  pensamiento  de  los  caballeros.  E  asi  veni- 
dos los  Alcaydes  de  Avila  é  de  Medina  del  Campo 
é  de  Valdenebro,  mandóles  entregar  las  fortalezas: 
al  Arzobispo  la  de  Avila  con  el  Címorro,  é  la  Mota 
de  Medina  del  Campo,  é  para  el  sueldo  de  mil  é 
quatrocientas  lanzas  le  diesen  doce  mil  Enriques ; 
é  al  Almirante  fuese  dada  la  villa  de  Valdenebro, 
de  juro,  con  la  tenencia  ó  guarda  de  Valladolid ,  é 
para  sueldo  do  ochocientas  lanzas  ocho  mil  Enri- 
ques, con  que  luego  juntasen  sus  gentes,  el  Arzo- 
bispo para  andar  con  el  Rey ,  y  el  Almirante  para 
estar  en  Valladolid.  Hecho  aquesto,  mandó  el  Roy 
llamar  á  los  de  su  muy  alto  Consejo,  donde  conve- 
nidos, fué  acordado  por  voto  del  Arzobispo  que  el 
Rey  se  fuese  á  poner  cerco  sobre  Arévalo,  discien- 
do que  los  caballeros,  por  no  perder  aquella  villa, 
se  pornian  en  algún  trato  de  venir  en  lo  que  el  Rey 
quería  ;  é  que  entre  tanto  que  su  gente  se  acababa 
de  juntar,  que  su  Alteza  con  sus  guardas  devia  de 
ir  prestamente  á  la  cercar  ;  é  que  venida  su  gente. 


seria  luego  con  él,  é  vernia  por  la  otra  parte  la  gen- 
te del  Almirante  ;  por  manera  que  muy  prestamente 
pudiesen  tomar  aquella  villa.  Ávido  aqueste  acuer- 
do, el  Rey  mandó  apercebír  sus  guardas  é  pagarles 
sueldos.  Entre  tanto  que  en  aquesto  se  daba  conclu- 
sión é  priesa  para  partir,  acaescío  un  día  por  la  ma- 
ñana, estando  el  tiempo  muy  asosegado  y  el  cíelo 
muy  sereno,  que  vino  á  desora  un  viento  muy  gran- 
de é  muy  furioso,  que  arrrebató  el  tablado  que  es- 
taba en  la  picota  en  medio  de  la  plaza  mayor  de 
Salamanca,  é  lo  echó  un  gran  tiro  de  piedra  en  lar- 
go, de  que  algunos  astrólogos,  que  allí  estaban, 
pronosticando,  dixeron  algo  de  los  males  é  trabajos 
que  al  Rey  le  sobrevinieron. 

CAPÍTULO  LXXIII. 

Como  el  Rey  se  partió  para  cercar  la  villa  de  Arévalo,  y  lo  que 
de  aquel  camino  subcedió. 

Entregadas  las  fortalezas  do  Avila  é  Medina  del 
Campo  al  Arzobispo,  é  Valdenebro  al  Almirante,  é 
apoderado  en  la  villa  de  Valladolid,  é  rescebidos 
veinte  mil  enriques  de  sueldo,  el  Rey  se  partió  para 
Medina  del  Campo  con  las  capitanías  de  sus  guar- 
das,  é  mandó  que  el  Duque  de  Alburquerque ,  é  el 
Obispo  de  Calahorra  con  los  otros  Caballeros  de  la 
CortQ  se  quedasen  allí  en  Salamanca  ;  y  que  el  Ar- 
zobispo de  Toledo ,  recogida  su  gente  ,  que  tenia  en 
Hontíveros ,  se  fuese  luego  en  pos  de  él  sobre  Aré- 
valo ,  é  la  gente  del  Almirante  acudiese  allí.  E  así 
llegado  á  Medina  del  Campo  ,  envío  á  mandar  ú  Juan 
Guillen,  que  tenía  la  guarda  de  la  Reyna  en  Segovia, 
que  la  truxese  luego  allí,  ó  á  la  Infanta  Doña  Isabel 
su  hermana  con  ella,  é  que  á  su  hija  la  dexase  en  el 
Alcázar  en  poder  del  Alcayde  Perucho  de  Monxar- 
raz,  que  la  tuviese  á  buen  recabdo.  Puesto  por  obra 
lo  que  el  Rey  mandaba,  la  Reyna  fué  trayda  é  muy 
bien  rescebida  por  el  Rey.  Pasados  tres  días  que  la 
Re5ma  fué  venida  ,  mandó  el  Rey  que  ella  ó  la  In- 
fanta su  hermana  quedasen  allí  en  Medina ,  é  Juan 
Guillen  con  ciento  de  á  caballo  en  su  guarda.  El  Rey 
se  fué  sobre  Arévalo  con  las  gentes  de  sus  guardas, 
esperando  la  venida  del  Arzobispo,  é  la  gente  del 
Almirante.  Mas  como  ya  ellos  tenian  fecho  su  con- 
cierto con  los  caballeros,  é  dado  su  asiento  en  la 
maldad  que  se  puso  por  obra,  su  venida  para  el  Rey 
fué  pasarse  á  los  enemigos  de  la  lealtad ,  en  tal  ma- 
nera, que  su  "fidelidad  se  tornó  en  rebelión.  Viendo 
el  Rey  la  tardanza  del  Arzobispo,  acordó  de  enviar 
por  él  con  un  secretario  suyo ,  que  se  llamaba  Her- 
nando de  Badajoz ,  diciéndole ,  que  se  maravillaba 
de  su  tardanza,  é  rogándole  quisiese  venirse  presto 
para  poner  el  cerco ,  porque  con  su  venida ,  é  con  la 
gente  del  Almirante  tomarían  muy  presto  aquella 
villa.  Como  aqueste  mensagero  llegó  al  Arzobispo, 
hallólo  en  el  campo  con  su  gente ,  que  se  iba  camino 
de  Avila  ,  é  dixole:  «Señor,  el  Rey  está  esperando 
vuestra  ida,  para  que  se  haga  lo  que  por  vuestro 
consejo  ordenaste  que  se  hiciese.»  El  Arzobispo  lo 
respondió  furiosamente  :  « Id  é  decid  á  vuestro  Rey, 
que  ya  esto  harto  de  él  é  de  sus  cosas  ;  é  que  ago- 


144  CRÓNICAS  DE  LOS 

ra  se  verá  quien  es  el  verdadero  Rey  de  Castilla. » 
Estonces  el  secretario ,  oyda  su  desmesurada  res- 
puesta ,  tornóse  á  grand  prisa  al  Rey,  é  recontóle  lo 
que  le  avia  dicho  el  Arzobispo.  Llegó  luego  otro 
mensagero  presm-osamente ,  haciéndole  saber  cómo 
el  Almirante  Don  Padrique  se  avia  alzado  con  Va- 
lladolid,  disciendo:  ¡Viva  el  Rey  Don  Alonso!  En 
la  misma  hora  llegó  otro  mensagero  ,  notificándole 
como  el  Marqués  de  Villena  é  los  otros  caballeros 
que  estaban  en  Plasencia ,  la  noche  de  antes  se  avian 
partido  para  Avila,  á  juntarse  con  el  Arzobispo  de 
Toledo ,  para  alzar  por  Rey  al  Príncipe  Don  Alonso 
su  hermano ;  é  que ,  para  atraer  los  caballeros  que 
hiciesen  aquesto,  se  avia  pasado  á  él,  éno  para  ser- 
virlo. ¡  O  reverendo  Perlado  !  j  O  quánto  se  podria 
agora  escribir  de  tí!  ¡  que  si  tanto  dolor  ovieras  de 
tu  vergonzosa  infamia  ,  quando  asi  te  deleytaste  en 
hacer  tan  grand  yerro ,  ni  tu  honra  quedara  denos- 
tada, ni  tu  fama  tan  abatida  en  el  mundo !  E  pues 
mucho  te  presciaste  de  lo  que  debieras  aborrescer,  é 
procuraste  con  diligencia  tan  vituperioso  nombre, 
quedarás  para  siempre  con  feo  apellido  ,  é  tu  denos- 
tada memoria  para  siempre  avergonzada.  E  tú, 
grand  Señor  Almirante  de  Castilla ,  si  tanto  te  pres- 
ciabas  de  la  sangre  real  venir,  si  mucho  te  gloria- 
bas descender  de  aquella  cepa ,  ¿  por  qué  denegriste 
tu  persona  con  obra  tan  deshonesta?  ¿por  qué  desdo- 
raste tu  fama  con  tan  vergonzosa  f azafia  ?  ¿  por  qué 
ofendiste  tu  memoria  con  forma  tan  disoluta?  así 
que  según  aquesto ,  mas  te  podria  llamar  enemigo 
de  tu  linage ,  que  conservador  de  su  claro  renom- 
bre. E  estonces  el  Rey ,  oidas  las  nuevas  que  así  le 
traían  de  cada  parte,  secretamente  retraído  ,  las  ro- 
dillas en  tierra,  é  las  manos  alzadas  áoia  el  cielo, 
con  grand  devoción  ,  dixo  así :  (c  A  tí  glorioso  Re- 
«dentor,  por  quien  reynan  los  reyes  en  el  mundo, 
»  en  cuyo  poderío  son  todos  los  derechos  de  los  rey- 
»  nos ,  me  encomiendo  ;  en  tus  manos  pongo  mi  vi- 
»  da ;  infinitas  gracias  te  doy ,  porque  así  te  ha  pla- 
»  cido  acuitarme  por  mis  culpas;  mas  es  lo  que  yo 
»  merezco ,  é  menos  lo  que  padezco.  Riégate ,  Señor 
«soberano,  Rey  de  la  gloria,  que  aquestos  trabajos 
))  mios  sean  en  descuento  de  las  penas  que  mi  áni- 
»  ma  por  las  culpas  que  he  hecho  tiene  merecidas.  E 
n  si  á  tu  infinita  bondad  place  que  por  mí  hayan  de 
»  pasar  tantos  denuestos ,  dolores  y  males ,  suplíco- 
ftte,  quanto  puedo,  me  quieras  dar  pasciencia  con 
))  que  los  sufra ,  é  seso  y  entendimiento  con  que  me 
»  gobierne,  n  Acabada  su  oración ,  mandó  tocar  sus 
trompetas  á  cabalgar ,  é  fuese  para  Medina  antes 
que  amaneciese.  Donde  llegado,  tomó  á  la  lieyna  é 
á  la  Infanta  su  hermana,  é  se  partió  á  mas  andar 
para  Salamanca ,  é  todas  sus  gentes  en  pos  del. 

CAPÍTULO  LXXIV. 

Como  ios  caballeros  entretanto  que  el  Rey  llegó  á  Salamanca  con 
la  lUiyna  é  la  Infanta  ,  pnrtieron  para  Avila,  é  fecha  la  estíitua 
del  Rey,  la  descompusieron,  é  alzaron  por  Rey  al  Príncipe  Don 
Alonso. 

Entretanto  que  el  Rey  llegaba  á  Salamanca  con 
la  Reyna  y  la  Infanta  su  hermana ,  e^  Arzobispo  de 


REYES  DE  CASTILLA. 

Toledo  se  apoderó  de  la  cibdad  de  Avila  y  del  ci- 
morro  de  la  Iglesia  Mayor  ,  que  estaba  de  su  mano; 
é  así  apoderado,  vinieron  allí  luego  los  caballeros 
que  estaban  en  Plasencia  con  el  Príncipe  Don  Alon- 
so ;  donde  fueron  convenidos  é  juntados  los  que  aquí 
serán  nombrados :  Don  Alonso  Carrillo ,  Arzobispo 
de  Toledo ;  Don  Iñigo  Manrique ,  Obispo  de  Coria; 
Don  Juan  Pacheco ,  Marqués  de  Villena ;  Don  Alva- 
ro de  Ziífiiga ,  Conde  de  Plasencia  ;  Don  Gómez  de 
Cáceres,  Maestre  de  Alcántara;  Don  Rodrigo  Pimen- 
tel ,  Conde  de  Benavente  ;  Don  Pedro  Puertocarrero, 
Conde  de  Medellin  ;  Don  Rodrigo  Manrique ,  Conde 
de  Paredes  ;  Diego  López  de  Estúfiiga,  hermano  del 
Conde  de  Plasencia,  coi^  otros  oaballeros  de  menos 
estado.  Los  quales  manuaron  hacer  an  cadahalso  fue- 
ra de  la  cibdad  en  un  grand  llano  ,  y  encima  del  ca- 
dahalso pusieron  una  estatua  asentada  en  una  silla, 
que  descian  representar  la  persona  del  Rey  ,  la  qual 
estaba  cubierta  de  luto.  Tenia  en  la  cabeza  una  co- 
rona, y  un  estoque  delante  de  sí,  y  estaba  con  un 
bastón  en  la  mano.  E  así  puesta  en  el  campo ,  sa- 
lieron todos  aquestos  ya  nombrados  acompañando 
al  Príncipe  Don  Alonso  hasta  el  cadahalso.  Dondo 
llegados ,  el  Marqués  de  Villena  y  el  Maestre  de  Al- 
cántara y  el  Conde  de  Medellin ,  é  con  ellos  el  Co- 
mendador Gonzalo  de  Sayavedra  é  Alvar  Gómez  to- 
maron al  Príncipe  ,  é  se  apartaron  con  él  un  grand 
trecho  del  cadahalso.  Y  estonces  los  otros  señores  que 
allí  quedaron  ,  subidos  en  el  cadahalso ,  se  pusieron 
al  derredor  de  la  estatua  ;  donde  en  altas  voces  man- 
daron leer  una  carta  mas  llena  de  vanidad  que  de 
cosas  sustanciales,  en  que  señaladamente  acusaban 
al  Rey  de  quatro  cosas :  Que  por  la  primera ,  meres- 
cia  perder  la  dignidad  Real ;  y  entonces  llegó  Don 
Alonso  Carrillo ,  Arzobispo  de  Toledo ,  é  le  quitó  la 
oorona  de  la  cabeza.  Por  la  segunda,  que  merescia 
perder  la  administración  de  la  justia ;  así  llegó  Don 
Alvaro  de  Zúñiga ,  Conde  de  Plasencia ,  é  le  quitó  el 
estoque  que  tenia  delante.  Por  la  tercera,  que  me- 
rescia perder  la  gobernación  del  Reyno ;  é  asi  llegó 
Don  Rodrigo  Pimentel ,  Conde  de  Benavente ,  é  le 
quitó  el  bastón  que  tenia  en  la  mano.  Por  la  quarta, 
que  merescia  perder  el  trono  é  asentamiento  de  Rey; 
é  así  llegó  Don  Diego  López  de  Zúñiga,  é  derribó  la 
estáttia  de  la  silla  en  que  estaba,  disciendo  palabras 
furiosas  é  deshonestas.  ¡  O  subditos  vasallos!  no  te- 
niendo poderío  ¿  cómo  descomponéis  el  ungido  de 
Dios?  ¡O  sugetos  sufragáneos!  no  teniendo  liber- 
tad ,  ¿  cómo  podéis  deshacer  al  que  Dios  é  la  natura 
quisieron  que  fuese  Rey  ?  ¡  O  gente  sin  caridad!  sien- 
do criminosos ,  ¿  cómo  podistes  ser  jueces  y  acusa- 
dores, imponiéndole  vuestro  crimen?  Pensando  que- 
dar sin  culpa,  vos  fecistes  mas  culpados;  por  abo- 
nar vuestros  yerros ,  fecistes  mayor  errada.  ¿De  qua- 
les defectos  querréis  condenar  á  vuestro  Rey,  que 
los  vuestros  no  sean  mayores  ?  ¿  Quáles  infamias  le 
queréis  imponer,  que  las  vuestras  no  sobrepujen?  S* 
fuerades  naturales  del  Reyno  ,  huviérades  dolor  de 
desfamar  vuestra  nación.  Porque  érades  estrange- 
ros,  de  tierras  agenas  venidos,  deshonrasteis  al  Rey 
natural  de  los  Reynos  de  Castilla.  Mas  como  fuisteis 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


145 


r genos  é  de  agena  nación  venidos,  no  vos  condolis- 
tes  ni  ovistes  compasión  de  robar  agena  fama.  Así, 
por  cobrir  vuestras  mancillas  amancillasteis  los  lim- 
pios, é  quedasteis  ensuciados  en  la  fama  para  siem- 
pre. —  Luego  que  el  abto  de  la  estatua  fué  acabado, 
aquellos  buenos  criados  del  Rey,  agradesciendo  las 
mercedes  que  de  él  rescibieron,  llevaron  al  Prínci- 
pe Don  Alonso  hasta  encima  del  cadalialso ;  donde 
ellos  é  los  otros  perlados  é  caballeros ,  alzándolo  so- 
bre sus  hombros  ó  brazos  ,  con  voces  muy  altas  di- 
jeron :  M  ¡Castilla  por  el  Rey  Don  Alonso!»  E  asi  dicho 
aquesto ,  las  trompetas  é  atabales  sonaron  con  gran- 
de estruendo.  Estonces  todos  los  Grandes  que  allí 
estaban  ,  é  toda  la  otra  gente  llegaron  á  besalle  las 
manos  con  grand  solemnidad ,  señaladamente  el 
Marqués  deVillena  é  los  criados  del  Rey  que  seguían 
BUS  pisadas.  ¡  O  crianza  desagradecida  !  j  O  fechura 
sin  bondad  !  que  después  de  puestos  en  tanta  pros- 
peridad ,  subidos  en  alta  cumbre  y  estados ,  con  tan- 
ta ingratitud  olvidasteis  ios  beneficios  que  del  Rey 
recebisteis.  ¡  O  servidores  perversos  que  así  vos  con- 
fonnasteis,  para  deshonrar  á  quien  vos  honró!  ¿Por 
qué  tan  nueva  perversidad  aveis  devisado  é  demos- 
trado á  las  gentes?  ¿  Por  qué  tan  sin  miedo  abris- 
teis las  puertas  de  la  traycion ,  é  quitasteis  el  velo 
de  la  vergüenza  á  la  deslealtad?  ¿Por  qué  aveis 
querido  que  la  lealtad  sea  traycion,  é  la  traycion 
por  lealtad  coronada?  Oygan  agora  pues  las  gen- 
tes de  las  España» ;  tomen  enxemplo  las  naciones 
del  mundo ;  aprendan  los  leales  á  ser  agradesci- 
dos;  sepan  los  hidalgos  mantener  lealtad,  é  los 
príncipes  terrenales  noten  bien  é  contemplen  la 
nobleza  de  aqueste  Rey  é  la  vileza  de  sus  cria- 
dos, que  rescibiendo  menosprecios  é  vituperios  é 
baldones,  se  tornó  siempre  mejor,  y  ellos  rescibien- 
do siempre  beneficios  é  honras  é  señoríos  se  hicie- 
ron muy  peores  ;  de  tal  guisa ,  que  por  la  grand  bon- 
dad del  señor,  hayan  conosciraiento  de  la  malvada 
villanía  de  sus  perversos  criados,  é  vean  ó  conozcan 
con  quan  doloroso  manto  cubrieron  sus  personas 
para  herencia  de  sus  hijos. 

CAPITULO  LXXV. 

De  lo  qae  sucedió  en  Salamanca  ,  y  lo  que  el  Rey  hizo,  quando 
supo  la  novedad  que  los  caballeros  hicieron  contra  él. 

Sabida  la  novedad  y  el  caso  tan  feo  que  los  caba- 
lleros avian  fecho  en  Avila ,  el  Rey  con  mucho  re- 
poso ,  sin  tomar  alteración ,  dixo  :  «  Agora  podré  yo 
))  descir  aquello  que  dixo  el  Profeta  Isaías  en  perso- 
ftna  de  Dios  contra  el  pueblo  de  Israel,  quando  ido- 
»  latrando  se  apartaron  de  él ,  para  seguir  á  los  ído- 
ft  los  de  los  gentiles.  Crié  hijos  é  púselos  en  grand 
n  estado ,  y  ellos  menospreciáronme.  Pero  puesto  que 
»  aquellos  mis  criados  é  los  otros  caballeros  como 
»  desleales  pensaron  ofenderme  con  aquel  corruto 
«traslado  de  la  estatua  de  mi  persona,  que  así  des- 
w compusieron ,  apartándose  de  mi  servicio,  para 
»  conseguir  sus  ordenadas  tiranías ,  no  podrán  tanto 
»  hacer ,  que  el  original  verdadero  que  soy  yo ,  no 
))fie  quede  muy  sano  pava  sacarlos  mentirosos.  Es- 
Cr— III. 


n  pero  en  la  soberana  voluntad  de  mi  Redentor  Je- 
»  su-Christo  ,  como  justo  juez  de  los  Reyes ,  que  su 
»  maldad  será  destruyda,  é  mi  limpia  inocencia  ma- 
»  nif  estada  ;  porque  quanto  agora  ee  glorífican  de 
n  ser  traydores ,  vernán  después  con  mayor  dolor,  y 
«lloren  porque  nascieron.»  ¡  O  palabras  dignas  de 
ser  pronunciadas  por  boca  de  Rey  ,  si  así  se  consi- 
guieran las  obras  con  el  dicho!  Mas  como  los  cora- 
zones de  los  Reyes  están  en  las  manos  de  Dios,  vuél- 
velos adonde  quiere  ;  múdales  el  querer  ;  quítales  el 
enfuerzo ;  hácelos  errar  como  beodos ,  é  andar  fuera 
de  camino ,  sin  que  sepan  atinar.  Certificado  el  Rey 
por  extenso  de  los  abtos  que  se  hicieron  por  los  ca- 
balleros, acordó  de  llamar,  así  á  los  Grandes  de  su 
Reyno  que  'sintió  que  le  serian  leales,  como  á  las 
oti-as  gentes  comunes  é  populares ;  é  así  acordado, 
mandó  hacer  sus  cartas  de  llamamiento.  En  este  me- 
dio tiempo  comenzaron  de  llegar  á  él  mensageros  de 
diversas  partes  con  nuevas  mas  dolorosas  que  pla- 
centeras, é  mas  tristes  que  llenas  de  solaz.  Unos  le 
hicieron  saber  como  en  la  cibdad  de  Toledo  ,  Pedro 
López  de  Ayala  y  el  Mariscal  Payo  de  Ribera  con 
otros  caballeros  é  grand  parte  del  pueblo,  se  avian 
puesto  en  armas  é  prendido  á  su  Asistente  Pedro  de 
Guzman ,  é  le  tomaron  el  Alcázar  é  las  puertas ;  ó 
ansí  tomadas ,  que  alzaron  pendones  por  su  herma- 
no. Otros  mensageros  le  hacían  saber  como  la  cib- 
dad de  Burgos  era  rebelada  contra  él ,  é  avian  alza- 
do pendones  por  su  hermano.  Otros  mensageros  le 
certificaron  como  Don  Pedro  Girón,  Maestre  de  Ca- 
latrava,  andaba  muy  poderosamente  por  el  Anda- 
lucía ,  é  avia  fecho  rebelar  las  cibdades  de  Sevilla  é 
Córdoba  contra  él ,  y  al  Duque  de  Medina  Sidonia 
Don  Juan  de  Guzman,  é  á  Don  Juan  Ponce  de  León, 
Conde  de  Arcos.  Entonces  el  Rey,  oídas  las  nuevas 
de  tantas  rebeliones ,  respondió  con  grand  pascien- 
cia:  «Desnudo  salí  del  vientre  de  mi  madre,  é  des- 
»  nudo  me  espera  la  tierra:  no  puede  morir  ninguno 
«tan  pobre  como  nació:  si  agora  me  azota  Dios  por 
«mis  pecados,  después  les  dará  remedio  é  salud; 
B  porque  su  infinito  poder  es  el  que  mata  y  el  que 
»  resucita ,  el  que  enferma  y  el  que  sana ,  el  que 
»  da  los  señoríos  y  los  quita,  el  que  hace  los  Re- 
«yes  é  los  deshace,  quando  él  quiere.»  Dichas 
aquestas  palabras ,  mandó  despachar  sus  cartas  por 
todo  el  Reyno  á  todos  los  Estados,  notificándo- 
les la  grand  traycion  é  maldad  de  los  caballeros  que 
así  se  avian  levantado  contra  él  é  alzado  por  Rey  al 
Príncipe  Don  Alonso  su  hermano ,  para  que  le  vi- 
niesen á  servir  é  ayudar  á  destruir  los  traydores, 
prometiendo  mercedes  y  exemptiones ,  libertades  é 
franquezas ,  en  tal  manera ,  que  muy  grand  parte 
del  Reyno  se  movió ,  é  vinieron  muy  ganosos  á  lo 
servir.  E  como  Don  Garci-Alvarez  de  Toledo,  Conde 
de  Alva,  era  ya  suyo,  é  estaba  mas  cercano  de  Sa- 
la.manca  que  ninguno  de  los  otros  caballeros  de  su 
partido,  vino  primero  á  servirlo  con  trescientos 
hombres  d'armas ,  é  duscientos  ginetes  ,  é  mil  peo- 
nes ;  donde  fué  muy  bien  rescebido.  E  así  venido, 
fué  acordado  que  el  Rey  con  bu  hueste  se  fuese  alle- 
gando contra  los  oncmifjns,  para  que  sonando  por  el 

10 


146 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Reyno  que  el  Rey  los  iba  á  cercar,  recorrería  ma- 
yor número  de  gente  á  laervillo  ,  é  con  mejor  gana. 
Concertada  la  partida ,  el  Rey  mandó  que  el  Conde 
de  Alva  con  su  gente ,  ó  Juan  Fernandez  Galindo, 
Capitán  General  de  todas  sus  guardas,  é  Don  Alva- 
ro de  Mendoza  con  la  gente  d' armas ,  é  los  otros  Ca- 
pitanes con  sus  gentes  se  fuesen  juntos  ordenada- 
mente á  aposentar  á  Zamora.  El  Roy  con  poca  gen- 
te se  fué  por  Ledesma,  é  llevó  consigo  á  la  Reynaé 
á  la  Infanta  su  hermana;  donde  llegado  ,  el  Duque 
de  Alburquerque  le  hizo  allí  muchas  fiestas.  Entre- 
tanto que  así  le  festejaba,  juntó  duscientos  hombres 
d'armas  é  trescientos  ginetes.  Pasados  ocho  dias  que 
el  Rey  estuvo  en  Ledesma ,  acordó  de  se  ir  á  Zamo- 
ra é  juntarse  con  sus  gentes ;  é  mandó  que  la  Reyna 
se  fuese  desde  allí  á  ver  con  el  Rey  de  Portugal  su 
hermano ,  para  que  si  necesario  fuese ,  concertase 
con  él  que  según  la  confederación  entre  ellos  fecha, 
le  enviase  gente.  Con  la  Reyna  fué  la  Infanta  Doña 
Isabel ;  pero  á  la  verdad  aquellas  vistas  aprovecha- 
ron poco.  El  Rey  se  partió  para  Zamora  ,  donde  le 
fué  fecho  solemne  recibimiento  con  grand  alegría 
de  todo  el  pueblo.  Llegado  el  Rey  á  Zamora,  vino 
allí  luego  á  lo  servir  Don  Alvar  Pérez  Osorio ,  Con- 
de de  Trastamara,  con  ducientos  hombres  d'armas, 
é  otros  tantos  ginetes.  En  pos  de  él  vino  Don  Juan 
de  Acuña ,  Conde  de  Valencia ,  con  cien  hombres 
d'armas  é  ducientos  ginetes,  en  tal  manera,  que  ya  el 
partido  del  Rey  se  mostraba  crescido.  E  entretanto 
que  las  otras  gentes ,  así  de  los  caballeros  Grandes, 
como  de  los  otros  pequeños  venían,  mandó  á  dos  ca- 
pitanes suyos  que  con  trescientos  rocines  se  fuesen 
á  Segovia ,  ó  truxesen  á  su  hija  Doña  Juana.  La 
qual  traída,  mandó  que  le  fuese  fecho  rescibimíento 
de  Princesa ;  é  así  fué  rescebida  con  mucha  solem- 
nidad, ó  metida  en  la  cibdad  con  su  rico  palio,  se- 
gún se  acostumbraba  hacer  á  los  Príncipes  here- 
deros. 

CAPÍTULO  LXXVI. 

Como  el  Maestre  de  Calatrava  hizo  grandes  novedades  en  el  An- 
dalucía contra  los  servidores  leales  del  Rey,  é  lo  que  allí  sub- 
cedió. 

Aunque  las  cosas  del  Rey  parescian  llevar  algu- 
na mejoría  y  estar  en  camino  de  recobramiento,  así 
por  los  muchos  señores  que  eran  de  su  parte,  como 
por  la  grand  muchedumbre  de  gentes  que  lo  venían 
á  servir,  por  donde  se  hallaba  tan  poderoso ,  que  á 
otra  mayor  hueste  que  á  la  de  sus  enemigos  pudiera 
vencer  y  destruir,  ni  por  eso  cesaba  jamas  la  desen- 
frenada desobediencia  de  Don  Pedro  Girón ,  Maestre 
de  Calatrava,  de  guerrear  á  los  leales  servidores  del 
Rey,  é  perseguir  las  cibdades  que  estaban  por  él  en 
el  Andalucía,  en  tal  manera ,  que  unas  veces  rogan- 
do, otras  con  dádivas,  otras  amenazando,  é  otras  ve- 
ces con  halago,  hacia  pervertir  á  muchos,  que  esta- 
ban con  buen  deseo  dé  servir  al  Rey,  para  que  fue- 
sen tales  como  él  y  siguiesen  sus  pisadas.  E  como 
Don  Juan  de  Valenzuela,  Prior  de  Sanct  Juan ,  fue- 
se uno  de  los  leales  que  seguían  el  partido  del  Rey, 


este  Maestre  de  Calatrava  trató  vistas  con  él,  é  des- 
pués de  dadas  grandes  firmezas  é  seguridades  de 
cada  parte,  venidos  entrambos  á  las  vistas,  el  Maes- 
tre rogó  al  Prior  quisiese  dexar  la  voz  del  Rey  é 
confederarse  con  él,  é  seguir  el  partido  del  Príncipe 
Don  Alonso,  á  quien  él  llamaba  Rey ;  y  el  Prior  le 
respondió,  que  nunca  Dios  quisiese  que  él  oviese  de 
olvidar  los  beneficios  que  el  Rey  le  avia  fecho  é  ser 
contra  él.  Estonces  el  Maestre ,  quebrantando  su  fé 
y  palabra,  que  con  tanta  firmeza  é  seguridad  avia 
dado,  prendiólo  muy  deshonestamente ,  é  púsolo  en 
muy  grand  estrecho,  hasta  que  le  hizo  entregar  á 
Lora  y  á  Setefilla,  que  son  una  villa  é  dos  fortalezas 
del  Prioradgo  de  Sanct  Juan.  Y  entregadas,  é  suel- 
to el  Prior,  fué  luego ,  é  tomó  la  villa  de  Alcázar  de 
Consuegra;  é  tomada,  puso  luego  cerco  sobre  la  for- 
taleza de  Consuegra,  hasta  que  por  hambre  el  Al- 
cayde  é  los  que  estaban  dentro  se  ovieron  de  dar ;  y 
entregada,  puso  luego  su  Alcayde.  E  no  solamente 
aquesto,  que  fué  quitalle  la  mayor  parte  de  su  Prio- 
radgo ,  mas  despojólo  para  siempre  del  señorío  de 
él ;  porque  lo  entregó  á  Don  Alvaro  de  Zúfiiga,  hijo 
tercero  del  Conde  de  Plasencia  ;  por  donde  nunca 
se  pudo  recobrar.  E  no  contento  con  aquesto ,  trató 
vistas  con  el  Obispo  de  Jahen,  que  se  desoía  de  pe- 
leas, y  escribióle  como  se  iba  á  folgar  é  verse  con 
él  en  un  lugar  de  su  Obispado ,  adonde  estaba  lo 
mas  del  tiempo  ,  que  se  dice  Bexixar ;  y  llegado 
allí,  el  Obispo  le  rescibió  con  mucho  amor,  é  le  hi- 
zo la  mayor  fiesta  que  se  pudo  ;  y  el  Maestre  por 
pagalle  la  honra  que  le  avia  fecho ,  é  que  así  avia 
rescebido  en  su  casa,  porque  no  quiso  ser  contra  el 
Rey,  que  lo  avia  fecho,  mandóle  robar  todo  el  dine- 
ro é  la  plata  é  joyas  é  atavíos  que  allí  tenia;  tanto, 
que  le  dexó  pobre  por  muchos  dias.  Fecho  aquesto, 
para  dar  cumplimiento  en  la  romería  de  su  dañado 
propósito,  rompió  guerra  contra  los  caballeros  é  cib- 
dades é  villas  del  Andalucía  que  estaban  por  el  Rey, 
en  tal  manera,  que  de  los  unos  é  de  los  otros  se  ha- 
cían muchas  muertes  é  robos ;  é  lo  que  peor  é  mas 
abominable  paresció  á  los  oyentes  fué  que  no  sola- 
mente se  glorificaba  de  guerrear  y  alterar  la  tierra 
contra  su  Rey  natural,  que  lo  hizo,  mas  ponía  rota- 
mente la  lengua  en  su  Real  persona,  tanto  que  po- 
nía ten'or  en  los  corazones.  ¡  O  Maestre  Don  Pedro 
Girón,  ingrato  criado  y  desvergonzado  subdito!  ¿qué 
infamia  querrás  imponer  al  Rey,  que  te  hizo,  que  la 
tuya  no  sea  mayor?  ¿  de  qué  insultos  lo  querrás  acu- 
sar, que  á  tí  mesmo  no  te  condenes?  ¿qué  males  di- 
rás que  hizo,  que  no  sea  escupir  en  tu  cara?  ¡  en  qué 
lo  querrás  desdorar,  que  tú  no  quedes  vestido  de  lo- 
do? Pues  dime  agora  ,  ingrato  criado,  al  que  siem- 
pre te  hizo  mercedes,  al  que  te  dio  tanta  pujanza,  al 
que  te  subió  en  tan  alto  estado,  al  que  nunca  te  hi- 
zo yerro,  é  tantas  veces  perdonó  los  tuyos ,  al  que 
siempre  te  trató  con  mucho  amor,  ¿cómo  lo  pediste 
deshonrar?  ¿  qual  corazón  te  bastó  para  perseguillo 
tan  sin  piedad  ?  ¿qué  crueldad  fué  la  tuya  dalle  tan 
feo  pago  por  tan  altos  beneficios  como  de  él  resce- 
biste?  Pues,  blasfemador  de  Dios,  é  renegador  de 
eu  divinal  bondad,  ofendedor  de  su  bendita  clemen- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


147 


cia,  con  tan  poco  temor  de  su  grand  poderío,  no  me 
quiero  mara\  illar  que  deshonres  al  que  te  hizo  del 
polvo. — E  puesto  que  con  su  maldescir  atraía  algu- 
nos, otros  como  discretos,  temerosos  de  Dios  é  cela- 
dores de  la  lealtad,  sostenían  la  voz  del  Rey ,  é  de- 
fendían la  tierra  de  su  persecución.  E  pues  como 
leales  se  mostraron  en  servicio  de  su  Rey  aquestos, 
que  con  las  armas  iban  contra  el  Maestre  de  Cala- 
trava,  justa  cosa  es  que  sean  "nombrados,  porque 
gocen  sus  subcesores  de  la  lealtad  de  sus  padres ,  é 
se  glorifiquen  de  su  limpieza.  El  primero  fué  Don 
Juan  de  Valenzuela ,  Prior  de  Sanct  Juan  ,  que  se 
perdió  por  ser  leal ;  é  Don  Miguel  Lúeas  Diranzo, 
Condestable  de  Castilla,  que  defendió  la  cibdad  de 
Jahen  con  toda  su  tierra,  sosteniendo  la  voz  del  Rey; 
é  Don  Pedro  de  Córdoba,  Conde  de  Cabra,  é  sus  hi- 
jos; é  Don  Diego,  el  Mariscal  de  Castilla,  é  Don 
Martin  su  hermano ,  Comendador  de  Estepa ;  é  Mar- 
tín Alonso,  Señor  de  Alcaudete.  E  si  aquestos  como 
leales  deben  quedar  remembrados ,  no  dexemos  ni 
pongamos  en  olvido  á  los  desleales  que  sin  ver- 
güenza se  armaron  contra  su  Rey ;  porque  por  el 
loor  de  los  unos  queden  los  otros  en  perpetua  me- 
moria denostados  para  vituperio  de  sus  herederos. 
Era  el  primero  Don  Pedro  Girón,  Maestre  de  Cala- 
trava;  é  Don  Juan  de  Guzman,  Duque  de  Medina 
Sidonia ,  Conde  de  Niebla ;  é  Don  Pedro  de  Zúñiga, 
su  yerno,  hijo  mayor  de  la  casa  de  Plasencia ;  Don 
Juan  Ponce  de  León,  Conde  de  Arcos,  ó  Don  Rodri- 
go Ponce  de  León,  su  hijo  mayor.  Aquestos  se  alza- 
ron con  Sevilla,  é  se  rebelaron  contra  el  Rey.  Don 
Alonso  de  Aguilar  se  rebeló  con  la  cibdad  de  Cór- 
doba, é  acogió  en  ella  al  Maestre  de  Calatrava,  á  cu- 
ya cabsa  se  hicieron  grandes  males  por  todas  las 
comarcas. 

CAPÍTULO  LXXVII. 

Como  el  Rey  se  partió  de  Zamora,  é  se  fué  á  Toro  con  su  hueste; 
é  lo  que  después  subcedió. 

Desque  el  Rey  vio  que  su  poder  iba  crescíendo ,  y 
grand  multitud  de  gentíos  venían  de  contíno  á  lo 
servir  con  mucho  amor,  vista  la  maldad  de  los  ca- 
balleros tiranos  que  contra  él  se  avian  mostrado,  fué 
acordado  en  su  alto  Consejo  que  se  debía  ir  á  Toro 
con  todo  el  exército  de  su  hueste,  donde  se  acaba- 
rian  de  juntar  los  otros  señores,  que  lo  venían  á  ser- 
vir. E  así  llegado  á  Toro,  fuéle  notificado  como  los 
caballeros  tíranos  avían  salido  de  Valladolid,  y  eran 
idos  sobre  Pefiaflor ,  é  la  aportillaron  todo  el  muro 
en  derredor ;  é  que  desde  allí  se  iban  á  poner  cerco 
sobre  Simancas.  Estonces  el  Rey  mandó  á  Juan  Fer- 
nandez Galindo,  su  Capitán  General  é  leal ,  que  se 
fuese  luego  é  meter  dentro  con  mil  de  á  caballo  pa- 
ra defendella  ;  é  que  si  fuese  menester  mas  gente, 
que  él  iría  en  persona  con  toda  su  gente.  E  así  Juan 
Fernandez  se  fué  á  Simancas,  donde  llegado,  é  pues- 
ta buena  guarda  en  la  villa ,  vinieron  dende  á  dos 
días  los  tiranos  sobre  ella,  é  pusieron  su  real  encima 
de  una  cuesta  que  está  casi  junta  con  el  lugar.  Pero 
como  ya  la  vilU  estaba  muy  bien  bastecida  asi  de 


gente,  como  de  las  otras  cosas  que  eran  necesarias 
para  defensa  de  ella,  no  la  pudieron  facer  daño  nin- 
guno, antes  los  cercadores  les  rescebian,  y  estaban 
mas  temerosos  que  los  cercados.  E  de  aquí  cresció 
tanto  esfuerzo  y  osadía  á  los  de  dentro,  que  los  mo- 
zos d'espuelas  que  allí  estaban,  tovieron  atrevimien- 
to de  se  juntar  una  grand  copia  de  ellos,  é  así  jun- 
tos acordaron  de  hacer  entre  sí  una  estatua,  que  re- 
presentábala persona  de  Don  Alonso  Carrillo,  Arzo- 
bispo de  Toledo,  al  que  llamaban  Don  Opas,  herma- 
no del  Conde  Don  Julián ,  que  metieron  los  Moros 
en  Castilla  contra  el  Rey  Don  Rodrigo  ,  por  donde 
fué  perdida  España.  E  así  fecha  la  estatua,  é  pues- 
ta en  prisión,  uno  de  ellos  se  asentó  como  Juez ,  é 
mandó  traer  la  estatua  delante  de  él,  é  pronuncian- 
do sentencia,  dixo:  «Que  por  quanto  Don  Alonso 
Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo,  siguiendo  las  pisadas 
del  Obispo  Don  Opas,  el  traydor  destruidor  de  las 
Espafias ,  avia  seido  traydor  á  su  rey  é  señor  natu- 
ral, rebelándose  contra  él  con  los  lugares  é  fortale- 
zas é  dineros  que  le  avia  dado  para  que  lo  sirviese: 
por  ende,  que  vistos  los  méritos  del  proceso ,  por  el 
qual  se  manifestaban  sus  feos  insultos  y  delíctos, 
mandaba  que  fuese  quemado,  llevándolo  por  las  ca- 
lles é  lugares  públicos  de  Simancas,  á  voz  do  prego- 
nero, diciendo  :  «Esta  es  la  justicia  que  mandan  ha- 
cer de  aqueste  cruel  Don  Opas  ;  por  quanto  rescebí- 
dos  lugares,  fortalezas  é  dineros  para  servir  á  su 
Rey,  se  rebeló  contra  él :  mándanle  quemar  en  prue- 
ba é  pena  de  su  maleficio :  quien  tal  fizo',  que  tal 
haya. »  Dada  la  sentencia,  un  mozo  d'espuelas  tomó 
la  estatua  en  las  manos ,  y  así  pregonando  la  saca- 
ron fuera  de  la  villa  á  vista  del  real.  Con  esta  esta- 
tua iban  mas  de  trescientos  mozos  d'espuelas,  acom- 
pañándola. A  las  voces  de  aqueste  pregón  se  para- 
ron los  caballeros  é  gentes  del  real  á  mirar ;  é  des- 
que los  mozos  llegaron  casi  en  comedio  del  real  é 
de  la  villa,  hicieron  una  grand  foguera,  donde  que- 
maron aquella  estatua ;  y  quemada ,  comenzaron  á 
desoír  en  alta  voz  un  cantar,  que  descia : 

Esta  es  Simancas, 
Don  Opas  traidor, 
Esta  es  Simancas, 
Que  no  Pefiaflor, 

con  otras  coplas  muy  feas,  que  contra  él  se  descían. 
Aqueste  cantar  duró  grand  tiempo  en  Castilla,  que 
le  cantaban  á  las  puertas  del  Rey  é  de  los  otros  ca- 
balleros. E  quando  los  caballeros  del  cerco  vieron 
que  estar  sobre  Simancas  no  aprovechaba,  ni  se  po- 
día tomar  por  combate,  ni  mucho  menos  por  ham- 
bre ,  é  que  ya  el  Rey  se  acercaba  con  grand  poder 
contra  ellos,  acordaron  de  levantar  su  real,  y  levan- 
tado, se  tomaron  á  Valladolid.  i 


CAPÍTULO  LXXVIII. 

Como  estando  el  Rey  en  Toro  vino  mucha  gente  á  lo  servir ,  así 
caballeros  de  grandes  estados,  como  de  otra  gente  de  á  pie  y 
de  á  caballo. 

Después  que  por  el  Reyno  se  fué  conoscíendo  la 
grand  tiranía  é  deslealtad  de  los  caballeros  enerai- 


148 


CRÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 


gos  del  Rey,  é  vista  la  persecución  é  dolorosa  infa- 
mia de  su  Rey ,  muy  ganosamente  so  movieron 
grandes  gentios,  así  de  mayor  condición  como  de 
menor,  é  vinieron  para  lo  servir.  E  luego  vino  allí  á 
Toro  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza ,  Marqués  de 
Santillana,  é  Conde  del  Real  de  Manzanares  con  se- 
tecientos rocines  hombres  d'armas  é  ginetes,  é  con 
mucho  peona  ge.  Vino  Don  Luis  de  la  Cerda,  Con- 
de de  Medina-Celi,  con  quinientos  rocines  é  grand 
peonage.  Vino  Don  Pedro  de  Mendoza ,  Conde  de 
Almazan ,  con  duscientos  rocines.  Llegaron  al  mis- 
mo tiempo  muchos  hijos-dalgo  de  las  montañas,  así 
de  á  pié  como  de  á  caballo  en  tan  grand  cantidad  é 
en  tal  manera,  que  la  hueste  del  Rey  no  podía  ca- 
ber en  lo  poblado ,  é  fué  necesario  salir  luego  al 
campo,  é  poner  su  real  ordenadamente.  Halláronse 
allí  ochenta  mil  peones  é  catorce  mil  de  á  caballo, 
ganosos  de  pelear  é  venir  á  las  manos  con  los  tira- 
nos que  avian  deshonrado  su  Rey  natural.  E  si  tal 
fuera  la  gana  del  Rey,  como  el  deseo  de  sus  subdi- 
tos, é  si  tal  corazón  quisiera  tener  para  destruir  á 
sus  enemigos ,  como  aquellos  venían  dispuestos  pa- 
ra dar  la  batalla,  muy  ligeramente  é  sin  muchas 
muertes  se  alcanzara  la  victoria  y  fueran  destrui- 
dos. Mas  como  en  esto  y  en  las  otras  cosas  se  hace 
lo  que  Dios  quiere ,  y  no  lo  que  piensan  los  hom- 
bres, vienen  los  sucesos  como  lo  dispone  la  divinal 
providencia.  Visto  el  grand  poderío  con  que  el  Rey 
se  hallaba,  así  de  muchas  gentes,  como  de  grandes 
tesoros  para  pagallas,  mandó  llamar  á  consejo  á  to- 
dos aquellos  señores,  que  allí  eran  venidos  á  servi- 
11o ;  é  convenidos  ante  su  real  presencia,  díxoles  que 
viesen  lo  que  se  debía  hacer,  y  diesen  orden  en  ello. 
Fué  acordado  que  se  fuesen  derechos  á  poner  su  real 
cerca  de  Simancas  ;  porque  estando  allí  paresceria 
que  tenia  cercados  á  sus  enemigos,  é  afloxaria  su 
partido.  Ávido  aqueste  acuerdo ,  luego  otro  día  si- 
guiente ajuntados  todos  aquellos  señores  en  la  Igle- 
sia del  Sancto  Sepulcro ,  oyeron  su  misa  solepne  é 
bendichas  las  banderas  con  grand  cerimonia,  an- 
dubieron  con  ellas  en  procesión  al  derredor  de  la 
Iglesia. 

CAPÍTULO  LXXIX. 

Como  el  Rey  partió  de  Toro  con  toda  su  hueste,  y  se  fué  á  poner 
su  real  cerca  de  Simancas ,  y  lo  que  allf  suLcedió. 

Después  que  las  banderas  fueron  bendichas ,  é 
todas  las  gentes  apercebidas  ,  el  Rey  con  toda  su 
hueste  é  Corte  se  partió  otro  día  siguiente ,  sus  ba- 
tallas ordenadas  en  esta  manera :  que  por  quanto  el 
Conde  de  Alva  fué  el  primero  que  lo  vino  á  servir, 
que  llevase  la  delantera  de  todas  las  batallas  contra 
los  enemigos  ;  é  de  la  batalla  Real,  donde  el  pen- 
dón é  las  banderas  del  Rey  iban  desplegadas,  que 
fuese  capitán  el  Obispo  de  Calahorra ;  é  después  to- 
dos loa  otros  señores ,  cada  uno  con  las  batallas  do 
su  gente.  Aquel  día  se  fueron  á  juntar  y  aposentar 
junto  con  la  villa  de  Castronufio,  ribera  del  rio  de 
Duero.  Otro  día  siguiente ,  tocadas  las  trompetas, 
tomaron   su  camino ,  é    fuéronse    á  aposentar  al 


derredor  de  Tordesillas ,  ribera  del  rio.  Entretanto 
que  la  hueste  llegaba  al  aposentamiento,  donde 
aquella  noche  avian  de  reposar,  acaesció  que  un  ca- 
pitán del  Rey,  llamado  Garci-Mendez  de  Badajoz, 
salió  con  duscientos  rocines  de  su  capitania  por  una 
traviesa  cerca  de  Valladolid,  por  donde  se  encontró 
con  un  caballero  del  Almirante,  que  sollamaba  Juan 
Carrillo,  el  qual  traia  consigo  hasta  cinquenta  de  á 
caballo.  E  como  el  Garci-Mendez  lo  vio,  fuese  luego 
contra  él,  é  por  la  sobra  de  su  gente  fué  herido 
Juan  Carrillo  de  muerte,  é  preso  él  y  toda  su  gente; 
é  así  preso  trúxolo  á  una  ermita ,  que  estaba  en  un 
llano  fuera  de  Tordesillas  á  la  parte  del  rio.  E  co- 
mo Juan  Carrillo  se  vio  preso  y  herido  de  muerte, 
rogó  á  Garci-Mendez  que  de  su  parte  suplicase  al 
Rey  le  quisiese  ver,  para  decirle  algunas  cosas  que 
mucho  cumplían  á  su  servicio  y  al  bien  de  su  vida, 
é  para  el  descargo  de  su  propia  conciencia  ;  é  Gar- 
ci-Mendez lo  hizo  así.  Estonces  el  Rey  á  suplicación 
de  su  capitán  fué  allí  á  la  ermita,  é  llegado,  como 
Juan  Carrillo  vido  al  Rey,  con  muchas  lágrimas,  le 
dixo :  «  Por  cierto,  Señor,  yo  he  seido  traydor  contra 
»  vuestra  Alteza  tantas  veces',  que  aunque  muchos 
«días  me  quedasen  para  vivir,  é  no  tengo  dos  ho- 
wras,  dubdo  si  podría  hacer  satisf ación  y  enmienda 
»  dello.  E  lo  que  agora  con  todo  lo  otro  mas  me  re- 
» muerde  la  consciencia,  es  que  yo  é  algunos  oü-os 
» caballeros  de  mi  suerte  por  mandado  de  algunoG 
«señores,  que  mandárnoslo  podían,  estábamos  con- 
» cortados  de  matará  vuestra  Alteza,  poniendo  laa 
«manos  cruelmente  en  su  Real  persona.  Eparabus- 
»  car  lugar  é  tiempo  convenible  para  ello,  era  hoy  yo 
«salido  al  campo,  donde  mis  pecados  me  compren- 
«  dieron  é  me  dieron  el  pago  de  mis  merecimientos. 
«  Por  tanto  con  quanta  humildad  é  reverencia  pue- 
»  do,  á  vuestra  Excelencia  suplico  que  usando  de  su 
»  acostumbrada  clemencia  y  humanidad,  me  quiera 
«perdonar  ;  porque  si  vuestra  Real  Señoría,  como 
«mi  verdadero  Rey  y  Señor  natural ,  á  quien  tanto 
«he  deservido,  por  hacer  placer  á  mi  señor  el  Almi- 
nrante,  me  perdona,  espero  en  la  misericordia  de 
«Dios,  que  habrá  piedad  de  mi  ánima  pecadora.»  El 
Rey  oyda  su  habla,  con  mucha  benignidad  le  di- 
xo: «Juan  Carrillo,  según  mi  condición,  no  es  mu- 
«  cho  perdonaros  los  yerros  que  contra  mí  aveis  co- 
»  metido,  porque  los  Reyes  siempre  han  de  perdonar 
«sus  propias  injurias;  y  mayor  plascer  avria  que  vi- 
«viésedes  para  haceros  mercedes  por  ese  arrepenti- 
» miento  que  agora  mostráis,  para  que  conociésedes 
«quánto  meplasce  mas  la  clemencia  que  la  vengan- 
»za.  Yo  vos  perdono  de  buen  grado  :  plega  á  mi  se- 
«fior  Jesu-Christo  vos  perdone;  pero  conviene  que 
» me  digáis  quien  son  los  que  cabían  con  vos  en  la 
«traycion  de  mi  muerte.»  Respondió  Juan  Carrillo, 
que  le  píasela  de  decirgelo  en  secreto ;  é  así  aparta- 
dos todos  los  que  presentes  estaban ,  le  dixo  muy 
paso  quien  eran ;  pero  tanta  fué  la  nobleza  del  Rey, 
que  jamas  los  descubrió,  ni  se  pudo  saber  quien 
eran.  E  luego  que  el  Rey  se  partió  de  allí,  espiró 
Juan  Carrillo,  y  otro  dia  siguiente  se  partió  el  Rey 
con  sus  huestes,  ordenadas  las  batallas.  Era  tunta 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


149 


la  nmchidurubre  de  los  geutios  que  venían,  así  de  á 
caballo  como  de  á  pié ,  que  sin  duda  ponian  admi- 
ración á  los  que  los  miraban.  Fuéronse  á  aposentar 
en  un  grand  llano  entre  el  rio  de  Duero  y  el  rio  Pi- 
suerga,  que  pasa  por  Valladolid,  adonde  entrambos 
se  juntan ,  en  tal  manera  ,  que  ol  real  estaba  bien 
fortalecido  é  seguro  de  los  enemigos ;  y  el  Rey  con 
BU  hija  se  fué  á  aposentar  á  la  villa  de  Simancas. 

CAPÍTULO  LXXX 

De  como  la  venida  del  Rey  á  Simancas  fué  sin  pfoveebo  alguno. 

Venido  el  Rey  á  Simancas  poderosamente,  asen- 
tado el  real ,  é  fortificado  con  las  cavas  de  la  una 
parte  é  de  la  otra  con  los  dos  rios,  que  cercaban  casi 
la  mayor  parte  de  él,  estando  la  gente  muy  ganoaa 
de  pelear  é  de  venir  á  las  manos  con  los  tiranos^ 
subcedieron  las  cosas  de  tal  manera  y  forma,  que 
los  dias  se  pasaron  en  vano  ;  los  gastos  eran  excesi- 
vos en  las  pagas  del  sueldo ,  é  sin  provecho  ;  y  el 
trabajo  de  tantas  gentes  con  menos  fruto ,  de  tal 
guisa,  que  por  forma  de  los  tratos  engañosos  del 
Marqués  de  Villena,  por  muchas  vistas  en  el  campo, 
de  ninguna  ovo  conclusión  por  espesas  mensagerias 
de  poca  verdad  é  de  grandes  mentiras.  E  asi  la  ca- 
ballería se  tornó  tráfago  de  negociar ,  el  exército 
belicoso  interese  desvergonzado  ,  el  esfuerzo  varo- 
nil perezosa  floxedad,  la  arriscada  osadía  flaqueza 
de  corazón  ;  é  ansí  ni  la  guerra  truxo  paz,  ni  las  ar- 
mas dieron  sosiego  ,  ni  el  bullicio  puso  descanso  ; 
antes  denegada  la  batalla,  se  cabsaron  mayores  ba- 
tallas, recrescieron  mayores  escándalos,  é  subcedie- 
ron muchas  muertes.  Pero  de  aquesta  negligencia 
ó  flaca  solicitud,  no  se  podría  el  Rey  escusar  de 
grand  culpa,  ni  sus  caballeros  quedar  sin  mucho 
cargo  de  dura  reprensión  ;  porque  cosa  justa  fuera 
so  quisieran  conformar,  de  tal  guisa,  que  sin  descre- 
par  de  lo  que  al  bien  é  prospero  subceso  de  tan  ar- 
duo negocio  convenia,  sin  diferencia  ninguna  se 
debían  conformar,  sin  hacer  variación  hacia  diver- 
sos fines  ;  porque  si  con  celo  de  justicia  se  movían, 
y  el  sancto  proposito  de  sostener  la  verdad  los  guia- 
ba, convenible  cosa  fuera  que  dexando  las  malicias 
aparte,  y  arredrando  las  cabtelas  de  su  seno,  en  tal 
manera  debieran  estar  unidos,  que  si  en  los  caballe- 
ros faltaba  la  gana  de  ponello  á  las  manos,  el  Rey, 
á  quien  mas  que  á  todos  tocaba,  como  soberano  de- 
biera tener  sobrado  querer  para  hacerlo  executar ; 
y  si  en  el  Rey  se  apocaba  la  voluntad  de  lo  que  mas 
le  cumplía,  en  sus  caballeros  debiera  sobrepujar  el 
deseo  de  lo  poner  en  arrisco ;  ca  sabida  cosa  es  é 
muy  manifiesta  que  la  honra  de  la  victoria  siempre 
cuelga  del  peligro ,  y  no  de  rehuir  la  batalla.  E 
puesto  que  aquestos  caballeros  como  leales  vinieron 
á  servir  á  su  Rey,  no  so  les  quitará  por  eso  la  cul- 
pa de  ser  remisos  en  lo  que  pudieran  é  debieran  ha- 
cer si  quisieran,  pues  que  no  lo  hicieron ;  porque 
muchas  cosas  quieren  los  reyes  como  gx'andes,  que 
les  debieran  ser  denegadas  é  como  á  hombres  con- 
sentidas, é  otras  que  como  á  hombres  se  las  deben 
arredrar, é  como  á  Reyes  aver  por  buenas,  conside- 


rando que  de  los  príncipes  é  reyes  que  señorean  é 
reyuan  en  el  mundo,  unos  son  buenos  reyes  é  ma- 
los hombres  ,  é  otros  son  malos  hombres  é  buenos 
reyes ;  como  sea  cosa  cierta,  que  quanto  los  unos 
como  hombres,  quando  suben  á  la  cumbre  del  seño- 
río, son  derramadores  de  sangre,  omicidas  sin  com- 
pasión, vendicativos,  crueles  y  ágenos  de  piedad, 
tanto  los  otros  como  reyes ,  quando  tienen  el  impe- 
rio, tienen  vestiduras  de  humanidad,  enforros  de 
clemencia,  é  mantos  de  caridad,  con  que  dignamen- 
te son  merecedores  del  trono  real  que  poseen.  E 
pues  de  aquestas  excelentes  insignias ,  é  otras  tales 
conoscian  los  caballeros  leales  que  estaba  compues- 
to su  Rey,  razonable  cosa  fuera  que  ellos,  sin  espe- 
rar su  mandado,  grado  ni  consentimiento,  procura- 
ran de  dar  la  batalla,  desafiando  á  los  tiranos  y  afean- 
do su  tiranía,  mayormente  pues  que  sabían  que  el 
Rey  en  alguna  manera  tenia  mas  flaqueza  é  piedad 
que  esfuerzo  y  osadía.  Mas  hablando  agora  con  re- 
verencia de  tan  alto  Rey ,  so  enmienda  de  la  noble 
caballería  é  leales  servidores  que  lo  seguían,  ¡quánto 
bien  paresciera  no  solamente  á  los  que  por  estonces 
vivían,  másalos  que  después  subcedierau,  quando 
fueran  sabídores  por  el  proceso  de  esta  historia,  que 
encendidos  en  ira  el  señor  é  los  subditos,  desenfre- 
nados con  saña  se  quisieran  vengar  de  sus  disolu- 
tos ofendedores!  Pues  que  Dios  lo  permitía,  é  que- 
ría que  se  hiciese ;  porque  destruidos  los  tiranos, 
crueles  dísf  amadores  de  su  Rey  é  de  su  nación  é  del 
Reyno  en  general,  rescibieran  el  pago  de  sus  obras ; 
sí  quiera  porque  punidos  los  traydores ,  quedaran 
ellos  coronados  como  leales ,  é  su  Rey  para  siempre 
restituido  en  su  honra  é  recobrada  su  fama ,  en  tal 
manera,  que  lloraran  los  desleales  su  abatimiento, 
y  los  leales  se  glorificaran  de  aver  sido  limpios,  sin 
ensuciar  su  linage.  Verdad  es  que  según  la  mucha 
gente  del  Rey,  é  la  poca  que  los  tíranos  tenían  en 
Valladolid,  no  tuvieran  osadía  de  salir  á  la  batalla, 
puesto  que  una  vez  les  fué  ofrescída;  pero  ellos 
como  los  acusaba  su  dañada  consciencia ,  é  remor- 
día la  gravedad  de  su  pecado,  no  la  quisieron  acep- 
tar, ni  se  atrevieron  á  salir,  antes  aunque  las  bata- 
llas del  Rey  se  allegaron  junto  á  los  muros  de  la 
villa,  jamás  se  mostraron  ni  dieron  lugar  á  que  nin- 
guno saliese  fuera  do  las  puertas.  En  aqueste  me- 
dio tiempo  llegó  la  Reyna  á  Simancas,  é  la  Infanta 
Doña  Isabel  con  ella,  que  venia  de  verse  con  el  Rey 
de  Portugal  su  hermano,  puesto  que  las  vistas  fue- 
ron sin  provecho  ,  con  cuya  venida  el  Rey  ovo 
plascer, 

CAPÍTULO  LXXXI. 

Como  el  Rey  se  vido  con  el  Marqués  de  Villena,  y  lo  que  alli  se 
concertó. 

Desque  ya  sintió  el  Marqués  de  Villena  la  floxe- 
dad del  Rey,  é  vido  como  les  avia  ofrescido  la  ba- 
talla, é  les  era  peligroso  aceptalla,  pasadas  algunas 
vistas  entre  el  Rey  y  él ,  un  día  acordó  de  verse  con 
el  Rey  á  solas  en  el  campo.  E  como  el  Rey  natural- 
mente era  mas  inclinado  á  los  tratos  que  al  rompí  • 


150 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


miento,  plúgole  de  ello,  é  salió  á  él.  E  asi  vistos,  el 
Marqués  le  prometió  que  hasta  cierto  tiempo  limi- 
tado daría  orden  como  él  é  todos  los  otros  caballe- 
ros é  perlados  de  su  partido  se  tornasen  á  su  obi- 
diencia  ó  servicio,  y  quitarla  á  su  hermano  el  titulo 
de  Rey,  con  tanto  que  mandase  luego  levantar  el 
real  y  derramase  la  gente :  lo  qual  el  Rey  aceptó 
de  buena  gana.  ¡  O  Rey  poderoso,  Príncipe  de  tanta 
grandeza,  subido  en  tan  alta  cumbre  é  puesto  en 
tan  próspero  estado ,  quanto  nunca  Rey  de  sus  an- 
tepasados se  vio !  ¿  cómo  te  osas  confiar  de  aquel  que 
asi  te  destruyó  ?  ¿  cómo  puedes  dar  crédito  á  aquel 
que  con  tantos  vituperios  te  dexó  deshonrado  ?  ¿qué 
mas  peligrosa  confianza ,  qué  mas  vana  seguridad, 
ni  engañosa  certidumbre  pudo  ser  para  tí,  que  dar 
crédito  al  mentiroso,  convencerte  de  su  falsedad,  é 
consentir  en  sus  engaños?  Ca  ciertamente  no  se  po- 
dría llamar  pasciencia  la  tuya,  ni  enxemplo  de  hu- 
mildad, mas  gana  de  ser  engañado,  é  voluntad  de 
vivir  sojuzgado.  E  tú.  Marqués  de  Villena,  espejo 
de  la  ingratitud,  tiranía  é  insaciable  codicia  desor- 
denada, ¿quál  corazón  te  pudo  bastar,  ni  tuviste, 
para  destruir  á  quien  te  hizo ,  y  deshonrar  á  quien 
te  honró,  y  perseguir  á  quien  te  dio  tanta  grande- 
za? ¿Por  qué  disfamaste  al  que  te  hizo  famoso? 
¿  Por  qué  denostaste  al  que  te  puso  en  estado?  Con- 
tentarte debieras  con  que  te  hizo  tan  grand  Señor, 
é  no  pesarte  porque  á  otros  hiciese  grandes ;  ca 
bien  sabes  tú  que  los  Reyes  tienen  el  oficio  de  Dios 
en  la  tierra,  é  ensalzan  á  los  pobres ,  y  levantan  á 
los  pequeños  del  polvo.  Tan  grande  fué  tu  cruel- 
dad como  la  de  los  Griegos  contra  los  Troyanos. 
Tan  despiadado  fué  tu  insulto,  como  el  de  las  ma- 
dres cercadas  en  Jerusalen,  que  aquellas  sin  piedad 
se  comieron  á  sus  hijos.  E  tú,  desleal,  ¿cómo  á  tu 
Rey  é  á  tu  Señor,  y  al  hacedor  que  te  puso  en  tan 
alta  cumbre,  quieres  mas  perseguir?  ¿Porque  no  te 
contentas  de  los  engaños  pasados,  que  agora  de 
nuevo  lo  tornas  á  engañar  ?  Prometes  para  no  cum- 
plir, é  juras  lo  que  no  harás,  é  certificas  lo  que  nun- 
ca verná  en  efecto,  ni  tú  has  gana  que  se  cumpla. 
Fíase  tu  Rey  de  tus  palabras,  deseando  la  paz,  por 
escusar  muertes  é  robos ;  y  tú  como  escandaloso  bus- 
cas alteraciones .  Créese  tu  Rey  de  tus  promesas ,  é 
tu,  alborotador,  despiertas  los  boUicios,  Después 
que  el  Rey  ovo  determinado  de  hacer  lo  que  el  Mar- 
qués de  Villena  le  pedia,  é  quedó  asi  concertado, 
tornóse  é  Simancas ,  y  el  Marqués  para  Valladolid. 

CAPÍTULO  LXXXII. 

Como  el  Rey  mandó  levantar  su  real ;  y  la  habla  que  hizo  i  los 
caballeros ;  y  las  mercedes  que  les  dio,  y  confirmó. 

Luego  que  el  Rey  fué  venido  de  las  vistas  á  Si- 
mancas ,  mandó  llamar  á  los  caballeros  é  personas 
principales  de  su  real ;  los  quales  venidos  delante 
de  su  Real  presencia,  lesdixo:  a  Todos  los  Reyes 
»Christiano8,  porque  reynan  en  nombre  de  Jesu- 
n  Christo  en  la  tierra,  han  de  ser  padres  de  sus  súbdi- 
»tos,  sus  tutores  é  defensores,  para  quitallos  de  la 
«muerte  é  procurarles  la  vida,  E  por  eso,  yo  avien- 


»do  compasión  de  mis  naturales,  señaladamente  d© 
«tantos  nobles,  asi  hombres  de  estado,  como  peque- 
))ños  caballeros,  é  las  otras  gentes  que  aquí  estáis 
«ajuntados  en  mi  servicio,  he  determinado  delevan- 
»tar  el  real  sin  que  se  dé  la  batalla;  porque,  pues 
»aqui  tengo  á  todos  por  hijos,  áspera  cosa  me  sería 
«poneros  en  arrisco  de  la  muerte,  é  ver  derramar 
)) vuestra  sangre,  mayormente  porque  espero  en  la 
))grand  bondad  de  nuestro  Señor  que  él,  como  justo 
» Juez,  verá  la  maldad  de  los  que  en  tanta  necesi- 
» dad  han  puesto  mi  persona  é  mis  Reynos  por  sus 
«propios  intereses,  é  les  dará  el  pago  que  su  des- 
» lealtad  meresce.  E  asimesmo  verá  el  fin  con  que 
«yo  me  muevo,  y  el  deseo  que  tengo  de  la  paz  é 
«concordia.  Yo  vos  agradezco  muy  mucho  el  traba- 
»jo  que  aveis  sufrido  por  mi  servicio  ;  é  porque  se- 
«ría  injusta  cosa  é  de  mal  enxemplo,  que  vuestra 
«grand  lealtad  quedase  sin  galardón,  quiero  y  es  mi 
«determinada  voluntad  que  antes  de  todas  cosas 
«seáis  todos  pagados  fdel  sueldo  que  se  vos  fuere 
«debido,  é  después  haceros  mercedes  tales,  que  res- 
«pondan  á  vuestros  servicios,  é  por  ellas  crezcan 
«vuestros  estados  ;  en  tal  manera,  que  quanto  vos- 
« otros  como  leales  quedareis  con  famoso  renombre, 
«los  traydores  queden  vituperiados  para  siempre, 6 
«sus  nombres  denostados.»  Hecho  el  pago  á  la  gen- 
te común,  no  solamente  del  sueldo,  pero  de  mucha» 
exenciones  é  franquezas  que  les  mandó  dar,  con  que 
se  tomaron  muy  contentos  á  sus  casas,  mandó  el 
Rey  que  los  caballeros  é  personas  principales  de  es- 
tado se  fuesen  con  él  á  Medina  del  Campo.  Donde 
llegados,  estuvo  alli  algunos  dias,  haciendo  gran- 
des mercedes  á  los  señores  que  le  avian  seguido  é 
servido.  ¡  O  mercedes  bien  empleadas  !  ¡  ó  dádivas 
bien  merecidas,  ganadas  por  la  lealtad,  compradas 
por  limpios  servicios!  ¡  caballeros  dignos  de  galar- 
dón ,  varones  merecedores  de  satisfacción ,  cuya 
lealtad  pide  corona,  su  fidelidad  premio  condigno, 
sus  virtuosos  trabajos  perpetua  memoria!  Pues 
servísteis  á  Dios ,  sirviendo  á  vuestro  Rey,  y  tanto 
sin  reproche  pagasteis  vuestra  deuda,  cumpliendo 
con  la  verdad  é  con  vosotros  mismos,  justa  cosa  es 
que  vivan  vuestros  nombres  con  inmortal  nombra- 
dla, y  que  quedéis  entre  las  gentes  por  espejo  do 
lealtad,  y  de  gentes  en  gentes  por  tales  renombra- 
dos con  dulce  pregón ;  en  tal  manera  que  reviva 
vuestra  fama  é  jamas  nunca  perezca.  E  pues  que 
tan  lealmente  cubristes  vuestras  personas  con  man- 
to de  firmeza,  sin  hacer  mudanza  ninguna ,  debida 
cosa  es  que  asi  vuestros  nombres  como  las  merce- 
des que  por  ello  rescebistes,  se  declaren  por  escrip- 
to  ;  porque  quanto  vosotros  dexasteis  glorioso  ape- 
llido á  vuestros  descendientes,  tanto  mas  será  dolo- 
rido é  triste  é  lleno  de  mancilla  el  título  que  pusieron 
los  traydores  á  sus  hijos.  A  Don  Diego  Hurtado  de 
Mendoza,  Marqués  de  Santillana,  dio  la  villa  de 
Santander  porque  estaba  junta  con  su  Marquesado, 
con  setecientos  mil  maravedís  de  juro  situados  en 
el  servicio  é  montadgo.  A  Don  Pero  González  de 
Mendoza,  Obispo  de  Calahorra,  dio  las  tercias  de 
Guadalaxara  é  su  tierra.  A   Don  Iñigo  López  do 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


151 


Mendoza  su  hermano,  é  á  Don  Lorenzo  Suarez,  Viz- 
conde de  Torija,  é  á  Don  Juan  é  á  Don  Furtado,  á 
cada  uno  de  estos  dio  dineros  de  juro ,  según  el  es- 
tado y  edad  que  tenian.  A  Don  Luis  de  la  Cerda, 
Conde  de  Medina-Celi,  dio  la  villa  de  Agreda  é  su 
tierra.  A  Don  Garci-Alvarez'de  Toledo,  Conde  de 
Alva,  dio  el  Carpió,  y  con  él  ciertos  lugares  de  tier- 
ra de  Salamanca ,  y  le  tornó  á  Buendia,  que  dice  que 
fué  de  su  padre.  A  Don  Alvar  Pérez  Osorio,  Conde 
de  Traetamara,  Señor  de  la  casa  de  Villalobos,  dio 
la  cibdad  de  Astorga,  é  le  hizo  Marqués  della.  A 
Don  Juan  de  Acuña,  Conde  de  Valencia,  dio  el  Con- 
dado de  Pravia  é  Gijon,  é  le  hizo  Duque  de  Valen- 
cia. A  Pero  de  Mendoza,  Señor  do  Almazan,  dio  tres- 
cientos mil  maravedís  de  juro ,  situados  en  el  puer- 
to de  Monte- Agudo.  A  Alvaro  de  Mendoza,  su  ca- 
pitán de  la  gente  d'armas,  dio  la  villa  de  Requena, 
con  todos  los  derechos  del  puerto.  A  otros  muchos 
dio  ansimesmo  dineros  de  juro,  ansi  á  los  que  alli 
sirvieron  en  la  guerra,  como  á  los  de  la  Andalucía, 
é  de  otras  partes  del  Reyno,  que  sostuvieron  su 
partido  contra  el  Maestre  de  Calatrava  é  contra 
los  otros  traidores.  De  aquestas  mercedes ,  que  asi 
hizo  el  Rey,  algunas  de  ellas ovieron  efecto,  y  otras 
no  se  cumplieron,  mas  por  culpa  é  floxedad  de 
aquellos  á  quien  se  ficieron,  quo  por  falta  de  la  vo- 
luntad del  Rey.  Fechas  aquestas  mercedes,  é  dados 
los  privillejos  dellas  á  cada  uno ,  los  caballeros  se 
tornaron  á  sus  tierras  muy  contentos ,  y  el  Rey  se 
fué  para  Segovia,  y  llevó  consigo  á  la  Reyna  y  á 
8u  hija  é  á  la  Infanta  su  hermana. 

CAPÍTULO  LXXXIII. 

Como  el  Conde  de  Fox  tomó  la  cibdad  de  Calahosra,  y  io  qoe 
alH  subccdió. 

Aunque  el  Rey  levantó  su  real,  é  despedida  la 
gente  se  tornó  á  Segovia,  esperando  el  cumplimien- 
to de  la  fe  del  Marqués  de  Villena ,  no  se  abajaron 
los  escándalos,  ni  cesaron  los  bollicios  del  Reyno  • 
antes  de  cada  dia  crescieron  mayores  novedades, 
ansi  de  robos  é  muertes  y  prisiones ,  como  de  otras 
violencias  y  fuerzas  que  se  hacían,  en  tanto  grado 
que  ninguno  osaba  salir  de  lo  poblado,  ni  andar 
por  los  caminos  sin  grand  compañía.  E  porque  el 
Marqués  de  Villena  no  se  avergonzó  de  quebrantar 
su  promesa ,  que  quitarla  el  título  de  Rey  al  Prínci- 
pe Don  Alonso,  é  que  haria  que  los  señores  de  su 
confederación  tornasen  á  servicio  del  Rey,  añadien- 
do tráfagos  á  las  mentiras ,  truxo  tan  largas  dila- 
ciones ,  que  siempre  sus  cabtelas  se  renovaban ,  é 
jamás  sus  palabras  traían  conclusión ,  antes  siem- 
pre mayores  engaños.  Ni  por  eso  se  congojaba  de 
los  grandes  males  que  se  hacían ,  ni  se  curaba  de 
remedíanos,  en  tal  manera,  que  no  solamente  den- 
tro del  Reyno  eran  los  daños  multiplicados  entre 
los  naturales  que  se  guerreaban  unos  á  otros ,  mas 
como  la  cisma  de  dos  Reyes  estaba  raygada  entre 
ellos,  los  unos  diciendo  Enrique,  é  los  otros  dicien- 
do Alonso ,  sin  temor  de  Dios  ni  de  sus  conciencias 
délos  cismáticos  é  tiranos,  que  lo  tal  acarrearon,  los 


estrangeros  tomaron  osadía  é  denodado  atrevimien- 
to de  entrar  en  el  Reyno  con  mano  armada,  á  usur- 
par la  tierra ;  señaladamente  el  Conde  de  Fox ,  que 
seyendo  casado  con  la  Princesa  Doña  Leonor,  hija 
del  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  hermana  del  Prínci- 
pe Don  Carlos  de  gloriosa  memoria,  por  cuya  muer- 
te le  pertenescia  la  subcesion  del  reino  de  Navarra. 
Este  Conde  de  Fox,  llamándose  Príncipe  de  Navar- 
ra por  parte  de  la  muger,  vino  sobre  la  cibdad  de 
Calahorra ,  é  la  tomó  mas  por  traycion  que  por  lar- 
go cerco  ni  combate.  E  luego  que  asi  tomó  la  cib- 
dad é  se  apoderó  della ,  envió  un  mensagero  al  Rey, 
suplicándola  que  quisiese  envialle  luego  una  perso- 
na fiable  con  quien  pudiese  hablar  é  negociar  algu- 
nas cosas  sobre  su  entrada  en  el  Reyno  ;  porque  su 
deseo  é  voluntad  mas  era  de  tener  amistad  y  confe- 
deración con  él ,  que  no  discordia ,  para  que  acerca 
de  todo  ello  se  tomase  algún  medio.  Oyda  la  habla 
que  su  embaxador  propuso,  el  Rey  respondió  que 
lo  plascia  de  hacer  lo  que  el  Conde  de  Fox  le  envia- 
ba rogar ;  y  apartado  con  los  de  su  Consejo  acordó 
que  yo  como  su  Capellán  y  Coronista  y  de  su  Con- 
sejo debiese  de  ir  con  aquella  embaxada,  E  asi  acor- 
dado ,  mandóme  proveer  de  gente  que  me  acompa- 
ñase por  el  peligro  de  los  caminos,  é  que  León,  uno 
de  sus  Reyes  d'armas ,  fuese  conmigo.  E  tomado  mi 
camino,  yo  me  fui  derecho  á  Calahorra,  donde  el 
Conde  de  Fox ,  Príncipe  de  Navarra  ,  é  la  Princesa 
8U  muger  estaban.  E  después  de  ser  bien  rescebido 
de  sus  caballeros,  vine  delante  dollos,  é  dadas  las 
cartas  del  Rey,  les  dixe  :  « Ilustres  Señor  y  Señora: 
Bel  Rey  de  Castilla,  mi  soberano  Señor,  oyó  la  su- 
Dplicacion  de  un  embaxador  qtie  á  su  Alteza  envias- 
j)tes  con  cartas  de  crehencia,  para  que  acá  enviase 
» alguno  suyo;  su  Real  celsitud,  queriéndolo  hacer 
»ansi  lo  que  en  nombre  vuestro  le  fué  pedido,  mo 
» envía  á  vuestras  Señorias,  á  dos  principales  co- 
rsas: la  primera,  para  que  vos  dixese  que  él  no 
»  puede  saber  qual  sea  la  cabsa  que  vos  haya  movi- 
B  do  á  tan  grand  atrevimiento  y  osadía  de  entrar 
7>  así  en  su  Reyno  con  mano  armada ,  y  tomar  ó  ocu- 
»  par  aquesta  su  cibdad ,  mas  por  la  traycion  de  al- 
»  gunos  cibdadanos  que  vos  la  dieron ,  que  no  por 
» fuerza  de  armas,  estando  en  hermandad  é  confe- 
»  deracion  de  perpetua  paz  con  el  Rey  y  con  el  rey- 
Bno  de  Francia.  E  que  su  Alteza  no  tiene  scnti- 
» miento  tanto  de  la  pérdida  de  esta  cibdad,  que  sin 
» cabsa  se  la  aveís  usurpado,  quanto  de  la  necesi- 
»dad  en  que  está  por  la  traycion  de  sus  subditos. 
» Porque  sabida  cosa  es,  que  si  fuera  della  estuvie- 
))ra,  ni  vos.  Señor  ni  Señora,  vos  curárades  de  em- 
» prender  tomalla,  ni  vuestro  atrevimiento  se  que- 
»  dará  sin  venganza.  Pero  como  las  cosas  de  los  re- 
»  yes  sean  juicios  de  Dios ,  é  todas  procedan  de  su 
«divinal  providencia,  halo  querido  tolerar  con  pa- 
» ciencia,  esperando  en  su  infinita  bondad  que  aque- 
«llas  muy  presto  subcederán  en  muy  próspero  au- 
» mentó  de  su  estado  real,  é  lo  que  agora  está  en- 
))fermo,  presto  se  convertirá  en  salud,  é  se  tomará 
«la  enmienda  que  tales  osadías  merescen.  La  scgun- 
»da ,  para  saber  que  es  lo  que  á  la  Señoría  de  vos- 


152 

«otros  place,  y  que  cabsa  vos  movió  á  pedir  mi  ve- 
»  nida  á  vuestras  Excelencias.»  El  Conde  de  Fox  res- 
pondió que  la  tomada  de  aquella  cibdad  solamente 
avia  seido  para  hacer  prendas  por  los  lugares  de 
Navarra  que  el  Rey  en  los  tiempos  pasados  avia  to- 
mado ;  é  que  á  esta  cabsa  ellos  avian  escripto  á  su 
Eeal  celsitud  les  enviase  persona  fiable  con  quien 
pudiese  tratar  é  negociar  sobre  aquello  ;  é  pues  yo 
era  alli  venido,  ellos  eran  muy  placenteros.  Des- 
pués de  pasadas  muchas  altercaciones  é  largas  ha- 
blas ,  contrastando  sus  soberbias ,  é  respondiendo  á 
sus  demandas,  fué  acordado  entre  ellos  é  mí  y  el 
Obispo  de  Pamplona ,  que  era  el  Gobernador  dellos, 
y  por  quien  se  reglan ,  que  oviese  de  enviar  conmi- 
go un  licenciado  suyo,  de  quien  se  fiaba,  por  Em- 
baxador  al  Rey,  para  que  de  parte  suya  le  suplicase 
dos  cosas:  la  una,  que  su  Alteza  lo  quisiese  dar  los 
lugares  que  asi  tenia  en  Navarra ,  é  que  se  entre- 
garía luego  su  cibdad  de  Calahorra;  la  otra,  que 
en  satisfacion  de  los  gastos  que  se  avian  fecho  en 
el  cerco  de  los  dichos  lugares  quaudo  los  tomó,  que 
le  serviría  con  cierta  gente  quanto  durase  la  guerra 
con  sus  subditos.  Estonces  yo  acepté  lo  que  asi  de- 
mandaban, pero  con  tal  condición,  que  ellos  no 
aceptasen  trato  ninguno  de  los  caballeros  tiranos, 
ni  los  enviasen  mensagero  ninguno.  Y  esto  quise  yo 
pedir  á  cabsa  de  un  embaxador,  que  alli  estaba  por 
parte  de  ellos.  A  esto  me  respondieron  el  Conde  é  la 
Princesa  su  muger  que  les  plascia,  é  me  dieron  su 
palabra  Real  de  lo  cumplir.  Aquesto  asi  determina- 
do, tomé  su  embaxador  conmigo,  é  tórneme  al  Rey 
á  Segovia ;  donde  llegados ,  é  venidos  ante  el  Rey, 
en  su  presencia  é  de  los  del  su  muy  alto  Consejo 
aquel  embaxador  propuso  y  explicó  lo  que  por  sus 
Príncipes  de  Navarra  le  era  mandado.  Oyda  su  fa- 
bla,  el  Rey  le  respondió  que  le  plascia  de  lo  hacer 
con  tanto  que  pues  le  quería  entregar  los  lugares 
que  ansí  le  demandaban ,  que  para  seguridad  é  cer- 
tidumbre de  lo  que  asi  proferían ,  le  oviesen  de  dar 
en  rehenes  á  Don  Juan,  Señor  de  Narbona,  é  á  Do- 
ña María  de  Navarra,  sus  hijos,  con  las  otras  condi- 
ciones que  sobre  aqueste  caso  se  concertasen.  Esto 
fecho  é  concertado,  y  esta  capitulación  fecha,  man- 
dó el  Rey  que  yo  tornase  á  los  Príncipes  con  gran- 
des poderes,  para  que  si  los  rehenes  me  fuesen  en- 
tregados ,  les  entregase  los  lugares  é  fortalezas  de 
Navarra,  é  alzase  los  pleytos  omenages  á  los  Al- 
caydes  que  las  tenían ;  asi  mesmo  para  capitular  é 
negociar  con  ellos  todo  lo  que  me  paresciese  con- 
venible é  necesario.  Y  porque  los  rehenes  que  de- 
mandaba me  fuesen  entregados ,  envió  ciertos  capi- 
tanes suyos  con  trescientos  rocines  á  la  cibdad  de 
Logroño,    para   traellos    seguramente.   Acordado 
aquesto  con  el  embaxador  é  despedido  del  Rey,  él  y 
yo  nos  partimos  y  fuimos  derechos  á  Logroño.  E 
llegados  alli ,  el  Licenciado  embaxador  se  entró  en 
Navarra  para  notificar  á  sus  Príncipes  como  yo  iba; 
los  quaies  luego  que  supieron  de  mi  ida ,  me  escri- 
bieron (^ue  me  fuese  á  la  villa  de  Alfaro,  porque  el 
Conde  de  Fox  se  iba  á  Corella,  una  villa  de  Navar- 
ra que  está  una  legua  de  Alfaro.  Y  como  llegué  á 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Alfaro,  supe  que  la  venida  del  Conde  de  Fox  á  Co- 
rella, era  por  mirar  donde  podría  poner  sitio  para 
cercar  á  Alfaro.  E  sabida  por  el  Conde  mi  venida, 
envióme  á  desoír  que  me  saliese  al  campo ,  donde 
quería  que  hablásemos;  é  salidos,  después  de  mu- 
chas hablas  que  paseando  entre  él  é  mí  pasaron,  sen- 
tí del  que  no  avia  gana  de  cumplir  con  el  Rey  lo 
que  su  embaxador  avia  proferido,  antes  que  de  sal- 
to, si  oviese  oportunidad,  quería  dar  sobre  Alfaro, 
Como  supe  aquello ,  proveí  luego  muy  secretamen- 
te, y  envié  á  llamar  á  dos  capitanes  de  los  que  allí 
el  Rey  avia  enviado  con  gente  para  llevar  los  rehe- 
nes, los  que  se  llamaban,  el  uno  Gómez  de  Roxas, 
é  el  otro  Pedro  Faxardo,  los  quaies  vinieron  con 
cient  rocines  de  noche ,  sin  ser  sentidos ;  proveí  asi 
mesmo  de  muchos  tiros  de  pólvora.  En  este  medio 
tiempo  el  Conde  de  Fox  se  tornó  á  Tudela,  para 
apercebir  su  gente  é  venir  al  cerco ;  é  quando  se  par- 
tió de  Corella,  envió  un  Doctor  de  su  Consejo,  que 
se  llamaba  Mosen  Menaute,  y  el  Mariscal  de  Bear- 
ne,  que  viniesen  por  mí  é  me  llevasen  á  Tudela, 
donde  fui  bien  rescebido  é  aposentado.  E  luego  otro 
día  siguiente ,  el  Conde  de  Fox  y  la  Princesa  dipu- 
taron al  Obispo  de  Pamplona,  é  á  Mosen  Martín  de 
Peralta,  é  al  Doctor  Mosen  Menaute,  é  á  los  Maris- 
cales de  Fox  é  de  Bearne,  para  que  negociasen  con- 
migo cerca  de  las  cosas  por  sus  Príncipes  deman- 
dadas. Estaban  de  mi  parte  como  vasallos  del  Rey, 
Don  Juan  de  Beamont,  Prior  de  Sanct  Juan  de  Na- 
varra ,  é  el  Conde  de  Lerin  su  sobrino.  E  como  es- 
tuviésemos juntos  altercando  lo  que  se  debía  de  ha- 
cer para  el  bien  de  amas  las  partes,  vi  que  el  Obis- 
po de  Pamplona,  no  solamente  desviábala  concor- 
dia, mas  hablaba  con  poco  acatamiento  é  menos  re- 
verencia dei  Rey  con  algunas  demostraciones  de 
enemistad.  E  quanto  quiera  que  fué  amonestado  por 
mí,  que  se  honestase  y  midiese  en  sus  palabras, 
visto  que  no  lo  quería  hacer,  yo  le  dixe :  «  Señor 
«Obispo,  en  la  tierra  de  los  discretos,  donde  mora 
«la  prudencia,  é  la  nobleza  tiene  parte,  suelen  los 
«virtuosos  é  los  que  de  limpia  sangre  se  prescian 
«quando  hablan  de  los  Reyes,  tener  mucha  tem- 
«planza,  mesura é  comedimiento,  mayormente  de 
«aquellos  que  por  la  grandeza  de  su  estado  ó  sole- 
«nidad  de  su  sangre  son  excelentes  ;  é  los  tales  co- 
»mo  vos  les  deben  no  solamente  reverencia,  mas 
«humilde  sujeción  ;  y  los  que  de  otra  manera  lo  ha- 
«cen ,  dan  testimonio  de  su  liviandad  y  basa  crian- 
»za.  Digo  esto,  señor  Obispo,  para  que  sepáis,  que 
»  quando  los  tales  como  vos  hablan  de  los  Reyes  de 
«Castilla,  han  de  poner  la  boca  en  el  suelo  en  señal 
«de  humildad,  é  no  con  la  soberbia  que  aveis  raos- 
«trado  con  poca  temperanza  é  menos  tiento  para  ser 
«perlado.  E  sí  vuestro  Príncipe  es  discreto,  ha  de 
«hincar  la  rodilla,  é  pedir  mercedes  como  Príncipe 
achico  á  Rey  grande,  que  las  sabe  hacer  é  puede. 
«E  pues  tan  desenfrenado  sois  de  la  lengua,  desde 
«  aqui  vos  digo  que  no  quiero  negociar  con  vos ,  por- 
«que  la  decencia  de  mi  embaxada  no  lo  consiente.» 
Acabada  mi  habla,  Don  Juan  de  Beamont,  que  es- 
taba á  par  de  mí  asentado,  dixo :  «Señor  Obispo, 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


153 


»bíeo  paresce  á  quien  envia  el  Rey  de  Castilla  por 
«embaxador  á  estos  señores  Príncipes;  é  por  lo  que 
naqui  se  vos  ha  dicho,  no  debéis  de  maravillaros  ni 
«tomar  alteración ;  porque  debéis  de  saber  que  la 
«casa  de  Navarra  nunca  hizo  acatamiento  á  ningún 
«Rey  de  la  christiandad,  salvo  al  de  la  casa  de  Cas- 
» tilla.  E  pues  vos  fuistes  destemplado  para  hablar 
»  sin  acatamiento  de  tan  alto  Rey,  su  embaxador  vos 
«ha  respondido  como  varón  de  limpia  sangre  é  per- 
»sona  de  crianza.  Por  eso  no  curéis  de  alteraros, 
«que  sin  dubda  él  ha  fecho  lo  que  debia  como  leal 
«embaxador ;  é  de  lo  que  asi  vos  dixo  á todos  los  na- 
«turales  de  Navarra  nos  plasce  é  somos  alegres  de- 
slio.» Estonces  el  Obispo,  viéndose  confuso,  muy 
cortesmente  se  bolvió  á  mí,  disciendo  :  «Señor  Em- 
«baxador,  yo  hablé  mas  con  pasión  que  con  mesu- 
»ra ;  protesto  de  lo  enmendar  de  aqui  adelante.»  Pe- 
ro como  él  era  el  mas  principal  de  Navarra  y  esta- 
ba aficionado  á  la  parte  de  los  caballeros  tiranos, 
siempre  desvió  la  conclusión  de  la  concordia,  en 
tal  manera,  que  ningún  medio  de  paz  se  pudo  to- 
mar. Estonces  vista  su  dilación  é  las  formas  exqui- 
sitas que  conmigo  tenia ,  dix©  al  Conde  de  Fox  é  á 
la  Princesa  su  muger  que  les  pluguiese  de  dar  or- 
den como  cumpliesen  conmigo  lo  que  avian  profe- 
rido al  Rey,  mi  soberano  señor,  con  su  embaxador; 
é  que  si  aquello  no  entendían  cumplir,  que  me  lo 
dixesen ,  porque  yo  me  quería  partir,  é  no  expender 
el  tiempo  en  vano.  A  esto  el  Conde  de  Fox  me  res- 
pondió con  alguna  indignación ,  disciendo  que  no 
entendía  de  dar  rehenes  ningunos,  ni  la  gente  para 
ayudar  al  Rey,  antes  que  si  luego  no  le  daba  los  lu- 
gares de  Navarra,  pornia  cerco  sobre  Alfaro  é  lo  to- 
maría. Estonces  le  respondí :  «  La  villa  de  Alfaro 
«está  á  tan  buen  recabdo,  que  non  ha  miedo  de  ser 
«tomada ;  é  si  vuestra  Señoría  la  hace  cercar,  de 
«tanto  vos  certifico,  que  avrá  quien  vos  la  haga 
«descercar.»  Estonces  el  Conde  de  Fox  con  grand 
furia  me  dixo  que  ninguno  le  haría  levantar  el  cer- 
co sino  Rey,  ó  hijo  de  Rey  poderoso.  Yo  le  respon- 
dí ,  que  le  certificaba  é  prometía  que  no  sería  Rey 
ni  hijo  de  Rey  el  que  vernía  á  hacerle  levantar  el 
cerco  por  pura  fuerza  contra  su  grado.  E  pues  que 
así  rehuía  de  la  paz,  é  procuraba  la  guerra,  que 
aquella  le  sería  tan  enteramente  dada,  que  á él  des- 
pluguiese de  avella  comenzado.  E  asi  despedido  del 
é  de  la  Princesa,  me  partí  para  Alfaro,  donde  estu- 
be  por  espacio  de  quatro  días  basteciéndola  é  per- 
trechándola de  las  cosas  necesarias.  E  asi  proveí- 
da ,  me  salí  derecho  á  Soria  é  á  los  otros  lugares 
de  la  frontera,  apercibiendo  la  gente,  asi  de  caba- 
llo como  peones.  Entretanto  que  yo  apercebia  la 
gente,  el  Conde  de  Fox  vino  sobre  Alfaro,  é le  dio 
dos  combates  muy  ásperos ,  donde  con  los  tiros  de 
pólvora  que  traía,  derribó  un  grand  pedazo  del  mu- 
ro. E  quanto  quiera  que  por  quatro  partes  le  pusie- 
ron las  escalas,  los  de  la  villa  se  defendieron  tan 
bien ,  que  los  hicieron  abaxar  de  las  escalas  y  arre- 
drar de  los  muros  de  la  villa.  E  no  solamente  los  va- 
rones se  mostraron  animosos  y  esforzados,  pero  las 
mugeres  se  ponían  á  las  almenas ,  é  defendían  su 


parte  quanto  podían ,  tirando  muchas  piedras  con 
hondas  é  mandrones.  Sabido  el  cerco,  di  grand  prie- 
sa para  juntar  la  gente,  de  guisa ,  que  en  espacio  de 
doce  días  se  juntaron  mil  é  trescientos  de  á  caballo 
é  cinco  rail  peones.  Iban  por  capitanes  Don  Alon- 
so de  Arellano ,  Señor  de  los  Cameros ,  é  con  él  otro 
capitán  que  se  llamaba  Alvaro  de  Hita.  E  ansi  jun- 
tados, con  mucha  orden  fueron  á  socorrer  á  Alfaro: 
donde  llegados  á  vista  del  real,  el  Conde  de  Fox  se 
levantó  del  cerco,  muy  vergonzosamente  huyendo, 
y  se  fué  á  Tudela.  Luego  dende  á  pocos  días  se  le- 
vantó la  cíbdad  de  Calahorra,  donde  fué  fecho 
grand  estrago  en  los  Franceses  que  allí  avía  dexado 
el  Conde  de  Fox,  y  de  allí  quedó  grand  enemiga 
entre  los  Navarros  ó  Franceses,  De  que  subcedió 
que  Mosen  Fierres  de  Peralta,  Condestable  de  Na- 
varra, sintiendo  la  traycíon  que  el  Obispo  de  Pam- 
plona cometía  contra  el  Conde  de  Fox  é  contra  el 
reyno  de  Navarra  é  naturales  de  ella ,  lo  mató  á  pu- 
ñaladas, de  que  todos  los  Navarros  fueron  muy 
alegres. 

CAPÍTULO  LXXXIV. 

Como  la  villa  de  Valladolid  se  alzó  por  el  Rey,  que  la  tenían 
,  los  tiranos. 

Entretanto  que  las  cosas  de  la  frontera  de  Navar- 
ra pendían ,  acaesció  que  los  vecinos  é  moradores 
de  la  villa  de  Valladolid,  viendo  la  tiranía  de  los 
caballeros ,  é  lo  que  el  Almirante  avia  fecho  contra 
el  Rey  en  rebelarse  con  aquella  villa,  que  le  avia 
dado  en  guarda  para  su  servicio,  é  como  se  avian 
apoderado  de  ella  los  tiranos,  que  traían  al  Prínci- 
pe Don  Alonso  ,  llamándolo  Rey;  considerando  co- 
mo estaban  puestos  en  tan  feo  nombre  de  traydo- 
res ,  como  los  escismáticos  que  los  señoreaban;  pen- 
sando libertarse  por  dar  la  villa  á  su  Rey,  espera- 
ron disposición  de  tiempo  convenible.  E  como  un 
día  salieron  fuera  los  tiranos  con  su  Príncipe,  para 
ir  á  la  villa  de  Arévalo,  todos  muy  conformes  con 
mano  armada  se  levantaron  por  el  Rey,  disciendo 
«Enrique» ;  donde  peleando  con  algunos  de  los  tray- 
dores  que  allí  avian  quedado ,  los  echaron  fuera  de 
la  villa,  y  echados,  enviaron  á  llamar  luego  al  Rey, 
que  viniese  á  tomar  su  villa  ó  la  señorease  como 
Rey  é  señor  de  ella.  Sabido  aquesto  ,  el  Rey  se  par- 
tió luego  de  Segovia  poderosamente,  é  se  fué  allá, 
donde  fué  bien  rescebido  con  muchas  fiestas  ó  gran- 
des alegrías.  Estuvo  alli  algunos  días,  asi  para  so- 
segar el  pueblo ,  como  para  dalles  contentamiento  é 
seguridad  con  su  estada.  En  este  mismo  tiempo 
acaesció  que  el  Almirante  con  propósito  de  guer- 
rear é  hacer  mal  á  los  de  Valladolid,  porque  se 
avian  alzado  por  el  Rey,  envió  secretamente  una  no- 
che ciertos  hombres  que  escalasen  á  Simancas,  para 
hacer  en  ella  guarnición  de  gente  contra  ellos.  E 
como  los  que  asi  fueron  á  escalar  pusieron  las  es- 
calas, fueron  vistos  por  los  que  velaban  la  villa,  y 
prendiéronlos,  é  asi  presos  lleváronlos  á  Vallado- 
lid  ,  é  fueron  desquartizados  por  justicia.  Pero  pues- 
to que  de  aquestas  cosas  muchas  hacia  Dios  por  el 


154 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Rey,  nunca  por  eso  él  quiso  ayudarse ,  ni  tomar  osa- 
día de  varón  para  hacerse  temer.  Tampoco  el  Mar- 
qués do  Villena  cesaba  de  lo  perseguir  y  engañar, 
en  tal  manera,  que  si  el  uno  se  presciaba  do  hacer 
engaños,  el  otro  se  del ey taba  en  sofrillos  con  pa- 
ciencia. Quando  el  Marqués  de  Villena  vio  que  el 
partido  del  Rey  iba  cresciendo  y  el  suyo  se  apoca- 
ba, é  las  voluntades  de  todos  se  aflacaban  contra 
él,  porque  ya  se  descubrían  su  tirana  condición  é 
poca  verdad  con  que  se  contrataba ,  para  contentar 
á  los  caballeros  de  su  valia ,  acordó  con  ellos  de  tra- 
tar vistas  con  el  Rey  para  prendello ,  de  que  el  Rey 
fué  avisado  por  algunos  que  lo  deseaban  servir, 
aunque  seguían  ageno  partido ,  é  ansi  denegó  las 
vistas ,  y  en  su  lugar  envió  al  Obispo  de  Calahorra 
y  á  Juan  Fernandez  Galindo  que  se  viesen  con  él ; 
de  que  ningún  buen  fruto  ni  conclusión  de  paz  se 
pudo  tomar.  E  quando  quiera  que  de  contino  se  des- 
cubrían sus  cabtelosas  formas  é  dañados  propósitos 
de  mal  hacer,  nunca  el  Rey  perdió  la  gana  de  que- 
rerlo tornar  á  su  servicio  y  hacer  paz  con  él.  De  que 
no  pocos  deservicios  se  le  recrescieron ,  no  solamen- 
te por  querer  á  quien  contino  le  deshonraba  é  pro- 
curaba su  perdición ,  mas  porque  á  esta  cabsa  se  ati- 
biaron  los  corazones  de  los  que  lealmente  le  avian 
seguido  é  servido  en  su  necesidad ;  é  asi  arredrá- 
banse de  su  Corte ,  y  no  curaban  de  ir  á  ella.  Verdad 
es  que  ni  aun  por  esto  la  casa  de  Mendoza,  el  Mar- 
qués de  Santillana ,  y  el  Obispo  de  Siguenza  é  los 
otros  sus  hermanos  dejaron  de  ser  siempre  leales ,  é 
Don  Pedro  Fernandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro, 
Don  Juan  de  Acuña,  Conde  de  Valencia,  Don  Al- 
var Pérez  de  Osorio ,  Marqués  de  Astorga  y  Conde 
de  Trastamara,  y  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Duque 
de  Alburquerque  y  Conde  de  Ledesma ,  el  Conde  de 
Cabra  é  sus  hijos,  Don  Miguel  Lucas  de  Iranzo,  Con- 
destablo de  Castilla  con  la  cibdad  de  Jahen ,  Martin 
Alonso,  Señor  do  Alcabdete,  y  Pedro  de  Mendoza, 
Señor  de  Almazan,  que  jamás  hicieron  mudanza, 
mas  siempre  estuvieron  firmes  en  el  servicio  del 
Rey.  E  después  que  el  Rey  ovo  sosegado  la  villa  de 
Valladolid,y  echado  fuera  los  sospechosos,  dexó 
allí  alguna  gente  en  guarda  de  ella ,  y  partióse  para 
Segovia. 

CAPÍTULO  LXXXV. 

De  lo  que  subcedió  después  de  venido  el  Rey  4  Segovia. 

Vino  el  Rey  á  Segovia ,  donde  páreselo  hallarse 
con  mas  prosperidad ,  que  primero ,  por  aver  reco- 
brado á  Valladolid ,  y  aun  porque  algunos  Grandes 
del  Reyno  se  le  enviaban  á  ofrecer  con  ganosa  vo- 
luntad de  servillo  por  el  desgrado  é  contentamiento 
malo  que  tenían  de  las  formas  interesales  que  el 
Marqués  de  Villena  traía  con  todos.  E  si  como  el 
Rey  tenia  afición  con  él  é  avia  gana  de  su  amistad, 
le  quisiera  ser  entero  enemigo,  todos,  ó  la  mayor 
parte  de  los  que  seguían  á  la  parte  contraria  de  su 
hermano ,  se  vinieran  á  su  servicio.  E  no  menos  el 
Príncipe  avia  gana  de  se  tomar  á  su  servicio  y  som- 
bra é  obediencia  por  el  mal  contentamiento  que  te- 


nia. El  qual  intentó  de  lo  hacer,  salvo  que  fué  sen- 
tido, é  le  pusieron  en  grandes  temores  ,  disciendo 
que  lo  matarían  con  yervas,  si  se  pasaba.  Estando 
así  las  cosas  en  calma,  sin  conclusión  ni  esperanza 
de  concordia ,  vino  el  Arzobispo  de  Sevilla  D.  Alon- 
so de  Fonseca  con  un  trato  secreto ,  grave  é  no  ho- 
nesto por  parte  de  Don  Pedro  Girón,  Maestre  de 
Calatrava ,  con  acuerdo  é  consentimiento  del  Mar- 
qués de  Villena  su  hermano,  diciendo  que  si  el  Rey 
le  daba  á  la  Infanta  Doña  Isabel,  su  hermana,  por 
muger,  que  lo  vernia  á  servir  con  tree  mil  lanzas 
á  su  costa ,  é  le  prestaría  setenta  mil  doblas,  é  su 
hermano  el  Marqués  de  Villena  prometía  de  se  ve- 
nir luego  á  su  servicio,  y  traer  al  Príncipe  su  her- 
mano é  ponello  en  su  poder ,  en  tal  manera,  que  se- 
ría luego  mas  pacífico  Rey  que  de  primero.  E  como 
el  Rey  estaba  deseoso  de  la  paz  según  su  condición, 
y  visto  el  ofrescimiento  de  entrambos  hermanos, 
aceptó  el  trato  con  deliberada  gana  de  lo  hacer ;  é 
así  dado  su  consentimiento  para  ello,  fué  acordado 
que  él  mandase  ir  de  su  Corte  al  Duque  de  Albur- 
querque y  al  Obispo  de  Calahorra.  E  como  entram- 
bos anduvieron  siempre  en  propósito  é  voluntad  de 
obedescer  y  servir  al  Rey ,  el  Duque  de  Alburquer- 
que se  fué  á  sus  villas  de  Cuéllar  y  Roa ,  y  el  Obis- 
po de  Calahorra  á  la  cibdad  de  Guadalaxara  con  sus 
hermanos.  El  Arzobispo  de  Sevilla  quedó  con  el  Rey 
entendiendo  en  el  negocio  que  traía,  y  en  las  cosas 
del  Consejo.  E  como  el  concierto  del  casamiento  es- 
tuviese capitulado  con  las  seguridades  é  firmezas 
que  para  ello  convenían  para  entrambas  las  partes, 
el  Rey  con  grand  placer ,  esperando  la  venida  del 
Maestre  de  Calatrava,  envióle á  decir  que  se  vinie- 
se lo  mas  presto  que  pudiese ;  el  qual  se  partió  lue- 
go de  Almagro  con  grand  poder ,  así  de  gente  como 
de  dinero.  Pero  como  los  juicios  de  Dios  son  de  tan 
altos  misterios  y  profundos  secretos,  puesto  que 
los  hombres  proponen ,  el  infinito  poder  de  su  pro- 
videncia dispone  lo  que  le  plasce.  E  así,  como  el 
Maestre  de  Calatrava  viniese  con  aquel  proposito 
de  casar  con  la  hermana  del  Rey ,  é  no  queriendo 
Dios  lo  concertado ,  é  no  dando  lugar  á  tan  grand 
falsedad  ,  súpitamente  le  tomó  en  el  camino  el  mal 
de  la  muerte ,  en  tal  manera ,  que  dentro  de  diez  días 
murió,  mas  con  poca  devoción,  que  como  cathólico 
Chrístiano  debía  morir,  en  tal  manera,  que  su  da- 
ñado propósito  no  pudo  aver  efecto ,  ni  alcanzar  lo 
que  procuraba.  De  la  muerte  suya  fué  el  Rey  muy 
pesante,  porque  se  tenía  por  cierto  que  con  su  ve- 
nida recobraría  su  estado. 

CAPÍTULO  LXXXVI. 

De  lo  que  subcedió  después  de  la  muerte  del  Maestre  de 
Calatrava. 

Aunque  alguna  turbación  ovo  eu  la  voluntad  del 
Rey  por  la  muerte  del  Maestre  de  Calatrava  (por- 
que se  tenia  por  supuesto  ,  que  tornaría  en  su  prós- 
pero estado  por  él ,  si  oviera  efecto  su  venida  ),  fué 
provechosa  para  la  honra  é  prosperidad  de  la  Infan- 
ta Dofia  Isabel ,  por  lo  que  después  eu|?,cedió  en  su- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


155 


blimacion  de  su  Real  persona.  E  así  muerto  Don 
Pedro  Girón,  quedó  su  Maestradgo  en  Don  Alonso, 
su  hijo ,  por  virtud  de  una  Bulla  Apostólica  que  avia 
ganado ,  en  que  el  Papa  dispensaba  que  el  hijo  des- 
pués de  la  vida  del  padre  subcediese  el  Maestradgo, 
é  así  fué  luego  obedescido  por  los  caballeros  de  la 
Orden.  Empero  así  el  Maestradgo ,  como  el  señorío 
del  Condado  de  UreBa ,  por  otro  hermano  del  nuevo 
Maestre ,  todo  quedó  al  mando  é  gobernación  del 
Marqués  de  Villena,  porque  á  la  verdad  tenia  seso 
y  prudencia,  para  la  administración  de  aquello  é  do 
otra  mayor  cosa.  Entretanto  que  las  cosas  estaban 
en  calma  sin  declinación  de  paz  ni  de  guerra  ,  mas 
todos  de  una  parte  y  de  otra  sospechosos  y  con  po  • 
ca  confianza,  subcedió  que  el  Conde  de  Benavente, 
hallándose  avergonzado  é  confuso ,  por  aver  sido 
contra  el  Rey  en  las  cosas  pasadas  en  su  deservicio, 
queriendo  enmendar  el  yerro  pasado ,  trató  secreta- 
mente con  él ,  suplicándole  que  lo  quisiese  perdo- 
nar é  tomarle  por  suyo ;  de  que  el  Rey  fué  muy 
contento.  B  como  por  estonces ,  sobre  cierto  tracto 
é  conveniencia  que  hizo  con  el  Alcayde  de  Portillo, 
ovo  la  fortaleza  de  su  mano  é  apoderóse  de  la  villa, 
é  así  apoderado ,  suplicó  al  Rey  que  le  hiciese  mer- 
ced de  ella ,  lo  qual  el  Rey  liberalmente  hizo,  c  gela 
confirmó  ;  por  donde  le  páreselo  al  Conde  quedar  en 
mayor  obligación  de  lo  servir  de  allí  adelante.  E 
visto  el  descontentamiento  que  el  Rey  tenia  del  Ar- 
zobispo de  Toledo ,  así  por  la  fealdad  que  hizo  quan- 
do  se  rebeló  contra  él  con  la  Mota  de  Medina  del 
Campo  y  con  la  cibdad  de  Avila,  donde  fué  cabsa- 
dor  de  la  scisma  que  allí  se  hizo ;  y  no  solamente 
aquello,  mas  siempre  trabajaba  por  lo  deservir  y 
enojar,  y  poner  la  lengua  en  él  sin  temperanza  nin- 
guna ( verdad  es  que  los  que  una  vez  yerran  en 
especial  tan  gravemente  como  él ,  nunca  jamás  se 
enmiendan ,  antes  siempre  acrescientan  é  multipli- 
can en  el  mal),  el  Conde  de  Benavente  deseando  ha- 
cer algún  servicio  agradable  al  Rey  ,  é  visto  que  el 
Arzobispo  traía  al  Príncipe  de  su  mano ,  que  él  é 
los  otros  caballeros  de  lascisma  llamaban  Rey,  mas 
para  colorar  su  feo  insulto  que  para  dar  paz  é  sosie- 
go ,  é  mas  para  tiranizar  que  para  administrar  jus- 
ticia ;  queriendo  hacer  algún  servicio  agradable  al 
Rey ,  acaesció  que  pasando  el  Príncipe  de  Toledo 
para  Arévalo ,  acompañándole  el  Arzobispo  é  los 
otros  sus  parciales  que  lo  seguían ,  salvo  el  Marqués 
de  Villena,  que  se  avia  quedado  en  su  tierra,  vinie- 
ron una  noche  á  dormir  á  Portillo ,  donde  el  Conde 
los  rescibió  muy  bien  é  con  mucho  amor.  El  Prín- 
cipe fué  aposentado  en  la  fortaleza,  y  el  Arzobispo 
é  los  otros  caballeros  en  la  villa.  E  luego  otro  día 
siguiente  por  la  mañana ,  quando  todos  aquellos  se- 
ñores vinieron  juntamente  á  la  puerta  de  la  fortale- 
za ,  y  esperaban  al  Príncipe  para  partir,  el  Conde 
de  Benavente  envió  á  desoír  al  Arzobispo  que  se 
fuese  en  buen  hora,  porque  el  Príncipe  no  avia  de 
andar  mas  debaxo  de  su  mando ,  ni  andar  cerca  de 
él ;  de  que  el  Arzobispo  se  sintió  muy  amenguado. 
Por  manera  que  la  enemiga  entro  él  y  el  Conde 
estuvo  grftnd  tieoípo  arraigada.  Pero  porque  el  Mar- 


qués de  Villena  nunca  daba  lugar  á  rotura  ninguna 
entre  los  caballeros  de  su  partido ,  después  que  tor- 
nó de  su  tierra,  tuvo  forma  de  los  conformar  en 
amistad,  aunque  las  voluntades  siempre  estuvieron 
dañadas.  De  aquesto  que  hizo  el  Conde,  se  tuvo  el 
Rey  por  muy  servido  ,  en  tal  manera ,  que  lo  tuvo 
por  mucho  suyo ,  para  hacerle  grandes  mercedes.  E 
como  el  Conde  sintió  que  ya  le  tenia  ganada  la  vo- 
luntad, envió  á  suplicarle  quisiesee  hacerle  merced 
del  Maestradgo  deSanctiago,  pues  que  no  avia  Maes- 
tre, ni  Administrador  que  lo  gobernase;  lo  qual  el 
Roy  se  lo  otorgó  liberalmente  con  mucho  amor.  Es- 
tonces el  Conde  de  Benavente ,  fiándose  del  Mar- 
qués de  Villena  su  suegro,  creyendo  que  le  ayuda- 
ría é  sería  buen  padre  para  él ,  hizoselo  saber  para 
que  le  diese  su  voto  é  consentimiento  ;  el  qual  se  lo 
otorgó  mas  con  la  boca,  que  con  el  corazón  ;  por- 
que luego  procuró  secretamente  de  lo  aver  para  sí ; 
porque  aquel  fin  lo  avia  movido  á  todo  quanto  mal 
hizo  contra  su  Rey.  E  así  con  sus  cabtelosos  modos 
trató  con  los  Comendadores  de  la  Orden  para  que  le 
eligiesen  por  Maestre,  según  que  adelante  será  re- 
contado ,  en  tal  manera ,  que  mostrando  ayudar  al 
hierno ,  lo  recabdó  para  sí ;  de  donde  se  recresció  la 
enemiga  entre  ellos  muy  grande  y  criminosa,  según 
lo  que  recontará  la  historia  adelante  por  su  pro- 
ceso. 

CAPÍTULO  LXXXVII. 

Como  el  Ucy  é  ciertos  caballeros  del  bando  contrerio  se  juntaron 
en  la  villa  de  Coca  ,  para  dar  algún  medio  de  paz,  é  no  se  dio. 

Las  muertes  y  robos  é  males  que  se  hacían  por  to- 
das las  partes  del  Rey  no,  eran  tales  é  tantas,  ó  tan 
disolutos  é  feos  sin  temor  de  Dios  por  falta  de  jus- 
ticia y  execucion  de  ella,  que  ninguna  gente  no 
osaba  caminar  ni  salir  de  poblado  ,  en  tal  manera, 
que  apenas  tenían  seguridad  en  sus  casas.  E  como 
los  pueblos  se  viesen  tan  afligidos  y  puestos  en 
tanta  necesidad  é  peligro  ,  inspiró  Dios  en  ellos  de 
tal  guisa ,  que  todas  las  cibdades ,  y  villas  é  luga- 
res se  movieron  é  conformaron  para  hacer  herman- 
dad ;  por  donde  se  remediaroij  los  tt&ha,]oB ,  y  ee  dio 
seguridad  en  los  caminos ,  de  tal  gui«a ,  que  ya  las 
gentes  andaban  sin  miedo  por  todas  partes.  Verdad 
es  que  los  malos  é  de  malvados  deseo»,  ansí  lo» 
del  bando  del  Rey ,  como  de  los  tiranos ,  trabajaron 
porque  no  se  hiciese,  é  después  de  fecha,  procura- 
ban de  desbaratarla ;  pero  plugo  á  la  bondad  de 
Dios ,  que  sus  dañados  deseos  no  se  pudieron  cum- 
plir. E  porque  el  Rey  la  quería ,  y  daba  todo  su  fa- 
vor para  ella,  prevaleció  en  tanto  grado,  que  por 
los  muchos  castigos  que  se  hacían,  fué  cabsa  de  tan 
gran  sosiego  é  de  ser  cada  uno  señor  de  lo  suyo.  E 
así  haciendo  sus  congregaciones  á  ciertos  tiempos 
en  diversos  lugares ,  ordenaron  singulares  estatutos 
é  leyes.  E  como  ya  estuviesen  en  grand  prosperidad 
ajuutados  en  la  villa  de  Tordesillas ,  el  Rey  me  man- 
dó que  yo  les  escribiese  esta  carta  siguiente:  — 
«  Dado  vos  es  el  poderío  de  Dios :  por  tanto  quien 
» quisiere  puede  razonar  en  qualquier  ajuntaraiento, 


156  CRÓNICAS  DE  LOS 

))  quanto  aquello  que  se  trata  mas  general  se  demues- 
» tra ,  y  tanto  de  aquello  entre  ellos  disputar,  quan- 
» to  el  común  interese  lo  torna  cabsa  propia ;  por- 
»  que  allí  donde  el  bien  ó  el  mal  de  todos  en  común 
«  se  trata,  quien  quiera  tiene  licencia  de  llegar  á  dar 
))  su  voto ,  como  sea  cosa  cierta  que  la  mesma  pro- 
»  piedad  hace  á  cada  uno  juez  de  lo  suyo ,  é  presta 
«osadía  de  hablar  en  guarda  de  su  derecho.  Por 
))  ende ,  padres  conscriptos  é  honorables  señores,  oy- 
» das  las  nuevas  de  vuestra  congregación ,  como 
»  por  la  bondad  de  Dios  érades  ajuntados  para  rede- 
»  mir  é  reparar  las  grandes  vexaciones,  los  feos  in- 
«sultos,  los  públicos  robos,  las  grandes  tiranías,  é 
»  las  nefandas  infamias  de  aquestos  cuitados  é  mal 
«aventurados  Reyuos,  por  nuestros  pecados  entre 
»  ellos  venidos ;  quise  asi  como  uno  de  sus  hijos,  ven- 
«cido  de  piedad  é  condolido  de  sus  males,  ante 
»  vuestro  consistorio  entregerir  algún  dicho,  no  por- 
»  que  aquel  pueda  hacer  largo  edificio,  mas  porque 
«delante  varones  tan  famosos,  donde  la  prudencia 
»  parece  tener  mayor  vigor  é  fuerza,  sea  presentado 
»y  se  muestre  mi  deseo,  ¿Quién  fuera  poderoso  en 
«tanta  conformidad  á  juntar  tan  grandes  gentíos, 
»  si  la  mano  de  aquella  soberana  bondad,  por  su  in- 
«  finita  clemencia  ,  en  ello  no  pusiera  su  gracia?  Los 
B  quales  venidos  con  deseo  tan  cathólico ,  allegados 
«con  propósito  tan  noble,  fechos  conformes  con 
))  celo  tan  justo ,  de  tan  diversas  voluntades  tornadas 
»  en  una ,  de  tan  varios  corazones  reducidos  eu  un 
«querer,  é  todos  finalmente  tras  un  virtuoso  fin 
«aguijando,  bien  paresce  sin  duda  lo  tal  ser  des- 
n  cendido  del  cielo ,  é  propio  nombre  de  sancta  her- 
B  mandad  aver  alcanzado.  ¡  O  bienaventurados  los 
«  dias  en  que  tal  obra  se  hizo  y  tiempos  dignos  de 
«gloria,  que  tal  merced  rescibieron,  que  levantase 
«  Dios  á  los  baxos  en  confusión  de  los  mayores,  des- 
» portase  los  flacos  en  vergüenza  de  los  fuertes,  é 
«  privase  del  consejo  á  los  grandes ,  para  dalle  á  los 
«chicos!  Podremos  pues  por  ello  descir,  cantando 
« con  el  Profeta  :  Aquesto  es  fecho  por  Dios ,  y  es 
»  maravilloso  en  nuestros  ojos.  Pero  si  en  ellos  f uen- 
» te  de  lágrimas  dolorosas  nos  pudiese  ser  empresta- 
«  da ,  ¡ó  quán  bien  paresciera  sin  duda,  para  que  pu- 
«  diésemos  llorar ,  no  con  David  los  muertos  de  su 
»  pueblo ,  ni  con  Jeremías  los  cautivos  de  sus  pro- 
»  vincias ,  mas  como  nuestro  Salvador  la  destruycion 
«  de  Jerusalen,  la  destruycion  é  perdimiento  de 
«  nuestra  mezquina  España!  La  qual  por  mayor  do- 
» lor  es  ya  tornada  en  menosprecio  de  las  gentes  vi- 
«tuperio  de  los  estraños,  conseja  de  los  viandan- 
j»  tes ,  é  comparación  de  todas  las  miserias.  ¡  O  tierra 
»  desconsolada  cubierta  de  maldición  !  ¡  O  reyno  sin 
»  abrigo  cercado  de  tantas  infamias !  ¡  O  nación  avil- 
« tada  llena  de  tantos  denuestos,  que  si  algunos 
»  hasta  aquí  de  ser  castellanos  por  el  mundo  ee  pres- 
»  ciaban  ,  do  quier  que  ahora  fueren ,  por  baldón  se- 
«rán  desechados!  ¿A  quién  seremos  ya  buenos, 
»  quando  á  nosotros  somos  malos?  ¿De  quién  avre- 
«mos  piedad,  quando  á  nosotros  somos  crueles? 
»  ¿Quién  nos  querrá  por  amigos ,  quando  asi  nos  des- 
» truymos ,  eeyendo  todos  hijos  de  una  patria?  E  no 


KEYES  DE  CASTILLA. 

solamente  aquesto ,  mas  aun  por  mayor  dolor  fe- 
chos desvatadores  de  nuestros  propios  bienes,  di- 
sipadores de  la  honra ,  ministros  de  los  engaños, 
maestros  de  la  maldad,  inventadores  de  los  yer- 
ros ,  cabsadores  de  los  insultos,  padres  de  la  cruel- 
dad, é  de  la  natura  enemigos,  perversos  para  to- 
dos ,  é  á  nosotros  peores  ;  puestos  en  la  cumbre  de 
todas  las  blasfemias  é  infamias,  é  tornados  bebe- 
dores del  vino  de  la  Babilonia ;  ni  la  potencia  de 
Dios  nos  espanta,  ni  su  grandeza  nos  atemoriza, 
ni  su  justicia  nos  castiga  ,  ni  su  bondad  nos  refre- 
na, ni  sus  juicios  nos  enmiendan  ,  ni  sus  amoríos 
nos  convierten,  ni  el  morir  nos-  pone  miedo,  ni  la 
memoria  del  infierno  nos  quita  del  mal  vivir.  E  así 
atraydos  en  seso  tan  reprobado,  hacemos  lo  que  nos 
conviene ,  porque  sea  cumplido  en  nosotros  aque- 
llo del  Sapiente  que  dice :  ¿  Qué  será  de  aquellos 
que  huyeron  de  mí,  ca  prevaricaron,  ó  serán  des- 
truydos?  ¡O  venerables  canas  de  los  castellanos 
envejecidas  en  mal,  para  ver  tantas  angustias!  ¡O 
tierna  juventud  !  ¡  O  varonil  mancebía  sin  dubda 
mal  empleada  en  vida  tan  vergonzosa!  ¡  O  siglos 
atribulados  de  los  Reynos  de  Castilla,  que  en  tan- 
to abatimiento  la  truxo  su  desventura!  ¿  A  dónde 
se  bolverá  que  tristeza  no  la  cerque  y  angustias 
no  la  rodeen?  Ca  sus  grandes  valentías  convertidas 
son  en  robos  ,  la  verdad  en  falsedades ,  la  justicia 
en  tiranías,  la  virtud  en  grandes  vicios,  la  gloria 
en  deshonor ,  la  firmeza  tan  presciada  tomada  es  á 
viva  quien  vence.  Donde  ni  á  los  generosos  la  su 
limpia  sangre,  ni  á  los  sabios  su  ciencia,  ni  á  los 
grandes  el  estado ,  líi  á  los  buenos  la  verdad ,  ni  á 
los  justos  la  limpia  vida ,  ni  á  los  caballeros  las 
armas,  ni  á  los  oficiales  su  trabajo,  ni  á  los  reli- 
giosos su  apartamiento,  ni  á  los  labradores  el  ara- 
do podrán  absolver  de^la  infamia ,  ni  librar  del  feo 
apellido ;  porque  con  Jeremías  llorando,  podremos 
sin  consuelo  descir :  Caída  es  la  corona  de  nuestra 
cabeza ,  y  en  triste  llanto  tornada  la  dulce  vihue- 
la. Mas  vosotros ,  honorables  señores ,  á  quien  des- 
pertó la  virtud,  para  reparo  de  tantos  males,  á 
quien  ensalzó  la  divinal  clemencia,  para  librar  los 
afligidos,  cuyo  espejo  es  la  verdad,  cuyo  fin  el 
bien  común,  é  cuya  grand  fortaleza  tornará  el 
Eeyno  en  su  ser;  con  cuya  vigorosa  mano  los  pue- 
blos son  defendidos ;  en  cuyo  valor  y  esfuerzo  es- 
peramos aver  paz ;  á  cuya  sombra  é  amparo  son 
seguros  los  caminos;  y  en  cuyo  sancto  favor  vivi- 
remos en  justicia :  vosotros  sois  los  cabdillos ,  vos- 
otros los  defensores,  por  cuya  fuerza  é  abrigo  será 
mejorada  la  honra,  restituida  la  fama ,  ensalzada 
la  Real  Corona,  multiplicados  los  bienes,  honra- 
dos los  virtuosos ,  galardonados  los  buenos ,  esti- 
mada la  esciencia,  conoscidos  los  malos,  é  casti- 
gados sus  yerros.  E  siguiendo  el  justo  camino  que 
tenéis  encomenzado ,  aviendo  compasión  de  nues- 
tras tribulaciones,  vencidas  de  piedad  vuestras  en- 
trañas, doledvos  por  solo  Dios  en  amor  de  caridad, 
vos  requiero  ,  é  suenen  en  vuestras  orejas  los  ge- 
midos de  los  pobres ,  las  lágrimas  de  las  viudas,  la 
sin  razón  de  los  huérfanos  ,  la  muerte  de  tantas 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


157 


»  gentes,  el  despojo  de  los  templos,  la  inregularidad 
ft  de  los  profanos ,  la  persecución  y  escándalos  de  la 
»  patria,  madre  nuestra ,  y  el  falso  adulterio  de  ella, 
»  en  que  forzadamente  la  tienen.  Salid  con  vuestros 
»  pendones;  despleguense  las  banderas,  que  diez  so- 
n  brepujarán  á  ciento ,  é  ciento  serán  mil ,  é  mil 
»  vencerán  á  todos  ;  que  si  vosotros  no  fuérades,  ya 
»  dexará  de  ser  Castilla ;  si  no  vos  levantáredes  ago- 
»  ra ,  ella  cayera  para  siempre ;  é  si  Dios  no  vos  des- 
»  pertára,  ella  sin  ningún  reparo  dormiera.  ¡O  pues, 
))  padres  conscriptos  é  venerables  Señores !  si  fuertes 
))en  las  batallas  hasta  aquí  vos  demostrasteis,  for- 
»tÍ8Ímos  varones  agora  vos  conviene  que  seáis;  por- 
»  que  puestas  las  manos  á  ello ,  mas  vuestra  virtud 
»  que  su  maldad  prevalezca ,  é  mas  vuestra  ver- 
))  dad  que  su  errada  sobrepuje.  Catad  que  la  glo- 
»  ria  de  España  ,  y  la  grand  corona  de  ella  en  vues- 
))  tras  manos  es  puesta;  é  si  celo  de  Dios  é  de  justi- 
»cia,  é  8i  amor  de  la  república,  y  del  bien  común 
»  de  ella,  é  si  deseo  de  la  paz  y  sosiego  de  los  Rey- 
»  nos  vos  mueve ,  como  creerse  debe ,  no  se  pasen 
«los  dias  en  vano,  ni  los  tiempos  sin  provecho,  ago- 
))ra  que  el  menester  lo  demanda,  é  la  necesidad  lo 
»  requiere.  Que  si  de  esto  por  ventura  vos  dexáse- 
»  des ,  como  lo  sospecho ,  gran  desmerecimiento  da- 
firíades  á  vuestras  personas,  mostrando  visiblemen- 
» te  que  por  grandes  culpas  vuestras  érades  torna- 
»  dos  indignos  de  tan  sancto  seguimiento.  Ni  por 
B  eso  tampoco  se  entienda  que  proceder  de  ligero  é 
»  con  alguna  pasión  de  parcialidad  é  aficionada  con- 
» tra  razón  sería  servicio  de  Dios ,  ni  cabsa  de  pros- 
»  peridad ;  como  á  los  que  en  tan  alta  cumbre  son 
»  asentados  como  vosotros  no  convenga,  antes  sea 
»  muy  peligroso,  ser  á  los  unos  aficionados  jueces ,  y 
»  á  los  otros  adversarios ;  ni  tampoco  afición  nin- 
»  guna  agena  de  la  verdad  vos  ha  de  hacer  guiar 
B  ni  mover ,  antes  como  ágenos  y  despojados  de  todo 
B  amor  é  enemistad  tener  igual  el  peso  y  el  ceptro 
»  de  justicia,  dando  á  cada  uno  lo  que  suyo  fuere 
» sin  usurpar  su  derecho ;  porque  no  venga  sobre 
» vosotros  aquello  de  la  Sapiencia,  que  se  dice: 
«Siendo  ministros  del  Reyno ,  juzgasteis  injusta- 
» mente,  sin  guardar  las  leyes  de  la  justicia ,  ni  se- 
»  guir  la  voluntad  de  Dios ;  por"  eso  verná  sobre  vos- 
»  otros  cruel  espanto  ;  ca  será  fecho  durísimo  juicio 
» sobre  aquellos  que  presiden.  E  si  algunos  hay, 
»  como  no  dudo  ,  en  que  lo  tal  fuera  sentido,  mayor 
»  sea  la  tardanza  de  sabello  ,  que  de  ser  lanzado  f  ue- 
B  ra  de  vuestra  congregación  ;  porque  si  los  años  pa- 
Bsados  así  se  hiciera,  no  se  viera  tan  derribada 
»  vuestra  fuerza ,  ni  tan  abatido  vuestro  poder  como 
»  sabéis  que  se  vio.  Por  tanto ,  pues  quiso  Dios  que 
» sanase  y  así  prevaleciese,  diré  yo  á  vosotros,  ho- 
B  norables  Señores ,  aquellas  palabras  de  nuestro  Sal- 
» vador ,  que  á  el  ciego  alumbrado  dixo  :  Cata  que 
B  eres  ya  sano  ;  no  peques  de  aquí  adelante ,  porque 
Bpeor  no  te  acontezca.  Por  tanto  vos  requiero  que 
Bochando  el  veneno  fuera  de  vuestro  consejo,  é  la 
»  ponzoña  fuera  de  vuestra  gobernación ,  tomando 
»  aquello  que  buenamente  podéis  alcanzar  sin  peli- 
B  gro ,  con  sanas  voluntades  procedáis ;  porque  el  po- 


«derío  de  Dios  á  vosotros  dado,  la  virtud  de  su  al- 
Bteza.  lo  guie  é  la  sancta  hermandad  prevalezca.))  — 
En  este  medio  tiempo  andando  la  vanidad  de  los 
tratos  entre  el  Rey  é  los  caballeros  tiranos,  fué  con- 
cordado con  el  Rey  se  fuesen  á  juntar  ciertos  caba- 
lleros del  bando  contrario  en  la  villa  de  Coca,  so  la 
salva  guarda  de  Don  Alonso  de  Fonseca,  Arzobis- 
po de  Sevilla,  así  porque  la  villa  era  suya,  como 
porque  entrambas  las  partes  se  fiaban  del  sin  sospe- 
cha. Y  porque  algunos  de  los  tiranos  se  estaban  en 
sus  tierras  ó  no  avian  gana  de  venir  allí,  acordaron 
que  todos  los  que  no  viniesen,  cada  uno  enviase  su 
hijo  mayor  en  rehenes,  para  que  estuvieran  por  lo 
que  allí  se  concertase  y  concluyese.  Mas  como  el 
Marqués  de  Villena  era  mas  amigo  de  los  tratos  que 
del  concierto ,  é  le  plascia  mas  andar  en  pendencias 
que  tomar  conclusión  de  paz  ni  sosiego,  fueron  ta- 
les gas  astucias,  é  tan  cabtelosas  sus  formas,  que  á 
cabo  de  veinte  dias  que  allí  estuvieron,  ningún  me- 
dio ni  provecho  se  sacó  de  su  estada ,  é  salieron  de 
allí  tan  sin  fruto  como  de  las  vistas  é  juntamientos 
pasados,  antes  con  mayor  discordia  que  de  prime- 
ro. Así  el  Rey  se  tornó  á  Segovia ,  é  los  caballeros  á 
la  villa  de  Arévalo. 

CAPÍTULO  LXXXVIII. 

Como  la  villa  de  Madrid  fue  puesla  en  poder  del  Arzobispo  de  Se- 
villa, para  que  allí  se  juntasen  el  Rey  é  ciertos  caballeros  del 
bando  contrario,  á  dar  orden  en  la  paz  ,  é  lo  que  allí  subce<li<5. 

Quanto  quiera  que  muchas  vistas,  é  ajuntamien- 
tos  se  hicieron ,  para  dar  medio  en  los  trabajos  del 
Reyno ,  nunca  en  ninguno  de  ellos  se  concluyó  paz 
ni  concordia ,  antes  los  trabajos  é  males  se  encen- 
dian  mas  de  cada  dia,  en  tal  manera,  que  siempre 
crescia  mayor  fuego  sin  aver  quien  lo  matase ;  por- 
que el  Marqués  de  Villena  quería  pendencias  sin 
conclusión  y  tratos  sin  dar  remedio.  E  como  ya  mu- 
chas personas,  ansi  grandes  señores,  como  religio- 
sos y  varones  de  consciencia  lo  afrentaban,  é  daban 
mucha  culpa,  disciendo  que  de  los  insultos  y  males 
que  se  hacían  ,  él  tenia  la  culpa,  porque  sus  propios 
intereses  no  daban  lugar  á  la  paz ,  por  donde  serian 
excusadas  las  muertes  y  robos  y  escándalos  é  albo- 
rotos del  Reyno ;  asi  viéndose  afrentado,  mas  para 
colorar  sus  tiranos  deseos ,  que  para  arredrarse  de 
su  acostumbrada  voluntad  é  condición  de  mal  hacer, 
é  antes  para  poner  al  Rey  en  necesidad,  que  para 
quitallo  de  ella,  é  tenello  mas  sojuzgado  que  libre, 
demandó,  que  la  villa  de  Madrid  con  el  Alcázar  é 
las  puertas  se  pusiese  en  poder  de  Don  Alonso  de 
Fonseca ,  Arzobispo  de  Sevilla,  para  que  él  la  tuvie- 
se por  espacio  de  seis  meses ;  donde  el  Rey  con  cier- 
tas personas  de  su  partido ,  y  el  Marqués  de  Villena 
y  Conde  de  Plasencia  con  otras  personas  de  su  ban- 
do se  juntasen  á  dar  medio  é  forma  de  paz  ó  sosie- 
go ;  é  que  alli  estuviesen  todos  seguramente  só  la 
salvaguardia  del  Arzobispo  de  Sevilla  ;  lo  qual  muy 
liberalmente  otorgó  el  Rey;  é  se  la  mandó  luego  en- 
tregar. Donde  apoderado  el  Arzobispo  de  Sevilla 
puso  alcaydes  en  los  alcázares ,  y  tomó  de  su  mano 


158  CRÓNICAS  DE  LOS 

las  puertas.  Luego  que  asi  fué  apoderado  el  Arzobis- 
po en  la  villa ,  el  Eey  vino  alli,  é  su  persona  fué 
aposentada  en  el  Alcázar ,  é  los  suyos  por  la  villa. 
Dende  á  pocos  dias  vinieron  el  Marqués  de  Villena, 
é  Conde  de  Plasencia  é  otras  personas  de  menos  con- 
dición. El  Arzobispo  de  Toledo  é  los  otros  caballe- 
ros tiranos  llevaron  al  Príncipe  á  la  villa  de  Oca- 
fia,  donde  se  aposentaron  de  reposo.  Después  que 
asi  se  juntaron  en  Madrid,  comenzaron  á  negociar 
con  el  Rey ,  é  con  los  de  su  Consejo,  mas  dilatando 
que  concluyendo,  mas  engañando  que  aprovechan- 
do ,  é  mas  multiplicando  discordia  que  sembrando 
paz  ;  en  tal  manera,  que  ninguna  conclusión  se  to- 
maba. E  asi  con  acuerdo  é  consentimiento  de  amas 
partes  fué  determinado  que  la  Condesa  de  Plasen- 
cia oviese  de  venir  allí ,  de  que  el  Rey  fué  muy  ale- 
gre ;  porque  ella  se  mostraba  muy  aficionada  á  su 
servicio ,  é  el  Rey  la  tenia  por  mucho  suya.  A  la 
qual  desque  vino,  le  fué  hecho  honroso  rescibimien- 
to  por  el  Rey,  é  por  los  grandes  que  allí  estaban. 

CAPÍTULO  LXXXIX. 

Como  el  Marqués  de  Villena  rodeó  por  esquisitas  formas,  que 
Pedrarias  fuese  preso,  para  indignar  las  voluntades  de  los  lea- 
les contra  el  Rey. 

Entretanto  que  los  tratos  pendían  ,  y  ningún  me- 
dio de  concordia  se  tomaba ,  el  Marqués  de  Villena, 
que  siempre  buscaba  novedades  dañosas  contra  el 
Rey,  é  provechosas  para  sí,  secretamente  envió  á 
pQdir  é  requerir  á  Pedrarias  de  Avila,  Contadorma- 
yor  del  Rey,  caballero  de  mucho  esfuerzo,  buen 
guerrero  é  capitán ,  é  muy  leal  servidor  del  Rey, 
para  que  quisiese  seguir  su  partido  é  dexar  al  Rey ; 
lo  qual  Pedrarias  denegó,  diciendo  que  nunca  plu- 
guiese á  Dios  que  en  ninguna  cosa  él  fuese  traydor 
á  su  Rey,  que  tanto  bien  le  avia  fecho  á  él  y  ásu  li- 
nage,  y  los  avia  puesto  en  tanta  honra  y  estado.  Es- 
tonces el  Marqués ,  visto  que  Pedrarias  denegaba  lo 
que  asi  le  rogaba,  trató  con  el  Arzobispo  de  Sevilla, 
que  era  todo  juntamente  con  él  aliado  é  confedera- 
do desde  la  scisma  de  la  estatua  que  en  Avila  se  hi- 
zo ,  para  que ,  pues  tenia  el  Alcázar  y  al  Rey  en  su 
poder,  lo  indignase  de  tal  manera,  que  mandase 
prendello,  buscando  sus  rodeos  para  ello,  para  que 
fuese  no  solamente  preso  mas  destruido.  Y  aquesto 
hacia  el  Marqués  porque  hecho  aquello,  los  que  es- 
taban en  propósito  de  servir  al  Rey  se  arredrasen  é 
temiesen  de  venir  á  su  Corte  y  estar  á  su  servicio, 
visto  lo  que  tan  injustamente  se  hacia  contra  aquel, 
que  tan  bien  lo  avia  servido.  E  asi  el  Arzobispo  de 
Sevilla ,  poniendo  por  obra  lo  que  el  Marqués  de  Vi- 
llena  quería ,  indignó  en  tanto  grado  la  voluntad 
del  Rey  contra  Pedrarias ,  que  lo  mandó  prender ,  é 
dio  consentimiento  para  ello  ,  no  aviendo  otra  cabsa 
justa ,  salvo  porque  fué  leal  servidor.  El  qual  lla- 
mado por  su  mandado,  como  entró  en  el  Alcázar 
halló  al  Rey  cabalgando  que  se  iba  al  Pardo,  é  di- 
xóle  :  «Pedrarias  venios  conmigo  al  Pardo  »;  y  dicho 
aquesto,  el  Rey  se  salió  por  la  puerta  que  está  sobre 
el  rio,  pensando  que  se  fuera  en  pos  de  él.  E  quando 


REYES  DE  CASTILLA. 

Pedrarias  quiso  salir  en  pos  del  Rey,  que  estaba  ea 
un  caballo  á  la  gineta  halló  todas  las  puertas  cerra- 
das é  mucha  gente  en  el  corral  fuera  del  Alcázar,  que 
le  descian  agrandes  voces:  «sed  preso.w  Estonces  él 
echó  mano  á  su  espada,  para  defenderse ;  pero  como 
eran  muchos  contra  él ,  no  pudo  resistirlos ;  y  entre 
tanto  que  asi  andaban  alderredor  de  él  para  lo  pren- 
der ,  uno  de  los  que  tenían  cargo  de  prendello  ,  lle- 
gó por  el  costado,  é  dióle  una  estocada  por  el  lado 
derecho,  que  le  entró  bástalo  hueco;  y  como  la  llaga 
fuese  peligrosa ,  él  en  alguna  manera  desmayó ,  en 
tal  forma,  que  le  ovieron  de  prender;  é  preso  lo  su- 
bieron á  la  torre  que  está  encima  de  la  otra  puer- 
ta del  Alcázar.  E  de  aquesta  prisión  muy  alterados 
fueron  asilos  del  bando  del  Rey,  como  los  del  otro; 
señaladamente  los  criados  é  servidores  del  Rey, 
visto  lo  que  asi  se  hacia  con  los  que  lealmente  ser- 
vían, é  como  el  Rey  daba  lugar  á  tal  fealdad.  Pero 
pues  licencia  de  escribir  se  me  otorga,  y  osadia  de 
hablar  me  debe  ser  dada,  digo  con  reverencia  de  tan 
alto  Rey ,  que  aquesta  prisión  tan  injusta  mas  fué 
ser  perseguidor  de  los  leales,  que  enemigo  de  los 
traydores ,  y  que  más  le  pesó  con  la  lealtad,  que  con 
la  traycion  le  desplugo.  {O  que  mal  exemplo  de  Rey! 
¡O  que  deshonesta  hazaña  de  Príncipe!  ¡O  qué  feo 
consentimiento  y  desoluta  licencia!  el  que  había  de 
ser  defendedor  de  sus  servidores ,  hacerse  persegui- 
dor de  ellos,  el  que  avia  de  amparar  su  hechura  leal, 
mandalla  prender,  é  dar  lugar  á  su  muerte.  Luego 
que  asi  fué  preso  Pedrarias  y  puesto  en  poder  desús 
enemigos,  el  Arzobispo  de  Sevilla  como  parcial  del 
Marqués  de  Villena,  para  que  las  voluntades  de  las 
gentes  mas  se  alterasen  é  quedasen  mas  indignadas 
contra  el  Rey,  y  perdiesen  la  afición  de  servillo, 
hizo  al  Rey  que  se  partiese  luego  para  Segovia  é 
prendiese  al  Obispo,  disciendo  que  preso  aquel ,  no 
avría  alteración  ninguna.  El  Rey ,  creyendo  que  su 
engañoso  consejo  fuese  lo  mejor,  puso  por  obra  su 
partida,  y  otro  día  siguiente  se  partió  para  Segovia 
con  propósito  de  executar  lo  que  asi  le  aconsejaba. 
De  aquesto  fué  luego  avisado  el  Obispo,  é  púsose  á 
tan  buen  recabdo  é  con  tal  defensa,  que  el  Rey  no 
lo  pudo  prender,  ni  tampoco  lo  intentó,  antes  como 
arrepentido  de  su  venida  se  tornó  luego  para  Ma- 
drid, en  tal  manera,  que  yaparescia  ser  mas  parcial 
de  sus  trabajos ,  que  ganoso  de  libertad  ,  ó  que  mas 
le  plascia  andar  corrido  que  tener  reposo.  ¡O  infini- 
ta grandeza  de  Dios!  ¡O  alto  poder  soberano!  ¡quán 
hondos  son  tus  juicios ,  quán  incomprensibles  tus 
secretos ,  e  quán  escures  tus  misteríos !  Tú  haces 
acobardar  á  los  Reyes  ,  é  afeminar  sus  corazones ; 
tú  los  agenas  del  seso,  y  mudas  el  entendimiento;  tú 
los  haces  andar  á  ciegas  fuera  de  todo  camino ,  por- 
que vayan  desatinados  sin  tener  tiento  ninguno. 
Este  Rey,  que  quando  Príncipe  en  los  dias  de  su 
padre  se  mostraba  tan  osado,  tan  esforzado  en  las 
armas,  tan  denodado  en  las  batallas,  tan  temido  en- 
tre las  gentes,  tan  sin  miedo  en  las  afrentas,  ¿quién 
le  privó  del  esfuerzo?  ¿quién  le  quitó  la  osadía? 
¿quién  lo  hizo  tan  medroso  ?  ¿  quién  captivo  su  li- 
bertad? ¿quién  le  sojuzgó  el  poder,  é  le  puso  en  tal 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


159 


servidumbre?  El  que  solía  mandar,  es  venido  á  ser 
mandado  ;  el  que  rey  naba  é  señoreaba,  queda  pues- 
to en  servidumbre  ;  á  el  que  todos  se  sojuzgaban,  ya 
ninguno  lo  obedece ,  y  él  obedece  á  todos.  En  tanto 
grado  es  ageno  de  quien  era,  que  no  se  acuerda  si 
fué  Rey ,  ni  si  nació  para  ello.  Asi  que  según  aques- 
to, tú  sola,  Providencia  divina ,  eres  la  que  trans- 
mutas los  Reyes ,  la  que  les  quita  el  sentido  y  pone 
en  seso,  reprobando  que  vengan  en  menosprecio  y 
hagan  lo  que  no  cumple. 

CAPÍTULO  XC. 

Como  los  Alcaldes  de  la  Hermandad  de  la  mayor  parte  del  Reyno 
vinieron  á  suplicar  é  requerir  al  Rey  que  soltase  á  Pedrarias,  é 
como  lo  soltó,  é  lo  que  subcedió. 

En  aqueste  medio  tiempo  como  las  Hermandades 
del  Reyno  estuviesen  en  grande  prosperidad,  é 
su  justicia  muy  temida,  hizose  la  junta  de  ellas  en 
la  villa  de  Valladolid ,  donde  sabida  la  prisión  de 
Pedrarias,  é  como  injustamente  é  contra  toda  razón 
lo  avian  prendido,  determinaron  que  los  Alcaldes 
della  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  fuesen 
juntamente  á  suplicar  é  requerir  al  Rey  le  pluguie- 
se soltar  á  Pedrarias,  é  dargelo  liberalmente.  Los 
quales  venidos  delante  su  Real  persona,  é  fecha  su 
habla  al  Rey,  tomó  deliberación  para  respónde- 
nos. E  ávido  su  acuerdo  con  algunos  de  su  alto 
Consejo  é  otros  criados  suyos,  determinó  de  los  sol- 
tar, y  dárgelo  ;  é  así  mandó  que  lo  soltasen  y  entre- 
gasen á  los  Alcaldes  de  la  Hermandad,  y  ellos  se 
lo  tuvieron  en  señalada  merced.  Esta  deliberación 
del  preso,  que  el  Rey  fizo,  fué  muy  loada  por  todos 
los  que  estaban  en  la  Corte ,  puesto  que  desplugo  á 
los  tiranos,  señaladamente  á  los  que  avian  sido  cab- 
sadores  de  su  prisión.  De  donde  surtió  que  los  tra- 
tos de  la  concordia,  sobre  que  el  Rey  é  los  caballe- 
ros desleales  eran  alli  venidos,  se  desmanaron  de 
tal  forma  que  ningún  medio  de  concordia  se  pudo 
tomar  entre  ellos,  antes  el  Marqués  de  Villena  y  el 
Conde  de  Plasencia  se  partieron  luego  para  Ocafia, 
donde  estaba  el  Príncipe,  é  de  allí  pasaron  con  él  á 
la  villa  de  YUescas.  Verdad  es  que  la  Condesa  de 
Plasencia  se  quedó  en  Madrid  por  algunos  dias, 
mostrándose  aficionada  al  servicio  del  Rey,  median- 
te lo  qual  andaba  en  algunos  tratos,  que  de  nuevo 
se  comenzaron,  según  que  adelante  será  recontado, 
por  lo  que  dellos  resultó.  Estonces  el  Arzobispo  de 
Sevilla,  visto  el  desmano  de  los  negocios,  desapo- 
deróse de  la  fortaleza  y  de  las  puertas,  y  el  Rey 
puso  en  ella  por  su  Alcayde  á  Pedro  de  la  Plaza, 
criado  suyo  antiguo. 

CAPÍTULO  XCI. 

Como  se  resistió  la  partida  del  Rey  para  Bejar,  y  lo  que  allí  su- 
cedió. 

Como  la  Condesa  de  Plasencia  se  quedó  en  Ma- 
drid, el  Marqués  de  Villena  tornó  á  los  tratos  por 
mano  de  ella,  disciendo  que  si  el  Rey  con  la  Reyna 
y  con  su  hija  é  con  la  Infanta  su  hermana  se  fue- 


sen á  Béjar,  só  la  salvaguarda  del  Conde  de  Plasen- 
cia su  marido  é  della,  que  él  y  los  otros  señores  de  su 
partido  llevarían  allí  á  su  Rey,  donde  todos  juntos 
los  concertarian  y  darían  entre  ellos  algún  medio 
de  concordia  é  forma  en  la  gobernación  y  regimien- 
to del  Reyno ;  pero  aquesto  era  de  sus  cabtelas  del 
Marqués  de  Villena,  porque  rodeaba  de  tener  al  Rey 
de  su  mano  para  destruir  á  los  leales  que  le  avian 
seguido.  E  movido  aqueste  trato  por  la  Condesa ,  el 
Rey  quiso  consultallo  con  los  del  su  Consejo,  é  como 
algunos  de  ellos  eran  parciales  del  Marqués  de  Vi- 
llena,  votaron  que  lo  debía  hacer,  puesto  que  otros 
tenían  lo  contrarío.  Al  fin  el  Rey  convencido  de  los 
aficionados  al  Marqués  de  Villena  aceptó  de  lo  ha- 
cer, é  dio  su  palabra  dello  aunque  mucho  contra  su 
grado.  E  asi  dado  su  consentimiento ,  fue  acordado 
el  día  de  la  partida ,  para  que  él  é  la  Reyna  é  su 
hija  y  la  Infanta  Doña  Isabel  su  hermana  se  fue- 
sen juntos  con  la  Condesa  de  Plasencia,  é  los  caba- 
lleros con  su  Reyipor  otro  camino,  hasta  que  los  jun- 
tasen á  todos  en  Béjar,  Venido  el  día  que  se  avian 
de  partir,  los  caballeros  criados  é  servidores  del  Rey 
que  alli  estaban ,  viendo  quan  aceleradamente  le 
hacían  partir,  é  como  él  con  toda  la  cepa  Real  se 
iba  á  poner  en  las  manos  de  los  enemigos  caballe- 
ros tiranos,  donde  los  temían  mas  sojuzgados  que 
libres,  por  donde  avrian  poder  é  mando,  para  des- 
truir los  leales  ;  poniendo  ante  sus  ojos  la  lealtad 
é  firmeza,  con  que  tan  limpiamente  avian  servido 
á  su  Rey,  acordaron  de  se  juntar  todos  en  una  Igle- 
sia que  se  dice  de  Sant  Gínes.  E  juntados,  enviaron 
erogar  á  los  Alcaldes  de  la  Hermandad  que  alli  eran 
venidos  sobre  la  deliberación  de  Pedrarias,  que  les 
pluguiese  de  venir  á  hablar  con  ellos.  Los  quales 
venidos,  rogaron  á  mí  como  eclesiástico  y  antiguo 
criado  del  Rey,  quisiese  desoír  é  proponer  la  cabsa 
de  su  ajuntaiuiento,  E  asi  convencido  de  su  ruego 
les  dise:  «Tanto  los  leales  se  deben  presciar  de  su 
» lealtad,  quanto  mas  limpiamente  vivieron  en  ella, 
«porque  quanto  á  los  traydores  desdora  su  traycion, 
«tanto  á  los  otros  arrea  ó  compone  su  mucha  firme, 
»za.  E  de  aquí  es  que  tres  cosas  son  las  que  mayor 
«dolor  y  sentimiento  suelen  poner  en  los  corazones 
«de  los  buenos  :  la  primera,  quando  los  libres  nací- 
«dos  en  libertad  son  privados  de  ella^é  puestos  en 
«sujeción  de  los  tiranos ;  la  segunda ,  quando  los 
«leales  son  mandados  é  señoreados  por  los  traydo- 
«res  ;  la  tercera  y  mas  grave,  quando  los  Príncipes 
»é  Reyes  poderosos  son  venidos  á  servidumbre  de 
«los  siervos  é  criados  que  criaron.  E  como  aquesto 
«es  la  mayor  fealdad  é  grave  abominación,  lo  que 
«mas  nos  debe  afligir  es  ver  como  vemos  el  abati- 
«timiento,  la  deshonra  y  vituperio  en  que  á  nuestro 
«Rey  é  Señor  natural  han  puesto  aquestos  que  él 
«crió,  los  que  levantó  del  polvo,  é  hizo  de  nada, 
«que  no  solamente  se  han  contentado  del  feo  aba- 
«timiento  en  que  lo  tienen,  mas  lo  traben  tan  acor- 
«rido  é  afligido  é  asenderado,  que  agora  de  nuevo 
«después  que  le  hicieron  prender  á  sus  leales  ser- 
5)vídores  sin  cabsa,  por  enemísí;allo  con  todos  é  que 
«perdiesen  la  gana  de  servillo,  han  rodeado  con  sus 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


160 

»  astuciosos  tratos  como  su  Alteza  con  toda  la  cepa 
wReal  de  su  descendencia  se  vaya  á  poner  debaxo 
Jidesu  mano,  é  á  su  mandado  é  gobernación  en  la 
»villa  de  Béjar,  para  que  ni  tengamos  Rey  que  nos 
«ampare,  ni  sombra  que  nos  cubra,  ni  abrigo  que 
«nos  defienda;  en  tal  manera,  que  quando  á  ellos 
«agradare,  nosotros  los  leales  seamos  puestos  a  cu- 
«chillo  sin  reparo,  é  asi  nuestra  lealtad  será  sojuz- 
3)gadapor  trayc¡on,y  ellos  reputados  por  leales.  Pues 
»  ciertamente,  Señores,  asi  es  necesario  é  cumple  que 
«resistamos  su  partida,  y  de  tal  guisa  defendamos 
))á  nuestro  Rey,  que  nunca  lo  consintamos  llevar  en 
))  captiverio ;  ca  dura  cosa  seria,  seyendo  como  so- 
»  mos  unos  criados  suyos  é  antiguos ,  é  otros  subdi- 
ntos  naturales  celadores  de  su  servicio,  consentir 
«tan  grand  maldad,  y  dexarnos  desabrigar  sin  ex- 
«perimentar  nuestras  fuerzas  é  poner  á  ello  las  ma- 
))nos.  Asi  que,  concluyendo,  digo  que  será  cosa  con- 
Dvenible  y  loable  hazaña  que  antea  como  varones 
»no8  perdamos,  que  como  ovejas  destrozadas  nos 
«despojen  déla  vida. »  Ojda  aquesta  habla,  todos 
quedaron  muy  contentos,  y  tanto  conformes  en  ello, 
que  sin  replicato  ninguno ,  asi  los  Alcaldes  de  la 
Hermandad,  como  los  otros  criados  é  servidores  del 
Rey,  aviendo  por  muy  bueno  lo  que  asi  les  era  di- 
cho ,  determinadamente  deliberaron  de  lo  hacer  é 
poner  luego  por  obra.  Fara  lo  qual  fué  luego  acor- 
dado que  primero  con  mucha  humildad  fuese  su- 
plicado al  Rey  que  dexase  la  partida ,  é  quando  por 
suplicación  no  lo  quisiese  hacer,  que  con  mano  ar- 
mada le  fuese  resistida.  E  asi  fueron  diputados  qua- 
tro  Alcaldes  de  la  Hermandad ,  que  por  parte  de 
todo  el  Reyno  fuesen  primero  á  se  lo  suplicar,  é  le 
notificasen  como  su  partida  era  peligrosa  para  su 
Real  persona  é  de  su  cepa  Real,  é  grande  perdición 
de  sus  Reynos ;  é  donde  no  lo  quisiere  hacer,  que 
protestasen  de  le  resistir  la  partida,  é  no  consenti- 
11a  por  ninguna  manera.  Luego  que  aquestos  fue- 
ron oidos  é  propusieron   su  embaxada,  fueron  en 
pos  de  ellos  de  los  criados  é  servidores  del  Rey  otros 
quatro  Diputados,  que  eran  Frey  Arias  de  Ríos,  Co- 
mendador de  Bamba,  é  Juan  Guillen,  Guarda  ma- 
yor de  la  Reyna,  é  Martin  Galindo ,  hijo  mayor  de 
Juan  Fernandez  Galindo  é  yo,  para  que  de  parte  de 
BUS  criados  é  servidores  é  de  toda  la  gente  de  sus 
guardas,  le  suplicásemos  lo  mesmo  que  los  Alcaldes 
de  la  Hermandad.  E  asi  llegando  delante  do  su  Al- 
teza con  otros  algunos  caballeros,  é  señaladas  per- 
sonas que  nos  acompañaban,  dieron  á  mí  el  cargo 
de  proponer,  y  dixe  :  «Tantos  insultos  y  tan  gran- 
»  des  é  tan  disolutos  yerros  se  han  ensayado  contra 
» la  Real  persona  de  vuestra  Excelencia,  que  aque- 
«llos  nos  hacen  sospechar  otros  mayores  males ;   é 
«asi  mesmo.  Señor,  avemos  visto  quantos  tratos  han 
«andado  de  que  ninguna  conclusión  ni  ningún  me- 
n  dio  de  paz  se  ha  tomado ,   ni  se  espera  según  la 
))  muchedumbre  de  las  mentiras  que  en  tanto  grado 
«han  prevalecido  ;  por  donde  medio  alguno  de  con- 
«cordia  no  se  debe  atender.  E  como  ya  lo  pasado 
«nos  da  sospecha  de  las  cosas  adelante  venideras 
«qué  tales  podran  ser,  y  del  fruto  que  de  lo  tal  se 


»  puede  seguir,  todos  los  vasallos  é  criados  é  servi- 
» dores  de  vuestra  excelsitud  tememos,   é  los  que 
«agora  sospechamos  de  esta  partida,   que  vuestra 
«Alteza  quiere  hacer  para  Béjar,  donde  parece  que 
» inconsultamente  por  voto  de  dos  ó  tres  parciales  y 
« enemigos  suyos ,  se  va  á  poner  en  las  manos  de 
«aquellos  que  tan  crudamente  le  han  tratado  con 
»  sus  lenguas,  é  disolutas  obras.  E  no  solamente  que 
«vuestra  Real  persona  vaya  á  su  poder,  mas  toda 
«la  cepa  Real  de  vuestra  descendencia,  de  que  otros 
«muy  grandes  y  mas  perversos  males  se  podrían 
«cabsar  y  recrescer.  Por  lo  qual  muy  humildemente 
«con  quanta  reverencia  podemos  una  é  muchas  ve- 
nces le  suplicamos  quiera  é  tenga  por  bien  de  cesar 
«su  partida  ;  porque  de  aquella  no  solamente  redun- 
«dará  peligro  en  la  persona  Real  de  vuestra  Magea- 
ntad  y  de  toda  su  sangre  Real,  mas  en  la  vida  de 
«todos  aquellos  que  con  lealtad  lo  han  servido  é  se- 
«guido;  protestando,  que  si  todavía  quiere  ensistir 
«en  la  partida,  que  la  resistiremos  con  todas  nuestras 
«fuerzas,  fasta  poner  las  manos  en  los  que  lo  con- 
« trario  de  aquesto  le  quisieren  aconsejar  é  procura- 
«ren  desde  el  mayor  estado  hasta  el  menor.»  Acaba- 
do mi  habla,  quanto  quiera  que  al  Rey  le  agradaba 
lo  que  asi  le  suplicábamos,  se  apartó  con  algunos 
de  su  Consejo  para  tomar  su  acuerdo  é  deliberación 
con  ellos  de  lo  que  se  debia  hacer.   Pero  como  al- 
gunos de  ellos  eran  parciales  del  Marqués  de  Ville- 
na,  votaron  é  diéronle  por  consejo  que  todavía  se 
partiese,  y  que  á  nosotros  respondiese  que  su  parti- 
da era  muy  necesaria,  é  era  cosa  muy  cumplidera  á 
su  servicio.  Oyda  aquesta  respuesta,  é  divulgada 
entre  los  criados   é  servidores  del  Rey,  é  por  las 
gentes  de  sus  guardas,  é  por  los  Alcaldes  de  la  Her- 
mandad, é  visto  como  su  partida  se  aceleraba  muy 
prestamente,  se  pusieron  todos  en  armas  en  tal  ma- 
nera, que  la  villa  fué  muy  alborotada,  dando  favor 
á  la  Hermandad ,   é  á  los  criados  é  servidores  del 
Rey,  con  las  guardas.  Entretanto  que  asi  andaba  el 
alboroto,  el  Arzobispo  de  Sevilla  é  la  Condesa  de 
Plasencia  con  un  capitán  suyo,  que  se  llamaba  Pe- 
dro de  Hontiveros,  con  trescientos  rocines  cabalga- 
ron á  mas  andar,  é  se  pusieron  de  la  otra  parte  del 
rio  enfrente  del  Alcázar,  esperando  al  Rey  que  sa- 
liese con  la  Reyna  é  con  la  hija  é  con  la  hermana, 
para  llevarlas  consigo.  E  como  el  Rey  salió  por  la 
puerta  del  Alcázar,  que  está  sobre  el  rio,  fue  muy 
grande  el  escándalo  de  la  gente  por  todo  el  pueblo, 
disciendo  á  grandes  voces,  «que  llevan  al  Rey  pre- 
so.» E  luego  sin  detenimiento  alguno  salió  toda  la 
gente  de  la  villa,  asi  de  á  caballo  como  de  peones 
armados,  disciendo ,  « mueran,  mueran  los  traydo- 
res,  que  llevan  preso  al  Rey»  ;  en  tal  manera,  que 
llegados  con  muy  grand  furia,  cercaron  al  Rey  en 
torno,  de  tal  guisa,  que  no  pudo  de  salir  de  entre 
ellos.  E  como  aquesto  vieron  el  Arzobispo  de  Sevi- 
lla y  la  Condesa  de  Plasencia  é  su  capitán,  que  es- 
peraban al  Rey,  ovieron  tan  grand  temor,  que  sin 
detenimiento  ninguno  se  fueron  huyendo  é  mas  an- 
dar hasta  la  villa  de  YUescas,  donde  estaba  el  Mar- 
qués de  Villena  y  los  otros  Señores  con  el  Príncipe, 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


161 


á  quien  ellos  llamaban  Rey.  Los  qualea  á  la  misma 
hora  se  partieron  aceleradamente,  é  pasaron  lo^ 
puertos  para  la  villa  de  Arévalo.  Hecha  la  resisten- 
cia, y  estorbada  la  partida  del  Rey,  y  tornado  al 
Alcázar,  é  con  él  sus  servidores  y  criados  con  los  Al- 
caldes de  la  Hermandad  y  gentes  de  las  guardas 
que  alli  estaban,  pusieron  luego  tan  grand  recabdo 
de  guardas  enderredor  del  Alcázar,  que  ninguno 
podia  entrar  ni  salir  sin  que  fuese  visto,  y  sabido  á 
que  venia  ó  iba  ;  de  tal  forma,  que  los  tratos  de  la 
una  parte  á  la  otra  no  tuvieron  lugar  de  andar.  Y 
asi  todos  puestos  como  en  cerco  suplicaron  al  Rey 
que  su  Alteza  mandase  que  ciertos  hijos-dalgo  é 
personas  de  autoridad  de  los  que  alli  estaban  entra- 
sen en  el  Alcázar,  para  que  juntamente  con  el  Al- 
cayde  estuviesen  en  la  guarda  de  su  Real  persona  y 
de  la  Reyna  y  de  su  hija  é  su  hermana,  lo  qual  el 
Rey  tuvo  por  bien ;  é  asi  deputados  los  que  avian 
de  estar,  y  entrados  en  el  Alcázar,  levantáronse  de 
allí  (londe  estaban  en  el  campo  ;  é  de  tal  guisa  los 
que  entraron  en  el  Alcázar  pusieron  recabdo,  que 
ni  el  Rey  podia  enviar  tratos ,  ni  los  caballeros  á 
él.  De  aquesta  resistencia  fueron  muy  alegres  é  con- 
tentos los  servidores  é  caballeros  del  partido  del 
Rey,  asi  por  la  libertad  de  su  persona  Real,  como 
por  la  seguridad  de  sus  propios  estados  ó  vidas,  que 
sin  duda  fueran  destruidos,  si  el  Rey  fuera  á  Dejar 
en  podeíde  sus  enemigos  ;  porque  la  principal  cab- 
sa  que  á  los  tiranos  movia  á  llevar  al  Rey  en  su  po- 
der é  tenello  de  su  mano,  era  aquella.  E  por  esto 
luego  que  la  resistencia  fué  hecha,  vinieron  allí  á 
Madrid  algunos  Señores  de  su  partido ,  señalada- 
mente Don  Luis  de  la  Cerda,  Conde  de  Medina  Celi, 
é  Don  Pedro  Gonzalos  de  Mendoza ,  Obispo  de  Ca- 
lahorra, que  avia  grand  tiempo  que  estaba  fuera  de 
la  Corte ;  por  cuya  venida  el  Rey  fué  muy  alegre  é 
contento;  porque  páresela  estar  su  persona  Real 
con  mas  abtoridad.  Estonces  ávido  su  Consejo,  de- 
terminaron que  el  Rey  se  partiese  para  Segovia. 

CAPÍTULO  XCII. 

De  lo  que  sucedió  después  que  el  Rey  se  partió  para  Segovia. 

Pasados  algunos  dias  después  que  el  Rey  ovo  lle- 
gado á  la  cibdad  de  Segovia,  vino  allí  Pedro  de 
Hontiveros,  disciendo  que  por  parte  de  los  caballe- 
ros tiranos  traia  cierta  contratación.  Pero  aquello 
era  falso ;  porque  el  fin  de  su  venida  fué  tratar  con 
Pedrarias  de  Avila  la  traycion  é  vendida  de  aquella 
cibdad,  que  por  su  secreto  mensagero  les  avia  profe- 
rido de  dar.  Y  así  como  su  venida  eraagenade  lo  que 
él  fingía  traer,  se  tornó  sin  conclusión  alguna ;  por- 
que ya  las  cosas  de  la  paz  é  sosiego  se  iban  de  con- 
tino empeorando,  é  tanto  las  novedades  crecían  de 
cada  día  é  las  trayciones  se  multiplicaban,  que  un 
hombre  de  baso  estado,  que  se  llamaba  Pedro  de 
Silva,  aviendo  rescibido  mercedes  de  la  Reyna,  cu- 
ya era  la  villa  de  Olmedo,  é  teniendo  la  goberna- 
ción de  ella  por  su  mandado,  porque  era  casado  con 
una  doncella  suya,  pospuesta  la  vergüenza,  ensu- 
ciando su  linage,  é  envilesciendo  su  persona  con 
Cr.^-III. 


nombre  de  traydor,  vendióla  á  los  tiranos  desleales, 
é  dióles  entrada  por  un  postigo  del  muro ,  que  esta- 
ba junto  con  su  casa;  donde  luego  los  caballeros  con 
su  Rey ,  que  desoían ,  se  vinieron  allí  á  aposentar. 
Sabido  aquesto  por  el  Rey ,  é  ávido  su  deliberado 
acuerdo,  envió  á  llamar  al  Marqués  de  Santillana, 
que  viniese  con  la  mas  gente  que  pudiese  traer ;  el 
qual  obedesciendo  su  mandado ,  vino  con  quinien- 
tos rocines,  y  se  aposentó  en  una  aldea  que  se  dice 
Sanct  Christoval,  que  está  media  legua  de  Segovia. 
E  así  aposentado ,  envió  á  desoír  al  Rey  que  pues 
su  Alteza  quería  servirse  de  él  como  de  leal  caba- 
llero que  siempre  le  avia  sido ,  que  para  seguridad 
de  su  estado,  é  de  sus  hermanos  é  parientes  que  lo 
avian  de  servir,  le  diese  en  rehenes  á  su  hija.  B 
quanto  quiera  que  sobre  ello  ovo  algunas  diferen- 
cias, al  fin  él  gela  ovo  de  entregar  en  esta  manera, 
que  salió  con  su  hija  hasta  la  subida  del  puerto,  y 
el  Marqués  salió  á  la  rescebir,  donde  le  fué  entrega- 
da. E  así  tomada  de  su  mano,  la  dio  á  Don  Iñigo 
López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilla ,  su  herma- 
no ,  que  la  llevase  á  Buytrago,  é  la  tuviese  en  grand 
guarda,  y  el  Marqués  con  toda  su  gente  se  fué  á  Se- 
govia. Donde  venido,  él  y  el  Obispo  de  Calahorra, 
su  hermano  y  el  Conde  de  Medina  Celi  comenzaron 
á  entender  en  la  gobernación  y  cosas  del  Consejo. 
Pero  según  aquellas  subcedian,y  se  iban  empeoran- 
do ,  fué  acordado  que  el  Rey  con  toda  su  Corte  se 
fuese  á  la  villa  de  Cuéllar,  y  que  la  Reyna  y  la  In- 
fanta Doña  Isabel  se  quedasen  allí  en  Segovia.  La 
ida  del  Rey  á  Cuéllar  paresció  ser  cosa  necesaria, 
así  por  mostrar  que  se  acercaba  contra  sus  enemi- 
gos, que  estaban  en  Olmedo,  como  por  hacer  espal- 
das á  los  de  Medina  del  Campo ,  que  de  contino  pe- 
leaban contra  el  Alcayde  de  la  Mota,  que  estaba  por 
el  Arzobispo  de  Toledo  rebelado  contra  el  Rey.  E 
luego  que  así  fué  llegado  á  Cuéllar,  vinieron  ciertos 
escuderos  de  la  villa  de  Medina  del  Campo  á  deman- 
dar ayuda  é  socorro  é  amparo  contra  el  Alcayde  que 
los  perseguía  y  hacia  grandes  daños  desde  la  forta- 
leza, porque  se  diesen  al  Príncipe,  rey  que  se  des- 
oía. Oyda  su  habla  y  la  necesidad  con  que  venian, 
el  Rey  con  aquellos  caballeros  de  su  Consejo  acordó 
de  los  ir  á  socorrer ,  pero  entretanto  que  el  socorro 
les  iba,  les  díxo  que  estuviesen  á  buen  recabdo,  é  se 
barrease  la  villa,  por  manera  que  no  rescibiesen 
daño  alguno.  Tomado  aqueste  acuerdo,  é  dada  for- 
ma de  ir  á  socorrer  aquella  villa ,  porque  no  la  se- 
ñoreasen los  enemigos,  llegó  Don  Pedro  de  Velasco 
secretamente  por  mandado  del  Conde  su  padre,  su- 
plicando al  Rey  que  le  perdonase  si  algún  deservi- 
cio ó  enojo  le  avia  fecho;  porque  en  enmienda  é  sa- 
tisfacion  del  hierro  pasado  le  quería  venir  á  servir 
con  quatrocientos  hombres  d'armas  é  trescientos  gi- 
netes  condicionalmente ,  que  todavía  fuese  á  socor- 
rer á  Medina  del  Campo  porque  no  se  perdiese ;  de 
lo  qual  fué  el  Rey  muy  contento,  así  con  su  venida 
para  lo  servir,  como  por  la  proferta  que  traia,  vista 
la  necesidad  en  que  estaba  y  quanto  era  su  venida 
provechosa.  E  así  regradesciendole  mucho  el  desee 
con  que  venia  é  la  proferta  que  le  daba,  mandól; 

11 


162  CRÓNICAS  DE  LOS 

luego  se  fuese  á  recoger  su  gente  é  que  se  bolviese 
muy  presto.  E  luego  el  Rey  se  tornó  á  Segovia,  don- 
de mandó  recoger  toda  la  gente  de  sus  guardas  y 
la  de  los  otros  caballeros  que  allí  eran  venidos  á  su 
servicio  ;  é  así  mesmo  mandó  llamar  á  los  otros  que 
tenia  por  suyos  é  se  avian  proferido  de  venir  á  ser- 
virlo por  las  mercedes  que  les  avia  fecho.  Entre  los 
quales  principalmente  envió  á  llamar  á  Don  García 
Alrarez  de  Toledo  ,  Conde  de  Alva,  é  mandó  á  mí 
que  fuese  á  él  de  parte  suya  con  carta  de  creencia. 
Al  qual  llegado,  después  de  muchas  hablas  que  en- 
tre él  é  mí  pasaron ,  respondió  que  estaba  muy  al- 
canzado é  en  grand  necesidad  de  dinero ,  así  para 
pagar  alguna  parte  de  su  gente,  como  para  otras 
cosas  que  avia  menester  ;  que  si  su  Alteza  lo  man- 
dase socorrer  con  medio  quento  de  maravedís,  que 
lo  iría  luego  á  servir.  De  lo  qual  tomada  por  mí  su 
feeé  palabra  que  ansi  lo  faria,  dixe  que  enviase 
conmigo  su  Camarero ,  é  que  le  haría  dar  recabdo 
de  aquello  que  demandaba ;  é  luego  me  tomé  para 
el  Rey.  Al  qual  recontando  lo  que  el  Conde  pedia, 
dixo  :  «  Bien  sé  é  soy  certificado  que  él  no  ha  de  ve- 
«iiir;  mas  porque  no  paresca  que  dexo  con  él  de 
«cumplir  en  no  darle  lo  que  demanda,  yo  mando 
»que  luego  se  le  dé»  ;  é  así  fué  dado  á  su  Camarero, 
que  conmigo  avia  venido. 

CAPÍTULO  XCIII. 

Como  los  (le  Medina  del  Campo  demandaron  socorro  al  Rey  por 
el  peligro  en  que  estaban  ;  é  venido  Don  Pedro  de  Velaseo  con 
su  gente,  fué  acordado  de  ir  á  socorrer  á  Medina  del  Campo. 

Entretanto  que  la  gente  se  allegaba,  los  debates 
de  Medina  del  Campo  contra  el  Alcayde  de  la  Mo- 
ta se  avian  de  tal  manera,  que  cada  dia  llegaban  á 
pelear  unos  con  otros ,  donde  peligraban  de  cada 
parte;  pero  los  de  la  villa  tenían  ciertas  Iglesias 
fortalecidas  alderredor  de  la  Mota,  donde  se  defen- 
dían, é  resistían  las  salidas  de  sus  contrarios  á  la  vi- 
lla. E  como  el  Príncipe  Don  Alonso ,  rey  Jque  se 
desoía,  estaba  en  Olmedo  con  los  caballeros  é  Perla- 
dos de  su  partido,  daban  favor  é  hacían  espaldas  al 
Alcayde  de  la  Mota,  é  los  de  la  villa  no  solamente 
estaban  con  temor,  mas  en  grand  peligro  que  una 
noche  vernian  de  salto  é  darían  sobre  ellos  é  los 
destruyrian  de  tal  guisa,  que  la  villa  quedase  del  to- 
do por  ellos,  y  los  que  tenían  la  voz  del  Rey  queda- 
sen destruydos.  E  así  iban  de  contíno  mensageros 
al  Rey,  dándole  priesa  que  los  viniese  á  socorrer  an- 
tes que  sus  enemigos  viniesen  á  dar  en  ellos,  é  que- 
dasen robados  y  echados  fuera  de  sus  casas ;  pero  el 
Rey  que  atendía  la  venida  del  Conde  de  Alva ,  se- 
gún la  f ee  é  la  promesa  que  avía  dado,  é  á  Don  Pe- 
dro de  Velaseo,  respondíales  que  se  defendiesen, 
que  él  seria  muy  presto  con  ellos.  En  aqueste  me- 
dio tiempo  llegó  Don  Pedro  de  Velaseo  á  la  villa  de 
Cuéllar  con  los  setecientos  rocines  que  avia  prome- 
tido al  Roy  é  con  asaz  pconage ;  donde  llegado ,  el 
Duque  de  Alburquerque  y  él  escribieron  al  Rey  que 
pues  la  venida  del  Conde  de  Alva  se  dilataba,  su- 
plicaban á  su  Alteza  que  se  viniese  luego  con  sus 


REYES  DE  CASTILLA. 

guardas  é  con  aquellos  señores  que  allí  estaban,  pa- 
ra que  socorriesen  á  los  de  Medina  del  Campo  antes 
que  los  enemigos  diesen  sobre  ellos  é  los  destroza- 
sen. Estonces  el  Rey  se  partió  de  Segovia  á  mas 
andar  con  el  Marqués  de  Santillana  y  el  Obispo  de 
Calahorra,  é  Don  Juan  é  Don  Hurtado  sus  herma- 
nos, é  toda  la  gente  de  sus  guardas,  é  mandó  que  la 
Reyna  é  la  Infanta  su  hermana  se  quedasen  allí ,  é 
Juan  Guillen  con  cierta  gente  en  su  guarda.  Lle- 
gado el  Rey  á  Cuéllar,  fué  acordado  que  otro  dia  si- 
guiente se  partiesen  camino  de  Medina,  é  que  su 
ida  fuese  por  delante  de  Olmedo.  E  quanto  quiera 
que  el  Rey  lo  estorbaba  por  excusar  la  batalla,  y 
que  se  fuesen  por  otra  parte ,  el  Marqués  de  Santi- 
llana y  el  Duque  de  Alburquerque  é  Don  Pedro  de 
Velaseo  y  el  Obispo  de  Calahorra  é  Juan  Fernandez 
Galindo ,  capitán  del  Rey,  como  estaban  ganosos  de 
pelear  contra  sus  enemigos,  insistieron  todavía  de 
pasar  por  allí,  y  así  con  aquella  deliberación  se  par- 
tieron de  Cuéllar  con  toda  su  hueste,  ordenadas  muy 
bien  sus  batallas,  y  aquella  noche  se  fueron  á  apo- 
sentar al  monte  de  Hiscar.  Estando  allí  aposenta- 
dos, casi  á  la  medía  noche  llegó  un  Rey  d'arraas 
secretamente  al  Duque  de  Alburquerque  de  parte 
de  Don  Alonso  de  Fonseca ,  Arzobispo  de  Sevilla, 
haciéndole  saber  que  quarenta  caballeros  hijos-dal- 
go  de  la  casa  del  Príncipe,  que  se  decía  Rey,  é  del 
Arzobispo  de  Toledo  avian  fecho  voto  solene ,  que 
todos  é  cada  uno  de  ellos  lo  buscarían  por  toda  la 
hueste  de  la  batalla,  quando  se  diese,  é  lo  prende- 
rían ó  lo  matarían,  ó  perderian  la  vida  en  aquella 
demanda  ;  é  que  le  rogaba,  é  le  requería  como  ami- 
go, que  á  la  batalla  no  saliese  con  armas  conocidas, 
porque  le  sería  en  peligro  de  su  vida  y  de  la  hon- 
ra. El  Duque  respondió  al  Rey  darmas :  «  Decid  al 
»  señor  Arzobispo ,  que  yo  gelo  tengo  en  señalada 
))  merced,  porque  me  paga  la  debda  de  buen  amigo; 
»  pero  que  en  los  tales  tiempos  conviene  á  los  caba- 
» lleros  salir  señalados,  é  mostrarse  á  sus  enemigos, 
»  porque  la  honra  siempre  cuelga  del  peligro.  E  por 
»tanto  á  vos  como  oficial  de  armas  requiero  que  á 
» los  caballeros  que  así  han  jurado  de  me  prender  ó 
«matar  en  la  batalla,  les  digáis  que  las  armas  é  la 
«insignia  cpn  que  yo  he  de  pelear  en  la  batalla,  son 
» las  que  aquí  vedes :  por  eso  cumple  que  las  conos- 
«cais,  é  se  las  sepáis  blasonar,  para  que  por  ellas  me 
»  conozcan  é  sepan  quien  es  el  Duque  de  Alburquer- 
nque.»  E  mandóle  dar  una  ropa  de  seda  y  dineros 
con  que  so  tornase,  é  tornado  el  Rey  d'armas,  noti- 
ficólo á  los  caballeros  que  avían  fecho  aquel  voto. 

CAPÍTULO  XCIV. 

Como  el  Marqués  de  Villena  se  hizo  Maestre  de  Santiago. 

En  el  tiempo  que  así  estas  cosas  pendían  y  esta- 
ban en  vigilia  de  tanto  rompimiento  sin  esperanza 
de  concordia,  de  que  tantas  muertes  é  daños  se  aten- 
dían, Don  Juan  Pacheco,  Marqués  de  Villena,  que 
con  su  hambrienta  codicia  no  dormía,  avia  buscado 
sus  formas  é  maneras  astutas  con  los  Comendado- 
res de  la  Orden,  que  le  diesen  el  hábito  de  Sanctia- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


163 


go,  é  le  eligiesen  por  Maestre.  E  así  con  la  mayor 
parte  é  mas  principal  dellos  era  ido  á  la  villa  de 
Ocaña,  adonde  rescibió  el  hábito,  é  fué  luego  eligi- 
do por  Maestre  de  Sanctiago,  y  obedecido  por  todos 
los  caballeros  de  la  Orden ;  en  tal  manera,  que  sin 
grado  ni  consentimiento  del  Rey,  ni  del  Príncipe  su 
hermano,  por  quien  avia  de  ser  renunciado  ,  ni  de 
los  perlados  é  grandes  del  Reyno,  é  sin  lo  consultar 
con  el  Papa,  no  curando  de  ser  proveydo  por  él,  ab- 
solutamente se  intituló  Maestre  de  Sanctiago.  ¡O 
desvergonzado  caballero,  ingrato  criado,  y  desleal 
servidor !  que  por  subir  en  tan  alta  dignidad ,  aba- 
tiste la  grandeza  del  que  te  puso  en  tan  alto  esta- 
do, disipaste  su  honra ,  denigraste  su  fama ,  denos- 
taste sus  reynos,  sus  gentes  y  nación.  Por  poner  la 
espada  de  la  caballería  en  tu  pecho ,  pusiste  á  cu- 
chillo tanta  gente  é  inocentes,  que  murieron  por  tu 
cabsa:  por  hacerte  Maestre,  destruyste  á  quien  te 
hizo ,  cabsaste  infinitos  robos ,  hiciste  muchas  viu- 
das,  desabrigaste  muchos  hijos  de  sus  padres,  é 
desconsolaste  á  tantos  padres  de  sus  hijos.  Por  in- 
titularte de  Maestre,  intitulaste  tu  persona  con  feo 
renombre  y  dejaste  á  tus  hijos  con  vergonzoso  ape- 
llido. Dime,  pues,  agora,  caballero  tirano,  ¿qué  te 
pudo  aprovechar  la  honra  transitoria  de  tan  breve 
tiempo,  quando  el  pregón  de  tu  infamia  irá  de  gen- 
tes en  gentes  y  quedará  por  memoria  quanto  el  mun- 
do durare  y  parieren  las  mujeres? 

CAPÍTULO  XCV. 

Como  el  Arzobispo  de  Toledo  é  los  otros  caballeros ,  que  estaban 
en  Olmedo  con  el  Príncipe,  se  pusieron  en  armas  é  salieron 
al  campo  para  resistir  el  paso  de  Medina  al  Rey  é  á  sus  caba- 
lleros. 

Quando  el  Arzobispo  de  Toledo,  é  los  otros  caba- 
lleros y  capitanes  que  estaban  en  Olmedo,  supieron 
como  el  Rey  con  sus  batallas  ordenadas  iba  á  so- 
correr á  Medina,  y  querían  pasar  por  delante  de  las 
puertas  de  Olmedo,  determinaron  de  se  poner  en 
armas  é  resistir  la  pasada.  E  asi  ajuntadas  sus  gen- 
tes ,  quanto  mas  presto  pudieron ,  salieron  á  ponerse 
en  el  campo  muy  juntos  con  los  muros  de  la  villa; 
de  tal  guisa,  que  por  aquella  parte  pudiesen  tener 
seguras  las  espaldas.  E  quanto  quiera  que  asi  estu- 
viesen puestos  en  armas  en  el  campo,  bien  quisie- 
ran que  la  batalla  é  el  rompimiento  de  ella  se  es- 
cusara,  con  tanto  que  el  Rey  con  su  hueste  se  fuera 
por  otra  parte.  E  puesto  que  para  ello  enviaban  al- 
gunas personas  religiosas  que  se  lo  suplicasen  é  re- 
quiriesen ,  mas  no  con  aquella  reverencia  é  acata- 
miento que  como  subditos  debían  tener  á  su  Rey, 
mas  como  soberbiosos  é  rebeldes  enemigos,  que 
ningima  obediencia  le  querían  demostrar.  Verdad 
es  que  el  Rey  estaba  muy  ganoso  de  estorbar  la  ba- 
talla y  traer  las  cosas  á  conclusión  de  paz,  si  ser 
pudiera ;  pero  vista  su  desonestidad  é  poco  acata- 
miento, dio  consentimiento  á  la  rotura,  é  quiso  to- 
davia  que  la  pasada  fuese  por  delante  las  puertas 
de  Olmedo.  E  otro  día  siguiente,  que  fué  Jueves, 
día  d«i  Qífii,Qi  Beroaldo ,  á  veinte  días  de  Agosto  se 


levantó  de  mañana  el  Rey ;  el  qual ,  oyda  su  Misa  é 
todos  los  otros  Señores  en  sus  tiendas,  mandó  to- 
car sus  trompetas  para  que  todos  cabalgasen  é  se 
pusiesen  en  orden  de  caminar.  E  asi  llamados  aque- 
llos señores  é  caballeros  del  real,  é  venidos  ante  su 
Real  presencia ,  les  díxo:  «Sin  dubda,  caballeros, 
»  mucho  me  pluguiera  que  el  rigor  de  la  batalla  f  ue- 
»ra  hoy  escusado,  así  porque  las  muertes,  de  donde 
«mayor  enemiga  recrece,  se  quitaran,  como  porque 
»de  la  guerra  nunca  procede  amistad  ni  concordia. 
»Pero  considerando  la  poca  templanza  é  menos  aca- 
ntamiento  del  Arzobispo  de  Toledo  é  de  los  otros 
»  caballeros  é  grandes  que  están  en  Olmedo  contra 
»mí  servicio,  é  visto  como  quieren  mostrar  mas  so- 
«berbia  que  obediencia,  é  mas  presunción  que  cor- 
«tesia,  sin  venir  en  conocimiento  de  sus  yerros,  que 
«con  tanta  fealdad  han  ensayado ,  quiero  contra  mi 
» grado  dar  lugar  al  rompimiento  que  hoy  se  espe- 
»ra.  E  pues  que  vosotros  como  leales,  haciendo  lo 
«que  debéis,  é  pagándola  debda  de  vuestra  noble- 
»za,  soys  alegres  é  contentos  con  la  batalla,  yo  con- 
«formándome  con  vuestro  deseo  é  animoso  querer, 
«doy  á  ello  mí  consentimiento  con  protestación  que 
«hago ,  tomando  á  Dios  por  juez  y  testigo ,  que  me 
» desplace  de  ello ,  y  que  sería  más  contento  con  su 
«obediencia  que  con  la  rebeldía  que  tienen ,  perma- 
«neciendo  como  están  en  su  dañado  propósito  de 
n  deslealtad.  Por  tanto  ordenad  vuestras  batallas  é 
«vamos  contra  ellos;  porque  soy  cierto  é  tengo  tal 
«seguridad  de  la  grand  bondad  de  Dios,  que  nos 
» dará  hoy  vencimiento  contra  su  soberbia ;  en  tal 
«manera,  que  serán  abatidos  los  enemigos,  é  nos- 
» otros  prosperados. «  Dicho  aquesto,  mandó  que 
Don  Pedro  de  Velasco  fuese  delantero  de  cara  los 
enemigos ,  é  los  otros  caballeros  é  señores  en  pos  do 
él.  Estonces  las  batallas  se  ordenaron  de  aquesta 
guisa :  Don  Pedro  de  Velasco  llevaba  tres  batallas  ; 
á  su  mano  derecha  iban  Don  Luis  de  Velasco  y  Don 
Sancho  sus  hermanos  con  una  esquadra  de  trescien- 
tos ginetes ;  á  la  mano  izquierda  iba  Don  Juan  do 
Velasco ,  su  primo ,  el  Señor  de  Síruela ,  con  otra 
batalla  en  que  iban  ochenta  hombres  d'armas;  Don 
Pedro  de  Velasco  iba  en  medio  con  otra  esquadra 
de  trescientos  é  veinte  hombres  d'armas  ;  en  pos  de 
aquestos  iba  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Mar- 
qués de  SantíUana,  con  dos  esquadras ;  él  llevaba  la 
una  de  ducientos  hombres  d'armas;  el  Obispo  de 
Calahorra,  é  Don  Juan  de  Mendoza,  é  Don  Hurta- 
do de  Mendoza,  sus  hermanos,  á  la  parte  derecha  con 
otra  esquadra  de  ciento  é  cinquenta  ginetes ;  y  el 
Comendador  Juan  Fernandez  Galíndo  llevaba  una 
esquadra  de  trescientos  ginetes  de  las  guardas  mal 
armados ;  é  por  eso  fué  acordado  que  se  pusiese  á 
la  mano  izquierda  del  Marqués  de  Santillana ;  en 
pos  de  aquestos  iba  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Du- 
que de  Alburquerque ,  con  dos  batallas ;  él  llevaba 
una  de  ciento  é  cinquenta  hombres  darmas,  é  Don 
Pedro  de  Velasco  á  la  mano  izquierda  con  otra  es- 
quadra de  ducientos  ginetes.  E  quanto  quiera  que 
aquel  dia  suplicaron  al  Rey  que  mandase  sacar  su 
pendón  Real  ó  alguna  de  sus  banderas,  respondió 


164  CRÓNICAS  DE  LOS 

que  pues  él  no  traía  batalla  de  gente  d'armas ,  que 
no  era  razón  que  su  pendón  Real  saliese  al  campo, 
ni  se  desplegase  tampoco  bandera  ninguna. 

CAPÍTULO  XCVL 

Como  el  Arzobispo  de  Toledo  é  los  otros  caballeros  que  estaban 
en  Olmedo  ordenaron  sus  batallas. 

Los  enemigos  de  que  vieron  que  la  batalla  no  se 
podia  escusar,  y  que  el  Rey  con  sus  gentes  se  iba  á 
pasar  derecho  por  donde  ellos  estaban  puestos  en 
el  campo,  ordenaron  sus  batallas  en  esta  guisa:  la 
batalla  primera  adonde  pusieron  al  Príncipe,  su 
rey  que  se  descia,  era  de  seiscientos  rocines,  hom- 
bres d'armas  é  ginetes ,  y  de  aquesta  batalla  era  ca- 
pitán el  Arzobispo  de  Toledo ,  é  Don  Diego  de  Qui- 
ñones, Conde  de  Luna.  En  medio  de  aquesta  bata- 
lla estaba  una  lombarda  armada,  para  tirar  á  los 
primeros  encuentros;  de  aquesta  mesma  batalla 
eran  sobresalientes  el  Cobije  de  Ribadeo  y  Pedro  de 
Ontiveros ,  capitán  de  la  gente  del  Conde  de  Plasen- 
cia,.  con  ducientos  ginetes.  Estaba  á  par  de  aques- 
ta batalla  otra  de  quatrocientos  hombres  d'armas  é 
ginetes,  de  la  qual  era  capitán  Don  García  de  Pa- 
dilla, Clavero  de  la  Orden  de  Calatrava ;  estaba  otra 
batalla  de  quinientos  é  cinquenta  rocines  de  diver- 
sos caballeros  que  los  avian  enviado  ;  de  aquesta 
batalla  era  capitán  Don  Fernando  de  Fonseca,  her- 
mano del  Arzobispo  de  Sevilla.  E  puesto  que  asi  es- 
taban en  el  campo  ordenadas  sus  gentes,  todavía 
quisieran  que  el  rompimiento  se  escusara.  E  ansi  en- 
viaron al  Rey  á  Mosen  Fierres  de  Peralta ,  Condes- 
table de  Navarra ,  y  consuegro  del  Arzobispo  de  To- 
ledo, para  que  le  suplicase  que  aquella  batalla  se 
escusase,  considerando  las  muertes,  é  daños,  é  ma- 
les que  de  alli  se  podrían  rescrescer.  E  como  ya  sus 
batallas  iban  acercándose  á  mas  andar  á  sus  enemi- 
gos ,  aprovechó  poco  su  venida ,  por  manera  que  su 
rotura  no  se  pudo  excusar.  Pero  puesto  que  los  ca- 
balleros leales  de  la  parte  del  Rey,  como  animosos 
y  esforzados  varones,  se  pusieron  á  pelear  con  asaz 
denuedo,  fueron  tan  malamente  proveydos,  que  de- 
xaron  la  persona  del  Rey  sin  gente  alguna  que  la 
guardase,  ni  quedaron  con  él  sino  quatro  ó  cinco 
de  á  caballo  é  Mosen  Fierres  de  Peralta,  parcial  de 
los  enemigos  é  poco  servidor  del  Rey.  Y  no  sola- 
mente fueron  negligentes  en  esto ,  mas  todo  el  f ar- 
daxe  que  traían,  aunque  era  mucho,  se  quedó  tan 
desacompañado,  que  ninguna  gente  de  resistencia 
pusieron  para  guarda,  salvo  los  azemileros  é  mozos 
de  espuelas ,  que  supieron  mas  huir  que  defender. 

CAPÍTULO  xcvn. 

Como  pelearon  las  batallas,  y  fueron  los  enemigos  del  Rey 
vencidos. 

Luego  que  las  batallas  se  vieron  unas  á  otras,  la 
pelea  se  ordenó  de  aquesta  fonna :  que  Don  Pedro 
de  Velasco  pelease  con  la  batalla  principal  del  Prín- 
cipe, donde  el  Arzobispo  de  Toledo  era  capitán ;  el 
Marqués  de  Santillana  é  sus  hermanos  é  Juan  Fer- 


REYES  DE  CASTILLA. 

nandez  Galludo  con  la  batalla  del  Clavero  de  Cala- 
trava ;  el  Duque  de  Alburquerque  con  la  batalla  de 
Hernando  de  Fonseca.  Y  asi  arremetiendo  los  lea- 
les contra  los  enemigos,  el  Marqués  de  Santillana 
hirió  primero  en  la  batalla  del  Clavero,  donde  mez- 
clada la  esquadra  del  Comendador  Juan  Fernandez 
Galindo,  fué  luego  desbaratada;  porque  yendo  con 
flacas  é  pocas  armas ,  no  pudieron  sufrir  la  furia  de 
los  contrarios,  é  asi  la  mayor  parte  de  ellos  huye- 
ron ;  pero  el  Marqués  con  su  gente  hirió  tan  brava- 
mente en  la  batalla  del  Clavero ,  que  por  pura  fuer- 
za la  hendió  por  medio  ,  é  la  desbarató  de  tal  mane- 
ra, que  bolviendo  sobre  ellos  no  halló  con  quien 
pelear  que  resistencia  le  hiciese.  Don  Pedro  de  Velas- 
co envió  delante  de  sus  batallas  á  Don  Juan  de  Ve- 
lasco  BU  primo,  con  su  esquadron  de  ochenta  hom- 
bres d'armas,  que  hiriesen  primero  en  la  batalla 
principal  del  Príncipe ;  el  qual  se  adelantó  un  buen 
trecho,  y  entró  como  caballero  esforzado  con  tal  de- 
nuedo, que  hendió  la  batalla  é  se  puso  de  la  otra  par- 
te hacia  la  villa  de  Olmedo ,  é  pasando ,  derribó  su 
pendón  y  llevólo  consigo.  En  pos  de  él  entró  Don 
Pedro  de  Velasco  con  las  otras  dos  batallas,  é  hirió 
tan  de  recio  en  ellos,  que  los  llevó  de  arrancada  sin 
resistencia  ninguna  hasta  las  puertas  de  Olmedo. 
Alli  fué  herido  el  Arzobispo  de  Toledo  en  el  brazo 
izquierdo,  é  preso  el  Conde  de  Luna  sobre  su  fé, 
puesto  que  después  no  quiso  acudir  á  ella,  aunque 
fué  llamado  por  Don  Juan  de  Velasco  que  le  pren- 
dió. E  como  Don  Juan  de  Velasco  avia  hendido 
aquella  batalla ,  é  pasado  por  medio  de  ellos  hasta 
la  otra  parte,  no  conociendo  que  Don  Pedro  de  Ve- 
lasco  la  llevaba  de  vencida  sin  resistencia,  pensan- 
do que  toda  la  batalla  del  Príncipe  y  del  Arzobispo 
iba  á  dar  en  él,  huyó  de  la  batalla  con  su  gente,  y 
no  se  halló  en  el  destrozo  de  los  enemigos.  Huyó 
asi  mesmo  Don  Juan  de  Mendoza,  hermano  del 
Marqués  de  Santillana  ;  pero  Don  Pedro  de  Velasco 
aquejó  tanto  á  los  enemigos,  que  los  hizo  meter  en- 
tre la  cerca  é  la  barrera  de  la  villa ,  y  en  algunas 
iglesias  que  muy  cerca  de  alli  estaban ,  de  tal  for- 
ma, que  ninguno  de  ellos  osaba  salir  á  la  batalla. 
El  Duque  de  Alburquerque  con  sus  dos  esquadronea 
hirió  en  la  batalla  de  Hernando  de  Fonseca,  y  él  en 
la  suya,  de  tal  guisa,  que  cada  uno  de  ellos  con  loa 
suyos  se  daba  tan  grand  priesa  é  buen  recabdo  á  pe- 
lear unos  contra  otros ,  que  bien  parescia  estar  ga- 
nosos de  menear  las  espadas  :  donde  asi  andando  en 
la  furia,  como  el  Duque  de  Alburquerque  iba  muy 
señalado ,  según  lo  avia  prometido  al  Rey  d'armas, 
que  le  fué  á  avisar  del  juramento  contra  él  fecho, 
los  caballeros  y  hidalgos  que  lo  buscaban  por  el 
voto  hecho  contra  él,  halláronlo  allí,  é  tomado  en 
medio,  pusiéronlo  en  grand  estrecho,  aquexándolo 
que  se  diese  á  prisión,  en  tanto  grado,  que  si  el 
Marqués  de  Santillana  su  suegro  no  lo  socorriera, 
todavía  fuera  muerto ,  porque  jamás  se  quiso  dar  á 
prisión.  Pero  después  que  fué  socorrido  tornó  á  pe- 
lear tan  bravamente,  que  bien  parescia  tener  cobdi- 
cia  de  ganar  honra.  E  ansi  andando  peleando  en  la 
batalla,  halláronse  á  las  manos  él  y  Hernando  fie 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


165 


Fonaeca,  y  el  Duque  le  dio  un  golpe  de  espada  con 
la  punta,  que  le  entró  entre  la  babera  é  la  celada, 
que  le  hirió  mortalmente  en  la  cabeza,  de  que  mu- 
rió dende  á  quatro  diag.  E  como  los  suyos  lo  vieron 
'fisi  herido  é  sin  esfuerzo  para  pelear,  fueron  muy 
pesantes  é  prestamente  desbaratados.  Entretanto 
que  las  batallas  de  los  leales  iban  ganando  victo- 
ria, y  el  Rey  se  avia  quedado  solo,  Mosen  Fierres 
de  Peralta ,  no  negando  la  afición  que  tenia  al  Ar- 
zobispo do  Toledo,  é  la  poca  gana  de  la  houra  del 
^Rey,  liízole  creer  que  los  suyos  eran  todos  desbara- 
tados por  las  gentes  de  las  guardas  que  al  comien- 
zo salieron  huyendo,  é  que  si  de  allí  no  se  aparta- 
ba, que  á  su  persona  correrla  grand  peligro  en  es- 
tar allí.  E  asi  el  Rey,  creyendo  su  mentira ,  se  apar- 
tó del  campo ,  é  se  fué  á  media  legua  de  allí  á  una 
aldea,  que  se  dice  Pozal  de  Gallinas,  donde  se  es- 
tuvo paseando  por  las  eras ,  fasta  saber  alguna  nue- 
va de  los  suyos  una  gran  pieza.  En  este  medio  tiem- 
po, como  el  Conde  de  Ribadeo  é  Pedro  de  Hontive- 
ros  andaban  sobresalientes  á  todas  las  partes  del 
campo  sin  pelear,  desque  vieron  que  el  fardage  es- 
taba atan  mal  recabdo  sin  guarda  ninguna,  mas 
ganosos  del  interese  que  no  de  la  honra ,  dieron  en 
él,  y  mandaron  á  los  suyos  que  lo  pusiesen  á  saco- 
mano, en  tal  manera,  que  llevaron  la  mayor  parte 
de  ello  é  lo  metieron  en  la  villa  de  Olmedo.  Eston- 
ces los  caballeros  leales,  conociendo  la  gloria  de  su 
triunfo,  é  como  ya  el  campo  estaba  por  ellos,  sin 
resistencia  dieron  en  el  Conde  de  Ribadeo  y  Pedro 
Hontiveros,  de  tal  forma,  que  muy  ligeramente 
fueron  desbaratados ,  é  Pedro  de  Hontiveros  preso 
sobre  su  fé.  E  luego  que  los  caballeros  leales  vie- 
ron que  sin  contradicion  alguna  el  campo  quedaba 
por  ellos,  é  ninguno  de  los  enemigos  no  páresela, 
acordaron  de  reposar  allí  un  grand  rato  cabe  de 
imas  anorias  á  donde  ellos  é  su  gente  se  refresca- 
sen. E  asi  ayuntados ,  é  fecha  su  pesquisa ,  halla- 
ron que  el  pendón  del  Príncipe  Don  Alonso ,  Rey 
que  se  dcscia,  era  ganado  é  traydo  á  su  poder  con 
ciertas  banderas  de  sus  capitanes ,  é  su  alférez  Die- 
go de  Merlo  herido  é  preso,  é  asi  mesmo  el  Conde 
de  Luna ,  é  Don  Enrique  Enriquez ,  hijo  tercero  del 
Almirante  sobre  la  f é ,  é  Pedro  de  Hontiveros.  Es- 
tos dos  respondieron  á  la  fé,  quando  fueron  llama- 
dos á  Medina ;  pero  el  Conde  de  Luna  no  quiso  ir, 
dando  algunas  vanas  excusaciones.  De  la  parte  del 
Rey  fueron  presos  é  llevados  á  Olmedo  algunas  per- 
sonas de  baxa  suerte,  no  en  la  batalla,  mas  porque 
se  apartaron  de  sus  capitanes.  Estonces  yo  que  como 
Coronista  avia  estado  presente,  é  visto  los  trances  de 
la  pelea  fasta  el  fin,  é  como  ya  los  enemigos  que- 
daban desbaratados  é  vencidos,  busqué  al  Rey,  pen- 
sando que  estaba  alli  donde  se  avia  quedado  á  mi- 
rar, é  fallé  que  por  falsa  relación  mentirosa  se  avia 
absentado  del  campo,  de  que  sin  duda  fui  maravi- 
llado. E  asi  sabido  su  apartamiento,  fuílo  á  buscar 
á  grand  priesa  por  el  rastro  hasta  el  aldea  donde 
estaba ,  y  hallándole  le  dixe :  « ¿  Como  los  Reyes 
«que  son  vencedores,  é  pelea  Dios  por  ellos  ansi  se 
Tjhau  de  arredrar  de  su  hueste,  que  tan  varonilmen- 


»te  han  alcanzado  la  gloria  de  su  triunfo?  Andad 
»acá,  Sefior,  que  soys  vencedor,  é  vuestros  enemi- 
ngos  quedan  vencidos  é  destruidos.»  E  quando  el 
Rey  oyó  lo  que  asi  le  descia,  con  alegre  risa  me 
dixo;  «Coronista,  si  con  tan  sanas  entrañas  como 
«las  vuestras  me  aconsejara  el  Condestable  de  Na- 
«varra,  que  aqui  estaba  aconsejándome,  y  haciéu- 
n  dome  creer  lo  que  él  deseaba ,  é  no  el  efecto  de  la 
«verdad,  ni  yo  me  apartara  de  donde  estaba,  ni  vos 
» tomárades  el  trabajo  en  venirme  á  buscar ;  mas 
«bien  parece  quanta  diferencia  hay  de  vuestro  leal 
«deseo  á  su  dañada  voluntad,  que  él  en  son  de  tra- 
» tar  paz ,  vino  como  parcial  de  los  traydores ,  é  vos 
«como  leal  é  verdadero  servidor  me  traéis  nuevas 
«placenteras  é  de  tanta  gloria»  ;  é  asi  despedido  el 
Condestable  de  Navarra  se  tornó  á  Olmedo,  mas 
avergonzado  que  con  placer.  Estonces  el  Rey  salió 
al  encuentro  de  sus  leales  servidores ,  que  venían 
con  tan  prospera  victoria ;  é  vistos,  escribió  una  car- 
ta de  su  mano  para  los  de  Medina,  é  mandóme  que 
yo  fuese  á  mas  andar  á  notificarles  el  suceso  de  la 
batalla,  é  que  los  aposentasen  aquella  noche  lo  me- 
jor que  pudiesen  ;  pero  porque  era  peligro  ir  des- 
acompañado ,  mandó  á  Pedro  de  Sandoval  que  mo 
acompañase  con  veinte  de  á  caballo  que  traía.  E  asi 
llegado  á  Medina ,  vista  la  carta  é  la  relación  que 
les  hice  de  la  victoria  con  que  el  Rey  venia,  no  so- 
lamente se  alegraron,  mas  con  mucho  amor  obe- 
descieron  quanto  en  nombre  del  Rey  les  mandaba. 
E  puesto  luego  por  obra ,  abrieron  todas  sus  puer- 
tas, é  ficieron  grandes  hogueras  por  las  calles,  é 
pusieron  lantern  as  alas  ventanas,  en  tal  manera, 
que  parescia  ser  de  día  según  la  mucha  claridad  que 
se  mostraba.  Pasado  un  grand  rato  de  la  noche,  en- 
tró el  Rey  con  toda  su  hueste ,  donde  fueron  resce- 
bidos,  no  solamente  en  la  villa,  mas  dentro  en  sus 
casas  con  grand  alegría  aposentados ;  porque  según 
venían  fatigados  de  la  pelea  é  del  camino  avian  me- 
nester reposo  é  descanso.  E  quando  sentí  que  todos 
estaban  ya  sosegados,  mandé  á  los  de  la  villa  que 
pusiesen  luego  guardas  grandes  por  sus  estancias 
contra  los  de  la  Mota,  por  manera  que  no  pudiesen 
salir  á  hacer  algún  rebato  ni  mal  alguno. 

CAPÍTULO  xcvm. 

De  lo  que  subcedió  en  Medina  después  qae  alli  vino  el  Rey  con 
su  hueste. 

Venido  el  día  siguiente ,  fué  acordado  por  aque- 
llos leales  servidores  é  caballeros  que  para  regraciar 
á  Dios  la  grand  victoria  que  les  avia  dado  contra 
los  enemigos  tiranos ,  se  hiciese  una  procesión  so- 
lene  desde  la  Iglesia  de  Sanct  Antolín  hasta  el  Mo- 
nesterio  de  Sanct  Andrés ,  que  es  de  la  Orden  do 
Sancto  Domingo,  en  que  por  el  medio  de  ella  lle- 
varon casi  rastrando  el  pendón  Real  é  las  otras 
banderas  de  los  enemigos  que  avian  ganado  en  la 
batalla  con  tanta  gloria.  Verdad  es  que  como  el  Rey 
era  tan  poco  amigo  de  la  presumpcion  é  vanaglo- 
ria, no  quisiera  que  ninguna  cosa  de  aquellas  se  hi- 
ciera, salvo  solamente  la  procesión ;  pero  el  Obispo 


166 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  Calahorra  insistió  todavia  que  se  llevasen  alli 
las  banderas  ;  é  asi  llevadas  se  colgaron  delante  del 
altar  mayor  del  dicho  Monesterio,  donde  estuvieron 
por  algún  tiempo.  Sonada  la  nueva  de  la  victoria 
por  el  Reyno,  mucho»  caballeros  se  vinieron  á  ser- 
vir al  Rey,  entre  [los  quales  se  vino  luego  Don  Pe- 
dro Manrique,  Conde  de  Trevifio  con  ducientos 
rocines,  é  vino  Pedro  de  Mendoza,  Señor  de  Alma- 
zan ,  con  ciento  cinquenta  de  á  caballo  é  grand  peo- 
nage,  é  otros  de  menor  estado  que  venían  con  la 
gente  que  podian.  E  vinieron  de  la  villa  de  Valla- 
dolid  ciento  de  á  caballo,  é  grand  peonage ,  é  otras 
muchas  gentes  diversas  que  con  afición  lo  vinieron 
á  servir,  deseando  su  prosperidad  y  la  destruicion 
de  sus  enemigos. 

CAPÍTULO  XCIX. 

Como  el  Conde  de  Alva  quebrantó  su  fe  y  palabra,  é  se  pasó  á  los 
traydores. 

Pasados  algunos  pocos  de  dias  después  (^e  el 
Rey  con  su  hueste  fué  llegado  á  Medina,  vista  la 
tardanza  del  Conde  de  Alva,  que  no  venia,  mandó 
el  Rey  al  Obispo  de  Calahorra  que  fuese  á  hablar 
con  él  á  la  villa  de  Alva,  para  que  viniese  á  su  ser- 
vicio según  que  lo  avia  prometido ,  é  dado  su  fé 
quando  le  enviaron  medio  quento  de  maravedís  con 
Pezelin  su  Camarero  ;  donde  el  Obispo  fué,  é  des- 
pués de  muchas  hablas  que  entre  ellos  pasaron,  tor- 
nó á  dar  su  fe  que  iría  á  servir  al  Rey  quando  su 
gente  fuese  ayuntada.  E  asi  el  Obispo  se  tornó  mas 
dudoso  que  cierto,  según  lo  que  pudo  sentir,  porque 
sabia  que  era  caballero  movible,  é  de  poca  firmeza, 
mas  amigo  del  interese  que  no  de  la  honra.  E  como  él 
era  persona  de  captelosas  formas ,  solamente  fué  su 
tardanza  para  concertarse  con  los  enemigos  y  deser- 
vidores del  Rey,  esperando  la  venida  de  Don  Juan 
Pacheco,  Marqués  de  Víllena,  que  avía  ido  á  Ocaña 
para  hacerse  Maestre  de  Santiago ;  é  luego  que  fué 
venido  á  Olmedo  hecho  Maestre ,  fué  concluido  su 
concierto  con  ellos  de  aquesta  guisa :  que  Don  Juan 
Pacheco,  el  nuevo  Maestre  de  Santiago,  le  entrega- 
se á  Montalvan,  y  el  Arzobispo  de  Toledo  la  Puen- 
te del  Arzobispo,  para  seguridad  de  ciertos  vasallos 
que  le  prometieron.  E  quando  aquesto  le  fué  en- 
tregado, envióse  á  despedir  del  Rey  con  un  caballe- 
ro de  su  casa  que  se  llamaba  Pedro  de  Barrientes ; 
é  despedido,  pasóse  luego  á  los  enemigos  con  qui-. 
nientos  de  á  caballo  hombres  d'armas  é  ginetes. 
Aquesta  maldad  que  asi  hizo,  paresció  tan  fea  á  los 
de  su  partido  á  quien  él  se  pasó,  como  á  aquellos  á 
quien  mintió  su  fé  é  palabra  ;  de  que  todos  los  de 
entrambos  partidos  mormurando  descían  que  se 
avia  vendido  en  pública  almoneda  á  quien  diese  mas 
por  él.  E  no  solamente  aquesto,  mas  por  todo  el 
Reyno  fué  tan  publicado  é  ávido  por  muy  mal  he- 
cho, que  los  mozos  de  espuelas  se  atrevían  á  desoír 
sin  miedo  donde  quieran  que  lo  vían,  ¿  quién  dá 
mas  por  el  Conde  de  Alva,  que  se  vende  á  cada  can- 
tón ?  ¿ay  algunos  que  lo  pongan  en  prescio? 


CAPITULO  C. 

Como  el  Papa  Paulo,  sabida  la  novedad  de  los  caballeros  é  perla- 
dos desleales,  envió  al  Obispo  de  León  Antonio  de  Veneris 
por  su  Nuncio  Legado,  á  tratar  paz  enlre  el  Rey  é  sus  deslea- 
les enemigos;  é  vino  alli  á  la  villa  de  Medina,  y  le  fuó  hecho  el 
rescebimiento  que  se  le  debía. 

Quanto  las  novedades  son  mas  criminosas ,  tanto 
el  pregón  de  aquellas  corre  con  mayor  priesa,  y  pu- 
blica sus  males  por  todas  partes.  E  como  el  insulto 
de  los  desleales  enemigos,  que  se  rebelaron  contra 
su  señor  é  su  Rey  natural,  fué  de  tan  grand  fealdad 
é  desvergozado  atrevimiento  qual  nunca  jamas  fuó 
oydo  ni  visto,  entre  todas  las  naciones  fué  condena- 
do', é  ávido  por  muy  abominable  caso  é  disoluto 
yerro.  Lo  qual  llegado  á  las  orejas  del  Papa  Pau- 
lo II,  que  por  estonces  era  Summo  Pontífice  en  la 
Iglesia  universal,  aviéndolo  por  cosa  denostable, 
con  consejo  é  acuerdo  de  sus  Cardenales  fué  deter- 
minado que  envíase  su  Nuncio  Apostólico  con  po- 
derío de  Legado  ó  Latere ,  para  que  amonestase  á 
los  perlados  é  caballeros  que  se  avian  rebelado 
contra  el  Rey,  se  tornasen  é  su  obediencia ,  ó  para 
que  persuadiese  al  Rey,  que  benignamente  los  per- 
donase, é  tornase  en  su  servicio.  Aqueste  Nuncio  se 
llamaba  Antonio  de  Veneris,  que  era  Obispo  de 
León.  El  qual  como  llegó  á  Medina  del  Campo  des- 
pués de  la  batalla,  é  fuese  notificada  su  venida  al 
Rey,  mandó  que  le  fuese  fecho  aquel  solene  resce- 
bimiento é  honra  que  á  semejante  nuncio  pertenes- 
cia.  E  asi  fué  rescebído  por  los  perlados  é  capella- 
nes del  Rey  é  con  la  clerecía  en  procesión  hasta  la 
Iglesia.  E  luego  desde  allí  se  fué  al  Palacio  Real, 
donde  el  Rey  le  rescebíó  con  mucha  graciosidad. 
Estonces  el  Nuncio,  dado  el  Breve  del  Papa,  le  dixo: 
((Serenísimo  Rey,  nuestro  muy  Sancto  Padre,  sa- 
)) hiendo  la  discordia  y  escísma  que  algunos  Perla- 
»  dos  é  caballeros  de  aquestos  vuestros  Reynos  con 
))  poco  temor  de  Dios  perpetraron  contra  vuestra  cel- 
))  situd,  aviendo  este  caso  por  muy  exorbitante  y  con- 
» doliéndose  de  ellos,  como  él  sea  Vicario  de  Jesu- 
«Christo,  á  quien  pertenece  remediar  lo  semejante 
))é  quitar  las  discordias  é  sembrar  paz  é  sosiego,  su 
«Santidad  como  verdadero  padre  espiritual  de  la  re- 
«ligion  Christiana  me  mandó  venir  acá,  para  enten- 
» der  en  ello.  Por  tanto  á  vuestra  Magostad  de  su 
«parte  exorto  é  requiero  como  ácatholíco  Rey  Chrís- 
«tiano,  quiera  obedescer  sus  mandamientos  Apos- 
«tólicos,  en  tal  manera  que  vuestras  reales  entra- 
«ñas  se  inclinen  á|la  piedad,  é  quieran  ser  conven- 
«cidas  de  lo  que  yo  le  suplicare,  é  su  Santidad  vos 
«envía  á  mandar,  según  que  vuestra  Alteza  por  su 
«Breve  podrá  sentir  y  ver;  porque  la  rotura  de  las 
»  guerras ,  de  donde  las  muertes  suceden ,  del  todo 
«cese,  é  la  tranquilidad  é  sosiego  puedan  permane- 
«cer  en  aquestos  vuestros  Reynos.  Ca  sabida  cosa 
»es  é  muy  cierta,  que  de  los  Reyes  se  espera  lacle- 
»  mencia,  y  á  ellos  pertenesce  la  virtud  del  perdón.» 
Acabada  su  habla,  el  Rey  leyó  el  Breve  del  Papa,  é 
leydo,  sin  tomar  acuerdo  ni  deliberación  para  res- 


DON  BNKIQUE  CUARTO. 


167 


* 


ponder,con  grand  tiento  é  mucha  gravedad,  le  dixo: 
Bien  paresce  sin  dubda  que  nuestro  muy  Sancto 
Padre  ha  querido  manifestarnos  quanto  es  recto 
Pontífice  é  verdadero  subcesor  de  Sanct  Pedro  en 
»el  poderío  de  Jesu-Christo,  que  siguiendo  las  pisa- 
»das  de  aquel,  tan  cumplidamente  nos  da  testimo- 
«niode  su  Apostólico  deseo  y  paternal  afección.  Yo 
nse  lo  agradesco  quanto  puedo,  y  gelo  tengo  en  se- 
«ñalada  merced,  é  por  ello  beso  los  pies  é  las  manos 
»de  BU  Santidad.  Verdad  es  que  si  los  perlados  é 
«caballeros  que  son  errados  contra  mí  en  tanta 
»  ofensa  de  sus  honras,  quisiesen  venir  á  mi  servicio 
«con  tan  sanas  entrañas  como  yo  tengo  las  mias 
» aparejadas  para  perdonallos ,  muy  prestamente  se 
» haría  la  paz.  Mas  como  ellos  sin  cabsa  han  perpe- 
Btrado  tan  feos  insultos  é  feas  maldades  quanto  su 
«conciencia  los  acusa,  asi  los  remuerde,  que  ellos 
n  de  sí  mesmos  sospechando,  nunca  se  perdonan  ni 
í)  tienen  seguridad  ;  y  por  esto  quiero  creer,  y  aun 
«afirmo  que  según  están  endurecidos  en  su  dañado 
«propósito  de  rebeldía ,  que  tarde  ó  nunca  se  osaran 
«confiar,  ni  mucho  menos  los  podréis  atraer  al  co- 
«nocimiento  de  sus  culpas,  para  que  ellos  se  confor- 
»men  con  lagaña  que  yo  tengo  de  excusar  los  es- 
ncándalos  é  procurar  sosiego ;  porque  á  los  Reyes 
«pertenesce  como  á  padres  do  sus  reynos  perdonar 
«las  ofensas,  é  olvidar  sus  propias  injurias,  sin  to- 
»  mar  venganza  de  ellas.  Yo  desde  agora  digo  é  afir- 
amo  é  doy  mi  palabra  real,  que  si  vinieren  á  mi  ser- 
» vicio  como  subditos  naturales,  no  solamente  los 
«quiero  perdonar,  mas  hacelles  mercedes  y  acrecen- 
«talles  sus  estados.  Por  tanto  pues  vos  para  esto 
«sois  venido,  y  su  Santidad  vos  envia,  mirad  que 
»yo  como  hijo  de  obediencia  obedezco  su  manda- 
«  miento,  é  me  place  complillo.»  Acabada  su  habla 
del  Rey,  el  Nuncio  se  despidió  é  se  fué  á  su  aposen- 
tamiento. En  este  medio  tiempo,  como  Don  Juan 
Pacheco ,  Marqués  de  Villena ,  estuviese  en  Ocaña, 
donde  y  a  se  intitulaba  Maestre  de  Sanctiago,  de  don- 
de nació  la  enemistad  capital  entre  él  y  su  hierno  el 
Conde  de  Benavente,  según  que  adelante  será  re- 
contado, llegó  la  nueva  de  la  batalla,  é  sabido  todo 
el  suceso  de  ella ,  pesóle  mucho ;  é  así  llegada  toda 
la  gente  que  pudo  de  hombres  d'armas  é  ginetes,  se 
tornó  á  Olmedo ,  donde  llegado,  increpó  mucho  el 
rompimiento  de  la  batalla ;  y  como  traía  grand  so- 
corro de  gente,  fué  muy  bien  rescebido.  Estonces  el 
Nuncio  Apostólico,  por  dar  buena  quenta  del  cargo 
que  traia,  mandó  publicar  sus  cartas  patentes,  por  las 
quales  mandaba  á  los  caballeros,  asi  de  la  parte  del 
Rey,  como  do  los  escismáticos,  que  estaban  en  Ol- 
medo, só  pena  de  excomupion  papal,  que  todos  de- 
pusiesen las  armas ;  é  depuestas,  les  ponía  inducías 
é  treguas  por  un  año ,  para  que  entretanto  se  diese 
medio  de  paz  y  de  concordia,  é  los  rebeldes  se  tor- 
nasen á  la  obidiencia  de  su  Rey.  Mas  como  los  ca- 
balleros é  perlados  que  estaban  en  Olmedo ,  según 
los  graves  insultos  que  avían  cometido,  tenían  pos- 
puesto el  temor  de  Dios  é  la  vergüenza  del  mundo, 
no  curaron  de  obedescer  sus  mandamientos,  antes  I 
«on  grand  menosprecio  burlaban  de  él.  Con  todo  le  j 


enviaron  á  descir  que  saliese  á  verse  con  ellos  en 
el  campo,  á  cuya  instancia  el  Nuncio  salió.  E  sali- 
do entre  Medina  é  Olmedo,  esperando  la  venida  do 
los  principales  que  se  avian  de  venir  á  ver  con  él, 
vinieron  de  sobresalto  mas  de  trescientos  de  á  ca- 
ballo muy  furiosamente  sobre  él,  disciendo  «  muera, 
muera» ,  y  disparando  palabras  muy  desvergonza- 
das contra  él,  y  contra  el  Papa  que  lo  avia  enviado, 
queriendo  poner  las  manos  en  él,  de  que  sin  dubda 
el  Nuncio  se  vido  en  grand  peligro.  E  asi  después 
de  rescebidos  muchos  ultrages  é  tratado  con  mucho 
vituperio,  salieron  á  él  el  Maestre  Don  Juan  Pache- 
co y  otros  muchos  caballeros  de  los  que  estaban  en 
Olmedo,  donde  la  habla  fué  mas  engañosa  que  cier- 
ta ;  de  tal  guisa,  que  sin  ser  obedescidas  sus  censu- 
ras, ni  él  ser  acatado  como  la  razón  lo  requería,  se 
tomó  medroso  é  con  poca  honra  á  la  villa  de  Me- 
dina del  Campo. 

CAPÍTULO  CI. 

Como  Pedrarias  de  Avila  vendió  la  cibdad  de  Segovia  á  los  ene- 
migos del  Rej,  y  los  apoderó  en  ella. 

Al  tiempo  que  el  Rey  se  quiso  partir  de  Segovia 
para  dar  la  batalla,  fué  avisado  que  Pedrarias  de 
Avila  trataba  con  los  enemigos  para  dalles  la  cib- 
dad y  metellos  dentro.  Mas  el  Rey  confiándose  en 
las  muchas  mercedes  é  honras  que  al  padre  é  á  los 
hijos  avia  fecho,  é  visto  que  le  avia  dado  la  conta- 
duría mayor  de  su  padre,  y  hecho  merced  de  Tor- 
rejon  de  Velasco  por  la  traycion  de  Alvar  Gómez, 
cuya  era  primero,  é  las  muchas  riquezas  que ,  por 
ser  suyos,  avian  ganado,  con  que  mercaron  los  va- 
sallos y  heredamientos  que  tenían,  é  como  avía  he- 
cho Obispo  de  Segovia  á  su  hermano  Juan  Arias, 
no  lo  quiso  creer ;  antes  mandó  llamar  á  entrambos 
hermanos,  é  después  de  aver  hablado  con  ellos 
largamente,  encomendóles  la  guarda  |de  la  cibdad, 
disciendo  que  de  ellos  la  confiaba.  E  asi  tomados 
grandes  juramentos  é  fidelidades  que  la  temían  ó 
defenderían  para  su  servicio ,  se  partieron  para  Se- 
govia. Pero  como  Pedrarias  estaba  muy  sentido, 
asi  por  la  prisión  que  en  Madrid  le  avian  fecho, 
como  por  la  estocada  que  le  dieron,  jamás  aquel 
rencor  se  le  apartó  del  corazón,  antes  de  contino  se 
le  trasdoblaba ;  de  tal  manera ,  que  desque  vido 
tiempo  aparejado  para  vengarse  y  executar  su  saña 
é  dañado  proposito,  envió  secretamente  á  uno  suyo, 
que  se  llamaba  Luis  de  Mesa,  para  que  tratase  con 
el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  é  con  los  otros  de  su 
partido,  que  estaban  en  Olmedo,  que  les  quería  dar 
la  ciudad  é  apoderallos  en  ella ,  por  vengarse  del 
Rey.  De  aquesto  fueron  muy  contentos,  asi  el  Maes- 
tre como  los  otros  perlados  é  caballeros  enemigos 
del  Rey,  segund  el  sentimiento  é  dolor  que  sentían 
de  aver  sido  vencidos  é  presos  algunos  de  sus  capi- 
tanes, é  perdido  su  pendón  Real.  E  asi  fecho  el 
trato,  é  asignado  el  día  tercero,  en  que  gela  avia  de 
dar,  otro  día  siguiente  se  partieron  con  su  Rey  é 
con  su  hueste  camino  de  Segovia.  En  el  trato  de  la 
traycion  fueron  con  él  el  Obispo  do  Segovia,  su  her- 


168 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mano,  y  el  Maestre  ffeí*  Erexamo ,  que  al  presente 
era  Provisor  del  Obispo,  y  gobernaba  á  entrambos 
hermanos,  é  Fray  Rodrigo  de  Mesa,  Prior  del  Par- 
ral, é  Luis  de  Mesa  su  hermano,  que  iba  con  los 
tratos  al  Marqués  é  á  los  otros  de  su  partido ,  é  Pe- 
rucho de  Monjaraz,  Alcayde  de  la  fortaleza,  que 
como  parcial  de  Pedrarias,  y  consentidor  en  la  tray- 
cion,  dio  entrada  á  los  enemigos  por  un  postigo  que 
estaba  debaxo  de  la  fortaleza  en  la  casa  del  Obispo, 
en  tal  guisa,  que  quando  debiera  él  como  leal  Al- 
cayde defender  la  cibdad  para  su  Rey,  dio  lugar  á 
la  traycion,  é  quiso  que  se  hiciese.  ¡O  perverso  Al- 
cayde, enemigo  déla  lealtad,  é  parcial  de  la  tray- 
cion !  Si  tú  eras  el  principal  defensor  de  la  cibdad, 
para  guardalla  á  tu  Rey,  ¿  como  no  te  avergonzaste 
de  dexar  entrar  en  ella  á  sus  capitales  enemigos, 
pudiendo  livianamente  resentirlos?  Si  eras  obliga- 
do ádefendella  como  Alcayde,  ¿por  qué  no  defen- 
diste la  entrada  de  sus  enemigos,  que  la  venian  á 
tomar?  que  con  muy  chicas  pedradas,  con  pocos 
tiros  de  pólvora,  con  pocos  ingenios  y  ballestas  los 
pudieras  hacer  huir  é  arredrar  que  nunca  entraran. 
¿  Qué  tan  grande  podia  ser  tu  amistad  con  Pedra- 
rias, que  no  fuese  mayor  la  que  á  tu  Rey  de- 
bías ?  ¿  Qué  tanto  dolor  pediste  sentir  en  la  prisión 
y  herida  de  Pedrarias,  que  no  fuese  trasdoblado  lo 
que  era  razón  consideraras?  ¡  quanto  era  mayor 
mal  la  perdición  é  abatimiento  de  tu  Rey,  que  de 
mozo  de  alanos  te  hizo  su  Alcayde,  y  te  puso  en 
poder  de  tan  ricos  tesoros!  Mas  porque  moraba 
contigo  la  ingratitud ,  y  estaba  desterrada  de  tí  lá 
bondad,  volviste  alegre  la  cara  á  la  deslealtad,  de 
que  debieras  apartarte ,  é  huíste  sin  provecho  del 
bien  de  la  lealtad,  donde  te  debieras  remirar.  Asi 
denostaste  tu  nombre  y  apedreaste  tu  fama.  La 
gravedad  de  los  insultos  es  de  sí  misma  tan  públi- 
ca pregonera,  que  quando  los  perpetradores  presu- 
men tenella  muy  secreta,  estonces  ella  mas  públi- 
camente se  manifiesta,  en  tal  manera,  que  ni  el 
rincón  los  asconde  ni  la  plaza  los  calla.  E  asi  fué 
que  como  se  llegase  la  hora  en  que  los  enemigos 
venian  al  llamamiento  de  Pedrarias,  é  se  acercaban 
á  mas  andar  para  entrar  en  la  ciudad,  notificaron  á 
la  Reyna  é  á  la  Infanta  Doña  Isabel,  como  avia 
trato  de  traycion,  é  que  á  cabsa  de  ello  venian  los 
señores  que  estaban  en  Olmedo.  De  que  la  Reyna 
atemorizada  é  con  grande  alteración  se  acogió  á  la 
Iglesia  Mayor,  é  de  allí  con  grandes  ruegos  impor- 
tunando al  Alcayde ,  que  la  quisiese  acoger  en  la 
fortaleza ,  se  metió  dentro ;  porque  la  Iglesia  é  la 
fortaleza  están  muy  juntas.  Verdad  es  que  por  es- 
tonces el  Alcayde  mas  la  rcscibió  por  encubrir  algo 
de  su  maldad,  que  por  gana  de  hacer  virtud.  Aco- 
gió asi  mesmo  á  la  Duquesa  de  Alburquerque  con 
mucha  mejor  voluntad ;  pero  la  Infanta  Doña  Isa- 
bel no  quiso  ir  con  la  Reyna,  antes  se  quedó  en  el 
Palacio  Real  con  sus  damas.  E  pasada  la  noche, 
quando  ya  venia  el  alba,  todas  las  gentes,  ordena- 
das sus  batallas,  llegaron  debaxo  del  Alcázar ,  sin 
que  resistencia  ninguna  les  fuese  fecha  por  el  Al- 
cayde ni  por  los  suyos,  antes  muy  seguramente  su- 


bieron por  un  camino  que  está  junto  á  las  poftas 
de  la  fortaleza,  hasta  que  encontraron  por  el  posti- 
go que  avía  fecho  el  Obispo  grand  tiempo  avia, 
que  estaba  pegado  á  las  paredes  de  su  casa.  E  ansí 
entrados  á  vista  del  Alcayde ,  Pedrarias  los  llevó 
hasta  el  Palacio, adonde  la  Infanta  estaba,  la  qual 
desde  allí  adelante  se  apartó  del  Rey  y  se  quedó 
con  el  Príncipe  su  hermano.  Luego  que  asi  entraron 
poderosamente  con  tanto  gentío ,  se  apoderaron  de 
la  cibdad  é  la  pusieron  en  sosiego,  sin  que  el  pue- 
blo se  osase  alterar,  puesto  que  á  todos  los  cibdada- 
nos  pesó  muy  gravemente  de  su  entrada,  porque  sin 
duda  amaban  mucho  al  Rey ;  é  así  ovo  lugar  de 
cumplirse  el  mal  propósito  é  dañada  voluntad  de 
Pedrarias,  no  recordándose  de  las  mercedes  y  hon- 
ras que  el  padre  é  los  hijos  é  todo  su  linage  avian 
rescebido  del  Rey.  ¡O  desagradecida  persona,  agena 
de  la  virtud,  y  de  buen  conocimiento  !  que  si  tanto 
dolor  te  pusiera  la  fealdad  de  tu  obra  quanto  á  mí 
pone  en  escrevilla,  ni  tú  te  deleytáras  de  tu  infa- 
mia, ni  á  los  oyentes   dieras  cabsa  de  maldecirte. 
¿  A  quién  podras  ser  bueno,  quando  á  tí  fuiste  malo? 
¿  A  quién  serás  tú  fiel ,  quando  á  tí  fuiste  enemigo? 
¿Qué  daño  tan  grande  pediste  rescebir  del  Rey,  que 
te  hizo  de  nada,  que  no  sea  mayor  el  que  tú  mismo 
feciste?  Si  bien  te  recordaras  de  quien  era  tu  pa- 
dre, quando  el  Rey  le  tomó  por  suyo,  é  le  puso  en 
tan  gran  estado  de  ser  su  Tesorero ,  é  su  Contador 
mayor,  no  sintieras  mucha  pena  en  verte  preso  ni 
herido.  Debieras  considerar  que  él  te  dio  meresci- 
miento  para  ser  tenido  por  bueno  y  estimado  entre 
los  mejores,  y  no  asi  tan  ciegamente  j  sin  temer  los 
juicios  de  Dios  y  de  los  hombres,  y  el  cargo  de 
consciencia ,  abatir  á  quien  te  ensalzó ,  destniir  á 
quien  te  honró,  vender  á  tu  Señor  y  Rey,  y  vender 
tu  propia  patria  y  denostar  tu  memoria.  Asi  que  ni 
tu  quexa  te  hará  disculpado,  ni  jamaste  librará  del 
feo  apellido,  é  denostado  vituperio ,  con  que  asi  te 
cobixaste. 

CAPÍTULO  CU. 

Como  sabida  la  traycion,  se  partió  el  Rey  de  Medina  para  Cué- 
Uar,  y  lo  que  subcedió  en  el  camino. 

,  Venida  la  nueva  de  la  traycion  que  Pedrarias 
avia  hecho,  y  como  los  enemigos  del  Rey  estaban 
dentro  en  Segovia  muy  apoderados  de  la  cibdad  sin 
contradicion  alguna,  el  Rey  determinó  de  se  tornar 
á  Cuéllar;  é  asi  ordenadas  sus  batallas,  con  poco 
plascer  se  partieron.  E  como  de  camino  pasasen  jun- 
to á  la  fortaleza  de  Iscar,  supo  el  Conde  de  Treviño 
que  la  Condesa  su  madre  «staba  allí  dentro,  la  qual 
en  alguna  riaanera  era  mas  disoluta  que  honesta, 
porque  la  tenia  allí  Don  Diego  de  Zuñiga,  Conde' 
de  Miranda ,  por  su  manceba ;  y  el  hijo  doliéndose 
de  la  infamia  de  su  madre,  y  de  la  deshonra  que 
por  ello  le  venia,  suplicó  al  Rey  le  diese  licencia 
para  combatir  la  fortaleza  de  Iscar,  é  sacar  dende 
á  su  madre  ;  lo  qual  el  Rey  le  otorgó,  é  mandó  pa- 
rar allí  las  batallas  por  una  grand  pieza.  Estonces 
el  Conde,  ávida  la  licencia,  con  su  gente  é  con  la 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


169 


del  Marqués  de  Santillana  é  la  del  Duque  de  Albur- 
querque  é  la  de  Don  Pedro  de  Velasco  dio  el  com- 
bate por  todas  quatro  partes  de  la  fortaleza  muy 
varonilmente.  E  puesto  que  el  Alcayde  se  defendió 
un  rato  lo  mejor  quQ  pudo ,  no  tuvo  tantos  pertre- 
chos, ni  tanta  copia  de  gente,  que  pudiese  resistir 
la  furia  de  los  combatidores;  porque  le  dieren  tan- 
ta priesa,  que  apenas  tuvo  tiempo  de  estar  aperce- 
bido,  para  poderse  defender ,  de  tal  guisa,  que  por 
fuerza  de  armas  á  escala  vista  entraron  en  la  forta- 
leza, y  el  Conde  prendió  á  su  madre,  é  la  envió  lue- 
go á  su  tierra  á  buen  recabdo.  Dado  el  combate,  é 
presa  la  Condesa  é  tomada  la  fortaleza,  el  Rey  man- 
dó mover  las  batallas,  é  aquella  noche  se  fué  á  apo- 
sentar al  monte  de  Iscar ;  donde  llegados  reposa- 
ron, é  otro  dia  siguiente  se  fueron  á  la  villa  de 
Cuéllar. 

CAPÍTULO  CIII. 

Como  llegado  el  Rey  á  Cuéllar  se  faé  á  Coca  i  manos  de  sus  ene- 
migos, 6  se  apartó  de  sus  caballeros ,  criados  y  servidores  lea- 
les que  le  avian  servido. 

Luego  que  el  Rey  fué  llegado  á  Cuéllar  con  toda 
su  hueste,  sintió  en  tanto  grado  la  pérdida  de  Sego- 
via,  que  todas  las  turbaciones  pasadas  sobre  él  ni 
las  alteraciones  de  las  cibdades  y  villas  que  contra 
él  se  rebelaron,  en  comparación  de  aquella  no  le 
afligieron  tanto  ni  hicieron  tanta  impresión  de  tris- 
teza en  él,  quanta  fué  la  que  asi  se  manifestó  por 
su  gesto.  Y  no  sin  cabsa  :  ca  desde  su  niñez  se  crió 
en  ella,  y  la  tenia  por  su  propia  naturaleza,  como 
si  fuera  uno  do  los  ciudadanos  de  ella ;  la  qual  no 
solamente  avia  ennoblecido ,  renovándola  con  mu- 
chos edeficios,  mas  tenia  en  ella  todos  sus  tesoros, 
que  eran  sin  duda  muchos ,  en  grand  cantidad  de 
diversas  riquezas,  que  yo  vi  muchas  veces.  E  asi 
mismo  alli  tenia  los  montes  en  que  se  deleytaba  é 
deportaba  é  tenia  su  mayor  pasatiempo  ;  de  donde 
resultó  la  grand  afición  que  con  ella  tenia.  E  de  tal 
forma  se  entristeció,  que  ningún  hombre  humano, 
de  qualquiera  suerte  que  fuera,  pudiera  mostrar  tan 
poca  disimulación  como  él.  Pero  como  los  tratos 
nunca  cesaban  por  su  duro  perseguidor  el  Maestre 
Don  Juan  Pacheco,  acaesció  que  aquella  mesma  no- 
che secretamente  envió  un  mensagero ,  disciéndole 
que  se  fuese  á  Coca,  é  dexase  los  caballeros  que  le 
avian  seguido,  y  que  le  prometía  de  hacer  sus  co- 
sas muy  cumplidamente.  E  como  ya  el  Rey  estaba 
cansado  según  su  condición  de  sufrir  tantos  desas- 
tres, é  tenia  gana  de  reposar,  si  las  persecuciones  le 
dexáran,  creyendo  la  poca  verdad  de  su  enemigo, 
sin  mas  consultar  su  ida  con  aquellos  que  le  seguían 
é  servían  con  tanta  lealtad ,  aceptó  de  lo  hacer.  E 
luego  otro  dia  siguiente,  llamados  los  señores  que 
alli  estaban,  les  dixo  que  su  determinada  voluntad 
era  deseirá  Coca,  porque  ya  tenia  seguridad  que 
se  harían  sus  cosas  muy  bien.  E  asi  desamparados 
los  caballeros  leales,  criados  é  servidores ,  con  muy 
pocos  de  los  suyos  se  fué  á  la  villa  de  Coca ,  donde 
por  el  Arzobispo  de  Sevilla  fué  rescebido  con  muy 


poca  honra  é  menos  acatamiento,  porque  si  muy 
poca  gente  llevaba,  con  la  menos  parte  de  ella  fué 
acogido  dentro  de  Coca.  De  aquesta  partida  del 
Rey  tan  acelerada  quedaron  muy  sentidos  los  caba- 
lleros de  su  partido  é  las  otras  gentes  que  le  avian 
venido  á  servir  ,  no  tanto  por  la  poca  quenta  que 
de  ellos  se  hizo,  quanto  por  la  mengua  é  perdición 
del  Rey,  que  se  fué  á  poner  en  las  manos  de  aque- 
llos, que  vengándose  del  é  trayéndole  asenderado, 
no  le  ponian  remedio  ninguno,  segund  que  después 
páreselo  y  las  obras  dieron  testimonio  de  ello.  Pasa- 
do el  Rey  á  Coca,  todos  los  unos  é  los  otros  se  der- 
ramaron, é  se  fueron  á  sus  casas  é  tierras  ;  é  no  so- 
lamente aquesto  fué  desmano  para  ellos ,  mas  des- 
abrigo é  persecución  para  sus  criados  é  servidores, 
que  se  quedaron  desamparados  é  corridos,  en  tal 
manera,  que  ni  los  acogían  donde  su  Señor  estaba, 
ni  hallaban  quien  los  amparase  ;  é  asi  andaban  tan 
persiguidos  sin  remedio ,  que  se  avergonzaban  en 
descir  cuyos  eran.  ¡O  grandeza  de  Dios  omnipoten- 
te !  que  asi  trastornas  los  estados  Reales ,  y  quie- 
res que  prosperen  los  malos  ;  destruyes  la  prudencia, 
y  discreción  y  seso  de  los  Reyes ,  y  despiertas  la 
malicia  de  sus  adversarios ;  abates  la  lealtad  quan- 
do  quieres ,  y  ensalzas  á  los  traydores  quando  te 
plasce  ;  consientes  que  los  buenos  sean  afligidos,  é 
que  los  perversos  prevalescan  ;  que  disipen  los  so- 
bervios  á  los  humildes,  é  los  crueles  á  los  piadosos, 
é  prevalescan  sus  insultos  ;  que  anden  los  Reyes 
abatidos  corso  siervos  llenos  de  pobre<&a  y  miseria, 
y  los  siervos  como  Señores,  ricos  é  muy  prospera- 
dos. ¿Quién  podrá  considerar  tus  juicios,  ni  escu- 
driñar tus  secretos  ?  Conozcamos  de  aqui  adelanta 
que  tu  profundo  saber  tiene  tanto  poderío,  que  nos- 
otros no  lo  sentimos ,  ni  lo  sabemos  conoscer.  En- 
tretanto que  ansi  andaba  la  persecución  de  los  tira- 
nos, los  leales  desechados  por  traidores,  corridos 
é  deshonrados  sin  temperanza  ni  caridad  alguna, 
y  los  traydores  estimados  y  puestos  en  la  cumbre 
del  señorío,  subeedió  que  yo  sobre  seguro  del  Prín- 
cipe, Rey  que  se  descia,  é  de  los  Perlados  é  caballe- 
ros que  con  él  estaban,  fui  á  Segovia,  para  poner 
en  salvo  lo  mió,  que  allí  tenia.  Donde  llegado,  fué; 
mayor  la  tardanza  de  poner  los  pies  en  mi  casa,  que 
de  ser  preso,  y  quebrantado  el  seguro  desús  firmas  é 
sellos  que  me  avian  dado.  Y  no  solamente  prendie- 
ron á  mi  persona  con  grand  deshonestidad,  mas  ro- 
báronme todo  lo  que  yo  tenia ,  con  las  escripturas 
de  la  Corónica  del  Rey ,  que  hasta  entonces  tenia 
ordenada  y  escripta.  Y  tan  innominosamente  me 
trataron,  como  á  los  que  suelen  ser  traydores,  acu- 
sando mi  lealtad  por  alevosía',  y  poniendo  sus  des- 
lealtades por  cosa  de  mucha  honra  hasta  las  nubes. 
Mas  yo,  que  sin  reproche  de  sus  vergonzosas  culpas; 
me  hallaba,  como  vestido  de  mas  limpio  manto  que 
el  suyo ,  sin  temor  alguno  é  con  grand  osadía  in- 
pugnaba sus  reprehensiones  é  contradescia  sus  acu- 
saciones falsas,  en  tal  manera ,  que  fué  reprobada 
su  mala  escisma  y  defendida  raí  fidelidad.  E  porque 
mi  verdad  los  concluía  é  ponia  en  conclusión,  de- 
terminaron de  matarme;  pero  aquella  soberana  ele- 


170 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mencia  de  nuestro  Redentor,  que  nunca  ee  cansa 
de  obrar  misericordia,  me  libró  de  sus  manos,  y  es- 
capé con  la  vida. 

CAPÍTULO  CIV. 

Como  d  Rey  se  fué  dende  Coca  á  meter  en  el  Alcáiar  de  Segovia, 
para  verse  con  el  Maestre  de  Sanctiago  ;  y  visto  le  entregó  el 
Alcázar;  é  jamás  cumplió  con  él  cosa  alguna  de  quanto  le  pro- 
metieron. 

Pasado  el  Rey  á  la  villa  de  Coca,  é  puesto  al  que- 
rer de  sus  enemigos,  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco 
le  envió  á  descir  que  seria  bien  qtie  se  fuese  al  Al- 
cázar de  Segovia,  porque  allí  estaría  mas  cerca ,  y 
prestamente  se  daria  el  concierto  de  lo  que  se  avia 
de  facer.  Estonces  el  Rey,  visto  como  sus  enemigos 
tenian  la  cibdad,  y  él  avia  determinado  de  estar  á 
todo  su  querer,  puso  Juego  por  obra  su  ida.  E  antes 
que  llegase  á  la  fortaleza,  salieron  á  él  Don  Gómez 
de  Cázeres,  Maestre  de  Alcántara,  y  Don  Garci-Al- 
varez  de  Toledo,  Conde  de  Alva,  media  leg^a  fue- 
ra de  la  cibdad,  tan  sin  vergüenza  ninguna  como  si 
mucho  le  ovieran  servido,  é  nunca  les  oviera  fecho 
mercedes.  E  asi  acompañáronlo  fasta  cerca  del  Al- 
cázar, donde  Perucho  su  Alcayde  lo  rescibió  do 
mala  gana  y  con  peor  gesto.  Entrado  el  Rey  en  el 
Alcázar,  fué  acordado  que  se  fuese  á  la  Iglesia  ma- 
yor, é  que  alli  vernia  el  Maestre  Don  Juan  Pache- 
co con  ciertos  caballeros  de  su  partido ,  é  se  vería 
alli  con  él,  donde  convenidos  después  de  largas  fa- 
blas  fué  concertado  que  el  Rey  mandase  entregar 
el  Alcázar  al  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  con  tanto 
que  el  tesoro  con  todas  las  joyas  y  cosas  que  allí 
estaban  se  pasase  al  Alcázar  de  Madrid,  y  que  Pe- 
rucho fuese  el  Alcayde  de  Madrid  y  tenedor  de  los 
tesoros,  é  que  la  Reyna  se  pusiese  en  rehenes  en  po- 
der del  Arzobispo  de  Sevilla,  con  que  prometieron 
é  aseguraron  que  dentro  de  seis  meses  restituirían 
al  Rey  en  todo  su  estado.  E  asi  puesto  por  obra, 
que  el  tesoro  é  las  otras  cosas  se  pasaran  á  Madrid, 
la  Reyna  fué  llevada  á  la  fortaleza  de  Alahejos,  y 
el  Alcázar  de  Segovia  se  entregó  á  Juan  de  Daza 
para  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco.  Quando  el  Rey 
pensó  que  las  promesas  de  lo  capitulado ,  é  concer- 
tado con  él  se  cumplirían,  hallóse  tan  en  vano  como 
en  todas  las  otras  promesas  pasadas ;  de  tal  guisa, 
que  con  solas  palabras  de  vana  esperanza  le  hicie- 
ron andar  por  sus  Reynos,  mas  en  son  de  peregrino, 
que  como  Rey  é  Señor.  E  asi  muy  avergonzadamen- 
te con  diez  cabalgaduras  se  fué  á  meter  por  las 
puertas  del  Conde  de  Plasencia ;  é  quanto  quiera 
que  ansí  andaba  corrido ,  todos  los  pueblos  se  con- 
dolían de  él,  disciendo  agrandes  voces  ¡O buen  Rey, 
piadoso  é  franco,  que  nunca  nos  despachabas  mal! 
Mal  haya  quien  te  persigue.  ¡  O  traydores  criados, 
é  malos  caballeros,  que  ansí  te  han  destruido  por 
hacerse  á  si  mismos  grandes !  Y  llegando  el  Rey  á 
Plasencia,  el  Conde  y  la  Condesa  le  rescibieron  con 
mucha  honra,  y  le  aposentaron  con  mayor  amor  en 
la  fortaleza,  é  desde  allí  adelante  procuraron  de  lo 
rcstitair  en  su  estado,  y  en  ello  trabajaron  quanto 


podían.  Pero  ni  por  eso  el  Maestre  Don  Juan  Pa- 
checo jamas  se  movió  á  cumplir  con  el  Rey  cosa 
ninguna  de  quantas  le  prometió,  antes  de  contino 
lo  hacia  por  el  ccmtrario.  E  ansí  el  Rey  estuvo  allí 
en  Plasencia  por  espacio  de  quatro  meses,  esperan- 
do alguna  conclusión  de  quantas  promesas  el  Mar- 
qués le  daba ;  de  donde  vino  que  el  Conde  y  la 
Condesa,  sabiendo  las  formas  tan  siniestras  á  la 
virtud  que  asi  tenia  con  él  Rey,  determinaron  de  ser 
suyos ,  y  ayudarle  por  todas  las  vias  y  modos  que 
pudiesen.  E  como  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco 
sintió  aquesto,  vino  allí  á  Plasencia  á  verse  con  el 
Roy  y  con  el  Conde  y  la  Condesa,  mas  para  mentir 
que  para  cumplir ,  y  mas  para  dilatar  que  para  do- 
ner  en  obra.  De  tal  guisa,  que  con  palabras  dulces 
dilataba,  é  con  promesas  vanas  hacia  tener  espe- 
ranza ;  y  así  hacia  estar  abatido  al  Rey,  y  andar  por 
casas  agenas  amenguado,  no  como  Rey  que  tantas 
mercedes  le  hizo,  ni  como  señor  que  en  tanta  honra 
le  avia  puesto,  mas  como  enemigo  de  quien  desea- 
ba vengarse.  Y  no  sin  cabsa ,  que  pues  sin  meresci- 
miento  le  avia  dado  tanta  prosperidad ,  é  seyendo 
ageno  de  la  virtud,  puesto  en  tan  alto  estado, 
aquello  era  el  agradecimiento  con  que  avia  de  res- 
ponder ;  ca  sabida  cosa  es  é  muy  cierta  que  los  ma- 
los rescibiendo  beneficios,  se  tornan  peores,  y  aquel 
pago  dan  á  quien  los  ensalza  é  hace  ser  grandes. 

CAPÍTULO  CV. 

Como  en  aqueste  medio  tiempo  vacó  ei  Obispado  de  Siguenza,  ¿ 
fué  dado  al  Obispo  de  Caiaiiorra,  é  lo  que  sobre  ello  sucedió. 

Al  tiempo  que  estas  cosas  pendían  en  el  Reyno, 
fallesció  Don  Hernando  de  Luxan,  Obispo  de  Si- 
guenza, é  quedó  apoderado  en  las  fortalezas  y  cib- 
dad con  toda  la  hacienda  del  Obispo  Diego  López 
de  Madrid,  Protonotario ,  é  Dean  de  la  Iglesia  Ma- 
yor de  la  misma  cibdad.  E  como  este  Diego  López 
era  hombre  de  baxa  suerte ,  veyéndose  rico  é  con 
tantas  fortalezas  de  su  mano ,  presumió  de  aver 
aquel  Obispado ;  é  asi  acordó  de  seguir  el  partido 
del  Príncipe  Don  Alonso,  é  tomó  por  señores  é  fa- 
vorecedores al  Maestre  Don  Juan  Pacheco  é  al  Ar- 
zobispo de  Toledo,  los  quales  por  tenello  de  su  par- 
te, le  dieron  grandes  promesas  y  ñrme  esperanza  de 
le  hacer  aver  el  Obispado.  Estonces  él ,  convocados 
los  Canónigos  é  Dignidades  de  la  Iglesia,  hízose 
elegir  por  Obispo ;  é  elegido,  cuando  pensó  que  con 
el  favor  de  su  partido  sería  Obispo ,  el  Papa  Paulo, 
aviendo  por  vana  su  elecion,  y  teniéndolo  por  escis- 
mático  contra  el  Rey,  proveyó  el  Obispado  á  Don 
Juan  de  Maella ,  Obispo  de  Zamora,  Cardenal  de 
Sancta  Prisca.  E  asi  proveydo ,  desque  vinieron  á 
tomar  la  posesión  por  parte  del  Cardenal  con  las 
Bullas  Apostólicas  ,  el  Dean  no  quiso  obedescer  al 
Papa,  antes  dixo  que  apelaba  de  él  y  de  todas  sus 
censuras  para  el  futuro  Concilio.  De  que  el  Papa 
Paulo  muy  indignado  contra  él  mandó  pronunciar 
entredicho ;  pero  él  nunca  jamás  quiso  venir  á  obe- 
diencia, ni  otros  ciertos  Canónigos  é  Dignidades 
que  eran  sus  consortes  y  aliados.  Estonces  el  Papa, 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


171 


vista  8u  rebeldía,  en  que  así  estaban  endurescidos, 
mandó  facer  proceso  contra  él  é  contra  todos  los  de 
pu  liga,  é  fueron  privados  de  quantos  beneficios  te- 
nían, ó  fecha  provisión  de  ellos  á  ciertos  cortesanos 
en  Roma,  y  á  otros  en  Castilla.  Durante  aquesta  re- 
belión, en  que  el  Dean  todavía  estaba  apoderado 
de  la  cibdad  é  fortalezas  del  Obispado ,  murió  el 
Cardenal,  y  el  Rey  suplicó  al  Papa  por  el  Obispado 
para  el  Obispo  de  Calahorra ,  y  fué  proveydo  de  él. 
E  quanto  quiera  que  el  Dean  estaba  desobediente 
contra  el  Papa,  é  puesto  en  rebelión  con  los  caba- 
lleros tiranos,  queriendo  el  Rey  usar  de  benignidad 
y  ayudar  al  Obispoj  que  le  tenia  mucho  amor,  man- 
dó que  yo  fuese  de  su  parte  al  Dean,  para  que  dexa- 
se  libremente  aquel  Obispado,  y  que  á  él  darían  el 
Obispado  de  Zamora  con  el  Abadía  de  Huerta.  Mas 
como  ya  él  estaba  no  solamente  endurficido,  mas  lleno 
de  cobdicía,  creyendo  de  se  quedar  con  el  Obispado 
de  Sigüenza,  no  quiso  acetar  el  partido  que  el  Rey 
le  facía  ni  venir  á  su  servicio.  Estonces  Pedro  de 
Almazan,  Alcayde  de  Atienza ,  deseando  servir  al 
Rey,  movió  un  trato  secreto  con  un  criado  del  Dean, 
que  se  llamaba  Gonzalo  Bravo ,  para  que  le  diese 
entrada  en  la  fortaleza,  prometiéndele  grandes  co- 
sas. E  asi  fecho  su  trato ,  é  acordado  el  día  en  que  se 
avia  de  facer,  Pedro  de  Almazan  fué  una  noche  ,  é 
por  mano  de  aquel  Gonzalo  Bravo ,  puestas  sus  es- 
calas en  la  fortaleza  de  Sigüenza,  entró  con  mucha 
gente,  é  prendió  al  Dean,  y  al  Tesorero  su  hermano, 
y  tomó  todas  las  joyas  y  plata  y  dineros  é  atavíos 
que  avían  quedado  en  su  poder,  é  así  mesmo  lo  suyo, 
que  era  asaz,  que  por  todo  era  una  grand  suma.  E 
presos,  llevólos  á  la  fortaleza  de  Atienza,  donde  apo- 
derado de  la  fortaleza  é  de  la  cibdad,  envió  á  desoír 
á  Don  Pedro  González  de  Mendoza  que   viniese  á 
tomar  su  cibdad,  el  qual  fué  luego  á  la  tomar.  Don- 
de tomada  la  posesión  del  Obispado  ,  y  apoderado 
de  la  cibdad  y  fortaleza  ,  dentro  de  quince  días  le 
fueron  entregadas  las  otras  fortalezas  del  Obispado, 
con  que  mucho  se  fortificó  el  partido  del  Rey,  y  se 
aflacó  el  de  los  caballeros  tiranos.  Por  aqueste  ser- 
vicio, que  asi  hizo  Pedro  do  Almazan  al  Rey  é  á  la 
Sede  Apostólica,  el  Papa  lo  hizo  Canónigo  de  Si- 
güenza, y  el  Rey  le  confirmó  la  tenencia  de  Atienza 
de  juro. 

CAPÍTULO  CVI. 

De  los  casos  desastrados,  que  en  este  tiempo  acaescieron  por  el 
Reyno. 

Después  que  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  é  los 
otros  tiranos  de  su  partido  se  ovieron  apoderado  de 
la  cibdad  de  Segovia  con  el  Alcázar,  dexaron  á  Pe- 
drarias  en  guarda  de  ella,  y  al  Obispo  su  hermano, 
y  partiéronse  de  allí  para  la  villa  de  Arévalo,  donde 
llevaron  al  Príncipe.  E  como  el  Rey  estaba  en  Pla- 
sencia,  y  tenía  muy  ganadas  las  voluntades  del  Con- 
de y  de  la  Condesa  su  muger,  que  estaban  determi- 
nados de  lo  servir  é  ayudar,  vistas  las  pocas  verda- 
des del  Maestre  Don  Juan  Pacheco ,  enviaron  desde 
allí  con  los  tratos  á  la  villa  de  Arévalo  á  Pedro  de 


Hontíveros  su  capitán  de  la  gente  d'armas ,  el  qual 
estaba  muy  enemistado  con  Gil  de  Vivero,  hijo  de 
Alonso  Pérez  de  Vivero.  E  quanto  quiera  que  asi 
estaba  la  enemiga  entre  ellos,  Pedro  de  Hontiveros 
tenía  en  poco  á  Gil  de  Vivero,  que  estaba  muy  sen- 
tido del  por  algunos  ultrajes  que  entre  ellos  eran 
pasados  á  cabsa  de  sus  mugeres  ;  é  como  un  día  el 
Pedro  de  Hontíveros  partió  d©  Arévalo  para  ir  á 
Plasencia,  salió  Gil  de  Vivero  al  camino  con  gente 
de  á  caballo  é  matólo  á  lanzadas.  Luego  en  pos  de 
aquesto  subcedió,  que  como  Garcí-Mendez  de  Bada- 
joz, un  capitán  del  Rey,  ovíese  guerreado  á  los  bur- 
galeses  porque  estaban  rebelados  contra  el  Rey, 
prendiendo  algunos  mercaderes  de  ellos,  é  robándo- 
les sus  haciendas  é  mercadurías,  en  tal  manera  los 
tenía  amedrentados  y  en  tanto  estrecho ,  que  nin- 
guno osaba  salir  de  la  cibdad,  salvo  muy  acompa- 
ñado, de  que  la  enemiga  do  todo  el  pueblo  estaba 
muy  arraygada  contra  él.  Este  capitán  tenia  muy 
estrecha  amistad  con  un  mercader  de  Burgos ,  que 
se  llamaba  Pedro  de  Maznólo,  Tesorero  de  la  mone- 
da de  aquella  cibdad,  el  qual  trabajaba  por  la  paz 
entre  él  y  los  mercaderes,  y  envióle  á  rogar  secreta- 
mente que  se  viniese  al  Monesterío  de  Sanct  Juan, 
para  dar  conclusión  á  la  paz.  El  Garcí  Méndez  fué 
muy  encubiertamente  allí ;  pero  su  ida  no  pudo  ser 
tan  secretamente  que  se  pudiese  encubrir,  é  asi  fué 
publicada  su  venida  por  la  cibdad.  En  tal  manera, 
que  el  pueblo  común  á  voz  de  hermandad  se  levan- 
tó con  mano  armada,  é  venidos  al  Monesterío  don- 
de él  estaba ,  quebrantaron  las  puertas  por  fuerza, 
donde  fué  preso,  é  sacado  fuera  en  una  plaza,  que 
está  delante  de  la  Iglesia,  determinaron  de  matarlo. 
E  como  quiera  que  algunos  principales  de  la  cib- 
dad, asi  eclesiásticos  como  seculares,  vinieron  allí, 
por  librarlo  de  las  manos  de  aquellos,  que  así  lo  te- 
nían en  medio  con  tanta  furia,  no  pudieron  escapar- 
lo, porque  muy  aceleradamente,  sin  ser  oydo,lo 
mataron  á  puñaladas. 

CAPÍTULO  CVII. 

Como  el  Papa,  sabida  la  forma  deshonesta  que  los  caballeros  tu- 
vieron contra  su  Nuncio  Legado,  é  como  le  salieron  al  camino 
á  poner  las  manos  en  él,  se  enojó,  y  envió  dos  Breves,  el  uno 
al  Rey,  y  el  otro  á  los  Perlados  é  caballeros  que  estaban  con  el 
Príncipe  Don  Alonso. 

Luego  que  al  Papa  le  fué  notificada  la  desmesu- 
ra é  feo  atrevimiento  de  los  perlados  é  caballeros 
tiranos  que  intentaron  contra  Don  Antonio  de  Ve- 
neris.  Obispo  de  León,  su  Nuncio  Apostólico  con 
poderío  de  Legado  de  Latere,  é  quan  deshonesta- 
mente le  avían  tratado  en  el  campo ,  aviéndole  ro- 
gado que  se  saliese  á  ver  con  ellos,  ovo  grand  sen- 
timiento, é  acabó  de  conoscer  sus  tiranías  en  que 
andaban  con  su  Rey.  E  ansí  envió  luego  un  trotero 
con  dos  Breves  plomados,  eí  uno  para  el  Rey,  con- 
solándolo é  rogándole  que  no  se  afligiese  por  las 
injurias  é  persecuciones  que  sus  ingratos  criados  é 
los  otros  naturales  de  su  Reyno  le  avian  fecho;  que  se 
acordase  quanto  fueron  mayores  las  ofensas  de  Je- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


172 

su-Christo,  vendido  por  su  Apóstol  Judas  en  tan  vil 
é  baxo  precio  é  deshonrado  tan  vituperiosamente 
por  los  do  su  pueblo  ;  é  si  mucho  sentimiento  tenia 
de  aquellos  que  avia  criado  ó  fecho  é  puesto  en  tan 
alta  honra,  se  acordase  que  Jesu-Christo  hizo  mayo- 
res é  mas  altos  beneficios  á  los  judíos,  y  en  pago  de 
aquellos  lo  truxeron  á  la  muerte ,  ó  con  tantos  tor- 
mentos crueles  lo  crucificaron ;  é  si  sus  criados  fal- 
samente lo  disfamaron,  que  se  acordase  que  mayo- 
res é  mas  falsos  fueron  los  testimonios  de  los  ju- 
díos contra  Jesu-Christo ,  con  que  lo  hicieron  con- 
denar á  muerte  sin  merescerla.  Por  tanto  que  otras 
muchas  veces  le  rogaba  quanto  podía  pospusiese  el 
dolor  é  aflicción  que  de  lo  tal  avia  rescebido  é  sen- 
tido, ó  que  dexase  á  Dios  la  venganza  dello ;  porque 
élgela  daria  tan  cumplidamente,  que  todos  verían 
como  su  justicia  divinal  castigaba  á  los  tiranos  é 
ingratos,  é  les  daba  el  pago  de  sus  obras.  E  asi  mes- 
mo  le  rogaba  é  requería  por  las  caritativas  entra- 
ñas de  Jesu-Chrieto,  que  si  los  tales  subditos,  aun- 
que desleales,  viniesen  á  le  demandar  perdón,  con 
mucha  benignidad  los  perdonase  é  rescibiese  en  su 
servicio,  acordándose  que  la  soberana  clemencia 
de  Dios,  continuamente  perdona,  é  rescibe  los  pe- 
cadores, disciendo  :  Quien  viniere  á  mí  no  lo  echaré 
fuera.  A  este    Breve  respondió  el  Rey  que  besaba 
los  pies  é  las  manos  de  su  Saatidad  por  la  dulce 
consolación  que  le  avia  enviado ,  y  que  obedesoien- 
do  su  mandado,  le  plascia  y  era  contento  de  perdo- 
nar á  todos  los  que  viniesen  á  su  servicio  é  obedien- 
cia como  eran  obligados.  El  otro  Breve  era  para 
los  perlados  é  caballeros,  que  estaban  rebelados  con- 
tra el  Rey,  en  que  les  mandaba  so  pena  de  anathema, 
que  coBOSoiendo  sus  culpas  del  feo  error  que  avian 
cometido  contra  su  señor  é  Rey  natural,  se  tornasen 
luego  á  su  servicio  é  obediencia ,  é  se  apartasen  de 
la  escisma  que  avian  puesto  é  seguían  tan  injusta- 
mente, poniendo  nombre  de  Rey  á  quien  no  lo  era, 
ni  ellos  gelo  podían  dar ;  ni  tampoco  su  poder  bas- 
taba, ni  tenían  abtoridad  para  quitar  de  Rey  á 
quien  según  las  leyes  divinas  é  humanas  de  la  Reli- 
gión chtisf«ana  era  el  verdadero  Rey  de  Castilla  é 
de  León.  Por  tanto ,  que  él  como  Vicario  de  Jesu- 
Chrfsto  les  ponia  perpetuo  silencio ,  é  les  mandaba 
que  no   llamasen  Rey  al  Príncipe  Don  Alonso,  ni 
por  tal  le  obedesciesen,  salvo  solamente  al  Rey  Don 
Enrique,  legítimo  é  verdadero  subcesor  de  Castilla 
é  de  León,  amonestándoles  que  si  asi  lo  hiciesen, 
ios  temía  por  hijos  obedientes  de  los  mandamien- 
tos Apostólicos ;  é  que  si  en  lo  contrario  endure- 
cidos permaneciesen,  que  aviéndolos  por  escismáti. 
cos,  procedería  contra  ellos,  como  contra  enemigos 
de  la  unión  é  paz  del  Reyno,  é  como  disipadores  dej 
bien  común  de  la  república,  cabsadores  de  omici- 
dios.  Estonces  los   perlados,  é  caballeros  tiranos, 
vistas  las  censuras  del  Breve,  acordaron  de  respon- 
der al  Papa  sobre  ello.  E  asi  enviaron  por  sus  Em- 
baxadores  á  Don  Pedro  Fernandez  de  Solis,  Abad 
de  Parraces,  y  al  Comendador  Fray  Hernando  de 
Arce,  Secretario  de  su  Príncipe ;  los  quales  llegados 
cerca  de  Roma,  é  notificada  su  ida  al  Papa,  envióles 


á  mandar  que  no  entrasen  en  su  Corte  ni  parescie- 
sen  ante  él.  Ellos  obedesciendo  su  mandado  estuvie- 
ron algunos  días,  que  no  osaron  entrar  en  Roma ;  é 
como  con  grand  instancia  procurasen  su  entrada 
para  hablar  con  su  Santidad ,  dióles  licencia ,  pero 
con  tal  condición  é  apercebimiento  ,  que  no  se  osa- 
sen llamar  mensageros  del  Rey,  salvo  solamente 
del  Príncipe,  só  pena  de  anathema.  Los  quales,  obe- 
desciendo todo  lo  que  asi  les  era  mandado,  vinieron 
delante  de  su  Santidad,  é  oídas  algunas  razones  de 
las  que  traían  encargo  de  le  hablar  por  parte  de  los 
perlados  é  caballeros,  que  los  avian  enviado,  el  Papa 
les  dixo:  «Decid  á  esos  perlados  é  caballeros,  que 
acá  vos  en^daron,  que  yo  mas  los  judgo  por  escismá- 
ticos  que  por  cathólicos  chrietíanos  ;  é  que  si  ellos 
por  sus  pasiones  deshonestas  é  aficiones  interesa- 
les se  movieron  livianamente  á  cometer  tan  grand 
insulto,  é  quisieron  usurpar  el  infinito  poder  de 
Dios  á  quien  solo  pertenesce  quitar  é  poner  Royes 
quando  quiere,  que  no  »e  lo  tengo  de  aprobar  ni 
consentir  que  lo  hagan ,  antes  castigallos  como  á 
usurpadores  de  la  potencia  divinal,  cuyas  veces  yo 
como  su  Vicario  tengo  en  la  tierra ,  presidiendo  en 
la  Silla  de  Sanct  Pedro.  Por  tanto  descildes,  que  yo 
les  mando,  só  pena  de  anathema,  que  se  tomen  pres- 
to á  la  obediencia  de  su  verdadero  señor  é  Rey  na- 
tural, é  que  se  guarden  de  seguir  mas  al  Príncipe, 
porque  Dios  lo  llamará  presto  ,  é  los  que  lo  siguen 
se  verán  avergonzados  é  confusos.»  Estonces  el 
Abad  de  Parraces  y  el  Comendador,  tomada  su  li- 
cencia, se  volvieron  á  Castilla. 

CAPÍTULO  CVIII. 

Como  el  Conde  de  Benavente  quiso  matar  al  Maestre  Don  Jnau 
Pacheco,  su  suegro,  porque  le  quitó  el  Maestradgo  de  Sanctiago 
que  el  Rey  le  avia  dado,  é  se  lo  tomó  para  si. 

La  cobdícia  desordenada,  que  es  raiz  de  todos  los 
males,  siempre  hace  falsos  á  los  hombres,  corrompe 
la  virtud ,  niega  el  amistad ,  desdeña  el  bien  de  la 
parentela,  daña  la  consciencia,  pierde  la  vergüenza, 
es  insaciable,  nunca  vive  contenta,  é  por  sus  pro- 
pios intereses  pospone  los  ágenos.  Ansí  hizo  el 
Maestre  Don  Juan  Pacheco,  que  por  ser  Maestre  de 
Sanctiago,  no  solamente  deshonró  al  Rey,  é  puso 
fuego  en  todo  el  Reino ,  é  despojó  al  Duque  de  AI- 
burquerque,  mas  engañó  al  Conde  de  Benavente  su 
hierno,  que  se  lo  quitó,  aviéndole  el  Rey  hecho  mer- 
ced del,  y  consintiendo  él  en  ello,  é  dado  su  pala- 
bra de  ayudalle,  de  que  el  Conde  de  Benavente  que- 
dó muy  sentido,  é  tomó  tanta  enemistad  contra  él, 
que  determinó  de  matallo.  É  asi  fué  que  el  Maestre 
Don  Juan  Pacheco ,  estando  en  el  Palacio  del  Prín- 
cipe hablando  con  la  Infanta  Doña  Isabel ,  el  Conde 
con  ciertos  caballeros  de  su  casa  bien  armados  vino 
á  Palacio  para  executar  su  propósito,  quando  el  sue- 
gro saliese.  B  sí  no  fuera  avisado  de  ello,  sin  dubda 
allí  lo  matara,  salvo  que  salió  tan  prestamente  de  la 
cámara  que  aquellos  que  lo  aguardaban  no  pudie- 
ron ni  tuvieron  tiempo  de  poner  las  manos  en  él, 
en  tal  guisa,  que  se  salvó  y  salió  libre  de  entre 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


173 


ellos ;  pero  desde  allí  adelante  siempre  anduvo  á 
buen  recabdo  con  asaz  gentes  que  guardaban  su 
persona,  é  siempre  andaba  armado  con  armas  se- 
cretas, é  á  caballo.  É  quanto  quiera  que  el  Conde  de 
Benavente  después  de  aquello  disimulando  se  ha- 
blaba con  él ,  siempre  tuvo  aquel  rancor  en  las  en- 
trañas raygado.,  buscando  y  esperando  tiempo  para 
vengarse.  Pero  el  suegro  todavía  se  rescelaba  del,  é 
asi  el  Conde  se  partió  luego  de  Arévalo  para  Pla- 
sencia,  donde  fué  muy  bien  rescibido  por  el  Rey  y 
el  Conde  y  la  Condesa,  porque  eran  primos,  hijos 
de  hermanos. 

CAPÍTULO  CIX. 

Como  el  Arzobispo  de  Sevilla ,  é  los  Condes  de  Plasencia  y  de 
Benavente  y  de  Miranda  se  declararon  por  servidores  del  Rey, 
y  se  fueron  con  él  á  la  villa  de  Madrid,  é  lo  que  alli  acaesció. 

DcRpues  que  el  Arzobispo  de  Sevilla  é  los  Condes 
de  Benavente  é  de  Plasencia  é  de  Miranda  vieron 
las  pocas  verdades  é  vanas  palabras  del  Maestre 
Don  Juan  Pacheco,  é  como  no  se  avergonzaba  de 
traer  al  Rey  tan  abatidamente ,  sin  cumplir  con  él 
cosa  alguna  de  qu  antas  le  avia  prometido  al  tiempo 
que  le  entregó  el  Alcázar  de  Segovia  é  no  solamen- 
te aquesto ,  mas  que  traia  tratos  secretos  con  el  Al- 
cayde  Perucho  para  que  le  diese  el  Alcázar  de  Ma- 
drid con  todo  el  tesoro  que  allí  estaba,  determina- 
ron de  lo  seguir  y  servir.  E  porque  la  traycion  de 
Perucho  no  oviese  lugar  ni  pudiese  aver  efecto, 
acordaron  que  el  Rey  se  fuese  luego  á  Madrid,  y 
ellos  juntamente  con  él.  Donde  venidos ,  fué  deter- 
minado que  se  buscase  modo  é  forma  como  el  Alcá- 
zar fuese  quitado  á  Perucho ,  porque  ya  su  traición 
se  iba  descubriendo  en  tal  manera,  que  muy  pocas 
veces  desaba  entrar  al  Rey  dentro,  é  si  alguna  vez 
entraba  era  con  muy  poca  gente ;  de  tal  guisa,  que 
BU  maldad  ya  no  se  podia  disimular.  Pero  con  todo 
el  Rey  tuvo  sufrimiento  por  algunos  dias,  hasta 
que  vido  tiempo  apto  para  hacer  lo  que  adelante 
será  recontado. 

CAPÍTULO  ex. 

Como  la  Cibdad  de  Toledo  se  alzó  por  el  Rey,  y  quienes  fueron 
los  que  lo  hicieron,  é  las  cosas  que  sobre  ello  acaescicron. 

Entretanto  que  asi  estas  cosas  pendían,  y  las  gen- 
tes iban  conosciendo  la  perversidad  de  los  tiranos, 
Dios  como  es  justo  Juez  é  sabidor  de  la  verdad,  que 
quería  manifestar  la  inocencia  del  Rey  é  la  cruel- 
dad de  sus  enemigos,  inspiró  en  los  corazones  de 
los  buenos  que  se  apartasen  de  la  escisma  é  se  tor- 
nasen á  la  verdad ,  para  dar  al  Rey  lo  suyo,  que  tan 
injustamente  estaba  usurpado.  B  asi  fué  que  Don 
Fray  Pedro  de  Silva,  Obispo  de  Badajoz,  como  leal 
é  justo  Perlado,  veyendo  que  las  cosas  de  los  tira- 
nos perseguidores  del  Rey  iban  en  tanta  ofensa  de 
Dios,  en  grand  confusión  del  Reyno,  é  en  daño  de 
las  conciencias  de  aquellos  que  seguían  la  traycion 
de  los  desleales ,  habló  muchas  veces  en  secreto  con 
su  hermana  Doña  María  de  Silva,  muger  de  Pero 


López  de  Ayala,  disciéndole  quanto  era  cosa  peli- 
grosa para  el  ánima  é  á  la  fama  consintir  que  aque- 
lla cibdad  de  Toledo ,  donde  ellos  vivían  y  tenían 
algún  mando,  estuviese  asi  rebelada  é  desobediente 
contra  su  Rey  natural,  considerando  que  aquellos 
perlados  y  caballeros  que  así  la  hicieron  rebelar, 
eran  mas  disipadores  de  la  Corona  Real  para  sus 
propios  intereses,  que  procuradores  del  bien  común 
del  Reyno,  según  que  la  esperencia  lo  mostraba  en 
sus  tiranías  é  robos  ;  por  ende ,  que  le  rogaba  é  amo- 
nestaba con  Dios  una  é  muchas  veces  que  se  quisiese 
juntar  con  él  para  dar  forma  como  todavía  la  cib- 
dad se  desenbarragauase  é  la  tornasen  al  Rey,  cu- 
ya era  según  Dios  é  verdad ,  pues  que  sabia  muy 
bien ,  que  los  falsos  testimonios  contra  él  levanta- 
dos eran  mentirosos.  A  lo  qual  Doña  María  respon- 
dió convencida  de  razón  é  temor  de  Dios  ganosa- 
mente, que  le  plascia,  é  que  aquello  era  lo  que  á 
ella  mas  le  agradaba  é  avia  por  mejor,  porque  sabia 
que  era  lo  cierto,  y  lo  ál  todo  falsedad  é  mentira. 
Pero  que  le  parescia  que  aquello  se  debía  tratar  con 
el  Rey,  sin  que  Pero  López  de  Ayala  su  marido  lo 
sóplese  ;  y  que  entretanto,  que  ella  trabajaría  de  lo 
atraer  al  servicio  del  Rey,  para  que  fuese  plascente- 
ro  de  lo  que  ellos  entrambos  tratasen.  Entonces  el 
Obispo  y  ella  enviaron  su  mensagero  secretamente  al 
Rey,  notificándole  el  deseoso  propósito  é  voluntad  que 
tenían  de  servirlo,  é  dalle  su  cibdad,  de  que  el  Rey 
fué  muy  alegre  ;  é  así  él  les  respondió ,  que  si  ellos 
ponían  en  obra  lo  que  le  proferían,  no  solamente 
les  haría  grandes  mercedes,  mas  que  les  acrecenta- 
ría sus  estados.  Ávida  esta  respuesta  del  Rey,  acor- 
daron ,  que  sería  bien  una  noche  secretamente  traer 
al  Rey  á  la  casa  del  Obispo ,  que  estaba  junto  con 
Sanct  Pedro  Martyr,  é  que  después  de  venido  alli, 
llamarían  á  Pero  López  de  Ayala,  disciéndole  que  el 
Obispo  le  rogaba  que  se  fuese  allá  para  fablar  con 
él,  é  que  allí  lo  aplacarían  de  tal  manera,  que  fuese 
suyo ,  y  que  él  saliese  desde  allí  á  tomar  su  cibdad 
juntamente  con  él.  É  fecho  este  concierto ,  llamaron 
al  Mariscal  Hernando  de  Rívadeneyra,  que  estaba 
en  una  fortaleza  suya,  que  se  dice  Cabdílla,  el  qual 
vino  luego  encubiertamente ,  sin  ser  visto  ni  oydo, 
ni  sabido  ni  conocido ;  é  venido,  fablaron  con  él, 
notificándole  el  caso  para  que  lo  llamaban,  visto 
que  él  era  leal  servidor  del  Rey.  Que  fuese  luego 
por  él  á  Madrid ,  para  que  lo  truxese  á  su  fortaleza, 
é  desde  allí,  quando  fuese  anochecido,  lo  metiese 
en  la  cibdad.  El  Mariscal  aceptó  de  lo  facer,  é  des- 
de allí  se  partió  esa  noche  para  Madrid  ;  donde  lle- 
gado habló  largamente  con  el  Rey,  para  que  luego 
se  fuese  con  él  á  tomar  su  cibdad.  E  quanto  quiera 
que  el  Rey  fué  muy  alegre  de  la  embaxada,  para  su 
partida  ovo  grandes  alteraciones  entre  él  y  aquellos 
señores  que  allí  estaban,  especialmente  el  Arzobis- 
po de  Sevilla  le  desoía  quanto  peligro  era  apartarse 
de  Madrid,  pues  que  sabía  que  Perucho  su  Alcayde 
era  mucho  del  Maestre  Don  Juan  Pacheco  é  del 
Arzobispo  de  Toledo,  é  como  rodeaba  de  dalles  el 
Alcázar  con  todos  los  tesoros.  Finalmente  fué  acor- 
dado que  el  Rey  fuese  solo  con  el  Mariscal  disimula- 


174 


CROI^ÍCAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


damente,  y  que  el  Arzobispo  de  Sevilla  con  los 
Condes  que  allí  estaban  quedasen  en  guarda  de  la 
Villa  é  del  Alcázar  contra  la  traycion  del  Alcayde, 
é  que  si  algo  de  mal  sintiesen ,  que  llamarían  la  ca- 
sa de  Mendoza,  que  vernia  á  socorrellos;  é  que  Juan 
Fernandez  Galindo  con  ducientos  de  á  caballo  se 
fuese  camino  de  Toledo,  para  que  amanesciese  jun- 
to con  las  puertas.  E  llegado  el  Rey  á  Cabdilla,  vino 
allí  un  Secretario  de  Doña  Maria  de  Silva,  para  que 
á  mas  andar  se  viniese  luego  el  Rey  á  la  cibdad, 
porque  Hernán  Hernández,  el  portero,  le  daria  li- 
bremente la  entrada  por  la  puerta  del  Cambrón. 
Estonces  el  Rey  se  partió ,  é  llevó  consigo  al  Maris- 
cal Hernando  de  Rivadeneyra  con  otras  tres  cabal- 
gaduras ,  é  quedó  concertado  que  Pedro  de  Rivade- 
neyra, bijo  del  Mariscal,  dende  á  poco  fuese  en  pos 
de  ellos  con  ochenta  hombres  d'armas,  que  allí  esta- 
ban juntados.  E  como  el  Rey  llegó  á  la  puerta,  fuéle 
dada  sin  detenimiento  ;  pero  yendo  para  el  Mones- 
terio  de  Sanct  Pedro  Martyr,  donde  estaba  junta 
la  casa  del  Obispo,  fué  el  Rey  conocido  por  un 
hombre  del  Mariscal  Payo  de  Ribera,  é  se  lo  fizo 
saber  á  la  mesma  hora.  Estonces  el  Mariscal  Payo, 
como  era  enemigo  é  desleal  servidor  del  Rey,  fue- 
se á  juntar  con  Pero  López  de  Ayala,  que  ninguna 
cosa  de  todo  ello  sabia  ;  los  quales  juntados,  man- 
daron dar  á  la  campana  mayor  de  la  Iglesia  y  á  la 
de  la  Hermandad ,  de  que  todo  el  pueblo  fué  muy 
alterado  é  puesto  en  armas  para  ir  á  combatir  la 
casa  del  obispo  á  donde  el  Rey  estaba.  El  Mariscal 
Hernando  de  Rivadeneyra,  oyendo  el  escándalo  de 
la  gente,  que  asi  venían  derechos  á  combatir  la  ca- 
sa del  Obispo  para  prender  al  Rey,  salió  con  hasta 
cinquenta  hombres,  que  pudo  haber  de  presto,  é 
comenzó  á  pelear  con  los  que  asi  venían  á  prender 
al  Rey;  con  los  quales  peleando,  los  detuvo  una 
gran  pieza,  por  manera,  que  no  pudieron  llegar  á 
combatir  ni  hacer  daño  en  la  casa  del  Obispo.  En- 
tretanto que  asi  estaba  trabada  la  pelea,  Pero  López 
de  Ayala,  como  prudente  caballero,  queriendo  es- 
cusar  los  males  é  daños  que  vio  tan  aparejados ,  di- 
xo  al  Mariscal  Payo  de  Ribera  que  sería  mejor  en- 
viar á  requerir  al  Rey,  que  se  saliese  de  la  cibdad, 
porque  saliéndose  él ,  se  escusarian  muchas  muertes 
é  grandes  inconvenientes,  que  se  podían  recrescer 
de  su  estada.  É  así  ávido  aquello  por  buen  acuerdo, 
enviaron  á  Pero  López  de  Ayala,  y  Alonso  de  Sil- 
va, hijos  de  Pero  López  de  Ayala,  é  á  Pero  Afán  de 
Ribera,  hijo  del  Mariscal  Payo  de  Ribera;  los  qua- 
les entrados  donde  el  Rey  estaba,  le  dixeron,  que 
le  convenia  salirse  luego  de  la  cibdad,  porque  toda 
la  gente  del  pueblo  estaba  muy  alterada  é  puesta 
en  armas  contra  él ,  é  que  su  estada  era  muy  peli- 
grosa para  su  persona  é  para  otros  muchos,  que  se- 
ría necesario  morir  si  no  saliese.  Oyda  su  habla,  el 
Rey  les  respondió  mansamente  sin  alteración  algu- 
na: <¡c  A  los  Reyes  pertenece  evitar  los  escándalos, 
»y  escusar  las  muertes,  porque  son  padres  de  sus 
»reyno8  é  como  tales  han  de  buscar  el  sosiego  é  pro- 
» curar  la  vida  de  sus  súbdditos.  Verdad  es  que  fue- 
))ra  mejor  para  vuestra  lealtad  no  alteraros  contra 


«mí,  pues  sabéis,  é  no  podéis  negar  ser  yo  vuestro 
» verdadero  Rey,  á  quien  aveis  de  obedescer ;  mas 
«queriéndome  conformar  con  la  voluntad  de  Dios, 
«que  le  plasce  que  asi  se  haga,  digo  que  me  plasce 
«de  salir ,  pero  soy  cierto  que  antes  de  muchos  días 
«será  mi  tornada  á  Toledo  con  vuestro  grado  é  amor, 
«aunque  no  de  todos.»  E  dicho  aquesto,  puesto  que 
venia  muy  cansado,  é  muy  fatigadas  las  bestias 
que  aquel  dia  avian  caminado  diez  é  ocho  legnas, 
tomó  su  camino.  E  porque  su  persona  Real  saliese 
segura ,  aquellos  tres  caballeros  salieron  con  él  ca- 
balgando ,  é  envió  á  llamar  al  Mariscal  Hernando 
de  Rivadeneyra ,  para  que  fuese  con  él ;  el  qual  res- 
pondió, que  su  Alteza  se  fuese  en  buen  hora,  por- 
que él  no  entendia  salir  de  la  cibdad  sin  ser  preso 
ó  muerto  por  su  servicio.  E  asi  cargando  toda  la  gen- 
te sobre  él ,  fué  luego  preso  é  llevado  al  Alcázar. 
Quando  llegó  el  Rey  á  la  puerta,  visto  que  sus  bes- 
tias iban  tan  cansadas  que  no  se  podían  moVer,  di- 
xo  á  Pero  Afán  de  Ribera  que  le  emprestase  su  ca- 
ballo en  que  fuese,  el  qual,  pospuesta  la  lealtad, 
como  quien  tenia  raygada  la  traycion  de  su  padre 
en  el  cuerpo ,  sin  vergüenza  ninguna  dixo  que  no 
queria.  ¡  O  vil  corazón  de  caballero  é  mezquina  con- 
dición de  hidalgo,  que  mayor  deleyte  puso  la  esca- 
cesa  en  tus  entrañas ,  que  no  la  nobleza  de  la  vir- 
tud! Desdeñaste  la  gloria  de  la  liberalidad,  por 
quedar  vestido  con  tan  feo  manto  de  mezquino.  Si 
te  presciabas  de  limpia  sangre  ¿  qual  mayor  biena- 
venturanza te  podía  venir,  para  ganar  dulce  fama, 
que  servir  á  tu  Rey  con  un  caballo  en  tiempo  de 
tal  afrenta?  Si  presumías  de  generoso,  ¿qual  mejor 
memoria  podías  dexar  á  tus  hijos,  y  renombre  á  tu 
linaje ,  que  prestar  un  caballo  á  tu  Rey  de  quien 
tantas  mercedes  tu  y  los  de  tu  sangre  aviados  resce- 
bido?  Mas  porque  teníades  dañadas  las  entrañas 
con  veneno  ponzoñoso ,  no  pediste  denegar  tu  ma- 
ligna condición ,  ni  trastornar  el  f ructo  que  nacía 
de  tal  árbol.  Estonces  Pedro  de  Ayala  y  Alonso  de 
Silva,  vista  la  desmesura  de  Perafan  de  Ribera  é  su 
poco  acatamiento,  descabalgaron  de  sus  caballos,  é 
con  grand  reverencia  suplicaron  al  Rey  que  toma- 
se aquellos,  uno  para  su  Real  persona,  y  otro  para 
su  paje  de  lanza  ;  é  asi  á  pié  con  mucho  amor  salie- 
ron con  él  fasta  fuera  de  las  puertas ,  y  se  tomaron. 
¡  O  virtuosos  caballeros  dignos  de  rico  nombre,  que 
vencidos  de  vuestra  propia  nobleza  servistes  á  vues- 
tro Rey  en  tiempo  de  tanta  necesidad !  ¡  O  varones 
merecedores  sin  duda  de  muy  limpia  fama,  que 
quando  el  pueblo  liviano  de  vuestra  patria  denega- 
ba eí  servicio  de  vuestro  Rey,  vosotros  como  leales 
le  pagastes  vuestra  deuda!  ¡Ó  generosos  hijos- dal- 
go ,  que  como  leales  é  buenos  socorristes  á  vuestro 
Rey,  quando  mas  fué  menester,  asi  que  ni  morirá 
vuestra  fama ,  ni  perecerá  vuestra  memoria !  Salido 
el  Rey  de  la  cibdad ,  é  recogida  la  gente  que  avía 
venido  por  su  mandado ,  tornóse  para  Madrid ;  é 
luego  Pero  López  de  Ayala  anduvo  por  la  cibdad 
sosegando  el  pueblo.  E  para  mayor  sosiego  é  con- 
tentamiento de  todos  envió  á  rogar  al  Obispo  do 
Badajoz  que  luego  dentro  de  media  hora  se  saliese 


DON  ENRIQUE  CUARTO 
fuera  de  la  cibdad,  el  qual  sin  tardanza  alguna  sa- 
lió, é  se  fué  á  su  huerta,  que  dicen  del  Rey,  que 
está  cerca  de  la  cibdad,  junta  con  el  rio  de  Tajo. 
Fecho  todo  aquesto ,  la  gente  se  fué  á  desarmar  é 
recoger  á  sus  casas. 


Í7é 


CAPÍTULO  CXI. 

De  como  se  ordenó  la  entrada  del  Rey  en  Toledo,  y  fué  rescebido 
con  macha  fiesta,  é  lo  que  alti  subcedió. 

Desque  Pero  López  de  Ayala  tornó  á  su  casa,  ha- 
lló muy  afligida  é  congoxada  á  Doña  Maria  de  Silva 
su  muger,  en  tanto  grado  que  apenas  podia  fablar, 
así  por  la  salida  del  Rey,  como  por  la  mengua  en 
que  avia  caydo  en  averio  traydo,  para  que  fuese 
echado  con  tanta  mengua,  de  que  Pero  López  de 
Ayala  su  marido  fué  muy  pesante,  porque  la  amaba 
mucho.  Pero  desque  ella  tornó  en  sí,  fabló  con  su 
marido  de  tal  forma,  que  lo  convenció  é  truxo  al 
servicio  del  Rey  muy  enteramente,  en  tanto  grado, 
que  luego  determinó  de  lo  poner  por  obra,  y  dar 
orden  en  levantar  la  cibdad  por  el  Rey,  é  tornarlo  á 
meter  con  mucha  honra.  E  como  él  era  bien  quisto 
de  todo  el  pueblo  fabló  de  secreto  con  aquellos  que 
gobernaban  la  comunidad,  que  eran  ciertos  Jurados 
de  las  Collaciones  principales,  en  tal  manera,  que 
los  provocó,  é  ganó  las  voluntades  para  todo  lo  que 
él  quisiese.  E  asi  atraydos,  luego  otro  dia  siguiente 
envió  á  mandar  al  Mariscal  Payo  de  Ribera,  ó  á 
Perafan  de  Ribera  su  hijo,  é  á  todos  sus  adherentes 
que  luego  sin  detenimiento  saliesen  de  la  cibdad, 
cuyo  mandado  fué  luego  obedescido  sin  excusación 
alguna,  é  salieron  prestamente  sin  dilatar  una  hora. 
Esto  fué  cosa  de  grand  maravilla,  obrada  por  mano 
de  Dios,  que  dentro  de  cinco  di  as  que  salió  el  Rey 
de  la  cibdad  con  tanto  menosprecio  del  pueblo, 
todos  con  una  conformidad  tornaron  con  mucho 
amor  al  servicio  del  Rey,  en  tanto  grado,  que  nin- 
gún apellido  avia  por  toda  la  cibdad,  sino  viva  el 
Rey  Don  Enrique,  é  mueran  los  traydores.  Estonces 
Pero  López  de  Ayala  é  Doña  Maria  de  Silva  su 
muger  escribieron  al  Rey  que  viniese  á  tomar  su 
cibdad;  y  entretanto  que  atendía  su  venida,  mandó 
soltar  al  Mariscal  Hernando  de  Rivadeneyra,  que 
estaba  preso  en  una  torre  del  Alcázar.  E  asi  Pero 
López  y  él  anduvieron  cabalgando  por  la  cibdad 
con  mucha  gente  de  á  caballo  é  peonage;  é  tomó  á 
BU  mano,  no  solamente  la  fortaleza,  mas  todas  las 
torres  de  las  puertas,  é  puso  en  todo  alcaydes.  E 
luego  otro  dia  siguiente,  Domingo  por  la  mañana, 
entró  el  Rey  á  comer  en  la  cibdad,  donde  fué  res- 
cebido con  grand  solenidad  é  fiesta,  ó  fuese  á  posar 
á  las  casas  de  Pero  López  de  Ayala,  por  ver  á  Doña 
Maria  de  Silva,  y  regraciarle  la  lealtad  é  tan  seña- 
lado é  grand  servicio,  como  le  había  fecho,  la  qual 
se  holgó  mucho.  E  luego  mandó  el  Rey  que  el  Obis- 
po de  Badajoz  so  tomase  á  la  cibdad. 


CAPITULO  CXII. 


De  como  cierta  gente  de  la  cibdad  alborotadamente  vinieron  á 
pedir  al  Rey  una  exención  é  merced  nneva. 


Los  pueblos  ignorantes  donde  mora  continamen- 
te la  malicia,  siempre  son  escandalosos  enemigos 
del  sosiego,  desean  novedades,  huélganse  con  los 
boUicios,  ensalzan  los  malos,  é  aborrecen  los  bue- 
nos. Así  fué  que  alguna  gente  común  de  la  cibdad, 
mas  con  liviandad  de  poco  seso  que  conocimiento 
de  la  razón,  después  que  ovieron  comido,  hallándo- 
se mas  llenos  de  vino  que  de  prudencia,  por  induci- 
miento de  otros  tales  como  ellos,  aquel  domingo  se 
juntaron  hasta  dos  mil  hombres;  é  asi  juntados,  vi- 
nieron á  las  casas  de  Pero  López  de  Ayala,  donde 
el  Rey  estaba,  dando  grandes  voces  é  disciendo  que 
querían  ver  al  Rey,  para  pedirle  cierta  franqueza, 
asi  de  las  alcabalas  como  de  las  otras  cosas,  de  que 
la  cibdad  de  Toledo  era  esenta  é  previllegiada  é  que 
aquella  convenia  que  su  Alteza  les  diese  é  confir- 
mase. E  quanto  quiera  que  el  Rey  mandó  á  ciertos 
caballeros  é  personas  de  su  Consejo  que  saliesen  á 
hablar  con  ellos  é  de  su  parte  les  dixesen  que  le 
plascia  de  les  hacer  las  mercedes  que  demandaban, 
mas  que  convenia  entender  en  ello  para  dar  la  orden 
y  forma  que  era  necesaria,  ellos  jamas  quisieron 
apartarse  de  allí,  antes  todavía  insistieron  que  que- 
rían ver  la  cara  del  Rey,  para  que  él  en  persona 
gelo  otorgase,  é  firmase,  de  tal  manera,  que  el  Rey 
por  contentarlos  salió  á  los  corredores  é  les  dixo 
que  subiesen  dos  ó  tres  de  ellos  á  hablar  con  él.  E 
subidos  aquellos  que  eran  cabsadores  del  bollicio, 
diéronle  una  escritura  mas  vana  que  provechosa, 
para  lo  que  así  demandaban;  la  qual  el  Rey  les  fir- 
mó liberalmente,  é  firmada  les  dixo  que  se  volvie- 
sen á  sus  casas,  que  otro  dia  les  mandaría  dar  todo 
el  despacho  que  para  ello  avian  menester,  los  quft- 
les  se  fueron.  E  no  contentos  de  aquello,  otro  dia 
siguiente,  lunes,  sin  templanza  alguna  tornaron  á 
su  bollicio,  disciendo  que  lo  firmado  por  su  Alteza 
no  estaba  bien  ordenado;  que  les  firmase  otra  escri- 
tura que  allí  traían.  Estonces  Pero  López  de  Ayala 
é  sus  hijos,  y  el  Mariscal  Hernando  de  Rivadeneyra 
cabalgaron  con  grand  gente  armada,  y  tomados  los 
alcaldes  y  alguaciles,  entraron  por  ellos,  tropellán- 
dolos  de  tal  guisa,  que  presos  algunos  de  los  albo- 
rotadores, unos  fueron  ahorcados,  y  otros  desoreja- 
dos, é  otros  azotados.  E  asi  viéndose  desbaratados, 
fueron  huyendo  cada  qual  á  su  casa,  en  tal  manera 
que  la  cibdad  fué  luego  puesta  en  mucho  sosiego 
sin  alteración  alguna.  Pero  porque  el  Abad  de  Me- 
dina estaba  rebelado  en  la  torre  de  la  Iglesia  Mayor 
con  algunos  Canónigos  de  parte  del  Arzobispo  de 
Toledo,  mandó  el  Rey  poner  estancias  sobre  él,  é 
puestas,  luego  el  Abad  de  Medina  demandó  seguro 
de  la  vida  para  sí  é  para  los  que  con  él  estaban;  é 
dada  la  seguridad,  entregó  la  torre,  é  la  Iglesia 
quedó  desencastillada,  en  tal  manera,  que  toda  la 
cibdad  quedó  muy  llana  y  enteramente  al  servicio 
del  Rey,  Fecho  aquesto  el  Rey  mandó  Ilamsr  á  los 


176 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Regidores  é  Jurados  é  caballeros  é  gente  principal; 
los  quales  convenidos  delante  de  su  Real  presencia, 
dixo  á  Pero  López  de  Ayala:  «Poco  aprovecharía  la 
«lealtad,  si  á  los  que  la  hacen  no  se  respondiese  con 
»el  galardón  de  su  merescimiento;  porque  asi  como 
«es  justa  razón  que  los  tray dores  sean  destruidos 
«en  la  fama  y  en  sus  estados  é  bienes  temporales 
«fasta  en  la  quarta  generación,  así  es  debida  cosa, 
«según  Dios  é  verdad,  que  sean  los  leales  galardo- 
«nados  para  siempre  en  lo  uno  y  en  lo  ál.  E  pues 
«vos,  Pero  López  de  Ayala,  tan  alto  servicio  de 
«lealtad  me  aveis  fecho  como  éste  en  restituirme 
«mi  cibdad  usurpada  por  los  desleales  tiranos  que 
«yo  fice  é  crié,  es  necesario  que  no  solamente  yo 
«responda  á  vuestra  lealtad  é  persona  con  honras  é 
«con  mercedes  é  acrecentamiento  de  estado,  mas  al 
«Obispo  de  Badajoz  é  á  Doña  Maria  de  Silva  vues- 
«tra  muger,  que  con  tan  leales  entrañas  comenza- 
«ron  é  se  movieron  á  me  servir.  Ni  tampoco  és  de 
«olvidar  la  leal  nobleza  que  vuestros  hijos  Pedro 
«de  Ayala  é  Alonso  de  Silva  hicieron  á  la  media 
«noche  el  lunes,  quando  yo  salí  de  esta  cibdad,  que 
«con*  tan  grand  amor  me  dieron  sus  caballos  en  que 
«fuese,  como  hijos  de  quien  eran.  E  porque  tales  ser- 
«vicios  tan  señalados  no  queden  sin  pago,  es  mi  mer- 
«ced,  que  en  señal  é  comienzo  de  lo  que  facer  en- 
«tiendo  con  vos  é  con  ellos,  que  la  guarda  é  gober- 
« nación  de  aquesta  cibdad  quede  y  esté  á  vuestro 
«mandado  y  querer  como  caballero  prudente,  para 
«que  asi  como  leal  me  la  distes,  con  lealtad  é  discre- 
«cion  la  rijáis  é  gobernéis;  é  mando  á  todos  los  que 
«presentes  están,  é  á  todos  los  otros  vecinos  é  mora- 
« dores  de  ella,  que  vos  obedezcan  y  acaten  como  á 
«mi  mesma  persona  sin  contradicción  algunaf«  E 
dicho  aquesto,  mandóle  dar  asaz  poderes,  é  dados, 
acordó  de  partirse  luego,  é  otro  dia  siguiente  se 
tornó  para  Madrid.  Donde  llegado,  mandó  que  yo 
como  Coronista,  á  quien  pertenescia  loar  la  lealtad 
é  vituperar  la  traycion,  escribiese  á  los  de  Toledo  la 
carta  siguiente,  loando  el  leal  servicio  que  le  avian 
fecho  :  «Tanto  son  los  buenos  merescedores  de  ala- 
«banzas,  quanto  sus  hechos  y  obras  son  conformes 
ȇ  la  virtud.  E  tanto  aquellos  deben  ser  estimados 
«mas,  quanto  el  fin  por  que  se  mueven  es  de  mayor 
«perfecion.  De  donde  se  sigue  que  á  los  verdaderos 
«vasallos  su  propia  voluntad  los  despierta,  á  los 
«animosos  hidalgos  su  generoso  é  noble  deseo,  é  los 
«famosos  caballeros  pelean  por  la  verdad  en  tal 
«manera,  que  todos  conformados  en  uno,  siguiendo 
«el  justo  camino,  desechando  de  sí  los  yerros,  bus- 
«cando  claro  renombre,  desviando  de  sí  las  culpas,  y 
«queriendo  aver  corona,  ponen  la  lealtad  por  espejo. 
«De  tal  guisa,  que  vestidos  de  nuevos  renombres  ga- 
»nan  para  sí  mesmos  limpieza,  combidan  á  los  que 
«miran,  é  llaman  á  los  oyentes,  é  aquesto  no  sin  cab- 
«sa:  ca  los  actos  de  la  bondad  no  solamente  consis- 
«ten  y  están  en  el  solo  bien  obrar,  mas  en  la  sana 
«voluntad  con  que  se  hacen,  é  de  si  mesmos  son  pro- 
«vechosos.  Porque  según  la  verdadera  conclusión, 
«la  bienaventuranza  do  los  humanos  tanto  está  en 
«avudar  á  los  próximos,  quanto  en  aprovechar  á  sí 


«mesmos.  Lo  qual  aprobando  TuHo  Cicero  en  su  li- 
«bro  de  los  Oficios  dice:  ¿quál  mayor  bienandanza 
«podría  venir  á  ninguno,  salvo  ser  nacido  para  de- 
«fender  é  ayudar  á  los  hombres?  como  sea  cierta 
«cosa  que  todos  en  general  son  mejores  para  sí  mes- 
«mos  que  buenos  para  los  otros.  Aquesto,  pues,  ago- 
»ra  sin  dubda,  señores  eclesiásticos,  6  nobles  caba- 
«Ueros  é  pueblos  virtuosos,  bien  se  ha  mostrado  por 
«experiencia  en  vosotros,  que  conosciendo  el  yerro 
«disforme  en  que  avíades  caydo,  alumbrados  de  res- 
»  plandor  divinal,  temiendo  su  potencia,  rescelandt) 
»  el  rigor  de  su  justicia,  é  saneando  vuestras  cons- 
w  ciencias,  quisistes  con  entera  lealtad  de  subditos  é 
«naturales,  con  verdadera  fidelidad  de  vasallos  res- 
«tituir  al  Rey  su  cibdad,  é  á  vosotros  tan  en  limpia 
«fama  tornando  á  él  lo  suyo,  é  á  vosotros  vuestra 
«limpieza;  á  él  en  su  señorío,  é  á  vosotros  en  vuestra 
«honra.  ¿Qué  podremos  pues  descir  de  lo  tal,  siao 
»  que  convencidos  de  la  verdad,  é  celando  el  bien  de 
«la  patria,  desechastes  las  tinieblas  que  tenían  ce- 
«gados  vuestros  entendimientos,  y  cobrastes  el  res- 
« plandor  de  la  vuestra  claridad  antigua;  trocastes 
«la  fealdad  por  el  buen  nombre,  la  enfermedad  por 
«la  salud,  el  escándalo  por  el  sosiego,  y  el  temor 
«por  la  seguridad?  ¡O  bienaventurada  gente,  pueblo 
«diño  de  gloria,  nación  merescedora  de  renombre! 
«  que  mudando  el  feo  apellido  cabsado  por  los  rebel- 
«des,  é  quitando  la  infamia  que  los  tiranos  vos  pu- 
«sieron,  con  tan  leal  obediencia  quisistes  trocar  lo 
«uno  en  loable  memoria,  y  lo  ál  en  perpetua  fama. 
»E  así  manifestada  su  maldad,  é  conocida  vuestra 
«virtud,  fué  descubierta  su  tiranía  é  «publicada 
«vuestra  obediencia;  por  donde  quedastes  vosotros 
«inmortalmente  famosos,  y  ellos  sin  recurso  para 
«siempre  denostados.  E  pues  vos  así  vos  rodeastes 
«de  tan  alto  merescimiento,  é  cefiistes  de  tan  alto 
«valor,  justa  cosa  es  que  voléis  en  el  mundo  por  in- 
» mortal  fama,  y  en  los  siglos  venideros  por  memo- 
wria  perdurable.  E  digamos  por  vosotros  aquello 
»  del  Profeta  Isaías,  que  dice:  ¿Quién  son  aquellos 
«que  vuelan  como  nubes,  é  así  como  palomas  están 
«á  sus  ventanas?  Sin  dubda.  Señores,  si  bien  queréis 
«considerar  vuestro  piadoso  servicio,  y  en  ello  con- 
» templar  vos  pluguiere,  hallareis  que  no  solamente 
Bservistes  á  vuestro  Señor  é  Rey  natural,  mas  si  con 
«ojos  espirituales  lo  miráis,  en  la  cabsa  de  Dios  y 
«en  el  bien  de  su  fe  sagrada  mucho  edificastes,  no 
«solamente  como  subditos  de  vuestro  Rey,  mas  como 
«varones  devotos  é  cathólicos  christianos;  porque 
«si  en  dar  al  Rey  lo  suyo  por  ventura  vos  dilatára- 
«des,  y  vuestro  grand  conocimiento,  como  privado 
«de  la  razón  se  detuviera,  para  no  executar  lo  que 
«hizo,  sabida  cosa  es  que  ni  á  los  rudos  quedara 
«creencia,  ni  á  los  buenos  esperanza,  ni  los  malos 
«ovieran  miedo,  ni  los  justos  osadía,  ni  tos  simples 
))tubieran  ley,  ni  los  sabios  que  descir.  E  no  sola- 
» mente  aquesto,  mas  aun  osaran  decir  y  afirmar  que 
«el  poderío  de  Dios  daba  favor  á  los  perversos; 
«porque  ya  su  malvada  secta  prosperaba  sin  contra- 
«diccion,  su  crueldad  tenia  mando,  su  falsa  preva- 
«ricacion  licencia  de  texer  maldades;  y  asi  fuera 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


177 


«nuestra  España  tornada  Babilonia,  cueva  de  ladro- 
»nes  y  cabana  de  maleficios,  ¡O  gloriosos  caballeros, 
Bvirtuosos  hijos-dalgo,  señalados  cibdadanos!  ¿con 
»  qué  gracias  y  loores,  con  qué  amor  y  graciosidad 
«podremos  regraciar  vuestra  virtud  é  galardonar 
«tan  gi-and  servicio?  ¿Qnál  paga  será  condigna,  ó 
«quál  retribución  igual,  que  á  nosotros  saque  de 
ndebda,  é  á  vosotros  dexe  contentos?  ¡O  hijos  de 
«bendición,  padres  de  grand  nombradia,  que  con 
«sólo  hacer  lo  que  debíades,  tamaño  bien  nos  hicis- 
fttes!  Vosotros  nos  restaurastes;  á  vosotros  somos 
«obligados;  vosotros  liberalmente  nos  redimistes;  á 
«vosotros  somos  en  cargo;  vosotros  fuistes  principio 
«de  tornar  la  libertad  en  su  ser;  á  vosotros  somos 
«debdores,  que  osastes  hacer  justicia,  é  trocar  guer- 
«ra  con  mengua  por  paz  muy  honrada.  Al  tino  de 
«vuestra  lumbre  verán  los  descaminados,  al  tono  de 
«vuestro  canto  responderán  los  gentios,  al  son  de 
«vuestras  trompetas  baylarán  todoe  los  pueblos; 
«porque  sea  cumplido  en  vosotros  aquello  de  los 
«Proverbios,  que  dice:  «En  la  bondad  de  los  justos 
«se  alegran  las  cibdades. »  Pues  si  vosotros,  Señores, 
«guia  de  nuestro  favor,  y  favor  de  nuestra  verdad, 
«sois  las  lumbreras  relucientes',  de  quien  así  résci- 
«bimos  tan  grand  claridad,  fuentes  de  lios  cabdales 
«de  donde  tal  dulzura  nos  mana,  y  doctrina  exce- 
» lente  de  quien  lealtad  deprendemos,  suban  vuestros 
n  gritos  al  cielo,  cerquen  los  pregones  la  tierra,  den 
«apellido  las  lenguas,  fagan  clamor  las  gargantas, 
«  vaya  vuestra  voz  por  el  Reyno,  é  suene  por  todos 
« los  pueblos.  Requiera  á  los  rebelados  que  se  tornen, 
»á  los  desleales  que  paguen  sus  debdas ;  á  nnos 
«que  sean  constantes,  é  á  otros  que  tengan  firmeza; 
«que  dexar  de  convertir  á  los  errados,  é  cesar  de  ha- 
«Idar  donde  conviene,  quasi  confusión  de  idolatría 
Ȏ  pecado  de  menosprecio  parece;  ca  escrito  es:  No 
«detengas  la  palabra  en  el  tiempo  de  la  salud,  ni 
«ascondasel  saber  de  su  propio  resplandor.  Por  ende, 
»)  Señores,  pues  que  vuestra  lealtad  con  grand  certi- 
«dumbre  se  prueba,  y  con  tanta  verdad  se  conosce, 
«tanto  vos  certifico  que  será  para  siempre  espejo 
«para  los  buenos  é  castigo  para  los  malos,  en  tanto 
«grado,  que  ninguno  lo  contradiga  sin  cargo,  ni  lo 
«menosprecie  sin  vergüenza. «  Leida  esta  carta,  to- 
dos muy  alegres  respondieron,  que  daban  muchas 
gracias  á  Dios  porque  les  avia  alumbrado  para  des 
echar  las  tiniebras  de  la  traycion  y  venir  á  la  luz 
de  la  lealtad. 

CAPÍTULO  CXIII. 

Como  el  Rey  certificado  de  la  traycion  de  Pernclio  le  quitó  el  Al- 
cázar, é  le  prendió,  é  después  se  ovo  piadosamente  con  él. 

Tomado  el  Rey  á  Madrid,  fué  certificado  como 
Perucho  tenía  concertado  de  dar  el  Alcázar  al  Maes- 
tre Don  Juan  Pacheco,  y  al  Arzobispo  de  Toledo;  é 
sabido,  fué  una  tarde  para  entrar  en  el  Alcázar,  y 
como  el  portero  que  guardaba  la  puerta,  estaba  ino- 
cente de  la  traycion  de  su  amo,  abrió  la  puerta  sin 
consultallo  con  él,  de  que  Perucho  fué  muy  altera- 
do, é  con  soberbia  muy  deshonesta  deshonró  al  por- 
Cr.— III. 


tero  porque  le  avia  dexado  entrar.  E  no  solamente 
aquesto,  mas  con  la  persona  del  Rey  se  puso  en  al- 
guna manera  riguroso  con  armas  en  las  manos.  E 
como  el  Rey  vio  que  ya  se  iba  del  todo  descubriendo 
su  maldad,  hablóle  benignamente  por  aplacallo,  ó 
determinó  de  no  salir  del  Alcázar  hasta  quitárselo, 
porque  su  traycion  no  oviese  efecto  ni  pudiese  aver 
lugar  de  cumplirse.  E  como  ya  lo  amansó  un  poco, 
díxole:  «Perucho,  yo  quiero  aposentarme  en  mi  Al- 
» cazar,  porque  es  cosa  deshonesta  que  j'o  pose  en 
«casa  agena,  teniendo  tal  aposentamiento  como  éste 
«y  es  vergüenza  mía  é  vuestra.  Por  ende  mi  deter- 
»  minada  voluntad  es  de  haceros  mercedes,  é  señala- 
«daraente  vos  dó  la  villa  deSanct  Martin  de  Valde- 
» Iglesias,  para  que  por  vuestra  vida  seáis  Señor 
«della  é  viváis  en  reposo  con  honra;  por  eso  haced 
«luego  escre.bir  el  previllejo,  para  que  lo  firme,  y 
«enviad  luego  á  tomar  la  posesión  de  ella,  é  dexad 
«mi  fortaleza. «  Estonces  Perucho,  visto  que  su  da- 
ñado propósito  no  se  podia  cumplir,  intentó  de  poner 
las  manos  en  el  Rey,  si  los  suyos  fueran  traydores 
como  él  y  le  ayudaran;  pero  plugo  á  Dios  nuestro 
Señor  en  cuya  mano  está  la  vida  y  estado  de  los 
Reyes,  que  no  se  cumplió  su  dañado  y  maligno  de- 
seo. Luego  el  Rey,  vista  su  púbica  traycion,  mandó 
á  Juan  Guillen  que  lo  prendiese,  é  preso,  puso  por 
su  Alcaydc  al  Comendador  Juan  Hernández  Galin- 
do,  au  leal  servidor  é  fiel  Capitán  General.  E  puesto 
que  el  Rey  justamente  pudiera  mandar  justiciar  á 
Perucho,  así  por  público  traydor  y  vendedor  de  su 
Alcázar  é  tesoros  á  los  enemigos  desleales,  como 
porque  intentó  poner  las  manos  en  su  Real  persona 
y  darle  pena  y  castigo,  la  que  á  los  tales  quieren  las 
leyes  divinas  é  humanas  que  se  den,  fué  tanta  su 
clemencia  é  tan  grande  su  beninidad,  que  dende  á 
pocos  días,  soltado  Perucho  de  las  prisiones,  vino 
delante  su  Real  presencia,  demandándole  misericor- 
dia é  perdón  de  sus  culpas.  Estonces  el  Rey,  vuelta 
la  cara  acia  los  que  estaban  delante  del,  dixo:  «Ma- 
«yor  fué  la  maldad  de  Judas,  que  vendió  á  nuestro 
«Señor  é  Salvador,  é  si  hiciera  lo  que  éste  ahora 
«hace,  lo  perdonara  y  oviera  piedad  del;  é  así  es 
«justa  razón  que  yo  así  lo  haga;  porque  á  los  Reyes 
«pertenesce  seguir  las  pisadas  de  aquel  que  nos  re- 
«dimió,  y  en  su  nombre  reynamos  en  la  tierra.  Por 
«eso,  Perucho,  porque  Dios  perdone  mi  ánima  quan- 
»do  de  esta  vida  partiere,  yo  vos  perdono  de  buen 
«grado:  idvos  en  buen  hora  para  vuestra  tierra,  é  si 
«no  tenéis  con  que  vos  podáis  ir,  yo  mando  que  vos 
«den  lo  que  ayais  menester.»  E  mandólo  luego  sol- 
tar, é  se  fué.  ¡O  gran  mananímidad  de  Rey  que  ol- 
vidando los  yerros  contra  él  cometidos,  y  no  acor- 
dándose de  las  injurias  que  los  traydores  le  dixeron 
ni  curando  de  los  falsos  testimonios  y  trayciones 
que  sus  criados  le  pusieron  y  le  hicieron  siempre,  le 
plugo  mas  el  perdón  que  la  venganza,  mas  la  cle- 
mencia que  la  crueldad,  mas  la  piedad  que  el  rigor! 
Nunca  se  deleytó  de  matar,  ni  le  plugo  de  destruir 
á  ninguno. 


n 


178 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPÍTULO  CXIV. 


Como  el  Príncipe  Don  Alonso,  Rey  que  se  descia ,  murió  de  pes- 
tilencia en  Cardeñosa  cerca  de  Avila. 

Entretanto  que  aquestas  cosas  pasaban  y  subce- 
dian ,  é  Dios  peleaba  por  el  Rey,  mostrando  su  ver- 
dad é  descubriendo  la  traycion  de  los  tiranos ,  por- 
que los  pueblos  conosciesen  los  yerros  manifiestos 
de  aquellos  é  dexasen  de  seguillos,  subcedió  que  el 
Principe  Don  Alonso ,  Rey  que  se  descia,  é  los  des- 
leales caballeros  é  perlados  que  con  él  estaban  en 
Arévalo,  como  supieron  la  nueva  de  Toledo,  que  se 
avia  alzado  por  el  Rey,  y  que  estaba  pacíficamente 
á  su  servicio,  fueron  muy  pesantes,  no  tanto  por  la 
pérdida  de  tan  señalada  cibdad ,  mas  porque  veian 
que  su  maldad  se  iba  descubriendo  y  les  daban  po- 
co crédito.  E  asi  acordaron  de  partirse  de  allí  para 
la  cibdad  de  Avila,  disciendo  que  iban  acercará 
Toledo.  Asi  fué  que  acaesció  que  en  este  tiempo 
por  todas  aquellas  tierras  é  comarcas ,  por  donde 
iban ,  avia  grand  pestilencia ;  é  desque  llegaron 
una  noche  á  una  aldea,  que  se  dice  Cardeñosa,  que 
está  dos  leguas  de  Avila,  el  Príncipe  se  sintió  malo 
de  una  seca ,  en  tanto  grado ,  que  luego  parescieron 
en  él  señales  de  muerte,  en  tal  manera,  que  no  lo 
pTidieron  sacar  de  allí ;  donde  estuvo  por  espacio  de 
quatro  dias,  cada  dia  mas  aquexado,  hasta  que  al 
quinto  dia  f  allesció ,  martes  en  la  noche ,  á  cinco 
dias  del  mes  de  Julio,  año  del  nascimiento  do  nues- 
tro Salvador  Jesu-Christo  de  mil  é  quatrocientos  é 
sesenta  é  ocho  años.  Pero  fué  cosa  de  grand  mara- 
villa que  tres  dias  antes  que  muriese,  fué  divulga- 
da su  muerte  por  todo  el  Reyno,  de  que  todos  los 
perlados  é  caballeros  que  lo  seguían,  fueron  muy 
tristes  é  temerosos.  E  luego  enviaron  al  Príncipe  á 
la  villa  de  Arévalo  al  Monesterio  de  Sanct  Francis- 
co ,  donde  fué  sepultado.  Estonces  los  perlados  é 
caballeros  que  allí  se  hallaron  tomaron  á  la  Infan- 
ta Doña  Isabel ,  é  f  uéronse  á  mas  andar  con  ella  á 
la  cibdad  de  Avila,  donde  se  pusieron  grandes  guar- 
das por  todas  las  partes. 

CAPÍTULO  CXV. 

Como  el  Rey  envió  á  requerir  á  los  caballeros  é  perlados  que  es- 
taban en  Avila,  que  viniesen  á  su  obediencia. 

Luego  que  la  muerte  del  Príncipe  Don  Alonso 
fué  sabida,  el  Arzobispo  do  Sevilla  é  los  Condes  de 
Plasencia  é  de  Benavente  é  de  Miranda  con  los  otros 
caballeros  que  en  Madrid  estaban,  tornaron  á  jurar 
é  obedescer  al  Rey  por  su  señor.  E  asi  jurado  é  obe- 
descido,  fué  acordado  que  su  Alteza  con  sus  cartas 
patentes  enviase  á  mandar  é  á  requerir  á  los  perla- 
dos é  caballeros  que  estaban  en  Avila  con  la  Infan- 
ta su  hermana  que  viniesen  á  su  obediencia;  para  lo 
qual  envió  al  Doctor  Garci  López  de  Madrid,  é  á 
Rodrigo  de  UUoa,  y  al  Licenciado  Antón  Nufiez  de 
Cibdad  Rodrigo,  todos  tres  del  su  Consejo.  Los 
quales  llegados  á  la  cibdad  de  Avila,  y  hecho  su 
requiriraiento,  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  res- 
pondió en  nombre  de  todos  que  ellos  enviarían  en  su 


nombre  á  su  Alteza  tal  persona  de  abtoridad  é  de 
estado,  que  tratase  entre  ellos;  de  tal  forma,  que 
las  cosas  viniesen  á  bien  de  paz  é  concordia.  E  asi 
despedidos  los  mensageros ,  escribieron  luego  al 
Arzobispo  de  Sevilla,  rogándole  quisiese  llegar 
donde  ellos  estaban  en  Avila ,  para  que  por  su  ma- 
no se  contratase  é  concluyese  la  paz  é  concordia. 
Luego  que  el  Arzobispo  rescibió  su  carta,  con  li- 
cencia del  Rey  se  partió  é  fué  para  Avila ;  donde 
llegado ,  le  dixeron  como  en  nombre  de  todos  ellos 
avia  de  suplicar  al  Rey,  que  jurase  á  la  Infanta  Do- 
ña Isabel  su  hermana  por  Princesa  heredera,  é  que 
luego  todos  irian  con  ella  juntamente  á  le  besar  las 
manos ,  é  obedescer  por  su  Rey  ;  é  de  aquí  enco- 
menzaron  los  tratos.  En  aqueste  mismo  tiempo  se 
alzó  la  cibdad  de  Burgos  por  el  Rey  á  cabsa  de  Don 
Pedro  de  Velasco  que  allí  estaba ,  y  enviaron  sus 
mensageros  con  la  obediencia.  Entretanto  que  pen- 
dían los  tratos,  vinieron  el  Marqués  de  Santillana 
y  el  Obispo  de  Sigüenza  con  sus  hermanos  á  hacer 
reverencia  al  Rey ;  porque  asi  como  en  las  adversi- 
dades lo  avian  servido  bien  é  fielmente,  en  la  pros- 
peridad se  gozasen  con  él.  Los  quales  fueron  muy 
bien  rescibidoB  con  asaz  honra  ;  porque  el  Rey  con 
los  grandes  de  su  Corte  los  salió  á  rescebir,  é  mos- 
tró grand  plascer  con  su  venida,  como  era  razón. 

CAPÍTULO  CXVI. 

Como  venido  el  Arzobispo  de  Sevilla  con  el  trato  de  los  perlados 
y  caballeros  de  Avila,  el  Marqués  de  Santillana  é  sus  hermanos 
se  partieron  muy  descontentos  de  la  Corte,  porque  sintieron 
que  el  Rey  queria  jurar  á  la  Infanta  su  hermana  por  Princesa. 

Pasados  algunos  dias  después  que  el  Marqués  de 
Santillana,  y  el  Obispo  de  Sigüenza  é  sus  hennanos 
fueron  venidos  á  la  Corte,  vino  el  Arzobispo  de  Se- 
villa con  el  trato  de  los  perlados  é  caballeros,  que 
estaban  en  ^vila ,  en  que  la  suplicaban  que  pues  el 
Príncipe  Don  Alonso  su  hermano  era  fallescido, 
quisiese  en  lugar  de  él  jurar  Princesa  heredera  y 
Bucesora  de  los  Reynos  después  de  sus  dias  á  la  In- 
fanta Doña  Isabel,  su  hermana.  E  puesto  que  aque- 
llo fuese  muy  molesta  cosa  para  el  Rey,  porque 
era  contra  su  voluntad,  como  ya  estaba  harto  de 
muchas  congojas  é  de  poco  reposo,  según  su  condi- 
ción, é  tenia  grand  gana  de  tornar  á  su  servicio  al 
Maestre  Don  Juan  Pacheco ,  para  tener  algún  des- 
canso é  reposo ,  pensando  que  de  esta  manera  lo 
ternia,  sin  consultar  cosa  alguna  de  ello  con  los 
Mendozas,  aceptó  de  lo  hacer;  de  que  el  Marqués 
de  Santillana  y  el  Obispo  de  Sigüenza  é  los  otros  sus 
hermanos  fueron  muy  descontentos ,  asi  por  la  men- 
gua del  Rey,  como  por  la  perdición  de  su  hija ,  que 
ellos  tenían  en  rehenes  ;  é  ansí ,  en  son  do  muy  eno- 
jados, se  partieron  de  Madrid  para  Guadalaxara. 

CAPÍTULO  CXVII. 

De  como  la  Reyna  Doña  Juana,  que  estaba  en  Alabejos  en  poder 
del  Arzobispo  de  Sevilla,  se  soltó  de  la  Fortaleza,  y  se  fué  :'i 
Buy  trago  donde  estaba  su  hija. 

Entretanto  que  asi  estos  tratos  pendían ,  la  Roy- 
na  Doña  Juana,  que  contra  su  grado  la  avian  lie- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


179 


vado  á  la  fortaleza  de  Alahejos  en  poder  del  Arzo- 
bispo de  Sevilla,  estaba  muy  descpntenta  por  verse 
puesta  debaxo  su  mano ,  é  hizo  ci^to  trato  con  al- 
gunos del  Alcayde  para  que  una  noche  se  descolga- 
se por  los  adarbes.  E  dada  la  orden  de  como  se  avia 
de  hacer,  vino  Luis  Hurtado,  hijo  de  Rui  Diaz  de 
Mendoza,  á  cierta  hora  diputada  para  esto ,  y  pues- 
to secretamente  al  pié  de  la  fortaleza ,  la  Reyna  se 
descolgó  en  un  cesto ;  é  como  la  soga  con  que  la 
descolgaban  era  corta,  que  no  alcanzó  hasta  el  sue- 
lo, los  que  la  descendían,  pensando  que  ya  estaba 
en  el  suelo ,  soltaron  la  soga,  y  cayó  en  tierra  ;  por 
manera ,  que  se  lijó  un  poco  en  la  cara  y  en  la  pier- 
na derecha.  Pero  luego  que  asi  cayó,  fué  arrebata- 
da, é  puesta  en  las  ancas  de  la  muía  de  Luis  Hur- 
tado ;  é  asi  á  mas  andar  sin  parar,  se  vino  con  ella 
hasta  la  villa  de  Buytrago ,  donde  estaba  su  hija. 
Sabido  aquesto  por  el  Arzobispo  de  Sevilla,  ovo 
tanto  sentimiento,  que  dio  grand  priesa  en  los  tra- 
tos, é  fué  concluido  que  todavía  el  Rey  mandase 
jurar  á  su  hermana ,  para  lo  qual  fueron  acordadas 
las  vistas  entre  Cebreros  y  Cadahalso,  á  la  venta  de 
los  Toros  de  Guisando  ;  é  desde  allí  en  adelante  el 
Arzohispo  de  Sevijla  fué  tan  enemigo  de  la  Reyna, 
que  siempre  trabajó  por  destruilla. 

CAPÍTULO  CXVIIL 

De  como  la  Infanta  Doña  Isabel  fué  jurada  por  Princesa  y  los 
perlados  é  caballeros  desleales  se  vinieron  con  ella  á  obedien- 
cia del  Rey. 

Después  que  la  contratación  fué  concluida,  fir- 
mada é  sellada  entre  el  Rey  é  la  Infanta  é  los  per- 
lados ó  caballeros  que  la  seguían,  para  que  fuese 
jurada  y  obedescida  por  Princesa,  el  Rey  se  partió 
de  Madrid  para  Cadahalso,  y  fueron  con  él  el  Ar- 
zobispo de  Sevilla,  é  los  Condes  de  Plasencia  é  Be- 
navente  é  Miranda ,  é  los  otros  de  su  Consejo  é  ca- 
balleros de  la  Corte  ;  y  la  Infanta  Doña  Isabel  se 
partió  de  Avila  para  Cebreros ,  é  fueron  con  ella  el 
Maestre  Don  Juan  Pacheco,  é  Don  Alonso  Carrillo, 
Arzobispo  de  Toledo ,  é  Don  Luis  Acuña ,  Obispo  de 
Burgos,  Don  Iñigo  Manrique ,  Obispo  de  Coria  con 
los  otros  caballeros  é  gentes  que  la  seguían.  E  asi 
venidos,  otro  dia  siguiente  lunes  de  mañana,  que 
ee  contaron  diez  é  nueve  dias  del  mes  de  Septiem- 
bre, año  de  nuestro  Salvador  Jesu-Christo  de  mil 
é  quatrocientos  é  sesenta  é  ocho  años,  el  Rey  con 
los  perlados  é  caballeros  que  le  acompañaban,  salió 
al  campo  cerca  de  la  venta  de  los  Toros  de  Guisan- 
do ;  é  por  la  otra  parte  salió  la  Infanta  Doña  Isabel 
con  los  perlados  é  caballeros  que  la  seguían.  Donde 
asi  convenidos  con  otras  muchas  é  diversas  gentes 
que  allí  se  juntaron,  que  vinieron  á  mirar  aquella 
solemnidad ,  mandó  el  Rey  leer  una  carta  patente, 
en  que  desoía  :  Que  por  quanto  los  perlados  é  caba- 
lleros que  allí  estaban ,  le  avian  suplicado  por  el 
bien  de  la  paz  é  concordia  de  sus  Reynos  é  señoríos, 
quisiese  mandar  jurar  por  Princesa  heredera  é  sub- 
cesora  suya  á  la  Infanta  Doña  Isabel  su  hermana, 
c^úe  allí  estaba  presente,  que  él  queriendo  condes- 


cender á  la  suplicación  de  sus  subditos,  é  porque 
los  escándalos ,  é  muertes ,  é  robos  y  daños  cesasen, 
y  las  gentes  to viesen  seguridad  é  reposo ,  que  le 
plascia  é  lo  tenia  por  bien.  Por  tanto ,  que  él  desde 
allí  la  juraba  en  manos  de  Don  Juan  Pacheco,  y  la 
tomaba  por  hija ,  para  que  después  de  sus  dias  ella 
subcediese  y  heredase  su  Reyno  y  reynase  en  los 
Reynos  de  Castilla  é  de  León.  E  que  rogaba  é  man- 
daba á  los  perlados  é  caballeros  que  allí  estaban ,  y 
á  todos  los  otros  del  Reyno,  que  la  jurasen, é  obe- 
desciesen  por  Princesa  é  subcesora  suya.  Leída  la 
carta,  propuso  luego  Don  Antonio  do  Veneris,  Obis- 
po de  León,  Nuncio  é  Legado  del  Papa,  é  dixo  :  Que 
por  quanto  de  aquella  concordia  é  juramento  que 
allí  se  hacían,  se  atendía  grand  paz  é  segundad  é 
sosiego  en  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León ,  é  so 
escusaban  muchas  muertes,  robos  y  escándalos  que 
de  lo  contrario  se  podían  seguir ;  por  ende  que  él 
por  virtud  del  poderío  é  abtoridad  que  traia  del 
Sancto  Padre  Paulo  II,  relaxaba  é  daba  por  ningu- 
nos qualesquier  juramentos  que  antes  de  aquellos 
sobre  aquel  mesmo  caso  fuesen  fechos,  é  los  daba 
por  ningunos ,  é  solamente  confirmaba  é  aprobaba 
é  avía  por  buenos  los  que  allí  se  hacían,  para  jurar 
é  obedescer  á  la  Infanta  Doña  Isabel ,  que  presente 
estaba,  para  tenella  por  Princesa  heredera,  é  sub- 
cesora de  los  Reynos,  después  de  los  dias  del  Señor 
Rey.  Estonces  los  perlados  é  caballeros  que  estaban 
allí  con  el  Rey ,  la  juraron  é  obedescieron  ;  é  luego 
el  Maestre  Don  Juan  Pacheco ,  después  de  tomado 
el  pleyto  omenage  del  Rey,  él  y  los  que  venían  con 
él  y  con  la  Infanta  juraron  al  Rey,  é  después  á  ella. 
Fecho  aquesto ,  el  Rey  con  la  nueva  Princesa  su 
hermana  y  heredera ,  se  fueron  juntos  aquella  no- 
che á  Cadahalso  con  toda  la  caballería  que  los  acom- 
pañaba, salvo  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Obispo  de 
Burgos  y  el  de  Coria ,  que  se  tornaron  á  Cebreros. 
Pero  el  Arzobispo  de  Toledo  desde  allí  quedó  quo- 
xoso  é  mal  contento ,  porque  pensaba  que  la  Prin- 
cesa avia  de  estar  siempre  debaxo  de  su  mano  é 
guarda  é  gobernación ,  é  desque  vido  que  aquello  le 
fué  quitado,  fuese  á  Yepes,  donde  estuvo  grand 
tiempo. 

CAPÍTULO  CXIX. 

De  como  el  Rey  6  la  Princesa  su  hermana  se  fueron  á  aposentar 
á  Casa-Rubios,  y  desde  alli  se  fueron  el  Rey  y  el  Maestre  i  Ras- 
cafria  ;  y  enviaron  á  mandar  á  Pedrarias  é  al  Obispo  su  herma- 
no que  se  saliesen  de  la  cibdad  de  Segovia,  é  se  salieron. 

Otro  dia  siguiente ,  después  que  ovieron  reposado 
aquella  noche,  el  Rey  é  la  Princesa  se  vinieron  jun- 
tamente á  Casa-Rubios,  donde  reposaron  algunos 
dias ;  é  fué  acordado  que  la  Princesa  se  quedase 
allí  con  toda  la  Corte ,  y  el  Rey  y  el  Maestre  con 
poca  gente  se  fueron  para  el  Pardo ,  é  desde  allí  pa- 
ra Rascafria.  Donde  llegados,  enviaron  luego  á 
mandar  á  Pedrarias  de  Avila  é  al  Obispo  su  herma- 
no que  se  saliesen  de  la  cibdad  de  Segovia  é  la  de- 
xasen  libremente  ;  lo  qual  ellos  hicieron  luego  con- 
tra todo  BU  grado,  mas  arrepentidos  que  contentos 


180 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


por  lo  que  contra  el  Rey  avian  fecho  ;  por  manera, 
que  quanto  f  ué  grande  el  plascer  que  sintieron  de 
averia  mandado  é  gobernado  ocho  meses ,  tanto  fué 
mayor  la  tristeza  que  sintieron  de  perderla ,  para 
nunca  recobrar  la  gloria  que  perdieron  por  su  in- 
sulto cometido.  ¡  O  quánto  se  pueden  alegrar  los 
que  de  las  tales  erradas  son  libres ,  los  que  nunca 
ensuciaron  sus  personas,  ni  oscurecieron  su  linage 
con  semejante  fealdad !  y  ¡  quánto  deben  llorar  sus 
infamias  los  que  con  tan  deshonesto  apellido,  é 
abatido  nombre  se  quisieron  señalar ,  para  quedar 
envilecida  su  fama  é  deshonestada  su  memoria! 
Estonces  el  Rey  hizo  merced  de  los  oficios  de  Sego- 
via  con  la  gobernación  de  ella  á  su  Mayordomo  An- 
drés de  Cabrera,  que  desde  allí  comenzó  á  prosperar 
é  subir  en  grand  favor  ;  pero  el  Alcázar  por  eston- 
ces se  quedó  en  poder  de  Don  Juan  Pacheco.  Des- 
pués que  la  cibdad  quedó  muy  asosegada  por  el 
Rey  con  grand  contentamiento  do  todo  el  pueblo, 
quisieran  que  el  Rey  se  fuera  luego  allá,  salvo  que 
avia  grand  pestilencia  en  ella ;  pero  anduvo  por  allí 
algunos  dias  á  monte,  é  tornóse  luego  para  Casa- 
Rubios,  donde  la  Princesa  lo  atendía. 

CAPÍTULO  CXX. 

Como  la  Reyna  Doña  Juana  envió  á  intimar  en  nombre  de  su  hija 
una  apelación  ante  el  Obispo  de  León,  Nuncio  6  Legado  del 
Papa. 

Entretanto  que  estas  cosas  subcedian  é  las  dispo- 
nía la  divinal  providencia  de  Dios  con  su  infinito 
poder,  sin  que  los  sesos  humanos  puedan  conosce- 
11o  ni  mucho  menos  sen  tillo,  la  Reyna  Doña  Juana, 
que  estaba  en  Buytrago  con  su  hija,  luego  que  su- 
po como  la  Infanta  Doña  Isabel  era  jurada  por 
Princesa,  fué  muy  triste,  así  por  la  deshonra  que  de 
ello  le  venia,  como  por  la  perdición  de  su  hija  con 
tal  vituperio.  De  que  á  la  verdad,  hablando  sin  afi- 
ción é  sin  pasión ,  grand  culpa  é  cargo  se  le  debe 
dar  ;  porque  si  mas  honestamente  ella  viviera,  no 
fuera  su  hija  tratada  con  tal  vituperio.  Estonces, 
ávido  su  Consejo ,  hizo  ciertas  protestaciones  en 
nombre  de  su  hija,  é  hechas,  dio  su  poder  bastante 
á  Luis  Hurtado  de  Mendoza  para  que  en  nombre 
suyo  é  de  su  hija  fuese  á  Casa-Rubios ,  donde  esta- 
ba el  Nuncio  Apostólico  del  Papa,  delante  del  qual 
hizo  su  apelación  extrajudicial,  disciendo  :  Que  por 
quanto  el  como  Nuncio  é  Legado  de  la  Sede  Apos- 
tólica avia  fecho  una  absolución  de  ciertos  jura- 
mentos de  la  subcesion  de  los  Rey  nos  de  Castilla  é 
León ,  é  revocando  aquellos ,  avia  mandado  hacer 
otros  de  nuevo,  lo  qual  todo  era  en  daño  é  perjuicio 
de  la  Princesa  Doña  Juana,  hija  del  Rey  é  de  la 
Reyna  Doña  Juana  su  muger,  que  él  en  nombre  de 
la  dicha  Princesa  Doña  Juana ,  é  por  virtud  de  los 
poderes  que  para  ello  tenía,  é  traía  de  la  Reyna 
Doña  Juana  su  madre,  asi  como  su  tutora,  apelaba 
de  todo  ello  una  é  dos  é  tres  veces  según  forma  de 
derecho,  protestando  que  todo  ello  fuese  en  sí  nin- 
guno y  de  ningún  valor  é  efecto ,  é  de  se  quexar 
del  como  de  injusto  juez-é  parcial  delante  su  San- 


tidad del  Papa  Paulo  II.  E  de  como  asi  lo  desoía, 
lo  demandaba  por  testimonio  para  en  guarda  é  fa- 
vor del  derecho  de  su  parte.  Donde  fecho  su  reque- 
rimiento é  apelación,  se  partió  á  mas  andar  sin  de- 
tenerse un  solo  punto.  E  puesto  que  la  Princesa 
Doña  Isabel  supo  todo  aquello,  túvolo  por  cosa 
vana. 

CAPÍTULO  CXXI. 

Como  el  Rey  é  la  Princesa  su  bermana  se  fueron  á  la  villa  de  Oca. 
ña,  é  las  cosas  que  alli  suceiiieron. 

Luego  que  el  Rey  fué  llegado  á  Casa-Rubios, 
donde  la  Princesa  su  hermana  lo  estaba  esperando, 
fué  acordado  que  se  fuesen  ala  villa  de  Ocaña,  don- 
de reposaron  grand  tiempo.  E  como  el  Maestre  Don 
Juan  Pacheco  sabia  que  el  Marqués  de  Santillana, 
é  el  Obispo  de  Sigüenza,  é  sus  hermanos  é  asi  mes- 
mo  Don  Pedro  de  Velasco  su  cuñado,  se  avian  par- 
tido muy  descontentos  de  Madrid,  á  cabsa  de  la 
subcesion  que  se  avía  dado  á  la  hermana  del  Rey, 
porque  era  en  perjuicio  de  la  señora,  que  ellos  te- 
nían en  su  guarda  y  rehenes,  procuró  de  se  ver  con 
ellos,  asi  por  aplacar  su  indinacíon ,  como  por  te- 
nerlos en  afición  y  en  amistad.  E  asi  concertadas 
las  vistas  para  un  lugar  que  se  dice  el  Villarejo, 
que  es  de  la  Orden  de  Santiago,  salió  el  Maestre  y 
el  Arzobispo  de  Sevilla  y  el  Conde  de  Plasencia  ;  de 
la  otra  parte  vinieron  el  Obispo  de  Sigüenza  é  Don 
Pedro  de  Velasco ;  y  juntados ,  fué  acordado  entr^  ^ 
ellos  que  la  hija  del  Rey  casase  con  el  Príncipe  de 
Portugal,  é  la  Princesa  Doña  Isabel  con  el  Rey  de 
Portugal ,  que  estaba  viudo  ;  é  condicionalmente 
que  si  el  Rey  de  Portugal  no  ovíese  hijo  varón  en 
la  Princesa  Doña  Isabel,  y  el  Príncipe  lo  ovíese  en 
la  Señora  Doña  Juana,  hija  del  Rey,  que  ellos  sub- 
cediesen  en  los  Reynos.  E  acordado  aquesto  entro 
ellos,  determinaron  que  para  la  conclusión  de  todo 
aquesto  el  Rey  en  persona  oviese  de  ir  á  verse  con 
el  Rey  de  Portugal,  é  que  la  Reyna  Doña  Juana 
fuese  con  él  á  las  vistas.  Pero  temiéndose  ella  que 
la  dexarían  en  poder  del  Rey  de  Portugal  su  her- 
mano, para  nunca  tornar  á  Castilla,  denegó  la  ida  ; 
porque  sabia  que  el  Arzobispo  de  Sevilla  era  su  ene- 
migo, é  trabajaba  quanto  podía  su  destruycíon,  á 
cabsa  de  averse  salido  de  Alahejos.  E  puesto  que 
aquestas  cosas  asi  pendían  y  se  concertaban,  la  Prin- 
cesa Doña  Isabel  jamás  tuvo  propósito  ni  voluntad 
de  casarse  con  el  Rey  do  Portugal,  ni  para  esto  ja- 
más quiso  dar  su  consentimiento ;  pero  ni  por  eso 
el  Rey  ni  el  Marqués  doxaron  de  lo  insistir.  Y  el 
Maestre  escribió  al  Rey  de  Portugal  que  debía  de 
enviar  sus  Embaxadores  ,  pensando  que  en  aqueste 
medio  tiempo  pudieran  convencer  á  la  Princesa  que 
viniese  en  ello. 

CAPÍTULO  CXXU. 

I    Como  el  Rey  se  salió  á  ver  con  el  Obispo  de  Sigüenza  é  con  l)r 
Pedro  de  Velasco  á  la  barca  de  Oreja  é  los  truxo  á  la  Corte 

¡       Quanto  quiera  que  el  Obispo  de  Sigüenza  é  Don 
Pedro  de  Velasco  se  vieron  con  el  Maestre  Don  J  u&u 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


181 


Pacheco  y  con  ol  Arzobispo  de  Sevilla  y  Conde  de 
Plasencia,  siempre  mostraron  estar  descontentos 
por  el  juramento  liecho  á  la  Princesa  Doña  Isabel 
do  la  subcesion  del  Reyno ;  porque  el  Marqués  de 
Santillana  y  ellos  favorecían  é  ayudaban  quanto 
podian  á  la  hija  del  Rey,  que  ellos  tenian  en  su  po- 
der ;  á  cuya  cabsa  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco 
avia  fecho  jurar  á  la  Infanta ,  no  solamente  para 
abaxar  el  partido  de  la  casa  de  Mendoza,  mas  por- 
que las  dañadas  obras  suyas  con  algún  falso  color 
se  encubriesen,  en  tal  manera,  que  jamás  daba 
conclusión  en  cosa  alguna.  Verdad  es,  que  quando 
los  de  Mendoza  vieron  que  la  Reyna  Doña  Juana 
no  quiso  ir  á  las  vistas  de  su  hermano  el  Rey  de 
Portugal  según  que  se  avia  concertado ,  ellos  que- 
daron descontentos  della,  y  poco  ganosos  de  la  ayu- 
dar á  ella  ni  á  su  hija ,  segund  que  después  pares- 
ció,  puesto  que  mostraban  lo  contrario  por  el  inte- 
rese que  de  allí  se  les  seguía.  Estonces  el  Rey,  vis- 
tas las  dilaciones  y  el  poco  fruto  que  de  ellas  re- 
dundaba en  su  servicio,  acordó  de  irá  vistas  con  el 
Obispo  de  Sigüenza  é  con  Don  Pedro  de  Velasco ;  é 
vistos,  fué  determinado  á  consentimiento  del  Maes- 
tre que  el  Rey  ayudase  é  favoreciese  de  secreto  á 
su  hija,  sin  que  la  hermana  lo  supiese  ni  el  Arzo- 
bispo de  Sevilla.  E  así  acordado ,  con  aquesta  segu- 
ridad, se  vinieron  con  el  Rey  á  Ocafia,  para  andar 
en  la  Corte  ;  donde  venidos,  paresció  en  alguna  ma- 
nera que  las  cosas  iban  en  son  de  mayor  paz  é  so- 
fiiego. 

CAPÍTULO  OXXIII. 

De  como  algunos  Señores  Grandes  del  Reyno  quedaron  descon- 
tentos déla  estrecha  amistad  del  Rey  con  el  Maestre  Don  Juan 
Pacheco. 

Después  que  la  hermana  del  Rey  fué  jurada  por 
Priacesa,  el  Rey  se  conformó  con  el  Maestre  Don 
Juan  Pacheco  para  estar  á  su  gobernación ;  pero  los 
otros  Señores  é  Grandes  del  Reyno,  asi  los  de  Castilla 
y  del  Reyno  de  León,  como  de  Andalucía,  queda- 
ron muy  descontentos  y  quexosos,  asi  [por  la  poca 
quenta  que  se  avia  fecho  de  ellos  en  el  jurar  de  la 
hermana,  porque  no  fueron  llamados,  ni  consultados 
para  ello,  como  porque  el  Rey  tan  estrechamente  se 
avia  juntado  con  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco, 
aviéndole  sido  tan  duro  enemigo,  á  cuya  cabsa  tan- 
tos males  é  tray cienes  avian  sido  contra  el  Rey.  Los 
quales  muy  sentidos  de  todo  esto,  se  confederaron 
con  el  Arzobispo  de  Toledo,  dando  al  Rey  sus  que- 
rellas del  Maestre ;  é  cada  uno  por  sí  le  enviaba  sus 
tratos.  Mas  como  el  Rey  estaba  determinado  de  te- 
ner al  Maestre  Don  Juan  Pacheco  en  su  compañía, 
y  estar  á  su  gobernación  é  consejo,  jamás  quiso  dar 
orejas  á  sus  tratos,  asi  por  parte  del  Arzobispo,  co- 
mo de  los  otros  caballeros ;  por  manera  que  siempre 
cresció  en  ellos  mucho  desgrado  y  poco  amor  de 
servir  y  seguir  al  Rey,  visto  quan  vergonzosamen- 
te se  avia  sometido  á  la  gobernación  del  que  con 
tantos  vituperios  lo  avia  deshonrado,  solo  por  se  fa- 
cer Maestre  de  Sanctiago,  á  cuya  cabsa  nunca  falta- 


ron alteraciones  é  bullicios  en  el  Reyno,  con  poco 
reposo  é  menos  descanso  de  su  Real  persona.  En  este 
medio  tiempo  murió  Don  Juan  de  Guzman,  Duque 
de  Medina  Sidonia  é  Conde  de  Niebla,  é  subcedió  en 
el  Señorío  Don  Enrique  de  Guzman ,  su  hijo  bas- 
tardo. 

CAPÍTULO  CXXIV. 

De  como  el  Rey  tuvo  las  fiestas  de  Navidad  «n  Ocaña,  é  lo  que 
allí  subcedió. 

Quando  quiera  que  algunas  novedades  se  hacían 
por  el  Reyno,  señaladamente  en  el  Andalucía,  nun- 
ca el  Rey  se  movió  de  su  villa  de  Ocaña ,  donde  es- 
tuvo algún  tiempo,  é  allí  tuvo  las  fiestas  de  Navi- 
dad con  alguna  manera  de  plascer,  aunque  no  muy 
contento,  segund  el  suceso  de  las  cosas  mas  adver- 
sas que  prósperas.  Pero  con  todo,  pasadas  las  fies- 
tas, mandó  llamar  á  los  Procuradores  de  las  cibda- 
des  é  villas  del  Reyno,  asi  por  consultarles  las  co- 
sas de  la  gobernación  de  los  pueblos,  como  para  el 
bien  de  la  justicia.  E  puesto  que  todos  obedeciendo 
vinieron  al  llamamiento  del  Rey,  los  del  Andalucía 
denegaron  su  venida,  porque  las  mas  de  las  cibda- 
desde  ella  estaban  aun  alteradas,  sin  averie  envía- 
do  la  obediencia,  é  los  Grandes  que  en  ellas  vivían 
las  hacían  detener ,  no  tanto  por  lo  que  al  servicio 
del  Rey  tocaba,  quanto  por  la  enemiga  que  tenían 
con  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  vistas  sus  formas 
interesales  é  conocidas  sus  cabtelosas  astucias,  que 
con  todos  traía  con  poca  honra  del  Rey  y  menos- 
precio del  Reyno  ;  en  tal  guisa,  que  ninguna  con- 
clusión de  paz  ni  sosiego  se  tomaba.  E  no  solamen- 
te aquesto ;  pero  la  Princesa  su  hermana  parecía 
tomar  algunos  siniestros  contra  su  grado ,  porque 
de  secreto  trataba  de  casarse  con  el  Príncipe  de 
Aragón,  Rey  de  Sicilia  ;  á  cabsa  de  lo  qual  denegó 
el  casamiento  del  Rey  de  Portugal  que  le  trataban, 
segund  que  adelante  será  recontado,  de  que  el  Rey 
estaba  muy  sentido,  en  tanto  grado ,  que  determinó 
de  tornar  sobre  la  hija,  é  ayudarla  para  que  subce- 
dieso  ella  y  no  la  herníana.  Verdad  es  que  segund 
la  deshonesta  vida  de  la  Reyna  Doña  Juana  su  mu- 
ger,  fué  grand  sospecha  en  los  corazones  de  las 
gentes  sobre  la  hija  que  avia,  ca  muchos  dubdaron 
ser  engendrada  de  sus  lomos  del  Rey,  por  donde 
nasció  toda  la  novedad  de  la  subcesion.  Pero  ni  por 
eso  el  Rey  jamás  la  denegó  por  su  hija,  antes  en 
público  y  en  secreto  siempre  afirmó  ser  suya,  é  la 
tovo  por  tal,  puesto  que  desamaba  mucho  á  la  Rey- 
na, é  la  tenia  en  tanto  aborrecimiento ,  que  no  se 
curaba  della.  E  asi  escritas  ciertas  cartas  de  su  pro- 
pia mano,  una  para  el  Papa  Paulo,  en  que  le  supli- 
caba con  grand  instancia  que  no  confirmase  la 
subcesion  de  los  Reynos  á  la  hermana ,  salvo  sola- 
mente á  su  hija  Doña  Juana,  otra  para  su  Procura- 
dor en  Roma ,  que  con  diligencia  solicitase  con  el 
Papa  que  no  consintiese  en  lo  concertado,  otra  para 
el  Rey  de  Portugal,  qne  él  asi  mesmo  escribiese  al 
Papa  sobre  ello ;  é  asi  escritas,  mandó  á  mí  que  se- 
creta é  díaímuladamente  me  partiese  é  las  llevase  á 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


182 

la  Reyna  su  muger,  que  estaba  en  Buytrago  con  la 
liija,  para  que  luego  enviase  á  Roma  á  mas  andar 
persona  diligente  que  lo  supiese  negociar.  Donde 
yo  llegado,  se  dio  tal  ordenamiento,  que  luego  en 
Ja  hora  se  partió  un  mensagero  para  Roma,  é  otro 
para  el  Rey  de  Portugal.  E  puesto  que  muy  oculta- 
mente llegué  á  Buytrago  de  noche,  y  me  partí  antes 
del  dia,  luego  fué  sabidor  de  ello  el  Arzobispo  de 
Sevilla,  de  que  ovo  mucho  enojo  porque  desamaba 
mucho  á  la  Reyna,  tanto  que  procuraba  su  destrui- 
cion  é  queria  estorbar  si  pudiera  lo  que  el  Rey  tenia 
gana  ;  salvo  que  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  avia 
sido  en  aquel  trato,  é  le  plascia  mucho  de  ello ;  por 
manera  que  el  mal  propósito  del  Arzobispo  no  huvo 
lugar  de  hacer  mal  á  la  Reyna. 

CAPÍTULO  CXXV. 

De  como  el  Rey  se  partió  de  Ocaña  muy  descontento,  é  se  fué  á 
Miidiid  con  muy  iioca  gente,  y  entregó  el  Alcázar  con  los  teso- 
ros á  su  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera. 

Como  el  Rey  avia  determinado  de  ayudar  ó  favo- 
recer el  partido  de  su  hija,  á  cabsa  de  los  desgrados 
que  tenia  de  la  Princesa  su  hermana ,  partióse  de 
Ocafia  muy  descontento,  é  fuese  á  Madrid  con  muy 
pocos  do  los  suyos.  Donde  llegado,  halló  que  Juan 
Fernandez  Galindo,  alcayde  del  Alcázar,  estaba 
muy  malo  en  peligro  de  la  muerte ;  é  como  él  era 
leal  caballero  é  servidor  fiel,  temiendo  que  por  su 
muerte  no  so  siguiese  algún  enconviniente  en  el 
servicio  del  Rey,  suplicóle  con  grand  instancia  que 
pusiese  otro  alcayde,  porque  sus  tesoros  é  joyas  es- 
tuviesen á  buen  recabdo.  Entonces  el  Rey,  con 
acuerdo  é  consejo  del  Maestre  Don  Juan  Pacheco, 
mandó  dar  el  Alcaydía  á  su  Mayordomo  Andrés  de 
Cabrera  ;  por  donde  comenzó  de  subir  en  estado,  é 
llegó  después  á  ser  grand  señor,  porque  de  allí  ade- 
lante cabía  en  los  mas  secretos  consejos  del  Rey  y 
del  Maestre,  según  la  grand  parte  que  tenia  en  la 
voluntad  de  entrambos.  En  aqueste  medio  tiempo 
acaesció  que  Don  Diego  de  Quiñones,  Conde  de  Lu- 
na, á  trato  secreto  de  uno  que  se  llama  Alvar  García, 
vecino  de  la  eibdad  de  León,  vino  una  noche  á  hurtar 
la  eibdad  de  León  é  alzarse  con  ella  por  los  caballe- 
ros enemigos  del  Rey  y  del  Maestre  Don  Juan  Pa- 
checo ;  pero  como  la  traycion  fué  descubierta ,  antes 
que  el  Conde  llegase,  fué  preso  el  traydor  é  justicia- 
do, por  donde  la  traycion  no  pudo  aver  efecto.  Des- 
pués que  el  Rey  ovo  entregado  el  Alcázar  al  Mayor- 
domo Cabrera,  é  reposado  allí  por  algunos  días  á 
su  plascer ,  yendo  é  viniendo  del  Pardo ,  el  Maestre 
Don  Juan  Pacheco,  é  los  otros  Perlados  é  caballe- 
ros que  estaban  en  la  Corte,  le  enviaron  á  suplicar 
que  se  fuese  á  Ocaña,  lo  qual  hizo  contra  su  grado. 

CAPÍTULO  CXXVI. 

Como  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  dio  el  título  de  Marqués  de 
Villena  á  Don  Diego  su  hijo  ,  é  lo  casó  con  la  Condesa  de  San- 
tistevan. 

Luego  que  el  Rey  fué  tornado  á  la  villa  de  Oca- 
ñg,  como  ya  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  se  vido 


pacifico  en  su  Maestradgo,  porque  el  Papa  gclo  avia 
confirmado,  suplicó  al  Rey  que  le  diese  el  título  de 
Marqués  de  Villena  á  su  hijo  primogénito  Don  Diego 
López  Pacheco.  E  asi  dado,  casó  con  la  Condesa  do 
Santistcvan,  hija  del  Conde  Don  Juan  de  Luna,  é  nie- 
ta del  Maestre  Don  Alvaro  de  Luna,  la  qual  tenia  en 
su  poder  desde  que  Don  Juan  de  Luna  fué  preso  é 
destruido.  E  desde  allí  adelante  el  estado  del  Maestro 
Don  Juan  Pacheco  se  mostró  de  mayor  grandeza  é 
pujanza  sobre  los  otros  Señores  del  Reyno.  Aunque 
hablando  la  verdad  sin  pasión  ,  pues  de  aquella  to- 
dos deben  ser  amigos,  y  no  de  lo  contrario,  no  pue- 
do pensar  ni  sentir  de  aqueste  grand  caballero  su- 
bido en  tan  alta  cumbre  por  formas  tan  disolutas, 
que  tan  alto  pudo  ser  el  estado  é  señorío  que  así 
procuró  tener  y  alcanzar,  que  acordándose  del  pago 
que  dio  á  quien  lo  hizo  de  nada,  é  como  deshonró  á 
quien  lo  subió  en  tanta  grandeza,  que  no  se  aver- 
gonzase de  sí  mismo ,  é  no  le  remoi'diese  su  con- 
ciencia, é  lo  acusasen  sus  culpas  de  la  grave  mal- 
dad cometida  contra  quien  mas  debiera  servir  que 
destruir,  para  que  nunca  presuman  sus  huesos  allá 
dó  yacen ,  de  gloriarse  que  fué  criado  leal  á  su  Rey, 
ni  fiel  servidor  á  su  Señor  ;  ca  por  él  no  solamente 
fué  perseguido  é  avergüenzado ,  mas  la  caballería 
del  Reyno  hizo  tornar  en  tratos  de  tiranía ,  é  la  cla- 
ra nobleza  en  cobdicia  desordenada.  El  en  su  vida 
abrió  la  puerta  de  la  traycion  á  los  malos,  é  quitó 
el  velo  de  la  la  vergüenza  á  los  traydorea.  Asi  que 
ni  viviendo  se  pudo  llamar  varón  de  limpia  fama, 
ni  en  la  muerte  digno  de  rica  memoria. 

CAPÍTULO  CXXVII. 

De  como  el  Rey  de  Portugal  envió  sus  Erabaxadores  a!  Rey,  para 
tratar  su  casamiento  con  la  Princesa  Doña  Isabel,  é  ella  no 
quiso. 

Como  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  avia  envia- 
do al  Rey  de  Portugal  sus  mensageros,  para  que  en- 
viase Embaxadores  á  contratar  el  casamiento  suyo 
con  la  Princesa  Doña  Isabel ,  é  como  aquello  era  lo 
que  el  Rey  de  Portugal  deseaba,  envió  al  Arzobis- 
po de  Lisboa  y  á  otros  dos  caballeros  muy  princi- 
pales de  su  Corte  con  grandes  poderes  para  concer- 
tarlo é  concluirlo.  Pero  desque  la  Princesa  Doña 
Isabel  supo  que  venían  sobre  aquello,  envió  á  des- 
oír al  Rey  que  le  suplicaba  que  no  entendiese  de  ca- 
salla  con  el  Rey  de  Portugal  ni  se  lo  mandase,  por- 
que ella  en  ninguna  manera  entendía  de  lo  hacer 
ni  consentir  en  ello ;  de  que  el  Rey  no  solamente 
quedó  alterado  é  sentido,  mas  enteramente  ganoso 
de  llevar  á  conclusión  su  propósito  comenzado  de 
favorecer  é  ayudar  á  su  hija,  para  dexalle  la  subce- 
sion  de  los  Reynós.  Mas  bien  podemos  aqui  decir  é 
traer  á  propósito  aquel  antiguo  proverbio  que  dice : 
Proponen  los  hombres ,  é  Dios  dispone  lo  que  quie- 
re ;  porque  quanto  el  Rey  y  el  Maestre  trabajaban 
con  diligencia  por  desheredar  á  esta  Señora ,  tanto 
la  divinal  Providencia  disponía  y  ordenaba  lo  con- 
trarío, para  que  ella  subcediese,  según  se  mostró 
por  la  obra,  quando  el  Rey  pasó  de  esta  vida.  E 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


183 


puesto  que  todos  los  Grandes  que  por  estonces  es- 
taban en  la  Corte ,  negociaban  con  ella  para  que 
quisiese  lo  que  el  Rey  quería,  jamás  la  pudieron 
convencer,  en  tal  manera,  que  vista  su  voluntad ,  é 
como  nunca  se  mudó  de  aquel  propósito ,  fué  acor- 
dado que  el  Arzobispo  de  Lisboa  é  los  otros  caba- 
lleros Embaxadores  que  con  él  venían  los  aposenta- 
sen en  una  aldea  que  se  llama  Cíenpozuelos,  donde 
estuvieron  veinte  días.  Y  aposentados ,  salió  el  Rey 
á  verse  con  ellos  á  la  barca  de  Oreja,  é  vistos,  man- 
dó que  se  viniesen  á  Ocafia,  donde  fueron  muy  bien 
rescebídos  é  festejados  por  el  Maestre  Don  Juan 
Pacheco.  Estonces  el  Arzobispo  de  Lisboa  é  los 
otros  caballeros  Embaxadores,  tomada  licencia  del 
Rey,  se  despidieron  é  se  fueron  sin  conclusión  nin- 
guna de  su  embaxada  ;  y  el  Rey,  vista  la  voluntad 
de  la  Princesa  su  hermana,  mandó  que  los  Procura- 
dores del  Reyno  se  partiesen  sin  juralla  por  Prin- 
cesa ,  é  se  fueron  á  sus  casas. 

CAPÍTULO  CXXVIIL 

De  como  el  Rey  se  partió  para  Andalucía ,  6  dexó  á  la  Princesa  su 
hermana  en  Ocaña  hasta  que  él  tornase ,  é  de  lo  que  subcedió 
de  su  ida,  é  de  la  quedada  de  su  hermana. 

Como  el  Rey  sintió  el  mal  propósito  de  los  caba- 
lleros del  Andalucía,  que  no  daban  lugar,  ni  con- 
sentían que  las  cibdades  donde  ellos  vivían  se  alza- 
sen por  él  ni  fuesen  á  darle  la  obediencia  que  de- 
bían, determinó  de  ir  allá,  é  mandó  que  el  Conde  de 
Ben  avente  é  Don  Pedro  de  Velasco  quedasen  por 
Víreyes  en  Valladolíd ,  é  con  ellos  el  Presidente  é 
Oidores  de  la  Chancíllería.  Pero  antes  que  se  par- 
tiese, rogó  á  la  Princesa  su  hermana  que  se  queda- 
se allí  en  Ocaña ,  é  que  no  dispusiese  de  su  persona 
ninguna  cosa  fasta  que  él  tornase  del  Andalucía ,  é 
que  en  tornando,  se  entendería  en  su  casamiento, 
como  ella  fuese  contenta ,  é  ella  dio  su  palabra  de 
lo  hacer  así.  Estonces  el  Rey  se  partió,  é  fueron  con 
él  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  y  el  Arzobispo  de 
Sevilla,  y  el  Obispo  de  Sigüenza  con  los  otros  de 
su  Consejo  y  Corte  ;  y  el  Arzobispo  se  quedó  enfer- 
mo en  Cibdad-Real,  donde  estuvo  por  algún  tiem- 
po curando  su  dolencia,  é  procurando  de  su  salud. 
E  el  Rey  continuó  su  camino  hasta  la  villa  de  Osu- 
na ,  donde  llegado ,  acordó  de  ir  á  la  cíbdad  de  Ja- 
hen,  y  así  envió  allá  sus  aposentadores.  Y  como  el 
Condestable  Don  Miguel  Lucas  de  Iranzo  tenía 
aquella  cíbdad  por  el  Rey,  y  avia  sido  siempre  leal 
y  fiel  en  su  servicio,  vistos  los  aposentadores,  y  leí- 
da la  carta  que  el  Rey  le  enviaba ,  respondió  que 
aquella  su  leal  cíbdad  de  Jahen  avía  estado  siempre 
y  estaría  á  su  servicio ;  é  de  la  venida  de  su  Alteza 
no  solamente  todos  eran  alegres  é  muy  contentos, 
mas  deseosos  de  ver  su  Real  Excelencia  ;  é  que  asi 
él  y  todos  ellos  juntamente  le  suplicaban  se  fuese 
luego  á  su  cíbdad  con  sus  leales  servidores ;  pero 
que  le  pedían  por  merced  é  requerían  con  mucha 
humildad  que  no  llevase  consigo  á  los  traydores 
que  tan  malamente  lo  avían  deshonrado  é  perse- 
guido, porque  en  ninguna  manera  serían  allí  acó-  i 


gídos,  é  que  aquello  decían  por  el  Maestre  Don 
Juan  Pacheco  é  otros  algunos  de  los  que  con  su 
Alteza  venían.  Eetonces  el  Maestre,  oyda  la  res- 
paesta  del  Condestable,  acordó  de  quedarse  allí  en 
Osuna ,  é  el  Rey  se  fué  de  Jaén  ;  donde  llegado ,  el 
Condestable  le  salió  á  rescebir  con  mucha  gente  de 
á  caballo.  E  al  tiempo  de  la  entrada  de  la  cíbdad  él 
se  puso  de  la  parte  de  adentro ,  y  en  entrando  el 
Rey,  dixo  al  Obispo  de  Sigüenza  que  iba  junto  con 
él :  «  Entrad  vos ,  leal  perlado ,  merecedor  de  mucha 
«honra,  que  vos  y  vuestro  linaje  servistes  siempre 
»é  seguistes  al  Rey  mí  Señor  como  noble  é  de  lim- 
»pia  sangre»;  y  en  pos  del  dexó  entrará  los  del 
Consejo ,  é  á  los  criados  é  contínos  servidores  del 
Rey.  E  como  Rodrigo  de  Ulloa  fuese  para  entrar, 
púsole  el  quento  de  la  lanza  á  los  pechos ,  discien- 
dole :  ((Teneos  vos  allá  fuera,  Rodrigo  de  Ulloa; 
»que  la  cíbdad  de  Jahen  no  suele  acoger  á  los  tray- 
»  dores ,  sino  á  los  que  fueron  leales  al  Rey  mí  Se- 
«fior» ;  é  asi  mesmo  avergonzadamente  le  mandó 
dar  con  la  puerta  en  el  rostro ,  é  dexallo  fuera.  E 
luego  tomó  el  Rey  muy  alegremente ,  é  llevólo  á 
aposentar  en  su  casa  con  la  mayor  fiesta  que  pudo, 
é  todos  los  otros  fueron  muy  bien  aposentados  ;  y 
estuvo  el  Rey  aposentado  allí  por  el  espacio  de  ocho 
días  mucho  á  su  plascer.  Pero  como  ya  se  goberna- 
ba por  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  luego  que  lo 
envió  á  llamar,  se  partió  de  Jahen  para  Osuna. 

CAPÍTULO  CXXIX. 

Como  el  Rey  rué  con  gente  sobre  Córdoba,  é  lo  que  allf  subcedió. 

Venido  el  Rey  á  Osuna ,  estuvo  allí  tres  días ,  é 
desde  allí  se  fué  á  aposentar  á  Castro  del  Río ,  don- 
de falló  á  Don  Pedro  de  Córdoba ,  Conde  de  Cabra, 
é  á  sus  hijos  con  su  hierno  Martin  Alonso,  Señor  de 
Alcabdete,  con  mil  de  á  caballo,  que  atendían  su 
venida  á  guisa  de  leales  servidores ,  de  que  el  Rey 
fué  muy  contento.  E  así  venido  allí,  fué  acordado  que 
fuese  sobre  Córdoba,  porque  Don  Alonso  de  Aguí- 
lar  estaba  dentro  contra  el  servicio  del  Rey,  é  no 
consentía  que  la  cibdad  se  alzase  por  él.  Verdad  es 
que  aquello  se  hacía  con  grado  é  consentimiento 
del  Maestre  Don  Juan  Pacheco ,  porque  Don  Alon- 
so avía  sido  siempre  con  él  en  las  turbaciones  pasa- 
das, é  á  esta  cabsa  estaban  entramos  muy  confor- 
mes ,  puesto  caso  que  la  demostración  era  por  el 
contrarío.  Pero  ni  por  eso  dexó  el  Rey  de  ir  á  po- 
nerse sobre  la  cíbdad,  é  puesto,  el  Maestre  Don 
Juan  Pacheco  en  son  de  tratante ,  quiso  entrevenir 
en  la  concordia ;  é  fué  la  conclusión  que  el  Rey 
diese  cierto  juro  situado  á  Don  ^onso  ;  é  así  dado 
é  confirmado,  entregó  la  cibda<Pal  Rey.  El  qual 
rescibido  con  mucho  placer  del  pueblo ,  estuvo  allí 
algún  poco  de  tiempo  hasta  pasada  la  fiesta  de 
Corpus  Christi ;  y  estonces  el  Rey  mandó  á  Don 
Alonso  que  dexase  el  Alcázar  é  las  puertas  de  la 
cíbdad ,  el  qual  lo  hizo  asi ;  é  dexadas ,  el  Rey  se 
apoderó  de  todo  ello.  E  visto  como  el  Conde  de 
Cabra  y  Don  Alonso  de  Aguí  lar  estaban  muy  ene- 
migos á  cabsa  de  las  turbaciones  pasadao,  é  que 


184 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 


el  Conde  de  Cabra  avia  sido  leal,  é  no  Don  Alon- 
so ,  el  Rey ,  queriendo  quitar  la  enemistad  entre 
ellos,  mandó  que  fuesen  amigos  ;  é  tornó  el  Algua- 
cilado  Mayor  do  la  cibdad  é  la  Tenencia  del  Al- 
cázar al  Conde  de  Cabra,  por  quanto  aquello  era 
suyo ,  é  de  sus  antepasados.  Pero  puesto  que  los  hizo 
amigos,  aquella  paz  no  quedó  muy  raygada  en 
Don  Alonso,  segund  lo  que  á  cabsa  suya  subcedió, 
E  fué  que  como  cada  uno  de  ellos  oviese  tomado 
algunos  lugares  de  la  cibdad  de  Córdoba,  y  estu- 
viesen apoderados  de  ellos  como  de  vasallos  sala- 
riegos  ,  quanto  quiera  que  por  diversos  é  diferentes 
respectos,  porque  el  Conde,  é  Martin  Alonso  los 
avian  tomado ,  guerreando  contra  la  cibdad ,  quan- 
do  era  traydora ,  como  leales  servidores  del  Rey ; 
el  Conde  de  Cabra  tenia  á  Castro  del  Rio ,  é  Mar- 
tin Alonso  á  Montero,  de  que  el  Rey  les  avia  fecho 
merced;  é  lo  que  Don  Alonso  usurpaba,  fué  como 
parcial  á  los  traydores,  é  uno  de  ellos  con  feo  color 
é  apellido.  Pero  como  aqueste  tuviese  tanta  parte 
en  la  voluntad  del  Maestre ,  confiándose  en  aquella, 
visto  que  él  no  podia  quedarse  con  lo  que  asi  avia 
usurpado,  desirviendo  al  Rey,  queriendo  dañar  al 
Conde  é  á  Martin  Alonso ,  para  que  no  gozasen  de 
los  lugares  que  poseían,  secretamente  movió  la  co- 
munidad á  que  viniesen  reclamando  ante  el  Rey 
que  mandase  dexar  á  todos  los  caballeros  lo  que  te- 
nían de  la  Corona  Real.  Donde  el  alboroto  del  pue- 
blo fué  tal,  que  al  Conde  de  Cabra  é  á  Martin  Alon- 
so les  fué  necesario  desistirse  de  los  lugares  que 
asi  tenian,  é  también  Don  Alonso  ;  los  quales  en  las 
manos  del  Rey  hicieron  pleyto  omenage  que  dende 
á  ciertos  dias  los  dexarian  libres  y  desembargados 
para  el  Rey.  Fecho  ansí  el  omenage ,  y  renunciadas 
las  mercedes,  el  Conde  de  Cabra  y  su  yerno  Martin 
Alonso  quedaron ,  no  solamente  descontentos ,  mas 
muy  quexosos,  visto  que  el  Rey  á  cabsa  del  Maes- 
tre Don  Juan  Pacheco  favorescia  á  los  traydores, 
é  maltrataba  á  los  leales,  que  tan  bien  é  fielmente 
lo  avian  servido  ;  de  que  sin  dubda  fueron  muy  al- 
terados ,  de  tal  forma ,  que  estando  el  Rey  otro  dia 
siguiente  en  el  Monesterio  de  Sanct  Gerónymo,  que 
está  una  legua  de  la  cibdad ,  ellos  se  partieron  ace- 
leradamente sin  tomar  licencia  del  Rey,  é  se  fueron 
á  sus  tierras ,  de  que  grand  parte  de  la  cibdad  fue 
muy  escandalizada,  é  mostró  sentimiento  mormu- 
rando é  disciendo  palabras  mas  feas  que  honestas. 
Estonces  envió  el  Rey  á  Don  Lorenzo  de  Figueroa, 
Vizconde  de  Torija,  para  que  hablase  con  ellos,  y 
los  aplacase  ;  pero  aquesto  aprovechó  poco ,  porque 
la  enemiga  quedó  tan  arraygada  entre  el  Conde  do 
Cabra  é  Don  Alonso ,  que  de  allí  se  siguieron  algu- 
nos inconvenienlls  que  adelante  serán  recontados. 

CAPÍTULO  CXXX. 

Como  el  Cardenal  Atrabatensis  vino  por  Embaxador  del  Rey  Luis 
de  Francia,  á  confirmar  la  paz  y  hermandad  entre  Castilla  é 
Francia;  porque  el  Rey  se  avia  confederado  con  el  Rey  de  In- 
glaterra, dexando  el  amistad  de  Francia. 

Al  tiempo  que  el  Principadgo  de  Cataluña  se  al- 
zó por  el  Rey,  y  se  levantaron  pendones  por  él  en 


grand  conformidad,  el  Rey  de  Francia  le  fué  con- 
trario, ayudando  al  Rey  Don  Juan  de  Aragón;  y 
no  solamente  aquesto,  mas  quando  el  Rey  se  fué  á 
ver  con  él  á  Fuenterrabía ,  é  puso  aquel  debate  en 
BUS  manos,  dio  una  sentencia  en  que  en  todo  se  mos- 
tró mas  contrario  que  buen  amigo ,  en  tal  manera, 
que  no  solamente  el  Rey  quedó  perdidoso,  mas 
amenguado,  de  que  estaba  muy  sentido  é  quexoso, 
asi  de  su  falsa  hermandad ,  como  de  las  cabtelosas 
formas  que  contra  él  avia  tenido.  E  por  esto  deter- 
minó de  le  quitar  la  antigua  hermandad  que  estaba 
entre  los  Reynos ;  é  confederándose  con  el  Rey  de 
Ingalaterra,  hizo  su  paz  é  alianzas  con  él;  é  fechas, 
mandó  que  los  naturales  de  sus  Reynos  desde  allí 
adelante  ayudasen  á  los  Ingleses  contra  los  Fran- 
ceses, de  que  el  Rey  Luis  é  los  de  su  Rey  no  resce- 
bian  no  solamente  daño  mas  grand  pérdida  ;  porque 
los  mercaderes  de  Castilla  no  iban  á  Francia  con 
sus  mercadurías.  E  por  esto,  viendo  los  inconve- 
nientes que  de  aquello  se  le  seguían,  envió  por  Em- 
baxador al  Cardenal  Atrabatensis,  é  con  él  otros 
ciertos  caballeros.  El  qual,  como  llegó  á  Córdoba, 
fué  rescebido  por  el  Rey,  é  por  los  grandes  del  Rey- 
no  que  estaban  en  la  Corte  con  grand  solenidad  se- 
gund que  á  tal  persona  pertenescia.  E  así  rescebi- 
do, fuele  dado  singular  aposentamiento;  é  luego 
otro  día  siguiente  el  Rey  le  dio  audiencia  en  la  Igle- 
sia Mayor  en  la  Capilla  de  los  Reyes ;  é  como  aquel 
Cardenal  era  grand  letrado ,  propuso  en  latín  por 
espacio  de  una  hora  largamente.  E  el  comienzo  de 
su  oración  fué  un  dicho  del  Apóstol  Sanct  Pablo, 
que  dice  :  Fecho  soy  á  todos  toda  cosa  ;  y  en  fin 
concluyó  que  el  Rey  no  avía  podido  desfacer  la 
hermandad  de  Castilla  y  de  Francia  ;  porque  aque- 
lla era  fecha  de  gente  á  gente ,  é  de  reyno  á  reyno, 
é  de  Rey  á  Rey ,  en  perpetua  confederación  é  paz 
inmutable  ;  é  que  por  tanto  él  de  su  parte  suplica- 
ba, y  en  nombre  de  su  Rey  rogaba  é  pedia  quisiese 
tornar  en  su  graciosa  hermandad  é  amistad ,  por- 
que aquello  que  sus  antepasados  guardaron  é  man- 
tuvieron en  los  dias  de  ellos,  no  ee  perdiese.  Aca- 
bada su  habla ,  el  Rey  se  apartó  con  el  Maestre  de 
Sanctíago  é  con  el  Obispo  de  Sigüenza  é  con  los 
otros  de  su  Consejo  que  allí  estaban ,  é  mandó  al 
Obispo  de  Sigüenza  é  á  Don  Pedro  de  Velasco  que  le 
díxesen  como  él  estaba  contento  de  su  habla,  y  so- 
bre aquello  avrian  su  acuerdo  é  le  mandarían  res- 
ponder. E  después  de  ávido  su  acuerdo  é  delibera- 
ción con  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  por  cuyo 
querer  se  guiaba  el  Rey  en  todas  las  cosas,  espe- 
cialmente en  aquello,  porque  el  Maestre  era  entera- 
mente del  Rey  de  Francia,  é  á  su  respecto  era  veni- 
da aquella  embaxada  ,  fué  acordado  de  aceptar  la 
hermandad  de  Francia  é  dexar  la  confederación 
del  Rey  de  Inglaterra ,  é  publicar  guerra  con  los 
Ingleses.  Aquesto  sin  dubda  páreselo  cosa  muy  fea, 
porque  sin  necesidad  alguna  que  por  estonces  tu- 
viese de  la  casa  de  Francia,  sin  averie  errado  los 
Ingleses,  tan  presto  hicieron  al  Rey  quebrantar  su 
palabra.  En  aqueste  medio  tiempo  murió  Don  Frey 
Lope  de  Barrientos ,  Obispo  de  Cuenca ,  é  fué  dado 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


185 


el  Obispado  á  Don  Antonio  de  Vonerís,  Obispo  de 
León ,  y  ol  Obispado  de  León  al  Doctor  Vergara, 
Procurador  del  Rey  en  la  Corte  Romana. 

CAPÍTULO  CXXXI. 

[te  como  la  Princesa  doña  Isabel  se  partií)  de  Ocaña  sin  licencia 
del  Rey,  é  se  fué  á  la  villa  de  Madrigal,  é  lo  que  después  sub- 
cedió. 

Entretanto  que  las  cosas  asi  pendian  y  se  ordena- 
ban, mas  al  querer  del  Maestre,  que  á  la  honra  ni 
provecho  del  Rey  ,  la  Princesa  Doña  Isabel  su  her- 
mana se  partió  de  la  villa  de  Ocaña ,  donde  el  Rey 
la  avia  rogado  que  esperase  su  tornada  del  Andalu- 
cía. E  así  partida,  sé  fué  derecha  á  la  villa  de  Aré- 
valo,  pensando  averia  de  su  mano  por  cierto  trato 
que  tenia  con  el  Alcayde  que  allí  estaba  por  el  Con- 
de de  Plasencia,  á  quien  avia  sido  empeñada  por  el 
Príncipe  Don  Alonso  é  por  los  perlados  é  caballeros 
que  estaban  de  su  partido  quando  le  alzaron  por 
Rey.  Pero  aquel  trato  fué  descubierto,  é  preso  el  Al- 
cayde ;  por  manera,  que  su  entrada  en  la  villa  no 
pudo  ser  ;  é  ansi,  desde  allí  se  pasó  á  Madrigal,  don- 
de estuvo  por  algunos  dias.  Notificada  su  partida  al 
Rey,  quedó  muy  alterado  contra  ella,  porque  sintió 
que  todavía  se  quería  casar  con  el  Rey  de  Sicilia, 
Príncipe  de  Aragón,  de  quien  estaba  sospechoso 
por  la  enemiga  que  estaba  entre  el  Rey  de  Aragón 
su  padre  y  él  sobre  lo  del  Principadgo  de  Cataluña; 
ó  tenia  roscólo  que  aquel  casamiento  sería  cabsa  de 
mayores  enconvinientes  é  peligros  de  su  vida.  E 
por  esto  fué  acordado  en  su  Consejo  que  aquel  Car- 
denal embaxador  que  allí  estaba  y  el  Arzobispo  de 
Sevilla  oviesen  de  ir  á  ella  é  requerilla  que  no  se 
casase  con  el  Príncipe  de  Aragón,  salvo  con  el  Du- 
que de  Berri,  hermano  del  Rey  Luis  de  Francia,  á 
quien  por  estonces  pertenescia  la  subcesion  del  Rey- 
no  de  Francia ;  pero  aquesto  la  Princesa  lo  desechó 
con  tal  menosprecio,  que  el  Cardenal  quedó  muy 
sentido,  é  tomó  grande  enemistad  contra  ella ,  en 
tanto  grado  que  determinó  de  favorecer  é  ayudar  á 
la  hija  del  Rey,  lo  qual  luego  puso  por  obra  seguud 
que  adelante  será  recontado.  Verdad  es  que  aquella 
desobediencia  de  la  Princesa  contra  el  Rey  toda  se 
fizo  por  acuerdo  é  consejo  é  rodeo  de  D.  Alonso  Car- 
rillo, Arzobispo  de  Toledo,  y  del  Almirante  Don 
Fadrique,  por  cuyo  seso  é  querer  ella  se  regia  é  go- 
bernaba ;  é  asi  ovo  lugar  el  consejo  é  deseo  é  volun- 
tad de  ellos  para  que  el  casamiento  del  Príncipe  de 
Aragón  con  ella  se  concluyese,  segund  que  luego  se 
fizo ;  lo  qual  será  recontado  por  el  proceso  adelan- 
te. En  aqueste  medio  tiempo  murió  Don  Alonso  Gi- 
rón, Conde  de  üreña,  hijo  bastardo  del  Maestre  Don 
Pedro  Girón;  subcedió  en  el  señorío  Don  Juan  Girón 
su  hermano,  niño  de  poca  edad. 

CAPÍTULO  CXXXIL 

De  como  el  Rey  se  partió  de  Córdoba  para  Écija,  é  lo  que  allí 
subcedió. 

Partido  el  Cardenal  embaxador,  el  Rey  se  fué  á 
la  Rambla,  que  es  un  grueso  lugar  de  la  tierra  de 


Córdoba,  por  aver  algún  concierto  con  el  Conde  de 
Cabra,  que  estaba  inuy  quexoso  del  y  del  Maestre 
Don  Juan  Pacheco,  donde  se  estuvo  por  espacio  de 
quatro  dias;é  desde  allí  se  fué  á  Ecija,  é  mandó  que 
el  Maestre  y  el  Obispo  de  Sigüenza  quedasen  allí 
para  aplacar  al  Conde  de  Cabra  y  concluir  la  paz 
entre  él  y  Don  Alonso  de  Aguilar.  Llegado  el  Rey  á 
Ecija,  fué  rcscebido  con  mucho  amor  é  plascer  del 
pueblo,  é  mucho  mas  por  Don  Martin  de  Córdoba, 
hijo  del  Conde  de  Cabra,  que  la  tenia  como  Alcayde 
é  Gobernador  della,  á  quien  todos  los  vecinos  é  mo- 
radores de  aquellacibdad  amaban  é  querían  mucho. 
Pasados  algunos  pocos  de  dias  después  que  el  Rey 
llegó  allí,  mandó  á  Don  Martin  que  dexase  las  puer- 
tas y  el  corregimiento  de  lacibdad  é  de  la  justicia; 
é  dexado,  fué  dado  al  Doctor  Garci-Lopez  de  Ma- 
drid, que  era  uno  de  los  de  su  Consejo.  Después  que 
el  Maestre  y  el  Obispo  de  Sigüenza  dieron  asiento  é 
concoidia  entre  el  Conde  de  Cabra  é  Don  Alonso  de 
Aguilar,  viniéronse  á  Ecija ;  donde  venidos ,  como 
las  cosas  del  Maestre  eran  fundadas  sobre  su  propio 
interese,  é  sobre  aver  por  bien  la  deslealtad  que  con- 
tra el  Rey  se  avia  fecho,  hizo  que  el  Rey  quitase  la 
tenencia  de  la  fortaleza  á  Don  Martin ,  é  se  fuese 
de  la  cibdad.  E  porque  no  paresciese  que  desnuda- 
mente lo  echaba,  trató  como  le  diese  cierto  juro  sin 
efecto  ;  ó  asi  desapoderado  de  la  fortaleza,  luego 
fué  entregada  á  Don  Fadrique  Manrique  con  los 
oficios  ó  puertas  de  la  cibdad.  De  aquesta  novedad 
todos  los  del  pueblo ,  grandes  é  pequeños ,  fueron 
muy  tristes  c  descontentos,  en  tanto  grado,  que  des- 
dan públicamente  ser  arrepentidos  é  pesantes,  por- 
que avian  sido  leales  al  Rey ,  visto  como  desechaba 
los  leales  é  daba  las  tenencias  é  los  oficios  álos  que 
tanto  le  avian  deservido  é  sido  traydores;  señalada- 
mente á  Don  Fadrique,  público  enemigo  de  su  hon- 
ra é  servicio.  E  no  solamente  pesó  á  ellos,  mas  á  to- 
dos los  criados  del  Rey  páreselo  cosa  fea  é  de  mal 
enxemplo ;  ca  bien  veían  qual  era  el  intento  del 
Maestre ,  que  quería  facer  leales  de  los  traydores, 
porque  los  leales  quedasen  amenguados  é  sin 
honra. 

CAPÍTULO  CXXXIII. 

Como  el  Rey  se  fué  á  la  cibdad  de  Antequera ,  para  verse  con  un 
cabdillo  de  Málaga  ,  que  se  descia  Aliquezotc,  é  no  lo  quiso 
acoger  el  Alcayde  dentro  sino  con  diez  cabalgaduras,  é  todos 
los  que  iban  con  él  se  quedaron  fuera. 

Después  que  Don  Fadrique  fué  apoderado  de  la 
cibdad ,  é  fortaleza  é  puertas  de  Écija,  é  tomó  el 
corregimiento  en  su  mano,  acordó  el  Rey  do  se  ir  á 
ver  con  el  Aliquezote,  un  caballero  moro  cabdillo 
de  Málaga ,  varón  famoso  entre  los  moros ,  el  qual 
siempre  se  avia  mostrado  servidor  suyo ;  é  asi  por 
esto,  como  por  consultar  con  él  algunas  cosas  cum- 
plideras á  su  servicio,  determinó  de  lo  ver  y  hablar. 
E  porque  la  cibdad  de  Antequera  es  el  lugar  mas 
cercano  de  Málaga,  mandó  que  lo  fuesen  allí  á  apo- 
sentar ;  pero  como  Hernando  de  Narvaez,  el  Alcay- 
de della,  supo  de  su  venida,  sospechó  que  iba  por 


186 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  .DE  CASTILLA. 


dalla  á  Don  Alonso  de  Aguilar ,  que  avia  graud 
tiempo  que  andaba  por  avella ;  é  con  aquesta  sos- 
pecha juntóse  la  fealdad  que  se  hizo  en  Bcija  con- 
tra Don  Martin  de  Córdoba ,  aviendo  sóido  tan  leal 
caballero  á  su  servicio,  quitalle  la  fortaleza  é  puer- 
tas para  dallas  al  desleal,  de  tal  manera,  que  deter- 
minó de  estar  á  buen  recabdo.  E  asi  desque  el  Rey 
llegó  á  las  puertas  de  Antequera  que  estaban  cerra- 
das é  cop  gentes  que  las  guardaban,  salió  allí  Nar- 
vaez,  y  díxole  que  su  Alteza  avia  de  entrar  con  has- 
ta quince  cabalgaduras  é  no  mas ,  é  todos  los  otros 
hizo  aposentar  en  los  arrabales  de  fuera.  Verdad  es 
que  de  aquesto  no  fué  pesante  el  Rey,  antes  le  plu- 
go. Estando  el  Rey  allí,  fué  concertado  el  dia  de  las 
vistas  con  Aliquezote ;  é  concertado  pasóse  á  la  vi- 
lla de  Archidona ,  porque  estaba  mas  cercana  de 
Málaga ;  é  desde  allí  salióse  á  ver  con  él  al  campo, 
do  Aliquezote  vino  desarmado,  é  llegó  al  Rey  con 
muy  grand  reverencia  é  humildad  como  propio  va- 
sallo. E  después  que  ovo  hablado  un  grand  rato, 
Aliquezote  presentó  al  Rey  ciertos  caballos  de  allen- 
de, é  otras  cosas  moriscas ,  con  que  el  Rey  ovo  mu- 
cho plascer,  teniéndoselo  en  servicio  é  agradescién- 
doselo  mucho.  E  de  allí  adelanto  lo  tuvo  por  mucho 
suyo,  para  le  favorecer  é  ayudar  contra  el  Rey  de 
Granada  que  lo  quería  destruir  é  echar  fuera  de 
Málaga,  donde  estaba  muy  querido. 

CAPÍTULO  CXXXIV. 

Como  el  Rey  se  fué  á  Carmona  ,  é  de  lo  que  allí  subcedió. 

Tornado  el  Rey  de  las  vistas  de  Aliquezote  fuese 
para  la  villa  de  Carmona,  que  es  un  lugar  muy 
fuerte.  Venido  allí,  estuvo  algún  tiempo ,  é  como 
aquella  villa  tiene  tres  alcázares,  de  los  quales  el 
Maestre  Don  Juan  Pacheco  tenia  los  dos,  é  del  otro 
era  Alcayde  un  caballero  <iue  se  llamaba  Gómez 
Méndez  de  Sotomayor,  pariente,  é  muy  bien  quieto 
de  los  Señores  é  caballeros  de  Sevilla ;  el  Maestre, 
para  hartar  su  demasiada  cobdicia ,  acordó  que  el 
Rey  enviase  á  mandar  á  Gómez  Méndez  que  le  die- 
se su  Alcázar,  é  que  le  haria  mercedes,  y  en  equiva- 
lencia otras  cosas  que  á  él  mas  gustasen;  pero  el 
Alcayde  no  salió  á  ello,  y  respondió  que  no  lo  podía 
dar  ni  entregar  sin  consultarlo  con  los  Señores  é  ca- 
balleros de  Sevilla.  E  luego  envíeselo  á  notificar;  de 
que  el  Duque  de  Medina  Sidonia,  é  Don  Rodrigo 
Ponce  de  León ,  é  Don  Pedro  de  Zúfiiga  su  cufiado, 
y  el  Adelantado  de  Andalucía,  é  los  Regidores  é 
caballeros  de  la  cibdad  fueron  muy  alterados.  So- 
bre lo  qual  acordaron  de  suplicar  al  Rey  no  quisie- 
se enagenar  aquella  villa  de  su  corona  Real ,  por- 
que de  ello  se  le  seguiría  grand  deservicio  á  su  Al- 
teza ;  y  que  pues  Gómez  Méndez  avia  seido  siempre 
leal  Alcayde,  é  que  no  avia  quien  no  le  quisiese  por 
pariente  é  amigo  en  aquella  cibdad  ,  que  su  Alteza 
no  le  quisiese  quitar  el  alcaydía.  E  asi  enviados  sus 
mensageros ,  propusieron  su  embaxada  con  mucha 
osadía.  Estonces  el  Rey,  sintiendo  el  escándalo  de 
íla  cibdad,  respondió  muy  dulcemente  que  á  él  le 
jplascia  de  hacer  lo  que  le  suplicaban ,  é  avia  por 


bien  que  Gómez  Méndez  tuviese  el  Alcázar.  Mas  ei 
Maestre  que  su  sed  no  le  dexaba  descansar,  ni  su 
cobdicia  reposar,  hizo  al  Rey  que  tornase  á  deman- 
dar el  Alcázar  á  Gómez  Méndez,  ol  qual  denegó  do 
dalle.  Sabido  aquesto  por  el  Duque  de  Medina  ó  por 
los  otros  caballeros.  Regidores,  é  Jurados  ó  Oficia- 
les, acordaron  de  combatir  ol  castillo  de  Tríana,  é 
combatido,  fué  tomado ,  é  preso  el  Mariscal  Her- 
nán d' Arias  de  Saavedra  que  le  tenia,  é  pusieron  allí 
otro  Alcayde  por  ellos.  Fecho  aquesto  el  Duque 
ajuntó  grand  compaña  de  gente,  asi  de  caballo  co- 
mo de  peones,  de  que  el  Rey  fué  muy  enojado,  y  el 
Maestre  se  resceló  de  ello  ;  pero  acordaron  que  se- 
ría bien  se  acercasen  mas  á  la  cibdad  de  Sevilla.  Y 
asi  el  Rey  con  toda  su  Corte  so  fué  luego  á  aposen- 
tarse á  la  villa  de  Alcalá  de  Guadayra ,  creyendo 
que  desde  allí  se  podría  mejor  contratar  alguna  ma- 
nera de  paz  é  sosiego.  Donde  venido  el  Rey,  envió 
á  maudar  que  derramasen  aquella  gente  que  tenían 
junta,  porque  era  cosa  muy  fea,  é  parescia  que  es- 
taba contra  su  servicio.  El  Duque  le  respondió  que 
la  gente  y  él  estaban  á  su  servicio,  é  que  nunca  plu- 
guiese á  Dios  que  él  otra  cosa  ninguna  pensase;  mas 
que  le  parescia  que  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco 
se  mostraba  su  enemigo,  é  que  se  temía  que  con  el 
favor  de  su  Alteza  le  queria  dañar,  porque  siempre 
procuraba  sus  propios  intereses,  dañando  á  todos, 
según  que  la  experiencia  de  las  cosas  pasadas  en  el 
Reyno  á  su  cabsa  lo  mostraba,  y  en  lo  de  Carmona 
se  avia  visto,  de  que  su  Alteza  avía  sido  mejor  tes- 
tigo que  todos ;  é  que  por  aquello  no  entendía  der- 
ramar su  gente,  ni  su  Real  Señoría  se  lo  debía  de- 
mandar; mayormente  que  no  la  tenia  salvo  para  se- 
guridad de  su  persona  é  de  sus  parientes  é  amigos, 
é  no  para  deservir  á  su  Excelencia ,  en  tal  manera 
que  siempre  tovo  su  gente  allegada.  Entonces  el 
Maestre,  por  disimular  el  disfavor  que  de  aquello 
rescebia,  envió  é  rogar  al  Duque  que  quisiese  verse 
con  él,  para  que  allí  se  diese  algún  asiento  de  con- 
cordia entre  ellos.  E  quando  quiera  que  el  Duque 
determinó  de  salir  á  las  vistas,  é  le  respondió  que  le 
plascia,  los  otros  Señores,  é  caballeros  é  Regidores 
no  quisieron  dar  lugar  á  ello,  disciendo  que  pues  el 
Maestre  era  cabteloso ,  que  le  traería  en  algún  en- 
gaño de  los  que  acostumbraba  con  todos.  E  asi  es- 
torbadas las  vistas ,  paresció  que  los  corazones  do 
todos  en  aquella  cibdad  quedaron  indignados,  é  con 
mayor  enemiga  con  el  Maestre.  E  como  en  aquesta 
conformidad  estaban  muy  juntos  el  Duque  de  Me- 
dina, é  Don  Rodrigo  Ponce  de  León ,  é  Don  Pedro 
de  Zúñiga,  é  Don  Alonso  Enriquez,  Adelantado  del 
Andalucía  con  todos  los  Regidores,  caballeros  é  Ofi- 
ciales de  la  cibdad,  enviaron  al  Rey  una  embaxada 
de  personas  principales,  suplicándole  con  grand  ins- 
tancia, que  en  ninguna  manera  no  quisiese  enage- 
nar de  su  corona  Real  la  villa  de  Carmona,  é  con- 
firmase el  alcaydía  á  Gómez  Méndez  de  Sotomayor, 
é  asimismo  pluguiese  á  su  Alteza  de  remediar  algu- 
nos agravios,  que  á  la  cibdad  eran  fechos,  porque 
así  cumplía  á  su  servicio.  Oyda  su  habla  é  lo  que  le 
suplicaban,  el  Rey  liberalmente  se  lo  otorgó ,  dis- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


187 


fjjciendo  que  puossu  petición  era  justa,  convenia  que 
f !  les  fuese  otorgada.  E  quanto  quier  que  estaba  some- 

I  tido  al  querer  del  Maestre,  vistas  sus  cobdicias  des- 
'  I  ordenadas,  sin  dubda  lo  plascia  quando  tales  afren- 

'  tas  le  venían,  porque  no  se  cumpliese  lo  que  su  ham- 
í|  bricnta  codicia  deseaba  é  procuraba,  mayormente  si 

j  Ids  lugares  que  él  pedia  se  le  defendian,  é  no  se  le 
J!  daban. 

CAPÍTULO  CXXXV, 

j        Como  el  Rey  se  partió  á  Cantillana,  é  lo  que  allí  subccdió. 

Visto  el  desacuerdo  del  Maestre  é  del  Duque,  é 
como  ningún  medio  de  concordia  se  ponia  entre 
ellos,  antes  la  enemiga  crescia  de  contino,  acordó  el 
Rey  de  so  partir  á  Cantillana,  asi  por  tomar  des- 
canso de  su  fatiga  espiritual ,  como  por  escusar  al- 
gunos inconvenientes  de  rotura  entre  aquellos  dos 
caballeros.  Donde  venido,  acordó  el  Maestre  quo  el 
Rey  enviase  á  llamar  á  Don  Alonso  de  Aguilar ;  el 
qual,  visto  su  llamamiento,  vino  luego  ,  y  el  Rey  le 
mandó  que  pues  él  era  tan  amigo  del  Maestre  y  del 
Duque  de  Medina,  entendiese  entre  ellos,  por  mane- 
ra quo  se  uniesen,  y  entrambos  quedasen  conformes; 
lo  qual  Don  Alonso  puso  por  obra,  y  andando  del 
nno  al  otro,  concertó  como  se  viesen  con  cada  trein- 
ta de  á  caballo  entre  Sevilla  é  Cantillana.  E  vistos 
paresció  que  se  conformaron ;  é  fué  acordado  que  el 
Rey  oviese  de  entrar  en  Sevilla,  para  que  allí  fuese 
fecho  el  rescebimiento  que  convenia.  Y  asi  luego  el 
sábado  siguente  el  Rey  se  fué  á  la  cibdad ,  y  con  él 
el  Obispo  de  Sigüenza,  y  el  Maestre  quedó  en  Canti- 
llana. Fué  el  Rey  con  grand  solenidad  rescebido  asi 
en  la  Iglesia,  como  por  los  caballeros  é  cibdadanos 
del  pueblo,  mostrando  todos  mucho  gozo  con  su  ve- 
nida. Estuvo  allí  hasta  el  lunes  rescibiendo  fiestas; 
é  quanto  quiera  que  quisiera  reposar  allí  algunos 
dias,  el  Maestre  le  envió  á  decir  que  se  partiese  lue- 
go, é  asi  fué,  en  acabando  de  oir  misa,  sin  que  nin- 
guno de  los  caballeros  de  la  cibdad  lo  supiesen  ;  de 
que  todos  quedaron  maravillados  y  descontentos. 
Llegado  el  Rey  á  Cantillana,  fuéle  notificado  como 
el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Almirante  con  algunos 
caballeros  de  Campos  se  avian  juntado  con  la  Prin- 
cesa su  hermana,  é  la  avian  llevado  áValladolid  pa- 
ra casalla  con  el  Rey  de  Secilia,  Príncipe  de  Aragón; 
el  qual  avia  venido  encubiertamente  por  mandado 
de  la  Princesa,  y  del  Arzobispo  de  Toledo  y  del  Al- 
mirante ;  é  que  llegado  á  Valladolid ,  se  hizo  luego 
el  desposorio,  é  ctro  dia  siguiente  se  celebraron  las 
bodas.  E  como  para  ninguna  cosa  de  aquello  fué 
consultado  el  Rey,  ni  se  lo  hicieron  saber,  ovo  grand 
sentimiento  é  enojo,  é  acordó  sn  partida  para  Tru- 
zillo. 


CAPÍTULO  CXXXVI. 


Como  la  ida  del  Rey  á  Tiuxiüo  fué  para  h  dar  al  Conde  de  Pla- 
sencia,  é  no  pudo  aver  la  Fortaleza,  6  de  lo  que  cerca  dello 
subcedió;  é  de  una  carta  que  la  Princesa  Doña  Isabel  escribió 
al  Rey  su  hermano  cerca  del  casamiento  suyo  con  el  Principe 
Don  Fernando. 

Porque  D.   Alvaro  de  Zúñiga ,  Conde  de  Plasen- 
cia,  avia  sido  muy  parcial  é  servidor  del  Rey  en  las 
adversidades  pasadas,    queriéndole  remunerar  sus 
servicios  é  serle  agradecido,  asi  porque  él  lo  avia 
gana,  como  porque  el  Maestre  D.  Juan  Pacheco  lo 
quería,  determinó  de  dalle  la  cibdad  de  Truxillo,  é 
asi  so  partió  para  ella,  E  como  aquestas  cosas  tarde 
ó  nunca  no  pueden  estar  secretas,  fué  notificada  á 
los  caballeros  cibdadanos  de  Truxillo  la  cabsa  de  su 
ida  del  Rey,  los  quales  cauta  é  muy  calladamente 
hicieron  su  concierto  con  el  Alcayde  que  se  llamaba 
Gracian  de  Sesé,  para  que  no  diese  la  fortaleza  ni 
saliese  á  partido  ninguno  quo  lo  moviesen.  El  Al- 
cayde se  confederó  con  ellos,  é  les  dio  tales  seguri- 
dades é  firmezas,  que  quedaron  muy  ciertos  de  su 
palabra,  en  tal  manera,  que  desque  vino  el  Rey  ala 
cibdad,  y  envió  á  mandar  al  Alcayde  que  le  diese 
aquella  fortaleza,  respondió  que  su   Alteza  venia 
agenado  de  su  propia  libertad,  puesto  en  poder  de 
algunos  caballeros  enemigos  de  su  servicio,  por  cu- 
yo enducimiento  quería  dar  aquella  cibdad  é  apar- 
talla  de  la  Corona  Real ;  por  tanto,  que  le  suplicaba 
con  quanta  humildad  podia  no  curase   de  gela  de- 
mandar porque  él  no  la  quería  dar,  ni  cumplía  á  su 
servicio  ni  al  bien  de  sus   Reynos ;  y  que  por  esto 
no  entendía  desapoderarse  de  ella,  salvo  tenella  é 
guardalla  para  su  servicio.   E  quanto  quier  que  el 
Rey  insistió  con  él  para  que  se  la  diese,  jamás  la 
quiso  dar  ni  desapoderarse  de  ella.  Entretanto  que 
así  pendían  aquellos  tratos,  Don  Gómez  de  Cáceres, 
Maestre  de  Alcántara,  vino  allí  á  hacer  reverencia 
al  Rey,  mostrándose  culpado  de  sus  feas  culpas  é 
demandándole  perdón.  E  como  el  Rey  fué  siempre 
encunado  &  piedad,  perdonólo  liberalmente  con  tan- 
to que  le  dexase  la  cibdad  de  Badajoz  é  villa  de  Cá- 
ceres que  tenia  usurpadas ;  las  quales  dexó  luogo,  é 
quedaron  libres  é  desembargadas  para  el  Rey.  Es- 
tonces á  suplicación  de  entrambos  Maestres,  el  de 
Sanctiago  é  de  Alcántara,  fizo  merced  de  la  cibdad 
de  Coria  á  Don  Gutierre  de  Cáceres  su  hermano,  que 
ya  ee  decía  Conde  della,  é  confirmóle  el  dicho  título 
de  Con  de.  E  porque  el  Clavero  de  Alcántara  D.  Alon- 
so de  Monroy  avia  sido  siempre  su  leal  servidor, 
guerreando  contra  el   Maestre  de  Alcántara  é  los 
otros  traydores ,  hízole  ciertas  mercedes ,  dándole 
grand  cabida  y  favor  en  su  casa  é  Corte.  Pasados 
algunos  dias  después  que  el  Rey  vino  á  Truxillo,  la 
Princesa  Doña  Isabel  su  hermana  le  envió  esta  car- 
ta siguiente : 

«Muy  alto,  é  muy  poderoso  Rey  y  Señor:  bien 
» sabe  vuestra  Señoría  como  después  que  el  muy 
«ilustre  Rey  Don  Alonso,  hermano  de  vuestra  Seño- 
»  ría  é  mío,  pasó  de  esta  presente  vida,  é  algunos  de 
» los  grandes,  é  perlados  é  caballeros ,   que  le  avian 


188  CRÓNICAS  DE  LOS  R 

«seguido  é  servido,  quedaron  en  mi  servicio  on  la 
»  cibdíul  de  Avila,  yo  pudiera  continuar  el  titulo  ó 
»  posesión  que  el  dicho  Rey  Don  Alonso  mi  herma- 
))lio  antes  de  su  muerte  avia  conseguido.  Pero  por 
»  el  muy  grande  é  verdadero  amor  que  yo  siempre. 
»ove  é  tengo  á  vuestro  servicio  ó  persona  Real,  é  al 
B  bien  é  paz  é  sosiego  de  estos  vuestros  Rcj'nos,  é 
»  sintiendo  que  vuestra  Alteza  deseaba  que  las  guer- 
»  ras  y  escándalos  ó  peligros  é  movimientos  c  muer- 
» tes  é  turbaciones  se  pacificasen ,  é  acordadamente 
»  se  compusiesen,  quise  posponer  todo  lo  que  parecía 
»  aparejo  de  mi  sublimación,  y  mayor  señorío  é  po- 
»  derío,  é  por  condescender  á  la  voluntad  é  disposi- 
ncion  de  vuestra  Excelencia.  La  qual  asimismo  co- 
»  nociendo  que  la  subcesion  verdadera  de  estos  Rey- 
»  nos  é  señoríos  pertenesci*.  ó  pertenece  á  mí  como 
» legítima  subcesora  y  heredera  de  ellos  después  de 
«losdias  de  vuestra  Señoría,  que  Dios  muchos  años 
»  conserve  é  acreciente,  tuvo  por  bien  que  en  las 
»  vistas  acordadas  c  fechas  entre  Cadahalso  éZebre- 
»ros,  donde  vuestra  merced  personalmente  quiso 
»  venir,  é  yo  vine  ,  intreviniendo  el  Obispo  de  León 
»Don  Antonio  do  Veneris,  Nuncio  Apostólico,  con 
»  poderío  de  Legado  á  Latere  de  nuestro  muy  santo 
»  Padre,  en  presencia  de  muchos  grandes,  é  perlados 
»  é  caballeros,  ya  por  mi  mandamiento  informados, 
»  é  venidos  allí  á  vuestro  servicio  é  obediencia,  por 
»  actos  Apostólicos,  y  escripturas  patentes  fuese  en- 
» de  publicado  é  denunciado  por  todos  vuestros 
»  Reynos  é  partes  diversas  de  la  Christiandad  per- 
» tenecerme  la  dicha  subcesion.  B  luego  por  reme- 
))  diar  el  peligro  é  daños  que  podrían  recrescer,  si 
«los  dichos  Reynos  é  señoríos  no  tuviesen  quien 
»  adelante  legitiraamonte  en  ellos  subcediese ,  fué 
»  acordado  por  vuestra  Excelencia  é  por  los  grandes, 
»  é  perlados  é  caballeros  de  su  Corte  é  muy  alto  Gon- 
«sejo,  que  según  las  leyes  y  ordenamientos  que 
«cerca  délo  semejante  disponen,  se  viese  con  dili- 
»  gencia  quál  matrimonio  do  quatro  que  á  la  sazón 
»  se  movían  del  Príncipe  de  Aragón,  Rey  de  Secilia, 
»  é  del  Rey  de  Portugal ,  é  del  Duque  de  Berri,  é  del 
»  hermano  del  Rey  de  Inglaterra  páresela  mas  hon- 
»  rado  á  vuestra  corona  Real,  é  mas  cumplidero  á  la 
»  pacificación  y  ensanchamiento  de  los  dichos  vues- 
»tro8  Reynos,  é  se  conosciese  ser  en  todo  mas  con- 
»  forme.  E  como  quier  que  la  calidad  de  tan  alto  ne- 
»  gocio  requiriese  juntamente  con  la  observancia  de 
» las  leyes  é  ordenamientos  de  estos  vuestros  Reynos 
» la  presteza,  no  solamente  dio  vuestra  Merced  lu- 
»  gar  á  la  dilación  é  quebrantamiento  de  las  cosas 
»  á  mí  prometidas  é  contenidas  en  las  escripturas  é 
«actos  públicos,  corroborados  é  solenizados,  quan- 
»  do  el  acuerdo  é  unión  susodicha  se  hizo ,  para  pa- 
»  cificacion  universal  de  vuestros  Reynos,  é  rem'^lio 
«de  los  escándalos  pasados  é  advenideros;  mas  aún 
»  vuestra  Alteza  sin  ser  consultados  los  grandes  de 
» los  dichos  vuestros  Reynos,  según  que  yo  lo  pedia 
«épedí,  é  sin  intrevenir  en  la  tal  consultación  é 
«acuerdo  los  Procuradores  de  las  mas  principales 
»  cibdades  é  provincias  sujetas  á  vuestra  Real  coro- 
» na.  olvidando  todo  lo  provechoso  é  honroso,  por 


EYES  DE  CASTILLA. 
»  consentir  el  acuerdo  particular  de  algunos,  envió 
«mensageros  al  Rey  de  Portugal  mi  primo,  no  es- 
))  perando  que  antes  de  su  parte  fuese  movido  é  pro- 
» curado,  según  la  razón  lo  requería.  E  venida  la 
»  embaxada,  sin  tenerse  la  forma  conveniente,  algu- 
»  nos  Procuradores  de  las  cibdades  é  provincias,  que 
»  por  el  llamamiento  de  vuestra  Señoría  eran  llama- 
«dos  é  venidos  á  vuestra  Corte,  fueron  requeridos  é 
»  amonestados,  teniéndolos  encerrados  é  apremiados 
»  en  cierto  lugar,  é  usando  ccn  ellos  de  ciertas  arae- 
»  nazas ,  para  que  viniesen  en  el  acuerdo  é  consen- 
» timiento  del  dicho  matrimonio.  E  asimesmo  con- 
»  migo  fueron  traídas  algunas  formas  de  dilaciones 
»  en  quebrantamiento  de  lo  que  por  lo  capitulado  se 
«  avia  de  hacer  é  cumplir.  Y  en  los  razonamientos 
»  do  vuestra  Alteza,  é  de  algunos  por  su  mandado 
«claramente  se  conocía  como  vuestra  Señoría,  con- 
» descendiendo  á  la  voluntad  de  algunas  particula- 
»  res  personas,  me  quisieron  constreñir  é  apremiar 
»  al  dicho  casamiento.  De  lo  qual  procedió  que  yo 
«  asi  como  sola  y  enagenada  de  la  justa  é  debida  li- 
»  bertad,  é  del  poderío  del  mi  franco  alvedrio,  que 
»en  negocio  matrimonial,  después  de  la  gracia  de 
«Dios,  principalmente  se  requiere,  secretamente 
»  hice  sabidores  á  los  grandes,  é  perlados  é  caballe- 
»ros,  vuestros  subditos,  é  naturales,  ganosos  del 
n  servicio  de  Dios  é  vuestro,  é  del  honor  é  gloria  y 
»  grand  exaltamiento  de  vuestros  Reynos,  signifi- 
»  candóles  las  formas  conmigo  tenidas,  é  demandán- 
n  doles  su  muy  leal  parescer,  según  el  qual ,  diesen 
»  su  voto  é  declarasen  lo  que  mejor  é  más  complido- 
»  ro  les  parescia  al  servicio  de  Dios  é  vuestro,  é  pro- 
»  vecho  de  estos  Reynos.  A  la  qual  requesta  respon- 
»  dieron  é  denunciaron  muchas  cabsas  notorias,  por- 
«que  en  manera  alguna  no  cumplía  al  bien  de  los 
«  dichos  vuestros  Reynos  el  casamiento  de  Portu- 
»  gal,  ni  el  que  se  movía  de  Francia,  según  mas  lar- 
»  gamente  en  sus  respuestas  se  contiene.  E  confor- 
»  mes  del  todo  loaron  é  aprobaron  el  matrimonio  del 
«Príncipe  de  Aragón,  Rey  de  Secilia,  alegando  las 
»  cabsas  muy  evidentes,  que  á  la  tal  aprobación  les 
»  movían.  Las  quales  cabsas  nunca  pudieron  mover 
»ni  solicitar  á  los  que  procuraban  lo  que  conocían 
»  ser  siniestro  á  vuestro  servicio,  y  al  bien  é  honor 
«  de  estos  vuestros  Reynos.  Cuyos  deseos  mas  se  ma- 
«nifestaron,  quando  ya  visto  el  despontentamiento 
«de  todos  vuestros  subditos  é  naturales  cerca  de 
»  casamiento  de  Portugal,  é  conocidas  las  fuerzas  de 
»  la  razón  repugnantes  á  su  deseo,  mostraron  trocar 
«su  primero  acuerdo,  teniendo  manera  que  vuestra 
«  Alteza  diese  plascientes  orejas  á  la  embajada  do 
«  Francia,  no  se  queriendo  revocar  de  semejante  so- 
»  licitud  por  algunas  de  muchas  razones  manifiestas 
»  á  los  deseosos  de  vuestro  servicio,  é  del  bien  é  ho- 
»  ñor  de  vuestra  corona  Real  é  Reynos.  Cuyo  deseo 
»  é  voto  fué  que  no  casase  en  parte  tan  lexos  de  mi 
«  naturaleza,  disciendo  asimismo,  que  quanto  quiera 
»  que  sea  el  Duque  de  Berri  excelente  é  muy  noble 
»  Príncipe,  pero  que  su  advenidero  ensalzamiento  á 
w  la  posesión  de  la  corona  de  Francia,  principalmen^ 
n  te  allegado  por  los  que  el  dicho  matrimonio  indu- 


DOK  ENRIQUE  CUARTO. 


189 


»  clan,  es  dudoso  por  las  razones  é  cabsas  en  sus  vo- 
» tos  mas  largamente  expresadas.  E  aunque  el  caso 
))  adugese  la  subcesiou  del  reyno  al  dicho  Duque  de 
»Berri,  mostraban  inconvinientes  por  la  principali- 
»  dad  é  mayoría  del  título  que  los  Franceses  á  Fran- 
»  cía  otorgarían,  teniendo  á  estos  muy  notables  Rey- 
»  nos  é  grandes  señoríos  por  provincias  sufragáneas. 
»  Y  no  menos  les  paresció  ser  muy  peligroso  á  vues- 
B  tros  señoríos,  segund  que  de  verdad  se  conoce,  el 
»  favor  que  se  ha  procurado  dar  á  los  Franceses  con- 
» tra  el  muy  ilustre  Rey  de  Aragón  vuestro  tio  é 
»mio,  para  que  ocupen  é  conquisten  sus  señoríos, 
»  no  considerando  los  males  é  daños  que  de  la  tal 
«ocupación  se  podrían  recrescer,  segund  el  grand 
«poderío  que  se  les  añadiría,  é  segund  la  cercanía 
»  que  temían  á  las  principales  partes  de  vuestros 
»  Reynos ;  allende  de  la  grand  ignominia  é  abati- 
»  miento  que  á  vuestra  Real  persona  veraia,  ocupán- 
ftdoso  por  nación  estrangera  los  señoríos  poseydos 
»  por  ReyéS  vuestros  tan  cercanos  parientes,  cuyos 
«progenitores  fueron  asimesino  progenitores  de 
»  vuestra  Señoría  é  niios ;  á  los  quales  han  porfiado 
»  antes  de  agora,  y  al  presente  porfían  hacer  ágenos 
Ȏ  adversarios  de  vuestra  corona,  no  muy  deseosos 
»  de  vuestros  servicios ,  ó  de  la  paz  é  sosiego  de  los 
«dichos  vuestros  Reynos  é  señoríos.  E,  muy  alto  Rey 
B  é  Señor,  vistas  las  respuestas  ó  leales  votos  en  todo 
a  conformes  de  muy  muchos  grandes,  é  perlados  é 
»  caballeros,  deseosos  del  servicio  do  Dios  ó  vuestro, 
»  y  del  bien  é  honor  é  ensalzamiento  de  todos  los 
»  dichos  vuestros  Reynos  é  señoríos  por  cabsa  de  tal 
»  matrimonio ;  é  conoscida  la  verdad  de  sus  razones, 
«por  ellos,  como  dicho  es,  asignadas,  cerca  de  la 
»  conformidad  mas  honrosa  é  provechosa  del  casa- 
n  miento  del  Rey  de  Secilia ;  considerando  la  edad  é 
» unidad  de  nuestra  antigua  progenie,  é  lo  que  se 
»  añadería  ala  Corona  Real  de  estos  vuestros  Reynos 
»  por  cabsa  de  tal  matrimonio,  é  los  merescimientos 
«muy  claros  del  Rey  Don  Fernando  de  Aragón, 
»  agüelo  del  dicho  Príncipe,  Rey  de  Secilia ,  herma- 
»  no  del  muy  esclarecido  Rey  de  gloriosa  memoria 
»  Don  Enrique,  agüelo  de  vuestra  Señoría  é  mió ;  cu- 
»  ya  postrimera  voluntad  en  su  testamento  fué  que 
»  siempre  se  continuasen  nuevas  conexiones  matri- 
»  mouiales  con  los  descendientes  por  linea  recta  del 
»  dicho  Rey  Don  Fernando  ;  é  por  otras  cabsas  mu- 
»  chas  aquí  no  expresadas,  yo  oviera  luego  manifes- 
» tado  mi  conforme  parecer  á  vuestra  merced  como 
»  hermana  menor,  é  obediente  hija  deseosa  de  vues- 
» tro  servicio  é  de  la  verdadera  paz  c  tranquilidad 
»  de  vuestros  Reynos  é  señoríos,  salvo  por  ser  cierta 
«que  se  recrecerían  de  la  semejante  manifestación 
»  mayores  é  mas  escandalosos  estorbos  é  daños,  pro- 
» curados  por  los  que  seguían  caminos  siniestros  é 
»  muy  desviados  de  lo  que  cumplía  á  vuestro  servi- 
»  cío  é  á  los  provechos  suso  contenidos.  E  asimismo 
»  porque  de  la  venida  del  Cardenal  Atrabatensis ,  é 
»  del  Arzobispo  de  Sevilla ,  que  por  consentimiento 
»de  vuestra  Alteza  vinieron  á  la  villa  de  Madrigal, 
»  donde  yo  estaba,  pudo  mejor  conoscer  que  vuestra 
«Señoría  por  complascer  á  personas  no  ganosas  del 


»  engrandecimiento  de  estos  vuestros  Reynos  é  de 
» la  gloria  de  la  vuestra  corona  Real,  qualquier  otro 
»  casamiento  menos  provechoso  han  mostrado  desear 
«que  se  concluyese  porque  se  desechase  el  matrimo- 
))  nio  del  dicho  Príncipe,  Rey  de  Secilia,  tanto  cum- 
1)  plidero  é  honroso,  como  dicho  es.  Lo  qual  fué  mas 
n  manifiesto  por  se  absentar  secretamente  algunas 
«damas,  mis  criadas é  servidoras,  que  ya  conosciau 
«el  intento  de  vuestra  Alteza,  é  sabian  como  vues- 
«tra  Señoría  daba  orden  como  yo  fuese  presa  y 
» enagenada  de  mi  libertad ,  segund  paresció  por 
«unas  cartas  mensageras  que  vinieron  á  mi  noticia, 
«  é  por  la  carta  patente  que  vuestra  Merced  mandó 
«  enviar  al  Concejo  de  la  dicha  villa  de  Madrigal 
»  disciendo  é  mandando  que  me  detoviesen  é  apre- 
»  miasen,  segund  que  por  la  dicha  carta  original  mas 
» largamente  so  puede  ver  é  saber.  Por  lo  qual  mo 
«fué  necesario  enviar  por  el  muy  Reverendo  en 
«Christo  Padre  D.  Alonso  Carrillo,  Arzobispo  de 
n  Toledo,  Primado  do  las  Españas  mi  tio,  para  quo 
«  viniese  luego  dó  quiera  quo  yo  fuese ;  y  en  tanto 
«por  escusar  la  dicha  prisión,  y  enagenamiento  de 
«mi  debida  libertad,  mandé  venir  algunas  gentes 
»  del  Almirante  mi  tio,  que  estaban  mas  cercanas. 
«E  como  quier  que  yo  probé,  si  dentro  de  la  dicha 
»  villa  de  Madrigal  sería  rescebido  el  dicho  Arzobis- 
«po,  fasta  que  notificasen  á  vuestra  Alteza  mi  justo 
» temor,  y  las  querellas  de  que  debía  de  usar,  por  las 
«formas  que  vuestra  Alteza  mandaba  conmigo  te- 
«ner,  segund  dicho  es,  nunca  pudo  facer  que  allí 
«fuese  rescebido  ;  é  por  quitar  los  miedos  que  algu- 
«nos  cabtelosamente  ponian  á  los  vecinos  de  la  di- 
«  cha  villa,  yo  me  partí  dende  é  me  fui  á  Fontive- 
»  ros;  é  dende  allí  otra  vez  los  requerí,  que  quisiesen 
«rescebirme  con  los  que  me  acompañaban,  ó  por 
«  los  temores  que  les  avian  inducido,  no  lo  quisieron 
«  facer.  Por  lo  qual  acordé  de  mo  ir  á  la  mi  cibdad 
n  de  Avila ;  é  supe  de  la  grand  pestilencia  que  en 
»  ella  crescia  mas  cada  día ,  ansí  que  fué  necesario 
»  venir  á  esta  noble  villa  de  Valladolid,  que  es  lu- 
»  gar  sano,  Dios  loado,  é  mas  seguro  é  pacifico,  don- 
n  de  acordé  de  estar,  para  esperar  la  respuesta  de 
«vuestra  Señoría,  y  entender  en  la  mas  provechosa 
»  consultación  de  lo  cumplidero  al  servicio  de  Dios 
»  é  vuestro,  é  al  bien  é  paz  é  sosiego  de  estos  vues- 
«tros  Reynos.  E  luego  después  que  á  esta  dicha 
«villa  vine,  los  que  ocupaban  la  villa  de  Arévalo, 
»  de  la  qual  es  señora  la  muy  illustre  Reyna  Doña 
n  Isabel  mi  señora  madre,  no  seyendo  contentos  de 
« la  resistencia  que  hicieron  quando  yo  vine  alli 
»  desde  Ocaña,  por  solenizar  las  obsequias  del  dicho 
«  Señor  Rey  Don  Alonso  mi  hermano,  é  de  otros  in- 
»  sultos  é  ocupaciones  ende  por  ellos  cometidos  con- 
»  tra  el  pleyto  omenage  antes  fecho;  agora,  según 
B  se  dice,  con  mandamiento  é  abtoridad  de  vuestra 
«  Alteza  han  ocupado  la  jurisdicion  é  señorío  é  ren- 
» tas  de  la  dicha  villa  é  su  tierra ,  privando  della  é 
«do  cada  una  cosa  é  parte  dolía  á  la  dicha  señora 
»  Reyna,  en  total  perjuicio  de  la  justicia,  y  en  opre- 
«sion  de  su  viudez,  y  en  acresccntamiento  do  su  do- 
«lor  y  soledad,  y  en  menosprecio  de  los  huesos  é 


190  CRÓNICAS  DE  LOS 

»  nombro  del  muy  OBclarecido  señor  Rey  Don  Juan, 
»  padre  de  vuestra  Alteza  é  mió.  Las  quales  cosas 
»  de  BUSO  contenidas,  y  los  nuevos  insultos  é  acome- 
Dtimientos  y  escándalos  me  movieron  al  consenti- 
» miento  de  algunos  remedios  repugnantes  á  la  so- 
» licitud  é  siniestra  voluntad  de  los  que  lo  contrario 
»  avian  procurado  é  procuraban.  Por  ende,  muy  alto 
»  Rey  é  Señor,  suplico  á  vuestra  Alteza  quiera  man- 
n dar  que  todos  aquestos  agravios  cesen,  é  mande 
»  aprobar  al  Real  Consejo  el  buen  parecer  de  los  que 
»  verdaderamente  aman  vuestro  servicio  é  procuran 
»  la  bonra  de  vuestra  corona  Real ,  y  desean  el  en- 
nsalzamiento  y  sosiego  de  estos  vuestros  Reynos. 
«Ysi  vuestra  Alteza  ha  dado  fé  á  los  que,  no  obs- 
» tantos  las  cabsas  dichas  tan  evidentes  é  favorables 
»  al  consentimiento  del  matrimonio  del  dicho  Prín- 
Bcipe  Rey  de  Sicilia,  por  ventura  ponen  temores, 
«disciendo  que  si  el  dicho  matrimonio  viniese  en 
«efecto,  se  recrescerian  por  ello  muchos  escándalos 
B  é  detrimentos  é  diminuciones  de  vuestro  Real  es- 
» tado  é  de  las  rentas  debidas  á  vuestra  Real  Seño- 
B  ría,  como  quier  que  no  quisieran ,  ni  desearían  en- 
» tender  en  tal  consultación ;  pero  por  apaciguar,  é 
»  pacificar  é  asosegar  el  ánimo  Real  de  vuestra  Se- 
n  noria,  si  por  semejantes  inducimientos  se  conmue- 
»  ve,  é  por  dar  término  á  tantos  males  y  escándalos, 
»  como  de  cada  dia  se  intentan  é  crecen ;  yo  por  la 
«presente  desde  agora  me  obligo  de  dar  tales  sanea- 
«mientos,  que  vuestra  Alteza  se  deba  tener  por 
«bien  contento  é  seguro  del  cumplimiento  de  mis 
n  promesas  é  obedientes  ofrecimientos,  é  de  la  obe- 
ndiencia  que  el  dicho  Príncipe  de  Aragón  debe  y 
«entiendo  en  presentar  á  vuestra  Señoría,  si  lo  qui- 
» siere  rescibir  por  obediente  hijo.  E  den  de  agora 
«ofrezco mi  voluntad  é  propósito  de obedescer  vues- 
ntros  Reales  mandamientos,  asi  como  de  amado  é 
»  mayor  hermano,  á  quien  por  padre  é  Señor  tengo, 
»é  propongo  tener;  cuya  vida  é  real  estado  Dios 
«largos  tiempos  prospere  é  conserve.  De  la  noblo 
«villa  de  Valladolid  á  doce  días  del  mes  de  Octubre 
«de  mil  é  quatrocientos  ó  sesenta  é  nueve  años.» 

Vista  esta  carta  por  el  Rey  é  por  los  de  su  alto 
Consejo,  fué  acordado  de  no  responder  por  escripto, 
pero  dixo  al  mensagero  que  él  sería  presto  en  Sego- 
via,  é  allí  se  determinaría  lo  que  fuese  mejor.  Como 
ya  el  Rey  estaba  enojado  de  su  larga  estada  en 
Traxillo  sin  provecho,  vista  la  dureza  del  Alcayde 
Gracian  de  Scsé  é  de  los  caballeros  y  gente  do  Tru- 
xillo,  acordaron  él  y  el  Maestre  de  gratificar  al  Con- 
de Plasencia  con  la  villa  de  Arévalo,  la  que  él  tenía 
empeñada  por  ciertos  quentos  que  prestó  al  Príncipe 
Don  Alonso  quando  se  llamaba  Rey,  E  así  dada  esta 
seguridad,  ó  confirmada  la  merced  de  Arévalo,  é 
dado  el  título  de  Duque  della,  el  Rey  se  partió  para 
Guadalupe,  é  do  allí  á  Segovia.  En  aqueste  medio 
tiempo  murió  el  Marqués  do  Astorga  y  el  Conde  de 
Cifuentes,  é  subcedieron  sus  hijos  en  los  títulos  é 
señoríos. 


REYES  DE  CASTILLA. 

CAPÍTULO  CXXXVII. 

De  como  el  Rey  vino  á  Segovia  6  de  lo  que  allí  subcedió. 

Después  que  el  Rey  fué  venido  á  Segovia,  donde 
era  su  mayor  contentamiento  que  en  otro  ningún 
lugar  de  su  Reyno,  como  ya  era  consumido  el  ma- 
trimonio de  la  Princesa  Doña  Isabel  su  hermana 
con  el  Príncipe  de  Aragón,  Rey  de  Sicilia,  ellos, 
ávido  su  acuerdo  é  consejo  con  el  Arzobispo  de  To- 
ledo é  con  el  Almirante  D.  Fadrique,  por  cuyo  seso 
se  gobernaban,  acordaron  de  enviar  al  Rey  sus  em- 
baxadores,  y  escribirle,  notificándole  otra  vez  su 
casamiento,  para  que  le  pluguiese  aprobarlo,  y  ha- 
ciéndole saber  en  qué  forma  é  con  qué  condición  se 
avia  fecho  é  concluido.  Los  mensageros  de  aquesta 
embaxada  fueron  Mosen  Pero  Vaca  por  parte  del 
Príncipe,  é  Diego  de  Ribera,  Ayo  que  fué  del  Prín- 
cipe Don  Alonso,  por  parte  de  la  Princesa,  y  Luis 
de  Atienza  por  parte  del  Arzobispo  de  'I>)ledo,  para 
que  por  vía  de  creencia  explicasen  su  mensagería 
en  la  forma  siguiente. 

Lo  que  vos  Mosen  Pero  Vaca,  é  Diego  de  Ribera, 
é  Luis  de  Atienza  aveis  de  descir  de  nuestra  parte 
al  muy  excelente  Rey  é  Señor,  el  Rey  de  Castilla  é 
de  León  nuestro  hermano  é  padre,  es  lo  siguiente: 
Primeramente,  que  ya  por  cada  uno  de  nosotros  su 
Señoría  ha  sido  sabidor  de  lo  que  fasta  aquí  es  pa- 
sado; é  que  agora  notificamos  á  su  Excelencia  como 
mediante  la  gracia  é  voluntad  de  Dios  somos  ajun- 
tados  por  casamiento,  eegund  manda  la  Santa  Ma- 
dre Iglesia  de  Roma,  lo  qual  diferiéramos  fasta  ver 
el  consentimiento  de  su  Merced,  y  los  votos  é  con- 
sejo de  todos  los  perlados,  é  grandes  hombres  de 
todos  estos  sus  Reynos,  á  los  quales  generalmente 
fuera  notificado,  si  entre  ellos  oviera  la  paz,  é  tran- 
quilidad é  concordia  que  en  los  tiempos  pasados, 
en  que  los  tales  casos  ocurrieron,  avia;  mas  seyendo 
tan  claro  é  tan  manifiesto,  como  á  todos  es,  que  si 
de  todos  se  oviera  de  atender  el  acuerdo  é  consenti- 
miento, fuera  muy  difícile  de  averse,  ó  pasara  tanto 
tiempo,  que  en  estos  sus  Reynos  ocurrieran  grandes 
peligros  por  la  falta  de  los  subcesores,  nuestro  Se- 
ñor  Dios,  que  en  las  tales  cosas  muestra  su  grand 
poder,  así  lo  tenía  ordenado.  De  donde  nosotros, 
con  acuerdo  é  consejo  de  los  perlados  é  caballeros 
de  sus  Reynos,  cuyos  votos  é  consejos  ovimos,  acor- 
damos de  contraher  el  dicho  nuestro  matrimonio  lo 
mas  sin  escándalo  que  pudimos,  como  á  la  merced 
suya  es  manifiesto,  no  metiendo  algunas  gentes  ex- 
trangeras,  ni  haciendo  otros  ningunos  movimientos, 
por  evitar  las  materias  escandalosas  é  grandes  peli- 
gros que  podrían  ocurrir;  porque  en  la  verdad  nues- 
tro determinado  fin  ha  seydo,  y  es  y  será,  plasciendo 
á  la  Merced  suya,  de  nos  aj  untar,  para  servir  á  su 
Excelencia  con  amor  é  acatamiento  y  obediencia  de 
hijos,  é  averie  en  paternal  reverencia  en  todos  los 
dias  de  su  vida,  que  Dios  haga  tan  largos  quanto  por 
la  merced  suya  es  deseado;  é  de  conservar  é  de  acre- 
centar su  corona  Real  é  alto  estado,  é  de  le  ayudar 
á  concordar,  é  pacificar  estos  sus  Reynos  é  señoríos, 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


191 


por  manera  que  él  sea  solo  Señor  dellos.  E  asi  mes- 
mo  de  honrar,  é  acatar  é  bien  tratar  á  todos  sus  na- 
turales, á  cada  uno  segund  su  dignidad  requiere,  é 
favorecer  con  todas  nuestras  fuerzas  á  la  justicia,  la 
qual  por  cabsa  de  los  movimientos  pasados  está 
flaca,  como  su  Señoría  lo  ve.  E  porque  de  todo  esto 
que  decimos  su  Señoría  sea  mas  cierto,  proferiréis 
á  su  Merced  de  nuestra  parle  todas  é  qualesquier 
certinidades,  que  para  el  saneamiento  de  la  volun- 
tad suya  fueren  necesarias,  y  á  nosotros  posibles  é 
hacederas.  E  porque  su  Señoría  conozca  esta  ser 
nuestra  final  determinación  y  voluntad,  decirle  eis, 
que  antes  de  nuestros  desposorios  fueron  apuntados 
é  concertados  ciertos  capítulos,  los  quales  pública- 
mente yo  el  Príncipe  aprobé,  otorgué,  firmé  é  juré 
muy  solemnemente.  El  tenor  de  los  quales  es  este 
que  se  sigue. 

Capitulación  hecha  y  jurada  por  él  muy  ilustre  y  ex- 
celente Principe  Rey  y  Señor,  el  Rey  Don  Hernan- 
do, Rey  de  Sicilia,  primogénita  y  legitimo  suhcesor 
de  los  reynos  de  Aragón,  é  la  muy  excelente  y  muy 
esclarecida  señora  la  señora  Doña  Isabel,  prim^ogé- 
nita  legítima  subcesora  de  los  reynos  de  Castilla  y 
de  León. 

Primeramente,  que  su  Señoría  como  cathólico 
Príncipe  é  Señor,  será  devoto  é  obediente  á  los  man- 
damientos de  la  sancta  madre  Iglesia  y  Sede  Apos- 
tólica, y  do  los  Pontífices  della  que  canónicamente 
á  la  sancta  Sede  Apostólica  fueren  elegidos,  é  terna 
encomendados  á  los  Perlados  é  personas  eclesiásti- 
cas y  religiosas  con  la  honra  é  acatamiento  que  se 
debe  á  la  sancta  Madre  Iglesia,  y  á  la  libertad  ecle- 
siástica. 

Iten,  que  con  toda  fiel  reverencia  tratará  é  obe- 
descerá  al  muy  alto  é  muy  poderoso  Príncipe,  Rey 
é  Señor,  el  señor  Rey  D.  Enrique,  y  que  en  todos  los 
días  de  su  vida  le  terna  por  su  Rey  y  lo  acatará,  que- 
riéndole su  Alteza  así  recibir;  y  que  á  todo  su  leal 
poderío  no  consentirá,  que  persona  alguna  de  qual- 
quier  estado  é  condición  que  sea  se  aparte  de  su 
servicio  é  obediencia;  mas  que  trabajará  con  todas 
sus  fuerzas,  que  todas  é  qualesquier  personas  de 
estos  sus  Reynos  le  obedezcan  é  sirvan. 

íten,  que  con  toda  veneración  y  acatamiento 
avrá  é  terna  por  madre  é  señora  á  la  ilustre  señora 
Reyna  Doña  Isabel,  madre  de  la  dicha  señora  Prin- 
cesa. 

Iten,  que  á  todo  su  leal  poder  será  unánime  y 
conforme  con  el  dicho  señor  Rey  Don  Enrique,  para 
facer  guardar  la  justicia  é  todos  los  buenos  usos  é 
costumbres  de  estos  sus  Reynos  é  señoríos,  y  lo  que 
así  en  él  fuere  lo  cumplirá  é  guardará,  é  será  asi- 
mcsmo  en  que  se  guarden  los  establecimientos  ó 
leyos  de  estos  sus  Reynos. 

Iten,  que  jura  y  promete  de  guardar  la  con- 
cordia ó  paz  hecha  entre  el  dicho  señor  Rey  Don 
Enrique  é  la  dicha  señora  Princesa,  guardando 
aaimesmo  la  dicha  concordia  su  Alteza  del  dicho 
señor  Rey. 


Iten,  que  jura  é  promete  que  consumido  el  matri- 
monio con  la  dicha  señora  Princesa,  que  estará  con 
ella  en  los  dichos  Reynos  personalmente,  é  que 
nunca  se  partirá  de  ellos  sin  voluntad  é  determina- 
do consejo,  é  que  no  la  sacará  fuera  de  estos  Reynos 
sin  su  consentimiento. 

Iten,  que  jura  é  promete  que  quando  le  dé  Dios 
alguna  generación  así  hijo  como  hija,  segund  que 
de  nuestro  Señor  se  espera,  que  á  los  tales  hijos  é 
hijas  nunca  los  apartará  de  ella,  ni  los  sacará  fuera 
de  estos  Reynos,  mayormente  al  primogénito  quo 
de  ella  oviere,  sin  su  licencia  y  expreso  consenti- 
miento. 

Iten,  que  jura  é  promete  que  en  todas  é  quales- 
quier cartas  y  provisiones,  é  otras  qualesquier  es- 
cripturas  que  se  hayan  de  firmar  é  enviar,  se  hayan 
de  intitular  entrambos  juntamente,  é  se  firmen  por 
el  dicho  Príncipe  é  por  la  dicha  Princesa,  y  que 
esto  mesmo  se  guardará  en  los  Reynos  é  señoríos, 
que  el  dicho  señor  Príncipe  tiene  ó  toviere, 

Iten,  que  jura  é  promete  de  no  traer  ni  poner  al- 
guna ni  algunas  personas  en  el  Consejo,  así  de  la 
justicia  como  de  los  otros  fechos,  de  qualquier  ca- 
lidad que  sean,  de  la  dicha  señora  Princesa  ni  del 
dicho  señor  Príncipe,  salvo  personas  naturales  de 
estos  Reynos  sin  su  consentimiento  é  deliberado 
consejo  de  la  dicha  señora  Princesa. 

Iten,  que  jura  y  promete  de  guardar  que  la  dicha 
señora  Princesa  reciba  por  sí  todos  los  juramentos 
é  pleytos  omenages  de  qualquiera  cibdad,  villa  ó 
lugar  ó  fortaleza,  que  en  el  principadgo  de  estos 
Reynos  é  señoríos  la  dicha  señora  Princesa  tiene  ó 
toviere  de  aquí  adelante  de  los  dichos  Reynos,  al 
tiempo  que  ella  los  aya  de  aver,  é  que  á  la  dicha 
señora  Princesa  pertenezcan,  para  después  de  los 
días  del  señor  Rey  Don  Enrique;  mas  que  antes  to- 
dos los  Alcaydes  que  ovieren  de  ser,  hagan  los  pley- 
tos omenages  á  la  dicha  señora  Princesa. 

Iten,  que  agora  ni  en  ningún  tiempo  no  hará  ni 
proveerá  en  cosa  alguna  del  dicho  principadgo  é 
señorío  déla  dicha  señora  Princesa,  ni  de  los  dichos 
Reynos  al  tiempo  que  los  ella  aya  de  aver  por  sub- 
cesion  del  dicho  señor  Rey  Don  Enrique,  ni  provee- 
rá de  oficio  alguno  salvo  á  personas  castellanas  é 
naturales  de  estos  dichos  Reynos  é  señoríos. 

Iten,  que  jura  é  promete  que  no  dará  tenencia  de 
alguna  fortaleza  salvo  á  los  naturales  y  á  quien- 
quiera que  determinare  su  Señoría  poner  en  ellas  á 
su  servicio  é  bien  de  ambos. 

Iten,  que  jura  é  promete  que  quandoquier  que  su 
Señoría  quisiere  facer  merced  de  qualquier  villa,  ó 
lugar,  6  juro  ó  otras  qualesquier  cosas,  que  las  pue- 
da facer  sin  embargo  alguno,  é  que  la  tal  merced  él 
la  guardará,  como  si  él  mesmo  la  hiciere;  ó  dando  su 
fó  ó  palabra  sobre  ello  la  dicha  Princesa,  que  él  la 
guardará  é  cumplirá  como  ella  mesma. 

Iten,  jura  é  promete  que  por  qualquier  injuria 
que  el  señor  Rey  su  padre  ó  qualquier  de  los  suyos 
oviese  rescebido  en  otros  tiempos  en  estos  dichos 
Roynos,  asimismo  que  por  otro  qualquier  enojo  ú 
odio  que  el  dicho  señor  Rey  su  padre  ó  otro  qual- 


CRÓNICAS  DE  LOS  HF.YES  DÉ  CASTILLA. 


192 

qaier  de  los  sayos  oviese  contra  qualquier  persona 
de  estos  Reynoa,  por  esta  cabsa  no  procurará  con 
el  dicho  señor  Rey  que  las  tales  personas  resciban 
daño  ó  enojo,  ni  hará  iuovacion  alguna  contra  las 
tales  personas,  antes  por  contemplación  de  la  dicha 
Princesa  apartará  de  sí  qualquier  rancor  y  enojo 
que  tenga  contra  qualquier  personas  que  sean  do 
estos  Reynos. 

Iten,  que  jura  é  prometo  do  no  tomar  empresa 
alguna  de  guerra  ó  confederación  de  paz  con  qual- 
quier Rey  ó  señor  comarcano,  ó  con  qualquier  ca- 
ballero ó  señor  de  estos  Reynos  eclesiástico  ni  se- 
glar, sin  voluntad  de  la  dicha  señora  frincesa  é  de 
su  determinado  consejo;  porque  mejor  se  hagan 
todas  las  cosas  á  servicio  de  Dios  é  del  dicho  señor 
Rey,  é  bien  del  uno  é  del  otro  é  destos  dichos  Rey- 
nos. 

Iten,  que  jura  é  prometo  de  dar  á  la  dicha  señora 
Princesa  en  acatamiento  ó  confederación  de  los 
Reynos  de  Castilla,  que  él  ha  con  ella,  para  después 
de  los  dias  del  señor  Rey  Don  Enrique,  en  acrecen- 
tamiento de  su  dote,  en  el  Reyno  de  Aragón  á  Bor- 
ja,  é  á  Magallon;  y  en  el  Reyno  de  Valencia  á  El- 
che y  á  Crevillen;  y  en  el  reyno  de  Secilia  á  Zara- 
goza y  Catania:  los  qnales  lugares  siempre  fueron 
dados  á  las  Reynas  de  Aragón  antepasadas. 

Iten,  que  jura  é  promete  de  dar  á  la  dicha  señora 
Princesa  allende  los  lugares  susodichos,  en  cada  uno 
do  los  dichos  Reynos  un  lugar  que  ella  quisiere  y 
escogiere,  excepto  que  los  tales  lugares  no  sean  ca- 
beza de  los  dichos  Reynos  é  principadgos;  é  que  la 
dicha  señora  Princesa  en  su  vida  aya  é  tenga  los 
pechos  é  derechos  é  todas  las  otras  rentas  de  los  di- 
chos lugares;  pero  que  los  Alcaydes  que  oviere  de 
poner  en  los  dichos  lugares,  que  sean  narurales  de 
los  dichos  Reynos  é  no  extrangeros.  E  que  si  por 
caso  Dios  dispusiese  del  dicho  señor  Rey,  que  la 
dicha  señora  Princesa  en  sus  dias  aya  é  tenga  y  po- 
sea los  dichos  lugares  é  vasallos  é  fortalezas;  é  des- 
pués de  sus  dias  los  ayan  é  tengan  los  herederos  del 
dicho  señor  Rey,  ó  se  tornen  á  la  corona  Real.  Y 
esto  mismo  se  entienda,  asi  en  los  lugares  que  se 
dieron  á  las  otras  Royaas  de  Aragón  en  casamien- 
to, como  en  los  lugares  que  han  de  ser  dados  á  la 
dicha  señora  Princesa  en  su  escogimiento. 

Iten,  que  jura  é  prometo  que  si  se  hallare  que  á 
la  muy  ilustro  y  excelente  Reyna  é  señora  Doña 
María,  muger  del  Rey  Don  Juan  é  á  la  muy  exce- 
lente señora  Doña  Juana,  madre  del  dicho  señor 
Rey,  allende  de  los  lugares  susodichos,  les  fueron 
dados  otros  lugares  ó  señoríos,  ó  hechas  otras  man- 
das 6  concedidas  preminencias,  que  todo  le  sea  dado 
y  entregado  á  la  dicha  señora  Princesa  luego  que 
el  matrimonio  fuero  contraído  é  consumido. 

Iten,  que  jura  ó  promete  de  dar  en  arras  á  la  di- 
cha señora  Princesa  en  mejoría  ó  acrecentamiento 
de  todo  lo  susodicho  otra  tanta  cantidad  quanta  so 
hallare  que  el  Rey  Don  Alonso  su  tio.  Rey  que  fué 
do  los  Reynos  de  Aragón  é  do  Sicilia  é  del  Reyno 
de  Nápol,  prometió  ó  dio  á  la  Reyna  Doña  María  su 
inuger,  hermana  qno  fué  del  muy  esclarecido  señor 


Rey  Don  Juan,  padre  de  la  dicha  señora  Princesa; 
lo  qual  promete  de  cumplir  desde  el  dia  que  fuere 
contraydo  é  consumido  el  matrimonio  hasta  dos 
meses  primeros  siguientes. 

Iten,  que  jura  é  promete  el  dicho  señor  Principe 
á  la  dicha  señora  Princesa  de  la  dar  y  entregar 
dentro  de  quatro  meses  primeros  siguientes  cien 
mil  florines  de  oro  del  cufio  do  Aragón,  para  man- 
tenimiento é  sustentación  de  su  hohia  y  estado,  y 
para  otras  qualquier  necesidades,  y  dende  en  ade- 
lante sostener  su  estado  bien  y  enteramente  segond 
quien  es  la  dicha  señora  Princesa. 

Iten,  que  jura  é  promete  que  si  algunas  roturas 
nascieren  en  estos  Reynos,  que  el  dicho  señor  Prín- 
cipe estará  en  ellos  personalmente  con  quatro  mil 
lanzas,  hasta  que  las  dichas  roturas  cesen,  é  si  las 
dichas  quatro  mil  lanzas  no  truxere,  que  el  dicho 
señor  Príncipe  sea  obligado  á  las  pagar. 

Por  ende  diréis  á  su  Merced  que  le  suplicamos 
con  la  mayor  reverencia  é  instancia  que  podemos, 
que  mitigando  qualquier  enojo  ó  desgrado  que  de 
lo  pasado  aya  tenido,  quiera  recebiruos  por  verda- 
deros hijos,  é  como  tales  aprovecharse  y  servirse  de 
nosotros,  é  no  permitir  que  otros  escándalos  ni  mo- 
vimientos se  hagan.  Porque  si  las  cosas  comenzasen 
á  entrar  por  roturas  segund  las  alteraciones  de  estos 
sus  Reynos  é  señoríos,  sería  deservido  é  molestado 
con  las  fatigas  que  de  los  tales  movimientos  suelen 
resultar,  como  su  Señoría  bien  sabe,  é  su  Real  coro- 
na se  acabaría  de  destruir.  Por  tanto  diréis  á  su 
Merced  que  otra  y  otras  veces  le  tornamos  á  supli- 
car que  pues  conformándonos  con  la  razón  é  d<?bJo 
voluntariosamente  lo  queremos  acatar  ó  servir  como 
verdaderos  hijos,  que  á  la  merced  suya  plega  acep- 
tar nuestra  suplicación,  pues  es  tan  justa  y  razona- 
ble que  no  debe  ser  negada.  E  porque  por  las  habí  ¿ir 
é  gestos  de  las  personas  se  conoce  mucho  lo  que 
tienen  los  hombres  en  los  corazones,  é  aun  porque 
con  grand  deseo  deseamos  facer  reverencia  á  su 
merced  é  besarle  las  manos,  descirle  eis,  que  le  su- 
plicamos quiera  dar  forma  como  podamos  ver  á  su 
Excelencia  en  lugar  convenible  é  seguro;  porque 
allí  conocerá  de  nosotros,  é  de  los  perlados,  é  caba- 
lleros é  servidores  suyos  é  nuestros  que  están  en 
nuestra  compañía,  que  las  obras  no  discrepan  de  las 
palabras,  segund  mas  largamente  vos  hablamos. 
Por  ende  muy  afectuosamente  vos  rogamos  y  en- 
cargamos como  á  naturales  de  estos  Reynos,  quo 
pues  la  dicha  nuestra  suplicación  es  justa,  vos  con- 
forméis, para  suplicar  á  su  Merced  aquello  mesmo, 
porque  pues  á  su  Señoría  proferimos  de  nuestras 
propias  voluntades  todo  aquello  que  debemos,  obli- 
gados soys  á  lo  facer  así,  é  procurar  el  atajo  de  to- 
dos los  rigores,  por  evitar  los  inreparables  daños 
que  de  ellos  se  esperan  seguir  á  todos  generalmen- 
te; lo  qual  en  agradable  servicio  vos  tememos,  é 
fiamos  en  nuestro  Señor  que  por  nosotros  vos  sea 
remunerado.  Yo  el  Príncipe.  Yo  la  Princesa. 

Oyda  su  embaxada  é  dada  la  creencia  que  así 
traían,  el  Rey  después  de  haber  hablado  con  los  del 
su  Consejo,  habló  con  ellos,  é  les  respondió  que 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


103 


aquello  que  traían  era  cosa  de  mucha  importancia, 
é  que  requería  deliberación  é  acuerdo;  que  convenia 
comunicarlo  con  los  grandes  de  sus  Reynos  que  allí 
avian  de  venir,  é  que  ávido  su  acuerdo  é  consejo 
con  ellos,  él  los  mandaría  responder.  E  así  se  torna- 
ron sin  respuesta  ninguna  los  mensageros. 

CAPÍTULO  CXXXVIII. 

De  como  Don  Alonso  de  Aguilar  sobre  el  amistad  fecha  por  el 
Rey  entre  él  y  el  Conde  de  Cabra  é  sus  hijos  prendió  al  Maris- 
o#i  Don  Diego  de  Córdoba ,  y  de  lo  que  sobre  ello  subcedió. 

Al  tiempo  que  el  Rey  estuvo  en  Córdoba,  vista  la 
enemiga  que  estaba  entre  el  Conde  de  Cabra  é  sus 
hijos  con  Don  Alonso  de  Aguilar,  mandó  que  fue- 
sen amigos,  é  asi  venidos  delante  de  su  Real  pre- 
sencia ,  habláronse ;  pero  como  Don  Alonso  tenia 
raygada  la  enemistad  contra  el  Conde  y  sus  hijos, 
no  estimó  su  amistad ;  en  tal  manera,  que  siempre 
fueron  incompatibles  en  la  vivienda  de  la  cibdad, 
mayormente  que  confiaba  en  la  grand  parte  que  te- 
nia con  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco.  E  asi  fué  que 
el  Mariscal  Don  Diego  de  Córdoba ,  hijo  mayor  del 
Conde  de  Cabra,  vino  á  la  cibdad  de  Córdoba  sobre 
aquella  seguridad ,  que  de  razón  debía  de  venir  co- 
mo Alguacil  mayor  della  por  el  Conde  su  padre. 
Donde  fué  rescebido  por  Don  Alonso  con  alegre 
semblante;  é  como  él  ya  tenía  fecha  su  confedera- 
ción con  algunos  de  los  mas  principales  Regidores 
y  caballeros  de  la  cibdad ,  luego  que  todos  vinieron 
al  Ayuntamiento  ,  donde  se  acostumbraban  juntar, 
para  entender  en  las  cosas  del  regimiento  é  gober- 
nación de  la  cibdad ,  Don  Alonso  de  Aguilar  se  le- 
vantó con  mano  armada,  é  con  ayuda  de  aquellos 
que  eran  con  él ,  prendió  al  Mariscal  Don  Diego  de 
Córdoba  é  á  Don  Sancho  su  hermano  ;  é  presos  muy 
deshonestamente ,  envió  luego  al  Mariscal  á  su  for- 
taleza de  Cañete,  donde  lo  pusieron  en  grandes 
prisiones,  é  á  Don  Sancho  tóvolo  consigo  por  algu- 
nos dias.  Sabido  aquesto  por  el  Rey,  ovo  grand 
enojo,  é  se  indinó  contra  Don  Alonso  de  Aguilar, 
porque  asi  avia  quebrantado  la  paz  y  amistad  en 
que  los  avia  dexado  ;  é  luego  sin  mas  dilación  en- 
vióle á  mandar  que  lo  soltase  sin  detenimiento  nin- 
guno, con  apercibimiento  que  si  lo  contrarío  ha- 
cia, de  ir  en  persona  contra  él.  Llegado  aqueste 
mandamiento  á  Don  Alonso,  soltó  al  Mariscal;  y  asi 
suelto  é  puesto  en  su  libertad  en  la  villa  de  Baena, 
determinó  de  le  afear  é  reprochar  á  Don  Alonso,  lla- 
mándole á  trance  de  batalla ;  pero  antes  que  le  es- 
cribiese ni  hiciese  nada,  escribió  al  Rey  una  carta 
en  la  forma  siguiente: 

«  Muy  alto  é  muy  poderoso  Príncipe  y  Señor.  Don 
>)  Diego  vuestro  Mariscal ,  y  Alguacil  mayor  de  la 
»  cibdad  de  Córdoba,  besólas  manos  de  vuestra  Real 
I)  Señoría ;  la  qual  bien  sabe  y  es  notorio  en  vuestra 
»  Corte  y  en  todos  vuestros  Reynos,  como  estando 
»  yo  en  la  misma  cibdad  de  Córdoba  en  las  casas  del 
»  Cabildo  en  buena  paz  ó  concordia  con  todos  los  de 
«la  cibflad ,  un  dia  miércoles,  que  fueron  veinte  y 
«cinco  días  del  mes  de  Octubre,  año  de  mil  é  qua- 
Cr.— III. 


«trocientes,  é sesenta  é  nueve  años,  Don  Alonso  de 
»  Agilar  me  envió  á  rogar  con  Alonso  de  Ángulo 
»  que  yo  s.ubiese  á  lo  alto  de  la  dicha  casa  á  hacer 
»  colación  con  él ,  é  yo  subí  por  su  ruego ;  y  estando 
»  entrambos  ya  acabando  de  comer  y  beber ,  recres- 
«  ció  gente  armada ,  la  qual  él  tenia  junta  para  me 
»  prender ,  y  el  dicho  Don  Alonso  me  prendió  con  la 
»  dicha  su  gente  armada ;  lo  qual  hizo,  sin  proceder 
»  desafio,  que  por  él  me  fuese  fecho,  ni  injuria  que 
«yo  le  hiciese,  ni  otro  caso  por  donde  me  debiese 
»  prender ,  como  me  prendió  ;  y  en  la  prisión  que 
n  me  hizo  me  trató  asaz  injuriosamente,  por  lo  qual 
«  segund  las  leyes  y  prematicas  reales  de  vuestros 
»  Reynos ,  el  dicho  Don  Alonso  incurrió  en  crimen 
» é  caso  de  aleve.  E  porque ,  muy  poderoso  Señor, 
))  yo  le  quiero  demandar ,  é  afear  en  presencia  de 
«vuestra  Señoría,  que  yo  con  el  ayuda  de  Dios,  é 
»  de  mi  Señora  la  Virgen  María ,  é  del  Apóstol  San- 
» tiago ,  é  con  la  justicia  é  verdad  que  tengo ,  en- 
» tiendo  do  le  facer  confesar  el  mal  caso  de  alevo- 
»  sía  en  que  cayó,  ó  le  mataré ,  ó  echaré  del  campo 
»  en  presencia  de  vuestra  Real  Magostad  ;  porque 
»  aquesto  asi  por  mi  fecho ,  vuestra  Alteza  le  man- 
»  de  por  su  sentencia  las  penas  que  por  las  leyes  y 
))  ordenamientos  de  vuestros  Reynos  son  estableci- 
«  das  contra  los  alevosos.  E  dándome  vuestra  Seño- 
«  ría  esta  licencia  é  facultad ,  usará  de  su  justicia  ó 
«  hará  aquello  que  á  Rey  justo  pertenece  y  es  debi- 
»do  de  facer,  y  hará  en  ello  á  mí  merced.  E  quan- 
»  do  ,  lo  que  á  Dios  no  plega,  á  vuestra  Alteza  no 
«le  pluguiere  darme  esta  libertad  y  li^icia,  y  me 
«la  denegare  por  palabra,  ó  disimula^Hk  respues- 
«  ta  en  tal  manera,  que  la  tal  licencia  no  me  quiera 
«dar,  si  yo  buscare  lugar  é  manera  por  donde  yo 
«pueda  satisfacer  á  mi  honra,  y  aclarar  la  fealdad 
»  é  alevosía  que  el  dicho  Don  Alonso  de  Aguilar 
»  fizo,  yo  protesto  de  por  ello  no  caer  ni  incurrir  en 
«caso  ni  pena  alguna;  porque  lo  haré,  si  lo  hiciere, 
«  por  me  ser  por  vuestra  Señoría  denegada  la  justi- 
))cia,  é  no  querer  dar  lugar  á  que  yo  la  alcance  de- 
«  lante  de  vuestra  Real  Magestad,  cuya  vida  y  es- 
« tado  Real  nuestro  Señor  acresciente  por  luengos  é 
n  bienaventurados  tiempos.  Fecha  á  veinte  ó  siete 
»  de  Mayo  ,  año  de  setenta.» 

Leyda  la  carta  é  visto  lo  que  sus  mensageros  le 
suplicaban ,  como  aquellas  cosas  eran  muy  agenas 
de  la  condición  del  Uey,  é  los  escándalos  le  despla- 
cían, respondió  que  aquellas  cosas  que  el  Mariscal 
demandaba  no  cumplían  al  servicio  de  Dios  ni  al 
suyo ;  y  pues  que  lo  semejante  era  defendido  en  la 
religión  christiana,  ?1  no  entendía  dar  la  tal  licen- 
cia para  lo  que  pedia ,  mayormente  considerando 
quanta  enemiga  entre  ellos  quedaría  raygada  de 
aquella  tal  licencia,  é  los  muchos  males  que  por  ello 
se  seguirían.  Pero  puesto  que  el  Rey  denegó  esta 
licencia,  el  Mariscal  no  dexó  de  seguir  su  propósito 
comenzado  ;  é  asi  envió  su  cartel  á  Don  Alonso  de 
Aguilar  reptándolo  ,  é  afeándolo  de  alevosía,  y  de- 
safiáudolo  á  batalla.  En  fin,  pasados  entre  ellos  sus 
carteles,  mas  deshonestos  que  cumplidos  de  corte- 
sía ,  el  Mariscal  asignó  el  campo  en  la  vega  de  Gra- 

13 


194 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


nada,  enviando  sogaro  del  Rey  de  Granada,  para 
que  fuesen  allí,  devisando  las  armas  Don  Alonso  do 
Aguilar.  El  qual ,  puesto  que  devisó  las  armas ,  no 
fué  al  campo  señalado  por  el  Mariscal.  Estonces  el 
Mariscal  Don  Diego  de  Córdoba  se  fué  á  poner  en 
el  campo  señalado  con  las  armas  que  Don  Alonso 
avia  devisado  en  su  primera  respuesta ,  donde  estu- 
vo el  Mariscal  esperando  el  dia  aplazado  y  asigna- 
do entre  ellos  por  el  Rey  de  Granada ;  y  como  Don 
Alonso  allí  no  vino,  el  Mariscal  hizo  sus  actos  y 
llamamientos  contra  él  con  sus  Oficiales  d'armas.  E 
fechos,  después  que  fué  traspuesto  el  sol,  el  Ma- 
riscal tomó  una  pintura  pintada  en  una  tabla  de  la 
figura  del  dicho  Don  Alonso ,  y  atada  á  la  cola  de 
BU  caballo,  las  piernas  arriba  é  la  cabeza  abaxo,  la 
truxo  rastrando  por  todo  el  campo,  disciendo  á 
grandes  voces :  «  Aqueste  es  el  alevoso  Don  Alonso 
de  Aguilar ,  que  denegando  su  palabra ,  no  vino  al 
plazo  señalado. »  Y  fecho  aquesto ,  el  Rey  de  Gra- 
nada lo  dio  por  vencedor ,  é  condenó  á  Don  Alonso 
por  alevoso.  E  luego  dende  alli  envió  por  todas  las 
cibdades  del  Rey  no  muchas  tablas  con  aquella  pin- 
tura colgada  á  la  cola  de  su  caballo  de  las  piernas, 
y  la  cabeza  abaxo ,  con  un  escripto  en  cada  una,  que 
decia :  «Este  es  el  alevoso  de  D.  Alonso  de  Agui- 
lar. »  En  este  medio  tiempo  el  Almirante  Don  Fa- 
drique  escaló  una  noche  á  Simancas ,  é  tomada  la 
fortaleza,  se  hizo  señor  della  sin  grado  ni  licencia 
del  Rey. 


4 


CAPÍTULO  CXXXIX. 


Como  el  R¿)9  Francia  envió  sos  embaxadores  sobre  diversos 
casos. 

Entretanto  que  aquestas  cosas  subcedian  por  el 
Reyno,  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  se  partió 
de  Segovia  para  OcaSa ,  y  dexó  en  su  lugar  con  el 
Roy  á  Don  Alonso  de  Fonseca,  Arzobispo  de  Sevi- 
lla. Y  como  el  Maestre  llegó  á  Ocaña,  adoleció  de 
una  grave  enfermedad ,  que  después  resurtió  en 
quartana  ;  por  manera  que  su  estada  en  Ocaña  fué 
por  algún  tiempo  ,  de  que  el  Rey  sentía  grand  pena 
por  su  ausencia ,  porque  sin  él  ninguna  cosa  se  des- 
pachaba. En  aqueste  mismo  tiempo  el  Rey  de  Fran- 
cia envió  una  embaxada  al  Rey ,  demandándole  á 
Doña  Juana  su  hija  para  el  Duque  de  Guiana  su 
hermano,  que  por  entonces  esperaba  subceder  enla 
corona  ^  Francia,  porque  el  Rey  de  Francia  no  te- 
nia hijo  varón.  Oyda  la  embaxada  que  aquestos 
raonsageros  traían ,  hizolo  saber  al  Maestre,  el  qual 
respondió  que  su  Alteza  lo  adaptase,  ó  asi  el  Rey 
respondió  que  le  plascia  y  que  era  muy  contento; 
que  enviase  su  embaxador  qual  convenia  para  tan 
arduo  negocio,  y  que  estonces  se  concluiría  éfarian 
los  desposorios  con  aquella  solenidad  que  de  razón 
convenia.  Despedidos  aquestos  mensageros,  vinie- 
ron otros  dos  mensageros  Doctores  eclesiásticos  con 
cartas  do  creencia  del  Rey  de  Francia  ;  y  explicada 
au  creencia,  demandaron  al  Rey  que  quisiese  ser 
junto  con  el  Roy  de  Francia  para  demandar  conci- 
lio contra  el  Papa  Paulo ,  que  por  estonces  era  Sumo 


Pontífice.  A  esto  les  respondió  el  Rey  sin  consulta- 
lio  con  los  del  su  Consejo ,  que  los  Reyes  de  Casti- 
lla sus  antepasados  jamás  avían  seido  escismáticos 
contra  la  Sede  Apostólica ,  mas  siempre  en  su  fa- 
vor, y  que  él  no  quería  quebrantar  lo  que  ellos 
avian  guardado ;  mayormente  que  él  era  en  mucho 
cargo  al  Papa,  porque  en  las  turbaciones  pasadas 
siempre  le  avia  seido  muy  parcial  é  ayudador  con- 
tra los  Perlados  é  caballeros  que  lo  avian  deservi- 
do. Por  tanto  que  le  rogaba  que  en  aqueste  caso  no 
curase  de  insistir,  porque  él  antes  avia  de  ayudar 
al  Papa  que  ser  contra  él,  ni  dar  lugar  á  lo  que  el 
Rey  do  Francia  quería.  E  asi  fueron  despodidoa 
aquellos  Doctores ,  é  se  fueron. 

CAPÍTULO  CXL. 

De  como  Don  Alonso  de  Monroy,  Clavero  de  Alcántara,  con  los 
Comendadores  de  la  Orden  se  levantaron  contra  el  Maestre  de 
Alcántara ,  y  fué  destruido. 

Don  Gómez  de  Cáceres,  Maestre  de  Alcántara,  no 
Bolamente  erró  contra  el  Rey  que  lo  hizo ,  mas  fué 
tan  mal  acondicionado,  que  trató  muy  perversa- 
mente á  los  Comendadores  de  la  Orden ,  en  tal  ma- 
nera ,  que  no  pudiendo  sufrir  los  agravios  y  sinra- 
zones que  les  f  acia ,  se  rebelaron  contra  él.  E)e  don- 
de subcedió  que  Don  Alonso  de  Monroy,  Clavero 
de  la  Orden ,  porque  siempre  avia  sido  leal  servidor 
del  Rey ,  todos  los  Comendadores  se  ayuntaron  lue- 
go con  él ;  é  asi  vista  la  maldad  del  Maestre,  é  quan 
perversamente  los  trataba ,  en  una  conformidad  con 
mano  armada  fueron  contra  él  para  lo  prender ;  y 
si  el  Maestre  no  lo  supiera ,  é  se  pusiera  prestamen- 
te en  buen  cobro,  y  huyera,  todavía  fuera  preso  ó 
muerto.  Entonces  el  Clavero  é  los  Comendadores, 
visto  que  no  lo  podían  aver  á  las  manos,  determi- 
naron de  cercar  las  villas  de  Alcántara ,  Valencia  é 
Badajoz;  donde  estando  en  el  cerco,  el  Maestre, 
allegada  la  mas  gente  que  pudo,  fué  por  descercar  á 
Alcántara ;  pero  el  Clavero  y  los  Comendadores  sa- 
lieron contra  él  al  camino  por  donde  venia  é  le  die- 
ron la  batalla ,  donde  fué  desbaratado  é  destrozado, 
de  tal  guisa,  que  nunca  jamás  pudo  tornar  á  reha- 
cerse. E  como  el  Conde  de  Coria,  su  hermano,  vio 
el  destrozo  del  Maestre ,  acordó  de  ir  á  meterse  por 
las  puertas  del  Conde  de  Alva,  que  era  tío  de  su 
muger,  rogándole  con  grande  instancia  quisiese  ayu- 
dar á  su  hermano,  para  descercar  los  lugares  que 
los  Comendadores  tenían  cercados.  Estonces  el  Con- 
de de  Alva,  como  era  astuto  é  discreto  caballero, 
vista  la  necesidad  con  que  venia ,  respondióle  que 
le  plascia  de  ir  á  socorrer  é  ayudar  al  Maestre  su 
hermano  ;  pero  que  debía  de  considerar  que  no  avia 
de  ir  á  su  costa ;  mas  que  si  le  daba  dineros  con  que 
pagase  el  sueldo  á  la  gente ,  que  le  plascia  de  ir 
de  buen  grado.  El  Conde  de  Coria  le  respondió  que 
él  y  el  Maestre  su  hermano  estaban  tan  alcanzados, 
que  luego  no  le  podían  dar  dinero ;  pero  que  le  da- 
rían en  prendas  algún  lugar ,  y  tal  seguridad  con 
que  él  fuese  contento.  El  Conde  de  Alva  díxole  que 
le  diese  en  prendas  la  cibdad  de  Coria ,  é  que  luego 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


195 


iría  con  él  á  socorrer  al  Maestre.  El  Conde  de  Coria 
con  la  gana  que  tenia  de  socorrer  é  ayudar  al  Maes- 
tre BU  hermano ,  é  vengarse  del  Clavero  é  de  los  Co- 
mendadores, entrególe  la  cibdad  de  Coria  con  la 
fortaleza.  E  asi  apoderado  della  el  Conde  de  Alva, 
juntó  su  gente  é  fué  á  socorrer  al  Maestre  para  des- 
cercar á  Alcántara é  á  las  otras  villas.  Sabido  aques- 
to por  el  Clavero  ó  por  los  Comendadores,  que  es- 
taban en  su  cerco,  quebraron  todas  las  barcas  é 
puentes  que  avia  en  Tejo,  por  manera  que  el  Con- 
de ni  el  Maestre  no  pudieron  pasar  ni  socorrer  á 
alguno  de  los  lugares  que  asi  estaban  cercados,  y 
se  ovieron  de  tornar ,  é  por  estonces  la  cibdad  de 
Coria  se  quedó  en  poder  del  Conde  de  Alva.  Desde 
allí  adelante  el  Maestre  de  Alcántara  siempre  fué 
descayendo,  sin  poderse  recobrar,  hasta  que  murió, 
no  como  Maestre  de  Alcántara,  mas  como  Gómez  de 
Cáceres ,  qual  era  quando  vino  á  la  casa  del  Roy; 
porque  la  soberana  justicia  de  Dios  es  aquella  que  á 
los  tales  ingratos  nunca  dexa  sin  pena,  ni  consien- 
te que  permanezcan  sin  rescibir  el  pago  de  sus 
obras.  Ca  pues  este  Maestre,  enemigo  de  la  lealtad, 
no  quiso  acordarse  de  la  honra  señalada  y  alto  es- 
tado en  que  su  Rey  le  puso  sin  merecerlo ,  é  con  tan- 
ta deslealtad  é  deservicios  le  fué  enemigo  sin  cab- 
sa,  convenible  cosa  era  que  asi  padesciese  é  fuese 
^  destruido  é  desposeído  en  la  vida ,  como  él  fué  en 
deshonrar  é  perseguir  al  Rey ,  que  lo  hizo ;  é  que 
muriese  deshonrado  como  él  deshonró  á  quien  tan- 
ta honra  le  avia  dado. 

CAPÍTULO  CXLT. 

Como  el  Maestradgo  de  Alcántara  fué  dado  á  Don  Juan  de  Zufiiga, 
hijo  del  Conde  de  Plasencia,  é  se  lo  conflrinó  el  Rey. 

Don  Alvaro  de  Zufiiga,  Conde  de  Plasencia,  y  la 
Condesa  su  muger  fueron  tan  aficionados  servido- 
res del  Rey ,  que  merescieron  ser  galardonados  en 
diversas  maneras.  E  como  la  Condesa  tuviese  cer- 
tidumbre de  la  buena  voluntad  del  Rey,  quiso  sa- 
ber secretamente,  si  avria  desplacer  que  ella  supli- 
case al  Papa  que  proveyese  del  Maestradgo  de  Al- 
cántara, que  asi  estaba  vaco  ,  á  Don  Juan  de  Zufii- 
ga su  hijo ,  y  el  Rey  le  respondió  que  antes  sería 
placentero  dello.  Entonces  la  Condesa  envió  ciertos 
presentes  al  Papa  suplicándole,  que  pues  el  Maes- 
tradgo de  Alcántara  estaba  vacante,  su  Santidad 
proveyese  del  á  Don  Juan  de  Zufiiga,  hijo  del  Con- 
de su  marido  y  suyo ;  lo  qual  el  Papa  le  otorgo,  é 
dio  sus  bullas  Apostólicas;  é  venidas,  el  Rey  gelo 
confirmó  con  mucho  amor.  E  quanto  quiera  que  el 
Clavero,  é  muchos  de  los  Comendadores  por  eston- 
ces estuvieron  alterados  é  desobedientes,  al  fin  ovie- 
ron de  venir  á  darle  la  obediencia  ;  porque  á  la  ver- 
dad la  Condesa,  como  era  varonil,  por  pura  fuerza 
de  armas  ganó  la  villa  de  Alcántara  é  otros  muchos 
lugares  del  Maestradgo  ;  por  manera  que  unos  Co- 
mendadores por  amor,  y  otros  por  fuerza,  y  otros 
por  miedo,  vinieron  á  obedecer  á  su  hijo  por  Maes- 
tre, y  quedó  pacificamente  con  el  Maestradgo. 


CAPÍTULO  CXLTI. 


Como  el  Rey  se  fué  á  Madrid,  é  las  cosas  que  sabcedieron  por  t\ 
Reyno  estando  allí. 

Como  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  á  cabsa  de 
su  larga  enfermedad,  no  se  atrevía  á  venir  á  Sego- 
via  por  el  largo  camino  é  asperidad  de  los  puertos, 
acordó  el  Rey  de  pasar  á  Madrid  porque  estaría  mas 
cercano  del,  para  la  consultación  de  los  negocios 
que  de  contino  ocurrían ;  donde  venido ,  reposó.  E 
pasados  algunos  días,  el  Conde  de  Armeñaque  se 
vino  huyendo  á  se  poner  debaxo  de  su  amparo,  por- 
que el  Rey  de  Francia  lo  quiso  prender  é  le  toma- 
ba toda  la  tieri'a  ;  no  porque  le  avía  fecho  traycíon 
alguna,  salvo  que  sin  su  licencia  é  mandado  so  avia 
casado  con  la  hija  del  Conde  de  Fox ,  Príncipe  de 
Navarra.  E  asi  venido,  el  Rey  le  mandó  hacer  hon- 
rado rescebimíento  ,  é  fué  muy  bien  aposentado ,  é 
estuvo  allí  por  algún  tiempo ,  hasta  que  el  Rey  de 
Francia  lo  envió  á  llamar  á  trato  del  Cardenal  Atra- 
batensis.  El  qual  sobre  grandes  seguridades  que  le 
dio  por  parte  del  Rey  de  Francia,  é  partida  con  él 
la  Hostia  del  Corpus  Ch'isti,  lo  mataron  á  pufiala- 
das  muy  crudamente ;  pero  al  Cardenal  que  tan 
grand  insulto  consintió,  no  le  dexó  Dios  sin  pena, 
que  después  se  quemó  de  fuego  salvage  sin  reme- 
dio alguno  ni  cura  que  le  pudiese  prestar  sanidad; 
é  asi  murió  mas  desesperado  que  con  devoción, 
aunque  tardó  algún  tiempo.  Después  que  el  Maes- 
tre de  Sanctiago  se  sintió  mas  convalescido ,  aun- 
que avia  quedado  quartanario,  hízose  traer  en  an- 
das á  Madrid,  donde  el  Rey  en  persona  con  los  per- 
lados, é  caballeros  de  su  Corte,  lo  salió  á  rescebir 
con  mayor  solenidad  que  si  fuera  otro  alguno  su 
igual.  ¡  O  singular  é  maravillosa  grandeza  de  Dios, 
alto,  poderoso,  infinito !  ¡  quán  altos  son  tus  miste- 
rios! ¡quán  escures  tus  juicios!  ¡quán  profundos 
tus  secretos!  Al  que  fue  desonrador  de  su  Rey ;  al 
que  con  tantos  vituperios  lo  amenguó ;  al  que  con 
tantas  deshonestidades  lo  persiguió,  ¿  cómo,  Sefior, 
consientes  y  te  plasce  que  con  tanta  honra  lo  res- 
ciba  su  Rey,  por  él  ofendido,  con  tanta  obediencia 
salga  el  Sefior  á  su  siervo,  y  el  hacedor  á  su  hechu- 
ra ?  Entretanto  que  el  Maestre  convalescia  de  su 
quartana,  siempre  el  Rey  con  toda  su  Corte  estu- 
vieron en  Madrid  hasta  que  fué  libre ;  pero  todos 
los  negocios  del  Reyno  se  despachaban  por  su  ma- 
no. En  este  medio  tiempo  que  él  asi  convalescia, 
aconteció  que  Luis  de  la  Cerda,  Alcayde  de  Esca- 
lona, al  tiempo  de  las  turbaciones  del  Reyno,  se  re- 
beló con  la  fortaleza  é  con  la  villa  contra  el  Rey 
por  la  parte  de  los  tíranos,  y  estuvo  siempre  só 
aquella  rebelión.  E  puesto  que  muerto  el  Príncipe 
Don  Alonso ,  todos  los  Perlados  é  caballeros  vinie- 
ron á  la  obediencia  del  Rey,  él  jamas  quiso  venir, 
temiendo  que  le  quitarían  la  tenencia.  Pero  como 
era  mortal ,  é  avia  de  entrar  por  el  camino  estrecho 
de  la  carne  humana,  adolesció  de  una  grave  enfer- 
medad, de  que  murió;  y  estando  asi,  de  que  conos- 
ció  en  muerte,  mandó  á  todos  los  suyos  que  entre- 


196 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


gasen  la  fortaleza  é  la  villa  al  Rey  sin  detenimien- 
to alguno.  Entonces  los  suyos  obedesciendo  su  man- 
dado como  buenos  servidores,  acabado  de  enterrar 
á  su  señor,  enviaron  á  decir  al  Rey  que  viniese  á 
tomar  su  fortaleza  ó  la  villa  de  Escalona,  de  que  el 
Rey  fué  muy  alegre  é  plascentero ,  porque  quería 
aquel  lugar  para  su  deporte  é  recreación  ;  pero  su 
plascer  luego  se  tornó  en  doblado  enojo ;  ca  como 
el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  supo  de  la  muerte 
de  Luis  de  la  Cerda,  y  que  los  suyos  querían  entre- 
gar la  villa  é  fortaleza  al  Rey,  envióle  suplicar  le 
hiciese  merced  della.  E  quanto  quiera  que  el  Rey 
dio  algunas  legítimas  excusaciones   porque  no  la 
debia  dar  ni  agenar,  en  fin  la  importunidad  del 
Maestre  fue  tanta,  que  contra  su  grado  se  la  dio  y 
mandó  dar  y  entregar.  E  porque  aquellos  que  den- 
tro estaban  dixeron  que  no  la  avian  de  dar  6  otro 
ninguno,  salvo  á  la  persona  del  Rey,  el  Maestre  le 
hizo  que  fuese  luego  á  mas  andar  á  Escalona,  don- 
de llegado,  fué  rescebido ,  y  asi  la  entregó  al  Al- 
cayde  que  el  Maestre  envió.   En  aqueste    medio 
tiempo  fálleselo  Don  Pedro  Hernández  de  Velasco, 
Conde  de  Haro,  é  subcedió  en  el  señorío  Don  Pedro 
de  Velasco,  su  hijo  mayor.  Aqueste  Conde  fué  el 
que  en  aquestos  tiempos  se  halló  vivir  é  morir  mas 
catholicamente  como  verdadero  cristiano  é  con  mas 
honrada  fama  de  varón  temeroso  de  Dios  que  nin- 
gún caballero  ni  señor  de  todas  las  Españas ;  por- 
que retraydo  de  la  Corte,  y  de  todas  la  vanidades 
del  mundo  en  una  villa  suya,  que  se  dice  Medina 
de  Pumar,  hizo  un  Monesterio  encerrado  de  mon- 
jas generosas,  donde  puso   tres  hijas  suyas,  é  hizo 
un  hospital  para  doce  hidalgos  que  viviesen  en  po- 
breza, donde  fuesen  sustentados  honrosamente ;  y 
dotó  el  monesterio  y  el  hospital  engrand  abundan- 
cia ;  hizo  asimesmo  una  capilla,  á  donde  puso  sus 
antepasados,  y  él  se  enterró.  Y  no  solamente  aques- 
to, mas  antes  que  muriese,  hizo  el  descargo  do  su 
conciencia  en  suma  de  mas  de  quince  quentos,  que 
de  muy  pocos  ó  de  ninguno  se  podría  descir  lo  se- 
mejante. Asi  que  podemos  descir  por  él  que  dexó 
perdurable  memoria  para  certidumbre  de  su  salva- 
ción, é  que  mayor  envidia  deben  de  aver  los  nobles 
do  su  fin  que  de  su  estado  que   dexó.  En  pos  de 
aquesto  subcedió  que  el  Conde  de  Benavente  estan- 
do en  algunas  diferencias  con  el  Conde  de  Lemos 
é  con  el  "Vizconde  de  Bazan,  el  Conde  (}e  Luna,  que- 
riéndolos conformar  ó  poner  en  paz ,  trató  vistas 
entre  ellos,  para  que  se  juntasen  en  la  villa  de  Vi- 
llalpando.  Donde  convenidos,  el  Conde  de  Benaven- 
te prendió  al  Vizconde  de  Bazan,  é  preso,  mandó- 
lo llevar  á  la  fortaleza  de  Benavente.  Luego  sin 
dilación  fué  con  grand  gente  é  puso  cerco  sobre 
Matilla,  una  villa  que  era  del  Conde  de  Lemos,  é  la 
tomó.  E  porque  los  antepasados  del  Conde  de  Be- 
navente avian  usurpado,  é  tenían  injustamente  los 
Barrios  de  Salas,  que  eran  de  la  Iglesia  y  Obispado 
de  Astorga,  á  cuya  cabsa  estaban  puestas  graves 
censuras  contra  todos  ellos,  él  queriendo  sor  obe- 
diente ú  la  Iglesia,  se  desapoderó  de  todos  ellos,  y 
los  entregó  á  Don  Garcia  de  Toledo,  que  por  en- 


tonces era  Obispo  de  Astorga,  y  fué  absuelto  de  la 
descomunión  papal  que  sobre  aquesta  cabsa  estaba 
puesta.  En  aqueste  medio  tiempo  subcedió  que  co- 
mo el  Arzobispo  de  Toledo  se  mostraba  muy  si- 
niestro al  servicio  del  Rey,  y  en  aquello  insistiese, 
un  Capitán  muy  acepto  al  servicio  del  Rey,  que  se 
decía  Christobal  Bermudez,  vista  la  poca  obedien- 
cia que  mostraba  contra  el  Rey,  fué  con  la  gente 
de  su  capitanía,  é  combatió  la  fortaleza  de  Canales, 
que  es  del  Arzobispo  de  Toledo,  é  tomóla  por  com- 
bate, de  que  el  Rey  fue  muy  contento,  é  lo  tovo  en 
servicio ;  pero  el  Arzobispo  ovo  tan  grand  senti- 
miento, quanto  si  otra  mayor  injuria  le  fuera  fecha; 
en  tal  manera,  que  de  allí  se  siguieron  asaz  escán- 
dalos é  robos  é  males  de  cada  parte  por  el  Reyno 
de  Toledo.  Pasados  algunos  días  después  que  el 
Maestre  fué  convalescido,  f  ué^acordado  entre  el  Rey 
•  y  él  qu,e  pues  avia  dado  su  palabra  Real  al  Conde 
de  Plasencia  de  le  facer  equivalencia  por  la  cibdad 
de  Truxillo,  que  le  hiciese  merced  de  la  villa  de 
Arévalo  con  título  de  Duque  ;  é  asi  fecha  la  merced 
é  confirmándogela,  lo  hizo  Duque  de  Arévalo,  aun- 
que la  villa  era  de  la  Reyna  Doña  Isabel ,  muger 
que  fué  del  Rey  Don  Juan  de  gloriosa  memoría, 
padre  del  Rey.  E  porque  al  tiempo  que  los  tiranos 
alzaron  por  Rey  al  Príncipe  Don  Alonso,  quando  lo 
truxeron  allí,  se  la  empeñaron  por  ciertos  quentos  ^ 
de  moneda,  é  la  tenia  en  prendas  de  lo  que  avia 
prestado,  el  Rey  le  hizo  merced  della.  Esto  en 
alguna  manera  paresció  cosa  de  mal  enxemplo,  por- 
que desheredar  á  las  viudas ,  mas  fué  querer  hacer 
fuerza,  que  usar  de  franqueza.  De  lo  qual  la  Prin- 
cesa Doña  Isabel,  como  hija,  ovo  grand  sentimiento, 
puesto  que  por  estonces  no  lo  pudo  remediar. 

CAPÍTULO  CXLIII. 

Como  el  Rey  se  partió  de  Madrid  para  Segovia,  é  délas  cosas  que 
subcedieron. 

Después  que  el  Maestre  fué  libre  de  la  quartana 
fué  acordado  que  el  Rey  se  fuese  á  Segovia,  donde 
páresela  tener  algún  descanso,  asi  por  la  salud  del 
Maestre,  como  porque  él  lo  descuidaba  de  los  nego- 
cios que  subcedian  é  ocurrían ;  por  manera,  que  sin 
empacho  se  podia  andar  por  los  montos,  y  estar  en 
sus  bosques  á  su  plascer.  Pasados  algunos  dias  des- 
pués que  estaban  en  Segovia,  el  Maestre  entregó  el 
Alcázar  al  Rey,  y  fué  dada  la  tenencia  del  al  Ma- 
yordomo Andrés  de  Cabrera.  En  este  medio  tiempo 
vino  allí  el  nuevo  Conde  de  Haro  á  hacer  reveren- 
cia al  Rey,  donde  fue  rescebido  con  mucho  amor, 
y  tratado  con  grand  honra,  asi  por  el  Rey  como  por 
los  señores  de  la  Corte.  E  como  por  estonces  avia 
grandes  males  de  bandos  é  questiones  en  las  pro- 
vincias de  Guipúzcoa  y  de  Vizcaya,  acordó  el  Rey 
do  enviar  allí  con  grandes  poderes  de  Virrey  al 
nuevo  Conde  de  Haro,  asi  porque  estaba  muy  ve- 
cino dellos,  como  por  ser  el  mayor  é  mas  poderoso 
de  aquellas  comarcas  y  porque  era  caballero  pru- 
dente é  muy  cuerdo.  El  qual  obedesciendo  lo  que 
asi  le  era  mandado  por  su  Rey ,  f  uélo  á  cumplir  y 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


197 


ponerlo  por  obra,  y  entró  muy  poderosamente ,  se- 
gund  que  para  tal  caso  convenia.  Donde  entrado,  é 
obedescido  por  entrambas  provincias,  fecha  su  pes- 
quisa con  grand  diligencia,  halló  que  Pedro  de  Aven- 
daño  é  Juan  Alonso  de  Moxica  con  algunos  pa- 
rientes é  valedores  suyos  eran  cabeza  de  bandos,  á 
cuya  cabsa  se  seguían  muchos  escándalos  é  muer- 
tes y  robos  é  males  que  de  contino  se  hacían.  E 
asi  administrando  justicia,  vistos  los  insultos  que 
por  ellos  se  recrescian,  mandó  por  su  sentencia  que 
Pedro  de  Avendafio,  é  Juan  Alonso  de  Moxica  sa- 
liesen desterrados  fuera  de  ambas  provincias,»  no 
tornasen  á  ellas  fasta  que  fuese  la  voluntad  del 
Rey,  é  que  para  tornar  les  fuese  dada  expresa  licen- 
cia de  su  Alteza ,  so  pena  de  la  vida,  é  de  perder 
sus  haciendas,  si  lo  contrario  hiciesen.  E  después 
de  justiciados  muchos  ladrones  é  malhechores,  que- 
dó la  tierra  en  grand  paz  é  sosiego ,  si  el  diablo  no 
tornara  á  sembrar  su  discordia  y  á  tender  las  redes 
de  sus  escándalos ,  para  lo  que  después  subcedió, 
segund  que  adelante  será  recontado.  El  Maestre 
Don  Juan  Pacheco  que  tenia  enagenada  la  su  villa 
de  Montalvan  en  poder  del  Conde  de  Alva  desde  la 
batalla  de  Olmedo,  quando  se  la  entregó  en  pren- 
das de  los  vasallos  que  él  y  los  otros  tiranos  le 
prometieron,  para  que  rompiendo  su  f  ee  tantas  ve- 
ces dada,  dexase  al  Rey,  é  se  pasase  á  dios,  traba- 
xaba  con  el  Conde,  que  gela  tornase.  Pero  el  Conde 
nunca  quiso  desapoderarse  de  ella,  antes  requería 
al  Maestre  cumpliese  con  él  lo  que  mas  principal- 
mente que  los  otros  le  avia  prometido,  y  que  en  otra 
manera  no  la  entendía  de  dexar.  E  quanto  quier 
que  el  Maestre  traia  sus  rodeos ,  disciendo  no  ser 
obligado  á  cumplir  aquella  promesa,  nunca  el  Con- 
de de  Alva  quiso  dexar  la  villa.  Estonces  el  Maes- 
cre  acordó  que  el  Conde  se  viniese  á  ver  con  él  é 
con  el  Arzobispo  de  Sevilla  á  Sanct  Pablo  de  la  Mo- 
raleja. Donde  convenidos,  ansi  para  concluir  su  de- 
bate, como  para  dar  algún  medio  de  paz  en  el  Rey- 
no,  el  Almirante  Don  Fadrique  les  envió  esta  car- 
ta siguiente : 

«Señores  amigos,  enemigos  de  Dios  y  de  Casti- 
»  Ha  :  vosotros  y  nosotros  ¿  por  qué  queréis  que  de- 
»  mos  mal  enxemplo  de  todo»  los  que  agora  vivimos 
»y  estados  tenemos,  que  para  siempre  perdamos 
»las  almas,  y  en  las  Corónicas  las  famas;  que  en 
»  nuestro  tiempo  se  sufra  tal  destrucion ,  que  es  peor 
»  que  la  de  Don  Rodrigo ;  que  por  las  cobdicias  é 
»  omecillos  secretos  y  públicos  sea  destruida  la  mas 
»  honrada  fama  de  Rey  é  de  caballeros  que  en  Rey- 
»  nos  de  Christianos  solia  é  pudo  aver  ?  Ya  todo  lo 
»  pasado  era  tolerable ,  aunque  vergonzoso  é  daño- 
H  so ;  porque  los  prisioneros  de  las  guerras  se  daban 
«sobre  las  fees  ,  y  era  toda  la  guerra  entre  parien- 
»tes  é  amigos;  é  asi  los  cabsadores  como  los  defen- 
))  sores  con  sola  la  lengua  é  conocimiento  unos  á 
»  otros  se  soltaban  ;  los  vencidos  é  presos  é  los  ven- 
»  cedores  se  dolían  del  trabajo  de  los  otros.  Mas  ago- 
»  ra  los  enemigos  de  Dios  é  de  nuestra  sancta  Ley 
»  metidos  por  parciales  en  estos  Reynos,  se  glorifi- 
»can  asi  vencidos  como  vencedores  en  ver  la  san- 


1)  gre  de  los  Christianos  derramada ,  é  los  hombres, 
Dmugeresy  niños  captivos ;  los  quales  dan  voces 
»  ante  Dios  y  el  mundo  por  las  susodichas  cosas ,  é 
))  por  otras  que  quiero  callar.  Por  lo  qual  me  parece 
»  que  la  vergüenza  de  lo  pasado  y  la  f  ee  de  lo  pre- 
»  senté  é  por  venir  nos  debrían  de  cerrar  los  corazo- 
Dnes  á  la  cobdicia,  é  abrirlos  á  la  conciencia,  para 
1)  que  dexados  nuestros  particulares  provechos,  en- 
» tendamos  todos  en  el  bien  común  y  paz  de  estos 
n  Reynos.  Por  ende ,  Señores ,  pues  agora  yo  he  sa- 
»  bido  que  vosotros  todos  tres  tenéis  la  péñola  del 
))Rey  nuestro  Señor  en  vuestras  manos,  é  ahí  vos 
«juntáis,  y  estos  muy  esclarecidos  Príncipes  se  jun- 
» tan  en  Dueñas  con  el  muy  reverendo  Señor  el  Ar- 
»  zobispo  de  Toledo  é  con  otros  Grandes  que  allí 
»  seremos ,  plégavos  por  solo  el  servicio  de  Dios  y 
»  por  la  honra  de  todos  los  que  agora  vivimos,  de 
«dar  orden  como  se  dé  un  lugar,  dó  todos  nos  po- 
»  damos  ayuntar ,  para  que  se  dé  entre  todos  tal  f or- 
»ma,  que  no  pasen  los  males  adelante;  que  harto 
»  es  de  mala  ventura  entre  tantos  debdos  é  parien- 
» tes  tan  cercanos  no  aver  de  hallar  quien  tenga  esta 
«salvaguarda,  pues  que  entre  moros  y  Christianos, 
»  personas  de  quien  se  puede  fiar  ,  hallarse  suelen. 
«  E  paréceme  que  seria  bien  dar  tal  orden ,  que  es- 
» tando  todos  alli  ayuntados ,  y  en  manos  del  mejor 
n  clérigo  6  fraile  que  á  vosotros  paresciese ,  é  aver- 
«se  pudiese,  puesto  el  cuerpo  de  Christo  delante,  y 
«  él  revestido ,  tomase  á  todos  los  que  alli  estuvié- 
«  sernos  juramento  que  aquesto  que  seguimos ,  que 
»  creemos  ser  verdad  quanto  á  Dios  é  al  mundo  A 
» todo  nuestro  creer  é  saber ,  é  lo  seguiremos  sin 
«otra  alguna  pasión,  amor  ni  interese.  Para  esta 
»  cónclave  deben  ser  llamados  todos  los  Grandes  del 
»  Reyno  que  quieran  venir,  é  si  esto  no  quisieren 
«jurar,  juren  de  seguir  lo  que  seguiéremos  los  que 
«juráremos.  E  porque  así  creo  podría  ser  remediado 
«  este  fuego  infernal  como  en  este  Reyno  está  en- 
n  cendido ,  con  esto  me  descargo  ante  Dios  é  ante 
« todos  vosotros ,  é  vos  pido  por  merced  ésta  mos- 
«treis  al  Rey  nuestro  Señor,  porque  vea  y  conozca 
» mi  deseo.  Al  qual  no  escribo ,  porque  sé  que  no 
))  aprovecharía ,  como  en  las  otras  cosas  pasadas 
»  hasta  aquí ,  que  vosotros  los  Grandes  é  yo  le  ave- 
»  mos  escrípto.  Nuestro  Señor  vuestras  personas  y 
»  estados  conserve  é  acreciente.  De  la  mi  villa  de 
aValdenebro  á  quatro  de  Noviembre.  El  Almi- 
«  rante. » 

Leyda  su  carta ,  no  curaron  de  le  responder  por 
estonces ,  porque  el  Maestre  y  el  Arzobispo  de  Se- 
villa no  estaban  de  aquel  propósito  que  el  Almiran- 
te quería,  mas  eran  de  contraría  opinión ,  y  sola- 
mente procuraron  de  se  concordar  con  el  Conde  de 
Alva,  para  lo  que  eran  allí  venidos.  E  como  el 
Maestre  era  tan  astuto ,  que  á  todas  las  diferencias 
sabía  dar  remedio ,  señaladamente  á  las  de  su  inte- 
rese, concertó  con  el  Conde  de  Alva,  que  pues  él 
tenia  la  cibdad  de  Coria,  y  el  Maestre  de  Alcántara 
y  el  Conde  de  Coria  su  hermano  eran  muertos,  que 
él  se  la  haría  dar  ó  confirmar  de  juro ,  con  que  le 
haría  dar  título  de  Duque  de  Alva,  é  Marqués  do 


198 

Coria  é  Conde  del  Barco,  coiulicionalmente  que  lue- 
go dexase  á  Montalvan  y  á  la  Puente  del  Arzobis- 
po. Lo  qual  el  Conde  do  Al  va  aceptó  de  buen  gra- 
do ,  porque  su  deseo  era  de  acrecentar  su  estado ,  é 
subir  en  títulos  de  tanta  dignidad  é  honra,  y  asi  el 
Maestre ,  haciendo  liberal  franqueza  do  lo  del  Rey, 
recobró  su  villa,  y  envió  las  provisiones  al  Rey 
para  que  las  firmase,  el  qual,  puesto  que  le  desplu- 
go ,  no  lo  contradixo ,  antes  luego  las  firmó  é  despa- 
chó. Dadas  las  provisiones  al  Conde  de  Alva ,  en- 
tregó á  Montalvan  c  dexó  la  Puente  del  Arzobispo, 
ó  do  alli  adelante  se  intituló  Duque  de  Alva  é  Mar- 
qués de  Coria ,  é  Conde  del  Barco.  E  despedidos  con 
mucho  amor,  el  nuevo  Duque  de  Alva  se  volvió  á 
su  tierra ,  y  el  Maestre  y  el  Arzobispo  á  Segovia. 
Donde  llegados ,  vino  al  Rey  el  Licenciado  de  Al- 
calá por  parte  del  Arzobispo  de  Toledo  con  una  car- 
ta de  creencia ,  que  descia : 

«Lo  que  vos  el  Licenciado  de  Alcalá  aveis  de  des- 
»cir  de  nuestra  parte  al  Rey  nuestro  Señor,  es  lo  si- 
Mgaiente:  Primeramente,  después  de  besadas  sus  Rea- 
wles  manos  en  nuestro  nombre ,  diréis  á  su  Alteza 
))que  ya  sabe  los  grandes  escándalos  que  en  estos 
»Reynos  se  han  levantado  de  siete  años  é  esta  parte 
na  cabsa  de  la  subcesion  de  ellos.  E  como  quiera  que 
«las  opiniones  de  los  unos  é  de  los  otros  en  el  princi- 
»pio  es  do  creer  que  fuesen  fundadas  sobre  justo  ze- 
»lo,  bien  se  puede  descir  que  al  medio  ni  al  fin  no 
»han  conseguido,  ni  consiguen  con  el  comienzo,  se- 
»gun  los  grandísimos  males  é  daños ,  é  destruiciones 
))que  se  han  seguido  de  cada  dia ,  é  se  continúan.  E 
»que  á  su  Merced  es  manifiesto  el  estado'en  que  se  ha 
jpuosto  su  Real  dignidad ,  é  como  estos  sus  Reynos 
nestán  en  total  perdición  por  falta  de  justicia ,  que 
»en  ellos  no  hay  alguna ,  salvo  aquella  que  la  nece- 
Dsidad  ha  puesto  y  pone  en  algunos  pueblos ,  aun- 
nque  pocos  ;  y  en  las  otras  partes  parece  que  no  hay 
«otro  derecho  salvo  la  fuerza.  Asimismo  ve  su  Alte- 
»za  un  intolerable  daño  que  se  ha  seguido  é  sigue  de 
ola  moneda,  el  qual  ha  traido  é  trae  tan  grand  con- 
»fu8Íon ,  que  bastaria  para  destruir  un  Reyno  muy 
ísano ,  quanto  mas  uno  tan  quebrantado  como  este, 
»y  tan  lleno  de  miserias  é  afliciones,  é  tan  mengua- 
»do  de  todas  las  cosas  convenibles  al  sostenimiento 
»de  la  república.  Asimismo,  que  bien  ve  su  Merced 
«las  guerras  particulares  que  al  presente  hay  entre 
DBUB  naturales  en  las  montañas,  en  las  Asturias,  en 
sGalicia ,  en  Estremadura,  en  Sevilla,  en  Córdoba  y 
3»en  otras  partes  de  menor  calidad ;  en  las  quales  ha 
»avido  tanta  efusión  de  sangre,  c  tantos  robos  é  tan- 
}>ta8  quemas ,  que  si  huviese  seido  en  los  tiempos 
i^asados,  sería  dolor  do  lo  oir,  quanto  mas  de  lo  ver 
dIos  que  lo  vemos  por  los  ojos,  veyendo  en  estas  tur- 
»baciones  levantarse  hombres  de  sendas  lanzas ,  é 
»con  latrocinios  y  robos  llegar  á  tener  ciento  é  dos- 
»cientas ,  é  sostenellas  con  el  sudor  de  los  mísera- 
«bles ,  comiendo  sobre  aquellos  los  tales  robadores, 
«como  se^hizo  en  Francia  en  tiempo  de  sus  devisio- 
«nes.  E  diréis  á  su  Señoría  que  todos  estos  males  en 
«alguna  manera  serian  reparables  por  tiempo ,  ex- 
scepto  las  muertes ;  porque  si  se  toman  fortalezas  ó 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«villas,  ó  otras  cosas  de  unas  partes  á  otras,  torio  se 
«queda  en  sus  Reynos,  y  en  poder  de  sus  naturales; 
))cmpero  las  muertes  que  de  cada  dia  subceden  ,  no 
»hay  remedio ;  y  aun  esto  es  mayor  mal,  por  lo  que 
«agora  parece  que  se  comienza,  entrando  los  moros 
«enemigos  de  nuestra  santa  Fé  poderosamente  ,  ha- 
Bciendo  las  crueldades  é  males  que  se  hacen,  matan- 
))do,  é  quemando  é  destruyendo  sus  tierras;  que 
«aquesto  parece  un  mal  irreparable  ,  según  la  fama 
«suena  del  esfuerzo  de  este  Roy  de  Granada,  é  la  en- 
«trada  que  agora  hizo  á  dó  ha  muy  grandes  tiempos 
»qua  moros  no  llegaron;  é  si  agora  no  se  les  pone  al- 
»guna  resistencia ,  segund  las  contiendas  que  están 
«en  el  Andalucía,  mucho  se  debe  de  temer  el  perdi- 
))miento  de  aquella  tierra  ,  é  aun  mas  adelante  por 
«los  aparejos  que  parece  que  hay  para  ello,  é  mas  por 
«los  grandes  pecados  de  todos.  Y  diréis  que  como 
))nos  seamos  constituidos  en  esta  dignidad ,  que  es  la 
«mayor  de  estos  Reynos,  y  llegados  en  tal  edad,  que 
«por  estas  cosas  somos  mas  obligados  á  procurar  el 
«servicio  de  Dios  y  el  bien  común  que  otro  ninguno, 
»é  instimulados  de  estos  grandísimos  males  é  daños 
«que  vemos  acrecentar,  é  de  los  que  se  nos  figuran 
«que  entre  ellos  pueden  venir,  si  nuestro  Señor  Dios 
«no  lo  remedia,  é  nosotros  todos  no  lo  remediamos 
»é  no  nos  ayudamos  mejor  que  fasta  aquí,  acorda- 
«mos  de  vcm  enviar  á  su  Alteza  por  descargo  nuestro 
»á  le  suplicar  é  requerir  con  Dios  nuestro  Señor,  que 
«pues  se  muestra  todo  esto  resultar  del  debate  de 
«esta  subcesion  (porque  durante  esto,  no  parece  que 
su  Señoría  puede  asi  remediarlo,  porque  lo  que  una 
«parte  dice,  la  otra  lo  niega);  que  á  su  Real  Señoría 
«plega  por  servicio  de  Dios,  é  por  facer  bien  é  mer- 
«ced  á  estos  Reynos  suyos ,  é  por  el  bien  universal 
«de  aquellos  que  en  esto  se  entienda.  E  diréis  que  el 
«parescer  nuestro  queremos  descir  asi  como  uno  de 
«los  principales  de  sus  Reynos  según  somos  obliga- 
«dos ,  só  pena  de  caer  en  mal  caso;  el  qual  sería,  á  su 
«Señoría  plasciendo,  que  se  toviese  esta  forma  :  que 
»su  Alteza  permitiese  é  mandase  que  nos  ayuntase- 
«mos  en  alguna  parte  convenible  los  Perlados  é  Gran- 
«des  de  sus  Reynos ,  en  especial  los  que  sean  mas 
«cercanos ,  para  prestamente  se  poder  juntar,  y  que 
»á  mi  ver  podríamos  ser  estos  que  se  siguen :  De  los 
«caballeros:  el  Maestre  de  Sanctiago,  el  Duque  de 
«Arévalo,  el  Marqués  de  Santillana,  el  Duque  de  Al- 
«burquerque ,  y  el  Conde  de  Ilaro ,  y  el  Duque  de 
«Alva ,  y  el  Conde  de  Benavente ,  y  el  Conde  de  Tre- 
«viño  y  el  Almirante.  De  los  Perlados:  Micer  Biano- 
«rio.  Nuncio  Apostólico,  el  Arzobispo  de  Sevilla ,  el 
«Obispo  de  Sigüenza ,  el  de  Burgos ,  el  de  Coria  y 
«nos,  é  otros  algunos ,  si  para  esto  pudiesen  conve- 
«nir ,  como  dicho  es ;  por  manera  que  fuésemos  en 
«número  nones.  E  para  este  ayuntamiento,  por  las 
«diferencias  que  hay  entre  algunos  de  éstos,  oviese 
«algunas  seguridades  entre  nosotros,  para  nos  guar- 
«dar  durante  aquel.  E  juntos  jurásemos  en  el  sepul- 
«cro  de  Sanct  Vicente  de  Avila  sobre  la  Hostia  con- 
«sagrada  en  manos  de  un  Preste  de  dar  aquel  medio 
«en  aqueste  fecho  qual  nos  pareciese  ser  cumplidero 
»al  servicio  de  Dios  é  suyo,  y  á  la  paz,  é  sosiego  é 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


199 


«buena  gobernación  de  estos  sus  Reynos  é  señoríos, 
Dé  sostenimiento  de  su  estado  Real;  ca  grand  ver- 
3)güenza  é  daño  es  de  todos  sus  naturales  que  siendo 
»él  nuestro  Señor  é  Rey,  tenga  las  necesidades  é  po- 
seo pederé  desabtorizamiento  que  su  Merced  tiene; 
»que  los  ceptros  Reales  acompañados  quieren  ser  de 
«moderadas  riquezas  é  poderío,  con  que  puedan  sa- 
Dtisf acer  los  servicios ,  é  castigar  los  maleficios.  E 
íasimismo  para  dar  orden  en  todos  los  otros  daños 
ísobredichos,  é  principalmente  en  lo  de  la  moneda, 
»y  en  lo  de  la  resistencia  de  los  Moros  enemigos  de 
ínuestra  santa  Fé ;  que  grand  oprobio  debe  ser  y  es 
ȇ  la  nobleza  castellana  que  los  comarcanos  pasen 
»lo8  mares  á  conquistar  tan  grand  muchedumbre  de 
j)moros ,  y  que  estos  pocos  que  tenemos  aquende  del 
]>agua  no  solamente  se  nos  defiendan,  mas  nos  en- 
wtren  á  tomar  la  tierra.  E  que  destos ,  que  ansí  nos 
«juntáremos ,  se  conformen  lo  menos  con  la  deter- 
»minacion  de  los  mas ,  y  que  á  su  Alteza  plega  de 
»estar  al  consejo  de  estos.  E  nos  procuraremos  que 
>asi  mesmo  hagan  los  Señores  Príncipes;  y  placerá 
»á  nuestro  Señor ,  que  usando  de  su  acostumbrada 
smisericordia,  alumbrará  á  todos,  para  que  hallemos 
«entero  saneamiento  para  agora  é  para  de  aquí  ade- 
2>lante;  que  ya  se  halló  en  otros  tiempos  por  permi- 
»sion  de  Dios  en  otros  tan  grandes  debates;  el  qual 
»no  tiene  agora  menos  poder  que  solía  ,  si  nosotros 
j)á  él  nos  encomendásemos.  Y  quando  entero  sanea- 
»miento  no  se  hallase,  no  podría  ser  que  algún  mo- 
ndo no  se  diese  porque  en  la  vida  suya  durante  no 
íovicse  sobre  que  debatir,  y  el  debate  se  suspendie- 
íse ,  y  los  Reynos  se  pacificasen  y  gobernasen ,  por 
«manera  que  Dios  fuese  servido,  y  su  Señoría  tenido 
Dé  acatado  como  es  razón,  é  los  enemigos  de  nues- 
»tra  santa  Fé  resistidos  y  aun  molestados.  Por  tanto 
Ddiréis  que  una  y  muchas  veces  amonestamos  é  tor- 
Dnamos  á  suplicar  á  su  Alteza  que  quiera  volver  los 
«ojos  de  la  discreción  que  Dios  le  dio,  sobre  estos 
«Reynos  que  le  encomendó,  é  poner  alguna  meleci- 
»na  sobre  tan  grandes  llagas  como  en  ellos  hay. 
»Para  todo  lo  qual  podréis  de  nuestra  parte  certificar 
»á  su  Real  Señoría  que  hallará  toda  nuestra  persona 
«é  casa  dispuesta,  y  que  ninguna  cosa  que  á  nos  sea 
jposible  de  hacer,  nos  será  grave.  E  que  de  esto,  que 
«con  verdadero  zelo  del  bien  común  y  de  toda  pa- 
«sion  é  interese  particular  despojados  suplicamos  é 
«aconsejamos  á  su  Real  Señoría,  como  somos  obli- 
Dgados  según  las  leyes,  hacemos  testigos  á  nuestro 
»Señor  Dios  en  los  cielos ,  é  á  su  Señoría  é  á  todos 
»los  que  lo  supieren  en  la  tierra,  para  descargo  de 
]>nuestra  conciencia  é  honra  de  la  fialdad  que  le  de- 
♦bemos.»  Vista  esta  creencia  é  leida  por  el  Rey,  res- 
pondió al  Licenciado,  é  díxole :  «Decid  al  Arzobispo 
»que  yo  le  agradezco  su  buena  voluntad,  é  que  plas- 
Dciendo  á  Dios ,  en  todo  lo  que  él  envia  á  desoír  por 
»su  creencia ,  se  dará  presto  tal  modo  y  orden  qual 
Del  verá.»  Aquesto  descia  el  Rey,  porque  ya  espera- 
ba el  embaxador  de  Francia. 


CAPÍTULO  CXLIV. 


De  como  el  Príncipe  de  Aragón  y  la  Señora  Princesa  Doña  Isa- 
bel, sintiendo  la  novedad  que  quería  hacer  el  Rey ,  le  escribie- 
ron la  carta  siguiente. 

El  Príncipe  Don  Fernando,  y  la  Princesa  Don  i 
Isabel,  veyendo  que  siempre  el  Rey  mostraba  eno- 
jo contra  ellos,  aunque  honestamente  lo  disimula- 
ban, é  que  ninguna  respuesta  por  escripto  les  daba 
las  otras  veces  que  le  avian  escripto  y  enviado  su 
embaxada,  sintiendo  el  desposorio  que  quería  ha- 
cer de  la  hija  con  el  Duque  de  Guiana  é  tornarla  á 
hacer  heredera  si  le  aprovechara ,  acordaron  de  le 
escribir  otra  carta  en  la  forma  siguiente  : 

«  Muy  alto,  é  muy  poderoso  Príncipe ,  Rey  é  Se- 
))  ñor.  Ya  vuestra  Señoría  sabe  como  en  el  mes  de 
»  Octubre  del  año  pasado  ovimos  enviado  á  vuestra 
))  Alteza  nuestras  cartas  con  Mosen  Pero  Vaca  é  Die- 
»go  de  Ribera  é  Luis  de  Atienza  con  cierta  creen- 
»cia  por  escripto.  La  qual  en  efecto  contenia :  pri- 
» meramente  facer  saber  á  vuestra  merced  el  casa- 
»  miento  nuestro,  é  la  razonable  cabsa  porque  para 
«ello  no  se  avia  atendido  el  mandado,  consejo  é 
«consentimiento  de  vuestra  Real  Señoría ;  é  des- 
»  pues  de  aquesto  certificado ,  averse  aquello  fecho 
» con  puro  respecto  del  servicio  vuestro ,  é  no 
»  con  otro  fin  que  á  aquel  fuese  contrario ,  é  pidien- 
»  do  por  merced  á  vuestra  Alteza,  que  si  por  esto  se 
»aver  fecho  ansí,  oviese  ávido  algund  desgrado, 
«quisiese,  por  nos  facer  merced,  de  postponello  ;  su^ 
n  plicándole  que  nos  rescebiese  por  verdaderos  hijos 
né  servidores,  ofreciéndole  nuestra  obediencia  y 
» servicio  lo  mas  acatada  é  humildemente  que  pu- 
» dimos  con  ofrecimiento  de  suficientes  é  determi- 
»  nadas  seguridades,  para  lo  demostrar  por  obra,  se- 
»gund  que  mas  por  estenso  en  la  dicha  creencia  se 
»  contenia.  Aquesta  embaxada  vuestra  Real  Señoría 
«rescebió  é  oyó  muy  graciosamente,  é  nos  respon- 
» dio  que  como  viniesen  á  vuestra  Corte  algunos 
» Grandes  destos  vuestros  Reynos  que  esperaba, 
«que  estonces  entendería  en  ello  é  nos  respondería. 
«La  qual  respuesta,  muy  poderoso  Señor,  de  día  en 
»  día  avemos  atendido  con  la  paz  é  sosiego  é  obe- 
»  diencia  que  vuestra  merced  ha  visto.  E  aun  en  es- 
» te  comedio  aprobando  por  la  obra,  avemos  dado 
»  orden,  rogando  á  esta  vuestra  muy  noble  villa  de 
»  Valladolid  é  á  las  otras  cibdades  y  villas  y  tierras 
»  que  no  estaban  á  vuestra  obediencia,  que  en  ella 
»  se  pongan  ;  é  si  otra  cosa  nos  quedase  de  facer, 
«para  mostrar  el  amor,  é  fidelidad  é  deseo  que  te- 
«  nemos  á  vuestro  servicio,  prestos  estamos,  para  lo 
«cumplir.  E,  muy  excelente  Señor,  ya  pasados  son 
»  cerca  de  quatro  meses  que  vuestra  Señoría  no  nos 
»  ha  respondido,  é  agora  por  muchas  partes  avemos 
n  sido  avisados  que  en  lugar  de  aceptar  nuestra  su- 
»  plicacion  justa,  por  algunos  rodeos  é  maneras  muy 
«  poco  cumplideras  á  vuestro  servicio,  é  á  la  paz  é 
»  sosiego  de  vuestros  Reynos,  se  procuran  de  meter 
»  gentes  estrangeras  á  esta  vuestra  nación  muy  odio- 
»  sas,  é  facen  otros  movimientos  contra  nosotros ,  é 


200 

»  contra  la  derecha  é  legítima  subcesion  á  nos  per- 
» tenesciente.  Lo  qual  vuestra  Alteza  de  su  libre 
))  voluntad,  usando  de  razón  é  justicia,  á  mí  la  Prin- 
wcesa  en  pública  plaza,  estando  en  vuestro  poder,  en 
» las  ventas  de  Guisando  en  presencia  del  Delegado 
»  de  nuestro  muy  Sancto  Padre,  é  con  su  abtoridad, 
»  aquello  mesmo  hizo  jurar  á  los  muy  Reverendos 
w  en  Christo  Padres,  Arzobispos  de  Toledo  ó  de  Se- 
»  villa,  y  al  Maestre  de  Sanctiago,  y  Conde  de  Pla- 
«sencia,  é  Obispo  de  Burgos,  é  de  Coria,  ó  de  otros 
n  Duques  é  Condes  que  á  la  sazón  allí  se  juntaron.  B 
»  después  en  la  villa  de  Ocaña  por  mandamiento  de 
«  vuestra  Señoría,  é  otros  muchos  Perlados  é  Pro- 
»  curadores  de  las  cibdades  é  villas  de  estos  vues- 
» tros  Reynos  lo  juraron,  segund  que  vuestra  Sefio- 
»  ría  bien  sabe,  é  á  todos  es  notorio.  E,  muy  ex- 
»  célente  Señor,  porque  nosotros  todavía  estamos  é 
«permanescemos  en  el  deseo  que  vos  enviamos  á 
«descir  que  tenemos  de  vos  servir,  acatar  y  obedes- 
»  cer  como  á  Rey  é  Señor  é  Padre  verdadero,  de  lo 
»  qual  queremos  dar  cuenta  á  Dios  nuestro  Señor  en 
» los  cielos,  que  es  el  verdadero  sabidor  de  las  in- 
» tenciones  públicas  é  secretas,  é  á  vuestros  natura- 
» les  en  la  tierra,  y  aun  á  los  estrafíos,  acordamos  de 
«escribir  esta  presente  carta  á  vuestra  Merced  ;  á 
B  la  qual  por  ella  con  reverencia  de  hijos  y  servido- 
»  res  suplicamos  quiera  acebtar  la  nuestra  primera 
» justa  suplicación ;  é  acebtando  aquella,  resciba 
»  nuestra  obediencia  ó  servicio ;  é  postponiendo  todos 
«los  otros  enojos  é  desgrados  por  servicio  de  Dios 
»  nuestro  Señor,  é  por  la  pacificación  de  estos  vues- 
« tros  Reynos  é  señoríos,  é  por  hacer  merced  á  nos- 
»  otros,  cuya  voluntad  nunca  fué  ni  será,  á  vuestra 
«Señoría  plasciendo,  de  vos  enojar,  ni  deservir.  E 
))  si  por  ventura,  muy  excelente  Señor,  á  vuestra  Al- 
» teza  no  le  placerá  hacer  esto,  asi  graciosamente 
»como  lo  pedimos,  suplicámosle  lo  que  de  justicia 
»no  nos  puede  denegar;  es  á  saber,  que  antes  que 
» los  tales  rigores  se  comiencen ,  los  quales  serán 
B  malos  de  atajar  después  de  comenzados,  y  de  ellos 
B  se  podrían  seguir  grandes  ofensas  á  Dios,  y  da- 
Bfios  irreparables  de  estos  vuestros  Reynos,  y  aún 
» creemos  que  se  extenderían  á  muy  grand  parte  de 
«la  Cliristiandad,  que  á  vuestra  merced  plega  de 
Buos  oír  é  mandar  guardar  nuestra  justicia,  en  es- 
«ta  manera  :  que  vuestra  Alteza  venga  en  plascerle 
« que  á  quatro  grandes  de  vuestros  Reynos,  que  á 
Blas  partes  sean  fieles,  sea  entregada  una  villa  con 
nías  Bolenidades  que  se  requieren  para  en  tal  caso 
»á  dó  á  su  salvaguarda  vuestra  Alteza,  é  los  per- 
n  lados  é  grandes  de  vuestros  Reynos  puedan  venir 
Bá  los  quales  vuestra  merced  mande  llamar ;  6  asi- 
» mismo  nosotros  y  aquellos  que  nos  siguen  poda- 
amos  ir  ;  y  allí  vuestra  Señoría  mande  llegar  los 
»  Procuradores  de  las  cibdades  ó  villas,  é  los  prin- 
«cipales  Religiosos  en  vida  y  en  letras  de  todas 
«las  Ordenes  de  vuestros  Reynos,  los  quales  oygan 
bIo  que  vuestra  merced  les  querrá  descir,  é  asimis- 
»  mo  lo  que  nosotros  diremos,  ó  quiera  estar  á  la 
«determinación  de  ellos,  6  de  la  mayor  parte  de  ellos 
«  sobre  soleue  juramento  que  hagau  de  determinar 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«lo  que  les  pareciere  mas  justo.  A  la  qual  determi- 
wnacion  nosotros  por  servicio  de  Dios  é  vuestro,  é 
«por  evitar  grandísimos  males  como  de  la  rotura, 
»si  se  comenzase,  se  podrían  seguir,  desde  agora 
«nos  ofrecemos,  é  proferimos  de  estar  obedientes, 
«sin  poner  á  ello  ninguna  contradicion.  E  porque 
»  pocas  veces  los  muchos  se  acordaron  en  una  cosa, 
«si  entre  en  los  susodichos  oviere  alguna  difercn- 
«  cia  en  la  determinación  ,  á  vuestra  Alteza  pías- 
«ciendo,  plascerá  á  nosotros  que  quatro  religiosos 
«ó  mayores  perlados  de  las  Ordenes  de  Sancto  Do- 
» mingo,  y  Sanct  Francisco,  y  Sanct  Gerónimo,  é 
»  de  la  Cartuxa  en  estos  vuestros  Reynos  entiendan 
«en  las  tales  diferencias  ,  é  las  atajen  como  en  sus 
«conciencias  vieren  y  entendieren  ser  mas  cumpli- 
«dero  al  servicio  de  Dios,  y  á  la  paz  universal  de 
«estos  vuestros  Reynos  ;  á  la  determinación  de  los 
« quales  asimismo  ay amos  de  estar  só  cargo  del  di- 
»  cho  juramento  que  primero  hagan.  Por  ende,  muy 
«poderoso  Señor,  pues  tan  llanamente  nos  ofrece- 
»  mos,  é  nos  sometemos  al  juicio  y  justicia  de  vues- 
« tros  naturales,  suplicamos  á  vuestra  Real  Señoría^ 
«  é  si  menester  es,  le  requerimos  con  aquel  Dios  po- 
«deroso  que  suele  ser  y  es  justo  juez  entre  los  em- 
«peradores,  é  reyes  é  grandes  señores,  que  no  nos 
»  quiera  negar  aquesto  que  le  suplicamos,  y  que  al 
»  menor  de  vuestros  Reynos  negar  no  se  puede  ni 
«debe.  Lo  qual  una  é  muchas  veces  tornamos  á  su- 
»  pilcar  é  requerir  á  vuestra  Señoría  con  quanta  ins- 
«tancia  podemos,  é  reverencia  debemos.  Lo  qual 
«entendemos  publicar  en  vuestros  Reynos  é  fuera 
»  de  ellos  ;  porque  si  esto  asi  no  se  rescibiere,  y  en 
«la  defensa  de  nuestra  justicia  hiciéremos  aquello 
»  que  á  todos  es  permitido  por  los  derechos  divinos 
fté  humanos,  seamos  sin  cargo  quanto  á  Dios  é 
»  quanto  al  mundo.  E  de  esto  suplicamos  á  vuestri^^ 
«Señoría  ayamos  luego  la  determinada  voluntad  é 
«respuesta.» 

Rescebida  esta  carta  é  leída  por  el  Rey,  como  ya 
estaba  determinado  de  poner  en  obra  lo  que  des- 
pués se  hizo  contra  la  Princesa  su  hermana,  aunque 
aprovechó  poco,  segund  lo  que  dispuso  la  divinal 
Providencia  en  favor  de  ella ,  quando  los  días  del 
Rey  fueron  cumplidos,  ó  pasó  de  esta  vida,  res- 
pondió mas  tibiamente  que  las  otras  veces,  dis- 
ciendo  que  lo  vería  con  los  de  su  Consejo,  y  les  man- 
daría responder. 

CAPÍTULO  CXLV. 

Como  el  Rey  con  toda  su  Corte  se  fué  á  Medina  del  Campo,  é  a!H 
vino  la  embazada  de  Francia  sobre  el  casamiento  de  su  hija,  c 
de  lo  que  subccdió  por  el  Reyno. 

Pasados  algunos  días  que  el  Rey  estuvo  en  Sego- 
via,  mas  á  su  grado  que  á  provecho  del  Reyno,  su- 
po como  venia  la  embaxada  de  Francia ;  é  fué  acor- 
dado que  él  fuese  á  Medina  del  Campo  á  recebilla, 
porque  traya  la  conclusión  del  casamiento  del  Du- 
que de  Guiana  para  su  hija.  E  asi  acordado,  mandó 
que  toda  la  gente  de  la  Corte  se  fuesen  derecha- 
mente á  aposentar  en  Medina  del  Campo ,  y  el  Rey 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


201 


con  el  Maestre  de  Sanctiago  y  el  Obispo  do  Sigüen- 
za  se  fueron  á  la  villa  do  Coca  á  holgar  con  el  Ar- 
zobispo de  Sevilla,  donde  estuvieron  seis  dias ,  res- 
cibiendo  fiestas ;  é  dende  allí  se  fueron  á  Medina,  é 
con  ellos  el  Arzobispo  de  Sevilla.  Donde  llegados, 
vinieron  muchos  de  los  grandes  del  Reyno ,  asi  per- 
lados como  caballeros.  Verdad  es  que  todos  ellos  es- 
taban ganosos  de  paz  é  sosiego,  aunque  desconten- 
tos del  Maestre  de  Santiago,  porque  veian  quan  so- 
juzgado tenia  al  Rey  con  poca  honra  ;  pero  los  mas 
de  ellos  estaban  aficionados  á  la  Princesa  Doña 
Isabel,  é  no  sin  cabsa  ;  ca  bien  sabian  el  deshonesto 
vivir  de  la  Reyna  Doña  Juana,  por  donde  sospechan- 
do, afirmaban  que  aquella  hija  mas  fuese  agena 
que  del  Rey.  Estando  el  Roy  asi  en  Medina  del 
Campo  acompañado  de  muchos  perlados  é  caballe- 
ros llegó  la  embaxada  de  Francia ,  en  que  venían 
personas  señaladas,  conviene  á  saber  :  el  Cardenal 
Atrabatensis  y  el  Señor  de  Torsi  en  nombre  del 
Rey  ;  y  el  Conde  de  Bolonia  y  el  Señor  de  Mani- 
comi  por  parte  del  Duque  de  Guiana  con  grandes 
poderes  suyos,  para  desposarse  en  su  nombre  con  la 
hija  del  Rey.  Aquesta  embaxada  fué  rescebída  muy 
honradamente,  asi  por  los  señores  de  la  Corte  que 
salieron  á  la  rescebir  al  camino ,  como  por  el  Rey, 
quando  le  entraron  á  facer  reverencia,  que  con  mu- 
cho amor  les  habló,  mostrando  grand  plascer  con 
BU  venida.  Y  asi  rescebidos  y  aposentados ,  dendo 
á  tres  dias  el  Cardenal  é  los  otros  embaxadores  vi- 
nieron al  palacio  del  Rey  ,  é  entrados  en  una  sala 
ante  su  Real  presencia,  estando  presentes  los  per- 
lados é  caballeros  de  su  Corte,  el  Cardenal  propuso, 
disciendo  que  como  el  Rey  de  Francia  tovíese  mu- 
cho amor  con  él,  y  lo  quisiese  como  á  hermano, 
confederado  é  aliado,  queriendo  que  aquella  her- 
mandad fuese  mas  firme  é  durabje,  enviaba  á  él  é  á 
los  otros  caballeros  que  con  él  venían  á  su  Alteza, 
para  contratar  con  su  Alteza  el  casamiento  del  Du- 
que de  Guiana  su  hermano  con  la  señora  Doña  Jua- 
na su  hija  ;  é  aquí  disparó  algunas  palabras  contra 
la  Princesa  Doña  Isabel,  tales,  que  por  su  desmensu- 
ra, son  mas  dignas  de  silencio  que  de  escriptura ;  é 
asi  concluyendo,  dixo  que  pues  el  Rey  de  Francia 
enviaba  á  él  y  aquellos  caballeros  que  con  él  ve- 
nían sobre  aquel  negocio  de  parte  de  su  Rey ,  ro- 
gaban á  su  Real  Magestad  lo  quisiese  aceptar,  é 
aceptado,  les  mandase  dar  personas  fiables  á  su  ser- 
vicio, para  lo  concluir  y  negociar.  Oyda  su  habla, 
el  Rey  con  mucha  graciosidad  le  respondió ,  que 
avia  mucho  plascer  de  la  demanda  que  traían  ;  por- 
que aquello  era  lo  que  le  agradaba  ;  por  tanto,  que 
desde  allí  nombraba  é  deputaba  al  Maestre  de 
Sanctiago,  é  al  Arzobispo  de  Sevilla  é  al  Obispo 
de  Síguenza,  para  que  lo  contratasen  é  concluye- 
sen. E  asi  dada  la  respuesta,  el  Cardenal  ó  los  otros 
Embaxadores  se  tornaron  á  sus  aposentamientos  ;  é 
desde  allí  los  Diputados  por  el  Rey  comenzaron  á 
platicar  é  dar  orden  en  la  negociación  á  ellos  enco- 
mendada, yendo  de  contino  á  hablar  con  el  Carde- 
nal. Entretanto  que  así  estas  cosas  pendían  ó  se  con- 
certaban, acaesció  en  Kstremadura  que  Don  Alonso 


Ponce  de  León,  hermano  bastardo  del  Conde  de 
Arcos  Don  Rodrigo  Ponce,  como  capitán  de  la  Con- 
desa de  Medellin,  llevaba  dos  hijas  suyas  dende 
Toledo,  donde  se  las  avia  entregado  el  Conde  do 
Cif  uentes  con  hasta  ciento  é  cinquenta  de  á  caballo, 
é  con  él  otro  capitán  del  Maestre  de  Alcántara,  quo 
se  llamaba  Pedro  de  Grijalva.  Y  como  el  Maestro 
de  Alcántara,  antes  que  fuese  destruydo,  avia  pre- 
so al  Comendador  de  Lares,  parcial  é  grande  amigo 
de  la  señora  de  Benalcazar,  que  se  desoía  Doña  El- 
vira de  Zúñiga,  é  la  Condesa  de  Medellin  toviese 
presos  á  Ñuño  Mexia,  é  otros  caballeros,  los  quales 
eran  parientes  de  los  Chaves,  é  de  otros  caballeros 
hidalgos  de  Truxillo,  quando  Doña  Elvira  é  los 
otros  de  Truxillo  sopieron  como  aquellos  dos  capi- 
tanes traían  aquellas  doncellas ,  é  se  iban  á  Guada- 
lupe con  ellas,  allegaron  presto  grand  copia  de  gen- 
te, así  de  á  caballo  como  peones  ,  é  dando  cargo  de 
la  Capitanía  general  sobre  todas  á  Don  Francisco 
de  Zúñiga,  hermano  de  Doña  Elvira ,  vinieron  so- 
bre ellos  de  salto,  en  tal  manera,  que  no  solamente 
los  hicieron  acoger  á  la  villa ,  ó  de  allí,  herido  Pe- 
dro de  Grijalva ,  ir  huyendo ,  é  puestos  en  venci- 
miento, se  retruxeron  todos  á  la  iglesia  del  Mones- 
terio  no  solamente  ellos,  mas  con  todas  sus  bestias, 
y  fardage  que  llevaban :  en  tal  manera,  que  la  igle- 
sia por  estonces  fué  mas  establo  que  lugar  sagrado; 
é  á  las  doncellas  con  las  dueñas  que  las  acompaña- 
ban, metieron  los  frayles  en  la  claustra  del  Mones- 
terio  en  una  capilla  porque  allí  estuviesen  mas  ho- 
nestamente. Estonces  Don  Francisco  y  un  caballe- 
ro de  los  mas  principales  de  Truxillo,  que  se  llama- 
ba Ñuño  de  Chaves ,  acordaron  de  cercar  el  Mones- 
terio  y  la  iglesia  con  muchas  guardas  por  todas 
partes,  y  quanto  quier  que  los  cercados  que  asi  es- 
taban dentro,  sintieron  pena,  no  fué  mucha,  por- 
que los  frayles  los  proveían  de  comer  á  ellos  é  á  sus 
bestias.  Pero  como  los  cercadores  vieron  é  conos- 
cieron  aquello,  comenzaron  de  estrechar  el  Mones- 
terio ,  quitándoles  el  agua  é  las  otras  provisiones 
que  les  venían  y  eran  necesarias  para  su  manteni- 
miento :  en  tal  manera,  que  también  los  reUgíosos 
como  los  cercados  estaban  en  asaz  trabajo.  Visto 
aquesto  por  el  prior  é  frayles,  enviaron  á  grand 
priesa  dos  religiosos  al  Rey,  suplicándole  como  á 
protector  suyo  ,  los  mandase  socorrer  y  enviar  re- 
medio. Oída  su  petición  por  el  Rey ,  é  avisado  por 
los  frayles  del  estrecho  en  que  estaban  ellos  y  el 
Monesterio,  el  Rey  ovo  mucho  enojo ,  é  mandó  á 
mí  como  á  persona  del  su  Consejo,  que  fuese  luego 
allá  á  mas  andar  con  grandes  poderes,  para  que  en 
qualquiera  manera  que  yo  mejor  pudiese,  hiciese  le- 
vantar el  cerco,  de  tal  guisa,  que  el  Monesterio 
quedase  sin  opresión  alguna ;  lo  qual  puse  luego 
por  obra ,  é  me  partí  con  los  religiosos  que  avian 
venido.  E  como  llegué  á  la  villa,  visto  el  cerco  que 
así  estaba  de  gente  armada  en  torno  de  la  iglesia, 
mándeles  de  parte  del  Rey  só  graves  penas,  por  vir- 
tud de  los  poderes  que  llevaba,  que  se  arredrasen 
bien  afuera  de  la  iglesia,  los  quales  obedeciéndome, 
se  apartaron.  Esto  asi  fecho,  vino  é  mí  Don  Fran- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


202 

cisco  de  Zúñiga,  é  mostróme  una  contrataciou  quo 
tenia  fecha  con  Pedro  do  Grijalva,  que  fué  allí  he- 
rido á  la  entrada  del  lugar  ;  en  la  qual  avia  jurado 
ó  firmado  quo  si  dentro  de  ciertos  dias  no  le  viniese 
socorro,  se  daria  á  prisión,  y  quo  ya  el  dia  señala- 
do del  socorro  era  pasado,  é  que  ninguno  era  veni- 
do á  le  ayudar  ni  socorrer  ;  que  me  rogaba  é  reque- 
ría que  le  hiciese  cumplir  la  fe  é  palabra  que  él 
avia  jurado  é  prometido.  Lo  qual  visto  é  leido  ,  fui 
á  él  donde  estaba  herido,  y  hablando  con  él  larga- 
mente, le  hice  cumplir  su  promesa  ;  é  asi  salió,  y  se 
puso  en  poder  do  Don  Francisco  de  Zúñiga  con 
ciertas  seguridades  que  le  hice  prometer,  y  le  fue- 
ron guardadas.  Pero  entretanto  que  aquesto  pen- 
dia,  yo  escribí  secretamente  á  la  Condesa  de  Mede- 
llin,   que  remediase  sus  hijas  porque  estaban  en 
grand  peligro  de  ser  presas ;  mas  ella  no  curó  de 
ello.  Luego  que  los  Truxillanos  é  Ñuño  de  Cha- 
ves en  su  nombre  vieron  preso  á  Pedro  de  Grijalva, 
insistieron  muy  aqucxadamente  que  les  entregase 
las  hijas   de  la  Condesa,  é   á  Don  Alonso  Ponce 
que  las  traía.  E  como  pareciese  exceso  grande  que 
se  o  viese  de  quebrantar  la  inmunidad  de  la  iglesia, 
respoudiles  que  aquello  que  demandaban  era  cosa 
de  sacrilegio,  é  muy  fea;  é  que  á  mí  no  me  perte- 
nescia  quebrantar  la  eclesiástica  libertad,  antes  de- 
f endella,  é  que  no  lo  entendía  de  facer,  mayormen- 
te que  aquellas  doncellas  eran  niñas ,  é  no  tenían 
edad  ni  saber  para  contratar  ni  conocer  lo  que  en 
tal  caso  les  cumplía,  ni  para  saber  disponer  de  sí 
mesmas  de  que  los  Truxillanos  quedaron  muy  des- 
contentos é  alterados.  E  luego  sentí  como  la  gente 
que  estaba  en  la  iglesia  con  Don  Alonso  Ponce  de 
León  se  trataba  con  los  de  fuera,  é  se  concertaba  de 
prenderlo  y  entregarlo  sin  partido  ninguno,  con  tan- 
to que  los  que  asi  lo  prendiesen  y  entregasen  fue- 
sen libres.  Estonces  yo  conosciendo  que  Don  Alon- 
so estaba  enemistado ,  á  cabsa  de  un  caballero  que 
avia  muerto  en  Sevilla,  rescelando  su  perdición,  hí- 
ceselo  aaber,  para  que  luego  se  remediase  y  viese  lo 
que  le  compila ;  el  qual  agradesciéndome  lo  que  le 
avisaba,  mo  rogó  que  yo  negocíase  con  Don  Fran- 
cisco de  Zúñiga,  que  él  solamente  lo  tomase  por  su 
prisionero,  con  tal  condición,  que  no  lo  entregase 
en  poder  de  sus  enemigos ,  ni  consintiese  ni  diese 
lugar  que  por  persona  alguna  le  fuese  fecha  injuria 
ni  daño  en  su  persona ;  é  que  quando  le  oviese  de 
soltar,  le  diese  todas  las  armas  é  caballos  é  atavíos 
que  él  pusiese  en  su  poder.  Esto  asi  capitulado,  é 
jurado  en  mis  manos  por  Don  Francisco,  é  sellado 
é  firmado,  Don  Alonso  Ponce  salió  de  la  iglesia  de 
BU  propia  voluntad,  con  todos  los  que  estaban  á  la 
gobernación  de  su  capitanía,  y  se  pusieron  en  po- 
der de  Don  Francisco.  Pero  ni  por  eso  los  Truxilla- 
nos cesaron  de  insistir  que  les  entregasen  las  hijas 
de  la  Condesa ,  para  lo  qual  vino  alli  Luís  de  Cha- 
ves, un  caballero  de  los  mas  principales  y  mas  pru- 
dentes de  Truxillo,  el  qual  después  de  muchas  al- 
tercaciones que  entre  él  y  mí  pasaron,  á  consenti- 
miento del  prior  é  religiosos  de  la  casa  fué  acordado 
que  Luis  de  Chaves  como  principal  é  mayor  de  los 


Truxillanos  de  su  apellido  é  nombre,  é  los  otros  que 
lo  seguian ,  entrasen  con  mano  armada ,  quebran- 
tando las  puertas  del  monesterio,  y  las  sacasen  de 
la  iglesia  por  fuerza.  Lo  qual  pusieron  luego  por 
obra  con  asaz  escándalo  ;  é  asi  fecho,  se  partieron, 
dexando  la  villa  fatigada  é  con  mucho  daño,  y  la 
iglesia  quedó  tan  sucia  de  las  bestias  é  hombres 
que  avian  estado  dentro,  que  ninguna  privada  po- 
día estarían  llena  de  mal  olor  como  ella  ;  éasi  des- 
pués de  limpiada  pasaron  muchos  días  antes  que  en 
ella  se  pudiese  celebrar  el  Oficio  Divino.  E  luego 
que  el  cerco  fué  levantado,  é  toda  la  gente  ida,  yo 
me  torné  al  Rey,  para  le  recontar  lo  que  se  avia  fe- 
cho, c  como  el  Monesterio  quedaba  libre,  de  lo  qual 
fué  muy  contento. 

CAPÍTULO  CXLVL 

De  como  el  Rey  con  los  Embaxadores  de  Francia  é  toda  su  Corte 
se  partió  de  Medina  para  Segovia,  para  ganar  el  Jubileo,  que  el 
Papa  habia  otorgado  en  la  Iglesia  Mayor  de  la  cibdad ,  y  de  lo 
que  allí  subcedió. 

Concluida  la  negociación  del  casamiento ,  firma- 
dos é  sellados  los  capítulos  dolió ,  fué  acordado  que 
el  Rey  con  toda  su  Corte  y  los  Embaxadores  de 
Francia  se  fuesen  á  Segovia,  asi  para  que  la  hija 
del  Rey  que  estaba  en  Guadalaxara  en  poder  del 
Marqués  de  Sanctillana,  fuese  allí  traída,  é  se  hi- 
ciese el  desposorio ,  como  para  ganar  una  Indulgen- 
cia plenaria,  que  el  Papa  había  otorgado  á  suplica- 
ción del  Rey,  para  que  se  hiciese  la  claustra  de  la 
Iglesia  Mayor ,  que  se  ganase  desde  las  primeras 
vísperas  de  la  Natividad  de  nuestra  Señora ,  hasta 
las  vísperas  segundas  del  día ,  con  que  los  de  ma- 
yor estado  ofreciesen  á  quatro  reales  ,  é  los  medía- 
nos á  tres  ,  é  los  menores  á  dos.  Pero  el  Papa  otor- 
góla con  tal  condición ,  que  el  tercio  del  dinero 
que  asi  se  ofreciese,  fuese  para  su  Cámara  Apos- 
tólica ;  por  manera,  que  si  alguna  suma  de  dinero 
se  allegó ,  no  fué  de  tanta  cantidad ,  como  fuera 
mepester ,  para  acabar  la  claustra.  Mas  como  el  Rey 
naturalmente  era  caritativo,  visto  la  poca  cantidad 
que  se  llegó,  mandó  dar  para  que  se  acabase  no  so- 
lamente aquesto ,  mas  hizo  derrocar  toda  la  iglesia, 
para  tornarla  á  facer  de  nuevo  ;  é  dióle  una  proce- 
sión de  capas  de  brocado ,  é  instituyó  ciertas  cape- 
llanías é  dotólas.  Después  que  el  Rey  fué  venido  á 
Segovia,  envió  sus  mensageros  al  Marqués  de  Sanc- 
tillana ,  para  que  le  tornase  á  su  hija  como  se  la 
avia  entregado,  y  que  para  recompensación  de  sus 
gastos  le  quería  facer  mercedes.  B  asi  fué  acordado 
que  le  diesen  las  tres  villas  del  Infantadgo,  que 
se  dicen  Alcocer ,  y  Valdeolivas  é  Salmerón,  las 
quales  eran  de  la  Condesa  de  Santistevan,  muger 
del  Marqués  de  Villena  ,  hijo  del  Maestre  Don  Juan 
Pacheco,  en  equivalencia  de  las  quales  le  dio  el  Rey 
de  juro  la  villa  de  Requena  con  todos  los  derechos 
del  puerto ,  que  es  mucha  mas  renta  que  las  tres 
villas  del  Infantadgo.  E  asi  fechas  las  mercedes  é 
confirmadas,  quedó  que  para  cierto  dia  el  Marqués 
traería  la  hija  del  Rey  y  se  la  entregaría.  Entre- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


203 


tanto  que  asi  estas  cosas  pendían,  y  los  Embaxado- 
res  esperaban  la  venida  de  la  hija  del  Rey,  para  ha- 
cer los  desposorios ,  acaesció  en  Valladolid  que  los 
christianos  conversos  é  los  christianos  viejos  ovie- 
ron  grand  discordia,  en  tal  manera,  que  venidos  á 
las  armas,  pelearon,  de  donde  se  siguió  grand  alte- 
ración en  todo  el  pueblo.  E  como  Juan  de  Vivero 
estaba  mas  apoderado  en  la  villa  que  otro  ninguno» 
porque  estonces  era  el  más  principal  de  ella,  é  la 
tenia  contra  el  grado  del  Rey ,  siguiendo  la  parte 
del  Príncipe  é  de  la  Princesa  Doña  Isabel ,  mostróse 
favorable  á  la  parte  de  los  christianos  viejos.  E 
porque  mas  fuesen  favorecidos  é  ayudados,  acordó 
de  traer  secretamente  una  noche  al  Príncipe  é  á  la 
Princesa  que  estaban  en  Dueñas ,  é  con  ellos  al  Ar- 
zobispo de  Toledo;  é  traídos,  aposentólos  dentro  de 
BU  casa ,  que  la  tenia  muy  fortalecida  con  cavas  e 
barreras  ender redor  pegada  con  el  muro  de  la  villa. 
E  como  aquesto  fué  sabido  por  los  del  pueblo,  como 
todos  estaban  aficionados  al  servicio  del  Rey ,  fue- 
ron muy  escandalizados  ;  asi  en  tal  manera,  que  se 
conformaron  juntamente  los  unos  con  los  otros ,  é 
confederados  se  pusieron  en  armas  para  ir  á  com- 
batir la  casa  de  Juan  de  Vivero ,  é  prender  á  los 
Príncipes,  é  á  Juan  de  Vivero  é  al  Arzobispo  de 
Toledo ,  y  no  sin  cabsa :  ca  todos  los  pueblos  esta- 
ban muy  destruidos  de  las  guerras  pasadas  ,  é  te- 
míanse no  viniesen  otras,  segund  las  novedades  que 
veían  de  cada  día  por  el  Reyno ,  é  los  males  é  muer- 
tes é  robos,  que  por  todas  las  partes  se  hacían  sin  te- 
mer al  Rey  ni  á  la  justicia.  E  asi  movidos  con  de- 
liberado propósito  de  los  ir  á  combatir  ,  como  allí 
estuviese  el  Obispo  de  Salamanca  por  Presidente  de 
la  Chancillería ,  aunque  era  pariente  de  Juan  de  Vi- 
vero ,  visto  el  escándalo  y  el  alboroto  del  pueblo, 
fué  á  muy  grand  priesa  á  los  Príncipes  á  los  reque- 
rir que  se  fuesen  muy  prestamente ,  y  no  esperasen 
la  furia  del  pueblo  que  así  venia  contra  ellos,  por- 
que no  se  recresciese  algún  peligro  en  sus  personas. 
Estonces  los  Príncipes ,  temiendo  algo  de  aquello 
que  el  Obispo  les  descia ,  y  conf  oi-mándose  con  el 
tiempo  que  por  estonces  no  les  convenia  esperar 
afrenta  níAgiina  especial  de  gente  común,  saliéron- 
se á  mas  andar  de  Valladolid ,  é  tornáronse  á  Due- 
ñas, é  Juan  de  Vivero  desamparó  su  casa,  é  no  osó 
atender  allí,  y  fuese  con  los  Príncipes. .  Estonces  el 
Obispo ,  apoderado  de  la  casa ,  envió  á  ciertos  cib- 
dadanos  á  llamar  al  Rey  que  viniese  á  tomar  su  vi- 
lla ,  el  qual  vino  luego  á  mas  andar,  y  con  él  el  Maes- 
tre de  Sanctiago  y  el  Conde  de  Benavente.  Donde 
venidos ,  é  asosegada  la  villa  del  escándalo  que  en- 
tre los  conversos  y  christianos  viejos  avia,  acordó 
el  Rey  que  el  Conde  de  Benavente  se  quedase  allí,  é 
tomase  la  casa  de  Juan  de  Vivero,  asi  para  la  de- 
fensión de  la  villa,  como  para  tenella  en  paz  é  so- 
siego. E  fecho  aquesto ,  el  Rey  se  tornó  á  Segovia. 


CAPÍTULO  CXLVII. 


De  como  traxerou  la  hija  del  Rey  á  Valde-Lozoya,  é  se  hicieron 
allí  los  desposorios. 

Tornado  el  Rey  á  Segovia  con  mucho  plascer,  fué 
asignado  el  día  de  los  desposorios,  é  determinado 
que  se  hiciesen  en  Valde-Lozoya,  que  es  entre  Sego- 
via é  Buytrago  para  que  allí  fuese  trayda  la  hija  del 
Rey,  y  entregada  en  su  poder.  Fecho  aqueste  con- 
cierto, el  Rey  se  fué  á  aposentar  al  Monesterio  de- 
Paular,  é  por  el  valle  se  aposentaron  todos  los  per- 
lados é  grandes  del  Reyno,  que  aquí  serán  nombra- 
dos :  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  el  Arzobispo 
de  Sevilla ,  el  Duque  de  Arévalo ,  el  Conde  de  Be- 
navente ,  el  Duque  de  Valencia,  el  Conde  de  Miran- 
da ,  el  Conde  de  Sancta  Marta  y  otros  muchos  caba- 
lleros de  menos  estado.  Vino  asimismo  el  Cardenal 
Atrabatensis  con  los  otros  Embaxadores  de  Francia. 
Vinieron  con  la  Reyna  é  con  Doña  Juana  su  hija  el 
Marqués  de  Santillana,  el  Obispo  de  Sigüenza  é  sus 
hermanos  ,  é  los  Condes  de  la  Coruña  é  Tendilla, 
¡  é  Don  Juan  é  Don  Hurtado.  E  asi  venidos  todos  de 
una  parte  é  de  la  otra  en  un  grand  llano ,  que  es  en 
el  mismo  valle  de  Lozoya,  riberas  del  rio,  ayun- 
tados allí  otros  muchos  gentíos,  que  concurrieron  á 
ver  aquella  tan  grand  novedad ,  é  desque  asi  todos 
fueron  juntos,  el  Rey  con  sus  perlados  é  caballeros, 
el  Cardenal  con  sus  Embaxadores,  la  Reyna  é  su 
hija  con  toda  la  casa  de  Mendoza ,  mandó  el  Rey  al 
Licenciado  de  Cibdad  Rodrigo  que  leyese  una  car- 
ta patente  firmada  de  su  mano,  é  sellada  con  su  se- 
llo Real,  que  descia;  que  por  quanto  el  Rey  á  ruego 
de  los  perlados  y  suplicación  de  los  caballeros  é 
Grandes  de  sus  Reynos,  é  por  la  paz  é  sosiego  de 
ellos ,  deseando  dar  fin  á  los  males  é  daños  é  traba- 
jos pasados,  que  hasta  allí  avian  seído,  tovo  por  bien 
de  mandar  jurar  por  Princesa  heredera ,  é  legítima 
subcesora  de  sus  Reynos  é  señoríos  á  la  Princesa  de 
Aragón  Doña  Isabel  su  hermana,  con  tanto  que  ella 
fuese  hija  obediente,  y  estuviese  á  su  mandado  y 
gobernación,  y  que  no  curando  de  lo  que  asi  le  ha- 
bía prometido  ,  desechando  los  casamientos  que 
él  le  avia  traído  y  tenia  concertados ,  y  no  sola- 
mente aquello ,  mas  contra  su  querer  é  grado  é  con- 
sentimiento, pospuesta  la  obediencia  que  como  á 
padre  é  hermano  mayor  le  debía  tener,  se  había  ca- 
sado con  el  Rey  de  Secilia,  Príncipe  de  Aragón,  se- 
yéndole  amonestado  que  no  lo  hiciese.  E  que  por 
tanto ,  visto  su  poco  acatamiento  é  menos  obedien- 
cia que  mostró  en  se  casar  por  su  propria  abtoridad 
sin  su  acuerdo  é  licencia,  é  por  otras  justas  cabsas 
que  á  ello  le  movían,  él  por  aquella  presente  carta 
la  desheredaba,  é  daba  por  ninguna  é  de  ningún 
valor  qualquier  carta  ó  título  de  Princesa  y  subce- 
sion  de  heredera,  que  asi  le  ovíese  dado ;  é  que  ro- 
gaba é  mandaba  á  los  grandes,  perlados  é  caballeros 
de  sus  Reynos  y  señoríos  que  presentes  estaban,  é  á 
todos  los  otros  sus  subditos  é  naturales,  que  de  allí 
adelante  no  la  toviesen  por  Princesa  legítima  here- 
dera, ni  la  obedeciesen  ,  é  que  asi  lo  mandaba ;  ó 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


204 

que  solameuto  oviescn  por  Princesa  heredera  legí- 
tima subcesora  á  la  su  nuiy  amada  hija  Doña  Jua- 
na, que  presente  estaba ,  ó  la  diesen  la  obediencia, 
ó  la  jurasen  con  aquella  solenidad  que  de  Derecho 
en  tal  caso  se  requería,  para  que  después  de  sus  días 
olla  Bubccdiese,  y  heredase  los  dichos  sus  Reynos. 
Leída  la  carta  en  presencia  de  todos,  el  Cardenal 
Atrabatonsis  se  allegó  á  la  Reyna,  é  tomándola  un 
grand  juramento  la  dixo,  que  sí  juraba  é  afirmaba 
que  aquella  señora  Doña  Juana  que  allí  estaba,  y 
ella  había  parido,  era  verdadera  hija  del  Roy  su  ma- 
rido ;  ella  respondió  que  sí.  Entonces  el  Cardenal  se 
llegó  al  Rey ,  é  tomándole  asi  mesmo  juramento  si 
creía  é  afirmaba  que  aquella  señora  Doña  Juana  que 
allí  estaba  era  su  hija,  el  Rey  respondió  que  creía 
ser  hija  suya,  y  que  con  tal  certidumbre  de  hija  la 
tenia  é  había  tenido  desde  que  nasció,  ó  por  esto  la 
mandaba  jurar  y  prestar  fidelidad  é  obidiencia  que 
á  los  primogénitos  do  los  Reyes  es  debida,  é  se  acos- 
tumbra á  dar.  Estonces  llegaron  los  perlados,  é  ca- 
balleros que  allí  estaban,  é  todos  los  otros,  é  besan- 
do su  mano ,  la  juraron  é  obedescieron  por  Prince- 
sa. Luego  que  asi  fué  jurada,  llegó  el  Conde  de  Bo- 
lonia, é  presentados  los  poderes  que  traía  del  Du- 
que de  Guiana,  el  Cardenal  les  tomó  las  manos ,  é 
hizo  los  desposorios  con  aquella  solenidad  que  se 
requería;  é  luego  las  trompetas  catábales,  enco- 
menzaron  de  sonar  una  grand  pieza.  Fecho  aquello 
el  Rey  c  la  Reyna  con  la  Princesa  se  fueron  á  apo- 
sentar al  Monesterio  del  Paular,  é  los  otros  señores, 
asi  embaxadores,  como  perlados,  é  caballeros  por 
los  lugares  de  Valdolozoya.  Otro  dia  siguiente  el 
Cardenal  se  tornó  á  Segovía  con  todos  los  caballeros 
de  su  embaxada ;  pero  en  el  camino,  al  pasar  del 
puerto  que  dicen  de  Malagosto  ,  le  tomó  una  grand 
tempestad  de  viento,  ó  aguaé  nievo,  que  se  vido  en 
asaz  trabajo  ó  peligro,  en  que  perecieron  algunas 
personas  sin  podellas  remediar.  Por  manera  que  el 
Rey  ni  los  otros  Señores  no  se  atrevieron  á  pasar; 
pero  visto  el  daño  do  los  que  asi  perecieron,  avíén- 
dolo  por  desastrado  prodigio,  echaban  diversos  jui- 
cios, pronosticando  mas  mal  que  bien  alguno.  E  así 
pasados  tres  dias  que  el  tiempo  so  sosegó  ,  el  Rey  y 
la  Reyna  con  muy  poca  gente  se  fueron  á  Segovía 
y  los  perlados  é  caballeros  con  grand  compañía  de 
gente  acompañaron  á  la  Princesa  hasta  la  cibdad, 
donde  le  fué  fecho  Boleno  rcacibímiento,  qual  se 
dcbia  facer. 

CAPÍTULO  CXLVIII. 

fíe  como  el  Cardenal  6  los  otros  Embaladores  de  Francia  se  par- 
tieron, rcsccbidas  muchas  mercedes,  y  de  loqne  snbcedió. 

Después  que  el  rescibimíento  de  la  Princesa  fué 
fecho,  el  Rey  mandó  hacer  grandes  mercedes  de  di- 
versas cosas  al  Cardenal  é  á  los  otros  embaxadores 
quo  con  él  venían ;  los  quales  regradesciéndole  sus 
mercedes,  se  despidieron  para  partir,  é  se  fueron.  E 
porque  ellos  en  alguna  manera  so  roscelaban  del 
Principo  do  Aragón  y  de  la  Princesa  Doña  Isabel, 
eu  hermana  del  Roy,  mandó  ol  Rey  al  Obispo  de 


Sigüenza  que  con  cierta  gente  de  sus  guardas  los 
acompañase  hasta  la  cibdad  do  Burgos.  E  puestos 
allí  en  salvo,  el  Obispo  se  tornó  al  Rey,  y  ellos  se 
fueron  á  Francia.  Donde  llegados,  subcedieron  gran- 
des novedades  entre  el  Rey  Luis  é  los  Grandes  de 
su  Reyno,  en  tanto  grado,  que  do  ello  nacieron  guer- 
ras é  batallas  campales  é  muchas  muertes;  señala- 
damente se  afirmó  que  el  Duque  de  Guiana  era 
muerto  con  hierbas  que  le  dieron ,  rescebido  el  Cor- 
pus Christi,  en  tal  manera  que  los  desposorios  fue- 
ron vanos  é  sin  provecho  ;  porque  las  cosas  que  el 
infinito  poderío  de  Dios  quiere,  su  eternal  providen- 
cia las  rodea,  é  da  sus  toques  francos,  donde  le  plas- 
ce,  para  que  se  cumpla  lo  que  él  ordena ;  é  quiere 
que  roynen  los  que  á  él  le  agradan,  é  mas  justamen- 
te les  pertenece;  ca  ni  las  gentes  humanas  saben  lo 
que  se  piden ,  ni  sus  flacos  juicios  conocen  lo  que 
les  cumple,  salvo  solamente  aquel  cuyo  poder  es  sin 
contradicción,  su  saber  sin  igualdad ,  é  su  querer 
sin  remedio  é  sin  resistencia.  E  no  solamente  esto 
Duque  de  Guiana  falleció,  mas  el  Duque  de  Borgo- 
ña  fué  muerto  en  batalla,  y  degollado  el  grande 
Condestable  de  Francia,  que  se  descia  Conde  de 
Sanct  Polo,  é  otros  asaz  grandes  de  aquel  Reyno 
muertos  é  destruidos.  En  aqueste  medio  tiempo  sub- 
cedió  que  como  el  Arzobispo  de  Toledo,  á  cabsa  de 
la  subcesion,  estaba  siniestro  en  el  servicio  del  Rey, 
porque  de  contino  andaba  y  estaba  en  compañía  de 
los  Príncipes  Don  Fernando  é  Doña  Isabel,  favore- 
ciendo y  ensalzando  su  partido,  Vasco  de  Contreras 
deseando  de  servir  al  Rey,  le  tomó  una  fortaleza  del 
Arzobispado,  que  se  descia  Perales,  la  qual  basteció, 
é  estuvo  muchos  dias  á  desgrado  del  Arzobispo,  ha- 
ciendo desde  allí  daños  en  su  tierra,  de  que  el  Rey 
fué  muy  placentero;  y  teniéndoselo  en  señalado  ser- 
vicio, mandóle  dar  todo  el  favor  é  ayuda  que  oviese 
menester  en  daño  é  disfavor  del  Arzobispo,  é  asi 
tovo  la  fortaleza  asaz  tiempo.  En  aqueste  año,  que 
se  contaron  de  mil  é  quatrocientos  é  setenta  años 
del  Nascímiento  de  nuestro  Salvador  Jesu-Christo, 
concurrieron  dos  grandes  trabajos  é  muy  grandes 
males  en  el  Reyno  :  lo  primero  grandísima  carestia 
é  mengua  así  de  pan  é  de  vino,  como  de  todos  los 
otros  bastimentos  para  la  vida  humana ,  en  tanto 
grado,  que  las  gentes  comían  pan  de  cebada  é  de 
grama  é  de  otras  legumbres,  de  que  en  algunas 
tierras  se  halló  perescer  é  morir  la  gente  de  hambre. 
En  este  mismo  año  se  descubrió  una  grand  falsedad 
de  la  moneda,  que  por  diversas  é  muchas  casas  se 
labraba  en  tanta  cantidad  de  mala,  que  fué  necesa- 
rio abaxalla,  asi  la  del  vellón,  como  la  de  oro  é  pla- 
ta, de  que  vino  muy  grand  pérdida  á  muchas  perso- 
nas en  diversos  lugares,  en  tal  manera ,  que  sobro 
ello  se  recrescieron  grandes  escándalos  y  alborotos 
en  los  pueblos.  Pero  aquesta  baxa  que  asi  se  hizo 
era  necesaria  é  muy  convenible  al  bien  común  del 
Reyno ;  porque  toda  la  moneda,  en  especial  la  del 
oro,  era  tan  falsa ,  que  ninguna  de  ellas  estaba  en 
Hu  justo  precio,  antes  sobrepujaba  de  la  mitad  de  su 
justo  valor.  En  aqueste  mismo  tiempo  subcodió  que 
estando  la  Condesa  de  Sancta  Marta  en  Galicia  en 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


205 


una  villa  suya ,  sus  vasallos  se  levantaron  contra 
ella  é  la  mataron  á  puñaladas,  é  puesto  que  asi  la 
mataron,  subcedió  el  hijo  pacificamente  porque  ellos 
le  obedescieron,  y  él  los  perdonó.  Entretanto  que 
estos  males  é  plagas  corrían  por  el  Reyno,  siempre 
el  Rey  se  estaba  en  Segovia  retraído,  no  porque  le 
faltaba  seso  ni  discreción,  para  sentir  é  conocer  los 
trabajos  de  sus  Reynos,  mas  porque  estaba  tan  so- 
juzgado al  querer  é  voluntad  del  Maestre  Don  Juan 
Pacheco,  que  no  se  acordaba  de  ser  Rey,  ni  como 
Señor  tenia  poder  para  mandar,  ni  como  varón  li- 
bertad para  vivir;  en  tal  manera,  que  por  tales  indi- 
cios se  sospechaba  que  por  hechicerías  ó  bebedizos 
estaba  enagenado  de  su  propio  ser  de  hombre ;  por- 
que por  ninguna  resistencia  ni  contradicion  salia 
del  grado  é  querer  del  Maestre,  é  por  esta  cabsa  to- 
dos los  grandes  del  Reyno  avian  gana  de  estarse  en 
sus  casas,  é  no  andar  en  la  Corte. 

CAPÍTULO   CXLIX. 

De  como  el  arzobispo  de  Toledo  puso  cerco  sobre  Perales,  y  el 
Rey  se  partió  á  mas  andar  para  Madrid,  y  de  allí  salió  contra  el 
Arzobispo,  y  le  hizo  levantar  el  cerco. 

El  año  que  se  contaron  de  mil,  é  quatrocientos  é 
setenta  é  un  años  del  Nascimiento  de  nuestro  Sal- 
vador Jesu-Christo,  tuvo  el  Rey  la  fiesta  de  Navidad 
en  Segovia  con  poco  plascer  é  menos  sosiego,  por- 
que le  fué  notificado  como  el  Arzobispo  de  Toledo, 
que  estaba  en  Dueñas  con  los  Príncipes,  avia  pasa- 
do los  puertos,  é  tenia  cercada  la  fortaleza  de  Pera- 
les, dándole  rescios  combates.  E  sabido  por  el  Rey, 
mandó  luego  apercebir  sus  guardas,  é  pasada  la  fies- 
ta se  partió  para  Madrid,  donde  llegó  la  víspera  de 
los  Reyes ;  é  dende  á  ocho  dias  salió  al  campo  con 
ochocientos  de  á  caballo  é  gran  peonage  ;  é  salido, 
envióle  á  mandar  al  Arzobispo  que  se  quitase  del 
cerco  sin  mas  detener.  Estonces  el  Arzobispo,  te- 
miendo la  furia  del  Rey,  se  levantó  mas  por  fuerza 
que  de  grado,  é  respondió  que  por  acatamiento  de 
su  Alteza  le  plascia  levantarse.  E  asi  levantado,  se 
fué  para  su  villa  de  Alcalá,  y  el  Rey  á  Madrid  con 
el  Maestre  de  Sanctiago,  y  el  Conde  de  Haro,  y  el 
Obispo  de  Sigüenza  é  con  otros  caballeros  que  se- 
gm'an  su  Corte.  E  puesto  que  el  Arzobispo  se  levan- 
tó del  cerco  sin  rescebir  daño  alguno,  ni  ser  destro- 
zada su  gente,  que  muy  ligera  cosa  fuera  de  facer, 
si  el  Rey  diera  lugar  para  ello,  nunca  el  Arzobispo 
dexó  el  partido  de  los  Príncipes  ni  se  apartó  de  se- 
guillos ;  en  tanto  grado  que  de  contino  procuraba 
de  enojar  y  destruir  al  Rey;  sobre  lo  qual  el  Rey 
acordó  de  notificar  al  Papa  los  insultos  é  atrevi- 
mientos suyos  é  del  Obispo  de  Segovia,  hermano  de 
Pedrarias.  El  Papa,  oidas  las  querellas  del  Rey,  ó 
sabido  el  poco  acatamiento  que  estos  dos  perlados 
mostraban  contra  su  Rey  natural,  envióles  dos  bre- 
ves: uno  para  el  Obispo  de  Segovia,  en  que  le  man- 
daba que  dentro  de  noventa  dias,  visto  aquel  su  bre- 
ve, paresciese  personalmente  ante  su  Santidad  ,  asi 
para  le  examinar  de  su  suficiencia,  como  para  lo 
castigar  por  la  traycion  en  quo  avia  caído  con  su 


hermano  Pedrarias  contra  su  Rey,  quando  vendie- 
ron la  cibdad  de  Segovia  á  los  tiranos  enemigos.  En 
el  otro  breve  enviaba  á  mandar  que  el  Rey  con  loa 
del  su  muy  alto  Consejo,  llamados  quatro  Canóni- 
gos de  la  sancta  Iglesia  de  Toledo,  con  los  quales 
juntamente  por  via  jurídica  se  hiciesen  ciertos 
amonestamientos  al  Arzobispo  de  Toledo,  requirién- 
dole  que  viniese  luego  á  su  servicio  como  siibdito 
natural,  é  se  apartase  de  los  Príncipes  Don  Fernan- 
do é  Doña  Isabel.  E  asi  requerido,  quando  no  qui- 
siese venir  á  estar  á  su  obediencia,  é  como  rebelde 
perseverase  endurecido  en  su  propósito,  que  hecho 
su  proceso  contra  él,  se  lo  enviasen  á  buen  recabdo, 
que  él  lo  castigaría  de  tal  manera  qual  merescia  la 
culpa  y  la  pena  de  sus  errores  como  Perlado  escan- 
daloso. Entre  tanto  que  los  troteros  iban  á  Roma  é 
venían ,  mandó  el  Rey  que  sus  tesoros  é  joyas  que 
estaban  en  los  Alcázares  de  Madrid,  los  tornasen  al 
Alcázar  de  Segovia;  é  asi  fueron  luego  trasportados 
con  grand  fardaje  de  bestias  é  copia  de  gente  que 
los  acompañaban.  En  pos  do  aquesto  subcedió  una 
requesta  mas  voluntariosa  que  necesaria  entre  Don 
Manuel  Ponce  de  León,  hermano  de  Don  Rodrigo 
Ponoe  de  León,  é  Don  Fernando  de  Velasco,  herma- 
no del  Conde  de  Siruela,  en  quo  huvieron  de  salir 
entrambos  al  campo  entre  Madrid  é  Alcalá  para  pe- 
lear. E  sabido  aquesto  por  el  Roy,  ovo  enojo  porque 
semejantes  usos  eran  ágenos  de  su  condición ;  é  asi 
mandó  á  su  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  que  sa- 
liese allá  con  las  gentes  de  sus  guardas  y  los  sacase 
del  campo  sin  dexallos  llegar  á  las  manos  ;  el  qual 
salió  prestamente,  é  se  puso  entremedias  de  entram- 
bos, para  concertallos  que  con  amor  se  tornasen. 
Fuéle  dicho,  que  ya  estaban  puestos  á  caballo,  é  so 
iban  el  uno  contra  el  otro ;  entonces  el  Mayordomo 
Andrés  de  Cabrera  corrió  á  grand  príesa,  para  dete- 
ner á  Don  Fernando  de  Velasco,  écomo  iba  desapo- 
derado, é  la  gente  de  á  caballo  en  pos  del,  su  caba- 
llo estropezó  en  tal  manera,  que  él  y  el  caballo  ca- 
yeron en  tierra ,  de  tal  guisa,  que  á  cabsa  de  la  grand 
polvareda  que  hacían,  no  fué  visto,  é  asi  pasaron 
por  encima  del  tan  furiosamente,  que  quedó  amor- 
tecido sin  sentido  alguno.  Sabido  aquesto  por  el 
Rey  é  por  el  Maestre  de  Sanctiago,  salieron  al  campo 
donde  estaba,  é  visto  como  yacia  tan  sin  conoci- 
miento alguno,  fueron  muy  pesantes,  porque  le  te- 
nían mucho  amor,  é  le  querían  bien ;  é  asi  manda- 
ron que  lo  llevasen  en  unas  andas  al  Alcázar  de 
Madrid,  donde  estuvo  algunos  dias  sin  sentido  al- 
guno. Pero  fué  tan  bien  curado  é  con  tanta  diligen- 
cia, que  convaleció,  é  recobró  grand  parte  de  su  sa- 
lud, aunque  siempre  le  quedaron  algunas  reliquias 
de  pasión  é  turbamiento  de  cabeza  á  tiempos. 

CAPÍTULO  CL. 

De  como  foeron  llamados  quatro  Canónigos  de  Toledo,  é  lo  qne 

se  hizo  contra  el  Arzobispo. 

Luego  que  los  Breves  fueron  venidos  de  Roma, 
ávido  el  Rey  su  acuerdo  con  los  de  su  alto  Con- 
sejo, envió  á  mandar  por  sus  cartas  al  Cabildo  de  la 


206  CRÓNICAS  DE  LOS 

Santa  Igleaki  de  Toledo  que  le  enviase  quatro  Canó- 
nigos de  su  Colegio,  quales  ellos  deputasen ;  para 
lo  qual  fueron  nombrados  Hernán  Pérez  de  Ayala, 
hermano  bastardo  del  Conde  de  Fuensalida,  Diego 
Delgadtllo,  Marcos  Pérez,  é  Don  Francisco  de  Pa- 
lencia,  Prior  de  Aroche.  E  asi  nombrados  se  partie- 
ron para  Madrid,  donde  fueron  aposentados  ;  é  ve- 
nidos delante  del  Rey  é  de  su  alto  Consejo,  fué  man- 
dado al  Licenciado  Antón  Nuñez  de  Cibdad-Rodri- 
go,  que  les  notificase  la  cabsa  para  que  eran  allí  ve- 
nidos é  llamados.  E  asi  notificado  lo  que  el  Papa 
mandaba,  y  el  Rey  ordenaba  que  hiciese,  Hernán 
Pérez  de  Ayala,  que  era  el  mas  principal  é  mas  an- 
tiguo respondió :  Que  según  el  afición,  amor  é  deseo 
que  las  Dignidades,  é  Canónigos  é  Beneficiados  de 
aquella  Sancta  Iglesia  tenemos  al  servicio  de  vues- 
tra Alteza,  y  segund  que  deseamos  todos  la  prospe- 
ridad suya  y  quieto  estado  de  vuestra  Excelencia, 
no  solamente  querríamos  que  el  Arzobispo  de  Tole- 
do, que  es  nuestro  Perlado,  estuviese  á  su  servicio 
y  obediencia,  mas  que  el  restante  del  mundo  fuese 
sometido  á  bu  servidumbre  y  obediencia ;  y  pues  que 
con  aqueste  propósito  venimos,  é  así  nos  fué  man- 
dado por  los  que  acá  nos  enviaron,  vea  vuestra  Ma- 
gostad é  los  señores  del  su  muy  alto  Consejo  lo  que 
Be  debe  facer ;  que  á  nosotros  nos  plasce  de  ser  en 
ello,  é  lo  aviemos  por  bien  fecho.  Estonces  el  Li- 
cenciado Antón  Nuñez  replicó  que  por  quanto  el 
Arzobispo  de  Toledo  como  Metropolitano  podría 
ponw  entredicho,  é  facer  censuras  Eclesiásticas,  asi 
contra  la  persona  del  Rey,  como  contra  todos  los 
que  siguiesen  su  servicio,  mayormente  que  lo  que 
se  avia  de  facer,  era  dentro  del  Arzobispado,  é  con- 
tra él ;  que  por  eso  convenia  ante  todas  cosas  apelar 
de  todas,  é  qualesquier  censuras  que  él  ficiese  ó  pu- 
siese. E  dixo  que  el  Rey  que  presente  estaba,  apela, 
ba  una,  é  dos  é  tres  veces  de  qualquier  censuras  que 
Don  Alonso  Carrillo,  como  AriSwbispo  de  Toledo  pu- 
siese contra  él ;  é  que  él  desde  allí  ponía  su  Real 
persona  só  la  protección  é  amparo  de  la  Santa  Sede 
Apostólica.  E  luego  el  Maestre  de  Sanctiago  y  el 
Obispo  de  Sigüenza  y  el  Conde  de  Haro  y  todos  los 
otaros  que  allí  estaban  del  Consejo,  dixeron  que  se 
aderian  é  allegaban  é  allegaron  á  la  mesma  apela- 
ción del  Rey ;  é  asi  mesmo  los  Canónigos  dixeron 
otro  tanto.  E  luego  el  Rey  dixo  que  aquella  su  ape- 
lación, no  solamente  quena  que  se  entendiese  por 
él  y  los  que  allí  estaban  de  presente  mas  por  todos 
los  grandes,  criados,  é  servidores  suyos,  é  por  todos 
aquellos  que  se  quisiesen  aderir  ó  allegar  á  ella. 
Fecha  asi  esta  apelación  por  actos  públicos,  fué 
acordado  que  un  Doctor  é  un  Caballero  con  un  No- 
tario público  Apostólico  fuesen  á  le  requerir  que  se 
apartase  del  Príncipe  de  Aragón,  Rey  de  Secilia  é 
de  la  Princesa,  faciendo  grandes  protestaciones 
contra  él,  é  requiriéndolo  que  luego  lo  pusiese  por 
obra.  E  asi  requerido,  respondió  que  ya  su  Alteza 
sabia  como  le  avia  mandado  en  las  vistas  de  entre 
Cadahalso  é  Zebreros  jurar  á  su  hermana  por  Prin- 
cesa heredera  subcesora  de  sus  Rcynos,  é  que  aque- 
lla entendía  seguir  ó  tener  por  tal,  é  no  otra  ningu- 


REYES  DE  CASTILLA. 

na ;  por  tanto,  que  suplicaba  á  su  Alteza  que  aque- 
llo quisiese  aver  por  bien,  é  no  insistir  en  lo  contra- 
rio, porque  aquella  era  su  determinada  voluntad.  E 
como  quier  que  vista  su  respuesta,  el  Rey  quisiera 
proceder  contra  él,  é  poner  en  exsecucion  é  cumplir 
lo  que  el  Papa  mandaba,  el  Maestre  de  Sanctiago, 
asando  de  lo  que  solía,  hizo  que  se  dilatase,  dicien- 
do que  aquello  sería  mejor  por  tratos  que  por  rigor. 
E  asi  acordó  el  Rey  y  el  Maestre  que  yo  fuese  á  él 
secretamente  con  sus  cartas  de  creencia,  prometién- 
dole tres  mil  vasallos  para  sus  hijos  Troylos  Carri- 
llo é  Lope  Vázquez,  con  tanto  que  se  apartase  de 
los  Príncipes  y  se  pasase  á  su  servicio.  Pero  como 
el  Arzobispo  era  muy  constante  varón,  é  mantenía 
mucho  su  fé  é  palabra  quando  la  daba,  no  quiso 
aceptar  el  partido  que  yo  llevaba,  ni  apartarse  de 
seguir  al  Príncipe  Rey  de  Secilia  y  á  la  Princesa. 
Estonces  el  Maestre,  mas  como  parcial  del  Arzobis- 
po, que  fiel  servidor  del  Rey,  acordó  que  se  diese  al- 
gún sobreseimiento  con  él,  disciendo  que  al  Rey 
convenia  ir  luego  á  Segovia ;  y  asi  dado  el  sobresei- 
miento, los  Canónigos  de  Toledo  se  despidieron  mal 
contentos,  porque  los  avian  mandado  venir  para 
cosa  tan  vana  é  sin  fruto ;  é  asi  tomada  su  licencia, 
se  partieron.  E  como  seguramente  se  fuesen  por  su 
camino,  salió  Pedrarias  de  Avila  desde  Torrejon  de 
Velasco  por  mandado  del  Arzobispo,  con  quien  él 
vivía,  é  prendió  los  tres  de  ellos,  salvo  á  Fernand 
Pérez  de  Ayala,  que  se  apartó  por  una  vereda,  é  se 
fué  derecho  á  la  Fortaleza  de  Canales,  que  estaba 
por  el  Rey.  Sabido  aquesto  por  el  Rey,  ovo  mucho 
enojo,  é  mandó  á  los  Capitanes  de  sus  guardas  que 
saliesen  con  gentes  á  los  caminos,  é  prendiesen  á 
todos  los  que  pudiesen  aver  del  Arzobispo,  asi  ecle- 
siásticos como  seglares;  donde  fueron  presos  Don 
Diego  de  Guevara,  Canónigo  de  Toledo  criado  suyo, 
é  otros  algunos  Clérigos  é  muchos  de  sus  contiuos 
servidores;  por  manera  que  al  Arzobispo  convino 
soltar  los  canónigos  que  avia  mandado  prender,  y 
el  Rey  estonces  mandó  soltar  los  que  tenia  presos 
en  el  Alcázar.  En  este  medio  tiempo  subcedió  que 
el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  con  sus  exquisitas 
formas  de  cobdicia  se  apoderó  de  la  cibdad  de  Alca- 
r«z  porque  estaba  junto  con  su  Marquesado,  ó  supli- 
có al  Rey  que  le  confirmase  la  tenencia  de  juro,  é  le 
diese  todas  las  rentas  de  ella,  donde  puso  por  Alcay- 
de  é  Gobernador  á  Juan  de  Haro,  un  pariente  suyo. 
Viendo  aquesto  y  otras  semejantes  cosas  que  se  ha- 
cían por  el  Maestre,  é  como  de  contino  apropiaba 
para  sí  en  detrimento  de  la  corona  Real ,  é  otros 
Grandes  del  Reyno,  conformados  á  su  enxemplo  se- 
guían aquellas  pisadas,  el  Conde  de  Benavente  cercó 
á  Villalva,  una  Villa  de  la  Duquesa  della,  que  avia 
seydo  siempre  leal  servidora  del  Rey,  é  por  fuerza 
de  muchos  combates  la  tomó  é  se  apoderó  de  ella, 
la  qual  fortaleció  muy  mucho.  Y  como  señorease  á 
Valladolid,  prendió  á  Pedro  Ñuño,  Merino  mayor  de 
aquella  villa,  é  quitóle  aquella  merindad,  é  dióla  á 
Don  Pedro  Pimentel  su  hermano.  De  aquestas  tira- 
nías é  otras  talos  que  el  Maestre  favorecía ,  é  á  su 
cabsa  so  quedaban  sin  castigo,  vino  la  justicia  é  ad- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


207 


ministracion  della  en  tanto  detrimento,  que  sin  te- 
mor de  Dios  ni  del  Rey,  por  todas  las  cibdades  é  pue- 
blos del  Reyno  se  cometian  grandes  é  feos  insultos, 
é  muchas  muertes  públicas,  robos,  injurias,  fuerzas 
é  violencias,  que  las  gentes  ninguna  seguridad  te- 
nían dentro  de  sus  casas.  En  tal  manera  que  los  pue- 
blos, vistos  sus  trabajos,  escándalos  é  males  que  asi 
padecían ,  acordaron  de  buscar  formas  de  remedio, 
para  asegurar  sus  vidas  é  haciendas ;  é  asi  en  cada 
cibdad  é  villa  de  cierto  en  cierto  tiempo  elegían  dos 
buenos  hombres ,  que  anduviesen  acompañados  con 
gente  armada  para  castigar  los  malhechores.  E  no 
solamente  plugo  al  Rey  de  aquello,  mas  mandó  que 
las  Hermandades  se  tornasen  á  confirmar  y  estar 
fuertes  para  guarda  é  seguridad  de  los  caminos, 
puesto  que  el  Maestre  de  Sanctiago  y  sus  sequaces 
las  estorbaban  quanto  podian,  disciendo  que  los  vi- 
llanos é  gente  común  se  harían  Señores,  é  presumi- 
rían de  mandar  sobre  los  hidalgos.  Mas  el  Rey  é  al- 
gunos desús  leales  servidores ensistieron  tanto,  que 
prevaleció  en  tal  manera,  que  con  los  buenos  hom- 
bres de  los  pueblos,  é  con  la  Hermandad  de  los  ca- 
minos, se  puso  el  Reyno  en  mucha  seguridad,  é  asi 
podian  las  gentes  caminar  é  tratar  para  vivir.  E  lue- 
go que  el  sobreseimiento  fué  dado  en  lo  del  Arzo- 
bispo de  Toledo,  el  Rey  se  partió  para  Segovia. 

CAPÍTULO  CLI. 

De  como  el  Rey  se  partió  para  Segovia ,  é  de  lo  que  subeedió  en 
el  Reyno. 

Venido  el  Rey  á  Segovia,  donde  parecía  tener  al- 
gún descanso  de  sus  congoxas  é  cuidados ,  falleció 
Don  Juan  Ponce  de  León,  Conde  de  Arcos,  é  subee- 
dió en  el  señorío  Don  Rodrigo  Ponce  de  León  su 
hijo.  El  qual  en  los  tiempos  pasados  de  las  turba- 
ciones, ó  mas  propiamente  trayciones  del  Reyno ,  se 
avia  señoreado  de  la  cibdad  de  Cáliz ,  é  rebeládose 
con  ella,  teniéndola  usurpada  con  el  mesmo  título 
de  tiranía  que  los  otros  caballeros  sojuzgaban  los  lu- 
gares que  podian  tomar.  Mas  como  este  era  hiemo 
del  Maestre  Don  Juan  Pacheco,  desposado  con  una 
hija  suya ,  suplicó  al  Rey  que  le  hiciese  merced  de 
dar  á  su  hiemo  á  Cáliz  con  título  de  Marqués,  lo 
qual  el  Rey  otorgó  mas  contra  su  grado  que  de  bue- 
na voluntad;  é  asi  desde  allí  adelante  se  llamó  Con- 
de de  Arcos  é  Marqués  de  Cáliz.  En  pos  de  aquesto 
subeedió  que  como  Don  Pedro  de  Velasco,  Conde  de 
Haro,  oviese  desterrado  de  las  provincias  de  Vizca- 
ya é  Guipúzcoa  como  Virrey  de  ellas  á  Pedro  de 
Avendaño  é  á  Juan  Alonso  de  Moxica,  por  los  gra- 
ves insultos  que  con  su  favor  se  cometian ;  los  qua- 
les  viéndose  fuera  de  sus  casas  peregrinos  por  tier- 
ras agenas,  f  uéronse  á  meter  por  las  puertas  del  Conde 
de  Treviño,  que  por  estonces  estaba  muy  enemistado 
con  el  Conde  de  Haro  á  cabsa  de  un  ultrage  que  la 
Condesa  de  Haro  le  avia  fecho ;  é  fué ,  que  cierta 
gente  suya  por  su  mandado  avian  salido  contra  él, 
é  lo  corrieron;  é  así  venidos,  el  Conde  de  Treviño 
los  acogió  con  mucho  amor,  é  quiso  tomar  su  alian- 
za é  amistad  por  enojar  al  Conde  de  Haro  é  venir 


con  él  á  rompimiento.  Donde  confederado  con  ellos 
6  con  Pero  López  de  Padilla,  Adelantado  de  Casti- 
lla, sin  grado  del  Conde  de  Haro,  é  sin  licencia  del 
Rey  los  tornó  á  sus  casas.  Sabido  aquesto  por  el  Con- 
de de  Haro,  partióse  á  mas  andar  de  la  Corte,  é  fue- 
se para  Burgos,  donde  llegado  con  su  gente,  é  la 
del  Conde  de  Salinas  é  de  sus  hermanos  Don  Luis  é 
Don  Sancho  de  Velasco  que  en  persona  le  vinieron 
á  servir  y  ayudar  con  otros  valedores,  se  fueron  lue- 
go á  Vizcaya ;  donde  los  desterrados  con  el  favor 
del  Conde  de  Treviño  ó  del  Adelantado  andaban  pú- 
blicamente sin  temor  é  menos  vergüenza  de  los  in- 
sultos por  ellos  perpetrados  é  á  su  cabsa  fechos. 
Luego  que  el  Conde  de  Treviño  y  el  Adelantado  su- 
pieron la  entrada  del  Conde  de  Haro ,  como  caba- 
lleros que  avian  gana  de  pelear,  se  pusieron  en  ar- 
mas, no  solamente  ellos  con  asaz  gente  de  á  caba- 
llo ,  mas  Juan  Alonso  de  Moxica  y  Pedro  Avenda- 
ño con  grande  peón  age.  E  asi  fueron  contra  él  á  le 
tomar  un  cierto  paso  por  donde  avia  de  pasar  cerca 
de  un  lugar  que  se  llamaba  Monjía.  E  allí  junta- 
das las  gentes  de  ambas  partes  pelearon  muy  bra- 
vamente ;  en  tal  manera,  que  de  cada  parte  fué  muy 
bien  reñida  la  batalla.  Pero  como  el  peonage  era 
mucho  de  la  parte  del  Conde  de  Treviño,  é  allí  va- 
lían mas  los  peones  que  la  gente  de  á  caballo,  el 
Conde  de  Haro,  como  iba  sin  peonaje,  fué  desbara- 
tado, é  con  grand  daño  é  destrozo  de  los  suyos  fue- 
ron presos  el  Conde  de  Salinas  é  Don  Luis  de  Velas- 
co, é  ovo  muchos  muertos  é  feridos  de  ambas  par- 
tes ;  y  en  aquella  batalla  fué  muerto  Alvaro  de 
Cartagena,  hijo  de  Pedro  de  Cartagena.  E  luego  que 
el  Rey  supo  aquel  ayuntamiento  de  gentes  que  es- 
tos Condes  hacían ,  partióse  á  mas  andar  para  Bur- 
gos, pensando  escusar  la  batalla  é  los  daños  que 
allí  se  hicieron.  Llevó  consigo  al  Obispo  de  Sigüen- 
za  y  otros  algunos  de  su  Consejo,  y  el  Maestre  de 
Sanctiago  se  quedó  en  Segovia  en  guarda  de  la  Rey- 
na  é  de  la  Princesa  su  hija  del  Rey.  E  puesto  que  el 
Rey  caminó  á  grand  priesa,  en  llegando  á  Burgos 
sopo  como  los  Condes  avian  peleado  ,  y  el  destrozo 
que  en  la  batalla  se  avia  fecho,  de  que  fué  muy  pe- 
sante, é  se  partió  luego  para  Orduña  ;  donde  llega- 
do, mandó  que  los  Condes  dentro  de  tercero  día  sa- 
liesen de  las  provincias  de  Vizcaya  é  de  Guipúzcoa, 
y  que  el  Conde  de  Treviño  soltase  los  presos  que  te- 
nia sin  detenimiento  ninguno,  é  puso  treguas  en- 
trellos  para  determinar  é  dar  entrellos  medio  de  paz 
é  concordia  ;  é  así  fecho  aquesto  se  tornó  á  Burgos. 
Entretanto  que  estas  cosas  pendían ,  acaesció  que 
Don  Pedro  Manrique,  hijo  del  Conde  de  Paredes, 
siguiendo  las  pisadas  é  bollicios  de  su  padre ,  fizo 
cierto  trato  con  algunos  vasallos  de  Alcaraz ,  que 
le  diesen  entrada  en  la  cibdad  ;  é  fecho,  fué  una  no- 
che secretamente,  y  entró  dentro ,  pensando  apode- 
rarse de  la  cibdad  sin  contradicción  alguna.  Pero 
Juan  de  Haro,  que  estaba  allí  por  el  Maestre,  como 
vio  la  gente  de  á  caballo  y  peones  que  allí  eran  en- 
trados, éconoscídala  traycion  de  los  que  los  avian 
metido,  retrúxose  con  los  suyos  áunafortale/.a, que 
estaba  á  un  cabo  de  la  cibdad ;  donde  se  def  «judió 


208  CRÓNICAS  DE  LOS 

varonilmente.  Sabido  aquesto  por  el  Maestre  de 
Sanctiago,  partióse  prestamente  de  Segovia  con  la 
gente  que  pudo  allegar,  é  fuese  derecho  á  su  villa 
de  Ocaña ,  donde  ayuntados  ochocientos  rocines  é 
algim  peonage,  envió  á  su  hijo  el  Marqués  de  Ville- 
na  con  ellos  en  socorro  de  Juan  de  Haro.  Como  Don 
Pedro  Manrique  vio  el  buen  recabdo  que  se  daba 
Juan  de  Haro  en  la  fortaleza,  é  supo  el  socorro  que 
venia,  temiendo  ser  preso  é  destrozado,  salióse  de 
la  cibdad.  Estonces  el  Marqués  de  Villena,  sabido 
como  Don  Pedro  Manrique  era  ido,  é  la  cibdad  que- 
daba libre,  tomóse  á  Ocaña,  é  desde  allí  padreé  j 
hijo  se  fueron  á  Segovia.  Luego  que  el  Rey  ovo  da-  : 
do  algún  asiento  é  forma  de  sosiego  entre  los  Con-  j 
des,  tomóse  para  Segovia. 

CAPÍTULO  CLIL 

Ileloquesubcedió  en  la  cibdad  de  Toledo,  porque  el  Conde  de 
Faensalida  no  quiso  creer  lo  que  el  Rey  le  envió  á  decir  con- 
migo, que  fué  apercibirle  que  se  guardase. 

Después  que  el  Rey  fué  tornado  á  Segovia,  y  es- 
taba allí  mas  con  pena  que  con  descanso,  segund 
los  escándalos  y  alteraciones  que  andaban  por  cada 
parte  del  Reyno ,  viéndose  poco  temido  é  menos 
acatado,  acordóse  de  los  servicios  que  ol  Conde  de 
Fuensalida  Pero  López  de  Ayala  le  avia  fecho,  á 
cabsa  de  Dofia  Maria  de  Silva  su  muger ,  quando  le 
dieron  la  cibdad  al  tiempo  de  las  turbaciones  pasa- 
das, é  por  ello  les  avia  fecho  merced  de  Casarrubios, 
con  título  de  Conde ,  ó  dineros  de  juro  situados  en 
la  misma  cibdad.  Subcedió  que  en  aquel  mismo 
tiempo  fálleselo  Doña  María  de  Silva,  por  cuya 
muerte  el  Conde  su  marido  rescibió  asaz  detrimento 
en  la  honra  y  en  el  estado ;  porque  el  Obispo  de 
Badajoz  su  cuñado ,  que  lo  debiera  guardar  é  no 
engañarlo,  fizo  con  él  cierto  trato,  en  que  le  certificó 
que  si  se  confederaba  con  el  Conde  de  Cif uentes  é 
con  Don  Juan  de  Ribera ,  é  los  metia  en  la  cibdad, 
porque  estaban  fuera  como  enemigos,  que  el  Conde 
de  Cifuentes  se  casaría  con  Doña  Leonor  su  hija.  E 
aquesto  trato  hacia  el  Obispo  de  Badajoz  con  grado 
é  acuerdo  del  Maestre  Don  Juan  Pacheco  ,  para  te- 
ner mayor  parte  en  la  cibdad ;  porque  el  Conde  é 
Don  Juan  eran  suyos,  é  lo  avian  seguido  en  las  tur- 
baciones pasadas.  Sabido  aquesto  por  el  Rey,  fué 
muy  pesante  de  ello,  ca  sintió  como  aquello  era  en 
deservicio  suyo  ó  perdición  del  Conde  de  Fuensali- 
da, é  que  solamente  era  ó  se  facía,  por  echallo  de  la 
cibdad,  sin  cumplir  con  él  cosa  alguna  de  lo  que 
asi  le  prometían.  Estonces  mandó  á  mí  que  secreta- 
mente fuese  con  carta  do  creencia  suya,  á  le  notifi- 
car el  engaño  que  le  facían,  é  lo  amonestar  é  reque- 
rir (pie  por  ninguna  cosa  metiese  aquellos  dos  ca- 
balleros en  la  cibdad ;  ca  sabia  muy  bien  que  si  en- 
traban ,  á  él  lo  echaría  fuera ,  é  que  él  no  podría 
remediallo.  Pero  puesto  que  yo  se  lo  fui  á  descir ,  é 
delante  de  sus  hijos  é  parientes  lo  afrontó  que  se 
guardase  do  metelios  en  la  cibdad,  él  jamas  quiso 
obedcscer  al  Rey,  ni  aceptar  las  amonestaciones  que 
asi  le  hice,  antes  luego  concluyó  bus  amistades  é  ca- 


REYES  DE  CASTILLA. 

pituló  el  casamiento  de  su  hija  con  el  Conde  de  Ci- 
fuentes, de  que  se  le  siguió  lo  que  adelante  se  dirá. 
Vístala  dureza  é  lo  que  asi  avia  fecho,  me  torné  al 
Rey,  é  le  notifiqué  lo  que  avia  pasado,  de  que  al  Rey 
desplugo  mucho,  no  solamente  por  lo  que  avia  pa- 
sado en  daño  del  Conde  de  Fuensalida ,  sino  porque 
también  sospechó  que  el  Conde  de  Cifuentes  é  Don 
Juan  de  Ribera  como  deservidores  suyos  se  confor- 
mariait  con  el  Príncipe  Rtíy  de  Secília  y  con  la 
Princesa  Doña  Isabel  su  hermana,  é  les  darían  aque- 
lla cibdad. 


CAPÍTULO  CLIII. 

Como  fué  acordado  de  echar  fuera  del  Reyno  á  loí  Príncipes  Don 
Fernando  é  Doña  Isabel,  y  lo  que  subcedió  por  el  Reyno. 

Creyendo  que  los  escándalos  del  Reyno  en  alguna 
manera  se  amansarían,  sí  los  Príncipes  Don  Fernan- 
do é  Doña  Isabel  fuesen  echados  fuera  del  Reyno, 
fué  acordado  que  mandase  el  Rey  Hamar  á  los  Gran- 
des del  Reyno  y  perlados  é  caballeros  que  eran  de 
su  partido,  é  viniesen  á  su  Corte,  é  truxese  cada  uno 
la  mas  gente  que  pudiese,  lo  qual  luego  fué  puesto 
por  obra.  E  porque  Medina  del  Campo  era  lugar  é 
comarca  dispuesta  para  sufrir  todo  el  exército  de  la 
gente,  fué  acordado  que  allí  fuese  el  Rey  á  recoger 
la  gente.  E  así  determinada  su  partida,  mandó  que 
el  Conde  de  Urueña  y  el  Mayordomo  Andrés  de  Ca- 
brera quedasen  allí  en  Segovia  en  guarda  de  la 
Princesa  Doña  Juana,  y  el  Rey  se  partió  para  Coca, 
y  con  él  el  Maestre  de  Sanctiago  y  el  Obispo  de  Sí- 
güenza.  Venido  allí,  como  el  Arzobispo  de  Sevilla 
seguía  el  querer  del  Maestre  mas  por  miedo  que  por 
amor,  trató  con  él  dixese  al  Rey  que  la  venida  de 
los  Grandes  á  la  Corte  se  dexase  por  estonces,  para 
echar  los  Príncipes  fuera  del  Reyno ,  disciendo  que 
aquello  mejor  se  haría  por  tratos  que  por  rigor  de 
armas.  Aquello  hacía  el  Maestre,  mas  por  asegurar 
su  estado  y  engrandecello ,  que  por  mirar  la  honra 
del  Rey  ni  prosperallo,  salvo  solamente  por  tenello 
en  necesidad  de  competidores ,  para  que  siempre  lo 
tuviese  debaxo  de  su  gobernación,  en  tal  manera, 
que  ninguna  firmeza  avia  en  el  consejo ,  ni  execu- 
cion  en  lo  que  se  determinaba.  E  así  hicieron  al  Rey 
que  enviase  á  mandar  á  los  Grandes  que  se  holga- 
sen en  sus  casas,  y  él  fuese  á  Medina  del  Campo; 
donde  llegado ,  supo  como  los  moros  avian  entrado 
en  tierra  del  Maestradgo  de  Calatrava,  é  captivado 
muchos  christianos  varones  é  mugeres,  é  que  mu- 
rieron muchos,  é  quemaron  un  pequeño  lugar.  Sa- 
bido aquesto  por  el  Rey,  envió  á  mandar  al  Marqués 
de  Cáliz  é  Conde  de  Arcos,  que  rompiese  guerra  con 
ellos ,  el  qual  como  esforzado  caballero  é  prudente 
capitán,  haciendo  lo  que  el  Rey  le  mandaba  ,  entró 
luego  con  gente  é  tomó  por  combate  una  villa  que 
se  dice  Cárdela ,  é  captivo  asaz  moros  é  moras  que 
halló  dentro ;  pero  aqueste  lugar  dende  á  pocos  días 
se  tornó  á  perder  por  el  mal  recabdo  del  Alcayde, 
que  allí  dexó  el  Marqués  de  Cáliz.  Estando  el  Rey 
en  Medina,  vino  luego  el  nuevo  Duque  de  Alvaó 
Maruués  de  Coria  á  hacer  reverencia  al  Rey,  el  qual 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


209 


fué  bien  rescebirlo  por  41 ,  porque  el  Maestre  de 
Sanctiago  lo  quiso.  Estando  asi  las  cosas  en  vegilia 
de  algún  sosiego  ,  porque  todos  los  grandes  avian 
gana  de  reposar,  é  deseaban  saber  lo  que  avian  de 
seguir,  estonces  fué  alli  acordado  que  se  debian  de 
enviar  mensageros  al  Rey  de  Portugal ,  para  que 
contratasen  con  él  que  casase  con  la  Princesa  Doña 
Juana,  de  que  fué  dado  el  cargo  al  Maestre  de  Sanc- 
tiago. El  que  envió  personas  de  su  casa  con  este 
mensage  al  Rey  de  Portugal,  é  así  ávida  su  respues- 
ta, fueron  acordadas  vistas  entre  amos  los  Reyes 
para  cierto  dia  señalado,  como  adelante  será  dicho. 
Entretanto  que  entendían  la  respuesta  del  Rey  de 
Portugal,  el  Rey  determinó  de  irse  á  Segovia,  é 
mandó  que  el  Arzobispo  de  Sevilla  y  el  Duque  de 
Alva  quedasen  en  Medina  por  Virreyes ,  hasta  que 
él  tornase  de  Estremadura ,  donde  avia  de  ir  á  las 
vistas. 


Délo  que 


CAPITULO  CLIV. 

subcedió  por  el  Reyno  después  que  el  Rey  se  fué  á  Se- 
govia. 


Después  que  el  Rey  fué  tomado  á  Segovia,  como 
el  Obispo  de  Sigüenza  avia  grand  tiempo  que  tra- 
bajaba por  aver  el  Capelo  de  Cardenal,  y  el  Rey, 
consideíado  su  linage ,  avia  escripto  muchas  veces 
al  Papa  sobre  ello ,  suplicando  se  lo  mandase  dar, 
sintió  como  el  Maestre  de  Sanctiago  queria  que  con 
él  juntamente  fuese  criado  Cardenal  el  Obispo  de 
Burgos  su  sobrino,  é  que  á  esta  cabsa  se  avia  dila- 
tado de  lo  facer  Cardenal ,  de  que  estaba  muy  des- 
contento ,  é  asi  muy  disimuladamente  se  fué  de  la 
Corte  para  su  casa  á  Guadalaxara  con  sus  herma- 
nos, donde  estuvo  por  algún  tiempo  retraydo.  Es- 
tando el  Rey  en  Segovia,  supo  como  el  Conde  de 
Qfuentes  é  Don  Juan  de  Ribera  su  tio  se  avian 
puesto  en  armas  contra  el  Conde  de  Fuensalida,  que 
como  á  parientes  los  metió  en  la  cibdad,  confiándo- 
se de  su  amistad ,  que  le  avian  jurado  y  prometido, 
é  que  peleaban  cada  dia,  donde  se  recrescian  muer- 
tes é  males.  Sabido  aquesto,  el  Rey  fué  muy  pesan- 
te, asi  porque  el  Conde  de  Fuensalida  no  quiso  creer 
lo  que  conmigo  le  avia  enviado  á  requerir,  como 
por  los  escándalos  de  la  cibdad,  cuyo  pueblo  livia- 
namente se  suele  alborotar  é  facer  novedades.  So- 
bre aquel  fué  acordado  que  el  Rey  partiese  para  allá 
para  lo  remediar,  antes  que  mayores  males  se  re- 
cresciesen.  Llegado  el  Rey  á  Madrid  vinieron  cier- 
tos Regidores  de  Toledo,  á  le  notificar  como  de  ca- 
da dia  era  mas  brava  la  pelea,  é  se  facian  mas  gran- 
des males  por  la  cibdad ,  suplicándole  que  luego 
quisiese  ir  á  lo  remediar.  Estonces  el  Rey  y  el  Maes- 
tre acordaron  que  el  Obispo  de  Burgos  é  yo  con  él 
fuésemos  á  mas  andar,  é  trabajásemos  por  los  po- 
ner en  treguas,  fasta  que  ellos  llegasen,  lo  qual  pu- 
simos luego  por  la  obra,  E  como  llegamos  allá ,  ha- 
llamos como  querían  pelear  ;  pero  pusímosles  gran- 
des penas  de  parte  del  Roy,  é  que  luego  depusiesen 
las  armas  é  no  saliesen  á  pelear.  Los  quales  obedes- 
cieron  lo  que  en  nombre  del  Rey  les  diximos,  é  es- 
Or.~-nL 


tuvieron  en  treguas,  fasta  que  el  Rey  vino.  E  pues- 
to que  el  Rey  quisiera  ayudar  al  Conde  de  Fuensali- 
da, porque  le  avia  muy  bien  servido,  no  pudo  tanto 
facer  que  la  voluntad  del  Maestre  no  sobrepuxa- 
se,  para  que  prevaleciese  mas  la  parte  del  Conde  de 
Cifuentes  é  de  Don  Juan  de  Ribera.  E  asi  ordenó 
que  el  Rey  mandase  al  Conde  de  Fuensalida  que  de- 
xase  el  Alcázar  é  las  puertas  de  la  cibdad  que  las 
tenia  barreadas,  é  fueron  entregadas  al  Doctor  Gar- 
ci-Lopez  de  Madrid  con  oficio  de  Asistente  é  gran- 
des poderes  con  ello.  Estonces  el  Conde  de  Fuensa- 
lida ,  visto  el  disfavor  é  mengua  que  contra  él  se 
facia,  aunque  no  por  grado  del  Rey,  salió  de  la  cib- 
dad, é  fuese  para  su  tierra.  El  qual  no  solamente  fué 
engañado  por  la  contratación  del  Obispo  de  Bada- 
joz su  cuñado,  pero  la  hija  deshonrada  y  sin  espo- 
so ;  porque  el  Conde  de  Cifuentes,  visto  que  él  é  la 
Doña  Leonor,  hija  del  Conde  de  Fuensalida,  eran 
muy  cercanos  debdos  en  sangre  por  muchos  é  di- 
versos vínculos  de  consaguinidad,  é  que  sin  dispen- 
sación no  podían  casar,  librado  de  la  censura  del 
derecho,  que  en  tal  caso  dispone,  por  Juez  ordina- 
rio, é  absuelto  se  casó  luego  con  otra.  Estando  el  Rey 
allí  en  Toledo  llegó  nueva,  como  en  la  cibdad  de  Se- 
villa el  Duque  de  Medina  Sidonia  é  el  Marqués  de 
Cáliz  avian  peleado,  de  que  se  rescrescieron  muchas 
muertes,  quemas  é  robos  de  cada  parte ;  porque  el 
Marqués  de  Cáliz  era  echado  de  la  cibdad,  é  se  fué 
áXerez  de  la  Frontera,  que  tenia  la  fortaleza  della; 
é  que  desde  allí  con  su  gente  é  la  de  los  Maestrad- 
gos  de  Sanctiago  é  Calatrava  que  le  ayudaban,  y  el 
Duque  de  Medina  Sidonia  con  los  caballeros  é.  gen- 
te de  Sevilla  se  hacían  muy  cruda  guerra.  Verdad 
es  que  el  Maestre  favorecía  al  Marqués  de  Cáliz  su 
yerno,  é  por  esta  cabsa,  aunque  el  Rey  quisiera  lue- 
go en  ello  proveer  é  remediar  tan  grand  rotura, 
donde  tantos  males  se  hacían ,  no  se  pudo  hacer, 
porque  el  Maestre  lo  estorbaba,  en  tal  manera,  que 
la  guerra  se  quedó  sin  ningún  remedio  de  paz  ni  tre- 
gua ;  de  tal  guisa ,  que  guerreando  é  saliendo  á  pe- 
lear de  contino ,  murieron  personas  señaladas,  en 
especial  dos  hermanos  bastardos  del  Duque  en  un 
reencuentro  entre  Sevilla  é  Alcalá  de  Guadaira,  que 
el  Marqués  de  Cáliz  tenia.  Y  en  tanto  grado  se  ha- 
cia la  guerra  cruda  entre  ellos,  que  los  pueblos  co- 
marcanos no  tenían  seguridad  de  sus  vidas  ni  ha- 
ciendas ;  pero  ni  por  eso  consintió  el  Maestre  que 
el  Rey  envíase  personas  ni  caballeros  que  lo  reme- 
diasen. De  donde  subcedió  que  el  Marqués  de  Cáliz, 
como  astuto  guerrero,  con  el  favor  que  su  suegro  le 
daba,  fué  una  noche  y  escaló  la  fortaleza  de  Medina 
Sidonia,  é  tomada,  se  apoderó  disolutamente  de  la 
villa  é  tierra.  E  el  Duque  muy  sentido ,  aviéndolo 
por  grave  injuria,  fechos  grandes  pertrechos  de  ar- 
tillería, é  juntadas  muchas  gentes  asi  de  á  caballo 
como  de  peones,  suyas  é  de  sus  valedores,  determi- 
nó de  dar  sobre  su  villa  para  recobrarla.  El  Mar- 
qués asimismo  fortaleció  la  villa  para  defendérsela, 
de  tal  manera,  que  cada  uno  hacia  grandes  ayunta- 
mientos de  gentes ,  é  pertrechos  é  provisiones ,  de 
donde  se  atendía  grand  perdición  é  perpetuas  ene- 

14 


210 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mistades  en  toda  el  Andalucia.  Sabido  aquesto  por 
el  Rey,  con  acuerdo  é  consentimiento  del  Maestre 
envió  allá  á  Don  Yñigo  López  de  Mendoza ,  Conde 
de  Tendilla  con  grandes  poderes,  para  que  se  apo- 
derase de  la  cibdad  de  Sevilla  ,  é  apoderado ,  diese 
medio  de  paz  é  concordia  entre  ellos.  El  qual  se 
partió  á  mas  andar,  é  llegado  á  la  cibdad ,  halló  co- 
mo ya  el  Duque  de  Medina  quería  salir  á  cercar  su 
villa  de  Medina,  y  el  Marqués  se  apercebia  para  da- 
lle la  batalla  en  el  campo.  Visto  aquesto  por  el  Con- 
de, como  era  caballero  prudente,  acordó  con  mucha 
discreción  é  dulzura ,  é  hizo  á  todos  deponer  las  ar- 
mas é  derramar  las  gentes  que  asi  tenian  ayunta- 
das, é  puesta  su  tregua  real  entre  ellos,  dio  forma 
como  aquellos  dos  Señores  se  viesen  en  una  fortale- 
za de  Don  Alfonso  de  Velasco ,  que  dicen  Marche- 
nilla,  teniendo  el  Conde  con  su  gente  en  el  campo 
seguro  á  entrambas  las  partes.  Donde  convenidos  é 
vistos,  dio  entre  ellos  tal  medio  de  paz  é  concordia, 
que  con  mucho  amor  salieron  de  allí  hechos  ami- 
gos. Luego  el  Marqués  de  Cáliz  dexó  la  villa  de  Me- 
dina Sidonia,  y  el  Duque  puso  su  Alcayde  en  ella. 
E  hecho  aquesto,  el  Conde  desató  algunos  agravios 
que  se  avian  fecho  de  la  una  parte  é  de  la  otra ;  por 
manera  que  toda  la  tierra  quedó  en  mucho  sosiego; 
ó  sosegada,  el  Conde  se  tornó  al  Rey  á  le  notificar 
lo  que  asi  por  su  servicio  avia  fecho. 

CAPÍTULO  CLV. 

De  lo  que  subcedió  después  de  que  vino  el  Rey  de  Toledo 
á  Scgovia. 

Tornado  el  Rey  á  Segovia,  Doña  María  Puerto- 
carrero,  Marquesa  de  Villena,  muger  del  Maestre  de 
Sanctiago,  adolesció  de  un  zaratán  en  la  cara,  cuya 
enfermedad  fué  insanable,  de  que  murió.  Pero  antes 
que  fallesciese,  como  era  católica  Christiana,  teme- 
rosa de  Dios,  fizo  llamar  al  Maestre  de  Sanctiago  su 
marido,  é  venido  donde  ella  estaba  en  la  cama,  llo- 
rando con  muchas  lágrimas,  le  dixo :  «  acordaos,  Se- 
Dñor,  por  amor  de  Dios,  y  mirad  que  por  faceros 
«Maestre  de  Sanctiago,  é  subir  en  tanto  señorío 
«aveis  cubierto  vuestra  persona  de  tanta  infamia  é 
ndexais  á  vuestros  hijos  con  tan  feo  apellido  de 
wdesleal.  Acordaos  como  el  Rey  Don  Enrique  vos 
»dió,  é  con  su  favor  é  sombra  aveis  alcanzado  lo 
nque  agora  tenéis,  é  considerad  el  mal  galardón  que 
«por  ello  le  aveis  dado,  é  como  le  aveis  perseguido 
sé  corrido  é  abatido,  poniendo  tantas  infamias  en 
»8U  persona  Real.  Catad,  Señor,  que  sois  mortal  é 
» aveis  de  morir,  é  muerto,  que  seréis  llevado  delan- 
»te  de  aquel  juicio  divinal,  donde  seréis  acusado  de 
«vuestra  ingratitud,  é  de  la  grand  deslealtad  con 
nque  aveis  deservido  é  deshonrado  ú  quien  no  sola- 
»  mente  debiérades  honrar  é  defender,  mas  morir  por 
«su  servicio.  E  si  no  queréis  condoleros  de  vuestra 
«deshonra  é  infamia,  habed  dolor  de  vuestra  alma 
«porque  no  so  pierda,  ni  vaya  con  Judas  condenada 
«sin  redención;  y  si  fasta  agora  le  fuistes  deservi- 
«dor  tí  enemigo,  de  aquí  delante  le  sirváis  con  leal- 
ntad  ó  sigáis  con  firmeza,  para  que  sea  Rey  entero, 


»é  no  despedazado  como  lo  tenéis.  Dexad  ya  los  in- 
«tereses  é  las  cobdicias  desordenadas,  que  tanto  y 
«en  tal  grado  tienen  oscurecida  vuestra  conciencia. 
«E  pues  vedes  que  mis  días  se  acaban,  una  é  muchas 
«veces  os  suplico  é  requiero  é  pido  por  merced,  que 
»  por  reverencia  de  aquel  Dios  que  nos  vino  á  rede- 
»mir,  lo  queráis  asi  facer,  porque  restituyendo  al 
»  Roy  que  vos  hizo  en  su  Reyno,  restituyáis  á  vos 
wen  la  honra,  é  cobréis  nuevo  nombre  de  leal.» 
Oida  su  habla,  el  Maestre  le  respondió  que  le  agra- 
descia  mucho  su  eancto  consejo,  é  que  le  plascia  do 
facer  lo  que  ella  le  requería  é  amonestaba.  Pasados 
dos  días  después  de  aquesto,  ella  fallesció  é  fué  se- 
pultada en  el  Monesterio  del  Parral,  donde  le  fue- 
ron fechas  muy  sumptuosas  é  honradas  obsequias; 
de  cuya  muerte  el  Maestre  ovo  muy  grand  dolor  é 
sentimiento,  porque  sin  dubda  fué  señora  de  mucho 
merescimiento,  y  en  quien  moraba  mucha  bondad. 
Pero  puesto  que  el  Maestre  prometió  de  prosperar 
al  Rey  é  servirle  con  lealtad,  mas  tardó  ella  en  mo- 
rir que  él  en  olvidar  la  promesa  que  hizo,  é  si  mu- 
cho lo  tenia  cegado  el  interese,  mucho  mayor  ce- 
guedad le  puso  después. 

CAPÍTULO  CLVI. 

De  como  el  maestre  con  grand  instancid  importunó  al  Rey  que  le 
diese  la  villa  de  Sepnlveda,  é  lo  que  sobre  ello  subcedió. 

Al  tiempo  que  los  bollicios  del  Reyno  se  comen- 
zaron, el  Maestre  Don  Juan  Pachaco  una  noche  hur- 
tó la  villa  de  Sepúlveda,  é  óvola  por  algún  tiempo 
contra  el  grado  de  los  vecinos  de  ella;  pero  después 
quando  el  Real  de  Simancas,  ciertos  hidalgos  de  la 
villa  vinieron  al  Rey  secretamente  con  trato  de  se 
la  dar,  para  que  enviase  persona  fiable  con  gente  á 
tomarla,  é  que  le  darían  la  entrada  libre  é  segura. 
E  porque  el  trato  se  hacía  por  mano  de  Alfonso  de 
Badajoz,  su  secretario,  mandóle  tomar  de  las  gentes 
de  sus  guardas,  é  que  fuese  á  tomarla,  lo  qual  puso 
él  luego  por  obra,  é  fué  sin  ser  sentido;  é  llegando 
á  las  puertas  de  la  villa,  le  fueron  abiertas  sin  de- 
tenimiento ninguno;  donde  entrado,  estuvo  en  ella 
buenos  días  fortificándola  é  teniéndola  por  el  Rey. 
E  como  después  el  Maestre  vino  á  servicio  del  Rey, 
é  toda  la  gobernación  del  Reyno  se  administraba 
por  su  querer,  hizo  al  Rey  que  lo  echase  de  allí,  dis- 
ciendo  que  los  de  la  villa  eran  tan  buenos,  que  no 
avian  menester  gente  é  capitán  que  ios  sojudgase. 
E  así  echado,  los  de  la  villa  quedaron  mucho  á  ser- 
vicio del  Rey,  aunque  con  buenas  guardas  á  las 
puertas  é  velas  do  noche  por  los  adarves.  Mas  la 
hambrienta  cobdicia  del  Maestre  era  tan  insaciable 
que  siempre  abarcaba  é  quería  mas,  é  nunca  se  har- 
taba, en  tal  manera  que  todos  los  lugares  que  cerca 
de  sus  señoríos  estaban,  pensaba  que  le  pertenescia 
por  fuero  de  tiranía.  E  asi  porque  aquella  villa  de 
Sepúlveda  estaba  junta  con  la  tierra  del  Condado 
de  Sanct  Estovan,  importunando  al  Rey  muchas 
veces,  insistió  que  so  la  diese,  de  que  el  Rey  fué 
muy  enojado  ó  descontento.  E  retraído  con  algunos 
de  sus  criados  leales,  un  día  dixo:  «O  quién  fuer» 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


21.1 


«señor  del  mundo  por  ocho  días!  Preguntándole  ¿á 
»qué  fin  lo  decía?  respondió  que  para  hartar  la 
» hambrienta  tiranía  é  desordenada  cobdicia  del 
» Maestre  de  Sanctiago.»  E  asi  después  de  pasada  la 
fiesta  de  Navidad,  que  ovo  allí  con  poco  plascer, 
partió  contra  su  grado  de  Segovia,  é  fuese  á  aposen- 
tar á  una  fortaleza  del  Maestre  que  se  descia  Castil- 
novo,  que  está  dos  leguas  de  Sepúlveda.  Donde  ve- 
nido, envió  á  llamar  ciertos  hombres  de  la  villa,  é 
llegados  ante  su  Real  presencia,  les  dixo,  que  cum- 
plía á  su  servicio  y  les  mandaba  que  tomasen  por 
señor  al  Maestre,  porque  él  le  avia  fecho  merced 
de  aquella  villa;  respondieron  que  suplicaban  á  su 
Alteza,  que  no  se  lo  mandase  ni  pluguiese  á  Dios 
que  jamás  fuesen  enagenados  de  su  corona  Real,  é 
que  ima  é  muchas  veces  le  tornaban  á  suplicar  que 
no  se  lo  mandase,  porque  no  lo  entendían  de  facer, 
ni  era  cosa  que  cumplía  á  su  servicio;  é  que  si  sobre 
aquesto  fuesen  molestados  é  importunados,  se  por- 
nian  á  tan  buen  cobro,  que  no  avrian  miedo  de  ser 
ágenos  ni  apartados  de  la  corona  Real,  porque  aque- 
lla villa  no  era  para  ser  sujeta  de  otro  ninguno  que 
de  Rey  ó  hijo  de  Rey.  E  quanto  quier  que  algunos 
de  los  que  presentes  estaban,  como  parciales  é  afi- 
cionados al  Maestre,  les  dixeron  que  les  cumplía  en 
todo  caso  hacer  lo  que  el  Rey  les  mandaba,  respon- 
dieron, que  aquel  mandamiento  era  contra  su  ser- 
vicio, é  por  importunidad  mas  que  por  su  grado,  é 
que  por  eso  ellos  no  lo  entendían  obedecer,  ni  mu- 
cho menos  cumplir;  pero  que  lo  comunicarían  con 
los  otros  vecinos  é  moradores  de  la  villa,  é  enviarían 
la  respuesta  á  su  Alteza.  E  asi  despedidos  del  Rey,  é 
tomados  á  su  lugar,  sin  mas  dilaciones  alzaron  pen- 
dones por  la  Princesa  Doña  Isabel,  é  la  enviaron  la 
obediencia;  la  qual  luego  les  envió  gente  con  que 
se  defendiesen.  Estonces  el  Rey,  vista  la  novedad 
é  que  así  se  avía  perdido  y  enagenado  aquella  villa 
fué  muy  descontento  y  enojado  de  tan  poca  cuenta 
como  del  se  hacia  en  lo  que  á  su  honra  y  estado 
pertenecía,  y  del  poco  fruto  y  menos  provecho  que 
acarreaba  la  venida  del  Maestre  á  su  servicio;  é  tor- 
nóse á  Segovia  mas  enojado  que  contento. 

CAPÍTULO  CLVII. 

Como  el  Rey  se  fué  á  ver  con  el  Rey  de  Portugal,  é  lo  q«e  allí 
sabcedió. 

Tornado  el  Rey  á  Segovia  muy  descontento  y 
enojado  por  las  pérdidas  que  de  contíno  se  le  recres- 
cían  á  cabsa  de  la  cobdicia  desordenada  del  Maestre 
de  Sanctiago,  donde  estando  asi  con  tan  poco  plas- 
cer, fué  acordado  que  se  fuese  á  ver  con  el  Rey  Don 
Alfonso  de  Portugal  sobre  el  casamiento  de  la  hija 
según  que  lo  avían  concertado  los  mensageros  del 
Maestre  de  Sanctiago;  é  porque  fuese  mas  abtoriza- 
do,  mandaron  que  yo  fuese  con  sus  cartas  de  creen- 
cia al  Obispo  de  Sigüenza  á  Guadalaxara,  rogándole 
por  parte  del  Rey  é  del  Maestre  que  saliese  luego  á 
Madrid,  adonde  el  Rey  se  iba,  para  que  después  se 
fuesen  desde  allí  con  él  á  las  vistas  del  Rey  de  Por- 
tugal; pero  como  el  Obispo  de  Sigüenza  estaba  des- 


contento del  Rey  é  del  Maestre  de  Sanctiago,  á 
cabsa  de  las  dilaciones  que  se  avian  dado  sobre  el 
Capelo  de  Cardenal,  respondió  muy  ásperamente, 
dísciendo  que  ya  no  era  criado  Cardenal  porque 
quería  el  Maestre  de  Sanctiago  que  juntamente  con 
él  hiciesen  Cardenal  al  Obispo  de  Burgos  su  sobrino 
é  que  á  esta  cabsa  se  avia  tanto  dilatado  de  le  dar 
el  capelo,  é  aun  porque  dubdaba  si  la  Princesa  Doña 
Juana  era  hija  del  Rey,  visto  el  disoluto  vivir  de  la 
Reyna  su  madre,  é  asi  dando  sus  graves  quexas  de- 
negó su  ida,  puesto  que  para  ello  fué  muy  importu- 
nado. E  quanto  quier  que  el  Rey  ovo  grand  enojo 
de  aquesta  respuesta,  disimuló  con  paciencia,  por 
no  indignar  las  voluntades  de  otros  algunos,  que 
sabido  aquesto  se  pudieran  alterar.  E  asi  determi- 
nada su  partida  desde  Madrid,  donde  estuvo  algu- 
nos días,  mandó  que  el  Obispo  de  Burgos  llevase  á 
la  Reyna  é  á  la  Princesa  á  la  villa  de  Escalona,  é 
dende  allí  adelante  siempre  la  Princesa  estuvo  en 
poder  del  Maestre  de  Sanctiago.  E  puesta  allí,  el 
Obispo  de  Burgos  se  fué  en  pos  del  Rey,  y  el  Rey 
y  Maestre  se  fueron  á  Guadalupe,  donde  estuvo 
quatro  días,  é  se  partió  para  Truxíllo.  E  allí  vino  el 
Duque  de  Arévalo  é  Conde  de  Plasencia,  con  cuya 
venida  el  Rey  ovo  grand  plascer,  por  estar  acom- 
pañado con  mas  abtoridad.  Desde  allí  se  partió  para 
Badajoz,  que  estaba  en  poder  del  Conde  de  Feria, 
el  qual  no  quiso  acoger  al  Rey  dentro  en  la  cibdad 
salvo  en  los  arrabales,  disciendo  que  la  quería  para 
dar  al  Maestre  Don  Juan  Pacheco.  Dende  allí  el  Rey 
sahó  á  las  vistas  con  el  Rey  de  Portugal,  entre  Ba- 
dajoz é  Yelves;  é  porque  el  Rey  de  Portugal  tenia 
mala  opinión  del  Maestre  de  Sanctiago,  que  sabía 
de  sus  pocas  verdades,  é  mucha  cobdicia,  é  confián- 
dose poco  de  las  formas  tan  deshonestas  con  que 
trataba  al  Rey,  no  quiso  aceptar  el  casamiento, 
puesto  que  para  la  seguridad  de  su  persona  le  da- 
ban ciertas  cibdades  é  villas  de  las  principales  del 
Reyno;  pero  él  jamas  quiso  aceptallo,  é  asi  se  par- 
tieron discordes  é  sin  conclusión  alguna.  Grandes  é 
diversos  son  los  juicios  que  sobre  este  caso  podrían 
facer  los  discretos,  señaladamente  aquellos  en  quien 
algún  temor  de  Dios  é  celo  de  la  justicia  cabe.  Que 
aquesta  Señora  jurada  dos  veces  por  Princesa  here- 
dera, seyendo  inocente,  é  sin  culpa,  así  se  le  hayan 
desmanado  tres  casamientos  tan  señalados:  uno  del 
Príncipe  Don  Alonso,  hermano  del  Rey  al  tiempo 
que  lo  juraron,  que  fué  con  tal  condición  de  casarse 
con  ella;  otro  del  Duque  de  Guiana,  que  lo  mataron 
con  yerbas;  é  después  aqueste  que  se  desmanó  por 
la  poca  confianza  que  del  Maestre  de  Sanctiago  se 
tenia.  E  de  las  mudanzas  de  Castilla  ¿qué  podría- 
mos descir  acá  en  Castilla?  sino  que  las  culpas  de 
los  padres  suelen  á  las  veces  traer  á  perdición  á  los 
hijos;  porque  si  la  Reyna,  madre  de  aquesta  Señora, 
quisiera  vivir  honestamente  sin  ofensa  de  su  honra 
é  del  próspero  matrimonio  que  Dios  le  avia  dado 
con  tan  alto  Rey,  no  padesciera  la  hija  tanta  infa- 
mia, ni  quedara  tan  abatida,  ni  con  tan  grand  de- 
nuesto deshonrada  para  siempre.  Tornado  el  Rey  á 
Badajoz,  é  vista  la  poca  obediencia  é  rebelión  del 


212 

Conde  de  Feria,  que  no  le  quiso  acoger  en  su  cib- 
dad,  acordó  de  se  pasar  á  Mérida,  donde  llegado 
acordó  de  se  ir  á  Córdoba,  é  de  allí  andarse  por  An- 
dalucía. E  asi  desde  Mérida  se  fué  al  Maestradgo 
de  Calatrava,  y  el  Maestre  de  Sanctiago  se  fué  á  la 
provincia  de  León.  El  Rey  desde  el  Maestradgo  de 
Calatrava  so  pasó  á  Córdoba,  donde  le  rescibieron 
con  asaz  plascer  é  mucho  amor  de  toda  la  gente.  E 
como  el  Duque  de  Medina  Sidonia  supo  de  su  veni- 
da á  Córdoba,  é  que  de  allí  quería  irse  á  Sevilla,  te- 
miéndose de  ser  echado  fuera  por  la  enemiga  que 
estaba  entre  él  y  el  Maestre  de  Sanctiago,  ayuntó 
dos  mil  de  á  caballo,  é  apoderóse  de  los  alcázares 
é  de  las  atarazanas  é  de  las  puertas  de  la  cibdad, 
donde  puso  allí  luego  alcaydo  de  su  mano.  Sabido 
aquesto  por  el  Rey,  sospechando  alguna  traycion, 
desó  de  ir  allá,  é  desde  Córdoba  pasó  á  Baeza,  don- 
de reposó  alguuQs  días,  mas  congojado  que  con  des- 
canso, vista  la  poca  reverencia  é  poco  temor  que  á 
cabsa  del  Maestre  de  Sanctiago  le  tenían,  denegan- 
do de  le  acoger  en  sus  villas  é  cibdades.  Estando 
allí,  llegó  nueva  como  el  Conde  de  Cif  uentes  é  Don 
Juan  de  Ribera  con  otros  caballeros  sus  parciales 
avian  prendido  al  Doctor  Garci-Lopez  de  Madrid 
que  allí  avia  dexado  por  asistente,  é  preso,  avian 
tomado  la  Puente  de  Sanct.  Martin,  é  las  otras  puer- 
tas de  la  cibdad,  las  quales  estaban  é  tenían  toma- 
das de  su  mano,  é  asimismo  que  tenían  puestas  sus 
guardas  en  derredor  del  Alcázar,  puesto  que  el  Al- 
cayde  que  allí  estaba  por  el  Doctor  Garci-Lopez  se 
defendía  muy  bien.  Fuéle  asimismo  notificado  que 
Don  Juan  de  Morales,  Arcediano  de  Guadalaxara  é 
Francisco  de  Falencia,  Prior  de  Aroche,  Canónigos 
de  la  sancta  Iglesia  de  la  cibdad  de  Toledo,  con 
otros  muchos  servidores  é  parciales  de  su  Alteza  se 
pusieron  en  armas  é  tomaron  la  Iglesia  mayor,  é 
luego  acudieron  allí  los  Mariscales  Perafan  de  Ri- 
bera é  Fernando  de  Ribadeneyra;  donde  todos  se 
juntaron  con  asaz  gente,  y  enviaron  á  requerir  al 
Conde  do  Cifuentes  é  á  Don  Juan  de  Ribera  que 
soltasen  luego  al  Asistente,  é  se  apartasen  del  Alcá- 
zar sin  le  dar  combate,  donde  no,  que  saldrían  á 
pelear  con  ellos  é  les  harían?  apartar  de  allí  mal  de 
BU  grado.  Visto  aquesto  por  el  Conde  é  D.  Juan  su 
tío,  6  como  su  dañado  deseo  no  se  podía  cumplir 
como  ellos  querían,  soltaron  luego  al  Asistente,  é 
arredráronse  de  la  fortaleza  sin  mas  combatilla. 
Sabido  aquesto  por  el  Maestre  de  Sanctiago,  vino 
luego  á  mas  andar  á  Toledo,  y  entrado  en  la  cibdad 
desterró  al  Conde,  é  á  Don  Juan,  é  á  Don  Lope  de 
Zúfiiga,  é  á  Arias  de  Silva  é  á  Pero  Gómez  Barroso, 
porque  todos  estos  eran  de  una  liga  é  confedera- 
ción; ó  así  desterrados,  los  que  estaban  en  la  Igle- 
sia depusieron  las  armas,  é  saliéronse  á  sus  casas.  E 
puesto  que  el  Rey  vino  luego  á  la  cibdad,  ya  los 
escándalos  estaban  sosegados;  é  porque  morían  en 
la  cibdad,  no  quiso  entrar  dentro,  mas  aposentóse 
fuera  en  el  Monesterio  de  la  Sisla;  pero  aunque  los 
perpetradores  de  la  sedición  fueron  desterrados,  no 
les  fué  dado  otro  ningún  cargo  ni  pena,  porque 
eran  del  Maestre  de  Sanctiago.  Después  que  la  cib- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dad  en  alguna  manera  fué  puesta  en  sosiego,  el  Rey 
se  partió  para  Segovia,  donde  llegado,  halló  que 
ciertos  escuderos  de  los  mas  principales  de  allí,  con 
algunas  gentes  de  los  arrabales  ó  de  otra  comuni- 
dad se  avían  levantado  con  mal  propósito,  é  puesto 
en  armas  contra  el  Corregidor,  de  que  se  rescrecie- 
ron  muertes  é  asaz  vertimiento  de  sangre.  De  aques- 
to fué  muy  enojado  el  Rey,  é  sabida  la  verdad  por 
la  pesquisa,  falló  muy  culpados  los  escuderos,  á  los 
quales  mandó  prender  é  llevar  muy  avergonzada- 
mente con  grillos ,  en  sendas  acémilas ,  al  Alcázar 
de  Madrid,  donde  estuvieron  presos  por  algún  tiem- 
po. El  Maestre  de  Sanctiago  se  quedó  en  Escalona, 
donde  estuvo  algunos  días ,  hasta  que  el  Rey  le  en- 
vió á  llamar. 

CAPITULO  CLVIII. 

Como  el  Maestre  de  Sanctiago  se  casó  con  la  hija  del  Conde 
de  Haro. 

El  Maestre  Don  Juan  Pacheco  viéndose  en  algu- 
na manera  desamado  de  los  Grandes,  é  con  pocos 
parientes  é  amigos,  procuró  de  se  confederaré  aliar 
con  la  casa  de  Mendoza ,  é  de  Velasco ,  é  ansí  an- 
dando con  ellos  en  sus  tratos ,  fueron  acordadas  vis- 
tas de  ellos  con  él  entre  Segovia  é  Pedraza.  De  la 
una  ,parte  salieron  el  Conde  de  Medínacelí ,  y  el 
Obispo  de  Sigüenza,  y  el  Conde  de  Haro  y  el  Obis- 
po de  Falencia ;  y  de  la  otra  parte  vino  el  Maestre 
de  Sanctiago  y  el  Obispo  de  Burgos ;  donde  junta- 
dos, fué  concluido ,  que  para  mayor  firmeza  é  segu- 
ridad de  su  confederación  el  Maestre  de  Sanctiago 
casase  con  hija  del  Conde  de  Haro,  porque  el  Mar- 
qués de  Sanctillana  no  tenia  hija  ninguna  por  ca- 
sar. Asi  concertados ,  fué  asignado  cierto  día  para 
.los  desposorios  ,  de  que  el  Rey  fué  muy  contento,  é 
acordó  de  salir  á  verse  con  ellos,  para  que  todos 
conformados  estuviesen  muy  juntos  á  su  servicio. 
E  asi  concluido  todo  con  mucho  amor,  mandó  el 
Rey  que  los  desposorios  é  la  boda  todo  fuese  junta- 
mente fecho.  Estonces  el  Maestre  se  fué  á  la  villa 
de  Pefiafiel,  que  era  del  Conde  de  Uruefia,  su  sobri- 
no, é  allí  vinieron  el  Conde  de  Haro  é  la  Condesa 
su  muger ,  con  la  hija  que  se  avia  de  casar  con  el 
Maestre.  Donde  convenidos  con  mucho  plascer  é 
amor ,  los  desposorios  é  la  boda  fueron  luego  cele- 
brados con  muy  grandes  fiestas.  E  asi  fechas ,  el 
Maestre  dexó  á  la  Duquesa  su  muger  en  Peñafiel 
por  algunos  días,  é  dende  se  fué  luego  á  Segovia,  y 
el  Conde  de  Haro  é  la  Condesa  se  tomaron  á  buh 
tierras. 

CAPÍTULO  CLIX. 

De  como  el  Rey  se  partió  para  Madrid,  é  vino  allí  el  Delegado 
del  Papa ,  é  lo  qne  allí  subeedió. 

Después  que  el  Maestro  de  Sanctiago  fué  venido 
de  Pefiafiel  á  Segovia,  fué  acordado  que  el  Rey  se 
fuese  á  Madrid,  donde  vino  el  Obispo  de  Sigüenza. 
E  porque  el  Rey  y  el  Maestre  avian  gana  de  le  com- 
plascer  al  Obispo,  é  procurar  su  honra,  prometié- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


213 


ronle  de  procurar  con  todas  sus  fuerzas  que  fuese 
fecho  Cardenal ,  de  que  el  Obispo  fué  satisfecho  de 
las  quexas  pasadas.  Estando  allí  el  Roy  con  algún 
contentamiento ,  llególe  la  nueva  como  por  la  muer- 
te del  Papa  Paulo  ,  avian  elegido  por  Sancto  Padre 
al  Papa  Sixto,  y  enviaba  por  Delegado  á  España  á 
Don  Rodrigo  de  Borxa,  Vichanciller ,  é  Cardenal  é 
Obispo  de  Albania ,  de  que  el  Rey  fué  muy  conten- 
to,  é  le  plogo  que  entrase  en  sus  Reynos.  Pero  por- 
que su  venida  fuese  mas  abtorizada,  el  Rey  con  los 
de  su  alto  Consejo  acordó  que  el  Obispo  de  Sigüen- 
za  fuese  á  Valencia ,  donde  el  Legado  era  ya  des- 
embarcado, y  esperaba  el  consentimiento  del  Rey, 
para  usar  de  su  delegación.  Estonces  el  Obispo  fué 
muy  bien  acompañado  de  asaz  principales  caballe- 
ros de  su  linage,  é  llegado  á  Valencia,  notificó  al 
Legado  el  consentimiento  y  el  plascer  que  el  Rey 
tenia  con  su  venida ,  é  que  le  rogaba  que  se  fuese 
luego  para  su  Corte  con  él ;  é  asi  determinada  su 
entrada  en  Castilla,  se  partieron  ,  y  entrados  en  el 
Reyno,  se  vinieron  por  las  tierras  del  Maestre  de 
Sanctiago  rescibiendo  fiestas.  Luego  que  el  Rey  y 
el  Maestre  supieron  de  su  venida,  mandaron  que  yo 
toviese  cargo  de  dar  orden  en  el  rescibimiento  que 
Be  le  avia  de  facer.  Donde  aparejadas  las  cosas  to- 
das, que  para  lo  tal  eran  menester  é  necesarias,  el 
dia  que  ovo  de  entrar,  lo  fué  fecho  aquel  solene  res- 
cibimiento que  para  Legado  á  Latere  pertenescia, 
asi  por  el  Rey  con  toda  su  caballería,  que  en  diver- 
sas maneras  salieron  al  campo ,  como  después  á  la 
entrada  de  la  villa ,  de  Clérigos  é  religiosas  perso- 
nas de  diversas  Ordenes  en  su  procesión  ordenada- 
mente, todos  vestidos  con  muchas  é  muy  ricas  ca- 
pas, y  el  Obispo  de  Astorga  vestido  de  Pontifical 
con  sus  asistentes,  é  una  Cruz  en  la  mano  en  que 
adoró  el  Legado.  E  los  Regidores  é  caballeros  de  la 
villa  estaban  con  un  rico  palio  de  brocado  sobre  sus 
varas,  con  goteras  pendientes,  en  que  estaban  pin- 
tadas las  armas  del  Papa  y  del  Rey.  Debaxo  de 
aqueste  palio  entró  el  Legado  cabalgando,  y  el  Rey 
á  su  mano  izquierda  un  poco  antes,  hasta  que  lle- 
garon á  la  Iglesia  de  Sanctiago,  donde  descavalga- 
ron.  E  entrados  dentro  delante  del  Altar,  el  Legado 
dio  la  bendición,  é  otorgó  Indulgencia  plenaria  de 
tres  años  é  tres  quarentenas  de  perdón  á  los  que 
presentes  estaban.  Fecho  aquesto ,  el  Rey  tomó  al 
Legado  por  la  mano ,  é  á  pié  le  puso  en  su  aposen- 
tamiento ,  que  estaba  junto  con  la  Iglesia ,  é  llegan- 
do con  él  hasta  las  puertas,  el  Rey  se  despidió,  y  el 
Legado  se  entró  en  su  posada.  Pasados  quatro  dias 
de  su  venida,  el  Rey  fué  á  oir  su  embaxada  á  Sanct 
Gerónymo  del  Paso,   donde  venido  el  Legado  en 
presencia  del  Rey  é  de  los  de  su  muy  alto  Consejo, 
é  dado  al  Rey  el  breve  del  Papa ,  propuso  con  mu- 
cha elegancia  que  el  Papa  Sixto  IV  le  enviaba  por 
BU  Legado  á  Latere  en  todas  sus  Españas  é  ínsulas 
adherentes,  para  visitarlas  como  padre  espiritual  de 
toda  la  Religión  Christiana,  é    Vicario  de  Jesu- 
Christo ,  á  quien  pertenescia  conoscer  sus  ovejas  é 
dalles  aquella  medecina  espiritual  que  á  sus  almas 
pertenescia ;  é  con  esto  juntamente ,  para  comuni- 


car con  SU  Alteza  Real  las  otras  cosas  particulares, 
necesarias  al  bien  de  la  See  Apostólica ;  por  tanto, 
que  leploguiese  nombrar  una  persona  que  fuese  leal 
é  acepta  á  su  servicio ,  para  que  anduviese  é  tratase 
entre  ellos.  Oida  su  habla ,  el  Rey  le  respondió  que 
le  avia  plascido  con  su  venida  y  era  gozoso ,  porque 
persona  tan  singular  viniese  á  sus  Reynos  con  tan 
altos  negocios,  y  que  él  como  Rey  cathólico  é  hijo 
de  obediencia  estaba  presto  de  cumplir  lo  que  el 
Sancto  Padre  por  su  Bula  le  enviaba  á  mandar ,  y  lo 
que  él  como  Legado  de  parte  de  su  Sanctidad  le  di- 
xese  ;  y  que  para  lo  al  que  particularmente  se  avia 
de  comunicar  entre  ellos,  nombraba  á  mí  como  á  su 
Coronista  é  Capellán  é  d©  su  Consejo,  con  quien  su 
Reverendísima  Paternidad  podría  comunicar  todo  lo 
que  quisiese.  El  Legado  oído  su  graciosa  respuesta, 
le  refirió  muchas  gracias ;  é  asi  despedido  el  uno  del 
otro ,  se  fué  cada  uno  por  su  parte  á  sus  aposenta- 
mientos. En  aqueste  medio  tiempo  subcedió  como  el 
Rey  Don  Juan  de  Aragón  recobró  la  cibdad  de  Bar- 
celona ,  que  avia  grand  tiempo  que  estaba  rebelada 
contra  él  á  cabsa  de  la  muerte  del  Príncipe  Don 
Carlos,  donde  fué  rescebido  con  grande  amor  de  todo 
el  pueblo  ó  de  la  gente ,  y  él  alegremente  perdonó  á 
todos  en  general  sin  desoírles  fealdad  alguna,  ni 
palabra  deshonesta ,  lo  qual  fué  tenido  á  mucha  no- 
bleza é  humanidad.  Acaesció  también  en  este  tiem- 
po que  el  Rey  Luis  de  Francia  ovo  batalla  campal 
con  los  Duques  de  Borgoña  é  de  Bret  aña ,  é  fué 
muerto  el  Duque  de  Borgoña ,  de  á  donde  se  siguie- 
ron otras  muchas  muertes  é  grandes  males  en  cada 
parte.  E  puesto  que  vino  allí  otro  Delegado  á  los 
poner  en  paz,  ó  en  tregua,  no  pudo  aprovechar  su 
venida ,  porque  se  dieron  otras  batallas  campales, 
de  que  el  Rey  Luis  fué  vencedor ,  é  quedó  con  muy 
próspero  triunfo  é  sus  enemigos  destruidos  por  grand 
tiempo.  Pasados  algunos  dias  después  que  el  Legado 
fué  venido,  el  Rey  y  el  Maestre,  para  cumplir  la 
promesa  que  avian  dado  al  Obispo  de  Sigüenza  de 
lo  hacer  Cardenal ,  hablaron  con  él  rogándole  afec- 
tuosamente que  escribiese  al  Papa  muy  encargado, 
para  que  hiciese  Cardenal  al  Obispo  de  Sigüenza, 
de  que  el  Legado  fué  muy  contento,  y  asi  escribió 
él  y  el  Rey ,  y  el  Maestre,  y  fué  despachado  un  Cor- 
reo con  las  cartas.  El  Legado  y  el  Rey  tuvieron  la 
fiesta  de  Navidad  allí  en  Madrid  con  asaz  plascer; 
los  quales  juntamente  se  fueron  á  oir  Misa  solene  á 
Sancto  Domingo ,  que  es  monesterio  de  monjas, 
donde  el  Legado  dio  su  bendición  con  muchos  per- 
dones. 

CAPÍTULO    CLX. 

De  como  el  Rey  con  el  Legado  se  fueron  á  Segovia ,  y  las  cosas 
que  allí  subcedieron. 

Pasadas  las  fiestas  de  Navidad,  fué  acordado  en- 
tre el  Rey  y  el  Legado  que  se  fuesen  á  Segovia,  á 
donde  le  fué  fecho  solene  rescibimiento,  según  que 
para  Legado  pertenescia ,  ansi  por  fia  clerecía ,  co- 
mo por  los  caballeros  é  gente  de  la  cibdad.  E  el  Le- 
gado fué  aposentado  en  las  casas  del  Obispo ,  que 


214  CRÓNICAS  DE  LOS 

están  junto  con  la  iglesia  mayor.  Venido  allí  al  Le- 
gado ,  mandó  juntar  de  todo  el  Royno  do  cada  Igle- 
sia Catedral  una  Dignidad  y  un  Canónigo ,  donde 
fueron  ayuntadas  asaz  personas  de  ciencia  é  abtori- 
dad.  Los  quales  venidos  delante  del,  los  notificó  la 
necesidad  en  que  el  Papa  estaba  é  que  se  quería  ser- 
vir dellos  con  algún  subsidio ;  é  que  por  tanto  les 
mandaba ,  exhortaba  é  requería  lo  aceptasen  é  pusie- 
sen por  la  obra.  La  clerecía  respondió  que  avrian  su 
acuerdo  é  deliberación,  sobre  lo  qual  ovo  asaz  dife- 
rencias ;  finalmente  determinaron  de  se  lo  dar ,  con 
tanto  que  su  Santidad  otorgase  á  todas  las  Iglerias 
Catedrales  del  Reyno  perpetuamente  dos  Calongías, 
que  fuesen,  para  que  en  cada  Iglesia  Catedral,  quan- 
do  vacasen ,  el  Perlado  y  el  Cabildo  diesen  la  una  á 
un  Teólogo,  é  otra  á  un  Canonista,  lo  qual  el  Papa 
lo  otorgó  adperpetuam  rei  memoriam.  Fecho  aques- 
to ,  publicó  unas  Bullas  de  indulgencia  plenaria  de 
diversos  precios ,  según  el  estado  é  condición  de  las 
personas  que  las  quisiesen  tomar.  Pero  puesto  que  la 
mayor  parte  de  la  clerecía  del  Reyno  vino  al  llama- 
miento del  Legado ,  quedaron  algunos  que  no  vinie- 
ron porque  eran  aficionados  á  los  Príncipes  Don  Fer- 
nando é  Doña  Isabel,  entre  los  quales  fué  mas  prin- 
cipal Don  Iñigo  Manrique ,  Obispo  de  Coria,  que  en 
nombre  de  los  otros  insistió  con  el  Legado  que  se 
saliese  de  Scgovia  é  se  fuese  á  estar  en  Valladolid, 
donde  le  serian  notificadas  algunas  cosas  que  cum- 
plían al  servicio  del  Rey  é  al  bien  de  la  subcesion 
de  los  Reynos  de  Castilla.  Vista  la  importunidad 
con  que  ansí  lo  aquexaba  que  se  fuese  de  allí ,  envió 
por  mí  como  deputado  entre  el  Rey  y  él ,  para  en- 
tender en  los  negocios  ocurrentes ;  é  como  asi  me 
notificase  el  caso  de  la  importunidad  del  Obispo,  yo 
lo  hice  saber  al  Rey ,  é  su  Alteza  envió  á  descir  al 
Legado  que  le  regraciaba  el  amor  é  buena  voluntad 
que  le  tenía,  y  que  le  rogaba  que  pues  conoscía  las 
formas  de  Castilla ,  no  curase  de  dar  orejas  á  seme- 
jantes casos  é  personas,  que  eran  maliciosas  é  lle- 
nas de  mucho  escándalo  ;  el  Legado  respondió  que 
asi  lo  entendía  hacer,  porque  ya  avia  sentido  algo 
dello.  Pasados  dos  meses  que  el  Legado  estuvo  allí 
negociando  lo  que  el  Papa  le  avia  mandado,  acordó 
de  partirse  para  Alcalá  de  Henares,  para  ver  á  los 
Príncipes  Don  Fernando  é  Doña  Isabel,  que  estaban 
allí  con  el  Arzobispo  de  Toledo,  donde  fué  rescebi- 
do  con  gran  solenidad ,  é  festejado  de  muchas  ma- 
neras. Estuvo  allí  algunos  dias,  é  pasóse  á  Guada- 
laxara  ,  c  fué  muy  bien  rescibído  por  el  Marqués  de 
Santillana  é  por  los  Condes  sus  hermanos,  é  posó 
con  el  Marqués  dentro  de  su  casa,  é  reposó  allí  al- 
g^n  tiempo.  En  este  medio  subcedió  en  la  cibdad  de 
Córdoba  que  la  comunidad  con  favor  de  algunos 
caballeros  se  levantaron  contra  los  conversos  con 
mano  armada ,  donde  fueron  muertos  muchos  de- 
llos ,  é  todos  robados  sin  resistencia  ninguna  en  tal 
manera,  que  los  que  escaparon  ,  ninguno  dellos  osó 
vivir  mas  en  aquella  cibdad,  ni  entrar  eti  ella  ó  no 
sin  cabaa;  cacorao  todos  ó  los  mas  dellos  judaiza- 
ban sin  vergüenza  ninguna,  permitió  Dios  que  los 
unos  por  hacedores,  é  los  otros  por  consentidores, 


REYES  DE  CASTILLA. 

todos  pereciesen  é  fuesen  muertos  é  destruidos.  Lue- 
go en  pos  de  aquello  acaesció  que  en  Jaeu  la  comu- 
nidad asimismo  se  levantó  contra  los  conversos ;  é 
porque  el  Condestable  D.  Miguel  Lucas  no  daba  lu- 
gar para  que  fuesen  robados ,  un  dia  estando  él  en 
la  Iglesia  mayor  oyendo  Misa,  entraron  todos  é  allí 
delante  del  altar  lo  mataron  crudamente,  é  luego  sin 
tardar  fueron  robados  todos  los  conversos,  ó  muchos 
dellos  muertos  sin  piedad  ninguna.  Siguiendo  aques- 
tas pisadas  los  de  Andujar ,  hicieron  otro  tanto  é 
otros  lugares  del  Andalucía.  Sabido  questo  por  el 
Rey ,  puesto  que  le  pesó  é  ovo  sentimiento  dello,  no 
hizo  castigo  ninguno  ;  pero  á  ruego  é  suplicación 
del  Maestre  de  Sanctiago  dio  la  Condestablía  al 
Conde  de  Haro,  y  el  sello  de  la  Chancillería  al  Obis- 
po de  Sigüenza. 

CAPÍTULO  CLXL 

Como  el  Rey  envió  por  el  Infante  Don  Enrique  á  Barcelona ,  para 
casarlo  con  la  Princesa  su  fija ,  ó  lo  que  allí  subcedió. 

Después  que  el  Rey  vio  que  tantos  casamientos  se 
avian  desmanado  á  su  fija  ,  habido  su  acuerdo  con 
el  Maestre  de  Sanctiago,  determinó  de  enviar  por  el 
Infante  Don  Enrique  su  primo ,  fijo  del  Infante  Don 
Enrique,  hermano  déla  Reyna  Doña  María  su  ma- 
dre, el  qual  estaba  en  Barcelona.  E  así  acordado, 
envió  un  mensagero  de  secreto ,  para  que  oculta- 
mente hablando  con  él ,  lo  traxese  sin  quo  fuese 
sentido  fasta  que  estuviese  en  Castilla.  Entretanto 
que  este  mensagero  iba  é  negociaba  el  cargo  que  le 
era  mandado ,  el  Maestre  de  Sanctiago  dixo  al  Rey 
que  para  el  bien  de  la  subcesion  de  su  hija,  le  man- 
dase entregar  el  Alcázar  de  Madrid,  para  tenor  allí 
á  la  Reyna  é  á  la  Princesa  su  fija,  donde  estarían 
mas  seguras  é  guardadas  que  en  ningún  lugar  del 
Reyno,  é  las  podría  ver  quando  quisiese  mejor  que 
en  Escalona ,  donde  por  estonces  estaban.  Luego  el 
Rey  mandó  al  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera,  que 
entregase  el  Alcázar  al  Maestre ;  é  puesto  que  lo  fué 
áspero ,  é  dio  algunas  dilaciones  ,  finalmente  le  fué 
necesario  entregallo ,  y  entregado ,  el  Maestre  puso 
allí  su  Alcayde.  E  quantoquier  que  se  apoderó  del 
Alcázar  é  de  la  villa ,  sintiendo  como  Andrés  de  Ca- 
brera é  la  Bobadilla  su  muger  eran  mas  aficionados 
á  la  Princesa  Doña  Isabel ,  porque  ella  era  criada 
suya  y  la  avia  casado ,  parescióle  que  el  Alcázar  é 
las  puertas  de  Segovia  estarían  mejor  en  su  poder 
que  no  en  mano  de  ellos ,  é  asi  con  mucha  instancia 
procuró  el  Maestre  que  el  Rey  también  se  lo  quita- 
se ,  para  que  lo  toviese  él  de  su  mano.  Sobre  lo  qual 
ovo  asaz  diferencias ,  porque  á  la  verdad  el  Rey  es- 
taba en  grande  confusión  é  no  sabía  determinar  en 
cuyo  poder  estaría  mas  seguro  su  Alcázar  é  su  cib- 
dad con  los  tesoros  que  allí  tenia.  E  asi  dilatando  y 
tratando,  jamas  el  Mayordomo  quiso  entregar  el 
Alcázar,  de  que  el  Maestre  fué  indignado  contra  él 
ó  determinó  de  lo  destruir ,  é  asi  llamó  secretamente 
ciertos  hidalgos  de  la  cibdad,  y  entre  ellos  por  prin- 
cipal á  Diego  de  Tapia ,  é  trató  con  ellos  como  para 
cierto  dia  señalado  alborotasen  el  pueblo  contra  los 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


215 


convereos  é  los  robtijsen ;  pero  que  priiicipalineute 
procurasen  de  prender  al  Rey  y  al  Mayordomo  Ca- 
brera, para  quo  el  Rey  uiandase  luego  cercar  el  Al- 
cázar y  dársele ,  y  el  Mayordomo  lo  entregase  por 
fuerza.  E  fecho  aqueste  concierto,  los  hijos-dalgo 
pusieron  por  obra  lo  que  asi  lea  era  mandado,  é  ávi- 
do su  acuerdo,  determinaron  que  dende  á  cierto» 
dias,  quando  ya  toviesen  convocados  todos  los  del 
pueblo ,  un  Domingo  después  do  comer  diesen  cinco 
badaxadas  en  la  campana  de  Sanct  Pedro  de  los 
Priores,  é  á  la  misma  hora  se  comenzase  la  pelea  en 
cinco  partes  de  la  cibdad.  Diego  de  Tapia  en  el  ar- 
rabal de  Sancta  Olalla  y  Sancta  Coloma  con  los  ofi- 
ciales é  gente  común  de  entrambas  colaciones,  y  los 
de  Contreras  á  la  Iglesia  de  Sanct  Juan ,  para  que 
alli  abriesen  un  postigo  de  los  adarves ,  que  están 
junto  con  la  Iglesia,  por  donde  avian  de  entrar  Die- 
go de  Tapia  con  la  gente  de  los  arrabales  ;  otro  rui- 
do se  avia  de  trabar  á  Sanct  Martin ;  otro  á  la  plaza 
de  Sanct  Miguel ,  y  otros  de  sobresalientes  que  an- 
duviesen á  todas  partes.  Do  aquesta  sedición  fué 
avisado  el  Rey  por  el  Legado,  que  estaba  en  Gua- 
dalaxara,  tres  dias  antes;  é  sabido,  mandó  al  Ma- 
yordomo que  se  apercibiese  con  tiempo  de  armas  é 
gente,  é  lo  hiciese  saber  á  los  conversos,  para  que 
estuviesen  sobre  aviso,  ó  no  les  tomasen  do  salto. 
Estonces  el  Mayordomo  Cabrera  con  algunos  hidal- 
gos amigos  suyos  ó  gente  de  su  casa ,  é  asi  mesmo 
los  conversos  se  proveyeron  de  tal  manera,  que  ve- 
nida la  hora  de  la  pelea,  se  hallaron  tan  apercebi- 
dos  é  bien  armados  é  con  tal  esfuerzo,  que  desba- 
rataron á  sus  enemigos  sin  recibir  daño  ninguno. 
Fué  muerto  Diego  de  Tapia ,  principal  incitador  de 
los  escándalos ,  con  un  pasador  que  le  pasó  la  ca- 
beza hasta  los  sesos,  é  su  casa,  puesta  á  sacomano 
sin  resistencia  ninguna.  Los  Contreras  fueron  des- 
baratados é  presos,  antes  que  pudiesen  abrir  el  pos- 
tigo ,  é  la  gente  común  de  los  arrabales  quedaron 
muy  mal  parados,  porque  ovo  muchos  muertos  é 
feridos  dellos  ;  de  tal  manera ,  que  en  breve  espacio 
no  avia  lanza  enhiesta  en  todos  ellos.  Estonces  el 
Maestre ,  visto  que  su  dañado  trato  no  se  cumplía 
como  él  quisiera ,  é  como  sintió  que  los  vencidos 
descubrían  é  publicaban  que  á  su  requesta  lo  avian 
fecho  ,  rescelándose  de  algún  enconveuiente,  salióse 
de  la  cibdad  aquella  noche  á  dormir  en  el  Parral  é 
otro  di  a  de  mañana  determinó  de  se  partir  para 
Madrid.  Sabido  aquesto  por  el  Rey,  fué  á  hablar  con 
él,  maravillándose  de  su  acelerada  partida;  el  Maes- 
tre respondió  que  él  no  entendía  estar  mas  en  Se- 
govia ,  ni  entrar  en  ella ,  mientras  que  las  puertas  ó 
el  Alcázar  della  estuviesen  en  poder  del  Mayordo- 
mo Cabrera  é  de  la  Bobadilla  su  muger,  de  quien 
él  tenia  mas  sospecha  que  seguridad  ;  por  tanto,  que 
su  Alteza  le  perdonase  ;  é  asi  se  partió  muy  descon- 
tento, de  que  el  Rey  ovo  asaz  enojo.  Pero  vistos  los 
escándalos  de  la  cibdad ,  fué  necesario  quedarse  allí 
por  algunos  dias,  asi  por  asosegar  el  escándalo  del 
pueblo,  como  para  dar  algún  medio  de  concordia  é 
sosiego  entre  amas  las  partes  de  los  bandos.  Queda- 
ron con  el  Rey  en  Segovia  el  Obispo  de  Sigüenza  y 


el  Conde  de  Benavente ;  el  qual  aquel  mesmo  dia 
tenia  concertado  de  matar  al  Maestre  de  Sanctiago 
BU  suegro ,  para  cuya  execucion  estaban  encerradas 
en  SU  casa  ciertas  personas  de  secreto  ;  é  si  la  pelea 
del  pueblo  no  interviniera,  todavía  lo  pusiera  por 
obra. 

CAPÍTULO  CLXII. 

Como  vino  el  Infante  Don  Enrrique  á  la  villa  de  Requena  con  la 
Infanta  su  madre,  y  el  Rey  se  fuó  á  Madrid,  6  las  cosas  que 
sobre  ello  subcedieron. 

Entretanto  que  estas  cosas  subcedian ,  é  pasaban 
sin  castigo  con  poco  temor  del  Rey,  aunque  él  es- 
piritualmente  se  congoxaba  é  le  pesaba  dello,  el  In- 
fante Don  Enrrique  vino  á  la  villa  de  Requena,  é  la 
Infanta  su  madre  luego  en  pos  del.  Donde  venidos, 
é  notificado  al  Rey  como  eran  llegados ,  para  ver  lo 
quo  mandaba ,  ovo  mucho  plascer,  y  escrivióles  que 
reposasen  allí  algunos  dias,  hasta  que  proveyese 
al  Infante  de  las  cosas  necesarias  para  su  estado.  E 
luego  mandó  que  le  llevasen  una  baxilla  de  plata 
muy  rica,  é  camas  é  atavies,  é  acémilas  é  todas  las 
otras  cosas  que  pertenescian  á  la  decencia  de  su 
persona.  E  fecho  aquesto ,  fizólo  saber  al  Maestre 
de  Sanctiago,  que  estaba  en  Madrid,  el  qual  envió 
luego  al  Infante  dos  caballeros  de  su  casa,  para  que 
lo  truxeson  al  castillo  de  Garci-Muñoz ,  donde  él  y 
la  Infanta  su  madre  estuviesen  á  su  plascer,  hasta 
que  el  Rey  los  enviase  á  llamar.  E  fecho  aquesto, 
el  Rey  acordó  que  el  Obispo  de  Sigüenza  fuese  á 
verse  con  el  Maestre  de  Sanctiago  á  Guadarrama, 
donde  vistos ,  acordaron  que  el  Rey  se  partiese  ó  se 
pasase  á  Madrid,  pues  que  el  Maestre  de  Sanctiago 
no  quería  venir  á  Segovia.  E  asi  el  Rey  pasó  á  Ma- 
drid, é  con  él  el  Obispo  de  Sigüenza,  y  el  Conde  de 
Benavente  é  los  del  Consejo  con  toda  la  Corte.  Don- 
de llegados ,  fué  luego  traída  alli  la  Reyna  é  la  Prin- 
cesa su  hija ,  con  que  el  Rey  ovo  plascer,  é  páreselo 
tener  algún  contentamiento,  por  no  estar  ni  verse 
en  los  escándalos  de  Segovia,  é  aún  porque  según 
BU  condición  no  se  hallaba  sin  el  Maestre  para  las 
cosas  de  la  gobernación  del  Reyno,  puesto  que  el  su 
gobernar  mas  era  por  su  proprio  interese ,  que  para 
honra  ni  provecho  del  Rey  ni  bien  del  Reyno ;  pero 
porque  con  aquello  páresela  tener  descanso  en  al- 
guna manera,  plascíale  sufrirlo.  Estando  el  Rey  allí 
en  Madrid,  llegó  un  trotero  con  un  Breve  del  Papa, 
notificándole  como  el  Obispo  de  Sigüenza  era  cría- 
do  Cardenal ,  de  que  el  Rey  fué  muy  alegre  é  pla- 
centero; é  por  dalle  mas  honra,  díxole  que  de  alli 
adelante  se  intitulase  el  Cardenal  de  España,  el  qual 
título  1©  duró  toda  su  vida.  Estonces  el  nuevo  Car- 
denal acordó  de  se  ir  á  Guadalaxara,  donde  estaba  el 
Legado,  para  dalle  las  gracias  de  lo  que  por  él  avia 
fecho,  é  para  comunicar  con  él  algunas  cosas  que 
sobre  el  mismo  negocio  convenían.  Sabida  suida,  el 
Legado  le  salió  á  rescibír,  é  ayuntados  con  mucho 
amor,  porque  aún  no  le  avian  traído  el  Capelo ,  el 
Legado  y  él  entraron  en  roquetes  con  sus  bonetes  de 
grana  á  la  par,  acompañados  del  Marqués  de  Santi- 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


216 

llana  é  de  loa  Condes  sus  hermanos,  é  de  otros  n:u- 
chos  parientes  suyos  é  caballeros,  y  estuvo  allí  algu- 
nos días  á  su  plascer ;  pero  el  Rey  le  escribió ,  rogán- 
dole que  se  viniese  á  la  Corte,  el  qual  lo  hizo  asi  ;y 
el  Rey  y  el  Maestre,  y  el  Conde  de  Benavente  con 
toda  la  caballería  de  la  Corte  le  salieron  á  rescibir; 
é  aquesta  fué  la  primera  honra  que  como  Cardenal 
rescibió.  E  luego  como  asi  fué  venido ,  acordó  el  Rey 
do  enviar  por  el  Infante  Don  Enrrique  para  que  vi- 
niese allí,  y  la  Infanta  su  madre  con  él ;  el  qual 
vista  su  carta,  se  partió  é  vino  á  Getafe,  donde  el 
Rey  le  mandó  aposentar  y  estar  hasta  que  saliese  á 
verse  con  él.  Luego  el  Roy  con  el  Cardenal  y  el 
Maestre  de  Santiago  y  el  Conde  de  Benavente  salió 
á  verse  con  él  entre  Madrid  é  Getafe,  E  quanto 
quier  que  el  Rey  lo  quisiera  traer  consigo  á  Madrid 
para  que  allí  fuera  aposentado ,  el  Maestre  acordó 
que  fuese  á  Odón,  donde  estaba  una  casa  fuerte, 
donde  se  podrían  aposentar  muy  bien  y  estar  segu- 
ros; ansi  por  estonces  el  Rey  se  tornó  á  Madrid,  y 
el  Infante  é  su  madre  se  fueron  á  Odón.  E  como  el 
Rey  tenia  grand  gana  de  ver  á  su  hija  desposada, 
apartado  en  su  secreto  con  el  Maestre ,  quiso  saber 
del  lo  que  se  avia  de  hacer  en  aquello ,  é  como  el 
Maestre  avia  poca  gana  que  aquel  casamiento  se 
concluyese,  dando  sus  dilaciones,  descia  que  pues 
quería  casar  su  hija,  convenia  casarla  con  Rey  ó 
Príncipe  poderoso ,  pero  que  si  le  agradaba  que  se 
hiciese  con  el  Infante,  era  necesario  que  se  hiciese 
gruesa  gente,  é  veinte  quentos  para  pagalla,  é  que 
fuese  luego  á  Segovia,  é  que  los  sacase  de  sus  te- 
soros en  dinero  é  plata  ;  é  asi  el  Rey  determinó  de 
ir  á  Segovia,  é  llevó  consigo  al  Cardenal  é  algunos 
del  Consejo.  Donde  llegados,  é  requerido  el  Mayor- 
domo Cabrera  que  los  diese,  respondió  que  le  pías- 
ela, é  por  otra  parte  buscando  justos  impedimen- 
tos, dilató  tanto,  que  ninguna  cosa  se  cumplió  de  lo 
que  el  Maestre  demandaba ;  é  visto  aquesto ,  acordó 
el  Rey  de  reposar  allí  en  Segovia.  Entretanto  que 
ol  Rey  estaba  en  Segovia  descontento  de  oír  tantos 
tráfagos,  é  descontento  de  lo  que  veia,  subcedió  en 
Madrid  que  el  Maestre  y  el  Conde  de  Benavente, 
como  se  avian  quedado  allí ,  llegaron  á  muy  malas 
palabras,  disciéndole  el  Conde  que  pues  el  Infante 
Don  Ennique  era  su  primo  hermano  del  Rey,  fuera 
razón  que  mirara  mejor  lo  que  le  cumplía,  é  no 
traello  asi  burlado  con  tantas  cabtelas  é  formas  de 
poca  verdad ,  engañando  no  solamente  al  Rey  é  al 
Beyno ,  mas  á  todos  los  grandes  que  con  él  esta- 
ban ;  é  asi  muy  descontento  se  fué  á  Valladolid.  Es- 
tando el  Rey  en  Segovia,  subcedió  que  Don  Alonso 
do  Fonseca,  Arzobiépo  de  Sevilla,  fallesció  en  su 
villa  de  Coca.  Sabida  su  muerte,  el  Rey  suplicó  al 
Papa  que  proveyese  del  Arzobispado  al  Cardenal  de 
España  con  retención  del  Obispado  de  Sigüenza,  lo 
qual  el  Papa  concedió  libremente;  y  concedido,  en 
pos  de  las  bullas  del  Arzobispado  vino  un  mensa- 
gero  del  Papa  con  el  capelo ,  que  hasta  estonces  no 
se  lo  avian  traído.  E  venido ,  para  que  lo  rescibiese 
con  la  solenidad  que  convenia,  el  Cardenal  se  fué 
á  oír  Misa  á  la  Iglesia  mayor,  y  el  Mayordomo  Ca- 


brera con  toda  la  caballería  ,de  la  Corte  salieron 
fuera  de  la  cibdad ,  donde  el  meusagero  del  Papa 
estaba  esperándolos ;  é  puesto  el  capelo  sobre  una 
vara  alta,  el  Mayordomo  lo  llevó  hasta  la  Iglesia 
mayor,  donde  el  Cardenal  oía  la  Misa ,  é  allí  el  meu- 
sagero que  lo  traía  le  dio  el  breve  del  Papa  y  el  Ca- 
pelo con  las  cerimonias  acostumbradas. 

CAPÍTULO  CLXIIL 

De  como  el  Maestre  de  Sancliago  fué  á  Sancta  Ufaría  de  Nieva ,  y 
el  Rey  con  el  Cardenal  y  toda  su  Corte  vino  allí;  é  asi  mcstno 
el  Infante  Don  Enrrique  con  la  Infanta  su  madre. 

Desque  el  Maestre  de  Sanctiago  sintió  que  el  Rey 
no  avia  gana  de  ir  á  Madrid,  porque  ya  desamaba 
á  la  Reyna  é  no  la  quería  ver  por  su  desoluto  vi- 
vir, acordó  de  pasar  los  puertos ,  é  vínose  á  Sancta 
María  de  Nieva.  Donde  venido,  el  Rey  se  fué  apo- 
sentar allí  con  toda  la  Corte,  y  envió  á  mandar  al 
Infante  Don  Enrrique  é  á  la  Infanta  su  madre  que 
viniesen  allí,  puesto  que  su  venida  les  aprovechó 
poco  según  lo  que  subcedió.  Estando  allí  el  Rey,  en- 
vió á  llamar  allí  á  los  Perlados  del  Reyno  é  los  Pro- 
curadores. Donde  venidos ,  hizo  que  las  Hermanda- 
des se  confirmasen  é  hiciesen  por  todos  los  Reynos, 
é  mandó  desatar  algunos  agravios  que  estaban  fe- 
chos en  los  lugares  é  cibdades  é  villas  que  se  avían 
alzado  por  el  Príncipe ,  quando  los  tiranos  le  pusie- 
ron nombre  de  Rey.  E  asi  mesmo  mandó  que  por 
quanto  él  estaba  puesto  en  mucha  necesidad,  se  re- 
partiese cierto  pedido  é  moneda ,  con  que  fuese  so- 
corrido ,  lo  qual  le  fué  otorgado ,  é  mandó  luego  re- 
partir é  coger  el  dinero.  E  como  el  Maestre  avia 
gana  de  aver  á  sus  manos  el  Alcázar  é  las  puertas 
de  Segovia,  é  sobre  aquello  era  todo  su  pensamien- 
to, para  destruir  al  Mayordomo  Cabrera  díxo  al  Roy 
que  para  concluir  el  casamiento  del  Infante  Don 
Enrique  con  su  hija,  convenia  que  se  hiciese  con 
acuerdo  é  consentimiento  de  los  tres  Estados  de  su 
Reyno,  señaladamente  de  los  Perlados  é  caballeros, 
para  lo  qual  convenia  que  su  Alteza  mandase  al  Ma- 
yordomo Cabrera  que  entregase  al  Marqués  de  San- 
tillana  las  puertas  de  Sanct  Juan  é  de  Sanct  Mar- 
tín, para  que  sobre  su  salvaguarda  todos  se  junta- 
sen allí  en  Segovia,  donde  se  daría  medio  é  orden 
asi  en  los  desposorios  de  eu  hija,  como  en  la  subce- 
sion.  E  quantoquier  que  al  Rey  plugo  dello,  é  man- 
dó que  asi  se  hiciese ,  el  Mayordomo  Cabrera  é  la 
Bobadilla  su  muger  rescelándose  perder  la  tenencia 
del  Alcázar,  de  donde  se  seguía  su  destruícion ,  tra- 
bajaron astutamente  como  aquello  se  estorbase,  pa- 
ra lo  qual  hallaron  favor  é  ayuda  en  el  Cardenal  de 
España,  que  ya  de  secreto  estaba  confederado  con 
la  Princesa  Doña  Isabel,  á  quien  ellos  querían,  é 
rodeaban  meterla  en  la  cibdad  é  hacerla  Reyna  des- 
pués de  los  días  del  Rey,  que  fueron  pocos ;  é  asi  no 
hubo  lugar  lo  que  el  Maestre  de  Sanctiago  quería. 
En  este  medio  tiempo  subcedió  que  como  el  Maes- 
tre de  Sanctiago  trabajaba  por  ocupar  é  tener  de  su 
mano  las  principales  cibdades  é  villas  del  Reyno, 
procuró  de  aver  la  fortaleza  é  la  puente  de  Alean- 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


217 


tara  de  Toledo ;  ó  ávido  su  acuerdo ,  confederóse  con 
el  Conde  de  Fuensalida,  porque  era  el  que  mayor 
parte  tenia  en  Toledo  por  la  antigüedad  de  su  liua- 
ge  en  aquella  cibdad ,  é  porque  siempre  él  y  sus 
antepasados  la  mandaron  é  gobernaron.  E  asi  fecha 
BU  alianza,  quiso  que  como  suyo  entrase  en  la  cib- 
dad, para  tenerla  é  gobernarla  por  él ,  con  tanto  que 
el  Mariscal  Fernando  de  Ribadeneyra  saliese  fuera 
de  Toledo;  el  qual  como  fué  siempre  leal  servidor 
del  Rey,  y  el  Dean  de  Sevilla  y  el  Prior  de  Arocbe 
vieron  la  novedad  que  contra  el  Mariscal  se  hacia, 
juntáronse  todos  tres  como  buenos  servidores  del 
Rey,  y  convocada  la  mayor  parte  del  pueblo ,  echa- 
ron fuera  de  la  cibdad  al  Conde  de  Fuensalida  c  ú 
todos  BUS  valedores ;  é  asi  echados ,  todos  tres  que- 
daron por  gobernadores  de  la  república  por  algún 
tiempo.  Pero  los  dichos  caballeros,  como  se  vieron 
fiíerade  sus  casas,  fecha  su  confederación,  comen- 
zaron de  guerrear  muy  bravamente  por  todas  las 
partes,  tanto  que  no  los  dexaban  entrar  ningunas 
provisiones,  é  á  esta  cabsa  los  ponían  en  estrecho. 
Sabido  aquesto  por  el  Rey,  fué  luego  allá,  é  puesto 
que  vido  el  atrevimiento  de  los  caballeros  que  guer- 
reaban á  su  cibdad  é  perseguían  á  sus  leales  servi- 
dores é  criados,  no  hizo  castigo  en  ellos,  porque 
eran  del  Maestre ,  mas  doxólos  en  treguas ,  que  du- 
raron poco  tiempo.  En  este  medio  tiempo  subcedió 
que  vino  allí  el  Marqués  de  Villena,  fijo  del  Maestre 
de  Sanctiago,  á  hacer  reverencia  al  Rey,  con  cuya 
venida  fué  muy  alegre  el  Rey,  en  tanto  grado,  que 
desde  allí  entró  en  grand  privanza  con  él.  Entretan- 
to que  el  Rey  estaba  en  Toledo ,  el  Maestre  se  fué  á 
Pcñafiel  á  ver  la  Duquesa  su  muger,  con  la  qual  se 
holgó  buenos  dias ,  hasta  que  pasaron  las  fiestas  de 
Navidad.  Luego  que  el  Rey  puso  la  tregua,  acordó 
de  partirse  para  Segovia,  y  el  Marqués  de  Villena 
con  él.  Venido  el  Roy  á  Segovia,  el  Marques  de  Vi- 
llena  se  fué  á  aposentar  al  Parral ,  que  no  quiso  en- 
trar en  la  cibdad  á  cabsa  de  la  enemiga  que  estaba 
entre  el  Maestre  su  padre  y  el  Mayordomo  Cabre- 
ra; pero  el  Rey  los  mas  de  los  dias  se  iba  allí  á  oír 
Misa,  por  verlo  y  hablar  con  él.  Estando  asi  las  co- 
sas en  calma ,  la  Princesa  Doña  Isabel,  hermana 
del  Rey,  por  trato  que  movió  con  algunos  vecinos 
de  la  villa  de  Arauda,  que  era  de  la  Reyna  Doña 
Juana,  la  tomó  é  se  apoderó  della,  é  se  vino  luego 
allí  de  estada ;  de  que  el  Rey  ovo  grand  sentimien- 
to ,  puesto  que  desamaba  á  la  Reyna. 

CAPÍTULO  CLXIV. 

De  como  el  Mayordomo  Andrés  do  Cabrera  ó  la  Bobadilla  sa  mu- 
ger trHxeron  á  la  Princesa  Doña  Isabel,  é  la  metieron  en  el  Al- 
cázar, y  el  Arzobispo  de  Toledo  con  ella ,  é  de  lo  que  allí  su» 
cedW. 

Después  que  la  pelea  de  Segovia  entre  los  hidal- 
gos é  conversos  fué  pasada,  siempre  el  Mayordomo 
Cabrera  é  la  Bobadilla  su  muger  estuvieron  sospe- 
chosos é  con  temor  que  el  Maestre  de  Sanctiago 
con  sus  astucias  y  modos  los  destruyria,  si  con  tiem- 
po no  se  remediaban.  E  asi,  después  que  algunas 


veces  hablaron  con  el  Rey,  disciétidole  quanto  me- 
jor sería  tener  á  su  hermana  consigo  y  estar  con 
ella  con  mucho  amor ,  pues  que  veia  que  el  Maes- 
tre do  Sanctiago  le  ponia  de  contino  en  mayores 
necesidades,  é  nunca  le  daba  á  descanso  ni  reposo, 
y  de  contino  abarcaba  quantas  cibdades  é  villas  po- 
día, en  tal  manera,  que  ablandaba  un  poco  la  vo- 
luntad del  Rey,  acordaron  de  traer  á  su  hermana  la 
Princesa  allí  á  la  cibdad  de  Segovia ,  donde  el  Rey 
estaba ;  é  porque  el  trato  fuese  mas  cierto  é  secre- 
to, la  Bobadilla  se  fué  á  la  villa  de  Aranda,  donde 
la  Princesa  estaba,  vestida  como  labradora  encima 
de  un  asno,  muy  encubiertamente,  sin  ser  conocida 
ni  sentida.  E  asi  fecho  su  concierto  con  la  Prince- 
sa, que  para  cierto  dia  viniese,  é  la  meterían  en  el 
Alcázar,  se  tornó  tan  secretamente  como  fué.  Do 
aqueste  trato  fueron  sabidores  é  consentidores  é 
consejeros  el  Cardenal  de  España  é  el  Conde  do 
Benavente.  E  quantoquier  que  el  Mayordomo  é  la 
Bobadilla  de  contino  desciau  al  Roy  las  tiranias 
del  Maestre,  é  que  por  qué  consentía  en  ellas  y  él 
lo  conocía,  pero  no  porque  se  alterase,  ni  mostrase 
su  indignación  contra  él.  Estonces  ellos  sospechan- 
do que  la  venida  del  Marqués  de  Villena  sería  con 
alguna  cabtela  de  las  del  Maestre  su  padre,  deter- 
minaron de  poner  en  obra  su  pi-opósito  comenzado, 
E  asi  pasado  el  dia  de  Año  nuevo ,  estando  el  Rey 
en  el  bosque,  enviaron  sus  mensagoros  á  la  Prin- 
cesa que  viniese  á  mas  andar ;  ella  vino,  é  traxo 
consigo  al  Arzobispo  de  Toledo  Don  Alonso  Carri- 
llo, é  antes  que  amaneciese,  entró  en  el  Alcázar, 
donde  fué  rescebida  con  aquel  amor  que  la  llama- 
ron. Esto  fizo  con  grado  é  consejo  del  Cardenal  de 
España,  que  estaba  confederado  con  la  Princesa 
Doña  Isabel  sobre  firmas  é  sellos.  E  como  el  Mar- 
qués de  Villena,  que  posaba  en  el  Parral ,  supo  la 
entrada  de  la  Princesa  en  el  Alcázar,  temiendo  ser 
preso,  á  la  misma  hora  se  partió  en  un  caballo  á 
mas  andar  camino  de  Ayllon.  Luego  que  la  Prin- 
cesa fué  entrada  en  el  Alcázar,  el  Conde  de  Bena- 
vente y  el  Mayordomo  Cabrera  cabalgaron  antes 
del  alba,  é  fueron  ambos  al  bosque  donde  el  Rey 
estaba,  é  notificada  la  venida  de  su  hermana,  le  su- 
plicaron que  se  viniese  á  la  cibdad ,  é  asi  le  truxe- 
ron  consigo.  E  asi  venido  á  su  Palacio,  después  que 
ovo  comido  é  reposado ,  el  Conde  de  Benavente  y 
el  Mayordomo  le  tornaron  á  suplicar  que  fuese  á 
ver  á  su  hermana,  el  qual  fué  luego  al  Alcázar,  é 
ella  salió  hasta  el  patio  á  lo  rescebir  ;  é  vistos ,  se 
abrazaron  con  mucho  amor,  é  se  retruxeron  á  uua 
sala,  donde  asentados  estuvieron  por  grand  espacio 
hablando.  En  fin,  como  la  Princesa  era  prudente  é 
de  mucho  seso,  le  dixo :  «  Señor,  yo  soy  venida  por 
))  dos  cosas,  la  primera,  por  ver  é  vuestra  Alteza 
wcomo  á  padre  é  señor  y  hermano  mayor,  pues  el 
»  deudo  de  la  sangre  lo  requiere ;  la  segunda,  á  le 
n  suplicar  que  le  plega,  si  algún  enojo  contra  mí 
n  tiene,  apartallo  de  sí ;  c  según d  que  por  mis  cartas 
«se  lo  supliqué,  quiera  mantener  é  guardar  lo  quo 
«prometió  é  mandó,  quando  quiso  que  me  jurasen 
wpor  Princesa  é  legítima  subcesora  vuestra  ;  porque 


218 

))  de  aquesto  será  Dios  servido,  é  de  lo  contrario  es 
«cierto  que  se  seguirán  grandes  males,  visto  que 
«segund  Dios  ó  justo  derecho  á  mí  pertenesce  la 
»  subcesion  de  estos  Keynos  después  de  los  dias  de 
»  vuestra  Alteza,  que  Dios  por  muchos  años  acrc- 
» ciente.»  El  Key  le  respondió,  que  avia  seydo  alegre 
con  su  venida,  porque  avia  deseo  de  la  ver,  é  que 
fuese  muy  bien  venida,  y  que  quanto  á  lo  al,  que 
él  la  mandarla  responder  ;  é  asi  se  despidió  della  con 
grande  cortesía.  Entretanto  que  esto  asi  pendía,  é 
se  tomaba  deliberación  de  lo  que  se  debía  de  hacer, 
el  Maestre  do  Sanctiago,  que  estaba  en  Peñafiel  con 
la  Duquesa  su  muger,  trató  luego  vistas  con  el  Du- 
que de  Alburquerque,  que  estaban  muy  enemista- 
dos sobre  las  cosas  pasadas  en  el   Koyno  contra  el 
Rey  c  contra  él ;  é  vistos,  quedaron  muy  amigos  é 
confederados.  E  asi  puestos  en  amistad  el  uno  con 
el  otro,  el  Maestre  se  vino  á  Cuellar,  donde  el  Du- 
que de  Alburquerque  lo  rescibíó  y  aposentó  gracio- 
samente.  Estonces   el  Maestre  envió  á   rogar   al 
Condestable  su  suegro  que  viniese  allí,  el  qual  vino, 
é  juntados  todos  tres,  el  Maestre  enviaba  de  contí- 
no  BUS  mensageros  con  tratos  al  Rey  para  que  la 
Princesa  su  hermana  fuese  echada  de  Scgovia ;  é 
quanto  quier  que  el  Rey  salia  á  ello,  é  le  plascia, 
aprovechaba  muy  poco  porque  los  del  su  Consejo 
estaban  devisos  cu  diversas  opiniones  é  aficiones. 
El  Maestre  de  Santiago  y  el  Duque  de  Alburquer- 
que y  el  Conde  de  Bcnavente  y  el  Licenciado  de 
Cibdad-Rodrigo  querían  é  procuraban  el  partido  de 
la  hija  del  Rey  ;  y  el  Cardenal  de  España  y  el  Con- 
destable y  el  Mayordomo    Cabrera  é  Rodrigo  de 
Ulloa  y  el  Doctor  de  Madrid  querían  de  secreto  á  la 
Princesa,  hermana  del  Rey,  aunque  no  lo  demos- 
traban claramente,  en  tal  manera,  que  ningund  se- 
creto avia  en  el  Consejo  del  Rey.  Verdad  es  que  la 
Princesa,  hermana  del  Rey,  envió  algunas  veces 
con  tratos  al  Arzobispo  de  Toledo,  para  que  hablase 
con  el  Rey ;  pero  aquello  aprovechaba  muy  poco, 
porque  el  Rey  no  respondía  otra  cosa,  salvo  lo  que 
el  Maestro  le  enviaba  desoír.  Estonces  vistas  las  di- 
laciones por  la  Princesa ,  é  que  ningún  efecto  bue- 
no se  seguía  de  los  tratos,  aunque  andaban  de  con- 
tíno,  envió  á  llamar  al  Príncipe  su  marido,  creyendo 
que  su  venida  sería  cabsa  do  tomar  algún  expedien- 
te mas  convenible,  el  qual  vino  luego:  é  venido,  co- 
mo el  Mayordomo  Cabrera  ó  la  Bobadilla  su  muger 
tenían  parto  en  la  voluntad  del  Roy,  suplicáronle 
con  mucha  iustancia  que  lo  quisiese  ver  y  hablar, 
visto  el  dendo  tan  cercano  que  entre  ellos  estaba. 
G)nvcncído  el  Rey  de  su  suplicacion,>[iuísolo  hacer, 
é  junto  con  la  vista,  hicieron  que  juntamente  cabal- 
gasen c  anduviesen  por  la  cíbdad,  de  que  el  pueblo 
fué  muy  contento  é  alegre.  E  porque  todos  tres  her- 
manos estuviesen  é  pudiesen  estar  conformes  é  con 
mucho  amor,  acordó  el  Mayordomo  Andrés  de  Ca- 
brero dehacelles  fiestas  el  día  de  los  Reyes  en  las 
casas  del  Obispo ,  que  están  juntas  con  la  Iglesia 
mayor  é  con  el  Alcázar.  Donde  todos  tres  asenta- 
dos, el  Rey  á  la  cabecera  de  la  mesa ,  é  la  Princesa 
BU  hermana  uu  poco  mas  abaxo  del ,  y  el  Príncipe 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


junto  á  par  della,  asi  comieron  con  asaz  plascer.  E 
porque  el  segundo  Rey  Don  Juan  de  gloriosa  me- 
moria, su  padre  del  Rey  é  de  la  Princesa,  avía  fe- 
cho merced  con  privillejo  rodado  al  Conde  de  Ri- 
badeo  Don  Rodrigo  de  Villandrando  por  un  seña- 
lado servicio  que  le  hizo,  que  en  tal  dia  como  aquel 
se  sentase  con  él  á  la  mesa,  é  la  ropa  que  el  Rey 
aquel  díase  vistiese,  le  fuese  dada  á  él  en  su  vida, 
ó  después  á  los  primogénitos  que  del  descendiesen, 
mandaron  que  su  hijo  el  Conde  de  Rivadeo  que  allí 
se  sentase,  porque  la  preeminencia  de  su  previllejo 
le  fuese  guardada,  é  gozase  de  la  honra  que  su  pa- 
dre ganó.  Después  que  así  ovieron  comido,  el  Rey 
é  sus  hermanos  se  retruxeron  á  una  cámara  á  oir 
música  ;  f  uéles  dada  una  suntuosa  colación ,  é  pasa- 
do algund  espacio  de  tiempo,  el  Rey  se  sintió  malo 
de  dolor  del  costado  ;  de  tal  son,  que  fué  necesario 
irse  á  reposar  á  su  Palacio,  donde  por  algunos  días 
estuvo  muy  trabajado.  Pero  fechas  algunas  proci- 
siones é  rogarías  en  la  cíbdad  y  en  los  Monesterios 
por  su  salud,  páreselo  aver  mejoría  en  su  persona, 
sin  sentir  dolor  alguno,  aunque  siempre  le  queda- 
ron reliquias  de  cámaras  é  gómito ,  y  echar  sangre 
por  la  orina,  hasta  que  murió.  En  este  medio  tiempo 
de  su  enfermedad,  los  Príncipes  sus  hermanos  íbanlo 
á  ver,  é  por  otra  parte  los  tratantes  le  suplicaban  qui- 
siese confirmarles  la  subcesion  que  le  avía  mandado 
jurar  ;  é  puesto  que  de  cada  parte  se  alegaban  mu- 
chas cosas  peligrosas  de  escrebir,  ningún  medio  de 
paz  se  pudo  tomar  entre  ellos ;  de  manera  que  la 
Princesa  como  sesuda  é  de  grand  prudencia,  deter- 
minó de  estarse  queda  en  Segovia  é  no  salir  della. 
El  Maestre  de  Santiago,  que  por  aviso  del  Rey  sa- 
bia todo  lo  que  pasaba ,  trató  secretamente  con  él 
que  una  noche  entrase  cierta  gente  suya  en  la  cíb- 
dad, para  que  se  apoderase  de  algunas  torres  de  las 
Iglesias  é  casas ,  é  apoderados,  que  él  sobrevernia 
con  gruesa  gente ,  é  que  prenderían  á  los  Príncipes 
sus  hermanos  y  al  Mayordomo  Cabrera.  Aquesto 
trato  no  pudo  aver  efecto ,  porque  fué  descubierto, 
é  no  sin  cabsa ,  porque  aquello  que  en  los  cielos  se 
ordena,  é  quiere  el  consistorio  de  la  divinal  Trini- 
dad que  se  cumpla  en  la  tierra ,  es  necesario  que 
asi  se  haga  sin  contradicíon  alguna,  que  para  lo  con- 
trario no  bastan  los  deseos  humanos,  ni  el  ingenio 
de  las  gentes  lo  podria  contrastar ;  porque  los  Prín- 
cipes de  la  tierra,  quando  contienden  y  debaten,  si 
supiesen  lo  que  hacen,  ¿  qué  quedaría  para  el  infi- 
nito poderío  de  Dios  que  los  mueve?  Asi  que  de- 
bemos concluir  y  notar,  que  según  es  el  soberano 
poder  de  Dios,  nosotros  no  lo  entendemos  ni  sabe- 
mos conocer. 

CAPÍTULO  CLXV. 

De  lo  que  subcedió  sobre  la  villa  de  Carrion,  que  tenia  el  Conde 
de  Bcnavente. 

En  las  turbaciones  pasadas  del  Reyno  el  Conde 
de  Bcnavente  tomó  la  villa  de  Carrion  é  se  apoderó 
della,  donde  fizo  una  fortaleza,  y  el  Rey  por  la  buo,- 
na  voluntad  que  le  tenia,  épor  respecto  del  Maestre 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


219 


BU  suegro,  que  se  lo  suplicó,  gela  avia  confirmado. 
Lo  qual  fué  cosa  muy  molesta  al  Marqués  de  San- 
tillana  ;  porque  allí  era  el  enterramiento  é  la  natu- 
raleza de  grande  parto  de  su  linage,  señaladamente 
de  los  de  la  casa  de  la  Vega ;  é  asimesmo  el  Conde 
de  Treviño,  porque  sus  antepasados  y  él  to vieron 
allí  mucha  parte  á  cabsa  de  la  cercana  vecindad  do 
su  señorío,  que  allí  junto  tenían ;  é  como  asi  la  vie- 
sen enagenada  en  mano  de  hombre  poderoso,  esta- 
ban entrambos  descontentos.  E  como  el  Marqués  de 
Santillana  sopo  como  el  Conde  de  Benavente  trata- 
ba mal  é  f  acia  algunos  agravios  á  ciertos  hidalgos 
allí  de  Carrion,  los  quales  eran  suyos,  envióle  á  ro- 
gar que  porsu  respeto  se  quisiese  aver  graciosamente 
con  ellos,  asi  porque  eran  de  los  hidalgos  de  su  pa- 
rentela, como  porla  antigua  naturaleza  de  su  linage 
en  aquella  villa,  é  por  los  huesos  de  algunos  de  sus 
antepasados  que  allí  estaban  enterrados.  A  lo  qual 
el  Conde  de  Benavente  respondió  con  poca  dulzura  é 
menos  cortesía,  disciendo  que  aquellos  huesos  de 
sus  antepasados  los  mandaría  coger  en  una  esporti- 
lla y  gelos  enviaría,  para  que  él  los  ficiese  enterrar 
en  Guadalaxara  con  los  otros  sus  abuelos ;  de  que 
el  Marqués  fué  muy  sentido ,  é  luego  envió  á  desoír 
al  Conde  de  Treviño ,  que  tratase  con  los  hidalgos 
de  la  villa  como  se  rebelasen  contra  el  Conde  de 
Benavente,  é  que  él  con  toda  su  gente  y  parientes 
iría  muy  presto  al  acorro  dellos,  en  tal  manera,  que 
la  villa  se  recobrase  para  la  Corona  Real,  y  el  Con- 
de de  Benavente  quedase  despojado  della.  Eston- 
ces el  Conde  do  Treviño,  fecho  su  concierto  con 
aquellos  hidalgos  agraviados,  é  aquellos  con  los 
otros  sus  parientes  é  amigos  puestos  en  armas,  me- 
tieron de  noche  al  Conde  de  Treviño,  é  puesto  cerco 
sobre  la  fortaleza,  envió  á  llamar  al  Marqués  de 
Santillana,  que  le  viniese  ayudar,  el  qual  partió  á 
mas  andar  de  Guadalaxara,  allegando  su  gente,  en 
tal  manera,  que  cuando  llegó  cerca  de  Carrion  es- 
taba muy  poderoso,  no  solamente  con  la  gente  de 
su  casa,  mas  el  Condestable  y  el  Duque  de  Albur- 
querque  le  enviaron  la  suya,  ó  los  Condes  de  Casta- 
ñeda é  Osorno  fueron  en  persona  con  los  suyos  á  le 
ayudar.  Pero  todavía  el  Conde  de  Treviño  é  los  hi- 
dalgos de  Carrion  combatían  reciamente  la  fortale- 
za, puesto  que  el  Alcay de  se  defendía  muy  bien,  es- 
perando ser  socorrido  del  Conde  de  Benavente ,  el 
qual  estaba  en  Segovia  á  la  sazón ;  é  como  supo 
aquesto,  se  partió  á  grand  priesa  para  Valladolid, 
donde  ajuntó  asaz  gente  suya  é  de  sus  parientes  é 
valedores.  El  Maestre  deSanctíagosu  suegro  le  en- 
vió toda  la  mas  gente  que  de  presto  pudo  allegar,  y 
salió  al  camino  á  juntarse  con  él ;  y  el  Conde  de  Cas- 
tro Don  Alvaro  de  Mendoza  vino  en  persona  con 
toda  su  casa  á  le  ayudar.  Estonces  el  Rey  acordó 
de  ir  allá,  é  llevó  consigo  al  Cardenal  de  España ;  y 
llegados  á  Valladolid,  supieron  como  el  Conde  de 
Benavente  iba  á  socorrer  la  fortaleza,  y  el  Marqués 
de  Santillana  le  salía  á  encontrar  al  camino.  Sabi- 
do aquesto,  el  Rey  á  mas  andar  pasó  á  Falencia, 
para  ponerse  en  medio  dellos,  y  estorbar  la  batalla, 
El  Príncipe  Don  Fernando,  Rey  de  Sicilia,  fué  por 


otra  parte  á  ponerse  cerca  del  Marqués  de  Santilla- 
na, para  le  ayudar,  é  ser  con  él  en  la  batalla,  ha- 
ciéndole saber  como  venia  para  ayudalle  con  su 
persona ;  el  Marqués  le  respondió  que  se  lo  tenia 
en  señalada  merced,  y  le  suplicaba  que  se  estuviese 
quedo,  é  no  curase  de  pelear  ;  mas  que  se  guardase 
para  Rey  de  Castilla,  porque  él  tenia  consigo  tal  é 
tanta  gente,  que  bastaba  para  destruir  al  Conde  de 
Benavente  é  á  otro  mayor  que  él.  E  desde  allí  pares- 
ció  quedar  grand  confederación  entre  el  Príncipe  y 
el  Marqués,  El  Rey  desque  vido  el  peligro  tan  apa- 
rejado, si  se  diese  lugar  al  rompimiento  de  la  bata- 
lla, rogó  al  Cardenal  de  España  como  á  hermano 
del  Marqués,  y  al  Maestre  do  Santiago  como  á  sue- 
gro del  Conde  de  Benavente  ,  que  se  pusiesen  á  tra- 
tar con  ellos,  é  buscasen  algún  medio  para  concor- 
darlos, para  que  el  rigor  de  la  pelea  cesase.  E  como 
entramos  comenzaron  á  negociar  andando  de  una 
partea  otra,  el  Marqués  de  Santillana,  vistas  é  co- 
nocidas las  formas  del  Maestre,  que  tenia  mas  dul- 
ces palabras  que  buenas  obras ,  respondióle  orgu- 
llosamente  con  poca  paciencia,  rcquiriéndole  que  no 
viniese  á  él  mas  con  trato  ninguno ,  porque  sus  ha- 
blas eran  mas  llenas  de  poca  firmeza  que  de  certi- 
dumbre ninguna.  Lo  qual  el  Maestre  con  alegre 
semblante  disimuló,  porque  á  la  verdad  era  caballe- 
ro de  grand  sufrimiento ,  é  aún  porque  los  que  de 
esta  forma  tirana  é  mañosamente  viven,  aquello  les 
es  mejor  é  mas  sano  remedio  que  les  conviene  se- 
guir. E  no  solamente  aquesto  ;  pero  tornóse  contra 
el  Cardenal  su  hermano,  dísciéndole  con  mucha  fu- 
ria que  se  fuese,  é  no  curase  de  hablar  con  él  en 
aquel  caso.  E  asi  con  grand  rigor  mandó  tocar  sus 
trompetas,  para  salir  al  encuentro  contra  el  Conde 
de  Benavente,  que  venia  á  dalle  la  batalla.  Eston- 
ces el  Rey  salió  al  campo,  é  púsose  enmedio,  é  pues- 
to, mandó  al  Conde  de  Benavente  tornar  atrás ;  c 
apartado  con  el  Cardenal ,  rogóle  que  le  diese  su 
villa  de  Magaña,  é  que  le  daña  otra  mejor  satisf  a- 
cion  por  ella,  con  que  contentarían  al  Conde  de  Be- 
navente por  equivalencia  de  Carrion;  lo  qual  el 
Cardenal  hizo  liberalmente,  é  asi  fué  Magaña  en- 
tregada al  Conde  de  Benavente ,  y  el  Alcayde  que 
tenia  la  Fortaleza  de  Carrion  á  la  misma  hora  se 
salió  della,  é  fué  luego  puesta  por  tierra ;  por  tal 
manera,  que  la  villa  quedó  libre  para  la  Corona 
Real.  Derramada  la  gente  de  amas  partes,  el  Rey 
se  tornó  á  Valladolid,  é  con  él  el  Cardenal  y  el 
Maestre  de  Sanctiago  y  el  Conde  de  Benavente ;  y 
el  Marqués  de  Santillana  ,  yéndose  á  Guadalaxara, 
pasó  muy  cerca  de  Segovia,  é  la  Princesa  Doña  Isa- 
bel salió  á  verse  con  él  á  Sanct  Christoval,  é  de  allí 
adelante  el  Marqués  quedó  secretamente  por  ellos, 
para  los  ayudar  á  reynar  después  de  la  vida  del  Rey. 
Derramada  la  gente  é  puesto  algún  sosiego  en  toda 
la  tierra,  el  Rey  se  tornó  á  Segovia,  y  con  él  el  Car- 
denal de  España,  y  el  Maestre  se  tornó  á  Cuellar,  y 
el  Conde  de  Benavente  se  quedó  en  su  tierra ;  y  lle- 
gado el  Maestre  á  Cuellar,  y  el  Bey  á  Segovia,  es- 
tuviéronse algunos  días  reposando,  y  el  Maestre  en- 
vió á  suplicar  al  Rey  que  se  pasase  á  Madrid,  por- 


220 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  allí  estarían  juntos  é  se  daría  orden  en  lo  quo 
á  8U  servicio  cumplia. 

CAPÍTULO  CLXVI. 

Como  el  Rey  oon  el  Cardenal  se  fué  i  Madrid,  y  el  Maestre  con 
la  Dufjuesa  su  mugcr  fueron  allá  desde  Cuellar,  é  de  lo  que 
allí  subccdió. 

Venido  el  Rey  á  Madrid,  y  con  él  el  Cardenal  é 
los  de  su  Consejo,  é  toda  la  gente  de  la  Corte,  vino 
desde  Cuollar  el  Maestre  do  Sanctiago  con  la  Du- 
quesa su  muger.  Donde  ayuntados,  acordó  el  Maes- 
tre, que  el  Cardenal  de  España  fuese  á  Segovia  pa- 
ra procurar  de  dar  algún  medio  de  concordia  entre 
'3l  Rey  é  los  Príncipes  sus  hermanos ;  pero  puesto 
que  el  Maestre  hacia  ir  al  Cardenal  con  aquel  trato 
á  los  Príncipes , .  mas  fué  para  llevar  al  Rey  donde 
le  fizo  ir,  que  no  por  la  gana  que  tenia  de  concorda- 
11o  con  los  Príncipes.  El  Cardenal  se  partió  para  Se- 
govia, y  estando  las  cosas  de  la  subcesion  en  pen- 
dencia, de  que  tanto  peligro  corría  á  los  cuerpos  é 
á  las  ánimas ,  según  las  diferencias  é  contiendas  que 
entre  la  una  parte  é  la  otra  avia,  el  Maestre  de  Sanc- 
tiago, que  mayor  cuidado  tenia  de  sus  propios  in- 
tereses que  de  la  honra  del  Rey  ni  del  Reyno,  hízo- 
le  partir  para  Estremadura  ,  no  aviendo  lugar  ni 
cabsa  de  necesidad  alguna  para  ello,  salvo  solamen- 
te para  que  le  hiciese  dar  la  cibdad  de  Truxillo,  é 
mandase  al  Alcayde  Gracian  de  Sesé  que  se  la  en- 
tregase. Donde  llegados ,  el  Rey  mandó  á  los  qaba- 
lleros  é  vecinos  dé  la  cibdad,  que  no  se  alterasen,  y 
al  Alcayde  que  entregase  la  fortaleza  é  la  diese  al 
Maestre  ;  el  qual,  después  que  dio  sus  legítimas  ex- 
cusaciones porque  no  la  debia  de  entregar,  vista  la 
voluntad  del  Rey  que  se  lo  mandaba,  púsose  á  trato 
con  el  Maestre,  para  que  le  diese  equivalencia  é  le 
hiciese  partido.  Estonces  el  Rey ,  visto  que  los  tra- 
tos llevaban  dilación,  acordó  de  se  partir,  asi  por- 
que la  tierra  estaba  mal  sana ,  como  por  la  indispo- 
sición é  poca  salud  de  su  persona,  que  desque  enfer- 
mó en  Segovia,  le  fatigaban  cámaras  é  gómito,  y 
echar  sangre  por  la  orina,  en  tal  manera,  que  de 
contino  iba  descaeciendo  y  empeorando  su  salud,  y 
asi  vínose  á  Madrid,  donde  estaba  la  Princesa  su  hi- 
ja en  poder  del  Marqués  de  Villena,  pero  la  Reyna 
apartada  do  allí  por  su  deshonesto  vivir.  E  como  el 
Maestre  se  quedó  en  un  lugar  que  se  dice  Sancta 
Cruz,  á  dos  leguas  de  Truxillo ,  hizo  desde  allí  su 
trato  con  el  Alcayde,  é  dióle  la  villa  de  Sahelices  de 
los  Gallegos  del  Conde  Uruefia  su  sobrino,  con  que  el 
Alcayde  se  tuvo  por  contento.  Entretanto  que  este 
trato  se  hacia,  adolesció  el  Maestre  de  una  grave  apos- 
temación en  la  garganta,  echando  mucha  sangre 
por  la  boca,  de  que  murió ,  pero  los  suyos  lo  tuvie- 
ron encubierto,  hasta  que  la  fortaleza  fué  entrega- 
da. \  O  Maestre  de  Sanctiago ,  que  tanta  gargante- 
ría  c  harnbre  tuviste  en  este  mundo  ,  para  abarcar 
sefiorios !  ¡  tantas  congoxas ,  fatigas  y  astucias  por 
regir  é  mandar  en  Castilla !  ¡.tantos  rodeos  disolutos 
y  deshonestas  formas  para  subir  á  ser  Maestre!  Di- 
me  agora,  enemigo  de  tu  alma,  desipador  de  tu  fa- 


ma, perseguidor  de  tu  Rey,  queto  hizo  perseguidor 
del  Reyno  en  que  naciste  é  fuiste  criado ,  la  pujan- 
za de  tu  poder,  la  gi-andeza  de  tu  estado,  las  muchas 
fortalezas  é  villas  que  usurpaste,  loe  títulos  de  no- 
bleza que  adquiriste,  ¿qué  te  aprovecharon,  quando 
una  pequeña  apostemación  en  la  garganta ,  un  mal 
de  tan  poca  fuerza  ansi  tan  prestamente ,  sin  arma- 
dura ninguna,  te  venció  é  agenó  del  mundo,  é  privó 
de  lo  que  tenias,  é  te  destruyó  la  vida,  é  apartóte  el 
cuerpo  del  ánima?  Pues  ¿qué  memoria  será  la  tu- 
ya ?  ¿  qué  renombre  dexas  á  tus  hijos  ?  ¿  qué  fama 
sonará  de  tí  entre  las  gentes  del  mundo ,  sino  quo 
perdiste  la  vida,  usurpando  lo  ageno?  Bástete,  pues, 
saber  de  cierto  que  dexas  feo  apellido  de  tu  nom- 
bre, y  mayor  infamia  de  tus  obras.  En  este  medio 
tiempo  el  Arzobispo  de  Toledo  con  licencia  del  Rey 
cercó  la  fortaleza  de  Canales,  é  sin  esperar  comba- 
te ni  af ruenta  ninguna,  gela  entregó  al  Alcayde. 

CAPÍTULO  CLXVII. 

De  como  muerto  el  Maestre  de  Sanctiago,  el  Rey  confirmó  al  Mar- 
qués de  Villena  su  hijo  todo  lo  que  el  padre  tenia,  6  le  dio 
el  Maestradgo  de  Santiago,  sin  consultarlo  con  los  grandes 
del  Reyno,  y  lo  que  subcedió. 

Sabida  la  nueva  de  la  muerte  del  Maestre,  el  Rey 
fué  muy  pesante ,  é  como  Rey  amaba  ya  mucho  al 
Marqués  de  Villena  su  hijo,  visto  que  tenia  á  su  hi- 
ja en  su  poder,  queriéndole  gratificar  y  echarle  mas 
cargo,  para  que  la  sirviese  é  mirase  por  ella,  confir- 
móle todas  las  tenencias  que  su  padre  tenia  de  la 
Corona  Real  de  las  cibdades  é  villas  é  fortalezas.  E 
no  solamente  aquesto  ,  mas  porque  sintió  que  algu- 
nos grandes  del  Reyno,  que  él  tenia  por  mucho  su- 
yos, tenían  mas  afición  con  la  Princesa  su  hermana 
que  con  la  hija,  dióle  el  Maestradgo  de  Sanctiago, 
sin  comunicarlo  con  ellos,  ni  con  los  caballeros  de 
la  Orden,  y  envió  sus  suplicaciones  al  Papa  que  ge- 
lo  confirmase,  de  que  asaz  indignación  se  puso  en 
los  corazones  de  todos  los  del  Reyno ,  mormurando 
del  Rey,  porque  asi  facía  tan  señaladas  mercedes,  é 
mostraba  tanto  amor  al  hijo  de  su  capital  enemigo, 
que  lo  avia  deshonrado  é  destruido  ;  pero  ni  por  eso 
él  no  dexó  de  lo  favorecer  é  ayudar ,  é  dalle  mayor 
parte  de  mando  é  gobernación  que  á  su  padre.  De 
donde  subcedió  que  la  mayor  parte  de  los  perlados 
é  caballeros  del  Rey  se  aficionaron  á  la  Princesa  su 
hermana,  poniendo  grand  dubda  en  la  hija.  Luego 
que  el  Cardenal  que  estaba  en  Segovia,  para  dar  al- 
gún medio  entre  el  Rey  y  la  hermana ,  sopo  la  ver- 
dad de  la  muerte  del  Maestre  de  Sanctiago,  é  lo  que 
el  Rey  avia  fecho,  vínose  á  Madrid,  y  con  él  el  Con- 
destable. Donde  llegados,  trabajaban  quanto  podían 
con  el  Roy,  suplicándole  quisiese  por  bien  de  su  cona- 
ciencia,  é  por  óscusar  muchas  muertes  é  males  dar 
la  subcesion  del  Reyno  á  su  hermana,  pues  que  sa- 
bia quanto  sospechosa  cosa  era  á  todos  los  grandes 
ser  su  hija  la  Princesa  Doña  Juana;  á  lo  qual  el  Rey, 
disimulando,  respondió  con  alguna  manera  de  dila- 
ción que  sería  cosa  sancta  é  justa,  si  para  esta  dife- 
rencia se  pudiese  tomar  algund  medio  convenible  á 


DON  ENRIQUE  CUARTO. 


221 


entramas  las  partos,  porque  los  escándalos  se  quita- 
sen. Estando  asi  aqueste  negocio  en  pendencia,  sub- 
cedió,  que  el  Marqués  de  Villena,  creyendo  ser  Maes- 
tre, esperando  las  bullas  de  Roma,  para  ganar  la  vo- 
luntad de  los  principales  de  la  Orden,  púsose  en  tra- 
tos con  algunos  dellos,  señaladamente  con  el  Conde 
de  Osorno,  Comendador  Mayor  de  Castilla,  rogándo- 
le que  se  quisiese  ver  con  él.  El  Conde  respondió  que 
le  plascia ;  mas  porque  él  se  sentia  mal  dispuesto, 
que  la  Condesa  su  muger  saldría  á  las  vistas  con  él) 
é  sería  su  convidado  en  el  Víllarejo  donde  estaría,  é 
reposaría  é  hablarían  mas  á  plascer.  Fecho  el  con- 
cierto, é  asignado  el  día  de  las  vistas,  el  Marqués  y 
el  Obispo  de  Burgos  se  fueron  al  Víllarejo,  donde  la 
Condesa  los  esperaba.  E  como  descabalgaron,  para 
entrar  á  comer  con  ella,  salió  gente  armada  sobre  el 
Marqués  é  fué  preso  luego  é  prestamente  llevado  á 
la  fortaleza  de  Fuentidueña.  Sabido  aquesto  por  el 
Rey,  fué  tan  indignado  é  rescibió  tan  grand  enojo, 
que  se  le  dobló  su  mal ;  pero  como  amaba  mucho  al 
Marqués,  sin  mirar  el  peligro  de  su  vida ,  se  partió 
luego  para  Estremadura,  é  desde  allí  procuró  de  ver- 
se con  la  Condesa  de  Osorno,  y  puesto  que  ella  salió 
á  las  vistas,  fué  tan  dura ,  que  á  ningún  ruego  del 
Rey  se  quiso  mover  ;  é  asi  vista  la  descortesía  de  la 
Condesa,  so  tornó  el  Rey  á  Madrid.  E  desde  allí  acor- 
dó de  verso  con  el  Arzobispo  de  Toledo  en  un  lugar 
que  se  dice  Villaverde  ;  donde  vistos,  quedaron  muy 
conformes,  para  que  dende  allí  adelante  el  Arzobis- 
po fuese  enteramente  suyo.  E  asi  con  deseo  de  ser- 
virlo tomó  el  cargo  de  ir  luego  á  poner  cerco  sobre 
Fuentidueña ;  é  puesto  el  cerco,  el  Rey  se  fué  allá  en 
persona,  quantoquier  que  él  era  con  poca  salud  é 
mal  dispuesto.  Durante  aquel  cerco,  López  Vázquez 
de  Acuña,  hermano  del  Arzobispo  ,  trató  vistas  con 
la  Condesa  de  Osorno,  á  las  quales  salieron  ella  é  un 
liijo  suyo ;  é  salidos  prestamente  fueron  presos  la 
madre  y  el  hijo,  é  llevados  á  la  fortaleza  do  Huete. 
De  aquella  prisión  fueron  muy  alegres  el  Rey  y  el 
Arzobispo  ;  porque  sintieron,  que  aquello  sería  cab- 
sa  de  la  liberación  del  Marqués  de  Villena.  Estonces 
el  Cardenal  y  el  Condestable  vinieron  allí,  é  comen- 
zaron á  tratar  con  el  Conde  de  Osorno ;  el  qual  sabi- 
da la  prisión  de  la  Condesa  su  muger  ó  de  su  hijo, 
determinó  de  soltar  al  Marqués ,  con  tanto  que  le 
diese  una  fortaleza  é  ciertos  vasallos,  que  se  dicen 
del  Maderuelo ;  la  qual  le  prometió  el  Marqués  de 
Villena  de  le  dar,  é  fué  suelto  con  tanto  que  Don  Pe- 
dro de  Velasco  quedase  allí  en  rehenes  dentro  de  la 
fortaleza,  hasta  que  la  Condesa  é  su  hijo  fuesen  allí 
tomados,  y  que  el  Cardenal  y  él  fuesen  fiadores  del 
Marqués  de  Villena,  que  cumpliría  lo  capitulado. 
Estonces  el  Marqués  salió  con  el  Cardenal  á  besarlas 
manea  al  Rey,  que  con  tanto  trabajo  de  su  persona 
avia  procurado  su  libertad.  E  desde  allí  el  Cardenal 
é  el  Marqués  con  López  Vázquez  de  Acuña  se  fueron 
á  Velez  para  procurar  la  libertad  de  la  Condesa  é  su 
hijo,  que  estaban  en  Huete;  é  sueltos,  los  enviaron 
á  Fuentidueña,  y  el  Rey  se  tomó  á  Madrid,  y  el  Car- 
denal y  el  Marqués  se  volvieron  luego  á  la  Corte,  y 
el  Arzobispo  se  fué  á  su  villa  de  Alcalá  de  Henares. 


CAPÍTULO  CLXVin. 


De  como  el  Rey  tornó  á  Madrid,  é  le    apretó  la  dolencia, 
é  murió. 

Tomóse  el  Rey  á  Madrid  con  mas  plascer  que  sa- 
lud por  la  deliberación  del  Marqués  de  Villena,  de- 
seando reposar  para  remediar  su  persona,  que  esta- 
ba flaca  é  muy  debilitada  de  andar  por  los  campos 
en  tiempo  de  tanta  fiialdad,  en  el  mes  de  Octubre  é 
Noviembre.  Donde,  creyendo  descansar,  cargó  en  él 
tan  apoderadamente  el  mal  de  sus  cámaras  é  gómi- 
to,  que  luego  paresció  ser  mortal  sin  remedio  algu- 
no ,  en  tanto  grado  que  luego  los  físicos  pronosti- 
caron ser  muy  cercano  su  fin.  Pero  todavía  acorda- 
ron de  lo  purgar  un  Domingo  por  la  mañana,  é  pur- 
gó livianamente,  con  que  paresció  en  alguna  mane- 
ra sentirse  mas  aliviado ,  hasta  que  ovo  comido ,  é 
dorraió  por  espacio  de  una  hora  y  medía  muy  sose- 
gadamente. E  luego  que  despertó  díóle  un  tan  grand 
dolor  de  costado,  y  tan  agudo  que  ningún  reposo  ni 
sosiego  ledexaba  tener;  en  tanto  grado,  que  siem- 
pre le  fué  cresciendo,  é  nunca  menguando ,  é  duróle 
aquel  dolor  por  espacio  do  diez  horas.  Estonces  di- 
xeron  los  físicos  á  los  Señores  que  allí  estaban ,  que 
eran  el  Cardenal  y  el  Condestable  y  el  Conde  de 
Benavente  y  el  Marqués  de  Villena  con  otros  del 
Consejo,  é  muchos  criados,  é  servidores  suyos,  que 
le  suplicaban  que  le  hiciesen  luego  confesar  é  orde- 
nar su  ánima,  por  quanto  no  tenia  mas  de  tres  ho- 
ras de  vida.  Oydo  aquesto,  mandaron  llamar  á  Fray 
Pedro  Mazuelo,  Prior  de  Sanct  Gerónymo  del  Paso, 
con  quien  el  Rey  se  confesó  por  espacio  de  una  ho- 
ra grande.  E  acabada  la  penitencia,  el  Religioso  le 
dixo  que  mirase  como  disponía  su  ánima,  é  donde 
se  mandaba  enterrar,  y  el  Rey  respondió  sosegada- 
mente, que  de  xaba  por  sus  Testamentarios  y  Alba- 
ceas  al  Cardenal  de  España,  y  al  Duque  de  Areva- 
lo,  y  al  Marqués  de  Villena  é  al  Conde  de  Benaven- 
te, é  les  encargaba  sus  consciencias ;  é  mandaba  quo 
su  cuerpo  fuese  llevado  á  Sancta  María  de  Guadalu- 
pe,  é  lo  enterrasen  debaxo  de  la  sepultura  de  la 
Reyua  su  madre  Doña  María.  E  asimesmo  mandaba 
que  do  sus  joyas  é  tesoros  fuesen  pagados  é  satisfe- 
chos sus  criados  é  servidores  de  lo  que  les  era  en 
cargo.  Dicho  aquesto,  con  muy  poca  pena  espiró  á 
las  dos  horas  de  la  noche,  que  se  contaron  once  días 
del  mes  de  Diciembre,  año  del  Nascimiento  de 
nuestro  Salvador  Jesu-Chrieto,  de  mil  é  quatrocien- 
tos  é  setenta  é  quatro  años.  Vivió  quarenta  é  nueve 
años,  é  once  meses,  é  once  dias,  y  reynó  veinte  é  dos 
años,  poco  mas  ó  menos.  Quedó  tan  deshecho  en  las 
carnes,  que  no  fué  menester  embalsamallo.  Fué  de- 
positado por  estonces  en  el  Monesterio  de  Sanct 
Gerónymo  del  Paso,  que  él  hizo,  donde  le  fueron  fe- 
chas señaladas  obsequias  según  que  á  Rey  pertenes- 
cian.  Dixo  la  Misa  el  día  de  su  enterramiento  el  Car- 
denal de  España  con  algunos  perlados  que  allí  es- 
taban por  asistentes  con  él  en  el  Altar.  ¡  O  Reyes 
poderosos,  que  sojuzgáis  los  Imperios!  ¡O  Príncipes 
temporales,  que  señoreáis  en  el  mundo !  Tomad  ago» 


222 

ra  enxeraplo  en  la  pujanza  de  este  Rey,  quando  co- 
menzó á  reynar.  Sean  en  vos  espejo  sus  altos  triun- 
fos, que  le  dio  la  fortuna,  sa  franca  liberalidad,  sus 
piadosas  obras  ,  su  mucha  clemencia,  con  que  go- 
bernó sus  subditos.  Mirad  que  ni  lo  uno  le  libró  de 
la  persecución  de  sus  traydores  criados,  ni  lo  al  lo 
escapó  de  la  muerte,  que  lo  privó  de  los  Reynos  é  le 
despojó  de  sus  señoríos.  Si  primero  se  vio  con  glo- 
ria, los  i3uyos  se  la  robaron.  Si  fué  Señor  de  grandes 
tesoros,  aquellos  le  empobrecieron.  Si  ganó  muchas 
tierras,  é  si  algunas  provincias  se  alzaron  por  él, 
aquellos  como  ingratos  se  las  ficieron  perder.  Ellos 
reecibiendo  mercedes,  se  tornaron  peores ;  él  sufrien- 
do sus  injurias,  se  fizo  mejor,  é  asi  feneció  su  vida 
con  mucha  paciencia,  é  acabáronse  sus  días  con  po- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


co  descanso,  é  salieron  sus  carnea  de  los  trabajos 
mundanos,  é  reposó  su  espíritu  de  tantos  afanes ,  y 
duermen  sus  huesos  sin  verse  corridos.  Pues  si  dis- 
creción é  saber  alcanzáis,  si  seso  é  prudencia  tenéis 
vosotros,  los  del  Cetro  Real,  contemplad  su  próspero 
estado,  su  graciosa  humildad,  sus  mercedes  infinitas, 
sus  grandes  persecuciones ,  sus  trabajos  é  afanes,  sus 
desmedidas  fatigas;  é  veréis  que  ni  la  mucha  poten- 
cia os  debe  cabsar  soberbia ,  ni  las  sobradas  riquezas 
haceros  avarientos ,  ni  los  casos  desastrados  privar 
de  la  virtud ,  ni  las  fuertes  adversidades  agenar  el 
corazón  de  la  condición  Real,  mas  con  serena  cara 
faced  á  todo  sereno  semblante,  é  de  tal  guisa  su- 
frirlo ,  que  ni  por  lo  muy  próspero  se  muestre  mas 
alegre,  ni  por  las  adversidades  señalada  tristeza. 


CRÓNICA 

DE  LOS  SEÑORES  REYES  CATÓLICOS 

DON  FERNANDO  Y  DOÑA  ISABEL 

DE  CASTILLA  Y  DE  ARAGÓN, 


ESCRITA 

POR  SU  CRONISTA  HERNANDO  DEL  PULGAR, 

COTEJADA 

CON  ANTIGUOS  MANUSCRITOS 

Y    AUMENTADA 
DE  VARIAS  ILUSTRACIONES  Y  ENMIENDAS. 


PROLOGO  DE  LA  EDICIÓN  DE  1780. 


Ofrezco  al  público  la  Crónica  de  los  Eeyes  Católicos  Don  Fernando  y  Doña  Isabel ,  escri- 
ta por  Hernando  del  Pulgar ,  una  de  las  mas  iiyportantes  por  su  objeto  y  por  su  estilo  de 
las  mas  bien  escritas  que  tenemos.  Como  desde  el  principio  anduvo  en  diversas  manos,  donde 
se  desfiguró ,  mudó  y  aun  llegó  á  perder  el  nombre  de  su  verdadero  autor ,  no  será  estraño 
que  tomemos  el  asunto  en  su  origen  para  hacer  ver  los  defectos  que  contrajo ,  y  la  diferencia 
que  hay  de  esta  edición  á  las  otras  dos  anteriores. 

Hernando  del  Pulgar ,  sugeto  versado  en  letras  divinas  y  humanas ,  empezó  á  escribir  la 
Crónica  de  los  Keyes  Católicos  por  autoridad  pública  el  año  1482 ,  como  parece  por  su  Le- 
tra XI.  escrita  á  la  Reyna  Doña  Isabel.  Bien  es  verdad  que  en  ella  menciona  lo  escrito  has- 
ta allí ,  pero  se  puede  comprender  que  solo  lo  escribió  por  diversión  ,  y  falto  de  las  noticias 
originales ;  y  así  lo  manifiesta  la  misma  Crónica  llena  do  errores  en  lo  substancial  de  los  he- 
chos ,  y  aun  en  lo  cronológico,  pues  coloca  muchos  de  ellos  fuera  del  tiempo  en  que  acaecie- 
ron. Después  prosigue  con  bastante  exactitud,  como  quien  vio  las  mas  de  las  cosas  que  escri- 
be ,  y  las  que  no  vio  pudo  saber  de  sugetos  que  las  presenciaron ,  y  aun  de  los  mismos  que 
las  hicieron;  y  concluye  en  el  año  de  noventa.  El  motivo  porque  la  dejó  en  este  estado  no 
sabemos ,  ni  si  le  cogió  la  muerte ,  pues  se  ignora  enteramente  el  año  en  que  murió :  hasta 
aquí  llegan  las  noticias  que  tenemos  del  Pulgar.  Después  paró  esta  Crónica  original  en  ma- 
nos del  Doctor  Lorenzo  Galindez  de  Carvajal,  del  Consejo  de  los  Reyes,  y  éste  se  la  entregó 
á  Antonio  de  Nebrixa  para  que  la  tradujera  (I).  Tenia  también  Nebrixa  título  de  Cronista 
Real,  y  ó  que  quisiera  aumentar  esta  obra ,  y  continuarla  hasta  su  tiempo ,  ó  por  otro  motivo 
que  no  sabemos,  lo  cierto  es  que  la  traduxo,  y  le  puso  aquel  Prólogo  ó  Dedicatoria  que  él  lla- 
mó Divinatioy  en  que  mas  se  explica  como  autor  que  como  traductor,  y  lo  mismo  repite  en 
la  exhortación  al  lector.  También  podría  conjeturarse  que  el  encargo  del  Rey  á  Nebrixa  fué 
que  escribiera  en  latin,  y  que  este,  cansado  y  viejo ,  ó  no  quiso  fatigarse  en  inquirir  noticias, 
ó  creyó  que  en  ningún  otro  las  hallarla  mas  originales  que  en  el  mismo  que  las  habia  escrito 
de  orden  del  Rey ;  y  á  esto  induce  el  modo  con  que  se  explica  al  principio  de  su  Dedicato- 
ria (2).  Con  esto  queda  á  mi  ver  desvanecida  la  acusación  que  se  hace  á  Nebrixa  de  que  se 
quiso  apropiar  esta  obra ;  y  yo  no  creo  que  un  hombre  por  tantos  títulos  famoso,  restaurador 
de  la  Literatura  Romana  en  su  patria,  y  de  los  estranjeros  tan  justamente  venerado,  quisie- 
ra arrogarse  trabajos  ágenos  que  no  le  hacían  falta  para  su  gloria.  Poco  después  murió  Ne- 
brixa, con  cuya  muerte  se  perdió  la  memoria  de  su  obra,  y  de  la  de  Pulgar,  que  permanecie- 
ron olvidadas  mucho  tiempo  hasta  que  Sancho  de  Nebrixa,  hijo  de  Antonio,  habiendo  encon- 
trado la  obra  latina  entre  los  papeles  de  su  padre,  la  imprimió  en  Granada,  en  folio,  en  1545, 
junto  con  el  Cronicón  Latino  del  Arzobispo  Don  Rodrigo,  y  otras  obras  de  Historia  Nacio- 
nal, y  poco  después  en  octavo  en  la  misma  Granada  en  1550,  dedicada  al  Príncipe  Don  Fe- 
Upe,  que  después  fué  segundo  de  este  nombre.  Como  esta  obra  estaba  en  latin,  corrió  en  sus 
dos  ediciones  muchos  años  sin  hacerse  mención  de  la  de  Pulgar ,  hasta  que  se  publicó  en  Va- 
lladolid  en  1565,  también  atribuida  á  Antonio  de  Nebrixa.  Yo  sospecho  que  habiéndose  en- 
contrado entre  sus  papeles,  se  creyó  desde  luego  sin  mas  examen  que  era  suya ,  y  con  esta 

(1)  Galind.  Prefac.   al  Registro  de  las  Joma-  (2)  Cui  inraortalia  gesta  tna  latino  sermone  des- 

das  MS.  cribenda  mandares.  Inü.  Divinat 

Cr.-IH.  15 


226  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 

buena  fe  se  dio  al  público  en  su  nombre ;  pero  como  babia  muchas  copias  en  las  cuales  lleva- 
ba el  de  su  verdadero  autor,  salió  dos  años  después  con  el  nombre  de  Pulgar  en  Zaragoza 
15G7  ,  que  son  las  dos  ediciones  que  tenemos. 

Mucho  se  ha  dicho  sobre  esta  obra ,  y  muy  varios  son  los  juicios  que  de  ella  se  han  hecho; 
pero  también  es  cierto  que  los  innumerables  errores  que  tenia  en  los  impresos  apenas  dejaban 
lugar  para  formar  juicio  seguro.  El  Doctor  Lorenzo  Galindez  de  Carvajal,  que  la  tuvo  origi- 
nal en  su  poder,  no  deja  de  culpar  al  autor  de  poco  exacto,  y  de  que  omite  circunstancias,  y 
aun  hechos  muy  notables,  en  perjuicio  de  personas  particulares;  pero  no  sabemos  sobre  qué 
recaiga  esta  particular  acusación :  la  falta  de  exactitud  en  los  primeros  años  creo  está  bastan- 
te disculpada  con  que  no  tuvo  originales;  en  los  tiempos  que  los  tuvo,  no  sé  si  otro  ha  sido 
mas  puntual  en  describir  hasta  las  mas  menudas  circunstancias.  Otros  le  acusan  de  lenguaje 
grosero,  algunos  de  que  sus  oraciones  son  prolijas,  y  el  Arzobispo  Don  Antonio  Agustín  lle- 
gó á  decir  que  le  tenia  por  escritor  bárbaro  (1).  A  la  verdad  esta  Crónica  no  está  tan  exacta 
como  lo  requería  el  ser  historia  de  tan  grandes  Príncipes,  Hena  de  tantos  y  tan  varios  suce- 
sos ,  y  de  tantos  y  tan  ilustres  varones  como  ennoblecieron  esta  monarquía  en  la  guerra  y  en 
la  paz.  Muchos  de  los  sucesos  están  contados  con  nimiedad ,  otros  con  escasez  ,  y  en  toda  la 
obra  se  echa  de  ver  que  su  autor,  ó  no  quiso,  ó  no  tuvo  tiempo  para  corregirla.  En  lo  que  to- 
ca al  estilo  no  veo  que  se  le  pueda  achacar  que  no  fuera  común  á  todos  loe  de  su  tiempo,  y 
aun  á  todos  ellos  lleva  muy  conocida  ventaja :  su  lenguaje  es  puro  ,  cortado ,  sin  mezcla  de 
latinismos  ni  de  palabras  compuestas,  agradable,  claro,  y  para  aquel  tiempo  me  atrevo  á  de- 
cir que  elocuente :  este  dictado  le  dan  casi  todos  los  que  de  él  han  escrito.  En  las  oraciones 
sí  que  es  algo  prolijo,  pero  se  le  debe  agradecer  el  haber  sido  el  primero  que  las  introdujo  en 
la  lengua  castellana,  á  ejemplo  de  Livio  y  Salustio:  en  algunas  de  ellas  se  ven  pedazos  disi- 
mulados de  uno  y  otro.  Por  fin,  yo  no  alcanzo  cómo  ó  por  qué  Don  Antonio  Agustín  le  pu- 
diera llamar  escritor  bárbaro,  y  me  he  entretenido  en  esto  de  propósito  porque  no  preocupe  á 
otros  la  autoridad  de  un  tan  insigne  varón.  Los  escritores  que  hablan  de  Pulgar  le  dan  mu- 
chos y  crecidos  elogios ,  que  por  ser  tantos ,  y  no  hacer  principalmente  á  mi  propósito  ,  me 
contentaré  con  remitir  al  lector  á  que  los  vea  en  sus  originales  (2).  De  la  vida  civil  de  Pul- 
gar son  muy  escasas  las  noticias  que  nos  quedan,  pues  no  se  sabe  ni  el  año  de  su  nacimiento, 
ni  el  de  su  muerte,  ni  los  empleos  que  ejerció,  bien  que  de  sus  cartas  se  colige  que  era  perso- 
na de  autoridad ,  y  que  desempeñó  algunas  importantes  comisiones.  Solo  advertiremos  que 
algunos  llevados  de  la  semejanza  del  nombre,  le  conftmdieron  con  Hernán  Pérez  del  Pulgar, 
Señor  del  Salar,  Capitán  señalado,  cuyo  valor  se  distinguió  de  tal  modo  en  la  Guerra  de  Gra- 
nada ,  que  le  mereció  ser  denominado  el  de  las  hazañas,  por  las  muchas  y  singulares  que  hizo 
en  esta  conquista.  Entre  otras,  fué  muy  notable  cuando  siendo  Granada  aun  de  Moros  entró 
una  noche  solo  con  quince  hombres  en  la  Mezquita  mayor,  y  tomó  posesión  de  ella  para  Igle- 
sia Catedral,  como  después  lo  fué,  en  cuyo  reconocimiento  el  Emperador  Don  Carlos  le  dio 
privilegio  de  sepultura  para  si  y  sus  descendientes ,  y  de  poderse  sentar  durante  los  Oficios 
Divinos  en  el  Coro  de  dicha  Iglesia.  Por  la  fecha  del  privilegio  que  es  de  1526 ,  y  la  muerte 
de  este  Pulgar  en  1531,  como  dice  su  epitafio,  se  ve  claramente  que  no  es  nuestro  Cronista 
como  creyó  Gonzalo  Argote  de  Molina,  y  aun  Don  Nicolás  Antonio  lo  puso  en  duda  (3). 

(1)  Carta  á  Jerónimo  Zurita  en  Tarragona  á  5  de  también  pone  el  árbol  de  su  descendencia ,  L.XIV^ 
Diciembre  1578.                                                          '  cap.  3,  de  la  casa  de  Lara,  y  en  las  Pruebas,  Tom.  7F, 

(2)  Marín.  Sicul.  init.  L.XX,  De  reb.  Ilisp.  Jo.  pág.  577.  Don  Nicolás  Antonio  comete  aqui  dos  er- 
Vasaeus,  Chron.  Hisp.,  cap.  IV.  Schott.  Biblioih.  rores  :  el  uno  en  dudar  si  el  Pulgar  que  compuso  la 
Hisp.,p.  449.  Salazar,  Orón,  del  Card.  MeruJx)za,  L.  7,  Crónica  de  los  Reyes  Católicos  es  el  mismo  que  os- 
ea;). 43.  Mariana,  De  reb.  Hisp.,  L.XXIV,  cap.  17.  cribió  la  del  Gran  Capitán,  y  el  otro  en  atribuir  á 
Nicol.  Antón. ,  Bib.  Nov. ,  T.  /,  p.  295.  Pulgar,  sea  el  quo  fuere,  esta  última  Crónica  impre- 

(3)  Trae  este  Privilegio  Podraza  en  la  Historia  sa  en  Alcalá  en  1584,  pues  no  es  sino  otra  impresa 
de  Granada ,  Part.  IV,  cap.  49,  p.  214  ;  y  el  opitafio  en  Sevilla  en  1527 ,  y  pertenece  á  Pulgar  del  Salar, 
de  su  sepulcro  Don  Luis  de  Salazar  y  Castro,  que  Nicol.  Antón.,  Bib.  Nov.,  T.  I,  p.  295. 


PRÓLOGO  DE  LA  EDICIÓN  DE  1780.  227 

Para  dar  esta  obra  lo  mas  conforme  que  ser  pudiese  al  original  de  su  autor,  se  ha  coteja- 
do con  varios  manuscritos,  unos  de  su  tiempo,  y  otros  muy  cercanos  ,  por  donde  se  ha  cor- 
regido de  los  innumerables  errores  que  tenia  en  las  otras  dos  ediciones.  El  que  principal- 
mente ha  servido,  y  por  donde  se  han  corregido  muchos  lugares ,  es  uno  que  en  lo  correcto 
se  aventaja  á  todos  los  demás,  propio  del  Ilustrísimo  Señor  Don  Miguel  María  de  Nava,  del 
Supremo  Consejo  y  Cámara  de  Su  Magestad,  que  se  conserva  en  su  preciosa  y  selecta  libre- 
ría. Otro  manuscrito  se  ha  tenido  presente,  que  es  del  Señor  Marqués  de  Alcántara,  también 
bastante  antiguo,  aunque  incompleto;  otro  algo  mas  moderno  de  la  Biblioteca  del  Escorial, 
y  uno  del  mismo  impresor  Monfort ,  que  es  el  de  mayor  antigüedad.  Este  cotejo  se  debe  al 
cuidado  y  diligencia  del  Señor  Don  Vicente  Blasco,  Maestro  de  los  Serenísimos  Señores  In- 
fantes, y  Canónigo  electo  de  Valencia,  que  se  ha  tomado  el  penoso  trabajo  de  cotejar  los 
ejemplares  impresos  con  los  manuscritos  ya  citados,  y  con  prolija  puntualidad,  apuntar  ks 
varias  lecciones ,  corrigiendo  por  los  unos  lo  que  ñiltaba  á  los  otros ,  hasta  dejar  la  obra  en  el 
estado  que  se  imprime,  sin  perdonar  trabajo  ni  fatiga  para  contribuir  á  la  perfección  della  y 
á  los  deseos  y  esperanzas  del  público.  También  se  han  puesto  algunas  notas,  pero  pocas  y 
breves,  y  á  mi  entender  necesarias,  6  para  corregir,  ó  para  ilustrar,  ó  para  añadir  algún 
suceso  muy  notable.  Los  autores  de  donde  las  he  sacado  son  todos  contemporáneos  á  los  Re- 
yes Católicos,  ó  bien  otros  que  por  su  oficio  ó  proporción  tuvieron  á  mano  las  noticias  origi- 
nales. Lo  que  me  ha  servido  mucho  para  dicha  ilustración  es  el  Memorial  ó  Registro  de  las 
Jornadas  de  los  Reyes  Católicos,  del  Doctor  Lorenzo  Galindez  de  Carvajal,  de  quien  ya  se 
habló  en  el  Prólogo  á  la  Crónica  de  Don  Juan  Segundo:  obra  manuscrita,  pero  muy  puntual 
y  exacta,  porque  su  autor  se  halló  presente  á  los  mas  de  los  sucesos  que  escribe  y  los  anterio- 
res sacó  de  un  Sumario  que  estaba  en  el  cuarto  de  la  Reyna  Católica.  También  se  ha  tenido 
presente  la  Historia  manuscrita  de  estos  Reyes  que  escribió  el  Cura  de  los  Palacios  Andrés 
Bernaldez,  de  la  cual  he  disfrutado  un  ejemplar  que  fué  de  Rodrigo  Caro,  anotado  en  algunas 
partes,  y  rubricado  al  principio  de  su  mano;  autor  de  mucho  crédito,  aunque  algo  sospechoso 
en  las  cosas  del  Marqués  de  Cádiz  que  trata  con  sobrada  afición.  Las  Epístolas  del  Protono- 
tario  Pedro  Mártyr  de  Angleria,  que  contienen  en  breve  casi  toda  la  historia  de  aquel  tiempo, 
me  han  sido  de  muy  particular  uso,  y  asimismo  los  Anales  de  Jerónimo  Zurita,  á  quien  por 
su  puntualidad  se  debe  un  lugar  muy  distinguido  entre  los  Historiadores  de  España. 

Ya  se  hallaba  muy  adelante  la  impresión  de  esta  obra ,  cuando  me  ocurrió  el  pensamien- 
to de  continuarla  escribiendo  con  brevedad ,  y  á  modo  de  Comentarios  los  veinte  y  cuatro 
años  que  faltan  hasta  la  muerte  del  Rey :  aquellos  años  felices  en  que  la  Monarquía  Española 
con  tantas  y  tan  ilustres  conquistas,  dentro  y  fuera,  fué  arraigando  su  poder  y  echando  los 
fundamentos  de  la  grandeza  que  ahora  tiene.  La  sobrada  prolijidad  con  que  trata  estas  cosas 
el  cronista  Zurita ,  me  hicieron  pensar  en  la  necesidad  de  esta  obra ,  que  creí  pudiera  servir 
de  continuación  á  la  Crónica ;  pero  el  deseo  de  publicarla  luego  porque  el  publico  la  espera- 
ría con  ansia,  y  otros  incidentes  no  previstos ,  me  han  obligado  á  dilatarla  ejecución  de  este 
pensamiento ,  aunque  no  lo  he  abandonado. 

La  ortografía  de  la  Crónica  es  la  misma  de  sus  originales  en  cuanto  es  inseparable  del  len- 
guaje antiguo  en  que  escribía  su  autor :  en  lo  demás  se  ha  seguido  exactamente  la  de  la  Real 
Academia  Española.  Las  correcciones  se  han  puesto  en  el  cuerpo  de  la  obra  por  no  abultarla 
con  varias  lecciones ,  poniendo  los  textos  conforme  al  original  mas  correcto ,  y  donde  había 
diversidad  notable  se  ha  notado  al  pié  para  mayor  ilustración ;  el  orden,  y  número  de  los 
capítulos,  que  también  iba  errado  en  los  impresos,  se  ha  corregido  conforme  al  que  llevaban 
uniformemente  los  manuscritos.  En  fin ,  no  se  ha  omitido  diligencia  ni  cuidado  que  pudiera 
contribuir  á  la  perfección  de  esta  obra :  si  este  leve  trabajo  no  fuere  absolutamente  despre- 
ciado de  los  doctos,  habré  logrado  bastante,  y  esto  me  alentará  á  dedicar  de  hoy  en  adelan- 
te mis  tareas  en  obsequio  del  Público  y  de  la  Naciou. 


CRÓNICA 

DE  LOS  MUY  ALTOS  É  MUY  PODEROSOS 

DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL, 

REY  É  REYNA  DE  CASTILLA,  DE  LEÓN,  ETC. 


Gon  el  ayuda  de  Dios  é  de  la  Reyna  celestial,  en- 
tendemos escrebir  la  Crónica  de  la  muy  alta  é  muy 
excelente  Princesa  Doña  Isabel,  hija  del  muy  alto 
é  muy  poderoso  Rey  Don  Juan  el  Segundo  de  Cae- 
tilla  é  de  León .  En  la  qual  se  verá  como  por  la 
gracia  de  Dios  subcedió  por  Reyna  en  los  Reynos 
del  Rey  su  padre,  é  casó  con  el  Príncipe  Don  Fer- 
nando hijo  heredero  del  Rey  Don  Juan  de  Aragón  é 
de  Sicilia :  el  qual  ansimesmo  subcedió  por  Rey  en 
aquellos  Reynos,  é  juntos  en  matrimonio  reynaron 
en  toda  la  mayor  parte  de  las  Espafias.  E  porque  la 
Historia  es  luz  de  la  verdad,  testigo  del  tiempo, 
maestra  y  exemplo  de  la  vida ,  mostradora  de  la 
antigüedad ;  recontaremos ,  mediante  la  voluntad 
de  Dios,  la  verdad  de  las  cosas,  en  las  quales  verán 
los  que  esta  historia  leyeren,  la  utilidad  que  trae  á 
los  presentes  saber  los  hechos  pasados,  que  nos 
muestran  en  el  discurso  desta  vida  lo  que  debemos 
saber  para  lo  seguir,  é  lo  que  debemos  huir  para  lo 
aborrecer.  Otrosí  haremos  memoria  de  aquellos  que 
por  sus  virtuosos  trabajos  merecieron  haber  loable 
fama,  de  la  qual  es  razón  que  gocen  sus  descen- 
dientes. 

CAPÍTULO  PRIMERO. 

De  la  generación  del  Rey  Don  Juan,  é  como  fué  jurado  por  Prín- 
cipe é  alzado  por  Rey  ei  Infante  Don  Alonso. 

E  para  mejor  información  de  los  que  esta  Cróni- 
ca leyeren,  es  de  saber  que  el  Rey  de  Castilla  Don 
Juan  el  Segundo,  padre  desta  Princesa,  casó  dos  ve- 
ces :  una  con  la  Reyna  Doña  María ,  hija  del  Rey 
Don  Fernando  de  Aragón  su  tio,  de  la  qual  ovo  un 
hijo,  que  subcedió  por  Rey  en  estos  Reynos,  é  se 
llamó  el  Rey  Don  Enrique  Quarto.  Muerta  aquella 
Reyna  Doña  María,  casó  con  la  Reyna  Doña  Isabel, 
hija  del  Infante  Don  Juan,  que  fué  hijo  del  Rey 
Don  Juan  de  Portogal,  de  quien  ovo  primero  esta 
Princesa,  c  después  ovo  un  hijo  que  llamaron  el 
Infante  Don  Alonso.  Muerto  el  Rey  Don  Juan ,  la 
Reyna  Doña  Isabel  su  muger,  madre  desta  Prince- 
sa, sintió  tan  grande  dolor  por  la  muerte  del   Rey 


su  marido,  que  cayó  en  enfermedad  tan  grave  é 
larga  de  que  no  pudo  convalecer.  Este  Rey  Don 
Enrique  Quarto,  hijo  del  Rey  Don  Juan ,  luego  que 
muerto  el  Rey  su  padre  reynó,  casó  dos  veces  :  una 
con  la  Princesa  Dofía  Blanca,  bija  del  Rey  Don 
Juan  de  Navarra  su  tio ,  que  fué  después  Rey  de 
Aragón  :  con  la  qual  seyendo  Príncipe  estovo  casa- 
do por  espacio  de  trocéanos,  durante  los  quales  no 
ovo  á  ella  allegamiento  de  varón.  E  por  esta  causa 
ovieron  tan  gran  desacuerdo,  que  fué  hecho  por  el 
Papa  divorcio  entre  ellos ;  porque  fué  alegado  por 
ella,  que  él  era  inhábil  para  engendrar,  é  por  parte 
del  se  alegaba  que  el  defeto  de  la  generación  era  en 
ella,  é  no  en  él.  Hecho  este  divorcio,  tomó  por  mu- 
ger á  la  Reyna  Doña  Juana  hija  del  Rey  de  Porto- 
gal.  E  porque  en  las  esperiencias  que  deste  Rey  Don 
Enrique  se  ovieron,  fué  hallado  impotente  para  en- 
gendrar, los  Perlados  é  grandes  señores  del  Reyno, 
é  comunmente  todos  los  tres  estados  del,  conocien- 
do este  su  defecto,  tenían  á  su  hermano  el  Infante 
Don  Alonso  hermano  desta  Princesa  por  heredero 
legítimo  de  los  Reynos  de  Castilla.  Pasados  cinco 
años  de  su  casamiento,  la  Reyna  Doña  Juana  con- 
cibió :  del  qual  concepto  todos  los  del  Reyno  ovie- 
ron grand  escándalo,  porque  según  la  impotencia 
del  Rey  conocida  por  muchas  esperiencias,  creían 
que  lo  concebido  por  la  Reyna,  era  de  otro  varón  é 
no  del  Rey,  é  afirmaban  que  era  de  uno  de  sus  pri- 
vados, que  se  llamaba  Don  Beltran  de  la  Cueva, 
Duque  de  Alburquerque,  á  quien  el  Rey  amaba  mu- 
cho. E  por  consejo  de  algunos  que  eran  cerca  del 
Rey,  estos  dos  Infantes  Don  Alonso  é  Doña  Isabel 
sus  hermanos  fueron  tomados  de  poder  de  la  Rey- 
na su  madre,  é  puestos  en  gran  guarda  ;  porque  de- 
llos  no  se  siguiesen  al  Rey  los  inconvinientes  que 
la'consciencia  errada  teme  que  le  pueden  venir  por 
su  yerro,  que  siempre  le  acusa.  Lo  qual  sabido  por 
algunos  Perlados ,  é  caballeros,  é  por  algunos  reli- 
giosos de  buena  intención,  á  quien  la  impotencia 
del  Rey  para  engendrar  era  notoria  ;  dellos  en  per- 
sona ,  dellos  por  cartas  é  mensageros,  le  suplicaron 
é  aun  amonestaron ,  que   diese  orden  como  aquel 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


230 

preñado  se  eucubrieae  ;  porque  según  la  notoriedad 
é  certidumbre  de  su  impotencia,  de  lo  que  pariese 
la  Reyua,  se  siguiria  á  él  disf amia,  é  al  Beyno  gran- 
de escándalo.  El  Rey  veyéndose  por  estonces  muy 
poderoso  de  gentes  é  rico  de  tesoros,  queriendo  en- 
cubrir el  defecto  natural  que  tenia  para  engendrar, 
no  quiso  dar  orejas  á  las  amonestaciones  é  suplica- 
ciones que  sobre  esto  le  fueron,  é  publicó  el  preña- 
do de  la  Reyna  ser  suyo  (1).  Esta  Reyna  parió  una 
hija  que  llamaron  Doña  Juana :  á  la  qual  el  Rey 
hizo  que  los  Grandes  del  Reyno  é  las  cibdades  é  vi- 
llas del,  traídos  por  diversas  maneras,  unos  por  mie- 
do, é  otros  por  interese,  jurasen  por  Princesa  here- 
dera destos  Reynos  para  después  de  sus  dias.  Del 
qual  juramento  algunos  Perlados  é  grandes  seño- 
res é  caballeros  del  Reyno  reclamaron  secretamen- 
te, diciendo  haberlo  hecho  por  temor  del  poder 
grande  que  el  Rey  por  estonces  tenia.  Los  quales  é 
otros  algunos  dende  á  pocos  dias  rebelaron  contra 
el  Rey,  é  le  embiaron  á  decir  que  no  consintirian 
que  aquella  Doña  Juana  o  viese  la  subcesion  del 
Reyno,  pues  eran  ciertos  que  no  era  su  hija.  E  de- 
mandáronle ,  que  jurase  por  legítimo  subcesor  del 
Reyno  para  después  de  sus  dias  al  Infante  Don 
Alonso  BU  hermano  ,  no  embargante  el  juramento 
que  constreñidos  por  fuerza ,  habian  fecho  á  aque- 
lla Doña  Juana,  que  decían  ser  su  hija.  El  Rey  con- 
siderando que  todos  los  del  Reyno  querían  que  el 
Infante  su  hermano,  por  ser  hijo  cierto  del  Rey  Don 
Juan,  oviese  la  subcesion  del  Reyno,  otorgólo  é  in- 
titulóle Príncipe  heredero  de  Castilla  é  de  León. 
Después  de  pocos  dias  pasados  se  juntaron  Don 
Alonso  Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo,  é  Don  Fadri- 
que,  Almirante  mayor  de  Castilla,  é  Don  Juan  Pa- 
checo, Marques  de  Víllena,  que  fué  después  Maes- 
tre de  Santiago,  é  Don  Pedro  Girón,  su  hermano. 
Maestre  de  Calatrava,  é  Don  Gómez  de  Cáceres, 
Maestre  de  Alcántara,  é  Don  Alvaro  de  Estúñiga, 
Conde  de  Plasencia,  que  fué  después  Duque  de  Aré- 
lalo ,  é  Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel ,  Conde  de 
Benavente,  é  Don  Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Pa- 
redes, é  Don  Gabriel  Manrique,  Conde  de  Osorno, 
Comendador  mayor  de  Castilla,  é  otros  Caballeros  é 
Perlados  del  Reyno.  E  por  algunos  descontenta- 
mientos que  ovíeron  del  Rey  Don  Enrique,  publi- 
caron del  muchos  defetos ,  por  los  quales  dixeron 
que  era  inhábile  para  reynar.  E  tomaron  aquel  Prín- 
cipe Don  Alonso,  que  era  de  edad  de  once  años ,  y 
liaciendo  división  en  Castilla  le  alzaron  por  Rey  del 
Reyno  en  la  cibdad  de  Avila,  en  el  mes  de  Junio  (2) 

(1)  Naeid  U  InfanU  Doña  Juana  llamada  comanmentc /a  £«/• 
traneja,  porqoe  las  gentes  decian  que  era  bija  de  Don  Beltran  de 
la  Cueva,  que  después  fué  Duque  de  Alburquerque,  á  principios 
del  ano  1  I6i. 

^2t  Este  memorable  suceso,  que  vuelve  después  á  apuntar  en 
el  cap.  4,  sucedió  en  Miércoles  cinco  de  Junio,  y  es  uno  de  los 
mas  singulares  que  se  leerán  en  las  historias.  Los  Caballeros  que 
aquí  nombra  y  otros  que  acaso  calla  por  respetos  particulares  for- 
maron un  teatro  en  una  llanura  cerca  de  Avila,  donde  colocaron 
la  estatua  del  Rey  coronada  y  cubierta  de  lulo,  sentada  en  una 
silla  con  todas  las  insignias  reates.  Luego  leyeron  un  manillesto 
en  que  señala  lamente  le  acusaban  de  cuatro  cosas :  por  la  pri- 
m"ra  decían)  merecía  perder  la  dignidad  Real,  y  entonces  el  Ar- 


año del  Señor  de  mil  y  quatrocientos  y  sesenta  y 
cinco  años.  Para  hacer  esta  división  fueron  reque- 
ridos Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Marques  de 
Santillana,  Conde  del  Real  de  Manzanares,  que  fué 
después  Duque  del  Infantadgo ,  y  Don  Pero  Fer- 
nandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro,  y  Don  Garci 
Alvarez  de  Toledo,  Conde  de  Alva,  que  fué  después 
Duque  de  Alva,  y  Don  Pero  Alvarez  de  Osorio,  Mar- 
ques de  Astorga,  y  Don  Pero  Manrique,  Conde  de 
Treviño,  que  fué  después  Duque  de  Najara,  y  Don 
Iñigo  López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilla,  y  Don 
Lorenzo  Suarez  de  Mendoza,  Conde  de  Corufia,  su 
hermano,  y  Don  Pero  González  de  Mendoza,  Obispo 
de  CalahoiTa,  que  fué  después  Cardenal  de  España 
y  Arzobispo  de  Toledo  y  Obispo  de  Sigüenza,  y  otros 
Caballeros.  Los  quales,  considerando  los  comunes 
daños  que  en  los  Reynos  divisos  se  siguen,  dudaban 
ser  en  ella,  especialmente  creyendo  que  aquellos 
caballeros  lo  hacían  por  su  interese  particular,  y  no 
por  la  buena  gobernación  general  que  publicaban. 
Y  sobre  esto  hubieron  algunos  consejos  para  se  de- 
terminar mejor  en  lo  que  según  Dios  y  razón  de- 
bían seguir  :  y  porque  conocían  de  aquel  Obispo  de 
Calahorra  ser  hombre  letrado ,  generoso,  y  de  buen 
entendimiento ,  quisieron  oír  su  voto ,  el  qual  les 
dixo  :  «Notorio  es.  Señores,  que  todo  el  Reyno  es 
habido  por  un  cuerpo,  del  qual  tenemos  el  Rey  ser 
la  cabeza;  la  qual  si  por  alguna  inhabilidad  es  en- 
ferma, parecería  mejor  consejo  poner  las  melecinas 
que  la  razón  quiere,  que  quitar  la  cabeza  que  la  na- 
tura defiende.  Especialmente  debemos  considerar, 
que  por  razón  ni  por  justicia  podemos  quitar  el  ti- 
tulo que  nos  dimos,  ni  privar  de  su  dignidad  al  que 
reyna  por  derecha  subcesion ;  porque  si  los  Reyes 
son  ungidos  por  Dios  en  las  tierras,  no  se  debo 
creer  que  sean  subjetos  al  juicio  humano  los  que 
son  puestos  por  la  voluntad  divina.  La  Sacra  Es- 
criptura  espresamente  defiende  rebelar,  y  manda 
obedecer  á  los  reyes,  aunque  sean  índotos ;  porque 
sin  comparación  son  mayores  las  destruiciones  que 
padecen  los  reynos  divisos ,  que  las  quo  se  sufren 
del  rey  inhábil.  Y  por  eso  los  varones  notables,  con- 
formándose con  los  mandamientos  divinos,  deben 
huir  de  toda  división,  y  seyendo  leales  á  su  Rey, 
pugnar  por  el  sosiego  de  su  propría  tierra,  donde 
hubieron  el  nutrimepto ;  porque  sí  rehusan  de  lo 
haber,  allende  de  ser  ingratos  á  la  tierra  que  los 
crió,  necesario  les  será  si  ella  padece,  padecer  jun- 


xobispo  de  Toledo  le  quitó  la  corona  de  U  cabeza  ;  por  la  segun- 
da merecía  perderla  administración  de  justicia,  y  el  Conde  de 
Plasencia  le  quitó  el  estoque ;  por  la  tercera  merecía  perder  el 
gobierno  del  Reyno,  y  el  Conde  de  Benavente  le  qoitó  el  bastón 
que  tenia  en  la  mano ;  y  por  la  última  merecía  perder  el  trono  y 
reverencia  real,  y  Diego  López  de  Ziíñiga  le  derribó  con  ignomi- 
nia del  trono.  Hecho  esto,  los  Grandes,  que  ya  habian  conducido  á 
aquel  parage  al  Infante  Don  Alonso,  le  colocaron  en  el  trono  real, 
y  en  altas  voces  aclamaron :  Castilla ,  Castilla  por  el  Rey  Don 
Alonso,  ceremonia  nsada  en  las  prociaraaciones  de  los  Reyes, y 
que  fué  seguida  de  las  demás  acostumbradas  en  iguales  casos.  A 
esta  espantosa  escena  se  siguieron  todos  los  horrores  de  las  gucr 
ras  civiles  qae  hicieron  funestos  estragos  en  Castilla.  Reflere  este 
hecho  puntualmente  Enriq.  del  Castillo,  Crón,  MS.  de  Don  Enri- 
que IV,  cap.  74.  Mariana,  lili.  2.3,  cap.  9. 


DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL, 


231 


tamente  con  ella ;  y  por  tanto  es  mejor  trabajar  por 
la  paz  de  los  muchos,  que  caer  con  el  mal  de  todos. 
Otrosí  debemos  considerar,  que  si  los  Caballeros  y 
Perlados  que  se  mueven  á  hacer  tan  gran  novedad, 
hubiesen  intención  recta  para  la  hacer,  seria  buen 
consejo  que  nos  juntásemos  con  ellos,  no  á  hacer  la 
división  que  hacen ,  mas  á  la  buena  gobernación 
que  se  debe  hacer.  Pero  pues  vemos  que  para  pro- 
veer á  la  mala  gobernación  del  Rey  Don  Enrique, 
que  publican,  quieren  hacer  buena  la  del  Príncipe 
Don  Alonso,  seyendo  mozo  de  once  años,  manifiesto 
parece,  no  seyendo  aquella  edad  capaz  para  gober- 
nar, que  no  por  el  bien  .general  que  publican,  mas 
por  su  interese  particular  que  desean,  quieren  apro- 
piar á  sí  esta  gobernación,  no  mirando  que  do  quier 
que  muchos  quieren  mandar,  difícil  es  guardar  ver- 
dadera conformidad.  Así  que,  Señores,  si  aquellos 
Caballeros  y  Perlados  se  quieren  partir  de  la  divi- 
sión que  han  hecho,  cosa  justa  es  que  os  juntéis  con 
ellos  :  y  por  via  jurídica,  como  hombres  temerosos 
de  Dios,  leales  á  su  Rey,  y  zeladores  del  bien  de 
su  tierra,  proveáis  á  la  buena  gobernación  del  Rey- 
no,  como  aquellos  que  viven  vida  á  placer  del  que 
da  la  vida,  sin  el  qual  ningún  consejo,  ningún  uso, 
ninguna  dotrina  vale,  instruye,  ni  aprovecha.  Y  si 
todavía  quisieren  insistir  en  la  división  que  han 
principiado ,  mi  pareceres,  que  nos  apartemos  de 
hombres  scismáticos,  que  mas  parece  que  se  oponen 
á  impedir  la  razón  que  á  evitar  el  escándalo.»  Oidas 
estas  razones  que  el  Obispo  dixo,  todos  aquellos  ca- 
balleros y  otros  parientes  y  parciales  se  determina- 
ron á  sostener  la  parte  del  Rey  Don  Enrique,  y  no 
ser  en  la  división  del  Reyno,  que  aquellos  otros  ca- 
balleros hicieron ;  y  pelearon  unos  contra  otros  en 
la  batalla  real  que  se  ovo  cerca  de  la  villa  de  Ol- 
medo (1)  ,  donde  fueron  vencidos  los  del  Rey  Don 
Alonso.  El  qual  vivió  en  aquella  división  tres  años 
con  título  de  Rey,  en  poder  de  aquellos  Perlados  y 
caballeros  ;  y  luego  murió  de  pestilencia  en  Carde- 
ñosa,  aldea  de  la  cibdad  de  Avila  (2),  estando  con 
él  el  Arzobispo  de  Toledo  ,  y  Don  Juan  Pacheco, 
que  era  ya  Maestre  de  Santiago,  y  el  Conde  do  Pla- 
sencia,  y  el  Conde  de  Benavente,  y  otros  algunos 
de  los  caballeros  y  Perlados  que  le  habían  alzado 
por  Rey,  según  que  en  la  Crónica  del  Rey  Don  En- 
rique mas  por  extenso  se  recuenta. 


(1)  Esta  batalla  fué  Jueves  veinte  de  Agosto,  dia  de  San  Ber- 
nardo de  1467.  Fueron  desbaratados  los  del  Rey  Don  Alonso,  el 
Arzobispo  de  Toledo  herido  en  un  brazo,  tomado  el  pendón  real 
y  presos  el  Conde  de  Luna,  el  Conde  de  Alva ,  Pedro  de  Fontive- 
ros  y  algunas  otros  Señores  principales.  El  Rey|I)on  Enrique,  cre- 
yendo ser  perdida  la  batalla  ,  se  retiró  á  una  aldea  vecina,  de  don- 
de no  salió  hasta  que  le  halló  allí  triste  y  confuso  el  mismo  Cro- 
nista que  lo  refiere  y  le  dio  la  nueva  del  vencimiento.  Enrique, 
Crón.  de  Enriq.  IV,  cap.  9H, 

(1)  Martes  en  la  noche  á  cinco  de  Julio  de  1468.  El  Cronista  de 
Enrique  IV  nota  que  tres  dias  antes  se  habia  esparcido  la  nueva 
de  su  muerte  por  todas  las  ciudades  del  Reyno.  Tal  vez  en  eso 
debió  fundarse  la  opinión  de  los  que  dijeron  que  habia  muerto  de 
veneno,  y  aun  Alonso  de  Falencia  asegura  que  se  lo  hizo  dar  el 
Marques  de  ViUena.  Otros  con  Pulgar  atribuyen  su  muerte  á  la 
pestilencia  que  reynaba  en  aquellos  lugares.  Enriq.  del  Castillo, 
Crón.  de  Enriq.  lY,  cap.  112.  Mariana,  lib.  2o,  cap.  11. 


CAPÍTULO  IL 

Como  la  Princesa  fué  jurada  por  subcesora  del  Reyno  en  los  To- 
ros de  Guisando,  y  la  concordia  que  hizo  con  el  Rey  Don  En- 
rique. 

Veyéndose  desamparados  estos  Perlados  y  caba- 
lleros por  la  muerte  del  Rey  Don  Alonso  que  ha- 
bían tomado  ,  y  enemistados  con  el  Rey  Don  Enri- 
que su  hermano,  que  habían  dexado,  estaban  en 
gran  temor ,  recelando  la  indinacion   del  Rey ,  á 
quien  por  cartas  y  por  palabras,  durante  la  divi- 
sión, habían  torpemente  injuriado  ;  y  no  hallaban 
otro  remedio  para  su  defensa,  sino  continuar  la 
scisma  que  habían  comenzado  en  el  Reyno,  alzan- 
do en  él  por  Reyna  á  esta  Princesa  Doña  Isabel  en 
lugar  de  su  hermano  ;  porque  con  ella,  por  ser  per- 
sona real',  y  legítima  subcesora  del  Reyno  ,  pudie- 
sen mejor  defender  sus  personas  y  estado  de  los 
males  que  rescelaban  rescebir  del  Rey  Don  Enrique, 
por  lo  que  contra  él  habían  cometido,  y  quisieran 
luego  ponerlo  en  obra.  Y  suplicaron  á  la  Princesa 
que  estaba  con  ellos  en  la  cibdad  de  Avila,  que  to- 
mase título  de  Reyna  de  Castilla  y  de  León,  según 
lo  tenía  el  Rey  Don  Alonso  su  hermano  ,  pues  le 
pertenecía  de  derecho  ;  y  que  todos  los  Caballeros 
y  Perlados,  y  las  cibdades  y  villas  que  estaban  por 
él,  estarían  á  la  obediencia  della,  y  el  Rey  Don  En- 
rique no  habría  lugar  de  dar  la  subcesiou  del  Rey- 
no  á  aquella  Doña  Juana  que  decia  ser  su  hija.  La 
Princesa,  á  quien  no  habia  placido  la  división  pa- 
sada, por  las  destruicíones  y  tiranías  que  de  contino 
veía  crecer  en  el  Reyno,  deliberó  de  no  tomar  títu- 
lo de  Reyna  en  vida  del  Rey  su  hermano,  y  de  se 
conformar  con  él,  si  quitos  los  escándalos,  le  jurase 
paradespues  de  sus  dias  la  subcesiondel  Reyno  que 
le  pertenecía,  según  habia  hecho  al  Principe  Don 
Alonso  su  hermano.  Con  esta  voluntad  de  la  Prin- 
ciesa  se  conformó  Don  Juan  Pacheco,  Maestre  de 
Santiago,  el  qual  mostraba  ser  arrepentido  de  la  di- 
visión pasada,  y  aun  se  cree  que  el  pecado  de  la  in- 
gratitud lo  acusaba  gravemente ;  porque  habiendo 
seydo  criado  del  Rey  Don  Enrique,  y  de  quien  re- 
cibió los  bienes  y  el  estado  grande  que  tenia,  le  ha- 
bia errado,  seyendo  principal  causa  de  aquella  di- 
visión pasada  ;  durante  la  qual  habia  visto  muchas 
veces  su  persona  y  estado  y  de  sus  parientes  en 
grandes  aventuras  y  destruicion  :  y  asi  por  esto,  co- 
mo porque  sabia  bien  que  el  Rey  le  perdonaría,  y 
allende  de  le  perdonar,  estaria  á  su  gobernación  en 
todas  las  cosas,  tuvo  manera  que  se  moviese  habla 
de  concordia  entre  él  y  la  Princesa  su  hermana ;  y 
embiáronle  á  decir  que  si  su  voluntad,  quitos  todos 
rigores,  le  quisiese  otorgar  la  subcesion  destos  Rey- 
nos  para  después  de  sus  dias,  pues  le  pertenecía  de 
derecho,  ella  y  los  Caballeros  y  Perlados  que  con 
ella  estaban ,  vernian  luego  á  su  obediencia,  y  le 
servirían  ;  y  estando  él  y  ella  concordes  en  la  sub- 
cesion del  Reyno,  cesaría  la  división,  y  los  robos,  y 
tiranías,  é  otras  desobediencias  que  en  él  habia ,  y 
él  en  su  vida  seria  único  Rey  sin  contención.  En  es- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


232 

te  trato  de  concordia  entendieron  Don  Alonso  de 
Fonseca,  Arzobispo  de  Sevilla,  y  Andrés  de  Cabre- 
ra, Mayordomo  del  Rey ,  que  después  fué  Marques 
de  Moya ;  y  estos  dos  le  dieron  á  entender  que  lo 
debia  hacer,  pues  la  esperiencia  de  las  cosas  pasa- 
das le  amonestaba  guardarse  de  las  futuras,  y  le 
mostró  el  peligro  de  su  estado  y  el  daño  acaecido 
eu  sus  Reynos,  por  tener  aquel  propósito  ;  y  que  en 
esto  principalmente  servirla  á  Dios,  porque  cesante 
la  división,  cesarian  los  males  que  della  se  espera- 
ban, y  él  gozarla  del  fruto  de  la  paz,  y  seria  libre 
de  todos  trabajos  y  gastos ,  y  del  poco  reposo  y 
quietud  que  su  persona  padecía.  Algunos  de  los  que 
cerca  del  Rey  estaban,  y  deseaban  que  fuesen  puni- 
dos los  caballeros  y  Perlados  que  habían  puesto 
división  en  el  Royno,  trabajaban  de  indinar  al  Rey 
coi^tra  ellos ;  y  decíanle  que  bien  sabia  quantos  ca- 
sos Dios  lo  habla  ofrecido  en  los  tiempos  pasados 
para  castigar  á  aquellos  sus  deservidores ,  que  pu- 
blicando voz  de  justicia  y  de  buen  regimiento  del 
Reyno,  lo  habían  puesto  en  escándalos,  robos,  y  ti- 
ranías ;  y  que  nunca  se  dispuso  á  executar  en  ellos 
las  penas  en  que  hablan  incurrido  por  el  grave  cri- 
men que  cometieron.  Decíanle  asimesmo,  que  con- 
siderase agora  que  la  muerte  del  Príncipe  su  her- 
mano en  tal  edad  y  tiempo  venida,  era  un  caso  ma- 
ravilloso que  Dios  ofrecía ,  para  que  hubiese  lugar 
la  execucion  de  su  justicia,  contra  aquellos  que  pos- 
puesta la  obediencia  debida  á  su  Rey,  tan  rotamen- 
te habian  maculado  su  persona  real,  diciendo  que 
no  era  hábile  para  reynar,  y  que  era  hombre  efemi- 
nado,  y  que  habla  dado  de  su  voluntad  la  Reyna 
su  muger  á  su  privado  Beltran  de  la  Cueva,  á  quien 
hizo  Dijque  de  Alburquerque,  cuya  hija  afirmaban 
que  era  aquella  Doña  Juana,  y  que  era  odioso  á  la 
justicia,  y  distribuía  el  patrimonio  real  á  sus  pri- 
vados, y  á  quien  ellos  querían  con  gran  prodigali- 
dad y  disolución ,  y  que  era  envuelto  en  luxurias  y 
vicios  desordenados,  y  otras  cosas  feas  ;  y  que  no 
solo  las  habian  dicho ,  mas  aun  las  escribieron  por 
sus  letras  al  Papa,  y  las  publicaron  por  toda  la 
Christiaudad ;  cuyos  treslados  estaban  hoy  en  todas 
las  cibdades  é  villas  destos  Reynos.  Decíanle  asi- 
mesmo, que  todas  estas  cosas  habiendo  lugar  de  se 
castigar  y  no  se  castigando,  parecía  otorgar  las  in- 
habilidades que  aquellos  Perlados  y  caballeros  tan 
rotamente  del  habian  publicado.  Las  quales  eran  de 
tal  calidad,  que  ni  eran  perdonables,  ni  los  que  las 
díxeron  eran  dignos  de  perdón  ;  porque  no  lo  ve- 
nían á  pedir  con  aquella  humildad  y  arrepentimien- 
to que  deben  venir  aquellos  que  conociendo  sus 
yerros  merecen  ser  perdonados,  antes  perseverando 
en  ellos,  le  requerían  que  quítase  la  subccsion  á  la 
que  decía  ser  su  hija ,  para  que  se  diese  á  su  her- 
mana. Otrosí  le  decían,  que  ninguna  cosa  podía  ser 
mejor  que  la  paz ;  pero  que  así  como  la  vida  sin 
paz  no  es  vida,  menos  la  vida  ein  honra  se  puede 
á  los  reyes  decir  vida  ni  paz ,  la  qual  se  debia  pro- 
curar por  guerra,  cuando  sin  guerra  no  había  lu- 
gar la  razón ;  y  decíanle  otras  cosas  para  le  provo- 
car á  indignación  contra  aquellos  caballeros.  Otros 


algunos  de  sus  privados  conociendo  que  bu  costum- 
bre y  natural  inclinación  era  dispuesta  á  deleytes 
y  aborrecer  negocios,  conformaron  su  consejo  con 
lo  que  conocían  de  la  condición  del  Rey ;  y  decían- 
le, que  pusiese  en  obra  aquello  que  el  Arzobispo  de 
Sevilla  y  su  Mayordomo    Andrés  de   Cabrera  le 
aconsejaban,  y  el  Maestre  de  Santiago  le  embiaba 
á  decir ;  porque  visto  por  los  del  Reyno  la  confor- 
midad del  y  de  la  Princesa  su  hermana  ,  cesarian 
los  deseos  malos  de  los  hombres  criminosos,  que 
tenían  puesto  el  Reyno  en  guerras  y  tiranías.  De- 
cíanle asimesmo  que  el  Maestre  do  Santiago  ver- 
nia  ásu  corte,  y  continuaría  con  él  en  su  servicio,  y 
y  que  según  las  habilidades   del  Maestre,  y  el  po- 
der grande  que  tenía  en  el  Reyno ,  con  su  mano  y 
consejo  sería  Rey  temido  y  obedecido.  Y  de  secre- 
to le  decían,  que  como  quier  que  por  agora  otorga- 
se la  subcesion  á  su  hermana  la  Princesa,  pero  des- 
pués se  podía  tener  en  tal  manera  que  se  la  quitase, 
casándola  fuera  del  Reyno ,  ó  en  otra  forma  quo 
para  ello  se  daría ,  estando  en  su  poder ;  lo  qual  no 
así  bien  se  podía  hacer  estando  fuera  del.  Y  que 
podía  casar  la  que  decía  ser  su  hija  con  tal  perso- 
na á  quien  apoderase  del  Reyno,  en  tal  manera  que 
su  hermana  la  Princesa  no  pudiese  en  él  tener  par- 
te. El  Rey  cides  aquellas  razones,  con  esperanza  de 
poner  en  obra  lo  que  en  secreto  sus  privados  le  de- 
cían, acostóse  al  partido  que  el  Arzobispo  de  Sevi- 
lla, y  su  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  lo  movie- 
ron, y  dixo  quo  le  placía  otorgar  la  subcesion  del 
Reyno  á  su  hermana  la  Princesa,  y  que  ella  y   el 
Maestre  de  Santiago  viniesen  á  su  corte,  porque 
pareciese  en   tcdo  el  Reyno  la  concordia  que  ha- 
bía entre  ellos.  La  qual  fué  asentada  con  condi- 
ción, que  el  Rey  dentro  en  quatro  meses  embíase 
ala  Reyna  Doña  Juana  su  muger,  y  aquella  Do- 
fia  Juana  que   había  parido ,  á  Portogal ,  y  pro- 
curase con  el  Papa  divorcio  del  casamiento  he- 
cho entre  él  y  ella,  porque  aquel  no  se  había  po- 
dido celebrar  entre  ellos  legítimamente  en  dero- 
gación del  primero  matrimonio  que  había  celebra- 
do con  la  Princesa  Doña  Blanca  su  primer  muger, 
Iten,  que  diese  á  la  Princesa  su  hermana  las  cibdu- 
des  de  Avila,  y  Buete,  y  Molina,  y  Medina  del  Cam- 
po, y  Olmedo,  y  Escalona  ,  y  Übeda,  para  sostener 
su  estado.   La  Princesa  otorgó,  que  guardando  rl 
Rey  esto  que  le  había  prometido,  no  casaría  sin  su 
licencia;  y  desta  manera  fué  asentada  concordia 
entre  ellos.  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Mar- 
ques de  Santillana,  y  Don  Pero  González  de  Men- 
doza, Obispo  de  Sígüenza  su  hermano,  que  fué  des- 
pués Cardenal  de  España  y  Arzobispo  de  Toledo,  y 
Don  Pero  Fernandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro, 
que  fué  después  Condestable  de  Castilla,  y  otros  al- 
gunos Perlados  y  caballeros ,  que  según  habemoa 
dicho  no  quisieron  ser  en  la  división  pasada,  y  tu- 
vieron siempre    la   parte  del   Rey   Don  Enrique, 
quando  supieron  la  concordia  que  el  Rey  sin  gel» 
hacer  saber  habla  concluido  con  la  Princesa  su  her- 
mana, fueron  muy  descontentos  ;  porque  habiéndo- 
le bien  servido ,  y  peleado  por  él  en  la  batalla  que 


DON  FERNANDO 
hubieron  cerca  de  Olmedo  con  el  Rey  Don  Alonso 
su  hermano ,  en  remuneración  del  premio  que  por 
la  virtud  de  su  constancia  debían  haber,  los  dexa- 
ba  fuera  de  aquella  concordia  ;  y  recelando  quedar 
en  alguna  iudinacion  con  la  Princesa,  y  en  des- 
acuerdo con  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  con  el  Maes- 
tre de  Santiago,  y  con  los  otros  caballeros  y  Perla- 
dos que  con  ella  estaban,  embiaron  á  decir  al  Rey, 
que  ellos  habian  sabido  como  determinaba  perdo- 
nar aquellos  caballeros  y  Perlados  que  con  el  Rey 
Don  Alonso  su  hermano  habian  hecho  división  en 
estos  Rcynos,  y  le  placia  declarar  á  la  Princesa  su 
hermana  por  subcesora  dellos,  de  lo  qual  les  placia 
mucho,  porque  creian  cesar  por  esta  causa  todos 
los  escándalos  y  guerras  en  el  Reyno ;  pero  que  le 
suplicaban,  si  acordaba  perdonar  á  aquellos  caballe- 
ros y  Perlados  que  habian  seydo  sus  deservidores, 
no  condenase  á  ellos  que  eran  sus  servidores ,  pues 
con  tanta  constancia  é  lealtad  le  habian  servido.  Y 
si  entendía  que  era  bien  quitar  la  división  entre  él 
y  la  Princesa  su  hermana,  no  la  dexase  entre  los 
Perlados  y  caballeros  de  su  Reyno,  que  por  causa 
suya  habian  seydo  divisos  :  porque  aquellos  que 
por  le  servir  se  enemistaron  con  ellos,  no  quedasen 
fuera  de  aquella  concordia,  y  padeciesen  los  daños 
que  con  su  mano  real  les  podrían  hacer,  estando  los 
otros  con  él  en  su  corte,  y  ellos  absentes.  Oídas  es- 
tas razones,  bien  quisiera  el  Rey,  que  luego  se  hi- 
ciera reconciliación  délos  caballeros  de  la  una  par- 
te y  de  la  otra ;  pero  su  espíritu  inclinado  á  quie- 
tud, y  ageno  do  todo  negocio ,  le  sometía  á  la  go- 
bernación del  Maestre  de  Santiago ,  de  tal  manera 
que  ninguna  cosa  hacia  salvo  lo  que  él  ordenaba.  Y 
por  su  consejo  determinó  que  se  hiciese  luego  la 
concordia  suya  y  de  la  Princesa  su  hermana,  y  des- 
pués so  entendería  en  la  reconciliación  de  los  ca- 
balleros de  la  una  parto  y  de  la  otra ;  y  para  esto 
arfjordaron ,  que  el  Rey  que  estaba  en  Madrid  vinie- 
se para  Cadahalso  aldea  de  la  villa  de  Escalona  ;  y 
la  Princesa,  y  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  el  Maestro 
de  Santiago,  y  el  Conde  de  Plasencía,  y  los  caballe- 
ros que  estaban  con  ella  en  la  cibdad  de  Avila,  vi- 
niesen para  Zebreros.  Venidos  á  aquellos  lugares, 
acordaron  un  día  que  se  juntasen  en  los  Toros  de 
Guisando ,  que  ora  en  comedio  de  un  lugar  y  de 
otro  ;  é  allí  se  juntaron  el  día  asignado  el  Rey  y  la 
Princesa  su  hermana,  y  el  Arzobispo  de  Toledo,  y 
el  Maestre  de  Santiago ,  y  Don  Alvaro  de  Estúfiiga 
Conde  de  Plasencía,  y  Don  Rodrigo  Alonso  Pimen- 
tel  Conde  de  Benavente,  y  Don  Gabriel  Manrique 
Conde  de  Osorno,  y  el  Arzobispo  de  Sevilla,  y  Don 
Iñigo  Manrique  Obispo  de  Coria,  y  Gómez  Manri- 
que su  hermano,  y  los  otros  caballeros  y  Ricos- 
Omes  que  venían  en  la  Princesa.  Venidos  á  aquel 
lugar,  el  Maestre  de  Santiago  llegó  al  Rey,  y  le 
dixo,  que  si  algunos  deservicios  el  Arzobispo  de 
Toledo  y  él  y  aquellos  caballeros  y  Perlados  que 
siguieron  la  vía  del  Rey  Don  Alonso  su  hermano, 
habian  hecho  á  Su  Señoría  en  los  tiempos  pasados, 
le  suplicaban  que  los  perdonase  y  olvídase  todas 
las  cosas  pasadas :  porque  ellos  entendían  en  las  por 


É  DOÑA  ISABEL.  233 

venir  servirlo  de  tal  manera,  que  perdiese  todo  eno- 
jo dellos.  Y  que  en  esta  concordia  que  se  hacia  entre 
él  y  la  Princesa  su  hermana,  se  daba  tal  sosiego  en 
sus  Reynos,  que  Dios  sería  servido,  y  él  obedecido  de 
sus  subditos.  El  Rey  recibió  bien  á  la  Princesa  su 
hermana,  y  á  aquellos  Perlados  é  caballeros  que  con 
ella  vinieron.  E  luego  el  legado  del  Papa  Antonio 
de  Vénerís  Obispo  de  León,  que  fué  después  Obispo 
de  Cuenca  é  Cardenal ,  por  la  autoridad  que  tenia 
del  Sumo  Pontífice,  á  pedimiento  del  Rey,  absolvió 
á  aquellos  Perlados  é  caballeros  é  á  todos  los  otros 
del  Reyno,  del  primero  juramento  que  habian  he- 
cho, quando  en  las  Cortes  de  Madrid  juraron  por 
Princesa  á  la  otra  Doña  Juana,  que  se  decía  hija  del 
Rey.  E  ansí  absueltos ,  luego  el  Rey  dixo  que  de- 
claraba la  subcesion  de  los  Reynos  de  Castilla  é  do 
León  para  la  Princesa  Doña  Isabel  su  hermana  que 
estaba  presente,  é  la  constituía  por  legítima  here- 
dera é  señora  dellos  después  do  sus  días  ;  por  quan- 
to  confesaba,  que  por  ser  fallecido  el  Príncipe  Don 
Alonso  su  hermano ,  no  quedaba  otro  verdadero 
subcesor  ni  legítimo  heredero  del  Reyno,  salvo  ella. 
E  juró  á  Dios  é  á  Santa  María  é  á  la  señal  de  la  cruz 
en  manos  de  aquel  Logado  del  Papa,  de  nunca  gela 
perturbar  ni  contradecir  en  ningún  tiempo  ;  é  man- 
dó á  aquellos  Perlados  é  caballeros  que  eran  pre- 
sentes, é  á  todos  los  otros  de  sus  Reynos ,  é  á  las 
cibdades  é  villas  é  tres  Estados  dellos,  que  le  jura- 
sen en  la  subcesion  según  que  él  lo  había  jurado. 
Hecho  por  el  Rey  esto  juramento,  los  otros  Caballe- 
ros é  Perlados  que  allí  estaban,  juraron  solennemon- 
te  en  manos  de  aquel  Legado  del  Papa  á  esta  Prin- 
cesa Doña  Isabel  por  subcesora  de  los  Reynos  de 
Castilla  é  de  León,  y  heredera  legítima  dellos,  para 
después  de  los  días  del  Rey.  E  desto  mandó  dar 
sus  cartas  para  todos  los  Grandes  é  caballeros,  ó 
para  las  cibdades  é  villas  del  Reyno ,  haciéndoles 
saber  esta  concordia,  é  las  condiciones  délla.  Y  em- 
bíóles  mandar  que  jurasen  por  heredera  destos  Rey- 
nos  á  la  Princesa  su  hermana  para  después  de  bus 
días,  según  que  él  é  los  otros  Perlados  é  caballeros 
que  con  él  á  ello  fueron  presentes ,  lo  habían  jura- 
do (1).  Hecho  el  acto  deste  juramento,  luego  el 
Rey  é  la  Princesa,  é  con  ellos  el  Maestre  de  Santia- 
go, y  el  Arzobispo  de  Sevilla,  y  el  Conde  de  Plasen- 
cía, y  el  Conde  de  Benavente,  y  el  Conde  de  Osor- 
no, é  los  otros  Perlados  é  caballeros  que  vinieron 
con  la  Princesa,  fueron  con  el  Rey  para  la  villa  de 

• 

(4)  Hfzose  esta  concordia  en  los  Toros  de  Guisando,  Lunes  19 
de  Setiembre  de  1468.  Es  estraño  no  apunte  el  Cronista  los  es- 
fuerzos que  con  esta  novedad  hizo  la  Reyna  Doña  Juana.  I.a  qiial 
sabido  en  Duytrago  el  onienayeque  se  habia  prestado  á  su  cuña- 
da, y  que  quedaba  por  succesora  del  Reyno  después  de  la  muerte 
de  su  hermano,  embió  á  Luis  Hurtado  de  Mendoza  (el  mismo  que 
la  habia  sacado  de  la  fürlaicza  de  Alahejos)  con  plenos  poderes 
al  Legado  del  Papa,  ante  quien  interpuso  su  apelación  una,  dos  y 
tres  veces,  eu  forma  de  derecho,  para  el  Papa  Paulo  II,  protestan- 
do que  lodo  lo  hecho  fuera  nulo  y  de  ningún  valor  por  el  perjui- 
cio que  seguía  i  su  hija  Doila  Juana.  Hecho  lo  qual  y  pedido  de 
ello  testimonio  se  voivii5  á  la  Reyna.  Pero  el, mismo  Cronista  que 
lo  refiere  dice  que  la  P.eyna  Doña  Isabel,  aunque  lo  supo,  lo  tuvo 
por  cosa  vana.  Calind.,  Memor.  de  los  ¡leyes  Caló/ic.  MS.  año  1464. 
Enriq.  del  GaótiUo,  Crónic.  deEnriq.  lY,  cap.  116  y  118. 


234  CRÓNICAS  DE  LOS 

Madrid  ;  y  el  Arzobispo  de  Toledo  fué  á  su  tierra,  é 
tiesde  Madrid  acordaron  de  ir  para  la  villa  de  Oca- 
üa,  do  se  juntaron  los  Procuradores  del  Reyno,  se- 
gún estaba  ordenado. 

CAPÍTULO  III. 

Como  salió  la  Reyna  Doila  Juana,  mHger  del  Rey  Don  Enrique, 
de  Alahejos ,  é  fué  á  Buylrago. 

É  paramas  clara  información  de  aquellos  que  es- 
ta historia  leyeren,  es  de  saber,  que  la  Reyna  Doña 
Juana  muger  deste  Rey  Don  Enrique,  por  cierto 
pacto  que  hizo  se  obligó  de  estar  algunos  dias  en  la 
fortaleza  de  Alahejos  en  poder  del  Arzobispo  de 
Sevilla,  cuya  era  aquella  villa.  Esta  Reyna,  como 
en  la  Crónica  del  Rey  Don  Enrique  su  marido  debe 
ser  relatado,  deleytándose  mas  en  la  hermosura  de 
su  gesto  que  en  la  gloria  de  su  fama,  ni  guardó  la 
honra  de  su  persona  como  debia,  ni  menos  la  del 
Rey  su  marido.  E  la  causa  deste  hierro ,  algunos 
quedan  afirmar  que  procedía  della ,  por  ser  muy 
moza  y  hermosa,  é  muger  á  quien  placían  hablas  de 
amores  é  do  las  otras  cosas  que  la  mocedad  suele 
demandar  é  la  honestidad  debe  negar.  Otros  algu- 
nos certificaban,  que  la  principal  causa  de  sus  yer- 
ro habia  seydo  el  Rey ,  á  quien  placía  que  aquellos 
BUS  privados,  en  especial  aquel  Duque  de  Albur- 
querque  oviese  llegamiento  á  ella  :  é  aun  se  decia 
que  él  mandaba  é  rogaba  á  ella  que  lo  consintiese. 
Este  yerro,  quier  procediese  della,  quier  del  6  de 
ambos  á  dos,  fué  tan  notorio  en  todo  el  Reyno ,  que 
los  caballeros  é  Perlados  que  alzaron  por  Rey  al 
Príncipe  Don  Alonso,  la  principal  causa  que  ovíe- 
ron  para  la  división  que  hicieron ,  era  haber  dado 
el  Rey  esta  Reyna  su  muger  á  aquel  su  privado 
Don  Beltran  de  la  Cueva,  á  quien  habia  hecho  Du- 
que de  Alburquerque,  é  que  aquella  Doña  Juana  era 
hija  de  aquel,  é  no  del  Rey.  Esto  se  afirmaba  por- 
que habia  en  su  palacio  y  en  sus  retraimientos 
grandes  é  casi  manifiestos  indicios  que  lo  afirma- 
ban ;  é  allende  desto  por  la  vulgar  opinión  era  creí- 
da la  impotencia  del  Rey,  porque  siempre  tovo  co- 
municación con  otras  mugeres,  é  procuraba  de  con- 
tino estar  cerca  dellas,  é  nunca  se  halló  antes  ni 
después  haber  llegamiento  de  varón  á  ninguna  (1). 
Esta  Reyna  estando  en  aquella  fortaleza  de  Alahe- 
jos fué  preñada  do  un  mancebo  sobrino  del  Arzo- 
bispo de  Sevilla  que  se  llamaba  Don  Pedro ,  que  ee- 

(1)  Enrifjucz  del  Caslillo  atribuye  este  hecho  de  la  soltura  de  la 
Reyna  á  an  Luis  Hurtado  hijo  de  Ruy  Diaz  de  Mendoza,  quien  di- 
:e  que  la  descolgó  en  un  cesto,  y  que  habiéndose  roto  la  soga  se 
lastimíi  la  cara  y  la  pierna  derecha,  pero  que  poniéndola  á  las  an- 
cas de  so  raula  la  llevó  con  seguridad  á  Buytrago.  Nada  menciona 
del  otro  suceso  que  apunta  Pulgar,  ni  podia  estando  en  servicio 
del  Rey  su  marido,  pero  en  algunas  partes  de  su  Crónica  no  deja 
de  insinuar  el  mal  porte  y  poco  rerato  de  esta  Reyna,  a  quien, 
con  todo,  no  Im  faltado  quien  defendiera,  diciendo  que  se  puede 
sospechar  que  gran  parle  de  estas  fábulas  se  forjaron  en  gracia 
de  los  Reyes  Don  Fernando  y  Doña  Isabel,  quando  el  tiempo  ade- 
lante reynaron,  y  que  les  dio  probabilidad  la  flojedad  grande  y 
descuido  del  Rey  ÍJon  Knrique  ,  junto  con  el  poco  recalo  de  la 
Reyna  y  su  soHura.  Mariana,  lib.'ii,  cap.  üU.  Bnriq.  del  Castillo, 
CróMc,  Cay,  llSt, 


REYES  DE  CASTILLA. 

taba  con  ella  por  guarda :  la  qual  tovo  manera  con 
él,  que  una  noche  la  descendiese  por  la  cerca  de  la 
fortaleza ;  é  teniendo  bestias  aparejadas  andovo 
aquella  noche,  y  este  Don  Pedro  con  ella,  fasta  que 
otro  día  llegaron  á  la  villa  de  Buytrago  donde  es- 
taba su  hija  Doña  Juana,  á  la  qual  tenia  en  guarda 
Don  íñigo  López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilla, 
hermano  del  Marqués  de  Santiljana. 

CAPÍTULO  IV. 

En  que  se  sigue  la  plática  habida  sobre  la  subcesion  del  Reynt 
entre  la  Princesa  é  la  Reyna  Doña  Juana. 

Quando  la  Reyna  Doña  Juana  sopo  que  el  Lega 
do  del  Papa  habia  relaxado  á  los  Perlados  é  Gran- 
des del  Reyno  el  juramento  que  á  su  hija  Doña  Jua- 
na hicieron  al  tiempo  de  su  nascimiento ,  é  que  €kl 
Rey  y  ellos  por  su  mandado  y  en  preseiicia  suya 
habían  jurado  á  la  Princesa  Doña  Isabel  por  Prin- 
cesa y  heredera  de  los  Reynos,  pesóle  mucho ,  é  de- 
cia que  aquel  juramento  no  se  debiera  hacer,  por 
ser  contra  el  queá  su  hija  se  había  hecho;  é  á  fin  de 
la  hacer  subcesora  de  los  Reynos,  quería  dar  á  en- 
tender que  era  hija  del  Rey,  diciendo  que  por  tal 
se  debia  tener ,  pues  había  nasciílo  en  su  casa  du- 
rante el  matrimonio  del  Rey  é  suyo.  Pero  esto  é 
quanto  la  Reyna  podia  decir  en  favor  de  su  hija, 
carecía  de  fundamento ,  porque  se  tenia  por  muy 
cierta  la  impotencia  del  Rey ;  la  qual  por  muchas 
experiencias  era  conocida ,  é  señaladamente  porque 
á  todo  el  Reyno  era  notorio  que  estovo  casado  con 
la  Princesa  Doña  Blanca ,  hija  del  Rey  Don  Juan 
de  Navarra,  por  espacio  de  trece  años  é  mas,  en  loa 
quales  nunca  ovo  á  ella  acceso  como  marido  \o  de- 
be á  la  muger ,  ni  menos  se  halló  que  lo  oviese  en 
todas  sus  edades  pasadas  á  ninguna  otra  muger, 
puesto  que  amó  estrechamente  á  muchas ,  ansí  due- 
ñas como  doncellas  de  diversas  edades  y  estados, 
con  quien  habia  secretos  yuntamientos,  é  las  tovo 
de  Gontíno  en  su  casa ,  y  estovo  con  ellas  solo  en 
lugares  apartados,  é  muchas  veces  las  hacia  dormir 
con  él  en  su  cama,  las  quales  confesaron  que  jamas 
pudo  haber  con  ellas  cópula  carnal.  E  de  esta  im- 
potencia del  Rey ,  no  solamente  daban  testimonio 
la  Princesa  Doña  Blanca,  su  muger,  que  por  tanto 
tiempo  estovo  con  él  casada,  é  todas  las  otras  mu- 
geres con  quien,  como  habernos  dicho,  tovo  estre- 
cha comunicación,  mas  aun  los  físicos  é  las  muge- 
res  é  otras  personas  que  desde  niño  tovieron  cargo 
de  su  crianza.  É  como  era  ptiblica  la  impotencia 
del  Rey,  é  que  la  Reyna  Doña  Juana  no  guardaba 
la  honestidad  de  su  persona,  adulterando  con  al- 
gunos privados  del  Rey  é  con  otros ,  nunca  aquella 
Doña  Juana  fué  tenida  ni  reputada  por  hija  del  Rey, 
antes  se  creyó  é  afirmó  generalmente  por  todos  des- 
de el  dia  que  se  publicó  ser  concebida ,  aquel  con- 
cepto ser  de  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Duque  de 
Alburquerque,  é  no  del  Rey.  B  si  por  ser  nascída 
durante  el  matrimonio  del  Rey  é  de  la  Reyna  como 
la  Reyna  decia,  habia  do  sor  reputada  é  tenida  por 
hija  del  Rey ,  é  por  consiguiente  haber  de  heredar 


DON  FERNANDO 
al  Rey,  é  subeeder  en  los  sus  Reynos,  por  la  misma 
razón  habían  de  ser  tenidos  ó  reputados  por  hijos 
del  Rey ,  é  con  mayor  razón  heredar  estos  Reynos 
por  ser  varones,  Don  Fernando  y  Don  Apóstol ,  hi- 
jos de  la  Reyna  é  de  Don  Pedro  de  Castilla ,  que  al 
presente  se  criaban  en  Santo  Domingo  el  Real  de 
Toledo,  en  poder  de  la  Priora  de  aquel  Monesterio, 
tia  de  aquel  Don  Pedro,  pues  hablan  nascido  de  la 
Reyna  también  como  aquella  Doña  Juana,  durante 
el  mismo  matrimonio  del  Rey  y  suyo.  Y  por  estas 
causas  é  por  otras  ,  todos  los  mas  Perlados  é  Gran- 
des del  Reyno,  á  quien  el  Rey  á  instancia  y  por 
instigación  de  la  Reyna,  hizo  jurar  á  esta  Doña  Jua- 
na al  tiempo  que  nasció ,  hicieron  reclamaciones  en 
secreto  y  protestaciones  que  hacían  aquel  juramen- 
to contra  su  voluntad,  y  costreñidos  por  temor  que 
habían  del  absoluto  poder  de  que  por  entonces  el 
Rey  usaba,  y  de  la  gran  parte  que  la  Reyna  tenia 
en  su  voluntad.  Pero  que  cada  y  quando  viesen 
tiempo,  en  que  sin  manifiesto  peligro  de  sus  perso- 
nas y  estados  pudiesen  hacer  lo  que  debían  ,  reco- 
nocerían por  herederos  destos  Reynos  para  después 
de  la  vida  del  Rey,  al  Infante  Don  Alonso,  y  en  fa- 
llecimiento suyo  sin  generación,  á  esta  Princesa  Do- 
fia  Isabel  su  hermana,  hijos  legítimos  del  Rey  Don 
Juan.  Y  ansí  en  un  gran  ayuntamiento  que  los  Per- 
lados y  Grandes  del  Reyno  hicieron  con  el  Rey,  en- 
tre Cabezón  y  Óigales  (1),  el  año  de  mil  é  quatro- 
cientos  é  sesenta  é  quatro  años,  veyéudose  ya  en 
alguna  libertad,  queriendo  guardar  sus  conscien- 
cias  y  la  fidelidad  que  á  estos  Reynos  debían,  y 
usando  de  las  reclamaciones  y  protestaciones  que 
en  secreto  habían  hecho ,  todos  juntamente  con  el 
Rey,  y  en  su  presencia  y  por  su  mandado,  excluyen- 
do totalmente  aquella  Doña  Juana  de  la  eubcesion 
destos  Reynos ,  juraron  públicamente  por  príncipe 
heredero  dellos  al  Infante  Don  Alonso.  Con  el  qual 
juramento,  ansimismo  por  cartas  y  mandamientos 
del  Rey  que  sobre  ello  embió  por  todo  el  Reyno,  se 
conformaron  todos  los  Perlados  y  Grandes  que  allí 
se  acertaron ,  y  las  cibdades  é  villas  principales  de 
todos  los  Roy  nos.  Por  virtud  de  los  quales  juramen- 
lus  hechos  al  Príncipe  Don  Alonso  y  á  esta  Prince- 
sa Doña  Isabel ,  y  de  la  relaxacion  que  el  Logado 
del  Santo  Padre  hizo  del  juramento  hecho  á  la  hija 
déla  Reyna,  fué  habido  por  ninguno  y  de  ningún 
vigor  y  efecto  el  juramento  hecho  ú  aquella  Doña 
Juana.  Y  todos  perseveraron  en  el  juramento  hecho 
á  esta  Princesa  Doña  Isabel ,  y  en  aquel  permane- 
ciendo lo  tornaron  á  renovar,  quando  por  fin  del 
Rey  Don  Enrique  la  obedecieron  y  juraron  por  Rey- 
na y  Señora  de  aquestos  Reynos.  Muchas  otras  ra- 
bones tocantes  á  esta  materia  se  dexan  aquí  de  de- 


(1)  En  este  ayuutaraiento  juiaion  los  Grandes  que  á  él  se  ha- 
llaron de  procurar  á  iodo  su  leal  poder  que  el  Infante  Don  Alonso 
casase  con  aquella  Doña  Juana  que  se  decia  hija  del  Rey.  Asi- 
mismo hizo  el  Rey  renunciar  á  Don  Beltran  de  la  Cuevn  el  Maes- 
trazgo de  Santiago  ,  y  le  dio  en  enmienda  la  villa  de  Alburquer- 
que  con  titulo  de  Ducado,  y  las  villas  de  Cuéilar ,  Roa,  Molina, 
Aticnza,  y  la  Peña  de  Alcázar,  con  oirás  mercedes.  Enriq.  del 
Cast.,  Crón,  de  Don  turiq.  IV,  cap.  67. 


E  DONA  ISABEL.  235 

cír  por  la  honestidad,  y  por  excusar  escriptura  que 
sea  en  injuria  de  persona  Real ;  y  aun  las  reconta- 
das se  dexarian,  salvo  porque  la  fideUdad  nos  obli- 
ga á  recontar  algunas  cosas  de  las  que  en  verdad 
pasaron  sobre  esta  materia  ,  especialmente  algunas 
de  aquellas  que  muestran  claramente  el  derecho  que 
esta  Princesa  Doña  Isabel  tovo  á  la  subcesion  des- 
tos  Reynos.  Y  con  toda  verdad  podemos  testificar 
que  el  Rey  mandó  prender  por  causa  deste  adulte- 
rio a  aquel  Don  Pedro,  lo  qual  sabido  por  la  Reyna, 
atribulóse  con  tantos  lloros,  que  el  Rey  no  pudiea- 
do  sufrir  la  pena  contina  que  veía  recebir  á  la  Rey- 
na, le  mandó  soltar.  Ninguno  tenga  por  cosa  grave 
de  creer  esto  que  leyere  deste  Rey  ni  de  otro  algu- 
no, que  siguiendo  sus  apetitos  y  dándose  á  vicios, 
pierda  el  verdadero  conocimiento  délas  cosas,  y  se 
convierta  en  naturaleza  flaca.  Porque  este  es  el  fru- 
to que  dan  los  deleytes  carnales  al  que  dellos  se  de- 
xa  vencer,  y  no  sabe  quando  mozo  resistir  las  ten- 
taciones y  combates  que  recibe  la  mocedad  flaca  de 
consejo,  por  la  poca  experiencia  de  las  cosas.  Este 
Rey  quando  fué  Príncipe,  como  era  uno  solo  al  Rey 
Don  Juan  su  padre,  fué  criado  con  gran  terneza ,  y 
en  grandes  vicios  y  deleytes,  y  fuéle  puestacasa  en 
edad  de  catorce  años,  y  apartado  del  Rey  su  padre 
en  la  cibdad  de  Segovia ;  y  en  tiempo  de  su  moce- 
dad no  resistió  á  su  apetito  cosa  de  loque  le  deman- 
dase, ni  otro  gelo  osó  refrenar ,  aunque  le  veía  se- 
guir tras  deleytes  no  debidos.  Y  en  esta  manera  so 
hizo  libre  do  toda  doctrina,  y  subjeto  á  todo  vicio, 
porque  no  sufría  viejo  que  le  doctrinase,  y  tenía 
mozos  que  le  ayudasen  á  sus  apetitos  y  delej'tes.  Y 
desta  manera  siguiendo  sus  deleytes  hizo  hábito  de- 
llos, y  vino  en  tanta  flaqueza  de  su  ánimo  y  dimi- 
nución de  su  persona,  que  después  quando  reynó 
por  fin  del  Rey  Don  Juan  su  padre  ya  estaba  sub- 
jeto á  mozos  que  tomaba  por  privados.  Verdad  es 
que  en  los  primeros  años  que  reynó,  por  los  muchos 
tesoros  que  Uegó  fué  temido  ;  pero  después  quando 
los  del  Reyno  conocieron  que  todo  su  pensamiento 
era  cumplir  sus  deleytes,  y  que  hacia  dádivas  sin 
medida  á  los  mozos  que  eran  sus  privados,  y  los  su- 
blimaba dándoles  grandes  dignidades  y  rentas  ,  y 
que  posponía  las  cosas  que  á  su  oficio  real  cumplían 
por  se  dar  al  deleyte  carnal  ;  luego  á  pocos  años 
le  perdieron  el  miedo.  Y  según  en  su  Crónica  debe 
ser  recontado ,  se  juntaron  Don  Alonso  Carrillo,  Ar- 
zobispo de  Toledo,  y  el  Almirante  Don  Fadrique,  y 
el  Conde  de  Plasencia  Don  Alvaro  de  Estúñíga ,  y 
Don  Juan  Pacheco,  Maestre  de  Santiago,  y  Don  Pe- 
ro Girón,  su  hermano.  Maestre  de  Calatrava,  y  Don 
Gómez  de  Cacares,  Maestre  de  Alcántara,  y  Don 
Rodrigo  Manrique,  Conde  de  Paredes,  y  Don  Ga- 
briel Manrique,  Conde  de  Osorno ,  con  otros  algu- 
nos Grandes  y  Caballeros  del  Reyno ,  y  le  quitaron 
el  título  real,  y  alzaron  por  Rey  al  Príncipe  Don 
Alonso  su  hermano  en  la  cibdad  de  Avila,  y  díxe- 
ron  del ,  j^  escribieron  por  todas  las  partes  de  la 
Christiandad,  las  cosas  deshonestas  que  habernos 
recontado.  Y  tanta  era  la  liabituacíon  que  él  tenia 
en  los  deleytes,  que  con  dificultad  era  traído  por  el 


236 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Marqués  de  SauHllana,  y  por  el  Obispo  de  Sigüenza, 
y  por  los  otros  Caballeros  que  cerca  del  oran  á  en- 
tender en  las  cosas  que  cumplían  á  la  conservación 
de  BÚ  preeminencia ,  y  guarda  de  su  patrimonio.  Y 
por  esta  causa  vino  su  estado  real  á  tanta  diminu- 
ción, quo  si  alguno  le  desobedecía  y  movia  guerra, 
antes  le  hacia  mercedes  porque  le  desase  en  sus  de- 
leytes,  que  le  castigase  por  los  yerros  que  cometía. 
De  manera  que  dando  á  los  tiranos  porque  no  le 
enojasen,  y  á  los  privados  porque  le  agradasen,  to- 
do casi  el  patrimonio  real  se  distribuyó  en  poco 
tiempo,  y  su  persona  vino  en  necesidad  tan  extre- 
ma, que  los  del  Reyno  le  tenian  por  rey  para  rece 
bir  del  mercedes,  y  no  para  le  servir  y  obedecer  co- 
mo á  su  rey.  Y  de  aquí  se  siguió  que  los  ministros 
de  la  justicia  que  eran  en  aquellos  tiempos ,  pensa- 
ban mas  en  sus  provechos  particulares,  que  en  el 
bien  general.  Fervian  asímesmo  los  deleytes  ilícitos 
en  todo  género  de  voluntad  ,  y  aquel  era  enemigo 
que  esto  reprehendía,  aquel  era  aborrecido  á  quien 
desplacía.  Cosa  fué  por  cierto  de  grandísimo  exem- 
plo  y  dotrina  para  todos  los  Reyes  y  aun  para  to- 
dos los  hombres,  los  quales  no  crean  quo  la  grande- 
za de  los  estados  ni  de  los  reynos ,  no  los  tesoros  ni 
las  rentas,  no  el  miedo  ni  el  poderío  de  las  huestes 
hacen  sostener  los  grandes  estados ,  si  no  siguen  el 
camino  de  la  virtud,  y  ponen  freno  á  los  vicios ,  en 
que  la  humanidad  de  contino  nos  guerrea,  y  lo  hace 
todo  caer. 

CAPÍTULO  V. 

De  las  cosas  qae  pasaron  en  la  villa  de  Ocaña. 

Hecho  el  acto  del  juramento ,  que  se  hizo  en  los 
Toros  de  Guisando ,  luego  en  este  año  el  Rey  y  la 
Princesa  fueron  á  la  villa  de  Ocaña ,  y  con  ellos  el 
Maestre  de  Santiago,  y  el  Arzobispo  de  Sevilla,  y  el 
Conde  de  Plasencia,  y  el  Conde  do  Benavente,  y  el 
Conde  de  Osorno  ;  y  allí  vinieron  los  Procuradores 
del  Reyno,  y  juraron  á  la  Princesa  por  legitima 
Bubcesora  destos  Reynos  ;  y  tratóse  asimesmo  amis- 
tad entreoí  Maestre  do  Santiago,  y  el  Marqués  de 
Santillana,  y  el  Conde  de  Haro,  y  el  Obispo  de  Si- 
güenza.  Y  vinieron  á  la  Corte  el  Obispo  de  Sigüen- 
za  y  el  Conde  de  Haro ;  los  quales  juraron  á  la  Prin- 
cesa por  heredera  y  subcesora  destos  Reynos  para 
después  de  los  días  del  Roy.  Este  juramento  hicie- 
ron estos  dos  juntamente,  porque  decían  ser  infor- 
mados de  personas  fidedignas  del  adulterio  de  la 
Rejma  y  de  la  impotencia  del  Rey ;  y  ansimismo 
porque  el  Rey  gelo  mandó  en  persona ,  según  habe- 
rnos contado,  quo  lo  mandó  a  los  otros  caballeros  y 
Perlados  que  la  juraron.  Estando  el  Rey  y  la  Prin- 
cesa su  hermana  en  aquella  villa,  el  Roy  dilató  de 
embiar  á  la  Royna  Doña  Juana  y  á  su  hijaá  Porto- 
gal,  y  de  procurar  el  divorcio  della  dentro  en  el 
tiempo  de  los  quatro  meses  que  era  obligado  do  ha- 
cer ;  y  no  dio  á  la  Princesa  su  hermana  las  villas  que 
otorgó  de  le  dar ;  y  tuvo  manera  que  el  Rey  de  Por- 
togal  que  estaba  viudo,  la  embiase  á  pedir  por  mu- 
gor,  á  fin  de  la  embiar  fuera  del  Reyno ;  y  allí  á 


Ocaña  vino  el  Arzobispo  de  Lisbona  á  demandarla 
por  muger  para  el  Rey  de  Portogal.  El  Arzobispo  do 
Toledo  trataba  ansimesmo  casamiento  á  la  Prince- 
sa con  Don  Fernando  Príncipe  de  Aragón ,  que  era 
Rey  do  Sicilia,  hijo  del  Rey  Don  Juan  de  Aragón. 
Y  para  hablar  en  este  casamiento,  vino  á  la  su  villa 
de  Yepes,  y  secretamente  por  medio  de  un  Maestre- 
sala de  la  Princesa,  que  se  llamaba  Gutierre  do  Cár- 
denas, le  embiaba  á  decir  las  causas  porque  no  le 
cumplía  el  casamiento  del  Rey  de  Portogal ,  y  las 
utilidades  que  había  en  el  casamiento  con  el  Prín- 
cipe de  Aragón.  Este  Maestresala  trabajaba  con  la 
Princesa  que  lo  concluyese,  y  despidiese  el  casa- 
miento del  Rey  de  Portogal ,  dicíéndole  que  el  Rey 
su  hermano  le  trataba  aquel  casamiento  por  la  echar 
del  Reyno,  á  fin  de  quedar  della  libre,  para  casar  la 
que  decía  ser  su  hija  con  el  Príncipe  de  Aragón ,  ó 
con  otro  Príncipe  alguno  que  traxese  al  Reyno  para 
lo  apoderar  del  ;  y  que  ella  y  sus  descendientes  es- 
tando absentes  del  Reyno  perderían  la  subcesion  de 
Castilla ;  y  porque  el  Rey  de  Portogal  tenia  hijo  he- 
redero, no  se  esperaba  que  su  generación  oviese  he- 
rencia ninguna  en  Portogal.  Del  Príncipe  de  Ara- 
gón, le  decia,  que  era  mozo  y  hombre  de  buena  dis- 
creción, y  ansimesmo  eran  sus  deudos  de  sangre  to- 
dos los  Grandes  que  había  en  el  Reyno,  los  quales 
deseaban  que  fuese  Rey  de  Castilla ;  y  que  casando 
con  él ,  tenia  toda  la  mayor  parte  del  Reyno  para 
contraía  otra  Doña  Juana  que  se  decia  Princesa,  si 
en  algún  tiempo  tentase  de  haber  la  subcesion.  Otro- 
sí le  decia,  que  era  Príncipe  de  Aragón,  y  esperaba 
la  subcesion  de  aquel  Reyno,  y  otras  grandes  utili- 
dades porque  lo  debía  concluir.  Y  mostrábale  tales 
inconvenientes  del  casamiento  del  Rey  de  Portogal, 
porque  lo  debía  negar.  La  Princesa  consideradas  es- 
tas cosas ,  y  como  el  Rey  su  hermano  dilataba  de 
cumplir  lo  que  con  ella  había  asentado ,  y  que  pro- 
curaba con  todas  fuerzas  de  la  casar  con  el  Rey  de 
Portogal,  estaba  puesta  en  gran  cuidado,  especial- 
mente porque  era  aquexada  de  todas  partes  por  la 
conclusión  de  su  casamiento  ;  en  el  qual  ella  deli- 
beró de  privarse  de  toda  voluntad ,  y  mirar  sola- 
mente aquello  que  á  honra  suj'^a,  y  paz  destos  Rey- 
nos  cumpliese.  Y  después  de  muchas  pláticas  habi- 
das en  esta  materia,  considerada  la  afición  que  co- 
noció á  todos  comunmente  tenor  á  este  su  casamien- 
to con  el  Príncipe  de  Aragón ,  dio  en  secreto  pala- 
bra de  casar  con  él,  habiendo  los  votos  de  los  Gran- 
des del  Reyno  que  para  ello  entendía  consultar  ;  y 
despidió  el  casamiento  que  le  traían  con  el  Rey  do 
Portogal.  Aquel  Arzobispo  de  Lisbona,  vista  la  di- 
lación que  la  Princesa  daba  despidióse  del  Rey  Don 
Enrique  y  della,  sin  haber  conclusión  alguna  de  su 
embaxada.  Por  esta  causa  fué  el  Rey  muy  descon- 
tento de  la  Princesa  su  hermana ;  y  recelando  que 
se  casaría  contra  su  voluntad  con  persona  que  á  él 
no  pluguiese,  habló  secretamente  con  alguno  de 
aquellos  sus  privados  que  la  quería  prender ;  y  pu- 
siéralo  en  obra ,  salvo  porque  ovo  recelo  de  hallar 
contrarias  las  voluntades  de  los  Grandes  y  de  los 
otros  caballeros  é  gentes  del  Reyno.  Y  porque  supo 


DON  FERNANDO 
que  el  Arzobispo  de  Toledo  trataba  el  casamiento 
del  Príncipe  de  Aragón  con  ella,  fué  indinado  con- 
tra él,  porque  no  contento  de  las  cosas  pasadas  co- 
metidas en  su  deservicio  y  en  escándalo  de  sus  Eey- 
nos,  agora  de  nuevo  le  tornaba  á  errar,  contrarián- 
dole  su  voluntad  acerca  del  casamiento  de  la  Prin- 
cesa su  hermana,  y  quisiérale  prender  y  destruir ;  y 
para  lo  poner  en  obra  trabajó  de  ganar  la  voluntad 
del  Maestre  de  Santiago  y  del  Arzobispo  de  Sevilla, 
y  del  Obispo  de  Sigüenza  que  estaban  con  él ;  los 
quales  secretamente  se  conformaron  con  el  Rey  en 
la  destruicion  del  Arzobispo  de  Toledo.  Pero  creía- 
se que  el  Maestre  de  Santiago  avisó  al  Arzobispo 
para  que  se  pusiese  guarda  en  su  persona ,  porque 
no  le  placía  su  destruicion ,  así  porque  era  su  tio, 
como  porque  este  Maestre  era  hombre  de  gran  seso, 
y  platico  en  las  cosas  mundanas ,  y  conocía  bien  la 
condición  del  Rey ;  y  por  le  tener  siempre  en  nece- 
sidad, decíase  que  favorecía  de  secreto  á  sus  deser- 
vidores, ó  á  lo  menos  tenia  tales  maneras  porque  no 
se  procediese  contra  ellos.  Y  con  esto  tenia  las  co- 
sas en  suspenso,  y  álos  hombres  en  necesidad  ,  los 
quales  recorrían  á  él  con  sus  negocios ;  y  en  esta 
manera  gobernaba  las  cosas  grandes  del  Reyno ,  en 
la  qual  gobernación  siempre  procuraba  acrecenta- 
miento de  su  estado. 

CAPÍTULO  VI. 

Como  el  Rey  Don  Enrique  partió  de  Ocafia  parj  el  Andalucía, 
y  la  Princesa  fué  á  la  villa  de  Arévalo. 

Visto  por  el  Rey  Don  Enrique  como  no  podia 
concluir  el  casamiento  de  la  Princesa  su  hermana 
con  el  Rey  de  Portogal ,  deliberó  de  partir  de  Ocafia, 
é  ir  al  Andalucía  para  asentar  las  cosas  de  aquella 
provincia  ;  porque  las  principales  cibdades  y  villas 
della  habían  estado  por  el  Rey  Don  Alonso  su  her- 
mano, y  fueron  con  él  el  Maestre  de  Santiago,  y  el 
Obispo  de  Sigüenza.  Y  porque  hallase  mas  prestas 
á  su  obediencia  las  cibdades  y  caballeros  de  aquella 
tierra,  llevó  cartas  de  la  Princesa  su  hermana,  noti- 
ficándoles la  concordia  que  tenia  con  él ;  y  la  Prin- 
cesa por  hacer  las  honras  del  Príncipe  Don  Alonso 
su  hermano,  fué  á  la  villa  de  Arévalo,  que  era  de  la 
Reyna  su  madre,  é  la  tenia  el  Conde  de  Plasencia. 
El  qual  recelando  que  la  Princesa  se  apoderase  de- 
lla, como  quier  que  se  decia  haberle  hecho  seguri- 
dad de  la  tener  por  la  Reyna  su  madre,  y  para  ella; 
pero  procuró  con  el  Rey  Don  Enrique  que  le  hiciese 
merced,  y  le  diese  título  de  Duque  della.  Y  porque 
el  Maestre  de  Santiago  conocía  bien  que  la  posesión 
de  las  cosas  agenas  da  pena  á  quien  las  tiene ,  y  le 
pone  en  continos  trabajos  por  las  defender,  procuró 
con  el  Rey  que  ge  la  diese  ,  á  fin  de  tener  al  Conde 
de  Plasencia  en  necesidad,  de  la  qual  creía  que  no 
podia  salir  teniendo  aquella  villa ,  é  tomó  título  de 
Duque  della.  Lo  qual  hizo  luego  el  Rey  por  enojar 
ala  Princesa,  y  porque,  según  es  dicho,  ligera- 
mente distribuía  lo  de  la  corona  real.  Desta  dádiva 
que  el  Rey  hizo  de  la  villa  de  Arévalo,  pesó  mucho 
ó  todos  los  del  Reyno  generalmente  por  el  agravio 


É  DONA  ISABEL.  237 

que  se  hacia  á  la  Reyna  madre  desta  Princesa,  cuya 
era.  E  otrosí  porque  veian  una  de  las  principales 
villas  del  Reyno  apartada  de  la  corona  real ;  y  asi- 
mesmo  fué  causa  do  embidia  á  los  Grandes  del  Rey- 
no  ,  porque  el  Conde  de  Plasencia  se  hacia  con 
ella  mayor  que  todos.  Quando  la  Princesa  supo 
que  el  Conde  de  Plasencia  había  tomado  título  de 
Duque  de  Arévalo,  é  había  mandado  á  Alvaro  de 
Bracamente,  un  Caballero  de  su  casa,  que  se  apode- 
rase con  gente  de  las  torres  y  fuerzas  deUa,  dexó  de 
ir  á  aquella  villa,  é  vino  para  la  cibdad  de  Avila, 
donde  hizo  las  honras  del  Príncipe  Don  Alonso  su 
hermano. 

CAPÍTULO  VIL 

De  los  tratos  de  casamiento  que  se  movieron  á  la  Princesa. 

Estando  la  Princesa  en  Avila  el  año  siguiente  del 
Señor  de  mil  y  quatrocientos  y  sesenta  y  nueve 
años,  tornáronle  á  hablar  en  su  casamiento  de  parte 
del  Rey  de  Sicilia  Príncipe  de  Aragón.  É  como  ella 
conocía  que  este  era  negocio  de  grand  importan- 
cia, así  por  tocar  á  su  persona,  como  porque  aquel 
que  ella  tomase  por  marido  había  de  ser  Rey  con 
ella  destos  Reynos,  quiso  haber  el  voto  de  algunos 
Grandes  del  Reyno  con  quien  lo  comunicó.  Y  todos 
aquellos  que  consultó  acordaron  que  debía  tomar 
por  marido  al  Rey  de  Sicilia ,  Príncipe  de  Aragón, 
antes  que  al  Rey  de  Portogal,  porque  era  mozo  y  de 
buena  discreción,  y  esperaba  heredar  los  Reynos  de 
Aragón  y  de  Sicilia ;  é  porque  si  ella  no  concluía 
con  el  su  casamiento ,  el  Rey  Don  Enrique  estaba 
en  propósito  de  casar  con  él  á  aquella  que  decia  ser 
hija,  y  le  apoderaría  quanto  pudiese  en  el  Reyno, 
de  tal  manera  que  ella  fincaría  desheredada,  ó  á  lo 
menos  habría  gran  división  entre  ellos.  De  parte  del 
Rey  de  Portogal  era  ansimesmo  aquexada  que  con- 
cluyese con  él  su  casamiento  ;  é  los  que  en  ello  de 
su  parte  hablaban  le  daban  á  entender ,  que  no  ha- 
bía persona  real  que  mas  le  conviniese  tomar  por 
marido  que  áél :  porque  como  quier  que  era  viudo, 
pero  era  un  Príncipe  asaz  mancebo ,  é  tenia  Reyno 
vecino  de  Castilla,  y  asaz  riquezas  é  poder  para  de- 
fender la  subcesion  que  le  pertenecía  del  Reyno  de 
Castilla,  si  alguno  ge  la  quisiese  ocupar ;  y  que  por 
no  tener  mas  hijos  de  solo  el  Príncipe ,  podría  ser 
que  este  su  casamiento  dispusiese  Dios  de  tal  ma- 
nera, que  la  generación  que  oviese  heredase  á  Cas- 
tilla é  á  Portogal ,  y  allende  desto  se  conformaría 
con  la  voluntad  del  Rey  su  hermano  que  lo  desea- 
ba, y  escusaria  grandes  escándalos  en  Castilla  que 
de  hacer  lo  contrario  se  siguirian. 

CAPÍTULO  VIII. 

Como  el  Rey  Don  Luis  de  Francia  embió  ó  pedir  por  muger  á  la 
Princesa  Doña  Isabel  para  Lon  Carlos  Duque  de  Guiana  y  de 
Berry  su  hermano. 

Sabido  por  el  Rey  Don  Luis  de  Francia  como  la 
Princesa  era  por  el  Rey  é  por  todos  los  del  Reyno 
jurada  por  heredera  de  Castilla,  é  que  se  trataba  su 


238 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


matrimonio  con  el  Rey  de  Portogal,  y  con  el  Prín- 
cipe de  Aragón,  recelando  el  inconveniente  que  se 
podria  seguir  á  él  y  á  sus  Reynos  si  con  qualquier 
destos  dos  Príncipes  se  casase ,  porque  ellos  y  sus 
Reynos  son  de  la  liga  de  Ingalaterra ,  embió  luego 
al  Cardenal  de  Albi ,  que  era  un  gran  Perlado  en 
BUS  reynos,  y  de  gran  sciencia,  y  con  él  otros  caba- 
lleros, por  Erabaxadores  á  la  Princesa  que  estaba 
en  la  villa  de  Madrigal,  á  la  demandar  en  casa- 
miento para  su  hermano  Don  Carlos  que  era  Duque 
de  Berry  y  de  Guiana ;  el  qual  casamiento  se  liabia 
tratado  en  vida  del  Rey  de  Francia  Don  Carlos  su 
padre  que  lo  deseaba.  Este  Rey  Don  Luis  que  sub- 
cedió  en  el  Reyno  de  Francia,  porque  creia  que  el 
Duque  su  hermano  habría  los  Reynos  de  Castilla  si 
casase  con  la  Princesa ,  é  por  excusar  que  no  los 
oviese  ni  el  Príncipe  de  Aragón ,  ni  el  Rey  de  Por- 
togal, por  el  inconveniente  grande  quede  qualquie- 
ra  de  aquellos  dos  Príncipes  ge  le  podria  seguir, 
mandó  á  sus  Erabaxadores  que  trabajasen  por  lo 
concluir.  Como  el  Cardenal  y  los  Caballeros  de  Fran- 
cia vinieron  á  la  villa  de  Madrigal ,  propusieron  su 
cmbaxada  ante  la  Princesa ;  á  la  qual  dieron  á  en- 
tender que  debía  aceptar  aquel  casamiento,  porque 
renovaría  las  antiguas  é  loables  paces  é  amistades 
qne  son  entre  los  Reynos  de  Francia  y  de  Castilla, 
las  quales  el  Rey  Don  Juan  su  padre  é  los  otros  Re- 
yes predecesores  prometieron  que  guardarían  todos 
sus  subcesores ,  y  ella  como  Princesa  heredera  de 
Castilla,  y  subcesora  legítima  de  sus  Reynos  era 
obligada  de  guardar;  la  qual  obligación  de  amistad 
seria  á  ella  dífícile  de  guardar  si  casase  en  Portogal 
ó  en  Aragón,  por  ser  aquellas  dos  casas  de  la  liga 
de  Ingalaterra,  que  es  enemiga  de  Francia.  Otrosí 
le  decían  grandes  loores  de  la  persona  de  aquel  Du- 
que, porque  lo  debía  hacer ;  é  suplicáronle  con  gran- 
de instancia  que  considerase  bien  que  el  Rey  Don 
Juan  su  padre  si  fuera  vivo,  no  la  consintiera  casar 
con  el  Príncipe  de  Aragón,  ni  menos  con  el  Rey  de 
Portogal  seyendo  viudo  y  teniendo  hijo  heredero, 
aunque  no  fuera  Princesa  heredera  de  Castilla, 
quanto  mas  seyéndolo,  y  esperando  tan  gran  subce- 
sion  como  es  la  destos  Reynos ;  y  que  allá  en  la  otra 
vida  daría  alegría  al  ánima  del  Rey  su  padre  sí  su 
casamiento  concluyese  con  este  Duque,  por  el  grand 
amor  que  era  entre  los  Reyes  padre  del  uno  y  del 
otro.  Allende  desto  decían  que  el  Ducado  de  Guia- 
na era  en  los  confines  de  Castilla,  y  que  casando  con 
el  Duque ,  seria  todo  un  señorío  ;  con  el  qual  y  con 
el  otro  Ducado  de  Berry  que  tenia  habría  asaz  sub- 
cesion  para  la  generación  que  á  Dios  pluguiese  de 
les  dar.  Decían  ansimesmo  otras  cosas,  é  mostraban 
grandes  utilidades  que  concurrían  en  este  casamien- 
to porque  lo  debía  aceptar.  Ofrecíanle  ansimesmo 
de  tener  tal  manera  con  el  Rey  Don  Enrique  su  her- 
mano, que  diese  consentimiento  para  ello.  La  Prin- 
cesa oída  la  embaxada,  hizo  mucha  honra  al  Carde- 
nal é  á  los  Caballeros  que  venían  con  él ;  y  después 
de  habida  su  deliberación ,  respondió ,  que  ante  to- 
das cosas  ella  remitía  á  Dios ,  que  en  sus  negocios, 
y  especialmente  en  este  que  tanto  le  tocaba ,  mos- 


trase su  voluntad,  y  le  enderezase  para  aquello  que 
fuese  á  su  servicio  y  bien  destos  Reynos.  Después 
desto  les  mandó  responder,  que  ella  habia  delibera- 
do no  disponer  en  esta  materia  de  su  matrimonio, 
salvo  siguiendo  el  consejo  de  los  Grandes  y  caba- 
lleros destos  Reynos,  con  los  quales  ella  haria  con- 
sultar lo  que  el  Cardenal  le  habia  propuesto  ;  y  ha- 
bido su  voto  haria  aquello  que  de  Dios  fuese  orde- 
nado, y  ellos  le  consejasen.  El  Cardenal  é  loe  otros 
caballeros  que  con  él  venían ,  como  quier  que  cono- 
cieron la  respuesta  de  la  Princesa  ser  conviniente, 
pero  no  fueron  della  contentos ,  porque  les  pareció 
que  habría  alguna  dilación  en  la  consulta  que  que- 
ría hacer,  y  tornaron  á  insistir  en  lo  que  habían 
propuesto,  é  decir  otras  razones  por  llevar  conclu- 
sión de  su  embaxada.  Al  fin  no  pudiendo  llevar  otra 
respuesta,  con  esta  fueron  despedidos. 

CAPÍTULO  IX. 

Como  se  concluyó  el  casamiento  de  la  Princesa  con  el  Rey 
de  Sicilia ,  Príncipe  de  Aragón. 

La  Princesa  aquexada  de  todas  partos  porque 
concluyese  su  casamiento,  erabiólo  hacer  saber  otra 
segunda  vez  á  los  Grandes  del  Reyno,  encargándo- 
les la  consciencia,  para  que  le  dixesen  lo  que  les 
páresela  que  debía  hacer,  pospuesta  toda  afición ,  y 
propuesta  toda  utilidad  del  Reyno.  Algunos  dellos 
públicamente  le  embiaron  decir  que  debía  concluir 
su  casamiento  con  el  Príncipe  de  Aragón,  por  las 
razones  que  habemos  dicho,  é  porque  era  natural 
del  Reyno.  Otros  algunos  Grandes  de  los  que  esta- 
ban de  la  parte  del  Rey  Don  Enrique,  secretamente 
le  embiaron  consejar  esto  mesmo ;  é  hubo  bien  po- 
cos que  discrepasen  deste  consejo,  quier  diciéndo- 
gelo  en  público,  quier  en  secreto.  Los  Caballeros  y 
Dueñas,  sus  criados  y  servidores  que  estaban  en  el 
servicio  contino  de  su  casa,  vistas  las  embaxadaa 
que  eran' venidas  sobre  esta  materia  á  la  Princesa, 
é  como  á  ninguna  dallas  se  determinaba  ni  respon- 
día con  efecto ;  visto  ansimesmo  quanto  le  cumplía 
que  su  casamiento  con  el  Príncipe  Don  Fernando 
de  Aragón,  mas  que  con  ninguno  de  los  otros  que 
le  eran  movidos ,  se  concluyese ;  conociendo  que 
parte  de  la  dilación  que  la  Princesa  daba,  era  por 
algún  empacho  que  la  honestidad  suele  á  las  don- 
cellas impedir  la  determinación  de  sus  casamientos 
proprios,  porque  la  deseaban  servir  con  afición ,  es- 
pecialmente aquel  su  Maestresala  Gutierre  de  Cár- 
denas le  docia,  quantas  veces  en  su  consejo  era  de- 
terminado, que  según  su  edad  lo  era  necesario  ca. 
sar,  porque  estos  Reynos  que  de  derecho  le  perte- 
necían, no  fincasen  sin  derecha  subcesion.  E  como 
quier  que  mostraba  placerle  del  voto  de  sus  criados 
y  servidores ,  y  de  todos  los  otros  de  su  consejo, 
pero  según  la  dilación  que  daba  en  cosa  que  tan 
presto  efecto  requería ,  creian  que  la  honestidad  de 
BU  persona  real  le  ponía  empacho  para  hablar  y  se 
determinar  en  su  matrimonio.  Decíale  ansimesmo 
aquel  su  Maestresala,  que  verdad  era  que  la  plática 
de  semejante  materia  no  á  la  pai-te  principal  mas  á 


DON  FERNANDO 
loa  padres  pertenecía,  é  á  los  hermanos  é  parientes 
mas  propinquos  quando  los  hay;  pero  que  debía 
considerar  como  era  huérfana  del  Rey  su  padre,  é 
carecía  del  beneficio  de  la  Reyna  su  madre  por  su 
larga  é  grave  enfermedad ,  y  que  el  Rey  su  herma- 
no no  solamente  tenía  poco  cuidado  del  casamiento 
que  le  cumplía,  mas  tenía  voluntad  de  la  casar  don- 
de á  él  placía  y  á  ella  no  venia  bien ;  y  que  donde 
tantos  casos  ocurrían,  todo  empacho  quitado  debía 
aclararse,  y  entender  en  la  conclusión  de  su  casa- 
miento. Y  que  debía  considerar,  que  los  Príncipes 
que  la  demandaban  eran  el  Rey  de  Portogal,  y  el 
Duque  de  Guiana  hijo  del  Rey  de  Francia,  y  el 
Príncipe  Don  Fernando  de  Aragón ;  y  que  no  veian 
por  agora  otro  Rey  ni  Príncipe  en  la  christiandad 
que  debiese  contraer  con  ella  matrimonio ;  y  que  las 
calidades  que  en  estos  Príncipes  y  en  sus  señoríos 
ocurren,  ella  las  sabía  bien,  porque  en  su  presencia 
diversas  veces  se  había  platicado,  en  lasquales  plá- 
ticas siempre  habían  concluido,  que  como  quier  que 
el  Rey  de  Portogal  y  el  Duque  de  Guiana  eran  no- 
tables Príncipes,  pero  que  se  hallaba  el  casamiento 
con  el  Príncipe  de  Aragón  ser  mas  conveniente  que 
otro  ninguno,  porque  era  Príncipe  de  edad  igual 
con  la  suya,  é  porque  esperaba  la  subcesion  de  Ara- 
gón y  de  los  otros  señoríos  del  Rey  su  padre,  que 
confinan  con  los  Reynos  de  Castilla,  en  que  espera- 
ba con  el  ayuda  de  Dios  subceder ;  é  porque  estos 
Reynos  é  señoríos  juntos  con  ellos  puestos  en  un 
señorío,  era  la  mayor  parte  de  España.  Allende  des- 
to  decía,  que  todos  los  Grandes  del  Reyno  á  quien 
sobre  esta  materia  había  consultado,  quier  en  pú- 
blico, quier  en  secreto,  por  descargo  de  sus  cons- 
cíencías  le  habían  embíado  á  decir,  que  por  el  bien 
destos  Reynos,  dexadas  todas  las  otras  cosas,  lo 
concluyese  con  él.  Y  no  solamente  los  Grandes,  mas 
los  Perlados,  los  clérigos ,  los  caballeros ,  los  fidal- 
gog,  los  cibdadanos,  y  generalmente  todos  los  tres 
estados  y  comunes  del  Reyno  mostraban  placerles 
del  matrimonio  con  el  Príncipe  de  Aragón,  por  las 
utilidades  y  conveniencias  que  en  él  mas  que  en 
otros  parecían,  y  les  pesaría  sí  en  otra  parte  lo  con- 
cluyese. Por  ende  que  mirando  quanto  cumpha  ásu 
servicio  y  bien  destos  Reynos  luego  aclarase  su  vo- 
luntad, pues  tenía  presentes  servidores  tan  leales,  á 
quien  con  entera  confianza  lo  podía  decir.  Y  que  no 
lo  tuviese  mas  suspenso,  porque  dello  ge  le  podia 
recrecer  del  servicio,  y  en  estos  Reynos  de  Castilla 
grandes  é  irreparables  daños,  de  que  Dios  Nuestro 
Señor  seria  deservido.  La  Princesa,  oídas  estas  razo- 
nes, conociendo  que  gelas  decían  con  zelo  de  leal- 


E  DONA  ISABEL.  239 

tad,  dixo,  que  Dios  testigo  de  los  corazones  sabía 
que  pospuesta  toda  afición  miraba  solamente  lo  que 
al  bien  destos  Reynos  cumplía.  Y  pues  los  votos  de 
los  Grandes  del  Reyno  eran  en  esto  conformes ,  do 
parecía  placerá  Dios,  ella,  conformándose  con  su 
voluntad,  se  remitía  al  parecer  de  todos ;  é  dio  lue- 
go comisión  á  este  Gutierre  de  Cárdenas,  su  criado 
y  Maestresala,  para  lo  concluir.  Este  Caballero  fué 
luego  á  las  personas  que  para  esto  eran  deputadas 
por  el  Rey  de  Aragón,  que  le  estaban  esperando 
para  entender  en  esta  materia ;  y  en  fin  plogo  á  la 
voluntad  de  Dios,  que  lo  concluyese  con  el  Príncipe 
de  Aragón,  según  le  fué  consejado  por  los  Grandes 
del  Reyno.  E  luego  partió  de  Madrigal ,  é  fué  para 
Hontiveros,  aldea  de  la  cibdad  de  Avila,  donde  vino 
el  Arzobispo  de  Toledo  que  lo  trataba,  y  de  allí  fué 
para  Valladolid,  donde  estaba  el  Almirante  Don 
Fadrique,  abuelo  del  Príncipe,  y  Don  Pedro  de 
Acuña  Conde  de  Buendía ,  é  Don  Iñigo  Manrique, 
Obispo  de  Coria,  é  otros  algunos  Caballeros  que 
para  la  conclusión  deste  casamiento  fueron  juntos 
en  aquella  villa.  Donde  vino  luego  el  Príncipe  de 
Aragón,  é  con  él  Don  Pedro  Manrique,  Conde  de 
Treviño,  Adelantado  mayor  del  Reyno  de  León,  é 
otros  Caballeros  de  Aragón ,  y  celebraron  sus  bo- 
das (1),  de  las  quales  plogo  mucho  á  toda  la  mayor 
parte  de  los  Grandes  y  Caballeros  del  Reyno ;  prin- 
cipalmente plogo  á  todas  las  comunidades  y  pue- 
blos del. 


(1)  Es  muy  notable  en  esta  Crónica  el  defecto  de  fechas.  El  ca- 
samiento de  los  Royes  se  celebró  en  Valladolid  Miércoles  18  de 
Octubre,  dia  de  San  Lúeas,  de  11G9,  en  las  casas  de  Juan  de  Vi- 
vero. El  Principe  dio  en  arras  á  liorja  y  Magallon  en  el  Reyno  de 
Aragón,  en  Valencia  á  Elche  y  Clevillente,  y  en  Sicilia  ú  Zarago- 
za y  Catania.  Los  capítulos  de  la  concordia  celebrada  al  tiempo 
de  estas  bodas  trac  á  la  letra  Enriq.  del  Castillo,  Crónic.  de  En- 
rique lY,  cap.  IS";.  Bernald.,  Crónic.  de  los  Reyes  Católicos ,  cap.  9. 
Galind.,  Memor.,  año  1409.  Aun  es  raas  notable  que  el  Cronista,  po- 
niéndose á  escribir  de  proposito  la  historia  de  los  Reyes  Católicos» 
no  apunte  el  nacimiento  y  descendencia  de  uno  y  otro.  La  Reyna 
Doña  Isabel  nació  en  Avila  (otros  dicen  en  Madrigal)  en  19  de 
Noviembre  dia  de  Santa  Isabel  de  1430.  Fué  hija  del  Rey  Don 
Juan  II  de  Castilla,  y  de  su  segunda  muger  Doña  Isabel,  hija  del 
Infmte  Don  Juan  de  Portugal  y  nieta  de  Don  Enrique  el  Enfermo 
y  de  Don  Juan  II  de  Portugal.  El  Rey  Don  Fernando  nació  en  Sos, 
villa  del  Reyno  de  Aragón  en  los  conünes  de  Navarra,  á  10  dias 
de  Marzo  de  1452.  Fufi  hijo  de  Don  Juan  II  de  Aragón  y  I  da 
Navarra  y  de  su  segunda  muger  Doña  Juana,  hija  de  Don  Fadri- 
que Enriquez,  Almirante  de  Castilla  y  nieto  por  su  padre  del  Rey 
Don  Fernando  de  Aragón  el  elegido  en  Caspe,  hermano  de  Don 
j  Enrique  III,  abuelo  déla  Reyna.  Por  consiguiente,  eran  estos 
Principes  primos  segundos.  No  me  ha  parecido  deber  omitir  esta 
I  genealogía,  aunfjue  común,  por  la  luz  que  da  á  la  Historia  y  porque 
j  sin  ella  apenas  se  podrían  entender  muchos  sucesos,  como  se 
I  verá  adelante.  Bernald.,  Crónic.  de  los  Reyes  Católicos,  cap.  8  y  9. 


COMIENZA  LA  CRÓNICA 

DE  LOS  MUY  PODEROSOS  Y  EXCELENTES 

DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL^ 

PRÍNCIPES  HEREDEROS 
DE  LOS  REYNOS  DE  CASTILLA  Y  DE  ARAGÓN. 


CAPÍTULO  PRIMERO. 

Como  el  Príncipe  y  la  Princesa  embiaron  tres  caballeros  al  Rey 
Don  Enrique  á  le  hacer  saber  sn  casamiento. 

Celebradas  las  bodas  de  los  muy  excelentes  Prín- 
cipes Don  Femando  é  Doña  Isabel  de  Castilla  é  de 
Aragón  (1),  acordaron  de  embiar  al  Rey  Don  Enri- 
que su  hermano  tres  caballeros :  el  uno  de  la  Casa 
del  Rey  de  Aragón,  que  se  llamaba  Mosen  Pero 
Vaca,  é  otro  que  se  llamaba  Diego  de  Ribera,  Ayo 
que  fué  del  Príncipe  Don  Alonso,  é  otro  que  se  lla- 
maba Luis  do  Antezana.  Con  los  quales  le  embiaron 
hacer  saber  su  casamiento,  é  que  le  pedían  por  mer- 
ced que  lo  oviese  por  bien,  pues  habiéndose  hecho 
con  madura  deliberación,  é  con  placer  de  todos  los 
del  Rey  no,  parecía  ansimesmo  que  plogo  dello  á 
Dios,  é  que  fuese  cierto  que  ellos  estaban  en  propó- 
sito de  le  servir  y  estar  á  toda  su  obediencia  como 

(1)  La  Princesa  antes  de  concluir  su  casamiento  había  embiado 
de  Valladolid,  con  fecha  de  12  del  mismo  Octubre,  una  larga  carta 
al  Rey  su  hermano,  de  que  Pulgar  no  hace  mención.  En  la  cual 
le  manifestaba  los  motivos  porque  de  común  consentimiento  de 
los  Grandes  que  para  este  efecto  habia  llamado,  había  preferido 
el  casamiento  del  Principe  de  Aragón  á  los  demás  que  se  le  ha- 
blan propuesto,  recontando  ios  agravios  que  en  perjuicio  de  lo 
tratado  su  hermano  le  habia  hecho,  ya  procurando  casaria  con 
el  Rey  de  Portugal  para  alejaría  del  Reyno,  ya  mandando  á  los  de 
Madrigal  que  la  prendiesen,  y  dando  la  villa  de  Arévalo  al  Conde 
de  Plasencia,  que  era  de  la  Reyna  madre;  no  obstante  todo  lo 
cual  ella  se  ofrecía  á  dar  al  Rey  tal  seguridad  por  sí  y  por  el 
Príncipe  de  Aragón,  que  el  Rey  fuese  contento,  y  ofrecía  que  en- 
trambos le  servirian  como  hijos,  si  quisiese  recibirios  como  tales, 
y  cumplirian  fielmente  sus  mandatos  como  de  Rey  y  Señor.  A  la 
cual  carta  el  Rey  no  respondió  hasta  que  celebradas  las  bodas,  sie- 
te días  después  embiaron  segunda  vez  otra  carta  por  estos  emba- 
jadores Mosen  Pero  Vaca,  por  parte  del  Príncipe,  Diego  de  Ribera, 
por  la  Princesa  ,  y  por  el  Arzobispo  de  Toledo  Luis  de  Antezana, 
¿n  la  cual  inseríaban  la  concordia  de  su  casamiento  y  es  la  misma 
^ue  aquí  extracta  Pulgar,  y  trae  á  la  letra  como  la  antecedente 
finriq.  del  Castillo,  Crón.  de  Don  Enriq.  IV,  cap.  iU  y  135.  He 
querido  extractar  la  carta  antecedente,  por  la  alta  idea  que  pre- 
senta de  la  Princesa  Dofia  Isabel  y  del  respeto  que  siempre  tuvo 
al  Rey  su  hermano  aun  después  de  jurada  por  heredera.  Enríquez, 
Crón.  de  Enriq.  IV,  cap.  34. 
Cr.— III. 


hijos;  é  que  no  le  moviesen  informaciones  de  per- 
sonas que  deseaban  indinarle  contra  ellos,  á  fin  de 
poner  necesidades  é  hacer  alteración  en  el  Reyno 
por  sus  proprios  intereses,  segund  veia  por  experien- 
cia que  lo  habían  acostumbrado.  Ansimesmo  le  su- 
plicaban que  no  le  ploguíeso  hacer  mudanza,  ni  to- 
mar otros  propósitos  nuevos  contra  lo  que  habia 
asentado  é  jurado  cerca  de  su  subcesion,  porque 
aquello  tal  redundaría  en  grand  deservicio  de  Dios 
é  suyo  é  daño  destos  Reynos.  El  Rey,  oídos  aquellos 
embaxadores,  respondióles  que  esperaba  algunos 
Grandes  de  sus  Reynos  que  presto  habían  de  venir 
á  su  Corte,  con  consejo  de  los  quales  embiaria  su 
respuesta.  Esto  fué  respondido  por  consejo  del  Maes- 
tre de  Santiago,  al  qual  pesó  mucho  de  aquel  matri- 
monio, porque  tenia  el  Marquesado  de  Víllena,  que 
había  seydo  del  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  padre  del 
Príncipe,  y  el  Maestre  de  Santiago  tovo  tal  manera 
que  el  Rey  quando  era  Príncipe  se  conformase  con 
el  Rey  Don  Juan  su  padre,  para  echar  del  Reyno  al 
Rey  de  Aragón  que  era  estonces  Rey  de  Navarra,  é 
al  Infante  Don  Enrique  su  hermano,  é  los  deshere- 
dase de  todo  el  patrimonio  que  el  Rey  Don  Fernan- 
do de  Aragón  su  padre  les  habia  dexado  en  Castilla, 
segund  en  la  Crónica  del  Rey  Don  Juan  es  mas  lar- 
gamente recontado.  Este  Maestre  Don  Juan  Pache- 
co, viendo  que  tenia  el  patrimonio  del  Rey  de  Ara- 
gón, siempre  vivió  con  recelo  de  lo  perder,  como  vi- 
ven aquellos  que  poseen  cosas  agenas.  E  por  lo  sos- 
tener, continamente  ponía  indiuacion  entre  el  Rey 
Don  Enrique  y  el  Rey  de  Aragón,  porque  la  discor- 
dia entre  estos  dos  Reyes  entendían  ser  remedio 
para  poseer  lo  que  tenía  del  Marquesado  de  Víllena, 
y  el  Maestradgo  de  Calatrava,  que  tenía  su  sobrino 
Don  Rodrigo  Tellez  Girón,  fijo  de  su  hermano  Don 
Pedro  Girón ;  el  qual  habia  poseído  Don  Alonso, 
hijo  bastardo  del  Rey  de  Aragón.  E  considerando 
que  este  casamiento  del  Príncipe  de  Aragón  con  la 
Princesa  fortificaba  mucho  la  parte  que  tenía  en  el 
Reyno  de  Castilla ,  é  que  «ra  camino  para  que  su  hi- 

16 


242 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


jo  perdiese  el  Marquesado  de  Villena ,  del  qual  le 
era  ya  hecha  merced  é  dado  el  título  de  Marqués, 
quisiera  mucho  que  aquel  casamiento  no  se  hiciera. 
Epor  aquella  causa,  uo  solamente  movia  discordia 
entre  el  Rey  é  la  Princesa  su  hermana,  mas  daba 
lugar  que  cada  uno  de  los  Grandes  é  otros  caballe- 
ros del  Reyno  se  apoderasen  del  patriinonio  real,  por 
quitar  de  todas  partes  las  fuerzas  al  Príncipe,  é  po- 
nerlo en  necesidades  tanto  grandes,  que  entendiese 
que  la  menor  de  todas  fuese  cobrar  el  Marquesado 
de  Villena  que  él  tenia  ocupado,  y  el  Maestradgo 
de  Calatrava  que  tenia  su  sobrino,  hijo  del  Maestre 
su  hermano  que  era  ya  fallecido.  En  el  año  siguien- 
te del  Señor  de  mil  é  quatrocientos  é  setenta  años, 
allí  en  Valladolid  fué  notificado  al  Príncipe  é  á  la 
Princesa  que  el  Rey  Don  Enrique  quería  mover 
guerra  contra  ellos  para  los  echar  del  Reyno,  é  que 
requería  para  ello  algunos  Grandes  é  caballeros. 
Esto  sabido,  hubieron  consejo  de  ir  á  la  villa  de 
Dueñas,  que  era  de  Don  Pedro  de  Acuña,  Conde  de 
Buendía,  hermano  del  Arzobispo  de  Toledo,  donde 
estuvieron  algunos  días ;  é  allí  parió  la  Princesa  á 
la  Infanta  Doña  Isabel  eu  hija  (1),  primero  día  de 
Octubre  deste  año  de  mil  é  quatrocientos  ó  setenta 
años.  Estando  en  aquella  villa,  algunos  Grandes  é 
Perlados  del  Reyno  que  supieron  como  el  Rey  Don 
Enrique  quería  mover  guerra  contra  ellos  por  los 
echar  del  Reyno,  sintiéndolo  grave,  les  embiaron 
ofrecer  que  les  ayudarían  con  sus  personas  é  casas, 
para  defender  la  subcesion  del  Reyno  que  pertene- 
cía ala  Princesa,  é  que  no  consentirían  que  otro  al- 
guno la  oviese  desde  aquellos  días.  El  Rey  Don  En- 
rique, por  consejo  del  Maestre  de  Santiago,  é  de 
otros  algunos  que  pensaban  acrecentar  sus  estados 
habiendo  discordia  en  el  Reyno,  mostró  índinacion 
contra  la  Princesa  su  hermana  por  causa  del  casa- 
miento que  había  hecho  sin  su  consentimiento ;  é 
poniéndolo  por  obra  le  tomó  las  rentas  de  la  villa  de 
Medina  del  Campo,  élas  otras  rentas  que  tenia  para 
su  mantenimiento,  las  quales  le  había  dado  al  tiem- 
po que  la  juró  por  Princesa  é  subcesora  del  Reyno. 
En  este  año  no  pasó  otra  cosa  que  sea  de  contar,  sal- 
vo que  el  Maestre  de  Santiago  embió  secretamente 
al  Rey  do  Francia  á  lo  decir  que  embiaso  su  emba- 
zada á  pedir  por  muger  para  el  Duque  de  Guiana 
su  heí-mano,  á  Doña  Juana  que  se  decía  Princesa  é 
hija  del  Rey,  é  que  él  temía  manera  con  el  Rey  que 


(l)  Esta  Princesa  tratada  primnro  de  casar  con  el  DelOn  de 
Francia  qun  después  faé  Carlos  VIII,  sogun  parece  por  el  tratado 
de  alianza  hecho  entre  Luis  XI  y  los  Heycs  Católicos,  Inego  que 
éstos  subieron  al  trono,  en  París  á  30  de  Enero  de  1475,  casó 
después  con  üon  Alonso,  Principe  heredero  de  Portugal,  hijo  de 
Don  Juan  II  de  aquel  Reyno.  Pero  habiendo  muerto  desgraciada- 
mente de  la  caida  de  un  caballo  poco  tiempo  después  de  sus  bo- 
das, sucedió  después  t  Don  Juan  en  el  Picyno  de  Portugal  el 
Duqnc  Don  Manuel,  primo  hermano  del  difunto,  y  casó  con  esta 
Princesa.  Tuvo  de  ella  á  Don  Miguel,  de  cuyo  parto  murió  su  ma- 
dre en  23  de  Agosto  de  1198.  El  Principe  Don  Miguel  murió  poco 
después  en  Granada  en  20  de  Julio  de  i'M,  ya  jurado  Príncipe  de 
España  y  Portugal.  Galind.,  Memor.,  ahonde  tl70.  Mariana,  lib.  25, 
eajt.  14;  lib.  97,  cap.  3.  Trae  el  Tratado  de  alianza  que  citamos 
el  Abad  Lenglct  en  su  Edición  de  las  Memorias  de  Comines, 
T.  ///,  j).  3C2,  Preuv.  n.  CCXXVl. 


gela  diese  é  oviese  con  ella  la  subcesion  del  Beyno 
de  Castilla. 

CAPÍTULO  11. 

Como  el  Rey  Don  Luis  de  Francia  embió  so  embatada  á  pedir  por 
muger  á  Doña  Juana,  que  se  decía  hija  del  Rey  Don  Enrique, 
para  el  Duque  de  Guiana  su  hermano. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
cientos é  setenta  é  un  años  (2),  el  Rey  de  Francia, 
mostrando  grande  enojo  porque  la  Princesa  no  qui- 
so aceptar  el  matrimonio  que  por  su  parte  le  fué 
movido  para  el  Duque  de  Berry  su  hermano,  é  por 
que  lo  concluyó  con  el  Príncipe  de  Aragón,  embió 
al  Cardenal  de  Albi  é  otros  Caballeros  con  él  al  Rey 
Don  Enrique,  á  le  demandar  por  muger  para  el  Du- 
que su  hermano  á  la  que  llamaban  Princesa  ó  docian 
ser  su  hija.  Y  estando  el  Rey  en  su  palacio  en  la 
villa  de  Medina  del  Campo,  é  con  él  el  Maestre  de 
Santiago,  y  el  Duque  de  Arévalo,  y  el  Arzobispo  de 
Sevilla,  y  el  Obispo  de  Sigüenza,  y  el  Obispo  de 
Burgos,  é  Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel,  Conde  de 
Benavente,  é  otros  Caballeros  é  Perlados  de  su  Con- 
sejo, aquel  Cardenal  propuso  su  embaxada,  en  la 
qual  recontó  el  amor  que  siempre  fué  entre  los  Re- 
yes de  Francia  é  de  Castilla,  é  la  paz  que  de  largos 
tiempos  se  había  guardado  entre  los  subditos  de  la 
una  parte  é  de  la  otra.  É  después  propuso  la  mate- 
ria de  aquel  casamiento  que  traía  en  cargo,  é  dixo 
al  Rey  que  le  ploguiese  de  dar  su  hija  la  Princesa 
en  matrimonio  para  el  Duque  de  Guiana,  hermano 
del  Rey  de  Francia,  porque  se  continase  el  amor 
que  antiguamente  había  seydo  entre  los  Reyes  de 
Francia  é  de  Castilla.  Oída  por  el  Rey  esta  emba- 
xada, plógole  mucho  é  respondió  á  aquel  Cardenal 
é  á  los  Caballeros  que  venían  con  él,  que  le  placía 
de  dar  su  hija  en  casamiento  á  aquel  Duque  de 
Guiana,  é  de  le  otorgar  la  subcesion  del  Reyno ;  é 
luego  mandó  poner  grand  diligencia  para  que  se 
concluyese.  É  porque  la  Rey  na  Doña  Juana  é  aque- 
lla Doña  Juana,  su  hija,  estaban  en  la  villa  de  Buy- 
trago,  acordaron  que  el  Rey  é  todos  los  que  estaban 
con  él,  é  asimesmo  el  Cardenal  é  todos  los  caballe- 
ros Franceses  que  venían  en  aquella  embaxada  fue- 
sen á  Lozoya,  que  es  cerca  de  Buytrago,  porque  mas 
prestamente  se  concluyese  el  desposorio.  É  ponién- 
dolo por  obra,  la  Reyna  Doña  Juana  é  su  hija  con 
ella,  y  el  Marqués  de  Santillana,  Don  Diego  Hurta- 
do de  Mendoza,  é  los  Condes  do  Tendilla  é  de  Co- 
ruña,  é  Don  Juan  de  Mendoza,  é  Don  Hurtado  de 

(2)  Pulgar  adelanta  estos  sucesos  un  año.  El  desposorio  de  Do- 
ña Juana;con  el  Duque  de  Guiana  so  hizo  en  Lozoya  viernes  26  de 
Octubre  de  1470.  Desposóse  con  ella  el  Conde  de  Bololía  que  traia 
poderes  del  Duque  junto  con  el  Señor  de  Monacorsi.  El  Cardenal 
y  el  Señor  de  Torcy  venian  en  nombre  del  Rey  para  autorizar  los 
tratos.  Tomóles  el  Cardenal  las  manos  y  los  desposó.  Perreras  y 
Zurita  llaman  equivocadamente  á  este  Cardenal  Guillermo,  y  aun 
por  eso  el  primero  no  le  encontraba  en  las  promociones  de  Calis- 
to  \\i  ni  de  Pió  IL  Llamábase  Juan  Godofredo  de  Arras,  y  fué 
creado  por  Pió  II  en  las  Tí-mparas  de  Diciembre  de  1461.  Enriquez, 
Crón.  de  Enriq.  IV,  cap.  143  y  145.  Zurita,  lib.  18.  cap.  31.  Maria- 
na, lib.  23,  cap.  15.  Hermilli,  Trad.  de  Ferrer,  T.  Vil,  p.  241. 


DON  FERNANDO 
Mendoza,  sos  hermanos,  que  venían  con  ella,  salie- 
ron de  la  villa  de  Buytrago  quanto  una  legua  ca- 
mino de  Lozoya,  donde  estaba  esperando  el  Eey  y 
el  Cardenal  é  los  otros  que  habernos  dicho.  É  allí 
en  el  campo  el  Eey,  y  el  Maestre,  é  todos  los  otros 
Duques  é  Condes  que  con  él  vinieron,  por  las  gran- 
des dádivas  é  maravedís  de  juro  de  heredad,  é  pro- 
mesas de  mercedes  de  vasallos,  é  de  otras  rentas 
que  el  Rey  Don  Enrique  les  dio  é  prometió,  juraron 
de  nuevo  á  aquella  Dofia  Juana  como  á  hija  del  Rey 
por  Princesa  heredera  de  Castilla.  El  Marqués  de 
Santíllana  ni  el  Obispo  de  Sigüenza  ni  los  otros  sus 
hermanos  no  hicieron  aquel  juramento,  porque  di- 
xcron  que  ya  lo  hablan  hecho  al  tiempo  que  por 
todos  los  del  Reyno  generalmente  habia  seydo  ju- 
rada. E  luego  el  Cardenal  de  Albi,  por  poder  que 
tenia  del  Duque  de  Guiana,  se  desposó  por  palabras 
de  presente  con  aquella  Doña  Juana  como  Princesa 
heredera  del  Reyno.  Hecho  aquel  acto,  el  Rey  Don 
Enrique  ó  la  Reyna  su  muger,  é  aquella  Dofia  Jua- 
na, y  el  Cardenal  de  Albi,  y  el  Maestre,  é  todos  los 
otros  Duques  é  Perlados  é  Caballeros  que  estaban 
con  el  Rey,  fueron  para  la  cibdad  de  Segovia  donde 
les  fué  hecho  solemne  recebimiento.  E  allí  estovo 
el  Cardenal  é  los  otros  caballeros  Franceses  pocos 
dias;  y  el  Rey  les  dio  de  sus  dones,  é  los  despidió. 
De  aquel  desposorio  pesó  mucho  á  todos  los  mas  de 
los  Grandes  é  Caballeros  del  Reyno,  especialmente 
á  las  comunidades  de  las  cibdades  é  villas,  porque 
entendían  que  era  materia  de  escándalo  é  de  guer- 
ras en  el  Reyno,  é  afeaban  mucho  á  los  que  venci- 
dos de  cobdicia,  tan  varios  juramentos  hacían  unos 
contraríos  de  otros;  é  así  por  esta  causa  como  por 
las  tiranías  que  se  hacían  en  el  Reyno  sin  resisten- 
cia ni  castigo,  quanto  mas  el  Rey  y  el  Maestre  es- 
taban en  odio  de  los  comunes,  tanto  el  Príncipe  é 
la  Princesa  crecían  en  amor  del  pueblo,  é  siempre 
se  confirmaba  mas  en  las  intenciones  de  todos  su 
derecho  de  la  subcesion.  Como  esta  Dofia  Juana  fué 
desposada  con  el  Duque  de  Guiana,  luego  el  Maes- 
tre de  Santiago  se  apoderó  della,  pensando  que  te- 
niéndola en  su  poder  temía  el  Rey  mas  cierto  á  lo 
que  quisiese,  é  que  su  estado  sería  mas  conservado 
é  acrecentado  por  causa  della.  Sabido  por  el  Prínci- 
pe é  la  Princesa  el  acto  de  casamiento  hecho  cerca 
de  Lozoya,  é  como  el  Rey  mostraba  clara  enemiga 
contra  ellos,  la  qual  el  Maestre  de  Santiago  desper- 
taba é  hacia  que  se  continuase  por  lo  que  dicho  ha- 
bemos,  acordaron  de  escrebir  al  Rey  una  letra  en  la 
forma  siguiente. 

«Muy  alto  é  muy  poderoso  Príncipe,  Rey  é  Sefior : 
«Vuestra  Señoría  sabe  como  en  el  mes  de  Octubre 
«del  afio  pasado  ovimos  embíado  á  Vuestra  Alteza 
«nuestras  letras  con  Mosen  Pero  Vaca  é  Diego  de 
«Ribera  é  Luis  de  Antezana,  con  cierta  creencia  por 
«escripto;  la  qual  en  efeto  contenia  primeramente 
» facer  saber  á  Vuestra  Alteza  el  casamiento  nues- 
»tro,  é  la  razonable  causa  porque  para  ello  no  se 
«había  esperado  el  mandato  é  consejo  é  consentí- 
»  miento  de  Vuestra  Real  Señoría,  é  después  certifi- 
» cando  á  aquella  como  se  había  hecho  con  paro 


É  DOÑA  ISABEL.'  24.3 

«respeto  del  servicio  vuestro,  pidiendo  por  merced 
»á  Vuestra  Alteza,  que  sí  por  haberse  hecho  así  al- 
«  gun  desgrado  oviese  habido,  quisiese  por  nos  ha- 
«cer  merced  de  ponerlo,  ofreciéndole  nuestra  filial 
«obediencia  é  servicio,  lo  mas  acatada  é  homílmen- 
«te  que  podimos,  con  ofrecimiento  de  suficientes 
»  certinidades  é  seguridades  para  lo  mostrar  en  obras 
nsegund  en  la  dicha  creencia  mas  por  extenso  se 
»  contiene.  Esta  embaxada  Vuestra  Real  Señoría  re- 
«cibió  é  oyó  graciosamente,  é  nos  respondió  que 
«como  viniesen  á  vuestra  Corte  algunos  grandes 
«destos  vuestros  Reynos  que  esperaba,  entendería 
»en  ello  é  nos  respondería.  La  qual  respuesta,  muy 
«poderoso  Señor,  de  dia  en  día  habernos  atendido 
»en  la  paz  é  sosiego  é  obediencia  que  Vuestra  Mer- 
«ced  ha  visto,  é  aun  en  este  comedio,  aprobando 
«en  obras  nuestras  palabras  habemos  dado  orden, 
«rogando  á  esta  muy  noble  villa  de  Valladolid,  é  á 
» las  otras  cibdades,  villas  é  tierras  que  no  estaban 
«á  vuestra  obediencia,  que  en  ella  se  pongan;  é  sí 
«otra  cosa  nos  queda  de  hacer  para  mostrar  el 
«amor  é  filial  deseo  que  tenemos  á  vuestro  servicio, 
«prestos  estamos  paralo  complir.  E,  muy  excelente 
«Señor,  ya  son  pasados  cerca  de  quatro  (1)  meses, 
»é  Vuestra  Señoría  no  nos  ha  respondido.  Agora  por 
«muchas  partes  habemos  seydo  informados  é  avísa- 
«dos  que  en  lugar  de  aceptar  nuestra  justa  suplíca- 
«cion,  por  algunos  rodeos  é  maneras  muy  poco 
«complideras  á  vuestro  servicio  é  á  la  paz  é  sosiego 
«destos  vuestros  Reynos,  se  procuraban  de  meter 
«gentes  estrangeras,  á  esta  vuestra  nación  muy 
«odiosas,  é  de  hacer  otros  movimientos  contra  nos- 
» otros  é  contra  la  derecha  ó  legítima  subcesion  á 
«nos  perteneciente.  La  qual  Vuestra  Alteza  de  su 
B  libre  voluntad,  usando  de  razón  é  de  justicia,  juró 
«á  mi  la  Princesa  en  pública  plaza,  estando  en  vues- 
»tro  poder  en  las  vistas  de  Guisando,  en  presencia 
«del  Legado  de  nuestro  muy  santo  Padre,  é  con  su 
«autoridad;  é  aquello  mesmo  hizo  allí  jurar  á  los 
«muy  reverendos  ín  Christo  padres  Arzobispo  de 
» Toledo  é  de  Sevilla,  é  al  Maestre  de  Santiago,  é 
«Conde  de  Plasencia,  é  Obispos  de  Burgos  é  Coria, 
»á  otros  Duques  é  Condes  é  Ricos-Hombres  que  allí 
«  á  la  sazón  se  acertaron;  é  después  en  la  villa  de 
n  Ocafia  por  mandamiento  de  Vuestra  Señoría  lo  ju- 
» raron  otros  muchos  Perlados  é  Caballeros,  é  Pro- 
» curadores  de  las  cibdades  é  villas  destos  Reynos 
«según  Vuestra  Merced  bien  sabe,  é  á  todos  ellos  es 
»  notorio.  É ,  muy  excelente  Señor,  porque  nosotros 
« todavía  estamos  é  permanecemos  en  el  deseo  que 


(i)  Según  eso  esta  carta  debió  escribirse  á  últimos  de  Febrero 
de  1470.  De  donde  se  deduce  mas  claro  el  error  de  Pulgar,  que 
adelanta  estos  sucesos  al  año  71,  debiendo  referirse  al  anterior. 
Enriquez  del  Castillo  trac  también  esta  carta  aunque  muy  dimi- 
nuta en  su  Crfitt.,  cap.  Wi.  Tampoco  es  cierto  que  la  causa  de  es- 
cribir los  Príncipes  esta  carta  fuera  la  que  aquí  se  explica  de  ha- 
ber sabido  lo  hecho  ep  Lozoya,  que  no  fué  sino  algunos  meses 
después,  en  el  de  Octubre,  como  dejamos  notado,  ni  en  su  conte- 
nido se  hace  mención  de  tal  cosa,  sino  los  rumores  que  se  habían 
esparcido  de  que  el  Rey  quería  revocar  el  juramento  hecho  á  fa- 
vor de  su  hermana  y  hacerlo  de  nuevo  á  favor  de  su  pretendida 
hija. 


244  CRÓNICAS  DE  LOS 

»  vos  embiaraoB  decir  de  vos  servir  é  acatar  é  obede- 
» cer  como  á  Key  é  Señor  é  padre  verdadero,  de  lo 
»  qual  queremos  dar  cuenta  á  Dios  Nuestro  Señor  en 
«los  cielos,  que  es  verdadero  sabidor  de  las  intencio- 
))  nes  públicas  ó  secretas,  é  á  vuestros  naturales  en  la 
«tierra,  é  aun  á  los  extraños,  acordamos  escrebir 
»  esta  presente  carta  á  Vuestra  Merced.  A  la  qual 
«con  reverencia  de  hijos  é  servidores  suplicamos 
«quiera  aceptar  nuestra  justa  suplicación;  é  acepta- 
J)da  aquella  reciba  nuestra  obediencia  é  servicio, 
«posponiendo  todos  los  otros  enojos  é  desgrados 
»  por  servicio  de  Nuestro  Señor,  é  por  la  pacificación 
«destos  vuestros  Eeynos  é  señoríos,  é  por  hacer  mer- 
Bced  á  nosotros,  cuya  voluntad  nunca  fué  ni  será 
«de  vos  enojar  ni  deservir.  É  si  por  ventura,  muy 
»  excelente  Señor,  á  Vuestra  Alteza  no  placerá  hacer 
«esto  así  graciosamente  como  lo  pedimos,  suplicá- 
«mosle  lo  que  de  justicia  no  nos  puede  negar,  es  á 
B  saber :  que  antes  que  los  tales  rigores  se  comien- 
«cen,  los  quales  serian  malos  de  atajar  depues 
«de  comenzados,  é  dellos  se  podrían  seguir  muy 
«grandes  ofensas  á  Dios  é  irreparables  daños  á  es- 
« tos  vuestros  Reynos,  é  aun  creemos  que  se  exten- 
«  derian  á  muy  grand  parte  de  la  christiandad,  que 
«  á  Vuestra  Merced  plega  de  nos  oír,  é  guardar  nues- 
» tra  justicia  en  esta  manera :  Que  Vuestra  Alteza 
» mande  é  le  plega  que  á  quatro  Grandes  de  vues- 
«tros  Beynos  que  á  las  partes  sean  ñeles,  sea  entre- 
»  gada  una  villa  con  las  seguridades  que  se  requie- 
«ren  en  tal  caso;  donde  so  salvaguarda  de  Vuestra 
«Alteza  á  los  Perlados  é  Grandes  de  vuestros  Eey- 
«nos  mande  venir,  é  ansimesmo  nosotros  ó  todos 
»  aquellos  que  nos  siguen  podamos  ir,  é  allí  Vuestra 
»  Señoría  mande  llamar  los  Procuradores  de  las  cib- 
ndades  é  villas,  é  á  los  principales  religiosos  letra- 
» doB  de  todas  las  órdenes  de  vuestros  Eeynos,  los 
»  quales  oyan  lo  que  Vuestra  Merced  querrá  decir,  é 
«ansimesmo  lo  que  nosotros  diremos;  é  quiera  estar 
»á  la  determinación  dellos,  ó  de  la  mayor  parte,  so- 
»  bre  solenno  juramento  que  hagan  de  determinar  lo 
«que  les  pareciere  ser  mas  justo.  A  la  qual  determi- 
»  nación  nosotros  por  servicio  de  Dios  é  vuestro,  é 
»  por  evitar  tan  grandísimos  males  como  de  la  rotu- 
»  ra,  si  se  comienza,  se  podrían  seguir,  desde  agora 
n  nos  ofrecemos  de  estar  obedientes  sin  poner  á  ello 
«ninguna  contradicion.  É  porque  pocas  veces  los 
«muchos  80  concordaron  en  una  cosa,  si  entre  los 
«sobredichos  oviere  alguna  diferencia  en  el  deter- 
»  minar,  á  Vuestra  Alteza  placiendo,  á  nosotros  pla- 
»  cera  que  acatada  la  honrada  edad  é  vida  é  apar- 
ntamiento  do  los  temporales  negocios,  é  la  grand 
¡discreción  de  Don  Pero  Fernandez  de  Velasco 
.;  Conde  de  Haro,  que  él  con  los  quatro  religiosos  é 
«mayores  Perlados  do  las  órdenes  de  Santo  Domin- 
»  go  é  de  Sant  Francisco,  é  de  Sant  Hierónymo,  é  de 
» la  Cartuxa  en  estos  vuestros  Eeynos,  entiendan  en 
«las  tales  diferencias,  é  las  atajen  6  determinen 
«como  en  sus  consciencias  entendieren  ser  mas 
«Cumplidero  al  servicio  de  Dios,  é  á  la  paz  é  bien 
«universal  destos  vuestros  Reynos.  A  ladetermina- 
«  cion  de  los  quales,  ó  de  los  tros  destos  religiosos 


REYES  DE  CASTILLA. 

«con  el  dicho  Conde  ansimesmo  hayamos  de  estar, 
«  so  cargo  del  dicho  juramento  que  primero  hagan. 
«Por  ende,  muy  poderoso  Señor,  pues  tan  llanamen- 
» te  vos  ofrecemos  la  paz,  é  nos  sometemos  al  juicio 
» é  sentencia  de  vuestros  naturales,  suplicamos  á 
«Vuestra  Eeal  Señoría,  é  si  menester  es,  le  requeri- 
«raos  con  aquel  Dios  poderoso  que  suele  ser  y  es 
«  derecho  é  justo  juez  entre  los  Emperadores  é  Ee- 
«yes  é  Grandes  señores,  que  no  nos  quiera  negar 
» aquesto,  que  al  menor  de  vuestros  Reynos  negar 
»  no  se  puede  ni  debe.  Lo  qual  una  é  muchas  veces 
«tornamos  á  suplicar  é  requerir  á  Vuestra  Merced 
»  con  quanta  instancia  podemos  é  reverencia  debe- 
«mos.  Ansimesmo  lo  entendemos  publicar  en  vues- 
«tros  Reynos  é  fuera  dellos:  porque  si  así  esto  no 
» se  recibiere,  y  en  la  defensa  de  nuestra  justicia 
«hiciéremos  aquello  que  á  todos  es  permitido  per 
« los  derechos  divinos  é  humanos,  seamos  sin  cargo 
«  quanto  á  Dios  é  quanto  al  mundo:  é  desto  suplica- 
»  mos  á  Vuestra  Alteza  que  hayamos  su  determina- 
»da  respuesta.» 

El  Rey,  vista  aquella  letra,  embió  decir  á  la  Prin- 
cesa, que  no  ovo  buen  acuerdo  en  concluir  su  ma- 
trimonio sin  gelo  hacer  saber  é  haber  su  consenti- 
miento para  ello,  por  los  inconvinientes  que  de  se- 
mejantes cosas  se  solían  seguir  en  los  reynos.  É  que 
bien  parecía  en  este  su  casamiento  hecho  contra  su 
voluntad,  que  aun  no  placía  á  Dios  que  cesasen  los 
males  é  guerras  que  había  en  el  Reyno.  El  Prínci- 
pe é  la  Princesa,  vista  la  respuesta  del  Rey,  acor- 
daron de  ir  para  la  villa  de  Rioseco,  que  es  del  Al- 
mirante, por  mayor  seguridad  de  sus  personas,  en  lo 
qual  estovieron  algunos  días,  durante  los  quales,  el 
Maestre  de  Santiago  quiso  haber  para  sí  de  juro  de 
heredad  la  villa  de  Sepúlveda  é  su  tierra,  y  el  Rey 
le  hizo  luego  merced  della.  Conocida  por  los  pueblos 
la  flaqueza  é  poca  resistencia  que  el  Rey  tenia  en 
conservar  lo  de  la  corona  real,  é  la  gran  disolución 
Con  que  lo  daba,  todas  las  cibdades  é  villas  del  Rey- 
no  guardaban  de  ser  agenadas  en  poder  de  caballe- 
ros; los  quales,  como  se  hace  en  semejantes  tiempos, 
procuraban  de  se  apoderar  cada  uno  por  su  parte  de 
todo  quanto  mas  podían.  E  por  esta  causa,  los  de  la 
villa  de  Sepúlveda  que  estaban  avisados  de  esta 
merced,  se  defendieron  de  tal  manera  que  el  Maes- 
tre no  la  pudo  haber;  é  trataron  con  el  Príncipe  é 
con  la  Princesa,  que  viniesen  á  la  villa  é  la  tomasen 
en  su  señorío,  porque  entendían  que  ellos  habían  de 
ser  Bubcesores  del  Reyno,  y  estarían  bien  guardados 
en  su  poder  para  la  corona  real. 

CAPÍTULO  III. 

Como  el  Príncipe  é  la  Princesa  fueron  á  la  villa  de  Sepúlveda 
é  Aranda,  é  lo  que  allí  hicieron. 

Y  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatrocien- 
tos  é  setenta  é  dos  años,  el  Príncipe  é  la  Princesa 
partieron  de  la  villa  de  Rioseco,  é  fueron  para  la 
villa  de  Sepúlveda,  que  estaba  por  ellos;  en  la  qual 
fueron  bien  recebidoe,  é  tomada  seguridad  do  los 
principíales  de  la  villa  que  la  guardarían,  fueron  á 


DON  FESNANDO 
la  villa  de  Alcalá  de  Henares.  Y  estando  en  aquella 
villa  con  el  Arzobispo  de  Toledo,  algunos  principa- 
les de  la  villa  de  Aranda  de  Duero,  que  era  de  la 
Eeyna  Doña  Juana,  rebelaron  contra  ella,  é  pusie- 
ron la  villa  en  el  señorío  de  la  Princesa;  y  echaron 
de  la  villa  la  justicia  é  todos  los  oficiales  que  esta- 
ban puestos  por  la  Eeyna  Doña  Juana.  Ansimesmo 
porque  el  Rey  Don  Enrique  habia  hecho  merced  de 
la  villa  de  Agreda  á  Don  Luis  de  la  Cerda,  Conde  de 
Medinaceli,  los  de  la  villa  se  pusieron  en  defensa,  é 
como  quier  que  el  Conde  guerreó  é  hizo  muchos  da- 
ños, robos  é  quemas  á  los  de  la  villa  é  su  tierra  por 
la  señorear;  pero  al  fin  se  defendieron  y  entregaron 
la  villa  á  la  Princesa,  por  ser  defendidos  en  su  poder 
para  la  corona  real.  Otrosí  el  Alcayde  de  Castronu- 
fio,  un  tirano  de  quien  adelante  en  esta  Crónica  se 
hará  mención,  estaba  apoderado  de  la  villa  de  Tor- 
desillas ,  é  un  caballero  de  la  casa  de  la  Princesa, 
que  se  llamaba  Alonso  de  Quintanilla,  tovo  trato  se- 
cretamente con  algunos  de  k  villa  que  diesen  lugar 
al  Príncipe  para  entrar  en  ella.  É  una  noche  del  mes 
de  Mayo  deste  año,  el  Príncipe  y  el  Duque  de  Alva 
con  él ,  hicieron  traer  secretamente  barcos ,  é  con 
gente  de  armas,  unos  por  el  rio,  é  otros  por  parte  de 
la  tierra,  entraron  en  la  villa.  É  aquel  Alcayde  de 
Castrouuño  que  estaba  en  ella  apoderado,  visto  como 
el  Príncipe  poderosamente  entró  en  ella,  dexóla  é  fué 
con  toda  su  gente  para  Castronuño ;  ó  así  quedó  la 
villa  de  Tordesillas  para  el  Príncipe  é  para  la  Prin- 
cesa, libre  de  la  opresión  en  que  la  tenia  aquel  tirano. 

CAPÍTULO  IV. 

Como  el  Rey  Don  Enrique  se  vido  en  Badajoz  con  el  Rey  de  Por- 
togal,  é  lo  que  se  trató  ende  del  casamiento  de  Doña  Juana. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  ó  quatrocien- 
tos  é  setenta  é  tres  años,  al  principio  del  año  vino 
nueva  al  Rey  Don  Enrique  como  el  Duque  de  (1) 
Guiana,  esposo  de  Doña  Juana,  la  que  decía  ser  su 
hija,  era  fallecido,  é  murió  en  la  villa  de  Bayona, 
que  es  del  Ducado  de  Guiana.  Algunos  de  aquel 
Reyno"de  Francia  decían  que  fué  muerto  con  pon- 
zoña que  el  Rey  su  hermano  le  habia  hecho  dar, 
porque  recelaba  que  se  juntaría  con  los  Duques  de 
Bretaña  é  de  Borgoña,  é  con  otros  Duques  é  Se- 
ñores del  Reyne  de  Francia  contra  él.  Sabida  por 
el  Rey  Don  Enrique  la  muerte  del  Duque  de  Guia- 

(1)  Carlos,  Duque  de  Guiana,  hermano  único  de  Luis  XI  de  Fran- 
cia, es  el  mismo  que  en  el  capítulo  11  llama  Duque  de  Berry.  Este, 
después  de  efectuado  su  desposorio  con  Doña  Juana  como  nota- 
mos arriba,  pensó  y  aun  quiso  por  fuerza  casar  con  una  hija  del 
Duque  de  Borgoña.  Pero  su  muerte,  acaecida  en  2^1  de  Mayo  de 
147Í,  desconcertó  sus  medidas  y  las  de  sus  aliados,  que  con  el  ho- 
nesto nombre  de  la  liga  del  bien  publico  habían  conspirado  contra 
el  Rey.  Por  entonces  se  creyó  que  Jordán  Faure  Abad,  de  San  Juan 
de  Angelí ,  le  díó  á  comer  un  melocotón  envenenado,  y  no  falta 
quien  diga  con  Pulgar  que  se  lo  hizo  dar  su  mismo  hermano  re- 
celoso del  poder  que  adquiría  con  el  nuevo  enlace.  Un  extracto  de 
la  Instrucción  dada  al  Arzobispo  de  Tours,  comisionado  para  la 
causa  del  Abad  de  San  Juan  de  Angeli,  publicó  el  Abad  Lenglct 
en  su  edición  de  Gemines,  T.  III,  p.  '279,  Preuv.,  n.  CCIX.  Allí 
mismo  pueden  verse  las  obscrvacíonessobre  esta  muerte  de  Mr.  Go- 
defroy,  T.  Ul,p.  187,  Preuv.,  n.  CLXXXII!. 


É  DOÑA  ISABEL.  245 

na,  mostró  grand  sentimiento;  é  luego  pensó  des- 
posar aquella  Doña  Juana,  que  decía  ser  su  hija, 
con  el  Rey  de  Portogal.  É  poniendo  en  obra  su 
pensamiento,  por  consejo  del  Maestre  de  Santiago 
embió  su  mensagero  al  Rey  de  Portogal  á  le  ha- 
cer saber  en  como  seria  necesario  que  se  viesen 
en  uno  para  platicar  algunas  materias,  que  al  ser- 
vicio de  Dios  é  al  bien  de  sus  Reynos  por  eston- 
ces ocurrían.  É  porque  estas  vistas  fuesen  al  Rey 
de  Portogal  mas  fáciles,  de  parte  del  Rey  le  fué 
dicho  que  se  llegaría  á  las  partes  cercanas  de  su 
Reyno  de  Portogal.  El  Rey  de  Portogal  respondió 
que  le  placía  de  verse  con  el  Rey;  é  ambos  Re- 
yes se  juntaron  en  la  cíbdad  de  Bodajoz,  é  ©vie- 
ron habla  el  un  Rey  con  el  otro  solos.  É  después 
por  medio  de  personas  de  su  Consejo  se  platicó 
la  materia  de  aquel  casamiento  del  Rey  de  Por- 
togal con  aquella  Doña  Juana  su  sobrina.  En  las 
quales  pláticas  intervinieron  el  Maestre  de  Santia- 
go, que  continamente  estaba  con  el  Rey,  y  el  Du- 
que de  Arévalo,  Conde  de  Plasencia;  los  quales  de 
parte  del  Rey  prometieron  al  Rey  de  Portogal  la 
subcesion  del  Reyno  de  Castilla.  E  por  parte  del 
Rey  de  Portogal  fueron  demandadas  muchas  cib- 
dades  é  villas  é  fortalezas  en  el  Reyno  para  segu- 
ridad de  lo  que  le  era  prometido;  las  quales  eran 
dificiles  de  entregar  segund  la  poca  fuerza  que  el 
mando  del  Rey  tenía  estonces  en  el  Reyno,  é  por 
esta  causa  el  casamiento  no  ovo  efeto.  Algunos 
decían  que  el  Rey  de  Portogal  dexaba  de  lo  con- 
cluir porque  su  consciencía  no  se  saneaba  bien 
del  derecho' de  su  sobrina,  por  las  cosas  pasadas 
que  habia  oído  publicar  de  la  Reyna  su  hermana. 
Otros  decían  que  no  quiso  aceptar  aquel  casamiento 
por  la  grand  parte  que  tenia  el  Príncipe  é  la  Prin- 
cesa su  muger  en  Castilla,  en  especial  en  los  pue- 
blos, según  lo  qual  le  fuera  dificíle  adquirir  el  Rey- 
no  en  vida  de  aquellos;  é  que  era  mas  cierto  que 
aceptaba  empresa  para  sostener  contína  guerra,  que 
para  haber  Reyno  pacífico.  É  ansí  se  despidieron  de 
aquellas  vistas  sin  haber  conclusión  de  aquel  casa- 
miento (2). 

CAPÍTULO  V. 

Como  el  Rey  Don  Enrique  trató  casamiento  de  Oofia  Juana  con  el 
Infante  Don  Enrique. 

Despedido  el  Rey  Don  Enrique  de  aquel  casa- 
miento que  trataba  con  el  Rey  de  Portogal,  luego 
quiso  desposar  aquella  Doña  Juana  que  decía  ser  su 
hija  con  el  Infante  Don  Enrique,  hijo  del  Infan- 
te Don  Enrique,  que  estaba  en  Aragón  en  poder 
del  Rey  Don  Juan  de  Aragón  su  tío;  el  qual  le 


(2)  Enriquez  del  Castillo  dice  que  quando  el  Rey  Don  Enrique 
fué  á  Badajoz,  halló  que  estaba  apoderado  de  ella  el  Conde  de 
Feria,  quien  no  le  quiso  abrirni  dar  entrada,  diciendo  que  la  guar- 
daba para  el  Maestre  de  Santiago,  de  donde  el  Rey  se  vio  en  pre- 
cisión de  ver  al  de  Portugal  fuera  de  la  ciudad,  y  éste,  escandali- 
zado de  la  sujeción  en  que  el  Rey  estaba,  y  temeroso  de  los  malos 
tratos  del  Maestre,  no  obstante  que  se  le  ofrecían  en  seguridad 
varias  ciudades,  no  quiso  aceptar  el  casamiento.  Crón,,cap.  155. 


246 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


había  criado  é  sostenido  después  que  el  Infante  su 
liorinano  murió  de  la  herida  que  le  dieron  en  la 
batalla  que  ovieron  con  el  Rey  Don  Juan  cerca  de 
Olmedo  ,  según  en  su  Crónica  será  contado.  Este 
casamiento  deseaba  mucho  hacer  el  Rey  Don  En- 
rique con  este  Infante,  por  dar  competidor  al  Prín- 
cipe é  á  la  Princesa  en  la  subcesion  del  Reyno, 
É  trató  secretamente  con  Don  Rodrigo  Alonso  Pi- 
mentel,  Conde  de  Benavente,  el  qual  era  primo  deste 
Infante  Don  Enrique,  que  erabiase  por  él  á  Aragón, 
para  darle  aquella  Doña  Juana  que  decia  ser  su 
hija  por  muger,  é  otorgarle  la  subcesion  del  Rey- 
no.  El  Infante  que  estaba  á  la  obediencia  del  Rey 
de  Aragón,  oido  lo  que  le  fué  movido  cerca  deste 
casamiento,  deliberó  de  lo  aceptar  é  venir  luego 
para  Castilla  á  lo  concluir.  É  como  quier  que  veia 
bien  que  no  guardaba  lo  que  debia  en  se  apartar 
del  Rey  de  Aragón  su  tio  sin  su  licencia,  pero 
considerando  que  le  impediría  su  venida,  porque 
era  contra  el  Príncipe  su  hijo,  é  contra  la  Princesa 
su  muger,  que  esperaban  la  subcesion  del  Reyno, 
pospuso  lo  que  debia  hacer  de  presente,  esperando 
lo  que  pensaba  haber  de  futuro;  é  sin  lo  comuni- 
car con  el  Rey  su  tio  se  partió  del,  é  vino  para 
Castilla,  donde  fué  bien  recebido  del  Rey  Don 
Enrique  (1). 

CAPÍTULO  VI. 

Uel  ruido  que  ovo  en  Segovia ,  é  de  lo  que  alli  acaeció  con  el 
Mayordomo  Cabrera. 

E  para  mas  clara  información  de  los  que  leyeren 
esta  Crónica ,  es  de  saber ,  que  entre  los  criados  que 
el  Rey  Don  Enrique  tovo  fué  aquel  su  Mayordomo, 
de  quien  habemos  hecho  mención  en  el  principio 
de  esta  Crónica ,  que  se  llamó  Andrés  de  Cabrera, 
natural  do  la  cibdad  de  Cuenca ,  mozo  de  buena  dis- 
posición é  de  buen  juicio.  Este  fué  uno  de  los  pri- 
vados que  amó  el  Rey,  é  hízole  Mayordomo  de  su 
casa ,  é  dióle  las  tenencias  de  los  alcázares  de  Sego- 
via c  Madrid,  que  eran  los  dos  lugares  que  él  mas 
continaba  en  el  Reyno ;  especialmente  á  Segovia, 
porque  tenia  cerca  de  la  cibdad  sus  bosques  para 
8U8  apartamientos,  é  todas  las  otras  cosas  en  que  se 
deleytaba.  Este  Mayordomo  Andrés  do  Cabrera  ser- 
via con  afición  al  Maestre  de  Santiago  quando  se 
apartó  del  Rey,  é  se  juntó  con  el  Arzobispo  de  To- 
ledo, é  con  el  Almirante  Don  Fadrique,  é  con  los 
otros  caballeros  que  alzaron  por  Rey  en  Avila  al 

(i)  No  vuelve  ya  á  nombrar  este  Infante,  ni  dice  en  qué  paró  su 
casamiento.  Hiciéronlo  salir  de  Aragón,  sin  licencia  del  Rey  su  tio 
romo  aquí  se  nota,  y  sin  drjarle  entrar  en  Madrid  lo  detuvieron  en 
lU'lafe,  donde  después  de  muchas  idas  y  venidas  se  deshicieron 
'os  tratos,  por  inducimiento  del  Maestre  de  Santiago,  que  no  gus- 
taba que  se  hiciese  este  casamiento,  temiendo  que  si  llegaba  á  rey- 
iiir  no  le  quitara  las  posesiones  que  tenía,  que  habían  sido  del 
Infante  Don  Enrique  su  padre.  A  esto  ayudó  macho  la  poca  cor- 
dura y  liviandad  del  Infante,  que  sin  tener  sus  cosas  aseguradas, 
presumía  ya  sobrado,  dando  á  besar  la  mano  con  arrogancia  á  los 
Grandes,  que  le  ofrecían  la  paz  acostumbrada.  Asf  burlado  y 
descontento  hubo  de  volverse  á  su  tierra,  y  por  esta  desgracia  le 
quedó  el  apellido  de  Don  Enrique  Fortuna.  Enriq.,  Cron.  de  En- 
rique lY,  cap.  159  y  160.  Mariana,  /ib.  23,  cap.  19. 


Príncipe  Don  Alonso,  é  hicieron  la  división  en  el 
Reyno  que  habemos  recontado.  E  tanta  era  la  parte 
que  el  Rey  daba  de  si  á  sus  privados,  que  este  An- 
drés de  Cabrera  pudo  tener  tales  maneras  con  él, 
para  lo  traer  que  estoviese  á  la  gobernación  del 
Maestre  de  Santiago,  aunque  estaba  con  su  herma- 
no en  su  deservicio.  E  ansí  en  vida  del  Príncipe  Don 
Alonso,  como  después  que  murió,  este  Andrés  de 
Cabrera  posponía  todas  lascosas  por  servir  al  Maes- 
tre ;  especialmente  en  le  tener  siempre  en  la  gracia 
del  Rey ,  é  para  lo  traer  á  su  Corte ,  según  que  ha- 
bemos contado  que  pasó  en  Cadahalso ,  quando  ju- 
raron á  la  Princesa  por  subcesora  de  Castilla.  El 
Maestre  de  Santiago  como  vido  al  Rey  tan  aficio- 
nado por  casar  á  aquella  que  decia  ser  su  hija  con 
el  Infante  Don  Enrique ,  mostró  dello  algún  pesar, 
porque  venia  por  mano  del  Conde  de  Benavente  su 
yerno ,  que  de  secreto  era  su  enemigo.  E  la  causa 
de  su  enemistad  era  porque  el  Conde  tenia  creído 
que  el  Maestre  su  suegro  le  había  quitado  el  Maes- 
tradgo  de  Santiago  que  él  procuraba,  ó  lo  había  to- 
mado para  sí.  E  como  quier  que  al  Maestre  pesaba 
que  el  Príncipe  é  la  Princesa  oviesen  la  subcesion 
del  Reyno,  pero  recelaba  haber  mayor  peligro  si  la 
oviese  este  Infante  Don  Enrique ,  por  ser  primo  del 
Conde  su  yerno  á  quien  él  mucho  temía,  y  eso  mes- 
mo  porque  mostraba  algunas  veces  ser  pungido  de 
su  consciencia,  si  fuese  en  consejo  de  quitarle  la 
subcesion  del  Reyno  á  la  Princesa ;  é  por  esta  causa 
puso  grandes  inconvenientes  al  Rey,  porque  no  hi- 
ciese este  casamiento.  Especialmente  decia  que  ei 
el  Infante  Don  Enrique  oviese  la  subcesion  de  Cas- 
tilla ,  él  tenia  poca  seguridad  de  su  persona  y  esta- 
do ;  é  para  lo  haber  pidió  al  Rey  el  alcázar  de  Ma- 
drid, que  tenía  el  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera,  y 
el  Rey  gelo  prometió.  Como  el  Mayordomo  sopo  que 
el  Maestre  procuraba  de  haber  para  sí  aquella  tenen- 
cia, pesóle  de  ver  la  ingratitud  que  el  Maestre  le 
facia  en  lugar  de  las  mercedes  que  del  esperaba,  é 
díxole:  «Notorio  es.  Señor,  que  algunos  de  los  que 
»  han  estado  cerca  del  Rey,  muchas  veces  é  por  di- 
n  versas  maneras  procuraron  vuestra  muerte  é  des- 
» truicion  ;  é  sabéis  que  os  avisé  de  todas  las  cosas 
j)  que  08  cumplían  en  todo  tiempo  que  fué  necesa- 
n  rio ,  poniendo  muchas  veces  á  peligro  de  muerte 
))  mi  persona  por  salvar  la  vuestra.  Agora  me  pare- 
»  ce  que  en  pago  de  los  trabajos  que  ove  por  conscr- 
1)  var  lo  que  tenéis,  procuráis  con  el  Rey  de  quitar- 
»me  lo  que  tengo.  Digna  por  cierto  é  bien  mere- 
«  cíente  remuneración  de  mis  penas  c  trabajos  es  la 
» que  me  procuráis. Decidme,  Señor,  ¿do  está  aquel 
» tiempo  que  la  Marquesa  vuestra  muger  me  11a- 
»  maba  padre  de  sus  hijos ,  é  vos  me  llamávades 
fl  hijo  particionero  con  vuestros  herederos  ?  E  ¿  do 
»  están  las  promesas  tan  fervientes  é  tan  complídas, 
B  que  sin  vos  las  yo  pedir  me  hecistes  para  me  acre- 
»  centar  é  honrar  ?  ¿Mudáis  por  ventura  vuestro  pro- 
»  pósito  porque  mude  yo  el  mió ,  ó  habéis  olvidado 
nya  mis  servicios,  porque  olvidé  yo  de  vos  servir, 
»  ó  porque  los  perdí  con  algunos  deservicios?  No  por 
» cierto.  Mas  parece  bien  que  estaba  engañado  quan- 


DON  FERNANDO 
o  do  los  hacia,  pues  hacéis  agora  comigo  cosa  no 
» vista  ni  oida  en  ningún  tiempo  ni  edad.  Porque 
» traer  en  olvido  el  beneficio ,  acaece  muchas  veces; 
» tenerlo  en  la  memoria  é  disimularlo ,  visto  lo  ha- 
»  hemos ;  negar  el  beneficio  por  no  satisfacerlo,  mu- 
»  chos  lo  usan ;  pero  confesar  los  servicios ,  é  prome- 
»ter  por  ellos  grandes  bienes,  y  en  lugar  dellos  dar 
«grandes  males,  esto  por  cierto  excede  todos  limi- 
»tes  de  ingratitud.  Yo,  Señor ,  no  pido  que  me  deis 
»  de  lo  vuestro ,  mas  pido  que  no  me  quitéis  lo  mió; 
»  no  pido  cosa  injusta  ni  imposible  de  hacer ,  mas 
»  pido  cosa  justa  é  muy  razonable  do  otorgar.  Todo 
«hombre  que  alguna  cosa  se  pone  á  demandar,  de- 
»  be  considerar  quien  es  el  que  se  la  demanda ,  é  á 
»  quien  la  demanda ,  é  que  es  lo  que  pide ,  é  por  qué, 
»y  en  qué  tiempo  lo  pide,  é  si  se  puede  6  debe  otor- 
»  gar  lo  que  pide.  Yo,  Señor,  soy  quien  vos  bien  co- 
n  noceis,  é  vos  sois  un  Señor  que  yo  pensaba  cono- 
«  cer.  La  cosa  que  pido  es  que  no  me  hagáis  mal, 
«  pues  sois  obligado  á  me  hacer  bien ;  é  pídelo,  por- 
D  que  vos  he  muy  bien  é  lealmente  servido.  Y  esto 
«  que  pido,  vos ,  Señor ,  no  solamente  podéis ,  mas 
»  sois  obligado  á  lo  facer  en  todo  tiempo ,  é  á  todos 
«hombres,  especialmente  á  mí,  que  tantas  veces 
«habéis  fallado  leal,  quantas  me  habéis  querido  ex- 
«perimentar.  E  si  vos,  Señor,  en  pago  de  mis  eer- 
«  vicios  daño  tan  manifiesto  determináis  de  me  ha- 
»cer,  claramente  veo  que  Dios,  justo  galardona- 
B  dor ,  me  muestra  haber  mucho  errado,  quando  con 
«tan  ferviente  afición  vos  servia.  E  por  cierto, 
B  quando  á  tal  servidor  tal  pago  facéis ,  pocos  ser- 
«  vidores  hallaréis  que  sen;.ej  antes  servicios  os  fa- 
»  gan. » 

Oidas  estas  razones  del  Mayordomo,  el  Maestre  le 
dixo  que  era  verdad  haber  recebido  del  buenas  obras 
en  los  tiempos  pasados,  é  que  ni  por  esto  se  debía 
alterar  ni  mudar  su  propósito.  Porque  bien  sabia  él 
que  para  la  seguridad  de  su  persona  y  estado  le  era 
necesario  de  procurar  aquella  tenencia,  é  todas  quan- 
tas pudiese  haber  del  Rey.  Por  lo  qual ,  si  su  amigo 
fuese,  no  debía  haber  enojo  ni  alteración ,  antes  ha- 
bía de  haber  por  bien  la  seguridad  suya,  pues  ha- 
biendo aquella  tenencia,  recebía  él  gran  provecho, 
y  el  Mayordomo  poco  daño  ;  é  por  ende  le  rogaba 
que  oviese  paciencia.  E  no  embargante  las  quexas 
del  Mayordomo ,  todavía  se  entregó  la  fortaleza  de 
Madrid  al  Maestre ;  é  dende  en  adelante  la  amistad 
que  había  entre  olios  se  convirtió  en  odio  é  aborre- 
cimiento, é  no  sin  causa,  porque  toda  amistad  ha- 
bida por  respeto  de  interese  ó  deleyte,  ha  semejante 
fin,  como  vemos  que  se  face  en  las  amistades  mun- 
danas, que  carecen  de  aquella  virtud  verdadera  que 
face  durar  los  amigos ,  é  permanecer  en  las  obras  de 
BU  amistad.  Este  Maestre ,  como  es  dicho ,  era  dis- 
creto é  home  de  buen  entendimiento ,  é  tenia  sufri- 
miento é  habilidad  para  la  gobernación  destas  co- 
sas mundanas ,  y  era  franco  é  gracioso  en  sus  f a- 
blas ,  é  con  el  gran  juicio  que  tenía  sabia  encubrir 
los  pungimientos  de  todos  los  otros  vicios ,  salvo  la 
cobdicia ,  que  ni  la  sabia  encobrir,  ni  la  podía  tem- 
plar ;  porque  pensaba  que  los  grandes  estados  acre- 


E  DOÑA  ISABEL.  247 

contándoles  mas  se  conservaban  mejor,  é  pues  no 
podían  permanecer  en  un  ser ,  de  necesario  era ,  si 
no  se  acrecentaban,  que  se  disminuyesen.  Después 
que  el  Maestre  fué  apoderado  del  alcázar  de  Ma- 
drid, estorbaba  con  dilaciones  al  Rey  Don  Enrique 
el  casamiento  del  Infante,  é  al  Conde  de  Benaven- 
te  que  lo  trataba,  representándole  algunos  inconvi- 
nientes  que  en  su  persona  y  estado  se  podían  seguir 
si  se  ficiese.  En  especial  decia  que  aun  con  el  alcá- 
zar de  Madrid  que  le  había  dado ,  no  fallaba  segu- 
ridad de  su  persona  si  no  le  entregaba  eV  alcázar  de 
Segovia,  que  tenia  el  Mayordomo  Andrés  de  Cabre- 
ra, porque  estos  dos  alcázares  eran  donde  el  Rey 
continaba ,  é  que  sí  gelo  diese ,  luego  daría  forma 
como  el  casamiento  se  ficiese.  Quando  el  Rey  vido 
que  habiéndole  entregado  el  alcázar  de  Madrid ,  de 
nuevo  demandaba  el  de  Segovia,  fué  indinado  con- 
tra él ,  'pensando  las  cautelas  é  dilaciones  puestas 
por  el  Maestre.  Las  quales  no  le  osaba  declarar ,  ni 
menos  negar  lo  que  le  pedia,  porque  tenia  en  su  po- 
der á  aquella  Doña  Juana  que  se  decia  Princesa ,  y 
estaba  tan  apoderado  en  el  Reyno ,  que  no  sabia  dar 
remedio  á  sus  cautelas ;  porque  negándole  lo  que 
pedía,  recelaba  de  su  obra  mala,  é  dáudogelo  pen- 
saba de  la  no  hacer  buena.  Pero  todavía  le  entrega- 
ra también  el  alcázar  de  Segovia  como  hizo  el  de 
Madrid,  salvo  porque  el  Mayordomo  Andrés  de  Ca- 
brera dio  á  entender  al  Roy  que  menos  haría  el  ca- 
samiento entregándole  la  fortaleza  de  Segovia,  que 
lo  fizo  quando  le  fué  entregada  la  de  Madrid,  é  que 
también  le  faltaría  en  lo  uno  como  le  había  faltado 
en  lo  otro.  E  de  aquí  quedó  tan  grand  odio  entre  d 
Maestre  y  el  Mayordomo,  que  el  Maestre  estando 
en  Seo- ovia  procuró  de  alborotar  la  cibdad  contra  el 
Mayordomo ,  á  fin  de  le  echar  della,  é  le  tomar  por 
fuerza  el  alcázar  é  las  puertas  de  la  cibdad  de  que 
estaba  apoderado.  E  un  Domingo  del  mes  de  Mayo 
deste  año ,  revolvióse  por  parte  del  Maestre  un  gran 
ruido  en  la  cibdad  entre  los  vecinos  della  :  los  unos 
que  tenían  la  parte  del  Maestre,  los  otros  del  Ma- 
yordomo ,  en  la  qual  venció  la  parte  de  los  del  Ma- 
yordomo. B  luego  la  mayor  é  mas  sana  parte  del 
común  de  la  cibdad ,  visto  el  vencimiento  que  ha- 
bían habido  los  del  Mayordomo  se  juntaron  contra 
el  Maestre ;  el  qual  visto  el  alboroto  del  pueblo  que 
se  enderezaba  contra  él,  donde  se  aparejaba  peligro 
de  su  persona ,  acordó  dexar  la  cibdad  ,  é  vino  para 
la  villa  de  Madrid.  Este  año  fué  criado  Cardenal 
Don  Pedro  González  de  Mendoza  (1),  Obispo  de 
Sigüenza ;  y  el  Papa  Sixto  le  embió  allí  á  Segovia 


(1)  Este  Prelado  fué  creado  Cardenal  con  título  de  Sania  María 
in  Dominica  por  el  Papa  Sixto  IV  en  su  segunda  promoción  hecha 
en  viernes  7  de  Marzo  de  1473.  El  mismo  año  después  de  muchas 
contradicciones  el  mismo  Sixto  IV  expidió  Bulas  á  favor  del  Car- 
denal para  el  Arzobispado  de  Sevilla  vacante  por  muerte  de  Don 
Alonso  de  Fonseca,  con  retención  del  de  Sigüenza  que  poseía,  y 
con  el  mismo  mensagero  remitió  el  Capelo  que  hasta  entonces  no 
habia  venido.  Recibiólo  en  Segovia  con  las  ceremonias  acostum- 
bradas ,  y  el  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  lo  llevó  en  procesión 
en  una  vara  alta  ,  hasta  la  Iglesia  Mayor ,  donde  celebró  misa.  En- 
riquez,  Crón.  deEnriq.  lY,  cfl}).il59,Salazar,  Crón.  delGr.  Carde- 
nal, lib.  I,  cíí;>.37.  Ciaccon,  inSixt.  IV. 


248 

el  Capelo  con  gran  solemnidad ,  é  se  intituló  dende 
en  adelante  Cardenal  de  España.  Este  año  fué  muer- 
to mala  é  crudamente  por  algunos  labradores  del 
común  de  Jaén ,  Don  Miguel  Lúeas  (1)  ,  á  quien  el 
Rey  habia  fecho  Condestable  de  Castilla ;  ó  fué  pro- 
veído del  oficio  de  Condestable  Don  Pero  Fernan- 
dez de  Velasco,  Conde  de  Haro,  Camarero  mayor 
del  Rey. 

CAPÍTULO  VII. 

Del  Legado  del  Papa  que  vino  á  Castilla ,  6  de  lo  que  fizo:  é  co- 
mo el  Príncipe  é  la  Princesa  vinieron  á  Segovia  ,  c  de  lo  que 
ende  pasó. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
cientos  é  setenta  é  quatro  años ,  un  Cardenal  que  era 
Vicecanceller,  é  habia  venido  en  aquel  tiempo 
por  (2)  Legado  del  Papa  á  España ,  quiso  concor- 
dar al  Rey  Don  Enrique  con  el  Principe  é  con  la 
Princesa ,  porque  desta  concordia  se  seguia  la  paz 
de  Castilla.  E  porque  esto  no  se  podia  conseguir, 
salvo  determinándose  la  subcesion  del  Reyno  para 
aquel  que  la  debia  haber ,  habidas  muchas  infor- 
maciones ,  por  las  quales  sopo  que  pertenecía  á  esta 
Princesa  Doña  Isabel ,  trató  concordia  é  reconcilia- 
ción del  Maestre  de  Santiago ,  con  el  Príncipe  é  con 
la  Princesa ,  porque  entendió  que  este  Maestre  la 
estorbaba ,  é  que  cosaria  de  la  impedir  si  lo  reduxe- 
se  á  su  servicio.  E  porque  el  Maestre  fuese  seguro 
de  no  recebir  daño  en  su  persona  y  estado,  fué  asen- 
tado por  mano  deste  Legado ,  que  el  Príncipe  é  la 
Princesa  fuesen  á  la  cibdad  de  Guadalaxara ,  é  con- 


(1)  La  cansa  de  su  muerte  fué  el  tomar  á  su  cargo  la  defensa  de 
ios  Judíos  conversos  contra  quien  el  pueblo  se  habia  amotinado 
con  pretexto  de  religión ,  pretextando  que  judaizaban  para  poder 
impunemente  oprimirlos  y  robarlos.  Matáronle  en  la  Iglesia  mayor 
de  Jaén  estando  oyendo  misa ,  dia  de  San  Benito,  21  de  Marzo  de 
liló.  El  mismo  ejemplo  siguieron  en  este  año  varias  ciudades  de 
Andalucía  como  Andújar,  Córdoba  y  otros  lugares,  todos  con  igual 
suceso ,  pues  no  se  castigó  á  ninguno.  Por  muerte  de  Don  Miguel 
Lúeas  dio  el  Rey  el  sello  de  Cíianciller  mayor  al  Cardenal  Don 
Poro  González  de  Mendoza.  Enriq.,  Crón.  de  Don  Enriq.  lY,  capi- 
tulo 157.  Saiazar ,  Crón.  del  Gr.  Card.,  lib.  i,  cap.  36.  En  este  mis- 
rao  año  el  Arzobispo  de  Toledo  Don  Alonso  Carrillo  celebró  Con- 
cilio Provincial  en  el  lugar  de  Aranda ,  cuyas  constituciones  en 
número  de  veinte  y  nueve  fueron  publicadas  en  la  Iglesia  de  San 
Juan  de  dicho  lugar  en  5  de  Diciembre,  siendo  presentes  Don 
Juan  Arias,  Obispo  de  Segovia  ,  Don  Diego  de  Mendoza,  Obispo 
de  Patencia  ,  y  otros  diferentes  Prelados  que  asistieron  por  si  ó 
por  sus  Procuradores.  Las  Actas  de  este  Concilio  imprimió  el  pri- 
mero Scverino  Binio  en  su  Colección  de  Concilios  ,  2'.  IV,  p.  517, 
y  el  Cardenal  de  Aguirre  en  el  T.  Y,  p.  542.  Mariana,  que  no  debió 
verlas,  dice  c.ue  solo  publicaron  quatro  decretos  que  señala,  y 
acaso  por  ser  los  mas  notables  fueron  los  únicos  que  llegaron  & 
su  noticia.  Mariana,  lib.  23,  cap.  üll. 

(2j  Este  Legado  fué  Don  l'.odrigo  de  Borja,  Vicecanciller  de  la 
Corte  Romana ,  y  primer  Arzobispo  de  Valencia,  que  después  suc- 
ccdiü  en  la  Santa  Sede  á  Inocencio  VIII  en  1492,  y  se  llamó  Ale- 
jandro VI.  En  tiempo  de  su  legacía  se  decretó  el  subsidio  que  el 
Papa  pedia ,  y  se  impetró  Bula  de  su  Santidad  para  que  el  Prela- 
do y  Cabildo  de  cada  una  de  las  Iglesias  de  España  tuviesen  la 
presentación  de  dos  Canongias  que  hubiesen  de  caer  precisamen- 
te en  un  Teólogo  ia  una,  y  la  otra  en  un  Canonista.  Gracia  que 
concedió  luego  Sixto  IV;  y  parte  de  su  segunda  Bula  expedida 
con  este  motivo  trae  Mariana  en  su  Historia  Latina,  lib.  23,  cap.  18. 
Pulgar  atrasa  un  año  la  venida  de  este  Legado,  que  no  fué  sino  en 
1473.  Enriq.  del  Castillo ,  Crón.  de  Don  Enriq.  lY,  cap.  117. 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


fiasen  sus  personas  al  Marqués  de  Santillana ,  y  es- 
toviesen  en  aquella  cibdad  entretanto  que  se  trata- 
ban las  cosas  que  hablan  de  asentar.  Sabido  esto 
por  el  Arzobispo  de  Toledo ,  luego  lo  contradixo, 
porque  no  le  placía  que  el  Príncipe  ni  la  Princesa 
estoviesen  en  poder  del  Marqués  de  Santillana.  E 
como  quier  que  le  fueron  dadas  á  entender  tales  ra- 
zones porque  le  debia  placer ,  considerando  que  por 
esta  causa  se  pacificaba  la  subcesion  del  Reyno  ,  el 
Arzobispo  no  lo  quiso  otorgar,  ni  menos  mostrar 
razones  por  que  lo  contradecía.  El  Príncipe  é  la  Prin- 
cesa, como  quier  que  veian  la  grand  utilidad  que 
dello  ge  les  seguia ,  pero  por  complacer  al  Arzobis- 
po de  Toledo ,  dexaron  de  lo  concluir.  Como  el  Rey 
Don  Enrique  sopo  que  el  Maestre  de  Santiago  so 
quería  conformar  con  el  Principe  é  con  la  Princesa 
para  hacerles  haber  la  subcesion  del  Reyno,  pesóle 
mucho  dello ;  é  por  consejo  del  Mayordomo  Andrés 
de  Cabrera  é  de  Doña  Beatriz  de  Bovadilla,  sumu- 
ger ,  el  Rey  trató  de  haber  concordia  con  el  Prínci- 
pe é  con  la  Princesa  su  hermana.  A  los  quales  fué 
dado  á  entender  que  el  Rey  les  podia  dar  mejor  la 
subcesion  que  les  pertenecía  del  Reyno,  que  el  Maes- 
tre de  Santiago ,  con  el  qual  el  Mayordomo  é  su  mu- 
ger  estaban  enemistados,  después  de  aquel  ruido 
que  con  él  ovieron  en  Segovia.  Este  trato  de  recon- 
ciliación entre  el  Rey  é  la  Princesa  su  hermana,  se 
hizo  secretamente  ;  y  el  Príncipe  é  la  Princesa ,  é 
con  ellos  el  Arzobispo  de  Toledo ,  vinieron  para  la 
cibdad  de  Segovia  donde  el  Rey  estaba ;  é  posaron 
en  las  casas  del  Obispo  cerca  de  la  Iglesia  mayor. 
E  como  llegaron  á  la  cibdad,  vino  el  Rey  á  ellos  ó 
hablólos  amigablemente,  mostrándoles  buena  vo- 
luntad. De  parte  del  Príncipe  é  la  Princesa  fué  dicho 
al  Rey  que  ellos  con  sana  intención  é  verdadero 
amor  que  tenían  al  servicio  real ,  venían  allí  á  le 
servir  é  ser  obedientes  en  todas  cosas ;  é  que  en 
aquella  reconciliación  que  le  placía  hacer,  parecía 
claro  ser  en  él  infundida  la  gracia  de  Dios,  del 
qual  alumbrado  veria  bien  los  engaños  é  cautelas 
que  algunos  siguiendo  sus  propios  intereses  traían, 
dándole  á  entender  la  mentira  por  verdad ,  é  la  des- 
lealtad por  lealtad.  E  con  estas  palabras  é  otros  mu- 
chos ofrecimientos  que  le  ficieron  quedaron  con  él 
en  buena  paz  é  amor.  Desta  reconciliación  pesó  al 
Maestre  de  Santiago ;  é  luego  como  lo  sopo  vino 
para  la  villa  de  Cuellar,  que  era  del  Duque  de  Al- 
burquerque,  é  fizo  sus  amistades  con  él  paralades- 
truicion  del  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  é  de 
Doña  Beatriz  de  Bovadilla,  su  muger.  Y  estando  en 
aquella  villa  de  Cuellar  trató  el  Maestre  con  el  Rey 
que  prendiese  al  Príncipe  é  á  la  Princesa ,  é  al  Ar- 
zobispo de  Toledo  que  estaban  con  él  en  Segovia,  é 
al  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera ,  é  que  estos  pre- 
sos ,  luego  haria  el  casamiento  de  aquella  Doña  Jua- 
na con  el  Infante  Don  Enrique ,  el  qual  estaba  es- 
perándole en  la  villa  de  Valladolid.  E  prometió  que 
si  la  prisión  destos  que  dicho  habemos  fio-iese,  lue- 
go entregaría  aquella  Doña  Juana  á  la  Duquesa  de 
Arévalo,  prima  del  Infante  Don  Enrique  é  del  Con- 
de de  Benavente,  para  que  se  concluyese  este  casa- 


DON  FEKNANDO 
miento.  E  porque  el  Conde  de  Benavente  lo  desea- 
ba ,  movió  al  Rey  secretamente  á  aquella  prisión  ;  á 
■  la  qual  fué  el  Rey  traído  ligeramente ,  no  embar- 
gante la  reconciliación  que  fizo  con  ellos ;  porque  lo 
fué  dado  á  entender,  que  ellos  presos  fincaría  sin 
impedimento  la  subcesíon  del  Reyno  á  la  que  decía 
ser  su  fija,  é  habría  venganza  del  Arzobispo  de  To- 
ledo por  las  cosas  que  contra  él  había  cometido.  E 
para  poner  en  obra  esta  prisión,  había  de  entregar 
secretamente  en  la  cibdad  de  Segovia  cierta  gente, 
que  estaba  acordado  que  entrase.  Este  trato  fué  co- 
municado con  el  Cardenal  de  España,  que  estaba 
con  el  Rey ;  é  como  lo  sopo ,  díxo  al  Rey :  «  Nunca 
«plega  á  Dios,  Señor,  que  yo  sea  en  deservicio  des- 
» tos  dos  Príncipes,  que  de  vuestra  voluntad  vinie- 
»  ron  á  vuestro  poder.  E  pues  el  tiempo  que  vos  plo- 
»go  que  viniesen,  no  comunicastea  comigo  su  veni- 
»da,  menos  debíades  agora  comunicar  su  daño. 
»  Pero  pues  ya  os  plogo  de  me  lo  facer  8aber,yo  vos 
»  requiero  con  Dios ,  que  no  concibáis  en  vuestro 
»  ánimo  tal  f azaña ;  porque  no  pongo  en  dubda  que 
«hayáis  todo  el  Reyno,  especialmente  las  comuni- 
«nidades  contrarías,  las  quales  tienen  creído  que 
»  de  derecho  pertenece  la  eubcesion  á  esta  Princesa 
»  vuestra  hermana  ;  é  podría  ser  que  se  vos  siguiese 
«dello  un  gran  deservicio,  é  aun  peligro  de  vuestra 
«persona  real.»  Por  estas  razones  é  por  otras  mu- 
chas que  el  Cardenal  dixo  al  Rey,  impidió  aquella 
prisión  que  se  ordenaba  facer.  B  después  de  algunas 
pláticas  que  sobre  ello  se  ovieron ,  de  las  quales  se- 
cretamente fué  avisada  la  Princesa,  luego  fizo  que 
el  Príncipe  su  marido  partiese  de  aquella  cibdad ,  é 
fuese  á  la  villa  de  Turuégano ,  que  es  del  Obispo  de 
Segovia ,  por  seguridad  de  su  persona ,  é  la  Prince- 
sa quedó  en  la  cibdad.  E  como  quier  que  sus  cria- 
dos é  otros  caballeros  de  su  casa  le  requirieron  mu- 
chas veces  que  ella  ansimesmo  saliese  de  la  cibdad, 
pero  mostrando  gran  fuerza  de  ánimo ,  no  lo  quiso 
facer ;  é  dio  orden  que  el  Mayordomo  que  estaba  á 
BU  servicio  pusiese  tal  recabdo  en  la  cibdad ,  que  no 
pudiera  haber  lugar  ninguna  fuerza  que  se  cometie- 
ra contra  ella.  Quando  el  Rey  vído  que  el  Cardenal 
no  quiso  ser  en  aquella  prisión,  é  que  el  trato 
que  traía  era  descubierto ,  é  vido  ansimesmo  el 
esfuerzo  de  su  hermana  la  Princesa,  y  el  recabdo 
que  ponía  en  su  persona  y  en  la  guarda  de  la  cib- 
dad ,  acordó  de  partir  para  la  villa  de  Madrid ,  é  la 
Princesa  quedó  en  la  cibdad  de  Segovia.  Allí  á  Ma- 
drid vino  el  Maestre  de  Santiago ,  por  cuyo  consejo 
el  Rey  tornó  á  la  indinacion  que  tenia  primero  con- 
tra la  Princesa  su  hermana  cerca  de  la  subcesion 
del  Reyno. 

CAPÍTULO  VIII. 

Como  e!  Rey  Don  Enriqne  fué  á  Trogillo,  é  como  murió  el 
Maestre  de  Santiago. 

El  Rey  había  dado  en  los  dos  años  pasados  al 
Maestre  de  Santiago  perjuro  de  heredad  la  cibdad 
de  Alcaraz,  é  las  villas  de  Requena  y  Escalona  j  é 
allende  de  esto  le  mandó  la  cibdad  de  Trogillo ,  é 


É  DO^A  ISABEL.  249 

luego  gela  dio.  E  para  haber  la  posesión  della,  tovo 
manera  que  el  Rey  fuese  en  persona  á  gela  hacer 
entregar ;  porque  Gracian  de  Sesé ,  que  tenía  la  for- 
taleza, no  la  quería  entregar  al  Maestre,  ni  menoa 
al  Rey  que  la  había  del  confiado ,  fasta  tanto  que 
le  dio  la  villa  de  Sant  Felices  de  los  Gallegos.  E  co- 
mo este  Gracian  entregó  la  cibdad  ó  la  fortaleza  de 
Trogillo  á  un  Pedro  de  Baeza,  criado  del  Maestre, 
que  la  recibió,  luego  ese  día  murió  el  Maestre  en  un 
lugar  de  tierra  de  Trogillo  que  sollama  Santa  Cruz, 
de  una  postema  que  le  nació  en  el  carrillo  (1).  E 
dende  á  pocos  días  los  de  Sant  Felices ,  vasallos  de 
aquel  Gracian  de  Seso ,  se  levantaron  contra  él  é  lo 
apedrearon.  En  esta  manera  ni  el  Maestre  gozó  del 
señorío  de  aquella  cibdad  que  tanto  deseó ,  ni  me- 
nos Gracian  poseyó  muchos  días  aquella  villa  que 
el  Rey  contra  su  voluntad  le  dio  ;  é  fué  causa  de  la 
fea  muerte  que  ovo  ,  por  la  cobdícia  que  le  movió 
de  vender  al  Rey  la  fortaleza  que  del  había  confia- 
do. Este  año  el  Príncipe ,  que  se  intitulaba  Rey  de 
Sicilia,  tomó  gente  de  Castilla,  é  de  Ai-agon,  é  de 
Cataluña,  la  mas  que  pudo  haber,  é  fué  á  socorrer 
á  su  padre  el  Rey  de  Aragón  ,  que  le  tenían  cerca- 
do los  Franceses  en  la  villa  de  Perpiñan,  y  estaba 
en  extrema  necesidad  por  los  grandes  combates  que 
daban  á  la  villa.  Ansimesmo  estaba  en  tan  gran 
mengua  de  mantenimientos ,  que  si  el  Príncipe  no 
socorriera ,  el  Rey  su  padre  é  la  villa  fuera  tomada 
por  los  Franceses. 

CAPÍTULO  IX. 

Como  fué  preso  el  Marqués  de  Villena. 

Muerto  el  Maestre  de  Santiago,  luego  el  Rey  vino 
de  Estremadura  para  la  villa  de  Madrid  donde  es- 
taba la  Reyna  Doña  Juana ,  é  aquella  Doña  Juana 
que  llamaba  su  fija,  y  estaba  en  poder  del  Marqués 
de  Villena,  fijo  del  Maestre  de  Santiago,  el  qual 
quedó  apoderado  de  la  villa  de  Madrid,  é  del  alcá- 
zar é  puertas  della,  como  la  tenia  el  Maeatre  su  pa- 
dre ;  é  luego  tomó  aquella  Doña  Juana,  é  la  llevó  á 
la  villa  de  Escalona,  para  la  tener  allí  con  mucha 
guarda.  El  Conde  de  Paredes,  Don  Rodrigo  Manri- 
que, Comendador  que  era  de  Segura  do  la  Orden  de 
Santiago,  sabida  la  muerte  del  Maestre,  luego  tovo 
manera  con  algunos  Treces  é  Comendadores  de  la 
Orden  de  Santiago,  que  le  eligiesen  por  Maestre  en 
el  convento  de  Uclés,  é  intitulóse  Maestre  de  San- 
tiago. Otrosí  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Comendador 
mayor  de  León,  fizo  que  le  eligiesen  por  Maestre  de 
Santiago  los  mas  comendadores  que  pudo  haber  en 
la  provincia  de  León.  De  manera  que  estos  dos 
ficieron  división  en  la  Orden  de  Santiago ;  é  cada 
uno  decía  que  era  Maestre,  é  que  le  pertenecía  el 
Maestradgo.  El  Conde  de  Paredes  alegaba  que  la 
elección  verdadera  de  los  Maestres  so  había  de  fa- 
cer en  üclés,  do  él  fué  elegido,  é  que  el  Prior  do 
Uclés  debia  facer  según  había  fecho  la  convocación 


(1)  En  4  de  Octubre  de  1474.  Salazar,  Casa  de  Lar  a,  Tom.  II, 
p.  308. 


250 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  aquellos  Treces  é  comendadores  que  le  eligieron. 
El  Comendador  mayor  de  León  decia  que  según  las 
constituciones  de*  la  Orden,  el  Maestre  que  subce- 
diese  habia  de  ser  elegido  en  la  provincia  do  acae- 
ciese morir  el  Maestre  pasado,  é  no  en  otra  parte ;  é 
porque  el  Maestre  Don  Juan  Pacheco  murió  en  la 
provincia  de  León ,  alegaba  que  el  Prior  de  Sant 
Marcos  debia  facer  según  habia  fecho  la  convoca- 
ción de  los  Comendadores  é  Treces  que  lo  hablan 
elegido.  El  Marqués  de  Villena,  que  se  llamaba  Don 
Diego  López  Pacheco,  decia  que  el  Maestre  su  pa- 
dre habia  fecho  renunciación  del  Maestradgo  en 
manos  del  Papa ,  é  que  esperaba  ser  proveído  del,  é 
procuraba  de  haber  votos  de  los  Treces  é  Comenda- 
dores de  la  Orden,  en  especial  del  Conde  de  Osorno, 
que  era  Comendador  mayor  de  Castilla,  el  qual  an- 
simesmo  de  secreto  procuraba  de  haber  para  si  el 
Maestradgo.  E  para  haber  el  voto  del  Conde  de 
Osorno,  el  Marqués  de  Villena  le  fué  á  ver  en  una 
aldea  que  se  llama  Vazalraadrid ,  á  tres  leguas  de 
Madrid ;  é  allí  vinieron  ambos  á  hablar.  Y  el  Conde 
habia  pensado  de  prender  al  Marqués  en  aquellas 
vistas,  para  lo  qual  tenia  gente  armada,  é  puesta  en 
lugar  secreto.  Y  estando  en  sus  fablas,  como  vido 
el  Conde  tiempo  aparejado  para  aquello  que  tenia 
en  el  pensamiento,  prendió  al  Marqués ,  é  llevólo  á 
una  fortaleza  que  se  llama  Fuenteduefia,  que  es  en 
la  Encomienda  mayor  de  Castilla ;  porque  entendía 
que  teniéndole  preso,  tenia  la  voluntad  del  Rey 
para  haber  el  Maestradgo,  E  como  el  Rey  sopo  la 
prisión  del  Marqués,  pesóle  mucho,  porque  le  quería 
por  estonces  mas  que  á  ninguno  de  sus  privados.  E 
como  quier  que  era  apasionado  de  los  ríñones  é  de 
la  hijada,  é  á  la  hora  aquella  enfermedad  se  le  había 
agraviado,  pero  la  afición  que  á  las  veces  ciega  los 
caminos  de  la  razón,  le  hizo  posponer  la  salud  de  su 
persona  por  el  cumplimiento  de  su  apetito.  E  contra 
el  voto  é  requerimiento  do  los  físicos,  fué  luego  al 
Villarejo,  que  es  cerca  de  Fuenteduefia,  é  fueron  con 
él  el  Cardenal  de  Espafia  y  el  Condestable,  Conde  de 
Haro,  y  el  Marqués  de  Santíllana,  y  el  Conde  de  Be- 
navente,  y  el  Conde  de  Coruña ,  é  otros  caballeros ; 
ó  vino  allí  ansímesmo  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  el 
Obispo  de  Burgos.  E  ansí  el  Rey  como  todos  estos 
perlados  é  caballeros,  venían  ahorrados ,  é  con  poca 
gente,  con  propósito  de  facer  delibrar  al  Marqués  de 
Villena.  El  Cardenal  y  el  Condestable  entraron  en  la 
fortaleza  de  Fuenteduefia ,  é  f ablaron  con  el  Conde 
de  Osorno,  por  ver  si  le  podrian  traer  que  soltase  al 
Marqués  con  algunos  partidos.  El  qual  demandó  al 
Rey  que  le  diese  elTMaestradgo  de  Santiago,  é  deman- 
daba al  Marqués  los  maravedís  é  vasallos  é  rentas  que 
su  padre  el  Maestre  lo  habia  prometido  quando  le 
dio  su  voto  para  haber  el  Maestradgo ;  porque  decia 
no  haber  cumplido  con  él  lo  que  estonces  le  habia  de 
dar.  En  este  trato  estovo  el  Rey,  é  aquellos  perlados 
é  caballeros  por  espacio  de  veinte  días,  á  fin  de  librar 
al  Marqués  de  Villena  ¡  é  fué  libre  por  cierta  compo- 
sición que  se  fizo  con  el  Conde  de  Osorno  (1). 

(1)  Don  Rodrigo  Manrique  Conde  de  Paredes,  que  últimamente 
quedó  Maestre  de  Santiago,  otorgó  por  escritura  pública  con  piei- 


CAPITÜLO  X. 

De  las  cosas  qne  pasaron  en  aquel  lugar  de  Fuentedueflas. 

El  Cardenal  de  España  ora  por  el  Príncipe  é  por 
la  Princesa  tenido  en  gran  veneración  por  respeto 
de  su  dignidad ,  é  porque  era  de  buen  ingenio  é  hom- 
bre generoso,  con  quien  todos  los  mayores  del  Rey- 
no  tenían  deudo  de  sangre.  E  ansí  por  esto  como 
porque  eran  ciertos  de  la  fidelidad  de  su  persona, 
comunicaban  con  él  sus  cosas,  en  especial  aquellas 
que  concernían  á  la  subcesion  del  Reyno  que  espe- 
raban. Y  en  aquellos  días  el  Cardenal  quiso  saber  la 
final  intención  del  Rey  cerca  de  la  subcesion  del 
Reyno,  pues  por  la  muerte  del  Maestre  cesaban  loa 
estorbos  que  ponía  para  que  no  la  oviese  la  Prince- 
sa. E  presentes  algunos  de  su  Consejo,  el  Rey  le 
dixo  que  le  placía  declarar  la  subcesion  del  Reyno 
para  su  hermana ,  é  que  se  debían  facer  Cortes  ge- 
nerales en  la  cíbdad  de  Segovía,  é  presentes  los  tres 
estados  del  Reyno,  haría  aquella  declaración,  é  ce- 
sarían las  dubdas  que  cerca  desto  se  habían.  El  Ar- 
zobispo de  Toledo,  pungido  por  el  honor  que  al  Car- 
denal se  facía,  ovo  tan  grand  alteración ,  y  engen- 
dróse en  su  ánimo  tal  escándalo,  que  le  fizo  mudar 
el  propósito,  é  tomar  pensamientos  nuevos  en  deser- 
vicio del  Príncipe  é  de  la  Princesa.  Allí  mesmo  pen- 
só facer  parcialidad  nueva  en  el  Reyno  con  el  Mar- 
qués de  Villena,  é  con  el  Maestre  de  Calatrava,  ó 
con  el  Conde  de  Urueña  su  hermano,  é  con  otros  al- 
gunos sus  parientes,  contra  el  Príncipe  é  contra  la 
Princesa,  tomando  de  su  parte  al  Rey.  Con  el  qual 
en  aquellas  vistas  secretamente  trató  que  diese  la 
subcesion  del  Reyno  á  aquella  que  decia  ser  su  fija, 
é  que  no  declarase  pertenecer  á  la  Princesa  su  her- 
mana. E  porque  el  Cardenal  sintió  los  estorbos  que 
de  secreto  ponía  en  esto  el  Arzobispo,  pensó  de  lo 
aplacar  con  razones ;  é  presentes  algunos  caballeros 
ó  otros  sus  criados,  le  dixo,  que  por  las  dubdas  quo 
el  Rey  había  puesto  cerca  de  la  subcesion  destos 
Reynos ,  se  habían  en  ellos  seguido  las  guerras  ó 
males  que  á  todos  era  notorio,  los  quales  crescian  de 
tal  manera,  que  el  oficio  de  la  recta  razón  ya  gene- 
ralmente se  iba  pervertiendo.  E  agora,  según  lo  que 
el  Rey  algunas  veces  habia  fablado,  especialmente 
después  que  allí  estaba,  ansí  bien  había  dicho  á  los 
de  su  Consejo,  parecía  que  ya  finalmente  se  deter- 
minaba en  declarar  por  subcesora  destos  Reynos  á 
la  Princesa  Dofia  Isabel  su  hermana,  Reyna  de  Si- 
cilia. De  lo  qual  daba  gracias  á  Dios,  porque  esta  su 
declaración  haría  cesar  la  división  que  estaba  en  el 
Reyno,  é  todos  unánimes  seguirían  un  camino,  como 
fasta  aquí  habían  seguido  diversos.  E  por  tanto  en 
presencia  de  aquellos  caballeros  le  rogaba,  é  con 
Dios  nuestro  Redemptor  le  requería,  que  pospuestas 

to  omenage  y  juramento  hecho  una,  dos,  y  tres  veces  á  la  usanza 
de  Castilla,  que  si  era  elegido  Maestre,  no  impediría,  antes  poi 
su  parte  ayudarla  en  quanto  pudiera  la  libertad  del  Marqués  de 
Villena.  Trae  entera  dicha  escritura  Salazar  de  Castro.  Pruebas  de 
la  Casa  de  Lar  a,  Tom.  IV,  p.  397. 


DON  FERNANDO 
todas  opiniones  que  pudiesen  impedir  la  paz,  se  dis- 
pusiese á  la  procurar,  pues  miraglosamente  se  les 
ofrecía;  de  la  qual  si  no  sabian  usar  según  debian, 
pareceria  claro  que  de  tanto  beneficio  aun  no  dinos 
de  los  males  que  las  guerras  traen  eran  bien  mere- 
cedores. E  porque  la  execucion  desto  no  se  impidie- 
se, como  quier  que  por  respeto  de  su  dignidad  le 
competía  la  precedencia ;  pero  por  el  gran  deseo 
que  tenia  á  la  conclusión  desta  concordia,  le  placia 
que  el  Arzobispo  fuese  el  principal,  é  que  seria  ale- 
gre de  todas  las  cosas  que  en  esta  materia  ordenase. 
E  pues  al  Rey  placia  que  en  Segó  vi  a  se  ficiesen 
Cortes  generales,  su  parecer  era  que  debian  ser  lla- 
mados los  G-randes  del  Rey  no,  é  los  procuradores 
de  las  cibdades  ó  villas  ;  porque  en  presencia  de  to- 
dos se  fíciese  aquella  declaración  y  el  asiento  que 
cumplía  al  servicio  de  Dios  é  pacificación  destos 
Reynos.  La  qual  dixo  que  pertenecia  procurar  á 
ellos  mas  que  á  otros,  ansi  por  la  quietud  de  sus 
personas,  como  por  lo  que  debian  á  su  propria  tier- 
ra ,  é  porque  tenían  oficios  de  sacerdotes,  que  los 
obligaba  á  lo  facer,  ó  siquiera  por  personas  movi- 
das á  compasión  de  tantas  destruiciones  como  veían 
cada  día  crecer;  las  quales  si  no  moviesen  sus  áni- 
mos á  compasión,  conocía  bien  quanta  culpa  á  ellos 
mas  que  á  otros  se  debía  imputar,  por  el  bábito  que 
tenían,  el  qual  estrechamente  les  obligaba  á  ello.  El 
Arzobispo,  oidas  aquellas  razones  del  Cardenal,  res- 
pondió ,  que  él  siempre  había  tenido  á  la  Princesa 
por  legítima  subcesora  destos  Reynos  después  de  la 
muerte  del  Rey  Don  Alonso  su  hermano,  é  que  le 
placía  mucho  que  so  ficiesen  aquellas  Cortes  en  Se- 
govia,  según  se  había  dicho,  é  que  él  seria  en  ellas 
para  que  la  Princesa  fuese  jurada  por  legítima  sub- 
cesora de  Castilla ;  é  que  nunca  había  seydo  ni  seria 
en  lo  contrario.  E  ansí  so  despidieron  de  aquella  fa- 
bla ,  con  propósito  de  juntar  luego  las  Cortes  en  Se- 
govia  para  facer  este  juramento ;  como  quiera  que, 
según  habernos  dicho,  el  Arzobispo  traía  otras  fa- 
blas  secretas  con  el  Rey  Don  Enrique,  para  dar  la 
subcesion  á  aquella  Doña  Juana  que  decía  ser  bu 
fija,  é no  á  la  Princesa. 

CAPITULO  XL 

Que  contiene  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique. 

Después  do  muchos  tratos  que  se  ovieron  en  aque- 
llas vistas  con  el  Conde  de  Osorno  sobro  la  delíbra- 
eion  del  Marqués  de  Víllena ,  el  Conde,  según  díxi- 
mos,  deliberó  de  le  soltar  de  la  prisión  en  que  lo 
tenía,  por  algunas  cosas  que  le  dieron  en  emienda 
de  lo  que  el  Muestre  de  Santiago  su  padre  decía 
serle  obligado.  E  luego  el  Rey  vino  para  la  villa  de 
Madrid,  ó  dende  á  quince  días  gele  agravió  la  dolen- 
cia que  tenia ;  é  murió  allí  en  el  Alcázar  (1),  á  once 


(1)  El  Rey  Don  Enrique  murió  en  la  noche  del  once  al  doce  de 
Deciembre  de  14*4.  Esto  he  podido  deducir  de  la  diferencia  de 
fcciías  que  se  asignan,  diciendo  unos  que  el  dia  once  y  otros  que 
el  doce.  En  rifor  debiera  decirse  que  el  doce,  porque  es  mas  ve- 
risímil habiendo  Mrmado  la  cédula  quo  diee  el  Cronista  á  las  once, 


É  DOÑA  ISABEL.  251 

días  de  Deciembre  desto  año  de  mil  é  quatrocientos 
é  setenta  é  quatro  años.  Murió  de  edad  de  cinquenta 
años ;  era  home  de  buena  complexión,  é  no  bebía 
vino;  pero  era  doliente  de  la  hijada  é  de  piedra,  y 
esta  dolencia  le  fatigaba  mucho  á  menudo.  No  se 
pone  aquí  la  dispusicion  de  su  persona,  ni  su  con- 
dición, porque  en  su  Crónica,  é  ansimesmo  en  un 
tratado  que  hecimos  de  los  Claros  Varones  de  Cas- 
tilla que  ovo  en  su  tiempo,  está  largamente  recon- 
tado. Fueron  presentes  á  su  muerte  el  Cardenal  de 
España  y  el  Conde  de  Benavente,  y  el  Marqués  de 
Villena,  é  otros  algunos  de  su  Consejo  é  oficiales  de 
su  casa.  No  hallamos  que  en  su  vida  ficiese  testa- 
mento, créese  que  lo  dexó  de  facer,  porque  no  pensó 
morir  tan  presto.  Lo  que  hallamos  que  fizo  al  tiem- 
po de  su  muerte,  escrito  de  la  mano  de  un  Secreta- 
rio que  se  llíimaba  Juan  de  Oviedo,  de  quien  él  con- 
fiaba, es  lo  siguiente  :  «En  Madrid  á  once  días  del 
»  mes  de  Deciembre,  año  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
D  cientos  é  setenta  é  quatro  años,  á  las  once  horas 
»de  la  noche,  el  Rey  nuestro  Señor  dexó  por  sus  al- 
y>  baceas  de  su  ánima  al  Cardenal  de  España,  é  al 
»  Marqués  de  Villena ;  é  mandó  que  de  la  Princesa 
»  su  fija  se  ficiese  lo  que  el  Cardenal  y  el  Marqués 
»  de  Santillana  su  hermano,  y  el  Duque  de  Arévalo, 
By  el  Condestable,  y  el  Conde  de  Benavente,  y 
»el  Marqués  de  Víllena  acordasen  que  se  debía 
»  facer.» 

Muerto  el  Rey  Don  Enrique,  el  Cardenal  estovo 
en  Madrid  todos  los  nueve  días  de  las  obsequias,  las 


que  muriera  después  de  medía  noche;  pero  esto  importa  poco.  E 
Eoitalio  de  su  sepultura  hecho  por  el  Cardenal  de  Mendoza  mere 
ce  ser  trasladado  aqui  por  su  pureza  y  naturalidad,  poco  comunes 
en  aquellos  tiempos. 

Al  Müir  ALTO  Y  ESCLARECIBO  SeSOR  DoN  ENRIQUE,  DK  CAS- 
TILLA Y  DE  León  Rey  Qüarto,  Poderosísimo,  Príncipe 
clementísimo,  Señor  suyo  piadosísimo,  Pedro  de  Mendoza 
Cardenal  delv  Santa  Iglesia  de  Roma  como  a  quien 
tanto  debía  consagró  este  túmulo.  Lloraron  su  ausencia 

Y  MUERTE  LA  HUMANIDAD,  CLEMENCIA  Y  MAGNIFICENCIA.  PaSÓ 
DE  BSTA  VIDA  A  XI  DÍAS  DK  DECIEMBRE  DEL  AÑO  DEL  SeÑOR 
DE  H.CCCCLXXIV. 

Galindez  en  el  sumario  de  este  año  asegura  que  aunque  el  Cro- 
nista  dice  que  el  Rey  no  hizo  testamento,  es  cierto  que  lo  hizo,  y 
que  juró  que  la  Princesa  Doña  Juana  era  su  hija,  declarándola  por 
tal  y  por  legítima  heredera  de  sus  Reynos.  El  qual  testamento  un 
Cura  de  Madrid  amigo  del  escribano  que  lo  había  hecho,  ocultó  y 
dicen  lo  enterró  junto  con  otras  escrituras  dentro  de  un  cofre  cer- 
ca de  Almeyda  de  Portugal,  donde  permaneció  oculto,  hasta  que 
un  amigo  del  Cura  á  quien  éste  lo  habia  descubierto,  llamado 
Fernán  Gómez  de  Herrera,  reveló  el  secreto  á  la  Reyna ,  y  ésta  lo 
mandó  sacar  de  donde  estaba,  pero  habiéndolo  llegado  á  teñeron 
su  poder  pocos  dias  antes  de  su  muerte  no  pudo  verlo.  Dicen,  quo 
después  lo  tuvo  el  Rey  Don  Fernando  y  lo  mandó  quemar,  y  oíros 
que  quedó  en  poder  de  un  licenciado  Zapata  del  Consejo  del  Rey, 
por  cuyo  medio  habia  llegado  á  su  noticia.  Al  dicho  Fernán  Gó- 
mez hizo  después  el  Rey  varias  mercedes,  y  entre  ellas  de  una 
Alcaydia  de  la  Corle.  No  he  leído  esto  en  otro  ningún  autor  de 
aquellos  tiempos,  bien  que  es  noticia  muy  reservada,  pero  algo 
debió  traslucirse,  pues  el  Gura  de  los  Palacios,  autor  contemporá- 
neo, afirma  que  los  Grandes  que  después  fomentaron  las  divisiones 
se  fundaban  en  una  cláu.sula  del  testamento  del  Rey  Don  Enrique, 
en  que  nombraba  por  heredera  á  la  dicha  Doña  Juana.  Esta  Cédu- 
la que  aquí  trae  Pulgar  pudo  ser  fingida  por  los  apasionados  al 
otro  partido.  Galind.,  año  1474.  Bcrnald.,  Crón.  de  los  Reyes  Caiá- 
lieos,  cap.  10,  Salaz.,  Crón.  del  Gr.  Card.,  lib.  i,  cap.  40. 


252  CRÓNICAS  DE  LOS 

quales  fizo  solemnemente  en  el  mouesterio  del  Paso, 
que  es  cerca  do  Madrid,  do  fué  luego  sepultado,  y  el 
dia  do  las  honras  cantó  misa.  E  fecho  todo  lo  que 
convenia  facer  para  las  obsequias,  tomó  los  oficiales 
del  Rey  que  se  juntaron  con  él ,  é  fué  para  Segovia 
do  estaba  la  Princesa  que  se  llamaba  Reyna.  Des- 
pués de  algunos  dias  el  Cardenal  fizo  llevar  el  cuer- 


REYES  DE  CASTILLA, 
po  deste  Roy  Don  Enrique  al  monesterio  de  Guada- 
lupe, donde  él  se  mandó  enterrar ;  é  fizo  á  sus  ex- 
pensas un  bulto  é  una  sepultura  muy  sumptuosa, 
cerca  de  la  sepultura  do  estaba  el  cuerpo  de  la  Rey- 
na Doña  María,  su  madre;  é  fundó  allí  dos  Capella- 
nías perpetuas,  é  dotólas  á  sus  expensas  propriaa 
por  el  ánima  deste  Re;^. 


COMIENZA  LA  SEGUNDA  PARTE 

DE  LA   CEÓNICA 

DE  LOS  MUY  ALTOS  Y  ESCLARECIDOS 

DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL, 

REY  É  REYNA  DE  CASTILLA  É  DE  LEÓN  É  DE  SICILIA, 
PRÍNCIPES  DE  ARAGÓN. 


CAPÍTULO  PRIMERO. 

Como  la  Princesa  Doña  Isabel  se  intitula  Reyna  después  de  la 
muerte  del  Rey  Don  Enrique. 

Como  la  Princesa  que  estaba  en  la  cibdad  de  Se- 
govia  sopo  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique  su  her- 
mano, luego  se  intituló  Reyna  de  Castilla  é  de  León, 
é  fizo  las  obsequias  muy  solennes  por  el  ánima  del 
Rey.  Otrosí  allí  en  Segovia  se  fizo  por  los  de  la  cib- 
dad un  cadahalso,  do  vinieron  todos  los  Caballeros 
ó  Regidores  é  la  Clerecía  de  la  cibdad,  é  alzaron  en 
él  los  pendones  Reales,  diciendo :  Castilla,  Castilla 
por  el  Rey  Don  Fernando  é  por  la  Reyna  Doña  Isa- 
bel, su  muger,proprietaria  destos  Reynos;  é  besáronle 
todos  las  manos,  conosciéndola  por  Reyna  é  Señora 
dellos,  é  ficieron  la  solonnidad  é  juramento  de  fide- 
lidad, que  por  las  leyes  destos  Reynos  es  instituido 
que  se  debe  facer  en  tal  caso  á  bus  verdaderos  Re- 
yes. El  Cardenal  y  el  Conde  do  üenavente  que  vi- 
nieron luego  alli ,  ficieron  en  público  este  mismo 
juramento ;  é  luego  en  todas  las  mas  cibdades  é  vi- 
llas del  Reyno  alzaron  los  pendones  reales  diciendo 
esto  mesmo.  Otrosí  vino  el  Arzobispo  de  Toledo,  é 
públicamente  en  una  sala  del  palacio  do  estaba  la 
Reyna,  le  besó  la  mano,  é  la  recibió  por  Reyna  é 
Señora,  ó  fizo  en  un  libro  misal  ante  todos  este  jura- 
mento. Vinieron  ansimesmo  Don  Diego  Hurtado  de 
Mendoza,  Marqués  de  Santillana,  hermano  del  Car- 
denal, é  Don  Garci  Álvarez  de  Toledo,  Duque  de 
Alva,  é  Don  Alonso  Enriquez,  Almirante  mayor  de 
la  mar,  tio  del  Rey,  y  el  Condestable  Don  Pero  Fer- 
nandez de  Velasco,  Conde  de  Haro,  é  Don  Beltran 
de  la  Cueva,  Duque  de  Albm-querque ,  é  Don  Pero 
Manrique,  Conde  de  Treviño,  é  todos  los  mas  de  los 
Grapdes  é  Condes  é  Caballeros  dal  Reyno,  los  quales 
ficieron  este  mesmo  juramento  ;  é  los  que  no  vinie- 
ron, erabiaron  sus  Procuradores  con  sus  poderes  que 
lo  üciesen  en  su  nombre.  El  Rey  que  estaba  en  Ara- 


gón, sabida  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique,  vino 
luego  para  Segovia,  do  estaba  la  Reyna ,  su  muger. 
E  luego  los  Grandes  ó  Perlados  é  Caballeros  que 
habernos  dicho  le  besaron  las  manos ,  é  le  ficieron 
el  mismo  juramento  que  habían  fecho  á  la  Reyna, 
é  le  recibieron  por  su  Rey  ó  señor,  como  á  marido 
de  la  Reyna,  su  muger,  legítima  subcesora  é  pro- 
prietaria  destos  Reynos.  Don  Alvaro  de  Estúñiga, 
Duque  de  Arévalo,  ni  Don  Diego  López  Pacheco, 
Marqués  de  Villena,  que  tenia  en  su  poder  á  Doña 
Juana  que  se  llamaba  Princesa  de  Castilla,  ni  el 
Maestre  de  Calatrava,  ni  el  Conde  de  Urueña,  sus 
primos,  no  vinieron,  ni  embiaron  sus  Procuradores 
á  facer  el  juramento  que  todos  los  otros  del  Reyno 
habían  fecho,  porque  cada  uno  destos  demandaba 
al  Rey  é  ala  Reyna  que  les  ficiesen  nuevos  partidos. 
El  Duque  de  Arévalo  demandaba  confirmación  de 
Arévalo,  é  otras  mercedes.  El  Marqués  de  Villena 
demandaba  el  Maestradgo  de  Santiago,  é  confirma- 
ción de  todas  las  cibdades  é  villas  é  lugares,  é  ren- 
tas de  la  corona  real  que  tenia  su  padre,  conviene 
á  saber:  Alcaraz,  Trugillo,  Requena,  Escalona,  é  la 
tenencia  de  los  alcázares  de  Madrid,  é  mas  de  doa 
cuentos  de  juro  de  heredad,  y  el  Marquesado  de  Vi- 
llena,  el  qual  pertenecía  de  derecho  al  Rey  de  Ara- 
gón, padre  del  Rey.  Otrosí  demandaba  confirmación 
de  todas  las  otras  villas  é  lugares  é  tierras  que  tenia 
el  Maestre  su  padre.  Demandaba  ansimesmo  confir- 
mación do  lo  que  tenia  Don  Pedro  Puertocarrero  é 
Don  Alonso  Tellez  Girón ,  sus  hermanos ,  é  de  los 
maravedís  de  juro  de  heredad  que  tenían  ellos  é  los 
suyos,  lo  qual  era  otra  gran  suma.  E  cada  imo  de 
los  otros  querían  confirmación  de  lo  que  tenían ,  é 
demandaban  otras  mercedes  de  nuevo.  El  Rey  é  la 
Reyna  confirmaron  al  Cardenal  de  España  el  oficio 
de  su  Chanciller  mayor  del  sello  de  la  poridad,  de 
que  el  Rey  Don  Enrique  le  había  fecho  merced,  é  á 
Dou  Juan  Manrique,  Conde  de  Castañeda,  el  oficio 


254 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  Chanciller  mayor  del  sello  de  plomo;  é  al  Conde 
de  Haro  el  oficio  de  Condestable  de  Castilla,  é  Cama- 
rero mayor  del  Rey;  el  qual  oficio  de  Camarero 
mayor  Labia  ciento  é  quarenta  años  que  él  é  sus  an- 
tecesores hablan  tenido  de  los  Reyes  de  Castilla. 
Confirmaron  ansimesmo  al  Almirante  su  oficio  de 
Almirante  mayor  de  la  mar,  é  de  todos  los  oficios  do 
Repostero  mayor,  é  Aposentador  mayor.  Y  en  los 
oficios  de  adelantamientos  é  merindades  del  Reyno 
no  ficieron  mudanza  de  como  estaban.  El  oficio  de 
Justicia  mayor  del  Reyno  que  tenia  el  Duque  de 
Arévalo,  y  el  oficio  de  Mayordomo  mayor  que  tenia 
el  Marqués  de  Villena,é  los  oficios  de  los  caballeros 
sus  hermanos  é  parientes  que  no  vinieron  á  les  dar 
la  obediencia  tovieron  suspensos,  que  no  dispusie- 
ron dellos  por  estonces.  Proveyeron  ansimesmo  de 
un  oficio  de  Contador  mayor  á  Gonzalo  Chacón,  que 
habia  servido  muy  bien  á  la  Reyna  en  todos  los 
tiempos  pasados.  E  del  otro  oficio  de  Contador  ma- 
yor proveyeron  á  Gutierre  de  Cárdenas  su  Maestre- 
sala, el  que  habemos  dicho  que  trabajó  en  la  conclu- 
sión de  su  casamiento,  y  en  las  otras  sus  necesida- 
des les  habia  lealmente  servido,  y  era  home  de  gran 
suficiencia.  E  del  tercer  oficio  de  Contador  mayor 
proveyeron  á  Rodrigo  de  UUoa,  que  lo  habia  tenido 
por  el  Rey  Don  Enrique.  E  luego  que  comenzaron  á 
reynar  ficieron  justicia  de  algunos  homes  crimino- 
sos é  ladrones  que  en  el  tiempo  del  Rey  Don  Enri- 
que habian  cometido  mtichos  delictos  é  maleficios; 
é  con  esta  justicia  que  ficieron  los  homes  cibdada- 
nos  é  labradores  é  toda  la  gente  común  deseosos  de 
paz  estaban  alegres,  é  daban  gracias  á  Dios,  porque 
veian  tiempo  en  que  le  placia  haber  piedad  destos 
Reynos ,  con  la  justicia  que  el  Rey  é  la  Reyna  co- 
menzaban á  esecutar;  porque  cada  uno  pensaba 
dende  en  adelante  poseer  lo  suyo  sin  recelo  que  otro 
forzosamente  gelo  tomase.  E  allende  de  la  afición 
que  los  pueblos  tenian  al  Rey  é  á  la  Reyna,  con  es- 
ta justicia  que  administraban  ganaron  los  corazo- 
nes de  todos  de  tal  manera  que  los  buenos  les  ha- 
bian amor,  é  los  malos  temor;  los  hombres  bolli cío- 
ros  y  escandalosos  que  habian  cometido  crimines 
en  los  tiempos  pasados,  vivian  en  gran  miedo,  y  es- 
taban alterados  é  muy  prestos  á  bollicies  é  guerras 
por  escapar  de  la  justicia  que  se  esecutaba.  E  por- 
que estos  eran  en  tanto  número  que  se  recelaba  ve- 
nir algún  daño  en  el  Reyno  si  se  juntasen  con  el 
Marqués  de  Villena  que  tenia  en  su  poder  aquella 
Doña  Juana,  é  con  algunos  otros  tiranos  que  esta- 
ban apoderados  de  fortalezas,  do  facían  robos  é 
daños  en  los  pueblos,  ovieron  acuerdo  de  templar 
por  estonces  aquella  justicia,  é  perdonar  todos  los 
males  que  generalmente  habian  cometido  hasta  el 
dia  que  reynaron.  E  ansí  amansó  por  estonces  la 
alteración  que  so  recelaba  por  causa  de  la  multitud 
de  aquellos  malos.  Otrosí  embiaron  luego  un  su  Se- 
cretario (1)  al  Rey  Don  Luis  de  Francia,  á  le  noti- 


(1)  Dormer  nota  qae  en  nn  ejemplar  manuscrito  de  esta  Cróni- 
ca, que  fué  de  Geniuimo  Zurita ,  y  en  su  tiempo  se  conservaba  en 
el  Archivo  del  Keyno  de  Aragón,  se  halla  la  nota  siguiente  escrita 


ficar  como  el  Rey  Don  Enrique  su  hermano  era  pa- 
sado desta  presente  vida.  Porque  era  costumbre 
quando  algún  Rey  destos  Reynos  de  Francia  ó  de 
Castilla  fallecía,  el  que  subcediese  por  Rey  en  el 
Reyno  lo  embiase  á  notificar  al  otro ;  é  como  le  era 
notificado,  embiaba  su  embaxada  á  refirmar  las  pa- 
ces antiguas  que  son  entre  estos  Reyes  é  sus  Rey- 
nos.  E  allende  desta  notificación  que  fué  fecha  al 
Rey  de  Francia,  le  fué  dicho  por  aquel  Secretario 
de  parte  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que  bien  sabia  en 
como  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  su  padre,  le  ha- 
bía dado  el  Condado  de  Ruisellon,  que  es  en  el  Prin- 
cipado de  Cataluña,  en  prendas  de  cierta  suma  de 
coronas  que  habia  ganado  de  sueldo  la  gente  que 
embió  contra  los  Catalanes  ;  el  qual  empeñamiento 
fizo  con  ciertas  condiciones ,  que  el  Rey  de  Francia 
no  había  complido,  por  lo  qual  el  Condado  era  libre 
del  empeñamiento  en  que  estaba ,  é  debia  ser  resti- 
tuido al  Rey  su  padre  ;  por  ende  que  le  rogaba  é  re- 
quería que  gelo  mandase  restituir.  El  Rey  de  Fran- 
cia oida  esta  embaxada,  mostró  algún  sentimiento 
de  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique ;  pero  respondió 
á  aquel  Secretario,  que  era  muy  alegre  de  la  subce- 
sion  del  Rey  é  de  la  Reyna  en  los  Reynos  de  Casti- 
lla, é  que  le  placia  de  refirmar  con  ellos  las  antiguas 
paces  que  fueron  entre  los  Reyes  sus  progenitores 
é  sus  Reynos.  E  quanto  tocaba  á  la  materia  de  Rui- 
sellon, respondió  que  por  él  ni  por  parte  suya  no  se 
fizo  mudamiento  de  lo  asentado  con  el  Rey  de  Ara- 
gón, antes  le  habia  ayudado  en  sus  necesidades 
contra  sus  rebeldes  los  de  Barcelona  é  los  Catalanes; 
por  lo  qual  merecía  bien  la  suma  de  coronas  que 
montaba  el  sueldo  que  su  gente  había  ganado  todo 
el  tiempo  que  en  aquella  guerra  estovo  ocupada.  E 
para  mostrar  las  razones  que  tenia  para  tener  aquel 
Condado,  embió  un  Dotor  de  su  Consejo  que  vino 
con  aquel  Secretario  al  Rey  é  á  la  Reyna  á  platicar 
esta  materia ,  é  darles  á  entender  que  el  empeña- 
miento debía  durar  fasta  que  él  fuese  contento  de 
lo  que  había  gastado  en  aquel  sueldo.  Este  Dotor 
vino  al  Rey,  que  por  estonces  estaba  en  la  villa  de 
Valladolíd,  é  platicóse  esta  materia  en  su  Consejo. 
Sobre  la  qual  plática,  el  Rey  é  la  Reyna  tomaron  á 
embiar  segunda  vez  al  Rey  de  Francia  aquel  su  Se- 
cretario que  primero  habian  embiado ;  é  asentó  con 
él  que  para  fablar  en  esta  materia  embiaria  un 
Obispo  é  dos  caballeros  á  Bayona,  é  que  el  Rey  é  la 
Reyna  embíasen  sus  Procuradores  á  Fuenterrabía 
y  estos  toviesen  poder  para  asentar  é  determinar 
todas  las  diferencias  que  había  sobre  la  materia  de 
aquel  empeñamiento  de  Ruisellon,  é  ansimesmo  re- 
firmasen las  paces  que  se  habian  de  confirmar  entre 
estos  dos  Reyes  é  sus  Reynos. 

Agora  dexa  la  historia  de  relatar  mas  esta  mate- 
ria que  toca  al  Rey  de  Francia,  é  recuenta  las  cosas 
que  pasaron  en  Segovia. 


de  mano  del  mismo  Zurita  :  E.ite  íiecretario  fné  Kenanio  del  Pul- 
gar, como  parece  por  la  Historia  de  Alonso  de  falencia,  ¡ib.  í'.",  ra- 
pilulo  S.  üonner.  Progres,  de  la  Ilislor.  en  Aragón,  lib,  3,  cap.  4, 
§  22. 


DON  í'EUTSÍÁKDO 

CAPÍTULO  II. 

De  la  plitica  qne  se  ovo  sobre  la  manera  que  se  había  de  tener 
en  la  gobernación  del  Reyno. 

Hablóse  ansimesmo  allí  en  Segovia  acerca  de  la 
subcesion  del  Reyno.  Porque  alguno  de  los  Grandes 
que  eran  parientes  del  Rey  decían  que  pues  el  Rey 
Don  Enrique  falleció  sin  dexar  generación ,  estos 
Beynos  pertenecían  de  derecho  al  Rey  Don  Juan  de 
Aragón  padre  del  Rey ,  porque  no  había  otro  here- 
dero varón  legítimo  que  debiese  subceder  en  los 
Reynos  de  Castilla ,  salvo  él  que  era  fijo  del  Rey 
Don  Fernando  de  Aragón,  é  nieto  del  Rey  Don  Juan 
de  Castilla ;  é  por  consiguiente  venia  de  derecho  al 
Bey  Don  Femando  su  fijo,  marido  desta  Reyna  Do- 
fia  Isabel,  la  qual  decían  que  no  podía  heredar  es- 
tos Reynos  por  ser  muger,  aunque  venía  por  dere- 
cha linea.  Decían  ansimesmo  que  ansí  por  pertene- 
cer al  Rey  la  subcesion  destos  Reynos ,  como  por 
ser  varón,  le  pertenecía  la  gobernación  dellos  en  to- 
das cosas,  é  que  la  Reyna  su  muger  no  debía  enten- 
der en  ella.  Por  parte  de  la  Reyna  se  alegó  que  se- 
gún las  leyes  de  España,  é  mayormente  de  los  Re- 
yes de  Castilla,  los  mugeres  eran  capaces  para  he- 
redar, é  les  pertenecía  la  herencia  dellos ,  en  defe- 
to de  heredero  varón  descendiente  por  derecha  li- 
nea ;  lo  qual  siempre  había  seydo  usado  é  guardado 
en  Castilla,  según  parecía  por  las  Crónicas  antiguas, 
do  se  falla,  que  (1)  Ormisinda,  fija  del  Rey  Pelayo, 
en  dof eto  de  heredero  varón ,  heredó  el  Reyno  de 
León  é  casó  con  el  Rey  Don  Alonso  el  Católico.  An- 
simesmo Odisinda,  hermana  de  Froyla,  Rey  de 
León,  casó  con  Silon ,  é  subcedió  por  Reyna  en  el 
Reyno,  por  defeto  de  heredero  varón  que  debiese 
subceder.  Otrosí  Dofia  Sancha ,  por  fin  de  su  herma- 
no el  Rey  Don  Bermudo ,  subcedió  en  el  Reyno  de 
León ,  é  casó  con  el  Rey  Don  Fernando  el  Magno. 
Doña  Elvira,  Reyna  de  Navarra,  subcedió  ansimes- 
mo en  Castilla,  que  estonces  era  Condado,  é  luego  su 
fijo  Don  Fernando  ovo  el  Reyno  de  Castilla,  é  fué 
el  primero  que  so  llamó  Rey  della.  Dofia  Urraca, 


(1)  No  fué  esta  la  vez  primera  qne  sucedió  hembra  en  los  Rey- 
nos  de  España.  Cixilona ,  hija  del  Rey  Ervigio,  sucedió  i  sn  padre 
en  687,  con  su  marido  Egica ,  que  fué  ungido  por  Rey  según  el 
uso  de  aquellos  tiempos  Domingo  17  de  Noviembre  de  dicho  año, 
diez  dias  después  de  la  muerte  de  su  suegro  ,  como  trae  Morales, 
Crin.  General,  1.  12,  cap.  57.  Tampoco  es  del  todo  cierto ,  que 
Ormesinda  ó  Ermesenda  heredase  por  falta  de  heredero  varón.  El 
desgraciado  Favila,  hermano  de  esta  Princesa,  que  reynó  dos  afios 
después  de  su  padre  Pelayo,  tenia  hijos  al  tiempo  de  su  muerte. 
Asi  se  comprueba  por  una  inscripción  que  trae  Morales  que  está 
en  Santa  Cruz  de  Cangas,  fundación  de  dicho  Favila ,  la  mas  anti- 
gua, según  el  mismo  dice,  que  de  pluma  ni  de  piedra  se  encuen- 
tra en  España  después  de  su  destrucción.  En  ella,  después  de  ha- 
cer mención  de  Favila,  se  habla  también  de  su  muger  Froyliuba, 
y  de  las  prendas  amadas  de  sus  hijos.  Este  Rey  murió  desgracia- 
damente á  manos  de  un  oso  el  mismo  año  de  la  inscripción ,  qne 
fué  el  de  739.  No  hay  otra  memoria  de  sus  hijos.  Morales  dice  que 
tal  vez  quedarían  niños  é  inhábiles  para  la  administración.  Tam- 
poco sabemos  si  eran  varones  ó  hembras.  Si  eran  hembras  queda 
en  pié  la  misma  diflcultad,  pues  debían  haber  sucedido  á  su  padre 
antes  qne  su  hermana,  por  el  mismo  derecho  de  la  succesiou  fe- 
menina. Morales,  Crónica  Gener.,  L  13,  «.  9  v  10.  . 


É  fiOÑA  ISABEL.  2é5 

que  casó  con  el  Conde  Don  Relbóa  de  Tolosa,  sub- 
cedió en  loa  reynos  de  Castilla  é  de  León ,  por  fin 
del  Rey  Don  Alonso,  su  padre,  que  ganó  á  Toledo;  é 
después  casó  con  Don  Alonso  Rey  de  Aragón,  é  fué 
madre  del  emperador  Don  Alonso.  Doña  Berengue. 
la,  la  fija  del  Rey  Don  Alonso  de  Castilla,  el  que 
venció  la  batalla  de  las  Navas  de  Tolosa ,  subcedió 
en  el  Reyno  de  Castilla  por  fin  de  su  hermano  el 
Rey  Don  Enrique,  el  que  murió  niño  en  Palencía. 
Doña  Catalina,  fija  del  Duque  de  Alencastre,  fué  ju- 
rada por  todo  el  Reyno  en  concordia  por  primogé- 
nita heredera  de  Castilla,  con  su  esposo  el  Rey  Don 
Enrique,  fijo  del  Rey  Don  Juan  el  primero,  bísagüe- 
lo  desta  Reyna.  E  alegaron  que  no  se  fallaría  en 
ningún  tiempo,  habiendo  fija  legítima  descendiente 
por  derecha  linea,  que  heredase  ningún  varón  nas- 
cido  por  vía  transversal,  como  era  el  Rey  Don  Juan 
de  Aragón.  Acerca  de  la  gobernación  del  Reyno,  se 
alegó  por  parte  de  la  Reyna,  que  pertenecía  á  ella, 
como  á  propietaria  del  Reyno.  Porque  según  los 
derechos  disponen,  ningún  reyno  podía  ser  dado  en 
dote,  é  sí  no  se  podía  dar ,  menos  el  Rey  podía  go- 
bernar lo  que  de  derecho  no  pudo  recebír.  Especial- 
mente no  podía  facer  mercedes,  ni  disponer  de  las 
tenencias  de  las  fortalezas,  ni  en  la  administración 
de  la  hacienda  é  patrimonio  real ;  porque  estas  tres 
cosas  habían  de  ser  ministradas  por  aquel  que  fue- 
se señor  dellas,  é  no  valían  de  derecho  sí  se  gober- 
nasen por  persona  que  no  toviese  facultad  jurídica 
para  las  ministrar.  Esta  materia  se  platicó  entre 
ellos,  é  al  fin  se  falló,  que  según  las  leyes  é  la  cos- 
tumbre usada  é  guardada  en  España,  estos  Reynos 
debía  heredar  la  Reyna,  como  fija  legítima  del  Rey 
Don  Juan,  aunque  fuese  muger,  por  qnanto  era  he- 
redera por  derecha  linea  descendiente  de  los  Reyes 
de  Castilla  é  de  León ,  é  que  no  podía  pertenecer  á 
ninguno  otro  heredero  aunque  fuese  varón,  si  era 
transversal.  Ansimesmo  se  determinó ,  que  á  ella 
como  á  propietaria  pertenecía  la  gobernación  del 
Reyno,  especialmente  en  aquellas  tres  cosas  que 
dicho  habemos.  Fecha  esta  determinación,  la  Rey- 
na dixo  al  Rey :  «Señor,  no  fuera  necesario  mover 
«esta  materia:  porque  do  hay  la  conformidad  que 
»por  la  gracia  de  Dios  entre  vos  é  mi  es,  ninguna 
n  diferencia  puede  haber.  Lo  qual  como  quier  que 
»  se  haya  determinado,  todavía  vos  como  mí  marido 
»  sois  Rey  de  Castilla,  é  se  ha  de  facer  en  ella  lo  que 
nmandáredes ;  y  estos  Reynos  placiendo  á  la  vo- 
B  luntad  de  Dios,  después  de  nuestros  dias,  á  vuea- 
»tros  fijos  é  míos  han  de  quedar.  Pero  pues  plogo  á 
«estos  caballeros  que  esta  plática  se  ovíese,  bien  es 
«que  la  dubda  que  en  esto  había  se  aclarase, segund 
»el  derecho  destos  nuestros  Reynos  dispone.  Esto, 
»  Señor,  digo,  porque  como  vedes,  á  Dios  no  ha  pla- 
B  cido  fasta  aquí ,  darnos  otro  heredero  sino  á  la 
»  Princesa  Doña  Isabel  nuestra  fija ;  é  podría  acae- 
»cer  que,  después  de  nuestros  dias,  viniese  alguno 
i)  que  por  ser  varón  descendiente  de  la  casa  real  d© 
«Castilla,  alegase pertenecerle  estos  Reynos  aunque 
«fuese  por  linea  transversal,  é  no  á  vuestra  fija  la 
«Princesa  por  ser  muger  ,  en  caso  que  es  hereder» 


256 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«dellos  por  derecha  linea :  de  lo  qual  vedes  bien ,  se- 
í  ñor,  quan  gran  inconveniente  se  siguiria  á  nues- 
ntros  descendientes.  É  acerca  de  la  gobernación 
«destos  Reynos  debemos  considerar,  que  placiendo 
))á  la  voluntad  de  Dios,  la  Princesa  nuestra  fija  ha 
»de  casar  con  príncipe  estrangero,  el  qual apropria- 
»ria  á  sí  la  gobernación  destos  Reynos,  é  querría 
»  apoderar  en  las  fortalezas  é  patrimonio  real  otras 
»  gentes  de  su  nación  que  no  sean  Castellanos,  do  se 
«podría  seguir  que  el  Reyno  viniese  en  poder  de 
»  generación  estrafia ;  lo  qual  sería  en  gran  caVgo  de 
» nuestras  consciencias,  y  en  deservicio  de  Dios,  é 
»  perdición  grande  de  nuestros  subcesores  é  de  nues- 
»tros  subditos  é  naturales,  y  es  bien  que  esta  decla- 
»  ración  se  haya  fecho  por  escusar  loa  inconvinien- 
))tes  que  podrían  acaecer.» 

Oídas  las  razones  de  la  Reyna ,  porque  conoció  el 
Rey  ser  verdaderas ,  plógole  mucho ;  é  dende  en 
adelante  él  y  ella  mandaron  que  no  se  f  ablase  mas 
en  esta  materia ;  é  acordaron,  que  en  todas  las  car- 
tas que  diesen  fuesen  nombrados  él  y  olla ;  é  que  el 
sello  fuese  uno,  con  las  armas  de  Castilla  é  de  Ara- 
gón. Ansimesmo  en  la  moneda  que  mandaron  la- 
brar, esto  viesen  puestas  las  figuras  del  y  della,  é  los 
nombres  de  ambos.  Esta  Reyna  trabajaba  mucho  en 
las  cosas  de  la  gobernación  destos  Reynos,  ansí  en 
lo  tocante  á  las  guerras  que  en  ellos  acaecieron ,  co- 
mo en  la  administracien  de  la  justicia,  y  en  las 
otras  cosas  que  ocurrían ;  é  quando  era  necesario 
que  el  Rey  fuese  á  proveer  en  unas  partes  é  la  Rey- 
na á  otras,  aunque  estaban  apartados,  nunca  se  falló 
que  el  uno  diese  mandamiento  que  derogase  á  la 
provisión  que  el  otro  oviese  dado.  Porque  si  la  ne- 
cesidad apartábalas  personas,  el  amor  tenia  juntas 
las  voluntades.  E  aunque  algunos  caballeros  é  otras 
personas  de  dañadas  intenciones  ,  procuraban  divi- 
sión entre  ellos,  dando  á  entender  al  Rey ,  que  como 
varón  debia  tener  toda  la  gobernación  ;  pero  el  Rey 
é  la  Reyna,  conociendo  que  estos  tales  procuraban 
divisiones  entre  ellos  por  sus  proprios  intereses,  con- 
formábanse tanto ,  que  no  daban  lugar  á  ninguna 
división.  El  Rey,  vista  la  grande  suficiencia  de  la 
Reyna,  de  todas  las  cosas  se  descargaba,  é  ge  las 
remitía,  é  también  las  que  ocurrían  de  los  Reynos 
de  Aragón  é  de  Sicilia ,  aquellas  que  eran  arduas  é 
do  grand  importancia,  porque  tenia  gran  habilidad 
é  buen  seso  natural.  Cosa  fué  por  cierto  de  gran  do- 
trina  y  exemplo,  porque  el  señorío  pocas  ó  ningu- 
nas veces  sufre  compañía  sin  discordia.  Pero  con 
tanta  providencia  sopieron  gobernar,  que  pareció 
provisión  divina,  para  que  con  su  conformidad  fue- 
sen bien  proveídos  tantos  reynos  é  tan  estendidos 
señoríos  como  tenían. 

CAPÍTULO  III. 

De  las  condiciones  é  proporciones  del  Rey. 

Este  Rey  era  home  de  mediana  estatura,  bien  pro- 
porcionado en  sus  miembros ,  en  las  f  aciones  de  su 
rostro  bien  compuesto,  los  ojos  rientes ,  los  cabellos 
prietos  é  llanos,  ó  hombre  bion  complisíonado.  Te- 


nía la  fabla  igual,  ni  presurosa  ni  mucho  espaciosa. 
Era  de  buen  entendimiento  é  muy  templado  en  su 
comer  é  beber,  y  en  los  movimientos  de  su  persona; 
porque  ni  la  ira  ni  el  placer  facía  en  él  alteración. 
Cabalgaba  muy  bien  á  caballo,  en  silla  de  la  guisa  ó 
de  la  gíneta;  justaba  sueltamente  ó  con  tanta  des- 
treza, que  ninguno  en  todos  sus  Reynos  lo  facía 
mejor.  Era  gran  cazador  de  aves ,  é  home  de  buen 
esfuerzo,  é  gran  trabajador  en  las  guerras.  De  su 
natural  condición  era  inclinado  á  facer  justicia  ,  é 
también  era  piadoso,  é  compadecíase  de  los  misera- 
bles que  veía  en  alguna  angustia.  É  había  una  gra- 
cia singular,  que  qualquier  que  con  él  f ablase ,  lue- 
go le  amaba  é  le  deseaba  servir,  porque  tenia  la  co- 
municación amigable.  Era  ansimesmo  remitido  á 
consejo,  en  especial  de  la  Reyna  su  muger,  porque 
conocía  su  gran  suficiencia ;  desde  su  niñez  fué  cria- 
do en  guerras,  do  pasó  muchos  trabajos  ó  peligros 
de  su  persona.  É  porque  todas  sus  rentas  gastaba  en 
las  cosas  de  la  guerra,  y  estaba  en  contínas  necesi- 
dades, no  podemos  decir  que  era  franco.  Home  era 
de  verdad,  como  quiera  que  las  necesidades  gran- 
des en  que  le  pusieron  las  guerras,  le  facían  algunas 
veces  variar.  Placíale  jugar  todos  juegos,  de  pelota 
é  axedrez  é  tablas,  y  en  esto  gastaba  algún  tiempo 
mas  do  lo  que  debia ;  é  como  quiera  que  amaba  mu- 
cho á  la  Reyna  su  muger ,  pero  dábase  á  otras  mu- 
geres.  Era  hombre  muy  tratable  con  todos,  especial- 
mente con  sus  servidores  contínós.  Este  Rey  con- 
quistó é  ganó  el  reyno  de  Granada,  según  que  ade- 
lante en. esta  su  Crónica  será  visto. 

CAPÍTULO  IV. 
De  las  condiciones  é  proporciones  de  la  Reyna. 

Esta  Reyna  era  de  mediana  estatura ,  bien  com- 
puesta en  su  persona  y  en  la  proporción  de  sus 
miembros,  muy  blanca  é  rubia;  los  ojos  entre  ver- 
des é  azules,  el  mirar  gracioso  é  honesto,  las  faccio- 
nes del  rostro  bien  puestas ,  la  cara  muy  f ermosa  é 
alegre.  Era  mesurada  en  la  continencia  é  movimien- 
tos de  su  persona;  no  bebía  vino;  era  muy  buena 
muger,  é  placíale  tener  cerca  de  sí  mugeres  ancia- 
nas que  fuesen  buenas  é  de  linage.  Criaba  en  su  pa- 
lacio doncellas  nobles,  fijas  de  los  Grandes  de  sus 
Reynos,  lo  que  no  leemos  on  Crónica  que  ficiese 
otro  tanto  otra  Reyna  ninguna.  Facía  poner  gran 
diligencia  en  la  guarda  dellas,  e  de  las  otras  muge- 
res  de  BU  palacio;  é  dotábalas  magníficamente,  é  fa- 
ciales graades  mercedes  por  las  casar  bien.  Aborre- 
cía mucho  las  malas ;  era  muy  cortes  en  sus  f  ablas. 
Guardaba  tanto  la  continencia  del  rostro ,  que  aun 
en  los  tiempos  de  sus  partos  encubría  su  sentimien- 
to, é  forzábase  á  no  mostrar  ni  decir  la  pena  que  en 
aquella  hora  sienten  é  muestran  las  mugeres.  Ama- 
ba mucho  al  Rey  su  marido,  é  celábalo  fuera  de  to- 
da medida.  Era  muger  muy  aguda  é  discreta,  lo  qual 
vemos  pocas  é  raras  veces  concurrir  en  una  perso- 
na ;  fablaba  muy  bien ,  y  era  de  tan  excelente  in- 
genio, que  en  común  de  tantos  é  tan  arduos  nego- 
cios como  tenia  en  la  gobernación  de  sus  Reynos, 


DON  FERNANDO 

86  dio  al  trabajo  de  aprender  las  letras  latinas;  é  al- 
canzó en  tiempo  de  un  año  saber  en  ellas  tanto,  que 
entendía  qualquier  fabla  ó  escriptura  latina.  Era 
católica  é  devota  ;  facia  limosnas  secretas  en  luga- 
res debidos  ;  honraba  las  casas  de  oración  ;  visitaba 
con  voluntad  los  monesterios  é  casas  de  religión ,  en 
especial  aquellas  do  conocía  que  guardaban  vida 
honesta  ;  dotábalas  magníficamente.  Aborrecía  es- 
trafiamente  sortílegos  é  adevínos,  é  todas  personas 
de  semejantes  artes  é  invenciones.  Placíalo  la  con- 
versación de  personas  religiosas  é  de  vid»  honesta, 
con  los  quales  muchas  veces  habia  sus  consejos  par- 
ticulares ;  é  como  quier  que  oía  el  parecer  de  aque- 
llos, é  de  los  otros  letrados  que  cerca  della  eran,  pe- 
ro por  la  mayor  parte  seguía  las  cosas  por  su  arbi- 
trio. Pareció  ser  bien  fortunada  en  las  cosas  que  co- 
menzaba. Era  muy  inclinada  á  facer  justicia,  tanto 
que  le  era  imputado  seguir  mas  la  via  de  rigor  que 
de  la  piedad ;  y  esto  facia  por  remediar  á  la  gran 
corrupción  de  crimines  que  falló  en  el  Reyno  quan- 
do  subcedió  en  él.  Quería  que  sus  cartas  é  manda- 
mientos fuesen  complidas  con  diligencia.  Esta  Eey- 
na  fué  la  que  extirpó  é  quitó  la  herogía  que  habia 
en  los  Reynos  do  Castilla  é  do  Aragón,  de  algunos 
chrístíanos  delinage  de  los  judíos  que  tornaban  á  ju- 
daizar, é  fizo  que  viviesen  como  buenos  chrístíanos. 
En  el  proveer  de  las  Iglesias  que  vacaron  en  su  tiem- 
po ovo  respeto  tan  recto,  que  pospuesta  toda  afición 
siempre  suplicó  al  Papa  por  hombres  generosos  é 
grandes  letrados  é  de  vida  honesta  :  lo  que  no  se  lee 
que  con  tanta  diligencia  oviese  guardado  ningún 
Rey  de  los  pasados.  Honraba  los  Perlados  é  Gran- 
des de  sus  Reynos  en  las  fablas  y  en  los  asientos, 
guardando  á  cada  uno  su  preeminencia,  según  la 
calidad  de  su  persona  é  dignidad.  Era  muger  de 
gran  corazón,  encubría  la  ira,  é  disimulábala  ;  é  por 
esto  que  della  se  conocía,  ansí  los  Grandes  del  Rey- 
no  como  todos  los  otros  temían  de  caer  en  su  indi- 
nacion.  De  su  natural  inclinación  era  verdadera ,  é 
quería  mantener  su  palabra  :  como  quiera  que  en 
los  movimientos  de  las  guerras  é  otros  grandes  fe- 
chos que  en  sus  Reynos  acaecieron  en  aquellos  tiem- 
pos, é  algunas  mudanzas  fechas  por  algunas  perso- 
nas, la  ficieron  algunas  veces  variar.  Era  muy  tra- 
bajadora por  su  persona,  según  se  verá  adelante  por 
los  actos  desta  Crónica.  Era  firme  en  sus  propósi- 
tos ,  de  los  quales  se  retraía  con  gran  dificultad. 
Érale  imputado  que  no  era  franca  ;  porque  no  daba 
vasallos  de  su  patrimonio  á  los  que  en  aquellos 
tiempos  la  sirvieron.  Verdad  es  que  con  tanta  dili- 
gencia guardaba  lo  de  la  corona  real,  que  pocas 
mercedes  do  villas  é  tierras  le  vimos  en  nuestros 
tiempos  facer,  porque  falló  muchos  dellasenagena- 
das.  Pero  quan  estrechamente  se  había  en  la  con- 
servación de  las  tierras,  tan  franca  é  liberal  era  en 
la  distribución  de  los  gastos  continos,  é  mercedes 
de  grandes  quantías  que  facía.  Decía  ella,  que  á  los 
Reyes  convenia  conservar  las  tierras,  porque  ena- 
genándolas  perdían  las  rentas  de  que  deben  facer 
mercedes  para  ser  amados,  é  diminuían  su  poder 
para  ser  temidos.  Era  muger  cerímoniosa  en  sus 
Cr.— TTI. 


É  D05ÍA  ISABEL.  257 

vestidos  é  arreos,  y  en  el  servicio  de  su  persona;  é 
quería  servirse  de  bornes  grandes  é  nobles,  é  con 
grande  acatamiento  é  humillación.  No  se  lee  de  nin- 
gún Rey  de  los  pasados,  que  tan  grandes  homes  to- 
viese  por  oficíales  como  tovo.  E  como  quiera  que 
por  esta  condición  le  era  imputado  algún  vicio,  di- 
ciendo tener  pompa  demasiada,  pero  entendemos 
que  ninguna  cerímonia  en  esta  vida  se  puede  facer 
tan  por  estremo  á  los  Reyes,  que  mucho  mas  no  re- 
quiera el  estado  real ;  el  qual  ansí  como  es  uno  é  su- 
perior en  los  Reynos,  ansí  debe  mucho  estremarse, 
é  resplandecer  sobre  todos  los  otros  estados,  pues 
tiene  autoridad  divina  en  la  tierra.  Por  la  solicitud 
desta  Royna  se  comenzó,  é  por  su  diligencia  se  con- 
tinó  la  guerra  contra  los  moros  fasta  que  se  ganó 
todo  el  Reyno  de  Granada.  É  decimos  verdad  ante 
Dios,  que  supimos  é  conocimos  de  algunos  grandes 
señores  é  capitanes  de  sus  Reynos,  que  cansando 
perdían  toda  su  esperanza  para  poderse  ganar,  con- 
siderando la  dificultad  grande  que  habia  en  po- 
derla contínar ;  é  por  la  gran  constancia  desta  Rey- 
na,  é  por  sus  trabajos  é  diligencias  que  continamen- 
te fizo  en  las  provisiones,  é  por  las  otras  fuerzas 
qne  con  gran  fatiga  de  espíritu  puso ,  dio  fin  á  esta 
conquista,  que  movida  por  la  voluntad  divina  pare- 
ció haber  comenzado,  según  que  adelante  en  esta  su 
Crónica  parecerá. 

CAPÍTULO  V. 
De  las  cosas  que  pasaron  con  el  Marqués  de  Villena. 

El  Marqués  de  Villena  que  estaba  en  Madrid,  em- 
bíó  al  Rey  é  álaReyna  sus  mensageros,  los  quales 
demandaron  el  Maestradgo  de  Santiago,  porque  de- 
cía que  su  padre  el  Maestre  gelo  había  renunciado 
en  su  vida.  É  ansímesmo  pidieron  que  el  Rey  é  la 
Reyna  casasen  aquella  Doña  Juana  que  estaba  en 
su  poder,  porque  no  se  descargaría  della ,  salvo  ca- 
sándola en  lugar  conveniente  é  honroso.  En  esta  de- 
manda dio  á  entender,  que  sino  lo  ficiesen  en  la  ma- 
nera que  lo  demandaba,  él  é  sus  parientes,  conviene 
á  saber  el  Maestre  de  Calatrava,  y  el  Conde  de 
Urueña  é  otros  algunos,  se  juntarían  é  farían  divi- 
sión en  el  Reyno  con  aquella  Doña  Juana,  á  quien 
llamaban  Princesa  de  Castilla.  Por  parte  del  Rey  é 
de  la  Reyna  le  fué  respondido,  que  como  quiera  que 
aquella  Doña  Juana  no  era  persona  con  quien  de 
justicia  se  debiese  facer  división  en  sus  Reynos, 
porque  era  notorio  en  ellos  no  ser  fija  del  Rey  Don 
Enrique,  é  aunque  el  Maestradgo  de  Santiago  es  una 
de  las  mayores  dignidades  de  España ,  y  estaba  en 
poder  del  Conde  de  Paredes  é  del  Comendador  ma- 
yor de  León  que  se  intitulaban  Maestres,  los  quales 
les  habían  bien  servido  ;  pero  por  quitar  todos  in- 
convinientes  de  sus  Reynos,  á  ellos  placía  de  casar 
aquella  Doña  Juana  en  lugar  convenible,  é  suplicar 
al  Papa  que  proveyese  á  él  del  Maestradgo  de  San- 
tiago, é  de  le  dar  la  posesión  del ;  pero  que  había  de 
entregar  luego  aquella  Doña  Juana  á  persona  fiable 
que  la  toviese  fasta  que  se  buscase  é  concluyese  su 
casamiento,  porque  después  de  casada  ni  ante  por 

17 


258 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


causa  della  no  ge  les  siguióse  deservicio  ni  escánda- 
lo en  sus  lleynos.  El  Marqués  replicó  que  no  la  en- 
tregaría fasta  que  fuese  casada ,  é  si  la  oviese  de 
entregar ,  seria  á  persona  fiable  á  él ,  que  la  toviese 
hasta  que  él  oviese  el  Maestradgo  de  Santiago.  Por 
parte  del  Rey  é  de  la  Reyna  le  fué  replicado,  que  si 
él  quería  el  Maestradgo  de  Santiago  habia  de  entre- 
gar ante  todas  cosas  aquella  Doña  Juana  á  persona 
fiable  á  ellos,  tal  que  estando  en  su  poder  no  se  es- 
perase alteración  ni  escándalo  en  sus  Reynos.  E 
porque  no  ovo  estonces  acuerdo  sobre  las  personas 
en  cuyo  poder  aquella  Doña  Juana  habia  de  estar, 
determinó  el  Marqués  de  la  no  quitar  de  su  poder, 
fasta  que  él  fuese  apoderado  de  la  posesión  del 
Maestradgo  de  Santiago,  y  ella  fuese  para  casar ;  el 
qual  acuerdo  ovo  por  consejo  de  algunos  caballeros 
BUS  parientes,  é  de  otros  sus  servidores,  é  ansiraes- 
nio  por  las  amonestaciones  que  algunos  caballeros 
del  Reyno,  homes  de  malos  deseos  le  ficieron,  es- 
pecialmente por  consejo  de  un  Licenciado  que  se 
llamaba  Antón  (1)  Nuñez  de  Ciudad-Rodrigo,  de 
quien  él  confiaba,  el  qual  habia  seydo  Contador 
mayor  del  Rey  Don  Enrique ;  é  porque  el  Rey  é  la 
Reyna  no  le  daban  aquella  contaduría ,  puso  tanta 
turbación  en  el  negocio ,  que  no  ovo  conclusión ,  ni 
el  Marqués  ni  los  otros  sus  primos  vinieron  al  servi- 
cio del  Rey  é  de  la  Reyna.  É  luego  se  dixo  que  el 
Marqués  comenzaba  á  tratar  de  secreto  con  el  Rey 
de  Portogal  tio  de  aquella  Doña  Juana,  hermana 
de  la  Reyna  su  madre,  para  que  la  tomase  por  mu- 
ger,  é  se  intitulase  Rey  de  Castilla ;  é  que  él  é  bus 
parientes  é  otros  caballeros  ayudarían  á  le  dar 
la  subccsion  del  Reyno.  Ansimesmo  trataba  se- 
cretamente con  algunos  caballeros,  para  que  jun- 
tos con  él  ñciesen  Reyna  de  Castilla  aquella  Doña 
Juana,  prometiéndoles  mercedes  ,  é  acrecentamien- 
tos de  sus  estados ;  lo  qual  vino  á  noticia  de  la 
Reyna. 

CAPÍTULO   VI. 

Como  el  Arzobispo  de  Toledo  partió  de  la  Corle  porque  el  Rey  no 
le  dio  los  oficios  de  su  casa. 

El  Arzobispo  do  Toledo  que  estaba  en  Segovia, 
Ropo  en  como  el  Marqués  do  Villena  por  el  des- 
acuerdo que  ovo  con  el  Rey  é  con  la  Reyna,  no  ve- 
nia á  les  facer  el  juramento  é  obediencia  que  los 
otros  del  Reyno  hablan  fecho;  ansimesmo  sopo  que 
trataba  con  el  Rey  de  Portogal,  que  tomase  por  mu- 
ger  á  su  sobrina,  é  que  se  intitulase  Rey  de  Casti- 
lla. E  como  conoció  que  nacían  necesidades  al  Rey 
é  a  la  Reyua,  para  que  le  oviesen  menester,  deman- 

(1)  Antón  Nuñez,  llamado  dn  Ciudad -Rodrisfo  por  ser  de  aque- 
lla Ciudad,  según  el  uso  de  aquellos  tiempos,  era  ya  persona  de 
consideración  en  tiempo  de  Don  Juan  11,  pues  fué  Corregidor  de 
Zamora  en  lli7.  El  Itey  Hon  Knrique  IV  le  dio  el  cargo  de  Con- 
tador mayor  en  Hfi.'i.  I'espucs  de  la  muerte  del  liey  siguió  el  par- 
tido de  su  pretendirla  hija  y  del  de  l'ortugal,  con  quien  se  pasó  á 
Lisboa  y  después  le  acompañó  en  su  viagt;  á  l'rancia,  y  úllima- 
nienle  volvió  i  la  amistad  de  los  Ueyes  de  Castilla  en  li"í).  Véase 
el  cap.  4i  y  55.  de  esta  Crónica.  Salazar,  Casa  de  Lara,  T.  ¡I, 
p.  G73. 


dó  al  Roy  ciertos  oficios  de  su  casa,  6  otras  merce- 
des que  seyendo  Príncipe  le  habia  prometido.  El 
Rey,  considerando  que  estos  oficios  que  el  Arzobis- 
po pedia  eran  de  homes  criados  del  Rey  su  padre  é 
suyos,  los  quales  le  habían  bien  servido  en  sus  guer- 
ras é  necesidades,  é  ansimesmo  habían  seydo  de  sus 
padres  é  abuelos,  rogó  al  Arzobispo  que  tomase  al- 
gunos dellos,  los  que  buenamente  se  podían  dar,  é 
dexase  los  otros,  por  los  quales  le  faría  otras  mer- 
cedes tales  que  debiese  ser  contento.  Porque  no  le 
seria  honesto  quitarlos  á  los  caballeros  sus  criados 
que  los  tenían,  é  le  habían  servido  padeciendo  en 
los  tiempos  de  las  guerras  pasadas  grandes  traba- 
jos, esperando  este  tiempo  do  pensaban  haber  con 
ellos  honra  é  acrecentamiento ;  é  pues  él  era  su  ser- 
vidor, no  debía  procurar  mercedes  de  que  tanto  de- 
servicio geles  podía  seguir.  El  Arzobispo  respondió 
que  no  dexaría  aquella  demanda,  pues  gela  habia 
prometido ,  é  que  se  quería  ir  á  su  tierra.  É  como 
qtiier  que  el  Rey  por  le  mas  encargar  fué  á  su  po- 
sada, é  le  rogó  mucho  que  no  se  apartase  de  su  cor- 
te, é  le  prometió  grandes  dádivas  é  mercedes ,  pero 
insistiendo  en  su  propósito,  no  quiso  aceptar  su  rue- 
go, ni  recebir  las  mercedes  que  le  prometía ;  é  do 
secreto  con  amenazas  orgullosas  partió  de  la  Corto, 
é  fué  para  la  villa  de  Alcalá.  Este  descontentamien- 
to del  Arzobispo  fué  imputado  por  algunos  á  sober- 
bia, otros  decían  que  procedía  de  cobdicia,  por  no  la 
ser  dados  los  oficios  que  demandaba  ;  pero  nos  creo- 
mos  principalmente  proceder  de  embídía  que  ovo 
del  Cardenal, 'por  la  honra  que  el  Rey  é  la  Reyna  le 
facían,  é  por  la  gran  parte  que  de  sus  consejos  le 
facian  mas  que  á  ninguno  por  respeto  de  su  perso- 
na, é  porque  era  home  de  buen  entendimiento ,  é  de 
grand  autoridad.  Este  Arzobispo  era  de  línage  de 
los  de  Acuña,  de  nación  Portoguesa,  home  muy 
franco,  tanto  que  como  quier  que  tenía  la  renta  del 
Arzobispado  de  Toledo,  pero  no  le  bastaba  con  gran 
parte  á  los  gastos  é  dádivas  que  facía ,  é  siempre 
estaba  en  estrema  pobreza.  Y  esto  se  seguía  de  dos 
cosas:  la  una  que  era  hombre  bollícíoso,  é  deleytá- 
base  en  guerras  (2)  y  en  movimientos,  á  los  quales 
era  traído  ligeramente,  porque  había  placer  de  te- 
ner gente  do  armas  en  el  campo ,  y  entender  en  fo- 


(2)  Apenas  hubo  movimiento  alguno  en  su  tiempo  en  que  dexa- 
se de  encontrarse  este  Prelado.  Quando  los  caballeros  alzaron  por 
Rey  al  Infante  Don  Alonso  en  la  llanura  de  Avila  ,  él  fué  quien 
quitó  la  corona  á  la  estatua  del  Rey  Don  Enrique,  como  notamos 
arriba.  Poco  después  teniendo  cercada  á  Simancas  con  los  ca- 
balleros de  la  parcialidad  del  Rey  fjon  Alonso,  los  vecinnsde 
la  villa  salieron  á  los  del  real  y  muy  cerca  de  él  quemaron  pú- 
blicamente una  estatua  que  representaba  al  Arzobispo  de  Toledo 
con  nombre  de  l'on  Oppas,  dando  á  cntenderque  á  semejanza  de 
aquel  causaba  con  sus  movimientos  la  ruina  de  su  patria  ,  y  le 
cantiiban  públicimente  aquel  cantar  tan  sabido,  Esta  e.i  Simnncas, 
Don  Oppns  traidor,  esta  es  Simancas,  que  no  Peña/lor,  dando  á  en- 
tender que  no  serian  como  los  de  esta  villa  que  acababan  de  dc- 
xar  cercada.  Después  siguió  la  opinión  del  Rey  de  Portugal,  como 
se  verá  adelante.  Estos  y  oíros  excesos  que  se  le  notaban,  se  atri- 
buían á  su  facilidad  en  dexarse  gobernar  por  este  Fernando  de 
Alarcon,  que  después  pagó  su  traición  con  la  vida  y  fué  degollado 
y  arrastrado  en  la  plaza  do  Zocodover  de  Toledo.  Enriq.  del  Casi., 
CrMi.  de  Don  Enriq.  ¡Y,  cap  7".  Rcrnald.,  Crón.  US.  de  los  Ueyes 
Calélicos,  CUV.  IS. 


DON  FEKNANt)0 
clio  de  guerra,  é  procuraba  que  sonase  su  fama  é 
BUS  fechos  por  muchas  partes ;  la  otra  porque  en- 
tendía continamente  en  el  arte  del  Alquimia ,  y  en 
estas  dos  cosas,  y  en  lo  que  dellas  depende  gastaba 
lo  mas  de  su  tiempo  ,  é  toda  su  renta  ordinaria ,  é 
quanto  mas  podia  adquirir.  Ansimesmo  era  de  tal 
condición,  que  dado  que  gele  mostrasen  algunos  in- 
convinieutes  en  las  cosas  que  comenzaba ,  siempre 
quería  llevar  adelante  sus  propósitos ,  no  mirando 
que  la  prudencia  quiere  mudar  los  consejos  segund 
ocurren  los  tiempos ;  lo  qual  le  ponia  en  trabajos 
continos,  é  algunas  veces  en  peligro  de  su  persona 
y  estado.  É  tenia  un  privado  que  se  llamaba  Fer- 
nando de  Alarcon,  que  á  los  principios  ovo  noticia 
del  por  el  arte  del  Alquimia  en  que  era  mostrado; 
después  como  este  Alarcon  era  hombre  agudo  é 
cauteloso,  é  sabia  seguir  los  apetitos  é  inclinacio- 
nes del  Arzobispo,  servíale  en  ellos  de  tal  manera 
que  en  poco  tiempo  le  dio  todo  el  crédito  de  su  ca- 
sa é  de  sus  negocios. 

CAPÍTULO  VII. 

Como  el  Rey  éla  Reyna  partieron  de  Segovia  para  Valladolid,  6 
como  el  Marqués  de  Villena  requirió  al  lley  de  Portogal,  que 
tomase  por  muger  ú  su  sobrina. 

Partido  el  Arzobispo  de  la  Corte  para  su  tierra 
dende  á  pocos  días  partieron  el  Rey  é  la  Reyna  de 
Segovia  para  Medina  del  Campo,  É  demandaron  al 
Duque  de  Alva  que  iba  con  ellos  la  Mota  de  Medi- 
na que  tenia,  é  luego  gela  entregó  ;  é  dende  fueron 
á  Valladolíd,  é  posaron  en  las  casas  de  Juan  de  Vi- 
vero, que  e«  junto  con  la  puerta  que  dicen  de  Cabe- 
zón, la  qual  tenia  fortalecida  el  Conde  de  Benaven- 
to,  é  mandaron  derribar  todo  lo  fuerte  della.  É  allí 
en  Valladolíd  estovieron  algunos  días,  é  ficieron 
grandes  fiestas,  é  recibieron  omenages  de  algunos 
caballeros  é  cibdades  é  villas  del  Reyno  que  finca- 
ban por  recebír.  Entretanto  que  estas  cosas  pasa- 
ban en  Valladolíd,  el  Marqués  de  Villena  é  los  que 
con  él  estaban  no  cesaban  de  tratar  con  muchos  ca- 
balleros é  otras  personas  príncipales,  por  los  atraer 
á  la  opinión  de  aquella  Doña  Juana,  para  la  intitu- 
lar Reyna  de  Castilla.  Y  embió  públicamente  al  Rey 
de  Portogal  á  lo  decir  ;  «  Que  bien  sabia  como  aque- 
» lia  su  sobrina  era  fija  del  Rey  Don  Enrique,  é  por 
«ser  su  legítima  heredera  le  pertenecían  de  derecho 
» los  Rey  nos  de  Castilla  é  de  León  ,  los  qual  es  el  Rey 
»  é  la  Reyna  de  Sicilia  contra  toda  justicia  habían 
«tomado,  intitulándose  Rey  é  Reyna  dellos  tiránica- 
«  mente ;  é  ansimesmo  sabia,  que  muerto  el  Rey  Don 
n  Enrique  solo  quedaba  él  por  amparo  de  aquella  se- 
» ñora,  é  por  defensa  destos  sus  Reynos.  Por  ende 
ft  que  le  ploguiese  de  tomarla  por  muger ,  é  que  se 
» intitulase  luego  Rey  de  Castilla  é  de  León,  pues 
«casando  con  ella  lo  podia  facer;  é  que  no  la  des- 
» amparase,  ni  consintiese  tomar  lo  suyo,  porque  si 
«él  diese  lugar  á  ello  perderia  los  Reynos  de  Casti- 
»llo  é  de  León,  que  muy  ligeramente  podía  haber; 
» lo  qual  seria  imputado  á  gran  flaqueza  de  ánímo| 
»  é  contra  las  claras  virtudes  que  por  todo  el  mundo 


É  DOÑA  ISABEL.  259 

» se  publicaban  de  su  persona.»  E  para  proseguir 
esta  demanda  ofrecía  que  serian  ciertos  para  su  ser- 
vicio el  Arzobispo  de  Toledo,  su  tío,  y  el  Duque  de 
Arévalo,  y  el  Maestre  de  Calatrava ,  y  el  Conde  de 
üruefia  sus  primos,  que  son  de  las  mayores  casas  de 
Castilla,  los  quales  se  juntarían  luego  con  él.  Otrosí 
le  certificaba,  que  intitulándose  Rey  de  Castilla  ver- 
nían  á  su  obediencia  catorce  cibdades  é  villas  de  las 
principales  del  Reyno.  Ofreció  ansimesmo  que  ver- 
nian  á  su  servicio  Don  Rodrigo  Alonso  Pímentel, 
Conde  de  Benavente  ,  y  el  Marqués  de  Cáliz ,  Don 
Rodrigo  Ponce  de  León,  é  Don  Alonso  de  Aguilar, 
que  eran  casados  con  sus  hermanas,  é  ansimesmo  el 
Duque  de  Alburquerque  é  otros  muchos  que  se  de- 
clararían sus  servidores,  quando  le  viesen  entrar  en 
Castilla  como  Rey  della.  Diéronle  ansimesmo  á  en- 
tender, que  en  las  mas  cibdades  é  villas  del  Reyno 
había  divisiones  é  bandos,  é  que  de  necesario  seria 
que  la  una  parto  tomase  su  voz,  la  qual  edn  el  fa- 
vor de  gente  é  dinero  que  tovicse  pujaría  contra  la 
otra  parte,  é  ansí  temía  todas  las  cibdades  del  Rey- 
no  á  BU  obediencia.  Dixeron  ansimesmo  que  el  Rey 
é  la  Reyna  no  tenían  gente  ni  renta  alguna  en 
el  Reyno  donde  pudiesen  sacar  dinero  para  soste- 
ner guerra  poco  ni  mucho  tiempo ;  porque  todo  el 
patrimonio  real  estaba  enageuado,  é  no  tenían  for- 
taleza ni  caballero  á  su  obediencia  ,  ni  quien  ficiese 
guerra  ni  paz  por  su  mandado,  sino  á  voluntad  de 
caíla  uno  ;  é  que  en  entrando  en  el  Reyno  de  Casti- 
lla poderosamente  con  gente  é  con  dinero,  pues  por 
la  gracia  de  Dios  tenía  asaz  para  lo  facer,  le  seria 
todo  llano,  é  vernian  todos  á  su  servicio  é  obedien- 
cia, de  manera  que  en  breve  tiempo  con  poca  pena 
é  mucha  gloria  habría  estos  Reynos  para  él  é  para 
sus  subcesores.  Estos  mensageros  le  dixeron  que 
había  de  dar  el  Maestradgo  al  Marqués  de  Villena, 
é  confirmarle  todo  lo  que  el  Maestre  su  padre  tenía 
de  la  corona  real ;  é  que  ficiese  merced  al  Arzobis- 
po de  Toledo  de  cinco  mil  vasallos  en  Castilla,  é  á 
Lope  Vázquez  de  Acuña  su  hermano ,  de  la  cibdad 
de  Buete,  é  á  otros  sus  parientes  é  criados  otras  mer- 
cedes de  oficios  é  rentas,  é  al  Duque  de  Arévalo  otra 
cantidad  de  vasallos  en  Castilla,  é  le  confirmase  la 
merced  de  la  villa  de  Arévalo,  é  á  otros  caballeros 
que  se  habían  de  jurar  con  él  á  le  servir  en  esta  de- 
manda, otras  mercedes  de  vasallos  é  rentas. 

CAPÍTULO  VIII. 

Como  el  Rey  de  Portogal  determinó  de  casar  con  su  sobrina. 

El  Rey  de  Portogal,  oída  esta  embaxada,  recibió- 
la con  alegre  voluntad;  é  ansí  por  la  oferta  que  es- 
tos mensageros  le  ficieron,  como  por  otros  mensa- 
geros é  ofrecimientos  que  había  recebido  de  algu- 
nos caballeros  de  Castilla  secretamente,  como  quie- 
ra que  le  era  dubdoso  el  derecho  de  la  subcesion  de 
su  sobrina,  pero  concibió  luego  en  su  ánimo  de 
aceptar  esta  euí presa ,  é  de  ser  Rey  de  Castilla  é  de 
León,  para  los  juntar  con  su  Royno  de  Portogal.  E 
como  ios  caminos  para  ir  á  las  cosas  deseadas  se 
facen  ligeros,  aunque  sean  peligrosos,  púsolo  en 


260  CRÓNICAS  DE  LOS 

obra  pensando  que  esta  empresa  seria  tan  ligera- 
mente acabada  como  le  fué  ofrecida.  Á  este  su  con- 
cepto ayudaba  mucho  el  deseo  que  tenia  de  haber 
alguna  venganza  de  la  Reyna,  porque  quando  la 
embió  á  demandar  en  matrimonio  no  lo  quiso  fa- 
cer. E  luego  puso  en  plática  esta  materia  con  algu- 
nos caballeros,  é  otras  personas  de  su  consejo  ;á  los 
qaales  dio  á  entender,  que  su  voluntad  determinada 
era  de  casar  con  su  sobrina,  é  poner  todas  sus  fuer- 
zas por  haber  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León,  que 
de  derecho  le  pertenecían,  é  demandóles  su  parecer 
sobre  ello.  Aquellos  caballeros  é  algunos  otros  de  su 
Consejo,  vista  la  voluntad  del  Rey  inclinada  á  acep- 
tar esta  empresa,  pensando  ansimesmo  que  en  la 
grandeza  do  Castilla  habia  para  acrecentarse  todos 
ea  rentas  é  señoríos ;  conformáronse  mas  con  la  afi- 
ción del  Rey  de  Portogal ,  que  con  ¡a  rectitud  del 
consejo.  É  al  fin  todos  le  consejaron  que  lo  debia 
aceptar  é  poner  luego  en  obra,  antes  que  el  Rey  é 
la  Reyna  oviesen  tiempo  para  se  apoderar  mas  del 
Reyno  de  Castilla.  Habido  este  consejo,  luego  fizo 
asiento  sobre  todas  las  cosas  que  se  hablan  de  com- 
piir  con  el  Marqués  de  Villena,  é  con  el  Arzobispo 
do  Toledo,  é  con  el  Duque  de  Arévalo,  é  con  los 
otros  caballeros  que  habemos  dicho  ;  y  ellos  ansi- 
mesmo de  lo  que  hablan  de  complir  con  él.  É  lue- 
go embió  un  caballero  con  poder  para  se  desposar 
con  su  sobrina,  habiendo  dispensación  del  Papa.  Y 
escribió  á  todos  los  Grandes  é  Caballeros  de  Casti- 
lla, faciéndoles  saber  como  él  la  tomaba  por  muger, 
é  como  á  su  marido  le  pertenecÍMi  estos  Reynos ,  la 
posesión  de  los  quales  entendía  con  el  ayuda  de  Dios 
venir  poderosamente  á  tomar  ;  por  ende  que  se  jun- 
tasen con  él,  é  que  les  f  aria  muchas  mercedes.  Algu- 
nos homes  de  aquel  Reyno  de  Portogal,  que  mira- 
ban aquel  negocio  sin  afición  ,  recelando  los  gran- 
des inconvinientes  que  en  las  grandes  empresas 
suelen  acaecer,  amonestaron  al  Rey  de  Portogal  que 
pensase  mas  é  mejor  en  esta  demanda  que  quería 
facer:  é  dixeronle  que  las  grandes  empresas  con 
justos  é  grandes  fundamentos  se  debían  principiar; 
é  que  debia  considerar,  que  estos  que  le  llamaban 
para  ser  Rey  de  Castilla  é  de  León,  eran  el  Arzobis- 
po de  Toledo  ^  y  el  Duque  de  Arévalo,  é  los  fijos  del 
Maestre  de  Santiago,  é  del  Maestre  de  Calatrava  su 
hermano  ;  loa  quales  poco  tiempo  antes  habian  afir- 
mado por  toda  España,  é  publicado  fuera  della,  que 
la  señora  su  sobrina  no  tenia  derecho  á  los  Reynos 
del  Rey  Don  Enrique,  por  la  impotencia  experimen- 
tada que  del  publicaron ;  é  que  debia  bien  mirar  co- 
mo estonces  habian  fallado  no  ser  heredera  de  Cas- 
tilla, é  agora  dicen  que  es  legitima  subcesora ,  por- 
(jue  destas  variedades  é  mudanzas  en  tan  poco  tiem- 
po fechas,  se  podia  sospechar  que  estos  caballeros 
de  Castilla  no  se  movían  por  bu  servicio ,  ni  menos 
con  zelo  de  la  justicia  que  publicaban,  sino  á  fin  de 
procurar  sus  intereses  de  acá  é  allá,  é  dar  el  derecho 
do  fallasen  mayor  utilidad.  É  por  tanto  le  amones- 
taron que  BUS  cosas  fasta  hoy  florecientes ,  no  las 
embolviese  con  aquellos  que  el  derecho  do  los  Rey- 
nos  miran,  no  según  la  verdad,  mas  según  sus  pa- 


REYES  DE  CASTILLA. 

siones  é  proprios  intereses :  porque  los  propósitos 
destos  tales  no  suelen  ser  constantes  según  deben» 
mas  mudables  como  suelen,  para  declinar  á  la  parte 
que  la  fortuna  se  mostrare  mas  favorable.  Otrosí  lo 
decían  que  el  Rey  tenia  los  mas  de  los  Grandes  del 
Reyno  de  Castilla  por  parientes,  é  que  los  pueblos 
eran  aficionados  á  él  é  á  la  Reyna  su  muger,  é  que 
los  Portogueses  no  se  compadecían  bien  con  los 
Castellanos.  E  que  mirase  bien  que  comenzar  guer- 
ra quien  quiera  lo  podia  facer,  pero  la  salida  della 
suele  ser  como  los  casos  de  la  fortuna  se  ofrecen, 
los  quales  son  tan  varios  é  tan  peligrosos ,  que  los 
estados  reales  no  geles  deben  cometer  sin  funda- 
mento de  justicia  é  con  gran  deliberación.  Otrosí  le 
decían  que  aquel  que  por  odio  ó  por  interese  encu- 
bre el  bueno,  é  da  color  al  mal  consejo,  el  consejero 
con  todo  lo  que  conseja  perece.  É  por  tanto  querían 
mas  agora  carecer  de  su  gracia  diciendo  la  verdad, 
que  perecer  después  habiéndola  callado.  Estas  é 
otras  cosas  le  fueron  dichas  al  Rey  de  Portogal  pa- 
ra le  retraer  de  su  propósito ;  pero  no  fueron  bien 
recebidas ,  porque  eran  contra  lo  que  tenía  ya  con- 
cebido en  BU  ánimo.  El  Marqués  de  Villena  y  el 
Maestre  de  Calatrava  y  el  Conde  de  ürueña,  sus 
primos ,  no  cesaban  de  solicitar  públicamente  con 
los  que  podían ,  diciendo  que  aquella  Doña  Juana 
era  verdadera  heredera  de  Castilla,  é  que  la  debían 
obedecer  é  tener  por  su  Reyna  é  Señora ,  la  qual  les 
faria  muchas  mercedes.  É  derramaban  esta  voz  por 
las  cíbdades  é  villas,  á  unos  diciendo  los  crimines 
é  yerros  é  tomas  del  patrimonio  real  que  habían  fe- 
cho en  tiempo  del  Rey  Don  Enrique,  los  quales  les 
serian  perdonados  por  el  Rey  de  Portogal ;  á  otros 
poniendo  miedo  si  siguiesen  el  partido  del  Rey  é  de 
la  Reyna,  dándoles  á  entender  que  serian  punidos 
en  las  personas,  é  les  tomarían  los  bienes  é  rentas 
que  el  Rey  Don  Enrique  les  habia  dado.  E  desta 
manera  prometiendo  mercedes  á  unos,  é  poniendo 
miedo  á  otros,  trabajaban  de  traer  á  todos  los  quo 
podían  á  su  opinión  é  al  servicio  del  Rey  de  Porto- 
gal.  Muchos  había  que  deseaban  guerras  é  alboro- 
tos, pensando  que  las  nuevas  cosas  les  traerían  nue- 
vas ganancias ;  otros  por  miedo  de  los  crimines  que 
habian  cometido  aceptaban  aquellos  ofrecimientos, 
é  se  disponían  á  seguir  el  partido  del  Rey  de  Por- 
togal. É  con  estas  variedades,  unos  estaban  escan- 
dalizados, otros  alterados;  é  no  les  parecía  estar 
obligados  á  orden  ni  subjecion  alguna  de  Rey  ni  de 
justicia,  como  suele  acaecer  en  los  Reynos  do  hay 
división. 

CAPÍTULO  IX. 

Del  requerimiento  que  el  Rey  de  Portogal  embió  á  facer  al  Rey  6 
la  Reyna. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  villa  de  Valla- 
dolid  entendiendo  en  la  provisión  do  estas  cosas, 
embió  á  ellos  el  Rey  do  Portogal  un  Caballero  de  su 
casa,  que  se  llamaba  Ruy  de  Sosa.  Con  el  qual  les 
embió  decir  que  bien  sabia  que  la  Princesa  Doña 
Juana  su  sobrina  era  fija  legítima  del  Bey  Don  En- 


DON  FERNANDO 
ríqne  de  Castilla  é  de  Leen,  y  heredera  de  sus  Rey- 
nos,  jurada  quando  Princesa  por  Reyna  ó  Señora  de- 
Uos  por  los  Grandes  ó  Caballeros,  é  por  las  cibdades 
é  villas  del  Reyno  para  después  de  los  dias  del  Rey 
su  padre;  á  la  qual  él  habla  deliberado  de  tomar 
por  muger.  Por  ende  que  les  rogaba  é  requería,  que 
le  desasen  estos  Reynos  que  tenian  ocupados  injus- 
tamente, é  no  se  entremetiesen  á  los  poseer,  pues 
no  les  pertenecían.  É  que  sí  algún  derecho  pensa- 
ban tener  á  ellos,  que  fasta  ser  visto  é  determinado 
por  quien  é  como  debía  los  desocupasen  luego ,  é 
dexasen  la  posesión  que  usurpaban.  É  como  quiera 
que  según  derecho ,  todo  legítimo  heredero  puedo 
por  su  propría  autoridad  entrar  en  los  bienes  que  le 
pertenecían,  é  la  Royna  su  sobrina  lo  podía  justa- 
mente facer  como  legítima  heredera  del  Rey  su  pa- 
dre ;  pero  por  escusar  muertes  é  otros  males  que  de 
la  guerra  se  pueden  seguir ,  saliendo  ellos  del  Rey- 
no  de  Castilla,  él  suspendería  la  entrada  que  en  ellos 
quería  facer,  fasta  que  el  derecho  de  la  una  parte, 
ó  de  la  otra  fuese  determinado.  É  sí  luego  no  lo 
querían  facer,  él  entendía  con  la  ayuda  de  Dios  en- 
trar poderosamente,  é  poseer  estos  Reynos  como  co- 
sa suya,  pues  le  pertenecían  á  causa  de  la  Reyna  su 
sobrina  é  su  esposa.  E  que  sí  por  esta  causa  algu- 
nas muertes  é  otros  males  y  escándalos  se  siguiesen, 
tomaba  á  Dios  por  testigo,  que  fuese  á  cargo  dellos 
é  no  al  suyo,  pues  les  requería  antes  con  la  razón 
que  con  la  fuerza. 

CAPÍTULO  X. 

De  la  respuesta  que  dieron  el  Rey  é  la  Reyna  al  requerimiento 
que  les  embió  á  facer  el  Rey  de  Portogal. 

El  Rey  é  la  Reyna ,  oída  aquella  ombaxada  que 
por  parte  del  Rey  de  Portogal  les  fué  fecha,  o  vie- 
ron su  consejo  con  el  Cardenal  de  España  é  con  su 
hermano  el  Marqués  de  Santíllana  á  quien  ficieron 
Duque  del  Infantadgo,  é  con  el  Almirante,  é  con  el 
Duque  de  Alva,  é  con  el  Condestable  Conde  de  Ha. 
ro,  é  con  otros  caballeros  y  perlados  de  su  Consejo; 
é  con  el  acuerdo  dellos  respondieron ,  que  se  mara- 
villaban mucho  del  Rey  de  Portogal,  querer  agora 
de  nuevo  despertar  materia  tan  injusta,  la  qual  sa- 
bia él  muy  bien  que  según  razón  se  debiera  callar, 
por  escusar  plática  que  de  necesario  redundaría  en 
injuria  de  personas  reales ;  é  que  no  estaba  por  co- 
nocer á  él  la  verdad  del  derecho  de  Doña  Juana  su 
sobrina  que  agora  quería  proseguir,  ni  podrían  creer, 
por  ser  príncipe  dotado  de  tan  claras  virtudes ,  que 
pensase  mover  guerra  tan  grande  sobre  fundamen- 
to tan  injusto  ,  sin  haber  primero  mayores  ó  mas 
ciertas  informaciones ,  especialmente  considerados 
los  cercanos  é  grandes  debdos  de  sangre  que  con 
ellos  tenía,  é  la  buena  é  loable  paz  que  hay  entre 
sus  Reynos  é  los  Reynos  de  Portogal.  É  que  le  plu- 
guiese considerar,  que  aquellos  caballeros  que  le 
llamaban  para  execucíon  desta  justicia,  mas  lo  fa- 
cían movidos  por  sus  propríos  intereses,  que  con  ze- 
lo  del  derecho  que  publicaban.  Porque  él  sabia  bien 
que  aquellos  meemos  é  sus  padres  eran  los  que  po- 


É  DOÑA  ISABEL.  261 

co  tiempo  antes  habían  tenido  el  voto  contrario,  é 
publicaron  por  toda  España  ó  aun  fuera  della,  que 
aquella  Doña  Juana  ni  era  ni  podía  ser  fija  del  Rey 
Don  Enrique  ;  é  insistieron  en  ello  para  lo  verificar, 
faciendo  grandes  ayuntamientos  de  gentes  ,  é  po- 
niendo escándalo  en  el  Reyno.  Lo  qual  daba  clara- 
mente á  entender,  como  en  la  primera  división  se 
mostraron  escandalosos,  pues  lo  que  afirmaron  es- 
tonces negaban  agora,  é  agora  se  muestran  cobdí- 
cíosos,  pues  lo  que  agora  confiesan  negaron  eston- 
ces. Otrosí  le  embíaron  decir,  que  semembrase  quan- 
do el  Rey  Don  Enrique  le  ofreció  por  muger  aque- 
lla su  sobrina,  é  con  ella  le  otorgaba  la  subcesíon 
de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  ;  que  ni  quiso 
aceptar  el  casamiento ,  ni  menos  la  subcesíon ,  por- 
que no  estaba  saneado  del  derecho  que  su  sobrina 
podía  tener  á  estos  Reynos.  Todo  lo  qual  conside- 
rado, con  ánimo  limpio  de  pasión ,  según  que  á  la 
conscíencía  de  persona  real  convenía,  le  rogaban, 
que  no  le  mo'yíesen  las  razones  de  aquellos  que  ten- 
tando sus  intereses  en  una  y  en  otra  parte,  determi- 
naban el  derecho  do  fallaban  su  mayor  utilidad.  E 
que  se  dexase  desta  opinión ,  do  tantas  muertes  ó 
destruíciones  de  necesario  se  síguírian ;  en  lo  qual 
faria  lo  que  príncipe  virtuoso  é  temeroso  de  Dios 
debe  facer.  É  que  sí  todavía  acordaba  ¿nsístir  en 
esta  demanda,  le  díxese  en  como  ellos  poseían  estos 
Reynos  por  la  gracia  é  voluntad  de  Dios,  é  por  jus- 
ta é  derecha  subcesíon  perteneciente  á  la  Reyna  he- 
redera legítima  dellos.  É  que  si  el  Rey  de  Portogal 
decía  pertenecerle  por  alguna  acción,  ellos  estaban 
prestos  de  le  responder  por  justicia;  é  si  otra  algu- 
na vía  de  fuerza  ó  de  escándalo  quería  mover,  á  ellos 
pesaba  mucho.  Pero  que  agora  fuese  por  derecho^ 
según  debía,  agora  por  fuerza ,  según  decía,  le  res- 
ponderían, tomando  ante  todas  cosas  á  Dios  de  su 
parte,  porque  no  les  fuese  imputada  culpa  de  las 
muertes  ,  incendios  é  otros  males  ,  que  dello  se  si- 
guiesen en  Castilla  y  en  Portogal,  pues  él  quena  ser 
movedor  é  causa  principal  dellos. 

CAPÍTULO  XI. 

De  lo  que  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  á  decir  al  Marqués 
de  Villena. 

Despedido  el  Embaxador  del  Rey  do  Portogal 
con  esta  respuesta,  luego  el  Rey  ó  la  Reyna  embia- 
ron decir  al  Marqués  de  Villena,  que  mirase  bien 
quautas  muertes  é  destruíciones  se  habían  seguido 
en  estos  Reynos  por  la  división  que  en  ellos  princi- 
palmente causó  el  Maestre  de  Santiago  su  padre, 
quando  se  juntó  con  algunos  perlados  é  caballeros 
del  Reyno,  é  ficieron  Rey  al  Príncipe  Don  Alonso. 
De  la  qual  enfermedad  no  aun  libres,  quería  agora 
tornar  á  facerlos  recaer  en  la  mesma  dolencia  que 
habían  padecido.  E  que  si  no  quería  mirar  su  cons- 
cíencía, ni  menos  la  fama  que  cobraba  de  home,  é 
fijo  de  home  causador  de  escándalos,  á  lo  menos  se 
doliese  de  tantos  males,  quantos  por  su  parte  é  cau- 
sa en  el  Reyno  se  aparejaban;  é  quanto  peligro 
ocurría  en  su  persona  y  estado,  é  quanto  daño  de  la 


262 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


guerra  se  podia  seguir  en  bu  tierra  é  patrimonio, 
porque  no  era  posible  estando  todo  el  Reyno  en 
guerra,  que  su  tierra  estoviese  en  paz.  Por  ende  que 
le  rogaban  é  requerian  con  Dios,  que  se  doxase  de 
aquel  camino  que  queria  llevar ,  é  pensase  pacificar 
su  persona  y  estado ;  é  que  ellos  le  confirmarían  to- 
do lo  que  el  Maestre  su  padre  le  dexó,  é  le  darian  el 
Maestradgo  de  Santiago ,  é  allende  desto  le  f arian 
otras  mercedes.  El  Marqués  de  Villena  respondió 
que  ya  no  era  tiempo  de  se  retraer  de  lo  que  había 
comenzado,  é  que  tenia  por  su  rey  é  señor  destos 
Reynos  al  Rey  Don  Alonso  de  Portogal  é  á  la  Rey- 
na  Doña  Juana  su  esposa,  á  quien  de  derecho  perte- 
nccian;  por  ende  que  no  le  fablasenmas  en  aquella 
materia.  Oida  esta  respuesta,  luego  el  Rey  é  la  Rey- 
na  pensaron  de  poner  gran  recabdo  en  el  Reyno,  y 
embiaron  sus  cartas  á  todas  las  cibdades  é  villas  pa- 
ra que  fuesen  bien  guardadas,  de  manera  que  nin- 
guna persona  se  pudiese  apoderar  dellas.  Y  escri- 
bieron á  algunos  Grandes  é  Caballeros  del  Reyno, 
faciéndoles  saber  la  embaxada  que  el  Rey  de  Por- 
togal les  habia  embiado,  é  la  respuesta  que  le  ha- 
bían dado.  É  porque  sopieron  que  al  Rey  de  Porto- 
gal  facía  aderezos  de  guerra ,  é  llamaba  su  gente 
para  entrar  en  Castilla ,  mandaron  que  estoviesen 
prestos  co»  sus  gentes  para  les  servir  é  defender 
estos  Reynos,  según  que  buenos  é  leales  súbditosson 
obligados  á  facer.  Sabido  esto  en  el  Reyno ,  Ipego 
las  gentes  del,  como  en  semejantes  casos  suele  acae- 
cer ,  ovieron  diversos  pensamientos.  A  los  unos  pe- 
saba mucho,  recelando  los  males  que  vienen  á  to- 
dos generalmente  de  las  guerras  é  divisiones,  y  es- 
tos eran  los  bornes  pacíficos  é  de  buenos  deseos. 
Otros  aunque  eran  aficionados  al  servicio  del  Rey  é 
do  la  Reyna,  placíales  de  aquellos  escándalos,  por 
ver  necesidades  en  que  los  oviesen  de  servir ,  por- 
que ficiesen  mención  dellos  é  les  ficiesen  mercedes. 
A  otros  deseosos  de  novedades  placía,  por  ver  mu- 
danzas de  tiempos,  en  que  pensaban  adquirir  rique- 
zas é  honores.  Otros  pensaban  de  allegarse  á  la  par- 
te que  mejor  partido  les  ficiese.  É  á  otros  muchos 
placía,  no  por  otro  respeto ,  salvo  por  ver  tiempo 
disoluto,  sin  ninguna  orden  ni  miedo  de  justicia, 
donde  con  robos  ó  fuerzas  pensaban  adquirir  bie- 
ues.  É  ansí  los  unos  como  los  otros,  proveyendo  á 
sus  proprios  intereses,  habían  varios  consejos,  é  da- 
ban diversos  juicios,  y  estaban  escandalizados,  los 
ánimos  alterados,  dubdando  á  qual  parte  Dios  é  la 
fortuna  seria  mas  favorable.  Pero  los  homes  cibda- 
danos  é  labradores,  é  todos  los  mas  de  la  caballería, 
é  los  fijosdalgo  de  Castilla,  eran  aficionados  al  Rey  é 
á  la  Reyna,  é  odiosos  á  los  Portogueses,  por  la  ene- 
mistad antigua  que  es  entre  Castilla  é  Portogal.  Es- 
pecialmente eran  odiosos  á  aquella  Doña  Juana 
porque  creían  no  ser  fija  del  Roy  Don  Enrique ,  é 
que  habia  seydo  engendrada  de  feo  é  detestable  en- 
gendramiento, é  deseaban  mucho  la  vitoria  del  Rey 
é  do  la  Reyna ,  por  ser  fija  del  Rey  Don  Juan.  La 
Reyna  estaba  muy  turbada  de  ver  los  escándalos  é 
alteraciones  del  Reyno;  é  como  desde  su  niñez  ha- 
bia seydo  huérfana  é  criada  ea  grandes  necesida- 


des ,  considerando  los  males  que  habia  visto  en  la 
división  pasada,  recelando  mayores  en  la  que  veía 
presente,  convtvrtióse  á  Dios  en  oración,  ó  los  ojos  é 
manos  alzados  al  cielo  dixo  ansí :  «Tú,  Sefior,  que 
«conoces  el  secreto  de  los  corazones,  sabes  de  mí, 
«que  no  por  vía  injusta  ,  no  por  cautela  ni  tiranía, 
» mas  creyendo  verdaderamente  que  de  derecho  me 
«pertenecen  estos  Reynos  del  Rey  mi  padre,  he  pro- 
»  curado  de  loa  haber,  porque  aquello  que  los  Reyes 
«mis  progenitores  ganaron  con  tanto  derramamien- 
»to  de  sangre,  no  venga  en  generación  agena.  A  tí, 
«Señor,  en  cuyas  manos  es  el  derecho  de  los  Rey- 
«nos,  suplico  humilmente,  que  oigas  agora  la  ora- 
«cion  de  tu  sierva,  é  muestres  la  verdad,  é  manifies- 
»tes  tu  voluntad  con  tus  obras  maravillosas:  por- 
» que  si  no  tengo  justicia ,  no  haya  lugar  de  pecar 
«por  ignorancia,  é  si  la  tengo,  me  des  seso  y  esfuer- 
»zo  para  la  alcanzar  con  el  ayuda  de  tu  brazo,  por- 
«que  con  tu  gracia  pueda  haber  paz  en  estos  Rej"-- 
«nos,  que  tantos  males  é  destruicioncs  fasta  aquí  por 
«esta  causaban  padecido.»  Esto  oían  decirá  la  Rey- 
na muchas  veces  en  aquellos  tiempos  en  público,  y 
esto  decía,  que  era  su  principal  rogativa,  á  Dios  en 
secreto. 

CAPÍTULO  XIL 

De  las  amonestaciones  que  ficieron  al  Arzobispo  de  Toledo  por- 
que no  se  juntase  con  el  Rey  de  Portogal. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  sopieron  que  el  Arzobis- 
po de  Toledo  (1)  tomaba  propósito  nuevo,  é  queria 
favorecer  la  parto  del  Rey  de  Portogal ,  acordaron 
de  embiar  á  él  algunas  personas  de  su  Consejo,  por 
le  retraer  de  aquel  camino.  El  qual  respondió  áspe- 
ramente ,  mostrando  con  orgullo  grandes  querellas 
del  Rey  é  de  la  Reyna,  diciendo  que  no  le  habían 
tratado  con  la  honra  que  debían,  ni  dado  los  oficios 
que  el  Rey  le  habia  prometido;  é  decía  otras  razo- 
nes ,  por  do  mostraba  gran  descontentamiento.  É 
de  secreto  se  sopo  que  todavía  determinaba  seguir 
aquella  via  del  Rey  de  Portogal,  porque  el  Marqués 
de  Villena  que  estaba  con  él,  le  habia  traído  á  la 
opinión  suya;  cerca  de  lo  qual  ayudaba  mucho 
aquel  Fernando  de  Alarcon ,  que  habernos  dicho 
que  era  privado  del  Arzobispo ,  á  quien  medíante 
muchas  dádivas  é  promesas,  el  Marqués  de  Villena 
había  corrompido  é  traído  á  su  opinión.  El  Conde 
de  Buendia,  Don  Pedro  de  Acuña,  quando  sopo  que 
el  Arzobispo  de  Toledo  su  hermano  tomaba  propó- 
sito nuevo  contra  el  Rey  é  contra  la  Reyna,  con 
gran  sentimiento  que  dello  ovo,  vino  á  él  é  trabajó 


(li  Con  este  motivo  el  Cronista  Fernando  del  Pulgar,  por  man- 
dado, según  entonces  se  dijo,  de  la  Reyna,  escribió  al  Arzobispo 
una  larga  carta,  que  es  la  3  de  las  suyas,  haciéndole  ver  sn  mal 
porte,  y  persuadiéndole  á  que  mudara  su  propósito  y  diese  paz 
al  Reyno.  A  la  qual  el  Arzobispo  hizo  responder  por  un  caballero 
criado  de  su  casa,  escusándose,  y  dando  á  entender,  que  no  ba- 
ria nada  que  no  debiese  contra  el  Rey  y  la  Reyna.  Entonces  el 
Cronista,  con  la  libertad  que  le  daba  la  justicia  de  su  causa,  vol- 
vió á  tomar  la  pluma  y  escribió  á  dicho  caballero  la  carta  que 
puede  verse  igualmente  en  las  suyas,  Letra  6.  Una  y  otra  trae  á  la 
letra  Bernald,,  lUst.  de  los  lieyes  Católicos,  c,  \t  y  13. 


DON  FERNANDO 
mucho ,  ansí  por  su  persona,  como  mediante  algu- 
nos religiosos  é  otros  sus  criados,  por  le  retraer  de 
aquella  via  que  tomaba.  E  ni  la  autoridad  de  aque- 
llas personas,  ni  la  fuerza  ce  sus  razones,  ni  merce- 
des que  le  prometieron  ,  ni  inconvinientes  que  le 
mostraron,  pudieron  retraerlo  do  aquel  propósito.  E 
vista  la  pertinacia  que  mostraba,  todos  aquellos, 
aunque  sus  dcbdos  propinquos,  fueron  indinados  é 
mostraron  ^rand  odio  contra  él,  considerando  que 
siempre  hübia  servido  al  Rey  é  á  la  Reyna  en  los 
tiempos  pasados,  é  agora  que  en  tiempo  de  necesi- 
dad era  mas  menester  su  servicio,  movido  por  inte- 
rese, ó  por  otra  alguna  pasión  ,  no  solo  dexaba  de 
los  servir,  mas  deliberaba  de  los  deservir,  juntán- 
dose con  el  Rey  de  Portogal  á  poner  nueva  divi- 
sión en  el  Reyno ;  sin  haber  respeto  á  los  juramen- 
tos que  pocos  dias  antes  habla  fecho,  de  tener  siem- 
pre al  Rey  é  á  la  Reyna  por  sus  reyes  ó  señores  na- 
turales, é  de  los  servir  lealmente. 

CAPÍTULO  XIII. 

De  como  la  Reyna  pasó  aquende  los  puertos,  é  vino  para  Toledo. 

El  Rey  de  Portogal ,  oida  la  respuesta  que  em- 
biaron  el  Rey  ó  la  Reyna  con  aquel  caballero  Ruy 
do  Sosa,  é  como  fué  certificado  por  el  Marqués  de 
Villena  que  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Duque  do 
Arévalo  se  juntarían  con  él  é  le  servirían ,  luego  fizo 
llamar  todas  las  gentes  de  guerra  de  su  Reyno,  en 
número  de  cinco  mil  homes  de  á  caballo ,  é  quince 
mil  peones.  E  según  se  decia,  agraviando  sus  vasa- 
llos en  los  pechos  que  les  puso  y  emprestidos  que  les 
demandó,  llegó  gran  suma  de  dinero,  é  luego  movió 
con  aquella  su  gente  para  entrar  en  Castilla.  Sabi- 
do por  el  Roy  é  por  la  Reyna  que  estaban  en  Valla- 
dolid,  la  entrada  del  Rey  de  Portugal  en  sus  Rey- 
nos,  é  como  el  Arzobispo  do  Toledo  determinaba 
de  se  juntar  con  él ;  luego  acordaron,  que  el  Rey 
quedase  en  Valladolid,  é  con  él  el  Cardenal  de  Espa- 
ña yol  Almirante,  é  otros  algunos  caballeros,  para 
proveer  en  toda  aquella  tierra  é  sus  comarcas  ;  é 
que  la  Reyna  pasase  aquende  el  puerto,  é  viniese  á 
Toledo  para  proveer  desdo  aquella  cibdad  en  las 
cosas  del  Reyno  de  Toledo  é  del  Andalucía  y  Es- 
íremadura ,  é  de  todas  aquellas  partes.  Ansimcsmo 
acordó  de  ver  en  aquel  camino  al  Arzobispo  de  To- 
ledo, por  le  retraer  de  aquel  propósito  que  habla  to- 
mado. E  mandó  al  Duque  del  Inf  antadgo,  é  al  Con- 
destable Conde  de  Haro,  é  al  Duque  de  Alva  que 
luosen  con  ella.  B  como  llegó  á  Lozoya,  acordó  des- 
do allí  erabiar  al  Arzobispo  á  le  decir  que  ella  que- 
ría ir  á  la  su  villa  de  Alcalá  á  le  ver  é  f  ablar.  Este 
acuerdo  que  la  Reyna  tomaba,  pareció  bien  á  los 
caballeros  que  con  ella  venían,  é  á  los  mas  de  su 
consejo  porque  creian  ,  que  quando  el  Arzobispo 
viese  á  la  Reyna,  faria  todo  aquello  que  le  rogase, 
mayormente  cumpliendo  con  él  en  todo  lo  que  so 
pediese  complir ;  ó  loaban  mucho  su  condición,  por- 
que podia  forzar  su  voluntad  para  ir  á  f ablar  á  un 
natural  suyo,  después  de  tan  agras  respuestas  como 
lo  habia  embiado.  Otros  algunos,  en  especial  aque- 


E  DONA  ISABEL.  203 

líos  ano  conocian  al  Arzobispo  é  habían  ido  é  él 
por  mandado  del  Rey  é  de  la  Reyna  sobre  esta  ma- 
teria, recelando  su  dureza,  le  cousejabau  que  no 
dobia  ir,  porque  no  se  guardaba  su  preeminencia 
real.  E  que  Burla  mejor  consejo,  cmbiar  uno  de  aque- 
llos caballeros  que  iban  con  ella,  que  eran  de  los 
mayores  del  Reyno,  é  personas  de  grand  uutoridaií; 
porque  si  ella  fuese  en  persona,  mostraría  gran  fla- 
queza de  su  partido ,  lo  qual  dañaría  mucho  en  los 
negocios  principales  que  por  estonces  ocurrían.  De- 
cían ansimesmo  ,  que  no  podia  la  Reyna  ofrecer  al 
Arzobispo  mas  de  lo  que  ellos  de  su  parte  le  habían 
ofrecido  ;  ni  le  podían  decir  ni  consejar  mas,  de  lo 
que  su  hermano  el  Conde  do  Buendia  é  otros  sus 
parientes  é  criados  é  algunos  religiosos  le  habían 
amonestado  é  consejr.do;  é  que  las  semejantes  vis- 
tas, sobre  cosa  concertada  se  suelen  é  deben  facer. 
Porque  sí  el  Arzobispo  no  aceptase  el  ruego  que  la 
Reyna  le  ficíese  en  persona,  doblarsería  la  enemis- 
tad, é  su  mesmo  yerro  le  faria  ser  mas  duro  deser- 
vidor; de  manera  que  vernía  tarde  la  reconci- 
liación que  del  por  ventura  en  algún  tiempo  se  es- 
peraba. E  decían  otras  muchas  razones,  por  escusar 
aquella  ida  que  la  Reyna  en  persona  quería  facer. 
La  Reyna  respondió  :  «Porque  yo  tengo  gran  con- 
» lianza  en  Dios,  tengo  poca  esperanza  en  el  servi- 
nvio,  é  poco  temor  del  deservicio  que  el  Arzobispo 
»  puede  facer  al  Rey  mi  señor  é  á  mí.  E  sí  el  Arzo- 
)) hispo  fuese  otra  mayor  persona,  pensaría  mas  en 
«  mi  ida  é  él ;  pero  porque  es  mi  natural  é  ha  estado 
»en  mí  servicio  familiarmente,  quiero  ir  áél,  porque 
»  pienso  que  mi  vista  le  mudará  la  voluntad ,  é  le 
»podrá  retraer  deste  propósito  nuevo  que  quiere  to- 
»  mar.  E  solo  por  satisfacer  á  la  opinión  del  pueblo 
«que  piensa  que  ha  servido  al  Rey  mi  señor  é  á  mí, 
»  quiero  facer  esta  diligencia,  por  no  le  dexar  errar 
«si  pudiere;  é  no  quiero  pues  que  puedo,  quedar 
))con  pensamiento  que  me  acuse,  pensando  que  si 
«fuera  á  él  en  persona,  le  pudiera  retraer  deste  ca- 
«njno  errado  que  quiere  tomar.»  E  acordó  que  el 
Condestable  fuese  primero  á  fablar  con  él ;  é  la 
Reyna  quedó  en  Lozoya,  é  con  ella  los  Duques  del 
Infantadgo  é  de  Alva.  El  Condestable  por  manda- 
do de  la  Reyna ,  fué  á  la  villa  de  Alcalá ;  é  luego 

1  el  Arzobispo  f  abló  con  él ,  é  repitióle  los  servicios 
que  habia  fecho  al  Rey  é  á  la  Reyna ;  é  díxole  quan- 
to  eran  notorios  los  peligros  de  su  persona,  é  gas- 
tos de  su  facienda  que  habia  fecho  por  les  servir  ; 
é  que  siendo  príncipes,  teniéndolos  en  su  casa  é 
tierra,  le  habia  prometido  para  quando  oviesen  el 
Reyno  grandes  mercedes,  é  que  nunca  ovo  dellos 
oficio  ni  merced.  Ansimesmo  les  dixo,  que  mayores 
honras  facían,  é  daban  mas  parte  de  sus  consejos 
¿  otros  perlados  é  caballeros  á  quien  no  debían  dar, 
que  á  él  que  les  habia  ansí  bien  servido,  como  á  to- 
do el  mundo  era  notorio.  B  que  en  todo  le  habían 
seydo  tan  ingratos  é  le  habían  tratado  tan  deshon- 
radamente  después  que  eran  Reyes,  quanto  no  pu- 
dieran tratar  al  menor  capellán  de  su  casa  ;  é  que 
acordaba  de  tornar  por  su  honra,  é  dar  á  entepder 
especialmente  á  la  Reyna,  en  que  manera  se  habia 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


264 

de  tratar  persona  que  tan  bien  le  había  servido,  ansí 
en  su  casamiento,  como  en  todas  las  otras  cosas. 
Este  Condestable  era  home  discreto  é  bien  f  ablado^ 
é  deseaba  mucho  retraer  al  Arzobispo  de  aquel  ca- 
mino que  tomaba ;  é  después  que  le  oyó  bien,  é  vi- 
do  que  había  descargado  sus  quexas,  como  quier 
que  conocía  bien  quanto  trabajo  se  requiere  para 
retraer  al  arguUoso  del  propósito  que  tiene  concebi- 
do, le  respondió  : 

«Yo,  señor,  tengo  creído,  que  mayor  fama  de 
»  magnífico  os  dio  vuestra  naturaleza ,  que  os  pudo 
«dar  vuestra  dignidad.  Pero  si  los  actos  de  lamag. 
»  niñcencía  carecen  de  razón,  mas  serán  reputados 
» actos  de  home  voluntarioso ,   que  de  magnífico. 
» Oído  habernos  de  vos  muchas  veces ,  que  habéis 
«servido  bien  al  Rey  é  ala  Reyna,  seyendo  prínci- 
»  pes ,  é  que  los  habéis  tenido  en  vuestra  casa  algu- 
»  nos  tiempos ,  é  habéis  pasado  trabajos  ,  fasta  que 
«por  la  gracia  de  Dios  son  venidos  al  estado  real 
»  en  que  están ;  é  concluís  sobre  todo  de  haber  ven- 
«gauza  desta  ingratitud  ,  que  contra  vos  decis  que 
«han  mostrado.  Verdad  es  por  cierto,  señor,  que 
« mejor  fuera  ni  vos  repetir  vuestros  servicios ,  ni 
» yo  recontar  lo  que  el  Rey  é  la  Reyna  han  fecho 
»  por  vos  ;  porque  repetir  el  beneficio ,  parece  acu- 
»sar  la  ingratitud.  Pero  tanto  é  por  tantas  partes 
«los  publicáis  por  ingratos,  que   será  forzado  dar 
B  razón  desta  ingratitud  que  les  imputáis.  Vos ,  se- 
«ñor,  sabéis  las  guerras  acaecidas  en  estos  Reynos. 
» quando  vos  é  otros  perlados  é  caballeros  alzastes 
«en  Avila  por  Rey  al  Príncipe  Don  Alonso,  é  se 
»  tizo  aquella  división  ;  la  qual  vos  principalmente 
» la  sostuvistes,  publicando  quasi  por  toda  la  chris- 
«tiandad,  que  con  sana  consciencia  no  podíais  so- 
«frir,  que  el  Príncipe  Don  Alonso,  fijo  del  Rey  Don 
«Juan,  de  quien  habíades  recebido  mercedes,  per- 
«  diese  la  subcesion  de  estos  Reynos  que  de  derecho 
«le  pertenecía,  é  la  oviese  aquella   señora  Doña 
«Juana  que  se  decía  fija   del  Rey  Don  Enrique. 
«Muerto  el  Príncipe,  recelando  la  enemistad  que  el 
«  Rey  Don  Enrique  temía  con  vos  por  las  cosas  pa- 
«  Badas,  acordastes  de  tomar  por  escudo  de  vuestra 
»  defensa  á  la  Reyna,  que  estonces  subcedió  Prince- 
« sa  en  lugar  del  Príncipe  su  hermano ;  la  qual  se 
« dispuso  á  todo  trabajo  por  librar  vuestra  persona 
»y  estado.  Vos,  señor,  sabéis  bien  que  según  lasco- 
«sas  pasadas,  no  pudiéradcs  seguramente  sostene- 
»  ros,  sin  algún  amparo  cierto  de  persona  real ,  por 
«cuyo  respeto  fuésedes  defendido,  según   que  lo 
«fuistes  por  la  Reyna  todo  el  tiempo  que  con  ella 
«  esto  vistes.  E  allende  desto  sabéis  los  beneficios 
«honras,  dádivas  ó  mercedes  de  dineros  é  otras  co- 
«sas,  que  el  Rey  ó  la  Reyna  muchas  veces  os  ficierou, 
« las  quales  bien  consideradas,  sin  dubda  incurriría- 
«des  vos  á  ellos  en  mayor  caso  de  ingratitud,  si 
»  dexásedes  de  los  servir,  que  ellos  á  vos  si  no  remu- 
«  nerasen  á  vuestra  voluntad  los  servicios  que  decís 
«haberles  fecho.  También  sabéis  que  por  sostener  á 
«vos  solo,  dexó  la  Reyna  de  haber  por  servidores  á 
«otros  muchos  Grandes  del  Reyno,  que  por  vuestra 
«causa  se  excusaron  de  la  servir.  Pero  dexemos 


«agora,  señor,  la  fabla  de  los  cargos  secretos  que 
«vos  tenéis  del  Rey  é  de  la  Reyna ,  é  de  los  servi- 
«cíos  públicos  que  decis  que  lesficistes.  Sabéis  bien, 
«  señor,  que  muerto  el  Rey  Don  Enrique  f  uestes  á  Se- 
«govia,  donde  jurastes  públicamente  sobro  un  libro 
«misal,  de  tenor  por  vuestra  reyna  ó  señora  natural 
«  á  la  Reyna,  según  que  los  mas  de  los  Perlados  ó 
» Grandes,  é  Caballeros  del  Reyno  lo  ficieron.  Ago- 
«ra,  señor,  si  mudáis  el  propósito  diez/iños  conti- 
«nuado  por  enojo  de  tres  meses  habido,  querría  sa- 
»  ber  do  vos  como  podéis  sanear  vuestra  consciencia, 
Ȏ  guardar  vuestra  honra,  contradiciendo  lo  que 
«con  tantas  informaciones  creístes,  é  tanto  tiempo 
«guardastes,  ó  tan  poco  ha  jurastes  é  firmastes  ;   ó 
«que  casos  de  ingratitud  pueden  ser  estos  cometi- 
«dos  contra  vos,  dado  que  mas  graves  fuesen  de  lo 
«que  recontáis,  que  puedan  quitar  á  la  Reyna  el 
«derecho  de  su  subcesion,  é  absolver  á  vos  del  ju- 
«ramento  que  le  ficistes,  salvo  si  pensáis  que  el  derc- 
«cho  do  ser  ó  no  ser  Rey  de  Castilla,  consiste  sola- 
» menté  en  tener  ó  no  tener  á  vos  contento;  é  que 
«solo  vos  por  vuestra  autoridad  podéis  quitar  aquo- 
» lio,  que  muchas  veces  publícastes  haber  dado  Dios 
«por  la  suya.    No  parece  por  cierto,  señor,  cau- 
« sa  suficiente  para  quebrantar  la  fidelidad  que  se 
«debe  al  Rey,  porque  no  faga  honras  á  quien  las 
«merece,  ni  mercedes  á  quien  las  demanda  caso  que 
» ge  les  haya  bien  servido;  porque  si  este  taino 
«ganase  nombre  de  liberal,  ni  por  esto  perderá  nom- 
«bre  de  Rey,  ni  el  derecho  de  su  reyno.  Ni  porque 
«08  parezca  que  la  Reyna  ofendió  á  vos,  no  de- 
«beis  vos  ofender  á  Dios  ,  quebrantando  lo  que  ju- 
«raste,  ayudando  á  facer  en  el  Reyno  división.  Do 
«la  qual  como  de  pecado  abominable  todos  debemos 
»  fuir  ;  especialmente  vos,  que  de  los  peligros  de  la 
« división  pasada  debríades  estar  escarmentado ,   ó 
» tener  ante  los  ojos,  que  si  trabajastes  por  facer  Roy 
» al  Príncipe  Don  Alonso ,  antes  se  fizo  la  división 
«que  vistes,   que  el  Rey  que  pensastes ;  é  queréis 
»  agora  recaer  en  el  fierro  que  conociste  haber  cai- 
«do,  quando  tornastes  á  la  obediencia  del  Rey  Don 
«Enrique.  Mirad  bien  por  Dios,  señor,  que  estas  va- 
«riedades  allende  de  ser  peligrosas,  no  en  pequeña 
«injuria  se  reputan  de  persona  de  tal  edad  é  digni- 
» dad  como  vos  tenéis.    Debéis  ansimesmo  pensar 
«que  ni  Dios  permitirá,  ni  las  gentes  consentirán, 
«que  vos,  movido  por  qualquier   enojo,  peusedes 
«quitar  ni  poner  rey  en  Castilla;  porque  quando  lo 
«quesistes  facer,  ovistes  mayor  peligro  en  lo  que 
«cometístes,  que  efeto  de  lo  que  pensastes.    E  pof 
«tanto,  señor,  alimpiad  vuestro  espíritu  desemejau- 
«tes  pensamientos  é  poneos  en  la  virtud  de  la  tem- 
»  planza,  avenidora  do  la  voluntad  con  la  razón  ;   ó 
« luego  conoceréis  el  camino  errado  que  tomáis,  y  el 
«verdadero  que  sois  obligado  do  llevar.  B  cerca  do 
« la  querella  que  tenéis  por  estos  oficios  que  pedís, 
»  como  quiera  que  seáis  merecedor  de  grandes  mer- 
« cedes ;  pero  si  consideráis  que  el  home  templado 
«  debe  moderar  también  sus  demandas,   como  tem- 
»  piar  sus  dádivas  ,  conoceréis  no  ser  cosa  razonable 
» haber  pedido  aquellos  oficios,  que  los  mas  prínci- 


DON  FERNANDO 
«pales  servidores  é  criados  suyos  tienen,  é  tovieron 
«BUS  padres  é  abuelos  ,  sirviendo  on  ellos  al  Eey  su 
w  padre  é  á  él ;  ó  veréis  ansimesmo  el  deservicio 
«grande  que  se  le  siguiria ,  si  por  tener  á  vos  solo 
«contento,  agraviase  á  los  principales  de  su  casa  cu- 
))yoa  son ;  los  quales  ternian  mayor  razón  de  se  que- 
»xar  si  les  quitasen  lo  suyo,  que  vos  tenéis  porque 
))  no  vos  dan  lo  ageno.  Allende  desto  paresceria  que 
B  el  amor  que  mostrábades  al  servicio  destos  nues- 
«tros  señores,  y  el  derecho  que  publicábades  tener 
))la  Rey  na  á  estos  Rey  nos,  no  era  por  respeto  de 
» verdad,  mas  por  fin  do  interese,  pues  cesando 
»  aquel,  procurábades  de  los  deservir.  Por  ende,  se- 
Dfior,  yo  vos  ruego  con  Dios  é  requiero  que  apar- 
»teis  de  vos  este  propósito;  é  pues  vuestra  digni- 
ndad  os  obliga  ser  ministro  de  paz,  vuestra  confli- 
wcion  no  os  fuerce  ser  materia  de  escándalo,  ni  pue- 
»da  agora  en  vos  mas  la  pasión  que  la  razón.  Per- 
»  nianeced  en  lo  que  habéis  jurado  é  principiado,  ó 
»  no  perdáis  los  servicios  que  decís  haber  fecho  con 
«este  deservicio  tan  grande,  que  sobrepuja  á  todo 
» lo  que  habéis  servido,  dado  que  en  mayor  calidad 
Ȏ  quantidad  fuese.  B  pues  la  Reyna  allende  de 
»  quantas  honras  os  ha  fecho ,  se  dispone  á  venir 
«por  su  persona  á  vos  fablar,  é  le  place  complir  en 
«todo  lo  que  so  pudiere  complir  ;  básteos  este  tan 
«gran  acto  para  satisfacción  de  vuestras  querellas, 
«porque  no  siento  yo  injuria  tan  grande,  que  la 
«presencia  desta  nuestra  señora  no  os  sanease,  con- 
))  si  derada  su  grandeza,  é  la  reverencia  é  obedien- 
«cia  que  le  es  debida.  E  no  sintáis  tanta  graveza, 
«si  el  Rey  é  la  Reyna  tienen  cerca  de  sí  otros  Perla- 
« dos  é  Caballeros;  porque  como  sabéis,  los  reyes 
»no  deben  cerrar  su  puerta,  ni  menos  su  voluntad 
«real,  á  aquellos  que  con  toda  lealtad  se  dispo- 
»  nen  á  los  servir.  E  si  por  ventura  el  sentimiento 
»  do  la  pasión  qué  agora  tenéis ,  os  venciere  para  no 
«  servir  á  estos  señores  como  debéis,  á  lo  menos  por 
«vuestra  honestidad  no  los  desirváis.  E  deliberar  de 
»  guardar  vuestra  autoridad,  estando  quedo  en  vues- 
»tra  casa,  é  no  os  juntéis  con  el  Rey  de  Portogal; 
« porque  pensando  deservir  al  Roy  é  á  la  Reyna, 
«dañaréis  vuestra  consciencia,  é  disfamaréis  vues- 
» persona,  para  os  traer  en  la  indinacion  de  Dios  é 
»  odio  del  pueblo.»  ' 

Oidas  las  razones  del  Condestable,  luego  pareció 
que  el  Arzobispo  se  inclinaba  á  sus  consejos  é  amo- 
nestaciones ,  porque  conocía  que  este  Condestable 
era  home  do  buen  seso,  é  lo  decia  con  sana  inten- 
ción. E  muchos  de  sus  dobdos  é  criados  quisieran 
que  el  Arzobispo  pusiera  en  obra  el  consejo  del 
Condestable,  el  qual  les  parecía  haber  fecho  mayor 
ef eto  en  él  por  las  razones  que  había  dicho ,  que 
ninguna  de  las  amonestaciones  que  otros  muchos 
lo  hablan  fecho  ;  é  todos  los  mas  le  consejaban  que 
ficieso  lo  que  le  amonestaba.  E  otros  algunos  le 
decían,  que  si  no  lo  quería  facer ,  á  lo  menos  deli- 
berase estar  quedo  en  su  tierra,  é  no  se  mostrase 
por  la  una  parte  ni  por  la  otra.  Pero  al  fin,  partido 
el  Condestablo,  como  el  Arzobispo  estaba  remitido  á 
la  gobernación  de  aquel  home  que  habernos  dicho 


E  DOÑA  ISABEL.  265 

que  se  llamaba  Fernando  de  Alarcon,  é  tenia  cerca 
de  sí  algunos  caballeros  ó  otros  homes  de  malos 
deseos,  que  por  sus  proprios  intereses  le  movían  á 
guerras  y  escándalos,  inclinóse  mas  al  consejo  do 
los  escandalosos  que  á  la  amonestación  do  los  pa- 
cíficos. E  luego  tornó  á  insistir  en  su  dureza,  é  díxo 
que  no  quería  mudar  el  propósito  que  habia  to- 
mado de  seguir  el  partido  del  Rey  do  Portogal ;  é 
quo  no  debía  venir  la  Reyna  allí  do  estaba ,  porque 
si  ella  viniese,  él  determinaba  de  la  no  esperar,  é 
irse  á  otra  parte.  Quando  la  Reyna  fué  avisada  del 
propósito  del  Arzobispo,  no  curó  mas  del,  é  continó 
su  camino  para  la  cibdad  de  Toledo.  Algunos  ci-ia- 
dos  é  parientes  del  Arzobispo,  viendo  como  negó  la 
vista  de  la  Reyna,  aunque  en  su  casa  habia  diver- 
sas opiniones  (porque  unos  le  consejaban  que  si- 
guiese el  partido  del  Rey  de  Portugal ,  á  otros  pe- 
saba mucho  de  aquel  camino  que  tomaba),  pero 
también  los  unos  como  los  otros  quedaron  escan- 
dalizados, é  no  sabían  dar  razón  do  aquella  fealdad 
que  el  Arzobispo  fizo,  é  imputaban  toda  la  culpa  á 
aquel  Fernando  do  Alarcon  que  gelo  habia  conse- 
jado ;  otros  lo  imputaban  al  Arzobispo,  por  dar  cré- 
dito en  tan  grandes  cosas  á  homes  do  tan  baxa  con- 
dición. 

CAPÍTULO  XIV. 

De  lo  que  el  Cardenal  escribió  al  Rey  de  Portugal,  6  de  su  res- 
puesta. 

El  Cardenal  de  España  que  quedó  con  el  Rey  en 
Valladolíd,  visto  el  escándalo  é  las  guerras  que  por 
todas  "partes  se  movían  en  el  Royno ,  pensó  poner 
esta  demanda  en  algún  trato  de  concordia;  y  em- 
bió  un  su  Capellán  al  Rey  de  Portugal  con  una  letra 
que  decía  ansí. 

«  Muy  excelente  Rey  é  Señor :  Las  virtudes  de 
«vuestra  real  persona  me  mueven  á  os  suplicar,  ó 
«aun  á  exhortar,  que  miréis  mas  en  la  entrada  quo 
»  deliberáis  facer  en  estos  Reynos,  porque  la  empre- 
»  sa  que  tomáis  es  grande,  é  los  fundamentos  que  para 
«ella  tenéis  parecen  pequeños.  E  por  tanto,  señor,  sí 
«08  place  suspender  en  ella  por  algunos  dias,  yo  tra- 
))  bajaré  con  bueno  é  igual  ánimo  de  concordar  ai  Rey 
»é  á  Reyna  mis  Señores  con  vuestra  señoría,  de  tal 
«manera  que  Dios  sea  servido,  é  la  honra  de  ambas 
«las  partes  guardada.» 

El  Rey  de  Portogal,  vista  la  letra  del  Cardenal, 
respondióle  en  esta  manera  :  «Agradézcovos  mu- 
«cho,  Reverendísimo  señor  primo,  vuestro  buen  de- 
«  seo,  y  pluguiérame  de  lo  facer,  salvo  porque  estoy 
«ya  puesto  tanto  adelante  en  esta  demanda,  que 
«con  buena  honestidad  no  me  podria  della  retraer. 
«Pero  quiero  que  sepáis  que  tengo  tantos  é  tan 
«buenos  fundamentos  para  proseguir  esta  empresa, 
«que  quisiera  teneros  de  mi  parte  por  el  bien  vues- 
«tro,  é  del  Duque  vuestro  hermano,  é  de  los  Caba- 
«Ueros  vuestros  parientes.« 

E  ansí  el  Rey  de  Portogal  no  quiso  por  estonces 
fablar  en  partido  ninguno  de  los  que  le  fueron  mo- 
vidos, por  el  grand  orgullo  que  le  ponía  la  gente  é 


266 

dinero  que  traia  de  Poitogal ,  é  loa  Caballeros  do 
CaBlillu  que  se  habiau  mostrado  ya  por  su  parte,  é 
por  otras  muchas  cibdades  é  villas  é  caballeros  que 
pensaba  tener  ásn  obediencia  en  pocos  dias,  según 
le  Iiabia  seydo  ofrecido  por  el  Marqués  de  Villena 
é  por  el  Arzobispo  de  Toledo. 

CAPÍTULO  XV. 

De  las  cosas  que  el  Rey  (izo  allende  del  puerto,  entretanto  que  la 
Heyíia  cslovo  en  la  cibdad  de  Toled..». 

E\  Rey,  con  consejo  del  Cardenal  é  de  otros  ca- 
balleros que  con  el  quedaron,  acordó  de  ir  á  las  cib- 
dades de  Salamanca  c  Zamora,  ó  refirmar  las  segu- 
ridades é  pleytos  omenages  é  juramentos  ,  que  los 
Caballeros  c  líegidores  de  aquellas  cibd'ides  hablan 
fecho  á  él  é  á  la  Reyna  ;  porque  como  dicho  habe- 
rnos, todos  estaban  dubdosos,  é  qualquiera  nueva 
que  les  venia ,  les  ponia  alteración  en  los  ánimos. 
Conocido  por  el  Rey,  tovo  manera  que  los  caballe- 
ros é  bornes  principales  dellas  refirmasen  las  segu- 
ridades que  antes  hablan  fecho  ;  é  juraron  de  nue- 
vo, é  ficieron  pleyto  omenage  do  servir  al  Rey  é  á 
la  Reyna  con  toda  lealtad,  como  á  sus  Reyes  é  Se- 
ñores naturales  contra  el  Rey  de  Portogal,  é  contra 
las  otras  personas  que  fuesen  en  su  deservicio.  Y  este 
mesmo  juramento  é  pleyto  omenago  fizo  en  Zamora 
Alonso  de  Valencia,  Mariscal  de  Castilla,  qfio  tenia 
la  fortaleza,  é  Juan  de  Porras,  su  suegro,  un  Caba- 
llero que  era  Regidor  é  tenia  gran  parte  en  la  cib- 
dad. A  la  cibdad  de  Toro  no  fué,  porque  Rodrigo 
do  Ulloa,  Contador  mayor  del  Rey  é  vecino  de  aque- 
lla cibdad  ,  tenia  la  fortaleza,  y  estaba  en  servicio 
contino  del  Rey  c  de  la  Reyna.  Pero  otro  su  herma- 
no mayor,  que  so  llamaba  Juan  de  Ulloa,  estaba 
apoderado  de  la  cibdad.  El  qual  teniendo  las  con- 
diciones de  honie  tirano,  habia  fecho  contra  los 
vecinos  do  aquella  cibdad  é  do  sus  comarcas  gran- 
des crimines,  especialmente  en  el  tiempo  del  Rey 
Don  Enrique  ñzo  aforcar  do  las  ventanas  de  sus 
casas  un  Licenciado  que  se  llamaba  Rodrigo  de 
Valdivieso,  Oidor  de  la  Audiencia  del  Rey,  é  de  su 
Con  aojo,  é  á  otro  que  se  llamaba  Juan  de  Villalpan- 
do,  caballero  emparentado  é  de  los  principales  de 
Toro.  Otrosí  destorró  á  todos  los  caballeros  natura- 
les della,  ó  tomóles  sus  bienes,  á  unos  porque  le  im- 
pidian  su  propósito  de  señorear,  á  otros  porque  no 
gelo  impidiesen.  E  con  estas  formas  que  tovo  que- 
dó toda  la  cibdad  á  su  mandado.  Esto  Juan  de  Ulloa 
recelando  de  los  uuichos  querellosos  que  le  acusa- 
ban, é  que  BUS  crimines  por  ser  de  tan  fea  caHdad 
no  eran  perdonables,  estaba  obstinado  é  corrompi- 
do de  tal  manera,  que  ni  tenia  paz  consigo  ni  la 
pudia  tener  con  otro  ;  c  perseveraba  siempre  en  de- 
litos, añadiendo  unos  á  otros,  pensando  salvarse  de 
unos  males  con  otros.  Los  quales  le  ponian  tanto 
miedo,  que  el  perdón  que  el  Rey  é  la  Reyna  le  fa- 
cían, no  le  daban  seguridad  ;  ó  pensó  quo  sirviendo 
al  Roy  de  Portogal,  ó  dándole  la  cibdad,  consegui- 
rla más  é  mejor  seguridad  de  su  persona  é  acrecen- 
tamiento de  su  casa ;  é  por  esta  causa  dexó  el  Rey 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  ir  á  la  cibdad  de  Toro.  Ansimesmo  estaba  en 
aquella  sazón  en  el  castillo  de  Castronuño,  que  es 
del  prioradgo  de  Sanct  Juan ,  un  Alcayde,  que  se- 
gún habernos  dicho,  habia  cometido  muchas  fuer- 
zas é  robos;  el  qual  recelando  las  penas  en  <[ue  in- 
currió por  los  crimines  que  liabia  cometido,  no  se- 
guro en  el  perdón  que  el  Rey  é  la  Reyna  le  faeian, 
como  quiera  que  costreñidos  por  la  necesidad  pre- 
sente gelo  hablan  prometido.  Durante  el  tiempo 
que  el  Rey  estovo  ocupado  en  estas  cosas,  la  Reyna, 
según  habemos  dicho  ,  pasó  á  la  cibdad  de  Toledo, 
donde  fué  muy  bien  recebida  ;  y  estovo  alli  algu- 
nos dias  proveyendo  las  cosas  necesarias  á  la  guar- 
da de  aquella  cibdad,  é  de  las  cibdades  de  Andalu- 
cía, é  de  Estremadura,  é  de  todas  aquellas  partes. 
Esto  fecho,  dio  sus  poderes  bastantes  al  Conde  de 
Paredes  Don  Rodrigo  Manrique ,  que  se  llamaba 
Maestre  de  Santiago ,  para  poner  guarda  en  todas 
las  cibdades  é  villas  del  Reyno  de  Toledo,  é.de  sus 
comarcas,  é  para  facer  guerra  á  sus  deservidores.  E 
mandó  á  Don  Juan  de  Silva,  Conde  de  Cifuentes,  é 
á  otros  caballeros  de  la  cibdad  de  Toledo,  que  con 
su  gente  viniesen  con  ella  á  la  villa  de  Valladolid, 
do  el  Rey  estaba. 

CAPÍTULO  XVL 

De  coino  se  alzaron  los  de  Alcaraz,  é  cercaron  la  forlalcía. 

Entretanto  que  estas  cosas  pasaron,  los  de  la  cib- 
dad de  Alcaraz,  que  tenia  opresa  el  Marqués  de  Vi- 
llena,  deseando  salir  de  aquel  señorío  ó  ponerse  en 
la  libertad  real,  tomaron  las  armas  contra  los  del 
Marqués  de  Villena ,  é  cercaron  la  fortaleza  que  te- 
nia un  Alcayde  que  se  llamaba  Don  Martin  de  Guz- 
man.  E  como  los  de  la  cibdad  por  la  osadía  que  co- 
metieron se  fallaron  libres  de  aquel  señorío,  embia- 
ronlo  facer  saber  al  Conde  de  Paredes,  Maestre  de 
Santiago,  para  que  les  ayudase  á  tomar  la  fortale- 
za, porque  la  cibdad  toda  esto  viese  por  el  Royé  por 
la  Reyna ,  sin  el  impedimento  que  de  la  fortaleza 
recelaban.  E  luego  el  Maestre  de  Santiago  ,  recebi- 
das  las  letras  é  mensageros  de  la  cibdad,  les  respon- 
dió, que  ellos  hablan  fecho  como  buenos  é  leales  va- 
sallos del  Rey  é  déla  Reyna,  é  que  luego  seria  con 
elfos  á  les  ayudar  con  la  mas  gente  que  pediese. 
Los  de  la  cibdad  que  recelaban  del  Maestre  de  Ca- 
latrava  é  del  Marqués  de  Villena ,  quo  tenían  gente 
de  armas  junta  para  ir  á  recebir  al  Rey  de  Porto- 
gal,  fueron  alegres  del  esfuerzo  que  el  Maestre  de 
¡Santiago  les  embió,  é  continarou  el  sitio  que  teuian 
puesto  sobre  la  fortaleza,  é  llegaron  mas  las  estan- 
zas  ;  é  luego  é  pocos  dias  el  Maestro  de  Santiago 
vino  á  la  cibdad  con  gente  de  caballo  é  de  pié ,  ó 
apretó  mas  el  cerco  con  estanzas  que  puso  por  par- 
to de  la  cibdad  é  defuera  della.  Quaudo  el  Marqués 
de  Villena  sopo  que  los  de  Alcaraz  se  hablan  alzado, 
fué  con  la  gente  de  caballo  é  de  pié  de  su  casa  ó  de 
la  casa  del  Maestre  de  Calatrava  su  primo,  é  del 
Arzobispo  de  Toledo  á  socorrer  la  fortaleza  que  es- 
l  iba  por  él.  Los  de  la  cibdad  de  Alcaraz,  como  so- 
picrou  que  el  Marqués  de  Villena  venia  con  tanta 


DON  FERNANDO 
gente,  recelaron  la  perdición  de  la  cibdad,  pensan- 
do que  el  Maestre  los  desampararla  por  no  tener 
tanta  gente  como  era  necesaria  para  resistir  al  Mar- 
ques de  Villona.  Conocido  por  el  Maestre  el  miedo 
que  los  do  la  cibdad  teniau :  «  Amigos  ,  dixo ,  tened 
i)  b'ieu  animo  y  perseverad  en  vuestro  esfuerzo :  por- 
n  que  con  d  ayuda  de  Dios  é  del  Apóstol  Santiago 
)i  entendemos  dar  la  orden  que  conviene  en  esta  em- 
ft  presa,  para  que  no  recibáis  el  daño  que  teméis ,  é 
«consigáis  el  fin  que  deseáis.  Aquellos  do  yo  vengo, 
n  ni  acofitumbraron  fuir  los  enemigos  ni  desarapa- 
orar  los  amitros,  ni  yo  menos  lo  faré  ;  antes  entien- 
Diio  dar  aqui  fin  á  esto  cerco  defendiéndolo,  ó  á  mi 
«honra  muriendo.» 

Oidas  estas  palabras,  los  de  la  cibdad  so  esforza- 
ron mucho,  é  continaron  su  cerco.  Ansimesrao  el 
iJcy  é  la  Reyna  quando  sopieron  que  el  Marqués  do 
Villona  iba  á  facer  aquel  socorro,  luego  embiaron 
ai  Obispo  do  Avila  c  Alonso  de  Fonseca  señor  do 
Coca,  con  gente  do  caballo,  para  que  so  juntasen 
con  el  Maestro.  El  qual  con  la  gente  que  tenia,  é 
con  la  que  el  Roy  é  la  Reyna  le  embiaron,  fortificó 
laf?  estanzas  que  tenia  puestas  por  defuera  contra 
la  fortaleza,  de  ta!  manera  quo  el  Marqués  de  Vi- 
llena  que  venia  á  la  socorrer,  no  pudiera  por  nin- 
guna parte  entrar  ni  llegar  á  olla  sin  gran  peligro 
y  estrago  de  su  gente.  Lo  qual  sabido  por  el  Mar- 
qués, ovo  su  consejo  do  so  bolver  ó  dexar  perder  la 
fortaleza.  Quando  el  Alcayde  que  la  tenia  fué  avi- 
sado que  el  Marques  ss  había  vuelto  porque  no  lo 
pudo  socorrer,  luego  entregó  la  fortaleza  al  Maes- 
tre, é  quedó  libro  la  cibdad  al  servicio  del  Rey  é  do 
la  Reyna;  la  qual  el  Marqués  do  Villena  tenia  seño- 
reada como  cosa  de  su  patrimonio.  Visto  por  el 
^i arques  de  Villena  lo  que  los  vecinos  de  Alcaraz 
ficieron  con  e^  favor  que  el  Maestre  Don  Rodrigo 
Manrique  les  dio,  recelando  quo  no  ficiesen  otro  tan- 
to las  otras  sus  villas  é  lugares ,  puso  gran  diligen- 
cia on  la  entrada  del  Rey  de  Portogal ;  é  tomó 
aquella  Doña  Juana  que  tenia  en  su  poder  en  la  vi- 
lla do  Escalona,  é  llevóla  á  la  cidad  de  Troxillo 
donde  estaba  por  Alcayde  Pedro  de  Baeza  criado 
de  su  padre.  Y  escribió  al  Rey  de  Portugal  que  die- 
se forma  á  su  entrada  en  Castilla  con  la  mayor  di- 
ligencia que  podiese,  porque  de  la  tardanza,  á  él 
vernia  gran  deservicio,  é  los  caballeros  que  estaban 
á  6u  obediencia  daños  é  males. 

CAPÍTULO  XVIL 

De  como  el  Rey  de  Portogal  entró  en  Castilla, 

El  Rey  de  Portugal  visto  lo  que  el  Marqués  de 
Villena  le  escribió ,  luego  entró  (1)  en  Castilla  con 
aquella  gente  que  habernos  dicho.  E  venían  con  él 


(1)  El  Cura  de  los  Palacios  señala  las  fechas  de  estos  sucesos. 
Dice  que  el  Rey  de  Portogal  (Don  Alonso  V)  entró  en  Castilla  por 
«1  mes  de  Mayo,  y  que  habiendo  parado  en  Plasencia,  en  25  del 
mismo  Mayo,  que  aquel  año  fué  dia  del  Corpus,  subió  con  su  so- 
brina al  cadahalso  que  se  habla  hecho  en  la  plaza,  donde  les  des- 
posó un  Obispo  ,  á  cuyo  acto  se  siguió  el  de  aclamarlos  por  Reyes 
en  la  forma  acostumbrada.  Bernald.,  cap.  17. 


E  DONA  ISABEL.  267 

de  su  Reyno  el  Duque  de  Guimarans,  fijo  mayor 
del  Duque  de  Berganza,  y  el  Conde  de  Faro  su  her- 
mano, y  el  Conde  de  Villareal,  y  el  Conde  de  Por- 
togal, y  el  Conde  de  Leule,  y  el  Conde  de  Pinela, 
y  el  Conde  de  Marialva,  y  el  Conde  de  Pefiamazor, 
y  el  Arzobispo  de  Lisboa,  y  el  Obispo  do  Coimbra, 
y  el  Obispo  de  Ebora  ,  ó  Ruy  Pereyra,  y  el  Mariscal 
dePortogal,  é  Don  Alvaro,  fijo  del  Duque  de  Ber- 
ganza ,  é  todos  los  mas  caballeros  é  gente  de  guer- 
ra que  habla  en  su  Reyno.  E  los  unos  vendieron  sus 
patrimonios  ,  é  los  otros  empeñaron  sus  rentas  para 
servir  al  Rey  de  Portogal  en  la  prosecución  desta 
empresa  que  tomó.  E  la  gente  ó  arreos  de  guerra 
quo  traían,  engendró  en  ellos  tan  grand  orgullo, 
quo  no  creían  que  el  Rey  ni  la  Reyna  osasen  espe- 
rar en  Castilla ;  porque  no  tenían  dineros  ni  rentas 
donde  lo  oviesen,  é  ante  de  haber  el  vencimiento, 
repartían  los  despojos  de  la  victoria.  E  con  esta 
gente,  acompañado  de  los  caballeros  que  habernos 
dicho,  el  Rey  do  Portogal  vino  á  la  cibdad  de  Pla- 
sencia donde  le  esperaba  el  Duque  de  Arévalo,  se- 
ñor de  aquella  cibdad  ,  y  el  Conde  de  Miranda  Don 
Diego  de  Stúñiga,  su  hermano,  é  otros  caballeros 
castellanos  con  sus  gentes.  Alguno  s  de  los  caballe- 
ros quo  eran  en  la  compañía  del  Marqués  de  Ville- 
na é  del  Maestre  de  Calatrava  ,  é  del  Arzobispo  de 
Toledo ,  é  de  los  que  seguían  el  partido  del  Rey  de 
Portogal ,  considerando  que  la  vía  que  aquellos  sus 
señores  llevaban  ,  era  contraría  á  la  vía  de  la  leal- 
tad que  eran  obligados  á  guardar  á  su  Rey  é  á  su 
tierra,  se  apartaron  dellos.  Especialmente  so  apar- 
taron los  dos  principales  caballeros  de  aquella  Orden 
de  Calatrava,  conviene  á  saber  :  el  Clavero  Don  Gar- 
cía López  de  Padilla ,  que  fué  después  Maestre ,  é 
Don  Diego  de  Castrillo ,  Comendador  mayor.  El 
Marqués  de  Villena  que  estaba  en  Troxillo ,  é  soli- 
citaba la  entrada  del  Rey  de  Portogal ,  vino  luego 
á  Plasencia ,  é  traxo  á  aquella  Doña  Juana  que  se 
llamaba  Reyna  de  Castilla.  Y  en  la  plaza  de  la  cib- 
dad se  fizo  un  cadahalso,  en  el  qual  puestos  el  Rey 
de  Portogal  é  aquella  su  sobrina  é  con  ellos  todos 
los  caballeros  que  habernos  dicho,  el  Rey  de  Porto - 
gal  se  desposó  públicamente  con  ella  ;  é  tomadas 
las  manos ,  luego  se  intituló  Rey  de  Castilla  é  de 
Portogal ,  é  á  grandes  voces  un  Faraute  dixo ;  Cas- 
tilla, CastUlapor  el  Rey  Don  Alonso  de  Portogal ,  é 
por  la  Reyna  Doña  Juana  su  muger  proprietaria  des- 
tos  Reynos.  Luego  el  Duqae  de  Arévalo  y  el  Marqués 
de  Villena,  é  todos  aquellos  caballeros  besaron  las 
manos  al  Rey  de  Poríc.í^al  ó  á  ella ,  é  ficiéronles  ju- 
ramento é  omenage  3e  fidelidad,  que  según  losfue- 
ros  de  España  se  requería  facer  como  á  Reyes  de 
Castilla  é  de  León.  Este  acto  fecho ,  luego  el  Rey 
de  Portogal  ovo  su  consejo  con  aquellos  caballeros 
de  continar  el  camino  con  toda  su  hueste  para  la 
villa  de  Arévalo,  que  era  muy  fuerte  y  en  comedio 
del  Reyno  ;  porque  desde  aquella  villa  toviese  sus 
tratos  con  los  principales  caballeros  del  Reyno,  é 
con  las  cibdades  é  villas  del,  para  que  tomasen  su 
voz ,  é  viniesen  á  su  servicio ;  é  ansimesmo  para  im- 
pedir al  Rey  é  á  la  Reyna  que  no  oviesen  lugar  de 


268 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


juntar  gente.  E  luego  lo  puso  por  obra,  é  vino  para 
Arévalo  donde  estovo  por  espacio  do  dos  mesea. 

CAPÍTULO  XVIIL 

De  como  se  tomaron  las  villas  de  Nodar  é  de  Alégrete  en  Por- 
to gal. 

El  Rey  ó  la  Reyna,  sabido  aquel  acto  que  el  Rey 
de  Portogal  había  fecho  en  Plasencia,  ovieron  con- 
sejo do  se  intitular  Rey  é  Reyna  de  Portogal;  puea 
el  Rey  de  Portogal  les  usurpaba  su  título  ,  llamán- 
dose Rey  de  Castilla  é  de  León ;  é  intituláronse 
Rey  é  Reyna  de  Castilla  é  de  León  é  de  Portogal  é 
de  Sicilia,  Príncipes  herederos  de  Aragón.  En  aque- 
llos dias ,  algunas  gentes  de  las  fronteras  de  Porto- 
gal  ,  por  la  parte  de  Badajoz,  entraron  en  el  Reyno 
do  Portogal,  é  tomaron  una  fortaleza  que  se  llama- 
ba Nodar.  En  la  qual  el  Rey  é  la  Reyna  pusieron 
por  Alcayde  á  un  caballero  de  Sevilla ,  que  se  lla- 
maba Martin  de  Sepúlveda ,  Veinte  é  quatro  de  la 
cibdad  ,  el  qual  les  fizo  pleyto  omenage  por  ella  ,  é 
fizo  guerra  á  los  Portogueses  por  espacio  de  tres 
años  ;  é  al  fin  vendióla  al  Rey  de  Portogal,  por  di- 
neros que  le  dio,  é  no  vino  á  Castilla  de  miedo  que 
ovo  por  aquel  caso  que  cometió.  En  aquel  tiempo 
que  tovo  aquella  fortaleza ;  usó  del  pecado  de  lalu- 
xuria  en  toda  manera  de  corrupción ,  é  de  la  cruel- 
dad en  toda  manera  de  tormento,  é  de  avaricia  en 
toda  manera  de  robos  que  fizo  á  amigos  ó  á  enemi- 
gos. E  después  de  algunos  dias  pasados  acaeció  que 
este  Alcayde  quiso  cometer  otra  traycion  contra  el 
Rey  de  Portogal,  é  fuyó  de  aquel  Reyno.  Ansimes- 
mo  Don  Alonso  de  Monroy,  Clavero  de  Alcántara, 
que  se  llamaba  Maestre,  tomó  otro  lugar  de  Porto- 
gal  que  se  llamaba  Alégrete  ;  el  qual  tovo  con  gen- 
te de  Castilla  en  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna  por 
espacio  de  dos  años ;  é  al  fin  cargó  gente  de  Porto- 
gal  sobre  él ,  é  cercáronlo ,  é  porque  no  fué  socorrido 
lo  tornaron  á  cobrar  los  Portogueses.  E  desde  aque- 
llos dos  lugares ,  todo  el  tiempo  que  estovieron  en 
poder  do  Castellanos ,  se  facia  guerra  á  Portogal. 
Ansimesmo  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Comendador 
mayor  de  León ,  que  como  habcmos  dicho  se  llama- 
ba Maestre  de  Santiago,  visto  que  el  Reyno  de  Por- 
togal estaba  vacío  de  gente  de  guerra,  la  qual  el 
Rey  de  Portogal  habia  traido  á  Castilla,  recogió  la 
más  gente  que  pudo  de  caballo  é  de  pié  de  todas 
aquellas  fiontoras,  y  entró  bien  quince  dias  dentro 
en  Portogal ,  é  robó  todos  los  ganados ,  é  quemó  é 
taló  todo  lo  que  falló  dentro  en  el  Reyno ,  é  tornó 
con  gran  presa  para  Castilla.  Los  del  Reyno  de 
Galicia  por  aquellas  partes  que  son  fronteras  de 
Portogal ,  f  acian  ansimesmo  guerra  al  Reyno  de  Por- 
togal ;  c  los  de  Portogal  f  acian  al  Reyno  de  Galicia, 
c  robaban  los  unos  á  los  otros  muchos  ganados  é  bie- 
nes, é  llevaban  de  unas  partes  á  otras  prisioneros. 
Especialmente  uno  que  se  llamaba  Pero  Alvarez  de 
Sotomayor,  que  era  natural  de  aquel  Reyno  de  Ga- 
licia ,  y  estaba  en  la  obediencia  del  Rey  de  Porto- 
gal  ,  desde  algunas  fortalezas  que  tenia  facia  guer- 
ra coutina  á  todas  las  cibdades  ó  villas  é  tierras  que 


no  querían  estar  á  la  obediencia  del  Rey  de  Porto- 
gal.  Este  caballero  Pero  Alvarez  tomó  la  cibdad  do 
Tuy  ,  que  es  del  Obispo  de  aquella  Iglesia,  é  intitu- 
lóse Vizconde  della;étomó  ansimesmo  á  Bayona 
de  Miño  ,  é  á  otros  lugares  é  tierras,  los  quales  fizo 
estar  á  la  obediencia  del  Rey  de  Portogal.  E  duró 
algunos  dias  en  aquel  Reyno  la  guerra ;  por  causa 
de  la  qual  crecieron  los  tiranos  é  los  robadores  en 
tanto  número ,  que  si  la  guerra  de  aquella  manera 
durara ,  todo  aquel  Reyno  fuera  destruido  é  despo- 
blado. 

CAPÍTULO  XIX. 

De  lo  que  en  este  tiempo  acaeeió  en  el  Reyno  de  Francia. 

En  estos  dias  el  Rey  Eduarte  delngalaterra,  con 
esfuerzo  é  promesa  que  fizo  de  ayudarle  el  Duque 
Charles  de  Borgofia,  fizo  grand  armada  en  su  Rey- 
no  por  la  mar,  é  con  quarenta  mil  combatientes  des- 
cendió en  un  puerto  del  Reyno  de  Francia  en  la 
tierra  de  Picardía ,  que  se  llamaba  Controy ,  con 
propósito  de  guerrear  á  Francia,  continando  la  vie- 
ja questíon  que  aquellos  dos  Reynos  antiguamente 
han  tenido.  E  porque  el  Duque  estaba  ocupado  en 
otra  guerra  que  por  estonces  tenia  con  el  Duque  do 
Lorena ,  no  pudo  venir  á  le  ayudar.  El  Rey  Don 
Luis  do  Francia ,  visto  que  su  enemigo  el  Rey  de 
Ingalaterra  habia  descendido  en  su  Reyno  con  toda 
su  hueste,  como  quiera  que  tenia  gran  poder  de 
gente  para  le  resistir;  pero  por  ser  libre  de  aquella 
guerra  para  mejor  seguir  la  guerra  que  tenia  en 
propósito  de  comenzar  contra  Castilla  por  la  parte 
de  Guipúzcoa,  é  defender  el  Condado  de  Rosellon 
que  es  en  las  partes  de  Cataluña;  deliberó  de  se  con- 
cordar con  el  Rey  de  Ingalaterra ,  é  movióse  trato 
entre  ellos  de  facer  tregua  por  cierto  tiempo.  El 
Rey  de  Ingalaterra,  visto  que  el  Duque  de  Borgo- 
fia que  era  el  ayuda  principal  que  esperaba,  lío  era 
en  tiempo  de  la  facer ,  é  que  los  mantenimientos 
para  su  hueste  le  faltaban ,  aceptó  el  trato,  é  con- 
cordaron de  ser  ambos  Reyes  en  un  rio  que  se  lla- 
ma Sona,  cerca  de  la  villa  de  Amians  en  Picardía. 
En  el  qual  río  fué  fecha  una  puente  de  madera,  y 
en  el  medio  della  fué  fecha  una  quebrada  de  fasta 
quatro  pasos ;  y  en  el  un  cabo  estaba  el  Rey  de 
Francia  con  seis  caballeros,  y  en  el  otro  el  Rey  de 
Ingalaterra  con  otros  seis ,  é  la  gente  del  un  Rey  é 
del  otro  estaba  ribera  del  rio,  cada  uno  de  la  parto 
que  su  Rey  estaba  (1).  E  allí  fablaron  ó  concertaron 
que  el  Rey  de  Ingalaterra  volviese  para  su  Reyno, 
é  que  el  Rey  de  Francia  le  diese  luego  cien  mil  co- 
ronas de  oro  para  ayuda  de  sus  gastos ;  e  firmaron 
tregua  por  siete  años,  é  que  en  cada  un  año  destos 
siete,  el  Rey  de  Francia  diese  al  Rey  de  Ingalater- 

(1)  Las  vistas  de  estos  dos  Reyes  se  hicieron  en  Pequigny,  un 
castillo  distante  tres  leguas  de  Amiens.  Las  cosas  que  allí  pasa- 
ron trae  muy  á  la  larga  Felipe  de  Comines,  Memoir.,  libA,  cap.  10 
y  sig.,  y  el  Abad  Lcnglet  en  su  estimable  edición  de  estas  Memo- 
rias publicó  el  tratado  de  treguas  que  aqui  cita  Pulgar,  y  se  hizo 
en  dichas  vistas  en  29  de  Agosto  deste  año.  Memoir,  deComin., 
Tom.  ni,  p.  397  y  sig.  Preuv.,  nüm.  CCXXXIX. 


DON  FERNANDO 
ra  cinquenta  mil  coronas  de  oro ,  allende  las  cien 
mil  que  le  habla  dado ;  é  que  casase  el  Delfín  de 
Francia  con  la  fija  del  Rey  de  Ingalaterra.  E  con 
estos  partidos  el  Rey  de  Ingalaterra  volvió  para  su 
Reyno  ,  y  el  Rey  de  Francia  quedó  libre  de  aquella 
guerra. 

CAPÍTULO  XX. 

Como  el  Rey  de  Portogal  fizo  ligas  6  amislades  con  el  Rey  de 
Francia ;  é  como  fué  á  la  cibdad  de  toro,  é  tomó  la  fortaleza. 

El  Rey  de  Portogal  como  se  vido  en  Castilla  con 
título  de  Rey  de  ella ,  é  con  el  ayuda  de  los  caba- 
lleros Castellanos  que  con  él  estaban,  embió  sus 
Erabaxadores  al  Rey  de  Francia.  Con  los  quales  le 
fizo  saber  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique,  é  como 
él  había  eubcedido  por  Rey  en  los  Reynos  de  Cas- 
tilla é  de  León  ,  que  pertenecían  de  derecho  á  Doña 
Juana  su  fija ,  á  quien  él  habia  tomado  por  esposa ; 
e  á  causa  della  él  como  su  marido  los  poseía.  Por 
ende,  que  le  ploguiese  refirmar  con  él  é  cou  su  so- 
brina ,  como  con  Rey  é  Reyna  de  Castilla,  las  anti- 
guas paces  é  alianzas  que  son   entre  estos  dos  Re- 
yes é  Reynos  de  Castilla  é  do  Francia.  Al  Rey  de 
Francia  plogo  mucho  dello,  é  como  quiera  que  te- 
nia fecho  asiento  de  facer  liga  é  amistad  con  el  Rey 
é  con  la  Reyna  como  cou  Reyes  de  Castilla,  según 
habemos  dicho  que  lo  prometió  á  aquel  Secretario 
suyo  que  á  él  en  los  principios  embiaron ,  pero  par- 
tióse de  aquella  promesa,  é  firmó  (1)  su  amistad  con 
el  Rey  de  Portogal ;  á  fin  que  el  Rey  é  la  Reyna  no 
pediesen  facer  la  guerra  que  por  la  parte  de  Rose- 
llon  recelaba  que  le  f arlan.  B  comenzó  á  facer  guer- 
ra por  las  partes  de  Bayona  é  de  Laborte  á  la  tier- 
ra de  Guipúzcoa.  Sabido  por  el  Rey  de  Portogal, 
que  el  Rey  de  Francia  habia  aceptado  su  amistad 
como  con  Rey  de  Castilla,  é  que  en  favor  suyo  fa- 
cía guerra  á  la  tierra  de  Guipúzcoa ,  esforzóse  mas 
para  proseguir  su  demanda.  Otrosí  Juan  de  Ulloa 
que  tenia  la  cibdad  de  Toro ,  le  embió  á  requerir 
que  fuese  en  persona  é  tomase  la  fortaleza  de  aque- 
lla cibdad ,  que  estaba  por  el  Rey  é  por  la  Reyna 
de  otra  manera  no  podría  defender  la  cibdad  para 
su  servicio ,  teniendo  por  contraria  la  fortaleza.  E 
ansimesmo  le  dio  esperanza ,  que  desde  Toro  podría 
haber  á  Zamora ;  porque  creía  que  el  Mariscal  que 
tenia  la  fortaleza ,  é  Juan  de  Porras  su  suegro  que 
tenia  gran  parte  en  la  cibdad ,  no  embargante  que 
habían  fecho  juramento  é  pleyto  omenage  al  Rey  é 
á  la  Reyna  de  estar  en  su  servicio ;  pero  como  le 
viesen  puesto  en  Toro ,  faciéndoles  alguna  merced 
le  darían  la  cibdad  de  Zamora.  La  qual  habida  á  su 
obediencia  ternía  muy  gran  parte  en  el  Reyno;  por- 
que todos  los   de   las  otras  cibdades  ,   visto   que 
Zamora  estaba  á  su  obediencia ,  fallecerían  en  el 
afición  que  tenían  al  Rey  é  á  la  Reyna ,  é  muda- 


(1)  Este  tratado  de  alianza  heclia  por  el  Rey  de  Francia  con  ol 
Rey  de  Portugal  como  con  Rey  de  Castilla,  contra  los  Reyes  Ca- 
tólicos y  Armado  en  Senlis  á  8  de  Setiembre  de  1475,  publicó 
también  el  Abad  Lenglet  entre  las  Pruebas  de  las  Memorias  de 
Comines,  Tom,  JIl,  p.  40C.  Preuv.,  num.  CCXLIY. 


É  DOÑA  ISABEL.  260 

rían  el  propósito,  como  suelen  fazer  los  comanes 
que  ligeramente  se  mueven  á  la  parte  que  la  fortu- 
na veen  favorable.  El  Rey  de  Portogal,  habiendo 
estas  consideraciones  fué  á  la  cibdad  de  Toro  con 
toda  su  hueste;  é  luego  como  llegó,  puso  sitio  so- 
bre la  fortaleza ,  é  mandó  poner  las  estanzas  bien 
junto  della;  é  ansí  por  la  parte  de  la  cibdad  como 
por  defuera  fueron  tan  fortificados,  que  no  pudie- 
ra entrar  en  ella  socorro  de  gente  sin  recebír  daño ; 
é  por  esta  causa  no  se  pudo  socorrer  por  el  Rey.  La 
qual  por  no  estar  bien  bastecida  ni  de  pertrechos  ni 
de  bastimentos  según  debía,  á  pocos  días  la  entre- 
gó el  Alcayde  que  la  tenía  al  Rey  de  Portogal ,  con 
partido  de  la  vida  que  seguró  a  él  é  á  loa  que  con 
él  estaban.  E  ansí  quedó  la  cibdad  de  Toro  con  su 
fortaleza  por  el  Rey  de  Portogal,  la  qual  entregó  á 
Juan  de  ülloa.  E  desde  allí  tomó  la  villa  de  Canta- 
lapíedra,  que  es  del  Obispo  de  la  cibdad  ds  Sala- 
manca ,  é  puso  en  ella  gente  de  caballo  é  de  pié 
en  guarnición.  Veyéndose  el  Rey  de  Portogal  apo- 
derado de  aquellos  lugares ,  ovo  acuerdo  de  escre- 
bír  al  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera,  que  tenia  el 
alcázar  de  la  cibdad  de  Sagovia ,  en  el  qual  estaban 
fasta  diez  mil  marcos  de  plata,  que  quedaron  de 
todo  el  gran  tesoro  que  ovo  llegado  el  Rey  Don 
Enrique,  mandándole  que  luego  le  entregase  aquel 
alcázar  con  todo  el  tesoro,  é  las  cosas  de  cámara 
que  habían  quedado  en  su  poder  ;  lo  qual  decía  per- 
tenecer á  él  é  á  la  Reyna  Doña  Juana  su  muger, 
como  á  fija  heredera  del  Rey  Don  Enrique  su  pa- 
dre ,  é  que  le  daría  gran  parte  dello,  é  le  f  aria  otras 
mercedes,  é  iría  luego  en  persona  con  su  hueste  á  lo 
resccblr.  E  que  sí  no  obedeciese  sus  mandamientos 
como  de  su  Rey,  mandaría  executar  en  su  persona 
tan  cruel  justicia  ,  que  fuese  exemplo  á  los  vivien- 
tes. Oída  por  este  Mayordomo  la  embaxada  del  Rey 
de  Portogal,  ni  el  miedo  délas  amenazas,  ni  la 
cobdicía  de  las  promesas  le  movió  á  facer  lo  que  el 
Rey  de  Portogal  le  embiaba  á  mandar.  E  respon- 
dió que  él  no  conocía  otro  Rey  de  los  Reynos  de 
Castilla,  salvo  al  Rey  Don  Fernando  é  á  la  Reyna 
Doña  Isabel  su  muger,  á  la  qual  pertenecían  de  de- 
recho, é  á  quien  él  había  fecho  pleyto  omenage  por 
aquellos  alcázares  con  todo  lo  que  en  ellos  estaba; 
á  los  quales  entendía  acudir  con  ello  cada  que  gelo 
mandasen  :  por  ende  que  lo  ovíese  por  escusado.  E 
luego  entregó  toda  aquella  plata  al  Rey  ó  á  la  Rey- 
na, de  la  qual  se  pagó  sueldo  por  algunos  dias  á  la 
gente  de  armas  que  embiaron  á  llamar.  El  Rey  de 
Portogal  fué  muy  indinado  contra  ol  Mayordomo 
Andrés  de  Cabrera,  por  no  haber  complido  lo  que 
le  embió  mandar,  é  haber  fecho  todo  lo  contrario  : 
porque  creía  de  ello  seguírsele  deservicio,  ansí  por- 
que aquella  plata  era  algún  ayuda  para  pagar  suel- 
do á  la  gente  de  armas  que  venia  á  llamamiento  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  como  porque  veía  la  constancia 
del  Mayordomo  para  tener  por  ellos  la  cibdad  de 
Scgovia  de  que  estaba  apoderado. 


270 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  XXI. 

Como  el  Rey  de  Portogal  ovo  la  cibdad  de  Zamora. 

Embió  ansimesmo  el  Rey  de  Portogal  á  requerir 
á  Juan  do  Porras  que  tenia  la  cibdad  de  Zamora,  que 
le  entregase  aquella  cibdad,  é  toviese  manera  con 
su  yerno  el  Mariscal,  que  tenia  la  fortaleza,  que 
gela  entregase;  é  prometió  de  les  dar  luego  una  su- 
ma de  oro,  é  de  les  facer  merced  de  cierto  número 
de  vasallos  de  tierra  de  la  cibdad,  ó  otras  muchas 
mercedes.  Lo  qual  sabido  por  el  Rey,  embió  su  mcn- 
sagero  al  Mariscal  é  á  Juan  de  Porras  su  suegro,  á 
les  decir  que  ya  sabian  el  juramento  é  pleyto  ouic- 
nago  que  hablan  fecho  de  ser  leales  servidores ,  ó 
guardar  aquella  cibdad  para  él  é  para  la  Reyna  su 
muger ,  é  de  no  acoger  en  ella  persona  alguna  po- 
derosa en  su  deservicio  ;  el  qual  pleyto  omenage 
segunda  vez  hablan  ratificado ,  quando  habia  ido 
en  persona  á  aquella  cibdad.  Por  ende ,  que  como 
caballeros  é  bornes  fijosdalgos,  guardasen  su  leal- 
tad é  lo  que  hablan  jurado  é  prometido;  é  si  necesa- 
rio era,  les  embiaria  luego  un  capitán  con  gente  de 
armas ,  para  que  en  uno  con  ellos  guardasen  la  cib- 
dad como  cumplía  á  su  servicio.  Este  Juan  de  Por- 
ras ,  como  tenia  propósito  de  facer  mas  lo  que  á  su 
provecho  que  á  su  honra  cumplía,  á  fin  de  que  el 
Rey  no  embiase  gente  á  la  cibdad  para  se  apoderar 
della,  embió  su  respuesta  simulada  por  dos  veces, 
mostrando  por  palabra  grand  obediencia  á  sus  man- 
damientos, é  diciendo  que  no  ploguiese  á  Dios,  que 
ól  ni  el  Mariscal  su  yerno  cayesen  en  error  contra 
sus  honras,  ni  en  cosa  que  fuese  su  deservicio';  é  que 
no  era  necesario  gente  que  defendiese  aquella  cib- 
dad ,  porque  él  é  los  naturales  della  la  defenderían. 
E  como  quier  que  por  algunos  fué  dicho ,  que  este 
Juan  do  Porras  daba  respuestas  simuladas,  é  que  era 
home  á  quien  la  cobdicia  facia  posponer  la  cons- 
ciencia;  pero  el  Rey  segurándose  en  su  respuesta, 
no  proveyó  en  embiar  la  gente  que  deliberaba  em- 
biar  para  la  guardar.  Juan  de  Porras  en  este  come- 
dio trataba  con  el  Rey  de  Portogal  secretaraente  de 
le  entregar  la  cibdad  ;  ó  como  ovo  recebido  el  oro 
que  le  prometió,  é  las  otras  mercedes  que  le  fizo, 
luego  se  desnudó  de  aquella  vestidura  de  simula- 
ción que  al  Rey  mostraba  defuera,  é  pareció  de  den- 
tro el  verdadero  Juan  de  Porras;  y  erró  é  fizo  errar 
al  Mariscal  su  yerno,  é  dieron  su  obediencia  al  Rey 
de  Portogal,  é  fizo  alzar  en  la  cibdad  y  en  su  forta- 
leza pendones  por  él.  E  luego  el  Rey  de  Portogal, 
fué  con  toda  su  hueste  á  la  cibdad  ,  en  la  qual  esto- 
vo algunos  pocos  dias,  é  dexó  la  fortaleza  al  Maris- 
cal ;  é  la  puente  dexó  ansimesmo  á  un  caballero  na- 
tural de  la  cibdad  que  se  llamaba  Francisco  de  Val- 
dés,  que  la  tenia  primero  en  tenencia.  Este  Francisr 
co  de  Valdes  era  sobrino  de  aquel  Juan  de  Porras, 
fijo  do  su  hermana,  é  habia  seydo  uno  de  los  priva- 
dos del  Rey  Don  Enrique,  é  después  por  algunos 
desacuerdos  que  ovo  con  él,  fué  á  vivir  con  el  Rey 
siendo  Príncipe  de  Aragón ,  é  ovo  gran  lugar  cerca 
del  y  on  su  Consejo ;  é  cuando  vido  que  el  Rey  de 


Portogal  entró  poderosamente  on  Castilla,  luego 
dexó  al  Rey,  é  fué  á  vivir  con  el  Rey  de  Portogal ,  é 
por  aquella  causa  confió  del  la  puente  de  la  cibdad  , 
que  es  una  de  las  mas  principales  fuerzas  della.  De- 
xadas  las  cosas  de  Zamora  asentadas,  luego  volvió  el 
Rey  de  Portogal  para  Toro  do  estaba  su  sobrina.  Sa- 
bido por  el  Rey  é  por  la  Reyna  la  dcslealtad  que  Juan 
de  Porras  y  el  Mariscal  su  yerno  ficieron  en  su  de- 
servicio, ovieron  gran  pesar,  porque  Zamora  era  una 
de  las  mas  principales  cibdades  del  Reyno,  é  porque 
el  Rey  de  Portogal  é  los  caballeros  de  su  parcialidad 
se  esforzaron  mas  para  proseguir  la  guerra  que  te- 
nían comenzada. 

CAPÍTULO  XXII. 

De  la  gente  que  se  juntó  on  Valladolid  por  mandado  del  Rey 
é  de  la  Reyna. 

Según  habernos  dicho,  el  Rey  é  la  Reyna  acor- 
daron de  llamar  á  todos  los  caballeros  é  gente  do 
armas  de  caballo  é  de  pié  de  sus  Reynos,  é  de  las 
montañas,  é  de  Vizcaya,  é  de  Guipúzcoa;  é  de  las 
Asturias,  é  Castilla  vieja.  Las  quales  visto  el  man- 
damiento del  Rey  ó  de  la  Reyna ,  vinieron  con  la 
mas  gente  de  su  casa  que  podieron  ;  é  las  cibdades 
é  villas  embiaban  á  sus  costas  gentes  de  caballo  é  do 
pié.  Ansimesmo  vinieron  los  fijosdalgo  que  fueron 
llamados,  é  otras  personas  particulares,  por  ganar 
fidalguías  é  franquezas  que  les  fueron  prometidas; 
é  juntáronse  todos  en  la  villa  de  Valladolid ,  excep- 
tas las  cibdades  é  villas  del  Andalucía ,  que  no  fue- 
ron llamadas  por  ser  tan  lexos ,  é  otrosí  las  del  rey- 
no  de  Murcia,  porque  Periaficz  Faxardo,  Adelanta- 
do de  Murcia ,  con  la  gente  de  aquel  reyno  facia 
guerrra  á  la  tierra  del  Marquesado  de  Villena.  An- 
simesmo de  la  villa  de  Madrid  no  vino  gente  á  su 
llamamiento ,  porque  estaba  oprimida  contra  la  vo- 
luntad de  los  vecinos  della ,  con  gente  del  Marqués 
de  Villena  que  tenia  el  alcázar.  Fueron  con  el  Rey 
en  aquel  juntamiento  el  Cardenal  de  España,  y  el 
Almirante  Don  Alonso  Enriquez,  é  Don  Diego  Hur- 
tado de  Mendoza,  Duque  del  Infantadgo,  hermano 
del  Cardenal ,  y  el  Duque  de  Alva  Don  Garciálva- 
rez  de  Toledo ,  é  Don  Pero  Fernandez  de  Velasco, 
Condestable  de  Castilla  é  Conde  de  Haro  ,  é  Don  Al- 
fonso de  Arellano,  Conde  de  Aguilar,  é  Don  Iñigo 
López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilia,  é  Don  Lo- 
renzo Suarez  de  Mendoza,  Conde  de  Corufia,  herma- 
nos del  Cardenal,  é  Don  Enrique  Enriquez,  Conde 
de  Alva  de  Liste,  é  Don  Pedro  de  Mendoza,  Conde 
de  Montagudo ,  é  Don  Pero  Alvarez  de  Osorio,  Mar- 
qués de  Astorga,  é  Don  Diego  Pérez  Sarmiento, 
Conde  de  Salinas,  é  Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel, 
Conde  de  Benavente,  ó  Don  Juan  Manrique,  Conde 
de  Castañeda,  c  Don  Gabriel  Manrique,  su  herma- 
no, Conde  de  Osorno,  é  Don  Pero  Manrique,  Con- 
de de  Trcvifio,  é  Don  Pedro  de  Acuña ,  Conde  de 
Buendia,  c  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Obispo 
de  Palencia.  E  generalmentete  vinieron  todos  los 
mas  de  los  caballeros  é  señores  ,  é  perlados  del  Rey- 
no,  excepto  el  Duque  de  Medinasidonia,  Conde  de 


DON  FERNANDO 
Niebla,  é  Don  Diego  Fernandez  de  Córdoba,  Conde 
de  Cabra ,  que  no  fueron  llamados ,  porque  estaban 
en  guarda  de  toda  el  Andalucía  contra  el  Marqués 
de  Cáliz  que  estaba  en  Xerez,  é  contra  Don  Alonso 
de  Aguilar  que  estaba  en  Córdoba  ;  porque  de  aque- 
llos dos  caballeros  se  pensaba  que  seguirían  el  par- 
tido del  Rey  de  Portogal ,  por  ser  casados  coa  dos 
hermanas  del  Marqués  de  Villena ,  é  por  las  grandes 
mercedes  que  de  parte  del  Rey  de  Portogal  les  eran 
prometidas.  El  Duque  de  Alburquerque  Don  Beltran 
de  la  Cueva  tenia  en  bu  pecho  varios  pensamien- 
tos ;  porque  de  la  una  parte  era  traído  por  el  afi- 
ción de  aquella  Doña  Juana,  de  la  otra  parte  el 
miedo  de  la  Reyna  le  refrenaba.  Al  fin ,  movido  por 
el  gran  número  de  gente  que  vido  venir  al  servicio 
del  Rey  é  de  la  Reyna,  vino  ansimesmo  con  toda 
su  gente  á  los  servir,  recelando  de  perder  lo  que  te- 
nia ,  como  quiera  que  se  afirmaba  haber  dado  pala- 
bra de  servir  al  Rey  de  Portogal,  é  se  juntar  con 
él.  Acaeció  en  aquellos  días,  que  Don  Juan ,  Duque 
de  Valencia ,  estando  en  una  torre  de  la  su  villa  de 
Valencia,  cayó  della  é  murió  luego.  Afirmóse  por 
muchas  personas,  que  lo  lanzó  de  aquella  torre  un 
caballero  que  so  llamaba  Juan  de  Robres,  su  cuña- 
do ,  casado  con  su  hermana,  que  estaba  f ablando 
con  él,  por  debates  que  con  él  tenia. 

CAPÍTULO  XXIII. 

Como  el  Rey  movió  con  su  hueste  para  ir  contra  el  Rey  de 
Portogal. 

Como  estos  caballeros  con  toda  la  gente  de  caba- 
llo é  de  pié  fueron  juntos  allí  en  Valladolid,  el  Rey 
acordó  de  partir  de  aquella  villa,'é  ir  contra  el  Rey 
de  Portogal  que  estaba  en  Toro.  E  repartidas  pri- 
mero sus  capitanías,  é  ordenadas  sus  esquadras,  si- 
guieron su  camino  por  la  otra  parte  del  rio  de  Due- 
ro con  toda  aquella  hueste.  La  Reyna,  que  según 
habemos  dicho ,  había  estado  en  Toledo,  partió  de 
aquella  cibdad  ,  é  con  toda  la  gente  de  armas  ó  de 
pié  de  las  cibdades  de  Segovia  é  Avila ,  é  de  todas 
aquellas  comarcas,  poniendo  sus  reales  en  el  cam- 
po ,  vino  para  la  villa  de  Tordesillas ,  é  juntó  la  gen- 
te que  traía  con  la  que  falló  que  tenía  el  Rey  ribera 
del  rio  Duero.  E  todas  aquellas  gentes  fueron  repar- 
tidas por  sus  capitanes  en  treinta  é  cinco  batallas, 
en  que  había  doce  mil  homes  á  caballo  ;  de  los  qua- 
les  eran  quatro  mil  homes  do  armas  con  caballos 
encobertados,  é  todos  los  otros  caballeros  á  la 
gíneta.  De  las  montañas,  é  de  todas  las  otras 
partes  del  Reyno  se  juntaron  treinta  mil  homes  á 
pié.  E  ansí  como  el  Rey  de  Portogal  quando  en  Cas- 
tilla entró  pensando  en  la  multitud  de  su  hueste 
ovo  gran  orgullo ,  é  tenia  creído  que  el  Rey  no  le 
daría  la  batalla,  ni  aun  esperaría  en  el  Reyno:  bien 
ansí  toda  aquella  gente  Castellana,  visto  que  eran 
muchos  mas  de  caballo  é  de  pié  que  los  Portogue- 
ses,  confiando  en  sus  fuerzas,  pensaron  de  los  lan- 
zar fuera  del  Reyno.  Ayudaba  á  esto  la  afición 
grande  que  tenían  con  el  Rey  é  con  la  Reyna,  ó  las 
enemistades  antiguas  que  tenían  con  los  Portogue- 


Ú  DOÑA  ISABEL.  2YX 

ses ,  é  con  los  Castellanos  que  los  metieron  en  oí 
Reyno  é  los  favorecían.  El  Rey  con  toda  aquella 
hueste  llegó  á  las  aceñas  que  dicen  de  Ferreros,  qutft 
son  en  el  rio  de  Duero  ;  las  quales  tenia  fortaleci- 
das el  Alcayde  de  Castronuño  con  hombres  que  las 
guardaban.  E  luego  como  allí  llegaron  los  peonen, 
especialmente  la  gente  que  venía  de  Vizcaya  é  Gui- 
púzcoa ;  con  ballestería  grande  que  tenían ,  comen- 
zaron á  combatir  aquella  fortaleza ;  é  tanta  fué  la 
multitud  de  la  gente  que  cargó  en  el  combato,  é 
tanta  é  tan  grande  priesa  le  dieron  por  todas  par- 
tes, que  los  que  estaban  dentro  no  pudiendo  socor- 
rer á  todos  los  lugares  por  do  eran  combatidos  des- 
mayaron ,  é  por  fuerza  fueron  tomados  ,  é  aforcados 
fasta  treinta  hombres  de  aquellos  ladrones  que  en 
ella  estaban  puestos  por  el  Alcayde  de  Castronuño. 
E  mandó  el  Rey  derribar  aquella  fortaleza ,  é  rao- 
ver  su  hueste  adelante ;  é  las  banderas  tendidas  é 
las  batallas  orílenadas,  llegó  otro  día  cerca  de  la 
cibdad  de  Toro  por  la  parte  de  la  puente.  El  Rey  de 
Portogal  informado  de  la  liueste  que  traía  el  Rey, 
acordó  de  cerrar  las  puertas  de  la  cibdad ,  é  armar 
toda  su  gente  é  ponerla  en  guarda  de  las  puertas,  ó 
del  muro  ,  é  de  las  torres.  E  ansí  estovo  allí  el  Roy 
por  espacio  de  cinco  horas,  dando  vista  al  Rey  de 
Portogal,  y  esperándole  en  el  campo  que  saliese  con 
él  á batalla. 

Quando  el  Rey  vido  que  el  Rey  de  Portogal  no 
salía  de  la  cibdad ,  embió  a  él  un  caballero  que  se 
llamaba  Gómez  Manrique,  el  qual  le  díxo  de  su  par- 
te :  «Señor,  el  Rey  de  Castilla  é  de  León  é  de  Sici- 
»  lia  é  de  Portogal,  Príncipe  de  Aragón  nuestro  Se- 
»ñor,  os  embia  á  decir,  que  ya  sabedes  como  Ruy 
»  de  Sosa,  Caballero  de  vuestra  casa  que  embiastcs  á 
»  él  é  la  Reyna  nuestra  señora  Doña  Isabel  su  mu- 
ft  ger,  les  requirió  de  vuestra  parte  que  saliesen  des- 
» tos  Reynos,  que  decís  pertenecer  á  Doña  Juana 
«vuestra  sobrina,  á  quien  afirmáis  haber  tomado 
»  por  esposa.  Con  el  qual  vos  respondieron,  que  se 
«maravillaban  de  vos  siendo  Príncipe  dotado  de 
«tantas  virtudes,  embiar  demanda  tan  agrá,  é  des- 
))  pertar  materia  escandalosa  sobre  fundamento  tan 
))  incierto  ,  é  tomar  empresa  de  tantas  muertes  é  in- 
»  cendios  se  pueden  seguir  en  estos  Reynos  y  en  el 
n  reyno  de  Portogal.  E  os  embiaron  rogar,  que  quí- 
»  siésedes  dexar  la  via  de  la  fuerza,  é  tomar  la  via 
n  de  la  justicia ,  por  escusar  los  inconvinientes  que 
i)  de  la  guerra  proceden  :  lo  qual  no  vos  plogo  acep- 
» tar,  antes  habéis  entrado  mano  armada  en  sus 
»  Reynos,  é  les  habéis  usurpado  su  título  real,  é  ha- 
»  beis  publicado  que  los  venís  á  buscar  do  quier  que 
»  los  falláredes  para  los  lanzar  dellos.  Cerca  de  lo 
«qual  les  parece  que  habéis  escogido  á  Dios  por 
« juez ,  é  á  las  armas  por  executores  de  aquesta  de- 
«  manda.  Agora ,  señor,  el  Rey  nuestro  Señor  os  em- 
»bia  decir,  que  a  él  place  del  juez  é  de  los  ejecuto- 
» tores  que  habéis  escogido  ;  é  que  sí  le  venís  á  bus- 
n  car,  él  es  venido  á  la  puerta  desta  su  cibdad  á  vos 
»  responder  á  la  demanda  que  traéis ,  é  os  requerir 
B  que  fagáis  una  de  tres  cosas  :  ó  que  luego  salgáis 
«  destos  sus  Reynos,  é  dexeis  el  titulo  dellos  quo 


272 


CRÓNIAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


))  contra  toda  justicia  queréis  usurpar ;  é  si  algún 
»  derecho  esa  vutístra  sobrina  decis  que  tiene  á  ellos, 
»  á  él  place  que  se  vea  é  determine  por  el  Sumo 
»  Pontífice  sin  rigor  de  armas ,  ó  salgáis  luego  al 
»  campo  con  vuestras  gentes  á  la  batalla  que  publi- 
»  castes  que  veníades  á  le  dar  :  porque  por  batalla 
»  do  suele  Dios  mostrar  su  voluntad  é  la  verdad  de 
» las  cosas ,  lo  muestre  en  esta  que  tenéis  en  las  ma- 
»  nos ,  ó  si  por  ventura  lo  uno  ni  lo  otro  vos  place 
»  aceptar ,  porque  su  poderío  de  gentes  es  tan  gran- 
»  de  y  el  vuestro  tan  pequeño ,  que  no  podríades  ve- 
I)  nir  con  él  en  batalla  campal ;  por  escusar  derra- 
»  mamiento  de  tanta  sangre ,  vos  embia  decir ,  que 
«por  combate  de  su  persona  á  la  vuestra  mediante 
»  el  ayuda  de  Dios,  vos  fará  conocer  que  traéis  in- 
»  justa  demanda.  » 

Oido  por  el  Rey  de  Portogal  este  requerimiento 
emhió  su  respuesta  con  un  caballero  de  su  casa  que 
se  llamaba  Alfonso  de  Herrera ,  el  qual  dixo  al  Rey 
ansí: 

«Señor,  el  Rey  Don  Alonso  de  Castilla  é  de  León 
»  é  de  Portogal  nuestro  señor,  vista  la  requesta  que 
»  con  Gómez  Manrique  Caballero  de  vuestra  casa  lo 
»  embiastes  ,  vos  embia  decir :  que  él  tiene  derecho  á 
«estos  Reynos  de  Castilla  é  de  León ,  como  esposo 
«de  la  Reyna  Doña  Juana  su  sobrina,  á  quien  de 
«justicia  pertenecen  como  á  fija  legítima  heredera 
»  del  Rey  Don  Enrique ,  la  qual  fué  jurada  en  con- 
«cordia  por  todos  los  tres  estados  destos  Reynos 
»  por  Princesa  heredera  dellos  sin  contradicción  al- 
«guna,  é  fué  tenida  por  su  fija  natural  é  legítima. 
»  Por  ende  vos  requiere ,  como  requerido  ha ,  que 
»  salgáis  vos  é  la  Reyna  de  Sicilia  vuestra  muger 
n  dellos,  é  ge  los  dexeis  desembargados  ;  y  ellos  an- 
»  sí  libres  de  la  usurpación  que  en  ellos  facéis ,  á  él 
«place que  el  Papa  conozca  este  derecho,  é  lo  libre 
»  entre  vosotros  por  justicia.  E  quanto  toca  á  la  ba- 
« talla  que  le  presentáis,  vos  embia  decir,  que  él 
» tiene  los  Grandes  de  sus  Reynos ,  é  otras  sus  gen- 
« tes  de  armas  repartidas  en  muchos  lugares ,  los 
»  quales  entiende  llamar  prestamente  é  salir  con  vos 
»  á  la  batalla  que  le  ofrecéis.  E  cerca  de  lo  tercero 
«  que  le  requerís  del  combate  de  persona  á  persona, 
»  porque  tantas  gentes  que  son  sin  culpa  no  perez- 
»  can,  vos  responde  ;  que  á  él  place  dello,  tanto  que 
«se  dé  forma  á  la  seguridad  del  campo  do  este  tran- 
»ce  se  oviere  de  facer,  c  seguridad  ansimesmo  que 
B  el  vencedor  consiga  el  efeto  de  la  vitoria  que  Dios 
«le  diere;  porque  si  esta  seguridad  no  oviese,  en 
»  vano  vencería  aquel  á  quien  Dios  diese  la  vitoria. 
«  E  que  le  parece  que  no  pueden  ser  otros  rehenes 
»  mas  ciertos  desta  seguridad  ,  que  la  Señora  Reyna 
»  do  Sicilia  vuestra  muger,  é  la  Señora  Reyna  de 
«  Castilla  é  de  Portogal  su  esposa,  pues  estas  son  las 
«partes  principales  que  competen  sobre  esta  de- 
»  manda. » 

Oida  por  el  Rey  esta  respuesta,  respondió  al  Rey 
de  Portogal  con  Gómez  Manrique  aquel  caballero 
que  habernos  dicho  que  había  ido  á  él  primero  ;  el 
qual  le  dixo  de  su  parto: 

«Señor ,  el  Roy  de  Castilla ,  é  de  León ,  é  de  Sici- 


«lia,  é  de  Portogal,  Príncipe  de  Aragón  nuestro 
»  Señor ,  vos  embia  á  decir :  que  no  es  venido  aquí 
»  á  platicar  por  palabras  el  derecho  destos  Reynos, 
n  salvo  por  las  armas  que  vos  quisistes  mover,  é  que 
» le  parecen  superfinas  estas  alegaciones  de  derecho, 
»  pues  aquí  no  tenéis  juez  que  las  oya  é  determine. 
»Ca  si  lugar  oviese,  alegarse  ía  como  el  B,ey  Don 
»  Enrique  é  todos  los  Grandes  de  sus  Reynos ,  con 
»  autoridad  del  Legado  del  Papa  juraron  á  la  Seño- 
«  ra  Reyna  su  muger  por  Princesa  heredera  destos 
»  Reynos  ;  é  también  lo  juraron  los  procuradores  de 
«las  cibdades  é  villas  dellos.  E  aun  se  alegaría  é 
»  probaria ,  como  el  mesmo  Rey  Don  Enrique  pocos 
«días  antes  que  falleciese,  quería  retificar  aquel  ju- 
»  ramento ,  é  mandaba  que  loficiesen  todos  los  gran- 
»  des  del  Reyno  é  los  tres  estados  del ,  por  cortes 
»  que  se  habían  de  facer  en  la  cibdad  de  Segovia;  é 
« lo  comunicó  con  el  Cardenal  de  España ,  é  con  el 
«  su  Condestable  de  Castilla  Conde  de  Haro ,  é  con 
»  el  Conde  de  Benavente ,  é  ansimesmo  con  el  Mar- 
»  qués  de  Villena  que  está  en  vuestra  compañía,  é 
»  con  otros  Caballeros  é  Dotorea  de  su  Consejo.  E 
»  aun  allende  desta  probanza,  dice  que  con  el  secre- 
«to  de  vuestra  consciencia  se  probaria  la  inhabili- 
»  dad  de  la  señora  vuestra  sobrina  para  esta  deman- 
»  da  que  proseguís.  Pero  pues  que  no  hay  aquí  juez 
»  que  lo  oyga  por  la  via  de  la  justicia,  y  es  necesa- 
«  rio  venir  á  la  via  de  fuerza  que  vos  escogistes  : 
«embíaos  á  decir,  que  por  quanto  para  tan  altos  é 
« tan  poderosos  Reyes  como  vosotros  sois ,  no  se  f a- 
« liaría  reyno  seguro  do  fuésedes  á  facer  estas  ar- 
«mas,  con  que  vos  combida  de  su  persona  á  la 
»  vuestra ,  é  aun  porque  buscar  tal  seguridad  seria 
«dilación  casi  infinita;  por  ende  le  parece  que  se 
«  deben  nombrar  quatro  caballeros ,  dos  Castellanos 
«nombrados  por  vuestra  parte,  é  dos  Portogueses 
»  nombrados  por  la  suya ;  é  porque  ninguna  díla- 
«  cion  en  esto  se  pueda  dar,  Su  Alteza  nombra  lue- 
»  go  de  los  Portogueses  al  Duque  de  Guimarans,  é  al 
«Conde  de  Villareal  que  están  con  vos;  é  que  vos 
«  nombréis  otros  dos  Castellanos  de  los  que  están 
»  con  él ,  para  que  estos  quatro  con  cada  ciento  ó 
»  decientas  lanzas,  con  grandes  juramentos  é  fide- 
»  lidades  que  fagan ,  tengan  el  campo  donde  ficiére- 
»  des  las  armas,  seguro  como  debe  ser  en  tal  caso. 
»  E  que  esta  negociación  se  concluya  dentro  de  ter- 
»  cero  día,  porque  no  es  honesto  á  tan  altos  Prínci- 
«  pes  la  dilación  en  seinejante  materia.  E  acerca  de 
« los  rehenes  que  embiastes  á  nombrar  de  la  Reyna 
»  nuestra  Señora,  é  de  la  Señora  vuestra  sobrina;  á 
K  esto  vos  embia  decir ,  que  estos  rehenes  no  llevan 
»  ninguna  proporción  de  igualdad,  la  qual  desigual- 
«dad  es  muy  notoria  á  todo  el  mundo,  é  no  menos 
»  á  Vuestra  Señoría  ;  por  ende  que  no  conviene  fa- 
«  blar  en  ello.  Pero  por  vos  satisfacer ,  é  porque  no 
»  parezca  que  por  falta  de  seguridad  queda  por  f a- 
»  cer  este  trance ,  á  él  place  de  dar  la  Princesa  su 
«fija,  é  todas  las  otras  seguridades  é  rehenes  que 
«sean  necesarias  para  seguridad  que  el  vencedor 
«  consiga  efeto  de  su  vitoria ;  ó  si  en  esta  forma  vos 
«placo   aceptar,  luego  se  porná  en  obra  vuestro 


DON  FERNANDO 
» trance  ;  donde  otra  cosa  placerá  á  Vuestra  Alteza 
» añadir  6  menguar,  no  me  es  mandado  replicar 
»  mas.» 

El  Rey  de  Portogal  embió  Alonso  do  Herrera, 
aquel  caballero  que  había  embiado  primero  al  Rey, 
el  qual  le  dixo  de  su  parte: 

« Señor,  el  Rey  de  Castilla,  é  de  León,  é  de  Por- 
» togal ,  nuestro  Señor ,  visto  lo  que  le  embiastes  á 
«replicar  con  Gómez  Manrique,  dice  ansí :  que  á  él 
»  place  nombrar  los  caballeros  Castellanos ,  según 
»  que  Vuesta  Alteza  nombró  los  dos  Portogueses, 
»  para  que  tengan  seguro  el  campo  do  oviéredes  de 
» facer  el  trance.  Pero  cerca  de  los  rehenes  que 
»  se  han  de  dar  para  seguridad  de  la  vitoria  que 
»  oviere  el  vitorioso,  él  no  recibirá  otros  algunos 
»  salvo  á  la  Reyna  de  Sicilia  vuestra  muger  ;  porque 
))8i  ella  quedase  libre,  salvo  que  él  venciese,  que- 
»  daba  todavía  el  debate  de  la  subcesion  destos  Rey- 
»nos  é  no  se  definia  por  vuestras  armas,  según  que 
»  vos  decís  que  lo  deseáis.  Por  ende ,  si  ella  se  pone 
»  por  rehenes ,  á  él  place  de  venir  en  todas  las  otras 
»  cosas  que  por  vos  son  movidas  :  en  otra  manera, 
»no  me  mandó  fablar  mas  cerca  desta  materia.» 

CAPÍTULO  XXIV. 

Como  el  Rey  asentó  real  sobre  Toro ,  é  como  lo  alzó. 

Visto  por  el  Rey  en  como  el  Rey  de  Portogal  no 
salía  á  la  batalla  campal ,  é  que  traia  impedimento 
en  el  combate  que  le  movió  de  persona  á  persona, 
acordó  de  asentar  su  real  ribera  del  río  de  Duero 
cerca  de  la  cibdad  de  Toro  ,  y  estovo  allí  tres  días, 
en  los  quales  la  hueste  ovo  gran  falta  de  mautení- 
mientos.  Porque  aquel  Alcayde  de  Castronufio  que 
habernos  dicho ,  tenia  gente  en  las  fortalezas  de 
Siete  Iglesias  é  Castronuño ;  é  la  otra  gente  contra- 
ria que  estaba  por  el  Rey  de  Portogal  en  otras  for- 
talezas cercanas  á  la  cibdad  do  Toro  facían  guerra, 
é  no  consentían  pasar  los  mantenimientos  que  ve- 
nían al  real.  Y  en  los  tres  días  que  estovo  allí  el 
Rey  llegó  á  valer  el  pan  diez  maravedís ,  que  un  día 
antes  se  había  vendido  por  dos  maravedís,  é  por 
consiguiente  todos  los  otros  mantenimientos.  Quan- 
do  el  Rey  é  todos  los  caballeros  de  su  Consejo  sin- 
tieron falta  de  los  mantenimientos,  é  como  crescia 
mas  cada  hora,  é  que  no  lo  podían  remediar  por  el 
estorvo  que  les  facían  aquellas  fortalezas ;  de  que 
vieron  ansimesmo,  que  aunque  pudiesen  estar  allí 
mucho  tiempo,  ni  por  eso  la  cibdad  de  Toro  estaba 
cercada ,  porque  de  la  otra  parte  del  rio  no  había 
gente  que  resistiese  la  entrada  é  la  salida  de  los  Por- 
togueses, ni  el  rio  se  podía  vadear  para  que  de  la 
otra  parte  se  pudiesen  quitar  los  mantenimientos 
que  entraban  en  la  cibdad ;  é  según  la  gran  gente 
que  estaba  dentro  con  el  Rey  de  Portogal ,  era  ne- 
cesario asentar  real  de  la  otra  parte  de  la  cibdad,  en 
que  oviese  tanta  gente  quanta  el  Rey  allí  tenia,  ni 
menos  tenia  dineros  para  pagar  sueldo ,  é  para  las 
otras  cosas  necesarias  á  tan  grand  exército  como 
allí  con  él  estaba ,  ni  había  pertrechos  para  comba- 
tir la  puente,  por  remediar  el  daño  que  la  hueste 
Cr.-IIL 


E  DONA  ISABEL.  §73 

recebía,  é  porque  no  oviese  otro  mayor,  ovo  conse- 
jo el  Rey  de  alzar  el  real,  é  venir  á  la  villa  de  Me- 
dina del  Campo.  La  gente  de  los  comunes  de  pié  é 
de  caballo  que  allí  vinieron,  que  eran  en  gran  nú- 
mero, quando  sopieron  que  los  caballeros  conseja- 
ban al  Rey  que  alzase  el  real,  é  le  facían  bolver  sin 
haber  fecho  obra  ningima ;  no  mirando  las  causas 
que  le  costrefiian  á  lo  alzar,  comenzaron  á  murmu- 
rar ,  é  partíanse  en  partes.  Los  unos  decían  que  el 
Rey  venia  allí  engañado ,  é  que  los  caballeros  que 
con  él  estaban  lo  querían  prender  ;  otros  decían  que 
le  consejaban  mal,  porque  teniendo  junto  tan  gran- 
de exército  de  gente ,  lo  facían  derramar  sin  facer 
alguna  obra ,  porque  no  podría  juntar  en  muchos 
tiempos  otra  tanta  é  tal  gente ,  é  con  tanta  volun- 
tad de  le  servir.  Decían  ansimesmo ,  que  los  caba- 
lleros no  contentos  de  las  divisiones  é  guerras  pa- 
sadas, agora  de  nuevo  querían  tener  formas  de  di- 
lación ,  porque  esta  división  del  Rey  de  Portogal 
durase  en  el  Reyno ,  á  fin  de  ganar  con  el  un  Rey  ó 
con  el  otro  ,  por  acrecentar  sus  estados ,  é  amenguar 
é  destruir  de  todo  punto  el  estado  real.  Este  mor- 
murió  anduvo  entre  ellos,  é  eres  ció  de  tal  manera, 
que  vinieron  algunos  dellos  al  Rey,  é  le  dixeron  co- 
mo los  caballeros  que  le  consejaban  que  alzase  el 
real,  no  le  eran  derechos  servidores :  por  ende  que 
debía  mirar  cerca  dello  lo  que  compila  á  su  servicio, 
é  que  para  qualquier  cosa  que  quisiese  facer,  todas 
aquellas  gentes  de  armas  de  los  comunes  que  allí  es- 
taban se  juntarían  con  él.  B  sobre  esto  ovo  gran  es- 
cándalo en  el  real ,  porque  los  caballeros  que  fueron 
avisados  destas  fablas  se  escandalizaron,  é  cada  uno 
con  su  gente  se  ponía  guarda  ;  é  de  tal  manera  iba 
creciendo  el  escándalo,  que  toda  la  hueste  estovo 
en  punto  de  se  perder.  El  Rey  que  era  home  de  buen 
ingenio  ,  é  tenia  condición  amigable  ,  conoció  que 
como  quiera  que  los  comunes  no  miraban  bien  las 
causas  que  le  constreñían  alzar  el  real ,  pero  que  se 
movían  á  decir  aquellas  cosas  con  deseo  de  su  ser- 
vicio. Eso  mesmo  sabia,  que  los  caballeros,  con  toda 
lealtad,  le  consejaban  la  verdad  de  lo  que  debia  fa- 
cer, según  las  necesidades  ocurrían  á  la  hora.  E  por- 
que vido  que  no  podía  durar  allí  toda  aquella  gente 
muchos  días  sin  recebir  gran  daño,  trabajó  de  pacifi- 
car todo  aquel  escándalo;  é  fabló  con  los  principales 
de  aquellos  comunes ,  las  causas  que  le  movían  de 
alzar  el  real,  é  con  buena  razón  satisfizo  al  buen  de- 
seo de  los  comunes,  é  á  la  inocencia  de  los  caballe- 
ros,  é  á  la  concordia  de  los  unos  é  de  los  otros.  Lue- 
go mandó  alzar  el  real,  é  vino  para  la  villa  de  Me- 
dina del  Campo.  E  al  tiempo  de  la  partida  aquellas 
gentes  de  las  comunidades ,'  indinados  por  la  poca 
execucion  qire  habian  fecho  de  lo  que  tanto  desea- 
ban, derramáronse  por  muchas  partes  desordenados, 
de  tal  manera  que  si  el  Rey  de  Portogal  fuera  dello 
avisado  ,  solos  dos  mil  rocines  que  soltara  é  fueran 
en  pos  dellos ,  ficieran  tan  grand  estrago  en  los  Cas- 
tellanos ,  que  en  aquel  día  oviera  acabado  su  em- 
presa ,  si  la  providencia  de  Dios  que  guia  las  cosas 
á  los  fines  que  tiene  ordenados ,  no  le  impidiera  el 
conocimiento  de  aquella  ventura  que  ge  le  ofrecía. 

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274 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPÍTULO  XXV. 


De  lo  que  pasó  en  Medina  del  Campo ,  é  del  acuerdo  que  se  ovo 
para  tomar  la  plata  de  las  Iglesias. 

El  Rey,  según  es  dicho ,  acordó  de  venir  á  Medi- 
na;  é  la  Reyna  que  estaba  en  Tordesillas  vino  lue- 
go para  él ,  é  allí  se  despidieron  para  ir  á  sus  tier- 
ras todos  los  mas  de  aquellos  Grandes  é  caballeros 
que  con  ellos  estaban ,  é  todas  las  otras  gentes  que 
hablan  juntado.  E  quedaron  con  el  Rey  é  con  la 
Reyna  el  Cardenal  de  España,  y  el  Duque  de  Alva, 
y  el  Almirante,  y  el  Condestable  Conde  de  Haro,  y 
el  Conde  de  Benavente ,  y  el  Conde  de  Alva  de  Lis- 
te ,  é  algunos  otros  caballeros ,  é  gente  de  caballo  é 
de  pié  que  estaban  en  la  guarda  del  Rey  é  de  la 
Reyna.  Estando  allí  en  Medina ,  sopieron  que  un  ca- 
ballero que  se  llamaba  Don  Rodrigo  de  Castañeda, 
hermano  del  Conde  de  Cif uentes ,  que  vivia  con  el 
Marqués  de  Villena,  quería  venir  de  noche  con  gen- 
te á  quemar  los  arrabales  de  Medina.  De  lo  qual  el 
Rey  é  la  Reyna  fueron  avisados;  é  porque  vieron 
que  con  tan  poca  gente  no  podían  estar  seguros  en 
aquella  villa  por  no  ser  fuerte  ,  en  especial  estando 
el  Rey  de  Portogal  tan  cerca  é  con  tanta  gente,  ovie- 
ron  su  acuerdo  de  volver  á  Valladolíd.  E  porque  no 
tenían  dinero  para  pagar  sueldo  á  la  gente  de  armas 
que  con  ellos  estaban ,  pensaron  por  muchas  mane- 
ras donde  lo  pudiesen  haber,  porque  les  convenia 
sostener  la  guerra  comenzada.  E  después  de  muchas 
pláticas  habidas  por  los  del  su  Consejo  cerca  desta 
materia ,  dixeron  al  Rey  é  á  la  Reyna ,  que  ya  veían 
quanto  les  era  necesario  tener  gente  de  armas  jun- 
ta ,  pues  el  Rey  su  adversario  la  tenia ,  é  como  quier 
que  sus  subditos  con  voluntad  de  los  servir  vernian 
cada  que  los  llamasen ,  pero  que  era  necesario  dine- 
ro para  les  pagar  sus  gages,  é  que  esto  no  veían 
donde  se  pudiese  haber,  porque  todo  el  patrimonio 
real  estaba  enagenado  con  las  turbaciones  pasadas 
é  guerras  presentes.  Eso  mesmo  les  dixeron,  que 
ellos  eran  Reyes  é  no  tiranos ,  para  que  diesen  lu- 
gar á  robos  ni  fuerzas ,  porque  esto  tal ,  ni  seria  ser- 
vicio de  Dios,  ni  suyo,  ni  aun  de  semejante  gente 
se  suelo  haber  provecho ;  porque  no  les  pagando 
sueldo  no  tienen  obediencia  ,  é  sin  obediencia  f  arian 
mucha  mas  guerra  á  las  personas  é  pueblos  que  es- 
tan  á  8u  servicio,  que  á  los  que  están  por  su  adver- 
sario ;  é  desto  se  siguiria  que  la  afición  que  los  co- 
munes tienen  á  sus  reales  personas,  se  convertiese 
en  odio  é  malquerencia.  E  que  no  seria  buen  conse- 
jo ,  teniendo  justa  guerra  dar  lugar  que  se  faga  in- 
justa con  la  mala  consciencía  de  su  gente;  porque 
aquellas  guerras  han  prósperos  fines,  cuya  gente 
tiene  freno  á  los  robos,  é  do  esto  no  hay,  no  sola- 
mente lo9  contrarios,  mas  Dios  se  muestra  enemi- 
go. Todo  esto  considerado ,  é  ansimesmo  que  su  ad- 
versario tiene  mucho  dinero  de  lo  que  traxo  de  su 
rey  no ,  é  que  cada  día  le  traen  de  sus  rentas  con  que 
paga  sueldo  ,  é  face  mercedes,  é  se  sostiene  en  Cas- 
tilla ;  dixeron  que  habían  pensado ,  que  se  debía  to- 
mar la  plata  de  las  Iglesias  ;  é  que  no  oviese  esto 


por  cosa  nueva  ni  grave,  porque  permitido  era 
quando  extrema  necesidad ,  como  esta ,  ocurría  en 
los  reinos,  que  se  suele  tomar  no  solo  la  plata,  mas 
los  bienes  é  las  rentas  de  las  Iglesias ,  é  de  las  co- 
sas sagradas.  Lo  qual  se  había  fecho  muchas  veces 
en  otros  reynos  é  provincias ;  é  aun  se  lee  en  lo  Sa- 
cra Escriptnra,  que  para  las  necesidades  que  ocur- 
rían en  Jerusalem ,  no  solamente  se  tomaba  el  teso- 
ro del  templo,  mas  tomaban  los  ornamentos  é  las 
limosnas  que  se  ofrecían  para  la  fábrica  ,  é  para  las 
otras  cosas  pías,  para  remediar  á  las  necesidades 
que  ocurrían  en  la  tierra ;  porque  aquel  remedio  tam- 
bién es  para  las  cosas  eclesiásticas,  como  para  las 
seglares ,  porque  no  padezcan  los  males  é  destrui- 
cíones  que  de  las  guerras  geles  siguen.  E  después 
de  fenecida  aquella  necesidad ,  los  buenos  Reyes 
restituían  lo  que  tomaban  del  santuario.  E  que  ansí 
esperaban  en  Dios  que  les  daría  victoria,  é  restitui- 
rían lo  que  tomasen,  é  f arian  otras  mayores  limos- 
nas á  los  templos.  E  pues  los  Perlados  é  Clerescía 
del  Reyno  serian  contentos  dello,  eu  voto  era  que  de- 
bían dar  sus  cartas  luego  é  poner  receptores  que  re- 
cibiesen esta  plata ,  de  que  se  pudiesen  socorrer  sola- 
mente para  pagar  sueldo  á  la  gente ,  é  para  las  otras 
cosas  necesarias  á  la  guerra ;  é  que  esto  no  se  gaste 
ni  destríbuya  en  ninguna  otra  necesidad ,  salvo  so- 
lamente, en  esta  de  la  guerra.  El  Rey  é  la  Reyna, 
oídas  estas  razones,  parecióles  grave  cosa  tocar  en 
los  bienes  de  las  Iglesias ;  pero  considerando  su  ne- 
cesidad, é  conocido  que  á  los  Perlados  é  Clerescía 
placería  dello,  acordaron  que  se  tomase  solamente 
la  meytad  de  la  plata  de  las  Iglesias,  é  la  otramey- 
tad  quedase  para  el  servicio  del  culto  divino ,  con 
obligación  que  ficieron  de  la  pagar.  Para  la  qual 
paga  luego  diputaron  treinta  cuentos,  que  se  habían 
de  pagar  en  el  Reyno  del  pedido  é  monedas  dentro 
de  tres  años ;  é  dieron  sus  cartas ,  y  embiaron  sus 
tesoreros  é  receptores  para  la  recebir.  Toda  la  Cle- 
recía ,  considerada  la  necesidad  de  la  guerra,  de  su 
voluntad  dieron  la  meytad  de  la  plata  que  tenían 
en  cada  una  Iglesia  del  Reyno.  De  la  qual  manda- 
ron pagar  sueldo ,  é  tornaron  llamar  gente  limitada, 
tanta  que  pudiese  ser  bien  pagada,  é  della  sostuvie- 
ron por  algunos  días  la  guerra,  que  en  otra  mane- 
ra no  pudieran  sostener.  La  qual  fué  después  paga- 
da á  las  Iglesias  de  aquellos  treinta  cuentos,  é  de 
otra  gran  suma  de  maravedís  que  para  ello  fué  li- 
brada. E  cerca  desta  paga,  la  Reyna  puso  gran  dili- 
gencia porque  se  ficiese  complidamente,  é  dio  cargo 
á  los  Padres  Priores  de  los  monesteríos  de  San  Ge- 
rónimo de  todo  el  Reyno,  que  oviesen  información 
cada  uno  en  su  provincia,  si  esta  plata  se  restituía 
enteramente  á  las  Iglesias.  Los  quales  fueron  solici- 
tadores desta  restitución  que  enteramente  fué  fecha. 

CAPÍTULO  XXVL 

De  las  cosas  que  el  Conde  de  Paredes  facia  en  el  Reyno 

de  Toledo. 

En  el  tiempo  quo  estas  cosas  pasaban ,  el  Conde 
de  Paredes,  Maestre  de  Santiago,  é  Don  Diego  Fer- 


DON  FERNANDO 
nandez  de  Córdova,  Conde  de  Cabra ,  por  virtud  de 
los  poderes  que  tenian  del  Rey  é  de  la  Reyna,  fa- 
cían guerra  á  las  tierras  del  Maestre  de  Calatrava 
é  á  la  tierra  del  Conde  de  ürueña ,  su  hermano ,  é 
del  Marqués  de  Villena  su  primo,  que  según  habe- 
rnos dicho  estaban  en  la  obediencia  del  Rey  de  Por- 
togal ,  é  tomaron  á  Cibdad-Real,  que  tenia  el  Maes- 
tre de  Calatrava,  é  reduxeronla  á  la  obediencia  del 
Rey  é  de  la  Reyna.  E  de  tal  manera  estos  dos  caba- 
lleros tenian  ocupada  la  tierra  del  Maestre  de  Cala- 
trava, que  él  ni  gente  suya  no  pudo  ir  en  ayuda  del 
Rey  de  Portogal ,  porque  le  era  necesario  guardar 
con  ella  sus  lugares,  por  la  guerra  que  desde  Cibdad- 
Real  les  f acia  el  Maestre  Don  Rodrigo  Manrique ,  y 
el  Conde  de  Cabra.  Los  quales  cobraban  las  rentas 
de  muchos  lugares  de  los  contrarios,  de  las  quales 
pagaban  sueldo  á  la  gente  de  armas  que  tenian.  E 
después  que  estovieron  juntos  algunos  dias,  acorda- 
ron que  el  Conde  volviese  al  Andalucía  á  proveer  en 
las  cosas  de  aquella  tierra,  en  lo  que  fuese  necesa- 
rio al  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna,  y  el  Maestre 
viniese  á  Uclés,  é  ansí  se  partieron  cada  uno  con  su 
gente.  El  Maestre  como  fué  en  Uclés,  luego  comen- 
zó á  facer  guerra  á  todos  los  lugares  del  Marquesa- 
do de  Villena,  é  tomar  las  rentas  que  pertenecían 
al  Marqués.  E  porque  los  moradores  de  las  villas  é 
lugares  de  aquel  Marquesado  aborrecían  á  los  Por- 
togueses  y  eran  aficionados  al  Rey  é  á  la  Reyna,  acu- 
dían de  buena  voluntad  con  las  rentas  al  Maestre 
de  Santiago.  Los  vecinos  de  Villena ,  como  vieron 
capitán  por  el  Rey  é  por  la  Reyna  puesto  en  la  co- 
marca que  les  pudiese  favorecer,  rebelaron  contra 
el  Marqués ,  é  mataron  é  robaron  algunos  de  la  vi- 
lla ,  é  quitaron  los  oficíales  que  tenia  puestos  el  Mar- 
qués ,  é  pusieron  justicia  por  el  Rey  é  por  la  Rey- 
na, é  cercaron  la  fortaleza.  E  para  los  favorecer  en 
aquel  cerco,  vino  un  caballero  de  Aragón,  que  se 
llamaba  Mosen  Gaspar  Fabra,  con  gente  de  Aragón, 
el  qual  apretó  el  cerco  en  tal  manera ,  que  en  pocos 
días  tomó  la  fortaleza.  El  Rey  é  la  Reyna ,  por  el 
servicio  que  les  ficieron  los  de  aquella  villa ,  prome- 
tiéronles de  la  no  apartar  de  su  corona  real.  Otrosí 
los  vecinos  de  las  villas  de  Utíel,  é  Almansa,  é 
Iniesta,  y  Hellin  ,  é  Tovarra,  é  todas  las  mas  de  las 
otras  villas  del  Marquesado  de  Villena,  algunas  por 
su  voluntad  é  otras  por  temor,  visto  lo  que  los  de 
la  villa  de  Villena  ficieron ,  luego  rebelaron  con- 
tra el  Marqués ,  é  se  pusieron  en  obediencia  del  Rey 
é  de  la  Reyna.  A  los  quales  el  Maestre  dixo  que  se 
conservasen  so  el  imperio  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
cuyos  naturales  eran,  e  amonestóles,  que  sí  alguna 
mudanza  ficiesen  de  lo  que  habían  principiado,  se- 
rían privados  de  las  vidas  é  de  los  bienes;  é  que  á 
él  en  lugar  de  amigo  farian  adversario,  é  al  Rey  é 
á  la  Reyna  en  lugar  de  reyes  piadosos,  farian  jus- 
ticieros crueles.  Ansímesmo  Pedro  de  Arronís,  Al- 
cayde  de  la  fortaleza  de  Requena,  veyendo  que  el 
Marqués  de  Villena  por  quien  él  tenia  la  fortaleza, 
seguía  el  partido  del  Rey  de  Portogal,  é  que  no  la 
podía  defender,  porque  los  de  la  villa  la  querían 
cercar,  embió  su  obediencia  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é 


É  DOÑA  ISABEL.  275 

fizóles  pleyto  omenage  por  ella.  Destas  cosas  el 
Marqués  estaba  aquexado,  porque  de  todas  partes 
le  recrecían  necesidades,  á  que  no  podía  proveer,  é 
recelaba  que  sus  villas  del  Condado  de  San  Estevan 
é  otros  sus  lugares  rebelarían  contra  él ;  é  sus  Al- 
caydes  por  este  temor  le  embiaban  requerir,  que  les 
embiase  gente  é  bastimentos  para  las  defender ;  é  á 
fin  de  proveer  á  estas  necesidades,  repartió  toda  la 
gente  que  pudo  haber  para  guardar  las  villas  que  le 
quedaron.  Esta  misma  fatiga  tenían  el  Maestre  de 
Calatrava,  y  el  Conde  de  Urueña ,  su  hermano,  y  el 
Duque  de  Arévalo,  é  todos  los  caballeros  que  se- 
guían el  partido  del  Rey  de  Portogal,  é  les  impedia 
que  no  le  sirviesen  con  la  gente  que  habian  prome- 
tido. El  Rey  de  Portogal ,  visto  que  no  era  servido 
de  aquellos  caballeros  según  el  asiento  que  con  ellos 
fizo,  é  que  el  Comendador  mayor  de  León,  que  se 
llamaba  Maestre  de  Santiago,  se  había  entrado  en 
su  Reyno  con  gente  para  lo  destruir ;  veyendo  eso 
raesmo  los  robos  que  de  las  fortalezas  de  Alégrete 
é  Nodar  se  facían  continamente  en  su  tierra,  qui- 
siera embiar  alguna  de  su  gente  para  resistir  aque- 
llos daños  que  en  su  Reyno  se  facían ;  pero  recelaba 
quedando  sin  gente,  que  recibiría  mayor  daño  en 
Castilla,  é  sí  no  la  embiase,  lo  recibiría  en  Porto- 
gal.  E  veyéndose  por  esta  causa  en  pensamiento 
trabajoso ,  embió  decir  á  aquellos  caballeros  Caste- 
llanos que  estaban  en  su  obediencia,  que  lo  que  veía 
por  obra ,  no  era  conforme  á  la  promesa  de  la  pala- 
bra que  le  habian  fecho,  ni  menos  á  las  grandes  fiu- 
cias  y  esperanzas  que  le  habían  dado  al  tiempo  que 
había  entrado  en  Castilla,  quando  le  prometieron 
de  le  servir  en  esta  demanda  con  cinco  mil  hornea 
de  armas  á  caballo,  é  facer  que  catorce  cíbdades  é 
villas  de  las  mas  principales  del  Reyno  se  pusiesen 
en  su  obediencia.  E  porque  ninguna  cosa  destas,  ni 
otras  muchas  que  le  habían  certificado ,  sucedieron 
segund  ellos  lo  habian  prometido ,  mostró  gran  des- 
contentamiento dellos.  Ansímesmo  ellos  veyéndose 
por  tantas  partes  oprimidos  é  puestos  en  necesida- 
des le  decían ,  que  tener  junta  su  gente  con  él ,  ó 
tenerla  en  defensa  de  la  tierra  que  estaba  por  él,  to- 
do era  servicio  suyo,  por  el  qual,  é  por  le  facer  Rey 
de  Castilla,  sufrían  muchas  pérdidas  de  su  patrimo- 
nio ;  é  allende  de  aquellas,  tenían  sus  personas  élos 
bienes  que  les  quedaban  en  aventura  de  los  perder, 
é  desta  manera  ovieron  algunos  descontentamien- 
tos los  unos  de  los  otros. 

El  Cardenal  de  España  que  fué  informado  de  las 
cosas  que  pasaban  entre  el  Rey  de  Portogal  é  aque- 
llos caballeros ,  pensó  que  seria  tiempo  conveniente 
de  fablar  en  alguna  concordia;  y  embió  su  mensa- 
gero  secretamente  á  fablar  con  el  Rey  de  Portogal 
para  le  traer  á  algún  trato  de  paz.  El  qual  conside- 
rando que  las  cosas  que  veía  presentes  no  corres- 
pondían a  las  que  pensó  al  tiempo  de  su  entrada  en 
Castilla,  respondió  al  Cardenal  que  le  placía  de  ve- 
nir en  partido  de  concordia  sí  le  dexasen  las  cíbda- 
des de  Toro  é  Zamora  que  él  tenia,  é  le  diesen  el 
Reyno  de  Galicia  para  juntar  con  su  Reyno ;  é  ansí- 
mesmo demandaba  una  gran  suma  de  dineros ,  por- 


276 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  se  dexase  de  aquella  requesta.  La  Reyna,  oida 
cata  demanda  que  el  Rey  de  Portogal  fizo,  respon- 
dió que  como  quiera  que  el  Rey  su  marido  y  ella  es- 
taban en  tantas  necesidades  quantas  eran  manifies- 
tas á  todos ;  pero  que  faciendo  sus  diligencias  para 
que  estos  Reynos  fuesen  conservados  é  no  diminui- 
dos, antes  lo  pornia  todo  en  las  manos  de  Dios  para 
que  dispusiese  dellos  á  su  voluntad,  que  en  sus  dias 
consintiese  apartar  dellos  ni  sola  una  almena,  para 
que  fuese  enagenado  en  otro  señorío ,  ni  mudarlos 
de  la  manera  que  su  padre  el  Rey  Don  Juan  los  ha- 
bía dexado.  E  cerca  del  dinero  que  el  Rey  de  Porto- 
gal  pedia,  le  placía  dar  una  suma  de  oro  que  fuese 
razonable,  é  aun  sufriría  que  fuese  excesiva,  por 
remediar  estos  Reynos  de  las  guerras  é  trabajos  en 
que  los  había  puesto.  Cerca  de  lo  qual  pasaron  por 
estonces  algunas  fablas  é  tratos  en  diversos  tiem- 
pos ;  pero  la  historia  aquí  no  face  mención  dellos, 
porque  ninguna  cosa  dello  vino  en  efeto. 

CAPÍTULO  XXVII. 

Como  se  puso  cerco  sobre  el  castillo  de  Burgos. 

Después  que  el  Rey  alzó  el  real  de  sobre  Toro ,  é 
vinieron  el  Rey  é  la  Reyna  para  Valladolid,  reci- 
bieron mensageros  de  la  cíbdad  de  Burgos  ;  los  qua- 
les  les  ficieron  saber,  que  Juan  de  Stúñiga,  Alcayde 
del  castillo  de  la  cíbdad,  con  gente  del  Duque  de 
Arévalo,  les  apremiaba  é  les  facia  guerra,  porque 
no  obedecían  al  Rey  de  Portogal  por  su  Rey  é  que 
liabian  quemado  mas  de  trecientas  casas  cercanas 
al  castillo  en  una  calle  principal  de  la  cibdad ,  que 
se  llamaba  la  calle  de  las  Armas;  é  que  les  facían 
de  día  é  de  noche  tanta  guerra  con  los  trabucos  que 
tenían  en  el  castillo ,  é  con  la  gente  que  salía  á  ro- 
bar é  á  matar  los  de  la  cibdad,  que  no  lo  podrían 
sufrir  si  no  toviesen  alguna  gente  para  los  resistir. 
Otrosí  que  el  Obispo  de  Burgos ,  que  se  llamaba  Don 
Luis  de  Acuña,  que  estaba  en  la  obediencia  del  Rey 
de  Portogal ,  les  facia  guerra  desde  una  su  fortale- 
za cercana  á  la  cibdad  que  se  llamaba  Rabe.  Por 
ende  les  suplicaron  que  los  acorriesen  con  alguna 
gente,  en  tanto  número  que  pudiesen  cercar  el  cas- 
tillo, é  resistir  á  los  males  que  recebian.  Oida  esta 
embaxada ,  el  Rey  é  la  Reyna,  considerado  el  servi- 
cio grande  que  de  aquella  cíbdad  recebian ,  é  que  en 
tenerla  á  su  obediencia  tenían  muy  ciertas  las  mon- 
tañas ,  acordaron  que  el  Rey  fuese  á  cercar  el  casti- 
llo de  Burgos.  Y  entretanto  que  se  aderezaba  la 
gente  de  armas  que  había  de  ir  con  él,  embiaron  á 
Don  Alonso  de  Arellano ,  Conde  de  Aguilar,  é  á  Pe- 
ro Manrique,  é  á  Sancho  de  Roxas,  señor  de  Cavia, 
é  á  un  Capitán  que  se  llamaba  Estevan  de  Villacre- 
ces,  con  gente  para  resistir  las  fuerzas  é  robos  que 
facían  los  del  castillo.  Estos  caballeros  fueron  á  la 
cibdad  de  Burgos,  é  pusieron  sus  estanzas  por  par- 
te la  cíbdad  contra  el  castillo ,  é  contra  una  Iglesia 
que  se  llama  Santar  María  la  Blanca ,  que  es  cerca 
do  la  fortaleza,  é  defendían  que  no  saliesen  del  cas- 
tillo á  facer  tantas  fuerzas  é  robos  como  solian  fa- 
cer. Pero  como  los  del  castillo  tenían  dentro  y  en 


aquella  Iglesia  mucha  gente',  facíanles  poca  resis- 
tencia, porque  por  la  puerta  de  la  Coracha  salían 
fuera  de  la  fortaleza  libremente ,  é  robaban  á  los  que 
venían  con  mantenimientos  é  otras  cosas  á  la  cib- 
dad. Sabido  esto  por  el  Rey,  deliberó  de  venir  en 
persona  á  sitiar  el  castillo ;  y  embió  llamar  gente  de 
pié  de  toda  aquella  tierra  de  la  comarca,  é  de  las 
montañas.  Vino  asimesmo  Don  Alonso  el  bastardo 
de  Aragón,  hermano  del  Rey,  que  era  Duque  de 
Villahermosa,  y  el  su  Condestable  Conde  de  Haro. 
E  mandó  poner  estanzas  por  de  dentro  de  la  cíbdad 
é  por  defuera  contra  el  castillo,  é  contra  aquella 
Iglesia  de  Santa  María  la  Blanca.  Mandó  ansímes- 
mo  facer  grandes  cavas  en  circuito  de  toda  la  for- 
taleza, de  manera  que  ninguno  podía  salir  ni  entrar 
en  ella.  E  las  estanzas  que  estaban  por  defuera  de 
la  cibdad  fueron  fortificadas  de  cavas  é  baluartes  ; 
porque  si  el  Rey  de  Portogal  la  viniese  á  socorrer, 
no  pudiese  gente  ninguna  entrar  en  la  fortaleza  sin 
recebir  gran  daño.  Mandó  ansimesmo  poner  inge- 
nios, lombardas,  é  otros  tiros  de  pólvora,  que  con- 
tinamente tiraban  al  castillo.  Y  en  esta  manera  cer- 
có el  Rey  al  castillo  de  Burgos  por  todas  partes. 

CAPÍTULO  XXVIII. 

De  como  la  Reyna  fué  á  León ,  é  de  lo  que  ende  fizo. 

Entretanto  que  estas  cosas  pasaban,  la  Reyna, 
que  había  quedado  en  Valladolid ,  ovo  nueva  que 
Alonso  de  Oblanca,  Alcayde  de  las  torres  de  León, 
tenía  f abla  secreta  con  algunas  personas  por  parte 
del  Rey  de  Portogal ,  que  le  ofrecían  gran  suma  de 
dinero,  é  le  facían  otras  mercedes,  porque  le  entre- 
gase aquella  fortaleza.  Como  la  Reyna  fué  certifi- 
cada desto,  luego  á  la  hora  partió  para  León,  é  con 
ella  ei  Cardenal  de  España.  Los  de  la  cíbdad ,  como 
sopieron  la  venida  de  la  Reyna,  ovieron  mucho 
placer,  é  juntáronse  todos  con  ella.  E  luego  mandó 
llamar  al  Alcayde,  el  qual  salió  á  ella,  é  díxole: 
«Alcayde,  á  mi  servicio  cumple  que  me  entreguéis 
»  esta  mi  fortaleza  qUe  tenéis.»  El  Alcayde  alterado 
en  ver  la  venida  tan  acelerada  de  la  Reyna,  dixo  : 
«  Señora ,  ¿  por  qué  vos  placo  quitarme  el  cargo  do 
» la  guarda  destas  torres ,  pues  no  he  fecho  cosa  por 
«que  se  me  deba  quitar?  »  La  Reyna  le  respondió: 
» Alcayde ,  no  digo  que  sois  en  cargo ,  pero  á  mi 
«servicio  cumple  que  luego  me  la  entreguéis.»  El  Al- 
cayde le  replicó  :  «  Señora,  pues  que  ansí  vos  place, 
»  dadme  espacio  para  sacar  mis  bienes  que  en  ella 
«tengo.»  La  Reyna  le  dixo :  «A  mí  me  place  que  ea- 
»  queis  todo  lo  vuestro ,  pero  no  comple  á  mi  servi- 
«cío  que  os  apartéis  de  aquí  do  yo  estoy,  fasta  tan- 
»to  que  yo  sea  apoderada  de  mí  fortaleza.»  El  Al- 
cayde quando  vído  que  la  Reyna  no  le  daba  lugar 
para  volver  á  la  fortaleza,  entrególa  luego  á  un 
caballero  de  su  casa,  que  se  llamaba  Don  Sancho  de 
Castilla  que  venía  con  ella.  Recebida  aquella  forta- 
leza por  aquel  caballero ,  la  Reyna  proveyó  en  la 
guarda  de  la  cíbdad ,  y  en  la  justicia ,  y  en  otras  co- 
sas que  entendió  ser  necesarias  á  toda  aquella  tier- 
ra ;  é  volvióse  para  Valladolid. 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  XXIX. 
Del  combate  que  se  dio  en  Sancta  María  la  Blanca  en  Burgos. 

El  Rey  continó  siempre  el  cerco  del  castillo  de 
Burgos ;  é  acordó  de  combatir  aquella  Iglesia  de 
Santa  María  la  Blanca,  que  era  cercana  al  castillo, 
como  dicho  habernos,  porque  entendió  que  aquella 
Iglesia  tomada ,  se  podría  haber  mas  presto  la  for- 
taleza. E  fizo  aderezar  los  combates  por  seis  partes 
con  tiros  de  pólvora ,  é  ballestería  ;  é  un  día  por  la 
mañana  comenzaron  á  llegar  los  pertrechos.  Los 
quo  estaban  en  la  Iglesia  se  pusieron  en  defensa;  é 
recelando  que  si  fuesen  tomados ,  serian  puestos  á 
cuchillo,  como  hombres  que  defendían  la  vida,  pe- 
leaban con  grande  ánimo.  Duró  aquel  combate  por 
espacio  de  seis  horas,  en  las  quales  no  pudo  ser  to- 
mada por  la  gran  defensa  que  ficieron  los  que  esta- 
ban en  ella ,  con  los  pertrechos  é  muchos  tiros  de 
pólvora  que  tenían.  E  porque  el  Rey  vido  algunos 
muertos  é  feridos  de  los  suyos,  é  que  cada  hora  fe- 
rian mas ,  mandó  retraer  su  gente  ;  é  cesó  el  comba- 
te por  estonces ,  con  propósito  de  la  tornar  á  com- 
batir con  mas  é  mejores  pertrechos.  E  porque  la 
gente  de  armas  quedó  enflaquecida  por  el  poco  fru- 
to que  de  su  trabajo  se  había  conseguido,  el  Rey 
pensó  de  los  esforzar,  é  díxoles  :  «  No  penséis  caba- 
filleros  que  habéis  fecho  poca  fazafia  en  el  combate 
I)  que  ayer  f ecistes ,  aunque  no  ovimos  fruto  de  nues- 
Btro  trabajo.  Porque  como  quiera  que  aquellos  mis 
«rebeldes  no  fueron  tomados,  pero  muchos  dellos 
«son  feridos,  é  los  que  quedan  sanos  están  ya  tan 
«cansados  de  vuestras  manos,  que  no  esperarán  se- 
«gundo  combate.  Ni  menos  so  cree ,  que  vuestra  fla- 
»  queza  é  su  valentía  los  ha  defendido  ;  mas  def en- 
»  diólos  la  dispusicion  del  lugar,  é  su  desesperación 
»  que  los  face  pensar  ser  muertos  la  hora  que  fueren 
» tomados.  Por  ende  si  á  ellos  conviene  ser  constan- 
» tes  en  su  trabajo  por  escapar,  á  nosotros  es  nece- 
»  sario  perseverar  en  nuestro  esfuerzo  por  vencer ;  é 
»  no  perdamos  la  voluntad  que  teníamos  al  tiempo 
»  que  f  ecimos  el  primer  combate  ;  é  con  los  pertre- 
»  chos  mas  é  mejores  que  he  mandado  traer,  torue- 
» mos  á  la  f  acienda ,  é  yo  espero  en  Dios  que  los 
«habremos  á  las  manos.» 

Los  que  estaban  en  la  Iglesia ,  que  serian  en  nú- 
mero de  quatrocientos  hombres  de  armas,  queda- 
ron cansados,  ó  muchos  muertos  é  feridos;  é  rece- 
lando que  el  Rey  mandaría  tomar  al  combate,  é  que 
ellos  no  tenían  gente  sana  para  resistirlo,  ansímes- 
mo  porque  no  tenían  las  cosas  necesarias  para  los 
feridos,  quo  eran  muchos,  é  de  los  principales,  de- 
mandaron pleytesía  al  Rey,  que  les  segurase  las  vi- 
das, é  que  le  entregarían  la  Iglesia.  El  Rey  como 
quier  que  había  mandado  aparejar  todas  las  cosas 
para  el  segundo  combate  necesarias ,  pero  por  no 
dar  causa  á  mas  muertes,  otorgóles  aquello  que  de- 
mandaban ,  é  tomó  la  Iglesia,  en  la  qual  estaba  por 
capitán  uno  que  se  llamaba  Juan  Sarmiento ,  her- 
mano del  Obispo  de  Burgos ,  é  luego  puso  el  Rey 
en  ella  por  capitán  mayor  á  Don  Juan  de  Gamboa, 


É  DOÑA  ISABEL.  277 

un  caballero  su  criado  con  gente  de  laa  montañas,  é 
dende  allí  fueron  mas  apretados  los  del  castillo.  Ha- 
bida aquella  Iglesia,  porque  informaron  al  Rey  que 
podía  por  minas  tomar  el  agua  del  pozo  del  casti- 
llo ,  mandó  luego  minar  por  seis  partes  debaxo  de 
tierra.  Los  del  castillo  que  sintieron  las  minas ,  fi- 
cieron sus  contraminas,  é  todos  los  aparejos  que 
pudieron  para  no  recebír  daño  dellas.  Pero  veyén- 
dose  muy  trabajados ,  ansí  de  los  reparos  que  facían 
para  las  minas,  como  para  los  tiros  de  los  ingenios 
que  de  día  é  de  noche  les  tiraban,  é  de  las  lombar- 
das que  tiraban  al  muro ,  é  ansimesmo  tenían  falta 
de  vino,  acordaron  de  erabiar  su  mensagero  al  Du- 
que de  Arévalo  ale  requerir  que  les  socorriese,  por- 
que de  cada  día  eran  mas  apretados ,  é  les  crecían 
mayores  necesidades  si  no  fuesen  socorridos.  El  Du- 
que de  Arévalo  que  tenia  gran  naturaleza  en  aquella 
cíbdad ,  porque  su  padre  é  abuelo  habían  tenido  la 
tenencia  de  aquel  castillo,  embió  al  Rey  de  Porto- 
gal  que  estaba  en  Toro  aquel  caballero  Juan  Sar- 
miento, hermano  del  Obispo  de  Burgos,  con  el  qual 
le  embió  á  decir,  que  su  casa  era  una  de  las  mayores 
de  Castilla,  é  que  la  mejor  cosa  de  toda  ella  era  la 
tenencia  del  castillo  de  Burgos,  la  qual  había  tenido 
su  padre  é  abuelo ,  é  con  ella  fueron  siempre  honra- 
dos, é  sosto vieron ,  y  él  sostenía  el  estado  é  patrimo- 
nio que  sus  padres  é  abuelos  le  dexaron  ;  é  que  le 
facía  saber  que  los  Reyes  de  Castilla  teniendo  aque- 
lla fortaleza  tenían  título  al  Reyno ,  é  se  pueden  con 
buena  confianza  llamar  Reyes  del,  porque  es  cabeza 
de  Castilla  ;•  é  que  había  quatro  meses  que  el  Rey 
Don  Femando  de  Sicilia  la  tenia  cercada ,  é  la  com- 
batía continamente  de  noche  é  de  día  con  ingenios 
é  lombardas,  é  con  minas  debaxo  de  tierra;  en  los 
quales  combates  eran  muertos  é  de  cada  día  morían 
muchos  do  sus  criados  é  parientes ,  é  los  que  queda- 
ban, con  grande  angustia  llamaban  á  grandes  voces 
desde  el  muro  á  Don  Alonso,  Rey  de  Castilla  é  de 
Portogal,  que  les  socorriese  en  el  aprieto  é  peligro 
en  que  estaban.  Otrosí  le  díxo  que  dado  que  tovio- 
sen  mantenimientos  en  abundancia ,  no  podían  su- 
frir muchos  días  la  fatiga  grande  que  recebian ,  pe- 
leando de  día  por  se  defender,  é  de  noche  trabajan- 
do por  reparar  lo  que  destruían  los  ingenios  ó  lom- 
bardas. E  que  un  grande  lienzo  de  la  cerca  estaba 
para  caer  en  el  suelo ,  é  que  si  aquel  caía ,  juntamen- 
te con  él  caería  todo  el  estado  del  Duque ,  é  aun  el 
suyo  recibiría  gran  mengua,  é  ternia  poca  parte  en 
Castilla ;  porque  los  ojos  de  todos  no  miraban  otro 
fin  en  esta  demanda,  sino  el  fin  que  oviese  el  cerco 
puesto  sobre  el  castillo  de  Burgos,  Por  ende  le  supli- 
caba, que  socorriese  á  los  que  estaban  en  él,  porque 
no  pereciesen ,  é  ayudase  al  Duque,  porque  no  lo 
perdiese ;  é  proveyese  á  él  mesmo  que  proseguía  es- 
ta demanda,  porque  no  recibiese  el  daño  que  habría 
sí  el  castillo  viniese  á  manos  del  Rey  su  adversario. 
Oídas  estas  razones,  luego  acordó  el  Rey  de  Porto- 
gal  de  ir  á  socorrer  el  castillo  de  Burgos :  porque 
ovo  consejo  que  aquel  socorro  le  era  necesario  de 
facer  para  conseguir  el  ef eto  de  su  empresa.  Pero  no 
tenia  tanta  gente  para  lo  facer  como  quisiera ,  por- 


278 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  la  mas  de  la  gente  portoguesa  que  habia  meti- 
do en  Castilla  era  ya  gastada,  dellos  tornados  á 
Portogal ,  é  dellos  muertos  é  destrozados  en  algunos 
recuentros  que  hablan  habido ,  é  dellos  consumidos 
en  la  guerra  que  seguían.  Pero  con  esa  gente  que  te- 
nia, partió  de  la  cibdad  de  Toro,  ó  fué  para  la  villa 
de  Arévalo ;  é  allí  vino  á  él  el  Arzobispo  de  Toledo 
con  toda  la  gente  de  su  casa ,  é  le  besó  la  mano ,  é  le 
obedeció  por  Rey,  é  le  fizo  juramento  é  pleyto  ome- 
nage  de  le  servir  é  obedecer  como  á  Rey  de  Castilla 
é  de  León. 

Como  la  Reyna ,  que  estaba  en  Valladolid,  sopo 
que  el  Rey  de  Portogal  era  venido  á  la  villa  de  Aré- 
valo, acordó  de  embiar  gente  de  caballo  con  Don 
Hurtado  de  Mendoza,  é  con  Gutierre  de  Cárdenas, 
su  Contador  mayor  á  la  villa  de  Medina  del  Campo 
é  á  Don  Juan  de  Silva,  Conde  de  Cifuentes  á  la  villa 
de  Olmedo,  para  que  desde  aquellas  villas  ficiesen 
guerra  al  Rey  de  Portogal  que  estaba  en  Arévalo. 
El  Conde  de  Cifuentes  venido  á  aquella  villa,  deli- 
beró un  dia  de  salir  al  campo  con  la  gente  que  traia 
en  su  capitanía;  é  fué  cerca  de  la  villa  de  ArévalOj 
é  puso  sus  celadas,  y  embió  sus  corredores  por  ver 
si  podría  haber  alguna  presa  de  los  Portogueses.  E 
como  fué  sentido,  los  Portogueses  salieron  de  Aré- 
valo, é  corrieron  á  los  corredores  del  Conde  que  ha- 
bían robado  el  campo,  los  quales  se  retraxieron  fas- 
ta el  lugar  do  estaba  el  Conde  en  la  celada  en  un 
pinar;  el  Conde  salió  luego  de  la  celada  con  toda  la 
gente  que  tenia,  é  como  quiera  que  vido  los  Porto- 
gueses ser  en  mayor  número  de  gente  que  los  que 
él  traia,  quisiera  acometerlos,  é  mandó  á  su  enseña 
que  fuese  adelante.  Algunos  caballeros  que  con  él 
estaban  dixeron :  «Señor,  no  nos  parece  que  tenéis 
«gente  para  acometer  á  los  Portogueses,  porque  son 
«mas  que  nosotros,  é  salen  de  refresco  de  sus  casas, 
«nosotros  é  nuestros  caballos  estamos  fatigados  de 
» la  mala  noche,  é  por  esta  causa  nos  parece  que  vos 
«debéis  retraer,  pues  á  vuestra  honra  lo  podéis  fa- 
»cer,  antes  que  mas  gente  de  los  Portogueses  haya 
«lugar  de  salir  de  Arévalo:  porque  es  cierto  que 
«aquellos  Portogueses  ya  os  habrían  acometido,  sino 
«pensando  que  hay  segunda  celada,  é  recelando  esto 
«no  pasarán  mas  adelante  de  aquel  lugar  do  están. 
«Por  ende  debéis  recoger  vuestra  gente,  é  volver 
«para  la  villa  de  Olmedo  do  salimos:  porque  antes 
«debéis  cometer  vuestras  cosas  á  la  razón,  que  á  la 
«fortuna.»  Otros  habia  ende  que  le  consejaron  que 
no  era  su  honra  retraerse,  é  que  todavía  debía  pelear 
con  los  Portogueses,  aunque  no  toviese  tanta  gente 
como  ellos.  E  los  que  esto  le  consejaban  eran  tan 
orgullosos,  que  sin  esperar  otro  consejo  quisieron 
socorrer  algunos  corredores  que  aun  no  eran  traídos 
y  estaban  escaramuzando  con  los  Portogueses;  é  no 
fué  en  mano  del  Conde  que  no  se  soltase  la  gente  por 
socorrer  á  los  que  escaramuzaban;  é  ansí  se  encen- 
dió la  pelea  sin  orden  ninguna,  é  se  revolvieron  los 
«nos  con  los  otros,  é  se  firieron  con  las  lanzas,  é 
después  pelearon  gran  rato  con  las  espadas,  do  mu- 
rieron muchos  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  É  al  fin 
loB  Castellanos  no  pudiendo  sufrir  el  daño  que  rece- 


bian  de  los  Portogueses,  retraxiéronsí^  á  un  cerro,  é 
allí  el  Conde  recogió  la  gente  que  pudo,  ó  volvió 
para  Olmedo;  é  los  Portogueses  recogieron  todo  el 
despojo,  é  se  volvieron  como  victoriosos  á  Arévalo. 

CAPÍTULO  XXXI. 

Como  el  Rey  de  Portogal  combatió  la  villa  de  Baltanas  6  prendió 
al  Conde  de  Benavente. 

El  Rey  de  Portogal  quando  se  vido  acompañado 
del  Arzobispo  de  Toledo,  é  del  Marqués  de  Villena 
é  de  sus  gentes,  partió  de  la  villa  de  Arévalo  é  fué 
á  la  villa  de  Peñafiel,  que  era  del  Conde  de  ürueña; 
é  allí  se  juntaron  con  él  alguna  gente  de  aquellos 
caballeros  Castellanos  que  estaban  en  su  parciali- 
dad, con  intención  de  ir  á  socorrer  el  castillo  de 
Burgos.  Todo  esto  sabido  por  la  Reyna,  partió 
luego  é  fué  para  la  cibdad  de  Palencia,  é  con  ella 
el  Cardenal  de  España  y  el  Almirante  y  el  Conde 
de  Benavente,  con  la  mas  gente  que  pudo  llegar. 
E  mandó  poner  sus  guardas  por  los  caminos  é 
sus  espías,  para  saber  la  hora  que  el  Rey  de  Porto- 
gal  partiese  de  Peñafiel:  porque  ella  entendía  ir 
luego  á  las  espaldas  é  ayudar  al  Rey.  É  porque  sopo 
que  el  Rey  de  Portogal  esperaba  mas  gente  en  Pe- 
ñafiel para  facer  aquel  socorro,  mandó  entretanto 
repartir  la  mas  gente  de  pié  é  de  caballo  que  con 
ella  venia,  en  los  lugares  que  estaban  en  tomo  de 
Peñafiel,  para  facer  guerra  al  Rey  de  Portogal  por 
todas  partes,  é  quitarle  los  mantenimientos,  é  ansi- 
mesmo  por  saber  mas  presto  quando  saliese  de  aque- 
lla villa.  Entre  los  caballeros  que  tomaron  aquel 
cargo  fué  uno  el  Conde  de  Benavente,  el  qual  con 
la  gente  de  caballo!é  de  pié  de  su  casa,  fué  á  aposen- 
tarse á  una  villa  muy  cercana  de  Peñafiel  que  se 
llamaba  Baltanas;  é  desde  aquella  villa  facía  guerra 
al  Rey  de  Portogal  é  á  los  que  con  él  estaban  en 
Peñafiel.  Los  caballeros  é  criados  del  Conde,  consi- 
derada la  flaqueza  de  aquel  lugar  do  estaban,  é  que 
por  no  tener  defensas  podían  reccbir  daño,  conse- 
jaban algunas  veces  al  Conde,  que  pues  no  tenía 
tiempo  de  fortificar  aquel  lugar,  debía  dexarlo  é  re- 
traerse á  otro  que  toviese  mejor  defensa,  é  que  esto- 
viese  mas  lexos  de  Peñafiel.  El  Conde  menospre- 
ciando aquellos  consejos  porque  mostraban  alguna 
flaqueza,  esforzaba  mucho  á  los  suyos  diciéndoles  : 
que  ni  mostraría  tan  gran  mengua  de  su  persona, 
ni  menos  por  su  causa  parecería  flaqueza  en  los 
fechos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  la  qual  conocerían 
los  contrarios  si  de  aquel  lugar  se  traxiese;  é  que 
toviesen  buen  ánimo,  que  estando  allí  recibirían 
honra  é  no  daño  ninguno.  Los  suyos  que  conside- 
raban bien  la  gran  confianza  del  Conde  é  la  poca 
defensa  del  lugar,  le  dixeron:  «Mirad  por  Dios,  se- 
»  ñor,  que  muchas  veces  daña  la  confianza,  y  el  mie- 
»do  provee.  Cosa  razonable  es  que  recelemos  los 
«daños  que  pueden  venir,  porque  los  podamos  es- 
«cusar  agora  que  podemos,  é  no  lo  dexemos  para 
» cuando  no  pudiéremos. »  El  Conde  confiando  en  su 
esfuerzo,  no  quiso  retraerse  de  aquel  lugar,  é  toda- 
vía facía  guerra  á  loe  que  estaban  en  Peñafiel.  El 


DON  FERNANDO 
Rey  de  Portogal  como  vído  que  el  Conde  de  Bena- 
vente  se  habia  llegado  tan  cerca  é  la  guerra  que  le 
facía;  sabido  eso  mesmo  que  aquel  lugar  que  se  de- 
cía Baltanas  era  llano  é  que  tenia  la  cerca  flaca  y 
en  muchas  partes  aportillada,  é  sin  ningún  anda- 
mio ni  otro  aderezo  de  defensa,  acordó  de  ir  á  lo 
combatir;  é  fizo  aderezar  toda  su  gente,  é  partió  de 
noche,  é  con  él  el  Arzobispo  de  Toledo  y  el  Marqués 
de  Víllena;  é  al  alba  del  dia  comenzó  el  combate  por 
ocho  partes  do  estaba  la  cerca  mas  flaca.  El  Conde 
de  Benavente  púsose  en  defensa  con  toda  su  gente 
é  repartióla  por  aquellos  lugares  que  entendió  ser 
mas  necesario;  é  duró  el  combate  desde  la  mañana 
fasta  hora  de  vísperas.  En  el  qual  tiempo  los  Por- 
togueses  é  Castellanos  que  venían  con  ellos,  en- 
traron dos  veces  en  el  lugar,  é  otras  dos  veces  fue- 
ron lanzados  fuera  por  fuerza  de  armas.  Y  en  estos 
combates  cayeron  muertos  é  fueron  f eridos  muchos 
de  los  unos  é  de  los  otros.  El  Conde  trabajaba  requi- 
riendo los  lugares  flacos  é  peleando  por  ellos,  é  pro- 
veyéndolos de  gente  descansada.  É  al  fin  la  gente 
del  Rey  de  Portogal  entró  por  uno  de  aquellos  lu- 
gares que  estaba  aportillado,  porque  la  gente  del 
Conde  que  lo  guardaba,  cansados  ya,  é  dellos  muer- 
tos é  ferídos,  no  lo  pedieron  defender;  é  ansí  los 
Portogueses  pedieron  por  fuerza  de  armas  entrar 
la  villa.  El  Conde  quando  vído  los  enemigos  den- 
tro é  su  gente  destrozada;  púsose  en  defensa  en 
una  calle  con  pocos  de  los  suyos  que  pudo  recoger; 
é  allí  pelearon  é  mataron  é  firieron  muchos  de  los 
que  con  él  estaban,  y  él  fué  ferido  é  preso;  é  los 
Portogueses  prendieron  á  todos  los  principales  del 
Conde,  é  robaron  todo  el  lugar  é  la  Iglesia  del.  Ha- 
bida esta  Vitoria,  el  Roy  de  Portogal  volvió  para 
Pefiafiel,  é  llevó  preso  al  Conde  é  á  todos  los  otros 
caballeros  de  su  casa,  con  todo  el  despojo  que  ovo 
en  el  lugar.  Desta  prisión  del  Conde  pesó  mucho  al 
Rey  é  á  la  Reyna,  ansí  porque  su  gente  se  dimi- 
nuia,  como  pensando  que  el  Rey  de  Portogal  toma- 
ría mayor  orgullo  para  ir  á  socorrer  el  castillo  de 
Burgos.  É  luego  la  Reyna  mandó  que  toda  la  otra 
gente  que  estaba  puesta  en  guarniciones  en  torno 
de  Pefiafiel,  se  recogiese  é  viniese  pata  Palencia  do 
ella  estaba,  para  ir  á  las  espaldas  del  Rey  de  Porto- 
gal  si  moviese  para  ir  á  Burgos.  Ansimesmo  el  Rey, 
sabida  la  prisión  del  Conde  de  Benavente,  fortificó 
mas  de  gente  é  cavas  é  baluartes  las  estanzas  que 
tenia  puestas  contra  el  castillo  por  la  parte  de  fuera 
de  la  cibdad,  de  tal  manera  que  ninguna  gente  pu- 
diera entrar  en  él  sin  rescebír  gran  dafio.  Lo  qual 
sabido  por  el  Rey  de  Portogal,  é  ansimesmo  porque 
ovo  certinidad  que  la  Reyna  con  la  gente  que  tenia 
estaba  presta  para  ir  á  se  juntar  con  el  Rey  su  ma- 
rido, por  lo  qual  le  fuera  peligroso  facer  aquel  so- 
corro; otrosí  porque  le  dixeron  que  habia  algunos 
tratos  en  la  cibdad  de  Zamora  para  la  dar  al  Rey 
é  á  la  Reyna,  ovo  su  acuerdo  de  dexar  el  socorro 
del  castillo  de  Burgos  é  volver  para  Zamora,  porque 
creía  que  aquella  cibdad  era  el  mayor  é  mejor  fun- 
damento que  tenía  para  su  demanda,  por  ser  cibdad 
fuerte  é  populosa,  é  cercana  á  su  reyno  de  Portogal; 


É  DOÑA  ISABEL.  279 

é  acordó  de  tener  allí  y  en  la  cibdad  de  Toro,  toda 
su  gente  aquel  invierno.  E  con  este  acuerdo  partió 
de  la  villa  de  Peñafiel,  é  fué  para  la  villa  de  Aréva- 
lo,  do  estaba  la  Duquesa  muger  del  Duque  de  Aré- 
valo,  que  era  prima  del  Conde  de  Benavente;  la 
qual  trató  con  el  Rey  de  Portogal,  que  soltase  al 
Conde  su  primo  é  á  los  suyos,  porque  le  diese  las 
fortalezas  de  las  villas  de  Portillo  é  Mayorga  é  Vi- 
llalva,  que  eran  del  Conde,  é  á  su  fijo  mayor  en  re- 
henes, por  seguridad  que  no  ayudaría  al  Rey  ni  á 
la  Reyna.  Las  quales  fortalezas  fueron  luego  entre- 
gadas al  Rey  de  Portogal,  é  puso  en  ellas  gente 
Portoguesa  en  guarda,  é  fué  el  Conde  de  Benavente 
suelto  de  la  prisión;  é  como  fué  libre,  luego  vino  á 
do  estaba  la  Reyna.  E  como  quier  qué  por  el  Rey 
de  Portogal  le  fué  ofrecida  libertad  é  acrecenta- 
miento grande  de  su  casa;  pero  ni  su  ánimo  fué 
vencido  por  el  Rey  de  Portogal,  ni  su  afición  apar- 
tada del  Rey  de  Castilla  (1). 

CAPÍTULO  XXXII. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  siguiente  de  mil  quatrocicn- 
tüs  é  setenta  6  seis  años,  6  como  se  alzó  Ocafia  por  el  Rey  é 
por  la  Reyna. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
trocientoB  é  setenta  é  seis  años  luego  al  principio 
del  año,  los  vecinos  de  la  villa  de  Ocaña  que  estaban 
oprimidos  con  gente  del  Marqués  de  Villena,  tra- 
taron con  el  Conde  de  Cif  uentes  é  con  Don  Juan  do 
Ribera,  que  estaban  en  la  cibdad  de  Toledo,  de  res- 
tituir la  villa  en  obediencia  del  Rey  é  do  la  Reyna, 
é  de  acoger  en  ella  al  Conde  é  á  Don  Juan  con  toda 
su  gente.  É  un  dia  por  la  mañana  juntáronse  todos 
los  mas  de  la  villa,  é  dieron  lugar  que  entrasen  en 
ella  los  caballeros  naturales  que  fueron  echados  de- 
11a  porque  estaban  á  la  obediencia  del  Rey  é  de  la 
Reyna.  B  ansí  entrados,  echaron  de  la  villa  á  la  gen- 
te del  Marqués  de  Villena,  é  acogieron  en  ella  al 
Conde  é  ú  Don  Juan  de  Ribera,  con  gente  de  armas 
que  traían  de  la  cibdad  de  Toledo;  é  apoderados  de 
la  villa,  luego  la  entregaron  por  mandado  de  la  Rey- 
na al  Maestre  de  Santiago,  Don  Rodrigo  Manrique. 
Sabida  esta  nueva  por  el  Marqués  de  Villena,  é  an- 
simesmo como  de  cada  dia  se  le  rebelaba  é  perdía 
toda  su  tierra,  ovo  acuerdo  de  dexar  al  Rey  de  Por- 
togal é  venir  para  el  Marquesado  de  Villena,  por 
defender  algunas  villas  que  le  quedaron,  de  la  guer- 
ra que  le  facía  el  Maestre  de  Santiago  Don  Rodrigo 
Manrique.  Como  vino  al  Marquesado,  é  vído  que 
habia  perdido  la  mayor  parte  del;  ansimesmo  con- 
siderando que  no  podía  sostener  lo  que  le  quedaba, 
por  la  guerra  que  facía  el  Maestre,  embió  decir  al 


(I)  En  este  año  de  1475,  á  13  de  Junio  dia  de  San  Antonio,  mu- 
rió en  Madrid  la  Reyna  Doña  Juana  muger  del  Rey  Don  Enrique, 
y  fué  sepultada  en  la  Iglesia  de  San  Francisco  junto  al  altar  ma- 
yor al  lado  del  Evangelio,  donde  los  Reyes  Católicos  mandaron 
hacerle  un  magnifico  sepulcro,  que  después  fué  removido  de  allí 
con  el  motivo  que  apunta  Quintana,  Grandeza  de  Madrid,  1.  3, 
mp.  50,  que  trae  varias  particularidades  sobre  los  últimos  años  y 
muerte  de  esta  Reyna. 


280 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Rey  de  Portogal  que  bien  sabia  con  quanto  amor  é 
voluntad  él  se  habia  movido  á  le  servir,  é  como  le 
habia  entregado  á  la  Reyna  su  esposa,  é  que  al 
tiempo  que  ge  la  entregó,  prometió  de  conservar  su 
estado,  é  le  facer  otras  grandes  mercedes,  las  qua- 
les  no  quiso  recebir  del  Rey  é  de  la  Reyna,  como 
quiera  que  ge  las  ofrecían  complidamente.  Agora 
le  f  acia  saber,  que  toda  la  mayor  parte  de  las  villas 
é  lugares  del  Marquesado  de  Villena  habia  perdido 
por  su  servicio,  las  quales  se  habían  puesto  en  obe- 
diencia de  la  Reyna;  é  todo  lo  que  le  quedaba  esta- 
ba en  punto  de  se  perder,  por  la  guerra  contina  que 
el  Conde  de  Paredes,  que  se  llamaba  Maestre  de  San- 
tiago, le  facía,  el  qual  agora  de  nuevo  había  tomado 
la  villa  de  Ocaña  que  estaba  por  él;  é  que  conside- 
rase, que  como  quiera  que  la  tierra  fuese  suya  é  la 
perdiese,  pero  también  la  perdía  él,  pues  en  ella  era 
tenido  por  Rey  é  Señor  de  Castilla.  Por  ende  que  le 
suplicaba,  quisiese  pasar  los  puertos,  é  venir  para  la 
villa  de  Madrid  que  estaba  por  él :  porque  desde 
aquella  villa  podría  haber  luego  á  Toledo,  é  recobrar 
la  villa  de  Ocaña  é  todo  lo  que  había  perdido.  E  que 
sin  dubda  todas  las  cibdades  é  villas  del  Reyno  de 
Toledo  é  la  tierra  de  Estremadura,  vernian  á  su  obe- 
diencia, porque  la  tierra  del  Arzobispo  é  del  Maestre 
de  Calatrava  estaban  por  él  é  tenían  su  voz,  desde  la 
qual  con  su  favor  é  veyéndole  con  gente  en  aquellas 
partes,  se  podría  ligeramente  haber  todas  aquellas 
tierras  á  su  obediencia,  é  también  las  cibdades  é  vi- 
llas del  Andalucía;  lo  qual  deseaba  mucho  el  Mar- 
ques de  Cáliz  que  tenia  el  castillo  de  Xerez  de  la 
frontera,  é  Don  Alfonso  de  Aguilar  que  estaba  apo- 
derado de  la  cíbdad  de  Córdoba;  los  quales  sí  le  vie- 
sen en  el  reyno  de  Toledo,  luego  se  mostrarían  sus 
servidores  é  f  arían  tender  á  aquellas  cibdades,  é  otras 
muchas  de  la  Audalucía  su  voz,  é  tenerlo  por  Rey  é 
Señor  dellas;  é  ge  le  siguirian  otras  muchas  é  muy 
grandes  utilidades  si  pasase  los  puertos.  Suplicábale 
ansimesmo,  que  considerase  quan  mal  exemplo  seria 
desampararle  é  dexarle  destruir,  lo  qual  seria  causa 
que  los  caballeros  que  estaban  en  su  servicio,  é  otros 
que  deseaban  venir  é  le  servir,  visto  el  poco  reme- 
dio que  le  daba,  se  apartasen  de  su  servicio  é  le  se- 
rian deservidores.  El  Rey  de  Portogal,  oído  lo  que 
el  Marqués  de  Villena  le  embió  decir,  ovo  su  conse- 
jo, que  si  él  fuese  á  la  villa  de  Madrid  perdería  todo 
lo  que  tenia  en  esta  otra  parte  de  los  puertos.  E  por 
tanto  embió  á  decir  al  Marqués,  que  no  compila  á 
BU  servicio  por  el  presente  su  pasada  allende  del 
puerto,  porque  su  adversario  el  Rey  do  Sicilia  con 
quien  él  por  fecho  de  armas  había  de  librar  esta  fa- 
cíenda,  estaba  desta  otra  parte  de  los  puertos;  é  que 
no  seria  bien  considerado  teniendo  su  adversario 
delante,  dexarle  libre  é  ir  á  otras  partes  que  serían 
muy  ligeras  de  adquirir  seyendo  vencida  la  parte 
principal,  el  qual  vencimiento  con  ayuda  de  Dios 
entendía  prestamente  facer  por  batalla.  Respondió 
ansimesmo,  que  si  él  se  ausentase  destas  partes,  las 
cibdades  de  Toro  é  de  Zamora  que  estaban  á  su 
obediencia,  sin  ninguna  dubda  se  perderían  é  redu- 
cirían al  Rey  é  á  la  Reyna;  ó  que  no  era  buen  con- 


sejo perder  lo  que  tenia  cierto,  por  esperar  de  ganar 
lo  que  estaba  dubdoso.  E  que  él  fuese  seguro,  que 
deseaba  su  bien,  é  no  consentiría  su  perdición:  para 
lo  qual  si  conviniese  pornia  su  estado  real.  Dada 
esta  respuesta,  luego  el  Rey  de  Portogal  que  estaba 
en  Toro,  vino  para  la  cíbdad  de  Zamora  con  toda  su 
gente,  é  dexó  en  guarda  de  la  cíbdad  de  Toro  á  Juan 
de  Ulloa.  E  ansí  quedó  el  Marqués  en  grandes  peli- 
gros é  necesidades,  que  cada  día  le  recrecían  por 
las  pérdidas  que  veía  de  su  patrimonio,  é  por  la  poca 
esperanza  que  tenía  en  la  ayuda  del  Rey  de  Porto- 
gal;  é  no  tenia  determinada  elección  si  permanece- 
ría en  su  partido,  6  si  se  reduciría  á  la  obediencia 
del  Rey  é  de  la  Reyna  asegurándole  solamente  su 
persona  é  patrimonio.  Estando  en  Zamora  el  Rey  de 
Portogal  sopo  de  cierto  trato  que  algunos  de  la  cíb- 
dad trataban  para  la  dar  al  Rey  é  á  la  Reyna;  é  fizo 
prender  quatro  de  los  que  eran  en  el  trato,  é  mandó 
facer  justicia  dellos,  é  acordó  de  templar  su  ven- 
ganza, porque  de  la  crueldad  vista  por  el  pueblo  no 
se  recreciese  algún  escándalo. 

CAPÍTULO  XXXIII. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  cerco  del  castillo  de  Burgos. 

Sabido  por  la  Reyna  que  el  Rey  de  Portogal  dexó 
de  socorrer  al  castillo  de  Burgos  é  que  fué  para  Za- 
mora, luego  partió  de  Palencía,  é  con  ella  el  Carde- 
nal de  España,  é  los  otros  caballeros  que  estaban  en 
su  corte,  é  volvió  para  Valladolid.  Porque  siempre 
tovo  tal  diligencia  en  esta  guerra,  que  el  Rey,  6  ella, 
ó  sus  Capitanes  por  su  mandado,  con  gente  de  armas 
se  ponían  lo  mas  cerca  que  podían  del  logar  do  el 
Rey  de  Portogal  estaba.  El  Rey  continó  siempre  el 
cerco  del  castillo  de  Burgos,  é  mandó  poner  gran  di- 
ligencia en  las  minas  que  iban  debaxo  de  tierra ;  é 
los  minadores  trabajaban  de  minar  el  pozo  de  la  for- 
taleza que  estaba  hoftdo,  é  pensaban  que  tomada  el 
agua  se  tomaría  el  castillo.  Ansimesmo  los  trabucos 
de  noche  é  de  día  no  cesaban  de  tirar  á  la  fortaleza 
é  las  lombardas  gruesas  é  otros  tiros  de  pólvora  ti- 
raban continamente.  E  algunas  veces  salían  los  de 
la  fortaleza  á  pelear  con  los  de  las  estanzas  que  es- 
taban puestas  por  defuera  de  la  cíbdad,  é  con  los 
que  estaban  por  la  parte  de  dentro,  é  otras  veces 
peleaban  con  los  de  las  minas  que  habían  fecho.  De 
manera  que  muchos  días  acaeció  pelear  por  dos  par- 
tes debaxo  de  tierra,  y  encima  de  tierra  por  tres  ó 
quatro  partes.  En  los  quales  combates,  por  la  dis- 
posición de  los  lugares  do  peleaban,  pocos  tiros  de 
pólvora  ó  de  ballestería  se  facían,  que  no  firiesen  ó 
matasen  á  los  de  la  una  parte  é  de  la  otra;  ó  aquella 
batalla  era  menos  cruel,  que  venia  entre  ellos  á  las 
manos  con  lanzas  y  espadas.  Y  en  estos  combates, 
el  Rey  y  el  bastardo  su  hermano.  Duque  de  Villa- 
hermosa,  y  el  Almirante,  y  el  Condestable  trabaja- 
ban veces  peleando  por  sus  personas,  veces  prove- 
yendo é  favoreciendo  de  gentes  á  unas  partes  é  á 
otras  do  era  necesario.  El  Duque  de  Arévalo  tenía 
muchos  criados  é  homes  principales  en  la  cíbdad, 
los  quales  al  tiempo  (fue  el  castillo  fué  cercado,  se 


DON  FERNANDO 
recogieron  dentro  para  lo  defender.  Ansimesmo  em- 
bió  allí  otros  muchos  de  sus  criados,  é  grandes  per- 
trechos :  porque  aquella  tenencia  tenia  en  mas  esti- 
ma que  la  mejor  cosa  de  su  casa.  Y  esta  gente,  que 
seria  en  número  de  quatrocientos  hombres,  ficieron 
muchas  cavas  é  baluartes  para  se  defender ;  é  los 
unos  peleaban,  é  los  otros  reparaban  lo  que  derriba- 
ban los  trabucos  é  las  lombardas,  é  con  los  ingenios 
que  tenian  en  la  fortaleza  tiraban  á  la  cibdad,  é  des- 
truían é  derribaban  muchas  casas,  é  facían  tanta 
guerra,  que  ninguno  podia  andar  seguro  por  las 
calles  de  la  cibdad. 

CAPÍTULO  XXXIV. 

Como  el  Rey  tomó  la  cibdad  de  Zamora. 

Entretanto  que  estas  jcosas  pasaban  en  Burgos,  la 
Keyna  trató  secretamente  con  aquel  Francisco  de 
Valdes,  que  habernos  dicho  que  tenia  la  puente  de 
Zamora,  de  lo  reducir  á  su  servicio.  Este  Francisco 
de  Valdes,  considerando  que  había  seydo  primero 
en  la  casa  del  Rey  é  habia  recebido  del  mercedes ,  é 
que  tenía  poco  cargo  del  Rey  de  Portogal,  aceptó  el 
trato  que  le  fué  movido,  é  fabló  con  un  Alcayde  que 
tenia  puesto  en  la  puente,  que  se  llamaba  Pedro  de 
Mazariegos  vecino  de  Zamora,  lo  que  le  era  f  ablado. 
Al  qual  plogo  mucho  dello,  porque  como  buen  cas- 
tellano, ni  su  voluntad  se  apartó  de  servir  á  la  Rey- 
na  de  Castilla,  ni  se  juntó  al  servicio  del  Rey  de 
Portogal.  Este  trato  anduvo  algunos  días,  é  al  fin 
fué  asentado,  que  el  Rey  fuese  con  gente,  y  entrase 
de  noche  en  Zamora  por  la  puente;  é  que  tomaría  al 
Rey  de  Portogal,  é  á  su  sobrina  que  estaba  con  él. 
Tratóse  esto  tan  secretamente,  que  ninguno  eiiten- 
dió  en  ello,  salvo  el  Rey  é  la  Reyna,  y  el  Cardenal 
de  España,  é  una  persona  religiosa  que  lo  trataba. 
E  porque  convenia  que  el  Rey  viniese  en  persona 
á  lo  facer,  la  Reyna  le  embió  á  decir,  que  simulase 
estar  Mifermo,  porque  ninguno  conociese  que  se 
había  ausentado  de  la  cibdad  de  Burgos ,  é  que  lue- 
go ala  hora  partiese,  é  viniese  secretamente  para 
Valladolid  do  ella  estaba,  é  allí  tomaría  la  gente 
que  había  do  llevar  para  la  entrada  de  Zamora : 
porque  el  trato  de  su  entrada  en  la  cibdad,  era  con- 
cluido con  Francisco  de  Valdes.  El  Rey,  oído  lo  que 
la  Reyna  le  embió  á  decir,  fablólo  con  el  bastardo 
su  hermano,  Duque  de  Víllahermosa,  en  gran  secre- 
to, ó  con  el  Almirante  su  tío,  é  con  el  Condestable, 
que  estaban  con  él,  é  con  Rodrigo  de  Ulloa,  su  Con- 
tador mayor,  é  con  un  su  Secretario  de  quien  él 
confiaba,  que  se  llamaba  Fernand  Alvarez  de  Tole- 
do. Este  Secretario  fizo  poner  por  mandado  del  Rey 
dos  caballos  fuera  de  la  cibdad,  cerca  del  moneste- 
rio  de  las  Huelgas,  é  á  la  prima  noche  el  Rey,  dexa- 
do  el  cargo  del  cerco  á  aquellos  caballeros,  salió  si- 
mulado de  su  palacio  solo  con  aquel  caballero  Ro- 
drigo de  Ulloa,  su  Contador  mayor,  é  con  aquel  su 
Secretario,  é  fué  al  lugar  do  el  Secretario  puso  los 
caballos,  é  de  allí  partieron ,  é  fueron  á  Valladolid. 
Aquellos  caballeros  ú  quien  dexó  el  cargo  del  casti- 
llo de  Burgos,  publicaron  otro  día  que  el  Rey  no  sa- 


É  DOÑA  ISABEL.  281 

lía  fuera  de  su  cámara,  porque  se  habia  sentido 
enojado.  Como  el  Rey  fué  en  Valladolid,  estovo  allí 
aquel  día  secretamente  en  la  cámara  de  la  Reyna ;  ó 
acordó  de  partir  con  toda  la  gente  que  la  Reyna  te- 
nia llegada,  é  de  embiar  delante  con  gente  de  caba- 
llo á  Alvaro  de  Mendoza,  para  que  entrase  primero 
en  la  cibdad.  Este  trato  no  pudo  ser  tan  secreto,  que 
no  lo  sospechase  alguno ,  que  avisó  dello  al  Rey  de 
Portogal ;  el  qual  por  la  sospecha  que  ovo,  quisiera 
luego  desapoderar  de  la  tenencia  de  la  puente  á 
Francisco  de  Valdes.  E  la  noche  que  lo  sopo  embió- 
lo  llamar,  é  como  respondiesen  los  suyos  que  guar- 
daban la  puente,  que  no  estaba  allí,  pensó  esa  no- 
che de  tomar  la  puente  por  alguna  manera  de  enga- 
ño. Y  embió  á  decir  con  Juan  de  Porras,  tío  de  Val- 
des,  á  aquel  Pedro  de  Mazariegos  que  tenia  la  puen- 
te, que  la  abriese  para  que  saliesen  ciertos  caballe- 
ros que  el  Rey  de  Portogal  embiaba  esa  noche  á 
facer  cosas  que  compilan  á  su  servicio,  y  esto  se 
facía  á  fin  que  quando  la  gente  estoviese  en  la 
puente,  se  apoderasen  della,  y  echasen  fuera  al  Al- 
cayde é  á  los  que  con  él  estaban.  El  Alcayde  respon- 
dió, que  no  era  aquella  hora  para  recebir  gente  nin- 
guna en  la  puente;  pero  á  la  mañana  f  aria  lo  que  le 
mandasen.  El  Rey  de  Portogal,  aunque  dubdoso  de 
la  respuesta  de  aquel  Alcayde,  pero  por  no  facer 
claro  al  que  estaba  deservídor  encubierto,  dcxole 
por  esa  noche ,  esperando  tomar  la  puente  otro  día 
por  la  mañana.  Quando  el  Alcayde  Pedro  de  Maza- 
riegos  sintió  que  el  Rey  de  Portogal  había  sabido  el 
trato,  é  que  aquella  gente  que  embiaba  por  la  puen- 
te era  para  gela  tomar,  trabajó  esa  noche  con  loa 
que  con  él  estaban  de  facer  con  piedras  grandes  un 
baluarte  ahí  dentro  de  la  puerta  de  la  puente  ;  é  no 
lo  fizo  por  defuera  por  no  ser  sentido  que  facía  de- 
fensa contra  la  cibdad.  Y  embió  decir  al  Rey,  que 
viniese  á  mas  andar  con  gente,  porque  el  Rey  de 
Portogal  habia  sentido  el  trato,  é  le  quería  tomar  la 
puente.  Otro  día  por  la  mañana  vino  á  la  puente 
aquel  Juan  de  Porras  que  habemos  dicho,  con  fasta 
cíen  hombres  á  caballo,  simulado  que  iba  camino,  é 
díxo  al  Alcayde  que  abriese  é  dexase  pasar  por  la 
puente  aquella  gente  que  el  Rey  embiaba.  El  Alcay- 
de quando  los  vído,  tirando  piedras  é  saetas  y  es- 
pingardas, á  grandes  voces  dixo :  Castilla^  Castilla, 
por  el  Rey  Don  Fernando  é  por  la  Reyna  Doña  Isa- 
bel. Como  la  voz  fué  al  Rey  de  Portogal,  ovo  grande 
indinacion  ;  é  mezclada  la  ira  con  tristeza  se  armó 
luego,  é  mandó  armar  toda  su  gente,  é  vino  en  per- 
sona á  la  puente ,  é  mandola  combatir.  Los  Porto- 
gueses  comenzaron  el  combate,  presente  el  Rey,  tan 
recio  que  ovieron  lugar  de  poner  fuego  á  las  puer- 
tas de  la  puente,  aunque  ovo  allí  muchos  muertos  ó 
f  erídos.  Quemada  la  puerta ,  el  Rey  de  Portogal  en- 
cendido en  ira  contra  los  que  la  guardaban,  manda- 
ba á  los  suyos  que  osadamente  llegasen.  Los  quales, 
pensando  haber  luego  la  entrada,  fallaron  el  baluar- 
te que  habían  fecho  la  noche  antes,  é  tornaron  á  pe- 
lear é  combatir  aquel  baluarte ;  en  el  qual  combate 
los  Portogueses  peleaban  osadamente ,  pero  como  el 
fuego  que  hablan  puesto  á  la  puerta  de  la  puente 


282 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


les  impedia  la  entrada ,  recebian  gran  daño  de  los 
tiros  de  espingardas  é  ballestas  que  tiraban  los  de 
dentro,  en  especial  por  la  disposición  del  lugar  que 
era  tan  estrecho,  que  los  de  dentro  se  defendían  á 
poco  peligro,  é  los  de  fuera  ofendían  á  su  gran  da- 
ño. En  este  combate  morieron  algunos  criados  del 
Rey  de  Portogal,  é  oficiales  do  su  casa,  porque 
aquéllos  eran  los  que  con  mayor  osadia  llegaban  al 
peligro,  veyendo  presente  al  Rey  su  señor  que  los 
esforzaba,  é  ansí  duró  el  combate  desde  la  mañana 
fasta  después  de  hora  de  vísperas.  E  visto  por  un 
caballero  Portogues,  hombre  anciano,  que  estaba 
con  el  Rey  de  Portogal ,  el  gran  daño  que  recebian 
los  Portogueses,  y  el  poco  fruto  que  se  esperaba  de 
aquel  combate,  movido  á  compasión  de  los  muertos 
é  feridos  que  veia,  trabajaba  por  quitar  al  Rey  de 
Portogal  la  ira  que  mostraba ,  é  díxole  :  «Que  la  ira 
«que  mostraba  contra  sus  deservidores,  no  le  ocu- 
»pase  la  piedad  que  debia  haber  de  sus  servidores, 
»  é  que  pues  no  se  podia  executar  la  justicia  contra 
» los  unos,  usase  de  la  misericordia  que  debia  con 
»  aquellos  mancebos  que  habla  criado,  é  veia  morir 
Bsin  conseguir  fructo.»  El  Arzobispo  de  Toledo  que 
estaba  con  el  Rey  de  Portogal ,  ansimesmo  le  dixo : 
«Señor,  yo  sé  bien  que  aquel  que  tiene  aquella  puen- 
» te,  espera  presto  socorro  de  gente,  porque  de  otra 
»  guisa ,  no  es  de  presumir  que  cometiese  tan  grand 
«osadía.  E  conozco  al  Rey  é  á  la  Reyna  de  Sicilia, 
»  que,  ó  vernán  ellos  presto,  ó  embiarán  tanta  gente, 
»  que  puje  á  la  gente  que  tenéis  para  pelear ;  é  no  es 
» vuestra  honra  que  peleemos  por  las  calles  de  Za- 
«mora,  do  tememos  á  todos  los  vecinos  della  por 
1)  enemigos  :  por  ende  deliberad  luego  de  partir  de 
«aquí,  porque  esto  es  lo  que  cumple  á  vuestro 
»  servicio.»  El  Rey  de  Portogal  oidas  aquellas  pala- 
bras, é  considerando  que  lo  que  el  Arzobispo  é  aquel 
caballero  decían  era  cosa  do  creer,  visto  ansimesmo 
que  habia  estado  alli  todo  lo  mas  del  día  sin  facer 
fruto,  fizo  retraer  á  los  del  combate  é  fué  á  su  pala- 
cio, é  mandó  armar  toda  su  gente ;  é  sin  mas  tardar 
tomó  á  su  sobrina  que  estaba  allí  con  él,  recelando 
del  pueblo  no  ficiese  con  él  algún  alboroto,  é  con  los 
mas  que  pudo  recoger  partió  esa  noche  de  la  cibdad, 
é  con  él  el  Arzobispo  do  Toledo,  é  fué  á  la  cibdad  de 
Toro ;  é  toda  su  cámara  é  otros  arreos  que  tenia  fizo 
poner  en  la  fortaleza  en  poder  del  Mariscal  que  la 
tenia.  E  fué  ansimesmo  con  él  Juan  do  Porras,  aquel 
caballero  que  habernos  dicho  que  era  natural  de 
aquella  cibdad ;  el  qual  no  osó  quedar  en  ella,  por 
el  fierro  que  habia  cometido  contra  el  Rey  é  contra 
la  Reyna.  Partido  de  la  cibdad  de  Zamora  el  Rey 
de  Portogal,  luego  dende  apoco  espacio  llegó  Alva- 
ro do  Mendoza  con  la  gente  que  el  Rey  é  la  Reyna 
le  habían  dado,  y  entró  dentro  en  la  cibdad.  E  la 
gente  de  los  Portogueses  que  no  ovieron  espacio  de 
partir  con  el  Rey  de  Portogal,  rctraxéronse  á  la 
Iglesia  mayor  que  estaba  cerca  de  la  fortaleza,  é 
metieron  en  ella  el  f  ardage  é  las  otras  sus  cosas  que 
pudieron  meter,  para  lo  salvar,  é  pusiéronse  en  de- 
fensa. La  gente  de  Alvaro  de  Mendoza,  como  llegó 
de  noche,  tendióse  por  la  cibdad  á  robar  machos  de 


los  bienes  de  los  Portogueses  que  no  hablan  podido 
guardar.  Otro  día  por  la  mañana  al  alba  del  día,  Al- 
varo de  Mendoza  juntó  toda  la  gente  de  su  capita- 
nía é  mucha  gente  de  la  cibdad,  é  comenzaron  á 
combatir  la  Iglesia.  Estando  en  el  combate,  llegó  el 
Rey,  é  con  él  el  Almirante,  y  el  Duque  de  Alva,  y 
el  Conde  de  Alva  de  Liste,  é  otros  caballeros,  con 
toda  la  gente  de  armas  de  su  hueste.  Quando  los  de 
la  Iglesia  vieron  que  el  Rey  entraba  en  la  cibdad, 
demandaron  partido  que  les  salvase  las  vidas  é  los 
bienes  que  tenían  en  aquella  Iglesia,  é  luego  la  de- 
xarian  libre.  El  Rey  otorgólo,  porque  de  su  natural 
condición  era home  piadoso;  ó  ovo  consejo  de  no  se 
ocupar  en  el  combate  de  aquella  Iglesia,  por  escusar 
muertes ,  é  porque  habida,  se  podría  mejor  poner 
sitio  sobre  el  castillo  que  estaba  cerca  della.  Los 
que  estaban  en  la  Iglesia,  habido  el  seguro  del  Rey, 
luego  salieron  con  todo  lo  que  tenían,  é  se  fueron  á 
Toro  do  estaba  el  Rey  de  Portogal.  El  qual,  como  se 
vido  desapoderado  de  la  cibdad  de  Zamora  en  la 
forma  que  habernos  recontado,  como  quier  que  fué 
gran  disfavor  para  su  demanda,  pero  pensó  de  es- 
forzar los  de  su  partido,  publicando  que  esta  de- 
manda no  se  habia  de  librar  tomando  ó  dexando  de 
tomar  castillos  ó  cibdades,  sino  por  batalla  campal, 
ó  cercando  á  su  contrario  el  Rey  de  Sicilia,  lo  qual 
entendía  facer  prestamente.  E  luego  embió  mandar 
al  Príncipe  de  Portogal  su-fijo,  que  esto  viese  presto 
con  toda  lamas  gente  de  pié  é  de  caballo  que  pedie- 
se haber  en  todo  su  reyno,  para  quaudo  le  embiase 
á  llamar. 

CAPÍTULO  XXXV. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  cerco  del  castillo  de  Burgos, 
é  como  se  entregó  á  la  Reyna. 

El  Rey  fué  muy  bien  recebido  en  Zamora ,  é  con 
grande  amor  de  los  del  pueblo,  é  luego  mandó  tomar 
los  bienes  de  aquel  Juan  de  Porras ,  é  del  Mariscal 
que  tenia  la  fortaleza,  é  de  todos  los  otros  desleales 
que  con  él  estaban.  E  mandó  facer  una  grande  tapia 
por  atajo,  la  cual  apartó  la  fortaleza  de  la  cibdad 
de  manera  que  por  la  fortaleza  no  podia  ninguna 
gente  entrar  en  la  cibdad.  E  por  defuera  de  la  cib- 
dad mandó  poner  once  estanzas  contra  la  fortaleza, 
é  cada  una  de  aquellas  estanzas  mandó  fornecer  de 
mucha  gente  bien  aderezada  de  armas  é  pertrechos 
é  artillería.  E  otrosí  mandó  fortificar  cada  una  des- 
tas  estanzas  de  grandes  cavas  é  baluartes  á  la  re- 
donda, é  de  grandes  defensas,  por  manera  que  aun- 
que alguna  gente  viniese  á  socorrer  la  fortaleza  por 
defuera  de  la  cibdad,  no  pudiesen  entrar  dentro  ni 
desbaratar  las  estanzas  sin  gran  daño  y  estrago  de 
gentes ;  é  ansí  fué  cercada  la  fortaleza  de  Zamora 
por  todas  partes,  é  mandó  ansimesmo  traer  engenios 
é  lombardas  para  la  combatir.  Entretanto  que  estas 
cosas  pasaban  en  Zamora,  Don  Alonso  el  Bastardo, 
hermano  del  Rey,  Duque  de  Villahermosa,  y  el  Con- 
destable, continaban  el  cerco  del  castillo  de  Burgos 
é  las  minas  que  se  facían ;  é  daban  tan  gran  diligen- 
cia, que  de  noche  ni  de  dia  no  cesaban  los  tiros  de 


DON  FERNANDO 
la  una  parte  ni  de  la  otra.  Acaeció,  que  los  de  la  for- 
taleza movieron  un  dia  por  la  mañana  escaramuza 
con  los  de  las  estanzas  por  tres  partes ,  é  por  una  de 
las  minas ;  y  estando  en  la  mayor  priesa  de  la  esca- 
ramuza, echaron  gente  por  una  de  las  otras  minas, 
é  pusiéronle  fuego,  é  quemóse  toda ,  porque  los  que 
la  guardaban  no  lo  pudieron  resistir,  é  cayó  toda  la 
mina  en  tierra.  E  porque  á  los  cercadores  costreñia 
la  vergüenza  é  á  los  cercados  la  necesidad,  cayeron 
en  aquel  dia  en  los  combates  é  peleas  muchos  muer- 
tos é  feridos  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  Especial- 
mente los  de  la  fortaleza  recibieron  tanto  daño,  que 
veyendo  como  la  gente  ge  les  diminuía  é  iba  per- 
diendo cada  dia,  acordaron  de  guardar  la  fortaleza, 
é  no  salir  mas  á  las  escaramuzas  como  solían.  E  las 
estanzas  puestas  contra  la  fortaleza  ovieron  lugar 
de  se  poner  tan  cerca  de  las  torres,  que  podian  tirar 
piedras  con  la  mano  que  llegasen  fasta  las  estanzas; 
é  fablaban  muchas  veces  los  unos  con  los  otros,  é 
los  del  castillo  decían  á  los  de  las  estanzas ,  que  te- 
nían esperanza  muy  firme  que  el  Key  de  Portogal 
habia  do  venir  á  los  socorrer,  porque  lo  habia  pro- 
metido, é  que  tenian  ansimesmo  ñucia  en  la  guerra 
que  el  Rey  de  Francia  facia  á  la  provincia  de  Gui- 
púzcoa, é  que  habia  de  entrar  gran  poderío  de  Fran- 
ceses en  Castilla  en  favor  del  Rey  de  Portogal.  E 
con  estas  cosas  estaban  mas  rebeldes,  é  no  querían 
aceptar  fabla  ni  partido  ninguno,  é  llamaban  desde 
el  muro  á  grandes  voces :  Alfonso,  Alfonso,  Porto- 
gal,  Portogal. 

Un  Alcalde  de  Burgos  que  habia  nombre  Alfonso 
Diaz  de  Cuevas,  á  quien  el  Rey  habia  dado  cargo 
con  gente  de  la  cibdad  de  una  estanza  de  las  mas 
cercanas  al  muro,  conocía  bien  á  los  principales  do 
los  que  estaban  en  la  fortaleza  que  eran  sus  amigos, 
é  oía  aquellas  f ablas ;  é  deseando  guardar  las  vidas 
á  aquellos  ó  la  fortaleza  al  Rey,  decíales  á  altas  vo- 
ces :  « O  engañados  !  desde  las  almenas  de  Burgos 
«cabeza  de  Castilla,  llamáis  á  Portogal  que  os  so- 
» corra!  Mal  pensamiento  es  el  vuestro,  sí  acordáis 
»de  esperar  las  penas  de  la  muerte  con  tantos  tra- 
» bajos  déla  vida,  esperando  socorro  de  aquellos  á 
»  quien  vuestros  padres  é  agüelos  siempre  tovieron 
«por  enemigos.  Pésame,  dixo  él,  si  la  afición  os  tiene 
«tan  ignorantes  de  las  cosas,  que  no  conocéis  que 
»  sería  ya  venido  el  Rey  de  Portogal  á  os  socorrer  si 
«pudiese;  é  mucho  mas  si  lo  sabéis,  é  con  desespe- 
» ración  no  sabéis  remediaros.  Gemir  por  cierto  de- 
«brian  esas  almenas,  gemir  debrian  los  vecinos  des- 
» te  lugar,  c  aun  toda  la  lealtad  castellana  ;  porque 
«  nunca  pensaron  las  gentes,  que  tan  gran  desaven- 
»  tura  habia  de  pasar  por  la  cibdad  de  Burgos,  que 
» aquellos  que  guardaban  su  castillo  llamasen  á  los 
» Portugueses  por  ayudadores.  Ni  menos  se  pensó, 
«que  los  de  Zamora  que  son  cercanos  á  Portogal, 
«guardando  su  lealtad  como  buenos  Castellanos 
»  echasen  al  Rey  de  Portogal  de  la  cibdad ;  é  los  del 
«  castillo  de  Burgos  lo  llamasen  por  su  Rey,  é  que- 
«  masen  por  le  servir  la  cibdad  de  su  naturaleza.  El 
»  reyno  de  Portogal,  como  sabéis,  pertenecía  de  de- 
urecho  al  Rey  Don  Juan,  bisagüelo  del  Rey  é  de  la 


É  DOKA  ISABEL.  283 

» Reyna  nuestros  señores ,  por  parte  de  la  Reyna 
»  Doña  Beatriz  su  muger ;  é  los  Portogueses  quisie- 
»  ron  por  su  Rey  al  Maestre  de  Avis  (1),  agüelo  des- 
«te  Rey  de  Portogal,  aunque  era  frayle  profeso  é 
«bastardo,  antes  que  sofrirpor  Rey  á  home  Castella- 
»  no,  aunque  era  legítimo  é  tenia  derecho  claro  al 
» reyno  de  Portogal.  E  vosotros  Castellanos  tenéis 
»  Rey  Castellano,  é  Reyna  fija  legítima  del  Rey  Don 
»  Juan,  á  quien  sabéis  que  pertenecen  estos  Reynos: 
«  é  llamáis  por  Rey  á  Don  Alonso  Rey  de  Portogal, 
»  porque  casó  con  Doña  Juana  su  sobrina.  ¿  No  ha- 
«beis  vergüenza  de  sostener  tal  opinión?  ¿Dónde 
»  está  vuestro  entendimiento  ?  ¿  dónde  está  vuestra 
» lealtad?  No  habéis  memoria,  que  poco  tiempo  ha 
«vimos  á  los  mas  principales  de  los  que  ahí  estáis 
«con  las  espadas  en  las  manos,  é  con  gran  sequela 
«  de  gente  por  las  calles  de  Burgos,  diciendo :  «Qual- 
«quier  que  díxere  que  el  Principo  Don  Alonso  no 
«  es  heredero  legítimo  é  verdadero  de  los  Reynos  de 
«Castilla,  nosotros  le  sacaremos  el  ánima:  porque 
«  no  placerá  á  Dios,  ni  sof  rirán  las  gentes,  que  Doña 
«Juana,  fijado  Don  Beltran  de  la  Cueva,  reyne  en 
«Castilla.»  ¿Tan  presto  habéis  olvidado  aquella 
«lealtad  que  publicábades?  ¿Tan  presto  sois  veni- 
»  dos  en  olvidanza  de  vosotros  mesmos,  é  moris  por 
«sostener  aquello  que  á  otros  consejábades,  é  aun 
«  f orzábades  que  no  sostuviesen  ?  Querría  yo  saber 
»  de  vosotros,  si  tornó  agora  de  nuevo  aquella  seño- 
»  ra  Doña  Juana  á  ser  fija  del  Rey  Don  Eniique, 
»  porque  no  se  confirmó  la  villa  de  Arévalo  al  Duque 
«Don  Alvaro.  Andad,  dixo,  engañados;  andad,  ó 
» tornad  á  vuestro  entendimiento,  é  dexaos  destas 
«  opiniones  dañadas :  ca  nunca  opinión  venció  á  la 
«  verdad,  é  la  verdad  al  fin  siempre  venció  á  la  opi- 
»  nion.  Ni  porque  no  se  confirmó  Arévalo  al  Duque, 
n  no  confirméis  vosotros  tan  gran  mácula  á  vuestras 
»  personas  é  á  vuestros  descendientes ;  ni  sufráis  la 
«  vida  tan  mala  que  tenéis ,  ni  la  muerte  tan  cruda 
«  que  esperáis,  con  fundamento  tan  injusto.  Dexaos 
«  destas  esperanzas  vanas  de  socorros  de  Franceses, 
n  porque  cansados  llegarían  por  cierto  los  de  París  á 
«  socorrer  á  los  de  Burgos ;  ni  menos  de  los  Porto- 
»  gueses  que  llamáis,  porque  asaz  tiene  que  facer  el 
«  Rey  de  Portogal  en  socorrer  á  sí  é  á  las  estremas 
»  necesidades  en  que  está  puesto,  las  quales  son  tan 
«grandes,  que  le  facen  estimar  muy  pequeña  esta 
» que  vosotros  tenéis  por  grande.  Ni  esperéis ,  que 
«pues  el  Rey  ha  estado  tanto  tiempo  en  el  cerco 
«  deste  castillo,  é  lo  tiene  en  tal  estado,  lo  dexe  por 
»  ninguna  otra  necesidad  aunque  sea  grande :  por» 


(1)  Este  fué  Don  Juan  I  de  Portngal ,  hijo  del  Rey  Don  Pedro, 
que  por  elección  de  los  Portugueses  siendo  Maestre  de  Avis  su- 
cedió á  su  hermano  Don  Fernando,  hijo  legítimo  del  mismo  Don 
Pedro  y  de  su  primera  muger  Doña  Constanza,  hija  de  Don  Juan 
Manuel  Señor  de  Villena.  Don  Juan  I  de  Castilla  pretendía  el  rey- 
no  de  Portugal,  por  el  derecho  de  su  muger  Doña  Beatriz,  hija  del 
Rey  Don  Fernando  de  Portugal  y  de  Doña  Leonor  de  Meneses,  á 
quien  sin  duda  pertenecía.  Pero  después  de  muchos  reencuentros, 
habiendo  sido  derrotado  eo  la  memorable  batalla  de  Aljubarrota, 
en  1385,  hubo  de  ceder  á  la  fortuna,  y  su  competidor  quedó  en  pa- 
cífica posesión  del  reyno.  Crón.  de  Don  Juan  I,  año  7,  cap.  11, 
Mariana,  lib.  18,  cap.  9. 


284 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


»  qne  ninguno  debe  dexar  el  trabajo  de  la  cosa,  to- 
»  aiendo  la  utilidad  del  fin  tan  cerca.  E  mirad,  que 
»  un  lienzo  de  esa  cerca  esta  noche  6  de  mañana  cae- 
»rá,  é  vosotros  todos  estáis  en  peligro  de  las  vidas. 
»Ni  esperéis  que  tomada  la  fortaleza,  aunque  esca- 
»  peis  con  las  vidas,  vuestros  trabajos  é  servicios  se- 
«ran  mirados  ni  remunerados  por  el  Duque  Don 
»  Alvaro,  ni  menos  por  el  Rey  de  Portogal ,  porque 
«el  fin  de  la  cosa  se  ínira,  é  no  los  trabajos  della. 
«Reducios  por  Dios  á  vuestro  buen  entendimiento, 
»  é  luego  conoceréis  la  verdad ,  é  pensareis  de  os  re- 
«ducir  al  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna,  como  sois 
«obligados.  Los  quales  son  tan  humanos  é  piadosos 
«con  sus  naturales,  que  no  mirando  vuestros  yerros, 
nos  darán  vida  é  reparo  de  vuestras  personas.  Ha- 
»  bed  ya  por  Dios  compasión  de  vuestra  naturaleza 
» ó  de  vuestras  moradas  que  vedes  arder ;  é  habed 
»  piedad  de  vosotros  mesmos  é  de  vuestra  fama,  ó 
«siquiera  de  vuestras  mugeres  é  fijos,  que  viviendo 
«vosotros  andan  como  viudas  é  huérfanos,  é  tienen 
« la  vida  mala,  é  la  esperanza  peor. 

Los  de  la  fortaleza  oyeron  las  razones  que  dixo 
aquel  Alcalde  Alfonso  Diaz  de  Cuevas,  al  qual  co- 
nocían que  era  hombre  de  buen  entendimiento,  é 
tenia  amistad  con  algunos  dellos.  E  luego  comen- 
zaron á  f  ablar  entre  sí ,  que  debian  venir  en  algún 
partido,  pues  que  les  faltaban  ya  muchas  cosas  que 
habiaa  necesario  para  el  mantenimiento  é  para  la  de- 
fensa de  la  fortaleza ;  é  ansimesmo  habia  entro  ellos 
muchos  feridos,  é  algunos  muertos,  y  esperaban 
cada  dia  mayores  necesidades.  E  decian  que  no  se- 
ria buen  consejo  esperar  necesidad  tan  extrema  que 
no  oviesen  lugar  de  facer  partido  ninguno ;  pues 
veian  que  el  Rey  de  Portogal,  ni  el  Duque  de  Aré- 
valo  ponian  la  diligencia  que  debian  en  su  socorro. 
E  cerca  desta  plática,  habia  entre  ellos  diversas 
opiniones  :  porque  unos  decian  que  debian  morir 
allí  como  leales,  é  otros  decian,  que  no  podían  creer 
que  no  fuesen  socorridos,  seyendo  aquel  castillo  la 
principal  cosa  desta  demanda  ;  é  que  habiendo  ellos 
fecho  su  deber,  sería  grande  inhumanidad  del  Rey 
de  Portogal  é  del  Duque  de  Arcvalo,  si  no  los  re- 
mediasen. Otros  decian,  que  ninguno  f acia,  aunque 
fuese  Rey,  mas  de  lo  que  pedia ,  é  que  el  Duque  de 
Arévalo  no  podía  socorrer  el  castillo  de  Burgos  sin 
gente  é  favor  del  Rey  de  Portogal ;  el  qual  habia 
venido  fasta  Pefiafiel  á  los  socorrer,  é  se  volvió,  é 
después  fué  echado  de  Zamora,  según  lo  qual  no 
veian  manera  para  que  fuesen  socorridos  del.  E 
que  les  seria  imputado  á  gran  ignorancia,  veyendo 
las  cosas  en  tal  estado ,  no  haber  consejo  de  salvar 
BUS  vidas  é  bienes  si  pudiesen.  E  aun  que  dcsto  no 
pesaría  al  Duque  su  señor  ;  porque  ya  eran  venidos 
á  tal  estado,  que  les  convenia  sojuzgarse  al  remedio 
que  pudiesen,  é  no  al  que  escogiesen,  é  de  buscar  for- 
ma para  conservar  la  vida,  é  no  para  ganar  gloria. 
Estando  estas  cosas  entre  ellos  en  esta  plática,  un  día 
por  la  mañana  cayó  el  lienzo  de  la  cerca  por  do  ti- 
raban las  lombardas,  en  que  podía  haber  fasta 
veinte  pasos  ;  é  luego  pareció  por  dentro  otro  muro 
de  tapia ,  que  habían  fecho  los  del  castillo  para  su 


defensa ;  al  qual  tornaron  á  tirar  las  lombardas, 
pero  no  podían  en  él  facer  tanto  daño,  porque  las 
piedras  del  muro  que  habían  caído ,  eran  grand  am- 
paro del  muro  de  tapia  que  habían  fecho.  El  Al- 
cayde  quando  vido  el  muro  caído,  á  requesta  de 
aquellos  que  procuraban  que  se  diese  la  fortaleza  á 
partido,  los  quales  eran  de  los  mas  principales  que 
estaban  con  él,  veyendo  otrosí  que  le  iban  menguan- 
do los  bastimentos  é  creciendo  las  necesidades,  de- 
mandó fabla  con  el  Condestable.  El  qual  llegó  áfa- 
blar  con  seguridad  que  ovo  de  la  una  parte  é  de  la  otra 
é  después  de  algunas  pláticas,  que  en  tres  ó  quatro 
días  ovieron,  acordaron  que  daría  la  fortaleza  con 
seguridad  de  las  vidas  de  los  que  estaban  en  ella  ;  ó 
que  el  Rey  é  la  Reyna  los  perdonasen  é  restituye- 
sen sus  bienes.  E  luego  el  bastardo  hermano  del 
Rey,  y  el  Condestable,  escribieron  á  la  Reyna  que 
estaba  en  Valladolid,  que  viniese  á  asentar  el  parti- 
do, é  á  recebir  su  fortaleza.  La  Reyna,  vistas  las 
letras  del  Duque  é  del  Condestable,  partió  de  Valla- 
dolid (1),  é  vino  para  la  cíbdad  de  Burgos,  é  posó  en 
las  casas  del  Obispo.  E  allí  vinieron  á  ella  personas 
diputadas  por  parte  del  Alcayde,  é  de  los  que  estaban 
con  él  en  el  castillo ;  é  perdonólos,  é  mandóles  res- 
tituir sus  bienes,  ó  recibió  el  castillo,  en  el  qual  puso 
por  Alcayde  á  Diego  de  Ribera,  Ayo  que  fué  del 
Príncipe  Don  Alonso  su  hermano  ;  é  dio  orden  en  el 
bastimento  é  reparo  del  castillo,  y  en  la  justicia  é 
guarda  de  la  cíbdad.  Esto  fecho,  volvió  luego  para 
Valladolid,  é  dende  vino  para  Tordcsillas,  por  estar 
mas  cerca  de  Toro  é  de  Zamora  para  proveer  las 
cosas  necesarias  á  la  guerra. 

CAPÍTULO  XXXVL 

De  la  reconciliación  del  Duque  Don  Alvaro  con  la  Reyna. 

Estando  la  Reyna  en  la  villa  de  Tordesillas,  vino 
ante  ella  Don  Pedro  de  Stúñiga ,  fijo  del  Duque  de 
Arévalo,  á  procurar  perdón  para  el  Duque  su  padre, 
é  reducirlo  á  su  servicio.  Este  Don  Pedro,  como  quier 
que  el  Duque  su  padre  é  la  Duquesa  su  madrastra 
siguieron  la  via  del  Rey  de  Portugal ,  pero  él  esto- 
vo siempre  en  el  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna,  é 
con  esta  confianza  vino  á  la  Reyna.  A  la  qual  dixo, 
como  la  vejez  de  su  padre  liabía  engendrado  en  él 
tan  gran  negligencia  acerca  de  la  gobernación  de 
su  casa,  que  ni  de  lo  malo  que  en  ella  se  facía  le 
debía  ser  imputada  culpa,  ni  por  lo  bueno  merecía 
gracias.  Porque  toda  la  administración  de  su  fa- 
cíenda,  é  aun  de  su  honra,  junto  con  la  gobernación 
de  su  persona  había  remitido  á  la  Duquesa  su  mu- 
gor ;  y  él  aunque  presente,  se  reputaba  como  absen- 
té de  todo  lo  que  en  su  casa  se  facía.  E  que  la  Du- 
quesa su  madre  había  pospuesto  la  honra  de  su 
marido ,  é  muchas  veces  habia  aventurado  á  todo 
peligro  su  casa  é  mayoradgo,  á  fin  de  facer  gran 

(1)  Este  suceso  y  los  pasados  según  el  sumario  de  G«!indcz, 
deben  referirse  al  año  antecedente  de  1475,  pues  señala  la  ida  de 
la  Reyna  de  Valladolid  á  Burgos  íi  recibir  el  castillo  en  dicho  año, 
y  en  el  mismo  la  partida  del  Rey  á  lo  de  Zamora.  Galindez,  hUmor., 
año  li75. 


DON  FERNANDO 
señor  á  Don  Juan  su  hijo ;  porque  conocía  que  en 
perderlo  ella  perdía  poco  de  lo  suyo.  E  que  le  supli- 
caba que  oviese  piedad  del ,  que  siempre  le  había 
servido  ;  y  en  aquel  yerro  que  contra  su  magestad 
real  la  casa  de  su  padre  había  cometido  ,  mostrase 
su  magnanimidad ,  é  no  quisiese  que  él  padeciese 
por  el  yerro  que  su  padre,  ciego  de  ignorancia ,  y 
engañado  por  la  cobdícia  de  su  muger,  había  come- 
tido :  mayormente  pues  que  en  este  yerro,  fué  ma- 
yor la  ceguedad  de  la  cobdícia  de  su  madrastra,  que 
la  malicia  del  Duque  su  padre.  Todo  lo  qual  consi- 
derado, él  traia  comisión  de  poner,  é  ponía  en  sus 
manos  reales  al  Duque  su  padre,  é  á  él  é  á  toda  su 
cana,  para  que  de  todo  ello  ficíese  lo  que  su  volun- 
tad fuese.  La  Eeyna  perdonaba  los  yerros  que  le 
facían  con  gran  dificultad,  pero  considerando  la 
humildad  con  quo  vino  á  ella  Don  Pedro,  é  que  ha- 
bía servido  al  Rey  é  á  ella,  é  había  de  heredar  aque- 
lla casa,  perdonó  al  Duque  su  padre,  é  la  Duquesa 
su  muger,  é  redúxolos  á  su  servicio.  Los  quales  sir- 
vieron después  al  Rey  é  á  la  Reyna  tan  bien  é  leal- 
mente,  que  lo  entregaron  la  villa  de  Arévalo  que 
tenían  ocupada;  é  habiéndose  por  bien  servida  de- 
llos  les  dio  consentimiento  para  que  oviese  el  Maes- 
tradgo  de  Alcántara  Don  Juan  su  hijo,  que  era 
proveído  por  el  Papa.  Y  este  Duque  mudó  el  título 
que  tomó  de  Arévalo,  é  llamóse  Duquo  de  Plasencía, 
de  la  qual  se  solia  intitular  Conde. 

CAPÍTULO  XXXVIL 

De  las  cosas  que  pasaron  en  Faenterrabfa. 

Según  habemos  dicho,  el  Rey  de  Francia  fizo  su 
amistad  é  confederación  con  el  Rey  de  Portogal 
como  con  Rey  do  Castilla.  E  como  se  vido  libre  de 
la  guerra  que  el  Rey  delngalaterra  le  quería  facer, 
é  vista  la  necesidad  en  que  estaban  el  Rey  é  la  Rey- 
na por  la  guerra  é  división  que  tenían  dentro  en  su 
Reyno  ;  acordó  de  embiar  á  la  cibdad  de  Bayona, 
que  es  en  la  frontera  de  Castilla,  quarenta  mil  com- 
batientes, para  facer  guerra  á  la  provincia  de  Gui- 
púzcoa, é  poner  cerco  sobre  la  villa  de  Fuentera- 
bía,  que  es  muy  fuerte.  E  fuele  dado  á  entender, 
que  tomada  aquella  villa  por  ser  la  primera  é  la 
mas  fuerte  de  toda  la  provincia ,  muy  ligeramente 
tomaría  las  otras,  é  ansiraesmo  las  del  Condado  de 
Vizcaya,  do  hay  muchos  ó  muy  buenos  puertos  de 
mar,  con  los  quales  su  reyno  que  es  menguado  de- 
llos,  seria  abundado  de  puertos  de  mar,  é  de  gente 
belicosa,  é  muy  sabia  en  el  arte  de  marear.  La  villa 
de  Fuenterabia  es  puerto  de  mar,  y  está  asentada  á 
la  boca  de  un  rio  que  se  llama  Alduída,  é  nace  de 
los  montes  Píreneos,  y  entra  en  la  mar  de  España,  é 
viene  del  Reyno  de  Navarra  ,  é  parte  términos  en- 
tre Castilla  é  la  tierra  de  Labrot,  que  es  en  el  Duca- 
do de  Guiana,  del  señorío  de  Francia.  E  aunque  la 
villa  está  puesta  en  alto,  é  los  muros  della  son  al- 
tos ;  pero  la  mar  en  las  crecientes  rodea  todo  lo 
mas  del  circuito  della,  é  sube  mas  de  fasta  la  mey- 
tad  del  muro.  E  de  la  parte  de  la  tierra  está  muy 
torreada,  ó  la  dispusicion  del  lugar  la  face  mas 


É  DOÑA  ISABEL.  285 

fuerte :  porque  todo  lo  que  está  en  su  circuito  por 
la  parte  de  la  tierra,  es  lugar  fragoso  é  montuoso, 
donde  á  gran  pena  pueden  andar  caballos  ni  otras 
bestias  por  el  impedimento  del  lugar.  Los  France- 
ses pasaron  aquel  rio,  que  muy  ligeramente  se  pue- 
de pasar  á  las  menguantes  del  mar ;  y  entraron  en 
la  provincia  de  Guipúzcoa,  é  quemaron  las  villas  do 
la  Rentería,  é  de  Oyarzu ,  é  ficieron  cruda  guerra  á 
los  Guipuzes.  Los  de  la  provincia,  visto  el  gran  po- 
derío de  los  Franceses ,  embiaron  á  la  Reyna ,  quo 
estaba  en  Burgos,  en  el  tiempo  que  el  Rey  su  mari- 
do estaba  en  Zamora,  á  le  suplicar,  que  embiase  al- 
guna gente  de  caballo,  para  que  con  los  peones  de 
la  tierra  pudiesen  resistir  á  los  Franceses.  La  Reyna 
proveyó  luego,  y  embió  sus  poderes  á  Don  Diego 
Pérez  Sarmiento,  Conde  de  Salinas,  su  Merino  ma- 
yor de  Guipúzcoa,  con  gente  de  caballo  ;  ansimes- 
mo  embió  á  Don  Juan  de  Gamboa,  un  caballero  na- 
tural de  aquella  tierra,  para  que  entrase  en  Fuen- 
terabia, é  tomase  la  capitanía  de  ella.  B  dio  sus  car- 
tas para  todas  las  villas  que  son  en  Vizcaya,  é  Gui- 
púzcoa, é  Castilla  vieja,  é  Álava, é  Burueva,  é  las 
Asturias ,  é  para  todos  los  valles  que  son   en  las 
montañas ;  por  las  quales  mandó  que  fuesen  resis- 
tir á  los  Franceses  que  habian  entrado  á  facer  guer- 
ra en  sus  Reynos,  é  se  juntasen  para  ello  con  el 
Conde  de  Salinas  á  quien  embiaba  por  su  capitán 
mayor.  E  luego  aquel  Don  Juan  de  Gamboa  entró 
en  la  villa  de  Fuenterabia  con  fasta  mil  hombres 
de  la  tierra,  é  fizo  grandes  cavas  é  baluartes,  é  otras 
defensas,  é  forneciola  de  muchos  tiros  de  pólvora, 
é  de  todas  las  cosas  necesarias  á  la  defensa  de  la 
villa.  Los  Franceses  traían  mucha  gente  de  Gascu- 
ña, que  son  vecinos  á  la  provincia  de  Guipúzcoa, 
homes  guerreros.  Entre  los  quales  venia  un  caba- 
llero que  se  llamaba  Mosen  Juan  Pargueta,  capitán 
de  mil  lacayos,  con  los  quales  facía  gran  guerra  á 
toda  aquella  tierra  de  Guipúzcoa,  porque  sabia  las 
entradas  é  los  puertos  é  pasos  della.  Este  capitán 
aposentóse  un  dia  en  un  lugar  cerca  de  Fuenterabia, 
que  se  llama  Iruniranzu.  Los  Guipuzes  con  el  sen- 
timiento grande  que  tenían  de  las  quemas  é  robos 
que  este  capitán  les  facía  con  aquellos  lacayos,  sa- 
bido como  estaba  aposentado  en  una  casa  de  aquel 
lugar  juntáronse  fasta  tres  mil  hombres  de  pie ;  ó 
una  noche  por  los  lugares  de  la  tierra  que  ellos  sa- 
bían, andovieron  con  tan  grand  ardideza,  que  antes 
que  fuesen  sentidos  por  las  guardas,  dieron  sobro 
él,  é  cercaron  la  casa  do  estaba  ;  é  antes  que  fuese 
socorrido  de  los  Franceses  que  estaban  en  el  real 
pusiérole  fuego,  é  quemáronle  á  él  dentro,  é  fasta 
docientos  hombres  que  estaban  con  él,  é  retraxe- 
ronse  á  Fuenterabia.  Los  Franceses  como  lo  sopie- 
ron,  tomaron  armas  para  ir  empos  de  los  Guipuzes, 
los  quales  como  sabían  los  pasos  é  lugares  de  la 
tierra  mas  fragosos,  fueron  por  ellos  ;  é  los  Fran- 
ceses que  venían  á  caballo,  no  los  pudíendo  seguir 
de  noche  por  aquellos  pasos ,  volvieron  á  su  real,  y 
estovieron  en  él  espacio  de  di^  días.  E  como  era 
gran  número  de  gente,  é  no  tenían  ya  mantenimien- 
tos, porque  hx  tierra  es  muy  estéril,  volvieron  para 


286 

Bayona,  que  es  cinco  leguas  de  Fuenterabia  ;  é  allí 
se  proveyeron  de  mantenimientos  que  ficieron  traer 
por  mar,  é  de  pertrechos,  é  de  tiros  de  pólvora,  é  de 
las  otras  cosas  necesarias  para  el  combate.  Como 
fueron  fornecidos  de  todas  estas  cosas  ,  volvieron 
para  Fuenterabia  con  toda  su  hueste ;  é  á  la  men- 
guante del  mar  pasaron  el  rio,  é  con  toda  el  artillería 
é  pertrechos  que  traían,  asentaron  ribera  de  aquel  rio, 
cerca  de  la  villa  de  Fuenterabia  por  espacio  de  tres 
n)il  pasos.  E  como  no  podían  llegar  los  pertrechos 
á  la  villa  para  la  combatir,  porque  la  impedían  los 
muchos  tiros  de  pólvora  que  tiraban  los  Guipuzes, 
acordaron  los  Franceses  de  facer  una  mina  abierta 
honda  en  tierra,  obra  de  estado  é  medio  de  un  home; 
la  qual  ficieron  á  vueltas ,  tomando  una  vez  á  la 
mano  derecha,  otra  vez  á  la  mano  izquierda,  porque 
los  tiros  que  facían  desde  la  villa  no  les  pudiesen 
facer  daño.  Los  de  la  villa  acordaron  de  la  defen- 
der por  lo  baxo  della,  desde  los  baluartes,  é  desde 
las  cavas  que  tenían  fechas  ;  é  para  esto   derriba- 
ron lo  alto  de  las  torres  é  de  las  almenas,  porque  si 
el  artillería  de  los  Franceses  tirase  al  muro  é  lo  der- 
ribase, las  piedras  que  del  cayesen,  no  firiesen  ni 
ocupasen  á  los  que  andaban  debaxo  en  derredor  de 
la  villa  por  defuera  para  la  defender.  Los  France- 
ses por  aquella  gran  mina  que  ficieron,  llegaron  fas- 
ta la  villa  tanto  cerca ,  que  peleaban  los  unos  con 
los  otros  desde  las  cavas.  Los  de  las  villas  de  Sant 
Sebastian ,  é  del  Pasage  é  de  Ernani ,  é  Tolosa ,  é 
Zarauz,  é  Guetaria,  é  Deva,  é  de  las  otras  villas  cer- 
canas, sabiendo  que  los  Franceses  querían  comba- 
tir á  Fuenterabia,  juntáronse  fasta  tres  mil  hombres 
de  toda  aquella  tierra  ,  é  pusiéronse  en  las  cuestas 
altas  que  están  en  derredor,  y  en  laspefias  y  en  otros 
lugares  que  están  en  circuito,  dispuestos  de  tal  ma- 
nera, que  poca  gente  se  puede  defender  de  mucha, 
é  facerles  daño,  é  desde  aquellos  lugares  escaramu- 
zaban con  los  Franceses  que  quedaban  en  guarda  del 
real,  é  ferian  é  mataban  muchos  dellos.  Los  Fran- 
ceses, aunque  eran  muchos  en  número ,  pero  por 
la  díspusicion  de  la  tierra  no  podían  socorrer  á  las 
escaramuzas  que  aquella  gente  defuera  les  facía,  é 
á  los  combatos  de  la  villa,  pero  peleaban  los  unos  é 
los  otros  con  mucho  esfuerzo.  Esta  manera  de  com- 
batir duró  entre  ellos  por  espacio  de  nueve  días  ;  é 
con  los  tiros  de  pólvora,  é  de  ballestas  é  arcos,  mo- 
rían muchos  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  Los  de  la 
villa  esforzábanse  cada  día  mas,  especialmente  por- 
que quando  les  era  necesario  entraban  en  la  villa 
con  las  crecientes  del  mar  barcos  cargados  de  las 
cosas  que  habían  menester  para  su  provisión.  Los 
de  la  provincia  armaron  naos,  é  pusiéronlas  al  paso, 
porque  por  mar  no  pudiesen  venir  bastimentos  á 
los  Franceses.  Los  quales,  visto  el  poco  daño  que 
facían  en  la  villa,  y  entendiendo  que  podrían  facer 
menos  según  el  sitio  della,  é  la  díspusicion  de  la 
tierra,  é  la  mucha  gente  que  la  defendía,  é  ansi- 
mesmo   porque  les  faltaban  los  mantenimientos, 
acordaron  de  se  retraer  é  volver  á  Bayona. 

Sabido  por  el  Rey  do  Francia  como  su  gente  no 
habiendo  conseguido  fruto  del  cerco  que  habían  f o- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cho,  se  retraxeron  á  la  villa  de  Bayona,  ovo  grand 
indinacion  contra  ellos,  é  tornó  á  embiar  otros  ca- 
pitanes, é  mas  gente ;  á  los  quales  mandó  que  tor- 
nasen á  poner  real  sobre  la  villa  de  Fuenterabia,  ó 
que  en  ningún  caso  la  alzasen  sin  la  combatir  é  to- 
mar ;  é  que  en  esto  se  pusiese  estremada  diligencia 
fasta  que   oviese  efeto.   En    este  comedio  los  de 
Fuenterabia,  recelando  que  los  Franceses  volverian 
á  la  combatir,  fortalecieron  la  villa  de  muchas  ca- 
vas é  baluartes,  é  de  gentes  de  la  tierra  escogidas 
para  la  defender ;  y  en  tal  manera  se  proveyeron 
que  no  habian  tanto  recelo  de  la  multitud  de  los 
Franceses,  ni  de  sus  pertrechos  é  artillería.  Espe- 
cialmente porque  si  se  viesen  en  algún  aprieto,  es- 
taban apercebidas  todas  las  gentes  de  las  comarcas 
por  mandado  de  la  Reyna  paia  los  ir  á  socorrer. 
Otrosí  mandaron,  que  entrasen  en  ella  otros  mil 
hombres  escogidos  de  la  tierra;  é  vino  allí  Sancho 
del  Campo,  un  capitán  que  embió  la  Reyna,  é  Juan 
de  Lezcano ,  é  Juan  de  Salazar  con  gente  de  armas 
á  caballo,  é  con  el  artillería  que  pudieron  haber  de 
aquella  tierra.  El  Rey  ansimesmo  habia  embiado  á 
aquella  villa  una  lombarda  gruesa,  mayor  que  nin- 
guna de  las  que  traían  loa  Franceses,  é  otros  muchos 
tiros  de  pólvora,  é  maestros  de  artillería.  Los  Fran- 
ceses ficieron  de   su  parte  mayores  aparejos  de 
guerra  que  antes  habian  fecho ,  é  otros  artificios 
para  el  combate,  é  traxeron  mayor  abundancia  de 
bastimentos  para  bastecer  su  real,  porque  por  falta 
dellos  no  lo  oviesen  de  alzar  como  habian  fecho  las 
otras  veces.  Los  quales  mantenimientos  no  les  po- 
dían venir  por  mar,  porque  según  habemoB  dicho, 
los  Guipuzes  habian  armado  naos,  que  estaban  en 
guarda  para  impedirles  el  paso  ;  é  como  por  tierra 
de  muy  lexos  habian  de  venir  al  real  de  los  Fran- 
ceses, por  ser  gran  número  de  gente,  no  se  podían 
sostener  muchos  días  en  aquella  tierra;  é  por  aque- 
lla causa  vinieron  proveídos  para  mas  tiempo.  E 
asentaron  real  en  el  lugar  do  lo  habian  asentado  la 
primera  vez;  é  un  día  movieron  con  su  artillería 
ordenadamente  para  la   poner  en  los  lugares  del 
combate.  Los  Guipuzes  con  sus  capitanes  salieron 
de  la  villa  con  su  artillería  é  pertrechos  para  la  de- 
fensa, y  escaramuzaron  con  los  Franceses;  é  duró 
la  escaramuza  entre  ellos  desde  la  mañana  fasta  la 
noche,  en  la  qual  murieron  muchos  de  la  una  parte 
é  de  la  otra.  Los  Franceses  por  el  daño  que  rece- 
bian  en  su  real ,  con  quatro  lombardas  grandes ,  é 
con  los  otros  tiros   de  pólvora  que  continamente 
les  tiraban,  acordaron  de   lo  retraer,  é  pusiéronlo 
mas  lexos  de  la  villa  cerca  de  aquella  aldea  que 
diximos  que  se  llamaba  Iruníranzu ,  que  es  una  le- 
gua de  Fuenterabia.  E  aquel  día  no  pudieron  los 
Franceses  asentar  el  artillería  como  pensaron,  por 
la  gran  defensa  que  los  de  la  villa  pusieron.  Otro 
día  por  la  mañana  tornaron  los  Franceses  á  la  esca- 
ramuza con  el  artillería ;  é  los  Guipuzes  salieron  de 
la  villa,  como  el  día  antes  habian  fecho,  é  puestos 
en  la  pelea,  como  los  Guipuzes  sabían  los  lugares 
é  pasos  de  la  tierra,  atajaron  por  un  lugar  á  los 
Franceses,  é  ficieron  grand  estrago  en  ellos,  é  to- 


DON  FERNANDO 
maronles  algunos  de  sus  pertrechos.  Los  capitanes 
de  los  Franceses,  visto  el  daño  que  su  gente  recebia, 
retraxeronse  al  real,  que  lo  tenían  muy  fortalecido. 
Otro  dia  acordaron  de  tornar  á  asentar,  los  pertre- 
chos !para  combatir  la  villa,  é  de  los  llevar  por 
aquella  mina  abierta  que  habian  fecho ;  é  pusieron 
gente  por  guarda  en  aquellos  lugares  por  do  habian  . 
recebido  daño  el  dia  de  antes,  é  dispusiéronse  todos 
con  grand  ánimo  para  asentar  la  artillería.  E  como 
eran  en  número  do  quarenta  mil  combatientes,  é  los 
de  la  villa  habian  quedado  tan  cansados  de  las  es- 
caramuzas habidas  los  dias  pasados  :  como  quiera 
que  salieron  algunos  á  escaramuzar  con  los  France- 
ses, pero  no  los  podiendo  resistir  retraxeronse  á  la 
villa  ;  é  ansí  ovieron  lugar  los  Franceses  de  asentar 
la  ai-tillería.  Y  en  la  pelea  que  pasó  aquel  día ,  ti- 
raban de  la  una  parte  é  de  la  otra  muy  grandes  ti- 
ros de  pólvora ;  ó  llegaron  á  pelear  por  las  cavas 
tan  juntos  unos  de  otros,  que  se  tiraban  piedras  de 
mano,  é  lanzas  é  dardos.  E  ansí  duraron  los  Fran- 
ceses en  aquel  sitio  por  espacio  de  dos  meses,  en  los 
quales  los  mas  días  habian  con  los  de  la  villa  gran- 
des escaramuzas  é  peleas,  donde  morían  muchos  do 
la  una  parte  é  de  la  otra ;  pero  los  Franceses  no  po- 
dían llegar  al  muro  por  las  grandes  defensas  que 
la  villa  tenia  por  defuera,  é  por  la  gran  gente  do 
dentro  que  la  defendía. 

Agora  dexa  la  Crónica  de  recontar  esta  conquis- 
ta de  Fuenterabia,  é  torna  á  recontar  las  cosas  que 
pasaron  estando  el  Rey  en  la  cibdad  de  Zamora. 

CAPÍTULO  XXXVIII. 

De  las  cosas  que  el  Rey  fizo  en  la  cibdad  de  Zamora. 

Después  que  el  Rey  entró  en  la  cibdad  de  Zamo- 
ra ,  siempre  tovo  la  fortaleza  sitiada  por  parte  de 
dentro  é  defuera  de  la  cibdad  con  las  estanzas  que 
habemos  dicho.  É  como  quier  que  el  Rey  perdona- 
ba al  Mariscal,  é  le  ofrecía  restitución  de  sus  bie- 
nes porque  le  entregase  la  fortaleza ,  é  aunque  se 
facían  contra  él  é  contra  los  que  con  él  estaban  los 
actos  que  se  deben  facer  contra  los  que  son  rebel- 
des ,  pero  sus  fierros  le  ponían  tanta  sospecha ,  que 
le  quitaban  toda  seguridad,  É  por  esta  causa  siem- 
pre estovo  pertinaz  é  no  quiso  oír  partido  ninguno, 
con  esperanza  que  el  Rey  de  Portogal  le  socorrería 
é  le  faria  grandes  mercedes.  El  Rey  veyendo  su  per- 
tinacia, mandó  fortificar  el  cerco,  y  embiar  por  mas 
gentes  é  artillería  y  engenios  para  combatir  la  for- 
taleza. Durante  este  tiempo  el  Rey  de  Portogal  so- 
po como  venían  ciertas  lombardas  y  engenios  á  la 
cibdad  de  Zamora,  é  pensó  de  ir  en  persona  con  to- 
da su  hueste  á  los  tomar,  porque  fué  informado  que 
el  Rey  no  tenia  tanta  gente  para  le  resistir,  é  que  sí 
saliese  con  toda  su  hueste,  le  seria  forzado  alzar  el 
sitio  que  tenia  puesto  sobre  la  fortaleza,  ó  dexar  las 
estanzas  con  tan  poco  número  de  gente  ,  que  los  de 
dentro  pediesen  salir  á  facerles  daño,  É  con  este 
propósito  salió  de  la  cibdad  de  Toro  con  toda  su 
gente  puesta  en  orden  de  batalla,  é  llegó  fasta  cer- 
ca de  Zamora  por  espacio  de  una  legua.  É  porque 


É  DOÑA  ISABEL.  287 

sopo  que  la  artillería  que  iba  á  tomar  estaba  ya  en 
salvo  é  que  no  la  podía  haber,  embió  requerir  al  Rey 
con  sus  farautes  é  reyes  de  armas,  que  alzase  luego 
el  cerco  que  había  puesto  sobre  la  fortaleza  de  la 
cibdad  de  Zamora,  é  ansimesmo  saliesen  él  é  la  Rey- 
na  destos  reynos  de  Castilla  é  de  León,  que  eran  su- 
yos é  le  pertenecían  por  el  derecho  que  á  ellos  tenia 
la  Reyna  Doña  Juana  su  esposa,  según  otras  veces 
le  había  requerido.  É  sí  esto  no  quisiese  facer  salie- 
se luego  con  él  al  campo  donde  le  esperaba  con  to- 
do su  exército,  porque  por  batalla  esta  demanda  fe- 
neciese, é  las  guerras  é  males  que  por  causa  della 
habia  en  estos  Reynos  cesasen.  Oídas  por  el  Rey  las 
razones  que  el  Rey  de  Portogal  le  embió  decir,  ovo 
consejo  con  el  Almirante,  é  con  el  Duque  de  Alva, 
é  con  el  Conde  de  Alva  de  Liste,  é  con  los  otros  ca- 
balleros que  con  él  estaban,  É  algunos  capitanea 
mancebos,  con  (leseo  de  se  ver  en  batalla  con  los 
Portogueses,  consejaban  que  el  Rey  con  toda  su 
gente  debía  salir  á  la  batalla,  porque  era  gran  men- 
gua de  los  Castellanos  ver  los  Portogueses  en  el 
campo,  é  no  salir  á  ellos  aunque  fuesen  mayor  nú- 
mero :  porque  decían  que  la  multitud  de  peonca 
que  el  Rey  de  Portogal  traía,  mas  era  vulgo  desor- 
denado que  gente  dispuesta  para  pelear ,  é  que  la 
desorden  é  cobardía  de  los  semejantes  suelen  mu- 
chas veces  dar  causa  al  vencimiento  é  caída  de  su 
mesma  hueste.  E  decían  otras  razones  con  gran  fer- 
vor que  tenían  de  pelear.  El  Rey  mandó  á  Don  En- 
rique Enríquez,  Conde  de  Alva  de[Líste,  que  estaba 
con  él  en  su  Consejo  y  era  caballero  anciano  y  ex- 
perí](||^tado  en  los  fechos  de  las  guerras,  que  díxe- 
se  su  parecer ;  el  qual  dixo : 

«Vos',  señor,  que  tenéis  cercada  esta  fortaleza,  in- 
«juriades  al  Rey  de  Portogal ;  é  para  guarda  de  su 
whonra  le  conviene  socorrerla,  é  faceros  alzar  el  cer- 
»  co,  porque  esta  es  su  demanda ,  ó  á  vos  conviene 
»por  guarda  d©  la  vuestra,  continuarlo  fasta  Ja  to- 
»mar.  E  si  vos,  señor,  dexásedes  el  cerco  por  salir  á 
«la  batalla,  él  acabaría  su  demanda,  pues  vos  facía 
«alzar  el  sitio,  é  vos  no  la  vuestra,  pues  no  tomáis 
«la  fortaleza  :  en  la  qual  recibiríades  gran  mengua, 
«por  no  dar  fin  al  fecho  de  armas  que  comenzastes. 
»É  según  la  orden  de  la  disciplina  militar,  ningún 
n principe  ni  capitán  debe  dexar  la  empresa  de  ar- 
«  mas  en  que  está  puesto ,  fasta  la  acabar,  por  nin- 
Hgunaotra  que  le  intervenga;  é  durante  aquella, 
«relevado  es  de  responder  á  otros  fechos  de  armas. 
«Allende  desto,  no  sé  yo  qué  necesidad  hay  de  sa- 
n  lir  á  la  batalla  con  el  Rey  de  Portogal :  porque 
»  vos,  señor,  en  el  campo  estáis  con  vuestras  gentes 
«guardando  las  estanzas  que  están  contra  la  forta- 
«leza,  y  en  el  campo  le  esperáis  continuando  vues- 
«tra  empresa.  Si  él  viniese  é  dexásedes  el  sitio,  re- 
«cibiríades  mengua;  pero  continuando  vos  vuestra 
«demanda,  él  recibe  mengua  si  no  viene  é  acaba  la 
«suya.  Ansí  que,  señor,  á  mí  parece  que  por  ninguna 
«vía  se  debe  alzar  el  sitio  que  tenéis  puesto,  é  que 
filo  debéis  continuar  fasta  tomar  la  fortaleza,  é  no 
«responder  por  agora  á  la  batalla  que  el  Rey  de 
«Portogal   os  presenta :  porque  si  batalla  busca, 


288 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 


«aquí  la  puedo  fallar  si  quisiere  venir.  É  tomada  la 
«fortaleza,  allegareis  vuestras  gentes  que  tenéis 
«repartidas  en  las  otras  guarniciones ,  que  defien- 
»den  los  robos  que  se  facen  por  los  Portogueses 
ndesde  Cantalapiedra ,  é  Castronuño ,  é  de  las  otras 
«fortalezas  que  están  por  el  Rey  de  Portogal.  Ver- 
»ná  ausimesmo  el  Cardenal  de  España,  que  esperáis 
«cada  dia,  con  la  gente  de  su  casa,  é  con  la  que  es- 
» taba  sobre  el  castillo  de  Burgos ,  pues  en  aquellas 
«partes  no  hay  por  agora  necesidad  en  que  deba 
«estar  ocupada.  Y  estonces  podéis  con  el  ayuda  de 
«Dios  responder  por  batalla  al  Rey  de  Portogal 
«acompañado  de  muchas  gentes ,  según  debe  ir  un 
«Rey  tan  poderoso  como  vos  sois.» 

Oidas  aquellas  razones  que  dixo  el  Conde  de  Al- 
va  de  Liste,  pareció  a^Rey  é  á  los  otros  caballeros 
del  su  Consejo ,  que  decia  muy  bien.  Y  embió  decir 
al  Rey  do  Portogal  con  sus  reyes  de  armas  :  que  él 
tenia  puesto  sitio  sobre  la  fortaleza  de  aquella  cib- 
dad  de  Zamora  que  le  estaba  rebelada  por  algunos 
desleales  sus  vasallos ,  el  qual  sitio  con  el  ayuda  de 
Dios  entendía  continuar,  fasta  la  poner  en  su  obe- 
diencia. Por  ende  ,  que  si  habia  voluntad  de  bata- 
llar con  él ,  viniese  á  socorrer  á  aquellos  que  esta- 
ban en  ella  é  tenian  su  voz  y  esperanza  que  los  ha 
de  socorrer ;  é  allí  fuera  en  el  real  que  tiene  puesto 
sobre  ella  le  esperaba,  donde  mediante  el  ayuda  de 
Dios  le  respondería  con  las  manos  á  la  batalla  que 
le  presentaba.  Oída  por  el  Rey  de  Portogal  aquella 
respuesta  ,  porque  se  informó  que  las  estanzas  que 
estaban  puestas  sobre  la  fortaleza  por  parte  de  fue- 
ra de  la  cibdad  eran  muy  fortalecidas  é  asei^|^as 
de  tal  manera ,  que  no  se  podría  combatir  por  la 
mucha  gente  que  tenian,  ni  menos  podrían  entrar 
en  la  fortaleza  á  la  socorrer,  acordó  de  volver  para 
la  cibdad  de  Toro.  El  Rey  continó  su  cerco,  é  man- 
dó armar  los  engenios  que  tiraban  á  la  fortaleza  é 
derribaban  las  casas  que  estaban  dentro ;  é  mandó 
ansimesmo  traer  de  las  comarcas  toda  la  artillería 
que  habia,  para  tirar  contra  el  muro. 

CAPÍTULO  XXXIX. 

Del  recaentro  que  ovo  Alvaro  de  Mendoza  con  el  Conde  de  Pefia- 
mazor,  é  como  le  prendió. 

Estando  el  Rey  en  el  cerco  de  aquella  fortaleza 
de  Zamora,  vínole  nueva  como  había  salido  de  To- 
ro gente  de  los  Portogueses  por  tomar  á  un  capitán 
de  la  Reyna  que  se  llamaba  Cristoval  de  Valladolid 
las  provisiones  que  traia  á  Zamora;  é  mandó  á  Al- 
varo de  Mendoza  que  fuese  en  socorro  de  aquel  ca- 
pitán, porque  los  Portogueses  no  lo  tomasen.  Este 
caballero  Alvaro  de  Mendoza  cabalgó  luego  con  la 
gente  de  su  capitanía,  é  llegó  fasta  dos  leguas  do 
Toro ;  é  porque  sopo  que  aquel  capitán  con  todo  lo 
que  traía  era  ya  por  otra  parte  puesto  en  salvo, 
acordó  de  bolver  para  Zamora.  Como  notificaron  al 
Rey  de  Portogal  sus  guardas,  que  habían  visto 
gente  de  caballo  que  venia  camino  de  Toro,  mandó 
á  un  capitán  suyo  que  se  llamaba  el  Conde  de  Pe- 
fiamazor,  que  fuese  con  toda  la  gente  que  mas 


presto  pudiese  haber,  é  sopiese  qué  caballeros  eran 
aquellos  que  habían  salido  de  Zamora  y  estaban  tan 
cerca  de  Toro.  Aquel  Conde  de  Peñamazor  fué  con 
los  mas  caballeros  que  pudo  haber  prestos ,  é  vino 
para  el  lugar  donde  las  guardas  dixeron  que  habían 
visto  los  caballeros  Castellanos.  Venidos  á  aquel  lu- 
gar los  caballeros  Portogueses ,  vieron  á  los  Caste- 
llanos, é  los  Castellanos  vieron  á  los  Portogueses. 
Alvaro  de  Mendoza  dixo  á  los  caballeros  de  su  ca- 
pitanía: «A  mí  parece,  caballeros,  que  pues  aquello 
«que  veníamos  á  salvar  está  en  salvo,  nosotros  de- 
«bemos  bolver  á  Zamora,  é  que  no  debemos  pelear 
» con  los  Portogueses ;  porque  son  mas  gente  que 
»  nosotros,  é  salen  cada  hora  mas  de  la  cibdad.»  Los 
caballeros  por  el  acuerdo  de  su  capitán ,  volvían  á 
Zamora.  El  Conde  de  Peñamazor,  é  los  Portogueses 
que  con  él  estaban ,  visto  que  los  Castellanos  bol- 
vían  ,  comenzaron  á  andar  mas ,  é  ir  empos  dellos 
por  los  alcanzar ;  pero  estaban  apartados  por  tanta 
distancia  de  tierra,  que  no  pudieran  llegar  á  ellos, 
si  los  caballeros  Castellanos  quisieran  seguir  su  ca- 
mino. Quando  los  Castellanos  vieron  que  los  Porto- 
gueses venían  empos  dellos,  sintiéronlo  á  grand  in- 
juria; é  dixeron á  Alvaro  de  Mendoza,  que  debrían 
volver  y  esperar  los  Portogueses  para  pelear  con 
ellos,  pues  presumían  de  los  correr;  é  que  dado  que 
se  podrían  salvar,  no  debrian  dar  lugar  á  que  los 
Portogueses  llevasen  aquel  dia  honra  ninguna  de- 
llos, diciendo  que  los  habían  corrido.  Alvaro  de 
Mendoza  dixo:  «Nosotros  no  vamos  en  fuida,  para 
«que  se  pueda  decir  que  recebímos  mengua;  é  por 
«tanto  debemos  continuar  nuestro  camino.»  Los  ca- 
balleros Castellanos  eran  de  los  principales  de  la 
guarda  del  Rey ,  é  homes  de  buen  esfuerzo ;  é  sin- 
tiendo ser  injuriados  veyendo  venir  los  Portogueses 
á  las  espaldas,  iban  descontentos  é  quexándose  del 
capitán,  porque  no  daba  lugar  á  la  pelea.  Alvaro  de 
Mendoza,  visto  la  voluntad  de  aquellos  caballeros, 
dixo :  «  Pues  vosotros  tan  grand  deseo  tenéis  hoy 
»  de  pelear,  no  plega  á  Dios  que  por  mí  se  diga  en 
» ningún  tiempo  que  el  capitán  enflaqueció  el  es- 
«fuerzo  de  su  gente:  aparejad  pues  agora  las  manos 
né  mejor  los  corazones,  é  volvamos  á  ellos.»  É  di- 
ciendo estas  palabras,  volvió  las  riendas  á  su  caba- 
llo, é  todos  juntos  dieron  de  las  espuelas  á  los  ca- 
ballos, de  manera  que  muy  presto  fueron  con  los 
Portogueses.  É  los  Portogueses  venían  ya  abiertos 
unos  empos  de  otros,  como  homes  que  van  en  al- 
cance, é  los  Castellanos  entraron  por  ellos,  é  del 
primer  encuentro  cayeron  muchos  de  los  Portogue- 
ses, é  tornaron  sobre  ellos ,  é  los  Portogueses  sobre 
los  Castellanos;  é  firiéronse  los  unos  á  los  otros  de 
manera,  que  quedaron  muy  pocos  de  los  unos  é  de 
los  otros  que  no  fuesen  muertos  6  feridos,  E  la  pe- 
lea duró  entre  ellos  por  espacio  de  quatro  horas ;  é 
quando  bien  miraron  los  unos  por  los  otros,  no  se 
fallaron  ni  de  los  Portogueses ,  ni  de  los  Castella- 
nos, docientos  caballeros  que  podiesen  pelear  á  ca- 
ballo ni  á  pío  :  porque  todos  los  otros  eran  muertos 
ó  feridos.  Estos  tornaron  á  pelear  con  gran  corage; 
é  algunos  habia ,  que  perdidas  ó  quebradas  ya  las 


DON  FERNANDO 
espadas,  peleaban  con  los  puñales  desde  los  caba- 
llos, do  se  vertía  mucha  sangre.  Al  fin  los  Porto- 
gueses  no  podiendo  sofrir  la  fuerza  de  los  Castella- 
nos, fueron  vencidos  é  desbaratados,  é  pocos  dellos 
pedieron  f  uir ,  porque  aquel  Conde  de  Peñamazor  é 
todos  los  mas  de  los  que  con  él  quedaron ,  fueron 
feridos  é  presos.  É  volvió  Alvaro  de  Mendoza  para 
Zamora,  é  llevó  preso  aquel  capitán  é  á  los  caballe- 
ros portogueses  que  quedaron  de  los  que  con  él  ha- 
blan salido  de  Toro ;  todos  los  otros  fueron  muertos 
é  feridos  é  quedaron  en  el  campo,  que  no  podían 
andar  de  las  feridas  que  recibieron.  Otros  muchos 
recuentros  é  fechos  de  armas  pasaron  entre  los  del 
un  partido  é  del  otro,  ansí  en  aquella  comarca  do 
estaban,  como  en  otras  partes  del  Reyno,  do  fueron 
vencidos,  veces  los  de  la  una  parte,  veces  los  de  la 
otra.  Pero  la  Corónica  no  face  mención  dello,  salvo 
deste,  por  ser  muy  ferido,  é  porque  fué  preso  aquel 
Conde  que  era  persona  principal ,  é  de  quien  el  Rey 
de  Portugal  fiaba. 

CAPÍTULO  XL. 

Como  el  Rey  dio  vista  al  Rey  de  Portugal  úits  puertas 
de  Toro. 

Sabido  por  la  Reyna  que  estaba  en  Valladolid, 
como  el  Rey  de  Portogal  había  presentado  la  bata- 
lla al  Rey  su  marido,  rogó  al  Cardenal  de  España 
que  con  toda  la  gente  de  su  casa  é  con  otra  gente 
de  caballo  de  sus  guardas,  fuese  á  Zamora  do  el  Rey 
estaba.  El  Cardenal  recogida  toda  aquella  gente, 
fué  á  la  cibdad  de  Zamora ;  y  el  Rey  ovo  placer  con 
él  é  fizóle  posar  en  su  palacio.  É  luego  dieron  orden 
en  apretar  mas  el  cerco  é  fortificar  las  estanzas  que 
estaban  contra  la  fortaleza.  Y  el  Rey  con  acuerdo 
del  Cardenal,  embió  luego  por  mas  gente  á  Galicia. 
Y  el  Conde  de  Lemos,  Don  Pero  Álvarez  de  Osorio, 
Señor  do  Cabrera,  le  embió  gente  de  armas  á  caballo 
de  su  casa,  é  dos  mil  peones,  homes  usados  en  la 
guerra.  Vino  ansimesmo  el  Conde  de  Monterey ,  é 
otra  mucha  gente  de  caballo  é  de  pie  del  reyno  de 
Galicia.  Como  los  caballeros  de  la  hueste  del  Rey 
vieron  aquella  gente  junta ,  é  pensaron  que  las  es- 
tanzas  puestas  sobre  la  fortaleza  podían  quedar 
bien  fornecidas  de  gente,  é  ir  el  Rey  á  presentar  la 
batalla  al  Rey  de  Portogal,  suplicáronle  que  le  plo- 
guiese  de  lo  facer,  porque  se  sentían  menguados  de 
los  Portogueses,  por  no  haber  salido  á  la  batalla  que 
el  Rey  de  Portogal  pocos  días  antes  le  habia  pre- 
sentado. Desta  opinión  eran  ansimesmo  los  vecinos 
de  la  cibdad,  los  quales  mormuraban  contra  los  ca- 
balleros principales  que  estaban  con  el  Rey ,  pen- 
sando que  ellos  lo  estorvaban  por  algunos  malos 
respetos  de  deslealtad.  El  Cardenal  é  aquellos  otros 
Grandes  que  estaban  con  el  Rey ,  como  quier  que 
conocían  bien  que  durante  el  sitio  que  estaba  pues- 
to sobre  la  fortaleza  de  Zamora  no  era  razón  res- 
ponder á  otra  nueva  requesta  de  armas  fasta  con- 
cluir aquella  ;  pero  habiendo  consideración  que  al- 
gunas veces  es  necesario  satisfacer  á  la  opinión  del 
pueblo,  consejaron  al  Rey  que  lo  ficiese.  É  proveído 
Cr.— III. 


É  DOÑA  ISABEL.  289 

lo  necesario  para  la  guarda  de  las  estanzas,  partió 
de  la  cibdad  de  Zamora  con  toda  su  hueste  ;  é  las 
esquadras  ordenadas  para  la  batalla,  llegó  cerca  de 
la  cibdad  de  Toro  quanto  media  legua,  é  presentó 
la  batalla  al  Rey  de  Portogal.  El  qual  vista  la  gen- 
te del  Rey,  ovo  consejo  de  no  salir  por  estonces  á  la 
batalla,  porque  no  se  vído  tan  poderoso  de  gente 
para  la  dar;  é  mandó  poner  gran  guarda  en  las 
puertas  é  torres  de  la  cibdad,  porque  ninguno  salie- 
se fuera  della,  salvo  algunos  caballeros  que  salie- 
ron á  escaramuzar  con  los  corredores  que  el  Rey 
habia  embíado  delante.  Visto  por  el  Rey ,  que  habia 
estado  allí  esperando  por  espacio  de  quatro  horas,  é 
que  el  Rey  de  Portogal  no  salía  á  la  batalla,  volvió 
para  la  cibdad  de  Zamora,  é  continó  el  cerco  que 
tenia  puesto  sobre  la  fortaleza ;  la  qual  se  combatía 
con  engeníos,  porque  aun  no  era  llegada  toda  la  ar- 
tillería que  habia  mandado  traer  para  derribar  el 
muro.  En  este  comedio  faltó  al  Rey  el  dinero  para 
pagar  sueldo  á  la  gente  de  armas,  é  por  esta  causa 
algunas  gentes  se  volvían  para  sus  tierras,  é  la  hues- 
te se  diminuía.  Visto  este  inconviniente,  acordó  el 
Cardenal  y  el  Almirante  y  el  Duque  de  Alva  de 
prestar  al  Rey  toda  su  plata  en  que  comían,  por  re- 
mediar el  daño  que  de  aquella  necesidad  se  pediera 
seguir. 

CAPÍTULO  XLL 

Como  el  Rey  de  Portogal,  con  la  gente  que  vino  de  su  Reyno  con 
el  Principe  su  hijo,  puso  real  sobre  la  puente  de  Zamora. 

El  rey  de  Portogal  visto  en  como  habia  perdido  á 
Zamora,  y  el  castillo  de  Búígos,  é  que  los  caballe- 
ros castellanos  que  estaban  en  su  partido  ,  por  esta 
causa  dubdaban  permanecer  en  su  servicio ,  acordó 
de  embiar  á  llamar  al  Príncipe  de  Portogal,  su  fijo, 
con  toda  la  gente  de  su  Reyno  para  avivar  mas  su 
partido,  é  llevar  mas  adelante  su  empresa.  El  Prin- 
cipo que  estaba  apercebido,  por  mandado  del  Rey 
su  padre  vino  luego  á  su  llamamiento,  é  traxo  gen- 
te de  pie  é  de  caballo  del  Reyno  de  Portogal ,  fasta 
el  niimero  de  veinte  mil  combatientes  ;  é  llegó  con 
toda  aquella  gente  fasta  la  cibdad  de  Toro,  do  es- 
taba el  Rey  su  padre.  El  Rey  de  Portogal  quando 
se  vído  acompañado  de  la  gente  de  su  Reyno,  con- 
siderando que  junta  con  la  otra  que  él  tenia,  habia 
asaz  número  de  gente  para  pelear  con  el  Rey,  em- 
bió requerir  á  los  caballeros  castellanos  que  estaban 
en  su  servicio,  que  viniesen  á  él,  ó  embiasen  su  gen- 
te a  le  servir,  porque  él  en  persona  quería  ir  á  pe- 
lear con  el  Rey,  ó  le  cercar  en  la  cibdad  de  Zamora 
donde  estaba.  Especialmente  embió  sus  mensageros 
á  Don  Alvaro  de  Stúfiiga,  Duque  de  Plasencia,  á  le 
decir,  como  el  Príncipe  su  fijo  era  venido  con  tanta 
gente,  que  podía  socorrer  la  fortaleza  de  Zamora,  é 
poner  sitio  sobre  el  Rey,  é  pelear  con  él ,  é  lo  echar 
del  Reyno  de  Castilla;  é  que  agora  tenia  tiempo  pa- 
ra recobrar  el  castillo  de  Burgos,  é  dar  fin  á  toda  su 
demanda.  Por  ende  le  rogaba  que  embiase  la  mas 
gente  de  armas  é  peones  que  pudiese  para  le  ayu- 
dar alo  poner  en  execucion.  El  Duque  considerando 

19 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


290 

la  negligencia  que  el  Rey  de  Portogal  había  puesto 
en  socorrer  al  castillo  de  Burgos,  por  cuya  pérdida 
estaba  lastimado ,  c  porque  aborrecida  ya  por  esta 
causa  la  compañía  del  Rey  de  Portogal,  habia  em- 
biado  á  Don  Pedro  su  fijo  á  tratar  con  la  Reyna  su 
reconciliación  para  ser  en  su  servicio ;  respondió  á 
los  mensageros  del  Rey  de  Portogal ,  que  él  no  de- 
bía anteponer  su  servicio  al  servicio  del  Rey  Don 
Fernando  é  de  la  Reyna  Doña  Isabel,  Reyes  verda- 
deros de  Castilla  é  de  León,  por  la  voluntad  de  Dios 
declarada  á  los  hombres  en  todos  los  fechos  pasa- 
dos. É  que  si  todos  los  destos  Reynos  eran  obliga- 
dos de  estar  en  su  servicio  ,  mucho  mas  lo  debía  él 
ser,  porque  el  Rey  de  Portogal  se  ovo  mas  cruel- 
mente con  sus  parientes  é  criados  que  estaban  en  el 
castillo  de  Burgos,  que  el  Rey  Don  Fernando  é  la 
Reyna  Doña  Isabel ,  pues  que  él  los  dexaba  morir 
sirviéndole,  y  ellos  les  dieron  vida  desirviéndo- 
les. (1)  «Ansí que  decid  vosotros  al  señor  Rey  de 
B  Portogal,  que  allí  debe  ir  a  buscar  servidores,  don- 
»de  no  se  sabe  el  socorro  que  fizo  á  los  del  castillo 
»de  Burgos,  que  le  esperaban  por  remediador  de  sus 
«trabajos.  É  no  pienso  que  aquello  fué  pequeño 
»  exemplo  á  todos  los  que  le  servían  en  este  Reyno, 
«porque  miren  bien  como  ponen  sus  personas  y  es- 
ntadosen  condición  de  se  perder  por  le  servir.  É 
»por  tanto,  díxo  él,  faga  el  señor  Rey  de  Portogal 
» su  guerra  como  entendiere  ;  é  de  mí  ni  de  mi  casa 
»no  espere  otra  ayuda  para  su  necesidad,  salvo  la 
n  que  yo  fallé  en  él  para  la  mía.» 

El  Rey  de  Portogal,  oida  la  respuesta  del  Duque, 
sabido  ansimesmo  como  Don  Pedro,  su  fijo  mayor,  é 
otros  algunos  de  su  casa  estaban  con  la  Reyna, 
luego  lo  tovo  por  ageno  de  su  servicio ;  é  pensó 
con  la  gente  que  tenía  de  su  Reyno ,  é  del  Arzobis- 
po de  Toledo ,  que  estaba  con  él ,  de  ir  á  Zamora  é 
poner  sitio  sobre  ella  por  la  parte  de  la  puente.  E 
una  noche  á  la  primera  hora,  partió  con  toda  su 
hueste  de  la  cibdad  de  Toro,  é  al  alba  del  día  an- 
tes que  fuese  sentido,  amaneció  sobre  la  puente,  é 
asentó  allí  su  real ;  y  él  se  aposentó  en  el  monoste- 
rio  de  Sant  Francisco ,  que  es  cerca  de  la  puente ,  é 
fizo  poner  tirost-de  pólvora  muy  cerca  de  la  boca  de 
la  puente,  por  manera  que  ninguno  podía  salir  do- 
lía para  pasar  donde  su  real  estaba.  Como  el  Rey 
vído  por  la  mañana  el  real  que  el  Rey  de  Portogal 
asentó  en  aquel  lugar,  é  que  no  vino  por  la  otra 
parte  del  rio  do  estaba  la  fortaleza  para  la  socorrer, 
no  pudo  pensar  que  utilidad  gela  podia  seguir  de 
aquel  asiento  ;  porque  ni  quitaba  los  mantenimien- 
tos que  podían  venir  á  la  cibdad  por  la  otra  parte 
del  rio ,  ni  menos  podía  por  aquella  parte  socorrer 
la  fortaleza  que  estaba  sitiada.  E  como  quiera  que 
los  capitanes  é  gentes  del  Rey  quisieran  salir  por  la 


(1)  Esta  respuesta  es  muy  semejante  á  la  que  con  semejante 
ocasión  dieron  los  Volcianos,  pueblos  de  la  antigua  España,  á  los 
Romanos  que  los  solicitaban  por  amigos  después  de  la  memora- 
ble pérdida  de  Sagunto  :  I!>i  '¡unernlis  socinn  censco,ubi  Sagunti- 
na  clades  ignota  esl:  Hispanis  populis  slcut  luyubre ,  íía  insigne  do- 
cumenlum  Sagunti  ruinae  entnt,  ne  quis  fidei  Romanae  aut  socieíati 
confidat.  Liv.,  lib.  21,  cap.  6. 


puente,  la  gente  de  los  Portugueses,  é  los  tiros  do 
pólvora  que  estaban  asentados  contra  la  boca  de  la 
puente  lo  impedían  de  manera,  que  no  podían  salir, 
salvo  bien  pocos ;  á  los  quales  el  peligro  de  la  salida 
era  tan  cierto,  que  muy  pocos  homes  de  los  de  fue- 
ra lo  podían  resistir.  Puesto  el  real  del  Rey  de  Por- 
togal en  acjuel  lugar ,  embió  luego  sus  cartas  á  to- 
dos los  caballeros  castellanos  que  estaban  á  su  obe- 
diencia ;  por  las  quales  les  facía  saber  como  tenia 
puesto  su  real  sobre  la  cibdad  de  Zamora  do  estaba 
el  Rey,  al  qual  entendía  con  el  ayuda  de  Dios  dete- 
ner cercado ,  fasta  lo  tomar  y  echar  del  Reyno.  Y 
esto  mesmo  embió  á  facer  saber  al  Papa,  é  al  Rey  de 
Francia,  é  á  todas  las  villas  é  cíbdades  de  su  Reyno 
de  Portogal,  é  de  los  Reynos  comarcanos  de  Casti- 
lla. El  Rey ,  é  todos  los  Grandes  é  Caballeros  que  con 
él  estaban  ,  reputaban  á  grand  injuria  la  fama  que 
el  Rey  de  Portogal  habia  divulgado,  como  quiera 
que  no  podían  recebir  daño  en  el  cerco  que  tenían 
puesto  sobre  la  fortaleza  de  Zamora ;  ni  menos  la 
estada  del  Rey  de  Portogal  en  aquel  lugar  facía 
empacho  para  los  mantenimientos ,  ni  para  otras  co- 
sas que  venían  á  la  cibdad  por  la  otra  parte  del  rio. 
E  los  Casteíanos  estaban  con  gran  deseo  de  se  ver 
en  batalla  con  los  Portogueses ,  é  procuraron  mu- 
chas veces  de  romper  el  cabo  de  la  puente  acia  la 
parte  do  estaba  el  Rey  de  Portogal ,  para  salir  al 
real  de  los  Portogueses.  Procuraron  ansimesmo  de 
pasar  el  rio ,  é  cometieron  otras  muchas  vías  para 
salir  al  campo  con  ellos ,  é  ninguna  fallaron  segura 
paralo  poder  facer.  Eansi  duró  el  real  del  Rey  de  Por- 
togal en  aquel  lugar  por  espacio  de  quince  días,  en  los 
quales  desde  la  cibdad  tiraban  muchos  tiros  de  pól- 
vora al  real,  é  del  real  á  la  cibdad,  de  los  quales  re- 
ccbíanasaz  daño  en  la  una  parte  y  en  la  otra;  é  ansi- 
mesmo la  fortuna  de  los  fríos  tenía  muy  fatigada  la 
gente  de  los  Portogueses ,  é  sus  caballos  que  esta- 
ban en  el  real.  La  Reyna  que  estaba  en  Tordesillas, 
sabido  como  el  Rey  de  Portogal  habia  puesto  real 
en  aquel  lugar ,  é  como  divulgó  por  muchas  partes 
que  tenia  cercado  al  Rey  su  marido  é  á  los  Grandes 
é  Caballeros  que  con  él  eran ,  pesóle  mucho  ,  é  con 
la  gente  que  tenia  facía  guerra  á  la  cibdad  de  Toro, 
é  á  las  fortalezas  de  Castronuño ,  é  Siete  Iglesias 
que  estaban  por  el  Rey  de  Portogal.  E  mandó  al 
Duque  Don  Alonso,  hermano  del  Rey,  é  al  Infante 
Don  Enrique ,  que  era  ya  reconciliado  con  el  Rey  é 
con  ella ,  é  á  Don  Pero  Manrique ,  Conde  de  Trevi- 
ño ,  que  luego  fuesen  con  dos  mil  hombres  á  caballo 
á  se  aposentar  en  las  villas  de  la  Fuente  del  Sabu- 
co é  Alahejos,  que  son  cinco  leguas  de  do  estaba 
el  Rey  de  Portogal ,  para  le  guerrear  é  quitarle  los 
mantenimientos  que  viniesen  á  su  real. 

CAPÍTULO  XLIL 

De  las  vistas  que  se  trataron  con  el  Rey  de  Portogal. 

Estando  el  Rey  de  Portogal  en  aquel  lugar,  tra- 
tóse muy  secretamente  que  el  Rey  y  él  se  viesen 
para  platicar  en  alguna  forma  de  concordia.  Para 
lo  qual  el  Rey  de  Portogal  fiase  su  persona  en  el  se- 


DON  FERNANDO 
guro  que  el  Rey  le  ficíese,  é  pasase  el  rio  en  un  bar- 
co con  dos  hombres  solos,  y  el  Rey  esperase  de  la 
otra  parte  del  rio  con  otros  dos ,  é  que  allí  se  f abla- 
sen  é  concordasen ;  porque  cada  uno  dellos  enten- 
día que  le  venia  bien  la  concordia,  por  las  grandes 
necesidades  que  de  la  discordia  geles  recrecían.  En 
este  trato  entendió  Don  Enrique  Enriquez,  tío  del 
Rey,  é  su  Mayordomo  mayor.  E  acaeció  que  el  Roy 
de  Portogal,  la  noche  señalada  para  las  vistas  entró 
en  un  barco  con  dos  hombres  solos ;  é  como  movió 
para  pasar  para  la  otra  parte  del  rio  donde  el  Rey 
le  esperaba,  el  barco  donde  iba  se  finchió  de  agua, 
tanto  que  el  Rey  de  Portogal ,  constreñido  por  el 
peligro  que  vido,  se  tornó  é  no  osó  ir  mas  adelante 
fasta  haber  otro  barco ;  y  embió  otro  día  á  decir  al 
Rey  con  una  persona  religiosa  que  trataba  aquella 
vista,  el  impedimento  que  aquella  noche  ovo,  por 
el  qual  no  pudo  pasar  á  verse  con  él.  E  quedó  asen- 
tada la  vista  para  la  otra  noche  siguiente,  la  qual 
se  asentó  para  la  una  hora  después  de  media  noche. 
El  Rey ,  según  fué  acordado ,  vino  al  lugar  de  la 
ribera  do  había  de  esperar  al  Rey  de  Portogal,  y 
estándole  esperando  á  la  hora  entre  ellos  asentada, 
el  relox  de  la  cíbdad  que  andaba  errado ,  dio  las 
tres  horas  debiendo  dar  la  una  ;  é  como  el  Rey  pen- 
só que  se  había  tardado ,  é  considerando  que  el  Rey 
de  Portogal  debiera  ser  venido  ,  é  se  habría  buelto, 
porque  no  le  había  fallado  á  la  hora  asentada  entre 
ellos ,  acordó  de  se  volver  luego  á  su  palacio ,  por- 
que sus  guardas  no  le  sintiesen  andar  á  aquella  ho- 
ra por  aquellos  lugares.  El  Rey  de  Portogal ,  á  la 
hora  asentada,  pasó  en  el  barco  á  la  parte  de  la  cíb- 
dad al  lugar  de  la  ribera  ,  do  pensó  fallar  al  Rey; 
é  visto  que  no  estaba  á  la  hora ,  ni  en  el  lugar  entre 
ellos  asentado,  volvió  para  su  real ;  é  acordó  de  no 
volver  tercera  vez ,  considerando  que  aquellos  es- 
torvos  eran  por  algún  misterio.  Muchas  cosas  que 
se  fablaron  é  trataron  entre  estos  dos  Reyes  sobre 
esta  materia,  se  dexan  de  poner  en  esta  Crónica, 
porque  no  ovieron  efecto.  Ni  esta  se  pusiera,  salvo 
porque  es  bien  que  los  homes  quando  procuran  al- 
gunas cosas ,  é  ponen  sus  fuerzas  para  conseguir  el 
ef eto  que  desean ,  é  intervienen  algunos  estorbos  é 
impedimentos  semejantes ,  conozcan  que  proceden 
de  la  voluntad  divina,  que  tiene  ordenadas  las  cosas 
ú  otros  fines  contraríos  de  los  que  los  homes  procu- 
ran. E  ansí  todo  home  que  esta  consideración  ovíe- 
re,  quando  no  consiguiere  el  fin  que  procura,  habrá 
buena  paciencia,  sí  se  conformare  con  la  voluntad 
de  Dios,  en  cuya  mano  son  los  derechos  de  los  rey- 
nos  é  de  todas  las  otras  cosas.  Sin  dubda  la  Reyna 
veyendo  las  necesidades  que  de  todas  partes  le  ocur- 
rían ,  é  por  quitar  las  guerras  y  estragos  que  se  fa- 
cían en  sus  Reynos ,  estovo  en  propósito  de  dar  al- 
guna suma  de  oro  al  Rey  de  Portogal  para  sus  gas- 
tos ,  é  para  ayuda  al  casamiento  de  aquella  Doña 
Juana ;  é  siempre  intervinieron  tales  é  otros  seme- 
jantes impedimentos,  que  estorbaron  la  conclusión. 


É  DOÑA  ISABEL. 


291 


CAPITULO  XLIII. 

Como  el  Rey  de  Portogal  alzó  el  real  de  sobre  la  puente  de 
Zamora. 

El  Rey  de  Portogal ,  visto  el  poco  fruto  é  gran 
daño  que  había  de  la  estada  en  aquel  lugar ,  sabido 
ansímesmo  como  la  Reyna  que  estaba  en  Tordesí- 
llas  había  embiado  gente  á  la  Fuente  del  Sabuco  é 
Alahejos  para  quitar  los  mantenimientos  que  ve- 
nían á  su  real ,  é  que  ya  el  Rey  acordaba  de  facer 
portillos  por  la  parte  de  la  puente  para  que  su  gen- 
te pudiese  salir  á  pelear  con  él ;  pensó  de  levantar 
su  real,  é  retraerse  á  la  cíbdad  de  Toro.  E  para  lo 
facer  mejor,  acordó  de  embiar  secretamente  una 
noche,  con  seguridad  que  ovo  del  Rey,  á  Don  Al- 
varo ,  fijo  del  Duque  de  Berganza,  é  con  él  al  Licen- 
ciado Antón  Nuñez  de  Cibdad-Rodrigo  en  un  barco 
ala  cíbdad;  los  quales  llevaban  comisión  del  Rey 
de  Portogal  de  asentar  tregua  por  algunos  días,  en 
los  quales  pudiese  á  su  salvo  alzar  el  real.  Como  es- 
tos embaxadores  pasaron  el  rio,  é  vinieron  al  pala- 
cío  del  Rey ,  ó  movieron  algunos  partidos  de  con- 
cordia ,  en  los  quales  parecía  al  Rey  é  á  los  de  su 
Consejo  que  no  se  debía  platicar  por  no  ser  razona- 
bles; visto  por  Don  Alvaro  é  por  aquel  Licenciado 
que  no  se  aceptaban,  díxeron  que  se  debería  facer 
alguna  suspensión  de  guerra  entre  los  Royes  por 
quince  días ,  durante  los  quales  vernia  la  Reyna  al 
lugar  do  f ueso  acordado ,  é  presente  ella  se  podría 
mas  largamente  f  ablar  en  la  materia ;  é  que  espera- 
ban en  Dios,  que  se  asentaría  en  ellos  toda  paz,  la 
qual  eran  obligados  á  facer  por  servicio  de  Dios,  é 
por  dar  sosiego  en  sus  Reynos  é  tierras.  A  esta  fa- 
bla  fueron  presentes  con  el  Rey ,  el  Cardenal  de  Es- 
paña, y  el  Almirante,  y  el  Duque  de  Alva,  y  el 
Conde  de  Alva  de  Liste,  é  algunos  otros  caballeros 
de  su  consejo.  El  Rey  quiso  saber  el  voto  de  aque- 
llos que  con  él  estaban  en  su  consejo ,  cerca  de  la 
tregua  que  aquellos  embaxadores  demandaron.  Y 
el  parecer  de  algunos  era  que  la  debía  otorgar; 
porque  honra  del  Rey  era  dar  lugar  que  el  Rey  de 
Portogal  se  fuese  de  allí  do  estaba,  pues  iba  sin  so- 
correr la  fortaleza  ni  conseguir  fruto  ninguno  de 
lo  que  deseaba,  de  lo  qual  venia  caída  en  su  fecho, 
é  no  podía  ser  mayor  honra  al  Rey ,  que  embiar  el 
Rey  de  Portogal  sus  embaxadores  4  le  pedir  tregua. 
E  allende  desto  decían,  que  el  Rey  de  Portogal  es- 
taba en  tierra  agena ,  é  odiosa  á  él  é  su  gente ;  é  que 
diminuyendo  é  gastándose  de  cada  día  mas ,  de  ne- 
cesario le  seria ,  ó  dexar  el  Reyno  ,  ó  sí  en  él  quisie- 
se estar,  recebir  gran  mengua  en  su  persona  y  esta- 
do, ó  venir  en  partido  ventajoso  al  Rey  é  la  Reyna 
é  injurioso  á  él.  E  por  tanto  que  la  tregua  que  pe- 
dia gele  debía  otorgar,  é  no  solamente  de  quince 
días,  mas  de  quanto  tiempo  él  quisiese,  en  el  qual 
se  gastaría  é  consumiría,  é  desta  manera  se  alcan- 
zaría venganza  del  mas  presto  que  por  otra  vía.  El 
Rey  estaba  dubdoso  de  otorgar  aquella  tregua,  é 
quiso  saber  el  voto  del  Cardenal ,  é  rogóle  que  dixe- 
se  lo  que  le  parecía ;  el  Cardenal  propuso  ansí ; 


21)2 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«  Señor ,  por  la  reconciliación  é  paz  del  humanal 
»  linage ,  Dios  nuestro  Redemptor  muchas  injurias 
» sufrió ,  é  vos  por  la  paz  de  vuestros  Reynos  de- 
»  beis  sufrir  la  injuria  que  parece  haberos  fecho  el 
»  Rey  de  Portogal  en  asentar  su  real  allí  donde  lo 
))  asentó ;  pero  que  la  suf  Eftis  vos  por  tregua  de  quin- 
))ce  dias,  no  me  parece  que  es  servicio  vuestro  ni 
))de  la  Reyna  mi  Señora,  ni  menos  honra  de  vues- 
K  tra  corona  real.  Porque  venir  él  allí  con  ánimo  de 
»  vos  injuriar ,  é  procurar  tregua  de  quince  dias  pa- 
»  ra  poder  alzar  su  real  en  salvo ,  ¿  qué  otra  cosa  se- 
»  ría,  sino  haber  complido  su  propósito,  é  facer  ver- 
»  dadera  la  fama  que  divulgó  ,  como  tenia  puesto 
1)  sitio  sobre  la  cibdad  do  vos  estáis ,  é  que  lo  puso 
»  quando  entendió,  é  lo  alzó  quando  le  plogo ,  é  to- 
»  do  á  su  salvo  sin  resistencia  ninguna?  Yo,  Señor, 
»  f ablaré  en  esta  materia ,  no  como  fijo  de  la  reli- 
»  gion  é  hábito  que  rescebí,  mas  como  fijo  del  Mar- 
»  qués  de  Santillana ,  mi  padre ,  que  por  el  grand 
»  exercicio  de  las  armas  suyo  é  de  sus  progenitores, 
))  fué  experimentado  en  esta  militar  disciplina.  No 
))  es  de  sufrir,  diria  yo,  á  ningún  caballero,  mayor- 
))  mente  á  un  Rey  tan  poderoso  como  vos  sois,  que 
»  otro  Rey  estrangero  venga  á  poneros  sitio  dentro 
»  de  vuestros  Reynos  quando  quisiere ,  é  lo  levante 
«sin  daño  quando  entendiere  que  le  comple,  salvo 
fl  necesidad  constrifiente.  E  si  esta  tregua  se  ficiese 
»  estando  el  Rey  de  Portogal  en  otro  lugar  de  vues- 
«tros  Reynos,  flaqueza  mostraríamos,  é  ventaja da- 
»  riamos  á  los  Portogueses  que  entraron  y  están  en 
» ellos  con  tanto  escándalo  é  injuria  vuestra  é  de 
» todos  vuestros  subditos.  Pues  mucho  mayor  fla- 
»queza  nuestra  parecería,  si  se  otorgase  habiendo 
» venido ,  y  estando  allí  dondo  está.  La  qual  estada, 
»  no  á  la  grandeza  de  su  hueste ,  ni  á  la  flaqueza  de 
»  vuestro  poderío  se  debe  imputar ,  mas  á  la  dispo- 
»  sicion  del  lugar  que  fallaron  para  impedir  la  sali- 
«  da  de  vuestros  caballeros ,  caso  que  muchos  mas 
»  fuesen  que  los  Portogueses.  Este  impedimento  qui- 
))  tado,  ¿quién  impedirá  la  venganza  de  la  injuria 
»  que  ante  los  ojos  tenemos,  si  no  fuese  gran  flaque- 
»  za  nuestra ,  é  subjecion  otorgada  á  los  Portogue- 
»  ses  ?  Los  quales  pues  no  vinieron  por  la  parte  don- 
))de  la  fortaleza  se  debía  socorrer,  ni  su  estada  allí 
))  impide  los  mantenimientos  é  otras  cosas  necesarias 
»  á  la  cibdad ,  claro  parece  haber  venido  solo  por 
))  adquirir  gloria  de  la  fama  que  han  divulgado. 
))  lista  por  cierto  deben  llevar  sangrienta ,  é  no  ansí 
)) limpia  como  presumen  llevar;  porque  allí  do  pu- 
»  blicaron  tener  sitiada  vuestra  persona  real,  se  se- 
«  pa  ansimesmo  como  ovieron  el  pago  de  su  indis- 
»  creta  osadía.  Ca  do  otra  guisa,  seríamos  transgre- 
))  sores  de  las  leyes  de  la  caballería,  que  defienden 
»Ia  disimulación  do  semejante  injuria,  teniendo, 
»  como  tenéis  por  la  gracia  de  Dios ,  fuerzas  para  la 
»  vengar.  E  mucho  dobria  gemir  el  estado  real  vues- 
»  tro  é  de  la  Reyna  mi  señora ,  mucho  vuestra  hon- 
»  ra  é  la  suya,  mucho  los  grandes,  los  generosos, 
))  los  caballeros ,  los  fidalgos ,  ó  generalmente  todos 
»  vuestros  Reynos  ,  si  de  tal  injuria  no  se  mostrase 
» sentimiento,  E)  qual  la  Reyna  ha  tanto  mostrado 


»  en  palabras,  é  proveído  en  obras,  fcrneciondo 
»  vuestra  hueste  de  gentes  é  de  las  otras  cosas  nece- 
»  sarias  ,  que  seria  mostrar  gran  flaqueza  si  dexáse- 
»  des  el  fin  para  que  todo  ello  se  aparejó.  Habernos 
»  de  considerar ,  muy  poderoso  Señor ,  que  durar  los 
»  Portogueses  en  aquel  lugar  muchos  ni  pocos  dias, 
»  caso  que  la  pena  del  tiempo  y  el  daño  que  reciben 
»  pudiesen  sufrir ,  no  seria  posible  por  la  falta  de 
«los  mantenimientos  que  la  gente  que  embió  la 
«  Reyna  puesta  á  sus  espaldas  les  face.  Ansí  que  de 
))  necesario  les  será  alzar  de  allí ,  é  volver  donde  sa- 
» lieron.  E  la  vuelta  que  facen  los  exércitos  sin  f a- 
))  cer  fruto ,  notorio  es  que  les  pone  gran  flaqueza, 
»  porque  los  brazos  geles  caen  juntamente  con  los 
»  ánimos ,  ó  no  vuelven  con  aquel  vigor  con  que  sa- 
»  len  á  la  facienda.  E  ansí  bien  es  de  creer,  que  el 
«  orgullo  que  estos  Portogueses  traxeron  quando  allí 
«vinieron,  el  poco  fruto  que  han  conseguido,  y  el 
»  mucho  trabajo  que  han  padecido ,  les  ha  puesto 
»  mas  en  deseo  de  reparar ,  que  de  pelear.  Repre- 
»  sénteseos,  Señor,  quanta  fuerza  é  quanto  deseo  de 
»  pelear  tenia  la  gran  hueste  que  llevastes  á  Toro 
»  á  presentar  la  primera  batalla  que  presentastes  al 
»  Rey  de  Portogal ;  é  pensad  también  quanta  fla- 
«  queza  é  desorden  á  la  vuelta  traíamos ,  por  no  con- 
»  seguir  el  efecto  que  pensábamos.  De  lo  qual  si  los 
» enemigos  fueran  avisados ,  pudieran  con  pocos 
»  desbaratar  toda  aquella  multitud  de  gente  que  allí 
«con  Vuestra  Señoría  venimos ,  si  Dios  no  les  cega- 
»  ra  el  conocimiento.  Desta  ceguedad  ,  muy  podero- 
))so  Señor,  debemos  carecer,  pues  vemos  la  razón 
«junta  con  la  experiencia,  que  nos  avisa  é  amones- 
» ta  lo  que  debemos  facer.  Allende  desto  es  de  pen- 
«sar  que  ellos  están  en  tierra  agena,  que  natural- 
ft  mente  les  pone  temor ,  é  de  los  Castellanos  que  es- 
« tan  con  ellos ,  no  bien  seguros  é  trabajados  é  muy 
»  fatigados  de  la  fortuna  del  tiempo  que  han  pasa- 
»  do  en  el  campo.  Los  vuestros  por  la  gracia  de  Dios 
»  deseosos  de  serviros ,  é  de  se  vengar  de  aquella 
«  osadía  que  han  cometido  los  Portogueses  :  sus  per- 
n  sonas  é  sus  caballos  han  estado  en  casas ,  def  endi- 
«  dos  de  la  fortuna  del  invierno.  Están  ansimesmo 
))  muy  dispuestos  para  la  batalla,  porque  ellos  salen, 
«  é  los  contrarios  vuelven.  Conoced  pues.  Señor,  la 
«  ventura  que  divinamente  se  os  ofrece.  Sabed  usar 
fi  della  ;  no  la  perdáis ,  ni  la  prolonguéis ,  porque  no 
«fagáis  esta  question  inmortal.  La  qual,  otorgando 
«treguas,  de  necesario  durará,  é  andaréis  luchando 
«  con  las  mudanzas  que  la  fortuna  suele  facer ;  en 
» las  quales  vuestras  fuerzas  se  enflaquecerán  de  tal 
«manera,  que  no  podréis  negar  á  los  vuestros  las 
«  mercedes  que  os  demandaren,  ni  castigar  los  yer- 
n  ros  que  ficieren ,  por  las  necesidades  continas  que 
«  en  la  división  terneis.  E  ansí  en  poco  tiempo  á  voa 
n  ó  á  la  Reyna  quedará  poca  facultad  para  dar ,  é 
»  menos  para  usar  de  la  justicia  que  sois  obhgados: 
ft  donde  se  siguirá  que  estos  Reynos  se  conviertan 
»  en  una  disolución  de  tiranías,  do  que  Dios  sea  de- 
« servido,  ó  vos  podría  ser  que  oviésedes  alguna 
« tentación  por  el  pecado  de  la  negligencia. » 


DON  FERNANDO  É 


CAPITULO  XLIV. 

De  la  respuesta  que  llevaron  los  cmbaxadores  del  Rey 
de  Portogal. 

Mucho  plogo  al  Rey  é  á  todos  los  mas  de  loa 
Grandes  é  Caballeros  que  con  él  estaban,  déla  fabla 
que  el  Cardenal  fizo ;  por  la  qual  el  Rey  deliberó  de 
no  otorgar  aquella  tregua,  ni  por  sola  una  hora,  é 
mandó  llamar  á  Don  Alvaro  é  á  aquel  Licenciado 
para  les  dar  la  respuesta.  Aquellos  embaxadores 
venidos  al  Consejo,  porque  el  Cardenal  estaba  muy 
pesante  de  la  destruicion  que  el  Rey  de  Portogal 
babia  fecho  en  el  monesterio  de  Sant  Francisco, 
donde  asentó  el  real ,  les  dixo :  a  Decid  vosotros  al 
«Rey  do  Portogal  que  mal  ha  guardado  la  casa 
»  consagrada,  donde  Dios ,  de  quien  él  esperaba  ayu- 
»da,  era  adorado.  Mucho  estamos  acá  maravillados 
1)  de  su  devoción  consentir  tan  gran  destruicion  en 
» templo  tan  notable.  Los  bárbaros  quando  por  fuer- 
wzade  armas  entraron  la  cibdad  de  Roma,  con  gran- 
»de  veneración  guardáronlos  templos,  é  nunca con- 
» sintieron  en  ninguna  casa  de  oración  facer  una 
»  sola  violencia  de  las  muy  muchas  que  Su  Señoría 
»  ha  fecho  é  permitido  facer  en  aquel  santo  templo. 
» De  mi  parte  le  decid  que  mucho  debe  á  Dios  por 
»  causa  desta  transgresión,  ansí  para  lo  satisfacer  en 
nobra  exterior,  como  en  penitencia  é  contrición  ia- 
» terior.»  E  porque  el  Roy  había  rogado  al  Cardenal 
que  los  diese  la  respuesta  acordada ,  les  dixo  que  el 
Rey  habia  deliberado  en  su  Consejo  de  venir  en 
qualquiera  medio  de  paz  é  concordia  razonable,  aun- 
que en  algo  fuese  perjudicial  á  él  é  á  la  Reyna,  por 
dar  paz  ó  sosiego  en  sus  Reynos.  Pero  que  esto  con- 
venia facerse  luego  desdo  aquel  lugar  do  el  Rey  de 
Portogal  estaba,  pues  por  estar  tan  cerca  podrían 
platicar  mas  prestamente  en  las  materias é  dar  con- 
clusión en  ellas,  lo  que  no  se  podría  ansí  buenamen- 
te facer  estando  apartados  el  uno  del  otro.  E  que 
para  estar  allí  donde  estaba  en  tanto  que  duraba  la 
plática  de  la  concordia,  razonable  cosa  era  que  so 
ficieso  la  tregua  que  de  su  parte  se  movía ;  pero  que 
fuese  cierto  que  de  allí  no  se  habia  do  apartar  solo 
un  paso  sin  perpetua  paz  ó  cruel  batalla.  E  con 
aquella  respuesta  volvieron  Don  Alvaro  é  aquel 
Licenciado  que  con  él  vino. 

CAPÍTULO  XLV. 
De  la  batalla  Real  que  fué  fecha  entre  Toro  é  Zamora. 

El  Rey  de  Portogal  é  la  gente  de  su  hueste,  no 
podiendo  sufrir  mas  la  estada  en  aquel  lugar,  ansí 
por  la  fortuna  del  tiempo,  como  porque  la  gente 
que  la  Reyna  habia  puesto  en  la  Fuente  del  Sabuco 
les  quitaba  los  mantenimientos ,  acordó  de  alzar  el 
real  que  habia  puesto.  E  porque  Don  Alvaro  y  el 
Licenciado  de  Cíbdad-Rodrigo  no  habían  traído 
conclusión  de  la  tregua  que  habia  embiado  procu- 
rar ;  pensó  de  lo  alzar  de  noche,  é  tan  calladamente 
que  Jas  guardas  que  estaban  en  la  puente  no  lo  sin- 
tiesen, y  embió  todo  su  fardage  adelante.  E  un  Vier- 


DOÑA  ISABEL.  293 

nes  por  la  mañana,  primero  día  de  Marzo  deste  año 
de  mil  é  quatrocientos  é  setenta  é  seis  años,  ante  un 
poco  del  alba  del  día,  ordenadas  sus  batallas  volvie- 
ron para  la  cibdad  de  Toro.  Quando  las  guardas  de 
la  puente  vieron  bien  por  la  mañana  como  el  Rey 
de  Portogal  habia  alzado  el  real ,  é  que  el  impedi- 
mento de  la  salida  al  campo  por  la  puente  era  ya 
quitado,  fuéronlo  á  decir  al  Rey.  E  como  lo  sopo, 
mandó  luego  armar  su  gente  ;  la  qual  comenzó  á  sa- 
lir por  la  puente,  ó  la  salida  era  tan  estrecha,  é  las 
cavas  é  baluartes  que  estaban  fechos  delante  la 
puente  eran  tantos,  que  no  podían  salir  los  del  Rey, 
sino  pocos  á  pocos.  E  tanta  era  la  voluntad  que  to- 
dos tenían  de  salir,  é  de  ir  empos  de  los  Portogue- 
ses,  que  muchos  de  los  peones  salían  en  barcos,  ó 
otros  se  aventuraban  á  salir  por  la  presa  que  estaba 
en  el  río.  De  manera  que  quando  todos  fueron  sali- 
dos por  una  parte  é  por  otra ,  era  ya  pasada  gran 
parte  del  día.  E  porque  muchos,  ansí  de  pie  como 
de  caballo,  iban  desordenadamente  empos  de  los 
Portogueses,  el  Rey  mandó  á  un  su  capitán,  que  lla- 
maban Diego  de  Ovando  de  Cáceres,  que  con  do- 
cientos  hombres  á  caballo  fuese  á  tener  la  gente, 
que  no  fuese  desordenada,  fasta  que  todos  los  de  su 
hueste  fuesen  salidos  de  la  cibdad  é  puestos  en  or- 
den de  batalla.  Como  la  gente  de  armas  ó  peones 
salió  fuera  de  la  cibdad,  luego  el  Rey  mandó  orde- 
nar todas  sus  gentes  de  armas  en  esta  manera.  En 
su  batalla  real  iba  Don  Enrique  Enriquez,  su  Ma- 
yordomo mayor,  con  algunos  caballeros  sus  criados, 
é  otros  fijosdalgo  contínos  del  palacio  real.  Ansi- 
mesmo  iba  la  gente  de  armas  de  Galicia,  que  embió 
el  Conde  de  Lemos,  é  otros  caballeros  de  aquel  Rey- 
no;  é  las  gentes  de  armas  de  Salamanca,  ó  Zamora, 
é  Cíbdad-Rodrigo,  é  Medina,  é  Valladolid,  é  Olme- 
do, que  habían  venido  á  le  servir.  Otrosí  iban  seis 
esquadras  de  gente,  en  una  de  las  quales  iba  por 
capitán  Don  Alvaro  de  Mendoza,  á  quien  el  Rey  é 
la  Reyna  dieron  título  de  Conde  de  la  su  villa  de 
Castroxeriz ;  y  en  esta  iban  Gutierre  de  Cárdenas,  é 
Rodrigo  de  Ulloa,  sus  Contadores  mayores.  En  otra 
esquadra  iban  por  capitanes  el  Obispo  de  Avila,  é 
Alonso  ¡de  Fonseca ,  señor  de  Coca  é  Alahejos.  En 
otra  iba  por  capitán  un  caballero  que  se  llamaba 
Pedro  de  Guzman.  En  otra  esquadra  iba  otro  que 
se  llamaba  Bernal  Francés.  En  otra  esquadra  iba 
por  capitán  Pedro  de  Velasco.  En  otra  esquadra  iba 
Vasco  de  Vivero.  Todas  estas  seis  esquadras  de 
gente  iban  á  la  mano  derecha  de  la  batalla  del  Rey, 
á  la  parte  de  las  cuestas  que  se  facen  yendo  de  Za- 
mora á  Toro  por  aquella  parte  de  la  puente.  En  la 
ala  izquierda  de  la  batalla  del  Rey,  á  la  parte  del 
rio  de  Duero  iban  el  Cardenal  de  España  con  la 
gente  de  su  casa,  ó  luego  cerca  del  iba  el  Duque  de 
Alva  con  otra  esquadra  de  la  gente  de  su  casa ;  é  de 
la  otra  parte  el  Almirante  Don  Alonso  Enriquez, 
tío  del  Rey,  y  en  aquella  batalla  iba  Don  Enrique 
Enriquez,  Conde  de  Alva  de  Liste.  En  otra  batalla 
iba  Don  García  Osorio,  capitán  déla  gente  delMar- 
qués  de  Astorga,  su  sobrino,  y  el  peonage  iba  enme- 
dio  de  aquellas  batallas.  Puestas  todas  estas  esqua- 


294  CRÓNICAS  DE  LOS 

dras  de  gentes  en  orden ,  el  Rey  con  consejo  del 
Cardenal  é  de  aquellos  caballeros  que  con  él  iban, 
mandó  mover  sus  haces,  é  fueron  empos  de  las  ba- 
tallas del  Rey  de  Portogal ,  fasta  el  medio  camino 
que  es  de  Zamora  á  Toro,  E  llegaron  á  un  portillo 
estrecho,  que  se  face  entre  las  cuestas  y  el  rio,  por 
el  qual  no  puede  pasar  mucha  gente  junta.  E  por- 
que fué  dicho  al  Rey,  que  no  podría  alcanzar  al  Rey 
de  Portogal ,  é  que  antes  que  oviese  pasado  aquel 
portillo,  todas  aquellas  gentes  portoguesas  serian 
puestas  en  salvo  en  la  cibdad  de  Toro,  mandó  estar 
quedas  las  batallas,  é  que  se  juntasen  los  capitanes; 
é  juntos  allí  en  el  campo,  preguntóles  si  seria  bien 
pasar  su  hueste  mas  adelante.  Ovo  ende  algunos 
cuyo  consejo  era  que  el  Rey  se  tornase  á  Zamora, 
pues  en  llegar  fasta  aquel  lugar  empos  de  su  adver- 
sario, habia  fecho  todo  lo  que  se  debia  facer  é  com- 
plia  á  su  honra,  mayormente  que  el  Rey  de  Porto- 
gal  no  esperaba,  é  iba  como  de  f uida,  é  no  volvía  la 
rienda  para  pelear.  E  ansimesmo  decían,  que  era  ya 
tarde,  y  en  el  tiempo  que  era  menester  para  pasar 
la  gente  aquel  portillo,  seria  tanto  de  noche,  que  no 
podrían  pelear.  Y  estando  el  Rey  en  esta  dubda,  el 
Cardenal  le  díxo  :  «  Sefior,  si  mandáredes,  yo  pasaré 
»  aquel  portillo,  é  veré  las  batallas  del  Rey  de  Por- 
ntogal,  é  vista  la  forma  como  van  ordenadas,  ha- 
«breis  acuerdo  si  debéis  pasar  el  portillo;  porque 
«agora  ni  vuestras  batallas  ven  á  las  suyas,  ni  las 
»  suyas  ven  á  las  vuestras ,  para  que  veyéndose  los 
»  unos  á  los  otros,  se  pueda  conocer  de  que  propósi- 
B  to  están  los  Portugueses.  Porque,  Señor,  un  ánimo 
pone  la  absencia,  é  otro  la  presencia  del  enemigo. 
¡  Quando  los  Portogueses  vieren  vuestras  batallas,  é 
))  no  esperaren ,  estonces  se  puede  decir  que  van  f  u- 
« yendo,  ó  podéis  mandar  soltar  alguna  gente  que 
»  vaya  empos  dollos  para  les  facer  daño.  E  si  de  aquí 
»  acordáis  volver  sin  ver  vuestro  adversario,  é  lo 
»  poner  en  fuida,  no  se  puede  con  verdad  decir  que 
»  el  día  de  hoy  habéis  llevado  la  honra  que  vos  que- 
»  reís  é  todos  deseamos.  B  sabe  bien  Vuestra  Señoría, 
»  que  el  deseo  de  todos  vuestros  caballeros  era  verse 
«en  campo  con  los  Portogueses;  é  no  me  parece  co- 
B  sa  de  caballeros ,  agora  que  vemos  lo  que  desea- 
»  mo8,  no  poner  en  obra  lo  que  mostrábamos  desear.» 
El  Rey  oída  aquella  razón  del  Cardenal ,  dixo  que 
era  muy  buen  consejo.  E  luego  el  Cardenal,  solo 
con  un  capitán  que  se  llamaba  Pedro  de  Guzman, 
pasó  el  portillo  ;  é  vido  la  gente  del  Rey  de  Porto- 
gal  é  sus  haces ,  que  iban  puestas  en  orden  de  bata- 
lla, pero  no  iban  desconcertadas  ni  en  fuída.  Porque 
como  sopo  el  Rey  do  Portogal  que  el  Rey  habia  sa- 
lido de  Zamora  con  su  hueste  para  venir  contra  él, 
ovo  consejo  con  sus  caballeros,  que  era  grand  inju- 
ria desordenar  su  hueste.  El  Cardenal  quando  los 
vído,  tornó  al  Roy,  é  díxole :  «  Señor,  el  Rey  de  Por- 
« togal  no  va  f uyendo  como  decían ,  antes  lleva  sus 
«batallas  ordenadas;  é  si  vos  mandásedes  agora 
n  volver  vuestras  gentes,  é  no  fuésedcs  contra  él, 
« llevaría  hoy  de  vos  toda  la  honra  que  vos  pensáis 
» llevar  del ,  pues  no  lo  ponéis  en  fuida.  Por  ende 
"  carecería  que  debéis  mandar  pasar  adelante  toda 


REYES  DE  CASTILLA. 

« la  gente,  é  que  se  aparejen  todos  para  la  batalla, 
«  si  el  Rey  de  Portogal  esperare ;  é  fio  por  Dios  en 
»  cuya  mano  son  las  victorias,  que  vos  dará  hoy  el 
»  vencimiento  que  todos  esperamos.»  Luego  el  Rey 
mandó  á  todos  aquellos  capitanes,  que  fuese  cada 
uno  al  lugar  do  habían  dexado  su  esquadra  de  gen- 
te ;  é  movió  con  su  batalla  adelante  contra  los  Por- 
togueses ordenadamente,  como  homes  que  habían 
de  pelear.  E  amonestóles  que  ficiesen  como  fidalgos 
é  buenos  y  leales  vasallos  deben  facer,  é  que  tovie- 
sen  ante  los  ojos  la  injuria  que  habían  poco  antes 
recebído  de  los  Portogueses,  asentando  allí  do  asen- 
taron su  real ;  ó  que  no  ge  les  olvidase  en  el  campo 
la  voluntad  que  tenían  en  casa  de  pelear  con  ellos. 
Los  capitanes  se  apartaron  del  Rey,  é  cada  uno  de- 
llos  fué  para  su  gente,  é  la  amonestó  lo  mejor  que 
pudo  para  la  batalla,  é  pasaron  todos  aquel  portillo. 
Sabido  por  el  Rey  de  Portogal  que  el  Rey  venia 
empos  del,  reputando  á  gran  mengua  si  no  tornase 
á  pelear,  mandó  volver  sus  batallas,  y  esperar  al 
Rey  é  darle  batalla,  porque  habia  poca  diferencia 
en  el  número  de  la  gente  de  caballo  del  un  exército 
al  otro.  E  sus  batallas  iban  ordenadas  en  esta  ma- 
nera. En  la  batalla  suya  iba  el  Conde  de  Lenle,  é 
Pereyra  su  guarda  mayor  con  sus  gentes,  é  muchos 
caballeros  y  escuderos  Castellanos  que  estaban  en 
su  compañía.  En  la  ala  de  su  mano  izquierda  iba  el 
Príncipe  su  fijo  con  otra  esquadra ,  do  iba  de  la  me- 
jor gente  de  toda  su  hueste,  é  con  él  iba  en  otra  es- 
quadra el  Obispo  de  Ebora  con  su  gente;  y  estas 
dos  batallas  del  Principe  é  del  Obispo,  iban  forne- 
cídas  de  gran  número  de  espingardas  é  otros  tiros 
de  artillería.  En  la  ala  de  la  mano  derecha  iba  otra 
esquadra,  do  iba  por  capitán  el  Conde  de  Faro  con 
su  gente  é  con  la  gente  del  Duque  de  Guimaraíns, 
su  hermano.  Y  en  otra  batalla  iba  el  Arzobispo  do 
Toledo  con  toda  la  gente  de  su  casa,  y  en  esta  ala 
iba  otra  esquadra,  do  iba  por  capitán  el  Conde  de 
Villareal,  y  en  otra  batalla  iba  el  Conde  de  Monsant 
con  sus  gentes.  El  peouage  del  Rey  de  Portogal 
venia  repartido  en  quatro  partes,  todas  á  la  parte 
del  río.  E  ansí  el  Rey  de  Portogal,  como  todos  aque- 
llos capitanes,  amonestaban  sus  gentes  á  la  batalla, 
é  poníanles  esfuerzo,  para  que  con  mejor  ánimo  pe- 
leasen. Puestos  los  unos  é  los  otros  en  orden  de  ba- 
talla, como  las  banderas  enemigas  se  vieron ,  fecho 
por  las  trompetas  el  signo  de  pelear,  los  unos  se 
vinieron  para  los  otros  con  recio  cometimíento,  ó 
las  batallas  se  invistieron  unas  en  otras ;  é  nom- 
brando cada  uno  su  apellido,  los  unos  Fernando,  los 
otros  Alfonso,  se  encontraron  con  las  lanzas.  E  lue- 
go aquellos  seis  capitanes  castellanos,  que  habernos 
dicho  que  iban  á  la  mano  derecha  de  la  batalla  del 
Rey,  contra  los  quales  vino  á  encontrar  el  Príncipe 
de  Portogal  y  el  Obispo  de  Ébora,  volvieron  las  es- 
paldas é  se  pysieron  en  fuída,  porque  en  ellos  no 
había  tanta  gente  como  en  la  batalla  del  Principe 
de  Portogal,  é  porque  la  batalla  de  los  Portogueses 
iba  toda  junta,  é  la  de  los  Castellanos  repartida  en 
seis  partes,  en  especial  por  el  gran  daño  que  á  los 
primeros  encuentros  recibieron  de  la  muchedumbre 


DON  FERNANDO 
de  las  espingardas  é  artillería  que  venia  en  la  bata- 
lla del  Príncipe.  El  Rey  é  los  de  su  batalla,  é  los 
otros  Grandes  é  Caballeros  que  iban  en  las  otras  es- 
quadras  á  la  mano  izquierda,  encontraron  con  la 
batalla  del  Rey  de  Portogal  é  del  Arzobispo  de  To- 
ledo, é  contra  las  otras  de  los  Portogueses  que  iban 
en  el  ala  de  su  mano  derecha ;  é  quebradas  las  lan- 
zas, vinieron  al  combate  de  las  espadas.  E  todos 
revueltos  unos  con  otros,  sonaban  los  golpes  de  las 
armas  y  el  estruendo  del  artillería  é  las  voces,  unos 
nombrando  su  apellido,  otros  gimiendo  sus  llagas 
é  caídas,  otros  demandando  ayuda,  otros  reprehen- 
diendo los  que  veían  negligentes  en  pelear,  y  esfor- 
zándolos que  peleasen.  E  porque-  entre  los  Castella- 
nos é  Portogueses  había  la  vieja  question  sobre  la 
fuerza  y  el  esfuerzo  délas  personas,  cada  uno  por 
su  parte  se  disponía  á  la  muerte  por  alcanzar  la  vi- 
tona.  Duró  la  fortuna  suspensa  desta  batalla  por 
espacio  de  tres  horas ,  que  no  se  mostraba  el  venci- 
miento de  la  una  parte  ni  de  la  otra.  En  este  tiempo 
los  capitanes  ayudaban  y  esforzaban  á  los  suyos, 
cada  uno  en  el  lugar  do  era  menester.  Al  fin  no  po- 
diendo los  Portogueses  sofrir  las  fuerzas  de  los 
Castellanos,  fueron  desbaratados,  é  vueltas  las  es- 
paldas se  pusieron  en  f uída  por  escapar  en  la  gua- 
rida que  tenian  cerca  en  la  cibdad  de  Toro.  E  mu- 
chos de  los  peones  portogueses  é  otros  caballeros 
se  lanzaron  en  el  rio  de  Duero  pensando  escapar 
nadando;  algunos  de  los  quales  fueron  fallados  en 
Zamora,  que  los  llevaba  el  rio.  El  Rey  de  Portogal 
como  vido  su  gente  desbaratada,  acordó  de  dexar 
el  camino  de  Toro,  por  no  recebir  daño  de  los  del 
Rey  que  seguían  el  alcance ;  é  con  tres  ó  quatro  que 
quedaron  con  él  de  todos  los  que  tenían  cargo  de 
guardar  su  persona,  aportó  esa  noche  á  Castronuño, 
do  fué  recebido  é  servido  por  el  alcayde  en  la  for- 
taleza. Muchos  de  los  que  fueron  en  aquellas  seis 
batallas  de  los  Castellanos  desbaratados  al  principio 
por  el  Príncipe  de  Portogal ,  visto  el  vencimiento 
que  el  Rey  é  los  de  las  otras  batallas  que  con  él 
eran  habían  fecho  por  la  parte  do  peleaban,  volvie- 
ron é  juntáronse  con  la  gente  del  Rey,  é  tornaron  á 
pelear.  E  allí  fué  tomado  por  el  Cardenal  é  por  la 
gente  de  armas  que  guardaba  su  persona,  el  estan- 
darte del  Rey  de  Portogal.  E  porque  se  detenía  que- 
riendo escapar  de  muerte  al  alférez  á  quien  fué  to- 
mado, aquel  caballero  Diego  de  Ovando  de  Cáceres 
que  habemos  dicho,  le  dixo :  Seguid,  señor,  la  Vitoria 
que  Dios  ha  querido  dar  oy  al  Rey,  é  no  vos  ocu- 
péis en  esto  que  está  ya  vencido.  El  Cardenal  dexó 
aquel  lugar,  y  encomendó  el  estandarte  á  dos  caba- 
lleros que  se  llamaban ,  el  uno  Pedro  de  Velasco,  y 
el  otro  Pero  Vaca,  los  quales  lo  tornaron  á  perder. 
E  fueron  tomadas  ocho  vanderas  de  los  Portogue- 
ses, c  traídas  á  la  cibdad  de  Zamora;  é  fueron  muer- 
tos muchos  de  la  una  parto  é  de  la  otra  (1).  Pero  de 

(I)  El  Cura  de  los  Palacios  dice  que,  á  lo  que  pudo  saberse, 
murieron  de  los  del  Rey  Don  Alonso  hasta  mil  y  docientos,  entre 
ellos  el  Alférez  que  llevaba  el  pendón  real ;  cuyo  ames  y  también 
el  pendón  dice  se  conservaba  en  su  (lempo  en  la  capilla  de  los 
Keycs  de  Toledo.  El  Cronista  no  apunta  el  lugar  üxo  déla  batalla, 


É  DOÑA  ISABEL.  295 

los  Portogueses  fueron  mas  los  que  murieron  lanzán- 
dose en  el  rio  por  escapar,  que  los  que  mató  el  fierro 
peleando.  Fueron  ansimesmo  presos  muchos  de  los 
Portogueses,  entre  los  quales  fué  preso  el  alférez 
que  traía  el  pendón  real  del  Rey  de  Portogal,  é 
traído  á  la  cibdad  de  Zamora.  El  Rey  é  la  Reyna 
mandaron  poner  el  ames  de  aquel  alférez  que  fué 
tomado,  en  la  capilla  de  los  Reyes  de  Santa  María 
de  Toledo,  do  está  puesto  fasta  el  presente  dia.  Fe- 
cho el  desbarato,  é  venida  la  noche,  fué  tan  grande 
la  turbación  que  los  Portogueses  ovieron  en  la  ba- 
talla, que  no  miraron  por  su  Rey,  ni  ovieron  lugar 
de  le  guardar ;  é  por  escapar  la  vida,  les  fué  turbado 
el  consejo  de  lo  que  á  la  hora  eran  obligados  de  fa- 
cer, é  siguieron  la  vía  de  Toro,  do  pensaron  que  su 
Rey  habría  aportado.  De  la  parte  del  Rey  fueron 
algunos  muertos  é  ferídos  en  la  batalla,  pero  nin- 
guno fué  preso,  salvo  Don  Enrique  Enriquez,  Conde 
de  Alva  de  Liste,  el  qual  pensando  que  iba  acompa- 
ñado de  los  suyos,  fué  tanto  adelante  en  el  alcance, 
que  cerca  de  la  puente  de  Toro  fué  preso  por  los 
Portogueses.  En  este  alcance  fueran  muchos  mas 
Portogueses  muertos  é  presos,  salvo  por  el  impedi- 
mento de  la  noche,  é  de  la  gran  lluvia  que  aquella 
hora  facía  ;é  ansimesmo  porque  veyéndose  en  aprie- 
to los  Portogueses,  acomanse  al  apellido  de  los 
Castellanos,  é  llamaban  Femando,  Feímando;  é  con 
este  apellido  muchos  dellos  fueron  libres  de  muerte 
é  prisión.  El  Príncipe  de  Portogal,  visto  que  la  gen- 
te del  Rey  su  padre  era  vencida  é  desbaratada,  pen- 
sando reparar  algunos  de  los  que  iban  f uyendo,  su- 
bióse sobre  un  cabezo,  á  donde  tafiendo  las  trompe- 
tas, é  faciendo  fuegos,  é  recogiendo  su  gente,  esto- 
vo quedo  con  su  batalla,  é  no  consintió  salir  dellaá 
ninguno.  Contra  el  qual  el  Cardenal  de  España,  ó 
ansimesmo  el  Duque  de  Alva,  quisieran  ir  con  al- 
gunos que  podieran  recoger  de  aquellos  que  venían 
del  alcance,  é  de  otros  que  andaban  derramados  por 
el  campo  tomando  caballos  é  prisioneros ;  é  no  po- 
dieron  recoger  la  gente  ni  moverla,  porque  la  noche 
era  tan  escura,  que  ni  se  veían  ni  se  conocían  unos 
á  otros,  é  la  gente  estaba  cansada,  é  dellos  no  habían 
comido  en  todo  el  dia ,  porque  de  Zamora  habían 
salido  mucho  por  la  mañana.  El  Rey  volvió  luego 
para  la  cibdad  de  Zamora,  porque  le  dixeron  que 
podría  venir  gente  del  Rey  de  Portogal ,  de  la  que 
había  quedado  en  la  cibdad  de  Toro  por  la  otra  par- 
te del  rio,  á  dar  en  las  estanzas  que  dexó  sobre  la 
fortaleza  de  Zamora.  Y  el  Cardenal  y  el  Duque  de 
Alva  quedaron  en  el  campo  recogiendo  la  gente,  é 
volvieron  con  ella  á  la  cibdad  de  Zamora. 

CAPÍTULO  XLVI. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  Toro  la  noehe  del  vencimiento. 

El  Duque  de  Guimarains ,  que  había  quedado  por 
mandado  del  íley  de  Portogal  en  la  guarda  de  la 

que  fué  el  Campo  de  Pelayo  Gonialez,  una  legua  de  Toro,  como  se 
ve  por  un  despacho  del  Rey  Don  Fernando  hecho  en  Zamora  en  9 
de  Marzo,  que  trae  Zúñiga,  Anal,  de  Sevilla,  año  1476.  Beruald., 
cap.  22. 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


296 

cibdad  de  Toro ,  veyendo  venir  la  gente  Portoguesa 
desbaratada,  é  que  el  Arzobispo  de  Toledo  é  los 
otros  caballeros  é  capitanes  Portogueses  venian  sin 
el  Rey  de  Portogal,  del  qual  no  sabian  decir  nue- 
vas, sospechó  que  los  Castellanos  que  estaban  en 
su  compañía  habían  cometido  alguna  traycion  en 
la  batalla  contra  él ;  ó  fizo  guardar  el  muro  é  las 
puertas  de  la  cibdad,  é  acordó  de  poner  gente  de 
armas  á  la  puerta  de  la  puente ,  é  no  dexar  entrar  á 
ninguno  en  la  cibdad  fasta  que  el  Rey  de  Portogal 
viniese.  El  Arzobispo  de  Toledo  é  los  otros  caballe- 
ros, ansí  Portogueses  como  Castellanos,  é  otras  gentes 
que  venian  f uyendo  de  la  batalla ,  especial  los  f eri- 
dos  que  se  querían  curar,  recelando  prisión  ó  muerte 
BÍ  los  del  Rey  siguiesen  el  alcance,  daban  voces,  los 
Castellanos  repitiendo  el  servicio  que  habían  fecho 
al  Rey  de  Portogal  poniéndose  por  él  á  la  muerte; 
otros  lloraban  sus  llagas ,  otros  lloraban  las  muer- 
tes de  sus  amigos  é  parienteá,  otros  daban  voces 
preguntando  por  sus  señores.  Los  Portogueses  de 
dentro ,  escandalizados  por  la  sospecha  que  habían 
concebido ,  á  grandes  voces  preguntaban  á  los  de 
fuera  si  venía  el  Rey.  Los  de  fuera  con  recelo  del 
peligro  en  que  estaban ,  rogaban  que  les  abriesen.  B 
ansí  en  los  irnos  como  en  los  otros  había  turbación 
ó  confusión ,  especialmente  porque  los  Castellanos 
que  allí  eran  recelaban  de  los  Portogueses,  é  los 
Portogueses  de  los  Castellanos.  Y  en  aquella  hora 
ni  había  señor  que  los  mandase  ni  discreción  que  los 
ministrase ;  é  ansí  duró  la  turbación  entre  ellos  fas- 
ta que  el  Prkicipe  de  Portogal  llegó ,  el  qual  luego 
entró  dentro  en  la  cibdad ,  é  mandó  que  abriesen  al 
Arzobispo  de  Toledo  é  á  todas  aquellas  gentes,  an- 
sí Portogueses  como  Castellanos.  Esa  noche,  como 
el  Rey  de  Portogal  no  parecía  en  el  campo ,  ni  ha- 
bía aportado  á  la  cibdad  de  Toro,  ni  lo  fallaban  por 
ninguna  parte ,  é  la  noche  era  tan  afortunada  de 
escuridad  é  de  lluvia ,  que  no  podían  ir  á  lo  bus- 
car, estaban  todos  en  gran  turbación ;  en  especial 
aquellos  caballeros  fidalgos  de  su  reyno  ó  todos  sus 
criados  estaban  avergonzados ;  porque  vencidas  las 
personas  con  el  peligro  de  la  muerte,  les  fué  turba- 
do el  juicio  para  facer  lo  que  eran  obligados  cerca 
de  la  guarda  de  su  Rey  en  la  hora  de  la  necesidad. 
El  Duque  de  Guimarains  que  había  quedado  en 
guarda  de  la  cibdad ,  los  reprehendía  gravemente. 
«O  fidalgos  de  Portogal,  decía  él,  ¿do  está  vuestro 
«Rey?  ¿Do  está  vuestro  señor?  ¿Do  desastes  vues- 
»tra  cabeza  é  vuestro  capitán?  No  sé  yo  porque  no 
nsopistes  guardar  todos  á  uno  solo  ,  que  era  guarda 
»de  todos;  ni  sé  como  podéis  verla  gente,  ni  sofrir 
«que  la  gente  vea  á  vosotros,  habiendo  dexado 
» vuestro  Rey  en  el  peligro ,  por  escapar  vosotros 
«dól.  Si  perdistos  la  fuerza  para  pelear  con  él,  no 
))8C  como  perdistes  el  entendimiento  para  venir  sin 
»él.  Guardábades  la  persona  del  Rey  en  la  cámara, 
«en  la  tabla ;  guardábadesle  en  las  fiestas,  en  los 
«placeres,  é  dexástesle  de  guardar  en  la  batalla,  do 
»su  honra  é  vida  habíades  mas  do  mirar.»  E  aquellos 
caballeros  estaban  tan  turbados,  que  ni  lloraban 
ni  respondían ,  porque  la  vergüenza  y  el  pesar  les 


impedia  las  lágrimas  é  la  fabla.  El  Príncipe  de  Por- 
togal estaba  ansimesmo  muy  turbado  porque  no 
sabia  del  Rey  su  padre ,  é  porque  le  ponían  en  sos- 
pecha dé  los  Castellanos  que  habían  cometido  algu- 
na traycion.  El  Arzobispo  de  Toledo  é  los  Castella- 
nos que  en  aquella  batalla  se  acaecieron ,  estaban 
en  recelo  por  la  sospecha  que  dellos  se  había ;  de  la 
qual  eran  tan  inocentes  con  el  Rey  de  Portogal, 
quanto  culpados  con  su  Rey  natural  por  haber  sey- 
do  en  batalla  contra  él.  Otro  día  por  la  mañana,  el 
Rey  de  Portogal  que  la  noche  pasada  había  estado 
en  cuidado  grave,  pensando  qué  fortuna  había  sey- 
do  la  de  su  fijo  el  Príncipe,  embió  á  decir  á  los  de 
Toro  como  había  aportado  esa  noche  á  Castronuño; 
é  luego  él  en  persona  vino  á  la  cibdad  de  Toro ,  é  se 
juntó  con  el  Príncipe  su  fijo. 

La  Reyna  que  estaba  en  Tordesillas ,  sabida  la 
victoria  que  el  Rey  ovo ,  é  como  el  Rey  de  Portogal 
había  aportado  f  uyendo  á  Castronuño,  luego  mandó 
juntar  la  clerecía  de  la  villa,  é  facer  gran  procesión; 
en  la  qual  fué  á  pió  é  descalza  desde  el  palacio  real 
do  estaba,  fasta  el  monesterío  de  Sant  Pablo,  que 
es  fuera  de  la  villa ,  dando  gracias  á  Dios  con  muy 
gran  devoción,  por  la  victoria  que  había  dado  al 
Rey  su  marido  é  á  sus  gentes. 

CAPÍTULO  XLVII. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  Zamora  después  de  habido  el  venci- 
miento de  la  batalla  real. 

El  Rey  habida  aquella  victoria,  luego  otro  día 
mandó  llegar  mas  las  estanzas  que  estaban  puestas 
contra  la  fortaleza  de  Zamora.  E  las  gentes  que  el 
día  antes  fueron  en  la  batalla,  repartían  los  despo- 
jos que  habían  habido ;  como  quier  que  por  ser  do 
noche  é  muy  escura ,  fueron  en  poca  cantidad ,  se- 
gún el  gran  número  de  la  gente  que  fué  desbarata- 
da. Muchos  de  los  Portogueses  que  quedaron  de  la 
batalla,  ansí  de  caballo  como  de  pié  ,  se  volvían  pa- 
ra Portogal.  E  porque  á  la  entrada  en  Castilla  con 
el  orgullo  que  traían,  ficieron  algunos  robos  é  fuer- 
zas de  mugeres  en  una  tierra  de  Zamora  por  dondo 
entraron ,  que  se  llama  Val  de  Sayago,  los  de  aque- 
lla tierra  mataban  é  prendían  todos  los  Portogueses 
que  por  allí  volvían  á  Portogal,  é  muchos  dellos  cas- 
traban por  las  fuerzas  de  las  mugeres  que  habían 
fecho.  E  por  este  recelo  juntábanse  muchos  de  los 
Portogueses,  é  facían  su  partido  con  qualquier  de 
los  del  Rey  que  fallaban ,  porque  los  pasasen  segu- 
ros á  Portogal,  é  dábanles  por  cada  uno  un  real  do 
plata.  Esto  sabido  por  el  Rey,  fué  platicado  en  su 
Consejo  si  se  debía  dar  lugar  que  los  Portogueses 
pasasen  en  salvo  á  Portogal.  Algunos  caballeros  é 
otros  homes  de  la  hueste  del  Rey,  cuyos  fijos  y  her- 
manos é  parientes  fueron  muertos  é  feridos  en  la 
batalla,  con  el  dolor  que  tenían  del  daño  de  sus  pro- 
pinquos ,  trabajaban  de  provocar  al  Rey  que  usase 
de  crueldad  contra  aquellos  Portogueses  que  se  vol- 
vían á  Portogal,  á  fin  de  los  matar  ó  poner  en  ser- 
vidumbre. E  traían  á  la  memoria  del  Rey  las  inju- 
rias ó  muertes  crueles  que  los  Portogueses  habían 


DON  FERNANDO 
fecho  á  los  Castellanos  eu  la  batalla  de  Aljubarro- 
ta ,  donde  olvidada  la  piedad ,  usaron  de  toda  cruel- 
dad contra  los  Castellanos,  que  con  el  Rey  Don 
Juan  su  bisabuelo  fueron.  Representábanle  ansi- 
mesino  el  orgullo  é  sobervia  grande  con  que  hablan 
entrado  en  sus  Reynos  á  los  tomar,  é  las  injurias  de 
dicho ,  é  los  robos  é  muertes  de  fecho  que  contra  los 
labradores  é  gente  pacífica  hablan  cometido.  E  su- 
plicaban al  Rey  que  no  perdonase  á  los  que  no  per- 
donaran, ni  salvase  á  los  que  no  salvaran,  si  ven- 
cieran. Estas  é  otras  razones  decían  aquellos  caba- 
lleros al  Rey,  porque  les  diese  lugar  de  se  vengar  do 
los  Portogueses ,  especialmente  porque  los  deseaban 
tener  por  esclavos.  El  Rey  estaba  en  dubda  de  lo 
que  había  de  facer. 

El  Cardenal  de  España  le  dixo  :  a  Matar  al  que  se 
«rinde,  mas  se  puede  decir  torpe  venganza,  que 
«gloriosa  victoria.  Si  vosotros,  caballeros,  matára- 
«des  peleando  á  estos  Portogueses,  fecho  era  de  ca- 
«balleros  ;  pero  si  se  os  rindieran  é  los  matárades,  á 
«crueldad  se  reputara,  é  mucho  se  ofendiera  el  uso 
» de  la  nobleza  castellana  que  lo  defiende;  quanto 
«mas  viniendo  á  pedir  misericordia  de  sus  vidas,  é 
«libertad  de  sus  personas.  Cosa  es  por  cierto  agena 
«do  toda  virtud  matar  los  desarmados  que  no  se  de- 
«fienden,  porque  no  los  podimos  matar  armados 
«peleando.  Estos  Portogueses  quo  se  vuelven  á  Por- 
«togal,  gente  es  común,  que  vino  por  fuerza  á  Ua- 
«mamiento  de  su  Rey ;  é  si  fuerzas  han  cometido  en 
«este  Reyno,  también  las  cometiéramos  nosotros  en 
))el  suyo  si  el  Rey  allá  nos  llevara.  Pero  González  de 
»  Mendoza ,  mi  bisabuelo,  señor  de  Álava ,  en  aque- 
«Ua  batalla  de  Aljubarrota  que  vosotros  decis,  pe- 
« loando  sacó  al  Rey  Don  Juan  del  peligro  de  muer- 
«te  en  que  estaba,  é  puesto  en  salvo,  tornó  á  la  ba- 
» talla,  donde  fué  muerto  peleando  ;  é  desta manera 
«fenecieron  allí  algunos  mis  parientes,  é  otros  mu- 
Mchos  homes  principales  de  Castilla.  E  no  es  cosa 
«nueva  que  con  el  orgullo  del  vencimiento  se  ficie- 
«sen  aquellas  crueldades  que  decis,  porque  dificilo 
«  es  templar  el  espada  en  la  hora  de  la  ira.  Pero  se- 
«ria  cosa  inhumana,  pasados  diez  días  de  la  bata- 
«11a,  que  durase  la  furia  para  matar  á  los  que  vie- 
«nen  demandando  piedad.  Nunca  plega  á  Dios,  di- 
«xo  él,  que  tal  cosa  se  diga,  ni  en  la  memoria  de 
«los  vivos  tal  exemplo  de  nosotros  quede.  Trabajc- 
«mos  por  vencer,  é  no  pensemos  en  vengar,  porque 
«el  vencer  es  de  varones  fuertes,  y  el  vengar  de 
«mugeres  flacas.  E  si  venganza  queréis,  ¿qué  ma- 
nyor  puede  ser,  que  no  vengaros  del  que  os  podéis 
«vengar,  é  dar  vida  é  libertad  al  enemigo,  podiendo 
«darle  muerte  é  captiverio?  Por  cierto  si  la  pasada 
«fuese  impedida  á  estos  que  se  van,  de  necesario 
» les  seria  quedar  en  vuestros  Reynos ,  para  facer  en 
«ellos  guerras  é  males ,  é  por  tanto  parece  que  es 
«mejor  consejo  dar  lugar  al  enemigo  para  fuir,  que 
«darle  ocasión  para  quedar  á  facer  mal.» 

Oidas  las  razones  del  Cardenal,  el  Rey  mandó 
pregonar  que  no  impidiesen  la  pasada  á  los  Porto- 
gueses, ni  les  ficicsen  mal  alguno;  é  fizo  merced  á 
un  capitán  de  los  ginetes  del  Duque  de  Alva  de  to- 


E  DOÑA  ISABEL  297 

do  lo  que  pediese  haber  de  los  Portogueses  por  los 
pasar  en  salvo.  Aquel  capitán  pasó  á  todos  aquellos 
que  se  iban  á  Portogal  por  precio  que  cada  uno  le 
daba ;  lo  qual  fué  reputado  á  mayor  vencimiento  ó 
caída  do  los  Portogueses,  que  la  que  o  vieron  el  día 
de  la  batalla.  Ansimesmo  algunos  de  los  que  fueron 
presos  é  despojados  en  la  batalla  é  traídos  á  Zamo- 
ra ,  venían  demandar  merced ;  y  el  Rey  los  manda- 
ba vestir,  ó  darles  lo  que  oviesen  menester.  Este 
Cardenal  era  fijo  del  Marqués  de  Santíllana,  Don  Iñi- 
ñigo  López  de  Mendoza ,  Conde  del  real  de  Manza- 
nares, é  nieto  de  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza, 
Almirante  mayor  do  Castilla.  Era  home  esforzado, 
ó  do  grand  ingenio  ;  é  siempre  fué  visto  procurar  el 
pacífico  estado,  é  celar  el  honor  de  la  corona  real  de 
Castilla. 

CAPÍTULO  XLVIII. 

Co'mo  el  Rey  tomó  la  fortaleza  de  Zamora. 

El  Mariscal  Alfonso  de  Valencia,  visto  el  venci- 
miento que  ovo  el  Rey,  é  como  ni  había  habido ,  ni 
esperaba  haber  socorro  del  Rey  de  Portogal,  de- 
mandó fabla  con  el  Cardenal,  y  encomendóse  á  él, 
que  ganase  perdón  del  Rey  para  él  é  para  todos  los 
que  con  él  estaban ,  é  restitución  de  todos  sus  bie- 
nes. El  Cardenal ,  acatando  que  tenia  dobdo  de  san- 
gre con  él ,  suplicó  al  Rey  quo  le  perdonase.  El  Rey 
luego  otorgó  aquel  perdón  á  suplicación  dol  Carde- 
nal, porque  ovo  consideración  que  era  mozo,  é  ha- 
bía errado  mas  por  ignorancia  seyendo  engañado 
de  su  suegro  Juan  de  Porras,  quo  por  malicia  é  dos- 
lealtad  ;  é  mandóle  restituir  sus  bienes.  E  recibió 
del  la  fortaleza,  en  la  qual  estaba  la  cámara  é  arreos 
del  Rey  de  Portogal,  que  dexó  allí  en  guarda  quan- 
do  partió  de  Zamora.  Las  quales  cosas  el  Rey  no 
quiso  tomar  para  sí,  ni  menos  facer  merced  dellas 
á  ninguno  de  los  caballeros  é  capitanes  que  las  de- 
mandaron, porque  sopo  que  eran  cosas  de  la  cáma- 
ra del  Rey  de  Portogal ,  é  arreos  de  su  persona.  Al- 
gunos de  aquellos  caballeros  é  capitanes  quo  esta- 
ban quexosos  porque  ni  el  Rey  lo  tomaba,  ni  lo 
daba ,  le  dixeron  :  «  Por  cierto ,  Señor,  lo  que  el  Roy 
«de  Portogal  en  estas  guerras  ha  podido  haber  de 
»  vos  é  de  los  vuestros ,  no  lo  ha  dexado  libre ,  como 
«vos  dexais  esto  que  buenamente  podéis  tomar.» 
Respondióles  el  Rey:  «Queremos,  sí  pudiéremos, 
n  quitar  al  Rey  do  Portogal  mi  primo  los  malos  con- 
»  ceptos  de  su  voluntad,  é  no  los  buenos  arreos  de  su 
«persona.»  E  luego  mandó  tomar  todas  aquellas  co- 
sas que  allí  fallaron ,  é  lleváronlas  en  salvo  al  Rey 
de  Portogal  á  la  cíbdad  de  Toro.  Tomada  la  forta- 
leza de  la  cíbdad  de  Zamora,  el  Rey  dio  la  tenencia 
della  á  Don  Sancho  de  Castilla  ;  é  con  acuerdo  del 
Cardenal  de  España ,  é  de  los  otros  caballeros  que 
con  él  estaban,  deliberó  de  venir  á  la  villa  de  Me- 
dina del  Campo.  La  Reyna  que  estaba  en  Tordesi- 
llas ,  vino  ansimesmo  para  Medina. 

El  Cardenal ,  creyendo  que  el  Rey  de  Portogal  por 
el  desbarato  que  ovo ,  estaría  mas  inclinado  á  facer 
algún  partido  que  escusase  mayores  daños ,  le  em- 


298 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


bió  á  decir  que  considerase  como  esta  su  demanda 
no  viniera  á  tanta  rotura  ,  si  á  los  principios  le  plo- 
guiera  ponerla  en  algún  medio  de  iguala  conveni- 
ble á  ambas  las  partes ;  c  que  agora  los  inconvinien- 
tes  principiados  irian   en  crecimiento ,  é  nacerían 
otros  mayores  adelante ,  si  al  vencedor  duraba  la 
ira ,  ó  al  vencido  crecía  el  odio.  Por  ende  le  suplica- 
ba   que  el  acuerdo  que  no  le  plogo  haber  fasta 
aquí ,  le  ploguiese  haber  agora ;  é  que  embiase  sus 
diputados  á  Castronuño,  y  el  Rey  é  la  Rejí^na  em- 
biarian  los  suyos  á  Alahejos ,  los  quales  platicarían 
en  las  materias ,  é  placería  á  Dios  que  se  diese  tal 
fin  en  ellas,  con  que  Dios  fuese  servido,  ó  los  incon- 
vinientes  é  guerras  comenzadas  cesasen ,  ó  se  con- 
virtiesen en  paz ,  que  al  vencedor  convenia ,  é  al 
vencido  es  necesaria.  E  que  esto  que  le  suplicaba 
también  gelo  daba  por  consejo ,  é  aun  le  amonesta- 
ba que  lo  ñcíese  ;  porque  si  muy  presto  no  se  diese 
medio  de  conclusión  en  esta  su  demanda,  le  certifi- 
caba que  gele  aparejaba  injuria ,  ó  otro  daño  irrepa- 
rable en  su  persona  y  estado.  El  Rey  de  Portogal, 
considerando  que  el  partido  que  en  aquella  sazón  fi- 
ciese,  ni  seria  á  su  honra ,  ni  menos  en  tanta  utilidad 
como  á  los  principios  le  era  ofrecido,  por  el  desbarato 
que  ovo  en  la  batalla,  embió  decir  al  Cardenal  que 
le  agradecía  su  buena  voluntad ,  pero  que  no  enten- 
día al  presente  fablar  en  partido  ninguno.  E  luego 
puso  guarniciones  de  gentes  en  Cantalapiedra ,  ó 
Castronuño,  é  Cubillas ,  ó  Siete  Iglesias ,  é  Villalfon- 
80,  é  la  Mota,  y  en  Portillo,  y  en  Villalba,  y  en 
Mayorga ,  que  estaban  por  él ;  é  mandó  que  ficiesen 
cruda  guerra  por  todas  partes  de  las  comarcas,  por- 
que no  tenia  otro  remedio  por  estonces  para  su  de- 
manda ,  salvo  la  guerra  que  destas  fortalezas  se  fi- 
ciese.   En  [aquella  sazón  el  Condestable  trabajaba 
mucho  por  traer  al  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna 
al  Conde  de  Urueña  é  al  Maestro  de  Calatrava,  su 
hermano  ;  é  suplicó  al  Rey  é  á  la  Reyna  que  los  per- 
donasen, é  los  reduxesen  á  su  servicio,  porque  se 
adelgazasen  mas  las  fuerzas  del  Rey  de  Portogal ,  ó 
le  quedase  menor  parte  en  el  Reyno  de  la  que  te- 
nia. E  para  que  esto  viniese  en  efeto  é  conclusión, 
el  Condestable  dio  una  su  fija  en  casamiento  al  Con- 
de de  Urueña.  El  Rey  é  la  Reyna  inclinados  á  las 
suplicaciones  que  el  Condestable  fizo,  considerando 
ansimesmo  que  el  Maestre  y  el  Conde  de  Urueña  su 
hermano  eran  mozos ,  é  que  no  habían  errado  de  su 
voluntad ,  salvo  por  ignorancia ,  traídos  y  engaña- 
dos por  el  Marqués  de  Villona  é  por  aquellos  que  le 
administraban ,  perdonáronlos ,  ó  reconciliáronlos  á 
BU  servicio.  Lo  qual  sabido  por  el  Rey  de  Portogal, 
é  ansimesmo  veyendo  que  los  otros  caballeros  que 
le  habían  traído  á  Castilla  ni  le  servían,  ni  podían 
servir  con  gente  según  él  pensaba  y  ellos  le  habían 
prometido,  por  la  ocupación  é  necesidad  que  cada 
uno  tenía  en  la  guarda  de  sus  tierras,  acordó  de  for- 
necer  bien  aquellas  fortalezas  de  gente,  é  de  todas 
las  otras  cosas  necesarias  á  la  guerra,  é  ir  él  en  per- 
sona al  Rey  de  Francia  á  le  demandar  ayuda  de 
gentes  é  dineros,  para  tornar  poderosamente  á  Cas- 
tilla á  la  conquistar;  po»que  según  las  ligas  é  con- 


federaciones que  con  él  tenia,  esperaba  que  le  daría 
gran  número  de  gente  é  todo  lo  que  oviese  necesa- 
rio para  esta  conquista. 

CAPÍTULO  XLIX. 

Como  se  partió  el  Arzobispo  del  R«7  de  Portogal,  é  como  se 
tomaron  las  fortalezas  de  Atienza  é  Caracena. 

El  Rey  é  la  Reyna  que  estaban  en  Medina ,  vista 
la  guerra  que  se  facía  por  todas  partes ,  acordaron 
ir  á  la  villa  de  Madrigal ,  é  llamar  los  Procuradores 
del  Reyno ,  é  facer  cortes  para  dar  orden  en  aque- 
llos robos  é  guerras  qvQ  en  el  Reyno  se  facían ;  é 
ansimesmo  poner  sitio  sobre  Cantalapiedra,  ó  sobre 
Castronuño ,  do  estaba  la  mayor  parte  de  las  gentes 
del  Rey  de  Portogal.  Durante  este  tiempo ,  el  Arao- 
Li'oo  de  Toledo  que  estaba  con  el  Rey  de  Portogal, 
habia  nuevas  cada  día  que  su  tierra  estaba  altera- 
da, é  so  quería  r?belar  contra  él.  E  recelando  algún 
inconviniente  en  su  persona  y  estado ,  acordó  de  de- 
xar  al  Rey  de  Portogal  en  la  cibdad  de  Toro ,  é  pa- 
sar los  puertos  para  proveer  en  las  cosas  de  su  tier- 
ra, porque  no  se  alzase;  é  luego  partió  de  Toro 
muy  secretamente.  E  para  seguridad  de  la  pasada, 
porque  no  recibiese  daño  de  la  gente  del  Rey  é  de 
la  Reyna ,  el  Rey  de  Portogal  le  dio  un  capitán  con 
gente  de  caballo  Portogueses,  que  fuesen  con  él 
fasta  lo  poner  en  salvo  en  la  villa  de  Alcalá  de  He- 
nares. E  por  ir  mas  seguro  dexó  todos  los  caminos 
derechos ,  ó  rodeó  por  partes  muy  remotas  de  los  lu- 
gares do  estaba  la  gente  del  Rey  é  de  la  Reyna  ;  é 
andando  grandes  jornadas,  aportó  á    la  villa  de 
Atienza,  porque  el  Alcayde  de  aquella  fortaleza  es- 
taba en  el  partido  del  Rey  de  Portogal.  Sabido  por 
el  Rey  é  por  la  Reyna  que  el  Arzobispo  de  Toledo 
era  partido  de  la  cibdad  de  Toro ,  luego  manda- 
ron á  Don  Pero  Manrique,  Conde  de  Treviño,  que 
con  la  gente  do  su  casa,  é  con  otra  gente  que  le  die- 
ron de  su  guarda ,  fuese  empos  del  é  le  prendiese, 
deseando  proceder  contra  él  con  grand  indinacion 
que  tenían,  por  los  yerros  que  contra  ellos  habia 
cometido.  El  Conde  de  Treviño  le  siguió  todo  el  ca- 
mino ,  é  no  lo  pudo  alcanzar,  porque  el  Arzobispo 
andovo  tanto ,  que  entró  en  la  villa  de  Alcalá  antes 
que  el  Conde  llegase,  E  luego  fortificó  de  cavas  é 
baluartes  aquella  villa ,  é  las  otras  de  su  Arzobispa- 
do. E  porque  el  Rey  de  Portogal  daba  sus  poderes 
á  qualquier  Alcayde  ó  Caballero  que  quería  tomar 
su  voz,  para  recebir  los  derechos  reales  del  Reyno, 
é  para  facer  guerra  é  todas  las  otras  cosas  que  él 
podia  facer,  procuró  el  Arzobispo  que  en  común  de 
los  otros  Alcay des  á  quien  daba  este  cargo ,  lo  diese 
al  Alcayde  de  Atienza  Pedro  de  Almazan,  que  se- 
gún habernos  dicho  estaba  en  su  partido ,  é  á  otro 
caballero  que  se  llamaba  Juan  de  Tovar,  Señor  de 
Caracena  é  de  Cevico.  Los  quales  so  color  de  rece- 
bir los  derechos  reales ,  facían  guerra  en  todas  las 
tierras  é  comarcas  que  estaban  en  la  obediencia  del 
Rey  é  de  la  Reina.  Visto  esto  por  un  caballero  na- 
tural de  aquella  tierra  que  se  llamaba  Garci  Bravo, 
home  de  buen  esfuerzo ,  trató  con  un  mozo  de  aquel 


DON  FERNANDO 
Alcayde  de  Atienza  que  la  noche  que  le  cupiese  la 
vela  echase  una  soga  é  subiese  una  escala  de  cuer- 
da por  do  subiesen  los  suyos  é  tomasen  la  fortale- 
za. Lo  qual  se  fizo  ansí,  é  la  noche  que  asentaron 
con  aquel  mozo ,  se  puso  en  obra ;  é  aquel  caballe- 
ro Garci  Bravo  con  fasta  cien  hombres  subió  por 
la  escala,  é  prendió  al  Alcayde  Pedro  de  Almazan 
é  á  su  muger  é  fijos ,  é  apoderóse  de  la  fortaleza  ;  é 
sópese  por  verdad,  que  en  oro  é  plata,  é  pertrechos, 
é  armas,  é  bastimentos,  tomó  dentro  de  la  fortale- 
za valor  de  cien  mil  florines  de  oro.  De  lo  qual  to- 
do, é  de  la  tenencia  de  la  fortaleza  le  ficieron  mer- 
ced el  Rey  é  la  Reyna,  porque  les  fizo  gran  servicio 
en  quitar  aquel  tirano  de  aquella  tierra,  que  la  te- 
nia tiranizada.  E  ansimesmo  las  salinas  do  Atien- 
za, que  es  una  gran  renta  que  pertenece  á  los  Re- 
yes de  Castilla.  Dende  á  pocos  dias  este  caballero 
Garci  Bravo  combatió  la  fortaleza  de  Caracena,  é 
la  entró  por  fuerza,  é  prendió  á  Juan  de  Tovar,  el 
otro  tirano  que  facia  guerra  en  aquellas  comarcas 
sosteniendo  la  voz  del  Rey  de  Portogal.  Haber  des- 
fecho aquellos  dos  tiranos  en  tan  poco  espacio  de 
tiempo,  especialmente  considerando  la  muy  difícil 
subida  del  castillo  de  Atienza,  podemos  creer  que 
mucho  mas  clara  se  mostró  allí  la  voluntad  de  Dios 
que  la  osadía  de  los  homes. 

Agora  dexa  de  contar  la  historia  desto ,  é  contará 
lo  quo  pasó  en  la  villa  de  Madrid. 

CAPÍTULO  L. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  la  villa  de  Madrid. 

Según  habernos  contado,  el  Marqués  de  ViHena 
estaba  apoderado  de  la  villa  de  Madrid  é  de  sus  al- 
cázares. É  porque  teniendo  aquella  villa  de  su  mano 
entendía  que  estaba  seguro  su  estado,  puso  en  la 
guarda  della  á  Don  Rodrigo  de  Castañeda,  hermano 
del  Conde  de  Cifuentes,  con  toda  la  mas  é  mejor 
gente  que  tenia,  los  quales  trabajaban  mucho  en  la 
guardar.  Porque  como  quier  que  Juan  Zapata ,  un 
caballero  principal  de  un  bando,  é  otros  algunos 
caballeros  y  escuderos  naturales  della  vivían  con 
el  Marqués,  pero  otro  caballero  principal  de  otro 
bando,  que  se  llamaba  Pero  Nufiez  de  Toledo,  con 
otros  caballeros  de  su  parentela,  que  por  estar  en 
el  servicio  del  Rey  é  de  la  Reyna  fueron  echados  de 
la  villa,  con  la  mayor  parte  del  común  eran  de  opi- 
nión contraria,  ó  quisieran  que  la  villa  estoviera  á 
la  obediencia  del  Rey  é  de  la  Reyna.  É  como  la  vo- 
luntad forzada  desea  siempre  ser  libre,  algunos  de 
la  villa  trataron  con  Pedro  Arias  de  Ávila,  Señor  de 
Torrejon,  é  con  aquel  Pero  Nuñez  de  Toledo,  é  con 
sus  parientes ,  que  viniesen  de  noche  con  gente ,  c 
que  ellos  darían  forma  para  los  acoger  dentro.  Es- 
tos dos  caballeros  Pedro  Arias  é  Pero  Nuñez,  con 
deseo  de  facer  servicio  al  Rey  é  á  la  Reyna  é  de 
entrar  en  sus  casas,  trataron  con  el  Duque  del  In- 
fantadgo  que  estaba  en  la  cibdad  de  Guadalaxara, 
que  viniese  con  la  gente  de  su  casa  á  entrar  en  la 
villa,  porque  los  vecinos  della  habían  acordado  con 
ellos  de  les  dar  entrada  por  lugar  cierto.  El  Duque 


É  DOÑA  ISABEL.  299 

consultó  este  trato  con  la  Reyna,  y  ella  le  embió  á 
mandar  que  lo  aceptase,  é  ficiese  todo  su  poder  por 
tomar  la  villa ;  para  lo  qual  le  embió  á  Diego  del 
Águila,  é  á  Juan  de  Robres  é  á  Juan  de  Torres ,  ca- 
pitanes de  cierta  gente  de  armas  de  su  guarda,  á  los 
quales  mandó  que  se  juntasen  con  el  Duque  é  ficie- 
sen  todo  lo  que  él  mandase.  El  Duque  habido  este 
mandamiento,  con  la  gente  de  su  casa,  é  con  aque- 
llos dos  caballeros  Pedro  Arias  é  Pero  Nuñez,  é  con 
la  gente  que  la  Reyna  le  embió,  vino  para  la  villa. 
E  como  quiera  que  los  vecinos  della  se  dispusieron 
á  dar  la  entrada,  pero  no  lo  pudieron  facer,  porque 
sabido  el  trato,  aquel  capitán  Don  Rodrigo  de  Cas- 
tañeda echó  de  la  villa  á  todos  los  mas  principales, 
é  puso  tan  gran  guarda  en  ella,  que  el  Duque  no  la 
pudo  por  estonces  haber.  E  acordó  de  aposentarse 
en  el  arrabal,  é  poner  la  villa  en  tal  estrecho,  que 
de  necesario  la  entregasen,  é  fizo  poner  sus  estan- 
zas  en  circuito,  é  apretó  el  cerco  de  tal  manera ,  que 
por  ninguna  parte  podían  haber  mantenimientos. 
É  mando  facer  minas  por  debaxo  de  tierra,  que  sa- 
liesen á  la  torre  que  está  sobre  una  puerta  de  la  vi- 
lla que  sale  al  arrabal,  que  se  llama  la  puerta  de 
Guadalaxara,  para  la  poner  en  cuentos,  é  la  derri- 
bar con  quarenta  pasos  de  la  cerca.  Como  esto  fué 
sentido  por  un  caballero,  que  se  llamaba  Pedro  de 
Ayala,  Comendador  de  Paracuellos,  que  tenia  en 
guarda  aquella  puerta,  recelando  el  daño  que  á  él 
é  á  toda  la  villa  se  siguiriá  si  por  fuerza  de  armas 
se  entrase,  trató  con  el  Duque  de  le  dar  entrada  en 
la  villa,  con  tal  pacto,  que  fuesen  seguros  todos  los 
del  bando  de  Juan  Zapata  que  era  de  su  parentela, 
é  no  recibiesen  daño  de  los  caballeros  del  otro  ban- 
do de  Pero  Nufiez  que  estaban  con  el  Duque :  lo 
qual  el  Duque  prometió,  y  en  aquella  manera  le  fué 
entregada  la  villa.  Don  Rodrigo  que  estaba  allí  por 
capitán,  é  todos  los  que  con  él  eran,  visto  que  la  vi- 
lla era  entrada,  luego  se  retraxeron  á  los  alcázares; 
los  quales  estaban  bastecidos  de  armas,  é  bastimen- 
tos en  grand  abundancia.  É  luego  el  Duque  fizo 
poner  estanzas  contra  los  alcázares,  por  dedentro 
de  la  villa  é  por  defuera,  las  quales  forneció  de  la 
gente  que  era  necesaria.  E  dio  cargo  á  Don  íüígo 
López  de  Mendoza,  Conde  de  Saldaña,  su  fijo  mayor, 
para  que  andoviese  requiriendo  las  estanzas  que  es- 
taban puestas  por  defuera  de  la  villa,  é  las  prove- 
yese de  gente,  é  las  socorriese,  si  los  del  alcázar  sa- 
liesen á  pelear  con  ellos.  B  por  dedentro  de  la  villa 
mandó  facer  una  tapia  entre  el  alcázar  é  la  villa,  la 
qual  era  tan  grande  é  tanto  ancha,  que  los  de  la 
fortaleza,  dado  que  fuesen  socorridos  con  gente  po- 
derosa, no  podían  entrar  en  la  villa,  ni  menos 
los  de  la  villa  pasar  al  alcázar,  salvo  por  lugares 
ciertos,  do  guardaba  la  gente  del  Duque  que  entra- 
ba á  pelear  con  los  del  alcázar,  en  el  qual  estaban 
fasta  quatrocíentos  homes.  É  todos  los  dias  habían 
escaramuzas  con  los  de  fuera,  é  por  la  dispusicion 
de  los  lugares,  recebian  daño  los  del  Duque :  en  una 
de  las  quales  fué  muerto  Diego  del  Águila,  uno  de 
los  capitanes  que  la  Reyna  había  embíado,  é  otros 
algunos  criados  é  caballeros  de  la  casa  del  Duque, 


500 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


Otrosí  Juan  Zapata,  aquel  caballero  que  habernos 
dicho  que  era  principal  de  un  bando,  retrasóse  á 
una  fortaleza  euya  dos  leguas  de  la  villa,  que  se 
llama  el  Alameda,  é  otro  que  se  llamaba  Pedro  de 
Córdova,  que  tenia  la  fortaleza  del  Pardo;  é  desde 
aquellas  fortalezas  f acian  guerra  á  la  tierra  del  Du- 
que, é  llegaban  los  mas  dias  fasta  Madrid,  é  mata- 
ban de  los  del  Duque,  é  robaban  lo  que  podían  ha- 
ber. Contra  los  quales  el  Duque  puso  ansimesmo 
gente  en  el  campo,  para  resistir  los  robos  é  muertes 
que  facian.  É  todos  los  dias  habia  escaramuzas  é 
muertes  de  homes,  é  robos  entre  los  del  Duque  é 
aquellos  dos  caballeros  que  estaban  en  aquellas 
dos  fortalezas.  É  desta  manera  estovo  sitiado  aquel 
alcázar  por  espacio  de  dos  meses ;  en  comedio  de  los 
quales,  el  Rey  é  la  Reyna  que  estaban  en  Madrid, 
ficieron  cortes  generales,  en  las  quales  los  Procura- 
dores do  las  cibdades  é  villas  del  Reyno  en  concor- 
dia, juraron  á  la  Princesa  Doña  Isabel  por  Princesa 
heredera  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León  para 
después  de  los  dias  de  la  Reyna,  que  era  la  propie- 
taria dellos,  é  ficieron  algunas  leyes  é  ordenanzas, 
que  según  la  dispusicion  del  tiempo  convinieron  de 
se  facer. 

Agora  dexa  la  Crónica  de  f  ablar  lo  que  pasó  en 
el  cerco  del  alcázar  de  Madrid,  é  fabla  de  como  se 
ficieron  las  hermandades  en  Castilla. 

CAPÍTULO  LI. 

Como  se  juntaron  las  hermandades  en  Castilla. 

En  aquellos  tiempos  de  división,  la  justicia  pa- 
decía, é  no  podia  ser  executada  en  los  malhechores 
que  robaban  c  tiranizaban  en  los  pueblos ,  en  los 
caminos,  é  generalmente  en  todas  las  partes  del 
Reyno.  E  ninguno  pagaba  lo  que  debia,  si  no  que- 
ría; ninguno  dexaba  de  cometer  qualquier  delicto, 
ninguno  pensaba  tener  obediencia  ni  subjecion  á 
otro  mayor.  E  ansí  por  la  guerra  presente,  como  por 
las  turbaciones  é  guerras  pasadas  del  tiempo  del 
Rey  Don  Enrique,  las  gentes  estaban  habituadas  á 
tanta  desorden,  que  aquel  se  tenia  por  menguado 
que  menos  fuerzas  facía.  É  los  cibdadanos  é  labra- 
dores ó  homes  pacíficos  no  eran  señores  de  lo  suyo 
ni  tenían  recurso  á  ninguna  persona,  por  los  robos 
é  fuerzas  é  otros  males  que  padecían  de  los  alcay- 
des  las  fortalezas,  é  de  los  otros  robadores  é  ladro- 
nes. E  cada  uno  quisiera  de  buena  voluntad  contri- 
buir la  meytad  de  sus  bienes,  por  tener  su  persona 
é  familia  en  seguridad.  É  fablóse  muchas  veces  en 
los  pueblos  de  facer  hermandades  ó  dar  alguna  or- 
den entre  sí,  para  se  remediar  de  tantos  males  é 
fuerzas  como  continamente  sofrían.  Pero  fallecíales 
persona  tal,  que  oviese  zelo  á  la  justicia  é  á  la  paz 
del  Reyno,  que  lo  moviese,  é  ficíese  alguna  congre- 
gación de  pueblos  en  la  qual  se  diese  orden  para 
remedio  de  aquellos  males.  Porque  el  Rey  ó  la  Rey- 
na, como  quier  que  castigaban  lo  que  podían,  pero 
el  impedimento  de  la  guerra  que  con  el  Rey  de 
Portogal  tenían,  no  les  daba  lugar  para  lo  remediar 
como  quisieran.  Esta  plática  venida  á  noticia  de  un 


caballero  que  se  llamaba  Alfonso  de  Quintanilla 
Contador  mayor  de  cuentas  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
natural  de  Asturias  de  Oviedo,  é  Don  Juan  do  Or- 
tega, Provisor  de  Villaf  ranea  de  Montes  de  Oca,  Sa- 
cristán del  Rey,  natural  de  la  cíbdad  de  Burgos, 
doliéndose  de  la  corrupción  é  males  que  velan  en  la 
tierra,  f  ablaron  con  el  Rey  é  con  la  Reyna,  por  sa- 
ber dellos  si  les  placería  que  se  ficíese  alguna  con- 
gregación de  pueblos  para  ordenar  entre  sí  herman- 
dad, en  la  qual  se  ordenasen  algunas  cosas  compli- 
deras  á  servicio  de  Dios  é  suyo,  é  bien  general  de 
todo  el  Reyno,  é  para  defensa  ó  resistencia  de  aque- 
llos males  que  veian.  Desto  plogo  mucho  al  Rey  ó 
á  la  Reyna,  porque  deseaban  el  bien  é  paz  de  sus 
Reynos;  é  mandái-onles  que  trabajasen  porque  vi- 
niese en  efeto.  Estos  dos  varones,  Alfonso  de  Quin- 
tanílla  é  Don  Jnan  de  Ortega,  Provisor  de  ViUaf ran- 
ea, propusieron  de  poner  sus  personas  á  todo  trabajo 
é  peligro,  por  remediar  los  males  que  veian;  é  fa- 
blaron  con  algunos  homes  principales  de  las  cibda- 
des é  villas  de  Burgos,  é  Palencia,  é  Medina,  é  Ol- 
medo, é  Avila,  é  Segovía,  é  Salamanca,  é  Zamora,  é 
de  aquellas  partes,  mostrándoles  los  males  é  daños 
que  padecían,  é  quanto  mayores  los  esperaban  si 
con  tiempo  no  se  remediasen.  Estos  cada  uno  en 
sus  pueblos  platicaron  esta  materia,  é  al  fin  o  vieron 
su  acuerdo,  que  cada  cibdad  é  villa  embiase  sus 
procuradores,  los  quales  se  juntasen  á  dia  cierto  en 
la  villa  de  Dueñas.  E  para  aquel  día  que  asignaron, 
todos  los  Procuradores  de  aquellos  pueblos,  que  fue- 
ron en  gran  número,  se  juntaron  en  la  villa  de  Due- 
ñas, por  solicitación  é  diligencia  de  aquel  caballero 
Alfonso  de  Quintanilla,  é  del  Provisor  de  Villaf  ran- 
ea. É  los  unos  á  los  otros  f  ablaban  é  recontaban  con 
grand  angustia  los  robos  é  males  é  rescates  que  so- 
frían de  los  alcaydes  de  las  fortalezas,  é  de  los  tíra- 
nos ó  otros  robadores  que  cada  dia  crecían;  é  que- 
xábanse  dellos  los  unos  á  los  otros.  E  partidos  en 
partes,  los  unos  daban  remedio  de  una  manera  é  los 
otros  de  otra,  é  ni  daban  conclusión,  ni  se  concor- 
daban, é  queríanse  todos  volver  para  sus  casas  por- 
que no  veian  remedio  para  los  males  que  padecían. 
Aquel  caballero  Alfonso  de  Quintanilla,  doliéndose 
porque  no  se  conseguía  fruto  de  su  trabajo,  fabló  á 
todos  los  Procuradores  en  esta  manera : 

«No  sé  yo,  señores ,  como  se  puede  morar  tierra 
nque  su  destruicion  propia  no  siente,  é  donde  los 
«moradores  della  son  venidos  á  tan  extremo  ínfor- 
«tunío,  que  han  perdido  ya  la  defensa  que  aun  á  los 
«animales  brutos  es  otorgada.  No  nos  debemos  que- 
»xar  por  cierto,  señores,  de  los  tíranos,  mas  quexé- 
« monos  de  nuestro  gran  sufrimiento;  ni  nos  quexe- 
»mos  de  los  robadores,  mas  acusemos  nuestra  dis- 
«cordia,  é  nuestro  malo  é  poco  consejo,  que  los  ha 
«criado,  é  de  pequeño  número  ha  fecho  grande;  que 
«sindubda,  si  buen  consejo  toviésemos,  ni  oviera 
«tantos  malos,  ni  sufriérades  tantos  males.  E  lo  mas 
«grave  que  yo  siento  es  que  aquella  libertad  que 
«natura  nos  dio,  é  nuestros  primeros  ganaron  con 
«buen  esfuerzo,  nosotros  la  habemos  perdido  con 
«cobardía  é  caimiento,  sometiéndonos  á  los  tiranos. 


DON  FERNANDO 
«De  los  quales  si  no  nos  libertamos,  ¿quién  podrá 
«escusar  que  no  crezca  mas  la  subjecion  de  los  bue- 
»nos,  y  el  poder  de  los  malos  que  ayer  eran  servi- 
«dores,  é  hoy  los  vemos  señores  porque  tomaron 
«oficio  de  robar?  No  heredastes  por  cierto,  señores, 
«esta  subjecion  que  padecéis,  de  vuestros  anteceso- 
»res;  los  quales  como  quiera  que  fuesen  pequeño 
«namero  en  aquella  tierra  de  las  Asturias,  do  yo  soy 
»natural,  pero  con  deseo  de  libertad,  como  varones 
«ganaron  la  mayor  parte  de  las  Espafias  que  ocupa- 
«ban  los  moros  enemigos  de  nuestra  santa  fe,  é  sa- 
«cudicron  de  si  el  yugo  de  servidumbre  que  tenian. 
«Ni  menos  tomamos  doctrina  de  aquellos  buenos 
» cast(^lanos ,  que  ñcicieron  la  estatua  del  Conde 
«Fernán  Gonzalee,  su  señor,  que  estaba  preso  en  el 
«Reyno  de  Navarra,  é  siguiendo  aquella  figura  de 
«piedra,  ganaron  la  libertad  para  él  é  para  ellos. 
«Ni  menos  la  tomamos  de  otros  notables  varones, 
n  cuya  memoria  es  inmortal  en  las  tierras,  porque 
«ganaron  libertad  jmra  sí  é  para  sus  reynos  é  pro- 
«vinciae;  los  quales  ovieron  gloria  por  ser  libres,  é 
«nosotros  habernos  pena  por  ser  subjetos.  Muchas 
«veces  veo  que  algunos  sufren  con  poca  paciencia 
»  el  yugo  saave,  que  por  ley  ó  por  razón  debemos 
»  al  cetro  real,  é  nos  agraviamos  é  gastamos,  é  aun 
«trabajando  buscamos  forma  por  nos  libertar  del ;  é 
«desta  otra  subjecion,  que  pecamos  en  sofrir,  por 
«ser  contra  toda  ley  divina  é  humana  ¿no  trabaja- 
«rémos  é  gastaremos  por  nos  libertar?  No  puedo  yo, 
«señores,  por  cierto  entender  como  pueda  ser  que  la 
«nación  castellana,  que  nunca  buenamente  sufrió 
» imperio  de  gente  extraña,  agora  por  falta  de  buen 
« consejo  sufra  cruel  señorío  de  la  suya,  é  de  los 
« malos  é  perversos  della.  No  tengamos  por  Dios, 
«señores,  nuestro  entendimiento  tan  amortiguado; 
«ni  se  refrié  en  nosotros  tanto  la  caridad  é  se  olvi- 
»de  el  amor  de  nuestras  cosas  proprias,  que  no  sin- 
» tamos  el  perdimiento  nuestro  é  dellas;  é  remedie- 
«mos  luego  los  males  que  vienen  de  los  homes,  an- 
«tes  que  vengan  los  que  nos  pueden  venir  de  Dios. 
«El  qual  también  da  pena  al  que  doxa  de  facer  obra 
«buena,  como  al  que  la  face  mala;  é  tan  bien  da 
»  punicioE  s  los  buenos  como  á  los  malos,  á  los  ma- 
«los  porque  son  malos,  é  á  los  buenos,  aunque  bue- 
«nos,  porque  consienten  los  malos  é  pudiéndolos 
«castigar,  dexan  crecer  sus  pecados,  dellos  por  ne- 
ftgligencia,  dellos  por  poca  osadía,  é  algunos  por 
»  ganar  ó  por  no  perder  ni  gastar,  otros  por  querer 
«complacer,  ó  por  no  desplacer  á  los  malos,  6  por 
«otros  respetos  ágenos  mucho  de  aquello  que  home 
«bueno  é  recto  es  obligado  de  facer.  Nosotros,  sefio- 
«rea,  visto  lo  que  vedes,  é  considerando  lo  que  cada 
«uno  de  vosotros  considera,  nos  movimos  por  ser- 
» vicio  de  Dios,  é  por  el  bien  é  libertad  de  la  tierra, 
B  á  procurar  con  vosotros  que  esta  congregación  se 
«ficiese,  creyendo  que  este  vuestro  juntamiento  no 
«es  do  la  calidad  de  otros,  donde  muchas  veces  acae- 
oce  que  en  el  fin  y  en  los  caminos  para  el  fin  hay 
«diversos  consejos  é  opiniones  contrarias;  antes 
»  creemos  que  todos  unánimes  vais  á  un  fin,  é  tam- 
» bien  pensamos  que  os  Qonf ormaróis  en  tomar  los 


É  DOÍ?A  ISABEL.  3Ó1 

» caminos  mas  ciertos  para  lo  conseguir.  E  si  esto 
«de  vosotros  no  conociésemos,  vano  seria  por  cierto 
»  nuestro  trabajo,  é  mucho  mas  inútil  nuestra  f abla. 
»E  por  tanto  no  me  deterné  mucho  en  recontar  los 
«males  que  sofrimos  é  padecemos,  porque  cada  uno 
»de  vosotros  lo  s«be,  é  aun  lo  siente;  pero  breve- 
»  mente  diré  el  remedio  que  nos  parece  para  ellos. 

«Siete  cosas,  honorables  señores,  á  mi  parecer  se 
«deben  considerar  en  esta  materia  que  tratamos.  La 
«primera,  si  es  servicio  de  Dios,  é  del  Rey  é  de  la 
«Reyna  nuestros  señores.  La  segunda,  quien  sois 
«vosotros.  La  tercera,  quien  son  aquellos  con  quien 
» debatimos.  La  quarta,  la  calidad  de  la  cosa  sobro 
«que  debatimos.  La  quinta,  en  qué  tierra  es  el  deba- 
»te.  La  sexta,  qué  cosas  son  necesarias  para  aquello 
«que  queremos  comenzar.  La  séptima  é  postrimera, 
«que  es  el  pro  ó  el  daño  que  en  el  fin  se  nos  puede 
«seguir.  Quanto  á  lo  primero,  no  es  necesaria  mucha 
«plática;  porque  manifiesto  es  el  servicio  grande  que 
«facemos  á  Dios,  é  al  Rey  é  á  la  Reyna,  si  tomamos 
«consejo  é  ponemos  en  obra  de  castigar  los  tiranos, 
«é  dar  paz  al  Reyno  en  general,  é  á  cada  uno  en 
«especial.  Quanto  á  lo  segundo,  menos  faré  larga 
«fabla;  porque  sabido  es  que  vosotros  sois  homes 
«  caballeros,  é  fijosdalgo,  cibdadanos,  é  labradores, 
«deseosos  de  paz  é  sosiego  del  Reyno;  é  ansimesmo 
«que  sabéis  seguir  la  guerra  quando  conviene,  é 
«procurar  la  paz  quando  comple.  Lo  tercero,  sabe- 
nmosbien  que  debatimos  con  homes  tiranos,  ladro- 
«nes,  é  robadores,  á  quien  su  yerro  mesmo  face  na- 
«turalmente  cobardes.  Vimos  en  el  tiempo  de  las 
«otras  hermandades  pasadas,  que  uno  dellos  no  pa- 
«recia  en  el  Reyno;  é  duraran  fasta  hoy  en  sus  des- 
«tierros,  si  nosotros  duráramos  en  nuestras  ordenau- 
ftzas.  Vimos  ansimesmo  que  el  Rey  é  la  Reyna 
»  comenzando  á  facer  justicia  de  algunos  dellos  en 
«Segovia  luego  que  reynaron,  quantos  dellos  fuye- 
«ron,  é  quanta  paz  é  sosiego  por  aquella  causase 
«siguió,  la  qual  fasta  hoy  se  continuara,  si  la  divi- 
«  sion  del  Rey  de  Portogal  no  interviniera.  Ansí  que, 
«señores,  por  experiencia  vemos  que  nuestra  quis- 
fttion  es  con  gente  á  quien  su  maldad  face  flacos  é 
«fuidores;  los  quales  no  tienen  mas  esencia  ni  resis- 
«tencia  de  quanto  vieren  nuestra  paciencia  é  poca 
«diligencia.  La  calidad  de  la  cosa  sobre  que  deba- 
« timos,  que  fué  la  quarta  parte  de  mi  división,  es 
«  sobre  defensión  de  nuestras  .personas  é  de  nuestras 
«  f aciendas,  é  de  nuestras  vidas,  é  sobre  nuestra  li- 
nbertad,  que  vemos  perder  é  diminuir.  Considerad 
«agora,  señores,  si  son  estas  cosas  de  calidad  que 
«  deban  ser  remediadas.  É  lo  mesmo  considerad  que 
«vida  seria  la  nuestra,  si  no  la  remediásemos  con 
«gran  parte  de  lo  que  tenemos,  é  si  no  con  parte,  con 
«todo  cuanto  tenemos,  porque  seamos  homes  libres 
»  como  lo  debemos  ser,  é  no  subjetos  como  lo  somos. 
«La  quinta  es,  saber  en  qué  tierra  debatimos.  Á  mí 
«parece,  señores,  que  esta  nuestra  quistion  no  es  la 
«empresa  de  Ultramar,  ni  menos  habemos  de  irá 
» conquistar  provincias  estrañas.  La  conquista  que 
«habemos de  facer  en  nuestro  Reyno  es,  en  nuestra 
«tierra  es,  en  nuestras  cibdades  é  villas  es,  en  núes- 


302  CRÓNICAS  DE  LOS 

«tros  campos  es,  eu  nuestras  casas  y  heredamientos 
»  es,  donde  estando  juntos  ó  concertados,  según  es- 
»pero  que  lo  seréis,  no  digo  yo  á  aquellos  pocos  é 
«malos  tiranos,  mas  á  todo  el  restante  del  mundo 
«que  viniese,  podríades  resistir  é  defender,  é  aun 
I)  ofender.  Porque  como  sabéis ,  gran  diferencia 
«hay  de  las  fuerzas  que  defienden  lo  suyo  á  las 
«del  ladrón  que  vien«  por  lo  ageno.  La  sexta  es, 
»ver  las  cosas  que  para  el  remedio  desta  nuestra 
«requesta  son  necesarias.  Las  quales  según  pen- 
«samos  son  tres:  la  primera  es  el  dinero;  la  se- 
» gunda  gente  é  capitanes ;  la  tercera  ordenanzas 
«por  donde  nos  gobernemos.  B  quanto  toca  al  di- 
«nero,  según  los  clamores  que  á  todos  en  general, 
»é  á  cada  uno  en  especial  vemos  facer  por  los 
«males  que  recibe,  no  creemos  que  haya  perso- 
Bna  que  no  dé  la  meytad  de  sus  bienes,  por  tener 
» la  otra  meytad  é  su  persona  é  de  sus  fijos  é  parien- 
«tes  seguros:  pues  quanto  mas  dará  la  pequeña  é 
«bien  pequeña  cantidad,  que  le  podrá  caber  en  los 
» repartimientos  que  se  f aran  en  los  pueblos  para 
«esta  facienda.  La  segunda  es,  haber  gente  é  capi- 
» tañes;  é  para  haber  esto,  no  habernos  de  ir  fuera  de 
«nuestro  Reyno,  porque  dentro  del  abundamos  en 
B  asaz  número  de  gente  sabia  en  la  guerra,  é  bien 
«armada,  tal  é  tanta,  que  no  es  menester  trabajo  ni 
»  pensamiento  para  la  haber.  La  tercera  cosa  es,  fa- 
»cer  nuestras  ordenanzas  y  estatutos,  é  penas  según 
»  se  requiere  á  los  delictos  é  crímenes  que  se  come- 
» tieren.  E  para  esto,  señores,  tenéis  la  voluntad  del 
«Rey  é  de  la  Rey  na,  que  vos  darán  facultad  é  auto- 
»  ridad  para  las  facer,  é  poder  para  las  executar,  é 
» tener  vuestra  jurisdicion  apartada  de  la  ordinaria 
«en  loB  pueblos,  de  tal  manera  que  no  habréis  estor- 
«bo  ninguno  de  su  jurisdicion  en  lo  que  quisiéredes 
»  ordenar,  ó  salvar;  é  vos  darán  ansimcsmo  todo  el 
«  favor  necesario,  para  que  esto  que  con  el  ayuda  de 
«Dios  queréis  comenzar,  venga  en  efeto.  Ansí  que 
»  el  mayor  trabajo  de  esta  nuestra  obra,  es  comen- 
«zarla:  esto  fecho,  la  mesma  cosa  abrirá  los  cami- 
»nos  para  el  fin  que  deseamos  con  el  ayuda  de  Dios, 
«en  el  qual,  quanto  mayor  fe  toviéremos,  tanto  mas 
»  cierto  terneis  el  efeto  de  la  justa  petición  que  fi- 
»  ciéredes. 

»  Bien  creo  yo,  señores ,  que  hay  algunos  á  quien 
«  esto  geles  f ara  dif ícile ,  creyendo  que  no  nos  po- 
«dremos  juntar,  é  juntos  no  nos  podremos  concor- 
«  dar  en  los  repartimientos  de  los  dineros ,  é  otras 
«  cosas  que  son  menester.  E  cerca  desto  ,  no  parece 
B  que  debe  haber  dificultad  ,  porque  todos  sabemos 
»  que  la  mayor  parte  del  Reyno  viene  de  voluntad 
«en  esta  contribución,  é  que  ningunos  hay  que  la 
»  contradigan,  é  si  los  hay  son  bien  pocos;  los  qua- 
» les  veyéndose  fuera  del  beneficio  é  utilidad  que 
«de  nuestra  hermandad  se  puede  seguir,  ¿quién 
«  dubda  que  no  quieran  ser  comprehendidos  en  ella, 
«por  seguridad  suya  é  de  lo  suyo?  Otros  algunos 
»  hay  que  dubdan  en  la  constitución  desta  nuestra 
» hermandad ,  recelando  ser  cosa  de  comunes  é  do 
»  pueblos ,  do  habrá  diversas  opiniones  é  volunta- 
»  des ,  las  quales  podrían  ser  de  tanta  discordia,  que 


REYES  DE  CASTILLA. 

B  lo  derribasen  é  destruyesen ,  según  se  fizo  en  las 
B  otras  hermandades  pasadas.  De  lo  qual  se  segui- 
»  ría  quedar  los  pueblos  é  personas  singulares  mu- 
«oho  mas  enemistados  con  los  alcaydes  é  tiranos  ó 
»  con  los  robadores ,  para  nos  poner  en  mayor  sub- 
»  jecion  de  la  que  agora  tenemos.  E  para  sanear  es- 
» te  recelo  son  de  notar  dos  cosas.  La  primera  es 
«  que  si  las  otras  hermandades  pasadas  no  perma- 
»  necieron  en  su  fuerza ,  aquello  fué  porque  se  entre- 
»  metieron  á  entender  en  muchas  cosas  mas  de  lo 
»  que  les  pertenecía ;  é  nosotros  á  ningún  caso  otro 
»  habemos  de  facer  hermandad ,  salvo  al  que  vié- 
B  remos  ser  necesario  para  seguridad  de  los  cami- 
B  nos,  é  para  resistir  é  castigar  los  robos  é  prisiones 
«  que  se  facen.  La  segunda  es  que  el  Rey  Don  En- 
«rique,  que  las  habia  de  sostener  é  favorecer,  este 
B  las  contradecía  é  repugnaba  de  tal  manera ,  que 
»  las  destruyó  en  poco  tiempo ;  y  esto  tenemos  ago- 
B  ra  por  el  contrario,  porque  el  Rey  é  la  Reyna,  nues- 
»  tros  señores ,  mandan  que  estas  hermandades  en 
«  sus  Reynos  se  constituyan ,  é  dan  sus  cartas  para 
«ello,  é  las  quieren  con  gran  voluntad  favorecer, 
B  de  manera  que  permanezcan ,  considerando  el  gran 
»  servicio  de  Dios  é  suyo ,  é  la  paz  é  sosiego  que  de- 
B  lias  en  su  Reyno  se  puede  conseguir.  E  por  tanto 
B  mi  parecer  seria ,  que  luego  debéis  diputar  entre 
«  vosotros  caballeros  é  letrados  que  vean  los  casos 
«desta  hermandad  que  debemos  facer,  é  quales  é 
B  quantos  deben  ser  ;  é  sobre  ellos  establezcan  é  íns- 
B  tituyan  las  leyes  é  ordenanzas  que  entendieren ,  é 
»  con  las  penas  que  les  pareciere.  Ansimesmo  se 
»  deben  diputar  entre  vosotros  personas  que  entien- 
B  dan  luego  en  el  repartimiento  del  dinero,  como  é 
B  quanto  se  debe  repartir ,  é  que  personas  lo  deben 
B  pagar ;  é  otrosí  en  la  gente  que  se  debe  juntar ,  y 
«en  los  capitanes  que  se  deben  elegir,  é  quanto 
«sueldo  geles  debe  dar.  Esto  fecho,  esperamos  en 
B  Dios,  que  conseguiremos  el  fin  de  la  seguridad 
B  que  deseamos  ,  que  fué  la  séptima  é  útíma  parte 
B  desta  mi  proposición,  b 

Como  este  caballero  Alfonso  de  QuintaníUa  ovo 
acabado  su  razonamiento,  todos  aquellos  caballe- 
ros ,  é  letrados,  é  cibdadanos,  é  labradores  que  allí 
estaban,  fueron  contentos ,  é  loaban  la  fabla  que 
habia  fecho,  é  mucho  mas  su  buena  intención  cerca 
del  remedio  de  aquellos  males  que  padecían.  E  to- 
dos unánimes,  despertando  los  ánimos  que  tenían 
caídos  de  los  daños  que  recebían,  dixeron  que  era 
cosa  justa  é  razonable  que  la  tierra  se  remediase  ;  é 
que  se  debía  facer  la  hermandad  que  decia ,  é  re- 
partir los  dineros  necesarios,  é  llamar  la  gente  de 
armas,  é  facer  todas  aquellas  cosas  que  aquel  caba- 
llero habia  propuesto.  E  luego  todos  estos  procura- 
dores ,  que  allí  vinieron  con  poderes  bastantes  cada 
uno  de  sus  cibdades  é  villas  é  pueblos  ,  ficieron  é 
instituyeron  una  hermandad  que  durase  tres  años, 
para  responder  unos  á  otros ,  é  se  ayudar  contra  los 
tíranos  é  robadores  ;  é  diputaron  ciertos  caballeros 
é  letrados ,  los  quales  ficieron  é  ordenaron  cinco  ca- 
sos de  hermandad ,  en  que  habían  de  entender  los 
oficiales  que  fuesen  puestos  para  ministrar  esta  her- 


DON  FERNANDO 
mandad.  Y  el  primero  caso  era,  toda  fuerza,  ó  robo, 
ó  furto  ,  6  ferida  fecha  en  el  campo.  JEl  segundo, 
todo  robo  ,  6  fuerza,  ó  furto  fecho  en  poblado,  quan- 
do  el  malíechorse  fuese  fuera  del  poblado  do  lo  fizo 
ó  á  otro  lugar.  El  tercero,  todo  quebrantamiento  de 
casa.  El  quarto  ,  toda  fuerza  de  muger.  El  quinto, 
quando  alguno  fuese  contra  la  justicia  é  la  desobe- 
deciese. E  instituyeron  que  oviese  en  cada  cibdad, 
villa  6  lugar  dos  alcaldes  de  hermandad,  que  to- 
viesen  plenaria  jurisdicion  para  juzgar  é  determi- 
nar en  estos  cinco  casos  de  hermandad  cada  que 
acaeciese.  Eso  mesmo  ficieron  cierto  número  de 
quadrillas,  para  perseguir  los  robadores  é  malfe- 
chores.  ítem  diputaron  ciertos  caballeros,  é  perso- 
nas sabias  é  de  buena  intención ,  á  quien  cometie- 
ron el  repartimiento  del  dinero  que  se  hablan  de 
coger  en  cada  pueblo.  Y  estos  diputados  acordaron 
que  cada  cient  vecinos  de  todas  las  cibdades  é  vi- 
llas é  lugares  de  los  Rey  nos  de  Castilla  é  de  León, 
que  entraron  en  aquella  hermandad,  pagasen  el 
sueldo  é  acostamiento  de  un  home  á  caballo,  el  qual 
siempre  estoviese  presto  con  el  capitán  que  le  die- 
sen para  seguir  qualquier  malfechor.  E  tomaron 
por  capitán  general  de  la  hermandad  que  ficieron, 
á  Don  Alfonso  de  Aragón,  Duque  de  Villahermosa, 
hermano  bastardo  del  Rey ,  y  eligieron  otros  ocho 
capitanes,  algunos  de  trecientas,  otros  de  decien- 
tas ,  é  de  cient  lanzas ,  á  cada  uno  de  los  quales  pa- 
gaban el  sueldo  é  acostamiento  que  le  montaba  ha- 
ber para  la  gente  que  tenia  en  su  capitanía.  Y  estos 
estaban  continamente  juntos  con  sus  armas  é  caba- 
llos, en  los  lugares  é  provincias  do  les  era  manda- 
do. Itera  para  conocer  de  los  debates  que  ocurrirían 
concernientes  á  los  casos  de  hermandad,  é  para  los 
determinar,  eligieron  por  Presidente  á  Don  Lope  de 
Ribas,  Obispo  de  Cartagena,  un  perlado  antiguo,  con 
el  qual  estaban  de  cada  provincia  un  diputado  con- 
tinamente ;  y  estos  se  llamaban  diputados  genera- 
les para  oir  é  determinar  las  cosas  que  ante  ellos 
venian,  los  quales  tenian  plenaria  jurisdicción  para 
determinar ,  é  del  juicio  destos  no  habia  apelación. 
Otrosí ,  porque  los  agraviados  con  sus  querellas  no 
oviesen  de  trabajar  en  venir  con  sus  agravios  al 
lugar  do  estaba  el  presidente  é  diputados  genera- 
les, ordenaron  que  en  cada  provincia  estoviese  un 
diputado  provincial  para  las  oir  é  remediar,  el  qual 
entendiese  en  las  contribuciones  que  se  hablan  de 
facer  para  la  hermandad,  de  manera  que  todos  pa- 
gasen segund  su  facultad ,  é  ninguno  fuese  agravia- 
do en  los  repartimientos.  Otrosí,  para  entender  en 
todas  estas  cosas,  é  para  dar  orden  en  poner  teso- 
reros é  recabdadores ,  é  pagar  é  repartir  el  dinero  á 
quien  é  como  se  debia  dar ,  porque  era  cosa  de  gran 
confianza  ;  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  cargo  á  aquel 
caballero  Alfonso  de  Quintanilla  é  al  Provisor  de 
Villaf ranea,  que  según  habemos  dicho,  fueron  pro- 
movedores é  solicitadores  para  que  la  hermandad  se 
ficiese.  E  todos  estos  recurrían  por  la  final  determi- 
nación de  las  cosas  al  Rey  é  á  la  Reyna  é  á  su  Con- 
sejo. Ansí  fueron  constituidas  hermandades,  en  las 
quales  fueron  comprehendidas  todas  las  cibdades  é 


E  DONA  ISABEL.  303 

villas  é  lugares  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León 
é  del  rey  no  de  Toledo  é  del  Andalucía  é  de  Galicia. 
Los  lugares  é  tierras  de  señorío  no  entraron  luego, 
por  los  impedimentos  que  los  señores  dellas  le  po- 
nían. Sobre  lo  qual  fué  requerido  Don  Pedro  Fer- 
nandez de  Velasco,  Condestable  de  Castilla  é  Conde 
de  Haro ,  que  era  el  que  tenia  mas  número  de  vasa- 
llos que  ningún  otro  señor  de  todas  aquellas  tierras 
de  allende  los  puertos,  para  que  diese  lugar  que  sus 
tierras  entrasen  en  aquella  hermandad.  El  qual  res- 
pondió que  le  placía,  é  no  solamente  daría  lugar 
que  sus  tierras  entrasen  en  ella,  pero  que  él  ge  lo 
mandaría  é  constreñiría  que  lo  ficíesen ,  é  contribu- 
yesen en  ella  con  todos  los  que  habían  entrado.  E 
allende  desto ,  él  é  todos  los  de  su  casa  quería  que 
fuesen  comprehendidos  en  aquella  santa  herman- 
dad, considerando  quanto  era  servicio  de  Dios  ó  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  é  bien  é  seguridad  del  Reyno. 
E  luego  mandó  á  todos  los  de  sus  villas  é  lugares 
que  se  juntasen  con  aquellos  que  habían  entrado 
en  la  hermandad,  é  fuesen  particioneros  en  ella;  é 
ansí  lo  ficieron  luego  todos  los  de  sus  tierras.  Este 
Condestable  era  home  generoso  é  recto ,  y  era  gran 
señor  en  las  montañas ;  é  nunca  le  vieron  ser  en  re- 
belión contra  ningún  Rey,  antes  era  obediente  á 
los  mandamientos  reales,  é  daba  exemplo  á  otros 
que  lo  fuesen.  Visto  por  todos  los  caballeros  é  seño- 
res que  tenían  vasallos ,  como  el  Condestable  habia 
mandado  á  sus  tierras  entrar  en  la  hermandad,  lue- 
go mandaron  á  sus  villas  é  lugares  que  anaimesmo 
entrasen  en  ella.  E  de  lo  que  contribuían  los  pue- 
blos en  esta  hermandad,  se  pagaba  sueldo  contina- 
mente á  dos  mil  homes  á  caballo,  que  estaban  pres- 
tos para  lo  que  el  Rey  é  la  Reyna  mandaban  ,  é  se- 
guraban los  caminos,  é  perseguían  los  malfechores, 
E  vista  la  grand  utilidad  que  della  se  seguía ,  se 
prorogó  por  otros  tres  años  adelante. 

E  porque  á  los  principios  que  esta  hermandad  se 
constituyó ,  considerando  que  la  utilidad  era  común 
á  todos ,  fué  ordenado  que  todos  contribuyesen  en 
ella ,  también  los  esentos  como  los  no  esentos ;  los 
fijosdalgo  del  Reyno  sintiéndose  agraviados  desta 
contribución  por  ser  en  quebrantamiento  de  la  li- 
bertad que  tienen  por  razón  de  su  fidalguia,  recla- 
maron a^ite  el  Rey  é  la  Reyna,  é  soplicáronles  que 
pues  ellos  en  las  guerras  presentes,  é  sus  padres  ó 
agüelos  en  las  pasadas  habían  servido  á  los  Reyes 
sus  progenitores,  ansí  en  la  guerra  contra  los  mo- 
ros, como  contra  todas  las  otras  personas  que  les 
era  mandado ,  y  estaban  dispuestos  por  sus  personas 
de  se  poner  á  la  muerte  por  su  servicio  ;  que  les  plo- 
guíese  mandar  guardar  el  privilegio  de  su  fidalguia, 
que  nunca  habia  seydo  quebrantado  en  estos  Rey- 
nos.  El  Rey  é  la  Reyna,  vista  la  razón  de  los  fidal- 
gos,  luego  ge  lo  mandaron  guardar;  é  dende  en 
adelante  los  fldalgos  no  contribuyeron  en  aquella 
hermandad  todos  los  años  que  duró. 


304 


CRÓNICAS  DE  LOB  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  LII. 


De  como  el  Rey  asentó  real  sobre  Cantalapiedra ,  6  de  las  cosas 
que  allí  pasaron. 

Según  habernos  recontado ,  el  Rey  de  Portogal 
forneció  de  mucha  gente  é  pertrechos  é  bastimentos 
las  fortalezas  que  tenia  en  circuito  de  la  cibdad  de 
Toro  donde  él  estaba  ;  en  especial  la  villa  de  Canta- 
lapiedra ,  en  la  qual  puso  por  capitán  á  un  caballe- 
ro castellano  de  los  que  seguían  su  partido ,  que  se 
llamaba  Alonso  Pérez  de  Vivero ,  con  muchos  ho- 
rnea á  caballo  é  á  pié.  El  Rey  ovo  su  acuerdo  de  po- 
ner real  sobre  aquella  villa,  é  ansimesmo  poner 
guarniciones  de  gente  contra  los  que  estaban  en 
Castronuño ,  por  escusar  los  robos  que  de  aquella 
villa  se  facian  en  las  cornarcas.  E  dio  cargo  al  bas- 
tardo su  hermano,  Duque  de  Villahermosa,  é  al  Con- 
de de  Treviño ,  de  la  gente  que  mandó  estar  sobre 
Cantalapiedra,  porque  le  era  necesario  estar  en  las 
cortes  que  tenia  en  Madrigal ,  los  mas  dias  con  la 
gente  de  su  guarda ,  é  desde  Madrigal  iba  á  Cantala- 
piedra á  proveer  las  guarniciones  que  tenia  puestas 
contra  Castronuño  é  Siete  Iglesias.  E  mandó  poner 
artillería  y  engenios  sobre  aquella  villa  de  Cantala- 
piedra, é  apretar  á  los  que  estaban  dentro,  á  fin  de 
la  tomar ;  porque  tomada  se  quitaba  gran  parte  del 
impedimento  que  habia  para  poner  sitio  sobre  Cas- 
tronuño ,  é  sobre  las  fortalezas  de  la  comarca  que 
estaban  por  el  Rey  de  Portogal.  Los  que  estaban 
dentro  pusiéronse  en  defensa,  para  lo  qual  tenian 
grandes  aparejos,  cavas  é  baluartes,  é  otros  edifi- 
cios. E  después  de  muchas  escaramuzas  que  ovieron 
en  algunos  dias,  mandó  el  Rey  aderezar  el  comba- 
te. Los  de  la  villa  salieron  á  pelear  con  los  de  fuera 
por  las  partes  que  los  del  Rey  llevaban  los  pertre- 
chos, é  por  otras  cuevas  secretas  que  tenian  fechas, 
desde  las  quales  podian  ofender,  é  no  recebir  daño. 
E  antes  que  llegasen  los  pertrechos,  porque  el  Rey 
conoció  que  por  las  cavas  é  cuevas  que  los  de  den- 
tro de  la  villa  hablan  fecho  secretamente  ,  pudiera 
su  gente  recebir  gran  daño,  mandó  retraer  los  per- 
trechos ,  é  acordó  que  aquel  dia  no  se  combatiese  la 
villa.  Los  Portogueses,  veyendo  que  los  pertrechos 
se  retraían ,  cobraron  mayor  esfuerzo ,  é  salieron  á 
escaramuzar  con  loa  del  Rey  á  caballo  é  á  pió.  Y  en 
aquella  escaramuza ,  y  en  otras  que  otros  dias  ovie- 
ron ,  fueron  muchos  muertos  é  f eridos  de  los  unos  é 
de  los  otros.  Los  de  la  villa ,  como  quiera  que  se  es- 
forzaban ,  porque  tenian  al  Rey  do  Portogal  cerca 
esperando  que  los  socorriera ,  pero  porque  los  apre- 
taban mucho  los  del  Rey ,  de  manera  que  no  les  en- 
traba mantenimiento  ninguno,  é  ansimesmo  porque 
trabajaban  de  dia  en  las  cavas,  é  de  noche  en  repa- 
rar los  muros  é  los  baluartes  que  derribaban  las 
lombardas  del  Rey ,  é  poniendo  defensas  para  los 
daños  que  facian  los  engenios ,  é  otrosí  porque  en 
las  escaramuzas  que  hablan  habido,  geles  diminuía 
la  gente  ;  embiaron  á  decir  al  Rey  de  Portogal ,  que 
los  socorriese,  porque  estaban  en  grande  aprieto. 
El  Rey  de  Portogal  no  tenía  tanta  gente  para  los 


poder  socorrer,  porque  habia  sacado  por  dos  vecea 
de  su  reyno  toda  la  gente  que  en  él  habia  para  esta 
conquista  ;  é  muchos  dellos  eran  muertos ,  é  otros  se 
volvían  á  Portogal  por  las  grandes  fatigas  é  traba- 
jos que  habían  recebído  en  Castilla.  E  como  se  vido 
puesto  en  necesidad ,  é  ansimesmo  porque  el  Arzo- 
bispo de  Toledo  é  los  otros  caballeros  castellanos 
que  estaban  á  su  obediencia ,  eran  tan  ocupados  en 
la  guarda  de  sus  tierras,  que  no  le  podian  servir  por 
sus  personas ,  ni  amblarle  de  sus  gentes ,  por  conse- 
jo de  algunos  sus  caballeros  é  capitanes,  acordó  de 
sahr  al  campo  con  toda  la  gente  que  tenia ,  é  robar 
é  quemar  los  lugares  de  tierra  de  Salamanca  que  es- 
taban cercanos  á  Toro ,  porque  creía  que  el  Rey  iría 
á  los  socorrer,  é  le  sería  forzado  alzar  el  real  que 
tenía  puesto  sobre  Cantalapiedra  ;  y  en  aquella  ma- 
nera entendía  que  los  cercados  serian  socorridos,  é 
los  cercadores  no  darían  fin  a  su  empresa.  Algunos 
délos  de  su  consejo  le  dixeron  que  no  era  cosa  dina 
de  Rey  ir  en  persona  á  robar  é  quemar  lugares,  ó 
dexar  de  socorrer  su  gente ,  que  á  sus  ojos  estaba  si- 
tiada ;  é  que  los  Reyes  de  tal  manera  habían  de  salir 
al  campo  acompañados ,  que  no  recibiesen  mengua 
ni  fuerza  de  sus  contrarios.  E  que  bien  podía  man- 
dar á  algunos  de  sus  capitanes,  que  saliesen  á  fa- 
cer aquella  guerra,  porque  si  recibiesen  daño  ,  á  su 
persona  real  empecería  poco,  ó  sí  saliese,  podría  po- 
ner su  persona  y  estado  é  la  empresa  que  tenia  de 
Castilla  en  perdición.  E  que  si  por  ventura  el  Rey 
su  adversario  alzase  el  real  de  sobre  Cantalapiedra, 
é  viniese  con  toda  su  hueste  é  resistir  los  daños  é 
quemas  que  él  quería  facer,  una  de  dos  cosas  le 
convenía  facer,  ó  haber  con  él  batalla,  para  lo  qual 
tenia  igual  poder  de  gente ,  ó  retraerse  al  lugar  do 
habia  salido ,  con  poca  honra.  E  amonestábanle ,  que 
pues  en  esta  demanda ,  á  la  fortuna  tentada  por  tan- 
tas vias  habia  fallado  dubdosa ,  antes  que  del  todo 
la  ovíese  contraría ,  remediase  á  su  persona ,  á  su 
honra,  á  su  gente,  á  su  reyno ,  é  ansimesmo  á  los  ca- 
balleros castellanos  ,  que  esperando  algún  nuevo  fa- 
vor duraban  en  su  servicio,  antes  que  la  dilación 
del  tiempo  les  ficiese  mudar  el  propósito  que  habían 
tomado  de  le  servir.  E  que  les  parecía,  que  si  el  Rey 
de  Francia  le  era  amigo  cierto,  según  que  con  él  te- 
nia firmado  é  jurado  ,  debía  dexar  recabdo  en  aque- 
llas fortalezas,  é  ir  al  Rey  de  Francia;  el  qual  lo 
habia  fecho  grandes  ofrecimientos  para  le  ayudar 
en  esta  conquista  que  tenia  comenzada.  E  que  cou 
el  poder  de  gente  é  dinero  que  le  daría ,  podría  ve- 
nir como  á  Rey  pertenece ,  é  recobrar  el  Reyno  do 
Castilla ;  é  que  no  debía  gastar  su  tiempo  en  robos 
é  quemas  de  lugares,  porque  aquella  tal  guerra, 
mas  era  de  homes  rateros ,  que  de  Reyes.  Decíanlo 
ansimesmo ,  é  certificábanle ,  que  el  ayuda  del  Rey 
de  Francia  le  era  muy  cierta ;  porque  esta  empresa 
de  Castilla ,  tanto  la  tenía  por  suya  como  el  Rey  de 
Portogal ,  ansí  por  la  question  que  tenia  cou  el  Roy 
por  causa  del  debate  de  Ruisellon ,  como  por  el  da- 
ño que  gele  seguiría  si  su  adversario  fuese  Rey  pa- 
cífico de  Castilla. 
E  como  en  su  consejo  habia  diversas  opiniones, 


DON  FERNANDO 
é  contrarias  unas  de  otras,  algunos  de  su  Consejo 
le  dixeron:  aVos,  Señor,  para  socorrer  los  vuestros, 
»  tenéis  cerca  la  necesidad  presente,  é  tenéis  la  ayu- 
))da  del  Rey  de  Francia  incierta,  é  de  futuro.  Por- 
»que  como  quiera  que  vos  tengáis  gran  confianza 
»  en  la  amistad  que  con  el  Rey  de  Francia  ficistes, 
«ansí  por  lo  que  os  tiene  jurado  en  escripto,  como 
«por  los  grandes  ofrecimientos  que  vos  ha  embiado 
»  decir  por  palabra  ;  pero  visto  habemos ,  que  mu- 
»  chos  son  los  príncipes  que  veyendo  á  otros  en  pros- 
»  peridad ,  estonces  les  facen  ofrecimientos,  los  qua- 
n  les  se  mudan  quando  los  veen  en  adversidad.  E  si 
»  vos.  Señor,  vais  en  persona  á  él,  mostrando  que  sois 
»  venido  en  tal  estado  que  habéis  menester  su  ayu- 
»da,  no  sabemos  si  terna  aquella  voluntad  en  el 
»  tiempo  de  la  obra  ,  que  tovo  en  la  hora  del  ofreci- 
« cimiento ,  ó  si  estará  tan  libre  para  complir  sus 
»  ofrecimientos ,  como  estaba  al  tiempo  que  los  f a- 
B  cia.  E  dado  que  la  voluntad  tenga  buena,  no  sa- 
» bemos  si  terna  el  poder  para  lo  poner  en  obra  ; 
«porque  sabemos  que  está  muy  ocupado  en  las 
»  guerras  que  tiene  con  el  Duque  de  Borgoña  vues- 
» tro  primo ,  y  en  otras  partes.  Y  es  de  mirar ,  que 
» los  Reyes  quanto  son  mayores ,  tanto  mayores  son 
n  sus  necesidades  ;  é  que  no  deben  dexar  de  proveer 
»  á  las  suyas ,  por  socorrer  á  las  agenas  ,  ni  vos  de 
»  buena  hermandad  lo  debéis  pedir,  si  en  tal  necesi- 
»  dad  le  vedes  puesto.  Por  tanto.  Señor ,  parecería 
«que  debéis  ir  antes  á  socorrer  los  vuestros,  que 
»  esperar  las  ayudas  agenas.  E  no  parece  ser  incon- 
»  viniente,  que  vos  salgáis  en  persona  al  campo  á 
«  facer  guerra  en  las  tierras  que  están  por  vuestro 
n  adversario ;  pues  él  ansimesmo  está  en  el  campo 
»  con  su  hueste,  faciendo  guerra  alas  vuestras.»  El 
Rey  de  Portogal,  oidas  estas  razones,  dexó  por  es- 
tonces de  entender  en  su  ida  á  Francia,  é  acordó  de 
partir  de  la  cibdad  de  Toro ,  é  salir  en  persona  al 
campo  con  toda  la  mas  gente  que  pudo ;  é  aderezó 
su  camino  con  su  hueste  á  la  parte  do  aquella  tier- 
ra de  Salamanca,  que  estaba  cercana  á  Toro ,  é  ro- 
bó é  quemó  ciertas  aldeas  cercanas  de  aquella  cib- 
dad. Como  el  Rey  sopo  la  guerra  que  se  facia  en 
tierra  de  Salamanca ,  creyendo  que  el  Rey  de  Por- 
togal habia  embiado  algunos  caballeros  á  la  facer, 
é  que  no  habia  ido  él  en  persona,  mandó  á  Don  Pero 
Manrique,  Conde  de  Treviño,  que  fuese  luego  con 
gente  de  caballo  ala  resistir,  con  intención  de  le  ir 
á  socorrer  en  persona,  si  la  gente  del  Rey  de  Por- 
togal fuese  mayor  que  la  del  Conde.  El  Conde  por 
mandado  del  Rey ,  fué  á  aquellas  partes  donde  se 
facia  aquella  guerra;  é  llegando  cerca  del  lugar 
donde  el  Rey  de  Portogal  estaba  por  espacio  de  una 
legua ,  fueron  tomados  por  los  del  Rey  de  Portogal 
diez  homes  á  caballo,  de  los  que  el  Conde  habia 
embiado  á  tomar  lengua  é  saber  quanta  gente  era 
aquella  que  facia  aquellas  quemas  é  robos.  Estos 
diez  homes  fueron  llevados  ante  el  Rey  de  Por- 
togal ,  é  preguntados  que  gente  habia  salido  del 
real,  le  dixeron  en  como  el  Conde  de  Trevifio  con 
gente  venia  por  mandado  del  Rey  á  le  buscar,  é 
que  el  Rey  venia  ansimesmo  erapos  del  con  gran 
Cr,— III. 


B  DONA  ISABEL.  305 

parte  de  su  hueste  á  le  socorrer.  Como  esto  sopo  el 
Rey  de  Portogal,  pensando  que  no  seria  su  honra 
pelear  en  persona  con  el  Conde  de  Treviño ,  acordó 
de  volver  para  la  cibdad  de  Toro  ;  y  el  Conde  fué  á 
las  espaldas  siguiéndole ,  é  faciendo  daño  en  la  re- 
zaga de  su  gente  ,  fasta  que  todos  se  pusieron  en 
salvo  dentro  de  la  cibdad  de  Toro. 

Quando  el  Rey  de  Portogal  conoció  que  no  podia 
socorrer  á  los  que  estaban  por  él  en  Cantalapiedra, 
ni  tenia  tanta  gente  para  salir  al  campo,  movió  tra- 
to de  partido  al  Rey ,  que  alzase  el  cerco  que  allí 
tenia  puesto ,  é  que  soltaría  la  fe  que  tenia  del  Con- 
de de  Benavente,  é  le  restituiría  sus  fortalezas,  con- 
viene á  saber,  á  Portillo,  Mayorga,  é  Villalva,  que 
le  habia  tomado.  E  ansimesmo  que  el  Rey  soltase 
al  Conde  de  Peñamazor  que  tenia  preso  ,  é  que  res- 
tituyese al  Licenciado  Antón  Nufiez  de  Cibdad-Ro- 
drigo  sus  bienes  é  rentas  y  heredamientos  que  le 
habia  mandado  tomar.  Otrosí  que  dentro  de  un  año 
no  le  ficiese  guerra  en  el  Reyno  por  la  gente  que 
estaba,  ó  estoviese  en  Cantalapiedra.  E  para  con- 
cluir este  trato,  vino  por  parte  del  Rey  de  Portogal, 
al  Real  el  Conde  de  Faro.  E  plogo  al  Rey  de  lo  con- 
cluir en  esta  manera  que  habemos  dicho  ,  á  ñn  de 
libertar  al  Conde  de  Benavente  de  la  fe  que  habia 
dado  al  Rey  de  Portogal ,  é  de  le  restituir  sus  forta- 
lezas ;  é  luego  el  Rey  alzó  el  cerco  que  tenia  sobre 
Cantalapiedra,  y  el  Rey  é  la  Reyna fueron  para  Va- 
lladolid.  E  ficieron  merced  al  Conde  de  Benavente 
de  quatro  quentos  de  maravedís,  en  enmienda  de 
los  gastos  é  daños  que  ovo  por  su  servicio  en  la 
prisión.  E  ansimesmo  le  habían  fecho  merced  de  la 
cibdad  de  la  Coruña  de  juro  de  heredad  para  siem- 
pre jamas ,  quando  vino  á  les  servir  contra  el  Rey 
Portogal ;  é  mandáronle  entregar  la  fortaleza  della. 
E  como  los  de  la  cibdad  vieron  puesta  la  fortaleza 
en  poder  del  Conde  de  Benavente  ,  é  que  el  Rey  é 
la  Reyna  le  habían  dado  la  cibdad,  é  que  eran  apar- 
tados de  la  corona  real ,  fueron  de  tal  manera  atri- 
bulados, que  no  podiendo  sofrir  señorío  apartado 
del  señorío  real ,  propusieron  de  se  libertar  del  Con- 
de ,  é  posponer  sus  vidas ,  é  perder  sus  bienes ,  por 
dexar  tal  memoria  y  exemplo  á  los  venideros  para 
que  nunca  consintiesen  apartar  aquella  cibdad  de 
la  corona  real  de  Castilla  en  ningún  tiempo.  E  como 
quiera  que  entre  los  moradores  é  caballeros  de  aque- 
lla cibdad,  habia  algunas  divisiones  y  enemistades; 
pero  todas  las  pospusieron ,  é  conformes  y  en  unión 
tomaron  armas ,  é  pusieron  sitio  sobre  la  fortaleza, 
é  fornecieron  la  mar  de  navios  é  á  sus  espensas,  é 
combatían  todos  los  dias  al  Alcayde  que  tenia  la 
fortaleza  por  el  Conde ,  é  á  sus  criados  que  habia 
puesto  para  la  defender.  Quando  el  Conde  que  es- 
taba en  Castilla  sopo  aquello,  juntó  toda  la  gente 
de  su  casa,  é  ansimesmo  la  de  algunos  de  sus  parien- 
tes é  amigos,  é  fué  á  socorrer  su  fortaleza,  é  á  fa- 
cer guerra  contra  los  de  la  cibdad  que  la  tenían  cer- 
cada. A  los  quales  el  temor  del  Conde  fizo  cobrar 
mayores  ánimos  para  se  defender  ;  é  fortificaron 
mas  sus  estanzas  por  parte  de  la  tierra  é  del  mar,  de 
tal  manera  que  el  Conde  no  pudo  entrar  ni  en  la  cib- 

20 


306 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dad  ni  en  la  fortaleza  á  la  socorrer-  E  al  fin  de  gran- 
des trabajos ,  é  muchos  gastos  que  fizo ,  dexó  aque- 
lla demanda  sin  conseguir  el  fruto  que  esperaba.  El 
Alcayde  ,  é  los  otros  sus  criados  que  estaban  en  la 
fortaleza ,  sabido  que  el  Conde  no  los  pudo  socor- 
rer, entregáronla  luego  á  los  de  la  cibdad  ;  la  qual 
fué  libre  del  señorío  del  Conde  ,  é  restituida  á  la  co- 
rona real,  por  las  fuerzas  é  buen  ánimo  de  los  veci- 
nos de  ella. 

CAPÍTULO  LIIL 

Como  el  Rey  fué  á  socorrer  á  Fuentcrrabia,  é  como  los  Franceses 
alzaron  el  cerco  que  tenían  sobre  ella. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  Valladolid  acordó 
el  Rey  de  ir  á  los  Reynos  de  Aragón  é  de  Cataluña , 
porque  el  Rey  su  padre  muchas  veces  le  embió  á  de- 
cir que  convenia  su  presencia,  para  proveer  en  las 
cosas  que  por  estonces  ocurrían  en  aquellas  partes. 
E  la  Reyna  vino  á  la  villa  de  Tordesillas  con  gente 
de  armas  ,  para  estar  mas  cerca  de  la  cibdad  de  To- 
ro, do  estaba  el  Rey  de  Portogal.  Estando  el  Rey  en 
Aragón  proveyendo  las  cosas  de  aquel  Reyno  con 
el  Rey  su  padre ;  porque  fué  informado  de  la  cruda 
guerra  que  los  Franceses  facían  en  la  provincia  de 
Guipúzcoa ,  é  á  los  de  la  villa  de  Fuentcrrabia,  acor- 
dó de  ir  á  las  montañas  á  socorrer  aquella  tierra,  é 
la  librar  de  la  guerra  que  le  f  acian  los  Franceses.  E 
vino  para  la  cibdad  de  Victoria,  donde  juntó  fasta 
cinqüenta  mil  combatientes  de  Castilla  la  vieja,  é 
de  todas  las  montañas,  é  Asturias  ,  é  de  las  merinda- 
des  é  villas  de  aquella  tierra  :  con  los  quales  movió 
á  entrar  en  la  provincia  de  Guipúzcoa,  para  ir  á 
Fuenterrabía,  donde  estaban  los  Franceses.  Loa  qua- 
les ,  visto  que  si  esperaban  recibirían  gran  daño,  é 
que  no  tenian  tanto  número  de  gente  para  socorrer 
el  cerco,  acordaron  de  lo  alzar,  é  volver  para  la  villa 
de  Bayona.  Y  embiaron  á  decir  al  Rey  de  Francia 
los  trabajos  que  hablan  pasado  todo  el  tiempo  que 
estuvieron  en  aquella  tierra,  é  la  mucha  de  su  gen- 
te que  allí  habia  perecido  en  las  escaramuzas  habi- 
das con  los  Guipuzes.  E  que  dado  que  murieron  mu- 
chos dellos,  é  asentaron  el  artillería ;  pero  que  con 
ella  facían  poco  daño  á  los  muros  de  la  villa,  los 
quales  estaban  amparados  con  la  gran  altura  de  las 
cavas,  é  otras  defensas.  E  ansimesmo  sabían  de 
cierto,  que  venia  el  Rey  Don  Fernando  con  gran  nú- 
mero de  gente  á  la  socorrer;  é  que  no  era  buena  go- 
bernación de  guerra ,  poner  sitio  sobre  plaza  que 
tenia  tan  presto  el  socorro  ,  é  de  tan  grande  é  ma- 
yor número  de  gente  que  ellos  eran.  E  que  dado 
que  esto  pudiesen  sufrir,  en  ningún  ¡caso  podrían 
sostener  la  mengua  de  los  mantenimientos  que  to- 
dos los  días  esperaban  de  las  tierras  lexanas.  Las 
quales  cosas  consideradas,  é  otrosí  el  asiento  que 
aquella  víIIa  tiene  por  parte  del  mar  é  de  la  tierra, 
les  parecía  dif ícilo  poderla  combatir,  sin  tener  grand 
armada  é  aparejos  por  el  mar.  Lo  qual  le  facían  sa- 
ber, porque  no  les  imputase  culpa,  sí  la  villa  no  se 
combatia.  El  Rey  de  Francia,  oídas  aquellas  razo- 
íies ,  mandó  que  quedasen  algunas  de  sus  gentes  en 


guarnición  en  la  villa  de  Bayona,  para  que  ficiesen 
guerra  á  la  provincia  de  Guipúzcoa,  con  propósito 
de  facer  grand  armada  por  mar  para  la  tornar  á  si- 
tiar :  porque  fué  informado ,  que  sí  no  ponia  gran 
guarda  por  el  mar  también  como  por  la  tierra ,  no 
podría  haber  la  villa.  Dende  en  adelante  los  Fran- 
ceses facían  guerra  á  los  Guipuzes ,  é  los  Guipuzes 
á  los  Franceses:  donde  se  recrecieron  muertes,  é  pri- 
siones de  homes ,  é  otros  daños  en  el  un  señorío  y 
en  el  otro.  En  esta  guerra  los  Guipuzes  se  mostraron 
leales  á  su  Rey  ,  esforzados  en  las  peleas  ,  é  libera- 
les de  sus  bienes,  porque  mantovieron  la  guerra  á 
sus  proprias  espensas  todo  aquel  tiempo  que  duró 
la  guerra.  Sabido  por  el  Rey,  en  como  los  France- 
ses alzaron  el  real  que  tenian  puesto  sobre  Fuenter- 
rabía é  que  se  habían  retraído  á  Bayona,  mandó 
derramar  la  gente  que  tenía  junta  para  facer  el  so- 
corro que  acordaba  facer;  y  entró  en  las  montañas,  é 
con  él  el  Condestable  Conde  de  Haro.  E  fizo  justicias 
en  hombres  criminosos  é  robadores,  é  mandó  derri- 
bar casas  fuertes  donde  se  facían  fuerzas ;  é  dexó 
en  aquella  tierra  su  justicia,  é  volvió  para  la  cibdad 
de  Victoria,  do  vinieron  algunos  caballeros  del  Rey- 
no  de  Navarra  de  la  parte"  del  Conde  de  Lerin;  los 
quales  ofrecieron  de  le  dar  la  obediencia  de  la  cib- 
dad de  Pamplona ,  é  de  otras  muchas  villas  é  luga* 
res  é  fortalezas  de  aquel  Reyno  de  Navarra  que  ellos 
tenian.  A  los  quales  el  Rey  respondió,  que  no  que- 
ría recebir  ninguna  cosa  que  le  fuese  dada  de  aquel 
Reyno,  porque  no  le  pertenecía ,  é  conocía  bien  que 
de  derecho  era  del  Rey  Febus  su  sobrino;  pero  que 
le  placía  entender  en  los  debates  que  eran  entre 
aquel  Conde  de  Lerin  é  los  caballeros  de  su  paren- 
tela, y  entre  Mosen  Pedro  de  Peralta,  é  los  otros 
caballeros  de  la  suya,  é  los  determinar,  porque  ea- 
tovíesen  en  toda  paz.  E  luego  los  fizo  venir  ante  él, 
é  les  puso  treguas,  é  determinó  entre  ellos  algunos 
debates  que  tenian,  los  quales  habían  durado  mu- 
cho tiempo,  do  se  recrecieron  tantas  muertes  é  ro- 
bos é  quemas  de  lugares  en  aquel  Reyno  de  Navar- 
ra ,  que  casi  estaba  ya  en  punto  de  se  perder.  El  Car- 
denal de  España  que  tenía  amistad  con  el  Rey  de 
Francia,  deseando  que  cesasen  aquellos  rigores  de 
guerra  entre  Francia  é  Castilla,  é  ovíese  concordia 
entre  los  Reyes  destos  dos  Reynos,  según  siempre 
la  ovo,  embió  á  él  un  su  Capellán ,  que  era  Vicario 
de  Festan,  con  el  qual  le  escribió  una  letra  en  latín, 
que  decía  ansí. 

CAPÍTULO  LIV. 

La  carta  que  embió  el  Cardenal  de  España  al  Rey  de  Francia  pSra 
que  oviese  paz  entre  Castilla  é  Francia. 

ccChristianísimo  é  muy  poderoso  Rey  é  Señor:  Los 
«Castellanos,  en  especial  los  de  las  provincias  do 
«Guipúzcoa  é  Vizcaya,  siempre  tovieron  guerra  por 
»mar  é  por  tierra  con  los  Ingleses  vuestros  ancianos 
«enemigos,  é  contra  los  Portogueses  sus  aliados;  é 
«derramaron  su  sangre  por  conservación  de  la  co- 
»rona  real  de  Francia  vuestra,  é  de  vuestros  proge- 
wnitores.  Ved  agora  que  aquella  sangre  que  se  der- 


DON  FERNANDO 
wramó  en  favor  vuestro ,  mandáis  que  se  derrame 
»por  los  vuestros ,  favoreciendo  á  los  Portogueses 
«que  no  son  vuestros  :  esto  os  digo,  Serenísimo  Se- 
))ñor:  que  ni  la  razón  lo  consiente,  ni  la  humanidad 
»lo  puede  sofrir.  Pidoos  por  merced,  Señor,  que  man- 
»deis  cesar  la  guerra  por  vuestra  parte ;  é  yo  temé 
))acá  manera  con  el  Rey  é  con  la  Reyna  de  Castilla 
»mis  señores,  que  la  manden  ansimesmo  sobreseer 
))por  algún  tiempo ,  en  el  qual  se  dará  aquella  ór- 
))den  que  cumpla  á  servicio  de  Dios ,  é  á  conserva- 
Mcion  de  la  loable  paz  é  amistad  que  siempre  ovo 
«entre  estos  dos  reynos,  y  entre  los  naturales  dellos. 
«Cerca  de  lo  qual,  mi  Capellán  os  fablará  mi  inten- 
Dcion,  é  ansimesmo  os  dirá  en  el  estado  que  está  la 
«guerra  que  movió  en  Castilla  el  Rey  de  Portogal. » 
Este  Vicario,  Capellán  del  Cardenal ,  que  se  lla- 
maba Alonso  Yanes ,  Tesorero  de  la  Iglesia  de  Si- 
güenza,  llevó  la  letra,  é  fué  é  vino  algunas  veces  al 
Rey  de  Francia  con  este  trato  de  concordia  ;  é  al  fin 
asentó  tregua  por  tiempo  de  un  año,  dentro  del  qual 
viniesen  diputados  del  Rey  é  de  la  Reyna  á  Fuen- 
terrabía,  é  diputados  del  Rey  de  Francia  á  Bayona, 
con  poderes  de  amas  las  partes,  para  fablar  en  con- 
cordia entre  los  Reyes  de  Francia  é  Castilla  é  sus 
Reynos. 

CAPÍTULO  LV. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  cerco  de  Ucles. 

Durante  los  cercos  que  el  Rey  tenia  sobre  Canta- 
lapiedra ,  y  el  Duque  del  Infantadgo  tenia  sobre  el 
alcázar  de  Madrid ,  el  Conde  de  Paredes  Don  Rodri- 
go Manrique,  que  se  intitulaba  Maestre  de  Santia- 
go, fué  á  lo  villa  de  Ucles,  do  es  el  Convento  del 
Maestradgo  de  Santiago  en  la  provincia  de  Castilla, 
y  entró  en  la  villa ;  la  qual  é  la  fortaleza  della  esta- 
ban por  el  Marqués  de  Villena.  E  la  tenia  por  él  un 
su  Alcayde  que  se  llamaba  Pero  de  la  Plazuela  ;  el 
qual  fué  requerido  algunas  veces  por  el  Maestre, 
que  lo  entregase  la  fortaleza  pues  era  suya ,  é  le 
pertenecía  de  derecho  como  á  Maestre  de  Santiago; 
é  ofrecíale  grandes  intereses  é  rentas  si  gela  entre- 
gase ,  porque  es  la  principal ,  é  cabeza  del  Maes- 
tradgo de  Santiago  en  la  provincia  de  Castilla  ;  é 
junto  con  los  ofrecimientos,  le  puso  grandes  temo- 
res si  no  la  entregase.  Este  Alcayde ,  ni  aceptó  los 
ofrecimientos ,  ni  temió  las  amenazas ;  é  todas  cosas 
pospuestas,  respondió,  que  no  acudiría  con  ella,  sal- 
vo al  Marqués  de  Villena  bu  señor,  que  gela  había 
encomendado.  El  Maestre  vista  la  intención  final 
de  a^uel  Alcayde ,  entró  en  la  villa  ,  é  acordó  de 
poner  sitio  sobre  la  fortaleza ,  é  puso  sus  estanzas 
contra  ella  de  dentro  de  la  villa  é  por  defuera.  El 
Alcayde  púsose  en  defensa  quanto  pudo ,  é  con  la 
gente  que  con  él  estaba  facía  gran  daño  en  las  es- 
tanzas  del  Maestre ,  porque  las  había  puesto  muy 
cercanas  á  la  fortaleza.  Este  cerco  duró  por  espacio 
de  dos  meses ,  en  los  quales  ovo  grandes  fechos  de 
armas  ;  porque  aquel  Alcayde  era  home  esforzado,  é 
sabia  bien  en  que  tiempos ,  ó  porque  lugares  había 
4e  Bi^lir  á  dar  en  los  que  guardaban  las  estanzas.  Al 


É  DOÑA  ISABEL.  307 

fin,  no  se  pudiendo  mas  sostener  por  la  falta  que 
tenia  de  los  mantenimientos,  embió  á  decir  al  Mar- 
qués de  Villena  que  estaba  en  la  villa  de  Alcalá  de 
Henares  con  el  Arzobispo  de  Toledo ,  que  viniese 
á  socorrer  su  fortaleza,  porque  le  faltaban  ya  los 
mantenimientos,  é  no  la  podía  sostener.  E  certifi- 
cóle, que  él  é  la  gente  que  con  él  estaba,  había  mas 
de  quince  dias  que  otra  cosa  no  comían  sino  pan 
é  agua  mucho  dañada,  que  ya  no  se  podía  beber 
sino  con  gran  daño  de  las  personas.  Ansimesmo  que 
le  fallecían  muchos  homes  de  los  que  gela  ayuda- 
ban á  defender,  dellos  muertos,  dellos  feridos,  é  al- 
gunos dolientes  del  poco  é  dañado  mantenimiento 
que  comían.  El  Marqués  de  Villena,  considerando 
quanto  le  compila  tener  aquella  fortaleza,  por  ser 
la  principal  de  todo  el  Maestradgo  de  Santiago, 
acordó  de  la  socorrer.  E  comunicólo  con  el  Arzobis- 
po de  Toledo ,  en  el  qual  falló  presta  el  ayuda  para 
en  aquel  socorro,  porque  si  aquella  fortaleza  de  Ucles 
fuese  tomada,  á  él  é  á  su  estado,  é  al  partido  que 
seguía  vernia  gran  daño ;  y  especialmente  enflaque- 
cerían las  fuerzas  á  López  Vázquez  de  Acuña  su 
hermano,  que  estaba  apoderado  de  la  cibdad  de 
Huete.  E  luego  juntaron  fasta  tres  mil  homes  á  ca- 
ballo ,  é  quatro  mil  peones  para  el  socorro  de  aque- 
lla fortaleza.  Lo  qual  sabido  por  el  Maestre ,  quiso 
conocer  el  ánimo  de  los  caballeros  é  capitanes  que 
con  él  estaban  cerca  de  aquella  afrenta  que  espera- 
ban, é  demandóles  su  parecer.  Algunos  dellos  le 
consejaron,  é  aun  le  requirieron  ,  que  pues  los  con- 
trarios traían  gente  que  pujaba  á  la  suya ,  no  debía 
cometer  su  persona  ni  su  gente  á  la  fortuna ;  por- 
que do  la  ventaja  era  tan  parecida,  le  seria  impu- 
tado mas  á  presumpcion  indiscreta,  que  á  esfuerzo 
de  caballero.  E  que  conociendo  el  tiempo,  que  la 
prudencia  en  tales  casos  debe  mirar,  les  parecía  que 
debía  dexar  por  agora  aquella  demanda ,  con  espe- 
ranza de  volver  á  ella  fornecido  de  tanta  gente,  que 
ninguna  otra  gela  pudiese  forzar.  E  que  si  por  ven- 
tura este  no  le  parecía  consejo  convinieníe,le  roga- 
ba que  él  quisiese  poner  su  persona  en  salvo,  é  de- 
xase  en  la  villa  con  aquella  su  gente  á  uno  de  sus 
hijos  ;  con  el  qual  ellos  quedarían,  é  pornian  sus 
personas  á  todo  peligro  por  la  defender.  El  Maestre 
era  buen  caballero ,  é  toda  la  mayor  parte  de  su  vi- 
da gastó  en  guerra  de  moros  é  de  christíanos,  don- 
de ganó  por  las  armas  mucha  honra.  E  consideran- 
do, que  retraerse  de  aquello  que  había  principiado, 
le  era  gran  mengua,  pospuestos  todos  inconvínien- 
tes  que  le  presentaban ,  acordó  de  esperar  al  Arzo- 
bispo é  al  Marqués.  E  dixo  á  aquellos  caballeros, 
que  no  se  retraería  ni  alzaría  el  sitio :  porque  él  te- 
nia confianza  en  Dios ,  y  en  la  Virgen  gloriosa  su 
madre,  y  en  el  Apóstol  Santiago,  que  le  ayudarían 
á  sostener  aquello  que  con  derecho  é  intención  bue- 
na había  comenzado  proseguir  en  servicio  de  Dios 
é  del  Rey  é  de  la  Reyna,  y  en  utilidad  é  conserva- 
ción de  las  cosas  de  aquella  su  Orden.  E  fizo  luego 
fortificar  las  estanzas,  que  por  de  dentro  de  la  villa 
tenía  puestas  contra  la  fortaleza,  é  guardar  las 
puertas  é  muros  della,  ó  barrearlas  calleaj  é  diputó 


308 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


capitanes  ó  gente  en  cada  una  para  las  guardar.  El 
Arzobispo  y  el  Marqués ,  no  creyendo  que  el  Maes- 
tre de  Santiago  esperaría  la  fuerza  de  su  gente , 
quando  sopieron  que  los  esperaba  é  se  ponia  en  de- 
fensa ,  llegaron  con  sus  gentes  fasta  la  villa  por  la 
parte  de  la  fortaleza,  é  ficieron  apear  mucha  de 
aquella  gente  de  armas  que  traian.  Los  quales  en- 
trarou  en  la  fortaleza  por  parte  de  fuera;  ó  ausi  en- 
trados, comenzaron  á  salir  á  pelear  con  los  de  las 
cstanzas  que  estaban  puestas  contra  la  fortaleza  por 
de  dentro  de  la  villa.  La  qual  pelea  duró  desde  la 
mañana  fasta  la  noche,  do  cayeron  muchos  de  la 
la  una  parte  ó  de  la  otra  ,  en  especial  de  los  del  Ar- 
zobispo é  del  Marqués ,  por  la  dispusicion  de  los  lu- 
gares, que  ayudaba  mucho  á  los  del  Maestre  á  de- 
fender la  entrada  de  la  villa  por  las  cavas  é  defen- 
eas  que  tenian  fechas.  Lo  qual  visto  por  el  Arzobis- 
po é  por  el  Marqués,  é  conociendo  que  no  podian 
entrar  en  la  villa,  aunque  muriesen  muchos  de  los 
suyos,  retraxéronse  á  la  fortaleza,  é  dexaron  de  pe- 
lear por  aquellas  partes,  por  las  quales  la  entrada 
en  la  villa  veian  que  les  era  peligrosa.  E  porque  no 
hablan  traido  viandas  parala  bastecer,  pensando 
que  el  Maestre  no  esperaba  en  el  sitio,  acordaron  de 
sacar  la  gente  que  estaba  enferma  en  la  fortaleza, 
é  los  que  no  eran  para  pelear,  é  dexaron  en  ella  otra 
gente ,  la  mejor  que  fallaron  para  la  defender.  E 
partieron  de  allí,  con  propósito  de  tornar  luego  á  la 
bastecer  de  los  mantenimientos  que  fuesen  necesa- 
rios, é  para  traer  algunos  pertrechos  é  artillería,  que 
derribasen  aquellas  estanzas  que  les  impedían  la 
pasada  desde  la  fortaleza  á  la  villa.  E  la  ira  que 
concibieron  contra  el  Maestre,  por  no  haber  conse- 
guido el  efeto  que  deseaban,  é  porque  dexaban  la 
fortaleza  menguada  de  mantenimientos,  les  fizo  po- 
ner presta  diligencia  para  volver  luego  á  la  proveer; 
y  en  espacio  de  veinte  dias  tornaron  con  la  gente 
que  tenian ,  é  con  toda  la  mas  que  pedieron  haber^ 
con  intención  de  combatir  las  estanzas  y  entrar  en 
la  villa.  Lo  qual  sabido  por  el  Duque  del  Infantad- 
go,  que  estaba  en  el  sitio  que  tenia  puesto  sobre  el 
alcázar  de  Madrid  ;  considerando  que  con  las  gen- 
tes é  pertrechos  que  el  Arzobispo  y  el  Marqués  lle- 
vaban, podian  desbaratar  al  Maestre,  de  lo  qual  se 
seguia  deservicio  grande  al  Rey  é  ala  Reyna,  éá  él 
podría  venir  gran  daño  en  el  cargo  que  tenía,  si  en 
aquella  facienda  el  Arzobispo  y  el  Marqués  queda- 
sen victoriosos  ;  acordó  de  embiar  á  Don  Hurtado 
de  Mendoza  su  hermano ,  con  gente  de  caballo  é  de 
pié  en  ayuda  del  Maestre,  porque  no  recibiese  daño 
en  aquella  necesidad.  Este  capitán  Don  Hurtado, 
como  sopo  que  el  Arzobispo  y  el  Marqués  eran 
partidos  de  Alcalá,  luego  partió  de  Madrid  con  gen- 
te para  los  resistir.  Y  en  llegando  el  Arzobispo  y  el 
Marqués  quanto  dos  leguas  déla  villa  de  Ucles,  lle- 
gó Don  Hurtado  cerca  do  aquel  lugar,  é  puso  toda 
su  gente  entre  la  fortaleza  é  los  contrarios  para  les 
impedir  la  entrada ,  y  embió  á  facer  saber  al  Maes- 
tre su  venida.  Como  el  Maestre  sopo  de  la  gente 
que  el  Duque  del  Infantadgo  embiuba  en  su  fa- 
vor, tomó  grand  esfuerzo ,  é  mudó  el  consejo  quo 


primero  tenia  de  los  esperar  dentro  en  la  villa ;  ó 
dexadas  sus  estanzas  bien  fornecidas,  con  toda  la 
otra  gente  salió  al  campo  ,  é  juntóse  con  el  capitán 
Don  Hurtado  ,  é  ordenó  sus  batallas  para  'pelear 
con  el  Arzobispo  é  con  el  Marqués.  El  Arzobispo  y 
el  Marqués,  apercebida  é  amonestada  toda  su  gente 
la  pusieron  en  orden  de  batalla.  Esto  ya  era  bien 
cerca  de  la  noche,  la  qual  les  impedía  que  no  aco- 
metiesen los  unos  á  los  otros  :  porque  cada  uno  se 
fortificó,  é  puso  enlugareslos  mas  seguros  que  pudo 
para  tener  ventaja  al  otro.  E  ansí  estovieron  los 
unos  é  los  otros  las  lanzas  en  las  manos  ,  é  dispues- 
tos para  la  pelea,  fasta  la  media  noche,  sin  acome- 
ter los  unos  contra  los  otros.  El  Arzobispo  y  el  Mar- 
qués, considerando  que  no  podían  entrar  en  la  for- 
taleza sin  pelear,  é  que  de  la  pelea  geles  podía  se- 
guir gran  daño  por  la  gente  del  Duque  del  Infan- 
tadgo que  había  recrecido  en  ayuda  del  Maestre,  ni 
menos  podían  proveer  la  fortaleza  de  los  manteni- 
mientos que  traian ,  é  otrosí ,  considerando  que  sus 
gentes  é  caballos  estaban  fatigados  de  los  días  é  no- 
ches pasadas  ,  recelando  ser  vencidos,  si  venido  el 
día  el  Maestre  é  Don  Hurtado  los  acometiesen,  acor- 
daron de  volver  á  un  castillo  que  estaba  cerca  que 
se  llamaba  Castíl  de  Acuña ,  que  era  de  Lope  Váz- 
quez hermano  del  Arzobispo.  E  como  el  Maestre  vido 
que  el  Arzobispo  y  el  Marqués  volvían  las  espaldas, 
mandó  algunos  caballeros  que  fuesen  empos  dellos; 
los  quales  les  ficieron  algún  daño  en  el  fardage,  é 
ficleran  mas  salvo  por  ser  de  noche ,  é  tan  escura 
que  no  podían  mas  seguirlos  sin  recebir  daño.  Otro 
día  por  la  mañana,  visto  por  el  Arzobispo  é  por  el 
Marqués,  que  no  podian  socorrer  la  fortaleza  ni  la 
bastecer,  acordaron  de  volver  para  Alcalá.  El  Al- 
cayde  conociendo  que  no  le  podian  socorrer,  ni  te- 
nía mantenimientos  para  se  sostener,  sin  procurar 
ni  recebir  interese  de  los  que  el  Maestre  le  ofrecía, 
acordó  de  entregar  la  fortaleza ,  solamente  con  par- 
tido de  la  vida  suya  é  de  los  que  con  él  estaban ,  é 
los  bienes  que  tenian  en  la  fortaleza,  y  el  Maestre 
gelo  otorgó. 

CAPÍTULO  LVL 

Como  el  Rey  de  Portogal  fué  á  su  Reyno ,  é  dende  partió  para  el 
Reyno  de  Francia. 

El  Rey  de  Portogal ,  vista  la  poca  ayuda  que  fa- 
lló en  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  en  el  Duque  de 
Plasencía,  y  en  el  Marqués  de  Villena ,  y  en  otros 
caballeros  Castellanos  que  le  habian  metido  en  Cas- 
tilla, é  como  las  cosas  no  le  sucedieron  según  él 
pensaba  y  ellos  le  habían  prometido ;  é  ^rque 
aquel  Juan  de  Ulloa  que  había  entregado  la  cibdad 
de  Toro  era  muerto,  el  qual  murió  sópitamente, 
acordó  de  dexar  en  guarda  de  la  cibdad  de  Toro  al 
Conde  de  Marialva,  é  ansimesmo  poner  alguna  gen- 
te en  las  fortalezas  que  por  él  estaban,  para  que  fi- 
ciesen  guerra  en  los  lugares  de  la  comarca.  Y  él 
partió  de  aquella  cibdad  para  su  Reyno  de  Porto- 
gal,  é  llevó  en  su  poder  á  Doña  Juana  su  sobrina;  é 
luego  como  fué  en  su  Reyno ,  pensando  que  seria 


DON  FERNANDO 
gran  mengua  si  dcxase  la  empresa  de  Castilla  que 
habia  comenzado,  para  la  qual  no  tenia  aquella  fa- 
cultad de  gente  ni  de  dinero  que  era  necesaria,  te- 
niendo ansimesmo  gran  confianza  en  las  promesas 
é  juramentos  que  el  Bey  de  Francia  le  habia  fecho 
para  haber  los  Reynoe  de  Castilla  ,  acordó  de  ir  en 
persona  á  él.  É  mandó  aparejar  algunas  naos ,  é 
f  oruecerlas  de  pertrechos  é  bastimentos ,  é  de  las 
otras  cosas  necesarias  para  el  navegar  ;  é  fué  para 
el  Reyno  de  Francia,  con  ciertos  caballeros  é  oficia- 
les de  su  casa  en  número  de  docientas  personas.  E 
desembarcó  en  la  Provenza  en  un  puerto  que  se 
dice  Marsella ,  é  de  allí  fué  por  tierra  del  Rey  de 
Francia  fasta  la  villa  de  Torres  (1)  en  Torayna.  Sa- 
bido por  el  Rey  de  Francia  en  como  el  Rey  de  Por- 
togal  era  venido,  luego  mandó  á  ciertos  caballeros 
de  su  casa,  que  fuesen  á  él  á  le  acompañar  é  servir; 
é  que  le  dixesen  que  le  placia  de  su  venida ,  é  le 
rogaba  que  estoviese  en  aquella  villa  reposando  del 
trabajo  de  su  camino,  fasta  que  le  viniese  á  ver  é 
fablar.  Dende  á  pocos  dias  vino  el  Rey  de  Francia 
á  aquella  villa  de  Torres,  é  mandó  á  los  caballeros 
que  embió  acompañar  al  Rey  de  Portogal,  que  cuan- 
do fuese  á  su  posada  á  le  ver,  no  le  consintiesen  sa- 
lir de  la  cámara  do  estaba  para  le  facer  ninguna  ce- 
rimonia.  É  como  el  Rey  de  Portogal  sopo  que  el 
Rey  de  Francia  venia  á  le  ver,  quiso  salir  á  le  re- 
cebir,  é  aquellos  caballeros  Franceses  que  con  él 
estaban,  no  gelo  consintieron;  pero  no  pudieron 
sus  palabras  tanto  resistirle ,  que  no  saliese  fasta 
la  puerta  de  su  cámara ,  é  allí  so  vieron  é  abraza- 
ron. E  después  de  las  primeras  salutaciones,  el  Rey 
de  Portogal  le  dixo  :  Señor,  todos  mis  ^abajos  reputo 
á  gran  prosperidad,  pues  fueron  causa  que  viese  la 
presencia  vuestra  ,  que  era  el  deseo  mayor  que  jamas 
tove.  El  Rey  de  Francia  le  respondió :  Qtce  él  ansi- 
mesmo daba  gracias  á  Dios,  é  se  reputaba  por  el  Rey 
mas  bienaventurado  del  mundo,  porque  veia  al  Prín- 
cipe mas  noble  é  virtuoso  que  habia  en  la  christiandad. 
E  dichas  aquellas  palabras  por  el  uno  é  por  el  otro, 
el  Rey  de  Francia  le  fizo  grandes  ofrecimientos  y  el 
Rey  de  Portogal  gelos  regradeció  mucho  ;  é  de  allí 
se  partieron ,  el  Rey  de  Francia  para  su  posada ,  é 
no  consintió  que  el  Rey  de  Portogal  le  ficiese  nin- 
guna cerimonia ,  ni  saliese  con  él  de  su  cámara. 

CAPÍTULO  LVII. 

De  las  cosas  que  pasaron  enlre  el  Rey  de  Francia  y  el  Rey 
de  Portogal. 

Fecho  aquel  recebimiento ,  é  pasados  algunos 
dias,  el  Rey  de  Francia  partió  de  la  villa  de  Torres, 
é  fué  á4a  cibdadde  Paris,  por  dar  orden  en  la  guer- 
ra que  tenia  cerca  de  aquellas  comarcas  con  el  Du- 
que de  Borgoña.  El  Rey  de  Portogal  fué  ansimes- 
mo para  Paris  (2),  donde  el  Rey  de  Francia  estaba. 

(1)  Tours,  ciudad  Arzobispal  en  Turena  y  capital  de  aquella 
provincia. 

(i)  La  Crónica  de  Luis  XI ,  llamada  Escandalosa ,  señala  la  en- 
trada del  Rey  de  Portugal  en  Paris  Sábado  23  de  Noviembre  de 
Ule,  y  describe  con  particularidad  las  ceremonias  con  que  fué 
recibido.  Lenglet,  Tom.  II  des  Uemoir.  de  Comin.,  p.  135. 


É  DOÑA  ISABEL.  309 

El  qual  por  sus  mensageros  le  embió  á  decir  que 
bien  sabia  quanto  los  Reyes  eran  obligados  de  se 
ayudar  unos  á  otros,  en  especial  para  que  sus  sub- 
cesores  heredasen  sus  reynos  pacíficamente,  de  ma- 
nera que  ninguno  tiránicamente  gelos  ocupase.  É 
que  si  esta  general  obligación  ligaba  á  él  como 
á  rey,  también  le  obligaba  como  á  príncipe  virtuoso, 
de  quien  tantos  fechos  notables  por  el  mundo  se 
predicaban ;  é  mayormente  le  obligaba  el  amistad 
é  confederación  que  con  él  tenia,  como  con  Rey  de 
Castilla.  É  que  sabia  bien,  que  el  Rey  Don  Enrique 
dexó  por  su  fija  legítima  é  subcesora  de  los  Reynos 
de  Castilla  é  de  León  á  la  Reyna  Doña  Juana  su 
sobrina,  á  quien  él  tomaba  por  muger,  la  qual  ha- 
bia seydo  jurada  en  concordia  por  heredera  de 
aquellos  Reynos,  después  de  los  dias  de  su  padre ;  é 
que  el  Rey  Don  Fernando  de  Sicilia ,  é  la  Reyna 
Doña  Isabel  su  muger,  los  tenían  ocupados  é  usur- 
pados, intitulándose  Rey  é  Reyna  dellos  sin  tener 
para  ello  título  ni  derecho  alguno.  É  que  si  á  esta 
tan  grand  injusticia  se  diese  lugar,  ¿cuál  heredero 
seria  seguro  de  la  herencia  de  su  padre  ?  en  especial 
de  la  subcesion  de  los  reynos  ,  donde  los  hermanos 
menores  tomarían  osadía  de  usurpar  los  reynos  á  los 
legítimos  é  verdaderos  subcesores :  de  que  Dios  se- 
ria deservido,  y  en  las  tierras  se  siguirian  grandes 
divisiolies  é  den-amamientos  de  sangre.  Represen- 
táronle ansimesmo  la  enemiga  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na tenían  con  él  por  causa  del  Condado  de  Ruise- 
llon ;  é  que  si  les  consintiese  haber  pacíficos  los 
Reynos  de  Castilla  con  los  Reynos  de  Aragón  é  de 
Cataluña,  é  de  Valencia,  que  esperaban  heredar,  se- 
rian muy  poderosos,  é  que  ligarían  en  amistad  con 
el  Rey  de  Ingalaterra,  ifarian  guerra  á  sus  Reynos 
de  Francia  por  muchas  partes,  ansí  por  cobrar  el 
Condado  de  Ruisellon  que  les  tenia  ocupado ,  como 
por  se  vengar  de  la  guerra  que  les  habia  mandado 
facer  en  la  provincia  de  Guipúzcoa  y  en  especial  en 
la  villa  de  Fuenterrabía.  Por  ende  le  rogaba  é  le 
requería  por  el  amistad  é  confederación  que  con  él 
tenia,  que  le  diese  socorro  é  ayuda  de  gente  para  re- 
cobrar los  Reynos  de  Castilla ;  en  los  quales  decía 
que  él  tenia  gran  parte  de  caballeros  é  perlados 
principales  de  aquellos  reynos ,  ó  algunas  cibdades 
é  fortalezas  que  estaban  por  él ,  ó  otras  muchas  que 
se  reducirían  á  su  servicio  é  obediencia,  si  le  viesen, 
como  le  esperaban  ver,  tomando  al  reyno  con  gran 
poder  de  gente. 

Como  esta  demanda  que  se  facía  por  parte  del 
Rey  de  Portogal ,  era  de  grand  importancia ,  quiso 
primero  el  Rey  de  Francia  deliberar  sobre  ella  al- 
gunos dias.  E  al  fin  respondió  que  él  estaba  impe- 
dido por  estonces  en  las  guerras  que  tenia  con  el 
Duque  de  Borgoña,  y  en  las  que  esperaba  haber 
con  el  Rey  de  Ingalaterra ;  en  las  quales,  é  ansimes- 
mo con  la  gente  de  armas  que  por  le  ayudar  tenia 
puesta  en  Bayona  contra  la  provincia  de  Guipúzcoa, 
tenia  ocupados  muchos  de  sus  caballeros;  é  que  él 
estaba  en  propósito  de  le  ayudar  ,  é  dar  gente  con 
que  pudiese  conseguir  el  efeto  de  su  conquista.  Pe- 
ro que  le  parecía  para  mejor  fundamento  de  su  de- 


310 

manda,  que  ante  todas  cosas  él  se  debia  casar  con 
su  sobrina  ;  porque  ante  de  ser  casado  con  ella,  no 
se  podría  intitular  Rey  de  Castilla ,  ni  él  era  obli- 
gado de  le  ayudar  como  su  amigo  é  confederado, 
fasta  que  justa  é  legítimamente  oviese  título  de 
Rey  de  aquel  Reyno.  É  pues  el  casamiento  con  su 
sobrina  no  se  podía  facer  sin  haber  primero  dispen- 
sación del  Papa ,  esta  se  debia  procurar  ante  todas 
cosas  :  la  qual  habida,  y  él  legítimamente  casado 
con  ella,  estonces  podría  con  derecho  intitularse 
Rey  de  Castilla,  é  como  Rey  de  aquellos  Reynos 
hermano  é  confederado  suyo,  le  podría  é  con  razón 
le  debria  ayudar. 

Esta  respuesta  habida ,  como  quiera  que  el  Rey 
de  Portugal  conoció  que  era  forma  de  dilación,  por- 
que según  los  ofrecimientos  por  palabra  é  obliga- 
ciones que  tenia  por  escripto  del  Rey  de  Francia, 
pensaba  que  luego  le  diera  gente  para  venir  en  Es- 
paña ;  pero  porque  al  no  pudo  facer ,  le  replicó ,  que 
él  decía  muy  bien,  é  que  se  debia  ansí  facer,  é  para 
lo  poner  luego  en  obra ,  por  parte  del  un  Rey  é  del 
otro,  fueron  embiados  embaxadores  á  Roma.  Los 
quales  propusieron  su  embaxada  ante  el  Santo  Pa- 
dre, é  le  suplicaron  que  le  ploguiese  dispensar  con 
el  Rey  de  Portogal ,  para  quo  pudiese  casar  con 
aquella  Doña  Juana  su  sobrina.  Esta  embaxada  sa- 
bida en  corte  Romana,  ovo  alguna  alteración  entre 
los  de  la  nación  Francesa  é  Portoguesa  de  la  una 
parte ,  é  los  de  España  de  la  otra ;  é  fué  mucho  re- 
pugnada é  contradicha  por  los  embaxadores  del 
Rey  é  de  la  Reyna  que  estaban  en  Roma.  En  espe- 
cial por  un  Datario  del  Papa,  que  se  llamaba  Don 
Francisco  Obispo  de  Coria,  Maestro  en  santa  Teolo- 
gía, gran  letrado  é  natural  <Je  la  cibdad  de  Toledo: 
el  qual  puso  conclusiones  en  Roma ,  por  las  quales 
se  ofreció  á  defender,  que  no  se  debía  conceder 
aquella  dispensación,  por  los  escándalos  é  muertes 
que  della  evidentemente  se  siguían ,  6  por  el  dere- 
cho claro  que  la  Reyna  tenia  al  Reyno.  Este  Obis- 
po Datario,  con  los  otros  embaxadores  del  Rey  é  de 
la  Reyna,  impidieron  por  estonces  que  no  se  diese  la 
dispensación.  Pero  porque  el  Papa  estaba  en  nece- 
sidad del  Rey  de  Francia,  é  le  quiso  por  estonces 
gratificar  ;  é  ansimesmo  porque  algunos  cardenales 
é  otros  oficiales  que  estaban  cerca  del  Papa ,  eran 
quexosos  del  Rey  de  Aragón,  padre  del  Rey,  por 
causa  de  la  posesión  de  algunas  dignidades  que  les 
impedia  en  sus  Reynos  de  que  eran  proveídos,  por- 
que las  provisiones  habían  seydo  fechas  por  el  Pa- 
pa contrarias  á  su  suplicación ;  estos ,  en  lo  secreto, 
dieron  á  entender  al  Papa ,  que  debia  dar  aquella 
dispensación.  El  Papa,  por  información  é  consejo 
destos  que  tenian  lugar  cerca  del ,  la  concedió  no 
nombrando  persona  alguna,  salvo  dispensando  con 
aquella  Doña  Juana ,  que  pudiese  casar  con  qual- 
quier  debdo  suyo  dentro  del  quarto  grado.  Esta  dis- 
pensación fué  dada  en  Roma  tan  secretamente,  que 
ninguno  sopo  della ,  salvo  dos  ó  tres  á  quien  fué  re- 
velado é  mandado  por  el  Papa  so  pena  de  escomu- 
nion  que  no  lo  descubriesen  fasta  que  fuese  traída 
al  Rey  de  Francia  é  al  Rey  de  Portogal.  Quiso  el 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA, 


Rey  de  Portogal  ansimesmo  gratificar  al  Rey  de 
Francia,  é  ofrecióse  de  ir  al  Duque  de  Borgoña  su 
primo,  con  quien  tenia  guerra ,  para  le  reconciliar 
con  él  é  quitar  de  entre  ellos  toda  materia  de  dis- 
cordia, porque  el  Rey  de  Francia  estoviese  mas  li- 
bre para  le  ayudar  en  su  conquista.  É  luego  el  Rey 
de  Portogal  fué  para  el  Ducado  de  Lorena ,  que  es 
en  los  confines  de  Alemana ,  donde  el  Duque  de 
Borgaña  estaba  faciendo  guerra  al  Duque  de  aque- 
lla tierra  de  Lorena.  É  f  abló  con  él  cerca  de  los  de- 
bates que  tenia  con  el  Rey  de  Francia,  para  dar  me- 
dio alguno  de  concordia  entre  ellos.  É  después  que 
se  despidió  del  é  tornando  para  el  Rey  de  Francia, 
casi  á  una  jornada  de  donde  se  había  partido,  ovo 
nueva  como  le  habían  muerto  en  una  batalla  que 
ovo  con  aquel  Duque  de  Lorena.  Sabida  por  el  Rey 
de  Portogal  aquella  nueva ,  continó  su  camino  para 
la  cibdad  de  París,  do  estaba  el  Rey  de  Francia.  El 
qual  luego  que  sopo  la  muerte  del  Duque  de  Bor- 
goña, aderezó  su  exército,  é  lo  embió  por  tres  partes 
á  tomar  el  Ducado  de  Borgoña  que  decia  pertene- 
cerle,  por  quanto  el  Duque  murió  sin  dexar  fijo  va- 
ron  legítimo  que  lo  debiese  heredar ;  é  por  aquella 
causa  decía  el  Rey,  que  el  Ducado  de  Borgoña  tor- 
naba á  la  corona  real  de  Francia.  Veyéndose  el  Rey 
de  Francia  ocupado  en  tomar  este  Ducado  de  Bor- 
goña, dilató  el  ayuda  que  le  pedia  el  Rey  de  Porto- 
gal  ;  é  decíale  que  se  viniese  para  España,  é  que  se 
casase  con  su  sobrina  por  virtud  de  la  dispensación 
que  tenia ;  porque  casado  con  ella,  estonces  como  á 
Rey  de  Castilla  le  podía  ayudar,  lo  que  no  po- 
día facer  justamente  no  seyendo  con  ella  ca- 
sado. 

El  Rey  de  Portogal  (1)  que  esperaba  ser  grande- 
mente ayudado  del  Rey  de  Francia,  y  esperaba  an- 
simesmo volver  á  Castilla  con  gran  número  de 
Franceses,  vista  aquella  respuesta  del  Rey  de  Fran- 
cia, muy  lexana  del  pensamiento  que  le  había  mo- 
vido á  venir  en  persona  á  él,  cayó  en  tan  gran  cui- 
dado, que  pensó  apartarse  del  mundo  en  alguna  re- 
ligión, E  poniendo  este  su  pensamiento  en  obra, 
despidió  los  suyos  para  que  volviesen  á  Portogal, 
con  los  quales  escribió  al  Príncipe  su  fijo,  que  su 
propósito  era  do  se  apartar  del  mundo  y  entrar  en 
religión  :  por  ende  que  tomase  la  gobernación  del 
Reyno,  é  se  intitulase  Rey  de  Portogal.  Y  él  se 
apartó  en  un  lugar  con  dos  servidores  suyos  á  quien 
descubrió  su  propósito.  Algunos  decían  que  su  in- 
tención era  de  se  meter  en  religión  en  el  santo  se- 
pulcro de  Hierusalem.  Sabido  esto  por  algunos  ca- 
balleros é  otros  oficíales  sus  criados  que  habían  ve- 

(1)  Felipe  de  Cominos,  que  se  hallaba  á  esta  sazón  en  Francia  y 
fué  uno  de  los  Diputados  para  los  tratos  de  arabos  Reyes,  dice 
que  el  de  Portugal,  viendo  que  se  ponían  dilaciones  á  su  preten- 
sión ,  llegó  á  temer  que  ci  de  Francia  queria  prenderle  y  entre- 
garle á  su  enemigo  el  de  Castilla,  y  se  huyó  de  Francia  disfrazado, 
tomando  el  camino  de  Roma  para  ponerse  religioso.  Conociéron- 
le en  Norraandía,  y  el  Rey  de;Francia,  noticioso  del  hecho, le 
mandó  conducir  á  su  Reyno  con  navios  de  su  nación.  Los  Histo- 
liadores  Portugueses  callan  este  viage  á  Francia  y  su  salida,  y 
aun  se  arrogan  la  victoria  de  la  batalla  de  Toro.  Comin,,  Memoir., 
lib.  V,  cap.  7,  Faria,  Hist.  de  Port.,  P.  IIl,  cap.  13. 


DON  FERNANDO 
nido  con  él ,  fuéronle  á  buscar ,  é  falláronlo  en  un 
lugar  de  Francia,  del  qual  quería  ya  partir  para  se- 
guir su  camino  de  Hierusalem.  É  fablaron  con  él  é 
reprobaron  mucho  aquel  propósito  que  tomaba,  en 
especial  el  Conde  de  Faro  le  dixo  que  aquella  mu- 
danza tan  grande  que  de  su  persona  quería  facer, 
mas  seria  reputada  por  todo  el  mundo  á  flaqueza 
que  á  devoción,  por  ser  focha  en  tiempo  que  las  co- 
sas no  sucedían  á  su  voluntad.  E  que  todos  los  bo- 
rnes, mayormente  los  Reyes,  están  obligados  á  los 
golpes  de  la  fortuna ;  los  quales  deben  estar  arma- 
dos con  fuerza  de  ánimo  para  sofrir  tan  bien  la 
adversa  como  la  próspera ,  é  no  deben  mostrar  fla- 
queza por  ningún  infortunio  que  venga,  el  qual 
muchas  veces  viene  á  los  buenos  por  permisión  de 
Dios  para  los  enmendar,  pero  no  para  los  desesperar 
de  tal  manera ,  que  si  pierden  los  bienes  y  el  seño- 
río ,  pierdan  el  corazón  é  buen  entendimiento  con 
que  se  cobran.  É  con  estas  razones ,  dándole  gran- 
des esperanzas  de  la  fortuna  que  le  seria  favorable 
en  lo  por  venir,  como  le  había  seydo  adversa  en  lo 
presente  é  p  asado,  le  retraxeron  de  aquel  propósi- 
to ;  é  consejáronle  ,  que  pues  el  Rey  de  Francia  no 
respondía  á  su  amistad  según  del  esperaba ,  debía 
venir  para  su  Reyno,  donde  recobrara  mayores 
fuerzas  para  conseguir  el  efeto  de  su  empresa.  El 
Rey  de  Portogal  condescendió  á  los  ruegos  é  conse- 
jos del  Conde  de  Faro  é  de  aquellos  otros  caballe- 
ros suyos,  que  en  esto  le  consejaron ;  y  embióse  á 
despedir  del  Rey  de  Francia,  é  vino  por  mar  para 
su  Reyno  de  Portogal. 

CAPÍTULO  LVIII. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  de  mil  é  qnatrocientos  é  se- 
tenta é  siete  años,  é  como  la  Reyna  mandó  poner  guarniciones 
contra  la  cibdad  de  Toro. 

En  el  afio  siguiente  del  Sefior  de  mil  é  quatro- 
cientos  é  setenta  é  siete  años,  entretanto  que  el  Rey 
de  Portogal  estaba  en  Francia  entendiendo  en  las 
cosas  que  habernos  recontado ,  porque  la  Reyna  que 
estaba  en  Tordesillas,  sopo  que  en  Toro  no  habia 
mas  de  trescientos  homes  á  caballo,  que  habían 
quedado  en  guarda  de  la  cibdad  con  el  Conde  de 
Marialva,  fué  consejada  por  algunos  caballeros,  que 
debía  embiar  á  combatir  la  cibdad  por  muchos  lu- 
gares ;  pensando  que  como  tenia  gran  circuito ,  los 
de  dentro  no  podrían  socorrer  á  todas  partes,  é  se 
entraría  á  escala  vista.  La  Reyna  por  consejo  de 
aquellos  caballeros,  embió  gente  de  armas  con  el 
Almirante  Don  Alonso  Enríquez  tio  del  Rey,  é  con 
Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel  Conde  de  Benaven- 
te,  é  comenzaron  el  combate  un  dia  por  la  mañana 
al  alba  del  día.  Los  Portogueses  que  estaban  aper- 
cebidos  para  la  defensa,  f  ornecieron  los  lugares  por 
do  entendían  ser  combatidos  de  mucha  gente ,  é  de 
los  pertrechos  é  defensas  que  les  eran  necesarias.  Y 
en  espacio  de  cinco  horas  que  el  combate  duró,  los 
Castellanos  recibieron  tan  gran  daño  de  los  Porto- 
gueses que  no  pudieron  por  ninguna  de  las  partes 
que  combatían  entrar  en  la  cibdad.  El  Almirante  y 


É  DOÑA  ISABEL.  311 

el  Conde ,  visto  que  muchos  de  sus  criados,  é  de  las 
otras  gentes  que  con  ellos  estaban  en  aquella  f  a- 
cíenda  eran  muertos  é  f eridos  ,  é  quanto  mas  se  es- 
forzaban al  combate ,  tanto  mayor  daño  recibían, 
acordaron  de  se  retraer,  é  se  volver  para  Tordesi- 
llas. La  Reyna  veyendo  que  la  cibdad  de  Toro  no 
se  pudo  tomar,  mandó  poner  guarniciones  de  gen- 
tes contra  los  que  estaban  en  aquella  cibdad  ;  las 
quales  mandó  que  estoviesen  en  esta  manera.  Á  un 
capitán  que  se  llamaba  Pedro  de  Velasco,  con  la 
gente  de  su  capitania,  mandó  que  estoviese  en  Sant 
Román  de  Ornija.  Á  Don  Fadríque  Manrique,  con  la 
gente  de  su  capitanía,  que  estoviese  en  una  aldea 
que  se  llama  Pedrosa.  A  Vasco  de  Bivero  é  á  Juan 
de  Biedma ,  mandó  que  estoviesen  en  Becanes.  Al 
Obispo  de  Ávila,  é  á  Alonso  de  Fonseca,  mandó  es- 
tar con  su  gente  en  Alahejos.  Y  ella  quedó  en  Tor- 
desillas, é  con  ella  el  Cardenal  de  España,  y  el  Al- 
mirante, y  el  Conde  de  Benavente,  con  toda  la  otra 
gente  de  la  hueste. 

CAPÍTULO  LIX. 

De  las  cosas  qne  pasaron  en  Segovia ,  cuando  Maldonado  se  álzA 
con  el  alcázar. 

El  Rey  é  la  Reyna  habían  dexado  todos  estos 
tiempos  pasados  á  la  Princesa  Doña  Isabel  su  fija 
en  poder  del  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera ,  é  de 
Doña  Beatriz  de  Bovadílla  su  muger ,  que  tenían 
por  ellos  la  cibdad  de  Segovia  é  su  alcázar;  en  el 
qual  había  estado  por  Alcayde  puesto  por  el  Mayor- 
domo un  caballero  que  se  llamaba  Alonso  Maldo- 
nado ;  é  después  el  Mayordomo  quitóle  la  tenencia 
é  puso  por  Alcayde  á  Mosen  Pedro  de  Bobadílla  su 
suegro.  Aquel  Alonso  Maldonado  (1),  veyéndose 
desapoderado  de  la  tenencia  del  alcázar,  sintiólo  á 
gran  mengua ;  é  pensó  que  en  aquellos  tiempos  de 
guerras  é  turbaciones  qualquier  hazaña  habia  lugar 
de  cometer,  é  que  podría  salir  con  ella ;  é  imaginó 
de  tomar  por  alguna  traycion  el  alcázar  é  la  Prin- 
cesa que  estaba  ende  aposentada,  á  fin  que  le 
fuese  fecho  algún  partido  por  parte  del  Rey  ó  de  la 
Reyna ,  ó  por  parte  del  Rey  de  Portogal.  É  como 
tenía  libertad  de  entrar  quando  quería  en  el  alcá- 
zar, porque  aquel  Mosen  Pedro  que  le  tenia,  no  sos- 
pechaba del  ninguna  traycion ,  un  dia  que  conoció 
estar  en  el  alcázar  pocos  hombres,  pidió  licencia  al 
Alcayde  Mosen  Pedro  que  le  dexase  sacar  una  pie- 
dra grande  que  estaba  en  el  alcázar ,  el  qual  gela 
otorgó.  É  para  gela  ayudar  á  sacar,  entraron  con  él 
quatro  hombres  con  armas  secretas ,  los  quales  lue- 
go en  entrando  mataron  al  portero  que  guardaba  la 
puerta ,  é  le  tomaron  las  llaves  é  fueron  para  el  Al- 


(1)  Este  suceso  y  la  toma  de  Toro  deben  referirse  al  afio  ante- 
cedente, como  apunta  Galindez  en  el  sumario  de  este  año ,  y  Col- 
menares, que  vio  la  cédula  original  dada  con  este  motivo.  Sucedió 
lo  de  Segovia  en  2  de  Agosto  de  1476,  y  la  Reyna  permanecirt  allf 
hasta  27  de  Setiembre,  que  le  llegó  la  noticia  de  la  toma  de  Toro, 
que  habia  sido  Jueves  en  la  noche  á  19  del  propio  mes.  Galind., 
año  1476.  Colmenares,  Hist.  de  Segovia,  cap.  Zi,  pag,  424.  Zurita, 
lib.  19,  cap.  52  y  58. 


312  CRÓNICAS  DE  LOS 

cayde  Mosen  Pedro  é  prendiéronle.  Los  hombres  de 
Mosen  Pedro  que  estaban  en  el  alcázar,  como  cono- 
cieron la  traycion  de  aquel  Maldonado,  é  veyendo  á 
8U  señor  preso,  pensando  que  era  mas  número  de 
gente  con  él  en  la  traycion ,  no  les  vino  en  aquel 
momento  otro  consejo ,  salvo  ir  luego  á  una  torre 
donde  estaba  la  Princesa,  ó  apoderáronse  della  con 
propósito  de  la  defender  fasta  que  fuesen  socorri- 
dos. Aquel  Maldonado  como  tenia  preso  al  Alcay- 
de,  fué  luego  con  él  para  aquella  torre  do  estaba  la 
Princesa  por  se  apoderar  della ,  é  no  lo  pudo  facer 
por  la  resistancia  que  ficieron  los  homes  del  Alcay- 
de ,  que  se  hablan  della  apoderado.  El  Maldonado, 
vista  la  resistencia  que  los  del  Alcayde  facian,  co- 
metió de  matar  al  Alcayde ,  á  fin  de  que  los  suyos 
le  entregasen  la  torre.  Los  homes  que  dentro  esta- 
ban, con  grand  osadía  defendieron  aquella  torre  do 
estaba  la  Princesa ,  no  faciendo  mención  alguna  de 
la  vida  del  Alcayde.  Visto  por  aquel  Maldonado 
que  no  podia  haber  la  torre  do  estaba  la  Princesa, 
apoderóse  de  lo  otro  que  pudo  e»  el  alcázar.  Esta 
voz  fué  luego  por  toda  la  cibdad,  é  todos  los  caba- 
lleros é  cibdadanos  se  pusieron  en  armas,  é  vinieron 
para  el  alcázar  en  gran  número.  Aquel  Maldonado 
como  se  vido  con  tan  pota  gente ,  porque  no  tenia 
sino  solos  quatro  homes,  é  pensó  que  no  podia  guar- 
dar el  alcázar  con  ellos,  tomó  seguridad  de  algunos 
de  la  cibdad,  en  especial  de  uno  que  se  llamaba  Juan 
de  la  Hoz,  é  de  otro  que  se  llamaba  Juan  del  Rio,  é 
de  Fernando  del  Rio  su  hermano  ,  que  eran  vecinos 
de  la  cibdad,  é  de  otros  algunos  que  tenian  gran  pa- 
rentela en  ella,  é  dexólos  entrar  dentro  con  sus  gen- 
tes. Los  quales  se  apoderaron  de  todo  lo  mas  que 
pudieron  del  alcázar,  pero  no  pudieron  apoderarse 
de  la  torre,  ni  de  la  parte  donde  estaba  la  Princesa, 
porque  aquellos  homes  de  Mosen  Pedro  que  la  ha- 
blan tomado,  la  defendían.  É  ansí  estovo  en  este  es- 
cándalo la  cibdad  é  la  fortaleza  por  espacio  de  un 
dia.  E  luego  el  Obispo  de  aquella  cibdad,  que  se  lla- 
maba Don  Juan  Arias ,  que  estaba  fuera  della  por 
los  debates  que  tenia  con  el  Mayordomo  Andrés  de 
Cabrera,  entró  en  la  cibdad  ;  é  juntáronse  con  él  to- 
dos los  caballeros ,  é  la  mayor  parte  del  pueblo ;  á 
los  quales  traia  el  Obispo  á  su  opinión  contra  el  Ma- 
yordomo é  contra  los  que  eran  de  su  parte,  dándoles 
á  entender  que  no  era  cosa  de  sofrir  el  mando  ni  la 
administración  de  la  justicia,  é  las  otras  opresiones 
que  el  Mayordomo  é  sus  oficiales  facian.  B  luego  el 
pueblo,  que  quando  está  alborotado,  ligeramente  es 
traído  á  facer  insultos ,  en  especial  con  el  favor  que 
fallaban  en  el  Obispo,  combatieron  las  puertas  de 
la  cibdad,  en  especial  la  puerta  de  Sant  Martin  é  la 
puerta  de  Santiago  que  tenian  los  del  Mayordomo, 
é  luego  las  tomaron.  Otra  puerta  que  se  dice  de  Sant 
Juan,  no  la  pudieron  tomar,  porque  era  mas  fuerte, 
y  estaba  mejor  proveída  de  defensas. 

Esto  sabido  por  la  Reyna  que  estaba  en  Tordesi- 
Uas,  luego  á  la  hora  cabalgó,  é  con  ella  el  Cardenal 
de  España  y  el  Conde  de  Benavente,  é  vino  á  Sego- 
via.  E  como  fué  cerca  de  la  cibdad,  é  se  sopo  por 
el  Obispo  é  por  los  caballeros  della  que  la  Reyna 


REYES  DE  CASTILLA. 

venia,  embiaronle  á  suplicar  dos  cosas.  La  primera, 
que  no  quisiese  entrar  en  la  cibdad  por  la  puerta  de 
Sant  Juan  que  tenia  el  Mayordomo  Andrés  de  Ca- 
brera, salvo  por  una  de  las  puertas  que  el  pueblo 
habia  tomado.  La  otra  suplicación  fué,  que  le  plo- 
guiese  mandar  al  Conde  de  Benavente  é  á  Doña 
Beatriz  de  Bovadilla,  muger  del  Mayordomo,  que 
no  entrasen  con  ella  en  la  cibdad,  porque  el  Conde 
era  grande  amigo  del  Mayordomo  é  de  su  muger,  é 
por  esta  razón  era  muy  sospechoso  al  pueblo.  El 
qual  estaba  tan  alterado  y  escandalizado,  que  si  otra 
cosa  la  Reyna  ficiese,  podria  seguírsele  gran  deser- 
vicio :  especialmente  porque  de  la  mayor  parte  del 
alcázar  estaban  apoderados  aquellos  cibdadanos  que 
se  habían  juntado  con  el  pueblo ;  é  que  todos  los 
mas  de  los  caballeros  é  principales  della  estaban 
odiosos  al  Mayordomo  é  á  su  muger.  E  con  estas 
razones,  los  que  iban  por  parte  de  la  cibdad  á  la 
Reyna,  le  ponían  grandes  temores  é  le  consejaban 
que  debía  tener  grato  al  pueblo  é  complir  sus  peti- 
ciones, á  fin  que  no  oviesen  lugar  de  errar  contra 
su  servicio ;  porque  si  una  vez  errasen,  el  miedo  de 
la  pena  les  f  aria  perseverar  en  el  yerro.  E  con  estas 
razones  que  decían  á  la  Reyna,  se  trabajaban  de  la 
indinar  contra  el  Mayordomo  é  contra  su  muger, 
para  que  le  quitase  el  alcázar,  é  las  puertas ,  y  el 
cargo  que  tenía  de  la  justicia  de  la  cibdad ;  porque 
constreñida  por  la  necesidad  que  tenia  presente, 
diese  el  cargo  de  todo  ello  á  aquellos  principales  de 
la  cibdad,  que  traían  el  pueblo  á  lo  que  querían.  La 
Reyna  que  conoció  bien  el  engaño  que  aquellos 
principales  facían ,  para  conseguir  con  voz  del  pue- 
blo lo  que  á  ellos  compila,  respondióles  ansí :  «  Decid 
))  vosotros  á  esos  caballeros  é  cibdadanos  de  Sego- 
»via,  que  yo  soy  Reyna  de  Castilla,  y  esta  cibdad 
«  es  mía,  é  me  la  dexó  el  Rey  mi  padre ;  é  para  en- 
» trar  en  lo  mío  no  son  menester  leyes  ni  condicio- 
»  nes  algunas,  de  las  que  ellos  me  pusieren.  Yo  en- 
» traré,  dixo  la  Reyna,  en  la  cibdad  por  la  puerta  que 
»  quisiere ;  y  entrará  comigo  el  Conde  de  Benaven- 
»te,  é  todos  los  otros  que  entendiere  ser  complídero 
ȇmi  servicio.  Decidles  ansimesmo,  que  vengan 
» todos  á  mí ,  é  fagan  lo  que  yo  les  mandare ,  como 
» leales  subditos,  é  se  dexen  de  facer  alborotos  y  es- 
» cándalos  en  mi  cibdad ,  porque  dello  geles  puede 
))  seguir  daño  en  sus  personas  é  bienes.))  E  respon- 
diendo esto,  entró  en  la  cibdad ,  é  con  ella  el  Carde- 
nal y  el  Conde  de  Benavente,  é  luego  fué  para  el 
alcázar.  La  gente  que  había  dentro  estaba  partida 
en  dos  partes :  en  la  una  estaba  la  Princesa  con  los 
homes  de  aquel  Mosen  Pedro  de  BobadíUa,  é  otros 
algunos,  que  á  la  hora  se  mostraron  de  la  parte  del 
Mayordomo,  que  defendían  aquella  parte ;  y  en  la 
otra  estaban  aquellos  cibdadanos  que  habemos  di- 
cho que  se  apoderaron  de  cierta  parte  del  alcázar. 
Y  entre  los  unos  é  los  otros  habia  tan  gran  confu- 
sión y  escándalo,  que  no  había  lugar  para  lo  pacifi- 
car :  porque  la  furia  que  ala  hora  tenian,  les  priva- 
ba el  entendimiento  para  obedecer  á  la  Reyna  como 
debían.  El  Cardenal  é  los  otros  que  la  acompañaban, 
estaban  puestos  en  gran  turbación,  é  no  sabían  que; 


DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL. 


remedio  dar  para  que  aquel  escándalo  fuese  pacifi- 
cado. Estando  las  cosas  en  este  estado,  por  parte  del 
Obispo  é  de  aquellos  otros  cibdadanos,  fué  movido 
todo  el  pueblo,  dándoles  á  entender  que  á  la  Reyna 
placia  que  todos  á  una  voz  se  juntasen  á  le  suplicar 
que  quitase  al  Mayordomo  la  tenencia  del  alcázar 
é  las  puertas  é  la  justicia  de  la  cibdad,  é  lo  diese  á 
homes  cibdadanos  é  naturales  della,  que  lo  guarda- 
sen para  su  servicio  mejor  que  el  Mayordomo  ni  los 
Buyos  lo  hablan  fecho.  E  con  esta  demanda  venia 
toda  la  multitud  del  pueblo,  los  quales  llegaron  á 
la  puerta  del  alcázar,  demandando  que  les  abriesen. 
E  partidos  en  partes,  los  unos  con  furia  decian: 
«Combatámoslas  torres  6  pongamos  á  espada  todos 
»los  del  Mayordomo»;  los  otros  tomaban  consejos 
varios  é  malos.  El  Cardenal  y  el  Conde  de  Benaven- 
te,  é  los  caballeros  é  capitanes  que  estaban  con  la 
Reyna,  le  dixeron :  «Señora,  si  dais  lugar  que  algu- 
»  nos  de  los  que  allí  vienen  entren  en  el  alcázar,  de 
»  creer  es  que  cometan  algún  grand  insulto  en  vues- 
» tro  deservicio,  é  mal  de  todos  los  que  aquí  esta- 
»  mos,  porque  vienen  mas  armados  de  furia  que  de 
»  razón.  Por  ende,  mandad  que  se  guarden  las  puer- 
«tas,  porque  ninguno  dellos  pueda  entrar.»  Oidas 
estas  palabras  por  la  Reyna,  é  conocida  la  turba- 
ción de  aquellos  que  con  ella  estaban,  luego  se  le- 
vantó, é  dixo  al  Cardenal  ó  al  Conde  é  á  los  otros 
caballeros,  que  no  se  apartasen  de  aquel  lugar  do  los 
dexaba.  Y  ella  fué  para  el  patin  del  alcázar,  é  con- 
tra el  parecer  de  aquellos  caballeros  que  con  ella  es- 
taban, mandó  que  abriesen  las  puertas  para  que  en- 
trasen todos  quantos  pudiesen  entrar.  E  luego  fué 
un  mensagero  que  les  dixo :  « Amigos,  la  Reyna 
» manda  que  todos  entréis  quantos  aquí  venis.»  E 
abiertas  las  puertas ,  entraron  todos  quantos  pudie- 
ron caber  dentro ;  é  la  Reyna  allí  con  ellos,  les  dixo 
ansí :  «  Decid  agora  vosotros  mis  vasallos  é  servido- 
»  res  lo  que  queréis,  porque  lo  que  á  vosotros  viene 
»  bien,  aquello  es  mi  servicio  é  me  place  que  se  faga, 
» pues  es  bien  común  de  toda  la  cibdad.»  Aquella 
gente,  oidas  las  palabras  de  la  Reyna  dichas  á  su 
voluntad,  luego  se  aplacó  é  mitigó  la  furia  con  que 
venían;  é  fabló  uno  dellos,  é  dixo  :  «Señora,  lopri- 
»  mero  que  este  pueblo  suplica  á  Vuestra  Alteza  es, 
»  que  el  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  no  tenga  la 
«tenencia  deste  alcázar.»  E  como  procedía  á  otras 
demandas,  la  Reyna  le  impidió  que  no  dixese  mas , 
é  díxoles  :  «  Eso  que  queréis  vosotros,  quiero  yo ; 
»  por  ende  subid  luego  á  esas  torres,  é  á  esos  muros, 
»  é  no  dexeis  ende  persona  alguna  del  Mayordomo, 
»  ni  desotros  que  me  tienen  ocupado  este  alcázar ;  el 
»  qual  quiero  yo  tener  c  confiarlo  de  un  mi  criado, 
»  que  guarde  la  lealtad  que  debe  á  mí ,  é  á  la  honra 
» de  todos  vosotros.»  Oidas  por  aquel  común  estas 
palabras,  luego  á  gran  priesa,  como  vulgo  favoreci- 
do de  su  Rey,  subieron  á  las  torrres  é  al  muro,  di- 
ciendo á  grandes  voces :  Viva  la  Reyna.  Y  echaron 
á  quantos  fallaron  apoderados  dellas,  ansí  de  la  par- 
te del  Mayordomo,  como  de  los  otros  cibdadanos 
que  las  habían  tomado.  E  aquel  Maldonadoque  fizo 
aquella  traycion,  con  la  turbación  de  los  unos  é  de 


3t3 

los  otros,  ovo  lugar  de  fuir.  Esto  fecho,  dentro  de 
media  hora  quedaron  libres  las  torres  é  muros  de  la 
fortaleza,  de  aquellos  que  las  tenían.  E  la  Reyna 
mandó  á  Gonzalo  Chacón ,  su  criado  é  Contador 
mayor,  que  venia  con  ella,  que  se  apoderase  de  todo 
el  alcázar.  Visto  por  los  del  pueblo  como  el  alcázar 
quedaba  en  poder  de  la  Reyna,  é  fuera  del  todos 
los  del  Mayordomo,  fueron  muy  contentos ;  e  la 
Reyna,  acompañada  de  toda  aquella  gente  del  co- 
mún, salió  del  alcázar  é  vino  á  su  palacio,  que  es 
cerca  de  la  Iglesia  de  Sant  Martin.  E  con  esta  for- 
ma que  la  Reyna  sopo  tener,  pacificó  aquel  escán- 
dalo, é  ni  el  Obispo  ni  los  otros  cibdadanos  que  in- 
ducían al  pueblo,  consiguieron  el  efeto  de  lo  que 
pensaban.  Como  la  Reyna  vino  á  su  palacio,  dixo  á 
toda  la  gente  que  venia  con  ella,  que  estaba  de  pro- 
pósito de  guardar  á  los  vecinos  de  aquella  cibdad 
sus  personas  é  bienes ,  de  manera  que  cada  uno  vi- 
viese seguramente  en  lo  suyo,  é  no  recibiese  agra- 
vio del  Mayordomo  ni  de  sus  oficiales.  Por  ende,  que 
todos  fuesen  á  sus  casas  é  á  sus  labores,  é  so  pacifi- 
casen, é  no  ficiesen  mas  yuntamientos  ni  alboro- 
tos, é  diputasen  tres  ó  quatro  dellos,  que  viniesen 
á  le  recontar  los  agravios  que  recibían,  y  ella  los 
remediaría  como  compila  á  su  servicio  ó  bien  de 
todos.  Todo  aquel  pueblo  con  estas  razones  se  pa- 
cificó, é  otro  dia  diputaron  ciertas  personas,  que  vi- 
nieron ante  la  Reyna  á  le  decir,  que  el  Mayordomo 
é  sus  lugartenientes  facían  algunas  sinrazones,  ro- 
bos é  fuerzas,  é  otrag  injurias,  de  las  quales  algunas 
,  recontaron  particularmente.  E  la  Reyna  mandó  fa- 
cer inquisición  con  gran  diligencia  sobre  todas  las 
querellas  que  se  dieron  del  Mayordomo  ó  de  los  su- 
yos ;  é  porque  el  Mayordomo  no  se  f  alió  en  culpa, 
é  si  alguna  había  era  bien  pequeña ,  é  no  cometida 
por  él,  salvo  por  sus  oficiales ;  la  Re3'na  mandó  lue- 
go restituirle  la  tenencia  del  alcázar  é  las  puertas 
de  la  cibdad ;  porque  conoció  bien  aquel  escándalo 
ser  fecho  por  inducimiento  de  algunos  caballeros  é 
cibdadanos  principales  de  la  cibdad ,  que  alborota- 
ron el  pueblo  á  fin  que  la  tenencia  del  alcázar  se 
quitase  al  Mayordomo  é  se  diese  á  ellos. 

CAPÍTULO  LX. 

De  la  reconciliación  que  (icicron  con  la  Reyna  el  Arzobispo 
de  Toledo  y  el  Marqués  de  Villena, 

Los  fechos  del  Arzobispo  de  Toledo  é  del  Mar- 
qués de  Villena ,  ansí  por  las  cosas  pasadas,  como 
por  la  toma  que  el  Maestre  Don  Rodrigo  Manrique 
fizo  de  la  villa  é  castillo  de  Ucles ,  iban  en  perdi- 
ción ;  é  pensaron  de  so  reparar,  reduciéndose  al  ser- 
vicio del  Rey  é  de  la  Reyna.  E  con  la  confianza 
cierta  que  tenían  en  la  intercesión  que  por  ellos  fa- 
ria  el  Rey  de  Aragón,  padre  del  Rey,  acordaron  de 
embiar  algunos  religiosos  de  la  Orden  de  Sant 
Francisco  á  la  Reyna,  que  estaba  en  Segovia;  los 
quales  le  suplicaron ,  que  oviese  memoria  de  los 
servicios  que  el  Arzobispo  habia  fecho  al  Rey  é  á 
ella  en  los  tiempos  pasados,  é  olvidase  los  deservi- 
cios que  habia  fecho  en  los  presentes,  ó  que  le  pío- 


314  CRÓNICAS  DE  LOS 

guiese  perdonar  á  él  é  al  Marqués  de  Villena,  é  re- 
ducirlos á  su  servicio ,  é  apartar  de  sí  el  enojo  que 
dellos  habia ;  porque  tanto  mayor  se  mostraba  la 
grandeza  é  magnanimidad  de  los  Reyes,  quanto  de 
mayor  graveza  era  el  yerro  que  perdonaban  á  los 
que  con  obediencia  venian  á  pedir  perdón.  El  Rey 
de  Aragón  ansimesmo  intervino  en  esta  reconcilia- 
ción, é  muchas  veces  insistió  con  el  Rey  su  fijo  é 
con  la  Reyna,  que  los  perdonase.  E  como  quier  que 
los  yerros  que  cometieron  habían  seydo  grandes  é 
la  Reyna  conoció  que  la  necesidad  é  no  la  voluntad 
constreñía  al  Arzobispo  á  facer  esta  suplicación, 
pero  por  complacer  al  Rey  de  Aragón,  su  suegro, 
cuyos  ruegos  no  le  parecía  cosa  honesta  contradecir, 
considerando  ansimesmo  las  grandes  humílíaciones 
que  de  parte  del  Arzobispo  le  ficieron  aquellos  Re- 
ligiosos, perdonó  al  Arzobispo,  é  perdonó  ansimes- 
mo al  Marqués  de  Villena;  é  mandó  desembargar 
algunos  bienes  é  maravedís  de  juro  que  tenían  en 
sus  libros.  Y  el  Marqués  fizo  entregar  á  la  Reyna  el 
alcázar  de  Madrid,  que  estaba  cercado  por  el  Duque 
del  Infantazgo,  según  lo  habemos  recontado.  E  an- 
simesmo se  concordó  con  él,  que  entregase  la  forta- 
leza de  Trogíllo  en  tercería  á  Gonzalo  de  Avila, 
Señor  de  Víllatoro,  para  que  la  toviese  fasta  ser 
complidas  ciertas  cosas  que  con  él  se  habían  de 
complír.  Desta  fortaleza  en  los  tiempos  pasados 
habia  fecho  grandes  opresiones  á  la  cibdad  aquel 
Pedro  do  Baeza,  á  quien  el  Maestre  Don  Juan  Pa- 
checo la  encomendó  al  tiempo  de  su  muerte.  Ansi- 
mesmo se  concertó,  que  Lope  Vázquez  de  Acuña, 
hermano  del  Arzobispo,  entregase  á  la  Reyna  la 
cibdad  de  Huete  é  su  castillo,  de  la  qual  é  de  su 
tierra  el  Rey  Don  Enrique  le  habia  fecho  merced 
por  juro  de  heredad.  E  desta  manera  se  fizo  la  re- 
conciliación del  Arzobispo  é  del  Marqués,  los  quales 
juraron  de  servir  al  Rey  é  á  la  Reyna  como  á  sus 
Reyes  naturales,  é  de  no  se  juntar  con  el  Rey  de 
Portogal  ni  con  otra  persona  en  su  deservicio.  Es- 
cribió ansimesmo  el  Arzobispo  al  Papa  una  letra, 
faciéndole  saber  las  variedades  que  habia  fecho,  é 
opiniones  contrarias  unas  de  otras  que  había  tenido 
cerca  de  la  subcesion  de  los  Reynos  de  Castilla ;  é 
confesaba  haber  errado  gravemente  en  aquel  jura- 
mento que  había  fecho  al  Rey  de  Portogal  é  aquella 
Doña  Juana  su  sobrina,  y  en  los  haber  servido;  é 
que  se  habia  reconciliado  é  reducido  al  servicio  de 
la  Reyna,  conociendo  verdaderamente  el  derecho 
de  la  subcesion  en  los  Reynos  de  Castilla  ser  suyo  : 
é  que  ella  usando  con  él  de  clemencia  le  había  per- 
donado. Lo  qual  le  facía  saber,  porque  era  cosa 
justa  de  le  dar  razón  de  las  cosas  pasadas  como  á 
superior. 

CAPÍTULO  LXI. 

De  las  cosas  que  en  aquellos  días  facía  el  Turco. 

En  aquellos  tiempos  acaesció  (1)  que  el  Turco, 
un  gran  Príncipe  de  los  moros,  señor  de  gran  parte 

(1)  La  toma  de  Ncgroponte  por  el  Turco  Mahomet  II  fué  en  19 
de  Mayo  de  1471.  Bergomens,  Suplem,  Cronicar.,  ¡ib.  15. 


BEYES  DE  CASTILLA. 

de  la  Asia,  después  que  ovo  tomado  la  cibdad  de 
Constantinopla,  ó  Pera,  é  Cafa,  é  otras  cíbdades,  é 
villas  é  provincias  de  chrístianos,  en  las  quales  fizo 
grandes  rebos  é  quemas  é  otras  muchas  crueldades, 
tomó  ansimesmo  una  cibdad  de  Venecianos  que  se 
llama  Nigroponte,  lugar  muy  fuerte  y  en  tal  sitio 
asentado,  que  era  paso  muy  dispuesto  para  entrar 
en  la  tierra  de  Italia,  en  especial  en  las  tierras  de 
Venecia,  y  en  la  cibdad  de  Rodas;  en  las  quales 
tierras  los  capitanes  de  aquel  Turco  facían  cruel 
guerra,  é  mataban  é  llevaban  chrístianos  captivos 
en  gran  número.  E  tanto  se  estendió  su  señorío  en 
aquellas  partes,  que  la  cibdad  de  Venecia,  no  po- 
diendo defenderse  de  los  males  que  continamente 
sofrían  de  los  turcos ,  embiaron  á  notificar  al  Papa 
é  á  todos  los  Príncipes  de  la  christiandad  las  guer- 
ras que  de  los  turcos  recibían ,  las  fuerzas  de  los 
quales  eran  tanto  grandes,  que  ellos  no  las  podían 
resistir  sin  alguna  ayuda  que  les  fuese  dada.  Por 
ende,  que  les  requerían  como  á  fieles  chrístianos,  les 
ploguiese  embiar  sus  gentes  para  resistir  aquella 
gente  bárbara,  la  qual  tanto  mas  crecía  en  crueldad, 
quanto  mas  les  daban  lugar  de  estender  su  señorío. 
Y  en  esta  amonestación  insistieron  los  Venecianos 
por  muchas  veces,  pensando  ser  ayudados  de  algu- 
nos Reyes  de  la  christiandad.  E  como  quier  que  al- 
gunos homes  singulares  á  susproprias  expensas  iban 
por  servicio  de  Dios  é  por  la  salvación  de  sus  áni- 
mas á  se  juntar  con  los  chrístianos  que  guerreaban 
á  los  turcos,  pero  por  estonces  ningún  Príncipe  ni 
r  Rey  embió  el  ayuda  que  les  era  pedida ;  algunos 
porque  estaban  impedidos  en  las  guerras  que  tenían 
en  sus  comarcas,  otros  por  impedimentos  de  guer- 
ras é  necesidades  que  tenían  dentro  de  sus  Reynos, 
é  otros  faciendo  poca  mención  de  aquellas  guerras, 
por  ser  muy  lexanas  de  sus  Reynos ,  do  entendían 
que  les  no  podrían  empecer.  E  aun  se  decía ,  que 
aquellos  Reyes  é  Príncipes  que  confinaban  con  los 
Venecianos,  no  les  pesaba  que  perdiesen  sus  tierras 
é  señoríos,  porque  eran  tanto  grandes,  que  sobrepu- 
jaban en  grandeza  á  todos  los  comarcanos.  E  por 
esta  negligencia  el  Turco  ovo  lugar  de  estender  mas 
su  señorío  en  la  tierra  de  los  chrístianos  que  era  en 
su  comarca. 

CAPÍTULO  LXII. 

De  como  se  falló  la  mina  del  oro. 

En  aquellos  tiempos,  en  las  partes  de  Poniente, 
muy  lexanas  de  la  tierra  de  España ,  podría  ser  en 
número  de  mil  leguas  por  mar,  se  fallaron  unas 
tierras  de  gente  bárbara,  homes  negros,  que  vivían 
desnudos  y  en  chozas ;  los  quales  poseían  mineros 
grandes  de  oro  muy  fino,  é  fallóse  desta  manera. 
Una  nao  de  un  puerto  de  los  de  España  con  fortuna 
que  ovo,  tiró  por  la  mar  adelante  contra  aquellas 
partes  de  Poniente,  donde  el  viento  forzoso  la  llevó 
é  paró  en  aquella  tierra.  La  gente  de  aquella  nao, 
queriendo  saber  donde  estaban ,  ovieron  noticia  de 
aquella  gente;  la  qual  como  vieron  los  homes  de  la 
nao,  vinieron  á  ellos  desnudos ,  é  con  muchos  peda- 


DON  FERNANDO 
zos  de  oro  en  las  manos  para  trocar  por  vestidos 
viejos  é  por  otras  cosas  de  poco  valor,  que  llevaban 
en  la  nao.  Los  de  aquella  nao  trocaron  sus  vestidos 
viejos  é  las  otras  cosas  de  su  nao  que  podian  escu- 
sar,  por  los  pedazos  de  oro  q.ue  aquellos  bárbaros 
les  daban.  E  babida  gran  suma  de  oro  en  aquella 
manera,  volvieron  para  España,  é  notificaron  espe- 
cialmente en  aquellos  puertos  del  Andalucía,  lo  que 
hablan  fallado,  é  probaron  el  oro  que  traian,  é  fa- 
llaron ser  fino.  Esto  sabido,  algunas  personas  de 
aquellos  puertos  f ornecieron  una  caravela ,  é  aven- 
turáronse de  ir  aquel  viage.  Los  quales  ansimesmo 
vinieron  con  mucho  oro  trocado  á  vestidos  viejos  é 
á  latón  viejo  é  á  cobre.  Esta  fama  se  estendió  tanto 
por  aquellos  puertos  del  Andalucía,  que  todos  tra- 
bajaban por  ir  á  aquella  tierra ;  é  acaeció  haber  de 
un  viage  diez  mil  pesos  de  oro,  que  era  cada  peso 
valor  de  dos  florines  de  Aragón,  en  especial  el  que 
llevaba  conchas  de  la  mar  muy  grandes,  aquel  traia 
por  cada  una  veinte  é  treinta  pesos  de  aquel  oro  ;  é 
todos  cargaban  de  aquellas  conchas  el  que  las  podia 
haber ;  las  quales  se  habían  en  los  puertos  de  las  is- 
las de  Canaria,  é  una  concha  que  no  era  estimada 
en  precio  ninguno,  acaeció  valer  por  aquella  causa 
en  la  cibdad  de  Sevilla  y  en  aquellos  puertos  del 
Andalucía  veinte  reales  de  plata,  por  la  granreques- 
ta  que  dellas  había  para  llevar  á  aquella  tierra. 

Esto  sabido  por  el  Rey  é  por  la  Reyna,  veyendo 
la  grand  utilidad  que  en  aquella  faciendase  había, 
pusieron  la  mano  en  ello ;  é  mandaron ,  que  ningu- 
no fuesti  á  aquellas  partes  sin  su  licencia,  porque  de 
lo  que  ende  se  oviese,  ellos  recibiesen  la  quinta  parte 
que  les  pertenecía  como  aseñores  de  la  tierra,  de  lo 
qual  se  ñcieron  grandes  derechos  para  su  cámara. 
La  gente  que  iba  á  aquellas  partes ,  escogían  naos 
pequeñas  é  caravelas,  porque  había  algunas  rias  por 
donde  habían  de  entrar  en  aquella  tierra.  Lo  que 
llevaban  é  se  demandaba  por  las  gentes  de  aquellas 
partes,  eran  ropas  viejas  traídas,  que  no  toviesen 
pelo,  é  almireces  de  cobre,  é  candeleros  de  latón ,  ó 
manillas  de  latón ;  y  en  especial  llevaban  de  aque- 
llas conchas,  que  eran  allá  mucho  demandadas.  De- 
cíase que  eran  preciadas,  porque  en  aquellas  parti- 
das caían  muchos  rayos  del  cielo,  é  creían  aquellos 
bárbaros,  que  qualquíer  que  traia  una  concha  de 
aquellas  era  seguro  de  los  rayos.  El  tiempo  que  tar- 
daba una  nao  en  ir  á  aquellas  partes,  era  dos  meses 
ó  tres,  porque  iban  siempre  abaxando ;  y  en  la  ve- 
nida duraba  siete  ú  ocho  meses.  E  como  se  llegaban 
á  aquellas  partes  y  entraban  en  las  rias,  luego 
aquellas  gentes  bárbaras  venían  á  ellos,  cada  uno 
con  el  oro  que  tenia,  é  trocábanlo  á  las  cosas  que 
llevaban.  Muchos  de  los  que  iban  peligraban  en  el 
camino,  porque  la  tierra  es  muy  calurosa,  é  con  el 
calor  bebían  mucha  agua ,  é  comían  de  las  frutas 
de  aquellas  islas  que  fallaban  en  el  camino  ;  pero  el 
que  escapaba  quedaba  rico.  Todos  los  que  venían 
de  aquellas  partes  é  andaban  en  aquella  negocia- 
ción, decían  que  quando  algunas  naos  arribaban  en 
aquella  tierra,  luego  las  gentes  della  se  llamaban 
con  vecinas  unos  á  otros,  porque  moraban  en  los 


É  DOÑA  ISABEL.  315 

campos,  é  todos  acudían  á  aquellos  puertos  á  trocar 
su  oro.  Esta  negociación  como  era  de  gran  ganan- 
cía,  fué  usada  de  tantos  navios  de  Castilla  é  de  Por- 
tugal que  iban  con  las  cosas  que  h  abemos  dicho  á 
aquella  tierra,  que  aquellos  bárbaros  se  avisaron 
mas,  é  sopieron  el  precio  de  aquel  su  oro,  é  no  lo 
daban  ya  con  tanta  liberalidad  como  lo  daban  á  los 
principios ;  pero  siempre  habían  gran  ganancia  los 
que  allá  iban.  No  sabemos  si  esta  tierra  donde  este 
oro  se  traía,  fuese  la  tierra  de  Társis ,  ó  la  tierra  de 
Ofir,  de  que  face  mención  la  Sacra  Escriptura,  en  el 
libro  tercero  de  los  Reyes,  de  donde  traian  al  Rey 
Salomón  oro,  para  la  obra  del  templo  que  labró. 
Agora  dexa  la  historia  de  fablar  desta  materia,  é 
torna  á  proceder  en  las  cosas  que  acaecieron  en 
Castilla. 

CAPÍTULO  LXIIL 

De  como  fué  tomada  la  cibdad  de  Toro. 

Estando  el  Rey  en  el  Reyno  de  Aragón ,  é  la 
Reyna  en  Segovía,  do  había  venido  por  los  debates 
y  escándalos  acaecidos  en  aquella  cibdad ,  según 
que  lo  habernos  recontado  ,  vínole  nueva  en  como 
los  capitanes  é  caballeros  que  habia  dexado  en  las 
guarniciones  contra  la  cibdad  de  Toro ,  habían  en- 
trado en  la  cibdad  y  estaban  apoderados  della ;  é 
la  forma  como  se  tomó  fué  esta.  Un  pastor  que 
guardaba  ovejas,  que  se  llamaba  Bartolomé,  natural 
de  aquella  ciudad  de  Toro ,  vino  á  Don  Pedro  de 
Fonseca  Obispo  de  Avila ,  que  era  uno  de  los  que 
tenían  cargo  principal  de  aquellas  guarniciones 
que  la  Reyna  mandó  asentar  en  circuito  de  Toro  é 
de  Castronuño,  é  dixo  que  él  sabia  lugar  cierto  por 
donde  se  podría  entrar  la  cibdad  de  noche  sin  peli- 
gro ninguno  de  los  que  la  entrasen,  é  que  él  iria  con 
la  gente  que  le  diesen  é  mostraría  por  donde  la  en- 
trasen. El  Obispo  oída  aquella  razón,  quísose  infor- 
mar del  lugar  que  el  pastor  le  dixo ,  ó  de  la  forma 
que  se  habia  de  tener  en  la  entrada.  El  pastor  le 
respondió  que  él  guardaba  continamente  sus  ove- 
jas, has  quales  traia  en  derredor  de  Toro,  é  que  mu- 
chas veces  las  llevaba  entre  el  rio  é  la  cibdad  por 
lugares  tanto  ásperos  é  altos,  que  la  mesma  altura  é 
los  barrancos  que  había  por  aquella  parte,  es  la  mu- 
nición é  fortaleza  de  la  cibdad.  E  dixo,  que  en 
aquellas  partes  por  su  grand  altura ,  no  se  ponían 
guardas,  ni  se  presumía  que  ninguno  pudiese  en- 
trar por  aquel  lugar ;  é  que  él  guardando  su  ganado, 
de  noche  entraba  en  la  cibdad  por  aquella  parte  mu- 
chas veces  é  nunca  fué  sentido.  El  Obispo  que  era 
natural  de  aquella  cibdad ,  oída  la  razón  del  pastor 
parecióle  cosa  razonable ,  porque  sabía  bien  aque- 
llos barrancos,  é  aquel  lugar  que  el  Pastor  le  decía ; 
é  aunque  pensó  ser  cosa  que  podría  venir  en  efeto, 
pero  quísolo  primero  experimentar,  porque  le  pa- 
reció cosa  muy  dífícile  la  entrada  de  la  gente  por 
aquellos  barrancos.  Y  embió  una  noche  diez  escu- 
deros bornes,  naturales  de  la  cibdad,  á  aquel  lugar 
que  decía  el  pastor,  para  verlo  é  tentar  la  entrada. 
Los  quales  fueron  con  el  pastor  que  los  guiaba,  é 


316  CRÓNICAS  DE  LOS 

por  aquellos  lugares  é  barrancos  ásperos  de  grado 
en  grado,  subiendo  el  pastor  delante ,  los  puso  den- 
tro de  la  ciudad ;  é  vieron  que  ninguna  de  las  guar- 
das estaba  en  aquellas  partes,  los  quales  tornaron  á 
salir  por  aquel  mesmo  lugar  seguramente  é  dixe- 
ron  al  Obispo  lo  que  habian  fecho  ,  é  certificáronle 
que  muy  ligeramente  podia  subir  por  aquel  lugar 
la  gente  de  armas  y  entrar  en  la  cibdad,  según  que 
ellos  habian  entrado  sin  peligro.  E  porque  aquellos 
que  el  Obispo  embió  eran  homes  de  buen  entendi- 
miento, dióles  fe  á  ello.  Y  embió  por  Don  Fadrique 
Manrique,  é  por  Pedro  de  Velasco ,  é  por  Vasco  de 
Vivero,  é  por  Pedro  de  Guzman,  é  por  Pernal  Fran- 
cés, é  por  Antonio  de  Fonseca  capitanes  de  la  gen- 
te de  las  guarniciones  que  la  Reyna  había  dexado ;  ó 
comunicóles  lo  que  el  pastor  le  dixo,  é  como  lo  ha- 
bia  experimentado  con  aquellos  escuderos  que  em- 
bió. Lo  qual  visto  ovieron  su  consejo ,  que  fuesen 
fasta  seiscientos  escuderos  á  pie  con  aquel  pastor  ó 
con  aquellos  escuderos  que  habian  primero  tentado 
la  entrada,  é  toda  la  otra  gente  fuese  por  defuera 
de  la  cibdad  ,  é  se  pusiesen  á  una  puerta  della ;  é 
que  una  parte  de  aquellos  seiscientos  escuderos, 
que  entrasen  en  la  cibdad,  peleasen  con  las  guardas 
é  rondas,  é  la  otra  parte  fuese  á  aquella  puerta  á  la 
abrir,  porque  pudiesen  entrar  por  ella  toda  la  otra 
gente.  Este  acuerdo  tomado  por  el  Obispo  é  por 
aquellos  capitanes,  pusiéronlo  en  obra,  é  aguardan- 
do una  noche  escura,  fueron  Don  Fadrique  Man- 
rique ,  é  Pedro  de  Velasco ,  é  Antonio  de  Fonseca 
con  aquel  pastor,  é  con  aquellos  otros  escuderos  que 
habian  ido  primero.  E  puestos  al  pié  de  la  subida, 
algunos  escuderos  dubdaban  el  fecho,  é  ponian  sos- 
pechas é  recelaban  de  subir,  poniendo  inconvinien- 
tes,  é  dando  á  entender,  que  podia  ser  algún  trato 
doble,  que  aquel  pastor  traia  en  deservicio  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  y  en  perdición  de  todos  ellos ;  lo 
qual  decian  que  se  certificaba  mas ,  porque  aquel 
pastor  facia  tan  fácil  é  tan  sin  peligro  la  entrada 
en  la  cibdad.  E  daban  razón  de  su  sospecha  dicien- 
do, que  no  era  cosa  de  presumir  que  los  caballeros 
Portogueses  que  con  tanta  diligencia  guardaban 
la  cibdad  estoviesen  á  tan  mal  recabdo  que  de- 
xasen  paso  ni  lugar  en  el  circuito  de  la  cibdad, 
sin  guarda  é  ronda.  Decian  ansimesmo ,  que  la 
entrada  primera  que  aquellos  diez  escuderos  ha- 
bian fecho  por  aquel  lugar,  era  causado  mayor  sos- 
pecha :  porque  decian  haber  subido  y  entrado  en  la 
cibdad  sin  haber  sentido  ni  oido  ninguna  guarda 
ni  ronda ;  y  era  de  creer  haberlos  dexado  entrar 
porque  eran  pocos  ,  á  fin  de  tomar  después  los  que 
entraren  quando  fuesen  muchos.  Con  estas  razones 
é  sospechas  amonestaban  á  los  capitanes  que  no 
entrasen  ni  aventurasen  sus  personas  é  gentes,  ni 
menos  creyesen  de  ligero  aquel  fecho ,  donde  tan 
gran  deservicio  se  podría  segtiir  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na. El  pastor  que  los  habia  puesto  en  aquel  lugar, 
afirmaba  todavía  la  seguridad  de  la  entrada,  é  qui- 
tábales la  dubda,  ó  decíales :  «Venid  vosotros  en  pos 
nde  mi,  é  no  hayáis  recelo  ninguno.»  El  capitán 
Pedro  de  Velasco,  que  habernos  dicho,  era  home  de 


REYES  DE  CASTILLA. 

gran  esfuerzo  é  de  buen  entendimiento,  é  conocida 
la  simpleza  del  pastor,  en  la  qual  entendió  que  no 
podia  haber  mistura  de  maldad ,  les  dixo  :  «  Caba- 
«lleroSjSi  en  las  fazañas  de  caballería  no  oviese 
«aventura,  no  habría  honra;  é  tanto  es  m«.yor  la 
«honra  del  caballero  ,  quanto  mayor  es  el  peligro 
«que  comete.  Bueno  es,  dixo,  tener  algún  miedo  que 
«nos  faga  haber  memoria  de  Dios,  porque  alcemos 
» los  ojos  á  él,  para  que  nos  ayude  en  nuestros  f e- 
«chos  ;  con  la  ayuda  del  qual  yo  dispongo  subir  es- 
«tas  cuestas  ,  siguiendo  el  camino  que  este  pastor 
»  me  mostrare,  porque  tengo  creído  que  ni  tiene  do- 
«bladura  en  su  condición,  ni  menos  en  este  fecho 
nde  que  nos  ha  avisado. «  E  luego  Antonio  de  Fon- 
seca  subió  el  primero ,  en  pos  del  subió  Pedro  de 
Velasco,  é  luego  subió  Vasco  de  Vivero,  é  toda  la 
otra  gente  siguió  á  estos.  Veyendo  á  sus  capitanes 
esforzados,  cobraron  ánimo,  é  llevando  por  guia  á 
aquel  pastor  por  aquellos  barrancos  é  lugares  áspe- 
ros, subieron  de  grado  en  grado  fasta  que  todos  es- 
tovieron  dentro  en  la  cibdad,  é  no  fueron  sentidos, 
porque  en  aquella  parte  estaba  todo  despoblado  sin 
morador  ninguno.  Puestos  en  la  cibdad,  la  mayor 
parte  dellos  fué  á  la  plaza  con  grand  ímpetu ;  los 
otros  fueron  á  abrir  la  puerta  por  do  entrase  toda 
la  gente  que  estaba  aguardando  por  defuera  para 
entrar.  Algunos  Portogueses  que  andaban  en  la  ron- 
da como  sintieron  la  gente  de  armas  en  la  cibdad, 
comenzaron  á  pelear  con  ellos.  La  qual  pelea  duró 
poco  espacio,  porque  pensaron  que  los  vecinos  de  la 
cibdad  les  habian  dado  entrada,  é  que  toda  la  cib- 
dad estaba  contra  ellos ;  y  esta  sospecha  los  fizo 
luego  retraer  á  la  fortaleza.  E  como  vieron  que  toda 
la  gente  de  las  guardas  habian  entrado  por  la  puer- 
ta, ése  habian  apoderado  de  la  cibdad, el  Conde  de 
Marialva,  que  estaba  por  guarda  della,  acordó  de 
dexar  la  fortaleza  á  Doña  María  Sarmiento  muger 
de  Juan  de  UUoa,  é  ir  con  toda  su  gente  á.Castro- 
nuño,  é  dende  fué  para  Portugal.  E  ansi  quedó  la 
gente  del  Rey  é  de  la  Reyna  apoderada  de  la  cib- 
dad Toro ,  é  aquella  Doña  María  quedó  apoderada 
con  ciertos  escuderos  suyos  en  la  fortaleza.  Como 
la  Reyna  sopo  que  sus  gentes  habian  tomado  la 
cibdad  de  Toro ,  partió  de  Segovia  é  fué  para  allá, 
do  fué  recebida  con  placer  de  todos,  por  se  ver  li- 
bres de  la  subjecion  en  que  estaban  de  los  Porto- 
gueses. E  luego  mandó  restituir  la  posesión  de  sus 
casas  é  bienes  y  heredamientos  á  todos  los  caballe- 
ros y  escuderos  de  aquella  ciudad  que  estaban  des- 
terrados ;  á  los  quales  habia  fecho  grande^  agravios 
é  robos  aquel  Juan  de  Ulloa  que  habernos  dicho. 
E  fizo  merced  al  pastor  que  mostró  la  entrada  de  la 
cibdad  para  su  mantenimiento  de  dineros  de  juro 
de  heredad  para  él  é  para  sus  descendientes,  é  fizó- 
los francos  de  todos  pechos  é  tributos.  E  mandó 
luego  poner  estanzas  contra  la  fortaleza,  é  traer 
lombardas  y  engenios  para  la  combatir.  Visto  por 
algunos  parientes  de  aquella  Doña  María  la  indina- 
cion  que  la  Reyna  tenia  contra  ella,  suplicáronle 
que  le  ploguiese  considerar,  que  el  yerro  cometido 
por  aquella  dueña,  habia  seydo  por  mandado  de  su 


DON  FERNANDO 
marido,  é  no  de  su  voluntad :  lo  qual  parecía  claro, 
porque  ella  agora  que  se  veía  libre,  deseaba  tornar 
á  su  servicio  ,  y  entregarle  su  fortaleza ;  é  si  en  al- 
guna defensa  se  ponia,  no  era  con  intención  de  re- 
belar  á  sus  mandamientos,  salvo  por  el  miedo  gran- 
de que  habia  de  su  ¡ndin ación,  é  á  fin  de  le  supli- 
car por  la  seguridad  de  su  persona  é  de  sus  fijos  é 
parientes  é  criados :  la  qual  habida,  luego  vernia  á 
obediencia  é  á  todo  lo  que  la  Reyna  mandase.  La 
Reyna,  oidas  aquellas  razones,  considerando  que  era 
hermana  de  Don  Diego  Pérez  Sarmiento  Conde  de 
Salinas,  é  de  otros  caballeros  que  en  aquellas  guer- 
ras le  hablan  bien  servido ,  movida  ansimesmo  á 
piedad,  porque  era  dueña  viuda ,  é  venia  á  le  supli- 
car por  su  seguridad  con  toda  obediencia,  concedió 
á  las  suplicaciones  que  de  su  parte  le  fueron  fechas, 
é  perdonóla  é  á  todos  los  que  con  ella  estaban.  E 
luego  entregó  el  castillo  á  la  Reyna,  é  la  fortaleza 
de  la  Mota  al  Mariscal  Diego  de  Benavides  cuya 
era,  las  quales  Juan  de  UUoa  marido  desta  dueña 
habia  tomado  é  poseído  muchos  tiempos  tiránica- 
mente. Estas  cosas  fechas,  por  mandado  de  la  Rey- 
na, quedaron  ciertos  capitanes  é  gentes  de  armas  en 
circuito  de  Castronuño  é  de  Cantalapiedra,  é  de 
las  otras  fortalezas  que  estaban  por  el  Rey  de  Por- 
togal ;  é  la  Reyna  vino  para  Valladolid  con  inten- 
ción de  esperar  en  aquella  villa  al  Rey  su  marido, 
para  dar  orden  en  los  sitios  que  acordaba  de  poner 
sobre  aquellas  fortalezas  ,  por  los  grandes  robos  é 
daños  que  dellas  se  facian. 

CAPÍTULO  LXIV. 

De  como  la  Reyna  partió  de  Valladolid,  é  fué  á  Ucles,  para  impe- 
dir la  elección  que  los  Comendadores  querían  facer  de  Maestre 
de  Santiago. 

Estando  la  Reyna  en  Valladolid ,  vínole  nueva 
que  el  Conde  de  Paredes  Don  Rodrigo  Manrique  (1), 
que  se  llamaba  Maestre  de  Santiago ,  era  muerto. 
Fué  ansimesmo  informada,  que  el  Comendador 
mayor  de  León  Don  Alfonso  de  Cárdenas  venia  con 
gente  de  armas,  desde  la  provincia  de  León  á  la 
provincia  de  Castilla,  para  que  los  Treces  é  Comen- 
dadores de  la  Orden  en  concordia  le  eligiesen  por 
Maestre  de  Santiago  en  el  convento  de  Ucles.  E 
porque  la  Reyna  habia  suplicado  al  Papa  que  diese 
aquel  Maestradgo  en  administración  al  Rey,  partió 
luego  de  Valladolid  y  en  tres  dias  vino  á  la  villa  de 
Ocaña ;  é  como  quier  que  era  de  noche  á  la  hora  que 
llegó,  é  facia  afortunado  tiempo  de  aguas,  pero 
luego  partió  é  fué  á  la  villa  de  Ucles.  E  mandó  ve- 
nir ante  ella  los  Treces  é  Comendadores  que  allí  es- 

H)  El  Maestre  de  Santiago  Don  Rodrigo  Manrique  murió  en 
Ocaña  4  H  de  Noviembre  de  U76,  como  se  comprueba  por  su 
epitafio  que  trae  Salazar,  y  lo  dice  también  Galindez  en  el  sumario 
de  dicho  año.  El  epitafio  dice  así : 

Aquí  yace  el  magnífico  seSob  don  rodrigo  Manrique, 
maestre  de  santiago,  hijo  del  adelantado  don  pedro  man- 
rique y  de  doña  leonor  de  castilla  ,  el  qual  venció  veunte 

Y  QL'ATRO  BATALLAS  DE  MOROS  V  CRISTIANOS.   MURIÓ   aSo    DE 
1476,  Á  11  DE  NOVIEMBRE. 

Salazar,  Pr.  de  ¡a  casa  de  Lara,  t.  ii,  pág.  316. 


É  DOÍÍA  ISABEL.  317 

taban  juntos  ;  é  díxoles,  que  bien  sabían  como  aquel 
Maestradgo  de  Santiago  era  una  de  la  mayores  dig- 
nidades de  toda  España,  é  que  allende  de  ser  tan 
grande  en  rentas  é  vasallos ,  habia  en  él  muchas 
fortalezas  derramadas  fronteras  de  los  moros,  é  de 
los  otros  reynos  comarcanos ;  é  por  esta  causa  los 
Reyes  sus  progenitores  siempre  pusieron  la  mano 
en  esta  dignidad  é  la  tomaron  en  administración,  ó 
la  dieron  á  su  fijo  segundo,  ó  á  persona  muy  fiel  á 
la  casa  real  de  Castilla.  E  como  quiera  que  el  Co- 
mendador mayor  de  León  era  persona  leal  al  Rey  é 
á  ella;  pero  por  agora  habia  deliberado  que  el  Rey 
toviese  aquel  Maestradgo  en   administración,   lo 
qual  habia  acordado  de  suplicar  al  Papa.  Por  ende, 
'  que  les  mandaba  que  suspendiesen  aquella  elección 
que  querían  facer,  porque  no  complia  al  servicio 
del  Rey  ni  suyo  ni  al  bien  de  sus  Reynos.  Otrosí, 
que  suplicaban  al  Papa,  que  les  diese  por  adminis- 
trador al  Rey;  porque  ansí  complia  á  la  buena  go- 
bernación de  la  orden  é  de  sus  bienes ,  y  embió  á 
decir  al  Comendador  mayor  que  estaba  en  el  Corral 
de  Almaguer,  que  dexase  la  solicitud  que  tenia  de 
haber  esta  dignidad ,  porque  no  complia  al  servicio 
del  Rey  ni  suyo  ;  é  que  le  seguraba  por  su  fe  real, 
que  si  el  derecho  que  alegaba  tener  se  averiguase, 
ella  lo  mandaría  guardar  enteramente.  Oída  por 
aquellos  Treces  é  Comendadores  lafabla  y  el  manda- 
miento que  la  Reyna  les  fizo,  porque  ora  muy  temi- 
da de  todos,  acordaron  de  obedecer  sus  mandamien- 
tos ;  é  suplicaron  al  Papa  que  proveyese  al  Rey  de 
la  administración  de  la  orden,  según  la  Reyna  gelo 
mandó.  Ansimesmo  el  Comendador  mayor,  habido  el 
mandamiento  déla  Reyna,  como  quiera  que  gele 
fizo  grave  dexar  aquella  demanda ,  porque  alegaba 
tener  derecho  al  Maestradgo,  pero  obedeció  al  man- 
damiento de  la  Reyna.  E  luego  volvió  para  la  pro- 
vincia de  León,  é  se  dispuso  de  servir  al  Rey  é  á  la 
Reyna  en  la  guerra  que  habían  con  Portogal ,  tan 
lealmentc  como  si  le  oviera  dado  el  Maestradgo ; 
porque  propuso  de  no  haber  aquella  dignidad  salvo 
limpiamente,  seyendo  elegido  según  los  preceptos 
é  constituciones  de  su  Orden,  é  ansimesmo  de  volun- 
tad del  Rey  é  de  la  Reyna,  según  era  la  costumbre 
en  Castilla. 

CAPÍTULO  LXV. 

Del  Consejo  que  se  ovo  para  que  el  Rey  fuese  allende  el  puerto 
é  la  Reyna  á  tierra  de  Estremadura;  é  como  fundaron  el  mr 
nesterio  de  San  Juan  de  los  Reyes  en  Toledo. 

Como  el  Rey  ovo  fecho  el  socorro  de  Fuentera- 
bía,  é  las  justicias  que  díximos  que  executó  en  las 
montañas,  luego  vino  para  la  cibdad  de  Toro,  é  pro- 
veyó en  algunas  cosas  que  entendió  ser  necesarias 
á  las  gentes  de  armas  que  la  Reyna  dexó  en  guar- 
niciones contra  Castronuño,  é  Cabillas,  é  Siete  Igle- 
sias ;  é  dexó  con  sus  poderes  para  proveer  en  la 
justicia  y  en  las  cosas  tocantes  á  la  guerra,  y  en  to- 
das las  otras  cosas  que  fuesen  necesarias  en  aquellas 
partes,  al  bastardo  su  hermano  Duque  de  Villaher- 
mosa ,  ó  al  Conde  de  Haro  su  Condestable.  Fecha 


318 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA 


aquella  provisión,  vino  para  la  villa  de  Ocafia,  don- 
de la  Reyna  estaba  ,  é  de  allí  partieron  el  Rey  é  la 
Reyna  para  la  cibdad  de  Toledo ,  donde  ficieron 
algunas  limosnas  é  otras  obras  pias,  que  hablan 
prometido  por  la  victoria  que  á  Dios  plogo  les  dar ; 
especialmente  fundaron  un  monesterio  de  la  orden 
de  Sant  Francisco,  cerca  de  dos  puertas  de  la  cib- 
dad, que  se  llama  la  una  la  puerta  de  Sant  Martin, 
la  otra  la  puerta  del  Cambrón.  E  mercaron  algunas 
casas  que  estaban  cercanas  á  aquellas  puertas  de  la 
cibdad,  que  fueron  derrocadas  para  fundar  aquel 
monesterio,  según  está  magníficamente  edificado, 
á  la  invocación  de  Sant  Juan,  el  cual  se  llama  hoy 
Sant  Juan  de  los  Reyes.  Complidos  los  votos 
é  devociones  que  el  Rey  é  la  Reyna  hablan  pro- 
metido de  facer ,  luego  partieron  de  Toledo ,  é  vi- 
nieron á  la  villa  de  Madrid ,  donde  ovieron  nue- 
vas que  la  gente  de  Portogal,  por  las  partes 
de  Badajoz  é  Cibdad-Rodrigo,  entraban  á  facer 
guerra  en  Castilla ;  é  ansimesmo ,  que  los  de  las 
fortalezas  que  estaban  por  el  Rey  de  Portogal,  fa- 
cían guerra  á  todas  aquellas  comarcas,  á  las  quales 
no  podían  resistir  las  gentes  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
que  habían  dexado  en  guarnición.  Habidas  estas 
nuevas,  luego  proveyeron  á  la  defensa  de  la  tierra, 
y  embiaron  sus  poderes  al  Comendador  mayor  de 
León,  éá  Don  Lorenzo  Xuarez  de  Fígueroa,  Conde 
de  Feria,  que  eran  vecinos  en  aquellas  fronteras  de 
Portogal,  para  que  defendiesen  la  tierra,  é  ficiesen 
guerra  al  Reyno  de  Portogal ;  é  dieron  sus  cartas 
para  todos  sus  fijosdalgo  é  gentes  de  armas  de  ca- 
ballo é  de  pie  de  aquellas  partidas ,  que  se  juntasen 
con  ellos  cada  que  los  embiasen  á  llamar,  é  ficiesen 
lo  que  les  mandasen.  Estos  dos  caballeros  cada  uno 
por  su  parte  facían  guerra  á  Portogal,  é  defendían 
de  los  Portogueses  la  tierra  de  Castilla  en  aquellas 
comarcas  ;  y  entraron  algunas  veces  en  Portogal 
é  traxeron  robados  ganados  é  bestias  é  prisioneros. 
Eso  mismo  entraban  los  Portogueses  en  Castilla  por 
aquellas  partes,  é  por  la  frontera  do  Cibdad-Rodri- 
go, é  Uebaban  cavalgadas  de  todo  lo  que  fallaban. 
En  estas  entradas  que  los  Castellanos  facían  á  Por- 
togal, é  los  Portogueses  á  Castilla,  ovieron  algunos 
recuentros,  donde  fueron  muertos  é  presos  muchos 
de  la  una  parte  é  de  la  otra,  é  de  contíno  había  en- 
tre ellos  cruda  guerra.  El  Rey  é  la  Reyna  pensaron, 
que  si  ellos  fuesen  á  aquellas  partes  de  Estremadu- 
ra,  se  daría  mejor  provisión  en  la  guerra  de  Porto- 
gal,  é  pacificarían  aquella  provincia,  que  estaba  de 
largos  tiempos  puesta  en  robos  é  tiranías,  por  algu- 
nos caballeros  é  otras  personas  naturales  de  la  tier- 
ra, é  por  los  alcaydes  de  las  fortalezas.  E  f  arlan  an- 
simesmo que  la  fortaleza  de  la  cibdad  de  TrogíUo, 
que  tenia  el  Marqués  de  Villena,  se  pusiese  en  terce- 
ría, según  que  el  Marqués  era  obligado  de  la  poner. 
Ansimesmo  fablaban  de  ir  á  proveer  en  la  guerra  que 
facían  los  de  Castronufio,  ó  Cubillas,  é  Siete  Iglesias, 
é  Cantalapiedra.  E  estando  en  deliberación  de  lo 
uno  é  de  lo  otro,  pensaban  si  seria  mejor  provisión 
para  aquellas  dos  necesidades  ,  ir  el  Rey  á  proveer 
en  lo  uno  é  1^  Reyna  en  lo  otro ;  é  quisieron  cerca 


dello  saber  el  parecer  de  los  caballeros,  é  perlados, 
é  doctores  de  su  Consejo.  E  después  de  alguna  plá- 
tica habida,  algunos  de  su  Consejo  dixeron  que  ni 
el  ^ey  é  la  Reyna  juntos,  ni  cada  uno  por  sí  debían 
ir  á  aquellas  parte  de  Estremadura.  Lo  primero, 
porque  les  era  necesario  tener  alguna  cibdad  ó  villa 
en  aquella  provincia,  donde  sus  personas  reales  é 
sus  gentes  pudiesen  estar  seguramente  aposenta- 
dos, sin  recelo  de  las  fortalezas  que  en  ella  había.  E 
como  quiera  que  todas  las  cibdades  é  pueblos  esta- 
ban á  su  obediencia,  pero  que  ninguno  había  que 
no  tovíese  fortaleza  enagenada  en  poder  de  algún 
caballero',  6  tirano ,  que  en  los  tiempos  pasados 
oviese  cometido,  y  en  el  presente  cometía  tales  cri- 
mines, por  los  quales  estoviesen  temerosos  de  la 
justicia.  E  que  veyendo  sus  personas  reales  en  aque- 
llas partes,  el  temor  les  faría  alterar  de  manera  que 
no  querrían  entregar  las  fortalezas  que  toviesen ;  é 
que  no  seria  razón  que  su  personas  reales  en  tal 
tiempo  se  aposentasen  en  pueblo,  do  semejantes  ho- 
mes  estoviesen  apoderados  de  la  fortaleza.  E  que 
no  habiendo  la  seguridad  que  á  sus  personas  reales 
convenía,  temían  mayor  necesidad  de  se  guardar 
de  los  alcaydes  que  de  los  contrarios.  E  dado  que 
deliberasen  poner  sitio  sobre  alguna  fortaleza  para 
la  haber  de  su  mano  ;  esto  decían  ellos,  que  les  pa- 
recía mayor  inconviniente,  porque  debiéndose  ocu- 
par en  la  guerra  contra  sus  contrarios,  se  impidi- 
rían  faciéndola  á  los  que  la  decían  ser  sus  servido- 
res. E  allende  desto,  era  de  creer  que,  puesto  sitio 
sobre  uno  dellos,  todos  los  otros  se  escandalizarían 
é  rebelarían :  de  donde  se  seguiría,  que  los  que  ago- 
ra se  mostraban  servidores,  se  tornasen  deservido- 
res,  de  que  se  podrían  seguir  gran  deservicio  suyo, 
é  otros  daños  irreparables ,  por  ser  todas  aquellas 
fortalezas  fronteras  de  Portogal.  Especialmente  de- 
cían, que  en  aquella  provincia  donde  era  necesario 
mostrarse  mas  la  obediencia  de  sus  subditos,  había 
muchas  fortalezas  donde  estaban  apoderados  algu- 
nos tiranos,  que  continamente  facían  robos  é  fuer- 
zas ;  é  que  faciéndose  en  su  presencia ,  sin  remediar 
á  los  agraviados  é  punir  á  los  malfechores,  manifiesto 
era  el  deservicio  grande  que  dello  geles  seguiría.  E 
por  estas  razones  decían,  que  ni  el  Rey  ni  la  Reyna 
debían  ir  á  aquellaspartes  de  Estremadura,  fasta  tan- 
to que  la  tierra  estuviese  mas  pacificada,  é  obedien- 
te á  sus  mandamientos  ;  la  qual  pacificación  se  po- 
día mejor  facer  mediante  algún  capitán  que  embia- 
sen é  aquella  provincia  con  gran  poder  de  gente,  y 
este  80  juntase  con  el  Comendador  de  León,  é  con 
el  Conde  de  Feria,  para  asegurar  toda  aquella  tierra 
é  resistir  á  los  Portogueses,  é  facerles  guerra  quan- 
do  entendiesen  que  se  debía  facer.  Ansimesmo  les 
parecía  que  el  Rey  debía  ir  á  poner  sitio  sobre  las 
fortalezas  de  Castronufio,  é  Cubillas,  é  Siete  Iglesias, 
é  Cantalapiedra,  é  la  Reyna  debía  estar  en  la  cib- 
dad de  Toledo,  porque  desde  aquella  cibdad  podría 
proveer  prestamente  todas  las  cosas  que  ocurriesen, 
ansi  en  la  tierra  de  Estremadura  é  del  Andalucía, 
como  en  todas  las  otras  partes,  por  en  comedio  de 
sus  Reynos,  ó  donde  los  Reyes  pasados,  habida  esta 


DON  FERNANDO 
consideración,  la  mayor  parte  de  loa  tiempos  tovie- 
ron  BU  silla  real.  El  Rey  é  la  Reyna  oyeron  aquellas 
razones  de  los  del  su  Consejo ;  é  como  quiera  que 
les  parecieron  razonables,  pero  la  Reyna  que  esta- 
ba inclinada  á  proveer  en  toda  aquella  tierra  de  Es- 
tremadura,  é  la  pacificar,  é  poner  la  fortaleza  de 
Trogillo  en  tercería,  según  que  el  Marqués  de  Ville- 
na  era  obligado ,  respondió  á  aquellos  de  su  Conse- 
jo: «Yo  siempre  oí  decir,  que  la  sangre  como  bue- 
Hna  maestra  va  siempre  á  remediar  las  partes  del 
»  cuerpo  que  reciben  alguna  pasión ;  pues  oir  conti- 
»  ñámente  la  guerra  que  los  Portogueses  como  con- 
«trarios  é  los  Castellanos  como  tiranos  facen  en 
»  aquelas  partidas ,  é  sof  rirla  con  disimulación  ,  no 
«seria  oficio  de  buen  Rey,  porque  los  Reyes  que 
»  quieren  reyuar  han  de  trabajar.  A  mí  me  parece 
»  que  el  Rey  mi  señor  debe  ir  á  aquellas  comarcas  de 
«allende  el  puerto,  é  yo  á  estotras  partes  de  Estre- 
»  madura,  para  proveer  en  lo  uno  y  en  lo  otro.  Ver- 
1)  dad  es  que  en  mi  ida  algunos  inconvinientes  se 
»  muestran  de  los  que  habéis  declarado  ;  pero  en  to- 
»dos  los  negocios  hay  cosas  ciertas  é  dubdosas,  é 
fttan  bien  las  unas  como  las  otras  son  en  las  manos 
»  de  Dios,  que  suele  guiar  á  buen  fin  las  justas  é  con 
«diligencia  procuradas.»  Al  Rey  plogo  de  aquello 
que  la  Reyna  determinó,  é  á  algunos  de  su  Consejo, 
porque  conocía  della  ser  rauger  de  grand  ánimo.  E 
luego  partieron  de  Madrid,  el  Rey  para  aquellas 
partes  de  allende  el  puerto ,  é  la  Reyna  para  Estre- 
madura. 

CAPÍTULO  LXVI. 

Como  el  Rey  puso  sitio  sobre  las  fortalezas  de  Castronuño , 
é  Cubillas,  é  Cantalapiedra,  é  Siete  Iglesias. 

El  Rey  partió  de  la  villa  de  Madrid ,  é  vino  para 
Medina  del  Campo ;  y  embió  á  mandar  á  los  capita- 
nes que  estaban  en  guarnición  contra  las  fortalezas 
de  Castronuño,  é  Cantalapiedra,  é  Cubillas,  é  Siete 
Iglesias,  que  viniesen  á  él.  E  ovo  consejo  con  el 
bastardo  su  hermano  Duque  de  Villahermosa,  é  con 
el  Conde  de  Haro,  su  Condestable,  de  poner  sitio  so- 
bre todas  aquellas  fortalezas,  de  las  quales  se  fa- 
cían continamente  grandes  robos  é  muertes,  é  se 
despoblaba  la  tierra  de  la  comarca ;  los  quales  sitios 
podía  poner  con  menor  dificultad ,  porque  ya ,  se- 
gún habemos  dicho,  estaba  á  su  obediencia  la  cíb- 
dad  de  Toro  é  su  fortaleza,  que  fasta  aquel  tiempo 
era  grand  impedimento  para  guerrear  aquellas  for- 
talezas, é  las  sitiar.  E  luego  mandó  llamar  las  gen- 
tes de  armas  de  las  comarcas ,  é  puso  sitio  en  un  día 
sobre  aquellas  cuatro  fortalezas  ¡  é  dio  cargo  al  bas- 
tardo su  hermano  del  cerco  de  Siete  Iglesias,  é  á 
Pedro  de  Guzman  del  cerco  de  Cubillas,  é  al  Obis- 
po de  Avila,  é  á  Vasco  de  Vivero  ,  é  á  Alfonso  de 
Fonseca,  é  á  Don  Sancho  de  Castilla,  del  cerco  de 
Cantalapiedra,  é  á  Don  Luís,  fijo  del  Conde  de  Buen- 
día,  é  á  Don  Fadrique  Manrique,  del  cerco  de  Cas- 
tronuño. Puestos  estos  sitios,  el  Rey  andaba  todos 
los  días  del  un  cerco  al  otro ,  proveyendo  las  cosas 
necesarias.  E  luego  á  pocos  días  el  alcayde  de  aque- 


É  DONA  ISABEL.  319 

lia  fortaleza  de  Cubillas  demandó  al  Rey  merced 
que  le  segurase  la  vida  é  los  bienes,  é  que  la  entre- 
garía. El  Rey  lo  fizo,  é  redúxole  á  su  servicio,  áto- 
mo la  fortaleza.  E  mandó  á  Pedro  de  Guzman  que 
con  la  gente  que  tenia  en  el  cerco  della ,  pasase  al 
sitio  que  estaba  puesto  sobre  la  fortaleza  de  Castro- 
nuño, porque  en  la  defensa  de  aquella  villa  estaba 
mayor  copia  de  gente  que  la  guardaba.  El  bastardo 
hermano  del  Rey,  puso  ansimesmo  gran  diligencia 
en  el  sitio  que  tenia  puesto  sobre  la  fortaleza  de 
Siete  Iglesias,  y  en  espacio  de  dos  meses  la  puso  en 
mucho  estrecho ;  é  al  fin  la  combatió  con  las  lom- 
bardas tan  de  recio  por  todas  partes,  que  el  alcay- 
de ,  é  los  otros  que  con  él  estaban ,  no  se  podiendo 
mas  defender,  demandaron  partido  de  las  vidas,  ó 
que  entregarían  la  fortaleza;  y  el  Rey  otorgólo,  é 
luego  la  entregaron.  Algunos  de  los  que  fueron  to- 
mados en  los  combates  y  escaramuzas  mandó  afor- 
car,  é  toda  aquella  fortaleza  luego  el  Rey  la  mandó 
derribar.  Los  que  estaban  en  Cantalapiedra,  veyen- 
do  que  no  se  podían  defender,  é  que  habían  estado 
cercados  por  espacio  de  tres  meses ,  é  no  habían  ni 
esperaban  haber  socorro,  demandaron  ansimesmo 
partido  al  Rey  que  los  dexase  iráPortogal.  El  Rey 
gelo  otorgó,  y  entregaron  la  villa,  é  mandó  derribar 
todo  lo  fuerte  della,  é  cegarlas  cavas  é  otras  defen- 
sas que  tenían  fechas,  é  mandóla  restituir  al  Obispo 
de  Salamanca,  cuya  era.  E  ansí  quedó  solo  el  sitio 
que  estaba  puesto  sobre  Castronuño,  alqual  mandó 
pasar  toda  la  gente  que  estaba  en  los  cercos  de  las 
otras  fortalezas  que  eran  entregadas.  E  mandó  po- 
ner dos  reales,  é  guardar  por  la  parte  del  rio  de 
Duero,  porque  por  el  agua,  ni  por  la  tierra,  no  pu- 
diesen haber  entrada  ni  salida  en  la  villa  ;  esto  fe- 
cho, acordó  de  combatir  la  villa.  Algunos  capitanea 
de  los  que  allí  eran  quisieron  impedir  el  combate, 
porque  les  pareció  peligroso,  por  estar  la  villa  tan 
fortalecida  de  cavas  é  baluartes  é  otras  defensas,  ó 
bastecida  de  mucha  gente  para  la  defender ;  é  de- 
cían que  teniéndolos  cercados  algunos  días  sin  los 
combatir,  geles  enflaquecerían  las  fuerzas;  é  tra- 
yendo mas  pertrechos,  se  podría  con  mayor  fuerza 
é  menor  peligro  facer  el  combate.  Otros  decían  que 
se  debía  combatir  luego  durante  el  disfavor  é  temor 
que  los  de  dentro  tenían  por  la  entrega  de  las  otras 
fortalezas  ;  porque  sí  dilataba  el  combate,  sus  gen- 
tes é  los  caballos  que  tenían  allí  en  el  campo  por 
ser  comienzo  de  invierno,  se  perderían  é  no  lo  po- 
drían sofrír.  Eso  mesmo  se  dañaría  la  pólvora  ó  los 
otros  pertrechos  que  tenían ,  é  todo  su  exércíto  re- 
cibiría mucho  daño  si  en  tiempo  de  invierno  esto- 
viesen  como  estaban  en  el  campo ,  é  que  le  sería  ne- 
cesario alzar  el  real ,  de  lo  qual  gele  signiria  gran 
deservicio ;  é  que  entendían  con  el  ayuda  de  Dios 
que  se  daría  tal  diligencia  en  ei  combate ,  que  por 
fuerza  entrasen  la  villa ;  é  aposentada  la  gente  en 
las  casas  podrían  pasar  el  invierno,  é  tener  sitiada 
la  fortaleza  como  compila.  El  Rey,  oída  aquella  ra- 
zón ,  parecióle  que  el  combate  se  debía  dar,  é  man- 
dó luego  aderezar  las  cosas  que  para  ello  eran  ne- 
cesarias. E  una  mañana  al  alba  del  día,  comenzaron 


3áo 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


á  llegar  los  pertrechos  para  cegar  las  cavas,  é  der- 
ribar las  otras  defensas  que  tenían  fechas ,  porque 
pudiesen  llegar  las  escalas  al  muro  por  aquellos  lu- 
gares que  entendieron  que  podian  llegar.  Los  de 
dentro  salieron  de  la  villa  á  pelear  con  la  gente  que 
traian  los  pertrechos  por  los  impedir  que  no  llega- 
sen ;  é  fué  la  pelea  tan  grande  aquel  dia  entre  los 
unos  é  los  otros,  que  murieron  é  fueron  feridos  mu- 
chos do  la  una  parte  é  de  la  otra ;  é  al  fin  los  de  den- 
tro é  los  de  fuera  se  retraxeron ,  porque  la  noche  les 
impidió  de  manera  que  no  pudieron  mas  pelear.  Otro 
dia  por  la  mañana  tornaron  con  los  pertrechos  á  ce- 
gar las  cavas  con  mucho  peonage  que  el  Rey  man- 
dó llamar.  Los  de  la  villa  salieron  según  que  de  pri- 
mero habían  salido  á  pelear,  é  desde  las  defensas  é 
baluartes  que  tenían  fechos  defendían  quanto  po- 
dian que  las  cavas  no  se  cegasen,  porque  la  gente  del 
Rey  no  oviese  lugar  de  llegar  las  escalas  al  muro. 
Esta  manera  de  combatir  unos  con  otros  duró  por  es- 
pacio de  diez  días,  en  los  quales  murieron  é  fueron 
feridos  muchos  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  El  Rey 
andaba  á  todas  partes  esforzando  sus  gentes,  é  pro- 
veyéndolos de  las  cosas  necesarias  al  combate,  fas- 
ta que  acabaron  de  cegar  por  fuerza  de  armas  todas 
las  cavas,  é  derribar  los  baluartes  por  aquellos  lu- 
gares donde  acordaron  de  dar  el  combate.  Otro  dia 
por  la  mañana,  como  quiera  que  la  gente  del  Rey 
había  recebído  grandes  daños  en  los  combates  de 
los  dias  pasados,  pero  con  grand  ánimo  llegaron  á 
poner  las  escalas  al  muro  ;  las  quales  puestas  con 
el  gran  número  de  artillería  ó  ballestería  que  tira- 
ban ,  los  de  dentro  no  lo  podiendo  mas  defender,  é 
visto  el  daño  que  recibían ,  y  el  poco  fruto  que  fa- 
cían, desampararon  la  villa  6  retraxéronse  á  la  for- 
taleza ,  é  las  gentes  del  Rey  entraron  en  ella  por 
fuerza  de  armas,  é  todos  quantos  pudieron  haber 
pusieron  á  espada,  que  ninguno  escapó.  El  Rey,  en- 
trada, la  villa,  mandó  aposentar  en  ella  sus  gentes, 
é  barrear  las  calles,  é  poner  estanzas  en  circuito  de 
la  fortaleza ,  las  quales  f orneció  de  muchas  gentes  é 
pertrechos,  los  quales  eran  necesarios:  de  manera 
que  la  fortaleza  quedó  sitiada  por  todas  partes.  El 
Alcayde  púsose  en  defensa,  para  lo  qual  tenía  qua- 
trocientos  homes  Castellanos  é  Portogueses,  entre 
los  quales  había  mas  de  cíen  escuderos  Castellanos, 
homes  cursados  en  la  guerra  que  vivían  con  él.  Te- 
nia ansimesmo  nmchos  bastimentos  de  pan  é  vino 
é  carné ,  é  de  todas  las  otras  cosas  necesarias  al  pro- 
veimiento de  los  que  con  él  eran,  y  esto  tenia  en 
grand  abundancia.  Tenia  ansimesmo  gran  copia  de 
pertrechos  é  artillerías  para  defender  é  ofender :  de 
todas  estas  cosas  estaba  tan  bien  f  ornecído ,  que  nin- 
gún Rey  pudiera  mejor  bastecer  ninguna  fortaleza 
que  con  gran  diligencia  quisiera  tener  proveída.  E 
porque  los  que  está  Crónica  leyeren  tomen  exemplo 
en  las  cosas  pasadas  para  las  que  tovieren  presen- 
tos,  é  sepan  quanto  deben  fuir  de  ser  causa  de  di- 
visión en  los  reynos,  porque  es  un  pecado  detesta- 
ble ,  é  de  que  Dios  es  deservido ,  é  los  reynos  donde 
]os  hay  son  destruidos,  ó  los  malos  han  lugar  para 
sus  malos  deseos,  é  los  buenos  son  oprimidos  é  fa- 


tigados :  es  de  saber  que  este  Alcayde  de  Caetronn- 
ño  fué  un  home  de  baxa  manera ,  que  se  decía  Pe- 
dro de  Mendafiá  (1) ,  fijo  de  otro  Alcayde  de  Castro- 
nuño  Gallego;  y  este  fué  natural  de  Paradinas,  al 
qual  puso  en  aquel  castillo  por  Alcayde  Don  Juan 
de  Valenzuela,  Prior  de  la  Orden  de  San  Juan,  que 
fué  privado  de  aquel  Príoradgo.  Y  en  el  tiempo  que 
el  Arzobispo  de  Toledo ,  y  el  Maestre  de  Santiago, y 
el  Almirante  de  Castilla ,  y  el  Duque  Don  Alvaro ,  ó 
otros  caballeros  é  perlados  ficieron  la  división  en  el 
Reyno  quando  alzaron  por  Rey  al  Príncipe  Don  Al- 
fonso en  la  cibdad  de  Avila  ;  este  Alcayde  de  Cas- 
tronufio,  veyendo  tiempo  dispuesto  á  su  deseo  é  in- 
clinación natural ,  recibió  en  aquella  fortaleza  mu- 
chos ladrones  é  robadores  con  los  furtos  é  robos  que 
facían  en  las  comarcas,  é  defendíalos  en  aquella 
fortaleza.  Eso  mesmo  defendía  á  otros  homes  mata- 
dores é  criminosos  é  adebdados ,  é  á  otros  que  ha- 
bían cometido  excesos  é  maleficios.  Los  homes  des- 
ta  condición  crecieron  en  gran  número  so  la  defen- 
sa deste  alcayde  ;  el  qual  como  se  vido  acompañado 
de  gente  á  quien  su  maldad  apremiaba  que  le  acom- 
pañasen ,  Dios  que  muchas  veces  permite  las  guer- 
ras para  punir  ó  enmendar  los  pecados  de  los  ho- 
mes ,  permitió  de  crecer  el  corazón  deste  Alcayde  á 
mayores  cosas,  é  tomó  las  fortalezas  que  habemos 
dicho  de  Cubíllas,  é  Cantalapíedra ,  é  fortaleció  la 
de  Siete  Iglesias,  é  puso  gente  en  ellas  ;  de  las  qua- 
les continamente  robaban  por  aquellas  comarcas,  é 
acudían  á  él  con  la'mayor  parte  de  lo  robado.  Tomó 
ansimesmo  la  villa  de  Tordesíllas,  de  la  qual  estovo 
apoderado,  é  de  tal  manera  creció  su  poder,  que  las 
cíbdades  de  Burgos,  é  Avila,  é  Salamanca,  é  Sego- 
vía,  é  Valladolíd,  é  Medina,  é  todas  las  otras  villas 
de  las  comarcas,  le  daban  cierta  quantía  de  pan  é 
vino  é  maravedís  por  haber  seguridad.  E  allende 
desto  les  facía  otras  demandas  de  dineros  é  de  ga- 
nados, é  todo  le  era  pagado  á  su  voluntad,  é  con 
esta  tiranía  llegó  á  tanta  riqueza ,  que  continamente 
pagaba  sueldo  á  trecientos  homes  á  caballo.  E  to- 
dos los  Grandes  del  Reyno  de  aquellas  comarcas  le 
habían  miedo ,  é  le  daban  dádivas  porque  no  les  fi- 
ciese  guerra  en  sus  tierras.  E  desto  vino  á  tener  mu- 
chos servidores  é  grande  estado ;  en  especial  tenia 
homes  dispuestos  para  la  guerra,  que  vivían  con 
él ,  los  quales  destruían  las  costumbres  de  los  homes 
también  como  los  bienes.  E  deste  alcayde  tomaron 
exemplo  otros  muchos  alcaydes  del  Reyno,  que  se 
pusieron  á  robar  é  rescatar  pueblos,  é  facer  é  defen- 
der los  crimines  é  maleficios  que  los  robadores  fa- 
cían :  en  los  quales  crimines  se  manifestó  bien  el 
justo  juicio  de  Dios  ;  porque  los  mas  de  los  caballe- 
ros que  fueron  causa  de  aquella  división  que  habe- 
mos dicho ,  por  la  qual  este  alcayde  ovo  crecimien- 
to ,  fueron  guerreados  é  injuriados ,  é  continamente 
ofendidos  del  é  de  los  otros  alcaydes  é  tiranos  ;  de 

(1)  En  el  Manuscrito  del  Escorial  se  lee  Pedro  de  Avendaño,  y 
en  el  del  Señor  Nava,  de  Mendaño.  El  Cura  de  los  Palacios  le  llama 
Pedro  de  Mendaño  ,  y  dice  que  era  hijo  de  un  zurrador  de  Para- 
dinas ,  aldea  de  Salamanca ;  en  lo  demás  va  conforme  con  esta 
Crónica.  Bernald.,  Historia  de  tos  Reyes  Católicos,  cap.  xn. 


BON  FEUNANDO 
manera  que  no  se  podían  remediar  á  las  guerras  é 
rescates  que  á  ellos  é  á  sus  vasallos  é  tierras  facian 
de  contino.  Donde  podemos  bien  creer  que  fuera 
menos  daño  á  los  caballeros  sofrir  qualesquier  ma- 
les que  de  los  Reyes ,  aunque  fuesen  malos,  les  pu- 
dieran venir,  que  aquellos  que  de  tantas  partes  so- 
frían, por  la  inobediencia  que  al  Rey  mostraron,  é 
división  que  en  el  Reyno  ficieron.  Este  alcayde  an- 
BÍmesmo  vivia  con  grande  miedo  de  los  estrafios,  é 
mas  de  los  suyos,  é  ni  lugar  ni  hora  le  eran  segu- 
ros, ni  la  noche  tenia  sin  pena,  ni  el  día  con  repo- 
so, porque  estaba  acompañado  de  malos  homes,  de 
quien  recelaba  ser  muerto ,  é  quisiera  retraerse  de 
aquella  manera  de  vivir  con  parte  de  sus  riquezas, 
salvo  que  estaba  ya  tan  enlazado  de  los  males  en 
que  él  mesmo  se  metió ,  que  ni  estar  en  aquella  vida 
le  era  seguro ,  ni  para  salir  della  tenia  lugar.  E  an- 
sí se  mostró  como  los  malos  de  sus  mesmos  males 
son  combatidos ,  porque  dellos  les  nacen  taies  tra- 
bajos, que  les  face  vivir  en  contina  pena.  Como  la 
viJla  fué  entrada,  luego  el  Alcayde  puso  gran  re- 
cabdo  en  su  fortaleza,  é  repartió  su  gente  á  pelear 
con  la  gente  del  Rey  que  estaba  en  las  estanzas,  do 
morían  y  eran  ferídos  muchos  de  la  una  parte  é  de 
la  otra,  con  los  grandes  tiros  de  pólvora  ó  de  balles- 
tas que  se  tiraban.  El  Rey  como  dexó  cercada  aque- 
lla fortaleza,  partió  de  allí,  é  fué  para  la  villa  de 
Medina  del  Campo  á  proveer  en  las  cosas  que  ocur- 
rían y  eran  necesarias  en  aquellas  comarcas. 

CAPÍTULO  LXVII.  , 

De  como  el  Rey  tomó  la  fortaleza  de  Monleon. 

Estando  el  Rey  en  la  villa  de  Medina  del  Campo, 
vino  á  él  un  caballero  que  se  llamaba  García  Oso- 
rio,  que  tenia  el  cargo  de  la  justicia  en  la  cibdad  de 
Salamanca  ;  é  notificóle  como  un  caballero  natural 
de  aquella  cibdad  que  se  llamaba  Rodrigo  Maldo- 
nado,  fué  desobediente  á  la  justicia,  é  vivía  mal  é 
tenia  tiránicamente  el  castillo  de  Monleon ,  que  es 
de  aquella  cibdad  bien  cercano  al  Reyno  de  Porto - 
gal ,  en  el  qual  había  labrado  moneda  falsa ,  é  ha- 
bía cometido  otros  crimines  en  deservicio  de  Dios  é 
suyo,  é  daño  de  toda  la  tierra,  la  qual  tenía  muy 
oprimida  con  robos  é  tiranías.  El  Rey  oída  aquella 
querella,  é  informado  de  los  delíctos  que  aquel  al- 
cayde había,;fecho,  luego  á  la  hora  cabalgó,  é  solo 
con  un  Secretario  é  con  un  Alcalde  de  su  Corte  que 
se  llamaba  el  Licenciado  Diego  de  Proafío ,  en  es- 
pacio de  ocho  horas  fué  desde  Medina  á  la  cibdad 
de  Salamanca  donde  estaba  aquel  Maldonado ;  é 
descabalgó  en  la  posada  del  Corregidor,  el  qual  le 
avisó  como  aquel  alcayde  estaba  en  su  casa  con  otros 
caballeros  de  la  cibdad.  El  Rey  que  estaba  allí  se- 
cretamente, cabalgó  en  su  caballo,  ó  fué  para  la 
casa  do  estaba  aquel  caballero;  é  luego  se  sopo  de 
uno  en  otro  como  el  Rey  estaba  en  la  cibdad ,  é  to- 
dos los  caballeros  é  gentes  della  se  armaron ,  é  vi- 
nieron para  el  Rey.  Aquel  alcayde  como  sopo  que 
el  Rey  estaba  en  la  cibdad ,  é  que  la  salida  de  su 

Cr.-in, 


É  Dof  A  ISABEL.  321 

casa  no  le  era  segura,  porque  el  Rey  estaba  ya  á  la 
puerta  con  mucha  gente,  fuyó  por  los  tejados,  é  me- 
tióse en  el  monesterío  de  Sant  Francisco.  Como  el 
Rey  lo  sopo,  mandó  á  las  gentes  que  cercasen  por 
todas  partes  el  monesterío.  El  Guardian  é  los  Fray- 
Íes,  como  vieron  que  el  Rey  mandaba  entrar  en  el 
monesterío,  suplicáronle  que  no  quisiese  facer  vio- 
lencia en  aquella  casa  de  oración,  é  que  le  ploguie- 
se  acatar  aquella  reverencia  que  cathólíco  príncipe 
debe  á  los  templos  de  Dios,  é  le  ploguíese  dar  segu- 
ro para  que  aquel  caballero  no  padeciese  muerte  ni 
lisien  en  su  persona,  y  ellos  gelo  entregarían  para 
facer  lo  que  Su  Alteza  mandase.  El  Rey  como  quie- 
ra que  fué  informado  que  aquel  alcayde  había  co- 
metido delíctos  de  tan  mala  calidad ,  que  no  era  dig- 
no de  gozar  del  privilegio  de  la  Iglesia ;  pero  por 
reverencia  de  aquel  templo ,  é  acatadas  las  humildes 
suplicaciones  del  Guardian  é  de  aquellos  Frayles, 
prometióles  de  salvar  la  vida  de  aquel  alcayde,  se- 
gún gelo  suplicaron ,  si  entregase  la  fortaleza  de 
Monleon.  Los  Frayles  habido  el  seguro  del  Rey,  en- 
tregáronle aquel  caballero ,  é  mandólo  poner  en  pri- 
siones, é  llevarlo  á  la  fortaleza;  é  quando  fué  cerca 
della,  le  díxo :  «Alcayde,  cumple  que  luego  me  deis 
«esta  fortaleza.»  El  Alcayde  díxo:  «Pláceme  de  lo 
))  facer  ;  dadme ,  Señor,  lugar  que  f able  con  mí  mu- 
»  ger  é  con  mis  criados  que  están  dentro  para  que  lo 
sfagan.»  El  Rey  mandó  que  saliesen  seguros  de  la 
fortaleza  á  fablar  con  el  Alcayde  aquellos  que  él 
llamase  ;  é  luego  salieron  á  él  algunos  de  sus  cría- 
dos,  á  los  quales  el  Alcayde  díxo  :  «Criados,  el  Rey 
))  demanda  esta  fortaleza ,  é  yo  estoy  en  sus  manos,  é 
»  mi  vida  está  en  las  vuestras  ;  por  ende  cumple  que 
)) luego  salgáis  della,  é  decid  á  mi  muger  que  la  en- 
» tregüe  á  quien  el  Rey  mandare.»  Aquellos  sus  cria- 
dos tornaron  con  el  mandamiento  del  Alcayde,  é 
quando  se  vieron  dentro,  dixeron  que  en  ningún 
caso  la  entregarían  al  Rey,  si  no  ficieso  grandes 
mercedes  al  Alcayde  é  á  ellos.  Decían  ansimesmo 
que  si  facían  algún  mal  al  Alcayde ,  luego  se  junta- 
rían con  los  Portugueses  á  facer  cruda  guerra  en 
Castilla.  Como  el  Rey  vido  que  se  dilataba  la  entre- 
ga de  la  fortaleza,  é  que  demandaban  mercedes,  é 
facian  amenazas,  díxo  con  grand  indinacíon  al  Al- 
cayde :  «Disponeos,  Alcayde,  á  la  muerte,  que  os 
» dan  esos  á  quien  fiasteis  la  fortaleza.  »  E  mandó 
que  luego  á  vista  de  su  muger,  é  de  todos  los  que 
estaban  en  la  fortaleza,  le  degollasen.  El  Alcayde, 
vista  la  sentencia  del  Roy  é  como  lo  llevaban  á  de- 
gollar, daba  voces  á  los  suyos,  é  demandábales  que 
entregasen  la  fortaleza,  porque  le  escusasen  la 
muerte.  Los  suyos  desde  las  almenas  le  decían  que 
en  ningún  caso  la  entregarían ;  é  que  sí  él  padecie- 
se por  aquella  causa,  ellos  farian  tal  guerra  en  Cas- 
tilla, por  donde  su  muerte  fuese  bien  vengada.  Traí- 
do ya  al  lugar  do  el  Rey  mandó  que  lo  degollasen, 
llamó  á  su  muger,  é  díxole :  «O  muger,  gran  dolor 
n  llevo  por  haber  conocido  tan  tarde  el  amor  tan 
«falso  que  me  mostrabas;  sin  dubda  parece  agora 
«bien  que  te  pesaba  de  mi  vida,  pues  eres  causa  de 
n  mi  muerte ;  no  me  mata  ñor  cierto  el  Rey,  sino  tü, 

21 


52á 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


«ni  menos  me  mata  este  que  me  ata  las  manos ,  maa 
ftmátanrats  mis  criados,  porque  les  fié  lo  mío.  E  que 
» me  aprovecha,  deciaél,yo  muerto,  la  venganza 
fide  mi  muerte?))  Estas  é  otras  cosas  que  decian  oían 
los  de  la  fortaleza ;  los  quales  veyendo  que  ya  le 
querían  degollar,  movidos  á  compasión  de  aquellas 
palabras,  llamaron  á  voces  é  dixeron  que  entrega- 
rían la  fortaleza,  seyendo  seguros  de  la  vida  del  Al- 
cayde  é  de  la  suya.  E  luego  el  Rey  dio  el  seguro 
que  demandaban,  y  ellos  salieron  de  la  fortaleza,  é 
la  dexaron  libre ;  la  qual  mandó  el  Rey  entregar  á 
un  caballero  su  criado,  que  se  llamaba  Diego  Ruiz 
de  Montalvo,  natural  de  la  villa  de  Medina  del  Cam- 
po. Como  el  Rey  ovo  aquella  fortaleza,  volvió  para 
la  cibdad  de  Salamanca ,  é  dende  fué  á  proveer  en 
el  sitio  que  tenia  puesto  sobre  la  fortaleza  de  Cas- 
tronuño. 

CAPÍTULO  LXVIII. 

Délas  cosas  que  la  Reyna  fizo  en  la  tierra  de  Estremadura  ,  é  las 
fortalezas  que  ende  tomó. 

Según  habernos  recontado,  quando  el  Rey  partió 
de  Madrid  para  proveer  en  los  cercos  de  Castronu- 
fio,  é  de  las  otras  fortalezas  que  estaban  por  el  Rey 
de  Portogal,  la  Reyna  ansimesmo  partió  para  Es- 
tremadura, é  vino  para  la  villa  de  Guadalupe.  E  de 
allí  embió  un  su  Secretario  á  Pedro  de  Baeza,  Al- 
cayde  de  la  fortaleza  de  Trogillo ,  con  el  qual  le 
embió  mandar  que  la  entregase  á  Gonzalo  de  Avila, 
Señor  de  Villatoro,  que  la  habia  de  tener  cierto 
tiempo  en  tercería,  fasta  ser  coraplidas  algunas  co- 
sas asentadas  con  el  Marqués  de  Villena.  Aquel  Al- 
cayde  que  estaba  muy  fortalecido,  respondió  que 
en  ningún  caso  la  entregaría,  antea  entendía  de  la 
defender  fasta  el  postrimero  día  de  su  vida  ;  é  dixo 
en  respuesta  otras  cosas  muy  duras ,  é  sin  esperanza 
de  la  entregar.  La  Reyna,  oída  aquella  respuesta, 
embió  otra  vez  aquel  Secretario  á  le  prometer  gran- 
des dádivas  é  mercedes  porque  la  entregase,  á  fin 
de  no  venir  al  experimento  de  la  fuerza  por  los  in- 
convinientes  que  algunos  de  su  Consejo  le  decian 
que  se  podían  seguir  poniendo  sitio  sobre  aquella 
fortaleza,  por  estar  tan  cercana  al  Rej'no  de  Porto- 
gal.  El  Alcayde,  oidas  las  promesas  que  la  Reyna 
le  embió  á  facer,  respondió  mas  duramente  que  pri- 
mero habia  respondido ,  y  embió  suplicar  á  la  Rey- 
na que  ni  le  mandase  entregar  la  fortaleza,  ni  me- 
nos viniese  á  aquella  cibdad ,  porque  le  seria  nece- 
sario ponerse  en  defensa,  de  que  ella  podría  recebir 
algún  deservicio.  La  Reyna,  oída  aquella  respuesta 
del  Alcayde,  ovo  grand  indinacion  contra  él,  «¿E 
))yo,  dixo,  tengo  de  sofrir  la  ley  que  mi  subdito 
» presume  de  ponerme,  ni  recelar  la  resistencia  que 
j) piensa  de  me  facer?  ¿  E  dexaré  yo  de  ir  á  mi  cíb- 
sdad,  entendiendo  que  cumple  al  servicio  de  Dios 
3)é  mío,  por  el  inconviniente  que  aquel  Alcayde 
B  piensa  de  poner  en  mi  ida?  Por  cierto  ningún  buen 
3)Rey  lo  fizo,  ni  monos  lo  faré  yo.»  E  luego  mandó 
llamar  gentes  de  armas  de  las  cibdades  de  Sevilla  é 
Córdova,  é  de  todas  las  otras  del  Andalucía;  las 


quales  vinieron  á  su  Uamamieüio.  E  partió  luego  de 
Guadalupe,  é  fué  para  la  cibdad  de  Trogillo,  donde 
fué  muy  alegremente  recebida  por  todos  los  caballe- 
ros é  pueblo  de  aquella  cibdad.  E  vinieron  á  ella  los 
caballeros  de  aquella  provincia  ó  de  sus  comarcas  ; 
é  ansimesmo  vino  allí  á  la  servir  el  Maestre  de  Ca- 
latrava,  que  como  habernos  dicho  era  ya  perdonado 
ó  reducido  á  su  servicio,  é  Don  Alonso  de  Monroy, 
Clavero  de  Alcántara,  que  se  llamaba  Maestre  de 
aquel  Maestradgo,  por  la  elección  que  algunos  Co- 
mendadores le  ficieron  por  fin  del  Maestre  Don  Gó- 
mez de  Cáceres,  postrero  Maestre  que  fué  de  aque- 
lla Orden.  Mandó  ansimesmo  traer  toda  la  artillería 
é  lombardas  y  engenios  que  había  en  aquellas  co- 
marcas, y  en  algunos  lugares  del  Andalucía.  E 
porque  se  informó  de  los  robos  é  crimines  que  se 
facían  de  algunas  fortalezas,  especialmente  del  cas- 
tillo de  Madrigalejo,  donde  estaba  por  Alcayde  uno 
que  se  llamaba  Juan  de  Vargas,  é  de  Castilnovo, 
donde  estaba  por  Alcayde  otro  que  se  llamaba  Pe- 
dro de  Orellana,  luego  los  mandó  cercar.  E  los  Al- 
caydes  dellas,  recelando  la  indinacion  de  la  Reyna 
si  por  fuerza  fuesen  tomados,  demandaron  partido 
á  los  capitanes  que  estaban  en  los  sitios ,  que  la  Rey- 
na les  perdonase  los  yerros  é  crimines  que  habían 
cometido  en  los  tiempos  pasados,  é  que  entregarían 
las  fortalezas.  La  Reyna  les  perdonó  su  justicia,  á 
tal  pacto,  que  satisficiesen  á  los  agraviados  de  to- 
dos los  robos  que  habían  fecho,  é  se  fallasen  en  po- 
der de  qualesquier  personas  ;  é  con  este  partido  en- 
tregaron las  fortalezas.  E  porque  la  Reyna  fué  in- 
formada que  de  la  fortaleza  de  Madrigalejo  so  ha- 
bían fecho  mayores  crimines  é  robos,  mandóla  der- 
ribar. De  lo  qual  so  imprimió  tan  grande  miedo  en 
todos  los  de  aquella  tierra,  que  ningún  alcayde  do 
toda  Estremadura  osó  facer  robo  ni  fuerza  de  las 
que  solían  facer  é  todos  vinieron ,  ó  erabiaron  sus 
gentes  á  la  servir.  Mandó  ansimesmo  la  Reyna  que 
tornasen  á  fablar  con  aquel  alcayde  de  la  fortaleza 
de  Trogillo,  para  que  la  entregase  en  torcería  según 
el  Marqués  de  Villena  lo  habia  prometido.  El  qual 
le  embió  á  suplicar  con  gran  humiliacion  que  le  plo- 
guiese  embiar  por  el  Marqués  que  habia  fiado  dél 
aquella  fortaleza,  al  qual  la  entregaría  luego:  por- 
que no  tenia  mandamiento  suyo  para  la  entregar  á 
otra  persona,  ni  menos  de  la  dar  en  la  tercería  que 
el  Marqués  era  obligado  de  la  poner.  La  Reyna  de- 
liberó ser  mejor  consejo  embiar  á  llamar  al  Marqués 
de  Villena  para  que  la  ficiese  entregar,  que  poner 
sitio  sobre  la  fortaleza.  E  luego  embió  á  su  Secre- 
tario Fernán  Alvarez  de  Toledo,  con  el  qual  embió 
á  mandar  al  Marqués  que  ficiese  entregar  aquella 
fortaleza  á  Gonzalo  de  Avila,  que  la  habia  de  tener 
en  tercería  según  era  obligado,  é  que  si  entendía 
que  aquel  su  alcayde  no  la  entregaría  por  su  carta, 
viniese  luego  en  persona  á  gelo  mandar.  El  Mar- 
qués, oído  el  mandamiento  de  la  Reyna,  porque 
creía  que  aquel  su  alcayde  no  la  entregaría ,  salvo 
á  él,  según  gelo  habia  prometido  quando  dél  la  con- 
fió; recelando  la  indinacion  de  la  Reyna,  vino  á  su 
llamamiento,  E  como  el  Marqués  llegó  á  Trogillo 


Don  FERNANDO 
luego  la  Reyna  le  mandó  que  entregase  la  fortale- 
za á  Gonzalo  de  Avila,  para  que  la  toviese  en  terce- 
ría según  estaba  obligado.  El  Marqués  le  respondió 
que  le  placía ,  pero  que  bien  sabia  Su  Real  Mages- 
tad  que  antes  que  aquella  fortaleza  oviese  de  poner 
en  tercería ,  se  habían  de  asentar  otras  cosas  que 
eran  fabladas ,  tocantes  á  la  restitución  de  algunos 
sus  oficios  é  bienes,  é  de  las  villas  é  lugares  del  Mar- 
quesado de  Víllena,  que  le  estaban  tomadas.  La 
Reina,  oida  la  respuesta  del  Marqués,  le  dixo  que 
pospuesta  toda  dilación  compila  á  su  servicio  que 
entregase  aquella  fortaleza  antes  que  en  otra  cosa 
se  fablase  ;  la  qual  entregada,  ella  mandaría  enten- 
der en  sus  negocios,  y  expedirlos,  según  de  justicia 
se  debían  expedir.  El  Marqués,  vista  la  determina- 
da voluntad  de  la  Reyna,  mandó  á  aquel  su  alcayde 
que  entregase  la  fortaleza  á  qualquier  persona  que 
la  Reyna  mandase.  E  luego  el  Alcayde  abrió  las 
puertas  de  la  fortaleza,  y  entraron  en  ella  todos  los 
que  la  Reyna  mandó.  E  después  entró  ella  acompa- 
da  de  muchas  gentes,  é  como  quiera  que  la  pudiera 
tomar,  é  poner  en  ella  por  Alcayde  á  la  persona  que 
le  ploguiera;  pero  por  complir  lo  que  estaba  asen- 
tado con  el  Marqués ,  deliberó  que  se  entregase  á 
aquel  caballero  Gonzalo  dé  Avila,  Señor  de  Villato- 
ro ,  que  habernos  dicho  que  la  había  de  tener  en  ter- 
cería cierto  tiempo,  é  no  la  quiso  tomar  en  otra  ma- 
nera. 

CAPÍTULO    LXIX. 

De  como  la  Reyna  fué  á  Cáceres ,  é  de  lo  que  allí  fizo. 

Puesta  la  fortaleza  de  Trogillo  en  tercería,  luego 
la  Reyna  partió  de  la  cibdad  de  Trogillo,  é  vino 
para  la  villa  de  Cáceres,  en  la  qual  estovo  algunos 
dias  ocupada,  faciendo  justicia  de  algunas  personas 
de  aquella  villa ,  é  de  las  otras  de  su  comarca,  que 
reclamaron  ante  ella  de  fuerzas  que  habían  padecí- 
do  en  los  tiempos  pasados.  E  otrosí ,  porque  fué  in- 
formada que  los  oficios  de  regimientos  ,  é  mayordo- 
mía,  é  tialdades,  ó  otros  algunos  de  la  villa,  eran 
proveídos  por  elección  fecha  cada  un  año  á  personas 
de  la  villa ,  sobre  la  qual  elección  había  grandes  de- 
bates entre  las  dos  parcialidades  que  allí  eran  ;  de 
lo  qual  se  recrecieron  cada  año  muertes  é  otros  in- 
conviníentes  ;  la  Reyna  por  escusar  estos  daños, or- 
denó por  constitución  perpetua ,  que  los  oficíales  de 
fialdades ,  é  regimientos  ,  é  mayordomia ,  é  los  otros 
oficios  que  fasta  aquel  tiempo  habían  seydo  electi- 
vos cada  año,  fuesen  dende  en  adelante  por  la  vida 
de  aquellos  á  quien  este  año  cupiesen  por  suerte.  E 
mandó  que  viniesen  ante  ella  tantos  de  la  una  par- 
te como  de  la  otra  ;  é  aquellos  que  por  suerte  les  cu- 
piese ,  fuesen  regidores  de  la  villa  para  toda  su  vi- 
da ,  é  quando  alguno  muriese ,  ella  é  los  Reyes  sus 
subcesores  proveyesen  á  quien  entendiesen  que  com- 
pila á  su  servicio.  Y  esto  estableció  en  aquella  villa 
este  año  por  ley  perpetua  según  habemos  dicho  ;  de 
la  qual  constitución  todos  los  de  la  villa  fueron  con- 
tentos, porque  se  quitó  entre  ellos  la  causa  de  sus 
eneraistades ,  é  los  males  que  cada  año  dellas  se  se 


É  DOÑA   ISABEL.  323 

guían,  por  causa  de  la  elección  que  facían  do  aque- 
llos oficios.  Proveyó  ansimesmo  en  la  frontera  de 
Portogal ,  é  puso  gente  de  armas  en  la  cibdad  de  Ba- 
dajoz ,  y  en  los  otros  lugares  que  debían  estar  para 
defensa  de  la  tierra.  Estas  provisiones  fechas,  ovo 
su  consejo  de  ir  a  la  cibdad  de  Sevilla. 

CAPÍTULO  LXX. 

De  como  la  Reyna  fué  á  la  cibdad  de  Sevilla,  é  de  las  cosas 
que  ende  fizo. 

En  la  cibdad  do  Sevilla  ovo  algunas  guerras  é  di- 
visiones entre  Don  Enrique  de  Guzman  Duque  de 
Medinasidonia ,  é  Don  Rodrigo  Poncc  de  León  Mar- 
qués de  Cáliz.  Y  en  la  cibdad  de  Córdoba,  ansimes- 
mo había  otros  grandes  debates  y  enemietades  entre 
Don  Diego  Fernandez  de  Córdoba  Conde  de  Cabra, 
é  Don  Alonso  de  Aguilar  Señor  de  Montilla.  Por 
causa  de  las  quales  en  aquellas  dos  cíbdadcs  y  en 
SU8  tierras  é  comarcas  acaecieron  en  los  tiempos 
que  reynaba  el  Rey  Don  Enrique, grandes  escánda- 
los é  guerras,  do  se  siguieron  muertos  de  homes  ,  é 
otras  fuerzas  é  delictos  en  gran  destruícion  de  la 
tierra.  Y  especialmente  fueron  enagenadas  las  forta- 
lezas que  son  en  las  tierras  de  aquellas  cibdades  en 
poder  de  personas  que  ni  al  Rey  ni  á  las  cibdades 
respondían  con  ellas ;  é  facían  guerra  é  paz  á  su  ar- 
bitrio sin  conocimiento  ninguno  de  superior.  Ansi- 
mesmo el  Duque  estaba  apoderado  del  alcázar  é  tara- 
zanas  do  la  cibdad  de  Sevilla ,  y  el  Marqués  de  Cáliz 
de  la  fortaleza  de  Xerez  de  la  Frontera ,  é  los  Al- 
caydes  que  tenían  las  fortalezas,  cada  una  seguía 
la  parcialidad  que  le  placía  seguir.  En  esta  manera 
estaba  aquella  tierra  por  esta  causa  divisa  en  dos 
partes.  La  Reyna,  considerando  que  aquellas  cib- 
dades é  sus  comarcas ,  por  los  debates  destos  caba- 
lleros no  estaban  ordenadas  en  justicia  según  de- 
bían, acordó  de  ir  á  aquella  provincia  del  Andalucía 
por  la  pacificar,  é  quitar  los  debates  que  en  ella  ha- 
bía. E  fué  luego  á  la  cíddad  de  Sevilla  (1),  donde 
fué  recebida  con  grande  solemnidad  ó  placer  de  los 
caballeros,  clerecía,  cíbdadados,  é  generalmente  de 
todo  el  común  de  la  cibdad  ;  é  para  este  recibimien- 
to ficieron  grandes  juegos  é  fiestas  que  duraron  al- 
gunos días.  Como  la  Reyna  asentó  en  aquella  cibdad, 
é  fué  informada  que  había  en  ella  muchos  agra- 
viados que  la  deseaban  ver  por  ir  á  ella  con  sus 
querellas;  acordó  de  dar  audiencia  pública  los  días 
de  los  Viernes  en  una  gran  sala  de  sus  alcázares.  Y 
ella  asentada  en  una  silla  cubierta  de  un  paño  de 
oro ,  puesta  en  estrado  de  gradas  altas ,  mandaba 
que  se  asentasen  en  un  lugar  baxo  de  donde  ella  es- 
taba ,  á  la  una  parte  los  perlados  é  caballeros ,  é  á 
la  otra  los  dotores  de  su  Consejo  ;  é  los  Secretarios 
que  estoviesen  delante  della ,  é  tomasen  las  peticio- 
nes de  los  agraviados  ,  é  le  ficiesen  relación  dellas. 

(1)  El  Cura  délos  Palacios  señala  la  entrada  de  la  Reyna  en  Se- 
villa á  25  de  Julio  de  1477,  cuyas  llaves  y  las  de  la  fortaleza  le 
entregó  el  Duque  de  Medinasidonia,  que  estaba  apoderarlo  deella 
desde  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique.  Bernald.,  Uist.  MS.  de  los 
Reyes  Calóí,,  cap.  29, 


.'524 


Crónicas  de  los  reyes  de  castilla. 


Mandaba  ansimésmo  estar  delante  della  á  los  alcal- 
des é  alguaciles  do  su  Corte ,  é  sus  ballesteros  de 
maza.  E  mandaba  facer  á  todos  los  querellantes  com- 
plimiento  de  justicia  sin  dar  lugar  á  dilación.  E  si 
alguna  causa  venia  ante  ella,  que  requiriese  oir  la 
parte ,  cometíalo  á  algún  dotor  de  su  Consejo ;  é 
mandábale  que  pusiese  diligencia  en  examinar  aque- 
lla causa ,  é  saber  la  verdad  de  tal  manera,  que  den- 
tro de  tercero  dia  alcanzase  el  agraviado  justicia. 
E  desta  manera  en  espacio  de  dos  meses  ae  fene- 
cieron y  executaron  muchos  pleytos  é  debates  civi- 
les é  criminales.  Otrosí  fueron  muertos  por  justicia 
algunos  malfechores,  é  restituidas  muchas  perso- 
nas en  la  posesión  de  los  bienes  y  heredamientos, 
que  forzosamente  lea  eran  tomados  ;  los  quales  mu- 
cho tiempo  antes  estaban  pendientes.  E  con  estas 
justicias  que  mandaba  executar  era  muy  amada  de 
los  buenos  ,  é  temida  de  los  malos  ;  los  quales  rece- 
lando la  justicia  que  la  Reyna  mandaba  executar,  se 
ausentaron  do  la  cibdad ,  é  dellos  se  iban  á  tierra 
do  moros ,  dellos  al  Reyno  de  Portogal ,  é  á  otras 
partes.  E  porque  estos  eran  en  gran  número ,  é  rece- 
laban que  "seria  mayor,  si  la  justicia  con  rigor  en 
todo  se  executase,  los  caballeros  é  cibdadanos  é  co- 
munidad de  la  cibdad ,  considerando  que  según  la 
gran  disolución  de  los  tiempos  pasados,  pocos  ha- 
bía en  la  cibdad  que  careciesen  de  culpa,  porque  fa- 
ciendo ,  ó  favoreciendo ,  ó  en  otras  formas  é  circuns- 
tancias de  pecar,  había  gran  número  de  culpados, 
ovieron  su  acuerdo  de  suplicar  á  la  Reyna  por  per- 
don  general  para  todos.  E  platicaron  esto  acuerdo 
con  Don  Alonso  de  Solis  Obispo  de  Cáliz  (1),  que 
en  aquella  sazón  estaba  en  la  cibdad  por  Provisor 
del  Cardenal  de  España  Arzobispo  de  aquella  Igle- 
sia. E  un  dia  aquel  Obispo  con  gran  multitud  de  los 
caballeros  é  cibdadanos ,  con  los  quales  iban  algu- 
nas mugeres,  cuyos  maridos,  fijos  y  hermanos,  el 
miedo  de  la  justicia  había  fecho  absentar  de  la  cib- 
dad ,  fueron  ante  la  Reyna.  Y  ella  estando  en  su  si- 
lla real ,  el  Obispo  propuso  ansí :  a  Muy  alta  y  exce- 
))lente  Reyna  é  Señora,  estos  caballeros  é  pueblo 
»)  desta  vuestra  cibdad ,  vienen  aquí  ante  vuestra 
»  real  Magestad  ;  é  vos  notifican  ,  que  quanto  gozo 
j)  ovieron  los  días  pasados  con  vuestra  venida  á  esta 
»  vuestra  tierra ,  tanto  terror  y  espanto  ha  puesto 
» en  ella  el  rigor  grande  que  vuestros  ministros 
«muestran  en  la  execucion  de  la  justicia;  el  qual 
«les  ha  convertido  todo  su  placer  en  tristeza,  toda 
»8U  alegría  en  miedo,  é  todo  su  gozo  en  angustia  é 
«trabajo.  Muy  excelente  Reyna  é  Señora ,  todos  los 
» homes  generalmente ,  dice  la  Sacra  Escriptura, 
»  que  somos  inclinados  á  mal ;  é  para  refrenar  esta 


(1)  En  el  MS.  del  Escorial  se  lee  al  margen  la  nota  siguiente: 
«Este  Obispo  era  natural  de  Coca,  hijo  de  un  labrador.  Llamóse 
»  ron  Pedro  de  Solis.  Fué  Obispo  de  lui ,  y  de  Cádiz ,  y  Abad  de 
•  Parn/es.  Llamóse  Solis  porque  era  criado  de  Suero  de  Solis, 
«vecino  de  Salamanca.  Está  enterrado  en  Coca  en  la  capilla  que 
»  él  hizo ,  que  está  junto  á  la  Iglesia  mayor. »  El  Cura  de  los  Pa- 
lacios le  llama  Don  Pedro  Fernandez  de  Solis,  y  dice  que  fué  uno 
de  los  encargados  por  la  Reyna  para  el  primer  establecimiento  de 
U  Inquisición.  Bernald.,  ílist.  de  los  Reyes  Caló!.,  cap.  43. 


))  mala  inclinación  nuestra,  son  puestas  y  estableci- 
»  das  leyes  é  penas ,  é  fueron  por  Dios  constituidos 
»  reyes  en  las  tierras ,  é  ministros  para  las  executar, 
»  porque  todos  vivamos  en  paz  é  seguridad.  Pero 
))  quando  los  reyes  é  ministros  son  tales  de  quien  no 
»  se  haya  temor ,  ni  geles  cate  obediencia ,  no  nos 
«maravillemos  que  la  natura  humana,  siguiendo 
«su  mala  inclinación,  se  desenfreno,  é  cometa  de- 
» lictos  y  excesos  en  las  tierras :  especialmente  en 
»  vuestra  España ,  donde  vemos  que  los  homes  por 
» la  mayor  parte  pecan  en  un  error  común ,  antepo- 
«niendo  el  servicio  de  sus  señores  inferiores  á  la 
»  obediencia  que  son  obligados  á  los  Reyes  sus  sobe- 
» ranos  señores.  E  por  cierto ,  ni  á  Dios  debemos 
«ofender,  aunque  el  Rey  lo  quiera,  ni  al  Rey  aun- 
«  que  nuestros  señores  nos  lo  manden.  E  porque  per- 
»  vertimos  esta  orden  de  obediencia,  vienen  en  los 
«  reynos  muchas  veces  las  guerras  que  leemos  pasa- 
«  das,  é  los  males  que  vemos  presentes.  Notorio  es, 
»  muy  poderosa  Reyna  é  Señora,  los  delictos  é  crí- 
«  menes  cometidos  generalmente  en  todos  vuestros 
»  Reynos  en  tiempo  del  Rey  Don  Enrique  vuestro 
«  hermano,  cuya  ánima  Dios  haya,  por  la  negligen- 
»  cía  grande  de  su  justicia  é  poca  obediencia  de  sus 
))  subditos ;  la  qual  díó  causa ,  que  ansi  como  ovo  di- 
»  sensiones  y  escándalos  en  todas  las  mas  de  lascib- 
»  dades  de  vuestros  Reynos ,  ansí  en  esta ,  estos  dos 
«  caballeros  vuestros  subditos  Duque  de  Medina  é 
«Marqués  de  Cáliz,  se  discordasen,  é,  con  el  poco 
«temor  de  la  justicia  real,  se  pusiesen  en  armas, 
«  en  fuerza  de  las  quales  cada  uno  procuró  de  se- 
))  guir  su  propósito  en  detrimento  general  de  toda 
»  esta  tierra.  Y  en  esta  discordia  cibdadana,  pocos, 
»  ó  ningunos  de  los  moradores  della  se  pueden  bue- 
))  ñámente  escusar  de  haber  pecado ,  desobedeciendo 
»  al  sceptro  real ,  siguiendo  la  parcialidad  del  uno  ó 
«  del  otro  destos  dos  caballeros.  E  dexando  de  recon- 
» tar  las  batallas  que  entre  ellos  ovo  en  la  cibdad  é 
«fuera  della,  é  tornando  á  los  males  particulares, 
»  que  por  causa  dellas  se  siguieron  en  toda  la  tierra; 
«  no  podemos  por  cierto  negar  que  en  aquel  tiem- 
»po  tan  disoluto  no  fueron  cometidas  algunas  fuer- 
«zas,  muertes  é  robos,  é  otros  excesos  por  muchos 
»  vecinos  desta  cibdad  é  su  tierra ,  los  quales  causó 
» la  malicia  del  tiempo ,  é  no  escusó  la  justicia  del 
«  Rey  ;  y  estos  son  en  tanto  número ,  que  pensamos 
«haber  pocas  casas  en  Sevilla  que  carezcan  de  pe- 
»  cado ,  quier  cometiéndolo  ,  quier  encubriéndolo ,  ó 
»  seyendo  en  él  participantes  por  otras  vías  é  cir- 
»  cunstancias.  E  porque  de  los  males  de  las  guerras 
»  vemos  caídas  é  destruiciones  de  pueblos  é  cibda- 
«des,  creemos  verdaderamente,  que  si  esta  guerra 
«mas  durara,  é  Dios  por  su  misericordia  no  lo  re- 
»  mediara  asentando  á  Vuestra  Majestad  en  la  silla 
«real del  Rey  vuestro  padre,  esta  cibdad  de  todo 
« punto  pereciera  é  se  asolara.  E  si  estonces ,  muy 
»  excelente  Reyna  é  Señora ,  estaba  en  punto  de  se 
«  perder  por  la  poca  justicia ,  agora  está  caida  por  la 
n  mucha  é  muy  rigurosa  que  vuestros  jueces  é  mi- 
«nistros  en  ella  executan.  De  la  qual  todo  este  pue- 
»  blo  ha  apelado,  é  agora  apela  para  ante  la  ciernen- 


DON  FERNANDO 
« cia  é  piedad  do  Vuestra  real  Magestad ;  é  con  las 
))  lágrimas  é  gemidos  que  vedes  é  ois ,  se  humillan 
»  ante  vos ,  é  os  suplican  que  hayáis  aquella  piedad 
))  de  vuestros  subditos,  que  Nuestro  Señor  ha  de  to- 
1)  dos  los  vivientes,  é  que  vuestras  entrañas  reales  se 
«  compadezcan  de  sus  dolores,  de  sus  destierros,  de 
»  sud  pobrezas ,  de  sus  angustias  é  trabajos,  que  con- 
» tinamente  padecen ,  andando  fuera  de  sus  casas 
»  por  miedo  de  vuestra  justicia.  La  qual,  muy  exce- 
» lente  Eeyna  é  Señora,  como  quiera  que  se  deba 
»  executar  en  los  errados ,  pero  no  con  tan  grande 
))  rigor  que  se  cierre  aquella  loable  puerta  de  la  cle- 
«  mencia ,  que  face  á  los  reyes  amados ,  é  si  amados, 
«de  necesario  temidos,  porque  ninguno  ama  á  su 
»  Rey ,  que  no  tema  de  le  enojar.  Verdad  es ,  muy 
))  excelente  Re5''na  é  Señora ,  que  Nuestro  Señor  tan 
))  bien  usa  de  la  justicia  como  de  la  piedad ;  pero  de 
»  la  justicia  algunas  veces,  é  de  la  piedad  todas  ve. 
«ees,  é  no  solamente  todas  veces,  mas  todos  los 
«  momentos  de  la  vida;  porque  si  siempre  usase  de 
»]a  justicia  según  siempre  usa  de  la  piedad,  como 
))  todos  los  mortales  seamos  dinos  de  pena,  el  mun- 
n  do  en  un  instante  perecería.  E  ansimesmo ,  porque 
))  vuestra  real  prudencia  sabe  que  el  rigor  de  la  jus- 
«ticia  engendra  miedo,  y  el  miedo  turbación,  é  la 
«turbación  algunas  veces  desesperación  é  pecado; 
))  é  de  la  piedad  procede  amor ,  é  del  amor  caridad, 
»  é  de  la  caridad  siempre  se  sigue  mérito  é  gloria. 
«  E  por  esta  razón  fallará  Vuestra  Excelencia  que 
« la  Sacra  Scriptura  está  llena  de  loores ,  ensalzando 
fila  piedad,  la  mansedumbre ,  la  misericordia,  é  la 
»  clemencia,  que  son  títulos  é  nombres  de  Nuestro 
»  Señor,  el  qual  nos  dice  que  aprendamos  del ,  no  á 
n  ser  rigurosos  en  la  justicia  :  Mas  aprended  de  mí, 
»  dice ,  que  soy  humilde  é  manso  de  corazón.  La  Santa 
« Iglesia  cathólica  continamente  canta  :  Llena  está 
«  Señor  la  tierra  de  tu  misericordia.  E  por  el  contino 
«  uso  de  su  clemencia  le  llamamos  :  Miserator,  mi- 
»  sericors ,  patiens,  multae  misericordiae.  Mire  bien 
»  Vuestra  Alteza  quantas  veces  refiere  este  su  nom- 
«  bre  de  misericordioso ,  lo  que  no  fallamos  veces 
))  tan  repetidas  del  nombre  de  justiciero,  é  mucho 
«  menos  de  riguroso  en  la  justicia  ;  porque  el  rigor 
«de  la  justicia  vecino  es  de  la  crueldad,  é  aquel 
«príncipe  se  llama  cruel,  que  aunque  tiene  causa, 
»  no  tiene  templanza  en  el  punir  ;  é  la  piedad  oficio 
»  es  contino  de  nuestro  Redemptor ,  del  qual  toman- 
»  do  exemplo  los  Reyes  y  Emperadores ,  cuya  fama 
»  resplandece  entre  los  vivos,  perdonaron  los  humil- 
»  des ,  é  persiguieron  los  soberbios  por  remediar  á 
»  aquel  que  les  dio  poder  en  las  tierras.  Entre  los 
)>  quales  aquel  sabio  é  Rey  Salomón ,  no  demandó  á 
«Dios  que  se  membrase  en  los  trabajos,  no  de  las 
» limosnas ,  no  de  los  otros  méritos  del  Rey  David 
«  su  padre ,  ni  menos  de  las  justicias  que  fizo ,  é  pe- 
«nas  que  executó.  Mas  miémhrate,  dixo,  Señor  de 
»  David,  é  de  toda  su  mansedumbre;  por  méritos  de 
« la  qual  entendía  aquel  Rey  ganar  la  mansedum- 
»  bre  é  la  piedad  de  Dios  ,  para  remisión  de  sus  pe- 
»  cados  c  perpetuidad  de  su  silla  real.  E  vos,  Reyna 
«muy  excelente,  tomando  aquella  dotrina  mansa 


E  DONA  ISABEL.'  325 

de  nuestro  Salvador ,  é  de  los  Reyes  santos  é  bue- 
nos, templad  vuestra  justicia ,  é  repartid  vuestra 
misericordia  en  vuestra  tierra;  porque  tanto  seréis 
junta  con  su  divinidad,  quanto  le  remedáredes  en 
las  obras ;  ó  tanto  le  remedareis  en  las  obras,  quan- 
to fuéredes  piadosa ;  é  tanto  seréis  piadosa,  quan- 
to os  compadeciéredes  é  perdonáredes  los  misera- 
bles que  llaman  y  esperan  con  grande  angustia 
vuestra  clemencia.  La  qual ,  muy  excelente  Eey- 
na ,  debe  estar  principalmente  arraygada  en  vues- 
tra memoria ,  y  en  los  conceptos  de  vuestra  áni- 
ma ;  porque  se  miembre  Dios  de  vos  é  de  vuestra 
mansedumbre ,  é  vos  perdone  como  vos  perdoná- 
redes, é  vos  dé  vida  como  vos  la  diéredes  ;  é  per- 
petúe vuestra  silla  real  en  vuestros  descendientes 
para  siempre ,  especialmente  con  los  desta  cibdad 
aunque  hayan  errado,  considerando  que  entre 
tanta  multitud  de  errores  difícil  era  vivir  por  sola 
inocencia.  El  Rey  Don  Juan  vuestro  padre,  no  solo 
en  una  cibdad ,  ni  en  una  provincia,  mas  en  todos 
sus  Reynos  fizo  perdón  general  quando  las  disen- 
siones y  escándalos  en  ellos  acaecidos  con  los  In- 
fantes de  Aragón  sus  primos.  Vemos  ansimesmo, 
que  vuestra  clemencia  manda  poner  en  libertad  á 
los  Portogueses  que  entraron  en  vuestros  Reynos 
á  vos  deservir ,  é  cometieron  en  ellos  grandes  de- 
lictos  é  maleficios ;  é  no  solamente  los  mandáis  po- 
ner en  libertad,  mas  mandaislos  proveer  de  vues- 
tras limosnas,  é  reducirlos  á  sus  tierras.  Reducid, 
pues ,  Reyna  excelente  á  los  vuestros ,  á  la  piedad 
que  habéis  con  los  estraños,  habedla  con  vuestros 
naturales.  Los  quales  ansí  como  el  ánima  enferma 
de  cobdicia,  aunque  embuelta  en  el  deseo  de  los 
bienes  temporales ,  siempre  sospira  á  nuestro  Dios 
que  las  repare  con  su  misericordia ,  bien  ansí  estos 
vuestros  subditos ,  aunque  embueltos  en  las  guer- 
ras é  males  pasados,  pero  todavía  tovieron  un  fer- 
viente deseo  de  vuestra  victoria  é  prosperidad; 
porque  en  virtud  de  vuestro  sceptro  real ,  gozasen 
de  paz  é  seguridad ,  la  qual  muy  humilmente  os 
suplican  que  derraméis  en  esta  vuestra  cibdad  é 
tierra,  porque  ansí  como  damos  gracias  á  Dios  por 
los  males  que  refrenó  vuestra  justicia,  bien  ansí 
ge  las  demos  por  la  vida  que  nos  otorga  vuestra 
clemencia.!) 

Como  el  Obispo  ovo  fecho  esta  suplicación,  la 
Reyna  veyendo  la  multitud  de  aquellos  homes  é 
mugeres  atribulados ,  movida  á  compasión  de  sus 
lágrimas,  respondió  al  Obispo,  que  líberalmente 
mandaría  remitir  los  yerros  de  aquellos  homes  cri- 
minosos ;  pero  que  no  podía  con  sana  consciencia 
perdonar  las  injurias  agenas ,  ni  negar  la  justicia  á 
las  personas  que  continamente  reclamaban  delante 
della  ,  para  que  les  ficiese  justicia  de  los  agravios 
que  habían  recebido.  El  Obispo  replicó  :  «  Señora, 
»  muchos  de  los  que  aquí  vienen  á  vos  suplicar  por 
«  piedad,  son  los  que  ansimesmo  vos  demandan  jus- 
»  ticia.  E  ansí,  muy  excelente  Señora,  considerado 
»  bien  por  vuestra  muy  alta  prudencia ,  fallará  que 
«esta  causa  que  se  os  presenta,  es  de  calidad  que 
»  sufre  bien  recompensación  de  las  injurias  que  unos 


326  CRÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 

»  cometieron  á  otros  ;  pues  aquellos  que  las  sufrie- 
»  ron,  también  las  cometieron,  mayormente  por  to- 
»  car  á  gran  número  de  personas ,  donde  el  perdón 
»ha  mayor  lugar  por  reparo  de  toda  una  cibdad.» 
La  Reyna,  considerando  la  calidad  de  todas  aque- 
llas querellas,  é  de  sus  circunstancias,  respondió 
que  le  placia  conceder  á  su  suplicación ,  é  que  man- 
darla dar  la  orden  que  entendiese  ser  cumplidera  al 
servicio  de  Dios  ó  suyo ,  é  á  la  seguridad  de  todos 
olios.  E  después  que  platicó  la  materia  algunos  días 
con  los  de  su  Consejo ,  mandó  publicar  perdón  ge- 
neral á  todos  los  vecinos  de  la  cibdad  de  Sevilla  é 
de  su  tierra  é  Arzobispado ,  de  todas  las  muertes  y 
excesos  é  crímenes  por  ellos  cometidos  fasta  aquel 
dia,  excepto  el  crimen  de  la  heregía.  E  ansimesmo, 
que  fuese  restituido  lo  robado  á  la  persona  á  quien 
fué  tomado  en  aquel  tiempo  que  se  fallase.  Mandó 
ansimesmo  á  ciertos  homes  que  hablan  cometido 
feos  crimines ,  que  fuesen  desterrados  de  la  cibdad 
é  de  su  tierra,  dellospara  siempre,  dellos  por  algún 
tiempo ,  según  la  calidad  de  sus  excesos.  E  con  este 
perdón  tornaron  á  la  cibdad  de  Sevilla  é  su  tierra 
mas  de  quatro  mil  personas  que  andaban  f  uidos  por 
miedo  de  la  justicia. 


CAPITULO  LXXI. 

De  las  alegaciones  que  ficieron  el  Duque  de  Medina  y  el  Marqués 
de  Cáliz ,  uno  contra  otro. 

La  Reyna  veyendo  la  multitud  de  los  pleitos  é 
negocios  que  habia  en  aquella  cibdad,  mandó  á  sus 
porteros  que  dexasen  entrar  á  donde  ella  estaba  to- 
dos los  que  viniesen  con  algunas  querellas  ;  é  con- 
tinaba  las  audiencias  públicas  en  su  cámara.  E  los 
de  su  Consejo  é  Alcaldes  de  su  Corte  trabajaban  por 
su  mandado  todos  los  dias  en  oir  las  querellas,  é 
facer  complimiento  de  justicia  á  los  agraviados. 
Mandó  ansimesmo,  que  si  pleytos  algimos  viniesen 
ante  sus  comisarios  en  que  oviese  alguna  dubda, 
que  le  ficiesen  relación  dellos,  é  que  ella  por  su  per- 
sona los  determinarla,  porque  las  gentes  no  gasta- 
sen su  tiempo  é  bienes  demandando  justicia.  Y  en 
estos  tales  entendía  todos  los  dias,  los  quales  exa- 
minaba con  tal  diligencia,  que  conocía  las  alegacio- 
nes que  con  malicia,  é  con  intención  de  dilatar  se 
alegaban ;  é  sin  dar  lugar  á  ellas  mandaba  luego 
executar  la  justicia.  Esto  fizo  de  tal  manera,  que 
ítllende  de  las  restituciones  que  se  ficieron  por  sus 
sentencias  é  de  sus  comisarios ,  las  gentes  estaban 
tan  sometidas  é  temorizadas  de  las  penas  que  se 
txecutaban,  que  qualquier  que  se  sentia  tener  car- 
go de  otro,  f acia  justicia  de  sí  mesmo,  é  satisfacía  á 
la  parte  agraviada  por  temor,  ó  por  vergüenza  de 
Avenir  á  juicio  delante  do  la  Reyna.  Otrosí  el  Duque 
de  Medinasidonia,  que  tenia  en  aquella  cibdad  gran 
parcialidad  de  parientes  é  criados ,  suyos  é  de  su 
padre  é  abuelos, fizo  relación  á  la  Reyna,  como  el 
Marqués  de  Cáliz ,  é  muchos  de  su  parcialidad  ha- 
blan fecho  é  cometido  grandes  crimines  é  delictos 
en  toda  la  tierra;  é  hablan  puesto  aquella  cibdad  en 
tanto  escándalo  en  tiempo  del  Rey  Don  Enrique  su 


hermano,  que  algunas  veces  estovo  en  punto  de  se 
perder.  É  después  que  ella  habia  sucedido  en  el  Rey- 
no,  habia  tratado  con  el  Rey  de  Portogal  cosas  cri- 
minosas en  su  deservicio,  mediante  el  Marqués  de 
Villena,  cuya  hermana  tenia  por  muger.  É  represen- 
tó á  la  Reyna  sus  servicios,  diciendo  los  trabajos  de 
su  persona,  é  grandes  gastos  que  habia  fecho  de  su 
facienda,por  tener  á  su  obediencia  aquella  cibdad 
étoda  aquella  tierra,  é  la  defender  de  las  guerras 
públicas  é  otras  formas  secretas  que  el  Marqués  de 
CáHz  habia  tenido  por  entrar  en  ella  é  la  poner  en 
obediencia  del  Rey  de  Portogal.  Díxole  ansimesmo 
que  el  Marqués  tenia  la  cibdad  de  Xerez  opresa,  é 
los  moradores  della  fuera  de  toda  libertad,  con  las 
grandes  sinrazones  que  les  facia.  É  que  tenia  tira- 
nizada la  fortaleza  de  Alcalá  de  Guadayia,  é  otras 
fortalezas  de  la  cibdad  de  Sevilla ;  é  favorecía  á  los 
alcaydes  para  que  no  acudiesen  con  ellos  á  la  cib- 
dad cuyas  son,  é  para  que  desde  ellas  ficiesen  las 
fuerzas  que  hablan  fecho.  En  especial  favorecía  al 
Mariscal  Fernandarias  de  Sayavedra,  que  tenia  la 
villa  y  el  castillo  de  Tarifa,  é  la  fortaleza  de  Utrera, 
donde  se  hablan  fecho  ,  é  facían  robos  é  fuerzas  á 
los  moradores  de  la  comarca.  En  fin  suplicóle,  que 
proveyese  como  Reyna  justiciera  debía  proveer,  re- 
munerando á  él  los  servicios  que  le  habia  fecho,  é 
procediendo  contra  el  Marqués  por  los  crimines  que 
habia  cometido.  La  Reyna,  oídas  aquellas  razones, 
respondió  al  Duque,  que  la  principal  causa  porque 
deliberó  venir  á  aquella  tierra,  fué  por  quitar  della 
todos  crimines  é  tiranías ;  en  lo  qual  entendía  con 
el  ayuda  de  Dios,  trabajar,  fasta  la  poner  en  toda 
seguridad.  E  díxole  que  oviese  buena  esperanza,  é 
pacificase  los  caballeros  de  su  parcialidad;  porque 
habiendo  respeto  á  la  justicia,  ella  estaba  en  propó- 
sito de  honrar  su  persona,  é  guardar  las  cosas  que 
le  tocasen  como  de  leal  servidor.  Los  de  la  cibdad 
de  Sevilla,  ansí  los  caballeros  como  los  cibdadanos 
é  plebeyos,  por  la  mayor  parte  eran  aficionados  al 
Duque  por  la  gran  naturaleza  que  él  é  su  padre  é 
abuelos  de  luengos  tiempos  tenían  en  aquella  cib- 
dad ;  é  publicaban  que  según  las  cosas  pasadas,  el 
Marqués  rebelaría  á  los  mandamientos  de  la  Reyna 
é  se  pornia  en  resistencia  contra  ella  si  algo  le  man- 
dase. E  daban  á  entender  á  la  Reyna,  é  consejában- 
le que  mandase  aderezar  todas  las  cosas  necesarias 
á  la  guerra  contra  el  Marqués,  antes  que  oviese  lu- 
gar de  se  proveer,  porque  bastecía  la  fortaleza  de 
Xerez,  ó  las  otras  fortalezas  que  tenia  ;  é  trabajaban 
de  indinar  á  la  Reyna  contra  el  Marques,  por  quan- 
tas  maneras  podían.  La  Reyna,  movida  por  estas 
informaciones ,  é  considerando  que  el  Marqués  no 
habia  venido  á  le  facer  la  reverencia  que  debía 
concibió  alguna  indinacion  contra  él.  Como  esto  vi- 
no á  noticia  del  Marqués,  acordó  de  venir  á  la  Rey- 
na solo  con  un  su  servidor.  E  una  noche  estando  la 
Reyna  retraída  en  su  cámara,  el  Marqués  entró,  é  le 
dixo  estas  palabras  :  a  Védesmeaquí,  Reyna  muy  po- 
nderosa, en  vuestras  manos;  é  si  á  Vuestra  real  Ma- 
« gestad  ploguiere,  mostraré  mi  innocencia,  é  aque- 
»lla  vista,  faga  Vuestra  roal  Señoría  de  mí  aquello 


DON  FERNANDO 
nque  le  placerá.  Yo  no  vengo  aquí  con  fiucia  de  la 
«seguridad  que  Vuestra  real  Magestad  me  haya  da- 
tó do,  pero  vengo  con  la  que  mi  inocencia  me  da.  Ni 
» vengo  á  decir  palabras,  mas  vengo  amostrar  obras; 
»ni  menos  quiero  dañar  vuestras  orejas  reales ,  con- 
«denando  á  ninguno,  mas  quiero  salvar  á  mí  con  la 
«verdad,  que  siempre  salva  al  inocente.  Erabiad  Se- 
Bñora  á  recebir  vuestras  fortalezas  de  Xerez,  é  de 
»Alcalá,  aquellas  que  mis  adversarios  vos  dan  á  en- 
»tender,  que  con  gran  gente,  é  mucho  tiempo  son 
Bdifíciles  de  haber;  é  si  las  de  mi  patrimonio  com- 
»plen  á  vuestro  servicio ,  dende  esta  vuestra  cámara 
Blas  faré  entregar,  pues  entrego  mi  persona.  E  por 
»no  enojar  á  Vuestra  Magestad,  dexode  decir  como 
»el  Duque  mi  adversario  juntó  la  mayor  parte  del 
npueblo  desta  cibdad,  ó  vino  á  mi  casa,  é  me  echó 
»della,  é  me  desterró  de  mi  naturaleza.  Ni  menos 
«quiero  exprimir  los  agravios  que  á  mí  é  á  los  mios 
»  ha  fecho,  porque  Vuestra  Señoría  lo  sabrá  por  ver- 
« dad  eras  informaciones.  É  sobre  todo  crea  Vuestra 
«real  Señoría,  que  me  consolaré  autes  sofriendo 
»  vuestra  ira  que  su  orgullo.  E  si  yo  traté  con  el  Rey 
«de  Portogal,  ó  fice  alguna  cosa  en  vuestro  deservi- 
«cio,  á  Dios  que  sabe  las  intenciones  secretas  doy 
«por  testigo,  éá  vos  que  habéis  visto  las  obras  pú- 
«blicas.«  LaReyna,  oidas  aquellas  razones  fué  muy 
contenta,  porque  f abló  breve,  é  con  ef eto ,  é  díxole: 
«Marqués,  verdad  es  que  yo  he  habido  de  vos  no 
«buenas  informaciones,  pero  la  confianza  que  vos 
«ha  fecho  venir  ante  mí,  da  señal  del  descargo  vues- 
«tro;  é  dado  que  fuésedes  diño  de  pena,  haberos 
«puesto  desta  manera  en  mis  manos,  me  obligaría  á 
«usar  con  vos  de  benignidad.  Entregad  luego  esas 
«mis  fortalezas  de  Xerez  é  de  Alcalá  que  tenéis,  é 
»yo  mandaré  entender  en  los  debates  que  son  entre 
«vos  y  el  Duque  de  Medina,  é  determinaré  aquello 
«que  sea  justicia,  guardando  en  todo  vuestra  hon- 
«ra.«  El  Marqués  como  vido  á  la  Reyna  aplacada,  ó 
sin  indinaciou,dixo:  «Que  le  placía  de  entregar  lue- 
«go  aquellas  fortalezas  que  lo  mandaba.»  Otrosí  le 
dixo  :  «Téngovos,  Señora,  en  merced  señalada,  que 
«vos  plega  entender  en  estos  debates  que  son  entre 
«mi  y  el  Duque,  porque  fallará  por  cierto  Vuestra 
«real  señoría,  que  ninguno  hay,  salvo  que  quiere  el 
«Duque  solo  señorear  esta  cibdad  ;  é  que  ni  vos,  que 
«  sois  señora,  uséis  de  vuestro  señorío ,  ni  el  caballe- 
«ro  que  es  natural,  goce  en  ella  de  su  naturaleza.  É 
«cerca  de  la  información  que  vos  ha  fecho  de  los 
«tratos  que  yo  he  tenido  con  el  Rey  de  Portogal  en 
« deservicio  vuestro ,  por  respeto  de  mi  cuñado  el 
«Marqués  de  Villena;  verdad  es  que  yo  soy  casado 
«con  su  hermana,  pero  no  me  obligó  el  casamiento 
»á  que  yo  quisiese  lo  que  él  quiere,  ni  siguiese  el 
«camino  que  él  siguió  :  cada  uno  es  libre  para  facer 
» aquello  que  entiende  que  debe  seguir,  E  si  por 
«ventura  por  alguna  vía  pública,  ó  escondida,  Vues- 
))tra  Alteza  fallare  que  yo  en  estos  tiempos  pasados 
«favorecí  la  parte  del  Rey  de  Portogal,  qualquiera 
«pena  que  mo  mandáredes  dar  sufriré  con  pacien- 
» cía.  Verdad  es  que  no  servia  las  guerras  pasadas 
»5á  Vuestra  Alteza  como  debia,  é  yo  deseaba,  por  los 


É  DOÍÍA  ISABEL.  327 

«impedimentos  é  guerras  grandes  que  por  parte  del 
«Duque  me  eran  fechas;  en  las  quales  no  serví  por 
«cierto  al  Rey  de  Portogal,  como  el  Duque  dice, mas 
«resistí  á  él  como  todos  saben. »  Dichas  estas  pala- 
bras, partió  de  la  cámara  de  la  Reyna,  é  fué  para  la 
cibdad  de  Xerez.  La  Reyna  embió  con  él  á  Juan  de 
Robres,  un  su  capitán  á  tomar  la  fortaleza  de  Xerez, 
é  usar  en  la  cibdad  del  oficio  de  justicia.  El  Marqués 
entregó  luego  la  fortaleza  á  aquel  capitán,  é  ansi- 
mesmo  la  fortaleza  de  Alcalá  de  Guadayra,  la  qual 
mandóla  Reyna  qua  recibiese  un  caballero  de  su 
casa,  que  se  llamaba  Pero  Vaca. 

CAPÍTULO  LXSIL 

Délas  fortalezas  de  Sevilla,  que  se  entregaron  á  la  Reyna. 

Como  la  venida  del  Marqués,  é  la  entrega  que  fizo 
de  aquellas  fortalezas,  fué  contra  el  pensamiento 
del  Duque ,  é  de  todos  los  de  su  parcialidad,  é  ge- 
neralmente contra  la  opinión  de  todos  los  de  aquella 
tierra,  fueron  maravillados ;  é  pesó  de  aquella  obe- 
diencia que  el  Marqués  fizo  á  algunos  homes  de  ma- 
los deseos,  tan  bien  de  su  parcialidad,  como  de  la 
parte  contraria ;  porque  con  la  rebelión  que  espera- 
ban del  Marqués  entendían  que  habría  en  aquella 
tierra  guerras  y  escándalos ,  do  pensaban  ser  acre- 
centados. Como  aquellas  fortalezas  de  Xerez  é  Alca- 
lá fueron  entregadas  por  el  Marques,  luego  mandó 
la  Reyna  al  Duque,  que  ansimesmo  entregase  las 
fortalezas  que  tenia  de  la  cibdad.  El  Duque,  vístala 
entrega  que  el  Marqués  había  fecho,  entregó  luego 
las  fortalezas  de  Frexenal,  Aroche,  Aracena,  Libri- 
xa,  Alanis,  Constantina,  Alcantarilla»  que  el  Duque 
y  el  Marqués,  é  algunos  caballeros  de  sus  parciali- 
dades tenian.  E  puso  la  Reyna  en  ellas  por  alcaydes 
homes  naturales  de  la  cibdad,  que  venían  con  ella  é 
no  eran  de  ninguna  destas  parcialidades,  Embió  an- 
simesmo la  Reyna  á  mandar  al  Mariscal  Fernanda- 
rías  de  Sayavedra,  que  tenia  la  fortaleza  de  Tarifa, 
que  la  entregase  al  Almirante  Don  Alonso  Enriquez 
tío  del  Rey,  porque  aquella  tenencia  había  tenido  el 
Almirante  Don  Fadrique  bu  padre.  Otrosí  le  mandó 
que  entregase  la  fortaleza  de  Utrera,  que  era  de  la 
cibdad  de  Sevilla,  para  que  la  toviese  por  la  cibdad 
la  persona  que  ella  mandase,  según  había  dispuesto 
de  todas  las  fortalezas  de  la  cibdad.  Aquel  Mariscal 
Fernandarias  respondió,  que  las  tenencias  de  aque- 
llas fortalezas  habían  seydo  de  Gonzalo  de  Saya- 
vedra su  padre  ;  é  que  el  Rey  Don  Enrique  las  ha- 
bía confirmado  á  él,  é  no  habia  razón  porque  debie- 
se ser  desapoderado  dellas.  Y  embió  á  mandar  al 
alcayde  de  la  fortaleza  de  Utrera,  é  á  los  que  esta- 
ban con  él  que  se  defendiesen  é  no  la  entregasen  á 
la  Reyna ,  porque  él  los  socorrería  sí  fuesen  cerca- 
dos. La  Reyna,  sabida  la  respuesta  del  Mariscal, 
mandó  luego  á  ciertos  capitanes  de  su  guarda ,  que 
fuesen  á  poner  sitio  sobre  la  fortaleza  de  Utrera.  E 
al  cabo  de  quarenta  días  que  estovo  cercada,  é  fe- 
chos algunos  portillos  en  el  muro  con  las  lombardas 
que  le  tiraban  ;  por  mandado  de  la  Reyna  fué  á  re- 
querir aquel  sitio  Gutierre  de  Cárdenas,  su  Contador 


328 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mayor,  por  ver  la  dispusicion  en  que  estaba,  é  pro- 
veer en  las  cosas  que  fuesen  necesarias.  El  qual  fué 
á  requerir  al  alcayde,  é  á  los  que  con  él  eran  ,  que 
la  entregasen  á  la  Eeyna,  según  que  buenos  subdi- 
tos ó  naturales  eran  obligados  de  facer,  é  que  les 
salvarla  las  vidas :  las  quales  merecían  perder  por 
la  rebelión  que  hablan  mostrado  á  los  mandamien- 
tos de  la  Reyna.  El  alcayde ,  é  los  que  con  él  esta- 
ban ,  respondieron,  que  no  la  entregarían ,  salvo  al 
Mariscal  Fernandarias  de  Sayavedra ,  que  allí  los 
habia  puesto.  Como  esto  oyó  Gutierre  de  Cárdenas, 
é  conoció  la  rebelión  de  aquel  alcayde ,  é  de  los  que 
con  él  eran,  ordenó  la  gente  que  en  aquel  sitio  es- 
taba en  quatro  partes,  é  cada  una  forneció  de  per- 
trechos, é  mantas,  ó  artillería,  é  ballestería,  la  que 
entendió  ser  necesaria  para  el  combate.  É  todas  las 
cosas  aparejadas,  un  dia  por  la  mañana  combatió  la 
fortaleza  por  quatro  partes :  en  el  qual  combate 
murieron  algunos  homes  de  los  defuera.  Murió  an- 
simesmo  el  alcayde  de  la  fortaleza ,  que  se  llamaba 
Pedro  de  Guzman ;  é  duró  el  combate  todo  el  dia  fas- 
ta después  de  vísperas.  Al  fin  los  de  dentro ,  porque 
dellos  eran  muertos,  dellos  malferidos,  é  todos  los 
otros  cansados  de  la  priesa  que  la  gente  de  la  Reyna 
les  dio  por  todas  partes,  como  vieron  muerto  al  al- 
cayde  falleciéronle  las  fuerzas  para  pelear  (1).  É  los 
defuera  ovieron  lugar  de  entrar  en  la  fortaleza  por 
fuerza,  en  la  qual  entrada  fueron  muertos  é  feridos 
algunos  escuderos  de  la  guarda  de  la  Reyna,  que  se 
mostraron  esforzados  en  aquella  facienda,  é  fueron 
presos  veinte  é  dos  homes  que  quedaron  vivos  de  los 
de  la  fortaleza.  Estos  traídos  á  la  cibdad  de  Sevilla, 
porque  fueron  rebeldes ,  é  hablan  cometido  grandes 
crimines  é  robos,  la  Reyna  los  mandó  aforcar, 

CAPÍTULO  LXXIII. 

De  las  cosas  qne  pasaron  el  año  siguiente  de  mil  é  quatrocientos 
t  setenta  é  ocho  años,  é  como  este  año  nació  el  Principe  Don 
Juan. 

El  Rey,  que  eegan  habernos  contado ,  tenia  pues- 
to sitio  sobre  la  fortaleza  de  Castronuño ,  veyendo 
que  no  se  podia  combatir  porque  el  lugar  do  estaba 
fundada,  era  una  cuesta  alta  é  redonda ,  que  se  lla- 
ma la  Muela,  en  la  qual  estaba  gente  de  armas  de 
aquel  alcayde  ,  que  la  defendían ,  é  la  artillería  no 
habia  lugar  de  tirar  a  parte  ninguna  donde  ficiese 
daño,  por  la  dispusicion  del  lugar;  acordó  de  dexar 
en  aquel  cerco  sus  capitanes  proveídos  de  lo  que 
era  necesario  para  el  sitio.  É  vino  (2)  para  la  cibdad 


(1)  El  sitio  de  Utrera  se  puso  á  últimos  de  Noviembre,  pero  no 
se  tomó  hasta  el  Domingo  de  Quasimodo  del  siguiente  de  1478, 
como  reücre  el  Cura  de  los  Palacios,  autor  bien  instruido  en  las 
cosas  de  Andalucía.  También  varia  el  nombre  del  Alcayde,  á  quien 
llama  Alonso  Tellez,  un  escudero  que  vivia  en  casa  del  Mariscal 
Fernand  Arias.  Bernald.,  cap.  31. 

(-2)  El  Rey  entró  en  Sevilla  de  allí  á  un  mes  que  la  Reyna,  i  úl- 
timos de  Agosto,  como  refiere  el  Cura  de  los  Palacios,  que  supone 
que  quando  el  Marqués  de  Cádiz  se  presentó  estaban  los  Ueyes 
ya  juntos,  y  es  mas  probable,  porque  las  resultas  de  sitiar  las 
fortalezas  rebeldes  son  posteriores  i  la  venida  del  Rey.  Bernald., 
cop.  W. 


de  Sevilla  do  estaba  la  Reyna,  é  fué  recebido  por 
todos  los  de  la  cibdad  con  grand  alegría ;  é  allí  esto- 
vo algunos  dias,  en  los  quales  la  Reyna  se  fizo  pre- 
ñada. Este  preñado  era  muy  deseado  por  todos  los 
del  Reyno,  porque  no  tenían  sino  á  la  Princesa  Do- 
ña Isabel  que  habia  siete  años ;  en  los  quales  la 
Reyna  no  se  habia  fecho  preñada.  É  con  grandes 
suplicaciones  é  sacrificios,  é  obras  pías  que  fizo,  plo- 
go  á  Dios  que  concibió  é  parió  en  aquella  cibdad  un 
fijo  que  se  llamó  el  Príncipe  Don  Juan  ;  el  qual  na- 
ció en  aquella  cibdad  de  Sevilla  á  veinte  é  nueve 
dias  (3)  del  mes  de  Junio  deste  año  de  mil  é  qua. 
trocientos  é  setenta  é  ocho  años.  Por  el  nacimiento 
deste  Príncipe  se  ficieron  grandes  alegrías  en  todas 
las  cibdades  é  villas  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de 
Aragón,  é  de  Sicilia,  y  en  todos  los  otros  señoríos 
del  Rey  é  de  la  Reyna,  porque  plogo  á  Dios  darlos 
heredero  varón.  En  estos  dias  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na estovieron  en  la  cibdad  de  Sevilla ,  el  Rey  de 
Granada  ombió  sus  embaxadores  á  demandar  tre- 
guas por  cierto  tiempo.  El  Rey  é  la  Reyna  acorda- 
ron de  gelas  dar,  pagando  cada  año  las  parias  que 
los  Reyes  Moros  acostumbraban  dar.  El  Rey  Moro 
que  se  llamaba  Muley  Albohacen ,  respondió ,  que 
los  Reyes  de  Granada  que  solían  dar  parias  eran 
muertos ;  é  que  en  las  casas  do  se  labraba  estonces 
la  moneda  que  se  pagaba  en  parias ,  se  labraban 
agora  fierros  de  lanzas  para  defender  que  no  se  pa- 
gasen. El  Rey  é  la  Reyna ,  como  quiera  que  cono- 
cieron ser  soberbiosa  respuesta,  pero  acordaron  de 
gelas  otorgar  por  tiempo  de  tres  años,  sin  que  se 
pagasen  las  parias  acostumbradas  ,  por  causa  de  la 
guerra  que  tenían  con  el  Rey  de  Portogal,  ó  pen- 
diente aquella,  no  estaban  en  tiempo  de  mover 
guerra  contra  moros.  Otrosí  embiaron  bus  capitanes 
Contra  aquel  Mariscal  Fernandarias ,  que  habemos 
dicho  que  tenia  á  Tarifa,  para  le  facer  guerra  por 
la  rebelión  que  habia  mostrado  contra  sus  manda- 
mientos, é  mandáronle  tomar  todos  sus  bienes.  El 
Mariscal  visto  que  no  podia  resistir  el  poderío  real, 
embió  á  suplicar  al  Rey  é  la  Reyna,  que  le  perdo- 
nasen, ó  le  mandasen  restituir  sus  bienes  que  le  ha- 
bían tomado.  El  Rey  é  la  Reyna,  por  contemplación 
del  Marqués  de  Cáliz ,  é  de  otros  caballeros  de  la 
cibdad  parientes  de  aquel  Mariscal ,  que  les  habían 
bien  servido,  concedieron  á  sus  suplicaciones,  ó 
perdonáronle.  É  luego  entregó  la  villa  de  Tarifa  al 
Almirante  Don  Alonso  Enriquez  tio  del  Rey;  el 
qual  dio  la  tenencia  della  á  Don  Pero  Enriquez  su 
hermano,  Adelantado  mayor  del  Andalucía.  Ansi- 
meemo  embiaron  mandar  á  Pedro  de  Godoy  un  ca- 


(3)  El  sumario  de  Galindez  señala  el  nacimiento  del  Príncipe 
en  28  de  Julio,  y  Nebrixa  en  29;  pero  no  fué  sino  á  30,  como 
está  en  los  impresos,  y  lo  comprueba  Zúfiiga  por  la  carta  de  aviso 
que  tuvo  la  ciudad  de  Sevilla  en  Miércoles  1  de  .'ulio  que  dice 
como  parió  el  dia  antes.  El  mismo  año  á  29  de  Julio,  Miércoles, 
hubo  eclipse  de  Sol  total,  visible  en  Europa,  Asia  y  África  ,  á  42 
pulgadas  del  centro  al  S.  0.  y  empezó  á  observarse  en  Sevilla 
como  á  las  dos  de  la  tarde.  Galind.,  alio  1478;  Bernald.,  cap.  34. 
Este  autor  trae  muy  á  la  larga  las  tiestas  que  se  hicieron  al  naci- 
miento del  Príncipe,  y  las  solemnidades  de  su  bautizo  y  salid» 
de  la  Reyna  á  misa,  cap.  52  y  33. 


DON  FERNANDO 
ballero  que  tenía  la  villa  é  los  alcázares  de  Carmo- 
na,  que  luego  los  entregase.  E  como  quiera  que  este 
caballero  quisiera  demandar  equivalencias  é  merce- 
des por  aquella  tenencia  que  le  quitaban ;  pero  con- 
siderando que  no  tenia  lugar  de  mostrar  desobe- 
diencia á  los  mandamientos  reales ,  é  vista  la  gran 
diligencia  que  ponia  la  Beyna  en  cobrar  las  fortale- 
zas de  su  Eeyno  que  estaban  enagenadas,  é  por  la 
justicia  que  vido  que  se  executaba  contra  los  rebel- 
des á  sus  mandamientos,  ovo  su  acuerdo  de  las  en- 
tregar: la  tenencia  de  las  quales  fué  dada  por  la 
Keyna  á  Gutierre  de  Cárdenas  su  Contador  moyor. 

CAPÍTULO  LXXIV. 

úe  como  fué  dado  el  Maostradgo  de  Sanctiago  al  Comendador 
mayor  Don  Alonso  de  Cárdenas. 

El  Comendador  mayor  de  León,  que  se  intitulaba 
Maestre  de  Santiago,  no  embargante  que,  según  ha- 
bernos contado,  la  Rey  na  estorbó  que  no  fuese  ele- 
gido en  el  convento  de  Ucles;  pero  siempre  sirvió 
con  gran  lealtad  al  Rey  é  á  ella  en  la  guerra  contra 
el  Reyno  de  Portogal,  en  el  qual  entró  dos  veces 
con  gente  de  armas,  é  fizo  grandes  quemas  de  luga- 
res, é  talas,  é  robos,  é  otros  estragos.  E  siempre  sii- 
viéndoles  con  gran  humildad,  les  suplicaba  les  plo- 
guiese  guardar  su  derecho  cerca  de  la  elección  que 
los  Treces  é  Comendadores  de  la  Orden  le  hablan 
fecho  en  la  provincia  de  León,  é  la  que  todos  en 
concordia  querían  confirmar  en  el  convento  de 
Ucles.  El  Rey  é  la  Reyna,  como  quier  que  habían 
acordado  que  el  Rey  oviese  el  Maestradgo  en  ad- 
ministración ,  pero  considerando  los  servicios  é  obe- 
diencia del  Comendador  mayor,  é  que  por  ningún 
estorbo  ni  contradicion  que  le  ficieron  cerca  de  su 
elección,  le  mudaron  la  constancia  que  tovo  en  las 
cosas  de  su  servicio;  especialmente  porque  sintieron 
algún  cargo  de  sus  consciencias,  por  contrariar  las 
constituciones  de  la  Orden;  acordaron  de  gelo  otor- 
gar, é  dieron  lugar  que  fuese  elegido  en  concordia 
c  suplicaron  al  Papa  que  lo  confirmase,  y  el  Papa 
lo  confirmó.  El  Rey  é  la  Reyna  asentaron  con  él, 
que  de  las  rentas  del  Maestradgo  fuese  tenudo  de 
les  dar  todo  el  tiempo  que  fuese  Maestre  cada  un 
año  tres  cuentos  de  maravedís,  pa,ra  el  reparo  é 
bastimento  de  los  castillos  que  son  frontera  de  Gra- 
nada, é  para  las  otras  cosas  concernientes  á  la 
guerra  de  los  moros,  y  el  Maestre  lo  otorgó,  y  en 
esta  manera  ovo  el  Maestradgo  de  Santiago.  Como 
este  Maestre  fué  proveído  d(?l  Maestradgo,  fué  an- 
simesmo  proveído  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Con- 
tador mayor  del  Rey  é  de  la  Reyna,  de  la  enco- 
mienda mayor  de  León  que  tenía  el  Maestre.  Este 
Maestre  era  fijodalgo,  é  Lome  esforzado,  é  de  buen 
entendimiento,  é  borne  piadoso,  é  limosnero;  fué 
natural  de  Ocaña,  fijo  de  un  caballero  que  se  lla- 
maba Don  Garcí  López  de  Cárdenas,  que  fué  Co- 
mendador mayor  de  León  en  esta  Orden  de  San- 
tiago. 


•k  DO^A  ISABEI/. 


329 


CAPÍTULO  LXXV. 
De  como  el  Rey  fué  á  ver  al  Rey  de  Aragón  su  padre. 

Recebidas  las  fortalezas  de  la  tierra  de  Sevilla, 
é  de  la  villa  de  Carmena,  el  Rey  partió  de  Sevilla 
é  fué  á  la  cibdad  de  Trogillo,  é  tomó  la  fortaleza  de 
poder  de  Gonzalo  de  Ávila,  que  la  tenía  en  tercería, 
porque  el  término  que  la  había  de  tener  era  pasado: 
la  qual  entregó  á  Sancho  del  Águila  un  caballero 
de  Avila,  é  proveyóla  de  gente,  é  de  las  otras  cosas 
necesarias  para  la  guerra  que  se  contiimaba  contra 
Portogal.  É  luego  partió  de  Estremadura,  é  fué  á  la 
cibdad  de  Victoria,  donde  esperó  al  Rey  de  Aragón 
su  padre;  el  qual  vino  allí,  y  el  Rey  le  salió  á  reci- 
bir fuera  de  la  cibdad,  é  llegó  á  él,  é  demandóle  la 
mano  para  gela  besar,  y  el  Rey  de  Aragón  no  gela 
quiso  dar.  Otrosí  se  puso  á  su  mano  izquierda  y  el 
Key  de  Aragón  no  lo  consintió.  E  ansí  entraron  en 
la  cibdad,  el  Rey  de  Aragón  á  la  mano  izquierda 
del  Rey  su  fijo,  y  el  Rey  fué  con  el  Rey  su  padre 
fasta  su  posada,  é  descabalgó  en  ella  para  le  poner 
en  su  cámara.  El  Rey  de  Aragón,  quando  sopo  que 
aquella  era  su  posada,  díxole:  «Vos,  fijo,  que  sois  Se- 
ȟor  principal  de  la  Casa  real  de  Castilla,  donde  yo 
))  vengo,  sois  aquel  á  quien  todos  los  que  venimos  de 
«aquella  casa,  somos  obligados  de  acatar  é  servir 
ncomo  á  nuestro  Señor  é  pariente  mayor;  é  los  ho- 
«nores  que  yo  os  debo  en  este  caso,  han  mayor  lu- 
»gar  que  la  obediencia  filial  que  vos  me  debéis 
«como  á  padre:  por  tanto  tornad  á  cabalgar,  yo  me 
«iré  con  vos  á  vuestra  posada,  porque  ansí  lo  quiere 
nía  razón.»  El  Rey  por  los  ruegos  que  el  Rey  su 
padre  le  fizo,  consintió  que  fuese  con  él  fasta  su  po- 
sada. El  Rey  de  Aragón  estovo  en  aquella  cibdad 
por  espacio  de  veinte  días,  dando  orden  en  las  cosas 
del  Reyno  de  Navarra,  que  pertenecía  al  Rey  Febo 
BU  nieto,  y  en  la  paz  é  seguridad  de  aquel  Reyno. 
Otrosí  en  las  cosas  que  concernían  á  la  buena  go- 
bernación de  los  Reynos  de  Aragón,  é  de  Sicilia,  é 
de  las  otras  islas;  para  lo  qual  era  necesario  plati- 
car el  uno  con  el  otro.  En  todos  los  otros  actos  pú- 
blicos é  secretos  que  allí  pasaron  entre  los  dos  Reyes 
no  consintió  el  Rey  de  Ar*gon  que  el  Rey  su  fijo 
le  ficiese  la  cerímonia  que  le  debía  como  á  padre; 
é  todas  las  que  él  debía  facer,  fizo  al  Rey  su  fijo 
como  á  pariente  mayor.  Fechas  é  asentadas  todas 
las  cosas,  para  que  allí  se  habían  juntado,  el  Rey 
de  Aragón  volvió  para  su  Reyno,  y  el  Rey  vino 
para  el  sitio  que  tenía  puesto  sobre  Castronufio,  en 
el  qual  falló  que  sus  gentes  tenían  bien  opremidos 
á  los  que  estaban  en  la  fortaleza;  porque  como 
quier  que  de  los  bastimentos  no  tenían  mengua, 
pero  faltaban  muchos  homes  que  eran  muertos  é 
ferídos  en  las  escaramuzas  que  de  contíno  facían. 
El  Rey,  conocido  el  estado  de  aquel  sitio,  fizo  mo- 
ver partido  al  alcayde  que  entregase  la  fortaleza. 
El  alcayde  dio  f  abla,  é  púsose  en  trato  de  la  dar 
al  Rey:  porque  el  mucho  tiempo  que  habla  estado 
sitiado  sin  haber  mensagero  ni  esfuerzo  del  Rey  de 
Portogal,  le  fizo  perder  esperanza  del  socorro  que 


330 

le  habia  prometido.  E  ansimesmo  porque  ya  no  se 
confiaba  en  la  gente  que  con  él  estaba,  á  la  qual 
habia  acostumbrado  de  tal  manera,  que  recelando 
de  la  dotrina  que  él  mesmo  les  habia  dado,  pensaba 
que  le  matarían,  é  darian  la  fortaleza  al  Eey.  El 
Bey  ansimesmo,  porque  ovo  nuevas  que  el  Rey  de 
Portogal  era  despedido  de  Francia  para  pasar  á  su 
Reyno,  é  considerando  los  inconvinientes  que  en  la 
dilación  del  tiempo  podian  nacer,  condescendió  al 
partido  que  el  Alcayde  le  demandó;  é  dióle  seguri- 
dad para  que  fuese  á  Portogal  con  todo  lo  que  te- 
nia en  la  fortaleza.  Y  en  esta  manera  la  entregó  al 
Eey,  la  qual  mandó  luego  derribar  por  los  muchos 
robos  é  fuerzas  que  della  se  hablan  fecho,  é  porque 
no  oviese  lugar  donde  mas  en  adelante  se  ficiesen. 
Como  la  fortaleza  de  Castronuño  fué  derribada,  y 
el  Piey  ovo  expedido  las  cosas  que  fueron  necesarias 
en  aquella  comarca;  luego  vino  para  la  cibdad  de 
Sevilla  donde  la  Eeyna  estaba.  É  acordaron  de  par- 
tir de  allí  para  la  cibdad  de  Córdoba,  por  dar  orden 
en  la  justicia  de  aquella  cibdad  é  de  su  tierra,  é  res- 
tituir las  fortalezas  della  que  estaban  tiranizadas, 
é  desagraviar  á  muchas  personas  que  en  los  tiem- 
pos pasados  hablan  recebido  daños  é  fuerzas  en  sus 
bienes.  Antes  que  partiesen  de  la  cibdad  de  Sevilla, 
el  Marqués  de  Cáliz  suplicó  al  Rey  é  á  la  Eeyna  que 
le  diesen  lugar  que  volviese  á  la  cibdad  á  estar  en 
BU  casa,  é  no  consintiesen  que  tanto  tiempo  estuvie- 
se desterrrado  de  su  naturaleza,  sin  haber  otra  cau- 
sa, salvo  la  enemistad  que  con  él  tenia  el  Duque  de 
Medina.  El  Eey  é  la  Eeyna,  considerando  que  si 
tornase  á  la  cibdad,  según  las  enemistades  que  ha- 
bia entre  el  Duque  y  él,  no  se  podrían  escusar  entre 
ellos  algunos  inconvinientes  é  daños  á  los  vecinos 
de  la  cibdad,  y  escándalo  en  toda  la  tierra;  acorda- 
ron que  ni  él  volviese  á  la  cibdad  de  Sevilla,  ni  el 
Duque  estoviese  en  ella,  é  cada  uno  estoviese  en  su 
tierra.  B  mandaron  al  Duque  salir  luego  de  la  cib- 
dad, é  que  no  volviese  á  ella  sin  su  licencia.  Este 
mandamiento  que  al  Duque  se  fizo,  le  fué  grave, 
porque  decia,  que  siempre  habia  servido  al  Eey  é  á 
la  Eeyna;  é  que  en  los  tiempos  de  las  turbaciones 
é  guerras  pasadas  habia  sostenido  con  grandes  tra- 
bajos é  peligros  aquella  cibdad  para  su  servicio,  é 
que  les  habia  fecho  leales  servicios  dinos  de  gran- 
des mercedes;  é  que  no  solamente  no  gelas  facían, 
mas  en  lugar  dellas,  le  daban  pena  de  destierro  de 
su  casa  é  naturaleza.  Decían  ansimesmo,  que  no  de- 
bía ser  fecha  comparación  de  su  persona  é  servicios 
á  la  persona  del  Marqués  de  Cáliz  que  habia  deser- 
vido. É  decia  otras  razones,  por  do  mostraba  ser 
agraviado  de  aquel  mandamiento  que  le  fué  fecho. 
El  Eey  é  la  Eeyna,  considerando  quanto  compila  al 
servicio  de  Dios  é  suyo,  é  quantos  daños  é  muertes 
se  escusaban  estando  absentes  aquellos  dos  caballe- 
ros de  la  cibdad,  é  que  farian  agravio  al  Marqués 
8i  le  dcxasen  fuera  quedando  el  Duque  en  la  cibdad, 
insistieron  en  su  primero  mandamiento,  é  ñcierou 
salir  de  la  cibdad  al  Duque;  é  prometieron  al  uno  é 
al  otro,  que  habido  tiempo  conviniente  entenderían 
en  sus  debates,  é  darian  tal  orden,  que  con  paz  é 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


amor  volviesen  á  estar  en  sus  casas  en  la  cibdad. 
Embiaron  ansimesmo  en  aquel  año  desde  la  cibdad 
de  Sevilla  á  Don  Juan  de  Gamboa  uu  caballero  de 
la  Montaña  criado  del  Eey,  que  era  Alcalde  de 
Fuenterrabía,  é  al  Licenciado  Don  Juan  de  Medina 
Arcediano  de  Almazan,  del  Consejo  del  Eey  é  de  la 
Eeyna,  por  sus  diputados  á  la  villa  de  Fuenterra- 
bía (1)  con  sus  poderes  bastantes  para  platicar  é 
conferir  con  el  Obispo  de  Lumbiers,  é  con  otro  ca- 
ballero Francés,  que  el  Eey  de  Francia  había  em- 
biado  á  la  villa  de  Bayona  por  sus  diputados,  sobre 
las  materias  de  la  paz  que  el  Cardenal  de  España 
trataba  que  se  firmase  entre  el  Eey  é  la  Eeyna,  y 
el  Eey  de  Francia  é  sus  Eeynos,  é  sobre  las  cosas 
de  las  guerras  pasadas. 

CAPÍTULO  LXXVI. 

De  la  armada  que  se  fizo  por  mar,  para  conquistar  las  islas  de  la 
Graa  Canaria. 

Acordaron  el  Eey  é  la  Eeyna  de  facer  armada 
por  mar,  y  embiar  á  conquistar  las  islas  de  la  Gran 
Canaria,  aquellas  que  eran  rebeldes  é  no  estaban 
subjetas  á  señorío.  E  mandaron  fornecer  muchas 
naos  de  armas,  é  bastimentos,  ó  caballos,  y  embia- 
ron por  su  capitán  de  aquella  conquista  á  un  caba- 
llero natural  de  Xerez  de  la  Frontera,  que  se  lla- 
maba Pedro  de  Vera,  home  de  buen  esfuerzo,  y 
experimentado  en  las  cosas  de  la  guerra;  el  qual 
descendió  en  las  islas  de  la  Gran  Canaria,  é  peleó 
muchas  veces  con  las  gentes  bárbaras  que  moraban 
en  ellas.  La  qual  conquista  duró  por  espacio  de  tres 
años,  en  los  quales  ovo  con  aquellas  gentes  guerras 
continas.  Y  el  Eey  é  la  Eeyna  ficieron  grandes  gas- 
tos, porque  continamente  en  todo  tiempo  embiaban 
gentes  de  guerra,  é  otras  grandes  provisiones  de 
vino,  é  lienzo,  é  fierro,  é  paño,  é  armas,  é  de  todas 
las  otras  cosas  que  eran  necesarias  al  sostenimiento 
de  las  gentes,  que  por  su  mandado  estaban  en 
aquella  conquista,  É  al  fin  fueron  puestas  en  subje- 
cion  del  Eey  é  de  la  Eeyna.  Aquellas  islas  son  tier- 
ra muy  caliente,  é  fértil  de  pan,  é  de  muchos  ga- 
nados domésticos,  é  miel,  é  otros  muchos  frutos. 
Las  gentes  que  allí  moraban  no  se  vestían  ropas 
de  lana,  salvo  pellejos  de  anímales;  ni  tenían  fierro 
é  defendíanse  con  piedras,  é  con  varas  de  árboles, 
que  aguzaban  con  piedras  agudas,  las  quales  varas 
por  el  grand  uso  que  tenían  de  tirar,  salían  de  sus 
brazos  tan  recías  como  de  ballestas  é  de  arcos,  é 
pasaban  una  adarga;  é  defendíanse  en  cuevas,  é 
dellas  facían  tanta  guerra  que  ninguno  osaba  me- 
terse entre  ellos  por  la  espesura  de  las  cuevas  que 
tenían.  Moraban  en  chozas,  é  ramadas  de  árboles, 
que  los  defendían  del  fervor  del  sol  é  de  las  aguas. 
É  labraban  la  tierra  con  cuernos  de  vacas,  é  con 
poca  labor  cogían  mucho  fruto,  por  la  gran  fertili- 
dad de  la  tierra.  Su  creencia  era  en  un  solo  Dios  de 
lo  alto;  é  tenían  un  lugar  do  facían  oración,  é  su 


(1)  En  el  MS.  de  Monforl  hay  una  nota  marginal  que  dice:  Éslt 
Don  Juan  fué  desj/nes  Obispo  de  Segovla. 


DON  FERNANDO 
ritu  era  rociar  aquel  lugar  do  oraban  con  leche  de 
cabras  que  tenían  apartadas,  é  las  criaban  para  sólo 
aquello;  é  á  estas  cabras  llamaban  ellos  animales 
santos.  Su  lengua  era  bárbara  muy  cerrada,  é  apar- 
tada de  la  lengua  castellana.  Pero  porque  habia 
ende  otras  islas,  que  estaban  en  la  subjecion  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  que  eran  ya  christianos,  los 
quales  iban  é  venian  muchas  veces  á  la  cibdad  de 
Sevilla,  y  eran  mostrados  en  nuestra  lengua;  de 
aquellos  tales  llevaban  intérpretes  que  entendían. 
El  Rey  é  la  Reyna  embiaron  á  aquellas  islas  fray- 
Íes  é  clérigos,  que  los  convirtiesen  á  la  fé  de  Nues- 
tro Salvador.  Aquellas  gentes  eran  muy  agudas  de 
su  natura,  é  placíales  saber  y  entender  las  cosas  de 
nuestra  fé.  Ansimesmo  en  aquellos  dias  partieron 
de  la  cibdad  de  Sevilla  é  de  los  otros  puertos  del 
Andalucía  fasta  treinta  é  cinco  caravelas  para  la 
mina  del  oro  :  en  las  quales  iban  muchos  mercade- 
res é  personas  que  se  sentían  dispuestos  para  sofrir 
el  largo  camino  de  la  mar,  é  las  dolencias  que  se 
recrecían  en  aquella  tierra.  Los  quales  llevaban 
cargadas  las  naos  de  aquellas  ropas  viejas,  é  con- 
chas, é  almireces,  é  manillas  de  latón,  é  de  las  otras 
cosas  que  eran  demandadas  por  las  gentes  que  en 
aquellas  tierras  moraban.  Y  embiaron  el  Rey  é  la 
Reyna  en  aquella  flota  por  capitán  un  caballero  que 
se  llamaba  Pedro  de  Covídes,  á  quien  mandaron  que 
obedeciesen  todas  las  gentes  é  mercaderes  que  iban 
en  aquella  flota.  E  de  todo  el  oro  que  se  traía  de 
aquella  tierra,  el  Rey  é  la  Reyna  habian  la  quinta 
parte,  de  lo  qual  habian  gran  renta. 

CAPÍTULO  LXXVIL 

De  la  heregía  que  se  falló  en  Sevilla  y  en  Córdoba,  y  en  otras  al- 
gunas cibdades  de  los  Reynos  de  Castilla,  é  Aragón,  6  Valencia 
é  Cataluña  (1). 

Algunos  Clérigos  é  personas  religiosas  é  otros 
muchos  seglares,  informaron  al  Rey  é  á  la  Reyna, 
que  en  sus  Reynos  é  señoríos  habia  muchos  chris- 
tianos del  linage  de  los  judíos,  que  tornaban  á  ju- 
dayzar,  é  facer  ritos  judaycos  secretamente  en  sus 
casas;  é  ni  creían  la  fé  christiana,  ni  facían  las 

(1)  El  Cronista  refiere  en  este  capítulo  varias  cosas  que  perte- 
necen á  distintos  tiempos.  La  ordenanza  ó  edicto  del  Cardenal  de 
Mendoza  fué  hecha  y  publicada  en  este  año,  pero  no  la  conce- 
sión de  la  Bula,  ni  el  establecimiento  de  la  Inquisición.  Los  Re- 
yes á  su  partida  de  Sevilla  dejaron  encargado  este  negocio  al 
Provisor  Don  Pedro  de  Solis,  al  Asistente  Diego  de  Merlo,  y  á  un 
Religioso  de  San  Pablo  llamado  Fray  Alonso,  y  estos  formaron  el 
primer  plan  de  la  Inquisición,  sobre  el  qual  se  pidió  la  Bula  á 
Sixto  IV  y  éste  la  concedió  en  UfiO,  siendo  encargados  de  este 
negocio  en  Roma  Don  Francisco  de  Santillan,  Obispo  de  Osma,  y 
su  hermano  Don  Diego  de  Santillan  ambos  Sevillanos,  hijos  del 
Doctor  Ruy  García  de  Santillan,  del  Consejo  del  Rey  Don  Juan  II, 
como  trae  Zuñiga  en  sus  Anal.,  año  1480,  p.  389.  Pero  el  estable- 
cimiento formal  de  la  Inquisición  no  se  efectuó  hasta  el  año  1481, 
como  afirma  el  Cura  de  los  Palacios,  y  comprueba  el  mismo  Zü- 
ñiga  por  la  lápida  que  está  en  la  portada  de  dicho  Tribunal  en 
Sevilla.  Anal.,  año  l-iSl,  p,  389.  Bernaldez  señala  los  tres  primeros 
Inquisidores,  que  fueron  dos  Fray  ¡es  de  Santo  Domingo,  un  Provin- 
cial é  un  Vicario,  el  uno  llamado  Fray  Miguel,  y  el  otro  Fray  Juan, 
é  con  ellos  d  dolor  de  Medina,  Clérigo  de  San  Pedro,  etc.  Bcrnald,, 
cap.  43  y  44. 


t  DOÑA  ISABEL.  331 

obras  que  cathólicos  christianos  debían  facer.  É  so- 
bre este  caso  les  encargaban  las  consciencias,  re- 
quiriéndoles,  que  pups  eran  príncipes  cathólicos,  cas- 
tigasen aquel  error  detestable;  porque  si  lo  dexasen 
sin  castigo,  é  no  se  atajaba,  podría  crecer  de  tal  ma- 
nera, que  nuestra  santa  fé  cathólica  recibiese  gran 
detrimento.  Esto  sabido  por  el  Rey  é  por  la  Reyna, 
ovieron  gran  pesar,  por  se  fallar  en  sus  señoríos 
personas  que  no  sintiesen  bien  de  la  fé  cathólica,  é 
fuesen  hereges  é  apóstatas.  Sobre  lo  qual  el  Carde- 
nal de  España  Arzobispo  de  Sevilla,  fizo  cierta  cons- 
titución en  la  cibdad  de  Sevilla,  conforme  á  los  sa- 
cros Cánones,  de  la  forma  que  con  el  christiano  se 
debe  tener  desde  el  día  que  nace,  ansí  en  el  sacra- 
mento del  baptismo,  como  en  todos  los  otros  sacra- 
mentos que  debe  recebir,  é  de  lo  que  debe  ser  doc- 
trinado, é  debe  usar  é  creer  como  fiel  christiano,  en 
todos  los  dias  é  tiempos  de  su  vida,  fasta  el  día  de 
su  muerte.  É  mandólo  publicar  por  todas  las  Igle- 
sias de  la  cibdad,  é  poner  en  tablas  en  cada  parro- 
quia por  firme  constitución.  É  otrosí  de  lo  que  los 
curas  é  clérigos  deben  dotrinar  á  sus  feligreses, 
é  lo  que  los  feligreses  deben  guardar  é  mostrar  á 
sus  fijos.  Otrosí  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  cargo  á 
algunos  Frayles  é  Clérigos,  é  otras  personas  reli- 
giosas, que  dellos  predicando  en  público,  dellos  en 
fablas  privadas  é  particulares,  informasen  en  la 
f  á  aquellas  personas,  é  los  instruyesen,  é  reduxe- 
sen  á  la  verdadera  creencia  de  Nuestro  Señor  Jesu 
Christo,  ó  les  mostrasen  en  quanta  damnación  per- 
petua de  sus  ánimas,  é  perdición  de  sus  cuerpos  ó 
bienes  incurrían  por  facer  ritos  judaycos. 

Estos  Religiosos  á  quien  fué  dado  este  cargo,  co- 
mo quier  que  primero  con  dulces  amonestaciones,  é 
después  con  agras  reprehensiones ,  trabajaron  por 
reducir  á  estos  que  judayzaban,  pero  aprovechó 
poco  á  su  pertinacia  ciega  que  sostenían.  [Los  qua- 
les aunque  negaban  y  encubrían  su  yerro,  pero  se- 
cretamente tornaban  á  recaer  en  él,  blasfemando  el 
nombre  é  dotrína  de  nuestro  señor  é  redemptor  Jesu 
Christo.  El  Rey  é  la  Reyna,  considerando  la  mala  é 
perversa  calidad  de  aquel  error,  é  queriéndolo  con 
grand  estudio  é  diligencia  remediar,  embiáronlo  á 
notificar  al  Sumo  Pontífice,  el  qual  dio  su  bula,  por 
la  qual  mandó,  que  oviese  Inquisidores  en  todos 
los  Reynos  é  señoríos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  los 
quales  inquiriesen  de  la  fé,  ó  castigasen  los  culpa- 
dos del  pecado  de  la  herética  pravidad ;  é  dio  el  car- 
go principal  desta  inquisición  á  un  Religioso  de 
vida  honesta,  que  tenia  gran  zelo  de  la  fé,  que  se 
llamaba  Fray  Tomas  de  Torquemada,  Confesor  del 
Rey,  é  Prior  del  monesterio  de  Santa  Cruz  de  Sego- 
via,  de  la  Orden  de  Santo  Domingo.  Este  Prior  que 
era  principal  Inquisidor,  substituyó  en  su  lugar  In- 
quisidores en  todas  las  mas  cibdades  é  villas  de  los 
Reynos  de  Castilla,  é  Aragón ,  é  Valencia,  é  Catalu- 
ña. Los  quales  ficieron  inquisición  sobre  aquella 
materia  de  la  herética  pravidad ,  en  cada  tierra  é 
comarca  donde  eran  puestos ;  é  ponían  en  ellas  sus 
cartas  de  edites,  fundadas  por  derecho,  para  que 
aquellos  que  habian  judayzado,  ó  no  sentían  bieu 


332 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  la  fe ,  dentro  de  cierto  tiempo  viniesen  á  decir 
sus  culpas ,  é  se  reconciliasen  con  la  Santa  madre 
Iglesia.  Por  virtud  destas  cartas  y  edites,  muchas 
personas  de  aquel  linage,  dentro  del  término  que 
era  señalado,  parecian  ante  los  Inquisidores,  é  con- 
fesaban sus  culpas  é  yerros  que  en  este  crimen  de 
heregía  habian  cometido.  Á  los  quales  daban  peni- 
tencias según  la  calidad  del  crimen  en  que  cada  uno 
habia  incurrido.  Fueron  estos  mas  de  quince  mil 
personas,  ansi  homes  como  mugeres.  E  si  algunos 
habia  culpados  en  aquel  crimen ,  é  no  venian  á  se 
reconciliar  dentro  del  término  que  les  era  puesto, 
habida  información  de  testigos  del  yerro  que  ha- 
bian cometido,  luego  eran  presos,  é  se  f  acian  proce- 
sos contra  ellos,  por  virtud  de  los  quales  eran  con- 
denados por  hereges  é  apóstatas ,  é  remitidos  á  la 
justicia  seglar.  Destos  fueron  quemados  en  diversas 
veces  y  en  algunas  cibdades  é  villas,  fasta  dos  mi] 
homes  é  mugeres ;  é  otros  fueron  condonados  á  cár- 
cel perpetua,  é  á  otros  fué  dado  por  penitencia,  que 
todos  los  dias  de  su  vida  andoviesen  señalados  con 
cruces  grandes  coloradas ,  puestas  sobre  bus  ropas 
de  vestir  en  los  pechos  y  en  las  espaldas.  E  los  inha- 
bilitaron, ansí  á  ellos  como  á  sus  fijos,  de  todo  oficio 
público  que  fuese  de  confianza,  é  constituyeron  que 
ellos  ni  ellas  no  pudiesen  vestir,  ni  traer  seda,  ni 
oro,  ni  chamelote,  so  pena  de  muerte.  Ansimesmo 
se  f  acia  inquisición,  si  los  que  eran  muertos  dentro 
de  cierto  tiempo  habian  judayzado;  é  porque  se  fa- 
lló algunos  en  su  vida  haber  incurrido  en  este  peca- 
do de  heregía  é  apostasía ,  fueron  fechos  procesos 
contra  ellos  por  via  jurídica,  é  fueron  condemnados 
é  sacados  sus  huesos  de  las  sepulturas,  é  quemados 
públicamente;  é  inhabilitaban  sus  fijos  para  que 
no  oviesen  oficios  ni  beneficios.  Destos  fué  fallado 
gran  número,  cuyos  bienes  y  heredamientos  fueron 
tomados,  é  aplicados  al  fisco  del  Rey  é  de  la  Reyna. 
Vista  esta  manera  de  proceder,  muchos  de  los  de 
aquel  linage,  temiendo  aquellas  execuciones,  des- 
ampararon sus  casas  é  bienes,  é  se  fueron  al  Reyno 
de  Portogal,  é  á  tierra  de  Italia,  é  á  Francia,  é  á 
otros  Reynos,  contra  los  quales  se  procedía  en  ab- 
sencia  por  los  Inquisidores,  é  les  eran  tomados  sus 
bienes  :  de  los  quales  é  de  las  penas  pecuniarias  que 
pagaban  los  reconciliados,  por  quanto  eran  de  aque- 
llos que  habian  ido  contra  la  fé,  mandaron  el  Rey 
é  la  Reyna ,  que  no  se  destribuyesen  en  otra  cosa, 
salvo  en  la  guerra  contra  los  moros,  ó  en  otras  co- 
sas que  fuesen  para  ensalzamiento  de  la  f é  cathólica. 
Algunos  parientes  de  los  presos  é  condemnados,  re- 
clamaron, diciendo  que  aquella  inquisición  y  exe- 
cucion  era  rigurosa,  allende  de  lo  que  debía  ser;  é 
que  en  la  manera  que  se  tenia  en  el  facer  de  los 
procesos,  y  en  la  execucion  de  las  sentencias,  los 
ministros  y  executores  mostraban  tener  odio  á  aque- 
llas gentes.  Sobre  lo  qual  el  Rey  é  la  Reyna,  come- 
tieron á  ciertos  perlados  homes  de  consciencia,  que 
lo  viesen  é  remediasen  con  justicia.  Falláronse  es- 
pecialmente en  Sevilla,  é  Córdoba,  y  en  las  cibda- 
des é  villas  del  Andalucía  en  aquel  tiempo  qnatro 
mil  casas  é  mas,  do  moraban  muchos  de  loe  de  aquel 


linage ;  los  quales  se  absentaron  de  la  tierra  con  eng 
mugeres  é  fijos.  E  como  quier  que  la  absencia  de  es- 
ta gente  despobló  gran  parte  de  aquella  tierra,  é  fué 
notificado  á  la  Reyna,  que  el  trato  se  diminuía ;  pero 
estimando  en  poco  la  diminución  de  sus  rentas,  é 
reputando  en  mucho  la  limpieza  de  sus  tierras,  de- 
cía, que  todo  interese  pospuesto  quería  alimpíar  la 
tierra  de  aquel  pecado  de  la  heregía ;  porque  enten- 
día, que  aquello  era  servicio  de  Dios  é  suyo.  E  las 
suplicaciones  que  le  fueron  fechas  en  este  caso,  no 
la  retraxeron  deste  propósito,  é  porque  se  falló  que 
la  comunicación  que  aquella  gente  tenia  con  los 
judíos  que  moraban  en  las  cibdades  de  Córdoba  é 
Sevilla  é  sus  diócesis,  era  alguna  causa  do  aquel 
yerro,  ordenaron  el  Rey  é  la  Reyna  por  constitu- 
ción perpetua,  que  ningún  judio,  sopeña  de  muerte, 
morase  en  aquella  tierra :  los  quales  fueron  constre- 
ñidos de  dexar  sus  casas,  é  ir  á  morar  á  otras  partes. 

CAPÍTULO  LXXVIII. 

las  cosas  que  el  Rey  é  la  Reyna  ficieron  en  la  cibdad  de 
Córdoba. 

Fechas  é  asentadas  las  cosas  que  habernos  recon- 
tado que  ficieron  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  cibdad  do 
Sevilla,  dexaron  en  ella  por  Asistente  con  cargo  de 
administrar  la  justicia,  á  un  caballero  que  se  llama- 
ba Diego  de  Merlo,  é  partieron  para  la  cibdad  de 
Córdoba,  en  la  qual  habia  dos  parcialidades ;  de  la 
una  era  Don  Diego  Fernandez  de  Córdoba  Conde  do 
Cabra,  é  de, la  otra  Don  Alonso  de  Aguilar  Señor  de 
Montilla  ;  entre  los  quales  en  los  tiempos  pasados 
ovo  tales  é  tan  grandes  enemistades,  que  Don  Alon- 
so de  Aguilar  con  los  de  su  parcialidad,  echó  fuera 
de  la  cibdad  al  Conde  de  Cabra  é  á  los  de  la  suya,  é 
le  tomó  los  alcázares  é  la  Calahorra ,  que  tenia  el 
Conde  en  tenencia.  E  por  causa  destos  debates,  an- 
si en  la  cibdad  de  Córdoba  y  en  su  tierra ,  como 
fuera  della  en  las  comarcas,  acaecieron  muchas 
muertes  é  robos  é  otros  grandes  crimines  entre  los 
caballeros  é  otras  personas  de  la  una  parcialidad  ó 
de  la  otra.  E  las  fortalezas  de  la  cibdad  ansimesmo 
estaban  en  poder  destos  dos  caballeros  é  de  sus  pa- 
rientes é  allegados ;  los  quales  no  acudían  con  ellas 
á  la  cibdad,  ni  facían  dellas  guerra  ni  paz,  salvo  á 
su  arbitrio  é  voluntad ,  sin  conocimiento  de  superior. 
Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  en  aquella  cibdad, 
luego  entendieron  en  la  administración  de  la  justi- 
cia, é  dieren  audiencias  públicas,  según  lo  ficieron 
en  la  cibdad  de  Sevilla.  E  oyeron  á  muchas  perso- 
nas que  reclamaron  de  robos  é  fuerzas,  é  otros  agra- 
vios que  habian  recebído  de  algunos  caballeros  é  do 
otras  personas  de  la  cibdad  é  su  tierra,  á  las  quales 
luego  mandaron  desagraviar ;  é  ficieron  aquellos 
dias  restituciones  de  bienes  y  heredamientos  que 
algunos  caballeros  habian  poseído  largo  tiempo 
forzosamente.  Ansimesmo  mandaron  facer  justicia 
de  algunos  ladrones  é  robadores  que  habían  come- 
tido feos  delictos;  é  con  esta  justicia  que  ficieron, 
toda  la  cibdad  se  pacificó.  Otrosí  tomaron  las  forta- 
lezas de  Hornachuelos,  é  de  Anduxar,  é  de  los  Mar- 


DON  FERNANDO 
molejoa,  é  de  la  Rambla,  é  de  Santaella,  ó  de  Buja- 
lance,  é  de  Montero,  é  del  Pedroohe,  é  de  Castro  del 
Rio;  é  pusieron  en  ellas  por  alcaydes  á  personas  pa- 
cíficas que  las  toviesen  por  ellos.  Mandaron  ansi- 
mesmo  á  Don  Alonso  de  Aguilar,  que  estaba  en  la 
cibdad,  que  dexase  los  alcázares  nuevo  é  viejo,  é  la 
Calahorra  que  tenia,  ó  qife  saliese  de  la  cibdad  é  no 
volviese  á  ella  sin  su  licencia  ó  mandado,  porque 
ansimesmo  el  Conde  de  Cabra  estaba  fuera  déla  cib- 
dad. Y  entendieron  que  lo  mas  necesario  para  con- 
servación del  pacifico  estado  do  la  tierra,  era  el  ab- 
sencia  de  aquellos  dos  caballeros  de  la  cibdad.  Vino 
ansimesmo  á  noticia  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que  se 
daban  é  repartían  grandes  dádivas,  ansí  á  los  de  su 
Consejo,  como  á  los  sus  Contadores  mayores  é  á  sus 
oficiales,  é  á  los  Alcaldes  de  su  Corte,  é  Secretarios, 
y  Escribanos  do  cámara,  é  á  otros  que  servían  los 
oficios  de  su  corte;  las  quales  dádivas  se  recebianso 
color  de  derechos  de  sus  oficios ;  é  los  oficíales  se 
atrevían  á  demandar  mas  de  lo  que  debían  haber. 
Por  la  qual  causa  los  negociantes  é  librantes  recla- 
maban de  los  grandes  cohechos  que  les  llevaban,  é 
de  la  gran  corrupción  que  cerca  desto  en  todos  los 
oficios  é  oficiales  de  la  corte  generalmente  había.  E 
habida  sobre  esto  información,  unos  fueron  priva- 
dos de  sus  oficios,  otros  penados  en  sus  bienes.  E 
por  la  solicitud  de  un  honesto  Religioso  é  devoto, 
que  se  llama  Fray  Hernando  do  Talavera,  Prior  del 
convento  de  Santa  María  del  Prado  cerca  de  Valla- 
dolid,  de  la  Orden  de  Sant  Gerónimo,  persona  de 
muy  honesta  vida,  é  de  gran  suficiencia,  el  qual  era 
Confesor  de  la  Reyna,  é  de  quien  mucho  fiaba;  es- 
tando en  Córdoba  el  Rey  é  la  Reyna  ficíeron  orde- 
nanza, que  ninguno  del  Consejo,  ni  los  Contadores, 
ni  Alcaldes  de  la  Corte,  ni  otro  Juez,  ni  Comisario, 
llevase  presente,  ni  precio  alguno  de  dinero,  ni  otras 
cosas,  de  las  personas  que  ante  ellos  tratasen  pley- 
tos.  E  ansimesmo  ficíeron  ordenanza  de  lo  que  los 
oficíales  de  los  Contadores  ó  los  Secretarios  y  Escri- 
banos de  cámara ,  é  todos  los  otros  oficiales  de  la 
corte,  habían  de  haber  de  sus  derechos.  E  constitu- 
yeron, que  ninguno  excediese  de  aquella  tasa,  so 
pena  que  lo  pagase  con  las  setenas.  Allende  desto 
todos  los  oficiales  en  presencia  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na ficíeron  juramento  de  guardar  é  complir  aquella 
constitución.  E  porque  fué  procedido  contra  algu- 
nos que  la  quebrantaron ,  á  que  pagasen  las  setenas 
de  lo  que  allende  de  sus  derechos  habían  llevado, 
ninguno  dende  en  adelante  fué  osado  de  demandar 
allende  de  lo  quo  contenia  la  tasa  que  fué  ordenada 
que  llevasen. 

CAPÍTULO  LXXIX. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  ovieron  nueva  qne  el  Rey  de  Portngal 
era  vuelto  á  sa  Reyno;  é  lo  qae  Gómez  Manrique  fabló  á  los 
de  Toledo. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  cibdad  de  Córdo- 
ba, ovieron  nuevas  de  como  el  Rey  de  Portogal  era 
Tenido  de  Francia  por  mar  á  su  Reyno  de  Portogal; 
é  que  estaba  en  propósito  de  proseguir  la  guerra  que 


É  DOÑA  ISABEL.  333 

tenía  comenzada  contra  estos  Reynos  de  Castilla,  é 
mandaba  poner  gran  diligencia  en  la  guerra  que  so 
facía  en  las  fronteras.  Ansimesmo  sopíeron  como  el 
Arzobispo  de  Toledo,  ó  porque  los  yerros  pasados 
no  le  daban  seguridad,  ó  porque  su  natural  inclina- 
ción era  deleytarse  en  guerras,  é  ver  novedades  de 
tiempos ,  juntaba  gente  de  armas  en  la  su  villa  de 
Alcalá  de  Henares,  para  favorecer  al  partido  del 
Rey  de  Portogal ,  é  para  lo  meter  otra  vez  en  Casti- 
lla; porque  entendía  caer  su  fama  en  la  estimación 
de  las  gentes ,  si  se  retraxese  del  propósito  comen- 
zado. E  olvidando  el  tercero  juramento  que  fizo  de 
ser  siempre  leal  servidor  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é  no 
favorecer  al  Rey  de  Portogal ,  le  escribía  contina- 
mente avisos  ó  consejos  como  debía  entrar  en  estos 
Reynos,  é  continar  su  demanda;  dándole  á  enten- 
der, que  agora  tenia  mejor  lugar  para  la  proseguir 
que  en  ningún  tiempo  de  los  pasados.  Porque  de- 
cía que  había  algunos  Grandes  é  Caballeros  en  el 
Reyno  descontentos  del  Rey  é  de  la  Reyna;  los 
quales  deseando  libertad  disoluta,  se  juntarían  con 
él  luego  que  entrase  en  Castilla,  ó  le  serían  servido- 
res leales.  Ansimesmo,  que  muchas  cíbdades  é  pue- 
blos le  recebirían  con  gran  voluntad,  porque  no  po- 
dían sofrír  las  imposiciones  é  tributos  que  les  eran 
impuestos,  en  especial  las  derramas  que  se  cogían 
de  la  hermandad  en  todo  el  Reyno,  para  sueldo  de 
la  gente  de  armas,  que  continamente  pagaban.  E 
que  debía  venir  luego  con  gente  para  la  su  villa  de 
Talavera,  ó  de  alli  vernia  para  la  cibdad  de  Tole- 
do, donde  le  daba  certinidad  que  seria  rocebido  por 
Rey  é  Señor,  porque  los  principales  del  común  della 
estaban  á  su  mandado,  é  se  levantarían  contra  Gó- 
mez Manrique ,  que  tenia  la  tenencia  del  alcázar  é 
la  administración  de  la  justicia.  E  que  esta  cibdad 
habida  en  su  señorío,  con  buena  confianza  se  podía 
llamar  Rey  de  Castilla.  Aquel  caballero  Gómez 
Manrique,  que  sabía  el  trato  del  Arzobispo,  tenia 
continos  trabajos  en  guardar  la  cibdad,  no  tanto  de 
los  contrarios,  quanto  de  la  mayor  parte  de  sus 
mesmos  moradores ;  que  por  ser  gentes  de  diversas 
partes  venidas  alli  á  morar  por  la  gran  franqueza 
que  gozan  los  que  allí  viven,  deseaban  escándalos 
por  se  acrecentar  con  robos  en  cibdad  turbada.  Los 
quales  no  teniendo  el  amor  que  los  naturales  tienen 
á  su  propria  tierra ,  ni  sentían,  ni  les  dolía  su  daño. 
Estos  por  sugestión  de  algunos  alborotadores ,  en 
los  treinta  años  pasados,  rebelaron  muchas  veces 
contra  el  Rey  Don  Juan  ,  é  contra  el  Rey  Don  En- 
rique su  fijo ,  é  pusieron  la  cibdad  en  incendios  é  ro- 
bos, é  agora  incitados  é  atraídos  con  promesas  é 
dádivas  del  Arzobispo  de  Toledo,  ficíeron  una  con- 
juración secreta  de  matar  aquel  caballero  que  tenia 
la  guarda  de  la  cibdad ,  é  tomar  por  Rey  al  Roy  do 
Portugal ;  é  daban  á  entender  en  sus  fablas  secre- 
tas á  los  que  pensaban  ser  mas  prestos  al  escándalo, 
que  mudando  el  estado  de  la  cibdad  geles  mudaría 
su  fortuna,  é  habrían  grandes  intereses  de  las  fa- 
ciendas  de  los  mercaderes  é  cibdadanos  ricos  como 
otras  veces  habían  habido,  é  grandes  dádivas  é  mer- 
cedes del  Rey  de  Portogal,  si  tomasen  armas ,  é  pu- 


334 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


siesen  la  cibdad  en  su  obediencia.  E  con  estas  plá- 
ticas que  tenian ,  los  comunes,  que  ligeramente  son 
traídos  á  facer  en  los  pueblos  levantamientos,  es- 
taban alborotados,  é  los  cibdadanos  pacíficos  ate- 
morizados de  aquel  escándalo  que  sentían,  é  de  los 
males  que  por  él  recelaban.  Algunos  cibdadanos  pa- 
cíficos é  de  buen  deseo,  requirieron  á  aquel  caba- 
llero que  basteciese  al  alcázar  é  algunas  torres  é 
puertas  de  la  cibdad ,  ansí  de  armas,  como  de  man- 
tenimientos é  gentes  para  donde  se  pudiesen  re- 
traer en  tiempo  de  extrema  necesidad  fasta  que 
fuese  socorrido.  El  qual  les  respondió  que  no  en- 
tendía retraerse ,  ni  conocía  lugar  fuerte  para  se 
defender  contra  el  pueblo,  porque  toda  la  cibdad 
era  fortaleza,  y  el  pueblo  de  Toledo  era  el  Alcay- 
de,  é  quando  el  pueblo  era  conforme  á  la  rebelión, 
ninguna  defensa  podía  haber;  pero  aunque  conocía 
estar  alborotado  la  mayor  parte ,  creía  haber  en  él 
dosmilhomes  que  fuesen  leales,  é  lo  que  entendía 
facer  era,  ponerse  con  el  pendón  real  en  la  plaza, 
é  con  aquellos  leales  que  se  allegasen  al  pendón 
real  habia  deliberado  de  pelear  por  las  calles  de  la 
cibdad  contra  los  otros  alborotadores  é  desleales.  Al 
fin  por  algunas  formas  que  discretamente  este  ca- 
ballero sopo  tener  en  aquel  peligro ,  sabida  la  ver- 
dad de  la  conjuración ,  prendió  á  algunos  que  pudo 
haber  de  los  que  en  ella  fueron  participantes,  é  fizo 
dellos  justicia,  otros  f uyeron  á  lugares  do  no  pu- 
dieron ser  habidos ;  é  ansí  libró  la  cibdad  de  aquel 
infortunio  que  recelaba.  Fecha  aquella  justicia,  pre- 
sente la  mayor  parte  del  pueblo  en  su  congrega- 
ción, aunque  sabia  haber  algunos  entre  ellos  délos 
que  habían  seydo  en  la  conjuración  ;  pero  porque 
la  execucion  de  la  justicia  en  los  muchos  pensó  ser 
dificíle  é  peligrosa,  acordó  en  la  hora  de  disimular, 
é  con  algunas  reprehensiones  é  amonestaciones  cor- 
regir al  pueblo ,  no  nombrando  á  ninguno,  porque 
el  secreto  diese  causa  al  repentimiento ,  é  díxoles 
ansí :  «Si  yo,  cibdadanos,  no  conociese ,  que  los  bue- 
n  nos  é  discretos  de  vosotros  deseáis  guardar  la  leal- 
))  tad  que  debéis  á  vuestro  Roy,  y  el  estado  pacífico  de 
»  vuestra  cibdad,  mí  fabla  por  cierto  é  mis  amones- 
n  taciones  serian  superfinas:  porque  vana  es  la  arao- 
))  nestacion  á  los  muchos  quando  todos  obstinados 
B  siguen  el  consejo  peor.  Pero  porque  veo  entre  vos- 
»  otros  algunos  que  desean  vivir  pacificamente,  veo 
nansimesmo  otros  mancebos  engañados  con  pro- 
»  mesas  y  esperanzas  inciertas,  otros  vencidos  del 
))  pecado  de  la  cobdicía,  creyendo  enriquecer  en  cib- 
1)  dad  turbada  con  robos  é  f  uezas;  acordé  en  este  ayun- 
rttamiento  de  os  amonestar  lo  que  á todos  conviene, 
1)  porque  conocida  la  verdad  no  padezcan  muchos 
»  por  engaño  do  pocos.  No  se  turbe  ninguno,  ni  se 
n  altere ,  si  por  ventura  oyere  lo  que  no  le  place ; 
«porque  yo  en  verdad  bien  os  querría  complacer, 
«pero  mas  os  deseo  salvar.  Toda  honra  ganada  é 
t)  toda  franqueza  habida,  se  conserva  continando  los 
» leales  é  virtuosos  trabajos  con  que  al  principio  se 
n  adquirió  ,  é  se  pierde  usando  lo  contrarío.  Los  pri- 
y.  meros  moradores  desta  cibdad  seyendo  obedientes 
»  é  leulee  á  los  Reyes,  firmes  é  no  variables  en  sus 


«propósitos,  caritativos  é  no  crueles  á  sus  cíbdada- 
»  nos,  acrecentaron  señorío,  é  ganaron  honra  ó  fran- 
»  queza  para  sí  é  para  vosotros.  E  segim  nos  pare- 
«ce,  algunos  de  los  que  agora  la  moran,  con  faza- 
»  fias  de  crueldad,  deslealtad  é  inobediencia,  traba- 
« jan  por  la  perder  en  gran  peligro  suyo  é  general 
»  perdición  de  todos  vosotros.  Los  servicios  que  los 
»  primeros  caballeros  é  oíbdadanos  de  Toledo  ficie- 
»ron  á  los  Reyes  de  España,  é  la  lealtad  que  les 
«guardaron,  porque  merecieron  la  franqueza  é  li- 
»  bertad  que  oy  tenéis  no  conviene  aquí  repetir, 
»  porque  fueron  muchos  y  en  diversos  tiempos  fe- 
»  chos,  é  aun  porque  las  grandes  franquezas  é  liber- 
» tades  de  que  esta  cibdad  mas  que  otra  ninguna  de 
»  España  goza,  muestran  bien  ser  leales  é  muy  se- 
«  ñalados.  Pero  soy  constreñido  traer  á  vuestra  me- 
» moría  los  deservicios  é  rebeliones  que  de  pocos 
« tiempos  acá  en  esta  cibdad  son  cometidos  contra 
»  los  Reyes  de  Castilla ;  porque  sí  por  ellos  no  ovís- 
» tes  pena ,  que  á  los  malos  enfrena,  hayáis  vergüeu- 
«  za  que  á  los  malos  reprime.  El  Rey  Don  Juan,  pa- 
»  dre  de  la  Reyna  nuestra  señora,  vino  á  esta  cib- 
«dad,  donde  debiera  ser  recebí do  como  Reyé  sobe- 
» rano  Señor;  é  vosotros,  cometiendo  grave  caso, 
))  é  dando  mal  exemplo  á  los  oyentes ,  le  cerrasteis 
« las  puertas,  é  apoderastes  en  la  cibdad  contra  su 
«  expreso  mandamiento  al  Infante  Don  Enrique  su 
«primo,  que  ala  hora  no  estaba  en  su  gracia.  Des- 
»pues  perdonado  vuestro  yeiTO,  é  tornados  á  su 
»  obediencia,  dende  á  pocos  días  tornastes  á  desobe- 
»  decer  é  rebelar  contra  él ,  é  suf  ristes  que  viniese 
B  poderosamente  á  poner  su  real  sobre  vosotros.  E 
«  seyendo  único  rey  natural,  y  estando  todo  su  rey- 
»  no  pacífico  á  su  obediencia,  solos  vosotros  presu- 
B  mistes  de  le  quitar  su  título  real  por  vana  é  loca 
«  sugestión  de  los  alborotadores  de  quien  sois  lige- 
«ramente  traídos  á  semejantes  yerros.  Muerto  el 
B  Rey  Don  Juan ,  é  jurado  por  Rey  en  todo  el  Rey- 
«  no  y  en  esta  cibdad  su  fijo  el  Rey  Don  Enrique, 
Brebelastes  contra  él;  é faciendo  división  enelRey- 
Bno,  tomastes  por  vuestro  Rey  al  Príncipe  Don 
B  Alonso  su  hermano.  E  después  pasados  algunos 
«días  dexastes  al  Príncipe  Don  Alonso,  é  tornastes 
B  al  Rey  Don  Enrique ;  el  qual  venido  á  esta  cibdad, 
B  por  voluntad  de  algunos  de  vosotros,  el  dia  que 
n  entró  en  ella,  mudando  vuestro  propósito,  tomas- 
B  tes  armas,  é  le  constreñistes  á  salir  fuera  della,  é 
B  tornastes  á  la  obediencia  del  Príncipe  Don  Alon- 
«so.  Luego  á  pocos  días  tornastes  á  la  obediencia 
Bdel  Rey  Don  Eurique,  sin  haber  razón  para  las 
Bunas,  ni  para  las  otras  mudanzas,  sino  solo  el  in- 
B  ducimíento  y  engaño  de  vuestros  alborotadores^ 
B  que  ciegos  de  cobdicía  é  ambición,  ni  saben  dar 
B  buena  paz,  ni  usar  de  justa  guerra.  Podemos  ver- 
B  daderamente  creer,  que  si  la  primera  ó  segunda  re- 
Bbelion  fueran  punidas  según  la  graveza  del  yerro 
B  lo  requería,  ni  oviérades  atrevimiento  para  las 
»  otras ,  ni  dellas  á  los  reyes  que  recebistes,  ni  á  la 
B  cibdad  que  moráis  ,  tantos  daños,  robos,  é  destruí- 
B  cienes  se  siguieran  ;  porque  cosa  es  cierta  el  pue- 
»blo  castigado  obedecer,  ó  muchas  veces  perdona- 


DON  FERNANDO 
i  do  soberbiar.  Muerto  eí  Rsy  Don  Enrique ,  todos 
9  vosotros-en  unión  conforme  recebistes  al  Eey  ó  á 
olaReyna,  proprietari a  verdadera  destos  Eeynos, 
o  por  vuestros  señores  naturales  ;  é  les  f  ecistes  la 
I)  solemnidad  del  juramento  de  lealtad,  que  subditos 
))  son  obligados  de  guardar  á  su  rey.  Agora  querría 
«  saber,  ¿qué  causa,  qué  razón  tenéis,  é  qué  fuerzas 
»recebis,  6  receláis  recebir,  porque  contra  Dios,  é 
))  contra  vuestra  lealtad ,  y  especialmente  contra  el 
))  juramento  que  poco  ha  fecistes ,  dais  orejas  á  los 
o  escandalizados  é  alborotadores  del  pueblo;  que 
«propuesto  su  interese,  é  vuestro  daño,  ponen  ve- 
oneno  de  división  en  vuestra  cibdad,  é  no  cansan 
» de  vos  inducir  é  traer  á  los  robos  é  incendios 
o  que  han  acostumbrado,  é  vos  engañan  que  toméis 
«armas,  é  pongáis  esta  cibdad  en  obediencia  del 
»Rey  de  Portogal  con  daño  é  destruicion  do  to- 
»  dos  vosotros?  ¿No  habría  alguna  consideración  al 
))  temor  de  Dios ,  ni  vos  pungirla  la  vergüenza  de 
» las  gentes  ,  ó  siquiera  no  habríadea  compasión  de 
» la  tierra  que  moráis  ?  ¿Podríamos  saber  qué  es  lo 
»  que  queréis,  ó  quando  habrán  fin  vuestras  rebelio- 
»  ues,  é  variedades ,  ó  podría  ser  que  esta  cibdad 
»  sea  una  dentro  de  una  cerca  ;  é  no  sea  tantas,  ni 
«mandada  por  tantos?  ¿No  sabéis  quo  en  el  pueblo 
))  do  muchos  quieren  mandar ,  ninguno  quiere  obe- 
»  decer?  Yo  siempre  oí  decir,  que  proprio  es  á  los 
))  reyes  el  mando,  é  á  los  subditos  la  obediencia  ;  é 
))  quando  esta  orden  se  pervierte,  ni  hay  cibdad  que 
»  dure ,  ni  reyno  que  permanezca.  E  vosotros  no  sois 
»  superiores ,  é  queréis  mandar,  sois  inferiores ,  é  no 
»  sabéis  obedecer ,  do  se  sigue  rebelión  á  los  reyes, 
»  males  á  vuestros  vecinos ,  pecados  á  vosotros,  é 
»  destruicion  común  á  los  unos  é  á  los  otros.  Muchos 
«piensan  ser  relevados  destas  culpas,  diciendo:  so- 
B  mos  mandados  por  los  principales  que  nos  guian. 
»¡0  digna  é  muy  suficiente  escusacion  de  varones! 
»  Sois  obedientes  á  los  alborotadores  que  vos  raan- 
»  dan  robar  é  rebelar,  é  sois  rebeldes  á  vuestro  Rey 
n  que  vos  quiere  pacificar  é  guardar.  E  queréis  dar 
»á  entender,  que  la  rebellona  los  reyes,  é  los  ro- 
«bos  que  habéis  fecho  á  vuestros  cíbdadanos,  se 
»  deben  imputar  á  los  consejeros  ;  como  si  vosotros 
» no  supiésedes,  que  rebelar  é  robar  son  crimines 
»  tan  feos,  que  ninguno  los  debe  cometer  traído  por 
))  fuerza,  ni  menos  por  engaño  de  aquellos  que  de- 
»  cis  que  vos  guían ;  á  los  quales  si  vosotros  tenéis 
»  por  principales  guiadores,  mucho  erráis  por  cierto 
))  en  la  guía  verdadera;  porque  sus  principios  des- 
n  tos  principales  son  soberbia,  é  sus  medios  invidia, 
«  é  sus  fines  muertes,  é  robos,  é  destruiciones.  Ansí 
«  que  menos  podéis  vosotros  escusaros  de  culpa  con- 
ft  sintiendo,  que  ellos  de  pena  consejando.  Verdade- 
»  ramente  creed,  que  si  cada  uno  de  vosotros  tuvie- 
»  se  á  Dios  por  principal ,  estos  que  llamáis  princi- 
»  pales,  ni  temían  autoridad,  ni  serían  creídos  como 
»  principales ;  antes  como  indinos  é  dañadores  se- 
Drian  apartados,  no  solamente  del  pueblo,  mas  del 
«mundo;  pues  tienen  las  intenciones  tan  dañadas. 
»  que  ni  el  temor  de  Dios  los  retrae,  ni  el  del  Rey 
»los  enfrena,  ni  la  conciencia  los  acusa ,  ni  la  ver- 


tí DOÑA  ISABEL.  á35 

»  gürnza  los  impide,  ni  la  razón  loa  manda ,  ni  la  ley 
»  los  sojuzga.  E  con  la  sed  rabiosa  que  tienen  de  al- 
n  canzar  en  los  pueblos  honras  é  riquezas,  carecíen- 
«  do  del  buen  saber  por  do  las  verdaderas  se  alcan- 
»  zan ,  despiertan  alborotos ,  é  procuran  divisiones 
»  para  los  adquirir,  pecando  é  faciendo  pecar  al  pue- 
» blo.  El  qual  no  puede  tener  por  cierto  quieto ,  ni 
«próspero  estado,  quando  lo  que  estos  sediciosos 
»  piensan ,  dicen ,  é  lo  que  dicen  ,  pueden  ,  é  lo  que 
n  pueden  osan  ,  é  lo  que  osan  ponen  en  obra,  é  nin- 
«guno  de  vosotros  gelo  resiste.  ¡O  infortunados 
»  aquellos,  cuya  memoria  de  tales  crimines  queda  á 
»  los  vivientes!  Allende  desto  querría  saber  de  vos- 
n  otros ,  qué  riqueza ,  qué  libertades,  ó  qué  acrecen- 
»  tamientos  de  honra  habéis  habido  de  las  alteracio- 
»  nes  é  rebeliones  pasadas.  ¿Dan  por  ventura,  ó  re- 
«  parten  estos  alborotadores  algunos  bienes  é  oficios 
»  entre  vosotros,  6  falláis  algún  bien  en  vuestras  ca- 
»  sas  de  sus  palabras  y  engaños,  6  puede  alguno  de- 
»  cír  que  poséis  algo  de  los  robos  pasados?  No  por 
»  cierto  :  antes  vemos  sus  f  aciendas  crecidas ,  é  las 
»  vuestras  menguadas;  é  con  vuestras  fuerzas  é  peli- 
»  gros ,  haber  ellos  honras  é  oficios  de  iniquidad.  E 
«  vemos,  que  al  fin  de  todas  las  rebeliones  é  discrí- 
»  mines  en  que  vos  ponen,  vosotros  quedáis  síem- 
n  pre  pueblo  engañado,  sin  provecho,  sin  honra,  sin 
»  autoridad ,  é  con  disf amia ,  peligro,  é  pobreza  ;  é 
« lo  que  peor  é  mas  grave  es  ,  mostráis  os  rebeldes, 
»  á  vuestro  Rey,  destruidores  de  vuestra  tierra,  sub- 
» jetos  á  los  malos  que  crian  la  guerra  dentro  de 
« la  cibdad  do  es  prohibida  ;  é  no  tienen  ánimo  f  ue- 
»  ra  de  ella  ,  do  es  necesaria.  E  porque  mi  f abla  mas 
»  pura  sea ,  é  faga  el  fruto  que  yo  deseo  ,  é  á  voa- 
«  otros  cumple,  converná  aclarar  una  de  las  princi- 
« pales  causas  destos  vuestros  escándalos,  aquella 
»  en  que,  según  pienso,  el  mayor  número  de  vosotros 
n  peca.  Pienso  yo,  que  vosotros  no  podéis  buena- 
«  mente  sofrir ,  que  algunos  que  juzgáis  no  ser  de 
«linage,  tengan  honras  é  oficios  de  gobernación  en 
»  esta  cibdad  ;  porque  entendéis,  que  el  defecto  de 
«  la  sangre  les  quita  la  habilidad  del  gobernar.  An- 
n  simesmo  vos  pesa  ver  riquezas  en  hornea,  que  se- 
«  gun  vuestro  pensamiento  no  las  merecen ,  en  espe- 
»  cial  aquellos  que  nuevamente  las  ganaron.  E  des- 
))tas  cosas  que  sentís  ser  incomportables,  se  engen- 
»  dra  un  mordimiento  de  invidia,  é  de  la  invidia 
»  nace  un  odio  tal ,  que  vos  mueve  ligeramente  á  to- 
«  mar  armas ,  é  hacer  insultos  en  la  cibdad.  E  no  sé 
«yo  que  se  puede  colegir  desto,  salvo  que  querria- 
y>  des  enmendar  el  mundo,  porque  vos  parece  que 
»  va  eiTado,  é  los  bienes  del  no  bien  repartidos.  ¡O 
«cíbdadanos  de  Toledo,  pleyto  viejo  tomáis  por 
»  cierto  ,  é  querella  muy  antigua,  no  aun  por  nues- 
«tros  pecados  en  el  mundo  fenecida  cuyas  raices 
»  son  hondas,  nacidas  con  los  primeros  homes,  é  sus 
«ramas  de  confusión  que  ciegan  los  entendimien- 
»  tos,  é  las  flores ,  secas  é  amarillas  que  afligen  el 
»  pensamiento ,  é  su  fruto  tan  dañado  é  tan  mortal 
»  que  crió  é  cria  la  mayor  parte  de  los  males  que  en 
«  el  mundo  pasan  ,  é  han  pasado ,  los  quo  habéis  oi- 
»  do  ,  é  los  que  habéis  de  oír.  Mirad  agora  quanto 


336 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


»  yerra  el  apasionado  desto  error  :  porque  dexando 
»de  decir  como  yerra  contra  la  ley  de  natura,  pues 
» todos  somos  nacidos  de  un  padre  é  de  una  masa, 
»  é  ovimos  un  principio  noble:  y  especialmente  con- 
»tra  aquella  clara  virtud  de   la  caridad  que  nos 
»  alumbra  el  camino  de  la  felicidad  verdadera  ;  ha- 
»  beis  de  saber  que  se  lee  en  la  Sacra  Scriptura,  que 
a  ovo  una  nación  de  gigantes,  que  fué  por  Dios  des- 
» truida,  porque  según  se  dice,  presumieron  pelear 
»  con  el  cielo.  ¿Pues  qué  otra  cosa  podemos  enten- 
»  der  de  los  que  mordidos  de  invidia,  facen  divisio- 
» nes  é  robos  en  los  pueblos?  sino  que  remedando 
» la  soberbia  de  aquellos  gigantes,  quieren  pelear 
»  con  el  cielo,  é  quitar  la  fuerza  á  las  estrellas ,  re- 
»  putando  las  gracias  que  Dios  reparte  á  cada  uno 
«como  le  place,  en  virtud  de  las  quales  alcanzan 
»  estas  honras  é  bienes,  que  vosotros  presumís  en- 
»  mendar  é  contradecir.  Vemos  por  experiencia  al- 
í)  gunos  homes  destos  que  juzgamos  nacidos  de  baxa 
j)  sangre ,  forzarlos  su  natural  inclinación  á  dexar 
))  los  oficios  baxos  de  los  padres ,  é  aprender  scien- 
»cia,  ó  ser  grandes  letrados.  Vemos  otros  que  tie- 
» nen  inclinación  natural  á  las  armas ,  otros  á  la 
))  agricultura,  otros  á  bien  é  compuestamente  f  ablar, 
»  otros  á  administrar  é  regir,  é  á  otras  artes  diver- 
«sas,  é  tener  en  ellas  habilidad  singular  que  les  da 
»  su  inclinación  natural.  Otrosí  vemos  diversidad 
»  grande  de  condiciones,  no  solamente  entre  la  mul- 
» titud  de  los  homes ,  mas  aun  entre  los  hermanos 
»  nacidos  de  un  padre  ó  de  una  madre :  el  uno  ve- 
»  mos  sabio ,  el  otro  ignorante  ;  uno  cobarde ,  otro 
n esforzado;  liberal  el  un  hermano,  el  otro  avarien- 
» to  ;  uno  dado  á  algunas  artes ,  otro  á  ningunas. 
«En  esta  cibdad  pocos  dias  ha  vimos  un  homo  pe- 
«  rayle  ,  nacido  é  criado  desde  su  niñez  en  el  oficio 
))  de  adobar  paños ,  el  qual  era  sabio  en  el  arte  de  la 
1)  astrología ,  y  el  movimiento  de  las  estrellas  ,  sin 
»  haber  abierto  libro  dello.  Mirad  agora  quan  gran 
n  diferencia  hay  entre  el  oficio  de  adobar  paños  ó 
» la  sciencia  del  movimiento  de  los  cielos  ;  pero  la 
«  fuerza  de  su  constelación  le  llevó  á  aquello,  por  do 
n  ovo  en  la  cibdad  honra  é  reputación.  ¿Podréis  por 
»  ventura  quitar'á  estos  la  inclinación  natural  que 
n  tienen,  do  les  procede  esta  honra  que  poseen?  No 
»  por  cierto ,  sino  peleando  con  el  cielo ,  como  ficie- 
»  ron  aquellos  gigantes  que  fueron  destruidos.  Tam- 
»  bien  vemos  los  fijos  é  descendientes  de  muchos  re- 
1>  yesé  notables  homes  escuderos  é  olvidados,  porser 
» inhábiles  é  de  baxa  condición.  Fagamos  agora  que 
))  sean  esforzados  todos  los  que  vienen  del  linaje 
»  del  Rey  Pirro,  porque  su  padre  fué  esforzado.  O 
»  fagamos  sabios  á  todos  los  descendientes  de  Salo- 
n  mon,  porque  su  padre  fué  el  mas  sabio.  O  dad  ri- 
»  quezas,  y  estados  grandes  á  los  del  linage  del  Rey 
»  Don  Pedro  de  Castilla ,  é  del  Rey  Don  Dionis  de 
«  Portogal ,  pues  que  no  lo  tienen,  é  vosparece  que 
n  lo  deben  tener  por  ser  de  linage.  E  si  el  mundo 
»  queréis  enmendar,  quitad  las  grandes  dignidades, 
í)  vasallos  é  rentas  é  oficios  ,  que  el  Rey  Don  Enri- 
Ti  que  de  treinta  años  á  esta  parte  dio  á  homes  de 
»baxo  linage.  Vano  trabajo  por  cierto,  é  fatiga 


« grande  de  espíritu  da  al  ignorante  este  triste  p6* 
»  cado,  el  qual  ningún  fruto  de  delectación  tiene  ; 
»  porque  en  el  acto,  y  en  el  fin  del  acto  engendra 
» tristeza,  con  que  llora  su  mal  proprio,  y  el  bien 
n  ageno.  Ansí  que  no  hayas  molesto  ver  riquezas  é 
»  honores  en  aquellos  que  á  vosotros  parece  que  no 
» las  deben  tener,  é  carecer  dellas  á  los  que  por  li- 
))  nage  pensáis  que  las  merecen ,  porque  esto  pro- 
»  cede  de  una  ordenación  divina  ,  que  no  se  puede 
«  repunar  en  la  tierra ,  sino  con  destruicion  de  la 
«tierra.  E  habéis  de  creer  que  Dios  fizo  homes 
« ó  no  fizo  linages  en  que  escogiesen.  A  todos  fi- 
»  zo  nobles  en  su  nacimiento;  la  vileza  de  la  san- 
» gre  é  obscuridad  del  linage ,  con  sus  manos  la 
» toma  aquel  que  dexando  el  camino  de  la  clara  vir- 
» tud  se  inclina  á  los  vicios  del  camino  errado.  E 
«  pues  á  ninguno  dieron  elección  de  linage  quando 
«nació,  é  á  todos  se  dio  elección  de  costumbres 
n  quando  viven,  imposible  seria  según  razón,  ser  el 
«  bueno  privado  de  honra,  ni  el  malo  tenerla,  aun- 
»  que  sus  primeros  la  hayan  tenido.  Muchos  de  los 
«  que  descienden  de  noble  sangre,  vemos  pobres ,  á 
«  quien  ni  la  nobleza  de  sus  primeros  pudo  quitar 
«  pobreza ,  ni  dar  autoridad.  Donde  podemos  clara- 
n  mente  ver ,  que  esta  nobleza  que  opinamos ,  nin- 
»  guna  fuerza  natural  tiene  que  la  faga  permanecer 
»  de  unos  en  otros ,  sino  permaneciendo  la  virtud 
»  que  la  verdadera  nobleza  da.  Habernos  ansimesmo 
»  de  considerar,  que  ansí  como  el  cielo  un  momento 
«  no  está  firme  ni  quedo,  ansí  las  cosas  de  la  tierra 
»  no  pueden  estar  en  un  estado ;  todas  las  muda  el 
»  que  minea  se  rauda.  Sólo  el  amor  de  Dios,  é  la  ca- 
ntidad del  próximo  es  lo  que  permanece;  la  qual 
n  engendra  en  el  christiano  buenos  pensamientos,  é  lo 
«  da  gracia  para  las  buenas  obras  que  facen  la  ver- 
«  dadera  fidalguía,  é  para  acabar  bien  esta  vida,  ó 
))  ser,  del  linage  de  los  santos  en  la  otra.  Yo,  seño- 
«  ros,  considerando  el  crimen  detestable  que  en  esta 
»  c-ibdad  imaginaban  algunos  cometer  contra  la  ma- 
n  gestad  real,  bien  quisiera  estender  mas  la  justicia 
»  que  comencé  á  facer  en  algunos  delinqüentes,  pero 
«  déxolo  agora  por  dos  respetos :  el  primero ,  por- 
»  que  conozco,  que  el  Rey  é  la  Reyna  nuestros  Se- 
«  ñores  son  tan  piadosos,  que  no  se  gozan  en  la  san- 
«  gre  de  sus  subditos  ;  lo  otro ,  porque  entiendo  que 
»  mis  razones  f  aran  tal  fruto  en  los  errados ,  que  co- 
»  nocido  su  yerro ,  é  temiendo  la  justicia,  darán  tal 
»  reposo  á  sí  é  á  vosotros,  que  olvidaran  todo  mal 
»  pensamiento. 

Oidas  las  razones  de  Gómez  Manrique,  todas 
aquellas  gentes  partidas  en  partes,  los  unos  se  sal- 
vaban afirmando  no  saber  aquella  conjuración,  otros 
la  agraviaban  mucho  ,  é  decian,  que  todos  los  que 
en  ella  hablan  entendido  debían  ser  castigados. 
Pero  ansí  los  que  en  su  secreto  sabían  sus  yerros,  por 
ser  libres  de  pena,  como  los  inocentes,  por  gozar  de 
la  paz  que  deseaban ,  fueron  alegres  por  la  seg^i- 
dad  que  Gómez  Manrique  les  dio.  Y  en  aquella  ma- 
nera se  remedió  el  escándalo  que  en  aquella  cibdad 
se  trataba. 


DON  FERNANDO 


CAPITULO  LXXX. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  avisados  que  el  Rey  de  Porfogal 
quería  entrar  otra  vez  en  Castilla,  é  proveyeron  en  la  guerra  del 
Marquesado  de  Villena;  é  de  la  reconciliación  del  Arzobispo  de 
Toledo. 

El  Eey  élaEeyna,  estando  en  la  cibdad  de  C6r- 
dova,  fueron,  según  habernos  dicho,  avisados  que 
el  Arzobispo  de  Toledo  trataba  de  nuevo  con  el  Rey 
de  Portogal  que  entrase  en  Castilla  é  viniese  á  la  su 
villa  de  Talavera;  é  que  allí  vernian  á  él  algunos 
grandes  é  otros  caballeros  del  Reyno,  á  quien  él 
solicitaba  que  tomasen  su  voz  ;  é  que  dende  aqu«- 
11  a  villa  proseguiría  su  empresa  para  haber  los  Rey- 
nos  de  Castilla.  Sopieron  ansimesmo,  que  el  Rey  de 
Portogal  lo  babia  aceptado,  é  que  el  Príncipe  su  fijo, 
é  otros  algunos  caballeros  de  su  Reyno  le  retraían 
dello,  é  le  consejaban  que  no  lo  aceptase.  Porque  si 
la  primera  entrada  que  fizo  en  Castilla  con  mejores 
fundamentos  é  mayores  fuerzas  había  seydo  incier- 
ta, é  le  había  puesto  en  grandes  peligros,  quanto 
mas  lo  seria  la  segunda,  que  no  tenía  otra  certini- 
dad, sino  la  que  solo  el  Arzobispo  le  facía.  El  Rey 
de  Portogal ,  considerando  que  en  haber  principia- 
do é  no  acabado  su  empresa  recebia  gran  mengua, 
refuaaba  todo  consejo  que  contra  su  voto  le  fuese 
dado,  porque  entendía  que  mayor  honra  le  era  morir 
con  infortunios  en  Castilla  prosiguiendo  esta  de- 
manda, que  vivir  con  prosperidad  en  otras  partes 
dexándose  della.  Otrosí  ovieron  nueva  que  el  Mar- 
qués de  Villena  había  ido  á  la  cibdad  de  Chinchilla 
á  resistir  el  sitio  que  el  Gobernador  que  la  Reyna 
puso  en  el  Marquesado  tenia  sobre  aquella  cibdad, 
é  le  había  impedido  algunas  execucíones  de  justi- 
cia, que  con  los  poderes  reales  quería  executar  en 
aquella  tierra,  especialmente  en  la  cibdad  de  Chin- 
chilla ,  diciendo  que  aquello  que  executaba  era  in- 
justo, é  procedía  de  voluntad  de  aquel  Gobernador, 
ó  no  de  voluntad  de  la  Reyna,  porque  era  contra  lo 
asentado  con  él  al  tiempo  que  le  habían  reconcilia- 
do á  su  servicio.  E  fué  fecha  relación  al  Rey  é  á 
la  Reyna,  como  el  Marqués  había  fecho  aquel  mo- 
vimiento, porque  conocía  la  necesidad  en  que  esta- 
ban puestos  en  la  guerra  que  con  el  Rey  de  Porto- 
gal  se  esperaba,  á  fin  de  recobrar  las  villas  é  tierras 
que  había  perdido  del  Marquesado  de  Villena.  El 
Rey  é  la  Reyna,  habidas  estas  nuevas,  embíaron 
por  capitanes  á  Don  Jorge  Manrique  fijo  del  Maes- 
tre Don  Rodrigo  Manrique,  é  á  Pedro  Ruiz  de  Alar- 
con,  bien  proveídos  de  gente  de  caballo  al  Mar- 
quesado de  Villena,  para  guardar  aquella  tierra,  é 
resistir  qualquier  fuerza  que  el  Marqués  en  ella 
tentase  facer  ;  é  para  facer  guerra  á  la  cibdad  de 
Chinchilla,  é  á  las  villas  de  Belmente  é  Alarcon ,  é 
al  castillo  de  Garcimufioz  que  estaban  por  él.  Otrosí 
proveyeron  en  aquel  nuevo  escándalo  que  el  Arzo- 
bispo facía,  é  dieron  cargo  al  bastardo  hermano  del 
Eey,  Duque  de  Víllahermosa ,  que  estuviese  en  la 
villa  de  Madrid ;  el  qual  puso  gente  de  armas  en 
aquellos  lugares  comarcanos  de  la  villa  de  Alcalá 
Cr,— m. 


É  DOÑA  ISABEL.  337 

donde  el  Arzobispo  estaba,  para  le  resistir  si  mo- 
viese á  facer  guerra,  6  si  fuese  á  Toledo  según  pen- 
saba que  iría.  E  mandaron  dar  sus  cartas  para  to- 
das las  cibdades ,  villas  ó  lugares  del  Arzobispado 
de  Toledo,  recontando  el  ellas  el  perdón  que  pocos 
días  antes  ficieron  al  Arzobispo  de  los  yerros  pasa- 
dos. De  los  quales  no  contento,  añadiendo  otros  ma- 
yores, trataba  con  el  Rey  de  Portogal  para  lo  me- 
ter en  sus  Reynos,  é  mover  nuevas  guerras  en  gran 
deservicio  de  Dios  é  suyo ,  é  quebrantamiento  del 
segundo  juramento  que  poco  antes  le  habia  fecho : 
por  las  quales  cosas  ellos  querían  proceder  contra  él, 
é  procurar  con  el  Santo  Padre  quele  privase  del  Ar- 
zobispado, é  le  diese  pena  condigna  de  tales  é  tan 
desleales  crimines.  Y  entretanto  mandaron  embar- 
gar todas  sus  rentas.  Otrosí  mandaron  á  todos  los 
que  con  él  estaban ,  que  luego  se  apartasen  de  su 
compañía,  é  no  le  diesen  favor  ni  ayuda,  so  pena 
que  perdiesen  sus  bienes,  é  les  derribasen  las  casas 
de  su  morada.  E  de  fecho  fueron  derribadas  en  la 
villa  de  Madrid  las  casas  de  algunos ,  que  contra  el 
mandamiento  del  Rey  é  de  la  Reyna  estovieron  con 
el  Arzobispo. 

Como  estas  cartas  fueron  publicadas  en  todos  los 
lugares  del  Arzobispado,  luego  fueron  embargadas 
las  rentas  del  Arzobispo,  é  no  le  era  acudido  con 
maravedís  ni  pan  alguno  dellas ;  é  muchos  de  los 
que  con  él  estaban  se  despidieron  del ,  porque  sus 
casas  no  fuesen  derribadas.  Ansimesmo  Diego  Ló- 
pez de  Ayala  un  capitán  de  la  Reyna ,  entró  secre- 
tamente en  la  villa  de  Talavera,  é  apoderóse  de  la 
fortaleza  della.  Las  otras  villas  é  lugares  del  Arzo- 
bispado que  eran  llanas,  considerando  quan  desho- 
nesta era  la  mudanza  que  el  Arzobispo  facía,  estaban 
alteradas  para  se  alzar  contra  él.  Los  caballeros  de 
su  casa  é  sus  criados ,  por  la  mayor  parte  estaban 
descontentos  de  aquel  camino  que  el  Arzobispo 
tornaba  á  seguir ,  é  requeríanle  que  lo  dexase.  E 
porque  creían  que  el  Arzobispo  facía  este  nuevo  es- 
cándalo por  consejo  de  aquel  Alarcon,  á  quien  ha- 
bernos dicho  que  daba  gran  crédito ,  fué  de  tal  ma- 
nera amenazado,  que  no  creyendo  que  podría  esca- 
par de  sus  manos,  acordó  de  se  absentar,  é  fué  para 
el  Reyno  de  Francia.  Pero  ni  por  el  absencía  de 
este  Alarcon,  el  Arzobispo  dexó  de  continar  su 
propósito  contra  el  voto  da  los  principales  de  bu 
casa.  Entre  los  quales  uno  que  se  llamaba  el  Doctor 
Don  Tello  de  Buendia,  Arcediano  de  Toledo,  letra- 
do, é  home  de  loable  exemplo  de  vida ,  criado  anti- 
guo del  Arzobispo,  veyeudo  que  no  le  podían  apar- 
tar de  la  compañía  del  Rey  de  Portogal ,  é  que  su 
fecho  iba  en  perdición,  habiendo  respecto  á  lo  que 
buen  home  es  obligado  de  facer  por  su  señor  en  tiem- 
po de  extrema  necesidad ;  como  quiera  que  fuese  ho- 
me viejo,  é  apartado  ya  de  toda  negociación  mun- 
dana, fué  al  Arzobispo  á  le  consejar  que  dexase 
aquel  camino  que  quería  llevar  adelante,  é  díxole: 
«  Señor,  sí  entre  tanta  multitud  de  gentes  vedes  que 
»plogo  á  Dios  elegiros  por  Prelado  de  la  Iglsia  ma- 
»yor  de  las  Españas  ;  en  pago  de  tanto  beneficio,  no 
«debéis  escandalizar  la  tierra,  ni  ponerla  en  guerra, 

22 


33B  CRÓNICAS  DE  LOS 

B mucho  agena  de  vuestro  hábito  é  religión;  por- 
»que  08  mostraríades  ingrato  á  Dios  que  vos  dio 
»  esta  dignidad,  y  enemigo  de  la  tierra  á  quien  de- 
»beis  ser  padre.  Contemplemos ,  sefior,  en  la  breve- 
ndad  de  nuestra  vida,  é  gastémosla  en  enmendar 
»Ios  yerros  "pasados;  porque  dexenjos  acá  buen 
»  exemplo,  é  alcancemos  allá  verdadera  gloria. » 

El  Arzobispo,  veyendo  que  algunos  grandes  del 
Reyno  con  quien  trataba  no  le  respondían  según 
esperaba,  é  que  no  le  acudían  con  sus  rentas,  ni  te- 
nia dinero  para  pagar  el  sueldo  á  la  gente  de  armas 
que  tenia  junta ;  veyéndose  puesto  por  muchas  par- 
tes en  extremas  necesidades,  conociendo  ansimes- 
mo  la  sana  intención  deste  Arcediano ,  dióle  comi- 
sión para  facer  aquello  que  entendiese  que  debia 
facer  en  guarda  de  su  honra  y  estado-  Este  Arce- 
diano fué  con  esta  comisión  al  Eey  é  á  la  Eeyna 
que  estaban  en  Córdoba,  los  quales  le  tenían  en 
gran  veneración,  por  respecto  de  su  sciencia  é  ho- 
nestidad de  vida.  E  como  quiera  que  por  la  indina- 
cion  que  tenian  concebida  del  Arzobispo,  estaban 
en  propósito  de  no  oir  mensagero ,  ni  trato  que  les 
fuese  movido  de  su  parte ;  pero  la  bondad  del  men- 
sagero fizo  ablandar  la  ira  que  del  Arzobispo  tenian 
concebida,  é  recebirlo  humanamente.  Este  Arcedia- 
no les  dixo  que  la  clemencia  de  los  Reyes  es  un 
vencimiento  de  mayor  gloria  que  aquel  que  en  las 
batallas  se  alcanza  ;  é  que  no  venia  á  salvar  al  Ar- 
zobispo, ni  dar  razones  de  sus  yerros,  ni  menos  que- 
ría decir  que  tenia  confianza  en  su  inocencia,  pero 
que  la  tenia  en  la  magnanimidad  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  porque  creiaque  eran  muy  grandes,  serian 
muy  piadosos,  é  mostrarían  su  grandeza  en  el  per- 
donar, é  que  no  mirarían  á  los  yerros  presentes, 
mas  recordarían  los  servicios  pasados ,  si  algunos 
les  habia  hecho  el  Arzobispo.  Por  ende  que  les  su- 
plicaba, que  viesen  la  orden  quo  daban,  é  lo  que  les 
placia  que  se  ficiese,  é  luego  se  porniaen  obra ;  por- 
que él  y  todo  lo  que  tenia,  se  ponia  en  sus  manos 
reales.  El  Rey  é  la  Reyna,  oidas  aquellas  palabras, 
respondieron,  que  verían  en  aquello  que  habia  pro- 
puesto, é  lo  mandarían  expedir  prestamente. 

CAPITULO  LXXXI. 

Sígnense  las  cosas  qne  pasaron  en  el  año  de  mil  é  qnatrocientos 
é  setenta  é  nueve  años.  Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  á  Gua- 
dalupe, é  de  las  cosas  que  allí  ficieron. 

Fechas  é  asentadas  las  cosas  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na ficieron  en  Córdoba,  acordaron  de  partir  de 
aquella  cibdad,  é  venir  para  la  villa  de  Guadalupe, 
por  estar  en  comarca  del  Reyno  de  Portogal,  para 
proveer  en  las  cosas  necesarias  á  la  guerra  de 
aquella  frontera,  é  ansimesmo  en  comarca  del  rey- 
no  de  Toledo,  é  de  la  villa  do  Escalona,  donde  es- 
taba gente  del  Marqués  de  Villena  faciendo  guerra 
en  aquella  tierra.  Venidos  á  Guadalupe,  después  de 
algunas  pláticas  habidas  con  el  Arcediano  de  Tole- 
do en  aquel  negocio  del  Arzobispo,  acordaron  de 
olvidar  los  yerros,  é  dexar  la  ira  que  del  Arzobispo 
habían  concebido,  é  respondieron  al  Arcediano  que 


REYES  DE  CASTILLA. 

les  placia  de  usar  con  el  Arzobispo  de  la  piedad 
que  á  ellos  convenia,  ó  no  de  la  justicia  que  él  me- 
recía, é  que  le  perdonaban  otra  vez,  ansí  por  gratifi- 
car al  Rey  de  Aragón,  á  quien  sabían  que  placería 
dello,  como  por  las  buenas  razones  é  humillaciones 
que  de  su  parte  les  habia  fecho.  Paro  demandaron 
que  les  entregase  el  Arzobispo  todas  las  fortalezas 
que  tenia ,  por  quitarle  del  pensamiento  los  alboro- 
tos que  en  fiucia  dellag  imaginaba  facer  en  deser- 
vicio de  Dios,  ó  dafio  de  su  cons.ciencía,  y  en  agra- 
vio general  de  la  tierra.  El  Arcediano  de  Toledo,  de 
parte  del  Arzobispo  prometió  de  las  entregar  luego 
á  quien  el  Rey  ó  la  Reyna  mandasen.  El  Arzobispo, 
cumpliendo  lo  que  el  Arcediano  prometió  de  su 
parto,  entregó  las  fortalezas  de  Alcalá  la  vieja,  é 
Brihuega,  é  Santorcaz,  é  la  Guardia,  ó  Almonacil, 
é  Canales,  ó  Uceda ;  en  las  quales  el  Rey  é  la  Rey- 
na pusiqron  sus  Alcaydes ,  que  les  ficieron  pleyto 
omenage,  é  prometieron  de  no  acoger  en  ellas  al 
Arzobispo,  ni  á  otra  persona  alguna  sin  su  manda- 
do. Asentaron  ansimesmo,  que  la  villa  de  Talavera 
eetoviese  en  poder  de  aquel  Diego  López  de  Ayala 
que  la  tomó,  é  toviese  la  justicia  é  jurisdícíon  della, 
é  no  recibiese  al  Arzobispo,  ni  á  otra  persona  pode- 
rosa salvo  al  Rey  é  á  la  Reyna,  6  á  quien  ellos  man- 
dasen ;  é  que  el  Arzobispo  pagase  las  tenencias  á 
los  Alcaydes  que  el  Rey  é  la  Reyna  pusiesen  en 
aquellas  fortalezas ,  é  les  diese  todos  los  bastimen- 
tos ó  pertrechos  que  fueren  menester  para  la  pro- 
visión ó  guarda  dellas.  Las  quales  entregadas  á  las 
personas  qup  el  Rey  é  la  Reyna  pusieron  por  Alcay- 
des, é  puesto  en  execucion  todo  lo  que  por  aquel 
Arcediano  fué  asentado,  el  Rey  é  la  Reyna  manda- 
ron sus  cartas  para  desembargar  sus  rentas  al  Ar- 
zobispo. El  qual  como  se  vido  sin  fortalezas,  cesó 
de  pensar  pensamientos  escandalosos,  é  cesó  ansi- 
mesmo la  pendencia  que  tenia  con  el  Rey  de  Por- 
togal ,  porque  le  fallescian  las  fuerzas  con  que  le 
podía  ayudar ;  é  dende  en  adelante  vivió  pacifica- 
mente, sin  dar  á  su  espíritu  inquietud ,  é  al  Reyno 
de  Castilla  escándalos. 

CAPÍTULO  LXXXIL 

De  la  guerra  que  se  fizo  contra  el  Marqués  de  Villena 
en  Escalona  y  en  el  Marquesado. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  Guadalupe,  man- 
daron al  bastardo  hermano  del  Rey,  Duque  de  Vi- 
llahermosa,  que  era  capitán  mayor  de  la  gente  de 
las  hermandades,  que  fuese  con  algunas  gentes  á 
Almorox ,  un  lugar  cerca  de  la  villa  de  Escalona, 
para  resistir  á  la  gente  del  Marqués  los  robos  é  otros 
malee  que  facían  por  la  comarca.  T  en  aquel  lugar 
de  Almorox,  y  en  Maqueda  puso  gentes  de  caballo, 
que  todos  los  mas  dias  salían  al  campo,  ó  peleaban 
con  los  de  la  villa  de  Escalona ;  en  la  qual  estaba 
por  capitán  un  hermano  del  Marqués  bastardo,  que 
se  llamaba  Don  Juan  Pacheco ,  que  después  fué 
muerto  en  Zamora,  é  por  Alcayde  de  los  alcázares 
un  caballero  natural  de  Madrid,  que  se  llamaba 
Juan  de  Luxan ;  los  quales  tenían  quatrocientos 


DON  FEBNANDO 
homes  á  caballo,  é  quinientos  peones,  que  salían 
continamente  por  la  tierra  á  traer  los  bastimentos 
que  eran  necesarios.  Ansimesmo  en  el  Marquesado 
donde  estaban  por  capitanes  contra  el  Marqués, 
Don  Jorge  Manrique  é  Pero  Ruiz  de  Alarcon,  pe- 
leaban los  mas  dias  con  el  Marqués  de  Villena  é 
con  su  gente  ;  é  habia  entre  ellos  algunos  recuen- 
tros ,  en  uno  de  los  quales ,  el  capitán  Don  Jorge 
Manrique  se  metió  con  tanta  osadía  entre  los  ene- 
migos, que  por  no  ser  visto  de  los  suyos,  para  que 
fuera  socorrido  le  firieron  de  muchos  golpes,  é  mu- 
rió peleando  cerca  de  las  puertas  del  castillo  de 
Garciraufioz,  donde  acaeció  aquella  pelea,  en  la  qual 
murieron  algunos  escuderos  é  peones  de  la  una  ó 
de  la  otra  parte.  En  aquella  guerra  habia  algunos 
prisioneros  que  se  tomaban,  é  los  capitanes  del  Rey 
é  de  la  Rey  na  acordaron  de  af  orear  seis  homes  de  los 
que  prendieron,  porque  siguiendo  guerra  injusta, 
peleaban  contra  el  Rey  en  su  Reyno.  Visto  por  la 
gente  de  armas  que  estaba  con  el  Marqués  aquella 
justicia,  recelando  que  qualquier  dellos  que  fuese 
preso  seria  aforcado,  requirieron  á  un  caballero  que 
se  llamaba  Juan  de  Berrio  capitán  de  la  gente  del 
Marqués,  que  aforcase  otros  seis  de  los  prisioneros 
que  estaban  en  su  poder.  Aquel  capitán,  temiendo 
que  su  gente  por  aquella  causa  no  enflaqueciese, 
acordó  de  aforcar  algunos  de  los  que  tenia  presos ; 
ó  mandó  que  echasen  suertes  los  presos,  é  los  seis 
dellos  á  quien  cayese  por  suerte  fuesen  degollados. 
Acaeció,  que  una  de  las  suertes  cayó  á  un  escudero 
vecino  de  Villanueva  de  la  Xara  aldea  de  Alarcon, 
home  de  fasta  quarenta  é  cinco  años ,  casado  é  con 
fijos;  el  qual  tenia  un  hermano,  que  estaba  ansi- 
mesmo preso  COQ  él ,  mozo  de  fasta  veinte  é  cinco 
años.  Este  mozo,  visto  que  por  la  suerte  que  habia 
caido  á  su  hermano  mayor  habia  de  morir,  dixo: 
»  Hermano,  yo  quiero  morir  en  lugar  vuestro ;  por- 
»  que  no  podría  sof  rir  la  pena  que  habría  en  vues- 
»tra  muerte,  é  carecer  de  vuestra  vista.»  El  her- 
mano mayor  le  respondió  :  «  No  plegué  á  Dios,  her- 
»  mano,  que  padezcas  tú  por  mí ;  yo  quiero  sof  rir 
»  con  paciencia  esta  muerte ,  pues  á  Dios  plogo  qUe 
j) muriese  de  esta  manera.  No  es  razón  que  tú,  que 
»  eres  mas  mozo,  é  aun  no  has  gozado  de  los  bienes 
«desta  vida,  mueras  en  tan  tierna  edad;  encomién- 
»  dote  mi  n^ger  é  mis  fijos, »  El  hermano  menor  re- 
plicó: ((Hermano,  vos  sois  casado,  é  tenéis  fijos  pe- 
»  queños,  los  quales  quedarían  sin  abrigo ;  mas  vale 
»  que  muera  yo ,  é  dexe  temprano  las  tribulaciones 
«desta  vida,  pues  de  mi  muerte  no  viene  dañoá  otro 
»  sino  á  mí, »  Esta  quistion  pasó  entre  estos  dos  her- 
manos, é  al  fin  venció  el  menor ;  é  por  grandes 
ruegos  que  fizo  al  capitán  fué  degollado,  é  quedó 
vivo  el  mayor  :  pónase  aquí  este  caso  por  ser  sin- 
gular exemplo  de  buena  hermandad.  El  Marqués  de 
Villena,  que  estaba  en  el  castillo  ^de  GarcimuSoz, 
publicaba,  que  él  no  era  causa  de  aquella  guerra,  é 
que  sus  armas  eran  por  resistir,  é  no  por  ofender  ni 
desobedecer  al  sceptro  real.  E  sobre  esto  embió  al 
Rey  é  á  la  Reyna  un  caballero  de  su  casa,  [que  se 
llamaba  Don  Rodrigo  de  Castañeda;  con  el  qual 


E  DONA  ISABEL.  339 

les  embió  á  decir,  que  Dios  era  testigo  de  su  volun- 
tad, como  no  habia  tomado  armas  ni  movido  guer- 
ra en  su  deservicio,  ni  menos  tenia  olvidado  el  gran 
beneficio  que  le  ficieron  en  le  perdonar ;  por  el  qual 
estaba  en  obligación  de  los  servir  é  obedecer  en  los 
dias  de  su  vida.  E  que  les  suplicaba  mandase  saber 
la  verdad  del  movimiento  de  aquella  guerra ,  é  fa- 
llarían que  por  él  ni  por  parte  suya  fué  movida, 
salvo  resistiendo  al  Gobernador  que  habían  embia- 
do  al  Marquesado,  el  cerco  que  sin  causa  habia 
puesto  sobre  la  cibdad  de  Chinchilla,  sin  tener  man- 
damiento del  Rey  ni  de  la  Reyna  para  ello :  porque 
era  contra  lo  que  sus  Altezas  le  habían  prometido 
quando  le  recibieron  á  su  servicio.  E  que  si  guerra 
en  aquella  su  tierra  y  en  la  su  villa  de  Escalona  ha- 
bia recrecido ,  aquello  era  queriendo  defender  su 
persona,  é  los  bienes  que  le  habían  dexado ,  é  no 
presumiendo  de  ofendelles  ni  desobedecer  sus  man- 
damientos. E  que  les  suplicaba  no  quisiesen  creer 
las  malas  é  no  verdaderas  informaciones  que  algu- 
nos, mas  siguiendo  sus  pasiones  que  las  vías  de  la 
verdad  les  facían,  é  mandasen  cesar  aquella  guerra 
que  contra  él  se  facía,  é  oírle  á  su  justicia. 

El  Rey  é  la  Reyna ,  oída  la  suplicación  del  Mar- 
qués ,  respondieron  que  si  su  gobernador  en  alguna 
cosa  habia  excedido,  debiera  el  Marqués  recorrer  á 
ellos  por  el  remedio  para  que  lo  mandase  castigar, 
é  que  habia  errado  en  querer  por  su  propia  autori- 
dad ponerse  en  armas  á  facer  resistencia  ;  pero  que 
ellos  mandarían  saber  la  verdad  de  todas  las  cosas 
pasadas,  é  facer  aquello  que  de  justicia  debiesen. 
Aquel  caballero  Don  Rodrigo  de  Castañeda  era  ho- 
me de  mas  altos  pensamientos  que  fuerzas,  y  estan- 
do allí  en  Guadalupe  algunos  dias,  solicitando  con 
el  Rey  é  con  la  Reyna  la  relevación  de  la  guerra 
que  por  todas  partes  se  facía  al  Marqués ;  porque  se 
falló  contra  él,  que  no  mandándolo  el  Marqués,  em- 
biaba  avisos  al  Rey  de  Portugal,  dando  orden  en  sa 
entrada  en  Castilla,  el  Rey  é  la  Reyna  le  mandaron 
prender,  é  llevar  á  la  villa  de  Talavera,  donde  es- 
tovo preso  algunos  dias ,  é  allí  en  la  prisión  murió* 

CAPÍTULO  LXXXin. 

De  las  cosas  qne  pasaron  con  los  mensajeros  del  Clavero 
de  Alcántara,  é  de  la  Condesa  de  Medellin. 

Vinieron  á  Guadalupe  do  estaba  el  Rey  é  la  Rey- 
na mensageros  de  Doña  María  Pacheco  Condesa  de 
Medellin,  hermana  del  Marqués  de  Villena,  fija  bas- 
tarda del  Maestre  de  Santiago  Don  Juan  Pacheco, 
muger  viuda ;  la  qual  poco  antes  de  aquellos  dias 
soltó  á  Don  Pedro  Puertocarrero  Conde  de  Medellin 
su  fijo  de  las  prisiones  en  que  le  tovo  por  espacio 
de  cinco  años.  Esta  Condesa  fué  la  principal  que  en 
los  tiempos  pasados  sostovo  las  guerras  en  aquellas 
partes  de  Estremadura,  favoreciendo  unas  veces  á 
unos,  é  otras  veces  á  otros,  muger  de  grandes  atrevi- 
mientos. La  qual  tenia  usurpada  la  villa  de  Mérida, 
que  es  del  Maestradgo  de  Santiago;  é  tenia  por  fuer- 
za la  villa  de  Medellin  al  Conde  su  fijo,  é  todos  los 
otros  8UB  bienes.  Estos  mensageros  pidieron  al  Rey 


340 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


é  á  la  Reyna  que  le  diesen  la  encomienda  de  aque- 
lla villa  de  Mérida,  é  que  mandasen  que  en  toda  su 
vida  toviese  la  villa  de  Medellin,  é  llevase  la  renta 
della,  ó  que  le  diesen  provisiones  para  ello ;  deman- 
daron ansimesmo  otras  cosas  difíciles  de  facer.  El 
Rey  é  la  Reyna,  vistas  las  demandas  que  de  parte  de 
la  Condesa  les  fueron  fechas,  respondieron,  que  de 
la  villa  de  Mérida  ni  de  su  encomienda ,  ellos  no 
debian  disponer  por  ser  de  la  orden  de  Santiago ,  ni 
menos  le  darian  provisiones  ni  favor  contra  el  Conde 
su  fijo,  para  llevar  las  rentas  que  le  pertenecían. 
Pero  que  vistas  las  causas  que  entre  ellos  eran,  pro- 
puestas é  oidas  las  razones  del  Conde  su  fijo,  man- 
darían administrar  sobre  todo  lo  que  fuese  justicia. 
Vinieron  ansimesmo  mensageros  de  Don  Alonso  de 
Monroy,  Clavero  de  Alcántara,  que  según  habernos 
dicho  se  llamaba  Maestre,  é  tenia  contención  con 
Don  Alvaro  de  Stúñiga  Duque  de  Plasencia,  sobre 
la  posesión  del  Maestradgo  de  Alcántara,  del  qual 
era  proveído  por  el  Papa  Don  Juan  de  Stúñiga,  su 
fijo.  Este  Clavero  era  home  guerrero,  é  muy  empa- 
rentado en  la  tierra  de  Estremadura,  y  estaba  apo- 
derado de  algunas  fortalezas  de  su  comarca  ;  é  por 
haber  la  posesión  del  Maestradgo,  continuaba  guer- 
ra en  aquellas  partes,  de  la  qual  se  siguieron  mu- 
chos é  muy  crueles  fechos ,  ansí  de  robos,  como  de 
muertes ,  é  tomas  ,  é   furtos   de  fortalezas ,  é  otros 
grandes  daños  y  engaños,  en  uno  de  los  quales  este 
Clavero  fué  preso  por  el  Alcayde  de  Magazela,  de 
quien  se  confió.  En  la  qual  prisión  estovo  algunos 
dias,  é  después  por  mandado  del  Rey  é  de  la  Reyna 
fué  suelto,  por  las  mercedes  que  ficieron  al  Alcay- 
de que  lo  tenia  preso.  Los  mensageros  de  este  Cla- 
vero suplicaron  al  Rey  é  á  la  Reyna,  que  le  diesen 
favor  para  haber  el  Maestradgo  de  Alcántara,  que 
de  derecho  decía  pertenecerle,  por  la  elección  que 
algunos  Comendadores  de  la  Orden  le  ficieron.   En 
esta  suplicación  que  ficieron ,  ansi  los  mensageros 
de  la  Condesa  de  Medellin ,  como  loa  del  Clavero, 
insistieron  con  gran  instancia,  é  dieron  á  entender 
que  si  el  Rey  é  la  Reyna  no  facían  todo  lo  que  su- 
plicaban en  su  favor,  luego  se  juntarían  con  el  Rey 
de  Portogal,  é  lo  meterían  en  Castilla,  é  se  pornian 
en  su  obediencia.  El  Rey  é  la  Reyna  respondieron  á 
los  mensageros  del  Clavero ,  que  el  Papa,  en  vida 
del  Rey  Don  Enrique  su  hermano,  había  proveído 
de  aquel  Maestradgo  por  sus  bulas  á  Don  Juan  de 
Stúñiga ,  fijo  del  Duque  Don  Alvaro,  por  virtud  de 
las  quales  había  tomado  la  posesión  de  Alcántara, 
é  de  la  mayor  parte  de  las  fortalezas  é  tierras  del 
Maestradgo ;  é  que  ellos  no  podían  en  aquel  caso 
repunar  la  provisión  fecha  por  el  Papa,  ni  quitar  la 
posesión  de  las  tierras  que  el  Maestre  Don  Juan 
había  tomado  ;  é  que  esta  quistion  era  entre  él  y  el 
otro  Maestre  Don  Juan,  ó   la  determinación  della 
pertenecía  al  Sumo  Pontífice,  é  no  á  ellos.  Pero  que 
si  el  Clavero   decía  tener  derecho,   por  qualquier 
elección  que  le  era  fecha,  ellos  intervenían ,   é  ter- 
nian  tal  manera  como  su  justicia  enteramente  le 
fuese  guardada ;  é  para  esto  le  darian  el  favor  que 
necesario  le  fuese.  Los  mensageros  deste  Clavero  é 


de  la  Condesa  no  fueron  contentos  de  las  respues- 
tas dadas  al  imo  ni  al  otro ;  porque  pensaban  el  Rey 
é  la  Reyna  estar  puestos  en  tan  grandes  necesida- 
des de  la  guerra  que  esperaban  con  el  Rey  de  Por- 
togal, que  de  necesario  sería  otorgarles  todo  lo  que 
demandasen,  é  que  ninguna  cosa  les  seria  negada, 
por  causa  de  las  fortalezas  é  gente  é  parentela  gran- 
de que  tenían  en  aquella  frontera  de  Portogal.  Des- 
pedidos aquellos  mensageros  con  la  respuesta  que 
el  Rey  é  la  Reyna  les  mandaron,  el  Clavero  é  la 
Condesa,  que  fasta  aquel  tiempo  en  las  guerras  pa- 
sadas habían  seydo  enemigos,  é  tenido  partes  con- 
trarias, luego  trataron  amistad  en  uno ,  y  embiaron 
sus  mensageros  al  Rey  de  Portogal,  ofreciéndole  su 
obediencia,  é  recibiéndole  por  su  Rey,  é  obligáronse 
de  le  servir  como  sus  subditos.  El  Rey  de  Portogal, 
recibiendo  el  ofrecimiento  del  Clavero  é  de  la  Con- 
desa, prometió  de  les  ayudar  en  todas  las  cosas  que 
le  demandaron.  E  por  seguridad  que  la  Condesa 
compliria  con  el  Rey  de  Portogal  lo  que  le  prome- 
tía, entrególe  la  fortaleza  de  Mérida. 

CAPfí?ULO  LXXXIV. 

De  la  embatada  que  embió  el  Rey  de  Francia  al  Rey  é  á  la  Reyna, 
é  lo  que  propusieron. 

Vinieron  ansimesmo  á  aquella  villa  de  Guadalupe 
embaxadores  del  Rey  de  Francia,  entre  los  quales 
venia  un  Perlado  que  era  Obispo  de  Lumbiers  para 
refirmar  la  paz  entre  el  Rey  é  la  Reyna  é  sus  Rey- 
nos,  con  el  Rey  de  Francia  é  con  los  suyos:  la  qual 
había  tratado  por  sus  cartas  é  mensageros  en  los 
dias  pasados  el  Cardenal  de  España.  E  aquel  Obis- 
po de  Lumbiers  propuso  ante  el  Rey  é  la  Reyna  en 
su  gran  consejo,  los  debdos  de  sangre  que  hay  en- 
tre los  Reyes  de  Francia  é  de  Castilla,  é  las  amista- 
des é  confederaciones  perpetuas  que  siempre  en  los 
tiempos  pasados  ovo  entre  los  Reyes  destos  dos 
Reynos  é  sus  subditos  é  naturales.  Otrosí  dixo  como 
el  Rey  de  Francia  su  señor  ovo  gran  placer  por  ha- 
ber subcedído  la  Reyna  en  la  silla  real  destos  Rey- 
nos  del  Rey  Don  Juan  su  padre.  É  como  quiera  quo 
por  algunas  malas  é  siniestras  informaciones,  fe- 
chas por  parte  del  Rey  de  Portogal,  pasaron  algu- 
nas diferencias  entre  el  Rey  de  Francia  su  señor,  y 
el  Rey  é  la  Reyna ;  pero  aquellas  habían  cesado, 
porque  no  tenían  fundamento  de  verdad.  Y  en  con- 
clusión dixeron  que  ellos  venían  allí  por  mandado 
del  Rey  de  Francia  é  con  su  poder,  á  refirmar  las 
paces  é  confederaciones  antiguas  que  fueron  jura- 
das por  los  Reyes  pasados  de  Francia  é  de  Castilla: 
las  quales  eran  obligados  de  guardar  sus  subcesores. 
Por  ende,  que  les  ploguiese  de  las  jurar  é  firmar 
con  aquel  amor  é  fraternidad  que  ellos  las  habían 
guardado,  é  según  que  el  Rey  de  Francia  su  señor 
estaba  en  voluntad  de  las  guardar  é  conservar.  El 
Rey  é  la  Reyna,  oída  aquella  embaxada,  como  quier 
que  conocieron  la  intención  que  á  los  principios 
tovo  el  Rey  de  Francia  de  se  confederar  con  el  Rey 
de  Portogal,  é  la  guerra  que  sin  causa  fizo  en  la 
provincia  de  Guipúzcoa,  ó  lo  que  agora  le  movía  á 


DON  FERNANDO 
facer  mudanza  é  venir  pidiendo  paz ;  pero  por  con- 
sejo del  Cardenal  de  España,  mostraron  inadverten- 
cia á  las  variedades  é  siniestra  intención  del  Rey  de 
Francia,  é  recibieron  muy  bien  á  sus  embaxadores, 
é  no  lea  mostraron  sentimiento  de  las  cosas  pasadas 
é  respondiéronles,  que  les  placia  aceptar  la  amistad 
é  confederación  por  ellos  propuesta,  porque  los  Re- 
yes sus  progenitores  les  hablan  obligado  á  ello.  B 
ficieron  mucha  honra  á  aquellos  embaxadores,  é  ce- 
lebraron las  confederaciones  é  amistades  acostum- 
bradas; en  las  quales  se  contenia  que  obligaban  á 
BÍ  é  á  sus  fijos  primogénitos  herederos  de  sus  Rey- 
nos,  que  serian  amigos  de  amigos,  y  enemigos  de 
enemigos,  según  lo  fueron  los  reyes  pasados  sus 
progenitores,  contra  todas  las  personas  del  mundo, 
excepto  el  Padre  Santo.  Lo  qual  juraron  solemne- 
mente aquellos  embaxadores,  por  virtud  del  poder 
que  traian  del  Rey  de  Francia  su  señor;  en  el  qual# 
juramento  dixeron,  é  se  obligaron  de  lo  guardar  é 
mantener,  no  embargante  la  confederación  é  amis- 
tad que  el  Rey  de  Francia  su  señor  nabia  fecho  con 
el  Rey  de  Portogal  pocos  dias  habia.  Fechas  estas 
ligas  é  confederaciones,  el  Rey  é  la  Reyna  manda- 
ron dar  de  sus  dones  á  aquel  Obispo  é  á  los  otros 
caballeros  que  vinieron  con  él,  é  mandáronlos  des- 
pedir. B  cerca  del  debate  que  habia  entre  el  Rey  é 
la  Reyna,  y  el  Rey  de  Francia  sobre  el  Condado 
de  Ruisellon,  acordaron  que  quedase  al  juicio  de 
dos  personas,  que  nombrasen  cada  uno  por  su  parte; 
los  quales  toviesen  poder  de  lo  determinar  dentro 
de  cinco  años.  É  que  el  Rey  de  Francia  pusiese 
dentro  de  cierto  tiempo  la  fortaleza  de  Perpiñan,  é 
las  otras  fortalezas  de  aquel  Condado  de  Ruisellon 
©n  poder  del  Cardenal  de  España,  para  que  las  en- 
tregase al  Rey  é  á  la  Reyna,  cumpliendo  lo  que  los 
arbitros  determinasen  que  habia  de  haber  el  Rey  de 
Francia.  Con  estos  embaxadores  mandaron  el  Rey 
é  la  Reyna,  que  fuesen  Don  Juan  de  Gamboa,  y  el 
Arcediano  de  Almazan,  que  fueron  los  diputados 
que  estovieron  en  Fuenterabía  por  su  mandado.  Los 
quales  fueron  al  Eey  de  Francia,  el  qual  en  presen- 
cia dellos,  é  de  los  de  su  consejo,  retificó  é  juró 
todo  lo  que  aquel  Obispo  de  Lumbiers  é  los  otros 
sus  embaxadores  en  su  nombre  hablan  fecho;  lo 
qual  fué  pregonado,  é  mandado  guardar  por  todo 
el  Eeyno. 

CAPÍTULO  LXXXV. 

Del  trato  de  paz  que  movió  la  Infanta  de  Portogal,  é  como  el  Papa 
revocó  la  dispensación  que  habia  dado  al  Rey  de  Portogal. 

La  Infanta  Doña  Beatriz  de  Portogal  que  habia 
eeydo  casada  con  el  Infante  Don  Fernando  Duque 
de  Viseo  hermano  del  Rey  de  Portogal,  era  una  se- 
ñora discreta,  é  conocía  bien  la  calidad  desta  em- 
presa que  el  Rey  de  Portogal  habia  tomado,  é  los 
infortunios  que  en  la  prosecución  della  le  acae- 
cieron. É  como  agora  por  consejo  de  algunos  Cas- 
tellanos, tornaba  á  la  continar,  pesábale  dello,  por- 
que amaba  mucho  al  Rey  de  Portogal  é  al  Príncipe 
su  fijo,  que  era  su  yerno,  é  ansimesmo  á  la  Reyna 


E  DO^A  ISABEL.  341 

de  Castilla  que  era  su  sobrina,  fija  de  su  hermana ;  ó 
deseaba  quitar  á  ellos  de  quistion,  é  á  sus  reynos  de 
guerras.  E  fabló  con  el  Rey  de  Portogal  algunas 
veces,  atrayéndole  á  la  paz  con  el  Rey  ó  la  Reyna, 
é  dábale  razones  porque  lo  debia  facer,  é  dexar  esta 
conquista  de  Castilla,  la  qual  ni  habia  sucedido  se- 
gún complia  á  servicio  de  Dios  ni  suyo,  é  mucho 
menos  á  su  honra;  antes  lo  acaecido  fasta  aquel 
tiempo  habia  seydo  en  gran  pérdida  de  su  Reyno,  é 
peligro  é  muertes  de  sus  subditos  é  naturales.  A 
este  voto  de  la  Infanta  estaba  allegado  el  Príncipe 
su  yerno,  á  quien  ansimesmo  pesaba  del  propósito 
que  su  padre  tornaba  á  tomar,  é  ayudaba  á  la  In- 
fanta su  suegra  en  las  razones  que  decia  al  Rey  su 
padre.  Y  embió  un  mensagero  á  la  Reyna  á  le  decir 
secretamente,  que  se  debia  llegar  mas  á  aquella 
frontera  de  Portogal,  porque  quanto  mas  cerca  es- 
toviese,  habria  mejor  lugar  de  comunicar  con  ella 
algunas  cosas  que  convenían  á  la  paz  del  Rey  su 
marido  é  suya  con  el  Rey  de  Portogal;  é  que  con  el 
ayuda  de  Dios  é  de  la  gloriosa  Virgen  su  madre  en- 
tendía dar  remedio  de  paz  é  concordia  entre  ellos. 
La  Reyna  lo  regradeció  mucho,  y  embióle  á  decir, 
que  despedidos  los  embaxadores  de  Francia,  é  algu- 
nos otros  negocios  que  el  Rey  y  ella  tenían  pen- 
dientes en  la  villa  de  Guadalupe,  luego  llegarían  á 
aquellas  partes  de  la  frontera  de  Portogal,  é  podrían 
fablar  en  aquella  materia,  según  que  lo  acordaba. 
Otrosí,  como  habemos  dicho,  el  Papa,  á  suplicación 
del  Rey  de  Francia,  é  del  Rey  de  Portogal,  dio  dis- 
pensación para  que  aquella  Doña  Juana  pudiese  ca- 
sar con  persona  conjunta  á  ella  dentro  en  el  quarto 
grado  de  consanguinidad.  De  la  qual  dispensación 
el  Rey  é  la  Reyna  se  agraviaron,  y  embiaron  á 
mostrar  sus  causas  de  los  agravios  que  el  Papa  les 
fizo  en  la  otorgar.  Lo  qual  visto  en  el  colegio  de 
los  Cardenales,  considerando  los  escándalos,  guer- 
ras, é  derramamientos  de  sangre,  que  por  causa  de 
aquella  dispensación  se  podrían  seguir,  el  Papa 
acordó  de  dar  otra  bula,  en  la  qual  declaró,  que  la 
primera  bula  había  seydo  impetrada,  no  le  faciendo 
relación  verdadera  de  la  persona  con  quien  aquella 
Doña  Juana  habia  de  casar,  ni  de  otras  circunstan- 
cias que  la  impetración  de  la  bula  se  requerían  é  de- 
bían ser  declaradas:  por  ende  que  la  revocaba  é 
daba  por  ninguna. 

CAPÍTULO  LXXXVI. 

De  la  perra  qne  el  clavero  de  Alcántara,  é  la  Condesa  de  Hede- 
Uin  ficieron  en  favor  del  Rey  de  Portogal. 

El  Clavero  de  Alcántara  Don  Alonso  de  Monroy, 
é  la  Condesa  de  Medellin,  que  según  habemos  dicho 
se  pusieron  en  la  obediencia  del  Rey  de  Portogal, 
comenzaron  á  facer  guerra  en  aquellas  partes  de 
Estremadura  desde  las  fortalezas  que  tenían;  ó  alle- 
gábanse á  ellos  muchos  homes  de  malos  deseos, 
cobdíciosos  de  guerras  que  no  sofrían  orden  de  bien 
vivir.  É  con  estos  se  facían  cada  día  mas  poderosos 
é  fortificaban  en  aquellas  partes  la  voz  del  Rey  de 
Portogal.  El  Rey  é  la  Reyna,  por  remediar  aquella 


342 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


guerra,  é  ansimesmo  por  platicar  en  la  concordia 
que  la  Infanta  tia  de  la  Reyna,  había  movido;  con 
consejo  del  Cardenal  de  España,  é  de  los  otros  Ca- 
balleros é  Dotores  de  su  Consejo,  acordaron  de  ir  á 
la  cibdad  de  Troxillo.  É  antes  que  partiesen  de 
aquella  villa  de  Guadalupe,  vino  nueva  como  el 
Rey  Pon  Juan  de  Aragón,  padre  del  Rey,  era  falle- 
cido; el  qual  murió  este  año  de  mil  é  quatrocientos 
é  setenta  é  nueve  años ,  dia  de  Sant  Sebastian ,  á 
veinte  de  Enero  en  la  cibdad  de  Barcelona.  É  luego 
todos  los  del  Reyno  de  Aragón,  é  Valencia,  é  Sici- 
lia, é  Principado  de  Cataluña,  é  los  otros  señoríos, 
en  absencia  deste  Rey  Don  Fernando,  le  recibieron 
por  su  Rey  é  Señor;  y  embiaronle  á  llamar,  que 
fuese  á  tomar  la  posesión  de  sus  Reynos  ó  señoríos. 
Habida  esta  nueva,  luego  partieron  de  Guadalupe, 
é  fueron  para  la  cibdad  de  Troxillo,  donde  ficieron 
solemnes  obsequias  por  la  muerte  del  Rey  de  Ara- 
gón. Platicóse  ansimesmo  en  el  Consejo  del  Rey  ó 
de  la  Reyna,  como  se  debían  intitular;  é  como  quie- 
ra que  algunos  de  su  consejo  eran  en  voto,  que  se 
intitulasen  Reyes  de  España,  pues  sucediendo  en 
aquellos  Reynos  é  señoríos  de  Aragón,  eran  señores 
de  toda  la  mayor  parte  della;  pero  determinaron 
de  lo  no  facer,  ó  intituláronse  en  todas  sus  cartas 
en  esta  manera. 

«Don  Fernando  é  Doña  Isabel,  por  la  gracia  de 
«Dios,  Rey  é  Reyna  de  Castilla,  de  León,  de  Ara- 
«gon,  de  Sicilia,  de  Toledo,  de  Valencia,  de  Galicia, 
»de  Mallorcas,  de  Sevilla,  de  Cerdeña,  de  Córdoba, 
»de  Córcega,  de  Murcia,  de  Jaén,  del  Algarve,  de 
»Algecira,  de  Gibraltar,  Conde  é  Condesa  de  Bar- 
Bcelona,  Señores  de  Vizcaya,  é  de  Molina,  Duques 
«de  Atenas,  é  de  Neopatria,  Condes  de  Ruisellon,  é 
«de  Cerdania,  Marqueses  de  Oristan,  é  de  Gociano, 
«etc.»  El  Rey  é  la  Reyna  dieron  orden  en  la  guerra 
que  se  facía  contra  el  Reyno  de  Portogal,  é  contra 
el  Clavero,  é  la  Condesa  de  Medellín,  y  embiaron  á 
llamar  á  bu  Condestable,  é  gentes  de  armas  de  al- 
gunas partes  de  las  comarcas;  las  quales  vinieron  á 
su  llamamiento,  é  pusieron  guarniciones  de  gentes 
cercanas  adonde  ellos  estaban,  por  escusar  los  robos 
é  males  que  facían  en  la  tierra.  Otrosí  fornecieron 
de  gentes  de  armas  la  cibdad  de  Badajoz,  y  embia- 
ron á  mandar  al  Maestre  de  Santiago,  que  con  la 
gente  de  armas  de  su  casa,  estoviese  en  la  villa  de 
Lobon,  que  es  en  comarca  de  la  villa  de  Medellín, 
do  estaba  la  Condesa,  é  de  la  villa  de  Mérida,  do 
estaba  el  Clavero.  Y  embiaronle  para  fortificar  su 
guarnición,  á  Don  Martin  de  Córdoba  fijo  del  Con- 
de de  Cabra,  é  á  Alonso  Enriquez,  é  á  Sancho  del 
Águila,  capitanes  de  su  guarda,  con  las  gentes  de 
8US  capitanías. 

CAPÍTULO  LXXXVII. 

Como  la  gente  del  Rey  de  Portogal  fué  desbaratada  por  el  Maestre 
de  Santiago. 

Estando  el  Maestre  en  la  villa  de  Lobon,  fué  avi- 
sado como  el  Rey  de  Portogal  embiaba  al  Obispo 
de  Ébora  Don  García  de  Meneses  por  capitán  con 


mucha  gente  de  armas,  para  estar  en  la  villa  de  Mé- 
rida, que  le  había  entregado  la  Condesa  de  Mede- 
llín, é  facer  guerra  desde  aquella  villa  á  toda  la 
tierra  de  la  comarca.  El  consejo  que  el  Rey  de  Por- 
togal por  estonces  ovo,  era  de  facer  desde  aquellas 
dos  villas  é  de  otras  seis  fortalezas  que  la  Condesa 
de  Medellín  y  el  Clavero  tenían,  guerra  en  toda  Es- 
tremadura,  tanta  é  tan  cruda,  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na no  podiendo  remediar  á  todas  partes,  les  fuese 
necesario  desampararla ;  porque  ellos  absentes,  ha- 
bría lugar  de  entrar  poderosamente  segunda  vez  en 
Castilla.  Como  el  Maestre  de  Santiago  ovo  aviso 
que  la  gente  Portoguesa  venía,  partió  de  Lobon,  é 
fué  camino  de  Mérida,  por  escusar  la  ;entrada  en 
aquella  villa  á  los  Portogueses  é  á  los  Castellanos 
que  venían  con  ellos ,  de  los  que  habían  tenido  la 
voz  del  Rey  de  Portogal.  E  considerando  el  gran 
daño  que  le  vernia  sí  el  Clavero  oviese  lugar  de  se 
juntar  con  los  Portogueses,  porque  serian  en  mayor 
número  de  gente  que  la  suya,  é  no  podía  pelear 
con  ellos ;  como^ra  borne  proveído  en  las  cosas  de 
la  guerra,  mandó  á  algunos  caballeros  que  corriesen 
el  campo,  é  llegasen  bien  cerca  de  la  villa  de  Méri- 
da, y  él  con  toda  su  gente  se  puso  en  celada  en  un 
lugar  cerca  de  Mérida  que  se  llama  el  Albuhera,  por 
donde  los  Portogueses  habían  de  venir.  El  Clavero 
que  conoció  bien  la  celada,  recelando  della,  recogió 
toda  su  gente  en  la  villa,  é  mandó  que  ninguno  sa- 
liese á  pelear  con  la  gente  del  Maestre.  E  como 
quier  que  sabía  bien  de  la  gente  Portoguesa  que  el 
Rey  de  Portogal  embiaba  en  favor  suyo  é  de  la 
Condesa,  pero  no  sabía  el  día  que  había  de  llegar  á 
Mérida,  ni  lo  pudo  saber  por  las  grandes  guardas 
que  el  Maestre  puso  para  que  lo  no  sóplese.  E  ansí 
como  el  Maestre  iba  mas  adelante  al  encuentro  de 
los  Portogueses ,  ansí  el  Clavero  guardaba  mucho 
mas  de  no  salir  de  la  villa,  porque  veía  las  atalayas 
é  guardas  que  el  Maestre  había  puesto  ;  á  los  quales 
había  mandado  que  se  mostrasen  algunas  veces ,  á 
fin  que  el  Clavero  los  viese,  y  estoviese  siempre  en 
recelo  de  su  celada ,  porque  no  saliese  de  la  villa  á 
se  juntar  con  los  Portogueses.  El  Obispo  de  Ébora 
é  la  gente  de  su  capitanía  continaron  su  camino, 
fasta  que  llegaron  el  día  primero  de  Quaresma  dos 
leguas  de  la  villa  de  Mérida.  Como  el  Maestre  sopo 
que  los  Portogueses  se  llegaban,  fizo  poner  á  punto 
de  batalla  á  Don  Martin  de  Córdoba,  é  á  Sancho  del 
Águila,  é  á  Alonso  Enriquez ,  capitanes  que  el  Rey 
é  la  Reyna  le  habían  embíado,  é  ansimesmo  á  toda 
la  otra  gente  de  su  casa  que  con  él  iban ;  los  quales 
ordenó  en  tres  escuadras.  Y  el  Obispo  de  Ébora, 
que  venia  por  capitán  mayor  de  los  Portogueses, 
traía  otros  tres  capitanes,  el  uno  se  llamaba  Gonza- 
lo Falcon,  que  venia  por  capitán  de  la  gente  del 
Príncipe  de  Portogal,  y  el  otro  capitán  se  llamaba 
Cristóbal  Bermudez,  el  qual  era  castellano,  é  había 
vivido  con  el  Rey  Don  Enrique  en  las  guerras  pa- 
sadas, é  se  había  pasado  al  Rey  de  Portogal,  ó  otro 
capitán  Portogues  que  se  llamaba  Alonso  de  Al- 
meyda,  el  qual  traia  en  su  batalla  gente  de  Porto- 
gal  ó  de  Castilla.  El  Obispo  de  Ébora,  capitán  ma- 


DON  FERNANDO 
yor  traía  en  su  batalla  eetecientoa  homes  de  caba- 
llo, en  los  quales  habia  doscientos  homes  de  armas 
castellanos,  de  aquellos  que  habían  estado  en  Cas- 
tronuño,  y  en  Cantalapíedra ,  y  en  las  otras  fortale- 
zas que  habían  tenido  la  voz  del  Rey  de  Portogal. 
Entre  los  quales  venía  el  Adelantado  Pedro  de  Pa- 
reja, é  Alonso  Pérez  de  Vivero,  ó  Gonzalo  Muñoz 
de  Castañeda,  é  Rodrigo  de  Añaya,  é  Pedro  de  Afia- 
ya  su  hermano,  é  Alvaro  de  Luna,  é  Juan  Sarmiento, 
éotros  muchos  fijosdalgos  castellanos,  los  quales  ve- 
nían con  propósito  de  sofrirtoda  pena  en  Castilla,  é 
al  fin  padecer  la  muerte  antes  que  tornar  á  Portogal, 
porque  no  eran  bien  tratados  de  los  Portogueses.  E 
ansimesmo  tenían  propósito  de  facer  tanta  guerra, 
que  de  necesario  fuese  al  Rey  é  á  la  Reyna  dexar 
aquella  tierra.  Esta  gente  que  el  Obispo  traía,  ansi 
Castellanos  como  Portogueses,  eran  homes  esforza- 
dos, ó  usados  en  la  guerra,  ó  muy  bien  armados. 
Quando  el  Maestre  de  Santiago  los  vido,  é  recono- 
ció bien  que  aquella  gente  venia  con  intención  de 
pelear,  juntó  todos  los  suyos ;  é  como  quier  que  era 
home  de  pocas  palabras ,  díxoles  ansí :  a  Señores 
1)  ó  amigos,  la  honra  de  que  el  fidalgo  goza  toda  su 
Bvida,  en  un  día  tal  como  este  la  gana,  faciendo  lo 
»  que  debe,  ó  la  pierde  si  no  lo  face.  Ansimesmo  tene- 
»mo8  cierta  experiancia  en  las  batallas,  que  los  ene- 
J)mig03  no  nos  faran  tanto  mal  peleando,  quanto 
ufaremos  á  nos  mesmos  f  uyendo.  Por  ende  vos  rue- 
Ti  go,  que  cada  uno  piense  en  la  vida  é  honra  que 
Dgana  el  vencedor,  y  en  la  muerte  é  deshonra  que 
«recibe  el  vencido.  Y  esto  considerado,  aparejad  los 
n brazos,  y  esforzad  los  corazones,  para  que  sin  te- 
amor  acometamos  á  estos  enemigos;  ó  yo  flo  en 
nDios,  y  en  el  Apóstol  Santiago,  que  en  este  día 
«santo  primero  de  Quarésma,  habremos  la  victoria 
uque  deseamos.  De  mí  vos  seguro,  que  no  veré  á 
nqualquier  de  vosotros  en  peligro,  que  no  ofrezca 
j)  mi  persona  por  salvar  la  suya.»  Acabada  esta  ra- 
zón del  Maestre,  todos  quedaron  tan  esforzados  que 
pensaban  no  recebir  mal  sí  peleaban  bien.  E  luego 
les  fizo  tomar  por  señal  sendas  retamas,  por  apelli- 
do Santiago  ;  ó  comenzó  de  andar  de  unos  en  otros, 
esforzándolos,  é  faciéndoles  que  ee  pusiesen  en 
punto  de  guerra  ;  é  dio  cargo  á  un  caballero  su  pri- 
mo, que  se  llamaba  Rodrigo  de  Cárdenas,  hermano 
del  Comendador  mayor  de  León,  home  muy  esfor- 
zado, que  con  algunos  caballeros  se  adelantase  á 
romper  la  batalla  del  Obispo  de  Ébora,  porque  si  la 
desconcertase,  la  pudiese  mas  ligeramente  vencer. 
Los  Portogueses  ó  los  Castellanos  que  venían  con 
ellos,  como  vieron  la  gente  del  Maestre  con  propó- 
sito de  pelear ,  é  que  les  habían  salido  al  camino, 
ordenaron  sus  batallas ;  á  los  quales  no  era  nece- 
sario amonestar ,  porque  cada  uno  dellos,  en  espe- 
cial los  castellanos  que  allí  eran,  venían  con  gran- 
de ánimo  de  pelear,  ó  morir  matando  6  venciendo, 
antes  que  fuír  ni  dexar  el  campo.  E  ansí  con  ímpetu 
muy  riguroso  se  vinieron  las  unas  faces  contra  las 
otras,  é  rompieron  las  lanzas  los  unos  en  los  otros, 
ó  á  los  primeros  encuentros  cayeron  de  los  caballe- 
ros algunos  de  la  una  parte  é  de  la  otra,  hoa  paoQes 


B  DOÍfA  ISABEL.  343 

que  el  Maestre  traía,  como  vieron  loa  primeros  en- 
cuentros de  los  caballeros ,  é  las  batallas  rebueltas, 
luego  se  apartaron  é  f  uyeron.  E  los  caballeros  de  la 
una  parte  ó  de  la  otra,  perdidas  las  lanzas  vinieron 
á  las  espadas,  é  andaban  mezclados  unos  con  otros, 
firiéndose  tan  crudamente  ,  que  muchos  dellos  por 
estar  tan  juntos,  no  se  podían  aprovechar  de  las  es- 
padas, ó  peleaban  con  los  puñales.  E  ansí  la  fortu- 
na de  la  una  gente  é  de  la  otra  estovo  dubdosa ,  ó 
duró  por  espacio  de  tres  horas,  que  no  se  mostraba 
vencimiento  por  la  una  parte  ni  por  la  otra ;  porque 
muchas  veces  llevaban  los  Portogueses  á  los  Caste- 
llanos, ó  otras  veces  llevaban  los  Castellanos  á  los 
Portogueses.  Y  en  estas  vueltas  caían  muchos  muer- 
tos de  la  una  parte  é  de  la  otra ;  é  ni  los  muertos 
caídos  en  el  campo,  ni  las  llagas  é  sangre  que  de 
sus  cuerpos  veían  derramar  desmayaba  á  los  unos 
ni  á  los  otros  para  se  dexar  vencer  ;  antes  parecía 
que  quanto  mas  sangre  veían  vertida,  tanto  mas  se 
encrudelecian  los  unos  contra  los  otros  ;  é  olvidado 
el  miedo  de  la  muerte,  cada  uno  acometía  á  los  ene- 
migos, é  se  metía  en-  los  lugares  mas  peligrosos,  te- 
niendo en  poco  la  vida  por  alcanzar  la  victoria.  El 
Maestre  como  era  experimentado  en  semejantes  f  a- 
cienda?,  andaba  con  los  que  le  guardaban  de  unos 
en  otros,  socorriendo  á  los  lugares  mas  flacos,  é  jun- 
tando los  que  estaban  derramados,  y  esforzándolos; 
ó  peleaba  por  su  persona  vivamente  contra  los  ene- 
migos que  veía  andar  mas  esforzados,  por  los  ven- 
cer é  derribar  ;  é  do  quier  que  entraba  facía  tal  es- 
trago en  los  contrarios ,  que  casi  al  fin  del  día  ee 
mostró  el  vencimiento,  é  algunos  de  los  Portogueses 
comenzaron  á  se  retraer  é  ponerse  en  fuida.  Otros 
algunos  se  quisieron  recoger  en  un  cerro,  que  pare- 
cían querer  tornar  á  pelear.  Aquel  Rodrigo  de  Cár- 
denas que  diximos,  fué  contra  ellos  con  algunos  de 
los  que  pudo  recoger ;  ó  subióles  el  cerro  por  f  uer- 
za,é  desbarotólo,  é  mató  algunos  dellos,  y  el  fué 
mal  ferido  de  muchas  feridaa  en  todo  su  cuerpo  ;  é 
ansí  quedó  todo  el  campo  por  el  Maestre.  Fueron 
tomadas  allí  todas  las  banderas  que  traían  los  Por- 
togueses, en  especial  fué  preso  el  Obispo  de  Ébora 
su  capitán  mayor,  en  poder  de  un  escudero  de  baxa 
manera,  á  quien  el  Obispo  prometió  tanta  suma  de 
oro,  que  le  soltó,  é  se  vino  con  él  para  Mérida.  Fué 
preso  el  otro  capitán  que  se  llamaba  Cristóbal  Ber- 
mudez.  Fueron  muertos  peleando  el  Adelantado  Pe- 
dro de  Pareja ,  é  Diego  Muñoz  Señor  de  Cheles,  é  todos 
los  mas  délos  Castellanos.  Fueron  presos  Alvaro 
de  Luna ,  é  Rodrigo  de  Añaya ,  é  Pedro  de  Añaya, 
ó  otros  muchos  caballeros  principales.  Los  Castella- 
que  fueron  presos  en  aquella  batalla  fueron  puestos 
en  prisión  por  mandado  del  Rey  é  de  la  Reyna  ;  ó 
los  Portogueses  después  de  algunos  días  fueron 
sueltos  por  intercesión  de  la  Infanta  Doña  Beatriz 
tía  de  la  Reyna,  que  suplicó  por  ellos.  Todos  los 
otros  que  f  uyeron,  ó  se  derramaron  por  algunas  par- 
tee, acudieron  á  la  villa  de  Merida  ó  de  Medellin,  é 
á  las  otras  fortalezas  que  estaban  por  la  Condesa  ó 
por  el  Clavero.  Tomáronles  en  ol  despojo  todo  el 
fardage  que  traían,  que  Be  dijo  ser  en  gran  canti- 


544 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dad ;  porqae  los  Castellanos ,  ó  aun  muclios  de  los 
Portogaeses  mas  principales,  traian  gran  parte  de 
sus  bienes,  con  propósito  de  facer  su  asiento  en 
aquellas  villas.  El  Maestre  fué  ferido  de  dos  feri- 
das,  é  de  los  Castellanos  de  su  parte  fueron  muer- 
tos algunos,  é  feridos  muchos.  De  los  caballos  de 
la  ima  é  de  la  otra  parte  se  fallaron  pocos  vivos. 
Esta  batalla  fué  tan  sangrienta,  que  todos  los  capi- 
tanes de  la  una  parte  é  de  la  otra  fueron  feridos,  é 
todos  los  capitanes  de  los  Portogueses  presos.  Los 
caballeros  é  capitanes  vencedores,  que  poco  antes 
el  espantoso  terror  de  la  batalla  habia  oprimido, 
habida  la  gloria  del  vencimiento,  unos  llaman  á 
otros,  júntanse  con  alegría,  cuentan  sus  casos, 
muestran  sus  feridas,  ensalzan  los  fechos  de  armas 
fuertes  é  osados  que  hablan  pasado,  también  los  de 
los  enemigos  como  los  suyos  ;  é  cada  uno  se  gloria- 
ba con  el  vencimiento  habido.  E  por  cierto  en  nues- 
tra humana  costumbre  vemos,  que  como  en  las  ad- 
versidades el  esforzado  es  culpado  de  flaqueza,  ansi 
en  las  victorias  aun  el  cobarde  tiene  licencia  de  se 
gloriar  como  esforzado.  El  Maestre  como  vino  con 
toda  la  presa  á  la  villa  de  Lobon ,  fizo  luego  curar 
los  feridos,  proveer  á  ,los  que  allí  perdieron  armas 
é  caballos ;  é  dando  de  lo  suyo,  é  no  tomando  parte 
del  despojo,  proveyó  á  todos  los  que  en  la  batalla 
recibieron  daño.  E  fizo  saber  al  Eey  é  á  la  Reyna, 
que  estaban  en  Truxillo ,  aquella  victoria  que  Dios 
les  habia  dado ;  los  quales  dieron  gracias  á  Dios  por 
aquel  vencimiento  que  habia  mostrado  en  su  favor, 
y  embiaron  luego  al  Maestre  una  su  carta,  por  la 
qual  le  facían  merced  de  los  tres  cuentos,  con  que 
era  obligado  de  los  servir  cada  un  año  ,  para  reparo 
de  los  castillos  fronteros  de  tierra  de  moros.  E 
mandaron  degollar  por  justicia  en  aquella  villa  de 
Lobon  aun  capitán  castellano,  que  fué  preso  en  la 
batalla,  que  se  llamaba  Cristóbal  Bermudez,  el  qual 
habia  fecho  en  Castilla  en  los  tiempos  de  las  guer- 
ras pasadas  muchos  robos  é  fuerzas. 

CAPÍTULO  LXXXVIIL 

Como  la  flota  de  los  Portogueses  desbarató  á  la  flota  de  los 
Castellanos,  que  hablan  ido  á  la  mina  del  oro. 

Según  habernos  contado,  el  año  antepasado  par- 
tieron treinta  é  cinco  naos  de  los  puertos  de  la  mar 
que  son  en  el  Andalucía,  para  ir  á  la  tierra  donde 
habia  la  mina  del  oro.  Los  que  iban  en  estas  naos 
fueron  en  salvo  á  aquellas  partes ,  é  trocaron  á  pe- 
dazos de  oro  las  conchas  é  cosas  de  latón  é  ropas 
viejas,  é  las  otras  cosas  que  llevaban ,  que  son  pe- 
didas é  deseadas  por  los  bárbaros  que  moran  en 
aquella  tierra.  Fechos  sus  troques,  á  la  vuelta  que 
volvían  con  gran  suma  de  oro,  los  Portogueses  que 
fueron  avisados,  como  habían  partido  á  facer  aque- 
lla via,  armaron  ciertas  naos,  é  aguardaron  á  las 
naos  castellanas  al  tiempo  que  entendían  que  po- 
dían volver ;  y  encontraron  con  ellas ,  é  tomaron 
todas  treinta  é  cinco  naos  con  todo  el  oro  que  traian, 
é  prendieron  á  todos  los  qne  iban  en  ellas,  é  del  oro 
que  el  Rey  de  Portogal  ovo  del  quinto  que  le  per- 


tenecía de  aquella  presa,  tovo  dinero  para  pagar 
sueldo,  é  fornecer  la  gente  que  fué  desbaratada  por 
el  Maestre  de  Santiago.  E  fueron  trocados  muchos 
de  los  Portogueses  que  fueron  presos  en  la  batalla, 
con  los  Castellanos  que  fueron  presos  en  las  naos  ; 
é  ansí  fueron  libres  los  presos  de  la  una  parte  é  de 
la  otra.  Después  que  el  Maestre  de  Santiago  ovo 
aquel  vencimiento,  el  Clavero  de  Alcántara  salió  al 
campo,  é  recogió  en  la  villa  de  Mérida  la  gente  de 
los  Portogueses  que  habia  fuido  de  la  batalla,  é 
fueron  proveídos  de  armas  é  de  caballos,  que  el  Rey 
de  Portogal  les  embió.  Y  ombió  mandar  al  Obispo 
de  Ebora,  que  con  la  gento  que  pudiese  haber,  fue- 
se á  la  villa  de  Medellin,  por  esforzar  á  la  Condesa, 
é  desde  aquella  villa  ficiese  guerra  en  toda  la  tier- 
ra. El  Obispo  fué  luego  á  aquella  villa  de  Medellin, 
donde  fué  recebido  por  la  Condesa  con  trecientos 
homes  á  caballo,  é  otros  algunos  á  pie  ;  é  con  esta 
gente,  é  con  la  de  la  Condesa,  facía  guerra  en  todas 
aquellas  partes.  El  Clavero  de  Alcántara  fué  para 
la  villa  de  Deleytosa,  que  tenia  tomada  á  un  su  her- 
mano, que  se  llamaba  Rodrigo  de  Monroy,  é  puso 
ansimesmo  gente  en  ella  ;  é  semejante  provisión  do 
gente  fizo  en  todas  las  otras  fortalezas  que  estaban 
por  él  é  por  la  Condesa  en  toda  aquella  provincia, 
desde  las  quales  todos  los  dias  facía  guerra  en  aque- 
llas comarcas. 

CAPÍTULO  LXXXIX. 

Ce  las  cosas  que  pasaron  en  Alcántara. 

Después  de  algunos  días  que  el  Rey  é  la  Reyna 
esto  vieron  en  la  cibdad  de  Troxíllo,  acordaron  do 
ir  á  la  villa  de  Cáceres.  Y  estando  en  aquella  villa, 
la  Infanta  Doña  Beatriz  tía  de  la  Reyna,  que  trata- 
ba la  paz  con  el  Rey  de  Portogal,  embió  decir  á  la 
la  Reyna,  que  para  mas  breve  conclusión  de  las  co- 
sas que  se  habían  de  platicar,  seria  necesario  que 
estoviesen  ambas  en  un  lugar  cercano  á  la  frontera 
de  Portogal.  La  Reyna,  oída  aquella  embaxada, 
embió  á  pedir  á  Don  Alvaro,  Duque  de  Plasencia,  la 
villa  de  Alcántara  con  su  fortaleza ,  porque  ella  en 
persona  quería  ir  á  estar  en  ella  algunos  días,  para 
entender  en  los  tratos  de  aquella  paz  que  le  eran 
movidos.  El  Duque  Don  Alvaro,  que  era  Adminis- 
trador de  aquella  orden  por  el  Maestre  Don  Juan 
su  fijo,  embió  mandar  al  Alcayde  del  castillo,  que 
luego  la  entregase  á  la  Reyna,  con  todo  lo  que  en 
ella  estaba,  é  saliesen  él  é  los  suyos  fuera.  El  Al- 
cayde entregó  luego  aquel  castillo  á  Gutierre  do 
Cárdenas  Comendador  mayor  de  León,  á  quien  la 
Reyna  lo  mandó  tener.  E  luego  partió  de  la  villa 
de  Cáceres  ,  é  fué  para  la  villa  de  Alcántara  (1) . 


(1)  El  Rey  partió  de  Cáceres  jonto  la  Reyna  y  fueron  ambos  á 
Truxillo,  en  22  de  Mano  de  este  año.  Allí  se  detuvo  algo  mas  de 
lo  que  pensaba,  hasta  el  mes  de  Junio,  que  fué  á  su  nuevo  Reyno 
de  Aragón,  donde  hizo  su  entrada  en  público  en  Zaragoza  i  28  del 
mismo  mes,  y  se  detuvo  hasta  Noviembre  de  dicho  año  arreglando 
varias  cosas  pertenecientes  á  la  buena  gobernación  del  Reyno, 
que  el  Cronista  omite  por  no  pertenecer  á  los  sucesos  de  Castilla. 
Véase  Zurita,  Anal.,  lib.  20,  cap.  32 


DON  FERNANDO 
El  Rey  ansimesmo  partió  de  aquella  villa,  é  fué 
para  el  Reyno  de  Aragón  á  proveer  en  las  cosas  de 
aquellos  reynos  ;  para  la  qual  provisión  fué  muchas 
veces  llamado,  ó  aun  requerido  por  los  caballeros 
principales  de  aquellos  reynos.  La  Infanta  ansimes- 
mo vino  luego  para  Alcántara ,  é  la  Reyna  la  reci- 
bió con  gran  veneración,  mostrándole  mucho  amor, 
é  mandóla  aposentar  en  la  fortaleza  donde  ella  po- 
saba. Todos  los  del  Consejo ,  é  los  contadores ,  é 
otros  oficiales,  é  la  gente  de  armas ,  quedaron  en  la 
villa  de  Cáceres ;  é  ninguno  otro  fué  con  la  Rey- 
na, salvo  un  letrado  de  quien  mucho  se  confiaba, 
que  se  llamaba  el  Doctor  Rodrigo  Maldonado,  que 
era  de  su  Consejo,  é  Fernand  Alvarez  de  Toledo  su 
Secretario,  é  alguna  gente  de  armas  de  su  guarda, 
que  mandó  estar  con  el  Comendador  mayor  de  León 
en  la  guarda  de  la  villa  é  de  su  fortaleza.  Venida  la 
Infanta  á  aquella  villa,  la  Reyna  fabló  con  ella  en 
los  ocho  dias  primeros  algunas  cosas ,  en  las  quales 
ninguna  persona  intervino  ;  é  después  que  fueron 
platicadas,  é  puestas  en  escripto,  la  Infanta  deman- 
dó á  la  Reyna  licencia  para  volver,  é  término  para 
consultar  con  el  Rey  de  Portogal,  é  con  el  Príncipe 
su  fijo.  E  la  Reyna  dio  sus  dones  de  oro  é  de  plata 
á  la  Infanta  su  tia,  é  á  todas  las  dueñas  é  doncellas 
que  con  ella  venian,  é  la  despidió.  E  mandó  al  Doc- 
tor Rodrigo  Maldonado  de  su  Consejo,  que  fuese 
con  ella  para  platicar  con  el  Rey  de  Portogal  é  con 
los  de  su  Consejo  las  materias  é  apuntamientos  é 
seguridades  allí  fabladas  é  apuntadas  con  la  Infan- 
ta. E  luego  volvió  la  Reyna  á  la  villa  de  Cáceres, 
donde  la  esperaba  el  Cardenal  de  España  y  el  Con- 
destable, é  las  otras  gentes  de  armas  de  su  hueste,  é 
todos  los  otros  oficiales  de  su  Corte.  E  dende  á  po- 
cos dias  que  estovo  en  la  villa  de  Cáceres,  partió 
para  la  cibdad  de  Troxillo. 

CAPÍTULO  xa 

De  los  cercoif  qa6  la  Reina  mandó  poner  sobre  Mérida,  Medellin, 
jyiontanches ,  é  Odeytosa. 

Como  la  Reyna  fué  en  la  cibdad  de  Troxillo ,  en- 
tendió luego  en  la  provisión  de  las  cosas  necesarias 
á  la  guerra  que  facían  los  Portogueses  é  los  Caste- 
llanos que  estaban  con  ellos,  especialmente  desde 
las  villas  de  Mérida,  é  de  Medellin,  é  Deleytosa,  é 
de  Azagala ,  é  Castilnovo ,  é  Piedrabuena ,  é  Mayor- 
ga  ;  de  las  quales  se  facia  tanta  guerra,  que  ni  los 
caminos  se  andaban  ,  ni  la  tierra  se  labraba,  é  toda 
negociación  cesaba  en  aquella  provincia.  E  todas 
las  aldeas  cercanas  á  aquellas  fortalezas  é  á  sus  co- 
marcas estaban  despobladas ,  é  los  moradores  dellas 
las  desampararon ,  é  fueron  á  morar,  dellos  al  An- 
dalucía, dellos  al  Reyno  de  Toledo,  é  á  otras  par- 
tes. E  ningunos  mantenimientos  se  podían  haber  en 
la  cibdad  de  Troxillo,  donde  la  Reyna  estaba ,  sino 
traídos  de  tierra  de  Avila ,  é  de  Salamanca ,  é  de 
Toro  ,  é  del  Reyno  de  Toledo ;  los  quales  se  ponían 
en  la  villa  de  Guadalupe ,  ó  de  allí  la  Reyna  embia- 
ba  gente  de  armas ,  que  los  traían  en  salvo  fasta  la 
cibdad  de  Troxillo.  Como  algunos  caballeros  é  otros 


É  DOÑA  ISABEL,  345 

del  consejo  de  la  Reyna  vieron  la  dostruicion  de 
aquella  tierra,  considerando  las^necesidades  presen- 
tes ,  ó  recelando  las  por  venir  ;  veyendo  ansimesmo 
como  las  fortalezas  que  estaban  rebeldes ,  crecían 
cada  dia  mas ,  con  mayor  número  de  gente  del  Rey- 
no  de  Portogal,  según  lo  qual  parecía  difícile  aca- 
barse aquella  guerra ,  salvo  en  mucho  espacio  de 
tiempo  é  con  gran  número  de  gente,  otrosí  consi- 
derando que  la  estada  de  la  Reyna  en  aquella  cib- 
dad ,  no  solo  era  trabajosa  por  la  gran  falta  de  man- 
tenimientos, mas  era  peligrosa  á  ella,  é  á  todos  los 
que  con  ella  estaban  ;  suplicáronle  que  dexando 
guarniciones  de  gentes  en  las  cibdades  de  Troxillo, 
é  Badajoz,  é  Cáceres,  é  sus  comarcas,  ella  se  apar- 
tase de  aquella  tierra ,  é  fuese  para  la  villa  de  Tala- 
vera,  ó  á  otro  lugar  comarcano  é  mas  seguro.  Por- 
que según  les  parecía,  con  tan  poca  gente  como  allí 
estaba,  no  podía  remediar  guerra  tan  grande,  fecha 
por  tantas  partes.  E  que  no  era  su  servicio,  ni  me- 
nos se  guardaba  su  preeminencia  real,  sí  estovíese 
en  aquella  cibdad  enmedío  de  todas  aquellas  forta- 
lezas contrarias ,  veyendo  ó  oyendo  los  robos  é  pri- 
siones que  los  Portogueses  facían  sin  las  remediar. 
Otrosí  decían,  que  si  cerca  de  la  paz  que  se  fabla- 
ba  con  la  Infanta  su  tia ,  alguna  cosa  fuese  necesa- 
rio consultar ,  ansí  bien  se  podía  facer  desde  otra 
villa  aunque  fuese  algo  mas  lexana,  como  desde  la 
cibdad  de  Troxillo.  La  Reyna,  oídas  aquellas  razo- 
nes, respondió:  «Pues  ya  soy  venida  á  esta  tierra 
»  ciertamente  por  f uír  peligro ,  ni  escusar  trabajo, 
«  no  la  entiendo  dexar ,  ni  dar  tal  gloria  á  los  con- 
» traríos ,  ni  tal  pena  á  mis  subditos.  Por  ende  yo  he 
» deliberado  de  estar  aquí  fasta  ver  el  cabo  de  la 
»  guerra  que  facemos  ,  ó  de  la  paz  que  tratamos. »  E 
luego  embió  llamar  mas  gentes  de  armas  de  todos 
sus  Reynos,  é  acordó  de  poner  tres  sitios  sobre  las 
villas  de  Medellin,  é  Mérida,  é  Deleytosa.  E  mandó 
al  Maestre  de  Santiago  que  tomase  cargo  de  sitiar 
la  villa  de  Mérida  que  es  de  su  Orden ,  con  la  gente 
de  su  casa,  é  con  otra  que  ella  le  dio  de  su  guarda. 
E  mandó  á  Luis  Fernandez  Puertocarrero,  Señor  de 
la  villa  de  Palma ,  que  con  dos  mil  homes  á  caballo, 
é  tres  mil  peones,  pusiese  sitio  sobre  la  villa  de  Me- 
dellin, donde  estaba  el  Obispo  de  Ebora  con  gente 
de  Portogal  ó  de  la  Condesa.  E  mandó  á  Rodrigo  de 
Monroy ,  cuya  era  la  villa  é  fortaleza  de  Deleytosa, 
que  la  sitíase  con  gente  que  le  mandó  dar  para  ello. 
Todos  estos  tres  sitios  fueron  por  su  mandado  pues- 
tos ep  un  dia  sobre  aquellas  tres  fortalezas.  E  man- 
dó al  Conde  de  Feria  Don  Lorenzo  Suarez  de  Figue- 
roa  ,  que  estoviese  por  frontero  en  la  cibdad  de  Ba- 
dajoz con  la  gente  de  su  casa ,  é  con  otra  gente  da 
su  guarda  que  le  embió  para  facer  guerra  á  Porto- 
gal  ,  é  resistir  la  que  por  aquella  parte  facían  los 
Portogueses.  La  Reyna  estando  en  la  cibdad  de 
Troxillo ,  é  con  ella  el  Cardenal  de  España ,  y  el 
Condestable  Conde  de  Haro ;  todos  los  dias  daba  or- 
den, é  proveía  de  gentes  é  mantenimientos  á  aque- 
llos tres  sitios  que  mandó  poner.  Estando  las  cosas 
de  la  guerra  en  el  estado  que  hemos  dicho,  acaeció 
que  el  Clavero  de  Alcántara  vino  á  la  fortaleza  de 


B46 


CEÓNIOAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Montanchefl ,  la  qual  tenia  un  bu  cuñado,  Comenda- 
dor de  la  Orden  de  Santiago,  que  Be  llamaba  Pedro 
Puertocarrero ,  casado  con  bu  hermana ,  é  trató  con 
olla  que  le  dexase  apoderar  de  la  fortaleza  :  la  qual 
por  ruegos  é  promesas  de  su  hermano,  tovo  manera 
que  entrase  con  algunos  homes  suyos,  ó  luego  echó 
i'uera  toda  la  gente  del  Comendador  bu  cuñado,  y  él 
quedó  apoderado  de  la  fortaleza.  E  comenzó  á  facer 
.^íuerra  á  la  cibdad  de  Troxillo ,  é  los  mas  dias  llega- 
ba su  gente  fasta  cerca  de  la  cibdad  é  tomaban  pri- 
sioneros, é  impedían  que  no  viniesen  mantenimien- 
tos á  la  cibdad.  La  Reyna ,  como  quier  que  ovo  gran 
pesar  de  la  toma  de  aquella  fortaleza ,  pero  luego 
entendió  en  la  provisión  que  se  debia  facer  en  aquel 
nuevo  daño.  E  mandó  á  su  Condestable ,  é  á  Don 
Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de  León, 
que  con  la  gente  de  armas  que  tenia  en  su  guarda, 
é  con  los  caballeros  continos  de  su  casa,  fuesen  á 
la  fortaleza  de  Montanches,  é  la  sitiasen ,  é  resistie- 
sen la  guerra  que  facia  la  gente  que  el  Clavero  de- 
xó  en  ella.  Aquella  fortaleza  de  Montanches  es 
fuerte  ó  inexpugnable ,  pero  el  Condestable ,  y  el 
Comendador  mayor  de  León  se  aposentaron  con  la 
gente  de  armas  bien  cerca  della,  en  tal  lugar,  que 
no  podian  salir  á  facer  los  daños  que  antes  facian. 
El  Clavero  fué  para  las  fortalezas  de  Piedrabuena, 
óMayorga,  é  Azagala,  é  Castilnovo  que  estaban 
por  él.  E  desde  aquellas  fortalezas ,  andando  de  una 
en  otra,  facia  guerra  á  Badajoz,  é  á  Cáceres,  é  á 
todas  aquellas  partes  de  sus  comarcas.  E  algunas 
veces  metia  gente  de  Portogal ,  con  la  qual  facia 
prisiones,  é  quemas, ó  robos,  é  grandes  estragos  en 
todas  aquellas  tierras.  Ansimesmo  iba  al  Rey  de 
Portogal  á  impedir  la  paz  que  trataban  el  Príncipe 
su  fijo,  é  la  Infanta  Doña  Beatriz  su  suegra;  é  boU- 
citaba  con  gran  diligencia  que  entrase  poderosa- 
mente á  socorrer  su  gente,  que  estaba  sitiada  en 
quatro  partes.  En  especial  le  daba  á  entender,  que 
si  socorriese  solamente  el  castillo  de  Montanches, 
todos  los  otros  sitios  se  alzarían  ;  é  de  aquella  ma- 
nera los  suyos  serian  socorridos ,  y  él  quedarla  vic- 
torioso. Porque  alzados  los  sitios,  podría  ir  con  gran 
poder  de  gente  á  la  cibdad  de  Troxillo ,  donde  es- 
taba la  Reyna:  la  qual  por  falta  de  mantenimien- 
tos, que  eran  trabajosos  de  haber,  no  esperarla  en 
aquella  cibdad ;  é  que  de  necesario  le  convernia  de- 
xar  toda  aquella  tierra ,  donde  él  quedaría  Rey  é  Se- 
ñor sin  impedimento  alguno.  E  habida  aquella  pro- 
vincia á  su  obeddiencia ,  podria  conquistar  mucho 
mejor  á  Castilla,  ó  con  mayores  fuerzas  que  primero. 
Él  Condestable ,  y  el  Comendador  mayor  que  eran 
avisados  de  lo  que  el  Clavero  solicitaba  con  el  Rey 
de  Portogal,  ponían  grande  guarda,  no  solamente 
contra  la  fortaleza  de  Montanches ,  que  tenían  sitia- 
da ;  mas  recelando  que  vernia  el  Rey  de  Portogal 
contra  ellos ,  ponían  guardas  é  sobreguardas ,  y  es- 
cachas en  los  caminos ,  é  atalayas  sobre  las  sierras 
por  no  ser  tomados  de  salto.  Y  olios  ó  Io8  que  con 
ellos  estaban,  todas  las  noches  estaban  armados.  B 
porque  el  trabajo  era  tan  grande  é  contíno ,  que  ni 
ellos,  ni  la  gente  de  armas  quo  tenían  en  su  capita- 


nía lo  podian  sof rir ,  acordaron  de  facer  encima  de 
una  sierra  cercana  al  castillo  de  Montanches  un 
circuito  de  piedra  fuerte ,  donde  ellos  é  toda  la  gen- 
te de  su-  capitanía  pudiesen  estar  seguros  que  no 
fuesen  tomados  de  salto  ;  el  qual  fué  fecho  ó  fortifi- 
cado en  diez  dias.  E  dentro  de  aquel  circuito  de 
piedra,  estaban  ya  seguros  de  no  ser  tomados,  aun- 
que viniese  gían  poder  de  gente  del  Rey  de  Porto- 
gal.  E  todos  los  dias  salían  á  pelear  contra  los  de  la 
fortaleza,  é  los  de  la  fortaleza  contra  ellos.  Luis 
Fernandez  Puertocarrero,  que  tenia  cercada  la  villa 
de  Medellin,  habia  escaramuzas  con  la  gente  que 
estaba  en  ella ;  los  qualea  eran  tal  número ,  que  sa- 
lían á  pelear  con  los  de  fuera  tantas  veces  que  no  lo 
podiendo  sof  rir ,  fué  necesario  á  este  capitán  alzar  el 
sitio  que  tenía  puesto  cerca  de  la  villa,  é  lo  apartar 
por  espacio  de  medía  legua.  E  por  aquella  causa  ha- 
bían lugar  los  de  la  villa  de  salir  fuera  por  mante- 
nimientos algunas  veces.  E  después  de  algunos  diaa, 
acaeció  venir  en  aquel  cerco  una  tan  gran  multitud 
de  moscas ,  que  la  gente  que  allí  estaba  no  se  podía 
valer ,  porque  ninguno  podía  comer  sino  teniendo 
ocupada  la  una  mano  en  se  defender  de  las  moscas, 
é  comían  con  la  otra  ;  ni  menos  podían  dormir,  si 
no  á  gran  pena,  que  las  moscas  les  daban.  Ovo  en 
aquel  cerco  grandes  escaramuzas ,  en  las  quales  pa- 
saron fechos  de  armas  señalados  ;  porque  los  Caste- 
llanos é  los  Portogueses  contendían  de  valentía ,  é 
quando  venían  alas  manos,  cada  uno  trabajaba  de 
sostener  la  honra  de  su  nación  ó  la  suya,  y  en  es- 
tas peleas  murieron  algunos  de  la  una  parte  é  do  la 
otra.  E  tantos  caballos  quedaron  en  el  campo  muer- 
tos ,  que  inficionaban  de  dolencias  pestilenciales  á 
los  unos  ó  álos  otros.  Rodrigo  de  Monroy,  que  ansi- 
mesmo puso  el  cerco  sobre  Deleytosa,  tenia  en  es- 
trecho á  los  que  la  defendían.  A  los  quales  después 
de  tres  mebes  que  estovieron  sitiados ,  geles  dañó  el 
agua ;  é  porque  veían  que  el  Rey  de  Portogal  no  les 
embiaba  socorro,  según  gelo  habí  a  prometido,  acor- 
daron de  no  esperar  á  que  geles  dañase  tanto  que 
no  la  pudiesen  beber  ;  é  demandaroh  partido  que  les 
salvasen  las  vidas  é  los  bienes,  é  que  entregarían  la 
fortaleza.  La  Reyna  mandó  que  de  eu  parte  les 
asegurase  ;  y  entregáronla  á  aquel  Rodrigo  de  Mon- 
roy cuya  era,  al  qual,  según  habemos  dicho,  tiráni- 
camente la  tenia  tomada  el  Clavero  su  hermano.  E 
mandó  la  Reyna  que  la  gente  que  en  aquel  sitio 
habia  estado ,  fuese  al  sitio  de  Montanches  do  esta- 
ba el  Condestable  y  el  Comendador  mayor.  El  Maes- 
tre de  Santiago  continó  el  cerco  que  tenia  puesto 
sobre  la  villa  de  Mérida,  é  fizo  grandes  baluartes  é 
cavas ,  é  otras  muchas  defensas ,  para  que  él  é  su 
gente  estoviesen  seguros ,  ansí  de  los  cercados ,  co- 
mo de  qualquier  otra  gente  que  viniese  defuera  á 
los  socorrer.  E  ansí  en  aquel  cerco  como  en  todos 
los  otros ,  fallecían  muchas  veces  loa  mantenimien- 
tos ;  é  la  Reyna  lo  mas  del  tiempo  entendía  en  los 
mandar  traer  ó  repartir  por  loa  sitios  que  estaban 
puestos,  y  embiarles  todas  las  otras  cosas  que  eran 
necesarias.  Estos  sitios  duraron  por  espacio  de  cin- 
co niesds:  en  los  quales  allende  de  loa  txuba^s, 


DON  FERNANDO 
muertes  é  feridas  que  los  cercadores  padecieron  en 
los  combates  y  escaramuzas  que  ovieron  con  los  cer- 
cados, sufrieron  ansimesmo  gran  trabajo,  por  falta 
de  los  mantenimientos,  ó  tanta  pena,  que  muchos 
dias  pasaban  con  solo  pan  é  agua.  Porque  las  vian- 
das que  comían  eran  habidas  á  gran  deseo ,  é  mu- 
chos dias  se  vendió  un  celemin  de  cebada  por  un 
real  do  plata.  E  ansimesmo  recibian  fatiga  en  el 
campo  de  grandes  bochornos ,  de  que  se  siguieron 
enfermedades,  é  algunas  dellas  pestilenciales.  El 
Doctor  Rodrigo  Maldonado ,  que  según  habernos  di- 
cho ,  fué  por  mandado  de  la  Reyna  con  la  Infanta 
su  tia  á  platicar  con  el  Rey  de  Portogal,  é  con  los 
de  su  Consejo  en  las  materias  de  la  paz  que  se  ha- 
bian  apuntado  en  Alcántara,  escribía  á  la  Reyna  los 
mas  dias  :  que  el  Príncipe  de  Portogal  ó  la  Infanta 
eu  tía,  no  podían  traer  al  Rey  de  Portogal  á  la  paz 
con  aquellas  condiciones  que  en  Alcántara  fueron 
apuntadas  ,  ó  que  demandaba  cosas  nuevas.  Otrosí, 
que  había  en  su  Consejo  algunos  Portogueses  é  Cas- 
tellanos ,  que  le  daban  á  entender  como  recebia 
mengua  en  dexar  el  título  de  Rey  de  Castilla  que 
había  tomado ;  especialmente  el  Clavero  de  Alcán- 
tara le  daba  esperanza,  que  habría  toda  aquella 
provincia  de   Estrernadura  en  poco  tiempo,  sola- 
mente socorriendo  la  fortaleza  de  Montanches.  E 
con  estas  cosas,  el  Rey  de  Portogal  estaba  determi- 
nado de  proseguir  la  guerra,  para  lo  qual  tenia  jun- 
ta la  mas  gente  de  su  Reyno.  Quando  la  Reyna  sopo 
que  el  Rey  de  Portogal  no  estaba  por  los  apunta- 
mientos fechos  con  la  Infanta,  é  que  demandaba 
cosas  nuevas,  embió  mandar  á  aquel  Doctor,  que 
Be  despidiese,  ó  viniese  para  ella.  El  Príncipe  de 
Portogal ,  é  algunos  caballeros,  é  otras  personas  que 
estaban  en  el  Consejo  del  Rey  su  padre,  á  quien  no 
placía  de  la  guerra  que  quería  proseguir ,  le  repre- 
sentaron los  inconviníentes  que  en  esta  demanda 
ovo,  é  dióronle  á  entender  que  los  habría  mayores 
si  en  ella  insistiese ;  especialmente  que  no  tenía 
aquellas  fuerzas  de  gente  é  dinero  que  eran  necesa- 
rias para  la  continuar.  E  que  no  debía  dar  crédito  á 
los  Castellanos,  que  poniendo  su  estado  real  en  pe- 
ligro, querían  cobrar  los  oficios  é  bienes  que  habían 
perdido  en  Castilla.  Porque  era  cierto  aquellos  estar 
ocupados  de  pasión,  é  no  podían  rectamente  conse- 
jar. E  suplicáronle,  que  mandase  al  Doctor  que  no 
partiese  fasta  que  mas  viese  en  las  materias  con- 
cernientes á  la  paz ,  que  habían  seydo  platicadas.  El 
Rey  de  Portogal ,  mudado  aquel  propósito  por  los 
consejos  del  Príncipe  é  de  la  Infanta  su  suegra  ó 
de  los  Caballeros  ó  Doctores  de  su  Consejo ,  mandó 
al  Doctor  que  no  partiese ,  porque  entendía  ver  mas 
en  las  materias  de  la  paz.  El  Doctor,  por  mandado 
del  Rey  de  Portogal  se  detovo,  é  tornó  á  platicar 
mas  con  el  Príncipe  é  con  los  del  Consejo  del  Rey 
de  Portogal;  é  después  do  algunas  pláticas  habidas 
en  otros  quince  dias  que  se  detovo ,  feneció  la  guer- 
ra, ó  fizóse  la  paz  entre  el  Rey  é  la  Reyna ,  é  sus 
Reynos  é  señoríos  de  la  unapaj-te,  y  el  Rey  de  Por- 
togal é  flu  Eeyno  de  la  otra  ,  en  esta  manera. 


É  DO^A  ISABEL. 


347 


CAPITULO  XCI. 


Como  la  Reyna  concluyíJ  la  paz  con  el  Rey  de  Portogal  (i). 

Primeramente ,  que  el  Rey  de  Portogal  dexase  el 
título  que  había  tomado  de  Rey  de  Castilla ,  é  las 
armas  de  Castilla  que  había  puesto  en  su  escudo. 
Otrosí,  que  jurase  de  no  casar  en  ningún  tiempo 
con  aquella  Doña  Juana  su  sobrina.  ítem  que  ella 
toviese  libertad  por  tiempo  de  seis  meses  de  facer 
de  su  persona  lo  que  le  ploguiese ;  ó  estando  sí  qui- 
siese en  aquel  Reyno  de  Portogal ,  ó  yendo  á  otra 
qualquier  parte  que  á  ella  bien  viniese ;  tanto  que 
el  Rey  de  Portogal ,  ni  otro  alguno  do  su  Reyno  la 
favoreciese.  E  que  sí  por  ventura  delíbrase  no  salir 
del  Reyno  de  Portogal,  que  complidos  los  seis  me- 
ses, luego  fuese  obligada  de  elegir  una  de  dos  vías: 
ó  que  se  obligase  de  casar  con  el  Príncipe  Don  Juan 
de  Castilla ,  y  estoviese  en  poder  de  la  Infanta  Doña 
Beatriz  tia  de  la  Reyna,  esperando  fasta  que  el 
Príncipe  fuese  de  edad  para  casar  con  ella ;  ó  si  esto 
no  quisiese  facer ,  entrase  en  religión  en  la  orden  de 
Santa  Clara ,  en  uno  de  los  monesterios  que  le  fue- 
ron nombrados  en  el  Reyno  de  Portogol.  Otrosí 
que  el  Príncipe  Don  Alonso  fijo  del  Príncipe  da 
Portogal  casase  con  la  Infanta  Doña  Isabel  fija  del 
Rey  é  de  la  Reyna.  E  que  por  certenídad  de  las  co- 
sas concordadas  cerca  desta  paz,  estos  dos  señores 
Príncipe  é  Infanta  estoviesen  en  poder  de  la  Infan 
ta  Doña  Beatriz ,  tía  de  la  Reyna,  en  el  castillo  do 
Mora,  que  es  en  el  Reyno  de  Portogal ;  el  qual  fué 
entregado  á  la  Infanta,  que  era  suegra  del  Príncipe 
de  Portogal ,  para  que  los  toviese  por  cierto  tiempo, 
fa.sta  que  fuesen  complídas  las  cosas  que  se  habían 
de  complir  é  habían  seydo  concordadas.  Otrosí,  que 
la  mina  del  oro  quedase  para  el  Rey  de  Portogal ,  é 
para  el  Príncipe  su  fijo  ;  é  que  ninguno  de  los  Rey- 
nos  ó  señoríos  del  Rey  ó  de  la  Reyna  fuesen  á  ella, 
so  grandes  penas.  ítem,  que  oviese  paz  entre  d  Rey 
é  la  Reyna  de  Castilla  y  el  Rey  de  Portogal,  y  en- 
tre sus  Reynos  é  señoríos  é  subditos  ó  naturales  do 
la  una  parte  é  de  la  otra;  ó  que  esta  paz  fuese  guar- 
dada ó  conservada  so  grandes  penas,  por  tiempo  de 
ciento  é  un  años.  ítem ,  que  la  Reyna  perdonase  al 
Clavero,  é  á  la  Condesa  de  Medellin,  ó  á  todos  los 
Castellanos  que  habían  rebelado  contra  el  Rey  ó 
contra  ella  ,  é  habían  seguido  el  partido  del  Rey  de 
Portogal ,  de  todos  é  qualesquier  crimines  é  delic- 
tos  que  o  viesen  cometido  contra  ellos ,  de  qualquier 
calidad  que  fuesen ,  ó  les  mandase  restituir  sus  bie- 
nes y  heredamientos  é  rentas ,  que  por  eu  mandado 
les  fueron  tomados  en  Castilla ,  los  que  tenían  al 
tiempo  que  fueron  á  servir  al  Rey  de  Portogal.  En 
esta  manera  fué  fecha  é  firmada  la  paz  con  el  Rey 


(1)  Zorita  trae  mas  á  la  larga  este  tratado  de  paces  y  afladeque 
refiere  sus  condiciones  mas  particularmente  por  ser  mas  tiertas  y 
distintas  que  las  escribe  Hernando  del  Pulgar.  El  mismo  se- 
flala  el  nacimiento  de  la  Infanta  Doña  Juana  en  SJbado  6  de  No- 
viembre de  este  aüo,  pero  la  reconciliación  del  Marqués  de  Vi- 
IPena  la  trae  en  el  siguiente ,  y  su  concordia  con  los  Reyes  en  26 
de  Febrero  del  mismo  año  14sb.  Zurita,  lit.  20,  cap.  54  ^  S5, 


348 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  Portogal  é  con  su  Reyno.  E  luego  fueron  alza- 
dos los  sitios ,  que  estaban  puestos  sobre  las  forta- 
lezas ,  é  la  villa  de  Mérida  fué  restituida  al  Maes- 
tre, porque  era  de  su  Orden;  é  la  villa  deMedellin, 
mandó  la  Eeyna  que  se  entregase  á  aquel  caballero 
Puertocarrero ,  qua  la  tovo  por  su  mandado  sitiada, 
fasta  que  mandase  ver  los  debates  que  la  Condesa 
tenia  con  el  Conde  de  Medellin  su  fijo,  á  quien  per- 
tenecía de  derecho,  é  oidas  las  partes,  determina- 
se entre  ellos  lo  que  fuese  de  justicia.  Fechas  é  asen- 
tadas estas  cosas ,  el  Rey  de  Portogal  las  firmó  é 
juró,  é  las  fizo  pregonar  en  su  Corte ,  mandando  que 
se  guardasen  so  grandes  penas.  Y  embió  sus  emba- 
xadores  con  sus  poderes  bastantes  á  la  cibdad  de 
Tresillo  para  las  refirmar  é  ver  firmar  é  jurar  á  la 
Reyna.  Lo  qual  la  Reyna  otorgó,  é  lo  mandó  pre- 
gonar con  trompetas  públicamente  en  su  Corte,  se- 
gún que  fué  pregonado  en  la  Corte  del  Rey  de  Por- 
togal. E  luego  la  Reyna  embió  facer  saber  al  Rey 
que  estaba  en  Cataluña ,  la  paz  que  habia  concluido 
con  el  Rey  de  JPortogal,  é  la  forma  como  se  habia 
asentado ,  de  lo  qual  le  plogo  mucho.  Fechas  é  con- 
cluidas todas  aquellas  cosas,  la  Reyna  puso  sus  Cor- 
regidores é  oficiales  en  aquella  tierra  de  Estrema- 
dura,  é  dio  orden  para  que  todos  viviesen  en  paz  ;  é 
mandó  facer  muchas  restituciones  á  algunas  viudas 
é  miserables  personas,  de  los  bienes  y  heredamien- 
tos que  en  los  tiempos  pasados  les  eran  ocupados 
por  fuerza.  Esto  fecho,  partió  de  aquella  tierra  de 
Estremadura  para  la  cibdad  de  Toledo.  El  Rey  an- 
simesmo  vino  para  aquella  cibdad,  é  juró  en  pre- 
sencia de  los  embaxadores  del  Rey  de  Portogal  los 
capítulos  de  la  paz,  sagun  que  la  Reyna  lo  habia 
jurado  é  firmado.  Y  embiaron  sus  cartas  á  todos  los 
Grandes  de  sus  Reynos  é  señoríos ,  é  á  todas  las  cib- 
dades  é  villas  dellos,  notificándoles  la  paz  é  concor- 
dia que  habia  fecho  la  Reyna  con  el  Rey  de  Porto- 
gal  é  con  su  Reyno  ;  y  embiáronles  á  mandar  que  la 
guarcíasen  so  grandes  penas.  Estando  en   aquella 
cibdad,  vino  el  Marqués  de  Villena  ante  el  Rey  é 
la  Reyna ,  é  suplicóles  que  por  quanto  queria  mos- 
trar ante  Su  real  Magestad  su  inocencia,  cerca  déla 
guerra  que  le  acusaban  haber  movido ,  les  ploguiese 
oírle  é  guardar  su  justicia ;  é  ofrecióse  á  probar  que 
no  fué  culpante ,  ni  promovedor  de  escándalo.  E 
dixo,  que  si  él  habia  tomado  armas,  habia  seydo 
para  defender  su  persona  de  aquellos  que  no  sabían 
mostrarse  servidores,  salvo  mostrando  á  otros  de- 
servidores :  los  qualcs  movieron  guerra  contra  él, 
sin  mandamiento  de  Su  Alteza ;  é  que  si  debieran 
ser  punidos  si  no  la  ficieran  mandandogelo,  mucho 
mas  lo  debían  ser  por  la  haber  fecho  sin  ser  manda- 
dos. El  Rey  é  la  Reyna  mandaron  poner  en  examen 
do  justicia  la  suplicación  del  Marqués.  E  porque  se 
falló,  que  no  fué  príncipiador  de  aquella  guerra  ;  é 
ansimesmo  porque  no  se  probó  contra  él ,  que  des- 
pués que  fué  perdonado  ,  tomó  voz  del  Rey  de  Por- 
togal, ni  menos  trató  con  él  en  deservicio  del  Reyé 
de  la  Reyna,  fallaron  que  debían  reconciliarle,  é 
seguraron  su  persona  é  bienes.  Estando  en  esta  cib- 
dad de  Toledo ,  parió  la  Reyna  á  la  Infanta  Doña 


Juana  en  el  mes  de  Noviembre  deste  año  de  mil  é 
quatrocientos  é  setenta  é  nueve  años, 

CAPÍTULO  XCIL 

Do  como  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  á  Portogal  sus  embaxado- 
res, sobre  la  profesión  que  Doña  Juana  babia  de  facer. 

Según  habernos  contado ,  aquella  Doña  Juana  de 
Portogal,  tovo  libertad  de  elegir  una  de  dos  vías,  6 
esperar  fasta  que  el  Príncipe  de  Castilla  fuese  de 
edad  para  casar  con  ella,  ó  entrar  en  xeligion  en 
uno  de  cinco  monesterios  que  le  fueron  nombrados 
de  la  orden  de  Santa  Clara.  B  porque  eligió  antes  la 
religión  que  el  casamiento  ,  el  Rey  é  la  Reyna  em- 
biaron á  Fray  Femando  de  Talavera,  Prior  del  mo- 
nesterio  de  Santa  María  de  Prado  su  confesor ,  é  al 
Doctor  Juan  (1)  Díaz  de  Madrigal  de  su  Consejo, 
por  sus  embaxadores  al  Rey  de  Portogal,  para  refir- 
mar la  paz  fecha  entre  ellos  ,  é  otrosí  para  ver  la 
profesión  que  aquella  Doña  Juana  habia  de  facer 
en  la  orden  que  eligió.  Estos  embaxadores  fueron 
bien  recebidos  por  el  Rey  de  Portogal,  é  por  el  Prín- 
cipe su  fijo ;  y  en  loor  de  la  paz  entre  ellos  celebra- 
da, aquel  religioso  fabló  al  Rey  de  Portogal  en  esta 
manera:  «Muchas  saludes,  muy  alto  Rey  é  Principo 
«esclarecido,  é  muy  cordiales  encomiendas  vos  em- 
»bian  los  muy-  altos  é  muy  poderosos  Rey  é  Reyna 
))de  Castilla,  é  de  León,  é  de  Aragón,  é  de  Sicilia 
«nuestros  soberanos  señores ,  con  aquel  amor  é  vo- 
»luntad  que  á  tan  claro  Rey  é  Príncipe,  tan  conjun- 
»tos  en  debdo,  tan  confederados  é  aliados  en  verda- 
»dera  paz  é  amistad  son  debidas.  Quisieron  Sus  AI- 
»tezas  que  fuésemos  sus  embaxadores  é  portadores 
))della8,  como  !5.uier  que  muy  pequeños  en  su  muy 
«alto  consejo  ,  pero  no  menos  que  otros  familiares, 
»é  aceptos  á  su  servicio  ;  porque  algunas  cosas  que 
))á  Vuestra  Alteza  é  serenidad  nos  mandaron  expo- 
»ner  é  comunicar,  son  de  tal  calidad  é  misterio ,  que 
«requieren  ministros  de  semejante  profesión.  E  aun 
»por  corresponder  á  la  manera  que  vuestra  muy  ex- 
»celente  prudencia  tovo  en  las  novísimas  embaxa- 
«das  é  mensagerías  que  á  Sus  Excelencias  fizo  en 
«estos  días ;  primeramente  con  el  sabido  Licenciado 
»de  Figueroa  de  vuestro  muy  alto  consejo ,  é  des- 
«pues  mas  familiarmente  con  el  devoto  Religioso 
«Padre  Fray  Antonio  vuestro  Confesor.  Manera  por 
«cierto  prudentísima  émuy  provechosa,  porque  por 
»esta  via  mas  que  por  otra  serán  confirmadas  é  per- 
«petuadas  vuestras  bienaventuradas  paces  ó  muy 
Ddignas  amistades  en  aquestos  tiempos  dignamente 
«reformados.  Ca  por  esta  via,  mas  que  por  otra,  se 
«podían  certificar  vuestras  muy  buenas  voluntades 
»é  las  suyas  ;  refiriéndolas  á  aquellos  que  las  cono- 
«cen,  como  Dios  cuyo  es  proprio  asentar  los  cora- 


(1)  Zurita  dice  que  el  compañero  en  esta  embajada  no  fué  el 
Doctor  Juan  Diaz  de  Madrigal  como  aquí  dice  Pulgar,  sino  el  Doc- 
tor Rodrigo  Maldonado  de  Talavera.  El  mismo  refiere  una  notable 
resolución  del  Príncipe  de  Portugal  quando  los  tratados  de  paz, 
sobre  la  fé  de  García  de  Resende ,  autor  Portugués,  que  puede 
verse  allí  y  cuya  verdad  no  es  tiempo  ahora  de  examinar.  Anal., 
¡ib.  20,  cap.  38. 


DON  FERNANDO 
«zones,  qu6  según  el  Profeta  son  difíciles  de  cono- 
»cer  é  por  cosa  deste  mundo  no  dirán  sino  verda- 
3)des.  Manera  otro  sí  decente  é  muy  dina  de  sus  rea- 
a)les  excelencias  é  vuestras  :  porque  claramente  de- 
«muestra,  que  no  solamente  sois  Príncipes  científi- 
j)Cos ,  é  Reyes  animosos ,  é  muy  proveídos  en  los 
3>exercicios  belicosos  é  actos  militares,  como  á  todos 
»es  notorio,  mas  muy  católicos é  sublimados,  en  to- 
ído  linage  de  heroycas  é  perfectas  virtudes,  quan- 
»do  ansí  vos  place  elegir  é  destinar  tales  nuncios  é 
Dmensageros.  Porque  es  regla  general  tan  bien  en 
3)lo  natural  como  en  lo  moral,  é  tan  bien  en  las  co- 
«sas  divinas  como  en  las  humanas ,  que  los  medios 
»participan  é  han  de  participar  en  alguna  manera 
j)la  condición  de  los  extremos.  Exemplo  es  muy  su- 
jttficiente ,  que  Jesu  Cristo  nuestro  Redemptor,  para 
Bser  entre  Dios  é  los  homes  perfecto  medianero, 
»ovo  de  ser  Dios  é  home  verdadero.  E  porque  nos 
Bcomenzamos  á  testificar  lo  que  de  cierto  sabemos, 
»crea  vuestra  serenidad ,  que  la  voluntad  de  nues- 
Dtros  soberanos  príncipes  Rey  é  Reyna  nuestros  se- 
Kfiores  (que  por  eso  la  decimos  voluntad  é  no  vo- 
3)luntades,  porque  en  esto  y  en  todo  bien  son  con- 
»f ormes,  ó  tienen  un  querer  é  no  querer ,  como  muy 
r> esclarecidos  conjugados  enitodo  é  por  todo  lo  de- 
»ben  tener)  es  muy  determinada,  muy  entera,  muy 
«constante  en  la  perfecta  conservación  de  las  dichas 
»paces,  y  en  el  cumplimiento  de  todo  lo  por  ellas 
«capitulado,  según  que  de  las  vuestras  son  certifi- 
j)cado3,  especialmente  por  el  dicho  devoto  Padre ,  á 
Dquien  Sus  Altezas  dan  mucha  fé  por  las  razones 
))ya  dichas.  E  no  sin  causa  vuestras  muy  ilustres  vo- 
oluntades  é  la  suya,  en  esto  son  é  deben  ser  confor- 
»mes  ;  como  esta  bienaventurada  paz  é  concordia 
»sea  á  Nuestro  Señor  Dios  muy  apacible  ,  que  toda 
jbuena  paz  ama  é  aprueba,  como  aquel  que  es  di- 
jcho  della  (1).  El  qual  por  facer  paz  verdadera  é 
«perpetua  con  el  linage  humanal,  é  paz  entre  sus 
«santos  ángeles  é  los  homes,  é  paz  entre  los  hom- 
»mes  de  diversas  condiciones,  en  la  persona  del  fijo 
Dse  vistió  de  nuestra  humanidad ,  y  en  ella  recibió 
«muerte  é  pasión  ,  porque  pudiésemos  conseguir  la 
»paz  del  cielo,  que  es  nuestra  bienaventuranza,  que 
»3in  la  paz  del  suelo  no  se  alcanza.  É  por  eso  quiso 
«ser  llamado  príncipe  de  paz,  é  quiso  nacer  en  tiem- 
i>po  de  paz,  é  que  sus  ángeles  la  anunciasen  en  su 
«santa  natividad,  é  la  dexó  por  herencia  á  sus  muy 
«amados  discípulos  en  su  testamento  é  postrimera 
«voluntad,  é  con  ella  les  mandó  saludar  la  casa  en 
«que  entrasen,  é  con  ella  les  saludó  él  mesmo  des- 
Dpues  de  la  gloriosa  resurrección  ;  dando  á  entender 
«que  esta  es  verdadera  salutación,  y  el  mayor  bien 
«que  se  debe  desear.  E  ansí  la  mandó  dar  en  el  tes- 
«tamento  viejo  por  bendición  principal  á  su  pueblo. 
«Es  otrosí  la  paz  á  vuestras  serenísimas  personas  6 
já  las  suyas,  causa  de  mucho  descanso  é  consolación, 
jporque  da  oportunidad  para  toda  buena  goberna- 
«cion :  como  por  el  contrario  la  guerra  é  la  discor- 


(\)  Parece  que  alude  al  epíteto  que  da  San  Pablo  á  Dios,  11a- 
mándoi^  Diot  dt  fas,  M  PMHp,,  lY,  ven.  9. 


É  DOÑA  ISABEL.  349 

Ddia  son  causa  de  mucha  fatiga  y  enojo  é  turbación. 
«Y  es  la  paz  necesaria  é  muy  provechosa  á  todos  los 
restados  de  sus  reynos  ó  de  los  vuestros ,  cuyo  bien 
Dtodo  príncipe  con  muy  mucho  estudio  debe  procu- 
«rar,  é  anteponer  al  suyo  ;  é  aun  oportuna  é  conf  e- 
«rente  á  toda  la  religión  christiana ,  y  especialmen- 
Dte  en  estos  tiempos  peligrosos  ;  y  es  mucho  dañosa 
íé  por  consiguiente  molesta  é  odiosa  á  los  enemigos 
»de  la  santa  fé  cathólica ,  propinquos  é  remotos.  E 
«porque  desto  é  de  otras  cosas  que  requieren  au- 
«diencia  mas  familiar  é  secreta,  diré  á  Vuestra  real 
íMagestad  é  muy  ilustre  Señoría ;  agora  facemos 
«fin  muy  humilmente,  suplicando  perdón  en  lo 
«que  menos  debidamente  es  dicho,  é  remitiendo  al 
j> Doctor  diño  colega  en  esta  nuestra  legación,  que 
«como  varón  docto  é  prudente,  supla  lo  que  mi  sim- 
«pleza  ha  fallecido, »  Después  que  aquel  religioso 
ovo  fablado,  el  Rey  de  Portogal  le  respondió  muy 
bien ,  é  les  dixo :  «Que  su  intención  era  de  perma- 
«necer  en  la  paz  asentada,  considerando  el  fruto 
Dloable  que  della  se  siguia.»  El  Doctor  fabló  ansi- 
mesmo  las  cosas  que  fueron  necesarias  de  se  propo- 
ner, por  algunas  novedades  que  se  habían  fecho  do 
unas  partes  á  otras :  sobre  las  quales  el  Rey  de  Por- 
togal mandó  á  los  de  su  Consejo  que  entendiesen 
con  estos  dos  embaxadores ,  é  aclarasen  todo  aque- 
llo que  do  razón  é  justicia  se  debiese  facer.  Lo  qual 
fué  ansí  fecho,  é  fueron  las  paces  confirmadas  con 
placer  de  ambas  las  partes.  E  después  este  Religio- 
so y  el  Doctor,  fueron  á  la  cibdad  de  Coimbra,  don- 
de estaba  monja  aquella  Doña  Juana  en  el  mones- 
terio  de  Santa  Clara.  Y  este  Religioso  le  fabló  en 
esta  manera:  «Somos  aquí  venidos,  muy  ilustre  é 
nmuy  devota  señora,  por  mandado  de  los  muy  altos 
1)  é  muy  poderosos  Rey  é  Reyna  de  Castilla  é  de 
»Leon,  nuestros  soberanos  señores  ;  porque  sus  Al- 
«tezas  han  sabido  que  es  vuestra  deliberada  volun- 
» tad  de  facer  profesión  en  esta  religión  de  la  bien- 
» aventurada  Santa  Clara,  cuyo  hábito  degistes,  é 
»  vos  plogo  tomar.  Es  por  cierto,  muy  noble  Señora, 
»el  que  vos  quesistes  é  queréis  el  mejor  de  los  esta- 
»do8,  é  por  tal  habido  é  aprobado  en  el  santo  Evan- 
Bgelio;  en  el  qual  Nuestro  Señor  Jesu  Christo  alabau- 
ndo  la  contemplación ,  á  la  qual  es  dedicada  esta 
n religiosa  vida,  dice,  que  María  Magdalena,  por  la 
«qual  aquella  es  figurada,  como  la  vida  activa  por 
n)  Santa  Marta,  escogió  la  muy  mejor  parte.  Esta  es 
»la  mas  perfecta  de  las  vidas,  porque  mas  que  nin- 
))guna  es  dispuesta  é  ordenada  para  mas  complida- 
»  mente  amar  á  Nuestro  Señor ;  lo  qual  es  todo  el 
«bien  é  perfección  que  en  esta  miserable  carne  vi- 
» viendo  se  puede  alcanzar.  Conocida  cosa  es  que 
»el  amor  libre  de  las  riquezas  temporales,  é  libre 
«otrosí,  é apartado  délos  deleytes  carnales,  é  de  los 
n cargóse  actos  conjugales,  é  sometido  en  todo  ó  por 
«todo  á  complir  é  obedecer  la  voluntad  de  Nuestro 
«Señor,  la  qual  en  cada  cosa  é  causa  nos  declara  y 
«enseña  el  perlado  ó  perlada ,  que  entre  nos  ó  sobre 
«nos  tienen  sus  veces,  es  mas  dispuesto  que  ningu» 
«no  para  perfectamente  amar  á  Nuestro  Señor.  Por- 
»quQ  como  nuestro  corazón  no  puede  carecer  <Je 


350 


CRÓNICAS  DE  LOS  RE  ÍES  DE  CASTILLA. 


18 amor,  que  es  de  su  propria  operación,  es  forzado, 
pque  desamando,  ó  no  amando  las  cosas  baxas,  quie- 
j)  ra  é  ame  las  altas ;  ó  que  despreciando  las  cosas 
Bcriada»,  que  no  hinchen  su  capacidad  é  medida, 
«precie,  quiera  ó  ame  al  hacedor  é  gobernador  de- 
» lias  que  tiene  é  da  perfección  complida.  A  esta  cau- 
))  sa,  é  no  á  otra  los  Santos  por  Nuestro  Señor  inspi- 
Brados  ñ  alumbrados,  notaron  ó  ordenaron  que  vo- 
» tasemos  aquellos  tres  votos  principales  de  pobre- 
»za,  castidad,  é  obediencia,  que  son  necesarias  ó 
B  substanciales  en  toda  religión  perfecta  é  aproba- 
»da,-  por  las  quales  son  excluidas  y  desechadas 
J>  aquellas  tres  cosas,  que  facen  á  los  homes  indinos 
»de  participar  y  entrar  al  combite  de  las  bodas  ce- 
«lestiales.  Las  quales  tres  cosas  en  el  santo  Evange- 
» lio  son  figuradas  y  entendidas  por  la  villa,  que  sig- 
nnifica  el  señorío  é  honra  temporal ;  épor  la  muger, 
» que  significa  el  casamiento  é  todo  deleyte  carnal, 
5)é  por  las  yugadas  de  bueyes,  que  significan  las  ri- 
I)  quezas,  que  facen  de  terrenal  esta  perfección  de 
B  amores.  Esta  es  aquella  preciosa ,  para  la  qual  ha- 
Bber,  el  santo  Evangelio  dice  que  habemos  de  ven- 
»  der  todo  lo  que  tenemos ;  este  es  el  tesoro  abscon- 
Bdido  en  el  campo,  por  el  qual',  como  ese  mesmo 
«Evangelio  dice,  todo  haber  con  mucho  gozo  debe 
B  ser  dado.  Esta  es  la  cruz  muy  preciosa  con  que 
B  Nuestro  Señor  quiere  que  crucificados  le  sigamos, 
«Este  es  el  su  yugo  suave  ó  carga  liviana,  que  nos 
«face  verdaderos  discípulos  suyos ,  amigos,  fijos  y 
«hermanos.  Y  esta  nos  face  dinos,  como  ese  mesmo 
»  Evangelio  dice,  que  en  el  juicio  universal ,  en  si- 
nllas  muy  altas,  seamos  con  él  asentados  á  juzgar. 
B  Esta  es  la  vida  inocente  é  pura,  alegre  é  jocunda, 
«pacífica  é  segura,  é  mas  apta  que  ^ninguna,  para 
B  facer  complida  penitencia  de  qualesquier  pecados 
«é  yerros,  por  nosotros,  ó  á  nuestra  causa  cometidos 
Bé  fechos ;  pobreza  muy  rica,  que  quanto  mas  quie- 
»re,  tanto  mas  tiene,  ó  nada  le  falta,  porque  muy 
«poco  le  basta.  Castidad  muy  fecunda,  llena  é  abas- 
Btada  de  generación  é  deleyte  espiritual.  Subjecion 
«llena  de  libertad ;  mas  libertad  verdadera,  ó  final- 
n mente  mas  angélica  que  humana,  é  mas  del  cíelo 
«quédela  tierra.  E  por  eso  la  aconseja  el  Apóstol 
«Sant  Pablo  á  todas  las  personas,  que  aun  no  están 
«atadas  ni  cargadas  de  casamiento.  Por  eso  la  esco- 
ja gieron  Santa  Inés,  Santa  Cecilia,  Santa  Lucía,  San- 
»ta  Caterina,  é  vuestra  madre  Santa  Clara,  é  otras 
«muchas  doncellas  de  claros  linages,é  desecharon 
» esposos  muy  generosos ,  é  las  bodas  temporales. 
«Pues  considerando,  muy  ilustre  Señora,  la  bondad 
«perfección  é  mejoría  que  á  vos  plogo  de  elegir,  é 
«place  de  continar,  np  seria  buen  pariente,  ni  buen 
«amigo,  ni  buen  consejero,  quien  de  cosa  tan  buena 
«vos  cuidase  apartar.  Mayormente,  que  pormaravi- 
«11a  es  visto,  antes  nunca,  que  personas  de  vuestro 
«linage  después  que  en  el  monesterio  entrasen,  ha- 
«yan  tornado  atrás,  ni  dexasen  el  hábito  de  la  santa 
«religión,  y  el  santo  propósito  con  que  el  primero  dia 
fl  comenzaron ;  agora  entrasen  por  sola  virtud,  é  solo 
D amor  de  Nuestro  Señor,  é  deseo  verdadero  de  su 
«segara  Balvacion,  agora  impelidas  é  movidas  por 


B  evadir  qualquier  necesidad ,  ó  tribulación.  La  qual 
«en  tal  caso  llaman  los  Santos  felicidad ,  porque 
«compele  á  tomar  estado  de  tanta  excelencia  é  de 
» tanta  virtud  é  bondad.  Quanto  mas  que,  bien  consi- 
»  derando  la  deliberación  con  que  vos  plogo  de  tomar 
«este  estado,  y  el  tiempo  que  para  deliberarlo  voa 
«fué  dado,  é  la  intención  con  que  lo  tomastes,  que 
«fué,  no  de  probar,  mas  de  siempre  en  él  perseverar, 
B  el  primero  dia  f uistes  profesa  ,  quanto  á  Dios ,  é 
B  quanto  á  la  obligación  de  vuestra  consciencia,  aun- 
« que  no  interviniese  la  solemnidad  acostumbrada 
B en  la  profesión  expresa,  que  agora  queréis  facer 
Ben  faz  de  la  Iglesia.  E  aun  yo  seria  mal  frayle,  é 
»  muy  mal  siervo  do  Dios ,  si  tal  caida  é  tal  aparta- 
B miento  de  su  verdadero  amor  vos  aconsejase.  Mas 
«porque  podría  ser,  que  teniendo  vos  alguna  dubda 
n  é  recelo ,  que  los  dichos  Rey  é  Reyna  nuestros  so- 
fi ñores,  no  toviesen  voluntad  de  complir  lo  que  con 
»  el  muy  ilustre  Rey  vuestro  tio  al  tiempo  de  las  pa- 
Bces  capitularon  cerca  de  vuestro  casamiento  con  el 
«serenísimo  Príncipe  Don  Juan  nuestro  Señor,  vos 
«  oviese  movido  á  querer  elegir  ó  tomar  aqueste  san- 
» to  é  bienaventurado  é  mejor  estado ;  por  esto  voa 
«facen  saber,  antes  que  mas  vos  atéis,  aunque  según 
«lo  dicho,  quanto  á  Dios,  é  quanto  á  vos,  é  quanto  á 
«la  Iglesia  ya  sois  atada,  que  su  voluntad  fué,  y  es, 
B  é  será  de  complir  enteramente.  E  á  mí  dan  por  tes- 
«tigo,  que  la  sé  como  Dios,  é  por  cosa  deste  mundo 
«no  diré  sino  verdad.  Porque  ansí  vista,  veáis  bien 
bIo  que  facéis,  é  si  de  aquello  dubdais,  perdáis  toda 
«dubda.  Alumbre  Nuestro  Señor  y  esfuerce  vuestro 
«muy  noble  spíritu,  para  que  aquello  conozca  é 
«quiera,  que  á  él  es  mas  apacible,  amen.»  Como 
aquel  Religioso  Prior  ovo  propuesto  esta  exhorta- 
ción ó  declaración  á  esta  Doña  Juana,  luego  ella  di- 
xo,  que  al  principio  de  la  concordia ,  en  su  ánimo 
habia  elegido  mas  la  via  de  la  religión ,  que  la  del 
casamiento :  porque  muchas  veces  Dios  le  habia 
mostrado  los  estados  reales  é  otras  qualesquier  pros- 
peridades mundanas  ser  transitorias ,  ó  que  el  apar- 
tamiento del  mundo  ora  causa  de  se  apartar  la  cria- 
tura de  pecar,  é  la  poner  en  amor  de  Dios,  que  es  lo 
que  permanece.  Por  ende,  que  ella  sin  ninguna  pre- 
mia, salvo  de  su  propria  voluntad  quería  vivir  en 
religión,  é  facer  profesión,  é  fenecer  en  ella  en  ser- 
vicio de  Dios  é  de  la  Virgen  bienaventurada  Santa 
María  su  madre,  pospuestas  todas  otras  cosas.  É  lue- 
go presentes  este  Religioso  y  el  Doctor,  é  la  Abadesa 
é  las  Monjas  de  aquel  monesterio  de  Santa  Clara, 
é  algunos  caballeroso  dueñas,  é  otras  muchas  per- 
sonas, celebraron  solemnemente  lo  que  á  tal  acto  é 
sacramento  requería.  E  aquella  Doña  Juana  fizo 
profesión  en  aquel  monesterio ,  según  orden  de  la 
Iglesia. 

Agora  dexa  la  historia  essa  materia ,  ó  contará  lo 
que  ficieron  los  turcos  en  la  tierra  de  los  christianos. 


CAPÍTULO  XCIII. 

De  como  los  turcos  eerearon  la  ciudad  de  Rodas,  é  lo  que 
ende  pasó. 


En  este  año  los  turcos  ficieron  gran  guerra  por 
tierra  é  por  mar  en  aquellas  partes  de  los  christia- 
nos,  que  conünaban  con  los  moros,  é  llevaron  gran 
número  de  captivos,  ó  ficieron  robos  é  quemas  de 
lugares  ;  especialmente  vino  gran  multitud  de  tur- 
cos sobre  la  cibdad  de  Rodas  j  ó  toviéronla  cercada 
por  espacio  de  ocbo  meses.  É  como  la  farna  deste 
cerco  fué  sabida  por  las  tierras  de  la  cbristiandad, 
muchos  Maestres  ó  Comendadores  de  la  Orden  de 
Sant  Juan,  que  son  subjetos  al  Gran  Maestre  de 
Kódas,  fueron  de  todos  los  líeynos  de  la  cbristiandad 
por  mar  é  por  tierra  á  socorrer  la  cibdad,  é  al  Maes- 
tre que  estaba  en  ella  cercado ;  ó  ovieron  grandes 
batallas  con  loa  turcos,  donde  murieron  muchos  de 
los  Comendadores  de  la  orden  de  Sant  Juan,  é  otros 
bornes  principales  que  estaban  dentro  en  defensa  de 
la  cibdad.  La  qual  estovo  en  punto  de  se  perder  por 
los  grandes  combates,  que  continuamente  por  tierra 
é  por  mar  los  turcos  le  daban,  é  por  la  mengua 
grande  que  padecian  los  christianos  por  falta  de 
mantenimientos,  é  de  pólvora  para  la  defensa  de  la 
cibdad.  E  corno  quiar  que  las  naos  que  hablan  veni- 
do á  la  socorrer  estaban  cerca,  pero  ninguno  osaba 
entrar  en  el  puerto  por  miedo  de  la  grande  flota  que 
los  turcos  tenian  en  guarda.  E  los  christianos  es- 
taban en  turbación,  porque  de  la  una  parte  veian  el 
perdimiento  de  la  cibdad,  si  no  la  socorrían,  ó  de  la 
otra  conocían  su  perdición,  si  se  aventuraban  á  la 
socorrer.  Estando  en  la  pena  deste  pensamiento,  un 
Comendador  de  la  nación  Inglesa,  que  había  veni- 
do con  una  nao,  dixo  á  algunos  de  los  capitanes  de 
las  otras  naos ,  que  no  sabia  él  qué  aprovechaba  el 
trabajo  y  el  gasto  fecho  en  la  venida  fasta  aquel  lu- 
gar, si  se  volviesen  sin  conseguir  algún  fruto  de  su 
venida.  É  diciendo  estas  palabras,  é  disponiéndose 
al  peligro,  mandó  poner  todas  las  velas  á  la  nao ;  é 
peleando,  é  sufriendo  muchos  tiros  de  pólvora,  que 
le  tiraban  los  de  la  flota  de  los  turcos,  entró  por 
fuerza  de  armas  en  el  puerto ,  é  basteció  la  cibdad 
de  las  cosas  necesarias ,  en  especial  de  pólvora,  con 
que  se  pudo  defender.  É  con  esta  fazafia  grande 
que  aquel  Comendador  Ingles  fizo,  la  cibdad  de  Ro- 
das fué  socorrida,  é  los  turcos  no  ovieron  lugar  de 
la  tomar.  Como  los  turcos  vieron  que  la  cibdad  fué 
en  aquella  manera  socorrida,  acordaron  de  la  com- 
batir ;  é  tan  grande  era  la  multitud  de  los  turcos ,  é 
las  fortalezas  de  los  combates  dados  por  todas  par- 
tes, que  ovieron  lugar  de  entrar  en  ella  por  unapar- 
te  del  muro  que  hablan  derribado  con  el  artillería. 
E  los  christianos  esforzáronse ,  é  pelearon  por  las 
calles  con  los  turcos,  y  echáronlos  fuera  de  la  cib- 
dad. En  este  fecho  de  armas  murieron  muchos  de 
los  unos  ó  de  los  otros ;  especialmente  se  fallaron 
muertos  de  los  de  dentro  catorce  Comendadores,  to- 
dos homes  principales,  que  pelearon  con  grand  es- 
fuerzo por  botar  los  turcos  fuora.  Ú  como  yieroQ 


DON  l'ERNANDO  É  DONA  ISABEL.  Bol 

los  turcos  que  no  podian  haber  la  cibdad ,  porque 
habia  seydo  socorrida,  é  por  las  grandes  ayudas  que 
cada  dia  le  venian  de  toda  la  cbristiandad  por  mar 
é  por  tierra,  acordaron  de  alzar  los  sitios  que  tenian 
sobre  ella  puestos.  E  ansí  quedó  la  cibdad  libre  del 
sefiorio  del  turco,  pero  muy  destruida  déla  gran 
guerra  que  le  fué  fecha,  ó  de  los  combates  que  mu- 
chas veces  le  dieron. 


CAPÍTULO  XCIV. 
De  las  cosas  que  pasaron  en  Italia  (1)¿ 

En  estos  tiempos  era  Padre  Santo  Sixto  Qaarto, 
un  home  de  la  nación  de  Genova,  el  qual  habia  sey- 
do Cardenal  é  frayle  de  la  orden  de  Sant  Francis- 
co, buen  teólogo,  ó  borne  de  buena  intención  ;  pero 
sometido  á  la  gobernación  de  otros ,  especialmente 
de  un  su  sobrino,  que  se  llamaba  Micer  Hieróni- 
mo,  á  qtiien  fizo  Conde  de  la  cibdad  de  Imola.  Este 
era  mancebo  casado,  de  edad  de  veinte  é  ocho  años, 
é  muy  cobdicioso  de  haber  señoríos ,  é  con  la  mano 
del  Papa  alcanzó  mucho  de  lo  que  deseaba.  E  ansí 
como  le  creció  el  estado ,  ansí  creció  la  cob.dic¡a  pa» 
ra  lo  acrecentar;  ó  pensó  de  señorear  la  cibdad  de 
Florencia,  en  la  qual  por  estonces  habia  dos  ban- 
dos, uno  se  decia  de  Pácia,  otro  era  délos  de  Medi- 
éis, E  juntóse  en  amistad  con  los  del  bando  de  Pá- 
cis ,  é  prometióles  el  favor  del  Papa  y  el  suyo ,  para 
tener  la  gobernación  de  la  cibdad  sin  impedimento 
de  los  del  otro  bando  de  Médicis ;  y  ellos  prometie- 
ron á  él  de  le  tener  por  señor  é  superior  en  la  cib- 
dad. E  para  conseguir  el  efecto  deste  su  propósito, 
por  parte  de  aquel  Conde  Hierónimo  fué  embiado  á 
la  cibdad  de  Florencia  un  su  amigo  que  era  Arzo- 
bispo de  Pisa,  natural  de  aquella  cibdad.  E  según 
después  pareció,  aquel  Arzobispo  con  los  del  bando 
de  Pácis ,  acordaron  de  facer  matar  á  Micer  Pedro 
de  Médicis,  é  á  Micer  Lorenzo  de  Médicis,  dos  her- 
manos que  eran  los  principales  de  aquella  parente- 
la, que  tenian  por  estonces  la  gobernación  de  la 
cibdad.  E  un  Domingo,  estando  el  que  se  llamaba 
Lorenzo  de  Médicis  en  misa,  y  el  otro  su  hermano 
Pedro  de  Médicis  en  la  plaza  de  la  cibdad,  aquellos 
que  tenian  cargo  de  poner  las  manos  en  ellos,  lo 
pusieron  en  obra ;  y  el  Micer  Pedro  de  Médicis  fué 
muerto  á  puñaladas  en  la  plaza  por  uno  que  se  lla- 
maba Francisco  de  Pácis.  El  Micer  Lorenzo  que  es- 
taba en  la  Iglesia,  se  defendió,  como  quiera  que  fué 
ferido.  Este  insulto  fecho,  luego  la  cibdad  se  albo- 
rotó, é  se  juntó  con  Lorenzo  de  Médicis,  é  prendie- 
ron á  todos  los  que  pudieron  haber  del  otro  bando 
de  Pácis :  é  prendieron  ansimesmo  á  aquel  Arzobis- 
po de  Pisa;  é  á  todos  los  suyos,  é  arrastraron  é  ma- 

(1)  Este  sucedo  de  la  revolución  de  Florencia  por  el  Conde  Ge» 
rónirao  succedió  el  año  antecedente.  El  Señor  de  Argenten  que 
fué  comisionado  por  el  Rey  de  Francia  para  pacificar  estas  dife- 
rencias, cuenta  el  suceso  con  mucha  particularidad  y  lo  coloca  en 
dicho  afio.  El  hermano  de  Lorenzo  de  Médicis  que  fué  muerto  por 
Francisco  de  Pacis,  no  se  llamaba  Pedro,  sino  Julián  de  Médicis, 
padre  de  Julio  de  Médicis,  que  después  fué  Papa  y  se  llamó  Cle- 
mente VII.  Memoir.,  lii,  6,  c»p.  5,  PreuT.,  númt  CCXCiX.  lo* 
mo  m,p.  552. 


352 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


taron  á  aquel  que  mató  á  Pedro  de  Médicís.  E  toda 
la  mayor  parte  de  la  cibdad  encendidos  de  ira,  ma- 
taron á  todos  quantos  de  aquella  parentela  de  Pácis 
pudieron  haber ;  é  ansimesmo  af orearon  á  aquel  Ar- 
zobispo de  Pisa,  é  á  diez  sacerdotes  de  misa  que 
venian  con  él ,  é  á  todos  los  suyos.  Y  en  aquel  ím- 
petu del  pueblo  fueron  muertos  algunos  de  los  de 
Pácis,  aunque  eran  inocentes,  por  el  odio  que  la 
cibdad  concibió  contra  los  del  linage  de  Pácis,  por 
la  fazafia  que  imaginaron  facer ;  é  todos  los  que  se 
pudieron  salvar  f uyeron  é  fueron  desterrados  de  la 
cibdad.  E  ordenaron  en  su  consistorio ,  que  home  de 
aquel  linage  de  Pácis  no  estoviese  jamas  en  ella, 
porque  fueron  contra  la  libertad  de  los  cibdadanos. 
Por  causa  deste  insulto  toda  Italia  se  alborotó  é  di- 
vidió en  partes,  de  la  una  el  Papa,  con  el  qual  se 
juntó  el  Rey  Don  Fernando  de  Ñapóles ;  é  de  la  otra 
el  Duque  de  Milán ,  con  las  comunidades  de  Vene- 
cia  é  Florencia.  E  por  causa  desta  división,  ovo  en 
toda  Italia  este  año  muchas  guerras  é  muertes  en 
los  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  Al  fin  visto  como 
la  tierra  se  perdia  por  la  guerra  que  facian  unos  á 
otros,  ó  como  los  turcos  ansimesmo  por  su  parte 
guerreaban,  deliberaron  facer  treguas  por  algún 
tiempo  entre  el  Papa  y  el  Rey  de  Ñapóles,  é  las  co- 
munidades de  Florencia,  é  Venecia,  é  Genova,  y  el 
Duque  de  Milán.  Los  turcos  siempre  continuaban 
la  guerra  contra  los  christianos,  ó  tomaron  la  cib- 
dad de  Otranto ,  que  és  en  el  Reyno  de  Ñapóles ;  é 
armaban  gran  flota  de  naos  para  venir  en  Italia ,  y 
entrar  primeramente  en  el  Reyno  de  Sicilia,  porque 
creian  aquel  Reyno  ganado,  según  la  comarca  don- 
de está,  é  la  grand  abundancia  que  en  él  hay  de 
mantenimientos,  que  podrian  guerrear  todas  las 
Italias.  Todos  los  caballeros  é  gentes  del  estaban 
temerosos  de  ser  guerreados  de  los  turcos,  y  escri- 
bieron al  Rey  é  á  la  Reyna  el  temor  en  que  estaban 
puestos,  é  como  no  habia  resistencia  en  toda  aque- 
lla tierra  de  Sicilia  si  los  turcos  viniesen  ;  porque  la 
luenga  paz  de  que  la  gente  de  aquel  Reyno  goza- 
ba, les  habia  fecho  ignorantes  del  exercicio  de  las 
armas,  é  que  les  fallecían  homes  cursados  en  guer- 
ra é  armas  para  defensa  de  la  tieiTa.  El  Rey  é  la 
Reyna,  considerando  que  era  necesario  proveer 
aquel  su  Reyno,  mandaron  á  ciertos  mercaderes  de 
la  cibdad  de  Burgos ,  que  llevasen  naos  cargadas 
de  lanzas,  é  paveses,  é  corazas,  casquetes,  é  balles- 
tas, é  almacén,  é  artillería,  é  otras  armas.  Ansimes- 
mo mandaron  á  Alonso  de  Quintanilla  su  Contador 
mayor  de  cuentas,  é  al  Provisor  de  Villaf ranea.  Go- 
bernadores de  las  hermandades  de  Castilla,  que  en- 
tendiesen en  las  cosas  necesarias  para  la  armada 
que  acordaban  facer  por  mar,  según  adelante  será 
recontado. 

CAPÍTULO  XCV. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  siguiente  de  mil  é  quatrocien- 
tos  é  ochenta  aios.  Primeramente  de  las  cortes  que  se  ficieron 
en  Toledo. 

En  este  afio  siguiente  del  Señor  de  mil  ó  quatro- 
cieutos  é  ochenta  años,  estando  el  Bey  é  la  Reyna 


en  la  cibad  de  Toledo ,  acordaron  de  facer  cortes  ge- 
nerales en  aquella  cibdad.  Y  embiáronlas  notificar 
por  sus  cartas  á  la  cibdad  de  Burgos,  León,  Avila, 
Segovia,  Zamora,  Toro,  Salamanca,  Soria,  Murcia, 
Cuenca,  Toledo,  Sevilla,  Córdoba,  Jaén,  é  á  las  vi- 
llas de  Valladolid,  Madrid  é  Guadalaxara;  que  son 
las  diez  é  siete  cibdades  é  villas  que  acostumbran 
continamente  embiar  procuradores  á  las  cortes  que 
facen  los  Reyes  de  Castilla  é  de  León.  Las  quales 
embiaron  de  cada  cibdad  é  villa  destas  que  son  nom- 
bradas, dos  personas  por  procuradores  con  sus  po- 
deres bastantes  para  las  cosas  que  en  aquellas  cortes 
se  oviesen  de  contratar.  Ansimesmo  vinieron  á 
aquellas  cortes  algunos  Perlados  é  Caballeros  del 
Reyno ;  y  entendieron  luego  en  restituir  el  patri- 
monio real ,  que  estaba  enagenado  de  tal  manera, 
que  el  Rey  é  la  Reyna  no  tenían  tantas  rentas  como 
eran  necesarias  para  sostener  el  estado  real  é  del 
Príncipe  é  Infantas  sus  fijos.  E  ansimesmo  para  las 
cosas  que  se  requerían  expender  cada  año  en  la  ad- 
ministración de  la  justicia  é  buena  gobernación  de 
sus  reynos ;  porque  el  Rey  Don  Enrique  lo  había 
enagenado  en  el  tiempo  de  la  división  pasada  que 
ovo  con  su  hermano  el  Príncipe  Don  Alonso.  Y  este 
enagenamiento  de  las  rentas  reales  se  fizo  en  mu- 
chas maneras ,  á  unos  se  dieron  maravedís  de  juro 
de  heredad  para  siempre  jamas,  por  les  facer  mer- 
ced en  emienda  de  gastos,  otros  los  compraron  del 
Rey  Don  Enrique  por  muy  pequeños  precios ,  por- 
que la  muchedumbre  de  las  mercedes  de  juro  de 
heredad  que  se  habían  fecho ,  los  puso  en  tan  pe- 
queña estimación ,  que  por  mil  maravedís  en  dinero 
se  daban  otros  mil  de  juro  de  heredad.  Y  esta  disi- 
pación del  patrimonio  é  rentas  reales  vino  á  tanta 
corrupción ,  que  se  vendían  albalaes  del  Rey  Don 
Enrique  en  blanco  de  merced  de  juro  de  heredad, 
para  qualquier  que  los  quería  comprar  por  poco 
precio.  E  todos  estos  maravedís  se  situaban  en  las 
rentas  de  las  alcabalas  ,  é  tercias,  é  otras  rentas  del 
Reyno,  de  manera  que  el  Rey  no  tenia  en  ellas  cosa 
ninguna.  Sobre  esta  materia  los  procuradores  del 
Reyno  suplicaron  al  Rey  é  á  la  Reyna,  que  porque 
el  estado  real  convenia  ser  bien  proveído  de  las  co- 
sas necesarias,  ansí  para  sus  gastos  contínos,  como 
para  las  otras  necesidades  que  ocurrían  en  el  Rey- 
no,  mandasen  restituir  las  rentas  reales  antiguas  á 
debido  estado ;  porque  no  lo  faciendo ,  de  necesario 
les  era  imponer  otros  nuevos  tributos  é  imposicio- 
nes en  el  Reyno ,  de  que  sus  subditos  fuesen  agra- 
viados. Otrosí  les  suplicaron  que  mandasen  reducir 
á  su  corona  real  las  cibdades  é  villas  é  lugares 
que  en  los  tiempos  pasados  el  Rey  Don  Enrique  ha- 
bía dado,  é  revocar  las  mercedes  que  dellas  habia 
fecho.  Porque  decían  ser  dadas  por  necesidad  do 
las  guerras,  en  que  le  habían  puesto  algunos  caba- 
lleros, ó  no  por  leales  servicios  que  oviesen  fecho, 
ni  por  otra  justa  razón  que  oviese  para  las  apartar 
de  la  corona  é  patrimonio  real ,  é  las  dar  á  aquellos 
que  las  dio.  Sobre  esta  suplicación  que  les  fué  fe- 
cha, platicaron  con  el  Cardenal  de  España,  é  con 
los  Duques,  é  Condes,  é  Perlados,  ó  Caballeros  ó 


DON  FERNANDO 
Doctores  de  su  Consejo,  que  con  ellos  estaban.  E 
después  de  muchas  pláticas  sobre  ello  habidas,  to- 
dos concordaron  que  la  renta  ó  patrimonio  real  de- 
bia  ser  restituido,  é  puesto  en  tan  debida  orden ,  que 
el  estado  real  é  la^i  necesidades  que  ocurrían  en  el 
Keyno  pudiesen  ser  proveídas  de  las  rentas  anti- 
guas, sin  poner  nuevos  tributos  é  imposiciones.  Pe- 
ro no  se  acordaban  en  la  forma  como  se  debia  f a. 
cer ;  porque  estos  maravedís  de  juro  de  heredad  es- 
taban repartidos  por  grandes  señores  del  Reyno ,  é 
por  otros  Perlados  é  Caballeros  y  Escuderos  ó  Igle- 
sias é  monesterios ,  é  otras  personas  de  todos  esta- 
dos. Y  el  voto  de  algunos  era  que  se  debia  facer 
revocación  general  de  todas  las  mercedes  de  juro 
de  heredad  que  se  ficieron  en  el  tiempo  de  aquella 
división ;  porque  el  Rey  Don  Enrique  las  habia  fe- 
cho, constreñido  por  necesidad,  é  no  por  justa  cau- 
sa ;  que  asaz  bastaba  el  fruto  que  dellas  hablan  to- 
mado los  que  las  tovieron  en  los  tiempos  pasados. 
Otrosí  decían  que  estas  mercedes  no  se  habían  fe- 
cho á  todos  de  una  manera,  ni  por  un  respecto;  ó 
que  si  se  ficiese  revocación  general ,  no  seria  cosa 
justa,  porque  algunos  las  habían  habido  por  servi- 
cios que  habían  fecho,  é  por  otras  justas  causas. 
Otrosí  algunos  decían  que  no  era  cosa  igual ,  ni  bien 
considerada  que  se  quitasen  á  unos ,  é  no  á  otros ;  é 
todos  trabajaban  de  justificar  las  causas  porque  las 
habían  habido,  sobre  lo  qual  ovo  diversos  votos.  E 
porque  esta  negociación  era  ardua,  é  de  grand  im- 
portancia, el  Rey  é  la  Reyna  acordaron  de  escribir 
sus  cartas  á  todos  los  Duques,  é  Condes,  é  Perla- 
dos, é  Ricos-homes  de  sus  Reynos,  que  estaban 
fuera  de  su  corte,  faciéndoles  saber  las  grandes 
necesidades  ó  pocas  rentas  que  tenían  en  todos 
sus  Reynos,  por  el  enagenamíento  que  dellas  ha- 
bia fecho  el  Rey  Don  Enrique  su  hermano.  Sobre 
lo  qual  los  procuradores  de  las  cibdades  ó  villas  de 
sus  Reynos,  les  suplicaron  que  las  reduxesen  á  de- 
bido estado.  E  porque  era  razón  de  saber  su  voto 
cerca  de  esta  materia,  é  de  las  otras  que  se  habían 
de  tratar  en  sus  cortes,  les  mandaron  que  viniesen 
personalmente  á  entender  en  todo  ello.  Pero  que  si 
estaban  impedidos  de  tal  impedimento  que  no  pu- 
diesen venir,  embiasen  á  decir  lo  que  les  parecía; 
porque  visto  en  su  consejo ,  se  ficiese  aquello  que 
mas  cumpliese  á  servicio  de  Dios  é  bien  de  sus  Rey- 
nos.  Muchos  de  los  grandes  señores  é  Caballeros  ó 
Perlados  del  Reyno  vinieron  á  aquellas  cortes,  por 
el  llamamiento  que  les  fué  fecho  de  parte  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  é  ansímesmo  los  que  no  pudieron 
venir,  embiaron  sus  pareceres  por  diversas  mane- 
ras ;  pero  todos  concordaron  que  las  rentas  é  patri- 
monio real  que  estaba  enagenado  por  las  inmensas 
dádivas  que  del  eran  fechas,  debia  ser  reducido  en 
debido  estado.  El  Cardenal  de  España,  cuyo  voto 
el  Rey  ó  la  Reyna  quisieron  especialmente  saber, 
dixo  que  le  parecía  que  aquellos  maravedís  de  juro 
de  heredad,  ó  de  merced  de  por  vida,  é  tercias  de 
lugares,  é  otras  rentas  que  el  Rey  Don  Enrique  dio 
iá  algunos  caballeros  é  personas ,  las  quales  habían 
levantado  escándalos  é  guerra»  en  el  Reyno ,  ó  le 


E  DO^A  ISABEL.  S53 

habían  puesto  en  necesidad ,  solamente  por  haber 
del  mercedes ;  que  estas  tales  debían  ser  revocadas 
del  todo ,  ó  aun  de  derecho  debían  restituir  los  fru- 
tos que  dellas  habían  habido.  E  que  las  mercedes 
que  habia  fecho  á  otros  caballeros  é  personas  que 
le  sirvieron  bien  é  lealmente,  é  trabajaron  por  sos- 
tener su  persona  y  estado  real,  é  por  le  relevar  de 
las  necesidades  en  que  los  otros  le  pusieron ,  é  pe- 
learon con  él  en  la  batalla  que  ovo  con  los  caballe- 
ros que  tovieron  la  parte  del  Príncipe  Don  Alonso 
su  hermano,  aquellas  tales  debían  ser  confirmadas, 
é  no  les  debían  ser  revocadas  todas  ni  parte  dellas. 
Porque  las  habían  bien  merecido,  sirviendo  con 
lealtad,  é  trabajando  porque  la  división  se  quitase 
de  sus  Reynos;  é  á  estos  tales,  antes  les  debían  aña- 
dir mercedes ,  que  quitar  las  que  tenían.  Ansímes- 
mo ,  que  se  debían  ver  por  los  libros  de  contadores 
los  maravedís  de  juro  de  heredad  que  se  dieron  en 
pago  de  sueldos  é  tenencias.  E  sí  se  fallase  que  ha- 
bia seydo  fecha  en  ello  justa  compensación,  debían 
ser  á  los  tales  confirmadas  las  mercedes  que  ovíe- 
ron;  ó  si  les  fuesen  revocadas,  les  debían  ser  paga- 
dos en  dineros  los  maravedís  que  debieron  haber  da 
sus  tenencias  é  sueldos.  Otrosí  dixo ,  que  las  merce- 
des que  el  Príncipe  Don  Alonso  en  su  vida,  llamán- 
dose Rey,  dio  á  aquellos  Caballeros  ó  Perlados,  que 
ficieron  división  en  el  Reyno ,  las  quales  por  mane- 
ras esquisitas  ficieron  que  el  Rey  Don  Enrique  les 
confirmase,  le  parecía  que  debían  ser  revocadas.  E 
ansímesmo  debían  revocar  las  otras  que  se  vendían 
con  albalaes  que  el  Rey  Don  Enrique  daba  en  blan- 
co. Otrosí,  que  aquellos  que  mercaron  del  Rey  ma- 
ravedís de  juro,  é  le  dieron  dinero  por  ellos,  les  de- 
bían ser  tornados  los  tales  maravedís  á  los  que  los 
dieron ,  é  que  les  debían  tomar  los  privilegios  que 
de  las  tales  mercedes  ovieron ,  para  que  fuesen  ras- 
gados. E  que  cerca  de  todo  esto  se  debia  tener  una 
moderación  igual ,  é  muy  conforme  á  la  razón  é  jus- 
ticia ,  porque  cada  uno  oviese  lo  que  le  pertenecía 
haber,  é  le  fuese  quitado  lo  que  por  maneras  no  de- 
bidas había  habido,  según  que  á  todos  era  notorio ; 
é  que  faciéndose  desta  manera ,  ninguno  temía  ra- 
zón de  se  agraviar  de  lo  que  le  quitasen.  Visto  este 
voto  del  Cardenal ,  algunos  Grandes  é  Caballeros  ó 
Doctores  del  Consejo  del  Rey  é  de  la  Reyna  confor- 
máronse con  él,  é  dixeron  que  era  muy  bien  é  justa- 
mente dicho,  é  que  se  debía  ansí  poner  por  obra. 
Otros  algunos  dieron  votos  contrarios  á  este ,  porque 
algunos  maravedís  de  juro  fueron  dados  á  iglesias 
é  monesterios  de  tal  calidad ,  que  no  se  debían  qui- 
tar; é  que  se  debia  haber  respecto  á  la  dinidad  de 
las  personas  que  los  tenían,  porque  si  les  fuesen  qui- 
tados se  podría  dello  seguir  deservicio  al  Rey  é  á 
la  Reyna ,  y  escándalo  en  el  Reyno.  El  Rey  ó  la 
Reyna,  oído  el  voto  que  dio  el  Cardenal  é  los  otros 
Caballeros  é  Perlados  del  Reyno,  mandaron  que  ca- 
da uno  de  los  que  tenían  mercedes  de  juro  de  here- 
dad diesen  informaciones  por  escrípto  de  las  causas 
por  donde  las  habían  habido.  Otrosí  mandaron  traer 
ante  sí  los  libros  de  todo  el  juro  de  heredad ,  é  mer- 
cedes de  por  vida,  que  los  de  sus  Reynos  general' 

23 


354 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mente  tenían.  E  ovieron  informaciones  de  los  con- 
tadores é  oficiales  del  Rey  Don  Enrique ,  de  las  ra- 
zones por  donde  cada  uno  las  ovo.  E  para  facer  la 
determinación  de  lo  que  debían  quitar,  é  de  lo  que 
debían  dexar,  pusieron  en  su  consejo  secreto  al  Maes- 
tro Fray  Fernando  de  Talayera,  Prior  delmoneste- 
rio  de  Santa  María  de  Prado,  su  confesor,  porque 
era  borne  de  gran  suficiencia.  E  por  consejo  deste 
religioso  quitaron  todas  las  mercedes  de  juro  de  he- 
redad, é  de  merced  de  por  vida,  que  el  Rey  Don  En- 
rique había  dado  en  aquellos  tiempos,  fasta  en 
quantía  de  treinta  quentos  de  maravedís ,  poco  mas 
6  menos.  A  algunos  quitaron  la  meytad ,  á  otros  el 
tercio,  é.  otros  el  quarto,  á  algunos  quitaron  todo  lo 
que  tenían,  á  otros  no  quitaron  cosa  ninguna  ;  é  á 
otros  mandaron  que  oviesen  é  gozasen  de  aquellas 
mercedes  en  su  vida,  juzgando  é  moderándolo  to- 
do, según  las  informaciones  que  ovieron  de  la  for- 
ma que  cada  uno  lo  ovo.  E  desta  determinación  que 
se  fizo ,  algunos  fueron  descontentos ;  pero  todos  lo 
sufrieron ,  considerando  como  ovieron  aquellas  mer- 
cedes con  disolución  del  patrimonio  real.  E  manda- 
ron que  cada  uno  traxese  dentro  de  cierto  término 
sus  prÍ7Ílegios  para  rasgarlos,  é  les  diesen  otros 
nuevos  de  los  maravedís  de  juro  que  les  dcxaban. 
La  Reyna  no  quiso  que  fuesen  quitados  maravedís 
algunos,  ni  pan  ni  tercias,  ni  otras  cosas  de  las  que 
ovieron  los  monesterlos  ó  iglesias  é  hospitales ,  ni 
otras  personas  pobres.  Y  en  esta  manera  fué  deter- 
minada aquella  materia  que  era  muy  ardua  é  de 
gran  confusión  ;  la  qual  se  quitó  á  causa  de  la  gran 
moderación  que  en  ella  tovieron  el  Rey  é  la  Reyna, 
En  aquellas  cortes  de  Toledo ,  en  el  palacio  real  don- 
de el  Rey  é  la  Reyna  posaban,  había  cinco  consejos 
en  cinco  apartamientos  :  en  el  uno  estaba  el  Rey  é 
la  Reyna  con  algunos  Grandes  de  su  Reyno ,  é  otros 
de  su  consejo,  para  entender  en  las  embazadas  de 
los  reynos  estraños  que  venían  á  ellos  ,  y  en  las  co- 
sas que  se  trataban  en  corte  de  Roma  con  el  Santo 
Padre,  é  con  el  Rey  de  Francia,  é  con  los  otros  Re- 
yes, é  para  las  otras  cosas  necesarias  de  se  proveer 
por  expediente.  En  otra  parte  estaban  los  Perlados 
é  Doctores,  que  eran  diputados  para  oír  las  peticio- 
nes que  so  daban ,  é  proveer  é  dar  cartas  de  justi- 
cia, las  quales  eran  muchas  é  de  diversas  calidades; 
otrosí  en  ver  los  procesos  de  los  pleytos  que  ante 
ellos  pendían ,  é  determinarlos  por  sentencias  difini- 
tivas.  En  otra  parte  del  palacio  estaban  Caballeros 
é  Doctores  naturales  de  Aragón ,  é  del  Principado 
de  Cataluña,  é  del  Reyno  de  Sicilia,  é  de  Valencia, 
que  veian  las  peticiones  é  demandas ,  é  todos  los 
otros  negocios  de  aquellos  Reynos :  y  estos  enten- 
dían en  los  expedir,  porque  eran  instructos  en  los 
fueros  é  costumbres  de  aquellas  partidas.  En  otra 
parte  del  palacio  estaban  los  diputados  de  las  her- 
mandades de  todo  el  Reyno,  que  veian  las  cosas 
concernientes  á  las  hermandades  según  las  leyes 
que  tenían.  En  otra  parte  estaban  los  contadores 
mayores  é  oficiales  de  los  libros  de  la  facienda  é 
patrimonio  real ;  los  quales  facían  las  rentas ,  é 
libraban  las  pagas  ó  mercedes,  ó  otras  cosas  que  el 


Rey  é  la  Reyna  facían,  é  determinaban  las  causas 
que  concernían  á  la  facienda  é  patrimonio  real.  E 
de  todos  estos  consejos  recorrían  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na con  qualquier  cosa  de  dubda  que  ante  ellos  re- 
crecía. E  las  cartas  é  provisiones  que  daban  eran  de 
grand  importancia ;  firmaban  en  las  espaldas  los  que 
estaban  en  estos  consejos,  y  el  Rey  é  la  Reyna  las 
firmaban  de  dentro.  Otrosí  los  tres  Alcaldes  de  su 
Corte  libraban  fuera  del  palacio  real  las  querellas 
é  demandas  civiles  é  criminales  que  ante  ellos  se 
movían,  y  entendían  en  la  justicia  é  sosiego  de  la 
Corte.  Y  en  esta  manera  el  Rey  é  la  Reyna  tenían 
repartidos  sus  cargos ,  é  proveían  en  todas  las  cosas 
de  sus  Reynos.  Mandaron  ansimesmo  facer  en  aque- 
lla cibdad  justicia  de  muchos  homes  criminosos  ó 
robadores,  que  en  los  tiempos  pasados  habían  come- 
tido delictos  é  crimines.  E  fué  preso  por  su  manda- 
do aquel  Femando  de  Alarcon,  que  habernos  dicho 
que  estaba  con  el  Arzobispo  de  Toledo ;  é  traído  allí 
fué  degollado  por  justicia,  porque  confesó  haber 
movido  muchos  escándalos  en  el  Reyno,  y  estorba- 
do la  paz  por  intereses  que  había  habido.  E  con  es- 
tas justicias  que  mandaron  executar  ovo  gran  paz  ó 
sosiego  comunmente  en  todo  el  Reyno ;  porque  la 
justicia  que  executaban  engendraba  miedo,  y  el 
miedo  apartaba  los  malos  pensamientos ,  é  refrena- 
ba las  malas  obras.  Provisión  fué  por  cierto  divina, 
fecha  de  la  mano  de  Dios ,  é  fuera  de  todo  pensa- 
mieato  de  homes ;  porque  en  todos  sus  Reynos  poco 
antes  había  homes  robadores  é  criminosos ,  que  te- 
nían diabólicas  osadías,  é  sin  temor  de  justicia,  co- 
metían crimines  é  feos  delictos.  E  luego  en  pocos 
días  siípitamente  se  imprimió  en  los  corazones  de 
todos  tan  gran  miedo,  que  ninguno  osaba  sacar  ar- 
mas contra  otro,  ninguno  osaba  cometer  fuerza,  nin- 
guno decía  mala  palabra  ni  descortes;  todos  se 
amansaron  é  pacificaron,  todos  estaban  sometidos  á 
la  justicia,  é  todos  la  tomaban  por  su  defensa.  Y  el 
caballero  y  el  escudero ,  que  poco  antes  con  sober- 
bia sojuzgaban  al  labrador  é  al  oficial,  se  sometían 
á  la  razón,  é  no  osaban  enojar  á  ninguno,  por  míe- 
do  de  la  justicia  que  el  Rey  é  la  Reyna  mandaban 
executar.  Los  caminos  estaban  ansimesmo  seguros, 
é  muchas  de  las  fortalezas  que  poco  antes  con  dili- 
gencia se  guardaban,  vista  esta  paz  estaban  abier- 
tas ;  porque  ninguno  habia  que  osase  f  urtarlas,  é  to- 
dos gozaban  de  la  paz  é  seguridad.  El  Rey  é  la  Rey- 
na acordaron  en  aquel  año  de  embiar  Corregidores 
á  todas  las  cibdades  é  villas  de  sus  Reynos ,  donde 
no  los  habían  puesto.  Otrosí  ficieron  en  aquellas  cor- 
tes leyes  é  ordenanzas,  necesarias  á  la  buena  gober- 
nación del  Reyno  y  execucion  de  la  justicia,  ansí  en 
lo  civil  como  en  lo  criminal.  Entre  las  quales  orde- 
naron una ,  por  la  qual  confirmaron  la  ordenanza  ó 
constitución  antigua ,  fecha  por  los  Reyes  sus  ante- 
cesores ;  para  que  todos  los  judíos  é  moros  viviesen 
apartados  en  las  cibdades  é  villas  do  moraban ,  ó 
que  no  morasen  entre  los  chrístianos ,  é  traxesen  las 
señales  antiguamente  ordenadas.  Otrosí,  que  los  ju- 
díos no  pusiesen  plata  ni  oro  en  las  toras ;  é  para 
executar  este  apartamiento,  maudaroa  dar  sus  car- 


DON  FERNANDO 
tas ,  y  embiaroü  personas  que  diesen  orden  en  ello 
é  lo  executasen  dentro  de  un  año.  A  estas  personas 
dieron  cargo  de  facer  inquisiciones  en  las  cibdades 
é  villas,  si  habia  algunos  que  recibiesen  agravios,  ó 
fuerzas  de  Caballeros ,  ó  Alcaydes  de  fortalezas ,  é 
los  no  osaban  querellar,  para  que  lo  notificasen  á 
los  Corregidores,  é  ficiesen  cumplimiento  de  justi- 
cia. Otrosí  les  dieron  cargo  para  que  ficiesen  resti- 
tuir á  las  cibdades  é  villas  é  lugares  los  términos 
que  les  estaban  tomados  en  los  tiempos  pasados,  por 
qualesquier  caballeros  é  otras  personas.  Otrosí  ficie- 
sen inquisición  secreta  si  los  Corregidores  adminis- 
traban la  justicia  como  debían,  ó  si  eran  negligen- 
tes en  ella  por  interese  ó  afición ;  ó  si  recibían  dádi- 
vas, ó  presentes,  ó  otros  algunos  intereses  corrom- 
piendo la  justicia.  Y  estos  pesquisidores  andaban 
por  todo  el  Reyno ,  faciendo  las  ínquigiciones  que 
les  eran  encomendadas ;  é  solicitaban  que  se  execu- 
tase  la  justicia,  é  se  quitasen  las  fuerzas  fechas  en 
todo  el  Reyno.  Ansimesmo  mandó  librar  la  Reyna 
á  aquel  Maestro  Prior  de  Prado  su  Confesor,  cierta 
euma  de  maravedís  para  descargar  su  consciencía,  é 
satisfacer  á  las  personas  que  fallasen  que  en  su  de- 
servicio habían  gastado  algunos  maravedís,  ó  ha- 
bían perdido  caballos ,  ó  otros  bienes  en  las  guerras 
pasadas  ;  é  para  proveer  á  las  mujeres  é  fijos  de  al- 
gunos que  eran  muertos  en  su  servicio.  Y  este  Maes- 
tro su  Confesor  la  administraba  por  su  mandado 
con  gran  diligencia. 

CAPÍTULO  X€VI. 

Como  fué  jurado  el  Prfncipe  Don  Jaan  por  Rey  de  Castilla, 
después  de  los  dias  de  la  Reyna. 

En  aquellas  Cortes  que  se  ficieron  en  la  cibdad  de 
Toledo,  acordaron  los  Grandes  del  reyno  é  los  Per- 
lados, é  Caballeros,  é  Ricos-homes,  é  los  Procurado- 
res de  las  cibdades  é  villas,  de  jurar  al  Príncipe  Don 
Juan  por  succesor  destos  Reynos  de  Castilla  é  de 
Lbod.  y  en  un  día  del  mes  de  Abril  deste  año  de 
mil  é  quatrocientos  é  ochenta  años,  estando  presen- 
tes el  Cardenal  de  España,  é  Don  Luís  de  la  Cerda, 
Duque  de  Medinacelí,  é  Don  Alonso  de  Cárdenas, 
Maestre  de  Santiago,  é  Don  Pero  Fernandez  de  Ve- 
lasco,  Conde  de  Haro  é  Condestable  de  Castilla,  ó 
Don  Alonso  Enriquez,  Almirante  de  la  mar,  tío  del 
Rey,  é  Don  Pero  Álvarez  de  Osorio,  Marqués  de  As- 
torga  ,  Conde  de  Trastamara,  é  Don  Felipe  de  Ara- 
gón, fijo  del  Príncipe  Don  Carlos,  sobrino  del  Rey,  ó 
Don  Enrique  Enriquez,  Mayordomo  mayor  del  Rey, 
é  Don  Diego  López  de  Stúñíga,  Conde  de  Miranda, 
é  Don  Alvaro  de  Mendoza,  Conde  de  Castro,  é  Don 
Lorenzo  Suarez  de  Mendoza,  Conde  de  Coruña,  é  Don 
Fernán  Alvarez  de  Toledo,  Conde  de  Oropesa,  é  Don 
Gutierre  de  Sotomayor,  Conde  de  Belalcázar,  é  Don 
Iñigo  López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendilla,  é  Don 
Diego  de  la  Cueva ,  Conde  de  Ledesma,  é  Don  Juan 
de  Silva ,  Conde  de  Cif  uentes,  é  Don  Diego  Fernan- 
dez de  Quiñones,  Conde  de  Luna,  é  Don  Diego  Hur- 
tado de  Mendoza,  Obispo  de  Palencia,  é  Don  Alonso 
de  Burgos,  Obispo  de  Córdoba,  é  Don  Eemon  d'Es- 


É  DOjSíA  ISABEL.  355 

pes ,  Obispo  de  ürgel,  é  Don  Alvar  Pérez  de  Gua- 
rnan, Señor  de  Santa  Olalla,  é  Don  Gutierre  de  Cár- 
denas, Comendador  mayor  de  León,  Contador  mayor 
del  Rey,  é  Don  Juan  de  Cardona,  é  Mosen  Reque- 
sens ,  Gobernadores  de  Cataluña,  é  todos  los  Procu- 
radores de  las  cibdades  é  villas  del  Reyno,  é  otros 
Caballeros  é  Ricos  homes  que  se  juntaron  en  aque- 
llas Cortes;  estando  todos  en  la  Iglesia  de  Santa 
María,  delante  del  altar  mayor,  juraron  solemne- 
mente en  un  libro  misal  que  tenia  en  sus  manos  el 
Sacerdote  que  habia  celebrado  la  misa,  de  tener  por 
Rey  destos  Reynos  de  Castilla  é  de  León  al  Prínci- 
pe Don  Juan  su  fijo  mayor  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
para  después  de  los  dias  de  la  Reyna,  que  era  pro- 
pietaria destos  Reynos.  É  ansimesmo  ficieron  pley- 
to  omenage  de  lo  complir  é  guardar  por  sí  é  por  sus 
subcesores,  é  por  todas  las  cibdades  é  villas  destos 
Reynos,  según  y  en  la  manera  que  lo  habían  jurado. 
Otrosí  el  Maestre  de  Santiago  suplicó  al  Rey  ó  á  la 
Reyna,  que  le  entregasen  los  pendones  ó  insignias 
del  Maestradgo  de  Santiago:  por  quanto  la  costum- 
bre antigua  de  España  es  que  los  Reyes  de  Castilla 
entreguen  de  su  mano  por  acto  solemne  los  pendo- 
nes del  Maestradgo  de  Santiago,  á  los  que  son  ele- 
gidos por  Maestres;  porque  en  el  acto  se  muestra  el 
consentimiento  que  los  Reyes  dan  á  los  Maestres  pa- 
ra que  hayan  aquella  dinidad  en  sus  Reynos.  É  an- 
simesmo porque  en  aquella  entrega  se  da  á  entender 
que  le  facen  Capitán  é  Alférez  del  Apóstol  Santiago 
patrón  de  las  Espafias,  para  la  guerra  contra  los 
moros,  enemigos  de  nuestra  santa  fé.  Y  el  Rey  é  la 
Reyna  oviéronlo  por  bien,  é  mandaron  celebrar  en 
la  Iglesia  mayor  una  solemne  misa;  é  después  de 
dicha,  el  Sacerdote  bendixo  los  pendones  con  devo- 
tas oraciones.  Y  el  Maestre  con  fasta  quatrocientos 
Comendadores  é  Caballeros  de  la  orden,  todos  ves- 
tidos de  mantos  blancos  largos,  según  su  costumbre, 
é  sus  hábitos  de  cruces  de  espadas  coloradas  en  los 
pechos,  pasaron  en  procesión  entre  los  dos  coros  de 
la  Iglesia.  Y  el  Maestre  entró  en  el  coro,  é  fincadas 
las  rodillas  ante  el  Rey  ó  la  Reyna,  le  entregaron 
de  su  mano  en  la  suya  los  pendones  ó  insignias  de 
Santiago,  é  le  dixeron:  «Maestre,  Dios  vos  dé  bue- 
snas  andanzas  contra  los  moros,  enemigos  de  nues- 
))lra  santa  fó  católica.»  El  Maestre  recibió  aquellos 
pendones,  é  besó  las  manos  al  Rey  é  á  la  Reyna ;  ó 
suplicóles  que  le  diesen  licencia,  para  que  él  con 
toda  la  Orden  de  la  caballería  de  Santiago  fuese  á  la 
tierra  de  moros,  á  les  facer  la  guerra  que  era  obli- 
gado de  facer,  porque  sirviese  á  Dios  é  á  ellos,  ó 
cumpliese  los  estatutos  de  su  Orden.  El  Rey  é  la 
Reyna  le  dixeron,  que  su  suplicación  era  de  cathólíco 
christiano,  é  de  buen  caballero,  é  que  ellos  ansi- 
mesmo estaban  en  propósito  de  dar  orden  en  la 
guerra  contra  los  moros;  pero  que  agora  estaban 
ocupados  en  mandar  facer  armada  contra  los  tur- 
cos. Aquella  expedida,  luego  entenderían  en  su  su- 
plicación, é  le  llamarían  para  lo  que  cerca  de  aque- 
lla guerra  se  debia  facer.  En  las  Cortes  de  aquella 
cibdad  ficieron  ansimesmo  un  estatuto,  que  ninguno 
de  los  Duques  de  Castilla  traxesen  ballesteros  de 


566 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


maza  ante  sí,  ni  menos  traxesen  coroneles  en  los 
escudos  de  sus  armas,  ni  traxesen  por  orlas  las  ar- 
mas reales,  salvo  aquellos  que  por  justa  causa  las 
pudiesen  traer.  Otrosí  defendieron  que  ningún  Du- 
que, ni  otro,  quanto  quier  que  fuese  noble,  no  pusie- 
se su  título  encima  de  la  letra  que  escribiese  á  su 
vasallo ;  porque  esto  pertenecía  á  la  preeminencia 
real  solamente.  Ansimesmo  en  aquellas  Cortes,  el 
Eey  é  la  Reyna  conociendo  los  leales  servicios  que 
el  Mayordomo  Andrés  de  Cabrera  é  su  muger  Doña 
Beatriz  de  Bovadilla  señores  de  la  villa  de  Moya 
les  ficieron,  seyendo  Príncipes,  é  después  que  fueron 
Eeyes,  acordaron  de  los  remunerar,  dándoles  título 
de  Marqués  é  Marquesa  de  la  su  villa  de  Moya ;  é 
por  los  honrar,  mandaron  que  aquel  día  comiesen 
á  su  mesa.  É  la  Eeyna  les  fizo  merced  de  ciertos 
lugares  en  el  Eeyno  de  Toledo,  que  se  llaman  el 
Sesmo  de  Valdemoro,  los  quales  eran  de  tierra  de 
Segovia,  porque  pudiesen  mejor  sostener  el  estado 
é  dinidad  que  les  babian  dado. 

CAPÍTULO  XCVIL 

De  como  el  Rey  é  la  Reyna  partieron  de  Toledo,  é  pasaron  los 
puertos,  é  acordaron  de  ir  á  Medina  del  Campo,  é  dende  á  la 
Tilla  de  Yalladolid. 

Fechas  las  Cortes  de  Toledo,  el  Eey  é  la  Eeyna 
acordaron  de  pasar  los  puertos,  é  venir  á  la  villa  de 
Medina  del  Campo  :  en  la  qual  estovieron  algunos 
días,  é  mandaron  facer  justicia,  é  restituir  los  bie- 
nes y  heredamientos,  que  forzosamente  en  los  tiem- 
pos pasados  estaban  tomados.  Y  en  este  exercicio 
de  la  justicia,  ansí  ellos  como  los  Doctores  que  es- 
taban en  su  Consejo,  trabajaban  continamente: 
porque  según  los  grandes  reynos  y  estendidos  se- 
ñoríos que  tenían,  les  convenia  oir  siempre  los  que- 
rellosos, é  los  proveer  de  justicia.  É  mandaron  de- 
gollar por  justicia  á  un  caballero  natural  del  Eeyno 
de  Galicia,  que  se  llamaba  Alvar  Yafiez  de  Lugo 
vecino  de  aquella  villa  de  Medina,  home  muy  rico; 
el  qual  por  haber  ciertos  bienes  de  un  home,  fizo 
facer  una  escriptura  falsa  á  un  escribano,  é  después 
porque  el  escribano  no  lo  descubriese  le  mató,  y  en- 
terró secretamente  en  su  casa.  Este  delicto  fizo  tan 
secreto,  que  ninguno  fué  en  él  partícipe,  salvo  solo 
él,  é  un  home  suyo,  á  fin  que  no  se  supiese.  Pero 
todos  los  delictos  por  secreto  que  se  fagan,  descubre 
el  sol  de  la  justicia  de  Dios,  en  cuya  ofensa  se  facen; 
é  la  muger  de  aquel  escribano  querelló  deste  delicto 
ante  el  Eey  é  la  Eeyna.  É  mandaron  facer  pesquisa 
é  prender  aquel  caballero;  el  qual  mostrándole  los 
manifiestos  indicios  de  su  delicto,  fallados  por  la 
pesquisa,  confesó  su  pecado,  é  daba  al  Eey  é  á  la 
Eeyna  quarenta  mil  doblas  para  la  guerra  de  los 
moros,  porque  le  salvasen  la  vida.  Algunos  ovo  en 
su  consejo,  cuyo  voto  era  que  se  recibiesen,  pues 
aquello  en  que  se  habían  de  distribuir,  era  cosa 
santa  é  necesaria.  Pero  la  Eeyna  no  lo  quiso  facer, 
é  mandó  degollar  á  aquel  caballero,  pospuesto  el 
grand  interese  que  le  era  ofrecido.  É  como  quiera 
que  sus  bienes,  según  las  leyes,  eran  aplicados  á  su 


cámara,  pero  no  los  quiso  tomar,  é  fizo  merced  da- 
llos á  sus  fijos,  porque  las  gentes  no  pensasen,  que 
movida  por  cobdicia  había  mandado  facer  aquella 
justicia. 

CAPÍTULO  XCVIII. 

Del  proTeimiento  que  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  facer  en  el 
Reyno  de  Galicia. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
cientos  é  ochenta  é  un  años,  el  Eey  é  la  Eeyna 
acordaron  de  partir  de  la  villa  de  Medina  del  Cam- 
po, é  ir  á  la  villa  de  Valladolid.  É  después  de 
haber  estado  en  ella  algunos  dias,  el  Eey  partió 
para  el  Eeyno  do  Aragón  á  proveer  en  la  justi- 
cia, y  en  las  otras  cosas  que  en  aquellas  partea 
ocurrían,  donde  era  menester  su  presencia,  espe- 
cialmente para  facer  llamar  á  las  cortes  que  se 
habían  de  facer  en  aquel  reyno.  B  la  Eeyna  quedó 
en  Valladolid,  é  con  ella  el  Cardenal  de  España,  y 
el  Almirante  Don  Alonso  Enriquez,  y  el  su  Condes- 
table Conde  de  Haro,  y  el  Conde  de  Benavente,  é 
otros  caballeros.  E  porque  el  Eeyno  de  Galicia  por 
muchos  años  habia  estado  en  guerras  é  corrupcio- 
nes, las  quales  duraron  tanto  tiempo,  que  los  mora- 
dores de  toda  aquella  provincia  estaban  subjetos  á 
los  tiranos  é  robadores;  é  ni  el  Eey  Don  Enrique, 
hermano  de  la  Eeyna,  ni  menos  el  Eey  Don  Juan 
su  padre,  pudieron  sojuzgar  aquel  reyno  como  de- 
bían; ni  los  caballeros,  ni  los  moradores  del  com- 
plían  sus  mandamientos,  ni  les  pagaban  sus  rentas, 
salvo  á  la  voluntad  de  los  que  las  querían  pagar : 
é  los  tíranos  las  tomaban  é  apropiaban  á  sí.  Otrosí 
tomaban  las  rentas  é  los  heredamientos  de  las  Igle- 
sias, é  facíanse  patrones  dellas;  é  muchos  mones- 
terios  no  osaban  tomar  de  sus  propias  rentas,  salvo 
lo  que  el  caballero  que  en  ellas  se  habia  entrado 
les  daba  de  su  mano.  Ficí érense  ansimesmo  en 
aquellos  tiempos  por  todo  aquel  reyno  muchas  for- 
talezas, sin  licencia  de  los  Eeyes  pasados,  donde 
continamente  estaban  ladrones  é  robadores  que  te- 
nían los  pueblos  subjetos.  E  tanto  estaban  habi- 
tuados en  aquella  subjecion,  que  ya  se  convertía 
en  tal  costumbre,  que  no  se  contradecía;  é  cada 
uno  apropriaba  á  sí  los  pueblos  que  mas  podía  so- 
juzgar, é  las  rentas  que  podía  tomar.  Estaban  an- 
simesmo opresas  é  tiranizadas  por  lo»  caballeros 
de  aquel  reyno  las  cibdades  é  villas  de  Tuy,  é 
Lugo ,  é  Orense,  é  Mondofiedo,  é  Vivero,  é  todas 
las  otras;  en  las  quales  el  Eey  é  los  Perlados  de- 
llas tenían  poca  parte.  É  como  quier  que  los  Ee- 
yes pasados  embiaron  Gobernadores  é  Corregido- 
res á  aquel  reyno  con  gente  de  armas,  para  lo» 
tener  en  justicia;  pero  tanta  era  la  confusión  é 
multitud  de  los  tiranos,  que  en  ningún  tiempo  los 
pudieron  poner  en  orden  según  debía.  El  Eey  é  la 
Eeyna,  entendiendo  que  compila  al  servicio  de  Dios 
é  suyo  proveer  en  la  buena  gobernación  de  aquel 
reyno,  embiaron  á  Don  Femando  de  Acuña,  fijo  del 
Conde  de  Buendía,  que  era  caballero  de  buen  es- 
fuerzo é  de  sana  consciencia,  ó  á  un  letrado  de  su 


DON  FERNANDO 
Consejo,  qne  se  llamaba  el  Licenciado  Garci  Ló- 
pez de  Chinchilla,  que  era  buen  letrado,  é  home  de 
buen  juicio,  é  constante  en  la  administración  da  la 
justicia.  Este  caballero  y  este  letrado  con  poderes 
del  Key  é  de  la  Reyna  fueron  al  Reyno  de  Galicia, 
é  llevaron  gente  de  armas  á  caballo,  y  entraron  en 
la  cibdad  de  Santiago;  é  por  virtud  de  los  poderes 
que  llevaban,  embiaron  á  mandar  á  todas  las  cib- 
dades,  ó  villas,  é  cotos  del  Eeyno  de  Galicia,  que 
embiaeen  allí  sus  procuradores,  para  comunicar  con 
ellos  sobre  las  cosas  concernientes  á  la  pacificación 
de  aquel  reyno.  Los  quales  vinieron  á  la  cibdad  de 
Santiago;  é  después  que  todos  fueron  juntos,  aquel 
caballero,  é  aquel  licenciado  les  dixeron,  como  ellos 
venian  allí  con  cargo  de  administrar  justicia  en 
aquel  reyno,  é  quitar  del  las  tiranías  en  que  estaba 
puesto.  Algunos  de  aquellos  procuradores  que  allí 
se  juntaron  dubdaban  de  los  recebir,  porque  no 
creían  tener  fuerzas  para  administrar  la  justicia 
contra  los  tiranos,  que  de  tan  antiguos  tiempos  es- 
taban habituados  á  robar  é  tiranizar.  De  lo  qual  era 
la  costumbre  tan  antigua,  que  los  robadores  adqui- 
rían ya  derecho  á  los  robos,  é  los  llevaban  cada  año 
<Je  los  pueblos;  é  los  robados,  tanto  tenían  ya  en  uso 
Bofrir  aquellos  robos,  que  los  consentían  como  cosa 
debida.  En  especial  fallaban  ser  difícile  desapo- 
derar á  aquellos  tiranos  de  las  fortalezas  é  castillos 
do  estaban  fortalecidos,  é  punir  tanta  multitud  de 
ladrones  como  había  en  aquel  reyno ;  porque  si  to- 
dos los  malfechores  é  tiranos  se  juntasen,  como 
otras  veces  se  habían  juntado,  eran  muchos  mas 
8in  comparación  que  la  gente  de  armas  que  aquel 
Don  Fernando  llevaba.  É  algunos  que  creían  ser 
imposible  poner  en  justicia  aquella  provincia,  res- 
pondieron que  ansí  como  traian  poder  del  Eey  de 
la  tierra,  les  era  menester  traer  poder  del  Eey  del 
cielo,  para  poder  punir  tantos  tiranos  ó  malfechores 
como  en  aquel  reyno  había;  de  otra  manera  no 
creían  que  pudiese  facer  execucion  de  justicia.  Es- 
tas é  otras  muchas  razones  decían  aquellos  procu- 
radores, dubdando  de  los  recebir,  por  no  se  enemis- 
tar con  los  caballeros  é  tiranos  de  aquel  reyno; 
pensando  que  si  se  mostrasen  favorables  á  la  justi- 
cia, se  enemistarían  con  ellos,  é  la  flaqueza  de  la 
justicia  no  ternia  fuerzas  para  los  librar  de  sus 
manos.  Oídas  aquellas  razones,  aquel  caballero  y  el 
letrado,  lea  dixeron:  ((Estad  señores  de  mejor  áni- 
»mo,  ó  tened  buena  esperanza  en  Dios,  y  en  la  pro- 
«videncia  del  Eey  é  de  la  Eeyna  nuestros  señores, 
»y  en  la  voluntad  que  tienen  á  la  administración 
»de  la  justicia,  é  ansimesmo  en  el  deseo  que  nos- 
» otros  tenemos  de  la  executar  en  su  nombre;  é  con 
»el  ayuda  de  Dios  trabajaremos,  que  las  tiranías 
» cesen,  é  los  tiranos  sean  punidos,  é  cada  uno  de 
«los  moradores  deste  reyno  vivan  en  sosiego,  de 
«manera  que  sean  señores  de  lo  suyo,  sin  padecer 
bIos  agravios  que  fasta  aquí  habéis  padecido.» 
Aquellos  procuradores,  como  quiera  que  inciertos 
de  aquella  promesa,  pero  deseando  ver  alguna  jus- 
ticia, recibiéronlos  al  caballero  por  Gobernador,  é 
al  letrado  por  Corregidor;  é  dixéronles,  que  esto- 


É  DOÑA  ISABEL.  357 

viesen  continamente  sus  personas  en  aquel  reyno, 
é  no  lo  desamparasen,  fasta  tanto  que  fuese  puesto 
en  orden  de  justicia,  é  que  ellos  les  darían  favor  ó 
gente  para  la  executar.  Aquel  caballero  é  aquel  le- 
trado lo  prometieron;  é  asentadas  las  cosas  entre 
ellos,  los  procuradores  se  volvieron  cada  uno  á  la 
cibdad  ó  villa  donde  eran.  E  aquel  caballero  é 
aquel  letrado  comenzaron  á  oír  algunas  querellas, 
é  facer  sus  procesos  por  vía  jurídica  contra  los  mal- 
fechores, é  prendieron  algunos,  é  ficieron  justicia 
dellos.  É  tan  grande  fué  el  terror  de  la  justicia  que 
executaban,  que  en  espacio  de  tres  meses  se  absen- 
taron de  la  tierra  mas  de  mil  é  quinientos  ladrones 
é  omícianos.  É  como  las  gentes  conocieron  que 
aquel  caballero  y  el  licenciado,  sin  temor  alguno  de 
las  amenazas  que  por  los  caballeros  é  tiranos  les 
eran  fechas,  é  sin  intereses,  ni  acepción  de  personas 
executaban  la  justicia,  todos  se  juntaron  con  ellos, 
cada  que  los  llamaban,  é  pagaban  al  Eey  é  á  la 
Eeyna  los  pechos  ordinarios,  que  de  largos  tiempos 
tomaban  los  caballeros,  é  derribaron  por  todo  el 
Reyno  de  Galicia  quarenta  é  seis  fortalezas,  de 
donde  se  facían  grandes  fuerzas.  E  ficieron  justicia 
de  muchos  homes,  que  habían  cometido  en  los 
tiempos  pasados  fuerzas  é  crimines;  entre  los  qua- 
les ficieron  justicia  de  un  caballero  que  se  llamaba 
Pedro  de  Miranda,  ó  de  otro  caballero  que  se  lla- 
maba el  Mariscal  Pero  Pardo:  los  quales  no  creían 
que  podía  venir  tiempo  en  que  la  justicia  les  osase 
prender.  E  después  de  presos  daban  grandes  sumas 
de  oro  para  la  guerra  de  los  moros,  porque  les  sal- 
vasen las  vidas;  pero  aquel  caballero  é  aquel  letra- 
do no  lo  quisieron  recebir. 

Otrosí  ficieron  restituir  á  las  iglesias  é  moneste- 
rios,  é  á  otras  personas  eclesiásticas,  muchos  bienes 
y  heredamientos  é  beneficios  que  estaban  entrados 
forzosamente  de  muchos  tiempos  antepasados.  É 
con  esta  forma  que  tovieron,  pacificaron  en  espacio 
de  año  é  medio  todo  el  Eeyno  de  Galicia ;  de  ma- 
nera que  los  moradores  de  aquella  tierra,  que  no  pen- 
saban haber  justicia  ni  libertad,  como  redemidos  de 
largo  captiverio,  daban  gracias  á  Dios  por  la  gran 
seguridad  de  que  gozaban,  é  loaban  mucho  la  dili- 
gencia que  el  Eey  é  la  Eeyna  mandaron  facer  para 
execucion  de  la  justicia;  la  qual  se  administró  se- 
gún debia,  por  la  buena  conformidad  que  aquellos 
ministros  tovieron  el  uno  con  el  otro.  Los  quales 
sufrieron  grandes  miedos,  teniendo  aquellas  formas 
que  entendían  para  lo  traer  al  estado  que  lo  traxe- 
ron;  especialmente  porque  fueron  tan  rectos  en  los 
juicios  é  tovieron  las  manos  tan  limpias  de  recebir 
dones,  que  jamas  fueron  corrompidos  por  dádivas 
que  les  fueron  ofrecidas.  E  sin  dubda  el  juez  que 
toma,  luego  es  tomado  é  menospreciado  de  aquel 
que  le  da,  é  no  puede  escapar  de  ser  ingrato  ó  in- 
justo :  ingrato,  si  no  face  algo  por  el  que  le  dio; 
injusto,  si  lo  face  contra  justicia.  E  sí  por  ventura 
recibe  algo  porque  faga  justicia,  yerra  también  si 
toma  precio  por  aquello  que  sin  precio  es  obligado 

de  facer. 


358 


CRÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 


CAPÍTULO  XCIX. 

De  la  armada  que  se  fizo  contra  el  Turco. 

Todos  los  mas  dias  venían  nuevas  al  Rey  é  á  la 
Beyna,  que  el  turco  tenia  grand  annada  por  mar,  ó 
que  embiaba  á  conquistar  el  Reyno  de  Sicilia,  é  an- 
simesmo  que  por  tierra  continamente  sus  gentes 
tomaban  christianos,  é  les  facian  crueles  muertes. 
Lo  qual  puso  tan  grande  terror,  que  mandaron  en 
las  iglesias  de  sus  Reynos  todos  los  dias  facer  ora- 
ción á  Dios,  porque  le  pluguiese  alzar  su  ira,  é  li- 
brar á  los  christianos  de  las  fuerzas  é  poderío  de 
aquel  enemigo  de  la  christiandad.  É  acordaron  de 
facer  armada  por  mar,  para  favorecer  al  Rey  Don 
Fernando  de  Ñapóles,  é  defender  el  Reyno  de  Sici- 
lia. E  mandaron  á  Alonso  de  Quintanilla,  é  al  Pro- 
visor do  Villafranca,  que  administraban  las  cosas 
de  las  hermandades,  que  fuesen  á  Vizcaya,  é  á  Gui- 
púzcoa, é  á  las  montañas ,  é  tomasen  las  naos  que 
pudiesen  haber,  é  la  gente,  é  vituallas,  é  armas,  é 
artillería  que  fuese  necesaria,  é  ficiesen  armada  por 
mar.  Estos  ministros  ficieron  juntar  en  la  cibdad 
de  Burgos  los  procuradores  de  las  villas  é  lugares 
de  las  behetrías,  que  por  obligación  antigua  son  te- 
nudos  de  dar  galeotes  para  las  armadas  que  los  Re- 
yes de  Castilla  mandaren  facer.  É  porque  los  mo- 
radores de  las  behetrías  no  tienen  el  uso  de  navegar, 
por  la  gran  distancia  que  hay  de  los  lugares  do 
moran  á  los  puertos  de  la  mar,  ficieron  composición 
con  aquellos  dos  comisarios,  de  les  dar  cierta  suma 
de  maravedís,  con  la  qual  tomasen  otros  galeotes  de 
las  villas  é  lugares  que  son  cerca  de  puertos  de  mar, 
y  ellos  fuesen  libres  de  ir  en  el  armada.  Aquellos 
dos  comisarios  recibieron  la  suma  que  les  fué  dada ; 
é  fueron  al  Condado  de  Vizcaya  é  á  la  provincia  de 
Guipúzcoa,  é  ficieron  juntar  los  caballeros  é  fijos- 
dalgo,  é  procuradores  de  todas  las  villas  é  lugares 
de  aquellas  tierras.  A  los  quales  notificaron,  como 
el  Rey  é  la  Reyna  mandaban  facer  armada  por  mar 
para  ir  contra  los  turcos,  é  ayudar  á  los  christianos 
é  para  defender  el  Reyno  de  Sicilia  que  el  Turco 
quería  conquistar;  é  ansimesmo  para  que  el  Rey  de 
Ñapóles  pudiese  recobrar  la  cibdad  de  Otranto  que 
le  tenían  ocupada.  É  porque  los  que  moraban  en 
aquel  Condado  de  Vizcaya,  y  en  la  provincia  de 
Guipúzcoa  son  gente  sabida  en  el  arte  de  navegar 
y  esforzados  en  las  batallas  marinas,  é  tenían  naves 
é  aparejos  para  ello,  y  en  estas  tres  cosas  que  eran 
las  principales  para  las  guerras  de  la  mar,  eran  mas 
instructos  que  ninguna  otra  nación  del  mundo; 
por  ende  convenia  que  luego  se  dispusiesen  á  la 
facer,  é  diputasen  entre  sí  homes  que  procurasen 
las  cosas  necesarias  para  ello.  Porque  si  en  otras 
armadas  que  habían  fecho,  ansí  contra  Ingalaterra 
como  contra  otras  naciones  en  los  tiempos  pasados 
habían  seydo  diligentes,  é  por  la  gracia  de  Dios 
victoriosos;  mayormente  lo  debían  facer  en  esta 
que  tanto  era  servicio  de  Dios,  ó  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  é  defensa  general  de  toda  la  christiandad,  y 
ensalzamiento  de  nuestra  santa  fe  cathólica.  Los  mo- 


radores de  aquellas  tierras  son  gente  sospechosa,  § 
algunos  dellos  porque  no  les  daban  cargos,  otros 
porque  no  eran  recebidos  sus  votos,  otros  porque 
no  se  contentaban  con  los  gages  é  sueldos  que  lea 
daban,  é  otros  porque  no  querían  dar  sus  naves 
para  el  armada,  ponían  empacho,  é  impedían  que 
se  ficiese,  diciendo  ser  contra  sus  privilegios,  é 
contra  sus  grandes  libertades,  de  que  los  de  aquella 
tierra  gozan,  é  les  fueron  guardadas  por  los  Reyes 
de  España,  antecesores  del  Rey  é  de  la  Reyna.  É 
sobre  esto  ponían  turbaciones  é  impedimentos  de 
tan  mala  calidad,  que  todas  aquellas  gentes  se  es- 
candaHzaron,  diciendo  que  sus  privilegios  é  liber- 
tades eran  quebrantadas.  É  aquellos  dos  comisarios 
Alonso  de  Quintana  y  el  Provisor  de  Villafranca, 
fueron  puestos  algunas  veces  en  gran  peligro  de 
sus  vidas,  recelando  el  ímpetu  de  los  pueblos  que 
estaban  levantados.  Porque  los  alborotadores  les 
daban  á  entender,  que  aquellos  comisarios  venían 
á  los  engañar,  é  quebrantar  sus  privilegios  é  á  los 
facer  pecheros  é  tributarios.  Los  comisarios  rece- 
lando el  ímpetu  del  pueblo ,  engañado  por  aquellos 
alborotadores,  ficieron  juntar  todos  los  mas  que  pu- 
dieron, é  con  palabras  dulces  les  dieron  á  entender, 
que  ellos  no  venían  á  quebrantarles  sus  franquezas, 
mas  venían  á  gelas  guardar  mejor  que  fasta  aquí 
les  habian  seydo  guardadas.  É  que  dixesen  ellos  lo 
que  recelaban,  é  de  toda  su  sospecha  les  darían 
el  saneamiento  que  quisiesen ;  é  que  les  ploguie- 
se  considerar  quan  santa  era  la  negociación  que 
ellos  traían,  é  otrosí  los  grandes  estragos  é  derra- 
mamientos de  sangre  que  los  turcos  habian  fecho, 
é  de  cada  dia  facian  en  los  christianos,  é  la  gran 
necesidad  en  que  toda  la  christiandad  estaba  de  re- 
sistir aquel  enemigo.  B  que  como  buenos  christia- 
nos debían  dar  gracias  á  Dios,  porque  aparejó  cosa 
tan  grande,  en  que  demostrasen  el  gran  zelo  que 
tienen  á  la  honra  de  su  Rey  é  de  su  tierra,  é  al  en- 
salzamiento de  la  religión  christiana;  lo  qual  ellos 
tanto  mas  eran  obligados  de  facer,  quanto  eran  mas 
sabios  en  el  arte  de  navegar,  y  esforzados  en  las 
batallas  marinas.  E  que  debían  tomar  exemplo  en 
los  Ingleses  y  en  otras  naciones,  que  habían  fecho 
semejantes  armadas;  especialmente  los  Portogue- 
ses,  los  quales  aunque  de  reyno  pequeño,  é  caídos  é 
vencidos  de  las  guerras  y  estragos  que  padecieron 
en  Castilla,  pero  que  habian  fecho  armada  é  iban 
con  ella  en  servicio  de  Dios  é  de  su  Rey,  é  honra  de 
su  tierra.  «E  si  vosotros»,  dixo  él,  «podéis  sufrir 
«que  los  Portogueses  con  tanta  honra  vayan  en  la 
«prosecución  desta  santa  demanda,  é  vosotros  Cas- 
«tellanos,  mas  en  número,  mas  poderosos,  mas  es- 
» forzados,  é  mucho  mas  diestros  en  el  arte  de  na- 
«vegar,  acordáis  quedar  folgando  en  vuestras  casas; 
«quedad  señores  enhorabuena.»  Dichas  estas  é  otras 
razones,  los  pueblos  fueron  no  solamente  aplacados 
mas  engendróse  en  ellos  de  súbito  tal  embidia,  que 
mudada  sospecha  en  orgullo,  é  sus  escusaciones  en 
diligencia  presurosa,  dieron  orden  á  facer  el  arma- 
da. Y  en  aquellas  dos  provincias  de  Vizcaya  é  de 
Guipúzcoa  se  armaron  cinquenta  naos;  é  juntas  en 


DON  FERNANDO 
el  puerto  de  Laredo,  dicha  ende  con  gran  solemni- 
dad una  misa,  que  celebró  aquel  Provisor  de  Villa- 
franca,  ó  dichas  ansimesmo  las  bendiciones  sobre 
las  enseñas  é  banderas  que  llevaban  las  naos,  par- 
tieron del  puerto  de  Laredo  con  gran  gente  de 
aquellas  montañas  bien  armada  é  bastecida.  De  la 
qual  iba  por  capitán  Don  Francisco  Enriquez,  fijo 
del  Almirante  Don  Fadrique;  é  juntáronse  con  esta 
flota  de  los  puertos  de  Galicia  é  del  Andalucía  otras 
veinte  naos,  de  manera  que  en  toda  el  armada  iban 
setenta  naos.  Las  quales  con  su  capitán  llegaron 
fasta  el  Reyno  de  Ñápeles,  donde  ansimesmo  vinie- 
ron las  armadas  de  Portogal  é  de  otros  reynos  (1). 
É  al  tiempo  que  llegaron,  al  Eey  de  Ñapóles  que 
tenia  cercada  la  cibdad  de  Otranto,  porque  no  fué 
socorrida  del  Turco,  gele  entregó  á  partido,  en  que 
salvó  las  vidas  de  los  turcos  que  en  ella  estaban, 
los  quales  desampararon  la  cibdad. 

CAPÍTULO  0. 

Del  debate  que  ovo  entre  Don  Fadrique  Enriquez,  é  Ramiro  Ñuño 
de  Guzman. 

Acaeció  en  aquellos  dias,  que  estando  la  Reyna 
en  Valladolid  (2)  y  el  Rey  en  Aragón ,  una  noche 
el  fijo  mayor  del  Almirante,  que  se  llamaba  Don 
Fadrique,  ovo  palabras  con  el  Señor  de  Toral  que 
se  llamaba  Ramir  Nuñez  de  Guzman  en  el  palacio 
de  la  Reyna,  sobre  el  asiento  cerca  de  las  damas ; 
de  las  quales  palabras  Don  Fadrique  se  sintió  inju- 
riado. E  otro  dia  notificóse  á  la  Reyna,  que  so  espe- 
raba algún  inconviniento  de  la  discordia  que  entre 
aquellos  dos  caballeros  había  pasado;  por  ende  que 
Su  Alteza  lo  remediase.  La  Reyna  ovo  información 
délo  que  entre  ellos  pasó,  é  mandó  áGarcilaso  de  la 
Vega  su  Maestresala,  que  toviese  preso  en  su  posada 
á  Ramir  Nuñez  de  Guzman  ;  é  á  Don  Fadrique  em- 
bió  á  mandar,  que  estoviese  preso  en  casa  del  Al- 
mirante su  padre,  é  no  saliese  della  sin  su  licencia. 
Y  embióles  á  mandar,  que  de  dicho  ni  de  fecho  no 
inovasen  el  uno  contra  el  otro  cosa  alguna ,  porque 
ella  lo  mandarla  remediar  por  justicia  ;  é  puso  tre- 
guas entre  ellos ,  las  quales  mandó  que  guardasen 
80  ciertas  penas.  Don  Fadrique  presumiendo  tomar 
venganza  por  sus  manos ,  é  no  por  via  de  justicia, 
absentóse  porque  los  mandamientos  de  la  Reyna  no 
le  fuesen  notificados.  E  la  Reyna  quando  oyó  decir 
que  Don  Fadrique  se  habia  absentado,  fizo  soltar  á 
Ramir  Nuñez  de  Guzman,  é  dióle  su  seguro  que  no 
recibirla  daño  ni  injuria.  E  dende  á  pocos  dias,  an- 
dando aquel  caballero  en  una  muía  por  la  plaza  de 


(1)  La  armada  de  España  que  Iiabia  salido  de  Laredo  á  22  de 
Junio  de  este  año  llegó  á  Italia  á  2  de  Octubre,  y  poco  antes  la 
Portuguesa,  pero  una  y  otra  tarde,  pues  ya  se  habia  rendido 
Otranto  al  Daque  de  Calabria  con  partido  de  la  vida  del  Goberna- 
dor y  docieulos  hombres;  los  demás  á  merced.  Habia  sido  tomada 
esta  plaza  por  el  Turco  en  13  de  Agosto  del  año  antecedente,  des- 
pués del  xnütil  cerco  de  Rodas.  Bernald.,  cap.  45.  Zurita,  lid.  20, 
cap.  40. 

(2)  Gnlindez  en  el  sumario  de  este  año  dice  que  este  hecho  pasó 
en  Medina  del  Campo,  y  que  el  Cronista  lo  cuenta  muy  falta  y  di- 
minutamente con  perjuicio  de  partes.  No  se  uplica  más. 


É  DOÑA  ISABEL.  359 

la  villa,  confiado  del  seguro  que  la  Reyna  le  habia 
dado  ,  salieron  á  él  tres  homes  á  caballo  cubiertas 
las  caras,  é  diéronle  ciertos  palos.  Lo  qual  sabido 
por  la  Reyna,  como  quiera  que  facia  á  la  hora  gran 
fortuna  de  aguas ,  pero  luego  cabalgó,  é  salió  sola 
por  la  puerta  del  campo ,  que  es  en  aquella  villa  de 
Valladolid,  é  fué  camino  de  Simancas,  que  tenia 
el  Almirante.  E  como  se  sopo  por  la  corte  que  la 
Reyna  iba  sola,  luego  todos  los  capitanes  de  su 
guarda  cavalgaron,  é  fueron  corriendo  fasta  que 
la  alcanzaron.  E  ansimesmo  fué  el  Almirante,  é  al- 
canzó á  la  Reyna  que  estaba  ya  á  la  puerta  de  la 
fortaleza,  é  díxole :  «Almirante ,  dadme  luego  á  Don 
«Fadrique  vuestro  fijo  para  facer  justicia  del ,  por- 
«que  quebrantó  mi  seguro.»  El  Almirante  le  respon- 
dió :  «Señora  no  le  tengo,  ni  sé  dónde  está.»  La  Rey- 
na le  replicó :  «Pues  no  me  podéis  entregar  vuestro 
Dfijo ;  entregadme  esta  fortaleza  de  Simancas ,  é  la 
«fortaleza  de  Rioseco.»  El  Almirante  le  dixo  :  «Se- 
»ñora,  pláceme  de  buena  voluntad  entregaros  estas 
Bfortalezas  é  todas  las  otras  que  tengo.»  E  luego 
llamó  al  Alcayde,  y  en  presencia  de  la  Reyna  man- 
dó que  entregase  la  fortaleza  á  quien  ella  mandase. 
La  Reyna  mandó  salir  á  todos  los  homes  del  Almi- 
rante que  estaban  en  ella,  é  mandó  á  un  capitán  que 
se  llamaba  Alonso  de  Fonseca,  que  se  apoderase  de- 
lla, é  buscase  si  estaba  dentro  Don  Fadrique  ,  é  no 
fué  fallado,  é  quedó  la  fortaleza  en  poder  de  la  Rey- 
na ó  de  aquel  su  capitán,  á  quien  la  mandó  entre- 
gar, é  fizóle  pleyto  omenage  por  ella.  E  ante  que 
de  allí  partiese,  fizo  que  el  Almirante  embiase  á 
entregar  la  fortaleza  de  Rioseco  :  la  qual  le  fué 
luego  entregada ,  porque  no  osó  el  Almirante  facer 
otra  cosa.  E  ansí  quedaron  aquellas  dos  fortalezas 
en  poder  de  la  Reyna,  é  volvió  para  Valladolid. 
Otro  dia,  del  gran  pesar  que  ovo  por  el  quebranta- 
miento de  su  seguro,  é  del  trabajo  que  ovo  del  dia 
antes,  no  se  levantó  de  la  cama.  Preguntada  qué 
enojo  sentía ,  respondió :  «Duéleme  este  cuerpo  de 
»los  palos  que  dio  ayer  Don  Fadrique  contra  mi  se- 
»guro  »  ;  é  siempre  mostró  indinacion  y  enojo  con- 
tra el  Almirante,  aunque  era  tío  del  Rey  su  mari- 
do, é  contra  sus  parientes,  por  aquel  delicto  que 
Don  Fadrique  cometió  en  su  corte.  El  Almirante  ve- 
yendo  que  la  Reyna  mostraba  contra  él  é  contra  to- 
da su  parentela  grand  indinacion,  ovo  su  consejo 
de  buscar  á  do  estaba  Don  Fadrique  su  fijo ,  é  de  lo 
entregar  á  la  Reyna,  é  remitirse  á  lo  que  le  ploguie- 
se  facer.  E  dende  á  pocos  dias ,  el  Condestable  de 
Castilla  que  era  tío  de  Don  Fadrique,  hermano  de 
su  madre,  lo  llevó  al  palacio  de  la  Reyna  para  gelo 
entregar ,  é  díxole  :  «  Señora,  yo  traigo  aquí  á  Don 
»Fadrique  mi  sobrino,  é  lo  entrego  á  Vuestra  Seño- 
))ría,  para  que  mande  facer  del  lo  que  por  bien  to- 
Bviere ,  pero  humilmente  le  suplico,  que  considere 
»que  no  ha  veinte  años ,  é  que  esta  edad  no  es  aun 
»  bien  capaz  para  saber  el  acatamiento ,  é  obedien- 
3)cia  que  se  debe  á  los  mandamientos  reales :  faga 
» Vuestra  Alteza  del,  ó  la  justicia  que  quisiere,  ó  la 
»misericordia  que  debe.»  La  Reyna  no  quiso  ver  á 
Don  Fadrique ,  é  mandó  que  lo  entregase  á  un  Al- 


360 


-CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


calde  de  m  corte  ;  é  mandó  al  Alcalde  que  pública- 
mente lo  llevase  preso  por  la  plaza  de  Valladolid,  é 
fuese  con  él  á  la  villa  de  Arévalo,  é  lo  entregase  al 
Alcayde  de  la  fortaleza  della ;  el  qual  lo  recibió  é 
lo  tovo  en  prisiones  muy  estrechas,  y  en  lugar  que 
nadie  lo  veia,  salvo  el  que  le  proveía  de  lo  necesa- 
rio. Después  de  algún  tiempo  que  estovo  preso,  con- 
siderando que  era  primo  del  Rey,  fué  suelto  é  des- 
terrado para  el  Reyno  de  Sicilia  ;  é  fuéle  mandado 
por  la  Reyna  que  no  entrase  en  Castilla  sin  su  man- 
damiento, so  grandes  penas.  Este  Ramir  Nufiez,no 
contento  de  la  pena  que  la  Reyna  dio  al  fijo  del  Al- 
mirante ,  presumió  tomar  venganza  por  sus  manos; 
é  aguardó  una  noche  que  el  Almirante  salia  del  pala- 
cio del  Rey  é  de  la  Reyna,  veniendo  por  una  calle  en 
la  villa  de  Medina  del  Campó ;  sobrevino  este  Ramir 
Nuñez  con  otros  quatro  de  caballo  que  le  guarda- 
ban, é  fué  contra  el  Almirante  por  le  f erir  con  un  pa- 
lo; é  de  fecho  le  injuriara ,  salvo  por  algunos  homes 
que  le  acompañaban  que  se  pusieron  delante ,  é  le 
ocuparon  que  no  le  pudo  ferir.  E  por  este  acometi- 
miento que  Ramir  Nuñez  fizo,  el  Rey  é  la  Reyna 
mandaron  proceder  contra  él  por  justicia;  é  le  fueron 
tomados  todos  sus  bienes  é  rentas  é  castillos  é  forta- 
lezas que  tenia  en  el  Reyno  de  León  é  de  Castilla,  y 
él  se  fuyó,  é  se  fué  para  el  Reyno  de  Portogal. 

CAPÍTULO  CI.     • 

De  las  cosas  que  el  Rey  é  la  Reyna  flcieron  en  los  Reynos  de  Ara- 
gón é  de  Cataluña,  é  como  fué  jurado  el  Principe  Don  Juan  por 
heredero  de  aquellos  Reynos. 

Según  habemos  contado  ,  el  Rey  partió  de  Valla- 
dolid para  los  Reynos  de  Aragón ,  con  propósito  de 
facer  juntar  en  Cortes  á  los  Caballeros,  é  Perlados, 
é  Barones ,  é  á  los  Procuradores  de  las  cibdades  é 
villas  de  aquel  Reyno,  para  que  jurasen  al  Príncipe 
Don  Juan  su  fijo,  por  Rey  de  aquellos  Reynos  é  Se- 
ñoríos para  después  de  sus  dias,  é  para  facer  otras 
cosas  que  convenían  á  la  buena  gobernación  de 
aquellas  tierras  ;  ó  otrosí  por  haber  algún  servicio 
de  dineros  para  las  necesidades  que  le  ocurrían.  La 
Reyna  que  había  quedado  en  Valladolid,  acordó  an- 
BÍmesmo  de  ir  al  Reyno  de  Aragón,  donde  estaba  el 
Rey ,  é  llevar  al  Príncipe  su  fijo  para  que  fuese  ju- 
rado en  persona.  E  dexó  en  Castilla  con  sus  poderes 
reales,  para  la  administración  de  la  justicia  é  de  las 
otras  cosas  que  ocurriesen,  al  Conde  de  Haro  su 
Condestable,  é  á  Don  Alonso  Enriquez  su  Almiran- 
te ;  é  con  ellos  mandó  quedar  algunos  Doctores  de 
su  Consejo,  para  que  oyesen  las  causas,  é  proveye- 
sen en  ellas  por  justicia.  Fecha  esta  provisión,  par- 
tió para  la  villa  de  Calatayud,  que  es  en  el  Reyno 
de  Aragón ,  donde  fué  muy  bien  recebida  con  fies- 
tas é  alegrías  de  todos  los  de  la  cibdad.  E  luego  vi- 
no allí  el  Rey  que  estaba  en  Barcelona,  é  como  fue- 
ron juntos,  vinieron  el  Justicia  y  el  Gobernador  ,é 
todos  los  Perlados ,  é  Caballeros  é  Barones ,  é  los 
Procuradores  de  las  cibdades  é  villas,  é  todos  los 
otros  oficiales  que  suelen  facer  las  cortes  de  aquel 
Reyno.  E  un  día  (1)  del  mes  do  Mayo  de  mil  é  qua- 

(i)  Domingo  i  fO  de  Mayo.  Zurita,  Anal.,  M.  20,  cap.  40. 


trecientos  é  ochenta  é  un  años,  en  la  Iglesia  de  Sant 
Pedro  de  aquella  villa  de  Calatayud  ,  donde  suelen 
facer  las  congregaciones  é  actos  generales ;  estan- 
do presentes  el  Rey  é  la  Reyna  y  el  Príncipe  su  fi- 
jo, todos  aquellos  Caballeros  é  Barones  é  oficiales  é 
Procuradores  de  las  cibdades  é  villas  del  Reyno,  en 
una  concordia  juraron  solemnemente  de  haber  por 
Rey  é  Señor  de  aquellos  reynos  ó  señoríos  de  Ara- 
gón al  Príncipe  Don  Juan ,  después  de  los  dias  del 
Rey  su  padre.  E  ansimesmo  el  Rey  é  la  Reyna  ju- 
raron de  guardar  sus  privilegios  é  usos  é  costum- 
bres, según  que  los  Reyes  pasados  los  habían  guar- 
dado. Fablóse  ansimesmo  por  parte  del  Rey  é  de  la 
Reyna  en  aquella  congregación  ,  que  considerados 
los  gastos  fechos  en  las  guerras  pasadas ,  é  las  ne- 
cesidades que  tenían  presentes,  para  sustentamien- 
to del  estado  real,  en  especial  para  el  armada  que 
facían  por  la  mar,  era  necesario  que  ficiesen  repar- 
timiento de  alguna  suma  de  florines  con  que  pu- 
diesen reparar  alguna  parte  de  aquellas  necesida- 
des que  les  ocurrían.  Fecha  esta  requeeta,  los  Caba- 
lleros é  Barones  é  los  Procuradores  de  las  cibdades 
é  villas,  respondieron,  que  según  los  fueros  guar- 
dados en  aquel  Reyno,  las  semejantes  ayudas  no 
se  acostumbraban  facer  á  los  Reyes,  fasta  que  los 
agravios  que  eran  fechos  de  unas  personas  á  otras 
fuesen  satisfechos,  é  se  ficiese  justicia  de  las  muer- 
tes é  otros  crimines  cometidos  en  el  Reyno.  E  que 
por  la  administración  de  la  justiciase  suelen  facer 
estas  ayudas  á  los  Reyes,  é  no  en  otra  manera.  Oí- 
da esta  respuesta  por  el  Rey  é  por  la  Reyna,  de- 
mandaron que  les  diesen  por  escripto  los  agravios 
que  decían  ser  recebidos  de  unas  personas  á  otras, 
para  los  ver  é  desagraviar  por  justicia :  los  quales 
fueron  dados ,  y  estovieron  algunos  dias  en  aquella 
cibdad  de  Calatayud  entendiendo  en  ellos.  Entre- 
tanto que  estas  cosas  pasaban  en  las  Cortes  de  Ca- 
latayud ,  acaecieron  en  Castilla  algunos  debates  en- 
tre el  Conde  de  Valencia  y  el  Conde  de  Luna,  que 
tienen  sus  señoríos  en  el  Reyno  de  León ,  é  confi- 
nan uno  con  otro  :  los  quales  juntaron  sus  gentes, 
é  ficieron  algún  escándalo  en  aquella  provincia.  Esto 
sabido  por  el  Rey  é  por  la  Reyna,  embiaron  man- 
dar al  Condestable  é  al  Almirante ,  que  tenían  el 
cargo  de  su  justicia ,  que  por  haber  procedido  aque- 
llos dos  Condes  en  sus  debates,  por  vía  de  fe- 
cho ,  é  no  esperaron  ser  remediados  por  la  vía  del 
derecho,  faciendo  escándalo  en  sus  Reynos,- que 
luego  fuesen  contra  ellos  é  los  prendiesen ;  los  qua- 
les fueron  presos,  y  estovieron  en  prisión  muchos 
dias,  fasta  que  su  debate  fué  visto  ó  determinado 
por  derecho ;  é  después  fueron  sueltes  con  ciertas 
penas  que  les  impusieron. 

CAPÍTULO  CU. 
Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  á  Zaragoza. 

Después  que  el  Rey  é  la  Reyna  estovieron  algu- 
nos dias  en  la  cibdad  de  Calatayud,  acordaron  de 
ir  á  la  cibdad  de  Zaragoza ,  donde  fueron  recebidos 
con  grandes  fiestas  é  alegrías  de  todos  los  estados 


DON  FERNANDO 
de  la  cibdad  generalmente.  E  mandaron  allí  venir 
los  Caballeros,  Barones,  é  Procuradores ,  é  Diputa- 
dos de  las  Cortes  que  habían  estado  en  Calatayud, 
con  los  quales  entendieron  en  desatar  los  agravios 
que  en  aquel  Keyno  de  Aragón  eran  fechos  en  los 
tiempos  pasados.   En  la  qual  negociación,  como 
qnier  quo  el  Rey  é  la  Reyna  estovíeron  ocupados 
algunos  dias,  y  entendieron  en  ellos  con  gran  dili- 
gencia ;  pero  porque  las  materias  eran  grandes  é 
de  diversas  calidades,  no  ovieron  lugar  por  eston- 
ces de  las  fenecer,  según  el  fuero  de  aquel  Reyno 
lo  requiero.  Estando  en  aquella  cibdad,  vino  nueva 
al  Rey  é  4  la  Reyna  desde  la  cibdad  de  Venecia  en 
once  dias,  como  el  gran  Turco  era  muerto;  de  la 
qual  muerto  toda  la  christiandad  generalmente  ovo 
placer,  porque  ninguno  puede  imaginar  el  terror 
grande  que  aquel  príncipe  bárbaro  tenia  puesto  en 
los  corazones  de  todos  los  christianos ,  según  las 
tierras  quo  habia  conquistado,  é  las  que  adqueria  é 
ganaba  cada  dia  ,  sin  que  pudiese  ser  fecha  resis- 
tencia ásu  gran  poder.  El  Rey  é  la  Reyna  ficieron 
grandes  procesiones  por  la  cibdad  é  sacrificios,  é 
otras  muchas  devociones  é  limosnas,  porque  plogo 
á  Dios  quitar  de  la  christiandad  tan  grand  enemi- 
go. Este  turco  murió  de  dolencia  en  edad  de  cin- 
qüenta  años ,  en  el  tiempo  de  su    prosperidad ;  el 
qual  continamente  tenia  en  el  campo  dos  grandes 
huestes ,  una  que  guerreaba  é  ganaba  tierras  é  pro- 
vincias de  christianos ,  otra  que  guerreaba  contra 
otros  moros  que  confinan  con  sus  tierras.  Muerto  el 
Turco,  luego  sus  fijos  ovieron  división  el  uno  con- 
tra el  otro,  y  el  mayor  mató  todos  los  que  estaban 
en  el  consejo  de  su  padre  ;  y  entró  en  la  cibdad  de 
Constantinopla,  é  mató  todos  los  que  tenían  la  voz 
de  su  hermano,  é  apoderóse  de  la  cibdad.  Durante 
la  división  que  habia  entre  aquellos  dos  hermanos 
fijos  del  Turco,  el  Rey  Don  Fernando  de  Ñápeles 
cobró,  según  habernos  dicho,  la  cibdad  de  Otranto, 
que  había  ganado  el  Turco  ,  y  echó  dende  los  tur- 
cos que  estaban  apoderados  della ,  é  restituyóla  en 
BU  señorío.  Después  que  en  la  cibdad  de  Zaragoza 
estovíeron  el  Rey  é  la  Reyna  algunos  dias  enten- 
diendo en  las  cosas  de  aquel  Reyno  de  Aragón, 
acordaron  de  irá  la  cibdad  de  Barcelona,  que  es  ca- 
beza del  Principado  de  Cataluña;  donde  fueron  re- 
cebidos  muy  solemnemente  con  grandes  fiestas  é 
placer  de  todos  los  de  la  cibdad. 

CAPÍTULO  CIII. 

De  las  Cortes  que  el  Rey  é  la  Reyna  ficieron  en  la  cibdad 
de  Barcelona. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  á  la  cibdad  de 
Barcelona,  luego  entendieron  en  los  negocios  que 
Be  habían  de  contratar  en  las  Cortes  de  aquel  Prin- 
cipado ;  para  las  quales  en  aquella  cibdad  estaban 
juntos  los  Perlados  ,  Caballeros ,  ó  Procuradores ,  é 
Diputados,  é  generalmente  todos  los  tres  estados  de 
las  cíbdades  é  villas.  Plácenos  recontar  aquí  breve- 
mente la  causa  principal  del  juntamiento  destas 
Cortes,  porque  los  que  esta  Crónica  leyeren ,  sepan 


É  DO^A  ISABEL.  361 

la  causa  porque  se  ficieron.  Esta  cibdad  en  los  tiem- 
pos pasados  fué  también  gobernada  por  los  princi- 
pales que  tenían  cargo  de  su  regimiento ,  que  flore- 
cía entre  todas  las  cíbdades  de  la  christiandad ;  ó 
todos  los  moradores  della  gozaban  de  seguridad  de 
sus  personas  é  bienes ,  é  de  gran  abundancia  de  las 
cosas  necesarias  á  la  vida.  E  por  la  buena  industria 
é  justa  comunicación ,  igualmente  guardada  tam- 
bién á  los  estrangeros  ,  como  á  los  naturales ,  algu- 
nas personas  de  otras  partes  remotas,  informadas 
de  su  buen  regimiento,  traían  á  ellas  sus  bienes ,  á 
fin  de  vivir  en  paz  ó  seguridad  ;  lo  qual  la  engran- 
deció, é  fué  populosa,  é  aun  poderosa  de  gente  é 
riquezas.  Pero  la  fortuna  embidiosa  de  los  grandes 
estados  ,  tentó  de  sobervía  é  los  que  la  gobernaban; 
los  quales,  perdidas  las  buenas  costumbres  por  men- 
gua de  buenos  varones ,  so  color  de  libertad ,  rebe- 
laron contra  el  Rey  Don  Juan  de  Aragón ,  padre 
deste  Rey  Don  Fernando ,  é  tomaron  algunos  prín- 
cipes é  señores  por  gobernadores;,  los  quales  por 
muerte  subcedió  el  uno  al  otro.  Y  en  estos  tiempos 
siempre  el  Rey  Don  Juan  la  guerreó,  á  fin  de  la  re- 
ducir á  su  obediencia;  é  ni  por  la  muerte  de  los  go- 
bernadores que  tomaron,  ni  por  los  trabajos,  muer- 
tes é  gastos  é  destruiciones  habidas  en  la  guerra, 
los  de  aquella  cibdad  dexaron  su  rebelión ;  en  la 
qual  cometieron  contra  su  Rey  é  contra  la  Reyna  su 
muger ,  é  contra  este  Rey  su  fijo,  que  á  la  sazón  era 
Príncipe  heredero  ,  muchos  crimines  é  delictos.  Ovo 
entre  ellos  grandes  batallas ,  donde  murieron  mu- 
chos de  los  vecinos  de  aquella  cibdad  étodo  su  prin- 
cipado. Gastaron  ansimesmo  todos  sus  tesoros,  por- 
que la  mengua  de  los  buenos  les  dio  mengua  de  los 
bienes.  Al  fin  de  catorce  años  continos  de  guerra, 
los  de  la  cibdad ,  no  pudiendo  sof  rir  los  daños  que 
recebian  de  la  guerra  que  el  Rey  de  Aragón  les  fa- 
cía ,  trataron  con  él  que  los  perdonase  é  reduxíese 
á  su  obediencia,  y  entregáronle  la  cibdad  ;  la  qual 
de  las  guerras  pasadas  tenia  ya  caídas ,  no  las  tor- 
res ni  el  muro  ,  mas  las  costumbres  é  buena  gober- 
nación, mediante  la  qual  los  primeros  governado- 
res,  con  gran  trabajo  é  mucho  tiempo,  la  habían  fe- 
cho próspera  é  floreciente,  Al  fin  el  Rey  de  Aragón, 
dexada  la  venganza,  é  usando  de  clemencia,  los  per- 
donó é  reduxo  á  su  obediencia.  El  Rey  é  la  Reyna, 
habiendo  consideración  á  los  trabajos  de  aquella 
cibdad,  é  porque  fuese  reducida  en  su  primero  esta- 
do ;  otrosí  por  no  dexar  á  los  servidores  sin  galar- 
dón ,  é  á  los  deservidores  sin  piedad ,  concluyeron 
las  Cortes  en  esta  manera :  conviene  á  saber ,  quo 
todas  las  f  aciendas  é  bienes  raices,  ansí  villas  como 
lugares,  heredamientos  é  rentas,  que  en  el  tiempo 
de  la  guerra  estaban  tomados  por  los  del  Rey  su  pa- 
dre á  los  que  fueron  sus  contrarios  é  deservidores, 
ansí  por  título  de  merced ,  como  en  otra  qualquier 
manera ,  fuesen  restituidos  á  los  que  de  antes  las 
poseían  ;  é  que  el  Rey  ó  la  Reyna  ficíesen  equiva- 
lencia é  los  que  agora  las  poseían ,  acatados  los  ser- 
vicios que  ficieron  al  Rey  su  padre ,  por  respeto  de 
los  quales  habían  seydo  dados  aquellos  bienes.  E 
para  que  el  Rey  é  la  Reyna  pudiesen  facer  esta 


362  CRÓNICAS  DE  LOS 

emienda,  é  otrosí  para  satisfacer  al  Rey  de  algunos 
cargos,  en  que  eran  al  Rey  bu  padre  ,  la  cibdad  y  el 
principado  de  Cataluña  sirviesen  luego  con  cien  mil 
libras  de  oro,  é  ansimesmo  les  sirviesen  con  otras 
doscientas  mil  libras ;  las  quales  por  los  trabajos  ó 
necesidades  de  la  cibdad  no  se  dieron  luego  en  di- 
neros ,  pero  impusieron  ciertos  derechos  é  imposi- 
ciones sobre  las  mercaderías  é  mantenimientos  de 
aquel  principado  en  ciertos  años,  para  gelas  pagar. 
Ansimesmo  les  mandaron  guardar  sus  privilegios, 
franquezas,  é  usosé  costumbres,  según  que  goza- 
ban antes  que  cometiesen  la  rebelión.  Estando  en 
aquella  cibdad  de  Barcelona,  les  vino  nueva  como 
el  Rey  de  Portogal  era  finado  ;  el  qual  falleció  en  la 
cibdad  de  Lisbona ,  de  enfermedad  que  duró  vein- 
te é  cinco  dias.  El  Rey  é  la  Reyna  mostraron  gran 
sentimiento  de  su  muerte,  é  ficieron  celebrar  allí  en 
Barcelona  sus  obsequias  solemnemente.  Concluidas 
las  Cortes  del  Principado  de  Cataluña  en  la  forma 
que  habemos  dicho ,  el  Rey  é  la  Reyna  partieron  de 
la  cibdad  de  Barcelona,  é  vinieron  para  la  cibdad 
de  Valencia  ;  en  la  qual  fueron  recibidos  muy  ale- 
gremente ,  con  grandes  é  muy  sumptuosas  fiestas, 
ansí  de  gastos  generales  de  la  cibdad  ,  como  parti- 
culares de  muchos  caballeros  que  ficieron  justas  é 
torneos  en  todas  las  plazas  é  calles  principales  con 
grandes  arreos ;  en  las  quales  fiestas  los  de  aquella 
cibdad  mostraran  tener  muchas  riquezas ,  é  ánimo 
para  gastarlas.  Estas  fiestas  duraron  los  quince  dias 
que  el  Rey  é  la  Reyna  estovieron  en  aquella  cibdad 
ó  luego  partieron  della  para  venir  á  Castilla. 

CAPÍTULO  CIV. 

Délas  cosas  que  pasaron  en  el  año  siguiente  de  mil  é  quatrocien- 
tos  é  ochenta  é  dos  años.  Primeramente  de  lo  que  el  Rey  é  la 
Reyna  ficieron  sobre  la  provisión  del  Obispado  de  Cuenca  que 
el  Papa  babia  fecho. 

En  el  año  siguiente  del  Señor  de  mil  é  quatro- 
cientos  é  ochenta  é  dos  años ,  al  principio  del  año 
el  Rey  é  la  Reyna  partieron  de  la  cibdad  de  Valen- 
cia para  la  villa  de  Medina  del  Campo  ;  é  allí  vinie- 
ron el  Condestable  y  el  Almirante,  que  habían  te- 
nido el  cargo  de  la  justicia,  á  les  dar  razón  de  lo 
que  habían  fecho.  Estando  en  aquella  villa  enten- 
tendieron  en  las  provisiones  de  los  Obispados  ó 
Iglesias  de  sus  Reynos,  para  que  se  ficiesen  en  Ro- 
ma á  suplicación  suya,  é  no  de  otra  manera.  E  por- 
que el  Padre  Santo  había  proveído  de  la  Iglesia  de 
Cuenca  que  era  vaca,  á  un  Cardenal  su  sobrino  na- 
tural de  Genova,  la  qual  provisión  el  Rey  é  la  Rey- 
na no  consintieron  ,  por  ser  fecha  á  persona  estran- 
gera,  é  contra  la  suplicación  que  ellos  habían  fecho 
al  Papa ,  acordaron  de  le  suplicar,  que  le  ploguiese 
facer  aquella  é  las  otras  provisiones  de  las  Iglesias 
que  vacasen  en  sus  Reynos ,  á  personas  naturales 
dellos,  por  quien  ellos  suplicasen,  ó  no  á  otros  ;  lo 
qual  con  justa  causa  acostumbraron  facer  los  Pon- 
tífices pasados ,  considerando  que  los  Reyes  sus 
progenitores  con  grandes  trabajos  é  derramamien- 
to de  BU  sangre  como  christianisimos  príncipes,  ha- 


REYES  DE  CASTILLA. 

bian  ganado  la  tierra  de  los  moros  ,  enemigos  de 
nuestra  santa  fe  cathóHca,  colocando  en  ella  el  nom- 
bre de  nuestro  Rodemptor  Jesu  Chrísto,  y  extirpan- 
do el  nombre  de  Mahoma  ;  lo  qual  les  daba  derecho 
de  patronadgo  en  todas  las  iglesias  de  sus  reynos  y 
señoríos,  para  que  debiesen  ser  proveídas  á  suplica- 
ción suya,  á  personas  sus  naturales,  gratas  é  fieles 
á  ellos,  é  no  á  otros  algunos,  considerando  la  poca 
noticia  que  los  estrangeros  tienen  en  las  cosas  de 
sus  reynos.  Decían  ansimesmo,  que  las  Iglesias  te- 
nían muchas  fortalezas,  ó  algunas  dellas  fronteras 
de  los  moros,  donde  era  necesario  poner  guarda  para 
la  defensión  de  la  tierra,  ó  que  era  deservicio  suyo 
ponerlas  en  poder  de  personas  que  no  fuesen  natu- 
rales de  sus  Reynos. 

Por  el  Papa  se  alegaba  que  era  príncipe  de  la 
Iglesia,  é  tenía  libertad  de  proveer  de  las  iglesias 
de  toda  la  chrístiandad  á  quien  él  entendiese ;  é  quo 
la  autoridad  del  Papa,  y  el  poderío  que  por  Dios 
tenia  en  la  tierra,  no  era  limitado,  ni  menos  ligado 
para  proveer  de  sus  Iglesias  á  voluntad  de  ningún 
principe,  salvo  en  la  manera  que  entendiese  ser  ser- 
vicio de  Dios  é  bien  de  la  Iglesia.  E  por  esta  causa 
el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  diversas  veces  sus  em- 
baxadores  á  Roma,  para  dar  á  entender  al  Papa, 
que  ellos  no  querían  poner  límite  á  su  poderío;  pero 
que  era  cosa  razonable  considerar  las  cosas  suso 
alegadas,  según  lo  consideraron  los  Pontífices  pa- 
sados en  las  provisiones  que  ficieron  de  las  iglesias 
de  sus  Reynos.  E  porque  estos  embaxadores  no  pu- 
dieron haber  conclusión  con  el  Papa ,  según  lo  ha- 
bían suplicado,  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  man- 
dar á  todos  sus  naturales  que  estaban  en  corte  Ro- 
mana que  saliesen  della.  Esto  ficieron  con  propósi- 
to de  convocar  los  Príncipes  de  la  chrístiandad  á 
facer  concilio,  ansí  sobre  esto  como  sobre  otras  co- 
sas que  entendían  proponer,  complideras  al  servicio 
de  Dios,  é  bien  de  su  universal  Iglesia.  Los  natura- 
les de  Castilla  é  de  Aragón,  recelando  que  el  Rey  é 
la  Reyna  les  embargarían  las  temporalidades  que  te- 
nían en  sus  Reynos,  obedecieron  sus  mandamientos 
é  salieron  de  la  corte  de  Roma.  Estando  las  cosas  en 
este  estado,  el  Papa  embió  al  Rey  é  á  la  Reyna  por  su 
embaxador  con  sus  breves  credenciales  auno  que  se 
llamaba  Domingo  Centurión,  home  lego,  natural  de 
la  cibdad  de  Genova.  E  como  este  llegó  á  la  villa'  de 
Medina,  embió  facer  saber  al  Rey  é  la  Reyna  que 
venia  á  ellos  como  embaxador  del  Papa,  para  les  co- 
municar algunas  cosas  sobre  aquella  materia  que 
por  estonces  se  tractaba.  El  Rey  é  ala  Reyna,  sabi- 
da la  venida  de  aquel  embaxador,  embiaronle  á  de- 
cir, que  el  Papa  se  habia  mas  duramente  en  sus  co- 
sas, que  en  las  de  ningún  otro  Príncipe  de  la  chrís- 
tiandad, seyendo  ellos  é  los  Reyes  sus  predecesores 
mas  obedientes  á  la  Silla  Apostólica  que  ninguno 
otro  Rey  cathólíco;  é  que,  habida  esta  consideración, 
ellos  entendían  buscar  los  remedios  quo  según  de- 
recho podían  é  debían ,  para  se  remediar  do  los 
agravios  que  el  Padre  Santo  les  facía.  E  que  lo  man- 
daban que  saliese  fuera  de  sus  Reynos ,  é  no  se  cu- 
rase de  les  proponer  ninguna  embaxada  de  parte 


DON  FERNANDO 
del  Papa ;  porque  eran  avisados  que  todo  lo  que 
de  su  parte  les  quería  explicar ,  era  en  derogación 
de  su  preeminencia  real.  Y  embiaronle  decir  que 
ellos  le  daban  seguridad  de  su  persona  ó  de  los  su- 
yos que  con  él  venían  en  todos  sus  Reynos  ó  seño- 
ríos, por  guardar  el  privilegio  é  inmunidad  de  que 
los  mensageros  y  embaxadores  deben  gozar,  espe- 
cialmente viniendo  por  parte  del  Sumo  Pontífice; 
pero  que  se  maravillaban  del,  estando  las  cosas  en 
el  estado  en  que  estaban,  como  había  aceptado 
aquel  cargo,  habiendo  el  Papa  tratado  tan  inhuma- 
namente sus  embaxadores  é  procuradores,  é  no 
queriendo  conceder  á  sus  justas  é  muy  humildes  su- 
plicaciones. Aquel  embaxador,  vista  la  indinacion 
del  Eey  é  de  la  Reyna  en  las  razones  que  le  embia- 
ron  decir,  é  considerando  que  era  lego,  é  que  ellos 
eran  Reyes  tan  poderosos ,  embioles  decir  que  él 
renunciaba  de  su  propria  voluntad  el  privilegio  é 
seguridad  que  tenía  como  embaxador  del  Papa,  é 
no  quería  gozar  del ;  ó  que  si  les  ploguiese,  él  que- 
ría ser  natural  suyo ,  é  como  su  natural  quería  ser 
juzgado  por  ellos,  é  sometido  á  su  imperio  en  todo 
lo  que  les  ploguiese  facer  de  su  persona  é  de  sus 
bienes.  La  respuesta  humilde  de  aquel  embaxador 
templó  la  indinacion  que  el  Rey  é  la  Reyna  habían 
concebido,  E  después  de  algunos  días,  el  Cardenal 
de  España  intercedió  por  él,  é  suplicó  al  Rey  é  á  la 
Reyna,  que  se  ovíesen  con  él  benignamente,  é  que 
tornasen  á  f  ablar  en  la  concordia  con  el  Papa ;  lá 
qual,  mediante  el  Cardenal,  se  fizo,  para  que  de  las 
Iglesias  principales  de  todos  sus  Reynos,  el  Papa 


É  DO^A  ISABEL.  363 

proveyese  á  suplicación  del  Rey  é  de  la  Reyna,  á 
personas  sus  naturales ,  que  fuesen  dinas  é  capaces 
para  las  haber.  Y  el  Papa  revocó  la  provisión  que 
había  fecho  de  la  Iglesia  de  Cuenca  al  Cardenal  de 
Sant  Jorge  su  sobrino,  é  proveyó  della  á  Don  Alon- 
so de  Burgos,  Capellán  mayor  de  la  Reyna,  Obispo 
que  era  de  Córdoba,  por  quien  había  suplicado.  El 
Rey  é  la  Reyna,  siempre  miraban  con  diligencia  de 
suplicar  por  las  iglesias  que  vacaban  en  sus  Reynos 
en  favor  de  personas  generosas,  por  remunerar  á  ellos 
é  á  sus  parientes  que  les  habían  servido  ;  é  muchas 
veces  suplicaban  por  personas  religiosas,  bornes  de 
honesta  vida  é  letrados,  considerando  que  tanto  las 
cosas  públicas  eran  bien  gobernadas,  quanto  los 
perlados  é  ministros  de  las  iglesias  eran  homes  de 
buena  vida,  é  doctos,  é  predicadores  de  buenas  doc- 
trinas, de  quien  todos  tomasen  exemplo  de  vivir. 
Acaesció  en  estos  tiempos  asaz  veces,  que  el  Rey  é 
la  Reyna  rogaron  con  los  Obispados  de  sus  Reynos 
que  ¡vacaron,  á  semejantes  personas  religiosas,  ó 
aun  los  apremiaron  que  los  aceptasen ;  los  quales 
esfaban  tan  apartados  del  mundo  en  sus  moneste- 
ríos,  que  no  los  querían  aceptar,  ni  encargarse  de 
gobernación  de  iglesias ;  y  estos  tales  fueron  apre- 
miados por  el  Papa,  so  pena  de  obediencia  que  los 
aceptasen.  En  especial  fué  mandado  á  Don  Juan 
de  Ortega,  fijo  de  Don  Pedro  de  Maluenda,  home 
religioso,  é  general  que  fué  de  la  orden  de  Sant 
Hierónimo,  que  tomase  el  Obispado  de  Coria ,  é  al 
Doctor  Tello  de  Buendia  Arcediano  de  Toledo,  que 
aceptase  el  Obispado  de  Córdoba. 


COMIENZA  LA  TERCERA  PARTE 

DE  LA   CEÓNICA 

DE  LOS  MUY  ALTOS  Y  MUY  PODEROSOS 

DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL, 

REY  É  EEYNA  DE  CASTILLA  É  DE  LEÓN  É  DE  SICILIA : 

EN  LA  CUAL  SE  RECUENTA  LA  CONQUISTA  QUE  PICIERON  CONTRA  EL  REYNO  DE    GRANADA, 
Ú  OTRAS  ALGUNAS   COSAS   QUE  INTERVINIERON. 


CAPÍTULO  PKIMERO. 

Como  los  moros  tomaron  la  villa  de  Zahara. 

El  Eey  é  la  Reyna  después  que  por  la  gracia  de 
Dios  reynaron  en  los  Reynos  de  Castilla  é  de  León, 
conosciendo  que  ninguna  guerra  se  debia  princi- 
piar, salvo  por  la  fe  é  por  la  seguridad,  siempre  to- 
vieron  en  el  ánimo  pensamiento  grande  de  conquis- 
tar el  Reyno  de  Granada,  é  lanzar  de  todas  las  Es- 
pañas  el  señorío  de  los  moros  y  el  nombre  de  Malio- 
ma.  Pero  el  negocio  era  grande,  y  ellos  estovieron 
tan  ocupados  en  la  guerra  que  tovieron  con  el  Rey 
de  Portugal,  y  en  poner  orden  en  las  cosas  de  Casti- 
lla, que  no  pudieron  luego  complir  su  deseo.  E  se- 
gún en  la  segunda  parte  desta historia  habernos  re- 
contado, dieron  treguas  á  los  moros  por  algunos 
años,  durante  los  quales  el  Rey  de  Granada  que  se 
llamaba  Alimuley  Abenhazan,  por  aviso  que  ovo 
que  en  la  villa  é  castillo  de  Zahara  no  habia  buena 
guarda,  vino  con  gente  de  moros  sobre  ella,  é  fizóla 
una  noche  escalar  ;  é  los  moros  que  entraron  en  el 
castillo, mataron  al  Alcayde,  é  apoderáronse  déla 
fortaleza  (1),  é  tomaron  captivos  todos  los  que  en  la 
villa  moraban,  é  robaron  los  ganados  é  los  bienes  que 
fallaron.  Como  el  Roy  é  la  Reyna,  que  estaban  en  la 
villa  de  Medina  del  Campo,  sopieron  la  toma  desta 
villa,  é  que  los  moros  hablan  quebrantado  las  tre- 
guas que  les  hablan  dado ,  proveyeron  luego  en  la 
seguridad  de  la  tierra,  y  embiaron  mandar  á  los 
Adelantados  é  Alcaydes,  é  á  las  cibdades  é  villas  é 
lugares  que  son  en  la  Andalucía  y  en  el  Reyno  de 


(1)  La  toma  de  Zahara  qtte  tenia  á  su  guarda  el  Mariscal  Con- 
ralo  Arias  de  Saavedra  hijo  del  Mariscal  Fernand  Arias,  fué  en  26 
de  Diciembre  segundo  dia  de  Navidad  del  afío  1481,  como  refiere 
el  Cura  de  los  Palacios,  cap.  51.  Zurita  señala  el  dia  27.  Anal., 
fib.  20,  cap,  43: 


Murcia,  que  pusiesen  buena  guarda  en  todas  aque- 
llas fronteras,  porque  no  recibiesen  daño  de  los 
moros.  E  mandaron  á  Don  Alonso  de  Cárdenas 
Maestre  de  Santiago,  que  fuese  con  gente  de  armas 
á  la  cibdad  de  Ecija,  é  á  Don  Rodrigo  Tellez  Girón 
Maestre  de  Calatrava  que  estoviese  en  la  comarca 
de  Jaén ;  ó  á  otros  capitanes  mandaron  estar  en 
otros  lugares  fronteros  de  los  moros ,  para  les  facer 
guerra,  é  defender  la  tierra.  Aquel  Rey  Moro  tenia 
estonces  mayor  número  de  gente  á  caballo  ó  artille- 
ría é  las  otras  cosas  necesarias  á  la  guerra,  que  to- 
vo  ningún  Rey  délos  que  fueron  en  Granada  todos 
los  tiempos  pasados;  ó  confiando  en  sus  fuerzas, 
entraba  á  facer  guerra  en  la  tierra  de  los  christia- 
nos.  E  la  gente  de  armas  que  estaban  fronteros  en- 
traban á  facer  guerra  en  la  tierra  de  los  moros;  é 
tan  bien  los  unos  como  los  otros  facian  robos  de 
ganados,  é  prisioneros,  é  talas  é  otros  daños,  espe- 
cialmente trabajaban  de  haber  por  furto  cibdades 
é  fortalezas,  para  se  apoderar  mas  adelante  de  la 
tierra. 

CAPÍTULO  11. 

De  como  se  tomó  la  cibdad  deAlhama. 

Pasados  algunos  dias  después  que  los  moros  to-^ 
marón  la  villa  de  Zahara,  aquel  caballero  Diego  de 
Merlo,  á  quien  habemos  dicho  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na pusieron  por  guarda  é  Asistente  en  la  cibdad  de 
Sevilla,  f  abló  con  algunos  escaladores  é  adalides  en- 
cargándoles que  se  informasen  de  la  guarda  que  ha- 
bia en  algunas  villas  é  castillos  de  los  moros,  é  vie- 
sen si  las  podrían  escalar.  É  después  que  los  adali- 
des espiaron  la  tierra,  é  conocieron  las  faltas  que  en 
la  guarda  de  algunos  lugares  habia ,  informaron  á 
este  caballero ,  que  se  podía  escalar  la  cibdad  dQ 


366 

Málaga  ó  la  de  Alhama,  donde  entendieron  que  no 
habia  tal  guarda  que  pudiese  ser  sentida  la  escala. 
Habida  esta  información,  aquel  caballero  lo  comu- 
nicó secretamente  con  Don  Rodrigo  Ponce  de  León 
Marqués  de  Cáliz  é  con  Don  Pedro  Enriquez  Ade- 
lantado mayor  del  Andalucía ;  y  estos  caballeros  lo 
ficieron  saber  á  otros  algunos  caballeros  é  Alcaydes 
de  la  comarca ;  é  juntáronse  con  ellos  Don  Pedro  de 
Stúñiga,  Conde  de  Miranda ,  ó  Juan  de  Eobles ,  Al- 
cayde  de  Xerez,  é  Sancho  de  Avila ,  Alcayde  de  los 
alcázares  de  Carmena  por  Don  Gutierre  de  Cárde- 
nas, Comendador  mayor  de  León ,  é  los  Alcaides  de 
Antequera  é  Archidona  é  de  Morón,  é  Don  Martin  de 
Córdoba,  fijo  del  Conde  de  Cabra.  É  por  algunas  di- 
ferencias que  por  estonces  habia  entre  el  Marqués 
de  Cáliz  é  Don  Enrique  de  Guzman,  Duque  de  Me- 
dinasidonia ,  no  gelo  notificaron.  Estos  caballeros  é 
Alcaydes  que  habemos  dicho ,  con  voluntad  de  ser- 
vir á  Dios  é  al  Bey  é  á  la  Reyna,  é  de  facer  fazafia 
notable,  se  dispusieron  á  tomar  la  cibdad  de  Alha- 
ma ;  é  juntaron  fasta  tres  mil  homes  á  caballo  é 
quatro  mil  peones.  É  poniendo  sus  guardas,  porque 
no  fuesen  sentidos,  llegaron  fasta  el  campo  de  Can- 
taril ,  é  fueron  adelante,  é  pasaron  las  sierras  que 
dicen  del  Arracif e,  é  andovieron  con  gran  pena  fas- 
ta que  llegaron  media  legua  de  la  cibdad  de  Alha- 
ma, postrero  dia  de  Hebrero  deste  año. 

Como  allí  fueron  el  Marqués  y  el  Adelantado  é 
Diego  de  Merlo ,  mandaron  que  se  apeasen  fasta 
trescientos  escuderos,  é  que  llevasen  los  trozos  de 
las  escalas,  é  siguiesen  al  escalador  é  á  los  adalides 
que  iban  delante.  É  como  fueron  cerca  del  muro  de 
la  cibdad,  por  la  parte  de  la  fortaleza,  informados 
de  sus  escuchas  como  no  se  guardaba  por  aquella 
parte ,  pusieron  las  escalas  ;  y  el  escalador  que  se 
llamaba  Juan  de  Ortega  vecino  de  Carrion  subió 
primero,  y  empos  del  un  caballero  que  se  llamaba 
Martin  Galindo,  é  después  subieron  otros  treinta  es- 
cuderos ;  y  entraron  la  barrera  é  subieron  en  el  mu- 
ro, é  mataron  al  moro  que  lo  guardaba,  é  á  los  otros 
moros  que  fallaron  en  la  guarda  del  castillo,  é  pren- 
dieron á  la  muger  del  Alcayde ,  é  á  otras  mugerea 
que  estaban  con  ella  ,  porque  el  Alcayde  no  estaba 
allí,  que  era  ido  á  unas  bodas  á  Velezmálaga,  é  aquel 
caballero  Martin  Galindo  peleando  con  los  moros 
fué  f crido  de  una  cuchillada  en  la  cabeza.  Apode- 
rados de  la  fortaleza  abrieron  la  puerta  que  sale  al 
campo,  y  entraron  el  Marqués  y  el  Adelantado  y  el 
Conde  de  Miranda  é  Diego  de  Merlo ,  é  con  ellos  to- 
da la  gente  que  pudo  caber. 

Los  moros,  á  quien  la  gran  fortaleza  de  la  cibdad 
daba  seguridad  de  sus  personas,  como  vieron  perdi- 
do el  castillo,  é  que  aquellos  christianos  osaron  en- 
trar tanto  dentro  de  aquel  reyno,  tomaron  armas,  é 
guardaron  las  puertas  de  la  cibdad  ,  é  apoderáronse 
de  las  torres  mas  fuertes  que  estaban  en  el  muro 
para  las  defender,  con  esperanza  cierta  que  tenían 
de  ser  luego  socorridos  del  Rey  Moro  ,  que  estaba 
en  Granada  á  ocho  leguas  de  aquella  cibdad.  Ansi- 
mesmo  barrearon  las  bocas  de  las  calles  que  salían 
ala  fortaleza,  é  pusieron  en  ellas  ballesteros  y  espia- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REY^S  DE  CASTILLA. 


garderos  ,  que  tiraban  á  la  puerta  de  la  fortaleza 
tantos  tiros,  que  los  christianos  que  estaban  dentro 
no  podían  salir  á  la  cibdad,  sino  á  gran  peligro  por 
ser  muy  estrecha  la  salida,  lo  qual  les  puso  en  gran 
confusión ,  que  no  sabían  que  consejo  tomar.  Acae- 
ció que  aquel  Sancho  de  Ávila,  Alcayde  de  los  al- 
cázares de  Carmena ,  é  Nicolás  de  Roxas ,  Alcayde 
de  Arcos,  homes  esforzados ,  se  aventuraron  á  salir 
por  aquella  puerta ,  á  fin  que  saliesen  empos  dellos 
algunos  otros ;  é  luego  como  salieron  fueron  muer- 
tos de  los  tiros  de  las  ballestas  y  espingardas  que 
los  moros  tiraron ;  lo  qual  fué  primero  dia  de  Mar/o 
deste  año.  Vista  por  algunos  capitanes  la  muerte 
de  aquellos  Alcaydes,  y  el  peligro  que  habia  por  ser 
la  salida  de  aquella  fortaleza  tan  estrecha ,  retraxé- 
ronse.  E  algunos  decían  que  la  debían  quemar  é 
desamparar,  porque  según  el  peligro  grande  que 
veían  en  la  salida  de  la  fortaleza  para  entraren 
la  cibdad,  y  el  socorro  que  los  moros  esperaban  tan 
presto,  era  cosa  peligrosa  esperarlos  con  tan  poca 
gente.  El  Marqués  de  Cáliz  y  el  Adelantado  é  Die- 
go de  Merlo  decían,  que  pues  á  Dios  habia  placido 
que  aquella  fortaleza  fuese  en  poder  de  christianos, 
seria  gran  mengua  desampararla,  habiéndola  gana- 
do con  tanto  trabajo.  É  por  esta  diversidad  de  vo- 
tos estuvieron  en  alguna  diferencia,  porque  de  la 
una  parte  les  oprimía  el  cansancio  de  las  noches  é 
días  pasados,  el  miedo  del  Rey  Moro  que  esperaban 
venir  presto,  la  entrada  peligrosa  en  la  cibdad,  y  el 
poco  mantenimiento  que  tenían  para  se  sostener;  de 
la  otra  parte  les  requería  la  virtud  de  la  constancia, 
que  en  tales  fechos  el  caballero  debe  tener,  é  como 
ningún  fructo  consíguían  de  sus  trabajos  pasados 
si  de  presente  no  alcanzaban  el  fin  que  deseaban. 
Esto  considerado  por  el  esfuerzo  de  aquellos  caba- 
lleros principales,  no  se  desamparó.  E  acordaron  de 
romper  un  pedazo  del  muro  del  castillo  por  donde 
pudiese  saHr  gran  golpe  de  gente  junta ;  é  otrosí  que 
fuesen  algunos  á  pelear  por  la  cerca,  é  otros  subie- 
sen por  los  texados ;  de  manera  que  fuesen  los  mo- 
ros tan  guerreados  por  todas  partes,  que  por  fuerza 
desamparasen  las  calles  é  las  torres  que  defendían. 
É  porque  con  mayor  voluntad  la  gente  se  dispusie- 
se al  peligro ,  mandaron  que  la  cibdad  se  pusiese  á 
sacomano;  é  que  qualquíer  presa,  ansí  do  prisione- 
ros como  de  facíenda,  fuese  de  aquel  que  la  toma- 
se. Habido  este  acuerdo,  venciendo  la  cobdicia  al 
peligro,  rompieron  un  pedazo  de  la  cerca,  é  salieron 
juntos  por  aquel  lugar  que  derribaron  un  golpe  de 
gente  de  armas,  con  los  quales  salió  por  capitán  el 
Marqués  de  Cáliz  ;  los  otros  capitanes  salieron ,  de- 
llos por  la  puerta,  dellos  por  los  texados,  é  otros  por 
el  muro  que  va  de  la  fortaleza  á  la  cibdad,  é  pelea- 
ron con  los  moros  por  las  calles,  desde  la  mañana 
fasta  la  noche,  do  murieron  muchos  moros,  é  algu- 
nos christianos.  Los  moros  por  recobrar  su  cibdad  é 
por  la  defensión  de  su  vida,  é  libertad  de  sus  per- 
sonas, peleaban  con  todas  sus  fuerzas ;  y  esperando 
cada  hora  que  les  vernia  socorro  de  Granada,  dura- 
ban en  la  pelea  é  no  les  turbaban  las  í^ridas  é  muer- 
tes de  los  que  peleando  veiaa  caer.  JjOS  christianos, 


DON  FERNANDO 
recelando  que  todos  serian  perdidos  si  la  cibdad 
fuese  socorrida ,  peleaban  con  grand  ánimo  por  la 
ganar  antes  que  el  Key  de  Granada  viniese  á  socor- 
rerlos. Al  fin  los  moros  no  pudiendo  mas  sofrir  la 
fuerza  de  los  christianos,  se  retraxeron  á  una  mez- 
quita grande,  que  estaba  cercana  al  muro  de  la  cib- 
dad, é  de  allí  tiraban  tantos  tiros  de  espingardas  é 
ballestas,  que  los  christianos  no  podian  llegar  á  los 
combatir,  salvo  con  gran  peligro;  pero  recelando 
que  los  moros  serian  socorridos ,  cobraron  mayores 
fuerzas,  é  con  mantas  é  otras  defensas  que  ficieron, 
llegaron  á  poner  fuego  á  las  puertas  de  la  mezquita. 
Los  moros  visto  el  fuego ,  como  gente  desesperada 
salieron  á  pelear ,  é  fueron  muertos  la  mayor  parte 
dellos,  é  los  otros  fueron  captivos  ;  é  los  christianos 
se  apoderaron  de  la  cibdad  é  de  las  torres  que  los 
moros  al  principio  hablan  defendido.  Fueron  allí  to- 
mados captivos  gran  número  de  moros  é  moras,  an- 
simesmo  fueron  robados  muchos  bienes  muebles, 
oro  é  plata  é  ganados  en  gran  cantidad ,  porque 
aquella  cibdad  era  rica  é  de  gran  trato.  Otrosí  al- 
gunos caballeros  é  peones  pensando  que  no  se  po- 
dría sostener  la  cibdad,  é  que  la  habían  de  desam- 
parar, quebraron  muchas  vasijas  que  fallaron  llenas 
de  aceite,  é  derramaron  el  trigo  que  el  Eey  de  Gra- 
nada allegaba  de  sus  rentas  en  aquella  cibdad.  Otro- 
sí sacaron  todos  los  christianos  que  los  moros  tenían 
captivos,  y  estaban  metidos  en  mazmorras.  Como 
otro  día  por  la  mañana  se  sopo  en  Granada  la  toma 
de  la  cibdad  de  Alhama,  vinieron  fasta  mil  moros 
á  caballo,  é  llegaron  bien  cerca  de  la  cibdad  por  ver 
si  la  pudieran  socorrer.  É  como  sopieron  que  los 
christianos  eran  tantos,  é  que  estaban  ya  apodera- 
dos en  todas  las  torres  é  puertas  ,  acordaron  de  se 
volver.  Pasados  quatro  días  después  que  aquella 
cibdad  se  tomó,  porque  los  christianos  padescian 
gran  pena  del  mal  olor  de  los  moros  muertos  que 
estaban  por  las  calles  é  por  las  casas,  acordaron  de 
echarlos  fuera  de  la  cibdad,  é  allí  al  campo  do  es- 
taban salían  los  perros  de  la  cibdad  á  los  comer. 
El  Roy  de  Granada  sabido  como  la  cibdad  de  Al- 
hama era  tomada,  vino  con  muchos  moros  á  caba- 
llo é  á  pié ,  é  puso  sitio  en  el  campo  do  estaban  los 
cuerpos  de  los  moros  muertos  que  los  christianos 
habían  echado  en  el  campo.  É  visto  por  los  moros 
que  los  perros  los  comían ,  tiraron  con  las  ballestas 
é  mataron  los  perros  ;  é  la  ira  fué  tan  grande  sobre 
los  de  aquella  cibdad  que  fasta  los  perros  della  fue- 
ron muertos  é  captivos.  El  Rey  de  Granada  pensan- 
do de  recobrar  la  cibdad ,  antes  que  los  christianos 
fuesen  socorridos,  porque  entendió  que  no  tenían 
mantenimientos,  ni  las  otras  cosas  necesarias  para 
se  sostener,  fizóla  combatir ;  é  con  el  dolor  que  los 
moros  tenían  por  la  pérdida  de  aquella  cibdad,  por- 
que estaba  casi  en  el  comedio  de  su  Reyno ,  llega- 
ban al  muro,  é  ponían  las  escalas  por  todas  partes; 
é  subían  por  ellas  indiscretamente,  no  guardando 
tiempo,  ni  llevando  pertrechos,  mas  todas  horas,  é 
con  qualesquíer  defensas,  pensando  que  la  gran 
muchedumbre  dellos  combatiendo  por  muchas  par- 
tes, confundirían  á  los  christianos  é  los  vencerían. 


É  DOÑA  ISABEL.  367 

El  Marqués  de  Cáliz,  y  el  Conde,  y  el  Adelantado,  é 
Diego  de  Merlo  é  los  otros  caballeros  é  Alcaydes, 
repartieron  sus  gentes  por  el  muro  é  defendíanlo  ;  é 
algunas  veces  salían  fuera  á  escaramuzar  con  loa 
moros.  En  estos  combates  y  escaramuzas  caian  al- 
gunos moros  muertos  é  f  eridos,  porque  segim  habe- 
mos  dicho  llegaban  con  loca  osadía  á  los  combates 
por  lugares  peligrosos.  Al  fin  no  podiendo  por  com- 
bate ganar  el  muro,  pensaron  de  quitar  el  agua,é 
de  echar  el  rio  que  iba  cerca  de  la  cibdad  por  otra 
parte.  Los  christianos  visto  que  los  moros  quitaban 
el  agua,  salieron  á  pelear  con  ellos ;  pero  no  pudie- 
ron resistir  que  los  moros  no  quitasen  gran  parte 
del  agua,  é  la  que  dexaron  no  se  podía  beber ,  salvo 
con  gran  trabajo,  porque  convenia  que  peleasen  los 
unos  entretanto  que  los  otros  cogían  agua  para  ellos 
é  para  sus  caballos ,  por  una  mina  que  salía  de  la 
cibdad  al  rio.  É  por  esta  mengua  del  agua,  todas  las 
horas  del  día  é  de  la  noche  peleaban ,  é  morían  mu- 
chos de  los  unos  é  de  los  otros.  El  Marqués  y  el  Ade- 
lantado, como  se  vieron  puestos  en  aquella  necesi- 
dad, escribieron  á  las  cibdades  de  Sevilla  é  de  Cór- 
doba é  á  los  caballeros  de  las  comarcas  que  les  so- 
corriesen é  librasen  del  peligro  en  que  estaban.  Otro- 
sí embiaron  facer  saber  al  Rey  é  á  la  Reyna ,  que 
estaban  en  Medina  del  Campo ,  como  habían  toma- 
do la  cibdad  de  Alhama ,  é  la  sostenían  contra  el 
Rey  de  Granada  que  los  tenia  cercados.  E  luego  co- 
mo en  las  cibdades  de  Sevilla  é  Córdoba  y  en  las 
comarcas  se  sopo  que  aquellos  caballeros  habían 
tomado  la  cibdad  de  Alhama  é  la  necesidad  en  que 
estaban,  el  Duque  de  Medínasidonia ,  como  quier 
que  tenía  debates  con  el  Marqués  de  Cáliz,  pero  en 
aquella  hora  olvidando  el  odio  se  dispuso  á  los  so- 
correr ;  é  juntó  luego  toda  la  mas  gente  de  caballo 
é  de  pié  que  pudo  haber  de  su  casa  é  de  otras  par- 
tes. Otrosí  los  caballeros  é  capitanes  é  alcaydes  é 
gente  que  estaban  por  fronteros,  los  que  mas  presto 
se  pudieron  allegar,  se  dispusieron  á  socorrer  á  los 
caballeros  é  gentes  que  defendían  la  cibdad. 

CAPÍTULO  in. 

De  como  el  Rey  partió  de  Medina  del  Campo,  é  vino  á  tierra  de 
moros  á  socorrer  los  caballeros  que  hablan  tomado  la  cibdad 
de  Alhama. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  sopieron  que  el  Marqués 
de  Cáliz  y  el  Adelantado  del  Andalucía  é  Die- 
go de  Merlo  é  aquellos  otros  caballeros,  habían 
tomado  la  cibdad  de  Alhama ,  é  que  estaban  cerca- 
dos de  los  moros,  luego  embiaron  sus  cartas  é  men- 
sageros  á  todos  los  caballeros ,  é  cibdades  é  villas 
del  Andalucía,  mandándoles  que  con  la  mayor  dili- 
gencia que  pudiesen  juntasen  toda  la  gente  de  pié  é 
de  caballo  de  la  tierra  ,  é  fuesen  á  los  socorrer.  El 
Rey  el  dia  que  lo  supo  partió  de  Medina  del  Cam- 
po, é  vinieron  con  él  Don  Beltran  de  la  Cueva,  Du- 
que de  Alburquerque,  é  Don  Pedro  Manrique ,  Con- 
de de  Treviño ,  é  Don  íñígo  López  de  Mendoza, 
Conde  de  Tendilla,  é  Don  Enrique  Enriquez,  su  Ma- 
yordomo mayor,  é  Rodrigo  de  üUoa ,  BU  Contador 


808 


CRÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 


mayor ;  é  Don  Juan  de  Silva ,  Conde  de  Cif uentes 
salió  de  Toledo  á  ir  con  él,  é  á  jornadas  presurosas 
llegó  fasta  la  villa  de  Adamuz ,  que  es  á  cinco  le- 
guas de  Córdoba.  É  como  llegó  á  aquel  lugar ,  el 
Duque  de  Alburquerque  le  dixo  :  «  Señor,  no  debéis 
»dar  tan  gran  priesa  á  esta  vuestra  entrada  en  tier- 
»ra  de  moros,  porque  no  tenéis  gente  de  Castilla 
»con  que  podáis  facer  este  socorro,  sino  sola  la  gen- 
»te  del  Andalucía.  É  los  Reyes  vuestros  predeceso- 
j)res  nunca  entraron  en  el  Rey  no  de  Granada,  sino 
» acompañados  de  gran  número  de  gente  de  Casti- 
» lia.  Otrosí  Señor,  debéis  considerar  que  el  Duque 
»de  Medinasidonia ,  y  el  Conde  de  Cabra,  é  Don 
» Alonso  de  Aguilar,  é  los  otros  caballeros  é  alcay- 
))  des  que  estaban  juntos  ,  son  asaz  gentes  para  fa- 
»  cer  este  socorro,  é  no  debe  Vuestra  persona  Real 
» entrar  á  lo  facer,  pudiéndolo  facer  vuestros  súbdi- 
»tos ;  porque  los  Reyes  que  tienen  las  gentes  é  los 
» capitanes  que  vos  tenéis,  basta' que  embien  algu- 
Bnosdellos  á  facer  las  guerras  que  se  puedan  bien 
» facer  sin  que  ellos  sean  presentes;  é  sus  personas 
»  deben  quedar  á  los  esforzar.»  El  Rey,  oidas  aquellas 
razones,  le  dixo:  «Duque,  si  yo  partiera  de  la  villa 
»de  Medina  con  propósito  de  socorrer  aquellos  ca- 
»balleros,  vos  dábades  buen  consejo  ;  pero  habien- 
» do  partido  con  intención  determinada  de  los  so- 
» correr  por  mi  persona,  y  estando  en  el  fin  del  ca- 
» mino ,  cosa  seria  por  cierto  contra  mi  condición 
«mudar  el  primero  consejo,  no  habiendo  para  ello 
«nuevo  impedimento ;  é  por  tanto  con  las  gentes 
»desta  tierra,  que  están  juntos,  sin  esperar  la  gente 
» de  Castilla  que  habernos  llamado,  entiendo,  con 
»el  ayuda  de  Dios  continar  mi  camino.»  E  luego 
embió  mandar  al  Duque  de  Medina ,  é  al  Conde  de 
Cabra,  é  á  los  otros  caballeros  é  alcaydes  que  iban 
á  socorrer  á  Alhama  ,  que  le  esperasen ;  porque  él 
acompañado  dellos  quería  entrar  á  la  socorrer.  El 
Duque,  y  el  Conde  de  Cabra,  é  Don  Alonso  de  Agui- 
lar, visto  el  mandamiento  del  Rey,  bien  le  quisie- 
ran esperar,  según  gelo  embiaba  á  mandar ;  pero 
continaron  su  camino ,  porque  estaban  ya  bien  den- 
tro en  la  tierra  de  los  moros,  y  era  peligroso  ansí  á 
los  que  esperaban  el  socorro,  como  á  ellos,  si  se  re- 
traxeran  para  tornar  otra  vez  á  entrar  con  el  Rey, 
porque  se  fatigaba  la  gente  que  con  ellos  iba.  El 
Rey  continó  su  camino,  é  llegó  á  la  cibdad  de  Cór- 
doba, é  tomó  las  muías  de  los  que  le  salieron  á  rece- 
bir,  para  que  en  ellas  fuesen  los  que  iban  con  él, 
porque  las  suyas  estaban  tan  cansadas  que  no  po- 
dían mas  durar.  É  con  la  voluntad  grande  que  tenia 
de  facer  aquel  socorro  ,  no  paró  en  la  cibdad ;  por- 
que ovo  nueva  que  el  Duque  de  Medina,  y  el  Conde 
de  Cabra,  é  los  otros  caballeros  que  iban  á  facer  el 
socorro,  daban  priesa  en  su  camino.  E  fué  fasta  un 
lugar  que  llaman  el  Pontón  del  Maestre ,  do  ovo 
mensagero  de  aquellos  caballeros,  con  el  qual  le  em- 
biaron  á  decir,  que  no  habían  podido  esperar  según 
gelo  había  embiado  á  mandar,  porque  los  caballeros 
é  alcaydes  que  estaban  en  Alhama  los  llamaban  con 
necesidad  grande  que  tenían  de  ser  socorridos.  E 
Rey  quisiera  con  aqtuellos  pocos  que  iban  con  él  en- 


trar en  el  Rey  no  de  Granada,  salvo  que  los  que  con 
él  iban  le  amonestaron  que  no  entrase,  sin  que  fue- 
se acompañado  de  muchas  gentes,  por  el  peligro  que 
había  de  las  villas  é  castillos  de  moros  por  do  había 
de  pasar.  E  acordó  de  estar  en  la  cibdad  de  Ante- 
quera,  donde  le  vino  nueva  como  el  Rey  de  (1)  Gra- 
nada alzó  el  cerco  que  tenía  puesto  sobre  la  cibdad 
de  Alhama ;  é  no  habia  esperado  á  los  caballeros  é 
gentes  del  Andalucía  que  iban  á  pelear  con  él.  Sa- 
bido por  el  Duque  de  Medina  é  por  el  Conde  de  Ca- 
bra, que  el  Rey  de  Granada  alzó  el  cerco ,  é  que  era 
vuelto  á  Granada,  llegaron  fasta  la  cibdad  de  Al- 
hama ;  é  como  asomaron  á  vista  de  la  cibdad ,  los 
caballeros  é  alcaydes  que  estaban  en  ella,  como  li- 
bres de  extremo  peligro  salieron  con  deseo  á  los  re- 
cebir,  é  todos  ovieron  gran  placer ,  los  unos  porque 
ficieron  lo  que  debían,  é  los  otros  porque  escaparon 
de  lo  que  recelaban.  El  Marqués  de  Cáliz  sabido  co- 
mo el  Duque  venia  allí  con  tanta  gente  á  le  socor- 
rer ,  informado  de  los  gastos  que  fizo ,  é  de  la  dili- 
gencia que  puso  por  le  sacar  de  aquel  peligro,  llegó- 
se á  él,  é  después  de  las  primeras  saludes  le  dixo: 
«  Señor,  el  día  de  oy  distes  fin  á  todos  nuestros  de- 
»  bates ;  bien  paresce  que  en  nuestras  diferencias  pa- 
»sadas,  mi  honra  fuera  guardada,  sí  la  fortuna  me 
«traxera  á  vuestras  manos,  pues  me  habéis  quitado 
»  de  las  agenas  é  crueles»  ;  é  allí  se  dieron  paz,  é  que- 
daron en  buena  amistad.  E  porque  habían  estado  en 
gran  trabajo,  ansí  de  las  continas  escaramuzas,  co- 
mo de  la  falta  que  tenían  de  los  mantenimientos, 
acordaron  de  salir  de  aquella  cibdad  dexándola  f  or- 
nescídade  alguna  gente  que  la  defendiese,  é  venir 
adonde  el  Rey  estaba.  Aquel  caballero  Diego  de 
Merlo  no  quiso  salir  de  la  cibdad,   porque  habia 
principiado  la  toma  della,  é  propuso  de  no  la  de- 
xar ,  salvo  de  la  sostener,  fasta  entregarla  al  Rey,  ó 
á  su  cierto  mandado  ;  é  quedaron  con  él  Don  Mar- 
tín de  Córdoba ,  hermano  del  Conde  de  Cabra ,  é  Fer- 
nán Carrillo ,  capitanes  con  gente  de  las  hermanda- 
des ,  é  otros  algunos ;  para  los  quales  dexaron  aque- 
llos caballeros  que  los  socorrieron  mantenimien- 
tos por  algunos  días  fasta  tanto  que  el  Rey  é  la 
Reyna  la  mandasen  fornecer  de  gentes  é  manteni- 
mientos (2). 


(1)  El  Rey  de  Granada  alzó  el  cerco  de  sobre  Alhama ,  Viernes 
29  de  Marzo,  después  de  tres  semanas  que  lo  tenia  puesto,  como 
refiere  el  Cura  de  los  Palacios,  que  cuenta  este  hecho  con  mas 
puntualidad,  señalando  dias  y  sugetos,  que  omite  Pulgar.  Tomó 
la  nueva  al  Rey  en  Lucena,  de  donde  volvió  á  Córdoba  ,  dexando 
por  Capitán  y  Alcayde  de  Alhama  al  Asistente  Diego  de  Merlo 
con  ochocientos  hombres  de  pelea,  que  era  la  gente  de  las  her- 
mandades. Bernald.,  cap.  52. 

(2)  En  el  MS.  del  Señor  Nava  hay  añadidas  estas  palabras: 
«Fueron  deste  socorro  el  Duque  de  Medina,  y  Don  Rodrigo  Gi- 
» ron  Maestre  de  Calatrava ,  y  Don  Alonso  de  Aguilar  Señor  de  la 
«casa  de  Aguilar,  y  los  Condes  de  Hureña,  y  Cabra,  y  López  Vaz- 
» quez  de  Acuña  Adelantado  de  Cazorla,  y  Martin  Alonso  Señor  de 
» Alcaudete,  y  el  Alcayde  de  los  Donceles. » 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  IV. 

Del  debate  qae  oto  sobre  la  partición  del  despojo  que  se  tomó 
en  Albama. 

f  Como  aquellas  gentes  que  tomaron  la  cibdad  do 
Alhama  salieron  della  con  los  despojos  que  allí 
ovieron,  ovo  gran  debate  entre  ellos  é  los  que  vinie- 
ron á  los  socorrer,  los  quales  demandaban  parte  del 
despojo  que  se  ovo  de  los  moros  al  tiempo  que  se 
tomó,  porque  según  habemos  dicho,  era  en  gran 
cantidad  ;  é  alegaban  pertenecerles,  pues  por  el  so- 
corro que  ellos  hablan  fecho  se  habia  ganado.  Los 
caballeros  que  tomaron  la  cibdad  decian  que  á  ellos 
pertenescia  todo,  é  que  los  caballeros  que  vinieron 
á  los  socorrer  no  debian  haber  parte,  por  quanto 
ellos  eran  los  que  con  grandes  trabajos  é  peligros 
vinieron  á  ganar  aquella  cibdad ,  é  sufrieron  mu- 
chas feridas  en  los  combates  que  ficieron  dende  las 
torres,  y  en  las  peleas  de  las  calles ,  fasta  vencer  á 
los  moros,  ése  apoderar  de  toda  ella,  é  los  que  por 
la  sostener  hablan  peleado  con  los  moros  todos  los 
dias  que  el  Rey  de  Granada  los  tovo  cercados,  ó  los 
que  sofrieron  mucha  hambre  é  otros  trabajos  por  la 
guardar;  é  que  en  todo  esto  las  otras  gentes  que  vi- 
nieron á  los  socorrer,  no  hablan  trabajado  ni  ovie- 
ron aventura,  salvo  solamente  que  se  dispusieron  á 
venir  sin  peligro  fasta  aquel  lugar  por  los  socorrer ; 
á  lo  qual  eran  obligados  no  solamente  como  chris- 
tianos,  que  deben  facer  guerra  á  los  moros,  mas  co- 
mo buenos  christianos  que  deben  socorrer  á  los 
chrístianoa.  E  ¿qué  inhumanidad,  decian  ellos  tan 
cruel,  ó  qué  cobdicia  tan  corrupta  pnede  ser,  que  se 
compare  al  querer  tomar  lo  ageno  ganado  de  tal 
manera  é  con  tantos  trabajos?  E  con  la  ira  que 
concibieron  decian  que  no  llevarían  parte,  sino  ga- 
nándola con  derramamiento  de  sangre  de  los  unos 
é  de  los  otros.  Las  gentes  que  vinieron  al  socorro 
decian  :  «A  nosotros  pertenece,  no  solamente  parte, 
» mas  todo  el  despojo  que  aquí  es  habido ;  porque 
B  quanto  mayores  trabajos  é  peligros  vosotros  ovis- 
»tes,  tanto  mayor  gloria  á  nosotros  se  debe  impu- 
ntar, comoá  bornes  que  á  vosotros  é  á  ello  libramos 
»de  muerte  é  perdición.  Verdad  es  que  ganastes  este 
«despojo,  pero  vosotros  y  ello  érades  perdidos,  por- 
uque  no  lo  podíades  salvar,  é  nosotros  con  nuestra 
Avenida  lo  recobramos ;  é  como  cosa  por  vosotros 
«perdida,  é  por  nosotros  de  nuevo  ganada,  nos  per* 
Ktenesce.  Básteos,  decian  ellos,  que  movidos  á  com- 
))  pasión  del  peligro  en  que  estábades,  aventuramos 
«nuestras  personas,  é  fecimos  gastos  de  nuestras 
nfaciendas  por  vos  socorrer.  E  si  batalla  ni  recuen- 
»tro  no  ovimoB  con  los  moros,  no  se  puede  decir 
nque  fuimos,  pues  los  venimos  á  buscar  para  vos 
«salvar  ;  y  es  de  considerar  el  fin  en  todas  las  cosas, 
«especialmente  en  las  guerras,  mucho  mas  que  los 
«principios.  Deste  fin  é  del  interese  que  por  causa 
«del  ovo,  nosotros  debemos  ser  partícipes ,  que  fui- 
amos  en  el  efecto  final,  por  donde  se  acabó  de  ga- 
nnar.  E  ¿qué  ingratitud,  decian  ellos,  puede  ser  tan 
agrande  que  niegue  dar  parte  de  loa  bienes  álos 


É  DOÑA  ISABEL  S69 

nque  salvan  las  vidas?»  Sobre  esta  materia  los  nnos 
é  los  otros,  tentados  gravemente  de  la  cobdicia,  raiz 
de  semejantes  turbaciones,  estaban  en  tanta  discor- 
dia, que  se  aparejaban  á  las  armas. 

El  Duque  de  Medina,  visto  el  grande  daño  que 
de  aquella  quistion  se  esperaba,  apartó  á  los  suyos 
é  mandóles  que  no  demandasen  parte  de  aquellos 
bienes;  é  dixo  á  los  otros  que  vido  mas  puestos  en 
la  cobdicia :  «  Pregúnteos  yo,  caballeros ,  ¿  qué  guer- 
»ra  mas  cruel  nos  farian  los  moros  que  la  que  el 
»dia  de  oy  queréis  facer  á  los  christianos?  Por  cier- 
» to  si  venimos  á  dar  venganza  á  nuestros  enemigos, 
» é  perdición  á  nuestros  amigos,  debéis  •insistir  en 
» esta  demanda  que  facéis  ;  pero  aquellos  que  to- 
»  vieren  respecto  á  Dios  é  á  la  virtud ,  pospuesto  el 
«interese,  aunque  sea  justo,  se  deben  dexar  dello  en 
«tiempo,  por  escusar  tan  grand  inconviniente  como 
«desto  que  queréis  se  siguiria.  Nosotros,  dixo  él,  no 
«venimos  aquí  á  pelear  con  los  christianos  en  favor 
»de  los  moros,  mas  venimos  por  servicio  de  Dios 
«  ó  del  Rey  ó  de  la  Reyna  á  salvar  del  poder  de  los 
«moros  á  nuestros  hermanos  los  christianos,  ni  mó- 
«nos  venimos  con  propósito  de  ganar  bienes,  mas 
«de  salvar  ánimas  :  esta  fué  nuestra  intención.  E 
«pues  á  loor  de  Dios  es  complida,  en  lugar  de  le  dar 
«gracias,  no  demos  pena  á  nosotros,  é  gloria  á  núes- 
«tros  enemigos.  Aquí,  dixo,  ha  de  vencer  la  mag- 
«nifícencia  á  la  cobdicia,  é  la  caridad  al  escándalo, 
»  que  el  diablo,  envidioso  de  nuestra  virtud,  procu-. 
«ra  para  nuestra  perdición.  Yo  vos  ruego  que  les 
«dexemos  sus  despojos ,  porque  si  sus  trabajos  die- 
«ron  á  ellos  aquellas  riquezas,  los  nuestros  han  da- 
ndo á  nosotros  mayor  honra,  pues  gelas  dimos  jun- 
ntamente  con  la  vida.»  Vista  la  voluntad  del  Du- 
que, todas  aquellas  gentes  se  dexaron  de  aquella 
demanda,  é  cesó  aquel  escándalo  que  entre  ellos  so 
encendía  (1). 

CAPÍTULO  V. 

De  los  aderexosque  la  Reyna  mandó  facer  para  eontinnarla  gner* 
ra  contra  los  Moros. 

La  Reyna ,  que  habia  quedado  en  Medina  del 
Campo,  escribió  á  algunos  caballeros  é  á  otras  gen- 
tes de  las  comarcas ,  que  la  cibdad  de  Alhama  se 
habia  ganado  á  los  moros,  é  oomo  el  Bey  iba  á  so- 


(1)  El  Cronista  omite  un  sneeso  may  notab'e  qae  sncedid  al 
otro  dia  de  tomada  Albama ,  primero  de  Marzo.  Los  moros  de 
Ronda,  Tiendo  aquella  tierra  desierta  de  cristianos,  porque  casi 
todos  estaban  en  el  cerco  de  Albama ,  salieron  sobre  los  que  ba- 
bia  con  doscientos  y  sesenta  de  á  caballo.  Tomaron  todos  lus  cau- 
tiTOS  con  los  ganados  que  apacentaban,  y,  sin  temor  de  encuentro 
alguno,  se  Tolvian  con  la  presa  á  sus  casas.  Sabido  por  los  cris- 
tianos de  Utrera,  se  juntaron  hasta  setenta  y  dos  de  caballo,  y 
con  ellos  por  capitanes  Gómez  Méndez  de  Solomayor,  Alcayde  de 
Utrera,  y  Mateo  Sánchez,  Alcayde  de  Bómos,  y  dando  sobre  los 
moros  en  un  cerro  que  dicen  el  lomo  del  Judio,  que  está  dos  le- 
guas de  Bórnos,  los  desbarataron,  mataron  ciento  dellos ,  y  les 
tomaron  toda  la  presa  que  llevaban,  y  i  mas  noTcnta  caballus  coa 
muchas  armas  y  otras  cosas ,  todo  con  muerte  de  solos  quatro 
cristianos.  Refiérelo  el  Cura  de  los  Palacios,  Hisl.  de  ¡os  Rey» 
Catól.,  cap.  57.  Zurita  lo  cuenta  con  alguna  díTersidad  en  el  nu- 
mero. Anal.,  üb.  20,  cap,  43. 

24 


370 


CRÓNICAS  DE  LOS  RETES  DE  CASTILLA. 


correr  los  caballeros  que  la  habían  tomado ;  y  em- 
bióles  mandar  que  luego  partiesen ,  porque  pudie- 
sen entrar  con  él  en  el  Reyno  de  Granada.  Embió 
ansimesmo  sus  cartas  de  apercebimiento  á  todos  los 
caballeros  y  escuderos  que  tenian  tierras  é  acosta- 
mientos della ,  mandándoles  que  estoviesen  prestos 
con  sus  armas  ó  caballos  para  quando  los  embiase 
á  llamar  para  la  guerra  que  entendía  facer  contra 
el  Rey  é  Reyno  de  Granada.  E  porque  ella  ansi- 
mesmo entendía  de  ir  en  persona  al  Andalucía,  para 
proveer  en  las  cosas  que  fuesen  necesarias ,  embió 
también  llamar  á  su  Condestable  para  le  dar  cargo 
de  la  gobernación  de  las  tierras  é  provincias  de 
allende  los  puertos.  El  Condestable  vino  luego  al 
llamamiento  de  la  Reyna,  ó  quando  sopo  que  el  Rey 
era  partido  para  el  Andalucía,  demandó  licencia  á  la 
Reyna  para  le  ir  á  servir.  La  Reyna  le  dixo  que  no' 
compila  al  servicio  del  Rey  ni  suyo  que  fuese  al 
Andalucía,  porque  había  determinado  de  le  dexar  el 
cargo  de  la  justicia  en  toda  la  tierra  de  allende  los 
puertos ,  juntamente  con  el  Almirante  Don  Alonso 
Enriquez.  El  Condestable  le  respondió  :  «  Señora,  si 
»en  estas  partes  oviese  necesidad  de  guerra,  como 
j)la  hay  en  el  Andalucía,  seria  en  vuestra  elección 
B  mandar  que  os  sirviese  en  qualquiera  de  las  guer- 
nras  que  mandásedes  ;  pero  habiendo,  por  la  gracia 
D  de  Dios ,  paz  en  todos  vuestros  Reynos ,  é  guerra 
»con  los  moros,  ¿es  cosa  razonable  que  yendo  el  Rey 
»á  la  guerra,  quede  yo  en  la  tierra  pacífica,  tenien- 
B  do  como  vuestro  Condestable  el  cargo  principal  de 
j) vuestras  huestes?  Por  ende  humildemente  suplico 
j)á  Vuestra  real  Magestad  que  no  me  mande  facer 
n  aquello  que  yo  habría  por  mal ,  é  las  gentes  no 
Bhabrian  por  bien  si  lo  ficiese.»  La  Reyna,  vista  la 
voluntad  del  Condestable,  dióle  hcencia  que  fuese 
con  el  Rey ,  el  qual  era  ya  vuelto  á  la  cibdad  de 
Córdoba,  do  esperaba  á  la  Reyna.  La  Reyna  proveí- 
das las  cosas  necesarias  á  la  tierra  de  allende  los 
puertos,  dexó  en  ella  al  Almirante  con  sus  poderes 
reales,  é  mandó  á  ciertos  doctores  del  su  Consejo 
que  quedasen  con  él.  E  proveídas  ansimesmo  de 
Corregidores  é  Asistentes  algunas  cibdades  é  vi- 
llas de  aquellas  partes,  donde  entendió  que  era  ne- 
cesario, partió  de  la  villa  de  Medina,  ó  fué  para  la 
cibdad  de  Toledo,  donde  estovo  los  tres  dias  de 
Pasqua  de  Resurrección.  E  como  quiera  que  estaba 
preñada  é  trabajada  del  camino,  pero  luego  otro 
día  partió  de  Toledo ,  é  fué  para  la  cibdad  de  Cór- 
doba, donde  el  Rey  la  estaba  esperando. 

CAPÍTULO  Vi. 

Como  el  Rey  do  Granada  tornó  &  poner  real  sobre  los  qne  queda- 
roa  en  la  cibdad  de  Alhama. 

El  Rey  de  Granada ,  quando  sopo  que  el  Marqués 
de  Cáliz  é  aquellos  otros  caballeros  eran  salidos  de 
la  cibdad  de  Alhama,  acordó  de  tornar  á  ella  con 
gran  número  de  moros ,  é  cercóla  por  todas  partes, 
é  con  los  pertrechos  que  traía  fizóla  combatir  por 
los  lugares  que  se  podía  entrar.  E  los  moros  traba- 
jaban mucho  en  los  combates  y  escaramuzas  que 


habían  con  los  christianos,  á  fin  de  cobrar  aquella 
cibdad ;  porque  entendían  que  los  lugares  que  son 
en  su  comarca  no  podían  tener  seguridad  si  aque- 
lla cibdad  fuese  poseída  de  christianos.  Diego  de 
Merlo,  é  Don  Martín  de  Córdoba,  é  Fernán  Carrillof 
capitanes,  pusieron  gran  diligencia  en  la  guarda, 
é  algunas  veces  salían  á  escaramuzar  con  los  mo- 
ros por  los  apartar  del  muro ;  y  en  aquellos  comba- 
tes y  escaramuzas  recebian  daño  del  artillería  que 
traían  los  moros.  Un  día  (1)  por  la  mañana ,  ha- 
biendo peleado  toda  la  noche,  acordaron  los  moros 
de  escalar  la  cibdad  por  la  parte  de  abaxo ,  donde 
es  lo  mas  fuerte  della,  ó  por  donde  no  se  recelaba 
que  se  podía  entrar  por  escala.  Puestas  las  escalas, 
subieron  los  moros  á  gran  peligro,  é  fallaron  una 
vela  dormiendo ,  é  matáronla.  Otra  fué  á  grandes 
voces  á  las  otras  partes  donde  combatían ,  diciendo 
como  la  cibdad  por  aquella  parte  era  entrada  de  los 
moros.  E  antes  que  los  christianos  socorriesen ,  ya 
estaban  dentro  de  la  cibdad  fasta  setenta  moros 
bien  armados,  con  los  quales  los  christianos  comen- 
zaron á  pelear  por  tres  partes.  Otros  fueron  al  lugar 
por  donde  los  moros  subían  con  las  escalas  á  les  de- 
fender la  subida ,  é  pelearon  con  ellos,  é  ficiéronlos 
retraer ;  é  algunos  descendían  por  las  escalas  por 
do  habían  subido,  é  á  otros  algunos  facían  saltar 
por  las  peñas  abaxo.  E  defendieron  los  christianos 
aquel  lugar  por  donde  los  moros  subían,  de  manera 
que  no  pudieron  subir  mas.  Los  otros  moros  que  pe- 
leaban por  las  calles ,  visto  que  no  subían  mas  mo- 
ros á  los  ayudar,  perdido  el  esñxerzo  que  tenian  en 
la  pelea ,  fueron  vencidos ,  ó  dellos  fueron  presos, 
dellos  muertos,  é  algunos  fueron  feridos,  y  escapó 
la  cibdad  de  ser  tomada. 

El  Rey  de  Granada  visto  como  la  no  podía  to- 
mar, alzó  el  real,  é  volvió  con  toda  su  gente  para  la 
cibdad  de  Granada  con  propósito  de  convocar  todos 
los  moros  de  su  Reyno ,  é  tornar  otra  vez  á  la  cer- 
car, porque  estando  aquella  cibdad  por  christianos, 
ninguna  seguridad  tenian  los  moros.  Algfunos  ca- 
balleros é  capitanes ,  especialmente  del  Andalucía, 
que  sabían  aquellas  tierras  de  moros,  é  conocían  el 
sitio  é  la  comarca  de  la  cibdad  de  Alhama,  é  los  pe- 
ligros que  había  para  entrar  á  ella,  considerando 
que  no  se  podía  bastecer ,  salvo  con  gastos  é  traba- 
jos grandes ,  por  los  muchos  lugares  de  moros  que 
estaban  en  el  circuito,  consejaban  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na que  la  mandasen  derribar.  E  decían  que  ya  ha- 
bía seydo  ganada  otra  vez  por  el  Rey  Don  Fernan- 
do su  trebísabuelo ,  é  considerada  la  dificultad  que 
había  en  la  sostener  la  ,habían  desamparado.  E  de- 
cían que  era  necesario  juntar  cinco  mil  rocines  ó 
muchos  peones  cinco  ó  seis  veces  en  el  año ,  para 
meter  la  recua  de  los  mantenimientos  para  los  qu© 
la  guardasen ,  porque  de  otra  manera  no  podía  ser 
proveída.  E  que  estos  juntamientos  de  gentes,  tan- 

(1)  Fué  esto  i  20  de  Abril.  Duró  el  cerco  cinco  diaí,  al  cabo  do 
los  quales  lo  alzó  el  Rey  temeroso  de  las  gentes  que  venian  coa 
el  Rey  Don  Fernando.  En  su  defensa  se  señalaron  Pedro  de  Pi- 
neda, y  Don  Alonso  Ponce,  deudos  ambos  de  la  casa  del  Marqués 
de  (;:ádiz.  zurita,  Hb,  30,  cap,  43. 


DON  FERNANDO 
tos  y  en  tan  poco  espacio  de  tiempo,  serian  dificilea 
é  mny  costosos ,  los  quales  no  se  podían  escusar,  si 
la  cibdad  de  Loxa  no  se  ganase,  E  que  Loxa  era 
gran  cibdad,  é  para  poner  sitio  sobre  ella  no  había 
tiempo,  porque  era  ya  el  principio  del  mes  de  Mayo, 
el  qual  se  pasaría  en  la  entrada  que  el  Rey  quería 
facer  á  bastecer  á  Alhama;  y  era  menester  mas 
tiempo,  ansí  para  juntar  lac  gentes ,  como  para  ha- 
ber las  provisiones  que  fuesen  necesarias  traer  de 
Castilla,  porque  en  el  Andalucía  aquel  año  había 
habido  mengua  de  mantenimientos.  A  la  Reyna  no 
placía  de  aquel  voto,  é  decía  que  bien  conocía  co- 
mo en  todas  las  guerras  se  recrecían  gastos  é  tra- 
bajos ,  é  con  aquel  presupuesto  ol  Rey  y  ella  ha- 
bían deliberado  de  proseguir  la  conquista  contra 
el  Reyno  de  Granada ;  é  pues  aquella  cibdad  era  la 
primera  que  se  había  ganado,  entendía  que  seria 
imputado  á  mengua  si  se  desamparase.  Habido  por 
el  Rey  é  por  la  Reyna  aquel  acuerdo ,  luego  el  Rey 
partió  de  la  cibdad  de  Córdoba,  y  con  él  el  Carde- 
nal de  España,  y  el  Duque  de  Villahermosa,  y  el 
Condestable  Don  Pedro  de  Velasco,  é  Don  Luís  de 
la  Cerda,  Duque  de  Medínacelí,  é  Don  Iñigo  López 
de  Mendoza ,  Duque  del  Inf  antadgo,  y  el  Duque  de 
Alburquerque,  é  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Maestre  de 
Santiago,  é  Don  Rodrigo  Tellez  Girón,  Maestre  de 
Calatrava,  y  el  Marqués  de  Cáliz,  é  Don  Diego  Ló- 
pez Pacheco,  Marqués  de  Víllena,  y  el  Conde  de 
Cabra,  y  el  Conde  de  Treviño,  é  Don  Alonso  Tellez 
Girón,  Conde  de  Urueña,  é  Don  Iñigo  López  de 
Mendoza,  Conde  de  Tendilla,  ó  Don  Diego  Hurtado 
de  Mendoza,  su  hermano ,  Obispo  de  Palencía,  que 
fué  después  Arzobispo  de  Sevilla,  é  Patriarca  de 
Alexandria,  é  Cardenal  de  España,  y  el  Conde  de 
Cifuentes,  é  Don  Gutierre  de  Sotomayor,  Conde  de 
Belalcazar,  é  Don  Enrique  Enriquez,  Mayordomo 
mayor  del  Rey,  é  Don  Alonso,  Señor  de  la  Casa  de 
Aguílar,  é  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador 
mayor  de  León,  é  Rodrigo  de  Ulloa,  é  Don  Juan 
Chacón,  Contadores  mayores  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na, é  otros  muchos  caballeros  de  Castilla ,  que  la 
Reyna  mandó  venir  á  la  servir,  é  otros  algunos  del 
Andalucía  ;  é  fueron  con  el  Rey  á  la  cibdad  de  Eci- 
ja,  é  dende  continaron  su  camino  fasta  que  entra- 
ron en  tierra  de  moros  con  fasta  ocho  mil  homes  á 
caballo,  é  diez  mil  peones.  E  llegó  el  Rey  (1)  con 
el  Cardenal  de  España  é  con  toda  aquella  hueste  á 
la  cibdad  de  Alhama,  é  bastecióla  é  fortalecióla  de 
todas  las  cosas  necesarias  para  su  defensa ;  é  sacó 
della  á  aquel  caballero  Diego  de  Merlo,  é  á  los  otros 
capitanes  é  gente  que  en  guarda  della  habían  que- 
dado ;  é  regradescióles  los  trabajos  que  habían  ha- 
bido en  la  defender ,  é  dexó  en  ella  por  capitán  á 
Luis  Fernandez  Puertocarrero,  Señor  de  Palma;  é 
mandó  á  Diego  López  de  Ayala ,  é  á  Pero  Ruiz  de 
Alarcon,  é  á  Alonso  Ortiz,  capitanes  de  quatrocien- 
tas  lanzas  de  las  hermandades,  que  quedasen  con 
él ;  é  dexó  ansimesmo  con  ellos  fasta  mil  peones  á 
pié.  E  con  quarenta  mil  bestias  que  iban  en  suhues- 

'  íUlBiesto  áj.atp.rceie.«ayq  de  «te  afid,  BernaW,,  cap,  55.  , 


É  DOÍÍA  ISABEL.  37Í 

te  cargadas  de  mantenimientos  basteció  la  cibdad 
por  tres  meses  de  las  cosas  necesarias.  El  Rey  ó  la 
Reyna  fundaron  tres  iglesias  en  tres  mezquitas 
principales  que  había  en  aquella  cibdad :  la  una 
iglesia  fundaron  á  la  vocación  de  Santa  María  de  la 
Encarnación,  é  la  otra  á  la  vocación  de  Santiago ,  é 
la  otra  de  Sant  Miguel ,  las  quales  consagró  el  Car- 
denal de  España ,  é  la  Reyna  las  dotó  de  cruces  é 
cálices  é  imagines  de  plata,  é  de  libros,  é  ornamen- 
tos, é  de  todas  las  otras  cosas  que  fueron  necesarias 
al  culto  divino.  E  allende  desto  movida  con  devo- 
ción, propuso  de  labrar  con  sus  manos  algunos  de 
los  ornamentos  para  aquella  iglesia  de  Santa  María 
de  la  Encarnación,  por  ser  aquella  la  primera  igle- 
sia que  fundó  en  el  primer  lugar  que  se  ganó  en 
esta  conquista. 

CAPÍTULO  VII. 

De  la  tala  que  el  Rey  flzo  en  la  vega  de  Granada,  é  como  It  Rey- 
na mandó  llamar  gente,  é  traer  provisiones  para  cercar  á  Losa. 

Entretanto  que  estas  cosas  pasaban,  la  Reyna, 
que  quedó  en  Córdoba,  mandó  facer  repartimiento 
por  todas  las  cibdades  é  villas  del  Andalucía  é  de 
Estremadura,  é  las  tierras  de  los  Maestrazgos  de 
Calatrava,  é  Santiago,  é  Alcántara ,  é  del  Priorazgo 
de  San  Juan,  é  de  todo  el  Reyno  de  Toledo,  é  allen- 
de los  puertos,  fasta  las  cibdades  de  Salamanca,  é 
Toro,  é  Valladolid,  é  de  aquellas  comarcas,  de  cier- 
to número  de  pan  é  vino  é  ganados  é  sal  é  puercos; 
é  mandó  que  lo  traxesen  la  meytad  en  fin  de  Junio, 
é  la  otra  meytad  en  Julio  al  real  que  el  Rey  había 
de  poner  sobre  la  cibdad  de  Loxa,  é  que  cada  uno 
lo  vendiese  al  precio   que  mejor  pudiese.  E  mandó 
ansimesmo  dar  sus  cartas  para  todas  estas  tierras  é 
para  todas  las  otras  de  sus  Reynos  fasta  Vizcaya  é 
Guipúzcoa  para  que  embiase  cada  un  pueblo  al  real 
de  sobre  Loxa  cierto  número  de  caballeros  é  peo- 
nes. Otrosí  mandó  traer  lombardas  é  otros  muchos 
tiros  de  pólvora,  é  facer  los  otros  aparejos  que  fue- 
ron menester  para  aquel  sitio.  El  Rey  como  baste- 
ció de  gentes  é  mantenimientos  la  cibdad  de  Alha- 
ma, é  fizo  algunas  talas  en  los  lugares  de  la  vega 
de  Granada,  volvió  para  la  cibdad  de  Córdoba,  é 
mandó  á  todos  aquellos  caballeros  que  con  él  fue- 
ron que  ficiesen  venir  la  mas  gente  que  pudiesen 
traer  de  sus  casas,  é  que  estoviesen  prestos  para  ir 
con  él  al  real  que  entendía  poner  sobre  la  cibdad  de 
Loxa.  Los  moros  temiendo  los  males  que  déla  guerra 
geles  habían  seguido,  é  recelando  de  los  haber  ma- 
yores, embiaron  sus  Alfaquíes  á  publicar  por  todos 
los  reynos  é  pueblos  de  África  el  gran  daño  que  re- 
cebian,  é  la  necesidad  en  que  estaban  por  la  guerra 
que  el  Rey  é  la  Reyna  de  España  les  facían ,  é  que 
temían  perdición  de  la  tierra,  si  no  les  embiaban 
ayuda  de  gentes  é  mantenimientos.  Sabido  esto  por 
el  Rey  é  por  la  Reyna,  mandaron  facer  armada  de 
naos  é  galeras  por  la  mar,  de  las  quales  eran  capi- 
tanes Martín  Díaz  de  Mena,  é  Charles  de  Valera,  6 
Arriaran.  Estos  capitanes  por  mandado  del  Rey  é 
del.^  Reyn^  esiatián continamente  en  el  estrecho  do  , 


372 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Gibraltar, é  andaban  por  los  puertos  de  África,  é 
f  acian  guerra  á  los  Moros  é  no  dexaban  pasar  na- 
vios de  lá  una  parte  á  la  otra. 

CAPÍTULO  VIII. 

Como  el  Rey  puso  Real  sobre  la  cibdad  de  Loxa ,  é  lo  que  allí 
pasó  (1). 

Traídos  los  mantenimientofl,  é  junta  la  gente  de 
pie  é  de  caballo  que  la  Reyna  mandó  llamar,  el  Rey 
partió  de  la  cibdad  de  Córdoba,  é  fueron  con  él  los 
caballeros  é  capitanes  que  le  sirvieron  en  la  tala  que 
habia  fecho  en  la  vega  de  Granada ;  é  siguiendo  su 
camino  con  sus  batallas  ordenadas ,  llegó  cerca  de 
la  cibdad  de  Loxa,  é  asentó  su  real  entre  los  olivares 
que  estaban  en  unos  valles  é  grandes  cuestas  cerca 
del  rio  de  Guadaxenil.  Asentado  el  real,  la  gente  de 
la  hueste  ovo  gran  mengua  de  pan  cocido ,  porque 
todo  lo  que  hablan  traido  era  ya  gastado ;  é  como 
quier  que  habia  gran  cantidad  de  harina ,  pero  no 
ovo  tiempo  de  facer  en  el  real  los  hornos  que  eran 
necesarios  de  se  facer  para  cocer  el  pan,  é  las  gentes 
en  dos  dias  que  duró  el  asiento  del  real ,  comían  el 
pan  cocido  en  las  brasas.  El  Rey  por  mayor  segu- 
ridad de  la  hueste,  mandó  á  Don  Rodrigo  Tellez  Gi- 
rón, Maestre  de  Calatrava,  é  á  su  hermano  el  Conde 
de  üruefia,  é  al  Marqués  de  Cáliz ,  é  al  Marqués  de 
de  Víllena ,  é  á  Don  Alonso ,  Señor  de  la  casa  de 
Aguilar,  que  con  sus  gentes  se  aposentasen  en  una 
cuesta  que  está  cerca  de  la  cibdad ,  á  quien  los  mo- 
ros llaman  Santo  Albohacen.  Los  otros  caballeros 
pusieron  sus  estanzas  cada  uno  en  el  lugar  donde  lo 
fué  sefialado  por  el  Rey.  Los  moros  que  estaban  en 
la  cibdad,  que  serian  fasta  tres  mil  homes  de  pelea, 
con  un  capitán  que  se  llamaba  Abrahen  el  Alatar, 
home  muy  esforzado  é  cursado  en  la  guerra ,  salían 
de  la  cibdad  á  pelear  por  todas  partes  con  los  chris- 
tianos  que  estaban  en  la  guarda  y  en  las  estanzas.  Y 
en  estas  peleas  los  christianos  recebian  algún  daño, 
porque  el  real  estaba  asentado  en  tan  grandes  cues- 
tas ,  é  había  tan  grand  apartamiento  de  las  unas 
cuestas  á  las  otras,  que  no  podían  prestamente  ayu- 
darse irnos  á  otros,  porque  la  dispusícion  de  los  lu- 
gares gelo  empedia.  Aoaesció  que  el  Sábado  siguien- 
te, que  fué  el  quarto  día  que  el  real  fué  asentado,  los 
moros  acordaron  de  salir  con  gente  á  pelear  con 
los  que  guardaban  aquella  estanza  de  Santo  Albo- 
hacen ,  que  habernos  dicho  que  fué  encomendada  al 
Maestre  de  Calatrava ,  é  á  los  Marqueses  de  Cáliz  é 
Villena,  é  al  Conde  de  üruefia,  é  á  Don  Alonso  de 
Aguilar.  Aquellos  caballeros  visto  que  los  moros 
cometieron  la  pelea  con  la  guarda  que  tenían  pues- 
ta, salieron  á  pelear  con  ellos ;  é  los  moros  se  pu- 
sieron en  f  uida,  á  fin  de  apartar  bien  á  los  christia- 
nos de  su  estanza,  é  como  los  vieron  apartados,  so- 
brevino otra  esquadra  de  moros  que  estaba  puesta 
en  celada,  é  subieron  muy  prestamente  á  la  estanza 
de  aquellos  caballeros,  donde  habia  quedado  en 

(i)  El  cerco  de  Lota  fué  i  primeros  de  Jalio.  El  samarlo  de 
Galindez  se&ala  la  muerte  del  Maestre  de  Calatrava  en  tres  de  di- 
cbo  mes. 


guarda  poca  gente.  É  con  aquellos  alaridos  qae  loi 
moros  sudlen  pelear ,  entraron  en  ella ,  é  mataron 
algunos  christianos ,  é  tomaron  algunas  cosas  que 
de  presto  pudieron  haber.  Aquellos  caballeros  visto 
que  los  moros  por  otra  parte  habían  subido  la  cues- 
ta donde  estaban  sus  tiendas,  dexaron  de  seguir  los 
moros  que  iban  en  f  uida ,  é  tomaron  á  socorrer  su 
estanza ,  é  pelear  con  los  moros  que  la  habían  to- 
mado. É  luego  los  moros  que  iban  en  f  uida ,  visto 
que  los  christianos  tornaban  á  socorrer  su  estanza, 
siguiendo  su  manera  antigua  de  pelear ,  volvieron 
contra  los  christianos,  é  allí  pelearon  por  espacio  de 
una  hora ,  fasta  que  los  moros  visto  que  cargaban 
sobre  ellos  mas  gente,  se  retraxeron  á  la  cibdad.  En 
aquella  pelea  murió  el  Maestre  de  Calatrava  de  dos 
saetadas  que  le  dieron.  Fué  la  una  por  baxo  del  bra- 
zo, por  la  escotadura  de  las  corazas,  tan  mortal  que 
incontinente  fué  á  caer  del  caballo ,  como  cayera, 
si  no  porque  Pedro  Gasea,  caballero  de  Avila ,  que 
iba  á  su  lado,  se  abrazó  con  él,  é  le  tomó,  é  llevó  an- 
sí fasta  su  aposento ,  donde  murió  dende  á  poco. 
Desta  muerte  pesó  mucho  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é  co- 
munmente á  todos  los  que  le  conoscían  ,  porque  era 
mozo,  é  de  poca  edad,é  buen  caballero,  é  de  bue- 
nos deseos. 

CAPÍTULO  IX. 
De  como  se  alzó  real  de  sobre  Lota. 

El  Rey  visto,  que  ansí  los  caballeros  que  estaban 
en  aquella  cuesta  de  Santo  Albohacen  como  to- 
dos los  otros  que  guardaban  las  otras  estanzas ,  es- 
taban en  peligro  por  la  dispusícion  de  los  lugares, 
acordó  de  retirar  el  real  de  aquellos  valles  ó  barran- 
cos donde  estaba,  é  ponerlo  en  un  lugar  que  se  lla- 
ma Río  Frío,  apartado  un  poco  mas  de  la  cibdad,  y 
esperar  allí  las  otras  gentes  que  habían  de  venir, 
para  asentar  dos  reales  sobre  la  cibdad ;  porque  de 
otra  manera  no  se  podía  empedir  á  los  moros  la  en- 
trada de  los  mantenimientos ,  ni  el  socorro  de  las 
gentes  que  les  podía  venir  por  la  sierra  que  estaba 
de  la  otra  parte  del  real.  Este  acuerdo  tomado  Sá- 
bado en  la  tarde ,  luego  otro  día  Domingo  por  la 
mañana,  antes  que  se  pregonase  la  mudanza  del 
real,  visto  por  alguna  gente  de  los  concegiles,  é  al- 
gunos otros  de  los  que  venían  á  servir  en  aquella 
guerra,  que  se  alzaban  algunas  tiendas  del  real,  en 
especial  las  tiendas  de  aquellos  caballeros  que  te- 
nían la  cuesta  de  Santo  Albohacen ;  é  visto  que  los 
moros  luego  la  subieron  é  se  apoderaron  della,  re- 
celando que  de  noche  habia  entrado  gran  multitud 
de  moros,  no  esperaron  tiempo  para  saber  la  ver- 
dad, ni  tovieron  esfuerzo  para  esperar  la  pelea,  ni 
menos  atendieron  mandamiento  del  Rey  ni  do  sus 
capitanes  para  lo  que  habían  de  facer.  £  pensando 
fallar  mas  presta  la  salud  en  la  fuida  que  en  la 
fuerza  de  sus  manos,  sin  nengun  perseguidor,  se 
pusieron  en  torpe  fuida ,  tan  sin  tiento,  que  ningu- 
no de  los  capitanes  ni  otros  caballeros  de  los  prin- 
cipales los  pudieron  detener.  El  Rey  é  los  capitanes 
é  caballeros  que  con  él  estaban,  visto  aquel  descon< 


DON  FERNANDO 
cierto,  y  el  peligro  grande  en  qne  todos  estaban  por 
la  fuida  indiscreta  de  aquellas  gentes,  mostraron  el 
ánimo  de  fortaleza  qne  fué  necesario  en  tal  tiempo 
á  la  salud  de  todos,  é  fícieron  rostro  á  los  moros  que 
ealian  de  la  cibdad  para  ir  en  seguimiento  de  aque- 
llas gentes  que  fuian.  É  cada  uno  de  aquellos  caba- 
lleros en  su  estanza  con  sus  criados  y  las  gentes  de 
sus  casas  pelearon  con  los  moros ,  é  fíciéronlos  re- 
traer. El  Key  con  algunos  caballeros  púsose  á  ca- 
ballo en  un  lugar  bien  peligroso  de  los  tiros  de  pól- 
vora é  ballestas  que  los  moros  tiraban;  é  desde  aquel 
lugar  proveía  á  los  lugares  mas  flacos  que  entendía; 
é  mandaba  á  algunos  que  fuesen  ayudar  á  otros  an- 
al ¿  pié  como  á  caballo.  Duró  la  pelea  en  gran  pena 
é  fatiga  de  los  christianos  todo  aquel  dia,  fasta  que 
ovo  lugar  de  se  alzar  el  real,  é  se  alzó  toda  la  arti- 
llería. É  todo  ello  puesto  en  salvo ,  el  Rey  é  todos 
los  caballeros  é  capitanes  principales  vinieron  á  Rio 
Frió  adonde  hablan  acordado  de  venir;  ó  de  allí  vi- 
no para  la  cibdad  de  Córdoba  donde  la  Reyna  esta- 
ba. Algunas  tiendas  é  mantenimientos  que  estaban 
en  el  real  no  se  pudieron  salvar  por  falta  de  bestias 
en  que  se  cargasen ;  porque  eran  partidas  del  real 
para  traer  otros  mantenimientos.  El  daño  que  los 
christianos  en  aquel  desbarato  recibieron  no  fué 
grande,  pero  fuera  sin  dubda  mayor,  no  solamente 
de  los  que  allí  se  acaescieron,  mas  generalmente  de 
todos  los  de  Espafia,  si  el  Rey  é  los  caballeros  é  ca- 
pitanes principales  no  repararan  con  esfuerzo  la  fui- 
da que  aquellas  gentes,  que  habemos  dicho,  ficie- 
ron.  El  Condestable  en  aquella  f  acienda  recibió  tres 
golpes  en  la  cabeca.  El  Duque  de  Medinaceli  fué 
derribado  de  los  moros  en  el  suelo ,  é  sooorrido  de 
los  suyos.  El  Conde  de  Tendilla  que  tenia  estanza 
mas  cercana  al  muro  de  la  cibdad  que  otro,  recibió 
grandes  golpes  é  f cridas  peleando ;  é  fuera  muerto 
ó  preso,  sino  porque  fué  socorrido  de  Don  Francis- 
co de  Stúñiga,  fijo  del  Duque  de  Plasencia,  que  con 
la  gente  de  su  padre  á  gran  peligro  se  metió  entre 
ellos,  faciendo  estrago  en  los  moros  por  le  salvar. 
liOS  dichos  Conde  é  Don  Francisco  salvaron  aquel 
dia  mucha  gente  del  real  que  no  peligrasen.  El  Mar- 
qués de  Cáliz  con  los  continos  de  su  casa  peleó  con 
los  moros  por  la  parte  do  estaba ,  é  fizo  retraer  del 
alcance  adonde  iban  siguiendo  á  los  christianos.  É 
todos  los  fijosdalgo  é  caballeros  continos  de  la  casa 
del  Rey  é  de  la  Reyna  pelearon  con  aquel  esfuerzo 
é  osadía  que  la  extrema  necesidad  pone  á  los  varo- 
nes fuertes  por  salvar  las  vidas  é  guardar  las  hon- 
ras. El  desbarato,  ó  mas  propriamente  f ablando,  el 
desconcierto  que  los  christianos  en  aquella  jornada 
©vieron,  procedió  principalmente  de  tener  en  poco 
las  fuerzas  del  enemigo ;  é  de  allí  se  siguió  que  no 
fué  bien  mirado  el  sitio  donde  se  habla  de  poner  el 
real  antes  que  se  asentase ;  por  la  dispusicion  del 
qual  los  christianos  recebian  grandes  daños.  Otrosí 
por  el  orgullo  de  alguno  de  los  principales ,  que  no 
creyendo  que  los  moros  esperasen  en  aquella  cib- 
dad ,  fueron  negligentes  en  proveer  las  cosas  nece- 
sarias para  la  hueste  que  en  reino  estrafio  entra  á 
facer  guerra.  Quando  la  Reyua,  que  estaba  en  Cor- 


É  DOÑA  ISABEL.  373 

doba ,  sopo  que  el  real  puesto  sobre  Loza  se  había 
alzado,  é  que  no  habia  durado  sino  solos  cinco  dias, 
informada  de  la  manera  que  se  alzó,  pesóle  mucho, 
asi  porque  con  gran  diligencia  habia  trabajado  en 
todas  las  cosas  necesarias  para  el  proveimiento  de 
aquel  real,  como  por  el  orgullo  que  los  moros  toma- 
ban en  verse  tan  presto  libres  del  trabajo  que  rece- 
laban. Pero  ninguno  pudo  conocer  en  sus  palabras 
ni  autos  el  gran  sentimiento  que  tenia ;  é  propuso  de 
lo  reparar,  aderezando  las  cosas  necesarias  para  que 
el  Rey  tornase  á  entrar  luego  poderosamente  en 
tierra  de  moros  á  les  facer  daños  é  bastecer  á  Al- 
hama.  Alg^imas  de  las  gentes  que  quedaron  en  la 
cibdad  de  Alhama  con  Luis  Fernandez  Puertocar- 
rero,  é  con  Pero  Ruiz  de  Alarcon,  é  con  los  otros  ca- 
pitanes que  el  Rey  dexó  en  guarda  de  aquella  cib- 
dad, esperaban  que  se  tomaría  la  cibdad  de  Loxa,  é 
que  ellos  habrían  loable  fin  de  los  trabajos  que  por 
sostener  aquella  cibdad  habían  pasado.  É  quando 
sopieron  que  el  real  se  habia  alzado  de  aquella  ma- 
nera, é  que  el  Rey  era  tornado  con  toda  la  hueste 
para  la  cibdad  de  Córdoba,  recelando  que  serían 
cercados  de  gran  multitud  de  moros  á  quien  no  po- 
drían resistir,  decían  que  seria  buen  consejo  salir 
de  aquella  cibdad,  é  la  desamparar.  Esta  f  abla  quo 
andaba  de  unos  en  otros  los  enflaquescía,  é  ponía 
en  tal  miedo,  que  si  á  la  hora  los  moros  vinieran,  to- 
vieran  poca  ó  ninguna  resistencia.  É  como  vino  á 
noticia  de  los  capitanes,  antes  que  aquellos  que  es- 
to murmuraban  osasen  mas  fablar,  ni  el  temor  se 
estendíese  á  otros,  aquel  capitán  Puertooarrero 
acordó  de  les  fablar  en  esta  manera. 

«Bien  sabéis,  caballeros,  que  fuisteis  escogidos 
sen  la  hueste  del  Rey  é  de  la  Reyna  por  varones 
«esforzados  para  sofrir  los  peligros  é  pasar  los  tra- 
ubajos  que  en  la  guarda  desta  cibdad  se  requieren; 
ué  de  vuestra  voluntad  ofrecisteis  á  ello  vuestras 
Dpersonas,  por  haber  honra  en  esta  vida,  é  gloría  en 
}>la  otra.  Ansímesmo  habéis  mostrado  fasta  aquí 
Ddevocion  de  buenos  chrístíanos,  y  esfuerzo  de  no- 
utables  varones  en  la  defensa  destos  muros  é  of en- 
»sa  de  los  moros  de  quien  esperamos  ser  cercados  é 
«combatidos.  Agora  estos  capitanes  é  yo  habemos 
«sabido  que  después  que  el  Rey  alzó  el  real  que  te- 
unía  sobre  la  cibdad  de  Loxa ,  habéis  mostrado  fia- 
»queza  en  algunas  f  ablas,  diciendo  unos  á  otros  que 
»esta  cibdad  se  debe  desamparar  por  el  peligro  sin 
«remedio  que  en  ella  se  espera.  E  si  ello  es  ansí, 
»bien  daríamos  á  entender  que  mostramos  esfuerzo 
«fingido  quando  no  era  menester,  pues  en  el  verda- 
sdero  fallescemos  quando  es  necesario.  Verdad  es, 
ícaballeros,  que  el  Rey,  no  por  el  desbarato  que  fi- 
»ciesen  los  moros,  mas  por  el  desconcierto  que  ficie- 
íron  algunos  christianos,  alzó  el  real  que  tenia  pues- 
»to  sobre  la  cibdad  de  Loxa,  é  que  es  vuelto  con  to- 
nda su  hueste  á  la  cibdad  de  Córdoba.  É  aun  quiero 
»que  sepáis  que  por  esta  causa  nosotros  quedamos 
»aquí  sin  aquella  esperanza  del  presto  socorro  que 
«prímero  teníamos.  Pero,  si  vencidos  ya  de  flaqueza, 
]>acordásemos  desamparar  esta  cibdad ,  que  fué  de 
»no8otroB  confiada,  ¿por  qué  lugar  os  parece  que  po- 


374  CRÓNICAS  DE  LOS 

»demo8  salir  desta  tierra  para  salvar  la  vida  de  to- 
3>do8,  pues  vemos  que  uno  solo  que  embiamos,  á  gran 
«ventura  se  puede  salvar,  que  no  sea  preso,  ó  muer- 
Dto?  Mucho  querría  yo,  caballeros,  que  si  proveéis 
))al  daño  que  receláis  esperando  ,  remediásedes  á  la 
«muerte  que  se  espera  fuyendo  ;  é  si  en  lo  uno  y  en 
»io  otro  hay  peligro ,  escogiésemos  el  de  menor  da- 
»ño  é  de  mayor  honra.  É  porque  esperando  es  cier- 
»ta  la  gloria,  é  fuyendo  es  dubdosa  la  vida  é  cierta 
vía  deshonra,  á  mí  me  paresce  que  no  solamente  de- 
wbemos  aquí  esperar  faciendo  nuestro  deber ,  mas 
Jique  debemos  dar  gracias  á  Dios,  á  quien  plogo  que 
»á  nosotros  mas  que  á  otros  se  ofresciese  este  caso, 
2>en  el  qual  dando  buena  cuenta  á  Dios  de  nuestras 
íánimas,  é  al  Rey  de  su  cibdad,  é  al  mundo  de  nues- 
»tra  virtud,  fagamos  larga,  por  fama,  esta  vida  breve 
»de  días.  Mayormente  que  no  nos  vienen  de  nuevo 
ílos  peligros,  las  necesidades,  los  trabajos  que  en  la 
3)defensa  desta  cibdad  se  requerían;  cuando  nos 
«ofresciraos  á  la  guardar,  todo  nos  fué  presente 
wquando  aquí  venimos  y  entramos.  Agora  si  por  so- 
dIo  miedo  sin  ninguna  fuerza  desamparásemos  es- 
j)t08  muros  que  nos  fueron  encomendados,  de  razón 
«seríamos  reputados  como  los  homes  livianos  que  á 
Dtoda  cosa  se  ofrecen  sin  deliberación ,  é  se  retraen 
»della  con  vergüenza  ;  los  quales  queriendo  antes  de 
»la  afrenta  parescer  esforzados,  son  soberbios ;  pues- 
3)tos  en  ella,  enflaquecen  é  caen.  Contrario  de  los  va- 
»rones  fuertes,  que  son  templados,  é  no  se  ofrescen 
»á  toda  empresa ,  mas  eligen  con  deliberación  aque- 
))lla  donde  muriendo  ó  viviendo  resplandesce  su 
«loable  memoria.  E  pues  el  dolor  es  de  las  cosas 
«presentes,  el  temor  de  las  futuras,  é  nosotros  no 
«tenemos  llagas  que  doler ,  ni  vemos  aun  fuerzas 
«que  temer,  yo  vos  ruego  que  no  sea  menos  fuerte 
«nuestro  ánimo  para  la  obra,  que  fué  nuestra  pala- 
3>bra  para  la  promesa ;  é  que  arméis  vuestros  cora- 
jzones  de  fortaleza,  no  por  premia  del  capitán ,  mas 
»por  premia  de  la  virtud ;  no  por  esperanza  de  in- 
«terese,  mas  por  haber  el  claro  nombre  que  da  la 
«fortaleza,  que  se  muestra,  no  combatiendo  lo  flaco 
jmas  resistiendo  á  lo  fuerte,  é  tiene  mayor  grado 
«esperando  al  que  comete,  que  cometiendo  al  que 
«espera.  No  quiero  yo  negar  el  miedo  á  todo  home 
«quando  espera  mayores  fuerzas  ;  mas  el  temor  an- 
«sí  como  face  caer  á  los  flacos,  ansí  pone  esfuerzo 
3)á  los  fuertes :  los  quales  no  son  vencidos  de  mie- 
«dos  vanos,  ni  de  amenazas  inciertas,  mas  miran  las 
ícosas  según  su  realidad,  é  no  según  la  pasión  que 
«ocupa  el  entendimiento.  Nosotros  debemos  consi- 
«derar  que  estos  maros  son  fuertes,  si  nuestra  fla- 
«queza  no  los  ficiere  flacos ,  é  que  tenemos  para  los 
«defender  artillería  é  armas  y  el  bastimento  quepa- 
»ra  asaz  dias  es  necesario.  ¿  Qué  pues  f  allesce  aquí, 
«salvo  esfuerzo  de  buenos  homes,  é  devoción  de 
«buenos  christianos,  para  pelear  en  defensa  de  nues- 
«tra  fe,  por  el  ensalzamiento  de  la  qual  con  tanto 
«mayor  vigor  debemos  pelear ,  quanto  mas  verda- 
«dera  es  nuestra  santa  ley  que  su  mentirosa  seta  ? 
«Pensemos  ansimesmo ,  caballeros ,  en  los  casos  de 
ola  fortuna  que  muchas  veces  acaescen.  Por  ventu- 


REYES  DE  CASTILLA. 

»ra  estos  moros,  cuya  fuerza  receláis ,  no  vemán 
«por  la  división  que  hay  entre  ellos ,  ó  si  vinieren, 
«por  ventura  habrán  tal  discordia ,  que  los  desbara- 
»te ,  como  ha  acaescido  en  muchas  huestes.  Vimos 
7)la  esperanza  que  poco  ha  teníamos  dé  haber  la  cib- 
«dad  de  Loxa  por  la  fuerza  de  la  gente  que  el  Rey 
«traxo  sobre  ella,  é  conocimos  el  grande  miedo  quo 
«tenían  los  moros  de  la  perder ;  pero  vimos  quanto 
í>se  fizo  en  contrario  de  lo  que  nosotros  esperába- 
«mos  é  los  moros  recelaban.  É  nosotros^  christia- 
«nos,  ¿por  qué  perderemos  aquella  esperanza  de  la 
Dsalvacion  de  nuestra  cibdad  que  los  moros  ovieron 
»de  la  suya?  No  creáis,  caballeros,  que  puede  nin- 
Dguno  dar  juicio  cierto  en  los  fechos  de  las  bata- 
«llas ,  porque  son  muchos  é  varios.  La  dispusicion 
»del  lugar ,  la  fortuna  del  tiempo ,  la  hora ,  el  sol 
«contrario ,  la  muerte  de  un  home ,  la  flaqueza  de 
«otro,  una  voz,  un  alarido,  un  caso  que  se  atravie- 
»sa,  es  causa  de  ser  vencidos  los  muchos  que  espe- 
«ran  ser  vencedores.  Léese  que  el  capitolio  de  Ro- 
«ma,  tomada  ya  por  los  Franceses  la  cibdad,  fué  re- 
«cobrado  por  el  graznido  de  un  ánsar  que  despertó 
«las  velas.  É  nosotros  ¿por  qué  perderemos  esperan- 
«za  de  haber  en  nuestro  favor  alguno  de  los  seme- 
« jantes  casos?  Como  quiera  que  de  tal  manera  nos 
3>debemos  proveer,  que  seyendo  ó  no  seyendo  la 
afortuna  favorable,  demos  loable  fin  á  nuestro  buen 
^principio. 

«Bien  creo  yo,  caballeros,  que  mis  razones  des- 
»piertau  vuestra  virtud  para  ser  constantes ;  pero 
Dtambien  creo  que  vos  engaña  el  amor  de  la  vida,  é 
«vos  turba  el  temor  de  la  muerte  para  tener  entera 
í>constancia.  E  querría  preguntaros  ¿á  qué  lugar 
«fuera  de  aquí  iremos  que  no  tengamos  este  miedo? 
»ó  ¿  qué  otra  cosa  son  á  toda  edad  los  dias  de  la  vi- 
j)da,  sino  ciertas  é  presurosas  jornadas  para  llegar  á 
jla  muerte,  para  la  qual  todos  nos  debríamos  apa- 
srejar,  pues  ninguno  la  puede  fuir?  Porque  temer 
«aquella  cosa  que  escusar  no  se  puede ,  por  cierto 
«extrema  flaqueza  es ,  mayormente  á  nosotros  que 
«tomamos  oficio  que  nos  obliga  toda  hora  á  muerte 
«honrada,  é  nos  defiende  f  uida  torpe.  E  si  teméis  de 
«morir  mancebos  no  habiendo  aun  gozado  del  en- 
«gafioso  dulzor  desta  vida,  fallareis  que  mas  muer- 
»tes  é  mucho  mas  llorosas  sufrió  el  Rey  Príamo  que 
«vivió  mucho,  que  Troylo  que  vivió  poco.  Deseche- 
«mos  pues  los  sentimientos  que  las  vejezuelas  flacas 
«facen  por  los  que  mueren  antes  de  tiempo,  porque 
^ninguno  puede  morir  mal  si  vivió  bien.  E  no  pen- 
«seis  que  Dios  sea  perezoso  en  los  actos  humanos; 
í>mas  algunas  veces  proluenga  sus  remedios ,  á  fia 
«de  experimentar  la  virtud  de  la  constancia  que  de- 
j)bemos  tener  en  las  tentaciones  y  extremas  necesi- 
«dades.  Por  esto,  capitanes,  é  por  mí  vos  seguro,  que 
«entendemos  morir  defendiendo  á  Alhama ,  é  no  vi- 
«vir  captivos  de  los  moros  en  el  corral  de  Granada. 
«Como  quiera  que  debemos  tener  firme  esperanza, 
«que  ni  nuestro  Dios  desamparará  su  pueblo,  ni 
«nuestro  Rey  olvidará  su  gente.»  Este  razonamien- 
to fecho,  todos  aquellos  caballeros  y  escuderos  é  peo- 
nes cobraron  nuevos  corazones,  ó  projpusieron  de 


DON  FEBNANDO 
gaardar  aquella  cibdad ,  é  morir  en  la  defensa  de- 
11a.  E  luego  aquellos  capitanes  pusieron  sus  estan- 
zas  por  todo  el  muro,  en  los  lugares  que  entendieron 
ser  necesarios,  é  repartieron  ansimesmo  el  pan  que 
era  menester  á  cada  uno  ;  la  carne  les  f  allescia  por- 
que los  moros  les  hablan  llevado  los  ganados  que 
se  apascentaban  cerca  del  muro,  é  comian  carne  de 
caballos  é  bebian  agua  porque  el  vino  les  habla  fal- 
tado. Sabido  por  el  Key  de  Granada  que  el  real  de 
Loxa  se  alzó  de  aquella  manera  que  habernos  dicho, 
luego  juntó  sus  gentes,  é  con  dos  mil  homes  á  caba- 
llo é  diez  mil  á«pié,  vino  sobre  Alhama  (1),  con  pro- 
pósito de  la  combatir ;  porque  entendió  que  ligera- 
mente la  podría  tomar,  ansí  por  la  falta  que  tenian 
de  mantenimientos,  como  porque  entendió  que  no 
podría  ser  tan  presto  socorrida.  E  puso  su  real  bien 
cerca  de  los  muros  de  la  cibdad ,  é  combatióla  por 
algunas  partes ,  por  donde  entendió  que  se  podria 
tomar.  Pero  los  christianos  defendieron  el  muro  de 
tal  manera ,  que  los  moros  no  lo  pudieron  entrar.  El 
Rey  é  la  Reyna  sabida  la  mengua  de  mantenimien- 
tos que  habla  en  Alhama,  é  que  el  Rey  de  Granada 
había  venido  sobre  ella ,  luego  tornaron  á  llamar 
fasta  seis  mil  homes  á  caballo  é  diez  mil  peones,  con 
propósito  de  ir  el  Rey  en  persona  á  socorrer  á  Al- 
hama, é  mandaron  traer  veinte  é  cinco  mil  bestias 
cargadas  de  vino  é  de  las  otras  cosas  necesarias  pa- 
ra el  proveimiento  de  aquella  cibdad.  Como  todas 
las  cosas  fueron  prestas,  el  Rey  partió  de  Córdoba, 
é  fueron  con  él  el  Maestre  de  Santiago,  y  el  Condes- 
table, y  el  Marqués  de  Cáliz,  é  Don  Diego  Fernan- 
dez de  Córdoba,  Conde  de  Cabra,  y  el  Conde  de  Be- 
navente,  y  el  Conde  de  Trevifio ,  y  el  Conde  de  Be- 
lalcázar,  é  los  alcaydes  é  capitanes  é  gentes  de  las 
cibdades  de  Córdoba,  é  Sevilla,  y  Ecija ,  é  Carmena. 
El  Rey  moro,  quando  sopo  que  el  Rey  venia  á  so- 
correr á  los  que  estaban  en  Alhama ,  luego  alzó  el 
real  que  tenia  puesto  sobre  ella ,  é  volvió  para  la 
cibdad  de  Granada.  El  Rey  llegó  fasta  la  cibdad  de 
Alhama,  ó  bastecióla  de  todas  las  cosas  que  fueron 
necesarias.  E  porque  sopo  los  grandes  trabajos  é  pe- 
ligros que  Luis  Fernandez  Puertocarrero  é  los  otros 
capitanes  que  con  él  estaban,  sofrieron  por  sostener 
aquella  cibdad,  gradeciógelo  mucho  é  descargólos 
de  aquel  cargo.  E  puso  en  la  cibdad  por  capitán  á 
Don  Luis  Oso  rio  ,  Arcediano  de  Astorga,  que  fué 
después  Obispo  de  Jaén ;  é  mandó  estar  con  él  otros 
capitanes  é  gente  nueva  de  caballo  ó  de  pié,  para  la 
guardar. 

CAPÍTULO  X. 

Como  el  Rey  entró  á  talar  la  vega  de  Granada ,  é  como  los  chris- 
tianos perdieron  la  villa  de  Cañete. 

Como  el  Rey  ovo  bastecido  á  Alhama ,  andobo 
por  aquella  tierra  de  moros  faciendo  talas ,  é  que- 
mando algunas  alearías ,  é  faciendo  otros  daños  ;  é 
luego  volvió  con  toda  su  hueste  para  la  cibdad  de 

(1)  Deste  tercer  cerco  no  hablan  los  demás  historiadores.  El 
Cara  de  los  Palacios  tampoco  habla  de  Don  Luis  Osorio,  y  solo 
dice  que  en  lugar  de  Puertocarrero  fué  puesto  Juan  de  Vera,  Al- 
cayde  que  faé  de  Jaén.  Bernald.,  cap.  S5. 


E  DOÍÍA  ISABEL.  375 

Córdoba.  En  estas  entradas  que  el  Rey  fizo  en  tierra 
de  moros  se  mostró  el  gran  poder  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  é  la  gran  voluntad  que  tenian  de  facer  guer- 
ra á  los  moros ;  porque  en  los  meses  de  Junio  é  Ju- 
lio é  Agosto  deste  año ,  juntaron  quatro  veces  gran 
hueste,  é  quatro  veces  entró  el  Rey  por  su  persona 
en  tierra  de  moros,  ó  fizo  asaz  daños  é  talas.  Por  las 
quales  los  moros  estaban  en  grandes  trabajos,  é 
mengua  de  pan  é  de  las  otras  cosas  de  que  solian 
ser  proveídos,  ansí  por  mar  como  por  tierra;  porque 
el  Rey  é  la  Reyna  tenian  grand  armada  é  manda- 
ban guardar  el  estrecho  de  Gibraltar ,  para  que  no 
pasasen  moros  de  África  á  estas  partes ,  ni  los  des- 
tas  fuesen  allende.  E  los  capitanes  de  la  armada  to- 
maron muchos  navios,  é  vencieron  algunas  batallas 
marinas  contra  los  moros  de  allende  que  pasaban  á 
tierra  de  Granada  con  gentes  é  caballos  é  manteni- 
mientos ,  é  les  ficieron  otros  daños.  Los  moros  ansi- 
mesmo entraban  en  tierra  de  christianos ,  é  f acian 
guerras  é  robos  é  otros  daños  por  la  parte  de  Murcia 
é  de  Lorca.  Aoaesció  un  dia  que  los  escuderos  é  otros 
moradores  que  estaban  en  la  villa  de  Cañete  eran 
idos  á  entrar  en  tierra  de  moros ;  é  los  moros  aquel 
dia  entraron  en  tierra  de  christianos,  é  pasaron  por 
aquella  villa,  la  guarda  de  la  qual  tenia  Don  Pero 
Enriquez,  Adelantado  del  Andalucía.  E  como  los 
moros  sopieron  que  los  que  guardaban  aquella  villa 
eran  idos,  é  quedaban  pocos  en  ella  para  la  defen- 
der, combatiéronla  y  entráronla  por  fuerza,  é  lleva- 
ron captivos  todas  las  mugeres  é  viejos  é  niños  que 
en  ella  fallaron ,  é  quemaron  la  villa.  E  como  esto 
sopo  el  Adelantado  que  la  tenia  en  cargo ,  vino  á  la 
villa  con  la  gente  de  su  casa,  é  propuso  de  no  salir 
della  fasta  reparar  los  muros  é  torres  que  hablan 
destruido  los  moros ;  é  puso  en  ella  moradores  de 
nuevo  que  la  defendiesen,  porque  estaba  en  lugar 
dispuesto  para  facer  guerra  á  los  moros,  ó  guardar 
la  tierra  de  los  christianos. 

CAPÍTULO  XI. 

De  la  división  que  había  entre  los  moros ,  é  de  los  capitanes  que 
el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  poner  en  la  frontera. 

Allende  de  los  trabajos  é  mengua  de  manteni- 
mientos que  padescian  los  moros,  ovo  entre  ellos 
gran  división  ;  porque  la  mayor  parte  de  los  alcay- 
des é  cabeceras  de  aquel  Reyno,  en  especial  el  lina- 
ge  de  los  Abencerrages ,  dexaron  al  Rey  ,  porque 
habla  degollado  á  ciertos  caballeros  parientes  su- 
yos, é  tomaron  á  un  su  fijo,  ó  alzáronlo  por  Rey.  El 
qual  juntó  gente  contra  su  padre,  é  apoderóse  de  la 
cibdad  de  Granada  é  del  Alhambra  é  de  otras  fuer- 
zas de  la  cibdad ;  y  el  Rey  su  padre  se  retraxo  á  la 
cibdad  de  Baza.  Entre  el  padre  y  el  fijo  ovo  algu- 
nas batallas,  donde  murieron  muchos  moros.  E  un 
dia  el  Rey  viejo  juntó  la  mas  gente  que  podo  ha- 
ber, é  vino  ala  cibdad  de  Granada;  ó  un  escalador 
que  traia  christiano  escaló  el  Alhambra,  y  entraron 
en  ella  fasta  quinientos  moros,  é  mataron  los  moros 
que  pedieron  haber  de  los  que  la  guardaban.  E  un 
cabecera  moro  que  estaba  en  ella  por  alcayde,  qu© 


tu  CRÓNICAS  DE  LOS 

se  llamaba  Abencomixar,  retrasóse  á  una  torre  de 
la  fortaleza  con  los  que  con  él  pedieron  escapar.  E 
luego  que  el  Rey  viejo,  dexados  algunos  en  la  for- 
taleza, salió  á  la  cibdad  de  Granada,  é  por  las  calles 
comenzó  á  pelear  con  los  que  fallaba ,  los  de  la  cib- 
dad é  los  del  Albaycin  que  estaban  por  el  Rey  su 
fijo,  se  juntaron  ó  pelearon  contra  él  é  contra  la 
gente  que  traia ;  y  echáronle  de  la  cibdad ,  é  retra- 
sóse á  una  fortaleza  que  estaba  por  él ,  cerca  de  la 
cibdad  de  Granada,  é  aquel  capitán  Abencomixar 
tornó  á  recobrar  el  Alhambra.  Pero  ni  por  esta  divi- 
sión, ni  por  la  enemiga  grande  que  habia  entre  el 
padre  y  el  fijo ,  é  los  caballeros  de  la  una  parte  é  de 
la  otra,  ninguna  de  las  partes  quiso  recebir  ayuda 
de  los  christianos ;  é  antes  querían  padescer  la  bam- 
"bre  ó  muertes  que  recebian,  que  meter  christianos 
en  su  Reyno.  Como  el  Rey  é  la  Reyna  ovieron  pro- 
veído la  cibdad  de  Alhama  de  nuevo  capitán  é  gen- 
tes é  mantenimientos,  acordaron  de  poner  fronteros 
en  los  lugares  necesarios  contra  tierra  de  moros ,  é 
dieron  cargo  á  Don  Pero  Manrique ,  Conde  de  Tre- 
vifio,  á  quien  ficieron  Duque  de  Náxera,  de  la  fron- 
tera de  Jaén;  é  á  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Maestre 
de  Santiago ,  mandaron  que  estoviese  en  la  cibdad 
de  Ecija.  Y  embiaron  mandará  todos  los  Adelanta- 
dos, Duques,  Marqueses,  Condes,  é  Ricos-homes  que 
moraban  frontera  del  Reyno  de  Granada,  desde 
Lorca  fasta  Tarifa,  é  á  todas  las  cibdades  é  villas  é 
lugares  de  aquellas  comarcas ,  que  estoviesen  aper- 
cehidos  é  ficiesen  guerra  á  los  moros  y  embiasen 
BU  gente  á  aquellos  capitanes  mayores  que  dexaban 
por  fronteros  con  sus  poderes  reales,  cada  que  los 
embiasen  á  requerir.  E  porque  Diego  de  Merlo ,  que 
«ra  Asistente  de  la  cibdad  de  Sevilla ,  era  muerto 
encomendaron  la  justicia  ó  guarda  de  aquella  cib- 
dad á  Don  Juan  de  Silva,  Conde  de  Cifuentes.  E  pro- 
veídas las  cosas  que  entendieron  ser  necesarias  á  la 
provincia  del  Andalucía,  partieron  de  la  cibdad  de 
Córdoba,  é  vinieron  para  la  villa  de  Madrid. 

En  el  mes  de  (1)  Junio  deste  año  parió  la  Reyna 
ó  la  Infanta  Doña  María  en  esta  cibdad  de  Córdoba. 

CAPÍTULO  XII. 

D»las  cosas  que  pasaron  en  el  afio  de  mil  é  quatroe lentos  é  ochen- 
ta é  Ires  aüos.  Primeramente  de  la  provisión  que  flcieron  al  Rey 
é  la  Rejna  en  las  hermandades. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  vinieron  á  la  villa  de 
Madrid,  luego  entendieron  en  las  cosas  de  las  her- 
mandades de  sus  Reynos,  para  dar  en  ellas  buena 
orden;  porque  les  fué  notificado  que  algunos  oficia- 
les que  administraban  los  oficios  de  la  hermandad, 
no  usaban  como  debían  del  cargo  que  tenían;  é  que 
llevaban  salarios  demasiados  é  cosas  extraordina- 
rias. É  para  poner  esto  en  execucion,  mandaron 
juntar  los  Diputados  de  las  provincias,  é  los  Procu- 
radores de  las  cibdades  é  villas  que  eran  principa- 
les, é  todos  los  Tesoreros  é  Letrados  é  oficiales  que 

(1)  A  veinte  y  nneve  de  Junio  un  dia  antes  que  el  Rey  partiera 
al  sitio  de  Loxa.  Zurita,  Hb.  20,  cap.  43. 


REYES  DE  CASTILLA. 

tenían  cargo  de  la  gobernación  de  las  hermandades, 
los  quales  fueron  juntos  en  la  villa  de  Pinto.  Y  en 
aquella  junta  cada  un  diputado  é  procurador  pro- 
ponía los  agravios  que  recibía  el  partido  de  que  te- 
nia cargo  en  las  contribuciones,  si  entendia  que  su 
partido  estaba  mas  cargado  de  lo  que  debía  pagar. 
Otrosí  se  proponía  qualquíer  menosprecio,  ó  desobe- 
diencia fecha  á  los  oficiales  de  la  hermandad ;  6  si 
los  alcaldes  ó  quadrilleros  é  otros  oficiales  della  ha- 
bían seydo  negligentes  en  la  administración  y  exe- 
cucion de  la  justicia,  quier  por  dádiva,  quier  por 
afición,  ó  en  otra  manera.  Venían  aüíeímesmo  ante 
aquellos  diputados  las  querellas  de  las  dádivas  ó 
cohechos  que  algunos  habían  llevado  no  debida- 
mente. Otrosí  examinaban  á  los  capitanes  de  la 
gente  de  armas  que  pagaba  la  hermandad,  si  tenían 
tantos  homes  quantos  les  eran  pagados,  é  si  tenían 
caballos  é  armas.  Todas  estas  cosas  se  trataban  é 
apuraban  en  aquel  juntamiento,  é  facían  restituir 
qualesquíer  maravedís  é  otros  bienes  que  fuesen 
llevados  contra  justicia,  é  punían  á  los  que  fallaban 
culpantes,  é  privábanlos  de  los  oficios.  Otrosí  enten- 
dieron en  los  salarios  que  llevaban  los  Diputados  é 
Tesoreros  é  otros  oficiales ;  é  quitaron  algunos  que 
entendieron  no  ser  necesarios,  é  moderaron  la  tasa 
que  entendieron  ser  convenible.  Todo  este  examen 
mandaron  el  Rey  é  la  Reyna  facer  con  gran  dili- 
gencia y  execucion  de  justicia,  sin  recebir  ruego  de 
ningún  gran  señor,  é  sin  acepción  de  personas  ni  do 
interese.  En  esta  junta  demandaron  el  Rey  é  la 
Reyna  á  los  Procuradores  é  Diputados  de  las  her- 
mandades diez  é  seis  mil  bestias,  é  ocho  mil  homes 
que  fuesen  con  ellas,  para  bastecer  de  manteni- 
mientos á  Alhama.  B  como  quiera  que  el  Reyno 
estaba  fatigado  de  las  derramas  que  continamente 
en  él  se  cogían,  ansí  para  la  guerra  de  los  moros, 
como  para  otras  necesidades  que  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na ocurrían,  especialmente  para  las  otras  llevas  de 
mantenimientos  que  habían  embiado,  pero  luego 
las  otorgaron  é  fueron  repartidas  é  puestas  en  fin 
del  mes  de  Mayo  en  la  cibdad  de  Córdoba,  según 
les  fué  mandado,  para  bastecer  la  cibdad  de  Al< 
hama. 

CAPÍTULO  XIII. 
De  las  cosas  que  en  este  tiempo  pasaron  en  la  tierra  de  Italia. 

Recontado  habemos  en  esta  crónica  las  alteracio- 
nes y  escándalos  acaescidos  en  la  cibdad  de  Floren- 
cia, quando  aforcaron  al  Arzobispo  de  Pisa,  é  á 
otros  muchos  de  los  que  eran  del  bando  que  se  lla- 
maba de  Pácis,  donde  procedió  que  toda  la  tierra 
de  Italia  se  puso  en  armas  é  se  partió  en  partes. 
Algunas  comunidades  é  caballeros  se  juntaron  con 
el  Papa,  é  otros  se  juntaron  con  el  Rey  Don  Fer- 
nando de  Ñapóles;  el  qual  en  favor  de  la  comuni- 
dad de  Florencia  fizo  guerra  al  Papa  é  á  la  comu- 
nidad de  Venecía,  que  eran  de  una  liga.  Esta  guer- 
ra fué  tan  cruel  en  Italia,  que  el  Rey  Don  Fernando 
embió  á  su  fijo  el  Duque  de  Calabria  contra  Roma, 
é  puso  su  real  cerca  de  la  cibdad,  é  tóvola  en  grand 


DON  FERNANDO 
aprieto,  porque  defendía  la  entrada  de  los  mante- 
nimientos, é  de  las  otras  cosas  que  venian  á  ella. 
La  comunidad  de  Venecia  que  ayudaba  al  Papa 
embió  un  su  capitán  con  cierta  gente  de  armas,  los 
quales  entraron  en  Boma  en  veces  por  tan  secreto 
lugar,  que  el  Duque  de  Calabria  que  la  tenia  sitiada 
no  lo  sopo.  Con  este  capitán  veneciano  se  juntó  el 
Conde  Hierónymo,  que  era  capitán  de  la  gente  de 
armas  del  Papa.  É  estos  dos  capitanes  salieron  jun- 
tos una  mañana  con  sus  gentes  á  dar  en  el  real  de 
los  Napolitanos;  é  antes  que  fuesen  sentidos  pelea- 
ron con  ellos.  É  como  el  Duque  de  Calabria  é  sus 
gentes  no  estaban  apercebidos,  fueron  vencidos  é 
desbaratados,  é  se  pusieron  en  fuida;  y  el  Conde 
Hierónymo,  y  el  otro  capitán  veneciano  fueron 
vencedores,  y  entraron  en  el  real  que  tenia  puesto 
el  Duque,  ó  ovieron  todo  el  despojo  que  en  él  falla- 
ron. Por  este  vencimiento  el  Rey  de  Ñapóles  acor- 
dó de  juntar  mas  gentes,  ansí  suyos,  como  de  los 
otros  sefiores  é  comunidades  de  Italia,  que  eran  de 
su  liga;  é  tornaron  á  facer  la  guerra  al  Papa,  é  á  los 
Venecianos,  mas  cruel  que  de  primero  la  facian.  El 
Rey  ó  la  Reyna,  conocido  el  inconviniente  que  de 
aquesta  guerra  de  Italia  se  seguia  en  la  Christian- 
dad,  especialmente  por  ser  contra  el  Sumo  Pontífi- 
ce, embiaron  sus  embaxadores  por  diversas  veces 
al  Papa,  é  al  Rey  de  Ñápeles,  é  ansimesmo  á  todos 
los  señores  é  comunidades  de  Italia,  faciéndoles 
saber  el  pesar  que  tenían  de  la  guerra  nascida  en- 
tre ellos,  conosciendo  los  inconvinientes  que  della 
se  podrían  seguir  en  toda  la  cbristiandad  si  mas 
durase,  é  que  ellos  por  servicio  de  Dios,  é  por  el 
bien  de  la  paz  querían  entender  en  su  concordia.  É 
suplicaron  al  Papa,  é  rogaron  al  Rey  don  Femando 
é  á  todos  los  otros  Duques,  é  Condes,  é  Marqueses, 
é  Comunidades  de  Italia,  que  les  ploguiese  dexar 
las  armas,  é  tomar  la  vía  de  la  concordia;  é  para  la 
tratar  entre  ellos  ficieron  grandes  gastos  en  las  em- 
bazadas que  diversas  veces  embiaron.  E  postrime- 
ramente embiaron  al  Obispo  de  Gírona,  que  se  lla- 
maba Don  Juan,  é  á  un  Dotor  que  se  llamaba  Bar- 
tolomé de  Berrio.  Estos  embaxadores  fueron  al  Papa 
é  al  Rey  de  Ñápeles  diversas  veces,  y  escribieron  á 
los  otros  señores  é  comunidades  de  Italia;  é  fecba 
una  congregación  en  Roma  de  los  embaxadores  que 
embiaron  |obre  aquella  materia  de  la  paz,  por  la 
gran  diligencia  que  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron 
poner,  fué  concluida  por  estonces  la  paz  en  Italia,  é 
cesaron  las  muertes,  é  destruiciones  que  en  ella  se 
facian.  Y  el  Papa  escribió  al  Rey  é  á  la  Reyna  un 
su  Breve  plomado;  el  qual  tomado  en  romance 
decía  ansí : 

«Muy  amados  fijos  :  vuestros  embaxadores  Don 
joJuan  Obispo  de  Gírona,  y  el  Dotor  Bartolomé  de 
sBerrio,  embiados  á  Nos  á  tratar  la  paz  de  Italia, 
íf ueron  por  Nos  rescebidos,  é  oidos  con  ánimo  gra- 
Dcioso,  ansí  por  la  benevolencia  que  siempre  ovi- 
3>mos  á  vuestras  personas  reales,  como  porque  estos 
•vuestros  embaxadores  son  sabios  varones,  é  de 
íautoridad,  é  dignos  de  tan  gran  cargo ;  los  quales 
apusieron  tanta-diligencia  por  traer  la  paz  de  Italia 


É  DOÑA  ISABEL.  377 

»en  ef eto,  que  ninguna  cosa  dexaron  de  facer  de  lo 
»que  vuestras  personas  reales  les  mandaron,  por- 
»que  todos  gozásemos  comunmente  de  entera  tran- 
«quilidad.  É  Nos  fuimos  inclinados  á  la  paz,  porque 
}>ninguna  cosa  deseamos  mas,  ni  procuramos  con 
»raayor  estudio.  É  si  por  ventura  alguna  injuria 
»recebimos,  declinando  á  la  parte  mas  piadosa,  la 
íolvidamos,  é  quitamos  de  nuestro  ánimo,  ó  la  re- 
»mitimos  por  respeto  á  vuestra  Magostad  real,  per- 
eque entendiésedes  en  quanta  estimación  é  autorí- 
ídad  son  habidos  cerca  de  Nos  vuestros  ruegos ;  á 
»los  quales  con  honesto  ánimo  concedimos  é  los 
^otorgamos  de  buena  voluntad.  Ansí  que,  muy  ama- 
»dos  fijos,  podéis  gozar  de  vuestro  loable  trabajo, 
«pues  que  es  la  paz  de  Italia  concluida.  Esperamos 
«que  entraran  en  ella  los  Venecianos,  á  los  quales 
«vuestros  embaxadores  son  idos  por  vuestro  man- 
:Ddado,  é  continamente  solicitan  é  tratan  que  sean 
»en  esta  paz  comprehendídos ;  porque  no  quedo 
«centella  ninguna  por  donde  la  tierra  de  Italia  haya 
Docasion  de  arder  con  daño  de  la  república,  é  detri- 
«mento  de  la  cbristiandad.  Ansí  que  pues  una  obra 
]>tan  piadosa  é  tan  santa,  con  tantas  fuerzas  é  gas- 
j>to8  habéis  procurado,  é  con  tanta  gloria  habéis 
Dalcanzado;  finca  agora  que  como  Reyes  Cathólicos 
i>é  religiosos,  procuréis  con  grand  estudio  é  diligen- 
»cia  de  la  facer  guardar,  según  y  en  la  manera  que 
^vuestros  embaxadores  de  vuestra  parte  lo  han  pro- 
ímetido.  E  somos  ciertos  que  vosotros  lo  tenéis  en 
Dvoluntad,  pues  que  toda»  las  cosas  están  puestas 
Den  vuestra  mano,  é  de  ello  se  vos  sigue  gloria  in- 
Dmortal.  Dada  en  Roma  á  dos  días  de  Enero  de  mil 
»ó  quatrocientos  é  ochenta  é  tres  años.»  El  Colegio 
de  los  Cardenales  les  embió  una  carta  que  decía 
ansí : 

«Muy  altos  é  muy  poderosos  Príncipes  Reyes  ó 
«muy  amados  Señores.  Vuestros  embaxadores ,  que 
3>por  tratar  la  paz  de  Italia  embiastes,  han  trabaja- 
ido  con  todas  sus  fuerzas  por  la  traer  en  efeto;  por 
»la  qual  este  Colegio  siempre  trabajó  porque  se 
«alcanzase.  É  pues  vuestra  real  Magestad  como 
«instrumentos  é  causa  de  esta  paz  habéis  habido 
«gloria  inmortal,  afectuosamente  vos  rogamos  ten- 
3)gai8  manera  como  aquella  se  conserve,  pues  todas 
«las  cosas  á  la  paz  concernientes  están  puestas  en 
«vuestras  manos.  Dada  en  Roma  á  dos  días  de 
«Enero  de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é  tres 
Daños.»  El  pueblo  Romano  escribió  otra  carta  que 
decía  ansí : 

«Muy  altos  é  muy  poderosos  Príncipes  Reyes  é 
«Señores.  Los  Cónsules  del  pueblo  Romano  nos  en- 
Dcomendamos  á  vuestra  real  Magestad,  la  qual  ha- 
»brá  sabido  las  guerras  duras,  é  trabajos  muy  peli- 
Dgrosos  acaecidos  en  Italia.  De  las  quales  procedió 
Dque  nuestro  muy  santo  Padre,  é  su  Romana  Curia 
«estante  en  la  santa  cibdad  de  Roma  donde  la  silla 
«de  Christo  está  asentada,  fuesen  cercados  é  apre- 
»miados,  é  quanto  por  ellas  este  pueblo  Romano 
«fuese  fatigado,  de  manera  que  ninguno  era  osado 
«de  salir  de  la  cibdad,  por  miedo  de  los  grandes 
«peligros  que  se  recrecían,  también  de  dentro  como 


378  CRÓNICAS  DE  LOS 

j)de  fuera  della.  Pe  manera  que  todos  estábamos  de 
«propósito  con  nuestras  mugeres  é  fijos  de  dexar  la 
Mcibdad;  empero  plogo  á  Dios,  aquel  que  no  dexa 
Dperecer  la  navecilla  de  Sant  Pedro,  que  vosotros 
«como  cathólicos  príncipes,  movidos  á  piedad  de 
«tantos  estragos  é  daños  sin  reparo  como  se  espera- 
»ban  en  Italia,  vos  quesistes  interponer  á  dar  paz 
»en  la  Silla  Apostólica,  y  en  toda  la  provincia  de 
«Italia.  La  qual  concluyeron  vuestros  embaxadores 
»con  la  autoridad  de  vuestra  Eeal  Magestad,  é  con 
«el  trabajo  que  ellos  pusieron;  en  lo  qual  se  mostró 
svuestra  santa  intención,  é  la  diligencia  de  vues- 
»tros  embaxadores.  El  fruto  de  la  qual  paz ,  que 
3>gozamos,  según  parece  por  obra,  dexamos  de  decir 
«en  prolixidad  de  palabras.  Por  ende ,  muy  altos  é 
»muy  poderosos  Príncipes  é  Reyes,  dámosvos  mu- 
«chas  gracias,  de  las  quales  sois  merecedores  en 
j>esta  y  en  la  otra  vida;  pues  que  con  vuestros  loa- 
j)bles  trabajos  é  gastos  habéis  quitado  á  esta  cibdad 
»é  á  toda  la  provincia  de  Italia,  de  los  estragos  ó 
«muertes  é  destruiciones  en  que  ardia ;  é  nosotros 
«quedamos  por  vuestros  perpetuos  servidores,  ro- 
«gando  á  Dios  por  los  dias  é  prosperidad  de  vues- 
«tra  Real  Magestad.  Dada  en  Roma  á  quatro  dias 
«de  Enero  de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é  tres 
sanos.» 

Esta  paz  de  la  Italia  se  concluyó  por  la  gran  di- 
ligencia del  Rey  é  de  la  Reyna  á  doce  dias  del  mes 
de  Diciembre  año  de  la  Encarnación  de  nuestro  Se- 
ñor de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é  dos  años.  Y 
el  Papa  vino  al  consistorio  aquel  dia,  é  fizo  llamar 
á  los  embaxadores  de  los  príncipes  é  potestades  de 
Italia  é  del  Rey  de  Ñápeles;  é  todos  vinieron  al 
consistorio,  donde  ansimesmo  estaban  todos  los 
cardenales.  Y  el  Papa  embió  á  llamar  al  embaxa- 
dor  de  Venecia,  el  qual  no  quiso  venir.  E  visto  por 
el  Papa  que  aquel  embaxador  no  quiso  ser  presente 
á  la  publicación  de  la  paz,  en  su  absencia  la  mandó 
publicar  en  su  consistorio.  Leídos  los  capítulos  de 
la  paz,  el  Papa  dixo :  que  por  quanto  el  Rey  é  la 
Reyna  de  Castilla,  é  de  León,  é  de  Aragón,  é  de 
Sicilia  como  cathólicos  príncipes,  condoliéndose  de 
las  guerras  de  Italia,  é  de  las  molestias  en  que 
aquella  silla  Apostólica  estaba,  se  habían  inter- 
puesto, y  embiado  sus  embaxadores  por  diversas 
veces  á  tratar  aquella  paz,  en  la  qual  habían  fecho 
grandes  expensas,  é  por  la  gracia  de  Dios  la  habían 
concluido,  á  la  qual  él  queriendo  usar  de  benigni- 
dad había  concedido  con  ánimo  sincero  de  la  guar- 
dar é  conservar :  por  ende  que  lo  notificaba  á  todos 
porque  sopiesen  su  voluntad,  é  ansimesmo  el  fruto 
loable  que  se  había  consegido  por  el  trabajo  del 
Roy  é  de  la  Reyna  de  España,  é  por  la  diligencia 
que  aquellos  sus  embaxadores  por  su  mandado  en 
ello  pusieron.  El  Papa  en  aquel  auto  fizo  mas  honra 
á  los  embaxadores  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que  á 
ninguno  de  los  otros  príncipes  é  potestades;  porque 
les  fizo  asentar  é  cobrir  las  cabezas,  é  todos  los  em- 
baxadores de  los  otros  reyes  é  principes,  é  comuni- 
dades estovieron  las  rodillas  fincadas  é  descubiertas 
las  cabezas.  Aquella  paz  se  asentó  en  esta  manera : 


BEYES  DE  CASTILLA. 

Que  las  cibdades  é  villas  é  lugares  é  fortalezas  que 
eran  tomadas  de  las  unas  partes  á  las  otras  fuesen 
entregadas  al  Rey  é  á  la  Reyna,  ó  á  su  cierto  man- 
dado dentro  de  ciertos  días ,  porque  ellos  las  entre- 
gasen á  aquellos  que  de  derecho  las  habían  de  ha- 
ber. En  esta  concordia  no  quiso  entrar  la  Señoría 
de  Venecia  que  tenia  tomada  á  Ferrara;  por  lo  qual 
el  Papa  y  el  Rey  Don  Fernando  é  los  otros  señores 
que  fueron  comprehendidos  en  aquella  paz  embia- 
ron  sus  gentes  de  armas  á  la  cercar  en  favor  del 
Marqués  de  Ferrara,  para  se  la  restituir. 

Fecho  este  asiento,  los  venecianos  veyéndose 
solos,  é  recelando  que  todos  los  señores  é  comuni- 
dades de  Italia  se  juntarían  contra  ellos,  acordaron 
de  tratar  amistad  con  los  turcos  que  eran  sus  veci- 
nos, para  se  defender,  é  ofender  á  los  christianos,  ó 
les  dar  pasada  segura  por  sus  tierras  para  facer 
guerra  en  Italia.  É  como  esto  fué  sabido  por  el  Rey 
Don  Fernando  de  Ñapóles,  embió  tratar  amistad 
con  los  turcos,  é  prometióles  su  ayuda  contra  los 
Venecianos;  porque  se  habían  apartado  é  no  quisie- 
ron ser  comprehendidos  en  la  paz  común  que  se 
había  fecho.  Y  embió  al  Rey  é  á  la  Reyna  que  es- 
taban en  Madrid  por  su  embaxador  al  Conde  de 
Trevento;  con  el  qual  les  embió  á  dar  muchas  gra- 
cias por  el  trabajo  y  expensas  grandes  que  habían 
fecho  en  la  contratación  de  la  paz  de  todas  las  Ita- 
lias.  En  la  qual  como  quiera  que  el  Sumo  Pontífice, 
y  él  ansimesmo,  é  todos  los  otros  príncipes  é  comu- 
nidades de  Italia  quisieron  ser  comprehendidos; 
pero  los  venecianos  soberbiosamente  se  quisieron 
apartar,  é  no  ser  inclusos  en  ella,  con  propósito  d© 
tiranizar,  é  tomar  lo  ageno,  según  siempre  lo  acos- 
tumbraron facer.  E  que  habían  tratado  amistad  con 
los  turcos,  para  les  dar  pasada  por  sus  tierras  á  fin 
de  facer  guerra  en  las  Italias,  especialmente  en 
el  Reyno  de  Sicilia;  é  por  escusar  aquel  inconvi- 
niente,  él  ansimesmo  habia  tratado  paz  con  los 
turcos,  para  contra  los  venecianos  ;  en  la  qual  eran 
comprehendidos  todos  los  príncipes  é  comunidades 
de  Italia,  vista  la  gran  rebelión  é  soberbia  que  los 
venecianos  tenían.  Por  ende  que  rogaba  é  requería 
al  Rey  é  á  la  Reyna,  que  considerada  la  gran  perti- 
nacia de  aquella  gente  veneciana ,  les  ploguiese  ser 
comprehendidos  en  aquella  liga  que  él  é  toda  Italia 
facían  con  los  turcos ;  porque  todos  juntos  en  amis- 
tad pudiesen  guerrear  á  los  venecianos,  é  abaxar 
aquella  su  cruda  tiranía  é  antigua  soberbia ;  é  les 
ficiesen  restituir  todas  las  cibdades  é  viUas  é  forta- 
lezas que  tiránicamente  poseían  tomándolas  por 
fuerza  á  los  señores  cuyas  habían  soydo,  é  tenían 
á  ellas  justo  título.  Porque  si  esto  no  se  pusiese  por 
obra,  su  señorío  se  estenderia  cada  día  mas  en  gran 
detrimento  é  perjuicio  de  todas  las  Italias,  de  ma- 
nera que  ninguno  fuese  señor  de  lo  suyo.  Y  en  es- 
pecial su  Reyno  de  Sicilia  estaba  en  punto  de  per- 
dición, sí  se  diese  lugar  que  ellos  ficiesen  amistad 
con  los  turcos;  porque  les  darían  pasada  por  su 
tierra  para  venir  á  él  seguramente,  é  favor  por  la 
mar  para  lo  guerrear.  Esta  embaxada  oída  por  el 
Rey  é  por  la  Reyna,  respondieron  que  por  quanto 


DON  FERNANDO 
el  Duqne  é  Señoría  de  Venecia  habían  embiado  á 
ellos  sus  embaxadores  por  ganar  su  paz  é  seguridad 
la  qual  les  habían  otorgado,  é  los  tenían  por  ami- 
gos, que  no  sería  cosa  razonable  quebrantar  la 
paz  que  les  habían  prometido  sin  haber  causa  por 
do  se  debiese  romper.  Pero  que  ellos  embiarian  sus 
embaxadores  á  la  cibdad  de  Venecia  á  les  facer 
saber  todas  estas  cosas  que  les  eran  propuestas;  é 
si  no  quisiesen  conceder  lo  que  de  razón  eran  obli- 
gados, estonces  podrían  con  justa  causa  entrar  en 
aquella  liga  que  todas  las  Italias  y  el  Key  Don  Fer- 
nando facían  contra  los  venecianos,  é  mandar  á 
euB  cibdades  é  villas  é  gentes  del  Eeyno  de  Sicilia 
é  de  las  otras  islas  de  su  señorío,  que  se  juntasen 
con  ellos,  é  ficiesen  aquello  que  de  justicia  debiesen 
facer.  É  con  esta  respuesta  despidieron  al  Conde 
de  Trevento. 

CAPÍTULO  XIV. 

De  los  emprestidos  que  se  pidieron  por  el  Reyno,  é  del  subsidio 
que  dio  la  clerecia  para  la  guerra  de  los  moros. 

Ni  el  ánimo  de  la  Reyna  cesaba  de  pensar,  ni  la 
persona  de  trabajar  en  haber  dineros,  ansí  para  la 
guerra  contra  los  moros,  como  para  las  otras  cosas 
que  de  contino  ocurrían,  necesarias  á  la  goberna- 
ción de  sus  reynos.  Para  la  qual  tenían  gente  de 
armas  continamente  repartida  en  el  Keyno  de  Gali- 
cia, é  con  los  otros  capitanes  que  tenían  puestos  en 
la  frontera  de  los  moros,  é  la  que  el  Rey  é  la  Eeyna 
traían  en  su  guarda;  porque  con  esta  gente  estaban 
poderosos  é  temidos,  y  en  sus  cartas  é  mandamien- 
tos obedescidos,  é  su  justicia  executada ;  é  ningún 
grande  ni  otro  caballero  osaba  facer  fuerza  ni  in- 
juria á  otro,  é  todos  sus  Eeynos  gozaban  de  paz  é 
seguridad.  E  porque  con  el  sueldo  que  pagaban  á 
esta  gente  de  armas,  allende  de  la  gente  que  paga- 
ban las  hermandades  del  Reyno,  é  con  los  otros 
gastos  continos  que  se  facían,  ansí  para  las  emba- 
zadas, como  para  las  otras  cosas  que  se  requerían  al 
sostenimiento  del  estado  real  é  del  Príncipe  é  de 
las  Infantas,  estaban  en  continas  necesidades;  fue- 
ron constreñidos  á  demandar  dineros  prestados  en 
todos  sus  Reynos  á  personas  singulares,  de  quien 
fueron  informados  que  los  podrían  prestar  sin  daño 
de  sus  faciendas;  especialmente  porque  la  cantidad 
que  se  demandó  á  cada  uno,  era  pequeña.  É  aque- 
llos á  quien  fué  demandada,  lo  prestaron  de  buena 
voluntad,  consideradas  las  necesidades,  é  otrosí 
porque  los  Tesoreros  é  Eecabdadores  les  asegura- 
ban que  les  seria  pagado  dentro  de  cierto  término. 
Ansimesmo  el  Papa  por  socorrer  las  necesidades  de 
la  guerra  de  los  moros,  dio  su  bula,  para  que  todos 
los  Perlados  é  Maestres  y  el  estado  Eclesiástico  de  los 
Eeynos  de  Castilla  é  de  Aragón  diesen  una  suma 
de  florines  en  subsidio.  É  allende  desto  embió  su 
Nuncio  apostólico  al  Rey  é  á  la  Reyna  con  su  bula 
de  cruzada,  la  qual  contenía  grandes  indulgencias 
para  todos  los  que  la  tomasen.  El  Rey  é  la  Reyna 
recibieron  este  Nuncio  del  Papa,  é  aquella  bula  de 
la  cruzada  en  el  monesterio  de  Santo  Domingo  el 


É  DOÑA  ISABEL.  579 

Real  de  Madrid ,  con  una  solemne  procesión ,  en  la 
qual  iban  el  Cardenal  de  España,  é  Don  Alonso  de 
Fonseca,  Arzobispo  de  Santiago,  ó  Don  Diego  Hur- 
tado de  Mendoza,  Obispo  de  Paleucía,  é  Don  Gon- 
zalo de  Heredia,  Obispo  de  Barcelona,  é  Don  Juan 
de  Maluenda,  Obispo  de  Coria,  é  otros  muchos  Per' 
lados;  ó  la  mandaron  predicar  en  todos  sus  Reynos 
é  señoríos,  donde  se  ovo  gran  suma  de  dineros.  Los 
quales  se  consumían  en  los  sueldos,  y  en  las  otras 
cosas  que  se  requerían  para  la  guerra  de  los  moros. 

CAPÍTULO  XV. 

De  las  cosas  que  pasaron  sobre  el  casamiento  que  se  movió  del 
Principe  de  Castilla  con  la  Reyna  de  Navarra. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  villa  de  Madrid, 
ovieron  cartas  é  mensageros  del  Conde  de  Lerin ,  un 
caballero  del  Reyno  de  Navarra,  que  estaba  casado 
con  hermana  bastarda  del  Rey,  como  el  Rey  de  Na- 
varra era  muerto.  Este  Rey  de  Navarra,  que  se  lla- 
maba Febus,  era  fijo  del  Príncipe  de  Navarra,  sobri- 
no del  Rey  fijo  de  su  hermana,  el  qual  murió  ante 
que  oviese  título  de  Rey.  Era  ansimesmo  este  Rey 
Febus  sobrino  del  Rey  de  Francia,  fijo  de  su  herma- 
na. Y  el  Rey  de  Francia  trataba  casamiento  secre- 
tamente á  este  Rey  Febus  de  Navarra,  su  sobrino, 
con  doña  Juana  de  Portogal ;  la  qual ,  según  habe- 
mos  dicho,  estaba  monja  profesa  en  el  monesterio 
de  Santa  Clara  de  Coimbra.  Porque  pensaba,  fecho 
aquel  casamiento,  que  el  rey  de  Navarra  su  sobrino 
tomaría  título  de  Rey  de  Castilla,  á  causa  de  aque- 
lla Doña  Juana,  é  le  daría  todo  el  favor  que  ovie- 
se menester  para  poner  división  en  el  Reyno  de 
Castilla,  é  mover  guerra  al  Rey  é  á  la  Reyna;  la 
qual  podía  facer  dende  el  Reyno  de  Navarra,  por- 
que confina  con  Castilla.  E  no  embargante  las  pa- 
ces é  amistad  que  con  el  Rey  é  con  la  Reyna  tenía 
juradas  é  firmadas,  pero  por  no  se  desapoderar  de 
la  posesión  del  Condado  de  Ruisellon,  pensando  sa- 
near la  guerra  que  tenía  dentro  de  sí  en  tener  lo 
ageno ,  buscaba  guerra  defuera  para  lo  mejor  po- 
seer, poniendo  en  necesidad  al  Rey  é  á  la  Reyna; 
durante  la  qual  creía,  que  no  habría  lugar  de  le  de- 
mandar aquel  Condado,  ni  por  vía  de  armas,  ni  en 
otra  manera.  E  ansimesmo  porque  este  Rey  de  Fran- 
cia ninguna  cosa  facía  habiendo  respecto  á  las  co- 
sas pasadas,  ni  á  las  por  venir,  salvo  lo  que  ala  ho- 
ra le  ocun-ia,  é  venia  bien.  Estas  cosas  considera- 
das, el  Rey  é  la  Reyna,  sabida  la  muerte  del  Rey 
Febus  de  Navarra ,  platicaron  con  el  Cardenal  de 
España,  é  con  los  otros  Duques  é  Condes  é  Dotores 
que  estaban  en  su  Consejo  sobre  la  subcesion  de 
aquel  Reyno.  A  los  quales  abiertamente  declararon 
su  voluntad ,  é  díxeron  que  bien  sabían  como  Dios 
por  su  infinita  bondad  los  había  asentado  en  las  si- 
llas reales  de  los  Reyes  sus  padres ,  é  los  grandes 
reynos  é  provincias  que  tenían  en  su  señorío  ;  é  Dios 
era  sabidor,  que  mas  era  su  intención  de  le  dar  gra- 
cias por  la  paz  que  en  ellos  les  había  dado ,  que  no 
mover  guerra  donde  fuese  deservido;  ni  menos 
querían  adquirir  otros  Reynos  é  señoríos,  pues  á 


m  CRÓNICAS  DE  LOS 

Dios  gracias,  los  que  tenían  eran  grandes  y  esten- 
didos. Pero  que  bien  sabian  la  condición  del  Rey 
Don  Luis  de  Francia,  y  el  trato  de  amistad  que  te- 
nia con  el  Rey  de  Portogal ;  é  como  no  contento  de 
]a  guerra  que  en  su  favor  fizo  en  la  provincia  de 
Guipúzcoa,  agora  de  nuevo,  después  de  haber  fecho 
paz  é  amistad  con  ellos,  habia  tratado  casamiento 
de  aquel  Rey  Febus  su  sobrino  con  Doña  Juana  de 
Portogal  que  estaba  monja,  á  fin  de  mover  guerra 
é  poner  escándalo  en  Castilla.  E  agora  que  era 
muerto  el  Rey  Febus ,  creian  que  su  madre  apode- 
raria  al  rey  de  Francia  en  las  fortalezas  del  Reyno 
de  Navarra ;  desde  las  quales  habria  lugar  de  facer 
guerra  á  los  Reynos  de  Castilla  é  de  Aragón  con 
quien  confinan.  Por  ende  querían  saber  si  seria  bien 
que  se  tratase  casamiento  del  Príncipe  Don  Juan  su 
fijo  con  una  hermana  de  aquel  Rey  Febus ,  á  quien 
pertenescia  el  Reyno  de  Navarra,  por  escusar  los  in- 
convinientes  é  guerras  que  se  podrían  seguir  del 
mal  conceto  que  el  Rey  de  Francia  tenia  contra 
ellos ;  el  qual  no  dubdaban  que  lo  pornia  por  obra, 
si  oviese  entrada  en  aquel  Reyno  de  Navarra.  Esta 
materia  platicada  en  su  Consejo,  el  Cardenal  de 
España,  é  todos  los  otros  que  allí  estaban  con  el  Rey 
é  con  la  Reyna,  acordaron  que  se  debia  tratar  aquel 
casamiento  ;  é  ansimesmo  debian  embiar  luego  al- 
gunos capitanes  é  gentes  de  armas,  para  se  apode- 
rar de  todas  las  villas  é  lugares  del  Reyno  de  Na- 
varra,  que  pudiesen  haber,  si  el  Rey  de  Francia 
tentase  de  se  apoderar  del.  Este  consejo  habido, 
luego  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  al  Doctor  Rodri- 
go Maldonado,  que  era  de  su  Consejo,  á  la  Prince- 
sa hermana  del  Rey  de  Francia  é  madre  de  aquella 
Señora  que  habia  subcedido  por  Reyna  de  Navar- 
ra. Con  el  qual  le  embiaron  á  decir  primeramente 
el  pesar  que  habían  habido  de  la  muerte  del  Rey 
Febus  su  fijo,  é  á  le  consolar  sobre  ello.  E  después 
de  le  haber  dicho  las  palabras  que  se  requerían  á  la 
consolación  de  su  trabajo,  mandaron  que  le  ficiese 
fabla  de  casamiento  del  Príncipe  Don  Juan  su  fijo 
con  su  fija,  que  subcedíó  por  Reyna  de  Navarra.  Es- 
te Dotor  Rodrigo  Maldonado  fizo  la  embaxada  en 
la  manera  que  el  Rey  é  la  Reyna  le  mandaron ,  ó 
dio  á  entender  á  la  Princesa  la  grand  utilidad  que 
gele  seguía  de  aquel  casamiento ;  porque  su  fija  so- 
lamente era  Reyna  de  aquel  pequeño  Reyno  de  Na- 
varra, é  casando  con  el  Príncipe  Don  Juan  de  Cas- 
tilla, esperaba  ser  Reyna  de  los  Reynos  de  Castilla, 
é  de  Aragón,  é  de  Navarra,  é  de  Sicilia,  é  de  todos 
los  reynos  é  provincias  é  islas  que  son  en  el  señorío 
del  Rey  é  de  la  Reyna.  Otrosí  porque  aquel  Conde  de 
Lerin ,  que  habemos  dicho ,  era  un  caballero  que 
tenia  la  cibdad  de  Pamplona ,  é  gran  parte  en  el 
Reyno  de  Navarra,  y  estaba  en  servicio  del  Rey  é 
de  la  Reyna ;  embiáronle  á  Don  Juan  de  Ribera  con 
gente  de  armas,  para  le  ayudar  á  tener  aquella  cib- 
dad, é  resistir  á  qualquier  gente  de  armas,  que  el 
Rey  de  Francia  embiase  á  se  apoderar  del  Reyno  de 
Navarra. 

La  Princesa  de  Navarra,  oída  la  embaxada  de  ca- 
Bamiento  que  el  Doctor  Maldonado  le  propuso ,  res- 


REYES  DE  CASTILLA. 

pendió  que  le  placía  mucho  de  lo  aceptar ,  é  dar 
forma  como  con  la  gracia  de  Dios  se  concluyese  con 
la  Reyna  su  fija  ;  porque  en  toda  la  christiandad  no 
podía  haber  tan  alto ,  ni  tan  grande  casamiento  co< 
mo  el  del  Príncipe  de  Castilla ,  é  por  otras  manifies- 
tas utilidades  que  del  se  siguían  en  aquel  Reyno  de 
Navarra.  Pero  que  era  cosa  razonable  de  lo  consul- 
tar con  el  Rey  de  Francia,  su  hermano,  é  haber  su 
parescer  cerca  dello ;  é  ansí  quedó  de  facer  por  es- 
tonces el  ef eto  aquel  casamiento.  El  Rey  é  la  Reyna 
mandaron  á  sus  capitanes  que  estoviesen  siempre 
con  sus  gentes  de  armas  en  aquel  Reyno,  para  resis- 
tir á  qualquier  gente  francesa  que  viniese  á  apode- 
rarse del.  E  acordaron  que  el  Rey  fuese  á  facer  la 
tala  que  este  año  se  debia  facer  en  el  Reyno  de 
Granada,  é  la  Reyna  fuese  á  Logroño ,  ó  á  alguna 
cibdad  cercana  al  Reyno  de  Navarra,  para  enten- 
der en  aquel  casamiento  del  Príncipe  su  fijo,  y  en 
las  otras  cosas  que  eran  necesarias  de  proveer  en 
todas  aquellas  partidas  de  Burgos  é  Castilla  la 
Vieja. 

CAPÍTULO  XVI. 

Como  partió  el  Rey  de  Madrid  para  ir  á  Galicia. 

Contado  habemos  como  el  Reyno  de  Galicia,  que 
muchos  tiempos  habia  estado  en  guerras  y  escán- 
dalos, fué  puesto  en  paz  é  seguridad ;  é  como  Don 
Fernando  de  Acuña  y  el  Licenciado  Garcilopez  de 
Chinchilla ,  que  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  por 
gobernadores  é  corregidores ,  tomaron  algunas  for- 
talezas de  aquel  Reyno ,  é  las  pusieron  en  poder  de 
personas,  á  quien  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron ;  en- 
tre las  quales  fué  tomada  la  fortaleza  de  Lugo,  que 
es  del  Obispo  de  aquella  cibdad,  el  qual  Obispo 
era  hermano  de  Don  Pero  Alvarez  de  Osorio,  Conde 
de  Lémos  é  Señor  de  Ponferrada.  Este  Conde  de 
Lémos  era  el  mayor  señor  de  aquel  Reyno  de  Gali- 
cia, é  sintiendo  á  injuria  que  la  fortaleza  de  su  her- 
mano le  fuese  tomada,  visto  que  Don  Fernando  de 
Acuña  y  el  Licenciado  Garcilopez  eran  absentes  de 
aquel  Reyno,  creyendo  que  antes  podría  tomar  la 
fortaleza  que  fuese  socorrida,  acordó  de  la  cercar,  y 
embió  gente  de  armas  de  su  casa  é  de  otros  caba- 
lleros sus  amigos  á  poner  sitio  sobre  ella.  Lo  qual 
sabido  por  el  Rey  é  por  la  Reyna ,  embiáronle  á  de- 
cir que  se  maravillaban  de  haber  osadía  para  cer- 
car fortaleza  en  sus  Reynos,  especialmente  aquella 
que  tenia  alcayde  puesto  por  su  mano ;  ó  que  le 
mandaban  que  luego  alzase  el  sitio  que  tenia  pues- 
to, é  la  dexase  tener  libremente  al  alcayde  que  por 
su  mandado  la  tenia.  El  Conde,  visto  el  manda- 
miento del  Rey  é  de  la  Reyna ,  respondió  que  Don 
Fernando  y  el  Licenciado  habían  tomado  aquella 
fortaleza  no  debidamente.  Porque  como  quiera  que 
tovieron  razón  de  tomar  otras  fortalezas  en  aquel 
reyno,  por  se  haber  fecho  dellas  algunos  robos  é 
crimines ,  pero  aquella  fortaleza  de  Lugo  siempre 
habia  estado  en  paz,  é  no  se  habían  fecho  della  los 
daños  que  de  las  otras  que  se  tomaron  fueron  come- 
tidos.  Ansimesmo  embió  decir  que  él  é  su  casa 


DON  FERNANDO 
siempre  h&bian  servido  al  Rey  é  á  la  Beyna,  é  no 
habían  cometido  cosa  contra  su  eervicio ;  é  que  si 
él  se  movió  á  cercar  aquella  fortaleza  de  Lugo ,  era 
porque  el  Alcayde  habia  impedido  las  rentas  del 
Obispo  su  hermano ,  é  las  tomaba ,  é  habia  fecho 
otros  excesos  contra  él  é  contra  sus  vasallos,  por  do 
merescia  no  solamente  ser  privado  de  aquella  te- 
nencia, mas  punido  por  los  males  que  habia  co> 
metido.  Por  ende  que  suplicaba  á  Su  Alteza,  que  no 
pensase  que  habia  en  él  presUmpcion  de  inobedien- 
cia ,  salvo  de  escusar  los  daños  que  aquel  alcayde 
f acia  de  cada  día  á  él  é  al  Obispo  su  hermano ,  é  á 
BUS  vasallos  é  rentas.  El  Rey  é  la  Reyna,  vista  la  res- 
puesta del  Conde,  como  quier  que  fué  asaz  humil- 
de ;  pero  porque  no  alzó  luego  el  sitio  según  gelo 
embiaran  á  mandar,  ovieron  grand  enojo.  E  luego 
el  Rey  partió  para  el  Reyno  de  Galicia  á  punir  al 
Conde  por  aquella  osadía  que  cometió ;  y  en  el  ca- 
mino le  vino  la  nueva  como  el  Conde  habia  alzado 
el  sitio,  porque  le  dieron  á  entender  el  enojo  que  el 
Rey  é  la  Reyna  hablan  mostrado  por  lo  haber  pues- 
to. E  no  embargante  que  el  Rey  sopo  como  el  sitio 
era  alzado,  todavía  continó  su  camino  para  ir  con- 
tra el  Conde.  E  quando  llegó  á  la  cibdad  de  Astor- 
g&,  sopo  que  el  Conde  era  muerto ,  é  no  pasó  mas 
adelante,  porque  habia  de  ser  á  día  cierto  en  la  cib- 
dad de  Córdoba,  donde  el  Rey  é  la  Reyna  manda- 
ron que  se  juntasen  ciertos  caballeros  é  gentes  de 
armas  é  peones,  para  entrar  á  facer  la  tala  en  la  ve- 
ga de  Granada.  Este  Conde  de  Lémos  dexó  fijas  le- 
gítimas ,  ó  no  dexó  fijo  varón  ninguno  que  heredase 
8u  casa ;  é  un  fijo  que  la  heredaba,  murió  en  vida  de 
BU  padre,  sin  dexar  fijo  legítimo,  salvo  un  bastardo 
que  se  llamaba  Don  Rodrigo,  mozo  de  veinte  años, 
á  quien  el  Conde  su  abuelo  en  su  vida  apoderó  de 
las  villas  é  fortalezas  que  tenia ;  porque  su  volun- 
tad era  que  aquel  heredase  su  casa  aunque  era  bas- 
tardo. Este  Conde  Don  Rodrigo  luego  como  murió 
el  Conde  su  abuelo,  tomó  título  de  Conde  de  Lémos, 
é  juntáronse  Con  él  todos  los  criados  del  Conde  á  le 
flervir,  é  favorescer,  para  que  heredase  su  casa.  La 
qual  Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel ,  Conde  de  Be- 
navente,  decia  que  pertenescia  á  la  fija  mayor  del 
Conde  de  Lémos,  que  era  desposada  con  su  fijo,  por- 
que era  legítima,  é  aquel  Don  Rodrigo  era  bastar- 
do é  no  debia  heredar.  E  para  haber  la  posesión  de 
aquella  casa  é  rentas  para  la  esposa  de  su  fijo,  jun- 
tó gentes,  ansí  de  su  casa,  como  de  sus  parientes  é 
amigos.  Ansimesmo  Don  Rodrigo  que  se  intitulaba 
Conde  de  Lémos,  juntó  gentes  para  le  resistir ;  por- 
que decia  que  le  pertenescia ,  ansí  por  virtud  del 
testamento  que  el  Conde  de  Lémos  su  abuelo  fizo, 
en  el  qual  le  constituyó  heredero  en  todos  sus  bie- 
nes, como  porque  aunque  él  era  bastardo  habia  sey- 
do  legitimado  por  bula  del  Papa.  E  sobre  este  de. 
bate  se  juntó  mucha  gente  de  los  parientes  é  amigos 
de  la  una  parte  é  de  la  otra ,  donde  se  esperaban 
guerras  ó  otros  inconvinientes.  Lo  qual  sabido  por 
el  Rey,  como  quiera  que  le  era  necesario  partir  pa- 
ra el  Andalucía,  pero  detóvose  en  aquella  cibdad  de 
Astorga  algunos  días ;  y  embió  mandar  á  aquellos 


¿  DO^A  ISABEL.  Sál 

dos  Condes,  é  á  la  gente  de  armas  que  con  ellos  es- 
taban, que  luego  se  derramasen  é  dexasen  aquel  es- 
cándalo, é  veniesen  el  uno  y  el  otro  á  la  cibdad  de 
Astorga,  é  mostrasen  sus  derechos  que  tenían  á  los 
bienes  del  Conde  de  Lémos,  y  él  les  mandaría  guar- 
dar su  justicia.  Estos  dos  Condes  derramaron  luego 
la  gente  que  tenían  junta ,  según  por  el  Rey  les  fué 
mandado,  é  vinieron  á  la  cibdad  de  Astorga.  El  Rey 
puso  tregua  entre  ellos,  fasta  que  su  debate  fuese 
determinado  por  justicia.  Otrosí  tomó  la  villa  de 
Ponferrada  de  que  estaba  apoderado  aquel  Conde 
Don  Rodrigo,  é  dio  la  tenencia  della  á  Don  Enrique 
Enriquez,  su  tío  é  su  Mayordomo  mayor,  para  que  la 
toviese  ciertos  días ;  y  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron 
entregar  una  de  dos  fortalezas  que  hay  en  aquella 
villa  á  un  caballero  contino  de  su  casa ,  que  se  lla- 
maba Jorge  de  Mendaño,  que  la  toviese  cierto  tiem- 
po, en  el  qual  se  habia  de  ver  el  derecho  de  las  par- 
tes. E  luego  partió  el  Rey  de  la  cibdad  de  Astorga, 
é  vino  para  la  villa  de  Madrid ,  donde  la  Reyna  es- 
taba. 

CAPÍTULO  XVII. 

Sígnense  las  cosas  de  la  guerra  del  año  de  mil  é  quatrocientos  é 
ochenta  é  tres  años.  De  un  engaño  que  un  escudero  fizo  á  los 
moros,  é  de  lo  que  el  Rey  é  la  Reyna  sobre  ello  flcieron. 

La  guerra  de  los  moros  todos  los  días  se  contina- 
ba.  El  Maestre  de  Santiago ,  y  el  Duque  de  Náxera, 
á  quien  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  cargo  de  la  fron- 
tera por  la  parte  de  Jaén,  y  el  Duque  de  Medinasi- 
donia,y  el  Marqués  de  Cáliz,  y  el  Adelantado  del 
Andalucía,  é  Juan  de  Benavides ,  é  Don  Juan  Cha- 
cón, Adelantado  de  Murcia ,  cada  uno  por  su  parte 
facían  entradas  é  talas ,  é  destruían  la  tierra  de  los 
moros.  Los  moros  ansimesmo  entraban  en  la  tierra 
de  los  christianos ,  é  llevaban  ganados  é  prisione- 
ros ;  pero  los  moros  recebian  tanto  daño  en  su  tier- 
ra é  por  tantas  partes,  que  estaban  oprimidos,  é  pa- 
decían mengua  de  pan  por  las  talas  que  les  facían. 
E  la  mayor  fatiga  que  tenían  era  estar  la  cibdad  de 
Alhama  en  poder  de  christianos;  porque  estaba  en 
tal  comarca,  que  los  moros  no  podían  andar  libre- 
mente por  aquellas  partes  ,  sino  á  gran  peligro  de 
ser  muertos  ó  presos  por  la  gente  que  el  Rey  é  la 
Reyna  tenían  en  guarda  de  aquella  cibdad.  Acaesció 
que  un  escudero  de  los  que  estaban  en  la  capitanía 
de  Diego  López  de  Ayala ,  que  se  llamaba  Juan  de 
Corral,  home  de  astucias  cautelosas,  conocida  la  vo- 
luntad que  los  moros  tenían  de  recobrar  á  Alhama, 
con  propósito  de  los  burlar  procuró  seguro  del  Rey 
de  Granada  para  ir  á  fablar  con  él.  Habido  el  se- 
guro, la  fabla  que  le  fizo  fué,  que  faria  que  el  Rey 
é  la  Reyna  le  restituyesen  á  Alhama,  si  el  Rey  de 
Granada  diese  cierto  número  de  doblas  é  captivos. 
El  Rey  de  Granada  é  los  cabeceras  que  oyeron  aquel 
partido  fueron  muy  alegres ;  ó  prometieron  de  tor- 
nar á  Zahara,  é  soltar  todos  los  captivos  que  oviese 
en  el  Reino  de  Granada,  é  de  dar  luego  treinta  mil 
doblas  en  servicio  al  Rey  é  á  la  Reyna.  E  allende 
desto,  si  les  quisiese  otorgar  tregua,  darian  una  gran 
sama  de  doblas  en  paria»  cada  un  año  de  quantos 


382  CEÓNICAS  DE  LOS 

gela  otorgasen.  Éste  Juan  de  Corral  vino  con  este 
partido  al  Eey  é  á  la  Keyna,  é  no  les  dixo  las  cosas 
que  el  Eey  de  Granada  les  ofresció ;  pero  dixoles 
que  el  Eey  de  Granada  les  restituirla  á  Zahara,  ó 
con  ella  les  daría  otros  castillos  é  villas  del  Eeino 
de  Granada,  que  son  frontera  de  Castilla,  é  soltarla 
todos  los  christianos  que  estaban  captivos,  é  darian 
una  gran  suma  de  doblas  si  le  tornasen  la  cibdad 
de  Alhamá. 

Al  Eey  é  á  la  Eeyna  plogo  de  aquel  p&rtido,  é 
acordaron  de  le  restituir  á  Alhama,  é  les  dar  treguas 
por  ciertos  años,  compliendo  ellos  aquello  que  aquel 
Juan  de  Corral  de  su  parte  les  of  rescia ;  porque  era 
mucho  mas  en  cantidad  y  en  calidad  de  lo  que  Al- 
hama era.  E  mandaron  dar  su  carta  á  este  Juan  de 
Corral  condicionalmente :  conviene  á  saber  que  en- 
tregando los  moros  aquellas  villas  é  castillos ,  é  las 
doblas  é  los  captivos  que  prometían ,  le  daban  fa- 
cultad para  que  de  su  parte  les  prometiese  que  Al- 
hama les  seria  restituida.  Este  Juan  de  Corral  fué 
con  este  poder,  firmado  de  los  nombres  del  Eeyé 
de  la  Eeyna,  é  sellado  con  su  sello  real,  al  Eey  mo- 
ro. El  qual  oidas  las  palabras  blandas ,  é  promesas 
graciosas  que  le  ñzo,  mirando  solamente  á  la  firma 
é  al  sello  del  Eey  é  de  la  Eeyna,  é  no  examinando 
el  poder  limitado  que  dieron ,  ni  la  condición  que 
en  él  se  contenia,  dieron  á  este  Juan  de  Corral  cier- 
tas doblas  é  captivos,  con  lo  qual  muy  contento  de 
sí  mesmo,  porque  habia  sabido  engañar  á  los  moros, 
vino  para  el  Duque  de  Náxera.  El  Eey  de  Granada 
conoscido  el  engaño  que  aquel  escudero  habia  fe- 
cho, embió  á  decir  con  sus  axeas  al  Duque  de  Ná- 
xera  la  contratación  engañosa  que  con  él  habia  fe- 
cho aquel  escudero,  é  lo  que  le  habia  dado ,  porque 
le  mostró  poder  del  Eey  é  de  la  Eeyna.  E  que  no  le 
habia  engañado  Juan  de  Corral,  sino  la  firma  é  se- 
llo que  vido  de  tan  altos  é  tan  poderosos  reyes ;  los 
quales  á  semejantes  mensageros  no  debían  confiar 
BUS  cartas  limitadas  ni  en  otra  manera ,  porque  so 
color  dellas  las  gentes  ignorantes  no  recibiesen  en- 
gaños. El  Duque  do  Náxera  sabida  la  manera  de 
aquel  engaño,  embió  aquel  Juan  de  Corral  á  la  villa 
de  Madrid  donde  el  Eey  é  la  Eeyna  estaban ;  á  los 
quales  embió  á  decir  la  querella  que  los  moros  te- 
nían, por  la  manera  que  habia  tenido  para  los  enga- 
ñar. El  Eey  é  la  Eeyna  fueron  muy  indinados  con- 
tra aquel  escudero,  é  mandáronle  prender,  y  embiá- 
ronle  preso  al  Duque  de  Náxera ;  al  qual  embiaron  á 
mandar  que  le  ficiese  restituir  luego  las  doblas  é 
otros  qualesquier  dones  que  habia  recebido  de  los 
moros  ;  é  mandaron  pagar  el  rescate  que  fué  apre- 
ciado por  los  captivos  christianos  que  hablan  solta- 
do. E  si  luego  no  lo  restituyese,  que  gelo  entregase 
preso ,  para  que  ficiesen  del  lo  que  les  ploguiese, 
porque  ninguno  de  sus  mensageros  no  oviese  causa 
de  engañar  con  color  de  sus  letras.  El  Duque  de 
Náxera,  visto  el  mandamiento  del  Eey  é  de  la  Eey- 
na, embió  preso  aquel  Juan  de  Corral  ala  cibdad  de 
Antequera ;  en  la  qual  estovo  preso  en  poder  del  Al- 
cayde ,  fasta  que  enteramente  restituyó  todo  lo  que 
liabía  habido  de  los  moros. 


REYES  DE  CASIÜLLA. 

CAPÍTULO  xvm. 

De  la  guerra  que  se  continó  contra  lag  islas  de  Canaria. 

Dicho  habernos  como  la  Eeyna  mandó  facer  grand 
armada  por  la  mar  para  ir  á  conquistar  las  islas  de 
Canaria ,  é  como  embió  por  capitán  á  un  caballero 
que  se  llamaba  Pedro  de  Vera,  natural  de  la  cibdad 
de  Xerez  de  la  Frontera ,  el  qual  ganó  algunas  vi- 
llas de  aquellos  Canarios.  Esta  conquista  siempre  se 
continó  por  aquel  capitán  con  la  gente  é  provisio- 
nes que  la  Eeyna  le  embiaba  en  la  flota,  que  conti- 
namente tenia  en  la  mar  ;  los  quales  ganaron  las  is- 
las que  se  dicen  la  gran  Canaria,  en  la  qual  aquel 
Pedro  de  Vera  é  la  gente  de  su  capitanía  pasaron 
grandes  trabajos ,  ansí  de  las  cosas  necesarias  al  ves- 
tir é  al  comer,  porque  hablan  de  esperar  que  les  vi- 
niese por  la  mar,  como  en  la  guerra  que  hablan  con 
aquella  gente  bárbara.  Los  quales,  como  quiera  que 
no  tenían  armas,  pero  peleaban  con  piedras  ép¿os 
agudos  con  pedernales,  é  los  tiros  que  facían  eran 
tan  ciertos,  que  ninguno  erraba  donde  quería  dar  ; 
é  tiraban  recio,  que  pasaban  una  adarga,  é  con  tan 
grand  osadía  arremetían  á  ferir,  que  posponían  el 
morir  por  el  matar.  Estos  Canarios  andaban  desnu- 
dos de  la  cintura  arriba,  é  con  yervas  é  pellejos  se 
cubrían  de  la  cintura  abaxo,  y  eran  muy  diestros  en 
el  pelear  por  el  contino  exercicio  que  tenían  en  las 
guerras  que  habían  unos  con  otros.  Esta  isla  de  la 
gran  Canaria  fuera  difícil  de  se  ganar,  salvo  porque 
habia  en  ella  dos  reyes  contrarios  uno  de  otro ;  y 
el  uno  por  haber  venganza  del  otro  su  enemigo ,  se 
juntó  con  este  Pedro  de  Vera  capitán,  é  con  el  ayu- 
da que  le  dio,  fué  vencido  el  Eey  su  contrarío.  E 
aquel  capitán  se  apoderó  de  toda  la  isla ,  é  la  puso 
en  obediencia  del  Eey  é  de  la  Eeyna;  y  embió  á 
este  rey  que  le  ayudó  é  á  su  muger  á  la  villa  de 
Madrid  (1) ,  do  el  Eey  é  la  Eeyna  estaban ;  los  qua- 
les mandaron  proveer  de  todas  las  cosas  necesarias 
á  ellos  ó  á  todos  los  Canarios  que  con  ellos  vi- 
nieron. 

CAPÍTULO  XIX. 

Como  los  moros  desbarataron  al  Maestre  de  Santiago,  é  al  Mar» 
qués  de  Cáliz,  é  á  otros  caballeros  é  capitanes. 

El  Maestre  de  Santiago  Don  Alonso  de  Cárdenas, 
á  quien  el  Eey  é  la  Eeyna  dieron  cargo  de  la  fron- 
tera de  los  moros  por  la  parte  de  Ecija,  é  Don  Eo- 
drígo  Ponce  de  León,  Marqués  de  Cáliz,  fueron  in- 
formados por  algunos  adalides  que  podrían  facer 
guerra  á  los  moros  que  vivían  en  unas  grandes  sier- 
ras cercanas  á  la  mar,  que  se  decían  el  Axarquía,  é 
que  habia  un  lugar  cercano  de  la  cibdad  de  Málaga 
por  donde  las  batallas  de  la  gente  que  llevasen  po- 
drían entrar  é  salir  seguramente  sin  recelo  de  rece- 


(1)  Fué  esto  por  Jonio  de  este  año.  De  las  islas  Canarias  y  sus 
conquistas  y  medios  como  Pedro  de  Vera  traxo  uno  de  los  dos  re- 
yes á  Castilla ,  habló  muy  largamente  el  Cura  de  los  Palacios, 
Uist.delosReyesCalól.,cap.&i,6^y6Qt 


DON  FERNANDO 
bir  dafio  de  los  moros.  E  porque  sabían  que  en  Má- 
laga había  por  estonces  pocos  homes  á  caballo ,  co- 
mo estos  caballeros  fueron  avisados  del  estado  de 
la  tierra,  acordaron  de  juntar  sus  gentes.  E  ficiéron- 
lo  saber  á  Don  Juan  de  Silva ,  Conde  de  Cif  uentes, 
que  estaba  por  guarda  é  Asistente  de  la  cibdad  de 
Sevilla,  é  á  Don  Alonso,  Señor  de  la  casa  de  Aguí- 
lar,  é  á  Don  Pero  Enriquez,  Adelantado  del  Anda- 
lucía ;  los  quales  con  sus  gentes  se  juntaron  con  el 
Maestre  é  con  el  Marqués  de  Cáliz  para  facer  aque- 
lla entrada.  Juntáronse  ansímesmo  con  estos  caba- 
lleros Bernardino  Manrique,  fijo  de  Garcí  Fernandez 
Manrique,  que  tenía  la  guarda  é  la  justicia  de  la 
cibdad  de  Córdoba,  é  Juan  de  Kobres,  Alcayde  é 
Corregidor  de  la  cibdad  de  Xerez ,  con  las  gentes 
de  aquellas  cibdades ;  é  los  Alcaydes  de  Antequera 
é  Morón  é  Archídona  é  de  otras  fortalezas  cercanas 
de  tierra  de  moros ;  é  ansímesmo  Juan  de  Almaraz 
é  Bernal  Francés,  capitanes  de  cierta  gente  de  ar- 
mas de  las  hermandades,  á  quien  el  Bey  é  la  Reyna 
mandaron  que  estoviesen  en  aquella  frontera  á  la 
gobernación  del  Maestre  de  Santiago.  Estos  caba- 
lleros juntaron  sus  gentes  de  á  caballo  é  de  pié.  E 
porque  tantos  é  tales  caballeros,  é  con  tanta  gente 
facían  entrada  en  tierra  de  moros,  otros  algunos  de 
las  cibdades  de  Sevilla,  é  de  Córdoba,  é  de  Ecija,  ó 
de  aquellas  comarcas ,  dellos  movidos  por  servicio 
de  Dios,  otros  por  ganar  honra,  é  otros  por  haber 
robos ,  se  movieron  de  su  voluntad  á  ir  con  ellos. 
Porque  creían,  según  la  mengua  de  gentes  é  de  ca- 
ballos é  las  otras  fatigas  que  los  moros  de  cada  día 
habían  recebido ,  que  no  temían  fuerzas  para  resis- 
tir al  poder  que  estos  caballeros  llevaban.  Todos  es- 
tos capitanes  con  sus  gentes  se  juntaron  en  la  cib- 
dad de  Antequera,  donde  ovieron  diversos  conse- 
jos. El  voto  de  algunos  era  que  entrasen  unos  á  unas 
partes,  é  otros  á  otras.  Algunos  caballeros  que  sa- 
bían aquella  tierra,  dixeron  que  la  aspereza  de 
aquellas  montañas  era  defensa  de  las  gentes  que  las 
moraban ;  é  que  quando  los  venciesen  habrían  poco 
provecho ,  porque  eran  pobres  de  ganados  y  ellos 
se  defenderían  en  las  sierras  y  en  los  lugares  áspe- 
ros, ó  decían  que  en  las  guerras  no  se  debía  aven- 
turar lo  mucho  por  haber  lo  poco.  Al  fin  por  aviso 
de  aquellos  adalides  acordaron  de  entrar  en  aque- 
llas partes,  é  ordenaron  sus  batallas  en  esta  mane- 
ra. Don  Alonso ,  Señor  de  la  casa  de  Aguílar,  y  el 
Adelantado  del  Andalucía  tomaron  cargo  de  llevar 
el  avanguarda,  é  con  estos  iban  por  guiadores  los 
adalides.  Después  de  aquella  batalla  iba  el  Conde 
de  Cif  uentes,  do  iban  algunos  homes  principales  de 
la  cibdad  de  Sevilla.  El  Marqués  de  Cáliz  iba  des- 
pués desta  batalla  con  la  gente  de  su  casa,  é  otros 
algunes  caballeros  del  Andalucía.  La  reguarda  lle- 
vaba el  Maestre  de  Santiago  con  los  caballeros  de 
su  Orden,  é  de  la  cibdad  de  Ecija.  Estos  caballeros 
é  gentes  llevaban  gran  recuage  de  acémilas  é  bes- 
tias ,  en  que  iban  provisiones  para  los  días  que  en 
tierra  de  moros  estoviesen.  Las  batallas  ordenadas 
en  esta  manera,  partieron  de  la  cibdad  de  Anteque- 
rft  un  d^  Miércples  del  mes  de  Mwzo,  é  andovieron 


É  DO^A  ISABEL.  383 

todo  aquel  día  é  la  noche  siguiente.  E  como  aquella 
tierra  adonde  habían  acordado  de  ir  es  metida  en 
tierra  de  los  moros,  no  pudieron  llegar  allá  fasta 
otro  día  Jueves.  Aquel  día  ya  bien  tarde  llegaron  á 
algunas  aldeas ,  que  son  en  aquella  tierra  de  Axar- 
quía;  é  por  ser  mucha  la  gente  de  los  christianos ,  é 
haber  tardado  tanto  en  la  entrada ,  fueron  sentidos 
antes  que  entrasen ;  é  los  moros  ovieron  lugar  de 
alzar  sus  ganados  é  bienes ,  é  se  retraer  á  las  torres 
é  sierras  é  otros  lugares  fuertes  que  estaban  en  aque- 
lla tierra.  E  por  esta  causa  los  christianos  no  pudie- 
ron tomar  salvo  pocos  ganados  é  prisioneros ;  pero 
quemaron  algunas  aldeas  que  fallaron  despobladas. 
Aquellos  caballeros  é  capitanes  que  llevaban  la  de- 
lantera, é  algunos  otros,  se  derramaron  por  todas 
partes  á  buscar  robos  de  ganados  é  de  prisioneros; 
el  Maestre  iba  en  la  retaguarda ,  é  llevaba  su  gente 
junta.  E  pasando  por  una  aldea  de  las  quemadas 
que  se  llamaba  Molinete ,  salieron  los  moros  que  es- 
taban recogidos  en  el  castillo ;  é  como  vieron  á  la 
gente  de  caballo  que  el  Maestre  llevaba  metida  en 
unas  grandes  ramblas  é  barrancos ,  donde  los  caba- 
lleros no  se  podían  bien  rodear  con  los  caballos,  sa- 
lieron de  la  fortaleza  é  pelearon  con  ellos.  Y  en 
aquella  f  acíenda  recibió  el  Maestre  dafio  en  los  su- 
yos, que  los  veía  ferir  é  matar  sin  los  poder  socor- 
rer, ansí  porque  estaba  defendiéndose  de  los  mo- 
ros ,  como  por  la  mala  dispusícion  de  los  lugares ;  y 
embió  llamar  la  gente  que  iba  delante,  que  le  vi- 
niesen á  socorrer.  El  Marqués  de  Cáliz  quando  sopo 
que  los  moros  peleaban  con  el  Maestre ,  é  le  facían 
dafio  en  su  batalla,  tornó  á  le  socorrer  con  la  gente 
de  caballo  é  con  algunos  peones  que  pudo  recoger. 
E  con  el  socorro  que  el  Marqués  fizo,  los  moros  se 
retraxeron,  y  el  Maestre  é  su  gente  pudieron  salir 
de  aquellos  malos  pasos  en  que  estaban  metidos.  Los 
otros  caballeros  é  capitanes  que  iban  en  la  delante- 
ra, habían  quemado  algunas  aldeas  é  andaban  der- 
ramados buscando  ganados  é  prisioneros.  E  porque 
no  sabían  los  malos  pasos  que  en  aquella  tierra  ha- 
bía, metíanse  en  talos  valles  é  angosturas,  que  re- 
cebían  algunos  daños  de  los  moros  que  salian  á  ellos 
de  unas  partes  é  de  otras ,  veyéndolos  abarrancados. 
El  Conde  é  Don  Alonso  y  el  Adelantado,  como  so- 
pieron  que  los  moros  peleaban  con  el  Maestre  é  con 
el  Marqués,  recogiéronse,  é  vinieron  donde  el  Maes- 
tre y  el  Marqués  estaban ;  los  quales  juntos ,  porque 
conocieron  que  la  díspusicion  de  aquella  tierra  era 
mas  para  recebir  dafio  que  para  lo  facer,  especial- 
mente porque  todos  los  homes  é  mugeres  eran  re- 
traídos con  sus  bienes,  acordaron  de  dexar  la  presa 
de  algunos  ganados  que  habían  tomado ,  porque  les 
impedía  la  salida,  é  volver  á  tierra  segura.  E  man- 
daron á  los  adalides  que  los  guiasen  para  salir  de 
aquellas  ramblas  é  lugares  ásperos.  Los  adalides  á 
quien  cometieron  la  guía,  pensando  llevar  la  gente 
por  lugar  mas  seguro,  tomaron  camino  de  una  sier- 
ra tan  alta  é  tan  fragosa,  por  donde  el  peón  podía 
andar  á  gran  pena.  Los  moros  todo  aquel  día  é  la 
noche  pasada,  según  su  costumbre,  ficieron  gran- 
des fuegos  por  muchas  partes  en  las  cumbres  de  lai? 


m 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


BÍerras  y  en  otroB  lugares  altos ;  é  juntáronse  mu- 
chos de  los  que  moraban  en  aquella  serranía,  é  to- 
maron la  delantera  por  donde  iban  los  christianos,  é 
dende  aquellos  lugares  facían  en  ellos  grandes  da- 
ños con  piedras  é  saetas  que  tiraban  por  los  lados 
en  la  reguarda  que  llevaba  el  Maestre.  E  los  chris- 
tianos trabajando  por  salir  de  los  malos  pasos  don- 
de estaban  metidos,  sobrevino  la  noche.  E  recelan- 
do que  en  aquel  camino  por  do  eran  guiados  no  re- 
cibiesen mas  daño ,  volvieron  á  pasar  un  arroyo  fon- 
do debaxo  de  una  sierra  fragosa,  que  los  moros  ha- 
bían ya  subido.  Quando  los  moros  vieron  á  los  chris- 
tianos metidos  en  aquel  valle  angosto,  desde  las 
alturas  tiraban  piedras  y  esquinas,  é  mataban  mu- 
chos christianos;  é  algunos  de  los  que  se  aventura- 
ban á  subir  la  sierra  por  escapar,  morían  cayendo  de 
los  barrancos  altos,  porque  la  escurídad  de  la  noche 
les  impedia,  de  manera  que  ni  veían,  ni  sabían  el 
tino  por  do  habían  de  subir.  E  oyendo  los  alaridos 
de  los  moros ,  é  turbados  con  la  escurídad  de  la  no- 
che é  con  la  aspereza  del  lugar,  enflaquescian ,  é  no 
sabían  que  remedio  diesen  á  la  perdición  que  veian; 
é  sufriendo  esta  pena  estovíeron  fasta  la  media 
noche. 

El  Maestre  é  aquellos  caballeros  é  capitanes ,  ve- 
yendo  á  sus  parientes  é  criados  é  á  las  otras  gentes 
de  sus  capitanías,  á  unos  caer  muertos,  é  á  otros  llo- 
rar sus  ferídas,  é  á  otros  gemir  su  flaqueza;  é  como 
no  tenían  fuerzas  para  pelear,  ni  con  el  cansancio 
de  la  noche  é  de  los  días  pasados  podían  salir  de 
aquella  fondura  do  estaban  señoreados  de  los  mo- 
ros: «Muramos,  dixo  el  Maestre,  faciendo  camino 
«con  el  corazón,  pues  no  lo  podemos  facer  con  las 
» armas,  é  no  muramos  aquí  muerte  tan  torpe.  Su- 
nbamos  esta  sierra  como  bornes,  é  no  estemos  abar- 
)) raneados  esperando  la  muerte,  é  veyendo  morir 
«nuestras  gentes,  no  las  pudiendo  valer.»  E  dicien- 
do estas  palabras,  dellos  á  caballo,  dellos  á  pié,  acor- 
daron do  se  poner  al  peligro  que  podían  recebir  en 
la  subida  de  la  sierra,  é  no  al  que  veian  estando  en 
aquel  valle.  E  defendiéndose  como  mejor  pudieron, 
subieron  fasta  donde  los  moros  estaban.  En  aquella 
subida  se  perdió  el  Alférez  del  Maestre  con  su  se- 
ña, que  se  llamaba  el  Comendador  Diego  Becerra, 
cuya  era  Torre  Mexía ;  é  murió  peleando  un  caballe- 
ro primo  del  Maestre  que  se  llamaba  Juan  Osorío,é 
Juan  de  Bazan ,  Señor  de  la  Granja ;  é  otros  muchos 
de  sus  parientes  é  criados ,  é  de  los  otros  caballeros 
que  trabajando  por  subir  á  lo  alto,  caían  con  la 
fuerza  de  las  esquinas  é  piedras  grandes  que  los 
moros  derribaban.  El  Marqués  que  subió  por  otra 
parte  guiándolo  un  adalid,  pasó  adelante  de  aque- 
lla sierra  con  la  gente  que  le  había  quedado  de  su 
batalla.  El  Maestre  y  el  Conde  de  Cifuentes  é  Don 
Alonso  de  Aguilar  y  el  Adelantado  é  los  otros  capi- 
tanes, que  habían  de  seguir  la  via  que  el  Marqués 
llevaba,  ansí  porque  quedaron  peleando  con  los  mo- 
ros, como  porque  fueron  impedidos  con  la  oscuri- 
dad de  la  noche ,  é  turbados  veyéndose  rodeados  de 
los  moros  por  todas  partes ,  no  pudieron  seguir  el 
(¡amino  que  el  Marqués  habia  llevado,  é  fuéles  ne- 


cesario descender  á  otro  valle.  E  los  mofOB  ovleroii 
lugar  de  se  poner  entre  la  batalla  del  Marqués  é  del 
Maestre  é  de  los  otros  caballeros,  de  manera  que  no 
podían  socorrer  los  unos  á  los  otros ,  ni  menos  los 
que  estaban  juntos  se  podían  ayudar;  porque  cada 
uno  trabajaba  lo  que  podía  por  se  salvar  de  los  ti- 
ros de  piedras  é  saetas  que  por  todas  partes  tiraban 
los  moros  que  sabían  bien  aquella  tierra  é  los  malos 
lugares  donde  la  fortuna  metió  los  christianos.  El 
Marqués  de  Cáliz ,  que  pasó  adelante,  metióse  con 
la  gente  que  le  quedó  en  un  valle ,  pensando  en  él 
estar  mas  seguro,  é  recoger  las  otras  gentes  que  ve- 
nían en  la  rezaga.  E  alguna  parte  de  los  moros  que 
tenían  tomada  la  delantera,  salieron  al  encuentro,  é 
pelearon  con  él  é  con  la  otra  gente  que  le  pudo  acom- 
pañar. E  como  quier  que  fizo  rostro  á  los  moros  ó 
peleó  con  ellos ,  pero  como  su  gente  estaba  cansada 
del  trabajo  que  habían  pasado  en  subir  aquellas 
sierras ,  é  muchos  dellos  f eridos ,  é  los  moros  salían 
todavía  mas  de  refresco ,  é  sabían  los  pasos  donde 
podían  pelear  á  su  salvo ;  los  que  estaban  con  el 
Marqués  no  pudiendo  sofrir  la  fuerza  de  los  moros 
que  entraban  ya  por  ellos,  fueron  desbaratados;  ó 
los  que  tovieron  fuerzas  para  fuír  se  pusieron  en 
fuida,  é  todos  los  otros  fueron  muertos  é  presos.  El 
Marqués  visto  el  destrozo  de  los  suyos,  tomó  otro 
caballo,  porque  el  suyo  ya  estaba  cansado  é  mal  fe- 
rido ,  é  guíándole  un  adalid  por  una  sierra  alta  que 
duraba  quatro  leguas ,  se  pudo  salvar.  E  los  moros 
siguieron  el  alcance  fasta  media  legua,  matando  é 
captívando  muchos  de  los  christianos.  Allí  en  aquel 
destrozo  mataron  los  moros  á  Don  Diego ,  é  á  Don 
Lope,  é  á  Don  Beltran,  hermanos  del  Marqués ,  é  á 
Don  Lorenzo,  é  á  Don  Manuel,  sus  sobrinos,  é  otros 
muchos  de  sus  parientes  é  criados ,  é  de  los  otros 
que  se  llegaron  á  su  compañía.  El  Maestre  de  San- 
tiago y  el  Conde  de  Cifuentes  y  el  Adelantado  é  Don 
Alonso  de  Aguilar  é  los  otros  capitanes  con  las  otras 
gentes  que  quedaron  en  una  ladera  de  aquella  sier- 
ra, como  estaban  muy  cansados  y  enflaquecidos  de 
los  trabajos  de  la  noche  é  de  los  días  pasados,  é  no 
sabían  los  pasos  de  aquella  sierra,  caían  muchos  al 
fondo  del  valle.  Otros  se  metían  en  poder  de  los  ene- 
migos, porque  elegían  antes  perder  la  libertad  que 
la  vida,  pues  no  podían  pelear.  Los  moros  daban 
grandes  alaridos  con  el  orgullo  del  vencimiento  ;  é 
los  christianos  gemían  las  muertes  que  veian  de  los 
suyos,  é  las  que  ellos  esperaban.  Los  caballeros  é  ca- 
pitanes principales  puestos  en  angustia  é  no  veyen- 
do reparo,  estaban  turbados,  é  fallecíales  el  conse- 
jo ,  porque  todas  sus  gentes  estaban  derramadas  por 
aquellas  sierras,  é  tan  grande  era  el  temor  que  te- 
nían ,  que  ninguno  sabia  de  su  compañero  ni  le  po- 
día ayudar.  A  tal  estado  vinieron  los  christianos  en 
aquella  hora,  que  ni  oían  señal  de  trompeta,  ni 
veían  seña  que  guardasen ,  ni  donde  se  acaudilla- 
sen. El  Maestre  de  Santiago ,  visto  el  perdimiento 
de  aquella  hueste,  dixo:  «O  Dios  bueno,  grande  es 
«por  cierto  la  ira  que  el  día  de  hoy  has  querido  mos- 
wtrar  contra  los  tuyos,  pues  vemos  que  la  gran 
«desesperación  que  estos  moros  tenían,  geles  h* 


DON  FERNANDO 
«convertido  en  tal  osadía,  para  que  sin  armas  ba- 
»yan  victoria  de  nosotros  armados.»  Algunos  de  sus 
parientes  é  criados  que  con  él  estaban,  le  dixeron: 
«Ya  vedes,  Señor,  este  perdimiento;  dexad  el  es- 
»fuerzo  para  pelear,  é  habed  consejo  para  escapar, 
»pues  vedes  que  no  hay  otro  remedio,  sino  poneros 
j)  en  salvo ,  porque  no  padezcáis  vos ,  é  con  vos  to- 
»do8  estos  vuestros  parientes  é  criados,  é  las  otras 
»  gentes  que  ha  placido  á  Dios  que  queden  vivas ; 
«porque  vuestra  estada  aquí  no  sea  causa  de  perdi- 
»cion  de  todos.»  Esto  mesmo  decían  sus  parientes  é 
criados  á  cada  uno  de  los  otros  caballeros.  El  Maes- 
tre porque  no  veia  lugar  de  pelear,  é  conoció  que  to- 
dos perescerian  si  él  allí  esperase,  dixo  :  «No  vuel- 
»vo  las  espaldas  por  cierto  á  estos  moros,  pero  fu- 
nyo.  Señor,  la  tu  ira,  que  se  ha  mostrado  hoy  con- 
»tra  nosotros  por  nuestros  pecados,  que  te  ha  placi- 
))do  castigar  con  las  manos  destas  gentes  infieles.» 
E  luego  le  dieron  un  caballo ,  porque  estaba  á  pió ;  é 
guiándole  un  adalid  por  lugares  muy  ásperos  se 
salvó.  Salieron  ansiraesmo  el  Adelantado,  é  Don 
Alonso  de  Aguilar,  cada  uno  por  su  parte ,  subien- 
do aquellas  sierras  por  lugares  fragosos ,  porque  los 
moros  no  los  siguiesen.  Muchos  homes  que  estaban 
á  caballo  fueron  muertos  é  presos  en  aquel  desbara- 
to ;  porque  f uyendo  por  las  cuestas  altas ,  los  que 
estaban  á  pié  se  asían  á  las  colas  de  los  caballos,  por 
haber  mas  fuerza  para  subir ;  é  los  caballos  no  pu- 
diendo  sufrir  el  trabajo  de  la  subida,  caían  é  que- 
daban en  el  camino  el  caballero  y  el  peón.  El  Con- 
de de  Cif uentes  con  algunos  de  los  suyos  que  se  fa- 
llaron con  él  en  un  lugar  muy  estrecho ,  veyéndose 
cercados  por  todas  partes ,  é  que  no  podían  escapar 
peleando,  por  la  multitud  de  las  piedras  é  saetas  que 
le  tiraban ,  se  dio  á  prisión ,  é  fué  llevado  él  y  otro 
BU  hermano ,  que  se  llamaba  Don  Pedro  de  Silva ,  á 
la  cíbdad  de  Granada,  con  algunos  otros  de  los  su- 
yos que  pelearon  con  él.  Los  moros  siguieron  el  al- 
cance por  todas  partes  donde  iban  los  christíanos 
f  uyendo ,  é  prendieron  muchos  dellos ,  é  otros  algu- 
nos que  tiraron  por  diversas  partes  se  salvaron.  Per- 
dieron allí  los  christíanos  todas  las  armas  que  lle- 
vaban, é  la  mayor  parte  de  los  caballos,  é  todo  el 
f ardage ,  que  era  en  gran  cantidad ;  é  fueron  presos 
los  Alcaydes  de  Antequera  ó  de  Morón ,  é  Juan  de 
Robres ,  é  Bernardíno  Manrique ,  é  Juan  de  Pineda» 
é  Juan  de  Monsalve,  é  otros  muchos  caballeros  prin- 
cipales ,  que  fueron  en  aquella  entrada.  E  la  victo- 
ria de  los  moros  fué  tan  grande ,  y  el  esfuerzo  de 
los  christíanos  tan  pequeño ,  que  dos  moros  desar- 
mados prendían  cinco  ó  seis  christíanos  de  los  que 
andaban  perdidos  por  aquellas  sierras,  é  los  lleva- 
ban á  la  cibdad  de  Málaga,  que  era  cerca  de  aquel 
lugar  donde  fué  este  desbarato.  E  algunas  mugeres 
moras  salían  de  la  cibdad  de  Málaga,  é  prendían  los 
christíanos  que  fallaban  derramados  é  perdidos  por 
los  campos.  Falláronse  allí  mil  captivos  é  mas  que 
fueron  llevados  á  otras  partes. 

Este  desbarato  que  ovieron  los  christíanos  fué 

grande ,  lo  qual  en  lo  público  pareció  haber  seydo 

por  la  mala  guia  de  loa  ftdaUdesj  lo  secreto  niogu- 

Cr^IÍI, 


É  DOÑA  ISABEL.  3á5 

no  lo  pudo  conocer,  sino  solo  Dios ,  en  cuya  mano 
son  los  vencimientos  de  las  batallas.  Pero  según  el 
juicio  de  los  homes,  bien  se  mostró  haber  acaescido 
por  el  orgullo  é  soberbia  que  tovieron  los  christía- 
nos, teniendo  en  poco  las  fuerzas  del  enemigo ;  é 
porque  olvidaban  la  confianza  que  debían  tener  en 
Dios,  la  pusieron  en  la  fuerza  de  la, gente  (1). 

CAPÍTULO  XX. 

De  como  el  Conde  de  Cabra  y  el  Alcayde  de  log  Honceles  vencie- 
ron en  batalla  al  Rey  de  Granada,  é  le  preudieron. 

Contado  habemos  la  división  que  habia  entre  los 
moros,  é  como  la  mayor  parte  de  los  principales  de 
aquel  Reyno  de  Granada  dexaron  al  Rey  que  tenían, 
é  se  juntaron  con  su  fijo  mayor,  é  le  alzaron  por  Rey; 
é  como  durante  esta  división  los  moros  tenían  entre 
sí  guerra,  allende  de  la  que  los  christíanos  les  fa- 
cían. El  Rey  Moro  que  se  llamaba  Alimuley  Bahab- 
deli ,  veyendo  que  su  poder  era  mayor  que  el  de  su 
padre,  é  conociendo  que  los  moros  tenían  afición  á 
aquel  Rey  que.mayor  guerra  facía  á  loa  christíanos, 
juntó  la  mas  gente  de  píe  é  de  caballo  que  pudo  ha- 
ber en  el  Reyno  de  Granada.  É  considerando  que  la 
frontera  de  Córdoba,  é  de  Écija,  é  de  todas  aquellas 
partes,  por  el  desbarato  que  los  christíanos  ovieron 
en  el  mes  de  Marzo  pasado ,  estaría  menguada  de 
gente ,  é  que  no  fallaría  resistencia  ;  acordó  de  en- 
trar en  tierra  de  christianos,  é  puso  real  sobre  la  vi- 
lla de  Lucena,  que  es  del  Alcayde  de  los  Donceles, 
é  taló  los  panes  é  viñas  de  aquella  villa,  é  de  la  vi- 
lla de  Aguilar,  é  de  otros  lugares  do  la  comarca.  La 
nueva  desta  entrada  vino  á  Don  Diego  Fernandez 
de  Córdoba,  Conde  de  Cabra,  que  estaba  en  la  su 
villa  de  Baena;  é  luego  juntó  la  mas  gente  que  pu- 
do, é  fué  para  la  villa  de  Lucena,  donde  sopo  que 
estaba  el  Rey  de  Granada  con  toda  su  gente,  é  allí 
se  juntó  con  él  el  Alcayde  de  los  Donceles.  Como 
los  moros  sopieron  que  el  Conde  venía  contra  ellos, 
ovieron  su  acuerdo  de  alzar  el  real,  é  volver  con 
toda  la  cavalgada  que  llevaban  para  la  cibdad  de 
Loxa.  El  Conde  de  Cabra  y  el  Alcayde  de  los  Don- 
celes, teniendo  menor  número  de  gente  á  caballo  é 
á  pie  que  tenia  el  Rey  de  Granada ,  movidos  mas 
por  alguna  inspiración  divina  que  por  ninguna  ra- 
zón humana,  acordaron  de  seguir  á  los  moros,  é 
pusieron  tal  diligencia,  que  los  alcanzaron  fasta  le- 
gua é  medía  de  Lucena,  en  un  lugar  que  se  llama  el 
Arroyo  de  Martin  González.  B  como  fueron  á  vista 
dellos,  pusieron  toda  su  gente  en  una  batalla,  y  es- 

(1)  En  el  MS.  del  Señor  Nava  se  añade  lo  siguiente:  «La  qual 
«escusaran,  si  al  salir  fueran  juntos  con  ios  adarves  de  Málaga: 
»é  porque  no  dieron  tantas  gracias  á  Dios  quantas  liabian  de  dar 
•por  la  toma  de  Alliama ;  que  nrticlios  dellos  llevaban  dineros  para 
■comprar  el  despojo  de  los  moros,  de  manera  que  iban  masa 
•mercadear  que  á  servirá  Dios:  porque  pensaban  que  habia  de 
•ser  el  despojo  como  el  de  Alliama.»  Sucedió  esta  derrota  dia  do 
San  Benito,  á  21  de  Marzo,  como  apunta  el  sumario  «le  Galindez,  y 
mas  largamente  el  Cura  de  los  Palacios,  que  cuenta  mas  por  me- 
nor este  hecho,  y  discrepa  algo  en  el  número  de  los  muertos  y 
prisioneros,  que  bace  subir  hasta  mil  y  quinientos.  Bemald»  ear 
titulo  60. 

2¿ 


886 


CRÓNIOAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


peraron  los  peones  que  traían,  ó  amonestáronles 
que  ficiesen  lo  que  buenos  christianos  é  bornes  es- 
forzados deben  facer  ;  é  que  esperaban  en  la  mise- 
ricordia de  Dios ,  y  en  la  Virgen  gloriosa  su  madre, 
que  les  daria  victoria  de  aquella  gente  infiel.  Algu- 
nos veyendo  que  los  moros  eran  en  número  mucho 
mayor  que  los  christianos,  fueron  turbados,  é  de- 
cían que  con  mayor  deliberación  debían  salir  al 
campo ,  é  con  mas  gente  debieran  seguir  los  enemi- 
gos, ó  ponerse  en  aquel  lugar  do  estaban ;  é  quisie- 
ran facer  por  su  voluntad  lo  que  la  vergüenza  les 
ímpidia.  El  Conde  cuando  vido  los  ánimos  de  aque- 
llos dubdosos  é  algo  enflaquecidos,  esforzábalos  di- 
ciendo que  la  vida  en  poco  tiempo  se  pasaba,  é 
con  pequeña  dolencia  se  atajaba,  ó  que  la  debían 
aventurar  por  haber  fama  loable  si  venciesen,  é 
gloria  sí  allí  muriesen ;  é  que  en  tal  lugar  estaban 
puestos ,  donde  toda  esperanza  de  la  vida  estaba 
puesta  en  el  esfuerzo,  é  no  en  la  fuída.  Y  esforzan- 
do toda  su  gente  con  semejantes  razones,  fueron 
contra  los  moros. 

Los  moros  venían  en  tres  batallas :  en  la  una  ve- 
nia el  Rey  de  Granada,  en  la  otra  venía  el  Algua- 
cil mayor,  y  en  la  otra  venia  por  capitán  el  Alatar 
de  Loxa.  El  Rey  de  Granada  y  estos  capitanes  mo- 
ros quando  vieron  que  el  Conde  de  Cabra  y  el  Al- 
cayde  de  los  Donceles  con  sus  gentes  venían  contra 
ellos  en  batalla,  juntaron  las  tres  batallas  que  traian 
en  una.  E  los  peones  moros  siguieron  adelante  su 
camino  con  la  cavalgada  que  llevaban;  é  los  moros 
con  gran  alarido  é  muy  gran  denuedo  vinieron  con- 
tra el  Conde  é  contra  el  Alcayde,  pensando,  según 
su  costumbre  de  pelear ,  que  los  christianos  no  pu- 
diendo  sufrir  su  arrebatado  acometimiento ,  venci- 
dos súbitamente  de  miedo,  se  pondrían  en  fuída.  E 
plogo  á  Dios  é  la  Virgen  su  madre  de  les  dar  es- 
fuerzo para  sofrir  aquel  riguroso  acometimiento  de 
los  moros.  E  como  los  unos  estaban  ya  cerca  de  los 
otros  para  se  encontrar,  quan  grande  fué  el  arreba- 
tamiento que  ovieron  los  moros  para  acometer,  tan 
grande  ó  mayor  fué  para  volver  las  espaldas ;  é 
luego  sin  esperar  los  primeros  encuentros,  se  pu- 
sieron en  fuida.  Y  el  Conde  y  el  Alcayde  de  los 
Donceles  fueron  contra  ellos  matando  é  captivando 
fasta  un  lugar  que  so  llama  Xezna,  que  es  cinco 
leguas  de  Lucena ;  é  tomaron  toda  la  cavalgada 
que  los  moros  desampararon.  La  nueva  deste  des- 
barato vino  á  Don  Alonso  de  Aguilar  que  estaba 
en  la  cíbdad  de  Antequera,  é  cavalgó  luego  con  la 
gente  de  caballo  que  pudo  haber,  é  púsose  en  el 
atajo  de  los  moros  que  iban  fuyendo ,  ó  captivo  é 
mató  muchos  dellos.  En  aquel  lugar  se  fallaron 
muertos  fasta  mil  moros,  allende  de  los  que  murie- 
ron en  otras  partes;  é  fué  preso  el  Rey  de  Granada, 
é  murieron  algunos  Alcayde  ó  cabeceras  del  Rey- 
no  de  Granada,  en  especial  murió  el  Alatar  que  era 
Alcayde  é  capitán  de  Loxa,  é  fué  tomado  el  recuaje 
que  traian,  é  fueron  traídos  presos  á  la  villa  de  Lu- 
cena é  Aguilar  muchos  dellos.  E  fueron  tomadas 
nueve  banderas,  las  quales  con  la  cabeza  de  un  Rey 
puesta  en  una  cadena,  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  fa- 


cultad que  el  Conde  trajese  en  el  escudo  de  sns  ar- 
mas, y  en  las  orlas  que  están  en  circuito  del  escu- 
do. Cogido  el  despojo ,  é  traído  el  Rey  Moro  ante  el 
Conde  de  Cabra ,  visto  como  poco  antes  la  fortuna 
le  dio  poder  de  rey,  y  el  infortunio  le  puso  tan  pres- 
to en  estado  de  subjeto,  por  le  consolar  le  díxo 
que  si  como  home  discreto  le  considerase  el  presu- 
roso movimiento  de  las  cosíis  humanas ,  ni  la  pros- 
peridad que  poco  antes  tovo  le  debía  alterar,  ni  la 
adversidad  que  tan  presto  le  vino  le  debía  entriste- 
cer. Porque  ansí  como  el  bien  pasado  no  tovo  fir- 
meza, ansí  el  mal  presente  se  puede  mudar.  E  con 
estas,  é  con  semejantes  palabras  consolándole,  ó 
guardándole  la  honra  que  debía  como  á  rey,  lo  lle- 
vó preso  á  la  su  villa  de  Baena.  Sabido  por  los  mo- 
ros este  desbarato,  é  como  su  Rey  era  preso,  algunos 
caballeros  de  aquel  Reyno ,  que  le  obedecían  por 
rey,  se  tomaron  á  la  obediencia  del  Rey  su  padre. 

CAPÍTULO  XXL 
Como  el  Rey  entró  en  la  vega  de  Granada,  é  de  la  tala  que 

fiEO. 

El  propósito  del  Rey  é  de  la  Reyna  era  contínar 
la  guerra  que  tenían  comenzada  contra  los  moros. 
E  acordaron  que  este  afio  se  ficíese  tala  en  la  vega 
de  Granada ,  é  para  la  facer  mandaron  apercebir  á 
todos  los  caballeros  é  gentes  que  moraban  en  aque- 
llas partes  del  Andalucía,  é  del  Reyno  de  Toledo, 
é  de  algunas  cibdades  é  villas  que  son  allende  loa 
puertos  hasta  Castilla  la  vieja ;  é  mandaron  adere- 
zar todas  las  cosas  necesarias  á  la  guerra.  E  como 
el  Rey  vino  de  la  cíbdad  de  Astorga  para  la  villa  de 
Madrid  do  estaba  la  Reyna,  luego  otro  día  partió 
para  la  cíbdad  de  Córdoba.  La  Reyna  ansimesmo 
partió  de  Madrid,  é  fué  para  la  cíbdad  de  Sancto 
Domingo  de  la  Calzada,  é  fué  con  ella  el  Cardenal 
de  España ,  é  algunos  otros  Doctores  del  su  Conse- 
jo ,  para  entender  en  las  cosas  tocantes  á  la  gober- 
nación del  Condado  de  Vizcaya ,  é  de  la  provincia 
de  Guipúzcoa ,  é  de  todas  aquellas  partes  de  Castilla 
la  vieja,  é  de  otras  cosas  tocantes  al  casamiento 
que  era  movido  del  Príncipe  Don  Juan  su  fijo  con 
la  Reyna  de  Navarra,  que  según  habernos  dicho, 
subcedió  en  aquel  Reyno  por  la  muerte  del  Rey  Fe- 
bus  BU  hermano.  E  como  el  Rey  llegó  á  Córdoba,  no 
se  detovo  en  aquella  cíbdad ,  porque  el  tiempo  de 
facer  la  tala  se  pasaba.  E  luego  partió  para  la  villa 
de  Almodovar,  ó  fueron  con  él  el  Duque  de  Náxe- 
ra,  y  el  Duque  de  Alburqu erque ,  y  el  Maestre  de 
Santiago,  y  el  Marqués  de  Villena ,  y  el  Marqués 
de  Cáliz,  y  el  Conde  de  Cabra,  é  Don  Pedro  Puer- 
tocarrero ,  Conde  de  Medellin ,  é  Don  Garci  López  de 
Padilla,  Maestre  de  Calatrava,  y  el  Conde  de  Mon- 
te-Rey, é  Don  Gutierre  de  Sotomayor,  Conde  de  Be- 
lalcázar,  é  Don  Pedro  de  Acuña,  Conde  de  Buendfa 
é  Adelantado  de  Cazorla ,  é  Don  Iñigo  López  de 
Mendoza,  Conde  de  Tendí  lia,  é  Don  Juan  de  Guz- 
man,  fijo  del  Duque  de  Medinasidonía,  é  Don  Enri- 
que Enriquez ,  Mayordomo  mayor  del  Rey,  ó  Luía 
Fernandez  Fnertocarrero,  Sefior  de  Palma,  é  Bo' 


DON  FEENANDO 
árigo  de  Ulloa,  su  Contador  mayor,  é  Don  Feman- 
do de  Velasco ,  capitán  de  la  gente  del  Duque  del 
Infantadgo,  y  el  Alcayde  de  los  Donceles,  é  Don 
Francisco  de  Estúfiiga ,  fijo  del  Duque  de  Plasencia. 
Vinieron  ansimesmo  á  servir  al  Eey  é  á  la  Reyna 
una  gente  que  se  llamaba  los  Suizos ,  naturales  del 
Eeyno  de  Suecia  (1),  que  es  en  la  alta  Alemana. 
Estos  son  homes  belicosos,  é  pelean  á  pié,  é  tienen 
propósito  de  no  volver  las  espaldas  á  los  enemigos; 
é  por  esta  causa  las  armas  defensivas  ponen  en  la 
delantera,  é  no  en  otra  parte  del  cuerpo,  é  con  esto 
son  mas  ligeros  en  las  batallas.  Son  gentes  que 
andan  á  ganar  sueldo  por  las  tierras ,  é  ayudan  en 
las  guerras  que  entienden  que  son  mas  justas.  Son 
devotos  é  buenos  christianos ;  tomar  cosa  por  fuer- 
za repútanlo  á  gran  pecado. 

Como  todas  las  gentes  que  el  Rey  mandó  llamar 
fueron  juntas ,  partió  de  la  villa  de  Almodovar,  é 
poniendo  sus  reales  llegó  fasta  un  lugar  que  dicen 
el  Carrizal ;  é  allí  esperó  el  artillería  que  iba  en  su 
hueste,  ansimesmo  todo  el  recuage  de  los  mante- 
nimientos é  otras  cosas.  E  mandó  facer  alarde  de  la 
gente  que  llevaba,  é  falló  que  estaban  juntos  en 
aquel  real  fasta  diez  mil  homes  de  caballo  á  la  gi- 
neta  é  á  la  guisa,  é  veinte  mil  homes  á  pié,  é  otros 
treinta  mil  peones  diputados  solamente  para  talar. 
E  allende  desto  iban  en  aquella  hueste  otra  gran 
copia  de  gentes  que  tenían  cargo  de  ir  con  las  bes- 
tias que  llevaban  los  mantenimientos  para  bastecer 
la  hueste.  Otrosí  los  que  llevaban  los  bastimentos  é 
cosas  necesarias  para  proveimiento  do  la  cibdad  de 
Alhama.  En  esta  hueste  iban  con  los  bastimentos  é 
artillería  fasta  ochenta  mil  bestias  de  recuage.  E 
mandó  el  Rey  ordenar  las  batallas  de  la  gente  de 
armas  é  de  pié  en  esta  manera.  Al  Maestre  de  San- 
tingo ,  é  al  Marqués  de  Cáliz ,  é  á  Don  Alonso  de 
Aguilar,  é  á  Luis  Fernandez  Puertocarrero ,  Se- 
ñor de  Palma ,  mandó  llevar  el  avanguarda  con  las 
gentes  de  sus  casas.  A  Don  Garci  López  de  Padilla, 
Maestre  de  Calatrava,  é  al  Conde  de  Monte-Rey 
mandó  ir  en  otra  esqaadra.  A  Don  Francisco  de 
Estúñiga  con  la  gente  del  Duque  de  Plasencia  su 
padre,  é  del  Maestre  de  Alcántara  su  hermano  man- 
dó ir  en  otra  esquadra.  Al  Conde  de  Belalcázar,  é  á 
Don  Fadrique,  fijo  del  Duque  de  Alba,  mandó  que 
fuesen  en  otra  esquadra.  Al  Duque  de  Náxera  con 
la  gente  de  su  casa  é  con  la  gente  de  las  cibdades 
de  Jaén  é  Úbeda  é  Baeza  mandó  ir  en  otra  esqua- 
dra. Al  Duque  de  Alburquerque,  é  á  Don  Juan  de 
Guzman,  fijo  del  Duque  de  Medinasidonia,  mandó 
ir  en  otra  esquadra.  En  la  batalla  real  donde  iba  su 
persona,  iban  mil  caballeros,  los  quinientos  homes 
de  armas  á  la  guisa  con  caballos  encubertados,  é 
otros  quinientos  á  la  gineta ;  estos  eran  todos  cria- 
dos suyos  é  de  la  Reyna,  que  andaban  continos  en 
su  guarda.  E  mandó  á  Don  Diego  López  Pacheco, 
Marqués  de  Villena,  que  fuese  por  capitán  de  aque- 
lla batalla,  en  la  qual  iba  por  Alférez  de  su  estan- 
darte real  Don  Alonso  de  Silva  que  lo  servia  por 

(1)  Asi  dice  el  original  que  nos  sirve  de  texto. 


É  DOÑA  ISABEL.  387 

Don  Juan  de  Silva,  Conde  de  Cifuentes,  su  herma- 
no ,  que  estaba  preso  en  Granada.  En  la  esquadra 
de  la  rezaga  mandó  ir  al  Conde  de  Buendia,  é  á 
Don  Juan  de  Sotomayor,  Señor  de  Alconchel,  é  á 
Don  Fernando  de  Velasco,  capitán  de  la  gente  del 
Duque  del  Infantadgo ,  é  á  la  gente  del  Duque  de 
Medinaceli ,  é  á  Martin  Alonso ,  Señor  de  Montema- 
yor.  Los  peones  mandó  repartir  en  esquadras ,  cada 
una  con  su  capitán  en  los  lugares  convinientes.  E 
con  el  artillería  é  f ardage  iban  otras  gentes  á  caba- 
llo é  á  pié  de  las  cibdades  de  Sevilla  é  de  Córdoba  é 
de  Écija  é  de  toda  el  Andalucía  con  sus  capitanes. 
Ordenadas  las  batallas  en  esta  manera  que  habe- 
mos  dicho ,  el  Rey  fué  fasta  un  lugar  que  se  llama- 
ba la  Cabeza  de  los  Ginetes.  E  otro  dia  entró  mas 
adentro  en  tierra  de  moros,  é  mandó  asentar  su  real 
junto  con  Illora,  que  es  villa  muy  fuerte  de  moros; 
de  la  qual  salieron  algunos  moros  á  escaramuzar 
con  la  gente  de  caballo  que  iba  en  la  delantera,  ó 
con  los  peones  que  iban  con  ellos.  Los  quales  pelea- 
ron é  retraxeron  á  los  moros ,  y  entraron  juntamente 
peleando  con  ellos  por  el  arrabal.  Los  moros  visto 
que  el  arrabal  era  tomado,  retraxérouse  á  la  villa. 
E  como  los  christianos  se  apoderaron  del  arrabal,  el 
Rey  mandó  quemar  algunas  parvas  de  panes,  que  los 
moros  tenían  puestas  bien  cerca  del  muro  de  la  vi- 
lla, recelando  la  tala  que  el  Rey  entraba  á  facer  en 
aquella  tierra.  E  los  moros  por  defender  los  panes 
del  fuego  ,  é  los  christianos  por  los  quemar,  pelea- 
ron los  unos  contra  los  otros ,  é  fué  entre  ellos  bien 
f  erida  aquella  escaramuza.  En  la  qual  los  christianos 
recebian  daño  de  los  tiros  de  piedras  é  saetas  é  es- 
pingardas, que  los  moros  tiraban  desde  el  muro,  por 
defender  los  panes.  El  Eey  visto  el  daño  que  rece- 
bian los  suyos,  fizólos  retraer  de  la  pelea;  é  mandó 
á  los  artilleros  que  tirasen  con  los  ribadoquines  al 
muro,  é  á  los  otros  lugares  do  estaban  los  moros  de- 
fendiendo, é  de  aquellos  recebian  los  moros  tanto 
daño,  que  desempararon  los  lugares  donde  defen- 
dían las  parvas ,  é  los  christianos  ovieron  lugar  de 
ponerles  fuego,  aunque  estaban  bien  juntos  con  el 
muro  de  la  villa.  Mandó  ansimesmoel  Rey  quemar 
todo  aquel  arrabal,  é  quedó  la  villa  destruida  por 
la  gran  tala  que  en  todo  aquel  término  se  fizo.  An- 
simesmo mandó  al  Conde  de  Cabra,  é  á  Don  Alonso 
de  Aguilar,  que  fuesen  á  una  villa  que  se  llama 
Monte  Frío  á  la  talar  con  dos  mil  homes  á  caballo,  é 
diez  mil  peones  taladores.  Estos  caballeros  cumplien- 
do lo  que  el  Eey  les  mandó,  fueron  luego,  é  pusieron 
toda  la  gente  do  armas  á  la  puerta  de  la  villa,  por 
resistir  á  los  moros  si  saliesen  á  defender  la  tala; 
entretanto  que  los  peones  taladores  talaron  todas 
las  huertas  ó  panes,  é  otras  cosas  que  en  el  término 
de  aquella  villa  fallaron  en  circuito  de  una  legua. 

CAPÍTULO  XXII. 

De  como  se  tomó  la  villa  de  Tajara. 

Fecha  la  tala  de  aquellas  villas ,  el  Eey  vino  con 
toda  su  hueste  áotra  villa  que  se  llamaba  Tajara, é 
puestas  sus  batallas  en  orden  venian  por  el  camina 


38d 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


los  peones  á  pié  que  eran  señalados  para  talar,  é 
derribando  molinos,  é  quemando  huertas,  é  talan- 
do árboles  por  todos  los  campos.  E  allende  de  lo 
que  los  peones  taladores  facían ,  la  multitud  de  la 
hueste  no  dexaba  cosa  inhiesta  dos  leguas  en  der- 
redor de  la  tierra  que  pasaban.  E  como  el  Rey  llegó 
á  aquella  villa  de  Tajara ,  porque  estaba  en  tal  co- 
marca, que  los  que  guardabah  á  Alhama,  recebian 
della  gran  dafio ,  é  los  moros  de  Loxa  gran  ayuda, 
mandóla  combatir.  E  luego  los  f erreros  é  carpinte- 
ros que  traia  en  su  hueste ,  de  la  madera  de  los  ár- 
boles que  talaron,  ficieron  bancos  pinjados ,  é  man- 
tas, é  otras  cosas  necesarias  para  el  combate.  E  co- 
mo quier  que  los  moros  que  estaban  dentro  eran 
homes  cursados  en  la  guerra,  é  aventuraban  la  vida 
por  defender  la  entrada  á  los  christianos  ;  al  fin  no 
pudiendo  sofrir  los  combates  que  les  fueron  dados, 
desampararon  la  villa,  é  los  que  pudieron  se  retra- 
xeron  á  la  fortaleza ,  é  los  christianos  la  pusieron  á 
sacomano.  Entrada  la  villa ,  los  votos  de  algunos 
caballeros  é  capitanes  eran  que  la  fortaleza  no  se 
combatiese ,  porque  decian  que  el  muro  era  muy 
fuerte,  é  no  habia  lombardas  gruesas  con  que  se 
pudiese  derribar.  El  votó  de  otros  era  que  debia  el 
Rey  mandar  llegar  los  bancos  pinjados,  é  tentar 
con  los  picos  el  muro,  por  ver  si  se  podría  cavar 
por  baxo ,  para  se  poner  en  cuentos.  El  Rey  visto 
el  parecer  de  los  unos  é  de  los  otros ,  mandó  que  se 
combatiese  la  fortaleza,  conociendo  que  se  habían 
recogido  en  ella  tantos  moros  é  moras  de  los  viejos 
é  criaturas,  que  no  podían  tener  mantenimientos 
para  se  sostener,  é  que  la  turbación  que  tenían  en 
ver  tomada  la  villa ,  les  quitaría  las  fuerzas  para 
defender  la  fortaleza.  E  mandó  al  Maestre  de  San- 
tiago ,  é  al  Marqués  de  Cáliz ,  é  á  Don  Alonso  de 
Aguilar,  que  toviesen  cargo  de  combatir  la  una 
parte  del  castillo,  é  al  Duque  de  Náxera,  é  á  Luis 
Fernandez  Puertocarrero ,  mandó  combatir  por  otra 
parte.  E  á  Don  Fernando  de  Velasco,  capitán  de  la 
gente  del  Duque  del  Infantadgo,  mandó  combatir 
una  de  las  torres  que  estaban  á  la  puerta  de  la  for- 
taleza. E  á  Garci  Fernandez  Manrique  mandó  que 
con  la  gente  de  Córdoba  combatiese  otro  pedazo 
del  lienzo  de  la  cerca.  Repartidos  estos  combates, 
aquellos  caballeros  é  capitanes,  jcada  uno  por  su 
parte  comenzó  el  combate.  E  los  moros  se  pusieron 
en  defensa  é  tiraban  piedras ,  é  tiros  de  pólvora ,  é 
saetas  desde  los  muros  é  torres ,  é  facían  gran  daño 
en  los  christianos.  Aquel  combate  duró  dende  la 
mañana  fasta  hora  de  vísperas  ;  en  el  qual  fueron 
muertos  éferidos  algunos  fijos-dalgo,  especialmen- 
te fué  f crido  Don  Enrique  Enriquez,  Mayordomo 
mayor  del  Rey,  de  una  espingarda  en  el  pié.  Los 
moros  visto  que  los  christianos  habían  llegado  al 
muro ,  echaban  de  arriba  manojos  de  lino  é  de  cá- 
ñamo ,  bañados  en  azeyte  é  pez  ardiendo ;  con  los 
quales  quemaron  algunos  bancos  pinjados,  aman- 
tas. Los  christianos  que  estaban  debaxo,  desampa- 
raron los  bancos ,  que  no  los  pudieron  sostener  por 
el  fuego  que  los  moros  de  arriba  habían  lanzado.  E 
por  esta  causa  aquel  día  no  se  pudo  tomar  el  cas- 


tillo. Otro  día  el  Rey  mandó  tornar  al  combate,  é 
tan  grande  fué  la  priesa  que  los  christianos  dieron, 
que  los  moros  no  pudiendo  defender  el  muro  por  la 
multitud  de  las  espingardas  é  saetas  é  otros  tiros 
de  pólvora  que  les  tiraban ,  demandaron  seguridad 
á  los  que  cambatían.  E  habido  el  seguro,  embíarou 
un  alf  aquí  al  Rey ,  á  le  of  rescer  el  castillo ,  si  le  plo- 
guiese  dar  seguridad  de  la  vida,  é  libertad  de  las 
personas  é  bienes  á  los  que  en  él  estaban.  El  Rey 
como  quier  que  les  dio  seguridad  de  las  vidas,  pe- 
ro no  les  quiso  otorgar  libertad  de  las  personas ,  ni 
de  los  bienes,  é  mandó  continar  el  combate.  Algu- 
nos de  los  moros  veyendo  que  no  se  podían  defender, 
acordaron  de  se  dar  á  prisión ;  otros  decían  que  de- 
bían morir  en  la  defensa  del  castillo.  E  porque  esta 
división  que  tenían  les  enflaquecía  mas  las  fuerzas, 
los  christianos  ovieron  lugar  de  entrar  por  fuerza 
el  castillo,  é  pusieron  encima  del  muro  la  seña  real, 
é  prendieron  todos  los  moros  é  moras,  é  fueron  ro- 
bados gran  cantidad  de  bienes ,  é  bastimentos ,  é 
armas,  é  caballos  que  en  él  estaban.  E  de  los  caba- 
llos é  otras  cosas  de  precio  que  allí  se  tomaron ,  el 
Rey  fizo  merced  á  algunos  caballeros  y  escuderos 
que  con  mayor  esfuerzo  se  ovieron  en  los  comba- 
tes. E  mandó  poner  fuego  á  la  villa,  é  derribar  los 
muros  de  la  fortaleza  para  escusar  el  daño  que  de 
los  que  allí  moraban  se  siguia  á  la  tierra  de  los 
christianos.  Talada  é  derribada  la  villa  de  Tajara, 
el  Rey  acordó  de  ir  con  toda  su  hueste  á  bastecer  la 
cibdad  de  Alhama.  E  contínando  aquel  camino ,  la 
hueste  recibió  tan  gran  fatiga  por  mengua  de  agua, 
que  perecieron  algunas  bestias.  Y  el  Rey  fué  cons- 
treñido de  abreviar  las  jornadas  fasta  que  llegó  á  la 
cibdad  (1),  donde  la  gente  ovo  refrigerio,  con  la 
abundancia  de  las  aguas  que  fallaron ;  é  luego  la 
fizo  bastecer  con  treinta  mil  bestias  cargadas  de 
provisiones.  Y  entregó  la  tenencia  della  á  Don  Iñi- 
go López  de  Mendoza,  Conde  de  Tendílla,  é  díóle 
la  capitanía  mayor  de  mil  homes  á  caballo  é  á  pié, 
que  estoviesen  con  él  para  la  guardar,  é  facer  guer- 
ra á  los  moros.  Bastecida  la  cibdad  de  Alhama,  lue- 
go el  Rey  mandó  mudar  el  real  en  la  ribera  del  río 
de  Cacin ,  fasta  una  legua  de  Alhama.  E  otro  día 
fué  á  otro  lugar,  que  se  llama  Malaha ;  é  mandólo 
quemar,  é  fueron  derribadas  é  quemadas  fasta  tre- 
cientas torres,  é  cortijos,  é  alearías  que  estaban  en 
aquel  camino,  y  en  dos  leguas  de  su  circuito.  Otro 
día  mandó  asentar  su  real  en  un  lugar  que  se  llama- 
ba Alhendin ,  que  es  una  legua  de  Granada,  junto 
con  la  sierra  Nevada,  donde  hay  una  legua  de  oK- 
vares ,  é  huertas ,  é  panes ,  é  viñas.  E  mandó  poner 
guardas  por  todas  partes  en  los  lugares  convinien- 
tes,  entre  tanto  que  los  que  talaban  derribaban  to- 
dos los  árboles,  é  destruían  los  panes  é  otras  cosas 
que  fallaron.  Los  moros  veyendo  la  destruícíon  que 
se  facía  en  su  tierra,  cometieron  á  escaramuzar  con 
los  que  tenían  el  avanguardia,  é  trabajaban  por  de- 
fender á  los  christianos  la  entrada  en  aquel  lugar. 

(1)  Fué  esta  tala  y  la  toma  de  Imn  por  San  Jaan  de  Junio  de 
este  aOo.  Bemold.,  cap,  63. 


DON  FERNANDO 
Los  christíanos  que  estaban  á  caballo,  fueron  contra 
aquellos  moros,  é  retraxéronlos  de  tal  manera,  que 
los  peones  ovieron  lugar  de  entrar  en  aquel  lugar 
de  Alhendin,  é  pusiéronle  fuego,  é  quemaron  todas 
las  parvas  que  estaban  en  las  heras  cerca  de  la  cib- 
dad  de  Granada.  Otro  dia  el  Rey  fué  con  todas  sus 
batallas  ordenadas  fasta  bien  cerca  de  la  cibdad  de 
Granada,  donde  estovo  todo  el  dia,  entretanto  que 
los  taladores  andaban  talando  por  todas  partes.  E 
como  quiera  que  los  moros  salieron  á  escaramuzar 
algunas  veces  entre  los  olivares  ;  pero  no  pudiendo 
resistir  la  tala  que  veian  facer  de  sus  frutos ,  acor- 
daron de  enturbiar  el  agua  que  iba  por  las  acequias, 
de  donde  los  christíanos  se  proveían ;  de  manera 
que  la  hueste  no  se  podia  aprovechar  della.  E  por 
esta  causa  el  Rey  mandó  mudar  su  real  de  aquel 
lugar  é  ponerlo  cerca  de  ima  villa  que  se  llama 
Huécar,  porque  la  hueste  no  recibiese  daño  por 
mengua  de  agua.  E  mandó  á  los  taladores,  que  ta- 
lasen la  vega  de  Granada  por  todas  partes,  é  por  la 
ribera  de  Guadaxenil ;  en  la  qual  tala  el  Rey  durara 
mas  tiempo,  é  pusiera  sitio  sobre  alguna  villa,  sal- 
vo porque  fallescian  los  mantenimientos  que  eran 
necesarios  para  proveimiento  de  la  hueste.  Fecha 
eeta  tala  en  la  manera  que  dicho  habemos ,  el  Rey 
vino  á  Córdoba ;  é  como  llegó  á  la  cibdad ,  mandó 
pagar  sueldo  á  la  gente  de  armas ,  é  Jos  jornales  á 
los  taladores^  é  á  todas  las  otras  gentes  que  fueron 
con  él,  é  mandólos  despedir. 

Desta  entrada  é  de  la  tala  que  el  Rey  fizo  en  el 
Reyno  de  Granada,  los  moros  quedaron  destruidos,  é 
BU  tierra  tan  oprimida,  que  ovieron  acuerdo  de  enviar 
BUS  embaxadores  al  Rey  á  le  suplicar  que  les  diese 
treguas  por  algún  tiempo;  é  como  ofreciéronle  gran 
cantidad  de  oro  cada  afio  de  los  que  le  ploguiese 
otorgarlas.  El  Rey  oida  la  embaxada  del  Rey  de  Gra- 
nada ,  embiolo  á  comunicar  con  la  Reyna,  que  esta- 
ba en  la  cibdad  de  Victoria  ;  la  qual  embió  á  decir 
que  su  parecer,  si  á  él  ploguiese,  seria  que  aquella 
tregua  no  se  otorgase  á  los  moros,  si  no  entregasen 
ciertas  villas  é  fortalezas  del  Reyno  de  Granada  por 
seguridad  de  lo  que  hablan  de  dar  en  parias ;  porque 
ya  otras  veces  les  hablan  seydo  otorgadas,  é  las  ha- 
bían rompido  quando  no  tenían  tal  premia  que  gelas 
ficiese  guardar.  E  porque  los  moros  no  las  quisieron 
entregar ,  é  otrosí  porque  el  Rey  é  la  Reyna  tenían 
concebido  en  su  ánimo  de  guerrear  todo  aquel  Rey- 
no  de  Granada,  no  les  fueron  dadas  las  treguas  que 
demandaron.  Y  embiaron  á  mandar  que  se  pusiesen 
grandes  guardas  en  los  puertos,  para  que  ninguna 
persona  pudiese  meter  mantenimientos,  ni  paño,  ni 
otras  cosas  de  las  que  solían  llevar  al  Rey  de  Grana- 
da. E  como  quiera  que  muchos  caballeros  é  otros  de 
los  que  estaban  captivos  se  rescataban  por  alguna 
cantidad  de  azeyte  é  ganados  é  paños  é  otras  algu- 
nas provisiones  ;  pero  la  Reyna  no  daba  lugar,  que 
grande  ni  pequeña  cantidad  de  proveimientos  se 
llevase  á  los  moros  por  rescate  de  ningún  christiano. 
E  deliberaba  de  facerles  ayuda  de  dineros  en  gran 
cantidad  para  Be  rescatar,  antes  que  dar  licencia 
parft  que  oviesen  los  moros  provisión  alguna. 


É  DO^A  ISABEL. 


389 


CAPÍTULO  XXIÍi. 


De  las  cosas  qne  pasaron  en  Córdoba  con  el  Rey  moro  qn6 
estaba  preso. 

Estando  el  Rey  en  la  cibdad  de  Córdoba,  vinie- 
ron á  él  mensageros  de  la  madre  de  Muley  Bahade- 
li.  Rey  de  Granada ,  que  estaba  preso  en  poder  del 
Conde  de  Cabra,  é  de  parte  de  otros  caballeros  ó  ca- 
beceras del  Reyno  de  Granada ,  que  estaban  á  su 
obediencia,  á  le  suplicar  que  le  ploguiese  ponerlo 
en  su  libertad ,  ó  reducirlo  á  su  Reyno  ;  porque  da 
lo  tener  preso ,  no  recebia  servicio ,  é  si  lo  soltase, 
ofreciéronle  que  seria  su  vasallo ,  é  le  daría  cierta 
suma  de  oro  cada  afio  de  los  que  le  diese  treguas ,  6 
cierto  número  de  christíanos ,  quales  el  Rey  esco- 
giese de  los  que  estaban  captivos  en  tierra  de  mo- 
ros. El  Rey  oida  aquella  suplicación,  embió  mandar 
al  Conde  de  Cabra  que  traxese  al  Rey  de  Granada 
é  gelo  entregase.  El  Conde  obedesciendo  el  manda- 
miento del  Rey,  partió  luego  de  la  su  villa  de  Bae- 
na ,  é  vino  para  la  cibdad  de  Córdoba ,  é  traxo  al 
Rey  de  Granada  preso,  y  entrególo  al  Rey.  El  Rey 
recibió  al  Conde ,  é  fizóle  grande  honor,  é  no  quiso 
ver  al  Rey  Moro  fasta  que  acordase  si  lo  debía  sol- 
tar. E  mandó  á  un  caballero  de  su  casa  que  se  lla- 
maba Martín  de  Alarcon  que  tenia  la  fortaleza  de 
Porcuna ,  que  toviese  cargo  do  la  guardar ;  y  em- 
biole  decir  con  aquel  caballero ,  que  se  esforzase,  é 
ovíese  aquel  placer  que  pone  á  los  presos  la  espe- 
ranza de  la  libertad.  El  Rey  Moro  oida  la  consola- 
ción que  el  Rey  le  embió,  respondió  :  «Decid  al  Rey 
»de  Castilla  mi  señor  que  yo  no  puedo  ser  triste  es- 
» tando  en  poder  de  tan  altos  é  poderosos  Reyes  co- 
»mo  son  el  Rey  é  la  Reyna  su  muger,  especialmen- 
»te  seyendo  tan  humanos,  ó  teniendo  tanta  parte 
»  de  la  gracia  que  Dios  da  á  los  reyes  que  bien  ama. 
» Otrosí  le  decid  que  días  ha  que  pensaba  ponerme 
»debaxo  de  su  poderio  para  recebir  de  sus  manos  el 
«Reyno  de  Granada,  según  que  lo  recibió  el  Rey  mi 
«abuelo  del  Rey  Don  Juan  su  suegro,  padre  de  la 
»  Reyna.  E  que  el  trabajo  mayor  que  tengo  en  esta 
«prisión  es  haber  fecho  por  fuerza  lo  que  pensaba 
«facer  de  grado.»  E  porque  era  necesario  al  Rey  ve- 
nir á  la  cibdad  de  Victoria  do  estababa  la  Reyna ,  ó 
ansimesmo  ir  al  Reyno  de  Aragón  para  proveer  en 
la  justicia,  y  en  otras  cosas  que  en  aquellas  provin- 
cias ocurrían  ;  acordó  poner  fronteros  en  los  luga- 
res do  era  necesario ,  para  que  la  tierra  estoviese 
guardada,  é  se  ficiese  guerra  á  los  moros.  Ansimes- 
mo quiso  entender  en  las  cosas  que  por  parte  del 
Rey  moro  le  eran  ofrescídas  para  las  dexar  asenta- 
das. E  mandó  á  los  que  procuraban  su  deliberación, 
que  las  declarasen  en  su  Consejo.  Los  quales  en 
presencia  del  Rey,  estando  en  su  Consejo  el  Maestre 
de  Santiago,  ó  Don  Garcí  López  de  Padilla,  Maestre 
de  Calatrava ,  y  el  Duque  de  Alburquerque ,  y  el 
Duque  de  Náxera ,  y  el  Conde  de  Cabra ,  y  el  Mar- 
qués de  Cáliz,  y  el  Marqués  de  Víllena ,  y  el  Condo 
de  Belalcazar,  j-  el  Conde  de  Corufia,  é  Don  Alonso, 
Señor  de  la  casa  de  Aguilar,  é  Rodrigo  de  ülloa,  ea 


390 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Contador  mayor ,  é  otros  caballeros  é  dotores  de  su 
Consejo,  é  algunos  capitanes  é  alcaydes  de  la  fron- 
tera ;  los  mensageros  moros  dixeron  que  si  el  Rey 
ponía  en  libertad  al  Rey  de  Granada ,  él  seria  su 
vasallo ,  ó  le  servirla ,  é  f  aria  lo  que  le  mandase  co- 
mo su  subdito.  Otrosí  que  le  daría  trecientos  chris- 
tianos,  quales  él  escogiese  de  los  que  estaban  capti- 
vos en  tierra  de  moros,  é  doce  mil  doblas  de  oro  ca- 
da año  de  los  que  le  ploguiese  otorgar  treguas  á  los 
lugares  del  Reyno  de  Granada,  que  estaban,  ó  den- 
tro de  ciertos  días  estoviesen  por  él.  E  para  seguri- 
dad que  lo  compliria,  prometieron  de  dar  en  rehe- 
nes un  fijo  legítimo  de  aquel  Rey,  é  otros  fijos  de 
Alcaydes  é  cabeceras  del  Reyno  de  Granada  de  los 
que  estaban  á  su  obediencia.  Otrosí  demandaron 
que  el  Rey  mandase  á  sus  gentes  que  le  diesen  fa- 
vor para  facer  guerra  á  algunos  lugares  é  fortale- 
zas que  se  habían  reducido  al  Rey  su  padre  duran- 
te su  prisión ,  é  á  los  otros  que  le  habían  estado  ó 
estoviesen  rebeldes.  E  dieron  á  entender  que  si  el 
Rey  no  daba  luego  Orden  en  su  deliberación ,  é  se 
tardaba  algunos  días,  todos  los  caballeros  principa- 
les del  Reyno  ,  é  las  cibdades  é  villas  é  castillos  é 
tierras,  que  hoy  estaban  por  él ,  perdida  la  esperan- 
za de  su  libertad,  tornarían  á  la  obediencia  del  Rey 
su  padre ,  como  algunos  ya  habían  fecho.  Oído  por 
el  Rey  aquello  que  por  parte  del  Rey  Moro  se  ofres- 
cía ,  quiso  saber  lo  que  á  los  Duques  é  Muestres  é 
Condes  é  Marqueses,  é  á  los  capitanes  que  con  él  es- 
taban en  su  Consejo  páresela.  Sobre  lo  qual  ovo  di- 
versos votos,  porque  algunos  decían  que  se  debía 
soltar  é  recebir  aquello  que  se  ofrescia ;  otros  de- 
cían que  no  lo  debía  facer  porque  no  era  su  servi- 
cio, antes  era  mayor  la  utilidad  que  se  seguía  de  lo 
tener  preso,  que  la  que  se  ofrescia  seyendo  libre,  E 
porque  uno  de  los  principales  que  sostenían  esta 
opinión  era  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Maestre  de 
Santiago ,  por  dar  á  entender  mejor  su  parescer,  di- 
xo  al  Rey  :  «Muy  excelente  Rey  é  Señor,  tres  cosas 
ȇ  mi  ver  deben  considerar  los  Reyes  en  las  con- 
»  quistas  que  mueven.  La  primera,  si  son  justas  ;  la 
»segunda,  si  tienen  aparejo  para  las  seguir  ;•  la  ter- 
»cera,  si  pueden  forzar  las  fuerzas  del  enemigo. 
sQuauto  á  la  primera,  quien  bien  mirare  las  cosas 
«pasadas  en  estos  vuestros  reynos,  después  que  por 
«la  gracia  de  Dios,  Vos  é  la  Reyna  en  ellos  reynas- 
Mtes,  claro  verá  que  Dios  aderezó  la  paz  con  quien 
«la  debíades  tener,  quando  la  Reyna  la  concluyó 
«con  el  Rey  de  Portogal,  é  vos  despertó  á  la  guerra 
»que  sois  obligados  de  seguir,  quando  los  moros 
«rompiendo  las  treguas  que  les  distes,  tomaron  la 
«villa  de  Zahara.  Bien  creo.  Señor,  que  sabe  Vuestra 
«reftl  Magestad,  como  una  de  las  cosas  que  losbue- 
«nos  Reyes  christíanos  vos  han  embidia,  es  tener  en 
«vuestros  confines  gente  pagana  con  quien  no  solo 
«podéis  tener  guerra  justa,  mas  guerra  santa,  en 
»que  entendáis  é  fagáis  exercitar  vuestra  caballería; 
»cl  qual  exercicío  no  piense  Vuestra  Alteza  ser  po- 
seo necesario  para  las  guerras  que  nascen  en  los 
«reynos.  Léese  en  las  historias  romanas,  que  Tulio 
«Oetilio  el  tercero  Rey  de  Roma ,  movió  guerra  sin 


»  causa  con  los  Albanos  sus  amigos  é  parientes ,  no 
«por  otro  respecto,  salvo  por  no  dexar  en  ocio  su 
«caballería.  Pues  ¿quanto  mejor  lo  debe  facer  quien 
«tiene  tan  justa,  tan  santa,  é  tan  necesaria  guerra 
«como  vos  tenéis?  en  la  qual  se  puede  ganar  honra 
«en  esta  vida  é  gloria  en  la  otra.  Quanto  á  la  segun- 
»da,  Vos,  Señor,  por  la  gracia  de  Dios  ,  tenéis  bue- 
»nos  capitanes,  mucha  caballería  obediente  á  vues- 
Dtros  mandamientos  é  de  la  Reyna  nuestra  Señora, 
«cursada  en  esta  guerra,  bien  pagada  de  sus  gages; 
«tenéis  villas  é  castillos  cercanos  á  la  tierra  de  los 
Dmoros;  tenéis  artillería  é  todos  los  aparejos  que  se 
«requieren  para  continar  la  guerra.  Ansí  que  no  sé 
»yo  que  consejo  seria  dexar  de  seguirla,  pues  no  hay 
«impedimento  para  que  se  deba  escusar.  La  tercera 
«es  considerar  si  se  pueden  forzar  las  fuerzas  del 
«enemigo.  E  cerca  desto  no  conviene  mucho  decla- 
«rar,  pues  las  vemos  tan  flacas,  que  ansí  los  de  la 
«una  parte,  como  los  de  la  otra,  vienen  con  tanta 
«cuita,  que  os  ofrecen  parias ,  é  demandan  tregua; 
«por  la  qual  muchas  veces  ha  seydo  ofrecida  á 
«vuestros  capitanes  alguna  cantidad  de  doblas  é 
«de  captivos  christíanos,  é  ni  á  Vos,  ni  á  la  Rey- 
»na  ha  placido  otorgarla.  Porque  según  todos  sabe- 
nmos,  el  fin  principal  vuestro  é  de  la  Reyna  es  fa- 
«cer  guerra,  é  ganar  el  Reyno  de  Granada,  é  no  ce- 
nsar della  fasta  le  dar  el  fin  que  deseáis.  En  prose- 
«cucion  de  lo  qual,  allende  de  los  peligros,  aventu- 
«ras  é  trabajos  habidos  por  vuestra  persona  real,  é 
«por  vuestros  capitanes  é  gentes  ;  es  cierto  que  son 
«fechos  tantos  é  tan  inmensos  gastos,  que  sobrepu- 
Bjan  á  la  cantidad  de  las  parias  que  estos  moros 
«ofrescen ,  ni  podrían  dar  en  muchos  años.  E  no  sé 
«yo  que  aprovecharan  los  llamamientos  de  vuestras 
«gentes,  venidas  de  los  fines  de  vuestros  reynos,  ni 
«las  batallas  habidas  con  los  moros ,  ni  las  talas  é 
« destruiciones  que  por  vuestra  persona  real  é  por 
«vuestros  capitanes  son  fechas  en  su  tierra,  ni  me- 
»nos  sé  que  aprovecharían  los  prestidos,  los  tribu- 
«tos,  las  imposiciones  puestas  en  vuestros  Reynos, 
«si  teniendo  la  guerra  para  que  se  pusieron  en  el  es- 
«tado  que  la  tenéis,  la  dexásedes  agora,  para  que  se 
«pierda  juntamente  con  el  fruto  que  della  se  espe- 
«ra,  Ansimesmo  Vuestra  Alteza  ve  que  este  Rey 
«preso,  no  solamente  quiere  libertad,  mas  demanda 
«vuestro  favor  para  ganar  las  tierras  del  Reyno  de 
«Granada,  que  le  están  rebeldes.  E  sí  vuestras  gen- 
«tes  se  han  de  poner  á  los  peligros  que  se  requieren 
')en  ganar  la  tierra  para  él,  mejor  sería  que  los  ovie- 
«sen  ganándola  para  vos  ;  porque  los  provechos  de 
«las  parías  que  dieren ,  no  son  tan  grandes  que  no 
«sean  mayores  los  trabajos  que  vuestra  gente  ovie- 
«re,  é  los  gastos  que  vos  ficiéredes  en  le  poner  pací- 
«fico  en  su  Reyno.  Ni  menos  se  debe  tener  confian- 
»za  en  la  promesa  que  face  de  ser  vuestro  subdito, 
«porque  si  la  necesidad  que  agora  tiene  le  obliga  á 
«esta  subjecíon,  la  libertad  que  después  toviere  le  fa- 
»rá  salir  della.  Allende  desto.  Vuestra  real  Señoría 
«prosigue  agora  guerra  contra  un  rey  viejo  dolíen- 
«te,  é  desamado  de  los  de  su  reyno  ;  el  qual  no  pue- 
»do  bien  seguir  la  guerra  por  el  impedimento  de  su 


DON  FEKNANDO 
ttperflQna  é  por  la  inobediencia  de  sus  subditos.  E  si 
«este  rey  preso  ponéis  en  libertad,  daienos  un  ene- 
»migo  mozo  é  sano,  en  lugar  de  otro  enemigo  viejo 
»é  doliente  ;  é  los  moros  que  agora  están  sin  el  ca- 
» pitan  que  quieren,  cobrarían  el  rey  que  desean.  De 
«donde  seguirla,  que  los  enemigos  que  agora  tene- 
nmos  flacos  é  derramados  por  falta  de  buen  capitán, 
n  estarían  fuertes  ó  juntos  con  buen  caudillo.  Ni  me- 
»nos  debemos  tener  confianza  en  la  discordia  que 
nhay  entre  ellos;  porque  dado  que  agora  estén  di- 
» versos,  ¿ donde  seremos  seguros  que  permanezca 
«esta  división,  é  que  no  se  reconcilien  el  padre  y 
«el  fijo,  é  juntos  sean  mas  fuertes  para  rebolar  con- 
»tra  vos,  como  han  fecho  los  Reyes  de  Granada  con- 
«tra  los  Beyes  vuestros  antecesores,  todas  las  veces 
«que  han  habido  lugar  de  lo  facer?  A  lo  qual  no  les 
«impedirán  por  cierto  los  rehenes  que  dan ,  aunque 
«sean  de  mucho  mas  valor  de  lo  que  son  estos  que 
» ofrescen ;  porque  los  moros  estiman  en  poco  el 
«captiverio,  é  no  habrán  empacho  de  perder  los  re- 
nhenes  que  dieren  de  algunos,  por  facer  lo  que 
«cumple  á  todos.  Otrosí  sabrá  Vuestra  real  Señoría 
»  que  el  poder  de  los  moros  está  agora  caido  por  la 
«prisión  deste  rey  que  amaban  ellos,  y  están  men- 
«guados  de  gente  de  guerra  é  de  armas  é  caballos 
«por  el  desbarato  que  ovieron  en  la  batalla  do  fué 
«preso.  E  si  agora  le  mandasedes  soltar  é  diesedes 
» tregua  y  el  favor  que  piden ,  habrían  lugar  de  se 
«reparar  de  todas  las  cosas  de  que  están  mengua- 
«dos,  ó  criaríades  un  enemigo  para  vuestros  ami- 
«gos,  é  un  amigo  para  los  enemigos,  contra  el  qual 
«no  podríamos  ansí  bien  guerrear,  como  facemos 
s  agora  contra  su  padre ,  que  no  tiene  los  aparejos 
«que  ternia  este  si  se  viese  libre.  Ansí  que  mi  pa- 
«rescer  es,  que  la  guerra  comenzada  se  debe  conti- 
«nuar,  é  que  ni  debéis  soltar  este  rey,  ni  recebir  las 
«parias  del  otro;  porque  no  movistes  tan  gran  gu er- 
ara para  recebir  lo  que  los  moros  os  quisiesen  dar, 
«mas  para  que  les  quede  lo  que  les  quisiéredes  de- 
«xar,  quando  so  vuestro  imperio  quisiéredes  que  vi- 
»van.  E  lo  que  Vos,  Señor,  podéis  tomar,  no  esperéis 
«recebirlo  de  otro.» 

Acabado  este  razonamiento ,  aquellos  caballeros 
é  capitanes ,  cuyo  voto  era  que  la  guerra  contra  los 
moros  se  siguiese ,  por  las  razones  que  el  Maestre 
de  Santiago  dizo,  se  esforzaron  mas  á  aconsejar  al 
Rey  que  no  soltase  al  Rey  Moro,  ni  recibiese  sus 
parias,  é  que  siguiese  la  guerra  comenzada.  El  Rey 
quiso  ansimesmo  oir  á  los  que  eran  en  voto  contra- 
rio, é  consejaban  que  el  Rey  Moro  se  soltase,  é  las 
parias  se  recibiesen.  E  porque  uno  de  los  principa- 
les que  lo  sostenían  era  Don  Rodrigo  Ponce  de 
León,  Marqués  de  Cáliz,  mandóle  que  dizese  su  pa- 
rescer ,  el  qual  dixo  ansí: 

«  Para  que  Vuestra  real  Señoría  prosiga  la  guer- 
»ra  comenzada  contra  el  Rey  é  Moros  de  Granada, 
» asaz  abundantes  son  por  cierto  las  razones  dichas 
«por  el  Maestre  de  Santiago;  las  quales  yo  no  en* 
«tiendo  repunar,  porque  mi  parescer  siempre  fué, 
»que  la  guerra  contra  los  moros  se  continúe ;  pero 
sno  hay  en  esta  vida  cosa  tan  gobernada  por  ra- 


É  DOÑA  ISABEL.  391 

» zon ,  que  el  tiempo  y  la  edad  é  los  casos  nuevos 
«notraygan  pensamientos  nuevos,  para  que  aque- 
«Uo  que  una  vez  njs  parece  que  sabemos,  otra  vez 
» no  lo  sepamos ;  en  lo  que  en  un  tiempo  nos  pare- 
»ce  provechoso ,  en  otro  nos  parece  dañoso  é  ageno 
»  de  razón.  Esto  digo ,  muy  poderoso  Rey  é  Señor, 
«porque  la  prisión  deste  rey,  é  lo  que  de  su  parte 
«se  ofrece,  la  división  de  los  moros,  la  prisión  do 
«los  christianos,  traen  cosas  nuevas,  que  la  pruden- 
tt  cía  nos  amonesta  discerner  para  lo  mejor  é  mas 
«provechosamente  proseguir.  E  ante  todas  cosas  es 
»  de  ver  si  Vuestra  real  Señoría  gana  honra  alguna 
«en  tener  preso  este  rey.  E  cerca  desto,  verdad  es 
«por  cierto,  que  haberlo  prendido  un  Conde  vuestro 
«subdito,  honra  es  é  grande;  pero  tenerlo  preso 
«ninguna.  Porque  los  moros  tienen  poca  fe  con  sus 
«reyes,  é  les  han  tan  poco  acatamiento,  queligera- 
4) mente  los  facen  é  desfacen  estando  libres;  ma- 
«yormente  estando  presos,  según  que  en  diver- 
»  sos  tiempos  los  habemos  visto ,  é  agora  vemos  en 
»  en  la  prisión  deste.  La  qual  sabida ,  luego  los  mas 
«que  estaban  á  su  obediencia,  tomaron  á  la  del  Rey 
«  su  padre,  é  privaron  al  fijo  del  nombre  de  rey  que 
«le  habían  dado.  Y  esto  mesmo  es  de  creer  que  fa- 
« gan  los  que  quedan  teniendo  su  voz,  porque  tanto 
«menos  le  estimaran,  quanto  mas  le  tovieron  absen- 
« te.  Ansí  que  no  se  puede  decir  que  tenéis  rey  pre- 
»so,  mas  que  tenéis  un  borne  particular;  de  cuya 
«prisión,  ni  los  moros  facen  mención,  ni  los  Chris- 
» tinos  reciben  honra.  Veamos  pues  agora  el  prove- 
«cho  que  su  libertad  da  á  los  Christianos,  y  el  daño 
»  que  su  prisión  escusa  á  los  Moros.  Notorio  es,  muy 
«poderoso  Rey  é  Señor,  que  antes  que  este  rey  fue- 
»se  preso,  la  división  que  habia  entre  él  é  su  padre, 
«los  tenia  tan  ocupados  ,  que  la  guerra  que  les  fa- 
»  ciamos  era  mas  provechosa  á  nuestra  parte,  ó  mas 
«dañosa  á  la  suya  ;  porque  queriendo  cada  uno  de- 
» líos  seguir  su  propósito ,  ni  se  podían  bien  def en- 
«  der  de  la  guerra  que  les  facíamos  defuera,  ni  po- 
«dian  bien  remediar  ala  que  ellos  tenían  de  dentro. 
«Agora  después  que  este  rey  fué  preso,  é  algunos 
«de  los  principales  de  Granada,  que  estaban  por  el 
«fijo  se  han  juntado  con  el  padre,  han  habido  lu- 
«gar  para  defender  mejor  su  tierra.  Yo,  muy  pode- 
«roso  Rey  ó  Señor,  no  digo  que  cese  la  guerra  que' 
«tenéis  contra  los  moros  ;  pero  digo  que  se  suelte 
«este  que  es  causa  'de  su  división,  para  que  tengan 
» dos  guerras ,  una  con  ellos ,  ó  otra  con  nosotros, 
«porque  les  podáis  mejor  guerrear,  y  ellos  se  pue- 
«dan  mejor  defender.  Lo  qual  no  se  puede  ansí  bien 
«facer,  teniendo  este  Rey  preso,  porque  aquellos 
«  que  le  esperan  libre ,  quitos  desta  esperanza  de  su 
«libertad,  no  es  dubda  que  tornen  á  la  obediencia 
«de  su  padre,  é  Vuestra  Alteza  pierda  la  ayuda  que 
»  nos  facía  su  división.  El  inconviniente  que  se  ró- 
scela de  su  libertad  es,  que  seyendo  libre  se  recon- 
» ciliará  con  su  padre,  é  rebelará  contra  vos.  E  sin 
«  dubda  es  cosa  que  puede  acaescer,  pero  mas  debe- 
nmos  creer,  que  se  continúe  entre  ellos  la  división 
«  que  se  espera,  que  la  reconciliación  que  se  recela. 
»  Porque  este  nombre  de  rey  entre  los  humanos  es 


m 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


fide  tanta  excelencia,  que  aquel  que  una  vez  lo  to- 
j)ma  por  título,  sino  es  pusilánime,  no  lo  deja  sino 
s  juntamente  con  la  vida.  Y  es  cierto,  que  pues  el 
«reynarno  sufre  dos,  aunque  sean  padre  éfijo,  ni 
«esto  dexará  la  guerra  fasta  haber  todo  el  Reyno  á 
»  su  obediencia,  ni  el  otro  dexará  su  venganza  ,  f  as- 
»ta  quedar  rey  único  como  lo  era.  E  para  esta  su 
«discordia,  ninguna  cosa  se  pierde,  si  Vuestra  alta 
»  Señoría  mandare  favorecer  á  este,  por  manera  que 
«dure  la  división  entre  ellos;  para  lo  qual  no  sola- 
» mente  se  debe  soltar  este,  mas  debríades  criar  do 
«nuevo  otro,  ei  este  no  toviésedes.  E  puesto  caso 
«que  este  rebelase  contra  Vos,  desto  por  cierto  de- 
»be  facer  Vuestra  Alteza  poca  estima,  porque  en  le 
«dar  libertad,  se  muestra  magnificencia  y  en  tener 
» en  poco  BU  rebelión,  se  muestra  vuestro  poderío. 
«Ansí  que,  muy  alto  Rey  é  Señor,  mi  parecer  es 
«que  le  debéis  mandar  soltar,  é  otorgar  tregua  de 
«algún  breve  tiempo  ala  tierra  que  está  por  él,  é 
«recebir  las  parias  é  los  captivos  que  ofresce ;  pues 
«por  esto  no  se  impide  la  continuación  de  la  guer- 
» ra  que  facéis  contra  el  Rey  su  padre.  E  fenecido 
«el  término  de  la  tregua  que  le  dais,  el  tiempo  mi- 
«nistro  ó  maestro  de  las  cosas  vos  mostrará  como 
«ó  contra  quien  debéis  seguir  la  guerra  que  tenéis 
» en  propósito  de  facer,  Y  esto  debe  facer  Vuestra 
«  Alteza  por  dos  razones  :  la  primera,  por  usar  de 
«caridad  con  vuestros  subditos  los  christianos  que 
»  os  of reacen ,  redimiéndolos  del  captiverio  que  ovie- 
» ron  en  servicio  de  Dios  é  vuestro;  lo  segundo, 
«porque  uséis  de  magnificencia  ó  liberalidad  con 
«este  Rey  que  vos  la  demanda,  la  qual  si  él  no  es 
»  merecedor  de  la  recebir  por  ser  pagano.  Vos  sois 
«diño  de  la  dar  por  ser  católico  ;  é  porque  la  virtud 
»  de  vuestra  liberalidad  resplandezca  inmortalmen- 
»te  entre  los  vivos,  quando  so  oyere,  que  teniendo 
«preso  un  rey  enemigo,  vuestra  humanidad  no  su- 
«frió  que  muriese  en  fierros,  mas  que  le  distes  li- 
«bertad,  que  es  el  mayor  don  que  se  puede  dar. 
«Leemos  en  las  historias  antiguas  que  muchos  reyes 
«prendieron  en  batallas  á  otros  reyes  ,  é  con  ánimo 
»  cruel  haberles  dado  diversas  maneras  de  muertes  é 
«tormentos ;  é  otros  que  usando  con  ellos  de  piedad 
«les  dieron  libertad.  Pero  la  piedad  que  oímos  de 
«los  unos,  les  da  fama  loable  ;  ó  la  crueldad  de  los 
«otros,  áspera  ó  absurda.  E  no  sin  causa,  porque 
»  mediante  la  virtud  que  usamos,  somos  partícipes 
«con  Dios  eterno;  é  usando  de  crueldad,  participa- 
»  mos  con  las  furias  infernales.  Los  Reyes  que  usan 
«de  manificencia,  no  han  de  pensar  en  los  gastos 
ofechos,  ni  en  los  trabajos  habidos  ;  todo  lo  ha  de 
«posponer  el  corazón  noble,  quando  se  ofrece  tal 
«caso  en  que  puede  mostrar  su  virtud,  la  qual  jun- 
«tamente  con  vuestro  gran  poder  mostraia  teniendo 
«en  poco  su  rebelión.  Porque  dado  que  la  faga, 
«queda  vuestra  voluntad  junta  con  el  poder,  para 
«gela  reprimir,  é  con  el  ayuda  de  Dios,  tomarle 
n  todas  horas  en  el  estado  que  le  quisiéredes  poner.» 
Las  razones  que  el  Marqués  de  Cáliz  dixo  fue- 
ron bien  recebidas  por  todos',  especialmente  por 
aquellos  caballeros  é  capitanes ,  cuyo  voto  era  que 


el  Rey  Moro  se  soltase.  E  porque  había  muchos  vo- 
tos contrarios,  el  Rey  lo  embió  facer  saber  á  la 
Reyna  por  saber  su  parecer.  La  Reyna  vistas  las 
razones  de  la  una  parte  é  de  la  otra,  respondió  al 
Rey,  que  vistas  las  voluntades  de  aquellos  caba- 
lleros sobre  la  deliberación  del  Rey  Moro,  porque 
muchos  Reyes  de  aquel  Reyno  de  Granada  fueron 
vasallos  de  los  Reyes  sus  progenitores;  si  á  Su 
Merced  ploguiese,  debía  darle  la  libertad,  é  recebir- 
lo  por  vasallo,  especialmente  porque  se  puedan  re- 
demirlos  christianos  que  ofrecían  del  captiverio  que 
tienen.  Visto  por  el  Rey  el  parecer  de  la  Reyna, 
embió  á  decir  á  aquellos  mensageros  que  trataban 
la  libertad  del  Rey  Moro,  que  le  placía  de  lo  soltar ; 
y  ellos  tovíeronlo  á  Su  Señoría  en  señalada  merced, 
ó  otorgaron  en  su  nombre  que  seria  vasallo  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  para  facer  su  mandado,  é  venir  á  su 
llamamiento  cada  que  gelo  mandase.  Otrosí  que  les 
daría  quatrocientos  christianos  de  los  que  estaban 
captivos  en  el  Reyno  de  Granada,  los  trecientos  de- 
Uos  quales  el  Rey  é  la  Reyna  nombrasen,  é  mas 
doce  mil  doblas  zaenes  cada  año  en  parias.  Otrosí 
que  las  villas  é  cibdades  é  tierras  que  estaban  y  cpto- 
viesen  por  él,  fuesen  obligadas  á  dar  pasada  segura 
é  mantenimientos  á  las  gentes  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na, para  facer  guerra  á  los  lugares  que  estaban  ó 
esto  viesen  por  el  Rey  su  padre.  Estas  cosas  acorda- 
das, el  Rey  Moro  prometió  é  juró  en  su  ley  de  las 
mantener  é  complir ;  y  el  Rey  otorgó  treguas  por 
dos  años  áél,  é  y  á  todos  los  lugares  que  estaban  á  su 
obediencia,  ó  estovíesen  dentro  de  treinta  días  des- 
pués que  estoviese  libre  en  su  reyno.  E  á  suplica- 
ción del  Rey  Moro  mandó  á  los  capitanes  é  gentes 
del  armada  que  traían  por  la  mar,  que  dexasen  pa- 
sar libremente  á  un  caballero  Moro  que  estaba  en 
África  llamado  Máhomad  Abencerraje,  que  era  en 
su  obediencia.  Fechas  é  asentadas  estas  cosas,  man- 
dó el  Rey  que  le  traxesen  al  Rey  Moro  á  la  cibdad 
de  Córdoba,  é  que  todos  los  caballeros  de  su  corte 
saliesen  á  lo  recebir.  E  mandó  dar  é  él  é  á  cinqüen- 
ta  caballeros  moros  que  vinieron  á  procurar  su  de- 
libracion,  caballos  é  vestiduras  de  paños ,  brocados 
é  sedas,  é  otros  ricos  arreos,  é  toda  la  suma  de  di- 
neros que  ovieron  menester  para  se  reparar  é  tor- 
nar á  su  tierra.  E  porque  el  Rey  Moro  había  de  pa- 
recer ante  el  Rey  á  le  facer  reverencia ,  todos  los 
Duques  ó  Condes  é  otros  caballeros  que  estaban  en 
su  Consejo,  acordaron  que  el  Rey  le  debia  de  dar  su 
mano  á  besar  como  á  su  vasallo  ;  por  conocimiento 
de  señorío  é  superioridad.  E  dixeron  al  Rey:  «Se- 
«ñor,  pues  este  Rey  Moro  vos  viene  á  facer  reveren- 
«cia,  yes  vuestro  vasallo,  cosa  razonable  es  que 
»  como  á  vuestro  subdito  le  deis  la  mano  á  besar.» 
El  Rey  les  respondió:  «Díéragela  por  cierto,  si  es- 
Bto viera  libre  en  su  reyno ;  é  no  gelo  daré,  porque 
»  está  preso  en  el  mío.»  Aquellos  caballeros  conoci- 
da la  humanidad  del  Rey,  no  le  fablaron  mas  en 
aquella  materia.  Asentadas  estas  cosas,  el  Rey  Mo- 
ro entró  en  la  cibdad  de  Córdoba ,  acompañado  de 
todos  los  Duques  é  Condes  é  Marqueses  é  caballeros 
que  estaban  en  la  corte,  é  fué  á  palaoio  do  el  Rey 


DON  FERNANDO 
estaba ;  é  como  vido  al  Rey ,  inclinó  las  rodillas  en 
el  suelo,  é  demandó  que  le  diese  la  mano  á  besar, 
ansí  porque  era  su  señor,  y  él  era  su  subdito,  como 
por  el  gran  beneficio  de  libertad  que  del  recebia. 
El  Rey  no  gela  quiso  dar ,  como  quiera  que  le  su- 
plicó con  grand  instancia,  y  el  Rey  le  levantó  del 
suelo.  E  como  un  intérprete  que  alií  estaba  comen- 
zase á  fablar  de  parte  del  Rey  Moro  ,  ofreciéndole 
por  servidor  del  Rey,  é  dándole  gracias,  ó  loándole 
la  magnificencia  que  con  él  habia  usado  ;lel  Rey  no 
sufriendo  loores  en  presencia,  le  interrumpió,  é  dixo 
al  intérprete  :  «No  es  necesaria  esta  gratificación: 
»  yo  espero  en  su  bondad,  que  f  ara  todo  aquello  que 
«buen  home,  6  buen  rey  debe  facer.»  E  despedido 
del,  mandó  á  uno  de  los  capitanes  de  su  guarda 
que  lo  acompañase  con  gente  de  armas,  f  ast^  lo  po- 
ner seguro  en  el  Reyno  de  Granada. 

CAPÍTULO  XXIV. 

Como  Luis  Fernandez  Portocarrero  é  otros  capitanes  que  estaban 
en  la  frontera,  desbarataron  los  moros. 

Despedido  el  Rey  Moro,  é  proveídas  las  cosas 
necesarias  en  la  provincia  del  Andalucía^  ansí  las 
que  concernian  á  la  guerra  de  los  moros  como  á  la 
justicia  de  la  tierra  ,  el  Rey  partió  de  la  cibdad  de 
Córdoba  é  vino  para  Santa  María  do  Guadalupe, 
donde  tovo  novenas,  ó  dende  fué  á  la  cibdad  de 
Vitoria  donde  estaba  la  Reyna.  En  este  tiempo, 
los  moros  que  estaban  en  obediencia  del  Rey  viejo, 
sabido  que  el  Rey  mozo  era  libre,  ó  que  habia  de- 
mandado al  Rey  gente  para  facer  guerra  á  los  lu- 
gares que  le  estaban  rebeldes,  concibieron  grand 
odio  contra  él,  porque  creían  que  meterían  chris- 
tianos  en  su  tierra  para  les  facer  guerra.  E  por 
esta  causa  fué  aborrecido  de  todos  los  moros,  é  no 
fué  bien  recebido  por  aquellos  que  habían  seydo 
en  su  parcialidad ,  é  de  quien  esperaba  ayuda.  E 
porque  los  moros  sopieron  que  el  Rey  era  partido 
de  aquella  provincia  del  Andalucía ,  acordaron  de 
se  juntar  quince  alcaydes  é  cabeceras  de  las  princi- 
pales cibdades  é  villas  del  Reyno  de  Granada  con 
gran  gente  de  caballo  é  de  pié ,  y  entraron  á  facer 
guerra  en  la  tierra  del  Andalucía.  Acaeció  en  aque- 
llos días,  que  seis  christianos  Almogávares  entra- 
ron en  la  tierra  de  los  moros,  como  algunas  veces 
lo  acostumbraban  facer ;  é  pusiéronse  en  asechanza 
encima  de  una  sierra  para  facer  sus  asaltos  é  pren- 
der algunos  moros.  Estos  seis  christianos ,  estando 
en  la  cumbre  de  aquella  sierra,  vieron  los  caballe- 
ros moros  que  estaban  juntos,  é  seguían  su  camino 
para  facer  entrada  en  tierra  de  Sevilla,  é  de  Xerez, 
ó  de  aquellas  comarcas.  E  luego  aquellos  seis  chris- 
tianos se  repartieron ,  los  unos  fueron  á  Luis  Fer- 
nandez Puertocarrero,  Señor  de  Palma,  otros  fueron 
al  Marqués  de  Cáliz,  é  otros  á  la  villa  de  Utrera,  é 
á  los  lugares  de  aquella  comarca  ágelo  facer  saber, 
é  los  avisar  de  la  entrada  que  los  moros  facían.  Co- 
mo lo  sopo  Luis  Fernandez  Puertocarrero,  luego 
fizo  juntar  á  Figaeredo  Alcayde  de  Morón,  é  á  los 
Alcaydes  de  Osuna,  é  de  todas  las  fortalezas  de 


B  DOÑA  ISABEL.  393 

aquella  comarca ;  é  fizólo  saber  á  Fernán  Carrillo 
capitán  de  cierta  gente  de  las  hermandades,  é  al 
capitán  de  la  gente  del  Maestre  de  Alcántara,  E  con 
la  gente  de  su  casa,  é  con  la  que  tenia  en  su  capi- 
tanía, informado  del  camino  que  los  morca  traían, 
salióles  al  encuentro.  Los  moros  ficieron  tres  partes 
de  su  gente,  una  dexaron  en  la  sierra,  para  guardar 
el  paso,  porque  no  les  fuese  tomado  por  los  chris- 
tianos ;  y  en  esta  quedaron  la  mayor  parte  de  los 
peones,  é  de  las  otras  sus  gentes  que  traían  mas 
flacas.  Otra  parte  embiaron  delante  por  corredores, 
á  robar  la  tierra  por  el  campo  de  Utrera.  La  otra 
mayor  parte  dexaron  en  celada,  cerca  del  rio  quo 
se  dice  de  Lopera.  Puertocarrero,  é  los  otros  alcay- 
des é  capitanes  que  con  él  iban,  informados  del  lu- 
gar donde  los  corredores  robaban,  fueron  contra 
ellos.  Los  moros  corredores,  como  vieron  á  los  chris- 
tianos, luego  se  retraxeron  al  lugar  do  estaba  la 
mayor  batalla  de  su  gente  puesta  en  celada.  Los 
christianos  ficieron  dos  partes  de  su  gente :  en  la 
delantera  íba'el  Alcayde  do  Morón,  y  el  Alcayde  de 
Osuna,  ó  Fernán  Carrillo,  y  el  capitán  de  la  gente 
del  Maestre  de  Alcántara,  en  la  otra  quedó  Puerto- 
carrero  con  la  otra  gente.  E  la  batalla  delantera  fué 
al  lugar  donde  la  celada  de  los  moros  estaba,  é  con 
grand  osadía  los  moros  que  estaban  en  la  celada, 
todos  juntos  vinieron  contra  los  christianos,  é  los 
christianos ,  aunque  no  eran  tantos  como  los  moros, 
fueron  contra  ellos ;  é  las  lanzas  quebradas ,  á  los 
primeros  encuentros  andaban  los  unos  con  los  otros 
embueltos  peleando. 

Estando  en  esto,  Puertocarrero  llegó  con  su  ba- 
talla ;  los  moros  quaudo  vieron  entrar  en  la  pelea 
gente  nueva,  no  podiendo  sufrir  la  fuerza  de  los 
christianos,  luego  se  pusieron  en  f  uida,  é  tomaron 
dos  caminos  pensando  do  se  salvar  mejor.  Los 
christianos  fueron  en  el  alcance,  matando  los  moros 
que  iban  f  uyendo  por  la  una  parte.  El  Marqués  de 
Cáliz  con  la  gente  de  su  casa ,  ó  con  los  caballeros 
de  la  cibdad  de  Xerez,  que  eran  avisados  de  la  en- 
trada de  los  moros ,  é  habían  salido  por  otra  parto 
á  los  buscar,  encontraron  á  caso  con  los  moros  quo 
iban  f uyendo,  ó  habían  tomado  el  otro  camino  ;  ó 
siguiéronlos,  é  prendieron  é  mataron  muchos  dellos. 
De  manera,  que  ansí  los  que  fuyeron  por  la  una 
parte,  como  por  la  otra,  fueron  seguidos,  é  los  mas 
dellos  fueron  muertos  é  presos.  Entre  los  qualea 
fué  preso  el  Alcayde  de  Málaga,  y  el  de  Alora,  y  el 
Alcayde  del  Burgo,  é  un  Alcayde  que  se  llamaba 
Izbencidre,  y  el  Alcayde  de  Cohin ;  é  fueron  muer- 
tos el  Alcayde  de  Velezmálaga,  é  un  caballero  que 
se  llamaba  el  Gebiz,  é  otros  cabeceras  é  moros  de 
los  principales;  é  fueron  tomadas  quince  bande- 
ras (1). 

Habido  este  vencimiento,  luego  Puertocarrero  lo 
fizo  saber  al  Rey  é  ala  Reyna,  y  embióles  las  quín- 

(1)  Fué  esta  batílla,  dicha  comunmente  la  de  Lopera,  Miérco- 
les 17  de  Setiembre  de  este  año.  Murieron  en  ella  y  fueron  cauti- 
vos mas  de  mil  moros  de  los  mil  y  doscientos  que  iiabian  entra- 
do. A  los  Alcaydes  cautivos  añade  Bernaldez  los  de  Gomares  y 
Marbella.  Uisíor.  de  los  Reyes  Católicos,  cap.  67. 


394 

ce  banderas  que  tomó  en  aquella  batalla.  La  Reyna 
ovo  gran  placer  con  aquella  nueva,  ó  tóvose  por 
bien  servida  de  aquel  caballero,  por  la  gran  dili- 
gencia é  buen  esfuerzo  que  ovo  en  aquella  facien- 
da.  E  por  le  facer  merced,  di6  á  su  muger  la  ropa 
que  ella  vistiese  todos  los  años  de  su  vida  el  di  a  de 
los  Reyes,  por  memoria  de  aquel  vencimiento,  é 
fizo  á  él  otras  mercedes. 

CAPÍTULO  XXV. 

Como  el  Marqués  de  Cáliz  é  Luis  Fernandez  Puertocarrero  reco- 
braron la  villa  de  Zabara. 

El  Marqués  de  Cáliz  fué  informado  por  algunas 
espías,  quepodria  recobrar  la  villa  de  Zahara,  por- 
que en  ella  y  en  la  comarca  habia  poca  gente.  E 
después  que  sopo  de  la  gente  que  en  ella  estaba,  é 
de  la  manera  como  se  guardaba,  juntó  la  gente  de 
su  casa  é  de  la  cibdad  de  Xerez,  é  llamó  para  aque- 
lla facienda  á  Luis  Fernandez  Puertocarrero,  é  al- 
gunos Alcaydes  de  su  comarca.  E  fué  para  aquella 
villa,  é  puso  de  noche  un  escalador  con  diez  escu- 
deros en  un  lugar  escondido,  é  otros  setenta  escu- 
deros cerca  dellos  en  otro  lugar,  para  socorrer  á  lo 
que  aquellos  diez  primeros  cometiesen.  Y  él  se  puso 
en  celada  con  toda  la  otra  gente,  é  fizo  que  ciertos 
peones  en  esclareciendo  corriesen  el  campo.  Con- 
tra los  quales  salieron  fasta  setenta  moros  á  caba- 
llo, é  algunos  peones  de  los  que  la  noche  pasada  ha- 
blan guardado  el  muro ,  porque  no  recelaban  que 
la  villa  se  podria  tomar  de  dia  por  escala.  E  como 
los  moros  salieron,  é  quedó  el  muro  sin  guarda,  ar- 
remetió el  escalador,  é  puestas  las  escalas,  subió  al 
muro  él  é  los  diez  escuderos  que  con  él  estaban,  que 
no  fallaron  resistencia  ninguna,  é  comenzaron  á  pe- 
lear con  algunos  moros  que  fallaron  en  la  villa  ;  y 
entretanto  acudieron  los  otros  setenta  escuderos  que 
estaban  en  la  celada,  é  subieron  ansimesmo  la  esca- 
la, é  apoderáronse  de  las  puertas  ó  torres  principales. 
Los  moros  que  hablan  salido  á  defender  el  campo 
contra  los  peones  christianos  que  lo  corrían,  sabido 
que  la  villa  era  entrada,  tornaron,  é  ovieron  lugar  de 
se  meter  en  ella.  E  luego  el  Marqués  é  Puertocarrero 
salieron  de  la  celada  do  estaban,  por  las  señas  que 
les  fueron  fechas  dende  el  muro,  é  corrieron  empos 
de  los  moros,  y  entraron  en  la  villa.  Los  moros 
como  vieron  la  villa  tomada ,  retraxeronse  á  la  for- 
taleza ;  é  luego  el  Marqués  é  Puertocarrero  la  cerca- 
ron ,  é  como  eran  muchos  los  que  estaban  dentro,  é 
no  tenian  bastimentos  en  ella  para  se  sostener,  saca- 
ron partido  que  los  desasen  ir  libres  é  dexaron  la  for- 
taleza al  Marqués.  En  está  manera  se  recobró  aque- 
lla villa  de  Zahará,  ó  se  escusáron  los  daños  que 
todos  los  mas  dias  facian  los  moros  que  estaban  en 
ella  á  las  tierras  comarcanas  de  los  christianos  (1). 

(1)  Fué  la  toma  de  Zahara  Jueves  á  28  de  Octubre  de  este  afioi 
dia  de  San  Simón  y  Judas.  El  Cura  de  los  Palacios  icaenta  como 
el  Rey  hizo  merced  de  Zahara  al  Marqués  de  Cáliz,  y  del  Wtulo  de 
Duque,  pero  que  él  estimaba  en  tanto  el  de  Marqués,  que  nunca  le 
dejó,  y  Armaba  siempre  :  Marqués  Duque  de  Cáliz.  Ilistor,  de  los 
Reyes  Católicos,  cap.  68. 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPÍTULO  XXVI. 

De  las  cosas  que  fizo  el  Conde  de  Tendilla  en  Alhama. 

Dicho  habemos  que  la  tenencia  de  la  cibdad  do 
Alhama  fué  encomendada  por  el  Rey  é  por  la  Rey- 
na á  Don  ífiigo  López  de  Mendoza  Conde  de  Ten- 
dilla, porque  era  caballero  esforzado,  é  de  noble 
sangre.  El  qual  apoderado  de  la  cibdad,  luego  tra- 
bajó de  ppner  la  gente  de  su  capitanía  en  buenas 
costumbres ,  é  los  doctrinar  en  cosas  concernientes 
al  exercicio  de  la  caballería ;  é  defendió  los  juegos 
que  falló,  é  otras  luxurias  que  acarrean  infortunios 
en  las  huestes ;  dándoles  á  entender ,  como  muchas 
veces  el  justo  fundamento  de  la  guerra  se  pervertía 
con  el  injusto  exercicio  de  los  que  la  siguen ,  é  las 
dañadas  costumbres  pierden  el  próspero  fin  que  se 
espera  en  las  guerras.  E  por  los  esforzar  ó  provocar 
á  virtud  les  dixo:  «Caballeros,  no  digo  que  somos 
«mejores  que  los  otros  que  este  cargo  han  tenido, 
«para  que  con  orgullo  cayamos  en  algún  error,  ni 
«menos  somos  peores  para  refusar  los  peligros  de  la 
«muerte,  por  ganar  la  gloria  que  ellos  ganaron.  Con- 
» viene,  pues,  que  en  aquello  que  virtuosamente  fi- 
«cieron,  les  remedemos ;  é  si  algo  dexaron  de  facer, 
«lo  suplamos  de  tal  manera,  que  los  que  en  este  car- 
B  go  subcedieren ,  reputen  á  buena  ventura  quando 
«pudieren  igualar  á  nuestras  fazañas.B  E  púsolos 
en  tales  costumbres,  que  olvidado  todo  juego  é  to- 
da luxuria,  que  ocupan  el  tiempo  y  el  entendimien- 
to para  bien  facer,  entendían  continamente  en  la 
guerra  que  tenian  presente.  E  habiendo  avisos  con- 
tinos de  los  consejos  é  movimientos  de  los  moros, 
ni  dexaba  en  ocio  á  los  suyos,  ni  en  seguridad  á  los 
enemigos.  E  algunas  veces  salió  de  la  cibdad,  é 
combatió  muchas  torres  é  casas  fuertes  que  eran 
cerca  de  Granada,  é  las  derribó  é  tomó  prisioneros  ó 
bestias  de  arado ,  é  otros  muchos  ganados.  E  tanta 
solicitud  ponía  en  la  guerra,  que  los  de  la  cibdad  de 
Granada,  visto  que  fasta  una  legua  no  osaban  salir 
á  sembrar,  ni  facer  labor  en  el  campo,  se  levantaron 
contra  el  Rey  viejo,  é  le  pidieron  remedio  para  po- 
der salir  de  la  cibdad  seguros.  El  qual  acordó  de  po- 
ner gente  de  caballo ,  que  estoviese  en  el  campo  de 
contino,  entretanto  que  las  gentes  de  la  cibdad  fa- 
cian sus  labores.  Acaeció  en  aquel  tiempo ,  que  con 
la  gran  fortuna  de  las  aguas  del  invierno,  cayó  una 
gran  parte  del  muro  de  Alhama,  lo  qual  puso  gran 
miedo  á  la  gente  que  estaba  en  la  guarda  della;  por- 
que recelaban,  que  sabido  por  los  moros  el  gran  por- 
tillo fecho  en  la  cerca,  vernia multitud  dellos  á  com- 
batir y  entrar  en  la  cibdad  por  aquel  lugar.  Conoci- 
do esto  por  el  Conde,  usó  de  una  cautela,  é  luego  pu- 
so una  gran  tela  de  lienzo  almenado  que  cubría  to- 
da aquella  parte  del  muro  que  se  cayó ;  é  de  tal  ma- 
nera era  el  lienzo ,  que  al  parecer  de  los  que  se  mira- 
ban de  lexos ,  ninguna  diferencia  habia  de  la  colí* 
del  muro  á  la  color  del  lienzo.  E  mandó  poner  gran 
guarda  en  la  cibdad,  porque  ninguno  saliese  para 
avisar  los  moros  del  peligro  en  que  estaban  por  lá 
falta  de  aquel  muro  caído  j  é  puso  tan  gran  diligen- 


DON  FEKNANDO 
cía  en  lo  facer,  qxxe  en  pocos  días  lo  tornó  á  fortale- 
cer, tanto  ó  mas  que  de  primero  estaba.  E  como 
quier  que  los  moros  vinieron  en  aquellos  dias  á  cor- 
rer la  cibdad ,  pero  no  pudieron  ver  el  defecto  del 
muro  caido.  Acaeció  ansimesmo  que  ovo  falta  de 
moneda  en  aquella  cibdad  para  pagar  el  sueldo  que 
á  la  gente  de  armas  se  debia,  é  por  esta  causa  cesa- 
ba entre  ellos  el  trato  necesario  á  la  vida.  Vista  por 
el  Conde  esta  falta,  mandó  facer  moneda  de  papel 
de  diversos  precios  altos  é  baxos ,  de  la  cantidad 
que  entendió  ser  necesaria  para  la  contratación  en- 
tre las  gentes.  Y  en  cada  pieza  de  aquel  papel  escri- 
bió de  su  mano  el  precio  que  valiese ,  é  de  aquella 
moneda  ansí  señalada,  pagó  el  sueldo  que  se  debia 
á  toda  la  gente  de  armas  é  peones,  é mandó  que  va- 
liese entre  los  que  estaban  en  la  cibdad ,  é  que  nin- 
guno la  refusaso.  E  dio  seguridad  que  quando  de 
allí  saliesen ,  tornándole  cada  uno  aquella  moneda 
de  papel,  le  daría  el  valor  que  cada  pieza  toviese  es- 
cripto ,  en  otra  moneda  de  oro  ó  de  plata.  E  todas 
aquellas  gentes ,  conociendo  la  fidelidad  del  Conde, 
se  confiaron  en  su  palabra ,  é  recibieron  sus  pagas 
en  aquella  moneda  de  papel ;  la  qual  andovo  entre 
ellos  en  la  contratación  de  los  mantenimientos ,  é 
otras  cosas  sin  la  refusar  ninguno,  é  fué  gran  reme- 
dio á  la  extrema  necesidad  en  que  estaban.  Después 
al  tiempo  que  el  Conde  dexó  el  cargo  de  aquella 
cibdad,  antes  que  della  saliese ,  pagó  á  qualquiera 
que  le  tornaba  la  monedado  papel  que  habia  rece- 
bido,  otro  tanto  valor  en  moneda  de  oro  ó  do  plata 
como  en  la  de  papel  estaba  escripto  de  su  mano. 

Este  Conde  de  Tendilla  fizo  poner  á  sus  espensas 
en  una  torre  de  Alcalá  la  Real  un  farol  que  ardiese 
para  siempre  todas  las  noches,  para  que  los  capti- 
vos christianos  que  estaban  en  Granada  y  en  los 
otros  lugares  de  moros  que  se  soltaban  de  la  prisión, 
pudiesen  venir  de  noche  á  se  salvar  al  tino  de  aque- 
lla lumbre.  El  qual  dicho  Conde  por  estas  fazafias 
é  otras  muchas,  quando  se  ganó  la  cibdad  de  Gra- 
nada, fué  escogido  para  Alcayde  é  Capitán  general 
della ,  é  quedó  en  el  Alhambra  con  quinientos  caba- 
lleros é  mil  peones,  quedando  la  cibdad  é  todo  su 
Reyno  poblado  de  moros ,  como  adelante  se  dirá. 

CAPÍTULO  XXVII. 
De  las  cosas  que  la  Reyna  fizo  en  Vitoria. 

El  tiempo  que  el  Key  estovo  en  el  Andalucía 
ocupado  en  la  guerra  de  los  moros ,  la  Reyna  esto- 
vo en  la  cibdad  de  Vitoria,  entendiendo  en  la  jus- 
ticia é  buena  gobernación  de  las  montañas.  E  por- 
que la  absencia  de  los  reyes  da  osadía  á  las  gentes 
de  aquellas  partes  que  sigan  bandos  é  parcialidades, 
é  cometan  delictos  é  fuerzas  con  poco  temor  de  la 
justicia  real ;  estas  cosas  consideradas,  la  Reyna  en- 
üó  en  el  Condado  de  Vizcaya ,  é  f ué  á  la  villa  de 
Bilbao ,  ó  mandó  executar  la  justicia  en  algunos 
malf echores ;  ó  puso  gran  temor  á  los  moradores  de 
la  tierra,  de  tal  manera,  que  todos  estaban  someti- 
dos á  la  justicia  é  vivían  en  paz ,  é  sin  pensamiento 
de  cometer  las  fuerzas  que  antes  cometían.  E  man- 


É  DOÑA  ISABE]^.  S95 

dó  examinar  sus  leyes  é  fueros ,  é  confirmóles  los 
que  debían  ser  guardados  para  el  bien  común  de  la 
tierra ;  é  puso  sus  Corregidores  é  Jueces  en  todas 
aquellas  provincias  é  valles.  E  mandó  facer  pesqui. 
sa  contra  los  Jueces  é  Corregidores  que  antes  esta- 
ban puestos ,  é  prender  algunos  que  falló  haber  per- 
vertido la  justicia  por  dádivas  é  intereses,  é  facer 
justicia  dellos. 

En  este  año  murió  el  Rey  Duarte  de  Inglaterra,  é 
dexó  dos  fijos  varones,  encomendados  á  su  herma- 
no el  Duque  de  Glocestre  ;  el  qual  los  prendió ,  ó 
después  los  mató,  é  tomó  para  sí  el  Reyno. 

En  este  año  murió  el  Rey  Luis  de  Francia,  ó  sub- 
cedió  por  Rey  en  el  Reyno  su  fijo  que  se  llamaba  el 
Carlos  mozo  de  trece  años.  El  qual  por  consejo  do 
algunos  Duques  é  señores  de  la  sangre  real  de  Fran- 
cia, fizo  grandes  restituciones  de  patrimonios  é  ren- 
tas, que  el  Rey  su  padre  habia  quitado  á  algunos 
señores  particulares  de  Francia.  E  los  que  eran 
muertos,  este  Rey  usando  de  gran  magnificencia 
con  sus  fijos,  gelo  restituyó  enteramente;  porque 
entendieron  que  el  Rey  temía  su  Reyno  mas  pacífi- 
co, é  sus  subditos  mas  obedientes,  quando  le  viesen 
usar  de  magnificencia  ó  piedad  con  aquellos  caba- 
lleros, á  quien  el  Rey  su  padre  habia  desbaratado 
de  sus  patrimonios.  Este  Rey  Don  Luis  de  Francia, 
estando  enfermo  de  la  enfermedad  que  falleció, 
mandó  facer  dos  campanas  en  la  Iglesia  de  Santia- 
go de  Galicia;  y  embió maestros  é  metal  é  todas  las 
cosas  necesarias,  para  que  se  ficiesen  mayores  que 
las  mayores  que  ovieso  en  toda  la  cristiandad.  Para 
lo  qual  embió  diez  mil  coronas  de  oro,  é  mandó  que 
ficiesen  en  la  Iglesia  de  Santiago  una  gran  tor- 
re muy  fuerte  á  sus  expensas ,  que  las  pudiese  sos- 
tener. 

En  este  año  el  Rey  Don  Juan  de  Portogal  dego- 
lló por  justicia  al  Duque  de  Berganza ,  un  gran  se- 
ñor de  aquel  Reyno.  No  sabemos  la  causa  cierta  des- 
ta justicia,  pero  sabemos  que  quando  le  llevaban  al 
cadahalso  donde  fué  degollado  ,  el  pregón  sonaba, 
porque  habia  conjurado  contra  la  sangro  real.  E  se 
decía  que  se  trataba  con  otros  de  matar  al  Rey,  é  to- 
mar por  su  Rey  al  Duque  de  Viseo ,  primo  del  Rey, 
fijo  del  Infante  Don  Fernando  su  tío,  mozo  de  vein- 
te años.  Fizo  ansimesmo  matar  por  justicia  otros 
seis  caballeros,  porque  se  decía  que  eran  partícipes 
en  aquella  conjuración.  Fácese  aquí  memoria  de  la 
muerte  deste  Duque,  porque  era  gran  señor  é  bien 
cercano  de  la  sangre  real.  Fueron  ansimesmo  des- 
teiTados  de  aquel  Reyno  el  Condestable  de  Porto- 
gal,  y  el  Conde  de  Faro,  é  Don  Alvaro,  tres  her- 
manos de  aquel  Duque,  é  otros  caballeros  ó  servi- 
dores suyos. 

CAPÍTULO  XXVIII. 

En  que  se  signen  las  cosas  qne  pasaron  en  el  afio  de  mil  é  qua- 
trocienios  é  ochenta  é  quatroañüs.  E  primeramente  lo  que  pa- 
só sobre  la  restitución  de  los  Condados  de  Ruisellon  é  de  Cer- 
dauia. 

Contado  habemos  como  el  Rey  Luis  de  Francia, 
que  murió  en  este  año  pasado,  tenia  ocupados  loa 


396 

Condados  de  Enisellón  é  de  Cerdania,  que  son  en  el 
Principado  de  Cataluña.  Por  la  restitución  de  los 
quales,  ansí  por  el  Eey  Don  Juan  de  Aragón  en  su 
vida,  como  después  por  el  Key  é  por  la  Keyna  quan- 
do  subcedieron  por  señores  de  aquel  Principado,  fué 
requerido  que  gelos  restituyese,  pues  no  tenia  razón 
alguna  para  los  retener.  E  como  quiera  que  mostra- 
ba en  sus  respuestas  que  le  placía  de  lo  facer ,  pero 
siempre  tenia  maneras  para  lo  dilatar.  Al  fin  ve- 
yéndose  cercano  á  la  muerte,  mandó  que  libremente 
fuesen  restituidos.  E  mandó  al  Obispo  de  Lumbiers 
un  Perlado  de  su  Eeyno ,  que  fuese  á  facer  la  resti- 
tución de  aquellos  Condados  al  Eey  é  á  la  Eéyna; 
con  el  qual  embió  á  absolver  del  pleyto  omenage 
que  le  tenia  fecho  el  alcayde  que  por  él  tenía  los 
castillos  de  aquellas  tierras.  Este  Obispo  yendo  á 
facer  la  restitución,  sopo  en  el  camino  como  el  Eey 
de  Francia  era  muerto  ;  é  como  lo  sopo ,  acordó  de 
suspender  en  el  cargo  que  llevaba,  fasta  lo  consul- 
tar con  el  Eey  Carlos  su  fijo,  que  luego  subcediópor 
Eey  en  aquellos  Eeynos  ,  é  con  los  Duques  é  otros 
señores  de  su  Consejo.  Los  quales  le  embiaron  á  man- 
dar que  dexase  de  facer  la  restitución  de  aquellos 
Condados ,  fasta  que  mas  viesen  cerca  de  aquella 
materia ;  é  por  esta  causa  cesó  de  facerse  aquella 
restitución.  E  luego  el  Eey  Carlos  que  habia  subce- 
dido  por  Eey  en  Francia ,  embió  su  embaxador  al 
Eey  é  á  la  Eeyna  que  estaban  en  la  cibdad  de  Vi- 
toria, ales  notificar  la  muerte  del  Eey  su  padre,  é 
como  él  habia  subcedido  por  Eey  en  Francia  como 
su  fijo  heredero ;  porque  entre  estos  Eeyes  de  Casti- 
lla é  de  Francia  es  costumbre  que  quando  alguno 
dellos  muere,  el  fijo  que  subcede  en  el  Eeyno,  noti- 
fica al  otro  Eey  la  muerte  de  su  padre,  é  se  ofrece  á 
guardar  con  él  las  antiguas  alianzas  que  son  entre 
estos  dos  Eeyes  é  sus  Eeynos. 

Esta  embaxada  oída  por  el  Eey  é  por  la  Eeyna, 
fuéles  respondido,  que  les  habia  pesado  de  la  muer- 
te del  Eey  su  padre  ;  pero  que  les  placía  haber  él 
subcedido  por  Eey  en  su  lugar ,  como  su  fijo  here- 
dero. Otrosí,  que  ellos  embiarían  á  él  sus  embalado- 
res, ansí  sobre  la  entrega  que  debía  facer  de  los 
Condados  de  Euísellon  y  de  Cerdania,  según  que  el 
Eey  su  padre  lo  había  mandado,  como  para  refirmar 
con  él  las  loables  alianzas  é  confederaciones  que 
entre  ellos  é  sus  Eeynos  antiguamente  eran.  E  lue- 
go el  Eey  é  la  Eeyna  embiaron  á  Don  Juan  de  Eíbera, 
Señor  de  Montemayor ,  é  con  él  mandaron  ir  á  un 
Dotor  que  se  llamaba  Juan  Arias  (1)  Dean  de  la 
Iglesia  de  Sevilla,  de  su  Consejo ,  por  embaxadores 
al  Eey  de  Francia.  A  los  quales  dieron  sus  letras 
de  creencia  é  sus  poderes,  para  facer  con  el  Eey  de 
Francia  las  alianzas  é  confederaciones  que  anti- 
guamente fueron  entre  los  Eeyes  sus  predecesores 
é  sus  Eeynos  é  subditos  del  uno  é  del  otro.  Pero 
mandáronles ,  que  no  las  otorgasen ,  fasta  que  ante 
todas  cosas  restituyesen  realmente  aquellos  Conda- 
dos de  Euísellon  é  de  Cerdania ;  pues  la  razón  le 

(1)  En  el  MS.de  Monfort  hay  una  nota  marginal,  que  dice:  Don 
Juan  Arias  del  Villar ,  que  después  fué  Obispo  de  Oviedo  y  Segu- 
9ia. 


CRÓJÍTICAS  DÉ  LOS  REYES  DE  ¡DASTILLA. 


obligaba  á  lo  facer,  ansí  porque  de  justicia  é  buena 
igualdad  no  los  podían  retener,  como  porque  cono- 
cido por  el  Eey  su  padre  tenerlos  no  debidamente, 
los  había  en  su  vida  mandado  restituir. 

Este  caballero  acompañado  de  muchos  escuderos 
é  fijos-dalgo  de  su  casa,  ó  compuesto  de  grandes  ar- 
reos, é  otrosí  aquel  Dean  que  mandaron  ir  con  él, 
fueron  á  la  cibdad  de  Torres  en  Torayna ,  que  es  en 
el  Eeyno  de  Francia  donde  estaba  el  Eey.  E  des- 
pués que  de  parte  del  Eey  é  de  la  Eeyna  le  repre- 
sentaron sus  graciosas  salutaciones  é  ofrecimientos, 
propusieron  su  embaxada,  estando  presentes  los  se- 
ñores de  su  sangre ,  é  los  Duques  é  Caballeros  é  Do- 
tores  de  su  Consejo.  En  la  qual  expresamente  decla- 
raron que  ellos  venían  allí  á  retíficar  las  antiguas 
alianzas  é  confederaciones  que  son  entre  los  Eeyea 
é  Eeynos  de  Castilla  é  de  Francia ,  faciéndose  pri- 
mero la  restitución  de  los  Condados  de  Euisellon  ó 
de  Cerdania,  que  el  Eey  áe>  Francia  tenia  ocupados, 
según  que  por  el  Eey  é  por  la  Eeyna  les  fué  man- 
dado. E  después  de  los  haber  recebido  é  tratado  ho- 
norablemente,  les  fué  respondido  por  escripto  en 
lengua  latina ,  lo  que  en  esta  nuestra  lengua  se  si- 
gue. 

« El  Christianísimo  Eey  de  Francia  Carlos  Octa- 
»vo,  con  bueno,  gracioso  é  alegre  ánimo,  vído,  re- 
Bcibió  é  oyó  á  los  magníficos  embaxadores  de  los 
»  Serenísimos  Eeyes  de  Castilla  é  de  León  ;  é  plógo- 
»le  mucho  de  esta  visitación,  por  la  qual  da  gra- 
ncias  inmortales  á  Dios ,  y  entiende  dar  obra  para 
«facer  al  tanto  con  gran  fervor  de  amistanza.  Cier- 
«tamente  asaz  es  manifiesto  á  los  Eeyes  de  Francia 
né  á  los  moradores  de  su  reyno  haber  siempre  ama- 
»  do  á  los  Eeyes  de  Castilla,  é  á  los  de  su  Eeyno  ;  ó 
»no  sin  causa,  porque  estos  dos  reynos  antiguamen- 
nte  fueron  ligados  con  sancta  é  inviolable  confede- 
»racion,  la  qual  el  Christianísimo  Eey  de  Francia 
«moderno  ha  constituido  é  deliberado  preservar  en 
» tal  manera,  que  ninguna  cosa  pueda  acaescer ,  que 
«jamas  della  le  pueda  revocar.  E  por  tanto  ha  acor- 
»  dado  de  embiar  prestamente  sus  Legados  muy  dí- 
»nos,  á  visitaré  honrar  los  excelentes  Eeyes  de  Cas- 
» tilla,  é  allende  desto  á  renovar  é  confirmar  la  vieja 
«liga  que  es  entre  ellos.  E  como  quiera  que  no  es 
«necesaria  nueva  confederación ,  pues  que  ya  fué 
«fecha  por  perpetuamente,  no  solo  por  los  Eeyes  é 
«por  sus  subcesores,  mas  también  por  el  uno  é  por  el 
«otro  reyno,  de  la  qual  confederación  tan  sancta  los 
«reyes  no  se  pueden  apartar,  en  perjuicio  de  los  mo- 
«radores  del  uno  é  del  otro  reyno;  pero  porque  los 
«embaxadores  parece  haber  propuesto  ser  dificile 
»  guardarse  esta  confederación,  sino  se  restituyesen 
«los  Condados  de  Euisellon  é  de  Cerdania,  la  Alte- 
»za  del  Eey  ha  deliberado ,  de  cometer  á  los  emba- 
nxadores  que  ha  de  embiar,  para  que  cerca  deste  ar- 
«tículo  fablen  abundosamente,  de  tal  manera  que 
«ninguna  cosa  pueda  intervenir  que  dañe  la  muy 
«vieja  liga  é  benivolencia  que  es  entre  ellos;  como 
«quiera  que  la  causa  de  Euisellon  no  pende  del  Rey- 
«no  de  Castilla,  é  no  obstante  aquella,  las  confede- 
«  raciones  antiguas  deben  penuanesoer  sin  violencia. 


DON  FEENANDO 
»A  las  quales  el  Serenísimo  Rey  de  Francia  firme- 
» mente  é  con  toda  constancia  se  entiende  allegar,  é 
»no  facer  cosa  que  sea  agena  della3;y  esto  protesta 
«expresamente  declarando  que  no  quiere  con  las 
«Magestades  de  los  Reyes  de  Castilla  contender, 
«salvo  de  benivolencia  é  amistad  singular.  Dada  en 
«Torres  á  veinte  é  tres  di  as  de  Marzo,  año  de  mil  é 
«quatrocientos  é  ochenta  é  quatro  años. » 

Esta  respuesta  dada  por  el  Rey  de  Francia  é  por 
los  de  su  Consejo,  é  vista  por  los  embaxadores  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  porque  les  pareció  forma  de  di- 
lación ,  pues  no  se  ponia  en  obra  la  restitución  de 
aquellos  dos  Condados ,  no  ficieron,  ni  refirmaron 
con  el  Rey  de  Francia  la  liga  é  confederación  que 
llevaban  en  cargo  de  facer.  E  acordaron  de  facer  en 
nombre  del  Rey  é  de  la  Reyna  un  requerimiento  en 
forma  ante  Notarios  apostólicos  al  Rey  de  Francia, 
é  á  los  de  su  Consejo,  é  á  los  tres  estados  del  Reyno, 
en  presencia  de  sus  procuradores  que  estaban  pre- 
sentes ,  por  el  qual  dixeron ,  que  bien  sabian  como 
aquellos  dos  Condados  de  Ruisellon  é  de  Cerdania 
eran  del  Rey,  é  le  pertenescian  de  derecho ,  por  fin 
del  Rey  Don  Juan  de  Aragón  su  padre.  El  qual  de- 
recho sabido  ó  conoscido  por  el  Rey  Don  Luis  de 
Francia  de  esclarescida  memoria,  en  su  vida  los 
mandó  restituir  al  Rey  é  á  la  Reyna ,  y  embió  al 
Obispo  de  Lumbiers  á  facer  esta  restitución ,  é  ab- 
solvió del  pleyto  omenage,  que  por  las  fortalezas  le 
tenia  fecho  un  caballero  que  se  llamaba  Busillo  ,  á 
quien  habia  dado  cargo  de  la  tenencia  dellas.  La 
qual  restitución  fuera  fecha  si  la  muerte  del  Rey  no 
interviniera ;  é  pues  la  paz  entre  estos  dos  reynos 
no  puede  ser  guardada,  seyendo  agraviados  é  des- 
pojados el  Rey  é  la  Reyna  de  la  posesión  destos  Con- 
dados que  de  derecho  les  pertenescen  :  por  ende  re- 
quirian  al  Rey  de  Francia  que  le  ploguiese  man- 
darlos restituir  luego,  según  que  el  Rey  su  padre  lo 
mandó,  pues  no  habia  razón  porque  los  debiese  re- 
tener. La  qual  cosa  seria  apacible  á  Dios  é  á  los  bo- 
rnes, é  conforme  á  la  justicia ;  especialmente  á  la 
conservación  de  las  ligas  é  loables  confederaciones, 
fechas  é  celebradas  antiguamente  entre  los  Reyes 
de  Francia  é  de  Castilla.  Ansimesmo  se  compliria  la 
voluntad  que  en  su  vida  cerca  deste  caso  mostró  el 
ilustrísimo  Rey  su  padre ;  la  qual  él ,  como  su  fijo  é 
subcesor,  era  tenido  de  complir.  E  que  si  no  le  pla- 
cía mandar  facer  luego  esta  restitución,  protestaban 
que  incurriese  en  las  penas  de  oro  é  plata,  y  en  las 
otras  penas  contenidas  en  las  alianzas  é  confedera- 
ciones ,  como  transgresor  dellas,  é  fuese  obligado  él 
é  sus  Reynos  é  subditos  é  naturales  á  todos  los  da- 
ños é  intereses  que  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é  á  sus  rey- 
nos  é  subditos  é  naturales  dellos  por  esta  causa  se 
recreciesen. 

Fecho  este  requirimiento  por  los  embaxadores 
del  Rey  6  de  la  Reyna,  luego  les  fué  respondido  por 
parte  del  Rey  de  Francia,  que  él  estaba  presto  de 
continar  con  el  Rey  é  con  la  Reyna ,  como  con  Re- 
yes de  Castilla  aquella  loable  amistad  é  antigua 
confederación,  que  los  Reyes  sus  antecesores  tovie- 
ron  é  guardaron  con  los  Beyes  pasados  de  Castilla, 


É  DOSÍA  ISABEL.  39t 

é  que  por  su  parte  no  faltaba  de  las  renovar  é  afir- 
mar luego  con  ellos.  A  lo  qual  no  debia  impedir  la 
entrega  de  aquellos  Condados,  por  ser  en  el  señorío 
de  Cataluña ,  que  no  atañen  en  cosa  ni  en  parte  á 
los  Reyes  é  Reynos  de  Castilla ,  según  que  lo  habia 
respondido.  E  que  él  entendía  con  el  ayuda  de  Dios 
embiar  sus  embaxadores  á  contratar  con  el  Rey  é 
con  la  Reyna  sobre  la  materia  de  aquella  restitu- 
ción, para  que  se  ficiese  lo  que  de  justicia  é  buena 
igualdad  se  debiese  facer,  según  que  primero  lo  ha- 
bia respondido.  Dada  esta  réplica,  los  embaxadores 
se  despidieron  del  Rey  de  Francia,  sin  conseguir 
efeto  de  las  cosas  que  llevaban  en  cargo.  E  porque 
la  parte  del  Rey  de  Francia  deseaba  mucho  la  con- 
firmación de  las  alianzas  que  con  los  Reyes  de  Cas- 
tilla antiguamente  tenían,   este  embaxador  Don 
Juan  de  Ribera  fué  muy  rogado   que  le  ploguiese 
mostrar  al  Rey  é  á  la  Reyna  la  voluntad  que  el  Rey 
de  Francia  tenia  á  la  paz  con  sus  reynos,  y  el  amor 
con  sus  personas  ;  é  que  cerca  desto  toviese  aquella 
sinceridad  que  todo  caballero  amador  de  concordia 
debe  facer  para  la  traer  en  efeto.  E  considerando 
que  los  gastos  que  había  fecho,  é  las  dádivas  de 
caballos  é  otras  cosas  que  habia  dado  á  algunos  de 
su  corte,  correspondían  á  la  nobleza  de  su  sangre, 
le  embió  á  su  posada  gran  suma  de  plata.  Y  embió- 
le  á  decir  con  el  Obispo  de  Lumbiers,  é  con  su  Maes- 
tresala, que  recibiese  del  aquel  don,  porque  ansí 
como  en  sus  actos  habia  dado  á  conocer  que  era  ca- 
ballero diño  de  lo  recebir,  ansí  bien  era  razón  que 
conociese  como  el  Rey  habia  gran  voluntad  de  gelo 
dar ;  é  que  le  rogaba  que  recibiese  aquella  cantidad 
de  plata  que  le  embiaba,  con  esperanza  que  le  daba 
de  le  facer  mayores  mercedes.  Este  caballero  regra- 
desció  mucho  al  Rey  la  liberalidad  grande  con  que 
le  quería  gratificar ,  pero  embióle  á  suplicar  que  no 
gelo  mandase  recebir.  Y  embióle  á  decir,  que  nin- 
gún don  le  traería  tanto  á  su  servicio ,  quanto  le 
movería  la  grand  afición  que  tenia  á  le  servir.  No 
ser  recebído  por  este  caballero  aquel  don  que  el  Rey 
de  Francia  le  embió,  fué  muy  molesto ,  ansí  á  él  co- 
mo á  los  de  su  Consejo.  E  reputándolo  á  muy  grave 
cosa,  tornó  el  Rey  á  replicar,  rogándole  que  le  plo- 
guiese de  lo  recebir ,  porque  los  dones  que  los  Re- 
yes de  Francia  embiaban  fasta  las  posadas  de  los 
embaxadores ,  no  solían  ser  ref usados ,  ni  tomados 
á  su  cámara  por  ninguno,  quanto  quier  grande  se- 
ñor que  fuese.  Este  caballero  reprimido  de  vergüen- 
za, por  la  mengua  que  el  Rey  mostraba  en  ser  ref  u- 
sado  lo  que  le  daba,  respondió:  «Ni  yo  por  cierto 
»  me  escusaría  de  servir  á  la  real  magestad  del  Rey 
»  de  Francia,  ni  menos  ref  usaría  de  tomar  sus  mer- 
« cedes,  porque  yo  reputo  á  gran  prosperidad  mía 
»  quando  su  Alteza  me  falla  diño  de  las  recibir  ;  é 
»  sin  dubda  las  recibiera,  si  algún  efeto  oviera  con- 
» seguido  la  emhaxada  que  habernos  traído.  Pero 
«restantes  las  materias  de  nuestro  cargo  en  el  esta- 
ndo en  que  están,  decid  vosotros  á  la  Señoría  del 
«Rey  de  Francia,  que  le  suplico  humildemente  no 
n  haya  por  grave  no  recebir  yo  agora  sus  dones, 
» fasta  que  con  ayuda  del  muy  alto  Dios,  las  mate* 


398 


CRÓNICAS  DE  LOS  RETES  DE  CASTILLA. 


»rias  presentes  que  entre  el  Rey  é  la  Reyna  mis  so- 
»  beranos  señores  6  Su  Alteza  penden ,  sean  reduci- 
»  das  al  fin  deseado ,  estonces  habrá  mejor  lugar  Sa 
t>  Señoría  para  me  facer  merced,  é  yo  ninguna  causa 
» para  la  no  recebir. »  E  al  fin  de  grandes  ruegos 
que  le  fueron  fechos,  perdida  toda  cobdicia  de 
aquella  gran  suma  que  le  fué  of rescidá ,  nunca  este 
caballero  lo  quiso  recebir ;  porque  según  el  estado 
en  que  conoció  estar  las  cosas  pendientes,  pensó 
que  viniendo  en  alguna  rotura  de  guerra,  no  era 
cosa  dina  de  caballero  ser  contrario  en  guerra,  al 
que  era  en  cargo  de  dones.  B  ansí  despedidos,  vol- 
vieron este  Caballero  é  aquel  Dean  que  habia  ido 
con  él  para  Castilla,  sin  refirmar  cosa  alguna  tocan- 
te á  la  renovación  de  las  ligas  6  confederaciones 
que  con  el  Rey  de  Francia  se  debían  facer,  según 
la  costumbre  antigua  que  entre  estos  Reyes  é  Rey- 
nos  habia.  E  porque  esta  respuesta  dada  por  el  Rey 
de  Francia  muchas  veces,  pareció  ser  mas  forma  de 
dilación  que  conclusión,  )io  quedaron  bien  sanea- 
das por  estonces  las  voluntades  de  la  una  parte  é 
de  la  otra.  E  considerando  que  podría  venir  en  al- 
gún rompimiento  con  el  Rey  de  Francia  por  causa 
de  aquella  restitución ,  fallóse  en  aquella  sazón  en 
el  Consejo  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que  se  debían  em- 
biar  algunos  capitanes  é  gentes  de  armas  é  otros 
aparejos  de  guerra  al  Principado  de  Cataluña  para 
recobrar  aquellos  Condados. 

CAPÍTULO  XXIX. 
De  la  gente  de  armas  que  se  puso  frontera  de  Navarra. 

Habemos  ansímesmo  recontado  como  por  parte 
del  Rey  é  de  la  Reyna  fué  movido  casamiento  de 
Don  Juan  su  fijo  Príncipe  de  Castilla  é  de  Aragón 
con  la  Reyna  de  Navarra  fija  de  la  Princesa,  tia  des- 
te  Rey  Carlos  de  Francia  hermana  de  su  padre.  E 
como  la  Princesa  no  lo  quiso  aceptar,  diciendo  ha- 
ber gran  desigualdad  en  las  edades  del  Príncipe  é 
de  la  Reyna  su  fija ;  al  fin  la  casó  con  el  fijo  del  Se- 
ñor de  Labret,  que  es  en  la  provincia  de  Gascuña, 
del  señorío  de  Francia.  E  porque  esta  Princesa  re- 
fusó  este  casamiento ,  fué  conocido  della  que  en  las 
cosas  tocantes  al  Rey  é  á  la  Reyna ,  no  tenia  aque- 
lla voluntad  sana  que  de  razón  debía  tener.  E  creía- 
se, que  movida  guerra  á  los  Franceses  por  aquellas 
partes  de  Cataluña,  se  juntaría  con  el  Rey  de  Fran- 
cia su  sobrino  é  le  ayudaría ,  é  daría  lugar  por  el 
Rey  no  de  Navarra  á  los  Franceses,  que  entrasen  á 
facer  guerra  á  Castilla. 

E  conocida  la  voluntad  de  aquella  Princesa ,  tó- 
vose  manera  con  algunos  caballeros  é  otros  homes 
principales,  é  con  ciertas  villas  é  lugares  de  aquel 
Reyno  de  Navarra,  en  especial  con  la  villa  de  Tu- 
dela,  que  estovíesen  á  servicio  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na, é  no  diesen  lugar  que  por  aquellas  parces  entra- 
sen Franceses,  ni  ficiesen  guerra  en  Castilla,  E  pu- 
sieron gente  de  armas  é  capitanes  en  la  frontera  de 
Navarra,  para  resistir  á  los  Franceses  é  Navarros,  si 
por  aquellas  partes  quisiesen  entrar.  E  dieron  el  car- 
go principal  de  la  capitanía  de  aquella  frontera  á 


Don  Juan  de  Ribera,  aquel  caballero  que  embíaroü 
por  embaxador  á  Francia. 

Agora  dexa  la  historia  de  relatar  lo  que  toca  á 
esta  materia,  é  cuenta  las  cosas  que  se  ficieron  en 
el  Reyno  de  Granada. 

CAPÍTULO  XXX. 

De  la  tala  que  ciertos  caballeros  por  mandado  del  Reyédela 
Reyna  ficieron  en  tierra  de  moros,  en  el  afio  de  mil  6  quatro- 
cientüs  ochenta  é  quatro  afios. 

Después  que  el  Rey  vino  á  la  cibdad  de  Vitoria, 
do  estaba  la  Reyna,  porque  estaban  ocupados  en  la 
gobernación  de  las  cosas  que  ocurrían  de  los  Rey- 
nos  de  Aragón,  é  de  Valencia,  é  Barcelona  y  en 
aquellas  partes,  no  pudieron  ir  por  estonces  ala 
guerra  de  los  moros,  y  embiaron  á  un  Tesorero  que 
se  llamaba  Ruy  López  de  Toledo,  é  á  un  su  Secre- 
tario que  se  llamaba  Francisco  Ramírez  de  Madrid, 
á  la  cibdad  de  Córdoba  con  sus  cartas  para  el  Maes- 
tre de  Santiago,  é  para  el  Duque  de  Medinasídonias 
é  para  el  Conde  de  Cabra,  é  para  el  Marqués  de  Cá- 
liz, é  para  Don  Alonso  de  Aguilar,  é  para  Luis  Fer- 
nandez Puertocarrero,  Señor  de  Palma,  é  para  otro, 
caballeros,  é  capitanes  é  alcaydes,  é  para  las  cibda- 
des  é  villas  del  Andalucía,  mandándoles  que  se  jun- 
tasen con  los  capitanes  generales,  y  entrasen  en  el 
Reyno  de  Granada  con  sus  gentes,  é  con  la  otra 
gente  del  Andalucía ,  é  talasen  los  panes  é  huertas 
déla  cibdad  de  Málaga,  é  de  los  otros  lugares  de 
aquellas  comarcas.  Estos  dos  Tesorero  é  Secretario, 
dadas  las  cartas  á  los  caballeros  á  quien  se  diri- 
gían, solicitaron  con  algunas  cibdades  é  villas,  que 
se  juntasen  con  ellos  á  facer  la  tala  que  el  Rey  é  la 
Reyna  mandaban  facer.  E  fueron  con  ellos  el  Al- 
cayde  de  los  Donceles,  é  Garcifernandez  Manrique, 
Corregidor  de  Córdoba  con  la  gente  de  aquella  cib- 
dad ;  é  Juan  Guillen,  é  Pedro  de  Roxas  con  la  gen- 
te de  Sevilla ;  y  el  Licenciado  Juan  de  la  Fuente, 
Corregidor  de  Xerez,  con  la  gente  de  aquella  cib- 
dad, é  la  gente  de  Ecija,  é  de  Carmena;  é  la  gente 
del  Duque  de  Medinasidonia ,  é  la  gente  del  Conde 
de  Cabra  con  los  otros  capitanes  que  el  Rey  é  la 
Reyna  embiaron ;  y  el  Alcayde  de  Morón,  con  la 
gente  del  Conde  de  Uruefia.  Todos  estos  caballeros 
juntos  en  el  rio  de  las  Yeguas,  ficieron  alarde,  é  re- 
partieron las  batallas  en  la  forma  que  debian  en- 
trar, é  fueron  adelante  á  poner  real  en  los  prados 
de  Antequera.  E  acordaron  todos  de  estar  á  la  go- 
bernación del  Maestre  de  Santiago,  é  del  Marqués 
de  Cáliz,  é  Don  Alonso  de  Aguilar,  Los  quales  pu- 
sieron justicia  é  oficiales  en  la  hueste,  é  dieron  car- 
go al  Licenciado  Juan  de  la  Fuente,  Corregidor  de 
Xerez,  que  era  Alcayde  del  Rey  é  de  la  Reyna  en 
BU  corte,  que  la  administrase;  ó  todos  los  manda- 
mientos, é  pregones,  y  execuciones  de  justicia ,  que 
se  facían  en  el  real,  sonaban  ser  fechos  por  manda- 
do del  Rey  é  de  la  Reyna.  E  porque  en  la  hueste 
venían  muchas  mugeres  mundanas ,  aquellos  capi- 
tanes acordaron  délas  echar  fuera,  é  no  consintie- 
ron que  ellas  ni  otra  persona  sin  provecho  f  uesQ 


DON  FERNANDO 
en  aquella  haeste.  E  ordenaron  sus  batallas  en  esta 
manera:  en  la  avanguarda  iba  Don  Alonso  de  Agui- 
lar,  y  el  Alcayde  de  los  Donceles,  ó  Puertocarrero, 
é  Jnan  de  Almaraz ,  é  Juan  de  Merlo,  é  Carlos  de 
Biezma,  capitanes  del  Rey  é  de  la  Reyna  con  las 
gentes  de  sus  capitanías.  En  otra  batalla  iba  luego 
el  Maestre  de  Santiago  y  el  Marqués  de  Cáliz  con 
las  gentes  de  sus  casas,  é  Don  Martin  de  Córdoba ,  é 
Antonio  de  Fonseca ,  é  Fernán  Carrillo ,  capitanes 
con  las  gentes  de  sus  capitanías,  é  la  gente  del  Maes- 
tre de  Calatrava,  é  la  gente  de  Gonzalo  Mexía,  Se- 
ñor do  Sanctofimia.  Y  en  las  dos  alas  desta  batalla 
iba  Gonzalo  Hernández  de  Córdoba,  é  Diego  López 
de  Ayala,  é  Pedro  Ruiz  de  Alarcon ,  y  el  Comenda- 
dor Pedro  de  Ribera,  é  Pedro  Osorio,  é  Bemal  Fran- 
cés ,  é  Francisco  de  Bovadilla ,  capitanes ,  con  las 
gentes  de  sus  capitanías.  En  la  otra  batalla  iba  la 
gente  del  Duque  de  Medina ,  é  la  gente  del  Conde 
de  Cabra  con  sus  capitanes,  y  el  Alcayde  de  Morón 
con  la  gente  del  Conde  de  Uruefia ,  é  con  la  gente 
de  Martin  Alonso,  Sefior  de  Montemayor.  En  la  re- 
gpiarda  iba  el  Comendador  mayor  de  Calatrava  con 
la  gente  de  su  capitanía,  é  con  la  gente  é  capitanes 
de  Xerez  y  Ecija  é  Carmena.  Toda  esta  gente ,  que 
eran  fasta  seis  mil  homes  á  caballo,  é  doce  mil  peo- 
nes, ballesteros  é  lanceros,  con  gran  copia  de  espin- 
garderos,  repartidos  en  estas  batallas,  entraron  en 
el  Reyno  de  Granada  contra  las  partes  de  Málaga, 
é  talaron  luego  los  panes  é  viñas  é  olivares  é  Agüé- 
rales, é  todas  las  otras  cosas  que  fallaron  en  el  cir- 
cuito de  la  villa  de  Alora.  Y  entretanto  que  la  tala 
se  facia,  la  batalla  de  la  gente  del  Duque  de  Medi- 
na, é  del  Conde  de  Cabra,  y  el  Alcayde  de  Morón 
con  la  gente  del  Conde  de  Urueña ,  se  pusieron  de- 
lante de  la  villa  para  facer  resistencia  á  los  moros 
que  estaban  en  guarda  della  que  no  saliesen  á  facer 
daño  en  los  taladores. 

Talada  toda  aquella  tierra,  la  hueste  pasó  adelan- 
te, é  talaron  todos  los  panes  é  olivares  é  viñas  é 
huertas  é  Agüérales,  é  todos  los  otros  árboles  que 
fallaron  en  los  valles  é  tierras  de  Cohin,  é  del  Sabi- 
nal ,  é  de  Cazarabonela ,  é  de  Almexía ,  ó  de  Cárta- 
ma, en  lo  qual  estovieron  diez  días.  E  los  moros  de 
Cártama  salieron  á  defender  la  tala  que  se  facia  en 
las  huertas  que  eran  cerca  de  la  villa  ;  é  la  gente  de 
los  christianos  que  iba  en  la  batalla  de  la  avan- 
guarda, pelearon  con  ellos,  é  los  retraxeron  á  la  vi- 
lla, é  robaron  é  quemaron  todo  el  arrabal.  Otro  dia 
pasó  la  gente  adelante,  é  talaron  todos  los  panes  é 
viñas,  é  otros  árboles  de  Pupiana ,  é  por  todo  el  ca- 
mino ,  fasta  que  llegaron  á  la  villa  de  Alhendin.  E 
los  moros  de  aquella  villa  porque  tenían  grandes 
olivares  é  huertas  é  gran  copia  de  panes,  cometieron 
partido  á  los  capitanes  que  no  les  talasen  su  térmi- 
no, é  que  les  darían  todos  los  christianos  captivos 
que  tenían  en  su  villa  é  comarca.  El  Maestre  de 
Santiago  y  el  Marqués  de  Cáliz  no  lo  pudieron  facer 
porque  los  taladores  estaban  ya  tan  tendidos  por 
todas  partes  talando  é  quemando,  que  no  ovo  lugar 
de  lo  resistir;  é  aquella  villa  é  tierra  quedó  del  to- 
4o  destruida.  E  cierta  gente  de  Xerez  con  el  Corre- 


É  DO^A  ISABEL.  399 

gidor,  ó  la  gente  de  Ecija  é  de  Cannona  pasaron  la 
sierra  de  Cártama  por  la  otra  parte ,  é  talaron  todos 
los  panes,  é  quemaron  todos  los  olivares  ó  almen- 
drales que  en  aquella  parte  fallaron.  Otro  dia  la 
hueste  fué  adelante,  é  taló  é  quemó  todo  el  término 
de  la  torre  del  Atabal,  é  los  valles  de  Pupiana  é 
Churriana,  é  toda  la  vega  de  Málaga,  que  ninguna 
cosa  dejaron  enhiesta.  E  tanta  fué  la  diligencia  que 
el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  poner  en  las  cosas  de 
la  guerra,  que  aquellos  oficiales  é  ministros  á  quien 
dieron  el  cargo,  tovieron  manera  que  entretanto  que 
la  gente  estovo  faciendo  la  tala  en  estos  lugares, 
llegaron  á  la  costa  de  la  mar  bien  cerca  de  la  tierra 
navios  de  las  cibdades  de  Sevilla  é  de  Xerez ,  que 
traían  los  mantenimientos  necesarios  para  la  hues- 
te, donde  fué  proveída  de  todo  lo  que  ovo  menes- 
ter ;  de  tal  manera  que  por  falta  de  mantenimien- 
tos é  de  las  otras  cosas  necesarias  no  dexasen  la 
gueiTa.  Llegados  aquestos  navios,  é  proveída  la 
gente,  el  Maestre  y  el  Marqués  é  los  otros  caballe- 
ros é  capitanes,  acordaron  de  ir  con  sus  batallas  or- 
denadas á  la  cibdad  de  Málaga  por  talar  los  panes 
é  huertas  que  estaban  cerca  de  la  cibdad.  E  como 
llegaron  con  sus  batallas,  los  moros  salieron  á  pe- 
lear con  ellos,  é  duraron  aquel  día  todo  escaramu- 
zando, donde  fueron  muertos  é  feridos  algunos  de 
la  una  parte  é  de  la  otra.  E  durante  aquella  escara- 
muza la  gente  de  los  christianos  andaba  quemando 
é  talando  panes  é  viñas  é  huertas  é  olivares  é  al- 
mendrales é  palmas  é  otros  árboles,  é  quebraron  to- 
dos los  molinos  que  fallaron  en  el  término  de  Má- 
laga. Otro  dia  pusieron  real  sobre  la  villa  de  Cohin, 
é  talaron  todo  lo  que  fallaron  en  circuito  della,  fas- 
ta que  libaron  al  término  de  Altazayna,  é  de  Cu- 
tero ;  é  talaron  ansimesmo  á  Alhaurín,  é  destruye- 
ron toda  aquella  tierra  é  sus  comarcas.  En  todos  los 
lugares  que  talaron  ovieron  escaramuzas  ó  peleas 
con  los  moros,  donde  fueron  muertos  é  feridos  tara- 
bien  de  los  christianos,  como  de  los  moros.  Había 
en  aquella  hueste  cirujanos,  que  la  Reyna  embiaba 
quando  entraba  su  gente  en  tierra  de  moros,  á  los 
quales  mandaba  que  sin  ningún  precio  curasen  los 
feridos,  porque  ella  lo  facía  todo  pagar.  Fecha  esta 
tala,  que  duró  por  espacio  de  quarenta  días,  volvie- 
ron todos  aquellos  caballeros  é  capitanes  con  sus 
gentes  para  los  prados  de  Antequera.  E  allí  se  des- 
partieron, con  apercebímiento  que  les  fué  fecho  de 
parte  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que  estoviesen  prestos 
para  entrar  con  el  Rey  á  la  tala  que  había  de  facer 
en  la  vega  de. Granada,  é  bastecer  la  cibdad  de  Al- 
hama. 

CAPÍTULO  XXXL 

Como  el  Rey  é  la  Repa  fueron  i  la  cibdad  de  Tarazona. 

El  Rey  que  según  habernos  dicho  era  venido  á 
Vitoria,  é  la  Reyna  que  había  salido  de  las  monta- 
fias  de  Vizcaya,  proveída  la  frontera  de  Navarra,  é 
las  otras  cosas  que  fueron  necesarias  de  proveer  en 
aquellas  provincias,  partieron  de  Vitoria,  é  fueron 
á  la  cibdad  de  Tarazona.  á  entender  en  las  cortes  de 


400 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Aragón  que  se  facían  en  aquella  cibdad ,  sobre  al- 
gunas cosas  concernientes  á  la  administración  de 
la  justicia  é  otras  necesidades  que  en  aquel  Reyno 
por  estonces  ocurrían.  E  vinieron  á  aquella  cibdad 
por  su  mandado  todos  los  mas  caballeros  é  varones 
é  procuradores  de  las  cíbdades  é  villas ,  é  todos  los 
otros  que  acostumbraban  juntarse  en  las  cortes  de 
aquel  Reyno.  E  como  fueron  juntos,  por  parte  del 
Rey  é  de  la  Reyna  les  fueron  notificadas  algunas 
necesidades  que  por  estonces  tenían ,  ansí  para  re- 
cobrar los  Condados  de  Ruísellon  é  de  Cerdanía, 
como  para  la  guerra  de  los  moros,  que  se  continaba, 
é  para  los  otros  gastos,  que  para  sostener  su  estado 
real  eran  necesarios.  Ansimesmo  por  los  del  Reyno 
fueron  propuestas  al  Rey  é  á  la  Reyna  algunas  co- 
sas que  para  conservación  desús  fueros  é  leyes  com- 
plia  de  se  executar  é  remediar.  En  las  quales  enten- 
dieron con  gran  diligencia  los  días  que  en  aquella 
cibdad  estovieron  ;  pero  eran  tantas  é  de  tan  diver- 
sas calidades,  que  no  se  pudo  dar  ñn  á  ellas  por  es- 
tonces. E  porque  era  ya  el  mes  de  Abril,  y  el  tiem- 
po para  entrar  en  el  Reyno  de  Granada  á  facer  la 
guerra  é  la  tala  que  se  había  de  facer  se  pasaba ,  la 
Reyna,  que  tenia  mucho  en  el  ánimo  aquella  guer- 
ra de  los  moros,  acordó  que  se  debían  dexar  aque- 
llas cortes  de  Aragón,  por  la  dilación  grande  que  se 
daba  en  la  conclusión  dellas,  é  todas  cosas  pospues- 
tas debían  ir  al  Andalucía  en  prosecución  de  la 
guerra  de  los  moros.  Porque  decía  ella  que  era  tan 
justa  é  tan  sancta  empresa,  que  entre  todos  los  prín- 
cipes christianos  no  podía  ser  mas  honrada,  ni  que 
mas  dina  fuese;  para  que  faciéndose  debidamente 
se  oviese  el  ayuda  de  Dios  y  el  amor  de  las  gentes. 
El  voto  del  Rey  era  que  primero  se  debían  recobrar 
los  Condados  de  Ruísellon  é  de  Cerdania,  que  los  te- 
nia injustamente  ocupados  el  Rey  de  Francia;  ó  que 
la  guerra  con  los  moros  se  podía  por  agora  suspen- 
der, pues  era  voluntaria,  ó  para  ganar  lo  ageno,  é 
la  guerra  con  Francia  no  se  debía  escusar,  pues  erg, 
necesaria,  é  para  recobrar  lo  suyo.  E  que  si  aquella 
era  guerra  santa,  estotra  guerra  era  justa,  é  muy 
conviniente  á  su  honra.  Porque  sí  la  guerra  de  los 
moros  por  agora  no  se  prosiguiese,  no  les  seria  im- 
putada mengua  ;  é  si  estotra  no  se  ficiese ,  allende 
de  recebir  daño  é  pérdida,  incurrían  en  deshonra, 
por  dexar  á  otro  rey  poseer  por  fuerza  lo  suyo ,  sin 
tener  á  ello  título  ni  razón  alguna.  Decía  ansimesmo 
que  el  Rey  de  Francia  era  mozo,  é  suparsona  é  Rey- 
no  andaba  en  tutorías  é  gobernación  agena;  las  qua- 
los  cosas  daban  oportunidad  para  facer  la  defensa 
de  los  Franceses  mas  flaca,  é  la  demanda  de  resti- 
tución mas  fuerte.  E  que  sí  por  agora  se  dexase,  era 
do  pensar  que  cresciéndole  la  cobdicia  con  la  edad, 
seria  mas  difícile  de  recobrar  é  sacar  de  su  poder 
aquella  tierra.  Otrosí  decía  que  quanto  n\as  tiempo 
dexase  de  mover  esta  guerra  ,  tanto  mayor  posesión 
ganaba  el  Rey  de  Francia  de  aquellos  Condados  ;  é 
los  moradores  dellos,  que  cada  hora  esperaban  ser 
tomados  á  su  señorío,  veyendo  pasar  el  tiempo  sin 
dar  obra  á  los  recobrar ,  perderían  la  esperanza  que 
tenían  de  ser  reducidos  al  señorío  primero ;  é  que  el 


tiempo  faría  asentar  sus  ánimos  en  ser  subditos  del 
Rey  de  Francia,  é  perderían  la  afición  que  tenían  al 
señorío  real  de  los  Reyes  de  Aragón.  La  qual  afición 
decía  él  que  no  era  pequeña  ayuda  para  los  reco- 
brar prestamente.  Otrosí  decía  que  no  podía  bue- 
namente sof  rir  los  clamores  de  algunos  caballeros  é 
cíbdadanos  de  aquellos  Condados  que ,  por  servicio 
del  Rey  su  padre  é  suyo ,  han  estado  tanto  tiempo 
desterrados  de  sus  casas  y  heredamientos ;  é  recla- 
maban toda  hora  solicitando  que  se  diese  obra  á  la 
reducion  de  aquella  tierra,  por  tornar  á  sus  casas  é 
bienes.  Todas  estas  razones  decía  el  Rey  á  fin  que 
la  guerra  se  moviese  para  recobrar  aquella  tierra  da 
Ruísellon  é  de  Cerdanía.  La  Reyna  que  estaba  muy 
inclinada  ácontinar  la  guerra  comenzada  contra  los 
moros  decía ,  que  si  agora  estoviesen  en  tiempo  de 
elegir  qual  de  aquellas  guerras  se  debía  comenzar, 
habían  lugar  las  causas  que  el  Rey  decía  para  co- 
menzar la  de  Francia  é  dexar  la  de  Granada.  Pero 
que  comenzada  ya  de  dos  años  antes  la  guerra  con 
los  moros ,  para  la  qual  con  grandes  trabajos  eran 
fechos  aparejos,  é  se  habían  fecho  inmensos  gastos 
é  costas,  ansí  por  mar  como  por  tierra,  ateniéndola 
en  el  estado  que  la  tenían,  parecía  mal  consejo  per- 
dello  todo  por  comenzar  otra  guerra  de  nuevo ,  pu- 
diéndose proseguir  la  de  los  moros,  proveyendo  es- 
totra que  se  esperaba  con  los  Franceses.  Para  la 
qual  decía  ella  que  debrían  quedar  con  el  Rey  en 
aquellas  partes  de  Aragón  é  de  Cataluña  algunas 
gentes  de  armas  de  Castilla :  con  los  quales  é  con 
la  gente  de  la  tierra  podía  facer  el  Rey  lo  que  que- 
ría. E  que  ella  iría  en  prosecución  de  la  guerra  que 
tenia  comenzada  contra  los  moros,  y  en  esta  mane- 
ra se  proveía  lo  uno  é  lo  otro. 

En  este  acuerdo  asentaron  el  Rey  é  la  Reyna  é 
los  de  su  Consejo,  é  luego  dieron  orden  en  la  admi- 
nistración de  la  justicia  que  había  de  quedar  en  las 
tierras  de  allende  el  puerto  ;  de  la  qual  dieron  car- 
go al  Almirante  Don  Alonso  Enriquez  é  al  Condes- 
table Conde  de  Haro ,  á  los  quales  mandaron  que 
estoviesen  en  la  villa  de  Valladolíd.  Otrosí  manda- 
ron á  ciertos  Dotores  de  su  Consejo ,  que  estoviesen 
con  ellos,  é  librasen  las  causas  que  pendían,  é  de 
nuevo  naciesen  en  aquellas  partes,  é  proveyesen  en 
ellas :  para  lo  qual  el  Rey  é  la  Reyna  les  dieron  sus 
poderes  bastantes. 

Fecha  esta  provisión ,  el  Rey  quedó  en  aquella 
cibdad  de  Tarazona ,  entendiendo  en  las  cortes  que 
se  facían,  é  la  Reyna  partió  de  aquella  cibdad,  ó 
con  ella  el  Cardenal  de  España,  é  vinieron  á  la  cib- 
dad de  Toledo.  E  como  la  Reyna  llegó  cerca  de  la 
cibdad,  porque  era  costumbre  antigua,  é  muy  guar- 
dada ,  que  quando  los  Arzobispos  entran  la  primera 
vez  en  ella ,  los  caballeros  de  la  cibdad  salen  á  le 
recebir  fuera  de  la  cibdad ;  é  todos  vienen  con  él  á 
pié  en  circuito  de  la  cavalgadura  en  que  entra,  fasta 
lo  poner  á  las  puertas  de  la  Iglesia  donde  descaval- 
ga  é  face  oración  á  la  cruz ,  con  que  la  clerecía  de 
la  Iglesia  le  está  esperando  ;  la  clerecía  de  la  cib- 
dad requirió  al  Cardenal  que  pues  aquella  era  la 
primera  vez  que  entraba  en  la  cibdad ,  después  que 


DON  FEKNANDO 
filé  proveído  del  Arzobispado ,  le  ploguiese  guardar 
la  cerimonia  debida  álos  Arzobispos,  y  entrar  en  la 
cibdad  un  dia  antes  que  la  Keyna  entrase  ;  porque 
entrando  solo,  los  caballeros  oviesen  lugar  de  le  fa- 
cer aquella  honra  acostumbrada.  E  como  la  Reyna 
le  rogase  aquello  mesmo  ,  el  Cardenal  le  respondió  : 
«  Señora,  pues  vuestra  voluntad  fué  de  me  procurar 
» la  provisión  de  este  Arzobispado,  yo  reputo  la  ma- 
))  yor  honra  que  puedo  recebir  entrar  acompañando 
))á  vuestra  persona  real ,  é  que  vos  me  pongáis  por 
» vuestra  mano  en  la  posesión  de  la  Iglesia  que 
»me  procurastes; — quédese,  dixo,  esta  cerimonia 
»  para  otro  tiempo  é  lugar» ;  é  no  quiso  entrar  en  la 
cibdad,  salvo  con  la  Reyna,  acompañándola.  Aque- 
lla respuesta  que  el  Cardenal  dio,  é  la  voluntad  que 
en  aquel  caso  mostró,  fué  notada  á  virtud  de  humil- 
dad é  de  agradescimiento ;  porque  eligió  antes  ir 
con  los  otros  acompañando  á  la  Reyna ,  que  entrar 
Bolo  en  la  cibdad  con  aquella  gran  cerimonia  é  hon- 
ra que  le  era  debida  é  le  ofrescian.  E  ansí  entró  en 
la  cibdad  acompañando  á  la  Reyna,  á  la  qual  fué 
fecho  grande  recibimiento,  y  estovo  en  la  cibdad 
los  tres  dias  de  Pasqua  de  Resurrección  ;  é  luego 
partió  para  el  Andalucía,  é  con  ella  el  Cardenal,  ó 
fué  á  las  cibdades  de  Úbeda  é  Baeza  é  Andúxar  ó 
Jaén.  E  vistas  todas  aquellas  partes  proveyó  algu- 
nas cosas  que  entendió  ser  necesarias  á  la  adminis- 
tración déla  justicia,  é  buena  gobernación  de  aque- 
llas cibdades :  en  especial  defendió  el  juego  de  los 
dados  en  aquellas  tierras  y  en  todos  sus  Reynos  so 
grandes  penas ,  ó  mandó  á  sus  Corregidores  que  las 
executasen  en  qualesquier  persona  que  los  jugasen. 
E  los  ministros  de  la  justicia  habían  tan  gran  te- 
mor de  la  Reyna,  que  executaban  con  mucha  dili- 
gencia sus  mandamientos ;  é  algunos  por  miedo  de 
las  penas  que  se  executaban  ,  se  refrenaban  é  dexa- 
ban  de  jugar :  de  manera  que  los  grandes  de  ver- 
güenza, é  los  otros  por  miedo  de  la  pena,  todos  jue- 
gos cesaron.  Cosa  fué  por  cierto  dina  de  memoria, 
porque  esto  se  guardó  tanto,  que  no  se  fallaban  en 
todo  el  Reyno  dados  para  jugar,  ni  agora  ninguno 
los  osaba  tener  ni  vender.  Asentadas  todas  estas 
cosas  por  la  Reyna  en  aquellas  cibdades,  acordó  de 
venir  para  la  cibdad  de  Córdoba,  á  esperar  la  gente 
de  armas  que  había  mandado  llamar  para  facer  guer- 
ra en  el  Reyno  de  Granada. 

CAPÍTULO  XXXII. 

De  las  cosas  qae  la  Reyna  fizo  en  la  cibdad  de  Córdoba ,  é  como 
el  Rey  dexó  las  cortes  de  Tarazona ,  é  vino  á  Córdoba  do  es- 
taba la  Reyna. 

Como  la  Reyna  llegó  á  la  cibdad  de  Córdoba,  lue- 
go vinieron  á  su  llamamiento  el  Maestre  de  Santia- 
go, y  el  Conde  de  Cabra  y  el  Marqués  de  Cáliz,  y 
el  Marqués  de  Villena ,  é  Don  Lorenzo  Suarez  deFi- 
gueroa,  Conde  de  Feria,  é  Don  Alonso  de  Aguilar, 
y  el  Conde  de  Belalcázar,  y  el  Conde  de  Osomo, Co- 
mendador mayor  de  Castilla,  y  el  Conde  de  Nieva, 
y  el  Conde  de  Uruefia ,  é  Don  Juan  de  Guzman,  fi- 
jo del  Duque  de  Medinasidonia  con  la  gente  del 
Cr.-IIÍ. 


É  DOÍÍA  ISABEL.  401 

Duque  su  padre ,  ó  Don  Juan  de  Sotomayor,  Señor 
de  Alconchel,  é  Puertocarrero ,  Señor  de  Palma,  é 
Juan  de  Guzman,  Señor  de  Teba ,  é  todos  los  otros 
capitanes  é  gentes  de  armas  que  embió  á  llamar. 
Otrosí,  vinieron  fasta  mil  peones  ballesteros  é  lan- 
ceros y  espingardcros,  é  mandó  traer  gran  número 
de  carros  é  madera  é  fierro  é  piedras  é  maestros  para 
las  labrar,  é  todas  las  otras  cosas  que  eran  necesa- 
rias para  las  lombardas  é  otros  tiros  de  pólvora  de 
su  artillería,  según  la  orden  que  para  ello  dábanlos 
maestros  que  fizo  venir  de  Francia  é  de  Alemana, 
que  tenian  aquel  cargo.  E  allende  de  las  trece  mil 
bestias  que  el  Reyno  le  dio  en  servicio  este  año  para 
meter  los  bastimentos  necesarios  á  la  gente  que  es- 
taba en  Alhama ,  mandó  ansimesmo  traer  alquila- 
das otro  gran  número  de  bestias  é  de  carretas,  para 
llevar  las  cosas  necesarias  á  las  gentes  de  armas  é 
peones  que  habían  de  entrar  en  la  vega  de  Grana- 
da. Otrosí  mandó  aderezar  grande  flota  de  naos  ó 
galeras  é  carracas  por  el  mar,  é  fornescerlas  de  ar- 
mas é  gentes  é  mantenimientos,  para  guardar  el  es- 
trecho que  no  pasasen  mantenimientos  ni  gentes  de 
las  partes  de  África  para  favorecer  los  moros.  E  dio 
cargo  de  la  capitanía  do  esta  flota  á  Don  Alvaro  de 
Mendoza,  Conde  de  Castro.  Aparejadas  todas  las  co- 
sas que  eran  necesarias  para  la  guerra ,  pensando 
que  el  Rey  se  deternia  en  las  cortes  de  Aragón ,  dio 
cargo  de  la  capitanía  general  de  toda  su  hueste  al 
Cardenal  de  España ,  para  que  entrase  en  tierra  de 
moros;  y  ella  acordó  de  ir  á  las  cibdades  de  Ante- 
quera é  Alcalá  la  Real ,  para  proveer  en  las  necesi- 
dades que  ocurriesen ;  porque  la  presencia  de  la 
Reyna,  é  la  forma  que  tenia  en  la  gobernación  de 
las  cosas ,  f acia  á  sus  ministros  é  servidores  poner- 
las en  obra  con  diligencia.  Las  cosas  de  la  gueiTa 
fechas  é  aderezadas  por  la  Reyna  en  la  manera  que 
babemos  dicho ,  el  Rey  dexó  las  Cortes  de  Aragón, 
é  suspendió  en  la  guerra  que  estaba  en  propósito  d© 
facer  á  los  Franceses  ;  porque  en  aquellas  Cortes  no 
falló  por  estonces  el  aparejo  que  era  necesario  para 
la  principiar,  é  vino  para  la  cibdad  de  Córdoba  don- 
de estaba  la  Reyna.  E  juntos  aquellos  caballeros  ó 
capitanes  que  estaban  en  su  Consejo  ,  fablóse  cerca 
de  la  guerra  que  se  había  de  facer  aquel  año.  E  por- 
que el  voto  de  algunos  era ,  que  se  debía  facer  tala 
en  la  vega  de  Granada  ,  según  se  había  fecho  los 
años  pasados ,  y  el  voto  de  otros  era ,  que  se  debía 
asentar  real  sobre  alguna  Villa ;  aquellos  cuyo  voto 
era  de  facer  la  tala,  decían  que  pues  había  tan  gran 
recabdo  en  la  mar,  para  que  no  pasasen  manteni- 
mientos de  África  con  que  los  moros  de  Granada  se 
pudiesen  proveer,  les  parecía  que  debían  entrar  en 
la  vega ,  é  facer  la  tala  de  los  panes  é  otras  cosas, 
según  que  otras  veces  se  había  fecho.  E  que  qui- 
tando á  los  moros  por  todas  partes  el  mantenimien- 
to, geles  faria  mayor  gueira  que  en  otra  manera: 
porque  no  pudiendo  sofrir  la  mengua  de  los  mante- 
nimientos ,  seria  forzado  darse  todos  de  hambre ;  y 
en  esta  forma  seria  fecha  guerra  general  á  todo  el 
Reyno ,  lo  que  no  se  faria  cercándose  una  villa  sola. 
Los  que  eran  en  voto  que  eo  cercase  alguna  villa^ 

2S 


402 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


decían  que  bien  seria  facerse  la  tala,  si  generalmen- 
te se  pudiese  facer  en  todas  las  partes  del  Reyno 
de  Granada ,  pero  que  no  se  podia  facer ,  salvo  so- 
lamente en  la  vega ,  é  aun  en  aquella  no  se  podia 
talar  cumplidamente,  salvo  algunos  lugares ;  é  ansí 
quedaban  todas  las  otras  cibdades  é  villas  é  lugares 
é  partes  de  aquel  Reyno  por  talar,  de  donde  los  mo- 
ros se  podían  proveer.  Ansí  que  facer  la  tala  era 
una  guerra  de  grandes  costas  á  los  christianos,  é 
poco  daño  á  los  moros.  Esto  bien  considerado ,  de- 
cían que  el  Rey  debía  poner  sitio  sobre  alguna  villa 
de  las  de  aquel  reyno ,  pues  tenia  gran  poder  de  gen- 
tes é  artillería  para  la  guerrear  é  combatir.  E  ni  por 
esto  cesaría  la  tala ,  pues  que  las  gentes  de  la  hues- 
te talarían  asaz  tierra  de  la  que  estoviese  en  circui- 
to de  la  villa  que  se  sitiase.  Sobre  esta  materia  ovo 
grande  plática  é  diversidad  de  consejos  entre  los  ca- 
balleros é  capitanes  que  estaban  en  el  Consejo.  Al 
fin  el  Rey  é  la  Reyna,  vistas  las  razones  que  se  ale- 
gaban por  los  unos  é  por  loa  otros ,  determinaron, 
que  se  debía  poner  sitio  sobre  alguna  villa  de  mo- 
ros é  la  combatir ,  porque  entendían  de  la  haber  con 
la  fuerza  del  artillería.  E  determinaron  que  se  sitia- 
se la  villa  de  Alora,  porque  tomada  aquella  villa, 
aseguraba  gran  parte  de  las  otras  tierras  de  chris- 
tianos que  estaban  frontera  de  los  moros,  de  donde 
se  podia  facer  guerra  á  las  otras  villas  é  tierras  del 
Reyno  de  Granada,  que  estaban  en  la  comarca.  Este 
acuerdo  habido,  fué  tan  secreto  que  ninguno  lo  so- 
po ,  salvo  muy  pocos  de  su  Consejo.  E  aprovechó 
tanto  el  secreto,  que  los  moros  no  proveyeron  aque- 
lla villa  de  las  cosas  que  se  requerían  para  su  de- 
fensa ;  é  recelando  que  el  Rey  cercaría  otra  vez  la 
cibdad  de  Loxa,  pusieron  en  ella  los  moros  guarda 
de  mucha  gente  é  mantenimientos,  é  fortificáronla 
mas  que  otra  ninguna  cibdad  ni  villa  de  aquellas 
partes. 

CAPÍTULO  XXXIII. 

Como  el  Rey  tomó  la  villa  de  Alora. 

Habido  el  acuerdo  que  habemos  dicho  luego  el 
Rey  partió  para  la  cibdad  de  Córdoba  con  todos 
los  caballeros  é  gentes  de  caballo  é  de  pié  que  la 
Reyna  había  fecho  juntar  ;  é  sus  batallas  ordena- 
das, vino  fasta  un  lugar  que  se  llama  el  Rio  de  las 
Yeguas.  Estando  allí,  mandó  al  Marqués  de  Cáliz  que 
con  la  gente  de  su  casa,  é  con  la  batalla  de  la  gen- 
te de  armas  del  Cardenal  de  España,  do  iba  por  ca- 
pitán Don  Antonio  de  Mendoza  su  sobrino,  fuese 
adelante  á  asentar  real  en  lugar  conviníente.  Como 
el  Marqués  fué  partido,  el  Rey  lo  siguió,  y  entró 
mas  adelante  en  tierra  de  moros  con  toda  su  hues- 
te, donde  iban  de  las  bestias  que  dio  el  Reyno,  é  de 
las  otras  que  la  Reyna  mandó  traer  alquiladas,  fas- 
ta en  número  de  treinta  mil  cargas,  que  llevaban 
los  mantenimientos  para  la  gente.  Iba  ansimesmo 
gran  número  de  carros  con  el  artillería,  é  una  gran 
parte  de  los  peones  pasaban  adelanto  por  las  sier- 
ras y  puertos  de  aquella  tierra,  allanando  los  cami- 
pos  é  lugares  ásperos  por  donde  pudiesen  pasar  los 


carros.  Y  en  esta  forma  fué  el  Rey  poniendo  san 
reales  fasta  que  llegó  sobre  la  villa  de  Alora,  Vier- 
nes once  días  del  mes  de  Junio  deste  año.  Los  mo- 
ros que  en  ella  estaban  ficieron  grandes  aparejos  de 
defensas  en  los  muros  é  torres ,  y  el  Alcayde  que 
tenia  la  fortaleza  repartió  su  gente  en  los  lugares 
que  entendió  ser  necesarios  para  la  defender.  Esta 
villa  es  tan  fuerte  ó  puesta  en  tal  sitio ,  que  los  mo- 
ros recelaban  poco  de  ninguna  fuerza  ni  combata 
que  les  fué  fecho.  El  Rey,  puesto  su  real,  mandó  asen- 
tar el  artillería ,  é  que  tirase  á  ciertas  partes  del  mu- 
ro é  de  las  torres.  Los  moros  ansimesmo  tiraban 
con  espingardas ,  é  con  otros  tiros  de  pólvora,  é  sae- 
tas con  yervas  é  ferian  algunos  christianos.  E  para 
curar  los  f  eridos  é  los  dolientes ,  la  Reyna  embiaba 
siempre  á  los  reales  seis  tiendas  grandes,  é  las  ca- 
mas de  ropa  necesarias  para  los  feridos  y  enfermos; 
y  embiaba  físicos  é  cirujanos  é  medicinas  é  hornea 
que  los  sirviesen,  é  mandaba  que  no  llevasen  pre- 
cio alguno ,  porque  ella  lo  mandaba  pagar.  Y  estas 
tiendas  con  todo  este  aparejo ,  se  llamaban  en  loa 
reales  el  Hospital  de  la  Reyna.  Asentadas  las  lom- 
bardas grandes,  é  comenzando  á  tirar,  derribaron 
dos  torres  é  á  una  gran  parte  del  muro.  E  como 
aquella  parte  del  muro  fué  caída ,  los  moros  traba- 
jaron por  facer  otro  muro  de  tapia  por  de  dentro 
para  se  defender ;  pero  los  ribadoquines  é  otros  ti- 
ros de  pólvora  tiraban  tantas  veces  á  aquella  parte 
do  el  muro  había  caído,  que  los  moros  no  tenían  lu- 
gar de  facer  ninguna  defensa  dentro ;  é  si  algunos 
trabajaban  de  la  facer ,  luego  eran  muertos  ó  lisia- 
dos con  la  gran  muchedumbre  de  artillería  que  con- 
tinamente tiraban. 

Visto  por  el  Rey  como  las  torres  con  aquella  par- 
te del  muro  eran  caídas,  mandó  aderezar  los  bancos 
pinjados  é  grúas  é  mantas,  é  los  otros  pertrechos 
necesarios  para  el  combate;  é  repartió  los  lugares 
por  do  la  villa  se  había  de  combatir  á  cada  capitán. 
Los  moros,  que  primero  estaban  esforzados  é  con 
poco  temor  de  recebir  daño ,  quando  vieron  las  tor- 
res con  grande  parte  del  muro  derribado ,  é  como 
toda  la  artillería  continamente  tiraba  é  derribaba 
cada  hora  mas ,  é  que  no  podían  defender  el  muro, 
ni  andar  seguros  por  las  calles ;  sintiéndose  guer- 
reados por  tantas  partes,  requirieron  al  Alcayde  que 
diese  al  Rey  la  villa,  porque  ni  veían  manera  para 
la  defender  ni  tenían  fuerza  para  pelear.  El  Al- 
cayde, visto  que  gran  parte  de  sus  moros  perdían  el 
esfuerzo  ,  con  algunos  que  vido  tener  mejor  ánimo, 
se  puso  en  una  torrea  fin  de  la  defender;  é  reprehen- 
día á  los  otros  por  la  flaqueza  que  mostraban,  éde- 
ciales,  que  antes  debían  allí  morir  que  perder  su 
tierra,  é  ser  puestos  so  la  servidumbre  de  los  chris- 
tianos, á  quien  no  conocían  sino  por  enemigos  crue- 
les. E  con  estas  é  otras  semejantes  razones  trabaja- 
ba de  los  esforzar ,  pero  los  moros ,  veyendo  loa 
muertos  é  feridos  é  como  cada  hora  sus  muroa 
caían,  puestos  en  aquella  necesidad  peligrosa,  la 
turbación  les  privaba  el  entendimiento  para  tomar 
acuerdo  de  lo  que  debían  facer.  Estando  en  esta 
priesa ,  descolgáronse  por  la  cerca  tres  moros  é  vi- 


DON  FERNANDO 
níeron  al  Rey  á  le  decir  el  estado  de  la  villa,  y  el 
desacuerdo  que  habia  entre  los  moros  sobre  la  de- 
fender ó  entregar.  Estonces  el  Rey  les  embió  á  de- 
cir con  un  faraute  ó  intérprete,  que  él  les  asegura- 
ba la  vida  é  los  bienes,  é  que  los  embiaria  sin  daño 
á  qualquier  parte  que  quisiesen  ,  si  luego  le  entre- 
gaban la  villa.  Los  moros,  oyendo  la  piedad  que  el 
Rey  les  ofrecía,  esforzáronse  mas  contra  el  Alcay- 
de  é  decíanle :  «Tú,  Alcayde,  que  nos  mandas  defen- 
»  der,  danos  si  puedes  vida  para  poder  pelear,  é  plá- 
»  ceños  morir  defendiendo,  si  poderaes  defender  pe- 
»  leando  ;  mas  si  no  podemos  guardar  la  vida  para 
»  defender  la  villa,  locura  es  perder  la  vida  é  la  vi- 
))lla.  Tú  quieres  que  muriendo  veamos  moriré  cap- 
» tivar  nuestras  mugeres  é  fijos,  é  al  fin  que  sepier- 
»  da  la  villa  ;  sábete  que  no  lo  queremos  facer,  án- 
» tes  queremos  gozar  de  la  piedad  que  el  Rey  nos 
»  ofrece ,  que  usar  del  consejo  que  tú  nos  das. »  El 
Alcayde ,  visto  que  cada  hora  mas  desmayaba  su 
gente  con  las  muertes  de  unos  é  feridas  de  otros, 
acordó  de  entregar  al  Rey  la  villa ;  y  el  Rey  seguró- 
les las  vidas  é  los  bienes ,  é  mandó  al  Comendador 
mayor  de  León  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  é  á  Puer- 
tocarrero  Señor  de  Palma,  que  entrasen  en  ella.  A 
los  quales  el  Alcayde  dio  lugar  que  se  apoderasen 
de  una  torre  con  fasta  veinte  homes  de  armas ,  en- 
tretanto  que  los  morog  de  la  villa  recogían  sus  bie- 
nes, é  los  sacaban  fuera.  E  luego  fueron  puestas 
sobre  las  torres  de  la  villa  las  banderas  del  Rey  é  de 
la  Reyna ,  y  el  pendón  de  la  Cruzada.  Fué  entrega- 
da esta  villa  al  Rey,  á  veinte  días  del  mes  de  Junio, 
año  del  nascimiento  de  nuestro  Redemptor  de  mil 
é  quatrocientos  é  ochenta  é  quatro  años.  E  mandó 
poner  en  seguro  todos  los  moros  é  moras  con  sus 
fijos  é  bienes ;  otrosí  mandó  rescatar  todos  los  chris- 
tianos  que  estaban  en  ella  captivos.  Como  la  villa 
fué  desembargada,  el  Key  entró  en  ella  con  una 
solemne  procesión,  éfué  á  la  mezquita  principal,  é 
fundó  en  ella  una  iglesia,  que  por  intercesión  de  la 
Reyna  fué  intitulada  Santa  María  de  la  Encarna- 
ción. E  mandó  reparar  las  torres  y  el  muro  que  ha- 
bían derribado  las  lombardas,  é  dio  cargo  de  la  ca- 
pitanía mayor  de  aquella  villa  á  Luis  Fernandez 
Puertocarrero,  con  docientos  homes  á  caballo  é  otras 
gentes  á  pié.  E  proveyóla  de  mantenimientos  é  de 
las  otras  cosas  necesarias,  é  partió  con  toda  su  hues- 
te para  el  valle  que  dicen  de  Cártama. 

Tomada  la  villa  de  Alora,  el  Rey  mandó  mover 
su  real  é  fué  al  valle  que  dicen  de  Cártama  por  lo 
talar;  y  embió  delante  al  Marqués  de  Cáliz  con  la 
gente  de  su  casa,  é  con  la  gente  del  Cardenal  de 
España,  é  otros  capitanes  ,  que  serian  fasta  dos  mil 
de  caballo.  E  como  entró  en  aquel  valle,  fué  para 
la  villa  de  Alozayna;  é  los  moros  della ,  veyendo 
que  no  se  podían  defender ,  salieron  al  Marqués ,  é 
trataron  con  él  de  se  poner  en  el  señorío  del  Rey  é 
de  la  Reyna,  é  ser  sus  vasallos.  El  Marqués  embió  á 
decir  al  Rey,  como  los  de  aquella  villa  querían  ser 
BUS  siervos,  si  les  mandase  guardar  sus  bienes.  El 
Bey  le  embió  á  mandar  que  la  recibiese,  é  no  les 
ficiese  guerra,  é  que  los  asegurase  de  su  parte.  Y 


É  DO^A  ISABEL.  403 

en  esta  manera  aquella  villa  quedó  en  el  señorío  del 
Rey  é  de  la  Reyna.  El  Rey  con  toda  su  hueste  en- 
tró en  aquel  valle  de  Cártama,  é  asentó  real  sobre 
una  villa  que  se  llama  Cazarabonela .  que  es  fuerte. 
E  los  moros  que  estaban  en  ella  salieron  á  escara- 
muzar por  tales  lugares,  que  á  su  salvo  podían  fa- 
cer harto  daño  en  los  christianos ,  é  no  recebirlo,  se- 
gún la  dispusicion  de  la  tierra  é  de  los  grandes  oli- 
vares é  otras  ramblas  é  barrancos  que  estaban  en  el 
circuito.  E  algunos  de  los  christianos  con  orgullo  é 
cobdicía  de  robar,  soltáronse  de  algunas  batallas 
sin  orden  é  sin  mandamiento  de  los  capitanes ,  é 
fueron  á  escaramuzar  con  los  moros  por  aquellos  lu- 
gares que  no  sabían.  Algunos  de  los  capitanes  visto 
aquel  daño  entraron  en  la  escaramuza,  por  retraer 
della  á  los  christianos  ;  é  la  confusión  é  desorden  de 
pelear  fué  allí  tan  grande ,  que  de  los  christianos 
fueron  algunos  muertos  é  muchos  f eridos  de  los  ti- 
ros de  saetas  con  yervas  y  espingardas  que  tiraban 
los  moros. 

Murió  en  aquella  facienda  de  una  saetada  Don 
Gutierre  de  Sotomayor,  Conde  de  Belalcázar,  que 
entró  á  retraer  la  gente  de  su  batalla.  Este  Conde 
era  mozo  de  veinte  é  quatro  años,  borne  de  muy 
buenos  deseos,  é  tan  bien  acondicionado  ,  que  pesó 
mucho  al  Rey  é  á  la  Reyna  de  su  muerte.  Dio  tan 
gran  tristeza  en  las  gentes  del  real,  que  todos  los 
que  andaban  en  la  escaramuza,  oída  la  muerte  de 
aquel  Conde,  se  retraxeron.  E  los  moros  de  algunas 
villas  de  aquel  valle ,  que  por  la  toma  de  la  villa 
de  Alora  estaban  tan  caídos  que  pensaban  darse 
por  subditos  del  Rey  é  de  la  Reyna ,  quando  oyeron 
el  daño  que  ficieron  en  aquella  escaramuza,  cobra- 
ron tanto  esfuerzo,  que  mudaron  el  propósito  é  no 
se  quisieron  dar.  El  Rey  mandó  talar  todos  los  pa- 
nes é  viñas  é  olivares  de  aquel  valle,  é  por  acuerdo 
de  algunos  capitanes,  deliberaba  volver  para  Cór- 
doba, é  vino  fasta  los  prados  de  Antequera.  La 
Reyna  que  todos  los  días  trabajaba  embiando  dine- 
ros é  gentes  é  requas  é  mantenimientos  é  facía  con- 
tínos  aparejos  para  aquella  guerra ,  oído  como  el 
Rey  deliberaba  tan  presto  dexar  la  guerra  é  salir 
con  toda  su  hueste  de  tierra  de  moros,  embió  decir 
al  Rey ,  que  si  le  ploguiese  debía  facer  la  tala  en  la 
vega ,  ó  poner  sitio  sobre  alguna  otra  villa ,  pues 
habia  aun  asaz  tiempo  del  verano  en  que  se  podía 
facer.  El  Rey  sabida  la  voluntad  dp  la  Reyna ,  co- 
mo quier  que  ya  la  gente  comenzada  á  se  volver; 
pero  ansí  los  grandes  señores ,  como  los  capitanes, 
é  todos  los  otros  caballeros  é  gentes  de  la  hueste, 
visto  como  el  consejo  de  la  Reyna  era  razonable; 
tornaron  á  entrar  en  la  vega  de  Granada  con  el 
Rey.  El  qual,  ordenadas  sus  batallas,  fué  aun  lugar 
que  se  llama  Alhendin ,  é  quemó  las  viñas  é  oliva- 
res é  otros  árboles  é  todos  los  panes  que  estaban  en 
las  eras ;  é  quemó  las  casas  de  la  Marbaha ,  é  de 
Gabiar,  é  Autora  é  Goxa.  E  otro  día  fué  con  algu- 
nas gentes  por  cerca  de  un  lugar  que  se  llamaba 
Dilar,  que  es  al  pié  de  la  Sierra  Nevada.  E  fueron 
muertos  algunos  moros  que  salían  á  escaramuzar 
con  la  gente  del  Rey,  é  otros  fueron  captivos;  é 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


404 

fueron  quemados  tJxixar  é  Acibia  dos  lugares  cer- 
canos de  la  cibdad  de  Granada,  é  quemaron  las  par- 
vas de  los  panes,  é  las  viñas  é  huertas ,  é  otros  fru- 
tales que  estaban  en  aquel  circuito.  Otro  dia  el  Rey 
con  toda  su  hueste,  sus  banderas  tendidas,  é  la  gen- 
te dispuesta  á  la  batalla,  fué  camino  de  la  cibdad 
de  Granada,  por  encima  de  Armilla,  que  es  por  la 
parte  de  la  Sierra  Nevada,  quemando  é  talando  todo 
lo  que  fallaba  en  circuito  de  dos  leguas,  é  quema- 
ron á  Armilla  la  menor,  é  las  eras  de  Abra,  é  que- 
braron los  molinos  de  Jarambi,  que  son  cerca  de  la 
puerta  de  Granada  que  se  llama  Bibarrambla,  é  to- 
dos los  otros  molinos  que  estaban  cercanos  de  la  cib- 
dad. El  Rey  con  su  batalla  real  se  puso  delante  las 
puertas  de  la  cibdad,  quanto  un  quarto  de  legua 
por  la  parte  de  la  Sierra  Nevada,  á  pelear  con  los 
moros ,  si  saliesen  á  defender  la  tala  que  los  suyos 
f  acian  por  todas  partes  ;  los  quales  quemaron  las  al- 
deas, alearías,  é  casas,  é  torres,  é  mezquitas  que  los 
moros  tenian  en  aquella  parte ,  ó  todos  los  olivares 
y  huertas ,  é  parvas  que  estaban  en  las  heras.  E  lle- 
garon algunos  caballeros  é  peones  fasta  cerca  del 
muro  de  la  cibdad  de  Granada.  Otrosí  la  Reyna  ha- 
bía mandado  al  Duque  de  Medinasidonia,  é  al  Con- 
de de  Cabra  que,  entre  tanto  que  el  Rey  estaba  en 
la  vega  faciendo  esta  tala,  entrasen  en  la  tierra  de 
los  moros  con  las  gentes  de  sus  casas  :  al  Duque  por 
la  parte  de  Ximena,  é  al  Conde  de  Cabra  mandó 
que  fuese  al  término  do  la  cibdad  de  Loxa.  Estos 
dos  caballeros,  cumpliendo  el  mandamiento  de  la 
Reyna,  entraron  en  tierra  de  moros,  é  talaron  é 
quemaron  é  destruyeron  todos  los  panes  é  viñas  é 
árboles  que  fallaron  en  aquellas  partes,  é  traxeron 
ganados  é  prisioneros  en  gran  número.  Fizóse  en 
espacio  de  quarenta  días  que  el  Rey  duró  en  la  ve- 
ga, y  en  la  entrada  que  estos  dos  caballeros  cada 
uno  por  su  parte  fizo  la  mayor  tala  é  destruicion 
que  se  fizo  en  aquella  tierra ,  después  que  los  moros 
la  poseen. 

Fecha  esta  tala ,  el  Rey  vino  con  toda  su  hueste 
para  la  cibdad  de  Alhama ,  é  fizo  meter  en  ella  cin_ 
co  mil  bestias  cargadas  de  mantenimientos  que  la 
Reyna  había  embiado  de  Córdoba  parsjbastecimien- 
to  de  aquella  cibdad,  é  sacó  della  al  Conde  deTen- 
dilla  que  la  había  sostenido ,  é  dio  el  cargo  de  la 
capitanía  mayor  á  Don  Gutierre  de  Padilla,  Clave- 
ro de  Ja  orden  de  Calatrava.  E  dexando  el  provei- 
miento de  las  cosas  necesarias  para  aquella  cibdad, 
volvió  con  toda  su  hueste  á  la  cibdad  de  Córdoba. 


CAPÍTULO  XXXIV. 

Como  el  Rey  tomó  la  villa  de  Setenll.' 

Porque  el  tiempo  del  verano  duraba  para  poder 
estar  gente  en  el  campo ,  acordaron  en  su  Consejo 
el  Rey  é  la  Reyna  de  no  dex/xr  pasar  el  tiempo  sin 
facer  otra  entrada,  é  poner  sitio  sobre  alguna  villa 
de  moros.  E  como  quier  que  ovo  diversos  votos  en- 
tre los  capitanes  que  en  esto  entendían,  porque  unos 
decían  que  dobian  poner  sitio  sobre  Cambil  que  es 


cerca  de  Jaén,  otros  decían  que  se  debía  poner  so- 
bre Montefrio,  otros  sobre  lUora  ;  pero  al  fin  acor- 
daron que  se  debía  poner  cerco  sobre  Seteníl,  por 
muchas  razones  que  mostraban  ser  esta  villa  mas 
provechosa  que  las  otras,  si  se  pudiese  haber,  por 
la  seguridad  que  los  chrístianos  habrían,  é  por  el 
daño  que  los  moros  recibirían  si  se  ganase.  E  como 
quier  que  la  plática  de  estas  cosas  era  secreta  en  su 
Consejo,  pero  aquello  que  determinaban  facer  esta- 
ba mucho  mas  secreto,  porque  ninguno  sabía  la 
final  determinación  salvo  muy  pocos.  Habido  este 
acuerdo,  luego  el  Rey  partió  de  la  cibdad  de  Cór- 
doba con  toda  la  gente  de  armas  de  su  hueste  ,  y 
embió  delante  al  Marqués  de  Cáliz ;  el  qual  con  dos 
mil  homes  á  caballo  fué  muy  presto  á  la  villa  de 
Seteníl ,  por  guardar  que  los  moros  no  se  proveye- 
sen ,  si  ovíesen  aviso  del  camino  que  el  Rey  lleva- 
ba para  la  cercar.  Otrosí  mandó  llevar  el  artillería; 
é  como  llegó  el  Marqués  tomó  algunos  moros  que 
andaban  en  el  campo ,  de  los  quales  sopo  como  en 
la  villa  no  había  otra  gente,  salvo  el  Alcayde  é  los 
vecinos  de  ella  ,  pero  sopo  que  eran  asaz  para  la  de- 
fender, é  homes  cursados  en  la  guerra  para  pelear. 
E  luego  el  Rey  vino  con  toda  su  hueste,  é  asentó  su 
real  bien  cerca  de  la  villa ;  é  porque  los  caminos 
eran  fragosos  por  do  habían  de  pasar  los  carros  en 
que  iba  el  artillería,  mandó  que  viniesen  delante  al- 
guna gente  de  peones  con  picos  é  palas  de  fierro,  é 
otros  aparejos  para  allanar  los  lugares  altos  é  fra- 
gosos por  do  pudiesen  pasar.  Los  moros,  veyendo  la 
villa  cercada  de  todas  partes,  salieron  algunas  ve- 
ces á  escaramuzar  con  la  gente  que  estaba  en  la 
guarda ;  pero  visto  los  daños  que  los  tiros  de  pólvo- 
ra facían  en  ellos,  acordaron  de  no  salir  mas  ala  es- 
caramuza ,  é  cerraron  todas  las  puertas  de  la  villa, 
é  tapiáronlas  por  de  dentro ,  é  acordaron  de  defen- 
der el  muro  é  las  torres.  E  por  esta  causa  la  gente 
de  la  hueste  estaba  segura  de  los  moros ,  que  no  te- 
nian por  do  salir  á  pelear  con  la  gente  del  real ;  el 
qual  estaba  muy  bastecido  de  todas  las  cosas  nece- 
sarias ,  porque  la  Reyna  embió  oficiales  é  provisio- 
nes é  las  otras  cosas  que  eran  menester  para  la  hues- 
te en  grand  abundancia ;  otrosí  embió  las  seis  tien- 
das que  se  decían  el  Hospital  de  la  Reyna  para  los 
dolientes  é  f eridos ,  según  lo  acostumbraba  á  em- 
biar  á  los  otros  reales.  Asentadas  las  lombardas 
gruesas,  el  Rey  mandó  que  tirasen  á  dos  torrea 
grandes  que  estaban  en  la  entrada  de  la  villa ;  ó 
como  tiraron  por  espacio  de  tres  días ,  luego  las 
derribaron  con  un  gran  pedazo  del  muro.  Y  entre- 
tanto los  otros  tiros  de  cebratanas  é  pasabolantes  é 
ribadoquines,  tiraban  á  las  casas  de  la  villa,  é  ma- 
taban los  homes  é  mugeres  ó  niños  é  derribaban 
las  casas.  E  tan  gran  temor  pusieron  los  tiros  de 
pólvora ,  é  tanto  daño  y  estrago  facían  en  los  mo- 
ros ,  que  no  lo  podían  sof rir ,  ni  tenian  vigor  para 
pelear,  ni  para  se  defender.  E  demandaron  partido 
al  Rey  que  les  salvase  las  vidas  é  las  faciendas,  ó 
les  diese  libertad  para  ir  en  salvo  do  les  ploguíese. 
El  Rey  otorgóles  seguridad  de  las  vidas  con  todo 
lo  que  pudiesen  llevar  j  é  luego  el  Alcayde  é  todos 


DON  FERNANDO 
08  moros  entregaron  la  villa  al  Rey  (1).  E  mandó  á 
dos  capitanes  que  con  la  gente  de  sus  capitanías 
fuesen  con  el  Alcayde ,  é  con  todos  los  moros ,  á 
los  poner  en  salvo  en  la  cibdad  de  Ronda.  Y  el  Rey 
entró  en  la  villa ,  é  mandó  reparar  las  torres  ó  mu- 
ros que  hablen  derribado  las  lombardas,  é  fizóla 
bastecer  de  pertrechos  ó  bastimentos  é  de  las  otras 
cosas  necesarias.  E  dexó  por  capitán  mayor  á  Don 
Francisco  Enriquez  con  docientos  homes  de  caba- 
llo, é  con  la  gente  de  pié  que  fué  necesario  para  la 
guardar ;  é  luego  fué  con  toda  su  hueste  para  la 
cibdad  de  Ronda ,  que  es  á  dos  leguas  de  Setenil ,  ó 
fizo  talar  los  panes  é  viñas  é  olivares  ó  los  otros  fru- 
tales que  estaban  á  una  legua  en  circuito  de  aque- 
lla cibdad.  Sabido  por  la  Reyna  como  la  villa  de  Se- 
tenil tan  presto  fué  tomada,  ovo  gran  placer;  por- 
que fué  cercada  por  algunos  Reyes  pasados  en  otros 
tiempos,  é  como  quier  que  habia  durado  el  sitio  so- 
bre ella  mucho  tiempo,  nunca  se  pudo  tomar;  é 
acordó  de  ir  á  la  cibdad  de  Sevilla.  El  Rey,  que  ha- 
bia salido  de  la  tierra  de  moros,  vino  á  ella  al  ca- 
mino ,  é  ambos  entraron  en  la  cibdad,  donde  estu- 
vieron el  invierno  proveyendo  en  las  cosas  necesa- 
rias, ansí  á  la  buena  gobernación  de  sus  Reynos, 
como  á  la  guerra  de  los  moros,  al  bastecimiento  de 
las  villas  que  eran  tomadas ,  é  de  las  otras  gentes 
que  estaban  puestas  en  la  frontera.  En  este  tiempo 
los  capitanes  que  dexaron  en  Alhama,  y  en  Alora, 
y  en  Setenil,  continamente  facían  entradas  en  tier- 
ra de  los  moros  ;  ó  les  facían  tanta  guerra,  que  es- 
taban oprimidos ,  é  no  tenían  aquellas  fuerzas  que 
solían  para  entrar  á  facer  guerra  en  la  tierra  de  los 
christianos  por  aquellas  partes.  E  muchas  veces 
ofrecieron  gran  número  de  oro  en  parias  al  Rey  é  á 
la  Reyna,  ó  que  el  Rey  moro  seria  su  vasallo  para 
los  servir,  según  lo  habían  seydo  algunos  moros 
del  Reyno  de  Granada  de  los  Reyes  de  Castilla  sus 
antecesores.  Pero  porque  su  propósito ,  según  habe- 
rnos dicho ,  era  de  conquistar  todo  el  Reyno  de  Gra- 
nada ,  no  lo  quisieron  aceptar.  E  mandaban  á  sus 
capitanes  é  gentes  que  favoreciesen  al  Rey  mozo 
contra  el  Rey  su  padre,  según  gelo  habían  prometí- 
do.  Los  moros,  considerando  que  aquel  Rey  mozo 
recebía  ayuda  de  los  christianos,  é  recelando  que 
los  metería  en  su  tierra ,  aborrescíanle,  é  apartában- 
se del ,  y  estaba  retraído  en  la  cibdad  de  Almería. 

CAPÍTULO  XXXV. 

Da  lu  cosas  qae  pasaron  en  la  junta  qne  las  Hermandades  del 
Reyno  ficieron  en  este  año  en  la  villa  de  Orgaz. 

Los  diputados  é  oficiales  de  las  Hermandades  de 
las  cibdades,  é  villas  é  provincias,  é  otrosí  Alonso 
de  Quintanilla,  y  el  Provisor  de  Villafranca  que  te- 
nían cargo  por  el  Rey  é  por  la  Reyna  de  los  admi- 
nistrar, acordaron  de  se  juntar  en  el  mes  de  No- 
viembre de  epte  afio  en  la  villa  de  Orgaz,  para  en- 
tender en  las  cosas  de  la  justicia  que  el  Rey  é  la 
Beyna  les  habían  dado  facultad  que  entendiesen,  y 

(1)  Fué  esto  por  Setiembre  de  este  afio.  Bernald,,  cap.  71. 


É  DO^A  ISABEL.  405 

en  los  repartimientos  é  otras  cosas  que  compilan  de 
se  facer.  Fueron  presentes  en  esta  junta  el  bastardo 
de  Aragón,  Duque  de  Villahermosa,  Capitán  general 
de  la  gente  de  armas  de  las  hermandades ,  ó  Don 
Alonso  de  Burgos ,  Obispo  de  Cuenca ,  que  era  Pre- 
sidente. E  juntos  en  aquella  congregación ,  ó  plati- 
cadas algunas  cosas  necesarias  de  se  proveer,  aque- 
llos ministros  relataron  los  trabajos  en  la  guerra 
con  los  moros ,  en  la  qual  se  facían  tan  grandes  gas- 
tos, que  sobrepujaban  á  las  rentas  ordinarias  que 
el  Rey  é  la  Reyna  tenían.  Por  ende  les  encargaban 
de  parte  de  su  Real  Magostad,  que  considerada 
aquella  necesidad ,  ó  la  cosa  en  que  se  habían  de 
destribuir,  repartiesen  allende  del  repartimiento  or- 
dinario alguna  suma ,  para  ayuda  de  pagar  las  lle- 
vas de  los  mantenimientos  que  se  habian  de  llevar 
al  real  el  verano  siguiente,  ó  para  bastecer  la  cib- 
dad de  Alhama ;  otrosí  para  ayudar  á  pagar  las  cos- 
tas que  se  requerían  facer  en  el  artillería ,  é  para 
pagar  los  caballos  que  eran  muertos  en  las  peleas  ó 
batallas  habidas  con  los  moros.  Aquellos  Procura- 
dores é  Diputados,  oído  lo  que  les  fué  propuesto,  é 
habida  consideración  á  las  cosas  para  que  se  de- 
mandaba aquella  ayuda,  con  buena  voluntad  de  to- 
dos respondieron,  que  les  placía  de  servir  al  Rey  é 
á  la  Reyna  con  todo  lo  que  de  su  parte  les  era  de- 
mandado :  porque  como  Reyes  executaban  la  justi- 
cia, é  como  señores  defendían  sus  Reynos,  é  como 
cathólícos  celaban  la  fe ,  é  como  animosos  guerrea- 
ban los  enemigos ,  é  como  prudentes  gobernaban  en 
tal  manera  sus  Reynos ,  que  cada  uno  era  señor  de 
lo  suyo  ,  é  no  daban  lugar  que  ninguno  robase  lo 
ageno;  é  porque  con  los  tributos  que  les  daban, 
ellos  eran  Reyes  mas  poderosos,  ó  con  su  poder  sus 
subditos  eran  mas  honrados  é  defendidos.  Ansímes- 
mo  respondieron ,  que  si  á  los  Reyes  pasados  se  fa- 
cían servicios  é  pagaban  tributos ,  visto  que  algu- 
nas veces  se  distribuían  menos  debidamente  que  de- 
bían, aquellos  se  otorgaban  con  cargo,  é  se  repar- 
tían con  dificultad ,  é  se  cogían  con  trabajo.  Pero 
considerando  que  la  intención  con  que  se  pide  este 
servicio  es  recta ,  é  la  guerra  en  que  se  gastaba  es 
sancta,  éla  manera  del  gastar  veían  ser  reglado;  les 
parecía  que  la  razón  les  obligaba  á  contribuir  nue- 
vas contribuciones ,  pues  se  facían  nuevos  é  necesa- 
rios gastos.  E  allende  del  repartimiento  que  ordina- 
riamente pagaban  para  el  sueldo  de  la  gente  de  ar- 
mas que  contínaba  en  la  guerra,  les  placía  de  ser- 
vir este  afio  con  doce  quentos  de  maravedís,  para 
pagar  los  alquileres  de  las  bestias  que  habian  de 
llevar  los  mantenimientos  al  real ,  ó  ai  proveimien- 
to de  la  cibdad  de  Alhama  é  de  las  villas  de  Alora  é 
Setenil ;  é  mas  otro  medio  quento  de  maravedís  para 
pagar  las  bestias  é  acémilas  que  se  murieron  el  afio 
pasado  llevando  los  bastimentos,  ó  ansimesmo  lo 
que  se  gastaba  en  el  artillería.  Dada  esta  respuesta 
por  los  Procuradores  del  Reyno ,  ó  presentada  á  la 
Reyna  por  el  Duque  de  Villahermosa,  é  por  el  Obis- 
po de  Cuenca,  é  por  los  otros  comisarios  que  fue- 
ron presentes  en  aquella  junta ,  la  Reyna  regrades- 
ció  la  obediencia  que  los  Frocuradorea  de  sus  Bey- 


40(1 

nos  mostraron  ;  é  considerando  que  por  las  derramas 
que  se  cogían  en  el  Keyno ,  sus  subditos  sentirían  al- 
guna fatiga,  acordó  que  no  se  repartiesen  mas  de 
los  doce  quentos  que  eran  necesarios  para  el  alqui- 
ler de  las  bestias  que  hablan  de  llevar  los  basti- 
mentos al  real,  é  al  proveimiento  de  Alhama  é  Alo- 
ra é  Seteail,  porque  estas  no  se  podían  escusar.  To- 
dos los  otros  repartimientos  mandó  que  cesasen ,  é 
mandó  dar  sus  cartas  para  los  diputados  de  las  pro- 
vincias, que  no  repartiesen  otra  suma  allende  de 
aquellos  doce  quentos. 

En  este  año  murió  el  Papa  Sixto  Quarto  ,  é  fué 
elegido  por  Sumo  Pontífice  Inocencio  Octavo.  Otro- 
sí, estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  aquella  cibdad ,  les 
vino  nueva  como  el  Rey  de  Portogal  había  muerto 
por  su  mano  al  Duque  de  Viseo  su  primo,  hermano 
de  la  Reyna  su  muger,  é  fijo  del  Infante  Don  Fer- 
nando su  tío,  hermano  del  Rey  su  padre,  é  de  la 
Infanta  Doña  Beatriz  tía  de  la  Reyna.  Este  Duque 
de  Viseo  era  mozo  de  veinte  años ,  é  como  estanue- 
va  vino  dubdosa ,  porque  unos  decían  que  era  muer- 
to ,  otros  que  era  preso  ;  el  Rey  é  la  Reyna,  por  el 
debdo  de  sangre  que  con  ellos  tenia ,  acordaron  de 
embiar  á  Don  íñígo  López  Manrique,  Obispo  de 
León  é  á  Mosen  Gaspar  Fabra  un  caballero  de  Ara- 
gón por  embaxadores  al  Rey  de  Portogal,  á  le  ro- 
gar con  grand  afición ,  que  si  no  era  muerto  el  Du- 
que, no  procediese  contra  él  á  la  muerte ,  fasta  que 
con  mayor  piedad  mirase  la  causa  de  su  prisión  ;  é 
si  era  muerto,  de  su  parte  consolasen  á  la  Infanta 
Doña  Beatriz  su  madre. 

Estos  embaxadores  partieron  luego  á  la  hora  que 
les  fué  mandado,  é  como  sopieron  en  el  camino  que 
el  Rey  había  muerto  al  Duque ,  fueron  á  decir  á  la 
Infanta  la  gran  turbación  que  el  Rey  é  la  Reyna 
ovieron  de  aquel  caso  acaescido  al  Duque  su  fijo,  é 
á  le  consolar  según  les  fué  mandado.  Esta  Infanta 
era  muger  discreta,  é  como  quiera  que  era  tierno  el 
dolor  que  sintió  por  la  muerte  del  Duque  su  fijo,  es- 
pecialmente porque  se  añadió  á  la  muerte  del  Du- 
que de  Guimaranes  su  yerno,  á  quien  el  Rey  de  Por- 
togal el  año  pasado  había  fecho  degollar  por  justi- 
cia ;  pero  mostró  tener  aquella  consolación  que  per- 
sona discreta  debía  mostrar  en  tiempo  de  tal  turba- 
ción, y  embió  á  regradescer  al  Rey  é  á  la  Reyna  su 
buena  consolación.  E  como  quier  que  la  muerte  de 
este  Duque  haya  acaecido  en  reyno  extraño  ;  pero 
porque  era  de  sangre  real  é  home  de  grand  estado, 
plácenos  de  recontar  aquí  la  causa  ,  que  oimoa  ha- 
ber movido  al  Rey  de  Portogal  de  matar  á  este 
Duque. 

Según  que  en  las  cosas  acaescidas  el  año  pasado 
habemos  recontado  ,  un  caballero  de  los  principales 
de  aquel  Reyno  de  Portogal  é  de  mayores  parientes 
era  el  Duque  de  Guimaranes,  á  quien  el  Rey  de  Por- 
togal habia  fecho  degollar  por  justicia.  El  qual  é 
los  otros  sus  hermanos  é  debdos,  sintiendo  á  grave- 
za  la  poca  estimación  que  el  Rey  facía  dellos,  por- 
que seyendo  cercanos  á  su  sangro  no  los  trataba  con 
aquella  humanidad  que  el  Rey  su  padre  los  habia 
tratado ;  notábanle  ser  de  dura  y  esquiva  conversa- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cion ,  é  murmuraban  del,  imponiéndole  ser  avarien- 
to, é  injusto,  é  incapaz,  é  los  otros  defetos  qaelos 
que  aborrescen  á  su  mayor  le  suelen  imponer  quan- 
do  del  están  descontentos.  E  de  día  en  día  cresció 
tanto  el  odio  entre  ellos,  que  no  cesaban  de  afear  las 
esquividadesé condiciones  ásperas  del  Rey:  las  qua- 
les  comparadas  á  la  humanidad  é  dulce  conversación 
que  tenían  con  el  Rey  su  padre  les  parecían  mucho 
mas  grávese  intolerables.  Esta  plática  se  estendió  en- 
tre ellos  tantas  veces  que  vino  á  noticia  del  Rey  como 
aquel  Duque  de  Guimaranes  é  los  otros  sus  herma- 
nos é  parciales  maculaban  sus  costumbres,  é  afea- 
ban con  palabras  la  manera  de  su  gobernación.  De 
lo  qual  se  engendró  entre  ellos  tan  grand  odio ,  que 
el  Rey  no  pudiendo  sofrir  los  mordimientos  de  sus 
subditos  pensó  como  los  castigase.  Y  ellos  creyen- 
do no  tener  vida  segura  viviendo  el  Rey ,  dícese 
que  imaginaron  de  lo  matar,  é  facer  Rey  á  este  Du- 
que de  Viseo  su  primo.  Informado  el  Rey  de  Porto- 
gal  de  la  conjuración  que  contra  él  se  facía  por  algu- 
nos que  se  dice  que  la  sabían,  mandó  prender  al  Du- 
que de  Guimaranes,  é  fecho  proceso  contra  él,  fué 
degollado,  según  habemos  dicho,  por  justicia.  B 
desterró  el  Rey  a  todos  sus  hermanos  é  parciales ,  é 
mandó  degollar  á  otros  caballeros  que  eran  partíci- 
pes en  aquella  conjuración,  é  tomóles  todos  sus  bie- 
nes. E  habiendo  consideración  que  este  Duque  de 
Viseo  era  su  primo ,  é  de  tan  poca  edad ,  que  no  po- 
día inventar  fazaña  tan  criminosa,  le  dixo  que  le 
perdonaba ,  é  que  dende  en  adelante  se  guardase  de 
creer  á  ninguno  que  en  tal  yerro  con  falsa  esperan- 
za le  pusiese.  Muerto  aquel  Duque  de  Guimaranes, 
el  odio  concebido  contra  el  Rey  creció  mas  en  aque- 
llos que  amaban  al  Duque,  é  desamaban  al  Rey; 
mayormente  porque  continaba  siempre  en  aquellos 
apartamientos  y  esquividades  que  habían    seydo 
principio  de  su  odio.  E  dixose  por  parte  del  Rey, 
que  aquellos  perseveraron  en  la  conjuración ,  que 
primero  habían  imaginado,  para  lo  matar  é  tomar 
por  Rey  en  su  lugar  á  este  Duque  de  Viseo.  El  qual 
por  las  palabras  de  exaltación  que  de  contino  le  de- 
cían los  que  eran  partícipes  en  la  conjuración,  elevó 
su  ánimo  á  subir  en  silla  real ,  é  con  esperanza  de 
reynar  usaba  de  algunas  pompas  é  cerimonias  que 
á  ninguno  son  debidas ,  salvo  á  Rey.  Allegábase  á 
esto  el  vano  conocimiento  de  algunos  que  presu- 
miendo saber  las  cosas  futuras ,  le  decían  que  ha- 
bia de  ser  rey  é  le  pronosticaban  el  reyno  ,  porque 
la  fortuna  de  su  nascimiento  le  era  favorable  para 
lo  haber.  E  como  los  reyes,  aunque  son  humanos, 
pero  por  experiencia  vemos  tener  alguna  especiali- 
dad divina ,  que  naturalmente  face  imprimir  en  los 
ánimos  de  sus  subditos  un  amor  reverencial  para 
los  servir  é  conservar :  dixose  que  algunos  de  los 
que  sopieron  la  verdad  de  la  conjuración,  por  gra- 
tificar al  Rey,  é  no  caer  en  yerro  tan  feo  como  es 
matar  á  su  príncipe ,  le  descubrieron  el  peligro  que 
contra  su  persona  se  ordenaba ;  é  le  informaron  de 
los  lugares  é  tiempo  é  formas  como  se  habia  de  exe- 
cutar  su  muerte.  El  Rey,  informado  de  la  conjura- 
ción, recelando  que  la  dilación  no  le  fuese  peligro- 


DON  FERNANDO 
Ba ,  anticipóse  á  la  atajar.  Y  entrando  una  noche 
este  Duque  en  su  cámara ,  el  Rey  movido  de  ira  fué 
contra  él  con  un  puñal ;  «  ¿E  tú ,  traidor ,  dixo  él , 
»  piensas  matarme ,  é  reynar  en  mi  lugar?  Por  cier- 
» to  si  mi  brazo  me  ayuda ,  tu  corazón  no  verá  ni 
»  habrá  lo  que  piensa.»  E  diciendo  esto  dióle  dos  pu- 
fialadas,  é  luego  cayó  muerto.  Fizo  prender  ansi- 
mesmo  al  Obispo  de  Ebora  (1),  un  Perlado  de  gran 
Buficencia ,  que  se  dixo  ser  partícipe  en  la  conjura- 
ción ;  é  murió  luego  en  la  estrecha  cárcel  en  que  le 
puso.  Fizo  ansimesmo  justicia  de  otros  algunos  ca- 
balleros ,  que  se  dixo  que  eran  partícipes  en  aquel 
delito ;  é  otros  muchos  fuyeron,  é  vinieron  para  Cas- 
tilla. E  ansí  feneció  aquel  Duque  ,  é  todos  aquellos 
que  se  dixo  haber  entendido  en  aquella  conjuración. 
Verdad  es  que  los  Reyes  deben  fuir  de  toda  execu- 
cion  acelerada,  é  sin  oir  primero  no  deben  facer  jus- 
ticia, especialmente  por  su  mano.  Otrosí  deben  ser 
humanos  é  tratables  con  sus  naturales,  pero  dado 
que  no  lo  sean ,  é  tengan  otros  defetos,  los  subditos 
no  han  de  ser  jueces  de  su  rey  ;  porque  Dios  que 
los  puso  por  sus  vicarios  en  la  tierra ,  reservó  este 
juzgado  para  sí.  Leemos  en  muchas  historias  haber 
acaecido  conjuraciones  contra  sus  príncipes ;  las 
quales  si  se  descubren  é  no  vienen  en  efecto,  re- 
dundan en  perdición  de  los  conjurados ;  é  si  se  exe- 
cutan  es  mucho  peor,  porque  habernos  visto  por  ex- 
periencia, é  leído  en  historias  seguirse  muy  mucho 
mayores  muertes  é  destruiciones  en  las  tierras  do  se 
imagina  é  pone  en  obra  el  crimen  tan  detestable, 
como  es  matar  ó  perseguir  los  subditos  á  su  Rey. 

CAPÍTULO  XXXVL 

Síguense  las  cosas  pasadas  en  el  año  de  mil  é  quatrocientos  é 
ochenta  é  cinco  años.  Como  el  Infante  Moro  hermano  del  Rey 
de  Granada  tomó  la  cibdad  de  Almeria ,  é  lo  que  ende  fizo. 

Recontado  habemos  en  las  cosas  acaescidas  en  el 
afio  pasado,  como  el  Rey  de  Granada  mozo  estaba 
en  la  cibdad  de  Almería ,  esperando  que  viniesen  á  su 
obediencia  los  caballeros  é  cabeceras  é  las  cibdades 
é  villas  de  aquel  Reyno  que  no  estaban  en  su  par- 
tido ;  é  como  el  Rey  é  la  Reyna  le  proveían  de  di- 
neros é  de  las  otras  cosas  que  le  eran  necesarias ,  é 
mandaron  dar  sus  cartas  para  las  cibdades  é  villas 
é  castillos  que  eran  en  comarca  de  Almería ,  para 
que  le  favoreciesen  faciendo  guerra  á  los  lugares 
de  moros  que  no  le  obedescian.  E  porque  el  Rey 
viejo  su  padre  era  tan  impedido  de  enfermedades 
que  no  podía  gobernar  su  Reyno,  ni  salir  fuera  de  la 
Alhambra  de  Granada ;  los  moros  se  llegaron  á  un 
Infante  hermano  de  aquel  Rey  viejo  que  se  llama- 
ba Muley  Bahadeli ,  porque  conoscian  que  era  hábile 
para  defender  la  tierra  de  los  moros ,  é  guerrear  la 
de  los  christianos.  Este  Infante  trató  con  algunos 
alfaquíes  que  estaban  en  Almería,  que  le  diesen  en- 
trada de  noche  en  la  cibdad,  para  prender  al  Rey 

(1)  Don  García  de  Meneses,  el  mismo  que  entró  de  Capitán  en 
Castilla ,  cuando  el  Rey  Alonso  V  disputaba  esta  corona  á  la  Rey- 
aa  Dona  Isabel.  Faria,  Epil.  de  las  Uistor.  Portug.,  p.  3,  cap.  14. 


É  DOÑA  ISABEL.  407 

mozo,  porque  era  amigo  de  los  christianos,  é  los  que- 
ría meter  en  el  Reyno  de  Granada.  E  los  alfaquíes 
con  otros  moros  de  la  cibdad  aceptaron  el  trato  que 
les  fué  movido ,  á  fin  de  destruir  al  Rey  mozo  ,  por- 
que recebia  ayuda  de  los  christianos.  Y  el  Infante 
moro,  con  cierta  gente  de  caballo  é  con  cierto  nu- 
mero de  peones,  entró  en  la  cibdad  de  Almeria ,  por 
el  lugar  que  le  dieron  los  alfaquíes  con  los  otros 
moros  que  con  ellos  eran  en  el  trato.  Y  el  Rey  mozo 
salió  f uyendo  de  la  cibdad  ,  é  fué  á  la  tierra  de  los 
christianos,  donde  se  pudo  salvar.  Y  el  Infante  en- 
tró en  la  casa  donde  estaba  é  mató  un  hermano  del 
Rey  mozo  de  pequeña  edad  é  á  los  otros  que  pudo 
haber  de  su  parcialidad,  é  apoderóse  de  la  cibdad, 
é  púsola  en  obediencia  del  Rey  viejo  su  herma- 
no. Después,  pasados  algunos  días,  los  moros  cono- 
cidas las  enfermedades  del  Rey  viejo  é  como  no  te- 
nia fuerzas  para  defenderla  tierra,  tomáronle,  é 
con  su  muger  é  algunos  servidores  le  pusieron  en 
una  fortaleza  ;  donde  murió  dende  á  pocos  dias.  Y 
en  su  vida  alzaron  por  Rey  de  Granada  á  este  In- 
fante su  hermano  Muley  Bahadeli ;  y  el  Rey  mozo 
vino  á  donde  estaba  el  Rey  é  la  Reyna. 

CAPÍTULO  XXXVII. 

Como  entró  el  Conde  de  Cabra  con  otros  caballeros  á  facer 
guerra  en  ciertos  lugares  del  Reyno  de  Granada. 

Entretanto  que  el  Rey  é  la  Reyna  estaban  en  Se- 
villa el  invierno  deste  año,  los  caballeros  é  capita- 
nes que  dexaron  por  fronteros  en  las  cibdades  de 
Écija  é  Jaén  y  en  los  otros  lugares  del  Andalucía, 
ficieron,  según  habemos  dicho,  algunas  entradas 
en  tierra  de  moros,  é  sacaron  captivos  é  ganados 
aunque  pocos  :  porque  los  moros  con  sus  bienes  es- 
taban retraídos  en  las  sierras  y  en  otros  lugares  de- 
fensibles  ,  por  miedo  de  la  guerra  que  continamen- 
te les  era  fecha.  De  las  quales  entradas ,  por  no  haber 
seydo  en  tanta  cantidad ,  ni  haber  pasado  recuen- 
tros ni  fechos  de  armas,  no  se  face  aquí  memoria. 
Pero  acaesció  que  el  Conde  de  Cabra  é  Martin  Alon- 
so ,  Señor  de  Montemayor ,  é  Don  Diego  de  Castri- 
Uo ,  Comendador  mayor  de  la  Orden  de  Calatrava,  é 
Diego  López  de  Ayala ,  capitán  de  cierta  gente  de 
las  hermandades ,  é  con  la  gente  de  las  cibdades  de 
Úbeda  é  Baeza  donde  era  Corregidor,  ó  Pero  Ruíz 
de  Alarcon,  con  la  gente  de  su  capitanía,  é  Fran- 
cisco de  Bovadilla,  Corregidor  de  las  cibdades  de 
Jaén  é  Andúxar  con  las  gentes  de  aquellas  cibda- 
des ,  por  el  aviso  que  ovieron  de  algunos  adalides, 
acordaron  de  facer  una  entrada  en  tierra  de  moros, 
é  pasar  adelante  una  legua  de  la  cibdad  de  Granada 
hacia  la  Sierra  Nevada  á  facer  guerra  en  dos  luga- 
res que  se  llaman  el  uno  Nibar,  y  el  otro  Guáxar; 
considerando  que  los  moradores  destos  dos  lugares, 
pensando  estar  en  tierra  mas  segura,  no  temían 
tanto  cuidado  de  se  guardar.  Estos  capitanes  que 
habemos  dicho  con  sus  gentes  entraron  en  tierra 
de  moros  contra  aquellos  dos  lugares,  llevando  por 
guia  los  adalides  que  sabían  la  tierra.  El  capitán 
Pero  Ruiz  de  Alarcon,  que  era  caballero  esforzado 


408 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


y  experimentado  lo  mas  de  su  vida  en  la  guerra  de 
los  moros ,  veyendo  que  entraban  muy  adentro  en 
la  tierra  de  los  enemigos ,  dixo  al  Conde  de  Cabra  ó 
á  los  otros  caballeros  que  estaban  juntos ,  que  de- 
bían con  mayor  diligencia  dar  orden  en  la  seguri- 
dad de  la  salida,  que  en  la  manera  de  la  entrada; 
porque  la  gente  que  va  á  facer  semejante  guerra, 
esta  dispuesta  á  obedecer  su  capitán  quando  entra, 
mucho  mas  que  quando  sale,  y  lleva  las  fuerzas 
mas  vivas  quando  va  á  facer,  que  quando  vuelve 
de  haber  fecho.  É  quier  sea  por  cansado  de  lo  que 
han  trabaxado,  quier  por  orgullo  del  vencimiento 
que  han  habido ,  con  deseo  de  salir  de  la  tierra  age- 
na  é  volver  á  la  suya ,  no  guardan  aquella  orden  en 
la  salida  que  tovieron  en  la  entrada.  E  por  tanto,  dixo 
él,  que  se  debía  poner  en  los  pasos  é  vados  por  do 
había  de  salir  tal  recabdo  de  gente,  que  no  recibie- 
sen daño  al  tiempo  de  la  vuelta.  E  por  las  amones- 
taciones deste  capitán,  el  Conde  é  los  otros  caballe- 
ros pusieron  mucha  guarda  en  los  vados  é  pasos  de 
las  sierras  por  donde  habían  de  salir.  Estos  capita- 
nes que  habemos  dicho ,  entraron  á  aquellos  dos  lu- 
gares ,  y  embiaron  corredores  adelante ,  é  tomaron 
los  ganados  é  prisioneros  que  pudieron.  E  como  fue- 
ron sentidos,  salieron  de  la  cibdad  de  Granada 
gran  multitud  de  moros  á  pié  é  á  caballo  con  el  In- 
jfante  que  habían  tomado  por  Rey.  El  qual  embíó 
luego  de  sus  gentes  á  tomar  la  delantera ,  é  los  va- 
dos é  pasos  por  do  entendían  que  los  chrístíanos  ha- 
bían do  volver;  pero  no  los  pudieron  tomar ,  por  la 
gran  guarda  que  en  ellos  estaba  puesta.  Y  el  Rey 
moro  vino  empos  de  los  chrístíanos  que  se  volvían 
con  la  presa.  El  Conde  é  los  otros]  caballeros,  como 
vieron  venir  al  Rey,  é  los  moros  contra  ellos,  pu- 
siéronse en  orden  de  batalla ,  é  tornaron  contra  los 
moros ,  que  venían  firiendo  en  la  reguarda.  E  los 
moros  quando  vieron  que  los  chrístíanos  tomaban 
contra  ellos,  volvieron  las  espaldas,  é  pusiéronse 
en  fuida,  é  los  chrístíanos  fueron  empos  dellos,  pero 
no  los  siguieron  mucho,  por  recelo  de  caer  en  algu- 
na celada.  Los  moros  visto  que  los  chrístíanos  no 
osaban  ir  adelante,  volvieron  contra  ellos,  con  gran- 
des alaridos,  según  costumbre  de  pelear;  y  en  aque- 
lla vuelta  firieron  en  los  chrístíanos  que  iban  en  la 
reguarda ,  é  allí  quedaron  muertos  algunos.  Esfor- 
záranse  los  moros  para  los  seguir  mas  adelante,  sal- 
vo porque  el  Conde  é  los  otros  capitanes  volvieron 
tres  veces  contra  los  moros,  é  los  resistieron  pelean- 
do con  ellos  ;  ó  acordaron  de  se  juntar  todos  é  po- 
nerse en  una  cuesta,  donde  los  moros  no  podían  su- 
bir salvo  á  gran  dafio  suyo.  E  ansí  estuvieron  los 
unos  á  vista  de  los  otros,  é  ninguna  de  las  batallas 
osaba  acometer  á  la  otra,  porlaindispusicion  délos 
lugares  do  estaban.  Al  fin  los  chrístíanos  ansí  por- 
que la  noche  se  acercaba,  como  porque  no  había 
dispusicion  en  el  lugar  do  estaban  para  pelear ;  con- 
BÍderando  que  si  cometiesen  la  pelea,  recebirían 
mayor  daño  venciendo,  que  los  moros  seyendo  ven- 
cidos, acordaron  de  se  volver  con  alguna  parte  de 
la  presa  que  pudieron  llevar,  por  los  lugares  é  pa- 
BOB  por  do  habían  puesto  las  guardas;  las  quales  fa- 


llaron que  habían  peleado  Con  ftlgtino»  peones  de  los 
moros ;  que  habían  subido  la  sierra  por  tomar  la  de- 
lantera ;  é  visto  que  los  no  podían  tomar ,  volvié- 
ronse é  dexaron  la  sierra.  E  los  chrístíanos  como 
vieron  volver  á  aquellos  peones  moros ,  fueron  con- 
tra ellos,  é  mataron  algunos,  porque  no  pudieron 
ser  socorridos  de  los  otros  moros  de  caballo  que  ha- 
bían quedado  al  pié  de  la  sierra.  E  fuera  mayor  el 
vencimiento  que  ovieron  los  chrístíanos ,  salvo  que 
los  lugares  do  aquella  f  acíenda  acaesció ,  eran  peli- 
grosos ,  y  estaban  cercados  por  tantas  partes  de  los 
moros,  que  los  chrístíanos  no  osaban  seguirlos,  ni 
continar  la  victoria  que  parecía  ofrecérseles :  por- 
que acordaron  de  estar  siempre  juntos  en  una  bata- 
lla, é  no  consentían  salir  á  ninguno  della  ,  salvo  á 
aquellos  que  mandaban  ir  contra  los  moros  quando 
era  necesario.  Y  en  esta  forma  pasaron  los  chrístía- 
nos aquella  jornada,  sin  recebir  el  dafio  grande 
que  recibieran,  sino  guardaran  la  orden  que  guar- 
daron. 

Pónese  aquí  este  recuentro ,  no  porque  f  uesa  en 
gran  dafio  de  los  unos  ni  de  los  otros ,  mas  porque 
fueron  libres  los  chrístíanos,  de  ser  todos  perdidos, 
por  el  buen  consejo  que  ovieron  en  mirar  tanto  é 
mas  la  seguridad  de  la  salida  que  la  forma  de  la 
entrada. 

CAPÍTULO  XXXVIII. 

De  las  cosas  qne  pasaron  en  Sevilla,  estando  el  Rey  é  la  Reyna  en 
aquella  cibdad. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  cibdad  de  Sevi- 
lla, vino  á  ellos  un  Nuncio  del  Papa  con  poderes 
para  facer  ciertas  cosas  en  los  Reynos  de  Castilla  6 
de  León,  especialmente  para  haber  la  posesión  del 
Arzobispado  de  Sevilla,  que  vacó  por  fin  de  Don 
Iñigo  Manrique,  Arzobispo  que  fué  de  aquella  Igle- 
sia ;  de  la  qual  el  Papa  había  proveído  á  un  Carde- 
nal que  era  su  Vicecanceller ,  natural  de  la  cibdad 
de  Valencia  (1).  Desta  provisión  no  plogo  al  Rey 
ni  á  la  Reyna ,  porque  entendían  ser  en  deservicio 
de  Dios  ó  suyo,  é  respondieron  á  aquel  Nuncio  ,  é 
por  sus  letras  notificaron  al  Papa  en  como  aquella 
Iglesia  era  una  de  las  mas  principales  de  sus  Rey- 
nos  ,  é  tenia  tierras  cercanas  á  la  tierra  de  los  mo- 
ros ;  é  que  no  era  razón  que  fuese  della  proveída 
persona  estrangera,  é  no  natural  de  Castilla,  por  los 
grandes  é  claros  inconviníentes  que  de  la  tal  provi- 
sión se  podrían  seguir  en  deservicio  de  Dios  é  dafio 
de  aquella  Iglesia  é  de  las  cosas  della.  E  que  para 
la  provisión  de  las  Iglesias  de  sus  Reynos  debía  es- 
perar la  suplicación  que  le  ficíesen  antes  que  dellas 
proveyese ,  según  fué  asentado  con  el  Pontífice  pa- 
sado. Y  especialmente  de  aquella  Iglesia  de  Sevi- 
lla, de  la  qual  por  ser  tan  insigne  era  necesario  que 
fuese  proveída  persona  natural  dellos  que  no  esto- 


(1)  Cl  MS.  del  Escorial  afíade  aquí  nna  cláusula,  tomada  al  pa- 
recer de  alguna  nota  marginal,  que  dice  asi :  «Este  se  llamó  Don 
«Rodrigo  de  Borja,  que  habla  venido  primero  por  Legado  del 
aPapa,  y  después  fué  Papa  Alexandro  Sesto.» 


DON  FERNANDO 
viese  absenté  de  la  tierra ;  porque  de  la  absencia 
del  Perlado  se  podrían  seguir  grandes  é  irrecupera- 
bles dafios,  ansí  en  las  tierras  de  Iglesia,  como  en 
todas  aquellas  comarcas  do  está  colocada.  E  certifi- 
caron á  Su  Sanctidad,  que  guardando  lo  que  complia 
á  BUS  conciencias  como  cathólicos  príncipes,  quan- 
do  alguna  Iglesia  acaescia  vacar  en  sus  Reynos, 
siempre  le  suplicaban  por  personas  dinas ,  é  quales 
compilan  á  servicio  de  Dios  é  suyo ,  é  á  la  buena 
administración  de  las  Iglesias.  Por  ende  le  suplica- 
ban que  lo  remediase  de  tal  manera  que  no  oviesen 
lugar  los  manifiestos  inconvinientes  que  de  aquella 
provisión  se  podrían  seguir.  El  Papa  habida  su  in- 
formación, condescendió  á  la  suplicación  del  Rey  é 
de  la  Reyna,  é  tovo  manera  como  aquel  Cardenal 
Vicecanciller  resinase  en  sus  manos  la  provisión  que 
el  fizo ;  é  tornó  á  proveer  de  aquel  Arzobispado  de 
Sevilla  á  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza ,  Obispo 
de  Palencía  que  fué  Patriarca  de  Alexandría  é  Car- 
denal de  España,  por  quien  habían  suplicado  ;  ó  de 
la  Iglesia  de  Palencía  á  Don  Alonso  de  Burgos 
Obispo  que  era  de  Cuenca  ,  Capellán  mayor  de  la 
Eeyna ;  é  de  la  Iglesia  de  Cuenca  proveyó  á  Don 
Alonso  de  Fonseca,  Obispo  que  era  de  Avila ;  6  pro- 
veyó de  la  Iglesia  de  Avila  á  Don  Fernando  de 
Oropesa ,  Prior  del  monesterio  de  Sancta  María  de 
Prado,  de  la  orden  de  Sant  Hierónimo,  Confesor 
de  la  Reyna.  Todas  estas  traslaciones  é  provisiones 
fizo  el  Papa,  según  que  por  el  Rey  é  por  la  Reyna 
le  fué  suplicado :  porque  fué  informado  que  mira- 
ban primero  sí  las  personas  por  quien  le  suplicaban 
eran  dinas  de  la  dinídad  que  les  procuraban. 

CAPÍTULO  XXXIX. 

De  la  diligencia  que  el  Rey  é  la  Reyna  mandaban  poner  en  exa- 
minar los  Corregidores  si  usaban  retamente  de  la  justicia  é  de 
los  cargos  que  tenían  en  las  cibdades. 

Estando  en  la  cibdad  de  Sevilla,  mandaron  el 
Rey  é  la  Reyna  que  se  ficiese  la  visitación  que  se 
eolia  facer  en  las  cibdades  é  villas  ó  provincias  do 
BUS  Reynos  ,  para  saber  si  los  Corregidores  é  otras 
personas  que  tenían  en  ellas  cargo  de  justicia ,  la 
administraban  retamente  ;  é  si  por  afición  de  per- 
sonas condenaban  á  algunos,  ó  por  interese  que  te- 
nían relevaban  ó  otros  de  la  pena  que  merecían ,  ó 
si  eran  negligentes  en  ella  ;  é  mandaban  executar 
las  penas  en  aquellos  que  en  esto  fallaban  culpan- 
tes. Otrosí  mandaron  que  los  Corregidores  ficiesen 
sus  residencias  en  las  cibdades  é  villas ,  do  habían 
tenido  cargo  de  justicia,  en  fin  de  cada  un  año ,  se- 
gún las  leyes  de  sus  Reynos  lo  disponen.  Y  en  esto 
tenían  grande  solicitud,  que  ninguno  osaba  corrom- 
per la  justicia,  ni  ser  negligente  en  ella.  E  porque 
fueron  informados  que  algunos  caballeros  é  cibda- 
danos  é  otras  personas  por  su  propria  autoridad  te- 
nían entrados  algunos  términos  é  dehesas  é  otras 
tierras  de  las  cibdades  é  villas  de  sus  Reynos,  é  las 
habían  apropiado  á  sí ,  faciendo  particular  de  uno 
lo  que  era  común  de  todos ;  embiaron  pesquisidores 
á  las  cibdades  é  villas,  los  quales  habida  informa- 


É  D05ÍA  ISABEL.  409 

cion,  ficieron  restituir  á  las  cibdades  é  villas  todas 
las  tierras  é  términos  que  los  caballeros  é  otras  per- 
sonas habían  tomado.  E  los  que  fallaron  plantados 
de  viñas  é  huertas ,  é  otros  qualesquier  frutos,  los 
ficieron  talar  é  arrancar,  de  manera  que  todos  que- 
daron esentos  para  los  pueblos.  E  también  manda- 
ron que  se  guardase  la  prohibición  que  la  Reyna 
fizo  del  juego  de  los  dados,  é  de  tal  manera  man- 
daban executar  la  pena  en  la  persona  que  los  ju- 
gaba, que  ninguno  los  osaba  jugar ;  é  las  penas 
que  desto  se  habían,  mandábanlas  destríbuir  en  co- 
sas pías.  E  antes  que  los  Corregidores  fuesen  rece- 
bidos  en  las  cibdades,  juraban  estas  cosas  que  por 
el  Rey  é  por  la  Reyna  fueron  ordenadas.  «Primera- 
» mente,  que  bien  é  diligentemente  é  con  toda  leal- 
»tad  usaría  de  aquel  oficio  de  justicia  que  le  daban 
«encargo.  Otrosí,  que  no  tomaría  alcalde,  ni  al- 
nguacil,  ni  escribano,  por  ruego  ni  intercesión  de 
«persona  alguna,  varón  ni  muger.  E  que  no  serian 
» naturales  del  lugar  do  toviese  el  oficio ,  ni  de  los 
«otros  lugares  subjetosá  su  jurisdicion  ;  é  que  fue- 
»sen  los  mejores  ó  mas  hábiles  que  para  aquel  ofi- 
» cío  pudiese  haber.  Otrosí,  que  no  se  juntaría,  ni 
« f  aria,  parcialidad  con  alguno  ni  algunos  regido- 
«res  ni  caballeros  ni  otras  personas  de  los  tales 
«pueblos,  salvo  que  igualmente  ternía  á  todos  en 
« justicia  quanto  á  él  posible  fuese.  E  no  recibiría 
«daño,  ni  aceptaría  promesa  de  ninguna  persona. 
«  durante  el  tiempo  de  su  oficio ;  ni  conseutiria  á 
«sus  oficíales  ni  á  su  muger  ni  á  sus  fijos,  ni  i  otra 
«persona  alguna,  do  cuya  mano  haya  do  venir  á  éL 
«que  reciba  mas  de  su  salario  é  derechos  que  jus- 
«tamente  debiere  haber.  Otrosí,  que  lo  mas  presto 
«que  podrá,  sacará  copia  de  las  sentencias  que  son 
«dadas  en  fapvor  del  lugar  do  es  Corregidor,  sobre 
«los  términos  ;  é  se  informará  quales  dellas  están 
«executadas,  é  las  que  fallaren  que  no  están  execu- 
«tadas,  ó  después  las  tornaron  á  tomar  contra  el 
«tenor  de  las  tales  sentencias,  que  las  f ara  luego 
«executar,  é  dexar  los  tales  términos  libres  é  des- 
»  embargados  á  la  cibdad ,  villa  ó  lugar  de  donde 
«fueren  ;  é  fará  execucion  en  bienes  de  la  persona 
«que  ansí  tiene  ocupados  los  términos  con  el  tenor 
«de  las  tales  sentencias,  por  la  pena  en  ellas  coute- 
«nida.  Pero  si  de  la  tal  execucion  se  temiese  escán- 
«  dalo,  ó  otra  gran  dificultad,  que  fará  relación  dello 
nal  Rey  é  á  la  Reyna,  ó  lo  embiará  al  su  Consejo  lo 
«mas  presto  que  podrá.  Otrosí,  que  no  llevará,  ni 
«consentirá  llevar  á  sus  oficiales  mas  derechos  de 
«los  que  justamente  debieren  haber,  según  la  tabla 
«que  oviere  escripia  delloB  en  el  lugar  donde  f ue- 
«re  ;  é  sino  la  oviere,  que  la  mande  facer  con  acuer- 
«do  de  los  oficíales  del  Consejo,  é  poner  en  lo  pü- 
«blico  de  su  audiencia;  é  que  por  aquella  tasa  Ue- 
»  varán  los  derechos  é  no  mas,  é  que  executaria  las 
«penas  de  los  que  lo  contrarío  ficiesen.  Otrosí,  que 
»  no  llevaría  ni  consentiría  á  sus  oficíales  llevar  de- 
«rechos  de  execucíones  por  ningún  contrato  ni 
«obligación,  ó  de  sentencia  de  que  se  pidiere  exe- 
»  cucion,  fasta  que  el  señor  de  la  debda  sea  pagado 
»é  contento.  E  que  por  un  contrato  é  obligación  é 


410 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


» sentencia,  ó  por  una  debda  no  llevará  mas  de  un 
» derecho,  según  lo  quieren  é  disponen  los  derechos 
«é  las  leyes  del  Rey  no.  Otrosí,  que  no  dará,  ni  con- 
» sentirá  á  sus  oficiales  que  den  dádivas  ni  presen- 
»tes,  ni  farán  promesas  de  les  dar  presentes  á  per- 
nsona  alguna  de  las  que  continamente  residen  en 
»  corte,  ni  á  sus  mugeres  é  fijos ,  ni  á  oficiales,  ni  á 
«otras  personas,  para  que  vengan  á  la  mano  de 
»  aquellas  directé  ni  indireeté.  Otrosí ,  que  no  llevará 
»  ningunas  penas  de  las  que  disponen  las  leyes,  sin 
» que  primero  las  partes   sean  oidas  é  vencidas  é 
«sentenciadas.  Otrosí,  que  á  todo  su  leal  poder  de- 
«fenderá  la  jurisdicion  real  en  los  casos  que  según 
«derecho  no  deba  ser  ocupada.  Iten,  que  ni  pública 
»ni  ocultamente ,  directé  ni  indireeté  no  procurará 
«que  le  sean  leídas  cartas  de  los  jueces  eclesiásticos, 
«para  que  sea  impedida  de  guardar  y  executar  la 
«jurisdicion  real :  porque  como  el  Rey  é  la  Reyna 
«quieren  que  la  jurisdicion  eclesiástica  sea  guarda- 
»da,  ansí  quieren  que  su  jurisdicion  real  no  sea 
«usurpada.  Otrosí,  que  las  penas  ordenadas  por  las 
«leyes,  que  pertenescen  á  su  cámara ,  él  ni  sus  ofi- 
« cíales  no  las  ocuparán ;  mas  luego  que  fueren  sen- 
«tenciadas  por  sentencia  pasada  en  cosa  juzgada, 
«porná  diligencia  en  las  cobrar  é  poner  en  depósito 
«  en  poder  del  escribano  del  Consejo,  para  que  estén 
«allí  de  manifiesto,  y  el  limosnero  pueda  poner  co- 
fibro  en  ellas;  y  embie  lo  mas  presto  que  podrá  re- 
«lacion  dellas  al  limosnero   para   que  las  cobre. 
«Otrosí,  que  no  aceptará  ruego,  ni  carta,  ni  mensa- 
«gería  que  le  sea  fecha  en  favor  de  algunas  perso- 
»nas  del  pueblo  donde  estoviere,  por  palabra  ni  por 
» escripto,  aunque  sea  de  qualquier  persona  de  las 
«que  andan  en  la  corte  é  contino  residen  en  su  ser- 
» vicio.  Otrosí,  que  castigará  é  fará  castigar  á  sus 
«oficiales  las  blasfemias,  é  juegos  prohibidos,  é  los 
«otros  pecados  públicos  é  no  porná  penas  para  sí  ni 
«las  llevará.  Otrosí,  que  !^no  llevará,  ni  consentirá 
«llevar  á  sus  oficiales  las  acesorias,  ni  vistas  de  pro- 
« cesos  para  las  sentencias  que  diere.  Otrosí ,  que 
«fará  á  sus  oficiales  que  juren  todo  aquello  que   el 
«Corregidor  jurare,  antes  que  les  sea  dado  el  oficio 
»  é  la  administración  del.  Iten ,  que  guardará  é  fará 
«  guardar  á  sus  oficiales  las  leyes  del  quaderno  de 
«las  alcavalas,  fechas  por  el  Rey  é  por  la  Reyna, 
«de  la  manera  que  se  ha  de  tener  en  el  demandar 
»de  las  alcavalas  á  los  labradores  é  oficiales,  para 
«que  no  sean  fatigados  indebidamente.» 

CAPÍTULO  XL. 

De  la  embatada  que  embid  el  Rey  de  Fez,  é  de  la  diligencia  que 
se  facía  para  la  guerra  de  los  moros. 

Según  en  otras  partes  desta  Crónica  habernos  di- 
cho, el  Rey  é  la  Reyna  tenían  mayor  voluntad  de 
facer  guerra  á  los  moros,  que  la  tovieron  ninguno 
de  los  Reyes  sus  predecesores ;  é  tan  grand  afición 
mostraban  á  las  cosas  que  para  la  proseguir  eran  ne- 
cesarias, que  pareció  ser  movidos  á  ella  por  algu- 
na divina  inspiración ;  porque  su  pensamiento  é 
trabajo  contino  ora  mandar  guardar  los  puertos  por 


tierra  é  tener  gran  ilota  de  navios  por  la  mar,  por- 
que no  pasase  gente ,  ni  caballos ,  ni  mantenimien- 
tos de  los  Reynos  de  África  á  proveer  el  Reyno  do 
Granada.  Otrosí,  mandaban  poner  gran  diligencia 
en  fomescer  el  artillería,  é  tener  bien  pagada  la 
gente  de  armas  de  los  sueldos  é  tierras  que  les 
mandaban  dar  cada  año.  E  de  lo  que  se  cogía 
de  la  Cruzada  é  subsidio  de  la  clerecía,  é  de  las  pe- 
nas que  se  ponían  á  los  que  habían  judaizado ,  é  se 
reconciliaban  á  la  Iglesia,  é  de  las  otras  sus  rentas 
ordinarias,  é  de  todas  las  partes  que  podían  haber 
dineros,  mandaban  distribuirlo  en  las  cosas  de  la 
guerra.  E  porque  su  fama  era  divulgada  por  todo  el 
mundo,  especialmente  por  los  Reynos  de  África,  el 
Rey  de  Fez  les  embió  sus  embaxadores  con  presen- 
tes de  caballos  é  jaeces  para  el  Rey,  é  sedas  é  per- 
fumes para  la  Reyna,  é  otras  cosas  de  las  que  hay 
en  aquella  tierra.  Y  embióles  á  suplicar  que  le  to- 
viesen  en  su  buena  gracia,  é  le  oviesen  por  reco- 
mendado, é  mandasen  á  sus  capitanes  que  andaban 
en  armada  por  la  mar,  que  no  ficiesen  guerra  á  sus 
gentes ,  é  que  él  quería  ser  su  servidor  en  todas  las 
cosas  que  le  mandasen.  El  Rey  é  la  Reyna  gelo  em- 
biaron  á  regradescer,  é  respondieron  á  los  moros 
embaxadores,  que  mandarían  á  sus  capitanes  é  gen- 
tes que  guardaban  la  mar,  que  no  ficiesen  daño  á 
BUS  moros,  tanto  que  ellos  no  lo  ficiesen  á  los  chris- 
tianos,  ni  pasasen  al  Reyno  de  Granada  gentes,  ni 
armas ,  ni  caballos ,  ni  mantenimientos.  Otrosí  el 
Rey  de  Portogal  embió  su  embaxador  al  Rey  é  á  la 
Reyna,  notificándoles  la  muerte  del  Duque  de  Viseo, 
de  la  qual  relatamos  en  las  cosas  escriptas  en  el  año 
pasado  ;  y  embió  á  decir  las  razones  que  le  habían 
movido  á  lo  facer.  E  mandó  á  su  embaxador  que 
les  mostrase  la  pesquisa  que  se  fizo  contra  los  que 
habían  conjurado  de  lo  matar ;  é  las  otras  cosas  que 
habían  pasado  cerca  de  aquella  muerte.  E  que  lea 
rogaba  que  considerando  el  crimen  tan  detestable 
como  contra  su  persona  se  quería  facer,  le  releva- 
sen de  culpa ,  é  apartasen  de  sus  ánimos  todo  mal 
concepto,  si  alguno  por  este  caso  tenían. 

CAPÍTULO  XLI. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  juntar  sus  gentes,  f  el  Rey 
entró  en  el  Reyno  de  Granada. 

El  Rey  é  la  Reyna  el  año  pasado  habían  dado  sus 
cartas  de  apercebimiento  para  algunas  gentes  de 
armas  é  peones  de  Castilla ;  por  las  quales  les  em- 
biaron  á  mandar  que  estoviesen  prestos  para  venir 
á  la  cibdad  de  Córdoba  en  el  mes  de  Marzo  siguien- 
te, para  la  guerra  que  entendían  continar  contra  el 
Rey  é  moros  del  Reyno  de  Granada,  á  donde  el  Rey 
en  persona  había  de  ir.  E  partieron  de  la  cibdad  do 
Sevilla  para  la  cibdad  de  Córdoba,  é  con  ellos  el 
Príncipe  Don  Juan,  é  las  Infantas  Doña  Isabel  é 
Doña  Juana  é  Doña  María  sus  fijos  ;  y  el  Cardenal 
de  España,  é  los  otros  caballeros  é  oficiales  que  por 
su  mandado  continaban  en  su  corte.  E  luego  como 
fueron  en  la  cibdad  de  Córdoba ,  embiaron  á  llamar 
todos  los  caballeros  é  gentes  de  caballo  é  de  pié  que 


DON  FERNANDO 
habían  mandado  apercebir.  E  vinieron  á  bu  llama- 
miento el  Maestre  de  Santiago ,  y  el  Maestre  de  Al- 
cántara, y  el  Duque  de  Medinaceli ,  y  el  Duque  de 
Náxera,  é  Don  Juan  de  Guzman,  fijo  del  Duque  de 
Medinasidonia  con  la  gente  del  Duque  su  padre,  y 
el  Conde  de  Benavente,  y  el  Marqués  de  Cáliz,  y 
el  Conde  de  Cabra,  é  Don  Bernardino  de  Mendoza, 
Conde  de  Coruña,  é  Don  Pedro  Enriquez ,  Adelanta- 
do mayor  del  Andalucía,  é  Don  Alonso,  Señor  de  la 
Casa  de  Aguilar,  é  Don  Francisco  de  Estúñiga  con 
la  gente  del  Duque  dePIasencia  su  padre,  é  Martin 
Alonso,  Señor  de  Montemayor,  é  Don  Hurtado  de 
Mendoza,  capitán  de  la  gente  de  armas  del  Carde- 
nal de  España  su  hermano,  é  Luis  Hernández  Puer- 
tocarrero.  Señor  de  Palma,  é  Diego  Fernandez  de 
Córdoba,  Alcayde  de  los  Donceles,  é  Pero  Carrillo 
de  Albornoz,  capitán  de  la  gente  de  armas  que  em- 
bió  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Duque  del  In- 
f  antadgo,  é  Juan  de  Villafuerte,  capitán  de  la  gen- 
te de  armas  que  embió  Don  Garciálvarez  de  Tole- 
do, Duque  de  Alva,  é  Garcilaso  de  la  Vega,  capitán 
de  la  gente  de  armas  que  embió  Don  Lorenzo  Sua- 
rez  de  Pigueroa,  Conde  de  Feria.  Otrosí  vinieron 
caballeros  y  escuderos  que  tenían  tierras  é  acosta- 
mientos del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  los  peones  que 
embiaron  á  mandar  que  viniesen  de  las  provincias 
de  Vizcaya  é  Guipúzcoa,  é  Castilla  la  Vieja ,  é  de 
Álava,  é  de  Rioja,  é  de  las  Asturias  de  Oviedo,  é 
del  Reyno  de  León,  é  de  todas  las  cibdades  é  villas 
é  tierras  que  embiaron  á  llamar.  Otrosí  vinieron  á 
servir  á  esta  guerra  los  homes  fijos-dalgo,  que  go- 
zaban de  franquezas  por  razón  de  su  fidalguía.  Don 
Pedro  Fernandez  de  Velasco ,  Condestable  de  Cas- 
tilla é  Conde  de  Haro ,  no  fué  llamado.  E  como 
quier  que  le  embiaron  á  mandar  que  residiese  allen- 
de los  puertos  con  el  cargo  de  la  justicia  de  aque- 
llas partes ,  pero  respondió  al  Rey  é  á  la  Reyna  que 
por  quanto  él  estaba  para  servir  á  Dios  é  á  ellos  en 
aquella  guerra,  les  suplicaba  que  no  le  constriñie- 
sen  á  que  ficiese  lo  contrario  ;  porque  nb  era  honra 
suya,  seyendo  su  Condestable  é  yendo  el  Rey  á  la 
guerra  de  los  moros,  quedar  él  sin  le  servir  en  ella 
por  su  persona.  E  luego  vino  á  la  cibdad  de  Cór- 
doba, é  vinieron  con  él  Don  Beltran  de  la  Cueva, 
Duque  de  Alburquerque,  é  Don  Pedro  de  Estúñiga, 
Conde  de  Miranda,  é  Don  Alonso  Tellez  Girón,  Con- 
de de  üreña  sus  yernos,  é  Don  Bernardino  de  Ve- 
lasco,  BU  fijo  ,  Señor  de  Pedraza,  é  Don  Sancho  de 
Velasco,  su  hermano.  E  todos  estos  Duques  é  Con- 
des é  Maestres  ó  caballeros  vinieron  cada  uno  con 
la  gente  de  su  casa,  que  les  fué  mandado  traer  ade- 
rezada con  grandes  arreos  de  guerra ,  los  quales  se 
presentaban  con  lasesquadras  de  la  gente  que  traían 
delante  el  palacio  real.  Vinieron  ansimesmo  á  su 
llamamiento  las  gentes  de  caballo  é  de  pié  del  An- 
dalucía. Otrosí  mandaron  traer  gran  número  de 
bueyes  de  las  tierras  de  Avila  ó  de  Segovia ,  é  de 
otras  partes  ;  é  carros  para  llevar  las  lombardas,  é 
otros  tiros  de  pólvora ,  é  las  escalas,  é  mantas  é 
grúas  yengenios,  é  otros  pertrechos  para  combatir: 
con  lo  qual  venían  carpinteros  con  sus  ferramien- 


É  DOÑA  ISABEL.  411 

tas,  é  f erreros  con  sus  fiaguas,  que  andaban  de  con- 
tino en  los  reales  y  en  todas  las  otras  partes  por  do 
se  llevaba  el  artillería ,  é  maestros  lombarderos,  y 
engenieros,  é  pedreros  que  facían  piedras  de  canto 
é  pelotas  de  fierro ,  é  todos  los  maestros  que  eran 
necesarios,  é  sabían  lo  que  se  requería  para  facer  la 
pólvora,  é  para  todos  aquellos  oficios ,  é  para  todas 
las  cosas  que  eran  menester.  De  cada  lombarda  da- 
ban cargo  á  un  home ,  para  que  solicitase  de  tener 
la  pólvora ,  é  todos  los  aparejos  que  le  fuesen  me- 
nester, de  manera  que  por  falta  de  diligencia  no  de- 
sasen de  tirar.  Otrosí  mandaron  que  dos  capitanes 
con  la  gente  de  caballo  é  de  pié  de  sus  capitanías 
andoviesen  de  contino  en  la  guarda  del  artillería  é 
de  la  pólvora.  E  como  las  cosas  necesarias  al  arti- 
llería é  á  los  pertrechos  fueron  aderezadas  ,  vinie- 
ron luego  gran  número  de  bestias  é  carros  alquila- 
dos, é  homes  que  los  traían,  allende  las  bestias  que 
el  Reyno  pagaba,  para  llevar  las  provisiones  de  pan 
é  de  vino  é  de  cebada ;  é  otrosí  los  ganados  é  todas 
las  otras  cosas  que  eran  necesarias  para  el  mante- 
nimiento de  las  gentes  de  la  hueste.  Embió  ansi- 
mesmo la  Reyna  las  tiendas  grandes  que  se  llama- 
ban el  Hospital  de  la  Reyna ;  con  el  qual  Hospital 
embiaba  físicos  é  cirujanos,  é  ropa  de  camas  é  me- 
dicinas, é  homes  que  servían  á  los  feridos  y  enfer- 
mos ;  é  todo  lo  mandaba  pagar,  según  lo  acostum- 
braba en  los  otros  reales.  Todas  las  cosas  de  la  guer- 
ra aparejadas  en  la  forma  que  hemos  dicho,  el  Rey 
é  la  Reyna  mandaron  platicar  en  su  Consejo,  en  qué 
parte  del  Reyno  de  Granada  se  debía  este  año  facer 
la  guerra.  E  después  de  oídos  los  votos,  acordaron 
secretamente  que  el  Rey  entrar  debía  aponer  su  real 
sobre  la  cibdad  de  Málaga,  é  mandar  al  Conde  de 
Castro  su  capitán  mayor  de  la  flota,  que  pusiese 
los  navios  acerca  de  la  cibdad,  porque  estoviese 
cercada  por  la  mar  e  por  la  tierra.  Pero  acordaron 
que  era  necesario  tomar  primero  las  villas  de  Ca- 
zarabonela  é  Cártama  é  Co in,  é  todos  los  otros  cas- 
tillos é  lugares  que  están  en  el  valle  que  dicen  de 
Sancta  María,  y  en  el  valle  de  Cártama,  que  están 
antes  de  la  cibdad  de  Málaga ;  porque  si  estos  cas- 
tillos no  se  tomasen  primero,  los  moros  f  arian  daño 
en  la  gente  que  fuese  á  los  herbages,  y  en  los  que 
traxiesen  mantenimientos.  Los  grandes  señores  que 
allí  vinieron  facían  gastos  demasiados  en  los  ves- 
tidos é  arreos  de  sus  personas,  é  otrosí  tenían  dema- 
siada familia  de  pages  é  servidores,  é  de  otros  ho- 
mes inútiles  para  la  guerra ;  ó  ansimesmo  gastaban 
excesivamente  en  traer  cada  uno  delante  de  si  mu- 
chas hachas  encendidas,  é  facían  grandes  gastos  en 
los  platos  de  diversos  manjares  que  se  ponían  á  sus 
mesas,  y  en  todas  las  otras  cosas  que  se  requieren 
para  mostrar  grandes  estados ;  de  lo  qual  tomaban 
exemplo  los  otros  caballeros  que  no  eran  de  tanto 
estado.  E  porque  los  gastos  fechos  en  semejantes 
cosas,  allende  de  ser  inútiles,  crian  en  los  homes 
alguna  moUeza,  enemiga  del  oficio  de  las  armas ;  el 
Rey  é  la  Reyna  mandaron  que  ce  f ablase  con  algu- 
nos principales  de  aquellos  grandes  señores,  dándo- 
les á  entender ,  quanto  daño  é  poco  fruto  habia  en 


412  CnÓNICAS  DE  LOS 

aquellos  gastos  excesivos ;  rogándoles  que  los  tem- 
plasen, especialmente  en  tiempo  de  guerra,  porque 
los  otros  tomasen  exemplo  dellos.  Después  de  habi- 
do consejo  de  lo  que  se  debia  facer  en  tierra  de 
moros,  el  Rey  partió  de  la  cibdad  de  Córdoba  en 
el  mes  de  Mayo  desto  año ;  é  fueron  con  él  los  Du- 
ques é  Condes  é  capitanes  que  habernos  dicho ,  ó 
llegó  á  poner  real  á  un  lugar  que  se  llama  el  Pon- 
tón de  Don  Gonzalo,  que  es  junto  con  el  rio  de  Gua- 
daxenil.  E  mandó  el  Rey  otro  dia  mover  su  real  de 
aquel  lugar ,  é  fué  para  el  Rio  que  se  dice  de  las 
Yeguas,  donde  estovo  dos  dias  recogiendo  las  otras 
gentes  de  caballo  é  de  pié  que  venian  por  otros  ca- 
minos. Otrosí  llegó  el  artillería  é  pertrechos  que 
traían  fasta  mil  carros ,  delante  los  quales  venian 
gran  número  de  peones  con  picos  é  azadas,  facien- 
do llanos  los  caminos  é  pasos  en  las  sierras  y  en  los , 
lugares  altos  é  ásperos  por  donde  pudiesen  pasar 
los  carros.  E  como  todos  los  caballeros  é  gentes  que 
habernos  dicho  fueron,  juntos  con  el  Rey  en  aquel 
lugar,  movió  de  allí  su  real  con  las  batallas  ordena- 
das en  esta  manera.  El  avanguarda  llevaba  el  Con- 
destable, é  con  él  el  Duque  de  Albur querque,  y  el 
Conde  de  Miranda  sus  yernos  con  las  gentes  de  sus 
casas  é  con  mil  homes  á  caballo  de  los  fijos-dalgo, 
é  con  los  peones  que  vinieron  de  Castilla  la  vieja. 
E  delante  desta  avanguarda,  según  la  antigua  cos- 
tumbre de  Castilla,  iba  el  Alcayde  de  los  Donceles 
con  algunos  caballeros  á  descubrir  la  tierra.  En  otra 
esquadra  cerca  del  avanguarda  iba  do  la  una  parte 
Garcibravo  Alcayde  de  Atienza  capitán  de  quatro- 
cientos  homes  á  caballo  ;  y  en  la  otra  parte  iba  otra 
esquadra  de  quatrocientos  é  cinqüenta  homes  á  ca- 
ballo con  el  capitán  Pero  Vaca.  En  otra  batalla  iba 
el  Duque  de  Medinaceli  con  la  gente  de  su  casa.  Y 
en  otra  esquadra  iba  Don  Furtado  de  Mendoza  con 
la  gente  de  armas  del  Cardenal  de  España,  y  el 
Conde  de  Coruña,  é  Pero  Carrillo  de  Albornoz,  ca- 
pitán de  la  gente  del  Duque  del  Infantadgo.  En 
otra  batalla  iba  el  Conde  de  Cabra,  y  el  capitán 
Sancho  de  Róxas  con  la  gente  de  su  capitanía.  En 
otra  batalla  iba  Don  Juan,  fijo  del  Duque  de  Medi- 
nasidonia  con  la  gente  del  Duque  su  padre.  Des- 
pués destas  batallas  en  esta  manera  ordenadas  iba 
la  batalla  real,  en  la  qual  iba  por  capitán  Don  Pero 
Manrique,  Duque  de  Náxera.  E  otrosí  iba  en  esta 
batalla  el  Adelantado  del  Andalucía,  é  Diego  Ló- 
pez de  Ayala,  é  Luis  Fernandez  Puertocarrero,  é 
Pedro  Ruiz  de  Alarcon,  y  el  Comendador  Pedro 
de  Ribera,  é  Bernal  Francés,  é  Francisco  de  Bo- 
vadilla,  é  Antonio  del  Águila  é  Juan  de  Merlo, 
capitanes  de  las  gentes  de  las  guardas  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  é  de  las  Hermandades,  é  las  otras 
gentes  de  armas  que  tenían  tierras  é  acostamien- 
tos del  Rey  é  de  la  Reyna.  E  cerca  de  la  batalla 
real  á  la  mano  derecha  iba  la  gente  do  Sevilla ,  é 
de  los  Obispados  de  Córdoba  é  de  Jaén.  E  con  el 
guión  donde  iba  la  persona  del  Rey,  iba  Don  Gu- 
tierre de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de  León,  é 
Don  Enrique  Enriquez,  su  Mayordomo  mayor,  con 
todos  los  criados  é  caballeros  é  fijos-dalgo  que  eran 


REYES  DE  CASTILLA. 

continos  en  la  casa  del  Rey  é  de  la  Reyna.  Luego 
después  desta  batalla  iba  todo  el  requage,  élas  otras 
bestias  que  llevaban  las  provisiones  é  manteni- 
mientos para  la  hueste.  En  la  reguarda  de  todo  iban 
las  batallas  de  la  gente  de  armas  del  Maestre  de 
Santiago  é  del  Marqués  de  Cáliz,  é  con  ellos  iba  el 
capitán  Don  Juan  Manrique  con  la  gente  de  su  ca- 
pitanía. Los  peones  que  fueron  llamados,  iban  con 
sus  capitanes,  partidos  en  los  lugares  que  fué  acor- 
dado. Mandó  ansimesmo  el  Rey  á  dos  alcaldes  é  á 
dos  alguaciles  de  su  corte,  que  fuesen  con  la  hues- 
te ;  los  quales  con  los  alguaciles  que  el  Condestable 
tiene  facultad  de  poner  en  loa  reales,  considerando 
los  grandes  inconvinientes  que  de  la  desorden  é  poco 
temor  de  la  justicia  se  siguen  en  las  huestes,  facían 
tan  grandes  castigos  en  los  que  erraban,  que  la  gen- 
te, aunque  era  en  gran  número  iba  tan  atemorizada 
déla  justicia,  que  no  osaba  facer  daño  en  los  panes 
ni  en  las  viñas  de  la  tierra  de  los  christianos ,  ni  me- 
nos osaba  ninguno  sacar  armas  contra  otro,  ni  facer 
fuerza  ni  exceso,  por  la  gran  diligencia  que  el  Rey 
mandaba  poner  en  la  execucion  [de  la  justicia.  Co- 
mo el  Rey  con  toda  la  hueste  entró  en  la  tierra  de 
los  moros ,  por  consejo  de  algunos  escaladores  ó 
adalides  que  sabían  la  tierra ,  acordó  de  embiar  á 
escalar  una  villa  de  los  moros  que  se  llamaba  Mon- 
tefrio  ;  porque  si  se  pudiera  haber,  se  ganara  gran 
parte  de  la  tierra,  é  se  habría  mayor  seguridad  para 
la  gente  que  iba  en  la  hueste.  E  moviéronse  á  ello, 
porque  fueron  avisados  que  no  había  tanta  gente 
en  aquella  villa  ni  en  su  comarca  para  la  defender ; 
porque  toda  la  mas  gente  de  guerra  de  aquel  Rey- 
no,  se  había  llegado  á  las  partes  de  Málaga,  é  á  las 
otras  villas  é  castillos  de  su  comarca,  por  defender 
aquella  cibdad  é  tierra  de  la  guerra  que  sopieron 
que  les  seria  fecha  por  el  Rey  este  año.  E  como  los 
escaladores  con  ciertas  gentes  de  armas  ó  peones  la 
quisieron  escalar,fueron  sentidos,  porque  los  moros 
que  estaban  en  ella  tenían  tal  guarda  que  no  se  pu- 
do haber.  Acaesció  ansimesmo  en  aquel  tiempo  que 
vino  una  lluvia  con  tanta  tempestad  de  truenos  é 
de  relámpagos,  que  todos  fueron  espantados  é  pen- 
saron perecer.  E  la  gente  de  la  hueste  que  iba  orgu- 
llosa,  sabido  que  la  villa  no  se  pudo  tomar,  é  vista 
la  gran  tormenta  que  vino  del  cielo ,  como  pueblo 
movido  ligeramente  por  opinión,  imaginaron  que 
era  señal  de  algún  infortunio  que  les  habia  de 
acaescer,  é  caídos  de  la  esperanza  que  tenían,  falle- 
cieron de  las  fuerzas  que  primero  mostraban.  Los 
capitanes  cada  uno  á  sus  gentes  esforzábanlos  di- 
ciendo, que  en  las  grandes  conquistas  no  era  nue- 
vo acaescer  semejantes  alteraciones,  é  que  aquella 
gran  tempestad  pasada  que  vieron,  y  el  tiempo  se- 
reno que  veían,  era  señal  cierta  para  conocer  que 
después  de  los  trabajos  que  oviesen  gozarían  de  la 
victoria  que  deseaban. 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  XLII. 

Como  el  Rey  mandó  poner  dos  reales  sobre  la  villa  ds  Coin  é  de 
Cártama,  é  las  tomó;  éansimesmo  la  villa  de  Benamaqucx,  é 
lo  que  en  ella  flzo. 

Quando  el  Rey  llegó  á  aquel  lugar  que  habernos 
dicho,  ovo  conseio  con  el  Maestre  de  Santiago,  é 
con  el  Condestable ,  é  con  los  Duques  é  Condes  ó 
otros  caballeros  que  con  él  estaban ,  sobre  lo  prime- 
ro que  debian  facer,  porque  el  acuerdo  que  oviesen 
se  pusiese  prestamente  en  obra,  antes  que  los  mo- 
ros se  apercibiesen,  ni  sopiesen  á  qual  parte  debian 
poner  mayores  defensas.  E  fué  acordado  en  su  Con- 
sejo que  el  Maestre  de  Santiago ,  y  el  su  Condesta- 
ble, é  Don  Alonso,  Señor  de  la  Casa  de  Aguilar,  é 
Puertocarrero,  Señor  de  Palma,  fuesen  á  poner  cer- 
co sobre  la  villa  de  Cártama.  Otrosí  el  Marqués  de 
Cáliz ,  y  el  Conde  de  Coruña  é  Don  Furtado  de  Men- 
doza con  la  gente  del  Cardenal  de  España ,  y  el 
Adelantado  del  Andalucía  ^  fuesen  á  cercar  la  villa 
de  Coin.  E  mandó  á  estos  caballeros  que  pusiesen 
estos  sitios  en  un  dia  sobre  estas  dos  villas.  Y  el  Rey 
movió  adelante  con  toda  la  otra  gente  de  su  hues- 
te, é  pasó  allende  á  la  villa  de  Alora,  é  asentó  su 
real  en  medio  de  aquellas  dos  villas  de  Coin  é  de 
Cártama,  en  tal  lugar,  que  podia  ver  á  la  una  é  á  la 
otra,  é  socorrer,  si  fuese  necesario,  á  aquellos  ca- 
balleros que  embió  á  las  cercar.  Y  el  dia  siguiente 
fué  con  algunos  caballeros  á  ver  las  dispusiciones 
de  estas  dos  villas,  por  ver  donde  era  mas  necesa- 
rio que  asentase  su  real.  E  conoscida  la  dispusicion 
de  ambos  lugares;  como  quiera  que  la  villa  de  Car- 
tama  vido  ser  muy  fuerte,  é  asentada  en  lugar  ás- 
pero ,  pero  porque  conosció  que  la  villa  de  Coin 
era  mayor,  é  la  dispusicion  de  la  tierra  era  mas 
fuerte,  porque  toda  estaba  rodeada  de  cuestas 
grandes  é  ramblas  é  de  huertas  é  lugares  é  ace- 
quias é  pasos  que  la  fortificaban ,  acordó  de  po- 
ner su  real  sobre  ella.  Acaesció  que  el  año  pasado 
estando  el  Rey  con  su  hueste  en  aquella  tier- 
ra, los  de  la  villa  de  Benamaquex,  que  es  una  vi- 
lla bien  cerca  de  Coin,  trataron  con  el  Marqués  de 
Cáliz  que  querían  ser  Mudéxares  subditos  del  Rey, 
é  acudirle  con  los  tributos  que  acudían  al  Roy  Mo- 
ro ,  é  que  el  Rey  les  asegurase  sus  personas  é  bie- 
nes, é  mandase  que  les  fuesen  guardadas  las  viñas 
é  olivares  é  frutales  é  panes  é  las  otras  cosas  que  te- 
niac  sembradas.  El  Rey  condescendió  á  las  humil- 
des suplicaciones  que  le  ficieron  los  de  aquella  vi- 
lla ;  é  mandóles  guardar  todos  sus  bienes ,  é  no  les 
fué  fecha  guerra  ni  daño.  E  los  de  la  villa  ficieron 
pacto  con  el  Rey  de  ser  sus  subditos,  é  de  facer  guer- 
ra é  paz  por  su  mandado,  é  acoger  sus  gentes,  é  le 
acudir  con  los  tributos  que  al  Rey  Moro  solían  dar. 

Después  que  el  Rey  é  sus  gentes  partieron  de 
aquella  tierra,  luego  los  de  la  villa  rebelaron,  é 
acogieron  álos  moros,  édieronles  favor  en  la  guerra 
que  facían  á  los  christianos.  Conocido  aquel  engaño 
que  habían  fecho ,  el  Rey  indinado  contra  ellos, 
4ixo :  oTo  f  aré  que  la  pena  destos  sea  temor  á  otros, 


É  DO^^A  ISABEL.  413 

»  para  que  guarden  lealtad  por  fuerza ,  quando  no  la 
«guardaren   de  grado».  E  luego  mandó  combatir 
aquella  villa,  é  tanta  fué  la  ballestería  y  espingar- 
das é  otros  tiros  de  pólvora  que  tiraban  al  muro, 
que  los  moros  que  lo  guardaban  perdieron  la  f  uer- 
za,  é  la  gente  del  Rey  que  la  combatía , pudo  llegar 
los  bancos  pinjados  é  las  mantas  al  muro  ;  é  los  mo- 
ros lo  desampararon ,  de  manera  que  los  christianos 
entraron  en  la  villa.  Y  el  Rey  mandó  facer  justicia 
de  los  moros  que  en  ella  estaban ,  é  fueron  puestos 
á  espada  é  aforcados  ciento  é  ocho  moros  principa- 
les della.  E  mandó  que  se  tomasen  captivos  todos 
los  otros ,  é  las  mugeres  é  criaturas  que  en  ella  fa- 
llaron, é  mandó  quemar  la  villa ,  é  derribar  el  mu- 
ro. Tomada  é  derribada  la  villa  de  Benamaquex, 
embió  el  Rey  á  uno  de  los  adalides  que  venían  en 
su  hueste,  que  se  llamaba  Gonzalo  Arias  ,  é  un  in- 
térprete de  arábigo ,  á  facer  saber  á  los  de  la  villa 
de  Coin  la  justicia  que  se  habia  fecho  en  los  mo- 
radores de  Benamaquex  ;  por  ende,  que  les  manda- 
ba que  entregasen  luego  la  villa  á  sus  gentes,  por- 
que no  recibiesen  el  daño  que  veían  padescer  á  sus 
vecinos.  Los  de  aquella  villa  de  Coin  no  quisieron 
oír  la  fabla,  ni  facer  partido,  é  pusiéronse  en  de- 
fensa ,  é  salieron  á  escaramuzar  con  la  gente  que 
el  Rey  habia  embíado  delante  á  la  sitiar.  E  luego  el 
Rey  mandó  poner  las  estanzas  en  tales  lugares  que 
la  gente  no  recibiese  daño,  pero  no  se  pudieron  asen- 
tar por  todo  el  circuito  de  la  villa,  por  la  grand  as- 
pereza é  dispusicion  de  los  lugares  do  está  asenta- 
da. E  mandó  poner  guardas  é  sobreguardas  y  escu- 
chas, porque  fuese  sabido  sí  los  moros  de  las  ser- 
ranías que  estaban  cercanas  á  aquella  villa  se  mo- 
viesen á  venir  á  ella  ;  é  mandó  poner  guardas  en  los 
caminos ,  porque  las  requas  de  los  mantenimientos 
que  contíno  venían  al  real  no  recibiesen  daño.  Otro- 
sí porque  entendió  ser  necesaria  mas  gente  para 
fortificar  el  sitio  que  mandó  poner  sobre  la  villa  de 
Cártama  ,  embió  al  Duque  de  Alburquerque  ,  é  al 
Conde  de  Miranda  con  la  gente  de  bus  casas ,  é  al 
capitán  Alonso  Osorio ,  é  á  Garcilaso  capitán  de  la 
gente  del  Conde  de  Feria,  é  á  Pedro  Carrillo,  capi- 
tán de  la  gente  del  Duque  del  Infantadgo  é  á  Juan 
de  Ayala,  Señor  de  Cebolla,  é  al  capitán  Pero  Vaca,  é 
áJuan  Arias  de  Avila,  señor  deTorrejon  consus  gen- 
tes, los  quales  serian  fasta  en  número  de  cinco  mil 
homes  á  caballo,  é  diez  mil  peones  ballesteros  é  lan- 
ceros y  espingarderos ,  para  que  estuviesen  con  el 
Maestre  de  Santiago ,  é  con  el  Condestable ,  é  con 
los  otros  caballeros  que  primero  habia  embíado  á 
poner  sitio  sobre  aquella  villa ,  porque  de  todas  par- 
tes estovíese  cercada,  y  ellos  fuesen  mas  seguros 
de  la  multitud  de  los  moros  que  estaban  en  las  sier- 
ras cercanas  ;  y  embióles  ansímesmo  parte  del  arti- 
llería para  la  combatir.  Sabido  por  el  Rey  Moro  co- 
mo el  Rey  mandó  sitiar  aquellas  dos  villas ,  luego 
embió  á  aquellas  partes  algunos  caballeros  é  peones 
para  facer  guerra  á  las  gentes  del  real  que  salían  al 
herbage,  é  á  los  que  traían  los  mantenimientos,  loa 
quales  tomaron  algunas  bestias  que  venían  con  bas- 
timento para  la  hueste,  é  los  homes  que  venían  coü 


414 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ellas  laa  desampararon,  é  se  pudieron  salvar.  Lo 
qual  sabido  por  el  Rey,  mandó  que  les  fuese  paga- 
do el  valor  de  todo  lo  que  les  fué  tomado ,  porque 
ninguno  se  escusase  de  llevar  mantenimientos  al 
real.  E  mandó  poner  guarda  de  gente  de  caballo  é 
de  pié  en  todas  las  sierras  é  pasos ,  y  en  otros  luga- 
res do  podian  haber  peligro  ;  porque  dende  en  ade- 
lante no  recibiesen  daño  los  que  venían  al  real  con 
mantenimientos.  Los  moros  de  la  serranía  de  Ron- 
da, é  de  todas  las  serranías  é  valles  de  aquellas  co- 
marcas, como  sopieron  los  cercos  que  el  Rey  man- 
dó poner  sobre  la  villa  de  Cártama  é  Coin^  vinieron 
gran  multitud  dallos  á  la  villa  de  Monda,  que  es 
una  legua  de  Coin ,  entre  los  quales  vinieron  algu- 
nos moros  que  se  llamaban  Gomeres.  Esta  gente  de 
los  Gomeres  son  homes  que  en  los  Reynos  de  África 
usan  la  guerra  continamente ,  é  pasan  dellos  á  estas 
partes  del  Reyno  de  Granada  á  ganar  sueldo,  é  fa- 
cer guerra  á  los  christianos.  Los  moros  de  aquella 
villa  de  Monda  é  aquellos  Gomeres,  desde  las  sier- 
ras altas  é  desde  los  otros  lugares  ásperos  donde  se 
pusieron  ,  sallan  á  tirar  saetas  y  espingardas ,  é  al- 
gunas veces  cometían  de  pelear  con  las  guardas 
que  por  todas  partes  estaban  puestas  á  las  entradas 
del  real.  Y  estos  acometimientos  de  los  moros  fa- 
cían estar  toda  la  hueste  en  temor  tan  contíno,  que 
no  solamente  guardaban  aquellos  á  quien  cabían 
las  guardas ,  mas  todos  los  caballeros  é  capitanes 
guardaban  é  trabajaban  é  facían  trabajar  á  sus  gen- 
tes ,  por  poner  en  gran  guarda  la  persona  del  Rey  é 
toda  la  hueste.  E  cada  uno  amonestaba  á  los  suyos, 
que  guardasen  los  lugares  é  pasos,  y  estovíesen 
prestos  á  la  pelea  quando  fuese  necesario,  é  tovie- 
sen  aquel  ánimo  que  varones  esforzados  debían  te- 
ner para  defender  la  vida  é  resistir  á  aquella  mul- 
titud de  moros.  Los  christianos  que  veían  á  los  mo- 
ros ,  deseaban  venir  con  ellos  á  batalla  campal ,  sí 
la  díspusicion  de  la  tierra  do  estaban  no  gelo  impi- 
diera ;  é  quisieran  mas  disponerse  á  los  peligros  que 
pudieran  haber  batallando ,  que  sofrir  aquella  pena 
contína  que  padescían  guardando  é  resistiendo  los 
acometimientos  que  los  moros  facían.  Entretanto 
que  estas  cosas  pasaban,  el  Rey  mandó  que  con 
gran  diligencia  se  asentase  la  artillería  repartida  en 
tres  partes.  Ansimesmo  el  Condestable  y  el  Maestre 
de  Santiago  con  el  artillería  que  el  Rey  les  mandó 
dar ,  facían  tirar  al  muro  de  la  villa  de  Cártama ;  y 
el  sonido  de  las  lombardas  era  tan  grande  que  se 
oían  en  el  un  cerco  los  tiros  de  las  lombardas  que  ti- 
raban en  el  otro.  Los  moros  de  la  villa  de  Coin, 
confundidos  de  los  grandes  sonidos  del  artillería 
que  continamente  oían ,  é  del  daño  que  vían  facer 
en  los  muros,  no  sabían  que  consejo  tomar  para  se 
remediar,  especialmente  porque  vieron  caer  una 
parte  del  muro  de  la  villa ;  donde  se  fizo  un  gran 
portillo.  Los  moros  Gomeres  que  habían  venido  á  la 
villa  de  Monda  para  socorrer  á  Coin ,  informados 
como  aquella  villa  é  los  moradores  della  estaban  en 
peligro,  si  la  villa  se  entrase  por  fuerza  de  armas, 
cometieron  algunas  veces  de  entrar  en  ella  por  la 
defender,  é  no  pudieron  por  la  gran  guarda  que  el 


Rey  mandaba  poner  en  el  real  é  fuera  del.  É  como 
sopieron  que  la  cerca  era  derribada ,  un  moro  capi- 
tán dellos  les  dixo:  «Ea,  moros,  quiero  ver  quien 
»  será  aquel  que  se  compadescerá  de  los  niños  é  mu- 
»  geres  de  Coin,  que  esperan  la  muerte  y  el  captíve- 
»  rio  ;  é  aquel  á  quien  la  piedad  de  Dios  moviere  bí- 
»game,que  yo  me  dispongo  á  morir  como  moro 
»  por  socorrer  á  los  moros. »  E  diciendo  estas  pala- 
bras tomó  una  seña  blanca  ,  é  siguiéronle  los  moros 
Gomeres.  E  los  moros  de  Coin  que  sopieron  la  hora 
que  los  Gomeres  habían  de  venir,  ficieron  tal  reba- 
to en  el  real ,  que  no  geles  pudo  resistir  la  entrada 
que  estos  moros  con  gran  osadía  ficieron  en  la  villa. 
Los  quales  amonestaban  á  los  vecinos  della,  dicíen- 
doles  que  se  esforzasen  á  defender  su  vida  é  su  vi- 
lla, porque  con  buen  esfuerzo  se  defenderían,  é  sí 
desmayaban  se  perderían  ;  y  ellos  porque  eran  cur- 
sados en  las  guerras,  tanto  mas  se  esforzaban  á  de- 
fender, quanto  mayores  combates  les  daban  los 
christianos.  El  Rey  entendió  que  por  el  portillo  que 
ficieron  las  lombardas  en  el  muro  se  podría  comba- 
tir y  entrar  en  la  villa.  E  mandó  al  Duque  de  Náxe- 
ra  é  al  Conde  de  Benavente,  que  se  aparejasen  con 
sus  gentes  para  la  combatir,  é  ordenasen  el  comba- 
te con  los  pertrechos  que  fuesen  necesarios  para 
mayor  seguridad  de  sus  gentes.  Otrosí  embió  ánjan- 
dar  á  Don  Luís  de  la  Cerda  Duque  de  Medínaceli, 
que  embíase  sus  gentes  á  aquellos  caballeros  para 
les  ayudar.  El  Duque  sintiendo  grave  el  manda- 
miento que  el  Rey  le  fizo,  porque  le  mandaba  em- 
biar  su  gente  á  otros  caballeros,  respondió  á  los 
mensageros:  «Decid  al  Rey  mí  señor,  que  yo  vine 
))á  le  servir  con  la  gente  de  mí  casa,  é  que  si  mi 
«gente  manda  que  vaya  á  qualquier  parte,  tengo 
»  yo  de  ir  con  ella ,  porque  ni  yo  estaré  en  la  guerra 
»  salvo  acompañado  de  los  míos ,  ni  los  míos  es  ra- 
»  zon  que  vayan  á  ningún  fecho  de  armas ,  sin  que 
»  vaya  yo  delante  dellos.  Por  ende  que  si  Su  Alteza 
»  se  quiere  servir  de  mi  gente ,  yo  que  soy  su  capi- 
» tan  iré  con  ella  do  me  mandare  ;  porque  ni  la  gen- 
» te  puede  bien  servir  sin  capitán ,  ni  el  capitán  sin 
»  gente. » 

Estando  la  cosa  en  este  estado,  aderezando  el 
combate  que  el  Rey  mandaba  ordenar,  algunas  gen- 
tes del  real  con  el  capitán  Pero  Ruiz  de  Alarcon,  se 
anticiparon  al  combate ,  é  tomaron  mantas  é  otros 
pertrechos  de  defensas,  y  entraron  la  villa  por 
aquel  portillo  que  las  lombardas  habían  fecho,  é 
comenzaron  á  pelear  con  algunos  moros  que  falla- 
ron luego  á  la  entrada  de  la  villa  por  las  calles.  E 
los  christianos  peleando  retraxieron  á  los  moros  fas- 
ta una  plaza  de  la  villa,  á  la  qual  sobrevinieron  de 
súbito  con  grand  alarido  muchos  moros  de  aquellos 
Gomeres ,  é  socorrieron  á  las  calles  é  á  otros  luga- 
res por  donde  entraban  los  christianos,  é  pelearon 
con  ellos.  E  los  christianos  no  podiendo  sofrir  la 
fuerza  de  los  moros,  ni  los  tiros  de  piedras  é  texas 
que  les  tiraban  por  las  ventanas ,  é  veyendose  tur- 
bados, porque  no  sabían  los  lugares  ni  las  calles  por 
do  habían  de  pelear ,  volvieron  las  espaldas ;  é  los 
moros  firiendo  en  ellos ,  los  echaron  fuera  de  la  vi- 


DON  FERNANDO 
Ita  por  aqnel  portillo  que  habían  entrado.  E  aquel 
capitán  Pero  Ruiz  de  Alarcon  con  algunos  de  los 
que  entraron  con  él ,  peleó  con  los  moros  en  una  ca- 
lle ,  do  esperaba  que  seria  socorrido  de  los  christia- 
nos.  E  como  quier  que  vido  volver  las  espaldas  á 
los  que  al  principio  con  él  estaban ,  pero  como  era 
varón  esforzado ,  y  en  otros  fechos  de  armas  tan 
experimentado,  que  se  aparejaba  antes  á  esperar 
muerte  que  á  recebir  mengua ,  queriendo  pagar  con 
la  virtud  la  muerte  que  debia  á  la  natura ,  dixo : 
«  No  entró  yo  á  pelear  para  salir  de  la  pelea  fuyen- 
» do.  n  E  peleó  con  gran  esfuerzo  faciendo  estrago 
en  los  moros,  los  quales  le  rodearon  por  todas  par- 
tes ;  é  no  podiendo  mas  sof rir  las  grandes  f cridas 
que  tenia,  cayó  muerto  peleando  con  fama  de  buen 
caballero.  En  esta  manera  quedó  libre  á  los  moros 
la  villa  que  habia  seydo  ya  entrada  por  los  christia- 
nos.  Murieron  é  fueron  feridos  en  aquella  f acienda 
algunos  christianos,  entre  los  quales  fué  muerto 
otro  caballero  que  se  llamaba  Tello  de  Aguilar.  Co- 
mo el  Rey  sopo  la  muerte  de  aquellos  dos  caballeros 
y  el  desbarato  que  sus  gentes  ovieron ,  ovo  grand 
enojo ,  porque  habían  principiado  el  combate  sin  su 
mandado,  é  luego  mandó  apretar  mas  el  cerco,  é 
que  tirasen  las  lombardas  gruesas  é  loa  otros  tiros 
do  pólvora.  Los  quales  f  acian  tan  grand  estrago  en 
los  moros  y  en  las  casas  de  la  villa,  que  no  pudien- 
(lo  sof  rir  el  daño  que  veian ,  é  recelando  la  muerte 
que  esperaban  ,  demandaron  f  abla  para  entregar  la 
villa,  é  pidieron  al  Rey  que  les  diese  seguridad  de 
las  personas  é  bienes  para  se  poner  en  salvo.  El  Rey 
que  estaba  indinado  por  la  fuerza  que  los  moros 
hablan  fecho  en  su  gente,  quisiera  tomar  la  villa 
por  combate ,  é  no  segurar  á  los  moros  que  la  defen- 
dían; pero  considerando  el  peligro  en  que  estaban 
el  Ck)nde8table  y  el  Maestre  de  Santiago  é  los  otros 
caballeros  que  con  ellos  eran  en  el  cerco  que  tenían 
sobre  la  villa  de  Cártama ,  por  la  gran  morisma  que 
se  habia  puesto  en  las  sierras  que  estaban  en  el  cir- 
cuito de  aquellas  villas ,  é  por  escusar  los  peligros 
que  á  sus  gentes  podrían  acaescer  en  el  combate ,  é 
otrosí  por  quitar  los  grandes  trabajos  que  la  hueste 
sofría  continamente  en  guardar  las  entradas  del  real 
de  la  multitud  de  los  moros  que  todas  horas  é  por 
muchas  partes  guerreaban;  acordó  dar  el  seguro  que 
pedían,  é  recebir  la  villa  con  el  partido  que  los  mo  ■ 
ros  demandaron.  E  los  naturales  della  con  sus  mu- 
geres  é  fijos,  é  los  otros  Gcmeres  que  habían  veni- 
do á  la  defender,  la  dexaron  libre  al  Rey,  é  se  fue- 
ron con  sus  bienes.  E  luego  el  Rey  la  mandó  derri- 
bar, porque  era  de  gran  circuito,  y  en  tal  sitio  pues- 
ta ,  que  no  se  podía  defender ,  sino  á  gran  peligro 
de  los  que  la  guardasen.  Entretanto  que  estas  cosas 
pasaron  en  el  cerco  de  Coin,  el  Condestable  y  el 
Maestre  de  Santiago  é  los  otros  caballeros  é  capita- 
nes que  con  ellos  estaban ,  ponían  diligencia  en  el 
cerco  de  Cártama, é  tenían  á  los  de  la  villa  en  aprie- 
to ;  pero  esperaban  ser  socorridos  de  los  moros  que 
estaban  en  las  sierras  cercanas  á  la  villa.  E  por  este 
recelo  que  el  Condestable  y  el  Maestre  tenían ,  es- 
taban é  facían  estar  la  gente  armada  continamente 


É  DOÑA  ISABEL.  415 

é  presta  á  la  batalla.  Otrosí  facían  quo  tirasen  al 
muro  de  la  villa  las  lombardas  é  otros  tiros  de  pól- 
vora ,  las  quales  pusieron  tan  grand  espanto  á  los 
moros ,  que  no  pudíendo  sofrir  el  gran  daño  que  les 
facían ,  otrosí  sabido  que  la  villa  de  Coin  era  toma- 
da ,  f allescíeronles  las  fuerzas  que  al  principio  mos- 
traban en  la  defender.  Lo  qual  sentido  por  el  Maes- 
tre é  por  el  Condestable ,  embiaron  á  decir  al  Rey, 
que  pues  la  villa  de  Coin  era  ya  tomada,  y  estaba 
ya  libre  del  trabajo  de  aquel  sitio ,  le  pluguiese  de 
venir  al  cerco  que  les  habia  mandado  poner  sobre 
la  villa  de  Cártama,  porque  creían  que  sabido  por 
el  Alcayde  é  por  los  otros  moros  que  la  guardaban 
como  su  persona  real  venía  allí ,  luego  se  darían :  y 
era  razón,  quier  se  tomase  la  villa  por  fuerza  de 
armas,  quier  usando  con  los  que  la  defendían  de 
piedad ,  Su  real  Magestad  ovíese  la  gloria  de  qual- 
quier  de  aquellos  vencimientos.  E  luego  el  Rey  vi- 
no á  aquella  villa  ;  é  sabida  por  los  moros  su  veni- 
da, no  podiendo  sofrir  el  daño  que  recebian  del  ar- 
tillería, suplicaron  que  les  diese  seguridad  de  la  vi- 
da é  de  los  bienes  que  en  ella  tenían,  é  que  gela  en- 
tregarían. El  Rey,  con  acuerdo  de  aquellos  caballe- 
ros', les  dio  la  seguridad  que  pidieron ,  por  escusar 
las  muertes  que  los  christianos  podrían  haber  en  el 
combate,  é  por  estar  mas  libre  para  ir  adelante  ó 
á  seguir  su  conquista.  E  luego  los  moros  naturales 
de  la  villa,  ó  los  otros  Comeres  que  habían  entrado 
á  la  guardar,  salieron  della  con  sus  mugeres  é  ñjos 
é  con  todos  sus  bienes  seguramente,  é  dexaron  la 
villa  libre  con  su  fortaleza  al  Rey.  Entretanto  que 
los  cercos  de  Coin  ó  Cártama  duraron,  los  moros 
vecinos  de  las  villas  de  Churriana  é  Pupiana  é  Cam- 
panillas é  do  Fadala  é  de  Lahuin,  é  de  Alhurin,  é 
de  Guarro,  recelando  de  ser  muertos  ó  captivos, 
desampararon  todas  estas  villas  é  se  fueron  con  los 
bienes  que  se  pudieron  llevar  á  otras  partes.  E  co- 
mo sopo  el  Rey  que  estaban  yermas ,  mandó  derri- 
bar todas  las  torres  é  muros  é  cortijos  que  tenían. 
Otrosí  mandó  derribar  la  torre  del  Atabal ,  é  otra 
fuerza  que  se  decía  la  torre  nueva  del  Quizóte.  To- 
mada la  villa  de  Cártama ,  el  Maestre  de  Santiago 
embió  á  suplicar  al  Rey,  quo  por  quanto  aquella  Or- 
den de  la  caballería  de  Santiago  donde  él  era  Maes- 
tre, fué  fundada  para  facer  guerra  á  los  moros  ene- 
migos de  la  santa  fe  cathólíca ,  y  él  estaba  en  propó- 
sito de  seguir  aquello  que  por  las  constituciones  de 
su  orden  era  mandado,  le  ploguiese  de  le  dar  el  car- 
go de  la  tenencia  de  aquella  villa ,  porque  era  dos 
leguas  de  la  cibdad  de  Málaga ,  ó  asentada  en  lugar 
dispuesto  para  seguir  la  guerra  comenzada  contra 
los  moros  que  estaban  en  aquellas  comarcas.  El  Rey 
vista  la  suplicación  del  Maestre,  é  conoscídasu  bue- 
na intención ,  mandó  que  se  reparasen  las  torres  é 
muros  que  habían  derribado  'las  lombardas,  é  bas- 
tecerla de  los  bastimentos  é  pertrechos  que  fueron 
menester ,  mandógela  entregar.  Y  el  Maestre  la  re- 
cibió ,  é  le  fizo  pleyto  omenage  por  ella ,  é  puso  por 
Alcayde  en  la  fortaleza  á  un  caballero  de  su  casa 
que  se  llamaba  Juan  de  Céspedes.  La  Reyna  que 
había  quedado  en  la  cibdad  de  Córdoba ,  mandaba 


416 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


poner  gran  diligencia  en  repartir  é  traer  los  mante- 
nimientos ,  porque  todos  los  dias  anduviesen  las  re- 
quas  que  iban  con  ellos  ;  é  mandaba  ir  los  oficiales 
é  ministros  é  todas  las  otras  cosas  que  eran  necesa- 
rias para  el  proveimiento  del  real.  Otrosí  tenia  cui- 
dado de  embiar  el  sueldo  para  la  gente  de  armas ,  é 
para  los  otros  gastos  que  se  requerían  en  la  guerra, 
lo  qual  era  en  gran  cantidad.  Y  embió  á  mandar  al 
Comendador  mayor  de  León,  su  Contador  mayor, 
á  quien  dio  cargo  de  la  administración  de  las  cosas 
que  en  la  hueste  fuesen  necesarias,  que  pusiese 
gran  diligencia  en  mandar  á  los  tesoreros  que  paga- 
sen bien  la  gente,  é  la  toviesen  contenta,  ó  prove- 
yese en  todas  las  otras  cosas  que  fuesen  menester, 
tan  Cumplidamente ,  que  por  falta  de  lo  necesario 
no  se  desase  de  facer  la  guerra  como  convenia.  E 
mandó  ansimesmo  poner  paradas  en  el  camino ,  por 
las  quales  en  poco  espacio  era  informada  de  todo  lo 
que  en  el  real  cada  hora  se  facia.  Otrosí  escribía 
cartas  graciosas  á  los  grandes  de  sus  Keynos  que 
estaban  en  la  hueste,  é  algunos  otros  caballeros  é 
capitanes,  á  quien  entendía  ser  necesario:  á  unos 
agradeciéndoles  lo  que  facían ,  á  otros  loando  su  vo- 
luntad de  lo  que  deseaban  facer.  E  con  estos  pro- 
veimientos que  la  Reyna  facia,  tenia  gratos  á  los 
grandes  señores  é  á  los  otros  caballeros  para  sofrir 
loa  trabajos  que  pasaban. 

CAPÍTULO  XLIII. 

Como  el  Rey  con  algnnos  caballeros  fué  á  dar  vista  á  la  cibdad 
de  Málagai 

El  Rey  siguiendo  el  primer  consejo  que  en  Cór- 
doba en  presencia  de  la  Reyna  ovo ,  de  cercar  la 
cibdad  de  Málaga ,  dexó  su  real  puesto  cerca  de  la 
villa  de  Cártama,  ó  con  algunos  caballeros  ó  fijos- 
dalgo  que  con  él  fueron,  partió  con  sus  batallas  or- 
denadas para  la  cibdad  de  Málaga ,  por  ver  el  sitio 
donde  se  debía  poner  el  real.  E  como  llegó  cerca  de 
la  cibdad ,  salió  el  Rey  Moro  con  fasta  mil  homes  á 
caballo  ;  los  quales,  según  se  mostró  en  el  arreo  de 
sus  personas  y  en  los  caballos  que  traían,  parecían 
homes  de  guerra  los  mas  escogidos  que  había  en  to- 
do el  Reyno  de  Granada.  Otrosí  salieron  con  él  gran 
número  de  peones ,  que  se  mostraron  por  las  huer- 
tas é  olivares  cercanos  á  la  cibdad.  E  trabóse  entre 
los  unos  ó  los  otros  una  escaramuza ,  la  qual  cre- 
ciendo de  grado  en  grado,  se  encendió  tanto ,  que 
caían  muchos  de  los  unos  é  de  los  otros ;  é  quanto 
jos  moros  se  esforzaban  á  mostraren  aquella  facien- 
da  sus  fuerzas,  tanto  los  chrístianos  pugnaban  con 
mayor  ánimo  por  los  vencer.  En  esta  pelea,  una  vez 
los  chrístianos  retraían  á  los  moros  fasta  los  poner 
bien  cerca  del  muro ;  otra  vez  los  moros  con  espin- 
gardas é  con  la  multitud  de  saetas  que  tiraban  den- 
de  los  olivares  é  huertas  ferian  muchos  homes  é  ca- 
ballos de  los  chrístianos  ó  los  facían  retraer  del  mu- 
ro donde  llegaban.  Y  en  esta  manera  duró  aquella 
escaramuza  entre  ellos,  fasta  tanto  que  el  Rey  man- 
dó á  los  capitanes  que  ficiesen  retraer  su  gente ;  ó 
loa  moroB  ansimesmo  se  retraaieron,  Murierou  é  fue- 


ron feridos  en  aquella  escaramuza  algnnos  de  los 
chrístianos,  especialmente  murió  Don  Fernando  de 
Ayala,  el  heredero  mayor  de  la  casa  de  Ayala,  que 
con  osadía  de  caballero  se  metió  tanto  entre  los  mo- 
ros firíendo  é  recibiendo  f cridas,  fasta  que  lo  ma- 
taron. Estonces  el  Rey  mandó  ver  el  sitio  donde  se 
podría  asentar  su  real ;  é  porque  no  se  falló  lugar 
do  pudiese  haber  tanta  abundancia  de  agua  que 
bastase  para  toda  la  hueste,  porque  un  río  que  pasa 
cerca  de  la  cibdad  estaba  seco ;  otrosí  porque  había 
tanta  multitud  de  moros  en  la  cibdad ,  que  fuera  pe- 
ligrosa la  guarda  del  real  que  allí  se  pusiese ;  acor- 
dó que  por  estonces  no  se  pusiese  real  sobre  la  cib- 
dad de  Málaga ,  é  volvió  para  la  villa  de  Cártama, 
donde  ovo  consejo  de  lo  que  debria  luego  facer. 
Acerca  desto  ovo  diversos  votos,  algunos  decían 
que  bastaba  la  guerra  fecha  en  aquella  entrada, 
pues  con  tales  trabajos  é  peligros  se  habían  ganado 
las  villas  de  Cártama,  ó  Coin,  é  Benamaquex,  é  se 
habían  despoblado  las  otras  villas  é  torres  que  se 
derribaron ;  é  que  en  la  guerra  y  estrago  grande 
que  en  aquellas  partes  se  había  fecho ,  las  gentes  de 
la  hueste  habían  trabajado  tanto  que  era  razón  que 
reposasen.  El  voto  de  otros  era,  que  pues  quedaba 
asaz  tiempo  del  verano  para  guerrear  en  otras  par- 
tes de  aquel  Reyno,  no  lo  debían  perder ;  é  que  de- 
bía ir  el  Rey  á  talar  los  panes  é  árboles  é  viñas  ó 
huertas  de  muchos  lugares  que  estaban  metidos  eu 
los  valles  cercanos  á  aquella  comarca,  6  debía  po- 
ner real  sobre  la  villa  de  Cazarabonela.  Ansimesmo 
quando  la  Reyna  sopo  que  las  villas  de  Coin  é  Car- 
tama  eran  tomadas ,  embió  á  decir  al  Rey,  que  si  á 
él  pareciese  debía  proseguir  su  conquista  contra 
otras  partes,  quales  entendiese  en  aquel  Reyno; 
pues  había  asaz  tiempo  del  verano  en  que  las  gen- 
tes podían  estar  en  el  campo,  é  que  ella  embiaría 
lo  que  fuese  necesario  para  bastecer  la  hueste. 

El  Rey,  oído  lo  que  la  Reyna  le  embió  á  decir,  é 
los  votos  de  los  caballeros  que  con  él  estaban ,  'por- 
que fué  informado  que  alguna  gente  de  pelea ,  que 
guardaba  la  cibdad  de  Ronda,  la  habían  dexadopor 
venir  á  socorrer  á  Málaga,  é  á  los  otros  lugares  de 
su  comarca,  é  que  los  vecinos  de  aquella  cibdad  es- 
taban sin  sospecha  de  ser  cercados ,  pensó  que  sería 
mejor  acuerdo  conquistar  luego  aquella  cibdad  que 
ninguna  otra  de  los  moros.  Este  pensamiento  que 
el  Rey  ovo,  comunicólo  en  su  secreto  con  algunos 
caballeros  é  capitanes  que  sabían  la  tierra  y  enten- 
dían las  cosas  de  la  guerra,  los  quales  le  díxeron, 
que  la  cibdad  de  Ronda  era  muy  fuerte  y  el  lugar 
de  su  asiento  era  áspero ,  é  que  sería  trabajoso  el 
cerco  que  sobre  ella  se  pusiese ,  por  la  multitud  de 
los  moros  que  en  las  sierras  cercanas  á  aqucUa-cib- 
bad  estaban.  E  aunque  los  principales  homes  de  la 
guerra  eran  absentes  della,  pero  por  ser  cibdad  po- 
pulosa, siempre  quedarían  en  ella  asaz  moros  para 
la  defender.  Mas  porque  vieron  al  Rey  inclinado  á 
la  cercar,  conformáronse  con  él  para  lo  poner  en 
obra. 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  XLIV. 

Como  el  Rey  paso  real  sobre  la  cibdad  de  Ronda,  é  la  combatió 
é  la  tomó. 

El  Rey  poniendo  por  obra  la  voluntad  que  tovo 
de  cercar  la  cibdad  de  Ronda ,  mandó  al  Marqués  de 
Cáliz ,  ó  á  Don  Pero  Enriquez ,  Adelantado  del  An- 
dalucía, é  á  Don  Furtado  de  Mendoza,  capitán  de 
la  gente  del  Cardenal  de  España,  é  á  Rodrigo  de 
ülIoa,8u  contador  mayor,  que  luego  fuesen  para 
aquella  cibdad  con  tres  mil  homes  á  caballo  é  ocho 
mil  peones ,  é  guardasen  por  todo  el  circuito  que 
ninguno  entrase  ni  saliese  della. 

Estos  caballeros  partieron  luego  como  el  Rey  lo 
mandó ,  é  pusiéronse  con  la  gente  que  llevaban  cer- 
ca de  la  cibdad  á  guardar  la  entrada  é  la  salida  de 
los  moros.  El  Rey,  como  dexó  reparado  el  muro  élas 
torres  de  la  villa  de  Cártama  é  bastecida  de  lo  ne- 
cesario para  su  defensa,  movió  su  real  de  allí  é  to- 
mó el  camino  de  los  prados  de  Ante  quera,  que  es 
bien  desviado  del  camino  de  Ronda.  E  como  se  vido 
por  todas  las  gentesla  vuelta  que  el  Rey  con  toda  su 
hueste  facía  para  aquellas  partes,  los  moros  creyeron 
que  iba  á  poner  sitio  sobre  la  cibdad  de  Loxa  ;  lo 
qual  ansí mesm o  creían  todos  los  que  iban  en  su  hues- 
te, salvo  aquellos  pocos  á  quien  en  su  secreto  había 
comunicado  la  voluntad  que  tenia  do  cercar  á  Ron- 
da. E  como  todos  pensaron  que  habían  do  ir  por  el 
rio  de  Guadalherce  arriba,  camino  do  Loxa,  volvió 
por  aquel  rio  abaxo  camino  de  Ronda  por  la  vía  de 
Taba  é  de  los  prados  de  Antequera.  É  mandó  al 
Conde  de  Benaveute  que  con  dos  mil  homes  á  ca- 
ballo é  quatro  mil  peones,  tomase  la  delantera,  é 
fuese  á  Ronda  á  se  juntar  con  «1  Marqué»  de  Cáliz  , 
é  con  los  otros  caballeros  que  había  ombiado  prime- 
ro ;  é  que  asentasen  el  real  en  los  lugares  que  en- 
tendiesen ,  entretanto  que  el  Rey  llegaba  con  toda 
la  otra  gente  de  su  hueste. 

La  razón  demanda  que  fagamos  aquí  mención 
del  asiento  desta  cibdad  de  Ronda,  é  de  la  natura- 
loza  de  la  tierra  é  su  comarca,  é  de  la  condición  de 
la  gente  que  la  moraba.  Esta  cibdad  es  hacia  la  par- 
te del  poniente,  apartada  de  la  mar  por  espacio  de 
ocho  leguas,  y  está  asentada  sobre  una  gran  peña 
alta  y  esenta  de  todas  partes;  y  en  la  parte  de  lo 
mas  llano  de  la  peña  está  fundado  un  alcázar,  for- 
talecido con  tres  muros ,  torreados  con  muchas  tor- 
res. De  la  otra  parte  está  fortalecida  con  la  dispu- 
eicion  del  lugar,  porque  las  dos  partes  de  la  cibdad 
rodea  una  hoz,  do  está  un  valle  muy  fondo,  é  por  el 
valle  corre  un  rio  do  están  los  molinos.  Y  estas  dos 
partes  de  la  cibdad  son  inexpugnables,  que  no  hay 
juicio  de  home  que  las  ose  combatir;  é  debaxo  de  una 
peña  de  las  que  están  en  aquella  hoz,  á  la  parte  de  la 
cibdad,  sale  una  fuente  con  un  caño  de  agua  muy 
grueso  ;  é  desta  fuente  se  sirven  los  de  la  cibdad, 
por  una  mina  que  está  fecha  antiguamente  dentro 
del  muro.  De  la  otra  part©  de  la  cibdad  están  gran- 
des peñas  é  lugares  ásperos  que  la  fortifican ,  é  á  la 
parte  del  alcázar  tiene  dos  arrabales,  uno  alto,  ó 

Cr.-m. 


É  DOÑA  ISABEL.  éVJ 

otro  baxo.  E  ansí  los  maros  de  la  cibdad,  como  lo» 
de  los  arrabales ,  son  fortalecidos  de  muchas  torres 
é  peñas  que  los  defienden.  La  tierra  cercana  á  la  cib- 
dad es  montuosa  de  grandes  sierras  fértiles  por  las 
muchas  é  buenas  aguas  que  abundan  en  ellas  ;  está 
poblada  de  muchos  moradores  á  quien  la  aspereza  de 
aquellas  montañas  face  ser  homes  robustos  é  ligeros 
é  guerreros  ,  porque  en  aquellas  fronteras  siempre 
continaron  la  guerra  con  los  christianos.  Estas  gen- 
tes acostumbran  mostrar  sus  fijos  de  pequeños  á  ti- 
rar la  ballesta ,  y  en  esta  arte,  por  el  grand  uso  que 
tienen  ,  son  tan  maestros,  que  no  yerran  de  dar  en 
qualquier  lugar  do  tiran. 

Los  caballeros  que  habemos  dicho ,  con  la  gente 
que  el  Rey  embió  delante ,  llegaron  á  la  cibdad ,  é 
cercáronla  por  todas  partes ,  de  manera  que  ningu- 
no podía  entrar  ni  salir  della.  E  después  que  el  Rey 
llegó  con  todas  los  otras  gentes ,  é  llegaron  los  car- 
ros de  la  artillería  é  de  los  pertrechos  ,  mandó  asen- 
tar en  el  circuito  de  la  cibdad  dos  reales.  En  el  uno 
se  asentaron  sus  tiendas  ,  é  las  de  sus  oficiales  ó 
guardas ;  é  cerca  de  las  tiendas  del  Rey,  á  la  parte 
de  la  cibdad  que  dicen  el  Mercadillo ,  mandó  apo- 
sentar al  Maestre  de  Alcántara,  é  al  Conde  de  Bena- 
vente,  é  al  Maques  de  Cáliz  con  sus  gentes.  Otrosí 
se  aposentaron  cerca  destos  otros  capitanes  de!  Rey 
é  de  la  Reyna  con  las  gentes  de  sus  capitanías.  Bu 
otro  real,  á  la  parte  del  alcázar,  se  asentó  la  artillería 
é  puso  en  guarda  della  al  Condestable,  con  otros  ca- 
balleros ó  gente  de  la  hueste.  Y  en  otra  parte  de  la 
cibdad  estaba  el  Maestre  de  Santiago  con  sus  gen- 
tes é  con  otros  capitanes  que  fueron  aposentados  en 
aquella  parte.  Los  otros  caballeros  é  gentes  de  la 
hueste  se  aposentaron  cada  uno  en  el  lugar  que  les 
fué  señalado  por  los  Mariscales  del  Rey,  é  fueron 
repartidas  las  estanzas  en  tales  lugares,  que  la  cib- 
dad fué  bien  cercada  por  todas  partes.  Otrosí  man- 
dó el  Rey  poner  guardas  sobresalientes  para  socor- 
rer á  qualquier  estauza  que  oviese  menester  ayuda. 
É  á  cada  uno  de  los  caballeros  ó  capitanes  que  te- 
nían cargo  de  algunas  estanzas ,  fizo  facer  cavas  ó 
albarradas  é  tapias  para  la  fortificar.  Asentado  el 
real  é  las  estanzas  en  la  manera  que  habemos  dicho, 
mandó  el  Rey  poner  guarda  en  el  campo  y  en  los 
caminos,  é  sobreguardas  y  escuchas,  para  sentir 
qualquier  movimiento  que  los  moros  quisiesen  fa- 
cer. Este  real  estaba  bastecido  con  abundancia  de 
pan  é  vino  é  carne,  é  de  todos  los  oficios  é  oficíales, 
é  de  las  otras  cosas  que  eran  menester  para  la  hues- 
te, porque  la  Reyna  mandaba,  que  no  cesasen  las 
requas  todos  los  días  de  llevar  provisiones.  E  por- 
que mayor  abundancia  oviese,  mandaba  poner  en 
los  reales  dos  grandes  montones,  uns  donde  oviese 
veinte  mil  fanegas  de  cebada ,  ó  otro  donde  oviese 
otro  tanto  de  harina;  y  estos  montones  estaban 
siempre  enteros ,  que  no  se  tocaba  á  ellos ,  salvo  al- 
gún dia  sí  cesaban  las  requas  de  venir  con  las  pro- 
visiones al  real. 

Como  el  Rey  moro  que  estaba  en  Málaga ,  sopo 
que  el  Rey  había  puesto  real  sobre  la  cibdad  de  Ron- 
da, embió  algunos  caballeros  á  aquellas  paiies,  ^ 

27 


418  CRÓNICAS  DE  LOS 

los  homes  de  gtterra  naturales  de  la  cibdad,  que  es- 
taban fuera  de  ella,  con  las  gentes  que  moraban  en 
aquellas  serranías ,  se  juntaron  ó  vinieron  bien  cer- 
ca de  la  cibdad.  E  puestos  en  las  sierras  y  en  las 
torres  y  cuestas ,  é  otros  lugares  ásperos ,  sallan  to- 
dos los  dias  á  pelear  con  las  guardas  que  iban  al  her- 
baje ,  é  con  las  otras  guardas  que  estaban  en  los  ca- 
minos. Otrosí  facían  grandes  fuegos  encima  de  las 
cumbres  de  las  montañas,  é  descendían  de  aquellas 
alturas  con  ímpetu  riguroso ,  según  su  costumbre 
de  pelear,  ó  acometían  con  grandes  alaridos  á  las 
guardas  de  los  christianos.  E  como  quier  que  facían 
muchos  tiros  de  saetas  y  espingardas é  piedras,  pero 
el  Bey  defendió  que  ninguno  sin  licencia  suya  ó  de 
BUS  capitanes  saliese  de  la  guarda  donde  estaba  á  pe- 
lear con  los  moros,  por  escusar  el  daño  que  se  pe- 
dia seguir  peleando  con  ellos  por  aquellos  lugares 
do  no  había  dispusícion  para  la  pelea,  salvo  á  gran 
ventaja  de  los  moros.  E  todos  los  señores  é  caballe- 
ros é  capitanes  de  la  hueste,  con  gran  diligencia  tra- 
bajaban cada  uno  en  la  parte  do  estaban ;  los  unos 
en  defender  las  entradas  del  real ,  é  tener  los  peo- 
nes que  no  subiesen  la  sierra ,  los  otros  en  defen- 
der las  estanzas  que  tenían  puestas  contra  la  cibdad. 
Acaeció  algunas  veces  que  los  moros  naturales  de 
la  cibdad ,  con  el  pesar  que  tenían  de  la  ver  cerca- 
da, acometían  á  las  guardas,  peleando  con  tanto 
corage,  que  indiscretamente  se  ofrecían  á  la  muer- 
te,  á  fin  de  matar  ó  entrar  en  la  cibdad  á  la  defen- 
der. La  cibdad  tenia  un  arrabal  muy  fuerte  repar- 
tido, como  habernos  dicho  ,  en  dos  partes,  uno  alto 
é  otro  baxo ;  y  el  Rey  mandó  que  el  artillería  se 
asentase  en  tres  lugares  par%  que  tirasen  á  tres  par- 
tes del  muro  que  cercaba  el  arrabal.  Los  moros  de 
la  cibdad  quando  se  vieron  cercados,  juntáronse 
con  el  Algualcíl  mayor  de  Ronda,  é  dispusiéronse  á 
la  defender  ;  é  pusieron  sus  guardas  en  las  torres  é 
muros ,  y  en  las  puertas  de  la  cibdad  é  de  los  arra- 
bales, y  en  los  lugares  que  entendieron  ser  necesa- 
rias. Los  maestros  del  artillería  comenzaron  á  tirar 
con  las  lombardas  gruesas,  é  derribaron  en  espacio 
de  quatro  dias  el  petril  é  las  almenas,  é  todo  lo  alto 
de  tres  torres ,  con  un  pedazo  del  muro  que  cerca- 
ba los  arrabales.  É  de  tal  manera  fué  derribada  la 
defensa  por  aquella  parte,  que  los  moros  no  habían 
lugar  do  se  poner  á  los  defender,  por  los  muchos 
tiros  de  ribadoquines  ó  otros  tiros  de  pólvora  que  se 
tiraban.  Otrosí  cayó  en  otro  lugar,  por  do  tiraban 
las  lombardas,  un  pedazo  del  adarve  donde  murie- 
ron algunos  moros. 

Los  christianos,  visto'que  eran  derribadas  algunas 
almenas  é  defensas  del  muro ,  cobraron  mayor  es- 
fuerzo para  combatir.  E  la  gente  del  Conde  do  Be- 
navente  é  del  Maestre  de  Alcántara ,  que  guarda- 
ban una  estanza ,  á  gran  peligro  subieron  una  cues- 
ta alta ,  por  ganar  aquella  parte  do  combatían ;  ó 
por  fuerza  de  armas  cobraron  una  peña,  que  para  el 
combate  era  gran  defensa  á  los  moros  é  ayuda  á  los 
christianos.  Los  do  las  otras  estanzas  que  habernos 
dicho,  cada  uno  por  su  parte  trabajaba  por  llegar  al 
tnuro ;  y  especialmente  unos  peones  del  CondestA' 


REYES  DE  CASTILLA. 
ble,  que  estaban  en  la  guarda  de  una  estanza,  visto 
que  las  lombardas  habían  desmochado  una  torre,  á  la 
parte  que  ellos  guardaban,  arremetieron  á  la  torre  ó 
subieron  en  ella.  El  Rey  que  continamente  andaba 
requiriendo  las  estanzas  y  esforzando  la  gente,  vis- 
to como  aquellos  peones  habían  ganado  la  torre,  es- 
forzólos mas.  É  mandó  á  la  gente  de  armas  de  aque- 
lla estanza  quo  socorriesen  á  aquellos  peones ;  é  con 
el  esfuerzo  que  el  Rey  les  puso,  arremetieron  con 
osadía  al  muro,  é  apoderáronse  ¡de  aquel  torrejon. 
Los  de  las  otras  estanzas  arremetieron  cada  uno  por 
su  parte ,  de  manera  que  los  unos  por  unas  partes  ó 
los  otros  por  otras,  entraron  los  arrabales. 

Acaesció  que  un  caballero,  que  se  llamaba  Alon- 
so Faxardo,  capitán  de  ciertos  peones,  puso  una  es- 
cala al  muro  en  la  parte  que  combatía,  é  subió  el 
primero  por  ella,  é  luego  subieron  tras  él  otros  es- 
cuderos ó  peones  ;  los  quales  pelearon  con  los  moros 
é  ganaron  aquella  parte  del  adarve.  Y  este  capitán 
Faxardo  se  adelantó,  é  tomó  la  seña  que  llevaba  el 
Alférez  de  aquellos  peones,  é  trabajó  por  lo  poner 
encima  de  la  torre  de  una  mezquita  que  estaba  en 
aquel  arrabal.  Los  moros  que  guardaban  la  torre  vi- 
nieron contra  él ,  é  tomáronle  la  bandera.  Y  él  pe- 
leando con  ellos  en  los  texados  de  la  mezquita ,  á 
vista  de  todos  la  recobró  por  fuerza  de  armas  con 
ayuda  que  Inficieron  los  que  le  seguían  ;  é  pelearon 
con  los  moros  de  aquella  torre,  fasta  que  la  ganaron 
é  ficieron  retraer  á  los  moros  por  las  puertas  del  al- 
cázar de  la  cibdad.  Al  fin  los  moros ,  veyendo  los 
christianos  entrar  por  tantas  partes,  é  no  les  pudion- 
do  resistir  la  entrada  ni  sofrir  el  daño  que  recebian 
de  los  muchos  tiros  que  el  artillería  facía ,  desam- 
pararon los  arrabales ,  é  retraxiéronse  á  la  cibdad, 
élos  christianos  quedaron  apoderados  dellos,  é  ro- 
baron las  casas ,  é  todo  lo  que  fallaron  (1).  Toma- 
dos los  arrabales  de  Ronda ,  luego  otro  día  mandó 
el  Rey  meter  las  lombardas  grandes  é  los  otros  ti- 
ros de  pólvora ,  ó  los  engenios  é  cortaos  para  com- 
batir la  cibdad.  Los  que  tenían  cargo  de  proveer 
las  cosas  necesarias  en  el  real,  trabajaban  por  sus 
personas  é  solicitaban  á  los  ministros  que  tenían 
puestos,  para  que  pusiesen  gran  diligencia  cada  uno 
en  el  cargo  que  les  habían  dado ,  porque  no  oviese 
punto  de  falta  en  el  tiempo  que  fuese  menester. 
Otrosí  daban  grand  acucia,  para  que  el  artillería  se 
asentase  en  los  lugares  que  los  maestros  acordaron 
que  se  debía  poner.  E  como  fué  asentada,  luego 
comenzaron  á  tirar  juntamente  las  lombardas  grue- 
sas con  los  otros  tiros  de  pólvora  medianos  é  meno- 
res. Armáronse  ansimesmo  los  engenios  é  los  cor- 
taos que  tiraban  á  la  cibdad.  Otrosí  ficieron  los  maes- 
tros del  artillería  unas  pellas  grandes  de  hilo  de  cá- 
ñamo ó  pez  ó  alcrevite  ó  pólvora,  confeccionadas  con 
otros  materiales,  de  tal  manera  é  compostura,  que 
poniéndoles  fuego  echaban  de  sí  por  todas  partes 
centellase  llamas  espantosas,  é  quemaban  todo  quan- 
to  alcanzaban,  y  el  fuego  que  lanzaban  de  sí  du- 

(1)  Tomáronse  los  nrrabales  de  Ronda  Jaév«s  doce  de  Hayo  do 
este  afio,  Bcmalt^t  cap.  n. 


DON  FERNANDO 
raba  por  grand  espacio  y  era  tan  riguroso,  que 
ninguno  osaba  llegar  i  lo  matar.  Ficieron  ansimes- 
mo  pelotas  redondas  grandes  é  pequeñas  de  fierro, 
é  destas  facían  muchas  en  molde,  porque  en  tal  ma- 
nera templaban  el  fierro  ,  que  se  derretía  como  otro 
metal ;  y  estas  pelotas  f  acian  grand  estrago  do  quie- 
ra que  alcanzaban.  Las  lombardas  grandes  tiraron 
tantas  veces  al  muro  de  la  cibdad  é  del  alcázar  que 
derribaron  gran  parte  de  las  almenas  é  de  las  otras 
defensas  que  habla  en  las  torres  é  adarves.  Otrosí 
por  otras  partes  tiraban  los  cortaos  é  los  engenios  ; 
é  tantos  é  tan  continos  eran  los  tiros  que  f  acia  el  ar- 
tillería ,  que  los  moros  que  guardaban  la  cibdad  á 
gran  pena  se  oian  los  unos  á  los  otros,  ni  tenian  lu- 
gar de  dormir,  ni  sabian  á  que  parte  socorrer;  por- 
que de  la  una  parte  las  lombardas  derribaban  el  ruu- 
ro,  é  déla  otra  los  engenios  é  cortaos  derribaban  las 
casas.  E  si  loa  moros  trabajaban  por  reparar  lo  que 
las  lombardas  derribaban,  no  habia  lugar  de  lo  fa- 
cer, porque  los  otros  tiros  de  pólvora  medianos  que 
continamente  tiraban  no  les  daban  lugar  á  lo  repa- 
rar, é  mataban  todos  los  que  estaban  sobre  la  cerca. 
Otrosí  con  un  engenio  echaron  una  pella  grande  de 
fuego  dentro  en  la  cibdad,  la  qual  venia  por  el  ayre 
echando  de  sí  tan  grandes  llamas,  que  ponia  espan- 
to á  todos  los  que  la  veían.  Esta  pella  cayó  en  la 
oibdad,  é  comenzó  de  arder  la  casa  donde  acertó. 
Los  de  la  cibdad ,  á  quien  su  gran  fortaleza  largos 
tiempos  habia  dado  confianza  de  seguridad ,  muda- 
da súbitamente  su  confianza  en  turbación,  é  su  se- 
guridad perdida  con  el  miedo  ,  ni  podian  tomar  ar- 
mas ni  administrarlas ,  porque  veyendo  á  los  unos 
caer  feridos  ,  é  á  los  otros  muertos,  arderlas  casas, 
caer  las  torres ,  estaban  turbados  ,  que  no  sabian  á 
quál  lugar  socorrer ,  ni  qué  consejo  tomar.  Porque 
ninguno  podía  estar ,  ni  en  el  muro  defendiendo, 
ni  por  las  calles  andando,  ni  faciendo  otra  alguna 
manera  de  defensa.  Las  mugeres,  no  acostumbradas 
de  tal  infortunio  é  los  niños,  enflaquecidos  con  el 
espanto  del  fuego  é  de  los  golpes  de  las  lombardas, 
daban  voces,  é  lloraban  unas  las  muerte»  de  sus  ma- 
ridos é  de  sus  fijos ,  otras  sus  f cridas ,  otras  la  des- 
truicion  de  la  cibdad.  É  con  los  gritos  é  lloros  que 
facían  ,  desmayaban  los  moros  principales,  é  priva- 
do el  sentido  ,  perdían  las  fuerzas  para  dar  remedio 
á  sí  ni  á  la  gente  de  la  cibdad.  Los  christianos  cada 
uno  por  su  parte  en  el  cargo  que  tenia,  ponia  dili- 
gencia ;  los  unos  en  guardar  los  pasos  á  los  moros 
que  venían  por  la  sierras  con  grandes  alaridos,  fasta 
cerca  de  las  entradas  del  real  ;  otros  en  que  se  con- 
tinasen  los  tiros  del  artillería.  E  quantos  mayores 
daños  veían  recebir  á  los  moros,  mayor  esfuerzo  to- 
maban para  los  guerrear.  Y  esta  manera  de  comba- 
tir duró  diez  días ,  fasta  que  los  moros  perdieron  la 
fuerza  para  pelear  y  el  esfuerzo  para  defender ;  é 
recelando  la  muerte  6  el  captiverio  general  de  to- 
dos, demandaron  seguro  para  fablar  en  partido  de 
entregar  la  cibdad.  Y  el  Eey  mandógelo  dar ,  é  que 
cesasen  por  todas  partes  los  tiros  que  facía  el  arti- 
llería ;  pero  que  les  convenia  dexar  libre  la  cibdad, 
é  que  log  moradores  della  se  fuesen  é  vivir  á  otras 


É  DO^A  ISABEL.  *19 

partes.  El  Alguacil  mayor ,  é  los  otros  viejos  é  ca- 
balleros moros,  conociendo  del  Rey  que  no  faria 
otro  partido,  prometieron  de  le  entregar  la  cibdad 
é  dexarla  libre  de  los  moradores  della ,  dándoles  se- 
guro de  las  vidas  é  de  las  f  aciendas ,  para  que  se 
fuesen  los  que  quisiesen  á  los  reynos  de  moros  que 
son  en  África,  ó  á  la  cibdad  de  Granada,  ó  á  otras 
partes.  E  si  algunos  quisiesen  morar  en  qualesquier 
cibdades  é  villas  del  Reyno  de  Castilla ,  que  el  Rey 
les  mandase  recebir  en  ellas ,  é  les  conservase  en  su 
ley ,  é  mandase  que  fuesen  tratados  con  paz.  El  Rey 
prometió  de  lo  facer  según  le  fué  demandado ,  por 
escusar  las  muertes  é  otros  daños  que  pudieran  ha- 
ber los  suyos  en  los  combates  y  en  la  entrada  de  la 
cibdad,  que  era  tan  áspera,  que  con  poca  resisten- 
cia que  los  moros  ficieran ,  pudieran  facer  gran  da- 
ño en  los  christianos ,  ó  otrosí  por  los  relevar  de 
los  trabajos  continoa  que  tenían  guerreando  con 
la  multitud  de  los  moros  que  estaban  sobre  aque- 
llas sierras  é  lugares  ásperos.  Otorgado  el  partido 
á  los  moros ,  por  parte  del  Rey  les  fué  demandado 
que  por  seguridad  de  lo  que  habían  prometido, 
apoderasen  luego  en  una  torre  del  alcázar  á  un  ca- 
ballero que  él  mandase ,  porque  no  oviese  mudanza 
de  lo  que  con  él  habían  asentado.  Los  moros  res- 
pondieron que  les  placía.  E  luego  mandó  el  Rey  á 
Don  Bernardino  do  Velasco  fijo  del  Condestable, 
que  con  gente  de  annas  se  apoderase  de  una  torre 
del  alcázar  que  los  moros  le  entregaron ;  el  qual 
estovo  apoderado  della  fasta  que  todos  los  moros 
é  moras  con  sus  bienes  fueron  salidos  de  la  cibbad, 
é  la  dexaron  libre  al  Rey.  En  la  qual  entró  este  Rey 
Don  Femando  con  los  señores  é  caballeros  de  su 
hueste,  Domingo  diade  la  Pascua  de  Sanctispíritus, 
á  veinte  y  dos  dias  de  Mayo,  contados  del  nasci- 
miento  de  nuestro  Redemptormil  é  quatrocientos 
é  ochenta  ó  cinco  años. 

Haberse  ganado  esta  cibdad,  fué  cosa  mas  digna 
de  admiración  que  gobernada  por  razón;  porque 
según  su  fortaleza  é  la  multitud  de  aquellas  gentes 
bárbaras  que  moraban  en  ella  y  en  las  serranías  que 
son  en  su  circuito ,  no  se  pediera  imaginar  por  los 
homes  de  la  sitiar  con  esperanza  de  la  ganar  en  mu- 
chos tiempos  é  con  gran  multitud  de  gentes.  E  co- 
mo la  cibdad  de  Ronda  fué  tomada,  luego  aquella 
multitud  de  moros  que  estaban  en  las  montañas  se 
derramaron ,  é  los  peones  del  real  subieron  aquellas 
sierras  empos  dellos,  é  los  siguieron  ,  pensando  pe- 
lear con  ellos  é  los  matar  ó  captivar ;  é  no  fué  en 
poderío  de  ninguno  de  los  capitanes  resistir  á  aque- 
llos peones  la  subida;  pero  los  moros  que  sabian  la 
tierra ,  se  pusieron  en  las  villas  cercadas  y  en  las 
muchas  torres  que  hay  en  aquella  serranía  de  Ron- 
da, do  se  pudieron  salvar.  El  Alguacil  mayor  de 
Ronda  con  sus  fijos  é  parientes  que  era  gente  noble 
entre  los  moros,  demandaron  que  querían  ir  á  mo- 
rar en  la  cibdad  de  Sevilla  y  en  la  villa  de  Alcalá 
de  Guadayra ;  de  lo  qual  plogo  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na ,  é  mandáronles  dar  bus  cartas  para  que  los  reci- 
biesen en  aquellos  lugares,  é  los  tratasen  bien  é  ho- 
norablemente, é  diéronles  franquezas  de  todos  tri- 


420 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


butos.  Otrosí  les  mandaron  dar  casas  ,  é  les  ficieron 
merced  de  pan,  é  de  algunas  otras  provisiones  para 
su  mantenimiento.  Otros  vecinos  de  la  cibdad  se 
fueron  á  morar  á  la  serranía  de  Eonda,  á  ser  mu- 
déxares  con  los  otros  que  moraban  en  aquella  tier- 
ra. Otros  algunos  pasaron  con  seguro  del  Rey,  á  los 
reynos  de  África  ;  é  ansí  quedó  despoblada  aquella 
cibdad  de  los  moros,  que  muchos  tiempos  antes  la 
habían  poseído. 

La  Reyna ,  quando  sopo  que  la  cibdad  de  Ronda 
era  tomada,  ovo  gran  placer,  é  mandó  facer  proce- 
siones é  grandes  sacrificios,  dando  gracias  á  Dios 
por  aquellas  victorias.  E  mandó  dar  la  tenencia  de 
aquella  cibdad  á  un  caballero  de  su  casa  que  se  lla- 
maba Antonio  de  Fonseca.  E  fueron  fundadas  en 
ella  estas  Iglesias  :  la  primera  se  fundó  en  una  mez- 
quita, que  era  la  mayor,  á  la  advocación  de  Sancta 
María  de  la  Encarnación.  Otra  se  establesció  en  otra 
mezquita  á  la  advocación  de  Sanctispíritus,  porque 
la  cibdad  se  entregó  al  Rey  en  aquel  día.  Otra  Igle- 
sia cerca  desta  se  estableció  en  otra  mezquita  á  la 
advocación  de  Santiago  Apóstol,  Otra  Iglesia  se  es- 
bleció  á  la  advocación  de  Sant  Juan  Evangelista. 
Otra  Iglesia  se  estableció  en  otra  mezquita  que  es- 
taba cerca  de  unas  tiendas  que  eran  en  el  arrabal ,  á 
la  advocación  de  Sant  Sebastian.  E  para  todas  estas 
Iglesias  embió  la  Reyna  cruces  é  cálices,  y  encen- 
sarios  de  plata,  é  vestimentas  de  seda  é  de  broca- 
dos, é  retablos,  é  imagines,  é  libros,  é  campanas,  é 
todos  los  otros  ornamentos  que  eran  necesarios  para 
celebrar  en  ellas  el  culto  divino.  Fueron  ansimesmo 
moradores  christianos  de  las  cibdades  de  Sevilla  é 
de  Córdoba,  é  de  otras  partes  á  la  poblar.  E  porque 
los  moradores  de  aquellos  valles  é  serranías  de  Ron- 
da despoblaban  la  tierra  é  se  iban  á  otras  partes,  por 
miedo  que  habían  de  ser  muertos  ó  captivos,  el  Rey 
les  dio  seguro,  é  mandó  á  todas  sus  gentes  que  no 
les  ficiesen  guerra  ni  daño.  E  porque  algunos  tenta- 
ron de  quebrantar  este  seguro,  é  tomaban  algunas 
mugeres  é  niños  captivos,  el  Rey,  informado  de  la 
verdad,  mandó  facer  justicia  de  los  que  se  falla- 
ron culpantes,  é  restituir  todo  lo  que  habían  to- 
mado. 

Visto  por  los  moros  que  el  Rey  les  guardaba  el 
seguro,  é  facia  justicia  de  los  que  les  facían  algún 
robo,  aseguráronse  para  estar  en  aquellas  serranías 
donde  quedaron  mudéxares  é  servidores  del  Rey  é 
de  la  Reyna ;  é  dende  en  adelante  contrataban  libre- 
mente con  los  christianos,  é  venían  seguros  al  real 
del  Rey  por  las  cosas  que  eran  necesarias. 

CAPÍTULO  XLV. 

Como  se  entregaron  otros  lugares  de  moroi. 

Sabido  por  aquellas  comarcas  de  los  moros  como 
la  cibdad  de  Ronda  era  tomada ,  imprimióse  en  los 
corazones  de  las  gentes  de  aquella  tierra  tan  gran 
terror,  que  recelando  los  vecinos  de  cada  lugar  que 
si  fuesen  cercados  serian  muerto»  é  perdidos,  otro- 
sí, informados  como  aquellos  á  quien  el  Rey  asegu- 
raba eran  bien  guardados,  vinieron  mensageros  de 


las  villas  que  eran  en  la  comarca  de  la  cibdad  de 
Ronda,  é  suplicáronle  que  le  ploguiese  tomarlos  por 
vasallos ,  pues  que  de  su  voluntad  venían  á  se  po- 
ner en  su  servidumbre ;  é  como  subditos  que  son 
obligados  á  su  Rey,  le  querían  acudir  con  sus  tribu- 
tos en  la  manera  que  acudían  á  los  Reyes  moros. 

Otrosí  le  suplicaron  humildemente  que  le  ploguie- 
se dar  su  seguridad  :  primeramente  para  que  pudie- 
sen vivir  en  su  ley  de  Mahoma,  é  para  que  sus  per- 
sonas é  de  sus  mugeres  é  fijos  fuesen  seguras, épo- 
diesen  poseer  sus  bienes  é  casas  y  heredamientos. 
El  Rey  dio  el  seguro  que  las  villas  aquí  nombradas 
embiaron  á  pedir,  con  condición  que  luego  entre- 
gasen las  fortalezas  de  cada  una  dellas,  é  todas  las 
torres ,  é  qualesquier  fuerzas  que  en  ellas  oviese ,  á 
los  que  él  mandase.  E  los  moros  prometieron  de  lo 
facer,  é  fueron  entregadas  las  fortalezas  siguientes 
á  las  personas  que  el  Rey  mandó ,  en  esta  manera. 
La  villa  de  Yunquera  é  su  fortaleza  á  Diego  de 
Barrasa.  La  villa  é  fortaleza  del  Burgo  á  Pedro  de 
Barrio  Nuevo.  E  la  villa  de  Monda  é  su  fortaleza  á 
Hurtado  de  Luna.  E  la  villa  de  Tolox  é  su  fortale- 
za á  Sancho  de  Ángulo.  E  la  villa  é  fortaleza  de 
Guasin  á  Pedro  del  Castillo.  E  la  villa  é  fortaleza 
de  Casares  á  Sancho  de  Saravia.  La  fortaleza  de 
Montexaque  á  Alonso  de  Barrio  Nuevo.  E  las  forta- 
lezas de  Hazualmara  é  Cárdela  que  son  en  la  serra- 
nía de  Villaluenga,  se  entregaron  al  Marques  de  Cá- 
liz. Las  fortalezas  de  las  villas  de  Benauxan  é  de 
Montecortol  é  de  Audita  mandólas  el  Rey  derribar. 
E  todos  los  moradores  destas  villas  é  lugares  que- 
daron por  siervos  mudéxares  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na. E  juraron  los  alfaquíes  é  viejos  de  cada  uno  des- 
tos  lugares ,  por  la  unidad  de  Dios  que  sabe  lo  pú- 
blico ó  lo  secreto,  el  que  es  criador  vivo,  é  dio  la 
ley  á  Mahomad  su  mensagero,  de  ser  buenos  é  lea- 
les subditos  é  vasallos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  ó 
cumplir  sus  cartas  é  mandamientos,  é  de  facer  guer- 
ra é  paz  por  su  mandado ,  é  de  les  acudir  con  todos 
los  tributos  é  pechos  é  derechos  que  en  aquellas  vi- 
llas se  acostumbraron  dar  á  los  Reyes  moros;  é  que 
esto  farian  bien  é  lealmente  sin  ningún  engaño.  El 
Rey  les  prometió  en  su  palabra  real  de  los  conser- 
var en  la  ley  de  Mahomad ,  é  de  no  facerles  ni  con- 
sentir que  les  fuese  fecha  opresión  alguna ;  é  con- 
sentir que  sean  juzgados  sus  pleytos  por  juez  é  al- 
faquí,  é  á  consejo  del  Alcalde,  é  por  la  ley  de  Ja- 
racuna.  E  que  les  serán  guardadas  sus  personas  é 
bienes  por  qualesquier  partes  de  sus  Reynos  é  seño- 
ríos que  andovieren ,  con  condición  que  no  fuesen  á 
ninguna  de  las  fortalezas  de  los  christianos  que  son 
en  su  señorío  frontera  de  moros,  para  estar  en  ellas 
una  hora  antes  que  se  pusiese  el  sol. 

Vinieron  ansimesmo  á  obedecer  al  Rey  en  la  ma- 
nera que  habemos  dicho  los  mensageros  é  procura- 
dores de  otras  diez  é  nueve  villas  que  son  en  la  ser- 
ranía, que  se  dice  el  Arrabal ;  é  los  procuradores  ó 
mensageros  de  otras  diez  é  siete  villas  é  aldeas  que 
son  en  la  serranía  de  Gausin.  E  de  la  serranía  de 
Villaluenga  vinieron  los  procuradores  de  otras  doce 
villas  ó  aldeas.  'Et  todos  estos  procuradores  juraron 


DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL. 


421 


como  los  de  las  otras  villas ;  y  el  Bey  les  dio  la  mes- 
ma  seguridad  condicionada  que  dio  á  los  otros.  E 
porque  todas  las  villas  é  lugares  que  eran  en  el  va- 
lle de  Cártama  fueron  puestas  en  el  señorío  del  Rey 
é  de  la  Rey  na,  é  los  de  la  villa  de  Cazarabonela  que 
es  en  aquel  valle,  no  vinieron,  según  que  todos  los 
otros  de  las  comarcas  habían  venido,  el  Rey  les  es- 
cribió su  carta,  embiándoles  á  mandar  que  entrega- 
sen aquella  villa  con  su  fortaleza  á  quien  él  manda- 
se ;  é  si  lo  ficiesen ,  les  asegurarla  sus  vidas  é  bienes 
para  que  no  les  fuese  fecha  guerra  ni  daño,  é  si  luego 
no  lo  pusiesen  por  obra,  que  embiaria  sus  gentes  á  la 
combatir,  con  daño  ó  destruicion  de  sus  moradores. 
Los  vecinos  de  aquella  villa ,  oido  el  mandamiento 
del  Rey,  escribiéronle  una  carta  que  decia  ansí  (1). 
«Alabado  sea  Dios  poderoso  en  unidad,  que  no 
» hay  otro  en  faz  de  la  su  gracia  é  salvación  que 
» Mahomad  nuestro  profeta  su  mensagero.  Escribi- 
»mos  la  presente  carta  al  gran  Rey  muy  poderoso^ 
» señor  de  muy  grandes  rey  nos  é  señoríos  é  de  mu- 
»chas  provincias,  poderoso  é  justo  en  sentencias,  é 
»  amador  de  la  justicia  ,  Rey  de  Castilla :  ensálcelo 
«Dios  y  esfuércelo.  Nos  la  Comunidad,  é  Alguacil  é 
»Alcayde  del  castillo  de  Cazarabonela  (junto  con 
»  esto  acreciente  Dios  vuestro  real  estado)  recibimos 
))una  carta,  é  leímosla,  y  entendimos  lo  en  ella  con- 
«tenido,  y  estamos  todos  en  voluntad  de  obedecer 
»á  Vuestra  Alteza,  pues  que  oimos  é  vemos  que 
«vuestra  palabra  es  verdad,  é  cierta  en  dicho  y  en 
j>  fecho.  Por  quanto  nos  dixeron  que  Vuestra  Alteza 
«  había  dicho  que  cuando  los  moros  de  Cazarabonela 
i¡>  vinieren  á  darme  la  obediencia^  estonces  faré  yo  lo 
))que  ellos  quisieren,  ensalce  Dios  á  Vuestra  Alteza. 
«Nunca  obedescimos  ni  servimos  á  rey,  ni  á  ningún 
«caballero  en  toda  nuestra  vida,  é  fuimos  honrados 
»é  acatados  de  todos  los  reyes  ;  pero  á  Vuestra  Alte- 
»za  nos  conviene  servir  é  acatar,  pues  vos  fizo  Dios 
«tan  poderoso  é  dichoso  en  todas  las  cosas,  é  place- 
ará á  Dios  que  siempre  sea  ansí.  Por  ende,  pues  que 
»nos  ponemos  en  manos  de  Vuestra  Alteza,  seamos 
»  bien  tratados  é'honrados  como  siempre  fuimos  de 
«todos  los  otros  reyes,  quanto  mas  seyendo  Vuestra 
»  Alteza  mas  poderoso  é  mayor  é  mejor  que  no  ellos.» 
Recebida  por  el  Rey  esta  carta  con  los  mensageros 
que  aquella  villa  embió,  luego  les  mandó  dar  su  se- 
guro en  la  manera  que  se  dio  á  las  otras  villas  é 
tierras.  E  los  de  la  villa  ficieron  juramento  de  ser 
subditos  del  Rey  ó  de  la  Reyna ,  é  de  les  dar  é  pagar 
los  tributos  que  daban  al  Rey  moro,  en  la  forma 
que  las  otras  villas  lo  ficieron  ;  y  entregaron  luego 
el  castillo  é  todas  las  fuerzas  de  la  villa  al  capitán 
Don  Sancho  de  Roxas  que  embió  el  Rey  á  la  recebir. 

CAPÍTULO  XLVI. 
Como  el  Rey  tomó  la  eibdad  de  Marbella. 

Tomada  la  eibdad  de  Ronda  é  su  serranía,  é  las 
otras  villas  é  castillos  é  valles  que  habemos  dicho, 

(1)  Trae  esta  misma  carta  con  mas  extensión  el  cura  de  los  Pa- 
lacios, y  señala  la  entrega  de  Cazarabonela  Jueves,  día  del  Cor- 
pus, á  dos  de  Junio  de  este  año.  Bematí.,  cap.  72. 


el  Rey  acordó  de  tomar  la^cibdad  de  Marbella,  que 
es  en  la  ribera  de  la  mar ;  porque  tomada  aquella 
eibdad,  los  moros  do  Málaga  estarian  mas  oprimi- 
dos, é  no  podrian  haber  provisiones  por  la  mar  de 
los  reynos  do  África,  salvo  con  gran  dificultad.  Ha- 
bido este  acuerdo,  escribió  una  carta,  mandándoles 
que  luego  entregasen  la  eibdad  á  quien  él  mandase; 
é  que  seguraba  sus  personas  é  bienes  para  que  fue- 
sen do  quisiesen.  Los  moros  de  la  eibdad  respon- 
diéronle por  una  carta  que  decia  ansí : 

«Loado  sea  Dios.  Esta  es  nuestra  carta  al  señor  é 
»  mayor  honrado  nuestro  señor  Don  Fernando  Rey  de 
«Castilla  é  de  León,  que  acreciente  Dios  los  días  de 
«su  vida  é  honra.  Besamos  vuestros  pies  ámanos 
«vuestros  servidores  y  esclavos  é  subjetos  los  de  la 
«eibdad  de  Marbella.  E  facemos  saber  á  Vuestra  Al- 
D  teza  (é  pedimos  á  Dios  que  sea  ensalzado)  nos  lle- 
«gó  una  carta  de  Vuestra  Alteza,  que  se  entendió  en 
«ella  de  estar  á  vuestra  obediencia  é  mandamiento; 
«aunque  estaban  fuera  de  aquí  algunos,  é  por  es- 
«perarlos  se  ha  tardado.  E  después  de  juntos,  acor- 
»  damos  de  ser  vuestros,  y  estar  so  vuestro  amparo. 
«Y  embiamos  á  Vuestra  Alteza  nuestro  Alguacil 
«honrado  Mahomad  Abenaza  con  otros  de  nuestro 
«pueblo,  á  pedir  á  Vuestra  Alteza  que  se  haya  con 
«nosotros  piadosamente.  Aquel  que  os  dio  el  venci- 
B  miento,  os  de  la  mansedumbre  para  nosotros.» 

Recebida  esta  carta  por  el  Rey  ,  luego  les  embió 
otra  carta ,  regradeciéndoles  su  buena  voluntad,  é 
mandándoles  que  todavía   dexasen  libre  la  eibdad. 
E  prometióles  seguridad  para  ellos  é  para  todas  sus 
cosas ;  é  que  entregada  la  eibdad ,  si  los  moradores 
della  quisiesen  vivir  en  otros  lugares  cercanos ,  él 
los  mandaría  guardar  en  sus  usos  é  costumbres,  ó 
que  no  les  seria  fecho  mal  ni  daño.  Pero  porque  en 
su  consejo  se  platicó,  que  si  el  Rey  se  absentase  de 
la  tierra,  los  moradores  de  aquella  eibdad  se  move- 
rían de  lo  que  al  presente  mostraban  por  su  letra ; 
el  Rey  deliberó  de  ir  en  persona  con  toda  su  hueste 
á  aquella  eibdad ,  que  es  ocho  leguas  de  la  eibdad 
de  Ronda ;  aunque  el  camino  es  tan  áspero  de  sierras 
agrandes  montañas,  que  los  peones  á  gran  pena  lo 
pueden  andar.  E  mandó  ansimesmo  que  llevasen  su 
artillería  para  la  combatir  si  los  moros  luego  no  la 
entregasen.  Este  consejo  habido,  lu'ego  el  Rey  partió 
de  la  eibdad  de  Ronda  con  toda  la  gente  de  su  hues- 
te; é  mandó  poner  su  real  cerca  de  la  villa  de  Zahara, 
é  den  de  partió  para  la  eibdad  de  Arcos.  E  porque  los 
caminos  eran  tan  fragosos  para  pasar  los  carros  del 
artillería,  é  la  gente  de  la  hueste  recebia  gran  fatiga 
deteniéndose  en  los  reales,  otrosí  porque  era  necesa- 
rio ir  delante  gran  multitud  de  peones  con  picos  é 
azadones  é  destrales,  derribando  peñas  ó  talando 
árboles,  é  allanando  los  lugares  por  do  pasasen  los 
carros  ;  el  Rey  acordó  de  se  detener  en  aquella  ciu- 
dad de  Arcos.  E  como  los  moros  de  Marbella  sopie- 
ron  que  el  Rey  estaba  en  Arcos  é  había  movido  su 
real  para  ir  contra  ellos,  embiaron  á  él  sus  mensage- 
ros ,  que  le  dixeron  como  los  moradores  de  aquella 
eibdad  ge  la  dexarian  libre  é  se  irian  á  vivir  á  otras 
partes.  Y  embiaronle  otra  carta  que  decia  ansí : 


422  CRÓNICAS  DE  LOS 

«Alabado  sea  Dios.  Muj»  poderoso,  grande,  alto, 
»  esforzado,  nombrado,  gran  guerrero,  fatigador  de 
»lo8  reyes  é  de  sos  tierras,  que  de  su  condición  es 
»  usar  de  piedad  é  clemencia  con  los  pobres  é  con 
nloa  que  tienen  poca  facultad,  é  usar  de  rigurosi- 
»dad,  ó  fatigar  á  los  que  no  quieren  obedescer  bus 
Dmandamientos  é  servirle ;  el  excelente,  fuente  de 
nvirtud,  nuestro  señor  Don  Fernando  Rey  de  Cas- 
j)  tilla,  é  de  Aragón,  é  de  Sicilia,  é  de  la  mar  con 
1>  todas  sus  islas,  ó  de  otras  muchas  provincias  é  se- 
j)ñorío8,  é  de  muchas  serranías  é  campos  yermos  é 
»  poblados ;  el  que  fatiga  á  los  reyes,  é  sojuzga  sus 
1)  señoríos  é  pónelos  so  su  obediencia;  Señor  de  to- 
j)dos  los  Grarbiades  de  Málaga,  é  de  todas  sus  forta- 
«lezas,  cibdades,  villas  é  lugares,  rey  grande,  temi- 
»do,  nombrado  ó  preciado,  rey  que  la  virtud  con 
»ól  mora  :  ensalce  y  prospere  Dios  poderoso  vues- 
I)  tro  real  estado,  é  acreciente  vuestra  vida.  Besan- 
»do  vuestras  reales  manos  vuestros  servidores  los 
«que  esperan  vuestra  piedad  é  clemencia,  el  alcay- 
»  de,  alf aquí,  alguacil,  viejos,  caballeros,  cibdadanos, 
Ȏ  comunidad,  vuestros  siervos,  que  viven  en  el  real 
»de  Vuestra  real  Señoría  en  la  cibdad  de  Marbella; 
nplega  á  Dios  poderoso  poner  en  vuestro  corazón 
«quiera  usar  con  ellos  de  piedad  é  clemencia,  y  es- 
Dperamos  en  Dios  que  ansí  será.  Porque  con  los  que 
»son  rebeldes  ó  no  quieren  obedecer,  muestra  su 
«poderío  gran  rigor ;  é  con  los  que  vienen  á  ponerse 
«en  manos  de  Vuestra  Alteza,  usa  con  ellos  de  pie- 
«dad  é  virtud,  aunque  hayan  mucho  errado.  Quan- 
»to  mas  á  loe  que  de  pura  voluntad  é  buena  inten- 
» cion  deliberadamente  obedescen  y  entran  en  ser- 
« vicio  de  Vuestra  real  Señoría,  que  somos  cier- 
«tos  que  habedes  de  facer  con  ellos  según  con- 
« viene  facer  á  vuestra  grande  é  muy  alta  é  real  Se- 
«fioría.  Porquo  según  es  cierto  que  Vuestra  Alteza 
«sigue  el  camino  recto  é  verdadero  (portante  visí- 
«teos  Dios  poderoso  é  grande),  los  que  siguen  el  se- 
«mejante  camino  é  siguen  la  verdad,  alcanzan  lo 
«  que  quieren  ;  é  desta  causa  vencéis  á  los  que  ven- 
» ceis,  en  mantener  la  verdad  ó  aborrescer  su  con- 
«trario,  é  satisfacer  al  agraviado  de  aquel  que  lo 
«agravia.  E  con  esto  vencéis  é  venceréis,  fasta  que 
«todo  este  reyno  sea  vuestro  é  so  vuestra  obedien- 
«cia,  é  la  verdad  vence  é  su  contrario  es  vencido. 
«Porque  Dios  no  apiada  al  que  no  apiada  al  nece- 
B sitado;  ni  entra  en  paraíso  primero  que  nadie,  si- 
«no  al  que  ha  piedad  é  clemencia  de  las  criaturas, 
»  que  sean  de  qualquier  calidad.  Saludes  con  acre- 
«  centamiento  de  mucha  vida,  é  grande  honra  é  vic- 
«toria  sean  con  nuestro  señor  el  Rey,  é  la  piedad 
«de  Dios  é  su  bendición;  junto  con  esto  ensalce 
I)  Dios  vuestro  real  estado.  Vuestros  humildes  servi- 
» dores  facen  saber  á  Vuestra  Alteza,  como  recebi- 
«mos  vuestro  honrado  mandamiento  é  carta,  por  el 
» qual  nos  embiábades  á  requerir  é  mandar  ciertas 
»  cosas,  según  que  por  él  se  contiene  ;  é  prestamen- 
»te  lo  leímos  é  oímos,  é  luego  lo  obedecimos  ;  é  di- 
«ximos:  lo  cumpliremos  con  buena  voluntad  todo 
« lo  que  el  Rey  nuestro  señor,  sojuzgador  de  los  re- 
syes  é  cervices  de  las  gentes ,  nos  embia  á  mandar : 


REYES  DE  CASTILLA. 

»  aquel  que  da  vida  á  las  almas  qne  están  en  pena, 
»é  las  relieva  della.  E  lo  mas  presto  que  pedimos» 
»  ante  todas  cosas  embiamos  á  Vuestra  Alteza  bien- 
» aventurada  obediencia  como  Vuestra  Alteza  nos 
«embia  mandar.  Considerando  é  conociendo  el  gran 
«poder  é  poderoso  estado  ó  muy  esforzado  de  Vues- 
»  real  Señoría,  é  confiando  en  vuestra  mucha  bondad 
«é  virtud,  no  se  falló  borne  que  contradixese  en  la 
«cibdad,  obediencia  bienaventurada,  con  el  ayudado 
«Dios  é  de  todos  los  vecinos  que  viven  en  la  cibdad 
«de  Marbella,  que  es  de  Vuestra  real  Señoría  é  toda 
«su  tierra ;  antes  todos  en  general  con  apacible  vo- 
«luntad  é  agradable  intención,  todos  entraron  en 
»  servicio  de  Vuestra  real  Señoría  ,  é  le  obedecieron 
«por  rey  é  señor,  é  se  pusieron  so  su  mandado  é  ju- 
»  risdicion,  en  la  manera  que  Vuestra  Alteza  mandó. 
«Que  los  que  quisiesen  vivir  aquí  en  esta  tierra 
«en  las  aldeas  y  en  otras  partes,  viviesen  segu- 
«ramente  so  vuestro  amparo  é  def endimiento ;  y 
«el  que  quisiese  pasar  allende,  Vuestra. Alteza  lo 
«pasaría  seguramente  en  vuestros  navios  fasta  don- 
»de  quisiesen,  con  favor  é  amparo  de  Vuestra  Alte- 
»za  ;  de  manera  que  podiesen  seguramente  asentar 
«en  los  lugares  donde  Dios  les  pusiese  en  voluntad 
«de  vivir.  Todo  lo  que  conviene  facer  á  los  r«yes 
«que  son  como  Vuestra  Alteza.  E  por  el  muy  pode- 
«roso  Rey  nuestro  señor,  que  algunos  desta  cibdad 
«de  los  principales  que  tienen  la  fabla  y  el  consejo, 
«están  absentes  en  Granada  y  en  Málaga,  é  de  ca- 
»da  día  los  esperamos.  Esi  parece  á  Vuestra  Alteza 
«mandarlos  esperar  un  mes,  fasta  quefablemos  to- 
«  dos  juntos  los  absentes  é  los  presentes,  y  estonces 
«verná Vuestra  Alteza  á  la  cibdad;  esto  rogamos  é 
«suplicamos,  y  el  parecer  de  Vuestra  Alteza  es  lo 
«mejor.  Aquí  están  algunas  parcialidades  de  Gome- 
«res,  que  tienen  sus  parientes  é  sus  mugeres  en  Má- 
«laga :  suplican  á  Vuestra  Señoría  les  mande  dar 
«su  seguro,  para  que  puedan  salir  dende  aquí  con 
» los  que  quisieren  pasar.  E  ansimesmo  sepa  nuestro 
«señor  el  Rey,  que  la  gente  desta  cibdad,  mas  que 
«todos  los  de  las  otras  cibdades  del  reyno  de  Gra- 
«nada  son  muy  pobres  ó  necesitados  ;  é  los  que  Dios 
«ha  ordenado  que  se  vayan  della  á  donde  Dios  qui- 
«siere,  son  tan  pobres,  que  si  no  piden  por  Dios, 
«no  se  podrán  remediar:  de  manera,  quede  su  hora 
«no  podrían  aderezar  sus  cosas.  Por  ende  suplica- 
«mos  á  Vuestra  real  Señoría,  que  el  que  quisiere  ven- 
«der  algunas  cosas,  que  haya  quien  las  compre  por 
«justo  precio,  por  manera  que  no  pierdan  ninguna 
«cosa.  E  si  algunos  quisieren,  vivir  é  quedar  en  sus 
«casas,  que  queden  según  y  en  la  manera  que  Vues- 
«tra  Alteza  asentó  é  capituló  con  todos  los  otros  que 
«quedan  en  servicio  de  Vuestra  Alteza.  Allá  embia- 
nmos  ciertas  personas  de  nosotros,  para  que  fablen 
«con  Vuestra  Alteza, é  asienten  todas  las  cosas:  los 
» quales  llevan  poder  de  toda  la  cibdad,  para  que 
«todo  lo  que  ellos  ficieren  é  asentaren  en  todas  las 
«cosas  susodichas,  habrán  por  bueno  é  pasarán  por 
«ello.  E  suplicamos  á  Vuestra  Alteza  les  mande  dar 
«su  seguro  para  el  alcayde  que  está  en  la  fortaleza, 
«para  que  vaya  do  quisiere ;  porque  él  no  quiso  ser 


DON  FERNANDO 
»con  nosotros  en  ninguna  cosa  recelando  do  su  se- 
nfior,  porque  no  mandase  pasar  contra  él;  por  ende 
j)  Vuestra  Alteza  le  mande  dar  el  seguro,  para  que 
»él  é  todos  los  suyos  vayan  á  do  quisieren.  Ansi- 
»mesmo  suplicamos  á  Vuestra  Alteza,  que  no  pue- 
í)da  entrar  en  la  cibdad  ninguna  gente  sino  la  que 
«nosotros  dixéremos,  é  que  sea  poca,  fasta  que  pa- 
»sen  allende  los  que  o  vieren  de  pasar,  ó  acordaren 
»de  quedar  los  que  ovieren  de  quedar.  Porque  mu- 
j)chas  gentes  recelan,  que  entrando  mucha  gente 
«recibirán  algún  dafio,  lo  qual  no  esperamos  rece- 
»bir  con  el  favor  é  ayuda  de  Vuestra  Alteza.  Quan- 
»to  mas,  que  todos  chicos  é  grandes,  en  veyendo  la 
» carta  de  Vuestra  Alteza,  todos  la  obedecieron  é 
«cumplieron  el  mandamiento  de  Vuestra  Alteza.  E 
«vuestro  servidor  el  que  leyó  la  carta  de  Vuestra 
«Alteza  á  los  chicos  é  á  los  grandes  é  la  declaró  ó 
«fizo  entender,  ó  puso  en  sus  corazones  que  la  obe- 
»  deciesen  é  cumpliesen,  pide  por  merced  á  Vuestra 
»  Alteza  á  parte  de  los  de  la  cibdad,  algunas  cosas  : 
«suplicamos  á  Vuestra  Alteza  las  quiera  facer.  Lo 
«primero  darle  seguro  é  aparte,  pues  que  lealmente 
«08  sirvió.  Lo  segundo,  una  fusta  para  que  pasen  él 
«ó  todos  los  que  con  él  están,  ansi  los  de  su  casa  co- 
»mo  sus  parientes  é  parcialidades;  é  que  puedan 
«vender  todas  las  cosas  que  tovieren  de  vender 
«por  precio  razonable,  é  lo  que  llevaren  en  la  dicha 
n  fusta  que  sea  seguro.  Lo  tercero,  que  el  salario  que 
«él  tenia  del  Rey  de  Granada  eran  quince  pesantes 
«por  alcayde,  é  quarenta  por  alfaquí  cada  mes,  é  le 
» son  debidos  desto  diez  meses,  á  causa  de  las  guer- 
«ras.  Por  ende  suplica  á  Vuestra  real  Señoría  ge  los 
« mando  pagar,  é  todo  se  fará  como  Vuestra  Señoría 
«lo  mandare,  é  se  entregará  á  Vuestra  real  Señoría 
BÓ  á  quien  mandare.  Y  esto  suplica  á  Vuestra  real 
«Señoría,  porque  es  público  é  notorio  á  todos  vues- 
»tra  gran  virtud,  é  quanto  bien  lo  face  con  todos, 
«quanto  mas  con  quien  tan  bien  os  sirvió.  E  Dios 
«prospere  y  ensalzo  é  acreciente  la  vida  y  estado  de 
«Vuestra  muy  alta  é  real  Señoría,  é  cumpla  todo  lo 
«que  por  ella  es  deseado.  Escripia  de  veinte  é  dos 
»de  Jumedi  en  el  primero,  que  es  á  dos  de  Junio. 
«Otrosí  muy  grande,  poderoso  ó  preciado,  é  muy 
«temido  Rey  nuestro  señor,  facemos  saber  á  Vues- 
«tra  Alteza,  que  son  muy  muchos  los  que  quiereu 
«pasar  allende ;  son  menester  buenas  fustas.  E  an- 
«simesmo  sepa  Vuestra  Alteza,  que  los  que  estaban 
«absentes  de  la  cibdad  en  Granada  y  en  Málaga,  son 
«venidos ;  é  todos  juntamente  de  una  voluntad  da- 
«mos  la  obediencia  á  Vuestra  Alteza,  ó  vos  recebi- 
«mos  por  Rey  é  por  Señor.  E  ante  todas  cosas  su- 
«plicamos  á  Vuestra  Alteza,  que  nos  mande  dar  un 
n  navio  para  que  pasen  algunos  de  nosotros  allende, 
«á  ver  si  nos  quieren  recebir,  ó  si  nos  recibieren, 
«bien ;  é  sino,  que  siempre  estemos  so  amparo  é  se- 
«guridad  de  Vuestra  Alteza,  ó  seamos  siempre  su- 
»  yos  donde  Dios  quisiere. » 

Vista  por  el  Rey  la  carta,  é  oídos  los  mensageros, 
como  quier  que  la  gente  estaba  fatigada  de  los  tra- 
bajos é  caminos  pasados ;  pero  todavía  acordó  de  ir 
«n  persona  á  tomar  aquella  cibdad.  Porque  según 


É  DO:ÑA  ISABEL.  423 

habemos  dicho,  ovo  dubda  que  absenté  el  Rey  de  la 
tierra,  mudarían  los  moros  el  propósito,  é  no  la  en- 
tregarían á  ningún   capitán  que  allá  embiase.  E 
mandó  á  la  gente  facer  talegas  por  quince  dias,  é 
que  el  artillería  quedase  con  gran  guarda  de  gente 
de  caballo  é  peones  en  los  prados  de  Antequera  ;  y 
él  con  toda  su  hueste  fué  á  la  cibdad  de  Marbella. 
E  como  llegó  á  la  cibdad,  luego  los  moros  ge  la  en- 
tregaron ,  é  salieron  fuera  della  todos  los  homes  é 
mugeres  que  la  moraban ;  á  los  quales  el  Rey  dio 
seguro  para  que  pudiesen  ir  con  todos  sus  bienes  é 
ganados  donde  quisieren.  E  otrosí  mandó  dar  na- 
vios é  gentes,  que  pasasen  seguros  á  los  que  quisie- 
sen ir  á  la  tierra  de  África.  E  quedó  la  cibdad  libre 
al  Roy,  ó  mandóla  f omecer  de  gente ,  é  bastecer  de 
los  pertrechos  é  mantenimientos  que  fueron  menes- 
ter, y  entrególa  á  Don  Pedro  de  Villandrando,  Con- 
de de  Ribadeo,  el  qual  fizo  pleito  omenage  por  ella 
al  Rey ;  é  á  la  Reyna.  Otrosí  sacó  el  Rey  todos  los 
cabtivos  christianos  que   falló  en  esta  cibdad  de 
Marbella  y  en  la  cibdad  de  Ronda  é  su  serranía,  y 
en  todas  las  otras  villas,  é  lugares,  é  tierras  que  to- 
mó de  los  moros  en  este  año,  é  púsolos  en  libertad. 
Los  de  las  villas  de  Montemayor  é  de  Cortes  é  de 
Alaricate,  con  otros  diez  lugares  comarcanos  á  la 
cibdad  de  Marbella ,  sabido  como  el  Rey  la  habia 
tomado,  se  vinieron  á  él ,  ó  obligáronse  de  ser  sus 
subditos,  é  le  ficieron  el  juramento  ó  obligación  que 
los  de  las  otras  villas  habían  fecho.  Y  el  Rey  les  dio 
seguro  de  sus  vidas  é  bienes,  según  que  lo  dio  á  los 
otros.  Concluidas  las  cosas  que  fueron  necesarias 
para  la  provisión  de  Marbella,  el  Rey  partió  de 
aquella  cibdad;  é  andando  con  la  hueste  por  la  cos- 
ta de  la  mar  poniendo  sus  reales,  llegó  á  un  lugar 
que  se  llama  la  Fuente-Giróla.  En  estos  dias  la  gen- 
te de  la  hueste  recebia  gran  fatiga,  ansí  del  cansan- 
cio grande  por  la  continacion  de  los  caminos  áspe- 
ros é  trabajosos ,  como  porque  fallecieron  los  man- 
tenimientos ;  ó  padecieron  tan  grande  hambro ,  que 
no  comían  los  homes  ni  los  caballos  otra  cosa ,  sal- 
vo palmitos  ó  yerbas :  porque  los  bastimentos  que 
se  embiaron  por  la  mar,  con  los  vientos  contrarios 
no  pudieron  llegar  á  tiempo  que  pudiesen  aprove- 
char. E  la  gente  ansí  trabajada  pasó  adelante  por  la 
ribera  de  la  mar,  é  cerca  de  dos  lugares  de  moros 
que  llaman  el  uno  Oznar,  y  el  otro  Misas.  Estos  dos 
lugares  se  entregaran  luego  al  Rey ,  salvo  porque 
algunos  moros,  ó  malos  christianos  que  iban  en  su 
hueste,  los  avisaron  de  la  gran  hambre  é  fatiga  que 
la  gente  de  los  christianos  padecía.  El  Rey  asentó 
su  real  cerca  de  un  lugar  que  se  llama  Churriana, 
que  es  una  legua  de  Málaga.  Los  moros  que  fueron 
avisados  de  la  flaqueza  que  llevaban  las  gentes  de 
la  hueste  por  la  gran  hambre  que  padecían,  dexa- 
ron  pasar  gran  parte  de  la  gente  que  iba  adelante 
entre  las  sierras  é  la  mar  por  caminos  muy  estrechos 
é  vinieron  á  dar  en  el  f  ardage ;  porque  según  la  dis- 
pusicion  de  aquellos  lugares,  poca  gente  podía  pe- 
lear con  mucha.  El  Maestre  de  Alcántara,  ó  Don 
Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de  León, 
que  venían  en  la  rezagai  como  vieron  á  loa  moroa 


424 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  venían  contra  ellos,  ovieron  recelo  que  serian 
todos  perdidos,  según  la  flaqueza  é  desorden  que  to- 
dos traian.  E  considerando  quanto  grande  fuera  el 
infortunio,  si  después  de  habidas  tantas  é  tan  prós- 
peras victorias,  en  el  ñn  oviesen  algún  caso  sinies- 
tro, ficieron  juntar  algunos  capitanes  que  venian 
con  ellos  en  guarda  de  la  rezaga,  Y  encubriendo  la 
flaqueza  que  padecían  con  el  esfuerzo  que  mostra- 
ron, ficieron  rostro  á  los  moros,  é  pelearon  con  ellos 
por  aquellos  lugares  do  ningunas  otras  gentes  de 
los  cbristianos  que  iban  delante  podian  tornar  á  los 
socorrer,  por  la  indispusicion  de  los  lugares  angos- 
tos donde  iban.  Y  estos  defendieron  el  f ardage  de 
los  moros  que  lo  seguían,  é  peleando  con  ellos,  los 
retraxeron  fasta  los  meter  por  aquellos  dos  lugares 
de  Ozuar  é  Míxas.  El  Rey  con  toda  la  hueste  siguió 
adelante  su  camino,  fasta  venir  á  un  lugar  que  es- 
taba encima  de  la  mar  á  la  vista  de  Málaga,  que  se 
llamaba  Benalmadala ;  el  qual  mandó  derribar,  por- 
que estaba  en  tal  sitio  que  no  se  podia  defender, 
salvo  á  gran  peligro  de  los  cbristianos.   Los  de  la 
cibiiad  de  Málaga,  veyendo  el  poderío  del  Rey,  ansí 
de  gentes  como  de  artillería ,  estaban  en  gran  mie- 
do de  ser  cercados,  é  no  dubdaban  de  ser  perdidos, 
6  de  entregar  la  cibdad  al  Rey,   según  habían  fe- 
cho los  de  la  cibdad  de  Ronda  é   de  Marbella ,  é 
las  otras  villas  é  lugares  que  se  entregaron.  E  sin 
dubda  el  Rey  é  los  grandes  señores  ó  caballeros 
principales  que  con  él  iban,  bien  quisieran  poner  si- 
tio sobre  aquella  cibdad,  salvo  porque  conocieron 
la  gran  fatiga  é  cansancio  que  la  gente  traia  de  ha- 
ber andado  tantos  días  por  caminos  muy  ásperos  é 
peligrosos,  é  por  la  gran   hambre  que  habían  por 
falta  de  los  mantenimientos.  Otrosí,  porque  los  ca- 
ballos estaban  flacos  é  tan  perdidos,  que  los  traian 
do  diestro,  é  otros  muchos  dexaban  por  los  campos 
que  no  los  podian  mover.  Ansimesmo  ovo  gran  fal- 
ta en  el  real  de  sillas  é  albardas,  é  de  ferrage,  é  de 
otras  muchas  cosas  de  las  que  son  necesarias  al  pro- 
veimiento de  las  gentes  que  van  en  hueste.  Estas 
cosas  consideradas,  el  Rey  acordó  de  pasar  adelante, 
é  poner  su  real  cerca  de  la  villa  de  Alora.  E  dende 
partió  otro  día  é  fué  á  los  prados  de  Antequera, 
donde  falló  grandes  requas  de  mantenimientos  que 
la  Reyna  había  embiado,  é  allí  se  proveyéronlas 
gentes  é  satisfacieron  á  la  gran  hambre  que  por 
mengua  de  mantenimientos  fasta  aquel  dia  habían 
padecido. 

Estando  el  Rey  en  aquel  lugar ,  ovo  consejo  con 
algunos  de  los  principales  caballeros  que  con  él  ve- 
nian, de  lo  que  debía  facer,  pues  tenía  manteni- 
mientos de  los  que  la  Reyna  había  embiado.  B  como 
quier  que  había  asaz  tiempo  del  verano ,  para  pro- 
seguir la  conquista  comenzada ;  pero  porque  cono- 
cieron la  indispusicion  de  la  gente,  acordaron  que 
el  Rey  la  debía  dexar  reposar  algunos  días,  é  des- 
pués podría  facer  otra  entrada  en  tierra  de  moros. 
El  Rey,  habido  por  bueno  aquel  consejo,  partió  con 
toda  su  gente,  é  vino  á  poner  real  en  el  Rio  de  las 
Yeguas,  é  de  allí  vino  á  la  villa  de  la  Rambla,  don- 
de tuvo  el  dia  de  Sant  Juan.  La  Reina,  como  mandó 


ir  las  requas  de  los  mantenimientos  por  tierra  parft 
bastecimientos  del  real ,  bien  ansí  embió  á  mandar 
á  sus  oficiales  que  tenía  puestos  en  los  puertos  de  la 
mar,  que  embiasen  á  la  cibdad  de  Marbella  trigo  ó 
vino  é  mantenimientos,  ó  todas  las  otras  cosas  nece- 
sarias para  el  proveimiento  de  aquella  cibdad. 

CAPÍTULO  XLVII. 

Como  el  Rey  entró  en  la  cibdad  de  Córdoba. 

Pasado  el  dia  de  Sant  Juan,  luego  otro  dia  partió 
el  Rey  de  la  villa  de  la  Rambla  é  todos  los  caballe- 
ros é  capitanes  que  con  él  habían  estado  en  la  guer- 
ra, y  entró  en  la  cibdad  de  Córdoba;  ó  saliéronle  á 
recebir  con  grande  solemnidad  todas  las  dinidades, 
é  canónigos  é  clerecía  de  la  iglesia  mayor,  é  de  las 
otras  iglesias  de  la  cibdad.  Ansimesmo  salieron 
fuera  de  la  cibdad  á  le  recebir  el  Príncipe  Don  Juan 
su  fijo,  y  el  Cardenal  de  España,  é  los  embaxado- 
resde  Venecia  é  de  Ñapóles  é  de  Portogal,  que  ha- 
bían quedado  con  la  Reyna ,  negociando  las  cosas 
de  sus  embaxadas;  é  salieron  .los  Perlados  é  Docto- 
res que  estaban  en  su  corte  y  en  su  consejo.  Otrosí 
salieron  la  justicia  é  regidores  é  caballeros  ancianos 
que  habían  quedado  en  la  gobernación  de  la  cib- 
dad ;  é  los  oficiales  de  todos  los  oficios  fueron  al  ca- 
mino ,  é  por  toda  la  cibdad  ficieron  grandes  juegos 
é  alegrías,  por  la  victoria  que  Dios  le  habia  dado. 
El  Rey  acompañado  de  todas  estas  gentes  entró  en 
la  .cibdad  é  llevaba  delante  todos  los  cbristianos 
que  redimió  del  captiverio.  E  fué  primero  á  la  igle- 
sia mayor  á  facer  oración ,  é  dar  gracias  á  Dios  por 
las  victorias  que  le  habia  dado.  E  después  fué  para 
su  palacio,  donde  falló  á  la  Reyna,  que  le  salió  á 
recibir  fasta  la  puerta  del  palacio ,  acompañada  de 
muchas  dueñas  é  doncellas  que  continaban  en  su 
servicio.  E  ansimesmo  las  Infantas  Doña  Isabel  é 
Doña  Juana,  é  Doña  María  sus  fijas,  é  con  ellas 
las  dueñas  sus  ayas,  é  otras  muchas  dueñas  é  don- 
cellas arreadas  de  paños  brocados ,  é  de  sedas ,  é  de 
otros  grandes  arreos.  E  de  esta  manera  fué  rece- 
bido  con  grande  alegría  de  todos,  é  fueron  fechas 
por  la  Reyna  grandes  fiestas  en  su  palacio.  Y  el  Rey 
é  la  Reyna  embiaron  al  monesterío  de  Sant  Juan 
de  los  Reyes  que  fundaron  en  la  cibdad  de  Toledo 
todos  los  fierros  de  los  captivos  cbristianos  que  re- 
dimieron de  tierra  de  moros ,  los  quales  están  en 
aquel  monesterío  fasta  el  presente  dia.  Puédese 
bien  creer  por  todos  aquellos  que  esta  Crónica  leye- 
ren, que  los  grandes  señores  é  caballeros  é  los  capi- 
tanes que  sirvieron  al  Rey  é  á  la  Reyna  en  esta  jor- 
nada ,  ovieron  singular  afición  al  servicio  de  Dios  ó 
suyo ;  lo  qual  pareció  en  la  grand  obediencia  que 
ovieron  á  los  mandamientos  que  les  eran  fechos, 
porque  desta  obediencia  habida  por  cada  uno  en  es- 
pecial, procedió  gran  concordia  de  todos  en  general; 
é  déla  concordia  se  siguió  buen  conocimiento  é  rec- 
to consejo,  para  administrar  las  cosas  que  ocurrían. 
E  disponiendo  sus  personas  al  trabajo,  é  dando  exem- 
plo  á  las  otras  gentes  que  se  dispusiesen  á  lo  mesmoi 
so  siguió  el  loable  fin  que  habernos  contado. 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  XLVIII. 

De  lo  que  el  Rey  é  la  Reyna  ücieron  estando  en  Córdoba. 

Después  que  el  Rey  entró  en  la  cibdad  de  Córdo- 
ba ,  se  pagó  el  sueldo  á  todos  los  caballeros  é  peones 
é  otras  gentes  de  la  hueste.  E  porque  algunas  gen- 
tes, especialmente  los  que  habían  venido  de  Casti- 
lla, estaban  fatigados  de  los  trabajos  pasados,  é 
hablan  de  volver  á  sus  tierras  que  eran  lexanas ,  el 
Rey  é  la  Reyna  los  mandaron  despedir.  Otrosí  acor- 
daron de  escrebir  al  Papa  é  al  colegio  de  los  Carde- 
nales las  victorias  que  Dios  les  habia  dado  contra 
los  moros,  enemigos  de  nuestra  sancta  fe ;  é  las  ciu- 
dades é  villas  ,  é  castillos  ,  é  tierras  que  hablan  ga- 
nado, que  eran  gran  parte  del  Reyno  de  Granada. 
Otrosí  le  embiaron  á  decir ,  como  mediante  el  ayu- 
da de  Dios  é  de  la  gloriosa  Virgen  su  madre,  ellos 
entendían  continar  su  conquista,  fasta  ganar  todo 
aquel  Reyno  ;  é  los  trabajos  habidos ,  é  los  gastos 
fechos  en  la  guerra,  ó  los  que  se  esperaban  haber 
en  ella;  é  como  hablan  redemido  muchos  christianos 
que  estaban  captivos  en  poder  de  los  moros. 

El  Papa  é  los  Cardenales,  oida  aquella  nueva, 
óvieron  muy  gran  placer;  y  el  Papa,  considerando 
los  muchos  gastos  que  en  aquella  conquista  se  re- 
querían facer ,  otorgó  segunda  Cruzada  con  gran- 
des indulgencias ,  á  todos  los  que  la  tomasen  en  to- 
dos los  Reynos  é  señoríos  del  Rey  é  de  la  Reyna. 
Otrosí  mandó  por  sus  bulas,  que  la  clerecía  é  las  ór- 
denes contribuyesen  para  aquella  guerra  décima  de 
todos  sus  frutos;  la  qual  cometió  al  Cardenal  de  Es- 
paña que  la  moderase  é  ficiese  repartir  en  la  mane- 
ra que  él  entendiese.  El  qual  la  moderó  en  la  suma 
de  cien  mil  florines  de  oro  de  Aragón.  Otrosí  acor- 
daron el  Rey  é  la  Reyna  de  dar  orden  en  la  tierra 
ganada  de  los  moros.  E  mandaron  á  Juan  de  Tor- 
res un  caballero  de  los  que  estaban  en  el  contino 
servicio  de  su  palacio,  é  al  licenciado  Juan  de  la 
Fuente,  Alcalde  en  su  corte,  que  fuesen  á  las  cibda- 
des  de  Ronda  é  Marbella,  é  á  las  villas  de  Cártama, 
éCazarabonela,é  Setenil,  é  alas  otras  villas,  é  valles 
é  serranías  é  tierras  que  se  ganaron  de  los  moros,  é 
pusiesen  términos  á  cada  una ,  é  repartiesen  las  ca- 
sas y  heredades  entre  los  moradores  christianos  que 
nuevamente  las  fueron  á  poblar.  Otrosí  mandaron 
poner  las  fronteras  contra  los  moros  en  otras  villas 
é  castillos,  mas  adelante  de  lo  que  primero  estaban. 
E  por  quanto  la  cibdad  de  Gibraltar ,  é  las  villas  de 
Ximena  é  Teba ,  ó  todas  las  otras  villas  é  castillos, 
que  por  ser  en  frontera  de  moros  llevaban  cada  año 
pagas  é  llevas,  estaban  seguras  por  ser  ya  de  chris- 
tianos la  cibdad  de  Ronda  é  todas  las  otras  villas 
que  se  ganaron  de  los  moros ,  mandaron  que  no  las 
ganasen.  E  mandaron  poner  las  fronteras  veinte  le- 
guas mas  adelante ,  en  los  lugares  que  entendieron 
ser  mas  necesarias.  Otrosí,  porque  algunoa  marine- 
ros é  otras  personas  de  los  que  pasaron  los  moros 
allende  la  mar,  contra  el  seguro  que  el  Rey  é  la 
Reyna  les  habían  dado ,  f urtaron  algunos  homes  é 
mugeres  é  criaturas ,  é  les  habían  tomado  sus  bie- 


É  DOÑA  ISABEL.  425 

nes  ;  é  como  el  corazón  noble  no  puede  sof  rir  mal- 
dad ,  la  Reyna  indinada  contra  los  que  esto  ficieron 
mandó  á  este  Licenciado  de  la  Fuente  su  alcalde, 
que  ficiese  pesquisa  quien  oviese  fecho  aquellos  fur- 
tos, é  los  mandase  luego  restituir,  y  executase  su 
justicia  en  aquellos  que  fallase  culpantes. 

Este  alcalde,  poniendo  diligencia  en  lo  que  la  Rey- 
na le  mandó,  informado  quien  eran  los  robadores, 
fizo  justicia  dellos,  é  tomóles  todo  lo  que  habían 
robado ,  é  pasó  allende  la  mar.  E  como  llegó  al  puer- 
to ,  embió  á  pedir  seguro  á  los  moros  para  descen- 
der en  tierra,  porque  venia  á  restituir  lo  que  les 
habían  robado.  Los  moros  le  respondieron,  que 
mensagero  de  tan  altos  é  poderosos  reyes,  no  habia 
menester  el  seguro  que  demandaba,  porque  la  gran- 
deza de  su  rey  daba  seguridad  á  sus  subditos  en  to- 
da la  tierra.  El  alcalde,  oída  aquella  respuesta,  aun- 
que fué  amonestado  que  no  se  confiase  en  las  pala- 
bras de  los  moros ;  pero  pospuesto  el  temor  de  la 
muerte  é  del  captiverío  que  aquélla  gente  bárbara 
le  pediera  facer :  «  Nunca  plega  Dios ,  respondió  él, 
que  la  virtud  del  Rey  é  de  la  Reyna  mis  señores, 
que  estos  moros  facen  cierta,  mi  miedo  la  faga  dub- 
dosa. »  E  diciendo  esto  con  gran  confianza,  é  con- 
tra el  voto  de  los  que  con  él  eran  ,  saltó  luego  en 
tierra;  é  puesto  en  poder  de  los  moros  con  todo  lo 
que  les  llevaba,  lo  repartió  á  las  personas  robadas. 
E  de  tal  manera  fizo  esta  execucion  de  justicia  que 
los  agraviados  quedaron  satisfechos. 

CAPÍTULO  XLIX. 

Como  facron  desbaratados  algunos  caballeros  christianos,  que 
salieron  deAlhama. 

Algunos  caballeros  de  los  que  estaban  con  el  Cla- 
vero de  Calatrava  en  guarda  de  la  cibdad  de  Alha- 
ma,  é  otros  algunos  que  vinieron  á  aquella  cibdad 
por  facer  guerra  á  los  moros ,  cavalgaron  un  dia  por 
el  aviso  que  ovieron  de  algunos  adalides,  é  fueron 
fasta  bien  cerca  de  la  cibdad  de  Granada ,  é  toma- 
ron los  ganados  que  fallaron  de  vacas  é  ovejas  é 
yeguas,  é  algunos  prisioneros.  La  cibdad  de  Grana- 
da estaba  tau  menguada  de  gente  de  caballo,  que 
no  salieron  los  moi-os  della  á  lo  resistir ,  porque  to- 
da la  gente  de  caballo  de  la  cibdad  estaba  con  el 
Rey  Moro  en  la  defensa  de  la  cibdad  de  Málaga. 
Los  christianos ,  veyendo  que  ninguna  resistencia 
les  era  fecha ,  perdido  el  cuidado  que  convenia  tener 
en  guardar  la  orden  de  la  guerra,  derramáronse 
unos  de  otros  por  el  camino  que  volvía  Alhama  con 
la  cavalgada  que  traían.  El  Rey  Moro,  sabido  como 
el  Rey  habia  dexado  la  tierra  é  se  habia  vuelto  con 
toda  la  hueste  á  la  cibdad  de  Córdoba,  partió  de 
Málaga  con  todos  los  caballeros  que  allí  tenia,  é  fué 
camino  de  la  cibdad  de  Granada.  E  acaso  sin  saber 
aviso  alguno  de  los  caballeros  christianos  que  ha- 
bían fecho  aquella  cavalgada,  encontró  con  ellos. 
Los  christianos  que  venían  desordenados  sin  ningu- 
na guarda,  como  vieron  los  moros  venir  contra 
ellos,  luego  desamparáronla  cavalgada ,  ó  se  pusie- 
ron en  fuida  ,  é  los  moros  los  siguieron,  fasta  los 


426 


CEÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


meter  por  las  puertas  de  Alhama;  y  en  el  alcance 
mataron  muchos  dellos,  é  tomaron  el  despojo  de 
campo ,  é  tornaron  para  la  cibdad  de  Granada  con 
todo  ello,  é  coa  la  presa  que  los  christianos  habían 
fecho, 

CAPÍTULO  L. 

Como  desbarataron  los  moros  al  Conde  de  Cabra  cerca  de 
Moclin. 

Visto  como  quedaba  aun  asaz  tiempo  del  verano 
para  estar  gente  en  el  campo ,  embiaron  el  Rey  é  la 
Eeyna  sus  cartas  de  llamamiento  para  algunas  gen- 
tes de  caballo  ó  de  pié  de  Estremadura  é  del  Mar- 
quesado de  Villena,  é  de  Sevilla,  é  de  Jaén,  é  Ube- 
da,  é  Baeza ,  é  Andúxar ,  é  sus  comarcas;  los  quales 
á  cierto  dia  que  les  fué  mandado  se  juntaron  en  la 
cibdad  de  Córdoba  ,  para  entrar  con  el  Rey  este  año 
segunda  vez  en  el  Reyno  de  Granada.  E  como  la 
gente  fué  junta,  el  Rey  é  la  Reyna  acordaron  que 
se  debia  poner  sitio  sobre  alguna  villa  de  moros, 
pero  ovo  diversos  votos  en  su  consejo.  Porque  el 
parecer  de  algimos  era,  que  ei  Rey  debia  asentar 
su  real  sobre  la  villa  de  Illora,  otros  decian  que  so- 
bre Montefrio.  El  Conde  de  Cabra  que  estaba  en  la 
villa  de  Baena ,  escribió  al  Rey  é  ala  Reyna,  que  te- 
nia aviso  cierto ,  que  en  la  villa  de  Moclin  no  habia 
tanta  gente  para  la  defender  como  convenia,  é  que 
habia  buena  dispusicion  para  la  cercar.  Algunos 
otros  decian,  que  pues  era  necesario  bastecer  á  Al- 
hama ,  el  Rey  debia  entrar  con  toda  su  hueste  á  la 
bastecer,  é  bastecida,  poner  su  real  sobre  alguna  vi- 
lla la  mas  cercana  á  Alhama  ;  é  que  Moclin  no  se 
debia  sitiar,  por  estar  tan  cerca  de  la  cibdad  de 
Granada ,  donde  tenia  presto  el  socorro  de  muchas 
gentes.  Oidos  estos  votos ,  porque  el  Conde  de  Ca- 
bra todavía  embiaba  á  certificar  que  la  villa  de  Mo- 
clin se  podia  cercar,  é  tomar  presto ;  el  Rey  con 
propósito  de  cercar  á  Moclin ,  partió  de  la  cibdad  de 
Córdoba ,  é  fué  á  Alcalá  la  Real.  E  mandó  al  Conde 
de  Cabra,  é  á  Martin  Alonso  de  Montemayor,  é  á 
ciertos  capitanes  de  su  guarda,  que  fuesen  adelan- 
te, para  que  ningunos  moros  entrasen  ni  saliesen  de 
la  villa.  E  mandó  al  Maestre  de  Calatrava  é  al  Con- 
de de  Buendía,  que  iba  por  capitán  de  la  gente  del 
Cardenal  de  España,  é  al  Obispo  de  Jaén,  é  á  Gar- 
ci  Fernandez  Manrique,  capitán  de  la  gente  de  Cór- 
doba ,  que  con  quatro  mil  de  caballo  que  llevaban  é 
seis  mil  peones  fuesen  á  las  espaldas  del  Conde  de 
Cabra  é  de  los  otros  caballeros  que  habia  embiado 
delante,  para  que  todas  estas  gentes  cercasen  la  vi- 
lla por  todas  partes.  Y  el  Rey,  que  estaba  cerca,  ha- 
bia de  venir  luego  con  toda  la  otra  gente  para  asen- 
tar su  real.  Otrosí  porque  las  cosas  que  se  requerían 
para  sostener  el  real  fuesen  mejor  proveídas,  acor- 
dóse por  todos,  que  la  Reyna  se  acercase  á  aquellas 
partes  de  Alcalá.  La  qual  partió  de  la  cibdad  de 
Córdoba,  é  fué  parala  villa  de  Baena,  acompañada 
del  Príncipe  Don  Juan ,  é  do  la  Infanta  Doña  Isa- 
bel ,  sus  fijos ,  é  del  Cardenal  de  España.  El  Conde 
de  Cabra  é  los  otros  capitanes  que  fueron  primero, 


partieron  á  la  medía  noche ,  é  llegaron  á  la  villa  de 
Moclin  antes  de  la  hora  que  debían  llegar ,  seg^n  se 
habia  acordado  con  el  Maestre  de  Calatrava,  é  con 
los  otros  caballeros  é  capitanes  que  iban  cerca  del 
en  la  reguarda.  E  acaeció  que  el  Rey  moro ,  infor- 
mado que  el  Rey  quería  poner  cerco  sobre  Moclin, 
vino  con  veinte  mil  homes  de  caballo  é  peones  para 
aquella  villa ;  el  qual  puso  parte  de  su  gente  en  una 
albarrada  bien  cerca  de  la  villa.  E  como  alguna 
gente  de  la  que  iba  con  el  Conde  llegó  de  noche  á 
aquella  albarrada  é  la  abrieron ,  los  moros  pensan- 
do que  los  christianos  eran  mas  gente,  fuyeron  é 
desampararon  aquel  lugar ;  é  los  christianos  que  en- 
traron, entendieron  mas  en  robar  algunas  pocas  co- 
sas que  allí  fallaron ,  que  en  seguir  á  los  moros  que 
f  uian.  Los  moros  visto  que  los  christianos  no  los  se- 
guían, tornaron  á  pelear  con  ellos.  Y  el  Conde  llegó 
con  su  batalla  á  socorrer  á  los  suyos ,  é  peleó  con 
los  moros  en  una  parte ;  y  embió  á  decir  á  los  otros 
capitanes  que  venían  en  la  rezaga ,  que  no  entrasen 
en  aquel  lugar  do  él  habia  entrado  á  pelear,  salvo 
que  se  pusiesen  en  lugar  llano  cerca  del ,  para  le  fa- 
cer ayuda.  E  los  moros  como  conocieron  que  la  gen- 
te de  los  christianos  era  poca,  cargaron  gran  bata- 
lla de  caballeros  é  peones  contra  el  Conde ,  é  pelea-* 
ron  con  él.  Las  otras  gentes  que  venían  en  la  reza- 
ga, que  no  pensaban  haber  gente  alguna  en  la  guar- 
da de  la  villa ,  como  vieron  la  multitud  de  los  mo- 
ros que  de  súbito  salieron  contra  ellos,  fueron  pri- 
vados del  seso  con  el  grande  miedo  que  ovieron,  ó 
sin  ser  perseguidos  de  ninguno  se  pusieron  en  torpe 
f  uida.  El  Conde  é  los  que  con  él  estaban ,  pelearon 
lo  que  pudieron  fasta  que  el  Conde  fué  ferido  de 
una  espingarda  en  la  mano ,  é  su  caballo  de  quatro 
lanzadas ;  é  no  pudiendo  mas  sostener  la  fuerza  de 
los  moros ,  volvió  las  espaldas ;  é  los  moros  siguie- 
ron el  alcance  fasta  una  legua  contra  él ,  é  contra 
las  otras  gentes  que  fuyeron.  En  esta  pelea  é  alcan- 
ce mataron  á  Don  Gonzalo ,  hermano  del  Conde,  é 
muchos  peones  é  caballeros  de  su  tierra  é  de  otras 
partes;  é  mataran  muchos  mas,  salvo  porque  el 
Conde  fuyendo,  algunas  veces  tornaba  contra  los 
moros  por  los  detener ;  é  otrosí  porque  sobrevinie- 
ron las  otras  batallas  de  gente  donde  venían  el 
Maestre  de  Calatrava  y  el  Conde  de  Buendía  y  el 
Obispo  de  Jaén ,  los  quales  fueron  á  socorrer  á  los 
christianos  que  venían  fuyendo,  é  resistieron  á  los 
moros  que  los  seguían.  Murieron  ansimesmo  en 
aquella  facienda  algunas  cabeceras  é  capitanes  de 
los  moros  en  los  primeros  encuentros  que  el  Conde 
ovo  con  ellos  (1).  Como  el  Rey  sopo  el  desbarato  del 
Conde  de  Cabra  é  de  las  gentes  que  con  él  habían 
ido  en  la  delantera,  ovo  gran  pesar;  é  detovosecon 
toda  la  gente  de  su  hueste  en  el  lugar  do  estaba  que 
se  llamaba  la  Fuente  del  Rey  á  tres  leguas  de  Mo- 
clin, fasta  haber  acuerdo  de  lo  que  debia  facer,  E 
algunos  Caballeros  é  capitanes  le  consejaron  que  de- 
bia dexar  el  cerco  de  aquella  villa,  ansí  por  el  grand 


(1)  Fné  este  desbarato  i  3  de  Setiembre  de  este  año ,  como  se- 
fiala  el  sumario  de  Galindez  y  Zurita,  lib.  20,  cap.  64. 


DON  FERNANDO 
orgullo  que  los  moros  tenían  con  el  vencimiento 
que  ovieron ,  como  porque  era  mal  consejo  poner 
BÍtio  sobre  lugar  donde  tanta  gente  habia  para  lo 
defender ,  como  el  Rey  tenia  estonces  para  lo  cer- 
car. Otrosí  decían  que  lo  guerreado  este  año  era  asaz 
tierra,  é  que  debia  dexar  folgar  las  gentes  de  guer- 
ra, porque  estoviesen  mas  prestas  para  el  año  si- 
guiente. En  especial  decian  que  el  Rey  no  debia  en- 
trar en  la  tierra  de  los  moros  sin  ir  acompañado  de 
la  gente  de  armas  de  Castilla,  según  hablan  fecho 
los  Reyes  pasados,  quando  entraban  á  cercar  qual- 
quier  villa  de  aquel  Reyno.  Otros  decian ;  que  no 
seria  honra  de  su  persona  real,  antes  seria  contra 
la  estimación  en  que  era  tenido  su  gran  poder,  si 
por  el  desbarato  que  ovo  un  solo  caballero  de  su 
hueste,  se  mostrase  tan  grande  flaqueza,  é  dexaso 
de  continar  el  propósito  que  llevaba  de  cercar  aque- 
lla villa ,  é  que  todavía  lo  debia  proseguir.  Otros  al- 
gunos afirmaban ,  que  aunque  el  Rey  quisiese  poner 
sitio  sobre  aquella  villa,  no  habia  dispusiciou  de  lo 
poner ;  porque  toda  la  tierra  que  estaba  en  el  cir- 
cuito era  peilas  é  piedras  grandes ,  do  no  se  podian 
fincar  estacas  para  armar  las  tiendas,  ni  atar  los 
caballos  ;  é  que  seria  mejor  consejo  poner  sitio  sobre 
alguna  villa  de  la  comarca.  Y  estos  decian  que  por 
quanto  la  necesidad  de  Alhama  constreñía  tanto  de 
se  bastecer,  que  si  luego  no  se  basteciese,  estaba 
en  peligro  de  se  perder ;  que  el  Rey  dexadas  tod«is 
las  cosas,  debia  ir  á  la  bastecer  con  toda  su  hueste, 
é  podia  cercar  alguna  villa  de  las  que  eran  en  su  co- 
marca. El  Rey,  oidas  las  variedades  destos  consejos» 
no  se  determinaba  en  ninguno  dellos.  La  Reyna  que 
habia  quedado  en  la  villa  de  Baena,  sabida  la  nue- 
va de  aquel  desbarato ,  aunque  era  de  gran  corazón, 
pero  la  muerte  de  los  christianoa  que  allí  cayeron 
la  fatigaba  tanto  que  estaba  en  alguna  turbación, 
especialmente  por  la  variedad  de  los  consejos  que 
Bopo  haber  entre  los  caballeros  que  con  el  Rey  esta- 
ban. Ansimesmo  rescebia  fatiga  por  el  bastecimien- 
to  de  Alhama,  que  de  necesario  debia  facerse,  é  no 
habia  lugar  para  ello.  El  Cardenal  de  España,  conos- 
cida  la  congoxa  en  que  la  Reyna  estaba ,  le  dixo: 
«  Señora ,  si  en  la  guerra  que  tenemos  con  la  tenta- 
))cion  interior,  recebimos  alteración,  no  es  maravi- 
» lia  haberla  en  la  exterior  que  tememos  con  los  ene- 
j)  migos.  Habéis ,  Señora,  de  creer,  que  ninguna  con- 
»  quista  de  tierras  ni  de  reynos  se  fizo  jamas,  donde 
» los  que  son  vencedores  algunas  veces  no  sean  ven- 
D  cidos ;  porque  si  no  oviese  resistencia  en  las  con- 
»  quistas,  mas  se  podría  decir  toma  de  posesión  que 
«actos  de  guerra.  Considerad,  Señora,  que  los  mo- 
lí ros  son  homes  belicosos ,  é  poseen  tierra  tan  mon- 
»tuosa  ó  áspera,  que  no  se  pudo  conquistar  en  los 
» tiempos  pasados  por  ninguno  de  los  Reyes  vues- 
» tros  predecesores  ;  porque  la  dispusicion  de  la  tier- 
»ra,  es  la  mayor  parte  de  bu  defensa.  Vos,  Señora, 
n  debéis  dar  gracias  á  Dios,  porque  ansí  como  ovis- 
Btes  mas  constante  propósito  que  ninguno  dellos 
«para  guerrear,  ansí  os  ha  dado  gracia  para  adque- 
»  rir  mas  cibdades  é  villas  é  tierras  en  tres  años,  que 
» los  otros  Reyes  en  docientos  años  que  las  guerrea- 


É  DO^A  ISABEL.  427 

»  ron.  E  por  tanto ,  Señora ,  pues  el  Rey  é  todos  los 
» principales  caballeros  é  capitanes  que  están  con 
»él,  por  la  gracia  de  Dios  son  libres  é  sanos,  no  de- 
»  beis  por  el  desbarato  de  aquella  poca  gente  rece- 
»  bir  tal  alteración  que  ocupe  el  consejo  para  lo  que 
Bse  debe  facer.  E  si  á  vos.  Señora,  place,  yo  iré 
» luego  con  tres  mil  homes  á  caballo  mios  é  de  mis 
»  parientes,  á  bastecer  á  Alhama,  é  proveeré  ansi- 
»  mesmo  á  las  necesidades  de  dinero ,  si  algunas  hay 
»  por  el  presente.  »  E  diciendo  esto,  considerado  que 
la  Reyna  habría  algún  empacho  de  le  declarar  en 
presencia  la  necesidad  que  á  la  hora  le  ocurría,  tor- 
nó la  fabla  á  los  del  consejo  que  estaban  presentes, 
é  díxoles :  «  Vosotros ,  pues  platicáis  con  la  Reyna 
»  mi  Señora  en  las  necesidades  que  ocurren ,  venid  á 
»  mí  con  lo  que  Su  Señoría  al  presente  oviere  menes- 
))ter;  é  si  fuere  menester  alguna  provisión  de  dine- 
»  ro,  yo  la  faré» ;  é  fizóla  luego  de  lo  que  á  la  hora 
fué  necesario.  E  disponíase  á  ir  en  persona  do  el 
Rey  estaba,  salvo  que  la  Reyna,  oídas  las  razones  ó 
ofrecimientos  con  obra  del  Cardenal ,  regradesció- 
gelo  mucho ;  é  porque  su  compañía  le  era  gran  con- 
solación, é  su  consejo  gran  descanso,  é  remedio  á 
las  cosas  que  ocurrían ,  no  dio  lugar  que  se  apartase 
della.  E  después  que  platicó  con  él  é  con  los  del  su 
Consejo  en  lo  que  se  debia  facer,  determinó  que  se 
desase  por  estonces  la  guerra  de  aquellas  partes,  ó 
que  se  pusiese  sitio  sobre  las  f oi-talezas  de  Cambíl  y 
el  Harrabal ,  que  son  tres  leguas  de  la  cíbdad  de 
Jaén ;  porque  la  Reyna  tovo  siempre  cuidado  gran- 
de de  tomar  aquellas  fortalezas,  considerando  los 
grandes  daños  que  dellas  habían  recebido  ,  é  de  ca- 
da día  recebian  la  cibdad  de  Jaén,  é  las  otras  cib- 
dades de  la  comarca.  Y  embió  decir  al  Rey  lo  que 
con  el  Cardenal  habia  acordado  ,  ó  que  le  páresela 
que  debia  dexar  por  este  año  la  conquista  de  aque- 
lla parte ,  é  debia  luego  venir  á  poner  su  real  sobro 
aquellas  dos  fortalezas :  porque  la  negligencia  que 
se  imputaba  á  los  Reyes  sus  antecesores  por  no  las 
haber  ganado  en  los  tiempos  pasados ,  agora  no  se 
imputase  á  ellos,  si  trabajasen  en  las  ganar.  Otrosí 
mandó  la  Reyna  átres  capitanes  de  su  guarda,  que 
con  mil  homes  de  caballo  llevasen  á  la  cibdad  de 
Alhama  algunos  mantenimientos,  entretanto  quo 
embiaba  la  gran  requa  de  provisiones  que  después 
embió. 

CAPITULO  LI. 

Como  se  pnaron  las  fortalezas  de  Cambil  y  el  flanabal. 

Visto  por  el  Rey  el  consejo  que  la  Reyna  embió  á 
decir, parecióle  bien,  é  luego  mudó  su  real  con  toda 
la  hueste,  para  ir  á  aquellas  dos  fortalezas  de  Cam- 
bil y  el  Harrabal.  Y  embió  delante  al  Marqués  de 
Cáliz  con  dos  mil  homes  á  caballo,  que  guardase  la 
entrada  é  salida  de  los  moros,  entretanto  que  él  lle- 
gaba con  toda  su  hueste.  Otrosí  mandó  llevar  toda 
el  artillería  é  pertrechos  para  la  combatir,  é  la  Rey- 
na vino  para  la  cibdad  de  Jaén,  é  con  ella  el  Prin- 
cipe Don  Juan  é  la  Infanta  Doña  Isabel  sus  fijos,  y 
\  el  Cardenal  de  España. 


428  CRÓNICAS  DE  LOS 

Conviene  pues  agora  que  digamos  aquí  la  calidad 
de  estos  dos  castillos ,  y  el  sitio  do  están  asentados, 
é  la  forma  de  su  edificio.  En  lo  baxo  de  un  gran 
valle ,  rodeado  por  todas  partes  de  altas  é  grandes 
cuestas ,  puso  la  natura  dos  peñas  grandes  ó  altas, 
tanto  cerca  la  una  de  la  otra  quanto  un  tiro  de  pie- 
dra. Encima  de  aquellas  dos  peñas  están  edificados 
dos  castillos  fortalecidos  con  un  grande  muro  é  mu- 
chas torres :  al  un  castillo  llaman  Cambil ,  é  al  otro 
Harrabal.  Por  medio  de  ambos  castillos,  entre  las  pe- 
fias  do  están  asentados ,  pasa  un  rio  donde  estaban 
los  molinos.  E  los  Reyes  de  Granada ,  considerando 
que  por  estar  tan  cerca  de  la  tierra  de  los  christia- 
nos ,  tenian  dispusicion  grande  para  la  guerrear,  pu- 
sieron siempre  gran  diligencia  en  los  guardar,  ansí 
con  gente  escogida  para  la  guarda  é  para  la  guer- 
ra, como  proveyéndolos  de  muchas  armas  é  mante- 
nimientos ,  é  de  las  otras  cosas  necesarias.  En  aquel 
tiempo  era  Alcayde  de  aquellos  dos  castillos  un  ca- 
ballero de  los  mas  esforzados  del  Reyno  de  Granada 
que  se  llamaba  Mahomad  Lentin ,  el  qual  tenia  mu- 
chos homes  de  los  Gomeres ,  que  le  ayudaban  á  los 
defender.  E  como  llegó  la  gente  de  armas  que  em- 
bió  el  Rey  con  el  Marqués  de  Cáliz  en  la  delantera, 
no  fué  necesario  á  los  moros  que  los  guardaban  fa- 
cer novedad  alguna  de  defensa :  porque  siempre 
ponían  ellos  grande  guarda,  y  estaban  en  contina 
guerra  con  los  christianos  de  las  comarcas.  E  des- 
pués que  el  Marqués  llegó  á  los  castillos,  el  Rey 
vino  con  grandes  trabajos  que  padecieron  las  gen- 
tes é  bestias  de  la  hueste  en  los  pasos  de  las  monta- 
fias  fragosas  é  altas  que  pasaron  para  llegar  á  las 
fortalezas.  E  púsose  el  real  repartido  en  tres  cues- 
tas altas ,  é  apartadas  una  de  otra ,  porque  no  había 
dispusicion  de  lugar  donde  en  otra  parte  é  forma  se 
pusiese.  Puesto  el  real,  la  gente  no  podía  combatir 
las  fortalezas,  porque  eran  inexpugnables;  y  espe- 
raban que  llegase  el  artillería,  la  qual  estaba  tres 
leguas  del  real,  é  deteníase,  porque  según  la  aspe- 
reza de  las  sierras ,  la  gente  pensaba  ser  cosa  dif  íci- 
le  poder  pasar  los  carros  que  la  traían.  E  por  los 
mandamientos  é  gran  solicitud  que  la  Reyna  f acia^ 
los  que  tenian  cargo  de  la  llevar,  buscaban  por  di- 
versas partes  de  aquellas  sierras  algún  lugar  menos 
fragoso,  donde  ficiesen  camino  para  pasar  los  car- 
ros. Al  fin  rodeando  por  otras  partes,  fallaron  sier- 
ras menos  agras  de  pasar,  por  donde  se  pudiese 
allanar  algún  camino.  E  porque  vimos  aquellas 
grandes  montañas ,  é  pensamos  ser  casi  imposible 
con  ningún  trabajo  ni  industria  de  homes  pasar  car- 
ros por  ellas,  plógonos  ir  á  ver  los  lugares  por  don- 
de acometieron  facer  el  camino  que  se  fizo.  E  falla- 
mos que  seis  mil  homes,  que  embiaron  el  Rey  é  la 
Reyna,  con  picos  é  otras  ferramientas  derribaron 
toda  una  sierra,  é  la  allanaron  fasta  la  igualar  con 
el  valle  baxo.  Y  en  otras  partes  finchieron  valles  de 
grandes  piedras  que  derribaron  de  lo  alto,  é  de 
grandes  alcornoques  é  otros  árboles  que  cortaron.  E 
ansí  andando  estos  peones  doce  dias  por  los  lugares 
mas  fragosos ,  cortando  é  sacando  piedras  é  derri- 
bando árboles,  pudieron  allanar  un  camino  por  do 


REYES  DE  CASTILLA. 

los  carros  del  artillería  pudieron  pasar ;  del  qual  pa- 
so los  moros  estaban  bien  seguros ,  porque  creían 
ser  dificile  que  muchas  gentes  y  en  muchos  tiempos 
pudiesen  arrancar  tantas  é  tan  grandes  peñas ,  ni 
facer  llanas  tan  altas  sieiTas ,  como  la  naturaleza 
había  criado  en  aquellos  lugares ,  é  facer  por  ellas 
camino  llano.  E  ciertamente  en  esto  mas  que  en 
otra  cosa  se  mostró  el  gran  poder  é  la  gran  voluntad 
que  el  Rey  é  la  Reyna  ovieron  á  esta  conquista; 
porque  como  quiera  que  otros  grandes  Reyes  ó 
Príncipes  hayan  juntado  muchas  gentes  ,  é  conquis- 
tado grandes  provincias,  pero  no  se  lee  cosa  tan 
dina  de  memoria  como  haber  allanado  montañas 
altas,  igualándolas  con  los  valles  baxos,  como  se 
vee  fecho  allí  en  el  presente  día.  Llegada  el  artille- 
ría, porque  se  decia  que  el  Rey  de  Granada  quería 
venir  con  gran  multitud  de  moros  á  socorrer  aque- 
llas fortalezas,  el  Cardenal  de  España  fué  al  real 
donde  el  Rey  estaba,  por  le  acompañar  en  aquella 
necesidad.  E  luego  los  maestros  del  artillería  dieron 
gran  priesa  en  asentar  las  lombardas  en  dos  partes, 
é  los  otros  tiros  de  pólvora  repartidos  por  diversos 
lugares.  E  comenzaron  á  tirar  las  lombardas  gruesas 
un  día  Miércoles,  y  en  ese  día  lanzaron  ciento  é 
quarenta  piedras  ala  fortaleza  del  Harrabal,  é  der- 
ribaron dos  torres,  é  las  almenas,  é  otras  defensas 
que  estaban  sobre  la  puerta.  E  de  tal  manera  fué 
aquella  parte  del  castillo  desbaratada ,  que  los  mo- 
ros que  estaban  dentro  no  podían  ponerse  á  defen- 
der aquellos  lugares ,  porque  los  tiros  que  facían  de 
contino  los  ribadoquines  ,  é  los  otros  tiros  de  pólvo- 
ra medianos,  derribaban  los  moros  que  en  aquellos 
lugares  se  ponían  á reparar  ó  defender.  Visto  perlas 
gentes  del  real  como  los  moros  no  osaban  ponerse  á 
defender  los  lugares  derribados,  llegaban  al  muro 
por  unas  partes  é  por  otras  á  lo  combatir  con  pie- 
dras é  con  saetas  indiscretamente.  Aquel  Alcayde  ó 
los  moros  que  con  él  estaban ,  como  vieron  que  nin- 
gunas fuerzas  les  bastarían  para  resistir  al  artille- 
ría, é  que  de  qualquíer  defensa  que  ficiesen  no  ha- 
bría otro  fruto ,  salvo  morir  todos  é  al  fin  perder  las 
fortalezas,  demandaron  luego  esa  noche  fabla  para 
las  entregar,  y  el  Rey  dio  seguro  al  Alcayde  é  á  to- 
dos los  moros  que  con  él  estaban  (1).  E  otro  día  sí- 
guíente  vino  el  Alcayde  é  despidióse  del  Rey,  é  con 
todos  sus  moros  se  fué  para  Granada ,  é  dexaron  li- 
bres aquellos  dos  castillos.  Los  quales  la  Reyna 
mandó  entregar  á  la  cibdad  de  Jaén ;  é  los  regido- 
res é  caballeros  y  escuderos  é  común  de  la  cibdad 
toviéronselo  en  señalada  merced  :  porque  quitados 
los  robos  é  muertes  é  captiverios  que  aquella  cibdad 
é  sus  comarcas  padescian  continamente  de  aquellas 
fortalezas,  dende  en  adelante  podían  salir  sin  peli- 
gro á  las  labores  del  campo,  y  estenderse  á  labrar  é 
criar  sus  ganados.  Tomadas  las  fortalezas  de  Cam- 
bil y  el  Harrabal,  el  Rey  vino  para  la  cibdad  de 
Jaén,  é  acordó  con  la  Reyna  que  el  Maestre  de 


{V  Zarita  dice  que  halló  en  memorias  antiguas ,  que  estos  dos 
castillos  se  tomaron  dia  de  San  Mateo,  el  mismo  dia  que  se  per- 
dieron en  tiempo  del  Rey  Don  Pedro,  año  1368.  Anal.,  1.  áQ,cap,  64. 


DON  FERNANDO 
Santiago ,  y  el  Marqués  de  Cáliz ,  é  Don  Alfonso  de 
Aguilar,  é  Rodrigo  de  ülloa  su  Contador  mayor,  é 
con  ellos  los  capitanes  de  sus  guardas  é  otros  caba- 
lleros del  Andalucía  con  quatro  mil  rocines  é  cinco 
mil  peones ,  fuesen  á  poner  segura  la  requa  de  los 
mantenimientos,  que  estaba  presta  para  bastecer  á 
Alhama. 

CAPÍTULO  LII. 

Como  el  Clavero  que  estaba  por  capitán  mayor  en  Alhama  tomó  la 
villa  de  Zalea. 

El  Clavero  de  Calatrava,  que  como  habemos  dicho 
era  capitán  mayor  en  la  cibdad  de  Alhama,  tenia 
contina  gueira  con  los  moros  de  las  cibdades  de  Gra- 
nada é  de  Loxa  ó  de  los  otros  lugares  comarcanos 
que  le  guerreaban,  especialmente  con  los  moros  de 
la  villa  de  Zalea,  que  era  á  dos  leguas  de  la  cibdad 
de  Alhama.  Los  quales  por  ser  tan  cercanos ,  se  po- 
nían en  los  lugares  encubiertos,  é  f acian  saltos ,  é 
mataban ,  ó  captivaban  muchas  veces  á  los  christia- 
nos  que  salían  de  la  cibdad ;  é  por  esta  causa  los 
constreñían  á  estar  encogidos,  que  no  osaban  salir 
della  salvo  con  grandes  guardas.  Un  día  vino  al  Cla- 
vero un  moro  de  Zalea,  é  díxole  que  le  faria  haber 
aquella  villa,  porque  estaba  dentro  un  su  hermano 
con  quien  él  tenia  trato  de  dar  entrada  en  la  forta- 
leza. El  Clavero ,  oído  el  of rescimiento  de  aquel  mo- 
ro ,  platicólo  con  algunos  capitanes  é  caballeros  que 
estaban  en  su  compañía ;  los  quales  conocida  la  gen- 
te que  estaba  en  la  fortaleza,  é  la  gran  guarda  que 
en  ella  ponían ,  pensaron  que  aquel  moro  venia  con 
algún  trato  engañoso  para  tomar  dentro  los  christia- 
nos  que  la  fuesen  á  tomar ;  ó  si  era  verdadero ,  cre- 
yeron que  seria  algún  pensamiento  liviano  que 
acaesce  figurarse  á  homes  de  poco  saber,  que  pien- 
san ser  f ácile  lo  que  es  dificile ;  é  pusieron  grandes 
inconvinientes  al  Clavero,  amonestándole  que  no 
creyese  lo  que  aquel  moro  decia.  Este  moro  fablaba 
con  solo  el  Clavero ,  é  quanto  mayores  dificultades  é 
inconvinientes  se  ponían  en  la  entrada,  tanto  la  fa- 
cía el  moro  mas  f  ácile ;  é  aseguraba  é  afirmaba  que 
no  había  peligro  alguno  en  la  entrada,  ni  en  su  tra- 
to había  engaño  ni  malicia.  El  Clavero  ovo  conoci- 
miento en  las  palabras  de  aquel  moro  que  no  traía 
trato  doble.  E  para  lo  mejor  esperimentar,  mandóle 
que  tornase  á  la  fortaleza  de  Zalea,  é  afirmase  bien 
el  trato  con  aquel  su  hermano  que  había  de  dar  lu- 
gar para  la  entrada,  é  volviese  luego  con  seguridad 
cierta  que  la  daría. 

Aquel  moro  fué  á  fablar  con  bu  hermano,  é  traxo 
seguridad  é  palabra  que  daría  la  entrada  ;  é  asentó 
con  él  la  noche  y  el  lugar  do  él  velaba,  por  donde 
echaría  un  cordel  para  subir  la  escala.  El  Clavero, 
vista  la  certinidad  que  aquel  moro  facía,  é  ansimes- 
mo  la  utilidad  que  se  síguiria  á  la  cibdad  de  Alha- 
ma si  aquella  villa  de  Zalea  se  ovíese,  é  consideran- 
do á  quánta  flaqueza  de  ánimo  le  sería  imputado 
si  dexase  perder  aquella  villa  que  con  tanta  confian- 
za se  le  ofrecía ,  informóse  primero  quánta  era  la 
gente  que  la  guardaba,  é  puso  escuchas  por  los  ca- 


E  DONA  ISABEL.  429 

minos ,  por  ver  si  entraba  gente  nueva  en  la  forta- 
leza. Espiadas  todas  las  cosas ,  é  informado  que  nin- 
guna gente  habia  entrado  de  nuevo  en  la  fortaleza, 
esforzó  la  gente  de  su  capitanía,  díciéndoles  que 
ninguna  loable  fazaña  podía  ser  dina  de  memoria 
do  no  interviniese  osadía  de  varones  que  aventura- 
sen la  vida  por  ganar  honra.  E  con  estos  é  semejan- 
tes esfuerzos  que  les  fizo,  les  quitó  la  dubda,  é  les 
puso  muy  grand  ánimo  para  acometer  qualquier  fa- 
zaña. E  venida  la  noche  que  aquel  moro  asentó  con 
el  otro  moro  su  hermano,  fueron  con  él  cierto  núme- 
ro de  caballeros  é  peones ;  é  con  las  escalas  é  otros 
pertrechos  necesarios  para  la  subida  fué  á  la  villa 
de  Zalea ,  é  por  el  camino  llevó  suelto  al  moro  que 
facía  el  trato.  E  como  llegó  cerca  de  la  fortaleza, 
mandóle  atar  las  manos,  é  ansí  atado  púsolo  al  pié 
de  la  fortaleza ,  por  la  parte  que  su  hermano  habia 
de  echar  la  cuerda.  E  fecha  la  señal  que  estaba  entre 
ellos,  el  moro  que  estaba  en  la  torre  velando  y  es- 
perando que  viniese  la  gente,  echó  la  cuerda ,  é  ata- 
da la  escala,  subióla  arriba,  é  subió  primero  por  ella 
un  escudero  que  se  llamaba  Gutierre  Muñoz ,  é  des- 
pués del  otro  que  se  llamaba  Pedro  de  Al  varado,  é 
luego  subieron  otros  escuderos.  E  como  fueron  pues- 
tos en  el  muro  tres  ó  quatro  dellos,  fueron  sentidos 
por  los  moros,  ó  luego  de  improviso  salieron  con 
paveses  é  lanzas,  é  comenzaron  á  pelear  con  aque- 
llos primeros  que  habían  subido;  y  estos,  aunque- 
pocos,  tovieron  tan  buen  esfuerzo,  que ficieron ros- 
tro á  los  moros ,  entretanto  que  los  otros  á  gran  prie- 
sa subían  por  socorrer  á  los  primeros  que  estaban 
ya  en  el  muro  peleando.  E  allí  acudieron  de  los  unos 
é  de  los  otros ,  é  los  moros  por  defender,  é  los  chris- 
tianos  por  ganar  del  todo  la  torre  é  un  pedazo  del 
muro ,  duró  entre  ellos  la  pelea  por  espacio  de  una 
hora;  en  la  qual  fueron  muertos  é  feridos  muchos 
de  los  moros  é  algunos  de  los  christianos.  Al  fin  los 
moros,  visto  que  los  christianos  estaban  apoderados 
de  las  torres ,  é  cada  hora  subían  mas  é  se  apodera- 
ban de  todo  lo  mas  del  muro,  fueron  vencidos  é  cap- 
tivos todos.  E  ansí  quedaron  los  christianos  apode- 
rados de  aquella  villa ;  lo  qual  sabido  por  la  Rey- 
na,  mandó  que  fuese  una  gran  requa  de  manteni- 
mientos con  gente  de  armas  para  la  bastecer. 

La  toma  desta  villa  por  estar  en  el  lugar  do  está 
asentada,  fizo  gran  daño  á  los  moros  que  estaban 
en  la  comarca ,  en  especial  á  los  de  la  cibdad  de  Ve- 
lez-Málaga ;  porque  todos  los  mas  días  era  guerrea- 
da de  los  christianos  que  allí  quedaron  en  guarni- 
ción. El  Rey  é  la  Reyna  proveídas  las  fronteras  del 
Andalucía,  partieron  para  el  Reyno  de  Toledo,  é 
acordaron  de  tener  el  invierno  en  la  villa  de  Alcalá 
de  Henares. 

CAPÍTULO  LIIL 

De  como  el  Rey  é  la  Reyna  partieron  del  Andalucía  ,  é  vinieron 
para  el  Reyno  de  Toledo. 

Porque  la  tierra  del  Andalucía  estaba  fatigada 
ansí  por  la  falta  de  mantenimientos  como  por  los 
otros  trabajos  que  los  moradores  della  sufrían  co« 


430 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


las  gentes  de  guerra  que  en  ella  habían  continado, 
el  Eey  é  la  Eeyna  acordaron  de  la  dexar  f  olgar  el 
invierno ,  ó  venir  al  Reyno  de  Toledo ,  para  que  las 
gentes  de  guerra  é  los  otros  que  venían  á  su  corte 
no  gastasen  los  mantenimientos  que  eran  necesarios 
para  el  verano  del  a£o  siguiente,  que  entendían  tor- 
nar á  la  cibdad  de  Córdoba  á  continar  la  conquista 
que  tenían  comenzada.  E  proveídas  las  fronteras  de 
los  moros  de  las  gentes  que  eran  necesarias  para 
guarda  de  la  tierra,  vinieron  á  la  villa  de  Alcalá  de 
Henares ,  é  con  ellos  el  Príncipe  Don  Juan ,  é  las 
Infantas  Dofia  Isabel  é  Doña  Juana  é  Doña  María 
sus  fijos ,  y  el  Cardenal  de  España ,  é  Don  Diego 
Hurtado  de  Mendoza,  Arzobispo  de  Sevilla,  é  todos 
los  otros  caballeros  é  perlados  é  oficiales  que  contí- 
naban  en  su  corte ,  la  qual  era  llena  de  gente.  Por- 
que allende  de  los  oficiales  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
el  Príncipe  tenia  donceles  é  pages  fijos  de  grandes 
señores  de  los  Reynos  de  Castilla  é  de  Aragón  é  Si- 
cilia ,  que  le  acompañaban ;  é  ansímesmo  todos  los 
oficiales  que  se  requerían  para  el  servicio  de  su  per- 
sona. Otrosí  cada  una  de  las  Infantas  apartadamen- 
te tenia  gran  copia  de  homes,  é  dueñas,  é  donce- 
llas, é  otras  personas  que  tenían  cargo  de  su  crianza 
é  de  las  cosas  que  se  requerían  á  su  servicio. 

Venidos  á  Alcalá,  la  Reyna  parió  á  la  Infanta 
Dofia  Catalina  (1)  Jueves  á  quince  días  de  Deciem- 
bre  deste  año  de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é 
cinco  años ;  é  ficiéronse  justas  é  fiestas  grandes.  El 
Cardenal  de  España  cuya  era  aquella  villa  da  Alca- 
lá, fizo  un  gran  combite  al  Rey  é  á  la  Reyna  é  á  to- 
dos los  caballeros  é  dueñas  é  doncellas  de  su  corte, 
por  honra  del  nascimíento  de  aquella  Infanta. 

Estando  en  aquella  villa,  porque  los  alcaldes  de 
la  corte  se  entremetían  á  usar  en  ella  de  la  jurisdic- 
ción real ,  el  Cardenal  de  España  alegó  que  no  lo 
debían  facer  en  la  tierra  de  su  Arzobispado,  según 
los  privilegios  de  los  Reyes  de  Castilla  é  la  costum- 
bre usada  é  guardada  en  este  caso  todos  los  tiem- 
pos pasados.  La  Reyna  repugnó  mucho  aquella  ale- 
gación que  por  el  Cardenal  se  fizo,  diciendo  que  la 
jurisdicción  superior  de  todos  sus  Reynos  era  suya,  é 
por  esta  superioridad  sus  oficíales  tenían  jurisdic- 
ción en  qualquier  lugar  de  sus  Reynos  do  estoviesen, 
aunque  fuese  de  Iglesia  ó  de  qualquier  de  las  órde- 
nes ,  ó  en  otra  qualquier  tierra  que  toviese  privilegio 
de  los  reyes  con  qualesquíer  prerogatívas  ó  faculta, 
des ;  las  quales  no  podían  ser  tales  que  derogasen  á 
la  superioridad  del  sceptro  real.  E  sobre  esta  mate- 
ria ovo  grandes  pláticas,  porque  la  Reyna  no  daba 
lugar  que  se  impidiese  la  superioridad  de  su  justi- 
cia ,  y  el  Cardenal  decía  que  en  sus  tiempos  no  daría 
lugar  que  la  Iglesia  perdiese  su  preeminencia.  E 
todo  el  tiempo  que  en  aquella  villa  estovíeron  duró 
esta  qüestion,  é  algunas  veces  juzgaban  los  del  Ar- 
zobispo,  é  otras  veces  juzgaban  los  de  la  Reyna. 
Fueron  tomados  por  parte  de  la  Reyna  algunos  tes- 
tigos, los  quales  depusieron  que  habían  visto  en 


(i)  Zurita  y  el  Sumario  de  Gaündez  señalan  el  nacimiento  dt 
ests  Princesa  i  16,  lib.  20,  cap,  61. 


otros  tiempos  usar  la  jurisdicción  real  en  las  tierras 
del  Arzobispado  quando  los  Reyes  estaban  en  ellas; 
los  quales  fueron  contradichos  por  parte  del  Carde- 
nal ,  é  al  fin  acordaron  que  se  viese  el  derecho  por 
letrados.  E  la  Reyna  nombró  para  lo  ver  cinco  do- 
tores  de  su  consejo  ;  é  por  el  Cardenal  fueron  nom- 
brados otros  cinco  letrados  Canónigos  de  la  Iglesia 
de  Toledo ,  para  que  estos  diez  sobre  juramento  que 
ficíesen,  determinasen  lo  que  por  derecho  se  fallase 
sobre  aquella  qüestion.  En  la  qual  por  estonces  no 
ovo  determinación  alguna,  por  el  impedimento  de 
los  jueces,  é  porque  el  Rey  é  la  Reyna  partieron 
luego  de  aquella  villa  de  Alcalá  para  allende  los 
puertos. 

Otrosí,  porque  en  la  corte  se  trataban  muchos 
pleytos  é  causas  ante  los  del  consejo ,  los  quales  eran 
tantos  é  de  tantas  calidades,  que  impedían  á  los  del 
consejo  que  no  pudiesen  entender  en  las  cosas  que 
ocurrían  é  habían  de  librar  por  expediente ;  la  Rey- 
na acordó  que  todos  los  pleytos  que  eran  entre  par- 
tes é  pendían  en  su  corte  ante  los  de  su  consejo  por 
demanda  é  respuesta,  se  remitiesen  á  su  chancillería 
que  estaba  en  Valladolid.  En  la  qual  puso  por  Pre- 
sidente á  Don  Alfonso  de  Fonseca,  Arzobispo  de 
Santiago,  é  con  él  ocho  doctores  de  su  consejo.  B 
mandó  que  ansí  los  pleytos  que  fuesen  de  todo  el 
Reyno  por  apelación ,  como  los  otros  que  eran  casos 
de  corte,  fuesen  á  se  tratar  é  difinir  en  la  chancille- 
ría;  porque  los  del  consejo  que  con  ella  estaban  que- 
dasen libres  para  entender  en  laa  mas  cosas  que 
ocurrían  en  su  corte. 

CAPÍTULO  LIV. 

De  la  embalada  que  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  i  Roma. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  villa  de  Alcalá, 
el  Papa  Inocencio  Octavo  embió  un  mensagero  á  le 
recontar  las  inobediencias  é  rebeliones,  guerras  é 
otros  daños  que  el  Rey  Don  Fernando  de  Ñápeles 
había  cometido  en  los  tiempos  pasados  contra  la 
Silla  Apostólica ;  en  los  quales  perseveraba  de  pre- 
sente, porque  de  lo  pasado  no  ovo  pena  condina  á 
sus  deméritos,  é  que  favorescia  la  una  parcialidad 
de  Italia,  á  solicitaba  á  algunos  Cardenales  é  á  otros 
Señores  que  le  fuesen  desobedientes  ;  ó  que  no  pa- 
gaba el  tributo  que  era  obligado  á  pagar  cada  un 
año  por  razón  de  aquel  reyno  que  tenía  y  era  tribu- 
tario á  la  Iglesia  Romana;  é  que  la  rebelión  que  te- 
nia había  cerrado  la  puerta  de  la  clemencia  que  con 
él  se  debía  usar.  Lo  qual  les  facía  saber,  porque  si 
contra  él  procedía  á  privación  del  señorío  de  aquel 
reyno,  é  otras  qualesquíer  penas  de  que  él  era  me- 
rescedor,  conociesen  que  como  el  Rey  Don  Feman- 
do perseveraba  en  sus  yerros ,  ansí  bien  el  Papa  no 
se  podía  escusar  de  los  castigar.  Otrosí  el  Rey  Don 
Fernando  les  embió  un  su  embaxador,  con  el  qual 
les  notificó  que  el  Papa,  debiendo  ser  padre  de  paz  ó 
caresciente  de  toda  afición,  había  despertado  las  vie- 
jas qüestiones  de  Italia,  é  había  fecho  otras  de  nue- 
vo ;  é  que  mostrándose  favorable  al  bando  de  los  de 
Colona,  habia  procedido  contra  la  parte  de  los  Ür- 


í)ON  FEENANDO 
sinos,  é  habia  prendido  dos  Cardenales,  é  solicitan- 
do algunos  varones  é  otros  caballeros  é  cibdades  é 
villas  de  su  reyno  de  Ñapóles  para  que  rebelasen 
contra  él,  le  habia  movido  guerra  injusta,  por  la 
qual  le  fué  necesario  ponerse  en  armas,  no  para 
ofender  á  la  Silla  Apostólica,  mas  para  defender  su 
persona  y  estado,  ó  para  proceder  contra  aquellos 
sus  subditos  que,  instigados  por  el  Papa,babian  re- 
belado contra  él.  Por  ende  les  rogaba,  por  los  deb- 
dos  de  sangre  é  por  la  amistad  que  con  él  tenian, 
que  embiasen  á  mandar  á  su  reyno  de  Sicilia,  é  ala 
cibdad  de  Barcelona,  é  á  las  otras  islas  de  su  seño- 
río, que  le  favoreciesen  con  gentes  ó  navios  é  con 
las  otras  cosas  que  oviese  necesidad ,  para  se  defen- 
der de  la  guerra  que  el  Papa  le  facia.  El  Key  é  la 
Reyna,  oidas  las  querellas  de  la  una  é  de  la  otra  par- 
te, ovieron  grande  enojo;  especialmente  porque 
eran  informados  de  los  que  de  aquellas  partes  ve- 
nían como  la  guerra  era  grande  entre  el  Papa  y  el 
Rey  Don  Fernando  ;  el  qual  habia  perdido  la  cibdad 
del  Águila,  é  otras  algunas  cibdades  é  señoríos  de 
BU  reyno.  E  que  algunos  varones  é  caballeros  sus 
subditos  habían  rebelado  contra  él,  diciendo  que  no 
podían  sufrir  el  duro  señorío  que  usaba  con  ellos;  é 
por  otras  algunas  sinrazones  que  alegaban  haber  re- 
cebido  en  los  tiempos  pasados  del  é  de  sus  fijos,  é 
que  decían  ser  intolerables.  E  por  estas  causas  ha- 
bían enviado  á  llamar  al  Duque  de  Lorena,  nieto 
del  Rey  Reínel ,  á  quien  decían  que  pertenecía  aquel 
reyno ,  para  le  tomar  por  Rey,  con  gente  é  favor  que 
el  Rey  de  Francia  su  primo  le  daba.  E  ansí  por  esta 
causa  que  era  grande  ó  muy  ardua ,  como  porque,  se- 
gún habemos  recontado  en  las  cosas  del  año  pasa- 
do ,  el  colegio  de  los  Cardenales  habia  elegido  por 
Padre  Santo  á  este  Inocencio  Octavo  por  fin  del 
Papa  Sixto ,  é  porque  la  costumbre  era  de  embiar  su 
obediencia  al  nuevo  Pontífice :  acordaron  de  embiar 
por  embaxador  á  aquellas  partes,  con  el  cargo  destas 
cosas,  á  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Conde  de 
Tendilla;  porque,  allendo  de  ser  caballero  esforza- 
do ,  era  bien  mostrado  en  las  letras  latinas ,  é  home 
discreto  é  de  buena  prudencia  para  semejantes  ne- 
gocios. Y  embiaron  con  él  á  un  dotor  de  su  conse- 
jo que  se  llama  Juan  de  Medina.  Este  Conde  acep- 
tó el  cargo  que  el  Rey  é  la  Reyna  le  dieron ,  é  fizo 
grandes  gastos  en  los  arreos  quo  llevó  de  su  persona 
é  para  las  gentes  que  fueron  en  su  compañía.  E  co- 
mo llegó  á  la  cibdad  de  Florencia  é  vido  la  gran 
guerra  que  sobre  estas  cosas  había  en  Italia,  embió 
sus  mensageros  al  Papa  á  le  notificar  su  venida  y  el 
cargo  que  el  Rey  é  la  Reyna  le  habían  dado.  E  por- 
que era  servicio  de  Dios  é  conservación  de  la  pre- 
eminencia que  á  Su  Santidad  era  debida,  le  suplica- 
ba mandase  cesar  la  guerra  por  algunos  días,  fasta 
que  él  oviese  propuesto  ante  Su  Santidad  el  cargo  de 
la  embazada  que  por  mandado  del  Rey  é  de  la  Rey- 
na traía.  El  Papa ,  oido  lo  que  el  Conde  le  embió  á 
decir,  como  quier  que  estaba  poderoso  de  gente  para 
proceder  contra  el  Rey  Don  Femando ,  al  qual  la 
fortuna  por  estonces  era  contraria,  por  la  guerra  que 
le  facían  los  suyos  dentro  de  su  reyno,  é  por  la  que 


É  DOtA  ISABEL.  431 

sufría  por  los  que  lo  eran  contrarios  defuera ;  poro 
por  la  grand  estimación  en  que  eran  tenidos  el  Rey 
é  la  Reyna,  conoscido  por  el  Papa  como  no  les  pla- 
cía del  daño  que  el  Rey  Don  Fernando  recebía ,  ni 
del  que  adelante  recibiese ,  é  que  le  habían  de  ayu- 
dar á  sostener  su  estado,  condescendió  ala  suplica- 
ción que  el  Conde  de  su  parte  le  fizo.  E  asentóse  en- 
tre las  partes  suspensión  de  guerra  por  días  limita- 
dos ;  en  los  quales  el  Conde  f  abló  secretamente  con 
el  Papa  é  con  algunos  caballeros  que  el  Rey  Don 
Fernando  le  embió.  E  después  de  algunas  pláticas 
habidas  con  los  unos  é  con  los  otros,  el  Conde  con- 
cluyó la  paz  con  ciertas  obligaciones  fechas  por  la 
una  parte  ó  por  la  otra  ;  de  las  quales  la  historia  no 
face  aquí  mención,  salvo  que  el  Rey  Don  Fernando 
é  sus  subcesores  en  aquel  reyno  pagasen  dende  en 
adelante  cada  año  al  Papa  quarenta  é  ocho  mil  du- 
cados de  tributo,  por  razón  del  feudo  que  eran  obli- 
gados á  dar  á  la  Iglesia  Romana;  é  que  el  Papa  fi- 
cíese  restituir  al  Rey  Don  Fernando  las  cibdades 
é  villas  que  se  habían  rebelado  contra  él ,  é  ficiese 
tornar  á  su  obediencia  los  caballeros  é  varones  que 
se  habían  subtraido  de  su  señorío.  E  por  la  seguri- 
dad que  fué  menester  para  cumplir  las  otras  cosas 
que  se  asentaron,  fueron  puestas  en  poder  deste 
Conde  de  Tendilla  algunas  fortalezas  de  ambas  las 
partes  por  corto  tiempo.  Y  en  esta  manera  el  Rey 
Don  Fernando,  mediante  el  favor  que  el  Rey  é  la 
Reyna  le  embiaron ,  é  la  industria  é  trabajos  de 
aquel  Conde,  fué  libre  del  infortunio  que  estaba 
aparejado  contra  su  persona  é  contra  su  estado. 
Asentada  la  paz  de  Italia  en  la  manera  que  habe- 
mos  dicho ,  el  Conde  y  el  Dotor  Juan  de  Medina  que 
después  fué  Obispo  de  Astorga,  estando  el  Papa  en 
su  consistorio  con  todos  los  Cardenales ,  le  presen- 
taron la  obediencia  con  gran  solemnidad  de  parte 
del  Rey  é  de  la  Reyna ,  é  de  los  Reynos  de  Castilla 
é  de  León  é  de  Aragón  é  de  Sicilia  é  de  Valencia  é 
de  Cataluña,  con  todas  las  islas  é  otros  señoríos  que 
poseían. 

En  el  mes  de  Marzo  deste  año  (1)  ovo  eclísis  en 
el  sol,  é  las  gentes  estovieron  muy  temorizadas  de 
la  fortuna  que  algunos  astrólogos  dixeron  que  ha- 
bía de  haber  en  la  tierra.  Después  en  los  meses  de 
Noviembre  é  Deciembre  siguientes,  ovo  tantas  é  tan 
contínas  lluvias  generalmente  en  todo  el  Reyno, 
que  la  mayor  parte  de  los  ganados  de  todas  mane- 
ras perescieron.  Otrosí  cayeron  muchas  casas  é  mu- 
chos edificios,  especialmente  los  que  eran  nueva- 
mente fechos  ;  é  los  ríos  crescieron  tanto,  que  der- 
ribaron los  lugares  que  estaban  cercanos  á  ellos ,  é 
destruyeron  por  gran  tiempo  todas  las  dehesas  ó 
huertas  é  viñas  que  estaban  en  las  riberas ;  é  lleva- 
ron todas  las  presas  é  molinos  é  azeñas  é  muchas 
puentes  é  todos  quantos  edificios  estaban  fundados 
en  los  rios  é  sobre  los  arroyos ;  é  ahogáronse  mu- 
chas vacas  é  yeguas  que  andaban  en  las  riberas. 

(1)  Fué  este  eclipse  á  16  de  Mamo,  Tlsible  en  Europa,  África  y 
Asia  al  O.,  centr.  39, 45,  y  debió  empezar  á  observarse  á  las  tres  y 
inedia  de  la  tarde  según  el  meridiano  de  Madrid. 


432 


CKÓNIOAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Especialmento  el  rio  de  Guadalquivir  cresció  tan- 
to cerca  de  la  cibdad  de  Sevilla ,  que  entró  por  el 
monesterio  de  las  Cuevas,  é  derribó  é  destruyó  toda 
la  mayor  parte  del.  Otrosí  murieron  muchos  vena- 
dos é  ciervos  é  puercos  monteses ;  é  con  las  aguas 
manaron  los  silos  é  dañóse  mucho  pan,  é  ahogáronse 
muchos  homes,  é  llevaron  los  rios  todos  los  barcos; 
é  las  gentes  no  osaban  andar  por  las  calles  por  la 
gran  tormenta  de  las  aguas,  ni  estar  en  las  casas  de 
miedo  que  no  se  cayesen.  E  fueron  inumerables  los 
daños  y  estragos  que  las  aguas  ficieron  en  este  año, 
tales  que  memoria  de  homes  no  se  acordaron  ver 
ni  oir  lo  semejante.  E  valiendo  una  fanega  de  tri- 
go tres  reales,  llegó  á  valer  una  fanega  de  fariña  en 
algunas  cibdades  veinte  reales  por  falta  de  molien- 
das. Y  esto  mesmo  acaeció  en  los  reynos  de  Aragón 
é  Portogal  y  en  algunas  partes  de  Italia.  Después 
en  el  mes  de  Julio  é  Agosto  é  Setiembre  é  Otubre 
siguientes,  ovo  tantas  dolencias  de  calenturas  ge- 
neralmente en  todo  el  Reyno  ,  que  con  verdad  se 
puede  decir  no  haber  persona  que  escapase  sin  do- 
lencia, la  qual  imprimió  mas  en  los  niños,  porque 
muchos  fallecieron.  Y  en  algunas  cibdades  é  tierras 
ovo  gran  pestilencia. 

Este  año,  continándose  la  inquisición  comenzada 
en  el  Reyno  contra  los  christianos  que  hablan  seydo 
de  liuage  de  judies,  é  tornaban  á  judaizar,  se  falla- 
ron en  la  cibdad  de  Toledo  algunos  homes  é  muge- 
res  que  escondidamente  facian  ritos  judaicos.  Los 
quales  con  grand  ignorancia  é  peligro  de  sus  áni- 
mas, ni  guardaban  una  ni  otra  ley;  porque  no  se 
circuncidaban  como  judíos  según  es  amonestado  en 
el  Testamento  viejo.  E  aunque  guardaban  el  Sábado 
é  ayunaban  algunos  ayunos  de  los  judíos,  pero  no 
guardaban  todos  los  Sábados,  ni  ayunaban  todos  los 
ayunos,  é  si  facian  un  rito  no  facian  otro.  De  ma- 
nera que  en  la  una  y  en  la  otra  ley  prevaricaban  ;  é 
fallóse  en  algunas  casas  el  marido  guardar  algunas 
cerimonias  judaicas,  é  la  muger  ser  buena  christia- 
na,  y  el  un  fijo  ser  buen  christiano,  y  el  otro  tener 
opinión  judaica ;  é  dentro  de  una  casa  haber  diver- 
sidad de  creencias,  y  encubrirse  unos  de  otros.  Des- 
tos  fueron  reconciliados  á  la  fe  muchos,  é  fueron 
recebidos  á  la  Iglesia ,  é  les  fueron  dadas  peniten- 
cias á  cada  uno ,  según  la  confesión  que  fizo.  Algu- 
nos otros  fueron  condemnados  á  cárcel  perpetua,  ó 
otros  fueron  quemados.  E  porque  en  este  caso  d© 
la  heregía  se  recebian  testigos  moros  é  judíos  é  sier- 
vos é  homes  infames  é  raeces,  é  por  los  dichos  des- 
tos  tales  eran  presos  algunos  é  condemnados  á  pena 
de  fuego,  se  fallaron  en  esta  cibdad  algunos  judíos 
homes  pobres  é  raeces  que  por  enemistad  ó  por  ma- 
licia depusieron  falso  testimonio  contra  alguno  de 
los  conversos  ,  diciendo ,  que  los  vieron  judaizar.  E 
sabida  la  verdad  la  Reyna  mandó  que  fuesen  justi- 
ciados por  falsarios,  é  fueron  apedreados  é  atenaza- 
dos ocho  judíos. 


CAPÍTULO  LV. 

De  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  de  mil  é  quatroeientos  é 
ochenta  é  seis  años.  E  primeramente  de  las  guarniciones  que 
se  mandaron  poner  contra  el  Conde  de  Lémos, 

Recontado  habemos  en  esta  crónica  el  debate  que 
había  entre  Don  Rodrigo  Alonso  Pimentel ,  Conde 
de  Benavente,  é  Don  Rodrigo  Osorio,  Conde  de  Lé- 
mos ,  é  como  el  Rey  fué  á  la  cibdad  de  Astorga  ó 
puso  tregua  entre  ellos,  é  tomó  la  villa  de  Ponfer- 
rada ,  é  la  entregó  á  un  caballero  que  se  llamaba 
Jorge  de  Avendafio ,  para  que  la  toviese  fasta  que 
por  justicia  se  determinase  en  su  Consejo  quien  de- 
bía subceder  en  el  señorío  de  aquel  mayoradgo.  Es- 
te Conde  Don  Rodrigo  Osorio,  visto  que  el  Rey  é  la 
Reyna  se  absentaron  de  aquella  tierra,  no  esperó  la 
determinación  que  por  justicia  se  había  de  facer, 
mas  tovo  atrevimiento  de  cercar  la  fortaleza  do 
aquella  villa  de  Ponferrada  é  tomóla  por  fuerza  de 
armas  al  alcaide  que  la  tenia.  De  lo  qual  la  Reyna 
ovo  grand  indinacion  por  haber  osadía  de  combatir 
la  fortaleza  que  estaba  por  el  Rey  é  por  ella.  E  con 
propósito  de  castigar  la  inobediencia  de  aquel  Con- 
de, é  dar  exemplo  á  otros  que  no  cometiesen  seme- 
jante crimen,  como  quiera  que  el  tiempo  de  ir  á  la 
guerra  de  los  moros  se  abreviaba,  pero  acordó  de 
pasar  los  puertos,  é  ir  á  aquellas  partes  fasta  la  vi- 
lla de  Medina  del  Campo.  Y  embió  á  mandar  á  aquel 
Conde  Don  Rodrigo,  que  dexase  libremente  la  villa 
ó  viniese  ante  el  Rey  é  ante  ella,  á  dar  razón  en  el 
crimen  que  había  cometido  en  la  combatir  é  tomar. 
Aquel  Conde,  por  consejo  de  algunos  caballeros  de 
Galicia,  rebeló  á  los  mandamientos  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  é  púsose  en  armas,  é  fizo  algunos  robos  é 
fuerzas  por  la  comarca  para  bastecer  aquella  villa  ó 
las  otras  fortalezas  que  tenia  en  el  Reyno  de  Gali- 
cia. La  Reyna,  como  quier  que  estaba  en  propósito 
de  ir  en  persona  á  proceder  contra  él,  pero  dexólo 
por  estonces,  á  fin  de  ir  á  la  guerra  de  los  moros; 
para  la  qual  el  invierno  pasado  había  mandado 
aparejar  el  artillería  é  las  otras  cosas  necesarias.  E 
por  esta  causa  dio  cargo  al  Conde  de  Benavente  do 
la  capitanía  mayor  en  aquella  tierra ,  con  el  qual 
mandó  que  estoviesen  algunas  gentes  de  armas,  an- 
sí de  las  comarcas  como  de  las  Hermandades  é  de 
las  otras  que  andaban  en  su  guarda,  E  pusieron 
guarnición  de  gente  en  los  lugares  cercanos  de  la 
villa  de  Ponferrada,  porque  aquel  Conde  Don  Ro- 
drigo é  las  gentes  que  con  él  estaban  no  oviesen  lu. 
gar  de  facer  daño  en  las  comarcas.  E  luego  el  Rey 
é  la  Reyna  partieron  de  Medina ,  é  fueron  para  la 
cibdad  de  Córdoba. 

CAPÍTULO  LVI. 

Sígnense  las  cosas  que  en  la  guerra  contra  los  moros  acaecieron 
en  el  año  de  mil  é  quatroeientos  é  ochenta  é  seis  afios. 

El  Rey  é  la  Reyna,  como  partieron  de  la  villa  de 
Medina  del  Campo,  vinieron  para  la  cibdad  de  To- 
ledo donde  estovieron  algunos  dias  provey wdg  em 


DON  FERNANDO 
ia  administración  de  la  justicia  y  en  otras  cosas 
que  entendieron  ser  necesarias  en  aquellas  partes. 
E  luego  partieron  de  aquella  cibdad ,  é  fueron  á  la 
cibdad  de  Córdoba,  é  mandaron  aderezar  el  artille- 
ría, é  traer  los  mantenimientos  é  las  otras  cosas  que 
eran  menester  para  la  guerra.  E  como  los  caballeros 
é  capitanes,  é  la  gente  de  pié  é  de  caballo  que  ha- 
blan embiado  á  llamar  fué  junta ,  el  Eey  con  toda 
BU  hueste  partió  de  Córdoba.  E  vino  este  año  á  le 
servir  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Duque  del  In- 
f  antadgo,  el  qual  traxo  de  la  gente  de  su  casa  qui- 
nientos homes  de  armas  á  la  gineta  é  á  la  guisa,  é 
los  peones  de  su  tierra  que  le  mandaron  traer;  é  fizo 
grandes  costas  en  los  arreos  de  su  persona,  é  de  los 
fijos-dalgo  que  vinieron  con  él.  Entre  los  quales  se 
fallaron  cinqüenta  paramentos  de  caballo  de  paño 
brocados  de  oro,  é  todos  los  otros  de  seda,  é  los  otros 
arreos  de  guarniciones  muy  ricas.  Vinieron  ansi- 
mesmo  por  llamamiento  del  Rey  é  de  la  Reyna  peo- 
nes de  Galicia ,  é  de  las  Asturias ,  é  de  Vizcaya,  é 
Guipúzcoa,  é  de  todos  los  otros  valles  é  tierras  que 
son  en  aquellas  montañas,  y  en  Castilla  vieja,  é  al- 
gunos de  los  homes  de  armas  que  vivian  en  tierra 
de  Burgos,  y  en  todas  las  otras  cibdades  é  villas  del 
Reyno.  Otrosí  la  gente  de  armas  que  embió  el  Car- 
denal de  España  con  uno  de  sus  capitanes  que  se 
llamaba  Juan  de  Villanufio,  é  la  de  los  Maestres  de 
Calatrava  é  Alcántara,  é  del  Duque  de  Alburquer- 
que.  Otrosí ,  con  propósito  de  servir  á  Dios  é  al  Rey 
é  á  la  Reyna,  vino  este  año  del  Reyno  de  Ingala- 
terra  un  caballero  que  se  llamaba  Conde  de  Esca- 
las, home  de  grand  estado  é  de  la  sangre  real,  é  tra- 
xo en  su  compañía  fasta  cien  Ingleses  archeros  é 
homes  de  armas  que  peleaban  á  pié  con  lanzas,  é  ha- 
chas de  armas.  Vinieron  ansimesmo  algunos  Fran- 
ceses con  deseo  de  servir  á  Dios  en  aquella  guerra, 
é  con  todas  estas  gentes  que  serian  fasta  doce  mil 
homes  á  caballo,  é  quarenta  mil  peones  ballesteros 
é  lanceros  y  espingarderos ,  otrosí  con  número  de 
setenta  mil  bestias  de  requage  que  llevaban  loa 
mantenimientos,  el  Rey  llegó  al  rio  de  las  Yeguas. 
E  la  Reyna  mandó  luego  partir  el  artillería,  que  lle- 
vaban dos  mil  carros;  delante  del  artillería  iban 
otros  seis  mil  peones  con  hazadas  é  picos  de  fierro 
allanando  los  lugares  altos,  é  quebrantando  algunas 
peñas  que  impedían  el  paso  á  los  carros.  Y  en  esto 
se  ponían  grandes  fuerzas,  con  las  quales  se  vencía 
la  natura  de  las  peñas,  é  la  aspereza  de  las  cuestas 
altas,  é  las  igualaban  con  los  llanos ;  iban  ansimes- 
mo maestros  que  facían  puentes  de  madera  para  pa- 
sar las  acequias  é  arroyos. 

Junta  toda  la  hueste  en  el  rio  de  las  Yeguas,  el 
Rey  ovo  nueva  en  como  el  Rey  de  Granada  mozo, 
que  se  llamaba  Muley  Bahabdeli,  no  embargante  la 
fidelidad  que  prometió  y  el  juramento  que  fizo  de 
ser  vasallo  del  Rey  é  de  la  Reyna ,  é  de  complir  sus 
mandamientos,  olvidadas  las  mercedes  que  de  la 
Reyna  continamente  recebia,  había  quebrantado  la 
fe  que  dio  é  la  promesa  que  fizo,  é  se  había  juntado 
con  el  Rey  su  tío,  é  habían  partido  el  Reyno  de  Gra- 

p^»  para  lo  defender,  é  facer  guerra  6  Castilla;  é 


É  DOÑA  ISABEL.  433 

que  este  Rey  mozo  se  había  puesto  con  gente  esco- 
gida de  pié  é  de  caballo  en  la  cibdad  de  Loxa  para 
la  defender,  porque  recelaba  que  el  Rey  la  quería 
tomar  á  cercar. 

CAPÍTULO  LVIL 
Como  se  puso  el  real  sobre  la  eibdad  de  Loxa. 

El  Rey  é  la  Reyna  que  estaban  sentidos  del  des- 
barato pasado  que  se  ovo  en  el  real  de  Loxa,  tenían 
pensamiento  secreto  de  la  mandar  sitiar.  E  ansí  por 
esto ,  como  porque  ni  la  provisión  de  las  villas  ga- 
nadas, ni  la  conquista  de  las  por  ganar  se  podia  bien 
facer,  si  aquella  cibdad  no  se  oviese ,  según  la  co- 
marca donde  estaba,  mandaron  este  año  facer  gran- 
des diligenciase  gastos,  ansí  en  adobar  el  artillería, 
como  en  juntar  mayor  número  de  gentes  á  caballo  é 
á  pié ,  á  los  quales  se  publicó  en  como  el  propósito 
del  Rey  é  de  la  Reyna  era  cercar  la  cibdad  de  Lo- 
xa. Algunos  que  conocían  el  asiento  é  fortaleza  de 
aquella  cibdad ,  informados  de  la  gente  de  moros 
que  en  ella  estaba  para  la  defender ,  recelando  que 
la  gente  no  recibiese  mayor  daño  en  el  cerco  que 
agora  se  pusiese,  que  ovo  en  el  que  antes  se  había 
puesto ,  suplicaron  al  Rey  que  mirase  mejor  como 
mandaba  sitiar  cibdad  de  tan  áspero  asiento,  é  don- 
de tanta  gente  de  guerra  estaba  para  la  defender. 
Porque  según  habían  visto  no  podia  ser  bien  cerca- 
da, sin  poner  sobre  eUa  tres  reales,  é  cada  uno  for- 
necido  de  tanta  gente  que  pudiese  pelear  con  el  po- 
derío de  Granada,  porque  la  gente  del  un  real  no 
podia  socorrer  al  otro,  si  mucha  gente  de  moros  de 
los  que  estaban  cerca  viniesen  á  la  socorrer.  E  que 
si  la  experiencia  de  las  cosas  pasadas  era  doctrina 
en  las  por  venir,  el  daño  que  allí  se  recibió  amones* 
taba  lo  que  se  debía  facer  para  no  recebir  otro  ma- 
yor. Por  ende  que  les  parecía  que  se  debía  poner 
cerco  sobre  otra  villa ,  que  con  menor  aventura  se 
pudiese  sitiar.  El  Rey,  oída  aquella  razón  respondió 
que  el  desbarato  que  se  ovo  en  aquel  cerco,  ni  se  de- 
bía imputar  á  la  flaqueza  de  sus  caballeros ,  ni  á  la 
fortaleza  de  los  moros,  mas  á  la  dispusicion  de  los 
lugares  do  acaesció  el  desbarato  pasado;  el  qual  an- 
sí como  estonces  fizo  victoriosos  á  los  contrarioSj 
ansí  f aria  agora  maestros  á  los  suyos  para  saber 
mejor  guardarse  de  los  daños  que  se  podrían  haber 
por  la  dispusicion  del  lugar.  E  porque  él  era  bien 
informado  en  qué  lugar  se  podría  asentar  su  real 
para  seguridad  de  sus  gentes ,  la  voluntad  suya  ó 
de  la  Reyna  era  de  poner  todavía  sitio  sobre  aque- 
lla cibdad;  porque  entendía,  según  la  comarca  do 
estaba  asentada,  que  ni  se  podría  bien  continar  la, 
conquista  comenzada  contra  todo  el  Reyno  de  Gra- 
nada, ni  menos  habría  seguridad  para  las  tierras  de 
los  christianos  que  son  en  la  comarca ,  si  primero 
aquella  cibdad  no  se  ganase.  Los  caballeros  é  todos 
los  otros  capitanes,  conoscida  la  voluntad  del  Rey  ó 
de  la  Reyna,  se  dispusieron  al  trabajo  é  aventura 
de  aquel  cerco.  E  luego  el  Rey  partió  del  rio  de  laa 
Yeguas  con  toda  la  hueste ,  é  sus  batallas  ordena- 
das, UesO  á  potter  su  real  cer9a  de  una  peña  que  e? 


434 


•  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dice  de  los  Enamorados  (1) ;  é  mandó  poner  gran- 
des guardas  por  todos  los  caminos  é  partes  donde 
los  moros  pudieran  ser  avisados  de  su  venida.  Es- 
tando en  aquel  real,  acordó  con  los  caballeros  é  ca- 
pitanes de  su  hueste ,  que  fuesen  en  la  delantera 
cinco  mil  homes  á  caballo  é  doce  mil  peones  con  el 
Maestre  de  Santiago,  é  con  el  Marqués  de  Cáliz ,  é 
con  los  Condes  de  Cabra,  é  de  Urueña,  é  con  Don 
Alonso  de  Aguilar,  é  con  el  Adelantado  del  Anda- 
lucía, é  con  otros  capitanes ;  é  que  estos  caballeros 
trabajasen  de  pasar  adelante  de  la  cibdad  á  la  par- 
te de  Granada,  é  asentasen  real  junto  con  la  cuesta 
que  decían  de  Sancto  Albohacen.  El  Rey  con  toda 
la  hueste  siguió  el  camino  que  aquellos  caballeros 
llevaban ,  para  asentar  su  real  desta  otra  parte  de  la 
cibdad ,  porque  de  ambas  partes  fuese  cercada.  Co- 
mo estos  caballeros  que  vinieron  en  la  delantera 
fueron  cerca  de  la  cibdad,  comenzaron  algunos  de- 
llos  á  pasar  las  acequias  é  otros  pasos  ásperos  que 
están  en  el  valle  baxo  de  la  sierra  cercano  á  la  cib- 
dad ;  pero  no  pudieron  pasar  sino  muy  pocos  por 
la  grand  estrechura  é  fondura  que  habia  en  los  pa- 
sos por  do  pasaban.  Estos  caballeros ,  como  viesen 
el  peligro  en  que  estaban  por  no  poder  ser  socorri- 
dos de  los  christianos  si  los  moros  de  la  cibdad  sa- 
liesen contra  ellos,  ovieron  acuerdo  de  tornar  á  se 
juntar  con  la  otra  gente,  que  aun  no  habia  pasado; 
pero  no  ovieron  lugar  de  lo  facer  por  los  lugares 
que  primero  hablan  pasado ,  sin  gran  pena  é  peli- 
gro, porque  los  moros  de  la  cibdad  comenzaban  ya 
á  salir  contra  ellos.  E  visto  el  daño  que  geles  apa- 
rejaba, acordaron  de  se  apear  de  los  caballos  é  lle- 
varlos de  diestro  ;  é  rodeando  por  otra  parte  de  la 
sierra  por  lugares  muy  ásperos ,  se  juntaron  con  las 
otras  gentes,  las  quales,  veyendo  el  gran  trabajo  que 
liabian  en  el  pasar  de  la  gente  por  aquel  lugar,  fi- 
cieron  pontones  de  madera  por  donde  la  gente  pa- 
sase. Entretanto  el  Rey  llegó  con  toda  la  hueste  ;  é 
porque  habia  peligro  en  asentar  el  real ,  mandó  re- 
partir la  gente ,  unos  que  estoviesen  en  la  guarda 
para  pelear  con  los  moros,  otros  que  asentasen  las 
tiendas.  Los  moros  como  vieron  que  el  real  se  asen- 
taba en  partes  donde  recebirian  daño,  salieron  de  la 
cibdad  á  pelear  con  los  christianos  por  aquella  par- 
te de  la  cuesta  de  Sancto  Albohacen,  donde  la  otra 
vez  ovieron  la  victoria.  E  los  christianos  que  esta- 
ban apercebidos,  descendieron  de  la  cuesta  do  es- 
taban, é  comenzóse  la  escaramuza  entre  ellos,  que 
duró  por  espacio  de  dos  horas;  en  las  quales  los  mo- 
ros pelearon  con  gran  fuerza,  porque  la  dispusicion 
de  loa  lugares  do  peleaban ,  era  grand  ayuda  para 
se  defender  é  ofender.  Las  gentes  que  estaban  en 
las  otras  partes ,  aunque  no  podian  venir  á  socorrer 
á  los  que  peleaban  por  la  grand  aspereza  de  los  lu- 
gares é  malos  pasos  que  habia  de  las  unas  cuestas  á 
las  otras ;  pero  entretanto  que  por  aquella  parte  pe- 
leaban, comenzaron  ellos  á  talar  las  viñas  é  huertas 
é  árboles  que  estaban  en  el  circuito  de  la  cibdad ,  ó 

(1)  Es  un  monte  así  llamado  A  medio  eamiao  entre  Archidona 
^'Antoqncra.  La  historia  que  tiió  lugar  á  este  nombre,  trae  Naria- 
pa, /(/•,  19,  cíí;.,  /(//, 


cometían  á  entrar  los  arrabales.  Los  moros  que  pe- 
leaban en  aquella  parte,  por  socorrer  á  estotra  parte 
délos  arrabales,  aflojaron  en  la  pelea  que  facían,  é 
retrasáronse  á  la  cibdad,  é  los  christianos  empos  de- 
Uos,  tirándoles  lanzas  y  espingardas  ó  saetas ,  fasta 
que  los  metieron  por  el  arrabal.  En  aquella  pelea 
se  fallaron  muertos  muchos  homes  é  caballos,  ansí 
de  los  unos  como  de  los  otros ;  é  allí  fué  f erido  el 
Rey  moro  de  dos  feridas.  E  al  fin  se  asentaron  por 
fuerza  las  estanzas  de  aquellos  caballeros  é  capita- 
nes con  las  gentes  que  llevaban,  en  aquel  lugar  que 
es  cerca  de  la  cuesta  de  Sant  Albohacen,  porque  los 
moros  no  lo  pudieron  resistir. 

CAPÍTULO  LVIII, 

Gumo  se  combatieron  los  arrabales  de  Losa ,  y  se  entregó 
la  cibdad. 

Asentado  el  real  sobre  la  cibdad  de  Loza  en  la 
manera  que  habernos  dicho ,  los  moros,  veyendo  á 
los  christianos  en  estanzas  tan  cercanas  é  dañosas 
á  la  cibdad,  salían  todas  horas  á  pelear  por  unas 
partes  é  por  otras  ;  é  las  salidas  y  escaramuzas  que 
facían  eran  tan  continas  que  no  dexaban  punto  de 
reposo  á  los  christianos.  El  Rey,  como  vido  aquel 
daño,  mandó  facer  con  gran  diligencia  una  cava 
fonda  é  tan  larga,  que  rodeaba  gran  parte  del  cir- 
cuito de  la  cibdad  ;  y  en  los  lugares  do  no  pudo  al- 
canzar, mandó  facer  baluartes  é  palenques  é  otras 
defensas  tantas  é  tales,  que  ni  los  moros  que  salie- 
sen pediesen  facer  daño,  ni  menos  los  que  viniesen 
á  socorrer  pediesen  entrar  en  la  cibdad  por  ningu- 
na parte.  E  mandó  facer  puentes  de  madera  en  el 
rio  de  Guadaxenil,  y  en  las  acequias  é  arroyos  fon- 
dos, por  do  pasasen  las  gentes  á  se  ayudar  de  las 
unas  partes  á  las  otras.  Otrosí  mandó  poner  guar- 
da en  el  campo,  en  la  qual  continamente  estaban 
dos  mil  homes  á  caballo ,  é  dos  mil  peones.  E  un 
día  que  cupo  la  guarda  del  campo  á  Don  Iñigo  Ló- 
pez de  Mendoza,  Duque  del  Inf  antadgo  é  al  Conde 
de  Cabra,  el  Duque  embió  un  caballero  de  su  casa 
que  se  llamaba  Pero  Carrillo  de  Albornoz,  para  que 
fuese  con  cierta  gente  camino  de  Granada,  é  sintie- 
se sí  alguna  gente  de  los  enemigos  habia  salido  de 
la  cibdad.  Este  caballero  estando  en  la  guarda,  so- 
po de  las  escuchas  que  estaban  puestas ,  como  ha- 
bían sentido  algunos  moros  que  venían  camino  de 
Loxa ;  é  aparejándose  á  la  pelea,  fué  contra  ellos,  é 
falló  fasta  veinte  peones  moros  que  venían  á  buscar 
lugar  por  do  pediesen  entrar  en  la  cibdad ;  é  peleó 
con  ellos,  é  mató  algunos,  é  prendió  á  los  otros.  Es- 
tos moros  presos  fueron  traídos  al  Rey  ;  los  quales 
le  dixeron,  que  pocos  días  antes  se  habia  levantado 
un  alf  aquí  en  Granada  oon  otros  moros,  que  decían 
á  altas  voces  en  una  plaza  :  a  O  Moros,  guardaos  de 
» los  homes  que  quieren  señorear  é  no  saben  def en- 
n  der.  ¿  Para  qué  tenéis  afición  á  quien  os  trae  á 
n perdición?»  E  que  estas  palabras  andaba  dicien- 
do por  las  plazas  de  Granada.  E  que  los  viejos  é  al- 
faquíes,  veyendo  que  la  división  era  causa  de  su 
perdi-^ion,  rpquiriflron  á  los  dos  reyes  tío  é  sobrino, 


DON  FERNANDO 
que  se  concordasen  de  manera  que  por  causa  de  su 
discordia  no  se  perdiesen  los  moradores  de  la  tierra. 
Los  quales  por  las  amonestaciones  que  les  fueron 
fechas,  se  hablan  concordado  en  uno,  é  aun  pasado 
dádivas  é  presentes  del  uno  al  otro,  é  habian  par- 
tido el  reyno  de  Granada,  para  que  cierta  parte  es- 
toviese  á  la  obediencia  del  uno,  é  la  otra  parte  á  la 
del  otro.  E  que  el  rey  viejo  de  Granada  había  pro- 
metido al  rey  mozo  su  sobrino  que  si  Loxa ,  ó  otro 
qualquier  lugar  de  los  que  estaban  á  su  obediencia, 
fuese  cercado  de  los  christianos ,  él  por  su  persona 
é  con  todo  su  poder  vemia  á  le  socorrer,  Dixeron 
ansimesmo  que  todo  el  pueblo  de  Granada,  sintien- 
do grave  el  cerco  de  Loxa,  habian  requerido  al  Rey 
Moro  que  saliese  de  la  cibdad  é  pelease  con  los 
christianos  ;  é  por  las  grandes  amonestaciones  que 
le  fueron  fechas ,  habia  juntado  gran  multitud  de 
caballeros é  peones,  é  puesto  con  aquella  gente  en 
el  campo,  algunos  alfaquíes  é  capitanes  le  requirie- 
ron que  viniese  á  socorrer  la  cibdad  de  Loxa.  El 
Rey  Moro  les  respondió  que  bien  sabian  como  an- 
tes que  los  Reyes  de  Granada  fuesen  obedecidos  por 
reyes  en  aquel  reyno,  facian  juramento  en  su  ley 
de  no  pelear  en  batalla  campal  con  los  Reyes  de 
Castilla.  E  pues  el  Rey  Don  Fernando  con  todo  su 
poder  estaba  sobre  Loxa,  ni  según  su  juramento,  ni 
según  BU  gente  pedia  pelear  con  él.  E  dixeron  mas 
estos  moros :  que  el  Rey  de  Granada  habia  dicho  á 
todos  los  alfaquíes  é  cabeceras  que  con  él  estaban, 
que  era  bien  cierto  si  volviese  á  Granada  sin  so- 
correr á  Loxa,  que  ellos  le  matarían  ;  pero  que  mas 
quería  morir  él  solo ,  que  poner  á  la  muerte  tantos 
moros  como  peligrarían  si  pelease  con  el  Rey  de 
Castilla.  E  que  en  esta  plática  estaban  los  moros 
con  su  Rey,  é  al  fin  habian  acordado  de  embíar  á 
ellos,  por  tentar  sí  habría  lugar  de  entrar  algunos 
moros  en  la  cibdad  para  la  defender.  E  desta  ma- 
nera concordaron  todos  aquellos  moros ,  tomando 
de  cada  uno  su  dicho  á  parte.  El  Rey,  sabido  este 
aviso,  mandó  facer  otras  mayores  defensas  en  los 
lugares  por  donde  les  moros  podían  venir ;  é  man- 
dó doblar  las  guardas  y  escuchas  en  el  campo,  para 
que  fuese  avisado  de  qualquier  gente  de  moros  que 
viniese.  Otrosí  acordó  con  los  caballeros  é  capitanes 
de  su  hueste,  que  se  combatiesen  luego  los  arraba- 
les ;  porque,  aquellos  tomados ,  los  christianos  esta- 
rían mas  seguros,  é  los  moros  mas  retraídos ,  é  no 
habrían  lugar  de  salir  tantas  veces  ni  por  tantas 
partes  á  pelear  con  los  del  real.  E  mandó  asentar 
con  gran  diligencia  el  artillería,  para  que  tirase  á 
quatro  partes  de  los  muros  é  torres  de  la  cibdad ;  é 
mandó,  que  todas  las  gentes  fuesen  prestas  para  el 
combate  de  los  arrabales ,  é  señalóles  lugares  do 
combatiesen  algunos  de  los  caballeros  é  capitanes 
de  BU  hueste.  Como  las  mantas  é  grúas,  é  bancos 
pinjados,  é  los  otros  aparejos  necesarios  para  aquel 
fecho  fueron  prestos,  luego  se  comenzó  el  combate 
por  todas  partes  juntamente,  é  los  moros  con  gran- 
des alaridos  mostrando  esfuerzo,  salieron  á  lo  de- 
fender. E  como  los  de  aquella  cibdad  eran  homes 
guerreros  é  habían  fecho  en  la  tierra  de  los  phris- 


É  DOÑA  ISABEL.  435 

tíanos  muchas  talas  é  prisiones  é  robos  é  otras  cruel- 
dades ;  recelando  la  crueldad  de  la  venganza ,  pe- 
leaban con  grand  osadía,  por  defender  sus  vidas  é 
sus  bienes  é  sus  muros  é  la  libertad  de  sus  perso- 
nas. Los  christianos  por  su  parte ,  especialmente  los 
Andaluzes,  menbrándose  de  los  robos  é  muertes  é 
captiverios  crueles  que  continamente  recebían  de 
los  de  aquella  cibdad,  con  sobrada  fuerza  y  esfuer- 
zo pugnaban  por  ser  vencedores,  tanto  que  cada  , 
uno  dellos  osadamente  aventuraba  la  vida  por  dar 
la  muerte  al  enemigo  que  tenía  delante.  Otrosí  los 
caballeros  é  fijos-dalgo  de  la  casa  del  Rey  é  de  la 
Reyna  peleaban  con  grand  ánimo  por  la  honra  é  por 
la  vida,  é  por  alcanzar  venganza  de  la  injuria  rece- 
bida  en  el  sitio  pasado  de  aquella  cibdad.  E  ansí 
duró  el  combate  é  la  pelea  por  espacio  de  ocho  ho- 
ras. En  las  quales,  porque  algunos  de  los  christianos 
se  cansaban,  é  otros  veyendo  el  peligro  del  comba- 
te desmayaban,  los  caballeros  é  capitanes,  cada  uno 
por  su  parte  en  los  lugares  do  combatían,  esforza- 
ban sus  gentes,  é  poniéndose  ellos  primero  al  peli- 
gro, avivaban  las  fuerzas  de  los  suyos,  á  facíanles 
acometer  é  pelear:  especialmente  aquel  Conde  de 
Escalas  Ingles  con  los  flecheros  é  hombres  de  armas 
á  pié  que  traía,  se  aventuraba  en  los  lugares  é  ca- 
sos peligrosos,  é  desta  forma  cada  uno  de  los  otros 
peleaba  por  las  partes  que  combatía.  E  porque  es- 
taba una  torre  fuerte  é  muy  cercana  al  arrabal,  en 
la  qual  estaban  algunos  moros  que  facían  grandes 
f  cridas  á  los  christianos  que  peleaban  ,  el  Rey  man- 
dó á  Don  Francisco  Enríquez"",  con  la  gente  de  su 
capitanía  combatiese  aquella  torre.  Este  capitán 
por  mandado  del  Rey  se  apeó  con  su  gente,  é  con 
ciertas  mantas  é  bancos  pinjados  combatió  aquella 
torre  por  quatro  partes,  é  á  gran  peligro  llegó  é  ella 
é  púsole  fuego.  Los  moros ,  no  podiendo  sofrir  el 
fuego  por  una  parte  é  los  combates  por  otra,  descen- 
dieron á  pelear  con  los  christianos,  pensando  que 
se  podrían  salvar  y  entrar  en  la  cibdad.  Los  chris- 
tianos fueron  contra  ellos,  é  aquel  capitán  fizólos 
atajar ;  é  allí  peleando  firieron  é  mataron  algunos 
christianos,  é  todos  aquellos  moros  fueron  muertos. 
Los  moros  que  peleaban  en  el  arrabal,  vista  la  mul- 
titud de  las  saetas  y  espingardas  é  flechas  que  los 
christianos  tiraban,  é  las  muertes  é  feridas  que  re- 
cebían, fueron  turbados,  é  fallecieron  en  las  fuerzas 
de  tal  manera ,  que  los  chrijtanos  cobraron  mayor 
osadía  para  la  entrada  ;  é  unos  por  el  muro ,  otros 
por  los  texados,  otros  por  las  puertas ,  entraron  los 
arrabales  por  todas  partes.  Los  moros ,  visto  que  los 
arrabales  de  la  cibdad  se  entraban  ,  pensaron  de  los 
defender  peleando  por  las  callos,  que  eran  muy  es- 
trechas, y  echar  fuera  á  los  christianes.  E  allí  los 
moros  por  defender,  é  los  christianos  por  no  perder 
lo  que  habian  ganado ,  pelearon  por  las  calles  en 
cinco  partes,  é  feríanse  con  golpes  de  lanzas  é  de 
ballestas  é  de  espingardas.  Y  en  esta  pelea  se  en- 
cendieron los  unos  é  los  otros  con  tanto  fervor, 
que  á  ninguno  turbaba  ver  caer  delante  de  sí  á  su 
compañero,  ni  le  ponía  miedo  el  vertimiento  que 
veía  de  la  sangro ;  mas  olvidado  el  miedo  de  1a 


436  CRÓNICAS  DE  LOS 

muerte  é  deseando  la  gloria  del  vencimiento,  arre- 
metían los  unos  contra  los  otros  :  especialmente  los 
moros,  ofresciéndose  indiscretamente  á  la  muerte, 
llegaban  á  f  erir  en  los  christianos  con  los  puñales 
é  con  los  terciados ,  reputando  ser  salvos  en  la  otra 
vida,  si  muriesen  matando  christianos  en  esta.  E 
aquella  manera  de  pelear  duró  entre  ellos  por  espa- 
cio de  tres  horas,  en  las  quales  no  cesaban  de  tirar 
al  muro  é  á  las  torres  de  la  cibdad  é  de  la  fortale- 
za veinte  lombardas  gruesas,  é  los  otros  géneros  de 
artillería.  Al  fin  el  rigor  de  la  pólvora  venció  la  fu- 
ria de  los  moros ,  é  púsoles  tan  grand  espanto,  que 
les  privó  las  fuerzas ;  é  no  podiendo  sofrir  mas  las 
muertes  é  feridas  que  recebian ,  se  retraxeron  á  la 
cibdad .  Los  christianos  los  siguieron ,  peleando  é 
matando  dellos  fasta  que  todos  los  arrabales  fueron 
ganados  por  los  christianos.  En  estos  combates  mu- 
rieron muchos  moros  que  se  fallaron  caídos  por  las 
calles  y  en  las  casas.  Ansimesmo  murieron  de  los 
christianos  :  especialmente  fué  f erido  de  dos  feri- 
das aquel  Conde  de  Escalas ;  la  una  en  la  boca  que 
le  derribó  dos  dientes ;  é  fueron  muertos  algunos 
de  los  Ingleses  que  con  él  estaban.  Otrosí  pelearon 
en  aquella  entrada  Don  Enrique  de  Guzman,  é  Don 
Martin  de  Córdoba,  é  Antonio  de  Fonseca,  é  Mar- 
tin de  Alarcon,  é  Juan  de  Alraaraz,  é  Luis  Fernan- 
dez Puertocarrero,  y  el  Comendador  Pedro  de  Ribe- 
ra, é  Gonzalo  Fernandez  de  Córdoba  capitanes  de 
la  guarda  del  Rey  é  de  la  Reyna,  con  las  gentes  de 
BUS  capitanías  é  otros  fijos-dalgo  contínos  de  su 
casa ;  é  algunos  fueron  muertos  é  otros  f eridos,  por- 
que en  la  estrechura  de  las  calles  donde  peleaban, 
pocos  tiros  había  de  espingardas  ó  de  ballestas  que 
no  ficiesen  sangre  en  la  una  parte  ó  en  la  otra. 
Acaeció  que  un  moro  texedor  con  su  muger  estaba 
texiendo  en  su  casa,  sin  ninguna  alteración  de  lo 
que  veía  pasar  en  aquella  hora.  E  como  su  muger  é 
vecinos  le  aquexasen  que  se  retraxese  presto  á  la 
cibdad  por  escapar  con  sus  bienes,  como  todos  los 
otros  facían ,  este  moro  respondió :  «  ¿  Do  queréis 
que  vamos ;  ó  para  que  nos  guardaremos  ?  ¿  para 
»la  hambre,  ó  para  el  ñerro,  ó  para  la  persecución? 
»  Dígote ,  mujer,  que  pues  no  hay  amigo  que  ha- 
n  hiendo  piedad  de  nuestros  males  me  repare,  quíe- 
Bro  esperar  enemigo  que  habiendo  cobdicía  de  nues- 
»troB  bienes ,  me  mate.  E  por  no  ver  los  males  de 
smi  gente,  quiero  mas  morir  agora  con  fierro,  que 
«después  en  fierros;  porque  ya  Loxa,  ofensa  de 
n  christianos  é  defensa  de  moros,  es  fecha  sepultura 
j) de  sus  moradores  é  morada  de  sus  enemigos.»  E 
con  esta  opinión  quedó  este  moro  en  su  casa,  fasta 
que  los  christianos  la  entraron  é  lo  mataron.  Fallá- 
ronse por  las  calles  é  por  las  casas  del  arrabal  fasta 
quatrocientos  é  cinqüenta  moros  muertos,  sin  los 
otros  que  se  fallaron  en  la  cibdad ;  é  porque  el  he- 
dor de  los  muertos  era  grande,  fueron  echados  de 
la  cibdad  é  quemados  en  el  campo. 

Tomados  los  arrabales  de  Loxa ,  luego  el  Rey 
mandó  poner  las  estanzas  contra  la  cibdad  bien 
cercanas  al  muro,  y  embió  gran  copia  de  homes  de 
Unaíw  9  gentes  al  campo,  para  que  estoviesen  en  la 


REYES  DE  CASTILLA. 

guarda  hacia  la  parte  de  Granada.  Otrosí  mandó  que 
tirasen  las  lombardas  mayores  é  los  otros  tiros  de 
pólvora  medianos  é  menores ,  porque  derribasen 
ciertas  partes  del  muro ,  donde  mas  sin  peligro  se 
pediese  facer  el  combate.  E  como  el  artillería  tiró 
por  espacio  de  un  día  é  dos  noches,  luego  cayeron 
algunos  pedazos  del  muro ,  do  se  ficieron  tan  gran- 
des portillos,  que  se  veíanlas  casas  de  la  cibdad  é  los 
homes  que  andaban  por  las  calles.  E  por  aquellos 
portillos  mandó  el  Rey  que  tirasen  los  ribadoquines 
é  otros  tiros  de  pólvora  ;  los  quales  derribaban  las 
casas  é  mataban  homes  é  mugeres,  é  destruían  la  cib- 
dad en  todo  lo  que  alcanzaban.  Tiraban  ansimesmo 
los  cortaos  que  echaban  las  piedras  en  alto,  é  caían 
sobre  la  cibdad  é  derribaban  é  destruían  las  casas. 
E  las  piedras  que  se  tiraban  eran  tantas,  que  loa 
moros  fueron  puestos  en  grande  turbación,  é  no  te- 
nían espacio  para  se  remediar,  ni  sabían  que  conse- 
jo tomasen  para  se  defender.  Y  el  dolor  que  sentían 
en  ver  los  muertos  é  f eridos,  é  pensando  en  la  gran 
caída  que  los  moros  habrían  si  aquella  cibdad  se 
perdiese,  por  ser  una  de  las  mas  principales  del 
Reyno,  les  facía  trabajar  por  reparar  los  muros  é 
los  otros  lugares  que  el  artillería  derribaba  ;  pero 
los  tiros  eran  tantos,  que  no  les  daban  lugar  á  fa- 
cer reparo,  porque  qualquier  moro  que  se  ponía  en 
el  muro,  luego  era  arrebatado  con  la  multitud  do 
los  tiros  de  pólvora  que  se  tiraban. 

Estando  los  moros  en  esta  turbación,  los  maestros 
del  artillería  tiraron  con  los  cortaos  tres  pellas  con- 
fecíonadas  de  fuego,  las  quales  subían  en  el  ayre 
echando  de  sí  llamas  é  centellas ,  é  cayeron  sobre 
tres  partes  de  la  cibdad,  é  quemaron  las  casas  do 
acertaron,  é  todo  lo  que  alcanzaron.  Los  moros  es- 
pantados de  aquel  fuego,  é  veyéndose  por  tantas 
partes  combatidos,  no  pudiendo  ya  mas  sofrir  las 
muertes  y  estragos  que  padescían  é  veían  padescer 
á  los  suyos,  visto  ansimesmo  como  el  Rey  Moro 
estaba  ferido,  é  que  todos  los  otros  sus  capitanes, 
dellos  eran  muertos  é  dellos  ferídos  ;  demandaron 
seguro  para  algunos  moros  que  viniesen  á  f  ablar  en 
entregar  la  cibdad,  y  el  Rey  mandógelo  dar.  E  loa 
moros  que  vinieron  ante  el  Rey,  le  suplicaron  :  pri- 
meramente, que  perdonase  al  Rey  Moro,  por  haber 
quebrantado  la  promesa  que  había  fecho  al  Rey  é  á 
la  Reyna.  Lo  segundo,  que  dexaria  el  titulo  de  Rey 
de  Granada,  é  que  el  Rey  le  diese  título  de  Duque 
ó  de  Marqués  de  la  cibdad  de  Guadix,  si  dentro  de 
seis  meses  la  pudiese  haber,  E  si  quisiese  venir  á 
Castilla,  pudiese  estar  seguro  en  ella  ;  ó  si  quisiese 
pasar  allende,  el  Rey  é  la  Reyna  le  mandasen  dar 
seguridad  para  la  pasada.  Otrosí  que  segurase  la 
vida  de  todos  los  moros  que  saliesen  de  la  cibdad, 
é  lasfaciendas  que  luego  pudiesen  llevar;  é  que  si 
algunos  dellos  quisiesen  vivir  en  los  Reynos  de  Cas- 
tilla, ó  de  Aragón,  ó  de  Valencia,  lo  pudiesen  facer 
seguramente.  E  que,  este  seguro  habido,  ellos  entre- 
garían libremente  la  cibdad  ó  todos  los  captivos 
christianos  que  en  ella  tenían.  E  que  entretanto 
que  las  cosas  se  asentaban ,  mandase  suspender  loa 
tiros  de  artillería  é  los  otros»  ctos  de  gaerrat  El  Rey^ 


DON  FERNANDO 
habido  su  acuerdo  con  el  Duque  del  Infantadgo,  ó 
con  el  Maestre  de  Santiago,  é  con  el  Marqués  de  Cá- 
liz, é  con  los  otros  condes  é  capitanes  é  caballeros 
que  con  él  estaban,  como  quier  que  conocían  bien 
que  los  moros  estaban  en  tal  estrecho  que  se  podía 
tomar  la  cibdad  por  fuerza  de  armas  ;  pero  consi- 
derando que  en  los  combates  pasados  eran  muertos 
algunos  é  feridos  muchos  chriatianos,  é  por  escusar 
las  muertes  que  en  los  combates  podian  acaecer, 
mandóles  dar  el  seguro  que  pedían.  -E  mandó  al 
Marqués  de  Cáliz,  é  á  Don  Alfonso  Señor  de  la  Casa 
de  Aguilar,  que  de  su  parte  fablasen  con  aquellos 
moros,  é  les  otorgasen  las  cosas  que  demandaron. 
Los  quales  de  parte  del  Eey  les  dixeron,  que  como 
quier  que  el  Rey  Moro  habia  errado  gravemente 
traspasando  el  juramento  fecho  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na  de  ser  su  vasallo,  é  les  servir  con  toda  fidelidad; 
pero  porque  sopiesen  los  moros  que  todas  las  veces 
que  errasen,  ni  f  allesceria  el  poder  para  los  guer- 
rear, ni  clemencia  real  para  los  perdonar,  al  Rey 
placia  de  usar  con  ellos  de  piedad,  é  de  les  otorgar 
el  seguro  que  demandaron,  para  que,  dexada  la 
cibdad ,  se  fuesen  libres  con  sus  bienes.  E  que  si 
querían  que  el  artillería  cesase  de  tirar,  les  conve- 
nia dar  rehenes  por  seguridad  que  la  cibdad  se  en- 
tregaría luego.  Los  moros,  vista  la  respuesta  que  el 
Rey  les  mandó  dar,  como  libres  del  peligro  de  la 
muerte  é  del  captiverio  que  esperaban ,  plógoles  de- 
11o ;  é  luego  se  pusieron  por  rehenes  el  Alcayde  de 
la  fortaleza,  é  los  fijos  del  Alatar  de  Loxa,  é  los 
cabeceras  é  capitanes  que  allí  estaban,  los  quales 
el  Rey  mandó  recebir  á  ciertos  caballeros  de  su 
casa.  E  luego  los  moros  dexaron  la  cibdad,  é  se 
fueron  con  sus  bienes  á  Granada. 

Entregóse  esta  cibdad  de  Loxa  é  su  fortaleza  al 
Rey  Lunes  á  veinte  é  nueve  dias  del  mes  de  Mayo, 
año  del  nascimiento  de  Nuestro  Redemptor  Jesu 
Christo  de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é  seis  años; 
la  tenencia  de  la  qual  el  Rey  mandó  dar  á  Don  Al- 
varo de  Luna,  Señor  de  Fuentedueña.  Fueron  libres 
ciento  é  quarenta  homes  christianos  que  se  falla- 
ron captivos  en  aquella  cibdad. 

Sabido  por  la  Reyna  que  estaba  en  '.Córdoba  la 
entrega  de  Loxa,  ovo  grande  placer,  é  luego  mandó 
facer  una  solemne  procesión ,  en  la  qual  ella  é  la 
Infanta  Doña  Isabel  su  fija,  é  todas  las  dueñas  é 
doncellas  de  su  palacio,  fueron  á  pió  dende  la  Igle- 
sia mayor  fasta  la  Iglesia  de  Santiago  ;  é  fizo  algu- 
nos sacrificios  é  obras  pias  ,  é  repartió  limosnas  á 
iglesias  é  á  monesterios,  é  á  pobres ;  é  rogó  á  algu- 
unas  personas  devotas  que  estoviesen  en  oración 
contina  rogando  á  Dios  por  la  victoria  del  Rey  é 
de  su  hueste.  Otrosí  embió  grandes  é  muy  ricos  do- 
nes á  aquel  Conde  de  Escalas  Ingles,  entre  los  qua- 
les le  embió  dos  camas  de  ropa  guarnecidas,  la  una 
con  paramentos  brocados  de  oro ,  é  doce  caballos,  é 
ropa  blanca,  é  tiendas  en  que  estoviese,  é  otras  co- 
sas de  gran  valor.  El  Rey  ansimesmo  le  fué  á  visi- 
tar á  su  tienda,  é  á  le  consolar  por  las  llagas  que  en 
los  combates  habia  recebido,  especialmente  de  dos 
dientes  que  le  habían  botado  de  la  boca.  E  díxole 


É  DOÑA  ISABEL.  437 

que  debía  ser  alegre,  porque  la  su  virtud  le  derribó 
los  dientes,  que  su  edad  ó  alguna  enfermedad  le 
pudiera  derribar.  E  que  considerando  cómo  y  en 
qué  lugar  los  perdió,  mas  le  facían  hermoso  que  dis- 
forme ;  é  que  mayor  precio  le  daba  aquella  mengua, 
qué  mengua  le  facía  aquella  f erida  (1).  Aquel  Con- 
de respondió,  que  daba  las  gracias  á  Dios  é  á  la  glo- 
riosa Virgen  su  madre ,  porque  se  veia  visitado  del 
mas  poderoso  rey  de  toda  la  chrístiandad,  é  que  re- 
cebia  su  graciosa  consolación  por  los  dientes  que 
había  perdido  ;  aunque  no  reputaba  mucho  perder 
dos  dientes  en  servicio  de  aquel  que  gelos  había 
dado  todos.  E  fundáronse  luego  en  la  cibdad  de 
Loxa  en  dos  mezquitas  dos  iglesias ,  la  una  que  es 
cerca  de  una  fuente,  á  la  advocación  de  Sancta  Ma- 
ría de  la  Encarnación,  é  la  otra  á  la  advocación  de 
Sanctiago.  E  para  estas  iglesias  embió  luego  la 
Reyna  ornamentes  muy  ricos,  é  cálices,  ó  cruces  de 
plata,  é  libros,  é  todas  las  otras  cosas  necesarias  al 
culto  divino.  E  mandó  ir  maestros  é  albañiles  é  car- 
pinteros, para  que  reparasen  lo  que  las  lombardas 
habían  derribado  de  los  muros  é  de  las  torres  de 
aquella  cibdad. 

CAPÍTULO  LK. 

Como  el  Rey  con  toda  la  hueste  partió  de  la  cibdad  de  Loxa , 
é  faé  á  poner  real  sobre  lUora. 

Ganada  la  cibdad  de  Loxa ,  é  proveída  de  gentes 
de  guerra  que  la  guardasen ,  é  de  mantenimientos  é 
otras  cosas  necesarias  para  los  que  la  guardasen,  el 
Rey  acordó  de  ir  mas  adelante ,  ó  poner  real  sobre 
la  villa  é  castillo  de  lUora,  que  es  quatro  leguas  de 
la  cibdad  de  Granada.  Esta  villa  está  puesta  en  un 
valle  donde  hay  una  vega  muy  estendí  da,  y  en 
aquel  valle  está  una  peña  alta,  que  señorea  todo  el 
circuito ;  y  en  lo  alto  de  aquella  peña  está  fundada 
la  villa,  de  fuertes  torres  é  muros.  Y  el  Rey  ovo  avi- 
so que  los  moros  de  aquella  villa  con  propósito  de 
la  defender,  habían  embiado  á  Granada  todos  los 
homes  viejos,  é  las  mugeres  é  niños  é  otros  que  eran 
impedimento  para  la  guardar,  é  inhábiles  para  pe- 
lear; é  que  habían  quedado  en  ella  fasta  dos  mil 
homes  para  la  defender.  Habido  este  aviso ,  el  Rey 
mandó  al  Maestre  de  Santiago,  é  al  Marqués  de  Cá- 
liz, que  con  quatro  mil  homes  á  caballo  ,  é  doce  mil 
peones  fuesen  delante ,  é  viesen  las  partes  mas  se- 
guras donde  se  asentase  su  real.  E  como  aquellos 
caballeros  llegaron  al  valle  cerca  de  la  villa ,  ovie- 
ron  acuerdo  de  poner  el  real  en  un  cerro  alto  que 
está  en  la  otra  parte  de  la  sierra ,  camino  de  un 
puerto  que  dicen  el  puerto  de  Lope  hacia  la  parte 
de  Granada.  Y  el  Rey  que  partió  luego  con  toda  la 
hueste,  asentó  su  real  en  un  lugar  que  dicen  el  cer- 


(1)  Pedro  Martyr  cuenta  de  otro  modo  este  dicho  del  Ingles.  Dice 
que  habiendo  ido  á  cumplimentar  á  la  Reyna  luego  que  hubo  cu- 
rado, y  consolándole  esta  sobre  la  pérdida  de  los  dientes,  respon- 
dió agudamente:  Que  Dios  que  habia  hecho  toda  aquella  fábrica, 
quiso  abrir  allí  una  ventana  para  ver  mejor  lo  que  pasaba  dentro. 
Martyr,  Epistolar.,  lib.  i,  epist.  61.  Bemaldez  señala  la  toma  de 
Loxa  un  día  antes,  cap.  75. 


438  CRÓNICAS  DE  LOS  R 

ro  de  la  Encinilla,  é  mandó  repartir  por  los  caballe- 
ros é  capitanes  de  su  hueste  las  estanzas  en  circui- 
to de  la  villa  en  tales  lugares ,  que  estoviese  cerca- 
da por  todas  partes.  Otrosí  fué  traida  el  artillería,  é 
delante  della  venían  siempre  gran  multitud  de  peo- 
nes con  ferramientas  para  allanar  los  caminos  é  fa- 
cer carriles.  Otrosí  traían  muchos  carros  de  madera 
para  facer  pontones ,  por  do  pasasen  las  acequias  é 
arroyos  fondos.  Asentado  este  real  en  los  lugares 
que  habemos  dicho  ,  el  Rey  ovo  aviso  que ,  por  es- 
tar los  moros  lastimados  por  la  pérdida  de  Loxa  é 
por  las  pérdidas  que  recelaban  haber,  se  habían  jun- 
tado muchos  de  los  principales  de  aquel  Eeyno,  é 
amonestaron  á  los  otros,  que  saliesen  á  se  remediar 
é  defender  su  tierra,  é  que  muriendo  ó  venciendo  se 
librasen  de  las  fatigas  que  cada  hora  recebian ,  y 
esperaban  recebir. 

Esto  sabido  por  el  Rey  é  por  los  caballeros ,  é 
otras  gentes  de  su  hueste,  considerando  la  enemiga 
que  generalmente  había  entre  ellos  por  las  muertes 
é  robos  é  captíverios  crueles  que  todos  los  tiempos 
pasaban  de  unos  á  otros,  recelaron  de  algún  ímpetu 
furioso  que  la  multitud  de  los  moros  que  estaban 
tan  cerca  en  la  cibdad  de  Granada,  farian  en  las 
gentes  del  real.  E  como  muchas  voces  acaesce  que 
el  miedo  da  aviso  para  el  remedio  en  los  peligros, 
todas  aquellas  gentes  de  la  hueste  se  pusieron  al 
trabajo  de  fortificar  cada  uno  sus  estanzas  de  cavas 
é  baluartes  é  palizadas,  é  de  tales  defensas,  que  po- 
dían estar  seguros  de  qualquier  acometimiento  que 
los  moros  ficiesen.  Otrosí  mandó  el  Rey  doblar  las 
guardas  y  escuchas  en  el  campo ,  é  poner  gente  do 
pié  é  de  caballo  á  la  parte  de  la  sierra  que  es  cerca- 
na á  la  villa ,  donde  no  se  podían  poner  estanzas; 
porque  por  aquella  parte,  ni  pudiese  entrar  gente  de 
moros,  ni  salir  á  pelear  con  los  del  real.  Otrosí  man- 
dó poner  homes  que  guardasen  en  una  torre  que  se 
dice  de  los  Yesos ,  que  es  camino  de  Granada,  y  en 
otra  torre  que  se  llama  de  la  Loma ,  y  en  la  torre 
del  Hachuelo  de  Tajara,  y  en  la  torre  del  Agua  de 
Mérida,  y  en  la  torre  que  dicen  del  puerto  Lope; 
porque  de  todas  partes  f  ueee  sabido,  si  alguna  gen- 
te de  moros  se  moviese  á  venir  contra  el  real.  E  pa- 
'ra  estrechar  la  villa,  acordó  que  se  debían  combatir 
los  arrabales,  en  los  quales  los  moros  habían  fecho 
grandes  defensas ;  especialmente  habían  f oradado 
las  casas,  para  que  pudiesen  andar  ayudándose  de 
unas  á  otras,  é  habían  fecho  en  las  paredes  grandes 
troneras  c  saeteras ,  tantas  que  ninguno  podía  en- 
trar en  las  calles,  sino  á  gran  peligro  de  ser  muerto 
ó  ferido.  Otrosí  quemaron  é  derribaron  algunas  ca- 
sas que  pudieran  ser  defensa  á  los  cercadores,  é  da- 
ño á  los  cercados.  E  como  el  Rey  ovo  este  acuerdo, 
el  Duque  del  Infantadgo  le  suplicó  que  le  diese 
cargo  de  combatir  una  parte  del  arrabal ,  y  el  Rey 
gelo  otorgó.  E  como  el  real  fué  asentado,  é  las  co- 
sas para  el  combate  aderezadas,  el  Duque  con  su 
gente  acometió  aquella  parte  del  arrabal  que  esco- 
gió para  combatir.  Los  moros,  visto  que  los  del  Du- 
que se  acercaban,  tiraron  tantas  espingardas  é  sae- 
tas, é  tantos  truenos  é  búzanos,  que  la  gente  recela- 


EYES  DSl  CASTILLA, 
ba  llegar  al  combate.  Visto  por  el  Duque  que  los 
suyos  no  tenían  aquel  fervor  de  ánimo  que  se  re- 
quería para  acometer  les  djxo :  «  Ea,  caballeros,  que 
»  en  tiempo  estamos  de  mostrar  los  corazones  en  la 
))  pelea,  como  mostramos  los  arreos  en  el  alarde  ;  é 
))  si  os  señalastes  en  los  ricos  jaeces,  mejor  os  debéis 
»  señalar  en  las  fuertes  f azañas.  Porque  no  es  bien 
»  abundar  en  arreo,  é  fallecer  en  esfuerzo  ;  ó  doblada 
»  disf  amia  habríamos  habiendo  tenido  buen  corazón 
»  para  gastar,  sino  la  toviésemos  para  pelear.  Por 
»  ende,  como  caballeros  esforzados  pospuesto  el  míe- 
»do,  é  propuesta  la  gloria,  arremetamos  contra  los 
«  enemigos,  y  espero  en  Dios ,  que  como  ovimos  la 
»  honra  de  homes  bien  arreados,  la  habremos  de  ca- 
»  balleros  esforzados. »  Aquellas  gentes,  oídas  las  pa- 
labras del  Duque,  comenzaron  á  mover  adelante ,  é 
sufriendo  muchos  tiros  de  piedras  é  de  saetas ,  en- 
traron por  el  arrabal.  Los  moros  puestos  en  los  pa- 
lenques y  en  las  otras  defensas  que  tenían ,  pelea- 
ban é  ferian  muchos  de  los  del  Duque.  El  Conde  de 
Cabra  que  peleaba  con  su  gente  por  otra  parte,  otro- 
sí los  caballeros  é  capitanes  que  combatían  por  otras 
partes,  con  grand  esfuerzo  acometieron,  é  peleando 
con  los  moros  é  sufriendo  muchas  feridas  de  saetas 
y  espingardas,  llegaron  por  fuerza  de  armas,  y  en- 
traron los  arrabales  ;  é  luego  fueron  puestas  las  es- 
tanzas  contra  la  villa  bien  cerca  del  muro.  E  asen- 
táronse diez  é  ocho  lombardas  grandes  repartidas 
en  tres  partes ;  é  para  la  guarda  dellas  ó  de  la  otra 
artillería,  mandó  el  Rey  á  los  caballeros  é  peones 
de  las  cibdades  de  Jaén  é  Andúxar  é  Ubeda  é  Bae- 
za  que  pusiesen  sus  estanzas  en  los  lugares  cercanos 
á  los  asientos  do  estaban  las  lombardas.  Las  quales 
con  todos  los  otros  tiros  é  cortaos  é  pasabolantes  é 
cebratanas  tiraron  á  la  villa,  é  derribaron  algunas 
torres  é  gran  parte  del  muro.  Otrosí  tiraban  con  los 
cortaos  é  ribadoquines  á  las  casas,  é  pasábanlas,  ó 
mataban  é  destruían  todo  lo  que  alcanzaban.  E  tan- 
ta fué  la  diligencia  que  se  puso  en  los  tiros  de  las 
piedras,  é  tan  grande  estrago  facían  en  las  casas  y 
en  las  torres  y  en  los  muros ,  que  ni  podían  dormir 
¡os  moros,  nf  tenían  espacio  para  comer ,  ni  menos 
se  oían  los  unos  á  los  otros,  con  el  sonido  riguroso 
que  de  contíno  oían.  Al  fin  los  moros,  que  cada  ho- 
ra esperaban  socorro,  veyendo  que  bus  fuerzas  f a- 
llescían,  é  las  de  sus  muros  no  los  podían  defender, 
c  que  según  la  priesa  que  los  christíanos  daban  al 
combate,  antes  serian  perdidos  que  socorridos,  vi- 
nieron á  fabla,  é  demandaron  seguro  para  se  ir  cou 
sus  bienes,  é  dexar  la  villa  libremente.  El  Rey  man- 
dógelo  dar  para  sus  personas  é  para  sus  bienes,  sal- 
vo las  armas  que  les  mandó  dexar ;  é  ansímesmo 
dexasen  libres  todos  los  captivos  christíanos  que  en 
ella  fallasen.  E  luego  como  el  Rey  les  otorgó  el  se- 
guro, el  Alcayde  é  los  moros  entregaron  la  villa.  El 
Rey  mandó  á  uno  de  sus  capitanes  que  los  llevase 
á  poner  en  lugar  seguro  camino  de  la  cibdad  de 
Granada,  é  puso  por  Alcayde  en  aquella  villa  é  su 
fortaleza  al  capitán  Gonzalo  Fernandez  de  Córdo- 
ba, hermano  de  Don  Alonso,  Señor  de  la  Casa  de 
Agnilar.  E  mandó  reparar  las  torres  ó  muros  que 


DON  FERNANDO 
derribaron  las  lombardas  é  bastecerla  de  armas  é 
mantenimientos,  é  de  otras  cosas  necesarias  para  su 
defensa. 

CAPÍTULO  LX. 

Como  la  Rcyna  vino  á  la  cibdad  de  Loxa. 

Tomada  la  cibdad  de  Loxa  é  la  villa  de  Illora,  el 
Rey  embió  á  rogar  muchas  veces  á  la  Eeyna  que 
viniese  do  él  estaba,  porque  era  necesaria  su  presen- 
cia para  el  consejo  de  lo  que  se  debía  facer  en  la 
guarda  é  proveimiento  de  la  tierra.  La  Reyna,  mo- 
vida por  los  ruegos  del  Rey ,  é  por  comunicar  con 
él  algunas  cosas  arduas  que  ocurrían  tocantes  á  la 
gobernación  de  sus  Reynos,  vino  á  la  cibdad  de  Lo- 
xa. E  luego  embió  á  visitar  los  caballeros  é  otros 
continos  de  su  casa  que  allí  hablan  quedado  feri- 
dos,  diciéndoles  que  debian  ser  alegres,  porque  co- 
mo caballeros  se  of  rescieron  á  los  peligros  por  en- 
salzar la  fé  y  ensanchar  la  tierra,  é  que  si  ella  gelo 
agradecía  para  gelo  remunerar  en  esta  vida,  Dios 
cuya  era  la  causa,  no  se  olvidaría  de  gelo  remune- 
rar en  la  otra.  E  junto  con  esta  consolación  les  em- 
bió su  Tesorero,  que  les  diese  dineros  para  ayuda 
de  sus  gastos ,  á  cada  uno  según  la  manera  de  su 
estado.  E  porque  el  Rey,  después  que  tomó  la  villa  é 
castillo  de  Illora,  habla  movido  su  real  para  ir  sobre 
la  villa  de  MocUn,  la  Reyna  partió  de  la  cibdad  de 
Loxa  é  fué  do  el  Rey  estaba ;  y  el  Rey  acompañado 
de  los  caballeros  é  fijos-dalgo  de  su  hueste,  la  salió 
á  recebir,  c  todas  las  gentes  ovieron  gran  placer  con 
su  venida  (1). 

CAPÍTULO  LXI. 

Como  se  ganó  la  villa  de  Moclin. 

La  villa  de  Moclin  fué  siempre  reputada  en  la 
estimación  de  los  moros  é  de  los  christianos  por 
una  de  las  principales  guardas  que  tiene  la  cibdad 
de  Granada,  ansí  por  la  fortaleza  grande  de  sus  tor- 
res é  muros,  como  por  ser  asentada  en  tal  lugar,  que 
da  seguridad  si  es  amiga ,  é  guerra  á  las  comarcas 
do  es  enemiga.  Por  esta  causa ,  é  porque  los  moros 
sabian  que  el  Rey  é  la  Reyna  estaban  sentidos  del 
desbarato  que  sus  gentes  el  año  pasado  allí  hablan 
recebido,  é  que  su  intención  era  de  la  mandar  otra 
voz  sitiar,  ficieron  grandes  cavas  é  baluartes,  é  bas- 
teciéronla de  armas  é  artillería,  é  pólvora,  é  de  las 
otras  cosas  necesarias  para  su  defensa.  E  pusieron 
en  ella  gente  de  guerra  escogida  para  la  defender; 
c  sacaron  todos  los  viejos  é  niños  é  mugeres ,  é  to- 
dos los  que  eran  inhábiles  para  la  guerra.  Como  el 
Rey  é  la  Reyna  fueron  con  toda  su  hueste  á  sitiar 
aquella  villa,  después  de  pasados  grandes  trabajos 


(1)  El  MS.  del  Señor  Nava  añade  estas  palabras:  A  la  qual  em- 
bió á  recibir  antes  que  llegase  á  Loxa,  al  Marqués  de  Cádiz  y  al 
Adelantado  Don  Pedro  Enriquez.  El  Cura  de  los  Palacios  dice  es- 
to mismo  y  describe  con  prolijidad  el  recibimiento  y  festejos  qne 
se  hicieron  por  esta  venida  de  la  Reyna  al  real,  que  fué  Lunes  1*2 
de  Junio,  quatro  dias  después  de  tomada  Illora,  Beruald, ,  caj^i- 
lulo  76. 


É  DOÑA  ISABEL.  439 

en  el  camino  por  las  ásperas  sierras  é  sendas  angos- 
tas por  donde  fueron,  luego  que  llegaron,  asentaron 
su  real ;  y  el  Rey  mandó  poner  las  estanzas  en  tor- 
no de  la  villa,  é  guardas  en  el  campo  y  en  las  otras 
partes  que  fué  necesario.  Otrosí  se  pusieron  en  me- 
dio del  real  dos  montones,  el  uno  de  harina  y  el 
otro  de  cebada,  que  se  llamaba  el  albóndiga  real.  E 
cerca  de  los  mantenimientos  que  eran  necesarios 
para  la  hueste  que  el  Rey  traia  en  esta  conquista, 
queremos  recontar  con  toda  verdad ,  que  se  sofrían 
mayores  gastos  que  pudieron  facer  otros  reyes  en 
las  conquistas  de  los  reynos  é  provincias  que  gana- 
ron; porque  si  tierras  é  lugares  conquistaron,  en  ellas 
mesmas  habla  provisiones  en  abundancia  para  sus 
gentes.  Pero  en  la  conquista  deste  Reyno  de  Gra- 
nada, ninguna  provisión  se  habla  de  las  villas  que 
se  ganaban,  porque  las  gentes  que  las  moraban  eran 
contrarias  en  ley,  é  diversas  en  lengua,  y  enemigas 
en  conversación,  y  muy  pobres  de  mantenimientos, 
por  las  talas  é  guerras  que  de  contino  les  eran  fe- 
chas. Otrosí ,  porque  convenia  lanzar  fuera  de  las 
villas  é  lugares  á  los  labradores,  é  otras  personas  sus 
naturales,  que  usaban  el  agricultura  é  trato  de  las 
mercaderías,  é  quedaban  en  ellas  gentes  de  armas 
que  trabajaban  en  guardar  é  pelear,  ó  no  en  labrar, 
ni  en  criar,  ni  en  otros  oficios  mecánicos  necesarios 
á  la  vida.  Lo  tercero  porque  todo  aquel  Reyno  os 
villas  cercanas  é  muy  fuertes,  é  no  habla  pueblo  sin 
cerca  que  se  rindiesen ,  do  se  pudiese  haber  alguna 
ayuda  de  los  mantenimientos.  Lo  quarto  porque  no 
habia  en  aquella  comarca  puertos  de  mar  seguros 
donde  se  pudiesen  descargar  los  mantenimientos 
que  de  otras  partes  se  traxiesen,  é  convenia  que  to- 
dos los  dias  andoviesen  las  requas  de  veinte  mil 
bestias,  trayendo  de  muy  lexos  los  mantenimientos 
é  vestuarios,  é  todos  los  oficios  é  oficiales  é  ferra- 
mientas  é  pertrechos ,  é  otras  cosas  necesarias  ala 
vida  é  á  la  guerra.  Otrosí  era  necesaria  gran  copia 
de  gentes  de  armas  que  de  contino  entrasen  é  salie- 
sen con  las  requas,  porque  las  asegurasen  de  los  ene- 
migos que  moraban  en  la  comarca  por  do  pasaban, 
en  lo  qual  las  gentes  sofrían  trabajos,  é  facían 
grandes  gastos  é  continos. 

Puestas  las  estanzas  en  torno  de  la  villa,  los  arti- 
lleros asentaron  las  lombardas  en  tres  lugares,  é  re- 
partieron los  cortaos  é  otros  medianos  tiros  por 
otras  partes  en  circuito  de  la  villa ,  é  comenzaron  á 
disparar  las  lombardas,  é  firieron  en  las  torres  prin- 
cipales de  la  fortaleza ;  é  continaron  los  tiros  aquel 
día  é  la  noche  siguiente ,  fasta  que  derribaron  gran 
parte  del  muro  é  del  potril,  é  almenas  de  algunas 
toiTes.  Los  moros  reparaban  lo  que  podían,  é  siem- 
pre tiraban  con  los  ribadoquines  é  búzanos  é  otros 
tiros  de  pólvora  de  que  estaban  proveídos ,  con  los 
quales  facían  daño  á  las  gentes  del  real.  E  duró  por 
espacio  de  dos  noches  é  un  dia  el  rigor  de  los  tiros 
del  artillería  que  se  tiraban  tan  continos  que  espa- 
cio de  un  momento  no  había  en  que  no  se  oyesen 
sonidos  é  se  recibiesen  daños  de  la  una  parte  é  de 
la  otra. 
En  este  comedio  los  maestros  del  artillería  tiraron 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


440 

una  pella  confeccionada  de  las  que  lanzaban  cente- 
llas de  fuego  é  subían  en  el  ayre.  E  por  caso  que 
páreselo  traído  de  la  divina  providencia,  vino  á  caer 
en  una  torre  de  la  fortaleza  donde  los  moros  tenian 
en  gran  guarda  toda  su  pólvora,  é  alcanzó  una  de 
las  centellas  al  lugar  donde  la  pólvora  estaba ,  é 
quemóla  toda,  é  quemó  ciertos  moros  é  provisio- 
nes ,  é  todas  las  cosas  cercanas  al  lugar  donde  cayó. 

Los  moros  visto  aquel  dafio  que  súbitamente  les 
vino,  é  que  por  fallescimiento  de  la  pólvora  no  les 
quedaba  ninguna  manera  de  defensa,  luego  les  fa- 
llecieron las  fuerzas  é  no  fallaron  otro  remedio  á 
sus  vidas  ,  salvo  venir  á  fabla  é  demandar  seguro 
de  sus  personas  é  bienes.  El  Rey  é  la  Reyna  gelo 
dieron,  el  qual  habido,  los  moros  salieron  de  la  villa, 
é  dexaron  en  ella  todas  las  armas  é  mantenimien- 
tos, y  entregaron  los  christianos  que  tenian  capti- 
vos. Y  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  á  un  su  capitán 
que  los  pusiese  en  lugar  seguro  camino  de  la  cibdad 
de  Granada. 

Haberse  ganado  por  la  manera  que  se  ganó  esta 
villa  en  tan  pocos  dias,  considerada  su  gran  forta- 
leza é  la  diligencia  que  los  moros  hablan  puesto  en 
la  guardar ,  bien  pareció  ser  cosa  traida  por  la  ma- 
no de  Dios ;  porque  de  otra  manera  no  se  pudiera 
tomar  en  largo  tiempo ,  é  con  mucho  gasto  é  pérdi- 
da de  gente.  Falláronse  en  los  campos  que  son  en 
circuito  de  aquella  villa  algunos  cuerpos  de  chris- 
tianos muertos,  de  los  que  fueron  en  el  desbarato 
5  que  allí  ovo  el  Conde  de  Cabra  el  año  pasado.  Por- 
que como  fueron  f eridos  en  la  batalla ,  no  podian 
fuir  con  las  feridas,  é  caian  muertos  en  las  matas  ó 
tras  las  peñas  y  en  otros  lugares  encubiertos ;  los 
quales  la  Reyna  mandó  recoger  é  sepultar  en  las 
iglesias  que  se  fundaron  en  aquella  villa. 

CAPÍTULO  LXIL 

Como  el  Rey  fa§  é  talar  la  vega  de  Granada,  ¿  como  se  tomaron 
las  Tillas  de  Montefrio  é  Colomera. 

Después  que  se  ganó  la  villa  de  Moclin,  el  Rey  é 
la  Reyna,  habido  su  acuerdo  con  el  Maestre  de  San- 
tiago, ó  con  el  Duque  del  Inf  antadgo,  é  con  los  Mar- 
queses de  Cáliz  é  de  Villena,  é  con  los  otros  Condes 
é  caballeros  de  su  Consejo,  embiaron  á  los  capita- 
nea de  la  gente  de  Sevilla  é  de  Xerez ,  é  de  la  villa 
de  Carmena  á  poner  sitio  sobre  la  villa  de  Monte- 
frio, que  es  cerca  de  Moclin;  é  mandáronles  que 
llevasen  algunos  tiros  de  pólvora  para  la  combatir. 
La  Reyna  quedó  en  la  villa  de  Moclin  con  las  gen- 
tes de  armas  de  su  guarda,  donde  recibió  letras  del 
Goude  de  Benavente,  por  las  quales  le  facia  saber 
como  el  Conde  de  Lémos  permanescia  en  su  rebe- 
lión, é  que  bastecía  sus  fortalezas,  é  acogía  en  ellas 
malf echores  que  facían  robos  é  fuerzas  en  la  tierra. 
El  Rey  partió  con  toda  la  gente  de  su  hueste  para 
la  cibdad  de  Granada  á  facer  tala  de  los  panes  é 
otros  frutos  que  estaban  en  el  campo.  E  las  bata- 
llas ordenadas ,  é  los  taladores  talando  los  panes  é 
todos  los  otros  frutos  que  fallaban ,  fué  camino  de 
la  cibdad  j  é  mandó  asentar  bu  real  en  un  lugar  que 


se  dice  los  Ojos  de  Huácar.  E  aquel  dia  el  Maestre 
de  Santiago  y  el  Marqués  de  Cáliz  tovieron  la  guar- 
da del  campo,  junto  con  los  olivares  de  la  cibdad.  E 
contra  esta  guarda  salieron  de  Granada  caballeros 
moros  á  escaramuzar,  é  duró  la  escaramuza  por  es- 
pacio de  dos  horas,  do  murieron  algunos  caballeros 
de  la  una  parte  é  de  la  otra;  especialmente  fueron 
muertos  dos  hermanos  moros,  que  habían  seydo  al- 
caydes,  el  uno  de  lUora  y  el  otro  de  MocUn.  Los 
moros,  visto  el  dafio  que  recebían,  retraxéronse  ala 
cibdad.  Otro  día,  porque  la  tala  se  ficiese  mejor,  ó 
de  los  frutos  mas  cercanos  á  la  cibdad,  mandó  el  Rey 
mudar  el  real  cerca  de  la  huerta  que  dicen  del  Rey, 
que  está  de  la  otra  parte  de  Granada.  Los  moros, 
visto  que  los  christianos  se  acercaban  á  la  cibdad, 
salieron  fasta  mil  é  quinientos  homes  á  caballo  en 
una  batalla,  é  otras  quatro  batallas  de  gran  número 
de  peones ,  é  pusiéronse  cerca  de  unas  huertas  ro- 
deadas de  acequias  é  olivares  que  los  defendían.  El 
Rey,  vista  la  gran  multitud  de  moros  fuera  de  la  cib- 
dad, mandó  ordenar  las  esquadras  de  la  gente,  é  to- 
dos dispuestos  para  la  pelea  pasaron  adelante ;  ó 
mandó  que  todo  el  requage  fuese  cerca  de  su  bata- 
lla real,  porque  ninguna  cosa  de  la  hueste  pudiese 
recebír  daño.  El  Duque  del  Inf  antadgo  con  sus  dos 
batallas,  la  una  de  gente  de  armas  é  la  otra  de  gi- 
netes,  quedó  en  la  reguarda  para  facer  rostro  á  loa 
moros  sí  moviesen  alguna  pelea.  E  cerca  de  las  ba- 
tallas del  Duque  iba  Don  García  Osorío,  Obispo  de 
Jaén,  é  Francisco  de  Bovadílla,  Corregidor  de  Jaén 
con  dos  esquadras  de  gente  de  armas  de  las  cíbda- 
des  de  übeda,  é  Baeza,  é  Jaén,  é  Andúxar.  E  como 
el  Duque  pasó  por  el  rio  junto  con  el  camino  que 
dicen  de  Elvira,  los  moros  que  siempre  en  las  pe- 
leas usaron  de  astucias  engañosas ,  vista  la  grand 
orden  que  los  christianos  llevaban,  no  cometieron 
á  las  batallas  del  Duque,  pero  movieron  escaramuza 
con  la  gente  de  aquellas  cibdades  que  iban  con  el 
Obispo,  é  con  Francisco  de  Bovadílla,  corregidor. 
De  las  quales  salieron  algunos  caballeros  á  escara- 
muzar con  los  moros,  los  quales  mostraron  que  f  uian 
á  fin  que  los  christianos  siguiéndolos  se  desordena- 
sen. Los  moros,  como  vieron  que  los  christianos  los 
seguían  con  algún  desorden,  tomaron  contra  ellos 
é  Brieron  é  mataron  algunos.  Las  otras  batallas  del 
Obispo  é  del  Corregidor,  visto  que  los  suyos  se  re- 
traían, movieron  sus  batallas  por  los  socorrer ,  é  si- 
guieron los  moros  fasta  que  los  metieron  por  la 
huerta  del  Rey.  Los  moros ,  quando  vieron  que  los 
christianos  se  habían  metido  en  aquel  lugar ,  solta- 
ron el  rio  de  Guadaxenil  para  que  corriese  por  una 
acequia  grande  que  rodeaba  el  circuito  donde  aque- 
llos caballeros  christianos  se  habían  metido.  E  co- 
mo los  vieron  atajados  con  el  agua  tornaron  contra 
ellos  con  recio  acometimiento.  Los  christianos,  quan- 
do se  vieron  en  aquel  peligro ,  algunos  que  ovieron 
mayor  esfuerzo  pelearon  con  los  moros,  otros  se  re- 
traían y  trabajaban  por  pasar  el  acequia  é  salir  de 
aquel  lugar.  El  Duque  del  Infantadgo  como  vio  al 
Obispo  é  al  Corregidor  con  sus  gentes  en  aquel  pe- 
ligro, mandó  volver  sus  enseñas,  é  á  gran  priesa 


DON  FERNANDO 
p&BÓ  la  batalla  áe  BtiB  ginetes  el  acequia,  é  socorrió 
á  los  de  aquellas  escuadras  que  estaban  pelean- 
do con  moros.  Los  moros  que  estaban  firiendo 
en  los  christianos  ,  quando  vieron  que  la  gente  del 
Duque  volvía  á  socorrer,  tornaron  á  fuir;  é  la  gen- 
te del  Duque  los  siguió  por  el  camino  de  Elvira 
hacia  la  cibdad  de  Granada.  Y  en  aquella  manera 
escaparon  aquellos  caballeros  de  ser  perdidos. 

Murieron  en  aquella  pelea  dos  caballeros  princi- 
pales; el  uno  se  llamaba  el  Comendador  Martin 
Vázquez  de  Arze,  y  el  otro  se  llamaba  Juan  de  Bus- 
tamante,  é  otros  algunos  de  los  chriatianos.  E  por 
pasar  el  acequia  muchos  perdieron  sus  caballos,  ó 
cayeron  é  fueron  lisiados  é  desbaratados  ;  é  fuera 
mucho  mas  el  daño,  salvo  por  la  batalla  del  Duque 
del  Infantadgo  que  los  socorrió.  Otro  dia,  continán- 
dose  la  tala ,  el  Conde  de  Cabra  é  Don  Martin  de 
Córdoba  su  hermano  con  sus  gentes,  estando  en  un 
lugar  cerca  del  rio  donde  les  fué  encomendada  la 
guarda,  comenzaron  una  escaramuza  con  los  moros 
que  estaban  guardando  entre  las  huertas ;  á  la  qual 
acudieron  gran  multitud  de  moros  que  salieron  de 
la  cibdad,  y  encendióse  tanto  la  pelea  entre  ellos, 
que  fué  necesario  salir  la  enseña  real ,  é  venir  el 
Rey  con  toda  la  gente  á  socorrer  al  Conde  é  á  aquel 
capitán  é  á  sus  gentes,  que  estaban  en  grand  aprie- 
to rodeados  por  todas  partes  de  los  moros.  En  aque- 
lla facienda  murieron  algunos  escuderos  de  los 
christianos  é  de  los  moros,  que  cayeron  luego  en  el 
primer  acometimiento.  Fecha  la  tala  en  circuito  de 
Granada,  el  Rey  con  toda  la  hueste  salió  de  la  vega 
por  el  puerto  Lope.  Otro  dia  vino  á  poner  real  cer- 
ca de  la  villa  de  Moclin,  do  estaba  la  Reyna.  E  vi- 
nieron ante  ellos  los  alcaydes  de  Montefrio  é  Colo- 
mera, é  suplicáronles  que  diesen  su  seguro  para  los 
moradores  de  aquellas  villas  é  para  sus  bienes,  é 
que  gelas  entregarían.  El  Rey  é  la  Reyna  gelo 
mandaron  dar ,  para  que  fuesen  con  sus  bienes  á 
Granada,  dexando  todas  las  armas  é  bastimentos 
que  en  ellas  oviese. 

Tomadas  estas  villas  é fecha  látala  en  la  manera 
que  habernos  recontado,  el  Rey  é  la  Reyna  dexaron 
por  alcayde  en  la  villa  é  castillo  de  Moclin  al  Comen- 
dador Martin  do  Alarcon,  y  en  la  villa  de  Montefrio 
al  Comendador  Pedro  de  Rivera.  La  villa  de  Colo- 
mera entregaron  á  un  caballero  de  Alcalá  la  Real,  que 
se  llamaba  Fernán  Alvarez  de  Alcalá.  Y  en  todas  es- 
tas villas  mandaron  estar  gentes  de  caballo  é  do  pié 
con  estos  alcaydes,  para  las  guardar  é  facer  guerra 
á  la  cibdad  de  Granada.  E  repartieron  otras  gentes 
de  caballo  é  de  pié  en  las  villas  de  Cártama  é  Alo- 
ra, para  guerrear  en  aquellas  partes  que  son  fronte- 
ras á  la  cibdad  de  Málaga.  Otrosí  fundaron  iglesias 
en  las  villas  de  lUora,  é  Montefrio,  é  Moclin,  ó  Co- 
lomera ;  las  quales  proveyó  la  Reyna  de  cálices  é 
cruzes  de  plata,  é  de  libros,  é  de  todas  las  otras  co- 
sas necesarias  al  culto  divino.  Mandaron  ansimes- 
mo  traer  ciento  é  treinta  mil  fanegas  de  pan ,  las 
quales  se  repartieron  en  todas  aquellas  fronteras 
para  provisión  de  la  gente  de  caballo  é  de  pió 
que  las  guardaban.  E  proveídas  de  armas  é  de  ar- 


É  DO^A  ISABEL.  441 

tilleria,  é  de  todas  las  otras  cosas  necesarias  para 
su  defensa,  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  el  cargo  de 
capitán  mayor  de  todas  aquellas  tierras  á  Don  Fa- 
drique  de  Toledo,  fijo  de  Don  Garci  Alvarez  de  Tole- 
do Duque  de  Alva,  con  cierta  gente  de  caballo  é  de 
pié.  E  mandaron  á  todos  los  alcaydes  é  gentes  de 
armas  que  dexaron  en  aquella  tierra,  que  acudiesen 
al  llamamiento  deste  capitán  mayor,  é  ñciesen  lo 
que  él  mandase.  E  luego  partieron  de  aquella  tier- 
ra, é  volvieron  para  la  cibdad  de  Córdoba. 

CAPÍTULO  LXIII. 

De  eomo  el  Rey  entró  en  la  cibdad  de  Córdoba. 

Asentadas  ó  proveídas  las  cosas  en  la  manera  que 
habernos  dicho ,  la  Reyna  vino  para  la  cibdad  de 
Córdoba,  y  el  Rey  quedó  con  toda  la  gente  de  su 
hueste  algunos  dias  en  aquella  tierra,  para  segurar 
las  requas  de  los  mantenimientos  que  venían,  é  se 
repartían  por  las  cibdades  de  Loxa  é  Alhama,  é  por 
todas  las  otras  villas  que  habían  ganado.  E  mandó 
al  Maestre  de  Santiago ,  que  fuese  con  la  gente  de 
su  casa  á  segurar  una  grande  requa  de  fariña  que 
se  llevaba  para  provisión  de  las  villas  de  Cártama 
é  Alora,  é  de  los  otros  castillos  que  habían  ganado 
en  aquella  comarca.  Fecha  aquella  provisión,  el  Rey 
se  fué  para  la  cibdad  de  Córdoba,  é  salióle  á  rece- 
bír  el  Príncipe  Don  Juan  su  fijo  acompañado  del 
Maestre  de  Calatravaé  de  todala  caballería  de  Cór- 
doba ;  y  entró  por  la  cibdad  baxo  de  un  paño  de  oro, 
é  fué  á  la  iglesia  mayor  donde  estaba  el  Obispo  de 
aquella  cibdad  vestido  de  pontifical,  é  acompaña- 
do de  los  Obispos  de  Cuenca  é  de  Coria  é  de  León  é 
de  Tuy,  con  toda  la  clerecía  é  las  cruzes  de  las  Igle- 
sias. E  como  el  Rey  llegó  á  aquel  lugar,  descabalgó 
del  caballo,  é  fincó  los  hinojos  en  tierra ;  é  fecha 
oración  á  la  cruz,  entró  en  procesión  con  toda  la 
clerecía  fasta  el  altar  mayor,  donde  el  Obispo  le  dio 
la  bendición.  Fecho  aquel  auto,  salió  de  la  iglesia, 
é  acompañado  de  todas  aquellas  gentes,  fué  á  su 
palacio  donde  la  Reyna  é  la  Infanta  Doña  Isabel 
su  fija  con  todas  las  dueñas  é  doncellas  de  su  pala- 
cio le  estaban  esperando  vestidas  de  ricos  arreos,  é 
allí  fué  recebído  con  alegría  común  de  todos.  E 
acordaron  de  partir  de  aquella  cibdad ;  pero  antes 
que  de  Córdoba  partiesen,  dieron  orden  en  los  apa- 
rejos que  eran  necesarios  para  proseguir  la  guerra 
contra  los  moros  el  verano  siguiente.  E  los  maes- 
tros que  para  esto  pusieron,  ficieron  traer  gran  co- 
pia de  fierro  para  facer  picos,  ó  azadones,  é  palas,  é 
otras  ferramientas  necesarias  para  quebrar  las  pe- 
ñas, é  allanar  los  caminos,  é  facer  cavas  é  albarra- 
das  en  los  reales.  Otrosí  dieron  orden  para  haber 
los  mantenimientos  que  se  habían  de  llevar  al  real. 
E  porque  de  las  contrataciones  que  los  alhaqueques 
facían  entre  christianos  é  moros,  é  de  las  fablas 
que  habían  con  ellos,  se  podrían  recrescer  inconví- 
nientes ,  mandaron  que  ningún  alhaqueque  chris- 
tíano  fuese  osado  de  entrar  en  tierra  de  moros,  ni 
menos  consintiesen  á  ningún  alhaqueque  ni  truxa- 
man  moro,  que  viniese  á  tierra  de  christianos,  so 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASULLA. 


442 

pena  de  muerte  é  de  perdición  de  eiis  bienes.  Otrosí 
mandaron  facer  pan  bizcocho  para  proveimiento  de 
!a  flota  que  andaba  por  la  mar.  E  mandaron  á  Mar- 
tin Diaz  de  Mena,  é  á  otro  que  se  llamaba  Arriaran, 
6  ú  Antonio  Bernal  capitanes,  que  con  ciertas  naos 
ó  caravelas  andoviesen  por  el  estrecho  de  Gibral- 
trar  é  por  la  costa  de  África,  guardando  que  no  pa- 
sasen de  allende  homes  ni  caballos  ni  armas  ni 
mantenimientos  á  estas  partes  del  reyno  de  Grana- 
da ;  é  que  ficiesen  guerra  a  todos  los  puertos  de 
mar  que  estaban  por  los  moros.  Estos  capitanes  an  • 
dando  en  la  guarda  de  la  mar  con  sus  navios,  to- 
maron muchas  zabras  é  cárabos  é  otras  fustas  de 
moros  que  pasaban  de  allende  á  estas  partes ,  é  do 
los  que  pasaban  del  reyno  de  Granada  para  los  rey  • 
nos  de  África.  E  tenian  en  tanto  estrecho  aquella 
parte  de  la  mar,  que  ningún  navio  de  moros  de  ios 
que  solían  traer  trigo  é  otras  provisiones ,  osaban 
navegar,  E  algunas  veces  descendieron  en  tierra 
en  los  puertos  ó  playas  de  África,  é  tomaron  capti- 
vos, é  robaron  é  quemaron  alearías  é  lugares  que 
fallaron  sin  cerca;  é  ficieron  tanta  guerra,  que  fué 
forzado  á  las  gentes  que  moraban  en  aquellas  par- 
tes cercanas  á  la  mar  desar  sus  moradas  é  meterse 
mas  adentro  á  vivir. 

CAPÍTULO  LXIV. 
De  los  prestidos  que  el  Rey  é  la  Reyna  demandaron. 

El  Rey  é  la  Reyna  facían  grandes  gastos  en  pa- 
gar los  acostamientos  á  las  personas  que  dellos 
tenian  tierras,  é  los  sueldos  á  la  gente  de  armas  que 
continamente  traían  en  su  guarda ,  y  en  la  guarda 
de  las  cibdades  é  villas  é  castillos  que  habían  ga- 
nado en  tierra  de  moros  ;  é  otrosí  los  gastos  que  se 
requerían  facer  en  el  artillería,  y  en  la  provisión  de 
la  gente  de  la  flota  que  continamente  andaba  arma- 
da por  la  mar.  Otrosí  habían  necesario  gran  canti- 
dad de  dinero  para  pagar  sueldo  á  la  gente  de  ar- 
mas ó  peones  que  mandaban  llamar  quando  entra- 
ban en  el  reyno  de  Granada,  é  para  los  otros  gastos 
que  eran  necesarios  continamente  para  provisión  de 
la  guerra.  E  porque  sus  rentas  ordinarias  no  po- 
dían bastar  para  todos  estos  gastos,  embiaron  á  pe- 
dir prestidos  á  algunas  personas  singulares,  los  qua- 
Ics  prestaban  de  buena  voluntad  lo  que  les  era  pe- 
<lido.  E  algunos  caballeros  é  otras  personas  se  ofre- 
cían á  prestar  de  sus  dineros  sin  gelos  pedir,  porque 
veían  que  los  gastaban  en  aquellas  cosas  que  eran 
servicio  do  Dios  é  honra  de  su  corona  real,  é  porque 
la  Reyna  tenia  gran  cuidado  de  mandar  pagar  bien 
á  qualquier  persona  que  le  prestaba  dineros  para 
aquellas  necesidades.  Otrosí,  conociendo  el  Papa  que 
esta  guerra  era  tan  sancta  é  para  ensalzamiento  de 
la  fe  catholica,  é  considerados  los  gastos  é  trabajos 
que  en  ella  se  habían,  embió  su  bula  para  que  toda 
la  clerecía  pagase  otra  décima  este  año  de  todas  las 
rentas  de  las  iglesias  é  monesterios  ó  otras  perso- 
nas eclesiásticas,  la  qual  fué  tasada  por  el  Carde- 
nal de  España  en  cíent  mil  florines  de  Aragón. 


CAPITULO  LXV. 

De  la  guerra  que  los  moros  se  facían  uaos  á  otros. 

Entretanto  que  estas  cosas  pasaban,  el  Rey  viejo 
que  estaba  apoderado  de  la  cibdad  de  Granada  é  de 
la  mayor  parte  de  aquel  reyno ,  facía  guerra  contra 
el  Rey  mozo  su  sobrino ;  é  mandaba  matar  todos  los 
que  tenian  su  voz  sin  haber  dellos  piedad,  é  tomá- 
bales sus  bienes,  é  á  otros  facían  andar  desterrados 
de  sus  casas.  Otrosí  sopo  el  Rey  mozo  que  buscaba 
su  tío  maneras  como  le  traer  á  la  muerte ,  dándole 
yerbas,  é  prometiendo  grandes  dádivas  á  algunos, 
porque  fablando  con  él  lo  matasen.  E  para  poner 
esto  en  obra,  le  embió  algunas  embaxadas,  por  las 
quales  le  decía :  que  mirase  bien  como  su  división 
era  causa  que  se  perdiesen  ellos,  é  ganasen  los  chris- 
tianos  las  cibdades  é  villas  é  lugares  del  reyno  de 
Granada,  que  los  Reyes  de  Castilla  pasados  nunca 
pensaron  haber.  E  que  pues  conocían  la  causa  de 
su  perdición  é  la  podiau  remediar,  le  requería  con 
Dios  que  la  remediase,  é  que  él  quería  dexar  el  títu- 
lo de  rey,  ó  sería  subdito,  é  faria  lo  que  mandase, 
dándole  algún  lugar  do  pudiese  vivir  retraído.  El 
Rey  mozo  sopo  el  secreto  de  como  el  Rey  su  tio,  á 
fin  de  señoreárselo,  le  embiaba  aquellos  ofresci- 
mientos,  é  aun  con  ellos  le  embiaba  presentes ;  é 
sopo  que  aquellos  que  los  llevaban,  habían  tomado 
cargo  de  lo  matar,  ansí  por  las  dádivas  que  el  Rey 
viejo  les  había  prometido,  como  porque  los  moros  le 
tenian  grand  odio  porque  tomaba  ayuda  de  chris- 
tíanos.  E  por  esta  causa  el  Rey  mozo  no  quería  ver 
á  los  que  estas  embaxadas  del  Rey  su  tio  le  traían. 
E  respondíale,  que  aquel  reyno  de  Granada  habia 
seydo  del  Rey  su  padre,  y  él  como  su  legítimo  he- 
redero habia  de  trabajar  de  lo  haber  é  de  le  cortar 
la  cabeza,  porque  sin  piedad  fizo  matar  á  su  her- 
mano é  á  otros  caballeros  que  seguían  su  parciali- 
dad, quando  entró  en  la  cibdad  de  Almería ,  por  la 
traycion  que  algunos  de  la  cibdad  le  ficieron.  E  por 
esta  causa  crecía  mas  la  enemistad  entre  ellos  y  en- 
tre los  caballeros  de  la  una  parte  é  de  la  otra.  El 
Rey  mozo  estaba  en  una  villa  que  se  llamaba  Vélez 
el  Blanco,  é  algunas  veces  entraba  en  Castilla,  y  era 
recebido  en  las  cibdades  é  castillos  de  la  frontera,  ó 
favorescido  de  los  christiauospor  mandado  del  Rey 
é  de  la  Reyna. 

CAPÍTULO  LXVL 

Como  el  Rey  6  la  Reyna  partieron  de  Córdoba  é  fueron  para  el 
reyno  de  Galicia,  élo  que  ende  ficieron. 

El  Rey  é  la  Reyna,  movidos  por  las  cartas  é  men- 
sagerías  que  recibieron  del  Conde  de  Benavente,  por 
las  quales  les  facía  saber  la  rebelión  del  Conde  de 
Lomos,  partieron  de  la  cibdad  de  Córdoba  para  ir 
al  reyno  de  Galicia,  á  fin  de  proceder  contra  aquel 
Conde  por  vía  de  justicia ,  porque  otro  no  tomase 
exemplo  de  se  poner  en  armas,  é  mostrar  rebelión  á 
sus  mandamientos ;  é  otrosí  por  reformar  las  cosas 
de  aquel  reyno,  donde  los  Reyes  de  Castilla  se  lee 


DON  FERNANDO 
haber  ido  pocas  veces.  Y  embiaron  sus  cartas  de 
llamamientos. á  todos  los  caballeros  é  gentes  de  ar- 
mas que  moraban  en  aquellas  partes ,  para  que  á 
cierto  término  se  juntasen  en  la  villa  de  Benavente, 
do  ellos  entendían  ir.  E  como  fueron  en  aquella  vi- 
lla, vinieron  á  su  llamamiento  todas  las  gentes  de 
pié  é  de  caballo  que  embiaron  á  llamar.  Yembiarou 
sus  cartas  é  mensageros  al  Conde  de  Lémos  que  es- 
taba en  la  villa  de  Ponferrada,  por  las  quales  le 
mandaron  que  luego  saliese  della,  é  la  dexase  des- 
embargada de  las  gentes  de  armas  que  en  ella  tenia, 
é  viniese  personalmente  donde  ellos  estaban,  para 
estar  á  justicia  sobre  todo  lo  que  le  fuese  deman- 
dado. 

El  Conde,  conocida  la  indinacion  que  el  Rey  é  la 
Reyna  mostraban  contra  él,  por  no  incurrir  mas  en 
BU  ira,  deliberó  de  obedescer  sus  mandamientos.  E 
acompañado  de  algunos  caballeros  sus  parientes, 
pareció  ante  el  Rey  é  ante  la  Reyna,  é  les  suplicó 
que  les  ploguiese  perdonarle  ;  porque  si  él  no  ha- 
bia  cumplido  sus  mandamientos  luego  que  le  fue- 
ron mostrados,  no  era  á  fin  de  rebelar  ni  desobede- 
cer á  lo  que  le  fué  mandado  de  su  parte.  Pero  que 
habia  suspendido  en  la  execucion  dellos,  por  repu- 
nar  al  Conde  de  Benavente  con  quien  tenia  debate ; 
el  qual  habia  informado  á  Su  real  Magostad  de  si- 
niestras informaciones  contra  él,  por  le  poner  en  su 
indinacion  é  haber  los  bienes  de  su  mayorazgo  que 
le  pertenescian,  é  le  habia  dexado  su  abuelo  Don 
Pedro  Alvarez  Osorio,  Conde  de  Lémos.  E  pues  esto 
era  debate  de  parte  á  parte ,  en  que  Su  real  Magos- 
tad por  justicia  habia  de  entender  como  superior, 
que  dobia  cesar  todo  mal  concepto  que  por  la  rela- 
ción del  Conde  de  Benavente  oviese  habido  contra 
él.  Otrosí  algunos  caballeros  parientes  del  Conde  su- 
plicaron al  Rey  é  á  la  Reyna  que  les  ploguiese  ha- 
berse con  él  beninamente,  pues  la  causa  de  su  in- 
obediencia no  habia  seydo  por  otro  respeto,  salvo 
por  el  debate  que  tenia  con  el  Conde  de  Benavente. 
El  Rey  é  la  Reyna,  visto  como  aquel  Conde  cum- 
pliendo sus  mandamientos,  habia  parecido  ante 
ellos,  movidos  á  piedad  por  las  suplicaciones  de 
aquellos  caballeros,  perdonaron  la  vida  al  Conde ; 
pero  mandáronle  que  no  entrase  en  el  Reyno  de 
Galicia  por  ciertos  años ,  é  que  pagase  el  sueldo  é 
las  costas  que  hablan  fecho  todas  las  gentes  de  ar- 
mas que  el  Rey  é  la  Reyna  hablan  mandado  estar 
en  guarnición  contra  él  todo  el  tiempo  pasado. 
Otrosi  el  de  la  que  ellos  estonces  hablan  mandado 
llamar  que  era  gran  cantidad  ;é  para  lo  pagar  entre- 
gó luego  ciertas  villas  é  castillos  que  tenia.  Otrosi 
le  mandaron  pagar  é  restituir  á  los  agraviados  é 
robados  todos  los  robos,  é  satisfacer  las  fuerzas  que 
hablan  fecho  él  é  los  que  en  su  compañía  estaban; 
é  que  entregase  ciertas  villas  é  rentas  que  perte- 
nescian á  la  Marquesa  de  Villafranca  que  era  tia 
deste  Conde  de  Lémos,  fija  del  Conde  su  abuelo ;  la 
qual  era  casada  con  el  Marqués  de  Villafranca  fijo 
del  Conde  de  Benavente.  Otrosí  tomó  la  Reyna  para 
sí  é  para  la  corona  real  de  sus  reynos  la  villa  de 
Ponferrada,  é  dio  en  equivalencia  della  ciertos 


B  DONA  ISABEL,  443 

cuentos  de  maravedís  para  el  casamiento  de  las 
fijas  del  Conde  de  Lémos,  tías  de  aquel  Conde  Don 
Rodrigo,  hermanas  de  su  padre. 

Fechas  é  concluidas  estas  cosas  con  aquel  Conde, 
el  Rey  é  la  Reyna  entraron  en  el  Reyno  de  Galicia, 
en  el  qual  habían  puesto  por  Gobernador  á  Don 
Diego  López  de  Ilaro,  é  visitaron  la  iglesia  del 
Apóstol  Santiago,  é  dotáronla  de  sus  dones  magní- 
ficamente. E  después  fueron  á  la  cibdad  de  la  Co- 
ruña,  é  á  algunas  otras  cibdades  é  villas  de  aquellas 
comarcas ;  é  como  quier  que  los  gobernadores  é  jus- 
ticias que  en  aquel  Reyno  habían  puesto  los  años 
pasados,  é  los  que  agora  en  él  estaban,  habían  exe- 
cutado  algunas  injusticias,  é  lanzado  muchos  mal- 
fechores  de  la  tierra;  pero  el  Rey  é  la  Reyna  oye- 
ron é  remediaron  grandes  querellas  é  fuerzas  fechas 
de  mayores  á  menores.  Sopieron  ansímesmo  como 
muchos  caballeros  tomaban  las  rentas  de  las  igle- 
sias é  de  los  monesterios  é  de  los  clérigos,  é  que  de 
largos  tiempos  las  habían  apropríado  á  si,  encorpo- 
rándolas  en  sus  rentas  patrimoniales,  sin  haber  para 
ello  otro  título ,  salvo  la  fuerza  que  facían.  Falla- 
ron ansímesmo  que  algunos  caballeros  se  facían 
comendadores  de  los  monesterios ,  é  por  fuerza  les 
tomaban  cierta  renta  por  aquel  cargo  de  la  enco- 
mienda. Otrosí  oyeron  muchos  crimines  é  delictos 
cometidos  por  los  moradores  de  aquella  tierra,  ansí 
clérigos  como  legos.  E  como  fueron  informados  do 
todas  estas  cosas ,  mandaron  luego  derribar  fasta 
veinte  fortalezas,  de  las  quales  fueron  informados 
que  se  habían  fecho  algunas  fuerzas  é  robos.  Otro- 
sí pusieron  todas  las  reutas  de  los  clérigos  é  patri- 
monios de  las  iglesias  é  monesterios  é  abadías  en 
libertad,  y  esentaronlas  é  ficíeronlas  libres  de  aque- 
lla tiranía  en  que  de  largos  tiempos  estaban,  en  po- 
der de  aquellos  que  por  fuerza  las  llevaban ;  á  los 
quales  mandaron ,  so  grandes  penas ,  que  dende  en 
adelante  las  no  llevasen,  é  dexasen  las  personas 
eclesiásticas  é  sus  bienes  en  toda  libertad.  E  man- 
daron facer  justiciado  algunos  malfechores ;  é  qui- 
taron las  fuerzas  é  opresiones  é  tiranías  que  falla- 
ron fechas  de  largos  tiempos,  fasta  en  aquella  sa- 
zón, por  algunos  caballeros  é  personas  á  algunas 
villas  é  aldeas,  tomándoles  sus  términos  é  su  ren- 
tas ,  é  apropriándolas  á  sí.  E  reformadas  é  puestas 
en  orden  todas  las  cosas  de  aquel  Reyno ,  dexaron 
en  él  por  Gobernador  é  justicia  á  Don  Diego  López 
de  Haro  que  antes  habían  puesto.  E  otrosí  dexaron 
con  él  quatro  Dotores  del  su  Consejo ,  que  contino 
estoviesen  en  aquel  Reyno,  é  toviesen  audiencia  de 
justicia,  é  la  executasen,  y  entendiesen  en  las  otras 
cosas  que  al  bien  común  de  todos  los  moradores  de 
la  tierra  compliesen ;  é  no  consintiesen  las  fuerzas 
é  tiranías  que  en  ella  so  acostumbraban  facer.  E 
mandaron  salir  de  aquel  Reyno  algunos  caballeros 
naturales  del,  que  entendieron  ser  complidero  á  su 
servicio  é  al  estado  pacífico  de  la  tierra.  E  manda- 
ron á  otros  venir  á  la  guerra  de  los  moros  y  estar 
en  las  villas  é  castillos  fronteros,  porque  su  estada 
en  aquel  Reyno  no  fuese  impedimento  á  la  buena 
gobernación  ó  administración  de  la  justicia.  E  luc- 


444 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


go  partieron  de  allf,  é  vinieron  para  la  villa  de  Be- 
navente,  donde  el  Conde  les  fizo  grandes  fiestas,  ó 
den  de  acordaron  de  venir  á  la  cibdad  de  Salaman- 
ca, por  tener  ende  el  invierno. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  aquel  Reyno  de 
Galicia,  acaesció  en  la  cibdad  de  Troxillo ,  que  un 
home  de  la  cibdad  cometió  un  crimen,  por  el  qual 
la  justicia  del  Rey  é  de  la  Reyna  le  mandaron  pren- 
der. Este  home  alegó  ser  de  corona,  é  porque  la 
justicia  real  no  le  quiso  luego  remitir  á  la  jurisdi- 
cion  eclesiástica,  algunos  clérigos  parientes  de  aquel 
preso  tomaron  una  cruz  é  salieron  por  la  cibdad, 
dando  apellido,  é  diciendo  á  las  gentes,  que  no  era 
fecho  á  la  iglesia  ningún  acatamiento,  según  chris- 
tianos  lo  debían  facer ;  é  porque  la  fe  de  Nuestro 
Señor  Jeau  Christo  bo  perdía ,  que  se  doliesen,  é  to- 
masen armas  en  defensión  de  la  fe  christiana. 
El  pueblo  alborotado  por  las  palabras  de  los  cléri- 
gos, tomaron  armas,  é  faciendo  grand  alboroto  por 
la  cibdad,  fueron  á  la  casa  del  Corregidor ,  é  com- 
batiéronla, é  soltaron  de  la  cárcel  aquel  malfechor 
que  estaba  preso,  é  todos  los  otros  presos  que  esta- 
ban en  ella.  El  Corregidor,  visto  como  la  gente  ovo 
osadía  de  ofender  de  tal  manera  la  justicia  real, 
f  uélo  á  denunciar  al  Rey  é  á  la  Reyna.  Los  quales, 
habida  información  de  aquel  insulto,  embiaron  un 
capitán  con  cierta  gente  de  armas  de  su  guarda  á 
la  cibdad  de  Troxillo  ;  el  qual  aforcó  los  que  pudo 
haber  de  los  principales  que  fueron  en  aquel  albo- 
roto, é  derribóles  las  casas ,  é  á  otros  desterró ,  é  á 
otros  que  fuyeron  condenó  á  pena  de  muerte,  ó  á 
otros  condenó  en  penas  pecuniarias  para  la  guerra 
de  los  moros.  E  los  clérigos  que  fueron  causadores 
de  aquel  escándalo,  fueron  desnaturados  de  los 
Beynos  de  Castilla;  é  fuéles  mandado  que  como 
ágenos  saliesen  luego  dellos,  é  do  todos  los  señoríos 
del  Rey  é  de  la  Reyna. 

CAPÍTULO  LXVII. 

Sfguense  las  eosas  que  pasaron  en  el  año  de  mil  6  qaatrocientos 
é  ochenta  é  siete  años. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  cibdad  de  Sa- 
lamanca, fuéles  querellado  que  el  Mariscal  Don  Pe- 
dro de  Ayala,  Señor  de  Ampudia  ó  Salvatierra,  ha- 
bía fecho  degollar  un  escribano  suyo  sin  haber  jus- 
ta causa  para  ello,  salvo  porque  h  bia  dado  á  Doña 
María  su  madre ,  con  quien  tenia  debate ,  una  es- 
criptura  del  testamento  de  su  padre,  que  él  no  qui- 
siera que  fuera  dada.  De  lo  qual  el  Rey  é  la  Reyna 
quisieron  haber  información ;  é  habida,  mandaron 
á  un  alcayde  é  á  un  alguacil  de  su  corte,  que  pren- 
diesen luego  al  Mariscal  Don  Pedro.  Este  Mariscal 
era  casado  con  una  nieta  del  Condestable  fija  del 
Conde  de  Miranda  su  yerno,  los  quales  en  aquellos 
días  estaban  en  la  corte.  Otrosí  embiaron  á  la  villa 
de  Ampudia  un  alguacil  de  su  corte  á  prender  al 
Alcalde  de  aquella  villa,  é  á  otros  ciertos  vecinos 
della,  que  habían  seydo  en  la  muerte  de  aquel  es- 
cribano ,  por  mandado  del  Mariscal  su  señor.  E 
porque  resistieron  al  alguacil  de  la  Reyna  la  prisión 


que  le  mandó  facer,  luego  embió  nn  su  capitón  con 
gente  de  armas  á  aquella  villa ;  el  qual  prendió  á 
ciertos  vecinos  della,  que  fueron  en  resistir  al  al- 
guacil, é  á  los  que  fueron  en  la  muerte  del  escriba- 
no que  el  Mariscal  mandó  degollar;  é  derribóles 
sus  casas,  ó  quitóles  sus  bienes,  los  quales  fueron 
aplicados  para  la  cámara  de  la  Reyna,  é  muchos 
fueron  sentenciados  á  pena  de  muerte ,  é  otros  á 
pena  de  destierro  por  cierto  tiempo.  Y  en  esta  ma- 
nera fué  executada  la  justicia  contra  los  que  fue- 
ron en  resistir  al  alguacil  de  la  Reyna  en  aquella 
villa.  El  Condestable  porque  creía  que  el  Rey  é  la 
Reyna  estaban  determinados  de  proceder  contra  la 
persona  de  aquel  Mariscal,  luego  en  la  hora  que 
sopo  su  prisión,  partió  de  la  corte,  y  embió  á  decir 
al  Rey  é  ala  Reyna,  que  no  quería  ser  presente  á 
la  justicia  que  querían  facer  de  aquel  caballero, 
por  el  debdo  tan  cercano  que  con  él  tenia.  La  Rey- 
na, porque  no  ovo  pensamiento  de  proceder  á  muer- 
te contra  el  Mariscal,  embió  mandar  al  Condestable 
que  luego  volviese  á  su  corte,  porque  su  intención 
era  de  haberse  piadosamente,  é  no  proceder  contra 
el  Mariscal  á  pena  de  muerte,  ni  á  lisien  de  su  per- 
sona. E  luego  el  Condestable  volvió  á  la  corte,  ó 
fizo  relación  á  la  Reyna,  que  por  quanto  los  incon- 
vinientes  que  en  aquel  caso  eran  pasados  é  los  que 
adelante  se  podían  seguir,  procedían  de  las  diferen- 
cias que  aquel  Mariscal  tenia  con  su  madre ,  sobre 
razón  del  testamento  que  había  fecho  su  padre ;  lo 
suplicaba  las  mandase  ver  en  su  Consejo,  é  deter- 
minadas por  derecho,  cesarían  todos  los  inconvi- 
nientes  que  sobre  aquel  caso  podrían  acaescer  en- 
tre madre  é  fijo,  é  los  acaescidos  se  atajarían.  El 
Rey  é  la  Reyna  mandaron  tener  preso  á  aquel  Don 
Pedro,  entretanto  que  las  diferencias  que  él  é  su 
madre  tenían  se  vieron  por  los  de  su  Consejo  ;  é 
fueron  determinadas  por  justicia,  é  cesaron  los  de- 
bates é  pleytos  que  entre  ellos  había. 

Otrosí  estando  en  aquella  cibdad  el  Rey  é  la 
Reyna,  mandaron  ver  por  justicia  el  debate  que  el 
Conde  de  Miranda  tenia  con  el  Duque  de  Alva,  so- 
bre razón  de  la  su  villa  de  Miranda  que  el  Duque 
le  tenia  ocupada.  E  porque  se  falló  que  el  Duque 
no  tenia  derecho  alguno  para  la  tener,  embiaronle 
á  mandar  que  luego  la  dexase,  é  la  restituyese  al 
Conde  cuya  era.  El  Duque  obedesció  los  manda- 
mientos del  Rey  é  de  la  Reyna,  y  entregó  luego 
aquella  villa  al  Conde,  según  gelo  mandaron,  por- 
que no  osó  rebelar  á  sus  mandamientos ;  é  cesaron 
los  inconvinientes  que  entre  ambas  paites  sobre  es- 
te caso  se  esperaban.  Otrosí  dieron  por  jueces  cier- 
tos Obispos  é  Dotores  del  su  Consejo  para  que  en- 
tendiesen en  la  demanda  que  Don  Alonso  Enriquez 
Conde  de  Alvadeliste  puso  al  Duque  de  Medinasi- 
donia,  diciendo  que  todo  el  mayorazgo  del  Duque 
pertenescia  á  este  Conde  de  Alvadeliste  por  parte 
de  su  madre.  E  mandaron  ver  y  expedir  otros  nego- 
cios arduos  que  ante  ellos  pendían,  tocantes  á  algu- 
nos Grandes  de  bus  Reynos.  E  quisieron  ver  algu- 
nos pleytos  que  estaban  pendientes  ante  los  Oidores 
de  su  chancillería,  é  mandólos  determinar,  porque 


DON  FEENANDO 
las  gentes  no  se  gastasen  siguiendo  pleytos  largo 
tiempo.  E  reformaron  la  chancillería,  poniendo  en 
ella  Dotores  escogidos  en  sciencia  y  experimenta- 
dos en  buena  consciencia.  Otrosí ,  guardando  las  le- 
yes que  ficieron  en  sus  Cortes,  embiaron  pesquisi- 
dores á  las  cibdades  ó  villas,  que  tomasen  residen- 
cia á  los  Corregidores,  é  se  informasen  de  la  ma- 
nera que  hablan  administrado  la  justicia,  y  embia- 
sen  la  relación  de  todo  lo  que  fallasen  ante  ellos. 
Otrosí  embiaron  sus  oficiales  á  las  cibdades  de  Se- 
villa é  de  Córdoba  y  Ecija  é  aquellas  comarcas, 
para  que  toviesen  prestas  las  provisiones  de  man- 
tenimientos, é  otras  cosas  que  eran  necesarias  á  las 
gentes  que  hablan  mandado  llamar  para  la  guerra 
que  entendían  facer  contra  los  moros  el  verano  si- 
guiente. Y  embiaron  mandar  á  Francisco  Kamirez 
de  Madrid,  el  qual  tenia  cargo  del  artillería,  que 
ficiese  aderezar  todas^as  cosas  que  fuesen  menester 
para  quando  la  mandasen  mover  de  la  cibdad  de 
Ecija;  y  embiaron  primero  gentes  de  armas  é  peo- 
nes para  guarda  del  artillería  en  aquella  guerra. 
Y  embiaron  mandar  á  algunos  Grandes  de  sus  Eey- 
nos  que  viniesen ,  ó  embiasen  cada  uno  cierto  nú- 
mero de  gente  de  armas  é  peones  para  los  servir  en 
aquella  guerra.  E  ansimesmo  embiaron  sus  cartas 
de  llamamiento  á  los  caballeros  y  escuderos  que 
tenían  tierras  é  acostamientos,  é  á  las  montañas  de 
Vizcaya,  é  de  Guipúzcoa,  é  á  Galicia,  é  á  las  Astu- 
rias de  Oviedo  é  de  Santillana,  é  á  todas  las  merin- 
dades  de  Castilla  la  vieja,  é  á  otras  cibdades  ó  vi- 
llas de  sus  Reynos,  é  á  las  hermandades,  para  que 
embiasen  cierto  número  de  peones ;  é  que  todas  es- 
tas gentes  fuesen  en  la  cibdad  de  Córdoba  para 
veinte  é  cinco  dias  del  mes  de  Marzo  siguiente.  E 
porque  en  el  Reyno  de  Galicia  había  muchos  homes 
homicianos,  que  por  muertes  é  delitos  estaban  con- 
demnados  á  pena  de  muerte  é  destierro,  é  otras  pe- 
nas corporales,  y  estos  eran  en  gran  número,  los 
quales  por  miedo  de  la  pena,  habían  fuido  dellos  al 
Reyno  de  Portugal,  é  dellos  al  Ducado  de  Bretaña, 
ó  á  Francia,  é  á  otras  partes,  mandaron  dar  sus  car- 
tas de  seguro,  para  que  todos  estos  homicianos  vi- 
niesen á  la  guerra  de  los  moros,  é  sirviendo  en  ella 
ogaño  á  sus  costas ,  fuesen  perdonados ,  para  que 
pudiesen  tornar,  y  estar  seguramente  en  sus  casas, 
seyendo  perdonados  de  los  enemigos.  Acaeció  en 
estos  dias  que  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron  ciertos 
corregidores  é  oficíales  de  justicia  al  Condado  de 
Vizcaya.  E  como  los  de  aquella  montaña  son  homes 
prestos  al  escándalo,  so  color  que  sus  privilegios  ó 
usosé  costumbres  se  quebrantaban,  desobedescieron 
á  la  justicia,  é  maltrataron  á  los  oficiales,  é  ficieron 
insultos  é  alborotos  contra  ellos.  El  Rey  é  la  Reyna 
considerando  que  aquel  negocio  era  de  grand  im- 
portancia, é  que  lo  debían  proveer  con  diligencia , 
habido  su  consejo,  determinaron  de  embiar  á  aquel 
Condado  al  Licenciado  Garcilopez  de  Chinchilla, 
que  era  de  su  consejo ,  el  qual  había  dado  leyes  é 
puesto  en  alguna  orden  de  vivir  á  los  Reynos  de 
^alicia. 


É  DO^A  ISABEL.  445 

Reyna  á  aquel  Condado  de  Vizcaya,  y  estovo  en  él 
algunos  dias.  E  dando  á  entender  á  los  de  aquella 
tierra  los  crimines  que  cometieron ,  por  la  desobe- 
diencia que  ficieron  á  los  mandamientos  reales,  loa 
quitó  de  las  alteraciones  en  que  estaban,  é  procedió 
por  justicia  contra  los  principales  que  alborotaban 
el  pueblo,  condemnando  á  unos  á  pena  de  muerte, 
é  á  otros  á  destierro,  é  á  otros  á  penas  pecuniarias 
para  la  guerra  de  los  moros.  E  les  dio  leyes  en  que 
viviesen,  é  revocó  algunos  malos  usos  é  costumbres 
de  que  usaban,  las  quales  eran  causa  de  sus  alboro- 
tos,  é  quitóles  de  algunas  opiniones  que  contra  toda 
razón  tenían.  Especialmente  una  vana  é  muy  erró- 
nea, que  de  largos  tiempos  estaba  imprimida  en  sua 
entendimientos,  diciendo  que  si  el  Perlado  de  aquel 
Obispado ,  ó  otro  qualquiera  Obispo  entrase  en  su 
tierra,  serian  quebrantados  sus  privilegios.  E  paci- 
ficó toda  la  tierra ,  é  dióles  orden  para  que  viviesen 
en  paz  dende  adelante. 

CAPÍTULO  LXVni. 

Sígnense  las  cosas  que  pasaron  en  la  guerra  contra  los  moros  &k 
el  aOo  de  mil  é  quatrocientos  é  ochenta  é  siete  años. 

En  los  dias  que  el  Rey  é  la  Reyna  estovieron  en 
el  Reyno  de  Galicia  y  en  la  cibdad  do  Salamanca, 
los  moros  que  estaban  en  la  obediencia  del  Rey 
viejo,  ficieron  algunas  entradas  en  la  tierra  de  los 
chrístianos  á  las  partes  de  Jaén,  ó  übeda,  é  Baeza, 
é  Murcia,  é  llevaron  algunos  ganados  é  prisioneros. 
Ansimesmo  Don  Fadrique  de  Toledo,  que  según 
habernos  dicho  quedó  por  mandado  del  Rey  ó  de  la 
Reyna  por  capitán  general  en  la  frontera ,  fizo  al- 
gunas entradas  en  la  vega  de  Granada,  y  en  las 
partes  de  Málaga ,  é  Velezmálaga  ;  é  ovo  algunos 
recuentros  y  escaramuzas  con  los  moros  que  esta- 
ban en  las  serranías  que  dicen  de  la  Algarbía  é  de 
la  Axarquía.  E  porque  aquella  tierra  es  muy  fra- 
gosa, los  chrístianos  pudieran  recebir  grandes  da- 
ños si  este  capitán  no  ficiera  tomar  los  puertos  é  loa 
pasos  de  aquellas  sierras  altas,  porque  los  moros 
no  los  tomasen.  Ansimesmo  Juan  de  Benavides,  á 
quien  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  estar  por  capi- 
tán de  la  cibdad  de  Lorca,  con  la  gente  de  su  capi- 
tanía é  con  la  de  aquella  cibdad  é  sus  comarcas 
fizo  algunas  entradas  en  tierra  de  moros  á  la  parto 
de  Baza,  é  Guadix,  é  de  Almería.  Este  capitán  pe- 
leó en  campo  dos  veces  con  -los  moros,  ó  los  venció, 
é  sacó  captivos  é  ganados,  é  guerreó  á  los  moros  da 
aquellas  partes.  E  por  mandado  del  Rey  é  de  la 
Reyna  daba  favor  al  Rey  mozo  contra  el  Rey  sti 
tío,  é  contra  aquellas  tierras  que  no  le  querían  obe- 
descer  por  su  rey ;  de  manera  que  por  las  unas 
partes  é  por  las  otras  había  contina  guerra,  é  facían 
daño  los  unos  á  los  otros ,  porque  la  gente  de  loa 
moros  en  el  arte  de  guerrear  es  mas  sabida ,  que 
fuerte  para  pelear  en  las  batallas  campales.  Otrosí 
el  Rey  mozf,  veyendo  al  otro  Rey  su  tío  apoderada 
en  el  reyno  que  á  él  pertenescia,  é  que  no  era  rece- 
bido  en  ninguna  de  las  cibdades  é  villas  del,  ó  vista 


440  CRÓNICAS  DE  LOS  R 

nía,  le  dexaban  cada  dia,  porque  no  tenia  que  les 
dar ;  con  aquel  sentimiento  que  padescen  los  que 
ven  lo  suyo  en  poder  ageno,  aventuróse  á  la  muer- 
te ó  al  vencimiento.  E  con  alguna  gente  de  caba- 
llo que  con  él  había  quedado,  pasando  un  dia  é  dos 
noches  á  gran  peligro,  ansí  de  sus  enemigos,  como 
de  grandes  montañas  que  atravesó  fuera  de  cami- 
no, llegó  una  noche  á  las  puertas  del  Albaycin  de 
Granada.  E  desando  los  que  con  él  venian  en  un 
lugar  cercano  al  Albaycin  ,  con  quatro  ó  cinco  que 
tomó  dellos,  llamó  á  las  velas  é  á  los  que  guardaban 
la  puerta  del  Albaycin,  sin  tener  con  ellos  trato  ni 
asiento  cerca  de  su  venida,  ni  de  la  hora  que  habia 
de  llegar.  E  según  lo  que  después  subcedió  pode- 
mos decir,  que  ansí  como  las  guardas  le  abrieron 
las  puertas  del  Albaycin,  ansí  abrió  Dios  las  vo- 
luntades de  los  moros,  para  le  recebir  como  á  rey, 
é  no  le  facer  mal  como  á  enemigo.  Quando  fué  den- 
tro, andovo  llamando  á  las  puertas  de  los  principa- 
les que  moraban  en  el  Albaycin,  é  luego  tomaron 
armas  para  le  defender,  é  ayudar  contra  el  otro  Rey 
8u  tio  que  estaba  en  el  Alhambra.  E  como  por  la 
mañana  la  voz  fué  por  la  cibdad  de  Granada,  é  su 
tio  sopo  que  el  Rey  su  sobrino  estaba  apoderado  en 
el  Albaycin,  luego  fizo  armar  la  gente  de  guerra  de 
la  cibdad,  é  vino  contra  los  del  Albaycin,  é  los  del 
Albaycin  con  el  Rey  mozo  fueron  contra  los  de  la 
cibdad  ;  é  salieron  al  campo ,  é  ovieron  entre  ellos 
una  gran  pelea  do  murieron  muchos  de  los  unos  é 
de  los  otros.  Habida  esta  batalla,  los  de  la  cibdad 
pusieron  estanzas  contra  los  del  Albaycin,  é  pelea- 
ban con  ellos  continamente ;  é  las  peleas  que  ha- 
bían, eran  tan  crueles,  que  qualquier  que  era  toma- 
do por  la  una  parte  ó  por  la  otra,  no  tenia  esperan- 
za de  vida.  El  Rey  mozo,  veyéndose  aquexado  de 
los  moros  de  la  cibdad,  embió  sus  mensageros  á 
Don  Fadrique  capitán  mayor ,  puesto  por  el  Rey  é 
por  la  Reyna,  faciéndole  saber  su  venida  al  Albay- 
cin, é  la  guerra  contina  que  tenia  con  los  de  la  cib- 
dad, é  que  recelaba  de  los  moros  que  con  él  eran, 
que  cansados  de  ver  las  muertes  é  trabajos  continos 
que  pasaban,  mudarían  sus  voluntades,  é  darían  en- 
trada á  los  moros  de  la  cibdad  en  el  Albaycin,  é 
que  él  se  vería  en  peligro  de  muerte.  Por  ende  le 
rogaba  que  le  viniese  á  socorrer  con  la  mas  gente 
de  caballo  que  pudiese.  Don  Fadrique,  sabido  el  es- 
tado en  que  estaba  el  Rey  mozo,  é  que  habia  nece- 
sario el  socorro,  juntó  la  mas  gente  que  luego  pudo 
haber  de  caballo  é  de  pié,  é  vino  camino  de  Gra- 
nada, é  llegó  bien  cerca  de  la  cibdad.  El  Rey  mozo 
quando  vido  á  Don  Fadrique  que  con  la  gente  de 
los  christianos  le  venia  á  socorrer,  embíóle  un  caba- 
llero de  su  parcialidad  que  se  llamaba  Abencomixa 
con  alguna  gente  de  caballo,  y  él  quedó  en  el  Al- 
baycin. 

El  Rey  viejo,  como  sopo  que  la  gente  de  los  chris- 
tianos era  venida  en  ayuda  del  Rey  su  sobrino,  é 
que  estaba  tan  cerca  de  Granada,  siJió  al  campo 
con  toda  la  gente  de  guerra,  ansí  de  pié  como  de 
caballo  de  la  cibdad,  para  pelear  con  los  christía- 
noa.  E  Don  Fadrique,  quando  vido  las  batallas  do 


EYES  DE  CASTILLA, 
los  moros  puestas  en  el  campo,  puso  toda  stl  gente 
repartida  en  los  lugares  que  entendió  que  estaría 
mas  á  su  ventaja  para  pelear  con  los  moros.  Ovo 
ende  algunos  caballeros  que  conocían  las  artes  de 
los  moros,  é  la  enemiga  que  tenían  con  los  chris- 
tianos, é  sospecharon  que  todas  aquellas  diferencias 
que  los  dos  Reyes  mostraban  eran  fingidas ;  é  aun- 
que fuesen  verdaderas,  recelaban  que  en  aquella 
hora  para  mal  de  los  christianos ,  se  concertama  el 
tio  con  el  sobrino ,  é  los  unos  é  los  otros  los  toma- 
rían enmedio  por  los  matar  ó  captivar.  Esto  comu- 
nicado con  Don  Fadrique,  porque  estaba  ya  puesto 
con  la  gente  en  tal  lugar  que  no  se  pudiera  retraer 
sin  gran  daño,  pensó  de  mostrar  esfuerzo  á  las  gen- 
tes para  la  batalla,  é  puso  á  Abencomixa,  aquel  ca- 
ballero moro  que  el  Rey  mozo  le  había  embiado, 
con  su  gente  en  la  delantera ;  porque  si  alguna  tray- 
cion  tenían  pensada,  no  pudiesen  f erir  en  las  espal- 
das de  sus  gentes.  E  fizo  mover  las  esquadras  mas 
adelante  contra  el  Rey  Moro  que  estaba  fuera  de  la 
cibdad.  Los  moros  comenzaron  el  escaramuza  con- 
tra aquel  caballero  Abencomixa  que  estaba  en  la 
delantera,  é  con  algunos  de  los  christianos  que  le 
ayudaban.  Las  otras  batallas  do  estaba  Don  Fadri- 
que é  los  otros  capitanes,  esforzaban  á  los  de  la  es- 
caramuza, y  estaban  prestos  para  entrar  á  pelear 
con  los  moros,  si  se  apartaran  de  los  olivares  é  ace- 
quias donde  se  pusieron.  E  la  escaramuza  duró  por 
espacio  de  quatro  horas,  en  las  quales  murieron  al- 
gunos de  la  una  parte  é  de  la  otra.  Los  moros  de 
Granada,  quando  vieron  que  los  christianos  estaban 
quedos,  é  que  por  ninguna  cosa  que  les  cometían 
no  desordenaban  sus  batallas,  volvieron  á  la  cibdad 
é  continaron  la  guerra  que  tenían  contra  el  Rey 
mozo,  é  contra  la  gente  del  Albaycin  que  le  ayu- 
daban. Don  Fadrique,  quando  vido  que  los  moros 
se  tornaron  á  la  cibdad ,  quedó  en  el  campo  á  vis- 
ta de  Granada  por  espacio  de  un  dia.  E  la  gente  del 
Albaycin  vistas  las  batallas  de  los  christianos  que 
vinieron  en  su  favor,  tomaron  mayor  esfugrzo  para 
se  defender  de  los  de  Granada ;  porque  Don  Fadri- 
que les  embió  á  decir ,  que  sirviesen  al  Rey  mozo 
en  aquella  necesidad,  pues  aquel  era  su  Rey  verda- 
dero ;  é  que  él  de  parte  del  Rey  é  de  la  Reyna  les 
seguraba  sus  personas  é  bienes,  para  que  pudiesen 
salir  á  qualesquier  partes,  é  facer  sus  labores,  é  tra- 
tar sus  mercaderías  libremente  sin  daño  ninguno. 
Los  moros,  visto  el  seguro ,  tomaron  mayor  esfuerzo 
para  ayudar  al  Rey  mozo,  é  defender  el  Albaycin,  é 
guerreará  los  de  la  cibdad.  Las  peleas  de  noche é  de 
dia  que  habia  entre  los  unos  é  los  otros,  se  contina- 
ron  tanto,  que  el  Rey  mozo  embió  á  decir  á  Don 
Fadrique  que  le  embíase  alguna  gente  de  pié  y 
espingarderos  para  que  le  ayudasen,  porque  los 
moros  de  la  cibdad  habían  fecho  algunos  portillos 
en  la  cerca,  é  trabajaban  todas  las  horas  peleando 
por  entrar.  Don  Fadrique,  considerando  quanto  com- 
pila al  bien  de  aquella  conquista  que  el  Rey  mozo 
fuese  favorescido,  embió  á  Fernán  Alvarez  de  So- 
tomayor,  Alcayde  de  Colomera,  con  algunos  peones 
espingardírps ;  los  quales  entraron  en  el  Albayício, 


DON  FERNANDO 
é  fueron  bien  recebidos  de  los  moros ,  porque  les 
ayudaban  á  pelear  contra  los  de  la  cibdad.  E  ansí 
duiaron  en  estas  peleas  por  espacio  de  cinqüenta 
días  los  nnos  contra  los  otros. 

CAPÍTULO  LXIX. 

Délas  gentes  que  se  juntaron  con  el  Rey  en  Córdoba ,  para  en- 
trar en  el  Reyno  de  Granada. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  en  la  cibdad  de 
Córdoba,  luego  vinieron  á  su  llamamiento  los 
Maestres  de  Santiago  é  de  Alcántara ,  é  Don  Pedro 
Manrique,  Duque  deNáxera,  é  los  Marqueses  de 
Cáliz  é  de  Villena,  é  Don  Rodrigo  Alonso  Pimen- 
tel,  Conde  de  Benavente,  é  Don  Juan  Tellez  Girón, 
Conde  de  üruefia,  é  Don  Garci  Alvarez  de  Toledo, 
Conde  de  Oropesa,  y  el  Conde  de  Cabra,  é  Don  Gó- 
mez Suarez  de  Figueroa,  Conde  de  Feria,  é  Don  Ga- 
briel Fernandez  Manrique ,  Conde  de  Osomo,  y  el 
Comendador  mayor  de  León,  é  Don  Pedro  Puerto- 
carrero,  Conde  de  Medellin,  é  Don  Pedro  de  Villan- 
drando,  Conde  de  Ribadeo,  ó  Don  Enrique  Enri- 
quez,  Mayordomo  mayor  del  Rey,  ó  Don  Pero  Enri- 
quez,  su  hermano.  Adelantado  mayor  del  Andalu- 
cía, é  Don  Juan  Chacón,  Adelantado  mayor  del 
Reyno  de  Murcia,  é  Don  Alonso ,  Señor  de  la  Casa 
de  Aguilar ,  é  Don  Diego  Fernandez  de  Córdoba, 
Alcayde  de  los  Donceles,  é  Don  Pero  López  de  Pa- 
dilla, Clavero  de  Calatrava,  é  Don  Hurtado  de  Men- 
doza, capitán  de  la  gente  del  Cardenal  de  España. 
E  los  caballeros  que  no  vinieron  en  persona ,  em- 
biaron  las  gentes  de  armas  é  peones  que  por  el  Rey 
é  por  la  Reyna  les  fué  mandado  que  embiasen,  é 
vinieron  al  término  que  les  fué  mandado.  La  gente 
del  Duque  de  Alva,  ó  la  gente  del  Duque  de  Plasen- 
cia,  é  la  gente  del  Duque  de  Medinasidonia,  é  la 
gente  del  Duque  de  Medinaceli,  é  la  gente  del  Du- 
que de  Alburquerque,  é  la  gente  del  Maestre  de 
Calatrava,  é  la  gente  del  Marqués  de  Aguilar,  é  la 
líente  del  Marqués  de  Astorga,  é  la  gente  del  Obis- 
po de  Cuenca,  é  la  gente  del  Conde  de  Castro,  é  la 
^ente  del  Conde  de  Coruña,  é  la  gente  del  Conde 
de  Miranda ,  é  la  gente  del  Conde  de  Nieva,  é  la 
gente  del  Conde  de  Pliego,  é  la  gente  del  Conde  de 
Fuensalida,  é  la  gente  del  Conde  de  Paredes,  é  la 
gente  del  Conde  de  Alvadeliste,  é  la  gente  del  Con- 
de de  Monteagudo,  é  la  gente  de  Don  Bernardino 
de  Velasco,  fijo  del  Condestable  de  Castilla,  é  la 
gente  de  Don  Esteban  de  Guzman,  Señor  de  Santa 
Olalla,  é  la  gente  de  Sancho  de  Roxas,  Señor  de 
Cavia.  Vinieron  ansimesmo  algunos  capitanes  de 
las  guardas  del  Rey  é  de  la  Reyna  con  Don  Fadri- 
que  de  Toledo,  Capitán  general  de  la  frontera. 
Otrosí  vinieron  Don  Diego  de  Castrillo,  Comendador 
mayor  de  Calatrava,  é  Luis  Fernandez  Puertocarre- 
ro,  Señor  de  Palma,  é  Don  Martin  de  Córdoba,  fijo 
del  Conde  de  Cabra,  é  Juan  de  Almaraz,  é  Antonio 
de  Fonseca,  é  Juan  de  Merlo ,  é  Fernán  Carrillo ,  é 
Alonso  Osorio,  é  Pedro  Osorio,  é  Juan  de  Biedma, 
é  Antonio  del  Águila,  é  Hurtado  de  Mendoza,  ó 
Bernal  Francés,  é  Francisco  de  Bovadilla,  ó  Diego 


É  DONA  ISABEL.  447 

López  de  Ayala,  y  el  Comendador  Pedro  do  Ribera, 
é  Don  Fernando  de  Acuña,  con  las  gentes  de  sus 
capitanías.  Otrosí  vinieron  las  gentes  de  caballo  é 
de  pié  de  todas  las  cibdades  é  villas  é  montañas  é 
provincias  que  embiaron  á  llamar ;  é  vinieron  las  de 
las  Hermandades  de  Castilla  diez  mil  peones,  de  los 
quales  tenían  cargo  Alonso  de  Quintanilla  un  ca- 
ballero de  las  Asturias  de  Oviedo,  é  Don  Juan  de 
Ortega,  Provisor  de  Villafranca,  que  eran  goberna- 
dores de  las  Hermandades.  Otrosí  vinieron  los  ho- 
micianos  del  Reyno  de  Galicia,  á  quien  el  Rey  é  la 
Reyna  otorgaron  perdón  porque  viniesen  á  servil- 
ón aquella  guerra.  E  vinieron  ansi  mesmo  los  fijos- 
dalgo .  que  eran  tenudos  de  venir  á  servir  en  las 
guerras  cada  que  fuesen  llamados.  E  de  los  Reynos 
de  Aragón,  é  de  Valencia,  é  de  Sicilia,  é  del  Princi- 
pado de  Cataluña,  é  de  las  islas,  é  otros  señoríos  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  vinieron  Don  Felipe  de  Navar- 
ra, sobrino  del  Rey,  Maestre  de  Montesa,  é  Don 
Luis  de  Borja,  Duque  de  Gandía,  ó  Don  Juan  de 
Luna,  Señor  do  Lierta,  é  Don  Blasco  de  Alagon,  é 
Mosen  Manuel  de  Sesé,  Bayle  general  de  Aragón,  é 
Mosen  Juan  de  Coloma,  Barón  del  Alf  agerin,  é  Mo- 
sen Ferrer  de  Lanuza,  Señor  de  Zaylla,  é  Mosen  Pe- 
dro de  Perea,  é  Don  Juan  de  Ventemilla,  Barón  de 
Buxena,  é  Micer  Bernardo  Gayton,  Barón  de  Sexe, 
é  Don  Pero  Maza  de  Lizana,  Señor  de  Mosen,  é 
Mosen  Requesens  de  Soler,  Governador  de  Catalu- 
ña, é  Mosen  Gabriel  Sánchez,  Tesorero  mayor  del 
Rey,  é  otros  caballeros  fijos-dalgo  de  aquellas  par- 
tes. Quando  todas  aquellas  gentes  fueron  juntas, 
que  podían  ser  en  número  de  veinte  mil  homes  á 
caballo  é  cinqüenta  mil  á  pié ,  platicóse  en  el  Con- 
sejo del  Rey  é  de  la  Reyna ,  quál  cibdad  de  Moros 
se  debía  conquistar  primero  en  este  año  ,  sobre  lo 
qual  ovo  diversos  consejos.  Algunos  fueron  en  vo- 
to que  el  Rey  debía  poner  real  sobre  la  cibdad  de 
Málaga,  porque  si  se  tomase,  por  ser  la  principal  de 
aquellas  partes,  luego  se  rendirían  la  cibdad  de 
Velezmálaga,  é  todos  los  castillos  é  villas  que  son 
en  su  comarca,  y  en  las  serranías  de  la  Axarquía, 
que  quiere  decir  en  lengua  Arábiga  Oriente,  é  de  la 
Algarbía  que  quiere  decir  Ocídente.  El  consejo  de 
otros  era  que  el  cerco  puesto  sobre  la  cibdad  de 
Málaga  seria  peligroso  para  la  hueste,  si  primero 
no  se  tomase  la  cibdad  de  Vélez,  porque  está  asen- 
tada entre  Málaga  é  Granada,  y  es  muy  fuerte  é 
grande,  donde  se  recogerían  muchos  moros  que  po- 
drían venir  seguros  desde  Granada,  fasta  entrar  en 
ella.  Los  quales  faciendo  guerra  por  la  una  parte,  ó 
la  gente  de  pelea  que  estaba  dentro  en  Málaga  por 
la  otra  ;  los  que  estovíesen  en  el  real  sobre  Málaga 
no  podían  ser  seguros,  é  seria  forzado  de  lo  alzar. 
Otros  decían,  que  tomada  la  cibdad  de  Velezmála- 
ga, no  era  necesario  al  Rey  poner  sitio  sobre  la  cib- 
dad de  Málaga,  pues  quedaba  por  todas  partes  cer- 
cada, de  tal  manera  que  ninguno  podría  entrar  ni 
salir  en  ella :  porque  de  la  una  parte  estaban  las  vi- 
llas é  castillos  de  Cártama,  é  Alora  é  Cazarabonela ; 
é  de  la  otra  parte,  ganándose  la  cibdad  de  Velezmá- 
laga, ó  poniendo  navios  por  la  mar  que  guardasen 


448 


CRÓNÍCAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


la  entrada  de  la  45ibdad  á  los  de  África,  de  necesa- 
rio se  rendiria ,  sin  que  el  Rey  con  toda  su  hueste 
fuese  sobre  ella.  El  voto  de  algunos  otros  capitanes 
é  adalides  que  sabian  aquella  tierra,  decían,  que  si 
cerco  se  habia  de  poner  sobre  la  cibdad  de  Velez- 
málaga,  era  necesario  asentarse  en  un  valle  rodea- 
do por  la  una  parte  de  la  mar,  é  por  la  otra  de  ás- 
peras montañas  pobladas  de  muchos  moros,  gente 
belicosa ,  de  los  quales  se  podria  recrescer  gran  pe- 
ligro si  alguna  gente  viniese  de  Granada  á  les  ayu- 
dar. Pero  al  fin  de  algunas  pláticas,  porque  paresció 
eer  mas  necesario  el  cerco  de  Velezraálaga,  el  Rey 
acordó  de  ir  sobre  ella,  é  partió  de  la  oibdad  de  Cór- 
doba Sábado  á  siete  dias  del  mes  de  Abril.  Y  esa 
noche  antes  que  el  Rey  partiese,  casi  á  las  dos  horas 
después  de  media  noche,  ovo  terremoto  en  la  cib- 
dad, especialmente  en  aquella  parte  donde  son  los 
palacios  reales.  Desta  señal  fueron  algunas  gentes 
espantadas,  pensando  que  el  temblor  de  la  tierra  en 
aquella  hora  era  señal  de  alguna  fortuna  que  acaes- 
ceria  en  la  hueste  ;  otros  creyeron  aquello  ser  cosa 
que  suele  acaescer  como  vemos  las  otras  cosas  na- 
turales que  de  contino  se  veen.  Con  este  acuerdo  el 
Rey  partió  de  la  cibdad  de  Córdoba,  y  embió  man- 
dar á  Francisco  Ramírez  de  Madrid,  el  qual  tenia 
cargo  del  artillería,  é  á  los  otros  capitanes  de  la 
gente  de  caballo  é  de  pié  que  andaban  en  guarda 
della,  que  luego  partiesen  de  Ecija  donde  estaban. 
E  mandó  al  Maestre  de  Alcántara,  é  á  las  gentes 
de  caballo  é  de  pié  de  la  cibdad  de  Ecija,  é  á  Mar- 
tin Alonso,  Señor  de  Montemayor,  é  álos  alcaydes 
de  Soria  é  de  Carmena  con  las  gentes  de  caballo  é 
de  pié  de  sus  capitanías,  que  fuesen  en  guarda  del 
artillería.  El  Rey,  continuando  el  camino  con  toda 
la  hueste ,  puso  su  real  en  el  rio  de  las  Yeguas, 
donde  ovo  tantas  é  tan  continas  lluvias  que  las  gen- 
tes é  las  bestias  é  todo  el  f  ardage  recibió  gran  daño. 
El  Rey  movió  de  allí  la  hueste,  é  fué  mas  adelante, 
é  llegó  el  Jueves  de  la  Cena  (1)  á  las  vegas  que  di- 
cen de  Archidona.  E  como  quier  que  facia  grandes 
aguas,  pero  estovo  en  aquel  real  por  oír  los  oficios 
divinos  que  se  celebraban  en  aquellos  dias ;  é  allí 
fizo  publicar  la  determinación  que  ovo  en  su  con- 
sejo delante  de  la  Reyna  para  cercar  á  Velezmálaga. 
Otro  día,  yendo  mas  adelante  camino  de  aquella 
cibdad,  mandó  asentar  su  real  en  un  lugar  que  se 
llama  la  fuente  de  la  Lana.  E  porque  las  muchas 
aguas  habían  dañado  los  caminos,  acordó  que  la 
artillería  fuese  por  el  mejor  camino,  porque  los 
bueyes  que  la  llevaban  fallasen  herbage  que  co- 
mer, é  no  lo  fallasen  comido  de  las  muchas  bestias 
que  iban  en  la  hueste ;  y  el  Roy  con  toda  la  hueste 
fué  por  otra  parte  desviado  del  camino  que  llevaba 
el  artillería.  En  aquel  lugar  mandó  el  Rey  ordenar 
BUS  batallas  en  esta  manera.  En  la  delantera  iba  el 
Alcayde  de  los  Donceles  con  los  Mariscales,  é  con 
las  gentes  de  caballo  que  embiaron  el  Duque  de 
Alburquerque,  y  el  Conde  de  Sant  Estovan ;  y  estos 


[i)  iiijbm  Sajoitoi  w  f^é  di«bo  9ÍÍ9  4  Agce  i^  Abril» 


iban  adelante  á  ver  los  lugares  donde  el  real  se  po- 
dria mejor  asentar.  El  avanguarda  llevaba  Don 
Alonso  de  Cárdenas,  Maestre  de  Santiago,  con  mil 
é  decientas  lanzas,  é  con  ciertos  peones  de  las  her- 
mandades, é  con  las  gentes  del  Duque  de  Plasencia, 
é  del  Duque  de  Medinaceli,  que  iban  en  las  alas.  En 
otra  batalla  iba  Don  Rodrigo  Ponce  de  Leen,  Mar- 
qués de  Cáliz ;  en  otra  iba  el  Conde  de  Urueña ,  é 
Don  Alonso,  Señor  de  la  Casa  de  Aguilar.  En  otra 
batalla  iba  el  Conde  de  Feria,  é  la  gente  de  caballo 
que  embió  Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Arzo- 
bispo de  Sevilla.  En  otra  batalla  iba  la  gente  del 
Duque  de  Medinasidonia,  donde  iba  por  capitán 
Pero  Vaca.  En  otra  batalla  iba  el  Clavero  de  Cala- 
trava.  En  otra  batalla  iba  el  Conde  de  Cabra  con  la 
gente  de  caballo  é  pié  de  su  casa.  En  otra  batalla 
iba  Don  Hurtado  de  Mendoza  con  la  gente  de  ca- 
ballo é  de  pié  del  Cardenal  de  España  su  hermano. 
En  otra  batalla  iba  el  Duque  de  Náxera ,  é  con  él 
iban  Niiño  del  Águila  é  Fernán  Duque ,  capitanea 
del  Rey  é  de  la  Reyna  con  las  gentes  de  sus  casas, 
é  con  la  gente  que  embió  el  Marqués  de  Astorga. 
En  otra  batalla  iba  el  Conde  de  Benavente ,  y  en 
esta  batalla  iba  Garci  Bravo,  Alcayde  de  Atienza» 
é  Don  Alvaro  Bazan  con  las  gentes  que  tenían  de 
sus  capitanías.  E  después  destas  batallas  iba  la  ba- 
talla real,  donde  iba  por  Alférez  el  Conde  de  Ci- 
f uentes  que  llevaba  el  pendón  real ;  y  en  esta  ba- 
talla iba  Don  Gutierre  de  Cárdenas ,  Comendador 
mayor  de  León  con  la  gente  de  su  casa,  é  Don  Fa- 
drique  de  Toledo,  fijo  del  Duque  de  Alva,  que  tenia 
cargo  de  la  capitanía  general  de  la  frontera  de  loa 
moros,  y  el  Adelantado  del  Andalucía,  é  Don  Fran- 
cisco Enriquez,  é  Luis  Fernandez  Puertocarrero, 
Señor  de  Palma,  é  Don  Martin  de  Córdoba,  é  Juan 
de  Almaraz,  é  Antonio  de  Fonseca,  é  Juan  de  Mer- 
lo, é  Fernán  Carrillo,  capitanes  del  Rey  é  de  la 
Reyna  con  las  gentes  de  caballo  de  sus  capitanías. 
Otrosí  iban  en  esta  batalla  real  todos  los  caballerea 
fijos-dalgo  que  vivían  con  el  Rey  é  con  la  Reyna, 
y  estaban  continamente  en  su  corte ;  y  en  las  doa 
alas  desta  batalla  iban  las  gentes  de  caballo  é  de 
pié  de  las  cibdades  de  Sevilla  é  Córdoba.  E  luego 
cerca  de  la  batalla  real  iba  todo  el  f ardage,  y  en 
guarda  del  iba  la  gente  de  caballo  é  do  pié  de  la 
cibdad  de  Xerez  de  la  Frontera.  Y  en  la  rezaga  iba 
Diego  López  de  Ayala,  é  Francisco  de  Bovadilla,  é 
Pedro  de  Vera,  y  el  Alcayde  de  Moren  con  las  gen- 
tes de  sus  capitanías,  é  con  las  gentes  de  caballo  ó 
é  de  pié  que  vinieron  de  las  cibdades  de  Jaén,  é 
übeda  é  Baeza  é  Anduxar.  Los  peones  iban  reparti- 
dos en  veinte  é  tres  batallas.  E  porque  con  las  mu- 
chas aguas  los  arroyos  iban  crescidos,  é  habia  pasos 
trabajosos  de  pasar  alas  gentes  de  pié,  el  Rey  man- 
dó al  Alcayde  de  los  Donceles  que  iba  delante,  quo 
llevase  dos  mil  peones  é  maestros  carpinteros  para 
facer  puentes  de  madera  en  loa  arroyos,  é  que  ficie- 
se  poner  piedras  grandes  en  los  charcos  de  las  aguaa 
por  donde  laa  gentes  de  pié  pudiesen  pasar.  Con 
estas  batallas  ordenadas  en  la  manera  que  habernos 
dicho,  el  Rey  mandó  mover  bu  real  pwft  ir  ia{U| 


Don  FERNANDO 
ajelante ;  é  porque  el  camino  que  habían  de  llevar 
era  angosto,  mandó  ir  adelante  quatro  mil  peones 
con  picos  é  palas  de  fierro  para  quebrar  las  peñas  é 
adobar  los  malos  pasos.  E  de  aquella  manera  la 
gente  de  la  hueste  con  gran  pena  andovo  cinco  le- 
guas de  montañas  tan  fragosas,  que  muchas  bestias 
de  las  que  llevaban  el  f  ardage  perescieron  porque 
no  se  pudo  fallar  rio,  ni  dispusicion  donde  el  real  se 
asentase,  fasta  que  llegaron  á  un  lugar  que  se  dice 
Salmilla.  E  porque  era  metido  entre  las  montañas 
que  poseían  los  moros,  el  Rey  mandó  al  Comenda- 
dor mayor  de  Calatrava  que  con  algunas  gentes  de 
caballo  é  de  pié  tomase  los  pasos  de  aquellas  sier- 
ras, porque  los  moros  que  las  moraban  no  oviesen 
lugar  de  los  tomar,  é  facer  daño  en  los  christianos. 

CAPÍTULO  LXX. 

Como  se  pnso  real  sobre  la  cibdad  de  Velezmálacra. 

Pasados  los  trabajos  de  las  lluvias  é  de  los  cami- 
nos ásperos  que  habemos  dicho,  el  Rey  con  toda  la 
hueste  llegó  cerca  de  la  cibdad  de  Velezmálaga.  Lle- 
garon ansimesmo  por  la  mar  Don  Juan ,  Conde  de 
Trevento,  con  quatro  galeras  armadas,  é  Martin 
Díaz  de  Mena,  é  Arriaran,  é  Antonio  Bernal,  capi- 
tanes, con  las  naos  é  caravelas  de  la  flota  del  Rey  é 
de  la  Reyna  que  tenian  en  cargo.  Ésta  cibdad  es 
cercana  á  la  mar  por  espacio  de  media  legua,  y  está 
cercada  de  todas  partes  de  grandes  montañas,  é  una 
dellasque  es  la  mas  cercana  á  la  cibdad,  se  continúa 
fasta  la  cibdad  de  Granada.  Estaba  poblada  de  mu- 
chos moros  cursados  en  la  guerra.  La  cibdad  está 
asentada  bazo  en  la  falda  de  una  sierra ,  que  se 
aparta  un  poco  de  aquella  montaña.  La  fortaleza  es 
en  lo  mas  alto,  é  la  cibdad  está  tendida  por  la  lade- 
ra, bien  cercada  de  muros  é  torres  fuertes  y  espesas 
con  una  barrera  que  la  cerca  toda  en  torno  ;  é  tiene 
junto  con  los  muros  dos  grandes  arrabales  fortales- 
cidos  de  albarradas  é  de  grandes  fosados.  Otrosí 
cerca  de  la  cibdad  ,  por  espacio  de  una  legua ,  en 
una  sierra  alta,  está  fundada  una  villa  muy  fuerte, 
que  se  llama  Bentomiz ;  de  manera  que  de  la  una 
parte  esta  cibdad  tiene  la  mar,  ó  de  todas  las  otras 
partes  está  rodeada  de  montañas  que  poseen  los 
moros.  El  artillería  no  pudo  llegar  quando  él  llegó 
con  BU  hueste,  por  el  impedimento  que  ovieron  de 
las  aguas  ó  de  las  sierras  é  peñas,  é  otros  malos  pa- 
sos que  habia  en  el  puesto  que  dicen  de  Alf  ornare, 
por  do  habia  de  pasar.  E  como  quier  que  los  minis- 
tros que  la  tenian  en  cargo  cada  uno  por  su  parte 
ponía  gran  diligencia  en  la  traer ;  pero  á  gran  pena 
podían  andar  en  todo  un  día  una  legua,  porque  era 
necesario  ir  delante  gente  de  pié  con  picos  é  palas 
de  fierro  quebrando  peñas  é  allanando  los  lugares 
de  aquel  puerto,  por  do  pudiesen  pasar  los  carros. 

Como  el  Rey  llegó  cerca  de  la  cibdad,  el  voto  de 
algunos  caballeros  era,  que'el  real  se  asentase  baxo 
en  lo  llano,  ó  que  no  se  pusiese  en  las  cuestas  que 
estaban  entre  la  cibdad  é  la  villa  de  Bentomiz ;  por- 
que estando  entre  dos  lugares  enemigos,  ó  tanto 
cercanos  el  uno  del  otro,  la  gente  podría  recibir 


É  DOÑA  ISABEL.  449 

daño.  El  voto  del  Rey  fué  qne  se  debía  asentar  en 
aquellas  cuestas  que  eran  entre  la  cibdad  é  aquella 
villa  de  Bentomiz,  porque  la  gente  del  real  aunque 
recibiese  algún  trabajo  en  la  guarda,  pero  defen- 
dería á  qualquier  gente  que  de  aquella  villa  viniese 
á  entrar  en  la  cibdad  para  la  socorrer. 

E  acaesció,  que  andando  el  Rey  acompañado  de 
algunos  pocos  caballeros,  mirando  en  que  lugares 
menos  dañosos  á  sus  gentes  estarían  las  estanzas, 
mandó  poner  cierta  gente  de  pié  en  un  cen-o  que 
estaba  sobre  la  cibdad;  porque  aquel  guardado, 
eran  mas  seguros  los  que  estoviesen  en  el  real ;  é 
para  tener  el  cerco  aprovechaba  mas  que  otra  estan- 
za  de  las  que  contra  la  cibdad  se  pusiesen.  Los  mo- 
ros, veyendo  que  tomado  aquel  cerro  geles  seguiría 
gran  daño,  salieron  lyia  grand  esquadra  de  los  que 
estaban  en  la  cibdad,  é  tirando  saetas  y  espingar- 
das, vinieron  contra  los  que  lo  guardaban.  Los  peo- 
nes turbados  del  acometimiento  arrebatado  que  los 
moros  ficieron ,  desampararon  el  cerro ,  é  se  pusie- 
ron en  f  uida  ;  é  los  moros  los  siguieron  matando  é 
firiendo  en  ellos.  El  Rey,  que  como  habemos  dicho 
andaba  á  caballo  proveyendo  en  el  asiento  del  real, 
visto  que  los  moros  venían  faciendo  daño  en  los 
christianos,  ansí  como  se  falló  á  la  hora ,  armado 
solamente  de  unas  corazas  é  una  espada  en  la  mano, 
sin  esperar  otra  arma  ni  ayuda  de  gente  arremetió 
contra  los  moros ;  y  entró  tan  de  recio  en  ellos,  que 
algunos  de  los  christianos  que  venían  f uy endo ,  vis- 
to el  socorro  que  el  Rey  por  su  persona  é  por  su 
mano  les  facía,  tomaron  tanto  esfuerzo,  que  torna- 
ron á  entrar  en  los  moros.  E  ansí  juntos  con  el  Rey, 
pusieron  á  los  moros  en  f  uida ,  matando  é  firiendo 
en  ellos,  fasta  los  meter  por  las  puertas  de  la  cib- 
dad. E  recobrado  por  el  Rey  aquel  cerro,  mandólo 
fomescer  de  mas  é  mejor  gente  para  lo  guardar.  En 
aquella  hora  los  que  se  fallaron  mas  cerca  del  Rey, 
fueron  el  Marqués  de  Cáliz ,  y  el  Conde  de  Cabra,  y 
el  Adelantado  de  Murcia,  é  otros  dos  caballeros,  el 
uno  se  llamaba  Garcilaso  de  la  Vega,  y  el  otro  Diego 
de  Atayde.  Estos  caballeros,  visto  el  peligro  en  que 
el  Rey  se  metía,  pusiéronse  delante  porque  no  re- 
cibiese daño  de  la  multitud  de  las  espingardas  é 
saetas  que  los  moros  tiraban. 

Sabido  por  la  hueste  como  el  Rey  peleaba  con  loa 
moros,  acorrieron  allí  muchas  gentes;  é  los  Gran- 
des é  caballeros  que  con  el  Rey  se  fallaron ,  é  los 
otros  que  después  vinieron,  como  quiera  que  conos- 
cieron  bien  que  aquello  que  el  Rey  fizo  fué  necesa- 
rio para  librar  los  suyos  del  daño  que  recebian  ;  pero 
veyendo  de  quanto  precio  era  la  vida  del  Rey  para 
la  conservación  de  todos ,  le  dixeron ,  que  pues  tan- 
tos Grandes  é  tan  buenos  capitanes  é  caballeros  ha- 
bia en  su  hueste ,  le  ploguiese  en  semejantes  casos 
servirse  dellos  é  guardar  su  real  persona ;  porque  el 
príncipe  que  ama  sus  gentes,  guarda  su  vida,  que 
es  vida  de  los  suyos.  E  que  considerase  quantas 
huestes  fueron  perdidas  por  la  caida  de  su  rey ;  por 
ende  le  suplicaban  que  dende  en  adelante  les  ayu- 
dase con  la  fuerza  de  su  ánimo  gobernando,  é  no 
con  la  de  su  cuerpo  peleando.  El  Rey  les  respondió 

29 


450 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  les  tenía  en  servicio  lo  que  le  decían ,  é  que  no 
podría  buenamente  sof rír  ver  los  suyos  padescer ,  ó 
no  aventurar  su  persona  por  los  salvar.  De  esta  reS' 
puesta  todas  las  gentes  ovieron  gran  placer,  é  to- 
maron grand  esfuerzo ,  porque  veían  que  como  Rey 
los  gobernaba,  ó  como  buen  capitán  los  socorría. 
Recobrado  aquel  cerro ,  luego  se  asentó  el  real  en 
diversas  partes,  según  la  dispusicion  del  lugar  lo 
requería.  Y  el  Rey  mandó  otro  día  por  la  mañana 
que  se  combatiesen  los  arrabales ,  para  el  qual  com- 
bate la  gente  del  real  se  aparejó,  é  cada  uno  traba- 
jando por  mostrar  el  esfuerzo  de  su  persona ,  llega- 
ron por  muchas  partes  á  combatir  los  arrabales.  E 
los  moros  se  dispusieron  con  todas  sus  fuerzas  por 
las  calles  á  los  defender ,  é  comenzaron  la  pelea  ;  en 
la  qual  los  de  la  una  parte  por.  ofender,  é  de  la  otra 
por  defender,  poniéndose  con  osadía  al  peligro,  tra- 
bajaban encendidos  con  mayor  cobdícia  de  matar  ó 
ferir  al  enemigo ,  que  defender  á  sí  mesmos. 

Esta  cruel  pelea  duró  por  espacio  de  seis  horas  ,y 
en  todo  este  tiempo  la  fuerza  de  los  christianos  no 
pudo  mover  á  los  moros  de  los  lugares  que  comen- 
zaron á  defender.  Visto  por  el  Duque  de  Náxera  é 
por  el  Conde  de  Benavente  la  gran  fuerza  que  los 
moros  tenían  en  la  defensa  de  sus  arrabales ,  y  el 
daño  que  facían  en  los  christianos  que  los  comba- 
tían, llegaron  con  sus  gentes  por  dos  partes  al  com- 
bate é  acometieron  la  pelea  con  tal  osadía,  que  ficie- 
ron  retraer  los  moros  á  la  cibdad ;  é  los  christianos 
quedaron  apoderados  de  los  arrabales.  Murieron  en 
este  combate  Ñuño  del  Águila,  ó  Don  Martin  de 
Acuña,  ó  fueron  feridos  Garcílaso  de  la  Vega ,  é  Don 
Carlos  de  Guevara ,  é  Fernando  de  Vega ,  é  Juan  de 
Merlo  capitanes,  é  otros  fasta  número  de  ochocien- 
tos homes  ;  é  falláronse  muertos  por  las  calles  mu- 
chos moros.  Tomados  los  arrabales ,  el  Rey  mandó 
al  Duque  de  Náxera,  é  al  Conde  de  Benavente,  é  á 
Don  Fadrique  de  Toledo  con  sus  gentes ,  é  á  Pero 
Carrillo  de  Albornoz,  con  la  gente  del  Arzobispo  de 
Sevilla  que  tenia  en  su  capitanía,  que  pusiesen  es- 
tanzas  en  el  arrabal  contra  la  cibdad.  Estos  caballe- 
ros las  pusieron  luego  bien  cercanas  á  los  muros ,  ó 
las  fortificaron  con  cavas  é  palenques ,  é  las  forne- 
cíeron  de  gente  de  armas  que  las  defendiesen.  Otro- 
sí mandó  el  Rey  al  Comendador  mayor  de  León  é  á 
Rodrigo  de  Ulloa  que  toviesen  cargo  de  facer  cavas 
en  torno  de  la  cibdad,  que  la  ciñesen  desde  los  ar- 
rabales fasta  el  lugar  donde  estaban  asentados  los 
reales ;  de  manera  que  ninguno  pediese  entrar  ,  ni 
salir  en  la  cibdad.  Después  que  el  Rey  proveyó  en 
el  asiento  del  real  ,  luego  entendió  en  la  seguridad 
de  los  caminos ;  porque  las  recuas  de  los  manteni- 
mientos que  la  Reyna  mandaba  venir  al  real  vinie- 
sen seguras.  E  mandó  que  desde  la  villa  de  Archi- 
dona  fasta  el  real,  que  son  diez  leguas,  estoviesen 
gentes  de  caballo  é  de  pié  repartidas  por  las  sierras 
y  en  los  lugares  mas  necesarios,  para  segurar  á  los 
que  viniesen  al  real.  E  mandó  á  Diego  López  de 
Ayala,  é  á  Francisco  de  Bovadilla,  que  con  las  gen- 
tes de  sus  capitanías ,  é  con  los  caballeros  é  peones 
4e  las  cibdades  de  Jaén ,  é  übeda,  é  Baeaaé  Andú- 


xar,  pusiesen  real  en  un  cerro  alto  apartado  una  le- 
gua del  real ,  é  cercano  á  una  villa  que  se  llama  Go- 
mares; porque  la  gente  de  moros  que  estaba  en 
ella  y  en  las  otras  fortalezas  de  Bentomiz,  é  Cani- 
llas, é  Competa,  é  Benamarhoja,  otrosí  los  moros 
que  estaban  metidos  en  las  breñas  é  lugares  áspe- 
ros de  aquellas  sierras,  no  ficíesen  daño  en  las  gen- 
tes que  venían  con  las  provisiones.  E  no  embar- 
gante la  gran  guarda  que  había  en  la  seguridad  de 
los  caminos,  pero  las  montañas  son  tan  ásperas,  que 
los  moros  habian  lugar  salir  dellas,  é  facer  saltos,  é 
mataré  captívar  algunos  christianos  que  venían 
con  poca  compañía  al  real.  Otrosí  las  gentes  de  las 
villas  é  fortalezas  de  moros  que  habemos  dicho  cer- 
canas á  la  cibdad ,  é  los  que  moraban  en  aquellas 
montañas ,  encendían  de  noche  grandes  fuegos  en 
las  cumbres  de  las  sierras ,  é  facían  acometimientos 
de  pelear  con  las  gentes  que  estaban  en  la  guarda 
del  real.  Y  estos  rebatos  eran  tantos ,  que  convenia 
á  los  del  real  estar  siempre  apercibidos ,  é  con  espe- 
ranza contína  de  pelear. 

CAPÍTULO  LXXI. 
De  las  ordenanzas  que  el  Rey  mandó  guardar  en  sos  reales. 

El  Rey  por  quitar  los  ruidos  é  otros  inconvinien- 
tes  que  en  las  grandes  huestes  acaescen ,  constituyó 
é  mandó  pregonar  ciertas  ordenanzas,  conviene  sa- 
bor :  que  ninguno  jugase  dados  ni  naypes,  ni  blas- 
femase ,  ni  sacase  armas  contra  otro ,  ni  revolviese 
ruido.  Otrosí ,  que  no  viniesen  mugeres  mundarias , 
ni  rufianes  al  real ;  é  que  ninguno  saliese  á  escara- 
muza que  los  moros  moviesen,  sin  licencia  de  su  ca- 
pitán ;  é  que  todos  guardasen  el  seguro  que  diese  á 
qualquier  lugar  de  moros  en  general ,  ó  á  cualquier 
moro  en  especial ;  é  que  no  se  pusiese  fuego  á  los 
montes  que  eran  cercanos  al  real  ni  á  los  otros  rea- 
les que  dende  en  adelante  se  pusiesen.  E  franqueó 
á  todos  los  que  traxíesen  mantenimientos  á  sus  rea- 
les por  mar  ó  por  tierra,  para  que  los  pudiesen  ven- 
der libremente  sin  pagar  derecho  de  qualquier  ca- 
lidad que  fuese.  E  todas  estas  cosas  mandó  guardar 
80  ciertas  penas  ;  el  temor  de  las  quales,  visto  que 
se  executaban  en  los  culpados,  engendró  tal  obe- 
diencia ,  que  entre  tantas  gentes  como  concurrían 
en  los  reales,  no  se  falló  sacar  arma ,  ni  decir  pala- 
bra fea  uno  á  otro ,  do  pudiese  haber  escándalo. 

Pasados  quatro  días  después  que  el  real  se  asentó, 
los  moros  que  moraban  en  aquellas  montañas  se 
juntaron  en  gran  número,  é  descendieron  á  unas 
cuestas  cercanas  al  real,  con  propósito  de  ferir  en  la 
gente  que  guardaba  la  una  parte  del  real ,  y  entrar 
en  la  cibdad  ;  porque  ellos  juntos  con  los  que  la 
guardaban,  farian  tanta  guerra á  los  christianos,  que 
les  ficíesen  alzar  el  sitio.  E  si  les  viniese  el  socorro 
de  la  mucha  gente  de  moros  que  esperaban ,  ellos 
por  una  parte  ,  ó  los  que  viniesen  en  su  socorro  por 
la  otra,  podrian  vencer  á  los  christianos.  Como 
aquellas  gentes  de  moros  fueron  vistas,  el  Rey  man- 
dó á  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador  mayor 
de  León,  é  á  Don  Pero  López  de  Padilla,  Clavero 


DON  FERNANDO 
de  Calatrava ,  que  con  cierta  gente  de  caballo  é  de 
pié  subiesen  luego  á  las  cuestas  do  estaban  é  pelea- 
sen con  ellos.  Otrosí  mandó  armar  otros  capitanes  , 
para  que  fuesen  á  las  espaldas  destos  á  los  ayudar. 
El  Comendador  mayor  y  el  Clavero,  cumpliendo  el 
mandamiento  del  Rey,  subieron  con  sus  gentes 
aquellas  cuestas.  E  los  moros,  luego  que  vieron  á  los 
christianos ,  ficieron  rostro ;  é  como  les  tiraron  los 
primeros  tiros  de  las  muchas  ballestas  y  espingardas 
que  traian ,  é  vieron  que  los  christianos  los  sufrían 
é  arremetían  contra  ellos,  volvieron  las  espaldas  é 
pusiéronse  en  fuida,  y  el  Clavero  con  algunos  de  ca- 
ballo é  con  la  gente  de  pié  fué  en  el  alcance.  Pero 
no  pudo  seguirlos  mucho,  porque  se  metieron  en 
otras  sierras  mas  altas,  y  en  tales  lugares  donde 
oran  seguros  de  los  christianos  que  no  los  podian 
seguir. 

El  Rey  mandó  poner  gran  diligencia  para  que  vi- 
niese el  artillería ;  pero  no  pudo  venir  toda ;  porque 
los  caminos  eran  tan  fragosos,  que  ni  se  pudo  fallar 
camino  por  donde  pasase,  ni  dispusicion  donde 
con  grand  industria  é  trabajo  se  pediese  facer.  E 
después  de  diez  dias  que  el  real  se  asentó ,  llegó  fas- 
ta media  legua  del  real  una  parte  della,  que  traia 
fasta  mil  é  quinientos  carros  con  algunos  tiros  de 
lombardas  medianas ,  é  pasabolantes ,  é  cebratanas, 
é  ribadoquines ,  é  otros  géneros  de  artillería.  Todas 
las  mas  gruesas  lombardas  que  no  pudieron  ser  traí- 
das ,  quedaron  en  la  cibdad  de  Antequera. 

CAPÍTULO  LXXIL 

Como  el  Rey  moro  que  estaba  en  Granada,  vino  con  gente  á  so- 
correrá Velezmálaga. 

Entre  los  moros  de  la  cibdad  de  Granada  é  los 
que  moraban  en  el  Albayzín  duraban  siempre  las 
peleas  é  las  muertes  de  homes  que  facían  crecer  en- 
tre ellos  las  enemistades  que  tenían.  Los  de  la  cib- 
dad que  seguían  el  partido  del  Rey  viejo,  estaban 
oprimidos  por  la  guerra  que  tenían  dentro  con  los 
moros  del  Albayzín ,  é  fuera  con  los  christianos  que 
estaban  en  los  castillos  fronteros ;  de  manera  que 
todas  horas  les  convenia  pelear,  ó  con  los  moros,  ó 
con  los  christianos.  Los  alf  aquíes  é  viejos  de  la  cib- 
dad, sabido  que  el  Rey  tenia  gente  por  la  tierra  é 
flota  de  navios  por  la  mar  sobre  la  cibdad  de  Vélez; 
recelando  que  sí  aquella  cibdad  se  perdiese.  Málaga 
con  todas  las  montañas  que  son  cerca  de  ella ,  se 
perderían,  llegaron  al  Rey  que  estaba  en  el  Alham- 
bra,  é  preguntáronle:  que  si  él  trabajaba  por  ser 
rey,  de  quál  tierra  lo  pensaba  ser ,  si  toda  la  dexa- 
ba  perder.  Otrosí  le  decían  é  andaban  predicando 
por  la  cibdad ,  que  estas  peleas  que  habían  con  sus 
hermanos  é  parientes  é  las  muertes  que  se  daban 
unos  á  otros ,  mejor  seria  que  lo  ficiesen  defendien- 
do la  tierra  de  los  enemigos,  que  matando  á  sus 
amigos  ;  é  que  se  debían  doler  veyendo  poseer  á  los 
christianos  las  casas  que  edificaron,  é  gozar  del 
fruto  de  los  árboles  que  plantaron  sus  padres  é  abue- 
los ;  y  en  ver  sus  hermanos  é  parientes  andar  dester- 
rados de  la  tierra  que  poseían  ellos  é  poseyeron  sus 


É  DOÍÍA  ISABEL.  451 

padres  largos  tiempos;  los  quales  derramaron  su 
sangre  por  la  ganar ,  y  ellos  la  derramaban  por  la 
perder.  El  Rey  viejo,  oídas  estas  cosas  é  sabido  que 
el  Rey  con  toda  su  hueste  estaba  sobre  la  cibdad  de 
Velezmálaga,  ovo  gran  turbación;  porque  nunca 
pensó  que  los  christianos  to  vi  eran  osadía  de  se  me- 
ter entre  tantas  é  tan  ásperas  montañas  que  los  ro- 
deaban por  todas  partes.  E  no  quisiera  salir  de  la 
cibdad ,  porque  recelaba  que  luego  el  Rey  su  sobri- 
no entraría  en  ella  é  seria  recebido  por  Rey.  Y  em- 
bióle  á  decir ,  que  se  doliese  de  la  perdición  que  de 
día  en  día  veía  facer  en  los  moros;  é  que  pues  los 
chistianos  se  habían  metido  en  la  huesa ,  agora  te- 
nían tiempo  para  les  echar  la  tierra  encima ;  é  que 
él  quería  dexar  el  título  de  rey  que  había  tomado,  ó 
venir  baxo  de  su  bandera  á  su  gobernación  ;  é  que 
viniesen  juntos  á  socorrer  aquella  cibdad ,  é  habrían 
la  venganza  que  los  moros  deseaban  é  los  christia- 
nos temían.  El  Rey  mozo  no  quiso  aceptar  lo  que  su 
tío  le  embió  á  ofrescer,  por  las  grandes  enemistades 
que  entre  ellos  habían  causado  las  crudas  muertes 
de  los  propinquos  que  habían  muerto  de  la  una  par- 
te é  de  la  otra.  Y  embióle  decir,  que  estaba  en  pro- 
pósito de  se  vengar  é  no  concordar  con  él.  E  que  no 
se  osaba  fiar  de  sus  palabras ,  porque  sabía  quántas 
veces  é  por  quántas  maneras  le  había  tratado  la 
muerte  ;  é  porque  creía ,  que  toda  hora  que  pudiese 
gela  daría.  El  Rey  viejo,  desesperado  de  lo  que  pen- 
saba que  el  Rey  mozo  faria ,  aquexado  de  las  conti- 
nas amonestaciones  que  los  alfaquíes  é  viejos  de  la 
cibdad  de  Granada  le  facían,  juntó  el  mayor  núme- 
ro que  pudo  de  gente  á  caballo  é  á  pié ,  é  vino  por 
los  lugares  mas  encubiertos  de  la  montaña  que  vie- 
ne de  Granada  á  se  juntar  con  aquella  cibdad  de 
Velezmálaga.  E  paresció  un  día  en  la  tarde  con  toda 
su  gente  en  lo  alto  de  la  montaña  donde  estaba  la 
villa  de  Bentomíz.  Y  estovo  allí  aquella  noche  fa- 
ciendo grandes  fuegos  por  muchas  partes  de  la  mon- 
taña. Algunos  caballeros  é  capitanes,  quando  vieron 
las  batallas  de  los  moros,  consejaban  al  Rey  que 
mandase  armar  toda  la  gente  de  su  hueste  é  subie- 
sen por  aquella  sierra  á  pelear  con  ellos.  E  porque 
el  Rey  vido  que  aquello  no  se  podía  facer,  salvo  al- 
zando el  sitio  que  tenia  puesto  sobre  la  cibdad ,  man- 
dó que  toda  la  gente  estovíese  queda,  ó  guardasen 
las  estanzas  é  los  lugares  que  cada  uno  tenía  en 
cargo  de  guardar ;  é  no  cometiesen  á  subir  la  sier- 
ra ni  comenzasen  pelea  con  los  moros.  Otro  día  las 
guardas  que  estaban  puestas ,  tomaron  ciertos  mo- 
ros ,  que  dixeron  que  el  Rey  de  Granada  venia  con 
propósito  de  embiar  algunos  moros  á  caballo,  é 
veinte  mil  peones  á  pelear  con  el  Maestre  de  Alcán- 
tara, é  con  las  otras  gentes  que  venían  en  guarda  del 
artillería,  porque  los  carros  tomaban  largo  trecho 
de  tierra  é  podrían  quemar  qualquier  parte  del  ar- 
tillería, pensando  que  los  christianos  que  la  traian 
non  eran  tantos  que  pudiesen  guardar  la  longura  de 
la  tierra  que  traian  los  carros.  E  que  si  algunos 
christianos  saliesen  del  real  á  le  defender ,  el  Rey 
moro  podría  darporuna  parteen  el  real  é  ala  misma 
hora  saldrían  los  moros  de  la  cibJaJ  á  pairar  onn 


452 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


los  que  guardaban  las  estanzas;  de  manera  que 
guerreados  por  todas  partes  no  se  pudiesen  valer,  ó 
fuesen  vencidos. 

Sabido  esto  por  el  Rey,  mandó  al  Comendador 
mayor  de  León,  que  partiese  con  cierta  gente  de 
caballo  ó  de  pió  á  se  juntar  con  el  Maestre  de  Al- 
cántara, é  que  pelease  con  los  moros  que  venian  á 
dar  en  el  artillería.  El  Comendador  mayor  partió 
luego  con  la  gente  que  el  Rey  le  mandó  llevar ;  ó 
veia  los  moros  que  iban  por  lo  alto  de  la  sierra  con 
propósito  de  destruir  el  artillería.  Los  moros  ansi- 
mesmo  veian  á  este  capitán  é  á  sus  gentes  que  iban 
por  lo  baso  á  la  defender ,  é  pelear  con  ellos ;  é  los 
unos  é  los  otros  esperando  la  pelea ,  temían  la  muer- 
te. El  Rey  moro  que  estaba  en  las  cuestas  altas,  vis- 
ta la  gente  que  partió  del  real  á  defender  el  artille- 
ría, fizo  volver  á  los  moros  que  había  embiado  á  la 
destruir  ;  porque  pensó  que  su  gente  no  podría  for- 
zar á  la  de  los  christianos  que  la  guardaban.  E  acor- 
dó de  baxar  de  una  sierra  alta  donde  estaba  á  otras 
cuestas  mas  baxas ,  para  socorrer  la  cibdad.  E  sus 
batallas  de  gente  de  caballo  é  de  pié  ordenadas,  cer- 
ca ya  de  la  noche  comenzó  á  mover  por  la  sierra 
abaxo  dando  grandes  alaridos ,  é  mostrando  venir 
á  la  batalla  con  grand  esfuerzo.  El  Rey  había  man- 
dado armar  toda  la  gente  del  real,  é  mandó  al  Con- 
de de  Cabra,  é  al  Conde  de  Feria,  é  á  Don  Hurtado 
de  Mendoza,  é  al  Adelantado  del  Andalucía,  que 
fuesen  luego  con  sus  gentes ,  é  se  pusiesen  al  en- 
cuentro de  los  moros  en  el  camino  por  donde  podían 
descender  para  venir  contra  el  real.  Otrosí  mandó  á 
Garcí  Fernandez  Manrique ,  Capitán  de  la  gente  de 
Córdoba ,  é  á  los  capitanes  de  la  gente  de  Écija  é 
Carmena  que  tomasen  un  cerro  que  era  en  la  una 
ala  hacia  la  parte  de  la  mar.  Y  en  la  otra  ala  man- 
dó estar  al  Conde  de  ürueña  é  á  Don  Alonso  de  Aguí- 
lar  con  ciertos  capitanes  é  gentes  encima  de  otra 
cuesta ;  de  manera  que  los  moros  estaban  rodeados 
de  la  gente  de  los  christianos ,  é  no  podían  descen- 
der de  las  cuestas  para  venir  contra  el  real  por  la 
una  parte  ni  por  la  otra,  salvo  peleando  con  algu- 
nas destas  gentes.  Otrosí  mandó  al  Maestre  de  San- 
tiago que  con  sus  gentes  é  otros  capitanes  que  man- 
dó estar  con  él,  se  pusiesen  en  la  delantera  contra 
la  cibdad,  é  ayudasen  al  Duque  de  Náxera,  é  al 
Conde  de  Benavente,  é  á  Don  Fadrique  de  Toledo, 
é  á  Pero  Carrillo  de  Albornoz  que  guardaban  las 
estanzas ,  si  por  ventura  los  moros  de  la  cibdad  sa- 
liesen á  pelear  con  ellos.  E  por  todas  las  entradas 
del  real  puso  gentes  de  armas  que  las  guardasen. 
El  Rey,  acompañado  de  muchos  caballeros  é  fijos- 
dalgo  de  su  hueste ,  andaba  de  unas  partes  á  otras 
amonestando  á  los  caballeros  é  capitanes  que  avi- 
vasen las  fuerzas  para  pelear  ;  porque  en  tal  lugar 
estaban ,  que  ninguna  manera  de  guarescer  había, 
salvo  el  buen  esfuerzo.  E  como  le  trazieron  un  ca- 
ballo, cavalgó  en  él ,  é  dexó  una  muía  en  que  ve- 
nia ;  porque  las  gentes  conociesen ,  que  ansí  como 
era  rey  para  mandar ,  seria  compañero  en  la  nece- 
sidad. Algunos  ovo  en  los  quales  el  gran  miedo  en- 
gendró mayor  esfuerzo  para  vencer  ó  morir  pelean- 


do ;  otros  algunos,  veyéndose  cercados  por  todas 
partes  de  la  mar  é  de  los  enemigos,  estaban  con  re- 
celo ,  é  dubdaban  del  fin  que  Dios  é  la  fortuna  te- 
nía ordenado  de  facer  en  aquella  hora.  E  los  unos  é" 
los  otros  daban  diversos  votos ;  unos  decían,  que  se 
debía  buscar  lugares  por  donde  subiesen  aquella 
montaña  á  pelear  con  los  moros ;  otros  decían ,  que 
la  subida  por  cualquier  parte  era  trabajosa ,  é  que 
la  pelea  que  en  aquellos  lugares  se  ficiese ,  seria  á 
gran  ventaja  de  los  moros,  ó  á  gran  peligro  de  loa 
chístianos.  El  Rey,  visto  los  votos  de  los  unos  ó  de 
los  otros,  mandó  quetodas  las  gentes estoviesen  que- 
das en  los  lugares  que  les  había  mandado  guardar 
é  no  ficiesen  mudanza,  salvo  quando  les  fuese  man- 
dado. Sópese  ansimesmo  como  el  Rey  Moro  amo- 
nestaba sus  gentes ,  diciéndoles,  que  si  fuesen  va- 
rones esforzados,  en  aquel  día  cobrarían  todo  lo 
perdido  en  los  pasados ,  é  que  les  requería  que  tra- 
bajasen por  vencer  6  morir  en  una  vez ,  ganando  el 
paraíso  matando  chrístianos,  é  no  en  tantas  veyen- 
do  los  moros  perder  la  tierra,  é  andando  cuitados 
por  moradas  agenas.  Diciendo  estas  cosas  el  Rey 
Moro  movió  sus  gentes  un  poco  mas  abaxo  contra 
la  batalla  de  Don  Hurtado  de  Mendoza,  que  estaba 
en  la  delantera  con  la  gente  del  Cardenal  su  her- 
mano. Don  Hurtado ,  visto  que  los  moros  se  acerca- 
ban contra  él,  movió  su  batalla  mas  adelante  contra 
ellos.  El  Conde  de  Cabra  y  el  Conde  de  Feria  y  el 
Adelantado  del  Andalucía ,  que  estaban  con  sus  ba- 
tallas un  poco  mas  abaxo  de  la  cuesta ,  é  los  mas 
cercanos  á  la  batalla  de  Don  Hurtado  embiaronle  á 
decir,  que  había  fecho  como  caballero  esforzado  en 
haber  ido  adelante  con  su  batalla  contra  los  moros; 
é  que  ficiese  en  aquella  jomada  como  fijo  del  Mar- 
ques Don  Iñigo  López  su  padre  é  nieto  de  sus  abue- 
los ,  que  nunca  f  uy eron  á  sus  enemigos ;  é  que  le 
daban  su  fe  como  caballeros  de  le  ayudar ,  quando 
le  viesen  ferír  en  los  moros.  Todas  estas  gentes  es- 
taban á  pié,  porque  según  la  dispusícion  de  los  lu- 
gares no  podían  estar  á  caballo ;  é  á  unos  esforzaba 
la  esperanza  del  claro  renombre  que  habrían  en  la 
victoria,  é  á  otros  enflaquescía  el  temor  de  la  muerte 
que  temían  si  viniesen  á  la  batalla.  Los  fuegos  que 
los  moros  habían  fecho  defuera,  é  los  que  parecían 
dentro  en  las  torres  de  la  cibdad ,  eran  tan  grandes, 
que  todas  aquellas  montañas  relumbraban  tanto, 
que  se  veian  bien  los  unos  á  los  otros ,  ir  los  chris- 
tianos contra  los  moros,  é  los  moros  contra  los  chris- 
tianos. E  quando  se  vieron  cerca  comenzaron  á  ti- 
rar por  todas  partes  tiros  de  espingardas  é  de  sae- 
tas ;  é  tan  grande  era  el  sonido  del  artillería  que  pa- 
recía estremecerse  la  tierra ,  porque  aquellas  sierras 
é  valles  resonaban  de  tal  manera;  que  ninguno  po- 
día oír  á  su  compañero.  Aquel  capitán  Don  Hurta- 
do trabajaba  por  subir  aquella  cuesta,  é  comenzar 
la  pelea  con  los  moros.  Ansimesmo  los  que  estaban 
en  las  alas  de  su  batalla  los  querían  acometer ,  pero 
la  subida  era  tan  áspera,  que  los  homes  armados 
no  la  podían  subir  sino  con  gran  pena  é  peligro, 
por  la  dispusícion  de  los  lugares  do  estaban.  Loa 
moros  ansimesmo  no  osaban  descender  mas  abaxo, 


DOIí  FERNANDO 
ni  acometer  á  los  christianos.  Y  en  esta  manera  de 
pelear  con  tiros  de  pólvora  é  ballestas  duraron  gran 
parte  de  la  noche. 

Venida  el  alba,  é  vistas  por  los  moros  las  bata- 
llas de  los  christianos ,  é  la  voluntad  que  mostraban 
de  subir  contra  ellos ,  é  la  gran  guarda  de  gentes 
que  por  todas  partes  estaba  en  el  real  y  en  todos 
los  pasos  y  entradas  por  donde  podian  acometer  la 
pelea ;  recelando  que  como  viniese  el  dia  subirían 
á  ellos  por  unas  partes  é  por  otras,  perdieron  las 
fuerzas,  é  como  gente  caida  de  la  esperanza  que 
traian ,  el  esfuerzo  que  al  principio  mostraron,  ge- 
les  convirtió  de  súbito  en  gran  miedo ,  é  volvieron 
las  espaldas,  é  se  pusieron  en  fnida.  É  ansí  como  la 
muchedumbre  que  presto  se  arma  de  loca  presump- 
cion,  quando  se  dilata  la  victoria  que  espera,  ge- 
les  privan  presto  las  fuerzas ;  ansí  aquella  multitud 
de  gentes  bárbaras ,  perdido  el  esfuerzo  y  el  sentido 
se  derramaron  por  las  montafias ,  é  dexaron  las  lan- 
zas, é  las  espadas,  é  las  corazas,  é  las  ballestas,  y 
espingardas,  por  estar  mas  ligeros  para  escapar  fu- 
yendo.  Algunas  gentes  de  caballo  ó  de  pió  de  los 
christianos,  que  venido  el  dia  fueron  en  seguimien- 
to dellos,  fallaron  por  la  sierra  gran  multitud  de 
aquellas  armas ,  é  vinieron  cargados  dellas.  La  Rey- 
na  que  habia  quedado  en  la  cibdad  de  Córdoba, 
quando  sopo  que  el  Rey  moro  con  tanta  multitud 
de  gente  habia  ido  contra  el  Rey,  llamó  luego  las 
gentes  de  todas  aquellas  partes  del  Andalucía;  é 
mandó  por  sus  cartas  que  todos  los  bornes  de  se- 
senta años  abaxo  éde  veinte  años  arriba,  tomasen 
armas  é  fuesen  luego  donde  el  Rey  estaba  á  le  ser- 
vir. Otrosí  el  Cardenal  de  España  que  habia  que- 
dado con  la  Reyna ,  ofresció  sueldo  á  toda  la  gente 
de  caballo  que  le  quisiese  seguir,  é  se  dispuso  á 
partir  luego  de  Córdoba,  é  ir  do  el  Rey  estaba,  pa- 
ra se  fallar  con  él  é  con  la  gente  de  los  christianos 
en  aquella  necesidad.  É  porque  las  gentes  que  la 
Reyna  mandó  llamar  fuesen  mas  prestas ,  deliberó 
de  ir  en  persona  á  algún  lugar  cercano  de  donde  el 
Rey  estaba ;  ó  cesó  de  lo  facer ,  porque  luego  sopo 
el  desbarato  que  los  moros  ovieron.  Algunos  caba- 
lleros ó  capitanes  cursados  en  la  guerra ,  que  cono- 
cían los  engaños  de  que  los  moros  muchas  veces  se 
aprovechaban ,  visto  como  habían  f uido  tan  súbi- 
tamente ,  pensando  ser  alguna  encubierta ,  díxeron 
al  Rey,  que  por  ventura  los  moros  mostraban  ser 
vencidos  á  fin  que  la  gente  de  la  hueste  se  ase- 
gurase ,  é  no  poniendo  en  el  real  aquella  guarda 
que  convenia ,  podrían  salir  de  las  breñas  y  espesu- 
ras grandes  do  se  habían  metido ,  é  darían  sobre  la 
gente  del  real.  El  Rey,  conociendo  que  en  las  guer- 
ras se  debe  poner  remedio  á  todo  lo  que  se  puede 
recelar,  mandó  que  otra  noche  siguiente  la  gente 
del  real  estoviese  apercebída ;  y  en  la  guarda  de  su 
tienda  estovieron  mil  caballeros  é  fijos-dalgo  ar- 
mados, según  que  estovieron  las  noches  pasadas. 
E  luego  se  sopo  de  las  guardas,  como  el  Rey  moro 
era  ido  á  la  villa  de  Almufiecar,  é  de  allí  partió  pa- 
ra la  cibdad  de  Almería,  é  tornó  á  la  cibdad  de 
Guadix.  Los  moros  do  la  cibdad  de  Granada,  sabi- 


É  DOÑA  ISABEL.  453 

do  el  poco  provecho  que  fizo  su  Rey  ,  y  el  mucho 
daño  que  recibió  la  gente  de  los  moros  que  fué  con 
él  á  facer  el  socorro,  luego  llamaron  al  otro  Rey 
mozo  que  estaba  en  el  Albaycin ,  é  le  apoderaron 
en  el  Alhambra,  y  en  las  otras  fuerzas  de  la  cib- 
dad. E  como  se  vido  apoderado  dellas,  cortó  las 
cabezas  á  quatro  caballeros  los  mas  principales  de 
la  cibdad  que  le  habían  seydo  contrarios,  y  él  que- 
dó por  Rey  en  la  cibdad.  É  porque  los  moros  de- 
seaban haber  seguridad  para  labrar  el  campo ,  é  an- 
dar libres  por  todas  partes,  el  Rey  mozo  que  esta- 
ba en  la  cibdad  de  Granada,  envió  suplicar  al  Rey 
ó  á  la  Reyna ,  que  les  ploguiese  asegurar  á  todos 
los  moros  vecinos  de  qualesquier  cibdades  ó  villas 
ó  castillos  del  Reyno  de  Granada ,  que  se  reduxesen 
á  su  obediencia,  é  se  apartasen  de  la  del  Rey  su 
tío ,  porque  con  deseo  de  seguridad  ,  creía  que  to- 
dos tornarian  á  su  partido.  El  Rey  é  la  Reyna  por 
le  ayudar ,  mandaron  á  todas  las  cibdades  é  villas 
de  la  frontera ,  é  á  sus  capitanes  ó  alcaydes  que  le 
favoresciesen  contra  el  Rey  viejo  su  tío  ;  ó  mandá- 
ronle dar  sus  cartas,  para  que  todos  los  vecinos  de 
Granada  fuesen  seguros ,  é  pudiesen  salir  de  la  cib- 
dad á  facer  sus  labranzas ,  é  ir  á  tierra  de  christia- 
nos á  traer  della  mantenimientos  é  paños  é  todas 
las  otras  cosas,  tanto  que  no  fuesen  armas.  Otrosí 
mandaron  dar  sus  cartas  de  seguro  para  todas  las 
cibdades  villas  é  castillos  de  tierra  de  moros  que 
estaban  por  el  Rey  viejo ,  8i  dentro  de  seis  meses 
se  alzasen  por  el  Rey  mozo ,  é  le  obedeciesen  como 
á  su  Rey.  É  si  dentro  de  este  tiempo  no  lo  ñciesen, 
que  el  Rey  é  la  Reyna  las  pudiesen  guerrear  ó  to- 
mar para  sí. 

CAPÍTULO  LXXIIL 

Como  se  entregó  la  cibdad  de  Velezmálaga. 

Los  moros  de  la  cibdad  de  Velezmálaga,  visto  co- 
mo el  Rey  moro  que  los  vino  á  socorrer  era  vuelto, 
é  sus  gentes  desbaratadas ,  é  que  los  carros  del  ar- 
tillería llegaban  al  real ;  perdidas  sus  fuerzas  ó  re- 
celando las  délos  christianos,  procuraron  de  haber 
seguridad  para  sus  personas  é  bienes ,  é  de  entregar 
la  cibdad ;  é  movieron  fabla  al  Conde  de  Cífuentes, 
para  que  suplicase  al  Rey  que  le  ploguiese  dársela. 
El  Rey  considerando  que  habia  de  ir  á  tomar  la  cib- 
dad de  Málaga  ó  proseguir  mas  adelante  su  con- 
quista ,  porque  el  tiempo  del  verano  no  se  pasase 
en  aquel  sitio ,  plógole  dello.  E  mandó  dar  su  segu- 
ro á  todos  los  que  estaban  en  aquella  cibdad,  para 
que  fuesen  á  las  partes  de  África,  ó  á  otras  quales- 
quier ;  é  que  pudiesen  sacar  sus  bienes,  excepto  las 
armas  é  los  mantenimientos  y  el  artillería  que  en 
ella  ovíese.  E  sí  quisiesen  ser  siervos  del  Rey  é  de 
la  Reyna,  é  vivir  en  aquellas  partes  de  su  señorío, 
que  lo  pudiesen  facer ,  tanto  que  no  fuesen  en  lu- 
gares cercanos  á  la  mar.  Los  moros  de  la  cibdad 
otorgaron  de  lo  facer;  é  luego  mandó  el  Rey  al  Co- 
mendador mayor  de  León,  que  recibiese  aquella 
cibdad  é  su  fortaleza.  B  los  moros  apoderaron  á  él 
con  BUS  gentes  en  todo  ello ,  é  puso  el  pendón  de  la 


454 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cruz,  é  los  pendones  del  Apóstol  Santiago  é  de  las 
armas  reales  en  las  torres  del  castillo ;  é  dio  á  los 
moros  término  de  seis  dias  para  que  saliesen  de  la 
cibdad ,  é  para  que  vendiesen  sus  bienes  muebles. 
E  los  moros  entregaron  al  Rey  fasta  ciento  é  vein- 
te christianos  captivos  homes  é  mugeres  que  tenían 
en  aquella  cibdad.  E  los  unos  fueron  á  los  Reynos 
de  África,  é  otros  fueron  á  otras  partes. 

Entregóse  esta  cibdad  de  Velezmálaga  al  Rey 
Don  Fernando  Viernes  (1)  á  veinte  é  siete  dias  del 
mes  de  Abril ,  en  el  año  del  nascimiento  de  Nues- 
tro Redemptor  Jesu  Christo  de  mil  é  quatrocientos 
é  ochenta  é  siete  afios.  Fundáronse  luego  en  jlas 
mezquitas  de  aquella  cibdad  cinco  iglesias;  una  á  la 
advocación  de  Sancta  María  de  la  Encarnación, 
otra  á  la  advocación  de  Santiago,  otra  á  la  advoca- 
ción de  Santa  Cruz ,  otra  á  la  advocación  de  Sant 
Andrés,  é  otra  á  Sant  Estevan  :  para  las  cuales  la 
Reyna  embió  cruces,  é  cálices,  é  ornamentos,  ó  to- 
das las  cosas  necesarias  al  culto  divino.  Otrosi  el 
Rey  embió  mandar  á  las  villas  é  lugares  que  eran 
en  comarca  de  aquella  cibdad,  que  las  entregasen 
á  las  personas  que  embió  á  las  recebir.  E  luego  en- 
tregaron los  moros  las  villas  é  castillos  de  Bento- 
miz,  en  la  qual  puso  por  Alcayde  á  Pedro  Navarro 
y  en  la  villa  de  Comares  puso  á  Pedro  de  Cuéllar, 
y  en  la  villa  é  castillo  de  Canillas  á  un  caballero 
que  se  llamaba  Apolo ,  y  en  Narija  á  Pedro  de  Cór- 
doba, y  en  la  fortaleza  de  Xedalia  á  Juan  de  Hi- 
nestrosa ,  y  en  la  fortaleza  de  Competa  á  Luis  de 
Llena,  y  en  la  fortaleza  de  Almexía  á  Mosen  Pedro 
de  Sant  Estévan.   Otrosí  vinieron  á  se  ofrecer  por 
subditos  del  Roy  é  de  la  Reyna  todos  los  que  mo- 
raban en  las  villas  é  lugares  de  Maynete,  é  Bena- 
quer,  é  Aboniayla,  é  Benadaliz,  é  Chimbecbinlas, 
é  Padalip,  é  Bayros,  é  Sitanar,  é  Benicorran,  Casis, 
é  Búas,  é  Casamur,  Abistar  ,  Xararaz,  Curbila,  Ru- 
bir,  Alchonche,  Canillas  de  Abayda,  Xauraca,  Pi- 
tarxis,  Lacus   Alharaba,    Acuchayla,    Albiutan, 
Daymas,  Alborgi,  Morgoza,  Machara,  Haxar,  Co- 
tetrox,  Alhadaque,  Almedira,  Aprina,  Alatin,  Re- 
rixa.  Marro.  E  mandaron  el  Rey  ó  la  Reina,  que 
todas  estas  villas  é  lugares  é  alearías ,  é  todos  los 
que  morasen  en  aquellas  sierras  que  llaman  las  Al- 
puxarras,  fuesen  comprendidos  so    la  jurisdicion 
de  Velezmálaga.  Vinieron  los  viejos  é  alfaquíes  en 
nombre  de  todos  estos  lugares ,  é  de  todos  los  otros 
que  son  en  las  Alpuxarras,  é  parecieron  ante  el  Rey; 
é  juraron  por  la  unidad  de  Dios  que  es  un  solo  en 
unidad  ,  el  que  es  vencedor,  é  alcanzador  de  las 
cosas,  sabidor  de  lo  público  é  de  lo  secreto,  é  por  las 
palabras  del  Alcorán  que  Dios  embió  por  la  mano 
do  Mahomad  su  mensagero,  que  ellos  ó  sus  descen- 
dientes para  siempre  jamas  serian  siervos  é  subdi- 
tos del  Rey  é  de  la  Reyna ,  é  después  de  sus   dias 
serian  leales  subditos  al  Príncipe  Don  Juan  su  fijo 
é  á  sus  descendentes,  é  que  obedescerian  é  compli- 
rian  sus  cartas  é  mandamientos,  é  farian  guerra  é 
paz  por  su  mandado.  Otrosí  que  les  pagarían  todos 

(1)  El  cura  de  los  Palacios  dice  que  i  tres  de  Mayo,  cap.  78. 


los  tributos  é  rentas ,  según  que  fasta  aquí  los  pa- 
gaban á  los  Reyes  moros.  El  Rey  les  aseguró  sus 
personas  é  bienes ,  é  les  prometió  que  les  dexaria 
vivir  en  la  ley  de  Mahomad ,  é  guardar  sus  buenos 
usos  é  costumbres.  Otrosí  les  mandó  que  quando 
fuesen  á  sus  heredades  no  llevasen  armas ,  ni  fue- 
sen á  ningún  lugar  de  moros  que  no  estoviese  á  su 
obediencia ,  ni  contraten  con  los  que  en  ellos  mora- 
ren, ni  los  reciban  en  sus  lugares  ni  en  sus  casas. 
Otrosí  que  no  vayan  á  las  villas  é  castillos  que  es- 
tán por  el  Rey,  salvo  una  hora  antes  que  se  ponga 
el  sol.  E  que  si  algún  moro  ó  moros  de  los  que  es- 
tán captivos  en  tierra  de  christianos,  ó  algunos 
christianos  de  los  que  están  captivos  en  tierra  de 
moros  se  soltaren,  é  viniere  á  los  lugares  ó  casas 
donde  ellos  moran  que  los  no  encubran,  é  que 
luego  que  vinieren  ,  los  entreguen  al  alcayde  que 
estoviere  puesto  por  el  Rey.  E  que  ningún  moro 
entre  en  lugar  ni  villa  de  christianos  con  armas, 
salvo  por  llamamiento  del  Rey ,  ó  de  los  alcaydes 
que  por  el  Rey  fueren  puestos.  Otrosi ,  que  si  gen- 
te de  moros  alguna  viniere  de  los  lugares  contra- 
rios á  los  lugares  donde  ellos  moraren,  que  lo  ifoti- 
fiquen  luego  á  los  Alcaydes,  6  gelos  entreguen  pre- 
sos, si  los  pudieren  tomar.  E  que  todo  esto  cumplan 
so  pena  de  muerte,  ó  captiverio,  ó  perdimiento  de 
bienes. 

CAPITULO  LXXIV. 

Como  el  Rey  partió  de  la  cibdad  de  Velezmálaga  para  la  cibdad 
de  Málaga. 

Proveídas  las  cosas  que  en  la  cibdad  de  Velez- 
málaga y  en  su  tierra  fueron  necesarias,  el  Rey, 
continando  su  conquista,  acordó  de  ir  sobre  la  cib- 
dad de  Málaga ;  porque  las  tierras  é  provincias  de 
moros  que  los  años  pasados  había  ganado,  fuesen 
seguras ,  é  no  guerreadas  de  las  gentes  que  en  aque- 
lla cibdad  estaban.  E  mandó  cargar  luego  por  la 
mar  la  artillería ,  é  aparejar  todos  los  navios  de  la 
flota ;  y  él  con  sus  batallas  ordenadas  por  la  tierra, 
é  los  navios  por  la  mar,  partió  de  la  cibdad  de  Ve- 
lez ,  é  fué  ese  dia  á  poner  su  real  á  dos  leguas  de  la 
cibdad  de  Málaga  ribera  de  la  mar,  cerca  de  un  lu- 
gar que  se  llama  Bezmillana.  E  desde  aquel  lugar 
embió  á  decir  con  sus  raensageros  á  los  de  la  cibdad 
de  Málaga,  que  el  Rey  de  Granada  con  gran  pode- 
río de  moros  vino  á  socorrer  la  cibdad  de  Vélez ,  é 
que  había  f uido ;  é  su  gente  fué  desbaratada,  é  que 
la  cibdad  de  Velez  gele  había  entregado.  Por  ende, 
que  embíasen  ante  él  algunos  diputados  para  dar 
la  forma  que  se  requería  en  la  entrega  que  le  habían 
de  facer  de  la  cibdad  ;  é  que  les  seguraría  sus  bie- 
nes é  daría  libertad  á  sus  personas ,  según  lo  había 
fecho  á  los  de  las  otras  cibdades  é  fortalezas ,  que 
sin  fuerza  de  armas  le  habían  seydo  entregadas. 

En  aquella  cibdad  estaba  estonces  un  capitán 
principal,  que  se  llamaba  Hamete  Zelí,  á  quien  el 
Rey  viejo  había  encomendado  la  guardia  dalla.  E 
con  este  capitán  estaban  gentes  de  los  Gomeros 
que  habían  pasado  de  África  para  la  defender.  E 


DON  FERNANDO 
ansimesmo  estaban  otras  gentes  en  las  comarcas, 
que  se  metieron  en  ella  con  sus  mugeres  é  fijos  é 
bienes.  Los  quales  confiando  en  su  grandeza,  y  en 
las  fortalezas  que  tenia,  y  en  la  gente  que  la  guar- 
daba ,  pensaron  guardar  la  cibdad,  é  ser  defendidos 
con  las  fuerzas  della. 

Aquel  capitán,  considerando  la  fortaleza  de  los 
muros  é  la  mucha  gente  que  tenia  dispuesta  para 
los  defender ,  tomó  tan  grand  orgullo,  que  respon- 
dió á  los  mensageros  del  Rey ,  que  no  le  habia  sey- 
do  encomendada  aquella  cibdad  para  la  entregar 
como  el  Rey  pedia ,  mas  para  la  defender  como  ve- 
rla. E  los  mensageros  del  Rey  maltratados  de  los 
moros ,  volvieron  á  dar  esta  respuesta ;  los  quales 
le  informaron  del  estado  de  la  cibdad,  é  de  la  mu- 
cha gente  que  en  ella  habia  ;  é  que  el  capitán  con 
los  moros  que  con  él  eran ,  estaban  en  propósito  de 
poner  todas  sus  fuerzas  para  la  defender.  Oida  es- 
ta respuesta  é  comunicada  entre  los  Grandes  é  ca- 
pitanes que  con  él  estaban ,  algunos  fueron  en  vo- 
to ,  que  pues  la  cibdad  de  Velezmálaga  era  toma- 
da, ó  la  cibdad  de  Málaga  por  todas  partes  estaba 
cercada  de  villas  é  fortalezas  que  estaban  por  el 
Rey  é  por  la  Reyna ;  poniendo  guarda  por  la  mar, 
no  era  necesario  que  el  Rey  fuese  sobre  ella  á  la  si- 
tiar ;  porque  guerreada  de  todas  partes ,  en  poco 
tiempo  serian  constreñidos  á  la  entregar,  pues  por 
la  parte  de  la  mar  ni  por  la  tierra  no  tenían  lugar 
para  salir,  ni  entrar  en  ella.  Otros  algunos  fueron 
en  voto,  que  pues  el  Rey  habia  movido  su  real  con 
propósito  de  ir  á  la  sitiar  é  habia  llegado  tan  cerca, 
todavía  la  debia  cercar.  Porque  si  por  estar  cerca- 
da de  las  fortalezas  que  estaban  por  el  Rey  en  cir- 
cuito ,  los  moros  serian  constreñidos  á  la  entregar, 
en  mas  breve  tiempo  la  entregarían  estando  cer- 
cados de  gente  poderosa  puesta  á  las  puertas.  Otro- 
sí decian,  que  si  el  Rey  no  la  sitiase,  aunque  la  cib- 
dad estoviese  cercada  por  todas  partes ,  podrían  ve- 
nir por  tierra  gran  multitud  de  moros,  é  meter  en 
ella  mantenimientos ,  é  bastecerla  de  gente,  é  de 
las  cosas  necesarias  ,  cada  que  lo  oviesen  menester; 
de  lo  qual  se  podría  seguir  guerra  larga  con  aque- 
lla oibdad  que  estorbase  la  conquista  que  era  co- 
menzada en  todo  aquel  Reyno,  é  pues  estaba  tan 
cerca  con  tantas  gentes,  no  debia  esperar  otro  tiem- 
po en  que  mejor  lo  pudiese  facer.  El  Rey,  oídos  los 
votos  de  los  unos  é  de  los  otros,  determinó  depo- 
ner real  sobre  la  cibdad.  E  otro  día  por  la  mañana 
mandó  á  las  gentes  de  la  hueste  que  moviesen  ade- 
lante, é  los  capitanes  del  armada,  que  partiesen  con 
todos  los  navios  de  la  flota.  E  las  batallas  de  la  gen- 
te por  la  tierra,  é  los  navios  de  la  flota  por  la  mar, 
llegaron  en  una  hora  sobre  la  cibdad  de  Málaga. 

CAPÍTULO  LXXV. 

Del  asiento  de  la  cibdad  de  Málaga ,  é  como  el  Rey  paso  real 
sobre  ella. 

La  cibdad  de  Málaga  según  nos  pareció,  es  pues- 
ta casi  en  fin  de  la  Mar  de  levante  á  la  entrada  de 
la  Mar  de  poniente ,  é  cerca  del  estrecho  de  Gibral- 


É  DOÑA  ISABEL.  455 

tar ,  que  parte  la  tierra  de  España  con  la  tierra  de 
África.  Está  asentada  en  lugar  llano  al  pié  de  ima 
cuesta  grande,  é  cercada  de  un  muro  redondo,  for- 
talescido  de  muchas  torres  gruesas,  é cercanas  unas 
de  otras.  E  tiene  una  barrera  alta  é  fuerte ,  do  an- 
simesmo  hay  muchas  torres.  E  al  cabo  de  la  cibdad 
é  al  comienzo  de  la  subida  de  la  cuesta ,  está  fun- 
dado un  alcázar ,  que  se  dice  el  Alcazaba,  cercado 
con  dos  muros  altos  é  muy  fuertes ,  é  una  barrera. 
En  estas  dos  cercas  pedimos  contar  fasta  treinta 
é  dos  torres  gruesas ,  é  de  maravillosa  altura  é  ar- 
tificio compuestas.  E  allende  de  estas  tiene  en  el 
circuito  de  los  muros  fasta  otras  ochenta  torres 
medianas  é  menores,  cercanas  unas  de  otras.  Deste 
alcázar  sale  una  como  calle  cercada  de  dos  muros, 
y  entre  muro  é  muro  podrá  haber  seis  pasos  en  an- 
cho ;  y  esta  calle  con  los  dos  muros  que  la  guardan 
van  subiendo  la  cuesta  arriba,  fasta  Hegar  á  la 
cumbre,  donde  está  fundado  un  castillo  que  se  lla- 
ma Gibralf  aro ;  el  qual  por  ser  en  lo  mas  alto  ,  é  te- 
ner muchas  torres,  es  una  fuerza  inexpunable.  En 
esta  otra  parte  de  lo  llano  de  la  cibdad  está  una 
fortaleza  con  seis  torres  gruesas  ó  muy  altas ,  que 
se  dice  Castíl  de  Ginoveses.  E  después  están  las  ta- 
razanas  torreadas  con  ciertas  torres  donde  bate  la 
mar.  Y  en  una  puerta  de  la  ciudad  que  va  á  la  mar 
está  una  torre  albarrana,  alta  é  muy  ancha,  que 
sale  de  la  cerca  como  un  espolón,  é  junta  con  la 
mar.  Otrosí  tiene  dos  grandes  arrabales  puestos  en 
lo  llano  junto  con  la  cibdad;  el  uno  que  está  á  la 
parte  de  la  tierra ,  es  cercado  con  fuertes  muros  ó 
muchas  torres ;  en  el  otro  que  está  á  la  parte  de  la 
mar,  habia  muchas  huertas  é  casas  caídas.  E  las 
muchas  torres ,  é  los  grandes  edificios  que  están  fe- 
chos en  los  adarves  y  en  estas  quatro  fortalezas, 
muestran  ser  obras  de  varones  magnánimos,  ea 
muchos  é  antiguos  tiempos  edificados ,  para  guar- 
da de  sus  moradores.  E  allende  de  la  fermosura 
que  le  dan  la  mar  é  los  edificios ,  representa  á  la 
vista  una  imagen  de  mayor  fermosura  con  las  mu- 
chas palmase  cidros,  é  naranjos,  é  otros  árboles  ó 
huertas  que  tiene  en  grand  abundancia  dentro  la 
cibdad  y  en  los  arrabales,  y  en  todo  el  campo  qu& 
es  en  su  circuito.  Cerca  de  aquel  castillo  alto  que 
habemos  dicho  que  se  llama  Gibralf  aro ,  está  un 
cerro  igual  con  él  en  altura ,  é  apartado  por  espacio 
de  dos  tiros  de  ballesta  ;  el  qual  tiene  agrá  é  difíci- 
le  la  subida,  porque  es  muy  enhiesto  por  todas  par- 
tes ,  salvo  de  la  parte  que  mira  al  castillo.  Este  cer- 
ro está  puesto  entre  aquel  castillo  é  una  gran  sier- 
ra en  tal  lugar  que  la  gente  de  los  christianos  no 
podia  pasar  á  poner  real  á  la  parte  do  están  los  po- 
zos del  agua,  ni  donde  son  los  arrabales:  porque 
los  moros  que  los  guardaban  impedían  el  paso  á  los 
christianos.  Quando  aquel  capitán  moro  vido  venir 
contra  la  cibdad  las  batallas  de  la  gente  por  la  tier- 
ra,  é  la  flota  de  los  navios  por  la  mar ,  luego  fizo 
tomar  armas  á  los  moros,  é  puso  guardas  en  las 
puertas  y  en  las  torres  é  muros,  y  en  las  otras  fuer- 
zas de  la  cibdad,  é  puso  fuego  á  las  casas  de  los  ar- 
rabales que  eran  cercanas  á  los  muros.  E  fiíso  salir 


456 


CRÓNICAS  DE  LOS  HEYES  DE  CASTILLA. 


fuera  á  aquella  parte  de  Gibralfaro  por  donde  la 
gente  de  los  christianos  venia,  tres  batallas  de  mo- 
ros. La  una  para  que  guardase  aquel  cerro,  é  la  otra 
estaba  mas  abaso  en  una  albarrada  cerca  del  casti- 
llo por  donde  habla  de  pasar  la  hueste ,  é  la  otra  á 
la  parte  de  la  mar  encima  de  una  cuesta  alta. 

Visto  por  las  gentes  de  caballo  ó  de  pié  que  iban 
en  la  delantera  que  la  hueste  no  podia  pasar  si 
aquel  cerro  no  se  tomase,  partiéronse  en  dos  partes 
algunos  peones  del  reyno  de  Galicia,  é  pugnaron  por 
subir  la  cuesta  que  estaba  á  la  parte  de  la  mar. 
Otros  algunos  caballeros  é  fijos-dalgo  de  casa  del 
Key  é  de  la  Eeyna,  cometieron  á  los  moros  que  guar- 
daban el  paso  que  era  baxo  del  cerro  por  do  habia 
de  pasar  la  hueste  ;  é  los  unos  é  los  otros  peleaban 
por  estas  dos  partes  con  los  moros.  El  Maestre  de 
Santiago  que  llevaba  la  avanguarda,  estovo  quedo 
con  su  batalla  de  gente  de  caballo  en  el  valle  que 
es  en  aquel  lugar  entre  grandes  barrancos,  facien- 
do espaldas  á  los  que  peleaban  á  la  una  parte  é  á  la 
otra  ;  porque  en  aquellos  lugares  habia  tantas  cues- 
tas, que  la  gente  de  caballo  no  podia  pelear  sin 
gran  daño.  Los  peones  del  reyno  de  Galicia  subie- 
ron una  vez  con  gran  peligro  la  cuesta  que  estaba 
á  la  parte  de  la  mar.  Los  moros  quando  los  vieron 
subidos  en  lo  alto,  fueron  contra  ellos  con  tan  arre- 
batado acometimiento,  que  lo  ficieron  venir  f  uyen- 
do  la  cuesta  ayuso.  Al  pié  desta  cuesta  estaban  á 
caballo  Don  Hurtado  de  Mendoza ,  y  el  Comenda- 
dor mayor  de  León,  é  Rodrigo  de  UUoa,  é  Garcila- 
Bo  de  la  Vega ;  é  con  ellos  habia  otros  fijos-dalgo 
de  la  casa  del  Rey  é  de  la  Reyna.  Los  quales  reco- 
gieron la  gente  de  pié  que  venian  f  uyendo  ;  é  se- 
gunda vez  esforzados  por  el  Comendador  mayor  é 
por  los  que  con  él  estaban,  tornaron  los  Gallegos  é 
subieron  la  cuesta ;  é  ansimesmo  los  moros  que  vi- 
nieron contra  ellos  los  ficieron  fuir  otra  vez,  é  de- 
xar  lo  alto  que  hablan  ganado.  E  como  el  Comen- 
dador vido  que  era  necesario  ganar  aquella  cuesta, 
embió  decir  al  Maestre  de  Santiago,  que  le  embiase 
de  su  batalla  algunos  homes  á  caballo,  para  'que 
con  los  caballeros  que  con  él  estaban  por  una  par- 
te, ó  los  peones  por  otra ,  trabajasen  otra  vez  por 
subir  la  cuesta.  E  aunque  el  Maestre  de  Santiago 
lo  embió  á  decir  que  la  pelea  en  aquel  lugar  era 
peligrosa,  ó  que  debia  quitar  afuera  la  gente  de  ca- 
ballo é  do  pié  que  por  allí  peleaba,  el  Comendador 
mayor  todavía  continó  la  pelea  por  aquella  parte 
por  ganar  la  cuesta.  Entretanto  que  esta  pelea  pa- 
saba en  aquel  lugw,  los  otros  caballeros  que  habe- 
rnos dicho  peleaban  con  los  moros  que  guardaban 
el  cerro  alto,  que  es  cercano  al  castillo  de  Gibralfa- 
ro. E  porque  los  moros  conocieron  que  la  dispusi- 
cion  del  lugar  do  los  christianos  estaban  era  á  su 
gran  ventaja,  arremetieron  contra  ellos  ;  los  quales 
no  podiendo  sof rir  la  fuerza  de  los  moros,  volvie- 
ron las  espaldas  fuyendo  un  recuesto  abaxo  ó  los 
moros  los  siguieron  tirándoles  saetas  y  espingardas, 
fasta  que  se  retraxieron  á  la  batalla  del  Maestre  de 
Santiago  que  estaba  cerca.  E  luego  los  unos  por 
una  parte  ó  los  otros  por  otra,  tornaron  á  pelear ;  é 


algunas  veces  los  christianos  aoometian  ¿  los  mO' 
ros  é  los  retraían  fasta  los  meter  por  las  cuestas  al* 
tas  ;  é  otras  veces  los  moros  descendían  contra  los 
christianos,  é  se  metían  entre  ellos  con  tanto  esfuer- 
zo, que  páresela  tener  mayor  deseo  de  matar  chris- 
tianos, que  de  guardar  sus  vidas ;  y  en  estas  peleas, 
que  duraron  por  espacio  de  seis  horas  el  sonido  de 
las  trompetas,  las  voces,  los  alaridos,  el  golpear  de 
las  armas,  el  estruendo  de  las  espingardas  é  de  las 
ballestas  de  la  una  parte  é  de  la  otra  eran  tan  gran- 
des, que  todos  aquellos  valles  resonaban.  Elos  chris- 
tianos sintiendo  muy  grave  no  poder  vencer  á  los 
moros,  é  los  moros  deseando  verter  sangre  de  chris- 
tianos, arremetían  unos  contra  otros  fasta  que  lle- 
gaban á  se  ferir  con  las  espadas  é  con  los  puñales. 
E  tan  grande  era  el  deseo  de  la  venganza ,  que  pri- 
vaba al  deseo  de  la  cobdicia ;  porque  ninguno  pug- 
naba por  captivar  al  enemigo  aunque  podia,  salvo 
por  lo  ferir  ó  matar.  Todas  las  otras  batallas  de  los 
christianos  de  pié  é  de  caballo  que  quedaban  en  la 
rezaga,  no  podían  pasar  adelante ;  porque  de  la  una 
parte  estaba  la  mar  é  de  la  otra  una  sierra  muy 
alta.  E  la  senda  que  estaba  en  medio  por  do  la  gen- 
te pasaba  era  tanto  estrecha  é  de  tan  fragosos  pa- 
sos, que  la  gente  de  caballo  ni  la  de  pié  no  podían 
ir  sino  uno  tras  otro.  Y  el  gran  número  de  las  bes- 
tias que  llevaban  el  fardage  é  también  la  gente  de 
armas  é  de  pié,  se  empedian  en  aquellos  pasos  unos 
á  otros ;  de  tal  manera,  que  aunque  oian  el  estruen- 
do de  las  armas  y  el  sonido  de  las  trompetas  y  el 
alarido  de  los  moros,  no  podían  ir  adelante  en  ayu- 
da de  los  christianos  que  peleaban. 

Durante  el  tiempo  de  estas  peleas,  ciertas  gentes 
de  peones  de  las  Hermandades  é  de  otras  partes ,  se 
aventuraron  á  subir  lo  agro  de  aquella  sierra,  é  á 
gran  trabajo  pasaron  adelante  con  siete  banderas. 
E  puestos  en  la  cumbre,  mostráronse  á  los  moros  en 
aquella  parte  de  Gibralfaro,  donde  defendían  el 
paso  á  los  christianos.  Los  moros ,  vistas  aquellas 
batallas  que  venian  contra  ellos ,  retraziéronse  á 
aquel  cerro  que  habemos  dicho  que  estaba  entre  la 
sierra  y  el  castillo  de  Gibralfaro.  El  Comendador 
mayor  é  Don  Hurtado,  por  la  otra  parte  de  la  mar 
donde  estaban  con  los  peones  de  Galicia  é  de  otras 
partes,  cometieron  tercera  vez  á  subir  aquella  otra 
cuesta.  E  como  quier  que  la  subida  era  muy  agrá, 
pero  Rodrigo  de  Ulloa  é  Garcilaso  de  la  Vega  ó 
otros  algunos  de  caballo  con  ellos,  comenzaron  á 
subir  poruña  parte;  y  el  Comendador  mayor  esfor- 
zando los  peones  gallegos  para  que  subiesen  por  el 
otro  cabo,  subieron  á  lo  alto  de  la  cuesta.  Los  moros 
tirando  saetas  y  espingardas  como  las  otras  dos 
veces  habían  fecho,  vinieron  contra  ellos.  E  los 
christianos  ficiéronles  rostro,  especialmente  un  al- 
férez de  los  peones  de  Mondoñedo  que  se  llamaba 
Luis  Mazeda,  sufrió  el  recio  acometimiento  que  los 
moros  luego  ficieron,  é  se  metió  con  la  bandera  que 
traía  entre  ellos.  E  algunos  gallegos  é  castellanos 
que  le  siguieron,  pelearon  con  tan  gran  denuedo  con- 
tra los  moros,  que  los  ficieron  fuir  é  retraer  al  cas- 
tillo de  Gibralfaro. 


^        '■  DON  FERNANDO 

Visto  por  los  christianos  que  peleaban  por  esta 
otra  parte  de  Gibralf  aro,  como  los  moros  que  pelea- 
ban por  la  parte  de  la  mar  se  habían  retraído ,  co- 
mo quier  que  la  subida  del  cerro  era  tanto  áspera 
que  á  gran  pena  lo  podían  subir ;  pero  mucho  mas 
la  voluntad  que  la  posibilidad,  les  fizo  acometer  á 
lo  subir :  porque  veian,  que  si  aquel  cerro  no  se  to- 
mase, la  gente  de  la  hueste  no  podía  seguramente 
pasar  é  poner  real  en  los  lugares  donde  estaba  acor- 
dado. E  como  las  cosas  aunque  difíciles,  la  fervien- 
te voluntad  de  las  haber  las  face  fáciles,  dellos  ca- 
yendo ,  dellos  levantando ,  unos  por  unas  partes, 
otros  por  otras ,  tirando  é  recibiendo  tiros  de  pie- 
dras é  da  espingardas  é  ballestas,  posponiendo  la 
vida  por  haber  loable  fama,  subieron  el  cerro;  é 
los  moros  que  lo  guardaban ,  cansados  é  muchos 
dellos  f erídos ,  se  retraxieron  f  oyendo  al  castillo. 
Como  los  christianos  que  allí  peleaban  se  apodera- 
ron del  cerro,  luego  el  Rey  con  toda  la  hueste  pudo 
pasar  adelante,  sin  haber  el  peligro  que  de  aquel  lu- 
gar se  esperaba.  E  porque  en  aquellas  peleas  y  es- 
caramuzas se  pasó  todo  lo  mas  del  día,  é  la  gente  de 
la  hueste  llegaron  tarde  é  fatigados,  dellos  de  las 
peleas,  dellos  del  trabajo  que  ovieron  en  los  malos 
pasos  del  camino  ,  no  se  pudo  esa  noche  asentar  el 
real  en  los  lugares  donde  convenia.  Y  el  Rey,  acom- 
pañado de  algunos  Grandes  é  caballeros  de  su  hues- 
te, andovo  esa  noche  poniendo  estanzas  contra  la 
cibdad,  é  guardas  é  sobreguardas  y  escuchas  para 
sentir  qualquier  movimiento  que  los  moros  quisie- 
sen facer.  Otro  día  por  la  mañana  se  asentaron  las 
tiendas  del  Rey  en  un  lugar  ;  é  allí  fueron  aposen- 
tados los  caballeros  que  andaban  en  su  guarda  é 
todos  sus  oficiales.  En  otro  lugar  cercano  á  la  mar 
jEueron  aposentados  los  Maestres  de  Santiago  é  de 
Alcántara  con  otros  capitanes.  En  otro  lugar  esta- 
ban las  gentes  de  caballo  ó  de  pió  de  algunas  cib- 
dades  ó  villas  de  las  montañas.  En  otro  lugar  esta- 
ba el  artillería  é  las  gentes  de  pelea  que  la  guarda- 
ban, é  los  oficiales  que  labraban  de  contíno  el  fierro 
é  las  piedras  é  las  maderas  é  otras  cosas  que  eran 
necesarias. 

CAPÍTULO  LXXVI. 

Como  se  asentaron  las  estanzas  contra  la  cibdad  de  Málaga. 

Como  el  real  fué  asentado,  luego  acordó  el  Rey 
de  poner  las  estanzas  contra  la  cibdad  en  los  luga- 
res donde  convenia,  é  f  ortalescer  de  tapias  é  cavas 
aquel  cerro  que  estaba  contra  el  castillo  de  Gíbral- 
f  aro  ;  ó  mandó  estar  en  él  dos  mil  é  quinientos  de 
caballo  é  catorce  mil  bornes  á  pié,  é  fornecello  de 
tiros  de  pólvora.  E  dio  el  cargo  principal  para  lo 
guardar  al  Marques  de  Cáliz ;  ó  mandó  al  provisor 
de  Víllafranca,  que  con  algunos  peones  de  las  Her- 
mandades estoviese  con  el  Marqués  en  ciertas  es- 
tanzas.  E  cerca  de  las  estanzas  del  Marqués  mandó 
tener  otra  estanza  á  Don  Martín  de  Córdoba  con  la 
gente  de  su  capitanía ;  é  junto  con  esta  estanza  se 
puso  otra  que  tenía  Hernando  de  Vega ;  é  cerca 
desta  estaba  ,otra  estanza  que  tenia  Garci  Bravo, 


É  DOÍÍA  ISABEL.  457 

alcayde  de  Atienza  ;  é  fué  puesta  otra  do  estaban 
Pero  Vaca  é  Carlos  de  Arellano,  capitán  de  la  gen- 
te del  Duque  de  Medinacíli.  E  cerca  desta  tenia 
otra  Hernán  Carrillo ;  é  junto  con  esta  tenia  otra 
estanza  Jorge  de  Beteta,  alcayde  de  Soria ;  é  cerca 
de  esta  tenia  otra  estanza  Miguel  Dansa ;  é  después 
desta  estaba  otra  que  tenía  Francisco  de  Bovadi- 
11a;  é  luego  cerca  desta  tenia  otra  estanza  Diego  Ló- 
pez de  Ayala.  Todos  estos  capitanes  con  las  gentes 
de  sus  capitanías ,  tenían  estas  estanzas  en  toda 
aquella  parte  que  desciende  desde  el  cerro  alto  cer- 
cano á  Gibralf  aro,  fasta  dar  en  la  mar.  E  desta  otra 
parte  de  la  cibdad  que  viene  desde  Gibralf  aro  ro- 
deando por  los  arrabales,  mandó   poner  otras  es- 
tanzas  en  esta  manera.  Al  alcayde  de  los  Donceles 
mandó  tener  una  estanza  contra  una  parte  de  la 
cibdad  que  dicen  la  puerta  de  Granada  ;  ó  porque 
esta  tenia  grande  espacio  de  tierra,  mandó  estar 
con  él  cierta  gente  del  Duque  de  Medinasidonia  é 
del  Duque  de  Alburquerque.  E  después  desta  tenia 
otra  estanza  el  Conde  de  Cíf  uentes  con  la  gente  de 
caballeé  de  pié  de  la  cibdad  de  Sevilla ;  é  cerca  desta 
mandó  tener  otra  al  Conde  de  Feria  ó  al  Comenda- 
dor mayor  de  Calatrava ;  é  cerca  desta  tenia  otra 
el  Clavero  de  Calatrava  con  la  gente  de  su  capita- 
nía é  con  la  gente  del  Maestre  de  Calatrava  é  Alon- 
so Enriquez,  capitán  de  la  gente  de  Ecíja.  E  cerca 
desta  tenía  otra  estanza  el  Conde  de  Benavente,  con 
el  qual  mandó  que  estoviese  Pero  Carrillo  de  Al- 
bornoz con  la  gente  de  su  casa ,  é  con  la  gente  del 
Arzobispo  de  Sevilla  que  tenía  en  su  capitanía  ;  en 
otra  estanza  cerca  desta  estaba  el  Conde  de  Urue- 
fia,  é  Don  Alonso  Señor  de  la  Casa  de  Aguilar;  otra 
estanza  cerca  desta  tenía  el  Duque  de  Náxera,  con 
el  qual  estaba  un  capitán  del  Rey,  que  se  llamaba 
Hernán  Duque,   con  la  gente  de  su  capitanía;  é 
cerca  desta  estaba  otra  estanza  que  tenia  Don  Fa- 
drique  de  Toledo,  é  con  él  estaba  Juan  de  Almaraz 
é  Alonso  Osorío,  capitanes,  con  las  gentes  de  sus 
capitanías ;  cerca  desta  tenia  otra  estanza  Don  Hur- 
tado de  Mendoza  con  la  gente  del  Cardenal  de  Es- 
paña ;  ó  junto  con  ella  tenía  otra  estanza  el  Conde 
de  Cabra ;  é  cerca  desta  tenía  otra  estanza  el  Comen- 
dador de  León  ;  é  cerca  desta  estaba  otra  que  tenía 
Garcifernandez  Manrique  con  la  gente  de  la  cib- 
dad de  Córdoba ;  é  cerca  desta  estaba  otra  estanza 
que  tenia  el  Maestre  de  Alcántara,  con  el  qual  man- 
dó el  Rey  que  estoviese  Antonio  de  Fonseca,  ó  An- 
tonio del  Águila ,  capitanes ,  con  las  gentes  de  sus 
capitanías  ;  é  luego  junto  con  esta  estanza  estaba 
el  Maestre  de  Santiago ,  é  con  él  estaba  Puertocar- 
rero.  Señor  de  Palma.  E  porque  andando  en  torno 
de  la  cibdad,  desde  la  una  parte  de  la  mar  fasta  la 
otra  había  grand  espacio  de  tierra,  convino  ceñirla 
con  todas  estas  estanzas ,  porque  estoviese  cercada 
de  todas  partes.  E  todas  fueron  fortificadas  de  ca- 
vas é  baluartes,  é  repartidos  en  ellas  espingarderos 
é  ballesteros,  é  otros  bornes  de  pelea  que  las  guar- 
daban. Otrosí  mandó  el  Rey  á  Mosen  Requesens 
Conde  de  Trevento,  é  á  Martín  Ruiz  de  Mena,  é  á 
Arriaran,  é  á  Antonio  Bernal,  capitanes  de  lá  flota 


458 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  estaba  en  la  mar,  que  en  las  noches  pusiesen 
juntas  todas  las  naos  é  las  galeras  é  las  caravelas  é 
todas  las  otras  fustas,  por  manera  que  ciñesen  la 
cibdad  por  la  parte  que  la  cerca  la  mar.  Los  moros 
estaban  proveídos  de  muchas  lombardas  é  otros 
tiros  de  pólvora,  é  oficiales  artilleros,  é  de  todas  las 
otras  cosas  necesarias  para  se  defender,  é  ofender. 
E  quando  vieron  el  real  del  Rey  asentado  en  aque- 
llas partes,  conoscido  el  lugar  donde  la  tienda  real 
estaba,  tiraron  á  ella  tantos  tiros  de  truenos  é  búza- 
nos,  que  fué  necesario  de  la  mudar,  é  poner  tras 
una  cuesta  en  lugar  mas  seguro. 

Asentados  los  reales  é  las  estanzas  en  torno  de  la 
cibdad,  luego  el  Eey  mandó  sacar  de  las  naos  el  ar- 
tillería que  babia  venido  sobre  Velezmálaga,  é  traer 
las  lombardas  grandes,  que  por  el  impedimento  del 
camino  fragoso  hablan  quedado  en  la  cibdad  de  An- 
tequera. Llegó  ansimesmo  por  la  mar  un  caballero 
que  se  llamaba  Don  Ladrón  de  Guevara  con  dos  naos 
armadas  que  venian  de  Flándes,  en  las  quales  el 
Rey  de  los  Romanos  fijo  del  Emperador,  embió  al 
Rey  ciertas  lombardas  é  tiros  de  pólvora,  con  todos 
los  aparejos  que  eran  necesarios.  Otrosí  para  facer 
los  pertrechos  é  proveimientos  del  artillería,  habia 
muchos  oficiales  ferreros,  carpinteros,  aserradores, 
hacheros,  fundidores,  albañies,  pedreros  que  busca- 
ban mineros  de  piedras,  é  otros  pedreros  que  las  la- 
braban ,  é  azadoneros,  carboneros  que  tenían  cargo 
de  facer  el  carbón  para  las  fraguas,  y  esparteros  que 
facían  sogas  y  espuertas.  Y  en  cada  uno  destos  ofi- 
cios había  un  ministro,  que  tenía  cargo  de  solicitar 
los  oficíales,  é  darles  todo  lo  que  era  necesario  parala 
labor  que  facían.  Otrosí  andaba  gran  número  de  car- 
retas, é  con  cada  cien  carretas  era  diputado  un  mi- 
nistro que  tenia  maestros,  á  quien  dábalos  aparejos 
necesarios  para  las  reparar.  E  habia  otros  maestros 
de  facer  pólvora,  la  qual  se  guardaba  en  cuevas  que 
facían  debaxo  de  tierra  trecientos  homes  repartidos 
de  noche  é  de  día  para  la  guardar.  E  mandó  el  Rey 
traer  de  las  Alxeciras  que  estaban  despobladas,  to- 
das las  piedras  de  lombardas  que  el  Rey  Don  Alon- 
so el  bueno  su  trasbísabuelo  fizo  tirar  contra  aque- 
llas dos  cibdades  quando  las  tovo  cercadas. 

Después  que  el  artillería  fué  llegada  al  real,  é 
fueron  fechos  los  aparejos  que  se  requerían  para 
que  tirasen,  el  Rey  mandó  á  Francisco  Ramírez ,  ca- 
pitán del  artillería,  que  ficíese  subir  á  la  cuesta 
grande  que  guardaba  el  Marqués  de  Cáliz  contra  el 
castillo  de  Gibralf aro ,  cinco  lombardas  gruesas  é 
otros  tiros  medianos  é  pequeños.  Y  en  la  estanza 
del  Marestre  de  Santiago,  que  es  cercana  a  la  huer- 
ta que  dicen  del  Rey,  mandó  asentar  seis  lombardas 
con  otros  tiros  de  pólvora  ;  é  los  otros  tiros  se  re- 
partieron por  otras  partes,  do  fué  acordado  por  los 
artilleros.  E  para  facer  los  lugares  do  se  habían  de 
asentar  las  lombardas,  fué  necesario  grande  guarda, 
porque  los  moros  tiraban  tantos  tiros  de  pólvora  é 
de  saetas  contra  los  que  facían  los  asientos,  que  no 
podían  estar  seguros ;  é  convino  facerlos  de  noche, 
é  con  grandes  amparos,  para  escapar  del  daño  que 
los  moros  facían  con  su  artillería. 


CAPITULO  LXXVIL 

Como  se  combatió  una  parte  del  arrabal  de  Malaga. 

Según  habemos  recontado,  el  un  arrabal  déla 
cibdad  tenia  los  muros  fuertes,  é  poblados  de  mu- 
chas torres.  E  porque  su  circuito  era  grande,  los 
moros  tenían  en  él  sus  ganados,  é  habían  lugar  de 
salir  á  pié  é  á  caballo  á  pelear ;  é  peleaban  tantas 
veces  con  los  que  guardaban  las  estanzas,  que  fa- 
cían á  las  gentes  del  real  estar  armados  para  los 
combates  que  continamente  les  facían.  E  por  escu- 
sar  aquel  daño,  é  porque  ganándose  una  gran  torre, 
que  está  en  el  esquina  de  la  cerca,  se  ganaba  gran 
parte  del  arrabal ,  el  Rey  mandó  asentar  contra  ella 
ciertas  lombardas ,  las  quales  derribaron  parte  del 
muro  que  habia  de  torre  á  torre,  é  las  almenas  é  to- 
das las  defensas  que  aquella  torre  é  otras  cercanas 
á  ella  tenían  por  la  parte  defuera.  El  Conde  de  Ci- 
fuentes  é  Juan  de  Almaraz  é  Hurtado  de  Luna  ca- 
pitanes, é  otros  fijos-dalgo  de  la  casa  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  visto  que  con  menor  peligro  podían  comba- 
tir el  muro ,  por  ser  derribadas  las  defensas  que  te- 
nia por  defuera,  llegaron  con  algunos  pertrechos  á 
aquella  torre,  é  pusieron  las  escalas.  Los  moros  por- 
que en  lo  alto  no  tenían  defensas,  descendieron  á 
una  bóveda  de  la  torre,  é  desde  aquel  lugar  echaron 
pez  é  resina  con  lino  é  con  cáñamo,  é  quemaron  las 
escalas,  é  los  otros  pertrechos  que  estaban  arrimados 
á  la  torre.  Los  chrístíanos  por  los  muchos  tiros  que 
los  moros  facían ,  fueron  constreñidos  por  aquella 
hora  de  apartar  el  combate.  E  porque  luego  salieron 
de  la  cibdad  muchos  moros  para  defender  aquella 
torre,  el  Rey  mandó  al  Duque  de  Náxera,  é  al  Co- 
mendador mayor  de  Calatrava,  que  viniesen  al  com- 
bate con  sus  gentes.  Otro  día  por  la  mañana  los 
chrístíanos  traxíeron  otros  pertrechos  é  tornaron  á 
poner  las  escalas,  é  subieron  por  ellas  á  la  torre,  é 
pusieron  en  ella  las  banderas  de  los  capitanes. 

Los  moros,  visto  que  los  chrístíanos  la  habían  se- 
ñoreado, asentaron  dentro  en  el  arrabal  algunos  ti- 
ros de  pólvora  con  que  tiraron  á  la  torre  por  derri- 
bar las  defensas  que  amparaban  en  ella  á  los  chrís- 
tíanos que  habían  subido.  E  con  gran  peligro  de  las 
piedras  y  esquinas  que  tiraban  de  alto,  llegaron  los 
moros  al  pié  de  la  torre ,  é  cavaron  cierta  parte  de- 
Ua ,  é  pusiéronla  en  cuentos  para  la  derribar.  Los 
christianos ,  por  socorrer  á  los  que  habían  subido, 
llegaron  con  pertrechos  al  muro,  que  estaba  ya 
tanto  derribado  de  las  lombardas ,  que  podían  ver 
á  los  moros  que  peleaban  de  dentro.  E  por  aquel  lu- 
gar, los  christianos  pugnando  por  entrar  é  los  moros 
defendiendo  la  entrada ,  duró  la  pelea  entre  ellos 
todo  aquel  día  é  la  noche  siguiente.  Otro  día  los  mo- 
ros con  los  tiros  que  ficieron  derribaron  algunas  al- 
menas que  en  la  torre  habían  quedado  por  la  parte 
de  dentro;  é  porque  aquellas  defendían  á  los  chrístía- 
nos que  estaban  en  lo  alto  ,  fueron  constreñidos  de 
baxar  á  la  bóveda  de  la  torre  que  los  moros  habían 
desamparado.  Los  moros ,  visto  que  con  todas  sus 
fuerzas  nopodiaii  lanzar  los  christianos  de  la  torre, 


DON  FERNANDO  E  DOÑA  ISABEL. 


459 


pusieron  fuego  á  los  cuentos  de  madera ,  é  cayó  una 
parte  della  con  algunos  de  los  christianos  que  la  de- 
fendían. Los  otros  que  quedaron  con  gran  pena  del 
humo  é  de  los  tiros  que  f  acian  los  moros ,  defendie- 
ron la  torre  fasta  que  otros  ovieron  lugar  de  subir  á 
los  socorrer.  E  después  que  la  señorearon ,  tiraron 
della  tantos  tiros  de  piedras  y  espingardas,  que  ma- 
taban é  ferian  muchos  de  los  moros  que  la  comba- 
tían por  la  parte  de  dentro.  É  los  christianos  que 
combatían  por  defuera ,  pudieron  subir  al  muro ,  é 
saltando  el  fosado  que  los  moros  hablan  fecho  por 
de  dentro,  pasaron  adelante  peleando  con  los  moros 
por  espacio  de  tres  horas.  E  alli  fué  necesario  el  es- 
fuerzo del  corazón  juntamente  con  la  fuerza  de  las 
manos ,  porque  la  pelea  en  aquellos  lugares  fué  tan 
ferida ,  que  no  se  ganó  paso  de  aquellos  arrabales, 
que  no  fuese  regado  con  sangre  de  los  unos  é  de  los 
otros.  Al  fin  los  moros,  quando  no  pudieron  sofrir  la 
fuerza  de  los  christianos ,  se  retraxieron  á  la  cibdad, 
é  los  christianos  los  siguieron  firiendo  é  matando 
algunos  dellos ;  é  ansi  quedaron  apoderados  de  toda 
la  mayor  parte  de  los  arrabales.  Otro  dia  Don  Hur- 
tado de  Mendoza  combatió  un  portillo  que  estaba 
en  el  muro  del  arrabal  por  aquella  pai-te  donde  te- 
nia su  estanza ,  é  peleando  con  los  moros  entró  con 
su  gente ,  ó  ganó  una  torre  que  estaba  cercana  de 
aquel  portillo.  E  algunos  de  sus  escuderos  é  peones 
tendiéronse  por  las  calles  é  otros  lugares  del  arrabal 
que  no  sabían.  Los  moros,  que  conocían  las  en- 
tradas ó  pasos  de  aquellas  calles,  salieron  por  otra 
parte,  é  atajaron  á  aquellos  que  andaban  desman- 
dados, é  pelearon  con  ellos,  é  á  unosfirieron,  é  á 
otros  mataron ;  otros  se  retraxieron  al  portillo  que 
habían  ganado.  Y  el  acometimiento  que  los  moros 
ficieron  contra  los  christianos  fué  tan  arrebatado, 
que  aquellos  que  estaban  sobre  la  torre  que  habían 
ganado,  perdido  el  sentido  se  dexaron  caer  della ,  é 
la  desampararon  con  toda  aquella  parte  del  arrabal. 
E  ficieran  los  moros  mayor  daño  en  los  christianos, 
salvo  que  Don  Hurtado  socorrió  con  la  otra  gente, 
é  peleando  con  los  moros ,  los  retraxo  fasta  los  me- 
ter por  la  cibdad ;  é  tornó  á  recobrar  la  torre  que  los 
auyos  habían  desamparado. 

CAPÍTULO  LXXVIII. 

Como  la  Reyna  vino  al  real  de  Málaga,  é  de  las  cosas  que  ende  pa- 
saron. 

En  algunos  lugares  de  los  que  son  en  comarca 
de  la  cíbdBd  de  Málaga,  había  en  aquellos  días  pes- 
tilencia, é  las  gentes  de  la  hueste  por  esta  causa  es- 
taban en  temor  recelando  no  la  ovíese  en  el  real. 
Otrosí  acaesció  algunas  veces  haber  carestía  en  los 
mantenimientos,  quando  las  fustas  por  la  mar  é  las 
recuas  que  los  traían  por  la  tierra,  tardaban  en  ve- 
nir con  ellos.  E  como  en  las  grandes  huestes  suele 
acaescer,  que  algunos  murmuran  é  se  quexan  quan- 
do semejantes  cosas  ocurren  ,  algunos  malos  chris- 
tianos de  livianos  sesos  é  dañados  deseos  creían  que 
el  Rey  por  estas  causas  no  se  podría  allí  sostener ; 
é  con  gran  daño  de  sus  ánimas  apeligro  de  sus  cuer- 


pos; se  pasaban  á  los  moros ,  é  les  informaban  des- 
tas  cosas,  é  agraviándolas  mas  en  dicho  que  eran  en 
fecho,  les  decían  que  las  gentes  del  real  estaban 
mal  contentos,  é  que  se  iban  de  dia  en  dia  sin  licen- 
cia del  Rey  é  de  sus  capitanes.  E  allende  desto  les 
daban  á  entender  que  la  Reyna,  temiendo  la  pesti- 
lencia, escrebia  de  contino  al  Rey,  suplicándole  que 
ñciese  luego  alzar  el  real ,  é  que  embiaba  á  mandar 
á  los  Grandes  que  con  él  estaban,  que  gelo  conse- 
jasen ,  por  el  recelo  que  había  de  algún  daño  que 
por  esta  causa  acaeciese  en  sus  gentes.  Y  estos  ma- 
los christianos  amonestaban  á  los  moros,  que  pues 
eran  tantos  é  tan  escogidos  homes  que  se  detovie- 
sen,  é  no  ficiesen  partido  de  entregar  la  cibdad  al 
Rey ,  pues  que  el  real  no  podía  allí  durar.  Los  mo- 
ros que  hgeramente  creen  las  cosas  que  desean,  es- 
forzábanse ,  é  crescíales  mas  su  pertinacia,  pensan- 
do ser  verdad  lo  que  aquellos  malos  christianos  les 
decían.  E  mostrando  sus  fuerzas  para  defender  la 
cibdad ,  facían  en  los  lugares  menos  fuertes  grandes 
fosados  é  palizadas ,  ó  todos  los  días  salían  á  pelear 
con  los  christianos  que  guardaban  las  estanzas. 
Como  el  Rey  fué  informado  que  los  moros  creían 
que  la  Reyna  procuraba  que  se  alzase  el  real ,  á  fin 
de  los  quitar  de  aquel  propósito  embió  decir  á  la 
Reyna,  que  para  la  brevedad  de  las  cosas  de  aque- 
lla conquista  convenía  que  ella  viniese  en  persona, 
y  estoviese  en  aquel  sitio  ;  porque  los  moros  por  ex- 
periencia viesen  la  voluntad  que  él  y  ella  tenían  de 
permanescer  en  aquel  cerco ,  é  de  lo  no  alzar  por 
ninguna  cosa  que  ocurriese  fasta  ganar  la  cibdad. 
Quando  la  Reyna  fué  certificada  destas  cosas  por 
las  cartas  é  mensageros  del  Rey ,  acordó  de  venir  al 
real,  pensando  que  sí  los  moros  sopiesen  de  su  ve- 
nida ,  se  dexarían  de  la  esperanza  que  aquella  falsa 
información  les  había  dado ,  é  que  entregarían  lue- 
go la  cibdad.  Otrosí  se  movió  á  venir,  porque  ocur- 
rían algunas  cosas ,  ansí  tocantes  al  dinero  que  era 
necesario  para  sostener  la  guerra ,  en  que  ella  prin- 
cipalmente proveía ,  como  en  otros  negocios  arduos 
de  sus  Reynos  que  continamente  ocurrían ;  los  qua- 
les  era  necesario  comunicar  con  el  Rey,  é  recebian 
algún  detrimento  por  no  se  platicar  con  él. 

Como  la  Reyna  vino  al  real  fué  recebída  por  el 
Rey,  é  por  los  Grandes  é  caballeros;  é  comunmente 
por  todas  las  gentes  de  la  hueste  con  gran  placer, 
porque  su  venida  les  pareció  ser  alivio  de  los  traba- 
jos pasados ,  é  se  esforzaron  mas  para  los  continar. 
E  algunos  caballeros  é  fijos-dalgo ,  é  otros  mance- 
bos dados  á  virtud  que  no  habían  seydo  llamados 
este  año  para  la  guerra ,  sabido  que  la  Reyna  esta- 
ba en  el  real ,  se  movieron  á  venir  por  sus  personas 
á  la  servir.  Venida  la  Reyna  al  real,  luego  el  Rey 
mandó  apretar  mas  el  cerco,  é  facer  cavas  é  paliza- 
das en  los  lugares  donde  era  mas  necesario.  E  man- 
dó á  un  intérprete  que  fablase  con  los  de  la  cibdad, 
faciéndoles  saber  como  la  Reyna  era  venida  al  real, 
é  que  estaba  en  propósito  con  el  ayuda  de  Dios  de 
permanescer  en  aquel  cerco ,  é  de  lo  no  alzar  por 
ningún  caso  que  acaesciese  fasta  ganar  la  cibdad. 
Por  ende  que  se  dexasen  de  qualesquier  palabras 


460 

que  contra  esto  les  fuesen  dichas,  pues  veian  no  ser 
verdaderas;  é  que  entregasen  luego  la  cibdad,  y  el 
Rey  é  la  Reyna  se  habrían  piadosamente  con  ellos, 
é  les  darian  seguro  para  que  pudiesen  ir  libremen- 
te con  BUS  bienes  á  las  partes  de  África  ó  de  España, 
según  lo  habia  dado  á  los  de  Velezmálaga.  E  que  no 
esperasen  tiempo  tal  que  su  rebelión  dañase  á  su 
vida  é  á  su  libertad ,  para  que  no  pudiesen  librar  á 
BÍ  ni  á  sus  mugeres  é  fijos  de  muerte  ó  de  captive- 
rio.  Oida  por  los  moros  esta  amonestación,  luego 
aquel  capitán  Hamete  Zelí,  é  otro  capitán  de  la 
gente  de  los  Gomeros ,  que  se  llamaba  Aliderbart, 
menospreciando  el  beneficio  de  la  libertad  que  por 
parte  del  Rey  é  de  la  Reyna  les  fué  ofrescido ,  no 
quisieron  responder,  ni  dieron  lugar  que  moro  nin- 
guno respondiese  á  la  f abla  que  les  fué  fecha;  é 
continuaron  en  mayor  rebelión ,  teniendo  confianza 
en  la  fortaleza  de  la  cibdad ,  y  en  la  gente  que  te- 
nían para  la  guardar.  Otrosí  tenían  esperanza  que 
aquel  sitio  no  podía  durar  muchos  días,  por  las  llu- 
vias que  en  aquella  tierra  suelen  caer,  las  quales 
traerían  toda  la  gente  de  la  hueste  en  perdición  si 
allí  esperasen.  E  también  porque  aquella  cibdad  no 
tiene  puerto ,  é  su  playa  es  tan  peligrosa  á  los  na- 
vios en  tiempo  de  fortuna,  que  ninguno  puede  es- 
tar en  ella  ;  y  esperaban  que  con  la  primera  tor- 
menta las  fustas  de  la  flota  peligrarían ,  ó  les  seria 
forzado  de  ir  á  otros  puertos,  y  ellos  habrían  liber- 
tad por  la  mar  de  ir  á  África ,  é  los  de  África  venir 
á  la  cibdad  á  la  socorrer  con  las  gentes  é  provisio- 
nes que  oviesen  menester.  Ansimesmo  pensaban 
que  acaescerian  en  el  real  otros  algunos  inconvi- 
níentes  de  los  que  suelen  acaescer  en  las  huestes 
que  están  muchos  días  en  el  campo.  Y  estas  espe- 
ranzas que  los  moros  tenían,  les  dieron  esfuerzo 
para  se  defender  é  poner  dobladas  guardas  en  to- 
das las  fortalezas  é  muros  de  la  cibdad.  Para  lo 
qual  se  dividieron  en  quadrillas  cada  una  de  cien 
homes  con  un  capitán ,  los  unos  para  rondar,  otros 
diputaron  para  que  saliesen  á  pelear,  otros  manda- 
ron que  estoviesen  sobresalientes  para  socorrer  á  los 
que  peleasen;  é  todas  estas  gentes  proveyeron  de 
armas  é  de  muchas  espingardas  é  ballestas  é  otros 
tiros  de  pólvora.  Armaron  ansimesmo  por  la  mar 
seis  albatozas  é  fornesciéronlas  de  gente  é  de  mu- 
chos tiros  de  pólvora.  E  defendieron  que  ninguno 
de  los  moros  respondiese  á  los  christianos  á  qual- 
quier  f  abla  que  les  dixesen ;  é  ni  ellos  entre  si  unos 
con  otros  fablasen  en  dar  la  cibdad  por  qualquíer 
partido  que  les  fuese  fecho,  so  pena  de  muerte. 

Ovo  algunos  moros  que  en  su  f  abla  mostraron  vo- 
luntad de  responder  á  los  christianos,  6  que  no  pa- 
recían tanto  diligentes  en  la  defensa  de  la  cibdad  ; 
y  estos  tales  luego  fueron  muertos  ó  feridos  por 
aquellos  Gomeros  ó  por  sus  capitanes,  sin  esperar 
dellos  razón  alguna.  E  con  estas  muertes  ó  feridas 
que  dieron  á  algunos ,  todos  estaban  tan  atemoriza- 
dos ,  que  ninguno  osaba  f  ablar  con  otro  á  parte ,  ni 
mostrarse  negligente  en  fecho  ni  en  dicho,  que  to- 
case á  la  defensa  de  la  cibdad.  É  cada  uno  pensaba 
de  mostrar  el  esfuerzo  ^  ó  de  lo  poner  á  otros,  é  de 


CRÓNÍtJAS  DBliOS  REYES  DE  CASTILLA. 


no  aceptar  ni  oír  partido  alguno,  que  por  los  chris- 
tianos le  fuese  ofrescido.  Los  mercaderes  é  otras 
gentes  pacíficas  de  la  cibdad ,  á  quien  la  manera  de 
su  vivir  habia  fecho  ágenos  del  uso  de  las  armas, 
fueron  puestos  en  turbación  tal ,  que  ni  pensaban 
tener  amparo  ni  lugar  seguro  á  su  vida  ni  de  sus 
mugeres  é  criaturas,  ni  sabían  sí  era  buena  aquella 
defensa  que  se  facía ,  ó  si  era  mejor  consejo  entre- 
gar la  cibdad  al  Rey  ;  porque  el  miedo  de  los  chris- 
tianos que  los  guerreaban  de  fuera ,  é  la  fuerza  de 
los  Gomeros  que  los  señoreaban  de  dentro  ,  les  pri- 
vaba el  entendimiento  para  haber  consejo, 

CAPÍTULO  LXXIX. 
De  la  pelea  que  se  ovo  con  los  de  la  fortaleza  de  6ibralfar9< 

Las  lombardas  que  el  Rey  mandó  asentar  contra 
el  castillo  de  Gíbralf  aro ,  tiraron  algunos  días  á  una 
torre  la  mas  alta  de  aquel  castillo ,  é  otra  menor 
que  estaba  cerca  della ,  é  á  un  muro  que  había  en- 
tre ambas  estas  torres ;  é  derribaron  gran  parte  del 
muro  é  de  las  torres ,  de  manera  que  páresela  no 
quedar  defensa  ninguna  á  los  moros  para  se  ampa- 
rar en  ellas,  si  el  castillo  por  aquella  parte  se  com- 
batiese. 

Los  moros ,  visto  aquel  daño ,  luego  ficieron  por 
de  dentro  un  fosado  é  lo  fortalecieron  con  palizadas 
é  tapias,  de  manera,  que  la  entrada  por  allí  fuera 
peligrosa  á  los  christianos.  Algunos  capitanes  que 
dubdaban  de  la  defensa  que  los  moros  ficieron  por 
de  dentro ,  consejaban  que  el  castillo  se  debía  com- 
batir, pues  las  lombardas  habían  derribado  todas 
las  defensas  que  los  moros  podían  tener  en  aquella 
parte.  El  voto  de  otros  era  que  no  se  debía  cometer 
el  combate ;  porque  sospechaban  que  los  moros  ha- 
bían fecho  las  defensas  que  ficieron.  E  decían,  que 
si  el  muro  se  ganase,  aquello  seria  á  gran  peligro 
de  los  christianos ;  é  aunque  lo  entrasen ,  la  entra- 
da seña  sin  provecho,  porque  no  podrían  pasar 
adelante  por  la  gran  cava  é  defensas  que  los  moros 
temían  fechas  por  las  partes  de  dentro.  Al  fin  de  al- 
gunas pláticas  fué  acordado  que  cesase  el  combate; 
pero  que  el  Marqués  de  CáUz  acercase  mas  su  estan- 
za  al  castillo  por  aquella  parte  de  las  torres  derri- 
badas ;  é  que  esto  se  podía  facer  seguramente ,  pues 
que  los  moros  no  tenían  defensa  alguna  donde  lo 
pediesen  resistir.  El  Marqués,  visto  el  acuerdo  que 
sobre  esto  se  ovo ,  aunque  dubdoso  de  llegar  su  es- 
tanza  tanto  cercana  al  muro  ;  pero  porque  no  pares- 
cíese  ref usar  qualquier  trabajo  aunque  fuese  peli- 
groso, fizo  llegar  su  estanza  cerca  del  castillo  quan- 
to  un  tiro  de  piedra  de  la  mano. 

Los  moros,  visto  que  los  christianos  se  habían  lle- 
gado tan  cerca ,  salieron  fasta  dos  mil  dellos  dando 
grandes  alaridos  é  tirando  tiros  de  saetas  é  piedras 
y  espingardas.  E  con  el  acometimiento  arrebatado 
que  suelen  facer,  pasaron  las  defensas  que  tenía  el 
estanza  que  había  acercado  el  Marqués,  é  firieron 
é  mataron  algunos  de  los  que  la  guardaban;  é  fue- 
ron mas  adelante  peleando  con  los  christianos  que 
venían  á  ayudar  á  los  que  estaban  en  el  estanza.  El 


nON  FERNANDO 
Marqués  é  Don  Martin  de  Córdoba,  é  Garci  Bravo, 
Alcayde  de  Atienza ,  é  algunos  de  los  gallegos  con 
sus  capitanías,  é  otras  gentes  de  las  Hermandades 
que  estaban  en  otras  estanzas  cercanas  á  la  del 
Marqués ,  salieron  luego  á  resistir  los  moros.  E  por 
los  grandes  barrancos  é  quebradas  que  habia  en 
aquellas  cuestas ,  pelearon  á  pié  unos  contra  otros 
con  tanto  denuedo,  que  llegaban  á  se  ferir  con  las 
espadas  é  con  los  puñales ;  é  los  unos  caian  muertos 
de  las  f eridas ,  otros  rodaban  al  fondo  de  las  cues- 
tas. É  los  moros  peleando  á  su  ventaja,  é  los  chris- 
tianos  á  su  peligro  por  la  dispusicion  de  los  lugares, 
duró  la  pelea  por  espacio  de  una  hora,  fasta  que 
acudieron  mas  gentes  que  ficieron  retraer  á  los  mo- 
ros. En  esta  pelea  fueron  muertos  Garci  Bravo,  Al- 
cayde de  Atienza ,  é  Iñigo  López  de  Medrano ,  se- 
ñor de  Cabanillas,  é  Gabriel  de  Sotomayor,  é  otros 
dos  capitanes  de  los  gallegos,  que  se  llamaba  el 
uno  Pedro  Pamo  y  el  otro  Vasco  de  Meyda ,  é  otros 
tres  capitanes  de  las  hermandades ,  é  algunos  peo- 
nes gallegos  é  castellanos  ;  é  fué  el  Marqués  ferido 
de  una  saeta  en  el  brazo ,  al  qual  no  fálleselo  fuer- 
za en  aquel  lugar ,  pero  falleció  lugar  para  usar  de 
su  fuerza,  porque  la  aspereza  de  los  barrancos  lo 
impedia ;  é  fueron  f eridos  otros  muchos. 

Como  los  moros  fueron  retraídos  al  castillo,  lue- 
go el  Marqués ,  visto  el  gran  peligro  é  poco  prove- 
cho que  se  habia  en  tener  la  estanza  tan  cerca  del 
castillo,  fizóla  retraer  al  lugar  donde  primero  esta- 
ba. B  cesó  ansimesmo  el  consejo  que  algunos  daban 
para  que  se  combatiese ,  por  el  peligro  que  pareció 
en  la  gran  defensa  ó  mucha  gente  de  moros  que  lo 
guardaban. 

CAPÍTULO  LXXX. 

Como  fálleselo  la  pólvora,  é  de  la  provisión  que  se  fizo  para  la 
haber. 

Las  lombardas  é  otros  tiros  del  artillería,  no  cesa- 
ban de  tirar  por  todas  partes  tan  continamente  que 
fallesció  la  pólvora.  El  Eey  é  la  Reyna  embiaron 
luego  tres  galeras ,  una  á  la  cibdad  de  Valencia, 
otra  á  la  cibdad  de  Barcelona ,  é  otra  al  reyno  de 
Sicilia,  para  que  traxiesen  pólvora.  Otrosí  embia- 
ron ¡al  Rey  de  Po'rtogal ,  á  le  rogar  que  embiase  la 
mas  pólvora  que  se  pudiese  haber  en  su  reyno,  é  de 
todas  partes  fué  traída  gran  cantidad  de  pólvora ; 
pero  los  tiros  eran  tantos  é  tan  continos,  que  se  gas- 
taba toda  la  que  se  traía  por  la  mar  é  por  la  tierra. 
Los  moros,  confiando  en  sus  fuerzas,  salían  á  pelear 
algunos  días  contra  unas  estanzas ,  otros  dias  contra 
otras,  según  veían  la  dispusicion  de  los  lugares 
contra  quien  mas  daño  podían  facer ;  é  ningún  día 
pasaba  que  no  peleasen  por  dos  ó  tres  partes.  E  tan 
contínas  eran  las  peleas ,  que  convenía  á  los  chris- 
tianos  estar  todas  horas  en  las  estanzas  armados  é 
apercebidos,  recelando  ser  acometidos  por  los  mo- 
ros. E  destas  peleas  caian  algunos  muertos  é  otros 
f eridos ,  que  se  retraían  á  las  tiendas  que  se  decían 
pl  Hospital  de  la  Reyna ,  donde  eran  curados. 

£  como  quier  que  los  moros  viejos  é  las  mugeres  I 


É  DOtA  ISABEL.  4ÓÍ 

é  otras  gentes  de  la  cibdad  facían  planto  é  gemianías 
muertes  é  las  feridas  de  sus  fijos  é  de  sus  maridos  ó 
de  otros  sus  propíneos ,  é  la  destruicion  que  todas 
horas  veían  de  su  cibdad,  pero  si  alguno  mostraba 
desear  concordia  por  escusar  aquellos  males,  los 
Gomeres ,  gente  inhumana,  6  lo  mataban ,  ó  lo  ator- 
mentaban ,  de  manera,  que  ninguno  osaba  mover 
trato  de  concordia  con  el  Rey  é  con  la  Reyna. 
Acaesció  un  día  que  algunos  homes  pacíficos  de  la 
cibdad  secretamente  se  concordaron  de  embiar  un 
moro  con  una  cédula  de  creencia  al  Rey  é  á  la 
Reyna,  para  mover  con  ellos  trato  de  les  entregar 
la  cibdad  por  una  parte  que  ellos  entendían  haber 
para  dar  la  entrada ,  con  seguro  que  oviesen  para 
las  vidas  é  bienes  é  libertad  de  sus  personas  é  de 
todos  los  que  estoviesen  en  la  cibdad.  Este  moro  sa- 
lió secretamente  é  fué  tomado  por  las  guardas  ó 
traído  al  Rey  é  á  la  Reyna.  Los  quales  oída  su  em- 
bazada, le  dixeron  que  les  placía  dar  seguro  á  todos 
los  de  la  cibdad  en  la  forma  que  lo  suplicaban.  É 
como  el  moro  tornase  con  la  respuesta  por  aquel  lu- 
gar é  á  la  hora  asentada  con  aquellos  que  le  embia- 
ron, las  guardas  de  los  moros  Gomeres  que  le  vieron 
venir,  queriéndole  prender,  lo  firieron.  Y  el  moro  fe- 
rido escapó  de  sus  manos  é  pudo  volver  fuyendo  al 
real ,  é  murió  de  las  feridas  que  le  dieron. 

CAPÍTULO  LXXXI. 

De  la  eerea  qne  se  fizo,  é  de  la  guarda  qne  el  Rey  é  la  Reyna  man- 
daron poner  en  las  eslanzas. 

Los  moros  salían  de  la  cibdad  á  pelear  por  todas 
partes  con  los  que  guardaban  las  estanzas  puestas 
en  la  tierra,  é  con  sus  albatozas  con  las  gentes  que 
guardaban  la  mar :  de  manera  que  las  peleas  no  ce- 
saban por  la  mar  é  por  la  tierra.  E  por  alguna  rele- 
vación de  los  trabajos  que  las  gentes  del  real  habían 
después  que  fueron  ganados  la  mayor  parte  de  loa 
arrabales,  el  Rey  mandó  poner  las  estanzas  cercanas 
á  los  muros  de  la  cibdad.  É  porque  eran  muchas  é  con- 
venia que  estoviesen  bien  f  ortalescidas  con  cavas  é 
palenques  é  otras  defensas  é  fornescídas  de  gentes  é 
pertrechos  é  de  otras  cosas  necesarias;  el  Rey  dio  car- 
go á  tres  caballeros  de  su  hueste  para  que  todos  los 
dias  andoviesen  por  el  circuito  de  la  cibdad  prove- 
yendo á  los  de  las  estanzas  de  las  cosas  que  les  eran 
necesarias.  El  uno  destos  caballeros  era  Garcílaso 
de  la  Vega,  el  otro  se  llamaba  Juan  de  Zúfiiga ,  y  el 
otro  Diego  de  Atayde ;  é  cada  uno  destos  andaba 
por  su  parte  proveyendo  las  cosas  que  eran  menes- 
ter para  fortificar  las  estanzas ,  de  tal  manera  que 
los  moros  no  pudiesen  salir  como  muchas  veces  sa- 
lían á  pelear  con  los  que  las  guardaban.  É  porque 
en  aquellas  partes  que  descienden  de  las  cuestas  al- 
tas de  Gíbralf aro  fasta  la  mar ,  las  estanzas  no  se 
podían  bien  fortificar  con  cavas  é  palenques ,  por  la 
indispusicion  de  los  lugares,  el  Rey  é  la  Reyna  man- 
daron que  se  ficiese  una  gran  cerca  que  guardase 
toda  aquella  parte  que  rodea  la  cibdad  desde  la  for- 
taleza de  Gíbralf  aro  hasta  la  mar,  é  desta  otra  parte 
fasta  llegar  á  los  arrabales ;  é  luego  fué  fecha  dg 


462 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


tres  tapias  en  alto ;  é  ficiéronse  en  ella  algunos  por- 
tillos ,  é  mandaron  poner  en  ellos  gentes  que  los 
guardasen.  É  con  esta  cerca,  todos  los  que  guardaban 
aquellas  partes  estaban  mas  seguros;  porque  los 
moros  no  habían  lugar  de  salir  á  dar  en  los  chris- 
tianos ,  ni  de  facer  tanto  daño  como  f acian  con  los 
tiros  que  tiraban  del  muro  é  torres  de  la  cibdad. 

CAPÍTULO  LXXXIL 

De  los  Consejos  que  se  o  vieron,  si  se  debia  combatir  la  cibdad 
de  Málaga. 

En  el  real  habia  grand  abundancia  de  manteni- 
mientos ,  porque  todos  los  dias  venian  navios  de 
los  puertos  de  la  mar  que  son  en  el  Andalucía,  car- 
gados de  provisiones  é  de  las  otras  cosas  necesarias. 
Algunos  moros  de  África,  sabido  el  cerco  que  esta- 
ba puesto  sobre  aquella  cibdad,  armaron  de  sus 
fustas ,  é  puestos  en  el  estrecho  de  Gibraltar ,  to- 
maron algunos  barcos  de  aquellos  que  continamen- 
te iban  é  venian  con  bastimentos  é  provisiones.  E 
por  esta  causa  mandó  el  Eey  á  los  capitanes  de  la 
flota ,  que  pusiesen  en  aquella  parte  navios  armados 
que  guardasen  la  mar. 

Otrosi  algunos  malos  christianos ,  que  según  ha- 
bemos  dicho  se  aventuraban  á  entrar  en  la  cibdad, 
informaban  á  los  moros  del  estado  del  real,  dicién- 
doles  los  que  eran  muertos  é  f  eridos ,  é  los  trabajos 
é  dolencias  que  padescian  é  recelaban  padescer  las 
gentes  de  la  hueste.  Otrosi  les  decian ,  que  los  mo- 
ros de  allende  tenian  en  la  mar  navios  armados  en 
su  favor,  é  que  escusaban  los  mantenimientos  que 
venian  al  real.  E  que  las  gentes  de  la  hueste  no  po- 
diendo sofrir  estos  trabajos ,  se  iban  de  dia  en  dia, 
é  que  el  Rey  constreñido  por  estas  causas  alzaria 
presto  el  real.  Los  moros,  informados  de  estas  cosas, 
como  quier  que  los  mantenimientos  se  les  iban  di- 
minuyendo ,  pero  todavía  duraban  en  su  rebelión  é 
no  querían  venir  en  ninguna  f abla  de  partido ,  es- 
perando que  el  cerco  en  breve  se  alzaria.  B  desea- 
ban notificar  á  los  de  Granada  é  á  los  de  las  otras 
cibdades ,  el  estado  de  la  cibdad  é  como  les  eran 
necesarios  mantenimientos  é  socorro  de  gentes.  Al- 
gunos moros  de  la  cibdad  con  zelo  de  su  secta  é 
amor  de  su  gente ,  se  disponían  á  morir  ó  á  enga- 
ñar; é  salían  de  la  cibdad,  é  poníanse  en  las  manos 
de  las  guardas  ,  ofrescíendose  á  ser  christianos.  Y 
estos  informaban  al  Rey ,  de  como  la  cibdad  estaba 
bien  proveida  de  gentes  é  de  mantenimientos ;  é 
conosciendo  que  el  combate  seria  peligroso  á  los 
christianos,  daban  á  entender  al  Rey,  que  la  cibdad 
se  podía  tomar  sí  se  combatiese  por  aquellas  partes 
donde  las  lombardas  habían  tirado.  Otros  moros 
que  salían  de  la  cibdad,  é  se  pasaban  á  los  christia- 
nos por  falta  de  mantenimientos  que  habia  en  la 
cibdad ,  informaban  al  Rey  de  lo  contrario ,  é  de- 
cian que  los  mantenimientos  se  diminuían ,  é  no  se 
fallaba  pan  á  comprar  como  solía ,  é  que  si  de  fuera 
no  fuesen  proveídos,  presto  la  hambre  les  f  aria  en- 
tregar la  cibdad. 

Habidas  estas  informaciones  contrarias  nnas  de 


otras,  algunos  caballeros  é  capitanes,  recelando 
que  en  la  dilación  del  tiempo  podrían  venir  lluvias 
ó  recrescerse  otras  cosas  que  ficiesen  alzar  el  cerco, 
consejaban  al  Rey,  que  debia  mandar  combatir  la 
cibdad  por  aquella  parte  que  guardaba  el  Maestre 
de  Santiago ,  donde  las  lombardas  habían  derriba- 
do algunas  almenas  é  otras  defensas  de  las  torres  é 
del  muro  :  porque  entendían  que  después  que  los 
moros  perdieron  los  arrabales,  no  tenian  aquellas 
fuerzas  que  solian  tener  para  defender ;  é  que  si 
viesen  llegar  los  pertrechos  al  muro,  por  ventura 
vernian  en  alguna  fabla  para  entregar  la  cibdad. 

El  voto  de  otros  era,  que  por  agora  no  se  debia 
cometer  el  combate ,  porque  los  muros  é  barreras 
de  la  cibdad  eran  muy  fuertes  é  altos ,  é  tenian  tor- 
res grandes  é  cercanas  unas  de  otras ,  é  habia  den- 
tro mucha  gente  que  las  defendía.  E  como  quier 
que  el  artillería  habia  derribado  las  almenas  ó  de- 
fensas del  muro  é  de  algunas  torres,  aquello  era 
en  solo  una  parte  de  la  cibdad  ,é  que  las  otras  par- 
tes estaban  sanas  é  con  enteras  defensas.  Decían 
ansímesmo ,  que  para  combatir  tan  grande  cibdad, 
eran  necesarios  muchos  mas  tiros  de  lombardas 
gruesas  de  los  que  había,  para  que  ficiesen  portillos 
en  muchos  lugares  de  la  cerca,  por  donde  la  gente 
podiese  combatir,  é  los  moros  de  dentro  no  pedie- 
sen socorrer  á  todas  partes.  E  que  combatiéndose 
solamente  por  aquella  parte ,  podrían  peligrar  mu- 
chos é  de  los  mejores  de  la  hueste  :  porque  aquellos 
son  los  que  con  mayor  esfuerzo  osan  ponerse  á  los 
peligros.  E  por  tanto  decían  que  el  combate  debia 
cesar,  fasta  que  mas  é  mejores  partes  del  muro  fue- 
sen derribadas.  Otrosí  decían  que  debían  esperar 
para  saber  mas  cierta  información  del  estado  de  la 
cibdad ,  é  de  la  falta  de  los  mantenimientos  que  los 
moros  tenian ;  porque  se  debía  creer,  que  cibdad 
tan  grande  é  populosa  no  podía  durar  muchos  días 
sin  ser  proveída  de  mantenimientos  que  le  viniesen 
de  fuera ;  é  que  estos  no  habían  lugar  de  entrar  por 
mar  ni  por  tierra ,  por  las  guardas  que  en  todas 
partes  habia. 

El  Rey,  vista  aquella  diversidad  de  votos,  estaba 
en  dubda  de  lo  que  debia  facer,  porque  comba- 
tiendo era  cierto  el  peligro  é  no  cierta  la  entrada,  y 
esperando ,  se  recelaban  los  inconvínientes  que  re- 
crescen  en  la  dilación  de  los  cercos ,  considerando 
que  los  moros  satisfacen  á  la  natura  con  poco  man- 
tenimiento. E  después  de  algunas  pláticas  que  so- 
bre esto  se  o  vieron,  la  Rey  na  acordó  que  se  suspen- 
diese el  combate  fasta  que  se  pudiese  facer  con  ma- 
yor seguridad  de  las  personas.  E  allende  de  los  per- 
trechos que  estaban  fechos  para  combatir,  manda- 
ron luego  facer  mantas  reales ,  é  mantas  de  carre- 
tones encoradas  con  cueros  de  vacas ,  é  mandare- 
tes,  é  bancos  pinjados,  encorados  de  manera  que 
no  pudiese  en  ellos  prender  el  fuego ,  para  que  con 
ellos  se  pudiese  cavar  el  muro.  Ficieron  facer  ansi- 
mesmo  bastidas  de  diversas  formas  é  de  singular 
artificio  compuestas ,  en  cada  una  de  las  quales  po- 
dían ir  seguramente  cien  homes.  E  ficiéronse  grúas 
é  torres  do  madera ;  é  destas  torres  salían  nnas  es- 


DON  FERNANDO 
calas  cubiertas  de  madera  por  los  lados ,  para  echar 
sobre  los  muros ;  y  en  estas  escalas  estaban  enxeri- 
das  otras  escalas ,  para  descender  el  muro  abaxo. 
Ansimesmo  mandaron  facer  galápagos  de  madera 
gruesa  é  cubiertos  de  cueros ,  é  otras  escalas  com- 
puestas ,  é  todas  las  otras  cosas  que  eran  necesa- 
rias para  que  con  mayor  seguridad  el  combate  se 
pudiese  facer.  E  acordaron  que  se  ficiesen  minas  se- 
cretas por  debaxo  de  tierra ;  dellas  para  poner  al- 
gunas partes  de  los  muros  en  cuentos ,  é  dellas  para 
que  alguna  gente  entrase  en  la  cibdad  entretanto 
que  los  combates  se  daban  á  los  moros. 

E  mandó  el  Eey  al  Duque  de  Náxera  é  al  Conde 
de  Benavente ,  que  por  la  parte  de  sus  estanzas  fi- 
ciesen una  mina ,  é  al  Conde  de  Feria  mandó  facer 
otra  por  la  estanza  que  guardaba.  Y  en  la  estanza 
del  Claverp  de  Calatrava  otra  mina ,  é  por  la  estan- 
za que  guardaba  Don  Fadrique  de  Toledo  se  ficiese 
otra  mina.  Y  en  estas  minas  se  puso  gran  diligen- 
cia ;  porque  todos  los  dias  é  las  noches  andaban  los 
minadores  con  muchos  peones  cavando  por  aque- 
llas quatro  partes  que  el  Rey  acordó  que  se  minase. 

CAPÍTULO   LXXXIII. 
De  las  cosas  qne  pasaron  en  Granada. 

Entre  los  dos  Reyes  de  Granada  crecia  siempre 
la  enemistad  ,  é  como  en  los  pueblos  de  los  moros 
se  sopo  que  los  de  la  cibdad  de  Málaga  estaban 
en  necesidad  de  mantenimientos ,  quisieran  poner- 
se á  todo  peligro  por  los  socorrer,  salvo  por  la  divi- 
sión de  los  dos  Reyes. 

El  Rey  viejo  que  estaba  en  Guadix ,  requerido 
por  algunos  alf aquíes  de  la  tierra ,  escogió  algunos 
moros  de  caballo  é  de  pié,  y  embiólos  camino  de 
Málaga  con  un  capitán  para  que  entrasen  en  la 
cibdad.  Estos  caballeros  moros ,  creyendo  que  si 
entrasen  f arian  grande  f azafia ,  é  si  muriesen  pe- 
leando ganarían  el  ánima,  iban  con  voluntad  de 
morir ,  ó  entrar  en  la  cibdad.  Quando  el  Rey  mozo, 
que  estaba  en  Granada,  sopo  que  el  Rey  su  tio  em- 
biaba  aquella  gente ,  juntó  los  mas  moros  que  pudo 
á  pié  é  á  caballo  de  la  cibdad  de  Granada  ,  y  embió 
un  capitán  á  pelear  con  ellos ;  é  desbaratólos,  é  ma- 
tó algunos  dellos ,  é  los  otros  fuyeron,  é  tornaron 
para  la  cibdad  de  Guadix.  Y  embió  sus  embaxado- 
res  al  Rey  é  á  la  Reyna,  faciéndoles  saber  el  venci- 
miento que  ovo  contra  aquellos  moros  que  les  iban 
á  deservir.  E  ansimesmo  les  embió  decir,  como  era 
informado  que  en  la  cibdad  de  Málaga  se  diminuían 
los  mantenimientos,  é  que  mandase  poner  grande 
guarda  por  mar  é  por  tierra,  de  manera  que  no  pu- 
diesen ser  socorridos  de  gente ,  ni  de  provisiones,  é 
que  con  esta  guarda  sin  otro  combate  habria  pres- 
to la  cibdad.  Otrosí  embió  al  Rey  presente  de  caba- 
llos é  jaeces  de  oro,  é  á  la  Reyna  embió  presentes 
de  sedas  é  de  perfumes ;  é  suplicóles  que  le  oviesen 
por  su  servidor,  é  le  mandasen  las  cosas  que  fue- 
sen en  su  servicio ,  porque  él  las  f  aria  con  toda  leal- 
tad. El  Rey  é  la  Reyna  gelo  embiaron  á  regradescer 
é  mandaron  dar  sus  cartas  para  todas  sus  cibdadea 


E  DONA  ISABEL.  463 

é  villas ,  é  para  los  alcaydes  de  las  fortalezas ,  que 
le  diesen  el  favor  que  oviese  menester  contra  el 
otro  Rey  su  tio  ;  ó  que  guardasen  el  seguro  que  ha- 
blan dado  á  los  lugares  que  estaban  por  él.  Los  mo- 
ros que  vivian  en  la  oibdad  de  Granada  y  en  todos 
los  otros  lugares ,  como  quier  que  sentían  gran  do- 
lor por  el  cerco  que  estaba  puesto  sobre  la  cibdad 
de  Málaga ;  é  por  los  mantenimientos  que  le  falta- 
ban quisieran  ponerse  á  todo  peligro  por  los  socor- 
rer ,  á  fin  que  ellos  no  perdiesen ,  ni  los  christia- 
nos  ganasen  cibdad  tan  noble;  pero  no  osaban 
mostrar  por  obra  la  voluntad  que  tenian  secreta, 
por  no  perder  la  seguridad  que  el  Rey  é  la  Reyna 
les  hablan  dado ,  con  la  qual  tenian  libertad  para 
labrar  el  campo ,  é  andar  con  sus  mercaderías,  é  fa- 
cer sus  contrataciones  seguramente  por  todas 
partes. 

CAPÍTULO  LXXXIV. 

De  los  caballeros  del  Reyno  de  Valencia  é  del  Principado  de  Ca. 
talufia  que  vinieron  al  real. 

Como  en  las  cibdades  de  Valencia  é  de  Barcelona 
é  de  Zaragoza ,  y  en  aquellas  partes  fué  la  fama  que 
el  Rey  acordaba  de  combatir  la  cibdad  de  Málaga, 
é  algunos  caballeros  é  fijos- dalgo  de  aquellas  par- 
tidas sopieron  que  la  Reyna  estaba  en  el  real ,  ó 
oyeron  los  peligros  é  trabajos  grandes  que  se  ha- 
bían en  aquel  sitio,  movidos  con  zelo  de  virtud  se 
dispusieron  á  venir  por  servir  al  Rey  é  á  la  Reyna 
en  aquel  fecho  de  armas.  Los  nombres  de  los  qua- 
les  son  los  que  se  siguen:  Don  Juan  Ruiz  de  Co- 
rella ,  Conde  de  Cocentayna  con  una  nao  armada, 
é  Don  Juan  Francés  de  Proxita ,  Conde  de  Almena- 
ra é  de  Aversa ,  con  otra  nao  armada ,  é  Mosen  Mi- 
guel de  Busquete,  con  dos  galeas  armadas,  é  Don 
Diego  de  Sandoval ,  Marqués  de  Denia ,  con  fasta 
otros  quatrocientos  fijos-dalgo  naturales  de  aque- 
llas tierras.  E  todos  estos  que  eran  homes  é  fijos  de 
homes  principales,  vinieron  bien  fornescí dos  de  ar- 
mas é  de  las  otras  cosas  necesarias  á  la  guerra.  E 
algunos  dellos  que  vieron  los  pertrechos  que  el  Rey 
é  la  Reyna  mandaron  facer  para  el  combate,  é  lo 
que  las  lombardas  habían  derribado  ,  consejaban  al 
Rey  que  el  combate  se  cometiese  por  aquellas  par- 
tes de  la  cibdad  donde  la  artillería  había  derribado 
parte  del  muro. 

Durante  estas  cosas  fueron  tomados  dos  moros 
de  la  cibdad,  que  certificaron  al  Rey  é  á  la  Reina, 
que  fállesela  todo  el  pan  de  trigo  ,  é  que  comían 
pan  de  cebada.  Esta  información  habida  ,  el  Rey  é 
la  Reyna  mandaron  ,  que  todavía  se  suspendiese  el 
combate  fasta  saber  mayor  información  del  estado 
de  la  cibdad.  Otro  día  salió  otro  moro ,  que  certificó 
al  Rey  é  á  la  Reyna  la  mengua  de  los  manteni- 
mientos que  los  moros  sofrían ;  pero  que  todavía 
estaban  en  propósito  de  defender  la  cibdad.  Porque 
habían  recebído  cartas  ó  mensageros  de  la  cibdad 
de  Baza,  por  las  quales  los  esforzaban  para  que  du- 
rasen en  aquella  defensa  que  facían ;  é  que  les  cer- 
tificaban ,  que  ganaban  tan  gran  corona  de  virtud 


464 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


que  aun  los  que  estaban  en  la  otra  vida  les  habían 
embidia ,  é  deseaban  estar  en  Málaga  á  ser  partíci- 
pes con  ellos  en  los  trabajos  que  tenían  en  defen- 
der aquella  cibdad;  é  que  esperaban  en  Dios ,  que  si 
las  gentes  de  los  moros  no  los  socorriesen ,  él  por  su 
gran  piedad  los  socorrería  milagrosamente.  La  ham- 
bre crescia  en  la  cibdad,  ó  los  moros  Gomeros  anda- 
ban por  las  casas  buscando  pan  do  quier  que  lo  falla- 
ban ,  ó  tomábanlo ,  ó  repartíanlo  entre  sí ;  é  quan- 
do  alguno  negaba  el  pan  que  tenía ,  matábanlo  é 
tomaban  todo  el  mantenimiento  que  tenia  en  su 
casa.  En  el  real  había  gran  abundancia  de  mante- 
nimientos, porque  siempre  estaban  en  el  campo 
grandes  montones  de  fariña  é  de  cebada  para  qual- 
quierque  dellos  quería  comprar.  E  allende  desto 
todos  los  días  venían  por  la  mar  navios  cargados 
de  pan  é  vino ,  é  de  paja  é  cebada ,  é  de  todas  las 
provisiones  que  eran  menester  de  los  puertos  del 
Andalucía,  é  del  Reyno  de  Valencia,  é  de  otras 
partes.  E  como  concurrían  gentes  de  tantas  partes 
al  real,  había  en  la  hueste  muchos  enfermos,  é  la 
gente  estaba  fatigada  de  los  trabajos  que  pasaban 
é  peleas  que  contino  habían  con  los  moros.  E  por- 
que estaban  fechas  muchas  ramadas,  las  quales 
estaban  ya  secas,  recelaban  de  algún  fuego  que 
por  caso  se  encendiese,  6  que  fuese  echado  por  los 
moros  mudéxares  que  andaban  en  el  real ;  é  ansi- 
mesmo  se  temía  de  algún  veneno  que  se  echase  en 
los  pozos  del  agua  donde  las  gentes  bebían.  E  por 
esta  causa  el  Rey  é  la  Rey  na  mandaron  que  todos 
los  moros  mudéxares  saliesen  luego  del  real ,  é  no 
tomasen  á  él  sin  su  licencia.  E  dende  en  adelante 
mandaron  que  de  día  é  de  noche  andovíesen  con  la 
justicia  homes  que  amonestasen  á  las  gentes  que 
guardasen  el  inconvíniente  del  fuego ,  é  que  mirase 
cada  uno  por  los  homes  que  andaban  sin  señor ,  ó 
sin  tener  causa  de  estar  en  el  real,  de  quien  se  pu- 
diese sospechar  algún  mal ,  ó  que  lo  notificasen  á  la 
justicia.  E  los  Alcaldes  ponían  tanta  diligencia  en 
esto ,  y  en  la  execucion  de  la  justicia ,  que  el  miedo 
de  las  penas  facía  refrenar  á  los  malos ,  é  vivir  en 
seguridad  á  los  buenos.  Cosa  fue  por  cierto  dina  de 
exemplo ,  porque  con  algunas  justicias  que  en  el 
principio  se  executaron ,  no  se  falló  entre  tantas 
gentes,  y  en  tanto  tiempo  que  uno  sacase  arma 
contra  otro,  ni  andovíesen  en  el  real  latrocinios,  ni 
otros  excesos  de  los  que  en  las  grandes  huestes  sue- 
len acaescer. 

CAPÍTULO  LXXXV. 

De  las  peleas  que  pasaron  en  las  minas  que  se  ficieron  contra  la 
cibdad  de  Málaga. 

La  hambre  crescia  mas  todos  los  días  en  la  cib- 
dad, é  no  se  fallaba  pan  ninguno  de  cebada  ni  de 
trigo.  Los  capitanes  moros  andaban  á  lo  buscar  por 
las  casas ,  é  todo  lo  que  fallaban  ficieron  juntar ,  é 
dieron  cargo  á  algunos  que  lo  toviesen ,  é  repartie- 
sen á  cada  un  moro  de  los  que  peleaban  quatro  on- 
zas de  pan  á  la  mañana ,  é  dos  á  la  noche. 

Su  esto»  días  las  minas  que  ue  comenzaron  ando- 


vieron  adelante ,  é  las  del  Duque  de  Náxera ,  é  del 
Conde  de  Benavente ,  é  del  Clavero  de  Calatrava, 
llegaron  á  los  muros  de  la  cibdad.  Los  moros  como 
las  sintieron  cavaron  por  dentro ,  é  ficieron  contra- 
minas fasta  que  llegaron  á  se  descubrir  las  unas 
contrarias  de  las  otras;  é  los  christianos  por  su  par- 
te, é  los  moros  por  la  suya ,  pusieron  grandes  guar- 
das. B  los  moros  acordaron  de  facer  una  gran  cava 
delante  de  la  barrera  en  aquella  parte  donde  habían 
tirado  las  lombardas ,  porque  á  la  hora  del  comba- 
te los  pertrechos  no  pudiesen  llegar  á  sus  muros.  E 
comenzando  á  cavar  por  de  fuera,  los  christianos 
comenzaron  la  pelea  con  aquellos  que  cavaban ,  é 
lanzábanles  tiros  de  ballestas  é  de  espingardas  por 
empacharles  aquella  labor.  Los  moros  pusieron 
mantas  é  otras  defensas  para  que  pudiesen  cavar 
sin  recebir  daño.  Y  entretanto  que  cavaban  no  ce- 
saban las  peleas  entro  los  unos  é  los  otros,  fasta 
llegar  tan  juntos  que  se  ferian  con  las  lanzas  é  con 
las  espadas ;  y  entretanto  que  los  unos  moros  pelea- 
ban ,  los  otros  cavaban.  Esta  manera  de  pelea  du- 
ró entre  ellos  por  espacio  de  seis  días  que  no  cesó 
el  pelear  ni  el  cavar ,  fasta  tanto  que  los  moros  aca- 
baron de  facer  la  cava  que  comenzaron.  E  luego  re- 
quirieron las  minas ,  é  fallaron  que  otra  mina  que 
había  comenzado  Don  Fadrique  de  Toledo ,  llegaba 
á  los  muros  de  la  cibdad ;  y  ellos  ficieron  otra  con- 
tramina ,  é  aventurándose  á  gran  peligro  entraron 
por  ella,  é  pelearon  con  los  que  la  guardaban,  y 
echáronlos  fuera,  é  pusiéronle  fuego ,  é  derribaron- 
la  toda.  Como  vieron  los  moros  derribada  aquella 
mina,  cobraron  tanto  esfuerzo,  que  pensaron  co- 
meter pelea  por  todas  partes ,  á  fin  de  quemar  é  der- 
ribar las  otras  minas;  é  armaron  sus  albatozas,é 
f ornescíeronlas  de  gentes ,  é  de  tiros  de  pólvora.  E 
ordenaron  que  dos  capitanes  de  cada  cien  homes 
fuesen  á  dar  en  la  estanza  que  guardaba  la  gente 
de  Córdoba,  do  era  capitán  Garci  Fernandez  Manri- 
que, é  que  otros  quatro  capitanes  con  quatrocientos 
homes  saliesen  á  dar  en  la  estanza  del  Alcayde  de 
los  Donceles.  Ansimesmo  que  otras  gentes  saliesen 
á  pelear  con  las  gentes  de  las  estanzas  que  guarda- 
ban el  cerro  que  estaba  contra  el  castillo  de  Gibral- 
f  aro.  E  mandaron  á  los  que  guardaban  las  minas, 
que  peleasen  con  los  christianos ;  é  los  unos  por  la 
mar  é  los  otros  por  la  tierra  é  otros  por  debaxo  de 
tierra,  todos  á  una  hora  cometieron  la  pelea  con  los 
christianos.  Los  capitanes  de  la  mar  embiaron  al- 
gunos navios  pequeños  que  llegasen  cerca  de  la 
tierra  para  resistir  á  los  moros  que  con  su  artillería 
facían  daño  en  las  fustas  mayores.  Otrosí  los  de  las 
otras  estanzas,  é  los  que  guardaban  las  minas,  de- 
fendiendo cada  uno  por  su  parte,  pelearon  con  los 
moros ;  é  por  la  dispusicion  de  los  lugares,  veces 
retraían  los  moros  á  los  christianos,  veces  pujaban 
los  christianos  contra  los  moros.  Estas  peleas  por 
la  mar,  é  por  la  tierra,  ó  por  debaxo  de  tierra  dura- 
ron por  espacio  de  seis  horas. 

Al  fin  los  capitanes  christianos  que  peleaban  por 
la  tierra,  á  gran  peligro  arremetieron  contra  loa 
moros,  é  recibiendo  f erídas  de  los  adarves  é  fírien-« 


DON  FERNANDO 
do  en  los  moros,  los  ficieron  retraer  á  la  cibdad.  E 
los  moros  que  peleaban  por  las  minas  no  ovieron 
lugar  de  les  echar  fuego,  por  la  resistencia  que  ficie- 
ron los  christianos  que  las  guardaban.  Como  los 
moros  no  to viesen  mantenimientos  dentro,  ni  espe- 
rasen socorro  de  fuera ,  é  viesen  en  las  peleas  caer 
cerca  de  sí  unos  muertos  é  otros  f eridos ,  cosa  fué 
dina  de  notar  la  osadía  que  aquella  gente  bárbara 
tenia  en  pelear,  ó  la  obediencia  que  tenían  á  sus  ca- 
pitanes, é  su  trabajo  en  reparar  sus  defensas,  é  su 
astucia  en  los  engaños  de  la  guerra,  é  la  constancia 
que  tovieron  en  el  propósito  que  comenzaron. 

CAPÍTULO  LXXXVI. 

De  la  embazada  é  presente  que  embió  el  Rey  de  Tremeccn. 

En  estos  dias  vino  un  embaxador  del  Bey  de  Tre- 
mecen,  que  es  en  los  Reynos  de  África,  al  Rey  ó  á 
la  Reyna,  con  el  qual  les  embió  gran  presente  ;  al 
Rey  de  caballos  moriscos  é  de  jaeces  de  oro  é  al- 
bornozes,  é  á  la  Reyna  vestiduras  de  sedas  de  di- 
versas maneras,  é  argollas  grandes  de  oro,  é  perfu- 
mes, é  otras  cosas  de  las  mas  preciosas  que  se  usa- 
ban en  aquellas  partes. 

Aquel  embaxador  dixo  al  Rey  é  á  la  Reyna,  como 
el  Rey  su  señor  habia  oído  la  fama  de  su  gran  po- 
derío, é  que  habia  visto  los  muchos  moros  que  ha- 
bían pasado  de  estas  partes  á  las  partes  de  África 
con  su  seguro,  el  qual  les  era  guardado  complida- 
mente,  é  que  por  ser  reyes  tan  poderosos  é  de  tanta 
verdad  ó  virtud,  deseaba  ser  su  servidor,  ó  facer  su 
mandado.  Por  ende ,  que  les  suplicaba  que  le  reci- 
biesen en  su  encomienda,  é  que  le  mandasen  dar 
su  seguro  para  él  é  para  los  de  su  Reyno  ;  porque 
no  recibiesen  daño  de  sus  flotas  que  andaban  arma- 
das por  la  mar,  ni  de  sus  gentes  que  descendiesen 
en  tierra.  El  Rey  é  la  Reyna  le  respondieron,  que 
le  agradescian  el  presente  que  les  habia  embiado,  é 
mucho  mas  su  buena  voluntad  é  ofrescimiento  ;  ó 
dieron  su  seguro  para  todos  los  subditos  de  aquel 
Keyno  de  Tremecen.  E  mandaron  á  los  capitanes 
de  lámar  que  lo  guardasen, é  no  les  ficiesen  guerra 
ni  daño,  guardando  ellos  de  facer  guerra  á  los  su- 
yos, é  no  ayudando  á  los  moros  de  Granada  con 
gente,  ni  con  armas,  ni  con  mantenimientos. 

CAPÍTULO  LXXXVII. 
De  la  osadía  qae  cometió  un  moro  de  los  Comeres. 

La  hambre  crescia  mas  en  la  cibdad,  é  los  moros 
ya  no  comían  pan  sino  muy  pocos,  é  no  tenían  car- 
ne, é  los  mas  dellos  comían  carne  de  caballos  é  de 
asnos  ;  é  aquella  gente  de  los  Gomeres  entraban  en 
las  casas  de  los  judíos,  que  habia  en  aquella  cibdad 
é  robaban  los  mantenimientos  que  tenían,  é  vinie- 
ron á  tal  estado ,  que  algunos  de  los  judíos  murie- 
ron de  hambre. 

Sabida  entre  los  moros  de  otras  partes  la  hambre 
que  padecían  los  de  Málaga ,  é  los  peligros  que  es- 
peraban, quisieron  ponerse  á  toda  aventura  por  los 
socorrer ;  é  tenían  la  voluntad  para  ello  tan  presta, 
Cr.-III. 


É  DO^A  ISABEL.  466 

que  con  qualquierá  de  los  Reyes  se  aventuraban  á 
la  muerte  por  librar  á  los  de  Málaga  de  aquel  pe- 
ligfro.  Un  moro  que  se  llamaba  Abrahen  Algerbí, 
natural  de  la  cibdad  de  Guerba,  que  es  el  Reyno  de 
Túnez,  el  qual  moraba  en  estas  partes  en  una  aldea 
de  la  cibdad  de  Guadix,  concibió  en  su  ánimo  de  se 
disponer  á  la  muerte  por  matar  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na ;  porque  con  esta  gran  fazafia  f aria  alzar  el  real 
de  Málaga,  ó  muriendo  vengaría  á  los  moros  de  to- 
das las  muertes  é  pérdidas  de  tierras,  que  les  ha- 
bían fecho  los  christianos.  Este  moro  publicó  entre 
los  moros  que  era  santo ,  ó  que  Dios  le  embiaba 
con  un  ángel  revelaciones  de  lo  que  habia  de  ser; 
por  las  quales  sabia  que  los  moros  serian  reparados, 
é  la  cibdad  de  Málaga  quedaría  victoriosa  contra 
los  christianos  que  la  tenían  cercada.  E  como  los 
moros  por  la  mayor  parte  son  livianos,  especial- 
mente atribuyen  fe  á  sus  alfaquíes,  é  tienen  por 
santos  á  los  que  viven  en  los  yermos  á  manera  de 
ermitaños,  juntáronse  con  este  moro  fasta  quatro- 
cientos  moros,  dellos  Gomeres  de  allende,  dellos  na- 
turales destas  partes ,  é  acordaron  de  le  seguir ,  é 
aventurarse  á  todo  peligro ,  faciendo  lo  que  les  dí- 
xese.  Estos  moros  vinieron  camino  de  Málaga,  é  por 
no  ser  sentidos  de  las  guardas  y  escuchas,  andovie- 
ron  de  noche  por  las  montañas  é  sierras  ásperas 
fuera  de  camino,  fasta  que  llegaron  cerca  de  la 
cibdad ;  é  ahí  acordaron  de  entrar  por  una  estanza 
la  mas  cercana  á  la  mar  por  la  parte  de  abaxo,  do 
estaban  las  estanzas  contra  Gíbralf  aro.  E  una  ma- 
ñana, casi  al  alba,  los  docíentos  deUos  vinieron  sú- 
pito, é  dieron  en  los  christianos  que  guardaban 
aquella  estanza,  é  los  otros  cometieron  á  las  otras 
mas  cercanas.  Los  christianos  aunque  salteados, 
comenzaron  la  pelea  con  ellos.  Los  moros  algunos 
entrando  por  el  agua  de  la  mar,  otros  saltando  por 
los  palenques ,  entraron  en  la  cibdad  fasta  docien- 
tos  ;  todos  los  otros  fueron  muertos  é  presos. 

Aquel  moro  que  tenían  por  santo  venia  en  pro- 
pósito de  se  ofrecer  por  captivo  á  los  christianos 
para  poder  facer  lo  que  en  el  ánimo  habia  concebi- 
do. E  porque  no  fuese  muerto  con  la  furia  del  ven- 
cimiento, con  grand  astucia  que  en  aquella  hora 
tovo,  se  apartó  del  lugar  do  peleaban,  é  púsose  de 
rodillas,  é  alzadas  las  manos  al  cielo  fingió  que  ha- 
cia oración.  Los  christianos  habido  el  vencimiento, 
buscando  los  moros  por  las  cuestas  é  barrancos  que 
estaban  en  aquella  parte,  fallaron  aquel  moro  en  la 
manera  que  habemos  dicho.  E  como  vieron  que  no 
facía  movimiento  ninguno  ,  llegaron  á  él,  é  llevá- 
ronlo preso  al  Marqués  de  Cáliz.  E  preguntándole 
algunas  cosas,  le  respondió ,  que  era  moro  santo  ,  é 
que  sabia  las  cosas  que  habían  de  acontecer  en 
aquel  cerco,  porque  Dios  gelas  habia  revelado.  Pre- 
guntóle el  Marqués  si  sabia  quando  é  como  se  ha- 
bía de  tomar  aquella  cibdad,  é  respondió,  que  bien 
sabia  como  é  fasta  quanto  tiempo  se  tomaría, 
pero  que  Dios  le  mandó,  que  no  lo  dixese  á  otra 
persona  salvo  al  Rey  é  á  la  Reyna  en  su  secreto.  El 
Marqués,  como  quier  que  conoció  aquello  ser  livian- 
dad ,  pero  enviólo  á  decir  al  Rey  é  á  la  Reyna, 

30 


m 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Los  qaale8  mandaron  que  lo  traxiesen  ante  ellos, 
y  en  la  forma  que  fué  fallado  quando  lo  prendie- 
ron, vestido  un  albornoz ,  é  ceñido  un  terciado,  fué 
traido  á  la  tienda  del  Rey  é  de  la  Reyna,  rodeado 
de  muchas  gentes  que  le  deseaban  ver,  porque  ya 
la  fama  sonaba  de  aquel  moro  que  se  decia  santo. 
Acaeció  que  el  Rey  habia  comido,   é  dormia  á  la 
hora  que  llegaron  con  él  á  su  tienda.  E  aquí  pare- 
ció claro  como  esta  Reyna  era  movida  á  las  cosas 
por  alguna  inspiración  divina,  porque  como  quier 
que  era  humana  é  también  ella  como  todas  las  gen- 
tes le  deseaban  f ablar ,  pero  fué  cosa  maravillosa 
que  en  aquella  hora  la  Reyna ,  tocada  de  algún  es- 
píritu divino,  dixo  que  no  lo  quería  ver,  ó  mandó 
que  lo  guardasen  fuera  de  la  tienda  fasta  que  el 
Rey  despertase.  E  los  que  lo  traían  metiéronlo  en 
una  tienda  cercana  á  la  tienda  del  Rey,  donde  po- 
saba Doña  Beatriz  de  Bovadilla,  Marquesa  de  Mo- 
ya, é  otra  dueña  que  se  decía  Doña  Felipa,  muger 
de  un  caballero  que  se  llamaba  Don  Alvaro  de  Por- 
togal,  fijo  del  Duque  de  Berganza,  con  las  quales  á 
la  hora  estaba  aquel  Don  Alvaro.  El  moro  como  no 
sabía  la  lengua ,  creyó  según  el  aparato  é  vestidu- 
ras que  vido  á  Don  Alvaro  é  á  la  Marquesa,  que 
aquellos  serian  el  Rey  é  la  Keyna ,  é  poniendo  en 
obra  su  propósito,  sacó  aquel  terciado  é  dio  á  aquel 
caballero  Don  Alvaro  una  gran  cuchillada  en  la 
cabeza,  de  la  qual  llegó  á  punto  de  muerte  ;  é  tiró 
otra  cuchillada  á  la  Marquesa  por  la  matar,  é  con 
la  turbación  que  ovo  no  le  acertó  ;  é  diérales  otros 
golpes,  salvo  que  un  tesorero  de  la  Reyna  que  se 
llamaba  Ruy  López  de  Toledo,  que  estaba  á  lá  hora 
f ablando  con  la  Marquesa ,  tovo  esfuerzo  para  so- 
correr aquel  peligro ,  é  se  abrazó  con  el  moro,  é  le 
tovo  tan  fuerte  los  brazos,  que  no  pudo  facer  mas 
tiros ;  é  luego  fué  fecho  pedazos  de  la  gente  que  le 
rodeaban. 

Como  esto  acaesció,  los  caballeros  é  capitanes  é 
gentes  del  real  fueron  turbados  de  aquella  fazafiá, 
é  vieron  como  Dios  maravillosamente  quiso  guar- 
dar las  personas  del  Rey  é  de  la  Reyna.  E  algunas 
gentes  del  real  tomaron  los  pedazos  de  aquel  moro 
y  echáronlos  en  la  cibdad  con  un  trabuco.  Quando 
los  moros  lo  vieron  ,  juntáronlos  é  cosiéronlos  con 
hilo  de  seda,  é  lavaron  el  cuerpo,  é  perfumado  de 
muchos  olores,  lo  enterraron  con  gran  sentimiento 
que  mostraron  de  su  muerte.  E  tomaron  luego  un 
cbristiano  de  los  principales  que  tenían  captivos,  é 
matáronlo  ;  é  puesto  sobre  un  asno,  lo  echaron  al 
real.  Luego  fué  acordado ,  que  de  mas  de  las  guar- 
das que  continamente  de  día  é  de  noche  estaban  en 
la  tienda  del  Rey  é  de  la  Reyna,  andovíesen  con  la 
persona  del  Rey  y  estoviesen  con  la  persona  de  la 
Reyna  docíentos  caballeros  fijos-dalgo  de  los  Rey- 
nos  de  Castilla  é  de  Aragón  con  sus  gentes,  y  estos 
guardasen  que  ninguna  persona  llegase  á  ellos  con 
armas.  E  mandaron  que  ningún  moro  entrase  en  el 
real,  sin  que  primero  se  sopiese  quien  é  cuyo  era, 
é  que  no  llegase  por  ningún  caso  á  las  personas 
reales. 


CAPÍTULO  LXXXVIII. 

Como  vino  al  real  el  Duque  de  Medinasidonia ,  é  otras  gentes 
que  de  nuevo  fueron  llamadas  por  el  Rey  é  por  la  Reyna. 

Don  Enrique  de  Guzman,  Duque  de  Medinasido- 
nia, como  sopo  que  el  Rey  é  la  Reyna  estaban  en  el 
real  sobre  Málaga,  é  como  aquel  sitio  se  dilataba 
tantos  días,  como  quier  que  había  embiado  la  gen- 
te de  caballo  é  de  pié  que  al  principio  le  manda- 
ron ;  pero  acordó  de  venir  al  real  con  todos  los  ca- 
balleros de  su  casa.  Y  el  día  que  entró  en  el  real, 
llegaron  por  la  mar  cien  navios,  algunos  de  armada, 
é  otros  cargados  de  provisiones.  E  fecha  la  reveren- 
cia al  Rey  é  á  la  Reyna ,  le  dixeron  que  le  agrade- 
cían mucho  su  venida,  especialmente  por  venir  sin 
que  ellos  le  embíasen  á  llamar.  El  Duque  les  res- 
pondió ,  que  la  necesidad  del  Rey  llama  al  caballe- 
ro leal  aunque  el  Rey  no  le  llame ;  é  que  él  venia 
allí  á  los  servir  con  Don  Juan  su  fijo,  é  con  toda  la 
gente  que  había  quedado  en  su  tierra,  é  con  la  fide- 
lidad que  aquellos  donde  él  venia  habían  servido  á 
los  Reyes  sus  progenitores.  Otrosí,  porque  conoscia 
quantos  gastos  se  requerían  en  la  guerra  que  se 
alarga,  é  pensaba  que  por  la  dilación  de  aquel  sitio 
Su  real  Magestad  estaría  en  alguna  necesidad,  que 
él  traía  allí  para  les  prestar  veinte  mil  doblas  de  oro. 
El  Rey  é  la  Reyna  recibieron  aquel  prestido,  é  se 
ovieron  por  bien  servidos  del  Duque  por  la  gente 
que  traxo  é  por  el  dinero  que  prestó ,  é  mucho  mas 
por  la  voluntad  que  le  movió  á  lo  uno  é  á  lo  otro. 
Aquella  gente  que  el  Duque  traxo  de  su  tierra  é 
otra  mucha  mas ,  era  necesaria  en  el  real ;  porque 
como  quier  que  habia  en  él  mas  de  sesenta  mil  com- 
batientes, pero  los  muchos  trabajos  é  peleas  habi- 
das en  tantos  días,  é  las  guardas  que  convenían  es- 
tar en  los  campos  y  en  las  estanzas,  y  en  las  minas, 
é  por  la  mar,  y  en  otras  partes ,  tenían  la  gente  tan 
cansada,  que  el  Rey  é  la  Reyna  acordaron  de  em- 
biar  á  llamar  gente  de  nuevo  que  viniese  á  los  ser- 
vir. Y  embiaron  á  las  cíbdades  de  Toledo,  é  Sego- 
via,  é  Madrid,  é  Alcaraz,  é  Truxillo,  é  Cáceres,  é  Ba- 
dajoz, é  otros  lugares  mas  cercanos,  á  demandar 
gente  de  caballo  é  de  pié.  Otrosí  embió  el  Duque 
del  Inf  antadgo  un  capitán  con  la  gente  de  armas 
de  su  casa ;  é  otros  algunos  caballeros  vinieron ,  é 
otros  embiaron  sus  gentes,  según  que  el  Rey  é  la 
Reyna  gelo  embiaron  á  mandar.  E  con  algunos  que 
ovieron  tiempo  de  llegar,  fué  alguna  relevación  de 
los  trabajos  á  los  que  habían  estado  en  el  real  des- 
de el  principio. 

CAPÍTULO  LXXXIX. 

Como  el  Comendador  mayor  de  León  puso  una  estanza  cercana 
al  muro  de  la  cibdad  de  Málaga. 

Porque  ni  por  la  hambre  que  de  dentro  padescian 
los  moros,  ni  por  la  guerra  que  sufrían  de  fuera, 
parescia  en  ellos  ninguna  flaqueza  é  de  contino  sa- 
lían á  pelear  con  los  christianos,  el  Rey  é  la  Reyna 
estaban  en  pensamiento  de  lo  que  debían  facer; 


DON  FERNANDO 
porque  de  la  una  parte  veían  que  no  se  debía  alzar 
aquel  sitio  sin  tomar  la  cibdad,  de  la  otra  recelaban 
que  acaeciese  algún  caso  que  los  constriñese  á  lo 
alzar.  E  mandaban  que  se  moviese  f abla,  ofrecien- 
do segundad  á  los  moros  de  la  vida  é  de  los  bienes 
é  libertad  de  sus  personas ,  sí  luego  la  entregasen. 
Los  moros  no  lo  quisieren  facer,  porque ,  según  ha- 
bernos dicho ,  algunos  malos  christianos  los  avisa- 
ban de  los  muertos  é  feridos  é  de  algunas  enferme- 
dades que  en  el  real  había,  y  estas  informaciones 
les  facían  permanecer  en  la  defensa  é  no  venir  á 
partido.  Vista  su  pertinacia,  platicóse  en  el  consejo 
del  Rey  ó  de  la  Reyna,  que  forma  se  temía  para  los 
apremiar  é  tener  mas  estrechos,  ó  combatiéndolos, 
ó  llegando  mas  las  estanzas  al  muro.  E  porque  la 
Reyna  no  daba  lugar  que  el  combate  se  cometiese, 
recelando  las  muertes  é  ferídas  que  pudieran  acaes- 
oer,  acordóse  de  estrechar  los  moros,  llegando  mas 
al  muro  algunas  estanzas.  El  Comendador  mayor 
de  León  Don  Gutierre  de  Cárdenas ,  visto  un  sitio 
donde  se  podía  poner  estanza  cercana  á  los  muros, 
en  aquella  parte  donde  los  moros  comenzaban  á 
facer  otras  cavas  por  defuera  de  la  barrera ,  á  fin 
de  escusar  aquella  defensa  y  estrechar  mas  los  mo- 
ros, fizo  un  baluarte  contra  aquel  muro.  E  andando 
mas  adelante  faciendo  baluartes  de  paso  en  paso 
ganando  tierra,  llegó  con  su  gente  á  poner  la  estan- 
za tan  cercana  al  muro ,  que  con  una  piedra  tirada 
con  la  mano  daban  dentro  en  la  cibdad. 

Como  los  moros  vieron  aquella  estanza  tanto  cer- 
cana á  sus  muros,  trabajaban  por  confundirla  desde 
las  torres  de  la  cerca  con  muchas  piedras  y  esqui- 
nas que  tiraban  á  los  que  la  guardaban.  Otros  sa- 
lían con  gran  {peligro  á  facer  la  cava  que  habían 
comenzado  fuera  de  la  barrera.  Los  christianos  sa- 
lían algunas  veces  á  pelear  con  los  moros  por  la 
escusar,  é  peleaban  con  las  lanzas  é  con  las  espadas, 
é  sufriendo  las  piedras  y  esquinas  que  tiraban  del 
muro,  arremetían  contra  los  moros,  ó  mataban  ó 
prendían  algunos  dellos.  Y  en  esta  manera  de  pe- 
lear continaron  algunos  días,  fasta  que  retraxieron 
á  los  moros  é  les  ficieron  dexar  aquella  defensa  que 
comenzaron  á  facer,  y  escusaron  los  daños  que  por 
aquellas  partes  facían  en  los  christianos.  Ansimesmo 
pensaron  algunos  capitanes  tomar  por  combate  dos 
torres  del  arrabal,  que  eran  cercanas  al  muro  de  la 
cibdad  do  estaba  la  puerta  que  se  decía  de  Granada; 
é  los  moros  las  defendieron  de  tal  manera,  que  los 
christianos  dexaron  el  combate,  porque  conoscieron 
el  peligro  que  en  él  había.  E  desde  otras  torres  bien 
cercanas  que  tenían ,  las  guerreaban  todas  las  horas 
con  ballestas  y  espingardas ,  de  tal  manera  que  los 
moros  las  desampararon,  pero  desde  otras  torres 
cercanas  defendían  que  los  christianos  no  las  toma, 
sen.  Y  en  esta  manera  aquellas  dos  torres  quedaron 
sin  amparo,  porque  ni  los  christianos ,  ni  los  moros 
osaban  estar  en  ellas.  E  porque  sí  se  pudieran  ga- 
nar, los  moros  por  aquella  parte  fueran  muy  retraí- 
dos é  se  señoreaba  aquella  puerta  principal  de  la 
cibdad ;  el  tesorero  Ruy  López  con  algunos  criados 
del  Rey  é  de  la  Reyna  tornaron  ó  las  combatir. 


É  DOÑA  ISABEL.  467 

Como  los  moros  vieron  que  les  ponían  las  escalas, 
luego  subieron  en  las  torres  por  las  defender,  é  con 
grandes  piedras  que  tiraron ,  derribaron  las  escalas 
con  los  que  en  ellas  estaban.  Los  christianos  torna- 
ron otra  vez  á  las  poner,  é  tirando  por  defuera  mu- 
chos tiros  de  ballestas  y  espingardas ,  ovo  lugar  de 
subir  primero  en  una  de  las  torres  un  caballero  que 
se  llamaba  Pedro  de  Quexana,  el  qual  peleó  dentro 
en  la  torre  con  los  moros  que  la  guardaban ;  é  dan- 
do é  recibiendo  ferídas,  fué  muerto  porque  los 
christianos  no  podieron  subir  á  le  socorrer.  Este 
combate  duró  por  espacio  de  dos  horas,  ó  algunos 
de  los  christianos  por  fuerza  de  armas  subieron  al 
muro,  é  peleando  lanzaron  de  las  torres  á  los  moros 
que  las  defendían.  Visto  por  los  moros  como  habían 
perdido  las  torres ,  acorrieron  muchos  dellos  é  pu- 
siéronles fuego,  é  tan  grande  fué  el  fumo  é  los  tiros 
que  les  tiraban  por  baxo  é  desde  las  otras  torres 
cercanas,  que  los  christianos  las  desampararon  por- 
que no  las  pedieron  sostener.  En  estos  combates 
murieron  el  Comendador  Juan  de  Virues,  é  Alonso 
de  Santillan,  é  Diego  de  Mazariegos,  é  otros  seis 
fijos-dalgo  de  la  casa  del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  otros 
algunos.  E  al  fin  ni  los  christianos  ganaron  las  tor- 
res, ni  los  moros  las  podieron  tener,  é  fueron  des- 
amparadas por  los  unos  é  por  los  otros ,  según  esta- 
ban primero. 

CAPÍTULO  XO. 

De  las  cosas  que  pasaron  dentro  en  la  eibdad  de  Málaga. 

La  hambre  crescía  tanto  en  la  cibdad,  que  los 
mas  días  algunos  moros  salían  á  se  ofrescer  por  es- 
clavos de  los  christianos,  eligiendo  de  su  voluntad 
el  captiverio,  por  sostener  la  vida.  Estos  deciau 
que  ya  en  la  cibdad  eran  bien  pocos  los  que  podían 
haber  pan  de  cebada,  é  que  comían  cueros  de  va- 
cas cocidos,  é  á  las  criaturas  daban  fojas  de  parras 
picadas  é  cocidas  con  aceyte.  Decían  ansimesmo, 
que  los  Gomeres  entraban  en  las  casas  é  tomaban 
por  fuerza  las  cosas  que  fallaban  de  comer,  é  que- 
braban arcas,  é  derribaban  las  paredes  é  otros  luga- 
res donde  pensaban  fallar  pan  é  otros  manteni- 
mientos escondidos.  E  que  andaban  ya  tan  disolu- 
tos faciendo  tales  fuerzas,  que  los  moradores  de  la 
cibdad  estaban  atribulados  por  la  hambre  que  pa- 
descian  é  por  las  fuerzas  que  recebian ;  é  que  llora- 
ban la  hambre  de  dentro ,  é  la  muerte  ó  el  captive- 
rio que  esperaban  de  fuera.  E  como  quier  que  en 
la  cibdad  eran  muchos  los  muertos  ó  feridos,  no 
consentían  los  capitanes  que  se  fablase  en  ningún 
trato  de  entregar  la  cibdad ;  porque  estaba  dentro 
un  moro  que  tenían  por  santo,  el  qual  les  certifica- 
ba, como  Dios  tenia  ordenado  que  saliesen  un  día  é 
diesen  en  el  real,  é  que  habían  de  haber  victoria 
cumplida  de  sus  enemigos,  é  gozarían  de  los  man- 
tenimientos que  estaban  en  el  real.  El  Rey  é  la 
Reyna  no  creían  que  la  hambre  de  los  moros  fuese 
tan  grande ,  pues  no  movían  f abla,  ni  querían  oír 
partido  de  entregar  la  cibdad,  é  continamente  sa- 
lían á  pelear  por  las  minas,  é  con  loa  que  guarda-- 


468  CRÓNICAS  DE  LOS 

ban  las  estanzas  é  las  torres  del  arrabal.  Otrosí  es- 
caramuzaban por  la  mar  con  las  naos  de  la  flota  ;  é 
un  dia  movieron  una  escaramuza  con  sus  albatozas 
armadas,  é  metiéronse  tanto  entre  los  navios  de  los 
christianos,  que  anegaron  con  su  artillería  una  nao 
armada  del  Duque  de  Medinasidonia,  é  ficieron  re- 
traer los  otros  navios  pequeños  que  llegaban  á  la 
cibdad.  Y  en  estas  peleas  marinas,  los  moros  sallan 
arrebatadamente  con  sus  navios,  é  facían  daño  con 
los  muchos  tiros  de  pólvora  que  tiraban ,  é  luego 
prestamente  se  volvían  á  la  orilla,  donde  eran  defen- 
didos de  los  que  guardaban  los  muros  por  aquella 
parte  de  la  mar.  Después  de  pasados  algunos  días 
la  hambre  cresció  tanto  en  la  cibdad ,  que  ninguno 
comía  pan,  salvo  carne  de  bestias  é  cueros  de  vacas 
cocidos,  é  comían  lo  seco  de  laa  palmas  molido,  de 
que  facían  pan.  Los  moros  oficiales  é  mercaderes  é 
otras  gentes,  eligiendo  mas  el  captiverío  que  rece- 
laban que  la  hambre  que  padescian,  pospuesto  el 
temor  de  los  Gromeres,  osaban  ya  f ablar  á  los  capi- 
tanes é  á  las  otras  gentes  de  guerra ,  amonestándo- 
les con  Dios  que  entregasen  la  cibdad  al  Rey  é  á 
la  Reyna.  E  juntáronse  con  un  alfaquí  que  se  lla- 
maba Abrahen  Alharíz  otros  dos  moros  principales 
de  la  cibdad,  al  uno  llamaban  Amar-Benamar,  é  al 
otro  Alidurdux,  con  otros  algunos  mercaderes  ó 
oficíales ;  é  aquel  alfaquí  dixo  al  capitán  Hamete 
Zelí ".  «Requirímoste  con  el  Dios  poderoso,  que  en- 
» tregües  luego  la  ciudad  al  Rey  de  los  christianos, 
«pues  no  tenemos  otro  remedio  para  guardar  la 
•  vida,  sino  perder  la  tierra.  E  tú  que  eres  nuestro 
B  capitán,  no  nos  seas  mas  duro  enemigo  matándo- 
Bnos  de  hambre,  que  los  christianos  que  nos  matan 
Bcon  fierro:  porque  esta  nuestra  porfía  mas  pares- 
»ce  buscar  la  muerte,  que  celar  la  libertad.  Mira 
nquán tos  de  nuestros  peleadores  ha  muerto  el  cu- 
Bchillo,  no  quieras  tú  que  la  hambre  mate  á  los  que 
» quedan,  é  á  nuestras  mugeres  é  fijos  que  gimiendo 
Bdemandan  pan,  é  nos  ponen  dolor ,  porque  no  los 
«podemos  remediar.  ¿Son  por  ventura  mas  fuertes 
bIos  muros  de  Málaga  que  los  muros  de  Ronda  ?  ó 
Bsois  vosotros  mas  guerreros  que  los  caballeros  de 
»  Loxa?  La  fortaleza  de  Ronda  ya  se  humilló,  é  la  ca- 
nballería  de  Loxa  no  pudo  resistir  el  poderío  destos 
» Príncipes  que  con  gran  poderío  de  gentes  nos  tie- 
nnen  tanto  tiempo  ha  cercados:  los  quales  ya  no 
n deben  pelear  con  nosotros,  pues  nuestra  hambre 
«pelea  por  ellos.  Pero  si  os  sentís  aun  tan  valientes 
«para  os  defender,  salid  fuera,  é  pelead  con  los 
«christianos,  é  comeréis  los  que  peleando  quedáre- 
» des  vivos.  ¿Qué  esperáis?  ¿Qué  es  vuestra  con- 
B fianza?  ¿Pensáis  que  podréis  comer  sino  peleáis 
«allá  fuera  ó  podréis  pelear,  sino  coméis  acá  den- 
«tro?  ¿  O  consejaisnos  por  ventura  que  padezcamos 
«la  hambre  con  esperanza  de  algún  socorro?  Ya 
«no  hay  tiempo  de  esperanza:  ya  Granada  perdió 
»  su  fuerza,  ya  Granada  no  tiene  caballeros,  no  tie- 
»ne  rey,  perdió  sus  capitanes,  perdió  su  orgullo. 
«Por  Dios  no  perezcamos  con  esperanzas  vanas  que 
«nos  ponen  homes  sin  seso,  é  no  esperemos  de  ha- 
»ber  consejo  para  quando  no  hay  tiempo  do  lo  ha- 


REYES  DE  CASTILLA. 

»  bcr.»  Estas  cosas  osaban  ya  decir  como  desespe- 
rados de  la  vida ,  porque  veían  la  perdición  de  la 
cibdad.  Pero  los  capitanes  moros  confiando  en  lo 
que  les  predicaba  aquel  moro  que  tenían  por  santo, 
no  querían  dar  oreja  á  ninguna  razón  con  esperan- 
za de  salir  fuera  á  pelear  con  la  gente  del  real,  el 
día  que  aquel  moro  gelo  dixese. 

CAPÍTULO  XCI. 

Como  se  ganó  ana  tone  de  la  cibdad  de  Málaga  que  estaba  Junto 
con  la  puente. 

Junto  con  la  barrera  de  la  cibdad  de  Málaga  ha- 
bía una  puente  con  quatro  arcos ,  y  en  el  muro  de 
la  barrera  donde  se  principiaba  esta  puente  habia 
una  torre,  y  en  el  cabo  de  parte  defuera  había  otra. 
Estas  dos  torres  eran  grandes  é  muy  fuertes.  El 
Rey,  visto  que  si  aquellas  dos  torres  se  tomasen,  la 
cibdad  con  menor  peligro  se  podría  combatir,  man- 
dó á  Francisco  Ramírez  de  Madrid,  capitán  del  ar- 
tillería, que  con  la  gente  é  oficiales  de  su  capitanía 
combatiese  aquellas  dos  torres.  Aquel  Francisco 
Ramírez,  compliendo  el  mandamiento  del  Rey,  fizo 
traer  mantas  é  los  tiros  de  pólvora  necesarios  para 
el  combate.  E  porque  la  gente  no  podía  llegar  sin 
gran  peligro,  fizo  una  mina  que  llegaba  fasta  el  ci- 
miento de  la  torre  primera,  é  fizo  cavar  fasta  que 
llegó  á  lo  hueco  de  la  torre,  é  allí  puso  un  cortago 
la  boca  arriba,  é  armáronlo  para  que  tírase  al  sue- 
lo de  la  torre,  sobre  el  qual  estaban  los  moros  que 
la  defendían.  E  por  la  parte  de  fuera  faciendo  ba- 
luartes de  paso  en  paso,  para  que  la  gente  se  defen- 
diese, ganó  tierra  fasta  llegar  bien  cerca  de  la  tor- 
re, é  allí  puso  algunos  tiros  de  pólvora,  é  comenzó 
á  combatir  la  torre. 

Los  moros  que  estaban  encima  defendíanse,  é  fe- 
rian á  algunos  christianos,  é  desta  manera  duró 
aquel  combate  quatro  dias,  que  todas  las  horas  ti- 
raban de  la  una  parte  á  la  otra  tiros  de  pólvora  é  de 
saetas.  Un  dia  los  christianos  llegaron  las  escalas  é 
las  mantas  é  otros  pertrechos  para  subir  á  la  torre; 
y  estando  la  gente  en  la  furia  del  combate ,  los  ar- 
tilleros pusieron  fuego  al  cortago  que  estaba  arma- 
do debaxo  del  suelo  de  la  torre,  é  con  el  tiro  que 
fizo  derribó  gran  parte  del  suelo  do  estaban  los  mo- 
ros que  la  defendían,  é  cayeron  quatro  dellos.  Quan- 
do los  otros  vieron  que  no  podían  andar  libremente 
sobre  el  suelo  para  defender  la  torre,  luego  la  dea- 
ampararon,  é  se  pasaron  á  defender  la  otra  torre 
que  estaba  fundada  al  otro  cabo  de  la  puente  sobre 
la  barrera  de  la  cibdad.  Los  christianos  subieron  á 
aquella  torre,  é  apoderados  della  tiraban  tiros  de 
piedras  é  de  saetas  y  espingardas  á  los  moros  que 
guardaban  la  otra  torre,  é  los  moros  á  ellos.  E  por 
baxo  en  medio  de  la  puente,  ni  los  unos  ni  los  otros 
osaban  estar,  porque  la  pelea  en  aquella  puente  era 
peligrosa.  Los  christianos,  viendo  que  se  podía  com- 
batir la  otra  torre,  comenzaron  á  facer  en  la  puente 
un  baluarte  con  propósito  de  ir  faciendo  defensas 
de  paso  en  paso,  fasta  llegar  á  la  otra  torre.  Loa 
moros,  viendo  que  los  christianos  trabajaban  por  ga-. 


DON  FERNANDO  É  DOSfA  ISABELA 
nár  la  puente,  tiraron  tantos  tiros  de  búzanos  é  lom 


469 


bardas,  que  lo  resistieron  á  los  christianos;  é  pelea- 
ban continamente  los  unos  del  un  cabo  de  la  puen- 
te é  los  otros  del  otro.  Y  en  aquellos  combates  mu- 
rieron algunos  moros  principales  de  la  cibdad,  es- 
pecialmente murieron  dos  capitanes  que  se  llama- 
ban el  uno  Cidi  Mahomad  y  el  otro  Abdurrhamen. 
E  por  estos  capitanes  ficieron  los  moros  gran  sen- 
timiento, porque  eran  de  los  naturales,  é  de  los  mas 
principales  de  la  cibdad,  é  fué  causa  que  se  ganase. 
Después  que  se  entregó  la  cibdad,  el  Key,  conside- 
rando los  trabajos  é  grandes  fechos  de  armas  que 
aquel  Francisco  Kamirez  fizo  en  aquellos  combates, 
fallándole  diño  del  honor  de  la  caballería,  le  armó 
caballero  en  aquella  torre  que  ganó  por  combate. 

CAPÍTULO  XCII. 
Como  salieron  los  moros  áe  la  cibdad  á  pelear  con  los  del  real. 

La  hambre  cresció  tanto  en  la  cibdad,  que  ya  los 
moros  que  la  defendían  no  la  podian  sofrir.  E  aquel 
moro  que  tenian  por  santo  les  dixo  que  saliesen  á 
pelear  con  los  del  real,  é  que  Dios  les  daria  victoria,  é 
venganza  de  sus  enemigos ;  é  amonestóles  que  guar- 
dasen de  pararse  al  despojo,  salvo  que  peleasen  como 
varones  esforzados,  é  cada  uno  fuese  adelante  ma- 
tando christianos,  é  que  no  perdonasen  la  vida  á  nin- 
guno de  quantos  topasen.  Otrosí  amonestóles  que  se 
perdonasen  las  injurias  unos  á  otros ,  é  que  la  cari- 
dad que  oviese  entre  ellos  los  faria  vencedores. 

Los  moros,  por  el  consejo  de  aquel  moro  santo, 
salieron  un  dia  por  la  mañana  fasta  ciento  de  ca- 
ballo é  quatro  batallas  de  moros  á  pié,  é  tirando 
muchas  saetas  y  espingard,as ,  vinieron  con  grand 
ímpetu  á  dar  en  dos  estanzas  que  guardaban  el 
Maestre  de  Santiago  y  el  Maestre  de  Alcántara.  E 
como  los  christianos  fueron  súbitamente  salteados, 
no  pudieron  tan  presto  resistir  á  los  moros ,  é  ovie- 
ron  lugar  de  matar  é  ferir  algunos  de  los  que  las 
guardaban.  E  luego  acudió  á  un  portillo  del  Maes- 
tre de  Santiago  Don  Pedro  Puertocarrero,  Señor  de 
Moguer,  é  Don  Alonso  Pacheco,  su  hermano,  con 
sus  gentes,  é  defendieron  aquel  portillo  peleando 
con  los  moros  por  espacio  de  media  hora,  de  ma- 
nera que  les  resistieron  la  entrada  por  aquella  par- 
te. Por  la  estanza  del  Maestre  de  Alcántara  acorrió 
á  otro  portillo  un  caballero  de  su  casa ,  que  se  lla- 
maba Lorenzo  Suarez  de  Mendoza,  con  algunos  su- 
yos, é  peleó  é  defendió  la  entrada  á  los  moros,  fasta 
que  acudieron  muchas  gentes  de  las  unas  partes  é 
de  las  otras,  é  pelearon  con  los  moros,  é  matando  ó 
firiendo  en  ellos,  los  retraxieron  á  la  cibdad.  En  es- 
ta pelea  fueron  feridos  é  muertos  muchos  moros,  é 
algunos  eran  los  mas  principales.  Y  el  dolor  que  se 
ovo  en  la  cibdad  de  aquel  vencimiento,  é  los  llantos 
de  los  homes  é  de  las  mugeres  que  facían  por  los 
muertos  é  por  los  feridos  fué  tanto  grande,  que 
aquel  capitán  principal  no  osó  estar  en  la  cibdad,  ó 
se  retraso  al  Alcazaba ,  é  dixo  á  los  moros  que  ficie- 
sen  partido  de  entregar  la  cibdad  con  todas  sus  for- 
talezas al  Rey  é  á  la  Reyna, 


CAPÍTULO  XCIIL 


Como  salieron  ciertos  moros  de  Málaga  á  demandar  partido  al  Rey 
é  á  la  Reyna  para  entregar  la  cibdad. 

Los  más  de  los  capitanes  moros  Gomeres  eran 
muertos  é  feridos  ;  é  aquel  capitán  principal  Hame- 
te  Zelí,  según  habemos  dicho,  se  retraxo  á  la  forta- 
leza. E  los  moros  de  la  cibdad  constreñidos  por  la 
hambre  que  padescian,  demandaron  seguro  para 
ciertos  moros  que  querían  embiar  á  dar  forma  sobre 
la  entrega  de  la  cibdad.  El  Rey  é  la  Reyna  gelo 
mandaron  der,  é  vinieron  ante  ellos  el  alfaquí  é  los 
otros  dos  moros  que  habemos  dicho  que  se  llamaba 
el  uno  Alidurdux,  y  el  otro  Amar-Benamar,  é  otros 
tres  de  los  principales ,  los  quales  demandaron  al 
Rey  é  á  la  Reyna  que  les  diese  seguridad  para  sus 
personas  é  bienes,  é  que  ellos  entregarían  la  cibdad 
con  todas  sus  fuerzas ,  quedando  ellos  en  sus  casas 
por  mudéxares ,  siervos  del  Rey  é  de  la  Reyna. 
Otrosí  que  les  diesen  la  villa  de  Coin  para  algunos 
moros  que  la  querían  poblar ;  é  que  sí  algunos  qui- 
siesen dexar  aquella  tierra,  é  ir  á  las  partes  de  Áfri- 
ca, ó  á  otros  lugares  de  España,  les  mandasen  dar 
seguro  para  lo  facer,  según  habían  fecho  á  los  de 
Velezmálaga  é  de  las  otras  cibdades  que  habían 
conquistado ,  é  que  les  suplicaban  que  no  menos- 
preciasen la  subjecion  de  tantas  gentes  como  geles 
ofrescian  por  subditos. 

El  Rey  é  la  Reyna,  vista  esta  demanda,  cometie- 
ron la  respuesta  al  Comendador  mayor  de  León.  El 
qual  por  su  mandado  les  respondió  que  si  al  princi- 
pio entregaran  la  cibdad  según  ficieron  los  de  Ve- 
lezmálaga é  de  las  otras  cibdades ,  ellos  les  dieran 
el  seguro  que  á  los  otros  dieron.  Pero  que  después 
de  tantos  días  pasados  é  tantos  trabajos  habidos, 
venidos  en  el  estado  en  que  su  pertinacia  los  había 
puesto,  mas  estaban  en  tiempo  de  dar  que  de  deman- 
dar ni  de  escoger  partidos.  E  que  no  les  darian  el 
seguro  que  demandaban ,  porque  bien  sabían  ellos 
que  los  vencidos  deben  ser  subjetos  á  las  leyes  que 
los  vencedores  quisieren.  E  que  pues  la  hambre  é 
no  la  voluntad  les  facía  entregar  la  cibdad,  que  se 
defendiesen,  ó  remitiesen  á  lo  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na dispusiesen  dellos  ;  conviene  á  saber,  los  que  á 
la  muerte,  á  la  muerte,  é  los  que  al  captiverio,  al 
captiverio.  Los  moros  volvieron  á  la  cibdad,  é  como 
notificaron  á  los  vecinos  della  esta  respuesta,  sin- 
tiéndola por  muy  grave,  respondieron  que  ellos  da- 
rian la  cibdad  al  Rey  é  á  la  Reyna  con  todas  sus 
forj;alezas,  é  con  todos  los  bienes  que  en  ella  había. 
Pero  que  sí  no  les  daban  seguro  para  libertad  de 
sus  personas,  ellos  colgarían  de  las  almenas  de  la 
cibdad  fasta  quinientos  homes  é  mugeres  christianos 
que  tenian  captivos,  é  puestos  los  viejos  é  mugeres 
é  niños  en  el  alcazaba,  pornían  fuego  á  la  cibdad,  ó 
saldrían  todos  á  morir  matando  christianos ,  por- 
que al  fin  el  Rey  é  la  Reyna  oviesen  la  victoria  san- 
grienta ;  de  tal  manera  que  el  fecho  de  la  cibdad 
de  Málaga  fuese  nombrado  á  todos  los  vivientes,  y 
en  todas  las  edades  que  el  mundo  durase. 


470 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Quando  el  Rey  oyó  la  respuesta  de  los  moros, 
embióles  á  decir  que  no  habrían  del  otro  seguro,  sal- 
vo aquel  que  fuese  en  su  voluntad  de  les  dar,  como 
al  principio  les  fué  respondido  ;  é  que  fuesen  cier- 
tos, que  si  S0I9  un  captivo  christiano  matasen,  solo 
un  moro  no  quedaria  vivo  en  la  cibdad  de  Málaga, 
que  todos  pasarían  por  el  cuchillo. 

Los  moros  estaban  en  gran  turbación,  porque  al- 
gunos quisieran  facer  alguna  gran  fazafia,  en  la 
qual  elegían  morir  antes  que  ver  captivos  á  sí  é  á 
sus  fijos  é  mugeres  é  propíneos  en  poder  de  chris- 
tianos.  Otros  había,  que  con  alguna  esperanza  de 
reparo  que  hay  en  la  vida,  ref  usaban  la  muerte,  que 
naturalmente  se  f uye.  Al  fin ,  todos  acordaron  de 
embiar  al  Rey  é  á  la  Reyna  catorce  homes  de  ca- 
torce quadríUas  de  gentes  que  había  en  la  cibdad, 
para  saber  su  final  intención.  Con  los  quales  les 
embiaron  una  carta  que  decía  en  esta  manera : 

«Alabado  Dios  poderoso.  A  nuestros  señores,  á 
«nuestros  Reyes  el  Rey  é  la  Reyna,  mayores  que 
«todos  los  reyes  é  todos  los  príncipes,  ensálceos 
»Dios,  encomiéndanse  en  la  grandeza  de  vuestro 
«estado,  é  besan  la  tierra  debaxo  de  vuestros  pies, 
»  vuestros  servidores  y  esclavos  los  de  Málaga  gran- 
»des  é  pequeños:  remedíelos  Dios,  é  después  desto 
«ensálceos  Dios.  Vuestros  servidores  suplican  á 
«vuestro  estado  real,  que  los  remedie  como  convie- 
«ne  facer  á  vuestra  grandeza,  habiendo  piedad  é 
«misericordia  dellos ,  según  á  vuestro  real  estado 
«conviene,  é  según  ficieron  vuestros  padres  é  vues- 
;»tro8  abuelos  los  Reyes  grandes  é  poderosos.  Ya 
««habréis  sabido,  ensálceos  Dios,  como  Córdoba  fué 
«cercada  gran  tiempo,  fasta  que  se  tomó  la  mitad 
'»de  la  cibdad,  é  quedaron  los  moros  en  la  otra  mí- 
» tad,  fasta  que  acabaron  el  pan  que  tenían,  é  f ue- 
«ron  mas  estrechados  que  nosotros.  Después  supli- 
» carón  al  gran  Rey  vuestro  abuelo,  é  rogáronle  que 
«les  asegurase,  c  aseguróles,  é  recibió  su  suplicación, 
«é  oyó  su  fabla,  perdónelos  Dios,  é  dióles  todo  lo  que 
«tenían,  ansí  facienda  como  joyas,  é  ganó  la  loa  de 
«gran  fama  fasta  el  día  del  juicio.  E  ansimesmo, 
«nuestros  Reyes,  ensálceos  Dios,  acaesció  en  Alxecí- 
»ra  algún  día,  y  en  Antequera  con  vuestro  abuelo 
»el  grande,  esforzado  é  nombrado,  el  Infante,  que 
«él  la  cercó  dos  meses  é  medio ,  y  entró  la  cibdad, 
»é  quedó  el  alcazaba  por  tomar  obra  de  siete  dias, 
» fasta  que  se  les  acabó  el  agua  que  bebían;  y  os- 
«toncesle  suplicaron,  é  se  echaron  á  su  favor,  é 
«demandaron  del  les  asegurase,  para  que  saliesen, 
«como  se  demanda  á  los  príncipes  é  reyes  que  son 
«como  vos.  E  sacólos,  é  fecha  su  suplicación,  dió- 
»les  lo  suyo  é  sus  bienes  é  mercadurías,  é  quedó  su 
«fama  á  recontar  el  bien  que  fizo  fasta  el  día  del 
«juicio  ;  perdónelo  Diosé  á  vosotros  ensálceos  Dios. 
«Nuestros  señores  Reyes,  mas  honrados  que  todos 
» los  reyes  é  todos  los  príncipes ,  es  publicada  vues- 
» tra  fama  é  vuestro  favor,  ha  parecido  vuestro  se- 
«guro,  é  vuestra  honra,  é  vuestra  piedad,  sobre 
«las  gentes  que  se  dieron  antes  de  nosotros  ;  é  ha 
» ido  vuestra  fama  á  recontar  vuestro  seguro  aquen- 
» de  é  allende  entre  los  christianos  y  entre  los  mo- 


«ros.  E  nosotros  vuestros  servidores  y  esclavos  bien 
»  conoscemos  nuestro  yerro,  é  nos  ponemos  en  vues- 
Btras  manos,  y  echamos  nuestras  personas  á  la 
» vuestra  merced ;  é  suplicamos  de  vos  nos  asegu- 
«reis,  remediéis  á  honrar  nuestras  personas,  é  nos 
»  otorguéis  esto,  como  pertenesce  á  Vuestras  Altezas. 
»E  todos  venimos  bien  en  que  la  cibdad,  con  todo 
» lo  que  hay  en  ella ,  quede  para  Vuestras  Altezas ;  é 
«con  esto  parescerá  el  seguro  é  la  honra  que  está 
«con  los  señores  del  poder,  é  nosotros  estamos  col- 
»  gados  de  vuestro  favor,  é  nos  metemos  so  vuestro 
Mamparo  ;  faced  como  conviene  á  vuestra  grandeza 
»  con  vuestros  servidores,  é  Dios  poderoso  ponga  en 
» vuestra  voluntad  que  fagáis  bien  á  vuestros  sier- 
» vos,  pues  vos  ensalzó  Dios,  é  sois  mayores  señores 
»  é  los  príncipes ;  é  no  plega  á  Dios  que  fagáis  con 
«nosotros  sino  lo  que  conviene  á  vuestra  grandeza 
»de  toda  honra  é  de  toda  virtud.  Esto  es  lo  que  su- 
))  pilcan  é  piden  vuestros  siervos,  y  en  manos  de 
«Vuestras  Altezas  nos  ponemos,  é  Dios  poderoso  é 
»alto  acresciente  el  ensalzamiento  y  estado  de  Vues- 
«tras  Altezas.» 

Sabido  por  algunos  de  la  hueste  el  efecto  desta 
carta,  quisieran  indinar  al  Rey  é  á  la  Reyna,  para 
que  mandasen  que  todos  los  moros  fuesen  puestos 
á  cuchillo,  por  las  muertes  é  ferídas  que  habían 
fecho  en  los  christianos.  E  decían  que  pues  la  con- 
quista no  era  acabada ,  é  quedaban  aun  por  tomar 
algunas  grandes  cibdades  é  fortalezas  de  aquel  Rey- 
no,  que  debían  facer  en  los  moros  de  Málaga  tal 
castigo,  que  fuese  exemplo  para  las  otras  cibdades, 
que  no  toviesen  osadía  de  facer  los  males,  ni  durar 
en  la  rebelión  que  los  de  aquella  cibdad  duraron.  E 
porque  la  Reyna  no  daba  lugar  á  ninguna  crueldad, 
el  Rey  respondió  á  los  moros  una  carta ,  que  decía 
en  esta  manera. 

«El Rey:  Al  Concejo,  é  viejos,  é  vecinos  é  mora- 
adores  de  la  cibdad  de  Málaga.  Vi  vuestra  carta,  por 
»la  qual  me  embiastes  á  facer  saber  que  queréis 
»  entregar  esta  cibdad  con  todo  lo  que  en  ella  está, 
»  é  que  vos  dexe  ir  vuestras  personas  libres  do  qui- 
«siéredes.  Si  esta  suplicación  ficiérades  al  tiempo 
«que  vos  embié  á  requerir  (1)  desde  Velezmálaga, 
»ó  luego  después  que  aquí  asenté  mi  real,  parescie- 
«ra  que  con  voluntad  de  mi  servicio  vos  movíades 
ȇ  ello,  y  estonces  oviera  placer  de  lo  facer.  Pero 
»  visto  que  habéis  esperado  fasta  lo  postrimero  de 
«lo  que  os  podéis  detener,  á  mí  servicio  no  cumple 
«de  vos  recebir  de  otra  manera,  salvo  dándoos  á 
»  mi  merced,  como  determinadamente  vos  lo  embió 
»  á  decir  con  vuestros  mensageros.  Y  este  es  menor 
» ínconviniente  para  vosotros,  que  no  haber  de  es- 
»  perar  mas,  según  el  estado  en  que  estáis. »  Quan- 
do los  moros  de  la  cibdad  vieron  esta  carta;  é  sus 
mensageros  les  declararon  la  voluntad  del  Rey, 
fueron  puestos  en  gran  turbación,  é  había  entre 
ellos  diversos  votos,  unos  inclinados  á  crueldad 
para  matar  los  captivos  christianos,  é  quemar  la  cib- 

(1)  Os  embié  á  requerir.  El  MS.  de  Nava  añade :  con  Pulgar  del 
Salar.  Parece  tomado  de  alguna  nota  marginal. 


DON  FERNANDO 
dad  é  ponerse  á  la  muerte ;  otros  con  esperanza  de 
vida  se  querían  ofrescer  á  lo  que  el  Rey  dellos  qui- 
siese facer.  Al  fin  como  el  entendimiento  fatigado 
con  el  mal  se  consuela  con  esperanza  de  algún  bien, 
recelando  que  si  crueldad  cometiesen,  aquella  seria 
causa  de  otra  mayor  que  contra  ellos  se  executase, 
tomaron  á  embiar  sus  mensageros  al  Rey  é  á  la 
Reyna,  los  quales  dixeron,  que  pues  aquella  era  su 
determinada  voluntad ,  embíasen  á  tomar  la  cibdad 
con  sus  fortalezas  ,  é  que  todos  quantos  habia  en 
ella  se  ponian  en  la  misericordia  de  su  corazón. 
Pero  que  les  suplicaban  que  su  ira  no  se  estendiese 
también  contra  el  inocente  como  contra  el  rebelde; 
é  que  oviesen  consideración,  que  ellos  ó  otros  de  la 
cibdad  procuraron  que  les  fuese  entregada  en  los 
primeros  dias,  é  ovieron  por  ello  algunos  tormen- 
tos é  peligros  de^muerte.  El  Rey  é  la  Reyna,  habida 
información  de  los  que  querían  é  no  pudieron  dar 
la  cibdad,  mandaron  que  fuesen  seguros  ellos  é  sus 
bienes  con  todas  sus  cosas.  E  mandáronles  que  tra- 
xiesen  veinte  homes  de  los  principales  de  la  cibdad, 
é  que  estoviesen  presos  por  seguridad  de  los  que  la 
fuesen  á  recebir,  fasta  que  fuesen  apoderados  de 
ella.  E  luego  como  fueron  traídos,  mandaron  al  Co- 
mendador mayor  de  León  que  entrase  con  gente  en 
la  cibdad,  é  se  apoderasen  della  é  de  todas  sus  forta- 
lezas. E  luego  el  Comendador  mayor  entró  primero 
en  la  cibdad  armado  encima  de  un  caballo ,  é  des- 
pués entraron  con  él  algunos  de  sus  criados  é  otros 
caballeros  é  capitanes  del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  apo- 
deróse de  toda  ella.  E  puso  en  una  de  las  principa- 
les torres  del  alcazaba  el  pendón  de  la  cruz,  é  otro 
pendón  del  Apóstol  Sanctiago,  y  el  estandarte  real 
con  las  armas  del  Rey  é  de  la  Reyna.  Y  encomendó 
la  guarda  de  las  torres  é  puertas  é  fortalezas  de  la 
cibdad  á  Don  Alvaro  de  Bazan,  é  á  Ruy  Diaz  de 
Mendoza,  é  á  Don  Pero  Sarmiento,  é  á  Pero  Méndez 
de  Sotomayor,  é  á  Don  Enrique  de  Guzman,  é  á  Don 
Luis  de  Acuña,  é  á  Juan  Enriquez,  é  á  Juan  Cabre- 
ro, é  á  Alonso  Osorio,  é  á  Pero  Vaca ,  é  al  Mariscal 
Juan  de  Benavides,  é  al  Mariscal  Alonso  de  Valen- 
cia, é  á  Don  Alonso  de  Silva,  é  á  Don  Pedro  de  Sil- 
va, BU  hermano,  é  á  Don  Bernardino  de  Quiñones, 
é  al  Gobernador  Juan  de  Cárdenas,  é  á  Juan  Velaz- 
quez  de  Cuéllar,  é  á  Antonio  de  Luzon,  é  á  Furtado 
de  Luna,  é  á  Alonso  Enriquez,  é  á  Gerónimo  de 
Valdivieso,  é  á  Rodrigo  de  Cárdenas,  é  á  Don  Gar- 
cía Enriquez,  é  á  Antonio  de  Córdoba,  é  á  Juan  Za- 
pata, é  á  Lope  Alvarez  de  Osorio ,  é  á  Don  Juan 
Manrique,  é  á  Juan  de  Leyva ,  é  al  Comendador 
Ruy  Diaz  Maldonado,é  á  Mosen  Gralla,  éá  Juan  de 
Hinestrosa,  é  á  Luis  de  Cárdenas,  é  á  Diego  Mufiiz, 
é  á  Godoy ,  é  á  Martin  de  Ortega,  caballeros  fijos- 
dalgo  de  la  casa  del  Rey  é  de  la  Reyna.  Repartidos 
todos  estos  cada  uno  con  sus  gentes  en  las  torres  é 
fuerzas  principales  de  la  cibdad,  después  que  fué 
entregada,  é  los  christianos  fueron  della  apodera- 
dos, el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  tomar  todas  las 
armas  é  artilleria,  é  mandaron  que  todos  los  moros 
é  moras  de  la  cibdad  saliesen  de  sus  casas,  y  entra- 
sen en  dos  grandes  corrales  que  son  en  el  alcazaba. 


É  DOÑA  ISABEL.  471 

baxo  de  ciertas  torres,  de  las  qnales  estaban  apo- 
derados los  christianos.  E  mandaron  luego  poner 
en  fierros  al  capitán  principal  que  se  llamaba  fía- 
mete Zelí.  Preguntado  aquel  capitán  que  le  movió 
á  tanta  rebelión,  pues  veia  traer  daño  á  él  é  á  todos 
los  moros  de  Málaga,  respondió,  que  él  habia  toma- 
do aquel  cargo  con  obligación  de  morir  ó  ser  preso 
defendiendo  su  ley,  é  la  cibdad,  é  la  honra  del  que 
gela  entregó  ;  é  que  si  fallara  ayudadores,  quisiera 
mas  morir  peleando  que  ser  preso  no  defendiendo 
la  cibdad. 

Los  moros  é  moras  que  desampararon  sus  casas, 
esperando  la  muerte  ó  el  captiverio  en  las  agenas, 
andando  por  las  calles,  torcían  sus  manos,  é  alzan- 
do sus  ojos  al  cielo  decían  :  «¡O  Málaga,  cibdad 
«nombrada  é  muy  fermosa,  como  te  desamparan 
Btus  naturales!  ¿púdolos  tu  tierra  criar  en  la  vida, 
»  é  no  los  pudo  cobijar  en  la  muerte  ?  ¿  Do  está  la 
«fortaleza  de  tus  castillos?  ¿Do  está  la  fermosura 
»de  tus  torres?  No  pudo  la  grandeza  de  tus  muros 
»  defender  sus  moradores,  porque  tienen  ayrado  su 
«criador.  ¿Que  farán  tus  viejos  é  tus  matronas? 
«¿Que  farán  las  doncellas  criadas  en  señorío  delica- 
»do,  cuando  se  vieren  en  dura  servidumbre?  ¿Po- 
ndrán por  ventura  los  christianos  tus  enemigos  ar- 
í  ranear  los  niños  de  los  brazos  de  sus  madres,  apar- 
«tar  los  fijos  de  sus  padres,  los  maridos  de  susmu- 
»geres,  sin  que  derramen  lágrimas?»  Estas  pa- 
labras é  otras  semejantes  decían  con  el  dolor  que 
sentían  en  ver  como  perdían  su  tierra  é  su  libertad. 
Después  que  la  cibdad  fué  entregada,  el  Rey  man- 
dó acañaverear  doce  christianos  que  se  tomaron 
dentro  en  la  cibdad,  los  que  se  pasaren  á  los  moros, 
é  los  informaban  de  las  cosas  del  real ,  é  los  esfor- 
zaban para  que  no  entregasen  la  cibdad.  Estas  cosas 
pasadas,  el  Rey  é  la  Reyna  no  quisieron  entrar  la 
cibdad  fasta  que  fuese  limpia  de  los  malos  olores 
de  los  cuerpos  muertos  que  en  ella  habia,  é  fasta 
que  la  mezquita  mayor  fuese  consagrada,  para  que 
ellos  fuesen  primeramente  á  ella  á  facer  oración,  ó 
á  dar  gracias  á  Dios ,  porque  procurando  el  ensal- 
zamiento de  su  sancta  fe ,  les  había  dado  la  victo- 
ria. E  mandó  asentar  cerca  de  la  cibdad  una  tienda 
é  poner  en  ella  un  altar.  Y  ellos  presentes  salieron 
de  la  cibdad  con  una  cruz  fasta  quinientos  captivos 
homes  é  mugeres  en  procesión ,  dando  gracias  á 
Dios,  é  al  Rey  é  á  la  Reyna,  porque  les  habían  li- 
brado del  duro  captiverio  en  que  estaban.  E  luego 
les  mandaron  quitar  los  fierros,  é  proveer  de  vesti- 
duras é  de  las  otras  cosas  que  ovieron  menester 
para  ir  á  sus  tierras. 

Tomada  la  cibdad  de  Málaga  ,  luego  el  Rey  é  la 
Reyna  embiaron  un  capitán  que  se  llamaba  Pedro 
de  Vera  con  cierta  gente  de  caballo  é  de  pié,  é  con 
algunos  tiros  de  lombardas  á  dos  villas  cercanas  de 
la  mar ;  la  una  se  decía  Míjas,  é  la  otra  Osuna,  que 
estaban  con  la  cibdad  de  Málaga  en  una  conserva, 
é  de  contíno  facían  guerra  á  las  gentes  que  iban  é 
venían  al  real ,  é  mandáronlas  combatir,  ó  poner  á 
cuchillo  á  todos  los  que  en  ellas  fallasen,  si  luego 
no  se  rindiesen,  según  habían  fecho  los  de  Málaga. 


472  CRÓNICAS  DE  LOS 

Los  de  aqaellas  villas,  vista  la  amonestación  que  les 
fué  fecha,  ó  que  los  de  Málaga  se  habían  rendido, 
recelando  la  muerte,  se  ofrescieron  al  captiverio,  é 
luego  fueron  tomados  é  traídos  á  los  corrales  donde 
estaban  los  de  la  cibdad  de  Málaga. 

CAPÍTULO  XCIV. 

Como  se  repartieron  los  moros  de  Málaga,  é  como  el  Rey  6  la 
Reyna  entraron  en  la  cibdad. 

Como  la  cibdad  de  Málaga  fué  limpia,  luego  en- 
traron en  ella  Don  Fernando  de  Talavera,  Obispo 
de  Avila,  é  Don  Pedro  de  Prexamo,  Obispo  de  Ba- 
dajoz, é  Don  García  de  Valdivieso,  Obispo  de  León, 
con  todos  los  capellanes  é  cantores  del  Rey  é  de  la 
Reyna,  é  fueron  en  una  solemne  procesión  á  la  mez- 
quita mayor ;  é  fechos  en  ella  los  actos  que  se  re- 
querían para  la  consagrar,  intituláronla  Sancta  Ma- 
ría de  la  Encamación. 

Fecho  aquel  santo  acto,  el  Rey  é  la  Reyna,  é  con 
ellos  el  Cardenal  de  Espafia ,  acompañados  de  los 
señores  é  caballeros  que  estaban  en  el  real ,  entra- 
ron en  la  cibdad,  é  fueron  á  aquella  Iglesia  en  pro- 
cesión, é  oyeron  una  misa  con  gran  solemnidad.  E 
porque  la  nobleza  de  aquella  cibdad  requería  que 
BU  Iglesia  fuese  Catedral,  el  Cardenal  de  Espafia 
con  consejo  de  aquellos  perlados  dio  orden  en  la 
cantidad  é  calidad  de  las  dignidades,  é  calongías, 
é  raciones,  é  capellanías  que  debía  haber,  para  que 
el  culto  divino  fuese  en  ella  celebrado  como  con- 
venía al  servicio  de  Dios.  E  fué  ordenado  que  las 
cíbdades  de  Ronda,  ó  Velezmálaga ,  é  las  villas  de 
Alora,  é  Cártama,  é  Cazarabonela,  é  Coin,  con  to- 
das las  villas  é  aldeas  que  son  en  la  serranía  de  Ron- 
da y  en  la  Algarbía  y  en  la  Axarquía,  fuesen  subje- 
tos  á  la  diócesi  de  Málaga.  E  porque  un  su  limos- 
nero llamado  Don  Pedro  de  Toledo,  Canónigo  de 
la  Iglesia  de  Sevilla  era  home  de  vida  honesta,  é 
buen  eclesiástico,  instructo  en  las  letras  sacras,  el 
Bey  é  la  Reyna  suplicaron  al  Papa  Inocencio ,  que 
estonces  tenia  el  Pontificado  en  Roma,  que  prove- 
yese de  la  perlada  de  aquella  Iglesia  á  este  Don 
Pedro.  Y  el  Papa  á  su  suplicación  le  proveyó  de 
aquel  Obispado,  é  confirmó  las  dignidades  é  calon- 
gías é  raciones  é  capellanías  é  toda  la  orden  que  el 
Cardenal  de  Espafia  con  los  otros  Obispos  institu- 
yeron en  aquella  Iglesia  Catedral ,  y  en  todas  las 
otras  Iglesias  que  se  fundaron  en  la  cibdad.  La  qual 
se  entregó  al  Rey  Don  Femando  é  á  la  Reyna  Doña 
Isabel  su  muger,  á  diez  é  ocho  dias  del  mes  de  Agos- 
to, andados  del  nascimiento  de  nuestro  Redemp- 
tor  mil  quatrocientos  é  ochenta  é  siete  años.  Falla- 
mos por  las  historias  antiguas  que  fué  poseída  por 
los  moros  síetecientos  é  setenta  años ,  desde  el  dia 
que  la  ganaron  fasta  este  dia  que  la  perdieron. 

El  Rey  é  la  Reyna  mandaron  repartir  los  moros 
que  allí  se  tomaron  en  tres  partes ,  la  una  la  ofres- 
cieron por  amor  de  Dios  para  redempcion  de  los 
captivos  que  estaban  en  tierra  de  moros  en  las  par- 
tes de  África.  E  para  lo  poner  en  obra  mandaron 
é  todos  los  que  tenían  sus  fijos  6  debdos  captivos  en 


REYES  DE  CASTILLA. 

aquellas  partes,  que  los  ficiesen  escrebir  en  una  copia 
para  que  fuesen  rescatados.  La  otra  segunda  parte 
mandaron  repartir  por  todos  los  caballeros,  é  por 
los  de  su  consejo,  é  por  los  capitanes,  é  otros  fijos- 
dalgo,  é  oficiales,  é  otras  personas  Castellanos,  é 
Aragoneses,  é  Valencianos,  é  Portogueses,  é  por 
todas  las  naciones  que  vinieron  á  aquella  guerra, 
habiendo  respeto  á  las  personas  é  á  los  servicios  que 
cada  uno  fizo.  La  otra  tercera  parte  tomaron  para  al- 
guna ayuda  de  los  grandes  gastos  que  se  ficieron  en 
el  tiempo  que  duró  aquel  cerco.  E  primeramente 
embíaron  al  Papa  cien  moros  de  aquellos  Comeres, 
y  embíaron  á  la  Reyna  de  Ñapóles  cínqüenta  mozas 
doncellas,  y  embíaron  á  la  Reyna  de  Portogal 
otras  treinta  doncellas.  E  la  Reyna  fizo  merced,  é 
repartió  otra  gran  cantidad  de  moras  por  algunas 
dueñas  de  su  Reyno ,  é  por  otras  que  continaban  en 
su  palacio. 

Otrosí  ovieron  algunos  dias  plática  con  el  Carde- 
nal de  España,  é  con  los  otros  caballeros  é  dotores 
de  su  consejo,  sobre  las  leyes  é  fueros  que  se  debían 
dar  á  la  cibdad  de  Málaga,  é  sobre  la  forma  que  á 
los  principios  se  había  de  tener,  para  que  fuese  po- 
blada é  conservada  en  buenos  fueros  é  costumbres. 
E  acordaron  de  le  facer  merced  de  las  villas  de  Cár- 
tama é  Cazarabonela,  é  Coin,  é  de  todas  las  villas  é 
serranías  que  son  en  la  Axarquía  y  en  la  Algarbía, 
para  que  fuesen  tierra  é  jurísdícion  de  la  cibdad.  E 
pusieron  en  ella  por  Alcayde  á  Garcí  Fernandez 
Manrique ,  é  diéronle  cargo  de  la  guarda ,  é  poder 
para  usar  de  su  justicia  en  ella  y  en  todas  las  tier- 
ras que  le  adjudicaron.  Otrosí  criaron  en  ella  cier- 
to número  do  alcaldes  é  regidores  é  jurados  y  escrí- 
banos, que  toviesen  cargo  de  regir  é  administrar  la 
república.  Ficieron  ansimismo  merced  de  las  casas 
de  la  cibdad  á  muchas  personas  que  luego  vinieron 
á  morar  en  ella ;  é  pusieron  repartidores  para  que 
señalasen  los  términos  entre  las  villas  é  lugares  é 
aldeas  que  le  dieron  por  tierra  é  jurísdícion,  E  dié- 
ronle fueros  é  leyes  en  que  viviesen,  según  enten- 
dieron que  compila  para  la  buena  conservación  de 
la  cibdad  é  sus  tierras. 

Fechas  ó  constituidas  todas  estas  cosas,  partieron 
de  la  cibdad  de  Málaga  é  vinieron  para  la  cibdad 
de  Córdoba,  donde  fueron  recebados  por  el  Príncipe 
Don  Juan  su  fijo,  é  por  todos  los  caballeros  que 
quedaron  en  su  guarda,  é  por  el  Obispo  de  la  cib- 
dad, en  una  solemne  procesión,  con  la  qual  fueron 
fasta  la  Iglesia  mayor,  é  ficieron  oración  ante  el 
altar  mayor,  é  recibieron  la  bendición  del  Perlado. 

CAPÍTULO  XCV. 

Sígnense  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  de  mil  é  qnatrocíentos 
é  ochenta  é  ocho  años.  Primeramente  de  las  hermandades  6 
otros  establecimientos  que  se  ficieron  en  el  Reyno  de  Aragón. 

Proveídas  de  gentes  é  de  mantenimientos  las  cíb- 
dades, é  villas  é  castillos,  que  el  año  pasado  de  mil 
é  quatrocientos  é  ochenta  é  siete  años  el  Rey  é  la 
Reyna  ganaron  de  tierra  de  moros,  acordaron  de 
partir  de  la  cibdad  de  Córdoba  é  ir  á  la  cibdad  de  Za- 


DON  FERNANDO 
ragoüa,  que  es  en  el  Reyno  de  Aragón.  E  mandaron 
llamar  los  Perlados,  é  Caballeros  é  Barones  é  Pro- 
curadores de  las  cibdades  ó  villas  de  aquel  Reyno 
para  facer  Cortes,  é  proveer  en  las  rentas  del  gene- 
ral, é  dar  orden  en  la  justicia,  la  qual  no  se  execu- 
taba  según  debia,  por  una  costumbre  antigua  que 
tenian  que  se  llamaba  firma  de  derecho  ,  en  fuerza 
de  la  qual  la  justicia  se  dilataba,  ó  los  raalfechores 
no  hablan  la  punición  que  debian.  Porque  en  co- 
metiendo qualquier  crimen ,  recorrían  á  la  justicia 
de  Aragón,  por  una  provisión  que  les  daba,  que  se 
decia  manifestación,  la  qual  impedia  la  justicia 
real,  de  tal  manera  que  no  podia  prender  ningún 
malfechor.  E  si  caso  fuese  que  lo  prendía,  tomába- 
lo de  poder  de  la  justicia  qualquier  pariente  del 
criminoso  sin  pena  alguna.  E  por  esta  causa  nin- 
gún crimen  era  castigado,  é  los  malf  echores  habían 
lugar  de  andar  esentos  sin  miedo  de  la  justicia. 

Habida  consideración  por  el  Rey  é  por  la  Reyna 
del  inconviniente  grande  que  deste  uso  se  seguía  á 
la  execucion  de  la  justicia,  necesaria  para  la  buena 
gobernación  de  los  reynos,  acordaron  de  lo  reme- 
diar. E  para  lo  mejor  facer,  comunicaron  su  volun- 
tad con  un  dotor  natural  de  la  cibdad  de  Zaragoza, 
que  se  llamaba  Micer  Alonso  de  la  Caballería,  Vi- 
cechanciller  del  Reyno  de  Aragón,  porque  era  gran 
letrado,  é  home  de  buena  prudencia,  é  muy  instruc- 
to  en  los  fueros  é  costumbres  de  aquel  reyno.  Con 
el  qual ,  habido  su  consejo,  mandáronle  que  plati- 
case con  los  Perlados,  é  Caballeros  é  Procuradores 
de  las  cibdades  é  villas  de  aquel  Reyno  de  Aragón 
en  las  materias  que  en  aquellas  Cortes  se  habían  de 
tratar,  y  especialmente  les  declarase  la  voluntad 
que  tenian  de  proveer  aquellos  reynos  de  justicia, 
por  manera  que  castigando  los  malfechores,  otros 
se  refrenasen  de  ser  homicidas,  é  facer  las  inju- 
rias que  en  fiucia  de  aquella  firma  de  derecho  se 
facían,  é  todos  viviesen  en  paz  é  seguridad. 

Fecha  la  congregación  ,  como  quier  que  la  cos- 
tumbre antigua,  quanto  quier  que  sea  dañosa  en  los 
pueblos,  pero  su  antigüedad  la  justifica,  é  face  so- 
frir  BU  defecto  á  las  gentes,  las  quales  con  dificul- 
tad son  traídas  á  mudanza  de  lo  que  por  grandes 
tiempos  acostumbraron,  pero  este  doctor  fizo  en 
aquella  congregación  sus  fablas  sobre  este  caso, 
fundadas  con  tales  é  tantas  razones  é  autoridades 
que  mudó  las  voluntades  á  las  gentes  que  le  oye- 
ron, é  fizo  aborrescer  aquello  que  dañaba  al  bien 
común,  aunque  lo  tenian  por  ley  en  tiempos  anti- 
guos usada.  E  tenido  delante  el  zelo  del  bien  co- 
mún, los  fizo  unánimes  para  dexar  aquella  usurpa- 
ción del  derecho,  é  poner  la  gobernación  de  la  jus- 
ticia, que  dende  en  adelante  en  aquel  reyno  se  de- 
bia tener,  en  el  arbitrio  é  dispusicion  del  Rey  é  de 
la  Reyna,  é  se  remitieron  á  las  leyes  y  estatutos 
que  ellos  ordenasen. 

Esto  fecho,  con  consejo  deste  doctor  Micer  Alon- 
so, é  de  algunos  de  los  otros  principales  de  aquella 
congregación,  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  quitar 
aquel  uso,  é  otro  qualquier  que  impidiese  la  execu- 
cion de  la  justicia.  E  porque  mejor  dende  en  ade- 


É  DOlíA  ISABEL.  473 

lante  fuese  executada,  ordenaron  que  oviese  Her- 
mandades en  aquella  tierra,  según  las  había  en  los 
reynos  de  Castilla.  E  constituyeron  leyes  é  orde- 
nanzas, é  pusieron  jueces  que  determinasen,  y  exe- 
cutores  que  executasen  las  penas  en  que  los  malfe- 
chores incurriesen  en  qualquier  de  los  casos  que 
instituyeron  en  aquella  hermandad,  de  lo  qual  to- 
dos fueron  contentos,  porque  conoscieron  ser  pro- 
vechoso á  la  seguridad  común.  El  qual  provecho 
se  falló  luego  por  experiencia,  porque  cesaron  den- 
de  en  adelante  los  robos,  é  muertes  ó  crimines,  que 
sin  miedo  de  la  justicia  se  cometían  con  la  confian- 
za que  tenían  en  aquella  firma  de  derecho  fasta  en 
aquel  tiempo  usada.  Otrosí  proveyeron  en  las  cosas 
que  concernían  al  provecho  é  rentas  del  general  de 
la  cibdad ;  de  manera  que  dende  en  adelante  estu- 
viese bien  proveído,  según  estovo  en  los  tiempos 
pasados.  Otrosí  fué  notificado  en  aquellas  Cortes  los 
grandes  gastos  fechos  en  la  guerra  contra  los  mo- 
ros, é  los  que  dende  en  adelante  eran  necesarios  de 
se  facer,  fasta  concluir  con  el  ayuda  de  Dios  la 
conquista  comenzada  contra  el  Reyno  de  Granada. 
Sobre  lo  qual,  después  que  por  todos  se  ©vieron  al- 
gunas pláticas,  los  Perlados,  é  Caballeros  é  Barones 
é  Procuradores  que  en  aquellas  Cortes  se  juntaron 
en  nombre  de  todo  el  Reyno,  considerando  los  gran- 
des gastos  que  en  la  guerra  de  los  moros  se  facían, 
para  los  quales  todos  los  Reynos  de  Castilla  conti- 
namente contribuían  en  gran  cantidad ;  otrosí,  con- 
siderando quanto  necesaria  era  aquella  Hermandad 
que  nuevamente  era  constituida,  é  los  salarios  que 
se  habían  de  pagar  cada  año  á  los  oficíales  é  mi- 
nistros que  diputaron  para  la  gobernar,  é  otrosí 
para  pagar  el  sueldo  á  la  gente  de  armas  que  fué 
ordenado  que  siempre  estoviese  presta  para  favo- 
rescer  la  justicia ;  acordaron  de  repartir  cierta  su- 
ma de  libras  de  la  moneda  de  Aragón,  las  quales  se 
gastasen  solamente  eu  las  cosas  necesarias  á  la 
guerra  de  los  moros,  y  en  las  otras  cosas  concer- 
nientes á  la  execucion  de  la  justicia  de  aquel  Rey- 
no.  Otrosí  les  sirvieron  con  ciento  é  quince  mil  li- 
bras que  montaron  las  sisas  que  habían  seydo  co- 
gidas en  los  tres  años  pasados  ;  lo  qual  todo  se  dis- 
tribuyó en  la  guerra  de  los  moros.  Otrosí,  porque 
en  aquellos  Reynos  de  Aragón  é  Valencia,  y  en  el 
Principado  de  Cataluña  había  muchas  personas  del 
línage  de  los  judíos,  cuyos  padres  é  abuelos  se  ha- 
bían tornado  christianos ,  y  el  Rey  é  la  Reyna  fue- 
ron informados  que  algunos  de  aquellos  no  creyen- 
do bien  la  fe  christiana,  facían  ritos  judaicos;  em- 
biaron  los  años  pasados  á  aquellos  reynos  é  provin- 
cias jueces  que  ficiesen  inquisición,  é  procediesen 
contra  los  que  en  aquel  pecado  fallasen  maculados. 
Los  deste  línage  que  decimos  eran  muchos,  é 
abundaban  en  riquezas,  é  algunos  dellos  tenian  los 
oficios  públicos  de  la  cibdad.  E  reputándolo  á  grand 
injuria  porque  afirmaban  ser  tan  buenos  christia- 
nos, que  no  era  necesario  facer  inquisición  con 
ellos ;  algunos  que  mas  grave  lo  sintieron,  pensan- 
do escapar  si  matasen  un  juez  que  creían  que  soli- 
citaba aquella  inquisición  mas  con  enemiga  que  les 


474 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


tenia  que  con  celo  de  la  fe ,  movidos  con  proposito 
diabólico,  tovieron  manera  que  estando  aquel  in- 
quisidor (1)  en  maytines  fincado  de  rodillas  delan- 
te un  altar  de  la  Iglesia  mayor  de  la  cibdad  de  Za- 
ragoza, entrasen  dos  homes  las  caras  cubiertas  é  le 
matasen.  Por  este  feo  crimen  fueron  indinados  to- 
dos los  de  la  cibdad.  Y  el  Rey  é  la  Reyna,  que 
quando  esto  acaesció  estaban  en  la  cibdad  de  Cór- 
doba, mandaron  proceder  contra  los  que  se  falla- 
ron culpantes  en  aquel  delicto,  é  fueron  quemados 
ellos,  é  otros  algunos  que  facian  ritos  judaicos,  ansí 
en  aquella  cibdad  como  en  las  otras  cibdades  é  villas 
de  aquel  Reyno.  E  fueron  aplicados  todos  sus  bienes 
para  la  cámara  del  Rey  é  de  la  Reyna,  los  quales 
fueron  en  gran  cantidad.  Otros  muchos  fueron  re- 
conciliados á  la  fe,  é  les  fueron  dadas  penitencias 
á  cada  uno  según  la  medida  de  su  yerro. 

CAPÍTULO  XCVI. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  á  la  cibdad  de  Valencia ,  é  lo  que 
allí  íicieron. 

Ordenadas  las  cosas  que  para  la  buena  goberna- 
ción del  Reyno  de  Aragón  eran  necesarias,  el  Rey 
é  la  Reyna,  é  con  ellos  el  Príncipe  Don  Juan,  é  las 
Infantas  sus  fijas,  y  el  Cardenal  de  España  con  otros 
perlados  é  caballeros  que  continaban  en  su  corte, 
partieron  de  la  cibdad  de  Zaragoza,  é  fueron  á  la 
cibdad  de  Valencia.  E  porque  en  aquel  reyno  habia 
algunas  disoluciones  dañosas  á  la  república,  por 
causa  de  los  bandos  antiguos  que  son  entre  los  ca- 
balleros de  aquel  reyno,  de  los  quales  recrescian 
muertes  de  homes  é  otras  injurias,  ó  se  facian  gas- 
tos é  destruiciones  de  bienes ;  otrosí  porque  se  falla- 
ron algunos  agravios,  é  tomas  de  bienes,  é  fuerzas 
fechas  por  caballeros,  é  otras  personas  singulares 
de  algunas  villas  é  pueblos  de  aquel  reyno  ;  el  Rey 
é  la  Reyna  con  gran  diligencia  entendieron  en  aque- 
llas cosas  que  les  fueron  querelladas.  E  para  pro- 
veer en  lo  pasado ,  é  dar  orden  en  lo  porvenir,  man- 
daron facer  Cortes,  é  juntar  en  la  cibdad  de  Orihue- 
la  los  Perlados,  é  Caballeros,  é  Barones,  é  los  tres 
estados,  é  Procuradores  de  las  cibdades  é  villas  que 
acostumbran  juntarse  á  entender  en  la  gobernación 
de  aquel  Reyno  de  Valencia.  E  después  que  fué  pla- 
ticado con  ellos  en  aquellas  materias ,  dieron  orden 
para  que  fuese  la  justicia  temida.  E  como  fasta 
estonces  qualquiera  que  se  sentía  injuriado,  menos- 
preciando la  vía  del  derecho,  recorría  á  los  de  su 
bando,  para  que  le  ayudasen  por  via  de  fecho, 
mandaron  so  grandes  penas,  que  todo  bando  é  par- 
cialidad cesase,  é  todos  recorriesen  á  los  jueces 
para  que  por  via  de  derecho  el  agraviado  alcanzase 
el  cumplimiento  de  justicia  y  el  criminoso  pade- 


(1)  Este  Inquisidor  fué  el  Maestro  Pedro  Arbues  de  Epila,  qne 
hoy  veneramos  en  los  altares,  y  el  suceso  de  su  herida  á  15  de  Se- 
tiembre de  U85.  Murió  el  dia  17  casi  á  la  misma  hora  que  habia 
sido  herido.  Las  circunstancias  de  este  caso  traen  por  extenso 
Zurita ,  lib.  XX,  cap.  65 ,  y  mas  exactamente  Gerónimo  Blancas  en 
sus  hermosos  Comentarios  de  las  cosas  de  Aragón,  íom.  III  de 
la  Hispania  lUustraía,  pág.  709. 


cíese  la  pena  que  merescia.  Otrosí  acordaron  de  re- 
partir en  aquellas  Cortes  ciento  é  veinte  é  cinco  mil 
libras,  las  cínqüenta  mil  dellas  para  satisfacer  lue- 
go los  agraviados  que  reclamaban  continamente 
ante  el  Rey  é  la  Reyna,  de  los  daños  que  habían 
recebido ;  é  por  las  setenta  é  cinco  mil  libras  finca, 
bles,  pusieron  imposición  sobre  ciertas  mercadurías 
para  pagar  cada  año  al  Rey  é  á  la  Reyna  cinco  mil 
libras  para  la  guerra  de  los  moros.  Estando  el  Rey 
ó  la  Reyna  en  la  cibdad  de  Valencia  fueron  infor- 
mados que  el  Rey  de  Francia  embiaba  ante  ellos  un 
embaxador,  á  les  proponer  algunas  cosas  tocantes 
á  las  confederaciones  antiguas  que  son  entre  los 
Reyes  é  Reynos  de  Francia  é  de  Castilla.  E  como 
sopieron  que  era  entrado  en  la  tierra  de  Cataluña, 
embíaronle  á  decir  con  un  caballero  de  su  casa  que 
se  llamaba  Mosen  Marímon ,  que  si  traía  comisión 
del  Rey  de  Francia  para  les  restituir  luego  á  Per- 
piñan,  é  á  todas  las  tierras  de  los  Condados  de  Ruí- 
sellon  é  Cerdanía  que  injustamente  les  tenía  ocupa- 
dos, que  viniese  en  buen  hora  á  proponer  ante 
ellos  el  cargo  de  su  embazada.  Pero  si  esta  comi- 
sión no  traía,  que  se  volviese,  é  no  entrase  mas  ade- 
lante en  su  señorío  ;  porque  ninguna  buena  paz  se 
podía  tratar  con  el  Rey  de  Francia,  ni  tratada  po- 
día permanescer ,  durante  el  agravio  que  les  facía 
en  retenelles  aquellos  dos  Condados  que  les  perte- 
nescian.  Oido  por  el  embaxador  este  mandamiento, 
como  quier  que  respondió  que  su  embazada  seria 
apacible,  é  della  resultaría  toda  buena  paz  é  concor- 
dia entre  el  Rey  de  Francia  su  señor ,  y  el  Rey  é  la 
Reyna,  pero  porque  díxo  que  no  traia  la  comisión 
que  demandaban  para  entregar  aquellos  Condados, 
cumpliendo  la  amonestación  que  le  fué  fecha,  no 
pasó  mas  adelante,  é  volvióse  para  el  Rey  de  Fran- 
cia, sin  ser  recebido  ni  oido  por  el  Rey  é  por  la 
Reyna. 

CAPÍTULO  XCVII. 

De  las  cosas  que  en  Valencia  se  contrataron  con  el  Sefior  de 
Labrit. 

Recontado  habernos  en  esta  Crónica  como  el  Rey 
Don  Luís  de  Francia  padre  del  Rey  Carlos ,  que 
agora  en  aquel  reyno  reynaba,  tomó  el  Ducado  de 
Borgoña,  diciendo  pertenecerle  por  fin  del  Duque 
Charles,  que  murió  sin  dexar  fijo  varón  legítimo, 
salvo  una  fija  que  casó  con  el  Rey  de  los  Romanos, 
fijo  del  Emperador  de  Alemana.  La  qual  ansímes- 
mo  murió,  é  dexó  una  fija  que  casó  con  este  Rey 
Carlos  de  Francia  é  un  fijo  pequeño  que  estaba  en 
poder  de  aquel  Rey  de  los  Romanos  su  padre.  El 
qual  ansí  en  vida  del  Rey  Luis,  como  después  en 
tiempo  deste  Rey  Carlos ,  siempre  trabajó  j)or  reco- 
brar el  Ducado  de  Borgoña,  que  decía  pertenecer  á 
aquel  su  fijo.  E  sobre  el  recobrar  del  uno  y  el  re- 
tener del  otro,  ovo  entre  ellos  guerras,  do  se  recre- 
cieron grandes  daños,  muertes,  é  robos,  é  tomas  de 
cibdades  é  villas  de  la  una  parte  á  la  otra  en  aque- 
llas partes.  Especialmente  el  Rey  de  Francia  favo- 
resció  á  las  cibdades  de  Gante  é  de  Brúxas,  é  á  las 


DON  FERNANDO 
otras  cibdades  é  villas  del  Condado  de  Flándes,  que 
pertenescian  al  fijo  deste  Rey  de  los  Romanos,  para 
que  se  alzasen  contra  él.  Los  quales ,  con  los  esfuer- 
zos del  Rey  de  Francia,  ficieron  un  insulto  grande, 
y  entraron  en  el  palacio  do  estaba  el  Rey  de  los 
Romanos,  é  prendiéronlo,  é  apoderáronse  de  su  fijo, 
é  mataron  los  principales  de  su  Consejo.  Esto  sa- 
bido por  el  Emperador  su  padre,  vino  con  mucha 
gente  de  los  Alemanes,  é  constriñó  á  los  de  la  cibdad 
do  Bruxas  do  estaba  preso,  que  lo  soltasen.  E  por 
esta  causa  creció  mas  la  enemistad  que  habia  entre 
el  Rey  de  Francia  é  aquel  Rey  de  los  Romanos  su 
suegro.  Ansimesmo  el  Duque  de  Bretaña ,  y  el  Du- 
que de  ürliens,  y  el  Señor  de  Labrit,  é  otros  caba- 
lleros de  Francia  estaban  en  la  indinacion  del  Rey 
de  Francia,  por  algunos  desacuerdos  que  entre  ellos 
habia.  E  las  querellas  crecieron  de  tal  manera,  que 
el  Rey  de  los  Romanos  por  su  parte ,  é  los  Duques 
de  Bretaña  é  ürliens,  é  aquel  Señor  de  Labrit  por  la 
suya ,  acordaron  de  meter  Ingleses  que  son  enemi- 
gos del  Rey  de  Francia,  para  se  ayudar  dellos  é  fa- 
cer guerra  en  el  reyno. 

Ansimesmo  habernos  recontado  en  esta  Crónica, 
como  después  que  la  Princesa  de  Navarra  no  acep- 
tó el  casamiento  que  le  fué  movido  del  Príncipe  de 
Castilla  para  su  fija  que  era  Reyna  de  aquel  reyno, 
é  la  casó  con  el  fijo  del  Señor  de  Labrit ,  el  Rey  é  la 
Reyna  mandaron  á  Don  Juan  de  Ribera,  que  con 
cierta  gente  de  armas  que  le  dieron,  estoviese  en  al- 
gunos lugares  frontera  del  Reyno  de  Navarra,  é  se 
apoderase  de  las  cibdades  é  villas  del ,  para  resistir 
á  los  Franceses ,  si  quisiesen  por  aquellas  partes  en- 
trar á  facer  guerra  en  Castilla.  El  qual  tomó  la  villa 
de  Viana  ,  é  los  castillos  de  Sant  Gregorio ,  é  Irule- 
ta,  é  otras  algunas  tierras  del  Reyno  de  Navarra. 

Aquel  Señor  de  Labrit ,  veyendo  que  de  la  una 
parte  estaba  en  la  indinacion  del  Rey  de  Francia,  é 
que  le  habia  tomado  toda  su  tierra ,  ó  de  la  otra  par- 
te el  Rey  ó  la  Reyna  f  acian  guerra  al  Rey  de  Na- 
varra su  fijo ,  é  le  entraban  por  su  reyno ;  acordó  de 
poner  á  él  é  al  Rey  su  fijo  ,  é  á  todo  aquel  Reyno 
de  Navarra  en  las  manos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  por 
Be  pacificar  con  ellos  ,  é  haber  su  ayuda  contra  el 
Rey  de  Francia.  E  trató  con  Don  Juan  de  Ribe- 
ra que  le  acompañase ,  é  ambos  vinieron  á  la  cibdad 
de  Valencia.  Y  este  Señor  de  Labrit  propuso  ante  el 
Rey  é  la  Reyna ,  presente  el  Cardenal  de  España  ó 
otros  caballeros  é  doctores  de  su  Consejo,  en  esta 
manera. 

«  Muy  poderosos  é  muy  temidos  señores :  aunque 
I)  la  necesidad  no  me  constriñera  venir  ante  vuestra 
»real  Magestad,  todavía  me  llamara  vuestra  mag- 
»  nanimidad,  que  ni  face,  ni  consiente  facer  fuerza. 
1)  Quisiera  yo,  muy  excelentes  Señores,  pues  la  ven- 
j>  tura  me  habia  de  traer  á  vuestras  manos  reales , 
» haber  principiado  á  servir,  antes  que  comenzase  á 
»  demandar  :  porque  siento  pena  en  ser  enojoso  án- 
» tes  que  servidor.  Yo ,  muy  poderosos  señores ,  si- 
»  guiendo  la  lealtad  que  mis  predecesores  guardaron 
»  á  la  corona  real  de  Francia ,  siempre  serví  al  Rey 
t  Luis ,  é  6,  este  Rey  Carlos  su  fijo  sin  punto  de  yer- 


É  DOÑA  ISABEL.  475 

»ro,  salvo  si  erré,  nomo  placiendo  sus  yerros.  E 
»  como  quier  que  esto  es  notorio ,  pero  este  Rey  Cár- 
» los ,  que  heredó  también  la  cobdicia  como  el  Rey- 
»  no  del  Rey  su  padre ;  hame  tomado  lo  mió,  porque 
»  le  defiendo  que  no  tome  lo  ageno  que  pertenece  al 
»  Rey  de  Navarra  mi  fijo,  según  que  todo  es  mani- 
»  fiesto  á  Vuestra  real  Magestad  ;  é  hame  traído  á 
» tal  estado  que  do  quiera  estoy  mas  seguro  que 
» en  mi  tierra.»  Después  que  ovo  propuesto  ante 
el  Rey  ó  la  Reyna  estas  razones ,  é  las  injurias  é 
agravios  grandes  que  el  Rey  de  los  Romanos,  é 
los  Duques  de  Bretaña  é  de  ürliens ,  y  él  é  otros  se- 
ñores de  aquel  reyno  de  Francia  habían  recebido  del 
Rey  Luís  pasado,  é  los  que  agora  recebian  deste  Rey 
Carlos  su  fijo,  díxo  que  él  confiando  en  la  magnani- 
midad del  Rey  é  de  la  Reyna,  habían  acordado  de 
poner  en  sus  manos  á  él,  é  al  Rey  de  Navarra  su  fijo^ 
é  á  todo  su  reyno ,  para  que  ficiesen  dellos  todo  lo 
que  les  ploguiese.  Otrosí  les  díxo ,  como  el  Rey  de 
los  Romanos  é  los  Duques  de  Bretaña  é  de  ürliens , 
é  algunos  otros  señores  de  Francia  estaban  á  su  ser- 
vicio para  los  ayudar  á  recobrar  los  Condados  de 
Ruisellon  é  Cerdanía ,  que  el  Rey  de  Francia  contra 
toda  justicia  les  tenia  ocupados. 

El  Rey  ó  la  Reyna  recibieron  este  caballero  gra- 
ciosamente ,  é  ficíéronle  mucha  honra.  É  depues  que 
deliberaron  sobre  lo  que  ante  ellos  propuso,  acorda- 
ron de  se  haber  con  él  liberalmente  ;  é  mandaron  á 
Don  Juan  de  Ribera  que  luego  dexase  al  Rey  su  fijo 
la  villa  de  Viana,  é  toda  la  otra  tierra  de  Navarra 
que  le  había  tomado.  É  allende  desto  embiaron  man- 
dar á  todas  las  villas  é  lugares  que  son  en  los  puer- 
tos de  Vizcaya  é  de  Guipúzcoa,  que  ficiesen  una 
grand  armada ,  é  que  fuesen  con  este  Señor  de  La- 
brit, é  ayudasen  por  mar  é  por  tierra  al  Duque  de 
Bretaña  ó  á  este  Señor  de  Labrit  contra  el  Rey  do 
Francia.  Y  embiaron  por  capitán  de  toda  la  gente  de 
la  armada  á  un  caballero  Catalán  Maestresala  del 
Rey ,  que  se  llamaba  Mosen  Gralla.  Los  de  aquellas 
provincias,  cumpliendo  el  mandamiento  del  Rey  é 
de  la  Reyna,  juntaron  luego  gran  flota  de  navios* 
y  este  capitán  Mosen  Gralla  con  aquella  gente  des- 
cendió en  tierra  de  Bretaña.  Ansimesmo  vino  de  In- 
glaterra con  gente  en  ayuda  del  Duque  de  Bretaña 
el  Conde  de  Escalas.  Lo  qnal  sabido  por  el  Rey  do 
Francia ,  juntó  gente  de  armas ,  é  tomó  las  cibdades 
de  ürliens  é  Blaya,  ó  las  otras  tierras  pertenecientes 
al  Duque  de  ürliens,  é  vino  con  gran  poder  de  gen- 
tes al  Ducado  de  Bretaña ,  á  sus  capitanes  tomaron 
algunos  pueblos ,  é  robaron  é  quemaron  otros ,  é  fi- 
cieron cruda  guerra  en  aquel  Ducado. 

Los  Duques  de  Bretaña  é  de  ürliens  y  este  Señor 
de  Labrit ,  veyéndose  f avorescídos  con  la  gente  de 
España  que  les  había  embiado  el  Rey  é  la  Reyna,  é 
con  la  gente  de  Inglaterra  que  traxo  aquel  Conde 
de  Escalas,  salieron  al  campo  á  pelear  con  la  gente 
del  Rey  de  Francia,  é  ovieron  una  gran  batalla  cer- 
ca de  la  cibdad  de  Nántes ;  en  la  qual  fueron  ven- 
cedores los  capitanes  del  Rey  de  Francia ,  é  murie- 
ron muchos  Bretones,  é  Ingleses,  é  Castellanos,  que 
habían  ido  á  los  ayudar.  É  allí  murió  peleando  aquel 


476 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Conde  de  Escalas,  porque  no  se  quiso  dar  á prisión. 
Otrosí  fué  preso  el  Duque  de  Urliens ,  é  otros  capi- 
tanes é  caballeros  que  estaban  en  ayuda  del  Duque 
de  Bretaña  ;  entre  los  quales  fué  preso  aquel  capi- 
tán Mosen  Gralla,  que  el  Rey  ó  la  Reyna  habían  em- 
biado  con  la  gente  de  la  flota.  Y  este  Señor  de  La- 
brit,  visto  el  desbarato  que  ovieron  los  de  su  parte, 
ovo  lugar  de  se  salvar,  é  vino  para  la  cibdad  de  Nan- 
tes.  E  dende  á  pocos  dias  murió  el  Duque  de  Breta- 
ña ,  é  díxose  que  la  causa  de  su  muerte  fué  el  pesar 
grande  que  ovo  en  se  ver  vencido ,  é  todos  sus  ami- 
gos é  valedores  presos  é  muertos  en  aquella  batalla. 

Después  de  la  muerte  del  Duque  de  Bretaña ,  su- 
cedió en  el  señorío  de  aquel  Ducado  una  de  sus  fijas 
la  mayor,  que  se  llamaba  Madgma  Ana.  A  la  qual  el 
Bey  é  la  Reyna  continando  su  propósito,  f  avorescie- 
ron  para  poseer  el  Ducado  del  Duque  su  padre,  é 
para  recobrar  las  villas  é  lugares  que  le  tenia  en- 
tradas é  ocupadas  el  Rey  de  Francia.  É  la  Reyna,  es- 
tando el  Rey  ocupado  en  la  guerra  de  los  moros,  em- 
bió  segunda  vez  á  Don  Diego  Pérez  Sarmiento,  Con- 
de de  Salinas ,  ó  con  él  á  Pero  Carrillo  de  Albornoz, 
é  otros  caballeros  é  capitanes  con  mil  homes  de  ar- 
mas á  caballo,  é  con  gente  de  peones  ballesteros  é 
lanceros  y  espingarderos  á  pié  para  ayudar  á  la  Du- 
quesa. Y  embió  sus  cartas  para  todas  las  villas  é  lu- 
gares que  son  en  los  puertos  del  mar  de  Vizcaya  é 
Guipúzcoa  é  Castilla  la  Vieja,  mandándoles  que  lue- 
go diesen  al  Conde  é  á  todos  los  que  con  él  iban  na- 
vios é  marineros  para  pasar  ellos  é  las  cosas  que  lle- 
vaban . 

El  Conde  de  Salinas  con  todos  los  otros  capitanes 
é  gentes  que  la  Reyna  embió  con  él,  embarcaron  con 
ciertas  naos  é  caravelas ,  ó  pasaron  en  Bretaña.  Los 
quales  se  juntaron  con  los  Bretones ,  é  con  algunos 
Ingleses,  que  segunda  vez  hablan  venido  en  ayuda 
de  la  Duquesa,  para  facer  guerra  á  los  Franceses. 

CAPÍTULO  XCVIII. 

De  lo  qae  el  Rey  éla  Reyna  ficierou  en  la  cibdad  de  Murcia. 

Estando  pendientes  las  cosas  que  se  habían  plati- 
cado en  las  Cortes  de  la  cibdad  de  Valencia ,  porque 
se  llegaba  el  tiempo  del  verano  para  continar  la  con- 
quista comenzada  contra  el  Reyno  de  Granada,  el 
Bey  é  la  Reyna  partieron  de  aquella  cibdad,  é  vinie- 
ron á  la  cibdad  de  Orihuela,  donde  concluyeron  las 
cosas  que  fueron  movidas  en  las  cortes  del  Reyno  de 
Valencia.  En  las  quales  constituyeron  algunas  leyes 
é  ordenanzas  para  que  pudiesen  vivir  bien  é  segu- 
ramente los  de  aquel  reyno  ,  é  defeiilieron  so  gran- 
des penas  las  malas  costumbres  que  traían  daño  á 
la  república.  De  las  quales  ordenanzas  é  prohibicio- 
nes, todos  los  de  aquel  Reyno  do  Valencia  fueron  con- 
tentos, porque  conocieron  que  les  escusaban  los  gas- 
tos del  dinero  é  los  peligros  de  las  personas ,  que  te- 
nían continos  en  la  prosecución  de  los  bandos  é 
parcialidades  que  seguían.  Otrosí  les  quitaban  la 
causa  del  pecar,  pensando  en  las  muertes  é  vengan- 
zas que  se  deseaban  los  unos  á  los  otros.  E  todos  los 
Caballeros  é  Perlados  é  Barones  ó  Síndicos  Procu- 


radores de  las  cibdades  é  villas  de  aquel  Reyno  do 
Valencia,  vista  la  utilidad  común  y  el  bien  que  á  to- 
dos se  seguía ,  las  obedecieron  é  juraron  solemne- 
mente en  aquella  cibdad  de  Orihuela  de  las  guardar. 
Después  de  fechas  é  concluidas  aquellas  Cortes,  el 
Rey  é  la  Reyna,  é  con  ellos  el  Príncipe  é  las  Infan- 
tas sus  fijas,  y  el  Cardenal  de  España ,  é  los  otros  ca- 
balleros é  oficíales  que  andaban  en  su  corte  partie- 
ron de  la  cibdad  de  Orihuela,  é  vinieron  para  la  cib- 
dad de  Murcia  ;  porque  por  las  partes  de  Lorca  en- 
tendían este  año  facer  guerra  á  las  cibdades  de  Baza 
é  Guadíx  é  Almería.  E  como  fueron  en  aquella  cib- 
dad, el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  llamar  todas  las 
gentes  de  armas  é  peones  que  el  año  pasado  habían 
apercebído.  E  como  la  gente  fué  junta,  el  Rey  par- 
tió de  la  cíbad  de  Murcia  á  cinco  dias  andados  del 
mes  de  Junio  deste  año,  é  fué  á  la  cibdad  de  Lorca; 
é  fueron  con  él  el  Duque  de  Alburquerque,  y  el  Mar- 
qués de  Cáliz ,  y  el  Conde  de  Buendía ,  y  el  Conde 
de  Ledesma,  y  el  Conde  de  Monteagudo,  é  Don  Al- 
varo de  Mendoza,  Conde  de  Castro,  é  Don  Diego  de 
Córdoba,  Conde  de  Cabra,  y  el  Conde  de  San  Esto- 
van, é  Don  Enrique  Enriquez,  su  Mayordomo  ma- 
yor, é  Don  Juan  Chacón,  Adelantado  de  Murcia,  é 
Pero  López  de  Padilla ,  Adelantado  de  Castilla ,  ó 
otros  caballeros  é  capitanes  fijos-dalgo  de  la  casa 
del  Rey  é  de  la  Reyna. 

E  como  el  Rey  llegó  á  la  cibdad  de  Lorca  ,  man- 
dó al  Marqués  de  Cáliz  é  al  Adelantado  de  Murcia, 
que  fuesen  con  cierta  gente  en  la  delantera  á  poner 
real  sobre  la  cibdad  de  Vera.  E  como  el  Alcayde  ó 
los  cabeceras  de  aquella  cibdad  sopieron  que  el  Rey 
venía  á  los  cercar ,  salieron  á  f abla  con  el  Adelan- 
tado, é  dixéronles  como  estaban  en  servicio  del  Rey, 
é  que  viniendo  él  en  persona ,  luego  le  entregarían 
aquella  cibdad  con  sus  fortalezas.  Visto  por  aquellos 
capitanes  el  ofrescimiento  fecho  por  los  moros,  es- 
cribiéronlo al  Rey ,  el  qual  fué  con  toda  la  hueste  á 
aquella  cibdad,  y  el  Alcayde  é  los  moros  della  sa- 
lieron con  las  llaves,  é  se  las  entregaron.  Y  el  Rey 
seguró  sus  personas  é  bienes  para  que  se  pudiesen  ir 
á  las  partes  de  África,  ó  á  las  aldeas  comarcanas  á 
la  cibdad,  ó  á  otro  qualquíer  lugar  que  quisiesen, 
según  que  lo  dio  á  los  de  las  otras  villas  é  castillos 
de  aquel  Reyno,  que  sin  premia  se  le  habían  entre- 
gado. E  puso  por  Alcayde  é  gobernador  de  aquella 
cibdad  á  Garcilaso  de  la  Vega  su  Maestresala  (1). 

Sabido  por  algunas  villas  é  fortalezas  de  las  co- 
marcas ,  como  la  cibdad  de  Vera  se  había  entregado 
al  Rey,  luego  vinieron  ante  él  los  Alfaquíes  é  Pro- 
curadores de  las  Cuevas,  é  de  Huesear ,  é  Hueral ,  ó 
de  Sugena,  é  Alborea  ,  é  Moxácar,  é  Bedar,  é  Se- 
rena, é  Cabrera,  é  de  Lubrer  é  Ulela,  é  Sorbas, 
ó  Teresa,  ó  Locayna,  é  Torrillas,  é  de  Híyunque, 
é  Suebro,  é  Taraba,  é  de  Belefique ,  de  Nixar,  ó 
Huércar ,  é  de  Vélez  el  Blanco ,  ó  de  Vélez  el  Ru- 
bio ó  de  Cantería ,  ó  de  Cartabona  é  Oria,  ó  Xer- 
cos,  é  Albor,  é  Alxamecid,  é  Beniandala,  é  Be- 

(1)  La  entrega  de  Vera  fué  á  10  de  Junio  de  este  año.  Zar.,  llb,, 
cap.  75. 


Í)ON  FERNANDO 
nitarafa,  é  Atahelid,  é  Alardia,  é  Alhabia,  é  Be- 
nial  guacil,  éBenilibel,  é  Benzano,  é  Benimina,  é 
Almánchez,  é  Cotobar,  é  Benicaglat,  é  Líxar,  é  Fi- 
nes, é  Lula,  é  de  Huesga,  é  de  Orze,  é  Galera,  é 
Caetiiiejaé  Búllar,  éBenamaurel.  Los  quales  entre- 
garon luego  las  fortalezas  que  habia  en  estos  luga- 
res al  Rey ,  é  puso  en  ellas  sus  Alcaydes  ;  é  dio  se- 
guro á  los  moros  que  dexaron  la  tierra ,  para  que 
fuesen  á  morar  á  las  partes  que  quisiesen  con  todos 
sus  bienes ;  é  los  que  quedaron  por  mudéxares  en  es- 
tos lugares ,  ficieron  juramento  de  ser  buenos  ó  lea- 
les vasallos,  é  siervos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  de 
les  pagar  sus  tributos ,  según  lo  ficieron  los  otros 
moros  que  quedaron  por  mudéxares  en  los  otros  lu- 
gares que  se  ganaron  en  los  años  pasados.  Recebi- 
dos  todos  estos  lugares,  é  puestos  los  Alcaydes  en 
las  fortalezas  que  se  entregaron,  el  Rey  acordó  de  ir 
á  la  cibdad  de  Almería,  para  ver  el  asiento  della,  é 
bí  habría  lugar  este  afio  para  4a  sitiar.  E  mandó  al 
Marqués  de  Cáliz,  é  al  Duque  de  Alburquerque ,  é  al 
Adelantado  de  Murcia,  que  fuesen  en  la  delantera, 
los  quales  llegaron  á  vista  de  la  cibdad.  É  como  los 
moros  vieron  aquella  gente,  recelando  ser  cercados, 
pensaron  de  excusar  el  asiento  delreal,é  salieron  de 
aquella  cibdad  á  escaramuzar  con  las  batallas  que 
iban  en  la  delantera.  E  después  que  el  Rey  llegó 
con  toda  la  otra  gente,  porque  vido  que  de  aquella 
escaramuza,  por  ser  entre  las  huertas  de  la  cibdad , 
los  christianos  recebian  daño ,  mandó  cesar  la  esca- 
ramuza, é  retraer  toda  la  gente.  E  después  que  por 
todas  partes  vido  el  asiento  de  aquella  cibdad,  tor- 
nó con  toda  la  hueste  á  poner  real  cerca  del  rio  de 
Almería,  que  es  media  legua  de  aquella  cibdad.  E 
otro  día  mudó  su  real ,  é  fué  para  la  cibdad  de  Baza 
donde  estaba  el  Rey  viejo ;  el  qual  salió  de  la  cib- 
dad con  gente  de  caballo  é  de  pié  á  escaramuzar 
con  las  batallas  del  Marqués  de  Cáliz  é  del  Adelan- 
tado de  Murcia  que  iban  en  la  delantera.  E  los  chris- 
tianos fueron  tanto  adelante  peleando  con  los  mo- 
ros, que  los  retraxieron  fasta  los  meter  por  las  huer- 
tas ,  donde  los  moros  tenían  puestas  sus  celadas.  Y 
en  aquella  f  acienda,  por  la  dispusicion  de  los  luga- 
res donde  peleaban  recibieron  mayor  daño  los  chris- 
tianos ,  porque  fueron  feridos  é  muertos  algunos  de- 
Uos  con  los  tiros  de  ballestas  y  espingardas  que  los 
moros  tiraban.  Especialmente  fué  muerto  de  un  tiro 
de  espingarda  Don  Felipe  de  Aragón ,  Maestre  de 
Montesa,  sobrino  del  Rey,  fijo  bastardo  del  Príncipe 
Don  Carlos,  su  hermano.  Sabido  por  el  Rey  la  muerte 
de  su  sobrino,  pesóle  mucho  ;  é  mandó  á  las  batallas 
que  iban  en  la  delantera,  que  retraxiesen  la  gente  de 
la  escaramuza ,  é  que  se  volviesen  al  real,  que  man- 
dó asentar  dos  leguas  de  la  cibdad ,  cerca  de  un  rio 
que  se  llamaba  Guadalquiton.  Los  moros,  como  vie- 
ron que  se  tornaban  las  batallas  de  los  christianos,  é 
que  los  de  la  escaramuza  se  retraían ,  salieron  mas 
número  de  caballeros  moros  de  refresco,  con  gran- 
des alaridos,  é  siguieron  á  los  christianos  que  iban 
en  la  rezaga  de  las  batallas,  matando  é  firiendo  en 
ellos,  fasta  que  por  fuerza  ficieron  fuir  á  algunos  é 
juntarse  con  las  batallas  (¿ue  iban  en  la  delantera. 


É  DOf  A  iSABEt/.  477 

Visto  por  el  Adelantado  de  Murcia,  que  tenia 
cargo  de  la  reguarda,  como  los  moros  seguían  á  loa 
christianos,  volvió  con  su  batalla, é  recogióla  gen- 
te de  los  christianos  que  iban  f uyendo ,  é  acometió 
tan  recio  contra  los  moros,  que  los  fizo  retraer.  Y  el 
Adelantado  con  sus  gentes  de  pié  é  de  caballo  los 
siguió,  firiendo  é  matando  en  ellos  fasta  que  los 
metió  en  las  huertas  déla  cibdad.  E otro  día  siguien- 
te el  Rey  vino  para  la  cibdad  de  Huesear,  la  qual 
gele  entregó  luego,  é  puso  en  ella  por  alcayde  á 
Don  Rodrigo  Manrique.  E  allí  mandó  despedir  toda 
la  gente,  é  fué  á  facer  oración  á  la  Cruz  de  Carava- 
vaca  ;  é  de  allí  vino  á  la  cibdad  de  Murcia  donde 
estaba  la  Reyna. 

CAPÍTULO  XCIX. 

De  las  eosas  qae  el  Rey  é  la  Reyna  ordenaron ,  después  qne  el  Rey 
salió  de  tierra  de  moros. 

Como  el  Rey  llegó  á  la  cibdad  de  Murcia,  luego 
el  Rey  é  la  Reyna  acordaron  de  dar  el  cargo  de  la 
capitanía  mayor  de  todas  las  viílas  é  castillos  que 
este  año  ganaron  de  tierra  de  moros  á  Luis  Fernán, 
dez  Puertocarrero,  Señor  de  Palma.  E  mandaron  á 
los  alcaydes  que  dexaron  en  las  fortalezas  é  á  los 
otros  capitanes  de  gentes,  que  mandaron  quedar  en 
la  tierra ,  que  esto  viesen  á  su  gobernación ,  para  la 
guardar,  é  facer  guerra  al  Rey  viejo  que  estaba  con 
gente  en  las  cibdades  de  Baza  é  Guadix.  Otrosí  pu- 
sieron oficiales  para  que  por  tierra  embiasen  requas, 
é  por  mar  embiasen  navios  con  provisiones  de  pan 
é  otros  qualesquier  mantenimientos  necesarios  á  los 
alcaydes  é  gentes  de  armas  que  dexaron  en  los  cas- 
tillos é  tierras  que  este  año  se  ganaron  en  aquella 
comarca  ;  y  ellos  acordaron  de  venir  para  la  villa  de 
Valladolid  á  tener  el  invierno.  E  porque  la  guerra 
que  en  aquella  tierra  se  esperaba  facer ,  ansí  en  el 
defender,  como  en  el  ofender,  era  peligrosa ;  algu- 
nos mancebos  fijos-dalgo  que  andaban  en  servicio 
contino  del  Rey  é  de  la  Reyna,  con  deseo  de  ganar 
fama  loable  en  los  fechos  de  las  armas ,  quedaron 
de  su  grado  con  este  capitán  mayor,  para  le  ayudar 
en  aquel  cargo. 

Acaeció  en  estos  dias  que  estando  la  Reyna  en 
Murcia,  le  fué  certificado ,  que  el  Alcalde  mayor  da 
la  tierra  del  Duque  de  Alva ,  y  el  alcayde  de  una 
fortaleza,  que  se  decía  Salvatierra,  habían  injuria- 
do é  apaleado  al  recaudador  que  cogía  los  derechos 
reales  del  servicio  é  montadgo  de  los  ganados  que  pa- 
saban por  aquella  tierra  del  Duque  é  á  un  escribano 
que  andaba  con  él.  É  como  fué  informada  de  aqueste 
delicto,  encubierto  el  sentimiento  que  dello  ovo,  man- 
dó secretamente  á  un  Licenciado  Diego  de  Proano, 
Alcalde  en  bu  corte ,  que  con  diligencia  ficiese  justi- 
cia de  los  que  fallase  en  aquel  exceso  culpantes. 

Este  alcalde  partió  secretamente  de  la  cibdad  de 
Murcia,  é  fué  disimulado  fasta  que  llegó  cerca  de 
la  villa  de  Alva  de  Tormes ,  é  tovo  tal  astucia ,  que 
prendió  al  alcayde  dentro  en  la  fortaleza  de  Salva- 
tierra do  estaba  ;  é  ansimesmo  al  alcalde  del  Duqua 
é  aforcó  luego  al  alcayde  en  aquel  mcsmo  lugajj 


4t8  CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA, 

donde  fizo  la  injuria  al  recaudador  ;  é  tomó  preso 
al  alcalde  mayor ,  é  llevólo  ante  los  Oidores  de  la 
Chancillería,  que  reside  en  la  villa  de  Valladolid. 
Los  quales  conocido  el  delicio ,  mandáronle  cortar 
la  mano ,  é  desterrar  por  toda  su  vida  del  Reyno. 
Destas  justicias  fechas  en  personas  tan  señaladas, 
pesó  mucho  á  los  malos ,  porque  so  refrenaron  en 
BUS  malos  deseos ,  é  plogo  á  los  buenos ,  porque  go- 
zaban de  la  paz  que  deseaban  tener  en  eus  personas 
é  bienes. 


CAPITULO  C. 

De  las  cosas  que  el  Rey  é  la  Reyna  ficieron  en  Valladolid. 

El  Rey  é  la  Reyna  partieron  de  la  cibdad  de 
Murcia,  é  con  ellos  el  Príncipe,  é  las  Infantas  sus 
fijas  y  el  Cardenal  de  España ;  é  vinieron  á  la  villa 
de  Valladolid  por  dar  orden  en  la  inquisición  que 
se  f  acia  contra  los  hereges,  é  proveer  de  letrados  é 
presidente  la  Chancillería,  y  en  otras  cosas  concer- 
nientes é  la  gobernación  de  la  justicia.  E  mandaron 
irhomes  letrados  que  ficiesen  inquisición  sóbrelos 
corregidores  de  las  cibdades  é  villas,  á  los  quales 
embiaban  á  mandar,  que  acabado  el  tiempo  de  su 
corregimiento  estoviesen  treinta  dias  sin  tener  car- 
go de  justicia,  faciendo  su  residencia  é  dando  razón 
de  lo  que  habían  llevado  de  penas  é  de  otras  cosas, 
é  como  habían  usado  de  su  oficio.  E  si  alguno  fa- 
llaban culpado ,  llevando  algún  cohecho ,  ó  habien- 
do fecho  otro  exceso  en  la  justicia,  luego  era  traído 
á  la  corte  preso ,  é  penado  según  la  medida  de  su 
yerro ;  é  á  este  tal  no  se  encargaba  dende  en  ade- 
lante oficio  ninguno.  Visto  la  gran  diligencia  que 
en  esto  la  Reyna  ponia,  todos  trabajaban  por  se  sal- 
var, usando  limpiamente  de  su  cargo.  Otrosí  man- 
daron juntar  en  aquella  villa  todos  los  inquisido- 
res que  habían  seydo  puestos  en  las  cibdades  é  vi- 
llas, é  los  fiscales  é  receptores  y  escríbanos,  é  otros 
oficiales  que  habían  entendido  en  aquella  negocia- 
ción. E  después  de  habidos  largos  consejos  sobre 
esta  materia,  por  quanto  era  ardua,  é  tocaba  á  mu- 
chas personas,  dieron  cierta  forma  que  se  guardase 
en  los  procesos  é  prisiones,  é  otras  cosas  que  en  esta 
causa  dende  en  adelante  ocurriesen.  Falláronse 
muchos  judíos  hombres  raeces  que  depusieron  fal- 
samente contra  algunos  conversos  por  los  traer  á 
la  muerte.  Lo  qual  fallado  por  verdadera  informa- 
ción, fueron  en  Toledo  apedreados  por  justicia  al- 
gunos dellos.  Otrosí  nombraron  inquisidores  que 
embiaron  á  algunos  Obispados,  para  que  fecha  la 
inquisición  en  forma  jurídica,  fuesen  castigados 
los  que  fallasen  culpantes ,  é  apurasen  del  todos  los 
ritos  judaicos  que  guardaban,  é  alímpiasen  la  tierra 
de  aquella  mala  é  iniqua  opinión  que  algunos  te- 
nían. Otrosí  ordenaron  la  ley  de  la  plata  que  dende 
en  adelante  se  labrase  en  sus  Reynos,  que  fuese 
apurada,  é  de  la  ley  que  se  labraba  en  la  cibdad  de 
París.  E  pusieron  grandes  penas  á  qualquíera  que 
aquella  ordenanza  quebrantase. 


CAPÍTULO  Cí. 

De  la  guerra  que  facian  los  moros  á  los  lugares  que  estaban  por 
el  Rey  é  por  la  Reyna. 


Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  villa  de  Valla- 
dolid, ovieron  nueva  como  por  la  mala  guarda  que 
habia  en  la  villa  é  castillo  de  Nixar  donde  era  al- 
cayde  Bernal  Francés ,  los  moros  ovieron  lugar  de 
la  combatir  é  recobrar,  é  que  habían  muerto  á  cu- 
chillo setenta  escuderos,  é  todos  los  peones  que  la 
guardaban.  Ansimesmo  que  tornaron  á  recobrar 
otra  fortaleza  que  se  llamaba  Competa,  é  que  el  Rey 
viejo  que  estaba  en  Guadíx  facía  cruda  guerra  á 
toda  aquella  tierra  que  se  habia  dado  al  Rey  é  á  la 
Reyna,  donde  habían  seydo  muertos  é  desbaratados 
é  feridos  é  presos  en  escaramuzas  algunos  christia- 
nos.  Especialmente  fué  muerto  un  mancebo  Comen- 
dador de  la  Orden  de  Santiago,  que  se  llamaba  Ruy 
Díaz  Maldonado,  fijo  del  Doctor  Rodrigo  Maldonado 
Señor  de  Bavila  Fuente,  el  qual  eligió  antes  la  muer- 
te peleando  que  sofrir  la  vida  con  vergüenza  fu- 
yendo.  Otrosí  sopieron  como  aquel  Rey  viejo  que 
estaba  en  Guadix,  vino  con  gente  de  moros  á  pié  é 
á  caballo,  ó  con  muchos  pertrechos  á  combatir  la 
villa  é  fortaleza  de  CúUar ,  en  la  qual  no  estaba  á 
la  hora  Carlos  de  Biedma  á  quien  el  Rey  é  la  Reyna 
habían  puesto  en  ella  por  alcayde,  é  se  decía  que 
con  recelo  se  salió  della.  E  como  quier  que  por  la 
dispusicion  natural  é  obra  artificial  que  esta  villa 
tiene  parece  inexpugnable,  por  las  grandes  peñas 
é  cuestas  altas  é  grandes  edificios  de  que  por  todas 
partes  está  fortificada,  pero  la  multitud  de  los  mo- 
ros y  el  osado  atrevimiento  que  ofreciéndose  á  la 
muerte  tovieron  para  la  combatir,  fué  tan  grande  é 
por  tantas  partes,  que  por  fuerza  entraron  en  la  vi- 
lla, é  la  robaron  é  mataron  ios  christianos  que  den- 
tro pudieron  haber.  Otros  algunos  que  se  dispusie- 
ron á  pelear  por  las  calles,  no  pudiendo  resistir  al 
poderío  é  fuerza  de  los  moros ,  se  retraxieron  á  la 
fortaleza  con  un  alcayde  que  por  estonces  estaba  en 
ella,  que  se  llamaba  Juan  de  Avales. 

Este  alcayde  fué  tan  constante  en  la  virtud  de  la 
verdadera  fortaleza,  que  ni  la  multitud  de  los  mo- 
ros le  turbó,  ni  sus  combates  enflaquescieron  su  áni- 
mo, para  morir  defendiendo  aquellas  torres  que  le 
fueron  encomendadas.  Los  moros,  á  quien  la  victo- 
ria que  ovieron  en  la  entrada  de  la  villa  habia  fe- 
cho crecer  su  orgullo  para  combatir  la  fortaleza, 
pudieron  llegar  con  algunos  pertrechos  al  muro; 
é  pusieron  en  cuentos  una  torre  con  gran  parte  del 
lienzo  de  la  cerca  y  entraron  por  fuerza  la  barrera. 
Aquel  alcayde  Juan  de  Avales  peleaba  con  grand 
esfuerzo,  remediando  á  los  lugares  mas  flacos,  é 
poniendo  esfuerzo  á  los  que  con  él  estaban,  los  qua- 
les visto  el  esfuerzo  del  alcayde,  se  dispusieron  á  le 
ayudar.  E  como  quier  que  los  moros  habían  ya  ga- 
nado la  barrera,  pero  el  alcayde  con  aquellos  que 
le  ayudaron,  con  muchas  piedras  y  esquinas  echa- 
das de  lo  alto,  lanzaron  á  los  moros  fuera  de  la 
barrera  que  habían  ganado.  Este  combato  fué  muy 


DON  FERNANDO 
riguroso,  é  doró  cinco  días ,  porque  los  moros  eran 
en  tanto  número,  que  quando  los  unos  se  apartaban 
del  combate ,  llegaban  otros  de  nuevo  á  combatir : 
de  manera  que  los  christianos  no  tovieron  una  hora 
de  espacio  para  se  reparar.  Pero  conosciendo  que 
Beg^n  el  dafío  que  habían  fecho  en  los  moros  se- 
rian todos  muertos  si  fuesen  tomados,  el  miedo 
que  concibieron  les  fizo  avivar  las  fuerzas  é  conti- 
nar  los  trabajos,  fasta  que  los  liioros  visto  que  per- 
dían su  gente  é  no  ganaban  el  muro,  acordaron  de 
quemar  la  villa  é  se  retraer  é  dexar  la  fortaleza. 
Otrosí  dos  capitanes  moros  el  uno  se  llamaba  Ali- 
Alatar,  que  estaba  apoderado  de  la  villa  é  fortaleza 
de  Alhendín,  é  otro  que  se  llamaba  Iza-Alatar,  que 
estaba  con  gente  de  moros  en  la  villa  de  Salobreña, 
guerreaban  desde  aquellas  á  los  moros  de  Granada, 
que  estaban  por  el  Rey  mozo,  ó  á  todos  los  chris- 
tianos é  moros  que  estaban  en  las  villas  é  lugares 
que  se  habían  ganado  los  años  pasados ;  é  traían 
cavalgadas  é  tomaban  continamente  captivos,  é 
facían  tan  cruda  guerra ,  que  el  capitán  mayor  é 
los  otros  capitanes  é  alcaydes  de  las  cíbdades  é  vi- 
llas que  estaban  por  el  Rey  é  por  la  Reyna,  no  lo 
podían  resistir.  Otrosí  los  moros  de  la  cíbdad  de  Al- 
mería ó  de  Tabernas,  é  los  que  moraban  en  el  valle 
de  Purgena,  é  de  todas  aquellas  partes,  entraban  en 
la  tierra  de  los  christianos  que  son  á  las  partes  de 
Lorca  é  de  Murcia,  é  tomaban  homes  captivos,  é 
llevaban  ganados,  é  facían  cruda  guerra  á  todos 
los  que  moraban  en  aquellas  comarcas.  E  para  pro- 
veer á  estos  daños,  el  Rey  é  la  Reyna  embiaron 
mandar  á  Juan  de  Benavídes ,  é  á  Garcilaso  de  la 
Vega,  que  fuesen  con  gente  de  caballo  para  resis- 
tir á  los  moros  por  aquellas  partes  é  facerles  guer- 
ra. Otrosí  embiaron  á  Francisco  Ramírez  Secreta- 
rio, que  tenía  cargo  del  artillería,  con  sus  cartas 
para  todos  los  caballeros,  é  cíbdades  é  villas  del 
Andalucía,  que  son  en  aquellas  partes ,  mandándo- 
les que  se  juntasen  é  resistiesen  aquellos  daños  que 
los  moros  facían.  Los  quales  cumpliendo  el  manda- 
do del  Rey  é  de  la  Reyna  se  juntaron  é  resistieron 
las  guerras  é  cavalgadas  que  aquellos  moros  facían, 
é  ovieron  con  ellos  algunas  batallas  ó  recuentos 
donde  murieron  algunos  christianos  é  moros.  Pero 
porque  aquellos  capitanes  moros  estaban  en  casti- 
llos roqueros,  do  no  había  salvo  gente  de  guerra, 
nunca  cesaban  de  facer  guerra  por  todas  las  partes 
que  podían  á  los  christianos. 

CAPÍTULO  CII. 

De  la  embaxada  que  el  Rey  de  los  Romanos  embió  al  Rey  é  á  la 
Reyna. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  Villa  de  Valla- 
dolid  entendiendo  é  proveyendo  en  las  cosas  que 
suso  habemos  recontado ,  sopieron  como  venían  á 
ellos  embaxadores  del  Rey  de  los  Romanos,  fijo  del 
Emperador  de  Alemania,  el  bastardo  de  Borgoña, 
fijo  del  Duque  Cháries,  é  otro  capitán  que  se  lla- 
maba Juan  de  Salazar.  Los  quales  habían  venido 
^or  mar,  é  ,del  puerto  de  la  Corana  descendieron  ó 


É  DOÍÍA  ISABEL.  479 

vinieron  á  la  cíbdad  de  Burgos.  E  como  la  Reyna 
sopo  que  habían  llegado  á  aquella  cibdad ,  é  que 
del  trabajo  largo  de  la  mar  é  fatiga  que  habían  pa- 
decido en  los  caminos ,  estaban  no  bien  proveídos 
de  cavalgaduras,  é  de  los  otros  arreos  que  les  eran 
necesarios,  embió  á  ellos  un  tesorero,  para  que  les 
proveyese  de  las  bestias  é  ropas  é  todas  las  cosas 
que  oviesen  necesario. 

Estos  embaxadores  llegaron  á  la  villa  de  Valla- 
dolíd,  é  por  mandado  del  Rey  é  de  la  Reyna  les  fué 
fecho  honorable  recebimiento  por  los  Duques  é  Con- 
des é  Caballeros  é  Perlados  que  estaban  en  su  cor- 
te. E  como  reposaron  algunos  días,  propusieron  su 
embaxada  ante  el  Rey  é  la  Reyna,  presentes  el  Car- 
denal de  España  é  algunos  Duques  é  Condes  é  Per- 
lados de  su  Consejo ;  primeramente  las  recomenda- 
ciones é  graciosos  ofrecimientos  que  con  toda  be- 
nivolencia  el  Rey  de  los  Romanos  les  embiaba.  B 
díxeron  de  su  parte,  que  porque  el  amor  grande  que 
había  á  sus  personas  reales,  se  consolidase  con  ma- 
yor debdo  de  afinidad  é  consanguinidad,  había 
acordado  de  embiar  ante  Su  real  Magestad,  á  lea 
rogar,  que  les  ploguíese  de  otorgar  la  Infanta  Doña 
Isabel  su  fija  en  matrimonio  para  él.  Otrosí  que  les 
ploguíese  prometer  en  matrimonio  á  la  Infanta 
Doña  Juana  quando  saliese  de  edad ,  para  Filípo 
Duque  de  Borgoña ,  Conde  de  Flándes,  cuyas  eda- 
des ansí  del  padre  como  del  fijo,  convenían  bien  con 
las  edades  de  las  Infantas  que  pedía.  E  cerca  des- 
tos  matrimonios,  que  por  la  gracia  de  Dios  se  mo- 
vían, é  con  su  voluntad  se  esperaba  concluir,  re- 
contaron algunas  utilidades  que  á  ambas  partes  so 
seguían  de  presente,  é  medíante  la  [gracia  divina 
esperaban  que  se  siguirian  de  futuro. 

E  acabada  de  proponer  la  materia  destos  dos  ca- 
samientos de  las  Infantas  que  pidieron ,  ficieron  sa- 
ber al  Rey  é  á  la  Reyna  los  agravios  é  injurias  que 
el  Rey  de  Francia  había  fecho  á  su  fijo  el  Duque  de 
Borgoña  en  le  tener  ocupado  por  fuerza  su  Duca- 
do que  le  pertenescia,  é  otras  algunas  tierras  que 
habia  heredado  é  poseído  legítimamente  por  fin  de 
la  Duquesa  su  madre.  Otrosí  tenia  tomadas  algunas 
villas  é  lugares  é  puertos  de  mar  de  la  Duquesa  de 
Bretaña,  que  era  sobrina  del  Rey,  fija  de  su  herma- 
na, é  que  pugnaba  por  desheredar  totalmente  tam- 
bién en  aquel  Ducado  como  en  el  de  Borgoña. 
Otrosí  que  tenía  preso  al  Duque  de  Urliens,  é  le  ha- 
bia mandado  tomar  sus  tierras ;  é  ansimesmo  al 
Señor  de  Labrit,  é  á  otros  caballeros  de  Francia. 
Otrosí  recontaron  la  injusticia  que  al  Rey  é  á  la 
Reyna  facía  en  les  tener  por  fuerza  los  Condados 
de  Ruisellon  é  Cerdania  que  les  tenia  ocupados  ;  é 
que  páresela  cosa  contraría  á  la  razón  seyendo  Re- 
yes tan  poderosos,  consentir  en  su  patrimonio  fuer- 
za tan  notoria,  para  la  qual  ninguna  otra  osadía 
tenia  el  Rey  de  Francia,  salvo  la  poca  diligencia 
que  veía  en  gela  resistir.  E  que  mirasen  bien  que 
su  cobdicía  tanto  mas  crescía  para  haber  lo  ageno, 
quanto  menos  resistencia  fallaba  para  conservar  lo 
proprio.  E  sobre  esta  materia  díxeron  otras  razo- 
nes para  indinar  al  Rey  é  á  la  Reyna  contra  el  Rey 


480 


CRÓNICAS  DE  LOS  EEYE3  DE  CASTILLA. 


de  Francia.  Y  en  conclusión,  ofrescieron  el  amistad 
é  confederación  del  Rey  su  señor,  para  ayudar  al 
Rey  é  á  la  Reyna,  para  recobrar  á  Ruisellon,  fa- 
ciendo guerra  al  Rey  de  Francia  por  aquellas  par- 
tes de  Flándes  é  de  Brabante,  fasta  (jue  restituyese 
á  ellos,  é  á  él,  é  á  su  fijo,  é  á  la  Duquesa  de  Bretaña 
todo  lo  que  forzosamente  les  habia  tomado.  Para 
lo  qual  afirmaron  tener  cierta  el  ayuda  del  Empe- 
rador BU  padre,  é  de  muchos  príncipes  de  Alemana, 
é  la  del  Rey  de  Inglaterra,  el  qual  embiaria  luego 
de  sus  capitanes  é  gentes  para  entrar  en  Francia 
por  la  parte  de  Bretaña  é  Flándes.  E  que  faciéndole 
guerra  dentro  de  su  reyno  por  todas  partes,  f aria 
por  fuerza  lo  que  la  cobdicia  no  le  consentía  facer 
por  justicia. 

Oidas  por  el  Rey  é  por  la  Reyna  estas  é  otras  ra- 
zones que  en  este  caso  propusieron,  mandaron  res- 
ponder á  aquellos  embaxadores,  como  á  ellos  placía 
mucho  de  su  venida,  é  que  eran  alegres  en  saber  del 
estado  é  buena  dispusicion  del  Rey  de  los  Romanos 
su  primo,  é  del  Duque  de  Borgoña  su  fijo.  E  cerca 
de  las  materias  que  habían  propuesto ,  ¡porque  eran 
grandes  é  arduas,  les  dixeron,  que  mandarían  pla- 
ticar sobre  ellas  en  su  consejo,  é  responderles  aque- 
llo que  fuese  servicio  de  Dios,  é  bien  é  honor  suyo 
é  del  Rey  de  los  Romanos  su  primo  ,  é  del  Duque 
BU  fijo.  Estos  embaxadores  estovieron  en  la  villa  de 
Valladolid  por  espacio  de  quarenta  dias,   en  los 
quales  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  facer  justas  é 
torneos,  é  otras  muchas  fiestas  de  grandes  é  sump- 
tuosos  gastos  é  arreos.  E  al  fin  les  mandaron  res- 
ponder, que  ellos  eran  alegres  en  saber  la  buena 
voluntad  é  amor  que  el  Rey  de  los  Romanos  su 
primo  mostraba  á  sus  cosas,  y  el  deseo  que  tenía  de 
lo  refirmar  con  mayor  debdo  de  sanguinidad;  é  que 
cerca  del  matrimonio  que  demandaba  de  la  Infan- 
ta Doña  Isabel  su  fija  les  ploguíera  mucho  de  lo 
otorgar,  salvo  por  la  pendencia  que  tenía  de  su  ma- 
trimonio con  otro  Príncipe,  por  quien  primero  les 
fué  demandada;  é  que  fasta  ver  el  fin  de  aquella 
pendencia,  no  seria  honesto  platicar  cerca  de  su 
matrimonio  con  otro  príncipe.  E  cerca  de  lo  que 
tocaba  á  la  Infanta  Doña  Juana  que  pedia  para  el 
Duque  Fehpe  su  fijo,  les  fué  respondido,  que  su 
edad  no  era  aun  perfecta  para  celebrar  aquel  acto 
de  matrimonio  ;  pero  por  el  deseo  que  tenían  de  re- 
firmar por  nuevo  debdo  el  amor  que  con  él  tenían, 
les  placía  prometer  que  temían  manera  con  la  In- 
fanta su  fija  quando  fuese  de  edad,  que  otorgase 
aquel  matrimonio,  ó  celebrase  en  faz  de  la  sancta 
madre  Iglesia  los  actos  que  para  ello  se  requirian. 
E  cerca  de  lo  que  habían  recontado  tocante  á  las 
fuerzas  que  el  Rey  de  Francia  había  fecho  é  facía, 
les  mandaron  responder,  que  no  les  venia  de  nuevo 
todo  lo  por  ellos  recontado,  lo  qual  sentían  como 
se  debía  sentir,  é  lo  tenían  en  el  ánimo  para  pro- 
veer según  que  seria  proveído,  é  á  su  honra  com- 
plia ;  é  que  si  fasta  allí  no  habían  entendido  en 
ello,  era  porque  habían  estado  y  estaban  ocupados 
en  la  conquista  que  facían  de  las  cíbdades  é  villas 
é  tierras  del  Beyno  de  Granada,  la  qual  era  tanto 


grande  é  de  tantos  discrimines  é  dificultades  qtíe 
requerían  grandes  fuerzas  é  trabajos  para  la  pro- 
seguir, é  que  durante  aquella  no  podían  comenzar 
oti-a  guerra.  Pero  que  ellos  habían  embiado  una 
flota  armada  con  sus  capitanes  é  gentes  á  la  Du- 
quesa de  Bretaña.  E  allende  de  aquello  entendían 
embiar  cada  que  necesario  fuese  mas  gente  para  le 
ayudar,  é  facer  guerra  al  Rey  de  Francia,  á  fin  que 
recobre  las  villas  é  tierras  que  le  tienen  tomadas  de 
su  patrimonio ,  lo  qual  ansimesmo  sería  ayuda  al 
Rey  de  los  Romanos ,  para  ser  restituido  el  Duque 
su  fijo  en  lo  que  le  estaba  tomado  é  ocupado.  E 
cerca  de  su  amistad  é  confederación  que  demanda- 
ban con  el  Rey  de  los  Romanos,  respondieron  que 
les  placía  de  la  facer,  é  de  le  tener  por  su  amigo  ó 
confederado,  para  le  ayudar  contra  el  Rey  de  Fran- 
cia, para  recobrar  lo  que  tenía  ocupado  al  Duque 
su  fijo. 

Otrosí  estos  embaxadores  por  virtud  del  poder 
que  traían  del  Rey  de  los  Romanos ,  juraron  é  pro- 
metieron de  ayudar  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é  á  sus 
gentes  é  capitanes  contra  el  Rey  de  Francia  cada 
que  fuese  necesario  para  recobrar  los  Condados  de 
Ruisellon  é  Cerdania.  E  como  estas  cosas  fueron, 
asentadas,  el  Rey  é  la  Reyna  los  despidieron ,  dán- 
doles grandes  dones  de  oro,  é  plata,  é  brocados,  ó 
caballos. 

CAPÍTULO  cm. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  restituyeron  la  cibdad  de  Plasencia 
á  su  corona  real. 

El  Rey  Don  Juan,  padre  desta  Reyna  Doña  Isa- 
bel, fué  constreñido  en  tiempo  de  algunas  disen- 
siones acaescídas  en  el  tiempo  que  reynó,  de  d  ar  la 
cibdad  de  Plasencia  al  Conde  Don  Pedro  de  Stúñi- 
ga,  que  era  su  justicia  mayor,  la  qual  dádiva  revo- 
có luego  por  ser  excesiva,  é  contra  su  voluntad.  El 
efecto  desta  revocación  no  ovo  lugar,  por  algunos 
impedimentos  que  ansí  él  como  el  Rey  Don  Enri- 
rique  su  fijo  tovieron  en  aquellos  tiempos  que  rey- 
naron  ;  é  por  esta  causa  ovo  lugar  de  heredar  el 
señorío  de  aquella  cibdad  el  Duque  Don  Alvaro  fijo 
de  aquel  Conde  Don  Pedro  de  Stúñiga,  é  después 
del  Duque  Don  Alvaro,  su  nieto,  fijo  de  su  fijo  ma- 
yor, que  agora  la  poseía. 

La  Reyna  que  fué  informada  como  la  merced  de 
aquella  cibdad  fué  fecha  por  importunidad,  é  re- 
vocada con  justa  razón,  trató  con  algunos  caballe- 
ros é  cibdadanos  principales  de  la  cibdad,  que,  de- 
xado  el  señorío  de  aquel  Duque  Don  Alvaro,  se  tor- 
nasen á  su  señorío  real.  Los  quales  conosciendo  que 
aquella  cibdad  por  ser  una  de  las  principales  dql 
Reyno,  é  cabeza  de  Obispado  ,  no  debía  ser  aparta- 
da de  la  corona  real ;  é  que  ellos  sentían  ser  opre- 
sos  viviendo  fuera  del  señorío  real ,  poniendo  en 
obra  lo  que  tenían  en  voluntad,  se  juntaron,  é  to- 
maron armas ,  y  echaron  fuera  de  la  cibdad  á  la 
justicia  é  oficiales  que  el  Duque  Don  Alvaro  tenia 
puestos;  é  cercaron  la  fortaleza,  é  pusieron  sus  es- 
^uzas  para  que  ninguno  pudiese  s^lir  ni  entrar  ei^ 


DON  FERNANDO 
ella.  Esto  fecho,  embiaron  á  decir  al  Rey  é  á  la 
Reyna  el  estado  en  que  tenian  la  cibdad  ;  por  ende 
que  fuese  luego  el  Rey  á  la  recebir,  é  ansimesmo  á 
facer  la  fuerza  necesaria  al  alcaydo  de  la  fortaleza, 
bí  se  pusiese  en  resistencia,  para  gela  tomar. 

Como  esta  nueva  vino  al  Rey  é  á  la  Reyna,  es- 
cribieron luego  sus  cartas  para  los  caballeros  é  cib- 
dadanos  de  Plasencia,  regradesciéndoles  lo  que  ha- 
blan fecho.  E  otrosí  el  Rey  partió  para  aquella  cib- 
dad, y  escribió  á  todos  los  caballeros  é  gentes  de 
armas  de  las  cibdades  de  Salamanca  é  Zamora,  é 
Toro,  é  Cibdad- Rodrigo,  é  Truxillo,  é  Cáceres,  é  Ba- 
dajoz, é  á  todas  esas  comarcas,  que  con  sus  caba- 
llos é  armas  viniesen  para  la  cibdad  de  Plasencia. 
E  como  el  Rey  con  todas  aquellas  gentes  llegó  á  la 
cibdad,  el  Duque  Don  Alvaro  que  sopo  el  levanta- 
miento fecho  contra  él  en  ella,  é  como  el  Rey  era 
ido  á  la  tomar,  recelando  que  si  se  pusiese  en  alguna 
resistencia  perdería  todo  el  otro  su  patrimonio,  ovo 
su  acuerdo  de  obedescer  los  mandamientos  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  é  fué  luego,y  entrególa  con  su  for- 
taleza al  Rey.  Y  él  la  recibió,  é  puso  en  ella  por  Al- 
cayde  é  Justicia  á  Antonio  de  Fonseca. 

En  este  año  ovo  en  muchas  partes  de  los  Reynos 
de  Castilla  é  de  Aragón  grandes  aguas  mucho  ma- 
yores que  las  que  ovo  en  el  año  pasado  ;  é  ficieron 
grandes  destruiciones  de  molinos  y  edificios,  é  mu- 
rieron muchos  ganados.  Especialmente  en  la  cibdad 
de  Murcia  y  en  su  comarca  llovió  un  agua  tan  recia, 
que  las  gentes  pensaron  ser  anegados;  é  algunos  pas- 
tores, é  otros  que  andaban  en  los  campos  peligraron, 
salvo  los  que  buscaron  torres  é  lugares  altos  donde 
escapar.  Ansimesmo  en  Santa  Maria  del  Puerto  en  el 
mes  de  Marzo  de  este  año  llovió  tanto  que  las  gentes 
creyeron  ser  otro  diluvio.  E  los  vecinos  de  aquella 
villa  veyeron  una  nube  mucho  negra  é  una  multitud 
de  tordos  volando  en  medio  della  ;  é  con  arrebatado 
viento  que  vino  con  aquella  nube,  todas  las  texas  é 
ladrillos  de  las  casas  cayeron  é  se  quebraron,  de  tal 
manera  que  parescian  molidas.  Cayeron  ansimesmo 
todas  las  casas  de  aquella  villa,  é  murieron  algunos 
homes  é  muchos  ganados;  perdiéronse  los  mas  de  los 
bienes  que  tenian  en  las  casas.  Ansimesmo  quebran- 
tó todas  las  fustas  é  barcos  que  estaban  en  tierra  ri- 
bera de  la  mar,  que  ninguna  dexó  sana.  E  una  cara- 
vela  que  estaban  adererezando  ciertos  maestros  ,  el 
gran  viento  la  mudó  de  su  lugar  veinte  pasos,  é  la 
quebró  toda ;  é  arrebató  algunos  barcos  que  estaban 
en  la  mar,  é  los  sacó  á  tierra  todos  fechos  piezas  en 
el  mismo  ayre.  Otrosí  temblaron  las  torres  de  la  for- 
taleza ;  é  aquel  terremoto,  por  do  pasaba  aquella 
nube,  fizo  otras  cosas  tan  espantables,  que  paresció 
á  las  gentes  ser  contra  todo  curso  natural  (1). 

(1)  El  cura  de  los  Palacios  refiere  lo  de  estas  aguas,  y  añade  que 
enloda  tierra  de  Andalucía  hubo  tanta  fertilidad,  y  tal  cosecha 
de  granos,  que  todo  el  tiempo  de  la  cosecha  valió  la  fanega  de 
trigo  á  cincuenta  maravedís,  y  en  algunas  parles  á  real,  que  valia 
entóneos  treinta  y  un  maravedís.  También  se  alzaron  este  año  los 
moros  de  r.nucin  y  otros  de  Sierra  Bermeja,  confiados  en  lo  fuer- 
te de  la  estación  y  aspereza  del  sitio,  hasta  que  después  fueron 
sujetados  por  el  Marqués  de  Cádiz.  Bernald.,  lUsíor.  áe  los  Reyes 
Cuto I.,  cap.  84^85. 

Cr.~III. 


É  DOÑA  ISABEL. 


481 


CAPÍTULO  CIV. 


Sígnense  las  co^as  que  pasaron  en  el  año  de  mil  é  quatroeientos  6 
ochenta  é  nueve  años.  E  primeramente  como  fué  el  Rey  á  con- 
tinar  la  guerra  contra  los  moros. 

Porque  el  tiempo  del  verano  para  proseguir  la 
guerra  comenzada  contra  el  Reyno  de  Granada  se 
acercaba ,  acordaron  el  Rey  é  la  Reyna  de  partir  de 
la  villa  de  Valladolid.  E  fueron  á  la  cibdad  de  Jaén, 
é  con  ellos  fueron  el  Príncipe  Don  Juan  é  las  Infan- 
tas sus  fijas ,  y  el  Cardenal  de  España  ^  é  los  otros 
caballeros  é  oficiales  que  acostumbraban  andar  en 
su  corte.  Y  embiaron  luego  sus  cartas  de  llamamien- 
tos para  todos  los  caballeros  y  escuderos  é  gentes 
de  armas,  de  caballo  é  de  pié,  á  quien  hablan  aper- 
cebido  para  que  se  juntasen  en  las  cibdades  de  Ube- 
da  é  Baeza  ;  porque  en  aquellas  fronteras  que  son 
de  Baza  é  Guadix,  acordaron  de  facer  la  guerra  este 
año.  Especialmente  determinaron  de  poner  sitio  so- 
bre la  cibdad  de  Baza  ;  porque  fué  platicado  en  su 
consejo  ,  que  si  aquella  cibdad  se  ganase,  seria  me- 
nos trabajosa  la  conquista  de  las  cibdades  de  Gua- 
dix é  Almería,  é  de  las  otras  cibdades  é  castillos  que 
en  aquellas  partes  quedaban  por  conquistar.  E  como 
las  gentes  llamadas  se  juntaron,  la  Reyna  acordó  de 
quedar  en  la  cibdad  de  Jaén ,  é  con  ella  el  Príncipe 
é  las  Infantas  sus  fijas  ,  y  el  Cardenal  de  España.  Y 
el  Rey  partió  de  aquella  cibdad  á  veinte  é  siete  dias 
del  mes  de  Mayo  ;  é  mandó  poner  su  real  en  el  lu- 
gar que  se  llama  Sotogordo,  donde  acordó  de  espe- 
rar todas  las  gentes  de  caballo  é  de  pié ,  para  los  or- 
denar en  batallas.  Impidióse  el  juntamiento  de  aque- 
llas gentes  ocho  dias ,  por  las  grandes  aguas  que  re- 
crescieron  ;  las  quales  dañaron  los  caminos ,  é  ficie- 
ron crescer  los  rios ;  é  trabajaron  las  gentes  de  tal 
manera,  que  no  pudieron  juntarse  con  el  Rey  al 
tiempo  que  les  fué  mandado. 

Después  que  con  grandes  trabajos  del  tiempo  se 
juntaron,  el  Rey  mandó  facer  alarde ;  é  falláronse 
en  su  hueste  trece  mil  homes  de  caballo  é  quarenta 
mil  homes  de  pié  ,  los  quales  mandó  que  fuesen  or- 
denados en  esta  manera.  En  la  delantera  mandó  que 
fuesen  ciento  é  cinqüenta  homes  á  caballo  con  el 
Alcayde  de  los  Donceles ;  que  según  la  orden  anti- 
gua de  España,  debe  ir  con  los  mariscales  para  apo- 
sentar las  huestes.  E  mandó  que  fuesen  en  el  avan- 
guarda  el  Maestre  de  Santiago  con  mil  ochocientas 
lanzas;  con  el  qual  iba  la  gente  de  Ecija  con  ciento 
é  cinqüenta  lanzas  é  setecientos  peones,  é  ciento  é 
cinqüenta  espingarderos  de  la  cibdad  de  Toledo.  En 
la  una  ala  desta  batalla  mandó  ir  al  Clavero  de  Ca- 
latrava  con  quatrocientas  lanzas  é  mil  peones.  Y  en 
la  ala  de  la  otra  parte  iba  Pero  López  de  Padilla  con 
decientas  lanzas  de  los  escuderos  que  tenian  tiei*- 
ras  é  acostamientos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  que 
le  fueron  dadas  en  capitanía.  En  la  segunda  batalla 
iba  Don  Diego  López  de  Haro  con  ciento  é  cinqüen- 
to  lanzas  é  quatro  mil  peones  del  Reyno  de  Galicia 
que  le  fueron  dados  en  capitanía.  En  la  tercera  ba- 
talla iban  mil  homes  de  armas  é  ginetes,  é  mil  ho- 

31 


482 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mes  á  pié  del  Cardenal  de  España ;  de  los  quales 
iban  por  capitanes  Don  Rodrigo  de  Mendoza,  Señor 
del  Cid,  é  Don  Hurtado  de  Mendoza,  Adelantado 
de  Cazorla.  En  la  quarta  batalla  iba  las  gentes  de 
pié  é  de  caballo  de  las  hermandades,  cada  quadrilla 
con  8U  capitán.  En  la  quinta  batalla  iban  Don  Die- 
go de  Córdoba,  Conde  de  Cabra,  con  decientas  é 
cinqüenta  lanzas  é  trecientos  peones;  é  Martin  Alon- 
so de  Montemayor  con  ciento  é  setenta  lanzas,  é  do- 
cientos  peones.  La  sexta  batalla  llevaba  Don  Enri- 
que de  Guzman  con  trecientas  é  cinqüenta  lanzas, 
que  le  fueron  dadas  en  capitanía.  En  la  séptima  ba- 
talla iba  el  Marqués  de  Aguílar  con  ciento  é  cinqüen- 
ta lanzas ,  é  docientos  peones  ;  é  Fernán  Duque  con 
docientas  é  setenta  lanzas ,  que  les  fueron  dadas  en 
capitanía.  En  la  octava  batalla  iba  Don  Francisco  de 
Velasco,  capitán  de  ciento  é  cinqüenta  lanzas  del  Du- 
que del  Infantadgo,  é  ciento  é  ochenta  peones, é 
ciento  é  cinqüenta  lanzas  del  Conde  de  Feria.  En  la 
novena  batalla  iban  trecientas  lanzas  del  Duque  de 
Medinasidonia ,  é  ciento  é  cinqüenta  lanzas  del  Du- 
que de  Medinaceli ,  con  sus  capitanes  que  ellos  em- 
biaron.  En  la  décima  batalla  iba  Don  Alonso ,  Señor 
de  la  casa  de  Aguilar,  con  trecientas  lanzas  é  tre- 
cientos peones.  Delante  la  batalla  real  iba  el  Conde 
de  Tendilla  con  quatrocientas  é  sesenta  lanzas  suyas 
é  del  Arzobispo  de  Sevilla ,  su  hermano ,  6  del  Con- 
de de  Benavente ;  é  Don  Martin  de  Acuña  con  cien- 
to é  veinte  é  cinco  lanzas  que  le  fueron  dadas  en  ca- 
pitanía. En  la  batalla  real  iba  el  Marqués  de  Cáliz 
con  quatrocientas  lanzas  é  trecientos  peones ,  é  cien- 
ta  é  cinqüenta  lanzas  del  Adelantado  del  Andalucía, 
é  Gonzalo  Hernández  de  Córdoba  con  setenta  lan- 
zas ,  é  Alonso  Osorio  con  cien  lanzas ,  é  Martin  de 
Alarcon  con  cinqüenta  lanzas,  é  Bernal  Francés  con 
cien  lanzas,  é  Pedro  de  Ribera  con  setenta  lanzas, 
é  Don  Sancho  de  Castilla  con  ciento  é  cinqüenta 
lanzas,  é  Garci- Alonso  de  üUoa  con  deciéntase  vein- 
te lanzas,  é  Villa- Fuerte  con  ciento  ó  diez  lanzas,  é 
Hernando  de  Ribera  con  cien  lanzas,  y  el  Comenda- 
dor del  Montijo  con  ciento  é  ocho  lanzas ,  y  el  Al- 
cayde  de  Morón  Luis  de  Figueredo,  con  cien  lanzas 
é  ciento  é  ochenta  peones,  é  otros  mil  é  ciento  é  se- 
tenta peones  de  las  Asturias  de  Oviedo,  é  quatro- 
cientos  peones  de  Vizcaya ,  é  docientos  é  cinqüenta 
peones  de  Álava  é  de  Victoria,  é  docientos  é  treinta 
peones  de  la  provincia  de  Guipúzcoa,  é  quinientos 
peones  de  Castilla  la  Vieja,  é  Trasmiera,  é  de  las 
Asturias  de  Santillana.  Y  en  las  alas  de  la  batalla 
real  á  la  mano  derecha  iba  el  Conde  de  Cifuentes 
con  quinientas  lanzas  de  Sevilla  é  cinco  mil  peones; 
c  á  la  mano  izquierda  iban  seiscientas  lanzas  é  qua- 
tro  mil  peones  de  la  cibdad  de  Córdoba.  E  delante 
del  fardage,  porque  no  se  mezclase  con  la  batalla 
real ,  iba  Don  Pero  Sarmiento  con  setenta  lanzas  é 
trecientos  peones  de  la  villa  de  Carmena,  é  cinqüen- 
ta lanzas  é  docientos  peones  de  Andúxar.  E  para  en 
la  reguarda  del  fardage  iba  Alonso  Enriquez ,  Cor- 
regidor de  Jaén ,  con  docientas  é  cinqüenta  lanzas  ó 
mil  peones  de  Jaén ,  é  Juan  de  Robres  con  docien- 
tfts  lanzas  é  ochocientos  peones  de  Xerez    é  Pedro 


de  Ángulo  con  trecientas  lanzase  mil  peones  de  übe- 
da  é  Baeza.  Iban  en  la  reguarda  en  una  batalla  Luis 
Fernandez  Puertocarrero  ,  Señor  de  Palma ,  Capi- 
tán de  cien  lanzas,  é  Don  Rodrigo  de  León,  capi- 
tán de  docientas  é  cinqüenta  lanzas,  é  Pedro  de  Oso- 
rio,  capitán  de  cinqüenta  lanzas,  é  Miguel  Danza, 
capitán  de  treinta  lanzas ,  é  Garcilaso  de  la  Vega, 
capitán  de  quarenta  lanzas ,  y  el  Comendador  Mar- 
tin Galindo,  capitán  de  ciento  é  cinqüenta  lanzas,  é 
Francisco  de  Bovadilla,  capitán  de  noventa  lanzas, 
é  Hurtado  de  Luna,  capitán  de  cien  lanzas,  é  Don 
Diego  de  Córdoba,  capitán  de  cien  lanzas,  é  docien- 
tas lanzas  é  mil  peones  del  Adelantado  de  Murcia, 
é  Fernán  Álvarez ,  Alcayde  de  Colomera  ,  capitán 
de  cinqüenta  lanzas.  Otrosí  iban  en  guarda  de  la  per- 
sona del  Rey  quatrocientos  caballeros  fijos-dalgo  do 
los  sus  continos ,  é  de  la  casa  de  la  Reyna ;  en  los 
quales  iban  Don  Enrique  Enriquez  ,  su  Mayordomo 
mayor,  é  Don  Gutierre  de  Cárdenas ,  Comendador 
mayor  de  León  ,  Señor  de  Maqueda ,  é  Rodrigo  de 
ülloa ,  su  Contador  mayor,  é  otros  caballeros  é  fijos 
de  grandes  señores  de  los  Reynos  de  Castilla  é  Ara- 
gón ,  é  Valencia  é  Sicilia. 

CAPÍTULO  CV. 

De  las  guardas  que  asentó  el  Rey  en  los  caminos,  é  como  cercó 
é  tomó  la  villa  de  Cúxar. 

Como  la  gente  fué  ordenada  en  las  batallas  que 
habemos  dicho  ,  el  Rey  con  toda  su  hueste  fué  á  si- 
tiar la  cibdad  de  Baza ,  según  que  fué  acordado  en 
el  Consejo,  presente  la  Reyna.  Páreselo  difícile  po- 
ner aquel  [sitio,  porque  los  moros  de  Guadix  é  de 
las  otras  villas  é  castillos  que  son  en  la  comarca,  po- 
drían impedir  las  requas  de  los  mantenimientos ,  é 
otras  cosas  que  hablan  de  venir  para  el  bastecimien- 
to  del  real.  E  para  remediar  este  inconviniente  ,  el 
Rey  mandó  á  Alonso  Enriquez ,  Corregidor  de  las 
cibdades  (1)  de  Úbeda  é  Baeza  que  con  las  gentes  de 
caballo  é  de  pié  de  aquellas  cibdades,  se  pusiese  en 
aquel  lugar  de  Sotogordo ,  que  habemos  dicho ,  el 
qual  es  dos  leguas  de  Quesada.  E  mandó  á  Diego 
de  Aguayo,  Corregidor  de  la  cibdad  de  Jaén  é  An- 
dúxar, que  con  las  gentes  de  aquellas  cibdades  se 
pusiese  más  adelante  otras  dos  leguas  en  un  campo 
que  se  dice  Campo-Cuenca.  E  mandó  á  Luis  Méndez 
de  Figueredo,  que  con  la  gente  de  su  capitanía  esto- 
viese  cerca  del  castillo  de  Benzalema.  E  á  estos  ca- 
pitanes con  sus  gentes  mandó  que  estoviesen  conti- 
namente en  aquellos  lugares  que  les  señaló,  segu- 
rando las  requas  de  los  mantenimientos  que  vinie- 
sen al  real.  E  allende  destas  guardas  mandó  repar- 
tir otras  gentes  de  caballo  é  de  pié,  que  andoviesen 
continamente  las  noches  por  las  sierras  que  son  á 
la  parte  de  Guadix  ,  é  defendiesen  los  saltos  é  pro- 
sas que  los  moros  saliesen  á  facer.  E  como  quier 

(1)  De  Ubeda  é  Baeza.  Alonso  Enriquez  era  Corregidor  de  Jaén, 
como  se  dice  en  el  capitulo  antecedente.  Quizás  estarán  aquí  tras- 
trocados los  nombres  de  las  Ciudades,  y  donde  dice  Ubeda  ¿  Bae- 
za,  deberá  decir  Jaén  é  Andtucar;  y  al  contrario.  Pero  todos  loa 
(Códices  se  conforman  con  el  impreso. 


Don  FERNANDO 
que  estas  gentes  con  gran  diligencia  guardaban  los 
caminos  é  las  sierras  ásperas  que  son  en  aquella  par- 
te ;  pero  los  moros  que  sabían  la  tierra,  siempre  sa- 
llan por  lugares  encubiertos  á  facer  saltos,  é  ma- 
taban homes  é  bestias  ,  é  tomaban  algunos  mante- 
nimientos que  venían  al  real.  Acordó  ansimesmo  el 
Rey  de  cercar  la  villa  de  Cúxar,  que  es  á  dos  leguas 
de  Baza;  porque  si  primero  aquella  villa  no  se  tomase 
fuera  trabajo  peligroso  sostener  cerco  sobre  la  cib- 
dad  de  Baza.  El  Rey  Moro  que  estaba  en  Guadíx  in- 
formado que  el  Rey  quería  cercar  la  cibdad  de  Ba- 
za, é  conosciendo  que  desde  aquella  villa  de  Cúxar, 
según  el  lugar  do  es  asentada  ,  podría  guerreando 
impedir  los  mantenimientos  é  gentes  que  viniesen 
al  real ,  embióla  á  f  ornecer  de  gente  de  caballo  é  de 
pié ,  é  por  la  mejor  defender  echaron  los  viejos  é 
niños ,  é  todos  los  que  eran  inútiles  para  pelear. 

El  Rey  movió  toda  su  hueste,  é  mandó  que  fuesen 
delante  mil  peones ,  quebrantando  las  peñas,  é  alla- 
nando los  malos  pasos ,  é  faciendo  puentes  en  los 
rios  ,  que  con  las  muchas  aguas  habian  crescido  ; 
otrosí  abriendo  los  caminos  que  por  causa  de  la 
guerra  continada  delargos  tiempos  en  aquellas  fron- 
teras estaban  cerrados.  Después  que  con  grandes 
trabajos  la  hueste  pudo  pasar  adelante,  el  Rey  man- 
dó poner  real  sobre  aquella  villa  de  Cúxar ,  é  cercó- 
la por  todas  partes  ;  é  mandó  poner  guardas  y  es- 
cuchas é  atalayas  por  las  torres  é  sierras  que  son 
desde  aquella  villa,  fasta  una  legua  de  las  cibdades 
de  Baza  é  Guadix ,  para  ser  avisado  de  qualquier 
gente  que  de  aquellas  cibdades  se  moviese  á  venir 
en  socorro  de  la  villa.  E  mandó  fablar  con  los  mo- 
ros, requiriéndoles  que  entregasen  la  villa,  é  que  les 
ofresciesen  de  su  parte  libertad  de  sus  personas  é 
seguridad  de  sus  bienes ,  é  les  certificasen ,  que  si 
luego  no  la  entregaban  ;  que  si  escapasen  do  la 
muerte ,  no  serian  libres  del  captiverio. 

Los  moros,  confiando  en  la  fortaleza  de  la  villa, 
que  por  natura  é  artificio  está  fortificada  con  mu- 
chas torres  é  muros,  no  quisieron  dar  oreja  á  nin- 
gún partido ,  que  de  parte  del  Rey  les  fué  ofrescido; 
é  salieron  de  la  villa  á  pelear  con  las  gentes  del 
Rey.  El  Maestre  de  Santiago  que  llevaba  el  avan- 
guarda,  mandó  á  algunos  escuderos  que  se  apeasen 
é  peleasen  con  los  moros  por  algunos  lugares  cerca- 
nos á  la  entrada  de  la  villa ,  donde  la  gente  de  ca- 
ballo por  la  rambla  é  concavidades  grandes  que  allí 
había  no  podían  pelear.  Otrosí  Don  Diego  López  de 
Haro  por  mandado  del  Rey  con  algunos  gallegos 
peleó  con  los  moros  por  otras  partes,  fasta  que  los 
retraxieron  á  la  villa.  En  esta  pelea  murieron  algu- 
nos moros  é  chrístianos ;  pero  los  christianos  su- 
friendo tiros  de  espingardas  é  de  ballestas ,  fueron 
tanto  adelante  peleando,  que  pudieron  ganar  el  ar- 
rabal. En  el  qual  mandó  el  Rey  aposentar  la  gente 
del  reyno  de  Galicia,  é  poner  estanzas  de  otras  gen- 
tes contra  la  villa  por  todas  partes.  Otrosí  mandó 
asentar  algunos  tiros  de  pólvora,  que  tiraron  á  una 
parte  del  muro ,  do  estaban  fundadas  una  torre 
grande  é  otras  tres  menores ;  porque  si  aquella  par- 
te del  adarve  se  pudiera  con  las  lombardas  derribar, 


E  DOÑA  ISABEL.  483 

fuera  el  combate  de  la  villa  menos  peligroso.  E  man- 
dó facer  manderetes  é  bancos  pinjados,  para  llegar 
al  muro.  E  los  gallegos  ficieron  una  mina ,  que  lle- 
gó fasta  la  torre  mayor,  la  qual  fué  puesta  en  cuen- 
tos. Los  moros  desde  lo  alto  defendían  con  esquinas , 
é  por  baxo  salían  á  pelear  con  los  christianos ;  é  con- 
tinóse  la  pelea  é  los  combates  con  toda  osadía  ,  de 
los  unos  acometiendo,  é  de  los  otros  defendiendo, 
fasta  que  los  moros  cansados  é  muy  trabajados 
guardando  de  noche  las  minas ,  é  peleando  de  día 
en  los  combates ,  al  fin  no  pudiendo  sufrir  el  daño 
que  recibían ,  demandaron  f abla  para  entregar  al 
Rey  la  villa,  con  seguridad  de  sus  personas  é  bie- 
nes. El  Rey  indinado,  porque  al  principio  no  qui- 
sieron recebir  lo  que  agora  al  fin  demandaban ,  eno- 
jado ansimesmo  por  las  muertes  que  los  moros  ha- 
bian fecho  de  algunos  christianos ,  mandó  que  no 
se  rescíbiese  su  fabla,  é  que  se  continasen  las  mi- 
nas é  los  combates  que  facían  con  el  artillería.  Los 
moros,  visto  que  al  Rey  no  placía  otorgarles  la  se- 
guridad que  demandaban,  deliberaron  morir  pelean- 
do ,  sino  pudiesen  vivir  defendiendo.  É  trabajaron 
mucho  mas  en  la  defensa ,  faciendo  contraminas ; 
é  con  unas  calderas  asidas  con  cadenas  una  á  otra, 
echaron  fuego,  é  quemaron  los  bancos  pinjados  ,  é 
algunos  mandaretes  que  estaban  juntos  con  el  muro; 
é  con  daño  que  recibieron  los  christianos ,  se  retra- 
xieron del  combate.  Los  moros  como  homes  ofresci- 
dos  ala  muerte,  dando  é  recibiendo  f cridas,  peleaban 
con  indiscreta  osadía.  Visto  por  los  caballeros  é  ca- 
pitanes que  con  el  Rey  estaban ,  como  la  tardanza 
sobre  aquella  villa  era  impedimento  para  el  fin  acor- 
dado de  cercar  la  cibdad  de  Baza ,  é  por  escusar  el 
peligro  que  en  los  combates  pudieran  recebir  los 
christianos;  otrosí  porque  los  consejos  de  piedad  ha- 
bían mayor  lugar  con  el  Rey,  que  aquellos  que  se  en- 
derezaban á  crueldad;  le  suplicaron  que  los  recibiese 
apartido ,  otorgándoles  la  vida  é  libertad,  con  tanto 
que  dexasen  la  villa  con  todas  las  armas  que  en  ella 
había.  El  Rey  gelo  mandó  dar,  é  los  moros  recebida 
esta  seguridad ,  dexaron  la  villa  libre ,  é  se  fueron 
para  la  cibdad  de  Baza.  Y  el  Rey  mandó  á  sos  gen- 
tes que  se  apoderasen  della,  é  puso  por  Alcayde  á.... 
Otrosí  mandó  al  Conde  de  Tendilla ,  que  fuese  á 
dos  fortalezas  que  son  cercanas  á  la  cibdad  de  Ba- 
za, la  uñase  llama  Froyla,  la  otra  Bacos,  é  las  com- 
batiese. El  Conde,  con  la  gente  de  su  capitanía,  fué  á 
estas  fortalezas;  é  como  quier  que  ni  por  fuerza,  ni 
por  partido  las  pudo  haber  la  primera  vez  que  fué  so- 
bre ellas,  pero  dexólas  de  tal  manera  dispuestas,  que 
la  segunda  vez  que  fué  á  ellas  mas  fornecido  de 
gente ,  costrifió  á  los  alcaydes  que  las  tenían,  de  tal 
manera,  que  gelas  entregaron;  en  las  quales  mandó 
el  Rey  poner  gentes  que  las  guardasen.  Otrosí  em- 
bió  el  Rey  á  requerir  al  Alcayde  moro  que  tenia  la 
fortaleza  de  Benzalema,  que  la  entregase  luego;  el 
qual  recelando  la  indinacion  del  Rey,  respondió  que 
le  placía  entregársela ,  veniendo  él  á  la  recebir  en. 
persona.  E  como  el  Rey  fué  con  su  hueste,  luego  leí 
fué  entregada  ,  é  puso  en  ella  por  Alcayde  á  un  ca^ 
ballero  que  se  llamaba  Juan  de  Avalos. 


484 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Visto  por  los  moros  que  estaban  en  Canillas, 
como  la  villa  de  Cúxar  é  las  otras  fortalezas  que 
estaban  cercanas  á  Baza  se  entregaron  al  Rey,  é 
que  el  Conde  de  Tendilla  iba  sobre  Canillas;  como 
quier  que  aquel  lugar  es  fuerte  é  cercano  á  la  cib- 
dad  de  Baza,  por  espacio  de  una  legua;  pero  los 
moros  que  en  él  estaban,  recelando  que  no  lo  po- 
drian  defender  al  poderío  del  Rey,  lo  desampararon 
luego;  y  el  Rey  lo  mandó  tomar  ai  dicho  Conde,  é 
fornecer  de  gentes  é  mantenimientos,  é  poner  Al- 
cay  de  en  él. 

CAPÍTULO  CVI. 

Del  asiento  de  la  cibdad  de  Baza,  é  como  faé  proveída  de  gente 
é  mantenimientos. 

Sabido  por  el  Rey  moro  que  estaba  en  Guadix, 
como  el  Rey  habia  tomado  la  villa  de  Cúxar,  é  que 
deliberaba  cercar  la  cibdad  de  Baza,  mandó  que  to- 
dos los  moros  de  pié  é  de  caballo  mas  dispuestos 
para  la  guerra  de  las  cibdades  de  Guadix  é  Almería 
é  de  Tabernas  é  Purchena,  é  de  otros  lugares  de 
aquella  comarca,  é  de  todas  las  serranías  cercanas 
de  aquellas  partes,  é  algunos  moros  de  Granada, 
que  de  su  voluntad  escondidamente  venían  á  le 
ayudar,  entrasen  en  la  cibdad  de  Baza,  que  serian 
en  número  de  diez  mil  moros  á  pié  é  á  caballo,  bo- 
rnes esforzados  por  el  contino  exercicio  que  tenían 
en  las  guerras,  é  maravillosamente  gobernados  en 
la  pelea  á  sola  una  voz  de  su  capitán.  E  como  estas 
gentes  entraron  en  la  cibdad  de  Baza,  metieron  to- 
do el  pan  que  habia  en  las  comarcas,  é  las  otras  vi- 
tuallas que  pudieron  haber  para  su  mantenimiento, 
é  todas  las  armas  é  pertrechos  que  fallaron  para  su 
defensa.  É  los  de  la  cibdad ,  como  quier  que  sus  pa- 
nes, según  el  tiempo  era,  no  estaban  aun  maduros; 
pero  acordaron  de  los  segar  é  los  meter  en  la  cib- 
dad, á  fin  que  la  hueste  del  Rey  no  se  aprovechase 
dellos. 

Conviene  agora ,  pues ,  que  escribamos  primera- 
mente el  sitio  de  la  cibdad  de  Baza.  Esta  cibdad, 
según  nos  paresció,  es  asentada  casi  al  Mediodía, 
desviada  de  la  entrada  de  la  mar  de  Levante  por 
espacio  de  diez  leguas.  Y  en  aquella  parte  do  es 
fundada,  podrá  haber  de  tierra  llana  ocho  leguas 
de  largo,  é  tres  de  ancho,  cercada  por  todas  partes 
de  una  sierra  que  se  llama  Xabaleohol,  do  descien- 
den las  aguas  á  lo  llano.  É  á  esta  llanura,  que  se 
dice  la  Hoya  de  Baza,  riéganla  dos  ríos :  al  uno  lla- 
man Guadalquiton,  é  al  otro  Guadalentin.  La  cibdad 
está  asentada  en  un  llano  al  cabo  desta  sierra  bien 
cercano  á  ella  por  espacio  de  quatro  tiros  de  ballesta. 
Entre  la  cibdad  é  la  sierra  está  una  cuesta  do  salen 
dos  grandes  fuentes;  é  los  moros  llaman  Albohacen 
á  la  cumbre  de  aquella  cuesta.  Los  arrabales  desta 
cibdad  son  grandes,  é  puestos  en  circuito  della, 
pero  no  tienen  tal  cerca  que  los  pudiese  amparar, 
porque  es  fecha  de  tapia  baxa  de  casamuro.  La  cib- 
dad tiene  el  muro  muy  fuerte,  é  las  torres  del  mu- 
chas é  grandes,  cercanas  tmas  de  otras;  especial- 
mente á  la  una  parte  tiene  quatro  torrea  albarranas 


altas,  é  tanto  anchas,  que  cada  una  sale  del  muro 
por  espacio  de  quatro  pasos.  É  al  cabo  de  la  cibdad 
á  la  parte  de  la  sierra  está  fundado  un  alcázar  arti- 
ficiosamente fortalescido  con  muchas  torres  é  altos 
muros.  Luego  á  la  salida  de  la  cibdad,  por  la  parte 
de  lo  llano,  está  plantada  una  huerta  espesa  cou 
muchos  é  grandes  árboles  é  frutales  que  ocupan 
casi  una  legua  de  tierra  en  circuito.  Y  en  esta  huerta 
habia  mas  de  mil  torres  pequeñas,  porque  cada  ve- 
cino de  aquella  cibdad  que  tenia  en  ella  alguna 
parte,  facia  una  torre  cercana  á  sus  árboles;  é  aque- 
llo que  le  pertenescia  regaba  con  azequias  de  las 
muchas  aguas  que  descienden  de  aquella  parte  de 
la  sierra.  Y  en  cada  pertenencia  particular  habia 
tantos  é  tales  edificios,  que  fortificaban  toda  la 
huerta.  Ansí  que  la  cibdad  está  fortalescida  de  la 
una  parte  con  la  sierra  é  grandes  ramblas  é  cuestas, 
de  la  otra  con  la  huerta  grande  y  espesura  de  ár- 
boles, é  de  la  parte  de  la  vega  la  fortificaban  las 
muchas  azequias  é  barrancos  altos  é  baxos  artificio- 
samente fechos,  donde  corren  las  aguas.  Y  en  la 
cibdad  estaban  por  capitanes  el  Caudillo  que  se  lla- 
maba Mahomad-IIacen,  é  por  Alcayde  otro  moro 
que  llamaban  Hamete  Abahali;  y  estaban  otros 
ocho  capitanes  que  se  llamaban  Yaya  Alnayal,  é 
Alcaymalfot,  é  Aliabocar,  é  Adalgan,  é  Mahomad 
Alatar,  é  Hamet  Alatar,  é  Reduan  Zafarja,é  Ali 
Zabadon. 

CAPÍTULO  CVIL 

Del  sitio  que  el  Rey  mandó  poner  sobre  la  cibdad  de  Baza,  é  de 
la  batalla  qae  en  la  haerta  de  la  cibdad  ovo. 

El  Rey,  según  habia  acordado,  movió  con  toda 
gu  hueste,  para  sitiar  aquella  cibdad.  É  como  llegó 
cerca  della  con  sus  batallas  ordenadas,  mandó  po- 
ner su  real  desviado  de  la  huerta,  que  estaba  plan- 
tada cerca  de  los  arrabales;  pero  en  tal  lugar,  que 
no  impedia  la  entrada  é  salida  de  la  cibdad  á  los 
moros.  Algunos  caballeros  é  otros  adalides  que  sa- 
bían las  entradas  é  salidas  de  aquella  cibdad,  visto 
el  poco  dafio  que  Imi  moros  recebian  de  la  gente 
que  estaba  en  el  real,  por  estar  asentado  en  lugar 
tan  apartado,  dixeron  al  Rey  que  debia  mandar 
que  se  asentase  dentro  en  la  huerta  cerca  de  los  ar- 
rabales ;  porque  los  moros  constreñidos  de  los  del 
real  no  toviesen  libre  la  entrada  é  salida  como  la 
tenían.  E  porque  pareció  ser  conviniente  aquel 
consejo,  el  Rey  mandó  mudar  el  real,  é  asentarlo 
dentro  en  la  huerta  bien  cerca  de  los  arrabales;  ó 
mandó  poner  algunas  de  su  gentes  al  rostro  de  los 
moros  para  les  resistir  la  salida  de  los  arrabales,  en- 
tretanto que  el  real  se  asentaba,  é  se  facían  é  for- 
tificaban las  estanzas  que  se  habían  de  poner  contra 
la  cibdad.  Mandó  ansimesmo  al  Maestre  de  Santia- 
go, que  entrase  con  sus  batallas  ordenadas  á  pié  ó 
á  caballo  por  medio  de  la  huerta  en  derecho  del  al- 
cazaba. É  al  Marqués  de  Cáliz,  é  á  Luis  Fernandez 
Puertocarrero,  Señor  de  Palma,  mandó  que  entrasen, 
con  sus  gentes  por  la  parte  de  la  sierra,  é  que  fue- 
sen con  ellos  la  gente  de  Castilla  la  vieja  é  de  las 


DON  FERNANDO 
Asturias.  É  mandó  á  Don  Rodrigo  de  Mendoza,  é  á 
Don  Hurtado  de  Mendoza,  Adelantado  de  Cazorla, 
que  eran  capitanes  cada  uno'  de  quinientos  homes 
á  caballo  de  la  gente  del  Cardenal  de  España,  é  á 
Don  Sancho  de  Castilla  é  al  Clavero  de  Calatrava, 
que  entrasen  por  otra  parte,  é  que  fuesen  con  ellos 
la  gente  de  caballo  é  de  pié  de  la  cibdad  de  Ecija, 
é  del  Adelantamiento  de  Cazorla.  É  por  otra  parte 
mandó  que  entrase  la  gente  de  caballo,  é  doce  mil 
peones  á  pié  de  las  Hermandades,  cada  quadrilla 
con  su  capitán.  E  mandó  áDon  Juan  de  Silva,  Con- 
de de  Cifuentes,  que  con  la  gente  de  caballo  é  de 
pié  de  la  cibdad  de  Sevilla  entrase  por  otra  pate.  E 
mandó  á  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador 
mayor  de  León,  é  á  Don  Diego  López  de  Haro,  que 
con  cierta  gente  de  las  guardas  é  peonage  del  rey- 
no  de  Galicia  entrasen  por  la  parte  de  la  sierra  que 
es  encima  de  la  cibdad.  É  mandó  á  los  Condes  de 
Cabra  é  de  Tendilla  é  de  Urueña,  ó  al  Marqués  de 
Aguilar,  é  á  los  otros  caballeros  é  capitanes  de  su 
hueste,  que  con  sus  gentes  á  pié  é  á  caballo  estovie- 
een  repartidos  por  otros  lugares  contra  la  cibdad. 
Como  el  Maestre  de  Santiago  é  los  otros  capitanes 
é  gentes  entraron  en  la  huerta  con  sus  batallas  or- 
denadas, certificaban  á  sus  gentes,  que  Dios  median- 
te alcanzarían  la  victoria  que  deseaban,  si  acome- 
tiesen con  osadía  é  durasen  en  el  esfuerzo.  Los  ca- 
pitanes moros ,  recelando  que  si  el  real  se  ponia  en 
la  huerta  perderían  la  libertad  que  tenian  para  la 
entrada  é  salida  en  la  cibdad,  é  que  los  christianos 
habrían  lugar  de  asentar  el  artillería  bien  cerca  de 
BUS  muros,  amonestaban  á  los  suyos  que  saliesen 
fuera,  é  peleasen  por  el  sostenimiento  de  su  ley, 
por  la  defensa  de  &u  tierra,  por  la  guarda  de  sus 
parientes,  é  por  la  vida  é  libertad  de  sus  personas; 
los  quales  decían  no  tener  otro  remedio,  salvo  aquel 
que  Dios  les  embiase,  y  el  que  sus  manos  les  diesen 
con  el  esfuerzo  de  sus  corazones.  Los  moros  esfor- 
zados con  las  amonestaciones  de  sus  capitanes,  se 
dispusieron  á  echar  fuera  de  la  huerta  á  los  chris- 
tianos. E  fecho  el  signo  de  las  trompetas  de  la  una 
parte  é  de  la  otra,  juntáronse  por  muchas  partes  de 
la  huerta  las  armas  enemigas  unas  contra  otras,  é 
firiéronse  luego  con  los  tiros  de  las  lanzas  y  espin- 
gardas é  saetas;  é  por  unas  partes  se  comenzó  la  pe- 
lea á  caballo,  é  por  otras  á  pié.  Pero  las  muchas 
torres,  los  edificios  de  las  casas,  la  espesura  de  los 
árboles,  las  azequias,  é  angostura  de  los  lugares, 
daba  mayor  ventaja  en  la  pelea  á  los  moros  que  es- 
taban á  pié  que  á  los  christianos  que  estaban  á  ca- 
ballo; especialmente  porque  conoscian  las  entradas 
é  salidas  de  las  azequias  é  de  los  lugares  angostos 
do  habian  de  entrar  para  salir  sin  daño.  Visto  por 
algunos  de  los  caballeros  é  capitanes  christianos 
este  inconviniente,  mandaron  que  se  apeasen  mu- 
chos de  los  escuderos,  é  se  juntasen  con  los  peones. 
Estonces  la  gente  del  peonage,  favorecida  con  los 
escuderos  que  se  apearon,  ovieron  mayor  esfuerzo 
para  pelear,  é  los  christianos  cometiendo  con  osadía 
é  los  moros  resistiendo  con  esfuerzo,  encendióse  en- 
tre ellos  la  pelea  tan  cruel,  que  cada  uno  parecía 


É  DO^A  ISABEL.  485 

disponer  con  voluntad  á  la  muerte  para  darla  al 
enemigo.  É  sí  los  christianos  pensaban  ser  vence- 
dores por  ser  mayor  número  de  gente,  los  moros 
no  pensaban  ser  vencidos  por  la  dispusicion  de  los 
lugares  do  peleaban;  é  ansí  los  unos  é  los  otros  dan- 
do é  sufriendo  feridas,  duraron  en  la  pelea  por  es- 
pacio de  doce  horas;  en  las  quales  ni  los  unos  ni  los 
otros  podían  haber  espacio  para  recobrar  las  fuer- 
zas, porque  también  por  las  espaldas  como  por  de- 
lante é  por  todas  partes,  ocurrían  cada  hora  enemi- 
gos que  salían  á  ferir  é  guerrear.  En  este  tiempo  el 
vencimiento  entre  los  unos  é  los  otros  fué  variable: 
porque  muchas  veces  los  christianos  como  vencedo- 
res retraían  á  los  moros  en  algunos  lugares;  é  por 
otras  partes  cansados  é  vencidos  de  estar  tanto 
tiempo  peleando,  se  retraían  y  eran  vencidos  de 
los  moros;  é  no  podian  guardar  bandera,  ni  estar  á 
gobernación  de  capitán,  porque  la  dispusicion  de 
los  lugares  les  constreñía  á  pelear  derramados  é  por 
diversos  lugares,  sin  tener  orden  de  batalla.  É  ansí 
los  moros  como  los  christianos,  andando  sueltos 
acá  é  allá,  turbados  de  miedo,  é  algunas  veces  ocu- 
pados con  los  árboles,  fuian  de  los  suyos  mesmos, 
no  conoscíendo  si  eran  amigos  ó  enemigos.  Y  el 
presuroso  sonido  de  los  tiros,  é  ballestas,  é  ribado- 
quínes  y  espingardas,  y  el  alarido  de  los  vencedo- 
res, y  el  gemido  de  los  vencidos  é  feridos,  é  la  con- 
fusión de  las  voces  diversas  en  lengua  é  mezcladas 
unas  con  otras,  turbaban  é  ponían  tal  espauto  á  to- 
dos, que  ni  sabían,  ni  podian  ver  quales  eran  los 
vencedores,  ni  en  qué  partes,  ni  quales  eran  los 
vencidos  para  los  ayudar,  por  la  turbación  de  la 
batalla,  é  la  grand  espesura  de  los  árboles  y  edifi- 
cios que  les  impedían.  En  este  espacio  de  tiempo 
los  christianos  ganaron  algunas  torres  de  las  que 
estaban  en  aquella  huerta,  otras  había  que  guarda- 
ban los  moros;  é  los  christianos  por  ganar  las  que 
tenian  los  moros,  é  los  moros  por  recobrar  las  ga- 
nadas por  los  christianos,  ofresciéndose  á  gran  pe- 
ligro, les  ponían  fuego.  E  oíanse  los  clamores  mise- 
rables de  los  que  sufrían  las  llamas,  é  sonaban  las 
voces  crueles  de  los  que  ponían  el  fuego;  é  ni  los 
irnos  ni  los  otros  podian  en  aquel  peligro  socorrer  á 
los  suyos,  por  el  impedimento  de  los  árboles  é  bar- 
rancos que  por  todas  partes  había.  Algunos  caba- 
lleros é  capitanes  christianos,  vista  la  desorden  de 
aquella  batalla,  quisieran  retraerse  de  la  huerta  con 
sus  gentes,  salvo  porque  perdido  el  tino  de  la  sah- 
da,  eran  constreñidos  á  durar  en  la  pelea.  La  qual 
fué  tan  cruel,  que  en  todo  el  tiempo  que  duró,  ni 
los  moros  se  retraían  mostrando  miedo,  ni  los  chris- 
tianos dexaban  la  pelea  con  deseo  de  vencer.  El 
Rey  estovo  con  todas  las  otras  sus  gentes  á  una 
parte  de  la  huerta  ayudando  é  proveyendo  de  gen- 
tes de  pié  é  de  caballo,  y  esforzando  á  los  suyos  do 
era  menester.  Pero  estaba  en  gran  pena,  porque  con 
el  impedimento  de  los  árboles  é  torres  no  podía  ver 
ni  proveer  á  todas  partes.  Al  fin  plogo  á  Dios  en 
este  tan  peligroso  descrímen  de  batalla,  dar  tan 
buen  esfuerzo  á  los  christianos,  que  durando  en  el 
trabajo  que  sufrieron  peleando,  cansaron  á  los  mo- 


486 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ros,  é  los  ficieron  retraer  á  un  lugar  que  tenían  for- 
talecido de  palizadas  entre  la  huerta  é  los  arrabales, 
el  qual  impedia  á  los  christianos  que  no  los  pedie- 
sen mas  adelante  seguir. 

Como  los  moros  fueron  retraídos,  los  christianos 
por  mandado  del  Rey  ficieron  muy  presto  estanzas 
fortalecidas  con  grandes  palizadas,  bien  cercanas  á 
las  defensas  que  los  moros  tenian  fechas;  en  las 
quales  mandó  el  Rey  poner  gentes  que  las  guarda- 
sen, é  mandó  luego  allí  en  la  huerta  asentar  su  real. 
Murieron  ó  fueron  feridos  en  aquella  batalla  al- 
gunos de  los  christianos  é  de  los  moros :  especial- 
mente fué  allí  muerto  un  capitán  principal  de  los 
moros,  home  esforzado,  que  se  llamaba  Reduan  Za- 
farja,  por  cuya  muerte  los  de  la  cibdad  mostraron 
gran  sentimiento;  falláronse  muertos  muchos  ca- 
balleros. Derribaron  los  moros  con  un  búzano  el 
brazo  al  Alférez  de  una  batalla  de  las  del  Cardenal, 
que  se  llamaba  Juan  de  Perea ,  sobrino  del  Ade- 
lantado Rodrigo  de  Perea.  É  Don  Rodrigo  de  Men- 
doza, fijo  del  Cardenal,  que  después  fué  Marqués  de 
Zenete,  capitán  de  su  hueste,  vista  la  bandera  en 
perdición ,  como  quiera  que  fuese  mozo  é  aun  no  i 
experimentado  en  fecho  de  las  armas  tan  peligroso; 
pero  su  inclinación,  que  en  aquella  hora  pareció  ser 
de  home  esforzado,  le  fizo  avivar.  E  sufriendo  los 
tiros  de  ballestas  y  espingardas  que  por  todas  par- 
tes le  tiraban,  recobró  su  bandera,  é  fizo  tener  que- 
da su  gente,  é  ir  adelante  peleando  contra  los  mo- 
ros. El  Maestre  de  Santiago  sufrió  grandes  peligros 
é  trabajos  peleando  por  su  persona  y  esforzando  su 
gente,  especialmente  por  la  guardar  que  no  reci- 
biese el  daño  grande  que  él  y  ellos  recibieran  de  los 
moros  por  causa  de  la  grand  espesura  de  los  árbo- 
les. Otrosí  el  Marqués  de  Cáliz  é  todos  los  otros  ca- 
balleros é  capitanes,  trabajaron  peleando  en  aquella 
f  acienda  tanto,  que  podían  alcanzar  la  victoria  que 
en  aquel  día  plogo  á  Dios  de  les  dar. 

Otras  particularidades  é  casos  grandes  acaescidos 
en  esta  batalla  dexamos  de  recontar,  porque  ningu- 
na razón  de  palabras  podría  igualar  con  la  grande- 
za de  los  fechos  que  en  ella  pasaron.  Pero  puédese 
bien  creer  por  los  que  este  fecho  de  armas  leyeren, 
é  consideraren  el  lugar  do  acaesció,  y  el  ánimo  que 
los  christianos  tovieron  para  ofender,  y  el  esfuerzo 
que  los  moros  cobraron  para  defender,  que  pocas  ó 
ningunas  batallas  se  leen  haber  acaescido  do  tanta 
gente  y  en  semejante  lugar  concorriese,  é  que  tan 
cruel  é  peligrosa  fuese  é  tanto  durase,  como  la  que 
en  este  día  ovo  este  Rey  Don  Fernando;  especial- 
mente porque,  según  el  lugar  do  acaesció,  ni  los 
christianos  pedieron  haber  entera  gloría  del  venci- 
miento, ni  los  moros  gran  caída  por  ser  vencidos. 

Después  que  los  moros  fueron  retraídos,  dexada 
la  tristeza  que  debían  tener  por  sus  amigos  muer- 
tos, y  encendidos  de  ira  contra  los  enemigos  vivos, 
tornaban  á  salir  de  sus  estanzas  á  pelear  con  los 
christianos ;  salvo  que  la  oscuridad  é  la  gente  que 
el  Rey  mandó  estar  toda  la  noche  armada  é  junta 
con  sus  arrabales,  les  refrenó  la  osadía  que  mostra- 
ban tener. 


CAPÍTULO  CVIIL 

Como  se  levantó  el  real  de  la  huerta  de  Baza,  é  se  asentó  donde 
primero  estaba. 

El  asiento  del  real ,  que  según  habernos  dicho  se 
puso  en  la  huerta,  fué  trabajoso,  porque  la  espesura 
de  los  árboles  é  los  barrancos  grandes,  impedían  el 
asiento  de  las  tiendas  de  tal  manera,  que  á  gran 
pena  se  fallaba  lugar  donde  buenamente  se  pedie- 
sen armar.  E  porque  estaban  cercanas  á  las  estanzas 
de  los  enemigos  donde  se  podría  recrescer  peligro 
á  los  del  real,  mandó  el  Rey  que  las  guardas  de 
aquella  noche  fuesen  fornecidas  de  mas  gentes,  ó 
que  se  repartiesen  en  tres  lugares.  E  allende  de  los 
caballeros  é  peones  que  estovieron  en  las  guardas, 
fué  necesario  que  la  otra  gente  de  la  hueste  esto- 
viese  armada;  porque  los  moros  no  cesaron  toda  la 
noche  de  salir  é  acometer  á  los  christianos,  veces 
por  unas  partes,  veces  por  otras,  tirando  saetas  y 
espingardas,  é  cometiendo  con  ellos  escaramuzas. 
Otro  día  por  la  mañana ,  visto  por  el  Rey  el  trabajo 
é  peligro  que  sus  gentes  aquella  noche  en  la  guarda 
del  real  ovieron,  y  el  que  dende  en  adelante  se  es- 
peraba sí  allí  estoviese,  ovo  consejo  con  los  caba- 
lleros é  capitanes  de  su  hueste  sobre  el  remedio  que 
cerca  de  este  ínconviniente  se  debia  poner.  É  todos 
los  mas  acordaron  que  el  real  se  debia  quitar  de  la 
huerta,  porque  la  gente  de  armas  no  podría  sufrir 
el  trabajo  que  se  recrecía,  ansí  en  las  guardas,  como 
en  las  peleas  que  los  moros  continamente  movían. 

El  Rey,  visto  aquel  acuerdo,  mandó  que  se  alza- 
se,  é  se  asentase  en  el  lugar  donde  primero  estaba. 
É  por  escusar  la  pelea  peligrosa  que  entre  los  árbo- 
les é  barrancos  se  podía  mover  por  los  moros  sí  ve- 
yesen  alzar  el  real,  mandó  que  ninguna  tienda  se 
desarmase,  fasta  que  todo  el  f ardage  fuese  sacado 
de  la  huerta;  y  entretanto  mandó  fornecer  de  gen- 
tes las  estanzas  que  estaban  contra  las  palizadas  é 
albarradas  de  los  moros.  Y  el  Rey  con  toda  la  otra 
gente  de  su  hueste  se  puso  al  rostro  de  la  cibdad, 
fasta  que  todo  el  fardage  é  las  tiendas  fué  levan- 
tado del  lugar  do  estaba,  é  asentado  do  había  de 
estar.  Como  el  real  fué  puesto,  luego  se  retraxo  el 
Rey  con  todas  sus  gentes,  é  ansímesmo  desampara- 
ron las  estanzas  aquellos  que  las  tenian  cercanas  á 
los  arrabales. 

Visto  por  los  moros  que  los  christianos  desampa- 
raban las  estanzas  que  tenían,  salieron  contra  ellos 
por  muchas  partes  á  pié  é  á  caballo  con  tiros  de 
saetas  y  espingardas,  é  arremetiendo  é  tirándoles 
lanzas.  Pero  los  christianos,  que  en  semejantes  ca- 
sos conoscían  la  manera  de  pelear  de  los  moros; 
recelando  el  ínconviniente  por  venir,  é  proveyén- 
dose antes  que  viniese,  salieron  de  las  estanzas  or- 
denadamente faciendo  algunas  veces  rostro  á  los 
moros,  otras  veces  siguiéndolos  fasta  los  meter  en 
sus  albarradas;  é  ansí  pedieron  salir  de  la  huerta,  é 
dexar  las  estanzas  que  tenian  sin  daño  suyo.  Des- 
pués que  el  real  se  asentó  fuera  de  la  huerta,  el  Rey, 
considerando  como  estando  apartado  de  la  cibdad. 


DON  FERNANDO 
los  moros  podían  salir  y  entrar  libremente  en  ella, 
quiso  saber  de  los  caballeros  é  capitanes  que  con  él 
eran  lo  que  se  debia  facer  para  que  estoviese  cer- 
cada, de  manera  que  los  moros  estoviesen  oprimi- 
dos é  no  toviesen  aquella  libertad  que  tenian.  Sobre 
lo  qual  ovo  diversos  votos  en  su  consejo;  porque 
algunos  dixeron,  que  no  solamente  habia  fecho 
buen  acuerdo  en  mudar  el  real,  mas  que  lo  faria 
mejor  si  mudase  el  consejo  que  ovo  de  cercar  aque- 
lla cibdad ,  considerando  el  lugar  do  es  asentada, 
é  la  huerta,  y  edificios,  é  torres,  é  azequias,  é  cues- 
tas, é  barrancos,  é  albarradas,  é  otras  fortalezas  de 
que  por  natura  é  por  artificio  está  fortalecida  por 
todas  partes,  é  la  mucha  gente  de  los  moros  que  la 
guardaban.  E  que  seria  dif ícile  con  la  gente  que 
allí  estaba,  aunque  pasaba  de  ciuqüenta  mil  com- 
batientes, cercarla  como  debia  ser  cercada,  para  que 
ninguno  saliese  della  ni  entrase,  salvo  con  mayor 
copia  de  gente.  Allende  desto  decian,  que  según  la 
información  que  el  Rey  tenia  de  los  mantenimien- 
tos é  gente  de  guerra  que  estaba  dentro,  era  me- 
nester mucho  tiempo  é  gran  suma  de  dinero  para 
durar  en  aquel  cerco,  é  que  en  los  muchos  dias  po- 
drían nascer  tales  necesidades,  que  constriñesen  á 
alzar  el  real.  E  por  tanto  que  era  mejor  alzarlo 
agora  sin  daño,  que  después  con  algunos  inconvi- 
nientes;  é  que  les  parescia  que  se  debian  fornecer 
de  gentes  de  caballo  é  de  pié  las  fortalezas  de  Ca- 
nillas, é  Benzaloma,  é  Benamaurel,  é  Cúxar,  é  Froy- 
la,  é  Bacos,  é  Cúllar,  que  el  Rey  tenia  en  circuito 
de  aquella  cibdad  para  que  la  guerreasen  por  todas 
partes;  é  que  en  aquella  manera  se  podria  decir  que 
estaba  cercada  la  cibdad  de  Baza,  mejor  que  estan- 
do allí  el  Rey  con  sus  gentes,  donde  consumido  el 
tiempo  y  el  dinero  é  trabajada  la  gente,  habia  poca 
esperanza  de  se  ganar.  É  que  debia  de  ir  á  conquis- 
tar las  villas  de  Tabernas  é  Purchena,  é  otras  algu- 
nas que  son  en  la  comarca,  las  quales  se  podian 
haber  con  mayor  certinidad  é  menor  trabajo;  é  ha- 
bidas, se  pornian  en  tal  aprieto  las  cibdadcs  de  Al- 
mería é  Guadix,  que  seyendo  otro  año  taladas  é 
guerreadas  por  todas  partes,  vernian  mas  con  fuer- 
za de  hambre  que  con  fuerza  de  armas  á  la  subje- 
cion  del  Rey  é  de  la  Reyna,  según  que  otros  luga- 
res habían  fecho. 

Después  que  el  voto  destos  fué  oído  é  platicado, 
el  Rey,  movido  á  piedad  de  sus  gentes  por  los  tra- 
bajos é  peligros  que  habían  pasado  é  creía  que  so- 
frírian  en  aquel  cerco  sí  allí  durase,  é  la  dificultad 
grande  que  habia  en  los  caminos  por  do  se  habían 
de  traer  las  provisiones  á  su  real,  determinó  de  lo 
mandar  alzar,  é  poner  guarniciones  en  las  fortale- 
zas que  estaban  en  circuito  de  la  cibdad. 

Esta  humanidad  conoscida  en  el  Rey,  inflamó  la 
afición  á  las  gentes  de  la  hueste,  para  se  disponer 
mas  por  su  servicio  á  los  trabajos  é  peligros  que  en 
el  cerco  se  podrían  haber.  E  porque  los  moros  pen- 
sarían haber  alcanzado  victoria  si  el  real  se  alzase, 
estaban  descontentos ,  ó  comenzaron  á  murmurar 
por  todo  el  real  diciendo,  que  tan  gran  hueste  é  con 
tanto  trabajo  llegada,  no  se  debia  derramar  ni  mo- 


É  DOÑA  ISABEL.'  487 

ver  de  aquel  lugar,  fasta  lo  tomar ;  é  reprehendían 
á  aquellos  que  consejaban  al  Rey  que  alzase  el  real. 
Algunos  otros  de  su  consejo  que  eran  de  voto  con- 
trarío ,  dixeron  al  Rey  que  el  cerco  no  se  debia  al- 
zar, pues  ya  era  puesto,  porque  los  moros  de  aque- 
lla cibdad,  é  los  do  las  cibdades  de  Guadix  é  Alme- 
ría, é  de  todas  aquellas  comarcas,  é  también  los  de 
la  cibdad  de  Granada,  pensando  que  por  flaqueza 
que  habia,  ó  por  algún  otro  peligro  que  se  recelaba, 
el  Rey  mandaba  alzar  el  real,  cobrarían  orgullo 
creyendo  ser  victoriosos ;  é  que  vista  la  absencia 
del  Rey,  se  juntarían  según  otras  veces  han  fecho^ 
é  cercarían  alguna  villa  ó  castillo  de  las  que  son  en 
aquella  comarca,  á  la  qual  seria  necesario  socorrer, 
E  que  para  los  semejantes  socorros  no  todas  veces 
se  fallan  las  gentes  é  los  otros  aparejos  necesarios 
estando  el  Rey  absenté ,  como  estando  sobre  aque- 
lla cibdad,  donde  toda  la  mas  é  mejor  gente  de 
guerra  que  había  en  todo  el  reyno  de  Granada  es- 
taba junta.  Allende  desto  decían,  que  á  todos  era 
notorio  como  los  moros  de  la  cibdad  do  Granada 
deseaban  victoria  á  los  de  Baza,  é  que  les  ayuda- 
rían con  todas  sus  fuerzas,  salvo  por  el  defendi- 
miento  que  el  Rey  mozo  que  estaba  en  el  Alhambra 
les  ponía.  Pero  que  su  resistencia  no  temía  en  este 
caso  tanta  fuerza  con  ellos,  para  que  sí  veyesen 
victoriosos  á  los  de  Baza  no  les  ayudasen  publica- 
mente con  gran  multitud  de  moros,  como  agora  les 
ayudan  de  secreto  con  alguna  poca  gente  é  con  to- 
dos los  avisos  que  pueden ;  é  que  esforzándose  en 
este  pensamiento,  tomarían  armas,  é  mostrarían 
clárala  amistad  que  tenian  á  sus  moros,  é  la  ene- 
mistad encubierta  que  tenían  á  los  christianos  :  la 
qual  seria  causa  que  la  conquista  comenzada  se  di- 
latase por  mas  tiempo  :  por  ende  decian  que  consi- 
derados bien  estos  ínconviníentes,  el  cerco  comen- 
zado sobre  aquella  cibdad  se  debía  contínar,  é  que 
ante  todas  cosas  se  debia  talar  la  huerta  que  tiene 
en  circuito ;  porque  escombrando  el  campo  á  los 
moros,  se  quitaría  la  defensa  que  tenian  con  la  es- 
pesura de  los  muchos  árboles,  é  los  christianos  ter- 
nían  libertad  de  ver  las  salidas  y  entradas  de  la 
cibdad  para  las  resistir.  E  que  talada  la  huerta  é 
puestas  estanzas  en  los  lugares  convinientes,  se  po- 
dría quitar  la  salida  y  entrada  á  los  moros.  E  como 
quier  que  para  esto  se  requería  mucho  trabajo,  ó 
algún  tiempo,  é  grandes  costas,  é  mas  gente  de  la 
que  allí  estaba,  pero  que  se  notaría  á  mengua,  sí  un 
Rey  tan  poderoso,  por  escusar  trabajo  é  por  falta  de 
dinero,  dexase  de  contínar  la  empresa  que  habia  co- 
menzado. E  decían,  que  en  muy  poco  se  debian  esti- 
mar los  trabajos  habidos  por  respecto  de  virtud,  ma- 
yormente teniendo  esperanza ,  que  mediante  aque- 
llo se  puede  haber  el  fin  deseado.  E  sobre  todo  esto 
decian  que  debía  consultar  á  la  Reyna,  que  tenia 
cargo  de  dar  orden  en  el  proveimiento  de  la  guer- 
ra, para  haber  su  parescer  cerca  de  las  cosas  que  ea 
la  continacíon  de  aquel  cerco  eran  necesarias. 

El  Rey,  vista  la  voluntad  que  la  gente  de  su 
hueste  tenían,  é  las  razones  que  decian  aquellos  de 
su  consejo  porque  el  real  no  se  debia  alzar,  embió 


488 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


á  decir  á  la  Reyna  los  votos  que  para  lo  uno  é  para 
lo  otro  había  en  su  consejo  ;  porque  en  diez  horas 
por  las  paradas  que  tenian  puestas,  era  informada 
de  todas  las  cosas  que  en  el  real  pasaban.  La  qual 
embió  á  decir  al  Rey  é  á  los  Grandes  é  Caballeros 
que  estaban  en  su  consejo,  que  cerca  del  continar 
ó  alzar  el  cerco  de  sobre  la  cibdad  de  Baza,  no  en- 
tendía dar  determinación  alguna,  é  que  lo  remitía 
á  lo  que  el  Rey  en  su  consejo  acordase  con  los  ca- 
pitanes é  caballeros  que  estaban  en  su  hueste.  Pero 
que  si  acordaban  de  continar  el  real  sobre  aquella 
cibdad  según  que  al  principio  todos  conformes  lo 
hablan  acordado ,  ella  con  el  ayuda  de  Dios  daria 
orden  para  que  fuesen  bien  proveídos  de  gentes ,  é 
dineros,  é  provisiones,  é  de  todas  las  otras  cosas  que 
fuesen  necesarias  fasta  que  aquella  cibdad  se  to- 
mase. 

CAPITULO  OIX. 
Como  el  Rey  mandó  talar  la  huerta  de  Baza. 

Vista  la  respuesta  que  la  Reyna  embió,  luego  el 
Rey  acordó  do  continar  el  cerco  que  tenia  puesto 
sobre  la  cibdad  de  Baza,  porque  ansí  él,  como  to- 
dos los  de  su  consejo,  consideraron  que  aquellas  co- 
sas que  la  Reyna  ofrescia  son  las  principales  que 
sostienen  las  guerras. 

Sabido  por  las  gentes  de  la  hueste  el  acuerdo 
que  el  Rey  ovo  de  permanescer  en  aquel  sitio,  cosa 
fué  por  cierto  maravillosa  de  ver  como  la  tristeza 
que  todos  tenian  porque  se  alzaba  el  real,  se  con- 
vertió luego  en  alegría  tan  grande ,  que  paróscia 
cada  uno  tener  la  victoria  delante  ;  é  loaban  de  lea- 
les y  esforzados  á  los  que  habían  dado  el  consejo 
para  que  el  real  durase  ;  é  decían  haber  seydo  mal 
consejo  sacarlo  de  la  huerta,  porque  estando  en  ella 
como  al  principio  se  puso,  los  moros  estaban  cer- 
c:\dos  é  tan  oprimidos,  que  no  tenian  lugar  de  salir 
ni  entrar  en  la  cibdad.  E  decían,  que  se  debían  dis- 
poner á  todo  trabajo ,  para  lo  tornar  á  poner  do 
primero  estaba. 

El  Rey,  considerando  el  gran  peligro  que  había 
éi  el  real  se  tornase  á  poner  en  la  huerta,  dexados 
todos  los  votos  que  sobre  esto  se  daban  en  su  con- 
Bejo,  mandó  luego  asentar  dos  reales  sobre  aquella 
cibdad.  En  el  uno  mandó  que  estoviese  el  artillería 
é  todos  los  pertrechos  que  se  traían  en  la  hueste 
para  combatir ,  y  en  este  real  mandó  que  se  apo- 
sentasen el  Marqués  de  Cáliz,  y  el  Marqués  de  Agui- 
jar, y  el  Conde  de  Urueña,  é  Don  Alonso  de  Aguí- 
lar,  Señor  de  Montilla ,  é  Luis  Fernandez  Puerto- 
carrero,  Señor  de  Palma,  ó  los  Comendadores  de 
Alcántara  é  Calatrava,  é  Francisco  de  Bovadilla,  é 
Juan  de  Almaraz  con  las  gentes  de  sus  capitanías, 
é  otras  gentes  de  las  Montañas  é  de  las  Provincias 
de  Vizcaya,  é  Guipúzcoa,  ó  del  Reyno  de  Galicia. 
En  el  otro  real  estaba  el  Rey  con  todos  los  otros 
caballeros  é  gentes  de  su  hueste ;  y  en  medio  des- 
tos  dos  reales  estaba  la  cibdad,  é  de  la  otra  parte 
estaba  la  sierra  alta,  é  de  la  otra  parte  de  lo  llano 
estaba  la  huerta,  é  podía  haber  del  un  real  al  otro 


espacio  de  medía  legua,  si  fuesen  por  medio  de  la 
cibdad  do  era  el  camino  derecho.  Pero  porque  con- 
venia ir  rodeando  apartados  de  la  cibdad  en  cir- 
cuito de  la  huerta  podría  haber  fasta  una  legua, 
de  manera  que  con  gran  dificultad  podría  socorrer 
la  gente  de  un  real  al  otro ;  é  por  esta  causa  mandó 
el  Rey  facer  grandes  cavas,  é  palizadas,  é  otras  de- 
fensas en  ambos  reales,  porque  la  gente  estoviese 
mas  segura.  Asentados  estos  dos  reales,  el  Rey 
mandó  talar  la  huerta ;  é  como  quier  que  páreselo 
cosa  trabajosa  por  ser  grande,  é  por  los  muchos  ó 
gruesos  árboles  que  en  ella  había,  pero  luego  se 
puso  por  obra,  é  dio  el  cargo  principal  á  Don  Gu- 
tierre de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de  León, 
para  que  ficiese  aquella  tala. 

Sabido  por  la  Reyna  como  el  Rey  deliberaba  de 
continar  el  real,  é  que  mandaba  facer  [la  tala  déla 
huerta,  mandó  ir  luego  las  gentes  ó  f  erramientas  que 
fué  necesario  para  la  facer,  é  la  forma  como  se  fa- 
cía era  ésta.  El  Rey  mandaba  estar  al  rostro  de  los 
moros  dos  mil  liomes  de  caballo  é  cinco  mil  peones, 
allende  de  la  otra  gente  que  estaba  por  guarda  en 
lo  alto  de  la  sierra  que  descubría  toda  la  cibdad. 
En  las  espaldas  de  la  guarda  andaban  quatro  mil 
peones  talando  con  destrales  por  el  pié  todos  los 
árboles.  Y  entretanto  que  se  facía  la  tala,  los  mo- 
ros salían  contra  la  una  guarda  de  la  sierra  é  contra 
la  otra  que  estaba  puesta  al  rostro  de  sus  estanzas; 
é  talando  é  peleando,  duró  esta  tala  quarenta  días, 
porque  la  grosura  y  espesura  de  los  árboles  facían 
tan  gran  impedimento  á  quatro  mil  taladores,  que 
con  gran  trabajo  podían  escombrar  diez  pasos  cada 
día.  En  este  tiempo  ningún  día  falleció  que  los 
moros  no  saliesen  dos  veces  á  escaramuzar  con  los 
chrístianos,  veces  por  dos,  veces  por  tres,  é  veces 
por  quatro  partes;  y  en  estas  escaramuzas  caían 
muertos  é  feridos  también  de  los  unos  como  de  los 
otros.  E  como  quier  que  los  moros  recebian  los  mas 
días  el  mayor  daño,  pero  no  páresela  f  allecerles  el 
esfuerzo  otro  día  para  salir  á  las  peleas.  Acabada 
en  estos  días  de  talar  la  mayor  parte  de  la  huerta, 
páreselo  mas  clara  la  cibdad ;  pero  el  circuito  era 
tan  grande  é  de  tantas  concavidades  ó  cuestas  de 
todas  partes,  que  ni  los  dos  reales,  ni  menos  las 
guardas  que  de  dia  é  de  noche  estaban  á  pié  é  á  ca- 
ballo, podían  bien  impedir  la  salida  y  entrada  á  los 
moros  en  la  cibdad.  Visto  que  con  el  gran  trabajo 
que  las  gentes  sufrían  en  las  guardas,  los  moros  no 
estaban  cercados  según  debían,  el  Rey  acordó  de 
facer  una  gran  cava  é  palizada  que  llegase  del  un 
real  donde  él  estaba ,  fasta  el  real  do  mandó  estar 
la  artillería ;  y  en  esta  cava  se  fizo  una  gran  pali- 
zada con  los  árboles  que  fueron  talados  de  la  huer- 
ta ;  é  por  mas  la  fortificar,  mandó  el  Rey  traer  las 
aguas  que  descendían  de  la  sierra  para  que  corrie- 
sen por  medio  della.  E  allende  desto,  porque  toma- 
ba circuito  de  una  legua ,  y  era  necesario  copia  de 
gente  para  la  guardar,  mandó  edificar  en  ella 
quince  castillos  de  tapias  con  sus  torres  é  almenas 
do  estoviesen  las  gentes  que  la  guardasen.  Estos 
castillos  estaban  derramados  por  la  CAva,  é  podía 


DON  FERNANDO 
haber  de  castillo  á  castillo  trecientos  pasos.  El  un 
castillo  mandó  guardar  á  Bonifacio ,  capitán  de  la 
gente  de  Burgos,  é  otro  mandó  guardar  á  Juan  Car- 
rillo con  gente  de  Castilla  la  Vieja  ;  otro  á  Anto- 
nio de  Arévalo,  capitán  de  la  gente  de  Guadalaxa- 
ra  ;  otro  á  Pedro  de  Ayala,  capitán  de  la  gente  de 
la  Provincia  de  Castilla,  que  es  de  la  Orden  de  San- 
tiago ;  otro  á  Alonso  de  Barahona  con  gente  del 
Arzobispado  de  Toledo  ;  otro  á  Alonso  Alvarez  de 
Avila  con  gente  de  la  cíbdad  de  Toro  ;  otro  á  Juan 
de  Villacortes  con  la  gente  de  la  cibdad  de  León; 
otro  á  Pedro  de  Gamarra,  capitán  de  la  gente  de 
Murcia  ;  otro  á  Antonio  de  Morales  con  la  gente  de 
la  cibdad  de  Zamora ;  otro  á  Francisco  de  Bovadi- 
11a  con  gente  de  la  cibdad  de  Córdoba ;  otro  á  Juan 
de  Calatayud  con  gente  de  la  cibdad  de  Cuenca; 
otro  á  Juan  de  Robres  con  gente  de  la  cibdad  de 
Xerez ;  otro  á  Antonio  de  la  Peña  con  gente  de  la 
cibdad  de  Truxillo ;  otro  á  Hernando  de  Barradas 
con  algunos  escuderos  de  las  montañas ;  otro  man- 
dó guardar  á  Bernardino  de  Lerma  con  gente  do  la 
cibdad  de  Soria.  E  con  esta  cava  é  palizada  que 
llegaba  del  un  real  al  otro ,  en  la  qual  estaban  fa- 
bricados estos  quince  castillos,  la  cibdad  estaba 
cercada  toda  por  la  parte  de  lo  llano,  que  nin- 
guno podia  entrar  en  ella  ni  salir.  E  por  la  parte 
de  la  sierra  mandó  el  Rey  facer  otro  castillo,  en 
el  qual  mandó  estar  á  Bernal  Francas  con  la  gente 
de  caballo  é  de  pié  que  estaba  en  su  capitanía.  Y 
en  el  campo  que  habia  entre  la  cibdad  é  la  cava 
donde  estaban  estos  castillos,  ordenó  el  Rey  que  es- 
toviese  una  guarda  de  gente  de  caballo  é  de  pié ;  é 
por  la  parte  de  la  sierra  cerca  del  castillo  que  guar- 
daba Bernal  Francés,  mandó  estar  una  guarda  ;  é 
con  estas  guardas  que  se  mudaban  de  dia  é  de  no- 
che, la  cibdad  estaba  mejor  cercada  por  aquellas 
partes.  Pero  los  moros  tenian  libertad  por  la  parte 
do  la  sierra  de  ir  á  qualquier  parte  que  quisiesen,  ó 
los  mas  dias  por  aquella  parte  sallan  de  la  cibdad, 
é  tomaban  bueyes  é  bestias,  é  captivaban  homes  de 
los  que  sallan  del  real  por  provisiones ,  porque  las 
guardas  no  podían  guardar  tanta  distancia  de  tier- 
ra, que  resistiesen  á  los  moros  la  guerra  que  f  acian. 
Visto  por  el  Rey  este  inconviniente,  mandó  que 
86  ficiese  una  cava  é  palizada,  é  que  se  consiguiese 
con  la  otra  que  estaba  fecha  en  lo  llano,  é  subiese 
la  sierra  arriba,  é  cercase  la  cibdad  por  aquella  par- 
te de  lo  alto,  como  estaba  por  la  parte  de  lo  llano ; 
de  manera  que  ni  los  moros  pediesen  salir  fuera  de 
aquel  circuito,  ni  otros  pediesen  entrar  en  la  cibdad 
á  los  socorrer.  E  dio  el  cargo  de  facer  esta  cava  al 
Comendador  mayor  de  León ,  que  habia  fecho  la 
cava  en  lo  llano ,  é  mandóle  dar  diez  mil  peones 
para  la  facer.  E  ste  caballero  con  esta  gente,  puso 
en  obra  el  mandamiento  del  Rey,  é  duró  en  facer 
aquella  cava  otros  dos  meses ;  porque  los  peones 
no  podían  facer  su  obra  todas  horas,  con  el  impe- 
dimento que  los  moros  lea  daban  con  las  escaramu- 
zas é  peleas  que  moviau  contra  el  Comendador  ma- 
yor é  contra  los  que  con  él  estaban ;  á  los  quales 
convenía  solicitar  á  los  peones  c^ue  facían  la  cava, 


É  DOÑA  ISABEL.  489 

é  ansimesmo  estar  siempre  armados,  é  prestos  para 
la  pelea  que  los  moros  les  movian  por  estorbar  que 
no  se  ficiese.  Esta  cava  tomaba  en  circuito  de  la 
sierra  andadura  de  dos  leguas  ;  en  la  qual  convino 
facer  dos  grandes  é  muy  anchas  paredes,  fortifica- 
das con  piedras,  é  tierra,  é  madera ;  y  entre  estas 
dos  paredes  habia  una  calle  de  quatro  pasos  en  an- 
cho, á  fin  que  la  gente  que  estoviese  en  esta  calle 
toviese  la  una  pared  por  defensa  contra  los  moros 
que  quisiesen  salir  de  la  cibdad,  é  la  otra  pared  con- 
tra otros  qualesquier  que  quisiesen  venir  de  fuera 
á  los  socorrer.  Y  en  este  edificio,  que  fué  grande, 
aquellos  diez  mil  peones  continamente  trabajaban, 
unos  en  traer  piedras,  otros  traían  madera,  otros 
cavaban,  otros  tapiaban. 

Este  Comendador  mayor  puso  tal  diligencia,  que 
como  quier  que  fué  gran  obra,  se  acabó  en  pocos 
días  ;  de  manera  que  la  cibdad  estaba  cercada  por 
todas  partes,  que  ninguno  podia  salir  ni  entrar  en 
la  cibdad.  Pero  dentro  do  aquel  circuito,  los  moros 
todos  los  días  salían  á  pelear ,  veces  con  las  guar- 
das, é  otras  veces  salían  á  combatir  é  guerrear  á 
los  que  estaban  en  los  castillos.  E  porque  algunos 
días  peleaban  por  tres  ó  quatro  partes,  convenia 
que  toda  la  gente  del  real  estoviese  armada  para 
socorrer  á  las  guardas,  é  á  los  que  guardaban  los 
castillos,  é  á  las  gentes  que  facían  las  paredes  por 
encima  de  la  sierra. 

CAPÍTULO  ex. 

Como  el  Rey  acordó  en  el  real  de  Baza  de  tomar  la  fuente  que 
estaba  dcbaxo  del  Alboliacen,  é  lo  que  los  moros  ücieron. 

Durante  el  tiempo  que  las  cavas,  é  palizadas,  é 
castillos  se  facían  en  todo  el  circuito  de  Baza,  ansí 
por  lo  alto  de  la  sierra,  como  por  lo  llano  do  es- 
taba la  huerta,  algunos  moros  salían  é  se  venian 
al  real,  los  quales  avisaban  al  Rey  del  estado  de  la 
cibdad,  é  de  las  otras  cosas  que  entre  los  moros 
pasaban.  E  algunos  decían  que  habia  división  en- 
tre ellos,  porque  algunos  amonestaban  al  caudi- 
llo ó  á  los  capitanes ,  que  ficiesen  partido  con  el 
Rey,  é  que  habiendo  seguridad  para  los  bienes ,  é 
libertad  para  las  personas,  le  entregasen  la  cibdad. 
Decían  ansimesmo,  que  los  mantenimientos  se  les 
disminuían,  é  que  no  tenían  ya  carne,  ni  sal,  ni 
aceyte ;  é  que  el  pan  que  tenían  no  los  podía  durar 
veinte  dias.  Otros  decían ,  que  tenian  bastimento 
para  dos  meses  ;  de  manera ,  que  cerca  de  la  provi- 
sión que  tenian  en  la  cibdad  no  se  pudo  saber  por 
el  Rey  la  verdad,  por  las  variedades  que  los  moros 
que  cada  dia  se  pasaban  al  real  decían.  Pero  todos 
concordaban,  que  si  la  fuente  que  estaba  debaxo  do 
la  cuesta  de  Albohacen  se  tomase,  la  cibdad  pade- 
cería gran  falta  de  agua,  é  allende  de  la  mengua,  los 
moros  estarían  tan  apremiados,  que  no  podrían  de- 
fender la  cibdad.  El  Rey,  habido  consejo  sobre  loa 
avisos  que  daban  los  moros,  deliberó  de  tomar  por 
combate  aquella  cuesta  de  Albohacen;  porque 
aquella  tomada,  se  defendería  la  fuente  á  los  mo- 
ros que  no  se  pediesen  aprovechar  della.  E  para  dar 


490 


CEÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


este  combate  mandó  facer  un  castillo  de  madera, 
el  qual  se  había  de  llevar  por  piezas,  é  armarse  bien 
cerca  de  aquella  cuesta  de  Albohacen,  é  poner  en 
él  gente  que  defendiese  á  los  moros  la  salida,  en- 
tretanto que  en  aquella  cuesta  se  fundaba  otro  cas- 
tillo de  tapias. 

Otrosí  fué  necesario  talar  algunos  árboles ,  que 
impedían  el  paso  de  la  gente ,  é  de  los  pertrechos 
que  se  habían  de  llevar  para  el  combate.  E  mandó 
el  Rey  al  Comendador  mayor  de  León  Don  Gutierre 
de  Cárdenas ,  que  con  cierta  gente  de  caballo  é  de 
pié  estoviese  en  la  guarda  de  los  peones  que  habían 
de  talar  aquellos  árboles.  Como  la  tala  se  comenzó 
é  los  moros  lo  sintieron,  luego  salieron  con  sus  ba- 
tallas ordenadas  para  la  defender.  E  los  christianos 
por  amparará  los  taladores,  é  los  moros  por  defen- 
der que  no  se  ficiese  la  tala,  comenzóse  la  pelea  en- 
tre los  árboles  é  ramblas  que  había  en  aquel  lugar. 

El  Comendador  .;mayor,  vista  la  ventaja  grande 
que  el  lugar  daba  á  los  moros  para  pelear ,  acordó 
de  retraer  la  gente,  é  dexar  de  facer  la  tala.  E  por- 
que retrayéndose  los  que  estaban  á  caballo  podrían 
recebir  mayor  daño  de  los  moros ,  apeóse ,  é  mandó 
á  todos  que  estaban  á  caballo  que  se  apeasen  ;  é  pe- 
leando, é  retrayéndose  paso  á  paso,  veces  firiendo 
en  los  moros,  veces  sufriendo  sus  fuerzas  é  tiros 
desvió  la  gente  de  aquel  lugar  con  menor  daño  que 
pudo.  E  ansí  como  había  moros  que  de  la  cibdad  se 
pasaban  al  real ,  ansí  bien  había  algunos  malos 
christianos,  que  dexaban  el  real  é  se  pasaban  á  los 
moros,  é  los  avisaban  que  en  el  real  había  mengua 
de  gente ,  é  que  no  pagaban  sueldo  ;  é  les  contaban 
otras  faltas  del  Eeal ,  que  les  daban  esfuerzo ,  é  les 
facían  estar  constantes  en  la  defensa  de  la  cibdad. 
Especialmente  los  avisaron  del  consejo  que  el  Rey 
ovo  de  tomar  aquella  cuesta  de  Albohacen  ,  por  im- 
pedir á  los  moros  el  agua  que  cogían  de  la  fuente 
que  estaba  cerca  ;  é  que  para  lo  poner  en  obra  ha- 
bía mandado  armar  un  castillo  de  madera.  Como 
los  moros  ovieron  este  aviso,  conociendo  que  si 
aquella  cuesta  fuese  tomada ,  ellos  estarían  oprimi- 
dos ,  é  no  podrían  salir  de  la  cibdad  ni  guardarla 
de  dentro  como  debían  ;  acordaron  de  fabricar  en 
ella  un  castillo  de  tapia.  E  luego  la  primera  noche 
que  lo  sopieron,  puesta  gente  de  armas  en  la  delan- 
tera, comenzaron  á  tapiar  sin  que  se  podiese  ver 
por  los  del  real  la  obra  que  facían.  E  luego  por  la 
mañana  se  vído  fecho  un  circuito  de  tapias ,  donde 
pusieron  un  capitán  con  ciertos  moros  para  las  de- 
fender ;  las  quales  estaban  en  tal  lugar,  que  no  se 
podía  combatir  salvo  á  gran  daño  de  los  christia- 
nos ;  é  luego  la  noche  siguiente  contínaren  su  edi- 
ficio. Ansí  edificando  en  las  noches  ficieron  un  cas- 
tillo de  tapias  en  aquella  cuesta  de  Albohacen  ,  de 
donde  defendían  su  fuente ,  que  los  christianos  no 
eran  parte  para  quítalles  el  agua. 


CAPÍTULO  CXI. 

De!  desbarato  que  algunos  caballeros  que  salieron  á  el  real  de 
Baza  ficieron  en  los  moros  de  Guadix;  6  de  las  cosas  que  pasa- 
ron en  Granada. 

Estando  el  real  asentado  sobre  la  cibdad  de  Ba- 
za ,  los  moros  que  habemos  dicho  que  estaban  en  las 
fortalezas  del  Padul  é  Alhedin,  é  algunos  otros  de 
las  cibdades  de  Guadix  é  Almería ,  salían  á  facer 
guerra  en  los  lugares  que  estaban  en  la  obediencia 
del  Rey  é  de  la  Reyna ,  é  llevaban  cavalgadas  de 
ganados  é  prisioneros.  Ansimesmo  algunos  de  los 
caballeros  christianos  salían  del  real,  é  iban  á guer- 
rear los  moros  á  los  lugares  do  eran  avisados  que 
podían  haber  presas. 

Acaesció  en  aquellos  días,  que  algunos  mancebos 
fasta  trecientos  de  caballo,  é  docientos  peones  de 
los  que  estaban  en  el  real,  con  ánimo  de  ganar  hon- 
ra é  haber  provecho,  se  juntaron  con  Don  Antonio 
de  la  Cueva ,  fijo  del  Duque  de  Alburquerque ,  é  con 
otro  caballero  que  se  llamaba  Francisco  de  Bazan, 
informados  de  algunos  adalides,  que  podrían  facer 
presa  en  ciertas  aldeas  cercanas  á  la  cibdad  de  Gua- 
dix, fueron  á  aquellas  partes,  é  tomaron  algunos  ga* 
nados  é  prisioneros.  E  como  venían  con  la  presa, 
salieron  contra  ellos  por  mandado  del  Rey  moro  que 
estaba  en  Guadix  fasta  seiscientos  moros  á  caballo 
é  á  pié  para  les  defender  la  presa.  Algunos  de  los 
christianos,  quando  veyeron  los  moros  ser  en  mayor 
número  que  ellos,  decían  que  debían  dexar  la  caval- 
gada  é  salvar  sus  personas ,  pues  lo  podían  facer 
buenamente  ;  é  que  no  debían  pelear  con  los  moros, 
ansí  porque  estaban  en  tal  lugar  que  la  pelea  seria 
á  ventaja  de  los  moros,  como  porque  ellos  é  sus  ca- 
ballos estaban  cansados  de  dos  noches  é  dos  días 
que  habían  andado  trabajados  por  haber  la  presa 
que  llevaban ;  é  que  se  pornían  en  aventura  de  se 
perder ,  si  esperasen  la  pelea  con  los  moros  que  sa- 
lían de  refresco.  Los  capitanes  esforzaban  la  gente, 
é  amonestábanles  que  volviesen  é  peleasen  con  los 
moros,  porque  mayor  seguridad  habrían  mostrando 
esfuerzo  é  peleando,  que  retrayéndose  para  dar  lu- 
gar á  los  enemigos  que  los  siguiesen;  especialmente 
porque  en  el  alcance  todos  los  peones  que  llevaban 
serian  perdidos. 

Estas  amonestaciones  de  los  capitanes  no  esfor- 
zaban mucho  á  aquellas  gentes,  porque  eran  homes 
allegados  de  unas  partes  é  de  otras ,  é  no  eran  de 
sus  casas  proprias,  ni  les  daban  sueldo  que  les  oblí- 
gase á  servir.  Y  estos  tales  usando  de  su  libertad, 
no  pensaban  obedescer  peleando ,  sino  salvarse  fu- 
yendo.  Otros  algunos  había,  que  doliéndose  de  como 
los  peones  christianos  se  perderían  si  los  desampa- 
rasen ,  decían  que  debían  facer  rostro  á  los  moros, 
é  pelear  con  ellos.  E  ansí  estos  como  los  capitanes, 
amonestaban  al  alférez  que  volviese  la  bandera  ,  ó 
fuese  con  ella  adelante  contra  los  moros  que  venían 
ya  cerca.  E  porque  había  entre  ellos  diversas  volun- 
tades, el  Alférez  dubdaba  de  entrar  en  los  moros 
con  la  bandera ,  según  que  los  mandaban  los  capí- 


DON  FERNANDO 
tañes.  Vista  esta  división  por  un  escudero  que  era 
de  las  guardas  del  Rey  é  de  la  Reyna,  Alcayde  de 
la  fortaleza  del  Salar,  que  estaba  en  aquella  compa- 
ñía ,  que  se  llamaba  Hernán  Pérez  del  Pulgar  (1), 
home  de  buen  esfuerzo,  tomó  una  toca  de  lienzo ,  é 
atóla  en  su  lanza  por  via  de  enseña ,  é  dixo  á  aque- 
llos caballeros :  «Señores  ¿para  qué  tomamos  armas 
» en  nuestras  manos  ,  si  pensamos  escapar  con  los 
«pies  desarmados?  Pocas  veces  se  ve  vencido  el 
»  esfuerzo.  Oy  veremos  quién  es  el  home  esforzado, 
»  é  quién  es  el  cobarde ;  el  que  quisiere  pelear  con 
« los  moros ,  no  le  f allescerá  bandera  si  quisiere  se- 
))  guir  esta  toca.  »  E  diciendo  estas  palabras,  volvió 
BU  caballo  con  aquella  seña  contra  los  moros.  E  to- 
dos los  caballeros  como  vey eron  aquello  ;  dellos  mo- 
vidos de  su  voluntad ,  dellos  vencidos  de  vergüen- 
za, siguieron  aquella  toca  mirándola  por  bandera, 
y  entraron  en  los  moros  é  pelearon  con  ellos.  Los 
moros,  visto  que  los  christianos  mostraban  esfuerzo 
para  pelear ,  á  los  primeros  encuentros  se  pusieron 
en  f  uida ,  é  los  christianos  los  siguieron,  matando  ó 
firiendo,  é  captivando  dellos,  fasta  bien  cerca  de 
la  cibdad  de  Guadix.  Fueron  muertos  aquel  dia  fas- 
ta quatrocientos  moros  ,  que  fueron  despojados  en 
el  campo  por  los  christianos.  Habida  esta  victoria: 
vinieron  en  salvo  para  el  real  con  la  cavalgada  que 
tomaron.  El  Rey,  informado  como  habia  pasado 
aquel  fecho,  armó  caballero  á  aquel  Alcayde  de  Sa- 
lar ,  é  por  memoria  de  su  buen  esfuerzo ,  le  dio  li- 
cencia para  traer  por  armas  una  lanza  con  una  toca 
atada  en  el  cabo  della ,  que  fué  la  bandera  de  aquel 
vencimiento,  por  memoria  de  el  buen  esfuerzo  que 
ovo  aquel  dia.  Los  moros  de  Guadix ,  veyendo  que 
su  gente  por  todas  partes  se  disminuía ,  é  que  si  la 
cibdad  de  Baza  se  tomaba ,  la  tierra  toda  se  perde- 
rla ,  acordaron  de  embiar  gente  de  caballo  é  de  pié, 
é  con  gran  requa  de  fariña  é  de  otras  cosas  necesa- 
rias ,  pensando  que  podrían  entrar  de  noche  con  to- 
do ello  en  la  cibdad  para  la  bastecer.  E  como  el  Rey 
lo  sopo  por  las  guardas  y  escuchas  que  estaban 
puestas  por  su  mandado  en  los  caminos,  luego  man- 
dó al  Conde  de  Tendilla  é  al  Conde  de  ürueña,  que 
saliesen  al  encuentro  de  los  moros,  para  que  les  de- 
fendiesen la  entrada  en  la  cibdad.  Los  moros  quan- 
do  sintieron  la  gente  de  los  christianos  que  venian 
contra  ellos ,  acordaron  de  volver  á  la  cibdad  de 
Guadix  con  la  requa  que  traian;  pero  los  christia- 
nos no  pedieron  tanto  guardar  el  campo,  que  algu- 
nos moros  no  entrasen  en  la  cibdad ,  andando  por 
los  caminos  ó  veredas  ásperas  que  sabian  de  aque- 
lla sierra.  Otrosí  algunos  moros  de  la  cibdad  de 
Granada ,  visto  que  el  cerco  de  la  cibdad  de  Baza 
se  continaba,  ó  oidas  las  escaramuzas  é  batallas 
que  se  hablan  en  aquel  sitio,  donde  muchos  de  los 
moros  é  algunos  de  los  principales  que«staban  en 

(1)  Este  Hernán  Pérez  del  Pulgar,  llamado  el  de  las  hazañas, 
fué  el  mismo  que  después  escribió  y  dedicó  al  Emperador  Car- 
los V  un  breve  Sumario  de  los  Hechos  del  Gran  Capitán,  confun- 
dido de  muchos  escritores  con  nuestro  Cronista,  y  hasta  ahora  de 
ninguno  que  yo  sepa  perfectamente  distinguido ;  de  esto  se  ha  ha- 
blado mas  largamente  ea  el  Ptóloso. 


É  DOÑA  ISABEL.  491 

defensa  della,  eran  muertos,  doliéndose  de  sns  da- 
ños pasados,  é  deseando  remediar  los  por  venir,  acu- 
saban la  negligencia  de  los  principales  de  la  cibdad, 
é  decíanles  en  secreto  que  veian  á  sus  enemigos  ma- 
tar á  sus  amigos  de  su  ley  é  de  su  sangre,  é  que  mi- 
raban como  se  perdía  su  tierra,  é  que  tenían  pacien- 
cia para  lo  sufrir.  Otrosí  les  decían  que  Dios  estaba 
ayrado  contra  ellos  por  sus  divisiones ,  que  les  ha- 
bían fecho  perder  la  tierra  é  la  libertad ,  é  amones- 
tábanles que  despertasen  é  no  callasen  sus  males 
como  fasta  aquí  habían  fecho ,  é  con  el  ayuda  del 
poderoso  se  remediasen ,  é  fuesen  á  ayudar  á  su  san- 
gre, pues  se  derramaba  por  salvar  á  todos  ellos;  por- 
que si  los  de  la  cibdad  de  Baza  se  perdían ,  ningu- 
na esperanza  habia  de  remedio.  Estas,  é  otras  cosas 
semejantes  andaban  diciendo  en  la  cibdad,  por  al- 
borotar al  pueblo  contra  el  Rey  moro  que  estaba  en 
el  Alhambra ,  para  lo  matar ,  é  para  ir  gran  multi- 
tud de  moros  á  Guadix,  é  dende  socorrer  á  Baza. 

El  Rey  moro  que  estaba  en  Granada ,  sabido  este 
alboroto ,  fizo  pesquisa  por  saber  quien  eran  los  que 
lo  movían ;  é  sabida  la  verdad,  prendió  á  los  princi- 
pales que  predicaban  por  el  pueblo  estas  cosas,  é  fi- 
zóles cortar  las  cabezas ;  é  con  aquella  justicia  que 
fizo ,  puso  sosiego  en  toda  la  cibdad  que  estaba  al- 
borotada. A  este  Rey  moro  proveía  la  Reyna  cada 
mes  de  dineros  para  el  mantenimiento  suyo  é  de  los 
que  con  él  estaban  ;  é  por  su  respecto  el  Rey  c  la 
Reyna  dieron  seguridad  á  todos  los  de  Granada, 
para  que  saliesen  libremente  á  facer  sus  labores  por 
el  campo,  é  iban  con  sus  mercadurías  seguramente 
por  todo  el  reyno  de  Castilla. 

CAPÍTULO  CXII. 

De  la  cmbaxada  que  el  Gran  Soldán  embió  al  Papa ,  sobre  esta 
conquista  de  Granada  que  el  Rey  6  la  Reyna  facían. 

Los  moros  del  Reyno  de  Granada,  visto  que  la 
guerra  contra  ellos  se  continaba ,  é  las  tierras  que 
los  años  pasados  habían  perdido ;  pensando  ser  re- 
parados en  lo  porvenir,  embiaron  su  embaxada  al 
Gran  Soldán ,  faciéndole  saber  de  la  guerra  que  el 
Rey  é  la  Reyna  habían  movido  contra  ellos,  é  que- 
rellándose á  él  gravemente  de  las  opresiones  é  cap- 
tiverios ,  ó  guerra  cruel  que  sus  gentes  por  su  man- 
dado continamente  les  facían ,  é  de  las  cíbdades ,  é 
villas ,  é  castillos ,  é  fortalezas  que  les  habían  to- 
mado, c  cada  día  pugnaban  por  tomar,  é  como  los 
habían  lanzado  fuera  de  sus  casas  é  tierras ,  que  ellos 
é  sus  antepasados  largos  tiempos  habían  poseído. 
Por  ende  que  le  suplicaban  que  les  diese  ayuda  para 
recobrar  lo  perdido  é  para  no  perder  lo  que  les  que- 
daba ,  é  que  si  aquella  ayuda  por  agora  no  les  pe- 
diese dar,  les  escribiese  que  los  dexasen  estar  en  sus 
cibdades,  é  villas,  é  tierras  libremente,  según  que 
estovieron  ellos  é  sus  antepasados  de  largos  tiem- 
pos á  esta  parte. 

El  Gran  Soldán,  oída  esta  embaxada,  mandó  á  dos 
Frayles  del  Sepulcro  sancto  de  Jerusalem  de  la  or- 
den de  Sant  Francisco ,  que  viniesen  á  Roma  al 
Sancto  Padre  con  sus  cartas  ;  por  las  quales  le  em- 


4Í)2  CRÓNICAS  DE  LOS 

bió  á  decir,  como  había  sabido  que  el  Rey  é  la  Rey- 
na  de  España  que  es  en  la  parte  de  Europa,  habían 
movido  guerra  contra  los  moros  del  Reyno  de  Gra- 
nada que  confína  con  sus  señoríos ,  é  que  habían  re- 
cebido  dellos  grandes  agravios  é  sinrazones,  tomán- 
doles sus  villas  é  cibdades,  é  apremiándoles  que  sa- 
liesen fuera  de  sus  casas,  é  captívándolos,é  tomán- 
doles sus  bienes,  é  faciendo  contra  ellos  otras  gran- 
des crueldades  ;  é  que  aquello  era  contra  toda  hu- 
manidad natural ,  porque  bien  sabía  el  Padre  Santo 
como  en  sus  tierras  é  señoríos  había  gran  copia  de 
christianos  que  vivían  so  su  imperio,  los  quales  eran 
conservados  en  su  ley,  é  guardados  en  sus  bienes 
y  en  su  libertad.  Por  ende  que  le  exortaba  que 
escribiese  al  Rey  é  á  la  Reyna  de  Castilla  que  ce- 
Basen  de  aquella  guerra,  é  tornasen  á  los  moros  to- 
das las  cibdades  é  villas  é  castillos  é  fortalezas  que 
les  habían  tomado  ,  é  los  reduxesen  en  toda  liber- 
tad ,  según  y  en  la  manera  que  él  en  sus  tierras  é  se- 
ñoríos mandaba  tratar  á  los  christianos.  E  que  si 
esto  ficiese,  él  faría  bien  en  ige  lo  mandar  ,  y  ellos 
f  arían  aquello  que  notables  príncipes  son  obligados 
ala  piedad  natural.  E  que  si  no  lo  ficíesen,  á  él  se- 
ria forzado  de  tratar  á  los  christianos  de  su  señorío 
en  la  manera  que  el  Rey  é  la  Reyna  de  Castilla  tra- 
taban á  los  moros  que  eran  de  su  ley  y  estaban  so 
su  amparo.  El  Papa ,  vistas  estas  cartas ,  é  oído  lo 
que  aquellos  dos  Frayles  embaxadores  del  Soldán 
le  dixeron ,  acordó  de  lo  remitir  al  Rey  é  á  la  Rey- 
na ,  y  embióles  con  ellos  un  Breve ,  por  el  qual  les 
facía  saber  lo  que  el  Gran  Soldán  le  había  escripto : 
por  ende ,  que  diesen  la  respuesta  que  cerca  dello 
habían  de  dar,  é  ge  la  embiasen  con  aquellos  dos 
Frayles. 

El  Rey  é  la  Reyna,  visto  el  Breve  del  Papa ,  é  la 
carta  y  embaxada  que  el  Gran  Soldán  le  había  em- 
biado,  respondieron  al  Papa  que  bien  sabía  Su  San- 
tidad ,  y  era  notorio  por  todo  el  mundo,  que  las  Es- 
pafias  en  los  tiempos  antiguos  fueron  poseídas  por 
los  Reyes  sus  progenitores  ;  é  que  sí  los  moros  po- 
seían agora  en  España  aquella  tierra  del  Reyno  de 
Granada  ,  aquella  posesión  era  tiránica  é  no  jurídi- 
ca; é  que  por  escusar  esta  tiranía  los  Reyes  sus 
progenitores  de  Castilla  é  de  León,  con  quien  confi- 
na aquel  reyno  ,  siempre  pugnaron  por  lo  restituir 
á  BU  señorío,  según  que  antes  había  seydo. 

Otrosí  le  escribieron  que  allende  de  tener  los  mo- 
ros tiránicamente  esta  tierra  de  Granada,  habían  fe- 
cho é  facían  guerra  contína  á  los  christianos  sus 
subditos  é  naturales ,  que  moraban  en  las  cibdades, 
é  villas ,  ó  tierras  que  confinan  con  aquel  Reyno  de 
Granada ;  ó  habían  pugnado  por  tomar ,  é  tomaban 
quando  podían  las  cibdades,  é  villas,  é  castillos  ,  é 
fortalezas  que  son  en  su  señorío  ;  é  robaban  gana- 
dos, é  tomaban  de  ellas  captivos,  é  facían  guerra 
cruel  á  todas  las  partes  de  los  christianos  que  son 
en  sus  comarcas.  Lo  qual  veía  bien  su  Santidad  que 
no  era  de  sofrir,  é  que  les  era  necesario  cobrar  lo 
suyo  guerreando,  é  defender  á  los  suyos  resistien- 
do ;  é  que  si  el  Soldán  trataba  bien  á  los  christianos 
que  moraban  en  las  tierras  de  sus  señoríos,  ellos  an- 


BEYES  DE  CASTILLA. 

símesmo  trataban  bien  á  otros  muchos  moros  que 
estaban  derramados  en  sus  reynos,  é  tierras ,  é  pro- 
vincias que  viven  so  su  imperio  ,  é  conservan  sus 
personas  en  toda  libertad ,  é  poseen  sus  bienes  li- 
bremente ,  é  los  consienten  vivir  en  su  ley  con  toda 
esencion ,  sin  les  facer  premia  ;  é  que  esta  conser- 
vación é  libertad  habían  guardado  á  los  moros  de 
algunas  cibdades  é  villas  é  tierras  de  aquel  Reyno 
de  Granada,  que  habían  querido  estar  debaxo  de  su 
imperio  ,  é  gozarían  de  ella  con  todos  los  que  qui- 
siesen estar ;  pero  que  á  los  otros  rebeldes,  é  á  aque- 
llos que  tiránicamente  presumen  de  poseer  la  tier- 
ra que  no  es  suya,  é  facer  guerra  á  los  christianos 
sus  subditos,  é  pugnan  por  tomar  las  cibdades  é  vi- 
llas de  su  señorío  ,  que  su  Santidad  veía  bien  quan- 
ta  razón  había  de  resistir  su  tiranía,  é  de  facerles 
guerra  fasta  que  dexen  la  tierra,  salvo  sí  quisiesen 
vivir  en  ella  debaxo  de  su  imperio  como  los  otros 
moros  que  moran  ó  viven  en  otras  partes  de  sus 
reynos. 

Esta  respuesta  dieron  el  Rey  é  la  Reyna  por  sus 
letras  al  Santo  Padre ;  é  f  ablaron  largament  e  con 
aquellos  Frayles  del  Sepulcro  santo  de  Jerusalem  , 
que  traxíeron  esta  embaxada  del  Soldán,  informán- 
doles de  estas  cosas,  para  que  las  diesen  á  entender 
al  Soldán.  Dada  esta  respuesta,  é  despedidos  aque- 
llos Frayles  embaxadores,  la  Reyna  les  dio  mil  du- 
cados cada  año  situados  en  sus  rentas;  los  quales 
dio  orden  que  se  llevasen  á  Jerusalem  por  cambios 
cada  un  año,  para  que  las  cosas  necesarias  al  culto 
divino  se  ficíesen  en  el  santo  sepulcro  mas  honra- 
damente. Otrosí  les  dio  un  velo ,  que  ella  movida 
con  devoción  había  fecho  por  sus  manos,  para  po- 
ner encima  del  santo  Sepulcro. 

CAPÍTULO  CXIIL 

De  la  gente  que  la  Reyna  embió  á  llamar  de  nuevo  para  estar  en 
el  cerco  de  Baza. 

El  cerco  de  la  cíbdad  de  Baza  se  dilataba  porque 
los  moros,  como  quier  que  había  quatro  meses  que 
estaban  cercados,  pero  no  mostraban  tener  mengua 
de  lo  necesario,  é  siempre  parescía  estar  vivos  en 
sus  fuerzas,  porque  todos  los  días  salían  á  pelear  y 
escaramuzar  con  los  christianos.  E  algunos  de  los 
moros  que  se  salían  de  la  cíbdad  é  venían  al  real, 
informaban  al  Rey  que  el  caudillo  de  Baza  los  es- 
forzaba, díciéndoles  que  el  real  no  podría  durar  allí 
muchos  días,  porque  la  primera  lluvia  que  viniese 
los  constrifierian  que  lo  alzasen.  Otrosí  lo  decían 
que  algunos  christianos  de  los  que  se  pasaban  del 
real  á  la  cíbdad  avisaban  al  caudillo  de  la  poca 
gente  que  el  Rey  tenía,  porque  mucha  de  laque  ha- 
bía traído  era  consumida,  dellos  muertos,  é  dellos 
f  eridos,  é  ptros  dolientes.  Otrosí ,  que  le  decían  de  la 
dificultad  que  había  en  el  traer  de  los  mantenimien- 
tos ,  é  de  la  gran  carestía  con  que  se  vendían  ,  é  de 
la  falta  de  dinero ,  é  de  otras  menguas  que  cada  día 
recrescian  en  el  real;  las  quales  cosas,  é  también  la 
fortuna  del  invierno  que  esperaban ,  constriñeria  á 
que  lo  aLsasen ;  é  alzado ,  ellos  se  repararían  de  los 


DON  FERNANDO 
males  pasados ,  é  cobrarían  la  tierra  que  habían  per- 
dido ,  é  como  victoriosos  gozarían  de  aquella  honra 
que  es  otorgada  á  los  vencedores.  E  con  estas  razo- 
nes que  oían  los  moros  ,  estaban  tan  constantes  en 
la  defensa  de  la  cibdad ,  que  no  querían  oír  partido 
ninguno  de  los  que  les  eran  ofrescidos. 
•  Sabido  esto  por  el  Eey,  é  considerando  que  el 
cerco  se  prolongaría,  é  que  en  las  peleas  y  escara- 
muzas pasadas  la  gente  de  su  hueste  se  había  algo 
diminuido,  embiólo  á  decir  á  la  Reyna,  la  qual  em- 
bió  luego  sus  cartas  é  mensageros  á  algunos  Gran- 
des é  Caballeros  de  sus  Reynos ,  mandándoles  que 
viniesen  por  sus  personas,  ó  embiasen  sus  gentes 
para  contínar  el  cerco  que  el  Rey  tenía  sobre  la  cib- 
dad de  Baza. 

Recebídas  estas  cartas,  luego  vinieron  por  el  lla- 
mamiento de  la  Reyna  Don  Fadrique  de  Toledo, 
Duque  de  Alva,  é  Don  Fadrique  Enriquez,  Almi- 
rante mayor  de  Castilla,  é  Don  Pedro  Manrique, 
Duque  de  Náxera,  é  Don  Pedro  Alvarez  Osorio, 
Marqués  de  Astorga,  é  Don  Gabriel  Manrique,  Con- 
de de  Osorno,  é  otros  caballeros  con  gente  de  ca- 
ballo é  de  pié ;  é  algunos  Grandes  que  no  pedieron 
venir,  embiaron  sus  gentes  con  sus  capitanes,  se- 
gún les  fué  mandado.  Otrosí   algunas  cibdades  é 
villas  á  quien  la  Reyna  mandó  que  embiasen  peo- 
nes espíngarderos  é  lanceros  é  ballesteros ,  embia- 
ron luego  el  número  de  la  gente  que  les  embió   á 
mandar.  E  con  estos  caballeros  é  gentes  que  vinie- 
ron, se  fornesció  el  real  de  mas  gente,  é  la  hueste 
pudo  mejor  comportar  los  trabajos  de  las  guardas 
é  peleas  contínas  que  se  habían  con  los  moros.   E 
porque  ambos  á  dos  reales  estoviesen  mejor  fornes- 
cidos  de  gentes ,  mandó  el  Rey  al  Duque  de  Náxo- 
ra  que  se  aposentase  en  el  real  do  estaba  el  artille- 
ría, é  con  él  otros  homes  á  caballo ,  é  gentes  de  pié 
de  los  que  vinieron  por  el  llamamiento  de  la  Rey- 
na. Y  en  el  real  donde  el  Rey  estaba ,  se  aposenta- 
ron el  Duque  de  Alva,  y  el  Almirante,  y  el  Marqués 
de  Astorga,  y  el  Conde  de  Osorno  con  toda  la  otra 
gente  de  armas  que  traxieron.  E  como  quier  que  los 
moros  veían  las  gentes  que  de  nuevo  venían  á  con- 
tínar en  aquel  sitio ,  pero  entendiendo  que  aquella 
cibdad  habida  por  los  christianos  habría  poca  re- 
sistencia en  las  cibdades  de  Guadíx  é  Almería,  y  en 
todas  las  otras  villas  é  tierras  que  estaban  á  la  obe- 
diencia del  Rey  Moro  que  estaba  en  Guadíx,  acor- 
daron de  mostrar  esfuerzo,  é  avivar  mas  sus  fuer- 
zas para  se  defender  é  pelear  por  la  guarda  de 
aquella  cibdad.  Considerando  ansimesmo  la  Rey- 
na quanta  disfama  se  imputaría  á  la  conquista  por 
el  Rey  ;é  por  ella  comenzada  contra  aquel  Reyno 
de  Granada,  si  se  alzase  el  real  é  no  se  ganase  la 
cibdad,  trabajaba  en  bastecer  la  hueste  de  dineros 
é  gentes  é  de  todas  las  cosas  necesarias.  Este  real, 
todo  el  tiempo  que  estovo  puesto  sobre  aquella  cib- 
dad, cosa  es  digna  de  memoria  la  abundancia  que 
en  él  ovo  de  todas  las  cosas  ;  é  no  solamente  de  pan 
é  vino  é  carne,  pero  otrosí  de  armeros  ,  silleros, 
freneros  é  de  todos  los  otros  oficios  necesarios  en 
Job  reales;  mas  allende   desto  concurrieron   allí 


É  DOÑA  ISABEL.  493 

mercaderes  de  Castilla ,  é  de  Aragón,  é  del  Reyno' 
de  Valencia,  é  del  Principado  de  Cataluña,  y  del 
Reyno  de  Sicilia.  Los  quales  truxieron  brocados,  é 
sedas,  é  paños,  é  lienzos,  é  tapicerías,  é  algunas 
otras  cosas  que  moUecen  la  gente  de  guerra,  é  da- 
ñan é  no  aprovechan  en  las  huestes. 

CAPÍTULO  CXIV. 

De  las  escaramuzas  que  se  habían  con  los  moros  en  el  cerco  de  la 
cibdad  de  Baza. 

Todos  los  días  salían  los  moros  á  pelear  con  los 
christianos,  veces  con  aquellos  que  guardaban  las 
estanzas  que  tenían  puestas  los  del  real  del  artille- 
ría, é  otras  veces  con  las  guardas  de  la  sierra,  é 
muchos  días  con  aquellos  que  guardaban  los  casti- 
llos. Y  en  estas  peleas  siempre  facían  daño  é  lo  re- 
cebian ;  é  algunos  dias  facían  rebatos  dos  ó  tres  ve- 
ces, en  los  quales  convenía  que  todo  el  real  tomase 
armas  para  socorrerlas  partes  do  combatían. 

Acaesció  un  día  en  la  tarde  después  de  las  escara- 
muzas que  se  ovieron  en  la  mañana  por  dos  ó  tres 
partes,  sintiendo  los  moros  muy  grave  la  cava  é  pa- 
lizada que  habemos  dicho  que  se  f  acia  por  la  sierra 
alta,  acordaron  de  ferír  en  el  Comendador  mayor 
Don  Gutierre  de  Cárdenas,  que  tenía  cargo  de  la  fa- 
cer. E  pusiéronse  en  celada  en  una  rambla  fasta  qua- 
tro  mil  peones  é  docientos  homes  de  caballo;  é  como 
la  noche  vino,  é  los  christianos  que  trabajaban  é  guar- 
daban en  aquella  obra  se  retraxieron,  é  los  moros 
veyeron  que  la  guarda  del  día  se  iba  antes  que  la 
de  la  noche  llegase ,  arremetieron  una  esquadra 
delloB  con  gran  ímpetu  é  alarido  contra  el  Comen- 
dador mayor  de  León,  é  contra  Don  Rodrigo  de 
Mendoza ,  capitán  de  la  gente  del  Cardenal  que  le 
vino  á  socorrer.  Y  estos  dos  capitanes  ficieron  ros- 
tro á  los  moros  en  el  primero  acometimiento  é  pe- 
learon con  ellos ;  pero  quando  ovieron  conocimien- 
to de  la  celada  que  tenían  armada,  retraxieronse 
con  su  gente  á  un  cerro ,  fasta  que  vinieron  Don 
Sancho  de  Castilla  y  el  Comendador  Pedro  de  Ri- 
bera capitanes  con  sus  gentes  á  los  ayudar  ;  é  como 
los  veyeron  venir,  tornaron  contra  los  moros,  é  pe- 
learon con  ellos  por  lo  alto  é  por  las  faldas  de  la 
sierra ;  é  algunas  veces  retrayendo  los  moros  á  los 
christianos,  é  otras  veces  los  christianos  á  los  rao- 
ros,  caían  homes  ó  caballos  de  la  una  parte  é  de  la 
otra.  El  Rey,  visto  que  la  pelea  se  encendía,  mandó 
á  algunos  capitanes  que  acometiesen  á  los  moros 
por  otras  partes  ;  y  él  con  las  gentes  de  su  guarda 
fué  por  la  sierra  alta  por  esforzar  sus  gentes  que 
peleaban.  Los  moros,  visto  que  cargaba  gente  de 
los  christianos  contra  ellos  por  todas  partes,  se  re- 
traxieron á  sus  estanzas. 

En  esta  batalla,  que  duraría  por  espacio  de  dos 
horas,  recibieron  algún  daño  los  christianos,  porque 
fueron  feridos  peleando  Don  Sancho  de  Castilla, 
capitán,  é  Don  Carlos  de  Guevara,  é  Don  Alvaro  de 
Mendoza,  fijo  de  Ruy  Díaz  de  Mendoza,  Maestresa- 
la de  la  Reyna,  é  Pedro  de  Texeda,  capitán  de  la 
gente  del  Duque  de  Alva;  é  fué  muerto  Felipe  Or- 


494  CRÓNICAS  DE  LOS 

dofiez,  otro  capitán ,  de  las  muchas  feridas  que  re- 
cibió ;  é  fueron  feridos  é  muertos  otros  muchos  de 
pié  é  de  caballo.  Acaesció  en  esta  escaramuza,  quan- 
do  ya  los  unos  é  los  otros  se  retraían ,  que  un  caba- 
llero que  se  llamaba  Martin  Galindo ,  de  la  capita- 
nía del  Marqués  do  Cáliz,  llamó  á  batalla  singular 
de  uno  por  uno  á  un  moro  que  estaba  á  caballo.  El 
moro  visto  que  aquel  caballero  christiano  le  llama- 
ba, vino  para  él,  y  encontráronse  de  las  lanzas,  y 
y  en  el  primero  encuentro  el  christiano  derribó  al 
moro  del  caballo.  E  luego  como  el  moro  se  vido  en 
tierra,  aunque  f erido  en  la  cara,  se  levantó  presto  é 
cobró  su  lanza ;  é  antes  que  el  caballero  christiano 
le  pediese  tirar  golpe,  fué  contra  él,  é  peleó  con  él 
á  pié  con  tanta  fuerza  é  osadía,  que  le  firió  de  dos 
feridas,  una  en  la  mano,  é  otra  en  el  brazo  ;  é  ferié- 
rale  mas,  salvo  porque  fué  socorrido. 

Otros  algunos  mancebos  de  la  hueste,  embidiosos 
de  la  destreza  que  este  moro  tovo,  aunque  en  luga- 
res asaz  peligrosos,  se  ofrescian  á  facer  semejantes 
armas  con  algunos  de  los  moros.  Pero  el  Rey,  que 
no  menos  cuidado  tenia  de  la  guarda  de  sus  gentes 
que  de  la  victoria  que  esperaba ,  defendía  los  osa- 
dos atrevimientos  do  se  mostraba  el  peligro  mani- 
fiesto ;  otrosí  defendía,  que  no  se  moviesen  escara- 
muzas, porque  allende  de  ser  los  moros  mas  mos- 
trados que  otras  gentes  en  semejante  arte  de  pe- 
lear, los  lugares  do  las  movían  les  eran  tan  favora- 
bles, que  mas  veces  facían  daño  en  los  christianos 
que  lo  recibían.  Después  que  esta  pelea  acaesció, 
porque  de  los  moros  que  habían  salido  de  la  cibdad 
é  pasado  al  real ,  se  sospechó  que  quier  avisando  á 
los  de  la  cibdad,  quier  imaginando  de  facer  algún 
mal  en  la  hueste,  se  podría  seguir  algún  inconví- 
niente,  el  Rey  mandó  pregonar  que  dende  en  ade- 
lante ningún  moro  de  los  que  habían  salido  de  la 
cibdad  estoviese  en  el  real,  é  que  fuese  libre  á  qual- 
quier  lugar  que  quisiese  de  aquellos  que  estaban 
por  el  Rey  é  por  la  Reyna ;  é  que  si  dende  en  ade- 
lante algunos  otros  saUesen  de  la  cibdad  para  se 
pasar  al  real,  que  fuesen  captivos.  E  no  embargan- 
te este  pregón,  algunos  moros  que  sentían  la  men- 
gua de  los  mantenimientos  que  había  en  la  cibdad, 
ealian  é  se  venían  al  real,  of  resciéndose  de  voluntad 
por  esclavos  de  los  christianos  antes  que  padescer 
la  hambre  que  decían  padescer.  Pero  esta  mengua 
de  mantenimientos  no  se  sentía  defuera,  porque 
veían  el  Rey  é  los  de  la  hueste  todos  los  mas  días 
salir  caballeros  é  peones  bien  dispuestos,  é  que  pe- 
leaban como  homes  esforzados,  é  no  menguados  de 
mantenimientos. 

CAPÍTULO  CXV. 

De  la  celada  que  el  Rey  mandó  poner  á  los  moros  de  Baza. 

Los  moros  de  la  cibdad  de  Baza,  según  habernos 
dicho,  todos  los  días  salían  á  pelear,  é  acometían  á 
los  christianos  que  estaban  en  las  guardas  puestas 
por  todas  partes,  y  en  las  estanzas  é  castillos  que 
estaban  fechos  en  circuito  de  la  cibdad  por  la  parte 
t>{u;a  de  lo  llano.  E  allende  desto,  todas  las  veces 


REYES  DE  CASTILLA. 

que  los  christianos  acomedían  á  los  moros ,  siempre 
los  fallaban  prestos,  é  salían  á  pelear  por  quales- 
quier  partes  que  les  era  movida  la  escaramuza.  E 
porque  en  algunos  de  los  recuentros  é  peleas  habi- 
das en  los  dias  pasados  los  moros  se  sentían  vence- 
dores, cobraban  tan  grand  orgullo,  que  algunas  ve- 
ces teniendo  en  poco  la  fuerza  de  los  enemigos, 
arremetían  á  las  estanzas  de  los  christianos,  é  de  sal- 
to ferian  é  mataban  homes,  é  tomaban  armas  é  ro- 
pas, é  otras  cosas  de  las  que  ende  fallaban.  El  Rey, 
que  desde  su  menor  edad  fué  criado  en  las  guerras 
que  el  Rey  su  padre  tovo  en  la  tierra  de  Cataluña, 
y  era  bien  mostrado  en  todos  los  actos  que  se  reque- 
rían para  la  disciplina  militar,  é  tenia  buena  indus- 
tria en  las  cosas  del  campo,  vista  la  soltura  de  los 
moros,  é  que  su  orgullo  les  ponía  la  vida  en  aventu- 
ra, ordenó  de  armarles  una  celada  en  esta  manera. 
Mandó  al  Comendador  mayor  de  Calatrava,  é  a 
Antonio  del  Águila,  é  á  Diego  Hernández  de  Cór- 
doba, que  sueltos  sin  guardar  orden  de  batalla  cor- 
riesen con  las  gentes  de  sus  capitanes  contra  las 
estancias  de  los  moros.  E  mandó  á  Francisco  de 
Bovadílla,  capitán,  que  estoviese  en  una  celada  ;  ó 
al  Marqués  de  Aguilar,  é  á  Luis  Hernández  Puerto- 
carrero,  Señor  de  Palma,  é  á  Gonzalo  Hernández  de 
Córdoba,  capitán  é  Alcayde  de  Alora,  que  con  sus 
gentes  estoviesen  en  otra  celada;  y  el  Rey  se  puso 
en  otra  parte  encubierta  con  sus  gentes.  E  mandó 
á  los  de  las  celadas  que  á  cierto  toque  de  las  trom- 
petas saliesen,  é  que  la  una  celada  fuese  á  atajar  á 
los  moros  si  saliesen  por  una  parte,  é  la  otra  celada 
atajase  por  otra,  é  la  otra  gente  arremetiese  contra 
los  moros  que  saliesen. 

Dada  por  el  Rey  esta  orden ,  é  puestos  los  capita- 
nes en  los  lugares  de  las  celadas,  como  veyeron  los 
moros  las  gentes  de  los  tres  capitanes  primeros  ir 
sueltos  é  desordenados,  imaginando  que  iban  per- 
didos salieron  contra  ellos,  é  siguiéronlos  fasta  el 
lugar  do  estaba  una  de  las  celadas.  E  como  allí  fue- 
ron, el  Marqués  de  Aguilar,  é  Puertocarrero  é  los 
otros  capitanes  oído  el  signo  que  el  Rey  mandó  fa- 
cer á  las  trompetas,  salieron  de  sus  celadas;  é  no 
fueron  derechos  contra  los  moros ,  mas  fueron  por 
la  orden  que  el  Rey  había  dado,  á  los  lugares  do  se 
podían  atajar.  E  como  los  capitanes  moros  veyeron 
ansí  sus  gentes  atajadas  de  la  una  parte,  é  que  los 
de  la  otra  celada  venían  contra  ellos,  conociendo  su 
peligro  volvieron  las  espaldas,  fuyendo  á  se  meter 
en  sus  albarradas,  é  los  christianos  empos  dellos. 
Pero  antes  que  pediesen  llegar  á  sus  defensas ,  los 
christianos  ñrieron  en  ellos ,  é  mataron  fasta  qua- 
trocíentos  moros  é  mas  de  cien  caballos,  sin  que  los 
moros  volviesen  rienda  á  se  defender  ni  pelear.  Los 
christianos  habido  aquel  vencimiento,  se  volvieron 
sin  recebir  daño.  E  ni  por  la  caída  que  los  moros 
ovieron  este  día,  se  les  amansó  el  ánimo  para  tor- 
nar á  la  pelea,  antes  el  dolor  que  sintieron  les  des- 
pertó la  ira,  para  luego  otro  día  ponerse  en  una  ce- 
lada, para  tomar  algunos  christianos  que  andaban 
desmandados,  é  otros  cogiendo  atocha.  Y  esperan- 
do que  la  guarda  de  la  noche  se  fuese,  é  antes  (juq 


DON  FERNANDO 
llegase  la  qne  había  de  gnardar  el  dia  en  aquella 
parte,  los  moros  salieron  fasta  setenta  de  caballo  é 
quinientos  peones  del  lugar  do  estaban  encubiertos, 
é  fueron  contra  los  christianos,  é  mataron  algunos, 
é  prendieron  otros ,  é  mataron  algunas  bestias,  an- 
tes que  los  caballeros  que  venian  á  la  guarda  los 
pediesen  socorrer. 

CAPÍTULO  CXVI. 

De  otro  recuentro  qne  ovieron  los  christianos  con  los  moros  en  el 
cerco  de  Baza. 

El  Rey  algunos  dias  iba  desde  su  real  á  lo  alto  de 
la  sierra,  por  ver  la  cava  é  castillo  que  habernos 
dicho  que  en  aquellas  partes  se  facían.  E  iban  en  la 
guarda  de  su  persona  con  sus  gentes  Don  Diego 
López  Pacheco,  Marqués  de  Villena,  é  Don  Pedro 
Enriquez,  Adelantado  mayor  del  Andalucía,  é  Don 
Enrique  Enriquez,  su  Mayordomo  mayor.  E  mandó 
á  Don  Rodrigo  de  Mendoza ,  é  á  Don  Hurtado  de 
Mendoza,  Adelantado  de  Cazorla,  Capitanes  de  la 
gente  del  Cardenal  de  España,  é  á  Don  Sancho  de 
Castilla,  que  habían  tenido  la  guarda  del  campo  en 
la  sierra  la  noche  antes,  que  no  dexasen  la  guarda 
que  tenían  fasta  que  viniesen  los  Condes  de  Cabra 
é  de  Urueña,  y  el  Marqués  de  Astorga,  é  los  otros 
caballeros  que  habían  de  tener  la  guarda  del  dia  en 
aquel  lugar,  porque  él  podiese  bien  ver  desde  lo 
alto  la  cibdad,  é  los  lugares  á  donde  mejor  se  po- 
dían acercar  las  estancias  contra  los  arrabales. 

Los  moros,  que  tenían  propósito  de  poner  sus 
fuerzas  para  impedir  la  obra  que  sobre  la  sierra  se 
facía,  salieron  fasta  quatrocientos  de  caballo  é  tres 
mil  peones,  6  fueron  por  la  sierra  arriba  contra  la 
batalla  de  Don  Rodrigo  de  Mendoza,  é  del  Adelan- 
tado su  tío,  é  de  Don  Sancho  de  Castilla,  é  pelearon 
con  ellos.  E  porque  de  la  cibdad  salían  mas  moros 
en  ayuda  de  los  que  primero  acometieron  la  pelea, 
el  Rey  mandó  al  Conde  de  Tendilla  que  acometiese 
á  los  moros  por  otro  lugar,  á  fin  que  dexasen  la  pe- 
lea comenzada  contra  los  capitanes  é  gentes  del 
Cardenal  é  de  Don  Sancho  de  Castilla.  El  Conde 
de  Tendilla  acometió  según  le  fué  mandado  por  otra 
parte  á  los  moros  que  estaban  cerca  de  la  cibdad, 
los  quales  salieron  contra  él,  é  comenzaron  á  ferir 
en  su  gente  con  acometimiento  tan  arrebatado,  que 
algunos  de  los  caballeros  é  peones  que  con  él  iban, 
no  podiendo  sufrir  el  ímpetu  riguroso  de  los  mo- 
ros, ni  los  muchos  tiros  de  pólvora  é  saetas  é  lanzas 
que  tiraban ,  volvieron  las  espaldas  é  dexaron  al 
Conde ;  el  qual  pensando  que  si  se  retraía  del  lugar 
do  estaba,  podría  él  é  los  suyos  que  con  él  queda- 
ron recebir  mayor  peligro ,  con  grand  esfuerzo  sos- 
tuvo aquel  lugar  peleando  ó  sufriendo  la  fuerza  de 
los  enemigos,  fasta  que  de  la  gente  del  real  vinie- 
ron &  le  socorrer. 

Visto  por  el  Rey  que  los  moros  duraban  en  la 
pelea  por  aquellas  partes,  embió  á  mandar  al  Maes- 
tre de  Santiago  que  cometiese  á  los  moros  por  una 
parte,  é  al  Marqués  de  Cáliz ,  é  al  Duque  de  Náxera, 
é  á  los  Comendadores  de  Calatrava  é  Alcántara,  ó 


É  DOÑA  ISABEL.  495 

á  Francisco  de  Bo vadíllá ,  que  entrasen  á  ferir  en 
los  moros  por  la  parte  del  real  donde  estaba  el  ar- 
tillería. 

Los  moros  ansimesmo  salieron  contra  esta  terce- 
ra esquadra  de  gente,  é  pelearon  con  ellos ,  é  algunas 
veces  los  moros  retraían  á  los  christianos,  é  otras 
veces  los  christianos  retraían  á  los  moros.  Oido  por 
los  que  estaban  en  el  real  que  el  Rey  peleaba ,  ar- 
máronse todas  las  gentes  de  la  hueste,  é  fueron  á 
donde  el  Rey  estaba  ;  é  juntos  con  los  que  primero 
peleaban,  fueron  contra  los  moros.  Los  quales  no 
podiendo  sofrir  la  fuerza  de  los  christianos  que  por 
tantas  partes  les  movieron  la  pelea,  fuyeron  por  las 
cuestas,  é  los  christianos  los  siguieron  firiendo  é 
matando  en  ellos,  fasta  que  los  metieron  por  los 
arrabales  de  la  cibdad,  en  los  quales  entraron  mu- 
chos de  los  peones  christianos,  é  sacaron  de  las  ca- 
sas de  los  moros  ropa  é  todo  lo  que  fallaban.  E  pe- 
dieran los  christianos  aquel  dia  ganar  los  arraba- 
les, salvo  por  las  grandes  cavas  é  palizadas  que  los 
moros  tenían  fechas,  las  quales  defendían  la  entra- 
da á  los  de  caballo.  También  impedia  que  no  po- 
diesen  entrar  muchos  peones  juntos  la  estrechura 
grande  que  había  en  las  entradas. 

En  la  batalla  deste  dia,  que  duró  por  espacio  de 
quatro  horas,  los  unos  é  los  otros  eran  iguales  en  el 
esfuerzo,  pero  á  los  christianos  ayudaba  el  mayor 
número,  é  á  los  moros  el  mejor  lugar.  E  al  fin  los 
caballeros  é  capitanes  christianos,  firiendo  é  sufrien- 
do golpes  de  muchas  partes ,  tovieron  ánimo  para 
ser  constantes,  é  haber  el  vencimiento  de  aquella 
pelea  ;  en  la  qual  si  por  ventura  alguno  de  su  natu- 
ral era  cobarde,  la  vergüenza  del  compañero,  é  la 
presencia  del  Rey,  le  constreñían  á  encubrir  su  fla- 
queza, é  á  mostrar  en  aquella  hora  fuerzas  y  es- 
fuerzo para  pelear.  E  por  cierto  la  presencia  del 
principe  mucho  face  en  las  batallas,  ansí  para  po- 
ner ánimo  á  los  suyos,  como  para  que  el  esforzado 
no  quede  sin  ser  galardonado,  y  el  flaco  no  quede 
sin  ser  conocido. 

Falláronse  muertos  de  los  christianos  trecientos 
homes,  caballeros  é  peones,  pero  ninguno  principal, 
salvo  un  mancebo  que  se  llamaba  Don  Juan  de  Lu- 
na, fijo  heredero  de  la  casa  de  Luna  en  Aragón,  ó 
algunos  feridos.  De  los  moros  se  fallaron  muertos 
mas  de  quinientos,  é  muchos  caballos  de  la  una  par- 
te é  de  la  otra. 

CAPÍTULO  CXVII. 

De  las  cosas  que  se  ficieron  en  el  real  de  Baza,  é  como  la  Reyna 
mandó  adobar  los  caminos. 

Pasados  cinco  meses  del  tiempo  que  el  Rey  tovo 
cercada  la  cibdad  de  Baza,  las  gentes  de  la  hueste 
estaban  trabajadas,  porque  era  necesario  salir  dos 
guardas  cada  dia,  é  otras  dos  de  noche ,  una  por  la 
parte  del  real  do  estaba  el  Rey,  é  otra  del  real  do 
estaba  el  artillería.  E  allende  destas  guardas,  por- 
que no  era  aun  acabada  la  cava  é  los  muros  que  se 
facían  en  circuito  de  la  cibdad  por  lo  alto  de  la 
sierra,  é  porque  se  recelaba  que  alguna  gente  de  la 


496 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cibdad  de  Granada  viniesen  á  Guadix  para  desde 
allí  venir  á  entrar  en  Baza ,  el  Rey  mandaba  poner 
en  aquellas  partes  gente  de  caballo,  que  anduvie- 
sen por  sobreguardas  en  las  montañas  é  lugares  al- 
tos, é  otras  guardas  escusañas,  y  escuchas  en  luga- 
res ciertos ,  fasta  llegar  bien  cerca  de  la  cibdad. 
Allende  desto,  las  gentes  de  armas  estaban  traba- 
jadas de  las  escaramuzas  é  peleas  que  continamen- 
te hablan  con  los  moros,  donde  todos  los  mas  dias 
había  f erídos  é  muertos  homes  é  caballos  ;  pero  la 
esperanza  de  la  victoria  les  facía  sofrir  la  pena  de 
los  trabajos,  especialmente  porque  los  mas  dias  sa- 
lían moros  de  la  cibdad  que  se  daban  á  los  chris- 
tianos,  eligiendo  mas  el  captiverio  que  la  mengua 
de  los  mantenimientos  que  decían  haber  en  la  cib- 
dad. Y  estos  daban  esperanza  cierta  al  Rey  que 
prestamente  la  habría,  especialmente  por  la  men- 
gua del  pan  é  de  la  sal,  é  de  otras  cosas  necesarias 
á  la  vida.  Ansimesmo  decían,  que  el  Caudillo  é  los 
moros  de  la  cibdad  habrían  demandado  partido  de 
entregar  la  cibdad,  salvo  por  algunos  christianos 
que  se  pasaban  á  ellos,  é  les  daban  confianza  cierta 
que  el  Rey  no  se  podría  sostener  por  los  grandes  tra- 
bajos que  las  gentes  padescian  en  los  muchos  dias 
que  allí  habían  estado,  é  por  las  menguas  é  cares- 
tías de  viandas  que  había  en  la  hueste  ,  é  por  el 
tiempo  del  invierno  quo  venia  presto :  en  el  qual 
seria  imposible  según  la  calidad  de  la  tierra,  estar 
gente  en  el  campo.  Y  estas  informaciones  que  se 
habían  acá  é  allá,  facían  á  los  unos  é  á  los  otros  so- 
frir los  trabajos  que  padescian,  los  unos  pensando 
ser  descercados,  é  los  otros  esperando  haber  la  cib- 
dad. La  Reyna ,  que  estaba  en  Jaén,  siempre  pro- 
veía de  dineros  para  el  sueldo,  é  mandaba  ir  las  re- 
quas  de  los  bastimentos  continamente,  porque  no 
oviese  falta  de  lo  necesario  en  el  real.  Ansimesmo  el 
Rey  mandó  facer  casas  en  el  real ,  para  defensa  del 
frío  é  de  las  aguas  que  con  el  tiempo  del  invierno  es- 
peraban. E  luego  los  Grandes,  é  caballeros,  é  capi- 
tanes que  estaban  en  el  real,  ficieron  casas  de  tapias, 
é  cubiertas  de  madera  é  texa,  de  tal  manera  que  era 
defensa  para  las  fortunas  del  invierno,  é  del  frió  é  del 
sol.  En  facer  estas  casas  ovo  tanta  diligencia,  que 
en  espacio  de  quatro  dias  ficieron  mas  de  mil  casas 
puestas  en  orden  por  sus  calles.  E  allende  de  las  ca- 
sas, todas  las  gentes  de  píe  ficieron  ramadas  é  chozas, 
cubiertas  de  tal  manera,  que  defendían  del  frío  ó  las 
aguas.  Pero  después  que  estas  casas  se  ficieron ,  so- 
brevino una  lluvia  tan  grande,  que  derribó  muchas 
dellas,  é  la  gente  del  real  padesció  mucha  pena,  é 
murieron  algunos  homes,  é  muchos  caballos  é  otras 
bestias.  E  allende  de  los  trabajos  que  sofrieron  con 
aquella  lluvia ,  se  dañaron  los  caminos  de  tal  ma- 
nera, que  las  requas  que  andaban  con  los  manteni- 
mientos no  los  podían  pasar  por  el  crecimiento  de 
los  ríos,  é  por  la  grandes  hoyas  é  barrancos  que  la 
fortuna  de  las  aguas  fizo.  E  porque  solo  un  dia  por 
esta  causa  cesaron  de  andar  las  requas,  ovo  tan 
grande  falta  en  el  real  de  pan  é  cebada,  que  las  gen- 
tes, quitada  toda  esperanza  de  poder  allí  durar,  se 
querían  ir  por  miedo  de  la  hambre  que  recelaban. 


La  Reyna,  sabido  aquel  incon viniente,  luego  em- 
bió  muchos  oficiales  é  fasta  seis  mil  peones,  para 
reparar  los  caminos.  Y  estos  maestros  é  peones  fi- 
cieron calzadas  é  puentes  tantas,  que  duraron  siete 
leguas  de  tierra,  por  donde  pedieron  pasar  las  re- 
quas de  los  mantenimientos.  É  las  gentes  de  armas 
que  el  Rey  mandó  estar  de  contino  derramadas  por 
los  cerros  é  por  otros  lugares  para  guarda  de  loa 
caminos,  ficieron  dos  sendas,  una  para  las  requas 
que  iban  con  los  mantenimientos,  é  otra  para  los 
que  venían;  porque  yendo  é  viniendo  los  unos,  no 
impidiesen  el  camino  á  los  otros. 

CAPÍTULO  CXVIII. 

De  la  forma  qne  la  Reyna  tovo  para  bastecer  de  dineros  é  mante- 
nimientos  á  la  hueste  que  el  Rey  tenia  sobre  Gaza. 

Recontado  habernos  en  esta  Crónica  como  ningu- 
na conquista  de  tierras  ni  de  reynos  se  lee,  donde 
se  requiriesen  tantas  cosas,  ni  oviese  tantos  peligros 
para  llevar  los  mantenimientos  necesarios  á  las 
huestes,  como  en  esta  conquista  del  Reyno  de  Gra- 
nada, que  el  Rey  Don  Fernando  é  la  Reyna  Doña 
Isabel  su  muger  conquistaron;  porque  sí  algunos 
reyes  y  emperadores  guerrearon  reynos  é  provincias 
aquellos  habían  los  mantenimienlos  para  su  hueste 
traídos  por  mar,  ó  por  riberas,  ó  en  carros,  ó  ha- 
bíanlos de  las  mismas  tierras  que  conquistaban, 
que  abundaban  en  vituallas;  contrario  de  lo  que 
fué  en  esta  guerra,  porque  no  solamente  convenia 
traer  mantenimientos  para  la  gente  de  la  hueste, 
mas  allende  desto  era  necesario  traerlos  para  la 
gentes  que  moraban  en  la  tierra  que  se  ganaba,  é 
para  las  gentes  de  armas  que  quedaban  para  la 
guardar ;  é  ni  había  mar  cercana  por  do  se  traxie- 
sen ,  ni  ríos  que  se  pediesen  navegar,  porque  la 
tierra  era  de  tan  altas  sierras  é  tan  fragosos  cami- 
nos, que  ni  por  los  ríos,  ni  con  los  carros  se  po- 
dían traer.  Allende  desto,  era  necesario  gente  de 
armas,  que  contíno  andoviese  con  las  requas  que 
iban  á  los  reales,  para  los  segurar  de  los  enemigos. 
E  porque  ningún  mercader  se  movía  á  llevar  man- 
tenimientos para  los  vender  por  su  interese  proprio, 
por  las  dificultades  é  pérdidas  que  habían  en  los 
llevar,  la  Reyna  á  fin  de  tener  bastecida  su  hueste, 
mandó  alquilar  á  su  costa  catorce  mil  bestias.  Otrosí 
mandó  comprar  el  trigo  é  cebada  que  se  pudo  ha- 
ber en  todas  las  cibdades,  é  villas,  é  lugares  del 
Andalucía,  y  en  las  tierras  de  los  Maestradgos  de 
Santiago  é  Calatrava,  é  del  Priorazgo  de  San  Juan 
fasta  Gbdad-Real;  é  dio  cargo  á  unos  que  lo  reci- 
biesen, é  á  otros  que  lo  llevasen  á  los  molinos,  é  á 
otros  que  estoviesen  en  ellos  estantes,  solicitando 
las  moliendas,  y  entregando  la  fariña  á  las  requas, 
que  de  contino  andaban  acarreándolo  al  real ;  otroa 
tenían  cargo  de  recebir  la  cebada  y  embiarla.  Con 
cada  docientas  bestias  andaba  un  home  que  tenia 
cargo  de  solicitar  los  requeres,  é  los  ministrar  por 
los  caminos  é  proveerlos  de  lo  necesario,  porque  sola 
un  dia  las  requas  no  cesasen  de  andar.  Y  en  esta 
provisión  do  los  mantenimientos,  é  las  cosas  qu^ 


DON  FERNANDO 
para  ello  ae  requerían,  la  Reyna  estaba  contina- 
mente entendiendo;  é  todos  los  de  su  consejo  é  ofi- 
ciales por  su  mandado  estaban  solícitos,  porque  era 
necesario  embiar  todos  los  dias  cartas  é  mensageros 
á  todas  partes,  porque  no  cesasen  las  catorce  mil 
bestias  que  tenia  alquiladas  para  llevar  la  fariña  é 
cebada  que  era  menester  en  el  real;  lo  qual  recebian 
oficiales  puestos  por  la  Reyna,  é  lo  ponian  en  un 
lugar  que  se  llamaba  el  albóndiga.  É  aquellos  que 
lo  recebian,  tenian  cargo  de  lo  vender  á  los  de  la 
hueste  á  un  precio  tasado,  que  ni  bajaba  ni  subia 
mas. 

En  esta  negociación,  contado  el  precio  que  costa- 
ba el  trigo  é  la  cebada,  y  el  precio  á  como  se  ven- 
dia,  é  las  costas  que  sobre  ello  se  facian;  se  falló  de 
pérdida  en  tiempo  de  seis  meses  mas  de  quarenta 
cuentos  de  maravedís.  Pero  allende  de  los  otros 
gastos  que  se  facian,  convenia  á  la  Reyna  facer 
este  gasto,  á  fin  que  las  gentes  del  real  estoviesen 
bien  proveídos,  é  no  oviesen  razón  de  se  quexar  por 
la  carestía  de  los  matenimientos.  Otrosí,  porque  el 
cerco  que  se  puso  sobre  esta  cibdad  se  dilataba,  y 
el  tiempo  habia  consumido  gran  suma  de  dineros 
que  la  Reyna  al  principio  tenia,  ansí  de  la  cruzada, 
como  del  subsidio  é  de  sus  rentas,  para  sostener 
esta  guerra,  acordó  de  echar  prestido  en  todos 
sus  Reynos.  E  luego  embió  sus  cartas  á  todas 
las  cibdades  é  villas,  para  que  le  prestasen  cierta 
Buma  de  maravedís,  según  el  repartimiento  que  á 
cada  uno  cupo.  Allende  desto,  escribió  á  perlados  é 
caballeros,  é  dueñas,  é  mercaderes,  é  otras  personas 
singulares,  que  le  prestasen  lo  que  le  pediesen  pres- 
tar. É  todos  conociendo  que  la  Reyna  tenia  cuida- 
do de  pagar  bien  estos  prestidos,  la  prestaban  cada 
uno  lo  que  podía  según  su  facultad.  É  algunos  ca- 
balleros é  dueñas,  é  otras  personas,  conociendo  la 
necesidad  en  que  estaba,  é  veyendo  en  que  lo  gas- 
taba, se  movían  de  su  voluntad  á  le  prestar  algunas 
sumas  de  oro  é  de  plata  sin  ge  lo  demandar.  É  por- 
que estos  prestidos,  que  podían  ser  en  número  de 
cien  cuentos,  no  bastaban  á  los  gastos  continos  que 
Be  recrescian  en  la  guerra,  acordó  de  vender  alguna 
cantidad  de  maravedís  de  sus  rentas,  para  que  las 
oviesen  por  juro  de  heredad  qualesquíer  personas 
que  los  querían  comprar,  dando  diez  mil  maravedís 
por  un  millar.  B  destos  maravedís  que  á  este  precio 
compraron  muchas  personas  de  sus  Reynos  les  man- 
daba dar  sus  privilegios  para  que  les  fuesen  situa- 
dos en  qualesquíer  rentas  de  las  cibdades,  villas  é 
lugares  de  sus  Reynos,  para  que  los  oviesen  é  lle- 
vasen todos  los  años,  fasta  que  les  mandasen  vol- 
ver las  quantías  de  maravedís  que  por  ellos  dieron. 
É  deste  empeñamiento  de  rentas  se  ovieron  asaz 
quantías  de  maravedís;  pero  porque  todo  este  dine- 
ro se  consumía,  é  no  bastaba  á  los  grandes  gastos 
del  sueldo  contino,  é  otras  cosas  concernientes  á  la 
guerra;  la  Reyna  embió  todas  sus  joyas  de  oro  é  de 
plata,  é  joyeles,  é  perlas,  é  piedras  á  las  cibdades 
de  Valencia  é  Barcelona,  á  las  empeñar;  é  se  empe- 
ñaron por  grande  suma  de  maravedís. 

Cr.~III. 


É  DOÑA  ISABEL. 


497 


CAPÍTULO  CXIX. 


De  los  baluartes  qne  el  Rey  mandó  facer,  é  de  las  peleas  que 
ovieron  con  los  moros  en  el  real  de  Baza. 

El  real  do  estaba  la  gente  que  guardaba  el  arti- 
llería, era  mas  cercano  á  la  cibdad  que  el  otro  real 
do  estaba  el  Rey.  É  como  quier  que  según  habemos 
dicho,  del  un  real  al  otro  habia  espacio  de  una  le- 
gua; pero  todos  los  mas  dias  el  Rey  iba  á  visitar 
aquel  real,  é  lo  mandaba  proveer  de  gentes  é  de  lo 
que  era  necesario.  É  porque  consideró  que  los  mo- 
ros de  la  cibdad  estarían  mas  apremiados  estando 
las  estancias  de  los  suyos  mas  cercanas,  mandó  que 
un  baluarte  que  estaba  fecho  contra  una  estancia 
de  los  moros  se  acercase  mas  adelante,  é  dio  el  car- 
go para  lo  facer  al  Marqués  de  Cáliz  é  al  Duque  de 
Náxera,  é  á  los  otros  caballeros  que  estaban  con 
ellos  en  el  real  del  artillería.  É  una  noche,  que  to- 
vieron  la  guarda  por  la  parte  de  la  sierra  el  Maes- 
tre de  Santiago,  é  por  la  parte  de  lo  llano  el  Duque 
de  Alva,  y  el  Almirante  de  Castilla,  y  el  Marqués 
de  Astorga,  y  el  Conde  de  Osorno,  comenzaron  los 
christíanos  con  dos  mil  peones  á  facer  el  baluarte 
que  el  Rey  mandó;  é  los  caballeros  peleando,  é  los 
peones  cavando,  se  acabó  de  facer  tanto  cerca  de 
las  estancias  de  los  moros,  que  se  tiraban  piedras 
de  mano  los  unos  á  los  otros.  Los  moros  quando 
otro  día  veyeron  el  baluarte  fecho  tan  cerca  de  sus 
estancias,  tiráronle  con  sus  búzanos,  é  movían  pe- 
leas contra  la  gente  que  lo  guardaba;  y  estas  eran 
tantas,  que  convenia  á  los  christíanos  mudar  cada 
hora  la  gente  que  guardaba  aquel  baluarte,  porque 
los  unos  descansasen  en  tanto  que  los  otros  pelea- 
ban. Pasados  quatro  dias  después  que  aquel  baluar- 
te se  fizo,  salieron  de  la  cibdad  fasta  cient  moros 
de  caballo,  por  tomar  algunos  christíanos  que  ve- 
yeron andar  desordenados  por  el  circuito  do  había 
estado  la  huerta.  Como  los  vido  Don  Alvaro  de  Ra- 
zan que  acaso  se  acertó  fallar  en  aquella  parte,  fué 
con  su  gente  contra  aquellos  moros,  é  revolvióse  la 
pelea  entre  ellos,  que  duró  por  espacio  de  una  hora. 
En  este  comedio  Bernal  Francés  é  Sancho  del  Águi- 
la, capitanes,  salieron  por  otra  parte  á  dar  en  una 
estancia  de  los  moros  con  propósito  de  la  quemar; 
é  como  llegaron  con  sus  gentes  cerca  á  le  poner 
fuego,  salieron  contra  estos  dos  capitanes  fasta 
quinientos  moros  á  pié  é  á  caballo.  Y  estos  por  una 
parte,  é  Don  Alvaro  de  Bazan  por  la  otra,  pelearon 
con  los  moros,  donde  la  victoria  fué  varía,  porque 
los  moros  retraían  á  los  christíanos,  é  otras  veces 
los  chrístianos  vencían  á  los  moros.  El  Rey  venia 
en  este  tiempo  á  ver  el  baluarte,  é  la  cava  que  man- 
dó facer  en  el  real  del  artillería;  y  en  la  guarda  de 
su  persona  venían  con  sus  gentes  Don  Diego  López 
Pacheco,  Marqués  de  Villena,  é  Don  Enrique  Enrí- 
quez,  su  Mayordomo  mayor,  é  Don  Pedro  Enriquez 
Adelantado  mayor  del  Andalucía;  é  como  vido 
aquella  pelea,  mandó  á  aquellos  caballeros  que  ve- 
nían con  él,  que  fuesen  á  yudar  á  Don  Alvaro.  É 
como  los  moros  veyeron  venir  contra  ellos  mas 

32 


498 


CEÓNTCAS  DE  LOS  REYES  DE  OASTILLA. 


gentes,  retraxieronse  á  la  cibdad  con  daño  que  re- 
cibieron en  los  suyos  é  ficieron  en  los  christianos, 
donde  murieron  é  fueron  feridos  algunos  homes  é 
caballos;  especialmente  fué  ferido  aquel  capitán 
Don  Alvaro  de  Bazan,  después  que  le  mataron  el 
caballo  peleando. 

CAPÍTULO  CXX. 
De  algunas  escaramuzas,  é  otras  cosas  que  pasaron  en  el  real. 

El  cerco  sobre  la  cibdad  de  Baza  se  dilataba,  é 
las  gentes  recebian  grandes  trabajos,  ansí  en  las 
continas  escaramuzas  é  peleas  que  hablan  con  los 
moros,  como  en  las  guardas  de  noche  é  de  dia  que 
convenia  tener  fornescidas  con  mucha  gente  de  pié 
é  de  caballo  en  diversas  partes. 

Considerado  esto  por  el  Bey,  é  recelando  no  recre- 
ciesen en  el  real  lluvias  ó  otras  cosas  que  le  cons- 
triñesen á  lo  alzar,  é  porque  ovo  verdadera  infor- 
mación que  en  la  cibdad  habia  mantenimientos 
para  tres  ó  quatro  meses;  bien  quisiera  facer  algún 
partido  al  caudillo  é  á  los  moros,  é  algunas  veces 
les  embió  á  ofrecer  libertad  de  las  personas  é  segu- 
ridad de  los  bienes;  é  allende  desto,  facia  otras  mer- 
cedes al  caudillo  porque  se  le  entregase.  Pero  no  lo 
quiso  aceptar,  porque  creyó  que  estos  ofrescimien- 
tos  procedían  de  alguna  mengua  que  habia  ó  se  es- 
peraba haber  en  el  real,  é  daba  mayor  esfuerzo  á  los 
moros  para  ser  constantes  en  la  guarda  de  la  cibdad; 
especialmente  tenían  por  ciertas  las  lluvias  é  las  for- 
tunas del  invierno,  é  que  de  necesidad  farian  alzar 
el  real.  Con  esta  confianza ,  otrosí  por  mostrar  que 
ni  les  f alíesela  esfuerzo  en  sus  personas,  ni  manteni- 
mientos en  su  cibdad,  salían  todos  los  días  por  las 
partes  que  entendían,  á  dar  en  los  christianos  que 
estaban  en  las  guardas  de  los  que  facían  las  cavas. 

Acaesció  un  dia,  que  salieron  de  la  cibdad  fasta 
trecientos  homes  á  caballo  é  dos  mil  peones,  é  su- 
bieron por  la  sierra  á  lo  alto,  á  fin  de  tomar  algunos 
christianos,  y  estorbar  la  cerca  que  en  aquella  par- 
te se  continaba;  é  mataron  algunos  escuderos  del 
Conde  de  Urueña,  que  estaban  cerca  de  las  escuchas 
puestas  en  aquella  parte,  é  fueron  contra  otra  es- 
quadra  de  gente  de  á  caballo  que  estaba  en  un  cer- 
ro por  guarda,  é  ficíeronlos  retraer.  É  siguiendo 
tras  ellos,  sobrevino  el  Conde  de  Tendilla,  é  Gon- 
zalo Hernández  de  Córdoba  con  sus  gentes,  é  ficie- 
ron rostro  á  los  moros.  É  los  moros  se  vinieron 
para  ellos,  é  firiéronse  de  las  lanzas ;  é  con  muchos 
tiros  de  espingardas  que  habia  de  la  una  parte  é  de 
la  otra,  se  revolvió  entre  ellos  la  pelea,  de  tal  mane- 
ra que  los  chi-istianos  recebian  daño  de  los  moros 
por  causa  del  lugar  do  peleaban,  fasta  que  acudie- 
ron el  Conde  de  Urueña  é  Don  Alonso  de  Aguilar 
con  BUS  gentes  que  guardaban  en  aquella  parte.  Es- 
tos caballeros,  aunque  á  gran  peligro,  acometieron 
tan  de  recio  á  los  moros  peones  que  estaban  en  un 
cerro,  que  les  ficieron  perder  el  lugar  que  tenían,  ó 
retraer  á  sus  albarradas  é  defensas  que  tenían  en 
aquellas  partes.  En  este  recuentro  murieron  é  fue- 
roa  feridos  algunos  christianos;  é  los  moros  reci- 


bieron mayor  daño,  porque  retrayéndose  los  peones 
que  dexaron  en  el  cerro,  el  Conde  de  Urueña  é  Don 
Alonso  de  Aguilar  los  siguieron  fasta  la  cibdad,  ó 
mataron  gran  parte  dellos  antes  que  llegasen  á  las 
defensas.  E  como  quier  que  ansí  en  el  recuentro 
habido  este  dia,  como  en  los  que  se  ovieron  en  los 
otros  pasados,  la  gente  de  los  moros  menguaban 
pero  no  les  menguaba  el  esfuerzo  para  salir  todos 
los  días  á  pelear  por  todas  partes,  é  veces  tentaban 
de  noche  á  algunos  caballeros  de  los  que  estaban 
en  lo  llano,  otras  veces  subían  por  lo  alto  de  la 
sierra  á  los  lugares  donde  entendían;  é  algunas  ve- 
ces prendían  homes,  é  mataban  bestias,  é  traían  á 
la  cibdad  ganados  de  los  que  fallaban  cerca  de 
sus  albarradas ,  é  facían  otros  daños  que  no  se 
les  podían  resistir,  porque  tenían  grand  espacio  de 
tierra  do  pediesen  salir  á  su  salvo,  por  los  grandes 
barrancos  é  cuestas  que  habia  en  el  circuito  de  la 
cibdad  en  la  parte  de  la  sierra ;  é  salían  todas  las 
veces  que  les  era  mandado  por  sus  capitanes,  los 
quales  tenían  sus  gentes  tan  bien  acaudilladas,  que 
poniéndose  á  la  muerte  osaban  facer  todo  lo  que  les 
mandaban.  É  porque  fálleselo  dinero  para  pagar 
sueldo  á  los  moros  que  peleaban ,  el  caudillo  é  los 
cíbdadanos  tomaron  las  manillas  é  zarcillos  de  las 
mugeres  é  todas  las  joyas  de  oro  é  de  plata  que  te- 
nían en  la  cibdad;  lo  qual  ofrecían  de  su  voluntad, 
é  ficieron  dello  moneda  para  pagar  el  sueldo  que 
debían  haber  la  gente  de  armas  que  vino  á  defen- 
der la  cibdad. 

Como  el  Rey  fué  avisado  de  estas  cosas  que  en 
la  cibdad  pasaban,  considerando  que  ni  por  las 
muertes  ni  feridas  que  todos  los  días  los  moros  pa- 
descian  les  menguaba  el  esfuerzo  para  pelear,  ni 
por  la  mengua  de  las  cosas  necesarias  que  se  decía 
haber  en  la  cibdad  mostraban  flaqueza  para  recebir 
ningún  partido  de  los  que  les  ofrescian;  acordó  de 
lo  notificar  á  la  Reyna.  Y  embióle  á  rogar  que  vi- 
niese al  real,  que  era  como  una  villa  donde  había 
mas  de  mil  casas  fechas,  porque  mejor  fuese  infor- 
mada de  las  cosas  que  allí  pasaban.  Los  grandes  ó 
caballeros  que  cerca  del  Rey  estaban  en  su  consejo, 
le  embiaron  á  suplicar  esto  mismo,  dándole  á  enten- 
der, que  visto  por  los  moros  que  ella  venía  á  estar 
allí,  é  creyendo  que  el  Rey  con  ella  estaria  de  asien- 
to fasta  tomar  la  cibdad,  vernían  en  partido  de  la 
entregar.  É  sobre  esto  embiaron  á  ella  diversas  ve- 
ces, suplicándole  é  aun  requiríéndola  que  le  plo- 
guiese  de  lo  facer.  Pero  lo  que  se  decía  por  verdad 
que  movía  á  estos  que  procuraban  la  venida  de  la 
Reyna,  era  porque  enojados  de  los  trabajos  pasados 
é  temerosos  de  los  peligros  por  venir,  é  vista  la  per- 
tinacia de  los  moros,  é  sabido  que  tenían  manteni- 
mientos para  todo  el  invierno,  estaban  sin  esperan- 
za que  la  cibdad  se  pediese  tomar.  É  por  la  una 
parte  daban  su  voto,  é  consejaban  de  secreto  al  Rey 
que  alzase  el  real,  é  mandase  poner  las  guarnicio- 
nes en  circuito  de  la  cibdad  que  al  principio  acor- 
daba de  poner;  é  de  la  otra  parte  considerando 
los  trabajos  continos  que  la  Reyna  había  pasado  en 
forneecer  de  gente,  é  dineros,  é  mantenimientos  «I 


DON  FERNANDO 
real,  é  al  fin  de  tanto  tiempo  no  conseguirse  el  fru- 
to que  se  esperaba,  recelaban  de  consejar  en  públi- 
co lo  que  al  Rey  consejaban  en  secreto.  É  porque 
la  Reyna  viese  las  peleas  continas,  é  las  muertes  é 
feridas  que  todos  los  dias  habia  en  el  real,  é  las 
aventuras  é  grandes  peligros  é  trabajos  que  sofrían 
y  esperaban  sofrir  las  gentes  de  su  hueste,  y  el 
poco  fruto  que  de  todo  aquello  se  consiguia;  iusis- 
tian  suplicándole  que  todavía  viniese  al  real,  porque 
veyendo  en  persona  lo  que  oia  por  informaciones, 
que  le  placería  que  el  real  se  alzase,  dexando  guar- 
niciones de  gentes  en  circuito  de  la  cibdad. 

CAPÍTULO  CXXI. 
Como  la  Reyna  vino  al  real  de  Baza. 

La  Reyna,  movida  por  los  ruegos  del  Rey,  é  por 
las  muchas  suplicaciones  é  amonestaciones  de  los 
Grandes  é  Caballeros  que  con  él  estaban,  platicada 
primero  su  ida  con  el  Cardenal  de  España  é  con  los 
otros  de  su  consejo  ;  acordó  de  ir  al  real  que  el  Rey 
tenia  sobre  la  cibdad  de  Baza  ,  é  partió  de  la  cib- 
dad de  Jaén,  é  con  ella  el  Príncipe  Don  Juan  é  las 
Infantas  sus  fijas ,  y  el  Cardenal  de  España,  é  Don 
Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Arzobispo  de  Sevilla, 
que  después  fué  Patriarca  de  Alexandria  é  Carde- 
nal de  España,  y  el  Obispo  de  Avila  y  el  de  Coria, 
é  los  otros  Doctores  que  residían  en  su  consejo ,  é 
fué  para  la  cibdad  de  übeda.  B  mandó  quedar  en 
aquella  cibdad  al  Príncipe  Don  Juan  é  á  las  Infan- 
tas, ó  con  ellos  al  Arzobispo  de  Sevilla,  é  á  los  otros 
Obispos  é  Doctores  de  su  consejo  ;  y  ella  siguió  su 
camino  para  el  real  de  sobre  Baza,  é  con  ella  la  In- 
fanta Doña  Isabel,  su  fija,  y  el  Cardenal  de  Espa- 
ña ;  é  fueron  ansimesmo  con  ella  Doña  Beatriz  de 
BovadiUa ,  Marquesa  de  Moya ,  é  Doña  María  de 
Luna,  muger  de  Don  Enrique  Enriquez,  Mayordo- 
mo mayor  del  Rey  ,  é  Doña  Teresa  Enriquez,  mu- 
ger del  Comendador  mayor  de  León  Don  Gutierre 
de  Cárdenas,  é -otras  damas  é  doncellas  fijas-dalgo, 
que  estaban  en  el  contino  servicio  de  su  cámara. 
E  salió  el  Rey  al  camino  á  la  recebir,  é  con  él  el 
Maestre  de  Santiago,  y  el  Duque  de  Al  va,  y  el  Al- 
mirante de  Castilla,  é  los  Marqueses  de  Cáliz  é  de 
Astorga,  é  los  Condes  de  Urueña  é  de  Osorno,  é  to- 
dos los  otros  caballeros  que  estaban  en  el  real,  sal- 
vo aquellos  que  quedaron  en  las  guardas  de  la  sier- 
ra é  de  lo  llano ,  y  en  las  estancias  que  estaban 
puestas  contra  la  cibdad.  La  venida  de  la  Reyna  al 
real  fué  con  placer  común  de  todos ;  especialmente 
porque  como  las  gentes  estaban  enojadas,  deseaban 
ver  cosas  nuevas,  é  creían  que  su  venida  traería  tal 
novedad,  que  el  cerco  que  habia  durado  seis  meses 
con  grandes  trabajos  é  peligros,  habría  algún  buen 
fin  (1). 

Otrosí  los  moros,  sabida  la  venida  de  la  Reyna  é 
del  Cardenal  de  España,  no  podemos  pensar,  si  cre- 

(1)  Fué  esta  ida  de  la  Reyna  al  real  de  Baza  á  siete  de  Noviem- 
bre. Martyr,  epist.  79,  lib.  o,  nota  que  el  autor  se  halló  en  este  si- 
tio du  liaza. 


É  DOÍTA  ISABEti.  499 

yendo  que  venia  para  facer  asiento  fasta  tomar  la 
cibdad,  ó  movidos  por  alguna  otra  imaginación, 
pero  de  qualquier  cosa  que  ello  procediese,  fué  por 
cierto  caso  digno  de  admiración  ver  la  súbita  mu- 
tación que  en  su  propósito  se  vído.  E  porque  fui- 
mos presentes  é  lo  vimos,  testificamos  verdad  de- 
lante Dios  que  lo  sabe ,  é  delante  los  homes  que  lo 
veyeron  ;  que  después  que  esta  Reyna  entró  en  el 
real,  páreselo  que  todos  los  rigores  de  las  peleas, 
todos  los  espíritus  crueles,  todas  las  intenciones 
enemigas  é  contrai'ias  cansaron  é  cesaron,  é  pares- 
ció  que  amansaron  :  de  tal  manera,  que  los  tiros  de 
espingardas  é  ballestas  ó  de  todo  genero  de  artille- 
ría, que  sola  una  hora  no  cesaban  de  se  tirar  de  la 
una  parte  á  la  otra,  dende  en  adelante  ni  se  vído,  ni 
se  oyó,  ni  se  tomaron  armas  para  salir  á  las  peleas 
que  todos  los  dias  antepasados  fasta  aquel  día  se 
acostumbraban  tomar,  salvo  la  gente  del  real  que 
continaba  ir  á  las  guardas  del  campo  en  los  lugares 
que  solían  estar.  E  luego  el  Caudillo  comenzó  áfa- 
blar  con  los  christianos,  diciendo  que  quería  oir  lo 
que  el  Rey  é  la  Reyna  demandaban. 

CAPÍTULO  CXXII. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  cargo  al  Comendador  mayor  da 
León  que  rabiase  con  el  Caudillo  de  Baza. 

Como  el  Rey  ó  la  Reyna  sopieron  que  el  Caudillo 
de  Baza  quería  venir  á  fablar  cerca  de  la  entrega 
de  aquella  cibdad ,  porque  la  Reyna  deseaba  que 
quito  el  rigor  de  las  armas  ,  se  oviese  por  partido ; 
dieron  cargo  de  aquella  contratación  á  Doq  Gutier- 
re de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de  León,  é  man- 
dáronle que  fuese  á  fablar  con  el  Caudillo  de  la 
cibdad.  El  qual  informado  de  la  voluntad  final  del 
Rey  é  de  la  Reyna,  asentado  el  lugar  é  la  hora  don- 
de fablase,  é  dadas  las  seguridades  que  convenían 
de  se  dar  por  la  una  parte  é  por  la  otra,  el  Comen- 
dador mayor,  acompañado  de  gente  de  armas,  y  el 
Caudillo  de  Baza,  acompañado  de  ciertos  caballeros 
moros,  se  juntaron  en  el  lugar  acordado  á  vista  del 
real  é  de  la  cibdad.  El  Comendador  mayor  dixo  al 
Caudillo  estas  razones:  «Sí  vos  honrado  Caudillo 
2)pensaÍ8  que  fecho  lo  último  de  vuestro  poder,  po- 
ndréis al  fin  defender  la  cibdad  de  Baza  al  poderío 
»del  Rey  é  de  la  Reyna  mis  soberanos  señores :  dí- 
»goos,  que  aunque  sois  conoscido  por  caballero  es- 
»forzado,  seréis  habido  por  home  mal  aconsejado, 
«porque  según  vos  conocéis ,  ley  común  es  á  todos 
dIos  humanos   de  obedescer  al  mas  poderoso;  ó 
«qualquier  que  esta  ley  quiere  repugnar,  mas   se 
«puede  decir  cobdicioso  de  mala  muerte,  que  ama- 
»dor  de  verdadera  libertad.  E  porque  pienso  que  lo 
«entiende  bien  vuestra  prudencia,  vengo  á  os  do- 
«clarar,  que  la  voluntad  del  Rey  é  de  la  Reyna  de 
«España  es  haber  en  su  señorío  esta  cibdad  que  tie- 
»nen  cercada.  E  porque  conoscen  ser  mas  seguro  el 
«reynar  voluntario  que  el  imperio  forzoso,  querrían 
Kque  esto  se  ficiese  con  voluntad  vuestra  é  de  loa 
«cibdadanos  della,  á  fin  de  usar  con  vosotros  do 
«piedad,  ó  no  del  rigor  que  en  la  furia  del  vencí- 


500 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


amiento  no  tiene  templanza.  E  por  tanto,  honrado 
acaballero,  que  yo  sin  dabda  deseo  mas  el  bien  que 
3)la  perdición  vuestra,  vos  amonesto,  que  el  pensa- 
smiento  que  fasta  aquí  habéis  tenido  de  guerrear, 
))lo  convirtáis  en  haber  paz  ;  y  el  propósito  que  ha- 
»beis  sostenido  de  defender,  lo  mudéis  en  obedes- 
3)cer ;  é  la  crueldad  que  tiene  ocupado  vuestro  áni- 
»mo  para  dar  é  recebir  muertes,  la  reduzgais  en  dar 
»vida  ó  seguridad  á  vos  ó  á  vuestros  cibdadanos. 
»E  si  entendéis  que  á  Dios  é  á  vuestra  cibdad  habéis 
ídado  buena  cuenta  fasta  aquí  resistiendo,  de  aquí 
^adelante  ge  la  daréis  mejor  obedesciendo,  pues  no 
»podeÍ3  resistir.  Porque  notorio  es  á  vos,  buen  Caudi- 
»llo,  quanto  es  vana  ó  peligrosa  la  presumpcion  del 
acercado  que  se  detiene,  si  no  espera  ser  socorrido; 
»ó  si  no  es  cierto,  que  por  las  flacas  fuerzas  del  cer- 
3)cador  será  descercado.  E  si  por  ventura  vos  espe- 
))rais  socorro  de  vuestros  moros,  yo  os  consejo  que 
«insistáis  en  vuestro  propósito  ó  defendáis  vuestra 
«cibdad.  Pero  si  esto  no  esperáis,  é  pensáis  que  la 
afortuna  del  tiempo  constreñirá  que  se  alce  el  sitio 
wque  vedes  sobre  vuestra   cibdad ;  mirad  que  la 
jReyna  mi  señora  es  venida,  no  á  real  fornecido  de 
atiendas,  mas  á  cibdad  poblada  de  casas,  E  si  espe- 
jrais  que  habrá  mengua  de  combatientes  en  nues- 
tra hueste,  mirad  nuestras  batallas  llenas,  é  que 
Dtodos  los  dias  vienen  nuevas  gentes  de  guerra,  E 
))si  esperáis  la  falta  de  nuestras  provisiones,  mirad 
«nuestra  albóndiga,  que  abunda  en  todas  cosas  ne- 
«ccsarias  á  nuestros  mantenimientos.  E  si  por  ven- 
))tura  sois  informado,  que  al  Rey  é  á  la  Reyna  mis 
«señores  faltarán  dineros  para  sostener  la  guerra, 
»no  creáis  buen  caballero,  que  á  los  que  poseen 
agrandes  reynos,  é  señorean  ricos  homes,  puedan 
3>fallecerles   riquezas.  E  porque   acá    sabemos  que 
^vuestros  mantenimientos  cada  dia  menguan,  de- 
«beis  pensar  que  nuestra  esperanza  de  haber  presto 
«la  cibdad  todas  horas  cresce  ;  mayormente  porque 
ídebeis  creer,  que  después  de  seis  meses  de  tiempo 
«pasados,  é  después  de  tantos  gastos  fechos,  é  tra- 
íbajos  habidos  en  el  principio  é  medio  de  esta  con- 
«quista,  seria  mal  consejo  no  atender  el  fin  do  se 
«espera  la  victoria.  E  porque  esta  no  se  haya  con 
«aquel  rigor,  que  á  los  de  Málaga  por  ser  pertina- 
3>ces  vistes  padecer  ;  tomando  á  Dios  por  testigo  os 
«requiero,  que  hayáis  aquella  piedad  que  todo  buen 
Dcapitan  debe  usar  con  sus  cibdadanos  porque  no 
íse  pierdan;  é  agora   que  tenéis  lugar,  recibáis 
«buen  consejo,  antes  que  venga  tiempo  en  que  no  lo 
apodáis  haber.  E  yo  de  parte  de  Su  Alteza  os  ofrez- 
»co,  que  si  luego,  quito  todo  rigor  de  armas,  entre- 
«gais  esta  cibdad,  todos  los  que  estáis  en  ella  seréis 
aguardados  como  sus  subditos ,  é  conservados  en 
«vuestra  ley  y  en  vuestra  libertad,  y  en  la  posesión 
3)de  vuestros  bienes,  como  lo  facen  á  los  que  de  su 
«grado  se  han  puesto  en  sus  reales  manos.  E  de 
3>esto  vos  é  los  de  Baza  podéis  ser  seguros,  pues  la 
«experiencia  vos  ha  mostrado ,  que   ni  ellos  men- 
«guan  punto  de  su  palabra,  ni  yo  por  cierto  seria 
3>medianero  de  cosas  fingidas.   E  si  todavía  delibe- 
«ráredes  continar  en  vuestra  pertinacia^  considerad 


jagora,  buen  caballero,  qüanto  08  será  «argo  las 
«muertes,  captiverios  y  estragos  que  daríades  á  la 
«cibdad  de  Baza,  que  tanta  honra  ó  bienes  vos  ha 
«dado.  )>  Oidas  por  el  Caudillo  las  razones  que  el 
Comendador  mayor  le  fizo,  respondió  que  le  placía 
mucho  de  su  f  abla,  é  mucho  mas  de  su  conocimien- 
to. Porque  como  había  creído  del  ser  caballero  es- 
forzado, ansí  seria  verdadero  en  sus  palabras,  e 
que  tenia  en  merced  al  Rey  é  á  la  Reyna  el  ofreci- 
miento de  seguridad  que  embiaba  á  él  á  á  la  cibdad 
de  Baza.  Pero  porque  convenía  comunicarlo  con 
los  cibdadanos  é  viejos  de  la  cibdad,  habida  esta 
comunicación ,  respondería  la  final  conclusión  de 
lo  que  acordasen. 

CAPÍTULO  CXXIII. 

De  la  consulta  que  ovieron  el  Rey  Moro  é  los  de  Gnadlx,  para  qi» 
entregasen  la  cibdad  de  Baza. 

El  Caudillo  de  Baza  después  que  oyó  las  razones 
que  el  Comendador  mayor  de  León  le  dixo,  tomó, 
según  habemos  dicho ,  término  para  deliberar  con 
los  viejos  é  cibdadanos,  é  con  los  capitanes  que  con 
él  estaban,  lo  que  debían  facer.  Los  quales  acorda- 
ron, que  debían  embiar  al  Rey  moro  que  estaba  en 
Guadix,  á  le  notificar,  que  ni  en  la  cibdad  habia 
mantenimientos  para  se  sostener,  ni  en  el  real  de 
los  christíanos  había  mengua  dellos  porque  se  de- 
biese alzar ,  ni  menos  se  alzaría  por  ser  constreñi- 
dos de  la  fortuna  del  invierno  por  las  muchas  casas 
que  los  christíanos  tenían  fechas  é  de  nuevo  todos 
los  dias  facían,  para  que,  defendidos  de  las  fortunas 
del  tiempo,  pudiesen  durar  en  aquel  sitio.  E  para  le 
notificar  estas  cosas ,  el  Caudillo  embió  al  alcayde 
de  la  cibdad  de  Baza,  el  qual  dixo  al  Rey  Moro  el 
estado  en  que  estaban  los  de  la  cibdad,  é  las  men- 
guas que  tenían  de  lo  necesario,  las  quales  cada  día 
crescian,  é  como  en  seis  meses  que  habían  sofrido 
el  cerco  que  sobre  ellos  estaba,  faltaba  mucha  de  la 
gente  que  habia  entrado  en  la  cibdad' para  la  defen- 
der dellos  muertos,  é  dellos  ferídos,  é  muchos  que 
estaban  enfermos.  Ansímismo  les  f aüecian  las  ar- 
mas é  pólvora ,  é  otros  pertrechos  necesarios  á  la 
defensa ,  é  que  para  se  reparar  de  todo  esto,  les  era 
necesario  socorro  de  gente.  Porque  según  Dios  sa- 
bia é  á  los  homes  era  manifiesto ,  el  Caudillo  é  ca- 
pitanes, é  otras  gentes  que  en  aquella  cibdad  en- 
traron, habían  fecho  fasta  aquel  tiempo  todo  su 
poder  para  la  defender  con  las  muchas  peleas  que 
las  noches  é  los  días  habían  habido  con  los  chris- 
tíanos, las  quales  ya  no  podian  continar  por  la  fal- 
ta de  los  muertos,  é  flaqueza  de  los  que  quedaban 
vivos.  Por  ende,  que  si  pensaba  de  los  socorrer  cou 
tanta  copiado  moros  que  pediesen '  pelear  con  el 
poder  del  Rey  Don  Fernando ,  todos  los  trabajos 
habidos  fasta  aquel  tiempo  les  serían  alegres,  sí  de 
los  mayores  ó  mas  peligrosos  que  cada  hora  recela- 
ban los  pediese  salvar.  E  sí  este  socorro  no  podía 
facer,  le  ploguiese  dar  tal  consejo  de  salvación  á  la 
gente  de  los  moros,  para  que  en  lugar  del  giialar- 
don  que  por  sus  loables  trabajos  habían  merescidp, 


DON  FERNANDO 
no  oviesen  la  muerte  é  captiverio  que  recelaban. 
Allende  de  esto  le  dixo,  que  debía  considerar  quan- 
tas  cibdades  é  villas  de  aquel  Eeyno  eran  perdidas, 
é  quantos  de  sus  moradores  vencidos  é  captivos,  los 
campos  destruidos,  la  caballería  destrozada,  las  ri- 
quezas del  Reyno  perdidas  y  enagenadas  ;  é  que  en 
.^odas  las  cosas  pasadas  hablan  experimentado  la 
ventura  que  siempre  hablan  fallado  contraria. 

El  Rey  Moro,  oido  lo  que  el  alcayde  de  Baza  le 
dixo,  quiso  haber  deliberación  con  los  alfaquíes  é 
viejos  de  la  cibdad  de  Quadix,  sobre  lo  que  debia 
facer.  E  algunos  ovo  cuyo  voto  era,  que  debia  re- 
querir al  pueblo  de  Granada  que  era  grande ;  por- 
que vista  la  extrema  necesidad  en  que  estaban  los 
de  Baza ,  se  dispornian  á  tomar  armas,  é  se  junta- 
rían con  los  de  aquella  cibdad  de  Guadix,  é  los  unos 
con  los  otros  serian  tan  gran  número,  que  los  po- 
drían socorrer.  E  que  para  facer  este  socorro  se  de- 
bían disponer  á  todo  peligro ;  porque  si  la  cibdad 
de  Baza  se  entregase  á  los  christianos,  todo  el  Rey- 
no  de  Granada  habrían  en  su  poder,  é  los  moros  lo 
perderían  juntamente  con  la  esperanza  que  tenían 
de  lo  recobrar.  Otros  del  pueblo,  los  mas  principa- 
les, decían  que  muchas  veces  habían  requerido  á 
los  de  Granada ,  para  que  se  juntasen  con  ellos  á 
socorrer  á  los  de  Baza ;  é  como  quier  que  algunos 
se  disponían  á  lo  facer,  pero  la  mayor  parte  de  la 
cibdad  por  gozar  de  la  seguridad  que  los  christia- 
nos les  guardaban,  eran  negligentes,  é  ni  se  dispo- 
nían á  facer  guerra,  ni  á  se  juntar  con  ellos  á  facer 
aquel  socorro  ;  é  que  los  de  Guadix  no  eran  tantos 
ni  tales,  para  que  solos  lo  pediesen  facer.  Por  ende 
dixeron,  que  debían  los  de  Baza  ganar  seguridad 
del  Rey  Don  Fernando  é  de  la  Reyna  Doña  Isabel 
para  sus  personas  é  bienes,  é  que  les  [debían  entre- 
gar las  fuerzas  de  la  cibdad. 

El  Rey  Moro,  oídas  aquellas  razones,  é  conside- 
rando que  quanto  era  grande  su  deseo ,  tan  flaco 
era  su  poder  para  facer  aquel  socorro,  respondió  al 
alcayde  de  Baza  que  su  voluntad  no  era  que  sofrie- 
sen mas  trabajos,  ni  esperasen  mas  peligros  aque- 
llos que  con  fazañas  dignas  de  memoria  los  habían 
sof  rido  tanto  tiempo ;  por  ende,  que  fíciesen  aquello 
que  á  la  guarda  de  sus  personas  é  bienes  entendie- 
sen que  debia  ser  mas  cumplidero.  La  cibdad  de 
Guadix  era  grande  é  populosa ,  é  como  á  noticia  de 
la  comunidad  vino  el  voto  que  algunos  de  los  prin- 
cipales habían  dado  para  que  la  cibdad  de  Baza  se 
entregase,  é  como  al  Rey  Moro  f allescian  las  fuer- 
zas del  ánimo  para  sostener  el  señorío  que  perte- 
nescia  al  título  real  que  había  tomado,  é  para  reco- 
brar lo  que  había  perdido  ;  considerando  que  pues- 
ta la  cibdad  de  Baza  en  poder  de  los  christianos,  é 
la  cibdad  de  Guadix  quedarían  flacas  fuerzas  para 
se  defender,  ó  que  les  seria  forzoso  venir  en  poder 
del  Rey  é  de  la  Reyna;  luego  la  gente  común  se 
alteró,  é  la  seguridad  que  de  largos  tiempos  habían 
gozado  se  convertió  en  tristeza ,  considerando  como 
habían  de  mudar  la  servidumbre  que  tenían  anti- 
gua, é  venir  nuevamente  á  subjecion  de  rey  ageno 
de  su  ley  é  de  su  lengua.  E  como  quíer  que  algunos 


É  DOÑA  ISABEL.  50Í 

decían,  que  por  la  defensa  de  bu  ley  é  de  su  liber- 
tad debían  tomar  armas  é  poner  en  defensa  ;  pero 
otros  conoscida  su  flaqueza  é  la  fuerza  del  Rey  é 
de  la  Reyna,  decían  que  debían  ponerse  en  la  sub- 
jecion de  su  imperio.  E  con  esta  diversidad  de  vo- 
tos ,  ovo  entre  ellos  grandes  escándalos ;  porque 
privados  del  entendimiento  con  la  súbita  mudanza, 
no  pensaban  tener  lugar  seguro,  ni  amigo  cierto 
que  los  amparase,  ni  sabían  procurar  paz,  ni  seguir 
guerra,  ni  los  consejos  de  sus  mayores  tenían  auto- 
ridad, ni  con  la  turbación  sabían  discernir  lo  que 
les  seria  mas  seguro.  E  todos  vagando  acá  é  allá, 
llenos  de  miedo,  é  privados  de  toda  buena  razón, 
preguntaban  si  podían  haber  seguridad  de  la  vida, 
Conoscida  por  los  principales  de  la  cibdad  aquella 
confusión,  con  palabras  de  seguridad  é  de  paz  pro- 
metieron de  les  haber  toda  libertad  de  sus  personas 
é  pacífica  posesión  de  sus  bienes ,  é  que  permanes- 
cerían  en  la  ley  de  sus  padres.  E  con  estas  prome- 
sas, el  pueblo  que  ligeramente  se  mueve  á  todas 
partes,  cesó  de  aquella  alteración  en  que  estaba. 

CAPÍTULO  CXXIV. 

De  la  respuesta  que  el  Caudillo  de  Baza  dió  al  Comendador  m»- 
yor  de  León  sobre  la  entrega  de  la  cibdad  de  Baza. 

Quando  el  Caudillo  é  capitanes  de  Baza  fueron 
informados  por  el  alcayde  de  la  respuesta  que  el 
Rey  Moro  que  estaba  en  Guadix  le  dió,  la  qual  nin- 
guna esperanza  les  ponía  de  socorro,  embió  á  decir 
al  Comendador  mayor  de  León,  que  le  ploguiese  ve- 
nir á  aquel  lugar  donde  le  había  movido  la  prime- 
ra fabla,  é  que  le  daría  la  final  respuesta.  El  Co- 
mendador mayor,  consultando  lo  primero  con  el 
Rey  é  con  la  Reyna,  é  habida  su  licencia,  é  asenta- 
das las  seguridades  de  la  una  parte  é  de  la  otra,  se 
juntó  con  el  Caudillo ,  el  qual  le  dixo  :  a  Noble  ca- 
íballero,  ni  la  mengua  de  nuestras  provisiones,  ni 
)>la  flaqueza  de  nuestros  muros,  ni  menos  la  de  los 
«moros  que  los  guardamos,  nos  constriñen  á  entre- 
»gar  al  Rey  Don  Fernando  ó  á  la  Reyna  Doña  Isa- 
»bel  la  cibdad  de  Baza ;  pero  muévenos  la  gran  vír- 
»tud  é  nobleza  de  su  real  condición ,  que  pone  vo- 
wluntad  é  estos  capitanes  é  á  mí  para  gela  entregar. 
»E  no  solamente  la  habrá  de  mis  manos ,  pero  mo- 
»vído  con  ferviente  amor  que  tengo  á  su  servicio, 
«prometo  á  vos  noble  caballero  tener  tal  manera, 
«como  sin  trabajo  ni  costas  las  cibdades  de  Guadix 
Dé  de  Almería  sean  entregadas  en  su  poder :  con 
3)tal  pacto,  que  los  moradores  dellas ,  viviendo  so  el 
«imperio  de  su  real  señorío,  puedan  mantener  la 
«ley  de  sus  padres,  é  morar  en  sus  casas ,  é  poseer 
Dsus  bienes.  Otrosí  habiendo  de  su  real  poderío  la 
ídef ensa  ó  seguridad  que  todo  buen  rey  es  obliga- 
»do  á  facer  á  sus  leales  siervos ,  según  que  vos  de 
«parte  de  su  grandeza  lo  ofrecistes. « 

Esta  respuesta  dada  por  el  Caudillo,  é  comunica- 
da por  el  Comendador  mayor  con  el  Rey  é  con  la 
Reyna,  agradescieron  al  Caudillo  su  buena  volun- 
tad é  ofrescimiento,  é  prometieron  de  le  facer  mer- 
cedes, é  de  recebír  á  él  é  á  sus  parientes  en  su  serví-» 


502 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cío.  E  luego  mandaron  pregonar  por  los  reales  se- 
guridad de  la  una  parte  á  la  otra.  Y  el  pacto  de  la 
cibdad  de  Baza  se  asentó  entre  ellos  en  esta  mane- 
ra. Primeramente,  que  todos  los  caballeros  é  peones 
que  habían  venido  de  fuera  de  la  cibdad  á  la  de- 
fender, saliesen  luego  é  la  desasen  libre,  ó  que  po- 
díesen  ir  seguros  con  sus  armas  é  caballos  á  sus  ca- 
sas, ó  á  otros  lugares  que  quisieren.  Otrosí :  que  to- 
dos los  que  moraban  dentro  de  la  cibdad  de  Baza 
saliesen  á  morar  en  los  arrabales  ;  é  que  si  en  ellos 
no  quisiesen  morar,  pediesen  ir  seguramente  con 
sus  bienes  á  otras  partes  donde  les  ploguiese.  ítem, 
que  los  que  quedasen  moradores  en  los  arrabales, 
ticiesen  juramento  de  ser  buenos  é  leales  siervos 
del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  que  guardarían  su  servi- 
cio en  todas  cosas,  é  obedescerian  sus  cartas  é  man- 
damientos, é  lo  que  de  su  parte  les  mandasen  sus 
capitanes  é  alcaydes ,  é  aquellos  que  tovieren  su 
poder.  ítem,  que  acudirían  al  Rey  é  á  la  Reyna,  é  á 
BUS  rebcadadores  é  receptores,  con  todos  los  pechos 
é  tributos  que  acostumbraron  antiguamente  dar  á 
los  Reyes  moros.  El  Rey  é  la  Reyna  prometieron, 
que  guardando  ellos  lo  que  juraban,  les  conserva- 
rían en  la  ley  de  Mahomad  que  mantovieron  sus 
padres,  é  los  dexarían  en  el  uso  de  sus  leyes  é  fue- 
ros, por  donde  según  la  costumbre  de  los  moros 
suelen  ser  juzgados  é  gobernados.  Otrosí,  de  no  les 
facer,  ni  consentir  que  les  sea  fecha  fuerza,  ni  ro- 
bo, ni  injuria ;  é  si  alguno  tentase  de  lo  facer  le 
mandarían  punir  por  justicia.  Otrosí,  que  la  cibdad 
de  Baza  con  su  alcazaba  se  entregase  al  Rey  é  á  la 
Eeyna,  ó  á  quien  mandasen,  dentro  de  seis  días;  en 
los  quales  los  moros  ovíesen  lugar  de  la  desembar- 
gar de  todos  sus  bienes  é  cosas  que  en  ella  tenían. 
E  para  seguridad  que  dentro  deste  término  el  Cau- 
dillo é  capitanes  complirian  este  asiento,  entrega- 
ron al  Comendador  mayor  quince  mozos  fijos  del 
Citudillo,  é  de  los  principales  cibdadanos  de  la  cib- 
dad. Otrosí,  el  Caudillo  y  el  alcayde,  que  vinieron 
á  entregar  los  rehenes,  ficieron  reverencia  al  Rey  é 
á  la  Reyna,  é  se  ofrescieron  de  lo  servir  en  todo  lo 
que  les  mandasen.  Y  el  Rey  é  la  Reyna  los  recibie- 
ron por  suyos,  é  les  mandaron  facer  mercedes  de 
dineros,  é  ropas,  é  caballos  é  otras  cosas 

Sabido  por  los  moros  que  moraban  en  las  comar- 
cas de  Baza,  como  el  Caudillo  y  el  Alcayde  de  la 
cibdad  habían  fecho  partido  con  el  Rey  é  con  la 
Reyna  de  ge  la  entregar,  é  habían  recebído  y  espe- 
raban recebir  mercedes  por  la  entrega  que  facían 
luego  los  Alcaydes  de  Almuñecar  é  Tabernas,  é  to- 
dos los  que  tenían  cargo  de  fortalezas  en  las  mon- 
tañas que  llamaban  Alpuxarras,  y  en  todas  aquellas 
sierras,  les  embiaron  á  decir,  que  ellos  ansímesmo 
ge  las  entregarían  con  sus  fuerzas,  faciéndoles  sa- 
tisfacion  de  los  gastos  é  costas  que  en  la  guarda 
dcllas  habían  fecho,  é  dándoles  el  seguro  que  daban 
á  los  moradores  que  quedaban  en  los  arrabales  de 
Baza  para  que  viviesen  en  su  ley  y  en  sus  facien- 
das,  quedando  en  la  tierra  por  inndéxares.  El  Rey 
é  la  Reyna,  habido  su  consejo,  aceptaron  aquel 
gfrescimiento,  é  respondieron  que  les  placía  de  re- 


cebir las  fortalezas,  é  facer  mercedes  á  los  Alcay- 
des, é  dar  el  seguro  que  pedían  para  todos  los  que 
moraban  en  aquella  sierra,  según  lo  habían  dado  á 
los  que  de  su  grado  se  ofrescieron  por  sus  siervos. 
E  luego  vinieron  los  Alcaydes  de  las  villas  é  forta- 
lezas, é  los  viejos  é  alfaquíes  de  todos  los  lugares 
que  son  en  aquellas  comarcas  desde  Almería  fasta 
Granada,  á  les  entregar  las  fuerzas  que  tenían.  El 
Rey  é  la  Reyna  les  ficieron  mercedes  de  dineros  á 
cada  uno,  según  la  calidad  de  la  villa  ó  fortaleza 
que  entregaban,  é  pusieron  alcaydes  en  ellas.  Y  en- 
tre los  Alcaydes  moros  que  vinieron  á  facer  la  en- 
trega de  los  castillos  que  tenían,  vino  un  moro  que 
se  llamaba  Alí  Abenfahar,  Alcayde  de  la  villa  é 
fortaleza  de  Purchena;  é  díxo  al  Rey  é  á  la  Reyna : 
«Yo,  señores,  soy  moro  é  de  línage  de  moros;  é  soy 
«Alcayde  de  la  villa  é  castillo  de  Purchena,  que  mo 
«pusieron  en  ella  para  la  guardar:  vengo  aquí  ante 
«Vuestra  real  Señoría,  no  á  vender  lo  que  no  es  mío, 
«mas  á  entregaros  lo  que  la  fortuna  fizo  vuestro.  É 
«crea  Vuestra  real  Magestad,  que  si  no  me  enfla- 
«queciese  la  flaqueza  que  fallo  en  los  que  me  de- 
«bian  esforzar,  que  la  muerte  me  seria  el  precio  que 
«recibiese  defendiendo  la  fortaleza  de  Purchena,  ó 
«no  el  oro  que  me  ofrecéis  vendiéndola.  Embiad, 
«muy  poderosos  Reyes,  á  recibir  aquella  villa  que 
«vuestro  gran  poder  fizo  ser  vuestra.  Lo  que  supli- 
»co  á  vuestro  gran  poderío  es,  que  hayan  en  su  en- 
«comienda  á  los  moros  de  aquella  villa,  é  á  los  que 
» moran  en  su  valle,  é  los  manden  conservar  en  su 
«ley  y  en  lo  suyo,  é  á-mí  den  seguro,  para  que  con 
«mis  caballeros  é  cosas  pueda  ir  á  las  partes  da 
«África.»  El  Rey  é  la  Reyna  oída  la  razón  de  aquel 
moro,  creyeron  que  fuese  home  leal,  é  notaron 
aquel  su  propósito  en  el  grado  de  virtud  que  se  de- 
bía notar.  E  como  quiera  que  le  ofrescieron  merce- 
des de  oro  é  caballos  como  á  los  otros,  no  lo  quiso 
recebir.  Y  embiaron  luego  á  recebir  aquella  villa  á 
Diego  López  de  Ayala,  uno  de  los  capitanes  que 
andaban  en  su  guarda,  con  las  seguridades  que  se 
entregaron  todas  las  otras  fortalezas.  Otrosí,  pasa- 
dos los  seis  días  del  término  asentado  con  el  Cau- 
dillo de  Baza,  luego  entregó  el  alcazaba  é  la  cibdad 
al  Rey  é  á  la  Reyna;  ó  pusieron  en  ella  por  capitán 
á  Don  Enrique  Enriquez,  Mayordomo  mayor  del 
Rey,  el  qual  puso  por  Alcayde  á  Don  Enrique  de 
Guzman,  su  primo,  fijo  del  Conde  de  Alva  de  Liste. 
Entregóse  esta  cibdad  de  Baza  al  Rey  Don  Fer- 
nando é  á  la  Reyna  Dofia  Isabel,  á  quatro  días  del 
mes  de  Decíembre,  año  del  nascímiento  de  nuestro 
Salvador  Jesu  Christo  de  mil  é   quatrocientos  é 
ochenta  é  nueve  años,  habiendo  estado  cercada  por 
este  Rey  Don  Fernando  seis  meses  é  veinte  días. 
Sacaron  della  el  día  que  se  entregó  quinientos  é 
diez  homes  é  mugeres  é  niños  chrístianos  que  esta- 
ban captivos  é  puestos  en  mazmorras.  Otrosí  el  Car- 
denal de  España,  que  era  Arzobispo  de  Toledo, 
puso  en  aquella  cibdad  su  Vicario;  porque  se  falló 
por  Bula  del  Papa,  que  antiguamente  era  la  cibdad 
de  Baza  de  diócesi  de  Toledo. 
Fecha  Ja  entrega  do  la  cibdad  de  Baza  é  de  las 


DON  FERNANDO 

villas  de  Purchena  é  Tabernas,  é  de  las  Alpuxarras 
é  de  Almufiecar,  é  de  todas  las  otras  comarcas,  el 
Caudillo  de  Baza,  que  era  ya  subdito  del  Rey  é  de 
la  fioyna,  é  le  habían  mandado  asentar  sueldos  é 
acostamiento  cada  año  como  á  su  vasallo,  fué  á  la 
cibdad  de  Guadix,  é  dixo  al  Rey  moro  que  pues 
habia  visto  que  la  fortuna  era  contraria  á  los  de 
aquel  Reyno,  é  de  dia  en  dia  conoscian  mas  como 
en  todas  las  cosas  fallaban  á  Dios  ayrado  de  tal 
manera,  que  no  les  quedaban  fuerzas  ni  esperanza 
para  recobrar  lo  perdido,  que  conformándose  con 
lo  que  veian  ser  ordenado  de  arriba,  ficiese  entre- 
gar al  Rey  é  á  la  Reyna  las  cibdades  de  Guadix  é 
Almería,  pues  veia  claro  que  ni  tenia,  ni  esperaba 
tener  fuerzas  para  las  defender  al  poderío  grande 
de  sus  gentes;  é  que  considerase  bien  la  gente  ó 
provisiones  que  la  cibdad  de  Baza  tenia  para  se  de- 
fender, é  fecho  lo  último  de  su  poder,  ni  ellos,  ni 
los  de  la  cibdad  de  Málaga  pedieron  haber  otra 
cosa,  salvo  trabajos  é  peligros;  é  que  los  unos  que- 
daron captivos,  é  los  otros  muertos  é  destruidos. 
Díxole  ansimesmo  que  la  destruicion  de  la  tierra  se 
debria  sofrir  quando  habia  alguna  esperanza  para 
la  recobrar;  pero  que  quando  esta  no  habia,  á  gran 
crueldad  le  seria  imputado,  si  no  los  podiendo  re- 
mediar, los  consintiese  destruir.  E  que  no  pensase 
que  recibía  injuria  en  perder  lo  que  poseía,  pues  ge 
lo  tomaba  un  Rey  tan  poderoso,  á  quien  no  podia 
resistir. 

Oídas  por  el  Rey  moro  estas  razones,  é  informa- 
do como  allende  de  la  cibdad  de  Baza,  todas  las 
otras  fortalezas,  é  villas  é  lugares  de  la  comarca  se 
entregaron  al  Rey  é  á  la  Reyna,  veyéndose  puesto 
en  aquella  pena  que  sienten  los  Reyes,  que  ni  á  sí 
pueden  proveer,  ni  á  los  suyos  remediar,  respondió 
al  Caudillo  que  determinaba  poner  eu  persona  en 
las  manos  del  Rey  é  de  la  Reyna  é  de  les  entre- 
gar las  cibdades  de  Guadix  é  de  Almería,  para  que 
del  é  dellas  dispusiesen  lo  que  su  real  señoría  tovíe- 
se  por  bien.  El  Caudillo  vino  al  Rey  é  á  la  Reyna  á 
les  notificar  como  la  voluntad  del  Rey  Moro  era  de 
poner  á  él  é  á  toda  la  tierra  que  por  él  estaba  so  el 
imperio  de  su  real  señoría,  para  que  del  é  dellos 
dispusiese  lo  que  les  ploguíese. 

El  Rey  é  la  Reyna,  oida  la  determinación  del 
Rey  Moro,  dixeron  que  ge  lo  agradescian,  é  que 
lo  mandarian  tratar  bien  é  honestamente  é  con  toda 
seguridad,  según  que  á  su  persona  pertenecía.  E 
luego  partió  el  Rey  de  la  cibdad  de  Baza,  é  fué 
para  la  cibdad  de  Almería,  E  llegando  bien  cerca 
de  la  cibdad,  vino  el  Rey  Moro;  é  vista  la  persona 
del  Rey,  descavalgó  del  caballo  para  le  besar  la 
mano.  El  Rey,  guardando  la  preminencia  debida  al 
título  real  que  aquel  Moro  habia  tomado,  no  con- 
sintió lacerimonia  que  le  quería  facer,  é  rogóle  que 
tornase  á  cavalgar.  El  Rey  Moro,  cumpliendo  lo 
que  el  Rey  quiso,  é  puesto  en  su  caballo,  se  llegó  á 
él  é  le  dixo :  «¡Oh  Rey  vencedor!  aunque  he  cometi- 
»do  contra  tu  servicio  cosas  que  no  eran  de  perdo- 
í)nar,  pero  tu  g^-an  benignidad  me  dio  aquella  espe- 
nranza  do  salvación  que  me  quitó  la  ignorancia  de 


É  DOÑA  ISABEL.  503 

»mís  consejos.  Verdad  es,  Rey  poderoso,  que  qui- 
ssiera  é  no  pude  defender  la  tierra  de  los  moros  do 
»tu  gran  poder.  Pero,  pues  plogo  al  soberano  Rey 
»de  los  Reyes  escaparte  con  prosperidad  de  los  pe- 
»ligros  que  te  rodearon  en  el  cerco  de  Baza,  bien 
«parece  que  su  voluntad  fué  en  el  cielo  quitar  esta 
«tierra  á  mí  é  darla  á  tí.  E  por  tanto  he  deliberado 
»que  hayas  ganado  á  mí  por  vasallo,  como  ganaste 
»la  tierra  por  subdita.  E  porque  tu  misericordia 
»creo  será  tan  divina  para  perdonar  como  tu  poder 
»es  grande  para  señorear,  vengo  ante  tu  real  seño- 
»ría  por  haber  della  no  lo  que  mis  deservicios  me- 
Brescen,  mas  lo  que  tu  piedad  acostumbra.»  El  Rey 
provocado  á  piedad  por  las  palabras  humildes  que 
el  Rey  Moro  dixo,  é  considerando  la  confianza  con 
que  se  ponía  en  sus  manos,  respondió  que  si  esperi- 
mentando  sus  fuerzas  se  falló  vencido,  esperimen- 
tando  agora  su  gracia,  se  fallaría  vencedor,  é  la 
ganaba  del  para  la  conservación  de  su  vida  é  liber- 
tad; é  mandóle  tratar  bien  é  honestamente  con  toda 
seguridad.  E  luego  el  Rey  moro  confiando  en  la 
palabra  que  el  Rey  le  dio,  entregó  todas  las  fuerzas 
é  puertas  de  la  cibdad  de  Almería  al  Rey  é  á  la 
Reyna.  Y  encomendaron  la  guarda  é  capitanía  de- 
lla al  Comendador  mayor  de  León,  el  qual  puso  en 
su  lugar  por  Alcade  á  Don  Pedro  Sarmiento. 

CAPÍTULO  CXXV. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  facron  á  la  cibdad  de  Guadix,  é  la  reci- 
bieron, é  otros  lugares  de  moros. 

Recebída  por  el  Rey  é  por  la  Reyna  la  cibdad  de 
Almería,  é  fornecida  de  gente  de  armas  é  pertre- 
chos é  mantenimientos,  é  de  las  otras  cosas  necesa- 
rias á  la  gente  que  en  ella  dexaron  por  guarda, 
dieron  luego  seguro  á  todos  los  moros  de  la  cibdad, 
para  que  pudiesen  vivir  en  la  ley  de  Mahomad;  é 
prometieron  que  no  les  seria  fecha  fuerza  ni  agra- 
vio en  sus  personas,  ni  en  la  posesión  de  sus  bienes; 
é  que  consentirían  que  fuesen  juzgados  por  sus  al- 
caldes, según  sus  fueros  é  costumbres  antiguas.  É 
los  moros   de   la   cibdad   juraron  por  el   Criador 
alto  é  por  la  virtud  del  Alcorán,  que  serian  leales 
siervos  é  subditos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  é  que 
cumplirían  sus  cartas  ó  mandamientos,  é  las  de 
aquellos  que  su  poder  oviesen,  é  les  acudirían  cada 
año  con  todos  los  derechos  é  tributos  que  son  debi- 
dos al  Rey,  según  lo  acostumbraban  pagar  á  loa 
Reyes  de  Granada.  E  que  esto  complirian  cesante 
todo  engaño  é  pensamiento  que  lo  pudiesen  revocar. 
Dado  este  seguro,  é  recebido  este  juramento  de 
los  vecinos  de  Almería,  el  Rey  é  la  Reyna,  é  coa 
ellos  el  Cardenal  de  España,  partieron  de  aquella 
cibdad,  é  fueron  para  la  cibdad  de  Guadix,  é  fué  con 
ellos  á  gela  entregar  el  Rey  Moro.  E  como  llegaron 
á  la  cibdad  con  toda  su  hueste,  fueron  recebidos 
por  los  moradores  della  con  buena  voluntad.  E  no 
embargante  la  enemiga  que  habia  entre  ellos  é  los 
christíanos  criada  de  largos  tiempos,  por  las  guer- 
i'as  é  muertes  é  captiverios  pasados  de  unos  á  otros, 
pero  visto  que  el  Rey  é  la  Reyna  con  gran  diügen- 


504 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cia  mandaban  gaardar  bus  personas  é  caBas  é  cam- 
pos, é  que  los  cercos,  muertes  é  destruiciones  que 
otros  moros  padecían  y  ellos  recelaban,  geles  con- 
vertía en  paz  é  seguridad;  como  gente  libre  de  mie- 
do, ovieron  tan  súbito  gozo,  que  loaban  al  Rey  é  á 
la  Reyna,  y  ensalzaban  sus  personas  diciendo  tener 
entendimiento  é  fuerzas  divinas,  é  que  sus  cosas 
eran  por  mandamiento  de  Dios  fecbas;  é  mostraban 
placer  por  ser  puestos  so  el  yugo  de  su  servidum- 
bre. É  luego  el  Rey  Moro  entregó  al  Rey  é  á  la 
Reyna  el  alcazaba  é  todas  las  fuerzas,  é  torres  é 
puertas  de  la  cibdad  de  Guadix;  é  dieron  la  tenen- 
cia de  la  fortaleza  é  la  capitanía  de  aquella  cibdad 
á  Don  Hurtado  de  Mendoza  Adelantado  de  Cazorla. 
Los  caballeros  é  gente  de  la  hueste,  visto  como  se 
tomó  la  cibdad  de  Baza,  é  que  se  habían  entregado 
al  Rey  é  á  la  Reyna  Almería  é  Guadix,  cibdades  tan 
populosas  é  grandes,  ó  las  otras  villas  é  castillos  é 
tierras  llanas,  é  las  montañas  que  son  desde  Alme- 
ría fasta  la  cibdad  de  Granada,  sin  las  muertes  ó 
trabajos  é  gastos  é  dilación  de  tiempo  que  se  espe- 
raban de  Bof rír  antes  que  se  pudiesen  ganar,  fueron 
maravillados,  é  creían  proceder  por  voluntad  divi- 
na, pues  pensamiento  humano  no  pudiera  imaginar 
que  tan  fuertes  cibdades  se  pudieran  en  largos 
tiempos  haber  sin  grandes  trabajos  ó  industria  de 
bornes. 

Entregadas  aquellas  cibdades  é  sus  tierras,  luego 
los  alcaydes  moros  que  tenían  las  villas  é  fortalezas 
de  Salobreña  é  Almuñecar,  é  todas  las  otras  villas 
é  castillos  é  fortalezas  de  los  moros  que  quedaban 
por  ganar  en  el  Reyno  de  Granada,  vinieron  de  su 
voluntad  é  las  entregaron  al  Rey  é  á  la  Reyna;  los 
quales  pusieron  en  ellas  sus  alcaydes  é  gentes  que 
las  guardasen.  É  porque  si  echasen  de  las  villas 
cercadas  á  los  moros  que  las  moraban,  creían  que 
la  tierra  se  despoblaría,  ovieron  consejo  de  dexarlos 
en  ellas  por  mudéxares  con  sus  mugeres  é  fijos  é 
bienes.  Los  quales  ficieron  al  Rey  é  á  la  Reyna  se- 
guridad é  juramento  según  bu  ley,  de  ser  sus  leales 
subditos  é  vasallos,  é  de  no  rebelar  contra  sus  man- 
damientos, ni  dar  favor,  ni  ayuda  ni  avisar  por  nin- 
guna via  que  fuese  al  Rey  é  moros  de  Granada,  ni 
á  otros  algunos  contra  el  servicio  del  Rey  é  de  la 
Reyna.  Otrosí  ficieron  merced  ál  Rey  viejo  de  cier- 
tos lugares  de  tierra  de  moros  en  que  pudiese  estar 
é  de  toda  lo  renta  dellos  con  que  se  pudiese  soste- 
ner. Y  este  Rey  Moro  lo  recibió;  é  dende  á  pocos 
dias,  dexada  la  tierra  que  le  habían  dado,  se  pasó 
allende  la  mar  á  los  Reynos  de  los  moros  que  son 
en  África,  con  pensamiento  que  ovo,  pues  ya  no 
podía  ser  Rey  de  aquel  Reyno,  no  quería  estar  en 
tierra  donde  lo  había  seydo  é  no  tenia  esperanza  de 
lo  ser. 

CAPÍTULO  CXXVI.    . 

De  las  eosas  qne  pasaron  con  el  Rey  Moro  que  estaba  en  Grana- 
da, después  que  fueron  tomadas  las  cibdades  de  Baza,  é  Gua- 
dix, é  Almería. 

Según  habernos  recontado,  el  Rey  que  estaba  en 
la  cibdad  de  Granada,  después  que  mediante  los 


favores  que  ovo  del  Rey  é  de  la  Reyná  fué  récebido 
por  Rey  en  aquella  cibdad,  é  siempre  estovo  en  ella 
á  su  servicio,  porque  él  é  los  moradores  della  goza- 
ban del  seguro  que  les  habían  dado,  con  el  qual  te- 
nia la  libertad  de  salir  fuera  é  facer  sus  labores  ea 
el  campo,  é  andar  libremente  con  sus  negociaciones 
por  todas  las  partes  de  Castilla,  este  Rey  de  Grana- 
da había  fecho  partido  con  el  Rey  é  con  la  Reyna, 
que  tomadas  las  cibdades  de  Baza  é  Guadix  é  Al- 
mería les  entregaría  dentro  de  cierto  tiempo  la  cib- 
dad de  Granada  con  su  Alhambra  é  Alcazaba,  é  con 
todas  sus  fuerzas  é  torres  é  puertas,  dándole  para 
donde  estoviese  con  sus  mugeres  é  fijos  ciertos  lu- 
gares de  tierra  de  moros.  Después  que  fueron  toma- 
das las  cibdades  de  Baza  é  Guadix  é  Almería,  é  to- 
das las  tierras  é  castillos  de  aquel  Reyno,  el  Rey  é 
la  Reyna  le  embiaron  á  requerir  que  entregase  la 
cibdad  de  Granada  al  Conde  de  Tendílla  con  otros 
BUS  capitanes  é  gentes  dentro  del  tiempo  que  estaba 
obligado,  é  que  ellos  le  mandarían  dar  las  villas, 
tierras  é  rentas  que  le  habían  prometido.  Este  Rey 
Moro  respondió  que  aquella  cibdad  era  muy  grande 
é  populosa,  é  que  allende  de  sus  moradores  natura- 
les, se  habían  recogido  á  ella  otras  muchas  gentes 
del  Reyno  de  Granada,  entre  los  quales  había  tal 
división  de  votos  é  intenciones  diversas,  que  no  po- 
día buenamente  complir  lo  que  había  prometido, 
dentro  del  tiempo  que  era  obligado.  É  por  esta  cau- 
sa, el  Rey  é  la  Reyna  acordaron  de  facer  nueva  con- 
veniencia con  él,  conviene  á  saber,  de  le  facer  mer- 
ced de  otros  lugares  donde  estoviese  con  la  renta 
dellos  para  su  mantenimiento;  é  que  dentro  de  cier- 
to tiempo  les  entregase  la  cibdad  de  Granada  con 
sus  fuerzas.  É  porque  la  gente  de  aquella  cibdad 
era  mucha,  é  no  se  podría  señorear  con  gran  gente 
de  chrístianos,  aunque  fuesen  apoderados  en  laa 
fuerzas  é  torres  della,  el  Rey  é  la  Reyna  acordaron 
de  pedir  las  armas  ofensivas  é  defensivas  de  los 
moros  que  estaban  en  la  cibdad,  ansí  de  los  natura- 
les, como  de  los  que  de  nuevo  estaban  en  ella. 
Otrosí,  demandaron  que  dexasen  libres  ciertas  ca- 
sas que  son  en  algunos  lugares  los  mas  fuertes  do 
la  cibdad,  para  que  las  morasen  chrístianos,  porque 
los  capitanes  é  gentes  puestos  por  el  Rey  é  por  la 
Reyna  en  la  cibdad  la  pudiesen  mas  seguramente 
señorear.  Los  moros  de  la  cibdad ,  vistas  aquellas 
demandas,  como  quíer  que  algunos  homes  pacíficos 
á  fin  de  vivir  en  paz  é  seguridad,  quisieran  otorgar- 
las, pero  algunas  otras  gentes  de  guerra  no  consin- 
tieron que  se  otorgase  aquel  partido.  Y  el  Rey  Moro 
que  estaba  apoderado  en  Granada,  ansí  porque  el 
Rey  é  la  Reyna  no  le  quisieron  dar  la  tierra  que  él 
demandaba,  como  porque  fué  inducido  é  traído  á 
rebelión  por  algunos  caballeros  moros  que  estaban 
con  él  en  la  cibdad,  mostró  desobediencia  contra  el 
Rey  é  contra  la  Reyna;  é  comenzó  á  facer  guerra  á 
los  chrístianos,  é  tomó  la  fortaleza  del  Padul,  é  al- 
gunas otras  torres  é  fuerzas  que  estaban  en  poder 
de  los  chrístianos  cercanas  á  la  cibdad  de  Granada. 
Visto  por  el  Rey  é  por  la  Reyna  como  el  Rey  é  los 
moros  de  Granada  habían  tomado  propósito  nuevo 


CON  FERNANDO 
rebeUndo  contra  ellos,  mandaron  fomescer  de  gen- 
tes é  de  las  otras  cosas  necesarias  las  fortalezas  de 
Alhendin  é  Moclin,  ó  Montefrio,  é  Colomera,  é  lUo- 
ra,  é  Alcalá  la  Beal,  é  Loxa,  é  todas  las  otras  que 
habían  tomado,  y  estaban  en  circuito  de  la  cibdad 
de  Granada;  de  las  quales  continamente  se  facia 
guerra  por  los  christianos  á  los  moros  de  Granada, 
é  por  los  moros  á  los  christianos. 

CAPÍTULO  CXXVII. 

Sígnense  las  cosas  que  pasaron  en  el  año  de  mil  é  quatrocientos 
é  noventa  afios.  É  primeramente  como  el  Rey  é  la  Reyna  man- 
daron entender  en  la  justicia  del  Reyno. 

El  Rey  é  la  Reyna,  que  estaban  en  la  cibdad  de 
Córdoba,  acordaron  de  ir  á  tener  el  invierno  deste 
año  á  la  cibdad  de  Sevilla.  E  como  fueron  en  aque- 
lla cibdad,  luego  entendieron  en  la  justicia  del  Rey- 
no,  según  lo  facian  los  afios  pasados.  Y  embiaron 
á  todas  las  cibdades  pesquisidores  con  sus  poderes 
bastantes,  para  tomar  la  residencia  á  los  corregido- 
res, é  á  los  alcaldes  é  alguaciles  y  escribanos,  é  á 
los  otros  oficiales  que  hablan  tenido  cargo  de  ad- 
ministrar la  justicia  é  inquirir  si  hablan  errado  en 
algunas  cosas  de  las  que  hablan  jurado  de  guardar 
é  administrar,  al  tiempo  que  recibieron  el  cargo  del 
corregimiento.  E  si  se  fallaban  haber  incurrido  en 
algunas  dellas,  eran  traídos  á  la  corte;  é  les  era  de- 
mandado por  el  Rey  é  por  la  Reyna  en  su  consejo 
razón  de  sus  negligencias  é  yerros;  é  penaban  á  los 
que  fallaban  culpantes,  faciéndoles  restituir  con  las 
setenas  lo  que  indebidamente  hablan  llevado,  A 
otros  desterraban,  ó  á  otros  inhabilitaban  para  que 
dende  en  adelante  no  pudiesen  usar  oficios  públi- 
cos; é  á  cada  uno  daban  la  pena  según  la  calidad 
del  yerro  que  habia  cometido. 

CAPÍTULO  CXXVIII. 

De  los  embaladores  que  vinieron  de  parte  del  Rey  de  Portogal  á 
demandar  por  esposa  para  su  fijo  á  la  Infanta  Doña  Isabel. 

Estando  el  Rey  é  la  Reyna  en  la  cibdad  de  Sevi- 
lla, el  Rey  Don  Juan  de  Portogal  les  embió  sus  em- 
baxadores  un  caballero  que  se  llamaba  Don  Her- 
nando de  Silveyra,  é  un  dotor  su  Chanciller  mayor. 
A  los  quales  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  recebir  é 
tratar  honorablemente;  é  después  de  algunos  dias 
pasados  propusieron  en  su  consejo  la  embaxada  que 
traian  en  cargo.  El  efecto  de  la  qual  era  contarles 
los  grandes  é  cercanos  debdos  de  sangre  que  tenia 
el  Rey  de  Portogal  con  el  Rey  é  con  la  Reyna;  otro- 
sí, la  amistad  que  por  la  gracia  de  Dios  se  habia 
celebrado  entre  ellos,  é  la  paz  que  se  habia  guar- 
dado entre  los  subditos  é  naturales  de  la  una  parte 
é  de  la  otra.  É  dixeron  que  porque  el  debdo  que 
entre  ellos  habia  se  renovase,  y  el  amor  se  acrecen- 
tase, venían  por  mandado  del  Rey  su  señor,  á  les 
rogar  que  les  ploguiese  dar  la  Infanta  Doña  Isabel, 
su  fija  mayor,  por  muger  para  el  Príncipe  Don 
Alonso,  su  fijo  primogénito  heredero  de  su  Reyno; 
porque  en  este  matrimonio  entendían  que  Dios  seria 


É  DO^A  ISABEL,  S05 

servido,  é  las  partes  habrían  aquella  utilidad  que 
de  tan  bueno  é  loable  yuntamiento  se  suele  seguir. 
Después  que  estos  embaxadores  ovieron  propuesto 
su  embaxada,  el  Rey  é  la  Reyna  quisieron  haber 
su  consejo  con  el  Cardenal  de  España,  é  con  los 
Duques  é  Condes  é  Perlados  é  Doctores  que  residían 
en  su  consejo;  los  quales,  después  que  sobre  esta 
materia  platicaron  algunos  dias,  acordaron  que,  pues 
muchas  veces  los  Reyes  é  Príncipes  destos  sus  Rey- 
nos  se  hablan  juntado  en  debdo  matrimonial  con 
los  de  la  sangre  real  de  aquel  Reyno  de  Portogal, 
por  ser  tan  vecinos  de  Castilla,  este  matrimonio  que 
el  Rey  de  Portogal  embiaba  á  pedir,  se  debia  otor- 
gar, por  la  paz  é  otras  utilidades  que  dello  se  po- 
drían seguir.  Fecha  esta  deliberación,  é  habido  el 
consentimiento  para  que  este  matrimonio  se  con- 
cluyese, aquel  caballero  Don  Hernando  de  Silveyra, 
á  quien  el  Príncipe  de  Portogal  embió  con  su  poder 
para  se  desposar  con  la  Infanta,  se  desposó  con 
ella.  Y  en  aquellos  dias  que  este  desposorio  se  cele- 
bró, que  fué  en  el  mes  de  Mayo  (1)  deste  año  de 
mil  é  quatrocientos  é  noventa  afios,  se  ficieron  en 
aquella  cibdad  de  Sevilla  muy  grandes  fiestas  é  tor- 
neos é  grandes  alegrías.  É  porque  esta  Infanta  era 
la  fija  mayor  é  la  primera  que  el  Rey  é  la  Reyna 
casaban',  aquestas  fiestas  que  se  ficieron  duraron 
quince  dias,  é  fueron  muy  ricas  é  sumptuosas,  don- 
de el  Rey  é  la  Reyna  ficieron  muy  grandes  gastos. 
Otrosí  los  Duques  é  Condes  é  Caballeros  que  fueron 
á  ellas  presentes,  ficieron  grandes  arreos  é  vestidu- 
ras de  brocados  de  sus  personas,  é  también  de  los 
caballeros  é  pages  de  sus  casas  que  los  acompaña- 
ban. Ansimesmo  vinieron  á  estas  fiestas  muchos  ca- 
balleros é  fijos-dalgo  de  los  Reynos  de  Aragón,  é 
Valencia,  é  Cataluña,  é  del  Reyno  de  Sicilia,  é  de 
las  otras  islas  é  señoríos  del  Rey  é  de  la  Reyna,  ar- 
reados de  vestiduras  de  paños  de  oro,  é  cadenas  é 
collares  de  gran  precio.  É  los  caballeros  castellanos 
que  eran  continos  en  la  casa  del  Rey  é  de  la  Reyna 
en  número  de  cien  mancebos  fijos-dalgo,  fueron 
arreados  de  vestiduras  brocadas,  é  chapadas,  é  bor- 
dadas de  oro  é  de  plata;  é  ningún  caballero  ni  fijo- 
dalgo  ovo  en  aquellas  fiestas  que  pareciese  vesti- 
do, salvo  de  paño  de  oro  é  seda.  Otrosí  la  Reyna 
salió  á  las  justas  é  otras  fiestas  que  se  ficieron  en 
aquellos  quince  dias  vestida  de  paño  de  oro;  é 
salieron  con  ella  é  con  esta  Princesa  de  Portogal 
Infanta  de  Castilla  fasta  setenta  damas  de  los  ma- 
yores señores  de  España,  vestidas  de  pafios  broca- 
dos, é  todas  con  grandes  arreos  de  cadenas  é  co- 
llares é  joyeles  de  oro  con  muchas  piedras  precio- 
sas, é  perlas  de  gran  valor.  É  para  las  justas  que 
duraron  estos  quince  dias  se  fizo  un  campo  grande 
fuera  de  la  cibdad,  la  tela  de  pafio  de  seda;  é  fueron 
fechos  cien  cadahalsos,  cinqüenta  de  la  una  parte 
de  la  tela,  é  cinqüenta  de  la  otra  parte,  donde 
estoviesen  las  damas,  é  todos  los  otros  señores  que 

(1)  El  Cura  de  los  Palacios  y  Gerónimo  Zurita  señalan  el  des- 
posorio de  esta  Princesa  en  Domingo  de  Quasimodo,  que  fué  á  18 
de  Abril.  Bernald,,  Historia  de  los  Reyes  Católicos,  MS.,  cap.  8a. 
Zurita,  Anales,  Lib.  KX,  cap.  84. 


506  CEÓNICAS  DE  LOS 

vinieron  á  aquellas  fiestas.  É  todos  estos  cadahalsos 
eran  cubiertos  de  tapicería  é  de  paños  de  oro  é  de 
seda.  En  estas  fiestas  fueron  fechos  grandes  gas- 
tos, ansí  por  el  Key  como  por  los  Duques  é  Condes 
é  grandes  señores  é  cahalleros  que  continaban  en 
la  corte,  é  otros  muchos  que  vinieron  de  otras  par- 
tes, é  ansimesmo  por  la  Eeyna,  é  las  Duquesas  é 
Condesas,  é  otras  señoras  é  dueñas  que  allí  vinie- 
ron; en  lo  qual  todos  mostraron  grandes  riquezas 
é  grande  ánimo  para  las  gastar. 

CAPÍTULO  CXXIX. 

Como  se  celebraron  las  bodas  entre  el  Principe  de  Portogal  é  la 
Princesa  Dofia  Isabel ,  Infanta  de  Castilla. 

Concluidas  estas  fiestas,  ó  asentadas  las  cosas  que 
se  habían  de  complir,  ansí  por  parte  del  Príncipe 
de  Portugal,  como  por  parte  de  la  Princesa  su  espo- 
sa, acordaron  que  se  celebrasen  las  bodas  entre 
ellos  para  el  raes  de  Noviembre  siguiente.  El  qual 
asiento  fecho,  el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  expedir 
aquellos  embaxadores  Portogueses,  é  remunerarlos 
magníficamente  con  sus  dones  de  oro  é  de  plata  ó 
brocados  é  caballos.  É  para  celebrar  aquellas  bo- 
das, el  Rey  é  la  Reyna  mandaron  aderezar  las  cosas 
que  se  requerían,  en  las  quales  quisieron  mostrar 
la  grandeza  de  sus  ánimos,  é  abundancia  de  sus 
Reynos  é  señoríos;  porque  allende  de  la  suma  de  oro 
que  le  dieron  en  dote,  según  lo  que  se  acostumbraba 
dar  en  casamiento  á  las  Infantas  de  Castilla,  el  Rey 
é  la  Reyna  le  mandaron  dar  quinientos  marcos  de 
oro  é  mil  marcos  de  plata,  quatro  collares  de  oro 
con  muchas  perlas  é  piedras  preciosas  é  otras  cade- 
nas é  joyeles  de  gran  valor.  Otrosí  le  dieron  muchos 
paños  de  tapicería  de  oro  é  seda,  é  veinte  ropas  de 
paño  brocado  de  diversas  colores,  é  otras  quatro 
ropas  de  hilo  de  oro  tirado,  é  otras  seis  ropas  de 
sedas  bordadas  con  perlas  é  chapadas  de  oro;  lo 
qual  todo  se  estimó  en  cien  mil  florines  de  oro. 
E  allende  desto  le  dieron  ropa  blanca  de  lino  é  de 
tanto  valor,  que  ansí  en  esta  ropa  blanca  do  había 
cinqüenta  camisas  labradas  de  hilo  de  oro  é  de  seda 
como  en  todas  las  otras  cosas  que  se  ficieron  para 
el  arreo  de  su  persona,  fué  estimado  en  veinte  mil 
florines  de  oro.  E  para  el  tiempo  que  fué  asentado 
el  casamiento,  el  Rey  é  la  Reyna  rogaron  al  Carde- 
nal de  España  que  acompañase  á  la  Princesa  fasta 
la  poner  dentro  en  el  Reyno  de  Portogal;  é  quando 
la  Princesa  partió  de  la  cibdad  de  Córdoba,  fué 
acompañada  del  Cardenal.  Otrosí  fueron  con  ella 
Don  Alonso  de  Cárdenas,  Maestre  de  Sanctiago,  é 
Don  Juan  de  Zúñiga,  Maestre  de  Alcántara,  é  Don 
Rodrigo  Alonso  Pimentel,  Conde  de  Benavente.  é 
Don  Alonso  Suarez  de  Figueroa,  Conde  de  Feria,  é 
Don  Luis  Osorio,  Obispo  de  Jaén,  é  Rodrigo  de 
Ulloa,  Contador  mayor  del  Rey,  é  otros  muchos 
caballeros  é  fljos-dalgo  continos  de  la  casa  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  en  niimero  de  mil  é  quinientas  ca- 
valgaduras.  Los  quales  la  acompañaron  fasta  el  rio 
de  Caya,  que  parte  término  entre  Castilla  é  Portu- 
gal, é  allí  vinieron  á  la  recebir  do  mano  del  Oarde- 


REYES  DE  CASTILLA. 

nal,  é  de  los  Maestres  é  Condes  é  Caballeros  qu6 
con  ella  iban,  Don  Manuel  Duque  de  Viseo,  primo 
del  Rey  de  Portogal,  é  los  Obispos  de  Ébora  é 
Coimbra,  y  el  Conde  de  Monsante,  y  el  Conde  de 
Marialva,  é  otros  muchos  Caballeros  fijos- dalgo  del 
Reyno  de  Portogal,  vestidos  de  vestiduras  brocadas 
con  grandes  arreos.  É  después  de  las  saludes  que 
allí  en  el  campo  el  Duque  presentó  á  la  Princesa 
de  parte  del  Rey  de  Portugal,  é  de  parte  del  Prín- 
cipe su  esposo,  la  tomó  por  la  rienda,  é  acompañada 
de  aquellos  Condes  é  Obispos  é  otras  muchas  gentes 
del  Reyno  de  Portogal  que  vinieron  á  la  recebir, 
entró  en  el  Reyno  de  Portogal,  é  con  ella  el  Conde 
de  Feria,  y  el  Obispo  de  Jaén,  é  Rodrigo  de  IJlloa, 
é  otros  muchos  Caballeros  fijos-dalgo  de  Castilla 
que  la  fueron  á  servir  en  aquella  jornada,  é  fué 
para  la  cibdad  de  Ébora,  donde  el  Rey  de  Portogal 
y  el  Príncipe  su  fijo  la  salieron  á  recebir  con  muy 
grande  é  solemne  recibimiento,  é  todos  los  Perlados, 
é  condes  é  Caballeros  é  dueñas,  é  generalmente  to- 
dos los  estados  de  Portugal.  É  celebraron  en  aque- 
lla cibdad  las  bodas  con  gran  solemnidad,  é  ficieron 
grandes  fiestas,  justas  é  torneos  que  duraron  treinta 
días;  é  para  lo  que  se  requería  á  estas  fiestas,  ansí 
el  Rey  de  Portogal  como  todos  los  señores  princi- 
pales, é  otras  gentes  de  su  reyno,  ficieron  grandes  é 
muy  costosos  aparejos  en  los  edificios  do  se  ficie- 
ron las  fiestas,  y  en  los  recebimientos  grandes  é 
juegos  que  para  ello  se  aderezaron ;  é  otrosí  en  loa 
muchos  paños  de  brocados,  é  sedas,  é  guarniciones 
que  ficieron  para  arreos  de  sus  personas,  y  en  las 
dádivas  que  dieron.  Lo  qual  todo  fué  tan  por  ex- 
tremo, que  queriendo  los  Portogueses  emparejar 
con  la  grandeza  de  los  Reynos  é  señoríos  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  paresció  tener  mayor  ánimo  para 
gastar,  que  bastaba  su  facultad  para  lo  que  gasta- 
ban. 

CAPÍTULO  CXXX. 
De  la  tala  que  el  Rey  fizo  este  afio  en  la  vega  de  Granada. 

Concluidas  las  fiestas  que  se  ficieron  en  la  cibdad 
de  Sevilla  á  los  desposorios  de  la  Infanta  Doña  Isa- 
bel de  Castilla,  Princesa  de  Portogal,  é  despedidos 
los  embaxadores  que  habían  venido  sobre  esta  ma- 
teria, luego  el  Rey  é  la  Reyna  partieron  de  aquella 
cibdad,  é  vinieron  á  la  cibdad  de  Córdoba,  donde 
informados,  como  muchas  quadrillas  de  moros  sa- 
lían de  la  cibdad  de  Granada  é  andaban  sueltos,  é 
como  Almogávares  robaban  en  los  caminos  é  facían 
saltos  por  diversas  partes,  guerreando  á  los  chris- 
tianos  é  á  las  villas  é  tierras  que  estaban  por  ellos, 
acordaron  de  acrecentar  la  gente  de  guerra,  para 
que  estoviesen  en  los  lugares  cercanos  á  la  cibdad 
de  Granada;  y  encomendaron  la  capitanía  mayor 
de  toda  la  frontera  á  Don  Iñigo  López  de  Mendoza, 
Conde  de  Tendilla,  el  qual  con  la  gente  de  todas 
las  capitanías,  fué  á  la  cibdad  de  Alcalá  la  Real,  é 
repartió  los  capitanes  que  estaban  en  su  goberna- 
ción por  todas  las  villas  é  castillos  que  estaban  mas 
cercanos  á  la  cibdad  de  Granada,  para  resistir  las 


DON  FERNANDO 
guerras  que  los  moros  de  la  cibdad  salían  á  facer. 
Con  los  quales  se  ovieron  recuentros  é  peleas,  donde 
'algunas  veces  fueron  vencedores  los  christianos,  é 
otras  veces  los  moros.  É  como  el  tiempo  vino,  en 
el  qual  entendieron  que  se  debia  facer  la  tala  de 
JloB  panes  que  estaban  sembrados  en  la  vega,  y  en 
circuito  de  la  cibdad  de  Granada;  el  Rey  é  la  Rey- 
na  mandaron  llamar  los  caballeros  é  gentes  de 
guerra  de  toda  el  Andalucía.  Los  quales  con  la 
gente  del  Cardenal  de  España  é  del  Duque  de  Me- 
dinasidonia  é  del  Marqués  de  Cáliz  é  del  Conde  de 
Uruefia,  é  del  Conde  de  Cabra,  é^  de  Don  Alonso  de 
Aguilar,  é  de  los  otros  caballeros  de  las  cibdades 
é  villas  é  tierras  de  aquellas  comarcas,  vinieron 
fasta  en  número  de  cinco  mil  homes  de  caballo,  é 
veinte  mil  peones.  El  Rey,  acompañado  destas  gen- 
tes, entró  en  la  vega  de  Granada  para  talar  los  pa- 
nes que  estaban  en  el  circuito  de  la  cibdad,  é  lle- 
vando su  hueste  por  jornadas  é  lugares  mas  seguros, 
llegó  á  la  vega  de  Granada,  é  mandó  facer  la  tala. 
É  los  moros ,  visto  que  los  christianos  les  talaban 
los  panes  é  las  otras  frutas  que  tenian,  salieron  de 
la  cibdad;  é  repartidos  por  quadrillas,  teniendo  ma- 
yor confianza  en  sus  engaños,  que  en  la  fuerza  de 
BU  gente,  se  pusieron  en  lugares  mas  seguros  para 
lo  resistir.  É  porque  los  christianos  se  llegaban  á 
talar  los  panes  é  otros  frutos  mas  cercanos  á  la  cib- 
dad, los  moros  trabajando  por  defender,  é  los  chris- 
tianos por  ofender,  en  treinta  dias  que  duró  aquella 
tala  ovo  grandes  escaramuzas,  donde  murieron  mu- 
chos de  los  unos  é  de  los  otros.  En  estas  escaramu- 
zas caian  y  eran  feridos  mas  de  los  christianos  que 
de  los  moros ,  porque  les  con  venia  pelear  tanto  con 
la  dispusicion  del  lugar  como  con  la  fuerza  del  ene- 
migo, que  sabia  é  se  ponia  en  los  lugares  mas  se- 
guros. 

Considerado  por  el  Rey  que  en  aquellas  peleas 
los  christianos  habrían  menor  provecho  seyendo 
vencedores,  que  los  moros  podrían  haber  daño  se- 
yendo vencidos,  por  la  dispusicion  de  los  lugares 
do  peleaban,  mandó  retraer  sus  gentes.  E  fuéles 
amonestado  por  el  Rey  é  por  los  capitanes,  que  fi- 
ciesen  la  tala,  y  estoviesen  quedos  sin  salir  á  las 
escaramuzas  que  los  moros  todas  horas  movían  por 
el  inconviniente  que  dello  se  seguía.  Murió  en  una 
destas  escaramuzas  un  caballero  hermano  del  Mar- 
qués de  Villena,  que  se  llamaba  Don  Alonso  Pa- 
checo, é  otro  capitán,  que  se  llamaba  Esteban  de 
Luzon;  y  el  Marqués  peleando  fué  ferído  de  una 
lanzada  que  le  pasó  el  brazo  derecho.  Otros  algu- 
nos de  su  capitanía  fueron  feridos  é  muertos;  é 
oviera  mayor  daño  en  los  christianos,  salvo  por  la 
osadía  y  esfuerzo  de  algunos  caballeros,  que  of res- 
ciéndose  á  la  muerte  por  haber  fama,  entraban  á 
socorrer  á  los  christianos  en  lugares  peligrosos  do 
se  habían  metido.  En  estos  días  que  duró  la  tala,  se 
talaron  todos  los  mas  panes  que  los  moros  tenían 
sembrados  en  la  vega  de  Granada,  é  los  que  se  pe- 
dieron talar  de  los  que  estaban  mas  cercanos  á  la 
cibdad.  Fecha  aquella  tala,  el  Rey  dexó  gente  por 
fronteros  en  todas  las  villas  é  castillos  que  estaban 


É  DOÑA  ISABEL.  507 

en  el  circuito  de  Granada ;  é  mandóles  que  estovie- 
sen á  la  gobernación  del  Marqués  de  Villena,  á 
quien  había  dado  cargo  de  la  capitanía  mayor  de 
la  frontera,  é  volvió  para  la  cibdad  de  Córdoba. 
Desta  tala  los  moros  quedaron  menguados  de  lo 
necesario;  pero  como  son  gente  que  se  sostienen  con 
poco  mantenimiento,  é  se  proveían  de  las  gentes 
que  moraban  en  las  sierras  que  son  de  la  otra  parte 
de  Granada ;  permanecían  en  su  rebelión,  é  no  da- 
ban fabla,  ni  oían  trato  ninguno,  que  fuese  para 
entregar  la  cibdad  (1).  A  esta  tala  vino  la  Reyna 
Doña  Isabel  y  el  Príncipe  Don  Juan,  é  la  Princesa 
de  Portogal  sus  fijos;  é  quedaron  en  Modín  la  Rey- 
na é  la  Princesa.  Y  el  Príncipe  Don  Juan  fué  al 
real,  donde  fué  armado  caballero  junto  á  la  acequia 
gorda;  é  fueron  sus  padrinos  el  Duque  de  Medina- 
sidonia  y  el  Marqués  de  Cáliz,  estando  el  Príncipe 
y  el  Rey  su  padre,  que  lo  armó  caballero,  caval- 
gando.  El  Príncipe  armado  caballero,  armó  caballe- 
ros aquel  día  á  fijos  de  Señores;  el  primero  fué  Don 
Fadrique  Enriquez,  fijo  del  Adelantado  Don  Pedro 
Enriquez,  que  fué  después  Marqués  de  Denia,  é  á 
otros.  Duró  esta  tala  doce  días.  Vino  á  servir  al 
Rey  aquel  Caudillo  de  Baza  con  ciento  é  cínqüenta 
de  caballo,  y  el  Alguacil  de  Baza,  vasallos  del  Rey; 
é  tomaron  el  mas  peligroso  lugar;  é  tomaron  la 
torre  de  Román  que  está  dos  leguas  de  Granada,  é 
ciertos  moros  que  en  ella  estaban,  con  cierto  enga- 
ño. Ansimismo  vino  á  servir  al  Rey  el  Rey  que  ha- 
bía seydo  en  Guadix  con  docíentos  de  caballo,  que 
ansimesmo  eran  vasallos  del  Rey. 

CAPÍTULO  CXXXI. 

Como  los  moros  tomaron  el  castillo  de  Alhendin  é  lo  derribaron; 
é  tomaron  otras  dos  fortalezas,  é  cercaron  la  vüla  de  Salobrefia. 

Fecha  la  tala  que  este  año  fizo  el  Rey  en  la  vega 
de  Granada ,  é  vuelto  para  la  cibdad  de  Córdoba, 
el  Rey  de  Granada  con  ayuda  y  esfuerzo  que  le 
dieron  algunos  de  la  cibdad  é  los  que  moraban  en 
las  serranías  que  son  á  la  parte  de  la  sierra  Nevada, 
salió  de  la  cibdad  con  mucha  gente  de  moros  á  pié 
é  á  caballo,  é  cercó  el  castillo  de  Alhendin,  donde 
estaba  por  Alcayde  un  caballero  que  se  llamaba 
Mendo  de  Quesada,  con  docíentos  ó  cínqüenta  ho- 
mes dispuestos  é  cursados  en  la  guerra.  Este  casti- 
llo de  Alhendin,  por  estar  muy  cercano  á  la  cibdad 
de  Granada,  tenia  á  los  moros  tan  encogidos,  que 
no  osaban  salir  á  facer  las  labores  del  campo,  ni 
tenían  libertad  de  ir  á  otras  partes  que  no  fuesen 
presos  ó  captivos,  salvo  si  no  saliesen  tantos  en  nú- 
mero que  pediesen  resistir  á  los  que  estaban  en 
aquel  castillo  de  Alhendin.  Los  quales  por  manda- 
do del  Alcayde,  é  por  sus  propríos  intereses,  siem- 
pre salían  é  se  ponían  en  asechanzas,  é  captívaban 
é  mataban  bien  cerca  de  la  cibdad  á  los  moros  que 
salían  della.  Visto  por  los  moros  estos  trabajos  que 
todas  horas  padescian  de  los  que  estaban  en  aquella 


(1)  A  esta  tala  vino  la  Reyna.  Todo  esto  que  sigue  tiasta  el  fia 
del  capítulo,  no  se  lee  en  el  MS.  del  Escorial. 


505 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


fortaleza,  é  considerando  como  el  Rey  con  toda  su 
hueste  era  vuelto  á  la  cibdad  de  Córdoba,  acordaron 
de  cercar  aquella  fortaleza,  porque  creyeron  que  la 
tomarían  antes  que  el  Rey  pediese  volver  con  gente 
á  la  socorrer.  É  puesto  el  real  sobre  ella,  el  Alcay- 
de  é  los  christianos  que  con  él  estaban,  se  pusieron 
en  defe'nsa,  é  pelearon  con  los  moros,  el  dia  que  pu- 
sieron el  sitio;  é  otros  seis  dias  continos,  que  no  fá- 
lleselo dia  ni  noche  que  cesasen  entre  ellos  las  pe- 
leas por  dos  ó  tres  partes.  Pero  los  moros,  que  eran 
en  gran  número,  é  con  los  que  todas  horas  sallan  de 
la  cibdad  de  Granada,  tenían  gente  para  pelear  los 
unos  entretanto  que  los  otros  descansaban,  de  ma- 
nera que  todas  horas  peleaban.  Con  estas  peleas  é 
combates  que  los  moros  daban  tan  continos  é  pre- 
surosos, los  christianos  cansados  con  el  poco  dormir, 
é  no  teniendo  espacio  para  comer,  ni  lugar  alguno 
para  reposar,  fueron  constreñidos  de  se  recoger  á  la 
barbacana  de  la  fortaleza,  la  qual  les  fué  dos  veces 
entrada  por  los  moros,  é  fueron  echados  della  con 
la  fuerza  y  esfuerzo  de  los  christianos.  Al  fin  el 
Alcayde,  veyendo  los  muertos  é  feridos  que  tenia  en 
BU  compañía,  é  que  no  podian  defender  la  barrera, 
acordó  de  la  dexar,  é  defender  una  gran  torre  prin- 
cipal, é  los  otros  lugares  que  le  parecieron  defensi- 
bles  en  la  fortaleza.  Los  moros,  visto  que  los  chris- 
tianos se  hablan  retraído,  arrimaron  á  la  torre  prin- 
cipal las  mantas  é  bancos  pinjados,  é  otros  aparejos 
que  traian;  é  cavaron  la  torre,  é  pusiéronla  toda  en 
cuentos.  Venida  la  nueva  deste  cerco  al  Rey  é  á  la 
Rey  na  que  estaban  en  Córdoba,  luego  mandaron 
llamar  gentes  de  pié  é  de  caballo  del  Andalucía,  é 
de  las  comarcas.  É  como  fueron  juntos,  partió  el 
Rey  para  socorrer  los  que  guardaban  aquella  forta- 
leza, é  luego  volvió  para  la  cibdad  de  Córdoba,  por- 
que sopo  una  jornada  antes  que  llegase,  como  el 
Alcayde  la  había  entregado  á  los  moros ;  porque 
vido  que  los  que  le  ayudaban,  dellos  eran  muertos, 
é  dellos  feridos,  ó  todos  los  otros  estaban  ya  cansa- 
dos de  los  continos  combatos,  que  les  fallescian  las 
fuerzas;  especialmente  porque  vido  que  toda  la  tor- 
re que  defendía  estaba  puesta  en  cuentos  de  made- 
ra, é  los  moros  la  querían  poner  fuego  para  la  der- 
ribar. Y  el  Rey  Moro  tomó  por  captivos  al  Alcayde 
é  á  todos  los  que  falló  en  la  fortaleza ,  é  fizóla  derri- 
bar por  el  inconviniente  que  se  siguiria  á  los  moros 
si  los  christianos  la  tornasen  á  recobrar. 

Después  que  los  moros  tomaron  aquella  fortaleza 
é  la  derribaron ,  cobraron  mayor  ánimo  para  guer- 
rear ;  é  salieron  de  la  cibdad  de  Granada  mucha  gen- 
te de  pié  é  de  caballo,  é  fueron  contra  otras  dos  for- 
talezas que  son  entre  la  cibdad  de  Guadix  é  Alme- 
ría, é  la  una  se  llama  Marchena,  é  la  otra  Buluduy. 
E  porque  los  alcaydes  que  las  tenían  no  estaban 
bien  proveídos  de  gente,  ni  de  las  otras  cosas  ne- 
cesarias á  la  defender,  los  moros  con  los  combates 
presurosos  que  les  dieron,  ovieron  lugar  de  las  to- 
mar, é  llevaron  captivos  á  los  alcaydes  é  á  los  que 
con  ellos  estaban.  E  como  el  Rey  Moro  se  vido 
victorioso  por  la  toma  de  aquellas  fortalezas,  con- 
siderando que  no  tenía  puerto  de  mar  por  donde 


pediese  haber  mantenimientos  de  África,  acordó 
de  cercar  la  fortaleza  de  Salobreña,  que  es  cerca  de 
la  mar.  E  poniendo  en  obra  este  acuerdo,  tornó  á 
salir  de  la  cibdad  de  Granada  con  mucha  gente  de 
pié  é  de  caballo,  é  cercó  aquella  villa  é  su  fortaleza. 
(1)  En  este  tiempo  el  Conde  de  Tendilla,  que  te- 
nia á  cargo  la  frontera  de  Alcalá  la  Real,  ovo  aviso 
que  eran  entrados  ciertos  caballeros  moros  é  cíent 
peones,  á  correr  á  Quesada  ;  é  salió  al  camino  con 
ciento  é  cinqüenta  lanzas,  é  púsose  en  Barcina,  tres 
leguas  de  Granada,  y  esperó  allí  un  día  é  una  noche 
en  una  celada.  Los  caballeros  que  estaban  con  él 
querían  que  el  Conde  se  fuese ,  con  el  qual  nunca 
lo  pedieron  acabar,  fasta  que  sus  guardas  vinieron 
dos  horas  antes  que  amaneciese ,  é  ficieron  lumbre 
los  moros  en  Poríate.  E  vinieron  á  decir  al  Conde 
como  venían  los  moros,  y  el  Conde  fizo  cavalgar  la 
gente,  é  los  moros  que  venían  con  muchos  captivos 
homes  é  mugeres,  é  muchas  azémilas  é  joyas  que 
habían  tomado  de  personas  que  iban  seguras  á 
Baza,  no  se  cataron  fasta  que  el  Conde  dio  sobre 
ellos  é  los  desbarató,  é  mató  treinta  é  seis  moros,  ó 
captivo  cinqüenta  é  cinco  ;  é  tomaron  quarenta  é 
cinco  caballos  ensillados,  é  los  otros  se  salvaron 
por  la  noche  é  por  la  aspereza  de  la  tierra.  E  ansí 
el  dicho  Conde  tornó  á  Alcalá  la  Real  con  los  mo- 
ros captivos,  é  los  christianos  é  christianas  libres. 
Donde  de  toda  la  cibdad  fué  recebido  con  grande 
alegría,  é  de  su  muger  que  le  había  venido  á  ver 
este  dia,  á  cabo  de  dos  años  que  no  le  había  visto, 
la  qual  era  fija  del  Maestre  Don  Juan  Pacheco  é  de 
Doña  María  Puertocarrero,  Marquesa  de  Villena,  su 
muger. 

Los  moros  que  habían  quedado  por  mudéxares 
en  la  villa,  pospuesto  el  juramento  de  fidelidad  que 
ficieron  al  Rey  é  á  la  Reyna,  dieron  lugar  al  Rey 
Moro  para  que  entrase  en  la  villa,  é  ayudaron  á  los 
moros  con  armas  é  viandas ,  é  las  otras  cosas  que 
ovieron  necesario  para  cercar  la  fortaleza.  El  Al- 
cayde que  en  ella  estaba,  puesto  por  Francisco  Ra- 
mírez de  Madrid  que  tenía  el  cargo  principal  de 
aquella  fortaleza,  con  otros  algunos  christianos  que 
entraron  á  le  ayudar,  se  puso  en  defensa,  é  repartió 
las  estanzas  en  los  lugares  por  donde  los  moros 
querían  combatir.  Sabido  esto  por  Don  Francisco 
Enriquez,  tío  del  Rey,  Capitán  de  la  cibdad  de  Ve- 
lez-Málaga,  é  por  otros  capitanes  é  alcaydes  que 
estaban  en  la  comarca ,  vinieron  para  entrar  en  la 
villa  para  la  defender;  pero  no  lo  pedieron  facer 
por  la  multitud  de  les  meros  que  por  todas  parteg 
la  tenían  cercada.  Visto  por  aquellos  capitanes 
christianos  que  no  podían  entrar  en  la  villa,  é  que 
eran  pequeño  número  para  pelear  con  los  moros, 
pusiéronse  en  una  peña  que  estaba  cercana  á  la  mar, 
donde  ni  los  moros  á  ellos ,  ni  ellos  á  los  moros  po- 
dían facer  dañe ;  pero  esfuerzaban  á  los  de  la  for- 
taleza diciéndoles  que  se  detuviesen,  porque  presta- 


(1)  En  esle  tiempo.  En  el  MS.  del  Escorial  falta  este  suceso  del 
Conde  de  Tendilla ;  y  aunque  se  halla  en  el  MS.  del  Señor  Nava, 
mas  parece  nota  marginal,  que  verdadero  texto  de  la  Crónica. 


DON  FERNANDO 
littente  vemia  el  Hey  á  los  socorrer.  Y  en  aquella 
manera  los  moros  tovieron  cercada  aquella  forta- 
leza, combatiéndola  por  espacio  de  quince  dias. 

Sabido  por  el  Rey  como  los  moros  tenian  cerca- 
da aquella  villa ,  é  que  el  Alcayde  é  los  que  con  él 
la  guardaban  estaban  en  muy  grande  aprieto  por 
los  continos  combates  que  los  moros  les  daban, 
partió  de  la  cibdad  de  Córdoba  con  la  mas  gente 
que  pudo  haber,  é  apresurando  su  camino,  llegó  cer- 
ca de  aquella  villa  por  la  socorrer.  Sabido  por  el  Rey 
Moro  como  el  Rey  venia  con  gente  en  socorro,  lue- 
go alzó  el  real  que  tenia  puesto ,  é  volvió  con  toda 
su  hueste  para  la  cibdad  de  Granada ,  é  ansí  quedó 
aquella  villa  libre.  Y  el  Rey  é  la  Reyna  ficieron 
mercedes  al  Alcayde  é  á  los  que  con  él  estaban  é  la 
defendieron,  por  los  trabajos  que  ovieron  en  la  de- 
fender, é  porque  fueron  constantes  contra  los  com- 
bates que  sufrieron,  é  miedos  que  les  eran  puestos 
por  los  moros  que  los  hablan  cercado  (1).  E  aquí 
en  esta  fortaleza  metió  por  un  postigo  el  Alcayde 
Pulgar  en  ella  setenta  homes.  E  habiendo  falta  de 
agua,  por  mengua  de  la  qual  los  moros  la  espera- 
ban tomar,  porque  perdiesen  aquella  esperanza,  los 
fizo  dende  el  adarve  colgar  un  cántaro  della ;  y  en 
albricias  del  combate  con  que  los  amenazaban,  les 
dio  una  taza  de  plata ;  que  fué  causa,  que  como  los 
cercados  se  esforzaron,  los  cercadores  se  alzaron. 

CAPÍTULO  CXXXII. 

Como  el  Rey  tornó  á  la  vega  de  Granada,  é  fizo  tala  en  los  pani- 
zos, y  echó  todos  los  moros  de  los  lugares  cercados. 

Deseando  el  Rey  é  la  Reyna  dar  fin  á  la  conquis- 
ta que  principiaron  del  Reyno  de  Granada,  man- 
daron poner  gran  diligencia  en  las  cosas  concer- 
nientes á  la  guerra ;  é  acordaron  que  se  ficiese  en 
el  mes  de  Septiembre  deste  año  la  tala  de  los  pani- 
zos que  los  moros  tenian  sembrados  en  circuito  de 
la  cibdad.  Habido  este  acuerdo ,  mandaron  juntar 
en  la  cibdad  de  Córdoba  toda  la  gente  de  guerra, 
ansí  del  Andalucía  como  de  las  provincias  que  son 
comarcanas  á  ella.  E  como  los  capitanes  con  las 
gentes  de  sus  capitanías  fueron  juntos,  el  Rey  par- 
tió de  la  cibdad  de  Córdoba  con  sus  batallas  orde- 
nadas ;  é  porque  fué  informado  que  los  moros  ha- 
bían alzado  el  cerco  que  tenian  puesto  sobre  la  vi- 
lla de  Salobreña,  volvió  camino  de  Granada,  é  fizo 
talaj  los  panizos  que  estaban  sembrados  en  circuito 
de  la  cibdad.  Los  moros,  visto  que  les  talaban  los 
mantenimientos,  salieron  de  la  cibdad  á  lo  resistir; 
y  en  quince  dias  que  duró  aquella  tala,  ovo  algunas 
escaramuzas,  donde  murieron  é  fueron  feridos  al- 
gunos de  los  moros  é  de  los  christianos.  Fecha  la 
tala,  porque  se  sopo  que  los  moros  después  que  to- 
maron laa  fortalezas  de  Alhendin  é  Marchena  y  el 


(1)  E  aquí  en  esta  fortaleza.  Desde  estas  palabras  hasta  el  fin 
del  capítulo  falU  en  el  MS.  del  Escorial.  Este  Alcayde  Pulgar  es 
el  del  Salar  de  quien  se  habló  en  el  cap.  111,  y  cuent»  él  mismo 
este  suceso  con  alguna  mas  extensión  en  el  Sumario  de  los  He- 
chos del  Gran  Capitán,  pá{f.  11,  aunque  con  la  modestia  de  ocul- 
tar sa  Bombre. 


É  DO^A  ISABEL.  5Ó9 

Buluduy,  cobraron  ánimo  para  salir  é  combatir  é 
tomar  otras  fortalezas,  otrosí  porque  fueron  infor- 
mados que  algunos  moros  de  los  que  habían  dexa- 
do  que  morasen  en  las  cibdades  de  Baza,  é  Guadix 
é  Almería,  trataban  secretamente  con  el  Rey  Moro 
de  Granada  que  los  viniese  á  socorrer,  porque  ellos 
entendían  tomar  armas,  é  se  alzar  con  aquellas  cib- 
dades é  villas  contra  los  que  tenian  las  fortalezas, 
las  quales  entendían  con  su  esfuerzo  combatir  é  to- 
mar ;  el  Rey  partió  con  toda  su  hueste,  é  fué  para 
aquellas  partes.  E  mandó  salir  de  aquellas  tres  cib- 
dades é  de  sus  arrabales,  é  de  todas  las  otras  villas 
cercadas  todos  los  moros  é  moras  que  en  ellas  ha- 
bían dexado  por  mudéxares ;  é  díóles  seguro  para 
que  pasasen  si  quisiesen  á  las  partes  de  África,  ó 
si  quisiesen  quedar  con  sus  casas  ó  bienes  en  sus 
reynos  é  señoríos,  pudiesen  morar  en  las  aldeas  ó 
alearías,  éno  entrasen  en  cibdad  ni  villa  cercada. 

Los  moros,  visto  el  mandamiento  del  Rey,  luego 
desampararon  sus  casas,  é  dexaron  libres  todas  las 
cibdades  é  villas  cercadas  ;  é  dellos  se  pasaron  á  los 
Reynos  de  África,  é  dellos  fincaron  en  aquella  tier- 
ra, é  moraron  en  las  aldeas  é  alearías,  que  no  tenian 
cercas  ni  fuerza  donde  pudiesen  rebelar,  ni  facer 
daño  á  la  tierra  de  los  christianos.  Con  esto  el  Rey 
remedió  la  tierra,  é  quedó  segura ;  porque  los  moros 
cesaron  de  imaginar  los  insultos  que  deseaban  fa- 
cer morando  en  las  cibdades  é  villas  cercadas. 

CAPÍTULO  CXXXIIL 

Como  el  Rey  fué  á  Sevilla,  é  de  allí  fué  á  cercar  á  Granada  qnan» 
do  la  tomó  (2). 

Acabada  la  tala  é  de  echar  el  Rey  á  los  moros  de 
los  lugares  ya  dichos,  partió  de  Córdoba  para  Se- 
villa ;  y  en  el  camino  en  la  'villa  de  Constantina 
despidió  á  su  fija  la  Princesa  de  Portogal.  E  desde 
Sevilla  partieron  á  once  de  Abril  año  de  mil  é  qua- 
cientos  é  noventa  é  un  años  ,  é  con  ellos  el  Principe 
é  las  Infantas  sus  fijas.  E  la  Reyna  y  el  Príncipe  é 
sus  fijas  quedaron  en  Alcalá  la  Real,  y  el  Rey  fué  á 
veinte  del  dicho  mes  á  poner  su  real  á  la  cabeza  de 
los  ginetes,  y  estovieron  allí  otro  dia  Jueves  espe- 
rando la  gente.  Otro  dia  Viernes  fué  al  Val  de  Ve- 
lillos,  que  es  junto  á  la  puente  de  Pinos,  y  el  Sába- 
do fueron  á  los  Ojos  de  Huécar ,  que  es  una  legua 
de  Granada,  á  do  vinieron  algunos  moros  de  Grana- 
da caballeros.  E  de  allí  esa  noche  el  Marqués  de 
Villena  con  tres  mil  de  caballo  é  diez  mil  peones 
fué  al  Val  de  Lendin,  que  son  unas  aldeas  que  están 
á  la  entrada  de  las  Alpuxarras,  á  destruirlas,  á  do 
suele  haber  cosas  de  mantenimientos  para  Granada. 
E  por  miedo  que  no  se  juntase  contra  el  Marqués 
mucha  gente  de  las  Alpuxarras,  movió  el  Rey  á  fa- 
celle  espaldas.  E  los  de  Granada  salieron  é  dieron 

(2)  En  el  MS.  del  Escorial  faltan  los  dos  capítulos  siguientes; 
y  á  la  verdad  no  parecen  de  Pulgar.  Tal  vez  serán  parte  de  una 
Adición  que  sigue  en  varios  MSS.,  y  entre  ellos  en  el  del  Señor 
Nava.  Aparte  de  la  notoria  diversidad  del  estilo,  el  Doctor  Galin- 
dez  de  Carvajal,  que  tuvo  esta  Crónica  original  en  su  poder,  afir- 
ma expresamente  que  Pulgar  solo  escribió  hasta  el  año  noventa. 
t'refac,  al  Registro  de  las  Jomadas  de  los  Reyes  Católicos,  US. 


510 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


eu  los  de  la  rezaga,  los  quales  entraron  con  ellos  en 
escaramuzas,  é  fueron  tan  apretados  los  christianos 
que  ovieron  de  f  uir,  á  do  ovo  de  los  moros  algunos 
muertos.  El  Rey  llegó  al  Padul,  á  do  falló  que  ya 
venia  el  Marqués  de  Villena  con  su  gente,  los  qua- 
les como  los  moros  del  Val  de  Lendin  estaban  des- 
cuidados, destruyeron  nueve  aldeas,  é  mataron  mas 
de  quinientos  moros ,  é  traxieron  grande  presa,  an- 
sí de  moros  é  moras,  como  de  otras  muchas  cosas, 
los  quales  llegaron  al  real  Domingo  en  la  noche. 
Otro  dia  Lunes,  el  Rey  determinó  de  destruir  todos 
los  lugares  que  el  Marqués  habia  comenzado  á  des- 
truir, é  otros  que  estaban  mas  adentro  en  las  Alpu- 
xarras.  El  Domingo  en  la  noche  vinieron  de  Grana- 
da por  la  sierra  mucha  gente  de  pié  é  de  caballo 
con  tres  capitanes  á  ponerse  en  un  paso,  para  que 
la  gente  no  pasase  á  las  Alpuxarras.  Otro  dia  Lunes 
partió  la  hueste,  é  algunas  gentes  delante  ;  é  fueron 
á  donde  los  moros  estaban  esperando  á  los  christia- 
nos, é  pelearon  con  ellos,  é  los  moros  fueron  f uyen- 
do,  quedando  allí  muertos  mas  de  ciento ,  é  á  vida 
tomaron  setenta.  Y  el  Rey  pasó  adelante,  donde 
quemaron  é  destruyeron  las  nueve  aldeas,  é  otros 
quince  lugares  mas,  á  donde  murieron  muchos  mo- 
ros é  moras,  é  se  captivaron  muchos ;  é  traxieron 
mucho  despojo  por  ser  la  tierra  rica,  é  después  se 
taló  quanto  habia  sembrado  en  aquella  tierra.  El 
dia  de  Sant  Marcos  volvió  el  Rey  al  Padul,  y  en  to- 
do esto  no  murió  ninguno,  salvo  un  page  de  la  Rey- 
na  que  se  llamaba  Avellaneda.  Y  el  Rey  volvió  á  la 
vega,  é  asentó  su  real  cerca  de  donde  es  oy  dia 
Santa  Fé,  que  es  cabe  los  ojos  de  Huócar,  que  fué  á 
veinte  é  seis  dias  de  Abril ;  el  qual  real  no  se  levan- 
tó fasta  que  se  tomó  é  ganó  la  cibdad  de  Granada, 
é  duró  el  cerco  ocho  meses.  En  el  qual  tiempo  se 
taló  todo  lo  sembrado  é  huertas  que  pudieron;  é 
tomó  todas  las  aldeas  que  pudo  á  la  redonda.  Des- 
que el  real  fué  fortalescido,  la  Reyna  con  sus  fijos 
vino  allí ;  á  los  quales  los  mas  de  los  Grandes  sa- 
lieron á  recebir.  Sábado  á  diez  é  ocho  del  mes  de 
Junio,  fué  la  Reyna  á  mirar  á  Granada,  é  la  cerca 
que  tenia,  é  con  ella  el  Príncipe  é  la  Infanta  Doña 
Juana,  é  fueron  con  ella  mucha  gente.  E  allegó  á 
una  aldea  que  se  llamaba  la  Zubia,  que  está  junto  á 
la  cibdad,  é  mandó  poner  mucha  gente  á  la  halda 
de  la  sierra  que  está  junto  con  el  aldea,  é  otra  gen- 
te hacia  la  cibdad.  La  qual  la  Reyna  se  paró  á  mirar 
desde  una  ventana  de  una  casa  de  aquella  aldea,  y 
embió  á  mandar  que  se  escusase  escaramuza,  porque 
no  muriese  gente,  é  no  lo  pudo  escusar  tanto  que 
no  la  oviese.  E  como  los  christianos  que  andaban 
con  ella  eran  muchos,  para  defender  los  otros  ovo 
de  soltar  la  gente,  é  ñcieron  retraer  los  moros  fasta 
la  cibdad,  é  fueron  tras  dellos,  é  mataron  mas  de 
seiscientos  moros,  é  firieron  é  captivaron  otros  mu- 
chos, que  serian  por  todos  dos  mil,  é  tomáronles  dos 
tiros  de  pólvora  que  traían.  Los  moros   quedaron 
desta  vez  escarmentados,  é  no  osaron  salir  tan  suel- 
tamente de  allí  adelante.  La  Reyna  en  aquella  al- 
dea fizo  un  monesterio  de  Sant  Francisco. 
Estando  en  el  real,  Jueves  en  la  noche,  á  catorce 


de  Julio,  la  Reyna  mandó  &  «na  moza  de  cámata 
quitar  una  vela  de  su  tienda  de  una  parte,  é  pasar- 
la á  otra,  porque  le  estorbaba  el  dormir,  é  durmien- 
do ella  é  todos  los  de  su  tienda,  prendióse  fuego  á 
la  tienda  de  aquella  vela,  de  cuyo  fuego  se  encendió 
mucha  parte  del  real ;  é  salió  la  Reyna  con  mucho 
peligro,  y  ella  por  una  parte,  y  el  Príncipe  é  la  In- 
fanta por  otra,  se  acogieron  á  otras  tiendas.  Y  el 
Rey  cavalgó  con  mucha  gente,  é  salió  fuera  del 
real  hacia  Granada,  porque  los  moros  no  viniesen  á 
facer  daño.  En  esta  mesma  noche  se  quemó  la  fe- 
ria de  Medina.  Y  esta  tarde  antes,  corriendo  el  Prín- 
cipe Don  Alonso  de  Portogal  un  caballo  en  la  ribe- 
ra de  Tejo  estando  en  Santaren,  tomó  el  caballo  un 
hombre  entre  las  manos,  que  fué  causa  que  el  Prín- 
cipe cayese  ;  é  nunca  f abló  ni  tornó  en  su  sentido 
fasta  que  murió,  el  qual  era  yerno  del  Rey  é  de  la 
Reyna.  E  al  cerco  de  Granada  antes  que  se  alzase 
vino  la  Princesa  su  muger,  é  posó  en  Santa  Fé, 
que  ya  estaba  fecha.  Pasado  este  fuego,  ficieron  to- 
dos casas  de  texa ,  que  parecía  una  cibdad  con  sus 
calles  ordenadas,  é  todas  la  cosas  deseadas,  en  tan- 
ta abundancia  de  sedas  é  paños  ó  brocados ,  é  todo 
lo  demás,  como  si  fuera  una  buena  feria.  Después 
se  fizo  Santa  Fé,  la  qual  ficieron  las  cibdades  é  los 
Maestrazgos,  é  cada  uno  puso  su  letrero  de  lo  que 
fizo,  lo  qual  fué  parte  de  dexar  guarniciones  de 
gentes  sobre  Granada,  la  qual  ficieron  á  la  forma 
de  Villa-Real,  que  es  una  villa  cabe  Vallado  ,  que 
se  fizo  para  lo  mesmo  con  sus  calles  derechas ,  é 
quatro  puertas  una  enfrente  de  otra  muy  fuertes. 
En  el  mes  de  Deciembre,  no  teniendo  sino  muy  po- 
cos mantenimientos  los  de  la  cibdad  de  Granada, 
demandaron  partido,  la  fabla  de  lo  qual  duró  trein- 
ta dias  ;  y  en  los  treinta  de  Deciembre  entregaron 
las  fortalezas  que  el  Rey  Moro  tenia,  que  la  princi- 
pal es  el  Alhambra,  al  Rey  Don  Hernando  é  á  la 
Reyna  Doña  Isabel ;  con  tanto  que  todos  quedasen 
en  su  ley  y  en  sus  faciendas  é  otros  muchos  capí- 
tulos. E  también  los  moros  otorgaron  otros ;  y  en 
rehenes  que  complirian  lo  de  las  fortalezas,  é  que 
darían  las  armas  que  toviesen,  dieron  á  muchos 
principales  de  la  cibdad. 

Un  moro  loco  andaba  por  las  calles  de  la  cibdad 
alborotando  el  pueblo  para  que  el  partido  no  se 
ficiese ;  con  el  qual  se  juntó  tanta  gente,  que  el  Rey 
Moro  no  osaba  salir.  E  ansí  otro  dia  Sábado  mandó 
llamar  á  los  de  su  consejo,  é  á  los  que  habían  fecho 
aquel  alboroto  ;  é  diciéndole  ellos  lo  acontecido,  les 
dixo  tales  palabras  con  que  los  amansó ,  diciendo 
que  ya  no  era  tiempo  de  facer  tal  movimiento,  pues 
ya  no  tenían  con  que  se  poder  sostener ;  ó  lo  otro 
por  las  rehenes  que  estaban  dadas,  de  donde  ge  les 
siguiria  mas  cierto  el  daño  que  el  remedio,  pues  de 
socorro  no  tenían  esperanza.  E  dicho  esto  se  volvió 
al  Alhambra,  las  quales  fortalezas  estaban  asenta- 
das que  se  entregarían  el  dia  de  los  Reyes.  Y  el  Rey 
Moro  escribió  al  Rey  que  él  compliría  lo  asentado, 
no  embargante  el  alboroto,  é  que  abreviase  el  tiem- 
po. E  visto  esto,  el  Rey  é  la  Reyna ,  á  dos  dias  de 
Enero  con  toda  la  hueste  del  real  partió  la  vía  d^ 


í)ON  FERNANDO 
Granada.  La  Reyna  y  el  Príncipe  éla  Infanta  Doña 
Juana  se  pusieron  en  un  cerro  cerca  de  Granada,  y 
el  Rey  con  la  gente  junto  de  la  cibdad  ,  cabe  el  rio 
Genil,  á  donde  salió  el  Rey  Moro,  é  le  entregó  las 
llaves,  é  se  quiso  apear  á  le  besar  las  manos.  Y  el 
Rey  lo  uno  ni  lo  otro  no  le  consintió,  é  le  besó  en 
el  brazo,  é  dióle  las  llaves.  Y  el  Rey  diólas  al  Con- 
de de  Tendilla,  á  quien  habia  fecho  merced  de  la 
alcaydía  de  Granada ,  é  al  Comendador  mayor  de 
León  Don  Gutierre  de  Cárdenas.  Los  quales  entra- 
ron en  el  Alhambra,  y  encima  de  la  torre  de  Goma- 
res alzaron  ia  cruz,  ó  luego  la  bandera  real.  E  dixe- 
ron  los  Reyes  de  armas  en  altas  voces :  Chanada^ 
Granada  por  los  Reyes  Don  Femando  é  Doña  Isa- 
bel. Vista  la  cruz  por  la  Reyna,  los  de  su  capilla  que 
allí  estaban  cantaron  el  Te  Deum  laudamus.  Fué 
tanto  el  placer,  que  todos  lloraban.  Luego  todos  los 
Grandes  que  con  el  Rey  estaban ,  fueron  á  donde  la 
Reyna  estaba,  é  le  besaron  la  mano  por  Reyna  de 
Granada.  E  junto  con  el  pendón  real,  se  levantó  el 
pendón  de  Santiago  que  traia  el  Maestre. 

Este  dia  fizo  el  Rey  Moro  dos  actos  de  tristeza,  é 
fueron,  que  tienen  por  costumbre  los  Reyes  moros 
quando  pasan  algún  rio  de  poca  agua,  que  los  ca- 
balleros moros  le  cubren  los  pies  é  los  estrivos  con 
los  suyos,  y  él  no  lo  quiso  consentir ;  é  quando  su- 
ben alguna  escalera,  dexan  los  alpargates,  é  gelos 
lleva  el  mas  principal  moro  que  allí  está,  lo  qual  él 
no  quiso  consentir.  Ecomo  fué  asurcasa,  que  era  en 
el  alcazaba,  entró  llorando  lo  que  habia  perdido,  é 
díxole  su  madre,  que  pues  no  habia  seydo  para  de- 
fenderlo como  home,  que  no  llorase  como  mnger. 

Falláronse  en  esta  toma  de  Granada  el  Cardenal 
de  España  Arzobispo  de  Toledo,  Don  Pedro  Gonzá- 
lez de  Mendoza,  y  el  Maestre  de  Santiago  Don  Alon- 
so de  Cárdenas,  é  los  Duques  de  Medinasidonia  é 
Cáliz,  é  Don  Alonso  de  Aguilar,  y  el  Marqués  de 
Villena,  é  los  Condes  de  Urueña  é  Cabra;  y  el  Ade- 
lantado del  Andalucía,  é  Don  Diego  Hurtado  de 
Mendoza,  Arzobispo  de  Sevilla,  é  otros  muchos  Per- 
lados, Condes  ó  Marqueses.  E  por  evitar  los  incon- 
vinientes  que  en  la  cibdad  podia  haber,  no  estando 
ellos  en  ella,  mandaron  el  Rey  é  la  Reyna  pregonar 
que  ninguno  entrase  en  Granada  sin  su  licencia  an- 
tes de  BU  entrada.  E  porque  Pedro  Gasea  de  Avila, 
fijo  de  Gil  González  de  Avila,  entró  sin  ella  con 
ciertos  escuderos  suyos  é  de  su  hermano  Luis  de 
Guzman,  Comendador  de  Aceca,  le  mandaron  pren- 
der é  mandaban  cortar  la  cabeza.  Pero  siguiendo  la 
condición  que  los  Príncipes  han  de  tener  para  los 
que  los  desean  servir,  eran  estos  Reyes  tan  agrades- 
cidos,  que  considerando  lo  que  este  caballero  los 
habia  servido  en  todas  las  guerras,  desde  la  de  Toro, 
no  solo  le  perdonaron,  pero  le  ficieron  mercedes  en 
aquella  cibdad  é  reyno. 

Entregada  el  Alhambra,  traxieron  luego  todas 
las  armas  de  la  cibdad  á  ella,  salvo  las  que  se  escon- 
dieron. El  Rey  Moro  salió  de  allí  con  otros  princi- 


É  DO^A  ISABEL.  511 

pales,  é  se  fué  al  Val  de  Parchena,  que  eíft  lo  que  le 
dieron  para  que  estoviese.  E  después  otro  dia  el 
Rey  é  la  Keyna  entraron  .en  el  Alhambra,  á  donde 
los  salió  á  recebir  el  Arzobispo  nuevo,  Don  Fray 
Hernando  de  Talavera,  con  mucha  clerecía  á  la 
puerta  del  Alhambra  en  procesión.  Estovo  el  Rey 
en  Santa  Fé  en  su  real,  é  á  las  veces  en  el  Alham- 
bra, fasta  el  mes  de  Mayo  de  mil  é  quatrocientos 
é  noventa  é  dos  años  por  dexar  segura  la  cibdad. 
En  aquel  tiempo  ovo  algunos  alborotos  de  moros ,  é 
fallaron  una  mina  llena  de  armas,  sobre  lo  qual  se 
fizo  mucha  justicia,  é  de  todos  los  que  ficieron  los 
alborotos.  E  dexaron  en  ella  mucho  recabdo,  é  par- 
tiéronse para  Castilla. 

CAPÍTULO  CXXXIV 
Del  tareo  que  embíó  el  Gran  Maestre  de  Rodas  al  Papa. 

Ya  habemos  dicho  (1)  como  el  gran  Maestre  de 
Rodas,  á  este  hermano  del  Turco,  queriéndose  so- 
correr del  contra  el  Gran  Turco  su  hermano,  lo  em- 
bió  al  Rey  Luis  de  Francia.  El  qual  no  solamente 
no  lo  quiso  recibir,  mas  aun  no  quiso  que  estovie- 
se en  su  Reyno  ;  y  el  gran  Maestre  lo  embió  al 
Papa.  E  porque  su  hermano  el  Gran  Turco  lo  temia, 
fizo  su  amistad  con  el  Papa,  ó  prometióle  de  dar 
cierta  cantidad  de  ducados  cada  año  porque  lo  to- 
viese  á  buen  recabdo.  E  ansí  estovo  fasta  que  el 
Papa  lo  dio  al  Rey  Don  Carlos  de  Francia  quando 
fué  á  Ñápeles,  el  qual  Turco  murió  allá.  E  por  mas 
contentar  al  Papa  el  Gran  Turco,  le  embió  al  Papa 
Inocencio  el  fierro  de  la  lanza  con  que  fué  abierto 
el  costado  de  nuestro  Redemptor  Jesu  Christo,  que 
se  cree  habérselo  embiado  á  pedir. 

Sabido  por  el  Papa  que  venia  el  fierro,  embió  dos 
Obispos  al  mar  de  Ancona  á  recibirlo ;  é  después  el 
Papa  con  todos  los  Cardenales  é  clerecía  salió  en 
procesión  á  recebirlo.  Y  el  Papa  lo  traxo  en  sus  ma- 
nos fasta  dentro  de  la  Iglesia  de  Sant  Pedro,  á 
donde  se  puso  en  mucha  veneración.  Al  tiempo  que 
se  traxo,  este  Turco  fué  á  fablar  al  Papa;  y  estaba 
el  Papa  en  un  cadahalso  vestido  de  pontifical  cqn 
todos  los  Cardenales  é  Perlados  que  habia  en  Ro- 
ma ;  é  iba  con  el  Turco  el  Maestre  de  cerimonias, 
diciéndole  do  habia  de  fincar  las  rodillas  y  él  no  qui- 
so facerlo.  E  subiendo  que  subió  á  lo  alto  del  ca- 
dahalso, fué  al  Papa  é  abrazólo  é  dióle  luego  una 
palmada  en  las  espaldas.  E  reprehendióle  el  Maes- 
tre de  cerimonias  porque  lo  habia  fecho,  diciendo 
que  era  Vicario  de  Dios.  Respondió  el  Turco,  di- 
ciendo que  él  habia  fecho  mucho  en  lo  que  fizo  por- 
que no  seyendo  él  christiano ,  ni  creyendo  en  su 
ley,  é  seyendo  él  fijo  de  Rey,  y  el  Papa  fijo  de  un 
mercader,  lo  habia  igualado  consigo. 


(1)  A  primera  vista  se  conoce  que  este  capitulo  es  un  retazo 
arbitrariamente  unido  á  los  anteriores ;  y  todo  demuestra  que  la 
Crónica  de  Pulgar  quedó  incompleta.  [N.  delC.) 


im  D8  LA  OBÓNIOA. 


APÉNDICE  i: 


CONTINUACIÓN  DE  LA  CRÓNICA  DE  PULGAR, 

POR    UN   ANÓNIMO   (1). 


Luego  que  se  tomó  y  entregó  Baza ,  el  Rey  Muy- 
ley  Bahudili  el  Zagal,  rey  que  se  llamaba  de  Gua- 
dix,  hizo  BUS  capitulaciones  con  los  Reyes  Cathóli- 
cos,  é  se  pasó  allende  ;  y  en  el  mismo  tiempo  las 
ciudades  de  Almería  é  Guadix  é  Purcheua  con  sus 
tierras ,  é  otras  muchas  villas  y  fortalezas  del  dicho 
reino  de  Granada,  enviaron  sus  mensajeros  al  Rey 
Cathólico  á  la  ciudad  de  Baza  ,  donde  estaba,  á  ha- 
cer sus  capitulaciones  é  partidos  para  entregarse,  y 
allí  se  hicieron  y  efectuaron ;  y  el  Rey  Cathólico 
embió  sus  capitanes  é  gente  de  armas  á  tomar  las 
dichas  ciudades  ,  y  se  le  entregaron;  y  los  Reyes 
Cathólicos  hicieron  merced  de  la  tenencia  de  la  for- 
taleza é  guarda  de  la  dicha  ciudad  de  Almería  á 
Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador  mayor  de 
León,  é  de  la  fortaleza  é  guarda  de  la  dicha  ciudad 
de  Baza  á  Don  Enrique  Enriquez,  tio  é  mayordomo 
del  Rey,  é  de  la  tenencia  é  guarda  de  la  dicha  ciu- 
dad de  Guadix  á  Don  Hurtado  de  Mendoza,  herma- 
no del  Duque  del  Inf  antadgo  ,  que  entonces  era ,  y 
del  Cardenal  Don  Pero  González  de  Mendoza,  y  de 
la  guarda  y  fortaleza  de  la  ciudad  de  Purchena  á  (2) 

y  á  todos  los  mandaron  prever 

y  fueron  proveídos  de  la  gente  de  caballo  y  de  pié 
que  tenían  necesidad  para  la  guarda  de  aquellas 
fortalezas  y  ciudades  ;  y  al  mesmo  tiempo  le  hicie- 
ron merced  al  Comendador  mayor  de  León  de  la 
fortaleza  é  tacha  de  Marchena,  ques  cerca  de  Alme- 
ría, ques  una  cosa  muy  calificada,  y  á  Don  Rodrigo 
de  Mendoza  é  de  Bivar,  hijo  del  Cardenal  Don  Pero 
González  de  Mendoza,  de  las  villas  de  Zenete  é 
Guadix,  que  son  siete,  con  título  de  Marqués  de 
Zenete. 

Proveídas  las  cosas  dichas ,  los  Reyes  Cathólicos 
salieron  al  Andalucía,  é  porque  la  salida  fué  en  lo 
mas  bravo  del  invierno  y  el  año  fué  muy  lluvioso» 
recibieron  muy  gran  trabajo  en  la  salida,  f  pades- 
cieron  muchas  bestias  é  gentes  en  los  arroyos  é  ma- 


lí) Tom»  da  deunMS.  de  la  Biblioteca  del  Excmo.  Sr.  Dnqae 
de  Osuna. 

2   F.ste  hueco  y  ios  siguientes  esti^n  en  el  original,  excepto 
alguno  quo  resulta  de  palabras  totalmeute  ilegibles. 
Cr.—III. 


los  pasos,  é  por  el  quebrantamiento  y  cansancio  de 
tan  largo  cerco.  En  la  ciudad  de  Granada  y  sus  Al- 
puxares  estaba  y  quedó  por  Rey  el  Muley  Bahude- 
li,  el  Chiquito,  que  dicen  primogénito  del  Rey  Muli 
Bulhacen,  padre  de  los  infantes  de  Granada  qae 
hoy  viven,  Don  Juan  é  Don  Fernando ;  é  porque 
este  Rey  Muley  Bahudeli,  siendo  mancebo,  por  ia- 
ducíraiento  del  Alatar,  que  era  cabecera  de  Loxa  y 
hombre  muy  sabio  y  esforzado  en  guerra  y  en  toda 
otra  cosa,  y  alguno  de  los  Abencerrajes  y  Audi  lloa- 
res, que  eran  caballeros  muy  principales  en  el  dicho 
reyno,  y  de  otros  caballeros  que  seguían  su  partido, 
se  levantó  por  Rey  contra  el  dicho  Rey  Muley  Bul- 
hacen,  su  padre,  con  las  ciudades  Loxa  y  Alhama  y 
Málaga  é  Velez  Málaga  y  Ronda  é  Marvella  é  coa 
todas  las  otras  villas  é  fortalezas  que  estau  á  la 
parte  del  poniente,  por  esto  le  llamaron  el  Rey  Chi- 
quito. Este  rey  Muley  Bahudeli  el  Chiquito  salió 
de  Loxa,  é  con  él  el  Alatar  y  otros  muchos  caballe- 
ros, é  con  mas  de  mili  de  caballo  y  de  siete  á  ocho 
mili  hombres  de  pié,  entró  por  Iznajar  por  correr 
las  villas  de  Cabra  y  Lucena  y  otras  muchas  villas 
é  lugares  questan  cerca  dellas  ;  é  salieron  contra  él 
el  Conde  de  Cabra  que  entonces  era,  y  el  Alcaide  de 
los  donceles  que  se  halló  en  su  villa  de  Lucena  con 
la  gente  que  pudieron  juntar,  que  era  muy  poca  se- 
gund  la  que  el  Rey  Bahudili  tenia.  Y  pelearon 
con  él  entre  Cabra  y  Eznajar ,  cerca  del  rio  que  di- 
cen de  Bedera ,  y  lo  desbarataron ,  é  fueron  presos  é 
muertos  muchos,  y  el  Alatar,  que  era  un  hombro 
tan  principal  como  está  dicho,  y  viejo,  no  pareció 
muerto  ni  vivo :  tiénese  por  cierto  que  se  ahogó  en 
el  dicho  rio  de  Bedera  ;  y  el  rey  Chiquito  fué  presa 
allí,  que  le  halló  un  vecino  de  Lucena  apeado  y  es- 
condido en  una  mata,  y  fué  llevado  preso  á  la  di- 
cha villa  de  Lucena  por  el  dicho  Alcaide  de  los  Don- 
celes ;  y  porque  cada  uno  pretendió  que  él  lo  habia 
prendido,  y  que  se  le  habían  de  dar  las  insinías  de 
la  prisión,  que  la  truxiese  en  sus  armas,  hubo  gran- 
des diferencias  entre  el  Conde  de  Cabra  y  el  Alcai- 
de de  los  Donceles;  y  entendiendo  el  Rey  é  la  Rey- 
na  Cathólicos  la  razón  de  cada  uno,  mandaron  que- 
cada  uno  les  truxiese  igualmente ,  y  ansí  las  traen, 

35 


5U 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


é  les  hicieron  otras  mercedes  de  algunos  juros. 
Preso  este  Rey  Chiquito,  fué  traído  á  los  Reyes  Ca- 
thólicos,  pienso  que  á  Toledo,  donde  estuvo  algunos 
dias.  E  después  el  Rey  é  la  Reyna  Cathólicos  se  con- 
certaron con  él  que  quedase  por  su  vasallo,  y  lo 
soltasen,  y  que  le  diesen  gente  é  dineros  é  favor 
porque  volviese  á  entrar  en  el  Reyno  de  Granada  y 
se  señorease  del. 

Porque  al  tiempo  que  este  Rey  Chiquito  se  alzó 
contra  su  padre  el  Rey  Muli  Bulhacem,  este  dicho 
rey  Muli  Bulhacem  era  ya  muy  viejo  y  ciego  ;  y  en 
su  tiempo  fué  el  mejor  rey  sabio  y  esforzado  y  de 
todas  buenas  maneras  que  los  moros  tuvieron.  Apa- 
sionado del  levantamiento  del  hijo,  hizo  llamar  á 
un  hermano  suyo ,  que  se  llamaba  Muley  Bahudili, 
que  estaba  en  Velez  Málaga ;  é  veniendo  de  camino 
pasó  por  cerca  de  Alhama  con  setenta  ó  ochenta  de 
caballo,  y  muchos  dellos  en  acémilas,  en  que  venian 
muchos  alfaquís.  Y  al  tiempo  hablan  salido  de  la 
ciudad  de  Alhama,  que  la  tenia  en  guarda  Don  Gu- 
tierre de  Padilla,  Clavero  de  Calatrava  que  enton- 
ces era,  y  después  fué  Comendador  mayor,  é  Pedro 
de  Ángulo,  Comendador  que  fué  de  Calatrava,  con 
hasta  cinqüenta  Caballeros,  toda  gente  principal ,  á 
correr  la  vega  de  Granada,  é  volviendo  su  camino, 
dieron  súpitamente  con  el  Rey  dicho  Muley  Bahu- 
dili é  su  gente  ;  y  como  los  Christianos  venian  can- 
sados y  trasnochados  y  descuidados  de  tal  encuen- 
tro, desbaratáronse  luego,  é  pusiéronse  en  huida;  é 
fué  preso  el  dicho  Comendador  Pedro  de  Ángulo  y 
otros  muchos  Caballeros  de  la  orden  de  Calatrava 
con  él,  y  muertos  pocos  y  tomados  muchos  caballos ; 
y  con  esta  victoria  Muley  Bahudili  vino  á  Grana- 
da, é  fué  recibido  alegremente  é  con  gran  algazara 
de  todos  los  moros ,  y  mas  del  Rey  Mulhacem  ,  su 
hermano.  Y  porque  como  está  dicho  este  Rey  Muli 
Bulhacem  (1)  era  muy  viejo  y  ciego,  renunció  el 
reyno  en  dicho  Muley  Bahudili  (2),  su  hermano,  y 
todos  los  moros  le  recibieron  por  Rey  é  le  llamaron 
el  Rey  Muli  Bahudili,  que  quiere  decir  esforzado, 
y  este  nombre  le  pusieron  los  meros  por  la  victoria 
que  hubo  que  arriba  está  dicho,  porque  entró  con  ella 
én  Granada ;  y  el  Rey  Muli  Bulhacem  murió  dende 
á  pocos  dias Estando  las  cosas  en  este  es- 
tado, vino  el  Rey  Muli  Bahudili  (3)  el  Chiquito  con 
concierto  é  favor  de  los  Reyes  Cathólicos  al  Reyno 
de  Granada.  Y  donde  primero  fué  recibido  por  Rey 
fué  en  Loxa,  y  ahí  fué  recibido,  y  en  otras  ciuda- 
des, villas  é  lugares  del  reino  ,  á  cuya  causa  habia 

guerras  é  diferencias  entre  estos  dos  reyes 

sobre  si  el  rey  é  la  reyna  Cathólicos  soltarían  al  di- 
cho Rey  Chiquito  de  la  prisión  en  questaba,  y  para 
ver  lo  que  con  él  se  debía  hacer,  hubo  muy  grandes 
consejos  y  diversos  pareceres ,  porque  á  la  verdad 
el  punto  delicado  es  en  determinar  si  un  rey  cauti- 
vo debe  ser  suelto  ó  no,  pero  fué  muy  grande  mag- 
nanimidad y  prudencia  soltar  al  dicho  Bey  Chiquí- 

(1)  Abol-Hacen  Aly. 

(2)  Abo-Abdil-1-lah  Muhammad,  hermano,  en  efecto,  de  Abol- 
Hacen  Aly. 

\Z)  Abo-Abdil-1-lah  Muhammad,  hijo  del  dicho  Abol-Hacen. 


to,  porque  los  moros  no  tienen  respeto  mas  á  su  rey 
de  quanto  le  tienen  presente,  porque  teniéndolo 
cautivo  ó  por  otra  qualquier  cosa  que  sea  fácil,  al- 
zan luego  otro,  y  porque  era  poco  efecto  tenello 
preso  y  porque  se  esperaba  muy  gran  cosa  soltallo 
por  la  discordia  y  revoluciones  que  podían  poner 
en  el  dicho  reino  de  Granada  como  de  hecho  loa 
puso,  fué  muy  bien  acertado  lo  que  se  hizo. 

Estando  los  negocios  en  el   estado  arriba  dicho, 
por  medios  que  este  rey  Muli  Bahduli  el  Chiquito 
tuvo,  se  rebeló  y  se  levantó  el  Albaícín  de  la  ciudad 
de  Granada,  que  es  una  parte  de  la  ciudad,  fuerte 
de  sitio  y  por  lo  llano  está  cercada  de  una  cerca 
que  parte  el  dicho  Albaícín  de  la  Alcazaba  de  la 
dicha  ciudad,  y  podría  haber  entonces  en  el  dicho 
Albaícín  hasta  tres  mil  ó  tres  mil  é  quinientos  veci- 
nos, toda  gente  belicosa  é  feroz ,  aunque  la  mayor 
parte  labradores.  Visto  esta  rebelión  y  levantamien- 
to del  Albaícín  y  el  Rey  Chiquito,  con  favor  que  le 
dieron,  Gonzalo  Fernandez  de  Córdova,  que  des- 
pués se  llamó  el  gran  capitán,  que  tenia  la  tenen- 
cia déla  villa  de  Allora,  que  es  una  villa  cinco  le- 
guas de  Granada,  y  Martín  de  Alarcon ,  que  tenia 
en  la  manera  dicha  la  villa  de  Modín  ,  que  fueron 
con  él  con  la  gente  de  sus  capitanías,  que  eran  de- 
cientas lanzas,  se  metió  en  el  dicho  Albaícín,  donde 
estuvo  mucho  tiempo,  y  dende  allí  hacia  guerra  al 
dicho  Zagal  (4),  questaba  en  la  ciudad  por  de  dentro 
del  dicho  Albaícín,  y  en  el  campo  con  escaramuzas 
continuas,  y  siempre  estaba  con  él  el  dicho  Gonza- 
lo Fernandez  de  Córdova  y  Martín  de  Alarcon  con 
sus  gentes,  y  después  por  tractos  que  el  dicho  rey 
Chiquito  tuvo  con  algunos  caballeros  y  alfaquie- 
de  la  ciudad,  se  levantaron  en  su  favor  contra  el  día 
cho  rey  Zagal,  y  entendido  esto  por  el  dicho  rey 
Zagal,  questaba  á  peligro  del  Alhambra,  que  sale 
al  camino  de  Guadíx,  se  fué  á  Guadíx.  Y  en  tiem- 
po deste,  como  arriba  está  dicho,  el  Rey  é  la  Rey- 
na Cathólicos  ganaron  la  ciudad  de  Baza  y  las  otras 
cosas  arriba  dichas,  echado  el  rey  Zagal  de  la  ciu- 
dad de  Granada,  y  el  Rey  Chiquito  quedó  rey  pací- 
fico en  ella.  Este  Rey  Chiquito  cuando  se  concertó 
con  el  Rey  é  con  la  Reyna  Cathólicos  para  librar  de 
su  cautiverio,  para  seguridad  que   complíría  los 
apuntamientos  hechos ,   dio  por  rehenes  dos  hijos 
suyos  los  quales  puso  en  poder  de  Martín  de  Alar- 
con en  la  dicha  villa  de  Modín  ;  y  estos  son  los  que 
arriba  he  dicho  que  se  tornaron  christianos. 

Después  que  este  rey  Cliiquíto  quedó  pacífico 
Rey  en  Granada,  como  arriba  he  dicho,  el  Rey  y  la 
Reyna  Cathólicos  por  diversos  medios  tractaron  con 
él  y  le  pidian  que  compliese  los  apuntamientos  que 
con  ellos  tenia  puestos  quando  le  dieron  la  libertad; 
y  aunque  sobre  esto  hubo  muchos  tractos  é  nego- 
ciaciones, vinieron  en  efecto,  porque  el  dicho  Rey 
no  se  atrevía  por  miedo  del  pueblo,  y  porque  en  la 

(4)  Se  ha  mencionado  al  principio ;  pero  sobrentiéndase  qce 
este  Zagal  es  el  Abo-Abdil-l-Iah  Muhammad ,  hermano  de  Abol- 
Hacen.  El  otro  Abo-Abdil ,  el  Chiquito,  era  sobrino  suyo,  como 
hijo  de  dicho  Abol-Hacen.  La  igualdad  de  nombres  ocasiona  coa» 
fusión  en  las  personas,  como  ha  sucedido  ya  alguna  vez. 


DON  FERNANDO 
verdad  no  era  él  parte  para  complir  los  dichos  apun- 
tamientos, que  teuian  por  fin  principal  que  entre- 
gase á  Granada. 

Como  en  los  capítulos  precedentes  está  dicho ,  el 
Rey  é  la  Reyna  Cathólicos,  ganada  Baza  y  todas  las 
otras  ciudades  arriba  declaradas,  se  vinieron  á  tener 
lo  que  restaba  del  invierno  en  el  Andalucía,  que 
fué  el  principio  del  año  de  ochenta  y  nueve,  y  veni- 
da la  primera  vera ,  mandaron  juntar  sus  exércitos, 
y  embiaron  á  talar  los  panes  de  la  vega  de  Granada, 

y  asi  se  hizo,  y  lo  mismo  hicieron  el  año  de  (1) 

y  esta  providencia  se  hizo  por  que  segund  la  mu- 
cha gente  que  en  ella  estaba  y  la  estrechura  y  la 
manera  de  las  calles  delja,  era  imposible  tomalla  si 
no  era  por  necesidad  de  hambre ;  y  para  traerlos  á 
esta  y  porque  el  cerco  después  no  fuese  tan  largo, 
los  hicieron  talar  los  panes  é  panizos  los  dichos  dos 

años,  uno  en  pos  de  otro.  Luego  año  de 

á  la  primera  vera,  los  Reyes  Cathólicos  mandaron 
juntar  los  exércitos  é  gentes  en  que  se  tuvo  por  cier- 
to doce  mili  de  caballo  é  poco  menos  de  cient  mili 
hombres  de  pié,  y  con  estos  exércitos  el  Roy  Cathó- 
lico  entró  ;  y  iban  con  él  todos  los  grandes  del  An- 
dalucía con  sus  casas  é  gentes,  y  algunos  de  Casti- 
lla, aunque  pocos,  y  con  este  exército ,  ordenadas 
sus  batallas,  entró  por  la  vega  de  Granada  hasta  un 
lugar  que  dicen  el  Gozco,  ques  poco  mas  de  legua 
é  media  de  Granada  y  un  quarto  de  legua  del  rio 
de  Genil,  y  allí  hizo  asentar  su  Real  muy  ordenado, 
cercado  de  cavas  hondas,  y  en  ellas  sus  puentes 
para  las  entradas  é  salidas  de  la  gente.  Y  en  este 
tiempo  la  Reina  Cathólica  quedó  en  la  ciudad  de 
Xerez,  y  mandó  labrar  una  casa  en  la  fortaleza  de 
la  villa  de  Moclin  muy  buena,  é  pasóse  allí,  porque 
estaba  quatro  leguas  del  Real,  y  allí  residió  mucho 
tiempo  porque  se  consultaban  muchas  cosas  que 
convenia  para  la  provisión  de  los  exércitos  y  para 
los  tractos  que  continuamente  andaban  con  el  rey 
Chiquito  para  traelle  á  que  entregase  á  Granada ;  é 
después  la  Reina  Cathólica  se  pasó  al  Real,  donde 
residió  hasta  que  se  tomó  Granada.  Duró  el  cerco, 
hasta  que  Granada  se  entregó,  ocho  meses  y  algo 
mas.  Casi  cada  día  habia  escaramuzas,  donde  mu- 
chas veces  iba  bien  á  los  christianos,  y  otras  por  el 
contrario,  y  señaladamente  sucedía  esto  el  día  que 
iban  á  talar  los  olivares  y  huertas  y  arboledas  que 
estaban  cerca  de  Granada,  porque  los  christianos 
por  hacer  la  tala,  y  los  moros  por  resistirla,  cada 
ora  se  revolvían,  donde  de  una  parte  é  de  la  otra 
habia  muertos  é  heridos.  Y  entre  otras  cosas  que 
desta  manera  sucedieron,  fué  una  notable,  y  es  que 
el  Rey  y  la  Reyna  Cathólicos  mandaron  un  día  mo- 
ver sus  exércitos  dexando  el  Real  á  muy  buen  recau- 
do, y  que  fuesen  á  talar  las  huertas  é  viñas  y  oliva- 
res y  arboledas  del  Alcubia  y  otras  alearías  que  es- 
taban allí  cerca,  lugares  muy  frescos  y  arboledas,  y 
para  esta  tala  fueron  el  Rey  é  la  Reyna  Cathólicos, 
é  con  ellos  todos  los  grandes  é  caballeros  é  galanes 
cortesanos  que  allí  estaban,  que  al  tiempo  eran 

(1)  Fácil  es  suplir  esta  y  las  feciías  que  siguen. 


É  DOÑA  ISABEL.  515 
muchos ;  y  porque  estas  alearías  estaban  cerca  de  la 
sierra  los  caballeros  de  Granada  y  muchos  balleste- 
ros salieron  por  la  parte  que  dicen  Rubí,  y  pusié- 
ronse repartidos  en  la  mejor  que  pudieron  para  den- 
de  allí  resistir  la  dicha  tala.  Revolvióse  una  escara- 
muza con  muchos  caballeros  christianos  que  alU 
andaban,  y  como  estaban  presentes  el  Rey  é  la  Rey- 
na Cathólicos  y  lo  miraban  los  caballeros  christia- 
nos y  otras  gentes,  apretaron  tanto  á  los  moros,  que 
les  hicieron  volver  las,  espaldas  y  vinieron  en  el  al- 
cance hasta  el  rio  de  Genil,  que  es  poco  mas  de  un 
tiro  de  piedra,  é  de  Dar  Albaida  ques  una  puerta  de 
la  ciudad.  En  este  alcance  murieron  mas  de  cient 
moros,  porque  ninguno  se  tomó  á  vida,  todos  muy 
buenos  escuderos  é  gentes  de  guerra;  é  fué  cosa  de 
mucho  regocijo  al  Rey  é  la  Reyna  y  á  sus  exércitos, 
y  en  Granada  por  los  moros  se  hizo  gran  sentimien- 
to. E  porque  esto  se  acabó  harto  temprano,  Don  Alon- 
so Hernández  de  Córdoba  ó  Don  Luis  Puerto  Carre- 
ro, Señor  de  Palma,  Micergilio  ó  Gonzalo  Fernandez 
de  Córdoba,  que  después  fué  gran  capitán,  con  otros 
caballeros  y  gentes  de  sus  casas  pensaron  un  ardid, 
é  fué  que  luego  que  el  Rey  é  la  Reyna  Cathólicos 
con  sus  exércitos  se  volvieron  al  Real,  que  algunos 
moros  saldrían  de  la  ciudad  para  recoger  é  llevar 
los  moros  muertos,  y  que  poniéndose  ellos  en  algún 
lugar  encubierto,  saldrían  á  los  moros  que  viniesen 
á  recoger  los  muertos  y  que  harían  en  ellos  alguna 
cosa  señalada ;  é  para  poner  en  obra  su  ardid,  se 
pusieron  en  celada  muy  cerca  de  la  ciudad  de  Gra- 
nada, donde  les  pareció  lugar  dispuesto  para  su 
propósito,  é  que  no  podrían  ser  vistos ;  ó  fueron  sen- 
tidos de  los  moros  é  salieron  á  ellos  é  desbaratáron- 
los y  hiriéronle  el  caballo  á  Gonzalo  Fernandez  de 
Córdoba,  el  Gran  Capitán ,  y  desmayóle  y  quedó  á 
pié,  é  llegó  á  él  un  muy  buen  escudero  que  se  de- 
cía    Valenzuela,  y  apeóse  de  su  caballo, 

é  dióselo  á  Gonzalo  Fernandez,  y  asi  no  habia  aca- 
bado de  cabalgar,  cuando  llegan  los  moros  y  alan- 
cearon el  escudero  que  dio  el  caballo  á  Gonzalo  Her- 
nández, y  quedó  allí,  y  Gonzalo  Hernández  se  salvó 
á  muy  gran  trabajo,  y  después  crió  y  casó  los  hi- 
jos é  hijas  deste  escudero.  Murieron  en  esta  refrie- 
ga hasta  veinte  é  cinco  escuderos  christianos,  é  con 
esto  los  moros  se  consolaron  algo  de  su  pérdida,  é 
los  'christianos  templaron  algo  la  alegría  de  la  vic- 
toria que  el  mesmo  día  habían  habido. 

A  este  cerco  vino  el  Duque  del  Infantadgo,  agüe- 
lo de  este  Duque  que  agora  es,  muy  como  señor  y 
muy  bien  acompañado  de  muchos  caballeros  de  su 
linaje  é  continos  de  su  casa,  é  quatrocientos  hom- 
bres de  armas  é  docíentos  gínetes ,  que  fué  de  ver 
su  entrada  y  recibimiento  en  el  Real. 

El  Rey  Chiquito  tenia  consigo  á  su  madre  que  se 

decía   Ceti Esta  nació  christiana  é  fué 

cautiva  cuando  los  moros  robaron  á  Cieza,  que  es 
una  villa  en  el  Reyno  de  Murcia,  y  como  al  tiempo 
era  chiquita,  con  halagos  y  otros  medios  tornóse  mo- 
ra ,  y  salió  de  buen  gesto  y  muger  de  bien ,  y  el  rey 
Muli  Bulhacem  casóse  con  ella  porque  entre  los 
moros  era  esto  tenido  en  mucho  que  el  rey  y  otro 


616  CRÓNICAS  DE  LOS 

cualquier  caballero  pudiese  casar  con  una 

que  es  christiana  tornada  mora.  Deste  casamiento 
nació  el  Rey  Chiquito.  Esta  Reyna  era  de  grande  ó 
valeroso  ánimo,  ó  contradecía  con  toda  posibilidad 
que  el  Rey  Chiquito  su  hijo  no  entregase  el  reyno 
de  Granada  á  los  Reyes  Cathólicos  ni  se  concertase 
con  ellos,  y  que  esperase  la  postrera  fortuna  é  mu- 
riese rey,  é  por  esto  el  Rey  Chiquito  se  guardaba 
que  su  madre  no  supiese  que  él  trataba  con  los  Re- 
yes Cathólicos  de  entregalles  el  reino  ;  y  concluida 
ya  la  capitulación,  como  está  dicho,  lo  supo  la  Rei- 
na su  madre,  é  disimuladamente  se  dice  que  lo  tomó 
por  la  mano  y  se  subió  á  la  torre  de  Comares,  que  es 
en  el  lugar  donde  mas  se  descubre  la  grandeza  de 
Granada ;  é  después  de  haberle  traido  á  la  redonda 
por  toda  la  torre,  y  echados  entrambos  entre  dos  al- 
menas, le  dixo  :  «  hijo,  mira  qué  entregas,  y  acuér- 
desete que  todos  tus  pasados  murieron  reyes  de 
Granada  y  que  el  reino  acaba  en  tí.» 

El  Rey  é  la  Reyna  Cathólicos,  visto  que  el  cerco 
se  dilataba  y  que  los  moros  estaban  firmes,  é  que 
cada  dia  salían  á  las  escaramuzas  y  á  resistir  las 
talas  que  se  hacían,  y  que  el  invierno  se  acercaba, 
tuvieron  por  dificultoso  de  poder  sostener  el  Real, 
principalmente  por  la  falta  de  los  bastimentos,  por- 
que si  entrase  el  invierno  y  cargasen  las  aguas,  los 
bastimentos  se  harían  con  muy  grande  dificultad, 
porque  habían  de  ir  del  Andalucía  con  el  creci- 
miento de  los  ríos  y  malos  pasos  que  hay.  Paresció- 
les  cosa  muy  dificultosa  é  casi  imposible  la  perma- 
nencia del  Real,  é  por  este  respecto,  habido  su  con- 
sejo, mandaron  hacer  una  villa  de  muy  buena  cerca 
é  muy  buenas  cavas,  é  con  muy  buenos  baluartes  é 
con  sus  traveses,  é  todo  lo  que  era  mas  necesario 
para  que  pudiesen  defensar  é  sostenerse  junto  al 
mismo  Real  é  casi  dentro  en  él,  é  mandaron  á  las 
ciudades  y  órdenes  que  allí  tenían  gente  que  la  hi- 
ciesen, y  repartieron  á  cada  una  ciudad  y  orden  lo 
que  habían  de  hacer  por  sus  quarteles,  é  hízose  en 
muy  breve  tiempo,  y  poblóse  toda  de  casas,  é  su 
determinación  era  dexar  allí  muy  buena  gente  de 
guarnición  para  que  hiciesen  guerra  á  Granada  ó 
no  desasen  salir  á  los  moros  á  sembrar  ni  hacer  otras 
cosas  del  campo;  é  pensaban  que  con  esto  otro  año 
la  tomarían  fácilmente. 

Estando  las  cosas  en  este  estado,  los  moros  con 
la  gran  necesidad  de  hambre  que  padescian,  permi- 
tieron que  el  Rey  Chiquito  hablase  en  partido,  é  para 
esto  vinieron  ciertos  caballeros  moros  y  alfaquís 
de  Granada  al  Real,  donde  los  Reyes  Cathólicos  esta- 
ban; y  entre  ellos  fué  uno  que  dentro  de  treinta 
dias  la  ciudad  de  Granada  y  su  Alhambra  é  fortale- 
zas se  entregase  á  los  reyes  Cathólicos  6  á  su  cierto 
mandado,  y  les  besaron  las  manos;  y  entendido  á 
lo  que  venían,  lo  oyeron  con  alegre  ánimo  y  des- 
pués señalaron  personas  que  entendiesen  con  ellos 
en  hacer  los  apuntamientos,  y  los  que  yo  sé  que  se- 
ñalaron fueron  Don  Gutierre  de  Cárdenas,  Comen- 
dador mayor  de  León,  y  el  Secretario  Hernando  de 
^afra,  que  en  aquel  tiempo  entendía  principalmen- 
te en  todas  las  cosas  de  la  guerra;  é  sobre  los  apun- 


REYES  DE  CASTILLA. 

tamientos  que  los  moros  pedían  y  los  que  se  otor- 
gaban, hubo  muchas  pláticas  é  pasó  mucho  tiempo, 
é  los  moros  fueron  muchas  veces  á  Granada  á  pla- 
tícallo  con  el  Rey  é  con  las  otras  personas  que  en 
ello  entendían,  hasta  que  plugo  á  Dios  que  dia  de 
Santa  Catalina  del  año  de  noventa  é  uno  se  asenta- 
ron é  concordaron  é  firmaron  los  dichos  capítulos. 

Y  durante  el  tiempo  que  corrieron  los  dichos 
treinta  días,  los  moros  entregaron  todas  las  armas, 
conforme  á  otro  capítulo,  á  las  personas  que  para 
ello  señalaron  los  Reyes  Cathólicos,  é  pusiéronse  en 
el  Alhambra. 

El  primer  domingo  del  año  de  noventa  é  dos,  el 
Rey  é  la  Reyna  Cathólicos  movieron  el  Real  con  to- 
dos sus  exércítos  puestos  en  orden,  é  fueron  la  vía 
derecha  de  Granada,  é  no  entraron  por  la  ciudad 
'  sino  por  el  Genil  arriba,  é  por  la  puerta  de  los  Mo- 
linos é  por  el  Realejo  hasta  la  puerta  principal  del 
Alhambra,  y  allí  salió  el  Rey  Chiquito,  y  se  apeó  de 
su  caballo  con  las  llaves  en  las  manos,  é  les  entregó 
las  dichas  llaves  del  Alhambra  é  fortaleza  é  ciudad 
de  Granada;  é  con  esto  sus  Altezas  entraron  en  el 
Alhambra  y  se  aposentaron  en  la  casa  real. 

La  Reyna  Cathólica  é  sus  damas  fueron  aquel 
día  csquísitamente  ataviadas  al  modo  que  entonces 
'  se  usaba,  y  estuvieron  ay  algunos  dias,  é  á  suplica- 
ción del  Cardenal  Don  Pero  González  hicieron  mer- 
ced á  Don  Iñigo  López  de  Mendoza,  Conde  de  Ten- 
dílla,  de  la  tenencia  de  la  dicha  Alhambra  y  de  las 
otras  fortalezas  de  la  ciudad  de  Granada,  que  son 
Vivataubín ,  de  que  hicieron  una  buena  fortaleza, 
é  la  torre  de  la  puerta  Elvira,  é  para  la  guarda  de- 
xaron  quinientas  lanzas  é  mili  peones  de  muy  poli- 
da  gente,  é  proveyeron  á  Fray  Femando  de  Tala- 
vera,  prior  que  era  de  Prado,  de  arzobispo  de  Gra- 
nada, é  dexáronle  alli  para  la  gobernación  de  la 
dicha  ciudad  é  reino,  é  fuélo  asoluto  hasta  el  año 
de  noventa  é  nueve,  que  los  Reyes  Cathólicos  tor- 
naron á  la  dicha  ciudad  é  pusieron  por  Corregidor 
en  ella  al  Licenciado  Calderón,  Alcalde  de  su  casa 
é  Corte,  que  al  tiempo  era,  y  proveídas  las  cosas 
dichas,  y  lo  que  mas  les  pareció  les  convenia  para 
la  gobernación  é  para  sostener  el  dicho  reyno,  se 
vinieron  á  Castilla. 

ítem,  entre  otros  apuntamientos  de  la  dicha  capi- 
tulación que  se  hizo,  fué  uno  que  el  Rey  Chiquito 
quedase  en  las  Alpuj arras  por  señor  dellas  en  su 
vida  con  ciertos  mili  ducados  de  renta  cada  año;  é 
porque  esto  era  cosa  de  muy  gran  peligro  quedar 
el  dicho  Rey  Chiquito  en  aquel  reino  que  estava 
casi  todo  poblado  de  moros,  donde  pudia  cada  que 
le  parescíese  rebotar  el  reino  é  poner  en  necesidad 
á  los  reyes  Cathólicos,  quando  hirieron  al  rey  Ca- 
thólico  en  Barcelona  (1),  el  Chiquito  embió  ciertos 
caballeros  moros  criados  suyos,  y  al  Pequini,  que 
era  un  hombre  principal  que  después  se  llamó 
Don  Fernando  Enriquez,  y  el  Rey  é  la  Reyna  Ca- 
thólicos, é  por  su  mandado,  contrataron  con  estos 

(1)  Si  esto  no  es  ana  intercalación  extemporánea ,  no  sabenof 
j    &  qoé  viene  aquí. 


DON  FERNANDO 
Caballeros  moros  que  el  Rey  Chiquito  les  vendiese 
todo  lo  que  tenia  en  el  reino  de  Granada,  y  así  se 
hizo,  é  le  dieron  ciertos  mili  castellanos  con  que  el 
rey  Chiquito  se  pasase  allende,  y  lo  mismo  se 
hizo  con  otros  caballeros  moros  que  tenian  algunos 
bienes,  é  de  esto  pesó  en  el  alma  al  Rey  Chiquito, 
é  se  quexaba  é  decia  que  sus  caballeros  no  hablan 
tenido  poder  para  hacer  esta  contractacion,  mas 
fuele  forzado  complir  lo  que  se  habia  capitulado,  é 
pasó  allende;  é  con  esto  los  Reyes  Cathólicos  y  el 
dicho  reino  de  Granada  quedaron  muy  asegurados. 
El  año  de  noventa  é  nueve  los  Reyes  Cathólicos 
fueron  por  Mayo  á  Granada.  El  recibimiento  que 
se  les  hizo  fué  muy  solemne,  é  lo  que  mas  fué  de 
ver  que  en  la  Xarca  del  Albaicin  y  abaxo  en  todo 
lo  llano  hasta  Sant  Lázaro,  habia  treinta  mili  moras 
é  mas,  todas  con  sus  almarafas  blancas,  y  era  cosa 
de  admiración  verlas,  y  estuvieron  en  Granada  has- 
ta el  mes  de  Octubre  entendiendo  en  las  cosas  que 
convenían  á  la  buena  gobernación,  é  de  allí  fueron 
á  Sevilla  á  tener  el  invierno;  é  quedóse  en  Granada 
el  arzobispo  de  Toledo  Don  Fray  Francisco  Xime- 
nez,  que  después  fué  Cardenal.  El  qual  con  buen 
celo  quísose  informar  de  todos  los  moros  que  en 
qualquier  manera  venían  de  linage  de  christianos, 
y  hacíalos  traer  ante  sí,  y  por  buenas  palabras  y 
presumpciones  procuraba  con  ellos  que  se  convir- 
tiesen á  nuestra  sancta  fé  cathólica,  porque  se  de- 
cia que  sin  grandísimo  pecado  no  se  podría  premi- 
tir  que  estos  viviesen  en  ley  de  moros,  y  los  que  se 
convertían  en  esta  manera  amercedábalos  y  gratifi- 
cábalos, y  á  los  que  no  se  querían  convertir  echába- 
los en  la  cárcel;  é  trabajaba  con  ellos  por  todos  los 
medios  posibles  que  se  convirtiesen,  y  pareció  que 
esto  tocaba  á  muchos  moros  y  se  escandalizaron 
deJlo;  y  estando  así  día  de  nuestra  Señora  de  la  O 
del  dicho  año  de  noventa  y  nueve,  un  alguacil  del 
dicho  arzobispo  de  Toledo  fué  á  prender  á  un  moro 
al  Albaicin,  donde  se  juntaron  algunos  moros,  é  los 
moros  le  mataron;  y  esto  seria  á  las  dos  oras  des- 
pués de  medio  día;  y  hecha  esta  muerte  revolvióse 
todo  el  Albaicin.  Vino  la  nueva  á  la  ciudad,  é  todos 
los  christianos  viejos  se  pusieron  en  armas  y  ocur- 
rieron á  las  puertas  y  adarves  de  la  dicha  ciudad 
que  salen  á  dicho  Albaicin,  y  todo  ese  día  que  era 
miércoles  é  la  noche  siguiente  del  jueves  los  chris- 
tianos y  los  moros  tuvieron  muy  grande  alboroto  é 
desasosiego,  y  hubo  algunas  muertes;  especialmen- 
te los  moros  mataron  á  un  Barrionuevo,  alguacil 
del  campo,  pariente  del  dicho  Corregidor  Calderón 
que  inadvertidamente  veniendo  fuera  de  la  dicha 
ciudad  se  entró  en  el  Albaicin,  no  pensando  que  la 
cosa  estaba  tan  encendida;  é  llegando  á  cierta  paite 
del  dicho  Albaicin  que  se  dice  la  Xarca,  le  hicie- 
ron pedazos  esa  noche  de  nuestra  Señora  de  la  O. 
El  Conde  de  Tendilla ,  que ,  como  está  dicho,  era 
alcayde  é  capitán  general,  á  ora  de  las  tres  oras 
é  media  baxó  del  Alhambra  con  alguna  gente  de 
caballo  é  de  pié,  porque  lo  demás  dexó  para  guar- 
da de  la  dicha  Alhambra,  é  vino  junto  al  Albai- 
ciií,  y  encomendó  las  puertas  que  salen  al  dicho 


E  DO^A  ISABEL.  517 

Albaicin  á  algunos  caballeros  de  la  ciudad,  y  él 
quedó  aposentado  en  la  dicha  Alcazaba,  é  toda 
esa  noche  los  unos  é  los  otros  pasaron  en  vigilia 
con  mucha  grita  é  pedradas  é  algunas  saetadas 
como  en  estos  pasos  se  suele  hacer.  El  arzobispo 
de  Granada  con  su  cruz  y  algunos  clérigos  que 
le  acompañaban  salió  por  la  puerta  de  Guadix  é 
fué  á  subir  al  Albaicin;  é  porque  los  moros  tira- 
ban muchas  pedradas,  el  clérigo  que  llevaba  la 
cruz  no  osaba  pasar  adelante,  y  el  arzobispo  le 
tomó  la  cruz,  é  con  ella  en  las  manos  empezó  á  su- 
bir una  cuesta  arriba  hacia  el  Albaicin,  y  aunque 
le  tiraban  muchas  piedras,  continuaba  su  camino 
hasta  que  algunas  dinidades  é  canónigos  de  su 
Iglesia  é  caballeros  de  la  ciudad  que  con  él  se  ha- 
llaron le  retiraron  casi  por  fuerza. 

Otro  día  de  mañana  el  Conde  de  Tendilla  vino 
á  la  puerta  del  Alcazaba  que  sale  al  Albaicin ,  que 
se  dice  Bibalbunut,  é  mandó  llamar  algunos  homes 
principales  moros  que  vivían  en  la  ciudad,  é  pla- 
ticó con  ellos  é  con  otros  caballeros  christianos  él 
medio  que  se  debía  é  podría  tener  para  pacificar 
el  Albaicin;  y  aunque  muchas  pláticas  hubo,  nin- 
guna se  concluyó  hasta  muy  tarde  que  se  tuvo  me- 
dio que  muchos  moros  del  Albaicin  principales 
saliesen  á  la  puerta  de  Bibalbunut  á  hablar  con  el 
Conde  é  con  los  moros  ó  alf  aquís  que  con  él  esta- 
ban, y  llegados  allí,  metíanlos  de  la  puerta  adentro 
é  reteníanlos,  é  desta  manera  se  tomaron  hasta  casi 
ochenta,  que  embiaron  á  la  cárcel,  é  la  mayor  parte 
dellos  se  tornaron  christianos  luego,  é  los  otros  que 
no  se  quisieron  tornar  christianos,  por  la  rebelión 
que  habían  cometido  hízose  justicia  dellos.  E  luego 
otro  día,  viernes  de  mañana,  diéronse  sus  pregones 
en  parte  donde  los  oían  todos  los  del  Albaicin ,  en 
que  se  contenia  que  á  todos  los  que  que  quisiesen 
tornarse  christianos,  les  perdonaban  las  rebeliones 
é  muertes  que  habían  cometido,  é  los  que  no  se 
quisiesen  tornar  christianos,  se  procedería  contra 
ellos  por  los  dichos  delitos.  E  quando  fué  viernes  á 
medio  dia  vinieron  á  hacer  sus  conciertos  é  apun- 
tamientos, é  se  hicieron  é  entregaron  las  armas  que 
tenian,  que  eran  gorguzes  y  lanzas  y  pocas  balles- 
tas, y  con  esto  quedó  pacífico,  y  se  tornaron  chris- 
tianos todos. 

Luego  se  revoltó  Guejar,  que  es  un  lugar  grueso 
junto  á  la  Sierra  Nevada,  y  fueron  sobre  él  el  Con- 
de de  Tendilla  é  Gonzalo  Fernandez  de  Córdoba, 
que  después  fué  Gran  Capitán,  y  por  combatirse  el 
lugar  desordenadamente  y  sin  tiempo,  mataron  los 
moros  mas  de  cient  christianos,  en  que  fueron  al- 
gunos principales  y  mas  de  quarenta  hombres  de  ar- 
mas, y  el  combate  se  retiró  ya  noche,  y  el  Conde  y 
Gonzalo  Fernandez  se  vinieron  á  dormir  al  alearía 
de  Quantar,  y  luego  otro  dia  de  mañana  vino  nueva 
que  los  moros  habían  dexado  á  Guejar  y  retirádose 
al  Castillo,  que  está  metido  en  la  Sierra  Nevada  una 
legua;  y  sabido  esto  por  el  Conde  y  Gonzalo  Fer- 
nandez, se  volvieron  á  Guejar,  y  estuvieron  allí  dos 
días,  y  después  subió  el  Conde  de  Tendilla  al  Casti- 
llo donde  tuvo  una  noche  harto  trabajosa  de  frío, 


618 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


y  otro  dia  de  mañana  los  moros  se  entregaron,  y 
traídos  á  Granada,  se  vendieron. 

En  este  mismo  tiempo  se  levantaron  las  Alpuj  ar- 
ias, que  estaban  todas  pobladas  de  moros,  donde 
por  ser  tierra  fuerte  y  brava  se  fueron  muchos  mo- 
ros huyendo,  y  la  razón  de  este  levantamiento  fué 
por  no  tornarse  christianos.  El  Rey  Cathólico  vino 
á  Sevilla  y  á  la  dicha  ciudad  de  Granada,  y  hizo 
juntar  mucha  gente  de  caballo  y  de  pió  de  Andalu- 
cía, y  mandó  á  Don  Luis  de  Viamonte,  Condestable 
de  Navarra,  que  al  tiempo  era  Capitán  General  de 
cierto  número  de  gentes  de  pié  é  de  caballo,  que  en- 
trase en  las  dichas  Alpuj  arras  por  el  puerto  de  Hue- 
nejay  Andarax,  y  el  dicho  Condestable  juntó  su 
gente  en  la  villa  de  Piaña  y  con  bibiosa  {sic)  jornada 
y  dia  de  Carnestolendas  pasó  el  puerto  de  Huenexa 
donde  había  mucha  nieve,  y  el  exército  pasó  con 
harto  trabajo.  Y  en  el  tiempo  que  los  moros  se  re- 
belaron, tomaron  la  fortaleza  de  Lanxaron,  y  la 
fortalecieron  conforme  á  la  brevedad  del  tiempo,  y 
esta  fortaleza  es  la  entrada  de  las  Alpujarras ;  y  el 
Rey  Cathólico  movió  con  su  exército  de  la  ciudad 
de  Granada  la  via  del  dicho  Lanxaron,  y  por  ser  la 
tierra  muy  áspera  y  la  entrada  fragosa,  el  exército 
pasó  con  dificultad,  y  luego  que  pasó,  los  moros  hi- 
cieron muy  poca  resistencia  y  se  desbarataron,  y 
Lanxaron  se  entregó  luego,  y  los  christianos  siguie- 
ron el  alcance  tras  los  moros  que  huían  hasta  la 
villa  de  Orgiba,  que  son  dos  leguas,  donde  fueron 
muertos  é  captivos  muchos  moros,  y  el  Rey  Cathó- 
lico mandó  que  no  los  siguiesen  mas. 

É  luego  otro  dia  se  comenzó  á  tractar  que  las  di- 
chas Alpuxarras  se  entregasen,  y  el  concierto  se 
concluyó,  y  hizo  una  capitulación  de  muchos  capí- 
tulos, y  entre  ellos  fué  uno  que  todos  se  convirtie- 
sen christianos,  y  con  eso  el  Rey  los  perdonó  la 
rebelión  y  muertes  que  habían  cometido. 

Entretanto  que  esto  se  hacía  en  Lanxaron,  el 
Condestable  de  Navarra ,  como  está  dicho,  entró  por 
el  dicho  puerto  de  Huenexa,  y  salió  á  Andarax,  y 
antes  que  llegase  á  Andarax  el  exército  de  los 
christianos  desbarató  ciertos  moros  que  habían  sa- 
lido de  Andarax  á  ponerse  en  algunas  albarradas 
que  tenían  hechas]  para  defender  el  paso,  é  incur- 
rieron allí  .en  el  alcance  hasta  doscientos  moros, 
en  que  habia  muchos  alguaciles  é  gente  principal. 
Este  dia  se  tomó  una  parte  principal  de  la  dicha 
Andarax ,  y  en  la  otra  parte ,  que  es  algo  mas 
fuerte,  se  recogieron  los  moros,  donde  había  mucho 
número,  porque  se  habían  recogido  á  la  dicha  An- 
darax, y  como  el  lugar  mas  principal  y  mas  fuerte, 
nmchos  moros  y  moras  de  otros  lugares  de  las  di- 
chas Alpujarras.  Y  esa  noche  se  capituló  que  otro 
dia  de  mañanase  entregasen  todos  los  dichos  moros 
y  se  tornasen  christianos,  y  quando  fué  el  dia  se- 
gundo á  las  nueve  oras  habiendo  los  moros  entre- 
gado las  armas  conforme  á  lo  capitulado,  algunos 
christianos  del  exército  se  soltaron  por  robar  y  en- 
trar en  donde  estaban  los  moros,  y  se  comenzaron 
á  revolver  unos  con  otros,  y  como  se  sentió  en  el 
exército,  fueron  muchos  allá  y  mataroa  muchos 


moros  y  moras  en  número  de  ma»  de  tres  mili  áni- 
mas, que  en  sola  la  mezquita  murieron  mas  de  seis- 
cientos, que  estaban  allí  recogidos,  que  fué  cosa  de 
muy  grand  lástima  en  todos  los  demás  moros  y 
moras  que  fueron  presos,  y  se  soltaron  libremente, 
y  se  tornaron  christianos  conforme  á  lo  que  se  ca- 
pituló con  el  Rey  Cathólico,  y  el  saco  que  allí  se 
hizo  fué  muy  grande,  porque  muy  grand  parte  da 
las  riquezas  de  las  Alpujarras  estaban  allí  recogi- 
das, y  después  acá  la  Alpujarra  está  pacífica. 

En  el  año  de  quinientos  é  uno  luego  seguiente» 
se  rebelaron  muchos  moros  nuevamente  conver- 
tidos en  la  Sierra  Bermeja,  y  el  Rey  y  la  Reyna 
Cathólícos  enviaron  contra  ellos  por  capitanes  ge- 
nerales al  Conde  de  Urueña  y  Don  Alonso  Fer- 
nandez de  Córdoba,  cuya  fué  la  casa  de  Aguilar, 
con  mucha  gente  de  caballo  ó  de  pié,  y  allí  fué 
muerto  Don  Alonso  una  noche  por  los  moros,  é  mu- 
chos caballeros  y  deudos  suyos  é  criados  con  él,  y 
á  esta  causa  el  Rey  Cathólico  fué  desde  Sevilla  la 
ciudad  de  Ronda,  que  es  muy  cerca  de  la  Sierra 
Bermeja,  é  mucha  gente  de  caballo  é  de  pié,  y  den- 
de  á  pocos  dias  que  allí  llegó,  los  dichos  moros  de 
la  dicha  Sierra  Bermeja  se  entregaron  con  partido 
que  los  que  quisiesen  pasar  allende  se  pasasen,  y 
que  se  les  diesen  navios  en  que  ellos  y  sus  bienes 
muebles  pudiesen  ir,  y  los  que  quisiesen  quedar  se 
tornasen  christianos;  y  así  se  estuvo. 

Dende  á  pocos  dias  se  levantó  un  castillo  que  se 
dice  Velef equi,  que  es  muy  fuerte  de  su  sitio,  y  allí 
se  recogieron  algunos  moros  y  cristianos  nuevos.  Ele- 
gieron por  su  capitán  ó  rey  un  negro,  que  era  va- 
liente hombre,  y  los  Reyes  Cathólicos  enviaron  con- 
tra ellos  al  Alcayde  de  los  Donceles  que  entonces 
era,  que  fué  después  Marqués  de  Gomares,  con  gente 
de  caballo  é  de  pié,  y  habiéndolos  tenido  cercados 
algunos  dias,  se  entregaron  á  merced,  y  se  hizo 
justicia  del  negro  y  de  los  principales  del  levanta- 
miento, y  todos  los  demás  quedaron  libres,  y  los 
que  no  eran  christianos  se  bautizaron,  y  con  esto 
se  acabó  toda  la  conversión  del  reino  de  Granada,  é 
las  rebeliones  que  por  causa  de  la  dicha  conver- 
sión se  hicieron. 

En  este  tiempo  fué  nacida  en  España  otra  mal- 
dad, porque  muchas  gentes  de  judíos  moraban  y 
estaban  mezclados  por  el  reino  viviendo  entre  los 
christianos,  y  algunos  de  los  judíos  que  Fray  Vi- 
cente con  su  predicación  habia  convertido,  teniendo 
en  lo  público  hábito  de  christianos  é  por  tales  se 
mostrando,  usaban  cerimonias  judaicas,  por  causa 
de  lo  qual  doliéndose  estos  christianísimos  prínci- 
pes, y  porque  Nuestro  Señor  Jesu  Christo  no  fuese 
tan  continuamente  crucificado ,  y  deseando  purgar 
sus  reinos  de  tanta  pestilencia,  con  consentimien- 
to é  auctoridad  del  pontífice  que  en  la  Iglesia  de 
Dios  residía,  hicieron  inquisidor  á  Fray  Tomas  de 
Torquemada,  prior  del  monesterio  de  Santa  Cruz,  que 
es  extramuros  de  la  ciudad  de  Segovia,  de  la  Orden 
de  predicadores,  que  era  hombre  religioso  y  excelen- 
te letrado,  y  ansí  mismo  fueron  dados  jueces  inqui- 
sidores que  celasen  nuestra  sancta  fé  cathólica  por 


DON  FERNANDO 
el  Reino  de  Castilla,  y  ansi  mismo  en  los  Reynos  de 
Aragón  é  Cicilia  é  Valencia,  en  los  quales  Eeynos 
el  excelentísimo  Rey  Don  Fernando  habia  sucedi- 
do por  fin  é  muerte  del  Rey  Don  Juan  su  padre.  A 
estos  inquisidores  que  por  el  Papa  fueron  dados,  en 
que  agora  hablamos,  el  Rey  é  la  Reyna  dieron  gran- 
des favores,  é  á  los  jueces  deputados  para  conoscer 
deste  crimen  con  oservancia  de  regla  verdadera  en 
la  ciudad  de  Sevilla  y  en  otras  muchas  ciudades  é 
partes  del  Reyno  hallaron  haber  incorrido  en  este 
pecado  diversas  é  muchas  personas,  así  hombres 
como  mugeres,  é  algunos  de  los  tales  delinqüentes 
confesando  sus  errores  y  demandando  á  la  madre 
eanta  Iglesia  saludable  penitencia,  les  fué  por  los 
padres  de  la  santa  inquisición  otorgada.  Así  fueron 
reconciliados  é  quitados  de  aquella  herética  pravi- 
dad  en  que  antes  habían  vivido  otros  muchos  que 
en  este  crimen  caídos  se  hallaron;  é  siendo  por  tes- 
tigos vencidos,  fueron  quemados,  é  purgada  tan- 
ta pestilencia  aunque  no  del  todo,  porque  algunas 
reliquias  duran  hasta  el  día  de  hoy. 

Siendo  pues  celosos  de  la  fé  el  Rey  é  la  Reina, 
no  quisieron  poner  tampoco  en  olvido  las  cosas  que 
de  su  reino  por  el  Rey  Don  Enrique  enagenadas 
estaban ,  las  quales  como  á  manera  de  pródigo  el 
Rey  habia  dado,  y  todas  estas  cosas  que  enajenadas 
estaban  fueron  tornadas  por  estos  Reyes  á  su  mis- 
ma corona  real,  cuyas  antes  eran,  aunque  esto  hi- 
cieron con  mucha  dificultad  é  gran  trabajo  por  estar 
semejantes  cosas  puestas  en  manos  de  hombres 
grandes  é  poderosos ;  é  todos  los  que  en  servicio 
del  Rey  é  del  Reino  servido  habían,  fueron  de  ma- 
nos destos  Reyes  gratificados,  haciéndoles  merce- 
des, asi  como  á  cada  uno  convenia  recibir  por  lo 
que  servido  habían. 

Después  desto  é  limpiado  el  Reyno  de  maldades  que 
antes  habia,  todos  los  duques,  condes  y  marqueses  y 
otros  grandes  señores  é  varones  se  pusieron  é  fueron 
sometidos  debaxo  de  la  obediencia  real,  aunque 
antes  que  estos  príncipes  reinasen  casi  á  señor  ni  á 
reino  reconoscian.  Ganaron  ademas  estos  reyes  las 
ínsulas  de  Canaria,  en  donde  la  secta  de  Mahoma 
se  guardaba;  é  como  en  estos  príncipes  ninguna  otra 
intención  fué  más  principal  que  la  de  la  fé,  consi- 
derando que  el  Reino  de  Granada  estaba  en  Anda- 
lucía, siendo  como  era  el  quinto  reino  de  los  que 
conquistaron,  que  pertenecia  al  Rey  de  España,  aun- 
que desde  el  tiempo  del  Rey  Don  Rodrigo  estaba 
usurpado  y  en  poder  de  los  moros,  considerando 
quan  grandes  daños  á  los  christianos  hacían  los  pa- 
ganos y  enemigos  de  la  fé  corrompiendo  vírgines, 
maltractando  matronas,  é  violando  los  templos,  en- 
cendiendo lugares  y  quemando  los  campos,  miran- 
do otras  muchas  maldades  que  los  moros  de  Gra- 
nada contra  nuestra  sancta  fé  cometian,  movieron 
sus  reales  banderas  yexército  de  guerra  contra  ellos, 
y  con  sus  huestes  batallando  con  muchos  trabajos  é 
dapnos  y  espensas  que  desto  recrecían ,  é  muertes 
de  sus  súbdictos  y  naturales  que  en  el  servicio  desta 
guerra  estaban,  con  tanto  ánimo  é  fé  como  habia 
en  los  corazones  de  estos  reyes,  porque  la  fé  de  Jesu 


É  DOKa  ISABEL.  519 

Christo  fuese  acrecentando,  con  ayuda  de  su  mismo 
Dios,  Redentor  nuestro,  ganaron  aquel  reino;  el  cual 
así  de  riquezas  como  de  fuerzas  inexpunable  pare- 
cía, y  lo  que  otros  reyes  predecesores  habían  guer- 
reado contra  aquel  reino,  comenzando,  estos  prín- 
cipes de  ganarlo  acabaron,  y  del  mismo  Reyno 
lanzaron  la  secta  mahomética,  y  hicieron  que  el 
nombre  de  Jesu  Christo  nuestro  Señor  en  aquellas 
partes  fuese  conoscido  y  adorado.  Hicieron  ademas 
en  este  reino,  que  con  tanto  trabajo  conquistaron, 
un  arzobispo  metropolitano  con  cuatro  iglesias  ca- 
tedrales, é  pusieron  en  ellas  perlados  que  las  gober- 
nasen, é  hicieron  en  este  mesmo  reino  otros  mones- 
terios  é  parrochias,  así  de  religiosos  como  de  cléri- 
gos, para  que  el  sancto  Evangelio  predicasen;  ó 
pusieron  sacerdotes  en  él  para  que  los  santos  ecle- 
siásticos sacramentos  administrasen  á  los  christia- 
nos y  moradores  del  Reyno. 

Era  ganado  ya  como  dicho  es  el  Reyno  de  Gra- 
nada y  vuelto  en  la  observancia  de  la  christiana 
religión ;  y  como  dentro  de  los  términos  de  estos 
reinos  no  hubiese  provincia  ni  mención  que  de  chris- 
tiano  no  fuese,  con  el  mismo  hervor  y  ¿eseo  que 
estos  Reyes  celadores  de  la  fé  tenían,  mandaron 
hacer  una  flota  grande,  aumentándola  é  bastecién- 
dola de  todas  las  cosas  que  sobre  la  agua  para  ella 
fuesen  necesarios,  é  pusieron  capitanes  en  las  naos 
para  que  fuesen  por  la  mar,  para  que  qualesquier 
ínsulas  que  hallasen  que  de  christianos  no  fues&n 
ocupadas,  las  ganasen,  y  después  á  nuestra  sanotís- 
sima  fé  cathólica  convertieseu  los  moradores  que 
en  las  tales  ínsulas  hallasen.  Y  así  partieron  na- 
vegando estos  que  en  las  naves  y  van  contra  la  par- 
te oriental,  y  descubrieron  unas  grandes  ínsulas 
muy  fértiles  y  abundosas ;  y  estas  ínsulas  estaban 
llenas  de  gente  bestial  que  idolatraba,  á  los  qua- 
les el  sancto  evangelio  no  les  habia  sido  predica- 
do, y  conquistándolos  los  que  en  las  naves  yvan, 
lis  ganaron  é  pusieron  nombres,  é  sometiéronlas 
debaxo  de  la  subjecion  é  mandado  de  la  corona  real 
de  estos  excelentísimos  príncipes  y  reyes.  Los  mo- 
radores que  en  estas  islas  hallados  fueron  estaban 
desnudos,  y  en  modo  de  bestias  fieras  vivían,  ó 
carnes  humanas  por  sus  manjares  comían ,  y  ha- 
bían otras  necesidades  no  oidas.  antes  afirmaban 
muchas  personas  de  auctoridad  que  estas  gentes 
así  adoraban  á  los  demonios ,  que  muchas  veces  les 
hablaban  y  recibían  las  respuestas  de  sus  pregun- 
tas ;  y  esto  les  veían  hacer  muchos  de  los  españoles 
que  allí  estaban. 

En  estas  dichas  ínsulas  fueron  hallados  muchos 
mineros  así  de  oro  como  de  plata  y  de  otros  meta- 
les, de  lo  qual  fué  gran  suma  é  cantidad  de  oro  em- 
biado  á  sus  altezas  con  lo  que  constituyeron  y  doc- 
taron  en  estas  ínsulas  una  Iglesia  archíepiscopal  y 
tres  iglesias  catedrales  con  sus  perlados,  los  quales 
convertiesen  á  nuestra  sancta  fé  aquellas  barbári- 
cas gentes  (y  así  fué  con  ayuda  de  nuestro  Señor 
Dios  fecho),  que  viven  oy  en  conoscimiento  y  ala- 
banza de  su  verdadera  fé.  Fué  pues  ayuntada  nueva 
y  descubierta  tierra  á  nuestra  España,  que  se  llama 


520 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Indias,  todo  esto  eu  la  felicidad  próspera  destos 
Cathólicos  príncipes. 

Quedaba  ademas  en  estos  Reinos  otra  pestilencia: 
grande  número  é  cantidad  de  judíos  que  estaban 
derramados  y  esparcidos  por  todos  los  reinos,  y  es- 
tos judíos  tomaban  las  rentas  y  alcabalas  del  rei- 
no, en  que  ganaban  é  destruían  á  muchos  de  los 
cbristianos,  haciéndose  ricos,  dando  é  tomando  á 
usura  todo  lo  que  más  podian.  Esta  gente  dapna- 
da  inñcionando  con  sus  maldades  á  estos  pueblos 
de  Castilla,  y  haciendo  á  muchos  de  su  ley  que  á 
la  nuestra  se  habían  convertido,  que  siguiesen  sus 
rictos  y  cirimonias  judaicas,  movidos  por  tal  mo- 
tivo é  por  quitar  tal  ocasión ,  estos  excelentísimos 
príncipes  mandaron  que  todos  los  judíos  saliesen 
del  Reyno,  señalándoles  plazo  ó  dia  para  que  así 
lo  hiciesen ,  salvo  aquellos  que  á  nuestra  sancta 
fé  é  religión  christiana  se  quisiesen  convertir,  po- 
niendo pena  de  muerte  á  los  que  dellos  esto  no 
compliendo,  en  el  Reyno  se  hallasen.  Dado  pues 
el  pregón,  algunos  dellos  fueron  vueltos  cbristianos, 
y  otros  se  fueron  más  de  cient  mili,  sin  los  hijos  que 
llevaban;  ó  ansí  de  género  de  hombres  como  de 
mugares  saliendo  destos  reinos,  vendiendo  las  ha- 
ciendas que  tenian,  é  llevando  consigo  los  dineros 
que  más  podian  haber  y  alzar,  salieron  el  dia  é  tér- 
mino que  por  sus  altezas  asignado  les  habia  sido, 
teaiendo  por  cierto  é  seyendo  de  verdad,  segund 
que  por  sus  rabis  les  habia  sido  dicho,  que  la  mar  se 
les  habia  de  abrir  en  carreras,  como  habia  hecho  á 
los  hijos  de  Israel  en  el  tiempo  del  Rey  Faraón.  E 
ya  que  á  la  mar  fueron  llegados,  hicieron  sus  ora- 
ciones, y  mirando  que  la  mar  no  se  les  abria,  muchos 
dellos  se  volvieron  é  bautizaron,  otros  desta  mesma 
generación  entrando  en  sus  naves  por  diversas  par- 
tes del  mundo  fueron  derramados  y  esparcidos,  y 
otros  de  los  mismos  robados  de  los  marineros  que 
los  pasaban.  E  habiendo  andado  diversos  reinos  é 
muchas  provincias,  é  padecido  diversas  injurias, 
despojados  de  todos  los  bienes  que  llevaron,  volvie- 
ron en  España  á  se  tornar  en  cbristianos ;  si  verda- 
dera ó  fingidamente  á  nuestra  sancta  fé  se  convir- 
tieron, Dios,  escudriñador  de  los  corazones,  es  el  que 
lo  sabe,  porque  muchos  de  ellos  se  hallaron  tornar 
á  las  cirimonias  de  la  vieja  ley  que  tenian ,  é  confe- 
sando sus  pecados ,  por  los  padres  ministros  de  la 
inquisición,  pues  suficientes  testigos  manifestaban 
sus  ofensas  y  culpas,  fueron  quemados.  Alumbra- 
dos por  la  gracia  de  Dios  é  del  Espíritu  Sancto,  lo 
generación  que  de  los  tales  deciende  bien  puede 
tener  conoscimiento  de  nuestra  verdadera  é  sancta 
fé  siendo  buenos  cbristianos,  aunque  áspera  é  dura 
cosa  parece  dexar  alguno  de  obrar  6  de  hacer  lo  que 
vio  á  sus  padres  6  lo  que  continamente  es  acostum- 
brado. 

Habia  allende  destos  otra  barbárica  gente  que 
la  secta  de  Mahoma  seguía,  los  quales  con  oficios 
serviles  que  tenian ,  moraban  en  el  reino,  mante- 
niéndose por  sus  trabajos,  negando  los  tales  ser 
Christo  Nuestro  Señor  é  Salvador  Dios  verdadero;  y 
aunque  profeta,  nacido  de  virgen,  por  graciado 


Dios  engendrado,  los  tales  le  confesasen,  conversa- 
ban y  se  entremetían  entre  los  cbristianos  no  ha- 
ciendo en  perjuicio  de  la  fe  ningún  escándalo,  pero 
seguían  la  secta  de  su  legislador  Mahoma ;  y  como 
de  los  cbristianos  no  fuesen  opremidos  ni  sojuzga- 
dos, no  habían  querido  dexar  la  mala  secta  y  opi- 
nión que  seguían;  mas  estos  christíanísimos  prínci- 
pes, deseando  que  en  su  reino  una  santa  fé  é  una 
cathólica  iglesia  se  honrase,  menospreciando  las 
rentas  que  dellos  á  su  corona  real  se  acrecentaban, 
mandaron  pregonar  públicamente  que  asimismo  to- 
dos los  moros  hasta  cierto  término  y  dia  señalado  que 
se  les  puso,  6  que  saliesen  fuera  del  Reyno,  ó  que  á 
la  f  é  de  nuestro  Señor  se  convertiesen,  poniéndoles 
también  para  esto  pena  de  muerte  é  de  confiscación 
de  bienes.  Llegado  el  término  fueron  convertidos  á 
la  fé  y  bautizados  todos  los  que  en  el  reino  estaban, 
aunque  algunos  dellos  se  pasaron  en  África;  y  así 
quedó  España  limpia  de  tanta  y  tan  mala  genera- 
ción, todos  vueltos  cbristianos.  Y  plega  á  Dios  que 
estos  nuevamente  á  la  fe  cathólica  convertidos,  así 
sirvan  á  Nuestro  Señor  Jesu  Christo  con  el  corazón 
como  le  confiesan  por  la  boca,  y  que  todos  crean, 
confiesen  y  tengan  una  fé,  un  bautismo  y  una  Igle- 
sia, fuera  de  la  qual  no  hay  ni  puede  haber  salud 
ni  salvación. 

Falleció  el  Príncipe  Don  Juan  en  la  ciudad  de 
Salamanca  y  en  Sanct  Francisco,  año  de  mili  é  qua- 
trocientos  y  noventa  é  siete.  Casó  con  la  Princesa 
Doña  Margarita ,  y  quedó  preñada  del  y  mal  parió. 
Fué  jurada  en  Toledo  por  princesa  de  Castilla  la 
Reina  de  Portugal,  hija  primogénita,  y  el  Rey  de 
Portugal  como  su  marido.  El  Rey  é  la  Reina  Cathó- 
licos los  fueron  á  jurar  por  príncipes  de  Aragón  en 
Zaragoza,  y  allí  después  de  jurados,  falleció  desta 
vida  la  Reina  Princesa,  y  allí  parió  un  hijo  que  fué 
jurado  por  príncipe  de  Castilla  en  las  Cortes  de 
Ocafia,  y  se  llamó  el  Príncipe  Don  Miguel. 

Estando  el  Rey  é  la  Reina  Cathólicos  en  la  ciu- 
dad de  Granada,  llevó  Dios  para  sí  al  Príncipe  Don 
Miguel.  Después  desto  fueron  llamados  Príncipes 
de  Castilla  la  Infanta  Doña  Juana  y  Don  Felipe, 
archiduques  de  Austria,  los  quales  vinieron  á  Cas- 
tilla é  fueron  jurados  por  príncipes  en  la  ciudad  de 
Toledo,  donde  hubo  muchas  fiestas  y  justas,  y  de 
allí  fueron  á  Aragón,  y  el  Rey  Cathólico  con  ellos^ 
y  fueron  jurados  por  principes. 

capítulo  de  los  hijos  y  generación  del  Rey  Don  Fernando  y 
Reina  Dofia  Isabel,  y  de  como  los  casaron,  y  lo  que  después 
sucedió. 

No  me  parece  que  sería  bueno  dexar  de  decir  la 
generación  que  hubieron  estos  excelentísimos  Prín- 
cipes y  Reyes  durante  el  tiempo  del  matrimonio;  es 
á  saber:  que  primeramente  hubieron  una  hija  lla- 
mada por  nombre  Doña  Isabel,  de  vida  y  costum- 
bres excelentes  y  asazmente  adornada,  la  qual  fué 
casada  con  el  Príncipe  Don  Juan  de  Portugal,  hijo 
primogénito  del  Rey  Don  Alonso,  de  quien  arriba 
la  corónica  habla;  y  así  hecho  este  casamiento,  por 
lo  que  convenia  á  la  paz  y  servicio  destos  reyes  y 


DON  FERNANDO 
de  sus  reinos,  este  Príncipe  Don  Juan  pocos  dias 
pasados  después  de  se  haber  casado,  corriendo  un 
caballo  fué  muerto,  quedando  la  dicha  Doña  Isabel 
viuda  é  virgen;  la  qual  después  de  muchos  años  in- 
ducida más  por  el  mandamiento  destos  Reyes  sus 
padres,  que  por  determinada  gana  ni  voluntad  de 
se  casar  ni  de  reynar,  fué  matrimonialmente  y  por 
legítima  muger  otorgada  á  Don  Manuel,  Rey  de 
Portugal,  del  qual  hubo  un  hijo  llamado  Don  Mi- 
guel, de  cuyo  parto  esta  Reyna  Princesa  Dofia  Isa- 
bel su  madre  murió,  y  asimismo  dentro  en  dos  años 
este  Príncipe  de  Castilla  y  de  Portugal,  Don  Miguel, 
murió.  Hubieron  más  estos  Reyes  otro  hijo,  que  fué 
llamado  Don  Juan,  que  era  Príncipe  de  Asturias  y 
de  Girona.  Este  Príncipe  Don  Juan  sucedió  en  estos 
reinos  de  Castilla  é  de  Aragón.  Era  varón  de  muy 
excelentes  costumbres,  siguiendo  y  señalando  las 
mismas  pisadas  de  sus  padres.  Casó  con  Dofia  Mar- 
garita, hija  del  Rey  de  Romanos,  y  en  el  primer  año 
que  fué  casado,  murió  en  Salamanca.  Llamóle  Dios 
para  su  Reino  por  las  maldades  y  pecados  deste 
pueblo  en  España.  Dio  su  muerte  el  mayor  dolor, 
pérdida,  tribulación  y  desventura  que  jamas  dio 
muerte  de  Príncipe,  y  con  gran  razón.  Dexó  preña- 
da á  su  legítima  muger  la  Princesa  Doña  Margarita, 
la  qual  movió  antes  que  el  convenible  tiempo  de  su 
parto  llegase.  Sucesivamente  hubieron  estos  Reyes 
otra  hija  llamada  Doña  Juana.  Esta  fué  casada  con 
Don  Phelipe,  archiduque  de  Flandes,  hijo  primogé- 
nito del  sobredicho  Rey  de  Romanos,  é  murió  en 
este  mesmo  tiempo  el  Príncipe  Don  Miguel  que  era 
Príncipe  de  Castilla  por  la  Reina  de  Portugal  Dofia 
Isabel,  su  madre.  Por  la  muerte  deste  Príncipe  niño, 
la  Archiduquesa  Dofia  Juana  fué  Princesa  de  Cas- 
tilla, como  subcesora  é  hija  primogénita  destos  Rey 
é  Reina,  y  el  Archiduque  Don  Phelipe  Príncipe  como 
su  marido;  á  causa  de  lo  qual  Don  Felipe  y  Doña 
Juana  vinieron  de  Flandes,  pasando  en  España  en 
la  ciudad  de  Toledo,  que  es  en  el  Reyno  de  Castilla, 
y  en  la  ciudad  de  Zaragoza  fueren  jurados  por  prín- 
cipes dentrambos  Reynos.  Hubieron  más  el  exce- 
lentíssimo  Rey  Don  Fernando  é  la  sereníssima  Rey- 
na Doña  Isabel  otra  hija,  por  nombre  llamada  Dofia 
María,  que  por  dispensación  del  Papa  fué  casada 
con  el  dicho  Don  Manuel,  Rey  de  Portugal.  Hubie- 
ron más  otra  hija  llamada  Dofia  Catalina,  que  fué 
casada  con  Artús,  Príncipe  de  Galles,  hijo  primogé- 
nito del  Rey  de  Inglaterra,  los  quales  fueron  pues- 
tos en  estado  real  con  mucho  gozo  que  hubieron 
estos  reyes  sus  padres,  aunque  por  verlos  de  sí  au- 
sentes tristeza  alguna  tuviesen. 

Capítulo  de  la  guerra  y  discordia  que  hubo  con  el  Rey  de  Fran- 
cia sobre  el  Reino  de  Ñapóles,  é  lo  que  después  sobrevino  y 
aconteció. 

En  el  año  del  ñas  cimiento  de  Nuestro  Salvador 
Jesu  Christo  de  mili  é  quatrocientos  é  noventa  é 
cinco  años,  reinando  en  España  los  serenissiraos 
Reyes  Don  Fernando  ó  Dofia  Isabel ,  el  Rey  Don 
Carlos ,  Rey  de  Francia ,  afirmando  é  diciendo  que  ¡ 
el  reyno  de  Ñapóles  á  su  corona  pertenecía ,  con  I 


É  DOÑA  ISABEL.  521 

grand  exercito  y  orgullosa  salida  de  mucha  sober- 
bia fué  contra  el  Rey  de  Ñápeles,  Don  Fadrique,  y 
le  tomó  su  reino,  y  después  desto  este  dicho  Rey 
de  Francia  entró  en  Roma,  y  ayuntándose  ciertos 
cardenales,  tomó  por  fuerza  de  armas  á  Ostia,  que 
está  colocada  en  la  ribera  del  rio  Tiber  ;  y  haciendo 
asimismo  muchas  muertes  y  robos,  pasó  en  el  Rey- 
no  de  Ñapóles ,  y  con  mucha  dificultad  le  ocupó  é 
le  tomó,  é  de  allí  deliberó  de  pasar  á  la  ínsula  de 
Sicilia ,  que  era  del  Serenísimo  Rey  Don  Fernando, 
queriéndola  conquistar  y  tomar ;  por  lo  qual  entre  los 
españoles  y  franceses  hubo  grande  discordia  y  ene- 
mistad, asi  por  mar  como  por  tierra,  y  á  esta  causa 
fué  embiado  Gonzalo  Hernández  de  Córdoba,  beli- 
coso caballero,  hombre  muy  esperto  en  las  cosas 
y  exercicio  de  la  guerra.  Este  Gonzalo  Fernandez 
es  hoy  Marqués  de  Terranova  intitulado,  y  este 
noble  varón  con  algún  número  de  caballeros  é  gen- 
tes de  pié  pasó  á  resistir  al  Rey  de  Francia  la  en- 
trada de  Sicilia,  é  para  que  diese  ayuda  al  rey  Fe- 
derico de  Ñapóles,  por  donde  me  paresce  que  el 
nombre  de  los  numidas,  que  como  escribe  Salustio, 
fué  en  España  renovado,  con  tanta  mayor  gloria 
debe  ser  ensalzado  en  Italia  y  Sicilia  y  en  todo  el 
mundo,  por  los  memorables  fechos  deste  estremado 
y  excelente  caballero. 

Fué  estonces  el  Rey  Don  Fernando  á  la  ciudad 
de  Girona,  que  es  en  el  Principado  de  Cataluña  ,  y 
ordenó  su  hueste  contra  el  Rey  de  Francia ,  movido 
con  ánimo  de  le  destruir  en  su  reino.  Entre  estas 
turbaciones  que  á  la  sazón  sobrevinieron  ,  fué  de- 
nunciado á  la  Reyna  Doña  Isabel  como  muchos 
franceses,  parte  dellos  armados,  parte  dellos  sin  ar- 
mas, entraron  en  Castilla  so  color  de  ir  en  romería 
de  Sanctiago  ;  los  quales  eran  tantos,  que  si  de  ma- 
no de  Dios  no  fuera  proveído,  como  de  ladrones  de 
casa  el  reino  fuera  é  padesciera  grand  detrimento 
é  mucho  dapno.  Entonces  la  serenísima  Reina,  con 
el  amor  y  celo  que  á  su  Reino  tenia,  mandó  llamar 
algunos  que  en  su  Consejo  residían,  diciendo  su 
Majestad  dos  estremos  :  que  quitar  la  entrada  á  los 
franceses,  le  era  grande  cargo  de  conciencia  por  no 
quitar  la  visitación  y  romería  de  Sanctiago  á  los  es- 
trangeros,  que  en  tal  romería  grandes  indulgencias  y 
muchos  perdones  con  peregrinación  ganaban ;  por 
otra  consideración  decía  parecerle  que  si  tal  entra- 
da á  los  franceses  se  diese,  questo  seria  en  mucho 
detrimento  é  dapno  de  su  mismo  Reyno,  porque  no 
puede  ser  mas  malvada  cosa  que  el  famiHar  enemi- 
go ;  y  puesta  en  esta  congoxa  y  perplexidad  la 
Reyna,  mandó  á  algunos  de  su  Consejo  que  todas 
estas  cosas  de  su  parte  dijesen  al  Arzobispo  de  To- 
ledo, su  confesor  y  consiliario ,  hombre  de  buena 
vida  y  loable  fama,  y  lo  mismo  mandó  decir  á  Don 
Alvaro  de  Portugal,  varón  de  grande  linage,  docta- 
do  de  mucha  prudencia  y  Presidente  del  su  Conse- 
jo Real ;  á  los  quales  por  el  mandamiento  real  estas 
cosas  fueron  dichas ;  á  cuyo  parecer  y  determina- 
ción fué  respondido  que  la  entrada  de  los  franceses 
se  debía  estorbar  ;  la  qual  respuesta,  después  que 
fué  por  la  Reina  y  Señora  oída,  tornó  á  decir  que 


622 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


no  era  su  parecer  ni  quería  perturbar  la  entrada  á 
los  franceses ,  que  más  quería  atreverse  á  caer  en 
manos  de  los  enemigos ,  que  no  quitar  la  visitación 
del  apóstol  Sanctiago,  patrón  de  sus  reinos  Despa- 
fia  ;  y  siguiendo  su  alteza  las  pisadas  del  Rey  ó  Pro- 
pheta  David,  quiso  más  caer  en  las  manos  de  Dios, 
que  no  temer  el  poderio  de  los  hombres,  y  asi  no 
fué  negada  la  entrada  do  su'romeria  á  los  franceses. 
Tornando  nuestra  corónica  á  decir  lo  que  este  ca- 
ballero Gonzalo  Fernandez  hizo  en  el  camino  que 
llevó  á  Ñapóles,  es  de  saber ,  que  hizo  al  Rey  de 
Francia  por  fuerza  de  armas  volver  á  su  tierra  y 
desocupar  el  reino  de  Ñápeles  que  tenia  tomado ; 
y  este  rey  Carlos  de  Francia,  después  que  dfe  Ñapó- 
les fué  echado,  en  los  Alpes  fué  mal  recibido  de 
cierta  gente  de  guerra  que  en  aquella  tierra  estaba, 
é  tanto  fué  perseguido  destos,  que  apenas  pudo  sal- 
var la  vida  de  sus  manos.  Murió  después  este  Rey 
Carlos,  é  sucedió  en  el  Reino  el  Duque  de  Urliens, 
llamado  Ludovico,  el  qual  con  favor  y  ayuda  del 
Rey  Don  Carlos  á  Ñapóles  habia  pasado,  y  algún 
tiempo  después   acaeció  que  este  rey  ajuntó   gran 
gente,  y  no  con  menos  soberbia  que  el  Rey  Carlos 
antepasado  ,  la  envió  en  prosecución  del  reino  de 
Ñapóles,  diciendo  pertenecerle,  en  pocos  dias  ocu- 
pando la  mayor  parte  del  Reino ;  por  la  qual  otra 
segunda  vez  tornó  el  Duque  de  Terranova,  hoy  lla- 
mado grand  capitán,  en  Ñapóles  con  gran  flota  ,  é 
igualando  sus  hechos  con   Julio  Cesar  y   Anibal, 
en  poco  tiempo  recobró  por  fuerza  de  armas  y,  ocu- 
pó todo  el  Reino  de  Ñapóles,  que  el  Rey  de  Francia 
tenia  usurpado,  ó  le  puso  so  la  subjecion  del  Rey 
Don  Fernando  y  la  Reina  Doña  Isabel,  después  de 
haber  muerto  en  ciertas  batallas  que  hubo  más  de 
veinte  mili  franceses,  y  otros  muchos  que  en  Fran- 
cia despojados  volvieron.  Doliéndose  dello  el  Rey  de 
Francia,  tornó  á  embiar  otro  exercito  de  guerra  no 
menor  que  el  primero  para  cercar  Salsas,  fortaleza 
muy  singular,  que  está  sitiada  en  las  postreras  par- 
tes é  términos  Despaña  ;  y  estos  franceses  pusieron 
en  Real  y  la  cercaron  muy  fuerte  por  ganarla.  Los 
que  estaban  en  la  fortaleza  defendiéronse  muy  fuer- 
temente matando  muchos  de  los  franceses  que  en 
el  Real,  estaban.  Estonces  el  Rey  Don  Fernando,  que 
en  Barcelona  se  halló  con  gran  gente ,  que  la  Sere- 
nissima  Reina  Doña  Isabel  su  muger  de  Segovia  le 
embió,  fué  contra  los  franceses ,  los  quales  oyendo 
como  el  Rey  con  sus  gentes  contra  ellos  iba,  alza- 
ron el  cerco  é  Real  que  sobre  Salsas  tenian  puesto, 
y  dieron  á  huir ,  siguiéndolos  el  Rey  con  su  gente 
de  guerra,  y  fué  en  su  alcance  hasta  dentro  de  Fran- 
cia, quemando  y  destruyendo  todos  los  lugares  que 
en  el  camino  estaban,  salvando  las  vidas  de  los 
hombres,  pues  por  misericordia  su  alteza  movido, 
mandó  que  á  ningún  francés  sus  gentes  matasen  ; 
y  desta  manera  contra  la  voluntad  del  rey  de  Fran- 
cia se  ganó  el  Reyno  de  Ñápeles,  el  qual  por  derecho 
al  Rey  Don  Fernando  pertenecía.   Esto  acabado,  el 
Rey  Don  Fernando  se  vino  á  la  villa  de  Medina  del 
Campo,  donde  estaba  la  Reina  Doña  Isabel,  que  avia 
allí  venido  á  ver  á  la  Princesa  Doña  Juana,  su  hija, 


pues  el  Príncipe  Don  Felipe  era  ido  á  Flandes ;  y  el 
Papa  por  su  bula  plomada  declaró  que  en  el  dicho 
Reino  de  Ñápeles  no  sucediese  sino  fijo  ó  fija  que 
naciese  dentrambos  cuerpos  del  Rey  Don  Fernando 
y  la  Reina  Doña  Isabel,  y  los  decendientes  dellos. 

Capítulo  de  las  grandes  excelencias  de  la  Reina  Dofia  Isabel. 

No  pasemos  en  silencio  tantas  excelencias  como 
esta  Reina  tuvo :  tractemos  de  algunas  dellas,  pues 
que  la  natura  no  crió  otra  semejable  que  en  su  rei- 
no asi  gobernase ;  que  si  en  la  antigüedad  se  alabó 
á  Semiramis ,  ó  á  ks  Amazonas ,  ó  á  algunas  otras 
hembras  por  fechos  claros  que  hiciesen  ó  por  gran- 
deza ó  hermosura  que  tuviesen ,  todas  estas,  si  algu- 
nas gracias  tuvieron,  con  algunas  mancillas  las  en- 
suciaron ;  mas  esta  excelentísima  Reina  Doña  Isa- 
bel desde  el  día  de  su  nacimiento  fasta  el  día  de  su 
muerte  se  halló  siempre  no  menos  fuerte  que  cons- 
tante y  magnánima  haber  sobrepujado  á  las  que 
arriba  habernos  dicho.  Vivió  tan  sobre  bondad  com- 
puesta, que  nunca  demasiada  palabra  alguna  se  ha- 
lla haberle  oído  que  dixese.  Fué  castísima  muger, 
llena  de  toda  honestidad,  enemicisima  de  palabras 
ni  muestras  deshonestas ;  nunca  se  vio  en  su  perso- 
na cosa  incompuesta ;  nunca  se  halló  en  sus  obras 
cosa  mal  hecha,  ni  en  sus  palabras  palabra  mal  di- 
cha. Por  cierto  debe  creerse  en  sus  pensamientos 
muy  sanctos  é  justos ;  que  aunque  muger,  y  por  eso 
de  carne  flaca,  era  alumbrada  de  dones  y  de  gracia 
espiritual.  Fué  fiel  amiga,  subjecta  cara  y  carísi- 
ma de  sus  amigos,  favorescedora  de  las  mugeres 
bien  casadas,  y  de  lo  contrario  muy  enemiga,  ca- 
thólíca  y  christianisima  devota ,  f  edelisima  á  Dios, 
madre  muy  piadosa  á  sus  subdictos,  reina  muy  justa 
á  BUS  vasallos ,  dada  á  contemplación  y  dedicada  á 
Dios:  ocupábase  en  los  oficios  divinos  muy  con- 
tinuamente ;  ni  por  eso  dexaba  la  gobernación  hu- 
mana. Era  religiosa  y  devota  á  todas  las  religiones ; 
tenia  grand  caridad ,  suma  prudencia ,  grandísimo 
favor  de  justicia,  mucha  modestia,  grand  honesti- 
dad y  estudio  de  vida  apartada :  era  exemplar  de 
buenas  é  loables  costumbres,  magnánima,  líberalí- 
sima  en  mandas  y  dones  repartidos  por  todo  el  mun- 
do. A  los  embaxadores  que  venían  de  otros  prínci- 
pes y  á  sus  servidores  é  criados  muy  gracta ;  á  to- 
dos los  suplicantes  y  negociadores  de  sus  reinos 
muy  apacible.  Descargó  en  su  vida  y  en  dias  de 
salud  y  alegría  grandes  sumas  de  quentos  de  dine- 
ros de  sus  descargos,  deudas  é  promesas  y  obliga- 
ciones que  dende  su  tierna  edad  era  obligada,  y 
también  descargó  las  conciencias  de  sus  progenito- 
res. Su  mansedumbre  fué  admirable  ;  su  magestad 
la  mayor  que  jamas  fué  vista;  su  misericordia  so- 
bre todo  loor  ;  mas  aunque  asi  usaba  de  piedad,  no 
olvidaba  el  ceptro  de  la  justicia.  Todas  estas  virtu- 
des tenía  esta  Reina ,  de  tal  manera  asi  allegadas, 
que  siguiendo  la  doctrina  de  Sant  Gregorio ,  en  to- 
das las  cosas  que  duda  tenían,  más  á  misericordia 
que  á  rigurosa  justicia  se  inclinaba,  ó  por  esperíen- 
cia  de  sus  obras  asi  lo  demostraba  dando  grandes 
limosnas  que  á  todas  las  ordenes  meudicautes,  per- 


DON  FEBNANDO 
Bonas  meneeteroeas  é  pobres  necesitados  larguisi- 
mamente  repartía  ;  á  doncellas  huérfanas  doctaba,  y 
á  otras  con  grandes  doctes  las  casaba.  Al  sepulcro 
sancto  de  Jeruealem  con  grandes  limosnas  é  devoto 
ánimo  de  corazón  visitaba,  pues  que  por  la  flaqueza 
mugeril  é  por  la  dinidad  real  con  los  pies  corpora- 
les no  podia.  Fué  esta  tan  excelentísima  Keina,  que 
ni  después  que  Koma  fué  fundada ,  ni  tampoco  des- 
que España  fué  poblada,  rey,  príncipe,  ni  empera- 
dor, ni  otra  excelentíssima  muger  que  reinos  go- 
bernase, ninguna  hubo  á  quien  con  gozo  maravi- 
lloso esta  Reina  no  sobrepujase,  y  todos  los  pasa- 
dos que  por  seguimiento  de  sus  virtudes  se  puedan 
en  ausencia  alabar,  todas  en  presencia  desta  Reina 
é  Señora  con  la  mucha  grandeza  de  sus  obras  é  sin 
comparación  se  debrian  callar ;  é  segund  dice  la 
Sacra  Escriptura,  ninguno  en  su  voluntad  deba  ser 
loado.  Cosa  digna  de  publicar  é  manifiesto  es  que 
el  poderoso  Rey  Don  Fernando  asi  es  doctado  é 
compuesto  de  todas  aquellas  excelentes  virtudes 
que  desta  christianisima  Reina  á  hablar  comenza- 
mos, y  faltaría  ingenio  para  haberlas  de  contar. 
Fueron  Rey  é  Reina  juntos  por  Dios  escogidos,  por 
el  ayuntados,  que  juntamente  asi  ayuntados  reina- 
ron é  gobernaron  treinta  años ,  y  aunque  en  cuerpos 
dos,  en  voluntad  ó  unión  eran  uno  solo.  Firmaban 
las  cartas  é  provisiones  juntamente  el  uno  y  el  otro. 
Estos  Reyes  de  templos  y  casas  de  Dios  constitu- 
yeron obras  innumerables,  y  hazañas  tantas  hicie- 
ron, que  para  mas  verdaderamente  hablar  no  se  po- 
.  dian  escribir  mas  brebemente. 

Capitulo  de  la  fln  é  mnerte  desta  excelentísima  Reina  Doña 
Isabel. 

Sobrevino  recia  enfermedad  corporal  á  la  Reina 
Doña  Isabel ;  é  opremídas  é  agravadas  las  feme- 
ninas fuerzas  de  la  christianisima  Reina ,  estuvo 
por  espacio  de  cient  días  continuos  de  grand  enfer- 
medad fatigada;  é  como  en  la  Iglesia  de  Dios  por 
su  salud  muchas  oraciones,  ayunos  é  sacrificios  fe- 
chos fuesen,  é  por  su  juicio  oculto  poco  aprovecha- 
sen, viendo  la  excelentísima  que  el  tiempo  que  á 
su  vida  estaba  por  Dios  determinado  se  acercaba, 
mandó  que  de  rogar  á  Dios  por  su  salud  corporal 
los  eclesiásticos  cesasen ,  é  fuesen  por  la  salud  es- 
piritual, y  que  los  sacramentos  eclesiásticos  traídos 
le  fuesen.  Era  tanta  la  honestidad  é  tan  grande  la 
observancia  de  su  pudicicia,  que  al  tiempo  que  la 
estremauncion  le  fué  dada ,  ningún  miembro  suyo 
quiso  que  fuese  visto,  sino  de  solo  el  sacerdote,  y  no 
deníngun  criado  ni  criada  de  su  Real  casa.  Hizo  tes- 
tamento tan  ordenado  y  maravilloso,  que  casi  di- 
vino se  puede  decir ;  la  gobernación  destos  sus  Rei- 
nos que  dexaba,  á  su  marido  el  Rey  Don  Fernando 
encomendó,  encargándole  y  pidiéndole  que  las  ren- 
tas de  su  corona  real  no  enagenase ;  y  acabó  sus 
días  la  excelentísima  Reina  Doña  Isabel,  honra 
de  las  Españas,  espejo  de  las  mugeres,  en  la  villa 
de  Medina  del  Campo  á  veinte  é  seis  días  del  mes 
de  Noviembre,  año  del  Señor  de  mili  é  quinientos  é 
cuatro  años,  entre  las  once  é  doce  del  día ,  más  cer- 


É  DOÑA  ISABEL.  523 

ca  de  las  doce  horas  ;  con  la  qu»l  muerte  todo  el  go- 
zo que  España  tenia  pereció.  Fué  después  tomado 
su  cuerpo  por  algunos  perlados  é  grandes  del  Rei- 
no, é  puesto  en  el  Real  Palacio  en  el  hábito  del  Se- 
ñor Sanct  Francisco ;  en  el  siguiente  día  fué  lleva- 
do á  enterrar  al  reino  é  ciudad  de  Granada,  el  qual 
Reyno  sus  altezas  habían  ganado  con  mucho  tra- 
bajo. Fué  por  el  camino  de  mucha  gente  acompa- 
ñada: enterráronla  humilmente,  sin  pompa  algu- 
na, como  por  su  testamento  antes  que  muriese  ha- 
bía mandado  hacer.  Desta  Reina,  considerada  la  fé, 
vida,  é  religión  ó  fin ,  no  seria  temeridad  afirmar 
que  está  en  el  cielo  :  á  lo  menos  que  purgadas  algu- 
nas culpas  de  sus  peccados,  pues  como  dice  el  Após- 
tol, no  hay  justo  ni  quien  pueda  decir  que  está  sin 
pecado,  en  breve  será  colocada  en  la  celestial  glo- 
ría con  los  Santos,  dexando  reino  temporal  para  al- 
canzar gloria  para  siempre  jamas. 

Capítulo  como  después  de  la  muerte  de  la  Reina  Doña  Isabel,  la 
Princesa  Doña  Juana,  su  legitima  heredera,  fué  alzada  por 
Reina  y  Señora  destos  Reinos  de  Castilla  y  León. 

Siendo  huérfana  España  de  su  Reina  é  Señora, 
segund  que  ya  arriba  habéis  oído,  comenzaron  á 
temerse  las  guerras  é  males  antiguos  que  en  el  tiem- 
po de  su  vida  adormidas  estaban ;  mas  nuestro  Se- 
ñor Dios  aviendo  misericordia  Despaña,  quiso  vol- 
ver toda  esta  tristeza  en  placer,  porque  en  este  día 
que  la  Reina  murió,  el  Rey  Don  Fernando  con  gran- 
des lágrimas  salió  de  Palacio  con  muchedumbre  de 
grandes  destos  Reinos ,  é  subió  en  un  cadahalso, 
guardando  las  cirímonias  que  este  tal  caso  reque- 
ría ,  y  hizo  levantar  pendones  por  la  Reina  Doña 
Juana,  su  hija,  que  era  casada,  como  arriba  dixi- 
mos,  con  el  Príncipe  Don  Phelípe,  con  trompetas  y 
rey  de  armas ;  é  teniendo  un  pendón  real  el  Duque 
de  Alba  en  sus  manos,  díxieron  Castilla,  Castilla, 
Castilla,  por  la  Reina  Doña  Juana  nuestra  Señora, 
La  Reina  Doña  Isabel  de  gloriosa  memoria  en  su 
testamento  dexó  por  gobernador  destos  Reinos  al 
poderoso  y  excelente  Rey  Don  Fernando,  en  ausen- 
cia de  la  Reina  Doña  Juana  su  hija,  no  viniendo  á 
estos  Reinos  porque  estaba  en  Flandes ;  ó  veniendo 
la  Reina,  é  no  queriendo  ó  no  pudíendo  gobernar, 
que  el  Rey  Don  Femando  gobernase.  Esta  clausu- 
la fué  leída  é  publicada  delante  gran  número  de 
gentes,  y  ansí  quedó  por  gobernador  destos  Reinos, 
y  los  mantuvo  en  tanta  justicia,  paz  é  sosiego 
quanto  estaban  en  el  tiempo  que  la  Reina  vivía.  Du- 
ró la  gobernación  del  Rey  por  espacio  de  año  é  me- 
dio. En  este  tiempo  hubo  ciertas  diferencias  y  con- 
tiendas entre  el  Rey  Don  Fernando  y  el  rey  Don 
Phelípe  su  hierno  ;  é  fué  tal  asiento  hecho  é  dada 
esta  concordia  con  los  embaxadores  que  entre  estos 
Reyes  entendían  :  que  ambos  juntamente  reinasen, 
poniendo  á  esto  ciertas  capitulaciones  las  quales  de 
guardar  y  mantener  asi  el  Rey  Don  Fernando  como 
el  embaxador  del  Rey  Don  Phelípe,  que  en  Castilla 
estaba,  con  sus  propias  manos  juraron.  Den  de  á 
poco  tiempo,  pasando  el  Rey  Don  Phelípe  y  la  Reina 
Doña  Juana  con  gran  flota  que  traían ,  entraron  eu 


524 


CRÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CASTILLA. 


España  en  el  mes  de>Abril,  año  del  Señor  de  mili  ó 
quinientos  é  seis  años.  Aportaron  al  Reino  de  Galicia 
en  la  ciudad  de  la  Curufia  á  cuyo  recibimiento  sa- 
lieron muchos  grandes  del  Reino,  é  algunos  afirma- 
ron que  por  inducimiento  é  consejo  de  algunos  de- 
llos  fueron  deshechas  y  rompidas  todas  las  capitu- 
laciones que  entre  estos  Reyes  antes  juradas  é 
puestas  estaban  ;  y  el  Rey  Don  Fhelipe  con  grand 
compañía  de  gente  armada  que  consigo  traía,  salió 
del  Reino  de  Galicia  entrando  en  Castilla.  El  Rey 
Don  Fernando  le  salió  á  recibir  pacificamente  á 
diez  é  nueve  dias  del  mes  de  Junio  del  dicho  año, 
y  viéronse  estos  Reyes  ambos  juntos  cabe  la  aldea 
de  Remesa  ,  estando  muy  pocos  presentes,  y  mu- 
chos de  lexos  mirando  la  habla  que  estos  Reyes  tu- 
vieron. Después  de  haber  hablado ,  pareció  comun- 
mente ser  visto  á  todos  que  la  fina  reverencia  por 
el  Don  Phelipe  acerca  de  su  padre  como  convenia 
no  serle  guardada.  En  este  tiempo  el  Rey  Don  Fer- 
nando, mas  forzado  de  voluntad  que  con  ella,  salió 
destos  Reinos  de  Castilla,  y  se  partió  para  sus  rei- 
nos de  Aragón ,  y  dende  alli  con  grande  armada 
pasó  al  Reino  de  Ñapóles. 

Capitulo  como  él  Rey  Don  Phelipe  é  la  Reyna  Doña  Juana  entra- 
ron en  el  Reino  de  Castilla ,  y  de  las  condiciones  deste  Rey 
Don  Phelipe,  é  de  su  Un  y  muerte. 

Luego  que  el  Rey  Don  Felipe  y  la  Reyna  Doña 
Juana  entraron  en  Castilla  y  pacíficamente  la  pose- 
yeron, dicha  Doña  Juana,  como  fuese  Reina  é  Señora 
destos  Reinos,  no  la  veían  sus  subditos  é  naturales,  é 
por  esta  causa  les  parecía  que  debía  por  el  Rey  ser 
detenida  á  manera  de  encarcelada,  porque  estando 
en  poder  del  Rey  Don  Phelipe,  ni  gobernaba,  ni 
tampoco  parecía,  é  si  esto  por  su  voluntad  ó  constre- 
ñida por  el  Rey  Don  Phelipe  así  se  hacia,  en  este 
tiempo  á  saber  no  lo  alcanzaron  sino  pocos.  Después 
desto  fueron  ayuntados  los  procuradores  de  Cortes 
en  la  villa  de  Valladolid,  donde  juraron  á  la  Reina 
nuestra  Señora  por  Reina  é  Señora  natural  destos 
Reinos,  y  al  Rey  Don  Phelipe  como  á  Rey  é  Señor, 
como  á  su  legítimo  marido,  y  después  de  los  dias 
de  la  Reina  Doña  Juana  al  ilustríssimo  Príncipe 
Don  Carlos,  su  primogénito  heredero  hijo,  que  ago- 
ra nuestro  Príncipe  es.  El  Rey  Don  Phelipe,  solo 
contradiciéndole  alguno  del  Reino,  estos  reinos  go- 
bernaba ;  y  este  Rey  Don  Phelipe  careciendo  de  la 
esperiencia  y  consejo  que  para  regir  é  gobernar 
convenia,  de  buena  gana  daba  á  todos  los  grandes 
todo  lo  que  de  la  real  Corona  pedido  le  era,  é  por 
consejo  de  algunos  sus  consejeros  dio  algunas  cosas 
que  el  Rey  Don  Fernando  y  Reina  Doña  Isabel  sus 
padres  con  grande  vigilancia  habían  cobrado.  Otros 
grandes  destos  Reinos,  viendo  esto  murmuraban,  é 
las  comunidades  destos  Reinos  las  gentes  estra- 
fias  que  el  Rey  Don  Felipe  consigo  habia  traido, 
aborrecían;  y  como  los  tales  estrangeros  fuesen 
dados  á  demasiado  comer  y  beber  mucho,  desórde- 
nes y  delictos  cometían,  é  comenzó  la  justicia  algo 
á  enflaquecer  y  caducar.  Era  este  Rey  Don  Felipe 
mancebo,  y  de  muy  buen  cuerpo  y  de  muy  hermosa 


cara,  y  de  liberal  y  gentil  dispusicion.  Era  blando 
á  todos,  y  apacible  y  mucho  noble,  más  que  ningu- 
no deseador  de  justicia,  muy  aparejado  para  todas 
virtudes.  Era  asimismo  dado  á  los  juegos,  y  holga- 
ba de  fablas  y  tractar  con  mugeres;  no  le  parecía 
cosa  mejor  que  los  gentiles  gestos  de  mugeres.  Co- 
mía é  dormía  bien;  reinó  por  espacio  de  quatro  me- 
ses; llegó  á  la  ciudad  de  Burgos  donde  adolesció,  y 
dentro  de  seis  dias ,  de  su  enfermedad  opreso  mu- 
rió, á  veinte  é  cinco  días  del  mes  de  Septiembre,  año 
de  mili  é  quinientos  é  seis  años.  Muchos  decían  que 
esta  muerte  deste  Rey  á  este  Reino  había  sobreve- 
nido por  juicio  de  Dios,  por  la  desobediencia  que 
este  Rey  tuvo  al  Rey  Don  Fernando  su  padre;  otros 
afirmaban  que  con  mal  regimiento  deste  siglo  al 
otro  habia  pasado.  Dexémoslo  al  juicio  de  Dios  en 
cuya  mano  é  determinación  está  todo. 

Capitulo  como  después  de  la  muerte  deste  Rey  Don  Felipe  fn6 
el  Reino  por  los  del  Rea!  Consejo  gobernado,  é  lo  que  acaes- 
ció;  é  como  el  Rey  Don  Fernando  pasó  en  Castilla  á  gobernar 
el  Reino  como  antes  hacia. 

Quedando  la  Reina  Doña  Juana  viuda  é  preñada, 
la  qual  así  por  el  dolor  que  sintió  en  la  muerte  de 
su  marido,  á  quien  mucho  amaba  é  quería,  como 
por  la  poca  esperiencia  que  en  gobernar  reinos 
tenía,  é  como  quisiese  no  entender  en  la  gobernación 
destos  sus  reinos,  gobernóse  el  Reino  por  las  perso- 
nas que  estonces  en  el  su  real  Consejo  estaban.  Pí- 
cese en  las  historias  romanas  que  Rómulo,  el  primer 
fundador  de  Roma,  después  que  creció  en  el  Señorío 
escogió  cíent  varones  para  su  consejo,  los  quales  lla- 
mó Senadores.  Este  de  un  rayo  ó  trueno  desapareció; 
los  Senadores  que  antes  había  tomado  gobernaron 
esperando  si  volvería.  Estos  fueron  año  y  medio 
por  esta  causa  tenidos  en  gran  precio  é  mncha  repu- 
tación ;  mas,  los  Despaña  que  por  diez  meses  y  más 
solos  gobernaron  estos  Reinos,  siendo  maltractados 
de  algunos  grandes  del  Reino,  no  por  ser  personas 
que  en  el  Consejo  Re^l  presidian,  mas  aun  como 
privadas,  eran  extremados  en  el  trabajo  é  sudor  que 
tenían,  y  grande  su  vigilancia,  y  el  cuidado  muy 
mayor.  Eran  estos  varones  doctados  de  ciencia,  y 
algunos  dellos  de  aprobado  linaje,  y  todos  de  cos- 
tumbres leales  como  convenían;  eran  por  número 
diez  ú  once,  muy  pocos  en  comparación  de  los  que 
leímos  en  el  capítulo  octavo  de  los  Macabeos,  que 
hacían  consejo  trecientos  é  veinte  varones  cada  día 
para  gobernar  las  cosas  públicas.  Estos  del  Consejo 
Real  no  son  menos  de  loar  que  aquellos  que  arriba 
dixímos,  por  los  grandes  trabajos  que  pasaron  ,  en- 
tendiendo con  sudor  continuo  en  aplacar  tantas 
desobediencias  é  maldades  como  en  estos  Reinos 
habían  nacido.  La  Reina  Doña  Juana  envió  á  su- 
plicar al  Rey  Don  Fernando,  su  padre,  que  viniese 
á  entender  en  la  gobernación  destos  Reinos,  y  man- 
dó al  Doctor  Oropesa  y  al  Licenciado  Muxica  y 
al  Doctor  Carbajal  y  al  Licenciado  Polanco,  todos 
quatro  de  su  Consejo,  que  le  escribiesen ;  y  asi  esta 
e.mbaxada  fué  embíada  al  Reino  de  Ñápeles  donde 
estaba,  y  porque  el  Rey  estaba  ocupado  en  los  ne- 


DON  lí'ERNANDO 
gocios  de  aquel  Reino,  no  pudo  luego  embarcarse 
para  pasar  á  Castilla ,  mas  embió  á  decir  que  aque- 
llo acabado,  Su  Alteza  entendía  vendría  á  aceptar 
la  gobernación  destos  Reinos ;  y  así  fué  que  después 
se  embarcó  á  quatro  dias  del  mes  de  Junio,  afio  del 
Señor  de  mili  é  quinientos  é  siete  años,  acompañado 
de  gran  flota,  así  de  naves  como  de  galeras  de  aquel 
BU  Reino  de  Ñapóles.  Estuvieron  antes  desto  por 
espacio  de  diez  meses  y  más  los  Reinos  de  Castilla 
sin  gobernación;  en  el  qual  tiempo  muchos  géneros 
de  males  é  dapnos  é  desobediencias  se  cometían ; 
entre  los  quales  en  silencio  no  es  de  pasar  como 
el  Duque  de  Medina  Sidonia,  queriendo  por  fuerza 
de  armas  tomar  la  ciudad  de  Gibraltar,  siendo  como 
era  de  la  corona  y  patrimonio  real,  allegó  mucha 
gente  de  armas  para  la  ganar;  los  ciudadanos  de  la 
qual  con  fidelísimo  esfuerzo  y  determinado  ánimo 
por  la  corona  Real  se  tuvieron,  y  de  tal  manera  se 
defendieron,  que  quedando  vencedores  al  Duque  y 
á  su  gente  que  en  el  cerco  estaba,  huir  del  campo 
como  leales  vasallos  le  hicieron.  Pocos  dias  des- 
pués que  aquesto  así  aconteció,  por  el  juicio  de  Dios 
murió  el  Duque,  y  acabó  sus  dias  de  enfermedad  de 
pestilencia.    Estando  la  república  de   España  en 
aquestas  turbaciones  y  cosas  que  sobrevenían,  el 
Conde  de  Lemos  tomó  la  villa  é  fortaleza  de  Pon- 
ferrada,  que  es  en  el  Reino  de  Galicia,   que  asi 
mesmo  era  de  la  corona  real,  con  mano  armada; 
contra  el  qual  Conde  se  firmó  un  proceso  por  los 
del  Real  Consejo  que  en  este  tiempo  el  Reino  go- 
bernaban, y  asi  mismo  contra  el  usurpador  de  la 
corona  real  procedieron  para  le  tomar  la  dicha  vi- 
lla y  fortaleza,  é  tomada,  justamente  tenían  man- 
dado que  todas  las  guardas  é  gentes  de  armas  que 
en  el  Reino  estaban  fuesen  contra  el  Conde  de  De- 
mos. Iban  por  capitanes  generales  desta  gente  Don 
Fadrique  de  Toledo,  Duque  de  Alba,  y  el  Conde  de 
Benavente,  tomando  esta  empresa  por  servicio  de 
su  Reino  en  tanta  estima  como  caballeros  de  mucha 
fidelidad  é  de  mucho  amor  á  su  patria.  Y  como  el 
Conde  de  Lemos  sabidor  fuese  de  la  copia  de  gente 
que  contra  él  venia,  usando  de  mejor  consejo,  dio  de 
su  voluntad  libre  y  desembargadamente  la  villa  é 
fortaleza  de  Ponf errada  á  la  persona  que  para  reci- 
birla los  del  Consejo  enviaron;  é  si  la  venida  del  Rey 
Don  Fernando  no  se  esperara,  cosas  muy  graves  é 
muy  terribles  por  el  Reino  se  cometieran.  Asi  España 
opremida  de  tantos  é  tan  diversos  males,  estaba  es- 
perando para  su  salud  la  venida  del  Rey,  que  allegó 
por  la  voluntad  de  Dios  en  este  tiempo  en  la  playa 
de  Valencia,  y  dexando  las  ondas  de  la  mar,  saltó 
en  la  tierra  á  veinte  dias  del  mes  de  Julio  deste 
dicho  año,  sea  dada  gloria  á  nuestro  Señor  Jesu 
Christo.    La  Reina  Doña  Juana  nuestra  Señora, 
oyendo  la  venida  del  Rey  su  padre,  con  gran  ale- 
gría fué  personalmente  á  la  Iglesia,  dando  gracias 
á  Dios,  y  mandó  cantar  el  cántico  de  Sant  Ambro- 
sio y  Sant  Agustín  Te  Deum  laudamus.  Estuvo  la 
$eiii,Sb  algunos  dias  en  un  lugar  pequeño  llamado 
■Omillofl,  ,é  partiendo  el  Rey  Don  Fernando  de  su 
ciudad  de  Valencia  dende  á  poco  tiempo,  el  amor 


É  DOÑA  ISABEL.  6!25 

que  á  su  patria  tenia  le  hizo  tan  de  presto  venir, 
con  tanta  y  tan  entera  voluntad  como  tenia  quan- 
do  con  la  Reina  Doña  Isabel  era  casado;  y  saliendo 
la  Reina  Doña  Juana  á  recebir  al  Rey  su  padre, 
vinieron  á  un  lugar  llamado  Tortoles,  donde  á  vein- 
te é  ocho  dias  del  mes  de  Agosto  del  mismo  año 
que  arriba  diximos  se  vieron  é  hablaron.  El  Rey 
tracto  á  su  hija  con  toda  cerimonia  y  acatamiento, 
y  la  Reina  fincadas  las  rodillas  en  el  suelo,  de- 
mandando las  manos  al  Rey  su  padre  para  se  las 
besar,  no  queriendo  el  Rey  dárselas,  con  aquel 
amor  paternal  que  le  tenia,  la  abrazó  é  le  dio  paz, 
y  entraron  en  un  mismo  palacio,  ó  con  gran  pla- 
cer reposaron.  La  Reina  con  el  grande  amor  que 
al  Rey  Don  Phelipe  su  marido  tenia,  no  avia  con- 
sentido que  pusiesen  debaxo  de  tierra  su  cuerpo, 
antes  en  su  sepulcro  de  plomo  le  mandó  meter  ó 
traerle  consigo,  haciendo  decir  por  su  ánima  sa- 
crificios divinos  por  muchas  religiones  ó  diversas 
órdenes  que  desto  cargo  tenían. 

Á  veinte  é  cinco  dias  del  mes  de  Setiembre  deste 
afio  se  cumplió  un  año  que  el  Rey  Don  Phelipe  muer- 
to había;  éseguiendo  la  Reina  la  costumbre  Despafia 
cerca  desto,  mandó  decir  solemnemente  vísperas 
cantadas  por  el  ániüía  de  su  marido,  y  en  el  se- 
guiente dia  con  gran  solemnidad  mandó  que  se 
cantase  misa  y  oficios  de  réquiem,  en  los  quales 
estuvieron  el  Rey  é  la  Reina  é  muchos  grandes  é 
perlados  del  Reino,  como  se  escribe  en  el  segun- 
do libro  de  los  Macabeos,  capítulo  duodécimo,  que 
viendo  que  Philípo  Rey  avia  muerto,  piadosamente 
pensando  é  creyendo  en  la  resurrección,  rogaban  á 
Dios  nuestro  Señor  por  su  ánima,  devota  y  reli- 
giosamente. Comenzó  después  desto  el  Rey  Don 
Fernando  á  entender  en  la  gobernación  y  cosas 
deste  Reino,  el  qual  aunque  estaba  muy  alborotado, 
en  poco  tiempo  después  queste  excelentíssimo  Rey 
comenzó  á  gobernar,  se  levantó  á  estar  en  la  mis- 
ma felicidad  próspera  que  antes  estaba,  porque 
escripto  es  en  la  sagrada  escriptura  escogerse  para 
la  gobernación  de  la  república  un  varón,  y  enton- 
ces el  pueblo  estaba  en  paz.  Declaró  el  Rey  Don 
Fernando  el  ánimo  y  intención  de  su  venida,  di- 
ciendo como  en  reparación  destos  Reinos  él  habia 
dexado  los  suyos  propios,  porque  España  estuviese 
segura;  ca  así  dice  Sant  Gerónimo  que  la  gober- 
nación del  pueblo  se  debe  dar  á  quien  Dios  es- 
cogiere, en  el  qual  sea  claridad  de  ley  é  virtud 
con  todo  el  pueblo,  y  esto  mismo  se  escribe  en  el 
decreto.  De  ahí  á  pocos  dias  partió  la  Reina  y  el 
Rey  Don  Fernando  de  Tortoles,  é  fueron  á  la  villa 
de  Sancta  María  del  Campo,  que  es  lugar  de  la 
diócesis  de  Burgos,  y  después  desto  el  Rey  partió 
de  allí,  dexando  á  la  Reina  en  un  lugar  llamado  por 
nombre  Arcos.  El  Rey  fué  á  la  ciudad  de  Burgos,  en 
donde  por  algunos  meses  é  muchos  dias  su  Alteza 
aposentado  estuvo,  y  la  Reyna  en  el  lugar  de 
Arcos  cerca  de  Burgos.  La  Reina  Doña  Juana 
estuvo  en  aquel  lugar,  y  el  Rey  Don  Fernando  su 
padre  en  la  ciudad  de  Burgos,  de  donde  algunas 
veces  visitaba  aunque  pocas  á  la  Reina  su  hija, 


626 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Después  que  el  Rey  fncHto  estuvo  en  la  ciudad  de 
Burgos  que  le  pareció  lugar  más  conveniente,  do 
tuvo  algún  reposo  para  entender  en  la  gobernación 
y  pacífico  estado  de  los  Reinos,  trabajaba  é  pensa- 
ba quanto  podia  sosegar  y  traer  al  buen  ñn  é  tér- 
mino que  antes  solian  estar  algunos  negocios  é  ca- 
sos que  siendo  él  ausente  nascieron  é  comenzaron, 
muy  perjudiciales  é  dapnosos  al  bien  de  la  repúbli- 
ca ;  y  para  punición  de  algunos  crimines  y  excosos 
que  en  la  ciudad  de  Córdoba  y  sus  comarcas  acae- 
cieron, embió  á  llamar  Su  Alteza  al  Licenciado 
Hemand  Gómez  de  Herrera,  uno  de  los  Alcaldes  de 
la  Casa  é  Corte  real,  donde  el  dicho  Licenciado  for- 
zosamente con  gente  armada  tomó  y  metió  preso  al 
Marqués  de  Pliego  en  una  su  fortaleza  de  Montilla 
donde  lo  tenia  guardado  y  á  mucho  recaudo  encar- 
celado; y  como  este  caso  tan  feo  vino  á  oidos  del 
Rey,  considerando  que  si  lo  desase  disimulado,  sin 
punición  y  castigo,  sería  causa  y  opinión  de  otros 
muchos  á  quel  dicho  Marqués  ó  otros  se  atreverían 
á  hacer,  pospuesto  el  buen  Rey  todo  trabajo,  con 
los  muy  grandes  calores  que  como  fuego  asan,  por 
el  mes  de  Julio,  al  tiempo  que  el  Sol  entra  en  el 
sino  de  León,  de  la  dicha  ciudad  de  Burgos  do  es- 
taba partió,  y  á  mucha  priesa  llegó  á  Córdoba,  don- 
de visto  y  examinado  con  mucha  diligencia  el  gran 
error  y  no  debido  atrevimiento  del  dicho  Marqués, 
el  muy  alto  Consejo  Real  condenóle  á  privación  de 
todos  los  oficios  reales  y  mercedes  que  de  la  Coro- 
na Real  tenia,  y  la  muy  buena  fortaleza  de  Monti- 
lla derrocaron  y  arrojaron  por  el  suelo  por  manda- 
do de  la  justicia,  que  no  parecía  della  cosa  alguna 
ni  rastro  que  ende  hubiese  habido  edificio ;  y  esto 
así  fecho.  Su  Alteza  partió  dende  para  Sevilla,  por- 
que el  Duque  de  Medina  Sidonia  tampoco  quiso 
complir  ni  efectuar  algunas  cesas  que  le  habían 
sido  mandadas  por  Su  Alteza ;  y  luego  que  llegó  á 
Sevilla,  de  noche,  calladamente,  por  los  muros  de 
la  ciudad  como  mejor  pudo,  con  consejo  é  compañía 
de  Don  Pero  Girón,  primogénito  del  Conde  de  üre- 
fia,  marido  de  la  hermana  del  dicho  Duque,  fué  á 
Portugal  por  estas  inobediencias  y  rebeldías.  Deter- 
minó el  Rey  por  más  segurar  los  fechos  refrenar 
sus  osadías,  y  por  le  traer  á  bien,  tomar  al  dicho 
Duque  todas  sus  villas  y  tierras  y  fortalezas;  y  em- 
biando  allá  su  exército  de  pie  é  de  caballo,  tomó  la 
villa  de  Niebla,  que  es  muy  antigua,  y  de  quien 
hacen  gran  memoria  las  corónicas  Despaña ;  y  por- 
que los  vecinos  de  la  dicha  villa  no  se  quisieron 
dar  ni  obedescer  el  mandamiento  real,  mas  resistían 
y  porfiaban  quanto  podían  por  no  se  dar  á  la  gente 
de  armas,  entró  en  la  villa  por  fuerza  haciendo  mu- 
cho mal  y  dapno  en  los  moradores  con  harta  cruel- 
dad; y  con  el  dapno  de  la  hacienda  é  bienes  con- 
tentos los  soldados,  no  cometieron  muertes  de  hom- 
bres, ó  adulterios  y  otros  males  que  en  semejantes 
lugares  é  tiempos  acontecen;  mas  como  no  hay 
quien  impida  á  la  gente  de  armas  vencedora  su 
curso  é  querer,  complieron  todo  á  su  voluntad.  Con 
esto,  dado  fin  á  lo  del  Andalucía,  vino  luego  Su  Al- 
teza á  ValladoUd,  donde  estuvo  casi  todo  el  año  de 


mili  é  quinientos  é  nueve,  entendiendo  en  muchas 
cosas  que  para  el  pacifico  é  quieto  estado  del  Reino 
convenia  comunicar  é  prever.  Con  todo  esto,  luego 
que  llegó  dende  Andalucía  á  Valladolid,  fué  el  Rey 
al  lugar  de  Arcos  donde  estaba  la  Reina  Doña  Jua- 
na su  fija,  é  sacándola  dende,  la  traxo  consigo  á  la 
villa  de  Tordesillas,  y  ende  la  puso  con  alguna 
compaña  de  servidores  en  los  palacios  reales,  y  de- 
xó  de  traerla  consigo  en  corte  por  algunos  impedi- 
mentos y  enfermedades  que  Su  Alteza  padescia. 

En  este  año  Don  Fray  Francisco  Ximenez,  de  la 
Orden  de  los  freyres  menores.  Cardenal  de  la  Sanc- 
ta  Iglesia  romana,  con  título  de  Sancta  Balbina, 
Arzobispo  de  Toledo,  Primado  de  las  Espafias,  con 
mucho  celo  y  amor  de  ensalzar  la  Sancta  fé  cathó- 
lica,  determinó  pasar  en  África  para  hacer  guerra 
á  los  moros,  enemigos  de  Dios  nuestro  Señor,  con 
grande  y  crecido  exército  de  pie  y  de  caballo,  con 
sancto  propósito  de  aumentar  la  fé  cathólica;  asi 
que  allegado  mucho  grande  y  copioso  exército,  ó 
muy  crecida  flota  de  naos,  en  el  puerto  de  Cartage- 
na entró  el  Arzobispo  y  Cardenal  Primado  de  las 
Españas  en  la  mar,  y  metió  y  embarcó  todo  el  exér- 
cito, aunque  grande,  en  las  naos  que  copiosamente 
allegó,  y  con  próspero  viento  de  buen  tiempo  qu» 
Dios  le  quiso  dar,  allegó  con  salvedad  de  todos  los 
que  traía  en  el  Puerto  de  Mazalquivir,  que  es  en  la 
costa  africana.  Sabida  su  venida,  que  antes  la  ha- 
bían oido  los  moros,  así  de  la  muy  antigua  y  noble 
ciudad  de  Oran,  como  de  las  otras  ciudades  é  villas 
é  lugares  é  comarcas,  se  juntaron  mucho  número 
bien  armados  á  pié  y  á  caballo,  y  con  mucha  osadía 
peleando,  porfiaron  que  el  buen  Arzobispo  con  su 
gente  no  tomase  ni  entrase  en  la  tierra,  pero  con  el 
ayuda  de  Dios  é  buena  osadía  y  esfuerzo  que  los 
christianos  mostraron  en  aquel  dia,  á  pesar  de  toda 
la  morisma  que  ende  llegó,  tomó  tierra  con  todo  su 
exército,  matando  é  f  eriendo  muchos  moros,  destro- 
zando las  compañas  é  batallas  moriscas,  y  de  tal 
manera  é  guisa  con  mucho  esfuerzo  y  proeza  pelea- 
ron los  christianos^aquel  dia,  que  mezclados  los  unos 
con  los  otros,  á  su  pesar  entraron  en  la  ciudad  de 
Oran,  donde  comenzaron  é  trabaron  gran  combate 
los  dos  exércitos  de  christianos  y  moros,  los  chris- 
tianos muy  esforzados  y  ardidos  por  la  sancta  fé 
cathólica,  los  moros  por  necesidad  de  librar  á  sí  y  á 
sus  mugeres  y  fijos  é  propia  ciudad  y  tierra,  do 
tantos  tiempos  é  siglos  moraron ;  é  con  esto  é  por- 
que con  la  ira  é  furor  de  la  batalla  crecía  su  ánimo, 
valientemente  combatían  y  se  defendían  los  moros; 
mas  los  christianos  pensando  en  la  justa  causa  de 
la  fé,  y  como  les  era  honesto  é  justo  é  glorioso 
morir  en  las  armas  de  tan  sancta  expedición,  mos- 
traron tanta  virtud  é  proheza  de  armas,  que  á  los 
moros  arrancaron  del  lugar  donde  era  la  pelea  y 
ruido,  é  los  ahuyentaron  fuera  de  los  muros  de  la 
ciudad  á  mal  grado  suyo,  y  murieron  muchos  y  en 
tan  poco  espacio,  que  estaban  montones  de  cuerpos 
muertos  y  tropezaban  en  ellos,  resbalando  en  la 
sangre  humana  que  se  vertía.  Así  los  christianos 
no  bíu  mucho  misterio  aquel  dia  que  descendieron 


í)ON  FERNANDO 
en  África  tomaron  é  tuvieron  la  ciudad  de  Oran  por 
suya,  é  todos  los  moradores  de  ella,  homes  y  muge- 
res,  grandes  é  pequeños,  viejos  y  mozos,  presos,  ex- 
cepto los  moros  que  peleando  murieron,  tomaron;  y 
asi  mismo  mucho  oro  y  plata,  joyas  é  perlas  pre- 
ciosas, y  otras  muchas  cosas  y  riquezas  y  aver  que 
no  se  podria  bien  numerar.  El  dia  seguiente  la  mez- 
quita mayor  consagró  el  buen  Cardenal  Arzobispo 
en  Iglesia,  y  donde  muchas  veces  el  nombre  de 
Dios  Jesu  Christo  nuestro  Señor  fué  blasfemado, 
allí  fué  loado  gloriosamente  con  muchos  sacrificios 
y  solemnes  misas,  é  vísperas,  y  horas  canónicas,  no 
con  poca  alegría  é  placer  de  los  christianos;  é  por 
memoria  que  por  el  Arzobispo  de  Toledo  se  ganó  la 
ciudad  de  Oran,  ende  se  crió  y  eregió  una  abadía 
subjeta  á  la  Sancta  Iglesia  de  Toledo.  Todo  esto 
fecho,  el  Keverendísimo  Cardenal  á  cuyo  loor  é 
alabanza  todo  nuestro  decir  es  inferior,  vino  con 
todo  su  exército  á  su  sancta  Iglesia  y  silla  arzobis- 
pal de  Toledo,  dexando  proveido  á  Oran  de  gente 
de  armas  é  vituallas  abundosamente.  Asimismo, 
como  el  Cathólico  Rey  Don  Fernando  tuviese  siem- 
pre gana  de  ensalzar  y  estender  la  sancta  fé  ca- 
thólica  y  no  desamparar  la  guerra  que  contra  los 
moros  habia  comenzado,  encomendó  al  Conde  Pero 
Navarro,  varón  muy  diestro  y  esforzado  en  el  fecho 
de  la  guerra,  que  con  muy  grande  flota  é  gente  pa- 
sase en  África  y  conquistase  las  villas  é  ciudades 
marítimas;  el  qual  dicho  Conde  como  buen  caba- 
llero, seguiendo  el  consejo  de  su  Rey,  con  mucho 
trabajo  é  peligro  é  con  harto  discrimen  de  pelea 
entró  con  su  exército  é  tomó  por  fuerza  de  armas 
la  ciudad  de  Tripol  de  Berbería,  é  de  Bugia,  las 
quales  en  breve  saquearon  y  robaron  las  gentes  de 
armas  del  exército  christiano;  y  después  que  así 
ganaron  é  robaron  las  dichas  ciudades,  las  compa- 
ñas de  los  christianos  muy  ricos  é  cargados  do  oro 
y  de  plata,  é  de  joyas,  é  de  hombres  é  de  mugeres  é 
niños  moros  de  las  ciudades  robadas,  que  nadie  es- 
capó, volvieron  á  su  propia  tierra  sin  dapno  ni  le- 
sión alguna  con  mucha  victoria  y  honra. 

E  como  en  este  exército  tan  poderoso,  en  uno  con 
el  Conde  Navarro  fuese  capitán  Don  García  de  To- 
ledo, hijo  primogénito  heredero  del  Duque  de  Alba, 
hombre  por  cierto  muy  bien  notado  de  toda  arte  é 
ciencia  militar  y  de  buenos  desseos,  determinó  de 
entraré  tomar  la  Isla  de  los  Gelves;  é  dicen  algu- 
nos que  contra  la  voluntad  del  Conde  Pedro  Na- 
varro fué  la  entrada  de  los  Gelves ;  é  como  el  dicho 
Don  García  entró  en  la  Isla  de  noche,  y  el  dia  si- 
guiente pública  y  placeramente  entrase  con  el  exér- 
cito christiano  en  la  Isla,  por  el  gran  calor  sin 
quento  que  aquel  dia  hizo,  que  asaba  y  quemaba,  é 
por  la  frogosidad  de  la  tierra  muy  enemiga  á  los 
estrangeros ,  é  porque  Dios  asi  lo  quiso,  valiente- 
mente peleando  ende  el  dicho  Don  García  y  con  él 
otros  caballeros  españoles  que  le  seguieron,  muchos 
se  ahogaron  con  el  calor,  é  muchos  en  la  mar,  y 
otros  quedaron  presos  y  esclavos  siervos  de  los  mo- 
ros ,  y  los  que  escaparon  con  harta  dificultad  entra- 
ron y  embarcaron  en  las  naos  después  de  haber  na- 


É  DO^A  ISABEL.  527 

dado  mucho;  y  aunque  ei  Cathólico  Rey  sentiese 
mucho  deste  desbarato  é  pérdida  de  gente ,  no  por 
eso  abatió  su  corazón  é  sancto  deseo  que  tenia  de 
servir  á  nuestro  Señor,  é  consideró  que  pues  tenia 
quatro  ciudades  con  muy  buenos  puertos  de  mar  en 
la  costa  de  África,  conviene  á  saber,  Mazar quivir, 
Oran,  Bugia  é  Tripol,  que  son  puerto  y  entrada 
muy  segura  para  toda  África,  á  causa  de  quitar  los 
hombres  de  la  maldita  secta  mahomética  y  allegar- 
los nuestro  Señor  Dios  á  su  verdadera  ley  é  doctri- 
na, determinó  firmemente  el  mesmo  en  persona  ir 
á  pasar  en  África,  pues  tenia  aparejo  de  las  ciuda- 
des ya  dichas,  y  muchos  reyes  de  África  tenia  en 
treguas  por  sus  vasallos  pagándole  cada  uno  dellos 
tributo  y  censo  en  cada  un  año ;  é  para  este  pasa- 
je de  su  Real  persona  convocó  y  ayuntó  tanteé  tan 
noble  exército  de  gente  noble ,  quanto  á  la  grande- 
za de  tal  Príncipe,  Rey  é  Señor  pertenecía.  E  con 
este  proposito  de  pasar  en  África  personalmente, 
partió  en  fin  deste  año  dende  é  de  Valladolid  para 
la  villa  de  Madrid,  é  dende  fué  para  mediado  el  año 
de  quinientos  é  diez  para  Monzón  á  tener  Cortes 
generales,  é  que  los  aragoneses,  catalanes  é  valen- 
cianos le  ayudasen  é  serviesen  de  dinero  para  esta 
tan  sancta  é  justa  guerra  que  contra  moros  africa- 
nos determinaba  facer ;  porque  asi  convenia  atenta 
la  forma  de  sus  fueros  é  previlegíos ,  que  antes  é 
primero  se  junten  Cortes  é  satisfagan  los  agravios, 
que  al  Rey  sirvan  ni  hagan  ayuda  de  dinero.  Así 
que  llamados  para  hacer  é  tener  las  dichas  Cortes 
los  grandes ,  nobles  é  caballeros ,  y  los  tres  estados 
que  conviene  conforme  á  sus  fueros  ser  llamados, 
é  juntadas  las  Cortes,  pusieron  los  querellosos  los 
casos  en  que  se  metían  por  agraviados ,  ó  como  en 
todas  las  otras  cosas  era  el  Rey  prudente,  con  mu- 
cho consejo  é  deliberación  dio  fin ,  satisfaciendo  y 
aplacando  todos  los  querellantes,  reparándolos  en 
tal  manera,  que  nadie  tuvo  que  hablar  ni  causa  de 
se  quoxar,  é  de  buena  voluntad  le  concedieron  el 
servicio  de  dinero  que  le  habían  de  hacer  pax-a  la 
guerra  africana.  Así  que  concluido  el  negocio  de  las 
Cortes  bien ,  tornó  el  Rey  á  Madrid ,  de  donde  prin- 
cipiado el  mes  é  año  de  quinientos  é  once,  partió  su 
Alteza  para  Sevilla  con  harta  tempestad  de  aguas, 
nieves  é  fríos  muy  recios ,  é  con  la  mucha  priesa  de 
andar  que  hizo,  en  pocos  días  llegó  con  su  corte  en 
Sevilla;  y  avedes  de  saber  que  como  antes  tenia  el 
Rey  mandado  á  sus  oficíales  de  guerra  que  tuviesen 
aparejadas  todas  las  cosas  y  mantenimientos  nece- 
sarios para  el  pasaje  do  África,  sabido  por  los  tales 
oficiales  que  el  Rey  era  llegado  en  Sevilla ,  muy 
prestólas  naos  que  primero  estaban  secrestadas  é 
señaladas  para  este  pasaje ,  é  todos  los  manteni- 
mientos é  fardaje  necesario  á  tan  gran  exército  fue- 
ron llegando  en  la  ciudad  de  Cáliz ,  donde  estaba 
concertado  de  ante  el  ayuntamiento  de  la  flota  ó 
gente  de  armas  que  habia  de  pasar  con  su  Alteza ;  lo 
qual  todos  vimos  manifiestamente  connuestros  ojos, 
é  nadie  puede  negar ,  é  todo  el  mundo  confiesa  que 
lo  sabe  évió.  Sabido  ya  é  divulgado  por  toda  Espa- 
ña que  el  Rey  pasaba  en  persona,  muchos  grandes 


52á 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


señores,  duques,  marqueses  é  perlados,  puesto  que 
su  Alteza  á  nadie  mandó  ni  puso  premio  alguno,  se 
ofrecieron  deciendo  que  querían  pasar  la  mar  con- 
tra los  moros  africanos  con  el  Rey ,  á  sus  propias 
espensas  ó  misión ,  é  muchos  dellos  vinieron  perso- 
nalmente ala  ciudad  de  Sevilla  dó  el  Rey  estaba,  é 
otros  hombres  é  caballeros  ó  hijos  dalgo  é  gente 
popular  que  contra  los  moros  quiso  pasar,  teniendo 
por  cierto  que  vivos  é  muertos  alcanzaban  premio. 
Tanto  era  el  número,  que  creer  no  se  puede,  é  las 
muchas  naos  é  grande  flota  que  en  Cáliz  se  ayuntó 
no  coplera  ni  pudiera  tener  á  tanta  gente.  Digoos 
que  de  Inglaterra  vinieron  muchos  mancebos  para 
servir  á  su  Alteza  en  esta  santa  guerra  é  pasar  la 
mar  contra  los  africanos  ,  y  ende  ir  con  los  españo- 
les matando  los  moros ;  mas  como  el  enemigo  anti- 
guo del  humanal  linaje,  Satanás,  considerase  é  mi- 
rase quantos  comedios  y  provechos  nacian  y  recre- 
cían destas  guerras  sanctas  é  justas,  doliéndose  mu- 
cho de  quantas  ánimas  pecadoras  perdia,  que  cada 
dia  para  penar  las  suele  llevar  al  Infierno ,  las  qua- 
les  si  con  estas  guerras  se  tornasen  christianos  los 
moros,  era  posible  que  se  salvasen  y  aun  fuesen 
sanctos  entre  todos  los  Principes  christianos,  puso  é 
mezcló  tantos  é  tan  malos  pensamientos  con  que  es- 
torbó la  conquista  de  los  moros  que  se  hacia,  y  tan 
injustamente,  que  impidió  la  entrada  en  África. 
Avino  asi  que  en  este  tiempo  en  la  Iglesia  Romana 
era  Padre  Sancto  Julio  Segundo,  natural  de  Italia,  y 
andados  del  su  pontificado  ocho  años,  porque  á 
ciertos  cardenales  no  concedió  todo  lo  que  ellos 
querían,  los  dichos  cardenales  con  favor  é  ayuda  de 
Ludovico,  Rey  de  Francia,  se  rebelaron  contra  el 
Vicario  de  Jesu  Christo.  Decían  estos  Cardenales,  y 
tomaban  occasion  para  colorar  su  proposito,  que 
no  fué  justa  jurídica  é  rectamente  elegido  por  Papa, 
salvo  ende  que  por  simonía  tomó  y  subió  al  Ponti- 
ficado á  ser  Vicario  de  Sanct  Pedro.  Con  este  pro- 
pósito platicaron  entre  sí,  salieron  calladamente 
de  la  corte  Romana,  é  salidos,  sin  vergüenza  ni  aca- 
tamiento ninguno  convocaron  Concilio  para  conos- 
cer  sobre  esta  simonía  y  sobre  estos  crimines  y  ex- 
cesos que  alegaban  tener  el  Papa,  sabiendo  ellos 
muy  bien  que  es  defendido  por  los  Sacros  Cánones 
que  el  Papa  sea  juzgado  por  alguno  en  la  tierra, 
pues  él  ha  de  juzgar  á  todos,  excepto  por  crimen  de 
heregia  que  hubiese  en  el  Papa.  El  lugar  para  el 
Concilio  asignaron  en  Rabena,  y  escribieron  todo 
lo  susodicho  á  todos  los  Prelados;  y  lo  que  fué 
peor ,  al  mismo  Sancto  Padre  citaron  é  llamaron 
para  este  Concilio.  Eran  los  Cardonales  que  en  esto 
entendían  hasta  cuatro :  el  principal  actor  é  guia- 
dor dicen  que  fué  Don  Bernardino  de  Carbajal,  na- 
tural de  España,  de  noble  generación,  cardenal  de 
la  Iglesia  Romana  con  título  de  Sancta  Cruz  en 
Jerusalem  ;  el  qual  asimismo  era  Arzobispo  de  Si- 
güenza ,  peusando  que  con  sus  revueltas  por  ventu- 
ra alcanzarla  el  Pontificado.  Quien  quiera  que  esto 
inventase,  á  él  como  á  mas  sabido  y  poderoso  de 
eutre  ellos  se  atribuyó  la  culpa  ,  como  comunmente 
t>a  todos  los  otros  uegocÍ9S  acaeció,  Ppr  complir  el 


Roy  de  Francia,  lo  prometió  i  estos  cardenales,  y 
aunque  ohristianisimo,  los  puso  en  esta  discordia,  y 
embió  su  exercito  en  Italia  para  f  avorescer  los  car- 
denales cismáticos  é  su  conciliábulo,  que  ya  comen- 
zaron á  hacer.  También  nuestro  Rey  Catholico,  y  el 
Rey  de  Romanos,  y  el  Rey  de  Inglaterra  estituyeron 
y  concertaron  entre  sí  de  defender  y  amparar  al  Pa- 
dre Sancto  como  á  verdadero  pastor  y  Pontífice  le- 
gitimo ,  Vicario  de  Jesu  Christo,  y  por  esto  el  noble 
y  bienaventurado  Catholico  Rey  Don  Fernando  den- 
de  la  ciudad  de  Sevilla,  do  estaba  entendiendo  en  los 
fechos  de  la  guerra  contra  moros,  como  arriba  dixi- 
mos ,  dexados  todos  sus  pensamientos  y  flota  y  per- 
trechos, que  habia  aderezado  con  infinita  costa,  vi- 
no para  la  ciudad  de  Bm-gosá  mucha  priesa,  y  pensó 
el  buen  Rey  quemas  justo  y  honesto  era  destruir  los 
fieles  domésticos,  que  los  estrafios  de  África:  lo  qual 
da  á  entender  é  muestra  que  á  su  Alteza  no  movían 
las  guerras  con  intención  de  reinar  en  muchos  pue- 
blos, salvo  por  acrecentar  la  fé  é  complirla;  y  luego 
embió  á  mandar  á  Don  Ramón  de  Cardona,  su  Viso- 
rey  é  Lugar-teniente  general  en  el  Reino  de  Ñapóles, 
que  con  toda  presteza  viniese  á  Italia  con  todo  su 
exercito ,  y  se  juntase  con  la  gente  del  Papa ,  para 
que  ambos  exercitos  juntados,  estorbasen  y  pusiesen 
freno  al  exercito  francés ,  que  era  poderoso  y  co- 
pioso ,  y  lo  desbaratasen ;  é  lo  que  los  tres  Reyes 
acordaron  é  concertaron  entre  si  sobre  esta  guerra, 
fué  que  el  Rey  de  Romanos  y  el  Rey  de  Inglaterra 
personalmente  viniesen  y  se  hiciese  guerra  á  fuego 
y  á  sangre,  é  nuestro  Rey  que  también  entrase  por 
la  parte  Despafia  en  Francia,  é  hiciese  lo  mismo; 
é  para  esto  el  Rey  de  Inglaterra  embiase  cierta  gen- 
te de  armas  para  nuestro  Catholico  Rey ,  para  que 
ayuntado  con  el  exercito  español ,  ganasen  el  Du- 
cado de  Guiana ,  que  dicen  que  pertenescia  al  Rey 
de  Inglaterra ,  y  tomado  el  dicho  Ducado,  lo  resti- 
tuyesen al  Rey  de  Inglaterra.  El  Rey  inglés  com-» 
pliendo  lo  prometido,  envió  diez  mil  hombres  de  pe- 
lea, los  qu  ales  aportaron  en  el  Puerto  de  Pasajes, 
ques  en  Guipúzcoa.  Dellos  se  aposentaron  en  luga- 
res é  villas  cercanas  á  las  costas  de  la  mar,  y  otros 
por  otra  tierra  cercana,  esperando  tiempo  conveni- 
ble para  entrar  en  Francia.  Nuestro  exercito  Despa- 
ña se  hacia  para  entrar  poderosamente  en  Francia 
con  toda  priesa  y  diligencia.  Entre  tanto  que  estas 
cosas  y  aparejos  se  concertaban  para  entrar  en 
Francia  por  parte  Despafia ,  acaescieron  los  hechos 
de  la  guerra  en  Italia,  de  tal  manera  que  no  se  pu- 
do dilatar  el  ayuntamiento  y  la  batalla  que  por  fuer^. 
za  habia  de  haber,  después  de  ayuntados  ,  entre  los 
españoles  y  franceses.  Finalmente  en  dia  de  Pascua 
de  Resurecion,  el  año  de  mili  é  quinientos  é  doce, 
ae  ayuntaron  ambos  exercitos  Despaña  y  Francia, 
uno  cerca  de  la  ciudad  de  Rabena,  que  es  en  Italia; 
y  alli  hubieron  su  batalla ,  que  loa  españoles,  aun- 
que su  proposito  era  dilatar  y  evitar  la  batalla, 
viendo  á  ojo  el  enemigo  exercito  francés,  no  du- 
dando peligro  alguno,  por  la  honra  de  caballeriíi 
no  pudieron  hacer  sino  romper ;  y  asi  comenzó  1^ 
pelea  y  batalla  entre  los  unos  y  los  otros,  en  It^ 


DON  FERNANDO 
qual  muchos  de  ambas  partes  murieron  y  cayeron 
y  fueron  heridos,  y  á  poco  de  tiempo  muchas  veces 
estuvo  dudosa  la  ventura  de  la  victoria ,  mas  al  fin 
por  poca  destreza  y  constancia  del  capitán  de  nues- 
tro exército ,  los  enemigos  sobrepujaron  por  la  mu- 
cha matanza  que  con  la  artillería  en  los  nuestros  Des- 
paña  ficieron.  No  es  de  poner  en  olvido  la  fortaleza  é 
grande  ánimo  que  los  infantes  españoles  ápié  mos- 
traron en  este  dia,  porque  casi  á  los  primeros  en- 
cuentros ,  por  desdicha ,  ó  porque  asi  fué  ordenado 
de  Dios ,  fueron  desbaratados  los  hombres  de  ar- 
mas é  gente  de  caballo ;  lo  qual  visto  por  la  infan- 
tería de  la  gente  á  pié,  todos  se  juntaron  en  uno,  y 
hecha  una  rueda  é  torno  en  ordenanza  al  rededor, 
sufrieron  todos  los  encuentros  é  Ímpetus  que  los 
hombres  de  armas  franceses  arremetiendo  contra 
ellos  hicieron ;  é  tanta  virtud  é  fortaleza  de  ánimo 
generoso  mostraron,  que  catorce  mili  é  mas  perso- 
nas de  hombres  enemigos  del  exército  francés  por 
su  mal  no  mataron ;  y  aunque  la  muchedumbre  de 
los  enemigos  los  cerraron  por  todas  partes,  é  los 
apartaron  y  rompieron  de  entre  sí  y  los  arrancaron 
del  campo ,  matando  muchos  dellos,  aunque  esta 
victoria  hubieron  los  franceses ,  sangrienta  y  muy 
cara  y  á  grande  precio  les  costó.  Acaeció  otra  ma- 
yor grandeza  de  ánimo ,  que  después  de  asi  desba- 
ratados los  infantes  españoles,  otra  vez  los  qUe  es- 
caparon de  la  muerte  se  tornaron  uno  á  uno,  é  dos 
á  dos,  é  hicieron  comienzo  de  batalla,  levantando 
BU  seña  é  pendón  de  batalla  y  polea ,  y  estuvieron 
en  el  campo  alzados  sus  pendones  y  estandartes 
por  la  honra  del  campo  y  de  aquel  dia ;  é  tanto  fué 
el  miedo  que  hubieron  los  franceses  que  se  tenían 
por  vencedores  de  la  batalla  pasada,  que  no  osaron 
acometer  ni  ir  contra  las  reliquias  de  los  vencidos. 
Acaeció  esta  batalla  de  tal  manera ,  que  puesto  que 
los  franceses  digan  ser  ellos  vencedores  y  señores 
de  aquel  día,  á  su  mal  querer  forzadamente  fueron 
constreñidos  ádexar  todo  lo  que  en  Italia  poseían,  é 
fueron  huyendo  á  sus  propias  villas  en  Francia,  de- 
xando  por  miedo  las  ciudades  de  Milán  é  Genova, 
tan  grandes  é  nobles  ciudades  é  de  tanta  importancia 
é  renta,  que  mucho  tiempo  de  hecho  y  de  derecho 
poseyó  el  Rey  de  Francia  ,  las  quales  vinieron  á  la 
parcialidad  nuestra  é  á  nuestro  amparo  é  liga  Des- 
paña ;  y  la  gran  fortaleza  que  á  todo  el  mundo  pa- 
recía ínexpunable,  que  el  Rey  de  Francia  edificó  en 
Genova  y  llamaban  Lanterna,  que  estuvo  cercada 
mucho  tiempo ,  finalmente  por  no  la  poder  socorrer 
la  potencia  francesa,  se  tomó  y  derribó  por  el  suelo. 
Demás  desto  los  cardenales  cismáticos ,  que  presu- 
mieron con  su  Concilio  dañar  al  Papa  dexado,  des- 
mamparado su  conciliábulo  é  todo  su  aparato  é 
pensamientos  ilícitos,  huyeron  desde  Rabena  do 
estaban,  é  fueron  á  Francia  á  uña  de  caballo,  no 
esperando  el  que  antes  pudo  salir  al  otro ;  á  los  que 
en  tanto,  fecho  proceso  en  corte  romana ,  é  legíti- 
mamente declarados  por  herejes  cismáticos  quitán- 
dolos é  privándolos  de  todos  sus  oficios  y  benefi- 
cios que  eran  de  mucha  renta ,  los  dieron  y  confi- 
ñeron  á  otras  personas  eclesiásticas ,  especialmente  I 


É  DO^A  ISABEL.  629 

al  Cardenal  de  Santa  Cruz,  privado  del  obispado  de 
Sigüenza  y  de  la  Abadía  de  San  Zoil  de  Carrion, 
que  en  España  poseía,  y  del  Arzobispado  de  Gosen- 
cia,  que  en  Ñapóles  tenia,  de  lo  qual  todo  se  hizo 
colación  é  promisión  á  otros. 

Esto  que  dicho  tengo,  acaeció  en  Italia.  Tor- 
nemos entre  estas  palabras  á  lo  que-  acaeció  en 
España;  no  lo  dexarémos  en  olvido.  Como  dixi- 
mos  arriba,  estaba  asentado  aquel  exército  Des- 
paña junto  con  la  gente  que  el  Rey  de  Inglaterra 
envió  para  que  entrasen  en  Francia;  mas  como 
esta  entrada  en  Francia  no  se  podía  hacer  segu- 
ra ni  cuerdamente,  dexado  en  medio  al  Reyno  de 
Navarra,  donde  por  casamiento  con  la  Reina  Doña 
Catalina,  reinaba  el  Rey  Don  Juan,  pariente  del 
Rey  de  Francia  é  natural  de  Francia,  hijo  del  Se- 
ñor de  Labrit ,  era  de  recelar  mucho  é  le  tener  te- 
mor é  sospecha ,  y  por  esto  le  fué  embiado  un  em- 
baxador  al  dicho  Rey  Don  Juan,  preguntándole  si 
queria  entrar  en  paz  é  liga  nuestra,  ó  no;  alo  qual 
el  Rey  Don  Juan  de  Navarra  respondió  que  queria 
estar  en  paz  sin  ayudar  á  ninguno ,  sin  se  mostrar 
parcial;  mas  para  esto  que  respondió  de  no  ayudar 
á  nadie,  le  fué  pedida  seguridad  y  rehenes  de  algu- 
nas fortalezas  é  lugares  de  su  Reino  de  Navarra,  lo 
qual  rehusó  é  no  lo  quiso  hacer.  Visto  por  el  Papa 
que  el  Rey  Don  Juan  rehusaba,  é  no  salía  entera- 
mente á  lo  que  era  razón, con  sus  bulas  apostólicas 
amonestó  al  dicho  Rey  Don  Juan,  y  á  la  Reina  Do- 
ña Catalina,  y  á  sus  hijos,  que  al  Rey  Luis  de  Fian- 
cía  y  á  su  exército  ni  parte  del  no  ayudasen  en  pú- 
blico ni  en  secreto  direte  ni  indírete,  sopeña  de 
privación  del  Reino;  el  qual  Reino,  sí  contra  esto 
que  le  protestaba  y  amonestaba  hiciese,  lo  daría  y 
concedería  á  los  Reyes  é  Príncipes  fieles  servidores 
de  Dios  y  de  la  Iglesia.  A  la  postre,  puesto  que  con 
las  bulas  apostólicas  fueron  requeridos  el  dicho  Rey 
é  la  Reina  de  Navarra  y  sus  hijos,  no  quisieron 
obedescer  al  Papa  ni  sus  mandamientos;  á  la  qual 
cansa,  como  ya  se  manifestaron  é  declararon  loa 
corazones  é  pensamientos  de  los  Reyes  de  Navarra 
que  se  inclinaban  á  la  parte  de  los  franceses  cismá- 
ticos, determinó  el  Cathólico  Rey  primero  y  ante 
todas  cosas  de  tomar  el  Reino  de  Navarra;  y  por 
mas  asegurarse,  mientras  que  esto  se  aparejaba, 
hubo  algunas  diferencias  entre  los  ingleses,  que 
son  gente  incomportable  é  diferente  á  nuestra  na- 
ción en  el  vivir ,  y  los  de  la  provincia  de  Guipúzcoa, 
y  murieron  pública  y  ocultamente  muchos  de  am- 
bas naciones  ingleses  y  guípuzcoanos,  en  tanto  que 
los  ingleses  sin  mas  cuenta  ni  razón,  embarcaron 
en  sus  naos  y  se  fueron  á  Inglaterra,  sin  dar  fin  á 
la  guerra.  Nuestro  Cathólico  Rey  que  tenia  ya  ayun- 
tado todo  su  exército  poderoso ,  embió  con  él  por 
capitán  general  á  Don  Fadrique,  su  primo,  Duque 
de  Alba,  Marques  de  Coria,  para  conquistar  el  Rei- 
no de  Navarra,  el  qual  en  pocos  días  se  ganó  por 
la  parte  Despaña,  y  echó  fuera  del  Reino,  sin  que 
hombre  muriese,  sin  que  sangre  se  derramase,  á 
Don  Juan  y  á  Doña  Catalina,  que  reinaba  en  el  di- 
cho Reino  de  Navarra,  los  quales  fueron  al  Rey  do 

31 


530 


CRÓNICAS  DE  IOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Francia  á  le  pedir  socorro  contra  nuestro  Rey  para 
tornarlo  á  tomar,  pues  á  su  causa  lo  perdieron  con 
las  honras  y  armas.  No  faltó  en  esto  el  Rey  de  Fran- 
cia, antes  muy  prestamente,  como  quien  se  dolia 
del  perdimiento  que  hubo ,  embió  gentes  á  pié  é  á 
caballo  hasta  diez  ó  siete  mili  é  mas  número  de  gen- 
te lucida,  instruta  de  armas,  con  los  quales  entró 
el  mesmo  Don  Juan  de  Labrit,  Rey  que  solia  ser 
en  el  dicho  Eeino ,  robando  y  quemando  y  destru- 
yendo todo  lo  que  en  medio  halló  ;  é  llegó  á  la  ciu- 
dad de  Pamplona  do  estaba  el  Duque  Don  Fadrique 
de  Toledo,  acompañado  de  mucha   gente  noble  é 
gran  número  de  caballeros  españoles  ;  el  qual  luego 
que  supo  la  venida  de  los  franceses,  embió  correos 
y  cartas  al  Rey  Cathólico  pidiéndole  gran  ayuda. 
En  esto  los  franceses  puesto  á  la  ciudad  el  cerco  y 
real ,  la  combatieron  por  tres  veces  reciamente,  é 
con  la  su  grande  artillería  rompieron  el  muro  con 
la  gana  que  traian  de  entrar  en  la  ciudad  y  haber- 
la á  sus  manos;  y  no  solo  este  mal  facian,  mas  aun 
lo  que  no  es  de  decir,  robaron  las  Iglesias  que  fuera 
de  la  ciudad  estaban ,  violaron  las  monjas,  come- 
tieron estupros  y  adulterios  :  no  se  hallaba  maldad 
que  no  cometiesen,  como  gente  alongada  del  amor 
é  gracia  de  Dios.  A  los  nuestros,  como  en  otras 
partes,  y  lugares  é  tiempos,  no  faltó  ánimo  de  resis- 
tir é  impedirles  la  entrada  de  la  ciudad  por  la  parte 
del  muro  que  derrocaron ,  antes  alli  mesmo  varo- 
nilmente se  pusieron  peleando  con  los  franceses,  y 
no  pudiendo  tanto  los  franceses ,  los  arrancaron  de 
alli ,  aunque  hubo  pelea  muy  crecida  é  trabada  en- 
tre los  unos  y  los  otros.  Murieron  é  fueron  feridos 
muchos,  porfiando  unos  por  entrar,  otros  por  de- 
fender la  ciudad ;  é  los  franceses,  viendo  que  no 
aprovechaba  nada  por  los  grandes  é  recios  combates 
é  golpes  é  f  cridas  é  impetos  que  mas  que  hombres 
hicieron,  dexada  la  pelea  é  ruido  del  portillo  é  mu- 
ro quebrado ,  se  retruxeron  á  su  real.  En  esto  acae- 
.   ció  que  nuestro  Rey  estaba  en  la  ciudad  do  Logro- 
ño, no  muy  lexos  de  Pamplona,  aparejando  las  co- 
sas necesarias  para  la  guerra;  y  porque  supo  que  fal- 
taba á  los  de  la  ciudad  de  Pamplona  questaban  cer- 
cados, los  mantenimientos  y  todo  lo  necesario,  em- 
biópara  su  socorro  áDon  Pedro  Manrique,  Duque  de 
Nájera,  varón  muy  sesudo  y  en  la  arte  militar  muy 
diestro ,  é  probado  de  tiempo  antiguo  entre  todos 
los  caballeros  Despaña,  con  gente  de  armas  á  pié  é 
á  caballo.  Sabido  por  los  enemigos  como  contra 
ellos  con  exército  venia  el  dicho  Duque,  cuya  fama 
é  gloriosa  memoria  en  las  armas  sabian  los  capita- 
nes franceses  y  el  mismo  Rey  Don  Juan  que  fueron 
vecinos,  teniendo  por  cierto  que  no  les  había  de 
consentir  tener  cercada  la  ciudad,  ó  les  había  de 
dar  batalla  por  les  echar  dende,  acordaron  la  noche 
siguiente  de  se  ir,  y  de  hecho  dexaron  la  ciudad  y 
cerco  que  tenían,  é  fueron  camino  de  Francia;  álos 
quales  el  mngnánímo  Duque  como  á  vencidos  no 
quiso  seguir  ni  matarlos,  que  pudiera,  pues  muer- 
tos de  hambre  y  de  frío  fuian,  é  decía  el  Duque  que 
puente  de  plata  convenia  facer  al  enemigo  que 
huía.  Pues  acaesció  que  los  hijosdalgo  moradores 


en  la  provincia  de  Guipúzcoa ,  porque  el  Rey  lea 
hizo  saber  que  los  franceses  iban  levantado  su  real 
la  vía  de  Francia ,  salieron  al  encuentro  y  los  halla- 
ron en  lugar  llamado  Veíate,  é  pelearon  con  loa 
franceses,  é  matando  muchos,  aunque  por  compasión 
dieron  á  muchos  la  vida ,  los  echaron  fuera  de  la 
tierra,  é  les  tomaron  la  artillería  de  cañones  de  co- 
bre que  llevaba  el  Rey  Don  Juan  y  el  exército 
francés,  la  cual  artillería  era  de  mucho  precio  é  va- 
lor increíble;  é  por  memoria  la  llevaron  los  Guipuz- 
coanos  é  pusieron  en  la  ciudad  de  Pamplona  para 
que  á  los  franceses  con  sus  propias  armas  los  mata- 
sen. Acaeció  mas :  que  los  franceses  no  contentoa 
con  el  cerco  que  tenían  puesto  sobre  la  ciudad  de 
Pamplona  con  el  exército  ya  dicho,  fecho  y  con- 
gregado otro  exército  grande  como  el  que  estaba 
en  Navarra,  entraron  en  Guipúzcoa,  pensando  déla 
tomar ,  y  asi  tomada ,  juntar  el  uno  exército  que 
entró  en  Guipúzcoa  con  ol  que  estaba  en  Navarra,  y 
hacerse  fuertes;  é  como  pusiesen  cerco  á  la  villa  de 
San  Sebastian,  los  de  la  dicha  provincia  sin  ayuda 
del  Rey  ni  de  la  otra  gente  estrafia  defendieron  la 
dicha  villa,  é  mataron  mucha  gente  francesa,  é  loa 
echaron  de  la  tierra  mal  de  su  grado  ,  é  los  despoja- 
ron de  todo.  Asi  fecho ,  nuestro  exército  se  despi- 
dió, é  fué  cada  uno  á  su  casa,  con  todo  dexando  en 
Pamplona  y  en  Navarra  el   recaudo  que  para  la 
guarda  y  gobernación  del  Reino  nuevamente  ad- 
querído  era  necesario  y  convenia ;  y  dexó  su  Alteza 
con  la  gente  que  dexó  en  Navarra  por  Visorey  al  Al- 
caide de  los  donceles  de  la  casa  real.  El  Rey  reci- 
bió con  mucha  alegría  á  los  que  vinieron  de  Na- 
varra ,  y  fué  á  tener  la  fiesta  de  Navidad  en  Burgos, 
de  donde,  pasada  la  fiesta,  fué  para  Valladolid, 
donde  estuvo  casi  todo  el  año  de  mil  é  quinientos  é 
trece  holgando ;  é  como  por  causa  de  la  caza  con 
que  mucho  se  recreaba  estuviese  é  morase  en  la  Me- 
jorada ,  ques  un  monasterio  de  la  orden  de  Sanct 
Jerónimo ,  legua  é  medía  de  Medina  del  Campo, 
adoleció  gravemente,  en  tal  manera  y  en  tal  grado, 
quede  juicio  de  todos  era  imposible  escapar,  por- 
que los  médicos  desafuciaron  de  su  salud,  diciendo 
questa  enfermedad  tan  recia  é  tan  súpita  le  vino 
porque  tomó  ó  comió ,  sabiendo  ó  no  sabiendo,  al- 
gunas cosas  de  medicina  que  ayudaban  á  facer  ge- 
neración. Otros  piensan  que  le  dieron  yerbas,  vene- 
no ó  tósico.  A  la  postre  guareció  de  aquella  enfer- 
medad algún  poco ,  pero  nunca  tornó  á  su  primer 
seso ,  é  fuerza ,  é  valor ,  é  subjeto  recto  de  persona 
que  solía  tener,  que  dende  á  poco,  porque  no  se  pu- 
día  bien  tener  ni  sostener  á  pié,  para  poder  andar 
aun  en  el  Palacio  Real  se  asentaba  en  una  silla  de 
caderas ,  y  en  ella  se  hacía  llevar  por  sus  criados 
para  subir  y  andar  en  las  andas  en  que  iba  á  la  ca- 
za ;  aboiTCCíó  los  negocios  á  que  era  primero  tan  afi- 
cionado ;  el  resplandor  y  semblante  sereno  del  ros- 
tro jocundo  perdió,  é  casi  en  otro  hombre  del  que 
solia  se  mudó ;  la  compañía  de  los  hombres,  aun  do 
los  servidores  domésticos  familiares  de  su  casa,  de- 
negaba y  rehusaba,  y  como  el  ciervo  llagado  con 
saeta  ó  arma  andaba  por  los  campos  y  montes  co-» 


DON  FERNANDO 
iladoB,  pensando  que  desta  manera  escusaria  la 
muerte  propincua  é  cercana  que  le  estaba  acechan- 
do aparejada.  Finalmente  andando  asi ,  partió  den- 
de  la  ciudad  de  Plasencia  para  ir  á  Sevilla,  y  en 
Madrigalejo,  un  lugar  cerca  del  nombrado  y  devo- 
tísimo monasterio  de  Guadalupe,  de  la  orden  de 
Sanct  Jerónimo,  á  veinte  é  dos  de  enero  de  mil  é 
quinientos  é  diez  seis  años,  dexó  de  usar  desta  vi- 
da presente,  ó  dio  el  alma  á  Dios,  habiendo  primero 
recibido  los  Sanctos  Sacramentos  eclesiásticos  muy 
devotamente ,  en  edad  de  sesenta  é  quatro  años  de 
BU  nascimiento,  menos  dos  meses  y  algunos  dias, 
después  que  reinó  en  Castilla  y  Aragón  quarenta 
años;  cuya  ánima  tome  reposo  con  Dios,  que  nadie 
de  los  Reyes  antepasados  fué  mas  justo  en  piedad 
y  de  mayor  gloria  en  las  armas  é  batallas.  Eligió 
para  su  sepultura  en  la  ciudad  de  Granada  la  capi- 
lla que  mandó  hacer  la  Reina  Doña  Isabel  su  mu- 
ger,  no  inferior  áél  en  virtud  y  excelencias;  é  fué 
llevado  allá  su  cuerpo  al  lado  diestro  del  cuerpo  de 
la  Reina  con  muy  magnificas  obsequias  y  aniver- 
sarios que  á  tan  alto  principe  pertenecían.  En  su 
testamento  instituyó  é  dexó  por  heredera  de  todos 
sus  Reinos  é  Señoríos  de  Aragón  á  su  hija  Doña 
Juana,  que  era  Reina  de  Castilla,  León  y  Granada;  é 
por  algunos  impedimentos  de  enfermedad  que  su 
Alteza  padecía ,  dexó  por  gobernador  dellos  al 
muy  alto  y  excelente  Señor  Don  Carlos ,  que  está 
en  Flandes  supliendo  cualquier  defecto  de  edad, 
que  no  habia  sino  diez  y  seis  años ;  é  entre  tanto 
que  á  estos  Reinos  viniese  fasta  que  otra  cosa  man- 
dase el  Príncipe  su  nieto ,  mandó  que  los  Reinos  de 
León  é  Granada  recogiese  Don  Fray  Francisco  Xi- 
menez  de  Cisneros,  Arzobispo  de  Toledo,  Cardenal 
Primado  de  las  Españas,y  la  gobernación  de  Ñá- 
peles y  Sicilia  y  Aragón  su  hijo  Arzobispo  de  Zara- 
goza. Plega  á  Dios  que  presto  salvo  ésano  venga  á 
tomar  la  posesión  é  gobierno  de  tales  é  tantos  Rei- 


É  DOÑA  ISABEL.  531 

nos  que  le  están  aparejados  y  esperando  con  toda 
bienaventuranza. 

El  Principe  Don  Carlos  siendo  certificado  de  la 
muerte  del  Rey  Cathólico,  su  agüelo  ,  embió  pode- 
res al  Cardenal  Fray  Francisco  Ximenez  para  go- 
bernar estos  reinos  el  tiempo  de  su  ausencia ,  é  con 
mensajero  propio  escribió  á  los  del  Consejo  Real 
con  titulo  y  nombre  de  Rey  para  que  entendiesen 
en  las  cosas  que  convenían  al  bien  délos  Reinos,  é 
ordenaron  las  provisiones  por  Doña  Juana  é  Don 
Carlos,  Reina  é  Rey,  en  Madrid,  miércoles  después 
de  medio  dia ,  diez  dias  del  mes  de  Septiembre  de 
mili  é  quinientos  é  diez  y  seis  años ,  en  las  plazas 
de  San  Salvador ,  el  presidente  Arzobispo  de  Grana- 
da é  los  Licenciados  Zapata  y  Muxica,  y  el  Doc- 
tor Carbajal,  y  los  Licenciados  Sanctiago  é  Polanco 
y  Aguirre  y  Coalla;  é  con  un  Rey  de  armas  manda- 
ron pregonar  é  publicar  paz  y  alianza  perpetua  entre 
sus  Altezas  y  el  Rey  de  Francia.  Vino  el  Rey  Don 
Carlos  en  España  dende  el  Condado  de  Flandes  con 
grande  y  gruesa  flota  y  armada.  Tomó  tierra  pri- 
meramente en  Villaviciosa ,  puerto  de  mar  en  el 
Principado  de  las  Asturias ,  en  diez  ó  nueve  diaa 
del  mes  de  Septiembre  de  mili  é  quinientos  é  diez  y 
siete  años.  Juntáronse  Cortes  en  Valladolid,  é  vinie- 
ron todos  los  Procuradores  del  Reino,  é  recibiéron- 
le y  juraron  en  el  monesterio  de  San  Pablo  por  Rey 
é  Señor  destos  Reinos,  estando  presentes  asi  mismo 
muchos  grandes  é  perlados  que  también  le  juraron 
é  besaron  la  mano  como  á  Rey  é  Señor  dellos. 

En  la  Corónica  deste  Rey  que  fué  después  elegi- 
do por  Emperador,  hallarás  algunas  cosas  verdade- 
ras ,  é  bien  todas  en  la  palentina  Corónica  en  latin, 
y  mas  en  la  Corónica  de  romance ,  y  están  en  roman- 
ce mas  largamente  en  el  libro  intitulado  historia,  y 
muchos  que  hablan  de  todos  los  Reyes  Despaña ;  y 
comienza  la  historia  del  Rey  Don  Carlos  en  la  foja 
de  aquel  libro,  fojas  177  fasta  fojas  254.  Deo  gratias. 


APÉNDICE  2; 


ANALES   BREVES 

del  reinado  de  los  Reyes  Católicos  D.  Fernando  y  Doña  Isabel,  de  gloriosa  memo» 
ria,  que  dejó  manuscritos  el  Dr.  D.  Lorenzo  Galindez  Carvajal  (1). 


1.*  Los  Reyes  Católicos  D.  Fernando  y  Dofia  Isa- 
bel fueron  de  los  mas  esclarecidos  Príncipes  que  han 
reinado  sobre  la  tierra ,  cuya  fama  con  gran  razón 
debe  ser  inmortal ,  de  la  cual  pueden  tomar  ejem- 
plo todos  los  Reyes  que  quisieren  con  santidad  y 
prudencia  gobernar  á  sus  vasallos.  Fueron  grandes 
celadores  de  la  religión  y  fe,  de  alto  y  valeroso  co- 
razón ;  sufrieron  con  buen  semblante  las  adversi- 
dades que  les  vinieron ,  y  recibieron  con  gran  tem- 
planza lae  prosperidades  y  vitorias  que  tuvieron, 
ordenándolas  á  Dios  y  dándole  gracias  por  ellas. 
Fueron  de  gran  consejo  y  providencia,  así  en  las 
cosas  presentes  como  en  las  venideras,  para  que  no 
les  hallasen  desapercibidos ;  amaron  mucho  la  jus- 
ticia y  todo  género  de  virtudes,  honrando  y  f  avo- 

(1)  Hemos  tomado  este  escrito  del  tomo  xvín  de  la  Colección 
de  documentos  inéditos  para  la  Historia  de  España,  por  los  señores 
D.  Miguel  Salva  y  D.  Pedro  Sainz  de  Baranda  (Madrid,  185t),  don- 
de se  inserta  á  la  pig.  227. 

Publicó  y  anotó  estos  Anales,  el  año  1787,  D.  Rafael  Floranes, 
Señor  de  Tavaneros,  y  para  mayor  ilustración  antepuso  esta  ad- 
vertencia. 

Ciertas  obras  de  Galindez  no  conocidas,  Zdfiiga,  pig.  813,  col.  i. 

No  encontramos  con  este  ejemplar  las  demás  Memorias  de  aquel 
tiempo  que  Argensola  cita  en  el  cap.  40,  pág.  368,  con  el  nombre 
de  Manuscritos  curiosos  que  andan  con  los  Anales  del  Dr.  Lorenzo 
de  Carvajal  y  son  sin  duda  suyos,  en  los  cuales  se  trataba  de  la 
desgraciada  empresa  contra  Argel  por  el  Cardenal  Jiménez,  á  car- 
go del  General  Diego  de  Vera,  destruida  por  Barbarroja  el  dia  de 
San  Jerónimo  del  año  1516. 


(AI  margen  dice:) 

Esto  lo  añade 
aquí  Floranes 


(COKIENZA  LÜÉGO:) 

Respecto  que  en  esta  obra  8«  escribe  el  me- 
morable reinado  de  los  Católicos  Reyes  D.  Fer- 
nando y  Doña  Isabel,  para  que  conste  un  digno 
y  completo  elogio  de  su  buen  gobierno,  pondre- 
mos aquí  el  que  les  hizo  con  exacta  descripción 
y  mucba  elegancia  un  doctísimo  Consejero  suyo 
en  Memorial  que  dio  á  manos  de  su  nieto  el  Se- 
ñor Emperador  Carlos  V,  el  cual  trasladó  Julián 
del  Castillo  en  su  Historia  de  los  Reyes  Godos, 
lib.  IV,  Oisc.  XI,  pág.  312  y  siguientes,  edición 
de  Madrid,  año  1624,  y  por  su  copia  dice  asi: 

Un  Consejero  de  su  tiempo  dejó  escrito  un  Memorial,  que  remi- 
tió á  la  ínclita  memoria  del  Emperador  Carlos,  que  por  parecerme 
muy  á  propósito  para  el  intento  que  llevo,  he  querido  copiarle  é 
introducirle  en  mi  Historia,  y  dice  asi: 


reciendo  con  palabras  y  obras  á  los  q^tie  las  poseían. 
Fueron  de  gi*an  veneración  en  sus  personas,  en  par- 
ticular la  Reina  ;  oian  ordinariamente  con  gran  be- 
nignidad y  mansedumbre  á  sus  vasallos :  tuvieron 
en  su  Consejo  y  oficios  y  cerca  de  sus  personaa 
hombres  insignes  y  en  número  conveniente :  tuvie- 
ron gran  casa  y  corte  acompañada  de  Grandes  y 
varones  principales,  á  los  cuales  honraron  y  subli- 
maron conforme  la  calidad  de  su  grado,  ocupáudo- 
les  en  cosas  en  que  les  podían  servir,  y  cuando  se 
ofrecía  ocasión  tenían  memoria  de  les  hacer  mer- 
ced ;  con  que  todos  andaban  satisfechos  y  deseosos 
de  servir  en  el  gobierno  del  reino  y  de  su  Consejo: 
tuvieron  mas  atención  de  poner  personas  prudentes 
y  de  habilidad  para  servir,  aunque  fuesen  media- 
nas, que  no  personas  grandes  y  de  casas  principa- 
les. En  su  hacienda  pusieron  gran  cuidado ,  como 
en  la  elección  de  personas  para  cargos  principales 
de  gobierno,  justicia,  guerra  y  hacienda  ;  y  si  algu- 
na elección  se  erraba  ( que  sucedía  pocas  veces )  al 
punto  lo  emendaban ,  no  dejando  crecer  el  daño, 
sino  remediándolo  con  presteza ;  y  para  estar  mas 
prevenidos  en  las  elecciones  tenían  un  libro,  y  en  él 
memoria  de  los  hombres  de  mas  habilidad  y  méri- 
tos para  los  cargos  que  vacasen  ;  y  lo  mismo  para 
la  provisión  de  los  obispados  y  dignidades  eclesiás- 
ticas (2).  Despachaban  los  negocios  con  toda  bre- 

(2)  Véase  abajo  la  petición  66  de  las  Cortes  de  Valladolid  de 
1537,  y  á  D.  Francisco  Bermudez  de  Pedraza  en  su  libro  Del  Se- 
cretario del  Rey ,  impreso  en  Madrid,  año  1620,  Disc.  3.",  folio  18 
vuelto,  donde  dice:  «Si  en  España  hubiese  libro  para  escribir  los 
•servicios  de  los  vasallos  y  memoria  de  premiarlos,  sus  Reyes, 
»que  lo  son  de  corazones ,  lo  serian  también  de  leones  para  se- 
«fiurear  lo  que  resta  del  mundo,  y  cesarían  las  quejas  militares 
»de  que  ellos  conquistan  los  reinos,  y  otros  gozan  el  fruto  de 
«ellos.» 

CORTES  DE  VALLADOLID  DE  1537. 

PETICIÓN  66. 

Otrosí,  los  Reyes  Católicos  de  gloriosa  memoria,  vuestros  abue- 
los, para  informarse  délas  personas  de  quien  podrían  servirse, 
conforme  á  sus  habilidades ,  para  todos  los  cargos  que  tenían  que 
proveer  en  estos  reinos,  mandaban  hacer  información  secreta  de 
todas  las  calidades  y  habilidades  de  las  personas  de  sus  reinos,  é 
tenían  libro  desto  dentro  en  su  Cámara  Real :  é  porque  esto  con- 
viene 6  es  mas  necesario  á  V.  M.  por  tener  mas  reinos  é  señoríos, 
é  para  tener  mucho  descanso  en  su  servicio,  é  los  pueblos  esta- 


634  CRÓNICAS  DE  LOS 

vedad,  teniendo  dia  señalado  para  esto  ;  y  para  los 
demás  negocios  hacían  andar  á  los  ministros  y  ofi- 
ciales con  gran  cuidado  para  que  los  vasallos  no  re- 
cibiesen detrimento  ni  gastasen  su  hacienda  y 
tiempo  con  dilaciones. 

2."*  Entraron  estos  ínclitos  Reyes  á  reinar  en  Cas- 
tilla con  las  armas  en  la  mano ,  porque  estaba  el 
reino  dividido  en  dos  parcialidades,  la  una  tenia  el 
nombre  de  la  Reina,  y  la  otra  sustentaba  la  opinión 
de  una  señora  que  se  decía  ser  hija  del  Rey  D.  En- 
rique el  Cuarto,  hermano  de  la  Reina  Doña  Isabel, 
siendo  falso  y  fingido ;  y  esta  parte  siguieron  mu- 


REYES  DE  CASTILLA. 

chos  de  los  mas  principales  del  reino  y  con  ellos  el 
Rey  de  Portugal;  y  juntándose  con  esta  facción  y 
favoreciendo  á  aquella  señora ,  que  era  su  sobrina, 
entró  en  Castilla  con  gran  poder,  y  ocupó  algunas 
plazas  en  ella,  y  al  fin  se  vino  á  determinar  la  cosa 
por  una  batalla  pública  y  campal,  en  que  se  derra- 
mó mucha  sangre  de  ambas  partes ,  quedando  la 
victoria  por  el  Rey  Católico.  Habida  y  alcanzada 
esta  victoria,  hicieron  perdón  general  á  los  que 
fueron  contrarios ,  con  algunas  condiciones ;  y  des- 
pués se  hizo  paz  y  alianza  con  Portugal ;  y  á  los  que 
desirvieron  y  fueron  perdonados  siempre  se  les 
guardó  justicia ;  y  á  los  que  bien  sirvieron  no  sola- 


rán mas  gobernados ;  suplicamos  á  V.  M.  se  informe  é  tenga  libro 
desto,  según  que  los  Reyes  Católicos  vuestros  abuelos  lo  hi- 
cieron. 

A  esto  vos  respondemos:  que  nos  habernos  informado  é  infor- 
maremos siempre  dello. 

Impresas  en  un  oiiaderno  de  2,0  folios  en  Valladolid  por  Sebas- 
tian Marlinez,  impresor,  á  10  de  febrero  de  1553. 

Este  registro  ( dice  el  autor  que  va  á  citarse,  en  el  cap.  37,  pá- 
gina 587)  es  de  mucha  importancia  para  los  Reyes.  Del  sabio  y 
muy  prudente  Rey  D.  Felipe  II  se  dijo  que  en  su  tiempo  tuvo 
otro  como  él,  y  te  habían  de  tener  todos  y  en  todo  tiempo,  y  mas 
cuando  está  menoscabado  el  poder  y  se  van  disminuyendo  las 
rentas,  consumiendo  las  fuerzas,  y  la  fortaleza  de  los  enemigos 
aumentando,  etc. 

Este  mismo  libro  de  razón  de  los  hombres  beneméritos  para 
emplearlos  en  beneQcio  del  Estado,  dejaba  él  aconsejado  en  el 
cap.  13,  pág.  161. 

El  docto  P.  Fr.  Juan  de  Santa  María,  franciscano  descalzo,  en 
su  libro  de  Oro  titulado  República  y  policía  cristiana,  impreso  en 
Madrid,  año  1515,  procurado  exterminar  después  por  el  privado 
duque  de  Lerma  (aunque  en  vano)  por  las  verdades  que  le  decía, 
cu  el  cap.  36,  pág.  539,  escribe  lo  siguiente: 

«Uno  de  los  principales  Consejeros  certiflcd  á  una  persona 
«grave  que  siendo  él  Alcalde  de  Corte  vacó  un  oficio  de  verdugo, 
»y  que  fué  tan  pretendido  y  con  tales  intercesiones,  que  convino 
•hacer  dos  para  cumplir  con  las  demás  obligaciones.  Y  de  la  Reí- 
>na  Católica  Doña  Isabel  se  dice  que  cuando  gobernaba  con  el 
■rey  Don  Fernando  su  marido,  se  le  cayó  acaso  un  papel  i!e  la 
«manga  en  que  tenía  escrito  de  su  propiamano  :  La  pregonería  de 
*la  ciudíid  se  ha  de  dar  á  fulano,  porque  tiene  mayor  voz:  y  si  en 
•ofleio  tan  vil  tenían  aquellos  tan  Católicos  y  prudentes  Reyes 
«tanto  cuidado  con  las  calidades,  ¿qué  se  debe  hacer  en  los  de 
«justicia  y  gobierno?  ¿Qué  en  las  dignidades  eclesiásticas,  que 
«son  las  columnas  de  nuestra  Santa  Religión?  Cuando  llegare  el 
«dia  de  la  cuenta  estrecha  y  rigurosa  que  pedirá  Dios  verán  lo 
«que  esto  importaba.» 

Pero  el  elogio  mas  completo  de  estos  insignes  Reyes  Católicos 
por  la  gravedad,  acierto  y  juicio  de  sus  elecciones,  se  contiene  en 
la  carta  que  el  Consejo  escribió  á  su  nieto  Carlos  V,  estando  aún 
en  Flandcs  antes  de  venir  á  España,  año  1517,  conservada  por  el 
Sr.  Galindcz  en  sus  Anales,  cap.  16,  donde  podrá  verse. 

Fueron  muchos  los  viajes  que  hicieron  de  una  parte  á  otra, 
no  habiendo  sido  la  vida  de  estos  Reyes  mas  de  una  continua  pe- 
regrinación. Hacíase  esto  entonces  con  menos  aparato  y  preven- 
ción, porque  no  se  dejaban  aprisionar  con  los  grillos  de  la  gran- 
deza, pareciéndoles  que  esta  se  aseguraba  mejor  en  el  crédito  de 
su  gobierno  que  en  la  ostentación  de  su  casa  ;  teniendo  por  fan- 
tasía la  fama  que  no  se  funda  en  lo  sólido  de  las  virtudes.  Así  lo 
ejecutaron  con  grande  utilidad  de  sus  vasallos,  que  aunque  los 
ministros  que  tuvieron  fueron  los  mas  excelentes  que  hubo  jamás 
en  otro  reinado,  como  aquellos  que  eran  de  su  mayor  satisfacción 
ninguno  hay  que  pueda  suplir  por  el  dueño,  que  según  razón  debe 
estar  libre  de  los  inconvenientes  á  que  está  sujeto  el  que  no  lo 
es,  aunque  sea  de  mayores  prendas  y  talentos. 

Así  el  discreto  D.  Francisco  Pinel  y  Monroy  en  su  Retrato  del 
buen  vasa/lo,  lib.  2.°,  cap.  17,  pág.  291,  Madrid,  1677. 

De  la  política  que  estos  gloriosos  Reyes  seguían  en  la  parte  le- 
gislativa, que  es  la  mas  difícil  de  las  funciones  de  la  soberanía, 
nos  da  la  especie  siguiente  el  celoso  D.  Mateo  de  Lison  y  Bied- 
Bia,  Sefior  de  Alganirejo  XX1V.°  y  Procurador  de  Cortes  de  la 


ciudad  de  Granada,  en  el  Desengaño  que  escribió  para  el  Rey  Don 
Felipe  IV  en  13  de  junio  de  1623,  el  cual  se  halla  impreso  entre 
sus  Discursos  y  apuntamientos  políticos,  fol.  26. 

«  En  la  República  romana,  tan  vigilante  en  su  gobierno  cuan 
«desinteresada  en  sus  elecciones,  las  leyes  que  hacían,  antes  que 
»se  publicasen,  las  fijaban  en  público,  porque  todos  las  pudiesen 
»ver  y  cada  uno  que  quisiese  dijese  contra  ellas:  con  lo  cual  se 
»veian  los  defectos  y  las  reformaban  á  lo  mas  conveniente.  Y  el 
«Católico  Señor  Rey  D.  Fernando  fué  alabado  de  que  las  órdenes, 
xpremáticas  ó  leyes  importantes,  las  mandaba  primero  echar  una 
«voz  á  lo  público  para  ver  como  se  recibían,  y  antes  de  pubiicar- 
»las  reconocía  los  inconvenientes  y  dificnltades  que  el  común  les 
«ponía,  y  si  eran  considerables  las  reformaba :  y  así  fueron  sus 
«mandatos  tan  estimados  y  bien  ejecutados,  y  los  que  se  publica- 
»ban  un  dia  no  se  revocaban  otro  por  mirarse  tan  bien  su  conve- 
«nencia.  Y  si  esto  se  hacia  en  órdenes  ó  leyes  escritas,  ¿cuánto 
«mas  se  debe  hacer  en  leyes  vivas,  que  son  los  consejeros,  go- 
«bemadores,  corregidores  y  jueces  que  las  ejecutan?» 

De  aquí  creo  yo  provenga  el  hallarse  muchas  fundaciones  de 
vínculos  y  mayorazgos,  mejoras  de  tercio  y  quinto,  que  he  visto 
disputar  en  esta  Chancillería,  arregladas  á  las  leyes  de  Toro,  antes 
de  su  promulgación  en  aquella  ciudad  en  7  de  marzo  de  1505,  en 
los  tres  años  intermedios  desde  el  de  1502  en  que  se  hicieron  en 
las  Cortes  de  Toledo  ,  que  deberán  tener  presentes  nuestros  ju- 
ristas en  los  casos  que  se  ofrezcan. 

« El  Rey  D.  Fernando  el  Católico  encargó  al  doctor  D.  Lorenzo 
«Galindez  de  Carvajal,  de  su  Consejo  y  Cámara,  la  enmienda  y  pu- 
«blicacion  de  las  Crónicas.»  (Sempere,  Ensayo  de  una  Bibl.  espa- 
ñola, tom.  iii,  pág.  194.)  Véase  á  Zurita  al  principio  del  libro  Cor- 
rtccion  y  enmienda,  y  el  plan  para  la  impres.  de  las  crónic.  de 
Cerda. 

Zurita  en  el  prólogo  al  libro  de  las  Corrección,  y  enmiend.  de 
las  Crónic.  de  Ayala,  publicado  por  los  herederos  de  Dormer  en 
Zaragoza,  año  de  1683.  « El  doctor  Lorenzo  Galindez  de  Carvajal 
•postreramente  en  tiempo  del  Rey  Católico  se  hzo  censor  y  juez 
«para  emendar  los  escritos  de  los  cronistas  que  fueron  de  los  Re- 
»yes  D.  Juan  el  Segundo  y  D.  Enrique  sn  hijo,  que  por  letras  y 
•autoridad  lo  podía  muy  bien  ser.» 

El  doctor  Carvajal,  alabado  por  el  doctor  Francisco  López  de 
Villalobos,  médico  del  Emperador  Carlos  V,  in  glossa  literari  in 
l.m  tX'i.'^  ¡Libros  hist.natur.  Pliníi,  edit  Complut.  apud  Michael 
de  Eguia  an.  1524  ad  D.  Alphons.  de  Fonseca  Tolelan.  Archiepis- 
cop.  ubi  in  prolog.  loquens  de  bis  qui  laborera  suum  víde- 
runt,  ait. 

«Postremo  vero  doctor  Carvagialis  Imperatorís  Consiliarius  eam 
Hf'glossam)  jussu  Caesaris  examinavit ,  qui  in  utroque  jare  et  in 
«cunctis  litteris  eminentis  esse  doctrina;  creditur.-» 

Vid.  Luc.  Marín.  Sícul.  in  Vir.  íllustrib.  qui  tractatus  est. 
lib.  XXV,  suae  de  reb.  hispan.  Histor.,  fol.  168,  ct  lib.  21,  fol.  126, 
ubi  Ínter  Consiliarios  qui  regnum  regebant  cum  Francisco  Xime- 
nio. — ítem  Laurentius  Carvaiallus  doctor  egregius  el  genere  nobili. 

Este  memorial  siguieron  y  citaron  Zurita  y  Garibay,  y  lo  mismo 
Alvar  Gómez  in  Prcefation.  ad  histor  de  rebus  Xlmenii. 

Escribióle  el  doctor  Carvajal,  pasado  el  año  de  1523,  de  que 
refiere  sucesos  en  el  cap.  11,  al  fin. 

Cronista  le  llaman  muchos,  pero  no  lo  fué  en  rigor  eon  título  de 
los  Reyes,  sino  de  estadio  privado  y  por  propia  aplicación,  y  así 
no  le  pone  el  ilustre  D.  Luis  de  Salazar  en  ia  lista  de  cronistas 
que  forma  en  sus  Adveríenc,  historie.,  pág.  156  y  157. 


«  DON  FERNANDO 
mente  justicia,  sino  también  mucha  gracia  y  mer- 
cedes en  lo  que  se  ofrecía,  siendo  presentados  y  pre- 
feridos en  las  honras  y  provechos  en  sus  personas 
y  casas,  que  fué  causa  de  ser  estos  Reyes  sumamen- 
te amados  y  temidos. 

3."  Después  de  compuestas  las  cosas  de  la  guerra 
y  estado,  entendieron  en  extirpar  los  tiranos,  que 
habia  muchos  por  el  reino,  multiplicados  con  la  fal- 
ta de  justicia  de  los  años  pasados,  y  tenian  opresa 
y  agraviada  la  pobre  gente ;  y  en  esto  tuvieron  tal 
modo,  que  en  poco  tiempo  allanaron  y  plantaron 
la  justicia,  andando  por  el  reino  de  unas  provincias 
en  otras,  para  que  con  su  presencia  temiesen  los  in- 
solentes ,  y  osasen  pedir  justicia  los  temerosos. 

4.°  Los  cargos  de  justicia ,  gobierno ,  guerra  y 
hacienda,  obispados,  dignidades  eclesiásticas,  no 
las  proveían  por  favor ,  ruegos  ni  intervención  de 
nadie,  ni  por  servicios,  sino  por  virtud,  habilidad  y 
méritos  de  los  proveídos :  y  cuando  alguno  pedia 
algo  de  lo  dicho,  alegando  sus  servicios,  se  le  res- 
pondía que  en  otras  cosas  se  habían  de  remunerar 
los  servicios,  como  se  hacia ;  porque  en  aquellas  no 
se  había  de  atender  sino  al  bien  del  negocio  y  bue- 
na provisión  del  cargo  ;  y  así  para  ellos  se  llama- 
ban de  sus  casas  á  las  veces  los  que  mas  sin  pensa- 
miento estaban  de  ser  proveídos  ;  lo  cual  fué  causa 
que  estos  Reyes  fuesen  bien  servidos,  y  los  vasallos 
tuviesen  afición  á  la  virtud.  Tuvieron  gran  cuenta 
con  sus  criados,  que  bien  los  sirvieron ,  y  después 
de  muertos  con  sus  hijos ;  y  esto  también  fué  causa 
de  ser  servidos  con  grande  amor  y  fidelidad ,  te- 
niéndose por  seguros  los  que  bien  servían,  que  sus 
servicios  habían  de  ser  remunerados  en  sus  perso- 
nas ó  en  las  de  sus  hijos. 

5.°  Asentado  que  fué  lo  de  la  justicia ,  entendie- 
ron en  reformar  las  religiones  de  frailes  y  monjas 
que  estaban  necesitadas  de  remedio,  y  aunque  les 
puso  este  negocio  en  cuidado,  al  fin  se  redujo  todo 
á  mejoría  y  observancia. 

6."  Después  desto  deliberaron  de  conquistar  por 
fuerza  de  armas  el  reino  de  Granada,  y  le  ganaron 
valerosamente,  y  echaron  de  Castilla  todos  los  mo- 
ros que  no  se  volvieron  cristianos. 

7.°  Después  de  expelidos  los  moros,  mandaron 
salir  del  reino  todos  los  judíos,  que  había  muchos, 
por  el  aumento  de  la  fé  cristiana,  no  atendiendo  á 
los  muchos  tributos  que  perdían. 

S.°  Expelidos  del  Reino  los  moros  y  judíos,  pu- 
BÍeron  la  Inquisición  contra  los  herejes  y  perturba- 
dores de  la  religión  católica. 

9.**  Mantuvieron  sus  reinos  en  grande  autoridad 
y  reputación  con  mucha  gente  de  armas  y  caballos; 
BUS  vasallos  bien  tratados  y  contentos ;  los  pueblos 
bien  gobernados  y  alegres  ;  tenían  personas  de  mu- 
cha confianza  y  secreto  que  andaban  por  los  reinos 
disimuladamente  informándose  como  se  gobernaba 
y  administraba  la  justicia,  y  lo  que  se  decía  y  ha- 
blaba de  los  ministros ;  y  las  tales  personas  traían  á 
los  Reyes  nota  particular  de  las  faltas  que  sentían, 
y  lo  remediaban  como  la  necesidad  lo  pedía. 
Con  esta  buena  orden  y  templanza  de  su  parto 


É  DOÑA  ISABEL.  535 

tuvieron  ayuda  y  servicios  de  sus  vasallos  para  con- 
quistar, no  solo  el  reino  de  Granada  y  otras  plazas 
en  la  costa  de  África,  sino  también  contra  los  fran- 
ceses, ganando  los  reinos  de  Ñapóles,  Navarra  y 
condado  de  Ruísellon.  En  su  tiempo  y  buena  ven- 
tura se  comenzaron  á  descubrir  las  Indias  del  mar 
Océano,  y  con  haber  tenido  muchas  guerras  y 
grandes  gastos,  dejaron  sus  reinos  desempeñados,  y 
á  sus  vasallos  muy  prosperados  y  ricos,  y  á  sus  rei- 
nos en  paz  y  tranquilidad  con  buen  orden,  religión 
y  justicia,  que  duró  mientras  reinaron.» 

Memorial  y  registro  breve  de  los  lugares  donde  el  Rey 
y  Reina  Católicos,  nuestros  Señores,  estuvieron  cada 
año  desde  el  de  1468  hasta  que  Dios  los  llevó  para 
sí,  escrito  por  el  doctor  Lorenzo  Galindez  de  Car- 
vajal de  su  Consejo  y  del  de  Cámara  de  Carlos  V,  y 
por  merced  suya  {hecha  año  de  1525)  (1)  Correo 
mayor  del  Perú,  ó  como  allí  dicen,  maestro  mayor 
de  los  chasquis. 

PROEMIO. 

La  costumbre  y  uso  del  escribir  historias  y  coró- 
'  nicas,  así  en  tiempos  pasados  como  en  los  presen- 
tes, paresce  no  solo  haber  sido  aprobada  por  gran 
discurso  de  tiempos,  pero  celebrada  y  confirmada 
por  todas  las  naciones  y  gentes  capaces  de  razón, 
como  lo  manifiesta  la  continuación  que  siempre 
hasta  agora  se  ha  tenido  y  tiene,  y  cabe  en  razón: 
porque  si  en  el  escribir  se  guarda  lo  que  se  debe, 
no  solo  se  nos  da  manera  para  bien  y  virtuosamen- 
te vivir,  pero  también  somos  instruidos  en  el  fin 
que  debemos  seguir,  de  el  cual  esperamos  alcanzar 
aquella  bienaventuranza  para  que  fuimos  criado» ; 
la  cual  está  claro  se  alcanza  siguiendo  y  obrando 
los  actos  virtuosos  pasados ,  huyendo  y  apartándo- 
nos de  los  vicios  presentes;  porque  entonces  la  co- 
rónica  tiene  autoridad  para  ser  imitada  y  seguida, 
cuando  en  la  ordenación  de  ella  se  guarda  la  for- 
ma debida :  pero  muchas  veces  la  poca  verdad  que 
algunos  con  pasión  desordenada  tienen  en  escribir 
las  corónicas,  disminuye  la  autoridad  de  ellas  y  las 
hace  tener  en  menos  ;  porque  siendo  el  cronista  juez 
de  la  fama,  testigo  de  la  verdad,  y  espejo  en  que 
se  contempla  en  lo  pasado,  ni  juzgan  verdad,  m  la 
dicen,  ni  representan  las  cosas  pasadas  como  pasa- 
ron, antes  ponen  confusión  en  el  tiempo,  callando 
y  escuresciendo  á  unos,  y  esclareciendo  y  subliman- 
do á  otros  como  no  deben,  lo  cual  hacen  pervirtien- 
do la  justicia,  que  es  dar  á  cada  uno  lo  que  es  suyo, 
y  no  pensando  los  actos  de  fama  según  lo  que  va- 
len y  pesan ;  mas  siguen  el  tiempo  y  estado  presen- 
te, y  la  caUdad  que  en  él  tenia  la  persona  que  los 
hizo ;  como  si  agora  los  que  tienen  grandes  estados 

(1)  La  merced  de  Correo  mayor  de  las  Indias  se  la  hizo  la  Rei- 
na Doña  Juana  por  cédula  de  14  de  mayo  de  15U,  y  U  sobrecarta 
es  del  Emperador  por  su  Consejo  de  Indias  á  25  de  octubre  de 
1523,  mandando  que  ni  al  dicho  1).  Lorenzo  Galindez,  ni  a  sus 
tenientes  se  les  ponga  embarazo  en  el  despacho  de  los  correos.- 
Vcytia  yLinage,  Horle  de  la  contratación  de  Indias,  trata  larga- 
mente dt  esta  lúerced,  lib.  1.^',  cap.  .V¿,  núm.  3. 


636 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


y  lug&Téé  con  privanza ,  fuesen  al  eterno ,  y  nunca 
hubieran  comenzado,  ó  como  si  se  concluyese  de 
necesario  que  loa  grandes  estados  y  privanza  in- 
fundiesen virtudes;  siendo  todo  por  el  contrario, 
que  de  la  templanza  vinieron  las  riquezas,  y  de  allí 
los  estados  justos ,  y  no  de  las  riquezas  ni  de  la 
acepción  de  los  Príncipes  la  templanza ,  ni  el  uso 
de  vivir  virtuosamente,  así  como  cada  dia  lo  ve- 
mos, y  paresció  claro  en  tiempo  del  Rey  D.  Enri- 
que IV  y  en  tiempo  del  Rey  D.  Juan  II  su  padre, 
que  tantos  fueron  sublimados  en  dignidades  y  esta- 
dos cuantos  supieron  agradar  fuera  de  razón  á  los 
Príncipes  y  á  sus  privados ;  pero  ni  por  eso  á  los 
poderosos  debe  de  desmenuir  el  lugar  justamente 
habido,  que  merecen  eegun  lo  que  mas  aventuran  ; 
pero,  pues,  como  dice  el  apóstol  Omnis  potestaa  á 
Deo  est,  etc., y  pues  se  comete  falsedad  no  solo  di- 
ciendo lo  que  no  pasó,  pero  callando,  ó  disminu- 
yendo ó  alargando  lo  que  pasó,  claro  es  que  el  co- 
lonista en  todas  estas  maneras  ofende  la  verdad  y 
comete  falsedad ;  la  cual  es  mas  grave  y  detestable 
cuanto  es  dicho  ó  escrito  en  perjuicio  de  honra  ó 
fama  de  alguno ,  ó  en  excelencia  de  otro  que  no  lo 
merece,  y  en  tiempos  que  mas  la  verdad  se  usó, 
porque  si  se  tiene  por  malo  el  hurto  de  la  hacienda, 
por  peor  se  debe  tener  y  estimar  el  de  la  honra  y 
fama :  y  ansí  el  tal  coronista  en  muchas  cosas  ofen- 
de á  Dios,  é  al  Príncipe,  é  á  la  república,  é  á  la  par- 
te, cometiendo  falsedad  junta  con  hurto  de  el  loor 
ageno  con  engaño  y  daño  de  muchos,  ó  por  mejor 
hablar,  de  todos :  por  lo  cual  se  podría  decir  lo  del 
poeta:  Sic  vos  non  vobis,  etc.  De  esto  se  quejaba  la 
Sabiduría. .  , .  Stabunt  Justi  in  magna  constantia,  etc. 
Mucho  se  habia  de  mirar  en  la  elección  de  la  per- 
sona que  ha  de  escribir  la  corónica,  que  fuese  nom- 
brada por  el  Príncipe  con  aprobación  de  muchos, 
pues  se  hace  do  perjuicio  de  tantos,  y  no  dar  lugar 
que  cada  uno  fácilmente  se  ingiriese  á  escribir  lo 
que  le  place  en  loor  de  pocos,  y  en  perjuicio  de  to- 
dos :  y  en  tal  elección  se  habia  también  de  mirar  el 
bien  de  la  legalidad  de  la  persona,  que  el  elegido 
fuese  de  buena  parte ;  porque  ni  temor  de  los  po- 
derosos, ni  afición  de  su  gente  le  hiciesen  apartar 
de  la  verdad.  E  ansí  vemos  que  se  hizo  en  los  tiem- 
pos pasados  en  la  ley  divina  y  humana,  y  en  nues- 
tros tiempos,  que  fueron  coronista  Poro  López  de 
Ayala  y  Hernán  Pérez  de  Guzman.  Y  no  embar- 
gante que  Hernando  del  Pulgar,  que  por  mandado 
de  la  Reina  Católica  escribió  esta  corónica  hasta  el 
año  de  1490,  era  buena  persona ,  elocuente  y  dis- 
creto ,  y  es  de  creer  que  escribió  verdad ,  según  la 
relación  que  tuvo  de  los  hechos ,  y  que  lo  que  dejó 
fué  porque  no  lo  supo,  ni  alcanzó  ;  pero  no  se  pue- 
de negar  haber  pecado  en  muchos  casos ,  y  tanto 
mas  cuanto  la  corónica  era  de  Príncipes  mas  glo- 
riosos, como  lo  fueron  el  Rey  D.  Fernando  y  la 
Reina  Doña  Isabel  Católicos;  en  cuyos  tiempos 
bienaventurados  pasaron  los  mayores  y  mas  nota- 
bles hechos  de  virtud  ,  y  religión ,  y  justicia  y  es- 
trenuidad  de  caballería  que  pasaron  muy  grandes 
tiempos  atrás.  En  todo  ello  el  coronista  pasa  sucin- 


tamente, que  lo  que  escribe  aun  no  ©s  una  suma 
muy  breve  de  lo  mucho  que  deja  por  decir;  y  lo 
que  peor  es ,  que  en  muchas  parles  y  lugares  pro- 
cede tan  desnudo  de  particularidades,  que  ni  nom- 
bra las  personas ,  ni  dice  el  hecho  entero  con  sus 
circunstancias  como  pasó,  antes  trocándolo  é  abre- 
viándolo demasiadamente,  lo  confunde  con  alguna 
retórica  vana,  de  que  muchas  veces  se  usa,  en  tanta 
manera,  que  no  se  pued§  del  todo  bien  juzgar  si  lo 
hizo  por  dolo  ó  por  culpa,  porque  aunque  en  las  co- 
rónicas  principalmente  se  deben  contar  las  vidas  y 
hechos  de  los  Príncipes  ;  pero  no  por  eso  se  deben 
dejar  ni  olvidar  los  hechos  notables  de  las  personas 
que  inciden  en  el  tiempo  de  que  la  corónica  habla 
y  trata ,  nombrándolas  y  expresando  los  lugares  y 
circunstancias  necesarias  que  se  requieren  para  en- 
tera noticia  del  hecho  ,  y  para  mayor  gloria  de  loa 
Reyes  en  cuyo  tiempo  los  tales  hechos  pasaron  y 
para  memoria  de  los  porvenir,  fama  y  ejemplo  de 
sus  subcesores,  que  se  esfuercen  á  los  seguir.  A  in- 
felicidad grande  por  cierto  de  la  nobleza  de  España 
se  debe  atribuir,  siendo  los  tiempos  felices  y  los  actoa 
notables,  que  se  repartieron  por  todos  los  linajes  y 
casas  de  España ,  según  la  magnanimidad  de  tan 
grandes  Príncipes,  que  á  todos  amaban  y  de  todos 
se  servían  y  eran  de  todos  servidos,  haberles  dado 
coronista  tan  escaso  y  estéril  de  dar  á  cada  uno  su 
talento.  Y  por  eso  no  sé  cual  sea  mejor,  ser  nom- 
brado con  los  pocos  ó  callado  con  los  muchos.  Lo 
que  parece  mas  grave,  que  en  unos  lugares  no  cuen- 
ta el  coronista  los  hechos,  mas  júzgalos  antes  de 
los  contar,  siendo  por  ventura  á  él  incierto  el  fin  é 
intención  que  en  los  hacer  tuvieron  los  que  los  hi- 
cieron ;  á  la  manera  de  los  que  testificaron  contra 
Cristo ,  que  imponiéndole  que  había  dicho  possum 
destruere  templum,  etc.  del  templo  de  Salomón,  fue- 
ron tenidos  por  falsos,  habiéndolo  él  dicho  y  enten- 
dido de  su  precioso  cuerpo.  Y  lo  que  no  tiene  excu- 
sa es,  que  quiso  en  esta  corónica  tanto  alabar  y  su- 
blimar á  un  prelado  de  estos  reinos,  aunque  por 
cierto  muy  digno  de  loor  (1)  que  mas  se  puede  de- 
cir la  corónica  de  él  que  del  Rey  ni  la  Reina ;  y  á 
otro  suprimió  y  oscureció  tanto ,  que  aunque  digno 
de  culpa,  no  se  puede  negar  en  algunos  pasos  ha- 
berle sido  este  coronista  asaz  odioso  y  aun  injurio- 
so. Ovo  otra  desdicha  esta  corónica  de  Pulgar,  que 
cayó  originalmente  en  manos  de  otra  persona  prin- 
cipal, el  cual  hizo  en  su  cosa  propia  algunas  adicio- 
nes, como  le  plugo,  las  cuales,  puesto  que  fuera 
verdad ,  como  es  de  creer,  era  especie  de  falsedad  é 
grande  ambición  ponerlas  por  su  autoridad  en  coró- 
nica  de  tan  altos  Principes,  aunque  algo  le  excusa 
la  escaseza  y  brevedad  del  coronista ;  pero  aquellaa 
adiciones  no  van  en  la  corónica  de  suso  escrita, 
puesto  que  es  de  creer  que  algunos  no  advertidoa 
de  esto  las  teman  en  sus  libros,  solamente  se  puso 
en  la  dicha  corónica  á  la  letra  lo  que  el  coronista  es- 
cribió, como  á  él  le  plugo,  sin  mudar,  ni  desminuir, 
ni  acrescentar  una  sola  palabra,  por  excusar  maa 

(1)  El  Cardenal  Mendoza. 


DON  FERNANDO 
mudanzas  de  verdad  ;  excepto  cuando  en  algunos 
nombres  propios  erró,  los  cuales  se  redujeron  á  la 
verdad.  Y  porque  los  que  pasaren  por  esta  corónica 
sepan  enteramente  los  hechos ,  se  presupone  que  la 
corónica  del  Bey  y  Reina  Católicos  parte  de  ella  fué 
copilada  por  cinco  autores  (1).  El  uno  fué  Hernan- 
do de  Pulgar,  de  quien  habernos  contado,  cuya  es- 
critura á  la  letra  es  puesta  de  suso.  El  otro  fué  Tris- 
tan  de  Silva,  vecino  de  Ciudad-Rodrigo,  que  escri- 
bió poco,  y  de  ello  ninguna  cosa  se  puso  en  esta 
corónica.  El  tercero  fué  un  Alonso  Florez ,  vecino 
de  la  ciudad  de  Salamanca ,  familiar  del  duque  de 
Alba,  que  escribió  lo  de  Toro  y  Zamora ,  y  aquello 
se  dejó  también  de  poner  por  algún  respeto  (2).  El 
cuarto  fué  Hernando  de  Ribera,  vecino  de  Baza, 
que  escribió  la  guerra  del  reino  de  Granada  en  me- 
tro :  y  en  la  verdad ,  según  muchas  veces  yo  oí  al 
Rey  Católico,  aquello  decia  él  que  era  lo  cierto ; 
porque  en  pasando  algún  hecho  ó  acto  digno  de  es- 
crebir  lo  ponia  en  coplas  y  se  leia  á  la  mesa  de  su 
Alteza,  donde  estaban  los  que  en  lo  hacer  se  hablan 
hallado ,  é  lo  aprobaban  ó  corregían  ,  según  en  la 
verdad  habia  pasado.  Pero  escrito  (3)  que  por  rela- 
ción de  personas  dignas  de  fe  se  tiene  por  averiguado 
que  D.  Enrique  Enriquez,  tio  del  Rey,  quiso  saber 
de  este  Ribera,  que  era  su  familiar ,  cómo  le  ponia 
en  la  corónica,  y  él  respondió  muy  bien  según  la 
verdad  pasaba:  á  lo  cual  D.  Enrique  le  replicó: 
¿ponéis  lo  de  mi  espingarda  en  lo  de  Tajara?  (4). 
Hernando  de  Ribera  le  respondió  que  no,  porque  no 
hallaba  cosa  en  aquello  que  le  pudiese  honrar  ;  de 
lo  cual  D.  Enrique  se  escandalizó,  y  le  tornó  á  pre- 
guntar la  causa  ;  y  él  dijo,  que  ya  sabia  que  no  pe- 
dia decir  sino  verdad,  y  que  la  espingarda  mas  se 
podia  imputar  á  caso  fortuito,  en  que  no  cabia  cul- 
pa ni  gloria ;  porque  aquella  pelota  que  le  dio  en  la 


(1)  Hace  de  lodos  memoria  Lucio  Marineo  Siculo  en  sns  Elo- 
ffios  y  en  la  Histor.  de  reb.  hispan.,  lib.  20,  fol.  113,  y  lib.  2o,  fo- 
lio 168,  y  aun  menciona  algunos  mas.  Y  él  mismo  se  debe  incluir 
en  el  catálogo.  El  cual  ademas  de  haber  compuesto  unos  Anales 
de  los  Reyes  Católicos  ( que  cita  en  el  lib.  23,  fol.  140  vuelto,  ha- 
ciendo el  elogio  deD.  Antonio  Fonseca),  escribió  de  estos  Reyes, 
cuando  ninguna  historia  de  ellos  estaba  publicada,  libros  19,  20 
y  21,  en  que  casi  comprende  Iodos  sus  principales  hechos,  con  los 
ilustres  varones  de  su  reinado,  que  va  poniendo  en  los  tres  si- 
guientes. Pero  el  Sr.  Galindez  no  alcanzó  publicada  esta  historia 
completa  en  Alcalá,  año  de  1550.  Hágase  también  memoria  de 
D.  Gerónimo  Gascón  de  Torquemada,  citado  de  Florez  en  las 
Reynas,  y  el  cura  de  los  Palacios  Andrés  Bernaldez,  extractado  al- 
gunas veces  por  Ziíñiga  en  sus  Anal,  sevillan.  Argote  de  Molina 
en  el  índice  de  manuscritos,  previo  ásu  Nobleza  de  Andalucía,  que 
tuvo  presentes  para  escribirla ,  cuenta  en  ellos  la  Historia  de  la 
guerra  de  Granada  de  los  Reyes  Católicos  por  Fernando  de  Baeza. 

(2)  Esta  Historia  de  Alonso  Florez  de  Salamanca ,  que  quedó 
manuscrita,  es  citada  especiücamente.  después  de  haberla  visto, 
por  el  curioso  y  elegante  D.  Francisco  Pinel  y  Monroy  en  su  Re- 
trato del  buen  vasallo ,  pág.  165.  De  Carolo  Verardi  italiano  de 
Cesena.  Fabric,  tomo  i,  pág.  353. 

(3)  Al  margen  del  manuscrito  dice:  es  cierto. 

(-i)  Año  1483.  En  el  cerco  de  Tajara  fué  herido  de  una  espin- 
garda D.  Enrique  Enriquez,  tio  del  Rey,  y  lleváronlo  á  curar  á 
Alhama.-Palabras  de  Zurita,  lib.  20.  cap.  51,  fol.  326,  col.  \,  to- 
mo IV,  año  1483,  en  el  mes  de  junio. 

El  Siculo  no  fué  tan  escrupuloso,  y  refirió  el  caso  en  gracia  de 
aquel  ambicioso  Grande,  lib,  24,  fol.  154  vuelto,  en  el  Elogio  del 
Cardenal  Mendosa. 


É  DOÑA  ISABEL.  537 

pierna  habia  sido  de  recudida,  que  primero  habia 
dado  en  una  peña  é  sin  riesgo  ninguno  ni  peligro 
suyo ;  de  lo  cual  D.  Enrique  se  escandalizó  é  tuvo 
por  no  contento,  y  dende  algunos  dias  imbió  por  la 
corónica  que  estaba  en  un  monasterio,  y  casi  que 
por  fuerza  la  sacó  y  quitó  lo  que  quiso,  y  lo  que  de- 
jó no  se  puso  arriba,  porque  la  corónica  no  quedó 
tan  cumplida,  ni  en  la  sinceridad  que  Ribera  lo  es- 
cribió. El  quinto  autor  fué  Alonso  de  Falencia,  dig- 
no coronista,  que  en  latin  por  décadas,  á  la  manera 
de  Tito  Livio,  escribió  larga  y  verdaderamente  esta 
corónica  del  Rey  y  Reina  Católicos  hasta  la  toma 
do  Baza,  con  las  circunstancias  y  particularidades 
necesarias ;  á  la  cual  se  debe  siempre  recurrir  como 
á  fuente  de  agua  limpia,  y  no  sin  causa,  porque  de 
él  se  dijo :  Omatiorem  historiographum  potuit  ali' 
quando  habere  Hispania ,  sed  veratorem  neminem.  Lo 
que  Antonio  de  Lebrija  después  escribió  no  fué 
como  coronista,  aunque  tenia  título  de  ello ,  sino  co- 
mo traducidor  de  romance  en  latin,  de  lo  mismo 
que  tenia  escrito  Hernando  de  Pulgar ;  porque  yo 
fui  testigo  que  le  di  la  corónica  original  para  que 
la  tradujese  en  latin  (5)  ;  pero  ni  Hernando  de  Pul- 
gar ,  ni  Alonso  de  Palencia],  como  es  dicho ,  acaba- 
ron de  escrebir  esta  corónica,  solamente  llegaron  el 
Palencia  hasta  la  toma  de  Baza,  y  el  Pulgar  al  afio 
1490,  y  no  la  acabó.  El  coronista  que  le  sucedió  fué 
Ayora  (6),  el  cual ,  según  se  supo,  comenzó  á  escre- 
bir del  afio  1500  en  latin  y  en  romance,  por  mane- 
ra que  quedaron  rezagados  diez  años  :  es  verdad  que 
el  protonotario  Pedro  Martin,  natural  de  Milán, 
varón  entero  y  asaz  docto ,  no  como  coronista ,  mas 
por  una  nueva  manera  de  Epístolas,  escribió  en  latin 
aquellos  años  y  otros  muchos  adelante :  de  cuya  es- 
criptura  se  podrá  ver  alguna  lumbre  de  lo  que  en 
ellos  pasó  (7);  porque  no  saber  lo  de  fuera,  no  es 

(5)  Lucio  Marineo  al  principio  del  lib.  20,  fo!,  113,  dice  también 
de  Nebrija:  «Cato  (Pulgarii)  magnum  volumen  in  latinum  sermo- 
nem  vertií  Antonius  Nebrisensis;  cuius  ego  traductionis  initium  dum- 
taxat  legi,  in  quo  satis  elaborasse  mihi  vissus  est,  et  bene  castígate.* 

(6)  De  quien  dice  Zurita  en  La  vida  del  Rey  Católico,  lib.  8,  ca- 
pítulo 30,  tomo  vi:  «Y  entre  todos  se  queria  señalar  Gonzalo  de 
«Ayora  como  aquel  que  presumía  ser  muy  diestro  en  la  disciplina 
«militar,  y  que  no  solo  podia  ponerlas  manos  como  cualquier  ca- 
«pitan  en  los  hechos  de  la  guerra,  mas  intervenir  en  los  conse- 
»jos,  que  tenia  cargo  de  ordenar  la  historia  del  Rey ,  pero  ejercita 
»mas  su  elocuenciaen  el  hablar  que  en  escribir  las  cosas  nota- 
»bles  de  su  tiempo  como  fuera  razón. » 

(7)  Algunos  curiosos  hubo  á  más  de  estos  cronistas,  que  hallán- 
dose en  la  corte  al  tiempo  de  algunos  sucesos  sobresalientes,  for- 
marón  relaciones  de  ellos,  y  los  enviaron  por  noticia  á  persona- 
jes de  fuera  ó  á  amigos  de  su  satisfacción,  las  cuales  ha  sucedido 
no  perderse  y  llegar  hasta  casi  nuestros  tiempos:  tal  es  aquella 
relación  de  Lope  Vázquez  de  Acuña  enviada  al  Rey  D.  Juan  de 
Aragón,  padre  del  Católico,  al  principio  del  año  1474,  de  que 
habla  Zurita,  lib.  18,  cap.  63,  tomo  iv,  del  cariñoso  recibimien- 
to que  el  Rey  D.  Enrique  IV,  contra  todo  lo  que  podia  esperarse, 
hizo  en  Segovia  á  su  hermana  la  Princesa  Doña  Isabel  la  Católi- 
ca, y  á  su  marido  el  Principe  de  Aragón  D.  Fernando,  hijo  del 
Rey,  á  quien  la  escribe:  y  de  la  opípara  merienda  que  les  dio  el 
mayordomo  Andrés  de  Cabrera  (en  la  que  el  triste  Rey  D.  Enri- 
que se  dijo  haber  quedado  herido  de  muerte ).  Tai  el  elegante 
poema  de  Triumpho  Granatensi,  en  que  el  poeta  Marco  Pompilio 
Romano  celebró  la  conquista  de  Granada,  y  los  personajes,  gran- 
des, provincias  y  naciones  del  reino  que  concurrieron  á  ella:  y 
tales,  en  fin,  otras  piezas  sueltas  de  este  género,  de  que  no  dejan 
de  hallarse  boy  algunas. 


538 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


culpa,  aunque  saberlo  sea  loable;  pero  no  saber  lo 
que  pasó  en  la  propia  patria  y  naturaleza,  como  sea 
no  saber  lo  de  dentro  de  casa,  es  no  solo  culpa,  mas 
torpeza.  Y  porque  después  que  la  Reina  Católica  fa- 
lleció vino  á  mis  manos  un  Sumario  de  su  cámara 
de  todos  los  lugares  en  que  sus  Altezas  estuvieron 
desde  el  año  1468  que  eran  Príncipes,  hasta  el  afio 
de  1504,  que  su  Alteza  falleció ;  el  cual  memorial 
yo,  como  mejor  pude,  continué  hasta  el  año  de  1516 
que  falleció  el  Rey  Católico  su  marido,  mi  Señor, 
como  testigo  de  vista,  porque  nunca  de  él  me  partí; 
ansi  me  paresció  que  lo  debia  juntar  con  la  dicha 
corónica,  poniendo  en  él  entrambos  testamentos  del 
Rey  y  la  Reina  Católicos,  á  cuyo  otorgamiento  y  á 
8u  ordenación  me  hallé ,  con  algunas  adiciones  en 
los  dichos  años  de  algunas  cosas  mas  notables,  se- 
gún que  lo  vi,  y  lo  que  no  alcancé,  lo  supe  de  per- 
sonas dignas  de  fe,  que  lo  vieron  y  se  hallaron  pre- 
sentes á  ello  en  la  manera  siguiente. 

Memorial  ó  registro  breve  de  los  lugares  donde  el  Rey 
y  Reina  Católicos,  nuestros  Señores,  que  hayan  glo- 
ria, estuvieron  cada  año  desde  el  de  1468  en  ade- 
lante, hasta  que  Dio?  los  llevó  para  sí,  que  fueron 
los  de  la  Reina  ansí  de  Princesa  como  de  Reina  y 
treinta  y  seis,  y  los  del  Rey  cuarenta  y  seis,  ansí  de 
Príncipe  como  de  Rey  ,  y  de  Gobernador  de  estos 
reinos  de  Castilla,  etc.,  sacando  de  esto  lo  que  estu- 
vo en  Ñapóles,  cuando  partió  de  Castilla,  y  quedó 
por  Rey  el  Señor  D.  Phelipe,  su  yerno,  marido  de 
la  Reina  Doña  Juana ,  nuestra  Señora ,  propietaria 
de  los  dichos  reinos ,  hija  de  los  dichos  Reyes  Don 
Hernando  y  Doña  Isabel  Católicos. 

Ato  1468. 

En  el  año  de  68  fué  jurada  la  Reina  nuestra  Se- 
ñora Princesa  de  los  reinos  de  Castilla  y  León,  en 
el  raes  de  agosto  (1)  en  los  Toros  de  Guisando,  é 
vino  á  ser  jurada  desde  Avila  á  Cebreros ,  y  desde 
allí  á  Cadahalso,  y  después  dende  á  Casarrubios  (2), 
y  desde  allí  á  Ocaña  (3).  Y  esto  se  hallará  mas  lar- 
gamente en  las  corónicas  del  Rey  D.  Enrique  IV  de 
este  año. 


(1)  No  faé  sino  día  lunes  19de  setiembre  segnn  Zorita,  que  está 
en  esto  puntualísimo  y  produce  documentos  con  que  enmienda 
los  cronistas.  Lib.  18,  cap.  19,  tom.  iv  de  los  Anales  de  Aragón. 

(2)  Con  el  Rey  D.  Enrique,  donde  con  fecha  del  dia  23  del  mis- 
mo setiembre,  de  conformidad  y  bajo  de  un  contexto  avisaron  á 
los  pueblos  esta  deseada  concordia  y  acto.  Un  ejemplar  de  la  cir- 
cular trae  Zurita  donde  arriba. 

(3)  Donde  estuvo  todo  el  resto  del  año ,  aunque  no  con  mucha 
libertad,  lo  uno  por  ser  lugar  de  D.Juan  Pacheco,  Maestre  de 
Santiago,  que  daba  muestras  de  quererlo  mandar  todo;  y  lo  otro 
perlas  varias  y  encontradas  relaciones  de  los  tres  matr^imonios 
con  que  alli  la  mortilicaron,  uno  con  D.  Alonso,  Rey  de  Portugal, 
que  repelido  ahora,  después  con  la  entrada  en  Castilla  la  dio  bien 
en  que  merecer;  otro  con  Carlos,  duque  de  Berri,  hermano  del 
Rey  de  Francia;  y  el  tercero  que  se  logró  y  fué  efectivo,  habién- 
dole aceptado  y  jurado  secretamente  la  Princesa  alli  mismo  an- 
tes de  salir  de  Ocaña ,  con  D.  Fernando,  Principe  de  Aragón  y  Rey 
de  Sicilia,  que  aceptó  y  juró  las  condiciones  de  61  en  Cervera,  á  3 
de  marzo  del  año  siguiente,  como  tod  >  se  podrá  ver  en  Zurita 
con  más  instrucción  y  puntualidad  que  en  otro.  Lib.  18,  cap.  20 
y  21 ,  tom.  IV. 


Afío  1469. 

Este  año  estuvo  su  Alteza  en  ócaña  hasta  el  mes 
de  agosto,  que  partió  para  Arévalo  (4),  y  en  el  ca- 
mino vino  nueva  que  habia  tomado  á  Arévalo  la 
Condesa  de  Plasencia  y  Alvaro  de  Bracamente;  y  fué 
S.  A.  á  Madrigal  (5) ,  y  estuvo  alli  hasta  el  mes  de 
octubre  que  partió  para  Valladolid  (6),  y  ende  por 
la  voluntad  y  gracia  de  Dios  se  casaron  el  dia  de 
San  Lúeas  el  Rey  y  la  Reina  nuestros  Señores  en  las 
casas  que  agora  son  la  Chancillería,  que  entonces 
eran  de  Juan  de  Ribero  (7). 

AÑO  1470. 

Este  año  (8)  fueron  sus  Altezas  á  Dueñas  ;  é  alli 
nasció  la  Señora  Princesa  Doña  Isabel ,  1.»  dia  del 
mes  de  octubre  (9)  que  después  fué  Reina  de  Portu- 
gal y  Princesa  de  Castilla ,  que  casó  con  el  Príncipe 
D.  Alonso ,  hijo  del  Rey  D.  Juan  de  Portugal ,  y  des- 
pues  segunda  vez  casó  con  el  Rey  D.  Manuel  de 
Portugal,  que  era  primo  hermano  del  dicho  Rey 
Don  Juan ,  y  hermano  de  la  Reina  Doña  Leonor  su 
mujer  del  dicho  Rey  Don  Juan.  Y  fué  la  dicha  Doña 
Isabel  muy  sabia  y  honesta  y  Católica  Reyna.  Fá- 
lleselo en  Zaragoza  de  parto  del  Príncipe  D.  Mi- 
guel, á  23  de  agosto  de  1498.  Está  sepultada  en  el 
monasterio  de  Santa  Isabel  de  Toledo ,  que  funda- 
ron el  Rey  y  la  Reina  en  las  casas  que  fueron  de 
Doña  Inés  de  Ayala,  madre  de  Doña  María  de  Aya- 
la,  segunda  mujer  del  Almirante  D.  Fadrique,  cu- 
ya hija  fué  Doña  Juana  Reina  de  Aragón ,  madre 
de  este  D.  Hernando.  Fálleselo  el  Príncipe  D.  Mi- 
guel en  Granada  á  20  de  julio  de  1500  (10),  y  allí 
yace  sepultado  en  la  capilla  Real  del  Rey  y  de  la 
Reina  (11). 


(4)  Que  era  villa  de  su  madre  la  Reina  Doña  Isabel,  en  cuya 
compañía  queria  estar,  para  sosegar  si  pudiese  de  tantas  zozo- 
bras. Zurila,  lib.  18,  cap.  24,  donde  lo  pone  todo  circunstanciado. 

(5;  Donde  se  hallaba  la  Reina  viuda  su  madre, y  donde  también 
recibió  entre  no  pocos  sobresaltos  la  satisfacción  del  primer  pre- 
sente de  su  esposo  el  Príncipe  de  Aragón,  que  fué  un  collar  rico 
estimado  en  40.000  ducados,  suma  excesiva,  si  cierta ,  para  aquel 
tiempo,  y  un  bolsillo  con  8.000  florines,  que  fué  menos  dinero  á 
proporción.  Zurita,  ibid.  Omite  Galindez  que  de  Madrigal  pasó  á 
Ontiveros,  y  de  allí  á  Avila ,  de  donde  por  la  peste  que  se  sintió, 
la  fué  preciso  trasladarse  á  Valladolid ,  lugar  pacífico  y  sano;  por- 
que así  se  halla  en  la  carta  satisfactoria  que  desde  esta  ciudad 
escribió  la  Princesa  al  Rey  su  hermano  el  dia  8  de  setiembre,  y  con 
ella  lo  refiere  Zurita,  cap.  25,  lib.  18. 

(6)  A  donde  entró  (dice  Zurita,  cit.,  cap.  24)  el  postrero  del  mes 
de  Agosto,  y  fué  resabida  con  gran  regocijo  y  fiesta,  Cou  que  se 
dejará  para  mis  adelante  el  mes  de  octubre  en  que  pone  esta  en- 
trada Galindez. 

(7)  Esto  se  halla  mas  largo  en  dicha  corónica,  y  siempre  mejor 
que  en  otro  en  Zurita  por  su  admirable  puntualidad.  Cap.  26  y  27, 
libro  18. 

(8)  En  principio  de  mayo,  de  Valladolid  (Zurita  cap.  30). 

(9)  A  2  de  octubre  dice  Zurita,  cap.  31,  lib.  18. 

(10)  Véase  adelante  el  año  98. 

ill)  En  7  de  noviembre  el  Principe  D.  Fernando  hallándose  en 
Dueñas  con  la  Princesa  su  muger,  llegó  á  estar  tan  apurado  de 
unas  fiebres  malignas  que  se  temió  no  saliese  ,  pero  á  poco  tiem- 
po convaleció  por  la  buena  asistencia  de  su  médico,  Lorenzo  Da- 
dos. Zurita  ,  cap.  31,  lib.  28. 


ASfO  1471. 

Este  año  estuvieron  sus  Altezas  enMedina  de  Rio- 
seco  ,  y  dende  vinieron  á  Simancas  (1),  y  dende  Si- 
mancas á  Rioseco  y  de  ahí  á  Dueñas  (2),  y  en  fin  de 
este  afio  á  Tordelaguna,  y  de  ahí  á  Sepúlveda  que 
se  ganó ,  y  desde  Sepúlveda  á  Tordelaguna  é  á  Ta- 
lamanca  é  á  Alcalá  (3).  Todo  esto  é  otras  cosas  que 
en  este  afio  pasaron ,  están  cumplidamente  en  las 
corónicas  escritas  de  latin  é  romance  del  Rey  Don 
Enrique,  y  del  Rey  y  Reina  Católicos. 

AÑO  1472  Y  1473. 

Volvieron  sus  Altezas  desde  Alcalá  á  Tordelagu- 
na (4),  y  de  aquí  á  Sepúlveda ,  desde  Sepúlveda  á 
Aranda,  y  dende  aquí  otra  vez  á  Sepúlveda,  y  de 
aquí  á  Segovia  en  el  mes  de  diciembre  de  1473  (5). 
Fallescieron  en  este  afio  de  73  el  almirante  D.  Fa- 
drique,  y  el  condestable  Miguel  Lúeas  (8),  y  el 
maestro  de  Alcántara  D.  Gómez  de  Cáceres  de  So- 
lis  ,  y  D.  Alonso  de  Fonseca ,  arzobispo  de  Sevilla, 

(1)  Y  (le  Simancas  fué  el  Príncipe  á  Tordesillas  con  gente  á 
sorprenderla,  llamado  del  bando  de  los  Cepedas  contra  los  Al- 
deretes;  pero  se  malogró  el  ardid,  y  machos  fueron  presos,  y  al- 
gunos muertos.  (Zurita,  cap.  35,  lib.  18.)  Con  lo  que  sin  otra  ven- 
taja se  restituyó  poco  glorioso  ü  Rioseco,  donde  estuvo  con  la 
Princesa  su  muger  desde  principio  de  Enero.  Ibid.,  cap.  39. 

(2)  Zurita,  cap.  39,  lib.  18. 

(3)  En  Alcalá  se  dividieron,  quedando  allí  la  Princesa  y  pasan- 
do el  Principe  á  Aragón  á  verso  con  su  padre  el  Rey  D.  'Juan,  lo 
que  ya  toca  á  los  sucesos  del  año  siguiente  1472 ,  en  que  lo  es- 
cribió Zurita,  cap.  40,  al  med.,  lib.  18.  De  Alcalá  pasó  la  Princesa  á 
Tordelaguna  donde  la  halló  la  vuelta  de  su  marido.  Zurita,  cap.  12 
y  49,  lib.  18.  Y  habiendo  estado  allí  todo  el  mes  de  febrero  se  vol- 
vieron á  Alcalá,  donde  los  visitó  el  legado  del  Papa,  Cardenal  de 
Valencia,  que  había  estado  en  Castilla  sin  adelantamiento,  y  se  re- 
tiraba ya  la  via  de  Valencia  (cap.  31). 

(4i  Estaban  el  Príncipe  y  Princesa  en  Taiamanca  á  26  de  marzo 
de73.  Zurita,  cap.  52,  lib.  18. 

(S)  Los  vizcainos  juntos  en  Bilbao  en  el  mes  de  setiembre  de 
1473  quitaron  la  obediencia  á  su  Rey  y  Señor  natural  el  Rey  don 
Enrique  á  quien  la  tenían  jurada,  y  la  dieron  á  los  Príncipes  don 
Fernando  y  Doña  Isabel,  reconociéndoles  desde  luego  por  Seño- 
res de  Vizcaya.  Como  por  este  hecho  se  les  mortilicaba  de  orden 
del  Rey  con  guerrasy  procesos,  para  castigarlos  y  darlos  por  trai- 
dores, según  Zurita,  lib.  18,  cap.  61,  tom.  iv,  ellos  necesitados  de 
socorro,  estando  la  Princesa  Doña  Isabel,  ya  su  nueva  Señora,  en 
Aranda,  á  14  de  octubre ,  la  interpelaron  para  que  les  eonflrmase, 
como  les  confirmó  y  juró  solemnemente,  sus  fueros  y  privilegios, 
y  les  dio  de  esto  la  carta  que  imprimen  á  continuación  de  .ellos 
con  dicha  fecha. 

(6i  De  Iranzo,  que  era  también  Canceller  mayor  del  Rey  Don 
Enrique  de  quien  hay  crónica  particular,  que  no  sé  que  esté  pu- 
blicada. Su  muertejfué  el  dia  de  San  Benito,  21  de  marzo,  en  Jaén, 
donde  vivia,  inhumana  y  sacrilegamente  por  la  canalla  del  pueblo, 
estando  oyendo  misa  en  la  iglesia  mayor,  á  pretexto  de  que  volvía 
por  los  conversos  de  judíos,  á  quienes  el  pueblo  quería  oprimir 
para  arrebatarles  los  bienes,  como  por  ese  tiempo  se  hizo  también 
impunemente  en  Andújar,  Córdoba  y  otros  pueblos  de  Andalu- 
cía. Por  su  muerte  proveyó  el  Rey  la  Condestabilia  en  D.  Pedro 
Fernandez  de  Velasco,  conde  de  Haro ,  su  Camarero,  y  el  Cance- 
lerato  en  el  Cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendoza  ,  obispo  de 
Sigñenza,  luego  Arzobispo  de  Toledo,  que  acababa  de  recibir  por 
gracia  del  Papa  Sisto  IV,  Armada  en  Roma,  viernes  7  de  este  mes, 
dos  no  pequeñas,  el  Capelo  y  el  arzobispado  de  Sevilla  con  reten- 
ción de  la  mitra  de  Sigüenza.  Dieg.  Enriq.,  cronic.  de  D.  H.  IV, 
capítulo  157  y  159.  Salazar  de  Mendoza,  crónic.  del  carden.,  lib.  1, 
cap.  36  y  57.  Chac.  in  Sixt.  IV.  Pulg.,  crónic.  de  los  RR.  CC,  par. 
1."  al  fin.  Ximena,  Anales  de  Jaén,  pág.  424.  Su  elogio  por  la  cons- 
tancia y  lidelidad  á  su  Rey.  Zurita,  4  part.  lib.  17,  cap.  31. 


DON  FERNANDO  É  DOÑA  ISABEL.  539 

que  hizo  el  mayorazgo  de  los  de  Fonseca  (7).  En  el 
afio  de  72  un  dia  antes  de  la  víspera  de  Navidad ,  á 
á  las  doce  horas  de  la  noche,  nació  el  que  esta  suma 
recopiló  en  la  ciudad  de  Plasencia  {al  margen  dice  : 
«Nacimiento  del  doctor  Galindez.)» 


AfíO  1474. 

Este  año  el  dia  de  los  Reyes  estuvieron  sus  Alte- 
zas y  el  Sefior  Rey  Don  Enrique  en  Segovia  en  las 
casas  del  obisi;o,  que  son  cerca  de  la  iglesia  mayor. 
E  desde  allí  fué  el  Rey  por  mayo  á  lo  de  Carrion,  en 
que  el  Conde  de  Benavente  escapó,  de  que  fué  echa- 
do por  el  Duque  del  Infantazgo  é  sus  parientes.  Y  la 
Reina  nuestra  Señora  quedó  en  Segovia,  y  estuvo  en 
ella  hasta  que  el  Rey  D.  Enrique  fálleselo  en  el  Al- 
cázar de  Madrid,  domingo  en  la  noche,  víspera  de 
Santa  Lucía  á  once  de  diciembre  de  este  afio  (8).  Y 
no  embargante  que  el  cronista  diga  que  no  hizo  tes- 
tamento, sino  un  memorial  que  se  halló  en  poder  de 
Juan  de  Oviedo  su  secretario,  la  verdad  fué  que  hizo 
testamento,  y  en  él  dejó  por  su  heredera  do  los  rei- 
nos de  Castilla,  etc.,  á  aquella  Doña  Juana  que  se  de- 
cía su  hija,  y  juró  que  era  su  hija ,  y  dejó  por  testa- 
mentario al  Marqués  de  Villena  y  al  conde  de  Be- 
navente y  al  obispo  de  Sigüenza ;  y  este  testamen- 


(7)  Y  pues  Zúñiga  en  los  Anales  de  Sevilla,  pág.  365,  en  varie- 
dad de  opiniones  no  sabe  resolver  si  la  muerte  de  este  prelado  se- 
villano fué  en  este  año  ó  el  siguiente,  diré  por  los  papeles  de  su 
casa,  que  el  Arzobispo  D.  Alonso  de  Fonseca  murió  en  su  villa  y 
palacio  de  Coca ,  lunes  á  la  noche,  17  de  mayo  de  1473,  y  allí  está 
enterrado  con  otros  de  su  linaje.  En  la  elección  de  sucesor  para 
Sevilla  hubo  discordia ,  porque  el  Papa  Sisto  IV  se  anticipó  á  ex- 
pedir las  bulas  para  su  sobrino  el  cardenal  D.  Fr.  Pedro  Riario, 
que  cargado  mas  de  dignidades  que  de  años,  disolvió  las  diflcul- 
tades  que  nuestros  Reyes  y  la  misma  iglesia  sevillana  opusieron 
á  su  elección,  perniciosa  á  la  Regalía  y  á  las  leyes  de  la  Nación, 
muriendo  en  Roma  sin  venir  acá  á  3  de  enero  del  año  siguiente  74, 
sin  tener  aun  cumplidos  29  de  edad,  ni  suplirla  la  ciencia  y  ex- 
periencia. La  iglesia  postulaba  con  empeño  á  D.  Fadrique  de  Gnz- 
man  (hijo del  conde  de  Niebla  D.  Enrique,  y  hermano  del  Duque 
de  Medina-Sidonia  D.  Alonso  Pérez  de  Guzman),  deán  que  había 
sido  de  ella,  y  ahora  obispo  de  Mondoñedo.  Pero  á  pesar  de  los 
deseos  de  la  iglesia  y  de  sus  parienítes,  que  demasiado  temprano 
se  adelantaron  á  ocupar  los  lugares  y  rentas  de  la  dignidad,  no 
prevaleció  sino  el  voto  del  Rey  y  Principes  D.  Enrique,  Doña  Isa- 
bel y  D.  Fernando,  que  solo  esta  vez  de  acuerdo,  enviaron  la  su- 
plicación por  su  igualmente  amado  el  Cardenal  D.  Pedro  Gonzá- 
lez de  Mendoza,  Obispo  de  Sigüenza,  antes  de  Calahorra ,  antes 
abad  de  Valladolid  y  de  San  Zoil ,  y  primero  arcediano  de  Gua- 
dalajara  su  patria.  Zúñiga ,  página  366  á  367. 

(8)  Aunque  aquí  y  en  otras  partes  se  dice  (fue  su  muerte  fué 
domingo  á  la  noche  11  de  diciembre,  realmente  no  fué  sino  en- 
trado ya  el  lunes  12  á  las  dos  de  la  mañana.  En  el  mismo  dia  lu- 
nes tuvo  ya  la  noticia  su  hermana  la  Princesa  Doña  Isabel  que  se 
hallaba  en  Segovia.  Inmediatamente  dispuso  dos  cosas:  una  des- 
pachar propio  con  ella  á  su  marido  el  Príncipe  D.  Fernando  au- 
sente en  Aragón ,  otra  celebrar  las  exequias  por  el  difunto ;  y  el 
martes  siguiente  se  hizo  proclamar  en  aquella  ciudad,  y  levantar 
pendones  por  ella  y  su  marido  como  sucesora ,  y  lo  anunció  á  las 
ciudades  y  Grandes  ausentes  para  que  hiciesen  lo  mismo.  A  la 
provincia  de  Guipúzcoa  envió  á  solicitarlo  á  Antonio  de  Baena,  su 
criado ,  y  Bartolomé  de  Zuazola,  su  vasallo ,  con  cartas  del  15  que 
están  en  sus  fueros,  pág.  355  á  357,  avisando  por  la  primera  áe 
ellas  haber  sido  la  muerte  del  hermano  el  domingo  postrimero  pa- 
sado en  la  noche  que  fué  áii  de  este  presente  mes  de  ■diciembre:  y 
á  Sevilla  destinó  con  iguales  cartas  del  20  á  Pedro  de  Silva  su 
maestresala  y  persona  de  su  confianza ,  como  dice  Zúñiga ,  pági- 
na 369  y  370. 


540 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


to  dejó  Juan  de  Oviedo  en  poder  de  un  clérigo  cura 
de  Santa  Cruz  de  Madrid ,  el  cual  con  otras  muchas 
escrituras  lo  llevó  en  un  cofre  y  lo  enterró  cerca  de 
la  villa  de  Almeida,  que  es  en  el  reino  de  Portugal, 
porque  no  le  fuesen  tomadas.  Y  esto  vino  á  noticia 
de  la  Keina  Católica,  mediante  cierto  aviso  que  de 
ello  dio  el  bachiller  Fernán  Gómez  de  Herrera,  ve- 
cino de  Madrid,  que  era  amigo  del  dicho  cura,  al  cual 
y  al  dicho  cura  imbió  su  Alteza  desde  Medina  del 
Campo  el  año  de  1504  estando  ya  mal  dispuesta  de 
la  enfermedad  de  que  fálleselo ,  á  traer  el  dicho  co- 
fre con  las  escrituras ,  y  lo  trajeron  pocos  dias  antes 
que  fallesciese,  y  no  lo  pudo  con  su  indisposición 
ver,  y  quedó  todo  en  poder  del  dicho  Hernán  Gómez; 
y  mediante  el  licenciado  Zapata  del  Consejo,  á  quien 
el  dicho  Hernán  Gómez  avisó,  fallescida  la  Keina^ 
lo  supo  el  Rey  Católico,  que  quedó  por  Gobernador 
de  los  reinos,  y  dicen  que  lo  mandó  quemar.  Otros 
dicen  y  afirman  que  quedó  en  poder  de  aquel  licen- 
ciado Zapata;  y  por  este  servicio  al  dicho  Hernán 
Gómez  se  le  hicieron  después  algunas  mercedes,  en- 
tre las  cuales  le  fué  dada  un  alcaldía  de  Corte,  á  se- 
mejanza del  siervo  que  dio  al  pueblo  romano  la  es- 
critura de  que  se  hace  mención  en  la  ley  2.  ff.  de 
Oríg.  Jur.  Pero  como  aquel  acto  de  jurar  el  Rey  Don 
Enrique  que  la  dicha  Dofia  Juana  era  su  hija,  lo 
hubiese  hecho  otras  veces  (1),  como  en  su  Corónica 
se  lee,  no  es  de  maravillar  que  por  encubrir  que  daba 
su  muger  á  sus  privados  lo  continuase  aconsejado 
de  los  mesmos  ;  é  ansi  muerto  el  Rey  D.  Enrique,  la 
Reina  Doña  Isabel ,  nuestra  Señora  ,  como  propie- 
taria de  estos  reinos,  y  el  Rey  D.  Hernando ,  nues- 
tro Señor,  como  su  marido ,  fueron  alzados  por  la 
gracia  de  Dios  por  Reyes,  aunque  el  Rey  estaba  au- 
sente de  estos  reinos  de  Castilla  en  Aragón ,  como 
mas  largamente  se  cuenta  en  las  corónicas  de  ro- 
mance y  latin.  Y  en  este  año  á  1."  de  octubre  (2)  mu- 
rió el  maestre  de  Santiago  D .  Juan  Pacheco  en  una 
aldea  de  Trujillo,  que  se  llama  Santa  Cruz  de  la 
Sierra ,  el  cual  está  enterrado  en  el  monasterio  del 
Parral  de  Segovia ,  en  la  capilla  principal  que  el 
Rey  D.  Enrique  habia  fundado  para  sí.  Y  en  este 
año  fué  maestre  de  Alcántara  D.  Juan  de  Estúñiga, 
hijo  del  duque  de  Plasencia  D.  Alvaro  é  de  la  Du- 
quesa Doña  Leonor  Pimentel,  su  segunda  muger ;  y 
de  justicia  dicen  que  pertenescia  aquel  maestrazgo 
á  D.  Alonso  de  Monroy  Caballero  (3)  que  fué  de 
aquella  orden.  E  ansí  lo  poseyó  algún  tiempo ;  y  esta 
dicen  que  fué  la  causa  por  que  después  lo  renunció 
el  dicho  D.  Juan  en  manos  del  Rey  y  Reina,  como 
adelante  se  contará  (4). 

íl)  La  última  y  más  solemne  antes  deT  testamento ,  que  por 
circunstanciada  y  concurrida  de  Prelados,  Grandes  y  pueblos  ad- 
mira como  después  se  trastornó,  fué  en  el  acto  de  Valde-Lozoya 
dia  viernes  26  de  noviembre  de  1470.  Véase  á  Pellicer,  Memorial 
del  conde  de  Miranda,  fol.  51,  después  de  las  Crónicas  y  Historiado- 
res vulgares. 

(2i  Este  mismo  dia  pone  Haro,  tom.  ii,  pág.  318.  Pero  en  el 
maltes  4  de  octubre  dice  Zurita,  lib.  20,  cap.  9. 

(3)  Al  margen  dice  :  leo-Clavero. 

(4  Kn  este  año  fué  el  conceder  el  Papa  Sisto  iV  á  las  iglesias 
catedrales  de  España,  por  su  bula  dada  eu  Roma  á  1.^  de  diciem- 


Afío  1475. 

En  este  año  (5)  estuvieron  sus  Altezas  en  Medi- 
na (6)  y  en  Valladolid  (7) ;  fueron  al  Abrojo ,  y  do 
allí  partió  la  Reina  nuestra  Señora  para  Alcalá,  y 
el  Rey  nuestro  señor  se  quedó  en  Valladolid,  y  des- 
de Toledo  (8)  volvió  S.  A.  á  Avila,  Medina  (9), 
Tordesillas  (10),  donde  se  juntó  la  gente  para  el  Real 
de  Toro.  De  Tordesillas  fué  su  Alteza  á  Vallado- 
lid  (11),  y  el  Rey  nuestro  Señor  á  Burgos  á  cercar  la 
fortaleza ,  y  la  Reina  á  Palencia ,  y  de  allí  se  volvió 
á  Valladolid  (12).  Estando  allí  fué  el  reencuentro  de 
Almería,  donde  hirió  Pedro  de  Avila  á  D.  Alvaro 
de  Portugal  por  el  rostro ,  lo  qual  le  quisiera  mos- 
trar D.  Alvaro.  Después,  siendo  presidente,  se  tomó 
la  residencia  al  dicho  Pedro  de  Avila  de  la  gober- 
nación del  Principado  de  Asturias ,  queriéndole  to- 
mar por  ejecución  una  cadena  que  traia  al  cuello, 
la  cual  el  dicho  Pedro  de  Avila  puso  so  el  pie  y  em- 
puñó su  espada ;  y  el  Rey  y  Reina  reprendieron  al 
dicho  D.  Alvaro  lo  que  pretendió  hacer  (13).  E  de 


bre,  ampliada  por  otras  dos  de  í."  de  enero  del  siguiente  75  y  17 
de  abril  de  76,  las  dos  nuevas  prebendas  magistral  y  doctoral ,  la 
una  para  teólogo  y  la  otra  para  canonista  ,  que  se  hablan  de  pro- 
veer por  los  prelados  y  cabildos  de  canónigos  in  sacris  á  oposición 
en  los  más  beneméritos,  según  lo  que  habia  quedado  asentado  por 
su  legado  el  cardenal  D.  Rodrigo  de  Borja  cuando  estuvo  acá  al 
principio  de  su  pontificado,  y  capituló  cierto  subsidio  con  el  esta- 
do eclesiástico.  Zúñiga,  pág.  567,  núm.  3.  D.  Nicolás  García,  Trac- 
tat.  de  Beneftc.,  part.  5.',  cap.  -i,  núm.  169,  estampa  la  primera 
de  estas  bulas  y  otra  aun  más  extensiva  del  papa  León  X  del  año 
1521.  Véase  al  P.  Mariana,  lib.  23,  cap.  18,  ai  fin  en  la  latina  y 
castellana. 

(5)  A  2  de  enero  entró  el  Príncipe  D.  Fernando  ya  Rey  de  Cas- 
tilla en  Segovia  de  vuelta  de  Aragón,  como  por  carta  del  5  lo  avi- 
só á  Sevilla,  y  permanecían  allí  en  el  30  del  mismo  y  dias  15  y  20 
de  febrero  siguiente.  Zúñiga,  pág.  371,  donde  la  imprenta  yerra 
el  año  1474  por  1475. 

(6)  Privilegio  de  juro  allí  de  12.000  mrs.  á  Rodrigo  de  ülloa,  á 
2  de  marzo,  y  cédula  para  Sevilla  de  17  del  mismo.  Zúñiga,  ibid. 
núm.  4. 

(7)  A  26  de  abril  firmaron  aquí  para  Sevilla  las  credenciales  y 
poder  que  refiere  Zúñiga  cit.,  núm.  i. 

(8)  Estaba  la  Reina  en  Toledo  á  20  de  mayo  y  á  2t  también  el 
Rey,  según  documentos  que  cita  Zúñiga  en  este  año  ,  núm.  5, 
pág.  372,  donde  individualiza  que  estaba  el  Rey  en  Tordesillas 
mientras  la  Reina  eu  Toledo.  Zúñiga,  ibid. 

(9)  Estaban  en  Medina  donde  tenían  Cortes  y  les  otorgó  el  Rei- 
no 172  cuentos  de  mrs.  en  1.°  y  5  de  agosto.  Zúñiga,  núm.  7. 

(10)  En  Tordesillas  á  12  de  julio,  otorgó  el  Rey  su  primer  testa- 
mento teniendo  su  Real  cerca  del  puente  que  iba  sobre  Toro.  Zu- 
rita, lib.  29,  cap.  23. 

(11)  Donde  estaba  á  9  y  15  de  agosto.  Zúñiga  con  documentos 
núm.  7  y  19.  En  jueves  5  de  octubre  en  Sahagun.  Vid.  Escalona, 
pág.  693. 

(I2j  Donde  estaba  á  31  de  octubre.  Salazar,  Cas.  de  Lar.,  tom.  iv, 
pág.  397,  y  en  2  de  noviembre  libraron  aquí  el  privilegio  de  au- 
mento de  armas  y  merced  de  la  Escusabaraja,  dia  de  Navidad  en 
cada  año  á  D.  Andrés  Cabrera  y  Doña  Beatriz  de  Bobadilla,  des' 
pues  primeros  marqueses  de  Moya.  Pinel.,  Retral.  del  buen  vasallo, 
págs.  238  y  249. 

(lü)  Y  bien  lejos  de  disgastarse  del  hecho  de  D.  Pedro  Dávila, 
ahora  mismo  estando  en  Valladolid  á  22  de  noviembre  de  este 
año  73,  atendiendo  á  sus  grandes  y  fieles  servicios  que  les  habia 
hecho  aun  desde  antes  que  reinasen,  le  hicieron  merced  perpetua 
para  sí  y  sus  sucesores  de  la  fortaleza  y  término  del  Risco  cerca 
de  Avila  su  patria,  con  título  de  Conde.  Véase  el  privilegio  en 
Haro ,  tom.  n,  pág.  93. 


DON  FERNANDO 
Valladolid  partió  la  Reina  (1)  á  rescebir  el  castillo 
de  Burgos  (2),  y  el  Rey  partió  de  Burgos  al  trato  de 
Zamora,  é  la  ganó  (3),  como  se  contiene  en  las  coro- 
nicas  de  latin  é  romance  de  este  tiempo. 

aSío  1476. 

Este  año  la  Reina  estuvo  en  Valladolid  en  prin- 
cipio de  él.  En  el  mes  de  marzo  (4)  venció  el  Rey 
Católico  al  Rey  de  Portugal  en  la  batalla  de  entre 
Toro  y  Zamora.  De  allí  f  u^á  Tordesillas  y  de  allí 
vinieron  sus  Altezas  á  Madrigal  donde  hicieron  Cor- 
tes y  juraron  á  la  Princesa  Doña  Isabel  (5)  é  hicie- 
ron leyes ,  y  se  ordenó  la  hermandad  en  la  villa  de 
Dueñas  (6).  E  de  Madrigal  fué  el  Rey  á  cercar  á 
Cantalapiedra,  é  allí  se  libró  el  conde  de  Benavente 
de  la  prisión  de  Baltanás,  é  le  dieron  sus  fortale- 
zas (7).  Los  Reyes  se  vinieron  á  Medina  é  á  Tor- 
desillas (8),  y  de  allí  partió  la  Reina  para  Segovia, 
cuando  se  alzó  Maldonado  con  la  Torre  de  Don 
Juan  (9) ;  y  el  Rey  partió  á  Burgos  é  á  Guipúzcoa 
al  socorro  de  Fuenterrabía,  cuando  la  cercaron 
los  franceses  (10).  Y  en  este  tiempo  se  tomó  á  To- 

(1)  A  8  de  noviembre  en  Dueñas,  6  leguas  de  Valladolid,  en  el  ca- 
mino á  Burgos,  libraron  i  Juan  de  Valladolid  ,  negro ,  título  de 
juez  y  mayoral  de  los  negros  y  negras  ,  loros  y  loras ,  que  ya  por 
este  tiempo  se  hablan  traido  en  grande  número  de  Guinea  á  Sevi- 
lla ,  y  residían  de  asiento  en  aquella  ciudad.  Züñiga,  nüm.  10  de 
este  afio. 

(2).  Que  se  le  rindió  en  enero  51.  Zurita.  Y  ese  dia  lo  avisó  de 
,]    allí  á  Sevilla.  Züñiga,  año  76,  núm.  1. 

!3)  Estaba  ya  el  Rey  en  Zamora  á2  de  febrero.  Züñiga,  afio  76, 
número  1.°  Y  ganó  el  alcázar  á  19  de  marzo  del  año  siguiente,  y 
nombró  alcaide  á  D.  Sancho  de  Castilla.  Züñiga,  año  76,  núm.  1. 

(4j  Viernes  dia  I.»— Pulgar,  2.'  part.,  cap.  45.  Zurita  ,  Ana/., 
tom.  IV ,  lib.  19,  cap.  44,  y  Züñiga  con  cédula  del  Rey  en  que  lo 
dice,  dada  en  Zamora  á  9  del  mismo  mes,  año  76,  núm.  i.'  En  30 
de  marzo  estaban  en  Medina  del  Campo  y  libraron  allí  el  privile- 
gio y  merced  á  las  Condesas  de  Cabra  del  brial  que  las  Reinas  de 
Castilla  vistiesen  el  dia  de  Pascua  de  Resurrección  de  cada  año. 
Salaz.,  Advert.,  pág.  322. 

(5)  Corrían  estas  Cortes  en  29  de  abril,  y  en  ellas  se  acordó,  en- 
tre otras  cosas ,  jurasen  los  pueblos  los  tratados  matrimoniales 
de  esta  Princesa  con  el  Principe  de  Capua.  Züñiga  con  la  orden  á 
Sevilla  de  dicha  fecha,  año  76,  núm.  l.o 

(6)  Todo  esto  fué  desde  mitad  de  julio,  dia  de  Santigo,  de  que 
es  la  fecha  del  cuaderno  de  la  Hermandad,  hecho  en  junta  de  Due, 
lias,  precedida  otra  y  otro  en  Óigales  á  13  de  junio,  sin  el  prime- 
ro de  Madrigal  de  8  de  mayo,  donde  las  peticiones  de  Cortes  por 
lo  tocante  á  lo  general  del  Reino  salieron  Armadas  en  27  de  abril 
como  todo  consta  por  los  mismos  cuadernos. 

(7)  Esta  prisión  del  conde  de  Benavente  fué  hecha  por  el  mis- 
mo Rey  de  Portugal  en  Baltanás  del  Valle  de  Cerrato  el  dia  18  de 
setiembre  del  año  anterior,  y  le  llevaron  preso  á  Peñaflel,  lu^^ar 
de  sn  contrario  el  conde  de  Urueña ,  junto  al  Duraton,  donde  en- 
tra en  el  Duero.  Zurita,  lib.  19 ,  cap.  53. 

(8)  En  Valladolid  á  26  de  junio  libraron  sus  contadores  privile- 
gio de  conflrmacion  de  otros  de  unjuro  á  Pedro  de  Herrera,  Doña 
Isabel  y  Doña  María  sus  hermanas,  la  primera  abadesa  que  des- 
pués fué  del  monasterio  de  las  Huelgas  de  esta  ciudad  de  Valla- 
dolid, y  hermanos  de  Fernando,  Diego,  Francisco,  Sancho  y  Doña 
Inés  de  Herrera,  todos  ocho  hijos  de  García  de  Herrera,  guarda 
del  Rey  D.  Juan  II,  difunto  poco  antes  del  dia  28  de  octubre  de 
1439,  en  que  por  su  muerte  este  Rey  empezó  á  confirmar  á  los  hi- 
jos los  mrs.  de  este  juro. 

(9)  Y  allí  día  13  de  agosto  confirmó  el  cuaderno  de  Hermandad 
hecho  en  junta  de  Dueñas  el  dia  25  de  julio. 

(10)  Iba  caminando  á  ese  destino  el  dia  18  de  junio,  en  que  en 
Guevara,  lugar  fuerte  del  conde  de  Oñate  después  de  Vitoria  y  an- 
tes del  Puerto  de  San  Adrián,  por  donde  entonces  era  el  paso  más 
wmw  de  Álava  á  Guipúzcoa,  libró  á  «sta  última  provincia  la  cé- 


É  DO^A  ISABEL.  Ui 

ro  (11)  é  vino  la  Reina  áToro  desde  Segovia,  y  el  Rey 
á  1.°  dia  de  noviembre  de  este  año  cercó  á  Castro- 
Nuño  (12)  estando  la  Reina  en  Toro :  é  desde  To- 
ro (13)  partió  su  Alteza  á  üclés  sobre  lo  del  Maes- 
trazgo de  Santiago  :  de  allí  volvió  á  Ocafia  y  fué  á 
Toledo;  é  allí  vino  el  Rey  habiendo  ganado  á  Cas- 
tro-Nuño.  Fálleselo  este  año  dia  de  San  Martin  en 
Ocaña  á  11  de  noviembre,  D.  Rodrigo  Manrique 


dula  que  cita  el  P.  Henao,  tom.  ii,  pág.  392.  Pero  no  debió  pasar 
adelante  por  entonces  y  volvió  á  Vitoria,  donde  aun  nos  le  da  Zu- 
rita (lib.  19,  cap.  50)  en  29  del  mismo  mes.  Y  en  prueba  de  su 
puntualidad  tengo  la  carta  original  firmada  de  su  mano  y  refren- 
dada de  Felipe  Climente  su  protonotario,  secretario  y  de  su  Con- 
sejo, con  fecha  de  ese  día  29  de  junio  en  Vitoria ,  requiriendo  á 
los  alcaldes  de  Iturrla  y  valle  de  Amescoa,  en  la  merindad  de  Es- 
tella,  reino  de  Navarra,  para  que  hiciesen  volver  á  Juan  Sánchez 
de  Vicuña,  el  mozo,  vecino  de  Vicuña,  su  vasallo ,  una  yegua  que 
los  de  allá  le  habían  llevado,  ó  su  valor,  sin  darle  lugar  á  otro 
procedimiento  más  sensible.  Con  fecha  del  mismo  dia  29  de  junio 
en  Vitoria  libraron  Real  facultad  á  D.  Rodrigo  Ponce  de  León, 
Marqués  de  Cádiz,  Conde  de  Arcos  de  la  Frontera,  su  primo,  va- 
sallo y  de  su  Consejo  (que  así  le  llaman)  para  sacar  de  su  mayo- 
razgo las  ciudades  de  Cádiz  y  Arcos,  y  las  villas  de  Marchena,  Ro- 
ta, Bailen  y  Mairena,  y  otros  cualesquiera  lugares,  dignidades, 
oficios,  bienes  ¡y  ¡rentas,  y  dejarlos  libremente  ó  en  uno  ó  más 
mayorazgos  á  sus  hijas  Doña,  etc.  Y  en  9  y  17  de  julio  siguiente, 
en  cuyo  dia  partió  de  aquella  ciudad  para  Bilbao  á  prevenir  las  co- 
sas que  allí  dice,  donde  ya  estaba  el  dia  20.  En  el  30  se  hallaba  en 
Guernica,  donde  confirmó  y  juró,  como  Señor  nuevamente  venido 
á  Vizcaya,  los  fueros  de  aquel  señorío,  con  la  formalidad  que  se 
vé  en  el  mismo  privilegio,  impreso  á  continuación  de  los  del  dia, 
aunque  no  les  toca,  porque  estos  se  hicieron  posteriormente.  Allí 
se  dice  parte  del  acompañamiento  que  llevaba,  con  olvido  de  don 
Antonio  Carrillo,  obispo  de  Pamplona,  á  quien  los  vizcaínos  (que 
no  permitían  entrada  de  obispo  alguno  en  Vizcaya,  no  sé  por  qué 
aprehensión  antigua  retenida  en  los  fueros ,  que  once  años  des- 
pues  les  prescribió  Garci-Lopez  de  Chinchilla  enviado  para  ese  y 
otros  efectos  por  este  Rey  á  Vizcaya)  hicieron  salir  de  los  térmi- 
nos del  señorío;  y  porque  habla  pisado  tierra  de  él  en  contraven- 
ción á  sus  fueros  y  costumbres  ,  dieron  al  Rey  en  aquella  prime- 
ra vista  el  raro  y  enfático  espectáculo  de  recogerla,  quemarla  y 
arrojar  a!  mar  las  cenizas,  como  todo  lo  cuenta  D.  Juan  Margarit, 
después  Obispo  de  Gerona  y  Cardenal,  que  iba  en  el  viaje  y  lo 
presenció,  admirándolo  no  menos  que  todos.  Estuvo  el  Rey  en  Viz- 
caya dando  las  órdenes  parala  defensa  de  aque'lla  costa  contra  los 
franceses  (según  Zurita,  cap.  32)  hasta  el  15  de  agosto,  y  de  allí 
volvió  á  Vitoria  para  donde  tenia  aplazadas  vistas  con  su  padre  el 
Rey  D.  Juan  li  de  Aragón,  que  habia  llegado  á  aquella  ciudad  el 
13,  y  se  verificaron  á  breves  días  con  grande  lucimiento  y  aparato. 

(11)  Toro  se  entró  jueves  á  la  noche  19  de  setiembre,  y  la 
Reina  llegó  sábado  28,  y  la  fortaleza  se  rindió  sábado  19  de  octu- 
bre. Zurit.,  lib.  19,  cap.  58.  Pero  es  debido  hacer  aquí  mención  de 
la  noble  toresana  Antonia  García  y  su  marido  Juan  de  Monroy,  á 
quienes  los  Reyes  en  el  privilegio  que  concedieron  á  sus  hijas  y 
descendientes  confiesan  deberse  aquella  fortuna  á  costa  de  la  vida 
de  ella,  malamente  sacrificada  de  orden  del  Rey  de  Portugal,  que 
atribuyó  la  fidelidad  á  traición.  En  6  de  octubre,  en  Medina  del 
Campo  libraron  á  Rodrigo  de  ülloa  privilegio  de  juro  de  16,000 
maravedises  cada  año.  En  4  de  diciembre  confirmaron  un  privile' 
gio  á  Cuenca.  Pinel.,  pág.  87. 

(12)  Cubillas  y  Siete  Iglesias,  que  fué  un  dia  después  de  la  lle- 
gada del  Rey  á  Toro.  Zurit.,  ibid.,  cap.  58. 

(13)  En  4  de  diciembre  firmaron  allí  privilegio  á  Pedro  de  las 
Cuevas  de  un  juro  de  5.000  mrs.  En  5  de  Diciembre  fué  á  Ocaña, 
ocupó  aquella  villa  y  luego  á  Uclés ,  cuyo  convento  también  ase- 
guró á  su  poder,  y  estaba  de  vuelta  en  Ocaña  el  sábado  14  con  lo 
demás  que  escribe  Zurit.,  lib.  20,  cap.  1.°  y  2.*^,  donde  dice  que  el 
Rey  tuvo  la  Pascua  de  Navidad  en  Medina  del  Campo ,  y  de  allí 
pasó  á  Ocaña  donde  en  9  de  enero  ya  se  hallaba  pacificado,  por  la 
buena  diligencia  de  la  Reina,  todo  lo  correspondiente  á  la  pacili- 
cacion  del  maestrazgo  de  Santiago  en  aquella  provincia.  Y  aun 
se  añadió  la  felicidad  de  reducir  enteramente  á  su  servicio  á  dou 
Juan  Tellez  Girón,  conde  do  Urueüa, 


542 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Conde  de  Paredes,  Maestre  de  Santiago;  está  se- 
pultado en  el  convento  de  Uclés.  Fué  luego  Maestre 
en  acto  D.  Alonso  de  Cárdenas,  que  también  en  vida 
de  D.  Rodrigo  se  llamó  Maestre,  y  era  Comendador 
mayor  de  León.  Estas  cosas  y  otras  que  acaescieron 
este  afío  se  hallarán  mas  largamente  en  las  coróní- 
cas  de  latín  y  romance. 

Afío  1477. 

Este  año  estuvieron  los  Reyes  parte  de  él  en  To- 
ledo (1),  é  por  abril  partió  el  Rey  para  el  cerco  de 
Cantalapiedra  que  ya  estaba  cercada,  y  la  Reina 
para  Trujillo  (2);  é  habida  la  fortaleza,  que  la  tenia 
Pedro  de  Baeza  por  el  Marqués  de  Villena,  fué  de 
Cáceres  á  Sevilla  (3) ;  de  allí  á  Jerez  de  la  Frontera, 
y  tornó  á  Sevilla  donde  estuvo  todo  este  año  (4).  Y 
en  este  dicho  año  á  once  de  junio,  día  de  San  Berna- 
bé, en  la  noche  (5),  fálleselo  en  Salamanca  en  el  mo- 
nasterio de  San  Agustín  Fr.  Juan  de  Sagun,  y  co- 
menzó á  hacer  milagros  á  28  de  junio  de  1488,  vis- 
pera  de  San  Pedro  y  San  Pablo,  y  después  acá  ha 
hecho  muchos  milagros  (6).  Este  año  el  obispo  de 
León,  que  se  llamaba  el  Dr.  D.  Rodrigo  de  Vergara, 
natural  de  la  ciudad  de  Logroño,  hizo  matar  al  te- 
sorero de  la  Iglesia  que  se  llamaba  Pero  Baca,  que 
era  caballero  muy  emparentado  en  la  ciudad,  y  los 
parientes  de  dicho  tesorero  cercaron  al  obispo  en 
sus  casas,  y  él  se  salió  huyendo,  y  llegó  á  las  casas 
del  conde  de  Luna,  donde  le  mataron  estando  en 
las  faldas  de  la  condesa  (7).  Este  año  mataron  los 
de  Fuente  Ovejuna  á  D.  Hernán  Gómez  de  Guz- 
man,  Comendador  de  Calatrava,  que  era  hijo  de 
D.  Juan  Ramírez  de  Guzman,  que  ansimismo  fué 
Comendador  mayor  de  Clatrava  y  de  Otos,  y  le  ma- 
taron á  pedradas  en  su  casa.  Este  año  en  el  mes  de 
mayo  mataron  en  Sahelíces  de  los  Gallegos  á  García 
de  Sequeyra,  señor  de  aquella  villa.  Y  este  dicho  dia 


(1)  En  Madrid  á  9  de  marzo  conOrmaron  á  Valderas  su  esencion 
de  alcabalas  y  pechos.  Ximena,  Anal,  de  Jaén,  pág.  430. 

(2)  Donde  se  hallaba  á  20  de  junio.  Ziíñiga,  año  77,  núm.  1.°: 
habiendo  pasado  por  Guadalupe  en  10  de  mayo.  Ibíd.  núm.  i,  pá- 
gina 380. 

(5)  Estaba  en  Cáceres  á  4  de  julio.  Zúñlga  núm.  5,  y  en  25  en- 
tró con  palio  en  Sevilla.  Ibid. 

(4)  Y  el  Rey  que  entró  el  15  de  setiembre  y  permanecían  en  26. 
Zurita.  Estaban  en  Xerez  de  la  Frontera  á  20  y  28  de  octubre,  en 
utrera  á  9  y  16  de  noviembre,  y  ya  en  Sevilla  de  vuelta  el  20.  Zú- 
fiiga,  nüms.  8  y  9. 

(5)  De  1478.  Vid.  Fr.  Juan  de  Sevilla  Ap.  Herrera  Historia  de 
Satt  Agustín  de  Salamanca,  pág.  67,  68  y  265. 

(6)  En  este  año  á  12  de  marzo  murió  en  Roma  D.  Juan  Diaz  de 
Covarrubias  y  Coca,  auditor  y  decano  de  la  Sacra  Rota,  obispo  de 
Calahorra  y  antes  de  Oviedo,  y  primero  Dean  de  Burgos,  natural 
de  aquella  ciudad,  en  edad  de  77  años.  Sepultáronle  en  la  Miner- 
va, de  donde  sus  huesos  fueron  trasladados  el  aflo  1480  á  la  capi- 
lla de  la  Visitación  de  la  Catedral  de  su  patria,  á  quien  dejó  por 
heredera.  Gil  González,  Teat.  ecles.,  tom.  ii,  pág.  364.  Salazar,  Ad- 
vertenc.  historie,  pág.  247.  Sucedióle  en  la  silla  de  Calahorra  Don 
Fr.  Juan  de  Quemada,  natural  de  Toledo  y  visitador  general  de  su 
arzobispado,  que  murió  el  año  siguiente  1478.  Tejada,  Historia  de 
Sanio  Domingo  de  la  Calzada,  pág.  397,  núm.  4  y  5.  Y  le  sucedió 
D.  Pedro  de  Aranda,  natural  también  de  Dúrgos,  que  luego  fué 
Presidente  del  Consejo  hasta  el  año  1494  de  su  muerte. 

(7)  Garibay,  lib.  18,  cap.  13,  tom.  ii,  pág.  610,  col.  2,  tomándolo 
de  aquí.  Véase  hoy  al  P.  M.  Risco,  tom.  56,  donde  individualiza 
circunstancias  muy  particulares  que  bubo  en  este  raro  caso. 


de  San  Esteban  á  26  de  diciembre  un  eScudéto  mtttS 
al  Duque  de  Milán,  que  se  llamaba  Galeazo,  y  es- 
tando á  unas  oyendo  misa,  porque  le  tomó  á  su  mu- 
jer, el  cual  fué  luego  muerto  allí  por  las  guardas  del 
Duque. 

aSo  1478. 

Este  año  estuvieron  los  Reyes  en  Sevilla  (8) 
hasta  que  nasció  el  príncipe  D.  Juan,  que  fué  á  28 
de  junio  (9).  En  este  año  fué  lo  de  Castronuño¡(10). 
E  á  cabo  del  año  vinieron  á  Córdoba,  é  allí  estuvie- 
ron hasta  en¡fin  del  año.  Miércoles  á  29  (11)  de  julio 
de  este  año  de  78,  hubo  eclipsi  del  todo  scuro  (12). 

ASfo  1479. 

En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Córdoba  (13),  y  desde  allí  fueron  á  Guadalupe,  don- 
de juraron  las  paces  con  Francia  (14).  E  allí  vino 
nueva  de  la  muerte  del  Rey  D.  Juan  de  Aragón, 
padre  del  Rey  D.  Fernando,  y  fué  un  martes  á  19 
de  enero  en  Barcelona.  E  de  allí  fué  la  Reina  á  Cá- 
ceres, y  desde  allí  á  Alcántara  á  las  vistas  con  la 
Señora  Infanta  Doña  Beatriz,  madre  del  Rey  Don 
Manuel  y  de  la  Reina  Doña  Leonor,  mujer  del  Rey 


(8)  De  donde  vino  el  Rey  á  Madrid  por  febrero,  y  allí  tuvo  junta 
de  los  diputados  de  las  hermandades,  y  logró  se  prorogasen  por 
tres  afios  mas,  mandando  lo  mismo  por  lo  tocante  á  las  de  Vizca- 
ya. Permanecía  allí  á  24  de  marzo  y  se  detuvo  hasta  fin  de  abril. 
Zurita,  lib.  20,  cap.  21.  Zúñiga,  año  78,  núm.  1.° 

(9)  Zurita,  lib.  20,  cap.  22,  le  cita  é  impugna  diciendo  que  fué  á 
postrero  á  las  once  del  dia,  y  que  se  bautizó  el  dia  13  de  julio  si- 
guiente, y  dice  fué  padrino  Nicolás  Franco,  obispo  Paternino,  le- 
gado del  Papa  en  España,  que  era  veneciano ,  asistiendo  también 
al  acto  los  embajadores  de  aquella  República  en  nuestra  Corte,  y 
los  Grandes  y  ciudad  con  el  grande  esplendor  que  correspondía  á 
un  Príncipe  heredero  tan  deseado,  como  por  menor  se  podrá  ver 
en  Zúñiga,  año  78,  núm.  2.",  donde  califica  haber  sido  el  dia  del 
nacimiento  el  que  dice  Zurita,  con  la  carta  de  aviso  que  en  el  dia 
siguiente  1.*  de  julio  escribió  el  Rey  participándolo  á  los  pueblos. 
Añade,  núm.  3,  que  salió  la  Reina  á  misa  de  parida  á  la  Santa 
iglesia  el  domingo  9  de  agosto,  cuya  lucidísima  función  dejó  es- 
crita el  cura  de  los  Palacios,  testigo  de  vista  que  allí  copia.  Dón- 
de estuvieron  los  Reyes  después  por  todo  el  año.  Véase  allí  desde 
el  núm.  4. 

(10)  En  Sevilla  á  21  de  agosto  de  este  año  1478  libraron  privile- 
gio á  D.  Andrés  de  Cabrera  y  Doña  Beatriz  de  Bobadilla,  sumu- 
ger,  primeros  Marqueses  de  Moya  que  fueron  luego,  haciéndoles 
merced  del  señorío  de  la  casa  y  lagar  de  Ormaza,  confiscado  i 
Gonzalo  Muñoz  de  Castañeda,  por  haber  seguido  la  voz  del  Rey  de 
Portugal.  Pinel,  fieíraío  ¿e/ ¿«en  «asa/Zo,  pág.  267,  cuyo  privilegio 
revocaron  luego  por  haberle  perdonado.  En  18  de  setiembre  aun 
permanecían  en  Sevilla,  donde  libraron  la  pragmática  198  contra 
los  de  Córdoba  y  su  jurisdicción,  que  á  pretexto  de  ser  exentos 
de  pedidos  y  monedas,  extendían  la  exención  á  todos  los  demás 
tributos  y  pechos.  En  30  de  setiembre  en  Sevilla,  título  de  Mar- 
qués de  Gibraltará  D.  Enrique  de  Guzman,  Duque  de  Medina  Si- 
donia.  Ayala.  En  15  de  noviembre  estaban  en  Sevilla.  Concord.  de 
la  mest.,  tom.  i ,  folio  180  vuelto,  núm  920. 

(11)  Á  19  dice  Zúñiga,  citando  al  cura  de  los  Palacios,  testigo 
ocular,  año  78,  núm.  4. 

(12)  Vid.  el  cura  de  los  Palacios  en  Zúñiga,  pág.  584,  núm.  4. 

(13)  En  30  de  enero  libraron  al  Duque  y  Duquesa  de  Alba  Don 
García  Alvarez  de  Toledo  y  Doña  María  Enriquez,  facultad  Real 
para  fundar  mayorazgos  de  sus  estados  y  bienes.  Salaz.,  Memorial 
del  marqués  de  Yillafranca ,  pág.  135  y  134. 

(14)  No  ya  en  Córdoba,  sino  en  Guadalupe,  libraron  carta  á  Sevi- 
lla á  8  de  enero,  donde  se  mantenían  e  116;  pero  en  el  22  de  él  y  á 
7  y  19  de  febrero  se  hallaban  en  Trujillo.  ZúQiga  eu  este  año,  nii- 
mero  l.  Zurita,  lib.  20,  cap.  27  y  28. 


DON  FERNANDO 
D.  Juan  de  Portugal.  Y  de  esta  Doña  Beatriz  era 
hermana  Doña  Isabel,  madre  de  la  Reina  Católica 
Doña  Isabel;  la  cual  de  allí  se  volvió  á  Cáceres,  y 
de  Cáceres  (1)  á  Trujillo,  donde  estuvo  en  tanto 
que  fué  la  batalla  de  la  Albuera,  martes  de  carnes- 
tolendas á  28  de  Lebrero,  á  donde  fué  vencido  el 
Rey  de  Portugal,  mediante  la  ayuda  que  el  Maestre 
de  Santiago  D,  Alonso  de  Cárdenas  hizo.  E  fueron 
los  cercos  de  Herida  é  Medellin,  y  Montanches,  y 
Castilnovo,  y  Deleitosa,  y  Magacela,  y  Zalamea,  y 
Bienqueroncia  é  Armón chon  de  la  orden  de  Alcán- 
tara, y  se  firmaron  las  paces  de  Portugal  (2)  ;  y  de 
allí  vinieron  los  Reyes  á  Guadalupe,  y  de  allí  á  To- 
ledo en  el  mee  de  octubre  de  este  año  (3).  Y  en  el 
mes  de  noviembre  nasció  la  Señora  Infanta  Doña 
Juana,  que  casó  con  el  Archiduque  D.  Felipe,  conde 
de  Flándes,  hijo  del  Emperador  Maximiliano,  y  de 
Madama  María,  hija  del  duque  Charles  y  Madama 
Catalina  de  Borbon. 

Afío  1480. 

Este  año  hicieron  los  Reyes  Cortes  en  Toledo  (4), 
é  hicieron  las  Leyes  y  las  Declaratorias,  todo  tan 
bien  mirado  y  ordenado,  que  páresela  obra  divina 
para  remedio  y  ordenación  de  las  desórdenes  pasa- 
das (5).  E  allí  estuvieron  hasta  en  fin  del  año,  que 
partieron  para  Medina  del  Campo,  donde  quedó  la 
Reina  (6),  y  de  allí  fué  el  Rey  á  Calatayud  é  á  Za- 
ragoza. 

ASfo  1481. 

Este  año  estuvieron  los  Reyes  en  Aragón  y  Bar- 
celona y  Valencia,  y  en  fin  de  él  volvieron  á  Medi- 

(1)  Estaban  los  Reyes  en  Cáceres  á  fin  de  marzo  y  11  de  mayo. 
Zurila,  lib.  20,  cap.  32.  Zúñiga,  año  79,  núm.  4.  Y  permanecieron 
allí  hasta  22  de  mayo  (no  marzo  como  se  impriraiú  en  Zurita),  en 
cuyo  dia  vinieron  juntos  á  Trujillo,  donde  el  sábado  5  de  junio  se 
separaron,  porque  quedando  allí  la  Reina,  el  Rey  se  partió  para 
Aragón  á  jurarse  Rey  de  aquellos  reinos  por  muerte  de  su  padre, 
donde  entró  en  22  de  dicho  mes,  habiendo  caminado  por  Guada- 
lupe y  Santa  Olalla,  donde  se  halló  en  10  de  él.  Zurita,  donde  arri- 
ba. La  Reina  permanecía  en  Trujillo  á  28  de  agosto. 

(2)  Cuya  conclusión  avisó  la  Reina  á  Sevilla  desde  la  villa  de 
Almaraz  á  5  de  octubre.  Zúfiíga  cita  núm.  i. 

(5)  Esto  está  malo.  Los  Reyes  no  vinieron  juntos  ni  en  ese 
tiempo.  Queda  visto  que  el  Rey  pasó  para  Aragón  solo  en  el  mes 
de  junio.  La  Reina  quedó  en  Trujillo,  donde  se  hallaba  aun  en  28 
de  agosto,  como  acredita  con  documento  Züñiga,  nüra.  4,  y  allí 
mismo  que  estaba  en  Almaraz  de  Extremadura  á  5  de  octubre.  En 
21,  pues,  de  este,  acredita  él  mismo  con  carta  suya  se  hallaba  ya 
en  Toledo,  adonde  volvió  el  Rey  de  Aragón  pocos  dias  antes  de 
parir  allí  la  Reina  á  la  Infanta  Doña  Juana,  después  su  sucesora, 
el  dia  sábado  6  de  noviembre  entre  las  6  y  7  de  la  mañana.  Zurita, 
libro  20,  cap.  34. 

(4;  En  dos  de  mayo  libraron  allí  la  á  villa  de  Salvatierra  de 
Álava  privilegio  con  inserción  de  otros  de  sus  antecesores,  en  que 
se  la  conürmaron  generalmente  los  suyos. 

(5)  Salazar  de  Mendoza  en  la  crónica  del  cardenal  Mendoza,  li- 
bro 1,  cap.  31,  pág.  174,  cita  y  alaba  este  lugar  de  Galindez  en  su 
JSemorial  ó  Registro. 

(G)  Estaban  ya  allí  el  dia  29  de  setiembre,  en  que  libraron  la 
pragmática  inserta  en  la  17,  y  en  el  día  9  de  noviembre,  en  que  la 
Reina  sola  libró  cédula  que  he  visto  original,  firmada  de  su  mano 
y  refrendada  de  Diego  de  Santander,  su  secretario,  para  que  los 
aposentadores  no  diesen  huéspedes  allí  en  la  posada  en  que  habia 
de  estar  el  doctor  Juan  Ruiz  de  Medina  de  su  Consejo,  ni  en  casa 
de  Pedro  Fernandez  de  Rincón,  que  asimismo  habia  de  tener  por 
posadas,  no  obstante  que  dicho  doctor  no  se  hallase  en  la  dicha 
villa,  por  cuanto  su  Alteza  le  enviaba  á  algunas  cosas  cumplideras 
^  su  servicio  fuera  de  esta  villa. 


É  DONA  ISABEL.  543 

na  del  Campo,  á  donde  acaesció  la  diferencia  entre 
D.  Fadrique  Enriquez,  hijo  mayor  del  Almirante 
D.  Alonso  Enriquez,  y  Ramir-Nuñez  de  Guzman, 
Señor  de  Toral,  en  lo  cual  el  coronista  de  romaneo 
queda  asaz  falto  y  diminuto  en  perjuicio  de  par- 
tes (7). 

Afío  1482. 

En  principio  de  este  año  se  ganó  Alhama  postre- 
ro dia  de  hebrero  (8)  que  fué  la  primera  cosa  que 
se  ganó  del  reino  de  Granada ,  en  que  se  halló  Don 
Rodrigo  Ponce  de  León,  Marqués  que  se  decia  de 
Cáliz  (9) ;  y  partieron  los  Reyes  con  la  nueva  al  so- 
corro de  Alhama,  que  la  cercaron  los  moros.  Y  ea 
este  año  estuvieron  sus  Altezas  en  la  Andalucía ,  y 
nació  en  Córdoba  la  Infanta  Doña  María,  que  fué 
Reina  de  Portugal,  segunda  muger  del  Rey  Don 
Manuel,  cuyo  hijo  es  el  Rey  D.  Juan  de  Portugal, 
que  después  casó  (10)  con  la  Infanta  Doña  Catalina^ 
hermana  del  Rey  D.  Carlos ,  nuestro  Señor.  En  este 
año  á  13  de  julio  mataron  loa  moros  de  una  saeta- 
da con  yerba  en  el  Real  de  sobre  Loja  á  D.  Rodri- 
go Tellez  Girón,  Maestre  de  Calatrava.  En  este  año 
á  1."  de  julio  murió  en  Alcalá  de  Henares  D.  Alon- 
so Carrillo,  Arzobispo  de  Toledo  (11);  sucedió  en  bu 

(7)  Año  1481,  en  .alladolid  á  28  de  febrero,  la  Rema  dio  la 
carta  de  comisión  y  creencia  al  Reverendo  Señor  D.  Juan  de  Or- 
tega, provisor  de  Villafranca,  sacristán  de  SS.  AA.,  y  Alonso  do 
Quintanilla,  su  contador  mayor,  directores  de  las  hermandades,  y 
como  tales  enviados  'según  Pulgar,  este  año,  cap.  99j  á  Vizcaya, 
Guipúzcoa  y  Montañas  á  diligenciar  naos,  gente,  vitu  illas,  armas 
y  artillería  para  la  armada  contra  el  Turco,  que  infestaba  cruel- 
mente el  reino  de  Sicilia  y  otros  puertos  de  la  cristiandad.  Estos 
comisarios  parece  que  también  llevaban  comisión  para  sacar  con 
buenas  artes  el  mas  dinero  que  pudiesen,  pues  aun  de  esta  espe- 
cie también  había  falta.  Así  lo  hicieron  (dice  Pulgar)  con  los  lu- 
gares de  las  Behetrías  juntos  por  sus  Procuradores  en  la  ciudad 
de  Burgos,  donde  redimieron  á  dinero  la  antigua  obligación  (que 
para  esta  ocasión  no  se  olvidó)  de  dar  galeotes  para  las  armadas. 
Estos  comisionados  pasando  de  allí  llegaron  á  Vitoria  y  presenta- 
ron su  credencial  á  la  junta  general  de  la  provincia  y  hermandades 
de  Álava,  dia  22  de  marzo  de  este  año,  hallándose  diputado  de 
ellas  Lope  López  de  Ayala,  aunque  Pulgar  no  habla  de  esta  pro- 
vincia; y  tuvieron  tal  maña,  que  por  buena  composición  les  saca- 
ron un  servicio  de  500.000  mrs.  en  dinero,  aunque  fuese  con  la 
protesta  que  su  diputado  y  procuradores  hicieron  de  que  esto  no 
causase  perjuicio  y  ejemplar  á  sus  exenciones,  franquezas  y  pri- 
vilegios. Acta  y  adjunta  la  carta,  cax.  G.,  tít.  32.  Archivo  de  la  pro- 
vincia. En  dos  de  abril  del  mismo  año  1481  libraron  en  Valladolid 
la  pragmática  195,  interpretando  y  declarando  el  privilegio  de  las 
exenciones  de  Simancas.  Este  año,  dia  4  de  abril,  estaba  la  Reina 
en  Valladolid.  Cédula  que  imprimió  Salazar,  Cas.  Lar.  tomo  iv„  pá- 
gina 93.  En  13  de  agosto  en  Tordesillas,  Concordia  de  la  Mcsía, 
fol.  151,  núm.  834. 

(8)  Del  dia  en  que  se  ganó,  por  quiénes  y  cómo  hay  una  carta 
original  en  Alderete,  Antigüed.  de  Esp.,  pág.  214,  la  cual  se  debe 
poner  aquí  porque  es  muy  apreciable.  Vid.  Francisco  Guzman. 
Nobiliario  verb..  Ortega ,  fol.  71  vuelto. 

(9)  En  20  de  marzo  estaban  en  Medina  d?l  Campo.  Concord.  de 
la  Mest.,  fol.  151,  número  857,  y  pragmática  197. 

(10)  En  Estremozá  5  de  febrero  de  1525,  dice  Mariana  en  el  su- 
mario. Sandoval  lo  toca  tres  veces  y  nunca  señala  el  mes  y  dia, 
mas  de  que  el  casamiento  se  habia  contratado  en  Valladolid  en 
el  verano  antecedente,  lib.  11 ,  §  25  y  27  al  fin,  y  lib.  12,  §  14. 
Sayas,  Anales  de  Aragón,  cap.  119,  pág.  748. 

(11)  El  mismo  dia  señala  Zurita,  lib.  20,  cap.  43,  tora,  iv,  y  Zü- 
ñiga en  los  Anal,  de  Sevilla,  pág.  393,  advierte  con  oportunidad  y 
utilidad  haber  sido  esta  la  primera  vacante  á  que  no  concurrió 
postulación  del  Cabildo  teco.,  por  la  gracia  que  ya  tos  heyes  tentar^ 


544 

dignidad  el  Cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendo- 
za, que  era  Arzobispo  de  Sevilla;  y  sucedió  en  Se- 
villa D.  Iñigo  Manrique,  obispo  que  era  de  Jaén,  y 
Jaén  se  dio  á  D.  Luis  Osorio,  hermano  de  D.  Alvar 
Pérez  Osorio,  primer  Marqués  de  Astorga,  Y  fálles- 
elo este  año  por  mayo  D.  Gabriel  Manrique,  pri- 
mer Conde  de  Osorno  :  y  musió  en  este  año  por  he- 
brero  D.  Alvar  Pérez  de  Guzman,  Señor  de  Santa 
Olalla  (1). 

AÑO  1483. 
Este  año  taló  el  Eey  la  vega  de  Granada  y  la 
corrió,  y  basteció  á  Alhama,  é  tomó  é  derribó  á  Ta- 
zara. En  este  año  murió  el  conde  de  Lemos,  D.  Pe- 
dro Alvarez  Osorio  ,  en  hebrero.  Y  en  este  mesmo 
año  fué  el  desbarate  del  Maestre  de  Santiago  é 
Marqués  de  Cáliz  en  el  Ajarquia ,  que  se  dijo  la  de 
las  lomas  de  Málaga,  dia  de  San  Benito,  21  de  mar- 
zo (2).  La  Eeina  estuvo  este  año  en  Santo  Domin- 
go de  la  Calzada  y  en  Vizcaya,  y  la  Navidad  en  Vi- 
toria, á  donde  vino  el  Rey  que  venia  de  Aragón.  En 
este  año  fué  preso  el  Rey  Muley  Boabdech  de  Gra- 
nada, que  llamaban  el  Chiquito,  que  le  prendieron 
el  Conde  de  Cabra  y  el  alcaide  de  los  Donceles ,  y 
desbarataron  los  moros,  y  mataron  ó  prendieron 
gran  muchedumbre  de  ellos. 

aSo  1484. 

Este  año  partieron  los  Reyes  en  principio  de  él  (3) 
desde  Vitoria,  y  fueron  á  Tarazona,  y  de  allí  vinie- 
ron á  Guadalajara,  é  á  Toledo,  é  á  Córdoba  (4),  y  en 
el  mes  de  julio  ganaron  á  lUora,  y  en  el  de  septiem- 
bre á  Setenel,  é  invernaron  en  Sevilla.  Este  año  fué 
el  Rey  al  ardid  de  tomar  la  villa  de  Leja,  y  no  se 
hizo  (5). 

&So  1485 

Este  año  ganaron  los  Reyes  á  Ronda  é  su  tierra, 
é  Coin,  é  Cártama  é  otras  muchas  villas  é  fortalezas, 
é  ganaron  á  Cambiel.  Este  año  al  septiembre  fué  des- 
baratado el  Conde  de  Cabra ,  yendo  á  cercar  á  Mo- 
clin.  E  fueron  los  Reyes  á  invernar  á  Alcalá  de  He- 
nares. Y  este  año  lluvió  desde  Todos  Santos  hasta  en 

obtenida  para  presentar  todas  las  iglesias  de  sus  reinos,  perdiendo 
asi  los  cabildos  su  mayor  preeminencia.  Los  motivos,  fundamen- 
tos y  antecedentes  que  hubo  para  esto,  se  podrán  ver  con  exten- 
sión en  el  doctor  Salazar  de  Mendoza,  Crónica  del  cardenal  Men- 
doza, líb,  1,  cap.  52  por  todo  él. 

(1)  En  13  de  agosto  de  82  en  Soria.  Quad.  de  la  líes/. allí,  nú- 
mero 843,  pero  puede  ser  equivocación.  En  30  de  agosto  en  Cór- 
doba crearon  en  ducado  la  ciudnd  de  Nájera  ,  y  dieron  título  per- 
petuo de  Duque  de  ella  á  D.  Pedro  Manrique,  Conde  de  Trevifío. 
Salaz.,  Cas.  de  Lar.,  tom.  ii,  pág.  113,  y  tora,  iv,  pág.  293. 

(2)  En  Madrid  á  2(i  de  abril  libraron  la  pragmática  136,  excep- 
tuando de  la  ley  de  Toledo  y  de  los  oflcios  acrecentados  manda- 
dos por  ella  consumir»  los  pertenecientes  á  hijos  de  los  que  hu- 
biesen muerto  ó  murieren  en  la  guerra  de  los  moros,  siéndoles 
renunciados,  y  ellos  mayores  de  18  años  para  servirlos. 

(3)  No  debió  ser  tan  al  principio  de  él,  pues  á  6  de  abril  en  Ma- 
drid libraron  á  Rodrigo  de  Ulloa,  su  contador  mayor,  un  privile- 
gio de  juro  de  57.500  mrs.  en  cada  año. 

(41  En  Córdoba  á  tres  de  setiembre  libraron  la  pragmática  179, 
prohibiendo  entrar  sal  fuera  del  reino. 

(5)  Gracias  al  valerosísimo  y  diestro  escalador  leonés  Ortega 
de  Prado,  por  cuyo  desengafío  se  logró  que  el  Rey  no  aventurara 
Hlli  todo  su  ejército,  no  bien  aconsejado  por  servidores  de  menos 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


fin  de  enero  (6).  Y  en  este  año  nasció  en  Alcalá  de 
Henares  á  16  de  enero  (7)  la  Infanta  Doña  Catalina, 
Reina  que  después  fué  de  Inglaterra,  que  casó  pri- 
mero con  el  Príncipe  Arcturo,  y  aquel  fallecido,  casó 
con  Henrique  su  hermano,  Rey  que  hoy  es  de  In- 
glaterra. Y  en  este  año  por  el  mes  de  mayo  fálleselo 
en  Valladolid  el  Almirante  Don  Alonso  Enriquez, 
que  está  sepultado  en  San  Francisco  de  Palencia  (8). 

aSo  1486. 
En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Alcalá  de  Henares,  y  desde  allí  se  fueron  á  Córdo- 
ba. Y  ese  verano,  ganaron  á  Loja,  lUora,  Moclin, 
Montefrio  y  Colomera.  Y  este  año  fueron  los  Reyes 
en  romería  á  Santiago,  y  de  camino  cobraron  á  Pon- 
ferrada  y  otras  villas  y  fortalezas  (9)  y  volvieron  á 
tener  el  invierno  á  Salamanca. 

Afio  1487. 
Este  año  estuvieron  los  Reyes  en  Salamanca  (10)  y 
á  principio  del  invierno  en  Córdoba,  y  fueron  á  cer- 
car á  Velez-Málaga,  y  fué  cercada  un  dia  después 
de  Pascua  de  Resurrección,  19  de  abril,  y  fué  ga- 
nada Velez.  Y  cercaron  á  Málaga  á  17  de  mayo  del 
dicho,  y  fué  ganada  el  mes  de  septiembre  (11)  y  fue- 
ron tomados  cautivos  todos  los  moros  y  sus  bienes, 
y  volvieron  este  invierno  los  Reyes  á  Zaragoza  (12). 

aSío  1488. 
Estuvieron  los  Reyes  en  principio  de  este  año  en 
Zaragoza  (13),'y  de  allí  fueron  á  Valencia  (14),  y  de 

(6)  Terrible  peste  y  aguaceros  de  este  año  y  el  siguiente.  Pul- 
gar, 3.'  parte,  cap.  54.  Véase  otra  al  año  1488. 

(7)  Diciembre,  dice  Zurita,  lib.  20,  cap.  64  al  fln,  y  también  Flo- 
rez  en  las  Reinas,  pág.  848,  aunque  señala  el  dia  15. 

(8)  Y  en  30  de  octubre  ó  poco  después,  en  Linares  de  Sierra- 
Morena,  D.  Alonso  de  Aragón,  Duque  de  Villahermosa,  hermano 
bastardo  del  Hey,  cuya  muerte  pone  mas  adelante  en  el  año  89. 
Este  año  dice  Riol,  núm.  23,  en  su  Informe  del  Archivo  de  Siman- 
cas á  Felipe  V,  se  hizo  concordato  entre  Roma  y  España  sobre 
provisión  de  obispados,  la  cual  descubrió  en  dicho  archivo. 

(9)  Del  color  con  que  el  Conde  de  Lemos  decía  haberse  apode- 
rado de  Ponfcrrada,  veráse  al  Señor  Palacios  Rubios,  De  donatio- 
nib.  ad  rubric,  §  65,  núm.  61  et  62. 

(10)  Donde  libraron  en  28  de  enero  la  pragmática  193  sobre  las 
hidalguías  venales  del  tiempo  del  Rey  D.  Enrique,  su  antecesor. 
Y  pasó  en  Salamanca  lo  demás  que  refiere  su  cronista  Pulgar. 

(11)  A  18  de  agosto  de  este  año,  según  la  crónica,  en  los  dos 
impresos  y  en  mi  manuscrito  coetáneo,  cap.  206,  la  crónica,  3.* 
parte,  cap.  93.  Zurita,  en  el  lib.  20,  cap.  76,  tomo  iv,  lo  pone  en 
general  después  de  6  de  setiembre  y  por  resulta  de  la  muerte  del 
Duque  D.  Alvaro,  que  se  pone  aquí  luego. 

(12)  Donde  libraron  en  24  de  diciembre  á  los  lugares  del  valle 
de  Orduña  conQrmaciou  condicional  de  una  sentencia  y  despacho 
con  su  inserción  que  tienen  á  su  favor  de  la  chancillería  del  Rey 
D.  Juan  I,  librado  por  sus  Oidores  en  Valladolid  á  7  de  diciembre 
de  1385  del  pleito  sobre  entramiento,  litigado  con  D.  Fr.  Fernán 
Pérez  de  Ayala,  su  señor.  En  este  año  1487  fué  proveído  obispo 
de  Oviedo  D.  Juan  Arias  del  Villar,  deán  de  Sevilla  y  del  Consejo 
de  los  Reyes.  Tomó  posesión  en  23  de  agosto  y  le  rigió  juntamente 
con  la  presidencia  de  Valladolid,  que  se  le  dio  en  1492  hasta  1498, 
en  que  fué  promovido  á  Segovia.  Risco,  tom.  xxxix,  pág.  75  y  76. 

(13)  En  Zaragoza ,  donde  á  15  de  enero  confirmaron  á  la  provin- 
cia y  hermandades  de  Álava  el  cuaderno  de  las  ordenanzas  con 
que  hoy  mismo  se  rigen  y  gobiernan,  dadas  por  3  comisarios  con- 
sejeros del  Rey  D.  Enrique  IV  el  año  1463,  como  se  podrá  ver  por 
el  mismo  cuaderno  en  las  dos  impresiones  de  1607  en  Valladolid 
y  1765  en  Vitoria. 

(14)  Donde  á  12  de  abril  libraron  la  pragmática  sobre  la  ley  d; 
la  plata,  e te,  que  «s  la  12?  de  su  cokc«ioA. 


DON  FEENANDO 
sin  á  Murcia  (1),  y  ganaron  este  año  á  Vera,  Velez 
Blanco  y  Bubio ,  Huezca,  Muxecar  y  otras  villas  y 
castillos ;  y  fueron  á  tener  el  invierno  á  Medina  del 
Campo  (2).  Y  en  fin  de  este  año  á  10  de  octubre  re- 
cobraron los  Reyes  á  Plasencia  por  mano  de  los 
Carvajales  y  de  otros  caballeros  (3).  Y  en  este  año 
por  el  mes  de  mayo  murió  D.  Alvaro ,  duque  que 
era  de  Plasencia ,  hijo  de  D,  Pedro,  primero  Conde 
de  este  linaje.  Y  fálleselo  D.  García  Alvarez,  duque 
de  Alva  por  el  mismo  mes  de  mayo  (4) ,  y  sucedió 
BU  hijo  D.  Fadrique ;  y  en  este  mismo  mes  murió 
D.  García  Alvarez  de  Toledo,  obispo  de  Astorga,  y 
le  sucedió  D.  Bernardino  de  Carabajal,  que  después 
fué  obispo  de  Badajoz,  Cartagena ,  Sigüenza,  Pla- 
sencia, y  Cardenal  de  Santa  Cruz,  que  murió  en  Ro- 
ma á  16  de  septiembre  del  año  de  mil  quinientos 
veinte  y  tres, 

AÑO  1489. 

Este  afio  (5)  vinieron  los  Reyes  á  la  Andalucía 
por  Guadalupe,  y  cercaron  (6)  á  Baza,  y  en  fin  del 
afio  la  ganaron,  é  á  Guadix,  Almería  y  Mufiecar,  é  á 
Salobreña  (7)  con  todas  las  Alpujarras,  y  tuvieron 
el  invierno  en  Sevilla.  Este  afio  por  el  mes  de  sep- 
tiembre, á  16  dias  andados,  murió  D.  García  López 
de  Padilla,  maestre  de  Calatrava,  y  tomaron  la  ad- 
ministración los  Reyes  por  autoridad  apostólica ;  é 
hoy  está  incorporado  él  y  los  otros  maestrazgos  por 
bula  apostólica  que  concedió  Adriano  VI.  Y  mu- 
rió (8)  D.  Alonso  de  Aragón,  duque  de  Villa-Her- 
mosa, hermano  bastardo  del  Rey  D.  Fernando ;  y 
D.  Pedro  de  Ayala,  conde  de  Fuensalida,  el  cual 
fálleselo  en  fin  de  este  afío  en  Salamanca,  donde  era 
Corregidor. 

AÑO  1490. 

En  principio  de  este  afio  estuvieron  los  Reyes  en 

(1)  Donde  en  30  de  j alio  libró  la  Reina  á  DoSa  María  Zapata, 
en  nombre  de  D.  Pedro  Bazan  su  hijo,  Vizconde  de  Palacios,  la 
cédula  inserta  en  la  que  se  imprime,  lib.  5,  tit.  8,  fol.  160  de  las 
Orden,  de  la  C^ancilleria  de  YalladoM. 

(i)  En  8  de  octutre  estaban  en  Valladolid.  Cédulas  en  Salazar, 
Casa  de  Lar  a,  tom.  iv,  pág.  576,  y  en  las  Ordenanzas  de  la  Chan- 
eilleria,  lib.  5,  tlt.  8,  fol.  160. 

(3)  Consta  de  documento  del  dia  20  que  estaba  el  Rey  en  Pla- 
sencia, y  que  en  ese  dia  les  juró  los  fueros  y  privilegios.  P.  Fer- 
nandez, Anal,  de  Plasene.,  lib.  2,  cap.  13,  pág.  152.  Aguaceros  ter- 
ribles de  este  año.  Pulgar,  3.'  part.,  cap.  103  al  fin. 

(4)  Dia  20  de  junio,  habiendo  antes  fundado  por  escritura  de  16 
de  octubre  del  afio  anterior  87,  cinco  ilustres  mayorazgos  para 
cinco  ilustres  hijos,  titulándose  en  ella  Duque  de  Alba,  Marqués 
de  Coria ,  Conde  de  Salvatierra  y  Sefior  de  Valdecorneja ,  sin 
ejemplar  hasta  entonces  en  Castilla  de  haber  concurrido  juntos 
en  un  personaje  los  títulos  de  Duque,  Conde,  Marqués  y  Señor. 
Salaz.,  Memorial  del  Marqués  de  Vtllafranca,  pág.  112. 

(5)  A  26  de  enero  en  Valladolid  libraron  un  privilegio  de  juro 
de  3.000  mrs.  á  Rodrigo  de  UUoa,  su  contador,  Señor  que  fué  de 
la  Mota. 

(6)  A  6  de  marzo  de  89  en  Medina  del  Campo.  Concord.  Mesl., 
íol.  183  vuelto.  A  24  de  marzo  de  este  año,  en  Medina,  dieron  or- 
denanzas á  la  Chancilleria  de  Valladolid,  lib.  1.°  de  ellas,  tit.  3, 
número  82,  fol.  42  vuelto. 

(7)  A  26  de  mayo  estaban  en  Jaén.  Concord.  de  la  Mest.,  fo- 
lio 133,  núm.  845. 

(8)  No  murió  sino  en  el  año  1485,  como  expresamente  se  lo  en. 
mlenda  Zurita,  lib.  20,  cap.  6i,  tom.  iv,  fol.  339  vuelto.  Véase  su 
criado  Juan  Pérez  de  Vargas  ,  ms.  de  Linages, 

Cr.-IU. 


É  DOÑA  ISABEL.  645 

Sevilla  (9),  é  allí  se  desposó  la  Princesa  Doña  Isabel 
con  el  Príncipe  D.  Alonso  de  Portugal,  hijo  del  Rey 
D.  Juan,  y  nieto  del  Rey  D.  Alonso,  que  fué  venci- 
do en  la  de  Toro  (10),  y  casáronse  por  el  mes  de  no- 
viembre del  dicho  año.  Y  este  afio  taló  el  Rey  la 
vega  de  Granada,  y  volvieron  los  Reyes  á  Sevilla  ^ 
donde  estuvieron  el  invierno  (11). 

AÑO  1491. 

Estuvieron  los  Reyes  en  principio  de  este  afio  en 
Sevilla,  y  pasada  la  Pascua  florida  partieron  á  cer- 
car á  Granada  por  el  mes  de  abril,  y  entraron  por  el 
mes  de  mayo,  y  corrieron  la  Vega  y  quemaron  cier- 
tos lugares,  y  volvieron  á  poner  Real  sobre  la  ciu- 
dad, y  edificaron  la  ciudad  de  Saiita-Fé,  y  tuvieron 
el  invierno  en  dicho  Real.  Y  este  afio  tomaron  los 
Reyes  asiento  con  Cristóbal  Colon,  ginovés,  natural 
de  Saona,  sobre  el  descubrimiento  de  las  Indias  é 
Islas  del  mar  Occéano,  de  que  tanta  honra  y  prove- 
cho se  ha  seguido  á  estos  reinos  (12).  Este  año  fá- 
lleselo el  Príncipe  Don  Alonso  de  Portugal ,  á  13  de 
julio  de  una  coz  de  un  caballo  en  la  ciudad  de  Ebo- 
ra  (13).  Este  año  fueron  quitados  el  Presidente  é  oi- 
dores de  Valladolid  (14)  juntamente ,  porque  en  un 

(9)  Donde  en  6  de  mayo  libraron  á  la  universidad  de  Salamanca 
la  cédula  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria  de  Yalla- 
doM, lib.  5,  tit.  8,  fol.  161. 

(10)  Provisión  en  Córdoba  á  8  de  noviembre.  Salaz. ,  Casa  de 
Lar.,  tom.  ii,  pág.  120. 

(11)  Allí.  En  6  de  diciembre  de  él  libraron  privilegio  ai  con- 
vento de  San  Ildefonso  de  Toro,  confirmándole  un  juro  de  10.500 
maravedís  que  le  cedió  Rodrigo  de  Ulloa,  Señor  de  la  Mota,  con 
carga  de  ciertas  misas. 

(12)  El  primer  asiento  con  Colon  no  fué  en  este  afio,  sino  en  el 
siguiente  1492,  conquistada  ya  Granada,  y  estando  los  Reyes  en 
Santa  Fé  á  17  de  abril.  Züfiiga,  Anal,  de  Sevilla,  pág.  412.  En  los 
registros  originales  de  la  corona  de  Aragón,  conservados  en  su 
tesorería  general  de  Zaragoza ,  se  notó  lo  siguiente :  «  En  el  mes 
»de  abril  de  1492,  estando  los  Reyes  Católicos  en  la  villa  de  San- 
>ta  Fé  cerca  de  Granada,  capitularon  con  D.  Cristóbal  Colon  para 
»el  primer  viaje  de  las  Indias  ;  y  por  los  Reyes  lo  trató  su  secre- 
«tario  Juan  de  Colonia;  y  para  el  gasto  de  la  armada  prestó  Luis 
»de  Santangel,  escribano  de  raciones  de  Aragón,  17.000  florí- 
»nes  etc.»  Extractó  esta  memoria  Argensola  en  sus  Anales, 
continuando  los  de  Zurita,  lib.  1 ,  cap.  10,  pág.  100,  donde  añade 
lo  de  haber  salido  de  Aragón  el  primer  oro  con  que  se  equipó  el 
viaje  de  Colon;  con  el  primero  que  él  trajo  de  retorno  del  Nuevo- 
Mundo  que  descubrió,  mandó  años  después  el  Rey  Católico  se 
dorasen  los  techos  y  artesónados  de  la  sala  Real  del  palacio  de  la 
Aljafería  en  aquella  ciudad.  Habla  venido  Colon  á  España  y  se 
hallaba  en  eila  á  esta  solicitud  desde  el  año  1484.  Nuestros  Reyes, 
ocupados  entonces  en  las  conquistas  de  Andalucía,  no  pudieron 
oirle,  pero  llevaron  ¡a  política  de  entretenerle  hasia  que  las  con- 
cluyeron, y  él  mismo  asistió  á  ellas  y  les  sirvió  no  poco  con  su 
pericia  y  valor.  Hallándose  estos  Príncipes  en  Córdoba  á  12  de 
mayo  de  1489,  escribieron  con  esta  fecha  á  la  ciudad  de  Sevilla 
para  que  le  diese  aposentamiento  y  ayuda  de  costa,  porque  venia 
á  su  Corte  á  tratar  de  cosas  de  importancia.  Ahora  ,  pues,  con- 
cluidas todas  las  empresas  con  la  última  toma  de  Granada  en  2 
de  enero  de  1492,  llegó  el  caso  de  cumplirle  los  Reyes  su  pala- 
bra y  él  á  ellos  lo  suya,  oyéndose  mutuamente,  entrando  en  ca- 
pitulación á  17  de  abril,  y  dando  la  orden  á  Sevilla  para  su  avio 
en  15  de  mayo,  y  haciéndose  á  la  vela  en  3  de  agosto.  Zúñiga,  pá- 
gina 404,  col.  1  y  412,  núm.  11. 

(15)  En  5  de  agosto  libraron  en  el  Real  de  la  Vega  la  pragmá- 
tica 18;  y  á  20  de  diciembre  en  el  mismo  Real  la  165. 

(14)  Don  Felipe  IV  en  tiempos  mas  modernos  depuso  en  un  dia  á 
todos  los  Consejeros  de  Hacienda  de  sus  plazas  porque  no  cumplían. 
Mario,  Cutcll.  ad  leg.  Sicul.,pág.  603,  núm.  4.  D.  Larrea,  Alleg. 
105,  núm.  11.  Bolero  de  coctorib.  Fisci.  tit.  1,  q.  15,  núm.  2  et  11, 

35 


546 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


caso  que  ante  ellos  vino  otorgaron  una  apelación 
para  Roma  (1),  debiendo  ellos  conoscer  de  ella.  Y 
era  Presidente  D.  Alonso  de  Valdivieso,  obispo  de 
León,  é  oidores  el  Dr.  Martin  de  Avila,  el  Licencia- 
do Chinchilla,  y  los  Doctores  del  Caño  y  de  Olme- 
dilla.  Sucedió  por  l^residente  el  Dr.  D.  Juan  Arias 
del  Villar,  obispo  de  Ovieío,  que  después  lo  fué  de 
Segovia,  é  oidores  el  Licenciado  de  Villena,  el  Doc- 
tor de  Palacios ,  los  Licenciados  Villainuriel  y  Pa- 
lacios Rubios,  y  el  Dr.  de  Viliobela  y  el  Licenciado 
Aetudillo  (2). 

Afío  1492. 

Á  dos  dias  del  mes  de  enero  de  este  año  ganaron 
y  entraron  los  Reyes  la  honrada  y  gran  ciudad  de 
Granada,  y  la  pusieron  á  obediencia  de  nuestro  Se- 
ñor Jesu-Cristo,  y  suya  en  su  nombre,  á  honra  y 
gloria  de  Dios  (3);  y  estuvieron  en  la  dicha  ciudad 
hasta  el  mes  de  mayo  (4).  E  hicieron  Arzobispo  de 
Granada  á  Fr.  Hernando  de  Talavera,  de  la  orden 
de  San  Gerónimo,  que  era  obispo  de  Avila,  y  pri- 
mero Prior  de  Prado,  de  Valladolid ,  y  su  obispado 
dieron  á  D.  Francisco  de  la  Fuente,  Dean  que  era 
de  Toledo  y  de  Granada;  y  dejaron  por  alcaide  de 
la  Alhambra  y  por  capitán  al  conde  de  Tendilla, 
D.  ífiigo  López  de  Mendoza,  nieto  del  marqués  de 
Santillana;  y  partieron  para  Barcelona  (5),  do  tu- 
vieron el  invierno.  Este  año  mandaron  los  Reyes  (6) 
desterrar  de  todos  sus  reinos  de  Castilla  y  León  á 
los  judíos,  por  término  de  tres  meses,  que  fueron,  ju- 
nio, julio  y  agosto  (7).  En  fin  de  este  año,  viernes  á 


(í)  Mal  admitida,  porque  de  España  en  lo  civil  á  Roma  ninguna 
apelación  podia  haber.  Cronic.  de  D.  Fernando  IV,  año  1306,  ca- 
pitulo 27,  foi.  42  vuelto.  Vid.  Cronic.  de  D.  Alonso  el  Sabio,  capí- 
tulo 75,  fol.  51  vuelto,  donde  liay  otro  caso. 

(2)  En  14  de  noviembre  de  este  año  1491  residía  el  Consejo  en 
Burgos.  Consta  de  la  provisión  de  esta  l'eclia  que  se  imprime  en 
los  tueros  de  Vizcaya,  después  de  la  ley  3.°,  tít.  32,  y  consta  que 
k  la  sazón  era  Virey  y  Gobernador  de  él,  á  nombre  de  sus  Alte- 
zas, el  Condestable,  pues  dice  al  On:  «  D.  Pedro  Fernandez  de 
«Velasco,  Condestable  de  Castilla  por  virtud  de  los  poderes  que 
«tiene  del  Rey  y  de  la  Reina,  nuestros  Señores,  la  mandó  dar.» 

(3)  Como  con  la  misma  fecha  lo  avisaron  de  allí  á  la  ciudad  de 
Sevilla  por  la  carta  que  copia  Zúñiga,  pág.  406. 

(4  En  cuyo  dia  27  libraron  en  Santa  Fé  la  pragmática  25.  En 
24  de  junio  hay  cédula  dada  por  sus  Altezas  en  Guadalupe  remi- 
tiendo á  la  Chancilleria  de  Valladolid,  y  mandándola  observar  los 
capítulos  de  reformación  resultantes  de  la  visita  que  en  ella  hi- 
cieron 1).  Juan  de  Daza,  deán  de  Juan,  y  el  doctor  D.  Alonso  Ra- 
mírez de  Villaescusa,  corregidor  de  Valladolid.  Ordenanza  de  la 
Chancilleria,  fol.  206.  Otra  del  dia  23.  Salaz.,  Cas.  de  Lar.,  tomo  ii, 
pág.  119,  y  tomo  iv,  pág.  294.— Temo  sea  falsa  la  data  de  la  1." 
pragmática  dada  en  Valladolid  á  22  de  julio  de  este  año  1492  y  la 
cédula  de  19  del  mismo  que  suena  dada  por  ambos  Reyes  en  Aran- 
da  y  se  halla  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria  de  Va- 
lladolid, lib.  S,  tít.  8,  fol.  190.  Serian  dadas  por  el  Consejo  que  á 
la  sazón  residía  en  Valladolid,  como  lo  dice  allí  mismo  otra  cédu- 
la que  sigue  impresa  y  es  dada  por  sus  Altezas  en  Zaragoza  á  20 
de  setiembre  de  este  afio  92. 

(5)  En  10  de  agosto  estaban  en  Barcelona.  Concord.  de  la  Mes- 
la,  fol.  198. 

(6)  Por  la  pragmática  5."  de  su  colección  impresa,  dada  en  Gra- 
nada á  31  de  marzo  de  este  año. 

(7)  No  sino  mayo,  junio  y  julio,  á  los  últimos  de  cuyo  mes  había 
de  estar  veriCcada  la  efectiva  expulsión,  sin  llevar  oro,  plata,  mo- 
neda amonedada  ni  otra  cosa  de  las  de  saca  prohibida.  Lo  cual  se 
Tfuso  asi  en  obra,  dice  la  pragmática  siguiente  á  esta  de  S  de  sc- 


6  de  diciembre,  fué  herido  en  Barcelona  el  Rey  por 
el  famoso  loco  Juan  de  Cañamares,  que  es  tierra 
que  se  llama  de  Remenza,  natural  de  Cataluña,  é 
hicieron  justicia  de  él  (8).  E  aquel  afio  se  ordenó 
la  cofradía  que  hoy  hay  en  la  Corte.  Fálleselo  en 
este  año,  dia  de  los  Reyes,  D.  Pedro  Fernandez  de 
Velasco,  Condestable  de  Castilla;  y  en  el  mea  de 
hebrero  (9)  murió  D.  Pedro  Enriquez,  Adelantado 
de  Andalucía,  viniendo  de  Granada,  en  una  venta 
en  el  rio  de  las  Yeguas,  cerca  de  la  ciudad  de  An- 
tequera. Y  en  el  mes  de  agosto  (10)  murieron  en  una 
semana  los  duques  de  Medina-Sidonia,  D.  Enrique 
de  Guzman,  y  D.  Rodrigo  Ponce  de  León,  duque  de 
Cáliz,  y  en  el  mes  de  septiembre  murió  D.  Pedro  de 
Stúñiga,  conde  de  Miranda  (11) :  y  víspera  de  Todos 
los  Santos  murió  D.  Beltran  de  la  Cueva,  primero 
duque  de  Alburquerque,  y  Fr.  Diego  de  Muros, 
fraile  de  la  Mercedle  obispo  de  Ciudad-Rodrigo  (12) 
tio  hermano  de  su  padre  D.  Diego  de  Muros,  obispo 
de  Oviedo  que  hoy  es,  que  hizo  el  colegio  de  San 
Salvador,  que  hoy  está  edificado  en  la  parroquia  de 
San  Bartolomé  de  Salamanca.  Y  fálleselo  en  este 
año  el  Papa  Inocencio  VIII  á  23  de  julio,  y  fué 
asumpto  D.  Rodrigo  de  Borja,  que  era  Vice-Chan- 
ciller,  y  llamóse  Alejandro  VI,  natural  de  Játiva, 
en  el  reino  de  Valencia.  Y  este  año  hicieron  los 
Reyes  merced  del  Cénete  á  D.  Rodrigo  de  Mendoza, 
hijo  del  cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendoza,  de 
que  le  dieron  título  de  Marqués,  y  al  condestable 
D.  Bernardino,  hijo  de  D.  Pedro  Hernández  de  Ve- 
lasco,  le  dieron  título  de  duque  de  Frias.  En  este 
año  se  acabó  el  colegio  de  Santa  Cruz  que  dicho 
Cardenal  hizo  en  Valladolid. 

Afío  1493. 
En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 


tiembre  de  1499,  que  fué  para  expelernuevamente  olra  porción  de 
judíos  introducidos  después  en  el  reino,  que  pretendían  perma- 
necer, diciendo  que  ellos  no  habían  sido  de  los  expulsos  y  que 
no  les  comprendía  la  pragmática;  de  cuya  expulsión  hizo  memoria 
Juan  Pico  escribiendo  á  la  sazón  el  libro  5  advers.  Astrolog.  Vide 
Salced.  ad  Lucum  pract.  crimin.  canonic,  cap.  23,  ndra.  9.  Estos 
Reyes  procedieron  en  tal  expulsión  con  indiscreto  celo  y  falta  de 
política,  queriendo  mas  reinar  á  los  desiertos  que  á  los  poblados, 
de  cuyo  error  se  han  compadecido  los  mejores  políticos.  VideMO" 
rium  Cutellum  ad  Leg.  Sicul.,  pág.  2U  donde  lo  lamenta. 

(8)  En  30  de  este  dicho  mes  de  setiembre  permanecían  en  Bar- 
celona. Cédula  para  la  Chancilleria  de  Valladolid,  lib.  2,  tít.  1,  fo- 
lio 100  de  sus  Ordenanzas. 

(9)  Dia  8,  como  enmienda  Zúñiga  el  4  de  la  inscripción  de  su 
sepulcro,  puesta  27  años  después  en  su  capilla  del  convento  de  las 
Cuevas  de  Sevilla,  pág.  409  y  410. 

(10)  El  primero,  dia  25  viernes  repentinamente  en  su  villa  de  San 
Lúcarde  Barrameda,  y  el  segundo  ,  lunes  28  en  Sevilla,  donde 
fueron  enterrados,  el  primero  en  San  Isidro  del  Campo,  y  el  se- 
gundo en  la  capilla  mayor  de  San  Agustín.  Y  como  no  dejó  hijos 
legítimos,  sino  hijas  naturales,  los  Reyes  Católicos  se  aprovecha- 
ron de  esta  ocasión  para  recobrar  la  ciudad  de  Cádiz,  dando  al 
heredero  U.  Rodrigo  Ponce,  hijo,  la  mayor  en  recompensa,  el  tí- 
tulo de  duque  de  Arcos  con  el  de  conde  de  Casares,  y  otras  mer- 
cedes por  privilegio  en  Barcelona  á  20  de  enero  del  año  siguiente 
93.  Zúñiga,  pág.  412,  núm.  1.  Ramos,  Títulos  de  Castilla,  pág.  32 
á  33,  §.  75. 

(H)  Á  5  de  octubre.  Pellicer,  Casa  de  Miranda,  pág.  62. 
(12)  Y  antes  de  Tuy,  que  murió,  no  en  este  año  sino  en  el  ante- 
rior, á  9  de  diciembre.— Florez,  tom.  xxu,  pág.  243. 


DON  FERNANDO 
Barcelona  (1),  y  en  este  afio  les  entregó  el  Rey 
Carlos  de  Francia  la  ciudad  de  Perpifian  y  su  for- 
taleza, con  todas  las  otras  villas  y  fortalezas  del 
condado  de  Ruisellon  (2).  En  el  mes  de  septiembre 
y  en  las  cuatro  témporas  de  este  mes  fué  creado 
Cardenal  de  Santa  Cruz  en  Roma  D.  Bernardino  de 
Carbajal  á  suplicación  de  la  Reina.  Este  año  al  co- 
mienzo de  él  tomaron  los  Reyes  la  ciudad  de  Cáliz, 
que  tenia  D.  Rodrigo  Ponce  de  León,  por  merced 
que  el  Príncipe  D.  Alonso  (3)  le  habia  hecho,  y 
como  murió  sin  hijos,  tornáronla  á  incorporar  en  la 
corona  Real  (4).  Y  tuvieron  las  Reyes  el  invierno 
en  Zaragoza.  Este  año  á  1."  de  julio  murió  en  Lle- 
reua  D.  Alonso  de  Cárdenas,  maestre  de  Santiago. 
Y  estando  los  Reyes  en  Barcelona  fueron  todos  los 
Grandes  del  reino  á  los  visitar. 

aSo  1494. 
En  principio  de  este  afio  estuvieron  sus  Altezas 


(i)  Se  mantenían  allí  á  21  de  marzo  y,19  de  julio  en  que  libra- 
ron á  la  Chancilleria  de  Valladolid  las  cédulas  impresas  en  sus  or- 
denanzas, lib.  i,  tíf.  6,  fol.  5-2,  y  lib.  2,  tít.  10,  fol.  100  vuelto,  y  li- 
bro i,  tít.  2,  fol.  128.  Continuaban  en  Barcelona  en  10  de  agosto, 
con  cuya  fecha  libraron  allí  la  pragmática  20;  y  en  26  de  octubre 
de  que  es  la  cédula  impresa  en  las  ordenanzas  de  la  Chancilleria 
de  Valladolid,  Hb.  S,  tít.  2,  fol  148:  y  á  2  de  setiembre.  — Salazar, 
Cas.  de  Lar.,  tom.  ii,  pág.  121. 

(2)  En  este  lugar  bailé  en  Lucio  Marineo  Siculo,  lib.  21,  fol.  125 
de  la  Edición  de  Alcalá  de  1535,  la  nota  siguiente,  al  margen,  pues- 
ta de  mano  de  aquel  tiempo  alusiva  al  pasaje  en  que  dice  este 
autor  la  liberalidad  con  que  el  Rey  Carlos  VIH  de  Francia  resti- 
tuyó á  los  nuestros  los  condados  de  Rosellon  y  Cerdania,  levan- 
tando mano  al  empréstito  de  los  300.000  ducados  ó  coroiías  de 
Francia  porque  los  habia  empeñado  el  Rey  D.  Juan  de  Aragón, 
padre  del  Católico,  al  Rey  Luis,  padre  de  Carlos;  «Ut  mihi  rela- 
»tum  fuit  causa  hujus  liberalitatis  hsec  fuil:  Carolus  de  quo  hic, 
•amore  pulcrse  Ducisae  et  Comitisse  Britaní»  captus,  cum  ea  con- 
«trahere  voluit  et  ipsa  renuit,  ut  fertur,  eo  quod  Carolus  mons- 
•trosus  erat,  habens  magnum  capul  plusquam  humano  homini 
•decebat,  quamvis  ornatus  sensu,  et  omní  virtute,  et  re  mílitari 
•strenuus  fortisque  bello:  qui  cum  despectum  se  vídisset,  bellum 
•Comitisae  intalit:  quae  adjuta  á  Ferdinando  numis  milítibusque 
xfuit,  et  nihilominus  bello  superata  et  á  Carolo  capta,  partlm  per 
»vim,  precibusque  cum  eo  contraxit,  Reginaque  Francia?  efeta  et 
»á  Carolo  marito  nímis  dilecta  fuit.  Quse  condignum  prsemium  ob 
»prsedictum  adjutorium  Ferdinando  daré  volens,  marito  suo  Ca- 
»roIo  petivit  et  precibus  impetravit  (prseventa,  ut  fertur,  ab  ipso 

•  Ferdinando)  ut  ídem  Carolus  Ferdinando  Comitatus  Rusinonis  et 
«Ceritanise  pignoratos  restitueret;  quod  Carolus  libenter  anuil  et 

•  adimplevit,  ut  scriptura  refeit;  licet  postea  Magnates  et  conven- 
»tus  juridici  Francise  certiores  de  hoc  facti,  molesté  ferentes,  fe- 
^cerunt  ut  Carolus  revocaret  restitntionem;  quod  intempesté  fuit 
•faetum  nam  eo  temporejam  Ferdinandus  ceperat  possesionem 
«Comitauum,  et  in  eis  munitiones  possuerat:  quod  causji  fuit  dife- 
»rentia3,  quai  adhuc  durat  inter  Regem  Franciae  super  jure  Comi- 
•tatuum  et  eorum  recuperationc,  et  Regem  Hispaniae  pro  defen- 
•sione.»  Sobre  todo  lo  cual  no  obstante  se  podrá  ver  k  Zurita, 
lib.  1,  cap,  18  de  la  Historia  del  Rey  Católico,  donde  pone  la  total 
entrega  de  aquellos  estados  á  este  Rey,  legítimo  heredero  de  ellos, 
y  presente  él  mismo  á  recibirlos  en  Perpiñan  á  10  de  septiembre 
de  este  año  93,  acompañándole  la  Reina ,  que  á  este  fln  habían  sa- 
lido juntos  de  Barcelona  el  antecedente  viernes  6,  á  donde,  dejando 
tomada  la  posesión  y  las  cosas  puestas  en  orden,  se  restituyeron 
el  martes  9  del  siguiente  mes  de  octubre  y  permanecían  aun  allí 
el  dia  2i. 

(3)  No ,  sino  del  Rey  D.  Enrique,  según  el  privilegio  de  rein- 
corporación, 

(i)  Esta  incorporación  fué  capitulada  en  Barcelona  á  7  de  enero 
con  Doña  Beatriz  Pacheco,  duquesa  viuda  de  Arcos,  gobernadora 
de  los  estados  por  el  nuevo  joven  sucesor  D.  Rodrigo,  nieto  de  su 


É  DO^A  ISABEL.  547 

en  Zaragoza,  y  de  allí  vinieron  (5)  á  Valladolid,  á 
Medina,  y  Tordesillas.  E  allí  en  Valladolid,  á25  de 
enero,  fallesció  Rodrigo  de  Ulloa,  contador,  hijo  del 
Dr.  Per-Yafiez,  y  consumióse  su  contaduría:  queda- 
ron solas  dos,  que  fueron  la  de  D.  Juan  Chacón, 
adelantado  de  Murcia,  y  la  de  D,  Gutierre  de  Cár- 
denas, comendador  mayor.  Y  en  Medina  (6)  vino 
nueva  de  la  muerte  del  Rey  D,  Fernando  de  Ñapó- 
les, primo  hermano  del  Rey  D,  Fernando  el  Cató- 
lico, y  casado  con  su  hermana.  Y  en  Tordesillas  hi- 
cieron los  Reyes  capítulo  general  de  las  Ordenes  de 
Santiago  y  Calatrava,  y  estuvieron  en  Medina  hasta 
el  mes  de  junio  (7),  y  de  allí  fueron  á  Arévalo  á 
donde  estuvieron  el  San  Juan,  y  de  allí  fueron  á 
Segovia,  á  donde  estuvieron  hasta  agosto  (8),  y  de 
allí  fueron  á  Madrid,  donde  estuvieron  el  invier- 
no (9),  y  fueron  á  Guadalajara  á  visitar  al  cardenal 
D.  Pedro  González  de  Mendoza,  que  estaba  muy 
enfermo  de  la  enfermedad  quo  murió.  Y  en  fin  de 
este  año  se  tomó  por  los  Reyes  asiento  con  D.  Juan 
de  Ziifiiga,  maestre  de  Alcántara,  que  dejase  el  títu- 
lo de  maestre,  y  tomaron  la  administración  los  Re- 
yes, y  dieron  al  dicho  D.  Juan  equivalencia.  Y  en 
fin  de  este  año  inviaron  los  Reyes  desde  Madrid  á 
Gonzalo  Hernández  de  Córdoba,  que  después  fué 
Gran  Capitán  en  Ñapóles.  E  inviaron  nueva  Chan- 
cilleria á  Ciudad  Real  para  los  negocios  de  Tajo 
allende,  y  fué  Presidente  D,  Alonso  Carrillo,  obispo 
de  Catanga,  y  después  de  Ávila;  y  después  el  afio 
1505,  en  fin  de  él ,  se  mandó  pasar  esta  Chancilleria 
á  Granada.  Y  en  fin  de  este  año  se  dio  el  obispado 
de  Salamanca  al  M."  Fr.  Diego  Deza,  que  era  maes- 
tro del  Príncipe  D.  Juan,  y  después  fué  obispo  de 
Jaén,  y  arzobispo  de  Sevilla,  é  confesor  del  Rey,  é 
Inquisidor  general,  y  después  de  electo  arzobispo 
de  Toledo,  murió  año  de  1523  por  junio. 

AÑO  1495. 

En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Madrid  el  mes  de  mayo.  Y  en  principio  de  este  año 
fallesció  el  Cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendo- 
za á  11  de  enero,  domingo:  está  sepultado  en  la  ca- 


marido  del  mismo  nombre;  y  el  privilegio  de  incorporación  el  dia 
20  de  enero  de  1403  á  la  muerte  de  D.  Rodrigo  Ponce  en  27  de 
agosto  del  año  anterior. 

(5)  Por  Almazan,  donde  á  5  de  enero  dieron  licencia  para  el 
apartamiento  y  desistencia  que  Doña  María  Ponce  de  León,  hija 
de  D.  Luis  Ponce  de  León,  hizo  al  pleito  que  habia  puesto  á  los 
estados  de  Arcos,  y  la  transacción  en  su  razón  otorgada  entre  los 
interesados. 

(6)  Donde  en  8  de  febrero  y  14  de  marzo  libraron  á  la  Chanci- 
lleria de  Valladolid  las  cédulas  impresas  en  sus  Orden.,  lib.  4,  tí- 
tulo 2,  fol.  129,  y  lib.  5,  tít.  8,  fol.  170.  Y  otra  á  14  de  abril  sobre 
carta  de  la  expresada  de  14  de  marzo  cit.,  fol.  129.  Y  en  el  dia  4 
de  abril  la  pragmática  195  para  no  agraviar  á  ios  hidalgos  en  los 
empadronamientos  de  pecheros  nuevamente  manílados. 

(7)  En  cuyo  dia  17  libraron  allí  la  pragmática  27,  y  la  cédula 
impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria  de  Valladolid,  lib.  5, 
tít.  8,  fol.  105. 

(8)  Y  aun  hasta  setiembre,  en  cuyo  dia  1.°  conOrmaron  allí  la 
transacción  y  apartamiento  que  Doña  María  Ponce  de  León,  muger 
de  D,  Antonio  Álvarez  Zapata  y  Toledo,  hizo  al  estado  y  mayoraz- 
go de  Arcos. 

(9)  Y  en  18  de  noviembre  libraron  allí  las  pragmáticas  32  y  35. 


548 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA 


pilla  mayor  de  Toledo;  é  se  dio  el  arzobispado  á 
D.  Fr.  Francisco  Ximenez  de  Cisneros,  provincial 
de  los  franciscos,  que  primero  habia  sido  arcipreste 
de  üceda,  y  capellán  mayor  de  Sigüenza,  y  se  lla- 
maba el  Br.  Gonzalo  de  Ciflucros,  hijo  de  Alonso 
Ximenez,  procurador  de  causas,  vecino  de  Tordela- 
guna,  que  fué  después  Cardenal  de  Santa  Balbina, 
y  gobernador  de  los  reinos  de  Castilla,  que  fallesció 
en  la  villa  de  Roa  á  8  de  noviembre  del  año  1517. 
Está  sepultado  en  Alcalá  de  Henares  en  el  colegio 
de  San  Ildefonso,  que  él  fundó  con  el  estudio  que 
allí  hay;  y  muerto  D.  Pedro  González,  dieron  los 
Reyes  el  obispado  de  Sigüenza  á  D.  Bemardino  de 
Carvajal,  que  era  obispo  de  Cartagena,  y  Cartage- 
na á  D.  Juan  de  Medina,  que  era  obispo  de  Bada- 
joz, y  fué  presidente  después  de  la  Chancillería  de 
Valladolid  y  obispo  de  Segovia  ;  y  Badajoz  dieron 
á  D.  Juan  de  Fonseca,  que  era  arcediano  de  Sevi- 
lla. Este  año  á  16  de  septiembre  (1)  murió  D.  Luis 
de  Acuña ,  obispo  de  Burgos :  dióse  el  obispado  á 
Fr.  Juan  Pascual  de  la  orden  de  Predicadores  (2); 
y  por  el  mes  de  junio  partieron  sus  Altezas  de  Ma- 
drid y  fueron  á  Valladolid,  á  donde  estuvieron 
poco  (3),  y  dende  á  Burgos,  á  donde  (4)  estuvieron 
hasta  el  mes  de  agosto,  y  fueron  á  Tarazona  (5), 
y  de  ay  fueron  á  Alfaro  (6) ,  é  allí  vino  á  sus  Al- 
tezas la  Reina  de  Navarra.  Y  en  este  tiempo  falles- 
ció el  Rey  de  Portugal  D.  Juan,  dia  de  San  Simón 
y  Judas.  Y  murió  el  Conde  de  Coruña  en  un  rui- 
do (7)  en  Valladolid ;  y  fueron  sus  Altezas  este  in- 
vierno á  Tortosa  á  tener  Cortes.  Este  mesmo  año 


(1)  No  fué  sino  en  el  14  de  este  mes,  día  lunes,  como  dejó  es- 
crito en  un  ejemplar  del  breviario  Burgense  de  su  uso,  el  canónigo 
Sedaño  que  vivía  entonces;  el  cual  dice :  Morió  el  Señor  obispo  Don 
Luis  de  Acuña,  obispo  de  Burgos,  lunes  XIV  de  setiembre  de  XCY,  á 
las  seis  del  dia  á  toque  de  prima.  Florez ,  España ,  Sagrada,  to- 
mo Kxvi,  pág.  408,  núm.  17. 

(2)  Cuya  muerte  se  verá  adelante  al  año  1512.  Fué  consagrado 
en  Burgos  en  7  de  febrero  de  1497  por  el  arzobispo  de  Toledo,  los 
obispos  de  Salamanca  y  Astorga  con  grande  solemnidad  y  con- 
curso, presentes  el  Rey  Católico,  su  hijo  el  Piíncipe  D.  Juan  y  toda 
la  Corte.  Véase  á  Fr.  Francisco  de  Vargas  en  el  Apéndice. 

(3)  En  el  medio  está  Santa  María  del  Campo,  donde  celebraron 
este  afio  Cortes,  según  lo  que  dice  en  el  proemio  de  la  ley  1.*  ti- 
tulo 6,  lib.  6  de  la  liecopilacion.  Y  debió  ser  en  este  tiempo. 

(i)  En  8  de  julio  dirigieron  á  la  Chancillería  de  Valladolid  la 
cédula  impresa  en  sus  Ordenamos,  lib.  5,  tit.  8,  fol.  176,  á  favor 
del  hospital  Real  de  Burgos. 

(5;  Donde  en  5  y  2B  de  octubre  dirigieron  al  estudio  de  Falla, 
dolid  la  pragmática  34  sobre  provisión  de  cátedras,  y  la  cédula 
impresa  en  las  Ordenanzas  de  su  Chancilleria,  lib.  5,  tit.  8,  folio 
178  vuelto. 

(6)  En  Alfaro  á  10  de  setiembre  libraron  la  pragmática  inserta 
en  la  169,  fomentando  la  fábrica  de  navios  de  porte  mayor,  por  el 
medio  de  ofrecer  el  mayor  acostamiento  á  los  del  mayor  buque. 

i7;  Véase  á  Rodrigo  Suareí,  que  dice  fué  procesado  por  esta 
quimera,  Kepet.  ieg.  I'ost  rem  judicatam,  notabil.  IX  vers.  Est 
alius  rasus  edition.  Salmantic.  ann.  1556,  pág.  263,  col.  2,  ubi  OUns 
ita  habct:  «et  quia  sibi  accidit  de  fado  in  causa  propia,  calamum 
xextendit;  nam  fuit  criminaliter  accusatus  super  morte  comitis  de 
Camina  á  quodam  ejus  fámulo  inadvertenter  occisi  in  quartara 
«magna  rixa  quse  in  hac  villa  accidit.»  Camina  está  también  en  la 
edición  Duacens.  de  1614.  Y  asi  ha  de  ser;  porque  de  los  condes 
de  Coruña,  Cruña  ó  Clunia,  ninguno  murió  en  este  año.  El  1.*,  don 
Lorenzo  Suarez  de  Mendoza  y  Figueroa  murió  en  1481,  y  el  2.°, 
D.  Bemardino  Suarez  de  Mendoza  su  hijo,  en  1334.  Haro,  tom.  i, 
pág.  405  y  4Ü6. 


fueron  concertados  los  desposorios  del  Principé 
D.  Juan  con  la  Princesa  Doña  Margarita,  hija  del 
Rey  de  Romanos,  y  de  la  Infanta  Doña  Juana 
con  el  Archiduque  D.  Felipe,  duque  de  Borgofia. 

aSo  1496. 

Este  año  estuvieron  los  Reyes  hasta  Pascua  flori- 
da en  Tortosa  (8),  y  dende  partieron  después  de 
Pascua  para  Almazan,  y  estuvieron  ende  hasta  me- 
diado julio,  é  de  ahí  partió  el  Rey  para  Girona,  y 
la  Reina  se  fué  á  Biirgos  y  á  Laredo  (9)  á  imbiar 
á  la  Archiduíiuesa  para  Flándes :  fué  con  ella  el 
Almirante  D.  Fadrique  y  Doña  María  de  Velasco  su 
madre;  é  imbiada  en  buen  hora,  los  Reyes  se  fue- 
ron á  Burgos  (10).  Y  este  año  de  96  fué  lo  de  Salsas 
con  el  Rey  de  Francia.  Y  fallesció  la  Reina  Doña 
Isabel,  que  estaba  en  Arévalo,  á  15  de  agosto,  se- 
gunda muger  del  Rey  D.  Juan  II  y  madre  de  la 
Reina  Católica. 

Aíío  1497. 

En  principio  de  este  afio  estuvieron  loa  Reyes  en 
Biirgos  (11),  y  vino  la  Princesa  Doña  Margarita  en 
el  mes  de  marzo,  y  casaron  al  Príncipe  D.  Juan  é  á 
ella  lunes  de  Quasimodo  3  de  abril :  velólos  el  Ar- 
zobispo de  Toledo,  y  fueron  padrinos  el  Almirante 
y  su  madre.  Murió  en  estas  fiestas ,  que  fueron  muy 
grandes,  D.  Alonso  de  Cárdenas,  hijo  segundo  del 
Comendador  mayor  de  León  D.  Gutierre  de  Cárde- 
nas. Y  por  el  mes  de  mayo  se  partieron  y  fueron  á 
Valladolid  (12)  é  á  Medina,  y  estuvieron  en  Medina 
del  Campo  hasta  el  mes  de  septiembre  (13),  é  partie- 
ron los  Reyes  dicho  mes  á  Madrigal  (14),  é  dende 
para  Valencia  de  Alcántara.  Y  fallesció  en  Salaman- 
ca el  Príncipe  D.  Juan  á  4  de  octubre  de  este  año, 
y  fué  llevado  á  Santo  Tomas  de  Avila  donde  ya- 


(8)  Donde  á  9  de  enero  libraron  la  célebre  pragmática  133  para 
la  igualdad  (que  aun  ao  se  ha  veriflcado)  de  todos  los  pesos  y  me- 
didas en  el  reino. 

(9)  Donde  á  3  de  agosto  libraron  título  de  conde  de  Cedillo  á 
D.  Antonio  Álvarez  de  Toledo,  para  después  de  los  dias  de  Fer- 
nán Álvarcz  de  Toledo  su  padre,  del  Consejo  de  sus  Altezas,  su 
secretario  y  notario  mayor  del  reino  de  Granada,  perpetuo  para  sí 
y  sus  sucesores,  á  condición  de  servir  con  15  lanzas  de  hombres 
de  armas  en  todos  los  llamamientos  generales  de  los  obligados  á 
este  servicio.  Tráele  Haro,  tom.  ii,  pág.  113  y  114, 

(10)  Donde  firmaron  en  20,  28  de  octubre  y  23  de  diciembre  la 
cédula  para  la  Chancillería  de  Valladolid,  que  se  halla  impresa  en 
sus  Ordenanzas,  lib.  2,  tit.  5,  fol.  87  vuelto,  y  la  pragmática  15,  que 
es  la  de  20  de  octubre,  y  la  29,  que  es  del  28,  y  la  30  de  la  misma 
fecha. 

(11)  Donde  á  24  de  enero  y  2  de  marzo  libraron  las  cédulas  im- 
presas en  las  Ordenanzas  de  la  Chancillería  de  Valladolid,  lib.  S, 
tft.  8,  fol.  189  vuelto  y  195. 

Í12)  En  22  de  junio  libraron  en  Medina  la  pragm.  24.' 

(13)  En  Medina  á  30  de  julio  libraron  la  cédula  Ordenan,  de  la 
Chancilleria,  lib.  1,  tit.  3,  n.  61,  f.  38.  Y  en  30  de  agosto,  tit.  5, 
n.  21,  fol.  88.  En  10  de  setiembre  en  Valladolid  libraron  la  confir- 
mación y  provisión  que  cita  Colmenares,  Hisí.  de  Segovia,  cap .  35, 
§  11,  pág.  443,  col.  2.— En  12  del  mismo  habían  vuelto  á  Medi- 
na. Cédula  allí  con  esa  fecha  para  la  Chancillería  de  Valladolid 
en  sus  Ordenanzas,  lib.  1,  tit.  6,  n.  31,  fol.  54. 

(14)  Donde  i  14  de  él  libraron  á  la  Chancillería  de  Valladolid  la 
cédala  impresa  en  sus  Ordenanzas,  lib.  2,  tft.  1.°,  n.  1,  fol  61 
vuelto. 


DON  FERNANDO 
ce  (1).  Y  casaron  este  mesmo  año  el  Rey  D.  Manuel 
de  Portugal  con  la  Reina  y  Princesa  Doña  Isabel, 
que  habia  sido  Princesa  y  muger  del  Príncipe  Don 
Alonso  de  Portugal  su  sobrino.  Y  vinieron  sus  Al- 
tezas á  tener  el  invierno  á  Alcalá  de  Henares,  y 
movió  ende  la  Princesa  Doña  Margarita  una  hija. 
Este  año  á  28  de  octubre  (2)  murió  en  Roma  D.  Juan 
Arias  de  Avila,  Obispo  de  Segovia,  y  dicen  que  ha- 
bla ido  á  defender  los  huesos  de  su  padre ;  y  suce- 
dió en  su  obispado  D.  Juan  Arias  del  Villar,  que 
era  obispo  de  Oviedo,  y  dióse  el  obispado  de  Ovie- 
do á  D.  García  Ramírez  de  Villaescusa,  que  era 
prior  de  San  Marcos  de  León ,  é  de  allí  adelante  los 
priores  fueron  anuales  (3),  que  antes  eran  perpe- 
tuos (4).  Este  año  por  setiembre  murió  D.  Juan  de 
Guzman,  duque  de  Medina-Sidonia,  hijo  de  D.  En- 
rique y  de  Doña  Leonor  de  Mendoza,  que  ganó  en 
África  á  Melilla  y  Cazaza.  Fallesció  en  este  año  Don 
Diego  de  Castrillo,  Comendador  mayor  de  Calatra- 
va,y  la  dieron  á  D,  Gutierre  de  Padilla,  que  era  cla- 
vero ,  y  la  clavería  á  D.  Alonso  de  Silva ,  hermano 
del  Conde  de  Cifuentes  (5).  Y  en  este  año  á  27  de 
noviembre  en  Alcalá  de  Henares  cayé  de  una  ba- 
randa D.  Luis  Pimentel ,  marqués  de  Villaf ranea, 
hijo  mayor  de  D.  Rodrigo  Alonso  Pimentel ,  conde 
de  Benavente,  de  que  murió,  y  fué  enterrado  en  el 
monasterio  de  San  Francisco  de  Villalon,  que  fun- 
dó su  padre. 

aSo  1498. 
En  principio  de  este  afio  (6)  estuvieron  los  Beyes 


(1)  Con  el  epitafloqae  copia  Raro,  tom.  ii,p.  5. 

(2)  En  el  mismo  di»  conviene  Colmenares,  cap.  35,  §  15,  contra 
Garibay  que  le  habia  anticipado  al  24,  y  expone  su  testamento  y 
el  resto  de  sus  memorias. 

(3)  Ha  de  leerse  trienales  por  los  documentos  que  nuevamente 
alega  el  M.  Risco,  tom.  xxxix,  pág.  84  y  85,  donde  se  verá  que  las 
bulas  para  ello  fueron  en  17  de  marzo  de  1501,  y  de  11  de  abril 
de  1503,  y  así  no  anterior  la  provisión  del  último  prior  perpetuo 
D.  García  al  obispado  de  Oviedo. 

(4)  En  esto  se  equivoca ,  pues  por  la  promoción  de  D.  Juan 
Arias  del  Villar  al  obispado  de  Segovia  ,  no  se  dio  el  de  Oviedo  á 
D.  García  Ramírez  de  Villaescusa,  sino  á  D.  Juan  Daza,  que  le 
gozó  hasta  1503 ,  en  que  fué  promovido  á  Cartagena  y  de  ahí  á 
Córdoba,  donde  murió  y  fué  sepultado  en  21  de  mayo  de  1510, 
habiendo  sido  antes  visitador  de  la  Chancillcria  de  Valladolid, 
presidente  de  la  de  Granada  y  últimamente  del  Consejo.  Y  en- 
tonces ( esto  es  en  1503)  entró  en  Oviedo  por  obispo  sucesor  suyo 
D.  García  Ramírez  de  Villaescusa,  prior  que  habia  sido  17  años 
de  San  Marcos  de  León,  y  con  cinco  de  obispado  murió  en  Cas- 
tropol  á  23  de  abril  de  1508.  M.  Risco,  tom.  xxxix  ,  pág.  79  á  86, 
donde  ilustra  á  satisfacción  y  con  puntualidad,  como  acostumbra, 
las  memorias  de  todos. 

(5)  En  8  de  noviembre  en  Madrid  libraron  sus  Altezas  la  prag- 
mática 28.  Y  la  cláusula  siguiente  á  esto  en  Galíndez  fué  copiada 
por  D.  Luis  de  Salazar  en  el  Memorial  por  el  marqués  de  Villa- 
franca,  pág.  71,  como  aqní  va. 

(6)  Al  principio  de  este  afio  1498,  estando  sus  Altezas  en  Alca- 
lá, enviaron  á  mandar  á  todas  las  ciudades  del  reino  que  para  día 
cierto  que  señalaban  enviasen  allí  dos  personas,  cada  una  inteli- 
gentes para  arreglar  la  moneda  y  ver  la  que  se  habia  de  labrar.  Y 
Valladolid,  en  el  lunes  8,  y  miércoles  24  de  enero,  nombró  para  ello 
á  Francisco  López  de  Burgos,  con  IfiO  mrs.  de  salario,  el  que  sa- 
lió en  el  25  siguiente,  y  estuvo  en  la  Corte  en  Alcalá  y  caminó  64 
días  en  que  devengó  9.600  mrs.  La  otra  persona  fué  el  conde  de 
Rivadeo,  Regidor,  que  se  ofreció  sin  salario.  Libro  de  acuerdos, 
íol.  59,  43  y  109  vuelto. 


É  DOÑA  ISABEL.  64§ 

en  Alcalá  de  Henares  (7),  y  de  allí  vinieron  en  fin 
de  abril  á  Toledo,  é  ahí  vinieron  el  Rey  D.  Manuel 
de  Portugal,  y  la  Reina  Princesa,  y  fueron  jura- 
dos (8)  por  Príncipes  de  Castilla  y  León,  y  de  allí 
partieron  á  mediado  mayo,  y  fueron  á  Zaragoza  (9), 
donde  la  Reina  Católica  estuvo  (10),  é  murió  la  Rei- 
na Princesa  de  sobre  parto  del  Príncipe  D.  Miguel 
á  23  de  agosto,  y  fué  jurado  D.  Miguel  por  Prínci- 
pe de  Aragón  y  Sicilia :  cerca  de  lo  cual  se  ha  de 
ver  lo  que  está  dicho  de  suso  el  año  de  1470  (11). 

ASfo  1499. 

En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Ocafia  (12)  y  estuvo  la  Reina  muy  mala  (13),  é  ahí 
juraron  al  Príncipe  D.  Miguel  en  Cortes  por  Prínci- 
pe de  Castilla  y  León  en  el  mes  de  enero.  Y  estu- 
vieron en  Ocaña  hasta  fin  de  hebrero,  E  allí  fué 
muerto  en  un  ruido  trabado  D.  Alonso  Pimentel, 
hijo  de  D.  Juan  Pimentel  y  de  Doña  Juana  de  Cas- 
tro. E  de  allí  se  vinieron  á  Madrid  (14).  A  1.°  de  he- 
brero de  este  año  de  99  fallesció  en  Salamanca  en 
el  monasterio  de  San  Francisco  Fr.  Juan  Hortela- 
no, varón  de  santa  y  simple  vida,  el  cual  en  vida  y 
después  ha  hecho  muchos  milagros  (15).  En  el  mes 
de  mayo  murió  el  Rey  Carlos  de  Francia,  que  di- 
jeron el  Cabezudo,  y  Doña  Leonor  de  la  Cerda,  hija 
tínica  del  duque  de  Medina-Celi  D.  Luis  de  la  Cer- 
da, muger  de  D.  Rodrigo  de  Mendoza,  marqués  de 
Cénete,  hijo  del  Cardenal  D.  Pedro  González  de 
Mendoza ;  y  casó  segunda  vez  dicho  D.  Rodrigo  con 
Doña  María  de  Fonaeca ,  hija  de  Alonso  de  Fonse- 

(7)  En  27  de  enero  libraron  allí  á  la  Cbancilleria  de  Valladolid, 
la  cédula  que  está  en  sus  Ordenanzas,  lib.  1,  tit.  6,  fol.  54  vuelto. 

(8)  Domingo  28  del  mismo  abril.  Salaz.  Cas.  de  Lar.,  tom.  ii, 
pág.  121. 

(9)  En  este  año  á  25  de  julio  estaba  el  Con  sejo  en  Valladolid 
y  era  Virey  y  Gobernador  de  él  con  poderes  del  Rey  y  Reina  el 
condestable  duque  de  Frías,  D.  Bernardino  Fernandez  de  Velasco. 
Cédula  de  las  Ordenanzas  de  Ckancillerla,  lib.  1,  tft.  3,  núm.  82, 
fol.  43,  y  entre  los  Consejeros  que  firmaron  con  él  Alcocer,  Mal- 
partida  }  Oropesa.  Otra  á  7  del  mismo  mes,  lib.  2,  tit  4,  núm.  139 
fol.  84,  con  mención  de  estos  Consejeros,  y  de  que  era  también 
Virey  con  poderes  del  Rey  y  Reina  el  duque  marqués  D.  Fadri- 
que  de  Toledo,  duque  de  Alba,  por  cuyo  mandado  de  acuerdo  con 
ellos  se  libró ;  y  consta  del  libro  de  acuerdos  de  la  ciudad. 

(101  Y  en  2  de  agosto  Rey  y  Reina  libraron  allí  la  pragmática  7." 

(11)  En  24  de  noviembre  en  Ocaña  libraron  á  la  Chancilleria  de 
Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Ordenanza,  lib.  4,  tit.  5.  fo- 
lio 134,  prohibiendo  como  supersticiosos  los  juramentos  que  per- 
mitían y  mandaban  hacer  en  León  sobre  el  sepulcro  de  San  Isidoro. 

(12)  En  15  de  enero  de  99,  cédula  allí  con  inserción  de  la  ante- 
cedente, probibiende  los  que  se  hacían  sobre  el  sepulcro  de  San 
Vicente  en  Avila. 

(13j  Se  hicieron  rogaciones  públicas  por  su  importante  salud ,  y 
en  Valladolid  una  procesión  de  disciplinantes.  Consta  de  la  cuen- 
ta de  Propios,  donde  está  cargada  la  cera  que  en  esta  procesión  se 
consumió.  Ltbro  de  acuerdos  de  1407  á  1502,  fol.  114. 

(14)  Donde  en  8  de  mayo  libraron  cédula  dirigida  á  la  junta  de 
la  provincia  y  hermandades  de  Álava,  para  que  Lope  López  de 
Ayala ,  acluai  diputado  de  ellas,  lo  fuese  por  todos  los  días  de  su 
vida,  y  después  entrase  á  serlo  Diego  Martínez  de  Álava,  como  se 
verificó  desde  el  afio  1507  en  que  Ayala  murió.  Archivo  de  la  pro- 
vincia. Cax.  A.,  tit.  i,  núm.  1. 

(15)  En  19,  20,  y  27  de  marzolestaban  los  Reyes  en  Madrid  don- 
de libraron  las  cédulas  impresas  en  las  Ordenanzas  de  la  Chanr 
cilleria  de  Valladolid,  lib.  4,  tit.  10,  fol.  141,  y  lib.  5,  tit.  8,  fo- 
lio 195,  y  la  última  en  el  Fuero  de  Vizcaya,  eijtre  las  insertas  á 
continuación  de  la  ley  3.',  tit.  32, 


550  CRÓNICAS  DE  LOS 

Da,  Señor  de  Coca  y  Alahejos,  y  de  Doña  María  de 
Toledo;  cuya  hija  es  Doña  Mencía  de  Mendoza, 
muger  de  D.  Enrique  conde  de  Nassau.  De  Madrid 
partieron  los  Eeyes  por  el  mes  de  mayo  para  Gra- 
nada, y  llegaron  allá  en  el  mes  de  julio.  B  á  25  de 
agosto  murió  D.  Pedro  de  Toledo,  ¿ijo  bastardo  del 
Relator,  que  fué  el  primer  obispo  que  hubo  en  Má- 
laga (1)  después  de  la  toma  de  aquel  reino  ;  y  su- 
cedió el  licenciado  D.  Diego  Kamirez  de  Villaescu- 
Ba,  que  era  obispo  de  Astorga  (2),  y  en  Astorga  su- 
cedió el  doctor  Juan  de  Medina,  que  era  procurador 
de  los  Reyes  en  corte  romana.  Y  fálleselo  D.  Rodri- 
go Alonso  Pimentel ,  conde  de  Benavente ,  á  4  de 
septiembre  de  este  año  (3)  ;  é  á  27  de  este  mes  fá- 
lleselo Fray  Alonso  de  Burgos,  obispo  de  Falencia, 
que  primero  lo  habia  sido  de  Córdoba  y  Cuenca, 
que  fundó  el  colegio  de  San  Gregorio  en  Valladolid, 
dende  yace ;  al  cual  sucedió  Fray  Diego  Deza,  maes- 
tro en  teología,  natural  de  Toro,  de  la  Orden  de  los 
dominicos,  que  era  obispo  de  Jaén  ;  y  en  Jaén  su- 
cedió el  doctor  Alonso  Suarez  de  Fuente  el  Sabuco, 
que  era  obispo  de  Lugo  ,  é  Lugo  se  proveyó  al  li- 
cenciado Pedro  de  Rivera,  que  era  deán  de  Grana- 
da. Y  fallesció  también  en  Córdoba  este  mes  Don 
Francisco  de  la  Fuente,  obispo  de  Córdoba,  que  pri- 
mero fué  obispo  de  Avila  é  Inquisidor  general ;  y 
en  este  mes  fallesció  Fray  Tomás  de  Torquemada, 
prior  de  Santa  Cruz  de  Segovia  é  Inquisidor  gene- 
ral, que  está  sepultado  en  el  monasterio  de  Santo 
Tomas  de  Avila,  que  él  fundó.  Dióse  el  obispado  de 
Córdoba  á  Don  Juan  de  Fonseca,  obispo  de  Bada- 
joz, y  el  de  Badajoz  á  D.  Alonso  Manrique,  maes- 
tre-escuela de  Salamanca.  En  el  mes  de  abril  de 
este  año  partió  la  Princesa  Doña  Margarita  para 
riandes  por  f  allescimiento  del  Príncipe  D.  Juan  su 
marido,  y  casó  en  aquellas  partes  con  el  duque  de 
Saboya,  y  luego  tornó  á  enviudar ;  é  habia  sido  pri- 
mero desposada  con  el  Rey  Carlos  de  Francia ,  que 
dijeron  el  Cabezudo.  En  el  dicho  mes  de  octubre 
de  dicho  año  vino  á  Granada  la  Reina  de  Ñápeles, 
é  desembarcó  en  Almería ,  é  venia  con  ella  D.  Luis 
de  Aragón,  cardenal,  nieto  del  Rey  Católico  Don 
Fernando,  hijo  de  D.  Rodrigo  su  hijo  bastardo,  y  el 
Rey  la  fué  á  rescibir  á  Guadix.  Este  año  á  15  de 
noviembre,  dia  de  San  Eugenio,  nasció  la  Infanta 
Doña  Leonor,  hija  del  Príncipe  D.  Felipe  y  de  la 
Princesa  Doña  Juana  (4).  Mediado  el  mes  de  no- 


(1)  Pulgar,  3/  par.,  cap.  94,  fol.  269,  col.  i,  hablando  de  cuan- 
do se  tomó  en  agosto  de  1487,  le  alaba  mucho  y  dice  era  limosne- 
ro de  h  Reina  y  canónigo  de  Sevilla. 

(2)  Escribió  una  obra  de  religión  cristiana  muy  aplaudida  y 
dosveces  citada  del  Señor  Palacios  Rubios  en  sus  obras  de  Juris- 
prudencia Allcgat.  itt  materia  hmresis,  §  5  eí5,  pág.  565,  col  1.*, 
et  367,  col.  %  cdilion.  Lugdunens.  omn.  oper.  jurídicor.,  auno  1576, 
por  quien  la  menciona  I).  Nicolás  Antonio  sin  otra  noticia.  El  año 
1512  continuando  en  la  silla  de  Málaga ,  le  dedicó  Antonio  de  Ne- 
irija  su  edición  ilustrada  de  las  obras  de  nuestro  antiguo  poeta 
Aurelio  Clemente  Prudencio,  acabada  en  Alcalá  en  casa  de  Brocar 
el  dia  2  de  setiembre  de  aquel  año;  tomo  en  i.°,  letra  de  tórtis. 

(3)  El  dia  siguiente  5  libraron  los  Reyes  en  Sevilla  la  pragmá- 
tica 6.°  de  su  colección. 

(4)  No  pudo  nacer  Doña  Leonor  en  15  de  noviembre  de  99, 
eeindo  como  es  constante  que  su  madre  parió  al  Principe  D.  Cár- 


REYES  DE  CASTILLA. 

viembre  (5)  de  este  año  partieron  los  Reyes  de  Gra- 
nada, y  vinieron  para  Sevilla  á  tener  el  invierno,  y 
vinieron  para  Alcalá  la  Real,  Baena,  Ecija  é  Carme- 
na, y  entraron  en  Sevilla  martes  10  de  diciembre. 
Este  año  en  fin  de  él,  víspera  de  Santa  María  de  la 
O,  comenzó  á  hacer  la  conversión  de  los  moros  de 
Granada  á  nuestra  Santa  Fé  Católica  el  Arzobispo 
de  Toledo,  D.  Francisco  Ximenez,  de  la  Orden  de 
San  Francisco,  de  donde  sucedió  por  la  voluntad 
de  Dios  la  conversión  de  todos  los  moros  del  reino 
de  Granada,  aunque  no  sin  gran  escándalo  de  aquel 
reino,  porque  dia  de  nuestra  Señora  de  la  O  se  re- 
beló, é  se  hizo  en  la  mezquita  la  iglesia  catedral. 
En  este  año  se  hizo  la  pragmática  que  no  cabalga- 
sen en  muía  (6),  Y  este  año  murió  D.  Luis  OfeOiio, 
obispo  de  Jaén ,  y  sucedió  Fr.  Diego  Deza ,  que  era 
obispo  de  Salamanca. 

Aífo  1500. 

Estuvieron  este  año  los  Reyes  en  Sevilla  desde 
enero  (7),  y  partió  el  Rey  desde  Sevilla  para  Gra- 
nada lunes  á  27  de  enero,  por  el  levantamiento  que 
hicieron  los  moros  de  las  Alpujarras,  y  quedó  la 
Reina  en  Sevilla  (8).  Este  mes  se  tornaron  cristia- 
nos todos  los  moros  é  moras  de  Granada  é  sus  al- 
querías ;  y  fueron,  según  dicen,  hasta  cincuenta  mili 
almas,  y  dende  arriba,  y  fueron  consagradas  todas 
las  mezquitas  de  Granada ,  grandes  y  pequeñas  á 
á  honor  de  la  Santísima  Trinidad  (9).  A  25  de  fe- 
brero de  este  año,  dia  de  San  Matías,  nasció  el  Prín- 
cipe D.  Carlos  en  Flandes,  hijo  del  Archiduque  Don 
Felipe,  Príncipe  de  Castilla,  y  de  la  Princesa  Doña 
Juana,  y  dijola  Reina  Católica  cuando  lo  supo  :  Ce- 
cidit  sor 8  super  Mathiam.  En  1."  de  marzo  de  este 
año  entró  el  Rey  en  las  Alpujarras,  y  el  jueves  5  de 
dicho  mes  mandó  combatir  á  Lanjaron  y  fué  toma- 
do ;  y  este  mismo  dia  ciertos  capitanes  de  sus  Alte- 
zas fueron  á  Andarax  por  mandado  del  Rey,  y  la  ga- 
naron ;  y  luego  todas  las  Alpujarras  se  dieron,  y  los 
moros  de  Guejar,  Lanjaron  y' Andarax  que  se  pu- 
sieron en  resistencia,  fueron  tomados  cautivos  (10). 
En  el  mes  de  abril  de  este  año ,  jueves  30  dias,  á  la 
tarde  entró  en  Sevilla  el  Rey  D.  Juan  de  Navarra  : 

los,  después  Emperador,  el  dia  de  San  Matías,  25  de  febrero  del 
año  siguiente,  según  reparó  el  M.  Florez  en  las  Heinas  Católicas, 
tom.  II ,  pág.  851,  el  cual  por  lo  mismo  pone  su  nacimiento  el  año 
anterior  98. 

(5)  A  18  aun  estaban  allí,  y  libraron  á  la  Chancillería  de  Va- 
lladolid la  cédula  impresa. en  sus  Ordenanzas ,  lib.  1,  tit.  3,  nú- 
mero 81,  fol.  41  vuelto. 

(6)  Dada  en  la  muy  nombrada  y  gran  cibdad  de  Granada  á  30 
de  setiembre  de  1499.— Está  en  la  colección  de  las  de  su  reinado, 
pragmática  15i. 

(7)  En  cuyo  dia  18  libraron  allí  la  pragmática  16. 
8)  Donde  se  mantenía  en  31  de  marzo,  en  que  se  libró  allí  sola 

la  cédula  impresa  en  las  Ordenanz.  de  la  Ckancilleria  de  Vallado- 
lid,  lib.  5,  tit.  8,  fol.  190  vuelto. 

(9)  En  17  de  febrero  en  Granada  libraron  el  Rey  y  Reina  la 
cédula  impresa  en  las  Ordenanz.  de  la  Chancillería  de  Valladolid, 
lib.  1,  tit.  5,  nüm.  34,  fol.  91  vuelto. 

(10)  En  24  de  marzo  estaba  el  Consejo  en  Valladolid,  donde  li- 
bró la  pragmática  31  iirmada  así:  <  El  Conde  de  Cabra,  D.  Diego 
Fernandez  de  Córdoba.  El  conde  de  Cabra  por  virtud  de  los  po- 
deres que  tiene  del  Rey  é  de  la  Reina,  nuestros  señores,  la  man- 
dó dar  con  acuerdo  de  los  del  Consejo  de  sus  Altezas.» 


DON  FERNANDO 
sábado  á  diez  y  seis  de  mayo  ala  mañana  se  partió 
de  la  Corte  de  sus  Altezas  el  Rey  de  Navarra  (1). 
Lunes  á  22  (2)  de  junio  del  dicho  año  do  500  partie- 
ron los  Reyes  de  Sevilla  para  Granada  por  la  maña- 
na, y  fueron  á  comer  é  dormir  á  Marena ;  otro  dia 
martes  fueron  á  Marchena :  ay  estuvieron  el  dia  de 
San  Juan.  Jueves  á  25  de  dicho  mes  fueron  á  Su- 
ma (3),  y  de  allí  é  Estepa,  é  Antequera  é  Luxa  (4) 
é  Santa  Fée,  y  entraron  en  Granada  sábado  23  de 
julio.  Fálleselo  D.  Iñigo  López  de  Mendoza,  duque 
del  Infantazgo,  á  15  de  julio  de  este  año.  En  este 
mes  á  20  fálleselo  el  Príncipe  D.  Miguel  (5).  Miér- 
coles á  23  de  septiembre  se  partió  de  Granada  en 
buen  hora  la  Reina  de  Portugal  Doña  María  para 
se  casar,  y  fueron  los  Reyes  con  ella  (6),  y  estuvie- 
ron en  Santa  Fée  hasta  miércoles  30,  dia  de  San 
Gerónimo,  y  se  despidió  de  sus  Altezas,  Fué  con  eUa 
D.  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  Arzobispo  de  Sevi- 
lla, y  Patriarca  de  Alejandría ,  que  luego  fué  Car- 
denal del  título  de  Santa  Sabina,  hermano  del  con- 
de deTendilla,  cuyas  hermanas  fueron  Doña  Cata- 
lina, madre  de  D.  Bernardino  de  Rojas,  marqués 
do  Denia.  y  Doña  Mencía,  muger  de  Pedro  Carrillo 
de  Albornoz.  Jueves  luego  siguiente  vinieron  los 
Reyes  á  Granada.  En  los  meses  de  agosto,  septiem- 
bre y  octubre  de  este  año  por  la  gracia  de  Dios  se 
tornaron  cristianos  todos  los  moros  de  las  Alpuj  ar- 
ras, y  de  las  ciudades  de  Almería,  Baza  é  Guadix, 
é  de  otras  muchas  villas  y  lugares  del  reino  de  Gra- 
nada. Miércoles  á  21  de  octubre  partieron  los  Reyes 
para  Santa  Fée  (7),  En  los  dichos  meses  de  septiem- 
bre y  octubre  se  alzaron  los  moros  de  Belefigui  y 
Nijar.  Y  quedaron  por  Gobernadores  de  estos  rei- 
dos de  Castilla,  en  tanto  que  los  Reyes  estaban  en 

(1)  En  1.°  de  junio  en  Sevilla  libraron  á  la  villa  de  Madrid  la 
cédula  impresa  en  las  Orienanz.  de  la  Chancilleña  de  Valladolid, 
lib.  4,  tit.  10,  fol.  138  vuelto  y  139. 

(2)  En  ese  dia  libraron  allí  la  cédula  que  cita  Pinel  en  el  Ue- 
írat.  del  buen  vasallo,  pág.  500,  haciendo  merced  á  D.  Miguel  Ge- 
rónimo de  Cabrera  de  la  encomienda  de  Mures  y  Benazuza  en  la 
orden  de  Santiago.  Y  el  dia  siguiente  23  libraron  allí  la  pragmáti- 
ca inserta  en  la  19  de  su  volumen. 

^3)  Leo-Osuna. 

(4)  Loxa. 

(5)  Dia  12  de  setiembre  en  Granada  libraron  á  los  primeros 
marqueses  de  Moya  D.  Andrés  de  Cabrera  y  Doña  Beatriz  de  Bo- 
badílla  su  muger  y  sus  sucesores  perpetuamente  el  privilegio  de 
la  copa  de  oro  cu  que  bebiesen  los  Reyes  todos  los  años  el  dia 
de  Santa  Lucía  13  de  diciembre.  .Pinel,  Relrat.  del  buen  vasallo, 
lib.  2,  cap.  17,  pág.  292. 

(6)  Ese  dia  antes  de  salir  de  Granada  firmaron  para  la  Chanci- 
Uería  de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Ordenanzas,  lib.  5, 
tit.  2  al  fln,  fol  110  vuelto.  Sobrecarta  para  que  el  presidente  y 
oidores  que  habiaii  visto  el  pleito  de  la  reversión  del  valle  de  Lc- 
niz  entre  el  conde  de  Oñate  y  el  fiscal,  en  virtud  de  la  cláusula 
Enriqucña,  pues  no  se  conformaba  y  tenían  duda,  pusiese  cada 
uno  su  voto  y  parecer  separadamente  y  firmado  ,  y  los  enviasen 
todos  bajo  un  plegó  cerrado  á  sus  Altezas  para  que  en  su  vista 
providenciasen  lo  que  fuese  justicia,  como  antes  les  fué  manda- 
do, y  no  lo  habían  exactamente  cumplido. 

(7j  En  31  aun  los  supone  en  Granada  la  fecha  de  su  pragmá- 
tica 10,  que  es  á  favor  de  los  hijos  de  estos  moros,  que  se  habían 
vuelto  cristianos,  para  que  sus  padres  moros  no  les  negasen  la 
parte  de  bienes  que  les  tocasen  por  herencia  entre  los  otros  her- 
manos. Continuaban  los  Reyes  en  Granada  eu  13  de  noviembre  en 
que  libraron  al  Consejo  que  residía  en  Valladolid  la  cédula  que 
e»tá  á  continuación  de  ia  pragmática  37  de  sus  Altezas. 


E  DOtA  ISABEL.  551 

Granada,  D.  Gómez  Suarez  de  Figueroa,  conde  de 
Feria,  é  D.  Diego  Hernández  de  Córdoba,  conde  de 
Cabra,  y  los  doctores  de  Alcocer  y  Oropesa,  y  el 
licenciado  Malpartida. 

aSo  1501. 

En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Granada  (8),  y  tomáronse  los  dichos  moros  de  Be- 
lefigui en  el  mes  de  enero  de  este  año,  y  fueron  muer- 
tos é  ajusticiados  todos  los  varones  que  eran  para 
pelear,  é  todas  las  mugeres  fueron  captivas  ;  los  de 
Nijar  y  Guecar  fueron  todos  tomados  cautivos  en 
el  mismo  mes ,  é  los  niños  de  once  años  abajo  man- 
daron los  Reyes  que  no  fuesen  cautivos  por  ser  ino- 
centes y  tornáronlos  cristianos.  En  el  mes  de  enero 
de  este  dicho  año  se  alzaron  ciertos  lugares  de  mo- 
ros de  la  serranía  de  Ronda,  Sierra-Bermeja  é  Vi- 
Ualuenga,  y  mataron  los  moros  á  D.  Alonso  de  Agui- 
lar  é  á  Francisco  de  Madrid  é  á  otras  gentes  (9); 
fué  á  18  de  marzo  de  dicho  lunes  (10).  A  22  del  mis- 
mo mes  (11)  partió  para  dicha  serranía  el  Rey,  y  la 
ganó  é  allanó ,  é  á  los  moros  de  ella  mandó  luego 
para  allende  (12).  Volvió  el  Rey  á  Granada  y  entró 
en  ella  sábado  15  de  mayo  á  la  tarde  (13).  Viernes  á 
21  de  maj'o  por  la  mañana  partieron  los  Reyes  de 
Granada  con  la  Princesa  de  Gales  ,  Doña  Catalina , 
que  partió  para  Inglaterra  en  buena  hora.  Miércoles 
2  de  junio  á  la  tarde  partió  de  Granada  la  Reina  de 
Ñapóles  para  Valencia ,  y  salieron  los  Reyes  con 
ella  á  la  tarde  hasta  Albalate ,  donde  durmieron  esa 
noche  ;  otro  dia  jueves  volvieron  á  Granada.  A 
15  (14)  de  julio  nasció  Madama  Isabel ,  hija  de  los 
Príncipes  D.  Felipe  y  Doña  Juana.  En  el  mes  de 
julio  de  este  año  se  entregó  á  los  Reyes  católicos  y 
al  Rey  de  Francia  el  reino  de  Ñápeles,  y  le  partie- 
ron ;  de  que  después  nascieron  grandes  discordias  y 
guerras  (15).  A  26  de  agosto  de  este  año  se  embarcó 
la  Princesa  de  Gales  para  Inglaterra  en  la  Coruña,y 
fueron  con  ella  el  arzobispo  de  Santiago,  D.  Alonso 
de  Fonseca,  )y  D.  Diego  Hernández  de  Córdoba, 
conde  de  Cabra  ,  y  D.  Antonio  de  Rojas,  obispo  de 
Mallorca ,  que  después  fué  arzobispo  de  Granada  y 
presidente  del  Consejo,  patriarca  de  las  Indias  y 
obispo  de  Falencia,  y  D.  Pedro  Manrique,  cuya  fué 


('8)  A  10  de  marzolibraron  allí  la  cédula  impresa  en  las  Orde" 
nanzas  de  la  Chancillerla  de  Valladolid,  lib.  5,  tit.  8,  fol.  159. 

(9)  En  19  de  febrero  estaba  el  Consejo  en  Valladolid ,  y  era  Vi- 
rey  y  gobernador  de  él  con  poderes  del  Rey  y  Reina  él  conde  de 
Cabra  D.  Diego  Fernandez  de  Córdoba.  Cédula  impresa  en  el 
Fuero  de  Vizcaya,  1. 1.",  tit.  3d. 

MO)  En  el  dia  10  del  mismo  mes  de  marzo,  estando  los  Reyes  on 
Granada,  libraron  la  cédula  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Caan- 
cilleria  de  Valladolid,  lib.  S,  tit.  8,  fol.  172. 

(11)  Este  dia  antes  de  salir  de  Granada  libraroná  la  Chancillerla 
de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Ordenanzas,  lib.  1,  tit.  5, 
núm.  2,  ful.  45,  y  antes  otra  en  1(>,  tit.  6,  ejusdera  lib.,  núm.  29, 
fol.  53  vuelto. 

(12)  En  29  de  abril  libraron  en  Granada  la  pragmática  36,  con 
inserción  de  la  33  para  el  estudio  de  Salamanca. 

(13)  En  el  día  8  ya  firmó  allí  la  cédula  á  la  Chancillería  de  Valla- 
dolid, lib.  1,  tit.  7i,  núm.  62,  fol.  38  de  sus  Ordenanzas. 

(14)  A  18,  dice  Ponto  Ileutero,  y  en  Bruselas. 

(ih)  En  20,  2(]  y  30  de  julio  libraron  é  hicieron  publicar  en  Gra 
nada  las  pragmáticas  11  y  17,  estando  allí  sus  Altezas. 


552 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Valde-Ezcaray.  En  el  mes  de  Agosto  de  dicho  año 
volvió  por  el  mal  temporal  la  Princesa  de  Gales  á 
Laredo,  y  desde  allí  se  embarcó  segunda  vez  para 
Inglaterra  á  27  de  Septiembre  (1).  En  este  mes  fa- 
llesció  D.  Juan  Arias  del  Villar,  obispo  de  Segovia 
y  presidente  de  la  Chancillería  de  Valladolid  en  Mo- 
jados ,  y  fué  sepultado  en  la  capilla  mayor  de  la 
de  la  iglesia,  que  él  edificó  la  capilla  mayor  de  San- 
ta Clara  en  Valladolid ,  y  dio  para  la  fábrica  del 
puente  de  Buecillo  (2),  al  cual  sucedió  el  doctor  Don 
Juan  de  Medina,  obispo  de  Cartagena,  y  en  Carta- 
gena sucedió  D.  Juan  de  Velasco,  hermano  bastar- 
de del  condestable  D.  Bernardino.  Martes  á  la  tarde 
20  de  octubre  del  dicho  año  partieron  los  Reyes  de 
Granada,  y  fueron  á  dormir  á  Santa  Fée  ,  y  de  allí 
fueron  á  Alcalá  la  Real,  y  de  ahí  á  Baena  y  Espejo, 
y  entraron  en  Ecija  sábado  7  de  noviembre,  y  estu- 
vieron (3)  allí  hasta  Santa  Lucía ,  que  partieron  de 
Ecija  para  Sevilla,  y  vinieron  á  Palma,  Alora,  Can- 
tillana ,  é  vinieron  por  el  rio ,  y  entraron  en  Sevilla 
á  14  de  diciembre  ;  y  estuvieron  ay  la  Navidad.  Dia 
de  Santa  Catalina  25  de  noviembre  de  este  año  fá- 
lleselo el  Duque  de  Medina-Celi ,  D.  Luis  de  la  Cer- 
da ,  hijo  de  D.  Gastón  y  de  Doña  Leonor  de  Men- 
doza, condes  de  Medina-Celí. 

ASfo  1502. 

En  principio  de  este  año  estuvieron  los  Reyes  en 
Sevilla  (4).  A  3  de  enero  llegaron  los  Príncipes  don 
Felipe  y  Dofia  Juana  á  Fuente-Rabia ,  y  vinieron 
por  sus  jornadas  por  Guipúzcoa  y  Vitoria  hasta 
Burgos  y  Valladolid,  Medina,  Segovia  y  Madrid.  En 
la  cual  venida  fueron  festejados  en  Francia  por 
aquellos  Reyes  ;  aunque  en  la  verdad  dicen  que 
quisiera  el  Rey  de  Francia  que  lo  cataran  subjecion 
en  algunos  actos,  que  procuró  que  se  hiciesen,  dán- 
doles cierta  moneda,  que  fué  en  ofrescerla ,  la  cual 
la  Princesa  aunque  estaba  en  reino  extraño  no  qui- 
so rescebir  ;  dicen  que  el  Principe  ofreció  lo  que  le 
dieron.  En  el  dicho  mes  de  enero  recobraron  los  Re- 
yes la  ciudad  de  Gibraltar  y  su  fortaleza  para  la  co- 


\i)  EnZyli  de  este  mes  se  mantenían  los  Reyes  en  Granada, 
7  libraron  allí  las  pragmáticas  8  y  12. 

(2)  A  la  villa  de  Valladolid,  en  cuya  jurisdicción  se  comprendía 
Boecillo  entonces,  por  una  parte  fiSO.OOO  mrs.  porque  envió  comi- 
sarios á  darle  gracias  en  acuerdo  del  lunes  12  de  octubre  del  año 
anterior  l.iftO,  y  por  otra  6.426  que  debía  cobrar  y  remitió  de  sn 
aposentamiento  del  año  1501  hasta  el  dia  2  de  agosto  en  que  sa- 
lió de  la  presidencia,  y  partió  de  esta  villa  para  la  de  Mojados, 
donde  murió.  Libro  de  acuerdos  de  Valladolid  del  año  1497  y  si- 
guientes hasta  1502,  fol.  181.  186  y  310.  Por  lo  demás,  en  cuanto  á 
su  entierro  en  Santa  Clara  y  obras  que  hizo  en  este  convento,  con- 
viene con  el  Señor  Gaiindez,  Antolinez  de  Burgos  en  su  Historia 
manmcrita  de  Valladolid,  lib.  2,  cap.  56. 

(3)  Si  es  cierto  el  orden  que  aquí  lleva  el  Señor  Carvajal,  no  lo 
puede  ser  el  día  4  de  setiembre  de  la  pragmática  9.'  dada  en  la 
eiudad  de  Ecija.  En  Ecija  á  4  de  diciembre  libraron  á  la  Chanci- 
llería de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Ordenansas  ,U  j  .  4, 
tlt.2,  fol.  12Í  vuelto. 

(4)  A  2  y  10  de  enero  libraron  allí  la  pragmática  2."  de  su  co- 
lección ,  y  la  cédula  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancillería 
de  Valladolid,  lib.  5,  tlt.  8,  fol.  172. 


roña  Real  (5).  Otrosí  en  este  mes  de  enero  (6)  man- 
daron los  Reyes  salir  de  sus  reinos  de  Castilla  y 
León  todos  los  moros  que  vivían  y  moraban  en  ellos, 
por  los  meses  de  marzo,  abril  y  mayo ,  é  aunque  los 
mandaron  salir ,  después  de  llegado  el  plazo  no  lo 
consintieron  sino  que  se  tornasen  cristianos  (7).  Sá- 
bado 25  de  hebrero  fueron  los  Reyes  al  Pedroso,  y 
estuvieron  ende  el  domingo.  Lunes  27  de  hebrero 
vinieron  á  Cazalla ,  y  de  allí  á  Guadalcanal ,  á  la 
Puente  del  Arzobispo,  y  entraron  en  Llerena  jueves 
3  de  marzo  ,  y  sábado  12  partieron  de  allí,  y  vinie- 
ron á  Valencia  de  la  Torre ,  y  estuvieron  allí  esa 
noche  y  el  domingo ;  y  el  lunes  partieron  de  ay  y 
vinieron  á  dormir  al  Campillo,  y  de  allí  se  partieron 
martes  siguiente  y  vinieron  á  dormir  á  Zalamea  ,  á 
do  estuvieron  la  Pascua  de  Flores,  Miércoles  á  30 
de  marzo  partieron  de  Zalamea,  y  fueron  el  dia  si- 
guiente de  Pascua  á  dormir  á  Quintana,  viernes  á 
Ceden,  y  sábado  á  la  casa  de  los  frailes  de  Guada- 
lupe ,  que  está  cabe  la  venta  de  los  Palacios ;  estu- 
vieron alli  el  domingo  ;  el  lunes  siguiente  que  fue- 
ron 4  de  abril ,  estuvieron  en  Guadalupe,  de  donde 
salieron  miércoles  13  de  abril  y  vinieron  á  dormir  á 
la  venta  de  los  Palacios ,  jueves  á  otra  venta  que 
está  pasado  el  puerto  de  Arrebatacapas ,  y  viernes  á 
la  puente  del  Arzobispo ;  estuvieron  ende  sábado  y 
domingo,  y  partieron  lunes  18  de  abril  y  fueron  á 
dormir  á  Calera,  é  martes  19  entraron  en  Talavera, 
miércoles  30  fueron  á  Zebolla,  jueves  vinieron  á  Bu- 
rujón, y  viernes  22  entraron  en  Toledo.  Sábado  7  de 
mayo  entraron  los  Príncipes  D.  Felipe  y  Dofia  Jua- 
na en  Toledo,  habiéndose  detenido  ocho  dias  en 
Olias,  que  el  Príncipe  estuvo  malo  de  sarampión, 
y  dicen  que  el  sarampión  tenia  la  Princesa  y  noel. 
Domingo  22  de  mayo  fueron  jurados  por  Príncipes 
de  Castilla  y  León  en  la  Iglesia  mayor  de  Toledo  en 
presencia  de  los  Reyes  Católicos ,  estando  ende  el 
cardenal  D.  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  el  arzobis- 
po D.  Fr.  Francisco  Ximenez,  el  condestable  Don 
Bernardino  de  Velasco,  y  los  duques-del  Infanta- 
do, Alba,  Bejar  y  Alburquerque ,  el  marqués  de  Vi- 


(5)  De  poder  de  D.  Jnan  Alonso  de  Gnzman,  tercer  dnqne  de 
Medina  Sidonia  y  segundo  marqués  de  Gibraltar,  sin  oirle  ni  darle 
por  ella  recompensa  alguna  que  se  sepa.  Para  ello  sin  contar  coa 
él  para  nada,  estando  en  Toledo  á  22  de  diciembre  del  año  ante- 
rior 1501  despacharon  con  provisión  á  recobrarla  parala  corona á 
Garcilaso  de  la  Vega,  caballero  de  su  casa  y  su  confidente,  co- 
mendador mayor  de  Castilla,  y  á  la  sazón  de  Vera  y  sus  tierras; 
quien  se  presentó  con  este  despacho  en  Gibraltar  domingo  2  da 
enero  inmediato  de  1502  y  sin  dificultad  se  apoderó  de  lodo.  Aya- 
la,  Hislor.  de  Gibraltar,  pág.  208,  y  Apend.,  i^ig.  20.  Y  á  10  de  ju- 
lio por  otra  cédula  en  Toledo  concedieron  sello  y  escudo  de  armas 
á  la  ciudad.  Ibid.,  pág.  211  y  33.  En  6  de  Febrero  allf  libraron  á  la 
Chancillería  de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Ordenanzas, 
lib.  1,  tlt.  7,  niím.  U,  fol.  56  vuelto. 

(6)  Y  por  pragmática  en  Sevilla  á  12  del  mismo,  que  es  la  15 
de  su  colección  impresa,  providenciaron  la  expulsión,  entendién- 
dose para  con  los  varones  de  14  y  hembras  de  12  años  arriba,  y 
con  término  solo  hasta  fin  de  abril,  y  por  los  puertos  de  Vizcaya 
y  no  otros,  ni  á  tierra  de  África,  ni  á  las  del  Turco ,  con  quienes 
tenían  guerra,  sino  á  las  del  Soldán  ú  otras  indiferentes,  y  les 
prohiben  sacar  plata,  oro,  moneda  ti  otra  cosa  de  ilícita  extrac- 
ción. 

(7)  En  12  de  febrero  libraron  en  Sevilla  la  pragmática  19. 


DON  FERNANDO 
llena,  y  los  condes  de  Miranda,  Oropesa,  Belalca- 
zar,  Corufia,  Símela,  Fuensalida,  Rivadeo,  Aya- 
monte  y  otros,  y  los  obispos  de  Falencia,  Osma, 
Córdoba ,  Salamanca,  Jaén  ,  Ciudad-Rodrigo,  Cala- 
horra ,  Mondoñedo ,  Málaga  y  otros  muchos  Perla- 
dos y  Caballeros.  Aquí  vino  nueva  que  el  Príncipe 
de  Gales  Arturo  era  f allescido,  que  fué  casado  con 
la  Infanta  Doña  Catalina,  la  cual  casó  segunda  vez 
con  el  Príncipe  D.  Enrique,  hermano  de  Arturo,  que 
después  fué  Rey  de  Inglaterra  (1).  Lunes  á  18  de 
julio  á  la  tarde  partió  el  Rey  para  Zaragoza  y  fué 
por  Alcalá  de  Henares  (2).  Lunes  29  de  agosto  par- 
tieron para  Oc-afia  y  Aranjuez  los  Príncipes  (3).  A  28 
de  septiembre  partió  de  Toledo  para  Madrid  la  Rei- 
na Católica  y  desde  Toledo  vino  por  Torrijos ,  don- 
de estuvo  ocho  dias,  y  desde  ay  á Fuensalida  y  desde 
ay  á  Casarrubios,  y  entró  en  Madrid  viernes  4  de  octu- 
bre (4).  Lunes  30  de  dicho  mes  entró  el  Rey  en  Madrid 
de  vuelta  de  Zaragozaé  vino  en  posta,  porquela  Rei- 
na estaba  mala.  A  14  de  esto  mes  de  octubre  murió  en 
Madrid  el  cardenal  D.  Diego  Hurtado  de  Mendoza  (5). 
Viernes  á  13  de  noviembre  entró  en  Madrid  el  Prín- 
cipe D.  Felipe  que  vino  de  Zaragoza,  y  quedó  allá  la 
Princesa.  En  este  mes  murió  D.  Diego  de  Rojas , 
marqués  de  Denia  y  le  sucedió  D.  Bernardino  de 
Rojas ,  su  hijo.  Lunes  á  19  de  diciembre  partió  el 
Príncipe  D.  Felipe  de  Madrid  para  Flándes,  y  fué  por 
Francia  (6).  En  este  año  se  tomaban  á  revolver  en 
en  el  reino  de  Ñapóles  los  castellanos  y  franceses,  y 
y  fué  mucha  culpa  de  los  franceses.  En  este  año  por 
el  mes  de  diciembre  vino  á  Madrid  D.  Hernando  de 
Aragón,  duque  de  Calabria ,  que  lo  envió  allí  preso 
el  Gran  Capitán. 

Afío  1503. 

A  15  de  enero  de  este  año  fueron  los  Reyes  á  Al- 
calá y  de  allí  partió  el  Rey  para  Zaragoza  á  24  de 

(1)  En  5  de  jnnio  libraron  en  Toledo  la  cédala  impresa  en  el 
Fuero  de  Vizcaya  después  de  la  ley  3,  tít.  32. 

(2)  A  42  de  julio  libraron  en  Toledo  la  pragmática  37,  y  la  cédu- 
la impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilteria,  lib.  5,  tit.  1,  folio 
154  vuelto.  Y  en  26  del  mismo  las  ordenanzas  impresas  desde  el 
fol.  198  á  200  vuelto.  En  4  de  agosto  libraron  los  Reyes  en  Tole- 
do la  pragmática  i  de  su  Colección  impresa. 

(3)  En  50  permanecía  la  Reina  en  Toledo.  Cédulas  suyas  en 
Toledo  con  esa  fecha  á  la  Chancillería  de  Valladolid,  en  sus  Or- 
denanzas, lib.  1,  tít.  2,  núm.  47,  fol.  23  vuelto,  y  lib.  3,  tít.  6,  folio 
112.  Y  en  17  de  setiembre  libró  en  la  misma  ciudad  de  Toledo  la 
pragmática  14. 

(4)  En  su  dia  2G  libraron  Rey  y  Reina  la  sobrecarta  que  se  im- 
prime en  las  Ordenanzas  de  la  Chancillería,  fol.  198  hasta  201. 

(b)  Arzobispo  de  Sevilla.  Pero  si  se  ha  de  estar  á  lo  que  escribe 
Zúfiiga  y  á  la  inscripción  de  su  sepulcro  que  estampa,  pág.  421,  no 
murió  sino  en  12  de  setiembre  de  este  año.  En  su  lugar  presen- 
taron nuestros  Reyes  á  D.  Juan  de  Zúñiga,  hijo  de  la  casa  de  Be- 
jar,  qne  luego  fué  cardenal  y  antes  maestre  de  Alcántara  hasta  el 
año  1195,  en  que  lo  renunció  en  manos  del  Rey;  pero  le  gozó  poco 
esta  iglesia,  muriendo  á  los  dos  años  después  en  Guadalupe  por 
agosto  de  1504.  Entonces  proveyeron  sus  Altezas  esta  sede  en 
D.  Fray  Diego  de  Deza  su  confesor,  que  se  hallaba  electo  de  Jaén, 
cuyas  Memorias  son  conocidas.  Véase  Zúñiga,  págs.  411  á  424. 

A  1."  de  noviembre  estando  la  Corte  en  Madrid  se  publicó  allí 
la  pragmática  37,  como  al  pie  de  ella  consta. 

(6)  A  '2o  del  mismo  mes  permanecía  en  Madrid  el  Rey  D.  Fer- 
nando, y  libró  allí  con  esa  fecha  la  cédula  impresa  en  las  Ordenan- 
zas de  la  Chancilleria  de  Valladolid  lib,  5,  l(t.  8,  fol.  17o,  que  tam- 
poco explicó  cuuo  eu  sí  es  el  Otálora,  4.'  part.,  cap.  \,  página  285. 


É  DOtA  ISABEL.  553 

dicho  mes.  En  21  de  enero  fálleselo  en  Alcalá  Don 
Gutierre  de  Cárdenas,  Comendador  Mayor  de  León. 
Viernes  á  10  de  marzo  parió  la  Princesa  Doña  Jua- 
na al  Infante  D.  Fernando  en  Alcalá  de  Henares; 
bautizólo  el  Cardenal  Fr.  Francisco  Ximenez,  Arzo- 
bispo de  Toledo  (7).  En  el  mes  de  julio  vino  nue- 
va, que  la  gente  que  pasó  con  D.  Pedro  Puertocar- 
rero,  venció  en  batalla  á  Moflsiur  de  Oveni  en  Ña- 
póles, adonde  fué  muerto  el  Visorey  francés  de- 
que diremos,  y  cuatro  mil  y  quinientos  franceses,  y 
tomó  la  ciudad  de  Ñápeles.  En  Alcalá  á  5  de  julio 
de  este  año  murió  el  Adelantado  de  Murcia  D.  Juan 
Chacón  (8).  Viernes  á  14  de  julio  partió  la  Reina 
para  Madrid,  y  durmió  esa  noche  en  Rejas,  y  al  dia 
siguiente  llegó  á  la  dicha  villa.  Al."  de  agosto  de 
este  año  murió  el  Papa  Alejandro  VI,  y  fué  asump- 
to  el  Cardenal  de  S.  Pedro  ad  Vincula,  que  se  llamó 
Julio  II.  En  15  de  septiembre  cercaron  los  france- 
ses á  Salsas,  y  el  Rey  juntó  gente  en  Perpifian  y  los 
franceses  huyeron  en  el  mes  de  noviembre,  y  nues- 
tra gente  los  siguió  y  los  franceses  se  acogieron  á 
Navarra,  y  los  nuestros  entraron  en  Francia  y  des- 
truyeron muchos  lugares  y  fortalezas,  especialmen- 
te á  Leocata,  y  otros  muchos  lugares,  y  pidieron  tre- 
guas al  Rey  Católico,  y  él  se  las  otorgó,  y  despidió 
la  hueste  y  vínose  para  donde  la  Reina  estaba.  A 
25  de  septiembre  fálleselo  en  Segovia  D.  Alvaro  de 
Portugal  súpitamente;  estando  comiendo  se  cayó 
de  una  silla,  y  depositáronle  en  S.  Francisco  de  Se- 
govia, y  después  lo  llevaron  á  Portugal.  Partió  la 
Reina  de  Segovia  (9)  para  Medina  del  Campo  á  26 
de  noviembre,  y  durmió  esa  noche  en  Garcillan,  y 
fué  otro  dia  á  S.  Juste,  y  entró  en  Medina  otro  dia, 
que  fueron  28  de  noviembre.  Entró  el  Rey  en  Me- 
dina del  Campo  á  20  de  diciembre ,  que  venía  del 
socorro  y  de  descercar  á  Perpiñan, 

Aífo  1604. 

En  principio  de  este  año  vino  nueva  como  el  Gran 
Capitán  D.  Gonzalo  Hernández  de  Córdoba  venció 
la  batalla  del  Garillano ,  donde  hubo  gran  número 
de  franceses  muertos,  y  tomó  á  Gaeta  y  el  resto  del 
reino  de  Ñapóles.  Viernes  á  1."  de  marzo  partió  la 
Princesa  Doña  Juana  para  Flándes,  y  estuvo  sábado 
y  domingo  en  Valladolid,  y  de  allí  fué  su  camino 
derecho  á  Laredo,  y  de  allí  se  embarcó ,  y  se  fué  en 
buen  hora.  Domingo  de  Ramos  31  de  marzo  se  ju- 
raron las  paces  con  Francia  por  tres  años  en  la  Me- 


(7)  El  Sr.  Sandoval  nos  ha  conservado  una  relación  coetánea 
de  la  grandeza  y  magnificencia  con  que  fué  celebrado  su  bautizo, 
útil  para  conocer  las  mayores  galas  de  aquel  tiempo.  Hisloria  de 
Carlos  Y,  lib.  1,  §  13.  Continuaba  la  Reina  allí  en  20  y  29  de  este 
mes.  Cédulas  Reales  de  esas  fechas  en  las  Ordenanzas  de  la  Chan- 
cillería de  Valladolid,  fol.  25  vuelto  y  23  vuelto. 

(8)  Y  allí  la  Reina  con  esa  fecha  libró  al  Señorío  de  Vizcaya  la 
cédula  de  ese  dia  impresa  en  sus  Fueros  después  de  la  ley  3.", 
tít.  32,  y  á  10  la  siguiente  á  ella. 

(9)  Donde  en  30  de  agosto  dirigió  á  la  Chancillería  de  Vallado- 
lid  los  capítulos  de  reformación  de  ella,  qne  hablan  resultado  de 
la  visita  que  la  hizo  D.  Martin  de  Córdoba,  para  que  los  guardase 
y  cumpliese.  Cédula  con  su  inserción  impresa  en  sus  OrdenanzaSf 
fól.  207  vuelto  hasta  210  vuelto. 


554 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DSl  CASTILLA. 


jorada.  El  día  de  viernes  Santo  de  este  afio  fueron 
hechos  grandes  terremotos  en  Castilla,  especialmen- 
te en  Sevilla,  Carmena,  é  otros  muchos  lugares  de 
Andalucía ;  y  se  abrieron  las  bóvedas  de  las  iglesias 
y  fortalezas ,  de  los  muros  y  torres ,  y  cayeron  mu- 
cha parte  de  ellos  en  tal  manera  que  los  vivos  en 
los  tiempos  presentes  nunca  tal  vieron.  Murió  Pedro 
de  Avila,  Señor  de  las  Jíavas,  en  Abril  de  este  afio, 
y  heredó  la  casa  D.  Esteban  Dávilasu  hijo,  y  murió 
en  Medina  del  Campo  á  8  de  octubre  de  dicho  año, 
é  sucedió  su  hijo  D.  Pedro  Dávila.  Por  mayo  en  Me- 
dina del  Campo  f allesció  Doña  Magdalena,  Infanta 
de  Navarra,  y  D.  ...  (1)  Enriquez,  tio  del  Rey  (2). 
En  26  de  julio  de  este  año  adolecieron  los  Reyes  en 
Medina.  Este  dia  f  allesció  D.  Juan  de  Zúñiga ,  que 
era  Cardenal  é  Arzobispo  de  Sevilla,  y  primero  ha- 
bía sido  Maestre  de  Alcántara,  en  una  granja  cerca 
de  Guadalupe,  y  está  sepultado  en  dicho  monaste- 
rio, donde  también  yace  D.  Juan  de  Sotomayor,  su 
antecesor,  en  la  claustra,  en  la  capilla  de  S.  Martin. 
Martes  á  26  de  noviembre  de  dicho  año  entre  once 
y  doce  del  dia  llevó  Dios  á  la  Reina  Católica,  y  lle- 
váronla á  enterrar  á  Granada.  Este  dia  á  la  tarde 
fueron  alzados  los  pendones  por  la  Reina  Doña  Jua- 
na, como  señora  propietaria  de  estos  reinos,  y  por 
el  Rey  D.  Felipe,  como  su  legítimo  marido,  en  pre- 
sencia del  Rey  D.  Fernando ,  que  quedaba  por  Go- 
bernador de  los  reinos,  y  del  Consejo  y  de  los  Gran- 
des y  Caballeros  que  allí  se  hallaron  (3).  Alzó  los 
pendones  el  Duque  de  Alba  D,  Fadrique  de  Toledo. 
En  fin  de  noviembre  fué  el  Rey  á  la  Mejorada  á  en- 
tender en  el  testamento  de  la  Reina,  é  vino  ende  el 
Arzobispo  de  Toledo,  y  se  entendió  en  el  dicho  tes- 
tamento. Por  diciembre  partió  el  Rey  para  Toro  á 
donde  estuvo  hasta  el  mes  de  abril  del  año  siguien- 
te, entendiendo  en  cumplir  el  testamento  de  la  Rei- 
na con  el  Arzobispo  de  Toledo  D.  Fr.  Francisco  Xi- 
menez,  y  con  el  de  Sevilla  D.  Fr.  Diego  Deza,  que 
nuevamente  había  sucedido  en  el  arzobispado ,  por- 
que de  Jaén  vino  á  Palencia,  y  de  aquí  á  Sevilla.  E 
allí  en  Toro  dieron  algunos  Caballeros  é  Grandes 
ciertas  tentativas  al  Rey ,  y  él  temió,  de  modo  que 
algo  se  enflaqueció  la  justicia  (4). 

(1)  D.  Enrique  Enriquez,  le  llamó  en  el  prólogo. 

(2)  En  6  del  mismo  mes  de  mayo  permanecían  los  Reyes  en 
Medina.  Cédula  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilkria  de 
Valladolid ,  lib.  1,  tít.  2,  niim.  67,  fíl.  28,  como  también  en  3  y  24 
de  Julio,  cédula  allí,  lib.  2,  tít.  7,  núm.  14,  fól.  98  y  lib.  3,  tít,  10, 
fól.  120. 

(3)  Y  en  el  mismo  dia  escribió  el  Rey  la  noticia  de  la  muerte 
de  la  Reina  á  su  hija  y  yerno  á  Flandes,  para  que  cuanto  antes 
dispusiesen  su  venida  á  estos  reinos.  La  carta  se  hallará  copia- 
da al  lin  de  este  comentario.  Con  la  propia  fecha  10  avisó  á  la 
Chancillería  de  Valladolid  por  cédula  particular,  y  en  otra  déla 
misma  liata,  Doña  Juana  su  hija,  ya  Reina,  los  habilitó  para  que 
á  su  nombre  continúen  administrando  bien  la  justicia.  Están  im- 
presas una  y  otra  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria,  lib;  5,  títu- 
lo 8,  fól.  194. 

(4j  Esto  repite  Sandoval  citando  á  Galindez,  tom.  i,  pág.  9, 

lib.  1,  §  17  al  üa. 


AffO  1605. 

Este  año  estuvo  el  Rey  en  Toro  (5)  hasta  fin  de 
abril,  que  partió  para  Segovia,  y  fué  por  Arévalo, 
y  entró  en  Segovia  por  mayo ,  y  alli  estuvo  hasta 
lunes  6  de  octubre  que  partió  para  Cerezuela  á  mon- 
te. Y  en  dicho  mes  de  mayo  fué  trasladada  la  Reina 
Doña  Isabel,  segunda  mujer  del  Rey  D.  Juan  el  Se- 
gundo ,  y  madre  de  la  Reina  Católica  Doña  Isabel, 
del  convento  de  San  Francisco  de  Arévalo  al  con- 
vento de  Miraflores  de  Burgos  de  la  orden  de  los 
Cartujos,  que  fundó  el  dicho  Rey  D.  Juan ,  donde 
yace  sepultado  é  embalsamado.  En  agosto  de  este 
año  hizo  y  imbió  el  Rey  una  armada  para  allende,  á 
instancia  y  suplicación  del  Arzobispo  de  Toledo ,  y 
desembarcó  en  el  puerto  de  Mazalquivir  jueves  á  11 
de  septiembre,  y  sábado  siguiente,  que  fueron  13  de 
dicho  mes,  fué  ganada  Mazalquivir ,  y  fué  el  capi- 
tán de  esta  armada  D.  Diego  Hernández  de  Córdo- 
ba, alcaide  de  los  Donceles ,  que  después  fué  Mar- 
qués de  Gomares.  Este  mismo  dia  13  de  septiembre 
parió  la  Reina  Doña  Juana  en  Fiándes  á  la  Infanta 
Doña  María.  En  Agosto  murió  D.  Pedro  Alvarez 
Osorío,  Marqués  de  Astorga ,  y  sucedió  su  hijo  Don 
Alvar  Pérez  Osorío.  E  ansimismo  murió  D.  Gómez 
Suarez  de  Figueroa,  Conde  de  Feria,  y  le  sucedió  su 
hijo  D.  Lorenzo,  que  después  fué  Marqués  de  Plie- 
go, porque  casó  con  Doña  Catalina  de  Córdoba,  hi- 
ja mayor  de  D.  Pedro  Hernández  de  Córdoba  y  de 
Doña  Elvira  Enriquez ,  hija  de  D.  Enrique ;  el  cual 
dicho  Marqués  D.  Pedro  fué  hijo  de  D.  Alonso  de 
Aguilar.  Murió  asimismo  D.  Alonso  de  Fonseca,  Se- 
ñor de  Coca  y  Alaejos,  hijo  de  Hernando  de  Fon- 
seca,  que  fué  hijo  del  doctor  Juan  Alonso  y  de  Bea- 
triz Rodríguez  de  Fonseca  (6).  Lunes  20  de  octu- 
bre partió  el  Rey  del  bosque  de  Segovia  para  Sala- 
manca, durmió  esa  noche  en  Abades,  y  llegó  este 
dicho  mes  á  Salamanca  y  estuvo  en  ella  hasta  fin  de 
este  año  de  1505  (7).  Este  año  por  el  invierno  hizo 
muy  grandes  heladas  y  nieves,  é  ansimismo  hubo 
mucha  seca.  Por  diciembre  de  este  año  murió  Don 
Diego  Gómez  Sarmiento ,  Conde  de  Salinas,  y  Don 
Francisco  de  Velasco,  Conde  de  Siruela,  y  D.  Pedro 


(5)  Aquf  lo  de  las  Cortes  de  Toro ,  en  que  se  le  juró  propie- 
taria á  Doña  Juana  y  á  él  Gobernador ,  y  se  publicaron  las  84 
leyes. 

(6)  En  17  de  setiembre  nació  5  D.  Felipe  y  Dofia  Juana  en 
Bruselas  la  Infanta  Doña  María.  Fueron  sus  padrinos  de  pila  el 
Emperador  Maximiliano  su  abuelo  y  la  Condesa  viuda  de  Engel- 
verto  de  Nassau.  Ponto  Heutero  Delphio  Rer.  belgicar  ,  lib.  6  ,  pá- 
gina 275.  Harco  Anual.  Brabanti»,  tom.  i,  pág.  S14.  Esta  infanta 
fué  Reina  de  Hungría  y  Bohemia  por  su  casamiento  en  1521  con 
el  Rey  Luis,  de  quien  no  tuvo  hijos.  Viada  de  él,  gobernadora  de 
Flandes  por  el  Emperador  Carlos  V  su  hermano,  fundadora  de  la 
ciudad  de  Mariemburg  de  su  nombre,  y  vuelta  á  España,  murió  en 
Cigales  á  18  de  Octubre  de  1538.  .Sepultáronla  en  S.  Benito  de  Va- 
lladolid, y  de  ahí  fué  trasladada  al  Escoria!,  afio  1574.  Florez,  Rei- 
nas Católicas,  tom.  u,  pág.  834. 

(7)  No  en  balde,  sino  negociando  con  los  embajadores  de  su 
yerno  el  Señor  de  Veré  y  Andrea  del  Burgo ,  la  deseada  concor- 
dia que  después  de  tantas  tentativas  y  desazones  entre  ellos, 
tuvo  efecto  el  dia  24  de  noviembre ,  siguiente,  y  la  trae  Zurita,  li- 
bro 6,  cap.  23,  y  á  la  entrada  del  año  inmediato  la  menciona  el 
Señor  Carvajal. 


Don  FERNANDO 
Hurtado  de  Mendoza,  Adelantado  de  Cazorla,  her- 
mano del  Cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendoza. 
Murió  también  D,  Alonso  de  Fonseca,  Obispo  de  Os- 
ma,  que  primero  lo  habia  sido  de  Avila  y  Cuenca,  y 
sucedió  en  Osma  D.  Alonso  Enriquez,  hijo  bastardo 
del  Almirante  D.  Fadrique,  de  que  muchos  del  rei- 
no tuvieron  que  decir ,  por  ser  el  dicho  D.  Alonso 
hombre  profano. 

AÑO  1506. 

Estuvo  el  Rey  en  Salamanca  en  principio  de  este 
año,  y  el  dia  de  Reyes  6  de  enero,  se  pregonaron  allí 
las  concordias  entre  el  Rey  y  sus  hijos  ,  mediante 
Mr.  de  Veré  su  embajador,  é  ponia  en  las  cartas: 
D.  Fernando ,  D.  Felipe  y  Doña  Juana,  etc.  A  9  de 
enero  partieron  de  Flandes  D.  Felipe  y  Dofia  Jua- 
na, é  corrió  mucha  tormenta ,  é  aportaron  á  Ingla- 
terra á  Morilas ,  y  aquel  Rey  les  hizo  mucha  fiesta. 
Partió  el  Rey  de  Salamanca  el  mes  de  marzo,  y  en- 
tró en  Valladolid  sábado  14  de  dicho  mes ,  y  lunes 
16  partió  á  Dueñas,  á  donde  se  veló  con  Doña  Ger- 
mana de  Fox  á  18  del  mismo  mes ,  la  cual  era  hija 
de  D.  Juan  Gastón,  Señor  de  Narbona,  Conde  de 
Fox,  hijo  de  Doña  Leonor,  hija  del  Rey  D.  Juan  de 
Aragón  y  Navarra,  y  de  Doña  Blanca  su  prima  mu- 
jer. Reina  de  Navarra.  Esta  Germana  era  sobrina 
del  Rey  D.  Fernando  su  marido,  nieta  de  su  herma- 
na, y  la  madre  de  dicha  Doña  Germana  era  herma- 
na del  Rey  Luis  de  Francia,  que  entonces  reina- 
ba (1).  Lunes  20  de  abril  partió  el  Rey  de  Vallado- 
lid  á  rescibir  á  los  Reyes  D.  Felipe  y  Doña  Juana, 
pensando  que  desembarcarían  en  la  montaña ,  y 
quedó  la  Reina  Germana  en  Valladolid ,  y  las  Rei- 
nas de  Ñapóles ,  madre  é  hija ,  que  hablan  venido  á 
Salamanca  por  noviembre.  Domingo  26  de  abril 


(1)  La  filiación  de  nuestra  Reina  Doña  Germana  procede  de 
este  modo:  fué  hermana  de  D.  Gastón  de  Fox,  Vizconde  de  Nar- 
bona y  Duque  de  Nemoui,  muerto  sin  hijos  en  la  batalla  de  Ra- 
vena  año  1512:  los  dos  hijos  de  Juan  Gastón  de  Fox,  Señor  de 
Narbona,  Gobernador  de  Viena  y  del  DelQnado,  Caballero  del  Or- 
den de  San  Miguel ,  que  se  halló  en  las  jornadas  de  Ñapóles  y 
Fournove,  y  murió  en  Estampes,  donde  está  enterrado;  y  de  ma- 
dama María,  hija  de  Carlos,  Duque  de  Orleans,  y  hermana  de 
Luis  XII,  Rey  de  Francia,  que  reinaba  á  esta  sazón,  y  como  el  pa- 
riente más  cercano  habia  sucedido  á  Carlos  VIII  en  1498,  el  cual 
Don  Juan  Gastón,  Señor  de  Narbona,  padre  de  la  Reina  Germana 
habia  tenido  hermano  mítyor  á  D.  Gastón ,  Conde  de  Viena ,  Prín- 
cipe muy  galán  y  de  excelentes  perfecciones,  que  fué  muerto  des- 
graciadamente el  año  1470  á  un  golpe  de  lanza  en  un  torneo  en 
Libourne,  y  yace  en  San  Andrés  de  Bordeaux,  casado  con  Madale- 
na  de  Francia,  hija  de  Carlos  VII  y  hermana  de  Luis  XI,  de  quien 
tuvo  á  Francisco  Phebo,  Rey  de  Navarra  y  Conde  de  Fox,  que  mu- 
rió sin  hijos,  y  á  la  Reina  Doña  Catalina  que  le  sucedió  en  el  de- 
recho de  aquella  corona,  á  quien  y  á  su  marido  D.  Juan  de  Labrit 
la  arrancó  por  las  armas  el  Rey  Católico  el  año  1512  y  la  reincor- 
poró á  la  de  Castilla.  Estos  dos  Gastones  hermanos ,  Juan  y  Gas- 
tón V  del  nombre,  fueron  hijos  de  D.  Gastón  el  IV,  XVI  Conde  de 
Fox,  difunto  en  1472,  dos  años  después  de  su  hijo  primero,  y  de 
la  Infanta  Doña  Leonor,  hermana  de  padre  del  Rey  Católico,  hija 
como  él  del  Rey  D.  Juan  de  Aragón  y  de  la  Reina  Doña  Blanca  de 
Navarra,  por  cuya  muerte  aquel  Rey  volvió  á  casar  con  la  ilustra 
Doña  Juana  Enriquez,  madre  del  Católico;  y  así  la  Doña  Germana 
de  Fox,  segunda  mujer  de  éste,  venía  á  ser  sobrina  suya  larga, 
nieta  de  su  medio  hermana.  Claude  Paradin,  Atüances  Génealogi- 
ques  des  fíois  et  Princes  de  Gaule.  León  1S61.  pág.  842  y  845.  y  an- 
tes 146  y  147. 


É  DOS^A  ISABEL.  556 

desembarcaron  los  Reyes  en  la  Corufia ,  y  vino  la 
nueva  al  Rey  estando  en  Torquemada ,  y  de  ay  se 
partió  la  vía  de  León,  y  fué  á  Astorga,  Ponf errada, 
Villaf ranea,  é  de  ay  volvió  la  vía  de  la  Puebla  de 
Sanabria,  y  fueron  las  vistas  del  Rey  Católico  con 
su  yerno  D.  Felipe  ,  entre  la  Puebla  de  Sanabria  y 
Asturianos :  é  allí  se  vieron  sábado  20  de  junio ,  de 
las  cuales  vistas  partieron  desconcertados ,  y  de  alli 
fué  el  Rey  Católico  á  Villaf  afila  y  á  Tordesillas,  y 
sus  hijos  á  Benavente,  víspera  de  San  Juan.  En  este 
mes  murió  en  Monterey  de  Galicia  D.  García  Fer- 
nandez Manrique ,  Marqués  de  Aguilar  :  concertá- 
ronse los  Reyes  que  D.  Fernando  (2)  fuese  á  sus 
reinos  de  Aragón,  y  le  quedaron  los  maestrazgos  en 
Castilla,  y  los  tres  cuentos  de  maravedís  que  la  Rei- 
na Católica  su  mujer  le  dejó  :  y  de  allí  se  fué  el  Rey 
Católico  á  Tudela  de  Duero,  y  sus  hijos  á  Mucien- 
tes,  y  de  ahí  concertaron  vistas,  y  se  vio  con  su  yer- 
no en  Renedo  una  legua  de  Valladolid  ;  é  de  allí  se 
despidieron  y  partieron  el  Rey  Católico  para  Ara- 
gón y  sus  hijos  para  Valladolid,  de  donde  fueron  á 
Segovia  por  agosto,  é  volvieron  sin  llegar  á  Sego- 
via  por  Cogeces  á  Tudela  de  Duero ;  porque  los  Mar- 
queses de  Moya  entregaron  el  Alcázar  de  Segovia  á 
D.Juan  Manuel,  sobre  que  el  Rey  iba  (3).  A  20  de 
agosto  fálleselo  en  Segovia  D.  Gutierre  de  Toledo, 
Obispo  de  Plasencia ,  por  muerte  de  D.  Rodrigo  Dá- 
vila,  hijo  del  doctor  Pedro  González,  del  Consejo  del 
Rey  D.  Juan ,  que  lo  habia  habido  por  muerte  de 
D.  Juan  de  Carbajal,  Cardenal  de  San  Ángel,  su  Se- 
ñor. Fué  este  D.  Gutierre  enterrado  en  el  monaste- 
rio de  San  Francisco  de  aquella  ciudad,  en  la  capi- 
lla mayor.  Sucedió  en  el  obispado  de  Plasencia  Don 
Gómez  de  Toledo,  hijo  de  D.  Gutierre  de  Solís,  y  de 
Doña  Francisca  de  Toledo ,  Condes  que  fueron  de 
Coria ;  por  muerte  de  D.  Gómez  sucedió  D.  Bernar- 
dino  ,de  Carbajal,  Cardenal  de  Santa  Cruz,  Arzobis- 
po de  Rosano  y  de  Sabina  y  Patriarca  de  Jerusa- 
len ;  y  por  muerte  del  Cardenal  sucedió  D.  Gutierre 
de  Vargas  Carbajal,  Obispo  que  agora  es  de  Plasen- 
cia, hijo  del  licenciado  Francisco  de  Vargas ,  y  de 
Doña  Inés  de  Carbajal.  Estando  los  Reyes  en  Tu- 
dela fué  visto  en  el  cielo  un  cometa  grande  (4),  y  es- 

(2)  Estando  en  Tordesillas  á  1.*  de  julio  escribió  á  Francisco 
de  Rojas  su  embajador  en  Roma  la  carta  que  va  por  apéndice,  dán- 
dole parte  de  todo  lo  sucedido  hasta  aquí  entre  el  y  sus  hijos,  y  de 
la  concordia  que  habia  tomado  con  éstos  para  que  entendiese  que 
ya  los  reinos  de  Castilla  no  corrían  de  su  cuenta,  sino  sólo  los  de 
Aragón  y  Sicilia,  por  los  cuales  se  debería  mantener  allí  por  tal 
embajador,  haciéndolo  todo  presente  á  su  Santidad,  y  cultivando 
la  amistad  de  los  Cardenales  afectos. 

(3)  En  6  de  mayo  de  este  año  1506  murió  en  Valladolid  el  in- 
mortal Cristóbal  Colon,  descubridor  de  las  Indias,  estando  en  la 
Corte  á  la  solicitud  de  sus  negocios.  Su  cuerpo  fué  trasladado  á 
Sevilla  al  Monasterio  de  la  Cartuja  de  las  Cuevas,  y  de  ahí  á  la 
iglesia  y  Catedral  de  la  isla  y  ciudad  de  Santo  Domingo,  donde 
yace  con  la  inscripción  que  podrá  borrarse  de  la  piedra,  pero  no 
de  la  memoria  de  los  hombres : 

Á  CASTILLA  Y  Á  LEÓN  NUEVO  MUNDO  DIO  COLON. 

(4)  Este  coméis  fué  visto  en  Italia.  Aí;ustin  NifoSucsano,  filó- 
sofo de  aquel  tiempo,  le  observó  el  dia  3  de  agosto  de  este  año. 
Vióse  también  en  Valladolid  y  tuvo  atónito  al  pueblo.  Testifícalo 
Alvar  Gutiérrez  do  Torres  de  Toledo,  que  parece  lo  presencio,  pues 
en  su  Sumario  de  cosas  maravillosas ,  que  escribía  el  aüo  1523 


556  CHÓNICAS  DE  LOS 

tuvieron  ende  hasta  fin  de  agosto  que  partieron  á 
Burgos ;  y  allí  pusieron  en  el  convento  de  San  Pa- 
blo, doce  cabezas  de  vírgenes  y  mártires ,  y  á  14  de 
septiembre  (1),  dia  de  Santa  Cruz,  hubo  jubileo.  En 
Burgos  adoleció  el  Rey  D.  Felipe ,  é  finó  viernes  á 
25  de  septiembre  á  medio  dia  en  las  casas  del  Con- 
destable. Todo  este  año  en  el  verano  llovió  tan  poco^ 
que  fué  tenido  á  mucha  maravilla.  En  octubre  murió 
Pero  López  de  Padilla,  Adelantado  de  Castilla,  Do- 
mingo 20  de  diciembre  partió  la  Reina  de  Burgos 
donde  habia  estado  después  de  la  muerte  del  Rey  su 
marido,  y  llegó  á  Torquemada  jueves  23  de  dicho 
mes.  Por  este  tiempo  estando  el  Rey  Católico  en  la 
ciudad  de  Saona,  que  iba  para  Ñapóles,  dia  de  San 
Francisco  4  de  Octubre,  supo  la  muerte  de  su  yer- 
no, é  no  dejó  su  viaje  hasta  componer  las  cosas  del 
reino  de  Ñápeles  (2). 

aSo  1507. 

Parió  la  Reina  Doña  Juana,  que  quedó  preñada 
cuando  el  Rey  D.  Felipe  su  marido  murió ,  á  la  In- 
fanta Doña  Catalina,  jueves  14  de  enero  entre  cin- 
co y  seis  de  la  mañana  en  Torquemada  en  las  casas 
de  un  clérigo ,  que  salen  sobre  la  cerca  y  sobre  el 
rio  ,  que  era  donde  era  palacio ,  que  es  cerca  de  la 
puerta  del  puente  (3).  En  30  de  dicho  mes  murió  en 
Segovia  el  doctor  D.  Juan  de  Medina,  Obispo  de 
aquella  ciudad,  y  le  sucedió  D.  Fadrique  de  Portu- 
gal, Obispo  de  Calahorra,  y  aquí  sucedió  D.  Juan  de 
Velasco  Obispo  de  Cartagena ,  y  este  se  dio  al  doc- 
tor D.  Martin  de  Ángulo ,  Arcediano  de  Talavera, 
Presidente  que  fué  después  de  la  Chancillería  de 
Valladolid.  Mediado  abril  se  partióla  Reina  de  Tor- 


é  imprimió  en  Toledo  en  el  siguiente,  fól.  88  vuelto,  dice  de  este 
modo :  «  Estando  el  muy  esclarecido  y  iiberalísimo  Rey  D.  Felipe 
«en  Valladolid,  fué  vista  algunas  noches  en  el  cielo  liáeia  la  parte 
•septentrional  una  cometa  de  longura  de  una  lanza  de  armas;  á  la 
«cual  salia  el  pueblo  á  ver  por  la  puerta  del  campo  de  la  misma 
•villa,  que  fué  portento  de  la  desdichada  muerte  que  tan  presto 
•arrebató  al  dicho  poderoso  Rey. »  Añade  el  doctor  Alonso  Pérez, 
catedrático  de  una  y  otra  Filosofía  natural  y  moral  en  Salamanca, 
in  stium.  toí.  meleorolog.  edil.  Salmant.,  an.  1576,  2.*  parí.,  cap.  2, 
fól.  21,  loque  se  sigue:  «Invasit  quippe  illo  anno  Hispaniam 
•nostram  dirá  fames  ex  nimia  siccitate  et  sterililate.  Audivi  enim 
»ab  agricolis,  quod  trisicum  terrse  mandatum  in  altioribus  locis 
•mansit  incorruptum,  defectupluvialis  humoris,  et  scquenti  anno 
•nascebaturhumore  accepto.  Et  post  paucos  raenses  postappa- 
•ritionem  comi'ta;,  videlicet  anno  1507,  imminente  vera  peste 
•inquinarla  orta  est,  quse  per  totam  Hispanian  grassata  plurimam 
•partem  habitatorum  interfecit:  et  vocaturilleannus  á  nostrisan- 
•nos  pestis  per  antonomasiam.  Et  ut  ex  dictis  Nyphi  nobis  cons- 
•tat  simillimis  malis  et  a^rumis  Italia  illo  anno  laboravit.»  Este 
autor  era  natural  de  Plasencia ,  como  testifica  Fr.  Alonso  Fernan- 
dez en  \o$  Anales  de  aquella  ciudad. 

(1)  Dos  dias  antes  en  12  del  mismo  libró  allí  el  Rey  Católico 
para  la  Chancillería  de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Orde- 
nanzas, lib.  1.  tít.  7,  mira.  4,  fól.  53. 

(2j  En  este  año  murió  en  Venecia  el  célebre  embajador  D.  Lo- 
renzo Suarez  de  Figueroa,  uno  de  los  prudentes  y  sabios  caballe- 
ros que  hubo  en  su  edad,  y  de  tanto  influjo  y  autoridad  sobre 
aquella  República ,  como  ésta  le  mostró  en  el  sentimiento  y  de- 
mostración de  su  entierro ,  haciéndosele  con  tantu  aparato  que 
mayor  ni  más  ostentoso  no  se  habia  visto  á  un  ministro  de  algún 
Príncipe  enviado  á  corte  extranjera.  Zurita,  lib.  6,  cap.  27,  to- 
mo IV. 

3)  Que  ha  pocos  años  se  hundieron  y  servían  de  mesón,  afiftde  el 
Señor  Sandoval,  lib.  1,  §  24. 


REYES  DE  CASTILLA. 

quemada  (4)  é  vino  á  Hornillos.  A  8  de  mayo  fa- 
llesció  en  Granada  D.  Fr.  Fernando  de  Talavera,  de 
la  orden  de  San  Gerónimo ,  primer  Arzobispo  de 
Granada,  é  antes  Obispo  de  Avila,  y  se  dio  el  arzo- 
bispado á  D.  Antonio  de  Rojas,  Obispo  de  Maliorca, 
y  en  éste  sucedió  D.  Diego  de  Ribera,  hijo  de  Don 
Juan  de  Ribera  de  Toledo.  Y  fallesció  en  este  año  (5) 
D.  Garci-Ramirez  de  Villaescusa,  Obispo  de  Oviedo, 
y  sucedió  en  el  obispado  D.  Valeriano  Ordofiez  de 
Villaquirán,  natural  de  Zamora,  Obispo  de  Ciudad- 
Rodrigo  (6),  y  en  éste  sucedió  D.  Francisco  de  Bo- 
badilla,  hijo  del  Marqués  de  Moya,  que  agora  ea 
Obispo  de  Salamanca.  Viernes  4  de  julio  salió  el 
Rey  Católico  de  Ñápeles  para  Castilla.  Sábado  26 
de  dicho  mes  entró  el  Infante  D.  Fernando  en  Hor- 
nillos á  ver  á  su  madre.  Lunes  23  de  agosto  entró 
el  Rey  en  Almazan  de  vuelta  de  Ñapóles,  habiendo 
desembarcado  en  Valencia  por  Nuestra  Señora  de 
Agosto,  y  entró  en  Tortoles  sábado  28  de  dicho  mes. 
En  septiembre  salieron  los  Reyes  de  Tortoles  y  vi- 
nieron á  Santa  María  del  Campo,  á  2  de  septiem- 
bre :  allí  se  trajo  el  capello  á  D.  Fr.  Francisco  Xi- 
menez.  Arzobispo  de  Toledo,  con  el  título  de  Santa 
Balbina,  é  se  hicieron  las  solemnidades  media  legua 
de  Santa  María  del  Campo ,  en  un  lugar  que  se  dice 
Mahamud,  y  fué  Inquisidor  general:  é  allí  el  Rey 
Católico  hizo  hacer  el  cabo  de  año  al  Rey  D.  Felipe 
su  yerno:  y  en  este  año  D.  Alonso  de  Fonseca,  Ar- 
zobispo de  Santiago,  renunció  el  arzobispado  en 
D.  Alonso  de  Fonseca  su  hijo ,  y  él  tomó  título  de 
Patriarca;  lo  cual  fué  tenido  en  todo  el  reino  por 
cosa  muy  dura  y  áspera  y  de  mal  ejemplo.  Dieron 
causa  á  que  se  hiciese  este  desorden  ruegos  de  per- 
sonas aceptas  al  Rey  y  que  cuando  salió  de  estos 
reinos  para  Ñápeles  fué  con  él  dicho  D.  Alonso,  al 
cual  no  faltó  en  Roma  lo  que  se  requería  para  aca- 
bar tal  negociación.  Hubo  quien  oyó  decir  al  Rey 
Católico  que  de  dos  cosas  le  acusaría  gravemente  la 
conciencia ;  la  una  consentir  esta  resignación  de  pa- 
dre ahijo  en  dignidad  tan  principal,  siendo  el  hijo 
en  quien  se  renunciaba,  mancebo  y  de  poca  edad, 
sin  letras  ni  experiencia.  La  otra  haber  nombrado 
Obispo  de  Osma  á  D.  Alonso  Enriqí^ez ,  hijo  bastar- 
do de  D.  Alonso  Enriquez,  Almirante  de  Castilla,  y 
de  una  esclava ;  porque  era  hombre  muy  profano  ó 
sin  ninguna  dotrina,  tanto  que  decía  Fr.  Antón  de 
la  Peña,  predicador  del  Rey  Católico ,  que  no  tenía 
este  Perlado  más  espiritualidad  que  un  jarro.  Sábe- 

(4)  Antes  de  esto  pasó  á  Patencia  donde  en  5  de  febrero  li- 
bró á  la  Chancillería  de  Valladolid  la  cédula  impresa  en  sus  Or- 
denanzas ,  lib.  1,  tít.  4,  nüm.  2,  fól.  44,  y  lib.  5,  tít.  8 ,  fól.  178 
vuelto  y  179. 

(5)  A  23  de  abril.  Historia  del  coleg.  viej.  de  San  Bartolomé, 
página  113  y  114;  pero  se  engañan,  porque  su  muerte  no  fué  sino 
en  Castropol  del  Principado  á  23  de  abril  del  año  siguiente 
1508,  como  se  ve  por  la  inscripción  de  su  sepulcro  en  Oviedo,  que 
nuevamente  ha  publicado  el  diligente  continuador  de  la  España 
sagrada,  tom.  xxxix,  pág.  86,  donde  con  él  advierte  el  engaño  de 
nuestro  Galindez,  y  por  consiguiente  que  el  sucesor  no  pudo  en- 
trar antes  de  aquel  tiempo. 

(6'  Que  murió  en  Burgos  á  12  de  Agosto  de  1S12  como  diee  alU 
el  Señor  Galindez  y  con  él  Garibay,  lib.  20,  cap.  15,  tora.n,  donde 
I  ponen  su  sucesor. 


DON  FERNANDO 
86  que  al  tiempo  que  el  Arzobispo  de  Santiago ,  el 
viejo,  hizo  la  renunciación  en  D.  Alonso  de  Fonse- 
ca  su  hijo,  dijo  D.  Fr.  Francisco  Ximenez,  Arzobis- 
po de  Toledo ,  que  habia  hecho  mayorazgo  del  ar- 
zobispado con  cláusula  ó  vínculos  de  restituciones, 
que  se  mirase  si  habia  excluido  las  hembras ;  pero 
como  quiera  que  fué  la  substitución  fideicomisaria, 
paró  en  que  muerto  D.  Guillermo  de  Croy,  sobrino 
de  Xéures,  inmediato  sucesor  en  el  arzobispado  de 
Toledo  al  Cardenal  Giménez  ,  fué  Arzobispo  de  To- 
ledo este  D,  Alonso  el  mozo,  en  lo  cual  hubo  muchos 
juicios  por  las  necesidades  y  guerras  que  habia  con 
Francia  sobre  lo  de  Fuente-Rabia.  Y  en  Santiago 
sucedió  el  licenciado  D.  Juan  Tavera  (sobrino  de 
D.  Fr.  Diego  Deza,  Arzobispo  de  Sevilla)  Obispo  que 
fué  de  Gudad-Rodrigo,  y  después  de  Osma,  y  Pre- 
sidente del  Consejo  Real.  A  8  de  octubre  (1)  partie- 
ron los  Reyes  de  Santa  María  del  Campo  é  vinieron 
á  Arcos  donde  se  quedó  la  Reina,  y  su  padre  vino  á 
Burgos,  y  estuvieron  la  Reina  en  Arcos  y  el  Rey  en 
Burgos  hasta  fin  de  este  año.  En  27  de  diciembre 
murió  el  Comendador  Gonzalo  Chacón,  Señor  de 
Casarrubios  del  Monte,  que  la  Reina  le  habia  da- 
do (2),  y  sucedió  en  su  casa  D.  Gonzalo  Chacón  su 
nieto,  hijo  de  D.  Juan,  Adelantado  de  Murcia,  y  de 
Doña  Luisa  Faxardo,  porque  D.  Pedro  Faxar- 
do,  su  hermano  mayor,  heredó  la  casa  de  su 
madre. 

Afío  1508. 
Estuvo  el  Rey  Católico  en  principio  de  este  año 
en  Burgos  y  la  Reina  su  hija  en  Arcos,  é  ansí  estu- 
vieron hasta  julio,  yendo  y  viniendo  el  Rey  á  Ar- 
cos; é  allí  le  vino  nueva  como  el  marqués  de  Priego 
D.  Pedro  Hernández  de  Córdoba  habia  preso  al  al- 
calde Fernán  Gómez  de  Herrera  en  Córdoba,  é  le 
habia  embiado  preso  á  la  villa  de  Montilla,  porque 
el  dicho  alcalde  habia  ido  por  mandado  de  su  Al- 
teza á  hacer  justicia  en  cierto  caso  á  Córdoba;  y 
partió  el  Rey  camino  de  Valladolid  por  julio,  y  fué 
á  Mahamud,  é  allí  estuvo  cinco  ó  seis  dias  esperando 
á  la  Reina  y  tornó  á  Arcos,  y  tomó  el  Infante  con- 
sigo, y  partió  á  Córdoba,  y  fué  por  Olmedo  al  Espi- 
nar, Guadarrama  y  Toledo,  donde  estuvo  cinco  ó 
eeis  dias ;  de  allí  salió  martes  28  de  agosto,  y  fué 
por  las  Ventas,  el  Molinillo,  Ciudad  Real,  Caracuel, 
el  Pedroche,  Adamud,  y  entró  en  Córdoba  á  7  de 
petiembre  donde  estuvo  hasta  fin  del  mes. 

aSo  1509. 

Partió  el  Rey  de  Cáceres  otro  dia  después  de  Re- 
yes, y  vino  camino  de  la  Plata,  Alva  y  Salamanca 
é  de  ay  á  Medina  del  Campo,  y  entró  en  Valladolid 


(1)  Dos  dias  antes  en  6  libró  allí  la  Reina  título  de  Alcaide  de 
la  fortaleza  de  la  villa  de  Alegría  en  Álava  á  Juan  López  de  La- 
zarraga  su  Secretario  y  de  su  Consejo  con  50.000  mrs.  de  sueldo 
como  antes  la  tenía  Fernando  Navarro,  último  Alcaide.— Original 
en  mi  poder. 

(2)  Cuando  se  confiscó  á  Juan  de  Oviedo,  Secretario  que  habia 
sido  del  Rey  D.  Enrique,  su  hermano,  porque  siguió  la  voz  de  los 
jiorlugueses  en  CastiUa,         


É  DOÑA  ISABEL.  657 

por  hebrero  :  pasó  á  Arcos,  y  vino  con  la  Reina  Doña 
Juana  á  Tordesillas  por  marzo,  y  dejándola  allí,  se 
vino  el  Rey  á  Valladolid  (3).  Á  18  de  marzo  parió 
Doña  Juana  de  Aragón,  hija  bastarda  del  Rey  Ca- 
tólico, segunda  muger  del  doctor  Bernardino  Her- 
nández de  Velasco,  condestable  de  Castilla,  á  Doña 
Juliana  Angela  de  Aragón,  que  casó  con  su  primo 
D.  Pedro  de  Velasco,  conde  de  Haro,  hijo  del  con- 
destable D.  Iñigo  y  de  Doña  María  de  Tobar  su 
muger.  A  3  de  mayo  en  las  casas  del  Almirante, 
parió  la  Reina  Germana  al  Principe  D.  Juan  de  Ara- 
gón, que  murió  presto,  y  fué  depositado  en  el  con- 
vento de  San  Pablo  de  Valladolid,  y  de  ay  le  lleva- 
ron á  Aragón  al  monasterio  de  Poblete.  Y  este  año 
pasó  á  África  el  arzobispo  de  Toledo,  cardenal  de 
España,  título  de  Santa  Balbina,  con  buen  ejército 
de  guerra  (4)  por  servicio  de  Dios  y  de  su  santa  Fé 
Católica  y  de  sus  Altezas,  y  conquistó  é  ganó  la 
ciudad  de  Oran,  y  echó  todos  los  moros  de  ella  y  de 
su  tierra,  y  la  redujo  á  poder  de  christianos  el  vier- 
nes después  del  dia  de  la  Ascensión,  19  de  mayo,  y 
la  dejó  fortalecida  y  provehida  de  gente  y  armas  y 
bastimentos,  y  se  vino  y  erigió  en  ella  una  dignidad 
que  llamó  Abadía,  y  le  dio  silla  en  la  iglesia  de 
Toledo;  no  embargante  que  el  obispo,  que  era  en- 
tonces, antes  que  fuese  ganada  Oran,  tuvo  gran  de- 
bate sobre  ello  con  el  Cardenal.  Mayo  y  junio  estuvo 
el  Rey  en  Vallodolid,  y  miércoles  28  de  junio  (5) 
partió  él  para  Medina  del  Campo  y  volvió  por  Tor- 
desillas á  Valladolid.  Jueves  11  de  junio,  dia  de  Sau 
Bernabé,  casó  segunda  vez  la  princesa  de  Gales 
Doña  Catalina,  con  el  Rey  de  Inglaterra  D.  Enri- 
que, que  nuevamente  habia  sucedido  en  el  reino  por 
la  muerte  del  Rey  Don  Enrique  su  padre,  que  habia 
f allescido  en  el  mes  de  mayo  pasado ;  y  el  dia  de 
San  Juan  se  hizo  la  coronación  y  la  fiesta  de  la 
boda,  y  este  dia  fué  muy  honradamente  festejado 
por  el  Rey  Católico  en  Valladolid  y  jug¿  él  mismo 
á  las  cañas  (6).  Piimero  dia  de  octubre  partió  el  Rey 
de  Valladolid,  á  Balbuena  á  la  montería  de  venados, 


(3)  Donde  estaba  á  4  de  marzo.  (Zurita,  lib.  8,  cap.  32,  tom.  vi), 
y  continuaba  á  3  de  abril,  y  libró  la  cédula,  fol.  2C,  núra.  59,  tít.  2, 
lib.  1,  Ordenanzas  de  la  Chancilleria. 

(A)  «De  manera  que  después  de  fundado  y  asentado  su  colegio, 
»en  aquel  invierno  hizo  un  grueso  ejército  en  Alcalá  de  catorce  ó 
«quince  mil  hombres,  y  á  la  primavera  su  jornada.  Y  él  se  quedó 
»en  Mazalquivir  orando  las  manos  puestas  y  alzadas  al  ciclo,  á 
«imitación  de  Moysen,  por  la  Vitoria  y  buen  suceso  del  ejército 
•cristiano;  y  ansí  se  le  dio  Dios  súbitamente  sin  resistencia  de 
•los  enemigos,  y  fué  luego  ganada  la  ciudad,  afio  1509,  á  18  de 
«mayo  por  la  Ascensión.»  Tal  fué  el  informe  que  pasó  á  Alvar 
Gómez,  cuando  se  preparaba  á  escribir  su  célebre  historia  del 
cardenal  Ximenez,  el  doctor  Hernando  de  Balvás,  su  coetáneo  y 
familiar,  uno  de  los  primeros  colegiales  teólogos  de  su  colegio 
mayor  de  Alcalá,  y  por  él  canónigo,  tesorero,  maestre-escuela  y 
abad  de  la  colegial  de  San  Justo,  y  rector  de  la  universidad,  en 
carta  de  16  de  febrero  de  1558.  Traela  el  P.  Quintanilla  en  la  Vida 
del  Cardenal,  Apéndice,  pág.  75,  después  de  haber  tratado  larga- 
mente y  con  circunstancias  muy  particulares  de  esta  prodigiosa 
conquista  en  el  cuerpo  de  la  obra  y  por  dos  capítulos  enteros  que 
son  el  19  y  20  del  lib.  3.0 

(5;  En  8  de  él  libró  en  Valladolid  á  la  Chancilleria  las  cédulas 
impresas  en  sus  Ordenanzas,  lib.  5,  tít.  i,  fol.  149  vuelto  y  150. 

i6)  Se  mantenía  aquí  dia  13  de  agosto.  Cédula  impresa  por  Sa^^ 
lazar,  Can.  Ue  Lar.,  tom.  lY,  pág.  180. 


558  CRÓNICAS  DE  LOS 

y  volvió  de  ay  á  20  días.  Miércoles  á  14  de  noviem- 
bre tornó  á  salir,  y  volvió  á  Valladolid  á  17  de  di- 
ciembre. En  este  dicho  mes  fallesció  Doña  María 
de  Toledo,  muger  de  Alonso  de  Fonseca,  que  está 
sepultada  en  la  Mejorada,  y  Doña  Aldonza  de  Cas- 
tilla, muger  de  Rodrigo  de  ülloa,  contador,  que  se 
enterró  en  el  convento  de  monjas  de  San  Ildefon- 
so (1)  de  la  ciudad  de  Toro. 

AÑO  1610. 

Á  6  de  enero  se  tomó  la  ciudad  de  Bugía  en  Áfri- 
ca (2).  E  á  27  de  julio  se  tomó  á  Tripol  por  el  conde 
Pedro  Navarro  con  ejército  del  Rey  Católico  y  de 
su  hija  la  Reina  Doña  Juana,  estando  el  Rey  Cató- 
lico en  Cortes  en  la  villa  de  Monzón,  que  es  el  reino 
de  Aragón :  y  el  Consejo  Real  quedó  por  goberna- 
dor, y  el  Infante  D.  Femando  y  el  cardenal  de  Es- 
paña D.  Fr.  Francisco  Ximenez,  arzobispo  de  Tole- 
do. A  28  de  agosto  fué  muerto  y  desbaratado  en 
los  Gelves  D.  García  de  Toledo,  hijo  mayor  de  Don 
Fadrique,  duque  de  Alba.  Partió  el  Rey  para  Ara- 
gón por  abril,  lunes  de  Quasimodo,  y  tuvo  Cortes 
en  Monzón  hasta  fin  de  agosto  (3),  y  partió  de 
Monzón  á  1."  de  septiembre,  y  el  dia  8  estuvo  en 
Zaragoza,  y  otro  dia  parto  de  ay,  y  fué  á  Madrid, 
y  dende  allí  en  fin  de  octubre  partió  para  Tordesi- 
llas  á  visitar  á  la  Reina  Doña  Juana  su  hija,  á  don- 
de estuvo  veinte  dias.  E  allí  como  juez  arbitro  pro- 
nunció las  sentencias  entre  D.  Enrique  de  Guzman, 
duque  de  Medina  Sidonia,  y  el  conde  de  Alba  de 
Aliste  sobre  el  estado  é  casa  de  Medina  Sidonia, 
para  que  quedase  con  el  dicho  Duque,  y  él  diese  al 
dicho  Conde  ciertos  cuentos  de  maravedís.  Asimis- 
mo pronunció  allí  sentencia  entre  el  dicho  Duque 
y  D.  Francisco  Hernández  de  la  Cueva,  duque  de 
Alburquerque  sobre  la  villa  de  Ximena,  para  que 
quedase  por  el  dicho  duque  de  Medina  Sidonia,  y 
él  diese  ciertos  cuentos  de  maravedís  al  duque  de 
Alburquerque :  y  de  allí  (4)  volvió  á  Madrid,  donde 
estuvo  hasta  fin  del  año.  Otro  dia  después  de  Reyes 
partió  para  Sevilla.  A  10  de  septiembre  en  Palencia 
murió  casi  súpito  D.  Juan  de  Castilla,  obispo  de 
Salamanca,  hijo  de  D.  Sancho  de  Castilla,  y  sucedió 
en  el  obispado  D.  Francisco  de  Bobadilla,  obispo 
de  Ciudad  Rodrigo,  hijo  del  marqués  de  Moya,  y  el 
de  Ciudad  Rodrigo  se  dio  á  Fr.  Francisco  Ruiz, 
riado  del  cardenal  arzobispo  de  Toledo. 


(1)  No  es  de  monjas,  sino  de  frailes  dominicos. 

(2)  El  dia  2  de  marzo  estaba  el  Rey  en  Valladolid,  y  allí  libró 
la  cédula  impresa  en  el  Fuero  de  Vizcaya,  después  de  la  ley  3,  ti- 
tulo 32.  Y  en  el  dia  23  del  mismo  mes  de  marzo  estaba  su  Alteza 
en  Madrid  donde  libró  á  la  Chancillería  de  Granada  la  cédula  in- 
serta en  las  Ordenanzas  de  la  Chancillería  de  Valladolid,  lib.  5, 
tít.  8,  fol.  164  vuelto,  hoy  lib.  7,  tlt.  1,  lib.  6,  Recop.,  donde  el  co- 
lector, siguiendo  á  Otalora,  i.'  part.,  cap.  2,  niim.  S,  la  entiende 
bien  al  contrario  de  lo  que  ella  permite. 

(3)  Según  esto  está  errada  la  fecha  de  la  cédula  del  Rey  en  Mu- 
cientes  (acaso  por  Monzón)  á  8  de  julio  de  1510  en  las  Ordenanzas 
de  ta  Chancillería  de  Valladolid,  lib.  1,  tít.  2,  núm.  56,  folio  24 
vuelto. 

(4)  De  donde  en  28  de  noviembre  libró  á  la  Chancillería  de  Va- 
lladolid las  cédulas  impresas  en  sus  Ordenanzas,  lib.  3,  tit.  8,  nú- 
mero  12,  fol.  118,  y  lib.  5,  tit.  1,  ful.  146. 


REYES  DE  CASTILLA. 


Afío  151x- 

Partió  el  Rey  de  Madrid  (5)  para  Sevilla  á  7  de 
enero,  y  á  31  estando  en  Talavera  finó  D.  Pedro  de 
Silva,  comendador  de  Otos  en  Calatrava :  sucedió  su 
hermano  Don  Hernando  de  Silva  por  provisión  del 
Rey  como  Maestre;  y  llegó  á  Sevilla  en  el  mes  de 
hebrero,  aderezando  su  ejército  para  pasar  allende, 
lo  cual  todo  el  reino  le  estorbó  que  no  hiciese;  aun- 
que se  dice  que  la  verdad  de  secreto  era  aparejar 
contra  el  Rey  de  Francia;  é  ansí  dicen  que  el  Rey 
de  Francia  decía  que  el  Sarracín  contra  quien  se 
aparejaba  el  Rey  Católico  su  hermano  era  contra 
él.  A  17  de  enero  murió  en  Madrid  Doña  Beatriz 
Hernández  de  Bobadilla,  marquesa  de  Moya;  é  An- 
drés de  Cabrera,  su  marido,  fallesció  en  este  año  en 
Chinchón  á  4  de  octubre,  é  están  sepultados  en  Car- 
boneros, aldea  de  Moya,  en  un  monasterio  de  la  or- 
den de  Santo  Domingo,  que  fundó  D.  Juan  de  Cabre- 
ra, arcediano  de  Toledo  y  hermano  del  dicho  mar- 
qués. Estuvo  el  Rey  en  Sevilla  (6)  entendiendo  que 
el  Rey  de  Francia  no  oprimiese  al  Papa  Julio  é  á  la 
iglesia,  hasta  el  mes  de  junio  (7)  que  salió  á  tener 
el  San  Juan  en  Cantillana.  Este  año  imbió  el  Rey  á 
la  mayor  parte  de  su  ejército  que  tenia  para  pasar 
allende,  el  cual  embarcó  en  Málaga.  Fué  por  capi- 
tán general  Alonso  de  Carvajal,  hijo  de  Dia  Sánchez 
señor  de  Jodar  y  Tovaruela,  y  por  coronel  de  in- 
fantería Zamudio.  Vino  el  Rey  á  Burgos  por  agosto 
desde  Sevilla,  y  estuvo  allí  hasta  fin  del  año  (8)  en- 
tendiendo de  estorbar  el  conciliábulo  que  el  Rey  de 
Francia  con  ciertos  Cardenales  hacia  en  Pisa,  aun- 
que salió  algunas  veces  á  caza  y  á  haber  placer. 

AÑO  1512. 

Estuvo  el  Rey  en  Btirgos  este  año  hasta  el  mes 
de  agosto  (9),  que  partió  para  Logroño,  é  tuvo  el 
dia  de  Nuestra  Señora  en  Santo  Domingo  de  la 
Calzada.  Estuvo  en  Logroño  (10)  entendiendo  en  la 


(5)  En  Madrid  el  dht  antetior  6  Kbró  á  la  Cancillería  de  Valla- 
dolid la'jCédula  impresa  en  sus  Ordenanzas,  lib.  5,  tK.  8,  fol.  166  y 
vuelto. 

Aguas  grandes  y  extraordinarias  en  Valladolid  en  mayo  de  este 
año,  que  se  tomaron  por  testimonio,  saliendo  de  á  caballo  por  las 
calles  la  Chancillería. 

(6;  Donde  en  30  de  marzo  libró  la  cédula  impresa  en  las  Orde- 
nanzas de  la  Chancillería  de  Valladolid,  lib.  5,  tít.  8,  fol.  158,  hoy 
lib.  6,  tít,  1 .',  lib.  2  de  la  Recop.,  declarando  que  las  leyes  de  Toro 
se  extienden  á  los  casos  anteriores  á  ellas,  cuando  en  particular 
ellas  mismas  no  se  limitan  á  los  posteriores. 

(7)  En  14  de  ese  mes  se  mantenía  en  Sevilla.  Concord.  Mest.,  fo- 
lio 231  vuelto. 

(8)  Es  tan  cierta  esta  noticia  de  la  venida  del  Rey  i  Rórgos, 
que  allí  á  8  de  setiembre  á  nombre  y  en  cabeza  de  la  Reina  Doña 
Juana  su  hija  libró  al  Señorío  de  Vizcaya  la  cédula  impresa  en  su 
Fuero,  lib.  14,  tít.  1.° 

(9)  A  31  de  enero  libró  allí  al  estudio  de  Alcalá  el  privilegio  de 
confirmación  del  que  tiene  del  Rey  D.  Sancho  IV,  impresa  en  las 
Ordenanzas  de  la  Chancilleria  de  Valladolid,  lib.  5,  tít.  8,  fol.  163; 
y  en  21  de  febrero  la  cédula  impresa  después,  fol.  201  vuelto.  En 
3  de  abril  en  cabeza  de  la  Reina  Doña  Juana  su  hija  la  conürma- 
cion  de  los  Fueros  de  Vizcaya,  impresa  á  continuación  de  ellos. 

(10)  En  5  y  18  de  noviembre  libró  allí  las  dos  cartas  que  impri- 
me Pellicer  en  el  memorial  por  el  conde  de  Miranda,  fol.  65,  lla- 
mando á  este  Señor  para  que  acudiese  á  servirle  con  su  gente. 


DON  FERNANDO 
toma  del  reino  de  Navarra  por  autoridad  apostó- 
lica; porque  el  Rey  D.  Juan  y  la  Reina  Doña  Ca- 
talina, su  muger,  siguieron  al  Rey  de  Francia  en  el 
scisma  que  ovo  en  tiempo  del  Papa  Julio,  é  siendo 
amonestados  los  dichos  Reyes  por  el  Papa,  que  de- 
jasen de  seguir  los  scismáticos  ó  se  juntasen  con  él 
é  con  la  Silla  Apostólica  dentro  de  ciertos  términos, 
los  cuales  pasados  daba  facultad  para  les  poder 
hacer  guerra,  y  exponía  las  personas  é  bienes  y  el 
dicho  reino  á  cualquier  Príncipe  cristiano  que  lo 
ocupase  y  ganase,  y  no  lo  quisieron  hacer,  creyen- 
do mas  á  Mr.  Doval,  tio  del  Rey  D.  Juan,  que  era 
imbiado  por  el  Rey  de  Francia,  que  al  Papa ;  y  el 
Rey  Católico,  tio  de  la  Reina,  se  contestaba  que, 
para  que  el  Papa  fuese  seguro,  le  diese  tres  fortale- 
zas que  las  tuviesen  caballeros  navarros,  lo  cual 
nunca  quisieron  hacer  hasta  ser  privados  ellos  y 
sus  descendientes  del  derecho  de  dicho  reino,  el 
cual  fué  consistorialmente  aplicado  al  dicho  Rey 
Católico  é  á  sus  subcesores  en  las  coronas  de  Casti- 
lla é  León.  Y  después  vino  á  Burgos,  víspera  de 
Navidad,  y  partió  luego  á  Valladolid.  En  Burgos 
lunes  de  hebrero  de  este  dicho  año  á  las  nueve  horas 
del  dia  fálleselo  el  condestable  D.  Bernardino  Fer- 
nandez de  Velasco:  sucedió  su  hermano  D.  Iñigo 
Fernandez  (1).  En  este  dicho  año,  22  de  este  dicho 
mes  de  hebrero,  fálleselo  D.  Juan  de  Silva,  conde 
de  Cifuentes,  Presidente  que  fué  del  Consejo.  En 
marzo  de  este  año  fálleselo  en  Burgos  el  Infante  de 
Granada,  D.  Fernando,  hermano  del  Rey  Chiquito 
de  Granada,  que  se  llamaba  Muley  Abdalla,  y  her- 
mano del  Infante  D.  Juan  de  Granada,  hijos  de  Alí 
Abul  Hacen,  Rey  de  Granada.  Este  Infante  Don 
Fernando  tuvo  persona  valerosa,  y  casó  con  Doña 
Mencía  de  la  Vega,  Señora  de  Tordehumos,  é  Guar- 
do, é  Castrillo,  hija  de  D.  Diego  de  Sandoval  é  Doña 
Leonor  de  la  Vega.  Este  D.  Diego  de  Sandoval  era 
hermano  de  la  madre  de  D.  Pedro  Manrique,  pri- 
mer duque  de  Nájera,  y  hermano  del  conde  de  Cas- 
tro, D.  Hernando  de  Sandoval,  todos  hijos  de  Dia- 
Gomez  de  Sandoval,  primer  conde  de  Castro :  este 
D.  Diego  de  Sandoval  fué  ahogado  por  mal  ó  bien, 
año  de  1495,  en  el  Pardo  de  Madrid ;  é  así  la  hija 
Doña  Mencía  de  la  Vega,  fué  muy  mala  muger  y 
fué  casada  muchas  veces;  la  primera  con  D.  Pe- 
dro de  Mendoza,  hijo  de  D.  Diego  Hurtado,  duque 
del  Infantado;  la  segunda" con  D.  Bernardino  de 
Quiñones,  conde  de  Luna,  el  cual  tuvo  grandes  de- 
safíos con  D.  Pedro  Alvarez  Osorio,  marqués  de 
Astorga,  diciendo  que  habia  tenido  que  hacer  con 
la  dicha  Doña  Mencía;  ansí  dicen  que  fué  la  verdad; 
la  tercera  vez  con  D.  Juan  de  Mendoza,  hijo  terce- 
ro del  cardenal  D.  Pedro  González  de  Mendoza;  y 
la  cuarta  con  este  Infante  D.  Fernando  de  Granada, 
y  al  cabo  se  dice  que  el  dicho  Infante  murió  de 
enojos  que  de  ella  rescibió.  Y  el  Infante  D.  Juan 
de  Granada,  su  hermano,  casó  con  Doña  Beatriz  de 

(1)  En  cuya  casa  se  hallaba  el  Rey  hospedado  el  dia  2  de  mayo 
en  qne  otorgó  su  primer  testamento,  dando  en  él  las  disposicio- 
nes acerca  de  la  sucesión  y  gobierno  de  los  reinos,  que  podrán 
jcrse  en  Zuriia,  lib.  10,  cap.  99,  tom.  yi. 


É  DOÑA  ISABEL.  559 

Sandoval,  hija  de  D.  Juan  de  Sandoval,  hijo  de  Don 
Diego  Gómez  de  Sandoval,  primer  conde  de  Castro. 
La  batalla  de  Ravena  en  Italia  fué  domingo  de 
Pascua  de  Resurrección,  á  las  10  horas  del  dia  11  de 
abril  de  1512,  y  fué  en  ella  el  ejército  de  su  Alteza 
y  del  Papa  Julio  y  otros  señores  contra  el  Rey  de 
Francia,  la  cual  dicha  batalla  fué  muy  cruel  y  du- 
dosa la  victoria,  porque  aunque  los  franceses  eran 
muchos  mas  en  número,  los  Infantes  españoles  que- 
daron en  el  campo,  é  alli  fué  muerto  por  ellos  el 
capitán  general  de  Francia  D.  Gastón  Mr.  de  Nar- 
bona.  Señor  de  Fox,  hermano  de  la  Reina  Germana, 
muger  segunda  del  Rey  Católico.  Y  en  esta  batalla 
fueron  muertos  de  ambas  partes  muchos  capitanes 
y  personas  principales  en  número  de  mas  de  20.000 
hombres.  Viernes  á  7  de  mayo  de  este  año  partió  de 
Burgos  la  Reina  de  Aragón  á  tener  Cortes  en  Ara- 
gón. A  27  de  julio  murió  en  Roma  D.  Fr.  Juan  Pas- 
cual de  la  Orden  de  Santo  Domingo,  obispo  de  Bur- 
gos (2).  Sucedióle  Don  Juan  de  Fonseca,  obispo  de 
Falencia,  y  en  Falencia  D.  Juan  de  Velasco,  obispo 
de  Calahorra,  y  aquí  sucedió  D.  Juan  Castellanos 
de  Villalba,  hermano  del  coronel  Villalba.  A  12  de 
agosto  murió  en  Burgos  D.  Valeriano  Ordoñez  do 
Villaquirán,  obispo  de  Oviedo,  y  sucedióle  en  el 
obispado  D.  Diego  de  Muros,  que  era  obispo  de 
Mondoñedo  (3)  y  aquí  sucedió  D.  Diego  de  Villa- 
muriel,  presidente  de  Granada.  Miércoles  á  17  do 
noviembre  cercaron  los  franceses  á  San  Sebastian 
y  quemaron  á  Irun,  Iranzu,  y  Rentería  y  Ernani,  y 
viernes  19  de  dicho  mes,  alzaron  el  cerco  y  se  fue- 


(2)  No  en  27  sino  en  19  fué  la  muerte  de  este  santo  prelado, 
como  consta  de  la  inscripción  de  su  sepulcro  en  el  convento  de 
la  Minerva  de  Roma,  y  del  apuntamiento  del  canónigo  Sedaño  en 
el  breviario  Rurgense  de  su  usso  en  estos  términos:  Murió  el  Se- 
ñor obispo  D.  Pascual  en  Roma  á  XIX  de  julio,  de  calenturas,  yen- 
do al  concilio:  enterráronlo  en  la  Minerva,  casa  de  su  orden.  lucié- 
ronle honras  en  Burgos,  domingo  XII  de  octubre  de  este  año  MDXII, 
—  Florez,  España  Sagrada,  tom.  xxvi,  pág.  4U.  Su  elogio  se  podrá 
ver  alli  en  la  inscripción  romana  que  copia,  como  también  en  el 
Siculo,  lib.  24,  fol.  160,  y  Fr.  Francisco  de  Vargas  en  el  Apéndice. 
—En  cuanto  á  su  sucesor,  el  Señor  Sedaño,  prosigue  así :  Tomó 
la  posesión  del  obispado  de  Burgos  D.  Juan  Rodrigues  de  Fonseca, 
obispo  que  fué  de  Falencia,  viernes  á  tas  VII  después  de  medio  dia, 
día  de  San  Gines  XXV  de  agosto,  y  tomóla  su  provisor  por  él.  Vino  á 
Burgos  víspera  de  San  Andrés  de  este  año  MDXIIII,  que  es  el  mis- 
mo en  que  este  canónigo  lo  escribía,  y  no  puede  darse  mejor  les. 
tigo.  Florez  alli  pág.  416  donde  va  poniendo  las  demás  memorias 
de  este  prelado  con  olvido  entre  otras  de  las  qne  pudiera  haber 
tomado  de  las  epístolas  de  Rembo,  lib.  16,  epls.  9;  del  P.  Sigúen- 
za,  en  la  Historia  de  la  Religión  de  San  Gerónimo,  3."  part.,  lib.  2, 
cap.  37,  pág.  414,  y  de  Nebrija,  su  ayo  y  maestro,  que  cuando  era 
obispo  de  Radajoz  le  dedicó  su  rara  obra  poética  De  Vafre  dictis 
pliilosopliorum. 

(3)  De  quien  habló  sobre  el  año  1492,  llamándole  sobrino  del 
otro  I).  Fr.  Diego  de  Muros,  mercenario,  obispo  de  Tuy  y  Ciudad- 
Rodrigo,  cuya  muerte  señala  alli  en  aquel  aDo,  aunque  fué  en  el 
anterior  91  á  9  de  diciembre  como  en  aquel  lugar  apunté.  Extra- 
fio  que  el  P.  M.  Risco  no  hubiese  tenido  presente  este  testimonio 
del  Señor  Galindez  tan  perspicuo  y  útil  para  la  distinción  de  los 
obispos  Muros  de  un  mismo  nombre,  cuando  la  trata  y  aclara  fe- 
lizmente en  el  tom.  xxxix,  pág.  89  á  101.  También  fué  mucho  se 
le  hubiese  escapado  la  carta  5.',  lib.  IC,  del  Bembo  (edit.  de  León 
1540)  que  le  escribió  el  Papa  León  X  en  20  de  diciembre  de  1517, 
constando  por  ella  que  á  la  sazón  retenia  aun  el  arcedianato  de 
Carmona  de  la  santa  iglesia  de  Sevilla,  juntamente  con  la  digni- 
dad episcopal. 


660 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ron;  acercáronse  allí  D.  Juan  de  Aragón,  nieto  bas- 
tardo del  Rey  Católico,  que  iba  á  Plandes  y  Don 
Juan  de  Lanuza  que  llevaba  consigo;  y  aprovecha- 
ron mucho  para  que  se  alzase  aquel  cerco.  Después 
desto  vinieron  el  Rey  D.  Juan  de  Labrit  y  el  Delfín 
de  Francia  con  grande  ejército  á  recobrar  el  reino 
de  Navarra,  que  el  ejército  del  Rey  Católico  habia 
tomado,  yendo  por  capitán  el  duque  de  Alba,  Don 
Fadrique  de  Toledo,  y  en  Roncesvalles  viniendo  el 
dicho  ejército  de  Francia  y  el  Rey  D.  Juan  mataron 
á  Alonso  de  Carvajal,  natural  de  Zamora,  capitán 
que  era  de  la  infantería  del  Rey  Católico  y  ansi- 
mismo  mataron  á  Valdés,  que  era  capitán  de  la 
guardia  del  Rey  Católico  en  el  Burguete.  Martes  30 
de  noviembre,  huyeron  los  franceses  del  Real  de 
Pamplona,  y  el  sábado  antes,  que  fueron  27  de  di- 
cho mes,  la  combatieron  muy  recio,  estando  dentro 
por  capitán  general  el  dicho  duque  de  Alva,  á  quien 
se  habían  dado  primero  los  de  Pamplona,  é  murieron 
de  los  nuestros  muy  pocos,  y  de  los  enemigos  mu- 
chos; é  ansí  se  acogieron  á  Francia,  y  los  nuestros 
les  tomaron  la  artillería,  así  por  seguimiento  de  al- 
gunos de  los  nuestros,  como  por  la  fragosidad  de 
la  tierra  y  sierras  y  asperezas  de  los  caminos  é  fal- 
ta de  mantenimiento;  y  se  cree  que  si  el  Rey  nues- 
tro Señor  no  hubiera  piedad  de  ellos,  mandando 
proveer  que  no  los  siguiesen,  gran  número  de  ellos 
se  perdieran  y  murieran.  Partió  el  Rey  de  Logroño 
y  se  fué  á  Burgos  é  á  Valladolid,  y  allí  se  estuvo 
hasta  en  fin  del  dicho  año.  En  este  mes  de  moviem- 
bre  en  Logroño  fué  preso  D.  Fernando  de  Aragón, 
duque  de  Calabria,  hijo  del  Rey  Federico  de  Ñapó- 
les, por  cierto  trato  que  dicen  traia  con  Luis  Rey 
de  Francia,  y  fué  descuartizado  Felipe  Copula,  y 
el  Duque  estuvo  preso  en  Játiva  hasta  el  año  1523 
que  S.  M.  por  el  mes  de  mayo  lo  mandó  soltar,  y  lo 
redujo  á  su  gracia.  En  este  año,  en  fin  de  él,  se  dio 
el  obispado  de  Sigüenza  á  D.  Fadrique  de  Portugal, 
obispo  de  Segovia,  por  privación  de  D.  Bernardino 
de  Carvajal,  cardenal  de  Santa  Cruz,  diciendo  que 
habia  seguido  al  Rey  de  Francia  en  su  scisma,  so- 
bre lo  cual  pasaron  muchas  cosas,  y  en  fin  el  dicho 
cardenal  fué  reducido  y  se  le  dio  recompensa  por 
lo  que  habia  perdido;  porque  á  la  verdad  él  se  per- 
dió por  seguir  á  S.  M.  del  Emperador,  siendo  Prin- 
cipe mas  de  lo  que  el  Católico  quisiera  (1).  Y  el 
obispado  de  Segovia  se  le  dio  á  D.  Diego  de  Rivera 
obispo  de  Mallorca,  y  este  se  dio  á  D.  Rodrigo  de 
Mercado,  abad  de  Santa  Marta.  Este  año  enviaba  el 


(1)  Todas  estas  cansas  las  descubre  bien  Zurita  (qne  parece 
escribió  en  todo  con  telégrafo)  en  la  historia  de  este  suspicacísi- 
mo y  delicado  Rey,  lib.  6,  cap,  17;  pero  se  liicieron  luego  las 
amistades  y  el  cardenal  volvió  á  su  gracia.  Los  oficios  que  pasaron 
para  esto  entre  el  I*apa  León  X,  el  Emperador  Maximiliano  y 
nuestro  Rey  D.  Fernando  el  Católico,  se  pueden  ver  por  las  cartas 
del  primero  á  los  dos  en  15  de  febrero  de  1514  en  la  Colección  del 
Bembo.  Epist.  U,  13  y  16,  lib.  7,  edic.  de  León,  1540.  El  carde- 
nal ha  sido  uno  de  los  más  grandes  varones  de  España  y  de  los 
españoles  que  mas  (si  es  posible)  han  ilustrado  la  púrpura :  sabio, 
docto  y  hombre  de  Estado.  Su  sagacidad  y  su  elocuencia  en  las 
oraciones  que  han  quedado  suyas  se  podrá  ver  en  el  Sículo,  libro 
94,  íol.  lo4,  í  D,  Nicolás  Aatouio,  Bibliolk,  Nov.,  tom, ;,  pá{[.  168, 


Rey  Católico  al  Gran  Capitán  otra  vez  á  Ñapóles 
y  después  estándose  aderezado  le  mandó  que  no 
fuese  (2). 

aSo  1513. 

Este  año  el  Rey  Católico  fué  á  visitar  á  la  Reina 
Doña  Juana  á  Tordesillas  por  enero.  En  28  de  este 
mes  murió  D.  Enrique  de  Guzman  (3) ,  duque  de 
Medina-Sidonia ;  sucedió  en  su  Estado  D.  Alonso 
Pérez  de  Guzman  su  hermano ,  que  casó  en  Plasen- 
cia  con  Doña  Ana  de  Aragón,  nieta  del  Rey  Católi- 
co, hija  de  D.  Alonso  de  Aragón,  arzobispo  de  Za- 
ragoza, hijo  bastardo  de  dicho  Rey,  y  se  celebró  el 
casamiento  en  la  ciudad  de  Plasencia  en  diciembre 
de  este  dicho  año  (4).  Por  hebrero  volvió  el  Rey  de 
Tordesillas  á  Valladolid,  y  de  allí  fué  á  Medina  del 
Campo  y  á  la  Mejorada ,  ya  mal  dispuesto ,  y  f  ué  á 
Valladolid  (5),  á  donde  recibió  los  embajadores  de 
Francia,  y  ovo  fiestas  por  el  mes  de  agosto  (6).  En 
este  año  por  el  mes  de  marzo  adolesció  el  Rey  Ca- 
tólico en  Medina  del  Campo  viniendo  de  Carrionci- 
11o  (7),  tierra  de  Medina  del  Campo,  que  se  habia 
ido  á  holgar  con  la  Reina  Germana  su  muger,  de 
un  potage  frió  que  le  hizo  dar  la  dicha  Reina,  por- 
que le  hicieron  entender  que  se  baria  preñada  lue- 
go (8) ;  á  lo  cual  se  halló  Doña  María  de  Velasco, 
muger  de  Juan  Velazquez  de  Cuellar,  de  la  cual  en- 
fermedad al  cabo  ovo  de  morir  el  dicho  Rey  Cató- 
lico. Partió  su  Alteza  de  Valladolid  para  Madrid  el 
mes  de  septiembre  del  dicho  año  (9) ,  é  allí  vino 
Mercurio  de  Gatinara  por  parte  del  Emperador  Ma- 


(2)  Pomo  sé  qué  sospechas  del  caviloso  Rey  Católico,  que  po- 
cos creyeron  bien  fundadas,  contra  el  héroe  que  le  habia  hecho  á 
él  con  una  corona  más.  Zurita,  lib.  10,  cap.  28. 

(3)  En  Osuna  donde  quedó  enterrado  ,  y  vivia  en  compañía  de 
su  cuñado  D.  Pedro  Girón,  marido  de  su  hermana  Doña  Mencia 
de  Guzman,  á  cuyo  título  pretendió  preferirse  y  ocupar  sus  esta- 
dos con  violencia  y  por  las  armas  ,  como  adelante  se  verá  largo, 
á  su  hermano  y  sucesor  legitimo  D.  Alonso  Pérez  de  Guzman, 
que  en  efecto  aunque  en  cuestión  con  él  y  con  cierta  incapacidad 
natural ,  fué  duque  de  Medina-Sidonia  por  la  buena  inteligencia 
de  su  madre  Doña  Leonor  de  Zúfiiga ,  gobernadora  de  su  persona 
y  casa,  Zúfiiga,  pág.  4G1,  col.  2;  Zurita,  lib.  10,  cap.  51,  tom.  vr. 

(4)  A  principios  de  diciembre  estando  allí  el  Rey :  pero  no  de 
este  año  13  sino  del  13,  según  Zurita,  lib.  10,  cap.  98,  tom.  ti. 
El  trato  sí  de  la  boda  habia  sido  en  el  año  de  13.  Zurit.  lib.  10, 
cap.  79. 

(5)  Donde  en  21  de  mayo  y  7  de  junio  libró  á  la  Chancillerfa  las 
cédulas  impresas  en  sus  Ordenanzas,  lib.  1,  tit.  1,  núm  .  81,  fo- 
lio 42  vuelto,  y  lib.  5,  tít.  8,  fol.  180. 

(6)  En  cuyo  mes  murió  aquí  D.  Alonso  de  Aragón,  duque  de 
Villahermosa,  que  fué  llevado  á  enterrar  al  monasterio  de  Poble- 
te.  Y  en  26  del  propio  mes  murió  también  su  hermano  D.  Alonso 
de  Aragón,  antes  obispo  de  Tortosa  y  ahora  arzobispo  de  Tarra- 
gona, de  que  habia  tomado  posesión  en  15  de  julio  antecedente. 
Zurita,  lib.  10,  cap.  55  al  fin,  tom.  vi. 

(7^  Donde  habia  nacido  el  Rey  D.  Juan  II  de  Aragón  su  padre, 
y  tenia  el  cazadero  el  Rey  D-  Fernando  su  abuelo,  siendo  Infante 
de  Castilla  y  Señor  de  Medina. 

(8)  Lo  que  ella  mucho  deseaba  y  no  menos  el  Rey,  por  la  poca 
afición  que  ya  mostraba  á  la  sucesión  de  la  casa  de  Austria,  como 
añade  Pedro  Mártir  y  con  él  Zurita,  libr.  10,  cap.  55,  tom.  vi. 

(9)  Dice  bien;  pues  en  13  y  22  de  agosto  aun  permanecía  en 
Valladolid,  donde  libró  dicho  dia22  al  Consejo  de  la  Mesta  la 
primera  sobrecarta  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria 
de  Valladolid,  lib.  5,  tít.  8,  fol.  180,  y  á  la  ChanciHeria  de  Grana- 
da la  cédula  de  dicho  día  13,  impresa  en  el  mismo  libro,  fol,  197^ 


CON  FERNANDO 
ximiliano,  entre  el  cual  y  el  Rey  Católico  se  hizo 
cierto  juramento  sobre  la  gobernación  de  España, 
que  tenia  el  Rey  Católico ,  y  allí  en  Madrid  estuvo 
hasta  en  fin  de  dicho  año  (1). 

aSo  1514. 

Partió  el  Rey  Católico  de  Madrid  y  vino  á  Sego- 
via,  y  estuvo  su  Alteza  en  Segovia,  y  de  allí  partió, 
y  vino  á  Valladolid,  y  de  ahí  á  Medina  del  Campo,  i 
y  de  ahí  fué  á  caza  hacia  León,  donde  se  alegró  de 
la  enfermedad  ;  y  de  allí  volvió  á  Valladolid  (2),  y 
de  Valladolid  fué  á  Medina  del  Campo  ,  donde  se 
sintió  malo,  y  de  allí  partió  á  la  Mejorada ,  á  donde 
se  acrescentó  su  indisposición,  por  la  Semana  Santa 
y  Pascua  de  Resurrección. 

aSo  1515. 

Partió  la  Reina  Germana  (3)  de  la  Mejorada  (4) 
á  tener  Cortes  en  Aragón  :  fué  el  Rey  Católico  con 
ella  hasta  Aranda,  por  el  mes  de  abril  de  este  dicho 
año.  De  allí  partió  el  Rey  para  Burgos  viernes  á  8 
de  mayo  de  este  dicho  año,  donde  tuvo  Cortes  (5): 
allí  se  otorgó  servicio  de  150  cuentos,  é  se  incorpo- 
ró el  reino  de  Navarra  por  Cortes  en  la  corona  Real 
de  Castilla  y  León  (6).  En  una  noche  á  27  de  junio 
estuvo  tan  malo  que  pensaron  que  no  llegara  á  la 
mañana,  y  fué  sentido  por  los  monteros  de  la  guar- 
da, que  le  tornaron.  Partió  su  Alteza  de  Burgos 
para  Aranda  viernes  20  de  julio  de  este  año  (7)  á 
donde  mandó  prender  (8)  á  Micer  Antonio  Agustín, 
BU  Vice-Canciller  de  Aragón ,  que  venia  de  las  Cór- 


(1)  Y  mas,  pues  en  18  de  febrero  del  siguiente  1514 ,  todavía 
firmó  en  Madrid  la  cédula  para  la  Chancillería  de  Valladolid  im- 
presa en  sus  Ordenanzas,  11b.  1,  tít.  6,  núm.  29,  fol.  52  vuelto. 

(2)  Donde  en  2  de  setiembre  libró  al  Concejo  de  la  Mesta  la 
segunda  sobrecarta  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria 
de  aquella  ciudad,  lib.  5,  tít.  8,  fol.  180  vuelto. 

(3)  La  Señora  Reina  Doña  Juana  estaba  en  Medina  del  Campo 
este  año  á  26  de  febrero,  con  cuya  fecha  libró  allí  á  la  ciudad  de 
Soria  la  cédula  impresa  en  las  Ordenanzas  de  la  Chancilleria  de 
Valladolid,  lib.  5,  tít.  8,  fol.  173  vuelto.  Y  en  28  de  marzo  per- 
maneciendo allí  dirigió  á  la  misma  Chancilleria  los  capítulos  re- 
sultantes de  la  visita  que  en  ella  hizo  D.  Juan  de  Tavera,  obispo 
de  Ciudad-Rodrigo  y  de  su  Consejo  allí,  fol.  211  á  214. 

(4)  En  cuyo  monasterio  asistió  el  Rey  á  los  oficios  de  Semana 
Santa,  y  de  allí  se  fué  muy  debilitado  y  doliente  á  la  villa  de  Ol- 
medo, de  donde  salía  á  Ventosilla  su  aldea  á  la  caza  de  ciervos. 
En  Olmedo  á  12  de  abril  despachó  orden  á  los  aragoneses  para 
Juntarse  á  Cortes  en  Calatayudá  11  de  maye.  Y  luego  en  el  mis- 
mo mes  partió  la  Reina  á  celebrarlas  y  el  Rey  en  su  compañía 

hasU  Aranda.  En  Aranda  se  le  agravó  al  Rey Y 

estando  muy  indispuesto  en  las  casas  de  D.  Juan  de  Acuña  á  26 
de  abril  otorgó  su  segundo  testamento  en  la  forma  que  muestra 
Zurita,  lib.  10,  cap.  92  y  99,  tom.  vi.  Del  cual  si  alguna  noticia  tu- 
vo no  hace  memoria  aquí  nuestro  Carbajal. 

(5)  Y  en  18  de  él  libró  cédula  á  la  Chancillería  de  Valladolid 
aprobando  el  nombramiento  de  los  30  procuradores  de  causas  de 
satisfacción,  que  había  mandado  proponerle.  Ordenanzas,  lib.  2, 
tít.  3,  ndm.  3,  fol.  66.  Y  por  la  del  dia  31  allí,  tít.  4,  núm.  89,  fo- 
lio 78  vuelto,  firmó  el  Reglamento  de  Receptores. 

(6)  Vid.  Viicay.  en  el  libro  de  la  Naturaleza  de  los  de  San  Juan 
de  Pié  de  Puerto,  donde  pone  el  privilegio  ó  acta. 

(7)  Con  cuya  fecha  en  el  mismo  dia  en  Burgos  libró  á  la  ciudad 
de  Valladolid  la  cédula  dada  antes  á  Soria,  extendiendo  á  aquella 
ciudad  la  providencia  dada  para  esta,  que  sobre  pleitos  de  pala- 
bras, concillándose  las  partes,  no  procedan  los  jueces. 

(8)  Ea  la  noche  del  13  de  agosto.  Zurita.  10, 93. 


É  DOÑA  ISABEL.  561 

tes  de  Aragón  de  Monzón  (9),  é  aunque  le  dieron 
otro  color,  verdad  fué  que  lo  mandó  prender  porque 
requirió  de  amores  á  la  Reina  Germana  (10),  y  estu- 
vo preso  en  Simancas  mucho  tiempo,  hasta  que  con 
fianzas  le  hizo  soltar  el  cardenal  D.  Fr.  Francisco 
Ximenez  en  el  tiempo  de  su  gobernación  (11).  Partió 
su  Alteza  de  Aranda  para  Segovia  y  llegó  lunes  27 
de  agosto^  de  este  año :  pasó  en  el  monasterio  de 
Santa  Cruz  de  la  orden  de  los  predicadores,  á  donde 
estuvo  asaz  malo ,  é  aunque  le  fué  dicho  que  no  se 
partiese,  no  se  pudo  acabar  con  él.  Partió  su  Alteza 
de  Segovia  á  lo  de  las  Cortes  de  Aragón ,  que  no 
eran  acabadas,  sábado  15  de  setiembre  (12)  y  estuvo 
en  Calatayud  y  quedó  el  Consejo  en  Segovia.  Tor- 
nó el  Rey  desde  Calatayud,  y  entró  en  Madrid  pos- 
trero de  octubre,  y  partió  de  Madrid  para  Plasen- 
cia,  estando  ya  muy  mal  dispuesto,  miércoles  12  de 
noviembre  de  este  dicho  año :  llegó  á  Plasencia  vís- 
pera de  San  Andrés ,  donde  fué  honradamente  res- 
cibido,  porque  después  que  redujo  aquella  ciudad  á 
la  corona  Real,  nunca  en  ella  habia  entrado :  posó 
en  la  fortaleza.  E  allí  vino  nueva  que  era  f allescido 
D.  Gutierre  de  Padilla,  Comendador  mayor  de  Cala- 
trava  en  Almagro,  y  dícese  que  si  venciera  de  dias 
al  Rey  Católico,  que  tomaría  el  maestrazgo  de  Ca- 
latrava,  porque  tenia  esperanza  de  ser  elegido.  A  2 
de  diciembre  murió  en  Granada  Gonzalo  Hernán- 
dez de  Córdoba,  Gran  Capitán,  duque  de  Sesa  y  de 
Terranova  (13) ,  el  cual  ansimismo  afirman  que  si 
mas  viviera  que  el  Rey  Católico ,  que  ocuparía  el 
maestrazgo  de  Santiago ,  porque  dicen  que  tenia 
bulas  apostólicas  ;  pero  S.  M.  ovo  otra  bula  en  el 
mismo  mes  por  medio  del  cardenal  Santa  Cruz  para 
poder  tener  todos  sus  maestrazgos  como  los  habían 
tenido  sus  abuelos. 

aSo  1516. 

Partió  BU  Alteza  á  27  de  diciembre  del  año  pasa- 
do de  Plasencia,  y  fué  á  Trujillo  á  donde  tuvo  los 
Reyes  de  este  año ,  y  de  allí  fué  al  lugar  de  Alber- 
tura,  é  á  otros  lugares,  é  fué  á  Madrigalejo,  donde 

(9)  No,  sino  de  Calatayud.  Zurita,  ibidem. 

(10)  «Cosa  (dice  Zurita,  lib.  10,  cap.  93)  de  muy  gran  liviandad  é 
»indígna  de  creerse,  y  aun  de  escribirse»;  puesto  que  el  doctor 
Carbajal  no  la  calla  en  sus  Anales,  antes  lo  que  es  de  maravillar 
de  autor  tan  grave,  la  afirma  por  verdadera  y  con  tal  seguridad 
que  no  deja  razón  de  dudar  que  él  llegó  á  saber  lo  cierto. 

(11)  Después  de  la  muerte  del  Rey.  Y  habiendo  pasado  á  Flan- 
des  en  seguimiento  de  su  causa,  el  Rey  D.  Carlos,  sucesor,  le  dio 
por  libre  en  Bruselas  á  23  de  setiembre  del  año  1517.  Zurit.,  ibid., 
cap.  99  al  fin.  Y  el  mismo  D.  Carlos  en  Valladolid  á  14  de  diciem- 
bre de  dicho  año  le  hizo  merced  del  oficio  de  su  abogado  riscal 
y  patrimonial  de  Aragón.  Dormer,  al  fin  de  sus  Anales,  en  las  adi- 
ciones y  correcciones,  fol.  1  vuelto.  Todo  es  poco  para  celebrar 
dignamente  al  padre  de  tan  gran  hijo  como  D.  Antonio  Agustín. 

(12)  El  día  anterior  14  libró  á  Vizcaya  la  cédula  que,  insertas 
otraG  seis  anteriores,  se  imprime  en  los  Fueros  después  de  la  1.  3, 
tít.  32. 

(13)  Jamás  se  habrá  visto  panteón  de  héroe  mas  adornado  de 
trofeos;  una  corona  que  ganóá  la  de  Castilla  y  Aragón,  y  dos- 
cientos estandartes  á  sus  enemigos.  Virum  enim  pluribus  virtuii- 
bus  prmdiíum,  bellieisque  in  rebus  clariorem  hominem  mías  nostra. 
non  habeí;  atque  haud  scio  an  eliam  parentum  avorumque  noslro- 
rum  mtates  habuerint,  mereció  que  dijese  de  él  el  Papa  León  X, 
aun  cuando  vivía.  Epist.  57,  lib.  10  del  Bembo. 


562 


CKÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


nuestro  Señor  le  llevó  de  esta  presente  vida  miérco- 
les entre  una  y  dos  de  la  mañana  á  23  de  enero 
de  1516  años.  Dejó  por  su  universal  heredero  de 
todas  sus  coronas  y  estados  á  la  Reina  Doña  Juana 
6u  hija ,  y  por  universal  Gobernador  al  Príncipe 
D.  Carlos  su  nieto,  y  en  su  ausencia  en  estos  reinos 
de  Castilla  y  de  León  al  cardenal  de  España ;  y  en 
los  reinos  de  Aragón  y  sus  coronas  al  arzobispo  de 
Zaragoza,  su  hijo  bastardo.  Porque  los  que  este 
Memorial  leyeren  sepan  cumplidamente  loa  hechos 
como  pasaron,  se  presupone  que  el  Rey  Católico  es- 
tando en  Burgos  poco  antes  que  f  allesciese,  viéndo- 
se muy  enfermo  de  la  enfermedad  de  que  murió, 
hizo  testamento  ;  en  el  cual  entre  otras  cosas,  dejó 
por  Gobernador  de  estos  reinos  al  Infante  D.  Fer- 
nando, su  nieto,  que  él  queria  mucho ,  é  tenia  vo- 
luntad que  tuviese  los  tres  maestrazgos  después  de 
BUS  dias,  porque  nunca  creyó  que  el  Príncipe  D.  Car- 
os viniera  en  estos  reinos  á  los  regir  y  gobernar, 
estando  ausente  de  ellos,  como  á  la  sazón  estaba, 
porque  siendo  aquellos  por  quien  se  regia,  no  na- 
turales de  ellos,  tenia  por  cierto  que  no  le  aconse- 
jarían que  los  viniese  á  regir,  ni  él  siendo  criado  en 
aquellas  partes  á  otras  costumbres  y  manera ,  lo 
querría  hacer,  en  especial  no  teniendo  noticia  de 
ellos ;  porque  con  dificultad  se  muda  la  costumbre 
en  que  los  hombres  se  crian ,  y  fácilmente  se  tiene 
en  poco  lo  que  jamás  se  conosció  ni  supo. 

CAPÍTULO  I. 

De  lo  que  pasó  después  qne  el  Rey  Católico  partió  de  Plasencia  y 
fué  á  Madrigalejo,  y  de  lo  que  allí  sucedió. 

Después  que  el  Rey  partió  de  Burgos  fué  á  Ara- 
gón por  lo  de  las  Cortes  que  allí  tenían,  é  no  pasó 
de  Calatayud ,  á  donde  negociadas  algunas  cosas 
dejó  allí  en  su  lugar  á  la  Reina  Germana  su  muger 
é  habilitada.  De  allí  tomó  á  Castilla,  y  llegando  á 
Madrid,  á  donde  estuvo  poco,  tomó  el  camino  de 
Plasencia  (1)  por  el  campo  de  Arañuelo,  y  en  la 
Serena  tuvo  la  fiesta  de  Navidad ;  y  estando  allí  lle- 
gó el  embajador  del  Príncipe  y  de  sus  gobernado- 
res, D.  Adriano  deán  de  Lobayna,  su  maestro,  que 
después  fué  Pontífice,  á  tratar  con  el  Rey  Católico 
algunas  cosas  concernientes  á  la  gobernación  de  los 
reinos  é  al  bien  de  la  aceptación  de  ellos ,  según  que 

(1)  k  donde  llegó  en  fin  de  noviembre  tan  debilitado  y  doliente, 
qae  se  entendió  no  podría  vivir  muclios  dias.  Sin  embargo,  le  re- 
cibieron con  grandes  tiestas  los  placentinos  por  ser  la  primera 
vez  que  tenían  el  gasto  de  ver  á  sa  Rey,  después  que  había  saca- 
do nquelia  ciudad  del  dominio  del  duque  de  Bejary  la  habla  re- 
incorporado á  la  corona.  Al  principio  del  siguiente  mes  de  di- 
ciembre hizo  celebrar  alli  la  boda  de  su  nieta  Doüa  Ana  de  Ara- 
gón con  el  nuevo  duque  de  Medina  Sidonia  U.  Alonso  Pérez  de 
Guzman,  en  medio  de  su  demencia  é  ineptitud;  cuyo  casamiento 
ha  puesto  mal  nuestro  Galindez  arriba  en  el  año  1513.  En  el  día 
11  se  hallaban  en  la  Abadía ,  lugar  y  casa  de  recreo  de  su  estima- 
do duque  de  Alba,  que  procuró  divertirle  á  la  caza  de  ciervos,  de 
que  abundaba  ^qtiel  bosque.  Y  allí  en  ese  dia  juró  por  si  y  á  nom- 
bre de  su  hija  y  sucesora  la  concordia  con  Inglaterra,  presentes 
Juan  Rufo,  obispo  de  Cosenza,  y  micer  Galeazo,  nuncios  del 
Papa,  D.  Bernardo  de  Rojas,  marqués  de  Denla,  y  D.  Fernando  de 
Toledo.  Comendador  mayor  de  León.  Zurita ,  lib.  10,  capi  98,  to- 

VttVU 


él  mostraba  ;  aunque  á  la  verdad  venia  á  lo  que  de 
yuso  se  dirá,  como  paresció,  fallescido  el  Rey  Cató- 
lico, por  los  poderes  que  traía  el  dicho  Dean  (2) :  y 
entre  otras  cosas  que  se  asentaron  allí,  otorgó  quo 
Monsiur  de  Xeures ,  camarero  mayor  del  Príncipe^ 
que  había  sido  en  le  embiar,  porque  tenia  mas  parte 
en  el  Príncipe  que  no  otro,  no  entendiese  en  la  go- 
bernación ;  ni  otro  fuese  su  camarero,  como  lo  era ; 
lo  cual  aunque  á  Xeures  no  plugo ,  y  después  por 
ellos  trató  mal  al  dicho  Adriano  ;  pero  á  todos  pa- 
resció que  aunque  no  se  debiese  de  cumplir,  que  ha- 
bría hecho  lo  que  al  Príncipe  convenia,  según  que 
adelante  se  dirá.  Asimesmo  porque  en  Flándes  s© 
sabia  de  la  indisposición  del  Rey  fué  embiado  el 
dicho  embajador,  para  que  avisase  de  todo  lo  que 
pasase  de  secreto  y  tratase ,  como  es  dicho,  y  esto 
era  lo  publicó,  y  para  en  caso  que  el  Rey  f  allescie- 
se, tomase  la  posesión  de  los  reinos  por  el  Príncipe ; 
para  lo  cual  y  para  todas  las  cosas  de  la  goberna- 
ción traía  secretamente  poderes  bastantes.  El  Rey 
partió  de  Plasencia  y  vino  á  Zarayzejo  por  la  puen- 
te del  Cardenal  en  andas,  y  de  allí,  con  asaz  pasión 
y  dolor,  otro  dia  sin  mas  detenerse  partió  y  fué  á  la 
Bentura,  á  donde  estuvo  cinco  ó  seis  dias,  y  de  alli 
fué  á  Madrigalejo,  aldea  de  Trujillo,  y  sabido  por 
el  Embajador  como  la  enfermedad  del  Rey  se  agra- 
vaba, vino  á  Madrigalejo  desde  Guadalupe,  á  donde 
el  Rey  tenia  acordado  estar  algunos  dias  para  asen- 
tar los  dichos  tratos  de  todo ,  y  para  hacer  capítulo 
de  la  orden  de  Calatrava ,  y  proveer  la  encomienda 
mayor,  que  había  vacado  por  muerte  de  D.  Gutier- 
re de  Padilla,  la  cual  se  tenia  por  cierto  que  había 
de  proveer  á  su  nieto  D.  Femando  de  Aragón,  hijo 
de  D.  Alonso  de  Aragón,  arzobispo  de  Zaragoza,  su 
hijo ;  ó  á  D.  Gonzalo  de  Guzman ,  Clavero  de  dicha 
orden,  hermano  de  Ramírez  Nufiez  de  Guzman,  ayo 
del  Infante  D.  Fernando ,  dando  la  claveria  al  di- 
cho Don  Hernando  de  Aragón.  Fecho  saber  al  Rey 
que  el  Embajador  era  venido  é  le  queria  ver,  sos- 
pechó mal  de  aquella  venida,  y  con  enojo  que  ovo, 
dijo  :  No  viene  sino  á  ver  ai  muero.  Decidle  que  se 
vaya,  que  no  me  puede  ver.  E  así  el  Embajador  con 
asaz  confusión  se  fué  por  entonces ;  aunque  le  hizo 
tomar  á  llamar  por  consejo  é  intercesión  de  algunas 
personas  que  alli  estaban ;  al  cual  habló  dulcemen- 
te, y  le  encargó  que  se  fuese  adelante  á  Guadalupe, 
y  que  le  esperase  allí ,  que  presto  entendía  ser  allí 
con  él. 

CAPÍTULO   IL 

Como  se  le  agravó  la  enfermedad  al  Rey  Católico  en  Madrigalejo, 
y  de  la  habla  que  tuvo  con  los  del  Consejo,  y  de  lo  que  allí 
ordenó,  y  como,  rescibidos  los  Sacramentos,  fallesció  en  hábito 
de  Santo  Domingo. 

Estando  el  Rey  en  Madrigalejo,  antes  que  falles^ 
cíese,  le  fué  dado  á  entender  que  estaba  muy  cerca- 
no á  la  muerte,  lo  cual  con  gran  dificultad  lo  pudo 
creer,  porque  á  la  verdad  le  tentó  mucho  el  enemi« 

(i)  Firmados  en  Bruselas  á  mediado  de  octubre  antecedente  d« 
I   este  mismo  «Ao  154$.  ZuritA,  lib.  10,  cap,  98^  U)jn,  n^ 


DON  FERNANDO 
go  con  incredulidad  que  le  ponia  de  no  morir  tan 
presto,  para  que  ni  conf  eeaee  ni  rescibiese  los  Sa- 
cramentos ;  á  lo  cual  dio  causa  que  estando  el  Rey 
en  Plasencia,  uno  del  Consejo  que  venia  de  la  Beata 
del  Barco  de  Avila ,  le  dijo  que  la  Beata  le  hacia 
saber  de  parte  de  Dios  que  no  habia  de  morir  hasta 
que  ganase  á  Jerusalen  (1) ,  y  por  esto  no  queria 
ver  ni  llamar  á  Fr.  Martin  de  Matienzo,  del  orden  de 
predicadores ,  sa  confesor ,  puesto  que  algunas  ve- 
ces el  confesor  lo  procuró ;  pero  el  Rey  lo  echaba  de 
sí  diciendo  que  venia  mas  con  fin  de  negociar  me- 
moriales, que  no  entender  en  el  descargo  de  su  con- 
ciencia ;  pero  al  fin  algunas  buenas  personas  ansí 
criados  como  otros  que  deseaban  la  salvación  de  su 
ánima,  le  apartaron  é  revocaron  de  aquel  mal  pro- 
pósito, y  el  Espíritu  Santo  inspiró  en  él,  é  hizo  una 
tarde  llamar  al  dicho  su  confesor,  con  ol  cual  se 
confesó  como  católico  cristiano,  y  después  rescibió 
á  su  tiempo  los  Sacramentos,  y  de  la  confesión  re- 
sultó que  mandó  el  Rey  llamar  al  Licenciado  Zapa- 
ta ó  al  Doctor  Carbajal ,  sus  relatores  y  referenda- 
rios é  de  BU  Consejo  de  la  Cámara,  é  al  Licenciado 
Vargas,  su  tesorero,  todos  del  Consejo  Real,  á  los 
cuales  en  gran  secreto  dijo  que  ya  sabían  cuanto  de 
ellos  habia  fiado  en  la  vida  y  de  lo  que  le  habían 
aconsejado,  siempre  se  habia  hallado  bien,  que  ago- 
ra en  la  muerte  les  rogaba  y  encargaba  muy  cara- 
mente le  aconsejasen  lo  que  habia  de  hacer  princi- 
palmente cerca  de  la  gobernación  de  los  reinos  de 
Castilla  ó  Aragón,  lo  cual  en  el  testamento  que  ha- 
bia hecho  en  Burgos  había  encomendado  al  Infan- 
te D.  Femando  su  nieto,  que  habia  criado  á  la  cos- 
tumbre y  manera  de  acá,  porque  creía  que  el  Prín- 
cipe D.  Carlos  su  nieto  no  vendría  ni  estaría  de 
asiento  en  ellos  'jk  los  regir  y  gobernar  como  era 
menester,  y  estando  como  estaba  fuera  de  ellos,  su 
gobernación  de  personas  no  naturales,  que  mirarían 
antes  su  propio  interés  que  no  el  del  Principe,  ni  el 
bien  común  de  los  reinos.  A  lo  cual  fué  respondido 
por  los  del  Consejo  ya  dichos ,  que  su  Alteza  sabia 
bien  con  cuantos  trabajos  y  afanes  habia  reducido 
estos  reinos  en  buena  gobernación,  y  paz  y  justicia, 
en  que  estaban,  y  que  asimesmo  su  Alteza  sabía 
que  los  hijos  de  los  Reyes  todos  nacen  con  codicia 
de  ser  Reyes,  é  que  ninguna  diferencia  cuanto  á 
esto  habia  entre  el  mayor  y  los  otros  hermanos, 
sino  tener  el  primogénito  la  posesión,  y  que  ansi- 
mísmo  conoscía  la  condición  de  los  Grandes  y  Ca- 
balleros de  Castilla,  que  con  movimientos  y  necesi- 
dades en  que  ponían  á  los  Reyes,  se  acrescentaban, 
y  que  por  esto  les  parecía  debía  dejar  por  Gober- 
nador de  los  reinos  de  Castilla  al  que  de  derecho  le 
pertenesciala  sucesión  de  ellos,  que  era  al  Príncipe 


(1)  De  esta  Beata  se  ocasionó  ona  fuerte  competencia  de  juris- 
dicción entre  ia  regia  y  la  eclesiástica  el  año  de  1509,  como  cons- 
ta de  los  documentos  que  imprimió  D.  Josef  Peilicer  afio  1665, 
en  el  Memorial  de  ios  UUoas  de  Cáceres,  fol.  115  vuelto  y  116* 
donde  cita  también  todos  los  lugares  en  que  hizo  mención  de  ella' 
Pedro  Martin  de  Angleria  en  sus  Cartas.  Véase  la  que  yo  escribí 
al  P.  Montoya,  que  está  en  la  correspondencia  con  literatos,  don- 
de me  pidió  y  le  di  largas  noticia»  d«  esu  nager  faUdica, 


É  DO^A  ISABEL.  663 

D.  Carlos,  su  nieto ;  porque  no  embargante  que  el 
Señor  Infante  D.  Fernando  fuese  tan  esoelente  en 
virtudes  y  buenas  costumbres,  en  quien  cesaba  toda 
sospecha  ;  pero  siendo  de  tan  poca  edad ,  como  era, 
habia  de  ser  regido  y  gobernado  por  otros,  de  los 
cuales  no  se  podía  tener  tanta  seguridad,  que  pues- 
tos  en  la  posesión  y  gobierno  no  deseasen  movi- 
mientos y  revoluciones  para  se  acrescentar,  y  que  no 
podría  haber  seguridad  bastante  que  esto  excusase, 
sino  dejando  lo  suyo  á  su  dueño,  y  que  esto  era  con- 
forme á  Dios  y  á  buena  conciencia  y  razón  natural  é 
á  todo  divino  é  humano,  y  en  que  habia  menos  in- 
conveniente ;  que  sí  se  acordaba  de  lo  pasado  y  de 
la  dificultad  y  trabajo  que  él  y  la  Reina  Católica 
habían  tenido  en  principio  de  su  reinado  para  re- 
ducir estos  reinos  á  su  obediencia  y  devoción ,  co- 
nosceria  claro  en  cuanta  ventura  y  discrimen  que- 
daba todo,  dejando  por  gobernador  al  Infante,  es- 
tando ausente  el  Príncipe  y  viviendo  la  Reina  Doña 
Juana  su  hija,  y  quedando  la  posesión  del  gobierno 
al  Infante  D.  Femando  que  estaba  presente,  en  es- 
pecial si  le  dejaba  los  maestrazgos ,  como  se  de- 
cía (2),  y  que  el  menor  inconveniente  que  de  esta 
provisión  se  seguía,  era  nunca  venir  el  Príncipe  eu 
estos  reinos,  que  en  la  verdad  él  era  el  mayor ;  por- 
que viendo  á  su  hermano  el  Infante  apoderado,  no 
faltaría  quien  le  [pusiese  grandes  dificultades  que  le 
entibiasen  mas  su  venida ,  y  que  el  mando  y  gran 
poder  convidaría  al  Infante  á  lo  que  no  era  de  su 


(i)  «Pensar  (dice  Zurita,  11b.  10,  cap.  99)  que  deliberaba  dejar 
•los  maestrazgos  al  Infante,  es  cosa  sin  ningún  fundamento,  y  así 
«ninguna  mención  hizo  de  ello  en  su  favor  en  ninguno  de  sus  pri- 
«mcros  testamentos,  y  muéstrase  bien  que  el  Señor  Carbajnt  nin- 
•  guna  noticia  tuvo  de  lo  que  se  asentó  con  el  Dean  de  Lobayna 
•sobre  la  incorporación  de  los  maestrazgos  en  la  corona  de  Cas- 
•tilla  ;  pues  de  tai  manera  estaba  aquello  dispuesto,  que  la  ad- 
•ministracion  le  estaba  encomendada  por  la  Sede  Apostrtiica,  y 
•nunca  en  su  vida  le  pasó  por  el  pensamiento  procurarla  para  el 
•Infante;  y  menos  éabia  de  presumir  que  después  de  su  muerte  se 
•le  babia  de  conceder  por  el  Sumo  Pontífice.»  Este  asiento  coa 
el  Dean  de  Lobayna,  Embajador  del  Principe,  nieto  D.  Carlos, 
de  que  aquí  se  acusa  á  Galindez  no  haber  tenido  noticia,  fué  en 
la  Serena  ó  bien  en  la  Abadía  poco  después  de  la  fiesta  de  Navi- 
dad, en  que  el  Dean  llegado  de  Flándes  se  presentó  alli  ai  Rey  con 
sus  credenciales  la  primera  vez.  Con  el  titulo  De  nueva  capitula- 
ción y  concordia,  la  puso  Zurita  en  el  cap.  98  anterior.  Y  es  cierto 
que  en  él  para  quitar  al  Príncipe  y  su  gobierno  flamenco  el  rece- 
lo de  que  el  Rey  en  perjuicio  de  sus  rentas  y  de  la  corona  queria 
dejar  los  maestrazgos  al  Infante  D.  Fernando  también  su  nieto, 
se  ofreció  S.  M.  á  que  procuraría  con  el  Papa  su  incorporación 
perpetua  á  ella,  por  considerarse  asi  conveniente,  quedando  él 
con  la  administración  por  sus  dias.  Pero  yo  extraño  que  un  hom- 
bre del  talento  de  Zurita  critique  en  este  paso  al  doctor  Carba- 
jal y  le  tome  la  residencia  por  una  concordia  no  todavía  pura  y 
perfecta,  y  que  mas  bien  que  tal  puede  decirse  apuntamientos  para 
ella,  ó  como  un  pliego  de  proposiciones.  Era  de  advenir  que  en 
la  misma  quedó  capitulado  que  se  hubiese  de  enviar  á  Flándes 
para  que  allá  la  aprobase  y  jurase  el  Principe  y  su  ministerio  y 
pueblos,  con  cierta  formalidad  muy  solemne  que  allí  se  previene. 
Y  que  hecho  esto,  el  Rey  Católico,  su  abuelo,  hubiese  de  hacer 
lo  mismo  acá  en  Castilla.  Nada  de  lo  cual  jlegó  á  ejecución,  ni  la 
estrechez  del  tiempo  dio  lugar  á  ello,  agravándosele  mas  de  dia 
en  dia  la  enfermedad  mortal  con  que  ya  se  hallaba ,  y  muriendo 
de  ella  en  Madrigalejo  á  23  del  siguiente  enero  de  16.  Asi  que  el 
historiador  y  el  público,  de  cuya  voz  se  decía  es  él  un  mero  re- 
lator, hicieron  bien  en  no  hacer  caso  de  un  capitulado  que  no  lle- 
gó á  tener  efecto,  y  se  evaporó  con  las  esperanzas  de  la  vida  det 
Rey. 


¿64 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


condición.  Oidas  estas  razones  y  otras  que  le  fue- 
ron dichas,  el  Rey  así  llorando  dijo  que  le  páres- 
ela bien ,  y  que  ordenasen  las  cláusulas  del  testa- 
mento, y  páresela  que  lo  que  él  tenia  ordenado  pri- 
mero en  Burgos,  le  debia  del  todo  casar,  que  nunca 
paresciese,  y  escribir  de  nuevo  todo  el  testamento, 
porque  no  paresciesen  testigos  de  él  ni  se  engen- 
drase algún  mal  concepto ;  pero  esto  fué  muy  se- 
creto que  no  lo  supo  el  Infante  que  estaba  en  Gua- 
dalupe, ni  Gonzalo  de  Guzman,  Clavero  de  Cala- 
trava,  su  ayo  ,  ni  Fr.  Alvaro  Osorio,  obispo  de  As- 
torga,  su  maestro,  que  estaba  con  él.  Dijeron  asi- 
mismo al  Rey  aquellos  del  Consejo ,  que  en  lo  de  la 
gobernación  de  Aragón  que  dejaba  á  D.  Alonso  de 
Aragón  su  hijo,  arzobispo  de  Zaragoza,  les  parecía 
muy  acordado ;  porque  en  él  cesaban  todos  los  in- 
convenientes ,  y  era  natural  y  amado  é  bien  quisto 
de  aquellos  reinos  por  la  mayor  parte,  é  los  podia 
gobernar  en  paz  é  justicia.  Fué  dicho  al  Rey  que 
pues  páresela  que  debia  dejar  por  Gobernador  al 
Príncipe  de  los  reinos  de  Castilla  y  León,  etc.,  que 
estaba  ausente ,  que  para  el  entretanto  que  viniese 
6  proveyese  de  Flándes  donde  estaba,  era  necesario 
poner  algún  Gobernador  que  entretuviese  las  cosas 
de  estos  reinos,  que  le  aconsejasen  quién  seria  el 
que  habia  de  nombrar ;  porque  persona  mediana  ni 
el  Consejo  con  ella  no  bastarla  para  este  efecto  de 
entretener  el  buen  gobierno  y  la  paz  y  la  justicia ; 
y  que  dejar  Grande  era  inconveniente  según  la  ex- 
periencia de  las  cosas  pasadas,  especial  que  habría 
discordia  entre  el  que  fuese  nombrado  y  los  otros, 
y  no  le  obedescerian  llanamente  como  era  menes- 
ter, de  que  se  seguirían  mayores  daños  é  inconve- 
nientes. Fué  nombrado  por  uno  de  los  del  Consejo, 
que  allí  estaban,  el  cardenal  D.  Fr.  Francisco  Xime- 
nez,  arzobispo  de  Toledo,  y  luego  paresció  que  no 
habia  estado  bien  el  Rey  en  su  nombramiento ,  y 
dijo  de  presto  :  «  Ya  vosotros  conosceia  su  condición)) ; 
y  estuvo  un  poco  sin  que  ninguno  le  replicase,  y 
tornó  á  decir :  aaunqiie  buen  hombre,  es  de  buenos  de- 
seos, y  no  tiene  parientes,  y  es  criado  de  la  Reina  y 
mió  y  siempre  le  habernos  visto  y  conoscido  tener  el 
afición  que  debe  á  nuestro  servicio)) ;  y  los  del  Conse- 
jo le  respondieron  que  ansí  era  la  verdad  todo  lo 
que  BU  Alteza  les  decía,  y  que  era  buena  la  elección 
y  mejor  considerados  los  inconvenientes  que  de  los 
nombramientos  de  otros  se  esperaban  (1).  Luego  el 


(1)  Es  de  maravillar  ( dice  Zurita  cit.,  lib.  10,  cap.  99,  tom.  ti) 
qne  escriba  tal  variación  Carbajal,  caando  el  Rey  le  tenia  ya  nom- 
brado en  el  testamento  que  habia  heclio  el  año  antes  en  Aranda,  y 
aquí  confiesa  su  idoneidad.  El  P.  Fr.  Pedro  de  Qnintanilla  y  Men- 
doza, que  no  quisiera  hallar,  no  digo  mancha,  pero  ni  la  menor 
mo/aen  el  purpúreo  sayal  de  su  héroe  el  Señor  Ximenez,  piensa 
cogerá  nuestro  fialindez  en  complicación  en  este  paso(pá6.  2ü9 
y  '¿20,  y  en  el  Apénñce,  pág.  6i ) ;  pero  en  vano  se  oponen  meras 
conjeturas,  por  no  decir  sombras,  á  un  testigo  grave  y  presencia!, 
que  escribe  lo  que  pasd,  no  lo  que  no  debió  pasar.  Si  el  Rey  fué 
siempre  de  un  genio  caviloso,  cúlpenle  al  Rey,  no  al  historiador: 
deje  el  P.  Quintaniíla  de  deteriorar  la  fé  del  Señor  Galindez  (solo 
en  este  paso,  pues  en  los  demás  siempre  le  sigue,  y  gracias  por 
la  materia  que  le  dio  para  sus  amplios  elogios),  llamando  á  su 
obrii,  solo  ahora  con  desprecio,  unos  borradores  manuscritos  del 
gidor  Lorenso  Galindo  de  Carbajal.  A  critica  no  se  Us  aposta- 


Rey  tornó  á  decir :  « Pues  en  lo  de  los  maestrazgo» 
¿qué  me  aconsejáis f))  Los  del  Consejo  respondieron 
que  lo  mismo  que  hablan  aconsejado  en  lo  de  la 
gobernación  de  los  reinos  de  Castilla  y  León,  por 
las  mismas  razones  ;  y  porque  si  un  solo  maestraz- 
go puesto  en  persona  llana  bastaba  para  poner  di- 
sensión é  hacer  movimientos  en  los  reinos,  como 
habia  visto,  que  muy  mas  claro  era,  que  tres  puestos 
en  una  persona  Real  causarían  división  y  otras  al- 
teraciones, y  para  esto  no  habia  otro  mejor  testigo 
que  su  Alteza  porque  á  esta  causa  el  Rey  y  la 
Reyna  Católicos  hablan  proveído  mutuamente  en 
poner  en  sus  personas  Reales  la  administración  de 
todos  los  maestrazgos,  lo  cual  parecía  haber  sido 
muy  provechoso,  como  la  experiencia  lo  habia  mos- 
trado. El  Rey  dijo  :  «  Verdad  es  lo  que  decís ,  pero 
mirad  que  queda  muy  pobre  el  Infante.»  A  lo  cual 
por  los  del  Consejo  fué  respondido  que  la  mayor  ri- 
queza que  su  Alteza  podría  dejar  al  Infante  era 
dejarle  bien  con  el  Príncipe  D.  Carlos,  su  hermano 
mayor.  Rey  que  habia  de  ser;  porque  quedando 
bien  con  él,  siempre  librarla  mejor,  y  que  su  Alteza 
le  podia  dejar  en  Ñapóles  lo  que  fuese  servido ,  y 
que  asi  cesaban  los  inconvenientes  de  los  reinos  de 
Castilla  y  le  aprovecharía  la  guarda  del  reino  de 
Ñápeles.  Al  Rey  paresció  bien  lo  que  le  aconsejaban 
los  del  Consejo,  y  mandó  que  se  aconsejasen  y  or- 
denasen las  cláusulas  y  provisiones  necesarias,  ansí 
para  lo  de  la  gobernación  y  maestrazgos  en  favor 
del  Príncipe  D.  Carlos ,  como  de  cincuenta  mil  du- 
cados de  renta  cada  año  en  Ñápeles  para  el  Infan- 
te. Los  del  Consejo  se  partieron  del  Rey,  y  fueron 
á  ordenar  las  dichas  cláusulas  de  su  testamento,  y 
la  suplicación  para  el  Papa  sobre  lo  de  los  maes- 
trazgos, aunque  dicen  que  el  cardenal  de  Santa  Cruz 
tenia  ya  hecha  esta  diligencia  en  Roma,  y  el  Gran 
Capitán  para  sí.  E  uno  de  ellos  lo  escribió  todo  de  su 
mano,  é  de  aquella  minuta  se  trasladaron  á  la  letra 
en  el  dicho  testamento  las  clásulas,  como  por  él  pa- 
resce,  y  fué  nescesario  de  tornalle  todo  á  escribir, 
porque  no  paresciese  rastro  de  lo  que  primero  se 
habia  otorgado  en  Burgos,  y  con  mucha  dificultad 
se  pudo  tornar  á  escribir ;  porque  el  mal  del  Rey  se 
agravaba  y  la  escritura  no  era  pequeña.  La  Reina 
Germana,  segunda  muger  del  Rey,  que  estaba  te- 
niendo Cortes  en  Calatayud  del  reino  de  Aragón, 
llegó  á  Madrigal ejo,  andando  días  y  noches,  el  lú- 


rá  al  elocuente  Alvar  Gómez  (fundador  que  asi  podemos  llamarle 
de  la  historia  de  Ximenez),  y  en  verdad  que  le  pasó  y  nada  tuvo 
que  oponerle  en  este  lugar.  ¡Qué !  ¿Nada  mas  hay  que  esto  de  la 
tal  cual  condición  en  la  estampa  del  grande  hombre?  ¡Y  se  deja 
morir  de  un  triste  cartazo  que  le  espeta  un  Mota!  Galindez  sin 
lisonja  porque  no  comió  pan  del  Cardenal,  ni  tomó  beca  en  so 
colegio  de  San  Ildefonso,  su  fortuna  la  hicieron  sus  méritos,  le 
trató  cerca  muchas  veces  á  la  frente  del  Senado  y  á  puerta  cerra- 
da, y  supo  muy  bien  que,  aunque  era  Grande,  era  hombre:  Sum- 
misunt  /tomines  lamen,  como  ya  dijo  Quintiliano.  Tollo jaclanHam, 
et  homines  quid  sunt  nisi  homines,Sia  Agustín.  Es  menester  ha- 
ber vivido  en  un  encierro  y  no  conocer  la  historia  del  mundo  y 
de  los  hombres,  ni  aun  por  el  forro,  para  excandecerse  por  tan 
pocas  cosas.  Y  eso  que  tienen  por  delante  el  suceso  del  Graa  Ca- 
pitán, y  k  traea  entre  nanos. 


DON  FERNANDO 
nes  por  la  mañana  (1) ;  y  martes  siguiente  en  la 
tarde  que  se  contaron  22  de  enero  del  año  1516, 
otorgó  el  Rey  su  testamento  y  mas  tarde  rescibió 
el  Santísimo  Sacramento,  y  mas  tarde  pidió  la  un- 
ción, la  cual  le  fué  dada,  y  después  de  media  noche, 
entre  una  y  dos,  entrante  en  miércoles,  que  se  con- 
taron 23  de  enero,  pasó  de  esta  presente  vida  (2). 
Nuestro  Señor  le  quiera  perdonar,  que  buen  Rey  fué. 
Fálleselo  en  hábito  de  Santo  Domingo  (3).  Estaba 

(1)  Y  en  el  mismo  día  escribió  al  Príncipe  D.  Cários,  su  nieto, 
á  Flándes,  la  tierna  carta  que  estampó  Dormer  en  sus  Anales  de 
Aragón,  lib.  1,  cap.  i,  pág.  1,  dándole  noticia  de  su  fatal  estado, 
despidiéndose  de  él,  y  encargándole  el  cumplimiento  de  su  testa- 
mento y  en  particular  lo  tocante  á  su  mugar  la  Reina  Doña  Ger- 
mana, y  el  cuidado  y  respeto  de  su  persona  é  intereses,  etc. 

{i)  Por  memoria  en  la  sala  de  la  casa  donde  murió,  propia  de 
los  PP.  de  Guadalupe,  se  puso  una  tabla  con  esta  inscripción,  que 
copia  Dormer  allí,  pág.  3:  Falleció  el  muy  alio  y  poderoso  Rey  Don 
Femando  el  Quinto,  de  gloriosa  memorta,  aquí  en  esta  cámara  de 
Madridejos  en  la  casa  de  Nuestra  Señora  Santa  María  de  Guada- 
lupe, miércoles  dia  de  San  Ildefonso  entre  ¡as  tres  y  las  cuatro  de 
las  mañana,  que  fueron  23  dias  del  mes  de  enero  de  1516. 

(3)  En  9  de  febrero  siguiente  se  sabia  ya  en  Roma,  y  con  esa 
fecha  lo  anunció  el  Papa  León  X  al  Emperador  Maximiliano,  es- 
cribiéndole el  pésame  en  nombre  de  la  Iglesia  y  de  toda  la  cris- 
tiandad, con  gran  sentimiento  por  la  falta  de  tan  grande  Rey,  de 
cuyos  elogios  se  hace  panegirista. 


É  DOÑA  ISABEL.  565 

muy  deshecho,  porque  le  sobrevinieron  cámaras, 
que  no  solo  le  quitaron  la  hinchazón  que  tenia  de  la 
hidropesía,  pero  le  deshicieron  y  desemejaron  en 
tal  manera,  que  no  parescia  él :  porque  á  la  verdad 
su  enfermedad  era  hidropesía  con  mal  de  corazón, 
aunque  algunos  quisieron  decir  que  hablan  sido 
yerbas,  porque  se  le  cayó  parte  de  una  quijada; 
pero  de  esto  ninguna  cosa  de  cierto  se  puede  saber 
mas  de  cuanto  muchos  creyeron  que  de  un  potaje 
que  le  fué  dado  en  Carrioncillo ,  cerca  de  Medina, 
para  ejercitar  su  potencia,  le  habia  venido  aquel 
mal ;  porque  luego  en  llegando  á  Medina  en  vier- 
nes se  sintió  mal  dispuesto,  en  lo  cual  afirman  haber 
sido  Doña  María  de  Velasco,  muger  de  Juan  Velaz- 
quez,  contador  mayor,  y  Doña  Isabel  Cabra,  cama- 
rera de  la  Reina,  con  sabiduría  de  la  Reina  Ger- 
mana su  segunda  muger,  porque  deseaba  mucho 
parir  del  Rey  por  haber  la  sucesión  de  los  reinos  de 
Aragón  (4). 


(4)  Siguen  á  eontinnaeion  otros  capítulos  que  narran  los  suce- 
sos ocurridos  desde  la  muerte  del  Rey  Católico ;  pero  nuestro 
intento  no  va  tan  allá,  habiéndonos  solamente  propuesto  con  la 
publicación  de  estos  Anales  Breves  d«  Gaiindez  completar  en  lo 
posible  Is  Crónica  de  Pulgar.  (N.  del  C.) 


HISTORIA  DE  LOS  REYES  CATÓLICOS 

DON  FERNANDO  Y  DOÑA  ISABEL, 

ESCRITA  POR  EL  BACHILLER 

ANDRÉS    BERNALDEZ, 

CURA  QUE  ruá  DE  LA  VILLA  DE  LOS  PALACIOS  Y  CAPELLÁN  DE  DON  DIEGO  DEZA| 

ARZOBISPO  DE  SEVILLA. 


AL  LECTOR, 

POR  BL  LICENCIADO   RODRIGO  CABO. 

Esta  historia,  que  siempre  ha  corrido  manascrip- 
ta  á  nombre  del  Cura  de  los  Palacioí,  ha  sido  citada 
de  muchos  con  este  título  solo,  y  alguno  mal  infor- 
mado llamó  á  este  autor  el  Bachiller  Medina.  Yo 
hice  particular  diligencia,  viendo  los  libros  del  bap- 
tismo  originales  que  escribió  y  firmó  en  la  villa  de 
los  Palacios,  siendo  allí  cura  desde  el  año  de  1488 
hasta  el  año  de  1613,  donde  hallé  escrito  siempre 
Andrés  Bemáldez,  y  algunas  veces  Bemal;  y  en  los 
mismos  libros  apuntadas  algunas  cosas  de  las  que 
en  su  tiempo  sucedían. 

Escribe  esta  historia  como  testigo  de  vista  de  los 
sucesos,  y  conocimiento  de  muchas  personas  prin- 
cipales, como  del  gran  don  Rodrigo  Ponce  de  León, 
Marqués  de  Zahara,  Duque  de  Cádiz,  y  D.  Christo- 
bal  Colon;  ambos  fueron  sus  guéspedes,  é  escribe 
su  hábito  y  faiciones,  y  assí  de  otros  señores.  Tuvo 
ajustadas  relaciones  de  todo  lo  que  escribió  de  fuera 
del  Reyno :  muéstrase  entendido  en  la  geografía  y 
lección  de  la  antigua  historia.  Su  lenguaje  es  el  que 
corría  entonces,  sin  ninguna  cultura,  antes  repite  al- 
gunas cosas  sobradamente,  pero  jamás  falta  á  la  ver- 
dad, que  es  el  alma  de  la  historia,  y  así  ésta  ha  sido  es- 
timada de  todos  porque  en  ella  demás  de  la  sustan- 
cia de  las  cosas,  refiere  algunas  muy  particulares  y 
que  otros  de  aquel  tiempo  no  escribieron,  como  por 
el  discurso  lo  podrá  ver  el  lector.  No  tuvo  otro  pre- 
mio que  de  Cura  de  los  Palacios  y  capellán  del  Ar- 
zobispo D.  Diego  Deza.  Esto  me  pareció  advertir, 
otros  harán  mejor  jucicio,  yo  digo  lo  que  siento. 

Eli  LlOSMOIADO  RODBIQO  CABO. 


A  esta  odverteneia  sigue  en  el  MS.  ¡a  nota  que  eeptatnot  i  «mtmué' 

eion,  sin  saber  quién  sea  su  autor  (1). 

Este  libro  hice  trasladar  de  uno  que  tenia  el  li- 
cenciado Rodrigo  Caro,  escrito  de  su  mano,  que 
por  su  muerte  fué  á  poder  de  D.  Juan  de  Santelizes, 
del  Consejo  Real  de  Castilla,  é  por  muerte  del  su- 
sodicho, de  mano  en  mano  á  la  de  D.  Francisco 
Flores,  en  quien  hoy  para.  Es  la  verdadera  historia 
que  escribió  el  cura  de  los  Palacios,  porque  ademas 
de  la  fée  que  hace  el  estar  escrita  de  mano  de  ua 
hombre  tan  grande  y  firmado  el  prólogo  de  su  nom- 
bre, yo  he  mostrado  este  traslado  al  Dr.  Símela,  ra- 
cionero de  la  santa  Iglesia  de  Sevilla,  que  no  tien© 
primero  en  todo  género  de  buenas  letras,  y  me  ha 
dicho  ser  esta  la  verdadera  historia,  y  tener  él  otro 
traslado  del  mismo  original  donde  yo  saqué  éste. 
Hame  obligado  á  escribir  estos  renglones  el  ver  qua 
anda  otra,  que  siendo  trasladada  de  la  que  anda 
impresa  que  escribió  Fernando  del  Pulgar,  la  quie- 
ren confirmar  por  del  Cura  de  los  Palacios.  Esto  es 
la  verdad,  y  porque  el  lector  no  se  ofusque,  y  ee 
desengañe  y  lea  con  gusto  esta,  si  es  que  desea  la 
verdadera,  he  tomado  el  trabajo  de  ver  muchos 
grandes  hombres  mostrándosela  y  todos  concuerdan 
ser  esta  la  verdadera.  Yo  confieso  de  mí  que  me 
duró  el  deseo  de  conseguir  el  tenerla  muchos  día», 
y  mucha  solicitud  por  ser  autor  recibido. 


(1)  Esta  advertencia  trae  la  edleion  de  Sevilla  del  aflo  1870, 
que  tenemos  presente,  aunqne  ni  ésta  ni  ninguno  de  los  códice» 
de  que  también  nos  valemos,  nos  puede  servir  de  texto  único  y 
exclusivo.  Todos  son  útiles,  porque  se  corrigen  mutnameate. 


HISTORIA  DE  LOS  REYES  CATÓLICOS. 


EN  EL  NOMBRE  DE  DIOS. 

Aqut  comienza  la  Historia  é  vida  del  Rey  Don 
Enrique^  según  la  escribió  Hernando  del  Pulgar^ 
coronista  del  Rey  Don  Femando,  y  de  la  Reina  Doña 
Isabel,  nuestros  Señores,  en  libro  que  fizo  de  lo&  cla- 
ros varones,  con  algunas  cosas  entretexidas  que  él 
dejó  deponer,  que  acaecieron  en  vida  del  dicho  Rey 
Don  Enrique  en  los  Reynos  de  España;  y  por  que 
sus  prosperidades,  y  sus  grandes  trabajos,  y  sinies- 
tra fortuna,  acaecieron  enmisdias,  de  lo  cual  yo  ove 
vera  noticia,  quise  tomar  por  principio  escribir  desde 
su  vida  las  memorias  de  las  cosas  mas  hazañosas  que 
en  mi  tiempo  han  acaecido,  de  que  yo  ove  verdadera 
información. 

CAPÍTULO  PRIMERO. 
Del  Rey  Don  Enrique. 

El  Rey  Don  Enrique  IV,  hijo  del  Rey  Don  Juan 
el  II,  fué  hombre  alto  de  cuerpo,  y  hermoso  de  ges- 
to y  bien  proporcionado  en  la  compostura  de  sus 
miembros;  y  este  Rey,  seyendo  Príncipe,  dióle  el 
Rey  su  padre  la  ciudad  de  Segovia,  y  púsole  casa  y 
oficiales,  seyendo  en  edad  de  catorce  años.  Estuvo 
en  aquella  ciudad,  apartado  del  Rey  su  padre  los 
mas  dias  de  su  menoridad,  en  los  quales  se  dio  en 
algunos  deleites  que  la  mocedad  suele  demandar,  y 
la  onestad  debe  negar.  Hizo  hábito  de  ellos,  porque 
ni  la  edad  flaca  los  sabia  refrenar,  ni  la  libertad  que 
tenia  los  sofria  castigar;  no  bebía  vino,  ni  quería 
vestir  paños  muy  preciosos,  ni  curaba  de  la  cirimo- 
nia  que  es  debida  á  persona  real.  Tenia  algunos 
mozos  aceptos  de  los  que  con  él  se  criaban,  y  dá- 
bales grandes  dádivas.  Desobedeció  algunas  veces 
al  Rey  su  padre,  no  porque  de  su  voluntad  proce- 
diese, mas  por  inducimiento  de  algunos,  que  si- 
guiendo sus  propios  intereses  le  traían  á  ello.  Era 
hombre  piadoso  y  no  tenia  ánimo  de  hacer  mal, 
ni  ver  padecer  á  ninguno,  y  tan  humano  era  que 
con  dificultad  mandaba  executar  la  justicia  crimi- 
nal, y  en  la  execucion  de  la  civil,  y  en  las  otras 
necesarias  en  la  gobernación  de  sus  Reynos  algu- 
nas veces  era  negligente  y  con  dificultad  enten- 
día en  cosa  ajena  de  su  deleitación ,  porque  el  ape- 
tito le  señoreaba  la  razón.  No  se  vido  en  él  jamas 
punto  de  soberbia  en  dicho  ni  en  hecho;  ni  por 
cobdicia  de  haber  grandes  señoríos  le  vieron  ha- 
cer cosa  fea  ni  deshonesta,  é  si  algunas  veces  había 
ira,  durábale  poco  y  no  le  señoreaba  tanto  que  da- 


ñase á  él  ni  á  otro;  era  gran  montero,  y  placíale 
muchas  veces  andar  por  los  bosques  apartado  de 
las  gentes.  Casóse,  seyendo  Príncipe,  con  la  Prin- 
cesa Doña  Blanca,  hija  del  Rey  Don  Juan  de  Ara- 
gón, su  tío,  que  entonces  era  Rey  de  Navarra, 
con  la  que  estuvo  casado  por  espacio  de  diez  años; 
y  al  fin  ovo  divorcio  entre  ellos,  por  el  defecto 
de  la  generación  que  él  imputaba  á  ella,  y  ella 
imputaba  á  él.  Muerto  el  Rey  Don  Juan  su  padre, 
año  de  J.454,  reinó  él  luego  pacíficamente  en  los 
Reinos  de  Castilla  y  de  León,  siendo  ya  de  edad 
de  treinta  años,  é  luego  que  reinó  usó  de  gran 
magnificencia  con  ciertos  caballeros  é  grandes  Se- 
ñores de  su  reino,  soltando  á  unos  de  las  prisiones 
en  que  el  Rey  su  padre  los  había  puesto,  é  reducido 
é  perdonando  á  otros  que  andaban  desterrados  de 
sus  Reynos,  é  restituyéndoles  todas  sus  villas,  é  lu- 
gares, é  rentas,  é  todos  sus  patrimonios  é  oficios 
que  tenían. 

Teniendo  la  primera  mujer  de  quien  so  apartó, 
casó  con  otra  hija  del  Rey  Don  Duarte  de  Portugal, 
y  en  este  segundo  casamiento  se  manifestó  su  im- 
potencia, porque  como  quier  que  estuvo  casado  con 
ella  por  espacio  de  quince  años,  é  tenia  comunica- 
ción con  otras  mujeres,  nunca  pudo  haber  á  ningu- 
na con  allegamiento  de  varón.  Reynó  veinte  años, 
y  en  los  diez  primeros  fué  muy  próspero,  é  llegó 
gran  poder  de  gente  é  de  tesoros,  é  los  grandes  y 
caballeros  de  sus  Reynos,  con  grande  obediencia 
cumplían  sus  mandamientos.  Era  hombre  franco,  y 
hacia  grandes  mercedes  é  dádivas,  y  ni  repetía  ja- 
mas lo  que  daba,  ni  le  placía  que  otros  en  su  pre- 
sencia ge  lo  repitiesen.  Llegó  tanta  abundancia  de 
tesoros,  que  allende  de  los  grandes  gastos  y  dádivas 
que  hacia,  mercaba  qualqnier  villa  y  castillo  ó  otra 
grande  renta  que  en  sus  Reynos  se  vendiese,  para 
acrecentar  el  patrimonio  real.  Era  hombre  que  las 
mas  cosas  hacia  por  solo  su  adbitrío,  á  placer  de 
aquellos  que  tenia  por  privados,  y  como  los  apar- 
tamientos que  los  Reyes  hacen,  y  la  gran  afición 
que  sin  justa  causa  muestran  á  unos  mas  que  á 
otros,  y  las  excesivas  dádivas  que  les  dan,  suelen 
provocar  á  odio,  y  del  odio  nacen  malos  pensa- 
mientos y  peores  obras,  algunos  grandes  de  sus 
Reynos  á  quien  no  comunicaba  sus  consejos,  ni  la 
gobernación  de  sus  Reynos,  y  pensaban  que  de  ra- 
zón les  debía  ser  comunicado,  concibieron  tan  da- 
ñado concepto  que  algunas  veces  conjuraron  con- 
tra él  para  lo  prender  ó  matar;  pero  como  este  Rey 
era  piadoso,  bien  asi  Dios  usó  con  él  de  piedad,  y 


DON  FERNANDO 
le  libró  de  la  prisión,  y  de  los  otros  males  que  con- 
tra su  persona  real  se  imaginaron,  Y  ciertamente  se 
debe  considerar  que,  como  quier  que  no  sea  ajeno 
de  los  hombres  tener  afición  á  unos  mas  que  á  otros, 
pero  especialmente  los  Reyes  que  están  en  el  mira- 
dero de  todos,  tanto  menor  licencia  tienen  de  errar 
quanto  mas  señalados  y  mirados  son  que  los  otros, 
mayormente  en  las  cosas  de  la  Justicia,  de  la  qual 
también  deben  usar,  mostrando  su  añcion  templada 
al  que  lo  mereciere,  como  en  todas  las  otras  cosas; 
porque  de  mostrarse  los  Reyes  aficionados  sin  tem- 
planza, y  no  á  quién,  ni  cómo,  ni  por  lo  que  deben 
ser,  nacen  muchas  veces  las  envidias,  de  dó  se  si- 
guen las  desobediencias,  y  vienen  las  guerras  y 
otros  inconvenientes  que  á  este  Rey  acaecieron. 
Era  gran  músico,  y  tenia  buena  gracia  en  cantar  y 
tafier,  y  en  hablar  en  cosas  generales,  pero  en  la 
execucion  de  las  particulares  y  necesarias,  algunas 
veces  era  flaco,  porque  ocupaba  su  pensamiento  en 
aquellos  deleites  de  que  estaba  acostumbrado,  los 
que  le  impedían  el  oficio  de  la  prudencia,  como  á 
qualquier  que  de  ellos  está  ocupado ;  y  ciertamente 
vemos  algunos  hombres  hablar  muy  bien,  loando 
generalmente  las  virtudes,  y  vituperando  los  vicios; 
pero  quando  se  les  ofrece  caso  particular  que  les 
toque,  entonces  vencidos  del  interese  ó  del  deleite, 
no  han  lugar  de  permanecer  en  la  virtud  que  loa- 
ron, ni  resistir  el  vicio  que  vituperaron.  Usaba  asi 
mismo  de  magnificencia  en  los  recibimientos  de 
grandes  hombres,  y  de  los  Erabaxadores  de  Reyes 
que  venian  á  él,  haciéndoles  grandes  y  sumptuosas 
fiestas,  y  dándoles  grandes  dones.  Otrosí  en  hacer 
grandes  edificios  en  los  Alcázares  y  casas  Reales,  y 
en  Iglesias  y  lugares  sagrados.  Este  Rey  fundó  de 
principio  los  Monasterios  de  la  Virgen  Santa  María 
del  Parral  de  Segovia  y  de  San  Gerónimo  del  Passo 
de  Madrid,  que  son  de  la  Orden  de  San  Gerónimo, 
y  dotóles  magníficamente;  y  otrosí  el  Monasterio  de 
San  Antonio  de  Segovia  de  la  Orden  de  San  Fran- 
cisco, é  hizo  otros  grandes  edificios  y  reparos  en 
otras  muchas  Iglesias  y  Monasterios  de  sus  Reynos, 
dioles  grandes  limosnas  é  hízoles  muchas  mercedes. 
Otrosí  mandaba  pagar  cada  año  en  tierras  y  acos- 
tamientos gran  número  de  gente  de  armas,  y  allen- 
de de  esto,  gastaba  cada  año  en  sueldo  para  la  gen- 
te de  á  caballo  continua,  que  traia  en  su  guarda, 
otra  gran  cantidad  de  dinero,  y  con  esto  fué  tan 
poderoso,  y  su  poder  fué  tan  renombrado  por  el 
mundo,  que  el  Rey  Don  Fernando  de  Ñápeles  le 
envió  á  suplicar  que  le  recibiese  en  su  omenaje. 
Otrosí,  la  ciudad  de  Barcelona,  con  todo  el  Princi- 
pado de  Cataluña  le  ofreció  de  se  poner  en  su  Seño- 
río, y  de  le  dar  los  tributos  debidos  al  Rey  Don  Juan 
de  Aragón  su  tio,  á  quien  por  entonces  aquel  Prin- 
cipado estaba  rebelde.  Por  inducimientos  y  persua- 
siones de  algunos  que  estaban  cerca  de  él  en  su 
Consejo,  mas  que  procediendo  de  su  voluntad,  tuvo 
algunas  diferencias  con  este  Rey  de  Aragón  su  tio, 
que  así  mismo  se  intitulaba  Rey  de  Navarra,  y  en- 
tró por  su  persona  poderosamente  en  el  reyno  de 
Navarra,  y  envió  gran  copia  de  gente  de  armas  con 


É  DO^A  ISABEL.  569 

sus  capitanes  al  reyno  de  Aragón,  é  hizo  guerra  á 
los  Aragoneses  é  Navarros;  é  puédese  bien  creer 
esto,  según  su  grande  poder  é  la  disposición  del 
tiempo,  é  de  la  tierra,  é  la  flaqueza,  é  poca  resisten- 
cia que  por  entonces  habia  en  la  parte  contraria;  si 
este  Rey  fuera  tirano  é  inhumano,  todos  aquellos 
reynos  y  señoríos  fueran  puestos  á  su  obediencia, 
de  ellos  con  pequeña  fuerza,  y  de  ellos  de  su  vo- 
luntad. Y  para  pacificar  estas  diferencias,  se  trata- 
ron vistas  entre  él  y  el  Rey  Don  Luis  de  Francia, 
que  como  arbitro  se  interpuso  á  les  pacificar ;  á  las 
quales  vistas  fué  acompañado  de  grandes  Señores 
y  Prelados,  y  de  gran  multitud  de  caballeros  y  hi- 
jos-dalgo  de  sus  Reynos.  En  los  gastos  que  hizo  y 
dádivas  que  dio,  y  en  los  arreos  y  otras  cosas  que 
fueron  necesarias  de  se  gastar  y  contribuir  para  tan 
grande  acto,  mostró  bien  la  franqueza  de  su  cora- 
zón, y  pareció  la  grandeza  de  sus  Reynos,  y  guar- 
dó la  preeminencia  de  su  persona,  y  la  honra  y  loa- 
ble fama  de  sus  subditos.  Fué  la  habla  de  estos  dos 
Reyes  entre  la  villa  de  Fuenterrabía,  que  es  del 
reyno  de  Castilla,  y  la  ciudad  de  Bayona,  que  es 
del  reyno  de  Francia  en  la  ribera  del  mar.  Conti- 
nuó algunos  tiempos  guerra  contra  los  moros,  é  hizo 
algunas  entradas  con  gran  copia  de  gente  en  el 
reyno  de  Granada.  En  su  tiempo  ganó  Gibraltar  y 
Archidona,  y  otros  algunos  lugares  de  aquel  reyno, 
constriñendo  á  los  moros  que  le  diesen  parias  algu- 
nos años,  porque  no  les  hiciese  guerra;  y  los  Reyes 
comarcanos  temían  tanto  su  gran  poder,  que  nin- 
guno osaba  hacer  el  contrario  de  su  voluntad ;  ó 
todas  las  cosas  le  acarreaba  la  fortuna  como  él  las 
quería;  y  algunas  mucho  mejor  de  lo  que  pensaba, 
como  suele  hacer  á  los  bien  afortunados.  Y  los  de 
sus  Reynos  todo  aquel  tiempo  que  estuvieron  en 
obediencia  gozaban  de  paz,  y  de  los  otros  bienes 
que  de  ella  se  siguen.  Fenecidos  los  diez  años  pri- 
meros de  su  señorío  la  fortuna  envidiosa  de  los 

'  grandes  estados,  mudó  como  suele  la  cara  próspera, 
y  comenzó  á  mostrarla  adversa,  de  la  qual  mudan- 
za muchos  veo  que  se  quejan,  y  á  mi  ver  sin  causa, 
porque  según  pienso,  allí  hay  mudanza  de  prospe- 
ridad do  hay  corrupción  de  costumbres ;  y  así  por 
esto,  como  porque  se  debe  creer  que  Dios  queriendo 
punir  en  esta  vida  alguna  desobediencia  que  este 
Rey  mostró  al  Rey  su  padre,  dio  lugar  que  fuese 
desobedecido  de  los  suyos;  y  permitió  que  algunos 
criados  de  los  mas  aceptos  que  este  Rey  tenia,  y  á 
quien  de  pequeños  hizo  hombres  grandes,  y  dio  tí- 
tulos y  dignidades,  y  grandes  patrimonios,  quier  lo 
hiciesen  por  conservar  lo  habido,  quier  por  lo  acre- 
centar y  añadir  mayores  rentas  á  sus  grandes  ren- 
tas, erraron  la  vía  que  la  razón  les  obligaba ;  y  no 
pudiendo  refrenar  la  envidia  de  otros  que  pensaban 
ocuparles  el  lugar  que  tenían,  conocidas  en  este 
Rey  algunas  flaquezas  nacidas  del  hábito  que  tenia 
hecho  en  los  deleytes,  osaron  desobedecerle,  y  po- 
ner disensión  en  su  casa ;  la  qual  porque  al  princi- 
pio no  fué  castigada  según  debía,  creció  entre  ellos 
tanto  que  hizo  descrecer  el  estado  del  Rey  y  el  te- 
mor y  obediencia  que  los  grandes  de  sus  Reynos  1© 


670 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


habían,  donde  se  siguió  que  algunos  de  éstos  se 
juntaron  con  otros  Prelados,  y  grandes  Señores  del 
Reyno,  y  tomaron  al  Príncipe  Don  Alonso  su  her- 
mano, mozo  de  once  años,  y  haciendo  división  en 
Castilla,  lo  alzaron  por  Rey  de  ella ;  y  todos  los 
Grandes  y  Caballeros,  y  las  Ciudades  y  Villas  estu- 
vieron divisas  en  dos  partes,  la  una  permaneció 
siempre  con  este  Rey  Don  Enrique,  la  otra  estuvo 
con  aquel  Rey  Don  Alonso,  el  qual  duró  con  título 
de  Rey  por  espacio  de  tres  años,  y  murió  en  la  edad 
de  catorce  años.  En  esta  división  se  dispertó  la  cob. 
dicia,  y  creció  la  avaricia,  cayó  la  justicia  y  señoreó 
la  fuerza,  reynó  la  rapiña,  y  disoluiose  la  lujuria; 
y  ovo  mayor  lugar  la  cruel  tentación  de  la  sobervia, 
que  la  humilde  persuacion  de  la  obediencia ;  y  las 
costumbres  por  la  mayor  parte  fueron  corrompidas 
y  disolutas,  de  tal  manera  que  muchos,  olvidada  la 
lealtad  y  amor  que  debian  á  su  Rey  y  á  su  tierra,  y 
siguiendo  sus  intereses  particulares,  dexaron  caer 
el  bien  general  de  tal  forma,  que  el  general  y  el 
particular  perecía;  y  Nuestro  Señor  que  algunas  ve- 
ces permite  males  en  las  tierras,  generalmente  para 
que  cada  uno  sea  punido,  particularmente  según  la 
medida  de  su  yerro,  permitió  que  hubiese  tantas 
guerras  en  todo  el  Reyno  que  ninguno  pueda  decir 
ser  eximido  de  los  males  que  de  ella  se  siguieron; 
y  especialmente  aquellos  que  fueron  causa  de  los 
principiar,  se  vieron  en  tales  peligros,  que  quisieran 
dejar  gran  parte  de  lo  que  primero  tenían,  con  se- 
guridad de  lo  que  les  quedase,  y  ser  ya  salidos  de 
las  alteraciones  que  á  fin  de  acrecentar  sus  Estados 
intentaron ;  y  así  pudieron  saber  con  la  verdadera 
esperiencia,  lo  que  no  les  dejó  conocer  la  ciega  cob- 
dicia.  Y  por  cierto  así  acaeció,  que  los  hombres  an- 
tes que  sientan  el  mal  futuro,  no  conocen  el  bien 
presente ,  pero  quando  se  ven  envueltos  en  las  ne- 
cesidades peligrosas  en  que  su  desordenada  cobdí- 
cia  los  mete,  entonces  querrían,  y  no  pueden  hacer, 
aquello  que  con  menor  daño  pudieran  haber  hecho. 

Duraron  estas  guerras  los  diez  años  postreros  que 
este  Rey  reynó :  los  hombres  pacíficos  padecieron 
muchas  fuerzas  de  los  hombres  nuevos  que  se  le- 
vantaron ,  y  hicieron  grandes  destrucciones  é  gas- 
tos en  estos  tiempos,  que  el  Rey  todos  sus  tesoros,  y 
allende  de  aquellos  gastó  y  dio  sin  medida  casi  todas 
BUS  rentas  de  su  patrimonio  real ,  y  muchas  de  ellas 
que  les  tomaron  los  tiranos  que  en  aquel  tiempo  eran, 
de  manera  que  aquel  que  de  la  abundancia  de  los 
tesoros  compraba  villas  y  castillos,  vino  en  tanta 
necesidad  que  vendió  muchas  de  veces  las  rentas  de 
su  patrimonio  todo  para  el  mantenimiento  de  su 
persona.  Vivió  este  Rey  cinqüenta  años,  de  los  qua- 
les  reinó  veinte ,  y  murió  en  el  alcázar  de  la  villa  de 
Madrid  de  dolencia  de  la  hijada,  de  la  qual  en  su  vi- 
da fué  muchas  veces  de  ella  gravemente  apasionado. 

Hasta  aquí  Hernando  del  Pulgar. 

CAPÍTULO  II. 
De  la  división  qne  ovo  en  Granada  entre  los  moros. 
División  ovo  en  Granada  entre  los  moros  sobre 
elegir  Rey ,  é  fué  en  el  tiempo  de  la  prosperidad  de 


este  Rey  Don  Enrique ;  é  fueron  dos  parcialidades, 
una  que  queria  á  Cadíadiz,  que  era  hijo  de  su  Rey 
natural,  é  otra,  la  mayor,  eligieron  á  uno  de  los  Aben- 
zerraxes. 

Cadíadiz,  é  su  hijo  Muley-Hacen,  que  ambos  rey- 
naron  después ,  se  vinieron  huyendo  en  Castilla  al 
Rey  Don  Enrique  con  docientos  de  á  caballo  ó  mas, 
el  qual  les  recibió  y  trujo  consigo  mas  de  un  año  en 
la  Corte,  é  les  facía  muchas  honras,  é  les  daba  tanta 
suelta  que  las  gentes  mormuraron  del  Rey,  porque 
enojaban  á  los  christíanos  por  donde  andaban. 

El  dicho  Cadíadiz  tenia  mucha  parte  en  Málaga, 
é  en  la  Sierra  de  Ronda ,  é  Casarabonela ,  é  trató 
con  el  Rey  Don  Enrique  que  le  daría  á  Málaga,  y 
que  le  diese  favor  para  reynar  en  Granada.  El  Rey 
Don  Enrique  sacó  muy  g^an  hueste  de  gente,  é  fué 
sobre  Málaga  ,  é  sabido  en  Granada  mataron  al  Rey 
que  habían  alzado  ,  é  enviaron  secretamente  á  lla- 
mar á  Cadíadiz ,  que  fuese  á  reynar  sobre  ellos ;  é 
llegando  el  Real  ya  cerca  de  Málaga ,  Cadíadiz  se 
fué  con  los  suyos  del  Real  de  noche,  dejando  al  Rey 
Don  Enrique  sobre  Málaga,  é  recibiéronlo  luego  por 
Rey  en  Granada ;  é  desque  el  Rey  Don  Enrique  esto 
vído ,  salió  de  tierra  de  moros  por  la  ciudad  de  Gi- 
braltar,  y  tomó  á  Estepona  la  qual  algún  tiempo  se 
tuvo ,  é  después  por  los  grandes  gastos  é  daños  que 
de  ella  se  seguían,  la  mandó  derribar;  y  tomó  á  Xi- 
mena  que  siempre  se  tuvo ,  de  la  qual  fizo  merced  á 
Beltran  de  la  Cueva  criado  suyo,  que  después  fué 
Duque  de  Alburquerque ;  en  su  tiempo  se  tomó  Ar- 
chídona  á  los  moros,  y  dio  un  moro  llamado  el  Zurro 
á  Gibraltar,  y  se  tomaron  otros  lugares  de  moros  del 
dicho  Reyno  de  Granada  (1),  á  quien  le  dieron  pa- 
rías algunos  años  porque  no  les  ficiese  guerras.  Los 
Reyes  comarcanos  temían  tanto  su  gran  poder  que 
ninguno  osaba  hacer  el  contrarío  de  su  voluntad ,  ó 
todas  las  cosas  le  acarreaba  la  fortuna  como  él  las 
queria ,  é  aun  mejor  de  mucho,  como  suele  hacer  á 
los  hombres  afortunados ;  é  los  de  sus  Reynos  todo 
aquel  tiempo  que  estuvieron  en  su  obediencia,  goza- 
ban de  paz  é  de  los  otros  bienes  que  de  ella  se  siguen. 

CAPÍTULO  m. 

De  la  batalla  que  Don  Rodrigo  Ponce  de  León,  é  Lnis  de  Pemia 
vencieron. 

Después  que  el  Rey  Muley  Cadíadiz  reynó  pací- 
fico en  Granada  sobre  los  moros  de  todo  el  reyno, 
el  Infante  Muley  Hacen,  su  hijo,  le  demandó  gente 
y  licencia  para  correr  tierra  de  christíanos,  porque 
tenía  mucha  saña  de  algunas  cabalgadas  que  habían 
hecho  dos  famosos  Alcaydes  que  en  aquel  tiempo 
había  en  la  frontera  de  Loxa  é  Málaga,  que  eran 
Luís  de  Pemia,  Alcayde  de  Osuna,  é  Rodrigo  de 
Narvaez,  Alcayde  de  Antequera;  y  el  Rey  no  le  que- 
ría dar  gente  ni  licencia ,  reconociendo  los  benefi- 
cios que  en  Castilla  había  recibido  del  Rey  Don  En- 
rique ;  y  en  cabo  con  importunidad  de  los  caballe- 


(1)  Este  trozo,  hasta  el  fin  del  capitulo,  falta  en  la  edición  de 
Sevilla. 


•^  DON  FERNANDO 

iros  de  Granada,  y  del  dicho  Infante,  y  porque  no 
mormurasen  de  él,  ovo  de  dar  licencia  contra  su  vo- 
luntad, que  por  la  via  de  Loxa  viniesen  á  correr. 
El  Infante  Muley  Hacen,  sacó  de  Granada  tres  mil 
de  caballos  muy  escogidos,  é  quatro  mil  peones,  no 
mas,  porque  le  pareció  que  para  donde  habian  de 
correr,  que  habia  harto.  E  partidos  de  Granada,  en- 
traron por  tierra  de  christianos  por  Archidona ,  y 
enviaron  desde  Archidona  mil  é  doscientos  de  caba- 
llo por  corredores  ,  é  los  quatrocientos  de  ellos  fue- 
ron sobre  Teba  ;  y  los  ochocientos  de  ellos  fueron 
correr  por  el  campo  de  Alhenos ,  é  de  Osuna ,  é  de 
Écija,  é  quedó  la  celada  atrás  con  el  Infante  con 
mil  é  ochocientos  de  caballo,  é  la  mayor  parte  de 
los  peones,  porque  algunos  pocos  habian  ido  con  los 
corredores ,  y  para  ayudar  á  traer  el  ganado ;  y  se 
cuidó  por  la  tierra  de  esta  entrada  de  los  moros  Don 
Eodrigo  fixo  de  Don  Juan  Ponce  de  León,  Conde 
de  Arcos,  siendo  mozo  de  diez  y  siete  años  ó  diez  y 
ocho,  salió  de  Marchena,  se  juntó  con  Luis  de  Per- 
nia,  Alcayde  de  Osuna,  y  con  doscientos  de  caballo 
que  aquí  se  hallaron ,  é  algunos  peones,  fueron  des- 
de Osuna  á  buscar  los  moros ,  y  hallaron  los  quatro- 
cientos corredores  sobre  Teba.  Estuvieron  allí  que- 
dos un  gran  rato,  vieron  venir  los  ochocientos  de 
caballo ,  con  la  cabalgada  que  traían  seiscientos 
bueyes ,  y  mil  y  quinientas  vacas  ,  é  treinta  y  siete 
hombres  christianos  presos,  y  pasaron  con  su  cabal- 
gada, é  juntáronse  con  los  quatrocientos  corredo- 
res que  estaban  sobre  Teba  que  pasaron  la  via  de 
tierra  de  moros.  Y  entonces  Don  Rodrigo  Ponce  ,  é 
Luis  de  Pernia  ficieron  su  gente  tres  batallas  y 
echaron  la  una  adelante,  en  que  eran  once  de  á  ca- 
ballo escogidos,  con  el  Comendador  de  Cazalla,  que 
era  muy  buen  hombre ,  el  qual  arremetió  dos  veces 
¿  la  zaga  de  los  moros ,  é  la  primera  vez  mató  dos 
moros ,  ó  la  segunda  mató  tres  moros  ;  y  con  esto 
apretáronse  los  moros  ,  é  salieron  de  una  angostura 
adelante ,  é  los  christianos  tras  de  ellos ,  é  salieron  á 
un  llano,  cerca  de  un  cabezo,  é  los  moros  se  pararon 
é  aderezaron ,  é  embrazaron  sus  adargas  para  volver 
sobre  los  christianos ,  y  dixo  Luis  de  Pernia  á  Don 
Rodrigo:  señor,  estos  moros  quieren  pelear,  ved 
que  queréis  que  hagamos.  E  dixo  Don  Rodrigo: 
¿  qué  habemos  de  hacer  sino  pelear  con  ellos  ?  y 
Luis  de  Pernia  quería  mucho  aquel  día  escusar  la 
pelea ,  porque  Don  Rodrigo  era  mozo,  é  por  dar  bue- 
na cuenta  de  él,  é  dixo :  Catad ,  Señor,  que  estos  mo- 
ros nos  tienen  mucha  ventaja,  y  estos  peones  de  Osu- 
na ,  que  aquí  tenemos ,  yo  los  conozco  ,  que  viendo 
los  pelear,  huirán ,  é  se  subirán  á  esta  sierra.  E  don 
Rodrigo  dixo  :  conviene  que  no  vamos  de  aquí  sin 
pelear; y  mostró  allí  muy  viril  corazón ,  y  habló  co- 
sas con  que  esforzó  mucho  la  gente,  que  no  hizo 
mas  demudamiento  por  ser  mozo,  que  si  fuera  de 
quarenta  años  é  tuviera  allí  diez  mil  de  caballo.  Y 
los  moros,  puesto  caso  que  hicieron  aquel  ademan, 
se  estuvieron  quedos  ;  é  habia  con  Don  Rodrigo  y 
con  Luis  de  Pernia  obra  de  quatrocientos  peones,  é 
estaba  allí  un  cerro  alto  cerca  de  ellos,  é  por  eso  te- 
zniau  que  los  peones  se  les  irían  allí;  estuvieron 


E  DONA  ISABEL.  57Í 

quedos  los  unos  é  los  otros  un  rato,  é  los  moros  vol- 
vieron las  riendas,  é  poco  á  poco  siguieron  en  pos 
de  su  cabalgada  á  mas  andar ;  y  Don  Rodrigo  é 
Luis  de  Pernia  con  toda  la  gente  de  lo  seguir  á  las 
aldas ;  é  pasaron  hasta  donde  estaba  el  Infante  Mu- 
ley  Hacen,  con  los  mil  y  ochocientos  de  caballo  en 
la  celada ,  é  con  los  peones ;  é  los  christianos  con 
las  alturas  de  las  tierras  perdieron  de  vista  á  los  mo- 
ros, é  por  miedo  de  la  celada  no  osaron  pasar  de  lar- 
go, é  subiéranse  en  un  cabezo  é  no  muy  defensible 
que  dicen  del  Madroño,  é  posaron  allí,  é  estaban  muy 
cerca  de  la  celada.  Como  los  moros  de  la  cabalgada 
llegaron  al  Infante ,  y  le  recontaron  de  aquellos  po- 
cos christianos  que  les  seguían,  é  que  en  toda  la  tier- 
ra no  parecían  mas;  el  Infante  acordó  que  volviesen 
á  ellos  mientras  la  cabalgada  se  alargaba,  pensando 
que  por  ser  tan  pocos  los  podrían  también  llevar  con 
la  cabalgada;  y  ficieron  para  volver  tres  batallas, 
en  la  primera  vino  por  capitán  un  caballero  moro 
llamado  Abdalla  Ambran,  capitán  de  la  gente  de 
Baza  é  Guadíx,  con  mas  seiscientos  de  á  caballo;  y 
los  christianos  recogiéronse  al  dicho  cabezo  del  Ma- 
droño ,  y  aun  no  estaban  recogidos  de  el  todo  los 
peones,  é  Don  Rodrigo  é  Luis  de  Pernia,  se  apode- 
raron en  aquel  cabezo,  é  ficieron  su  gente  apretar  é 
los  caballos  colas  con  colas ,  é  ficieron  muro  de  sí 
mismo  en  circuito,  todas  las  puntas  de  las  lanzas  á 
de  fuera,  para  se  defender  á  bote  de  lanza  como  fué, 
E  Abdalla  Ambran,  llegó  é  díóles  una  vuelta  alre- 
dedor ;  y  los  moros  de  su  batalla,  de  que  no  les  pu- 
dieron entrar,  les  arrojaron  muchas  lanzas  por  un 
cabo  é  por  otro ,  é  los  christianos  se  las  recibían  en 
las  adargas  é  con  las  suyas.  E  en  esto  Abdalla  Am- 
bran ,  vído  venir  peones  christianos  á  hilo ,  y  dexó 
aquel  combate ,  y  corrió  con  su  batalla  á  donde  ve- 
nían los  peones  christianos,  y  fué  matando  por  ellos 
por  donde  venían  gran  trecho  de  tierra.  E  el  peona- 
je era  de  Ecija,  é  mató  ciento  y  veinte  y  tres  hom- 
bres ,  y  vino  sobre  Don  Rodrigo  y  sobre  los  chris- 
tianos la  segunda  batalla  de  otros  tantos  caballeros 
é  ficieron  de  la  manera  de  la  otra,  é  arrojaron  todas 
las  lanzas,  y  se  vinieron  alrededor,  é  nunca  pudie- 
ron mover  los  christianos. 

Estando  en  esto ,  asomó  el  Infante  con  otra  muy 
gruesa  batalla  muy  ordenadamente,  que  no  salía 
hombre  de  hombre  ;  é  tres  Alf  aquies  ante  él  en  tres 
sendos  caballos,  vestidos  de  sendas  alcandoras  blan- 
cas muy  cumplidas  sobre  las  armas ,  y  con  sendas 
espadas  sacadas,  amagando  á  un  cabo  y  á  otro,  á  las 
cabezas  de  los  caballos  que  no  salia  uno  de  otro  ri- 
giendo la  batalla.  jEl  Infante  bien  pensó  que  quan- 
do  él  llegase  que  ya  los  christianos  serian  desbara- 
tados ,  y  como  los  vieron ,  arremetieron  é  también 
echaron  las  lanzas,  é  allí  pelearon  muy  fuertemen- 
te los  unos  con  los  otros.  E  Don  Rodrigo  Ponce  é 
Luís  de  Pernia  de  tal  manera  pelearon  é  esforzaron 
sus  gentes,  é  nuestro  Señor  milagrosamente  les  dio 
tanto  esfuerzo ,  que  se  mezclaron  peleando  con  la 
batalla  del  Infante,  y  mataron  allí  muchos  moros,  é 
fué  herido  Don  Rodrigo  de  una  lanza  arrojadiza 
que  le  pasó  un  brazo,  é  ansí  herido  salieron  de  allí 


572 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


en  pos  de  los  moros ,  peleando  muy  fuertemente ,  é 
los  moros ,  é  su  Infante  volvieron  las  espaldas  á 
huir ,  que  no  pudieron  Bof rir  á  los  christianos  que 
salieron  hechos  un  cuño  con  todas  sus  lanzas  que  no 
hablan  echado  ningunas,  é  los  moros  habían  echa- 
do la  mayor  parte  de  las  suyas  que  no  parecían  sino 
parva  en  deredor  de  los  christianos  y  de  allí  los 
christianos  siguieron  el  alcance  ,  matando  muchos 
moros.  E  allí  perdió  el  Infante  su  seña,  é  el  paje 
con  ella ,  é  otras  muchas  señas ,  que  cada  capitán 
tenia  la  suya,  é  las  ovo  Don  Eodrigo,é  siguieron  el 
alcance ,  hasta  que  cerró  la  noche ;  é  aquella  noche 
fué  Don  Eodrigo  en  gran  peligro  de  bu  persona; 
desque  se  resfrió  la  lanzada  que  le  pasaba  el  brazo 
por  la  muñeca ,  se  desangró  mucho  é  desmayó  por  la 
mucha  sangre  que  le  salió ,  y  después  fué  conforta- 
do, y  con  la  fortaleza  de  su  corazón,  y  el  favor  del 
vencimiento,  él  mesmo  se  esforzaba,  é  aquella  no- 
che durmieron  en  el  alcance  en  un  arroyo.  E  otro 
día  salió  á  la  delantera  el  Conde  de  Cabra  con  nue- 
vecientos  de  caballo  é  hizo  grande  estrago  en  los 
moros  que  alcanzó.  E  Rodrigo  de  Narvaez ,  Alcayde 
de  Antequera,  salió  por  su  porte  por  otro  cabo  é  ma- 
tó, é  cautivó  muchos  moros ,  é  ovo  muy  gran  des- 
pojo y  provecho  del  fardaje,  mas  que  ninguno  de 
los  otros  que  se  hallaron  en  encuentro  con  los  moros 
quando  iban  huyendo.  Como  los  moros  que  iban  con 
la  cabalgada  vieron  que  el  Infante  y  los  suyos  iban 
desbaratados ,  y  huyendo ,  dexaron  la  cabalgada  y 
huyeron,  y  la  cabalgada  se  volvió  toda  aquella  no- 
che á  sus  querencias.  El  Infante  Muley  Hacen ,  é 
Abdalla  Ambran ,  é  loa  mas  que  pudieron  se  fueron 
á  uña  de  caballo.  E  fué  esta  batalla  en  viernes  once 
dias  del  mes  de  Abril  año  del  nacimiento  de  nues- 
tro Redentor  Jesuchristo  de  mil  quatrocientos  é  se- 
senta y  dos  años ,  en  tiempo  del  Papa  Pie  II.  Este 
año  adelante  en  el  Agosto  se  tomó  á  Gibraltar,  ca 
lo  dio  el  Zurro  al  Rey  Don  Enrique;  é  el  Duque  de 
Medina  Don  Enrique  con  la  gente  de  Sevilla,  é  con 
la  gente  de  su  tierra  fué  por  Capitán  á  la  tomar,  y 
Don  Rodrigo  Ponce  de  León,  fué  presente  á  ello 
con  la  gente  del  Conde  Don  Juan  su  padre ;  é  la 
ciudad  se  tomó  sin  peligro,  é  dio  el  Rey  la  tenencia 
de  ella  al  Duque  de  Medina  Sidonia. 

CAPÍTULO  IV. 

De  los  bandos  é  guerras. 

Dejando  de  contar  de  los  infinitos  bandos  á  par- 
cialidades que  en  Castilla  ovo  entre  los  caballeros 
é  comunidades,  que  es  imposible  el  poderse  escribir 
de  aquel  tiempo  de  los  ^tr abajos  de  este  dicho  Rey 
Don  Enrique,  me  vino  á  memoria  escribir  algún 
poquito ,  de  lo  que  acaeció  en  Sevilla  entre  el  Du- 
que de  Medina  Sidonia  y  el  Marqués  de  Cádiz  Don 
Kodrigo  Ponce  de  León,  que  eran  como  dos  colum- 
nas que  toda  la  ciudad  é  Andalucía  sostenían.  Vi- 
viendo ambos  en  Sevilla  en  el  año  de  1471,  é  go- 
zando de  la  ciudad  é  de  su  tierra,  ovo  algunas  cis- 
mas entre  ellos  por  inducion  de  malos  hombres  de 
pié  é  rufianes  que  se  arrimaban  á  sus  casas  llamán- 


dose suyos.  E  otrosí  también  por  algunos  pundo- 
nores de  honra,  é  montar,  é  valer  en  la  ciudad,  é 
mandar  de  manera  que  aunque  ellos  en  sus  pundo- 
nores muchas  veces  se  pacificaron  habiendo  gana 
de  vivir  en  paz,  nunca  los  dejaron  malos  hombres, 
é  los  unos  diciendo  Niebla,  é  los  otros  León,  como 
el  tiempo  les  mudaba  por  el  decaimiento  de  la  jus- 
ticia, aunque  por  un  cabo  se  apagaba  el  fuego,  por 
otro  se  encendía ;  de  manera  que  cresció  tanto  el 
enojo  entre  ellos  que  sus  casas  se  pusieron  en  armas 
del  uno  contra  el  otro ,  y  se  volvió  la  pelea  entre 
ellos,  é  pelearon  por  las  calles  de  Sevilla  muchos 
dias  é  noches,  é  las  gentes  del  uno  é  del  otro  afli- 
gían mucho  la  ciudad,  y  la  metían  á  saco  mano,  é 
el  Marqués  tenía  el  barrio  de  Santa  Catalina  con  sus 
cercas ;  y  érale  la  torre  de  S.  Marcos  en  contra,  y 
unos  rufianes  de  la  parte  del  Marqués  pusieron 
fuego  á  las  puertas  de  la  iglesia  pensando  no  hacer 
tanto,  y  encendióse  toda  la  iglesia,  y  ardió  toda  sin 
remedio ;  é  desque  esto  se  vido  por  toda  la  ciudad 
fué  en  muy  gran  mormuracion,  é  mandaron  repicar 
en  la  iglesia  mayor,  y  recogióse  tanta  gente  contra 
el  Marqués  que  él  é  los  suyos  ovieron  de  salir  hu- 
yendo, é  vino  á  parará  Alcalá  de  Guadaira,  donde 
le  dio  la  fortaleza  é  la  villa  Fernán  Darías  de  Saa- 
vedra,  Señor  del  Viso  é  Castellar,  é  veinti-quatro 
de  Sevilla  que  la  tenia,  ca  era  su  cuñado,  casado 
con  su  hermana ;  é  el  Marqués  fortaleció  mucho  á 
Alcalá  é  la  tuvo ;  é  dende  fué  á  la  ciudad  de  Jerez, 
é  la  tomó  é  fortaleció ,  é  labró  mucho  la  fortaleza, 
donde  se  hizo  muy  poderoso  ;  é  siguióse  la  guerra 
entre  estos  dos  caballeros,  de  donde  se  siguieron 
muchos  males  é  muertes  de  hombres,  é  robos,  é  hur- 
tos, é  bandos  en  todos  los  lugares  de  esta  Andalu- 
cía. Y  el  Marqués  como  era  hombre  de  muy  gran 
corazón  y  olvidaba  tarde  los  enojos ,  quisiera  mu- 
cho haber  batalla  con  el  Duque ;  y  con  este  deseo 
volvió  á  Sevilla  é  se  puso  en  Tablada  con  tres  mil 
de  á  caballo  de  su  tierra  é  casa,  é  de  sus  amigos  á 
valedores,  é  con  él  los  peones  que  le  pareció  eran 
menester,  é  dende  envió  á  desafiar  al  Duque.  E  el 
Duque  salió  fuera  de  los  muros  de  la  Ciudad  con 
su  gente  é  valias,  con  gran  multitud  de  confesos 
que  le  amaban  é  querían  en  demasiada  manera.  E 
el  Comendador  mayor  de  León  Don  Alfonso  de  Cár- 
denas, que  después  fué  Maestre  de  Santiago,  ó  otros 
nobles  caballeros  se  atravesaron  en  medio  y  los  mi- 
tigaron, é  amansaron  algo  al  Marqués  de  su  furia, 
con  intercesión  de  los  frailes  é  religiosos  de  todas 
órdenes,  que  no  cesaron  de  noche  y  de  día  hasta 
que  los  pusieron  en  tregua ;  é  volvióse  el  Marqués, 
é  el  Duque  se  metió  en  Sevilla,  y  siguióse  todavía 
la  guerra.  E  en  Carmena  había  dos  parcialidades, 
una  por  el  Duque,  otra  por  el  Marqués,  é  pelearon 
muchas  veces ,  é  los  dos  alcázares  estaban  por  el 
Marqués  el  uno,  é  el  otro  por  el  Duque,  é  cuando  pe- 
leaban ,  cada  uno  de  los  dichos  señores  facía  socor- 
rer á  su  parte.  Y  así  fué  que  un  día  lunes  8  de  Mar- 
zo de  1473,  se  encontraron  cerca  de  Alcalá  de  Gua- 
daira, é  facía  Carmena  donde  dicen  Peromingo,  do 
una  parte  Don  Pedro  de  Stuñiga,  é  dos  hermanos 


í)OÑ  FERNANDO 
bastardos  de  dicho  Duque  de  Medina,  Don  Pedro 
que  era  yerno  del  Comendador  mayor,  é  Don  Alon- 
so que  era  mancebo  y  otros  gentiles   hombres,  y 
otros  muchos  caballeros  de  Sevilla  que  hablan  sa- 
lido á  bascar  con  quien  pelear  de  sus  enemigos,  ó  á 
llevar  cabalgada.  E  de  la  otra  parte  Fernán  Darlas 
de  Saavedra,  cufiado  del  Marqués  casado  con  su 
hermana,  Sefior  del  Viso,  susodicho,  con  los  caba- 
lleros de  Marchena ;  é  serian  de  cada  parte  hasta 
ciento  y  cinqüenta  de  caballo,  pocos  mas  ó  menos, 
así  que  la  ventaja  era  poca  de  unos  á  otros,  aunque 
algo  mas  eran  los  de  Marchena  ;  é  hubieron  su  ba- 
talla, é  fueron  desbaratados  los  de  Sevilla,  é  venci- 
dos é  muertos  Don  Pedro  é  Don  Alonso,  hermanos 
del  Duque  ;  recreció  gente  de  Alcalá  y  siguieron  el 
alcance,  en  que  se  hizo  más  daño  en  la  gente  del 
Duque,  de  muertos,  é  presos,  é  despojos ;  é  los  que 
de  ellos  escaparon  fueron  á  uña  de  caballo.  En  la 
villa  de  Carmena  tenian  los  dos  Alcázares  el  Ma- 
yordomo Godoy  que  era  un  honrado  caballero,  por 
la  parcialidad  del  Marqués,  en  que  gran  parte  de  la 
villa  se  acostaba ;  y  tenia  el  otro  Alcázar  otro  c^a- 
llero  llamado  Luis  Méndez  de  Sotomayor,  con  otra 
muy  gran  parte  de  la  villa  por  el  duque  de  Medina, 
é  pelearon  muchas  veces  ambos  bandos,  donde  se 
hacian  mucho  daño  de  muertos  é  heridos;  é   allí 
murió  un  dia  el  famoso  y  buen  caballero  Luis  de 
Pernia,Alcayde  de  Osuna,  deunaespingardada,  que 
era  de  la  parte  del  Marqués,  el  qual  habia  habido 
muchas  victorias  contra  los  moros.  Quedó  en  toda 
la  frontera  de  los  moros,  entre  los  christianos,  gran 
dolor  de  su  muerte.  Ovo  el  Marqués  en  aquel  tiempo 
de  aquella  guerra,  muchas  victorias  contra  los  mo- 
ros y  christianos  é  tomó  á  Cárdela  por  fuerza  de 
armas  á  los  moros.  E  tomóle  á  el  Duque  á  Medina, 
que  es  el  título  del  ducado,  el  qual  nunca  cesaba  de 
noche  y  dia  de  pensar  como  hacer  la  guerra  á  sus 
contrarios,  é  siempre  traia  entre  moros  los  adalies, 
é  eso  mesmo  en  la  tierra  de  sus  contrarios ;  é  sabia 
quales  fortalezas  se  velaban  bien,  é  en  quales  habia 
mal  recaudo,  é  Pedro  de  Vera  su  Alcayde  de  Arcos, 
por  le  servir,  hurtó  una  noche  á  Medina  Sidonia,  es- 
tando fuera  el  Alcayde  Basurto,  é  la  entregó  al  Mar- 
qués, el  qual  la  tuvo  hasta  que  después  la  dio  de  su 
grado,  hechas  las  amistades. 

En  aquel  tiempo  de  aquella  guerra  salió  el  Du- 
que de  Sevilla  con  todo  su  poder,  é  con  lá  Ciudad, 
é  su  tierra,  é  cercó  la  villa  de  Alcalá  de  Guadayra, 
é  sus  fortalezas,  é  túvola  cercada  ciertos  dias,  é  el 
Marqués  fué  allí  muy  poderoso  spbre  él,  y  estuvo 
allí  hasta  que  el  Conde  de  Tendilla,  é  otros  caballe- 
ros é  religiosos  los  concertaron.  E  el  Duque  akó  el 
cerco  é  se  fué  á  Sevilla,  é  el  Marqués  se  volvió  á 
Jerez,  é  Alcalá  se  quedó  por  él. 

No  se  pueden  escribir  tantas  cosas  é  robos,  é' 
muertes,  é  hurtos,  é  fortunas  quantas  de  estas  guer- 
ras se  causaron. 

Salió  el  Marqués  de  Sffvilla,  como  dicho  es,  miér- 
coles postrero  dia  del  mes  de  Julio ,  año  de  1471, 
é  duró  la  guerra  entre  estos  dos  caballeros  y  sus 
valías  quatro  años,  de  donde  esta  Andalucía  recibió 


E  DOÑA  ISABEL.  573 

mucha  pena  y  mas  por  los  tiempos  que  vinieron 
estériles  é  faltos  de  pan  y  vino  que  se  encareció, 
que  el  año  de  1472  no  se  cogió  mucho  pan  ;  é  el  año 
de  1473  fué  seco  é  fizóse  la  sementera  los  meses 
postrimeros  del  año  de  72  y  después  nunca  llovió, 
Febrero  ni  Marzo,  ni  Abril  ni  Mayo  del  año  de  73. 
Los  panes  en  berza  sin  sazón  en  las  mas  partes  de 
esta  Andalucía ,  é  valió  el  pan  muy  caro  todo  este 
año,  é  el  año  de  74,  hasta  que  se  cogió  pan  nuevo;  é 
comunmente  valia  una  fanega  de  trigo  700  é  800 
maravedís,  é  valia  un  buey  3.000  maravedís,  é  una 
vaca  2.000  maravedís,  é  una  fanega  de  cebada  300 
maravedís  é  aun  mas.  El  dicho  año  de  1474,  se 
cogió  muy  poco  vino,  é  valía  el  arroba  300  mara- 
vedís. E  esta  falta  fué  desde  puertos  de  Castilla  á 
acá.  En  el  Maestradgo  de  Santiago  habia  mucho 
pan,  de  donde  la  ciudad  de  Sevilla  y  su  tierra  se 
proveía  en  aquellos  tiempos.  Y  por  la  mar  vino  bas- 
teciraiento  de  pan,  y  si  no  fuera  por  las  guerras  no 
llegara  á  valer  tan  caro,  que  por  lá  mar  se  proveye- 
ra con  tiempo ;  mas  como  los  dichos  señores  se  ha- 
cian guerra  por  tierra  é  mar,  no  se  podían  proveer. 
Llegó  á  valer  en  la  ciudad  del  Puerto  de  Santa  Ma- 
ría, 1.000  maravedís  una  fanega  de  trigo.  El  año 
de  1474  envió  Dios  nuestro  Señor  tan  abundoso  de 
pan,  é  vino  é  frutas,  que  visitó  su  pueblo  desque 
se  cogió,  que  comunmente  los  labradores  cogieron 
de  cada  fanega  dos,  é  tres,  é  quatro  cahíces  de  trigo 
y  de  cebada.  E  no  penséis  que  esta  hambre ,  é  ca- 
restía é  esterilidad  de  tiempos,  acaesció  tan  solamen- 
te en  estas  partes  donde  yo  he  hablado  particular 
mente  acá ;  en  toda  España  alcanzó ,  y  también  de 
la  fertilidad  y  hartura  que  nuestro  Señor  envió  el 
año  de  1474  años. 

CAPÍTULO  V. 

Como  los  portugueses  tomaron  á  Arcilla  y  Tanjar. 

En  el  dicho  año  de  1471  años,  á  24  dias  de  Agos- 
to, dia  de  San  Bartolomé,  tomaron  los  portugueses 
la  villa  de  Arcilla  á  los  moros  allende  de  la  mar,  en 
el  reino  de  Fez,  por  fuerza  de  armas;  y  dende  en 
ocho  dias  despojaron  los  moros  á  Tanjar  é  tomáron- 
la los  portugueses,  que  la  hallaron  una  mañana. 
Esto  fué  reynante  en  Portugal  el  muy  noble  Rey 
Don  Alonso,  ^fijo  del  Rey  Don  Duarte,  é  nieto  del 
Rey  Don  Juan,  Reyes  de  Portugal.  E  él  mesmo  en 
persona  é  el  Príncipe  Don  Juan  su  fixo,  fueron  pre- 
sentes en  esta  victoria. 

CAPÍTULO  VI. 

De  la  mina  de  oro  que  descubrieron  los  portugueses. 

En  el  dicho  año  de  1471  años  descubrió  la  flota 
del  dicho  Rey  Don  Alonso  la  mina  de  oro  que  hoy 
los  Reyes  de  Portugal  poseen ,  que  es  en  la  costa 
del  mar  Océano,  hacia  la  parte  de  nuestro  medio- 
día, pasadas  las  costas  de  los  negros  xelofes,  é  sus 
confines,  é  mucho  mas  adelante  tanto  al  norte,  poco 
menos  se  les  esconde  con  la  redondez  de  la  tierra ; 
donde  al  tiempo  que  la  hallaron  y  en  los  primero^ 


574 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


viajes,  la  mayor  parte  de  los  navegantes  adolecían, 
y  se  raorian  sin  remedio ;  y  después,  prosiguiendo 
sus  viajes  ,  se  desenconó  el  camino  y  se  sanaron  é 
cesaron  de  morirse.  De  la  qual  mina  de  oro  muy 
gran  riqueza  y  honra  ha  procedido  á  los  Reyes  de 
Portugal  é  cada  dia  procede  mucho  provecho  á  to- 
do su  reyno  ;  no  porque  ellos  sean  señores  de  la  co- 
secha del  oro,  ni  señores  de  la  tierra  donde  se  coge, 
salvo  hanlo  por  su  rescate  en  una  fortaleza  que  allá 
en  la  mar  tienen,  que  ficieron  nuevamente,  donde 
los  negros  de  todas  aquellas  comarcas  de  su  placer 
é  gana  se  lo  traen  á  vender  y  rescatar,  por  las  cosas 
que  de  acá  les  llevan  de  cobre  é  latón,  peltre  é  ro- 
pas é  otras  muchas  cosas,  hechas  alhajas,  que  no 
son  de  mucho  valor,  é  conchas  de  Canarias,  que 
tienen  los  negros  en  muy  grande  estimación  é 
precio. 

CAPÍTULO  VII. 

Del  pronóstico  del  reinado  del  Rey  D.  Femando  el  Católico  en 
Castilla. 

Después  que  se  comenzaron  guerras  en  Castilla 
entre  el  Rey  Don  Enrique,  é  los  caballeros  de  sus 
reinos,  é  antes  que  el  Rey  Don  Fernando  casase  con 
la  Reyna  Doña  Isabel ,  se  decia  un  cantar  en  Casti- 
lla que  decian  las  gentes  nuevas,  á  quien  la  música 
suele  aplacer,  á  muy  buena  sonada :  Flores  de  Ara- 
gón, dentro  en  Castilla  son:  Flores  de  Aragón,  dentro 
en  Castilla  son.  E  los  niños  tomaban  pendoncicos 
chiquitos;  y  caballeros  en  cañas,  jineteando  de- 
cian: Pendón  de  Aragón;  pendón  de  Aragón.  E  yo 
lo  decia  y  dije  mas  de  cinco  veces  ;  pues  bien  po- 
demos decir  aquí,  según  la  experiencia  que  ade- 
lante se  siguió  :  Domine  ex  ore  infantium  et  lacten- 
tium  perfecisü  laudem,  propter  inimicos  tuos ,  ut  des- 
truas  inimicum  et  ultorem:  Señor,  tú  hiciste  acatada 
alabanza  de  la  boca  de  los  niños  é  de  los  que  maman, 
por  razón  de  los  tus  enemigos ,  por  destruir  al  enemi- 
go é  el  que  se  vengó  /  pues  que  significó  esto  en 
allende  de  la  glosa  que  la  Santa  Madre  Iglesia  de 
ello  tiene,  contemplativamente  lo  podemos  atribuir, 
según  lo  vemos  por  experiencia.  Y  que  fué ,  sino 
que  viendo  nuestro  Señor  su  pueblo  de  toda  Casti- 
lla, padecer  llena  de  mucha  soberbia  é  de  mucha 
herejísi,  é  de  mucha  blasfemia  é  avaricia,  é  rapiña, 
é  de  muchas  guerras  é  bandos,  é  parcialidades,  é 
de  muchos  ladrones  é  salteadores,  é  rufianes  ó  ma- 
tadores, é  tahúres,  é  tableros  públicos  que  andaban 
por  renta,  donde  muchas  veces  el  nombre  de  nuestro 
Señor  Dios  é  de  nuestra  Señora  la  gloriosa  Virgen 
María,  eran  muchas  veces  blasfemados,  é  renegados 
de  los  malos  hombres  tahúres,  y  las  grandes  muertes 
y  estragos  y  resgates  que  los  moros  hacían  en  los 
christianos,  y- para  el  remedio  que  nuestro  Señor  por 
su  infinita  piedad  y  bondad  propuso  hacer,  púsolo 
en  boca  de  los  niños  sin  pecado,  por  hablar  en  señal 
de  batallas  con  pendones ,  y  en  cantar  de  la  otra 
gente  nueva  con  alegría,  antes  que  remediase  y 
destruyese  lo  que  á  Castilla  destruía  y  aflijia  ;  y  asi 
que  las  flores  y  el  pendón  que  entraron  en  Castilla 


de  Aragón  á  celebrar  el  santo  matrimonio  cou  la 
Reyna  Doña  Isabel,  donde  juntos  estos  dos  reales 
cetros  de  Castilla  y  Aragón,  procedieron  en  espacio 
de  treinta  años,  que  ambos  reynaron  juntos,  tantos 
bienes  é  misterios ,  é  tantas  ó  tan  milagrosas  cosas, 
quantas  habéis  visto  y  oído,  los  que  hoy  sois  vivos, 
las  quales  nuestro  Señor  en  tiempo,  y  por  manos  de 
ellos  obró  é  hizo  ;  y  los  que  de  ello  somos  testigos, 
bien  podemos  tomar  por  nos  aquello  que  dijo  nues- 
tro Señor  Redemptor :  uBeati  oculi  qui  vident  quod 
y)Vos  videtis. »  Y  ansí,  con  esta  junta  de  estos  dos  rea- 
les cetros,  se  vengó  nuestro  Señor  Jesuchristo  de 
sus  enemigos,  y  destruyó  el  vengador  ó  matador. 

Enemigos  de  Dios  son  los  malos  christianos  é 
aquellos  que  están  en  propósito  de  todo  mal ,  los 
herejes,  é  ladrones,  é  engañadores,  é  todos  los  que 
andan  fuera  de  la  doctrina  de  la  Santa  Iglesia. 

Vengador  quiere  decir  matador,  el  que  mata  sin 
piedad,  como  hacían  los  moros  antes  que  el  reyno 
de  Granada  se  ganase,  que  sin  ninguna  piedad 
quando  podían  mataban  á  los  christianos,  é  por 
ellífc  se  tome  aquí :  «  Ut  destruas  inimicum  et  ulto- 
vrem:  porque  destruyas  el  enemigo  ó  el  matador.» 

Pues  no  es  oculto  quando  comenzaron  de  rey- 
nar,  la  mayor  parte  de  estos  Reynos  serles  en  con- 
tra', y  dárselos  en  sus  manos  maravillosamente, 
pues  por  fuerza  de  armas  lo  ganaron  como  por  to- 
dos fué  visto ;  de  donde  quebrantaron  la  soberbia 
de  los  malos,  é  puestos  sus  Reynos  en  mucha  justi- 
cia encendieron  el  fuego  á  los  herejes ,  donde  con 
justa  razón,  por  sinodal  constitución  han  ardido ,  ó 
arden,  é  arderán  en  vivas  llamas  hasta  que  no  haya 
ninguno ;  é  por  mas  aína  dar  fin  á  la  herejía  mo- 
saica, le  quitaron  las  raices,  que  eran  las  descomul- 
gadas sinagogas.  A  los  renegadores,  ladrones  é  ru- 
fianes, ya  sabéis  quanto  los  aborrecieron  é  manda- 
ron punir ;  pues  el  tablero  grande,  los  grandes  jue- 
gos que  por  renta  andaban  en  las  tierras  de  los  se- 
ñores, donde  el  nombre  santo  de  nuestro  Señor  era 
muchas  veces  blasfemado,  sin  que  nadie  por  Él  vol- 
viese, ved  desque  lo  defendieron,  si  mas  se  osó 
usar. 

Pues  contra  los  moros  de  aquende  en  la  conquis- 
ta del  reyno  de  Granada,  ved  quan  glorioso  é  victo- 
rioso fin  le  dieron.  Comenzaron  de  reynar  con  buena 
intención  y  esperanza  de  ver  al  servicio  de  Dios  es- 
tos Reynos  sojuzgados  á  su  poder ,  é  vencidos  sus 
enemigos,  de  hacer  la  guerra  á  los  moros,  é  todo  lo 
vieron  é  hicieron. 

Cierto  es  que  todos  los  que  en  este  mundo  alguna 
obra  ó  jornada  comienzan ,  la  comienzan  con  inten- 
ción de  ver  su  fin ,  é  si  el  fin  de  la  obra  es  bueno, 
alegra  mucho  á  aquel  que  la  deseó  ver  acabada.  Yo 
el  que  estos  capítulos  de  Memorias  escribí,  siendo 
de  doce  años ,  leyendo  en  un  rejistro  de  un  mí  abue- 
lo difunto,  que  fué  escribano  público  en  la  villa  de 
Fuentes,  de  la  encomienda  mayor  de  León  ,  donde 
yo  nací,  hallé  unos  capítulos  de  algunas  cosas  haza- 
ñosas que  en  su  tiempo  habían  acaecido,  y  oyéndo- 
melas leer  mi  abuela  viuda,  su  mujer,  siendo  en  casi 
senitud  me  dijo :  hijo,  ¿y  tú  por  qué  no  escribes  asi 


í)ON  FERNANDO 
ías  cosas  de  ahora,  como  están  esas?  pues  no  hayas 
pereza  de  escribir  las  cosas  buenas  que  en  tus  dias 
acaecieren  ,  porque  las  sepan  los  que  después  vinie- 
ren ,  y  maravillándose,  desque  las  lean ,  den  gracias 
á  Dios.  Y  desde  aquel  dia  propuse  hacerlo  asi ,  y  des- 
pués que  mas  se  me  entendía,  dixe  muchas  veces 
entre  mí  :  si  Dios  me  da  vida  y  salud,  y  vivo,  escri- 
biré hasta  que  vea  el  Reyno  de  Granada  ser  ganado 
de  christianos;  é  siempre  tuve  esperanza  de  lo  ver, 
é  lo  vi  como  lo  visteis  é  oísteis  los  que  son  vivos;  á 
nuestro  Señor  Jesuchristo  sean  dadas  muchas  gra- 
cias é  loores.  E  por  ser  imposible  poder  escribir  to- 
das las  cosas  que  pasaron  en  España  por  concierto 
durante  el  matrimonio  del  Eey  Don  Fernando  é  de 
la  Reyna  Doña  Isabel,  no  escribí ,  salvo  algunas  co- 
sas de  las  mas  hazañosas  de  que  ove  vera  informa- 
ción ,  é  de  las  que  vi ,  é  de  las  que  á  todos  fueron 
notorias  y  públicas  que  acaecieron,  é  fueron  é  pa- 
saron ,  porque  viva  su  memoria ;  y  porque  algunos 
caballeros  y  nobles  personas  que  lo  vieron  ,  é  otros 
que  no  lo  vieron ,  é  los  que  nacerán  y  vernán  des» 
pues  de  estos  tiempos ,  habrán  placer  de  lo  leer  é 
oir,  é  darán  gracias  á  Dios  por  ello.  Porque  no  em- 
bargante que  ello  todo  por  los  coronistas  de  Sus 
Altezas,  sea  muy  cumplidamente  escrito,  como  las 
corónicas  no  se  comunican  entre  las  gentes  comu- 
nes, luego  se  olvidan  muchas  cosas  acaecidas,  y  el 
tiempo  en  que  acaecieron  y  quien  las  hizo,  si  parti- 
cularmente no  son  escritas  y  comunicadas  ;  é  por 
este  provecho  que  de  aquí  se  seguirá ,  suplico  nin- 
guno me  tenga  á  locura  quererme  meter  á  escribir 
lo  que  es  ajeno  de  mi  oficio  ;  cá  los  que  mejor  lo  su- 
pieren lo  que  yo  escribo,  ó  á  qualquier  parte  de  ello 
por  lo  haber  visto  ,  é  se  haber  acaecido  en  ello,  su- 
plico, si  algunos  defectos  ó  yerros  fallaren  en  mi  es- 
cribir, los  quieran  enmendar,  á  la  corrección  de  los 
quales  é  de  toda  verdad  é  buena  razón  me  someto 
en  mi  voluntad ,  no  movida  á  ninguna  defectuosa 
afición  ni  vanagloria,  ñipara  á  nadie , ofender.  É 
pensando  no  ser  yerro  escribir  por  memoria  lo  que 
tácito  no  debe  quedar;  á  loor  y  alabanza  de  Nuestro 
Redemptor  Jesuchristo  ,  y  de  su  gloriosa  Madre  la 
Virgen  Santa  María  nuestra  Señora,  y  á  honra  y  en- 
salzamiento de  la  muy  loable  y  muy  gloriosa  y  per- 
petua memoria  de  Sus  Altezas,  y  de  sus  hijos  y  nie- 
tos y  subcesores ,  y  linaje  de  estos  christianísimos  y 
muy  virtuosos  é  invictísimos  Rey  Don  Fernando  é 
Reyna  Doña  Isabel,  su  muger,  reyes  de  España,  de- 
sechando la  ociosidad  entro  al  exordio  de  lo  sobre- 
dicho, contando  primeramente  la  real  progenie  don- 
de estos  Reyes  vienen. 

CAPÍTULO  vni. 

De  el  linaje  de  donde  viene  el  Rey  Don  Fernando. 

El  Rey  Don  Fernando  V  de  este  nombre,  nació 
en  Aragón  á  dos  dias  de  Marzo  del  año  del  naci- 
miento de  Nuestro  Redemptor  de  mil  y  quatrocien- 
tos  y  cinqtienta  y  dos,  en  una  villa  que  llaman  Ros; 
viernes  nació  á  las  diez  horas  del  dia,  estando  su 
planeta  é  signo  en  muy  alto  triunfo  de  bien  aven- 


E  DOÑA  ISABEL.  575 

turanza,  según  dijeron  los  astrólogos.  Es  fijo  del 
Rey  Don  Juan,  que  fué  primero  de  Navarra,  porque 
ovo  aquel  reyno  con  su  primera  mujer.  El  Rey  do 
Aragón,  uno  de  los  Infantes  de  Castilla  fijos  del  In- 
fante Don  Fernando,  que  fué  fijo  del  Rey  Don  Juan 
de  Castilla ,  primero  de  este  nombre  ,  hermano  del 
Rey  Don  Enrique  tercero  de  este  nombre ,  el  Bueno 
que  dixeron,  é  fué  doliente,  padre  del  Rey  Don 
Juan  II,  é  fué  tutor  el  dicho  Infante  Don  Fernan- 
do del  dicho  Rey  Don  Juan  II  su  sobrino ,  é  le  alzó 
por  Rey  de  Castilla  en  la  cuna ,  é  gobernó  á  Castilla 
en  tiempo  de  su  niñez  del  dicho  Rey  Don  Juan,  é  fizo 
á  los  moros  del  reyno  de  Granada  muchas  guerras  é 
daños,  é  les  ganó  lugares  é  villas,  especialmente  las 
villas  de  Antequera  é  Zahara ;  é  siendo  gobernador 
de  Castilla  fué  á  reynar  en  Aragón  é  Cataluña  é  sus 
provincias ,  é  islas  invocado  é  rogado  por  aquellos 
reynos ;  é  su  madre  del  Rey  Don  Fernando  fué  se- 
gunda mujer  del  dicho  Rey  de  Navarra  é  Aragón,  su 
padre ,  é  fué  fija  del  Almirante  de  Castilla  llamado 
Don  Federico,  que  fué  uno  de  los  claros  varones  de 
España. 

CAPÍTULO  IX. 

Del  linaje  de  la  Reina  Dofia  Isabel. 

Esta  Reyna,  nació  año  de  mil  quatrocientos  y  cin- 
qüenta  años  en  el  mes  de  Noviembre,  dia  de  Santa 
Elisabet  en  Avila.  La  Reyna  Dofia  Isabel  fué  fija 
del  Rey  Don  Juan  de  Castilla ,  segundo  de  este 
nombre,  é  nieta  del  Rey  Don  Enrique  tercero  suso- 
dicho, el  Bueno  ,  é  viznieta  del  Rey  Don  Juan ,  pri- 
mero de  este  nombre.  Así  el  Rey  Don  Femando  é  la 
Reyna  Doña  Isabel  habían  los  abuelos  hermanos,  é 
la  madre  de  la  Reyna  Dofia  Isabel  llamada  Doña 
Juana,  era  fija  del  Rey  Don  Juan  de  Portugal,  é  fué 
segunda  mujer  del  Rey  Don  Juan ,  é  era  hermana 
de  la  Emperatriz  de  Alemania,  mujer  del  Empera- 
dor Federico  tercero. 

Casaron  en  uno  el  Rey  Don  Fernando  é  la  Reyna 
Doña  Isabel  después  de  la  muerte  del  Rey  Don  Alon- 
so su  hermano ,  que  los  caballeros  habían  alzado  por 
Rey  de  Castilla  en  vida  del  Rey  Don  Enrique  su 
hermano,  é  el  matrimonio  se  celebró  en  18  dias  de 
Septiembre  del  año  de  1469  en  Valladolid ,  siendo 
el  Rey  Don  Fernando  Rey  de  Sicilia  y  Príncipe  de 
Aragón ,  que  así  se  intitulaba  en  vida  de  su  padre  ; 
é  la  Reyna  Doña  Isabel  Princesa  de  Castilla  é  de 
León.  Fueron  Principes  de  Castilla  hasta  la  muerto 
del  Rey  Don  Enrique  quarto,  é  así  les  llamaban, 
puesto  caso  que  habia  en  Castilla  la  doncella  hija 
de  la  Reyna  Doña  Juana ,  mujer  del  Rey  Don  Enri- 
que, que  nació  en  casa  del  Rey  Don  Enrique,  á  quien 
á  los  grandes  de  Castilla  habían  publicado  no  ser  su 
fija,  aunque  algunos  le  llamaban  Princesa,  é  todas 
las  comunidades  la  llamaban  públicamente  por  el 
nombre  de  aquel  gran  privado  del  Rey  Don  Enrique 
que  decían  era  su  padre.  Vivieron  y  estuvieron  aquel 
tiempo  hasta  que  murió  el  Rey  Don  "Enrique  en  Cas- 
tilla la  Vieja  en  Tordesillas  é  en  sus  comarcas,  muy 
obedientes  al  Rey  é  muy  agradables  á  las  gentes, 


é76 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  X. 


Déla  coronación  de  los  Reyes  Católicos  é  bandos  de  Castilla. 

Murió  el  Rey  Don  Enrique  como  dicho  es  ,  é  su 
hermano  en  Castilla  en  Madrid  á  12  dias  de  Di- 
ciembre de  1474,  estando  en  Segovia  la  Princesa 
Doña  Isabel,  y  el  Rey  Don  Fernando  estaba  en 
aqwel  tiempo  en  Aragón,  é  Rodrigo  de  Ulloa  vino 
con  la  nueva  cierta  á  Segovia  el  dia  de  Santa  Lucía, 
é  la  Princesa  Doña  Isabel  se  cubrió  de  luto  ó  fizo  los 
llantos  que  convenían  hacer  por  el  Rey  su  herma- 
no ,  é  fuese  á  la  iglesia  de  San  Miguel,  é  allí  fueron 
los  pendones  del  Rey  Don  Enrique,  é  los  de  la  mes- 
ma  Ciudad ,  bajos  é  cubiertos  de  luto;  é  allí  después 
de  fechos  los  autos  del  luto,  y  oficios  é  misas  y  ose- 
quias,  hicieron  un  cadahalso  y  la  alzaron  por  Reyna 
de  Castilla  é  de  León  ,  á  la  Princesa  Doña  Isabel ,  é 
luego  el  Mayordomo  Cabrera  le  entregó  los  alcáza- 
res de  la  ciudad ,  é  le  dio  las  llaves  de  ellos ,  é  le  en- 
tregó las  varas  de  la  justicia ,  é  dio  los  tesoros  del 
Rey  Don  Enrique  su  hermano ,  cuyo  mayordomo  él 
era;  y  ella  se  lo  mucho  agradeció,  y  le  volvió  las 
varas  y  llaves  que  las  tuviese  é  ministrase  por  ella. 
El  Rey  Don  Fernando  vino  dende  á  quince  dias,  y 
entró  por  la  puerta  de  San  Martin,  donde  todos  los 
caballeros  y  grandes  de  Castilla  que  allí  estaban  con 
la  Ciudad  é  clerecía  é  cruces  le  salieron  á  recebir,  é 
confirmó  los  privilegios  de  Segovia  é  allí  lo  al- 
zaron por  Rey  de  Castilla ,  é  de  León  ;  é  de  los 
grandes  de  Castilla,  que  fué  publico  placerles  de 
su  reynar  y  buenaventura ,  que  luego  se  demostra- 
ron ,  fueron  el  Arzobispo  de  Toledo  Don  Alonso 
Carrillo ,  que  era  hombre  de  muy  varonil  corazón,  é 
interesal ,  é  muy  rico ,  é  tenia  'muchas  fortalezas  é 
ciudades ,  villas  y  lugares  ,  así  de  su  casa  como  de 
la  corona  real ,  é  muchos  parientes.  Este  fué  él  mas 
principal  en  su  casamiento.  La  pública  fama  era  en 
aquel  tiempo,  que  él  le  habia  casado  é  dado  todo  el 
favor  de  su  ayuntamiento ,  aunque  después  dio  la 
vuelta  é  le  fué  enemigo.  E  fué  el  Almirante  Don 
Alonso  Enriquez,  é  el  Conde  do  Treviño  Duque  de 
Nájera ,  D.  Pedro  Manrique ,  é  el  Condestable  Don 
Pedro  de  Velasco  Conde  de  Haro,  el  Duque  del  In- 
fantado Don  Diego  de  Mendoza,  é  otros  muchos, 
empero  eran  muchos  los  llamados  é  pocos  los  esco- 
gidos, porque  muchos  se  mostraban  en  parte ,  mas 
no  en  todo ,  porque  estaban  de  secreto  á  viva  quien 
vence. 

Asi  comenzaron  é  reynar  en  Castilla  el  Rey  Don 
Fernando  é  la  Reyna  Doña  Isabel ,  dexando  aque- 
llos pocos  dias  del  mes  de  Diciembre  de  1474  años  á 
fuera,  desde  el  comienzo  del  año  del  nacimiento  de 
nuestro  Señor  Jesuchristo  de  1475  años  ;  habiendo 
en  Castilla  otra  parcialidad  en  sus  contrarios  tan 
grande  ó  mayor  que  la  suya ,  que  querían  meter  al 
Rey  Don  Alonso  de  Portugal.  Ya  es  dicho  en  las 
cosas  que  atrás  son  escritas  del  Rey  Don  Enrique,  co- 
mo en  su  segunda  muger  manifestó  su  impotencia, 
por  lo  qual  ella  se  dio  á  mal  recaudo  ,  ó  fué  fama 
pública  (jue  se  empreñó  de  un  caballero  el  mas  pri- 


vado del  Rey  su  marido,  é  parió  una  hija  á  quien  Ha* 
marón  Doña  Juana ,  la  qual  siempre  se  crió  con 
aquella  sospecha  de  no  ser  hija  del  Rey  y  por  tal  la 
juraron  los  grandes  de  Castilla  cuando  depusieron 
al  Rey  Don  Enrique,  que  no  era  su  hija;  é  así  lo  hi- 
cieron pregonar  por  toda  Castilla  con  las  otras  cosas 
é  tachas  que  á  él  Rey  pusieron ,  é  afirmando  esto.  La 
dicha  Reina  Doña  Juana,  segunda  mujer  del  dicho 
Don  Enrique,  dio  de  sí  muy  mal  exemplo  ca  se  em- 
preñó é  parió  dos  fijos  de  otro  caballero  de  sangre 
real,  continuo  de  su  casa,  é  esto  parece  que  lo  causó 
la  desventura  del  Rey  su  marido  por  no  poder  haber 
acceso  á  ella,  é  por  no  ser  celoso  de  su  casa  é  honra: 
cá  muchas  veces  acaece  á  muy  nobles  dueñas  pecar 
en  esta  cuitada  humanidad  de  ser  forzadas,  ó  toma- 
das la  primera  vez  en  lugar  donde  no  se  pueden  de- 
fender y  por  conservar  su  honra  callan ,  é  á  esto  dan 
causa  los  maridos  6  padres  ó  hermanos  ó  señores  de 
casa ,  que  se  confian  no  mirando  de  quién  ni  cómo. 
Ca  saludable  cosa  es  á  los  hombres  con  buen  juicio 
ser  celosos  y  recelosos.  Decían  en  aquel  tiempo  que 
siendo  niño  el  Rey  Don  Enrique  que  le  fué  fecho 
mal,  ó  ovo  tal  lisien  de  que  se  causó  su  impotencia. 
E  esto  sabe  Dios  si  fué  así  ó  si  no. 

Con  esta  doncella,  llamada  la  Princesa  Doña 
Juana,  hija  del  Rey ,  se  alzaron  ciertos  grandes  de 
Castilla  contra  el  Rey  Don  Fernando,  para  la  casar 
con  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal,  allegándose  á 
la  cláusula  del  testamento  del  Rey  Don  Enrique, 
que  diz  que  decía  que  la  dejaba  por  su  hija  heredera. 

E  los  primeros  que  se  mostraron  é  manifestaron 
con  la  dicha  doncella  Doña  Juana ,  fueron  el  Mar- 
qués de  Villena,  Don  Diego  Pacheco,  que  la  tuvo  en 
su  poder,  é  sus  primos  el  Maestre  de  Calatrava  Don 
Rodrigo  Girón  é  su  hermano  Don  Alonso  Tellez  Gi- 
rón ,  Conde  de  Urueña,  hijos  del  Maestre  de  Calatra- 
va Don  Pedro  Girón,  y  Don  Alonso  de  Estúñiga, 
Conde  de  Béjar  y  Duque  de  Arévalo ,  que  entonces 
se  lo  llamaba,  é  tenia;  é  de  estos  quatro  pendía  la 
mitad  de  Castilla  é  eran  muy  grandes  señores  cada 
qual  de  ellos,  é  con  ellos  habia  otros  muchos  decla- 
rados, é  otros  no  del  todo  declarados,  é  otros  á  viva 
quien  vence ;  é  en  esto  pasó  alguna  parte  de  los  pri- 
meros meses  del  dicho  año  de  1475  é  las  parcialida- 
des de  los  caballeros  no  cesaban ,  cada  uno  buscan- 
do favores  é  haciendo  ligas ,  unos  declarándose  por 
una  parte,  otros  por  otra,  otros  dilatándose  tiempo, 
no  queriendo  declararse ,  porque  esperaban  la  en- 
trada del  Rey  de  Portugal. 

CAPÍTULO  XI. 

Prosiguen  las  parcialidades,  y  cómo  el  Arzobispo  de  Toledo  se 
apartó  de  los  Reyes. 

Vuelta  ovo  grande  en  el  corazón  grande  del  Ar- 
zobispo de  Toledo ,  y  decían  que  por  dos  causas ;  la 
primera  porque  no  quisiera  que  el  Rey  y  la  Reyna 
salieran  de  su  mandar  é  obediencia ;  como  si  los 
reynos  fueran  suyos ,  é  él  se  los  diera.  E  quisiera  él 
poner  de  su  mano  ciertos  contadores  é  oficiales ,  é 
porque  luego  como  él  lo  quería  no  se  hizo.  E  lo  se- 


DON  FERNANDO 
gundo  fcon  envidia  que  ovo  de  la  buena  voluntad 
que  el  Rey  y  la  Reyna  mostraban  al  Obispo  de  Si- 
güenza  Don  Pedro  González  de  Mendoza,  diciendo: 
«  éste  es  mancebo  y  yo  viejo  privará  tanto  que  será 
Arzobispo  de  Toledo  después  de  mí ; »  é  por  otras  co- 
sas, é  por  estas.  En  fin  él  se  fué  de  Segovia  de  la 
corte  muy  enojado,  camino  de  Alcalá  de  Henares, 
y  la  Reyna,  desque  lo  supo,  envió  en  pos  de  él  al  Du- 
que de  Alba,  y  al  Duque  de  Nájera,  á  le  amansar  é 
rogar  que  volviese  á  la  corte ,  é  nunca  con  él  pudie- 
ron, sino  que  lo  dejasen  ir  á  sus  tierras.  Y  la  Reyna 
desque  esto  supo,  porque  el  tiempo  estaba  tan  en 
peso  y  no  convenia  enojar  á  los  de  su  parte,  antes 
dar  y  agradar  á  los  contrarios  para  los  hacer  suyos, 
cabalgó  é  fué  en  pos  de  él ,  y  desde  Colmenar  Viejo 
envióle  á  decir  á  Alcalá  de  Henares ,  donde  ya  esta- 
ba, que  oviese  por  bien  que  ella  iba  á  comer  con  él 
á  tal  hora,  que  la  atendiese  ;  y  el  Arzobispo  con  mal 
seso  ,  le  envió  á  decir  á  la  Reyna ,  que  supiese  certi- 
ficadamente que  si  allá  iba ,  que  entrando  ella  en 
Alcalá  por  una  puerta,  que  él  se  iria  huyendo  por  la 
otra.  Y  como  esto  supo  la  Reyna  estando  oyendo 
misa ,  la  misa  acabada  ovo  tanto  enojo  que  echó 
mano  á  sus  cabellos,  ó  recobrada  alguna  poca  de 
paciencia  dijo  contemplando  :  Señor  mió  Jesuchrís- 
to,  en  vuestras  manos  pongo  todos  mis  fechos,  y  de  vos 
me  defienda  el  favor  y  ayuda ,  y  otras  cosas  con  que 
ella  propia  se  conortaba.  Y  desde  aquí  el  Arzobispo 
comenzó  de  hacer  allegamiento  de  gente  de  guerra 
y  no  quiso  mas  volver  á  la  corte,  ca  él  tenia  dos  ma- 
los consejeros  por  quien  se  regia;  un  Mayordomo 
dicho  Alarcon,  que  era  muy  mal  hombre ,  é  un  Bea- 
to ,  los  quales  mandaban  á  él  é  toda  su  casa ,  é  le 
aconsejaban  mal,  ó  consintieron,  6  dieron  lugar  ó 
consejo  á  ello  ;  que  gastó  el  Arzobispo  por  mucho 
espacio  é  tiempo  muy  gran  suma  de  dinero  en  alqui- 
mias, con  alquimistas ,  procurando  facer  oro  é  pla- 
ta,  é  de  lo  qual  se  imputaba  á  el  dicho  Arzobispo  é 
cargaba  gran  culpa. 

É  la  Reyna  se  volvió  desde  Colmenar  Viejo,  é  ha- 
bló cerca  del  Collado  un  caballero,  que  le  llamaba 
la  obediencia  de  Toledo,  é  tomó  camino  de  Toledo, 
é  la  ciudad  se  le  dio  é  tomóla,  é  entregóse  en  ella  y 
después  dio  la  vuelta  de  Toledo  para  Segovia.  E 
Juan  Luxan,  Alcayde  de  Escalona,  la  quisiera  ofen- 
der que  estaba  por  el  Marqués  de  Villena;  y  la  Rey- 
na no  llevaba  tanta  gente  de  guerra  con  que  le  pu- 
diese atender,  é  fuese  á  mas  andar  hasta  Cebreros, 
y  de  allí  el  dicho  Alcayde  se  volvió  con  su  mal  pro- 
pósito. En  este  medio  é  tiempo,  mas  con  halagos 
que  con  amenazas,  el  Rey  por  un  cabo  y  la  Reyna 
por  otro,  adquirieron  por  Castilla  quanto  podían ;  é 
la  otra  parcialidad  que  estaba  con  intención  de  me- 
ter al  Rey  de  Portugal,  por  semejante;  é  como  el 
Arzobispo  de  Toledo  se  había  ausentado  de  la  corte 
sañudo,  é  era  hombre  belicoso,  y  seguía  mas  veces 
la  afición  que  no  la  razón,  y  placíanle  guerras  y 
parcialidades,  é  era  hombre  que  insistía  mucho  en 
la  opinión  que  tomaba,  ó  como  era  gran  Señor,  re- 
cibían mucha  pena  el  Rej  y  la  Reyna  de  su  apar- 
tamiento, é  ficieron  mucho  por  lo  volver  á  su  amís- 
Cr TTf. 


É  D05?A  ISABEL.  577 

tad,  é  nunca  pudieron.  Entonces  todo  el  mundo 
pensaba  que  á  la  parto  que  él  se  acostase  pesaria 
mas  la  balanza.  É  estando  así  las  cosas,  le  fué  en- 
viada de  la  corte  del  Rey  ó  de  la  Reyna  la  siguien- 
te epístola,  notada  é  fecha  é  enviada  por  el  Coro- 
nista  Fernando  del  Pulgar,  creyóse  que  por  manda- 
do de  Su  Alteza. 

CAPÍTULO  XIL 
CSrta  de  FerHando  de  Pulgar  al  Arzobispo. 

«Clama,  no  ceses,  dice  Isaías,  Muy  Reverendísi- 
mo Señor;  y  pues  no  vemos  cesar  este  Reyno  de 
llorar  sus  males,  no  es  de  cesar  de  clamar  á  vos, 
que  dicen  ser  causa  de  ellos.»  «Poca  cosa  os  parece, 
dice  Moisés  á  Coré  y  á  sus  sequaces,  haberos  Dios 
elejido  entre  toda  la  multitud  del  pueblo,  para  que 
le  sirváis  en  el  sacerdocio,  sino  que  en  pago  de  su 
beneficio  le  seáis  adverso  escandalizando  al  pue- 
blo.» «  Contad,  muy  Reverendísimo  Señor,  vuestros 
dias  antiguos  y  los  años  de  vuestra  vida,  conside- 
rad los  pensamientos  de  vuestra  ánima,  y  fallareis 
que  en  tiempo  del  Rey  Don  Enrique  vuestra  casa 
fué  receptáculo  de  caballeros  airados  y  descon- 
tentos, é  inventora  de  ligas  y  conjuraciones  contra 
el  cetro  Real,  favorecedora  de  desobedientes  é  de 
escándalos  del  Reyno.  É  siempre  vos  habemos  vis- 
to gozar  en  armas  la  quietud  del  pueblo,  é  ayunta- 
mientos muy  ajenos  de  vuestra  profesión,  enemigos 
de  la  quietud  del  pueblo.  E  dejando  de  recontar  los 
escándalos  pasados,  que  con  el  pan  de  los  diez- 
mos habéis  tenido  el  año  de  74,  contra  el  Rey  Don 
Enrique,  se  fizo  aquel  ayuntar  de  jente  que  todos 
vimos  ser  el  primer  acto  de  inobediencia  clara  que 
V.  S.  siendo  cabeza  y  gobernador,  sus  naturales 
le  quisieron  mostrar,  ó  osaron  mostrar  aquel  casi 
amansado  por  la  sentencia  que  en  Medina  se  orde- 
naba, é  Vuestra  Reverendísima  se  tornó  á  yuntar 
con  el  Rey,  y  luego  á  pocos  dias  acordó  de  mudar 
el  propósito  y  se  juntó  con  el  Príncipe  Don  Alonso, 
haciendo  división  en  el  Reyno  alzándolo  por  Rey. 
Estas  mudanzas,  é  en  tan  poco  espacio  de  tiempo 
por  Señor  de  tan  gran  dignidad  fechas,  no  en  pe- 
queña injuria  de  la  persona  é  de  la  dignidad  se  pu- 
dieron hacer;  durante  esta  división  se  dispertó  la 
maldad  de  los  malos,  la  cobdicia  de  los  cobdiciosos, 
la  crueldad  de  los  crueles,  y  la  rebelión  de  los  re- 
beldes inobedientes.  V.  M.  Rda.  Señoría  lo  considere 
bien,  é  verá  cuan  medicinal  es  la  Santa  Escritura 
que  nos  manda  por  San  Pedro  obedecer  á  los  Re- 
yes, aunque  disolutos,  antes  que  facer  división  en 
los  reynos;  porque  la  confusión  y  males  de  la  divi- 
sión son  muchos  y  mas  graves  sin  comparación, 
que  aquellos  que  del  mal  Rey  se  pueden  sufrir.  Con 
gran  vigilancia  vemos  á  V.  S.  procurar  que  vues- 
tros inferiores  os  obdezcan  y  sean  sujetos;  dejad, 
pues,  por  Dios,  Señor,  los  sujetos  de  los  Príncipes, 
no  los  alborotéis,  no  los  levantéis,  no  les  mostréis 
sacudir  de  sí  el  yugo  de  la  obediencia,  la  qual  es 
mas  aceptable  á  Dios  que  el  sacrificio.  Dejad  ya, 
Señor,  de  ser  causa  de  escándalos  é  sangre :  ca  si  á 

37 


578 


CEÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


David  por  ser  varón  de  sangre  no  permitió  Dios  fa- 
cerle casa  de  oración;  ¿cómo  puede  V.  S.  en  guerras 
de  tantas  sangres  como  se  han  seguido,  envolveros 
con  sana  conciencia  en  las  cosas  que  vuestro  oficio 
sacerdotal  requieren?  Contagioso  y  muy  irregular 
ejemplo  toman  y  han  los  otros  Prelados  de  esta  nues- 
tra España  viendo  á  vos,  el  principal  de  todas  las 
armas  y  divisiones.  No  pequéis  por  Dios,  Señor,  ni 
fagáis  pecar,  ca  la  sangre  de  Jeroboan,  de  la  tierra 
fué  desarraigada  por  este  pecado.  Dejad  ya.  Señor, 
de  rebelar  y  favorecer  rebeldes  á  sus  Reyes  é  Se- 
ñores, que  es  el  mayor  denuesto  que  dio  Nabal  á 
David,  fué  irado  y  desobediente  á  su  Señor ;  Hieru- 
salen  y  todas  aquellas  tierras,  según  cuenta  el  his- 
toriador Josefo,  en  caida  tal  vinieron  cuando  loa 
sacerdotes,  dejado  su  oficio  divino,  se  mezclaron  en 
guerras  y  en  cosas  profanas.  ¡Oh!  pues  vuestra  dig- 
nidad vos  hizo  padre,  vuestra  condición  no  os  haga 
parte,  y  no  profanéis  ya  mas  vuestra  persona,  reli- 
gión y  renta  que  es  consagrada,  y  para  sus  cosas 
pias  dedicada.  Gran  inquisición  hizo  Achimeiech, 
sacerdote,  antes  que  diese  el  pan  consagrado  á 
David,  por  saber  primero  si  la  gente  que  lo  habian 
de  comer  eran  limpios;  pues  considere  agora  bien 
V.  S.  de  consideración  espiritual,  si  son  limpios 
aquellos  á  quienes  vos  lo  repartís;  y  cómo  y  á  quién, 
por  qué  se  lo  dais  y  á  quién  se  debia  dar,  é  cómo 
sois  transgresor  de  aquel  santo  decreto  que  dice : 
Virum  catholicum  prcedjpué  domine  sacerdotem.  Can- 
sad ya  por  Dios,  Señor,  cansad,  á  lo  menos  habed 
compasión  de  esta  tribulada  tierra  que  piensa  tener 
Prelado,  é  tiene  enemigo;  gime  y  reclama  por  que 
tuviste  poderío  en  ella,  del  qual  á  vos  place  usar, 
no  para  instrucción,  como  debéis,  mas  para  su  des- 
truicion  como  facéis;  no  para  su  reformación,  como 
sois  obligado,  mas  para  doctrina  y  ejemplo  de  paz 
y  mansedumbre ;  mas  para  corrupción  y  escándalo 
y  turbación.  ¿Pars  qué  vos  armáis  sacerdote  sino 
para  pervertir  vuestro  hábito  y  religión?  ¿para  qué 
os  armáis  padre  de  consolación  sino  para  descon- 
solar y  hacer  llorar  los  pobres  é  miserables,  y  para 
que  se  gocen  los  tiranos  é  robadores  y  hombres  de 
escándalos  y  sangres  con  la  división  continua  que 
V.  S.  cria  y  favorece?  decidnos  por  Dios,  Señor,  si 
podrán  en  vuestros  días  haber  fin  nuestros  males,  ó 
si  podremos  tener  la  tierra  en  vuestro  tiempo  sin 
división.  Catad ,  Señor,  que  todos  los  que  en  los  rey- 
nos  y  provincias  procuraron  divisiones,  vida  y  fines 
hubieron  atribuladas :  temed,  pues,  por  Dios,  la  cai- 
da de  aquellos  cuya  doctrina  queréis  remedar,  y  no 
trabajéis  mas  este  Reyno,  ca  no  hay  so  el  cielo  rey- 
no  mas  deshonrado  que  el  diviso.  Lea  V.  S.  á  San 
Pedro  cuya  orden  recibisteis,  é  hábito  vestís,  y  ha- 
bed alguna  caridad  de  la  que  os  recomendó  que  ha- 
yáis. Básteos  el  tiempo  pasado  á  voluntad  de  las 
gentes ;  sea  el  porvenir  á  voluntad  de  Dios,  que 
hora  es  ya ,  Señor,  de  mirar  do  vais ,  é  no  atrás  do 
venís;  no  queráis  mas  tentar  á  Dios  con  tantas  mu- 
danzas, no  queráis  dispertar  sus  juicios  que  son  ter- 
ribles, y  espantosos.  Y  pues  vos  eligió  Dios  entre 
tanta  multitud  para  que  le  sirváis  en  el  sacerdocio, 


en  retribución  de  su  beneficio,  no  le  eacandaliceíá 
el  pueblo,  según  fueron  las  primeras  palabras  de 
esta  epístola.» 

Esta  sobredicha  carta  fué  fecha  é  enviada,  del 
Coronista  del  Rey  é  de  la  Reyna  Fernando  del  Pul- 
gar, al  Arzobispo  de  Toledo  Don  Pedro  Carrillo,  des- 
pués que  se  fué  sañoso  de  la  corte,  é  se  juntó  con  la 
liga  de  los  que  querían  meter  al  Rey  de  Portugal, 
al  tiempo  que  ya  el  Rey  y  la  Reyna  del  no  tenían 
esperanza  que  volviese  á  su  corte,  é  por  eso  con  la 
verdad,  se  le  envió  la  carta  tan  ejemplosa  y  lasti- 
mera de  la  corte;  é  parece  que  á  esta  carta  ó  á  otra, 
respondió  por  el  Arzobispo  un  caballero  su  criado 
al  Coronista,  disculpando  al  Arzobispo  é  poniendo 
algunas  razones  por  él,  é  queriendo  hacer  entender 
que  el  Arzobispo  no  haría  cosa  que  no  debiese  con- 
tra el  Rey  y  la  Reyna;  y  en  respuesta  á  aquel  caba- 
llero, el  dicho  Coronista  sin  ningún  temor  y  con 
esperanza  de  la  prosperidad  que  Dios  demostraba 
al  Rey  é  á  la  Reyna,  respondió  al  dicho  caballero  y 
le  envió  la  presente  carta. 

CAPÍTULO  XIII. 

Carta  de  Fernando  de  Pulgar  á  un  caballero  criado  del  Arzobispo 
de  Toledo. 

«Señor:  vuestra  carta  recibí,  por  la  qual  queréis 
relevar  de  culpa  al  Sr.  Arzobispo  vuestro  amo  por 
este  escándalo  nuevo  que  se  sigue  en  el  Reyno  de 
la  gente  que  agora  tiene  junta  en  Alcalá,  y  queréis 
darme  á  entender  que  lo  hace  por  seguridad  de  su 
persona,  y  por  paz  en  el  Reyno,  y  también  decís 
que  ha  miedo  de  yerbas;  para  este  temor  de  las 
yerbas  entiendo  yo  que  será  mejor  atriaca,  que  jen- 
te,  aunque  costaría  menos;  y  quanto  á  la  seguridad 
de  su  persona  y  paz  del  Reyno,  haced  vos,  Señor, 
con  el  Sr.  Arzobispo  que  se  sosiegue  su  espíritu,  y 
luego  holgará  él  y  el  Reyno:  y  por  tanto.  Señor, 
escusada  es  la  ida  vuestra  á  Córdoba,  á  tratar  paz 
con  la  Reyna,  porque  si  paz  queréis,  ahí  la  habéis 
'de  tratar  en  Alcalá  con  el  Arzobispo.  Acabad  vos 
con  su  Señoría  que  tenga  paz  consigo,  y  que  esté 
acompañado  de  jente  de  letras,  como  su  orden  lo 
requiere,  y  no  rodeado  de  armas  como  su  oficio  lo 
defiende;  y  luego  habréis  tratado  la  paz  que  él 
quiere  procurar  y  vos  queréis  tratar.  Con  todo  eso, 
aunque  me  han  dicho  que  el  Doctor  Calderón  ea 
vuelto  á  corte,  plegué  á  Dios,  que  este  Calderón 
saque  paz.  Justo  es  Dios  y  justo  es  su  juicio;  en  ver- 
dad. Señor,  yo  fui  uno  de  los  Calderones  con  que  el 
Rey  Don  Enrique  muchas  veces  envió  á  sacar  paz 
del  Arzobispo,  y  nunca  pudo  sacarla.  Agora  veo 
que  el  Arzobispo  envía  su  Calderón  á  sacar  de  la 
Reyna :  plegué  á  Dios  que  la  concluya  con  Su  Al- 
teza, mejor  que  yo  la  acabé  con  el  Arzobispo.  Pero 
dexando  agora  esto  aparte,  ciertamente,  Señor, 
gran  cargo  habéis  tomado  si  pensáis  quitar  de  car- 
go á  ese  Señor  por  este  nuevo  escándalo  que  agora 
hace,  salvo  si  alegáis  que  el  Beato,  y  Alarcon,  le 
mandaren  de  parte  de  Dios  que  lo  hicieíe ;  y  no  lo 
dudo  que  se  lo  dixesen,  porque  cierto  e«  que  el  Ar-> 


DON  FERNANDO 
/obispó  sirvió  tanto  al  Rey  y  á  la  Reyna  en  los 
principioa  y  tan  bien,  que  si  en  el  servicio  perseve- 
raba, todo  el  mundo  dixera,  que  el  comienzo,  me- 
dio y  fin  de  su  reynar,  había  sido  el  Arzobispo  y 
toda  la  gloria  se  imputara  al  Arzobispo.  Dixo  Dios 
gloriam  meam  al  Arzobispo  non  dabo;  y  para  guar- 
dar para  mí  esta  gloria  que  no  me  la  tome  ningún 
Arzobispo,  permitiré  que  aquellos  Alarcones,  le  di- 
gan que  sea  contrario  al  Rey  y  á  la  Reyna,  y  que 
ayude  al  Rey  de  Portugal  para  les  quitar  este  Rey- 
no,  y  contra  toda  su  voluntad  y  fuerza  lo  daré  á 
esta  Reyna,  que  lo  debe  haber  de  derecho,  porque 
vean  las  gentes  que  quantos  Arzobispos  hay  de  mar 
á  mundo,  no  son  bastantes  para  quitar  ni  poner  Re- 
yes en  la  tierra,  sino  solo  yo  que  tengo  reservada 
la  semejante  provisión  á  mi  tribunal.  Así  que,  Se- 
ñor, esta  via  me  parece  para  escusar  á  su  Señoría, 
pues  que  lo  podéis  autorizar  con  tal  Moisen  y  Aa- 
ron,  como  el  Beato  y  Alarcon.  Con  todo  eso  vi  esta 
semana  una  carta  que  enviaba  á  su  Cabildo,  en  que 
reprende  mucho  á  el  Rey  é  á  la  RejTia  porque  to- 
maron la  plata  de  las  Iglesias,  la  qual  sin  duda  es- 
tuviera queda  en  su  sagrario,  si  él  estuviese  quedo 
en  su  casa.  También  dice  que  fatigan  mucho  el 
Reyno  con  Hermandades,  y  no  ve  que  la  que  da  él  á 
ellos,  caúsala  que  dan  ellos  al  Reyno.  Quéjase  asimis- 
mo porque  favoreció  la  toma  de  Talavera,  que  es  de 
BU  iglesia  de  Toledo,  y  no  se  miembra  que  favore- 
ció la  toma  de  Cantalapiedra,  que  es  de  la  iglesia 
de  Salamanca.  Siente  mucho  el  embargo  de  sus  ren- 
tas, y  no  se  miembra  quántas  ha  tomado  y  toma  del 
Rey,  y  aun  nunca  ha  presentado  el  privilegio  que 
tiene  para  tomar  lo  del  Rey,  y  que  el  Reyno  no 
pueda  tomar  lo  suyo.  Otras  cosas  dice  la  carta  que 
yo  no  consejara  á  su  Señoría  escribir,  si  fuera  su 
escribano,  porque  la  Sacra  Scriptura  manda  que  no 
hable  ninguno  con  su  Rey  papo  á  papo,  ni  ande 
con  él  á  dime  y  dirte  hé.  Dejando  agora  esto  á  par- 
te, mucho  querría  yo  que  tal  señor  como  ese  consi- 
derase que  las  cosas  que  Dios  en  su  presencia  tiene 
ordenadas  para  que  hayan  fines  prósperos  y  dura- 
bles, muchas  veces  vemos  que  han  principios  y 
fundamentos  trabajosos,  porque  quando  vinieren 
al  culmen  de  la  dignidad  hayan  pasado  por  el  cri- 
sol de  los  trabaxos,  y  por  grandes  misterios  ignotos 
de  presente  á  nos,  y  notos  de  futuro  á  él.  La  Sacra 
Scriptura  y  otras  histoíias  están  llenas  de  estos 
exemplos.  Persecuciones  grandes  ovo  David  en  su 
principio,  pero  Jesu  fili  David  decimos.  Grandes 
trabajos  pasó  Eneas  do  vinieron  los  Emperadores 
que  señorearon  el  mundo :  Júpiter,  Hércules,  Rómu- 
lo,  Céres,  Reyna  de  Sicilia,  y  otros  y  otras  muchas; 
á  unos  criaron  ciervos  y  á  otros  lobos,  echados  por 
los  campos;  pero  leemos  que  al  fin  fueron  adorados 
y  se  asentaron  en  sillas  reales,  cuya  memoria  dura 
hasta  hoy.  Y  no  sin  causa  la  ordenación  divina 
quiere  que  aquello  que  luengamente  ha  de  durar, 
tenga  los  fundamentos  fuertes  y  tales,  sobre  que  se 
pueda  hacer  que  la  obra  dure.  Viniendo  ahora,  pues, 
al  propósito,  casó  el  Rey  de  Aragón  con  la  Reyna, 
madre  del  Rey  nuestro  señor,  v  lueco  fué  deslifirf». 


É  DOÑA  ISABEL.  579 

dado  y  desterrado  de  Castilla.  Ovo  este  su  hijo,  que 
desde  su  niñez  fué  guerreado  y  corrido,  cercado, 
combatido  de  sus  subditos  y  de  los  extraños ;  y  su 
madre  con  él  en  los  brazos  huyendo  de  peligro  en 
peligro.  La  Reyna  nuestra  señora  desde  niña  se  le 
murió  el  padre,  y  aun  podremos  decir  la  madre,  que 
á  los  niños  no  es  pequeño  infortunio.  Vínole  el  en- 
tender, y  junto  con  él  los  trabaxosos  cuidados ;  y  lo 
que  mas  grave  se  siente  en  los  reales,  es  mengua 
extrema  de  las  cosas  necesarias ;  sufría  amenazas, 
estaba  con  temor,  vi  via  en  peligro.  Murieron  los 
príncipes  Don  Alfonso  y  Don  Carlos  sus  hermanos; 
cesaron  éstas,  ellos  á  la  puerta  de  su  reynar  y  el 
adversario  á  la  puerta  de  su  Reyno.  Padecían  guer- 
ra de  los  extraños,  rebelión  de  los  suyos,  ninguna 
renta,  mucha  costa,  grandes  necesidades  y  ningún 
dinero,  muchas  demandas,  poca  obediencia.  Todo 
esto  así  pasado  con  estos  principios  que  vimos,  y 
otros  que  no  sabemos.  Si  ese  Señor  vuestro  amo,  les 
piensa  tomar  este  Reyno  como  un  bonete,  y  darlo  á 
quien  se  pagare,  digo,  Señor,  que  no  lo  quiero  creer, 
aunque  me  lo  diga  Alarcon  y  el  Beato.  Mas  querré 
creer  á  estos  misterios  divinos  que  á  esos  pensa- 
mientos humanos;  y  como  para  esto  murió  el  Rey 
Don  Enrique  sin  generación,  y  para  esto  murieron 
el  Príncipe  Don  Carlos  y  Don  Alfonso,  y  para  esto 
murieron  otros  grandes  estorbadores;  para  esto  hizo 
Dios  todos  estos  fundamentos  y  misterios  que  ha- 
bemos  visto,  para  que  disponga  el  Arzobispo  vues- 
tro amo  de  tan  grandes  Reynos  á  la  medida  de  su 
enojo.  De  espacio  se  estaba  Dios  en  buena  fe,  si  ha- 
bía de  consentir  que  el  Arzobispo  de  Toledo  venga 
sus  manos  lavadas,  y  disponga  así  lijeramente  de 
todo  lo  que  él  ha  ordenado  y  cimentado,  de  tanto 
tiempo  á  acá  con  tantos  y  tan  divinos  misterios. 
Hacedme  agora  tanto  placer,  si  deseáis  servir  á  ese 
señor,  que  le  aconsejéis  que  no  lo  piense  así,  y  que 
no  mire  tan  somero,  cosa  tan  honda ;  en  especial  le 
consejad  que  huiga  cuanto  pudiere,  de  ser  causa  de 
divisiones  en  los  Reynos,  como  de  fuego  infernal, 
y  tome  exemplo  en  los  fines  que  han  habido  los  que 
divisiones  han  causado.  Vimos  que  el  Rey  Don  Juan 
de  Aragón ,  padre  del  Rey  nuestro  señor,  favoreció 
algunas  parcialidades  y  alteraciones  en  Castilla ;  y 
vimos  que  permitió  Dios  á  su  hijo  el  Príncipe  Don 
Carlos  que  le  pusiese  escándalo  y  divisiones  en  su 
Reyno.  Y  también  vimos  que  el  hijo  que  las  puso  y 
los  que  le  sucedieron  en  aquellas  divisiones,  murie- 
ron en  el  medio  de  sus  días,  sin  conseguir  el  fruto 
de  sus  deseos.  Vimos  que  el  Rey  Don  Enrique  crió 
y  favoreció  aquella  división  en  el  reyno  de  Aragón, 
y  vimos  que  el  Príncipe  Don  Alfonso  su  hermano 
le  puso  división  en  Castilla,  y  vimos  que  plugo  á 
Dios  de  le  llevar  de  esta  vida  en  su  mocedad  como 
á  instrumento  de  aquella  división.  Vimos  que  el  Rey 
de  Francia  procuró  asimismo  división  en  Inglaterra, 
y  vimos  que  el  Duque  de  Guiana  su  hermano  pro- 
curó división  en  Francia ;  y  vimos  que  el  hermano 
perdió  la  vida  sin  conseguir  lo  que  deseaba.  Vimos 
que  el  Duque  de  Borgoña,  y  el  Conde  de  Barvique, 
V  otrna  muchos  nroouraron  en  los  reynos  de  Incla- 


580 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


térra  y  de  Francia  divisiones  y  escándalos,  y  vimos 
que  murieron  en  batallas  despedazados,  y  no  enter- 
rados. Y  si  queréis  exeraplos  de  la  Sacra  Scriptu- 
ra,  Architofel  y  Absalon  procuraron  división  en 
el  reyno  de  David  y  murieron  ahorcados.  Así  que 
visto  todo  esto  que  vimos,  no  sé  quien  puede  estar 
bien  y  estar  quedo,  y  querer  estar  mal  y  estar  bu- 
llendo.» 

Y  el  Arzobispo  en  este  tiempo  se  aclaraba  cada 
dia  mas  por  el  Rey  de  Portugal  con  los  caballe- 
ros de  la  liga;  é  aun  soberbecido,  se  publicó  que 
decia  que  les  quitaria  el  Reyno,  y  baria  volver  á 
hilar  la  rueca  á  la  Reyna,  como  si  fuera  en  él,  é 
envió  con  los  otros  á  Portugal  su  palabra  á  el  Rey 
Don  Alonso. 

CAPÍTULO  XIV. 
Be  una  carta  que  Fernando  de  Pulgar  escribió  al  Rey  de  Portugal. 

Como  sea  parte  del  oficio  de  los  coronistas  en 
servicio  de  los  Reyes  sus  señores  despedir  epístolas 
en  su  servicio  en  los  tiempos  que  conviene,  para 
saber  lo  que  se  hace  en  otros  reynos,  é  acojer  las 
respuestas  é  tomar  de  ellas  aquello  que  á  su  oficio 
conviene  de  algunas  cosas  hazañosas,  é  haber  conos- 
cimiento  de  los  Reyes  comarcanos,  é  de  bus  coro- 
nistas por  intercesión  de  letras,  para  enjerir  en  las 
crónicas  algunas  cosas  de  las  que  acaecen  en  sus 
tiempos ;  las  de  acullá  acá,  é  las  de  acá  acullá  que 
convienen  por  la  verificación  serán  si  escritas,  é 
con  su  dulce  escribir,  deben  procurar  de  evitar  es- 
cándalos, é  guerras  entre  los  Reyes  y  los  señores  y 
procurar  la  paz,  é  la  concordia  por  epístolas  de  dul- 
ce y  autorizado  escribir. 

El  cronista  del  Rey  é  de  la  Reyna  nuestros  seño- 
res, Fernando  del  Pulgar,  pesándole  mucho  de  los 
impedimentos  y  cosas  que  se  atravesaban,  contra 
el  reyuar  en  Castilla  de  estos  Cathólicos  Reyes,  é  sa- 
bido é  publicado  cómo  los  dichos  caballeros  de  Cas- 
tilla habían  procurado  é  procuraban  meter  al  Rey 
de  Portugal  á  casar  con  la  doncella  Doña  Juana  su 
sobrina,  que  llamaban  la  Princesa  ellos,  é  para  que 
reynase  en  Castilla,  allende  de  otras  muchas  demos- 
traciones é  requerimientos  que  le  f uerotí  fechos,  que 
no  tomase  la  tal  empresa  ni  entrase,  le  envió  la  pre- 
sente epístola. 

CARTA  AL  REY  D.  ALONSO. 

«  Muy  poderoso  Rey  y  Señor :  sabido  hé  la  incli- 
nación que  V.  A.  tiene  de  aceptar  esta  empresa  de 
Castilla  que  algunos  caballeros  de  ella  os  ofrecen  ; 
y  después  de  haber  bien  pencado  en  esta  materia, 
acordó  de  escribir  á  V.  A.  mi  parecer.  Bien  es,  muy 
excelente  Rey  y  Señor ,  que  sobre  cosa  tan  alta  y 
ardua  haya  en  vuestro  consejo  alguna  plática  de 
contradicion  disputable  por  que  en  ella  se  aclare 
lo  que  á  servicio  de  Dios,  y  honor  de  vuestra  coro- 
na real,  bien  y  acrecentamiento  de  vuestros  Rey- 
nos  mas  conviene  seguir.  Y  para  esto,  muy  pode- 
roso Señor,  según  en  las  otras  guerras  santas  dó 
feabeis  seido  victorioso  habéis  hecho,  porque   en 


esta  con  ánimo  limpio  de  pasión  lo  cierto  mejor  se 
pueda  discernir,  mi  parecer  es  que  ante  todas  las 
cosas  aquel  Redemptor  se  consulte  que  vuestras  co- 
sas conseja ,  aquel  se  mire  que  siempre  es  guia, 
aquel  se  adore  y  suplique,  que  vuestras  cosas  y  es- 
tado segura  y  prospera.  Porque  como  quier  que 
vuestro  fin  es  ganar  honra  en  esta  vida,  y  vuestro 
principio  sea  ganar  vida  en  la  otra ;  y  quanto  toca 
á  la  justicia  que  la  Señora  vuestra  sobrina  dice  te- 
ner á  los  Reynos  del  Rey  Don  Enrique,  que  es  el 
fundamento  que  estos  caballeros  de  Castilla  hacen, 
y  aun  lo  primero  que  V.  A.  debe  mirar.  Yo  por 
cierto,  Señor,  no  determino  agora  su  justicia,  pero 
veo  que  estos  que  ¡os  llaman  por  executor  de  ella 
son  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  el  Duque  de  Aréva- 
lo,  los  hijos  del  Maestre  de  Santiago,  y  del  Maestre 
de  Calatrava  su  hermano,  que  fueron  aquellos  que 
afirmaron  por  toda  España,  y  aun  fuera  de  ella  pu- 
blicaron, que  esta  Señora  no  tener  derecho  á  los 
Reynos  de  Don  Enrique ,  ni  poder  ser  su  hija  por  la 
impotencia  esperimentada,  que  de  él  en  todo  el 
mundo,  por  sus  cartas  y  mensajeros  divulgaron  :  y 
allende  de  esto,  le  quitaron  el  título  real,  y  hicieron 
división  en  su  Reyno.  Desearíamos  pues,  saber  co- 
mo hallaron  entonces  esta  Señora  no  ser  heredera 
de  Castilla,  y  pusieron  sobre  ello  sus  estados  en 
condición  ;  y  como  hallaron  agora  ser  su  lejítima 
subcesora,  y  quieren  poner  á  ello  el  vuestro.  Estas 
variedades,  muy  poderoso  Señor,  dan  causa  justa  de 
sospecha,  que  estos  caballeros  no  vienen  á  vuestra 
Señoría  con  celo  de  vuestro  servicio,  ni  menos  con 
deseo  de  esta  justicia  que  publican ;  mas  con  deseo 
de  sus  propios  intereses  que  el  Rey  y  la  Reyna  no 
quisieron,  ó  por  ventura  no  pudieron  cumplir  se- 
gún la  medida  de  su  cobdicia ,  la  qual  tiene  tan 
ocupada  la  razón  en  algunos  hombres ,  que  tentan- 
do sus  propios  intereses  acá  y  allá,  dan  el  derecho 
ageno  dó  hallan  su  utilidad  propia ;  y  debéis  creer, 
muy  excelente  Señor,  que  pocas  veces  vos  sean  fie- 
les aquellos  que  con  dádivas  oviéredes  de  sostener : 
antes  es  cierto,  aquellas  cesantes,  os  sean  deservi- 
dores, porque  ninguno  de  los  semejantes  viene  á 
vos  como  debe  venir ,  mas  como  piensa  alcanzar : 
y  quando  vencido  ya  de  la  instancia  de  ellos,  vues- 
tra real  Señoría  acordase  todavía  aceptar  esta  em- 
presa, yo  por  cierto  dudaría  mucho  entrar  en  aquel 
Reyno  teniendo  en  él  por  ^ayudadores,  y  menos  por 
servidores  los  que  el  pecado  de  la  división  pasada 
hicieron,  y  quieran  agora  de  nuevo  hacer  otra, 
reputándolo  á  pecado  venial ,  como  sea  uno  de  los 
mayores  crímenes  que  en  la  tierra  se  pueden  co- 
meter, y  señal  cierta  de  espíritu  disoluto  y  inobe- 
diente. Por  el  qual  pecado  los  de  Samaria,  que  fue- 
ron causa  de  la  división  del  reyno  de  David,  fueron 
tan  escomulgados ,  que  nuestro  Redemptor  mandó 
á  sus  discípulos,  en  la  provincia  de  Samaria  no 
entréis,  numerándolos  en  el  gremio  de  las  idolatrias, 
y  aun  por  tales  mandó  el  hombre  de  Dios  al  Rey 
Amadas  que  no  juntase  su  gente  con  ellos  para  la 
guerra  que  entró  á  hacer  en  las  tierras  de  Seir ,  y 
en  caso  que  este  Rey  había  traído  cien  mil  de  ello^ 


DON  FERNANDO 
y  pagádoles  el  sueldo ,  los  de^ó,  por  ser  varones  de 
diviaion  y  escándalo,  y  no  osó  envolverse  con  ellos 
ni  gozar  de  su  ayuda  en  aquella  guerra  por  no  te- 
ner irada  la  divinidad ,  la  qual  en  todas  las  cosas, 
y,  en  la  guerra  mayormente  debemos  tener  aplaca- 
da, porque  sin  ella  ninguna  cosa  está,  ningún  sa- 
ber vale,  ningún  trabaxo  aprovecha ;  y  por  tanto 
mirad  por  Dios ,  Señor ,  que  vuestras  cosas  (hasta 
hoy  florecientes)  no  las  envolváis  con  aquellos,  que 
el  derecho  de  los  reynos  que  es  divino,  miran  no 
según  su  validad,  mas  según  sus  pasiones  y  propios 
intereses.  Y  cuanto  á  la  promesa  tan  grande  y  dul- 
ce como  estos  caballeros  os  hacen  de  los  Eeynos  de 
Castilla,  con  poco  trabaxo  y  mucha  gloria,  ocúrre- 
me  un  dicho  de  San  Anselmo  que  dice:  compuesta 
es  y  muy  afeitada  la  puerta  que  convida  al  peligro; 
y  por  cierto  ,  Señor,  no  puede  ser  mayor  afeita- 
miento  ni  compostura  de  la  que  estos  vos  presen- 
tan. Pero  yo  hago  mas  cierto  el  peligro  de  esta  em- 
presa, que  cierto  el  efecto  de  esta  promesa  :  lo  pri- 
mero, porque  no  vemos  aquí  otros  caballeros  sino 
estos  solos,  y  estos  no  dan  seguridad  ninguna  de 
BU  lealtad  ;  y  caso  que  haya  otros  secretos  que  afir- 
man aclararse,  los  tales  no  piensan  tener  firme  como 
deben,  mas  temporizar  como  suelen ,  para  declinar 
á  la  parte  que  la  fortuna  se  mostrase  mas  favora- 
ble. Lo  segundo,  porque  dado  que  todos  los  mas  de 
los  grandes,  y  de  las  ciudades  y  villas  de  Castilla, 
como  estos  prometen,  vengan  luego  á  vuestro  obe- 
diencia, no  es  duda  según  la  parentela  que  el  Rey 
tiene,  que  muchos  caballeros  y  grandes  señores  y 
ciudades  y  villas,  se  tengan  por  él  y  por  la  Reyna, 
á  los  quales  así  mesmo  los  pueblos  son  muy  aficio- 
nados, porque  saben  ella  ser  hija  cierta  del  Rey  Don 
Juan,  y  su  marido  hijo  natural  de  la  casa  Real  de 
Cfistilla;  y  la  Señora  vuestra  sobrina,  hija  incierta 
del  Rey  Don  Enrique,  y  que  vos  la  tomáis  por  mu- 
jer, de  lo  qual  no  pequeña  estima  se  debe  hacer, 
porque  la  voz  del  pueblo  es  voz  divina,  y  repugnar 
lo  divino  es  querer  con  flaca  vista  vencer  los  fuer- 
tes rayos  del  sol.  Eso  mismo ,  porque  vuestros  sub- 
ditos nunca  bien  se  compadecieron  con  los  castella- 
nos, y  entrado  V.  A.  en  Castilla  con  título  de  Rey 
podría  ser  que  las  enemistadas  y  discordias  que  en- 
tre ellos  tienen,  y  de  que  estos  hacen  fundamento, 
á  vuestro  reynar  todas  se  saneasen  contra  vuestra 
gente,  por  el  odio  que  antiguamente  entre  ellos  es. 
Lo  otro,  por  que  en  tiempo  de  división,  así  á  vos  de 
vuestra  parte,  como  al  Rey  y  á  la  Reyna  de  la  suya, 
converná  dar  y  prometer,  rogar  y  sufrir  á  todos 
porque  no  muden  el  partido  que  tuvieren,  para  se 
juntar  con  la  parte  que  mas  largamente  con  ellos 
se  oviera.  Así  <iue,  Señor,  pasaríades  vuestra  vida 
sufriendo ,  y  dando  y  rogando ;  que  es  oficio  de 
snbjecto,  y  no  reynando  y  mandando,  que  es  el  fin 
que  vos  deseáis  y  estos  caballeros  prometen.  Tor- 
nando agora,  pues,  á  hablar  en  la  justicia  de  la  Se- 
ñora vuestra  sobrina,  yo,  muy  alto  Rey  y  Señor, 
de  esta  justicia  dos  partes  hago ,  una  es  esta  que 
vosotros  los  reyes  y  príncipes ,  y  vuestros  oficiales 
por  cosas  probadas  mandáis  executar  en  vuestras 


E  DONA  ISABEL.  58Í 

tierras,  y  á  esta  conviene  preceder  prueba  y  decla- 
ración ,  antes  que  la  execucion ,  porque  de  otra  ma- 
nera, mal  se  cumpliría  aquel  común  hablar  de  loa 
letrados,  que  el  Juez  debe  sentenciar  conforme  á 
lo  alegado  y  probado,  y  es  injusta  sentencia  conde- 
nar sin  oír  las  partes,  si  no  fuese  en  rebeldía.  Otra 
justicia  es  la  que  por  juicio  divino,  por  pecados  á 
nosotros  ocultos  vemos  ejecutar ,  veces  en  las  per- 
sonas propias  de  los  delincuentes  y  en  sus  bienes, 
veces  en  los  bienes  de  sus  hijos  y  sucesores,  así  co- 
mo hizo  al  Rey  Roboan  hijo  del  Rey  Salomón,  cuan- 
do de  doce  partes  de  su  reyno,  luego  reynando  per- 
dió las  diez.  No  se  lee ,  pues ,  Roboan  haber  cometido 
público  pecado  hasta  estonce  por  dó  los  debiese 
perder ;  y  como  juntase  gente  de  su  reyno  para  co- 
brar lo  que  perdía,  Semey,  profeta  de  Dios,  le  dijo 
de  su  parte  :  Está  quedo,  no  pelees,  no  es  la  volun- 
tad divina  que  cobres  esto  que  pierdes  ;  y  como 
quiera  que  Dios,  ni  hace  ni  permite  hacer  cosa  sin 
causa,  pero  el  profeta  no  gelo  declaró ,  porque  tan 
honesto  y  comedido  es  nuestro  Señor,  que  aun  des- 
pués de  muerto  el  Rey  Salomón,  no  le  quiso  deshon- 
rar ni  á  su  hijo  avergonzar  declarando  los  pecados 
ocultos  del  padre,  porque  le  plugo  que  el  sucesor 
perdiese  estos  bienes  temporales  que  perdía.  En  la 
Sacra  Scriptura,  y  aun  en  otras  historias  auténticas, 
hay  de  esto  asaz  exemplos  ;  mas  porque  no  vamos  á 
cosas  muy  antiguas  y  peregrinas,  este  vuestro  reyno 
de  Portugal,  á  la  Reina  Doña  Beatriz,  hija  heredera 
delRey  Don  Fernando  y  mujer  del  Rey  Don  Juan  de 
Castilla,  pertenecía  de  derecho  público  ;  pero  plugo 
al  otro  juicio  de  Dios  oculto  ,  darlo  al  Rey  vuestro 
abuelo,  aunque  bastardo  y  profeso  de  la  orden  de 
Cistel ;  y  porque  este  oculto  juicio  este  Rey  Don 
Juan  quiso  repugnar,  cayeron  aquella  multitud  de 
castellanos  que  en  la  de  Aljubarrota  sabemos,  y  es 
notorio  ser  muertos.  De  derecho  claro  pertenecían 
los  Reynos  de  Castilla  á  los  hijos  del  Rey  Don  Pe- 
dro ;  pero  vemos  que  por  virtud  del  juicio  de  Dioa 
oculto,  los  poseen  hoy  los  descendientes  del  Rey  Don 
Enrique  su  hermano,  aunque  bastardo.  Y  si  quiere 
V.  A.  exemplos  modernos ,  ayer  vimos  el  reyno  de 
Inglaterra  que  pertenecía  al  Príncipe  hijo  del  rey 
Don  Enrique,  y  vemos  hoy  poseer  pacífico  al  Rey 
Eduarte,  que  mató  al  padre  y  al  hijo.  Y  como  quier 
que  vemos  claros  de  cada  día  estos  y  semejantes 
efectos,  ni  somos  ni  podemos  ser  acá  jueces  de  sus 
causas,  en  especial  de  los  Reyes,  cuyo  juez  es  Dios 
que  los  castiga,  veces  en  sus  personas  y  bienes,  ve- 
ces en  la  sucesión  de  los  hijos  según  la  medida  de 
sus  yerros.  San  Agustín  en  el  libro  de  la  Ciudad  de 
Dios,  dice  :  ¿  el  juicio  de  Dios  oculto  puede  ser  iní- 
quo  ?  no ,  que  sabemos  es  muy  excelente  Rey  y  Se- 
ñor. Si  el  Rey  Don  Enrique  cometió  en  su  vida  algu- 
nos graves  pecados  por  dó  tenga  Dios  deliberado  eu 
su  juicio  secreto  disponer  de  sus  Reynos  en  otra 
manera  de  lo  que  la  Señora  vuestra  sobrina  espera, 
y  estos  caballeros  procuran,  según  hizo  á  Roboan  y 
á  los  otros  que  he  declarado  ya  á  vuestra  Señoría. 
De  los  pecados  públicos  se  dice  del,  que  en  la  admi- 
nistración de  la  justicia  (  que  es  aquella  por  dó  loa 


582 

Beyes  reynan)  fué  tan  negligente  que  sus  reynos 
vinieron  en  total  corrupción  y  tiranía ;  de  manera 
que  antes  de  muchos  dias  que  falleciese,  todo  quasi 
el  poderío  y  autoridad  real  le  era  envanescido.  Todo 
esto  considerado ,  querría  saber  quién  es  aquel  de 
sano  entendimiento  que  no  vea  quan  difícil  le  sea 
esto  que  á  V.  A.  hacen  fácil,  y  esta  guerra  que  di- 
cen pequeña,  quanto  sea  grande  y  la  materia  de  ella 
peligrosa,  en  la  qual  si  algún  juicio  de  Dios  oculto 
hay  por  dó  V.  A.  repugnándolo  oviese  algún  sinies- 
tro, considerad  bien,  Señor,  quán  grande  es  el  aven- 
tura en  que  ponéis  vuestro  Estado  real,  y  en  quán- 
ta  obscuridad  vuestra  fama,  que  por  lo  grande  de 
Dios,  por  todo  el  mundo  relumbra.  Allende  de  esto, 
de  necesario  ha  do  haber  quemas ,  robos ,  muertes, 
adulterios,  rapiñas,  destrucciones  de  pueblos  y  de 
casas  de  oraciones,  sacrilegios,  el  culto  divino  pro- 
fanado, la  religión  apostatada,  y  otros  muchos  es- 
tragos y  roturas  que  de  la  guerra  surten.  También 
vos  converná  sufrir  y  sostener  robos  y  robadores,  y 
hombres  criminosos  sin  castigo  ninguno  ,  y  agra- 
viar los  ciudadanos  y  hombres  pacíficos,  que  es  ofi- 
cio de  tiranos  y  no  de  Key ;  y  vuestro  reyno  entre 
tanto  no  será  libre  de  estos  infortunios,  porque  en 
caso  que  los  enemigos  no  le  guerreasen ,  vos  será 
forzado  con  tributos  grandes  y  continuos ,  y  servi- 
dumbres premiosas  para  la  guerra  necesarias,  fati- 
gásedes  de  manera  que  procurando  una  justicia  co- 
metiérades  muchas  injusticias.  Allende  de  esto, 
vuestra  Real  persona  que  por  la  gracia  de  Dios  está 
agora  quieta ,  es  necesario  que  se  altere ;  vuestra 
conciencia  sana,  es  por  fuerza  que  se  corrumpa  ;  el 
temor  que  tienen  vuestros  subditos  al  vuestro  man- 
dato, es  necesario  que  se  afloje ;  estáis  quieto  de 
molestias,  es  cierto  que  habréis  muchas ;  estáis  li- 
bre de  necesidades,  metéis  vuestra  persona  en  tan- 
tas y  tales ,  que  por  fuerza  os  harán  subdito  de 
aquellos ;  que  la  libertad  que  agora  tenéis  os  hace 
Bey  y  Señor.  Y  porque  conozco  quanto  cela  vuestra 
alta  Señoría  la  limpieza  de  vuestra  excelente  fama, 
quiero  traer  á  vuestra  memoria  como  ovistes  envia- 
do vuestra  embaxada  á  demandar  por  mujer  á  la 
Beyna ;  también  es  notorio  quantas  veces  en  vida 
del  Rey  Don  Enrique  vos  fué  ofrecida  por  mujer  la 
Señora  vuestra  sobrina,  y  no  vos  plugo  de  lo  aceptar, 
por  que  se  decía  vuestra  conciencia  real  no  se  sa- 
near bien  del  derecho  de  sucesión.  Pues  considerad 
agora  esta  mudanza,  sin  preceder  causa  pública  por- 
que lo  debáis  hacer  ,  quien  no  habrá  razón  de  pen- 
sar que  halle  agora  derecha  sucesora  á  vuestra  so- 
brina, no  porque  lo  sea  de  derecho,  mas  porque  la 
Beyna  que  demandasteis  por  mujer  contrajo  antes 
el  matrimonio  con  el  Rey  su  marido,  que  con  vos 
que  la  demandasteis,  y  habría  lugar  la  sospe- 
cha de  cosas  indebidas,  contrarias  y  mucho  á  las 
virtudes  insignes  que  de  vuestra  persona  Real ,  por 
todo  el  mundo  están  divulgadas ;  y  soy  maravilla- 
do de  los  que  hacen  fundamento  de  este  Reyno  quo 
vos  dan,  en  la  discordia  de  los  caballeros  y  gentes 
de  él,  como  si  fuese  imposible  la  reconciliación  en- 
tre ellos,  y  conformarse  contra  vuestras  gentes.  Po- 


CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DB  Vi<3ASTILLA. 


demos  dech '  Poy  cierto,  muy  alto  Señor,  que  el  que 
esto  no  ve  es,  ciego  del  entendimiento ,  y  el  que  lo 
ve  y  no  lo  dícx '  es  desleal.  Guardad,  Señor,  no  sean 
estos  consejeros  los  que  consejan,  no  según  la  recta 
razón,  mas  según  la  voluntad  del  Príncipe  ven  in- 
clinada ;  y  poitanv<^o>  ™uy  alto  y  poderoso  Rey  y 
Señor,  antes  que  ést».^  guerra  se  comience,  se  debe 
mucho  mirar  la  entradiv" »  porque  principiar  guerra, 
quien  quiera  ic  puede  ha.«er;  salir  de  ella  no,  sino 
como  los  casos  de  h  forttmx'  «e  ofrecieren ,  los  qua- 
les  son  tan  varios  y  pdigrosí»,  <1"®  Estados  Reales 
y  grandes  no  se  les  deben  comet&í '  ^}^  grande  y  ma- 
dura deliberación,  y  á  cosas  muy  jv^stas  y  ciertas.» 

CAPÍTULO  XV  (1). 

Desque  el  Arzobispo  de  Toledo  se  declaró  pOk"  ^^ 
Bey  de  Portugal,  muchos  caballeros,  criados  suyos 
fijosdalgo,  fueron  muy  pesantes  de  ello  y  muy  maV 
contentos  de  él ;  de  los  quales  fueron  López  Váz- 
quez, su  fijo,  é  su  hermano  el  Conde  de  Buendia,  & 
Gómez  Manrique,  é  Hurtado  de  Luna,  los  quales 
siempre  mucho  se  lo  estorbaron  é  contradixeron, 
poniéndole  delante  la  vergüenza,  é  los  muchos  da- 
ños é  inconvenientes  que  de  aquel  trasmudarse  con- 
vernian,  é  diciéndole  como  quería  contradecir  lo 
que  siempre  había  afirmado  estos  Reynos  justamen- 
te ser  de  la  Reyna,  é  venirle  por  justo  título,  é  se 
los  ayudó  á  dar  é  entregar  este  dia  que  la  alzaroa 
por  Reyna ,  é  eso  mesmo  les  otorgó  é  dio  su  voz  d&, 
ello  al  Rey  Don  Fernando  su  marido  cuando  fué  ea 
lo  alzar  por  Rey  de  ellos,  de  que  en  él,  é  ellos  espe- 
raban muchas  mercedes ;  é  ni  con  esto,  ni  con  otras; 
muchas  razones  ni  afrentas  que  le  presentaron,, 
nunca  lo  pudieron  volver  de  sus  intereses  é  mal  pro- 
pósito. E  desque  esto  vieron  los  caballeros  susodi- 
chos, siguiendo  la  lealtad  que  á  su  Rey  debían,  é  la 
nobleza  de  donde  venian,  se  despidieron  del  é  de  su 
servicio,  é  se  pusieron  con  el  Bey  Don  Fernando  é 
con  la  Beyna  Doña  Isabel  á  venir ,  é  siguiendo  su, 
servicio  de  allí  en  adelante.  E  ansi  como  estos  nobles; 
caballeros  había  en  casa  del  Arzobispo  que  le  acon- 
sejaban bien ,  había  otros  á  quien  él  daba  su  crédito 
que  le  aconsejaban  mal  en  la  contra  de  estos  otros 
con  dañadas  autoridades,  así  como  eran  Alarcon,  al- 
quimista mayor  su  mayordomo  é  privado,  é  sus  se- 
quaces ,  al  qual  dicho  Alarcon,  después  de  hecha  la 
guerra,  el  Bey  Don  Fernando  permanente  victorioso 
fizo  degollar  en  Toledo  en  Zocodover,  é  lo  degolla- 
ron sobre  una  espuerta  de  paja  tendida  por  mas  bal- 
don  según  su  gran  merecimiento,  ca  se  halló  ser 
muy  traidor  al  Bey,  é  á  la  Beyna  muy  contrario. 

CAPÍTULO  XVI. 

Como  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  determinó  entrar  en  Castilla. 

Muchas  embaxadas  fueron  y  vinieron  de  los  ca- 
balleros de  Castilla  de  la  liga  de  la  Señora  Doña 


(1)  Falta  el  epígrafe  de  este  capitulo  en  los  manuscritos  quehe^ 
mos  tenido  á  la  vista  y  en  las  ediciones  de  Granada  y  Sevilla. 


DON  FERNANDO 
Juana,  particulares  y  generales,  al  Rey  Don  Alonso 
de  Portugal,  convidándole  con  ella  para  casar,  é 
con  Castilla  para  reynar,  afirmándole  venir  los  Rey- 
nos  por  subcesion  del  Rey  Don  Enrique  su  padre. 
É  el  Rey  Don  Alonso,  resistido  todo  buen  consejo, 
é  todo  buen  pensamiento  precediente  del  Espíritu 
Santo,  encendido  en  el  pecado  de  la  cobdicia,  ovo 
de  aceptar  el  partido ,  de  lo  qual  mucho  pesó  á  los 
caballeros  de  su  reyno  que  deseaban  su  servicio  é 
BU  honra,  porque  sabian  el  caso  no  ser  á  él  conve- 
nien-.e  aceptarlo  ;  los  quales  mucho  se  lo  estorbaron 
é  puáeron  delante  mirase  en  quánto  trabajo  é  iu- 
eonveiientes  é  peligro  quería  poner  su  persona  é 
Reync ,  en  aceptar  de  entrar  en  Castilla  á  reynar, 
para  la  haber  de  conquistar  por  armas ;  é  nunca  le 
pudieron  hacer  mudar  el  concebido  propósito.  Pues 
de  la  parte  del  Rey  é  de  la  Reyna ,  no  creáis  que 
quedó  de  le  molestar,  y  rogar  y  requerir  de  parte  de 
DioÉ  que  no  entrase  en  Castilla,  ni  creyese  el  conse- 
jo de  los  que  se  la  prometían ,  haciéndole  saber  el 
taso  muy  por  estenso,  desde  el  comienzo  hasta  el  ñn, 
le  cómo  la  Señora  su  sobrina  nótenla  aquella  justi- 
cia que  le  decian  á  los  Reynos,  lo  qual  él  bien  sabia, 
é  siempre  resistió  el  consejo  de  los  embaxadores  del 
Rey  é  de  la  Reyna.  É  de  un  cabo  molestado,  reque- 
rido é  rogado  en  Castilla ;  é  del  otro  comunicado  é 
llamado  á  ella  ;  de  un  cabo  ciego  de  la  gran  cobdi- 
cia ;  de  otro  muy  turbado  de  los  inconvenientes  y 
peligros  que  delante  le  presentaban  que  le  podrían 
venir,  no  sabia  de  sí  que  hacer,  é  deliberó  de  enviar 
cartas  y  presentes  á  la  mayor  parte  de  los  caballe- 
ros de  Castilla  que  no  estaban  en  su  liga ,  é  prosi- 
guió esto  presentándoles  el  título  como  él  quería 
casar  con  la  hija  del  Rey  Don  Enrique,  cuya  era 
Castilla ,  que  lo  oviesen  por  bien ,  é  lo  recibiesen ,  é 
les  faria  muchas  mercedes ;  é  envióles  á  cada  uno, 
Begun  quien  era ,  muchos  cruzados  de  oro,  é  muchas 
tazas  é  piezas  de  plata  labrada ,  pensando  que  los 
que  recibiesen  no  le  faltarían,  é  ellos,  asi  los  de 
Castilla  como  los  de  Andalucía,  ó  la  mayor  parte 
de  ellos,  recibieron  lo  que  les  envió,  con  intención 
algunos  de  le  servir,  otros  de  estar  á  viva  quien 
vence ,  y  en  tanto  no  le  ofender.  Otros  con  inten- 
ción de  le  dar  guerra  con  su  mesmo  dinero,  ansi 
como  fizo  el  Duque  de  Alba  Don  García,  que  era  ca- 
sado con  tia,  hermana  de  la  madre  del  Rey  Don  Fer- 
nando ;  y  ovo  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  tal 
atrevimiento,  que  le  envió  gran  suma  de  cruzados, 
no  mirando  lo  que  mirar  debia,  que  de  tal  pariente 
antes  se  debiera  mucho  de  guardar ,  y  este  recibió 
con  que  después  le  hizo  la  guerra,  y  este  publicó  la 
embazada  en  tiempo  debido ,  y  la  intención ,  é  lo 
mostró  por  obra  é  así  ficieron  otros.  E  de  ellos  le 
enviaron  sus  cartas  firmadas,  é  de  ellos  su  palabra 
en  la  qual  el  Rey  Don  Alonso  gastó  muy  gran  suma 
de  oro,  é  desque  entendió  que  tenia  á  su  sf^rvicio  la  " 
mayor  parte  de  Castilla,  aceptó  el  casamiento,  é 
deliberó  en  venir  en  ella  á  reynar  si  pudiese.  É  fué 
concertado  entre  él  é  los  caballeros  que  lo  metieron, 
en  tiempo  y  lugar,  é  dónde  é  cómo  se  oviese  de  ce- 
lebrar el  matrimonio. 


É  DOÑA  ISABEL. 


583 


CAPÍTULO  XVII. 

La  entrada  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  en  Castilla. 

El  primer  año  del  reynado  del  Rey  Don  Fernando 
y  de  la  Reyna  Doña  Isabel  su  mujer,  en  el  quinto 
año  del  pontificado  del  Papa  Sixto  IV  en  el  mes  de 
Mayo  del  año  del  nacimiento  de  nuestro  Salvador 
Jesuchristo  de  1475  años,  entró  en  Castilla  el  Rey 
Don  Alonso  de  Portugal  en  título  de  Rey  de  ella, 
con  tres  mil  é  quinientos  de  á  caballo,  é  muchísima 
gente  de  pié  de  guerra,  é  vino  á  Plasencia  donde  le 
aguardaban  los  caballeros  de  Castilla  que  le  metían 
con  la  Señora  Doña  Juana  su  sobrina,  Reyna  que  de- 
cian de  Castilla ,  para  celebrar  el  matrimonio  con 
ella  y  allí  le  ficieron  muy  honrado  recibimiento;  é  fi- 
cieron un  cadahalso  muy  alto  émuy  ricamente  ador- 
nado donde  todos  los  de  la  ciudad  le  podian  ver.  É 
á  25  días  de  Mayo,  día  de  la  fiesta  del  Corpus  Chris- 
ti.  Jueves,  subieron  allí  al  dicho  Rey,  y  á  la  dicha 
Señora  Doña  Juana  su  sobrina,  é  á  vista  de  todos  los 
desposó  un  Obispo,  é  luego  allí  los  alzaron  por  Rey- 
na é  Rey  de  Castilla  é  León ,  con  todos  los  otros  tí- 
tulos de  Castilla  ;  é  dijeron:  Castilla,  Castilla,  por  el 
Rey  Don  Alonso ,  é  por  la  Reyna  Doña  Juana  su 
mujer,  tocando  muchas  bastardas  é  instrumen- 
tos de  música  é  atabales.  Desde  este  dia  comen- 
zó de  arder  Castilla  otra  vez ,  como  quando  en  vida 
del  Rey  Don  Enrique  alzaron  por  Rey  á  su  herma- 
no Don  Alonso :  quidquid  agat  omnes,  intentio  indicat 
omnes  :  la  intención  de  aquellos  señores  que  lo  me- 
tieron ,  Dios  lo  supo  si  fué  por  la  lealtad  que  debían, 
6  si  fué  por  asegurar  lo  que  tenían  de  la  Corona  Real, 
porque  el  Rey  Don  Fernando  no  les  quiso  confir- 
mar ;  ca  ellos  eran  en  aquel  tiempo  los  mas  grandes 
é  mas  poderosos  de  toda  Castilla,  é  el  Duque  de  Aré- 
valo ,  Conde  de  Béjar,  Señor  de  Plasencia  Don  Al- 
varo de  Stúñiga,  puesto  caso  que  era  ya  muy  viejo, 
tenia  á  Arévalo  y  su  tierra  ,  y  tenia  á  Burgos,  é  el 
Maestradgo  de  Alcántara,  é  poco  menos  toda  la  tier- 
ra de  Estremadura,  é  todas  sus  tierras  é  Señoríos ,  é 
otras  cosas  harto  bien  pacificadas  ó  á  su  servicio  é 
mandar;  é  no  es  dubda  estar  el  mayor  de  los  caba- 
lleros de  Castilla  con  lo  susodicho  ,  é  con  sus  hijos 
y  parientes;  é  el  Arzobispo  de  Toledo,  Don  Alonso 
Carrillo  que  era  el  mayor  prelado  de  España,  que  es 
la  segunda  casa  de  renta  de  Castilla,  tenia  muchas 
tierras,  ciudades,  é  villas ,  é  castillos  suyos  y  de  la 
corona  real ;  é  el  Marqués  de  Villena ,  á  quien  habia 
quedado  en  guárdala  Señora  Doña  Juana,  tenia  á 
BU  mandar  mas  villas  é  castillos  que  ningún  grande 
de  todo  el  Reyno,  ó  no  habia  otro  mayor  que  él ,  é 
se  intitulaba  estonce  Maestre  de  Santiago  é  Duque 
de  Truxillo ;  é  el  Maestre  de  Alcántara,  que  era  muy 
gran  Señor,  é  el  Duque  de  Ureña  su  hermano  eso 
mesmo ;  é  de  estos  pendía  la  mayor  parte  de  Casti- 
lla ;  é  ovo  otros  muchos  que  aclamaron  antes  que  el 
Rey  Don  Alonso  llegase.  Asimesmo  Alonso  Carrillo, 
Señor  deMaquedaé  Castañeda,  Señor  del  Portillejo 
é  de  las  Calañas  é  Pareja  ,  Adelantado  de  Galicia, 
Juan  de  Ulloa ,  Alcayde  de  Toro  é  Mariscal  de  Za- 


684 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


mora,  el  Conde  de  Valencia,  é  otros  muchos,  de- 
jando los  que  estaban  de  callada,  con  los  que  le  fa- 
cían muy  gran  parcialidad  al  Rey  Don  Alonso ;  é  él 
pensó  que  con  ellos  sojuzgaría  á  Castilla.  E  como 
nuestro  Señor  sabe  las  intenciones  é  aficciones  de 
cada  uno  de  los  hombres,  permite  que  cada  uno  sea 
sojuzgado  según  su  intención;  el  que  mala  intención 
tiene ,  que  sea  juzgado  para  pena  de  tormento ;  el 
que  buena,  que  sea  juzgado  para  ver  gloria;  é  sobre 
todo  él  es  justo  juez  y  juzga  derecho ,  é  á  él  es  á 
dar  los  reynos  á  cuyos  son ,  é  le  place  de  los  dar ;  el 
qual  no  judició  según  el  querer  de  estos  poderosos 
caballeros  é  de  este  Rey,  ni  según  sus  intenciones 
donde  pareció  no  ser  buenas,  ni  les  proveyó  cosa 
alguna  de  lo  que  deseaban,  según  adelante  se  dirá. 

CAPÍTULO  XVIII. 
Prosigue  lo  que  hizo  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  en  Castilla. 

Movió  el  Rey  Don  Alonso  su  hueste,  é  partió  de 
Plasencia,  é  fué  la  vía  de  tierra  de  Campos,  requi- 
riendo á'los  Alcaydes,  le  entregasen  las  villas  é  cas- 
tillos por  do  iba;  é  de  ellos  decían  :  andad.  Señor, 
adelante,  que  esto  es  todo  vuestro,  é  de  ellos,  se  las 
daban,  y  otros  se  le  defendían;  y  siguió  su  vía  has- 
ta la  ciudad  de  Toro,  é  Zamora ,  é  llegado,  luego  se 
le  entregaron,  que  estaban  por  él ,  y  asentó  su  esta- 
da por  allí  algún  tiempo,  que  tenía  mucha  parte  de 
villas  é  castillos  por  cerca  de  aquella  ribera  de  Due- 
ro, é  allí  llegó  muy  gran  gente  para  si  necesario  le 
fuese  haber  batalla. 

En  este  tiempo  el  Rey  Don  Fernando  allegó  muy 
grande  hueste  de  gente  en  el  mes  de  Julio  del  di- 
cho año  de  1475.  É  estando  el  Rey  Don  Alonso  en 
Toro,  le  puso  el  real  á  una  legua  de  Toro  en  una  al- 
dea llamada  Temules;  donde  juntó  mas  de  treinta 
mil  hombres,  en  que  decían  haber  mas  de  diez  mil 
de  á  caballo,  é  la  gente  de  á  pié  eran  de  ellos  muy 
gran  parte  Vizcaínos,  y  Asturianos,  y  Montañeses 
que  en  demasiada  manera  amaban  á  el  Rey  Don 
Fernando,  allí  se  juntaron  con  los  Grandes  de  Cas- 
tilla que  tenían  de  su  parte  al  Duque  de  Nájera ,  el 
Duque  de  Alba  Don  García,  el  Conde  de  Haro,  el 
viejo,  Condestable  de  Castilla,  el  Almirante  de  Cas- 
tilli,  é  su  hermano  ;  el  Adelantado  de  Andalucía,  el 
Duque  del  Infantado ,  Marqués  de  Santíllana,  Don 
Alonso  de  Aragón,  hermano  bastardo  del  Rey  Don 
Fernando,  Maestre  de  Calatrava  que  estonce  se  lla- 
maba Duque  de  Villahermosa ,  que  era  muy  esfor- 
zado caballero  é  de  muy  gran  consejo  para  la  guer- 
ra, el  primero  que  metió  robadequines  en  Castilla ; 
la  gente  del  Marqués  de  Astorga,  que  tenia  en  ad- 
ministración Don  Luis  Osorio,  Capitán  que  después 
fué,  é  guarda  de  Alhama,  é  después  Obispo  de 
Jaén ,  que  era  tutor  del  Marqués  de  Astorga  que 
era  niño  ;  é  el  Obispo  de  Sigüenza ,  Don  Pero  Gon- 
zález de  Mendoza,  que  fué  después  Arzobispo  de 
Sevilla,  é  después  Arzobispo  de  Toledo  é  Cardenal 
de  España,  é  otros  muchos.  E  allí  estando  un  día  en 
el  consejo,  en  una  iglesia  del  dicho  lugar  Temules, 
el  Rey  y  los  caballeros  muy  gran  pieza  del  día,  salió 


sonido  por  el  real  entre  la  gente  de  á  pié,  que  \o¿ 
caballeros  querían  prender  al  Rey,  é  allegáronse  los 
Vizcaínos  y  Montañeses,  y  otros  muchos  con  ellos 
todos  armados,  á  pié  é  alborotados ,  é  fueron  á  la 
puerta  de  la  iglesia  del  consejo  á  voces  ;  dad  acá  á 
á  nuestro  Rey ,  dad  acá  á  nuestro  Rey ;  é  fué  muy 
gran  turbación  en  el  real,  y  el  Rey  salió  á  la  puerta 
de  la  iglesia  para  que  le  viesen ,  diciendo :  heme 
aquí,  hermanos,  no  temáis  que  ninguno  me  hay»  de 
hacer  traycion ,  que  todos  estos  caballeros  son  mis 
parientes  y  leales  vasallos ,  y  otras  muchas  coses  por 
los  apaciguar,  é  nunca  con  ellos  pudo  hasta  que  lo 
sacaron  de  la  iglesia,  y  lo  llevaron  consigo  á  si  real 
E  después  de  haber  estado  allí  el  real  algunos  diae. 
visto  que  el  Rey  Don  Alonso  no  quiso  salir  á  pilean 
ó  no  osó ,  y  que  el  cerco  para  no  estar  sobre  él  en 
muy  peligroso  é  muy  gastoso,  el  Rey  Don  Feraan' 
do  dejó  sus  guarniciones  bien  ordenadas  é  biea  re- 
partidas á  donde  convenia,  é  volvióse  á  Medina,  dé. 
Campo,  y  dende  fué  luego  á  poner  cerco  sobre  Biír- 
gos  que  estaba  de  la  parte  del  Rey  de  Portugal  per 
el  Duque  de  Arévalo,  é  dióse  luego  la  ciudad,  y  tú- 
vose la  fortaleza  cerca  de  nueve  meses,  estando  po? 
Alcayde  de  ella  Don  Juan  Sarmiento,  hermano  de 
Obispo  de  Burgos  Don  Luís  de  Acuña. 

CAPÍTULO  XIX. 

Prosiguen  los  sucesos  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal 
en  Castilla. 

Supo  el  Rey  Don  Alonso  estando  en  Toro ,  cómo 
el  Rey  Don  Fernando  había  puesto  el  cerco  á  Bur- 
gos, é  partió  de  Toro  con  toda  su  hueste  para  ir  en 
socorro,  é  fué  por  Arévalo  é  estuvo  allí  algunos  dias| 
y  de  allí  salieron  un  día  el  Conde  de  Pharo  é  Don 
Alvaro  su  hermano ,  portugueses ,  con  cierta  gente 
de  caballos,  é  ovieron  batalla  con  el  Conde  de  C¡- 
f  uentes  con  el  qual  se  encontraron,  que  era  la  par- 
te del  Rey  Don  Fernando,  é  pelearon,  é  fué  desba- 
ratado el  Conde  de  Cífuentes  é  su  gente  ,  é  los  por- 
tugueses volvieron  á  Arévalo  con  victoria,  é  des- 
pués de  esto  partió  el  Rey  Don  Alonso  de  Arévalo, 
é  con  él  el  Marqués  de  Víllena ,  Maestre  de  Santia- 
go é  Duque  de  Trujillo,  que  todos  llamaban ,  é  el  Ar- 
zobispo de  Toledo,  é  otros  muchos  caballeros  para 
ir  á  Peñafiel,  é  supo  que  el  Conde  de  Benavente  Don 
Pedro  Pímentel  estaba  en  una  villa  suya  que  lla- 
maban Saltanas,  que  es  llana  y  estaba  toda  barrea- 
da de  tapias  para  según  el  tiempo;  é  fué  sobre  él,  é 
cercóle  la  villa ,  é  combatióla ,  é  tomóla  ;  é  entró«6 
por  la  parte  que  el  Marqués  de  Víllena  combatía ,  ó 
prendieron  al  Conde  de  Benavente ,  el  qual  salió  á 
pié  fuera  de  la  villa  á  besar  la  mano  al  Rey,  é  se  !a 
dio,  é  el  Rey  durmió  allí  aquella  noche  ;  é  otro  día 
llevó  consigo  al  Conde  preso,  el  qual  le  dio  en  rehe- 
nes por  sí  por  ser  suelto,  tres  ó  quatro  villas,  é  á  su 
hijo  Don  Luís  ;  é  las  villas  fueron  Portillo,  é  VíUal- 
va,  é  Mayorga ;  é  el  Rey  fué  de  allí  á  Peñafiel  que 
es  del  Conde  de  Urefia,  que  estaba  por  él ;  y  no  osó 
dende  pasar  á  socorrer  á  Burgos,  porque  supo  de 
los  grandes  favores  y  grandes  gentes  que  se  allega- 


DON  FERNANDO 
ban  y  recibian  á  el  Rey  Don  Fernando,  y  volvióse  á 
Arévalo,  y  dende  á  Toro  y  Zamora,  y  por  allí,  ribera 
de  Duero  hacia  su  estado,  y  hacia  Cantalapiedra  que 
estaba  por  él,  é  quitó  á  García  de  Malo  que  la  tenia, 
y  puso  por  Alcayde  á  Alonso  Pérez  de  Vivero,  fijo , 
ó  nieto  del  Contador  que  mató  1 1  Maestre  Don  Al- 
varo de  Luna ;  y  á  este  la  tomó  después  el  Rey  Don 
Fernando.  De  la  prisión  del  Conde  de  Benavente ,  é 
rehenes  que  en  el  dicho  viaje  acaecieron ,  muy  gran 
sospecha  se  causó  y  publicó  diciendo  que  era  todo 
hechizo,  y  que  el  Conde  como  era  muy  sagaz  y  dis- 
creto, conoció  el  tiempo,  y  quiso  mañosamente  con- 
tentar á  ambas  partes,  de  lo  qual  después  se  le  si- 
guió mucho  provecho ;  lo  interior  de  su  intención  él 
lo  supo. 

CAPÍTULO  XX. 

De  Burgos. 

Tuvo  el  Rey  Don  Fernando  cercado  el  castillo  de 
Burgos  ocho  ó  nueve  meses,  «n  que  le  dieron  muchos 
y  muy  grandes  combates  de  lombardas ,  é  tiros  de 
pólvora ,  é  quartagos  é  ingenios,  é  ponían  en  el  cer- 
co muy  gran  recabdo,  é  algunas  veces  quando  pen- 
saban los  cercadores  que  en  mas  estrecho  ^tenían  á 
los  cercados,  les  mostraban  de  dentro  perdices,  na- 
ranjas y  otras  cosas.  En  fin  en  tanto  estrecho  les 
pusieron ,  que  se  ovieron  de  dar  á  merced  del  Rey 
con  algunos  partidos  en  que  el  Rey  los  tomó,  y  man- 
dó ahorcar  muchos  é  degollar  otros  ,  en  que  luego 
ahorcaron  é  degallaron  veinte  y  nueve  hombres ,  é 
después  otros  muchos;  é  esto  fué  en  tiempo  de  ocho 
6  nueve  meses  que  duró  el  cerco ;  é  se  vino  á  tomar 
el  año  de  1476  en  el  mea  de  Febrero.  En  este  tiem- 
po no  cesaban  guerras,  robos ,  rapiñas ,  muertes, 
peleas  entre  caballeros,  fuerzas  en  los  pueblos  ó  en 
los  campos,  é  injusticia,  é  sacrilegios  de  poca  hon- 
ra, que  cataban  á  las  iglesias  y  clerecía  por  toda 
Castilla.  Ca  ardía  su  fuego  entre  las  parcialidades , 
é  entre  muchos  ladrones  cosarios  que  andaban  con 
la  voltoria  del  tiempo,  é  no  hacían  sino  robar,  nom- 
brándose de  la  parte  que  se  les  antojaba ,  ó  según 
vían  el  tiempo  ó  el  lugar  en  que  se  hallaban,  é  vian 
que  les  convenia  donde  no  eran  conoscídos.  E  asi 
mismo  todas  las  fronteras  de  Portugal  ardían  en  vi- 
vas llamas  de  robos ,  y  hurtos  y  cautiverios  que  los 
castellanos  de  la  parte  del  Rey  Don  Fernando  é 
otros  muchos  ladrones  hacían  en  tanto  grado,  que 
de  las  camas  los  sacaban  de  noche  de  los  lugares,  y 
los  traían  cautivos  á Castilla,  á  ellos  é  á  sus  fijos,  é 
haciendas,  é  ganados ;  de  ^onde  procedió  despoblar- 
se muchos  lugares  de  la  frontera  entre  Portugal  y 
Castilla,  también  de  Castilla  como  de  Portugal,  y  se 
tuian,  é  metían  los  Reynos  adentro. 

CAPÍTULO  XXI. 

De  Castronufio  y  Cantalapiedra. 

De  Castronufio  y  Cantalapiedra,  que  fueron  dos 
fortalezas  muy  proveídas  de  ladrones  é  malos  hom- 
bres, é  do  hombres  que  habían  gana  de  ganar,  ro- 


É  m^A  ISABEL.  585 

bando  é  faciendo  la  guerra,  fué  de  donde  mas  daños 
se  recibieron  en  Castilla,  en  las  tierras  reales  de 
parte  del  Rey  Don  Fernando.  Castronufio  era  muy 
fuerte  fortaleza  ribera  de  Duero,  y  era  del  Prior  do 
San  Juan  llamado  Valenzuela,  que  era  criado  y  muy 
servidor  del  Rey  Don  Enrique;  y  en  el  tiempo  de 
sus  guerras  y  trabajos  que  ovo  cuando  alzaron  por 
Rey  al  Rey  Don  Alonso  su  hermano  en  Castilla,  la 
tomó  é  se  alzó  con  ella  por  el  Rey  Don  Alonso  un 
ladrón  mal  hombre  llamado  Pedro  de  Mendaño,  fijo 
de  un  hombre  zurrador,  vecino  dePardínas,  aldea 
del  Obispado  de  Salamanca,  que  fué  muy  valiente 
en  su  oficio  de  robar,  y  matar  y  hacer  la  guerra, 
uno  de  los  que  el  tiempo  de  las  guerras  crió;  el  qual 
triunfó  tanto  y  creció  desde  allí,  que  todas  las  tier- 
ras de  las  comarcas  le  tenían  é  habían  miedo  en 
damasiada  manera.  É  desque  falleció  el  Rey  Don 
Alonso,  nunca  ovo  disposición  de  tiempo  para  le 
sacar  de  allí ;  é  al  tiempo  que  falleció  el  Rey  Don 
Enrique  quedó  el  criado  gusano  inficionado,  grueso 
y  poderoso  verdugo  para  aquella  tierra,  que  allega- 
ba cada  vez  que  quería  quinientos  é  seiscientos  de 
á  caballo,  é  peones  quantos  quería,  con  que  sojuz- 
gaba á  Medina  del  Campo,  á  Valladolid,  é  á  Toro,  ó 
á  Zamora,  é  á  Salamanca  é  á  todas  sus  tien-as  é  lu- 
gares, que  nunca  le  faltaron  en  aquellos  tiempos 
otros  de  su  condición ;  é  algunos  caballeros  de  los 
grandes,  lo  habían  en  dicha  tenerlo  por  amigo,  é 
otros  lo  querían  mal  é  les  pesaba  de  tan  gran  subida 
como  había  subido,  por  ser  de  tan  baxa  suerte,  é 
por  haber  rapiñado ;  é  por  la  disposición  del  tiempo 
no  se  curaban  de  poner  con  él  en  armas ;  é  algunos 
pueblos,  é  personas  particulares  é  muchas,  se  le 
ofrecían  con  servicios  porque  no  les  robase  é  ficíeso 
mal.  É  el  Duque  de  Alba  Don  García  que  estonces 
era,  se  puso  un  tiempo  á  lo  castigar,  é  con  la  mala 
disposición  del  tiempo  de  guerras  ó  vueltas  no  pudo, 
ca  lo  halló  mucho  poderoso  para  estonce;  ca  él  tenía 
siete  fortalezas  muy  cerca  unas  de  otras  en  ribera 
de  Duero;  ca  él  tenía  á  Castronufio,  é  á  Navares,  ó 
á  Cubillos,  é  á  Iglesias  é  otra  fortaleza  en  la  ribera; 
é  tenía  á  San  Cristóbal,  é  á  Rabe,  é  tenía  en  todas  ó 
en  cada  una  de  ellas  su  Alcayde,  todos  rufianes  é 
ladrones,  é  muy  malos  hombres.  Estas  siete  acoxi- 
das  tenía  el  Alcayde  de  Castronufio,  é  aun  otras  de 
tierras  de  sus  amigos,  de  donde  salía  á  hacer  mil 
saltos  é  robos  en  todas  aquellas  comarcas;  é  al  tiem- 
po que  falleció  el  Rey  Don  Enrique  é  comenzaron 
de  reynar  el  Rey  y  la  Reyna,  no  siguió  su  partido 
porque  no  le  confirmaron  é  dieron  lo  que  tenía  hur- 
tado é  robado,  como  hicieran  otros  que  siguieran  su 
partido,  si  les  dieran  lo  de  la  corona  real  que  tenían 
robado  é  por  fuerza. 

Mas  como  aquellos  que  entran  á  reynar,  é  sojuz- 
gar, é  cobrar  lo  perdido  como  reyes  de  la  tierra,  é 
no  á  ser  sujetos  de  nadie,  é  entraban  á  ser  temidos 
y  no  á  temer,  no  quisieron  dar  por  precio  de  suje- 
ción lo  que  era  suyo,  ni  sojuzgarse  á  nadie,  como 
hizo  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal,  que  porque 
fuesen  con  él  les  confirmó  é  mandó  lo  que  tenian,  é 
mas  que  no  tenian,  y  por  esto  este  Alcayde  de  Cas- 


586 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


tronufio  siguió  la  via  y  parcialidad  del  Rey  de  Por- 
tugal. 

En  Cantalapiedra  ovo  dos  Alcaydes  en  aquel 
tiempo :  el  primero  fué  García  de  Meló  que  quitó  el 
Rey  de  Portugal  quando  por  allí  fué,  é  puso  á  Alón" 
Bo  Pérez  de  Viveros ;  é  los  capitanes  que  de  allí  fa- 
cían la  guerra  á  el  Rey  Don  Fernando  eran  Chris- 
tóbal  Bermudez,  é  Juan  de  Tobar,  Señor  de  Cívico 
é  de  la  Torre,  caballeros  de  Castilla,  los  quales  ha- 
cían asaz  daños,  y  á  las  veces  los  recibían,  y  á  las 
veces  algunos.  Y  después  algunos  de  ellos  fueron 
degollados  por  mandado  del  Rey  Don  Fernando, 
que  fueron  piesos  en  una  batalla;  é  como  quiera 
que  acaeciese  en  aquel  tiempo  siempre  avian  vic- 
toria, é  llevaban  ventaja  los  del  Rey  Don  Fernan- 
do sobre  sus  contrarios. 

CAPÍTULO  XXII. 

De  como  se  ganó  á  Zamora. 

Zamora  se  tomó  en  esta  manera.  Era  Alcayde  de 
la  puerta  un  ciudadano  llamado  Valdés,  y  estando 
en  propósito  de  dar  entrada  al  Rey  Don  Fernando, 
el  Rey  Don  Alonso  supo  alguna  cosa  de  ello  y  en- 
vióle á  llamar  y  vino  á  la  ciudad,  y  díxole  lo  que 
de  él  le  habían  dicho ;  y  él  mostró  de  aquello  senti- 
miento, y  pidió  por  merced  al  Rey  que  quisiese 
tomar  las  llaves  de  la  puente,  y  el  Rey  confiado  se 
las  dejó  y  no  trató  por  estonce  de  mas ;  y  este  Val- 
dés fizo  un  baluarte  luego  detrás  de  las  puertas  de 
la  torre  de  la  puente,  y  el  Rey  le  volvió  enviar  á 
llamar  aquella  noche,  y  dijo  que  no  era  hora,  y  tor- 
nóle á  enviar  á  llamar,  y  dijo  estonce  :  á  fuera,  á 
fuera,  Femando,  Fernando;  y  el  Rey  le  mandó  dar 
muy  gran  combate  aquella  noche  y  poner  fuego  á 
las  puertas,  donde  le  mataron  los  de  la  torre  mucha 
gente  de  la  mas  honrada  que  allí  traia,  en  que  des- 
pués de  quemadas  las  puertas  vieron  el  baluarte,  é 
vieron  que  era  imposible  tomárselas,  é  dexaron  el 
combate ;  é  desto  el  Rey  Don  Alonso  fué  muy  tris- 
te, é  temió  estar  en  la  ciudad,  y  otro  día  partióse  para 
Toro,  y  dexó  muy  buen  recaudo  en  la  fortaleza ;  y 
estonce  Valdés  y  Pedro  Mazarego,  otro  caballero 
de  la  ciudad,  enviaron  por  socorro  á  las  guarnicio- 
nes é  valias  del  Rey  é  de  la  Reyna  mas  cercanas,  é 
una  noche  metieron  en  la  ciudad  tanta  quanta  gen- 
te quisieron,  que  nunca  fué  sentida,  é  tomaron  la 
ciudad,  la  qual  estaba  de  buena  gana  de  se  dar  al 
Rey  Don  Femando;  é  allí  robaron  é  despojaron  á 
todos  los  portugueses  que  pudieron,  y  todos  los  de 
la  valia  del  Rey  Don  Alonso  fueron  á  la  fortaleza 
por  donde  pudieron.  Luego  pusieron  cerco  á  la  for- 
taleza las  guarniciones  del  Rey  y  de  la  Reyna ;  é 
Valdés  é  Pedro  Mazarego  que  ficieron  este  concier- 
to, escribieron  al  Rey  y  á  la  Reyna  lo  que  era  fe- 
cho, é  que  no  tardasen  de  les  venir  á  socorrer. 


CAPIffüLO  XXITÍ. 

Del  desbarato  y  rompimiento  del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal. 

El  Rey  Don  Alonso,  desque  supo  que  la  gente  del 
Rey  Don  Fernando  estaba  en  la  ciudad,  vino  luego 
desde  Toro  con  gran  gente,  y  con  el  Príncipe  de 
Portugal  Don  Juan  su  hijo,  que  Rey  de  Portugal 
se  llamaba,  y  el  Duque  de  Guimarans,  y  el  Condes- 
table su  hermano,  y  otros  muchos  caballeros  portu- 
gueses, y  el  Arzobispo  de  Toledo,  y  Alonso  Carrillo 
Señor  de  Maqueda  su  sobrino,  y  otros  muchos  ca- 
balleros castellanos,  é  asentó  su  real  sobre  Zamora, 
de  cabo  del  rio,  en  manera  que  el  rio  Duero  estaba 
en  medio  del  real  y  de  la  ciudad;  y  de  allí  lombar- 
deó  las  torres  de  la  puente ;  estuvo  allí  con  fasta 
tres  mil  é  quinientos  de  á  caballo  é  mas;  é  con  fas- 
ta cinco  mil  peones  quince  días.  En  tanto  vino  el 
Rey  Don  Fernando,  é  entró  en  Zamora  con  la  gente 
que  pudo,  é  cercó  mejor  la  fortaleza,  é  ansí  estaban 
ambos  reales  el  rio  en  medio.  É  desque  el  Rey  Don 
Alonso  vido  que  no  podía  socorrer  la  fortaleza  de 
Zamora,  ni  facer  cosa  en  su  honra,  levantó  su  real 
é  fuese  orilla  del  rio  arriba  la  via  de  Toro,  é  echó 
el  fardaje  é  el  peonaje;  é  el  Príncipe  su  hijo  é  los 
otros  caballeros,  ordenaron  sus  batallas  atrás,  é  co- 
menzaron el  viaje  con  fasta  tres  mil  é  quinientos 
de  á  caballo  poco  más  ó  menos  que  allí  tenían. 
Otros  decían  que  alzó  el  real  por  temor,  que  supo 
que  venían  grandes  gentes  en  socorro  del  Rey  Don 
Fernando.  Y  como  el  Rey  Don  Fernando  sintió  que 
se  querían  ir,  mandó  prestamente  alistar  toda  la 
gente  que  allí  tenía,  y  fizo  muy  aina  con  mucha 
madera  adobar  lo  quebrado  de  la  puente,  é  pasó  en 
pos  del  Rey  Don  Alonso  fasta  dos  mil  é  quinientos 
de  á  caballo  é  cinco  mil  peones,  poco  mas  ó  menos, 
é  ordenadas  sus  batallas,  llevando  la  delantera  Don 
García  de  Toledo  Duque  de  Alba  con  una  gruesa 
batalla  de  caballeros,  con  dos  capitanes  caballeros 
sus  parientes,  casados  con  dos  sobrinas  suyas,  el  uno 
era  Don  Alonso  de  Fonseca,  Señor  de  Alahejos  é 
Coca,  y  el  otro  Pedro  Dávila,  Señor  de  Villaf ranea 
é  las  Navas.  Siguió  el  Rey  Don  Alonso  orilla  del 
Duero  arriba  camino  de  Toro,  é  alcazáronlo  á  doa 
leguas  de  Toro  é  tres  de  Zamora,  é  aquí  era  muy 
tarde ;  y  el  Rey  Don  Alonso  é  sus  batallas,  desque 
vieron  la  gente  é  que  no  se  pedia  escusar  la  batalla, 
ordenadas  sus  haces,  se  vinieron  á  encontrar  con 
las  batallas  del  Rey  Don  Fernando ;  y  el  Duque  de 
Alba  rompió  por  medio  con  su  gruesa  batalla,  é  des- 
barató mucha  gente  y  derribó  de  los  contrarios ;  y 
estonce  los  reyes  ambos  rompieron  con  sus  batallas 
é  pelearon  muy  fuertemente  de  ambas  partes,  y  al 
fin  el  Rey  Don  Alonso  fué  vencido  é  desbaratado, 
é  mucha  de  su  gente  muerta  é  ahogada  en  el  rio.  E 
su  fijo  el  Príncipe  de  Portugal  quedó  con  una  grue- 
sa batalla  de  caballeros  á  una  parte  encima  de  un 
cabezo,  que  nunca  osó  romper,  donde  cogió  muchos 
de  los  que  iban  desbaratados  de  la  pelea;  é  el  Rey 
Don  Alonso  escapó  de  la  batalla  huyendo  con  ocho 
de  á  caballo,  é  fué  esa  noche  á  aportar  á  Castronu- 


DON  FEBNANDO 
fio  que  estaba  por  él,  donde  le  acogieron.  Esta  ba- 
talla se  comenzó  muy  tarde  y  llovía,  y  peleando  le 
cerró  la  noche,  que  si  de  dia  fuera,  muy  mayor  daño 
hubiera  de  muertes  de  gentes.  Murieron  en  el  rio 
ahogados  muchos  del  Rey  Don  Alonso,  que  los  atro- 
pellaron  las  batallas  del  Rey  Don  Fernando  é  facían 
caer  dentro,  é  otros  por  huir ;  é  como  era  orilla  del 
río  no  se  podía  escusar ;  y  entre  pelea  y  ahogados 
en  el  rio,  á  lo  que  se  pudo  saber,  murieron  mil  é 
doscientos  hombres  de  la  parte  del  Rey  Don  Alon- 
so, pocos  mas  ó  menos,  en  que  ovieron  gran  despo- 
jo é  presa  el  Rey  Don  Fernando  é  los  suyos,  de  ca- 
ballos, é  armas,  é  prisioneros,  é  oro,  plata,  é  ropa  y 
otras  muchas  cosas.  Fué  muerto  en  esta  batalla  el 
Alférez  del  Rey  Don  Alonso,  é  desarmado  é  tomado 
ti  pendón  real,  el  qual  con  el  arnés  del  dicho  Alfé- 
rez, é  con  otras  muchas  banderas  que  allí  se  toma- 
ron, fué  traído  á  Toledo  é  puesto  en  la  capilla  de 
los  Reyes  donde  está  hasta  hoy,  é  estará  para  me- 
moria. Fué  aquella  noche  preso  el  Conde  de  Alba 
de  Liste  Don  Enrique,  hermano  del  Almirante  vie- 
jo que  iba  en  la  batalla  del  Rey  Don  Fernando,  é 
Bíguió  el  alcance  fasta  Toro,  y  allá  lo  prendieron, 
y  era  hombre  de  mas  de  sesenta  años,  é  después  sa- 
lió por  rescate.  E  la  gente  del  Rey  Don  Fernando 
ovo  muy  poco  daño  de  muertes  de  hombres.  Esta 
batalla  fué  primero  dia  de  Marzo,  primero  viernes 
de  quaresma,  año  del  nacimiento  de  Nuestro  Salva- 
dor Jesuchristo  de  1476  años.  Vencida  la  batalla, 
vueltos  del  alcance  los  que  le  siguieron,  la  gente 
del  Rey  Don  Fernando,  así  peones  como  caballe- 
ros, cojieron  el  campo  é  toda  la  presa  que  allí  ©vie- 
ron delante  del  Príncipe  de  Portugal,  que  no  se 
movió  nunca  aquella  noche  de  encima  de  un  cerro, 
fasta  que  á  la  media  noche  el  Rey  Don  Fernando 
ee  partió,  cojida  su  jente  con  la  presa  á  Zamora. 
Estonce  el  Príncipe  de  Portugal  se  partió  para  Toro, 
La  Reyna  Doña  Isabel  estaba  en  este  medio  tiempo 
en  Tordesillas,  é  lo  supo  en  poco  espacio.  Así  vol- 
vió el  Rey  Don  Fernando  á  Zamora  con  mucha 
honra  vencedor,  é  fizo  qüenta  que  en  aquella  noche 
Nuestro  Señor  le  había  dado  á  toda  Castilla.  En 
esta  batalla  se  falló  con  él  Don  Pedro  González  de 
Mendoza,  Obispo  de  Sigüenza,  Arzobispo  de  Toledo 
que  después  fué,  é  le  sirvió  mucho  é  peleó  con  el 
roquete  sobre  el  arnés.  Fué  este  día  de  este  venci- 
miento dia  de  San  Alvin  Confesor,  del  qual  se  ha- 
cia en  Castilla  fiesta  menor  de  tres  liciones,  y  el 
Rey  y  la  Reyna  mandaron  desde  este  dia  honrar 
BU  fiesta  é  facer  mayor  de  nueve  liciones  é  segunda 
dignidad,  como  se  face  hoy. 

CAPÍTULO  XXIV. 

Victoria  de  los  Vizcaínos  contra  los  Franceses. 

Cerca  de  este  tiempo,  reynando  en  Francia  el  Rey 
Iiuis,  tenía  con  el  Rey  Don  Alonso,  é  por  le  van- 
dear,  envió  gran  gente  de  Francia  franceses  sobre 
Fuenterrabía,  é  la  tuvieron  cercada,  é  hicíéronle 
gran  guerra  por  la  tomar,  para  pasar  por  allí  en 
Castilla.  E  los  vizcaínos  se  dieron  á  buen  recaudo 


É  DOÑA  ISABEL.  587 

en  muchas  veces  que  pelearon  defendiendo  la  vHla, 
é  siempre  quedaban  con  honra ;  é  un  dia  hubieron 
una  muy  gran  pelea  é  batalla,  é  los  franceses  fue- 
ron vencidos  é  desbaratados,  é  muchos  de  ellos 
muertos  é  presos,  é  los  vizcaínos  fueron  vencedo- 
res. E  después  el  Rey  Don  Fernando  tomó  la  for- 
taleza de  Zamora,  é  después  de  la  batalla  habida 
con  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal,  fué  á  visitar  á 
Vizcaya  donde  fué  recibido  con  muchas  alegrías 
que  le  amaban  mucho,  é  estuvo  allá  favoreciendo 
los  vizcaínos  é  reformando  la  tierra  algunos  días. 
E  quedaron  la  Reyna  é  Don  Alonso  de  Aragón  her- 
mano del  Rey  en  tierra  de  Campos  favoreciendo 
su  partido,  é  aliñando  de  poner  cercos  á  los  con- 
trarios. 

CAPÍTULO  XXV. 

Como  el  Rey  Don  Alonso  se  volvió  i  Portugal. 

El  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  desque  se  vido 
vencido  é  gastado,  é  que  no  le  habían  acudido  en 
Castilla  según  pensó,  é  se  vído  con  pocos  dineros 
é  poco  favor,  é  vido  que  en  demasiada  manera  cre- 
cía el  favor  del  Rey  Don  Femando,  é  como  le  ha- 
bía tomado  á  Burgos  y  á  Zamora,  é  vido  que  de 
grado  se  le  daban  muchas  villas  é  lugares,  conside- 
ró no  ser  segura  su  estada  en  Castilla;  é  dejando 
BUS  Alcaydes  é  guarniciones  se  fué  á  Portugal,  don- 
de con  mucha  tristeza  é  lloro  de  los  suyos  fué  reci- 
bido él  y  el  Príncipe  Don  Juan  su  hijo,  quedando 
el  fuego  de  la  guerra  en  Castilla  encendido.  E  lue- 
go como  salió  de  Castilla,  el  Rey  Don  Fernando 
puso  el  cerco  á  Toro  é  túvolo  cercado  fasta  que 
tomó  la  ciudad  é  fortaleza,  la  qual  se  tomó  por  par- 
tido ocho  meses  después  de  la  batalla,  en  el  mes  de 
Noviembre  del  dicho  año  de  1476  años.  En  el  qual 
dicho  cerco  se  dieron  muchos  combates  ó  ovo  mu- 
chas cosas  de  contar,  especialmente  se  dio  un  gran 
combate  á  la  ciudad  por  mandado  de  la  Reyna,  en 
que  fueron  en  lo  dar  el  Conde  de  Benavente,  é  el 
Almirante,  é  el  Obispo  de  Avila  que  después  fué 
Obispo  de  Cuenca,  é  Don  Fadrique  Manrique  her- 
mano del  Conde  de  Paredes  é  otros.  E  diéronse  á 
tal  recaudo  los  de  la  ciudad,  é  ficieron  tanto  daño 
en  los  combatientes,  que  se  ovo  de  dejar  el  comba- 
te ;  é  dejado,  proveyeron  poner  en  el  cerco  buen 
recaudo  fasta  que  todo  lo  tomaron ,  como  dicho  es. 
Y  no  penséis  que  solo  este  cerco  en  este  tiempo 
tenia  el  Rey  Don  Fernando,  que  tenia  otros  mu- 
chos cercos  sobre  villas  y  castillos,  que  seria  luen- 
go de  escribir,  que  tenia  cercados  á  Castronuño,  á 
Cantalapiedra,  Siete  Iglesias,  CubíUas  é  otros  cas- 
tillos que  tenía  el  Alcayde  de  Castronuño,  ó  otros 
caballeros. 

CAPÍTULO  XXVI. 

Como  se  tomó  la  ciudad  de  Toro. 

Por  que  fué  gran  llave  el  cerco  de  Toro  para  la 
concordia  de  Castilla,  quiero  aclarar  mejor  cómo  se 
tomó.  Debéis  saber  que  dende  á  pocos  días  después 


68? 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILlA. 


de  la  batalla,  ido  el  Rey  Don  Alonso  á  Portugal,  el 
Rey  Don  Fernando  hizo  poner  guarnición  é  cerco  á 
la  ciudad  de  Toro  en  esta  manera.  Puso  guarnición 
en  San  Román  de  Ornija,  é  á  dos  leguas  de  Toro,  é 
en  Villar,  é  en  Bezames,  que  son  lugares  de  su  co- 
marca, que  la  corrían  cada  dia,  é  no  osaba  salir  na- 
die de  ella.  E  escaláronla  una  noche,  por  el  aviso 
y  consejo  de  un  hombre  llamado  Bartolomé  Pastor, 
por  la  parte  del  rio;  é  abrieron  la  puerta  de  la 
puente  los  escaladores  por  de  dentro  la  gente  de  la 
celada ;  é  un  capitán  de  las  guarniciones  llamado 
Espinosa  tuvo  la  forma  del  concierto  con  el  dicho 
Bartolomé  Pastor.  E  desque  la  gente  comenzó  de 
entrar,  entraron  por  la  ciudad  hasta  la  plaza;  é 
como  fueron  sentidos,  los  de  la  ciudad  comenzaron 
de  pelear  é  trabajar  por  los  votar  fuera;  y  eso  mes- 
mo  f acian  los  de  la  fortaleza,  é  nunca  pudieron,  é 
la  cüudad  se  hinchó  de  gente  del  Rey  Don  Fernan- 
do, y  estonce  arrojáronse  á  la  fortaleza  los  que  pu- 
dieron. Y  el  Conde  de  Marial va,  portugués,  que  es- 
taba por  Capitán  é  Gobernador  de  aquella  ciudad, 
salió  huyendo  fuera,  é  fuese  á  meter  en  Villa  Alon- 
so, un  lugar  é  fortaleza  de  Juan  de  üUoa;  é  la  mu- 
jer de  Juan  de  üUoa,  Alcayde  de  Toro,  quedó  en  la 
fortaleza  de  Toro  con  ochenta  escuderos,  é  cercó 
luego  la  gente  del  Rey  Don  Fernando  la  fortaleza, 
é  túvola  treinta  dias,  y  en  cabo  de  este  tiempo  dio- 
so á  el  Rey  é  á  la  Reyna  á  partido,  estando  la  Rey- 
na  en  el  cerco. 

CAPÍTULO  XXVII. 

De  como  el  Rey  Don  Alonso  faé  á  Francia  á  demandar  socorro  al 
Rey  Luis,  é  no  se  lo  dio. 

Pasados  algunos  pocos  de  dias,  después  que  el 
Rey  Don  Alonso  salió  de  Castilla,  como  dicho  es, 
estando  en  Portugal,  ordenó  ir  á  demandar  favor  y 
ayuda  al  Rey  de  Francia,  quedando  su  Rey  el  fijo 
el  Príncipe  Don  Juan,  alzado  é  titulado  por  Rey  de 
Portugal;  y  estuvo  en  Francia  con  el  Rey  Luis,  el 
qual  no  le  acudió,  ni  dio  favor  según  remaneció ;  é 
lo  que  aJlá  entre  ellos  pasó,  no  se  supo,  y  después 
de  haber  estado  allá  algunos  dias  en  Francia  se 
volvió  á  Portugal.  Y  después  que  salió  de  Castilla 
en  Portugal,  pasó  un  año  poco  mas  6  menos,  y  el 
Rey  Don  Juan  su  fijo,  le  volvió  el  reyno  é  titulo,  y 
ansí  estuvieron  ambos  en  el  reyno  como  padre  é  fi- 
jo, é  la  Reyna  Doña  Juana  que  de  Castilla  llevó, 
que  él  intituló  de  Reyna  para  se  casar  con  ella,  á  la 
qual  decían  que  nunca  ovo  aceso,  é  la  fizo  guardar 
en  Portugal  hasta  que  él  fué  en  este  reyno  según 
adelante  se  dirá. 

En  todo  este  torno  de  tiempo,  siempre  había  cruel 
guerra  en  Castilla  é  Portugal ,  é  las  parcíaKdades; 
é  tenia  el  Rey  Don  Fernando  diversos  cercos  pues- 
tos á  sus  contrarios,  é  siempre  los  portugueses  eran 
vencidos  las  mas  veces,  é  robados,  é  muertos,  é  des- 
trozados ellos  y  los  de  sus  valías.  Ca  los  castella- 
nos se  iban  á  ellos  como  vencedores  á  vencidos, 
é  de  favorecidos  á  desfavorecidos;  é  sacaban  gran- 


des cabalgadas  de  Portugal,  é  tanto  que  todas  \&é 
fronteras  de  Portugal  eran  yermas  y  despobladas, 

CAPÍTULO  XXVIII. 

De  la  toma  de  Castronuño,  é  de  como  se  dieron  al  Rey  Don  Fer- 
nando muchas  ciudades,  villis  y  lugares,  é  pusieron  debajo  de 
su  obediencia  á  toda  Castilla  la  Vieja  el  Rey  y  la  Reyna,  y  los 
contrarios  le  vinieron  á  demandar  clemencia. 

Castronuño  fué  la  primera  fortaleza  que  el  Rey 
Don  Femando  tomó  en  aquella  tierra ,  é  túvola  cer- 
cada el  Rey  Don  Fernando  desde  el  principio  que 
le  comenzaron  á  cercar  fasta  que  se  tomó,  once  me- 
ses; en  que  la  combatieron  con  las  lombardas  fasta 
que  no  habia  que  derribar;  donde  murieron  muchos 
hombres  de  los  cercadores,  y  de  los  de  dentro  tam- 
bién. Y  en  cabo  de  ocho  meses  de  cerco  puesto  en 
forma ,  que  no  salia  uno  ni  entraba  otro ,  se  dieron 
á  partido  los  cercados  y  se  fueron  á  Portugal ;  y  el 
Rey  Don  Fernando,  tomada  la  fortaleza,  la  fizo  der- 
ribar é  asolar  toda  por  el  suelo.  É  antes  de  esto  to- 
mó á  Cantalapiedra  en  dos  meses  de  cerco,  é  á  Siete 
Iglesias ,  y  Cubillas,  y  Rabe  ,  y  á  San  Christobal  éá 
las  otras  fortalezas  que  tenia  el  Alcayde  de  Castro- 
nuño. É  para  que  mejor  podáis  saber  en  que  año 
fué  cada  cosa ,  es  así  que  el  Rey  Don  Fernando  to- 
mó la  fortaleza  de  Burgos  año  de  1476  en  el  mes  de 
Febrero  ;  en  este  mismo  tiempo  y  año  se  le  dio  Za- 
mora, é  vino  luego  de  Burgos  á  la  favorecer,  é  vino 
el  Rey  de  Portugal  desde  Toro  á  cercarlo  á  él  é  á  la 
ciudad  por  el  cavo  del  rio,  y  estuvo  ende :  y  el  pri- 
mer dia  de  Marzo  de  dicho  año  de  1476 ,  se  iba  del 
cerco,  é  aquel  dia  fué  la  batalla,  y  dende  á  pocos 
dias  se  fué  en  Portugal ,  y  luego  se  pusieron  lag 
guarniciones  é  cercos  sobre  otros  muchos  castillos, 
ansí  como  Cantalapiedra,  é  Castronuño  é  otros.  Em- 
pero tomado  Toro  se  pusieron  en  forma ,  y  tomóse 
Cantalapiedra  y  los  otros,  y  quedó  Castronuño,  y 
pusiéronle  el  cerco  en  forma ,  fasta  que  se  tomóf 
como  dicho  es,  é  vínose  á  tomar  en  el  verano  del 
año  de  1477  años. 

Habidas  estas  victorias  tantas  por  el  Rey  Don 
Fernando  é  por  la  Reyna  Doña  feabel  su  mujer,  lue- 
go ovo  muchas  vueltas  en  los  corazones  de  los  hom- 
bres ,  y  gran  esfuerzo  en  los  de  su  parcialidad,  muy 
gran  tristeza  y  desmayo  en  sus  contraríos,  élos  que 
de  palabra  se  le  habían  ofrecido,  de  hecho  lo  venían 
á  servir,  é  los  que  esperaban  á  viva  quien  vence,  im- 
pedidos de  los  cruzados  del  Rey  Don  Alonso,  con 
todas  sus  fuerzas  se  le  presentaban  y  servían.  En 
este  medio  tiempo  se  le  dio  Madrid  que  le  teolan  cer- 
co, é  se  le  dio  Atienza,  y  se  dio  Villena  con  la  ma- 
yor parte  dd  marquesado,  y  otras  muchas  ciudades 
é  villas  é  lugares  que  tenían  los  caballeros  de  Casti- 
lla, de  ellos,  de  sus  patrimonios  é  señoríos,  é  de  eHos, 
de  la  corona  real.  En  este  tiempo  ordenaron  é  ficie- 
ron  Hermandades  el  Rey  y  la  Reyna,  en  tal  manera 
que  ficieron  mucha  gente  de  á  caballo  que  les  paga- 
ban las  Hermandades,  é  ficieron  muchas  lombardas, 
mas  de  las  que  tenían  é  muchos  tiros  de  pólvora,  de 
diversas  maneras,  é  muchos  robadequines.  Visto 


DON  FERNANDO 
por  loB  Graneles  de  Castilla  que  á  la  opinión  con- 
traria habían  tenido ,  como  Nuestro  Señor  punaba  é 
peleaba  por  estos  Beyes  y  daba  en  sus  manos  tan- 
tas victorias ,  cada  uno  procuraba  y  procuró  de  ve- 
nir á  decir :  Tibi  soli  pecavi,  Domine  :  y  el  Rey  y  la 
Reyna  los  recibían  é  facian  con  ellos  sus  partidos,  é 
siempre  usaron  de  mucha  clemencia  con  todos  los 
caballeros  que  se  la  demandaron.  El  Arzobispo  de 
Toledo  conoció  su  pecado  y  demandó  clemencia ,  y 
aunque  el  deservicio  fué  tan  grande  en  les  querer 
destruir  en  tal  tiempo ,  la  clemencia  de  ellos  fué 
muy  mayor,  que  todo  se  lo  perdonaron ,  acordándo- 
se de  los  servicios  que  en  otros  tiempos  del  recibi- 
do hablan ,  él  qual  les  entregó  cuantas  fortalezas  te- 
nia. E  asentados  los  negocios  de  Castilla  Vieja  é  de 
León ,  é  toda  la  tierra  de  allá  puesta  debajo  de  sus 
Reales  cetros,  no  sin  infinitos  trabajos  de  sus  Reales 
personas ,  ansí  de  las  armas  y  exercicios  de  la  guer- 
ra, que  tan  bien  ella  como  él  usaban ,  como  de  la  vi- 
gilancia y  trabajo  de  sus  espíritus  que  continuamen- 
te perdiendo  el  sueño  hablan  consejo  por  no  errar  é 
por  haber  victoria  de  sus  contrarios ;  propusieron 
pasar  á  los  puertos  é  venir  á  tierra  de  Estremadura, 
donde  Truxillo,  é  Medellin,  é  Mérida,  é  otros  luga- 
res é  castillos  les  estaban  en  contra.  Truxillo  estaba 
por  el  Marqués  de  Villena,  de  donde  Duque  de  Tru- 
xillo se  llamaba,  y  aun  Maestre  de  Santiago ;  y  allí 
vinieron  el  Rey  y  la  Reyna,  y  estuvieron  en  el  ve- 
rano del  año  de  1477  algunos  dias  y  tanto,  fasta  que 
Truxillo  se  les  dio  á  partido  por  mandado  del  Mar- 
qués de  Villena  que  la  tenia  ;  y  quedaron  en  contra 
.  Medellin ,  y  Mérida  é  otras  algunas  fortalezas  que  es- 
taban de  la  valía  del  Rey  de  Portugal,  que  aunque 
fueron  requeridos  no  se  quisieron  dar.  De  allí  el 
Rey  y  la  Reyna  por  la  sierra  se  vinieron  para  Sevi- 
lla, y  en  este  viaje  y  en  la  toma  de  Truxillo,  se  fizo 
la  conformidad  entre  el  Rey  y  la  Reyna  y  el  Mar- 
qués de  Villena ,  y  el  Maestre  de  Calatrava  Don  Ro- 
drigo Girón,  y  el  Conde  de  Ureña  su  hermano ,  y  la 
casa  de  Estúñiga.  Y  el  Rey  y  la  Reyna  los  perdona- 
ron y  recibieron  por  suyos  ,  á  ellos,  y  á  otros  mu- 
chos que  hablan  estado  de  sus  valías,  é  les  ficieron 
mercedes;  é  desde  allí  les  comenzaron  de  servir  estos 
dichos  caballeros  al  Rey  é  ala  Reyna, é  triunfaban 
mucho  en  su  corte. 

CAPÍTULO  XXIX. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  vinieron  á  Sevilla ,  é  como  fueron  ende 
recibidos,  é  como  el  Marqués  de  Cáliz  vino  una  noche  á  besar- 
les las  manos. 

Continuando  su  viaje  el  Rey  y  la  Reyna  para  Se- 
villa, la  Reyna  se  adelantó,  y  el  Rey  quedó  pacifi- 
cando sus  villas  é  lugares  de  las  sierras  de  Cons- 
tantina  ;  é  la  Reyna  Doña  Isabel  entró  en  la  ciudad 
de  Sevilla  en  veinte  y  nueve  dias  del  mes  de  Julio' 
del  dicho  año  de  mil  quatrocientos  y  setenta  y  siete 
años ,  donde  le  fué  hecho  muy  alto  recibimiento  por 
el  Duque  de  Medina  Don  Enrique ,  que  la  tenia  é 
mandaba  desde  la  muerte  del  Rey  Don  Enrique ,  é 
por  todos  los  otros  caballeros,  é  veintiquatros,  é  ofi- 


É  DO^A  ISABEL.  589 

cíales  de  oficios  reales  de  ella,  é  por  la  clerecía  de 
la  ciudad.  B  dende  á  un  mes  poco  mas  ó  menos,  en- 
tró el  Rey  Don  Fernando,  é  le  fué  fecho  otro  tal  re- 
cibimiento. ¿Quién  podrá  decir  aquí  la  grandeza  de 
la  tan  excelente  corte  que  les  siguió  y  tuvieron  en 
Sevilla,  de  caballeros  y  Prelados,  Duques,  Marque- 
ses, Condes,  Arzobispos,  Obispos,  Deanes,  Abades 
reglares  y  seglares.  Comendadores  y  grandes  seño- 
res ,  así  de  estos  Reynos,  como  de  Aragón  é  Catalu- 
ña ,  Navarra,  Ñapóles,  é  Sicilia  ,  é  de  otras  muchas 
tierras?  El  Duque  de  Medina  Don  Enrique  que 
mandaba  á  Sevilla  é  tenia  las  fuerzas  de  ella  ,  luego 
se  las  entregó  como  vinieron,  especialmente  á  la 
Reyna  que  entró  primero ,  le  dio  las  llaves  de  todo. 
E  estuvieron  en  Sevilla  holgándose  é  habiendo  mu- 
cho placer  el  Rey  é  la  Reyna ,  pacificando  las  cosas 
del  Andalucía  fasta  el  mes  de  octubre.  En  este  me- 
dio tiempo  el  Marqués  de  Cáliz  Don  Rodrigo  Ponce 
de  León,  tenia  á  Xerez  de  la  frontera  é  Alcalá  de 
Guadaira  á  su  mandado  é  gobernación ,  alto  é  bajo, 
é  Constantina,  desde  el  tiempo  del  Rey  Don  Enri- 
que :  así  como  tenia  el  Duque  de  Medina  á  Sevilla; 
y  el  Mariscal  Fernando  Arias  de  Saavedra,  veinti- 
quatro  de  Sevilla ,  tenia  la  fortaleza  de  Utrera,  y  te- 
nia á  Zahara  y  á  Tarifa ;  y  como  Tarifa  no  era  suya, 
demandábasela  el  Almirante  de  Castilla,  que  estaba 
enagenada  desde  el  tiempo  de  la  guerra  del  Rey 
Don  Juan  con  los  Infantes ,  y  por  esto  temió  y  fue- 
se á  Zahara,  confiando  que  el  Duque  de  Medina  te- 
nia algún  medio  con  Sus  Altezas  en  su  partido,  por- 
que él  vivia  con  el  Marqués  de  Cáliz;  y  de  estas  co- 
sas decían  algunos  que  el  Mariscal  no  debía  ser  solo 
en  rebelar  así.  Y  el  Duque  de  Medina  y  el  Marqués 
de  Cáliz,  aunque  contrarios,  siempre  estuvieron  de 
la  valía  del  Rey  Don  Femando  y  de  la  Reyna  Doña 
Isabel.  Y  el  Marqués  no  entraba  en  Sevilla  desde 
la  pelea  del  año  de  setenta  y  uno  que  salió  fuera.  Y 
desque  supo  que  el  Rey  Don  Fernando  entró  en  Se- 
villa, luego  tomó  consigo  algunos  de  los  suyos ,  y 
una  noche  con  tres  de  á  caballo  dio  al  postigo  del 
Alcázar  que  sale  al  campo,  y  dijeron  á  el  Rey  é  á  la 
Reyna  como  el  Marqués  de  Cáliz  estaba  al  postigo, 
y  que  les  venia  á  besar  las  manos,  y  mandáronle 
abrir  y  entró  por  el  dicho  postigo ,  y  hallólos  ambos 
solos ,  y  besóles  las  manos,  y  abrazóronlo  el  Rey  y 
la  Reyna ,  y  recibiéronlo  con  mucho  placer  maravi- 
llándose mucho  de  su  venida,  porque  había  sido  así 
y  sin  les  de  ella  avisar ;  y  allí  el  Marqués  les  dio  las 
llaves  de  Xerez,  Alcalá  y  Constantina ,  y  les  suplicó 
las  fuesen  á  tomar  que  él  allí  las  tenia  á  su  servicio, 
y  muy  mas  fornecidas,  y  fortalecidas,  y  fabricadas 
las  fortalezas ,  que  no  las  había  recibido.  E  de  aquí 
pusieron  el  Rey  é  la  Reyna  mucho  amor  cou  el  Mar- 
qués por  ver  su  tan  noble  liberalidad,  lealtad  y  con- 
fianza ;  porque  por  dicho  de  algunas  personas ,  nó 
creían  Sus  Altezas,  que  tan  franca  y  deliberada- 
mente se  ovieran  ;  é  confirmáronle  á  Cáliz ,  é  metié- 
ronlo en  su  amistad ,  consejo  y  secretos,  y  diéronle 
muchas  gracias  por  el  tan  señalado  servicio  como 
les  facía,  é  ovieron  allí  mucho  gozo  y  placer  aque- 
lla noche  con  él ;  y  el  Marqués  les  demandó  licencia, 


690  CRÓNICAS  DE  LOS 

y  besándoles  las  manos,  se  despidió  de  ellos  y  se 
volvió  aquella  noche  á  Alcalá.  En  este  tiempo  acom- 
pafiaban  la  Corte  el  Cardenal  de  España  Don  Pedro 
González  de  Mendoza,  y  otros  muchos  Obispos  y 
Prelados.  Este  Don  Pedro  González  de  Mendoza  fué 
Arzobispo  de  Sevilla,  é  Cardenal  de  España  luego, 
desde  que  comenzaron  de  reynar  estos  Rey  é  Rey- 
na ,  ca  estaba  vacante  la  sede  en  Sevilla  desde  el  fa- 
llecimiento de  Don  Alfonso  de  Fonseca  que  fué  Ar- 
zobispo de  Sevilla ;  y  el  Almirante  de  Castilla ;  y  el 
Condestable ,  y  el  Duque  de  Alba ,  el  Comendador 
mayor  que  fué  de  Segura  é  Fuentes,  que  se  llama 
la  Encomienda  mayor  de  León ,  Contador  mayor 
que  fué  de  Castilla,  Señor  que  después  fué  de 
Maqueda ,  yerno  que  era  del  Almirante  viejo,  ca- 
sado con  Doña  Teresa ,  hija  bastarda  de  dicho  Al- 
mirante ;  é  Don  Juan  Chacón  el  viejo,  Contador  ma- 
yor de  Castilla ,  é  su  fijo  el  Adelantado  mayor  de 
Murcia ,  é  el  Marqués  de  Moya ,  Comendador  é  Ma- 
yordomo mayor,  marido  de  la  Señora  de  Bobadilla, 
Marquesa  de  Moya,  é  sus  ¡mujeres,  é  Rodrigo  de 
UUoa,  Contador  mayor  de  Castilla ,  y  otros  muchos 
caballeros,  é  otras  muchas  é  muy  nobles  dueñas  é 
grandes  señoras,  acompañaban  la  casa  é  corte  del 
Rey  é  de  la  Reyna  en  aquel  tiempo  en  Sevilla.  Esto 
ho  dicho  de  los  de  Castilla ,  dejando  los  del  Anda- 
lucía ,  que  no  menos  le  acompañaban  é  servian : 
traian  en  su  guarda  muchos  caballeros  é  guarnicio- 
nes con  sus  capitanes  bien  ordenadamente,  sin  re- 
prehensión de  gente  de  guerra ;  sus  Alcaldes ,  Al- 
guaciles, é  Justicias  tan  concertadas],  tan  temidas, 
tan  executivas;  tan  espantosas  á  los  malos,  á  los  la- 
drones, á  los  rufianes  é  á  los  mal  vivientes ,  que  por 
puro  temor,  muchos  fueron  á  Portugal,  é  otros  á 
tierra  de  moros ,  y  allende  se  pasaban.  Esto  digo, 
porque  de  Sevilla  f  uyeron  muchos  mal  vivientes  en 
aquel  tiempo,  ca  en  ella  habia  muchos  malos,  ladro- 
nes ,  matadores  ,  rufianes ,  tahúres,  robadores,  here- 
jes, é  tan  avejados  de  tiempo,  ca  eran  conocidos 
por  quien  eran ,  y  con  favores  de  los  señores  se  sos- 
tenían. De  estos  tales  dispararon  fuera  de  estos  Rey- 
nos,  por  temor  de  la  justicia  de  Sus  Altezas,  que  era 
muy  espantosa  á  los  malos ;  muchos  ovo  que  non 
pararon  fasta  tierra  de  moros,  é  allende  de  otros  á 
Portugal. 

CAPÍTULO  XXX. 

Como  el  Rey  é  la  Reyna  fueron  por  el  rio  á  la  ciudad  de  Xerez,  é 
el  Duque  de  Medina  les  fizo  grandes  fiestas  en  Sanlücar,  é  el 
Marqués  en  Rota. 

En  el  mes  de  Octubre  del  dicho  año  de  1477  fue- 
ron el  Rey  y  la  Reyna  á  asentar  en  Xerez  de  la  Fron- 
tera', é  fueron  por  el  rio  embarcados  fasta  Sanlúcar; 
é  las  guarniciones  de  la  guarda  real ,  los  mas  de  los 
cortesanos  fueron  por  Utrera  é  por  los  Palacios  ;  y 
en  Sanlúcar  el  Duque  de  Medina,  les  fizo  gran  reci- 
bimiento, é  convites ,  é  gastó  mucho  con  sua  Alte- 
zas en  demasiada  manera  ;  é  dende  fueron  á  Rota, 
donde  el  Marqués  de  Cáliz  dio  otros  muchos  abun- 
dantes convites,  é  de  allí  se  partieron  con  mucho 


REYES  DE  CASTILLA. 

placer,  é  fueron  á  la  ciudad  de  Xerez ,  donde  les  tí- 
cieron  muy  honrado  recibimiento ,  é  les  entregó  el 
Marqués  la  ciudad  é  fortaleza,  y  alto  y  bajo  de  ella, 
la  qual  habia  tenido  y  recojido  á  su  cargo  y  gober- 
nación desde  el  mes  de  Agosto  del  año  1471,  que  sa- 
lió de  Sevilla  ;  la  qual  fortaleza  él  fortaleció ,  y  fa- 
bricó mucho,  según  que  agora  está ;  y  Sus  Altezas  se 
aposentaron  en  la  fortaleza,  é  se  apoderaron  en  lo 
alto  é  bajo  de  todo,  é  estuvieron  ende  algunos  días 
é  dieron  vuelta  é  vinieron  á  Utrera ;  é  tomaron  po- 
sada en  casa  de  Pedro  Matheos,  que  fué  de  Espera, 
que  era  Alcayde,  un  gran  rico  y  muy  honrado  hom- 
bre ;  y  aposentados,  el  Rey  envió  á  decir  al  Alcay- 
de de  la  fortaleza  que  se  la  diese  ;  el  qa&l ,  y  loa 
que  con  él  estaban  se  la  denegaron,  que  estaban 
puestos  en  mal  propósito  por  mandado  del  Mariscal 
con  la  intención  de  la  defender  por  armas,  y  esta- 
ban guarnecidos  de  muchas  viandas  y  armas  te- 
miendo ser  cercados.  Y  el  Rey  y  la  Reyna  les  tor- 
naron á  requerir  que  se  les  diesen  su  fortaleza,  y 
respondieron  que  no  lo  podían  hacer  sin  mandado 
del  Señor  que  allí  los  habia  dexado ;  y  desque  el 
Rey  y  la  Reyna  vieron  su  mal  propósito ,  partiéron- 
se para  Sevilla  y  dexaron  puesto  cerco  á  Utrera, 
Esto  fué  en  fin  de  Noviembre  del  dicho  año  77,  é  fue- 
ron por  Alcalá  y  entregósela  el  Marqués ;  y  se  vino 
é  invernó,  y  reposaron  en  Sevilla  el  Rey  é  la  Reyna 
é  su  corte. 

CAPÍTULO  XXXI. 

Como  pusieron  el  cerco  á  la  fortaleza  de  Utrera  é  de  cuanto  dura 
el  cerco,  é  como  la  tomaron  por  fuerza  de  armas. 

Pusieron  el  cerco  á  la  fortaleza  de  Utrera  en  loa 
postreros  dias  de  Noviembre  de  1477  años.  Habia 
dentro  quarenta  ó  cinqüenta  escuderos  bien  adere- 
zados y  escogidos  para  la  defender,  y  otros  hombres 
de  pelea,  é  de  servicio  algunos.  Había  un  fijo  del 
Mariscal ,  mozuelo  de  fasta  catorce  ó  quince  años 
que  les  habia  dexado  en  compañía  como  por  pren« 
da.  Era  el  Alcayde  déla  fortaleza  Alonso  Tellez,  aa 
escudero  que  vivía  con  el  Mariscal.  Era  Capitán  nn 
escudero  llamado  Juan  de  Guzman  que  tenia  nn 
ojo  menos,  el  qual  habia  sido  ya  contra  el  Rey  Don 
Fernando;  é  lo  habían  lisiado  en  los  cercos  de  Cas- 
tilla é  sacado  por  partido ;  é  púsose  á  vivir  con  el 
Mariscal ,  solo  para  le  defender  aquella  fortaleza^ 
ansí  como  hombre  que  sabia  de  la  guerra.  Tenia 
grandes  cavas,  é  baluartes  é  edificios  la  f ortaleía  j  é 
palizadas ;  é  muchas  armas  é  viandas,  é  todo  lo  quo 
era  menester.  Los  cercadores  que  allí  el  Rey  puso, 
fueron  quatro  capitanes,  Biedma,  é  Sancho  del  Águi- 
la, é  Basco  de  Vivero,  Don  Gutierre  de  Cárdenas, 
cabo,  con  fasta  seiscientas  lanzas  6  poco  mas ,  é  dos 
mil  peones ,  poco  más  ó  menos ;  é  tuviéronla  cer- 
cada quatro  meses,  combatiéndola  muchas  veces ,  y 
tirándole  [con  dos  lombardas  grandes  é  otros  tiro» 
medianos ,  fasta  que  le  derribaron  los  adarves  por 
el  suelo,  y  horadaron  la  torre  mayor  en  que  le  que- 
braron la  escalera ,  que  no  podían  subir  arriba;  y  hi- 
cieron muchas  minas  los  de  fuera,  y  estando  «st 


DON  FEBNANDO  É  DONA  ISABEL. 


59Í 


para  dar  combate,  vino  Juan  de  Robles,  Alcayde  de 
Xerez,  con  la  gente  de  Xerez  é  de  Lebrixa,  y  un 
dia  comenzáronle  á  dar  muy  fuertes  combates;  dur6 
gran  pieza  del  dia,  y  en  chico  rato  murieron  mas 
de  cinqüenta  hombres  de  los  de  una  parte  y  de  otra: 
empero  los  de  adentro  mataban  quantos  querían  de 
los  de  fuera ,  é  diéronse  á  tal  recaudo  que  no  les 
pudieron  entrar ;  ca  echaban  en  las  cavas  sobre  la 
lefia  que  les  hablan  puesto,  é  sobre  los  que  entraban, 
aceite  hirviendo ;  y  viendo  los  que  combatían  que 
no  aprovechaba,  é  que  moria  la  gente,  cesaron  el 
combate,  é  Juan  de  Eobles  se  volvió  á  Xerez ,  y  tú- 
vose el  cerco  como  primero.  Y  un  dia  fué  una  saeta 
de  fuera  y  acertó  al  capitán  Juan  de  Guzman  por 
la  cara ,  é  por  la  cabeza,  de  que  murió ;  de  lo  qual 
los  de  dentro  recibieron  mucho  disfavor ;  é  proveyó 
el  Mariscal  alguna  gente  de  refresce,  en  que  en  una 
noche  entró  un  escudero  de  Sevilla  llamado  Esqui- 
velfpor  capitán,  y  defendiéronse  hasta  el  dia  de  Cua- 
simodo del  año  de  1478 ,  que  vino  el  Marqués  de 
Cáliz  de  Arcos  por  allí,  y  decian  que  la  venia  á  com- 
batir. Y  estando  comiendo,  los  capitanes  del  cerco, 
no  atentos  de  su  venida,  mandaron  por  cada  parte 
arremeter,  y  los  de  dentro  con  la  venida  del  Mar- 
qués estaban  un  poco  seguros,  y  estaba  en  Atalaya 
un  escudero  llamado  Morales,  y  como  vido  mover  la 
gente,  descubrióse  á  los  de  afuera,  y  vino  una  ser- 
pentina y  llevóle  la  cabeza,  y  no  hubo  quien  apelli- 
dar ;  y  súbitamente  por  todas  partes  les  entraron ,  y 
aun  los  capitanes  en  la  delantera,  de  forma  que ,  an- 
tes que  el  Marqués  acabase  de  comer,  todo  era  he- 
cho; y  allí  prendieron  al  Alcayde,  é  á  todos ,  é  tomá- 
ronles las  armas  é  quanto  estaba  en  la  fortaleza.  É 
por  mandado  del  Rey,  de  ellos  degollaron,  y  de  ellos 
enf orearon ,  y  á  Esquivel  y  á  otros  llevaron  á  Sevi- 
lla encarretados,  é  ficieron  justicia  de  ellos,  é  los 
ficieron  quartos ;  y  el  Marqués  suplicó  á  Sus  Altezas 
por  algunos  de  ellos  que  no  eran  tan  culpados,  que 
primeramente  hablan  sido  guiados  del  Mariscal,  y 
por  su  ruego  escaparon  once  hombres  en  que  fueron 
de  ellos  el  fijo  del  Mariscal  ya  dicho ,  que  se  decia 
Pero  Fernandez,  y  el  Alcayde  Alonso  Tellez,  y  Juan 
de  Cebdad ,  que  aunque  vivia  con  el  Mariscal ,  era 
vasallo  del  Marqués ,  vecino  de  los  Palacios ,  y  el 
Marqués  los  trujo  consigo  á  este  lugar  de  Palacios , 
é  les  dio  de  comer  ;  y  ansí  estos  se  escaparon  por 
ruegos  del  Marqués  de  Cáliz ;  todos  los  otros  murie- 
ron mala  muerte ,  degollados  y  enf  oreados. 

El  Mariscal  en  este  tiempo  estaba  en  Zahara ,  y 
en  Ronda  que  era  de  moros,  y  por  allá  pasaba  su  vi- 
da ;  y  sabiendo  de  él  el  Rey  de  Granada  Muley  Bau- 
dilihacen,  enviólo  á  llamar,  y  él  fué  allá  por  tierra 
de  moros  con  cinco  de  á  caballo,  y  el  Rey  le  fizo 
honra,  y  fué  á  tiempo  que  el  Rey  f acia  alarde ,  é 
vido  el  alarde  el  Mariscal,  y  díxole  el  Rey  que  se 
hallaba  á  la  sazón  con  siete  mil  de  caballo,  é  ochen- 
ta mil  ballesteros ;  y  díxole  al  Mariscal  que  le  requi- 
riese, y  que  él  le  mandaría  ayudar  en  lo  que  oviese 
menester;  y  despedido  del  Rey  moro  se  vino  á  Zahara. 
Y  después  de  tomada  Utrera,  ovo  caballeros  que  ro- 
garon por  él  y  entregó  á  Tarif  a'el  Mariscal,  y  el  Rey 


y  la  Reyna  lo  perdonaron  é  quedó  con  Zahara.  É  loa 
padres  é  maridos  é  fijos  de  aquellos  que  allí  murieron, 
ansi  en  su  favor,  como  en  su  contra,  siempre  le  tu- 
vieron odio  y  mal  quista,  y  toda  la  villa  de  Utrera, 
según  los  males  y  pérdidas  é  infames  de  mujeres, 
con  la  gente  de  la  guarnición  se  les  recreció,  á  cau- 
sa de  rebelarse  él  al  Rey,  que  tuvo  la  villa  de  Utre- 
ra, con  aquella  gran  gente  de  guarnición  en  mucha 
fatiga  con  los  posadores  que  continuamente  tenían 
dentro  en  sus  casas ,  y  habia  continuamente  mu- 
chas veces  sobre  ello  ruidos  y  muertes  de  hombres, 
y  por  esto  tenían  muy  mala  voluntad  al  Mariscal ; 
y  aun  demandaban  á  Dios  peticiones  sobre  él ;  ó 
quiso  su  ventura  que  dende  á  pocos  días  estando 
en  el  Xarafe,  con  su  mujer,  é  fijos  é  criados,  en  una 
torre ,  casa  fuerte  suya ,  una  noche  la  torre  se  derri- 
bó, y  cayó  sobre  él  y  sobre  toda  su  casa,  é  mató  ca- 
torce personas,  é  á  él,  é  á  su  mujer;  é  á  todos  ,  que 
no  escapó  uno  ;  decian  que  de  un  temblor  de  tierra 
había  quedado  aquella  torre  estremecida. 

Quedó  Zahara  al  Mariscal  su  hijo ,  la  qual  dende 
á  pocos  días  la  tomaron  los  moros  hurtiblemente 
una  noche,  é  la  perdió  ;  la  qual  después  el  Marqués 
de  Cáliz  la  ganó  á  los  moros  como  diré  en  su  lugar. 
Así  la  fortuna  lastima  á  los  que  siguen  la  pura  afi- 
ción, y  no  miran  antes  que  comience  la  cosa  lo  que 
dende  podrá  redundar  según  su  calidad,  y  mas  en 
las  cosas  de  la  guerra,  que  de  chica  centella  se  le- 
vanta gran  fuego ,  y  una  muerte  de  un  hombre  no 
se  puede  satisfacer  con  muchos  dineros  ;  y  un  ánima 
que  no  puede  ser  comprada  por  oro  ni  plata ,  si  va 
á  el  infierno  no  se  puede  rescatar,  aunque  den  por 
ella  todos  los  tesoros  del  mundo.  Pues  por  tantos 
cuerpos  y  ánimas  como  allí  perecieron  en  aquel 
cerco  contra  el  Rey,  ¿  cómo  se  satisfarán  ?  Satisfá- 
galo Nuestro  Señor :  por  su  gloriosa  pasión  redimió 
á  todos  ;  que  él  quiera  perdonar  á  los  unos  y  á  loa 
otros. 

CAPÍTULO  XXXIL 
Del  nacimiento  é  bautismo  del  Príncipe  Don  Juan. 

En  treinta  días  del  mes  de  Junio  del  año  susodi- 
cho de  mil  quatro  cientos  setenta  y  ocho  años,  entre 
las  diez  é  once  horas  del  dia  parió  la  Reyna  Doña 
Isabel  un  hijo  Príncipe  heredero,  dentro  en  el  Alcá- 
zar de  Sevilla.  Fueron  presentes  á  su  parto,  por  man- 
dado del  Rey,  ciertos  oficiales  de  la  ciudad,  los  qua- 
les  fueron  estos:  Garci  Tellez,  é  Alonso  Pérez  Mel- 
garejo, é  Ferrando  de  Ábrego ,  é  por  servicio  Juan 
de  Pineda.  Fué  su  partera  con  quien  parió,  una  mu- 
jer de  la  ciudad  que  se  decia  la  Herradora,  vecina 
de  la  Feria.  Dieron  por  ama  al  Príncipe  á  Doña  Ma- 
ría de  Guzman,  tía  de  Luis  de  Guzman ,  Señor  de  la 
Algava,  mujer  de  Pedro  de  Ayala,  vecino  de  Toledo. 
Ficieron  muy  grandes  alegrías  en  la  ciudad  trea 
días  de  dia  y  noche,  así  los  ciudadanos  como  los  cor- 
tesanos. 

En  Jueves  nueve  días  de  Julio  del  dicho  año,  en 
Santa  Maria  la  mayor  en  la  pila  suya ,  bautizaron 
al  Príncipe  muy  triunfalmente,  cubierta  la  capill^ 


S92 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


de  la  pila  del  bautismo  de  muchos  paños  de  broca- 
dos, y  toda  la  Iglesia  y  pilares  de  ella  adornada  de 
muchos  paños  de  raso :  bautizóle  el  Cardenal  de 
España,  Arzobispo  que  era  de  la  misma  ciudad ,  Don 
Pero  González  de  Mendoza ,  al  qual  pusieron  por 
nombre  Juan.  Fueron  padrinos  el  Legado  del  Santo 
Padre  Sixto  IV,  que  se  falló  en  la  Corte  en  aquel 
tiempo ;  é  unembaxador  Nuncio  Cónsul  de  Venecia^ 
é  el  Condestable  Don  Pedro  de  Velasco,  é  el  Conde 
de  Benaveute,  é  ovo  una  madrina,  la  qual  fué  la 
Duquesa  de  Medina  Sidonia  Doña  Leonor  de  Men- 
doza, mujer  del  Duque  Don  Enrique.  Fué  fecha  en 
la  ciudad  y  en  la  iglesia  este  dia  una  gran  fiesta. 
Fué  traido  el  Príncipe  á  la  iglesia,  con  una  gran 
procesión  con  todas  las  cruces  de  las  collaciones  de 
la  ciudad,  é  con  infinitos  instrumentos  de  músicas 
de  diversas  maneras  de  trompetas,  é  chirimías,  é  sa- 
cabuches; trújelo  su  ama  en  los  brazos  muy  triun- 
f almente  debajo  de  un  rico  paño  de  brocado ,  que 
traían  ciertos  rejidores  de  la  ciudad  con  sus  cetros 
en  las  manos,  los  quales  eran  estos :  Fernando  de 
Medina,  el  de  la  Magdalena,  é  Juan  Guillen,  é  el  Li- 
cenciado Pedro  de  Santillan,  é|;K¡badeneyra,  sota  al- 
mirante, é  Alonso  de  las  Casas ,  fiel  ejecutor,  é  Pe- 
dro Manuel  Dolando  é  Monsalve,  é  Diego  Ortiz 
Contador ;  todos  estos  vestidos  de  ropas  rozagantes 
de  terciopelo  negro  que  les  dio  Sevilla.  Traian  el 
plato  con  la  candela,  é  capillo  é  ofrenda,  Don  Pedro 
de  Stúñiga,  fijo  del  Duque  Don  Alvaro  Stúñiga,  ma- 
rido de;Doña  Teresa,  hermana  del  Duque  de  Medina, 
el  qual  traia  un  paje  ante  sí  pequeño  que  traia  el 
plato  en  la  cabeza ,  y  él  teniéndolo  con  las  manos. 
La  ofrenda  era  un  excelente  de  oro  de  cinqüenta 
excelentes.  Traian  junto  con  él  dos  donceles  de  1% 
Señora  Reyna,  ambos  hermanos  fijos  de  Martin 
Alonso  de  Montemayor,  un  jarro  dorado,  una  copa 
dorada,  é  venían  acompañando  á  la  Señora  Ama 
quantos  Grandes  habia  en  la  Corte,  é  otras  muchas 
gentes  é  caballeros.  Venia  la  Duquesa  de  Medina  ya 
dicha  á  ser  madrina,  muy  ricamente  vestida  y  ador- 
nada, y  acompañada  de  los  mayores  de  la  Corte.  Trú- 
xola  á  las  ancas  de  su  muía  el  Conde  de  Benavente 
por  mas  honra,  la  qual  traia  consigo  nueve  donce- 
llas vestidas  todas  de  seda,  cada  una  de  su  color,  de 
briales,  ó  tabardos ;  é  ella  venia  vestida  de  un  rico 
brial  de  brocado,  é  chapado  con  mucho  alfojar  grue- 
so y  perlas,  una  muy  rica  cadena  á  el  cuello,  é  un 
tabardo  de  carmesí   blanco  ahorrado  en  damasco, 
el  qual  ese  dia,  acabada  la  fiesta,  dio  á  un  jodio  Al- 
badan  del  Bey  que  llamaban  Alegre. 

CAPÍTULO  xxxin. 

Oe  como  salió  la  Reyna  i  misa,  i  presentar  al  Principe  á  Dios. 

Domingo  nueve  dias  de  Agosto  sahó  la  Reyna  á 
misa  á  presentar  al  Principe  al  templo ,  é  á  lo  ofre- 
cer á  Dios,  Bcgun  la  costumbre  de  la  Santa  Madre 
Iglesia,  muy  triunfalmente  apostada  en  esta  mane- 
ra. Iba  el  Rey  delante  de  ella  muy  festivamente  en 
nna  hacanea  rucia,  vestido  de  un  rozagante  broca- 
(lo  é  chapado  de  oro ,  é  un  sombrero  en  la  cabeza^ 


chapado  de  hilo  de  oro  ;  é  la  guarnición  de  la'^a- 
canea  era  dorada  de  terciopelo  negro.  Iba  la  Reyna 
cabalgando  en  un  trotón  blanco  en  una  muy  rioa 
silla  aerada,  é  una  guarnición  larga  muy  rica  de 
oro  y  plata,  é  llevaba  vestido  un  brial  muy  rico  de 
brocado  con  muchas  perlas  y  aljófar;  iba  con  ella 
la  Duquesa  de  Villahermosa,  mujer  del  Duque  Don 
Alonso  hermano  del  Rey ,  y  no  otra  dueña  ni  don- 
cella ;  íbanles  f  estivando  muchos  intrumentos  de 
trompetas  é  chirimías,  é  otras  muchas  cosas,  é  muy 
acordadas  músicas  que  iban  delante  de  ellos  ;  iban 
allí  muchos  Regidores  de  la  ciudad  á  pié ,  los  me- 
xores;  íbanles  acompañando  cuantos  Grandes  habia 
en  la  Corte,  que  iban  alrededor  de  ellos :  iba  el  Con- 
destable á  la  mano  derecha  de  la  Reyna,  la  mano 
puesta  en  las  camas  de  la  brida  de  la  Reyna ;  y  el 
Conde  de  Benavente  á  la  mano  siniestra,  de  esta 
misma  forma  de  este.  Otrosí  iban  á  sus  pies  y  estri- 
bo, el  Adelantado  del  Andalucía,  y  Fonseca  el  Señor 
de  Alahejos.  Iba  el  ama  del  Príncipe  encima  de  una 
muía  en  una  albarda  de  terciopelo,  é  con  un  repos- 
tero de  brocado  colorado  llevaba  al  Príncipe  en  sua 
brazos ;  iban  alrededor  de  él  muchos  grandes  de  la 
Corte  :  junto  con  el  ama  iba  el  Almirante  de  Cas- 
tilla ;  y  todos  estos  Grandes  iban  á  pié.  Este  dia  di- 
jéronle  la  misa  en  el  altar  mayor  de  la  Iglesia  ma- 
yor, muy  festivalmente. 

Ofreció  la  Reyna  con  el  Príncipe  dos  excelentes 
de  oro,  de  cada  cinqüenta  excelentes  cada  uno:  ovo 
la  Fabricad  uno,é  los  Capellanes  de  la  Reyna  el 
otro.  Oída  su  misa,  así  ordenadamente  como  habían 
venido,  se  volvieron  al  Alcázar. 

A  este  tiempo  ya  el  Rey  y  la  Reyna  tenían  dos 
fijas;  á  Doña  Isabel  que  era  la  mayor,  é  á  Doña 
Juana ;  después  ovieron  Doña  María,  y  después  á 
Doña  Catalina,  los  quales  todos  vieron  casados  ;  á 
Doña  Isabel  la  mayor,  con  el  Príncipe  Don  Juan  de 
Portugal,  fijo  del  Rey  Don  Juan,  nieto  del  Rey  Don 
Alonso  que  habia  entrado  en  Castilla  á  reynar,  se- 
gún es  dicho.  Esta  ovo  muchas  desventuras  que 
muy  presto  fué  de  él  viuda ,  que  corriendo  un  día 
en  caballo  en  Portugal,  por  no  trompicar  un  mu- 
chacho que  pasaba ,  cayó  el  caballo  con  él  y  luego 
murió.  Después  fué  otra  vez  casada  con  el  Rey  Don 
Manuel  de  Portugal,  y  después  de  haber  parido  de 
él  un  fijo  en  Zaragoza  de  Aragón,  que  llamaron 
Don  Miguel,  de  la  parición  murió ;  el  Príncipe  tam- 
bién é  después  de  haber  traido  su  mujer  de  Flándes 
murió  dende  en  pocos  días.  Doña  María  casó  con  el 
Rey  de  Portugal  Don  Manuel ;  y  la  dicha  Doña  Ca- 
talina casó  con  el  Príncipe  de  Inglaterra  y  fué  viu- 
da del  en  poco  tiempo,  y  casó  después  con  el  segun- 
do fijo  del  Rey  de  Inglaterra.  De  cada  uno  se  dirá 
en  8u  lugar  alguna  cosa. 

CAPÍTULO  XXXIV. 

Del  espantoso  eclipse  qne  el  sol  biza 

El  dicho  año  de  mil  é  quatrocientos  y  setenta  y 
ocho,  á  veinte  y  nueve  dias  del  mes  de  Julio  dia  de 
Santa  Marta,  á  medio  dia,  fizo  el  sol  un  eclipse,  el 


DON  FERNANDO 
ínáB  espantoso  que  nunca  los  que  fasta  allí  eran  na- 
cidos vieron,  que  se  cubrió  el  sol  de  todo  é  se  paró 
negro,  é  parecían  las  estrellas  en  el  cielo  como  de 
noche ;  el  qual  |duró  así  cubierto  muy  gran  rato, 
fasta  que  poco  á  poco  se  fué  descubriendo,  é  fué 
g^an  temor  en  las  gentes ,  y  f  uian  á  las  iglesias,  y 
nunca  de  aquel  ora  tornó  el  sol  en  su  color,  niel 
dia  esclareció  como  los  dias  de  antes  solía  estar,  é 
así  se  puso  muy  calijinoso. 

CAPÍTULO  XXXV. 

De  como  el  Rey  Don  Fernando  envió  i  demandar  sus  parias  al 
Rey  moro  de  Granada ,  y  de  como  envió  á  conquistar  la  Gran 
Canaria. 

En  estos  tiempos,  después  de  sojuzgada  el  Anda- 
lucia  ,  envió  el  Rey  Don  Fernando  Embaxador  á 
Granada  á  demandar  las  parias  del  Rey  moro  Mu- 
ley  Hacen,  que  eran  debidas,  según  que  las  solían 
dar  los  Reyes  moros  antepasados  á  los  Reyes  de 
Castilla,  é  que  se  las  enviase ;  y  el  Rey  de  Granada 
estaba  en  aquel  tiempo  rico  y  muy  poderoso ,  y  res- 
pondió que  los  que  las  daban  ya  eran  muertos,  y  los 
que  las  recibian  también  ;  que  él  allí  estaba  para  las 
non  dar,  salvo  defenderlas  en  el  campo  con  su  ca- 
ballería é  gente  ;  é  de  aquí  se  comenzaron  á  facer 
algunos  actos  de  guerra  contra  los  moros  por  estas 
fronteras,  quede  antes  paces  Labia;  y  el  Rey  Don 
Fernando  mandó  facer  muchos  tiros  de  pólvora,  é 
gruesas  lombardas  y  pertrechos,  y  dende  á  pocos 
dias  mandó  pregonar  guerra  contra  los  moros  en 
toda  la  frontera  desde  Lorca  á  Tarifa.  E  en  este 
tiempo  envió  á  conquistar  la  isla  de  la  Gran  Cana- 
ria desde  Sevilla,  á  dos  capitanes  llamados  Juan  de 
Rejón,  é  Pedro  del  Algaba,  entre  los  quales  ovo  cis- 
ma é  muertes ,  é  no  pudieron  ganar  sino  muy  poco 
de  ella,  fasta  que  fué  por  capitán  Pedro  do  Vera, 
Alcayde  de  Arcos,  que  fué  allá  desterrado  é  por  ca- 
pitán, é  con  él  Alonso  de  Lugo,  é  la  ganaron.  El  di- 
cho Pedro  de  Vera  partió  de  Xerez  en  el  mes  de  Ju- 
lio del  año  de  1480 ,  é  fué  desterrado  de  Castilla  por 
la  muerte  de  Basurtoel  Alcayde  de  Medina  Sidonia, 
que  en  tiempo  de  la  guerra  del  Duque  Don  Enri- 
que y  el  Marqués  Don  Rodrigo  Ponce  de  León, 
hurtó  á  Medina  y  dióla  al  Marqués.  Murió  allí  el  Al- 
cayde Basurto  que  se  había  hallado  fuera  de  la  for- 
taleza una  noche ,  y  el  Alcayde  Pedro  de  Vera  le 
tomó  toda  su  hacienda;  é  dieron  en  penitencia  que 
volviese  lo  que  tomó,  é  fuese  á  conquistar  aquella 
Isla,  de  la^qual  ovo  victoria,  según  adelante  se  dirá. 

CAPÍTULO  XXXVI. 

Como  Sas  Altezas  partieron  de  Sevilla,  é  fueron  visitando  sus  vi- 
llas é  ciudades  de  esta  Andalucía,  é  trataron  de  ir  á  poner  cerco 
sobre  Mérida  éMcdcUin. 

En  el  mes  de  Septiembre ,  cerca  de  San  Miguel, 
año  dicho  de  1478,  partieron  los  Señores  Rey  y  Rey- 
na  do  Sevilla  con  el  Príncipe  y  Corte,  é  fueron  á 
Carmona,  y  dende  á  Ezija  ,  y  dende  á  Córdoba  pa- 
cificando su  Andalucía,  é  visitándola,  é  poniendo 
Cr.—IIL 


E  DOlíA  ISABEL.  ¿9^ 

toda  la  tierra  debajo  de  su  obediencia,  E  dende 
fueron  á  Toledo,  é  Castilla,  á  negociar  sus  fechos 
por  donde  mas  les  convenia,  é  todavía  les  estaban 
rebeladas  y  en  contra  las  fortalezas  é  villas  de  Mé- 
rida, é  Medellin,  é  Montanchez,  las  quales  estaban 
por  la  Condesa  de  Medellin,  fija  bastarda  del  Maes- 
tre de  Santiago  é  Marqués  de  Villena  Don  Juan  Pa- 
checo, que  era  una  varonil  mujer  ó  de  grande  es- 
fuerzo, y  era  de  la  parcialidad  del  Rey  de  Portugal. 
Y  estaba  también  en  aquella  parcialidad  estonce  el 
Clavero  Don  Alonso  de  Monroy,  Maestre  que  so  lla- 
maba de  Alcántara,  al  qual  comunmente  las  gentes 
llamaban  el  Clavero,  é  tenia  á  Montanchez,  ó  Zaga- 
la, é  Piedrabuena,  é  otras  algunas  fortalezas,  el  qunl 
mediante  la'terribilidad  de  los  tiempos  de  la  guerra, 
había  echado  á  perder  al  Maestre  de  Alcántara  Don 
Gómez  de  Solís  en  tiempo  del  Rey  Don  Enrique,  ó 
tomádole  el  Maestradgo]''por  fuerza  do  armas,  é  por 
hurtos  é  mafias,  é  con  costa  de  muchos  robos  é  hur- 
tos que  él  é  los  suyos  hicieron  á  muchos  labradores, 
é  criadores  de  ganados,  é  ciudadanos  é  mercaderes, 
é  con  ciertos  partidos ;  la  casa  do  Stúñiga  le  ayudó 
á  tomar  la  cabeza  del  Maestradgo,  que  es  Alcánta- 
ra, y  otros  muchos  lugares.  Y  después  ovo  división 
entre  la  casa  de  Stúñiga  é  él,  muy  grande,  que  seria 
prolijo  do  contar:  y  digo  la  casa  de  Stúñiga,  por- 
que el  Duque  de  Arévalo,  Conde  de  Béjar,  é  Señor 
de  Plasencia,  Don  Alvaro  Stúñiga,  era  muy  viejo,  ó 
mandaban  la  casa  su  mujer  é  sus  fijos,  é  ayudában- 
le, con  muchas  condiciones  que  después  se  non  tu- 
vieron al  Clavero,  é  quedóseles  Alcántara.  Y  qu an- 
do el  Rey  Don  Fernando  vino  de  Truxillo  la  prime- 
ra vez,  después  de  despachado  el  cerco  de  Castro- 
nuño,  vino  allí  el  dicho  Clavero,  que  aun  fasta  es- 
tonce nunca  se  había  mostrado  por  Portugal,  é  de- 
mandaba el  Maestradgo  ;  é  tantas  ovo  de  las  quejas 
del  dicho,  robos  y  muertes  fechas  á  causa  suya,  que 
el  Rey  no  lo  pudo  comportar,  é  mandábalo  prender 
secretamente,  y  él  súpolo,  y  huyó,  y  pasóse  con  el 
Rey  de  Portugal,  é  comenzó  á  favorecer  á  Mérida  y 
Medellin.  E  ovo  el  Maestradgo  Don  Juan  de  Stúñi- 
ga, fijo  del  dicho  Conde  de  Béjar  que  se  había  inti- 
tulado ya,  y  el  Rey  y  la  Reyna  se  lo  confirmaron 
con  ciertas  condiciones ,  é  fué  Maestre  de  Alcánta- 
ra ;  é  ahí  fué  público  contrario  el  Clavero  del  Rey 
Don  Femando,  é  favoreciendo  el  partido  del  Rey  de 
Portugal  favoreció  á  Mérida,  é  Medellin  ,  fasta  que 
por  cerco  se  tomaron;  ó  la  manera  é  forma  de  los 
cercos  de  Mérida  é  Medellin,  fué  esta. 

El  Rey  Don  Femando  queriendo  dar  fin  á  su  con- 
quista, como  aquella  tierra  le  estaba  en  contra,  vi- 
no á  Truxillo  en  el  mes  de  Febrero  del  año  de  1479 
años,  y  estando  allí  el  Conde  de  Medellin,  siendo 
mancebo,  andaba  fuera  de  Medellin  que  la  madre 
no  le  quería  acojer,  que  no  se  confiaba  del,  é  estan- 
do en  un  lugar  que  dicen  Meajadas,  camino  de  Tru- 
xillo, ovo  un  trato  con  ciertos  vecinos  de  Medellin 
vasallos  suyos,  que  le  darian  entrada  en  la  villa  una 
noche,  y  escribiólo  al  Rey  y  á  toda  la  tierra  que  le 
socorriesen,  y  el  Conde  entró  en  Medellin  antes  que 
los  valedores  le  pudieren  socorrer,  y  vino  primero  el 

38 


594 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Clavero  desde  Mérida  en  favor  de  la  C  ondesa  su 
madre,  y  echaron  al  Conde  fuera  de  Medellin  á 
lanzadas  é  saetadas,  é  él  se  fué  f uyendo  sin  facer  lo 
que  quería. 

E  el  Maestre  de  Santiago  Don  Alonso  de  Cárde- 
nas habia  partido  de  Llerena  á  socorrer  al  .Conde 
conforme  al  llamamiento,  y  llegando  cerca  de  Val- 
verde  envió  adelante  al  Comendador  Rodrigo  de 
Cárdenas  é  á  otros  capitanes  con  gente  de  á  caba- 
llo, los  quales  entre  Mérida  y  Valverde  encontraron 
al  Clavero,  Maestre  de  Alcántara  que  se  decia  Don 
Alonso  de  Monroy,  con  ciento  é  cinqüenta  lanzas 
poco  mas,  é  pelearon  con  él  é  desbaratáronlo,  é 
prendiéronle  algunos  caballeros ;  é  él  é  los  otros  es- 
caparon huyendo  é  metiéronse  en  Mérida,  é  de  aquí 
supo  el  Maestre  como  el  Conde  iba  desbaratado  é 
fuera  de  Medellin ;  é  volvióse  de  alli  el  Maestre  á 
Valverde  con  su  gente,  é  con  algunos  capitanes  del 
Rey,  de  los  quales  eran  Don  Martin  de  Cabra  é  To- 
llo de  Aguillar.  El  Maestre  tenia  nueva  que  habia 
de  venir  gente  de  Portugal  á  socorrer  é  favorecer  á 
Mérida  é  Medellin,  y  aguardó  por  allí  fasta  que 
supo  la  nueva  cierta  que  venia  el  Obispo  de  Ebora 
■  con  una  gruesa  batalla  de  gente  de  á  caballo ,  en 
que  le  dijeron  que  traia  ochocientos  de  á  caballo  ó 
mas,  é  algunos  peones,  é  que  venia  gente  muy  luci- 
da é  muy  armada ;  é  él  tenia  fasta  ochocientos  de 
á  caballo  y  quinientos  peones. 

CAPÍTULO  XXXVII. 

De  la  batalla  campal  que  ovieron  el  Maestre  Don  Alonso  de  Cár- 
denas con  su  gente  é  capitanes,  con  el  Obispo  de  Ébora  é  gente 
del  Hey  de  Portugal. 

Salió  el  Maestre  Don  Alonso  de  Cárdenas,  Maes- 
tre de  Santiago,  de  Valverde  cerca  de  Mérida  con 
su  gente,  é  tomó  el  camino  del  Albaera  que  es  una 
legua  de  Mérida,  é  llegando  á  la  dicha  Albuera  lle- 
gó al  encuentro  con  los  portugueses,  en  los  quales 
venia  por  Capitán  mayor  el  Obispo  de  Ebora  Don 
Garoia  de  Meneses ,  con  una  gruesa  batalla  de  gente 
muy  lucida,  y  tanta  que  no  se  conocía  qual  fuese 
mas,  ella  ó  la  del  Maestre,  que  toda  parecía  por  un 
igual,  y  la  diferencia  era  muy  poca  según  ios  que 
lo  vieron  dixeron  ;  y  de  parte  del  Maestre  Don  Mar- 
tin llevaba  la  delantera  con  una  bandera  y  una  ba- 
talla de  caballeros ;  y  de  parte  de  los  portugueses, 
traia  la  delantera  un  Don  Fernando,  hermano  del 
Obispo  de  Ebora,  con  otra  batalla  gruesa,  al  qual 
vino  á  romper  en  la  batalla  de  Don  Martin  de  Cabra; 
y  Don  Martin  é  su  batalla ,  fueron  á  romper  en  la 
batalla  de  Don  Fernando  de  Meneses  susodicho,  de 
manera  que  se  encontraron  los  unos  á  los  otros  é  se 
mezclaron,  é  fué  desbaratada  la  batalla  de  Don  Mar- 
tín, é  f uyóle  la  gente,  é  desque  se  vido  así  desbara- 
tado, retráxose  á  un  cerro  con  su  bandera,  é  recogió 
allí  toda  la  mas  de  la  gente  que  f  uia  suya  de  la  ba- 
talla, E  como  el  Maestre  vido  que  la  gente  de  Don 
Martin  andaba  á  mal  andar  y  f  uia  de  la  batalla,  re- 
cudió personalmente  é  fuese  á  encontrar  con  su 
gruesa  batalla,  con  la  gran  batalla  de  los  portugue- 


ses, donde  venia  el  Obispo  de  Ébora ,  é  rompieron 
la  una  batalla  en  la  otra,  y  pelearon  un  rato  muy 
fuertemente,  que  no  se  conocía  mejoría  en  todas  las 
batallas  de  los  portugueses  é  las  de  los  castellanos, 
salvo  la  batalla  de  Don  Martin  que  habia  ido  des- 
baratada, y  estaban  en  el  cerro  con  la  bandera.  Y 
andando  así  peleando,  muchos  de  los  de  la  batalla 
del  Maestre  f  uian  y  se  iban ;  y   el  Maestre  daba 
grandes  voces  esforzando  sus  gentes  diciendo   que 
ee  esforzasen  como  buenos  caballeros  é  procurasen 
de  vencer,  que  aquel  era  el  dia  de  su  crecida  hon- 
ra ;  é  peleaba  él  mesmo  por  sus  manos  é  con  su 
persona  dando  ejemplo  á  los  suyos ;  é  sus  criados  le 
guardaban  muy  bien,  y  no  facían  menos  los  suyos 
al  Obispo  de  Ebora,  que  le  guardaban  muy  bien,  é 
peleaban  ante  él  como  buenos  esforzados  caballe- 
ros ;  y  andando  asi  peleando,  é  no  se  pudiendo  co- 
nocer quien  habría  la  victoria,  volvió  Don  Martin 
do  Cabra  á  la  pelea  con  la  gente  que  habia  recoxido 
en  el  cerro  ,  y  rompió  por  medio  de  todos,  é  desba- 
rató á  todos,  castellanos  y  portugueses,  é comenza- 
ron á  f  uir  de  la  batalla  los  unos  y  los  otros,  así  cas- 
tellanos como  portugueses  ;  y  el  Maestre  conoció  la 
bandera  y  los  que  con  él  andaban,  y  esforzóse  mu- 
cho diciendo :  Castilla,  Castilla  :  y  pelearon  todavía 
fasta  que  del  todo  los  portugueses  fueron  desbarata- 
dos, é  el  Maestre  ovo  la  victoria  de  esta  batalla,  ó 
el  Obispo  de  Ebora  é  los  portugueses  fueron  venci- 
dos é  desbaratados  é  fueron  muchos  ferídos  é  muer- 
tos, é  presos,  aunque  como  toda  era  gente  de  guerra 
é  iba  armada,  pocos  murieron;  que  lo  que  se  pudo 
saber  luego,  allí  no  murieron  sino  treinta  escuderos 
de  los  portugueses ,  é  fueron  presos  mas  de  tres- 
cientos hombres  ;  y  de  los  del  Maestre,  en  lo  que  se 
pudo  saber ,  fueron  muertos  diez  hombres  ó  pocos 
mas,  é  pocos  ferídos.  Aquí  no  pelearon  peones  nin- 
gunos, sino  de  caballeros  á  caballeros  lo  ovieron,  ó 
como  estaban  muy  armados ,  ovo  pocos  muertos 
para  según  la  pelea  fué,  que  duró  gran  rato.  En  es- 
ta batalla  fuá  preso  el  Obispo  de  Ébora,  é  un  ebca- 
dero  de  la  parte  del  Maestre  de  los  de  Úbeda  por 
haber  merced  de  él,  que  lo  conoció,  lo  salvó  é  huyó 
con  él  á  Mérida,  antes  que  fuese  recojida  la  cabal- 
gada, al  qual  diz  que  él  fizo  grandes  mercedes.  Des- 
pués ovieron  aquel  dia  allí  el  Maestre  de  su  parto 
gran  cabalgada  de  prisioneros  é  caballeros,  é  armas 
é  cémilas  é  ropas  de  oro  é  plata,  é  otras  muchas  co- 
sas. Esta  dicha  batalla  fué  en  Miércoles  24  de  Fe- 
brero del  año  del  nacimiento  de  Nuestro  Redentor 
Jesuchrísto  de  1479  años  primero  dia  de  quaresma, 
dia  de  la  Ceniza.  Fueron  allí  presos  aquel  dia  algu- 
nos fidalgos  de  Castilla  de  los  que  siguieron  la  par- 
cialidad del  Rey  Don  Alonso  de  Portugal,  entre  los 
quales  era  uno  Cristóbal  Bermudez,  Alcayde  de  Ca- 
nales, que  es  cerca  de  Toledo,  é  otro  Arellano,  é  Al- 
varo de  Luna,  é  Francisco  Anaya,  é  Diego  Manuel ; 
este  murió  estando  preso  de  las  feridas  de  la  bata- 
lla. E  después  que  el  campo  fué  recojido,  el  Maestre 
se  vino  con  toda  la  presa  á  Lobon,  é  de  allí  fizo  sa- 
ber al  Rey  é  á  la  Rey  na  la  victoria  que  Dios  le  ha- 
bia dado  á  él  y  á  aquellos  caballeros  que  con  él  iuQ- 


DON  FERNANDO 
jfon ;  €  envióles  á  decir  que  él  creía  que  en  la  buena 
ventura,  él  había  vencido  aquella  batalla ;  é  el  Rey 
é  la  Reyna  ovíeron  de  esto  muy  gran  placer  y  ale- 
gría, y  el  Rey  envió  un  Rey  de  armas  suyo  á  Lobon 
para  que  degollase  algunos  fidalgos  de  aquellos  prí- 
"■  BÍoneros  porque  le  habían  sido  en  contra ;  é  degolló 
algunos  en  la  plaza  de  Lobon ;  entre  los  quales  de- 
golló á  Cristóbal  Bermudez,  y  otros  escaparon  por 
ruego  del  Maestre,  otros  resgataron,  é  otros  destro- 
caron por  otros  que  estaban  en  Portugal.  Desde  es- 
ta batalla  en  adelante,  poseyó  el  Maestre  susodicho 
pacíficamente  el  Maestradgo  de  Santiago ,  é  se  lo 
confirmaron  el  Rey  é  la  Reyna,  é  lo  amaron  mucho, 
é  le  saldaron  ciertos  quentos  de  maravedís  de  pen- 
sión que  de  él  habían  para  sus  guerras  ciertos  tiem- 
pos había,  de  las  rentas  del  Maestradgo. 

CAPÍTULO  XXXVIIL 

Del  Maestre  de  Santiago  Don  Alonso  de  Cárdenas,  é  de  sus  vic- 
torias é  buenas  venturas. 

Antes  que  proceda  de  los  cercos  que  el  Rey  Don 
Fernando  é  la  Reyna  Dofia  Isabel  mandaron  poner 
sobre  la  ciudad  de  Mérida,  é  sobre  la  villa  é  forta- 
leza de  Medellín,  pues  que  agora  viene  á  mano  cer- 
ca de  esta  su  victoria  ya  dicha,  quiero  escribir  de 
este  Maestre  Don  Alonso  de  Cárdenas,  y  de  sus  vic- 
torias y  buenas  venturas,  pues  es  fuerza  de  decir  de 
los  cercos,  y  algo  del  Maestradgo,  y  no  se  puede  de- 
cir sin  tocar  á  él. 

El  dicho  Maestre  de  Santiago  Don  Alonso  de  Cár- 
denas fué  fijo  del  Comendador  mayor  de  León, 
Don  García  López  de  Cárdenas,  é  sucedió  á  el  dicho 
su  padre  en  la  Encomienda  mayor  de  León ,  que  es 
Fuentes ,  é  Segura ,  é  Valencia,  é  otros  lugares  del 
Maestradgo  de  Llerena,  é  fué  Comendador  mayor 
mas  de  veinte  años ,  é  fué  Gobernador  del  Maes- 
tradgo de  abajo  mucho  tiempo  en  vida  del  Rey  Don 
Enrique,  estando  el  Maestradgo  sin  Maestre,  des- 
pués de  la  muerte  del  Maestre  Don  Alvaro  de  Luna; 
é  después  sucedió  en  el  Maestradgo  en  tiempo  del 
Rey  Don  Enrique  Don  Juan  Pacheco  Marqués  de 
Villena,  é  fué  Maestre  pacífico,  é  casó  su  hijo  Don 
Pedro  Portocarrero,  con  Dofia  Juana  fija  de  dicho 
Comendador  mayor  por  haber  su  amistad ,  é  porque 
estaba  muy  prosperado,  é  tenia  muchas  fortalezas 
del  Maestradgo  ;  é  falleció  de  esta  presente  vida  el 
dicho  Maestre  Don  Juan  Pacheco  en  el  mes  de  agos- 
to de  1474  teniendo  cerco  sobre  la  ciudad  de  Tru- 
xillo,  de  la  qual  el  Rey  Don  Enrique  le  había  fecho 
merced ,  que  fuese  Duque  de  ella.  Adoleció  en  un 
lugar  que  dicen  Santa  Cruz,  tres  leguas  de  Truxi- 
llo ,  é  allí  falleció  quatro  meses  antes  que  falleciese 
el  Rey  Don  Enrique  ;  é  luego  ovo  gran  división ,  é 
alborotos  é  guerras  en  el  Maestradgo.  Intituló  de 
Maestre  de  Santiago  Don  Rodrigo  Manrique,  Co- 
mendador de  Segura  de  la  Sierra  é  Conde  de  Pare- 
des ,  diciendo  que  lo  había  de  haber  de  justicia  por 
quanto  el  Comendador  mayor  de  Castilla  su  tío  Don 
Gabriel  Manrique,  Conde  de  Osorno,  le  h^ía  renun- 
ciado la  acción,  y  justicia  que  había  al  Maestradgo; 


É  DO^A  ISABEL.  595 

y  tomó  luego  todo  lo  que  pudo  del  Maestradgo  de 
arriba ,  especialmente  á  Ocaña  é  otras  muchas  villas 
é  lugares,  de  ellas  por  guerras ,  é  de  ellas  que  se  lo 
dieron.  E  tituló  también  el  Marqués  de  Villa ,  fijo 
del  dicho  Maestre ,  que  tenía  gran  parte  del  Maes- 
tradgo, en  lugar  de  su  padre  por  Maestre  de  San- 
tiago ;  é  fuera  Maestre  sí  no  se  lo  impidiera  después 
la  parcialidad  del  Rey  de  Portugal ,  que  sobrevino 
luego  dende  á  quatro  meses  como  murió  el  Rey  Don 
Enrique.  É  titulóse  eso  mesmo ,  Maestre  de  Santia- 
go, el  dicho  Comendador  mayor  Don  Alonso  de 
Cárdenas,  é  elijiéronlo  para  ello  la  mayor  parte  de 
los  trece  electores  de  la  Orden,  é  tituláronlo  Maes- 
tre. Y  alegaba  esto  el  que  era  Comendador  mayor 
uno  de  los  dos  de  quien  según  la  Orden  mandaba 
que  debían  elegir  Maestres ,  é  que  era  antiguo  en  la 
Orden  ;  é  que  fuera  de  la  Orden  no  podía  de  justi- 
cia ser  elegido  Maestre.  É  de  estos  tres  Maestres 
cada  uno  defendía  lo  que  tenía.  En  tiempo  de  estas 
divisiones  falleció  el  Rey  Don  Enrique ,  ó  comen- 
zaron de  reynar  el  Rey  Don  Fernando ,  y  la  Reyna 
Dofia  Isabel ;  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal  se  ti- 
tuló Rey  de  Castilla  por  su  mujer ,  é  los  dos  Maes- 
tres Don  Rodrigo  Manrique  é  Don  Alonso  de  Cár- 
denas, alzaron  pendones  por  el  Rey  Don  Fernando 
y  por  su  mujer ;  y  el  otro  Maestre  alzó  pendones 
por  el  Rey  Don  Alonso  y  su  mujer ;  y  así  el  Marqués 
con  la  vuelta  de  los  Reyes ,  y  por  no  ser  Caballero 
de  la  Orden,  quedó  sin  el  Maestradgo.  Después  de 
muerto  el  Rey  Don  Enrique ,  como  muchos  grandes 
caballeros  querían  ser  Maestres,  é  tomaban  é  ocu- 
paban quanto  podían  del  Maestradgo ;  é  viendo  esto 
estonce  se  concertaron  con  el  Conde  Don  Rodrigo 
Manrique  y  el  Comendador  mayor  Don  Alonso  de 
Cárdenas,  que  cada  uno  defendiese  lo  que  tenía  fasta 
que  o  viese  disposición  de  tiempo  para  ver  por  jus- 
ticia quien  debía  haber  el  Maestradgo.  Estos  y  otros 
capítulos  vino  á  facer  Don  Jorge  fijo  del  dicho  Don 
Rodrigo  Manrique,  con  el  dicho  Maestre  Don  Alon- 
so de  Cárdenas ;  el  qual  Don  Jorge  Manrique  murió 
en  una  pelea  de  las  mismas  guerras  de  Castilla,  des- 
pués de  la  muerte  del  dicho  su  padre.  É  ansí  confe- 
derados los  dichos  dos  Maestres ,  vivió  obra  de  dos 
afios  el  Maestre  Don  Rodrigo  Manrique,  é  murió,  ó 
quedó  el  Maestradgo  á  Don  Alonso  de  Cárdenas. 
Esto  fecho  así  entre  los  dos,  cada  uno  defendía  lo 
que  era  suyo. 

Antes  de  esto  el  dicho  Maestre,  siendo  Comenda- 
dor mayor  de  León ,  luego  como  falleció  el  Maestre 
de  Santiago  en  Truxillo,  aunque  tenia  muchas  for- 
talezas, temía  mucho  que  viniese  sobre  él  el  Maestre 
Don  Juan  Pacheco,  Marqués  de  Villena,  fijo  del 
Maestre,  ó  otros  grandes,  y  demandó  favor  al  Duque 
de  Medina  Don  Enrique  que  estaba  en  Sevilla ,  en- 
víándole  á  decir  que  le  fuese  valedor  é  amigo  para 
haber  el  Maestradgo,  y  que  le  prometía  quando  él  no 
lo  pudiese  ser,  que  él  lo  seria  y  otro  Grande  no,  que 
él  daría  su  voto  á  él ;  y  el  Duque  con  e&ta  embaxada 
estaba  en  esperanza  de  haber  el  Maestradgo ,  é  se- 
gún lo  que  pareció,  pensó  que  el  Comendador  ma- 
yor nunca  pudiera  salir  con  tan  grande  empresa.  i\ 


59é  CRÓmCAS  DE  LOS 

esto  tiempo  tenia  el  Comendador  mayor  estas  for- 
talezas: á  Segura  de  su  Encomienda,  é  del  Maestrad- 
go  á  Xerez ,  é  la  villa  de  Llerena,  é  Rey  na,  é  Mon- 
temolin,  é  Hornachos ,  é  Medina,  é  otros.  É  fasta  la 
muerte  del  Rey  Don  Enrique,  habia  tenido  por  amigo 
al  dicho  Señor  Duque  de  Medina,  é  tenia  mucha  con- 
fianza del,  puesto  caso  de  que  nunca  lo  llamó  ni  lo  ovo 
menester.  En  este  tiempo  el  Conde  de  Feria  habia 
también  cobdicia  del  Maestradgo,  y  era  en  contra  al 
Comendador  mayor,  el  qual  era  mucho  amigo  del 
dicho  Duque  de  Medina  que  tenian  casados  sendos 
hermanos ;  é  ovieron  manera  que  llegó  á  ciertos  Co- 
mendadores y  alzaron  por  Maestre  de  Santiago  áDon 
Diego  de  Alvarado  Comendador  de  Lobon,  para  que 
después  renunciase  el  hábito  ó  dignidad  en  él ,  o  en 
el  Duque  de  Medina,  é  fizo  saber  al  Duque  como  el 
Comendador  mayor  se  llamaba  Maestre  de  Santiago, 
é  de  aqui  propuso  facerle  guerra  el  dicho  Conde  al 
dicho  Comendador  mayor,  y  el  dicho  Duque  de  Me- 
dina eso  mesmo  le  propuso  de  le  venir  á  tomar  por 
fuerza  el  Maestradgo  al  dicho  Comendador  mayor, 
é  siguióse  guerra  entre  ellos  según  se  sigue. 

CAPÍTULO  XXXIX. 

De  la  pelea  que  ovo  el  Conde  de  Feria,  é  el  Maestre  en  Xerez, 
é  de  como  el  Conde  fué  vencido. 

El  Conde  Don  Gómez  Suarez  de  Figueroa,  Conde 
de  Feria,  tenia  gran  parte  en  la  villa  de  Xerez  do 
parientes  é  criados  quo  vivian  con  él ;  asi  mesmo 
los  M^laveres ,  que  querían  mal  al  Maestre  Comen- 
dador mayor,  é  otros;  y  el  Maestro  tenia  la  fortale- 
za, é  tenian  con  él  el  Comendador  Juan  de  Bazani,  é 
sus  valias  é  otras  pocas  valias.  E  la  parcialidad  del 
Conde  metió  al  Conde  en  la  villa,  é  tomaron  la  igle- 
sia de  San  Bartolomé  por  fortaleza,  é  muchas  casas 
fuertes,  é  barrearon  bien  la  mayor  parte  de  la  villa, 
é  querían  echar  por  fuerza  de  armas  á  los  de  la  par- 
te del  Maestre  ;  y  tomar  si  pudieran  la  fortaleza.  E 
el  Maestre,  desque  lo  supo,  partió  para  allá  desde  Se- 
gura con  la  mas  gente  que  pudo,  é  llegó  salido  el 
sol  un  dia,  é  con  su  vista  esforzáronse  mucho  los 
del  bando  ;  é  desque  reposó  é  comió,  mandó  pelear, 
é  armóse  la  pelea  entre  el  Maestre  y  el  Conde ,  é 
duró  desde  las  diez  del  dia  fasta  vísperas,  en  que 
ovo  de  ambas  partes  muchos  feridos  é  algunos  muer- 
tos, y  el  Conde  fué  vencido,  y  él  é  loa  suyos  salie- 
ron huyendo  de  la  villa,  ó  al  salir  fueron  de  ellos 
muchos  presos  é  despojados,  y  el  Maestre  no  quiso 
seguir  el  alcance,  ni  lo  dejó  seguir  á  los  suyos,  por- 
que si  el  alcance  se  siguiera,  no  pudiera  el  Conde 
dejar  de  ser  muerto  ó  preso.  Así  quedó  la  villa  de 
Xerez  por  el  Maestre  también  como  la  fortaleza ;  en 
la  qual  hizo  poner  tal  recaudo,  que  nunca  después  la 
perdió.  Esta  pelea  fué  Miércoles  once  dias  del  mes 
de  Enero  año  do  mil  quatrocientos  setenta  y  cinco. 
El  Conde  así  desbaratado  se  fué  á  Zafra,  é  el  Maes- 
tre se  fué  á  Medina  de  las  Torres,  é  dende  por  los 
otros  lugares  del  Maestradgo  á  Llerena,  el  qual  fizo 
bastecer  bien  todos  los  castillos  asi  de  viandas  como 
de  armas  é  gente. 


REYES  DE  CASTILLA, 


CAPITULO  xl; 

De  como  el  Duque  de  Alédina  fué  de  Sevilla  poderosamente,  é  en- 
tró en  el  Maestradgo,  é  de  los  robos  que  los  suyos  ücieron,  é  de 
como  fueron  él  y  los  suyos  vencidos. 

Partió  de  Sevilla  el  Duque  de  Medina  Don  Enri- 
que, en  9  de  Enero  del  dicho  año  de  1475,  con  dos 
mil  de  á  caballo,'gente  muy  lucida,  é  peones  los  que 
quiso  llevar,  á  tomar  el  Maestradgo  de  Santiago. 
Iban  con  él  la  flor  de  la  caballería  de  Sevilla  y  sn 
tierra,  y  por  capitanes  muchos  de  los  más  nobles  é 
generosos ,  entre  los  quales  iba  Don  Martin ,  fijo  del 
Conde  de  Cabra,  yerno  del  Conde  de  Arcos,  y  Mar- 
tin Alonso  de  Montemayor,  nieto  del  Conde  Don  Pe- 
dro Ponce,  y  el  Mariscal  Fernán  Darías  de  Saavedra, 
é  otros  muchos ;  la  qual  gente  iban  de  guerra  y  de 
fiesta ,  qne  el  dicho  Sr.  Duque  llevaba  muy  gran 
capilla  de  cantores  ,  con  muchas  trompetas  é  chere- 
mías,  é  sacabuches,  é  músicas  acordadas,  é  niños 
cantores  de  la]  iglesia  mayor ,  é  muchos  arreos  de 
vestimentos  y  ornamentos.  E  llegando  á  Aracena, 
supo  la  nueva  del  desbarato  del  Confie  de  Feria ,  ó 
allí  vino  el  Conde ;  ó  dende  partieron  con  toda  la 
hueste ,  é  fueron  á  Xerez ,  é  def endióseles ;  é  desque 
vieron  que  la  villa  é  fortaleza  estaban  á  tal  recau- 
do ,  que  con  muchos  tiros  de  pólvora  ,  y  saetas ,  é 
con  mucha  gente  se  defendían ,  f uéronse  por  Bur- 
guillos  á  Zafra,  é  dende  entraron  así  poderosamen- 
te en  el  Maestradgo  por  los  Santos;  é  dende  á  Rive- 
ra, é  la  fortaleza  de  Rivera ,  les  dio  el  Alcayde  de 
Todesillas  donde  se  detuvieron  algunos  dias,  é  re- 
caudaron lo  quo  pudieron  de  renta  de  la  mesa  maes- 
tral. E  dende  vinieron  á  Fuente  de  Cantos,  donde 
eso  mesmo  el  Duque  cobró  de  las  rentas ,  á  lo  mas 
que, pudo ,  é  so  detuvo  algunos  dias ,  é  dende  la  vi- 
lla de  Fuente  de  Cantos ,  é  las  otras  villas  todas  ó 
lugares  de  por  allí  recibieron  muchos  daños  en  sus 
personas  é  haciendas,  que  les  tomaron  é  robaron 
aquellas  gentes  de  guerra  muchos  ganados ,  bueyes 
y  vacas ,  y  ovejas ,  y  ovo  hatos  de  ochocientas  ove- 
jas é  otros  de  menos,  en  que  ni  una  no  dejaron,  que 
todas  las  comieron  sin  las  pagar ,  é  muchas  bestias, 
caballos,  é  asnos;  é  muchas  alhajas  de  casas  que 
les  robaban ,  é  ropas  que  muchos  malos  hombres  de 
la  hueste  robaron  é  hurtaron,  y  enviaban  á  cargas  á 
Sevilla ,  por  los  caminos  atraviesas  de  los  goUisos 
de  zuf re ;  lo  qual  fué  visto,  é  manifiesto.  De  esto  los 
Señores  Duque  y  Conde  no  eran  sabidores ,  ni  les 
placía  de  ello ;  empero  como  la  gente  era  mucha, 
desmandábanse,  y  los  malos  y  ladrones  habían  lu- 
gar de  emplear  sus  deseos.  Después  de  allí  haber  es- 
tado algunos  dias  toda  la  hueste,  partióse  el  Conde 
para  Medina  á  combatir  las  Torres  y  el  Duque  fué  á 
dar  vista á  Llerena,  donde  el  Maestre  estaba ;  é  pasó 
por  cerca  de  la  villa  bu  gente  muy  bien  reglada  é 
acaudillada  ;  é  no  llevaba  ya  tanta  como  habia  traí- 
do ,  que  algunos  se  habían  despedido,  viendo  que 
no  eran  menester,  é  por  los  grandes  gastos.  El 
Maestre  se  asomó  entro  las  almenas  á  mirar  las  ba- 
tallas ,  é  tuvo  bien  cerradas  las  puertas  de  la  vill»! 


DON  FERNANDO 
que  por  todo  aquel  día  no  dejó  á  ninguno  salir  ni 
entrar,  y  era  aquel  dia  Martes  de  Carnestalendas  á 
siete  dias  de  Febrero ;  ó  el  Duque  é  su  hueste  se  fue- 
ron aquella  noche  á  aposentar  en  Guadalcanal,  é  no 
curaron  de  echar  guarda  al  campo,  sino  muy  segu- 
ros como  si  en  sus  casas  estuvieran ;  y  el  Maestre 
salió  aquella  noche  de  Llerena,  con  fasta  trescien- 
toa  y  cinqüenta  de  caballos,  é  otros  tantos  [peones; 
é  al  quarto  del  alba  Miércoles  de  la  Ceniza,  entró  en 
Guadalcanal,  é  comenzaron  á  decir  todos  á  grandes 
voces  quantos  llevaba  consigo :  «Cárdenas ,  Carde- 
denas  »,  ó  tocando  las  trompetas  ;  é  la  gente  de  á 
pié  echaban  herrojos  á  las  puertas,  y  los  de  la  villa 
conocieron  que  era  el  Mae?tre,  é  algunos  guarecían 
á  sus  huéspedes  é  otros  los  robaban ,  é  otros  se  fue- 
ron á  juntar  con  la  gente  del  Maestre  é  le  ayu- 
daban. 

É  la  gente  del  Duque  desque  vieron  é  conocieron 
que  el  Maestre  andaba  por  la  villa  con  su  gente 
abriendo  y  cerrando  las  puertas,  sallan  huyendo  to- 
dos los  demás  ahorrados,  por  poner  sus  personas  en 
salvo ;  é  muchos  salían  cabalgando  diciendo,  Cárde- 
nas, Cárdenas  ,  é  íbanse  en  salvo ;  é  el  Maestre  en- 
derezó á  la  posada  del  Duque,  é  quando  llegó  ya  el 
Duque  salia,  é  sacólo  su  huésped,  y  guareciólo  como 
no  lo  conocieron  ,  que  como  era  de  noche ,  no  pudo 
Ber  reconocido,  é  los  que  sallan  de  la  posada  con  él 
decían  Cárdenas,  Cárdenas  ;  é  Martin  Suarez  nun- 
ca se  partió  del  Duque ;  é  guiándolos  el  huésped  de 
la  posada  fueron  á  parar  á  Alanís,  é  ansí  escapó  el 
Duque  aquella  noche,  é  fué  preso  Don  Alvaro  su  her- 
mano ,  é  otros  muchos  fidalgos ;  é  los  del  Duque  sa- 
lieron todos  huyendo  de  la  villa ,  é  unos  tomaron 
camino  de  Alanís ,  é  otros  camino  de  Cazalla,  y  Don 
Martin  de  Cabra,  é  Martin  Alonso  de  Montemayor 
é  los  suyos  ovieron  lugar  de  cabalgar,  é  desque  fué 
de  dia  ,  ficíeron  rostro  al  Maestre  é  pelearon  é  aun 
fueron  ambos  feridos  por  guarecer  algunos  de  la 
gente,  é  pusiéronse  á  vista  á  un  cabo  de  la  villa  ó 
un  arroyo  en  medio  donde  recojieron  doscientas  cin- 
qüenta lanzas,  é  muchos  peones  que  escapaban  de 
la  villa  é  fuer  huían  allí ;  é  de  allí  se  vinieron  aquel 
dia  á  Alanís.  El  Maestre  é  los  suyos,  é  los  de  la  vi- 
lla ovieron  allí  aquel  día ,  muy  gran  ¡cabalgada  é 
despojos,  de  caballos,  é  de  acémilas  y  muías ,  é  de 
lo  que  pareció  alcanzó  fueron  mas  de  quatrocientas 
bestias,  dejando  lo  hurtado.  E  ovo  el  Maestre  la  va- 
jilla de  plata ,  é  arreos,  é  la  capilla,  é  cantores  é  los 
instrumentos  músicos ;  é  esto  guardó  el  Maestre,  é 
después  se  lo  envió.  E  ovieron  allí  el  Maestre  y  los 
Buyos  otras  muchas  vajillas  de  oro  é  plata ,  é  cama 
é  ropas ,  é  respuestos ,  é  arcas ,  é  reposteros ,  é  ar- 
mas ,  é  otras  muchas  cosas  ;  con  la  qual  presa  y  ca- 
balgada se '.vinieron  á  Llerena  aquel  dia,  é  repartió 
bien  la  cabalgada  con  los  que  lo  siguieron ,  é  guar- 
dó las  cosas  de  la  iglesia  é  la  vajilla  del  Duque  fas- 
ta que  fueron  amigos  que  se  la  dio,  é  ansí  volvió  el 
Duque  á  Sevilla  por  sus  pecados  é  por  los  pecados 
de  muchos  malos  é  ladrones  que  consigo  llevó ,  que 
habían  robado  en  este  viaje  á  muchos  labradores,  ó 
trabajadores ,  que  no  debían  cosa  alguna  ni  mere- 


É  DONA  ISABEL.  501 

cían  mal,  é  les  habían  comido  sus  vacas  é  ovejas,  ó 
ganados ,  según  dicho  es  ;  é  no  quiso  Dios  que  aque- 
llo pasase  sin  pena  muchos  dias ;  apareció  evidente 
que  oyó  los  gemidos  é  peticiones  de  aquellos  labra* 
dores  é  de  sus  mugeresé  fijos,  que  viéndose  robados 
y  perdidos  clamaban  á  Dios. 

El  Conde  supo  esta  nueva  estando  en  Medina, 
que  quería  combatir  las  Torres,  é  luego  á  la  hora  se 
fué  á  Zafra,  y  aun  por  se  ir  á  prisa  quedaron  algu- 
nos pertrechos  é  tiros  de  pólvora  perdidos,  que  co- 
braron los  de  las  Torres. 

Desde  este  dia  comenzó  el  Maestre  á  ser  grande 
é  poderoso,  é  fizo  muchos  de  caballo,  é  entró  mu- 
chas veces  á  Portugal  por  facer  servicio  al  Key  Don 
Fernando,  é  facer  guerra  al  Rey  Don  Alonso,  ó 
siempre  en  sus  entradas  é  salidas  ganó  honra,  ó 
siempre  en  sus  cosas  era  vencedor  ó  no  vencido.  E 
el  año  siguiente  de  1476,  en  el  Agosto,  quando  el 
Rey  Don  Fernando  tenia  el  cerco  sobre  Toro,  falle- 
ció de  su  muerte  natural  el  Maesti-e  Don  Rodrigo 
Manrique  en  la  villa  de  Ocaña,  é  ansí  no  tuvo  con- 
traditor  el  Maestre  Don  Alonso  de  Cárdenas  á  el 
Maestradgo,  é  salió  con  él.  Ovo  su  Encomienda  ma- 
yor su  pariente  Don  Gutierre  do  Cárdenas,  Conta- 
dor mayor  de  Castilla, 

CAPÍTULO  XLL 

De  los  cercos  de  Mérida  y  Medellin  é  Montanchez. 

Agora  volviendo  á  decir  de  los  cercos  de  Mérida 
é  Medellin  é  Montanchez,  sabed  que  se  pusieron  en 
el  verano  del  año  de  1479,  cinco  meses  poco  mas  ó 
menos  tiempo  después  de  la  batalla  de  Mérida  que 
el  Maestre  ovo  con  los  portugueses.  Era  caudillo 
mayor  de  estos  cercos  el  dicho  Maestre  de  Santiago 
Don  Alfonso  de  Cárdenas;  é  pusiéronse  ambos  á  un 
tiempo;  é  el  Maestre  se  puso  sobre  Medellin,  el  mas 
del  tiempo  en  un  lugar  que  llaman  Menga- abril,  ó 
tenían  gente  en  Don  Benito,  é  tenían  repartidos 
muchos  capitanes  por  el  campo  en  las  comarcas  de 
Medellin,  donde  convenia,  de  manera  que  estaban 
las  guarniciones  á  una  legua  é  media  de  Medellin 
y  de  allí  la  corrían  cada  dia;  é  había  en  la  guarni- 
ción de  este  cerco  muchos  capitanes  de  el  Rey :  es- 
taba Don  Martin  de  Cabra,  é  Luis  Puerto  Carrero, 
y  el  mesmo  Conde  de  Medellin ,  á  quien  la  Condesa 
su  madre  tenia  por  fuerza  la  villa,  é  fortaleza;  ó 
otros  con  gente»  de  diversas  partes  é  lugares  do 
Castilla. 

El  cerco  do  Mérida  estaba  de  otra  manera,  que 
los  cercadores  tenían  la  villa,  é  los  cercados  la  for- 
taleza donde  recibieron  muchos  combates  de  tiros 
de  pólvora,  é  quartagos  ó  injenios;  donde  recibieron 
muchos  daños  los  unos  do  los  otros;  é  habla  en  efite 
cerco  por  capitanes  Don  Pedro  Puerto  Carrero,  Se- 
ñor de  Moguer,  yerno  del  Maestre,  é  Juan  Nuñez  de 
Prado,  natural  de  Medellin,  é  Juan  de  Vera,  Alcayde 
de  la  mesma  ciudad  de  Mérida  é  capitán  Mayor,  é 
Sancho  del  Águila,  é  otros  capitanes  del  Rey  con 
muy  aderezada  gente,  E  al  tiempo  de  estos  cercos 
siempre  la  Condesa  y  el  Obispo  de  Ebora  estuvieron 


598 


CRÓMICAS  DE  LOS  REYES  DB  CASTILLA. 


en  Medellin,  é  esperaban  socorro,  é  nunca  les  vino. 
Estuviéronse  tres  meses  poco  mas  ó  menos,  é  dié- 
xonse  á  partido  cerca  de  San  Miguel,  é  dióse  prime- 
ro la  Condesa  en  Medellin,  é  entregó  la  fortaleza,  en 
la  qual  entró  Luis  Puertocarrero,  Señor  de  Palma, 
en  nombre  del  Rey.  E  dende  á  ciertos  dias,  salieron 
los  portugueses  de  Mérida,  y  entregaron  la  fortale- 
za al  Maestre ;  é  andando  en  los  tratos  de  esto,  se 
comenzaron  á  tratar  las  paces  de  entre  Portugal, 
y  Castilla,  y  antes  que  los  portugueses  cercados  se 
fuesen  á  Portugal,  destrocaron  los  prisioneros  todos 
que  se  tenian  desde  el  comienzo  de  las  guerras  los 
unos  por  los  otros  que  allí  estaban  y  traxeron  los 
que  estaban  en  Portugal,  é  llevaron  á  Portugal  los 
que  estaban  en  Castilla,  é  todo  esto  fué  en  los  par- 
tidos de  Mérida,  é  Medellin,  é  luego  concertaron  y 
apregonaron  paces,  entre  Castilla  y  Portugal  en  el 
dicho  año  de  1479  años.  Duró  la  dicha  guerra  qua- 
tro  años  é  nueve  meses.  Montanchez  que  es  una 
gran  fortaleza  cerca  de  Mérida  é  muy  fuerte  del 
Maestradgo  de  Santiago  que  estaba  por  el  Clavero 
Don  Alfonso  Monroy,  Maestre  de  Alcántara  que 
llamaban,  quedó  de  esta  vez  por  ganar,  aunque 
siempre  en  los  dichos  cercos  habia  estado  bien  cer- 
cado de  gente  del  Rey  y  del  Maestre  que  la  tuvie- 
ron siempre  puesta  guarnición  en  Valdefueotes. 
Sobre  este  quedaron  guarniciones  como  se  estaban, 
y  fasta  que  dende  cinco  ó  seis  meses  entregó  la 
fortaleza  Don  Francisco  fijo  del  dicho  Clavero  Maes- 
tre de  Alcántara,  que  se  decia,  al  Maestre  de  San- 
tiago por  partido,  sin  concierto  de  su  padre,  é  se 
vino  á  vivir  con  el  Maestre  é  lo  casó  con  una  pa- 
rienta  suya  hermana  de  Francisco  de  Cárdenas,  Al- 
cayde  que  fué  de  Reyna,  é  ansí  ovo  el  Maestre  la 
fortaleza  de  Montanchez,  que  es  una  de  las  fuertes 
de  Castilla. 

CAPÍTULO  XLIL 

De  como  el  Rey  Don  Fernando  fué  á  Aragón  á  la  muerte  de  su 
padre,  que  falleció  en  este  tiempo. 

En  el  sobredicho  año  de  mil  quatrocientos  seten- 
ta y  nueve  en  el  tiempo  de  los  cercos  de  Mérida  é 
Medellin,  murió  el  Rey  de  Aragón,  padre  de  el  Rey 
Don  Fernando ;  fué  allá  é  fizo  hacer  las  honras  é 
obsequias  como  covenia  á  tan  generoso  é  tan  hon- 
rado Rey;  é  recibió  ios  reynos  de  Aragón,  Valencia, 
é  el  Condado  de  Cataluña  con  tod^s  las  islas  á  ello 
anexas,  é  volvió  presto  para  dar  asiento  en  las  co- 
sas de  entre  Castilla  é  Portugal,  asi  en  las  paces  de 
la  tierra,  como  por  mar,  porque  habia  gran  división 
entre  castellanos  é  portugueses,  sobre  la  mina  de 
oro  que  los  portugueses  habían  hallado  que  iban 
los  castellanos  á  resgatar ;  é  por  facer  Cortes ;  é  fi- 
cieron  Cortes  en  todo  lo  del  Rey  Don  Fernando  é 
la  Reyna  Doña  Isabel,  teniendo  ya  todos  sus  Reynos 
pacíficos;  donde  convocados  todos  los  grandes  de 
Castilla,  así  caballeros  como  prelados ,  é  los  procu- 
radores de  todas  las  villas  é  ciudades  de  estos  Rey- 
nos,  é  fueron  ordenadas  muchas  buenas  cosas;  é  co- 
mentadas, é  declaradas  muchas  leyes  antiguas,  y 


de  ellas  acrecentadas,  é  de  ellas  evacuadas;  é  fechas 
muchas  pragmáticas  provechosas  al  pro  común,  y  á 
todos  según  el  Libro  que  mandaron  facer  sus  Alte- 
zas, al  Doctor  Alfonso  Díaz  de  Montalvo  que  hoy 
dia  parece,  el  qual  Libro  mandaron  tener  en  todas 
las  ciudades.  Villas  é  Lugares,  é  llaman  el  Libro  de 
Montalvo;  é  por  él  mandaron  determinar  todas  las 
cosas  de  Justicia  para  cortar  los  pleytos.  E  median- 
te el  tiempo  de  estas  Cortes  anduvieron  muchas  ve- 
ces los  embaxadores  de  Castilla  é  Portugal  de  unos 
reynos  á  otros,  fasta  que  plugo  á  Nuestro  Señor  que 
los  Reyes  vinieron  en  concordia  é  afirmaron  bien 
las  paces,  é  para  cumplir  algunas  cosas  necesarias 
ordenaron  que  entre  ellos  algún  tiempo  oviese  rehe- 
nes, é  fué  llevada  la  Infanta  mayor  Doña  Isabel 
á  Portugal,  la  qual  el  Maestre  de  Santiago  Don 
Alonso  de  Cárdenas  llevó  encargo  para  la  dar  de 
rehenes  en  Portugal ;  é  yendo  de  dia  tuvieron  la 
Pascua  de  Navidad  fin  del  año  de  1480  é  comienzo 
del  año  de  1481  en  Fregenal ;  é  pasada  la  Pascua 
se  partieron  para  Mora,  é  llegando  cerca  de  Mora 
en  Portugal,  el  Maestre  entregó  la  Infanta  Doña 
Isabel,  y  recibió  al  Duque  de  Viseo  Don  Diego,  fijo 
del  Infante  Don  Fernando,  defunto  hermano  que 
era  del  Rey  Don  Alonso ;  este  dicho  Duque  de  Vi- 
seo era  hermano  de  la  princesa  de  Portugal,  é  fijo 
de  la  Infanta  Doña  Phelipa,  hermana  del  Rey  Don 
Duarte,  y  de  la  Reyna  de  Castilla  segunda  mujer 
del  Rey  Don  Juan,  madre  de  la  Reyna  Doña  Isabel. 
En  poder  de  la  dicha  Doña  Phelipa  quedó  en  Mora 
la  dicha  Infanta;  é  fué  traído  allí  á  Mora  el  Prínci- 
pe de  Portugal,  niño  chiquillo,  fijo  del  Rey  Don 
Juan,  é  nieto  del  Rey  Don  Alonso,  é  puesto  en  po- 
der de  la  dicha  Infanta  Doña  Phelipa  su  abuela. 
Fué  allí  fecho  un  muy  gran  recibimiento  é  muy 
solemne  é  muy  rico  por  los  grandes  de  Portugal  á 
la  Infanta  de  Castilla,  é  vino  allí  á  la  recibir  la 
Duquesa  de  Braganza,  hermana  de  la  Reyna  de 
Portugal,  é  muchas  condesas  é  grandes  señoras  é 
damas.  Desque  el  Maestre  ovo  entregado  la  Prin- 
cesa é  recibido  al  Duque  volvióse  en  Castilla.  E  la 
Infanta  estuvo  desta  vez  dos  años  en  Mora  é  quatro 
meses;  en  manera  que  salió  en  el  mes  de  Mayo  de 
1483,  é  vino  á  tener  las  Pascuas  del  Espíritu  Santo 
en  Plasencia,  que  fué  aquel  año  á  18  dias  de  Mayo; 
podia  ser  la  Infanta  estonce  de  hasta  doce  ó  trece 
años. 

CAPÍTULO  XLIII. 

Del  comienzo  de  la  heregía  é  del  comienzo  de  la  Inquisición  é  de 
quando  ovo  su  inclinación  la  mosaica  pravidad,  y  castigo  de  las 
ceremonias  judaicas. 

La  herética  pravidad  ;mosáica  reinó  gran  tiempo 
escondida  y  andando  por  los  rincones,  no  se  osando 
manifestar,  y  fué  disimulada  y  dado  lugar  que  por 
mengua  de  los  Prelados,  é  Arzobispos,  é  Obispos  de 
España  que  nunca  la  acusaron,  ni  denunciaron  á 
los  Reyes,  ni  á  los  Papas  según  debían,  y  eran  obli- 
gados. Ovo  su  comienzo  esta  heregía  mosaica  en  el 
año  de  Nuestro  Redemptor  de  1390  años  en  el  co- 


DON  FERNANDO 
mienzo  del  reinado  de  Castilla  del  Rey  Don  Enri- 
que tercero  de  este  nombre,  que  fué  el  robo  de  la 
judería  por  la  predicación  de  fray  Vicente,  un  san- 
to cathólico,  varón  docto  de  la  orden  de  Santo  Do- 
mingo, que  quisiera  en  aquel  tiempo  por  predicacio- 
nes é  pruebas  de  la  Santa  Ley  é  Escriptura  conver- 
tir todos  los  judíos  de  España,  é  dar  cabo  á  la  inve- 
terada é  hedionda  sinagoga.  Predicóles  mucho  á  los 
judíos,  él  é  otros  predicadores  en  las  sinagogas,  é 
en  las  iglesias,  é  en  los  campos;  y  los  rabíes  de 
ellos  por  la  Escriptura  de  la  Santa  Ley,  profecías  y 
experiencias  de  ella,  todos^eran  vencidos  é  no  sabían 
qué  responder.  Empero  embocados,  é  con  aquella 
glosa  del  Talmud  que  ficieron  los  dos  rabíes  Rava- 
te,  é  Ravina,  después  del  Nacimiento  de  Nuestro 
Redemptor,  quatro  cientos  años,  la  qual  tenía  en 
escritura  tanto  como  diez  veces  la  Biblia,  é  la  en- 
viaron por  todo  el  mundo  donde  quier  que  había 
judíos  para  los  esforzar,  porque  vían  de  todo  caer 
la  sinagoga.  E  en  la  dicha  glosa  había  muy  gran- 
des mentiras,  é  intrincados  argumentos.  E  así  como 
Moisés  en  su  tiempo  hacía,  aquellos  dos  rabíes  fir- 
maron aquel  grande  y  descomulgado  libro  del  Tal- 
mud ;  y  pusieron  so  pena  de  muerte  espiritual  que 
ningún  judío  sabio,  ni  simple,  fuese  osado  contra 
aquellos  preceptos  ir  ni  venir,  ni  diesen  otra  predi- 
cación ni  otra  doctrina,  lo  qual  fué  la  perpetua 
damnación  de  esta  generación;  niegan  la  verdad,  é 
están  ignorantes  de  ella ;  y  por  eso  para  con  ellos 
es  dicho  contra  negantes  veritatem  nulla  est  disputa- 
tio.  Así  no  pudo  fray  Vicente  convertir  sino  muy 
pocos  de  ellos ;  y  las  gentes  con  despecho,  metié- 
ronlos en  Castilla  á  espada,  y  mataron  muchos,  é 
fué  un  concierto  que  fué  en  toda  Castilla,  todo  un 
día  martes.  Entonce  veníanse  á  las  iglesias  ellos 
mismos  á  baptizar,  é  ansí  fueron  baptizados  y  tor- 
nados christianos  en  toda  Castilla  muy  muchos  de 
ellos;  y  después  de  baptizados  se  iban  algunos  á 
Portugal  é  á otros  reynos  á  ser  judíos;  y  otros,  pa- 
sado algún  tiempo,  se  volvían  á  ser  judíos  donde 
no  los  conocían,  é  quedaron  todavía  muchos  judíos 
en  Castilla,  y  muchas  sinagogas,  é  los  guarecieron 
los  señores,  é  los  Reyes  siempre  por  los  grandes 
provechos  que  de  ellos  habían ;  é  quedaron  los  que 
se  baptizaron  christianos  y  llamáronlos  conversos  • 
é  de  aquí  ovo  comienzo  este  nombre  converso  por 
convertidos  á  la  Santa  Fé ;  la  qual  ellos  guarda- 
ron muy  mal,  que  de  aquellos,  y  de  los  que  de 
ellos  vinieron  por  la  mayor  parte  fueron  y  eran 
judíos  secretos,  y  no  eran  ni  judíos  ni  christianos, 
pues  eran  baptizados,  mas  eran  hereges,  y  sin  ley, 
y  esta  heregía  ovo  de  allí  su  nacimiento  como  ha- 
béis oído ;  é  ovo  su  impinacion  é  lozanía  de  muy 
gran  riqueza  y  vanagloria  de  muchos  sabios  é  doc- 
tos, é  obispos,  é  canónigos,  é  frailes,  é  abades,  é 
sabios,  é  contadores,  é  secretarios,  é  factores  de 
Reyes,  é  de  grandes  señores.  En  los  primeros  años 
del  reynado  de  los  muy  cathólicos  é  chrístianísimos 
Rey  Don  Fernando  y  Reyua  Doña  Isabel  su  muger 
tanto  empinada  estaba  esta  heregía,  que  los  letrados 
estaban  en  punto  de  la  predicar  la  ley  de  Moysen, 


É  DOÑA  ISABEL.  599 

é  los  simples  no  lo  podian  encubrir  ser  judíos ;  y 
estando  el  Rey  y  la  Reyna  en  Sevilla,  la  primera 
vez  que  á  ella  vinieron  y  el  Arzobispo  de  Sevilla, 
Don  Pedro  González  de  Mendoza,  Cardenal  de  Es- 
paña, había  en  Sevilla  un  santo  y  cathólico  hombre, 
fraile  de  Santo  Domingo  en  San  Pablo,  llamado  fray 
Alonso,  que  siempre  predicaba  y  punaba  en  Sevi- 
lla contra  esta  heregía;  éste  y  otros  religiosos  y  ca- 
thólicos hombres,  ficieron  saber  á  el  Rey  y  á  la  Rey- 
na el  gran  mal  y  heregía  que  había  en  Sevilla;  so- 
metieron el  caso  al  Arzobispo  que  lo  castigase  y 
ficiese  enmendar,  y  él  fizo  ciertas  ordenanzas  sobra 
ello,  é  proveyó  de  ellas  en  la  ciudad  y  en  todo  el 
Arzobispado.  Puso  sobre  ello  en  la  ciudad  diputados 
de  ellos  mismos,  y  con  esto  pasaron  obra  de  dos 
años ,  é  no  valió  nada ,  que  cada  uno  hacía  lo  acos- 
tumbrado ;  é  mudar  de  costumbre  es  apartar  de 
muerte. 

¡O  f era  pésima,  fomes  pecati,  nutrimentum  f ac mo- 
rís, pabulum  mortis!  ¡O  bestia  fiera,  malvada,  disfor- 
me pecado,  nudrimento  de  traición ,  hallamiento  de 
muerte,  perdimento  de  vida! 

Podéis  saber  que  según  lo  vimos  en  qualquier 
tiempo,  que  estañera  pésima  es  la  heregía,  y  como 
en  aquel  tiempo  los  hereges  y  judíos  malaventura- 
dos huían  de  la  doctrina  eclesiástica,  ansí  huían  de 
las  costumbres  de  los  christianos.  Los  que  podian 
escusarse  de  no  baptizar  sus  fijos,  no  los  baptiza- 
ban, é  los  que  los  baptizaban,  lavábanlos  en  casa 
desque  los  traían;  y  desto  se  halló  infinita  culpa  en 
el  reconciliar  de  infinitos  viejos  que  no  eran  bapti- 
zados ;  é  los  inquisidores  los  ficieron  é  facían  des- 
pués baptizar.  Habéis  de  saber,  que  las  costumbres 
de  la  gente  común  de  ellos  ante  la  Inquisición,  ni 
mas  ni  menos  que  era  de  los  propios  hediondos  ju- 
díos, y  esto  causaba  la  continua  conversación  que 
con  ellos  tenían ;  ansí  eran  tragones  y  comilones, 
que  nunca  perdieron  el  comer  á  costumbre  judaica 
de  manjarejos,  é  olletas  de  adefina,  manjarejos  de 
cebollas  é  ajos,  refritos  con  aceite,  y  la  carne  guisa- 
ban con  aceite,  ca  lo  echaban  en  lugar  de  tocino  é 
de  grosura  por  escusar  el  tocino ;  y  el  aceite  con  la 
carne  es  cosa  que  hace  muy  mal  oler  el  resuello  ;  y 
ansí  sus  casas  y  puertas  hedían  muy  mal  á  aquellos 
manjarejos;  y  ellos  ese  mesmo  tenían  el  olor  de  los 
judíos  por  causa  de  los  manjares  y  de  no  ser  bapti- 
zados. Y  puesto  caso  que  algunos  fueron  baptiza- 
dos, mortificado  el  carácter  del  baptismo  en  ellos 
por  la  credulidad,  é  por  judaizar,  hedían  como  ju- 
díos ;  no  comían  puerco  si  no  fuese  en  lugar  forzo- 
so; comían  carne  en  las  quaresmas  y  vigilias  é  qua- 
tro témporas  de  secreto ;  guardaban  las  pasquas  y 
sábados  como  mejor  podian;  enviaban  aceite  á  las 
sinagogas  para  las  lámparas ;  tenían  judíos  que  les 
predicaban  en  sus  casas  en  secreto,  especialmente  á 
las  mugeres  muy  de  secreto;  tenían  judíos  rabíes 
que  les  degollaban  las  reses  é  aves  para  sus  nego- 
cios ;  comían  pan  cenceño  al  tiempo  de  los  judíos, 
carnes  tájeles  ;  hacían  todas  las  ceremonias  judaicas 
de  secreto  en  qiianto  podian;  así  los  hombres  como 
las  mugeres  siempre  se  escusaban  de  recibir  los  sa- 


600 

cramentos  de  la  Santa  Iglesia  de  bu  grado,  salvo 
por  fuerza  do  las  constituciones  de  la  Iglesia.  Nun- 
ca confesaban  la  verdad  ;  y  acaeció  á  confesor  con 
persona  de  esta  generación  cortarle  un  poquito  de 
la  ropa,  diciendo :  pues  nunca  pecaste,  quiero  que 
me  quede  vuestra  ropa  por  reliquia  para  sanar  los 
enfermos.  En  Sevilla  fué  un  tiempo  que  se  mandó 
que  no  se  pesase  carne  el  sábado,  porque  la  comían 
todos  los  confesos  el  sábado  en  la  noche,  é  manda' 
ronla  pesar  los  domingos  de  mañana.  No  sin  causa 
les  llamó  nuestro  Redentor  generatio  prava  et  adul- 
tera. No  cpeian  dar  á  Dios  galardón  por  virginidad 
y  castidad.  Todo  su  hecho  era  crecer  é  multiplicar. 
E  en  tiempo  de  la  empinacion  de  esta  herética  pra- 
vedad de  los  gentiles-hombres  de  ellos,  é  de  los  mer- 
caderes, muchos  monasterios  eran  violados,  é  mu- 
chas monjas  profesas  adulteradas  y  escarnecidas,  de 
ellas  por  dádivas,  de  ellas  por  engaños  de  alcahue- 
tas, no  creyendo,  ni  temiendo  la  descomunión;  mas 
antes  lo  hacian  por  injuriar  á  Jesuchristo,  y  á  la 
Iglesia.  Y  comunmente  por  la  mayor  parte  eran 
gentes  logreras,  é  de  muchas  artes  y  engaños,  por- 
que todos  vivian  de  oficios  holgados,  y  en  comprar 
y  vender  no  tenian  conciencia  para  con  los  chris- 
tianos.  Nunca  quisieron  tomar  oficios  de  arar  ni 
cavar,  ni  andar  por  los  campos  criando  ganados, 
ni  lo  enseñaron  á  sus  fijos  salvo  oficios  de  pobla- 
dos, y  de  estar  asentados  ganando  de  comer  con 
poco  trabajo. 

Muchos  de  ellos  en  estos  Reynos  en  pocos  tiempos 
allegaron  muy  grandes  caudales  é  haciendas,  por- 
que de  logros  é  usuras  no  hacian  conciencia,  di- 
ciendo que  lo  ganaban  con  sus  enemigos,  atándose 
al  dicho  que  Dios  mandó  en  la  salida  del  pueblo  de 
Israel ,  robar  á  Egipto ,  por  arte  y  engaño  deman- 
dándoles prestados  sus  vasos  é  tazas  de  oro  é  de 
plata ;  é  así  tenían  presunción  de  soberbia,  que  en 
el  mundo  no  había  mejor  gente,  ni  mas  discreta,  ni 
mas  aguda,  ni  mas  honrada  que  ellos ,  por  ser  del 
linaje  de  las  tribus  é  medio  de  Israel.  En  quanto 
podían  adquirir  honra,  oficios  reales,  favores  de 
Reyes  ó  señores ,  algunos  se  mezclaron  con  fijos  é 
fijas  de  caballeros  christíanos  viejos  con  sobra  de 
riquezas  que  se  hallaron  bien  aventurados  por  ello, 
por  los  casamientos  y  matrimonios  que  ansí  ficie- 
ron,  que  quedaron  en  la  Inquisición  por  buenos 
christíanos  é  con  mucha  honra.  De  todo  lo  sobre 
dicho  fueron  certificados  el  Rey  y  la  Reyna  estan- 
do en  Sevilla ;  partiéndose  dende  quedó  el  cargo 
del  castigo  c  de  mirar  por  ello  al  provisor  de  Sevi- 
lla, obispo  de  Cádiz,  Don  Pedro  Fernandez  de  So- 
lís,  y  el  Asistente  que  entonces  quedó  en  Sevilla, 
que  era  Diego  de  Merlo ,  para  tolerar  tan  grande 
mal,  y  quedó  fray  Alonso  ,  segundo  fray  Vicente, 
para  ver  sobre  ello ,  y  otros  clérigos  y  frailes ;  y 
visto  que  en  ninguna  manera  so  podían  tolerar  ni 
enmendar  sino  se  facía  inquisición  sobre  ello  ,  de- 
nunciaron el  caso  por  esténse  á  sus  Altezas,  é  fa- 
ciéndoles saber  cómo  y  quién  y  dónde  se  hacian 
las  judaicas  ceremonias,  y  cómo  cabían  en  perso- 
nas poderosas  y  en  muy  gran  parte  de  la  ciudad  de 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Sevilla ;  y  junto  con  esto  fueron  certificados  que  en 
toda  su  Castilla  había  esta  disforme  dolencia  ;  y 
ovieron  Bulla  del  Papa  Sixto  IV  para  proceder  con 
justicia  contra  la  dicha  heregía  por  vía  del  fue- 
go. Concedióse  la  Bulla  y  ordenóse  la  Inquisición  el 
afio  de  X480. 

CAPÍTULO  XLIV, 

De  como  comcnzaroh  en  Sevilla  á  prender  y  quemar  y  reconciliar 
los  hereges  judaicos,  6  de  la  gran  pestilencia  del  año  de  ochea- 
ta  y  uno. 

Habida  la  Bulla  para  la  Inquisición  por  sus  Al- 
tezas del  Papa  Sixto  concedida,  estando  por  Asis- 
tente de  Sevilla  Diego  de  Merlo ,  que  era  un  hon- 
radísimo christiano  caballero,  muy  discreto,  y  ce- 
loso de  la  fé  de  Jesuchristo  y  de  la  justicia,  vinie- 
ron los  primeros  Inquisidores  á  Sevilla  dos  frailes 
de  Santo  Domingo ,  un  provincial  é  un  vicario,  el 
uno  llamado  fray  Miguel,  y  el  otro  fray  Juan;  é 
con  ellos  el  Dotor  de  Medina,  clérigo  de  San  Pedro, 
los  quales  todos  tres,  así  como  uno ,  con  gran  dili- 
gencia comenzaron  su  Inquisición  en  comienzo  del 
año  de  mil  quatrocientos  ochenta  y  uno.  En  muy 
pocos  días  por  diversos  modos  y  maneras ,  supieron 
toda  la  verdad  de  la  herética  pravedad  malvada,  é 
comenzaron  de  prender  hombres  é  mugeres  de  los 
mas  culpados,  é  metíanlos  en  San  Pablo ;  é  pren- 
dieron luego  algunos  de  los  mas  honrados  é  de  los 
mas  ricos,  veintiquatros  y  jurados,  ó  bachilleres  é 
letrados,  é  hombres  de  mucho  favor  ;  á  estos  pren- 
día el  Asistente ;  é  desque  esto  vieron  f uyeron  de 
Sevilla  muchos  hombres  y  mugeres  ;  y  viendo  que 
era  menester,  demandaron  los  Inquisidores  el  Cas- 
tillo de  Tríana ,  donde  se  pasaron ,  é  pasaron  los 
presos';  é  allí  ficieron  su  Audiencia ;  é  tenian  su 
Fiscal,  ó  Alguacil  é  Escríbanos,  é  cuanto  era  ne- 
cesario, é  facían  proceso  según  la  culpa  de  cada 
uno,  é  llamaban  Letrados  de  la  cuidad  seglares  ,  é  á 
el  Provisor  al  ver  de  los  procesos  é  ordenar  de  las 
sentencias,  porque  viesen  como  se  hacia  la  justi- 
cia, é  no  otra  cosa ;  é  comenzaron  de  sentenciar  para 
quemar  en  fuego ;  é  sacaron  á  quemar  la  primera 
vez  á  Tablada  seis  hombres  é  mugeres  que  quema- 
ron ;  é  predicó  Fr.  Alonso  de  San  Pablo,  celoso  de  la 
f  é  de  Jesuchristo,  el  que  mas  procuró  en  Sevilla  esta 
Inquisición  ;  é  él  no  vido  mas  de  esta  quema,  que 
luego  dende  á  pocos  días  murió  de  pestilencia  que 
estonce  en  la  ciudad  comenzaba  de  andar.  Y  dende 
á  pocos  días  quemaron  tres  de  los  principales  de  la 
ciudad  y  de  los  mas  ricos,  los  quales  eran  Diego 
de  Susan ,  que  decían  que  valia  lo  suyo  diez  cuen- 
tos ;  y  era  gran  rabí,  y  según  pareció  murió  como 
christiano  ;  c  el  otro  era  Manuel  Saulí,  é  el  otro  Bar- 
tholomé  de  Torralba  ;  é  prendieron  á  Pedro  Fernan- 
dez Venedeva,  que  era  mayordomo  de  la  Iglesia, 
de  los  señores  Dean  y  Cabildo ,  que  era  de  los  mas 
principales  de  ellos,  é  tenia  en  su  casa  armas  para 
armar  cien  hombres  ;  y  á  Juan  Fernandez  Albola- 
sia,  que  había  sido  muchos  tiempos  Alcalde  de  la 
Justicia,  é  era  gran  Letrado,  éá  otros  muchos,  é 


DON  FERNANDO 
muy  principales,  é  muy  ricos ,  á  los  quales  también 
quemaron,  é  nunca  les  valieron  los  favores,  ni  las 
riquezas ;  é  con  esto  todos  los  confesos  fueron  muy 
espantados  é  habían  muy  gran  miedo  é  f  uian  de  la 
ciudad  é  del  Arzobispado  ;  é  pusiéronles  en  Sevilla 
pena  que  no  fuyesen,  so  pena  de  muerte,  é  pusieron 
guardas  á  las  puertas  de  la  ciudad  ;  é  prendieron 
tantos  que  no  habia  donde  los  tuviesen ;  ó  muchos 
huyeron  á  las  tierras  de  los  señores,  é  á  Portugal,  é 
á  tierra  de  moros.  Este  año  de  1481 ,  no  fué  pro- 
picio á  natura  humana  en  esta  Andalucía,  mas 
muy  contrario  é  de  gran  pestilencia  é  muy  general, 
que  en  todas  las  ciudades,  villas  y  lugares  de  esta 
Andalucía  murieron  en  demasiada  manera,  que  en 
Sevilla  murieron  mas  de  quince  mil  personas;  é 
otras  tantas  en  Córdoba,  é  en  Xerez,  é  en  Ezija  mas 
de  cada  ocho  ó  nueve  mil  personas,  y  ansí  en  todas 
las  otras  villas  é  lugares  ;  é  después  en  el  Agosto 
alzóse  la  pestilencia,  y  con  todo  eso  por  mas  de  ocho 
años  duró,  que  poco  6  mucho  acudía,  ora  en  una 
parte,  ora  en  otra  de  esta  Andalucía,  y  el  año  de  1488 
murieron  en  Córdoba  otra  vez,  generalmente  de- 
cían, que  aun  mas  cantidad  del  año  de  ochenta  y 
uno,  ya  dicho.  Así  que  tornando  al  propósito,  la 
Inquisición  comenzada  en  el  dicho  año  de  ochenta 
y  uno,  como  vieron  que  se  encendía  la  pestílencia,y 
huyan  los  chrístíanos  viejos  de  Sevilla,  demanda- 
ron licencia  al  Asistente  los  confesos  para  se  ir  fue- 
ra de  Sevilla  por  guarecer  de  la  pestilencia,  el  qual 
se  la  dio,  con  condición  que  llevasen  cédulas  para 
las  guardas  de  las  puertas,  é  que  no  llevasen  las  ha- 
ciendas, salvo  cosas  livianas  de  que  se  sirviesen ;  y 
de  esta  manera  salieron  muchas  gentes  de  la  Ciudad 
de  ellos  ,  especialmente  de  la  tierra  del  Marqués  de 
Cádiz  que  era  su  enemigo,  desde  las  guerras  del 
Duque.  Vinieron  mas  de  ocho  mil  almas  á  Mairena, 
y  Marchena ,  y  los  Palacios,  é  los  mandó  acoger  é 
facer  mucha  honra,  é  á  la  tierra  del  Duque  de  Me- 
dina é  de  otros  señores  ansí  por  semejante  ;  y  de 
estos  fueron  muchos  á  parar  á  tierra  de  moros  allen- 
de, é  aquende,  á  ser  judíos  como  lo  eran  ;  ó  otros  se 
fueron  á  Portugal ,  é  otrOs  á  Roma ;  é  muchos  se 
tornaron  á  Sevilla  á  los  Padres  Inquisidores,  dicien- 
do ó  manifestando  sus  pecados  é  su  heregía  é  de- 
mandando misericordia  ;  é  los  padres  los  recibieron, 
é  se  libraron  bien  é  reconciliáronlos,  é  hicieron  pú- 
blicas penitencias  ciertos  Viernes,  disciplinándose 
por  las  calles  de  Sevilla  en  procesión.  E  en  aquel 
año  de  ochenta  y  uno,  desque  los  Inquisidores  vieron 
que  crecían  las  pestilencias  en  Sevilla,  f  uéronse  hu- 
yendo á  Aracena,  donde  fallaron  que  hacer  é  pren- 
dieron é  quemaron  veinte  y  tres  personas ,  hombres 
y  mujeres,  herejes  mal  andantes,  é  ficieron  quemar 
muchos  güesos  de  algunos  que  fallaron  que  habían 
morído  en  la  herética  mosaica ,  llamándose  chrís- 
tíanos, y  eran  judíos ,  y  ansí  como  judíos  habían 
morído.  Y  aquel  año  desque  cesó  la  pestilencia  vol- 
viéronse los  Inquisidores  á  Sevilla  é  prosiguieron 
su  Inquisición  fasta  todo  el  año  de  ochenta  y  oclío, 
que  fueron  ocho  años,  quemaron  mas  de  setecien- 
tas personas,  y  recoüciiiaroD  mas  de  cinco  mil  y 


É  DOÑA  ISABEt.  601 

echaron  en  cárceles  perpetuas,  que  ovo  tales  y 'es- 
tuvieron en  ellas  quatroó  cinco  años  ó  mas  y  sacá- 
ronles y  echáronles  cruces  é  unos  San  Benitillos  co- 
lorados atrás  y  adelante ,  y  ansí  anduvieren  mucho 
tiempo,  é  después  se  los  quitaron  por  que  no  crecie- 
se el  disfame  en  la  tierra  viendo  aquello.  Entre  loa 
que  he  dicho  quemaron  en  Sevilla  en  torno  do 
aquellos  dichos  ocho  años,  quemaron  á  tres  clérigos 
de  misa,  é  tres  ó  quatro  Frailes  todos  de  este  linaje 
de  los  confesos ,  é  quemaron  un  Dotor  fraile  de  la 
Trinidad  que  llamaban  Savariego,  que  era  un  gran 
predicador,  y  gran  falsario  ,  hereje  engañador,  que 
le  conteció  venir  el  Viernes  Santo  á  predicar  la  Pa- 
sión y  hartarse  de  carne.  Quemaron  infinitos  güesos 
de  los  Corrales  de  la  Trinidad  y  San  Agustín  é  San 
Bernardo,  de  los  confesos  que  allí  se  habían  enter- 
rado cada  uno  sobre  sí  al  uso  judaico,  é  apregonarou 
é  quemaron  en  estatua  á  muchos  que  hallaron  da- 
ñados de  los  judíos  huidos. 

Aquellos  primeros  Inquisidores  ficieron  facer 
aquel  quemadero  en  Tablada,  con  aquellos  quatro 
Profetas  de  yeso,  en  que  los  quemaban ,  y  fasta  que 
haya  heregía  los  quemarán.  Muy  hazañosa  cosa  fué 
el  reconciliar  de  esta  gente,  por  donde  se  supo  por 
sus  confesiones,  como  todos  eran  judíos  ;  y  súpose 
en  Sevilla  de  los  judíos  de  Córdoba ,  Toledo,  Bur- 
gos, Valencia  y  Segovía  ,  y  toda  España  ;  como  to- 
dos eran  judíos,  y  estaban  so  aquella  esperanza  que 
el  pueblo  de  Israel  estuvo  en  Egipto ;  que  aunque 
habían  de  los  Egipcianos  muchos  majamientos,  es- 
peraban que  Dios  los  había  de  sacar  de  entre  ellos 
como  después  los  sacó,  con  mano  fuerte,  é  brazo 
estendido ;  y  así  ellos  tenían  que  los  chrístíanos 
eran  los  Egipcianos,  ó  peores,  é  creían  que  Dios 
milagrosamente  los  sostenía  é  los  defendía  ;  é  tenían 
que  por  mano  de  Dios  habían  de  ser  acaudillados, 
visitados,  é  sacados  de  entre  los  chrístíanos,  y  lle- 
vados en  la  santa  tierra  de  promisión.  So  estas  lo- 
cas esperanzas  estaban  y  vivían  entre  los  chrístía- 
nos, como  por  ellos  fué  manifestado  é  confesado, 
de  manera  que  todo  el  linage  quedó  infamado  é 
tocado  de  esta  enfermedad.  Ovo  reconciliación  en 
Sevilla  que  salían  en  la  procesión  de  éstas  discipli- 
nas de  los  Viernes  mas  de  quinientas  personas,  hom- 
bres é  mugeres,  con  las  caras  descubiertas  por  las 
calles. 

Esta  Santa  Inquisición  ovo  su  comienzo  en  Se- 
villa, é  después  fué  en  Córdoba ,  donde  habia  otra 
tan  grande  sinagoga  de  malos  chrístíanos  como  en 
Sevilla ;  é  después  fueron  puestos  inquisidores  por 
toda  Castilla ,  é  Aragón,  é  son  infinitos  quemados, 
y  condenados  y  reconciliados,  encarcelados  en  to- 
dos los  Arzobispados  é  Obispados  de  Castilla  é  Ara- 
gón ;  é  muchos  de  los  reconciliados  tornaron  á  ju- 
daizar, que  son  quemados  por  el  mesmo  caso  en 
Sevilla,  y  en  las  otras  partes  de  Castilla.  Agora  no 
quiero  escribir  mas  de  esto,  que  no  es  posible  po- 
derse escribir  las  maldades  de  esta  herética  prave- 
dad ;  salvo  digo,  que,  pues  el  fuego  está  encendido, 
que  quemará  hasta  que  halle  cabo  al  seco  de  la  le- 
fia, que  será  necesario  arder  hasta  que  sean  des- 


602 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


gastados  y  muertos  todos  los  que  judaizaron,  que 
no  quede  ninguno ;  y  aun  sus  hijos  los  que  eran  de 
veinte  años  arriba  menos  que  fueran  tocados  de  la 
mesma  lepra. 

Fué  este  año  de  1481  al  comienzo  desde  Navi- 
dad en  adelante  de  muy  muchas  aguas  y  avenidas, 
de  manera  que  Guadalquivir  llevó  é  echó  á  per- 
der el  Copero ,  que  habia  en  él  ochenta  vecinos,  y 
otros  muchos  lugares  de  su  rivera,  é  subió  la  cre- 
ciente por  el  Almenil  de  Sevilla  é  por  la  Barranca 
de  Coria  en  lo  mas  alto  que  nunca  subió,  é  estuvo 
tres  dias  que  no  decendió ;  é  estuvo  la  Ciudad  en 
mucho  temor  de  se  perder  por  agua. 

CAPÍTULO  XLV. 

De  como  el  gran  Turco  vino  sobre  Rodas  é  la  tuvo  cercada  con 
grande  hueste  é  sobre  ella  embistió  é  fué  desbaratado;  é  de 
como  los  Turcos  tomaron  á  Otranto,  é  de  como  el  Duque  de 
Calabria  la  recobró,  é  de  otras  muchas  cosas. 

En  el  año  de  1480  en  el  Verano ,  vinieron  sobre 
Rodas  una  muy  grande  armada  de  turcos,  enviada 
por  el  gran  Turco  Mahometo  Otomano  que  envió 
desde  Constantinopla,  é  tuviéronla  cercada  dos  me- 
ses, en  el  qual  tiempo  la  mayor  parte  de  los  muros 
la  derribaron,  con  gran  número  de  lombardas  que 
le  asestaron,  é  pusieron  á  los  christianos  en  mucho 
estrecho;  é  los  christianos    hicieron  muy  hondas 
cavas  por  de  dentro  de  la  ciudad,  las  quales  si  fe- 
chas no  fueran,  la  ciudad  se  perdiera;  y  estando 
un  dia  los  de  la  ciudad  un  poco  seguros,  arremetie- 
ron los  turcos  de  las  estacadas  y  dieron  un  gran 
combate,  en  que  muchos  de  ellos  entraron  por  cima 
de  los  muros  derribados  é  pasaron  las  cavas,  é  en- 
traron en  la  ciudad ;  é  no  plugo  á  nuestro  Señor  que 
la  tomasen ;  é  los  christianos  que  eran  en  la  ciudad 
se  esforzaron  mucho  con  su  Maestre  é  capitanes 
dando  grandes  voces  diciendo  Jesuchristo,  y  Santa 
María,  y  San  Juan ,  y  á  ellos,  y  pelearon  esforzada- 
mente dentro  en  la  ciudad  con  ellos,  en  que  de  en- 
trambas partes  murieron   muchos,  y  el  Maestre  y 
los  christianos  con  la  ayuda  de  Dios  se  esforzaron, 
y  pelearon  de  tal  manera  que  vencieron  á  los  tur- 
cos, é  los  turcos  volvieron  las  espaldas  á  f uir,  é  fue- 
ron de  ellos  allí  muchos  muertos ,  é   quedaron  las 
cavas  llenas  de  ellos  donde  fueron  ahogados  infini- 
tos de  ellos,  é  otros  muchos  fueron  despeñados  de 
los  muros  á  bajo ,  de  manera  que  la  ciudad  quedó 
deliberada  y  los  christianos  vencedores,  é  siguieron 
el  alcance ,  donde  ovieron  infinitos  despojos,  é  ri- 
quezas de  artillería,  é  armas,  é  ropas ,  é  otras  cosas 
de  prisioneros  que  allí  tomaron.  E  los  turcos  ansí 
vencidos,  metiéronse  en  las  fustas  é  navios  fuyen- 
do,  é  dejaron  las  estacas  é  todo  lo  que  en  ellas  te- 
nían en  el  cerco,  y  confesaban  algunos  turcos  que 
vieron  en  aquella  pelea  un  caballero   muy  teme- 
roso armado  de  blanco,  el  qual  los  detruia,  é  decían 
que  era  San  Juan,  glorioso  Apóstol,  de  cuya  Orden 
es  aquella  ciudad,  que  la  vino  á  defender,  porque 
aquel  dia  milagrosamente  fué  defendida,  pues  tanta 
muchedumbre  de  turcos  la  entraron.  E  desque  los 


turcos  vieron  aquel  desbarato ,  alzaron  velas,  é  fué- 
ronse  por  la  mar.  Quedó  el  Maestre  de  Rodas ,  he- 
rido de  tres  heridas  de  las  quales  escapó.  El  arma- 
da de  ellos  no  volvió  en  Constantinopla,  mas  antes 
un  Bajá,  Capitán  mayor  de  ella  con  despecho  del 
desbarato  de  Rodas,  vino  en  las  partes  de  Calabria 
que  es  en  el  Reyno  de  Ñapóles,  que  se  llama  la  gran 
Sicilia,  y  destruyó  muchos  lugares,  y  hizo  muchos 
daños  y  males  en  aquela  tierra ,  y  cercó  á  Otranto, 
que  es  ciudad  del  Duque  de  Calabria ,  é  combatióla 
noches  y  dias  donde  los  de  la  ciudad  por  se  defen- 
der mataron  muchos  turcos ,  é  los  turcos  la  entra- 
ron por  fuerza  de  armas ,  é  metieron  á  espada  la 
mayor  parte  de  los  christianos  que  en  ella  había  ;  ó 
después  do  apoderado  en  la  ciudad  é  fortaleza 
mató  á  todos  los  clérigos  que  halló,  é  fizo  aserrar 
por  medio  al  Obispo  de  Otranto,  é  fizo  matar  mil  y 
quatrocientos  hombres  atados  con  sogas,  é  robaron 
la  ciudad,  y  enviaron  la  presa  á  Constantinopla 
donde  del  gran  Turco  habían  sido  enviados ;  é  aquel 
Bajá,  é  los  otros  ordenaron  de  dejar  gente  para  de- 
fender la  ciudad,  é  dejaron  en  ella  cinco  mil  tur- 
cos y  hombres  de  pelea  con  todas  las  cosas  que 
eran  menester,  é  con  mucha  artillería  é  f  uéronse  en 
Constantinopla,  y  ansi  Otranto  quedó  con  los  tur- 
cos por  suya. 

Horrible  plaga  fué  el  perdimiento  de  Otranto, 
que  quando  los  perros  de  los  turcos  entraron  en 
aquella  Provincia  sabían  que  no  habia  gente  de 
socorro,  y  por  eso  se  pusieron  en  cerco  de  Otranto, 
por  que  el  Duque   de  Calabria,  Señor  de  aquella 
tierra ,  estaba  de  ahí  ciento  y  cinqüenta  leguas  en 
Toscana,  é  el  Rey  de  Ñapóles  su  padre,  tenían  guer- 
ra con  Florencia ,  que  eran  padre  é  fijo,  é  el  Duque 
estaba  en  Sena  con  la  gente  de  ambos  que  eran  va- 
ledores de  los  Seneses  ;  é  el  Rey  de  Ñápeles  estaba 
en  Ñapóles  que  son  ciento  de  Otranto ,  ó  no  tenia 
gente  de  armas  con  que  socorrer ;  é  así  ovieron  lu- 
gar de  facer  el  estrago  que  ficieron.  Después  de 
esto  el  Duque  de  Calabria  vino  con  gran  gente  de 
guerra,  é  puso  cerco  sobre  Otranto,  y  estando  en  el 
cerco  invocó  ayuda  del  Rey  Don  Fernando  de  Casti- 
lla su  primo,  y  del  Rey  de  Portugal,  temiendo  qa© 
habrían  los  cercados  socorros  de  los  turcos ;  y  fue- 
ron de  Castilla  veinte  y  dos  naos  de  gente  de  socor- 
ro, y  Don  Francisco  Enriquez,  hermano  del  Adelan- 
tado, por  Capitán,  y  el  Obispo  de  Ebora  Don  Gar- 
cía de  Meneses,  y  no  llegaron  sino  hasta  Ñapóles, 
que  ya  él  habia  tomado  á  Otranto.  El  Duque  de  Ca- 
labria desque  puso  el  cerco ,  dióle  muchos  comba- 
tes, é  mucha  priesa ,  é  viendo  que  no  se  podían  te- 
ner, é  temiendo  el  perdimiento ,  un  Capitán  de  loa 
cercados  llamado  Damasquino,  habiendo  ya  seis 
meses  que  estaban  cercados,  fizo  un  partido  que  lo 
salvasen  á  él  y  á  doscientos  hombres  de  su  capita- 
nía, é  que  daría  á  todos  los  otros  cautivos  á  meroed 
del  Duque  ;  el  Duque  concedió  el  partido,  é  salvó 
al  capitán  é  los  doscientos  hombres  é  tomó  todos  loa 
otros  cautivos,  en  que  tomó  dos  mil  y  quinientog 
hombres  6  poco  mas  6  menos  ,  que  todos  los  otros 
eran  muertos  de  pestilencia  que  les  habia  dadt),  é 


DON  FERNANDO 
de  los  combates  del  cerco ;  é  el  Duque  de  Calabria 
tomó  la  ciudad,  é  la  fortaleza,  é  vendió  todos  aque- 
llos, é  ovo  allí  todo  el  despojo  de  los  turcos,  é  oro, 
é  plata,  é  joyas ,  é  caballos ,  é  armas,  é  de  aquellos 
cautivos  muchos  echó  en  las  galeras,  é  dio  de  ellos 
á  sus  vasallos,  é  dejó  para  sí  doscientos  y  quarenta 
hombres  turcos,  que  eran  de  rescate,  que  llevó  á  la 
iglesia  de  Isea,  que  es  diez  y  ocho  millas  de  Ñapó- 
les ;  y  así  el  Duque  de  Calabria  el  Graoho  cobró  á 
Otranto,  é  fizo  coger  y  enterrar  los  güesos  de  los 
christianos  que  los  fieros  turcos  hablan  devorado 
en  el  campo,  é  fizólos  sepultar  en  el  monasterio  de 
San  Francisco,  que  los  turcos  habían  derribado.  Ovo 
allí  el  Duque  de  Calabria  tal  artillería  que  los  tur- 
cos habían  dejado  pensando  poseer  é  tener  á  Otran- 
to, la  qual  si  mediante  este  tiempo  el  gran  Turco  no 
muriera,  socorriera,  é  porfiaban  á  tener  que  le  daban 
los  turcos  por  ella  ducientos  mil  ducados ;  la  qual 
el  Duque  fizo  llevar  á  una  ciudad  que  se  llama 
Leche. 

Después  de  esto  en  el  mes  de  Mayo,  el  tercero  día 
del  dicho  mes,  día  de  Santa  Cruz  año  de  1481  mu- 
rió é  descindió'  al  infierno  el  gran  Turco  Empera- 
dor de  Constantinopla,  llamado  Mahometo  Otoma- 
no, que  mas  de  treinta  años  había  hecho  la  guerra 
muy  cruelmente  á  los  christianos  de  Grecia  y  sus 
comarcas,  y  ganó  de  ellos  muchas  tierras  é  ciuda- 
des, é  villas ,  é  lugares ,  é  ganó  la  ciudad  de  Cons- 
tantinopla, é  dio  muerte  á  el  Emperador,  en  el  año 
del  Señor  de  1455  años.  Este  era  el  Emperador  de 
Grecia,  y  de  aquí  desfalleció  el  imperio  de  Grecia, 
é  no  ovo  mas  Emperador  fasta  ahora,  salvo  el  Tur- 
co lo  es. 

En  aquel  propio  año  que  murió  el  Turco  viejo 
Mahometo  Otomano ,  grande  escándalo  se  levantó 
en  Constantinopla  con  dos  fijos  que  dejó ;  el  pue- 
blo quería  por  su  Emperador  y  Señor  al  mayor  lla- 
mado Bayaceto,  fijo  mayor  del  gran  Turco  ;  é  los 
barones ,  é  caballeros,  de  la  casa  del  gran  Turco, 
querían  al  mas  chico,  que  nació  después  del  otro, 
por  BU  Emperador  y  Señor  llamado  Sizimo,  y  so- 
bre esto  pelearon  y  venció  la  parcialidad  del  mayor 
al  menor,  y  el  mayor  fué  levantado  por  Emperador 
en  el  sexto  calendas  de  Julio  del  dicho  año,  y  Sizi- 
mo, como  se  viese  vencido  fuese  en  Siria,  cuidando 
tomar  por  allá  el  Imperio  y  la  tierra  que  su  padre 
dejó,  y  tomó  á  Prusa,  y  su  hermano  fué  contra  él 
con  gran  hueste,  y  corriólo  de  allá  y  echólo  de  la 
tierra,  y  tomó  y  señoreó  todo  el  imperio  do  su  pa- 
dre, y  el  vencido  Sizimo  se  vino  á  Rodas,  y  dende 
en  Roma  donde  fué  detenido  fasta  que  murió. 

CAPÍTULO  XLVL 

Como  el  Rey  y  la  Reyíia  fueron  á  visitar  sus  reynos  de  Aragón, 
y  del  presente  que  les  dieron  los  judíos  de  Zaragoza. 

En  el  dicho  año  de  1481  fueron  el  Rey  Don  Fer- 
nando é  la  Reina  Doña  Isabel  con  toda  su  corte  á 
Aragón,  Cataluña  y  Valencia ,  á  ser  recibidos  por 
Beyes  é  Señores  de  la  tierra,  é  á  tomar  posesión  de 
«Ruellos  Reynos  é  Condado  de  Barcelona;  é  apo- 


É  DOÑA  ISABEL.  603 

doráronse  de  todo  ;  donde  les  hicieron  muy  solem- 
nes recibimientos,  é  dieron  muy  grandes  presentes 
é  dádivas,  asi  los  Consejos  de  las  ciudades,  como  los 
caballeros  é  mercaderes,  é  los  judíos,  ó  los  moros 
sus  vasallos,  lo  qual  no  es  necesario  escribir  que  se- 
ria muy  prolijo,  empero  quiero  decir  del  presente 
de  los  ¡judíos  de  Zaragoza ,  porque  fué  muy  gran 
concierto  é  en  número  de  doce. 

En  Zaragoza  les  presentaron  los  judíos  é  Cabildo 
de  ellos  en  número  de  doce  por  muy  singular  or- 
den, lo  qual  fué  doce  terneras,  doce  carneros,  to- 
dos emparamentados,  y  en  pos  de  esto  una  singular 
vajilla  de  plata  que  llevaban  doce  judíos  por  sus 
piezas  de  platos  é  escudillas  ;  é  uno  de  ellos  llevaba 
encima  de  el  plato  una  rica  copa  llena  de  castella- 
nos ;é  otro  llevaba  encima  de  otro  plato  un  jarro 
de  plata  ;  el  Rey  é  la  Reina,  puestos  donde  lo  vie- 
ron todo,  lo  mandaron  recibir  é  recibieron ,  é  se  lo 
tuvieron  en  muy  gran  servicio,  é  les  dieron  por 
ello  muchas  gracias  é  se  lo  agradecieron  mucho. 
Visitaron  primero  el  Reyno  de  Aragón,  y  dende 
fueron  á  Barcelona,  y  visitaron  el  Condado  de  Ca- 
taluña ;  y  á  la  postre  vinieron  á  Valencia,  donde  en 
todas  estas  partes  les  hicieron  muy  grandes  y  so- 
lemnes recibimientos ,  y  les  dieron  muy  grandes 
dones  y  presentes. 

CAPÍTULO  XLVIL 

Como  casó  el  Delñn  de  Francia  con  Margarita,  fija  de  Maximiano 
Duque  de  Austria,  Rey  de  Romanos,  siendo  niños. 

En  el  dicho  año  de  1481  fueron  concertados  el 
Rey  Luis  de  Francia  é  Maximiano,  Duque  de  Aus- 
tria, Rey  de  los  Romanos,  fijo  del  Emperador  Fede- 
ricus,  tercio  nieto  del  Rey  Duarte  de  Portugal,  yer- 
no d(!l  Gran  Duque  Carlos  de  Borgoña,  Conde  de 
Flándes,  y  por  evitar  algunos  escándalos  é  guerras 
que  entre  ellos  se  esperaban  por  algunas  causas  de 
sus  Reinos  é  Provincias,  casaron  al  Delfín  de  Fran- 
cia Carlos,  fijo  del  dicho  Rey  Luis,  con  Margarita, 
fija  del  dicho  Maximiano  é  Doña  María,  su  mu- 
jer, difunta,  fija  del  dicho  Carlos  Duque  de  Borgo- 
ña é  Conde  de  Flándes,  difunto,  siendo  él  de  poca 
edad,  de  nueve  años,  y  especialmente  Margarita 
de  quatro  años.  E  fecho  el  concierto  é  casamiento  ó 
desposorio,  el  Rey  de  Francia  mandó  á  su  fijo  so 
pena  de  su  maldición,  que  otra  mujer  no  tomase,  é 
dióla  en  guarda  é  cargo  al  Parlamento  é  Consejo 
de  París,  para  que  la  criasen.  Ca  luego  que  fué  he- 
cho el  concierto  se  la  entregó  su  padre ,  y  fue  lla- 
mada mientras  el  Rey  Luis  vivió  Princesa  ó  Delfi- 
na,  de  Francia ;  y  esto  hecho,  dende  á  quatro  meses, 
cerca  de  San  Juan  de  Junio,  murió  el  Rey  Luis  de 
Francia ;  y  el  Parlamento  ovo  cuidado,  é  los  Caba- 
lleros de  Francia  de  criar  los  jóvenes  desposados; 
llamaban  á  la  Margarita  Reyna  de  Francia,  también 
como  al  desposado,  que  como  murió  el  Padre  le  ti- 
tularon Rey  de  Francia.  Estuvo  el  Reyno  de  Francia 
en  tutela  del  Parlamento  é  caballeros  gran  tiempo 
esperando  la  edad  del  Rey  fasta  que  fuese  para  lo 
regir,  el  qual  no  salió  dispuesto  quanto  fuera  me- 


604 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


nester,  é  no  le  osaron  darla  gobernación  del  Rey  no, 
fasta  que  pasaron  aun  mas  tiempo  de  lo  que  el  de- 
recho permitía;  é  desque  le  dieron  la  gobernación, 
comenzó  á  favorecer  desconciertos,  y  no  quiso  estar 
por  el  casamiento  de  Margarita,  que  su  padre  habia 
fecho  é  le  habia  mandado  afirmar  y  hacer  desque 
fuese  de  edad,  y  todas  los  cosas  se  le  hicieron  mal, 
y  vivió  poco,  como  adelanto  se  dirá. 

CAPÍTULO  XLVIII. 

De  como  se  comenzó  la  guerra  entre  los  christianos  é  los  moros. 

En  este  año  de  1481  en  el  de  Octubre,  comenzó 
el  Marqués  de  Cáliz  á  facer  públicamente  la  guerra 
á  los  moros,  é  sacó  su  hueste,  é  amaneció  una  ma- 
ñana sobre  Villaluenga,  é  quemóla,  é  corrió  los  lu- 
gares de  la  Sierra,  é  corrió  á  Ronda,  é  durmió  sobre 
ella ,  é  derribóles  la  torre  de  Mercadillo,  é  fizóles 
muchos  daños ,  é  volvióse  con  su  honra  ó  cabalga- 
da, é  dende  en  adelante  fizo  otras  muchas  entradas, 
é  se  siguió  la  guerra  entre  christianos  é  moros  en 
toda  la  frontera. 

CAPÍTULO  XLIX. 

De  como  falleció  el  Rey  Don  Alonso  de  Portugal. 

En  el  dicho  año  de  1481  falleció  el  muy  noble 
Rey  Don  Alonso  de  Portugal,  en  un  lugar  que  lla- 
man Santarem,  y  su  cuerpo  fué  llevado  á  enterrar 
á  Santa  María  de  la  Batalla,  al  enterramiento  de  sus 
antecesores  que  ende  está,  donde  fué  sepultado  con 
las  honras  y  obsequias  según  á  su  Real  estado  con- 
venia. Falleció  siendo  de  cinqüenta  años ;  nació  el 
año  de  1432  á  15  dias  del  mes  de  Enero ,  é  falleció 
en  dicho  año  en  el  raes  de  Agosto.  Fué  muy  amado 
y  querido  en  su  reino  de  Portugal ,  por  sus  muchas 
virtudes,  y  bondades  que  en  él  habia,  era  muy  de- 
voto, é  christianísimo,  é  sabio,  é  cuerdo,  é  franco,  é 
halló  la  mina  de  oro.  Él  ganó  á  los  moros  a  Tánjer 
é  Arcila,  con  que  se  acompañaron  Alcázar  y  Ceuta, 
que  él  tenia  allende.  Fué  luego  después  de  la  publi- 
cación de  su  muerte,  fama  pública  en  todo  Portu- 
gal, que  el  Rey  Don  Alonso  no  era  muerto,  por 
quanto  no  fué  enseñado  después  de  difunto,  como 
si  fuera  ó  debiera  ser  enseñado ;  nin  ovo  persona 
que  diese  fé,  que  lo  vido  morir  ;  nin  ovo  persona 
que  adornase  su  cuerpo  para  la  sepultura,  nin  se 
pudo  saber  quién  lo  adornó,  como  suelen  facer  á  loa 
Reyes  cuando  mueren  ;  é  toda  su  fin  fué  tan  secreta, 
que  lo  que  fué  no  lo  supo  sino  el  Príncipe  y  el  Rey 
Don  Juan  su  fijo  ;  é  muy  pocos  de  su  secreto,  é  por 
eso  dijeron,  é  fué  pública  fama  que  como  él  habia 
eido  muy  buen  Rey  y  temeroso  de  Dios  é  de  su 
conciencia,  é  caritativo,  é  devoto,  é  do  virtud ,  que 
aun  se  hablaba  de  él  que  adonde  ponia  sus  manos 
en  el  nombre  de  Jesuchriáto  sanar  los  enfermos  es- 
pecialmente los  lamparones,  é  iban  á  él  desde  muy 
lejas  tierras,  é  que  teniendo  su  conciencia,  conside- 
ró é  pensó  en  los  muy  grandes  daños  é  muertes  de 
gentes,  é  robos,  é  hurtos,  é  despojos,  ó  traiciones,  é 
disfames  de  muieres ,  é  perdimientos  de  gentes  é 


pueblos  que  por  su  causa  hablan  sucedido,  é  se  h&- 
bian  fecho  ó  recrecido  por  haber  entrado  en  Caeti" 
lia  á  reynar.  E  eso  mismo  consideró  la  necesidad 
grande  en  que  habia  puesto  su  reyno  de  Portugal. 
Ca  habia  echado  y  cojido  en  el  tiempo  de  la  guerra 
á  sus  vasallos  todos  muy  grandes  pechos ,  é  derra- 
mas ó  prestidos  que  habia  tomado  la  plata  y  oro  da 
las  iglesias  y  monasterios  de  sus  rey  nos  prestada ,  y 
aun  estaba  por  pagar  mucho  de  ello  ;  é  de  como  lo 
habia  todo  gastado  muy  mal  gastado  en  la  deman- 
da de  Castilla,  sin  facer  cosa  alguna  en  lo  que  pen- 
só ;  y  así  mesmo  consideró  las  siniestras  desdichas 
y  afrentas  que  habia  recibido  en  la  dicha  demanda, 
ansí  en  los  suyos  como  en  su  persona  ;  é  queriendo 
dello  facer  penitencia  le  pesó  mucho  de  todo  lo  pa- 
sado, é  que  atribuyó  todo  el  pecado  é  cargo  á  sí  mes- 
mo é  no  á  otro,  é  consideró  que  todo  le  habia  venido 
así  por  BU  pecado  é  que  todo  cargaba  sobre  su  áni- 
ma, é  vido  ser  imposible  salvarse  sin  hacer  gran 
penitencia,  é  por  esto  después  de  ordenar  su  ánima 
se  fué  pelegrinando  á  Jerusalen.  Otros  dijeron  quo 
se  metió  fraile,  é  se  fué  á  visitar  los  Lugares  San- 
tos de  Santiago  é  Roma.  Esta  fué  la  común  opinión, 
é  tanto  se  publicó  que  mandaron  pregonar  y  defen- 
derlo, y  que  el  que  tal  dijese  que  muriese  por  ello; 
como  quiera  que  sea.  Dios  le  quiera  perdonar  por 
su  gran  misericordia,  y  á  nosotros  también.  Este  no- 
ble Rey,  aunque  casó  con  su  sobrina  ya  dicha,  hija 
de  la  Reyna  Doña  Juana,  mujer  del  Rey  Don  Enri- 
que de  Castilla ,  fué  fama  pública  que  no  quiso  ha- 
ber aceso  á  ella,  antes  la  guardó  mucho,  é  como  asen- 
tó las  paces  con  Castilla  la  fizo  meter  en  un  monas- 
terio de  monjas  en  Santarem  con  cierta  renta  para 
su  mantenimiento  é  provisión,  é  con  mucha  guarda 
la  qual  estuvo  allí  hasta  el  comienzo  del  año  1506, 
que  el  Rey  Don  Manuel  la  mandó  sacar  y  llevar  á 
Lisboa,  é  siempre  la  llamaron  en  Portugal  la  excC" 
lente  Señora. 

CAPÍTULO  L. 
Como  reinó  su  fijo  el  Rey  D.  Juan  de  Portugal. 

El  Rey  Don  Juan  de  Portugal  comenzó  de  rey- 
nar en  el  Portugal  año  de  1481,  después  de  la  muer- 
te del  Rey  Don  Alonso  su  padre,  en  el  mes  de  Agos- 
to del  dicho  año,  é  reinó  catorce  años.  En  el  co- 
mienzo de  su  reinado  ovo  diferencias  é  turbaciones 
entre  él  é  algunos  Grandes  de  Portugal  el  año  de 
1483  después  de  las  entregas  desfechas  é  venida  en 
Castilla  la  Infanta,  é  el  Duque  de  Viseo  á  Portugal 
y  el  Príncipe  de  Portugal  llevado  é  Ébora,  estando 
seguro  el  Duque  de  Braganza,  que  era  casado  coa 
hermana  de  la  Reyna,  en  la  Ciudad  de  Ébora,  el  Rey 
lo  mandó  prender,  el  qual  fué  preso  Jueves  dia  del 
Corpus  Christi ,  á  29  dias  del  raes  de  Mayo ,  é  fizo 
proceso  contra  él  é  fué  degollado  por  su  mandado 
desde  á  quince  dias  Viernes,  é  de  esta  fué  grande 
espanto  en  los  caballeros  de  Portugal ;  y  el  Condes- 
table su  hermano  del  dicho  Duque  huyó  en  Castilla, 
é  otros  algunos ;  el  Rey  tomó  é  fisco  toda  la  hacien- 
da del  Duque  para  sí  é  disimuló  el  Rey  por  estonce.! 


DON  FERNANDO 
En  el  año  de  1484  en  el  mes  de  Agosto  en  Setubal, 
estando  el  Rey  en  su  Palacio  entraron  á  él  seguros 
una  noche,  el  Duque  de  Viseo ,  su  primo,  hermano 
de  la  Reyna,  Don  Diego,  é  el  Obispo  de  Ébora;  y  el 
Rey  tenia  ya  concertado  de  los  matar ,  é  así  como 
entraron  dio  de  puñaladas  al  Duque  y  matólo,  é  fizó- 
lo echar  por  una  ventana  abajo  sobre  un  tejado  que 
era  en  lo  alto  de  la  sala ,  é  prendió  á  el  Obispo  é  fi- 
zólo echar  en  una  cisterna  donde  estuvo  fasta  que 
murió.  E  esto  fecho,  f uyeron  con  temor  muchos  ca- 
balleros de  Portugal  é  vinieron  en  Castilla,  especial- 
mente el  Conde  de  Faro,  é  Fernando  de  Silveyra ;  é 
Don  Alvaro  hermano  del  Duque  de  Braganza  ya  es- 
taba en  Castilla ,  ca  diz  que  como  oyó ,  ó  entreoyó 
que  hacian  los  caballeros  monipodios  contra  el  Rey, 
él  por  no  entender  en  ello  luego  se  vino  á  Castilla 
antes  de  la  muerte  del  Duque  su  hermano  ;  y  el  Rey 
tomó  todas  sus  haciendas  á  los  ausentados,  é  las  fis- 
co para'  sí.  E  después  prendió  é  degolló  á  Don  Fer- 
nando de  Meneses  hermano  del  Obispo  de  Ébora, 
dos  fijos  del  susodiclio  ,  y  desquartizaron  á  él  uno  ; 
é  fizo  degollar  á  Pedro  de  Alburquerque,  é  á  otros. 
E  esto  diz  que  fizo  el  Rey  porque  falló  que  los  di- 
chos caballeros  le  ordenaban  la  traición,  é  tenían 
concertado  de  matar  é  él,  é  á  su  fijo,  é  alzar  por  Rey 
de  Portugal  al  dicho  Don  Diego  Duque  de  Viseo, 
hermano  de  la  Reyna,  fijo  del  Infante  Don  Fernan- 
do, hermano  del  Rey  Don  Alfonso.  Este  Rey  Don 
Juan  era  hombre  discreto,  esforzado,  feroz,  é  agudo, 
sospechoso,  deseoso  de  saber  cosas  nuevas,  traía 
comunmente  muchas  carabelas  á  descubrir  por  el 
mundo  ;  las  primeras  carabelas  que  fueron  é  descu- 
brieron la  especería  Calecud  en  Indias  al  Levante, 
é  las  envió,  é  después  de  su  muerto  vinieron  en 
Portugal,  reynando  el  Rey  D.  Manuel.  Este  Rey  Don 
Juan  desde  que  por  sus  manos  mató  ásu  cufiado,  co- 
mo he  dicho,  nunca  mas  se  aseguró  ni  tuvo  segura 
la  vida,  porque  era  hermano  de  su  mujer  y  de  su 
sangre  Real ;  y  era  viva  su  madre  Doña  Phelipa 
suegra  del  Rey,  á  la  qual  dio  mal  trago.  Dio  luego 
á  Don  Manuel  á  Viseo,  é  todo  lo  que  su  hermano 
tenia,  é  rezóle  que  tuviese  manera  de  le  ser  leal, 

CAPÍTULO  Ll. 

Gomo  tomaron  los  moros  á  Zahara,  éla  tuvieron. 

En  el  segundo  día  de  Navidad  en  fin  del  dicho 
año  de  1481  escalaron  los  moros  á  Zahara,  é  toma- 
ron la  fortaleza  é  la  villa  con  toda  la  gente,  é 
quanto  en  ella  había  ;  é  se  perdieron  entre  muertas 
é  cautivas,  chicas  é  grandes  que  ovieron  los  moros 
ciento  é  sesenta  personas  christianas,  que  no  so  sal- 
varon ,  salvo  algunos  hombres  que  saltaron  por  los 
adarbes;  é  la  Villa  así  tomada,  tuviéronla  y  defen- 
diéronla cerca  de  dos  años,  fasta  que  se  la  tomó  é 
ganó  el  Marqués  de  Cáliz;  é  de  muchas  veces  que 
por  allí  entraron  mientras  la  tuvieron  á  correr  tier- 
ra de  christianos  siempre  les  fué  mal  á  los  moros,  é 
volvieron  vencidos  é  desbaratados.  Perdióse  por 
mal  recaudo  de  los  que  la  rejian,  por  no  estar  aper- 
^Cibidos  de  guerra  los  vecinos  de  ella  que  la  tenían 


É  DOÑA  ISABEL.  605 

por  el  Mariscal  mozo,  fijo  del  Mariscal  Fernán  Da- 
rías de  Saavedra,  defunto  suso  dicho. 

CAPÍTULO  LII. 

Como  tomó  el  Marqués  de  Cádiz  á  Alliama  de  los  moros  é  como 
é  quien  fué  con  él  y  en  qué  tiempo. 

En  Jueves  postrero  día  del  mes  de  Febrero,  año 
del  nacimiento  de  Nuestro  Redemptor  Jesuchristo 
de  1482  años,  tomó  la  villa  de  Albania  el  famoso  y 
muy  esforzado  caballero  Don  Rodrigo  Pon  ce  de  León, 
Marqués  de  Cáliz,  Conde  de  Arcos,  Señor  de  la  villa 
de  Marchena  á  los  moros  con  la  gente  del  Andalucía, 
é  fué  de  esta  manera.  Había  un  sagaz  hombre  es- 
calador que  llamaban  Ortega  de  Prado  y  de  noche 
andaba  escuchando  donde  se  velaban  bien  ó  mal 
los  moros ;  y  supo  tanto  de  Alhama,  que  con  ayuda 
de  Dios  se  atrevió  de  escalar,  é  fizólo  saber  al  Rey 
Don  Fernando,  estando  el  Rey  en  Castilla  la  Vieja, 
é  el  Rey  cometió  el  caso  con  gran  secreto  de  ello  al 
Marqués  susodicho,  confiando  de  su  notable  esfuer- 
zo é  liberalidad ;  el  qual  tomóla  empresa  á  su  cargo, 
é  sacó  su  hueste,  é  llevó  consigo  á  Diego  de  Merlo 
Asistente  de  Sevilla,  con  la  gente  de  Sevilla,  é  á  Juan 
de  Robles,  Corregidor  de^Jerez,  y  al  Adelantado  del 
Andalucía  Don  Fadrique ;  é  llevó  consigo  todos  los 
Alcaydes  de  su  tierra,  é  otros  Alcaydes  de  esta  fron- 
tera, en  que  allegó  dos  mil  y  quinientos  dea  caballo 
é  tres  rail  peones.  Y  el  Conde  de  Miranda  que  se  halló 
entonces  negociando  en  esta  tierra  ahorrado,  se  fue 
con  ellos;  é  no  sabia  ninguno  donde  iba  sino  el 
Marqués,  é  Diego  de  Merlo,  é  el  Adelantado ;  é  de- 
jaron apercebida  toda  la  tierra,  é  partieron  de  Mar- 
chena á  la  vía  do  Antequera,  é  desque  allegaron  al 
Rio  de  las  Yeguas  dejaron  ende  el  fardaje,  é  fue- 
ron sobro  Alhama  Miércoles  noche,  é  dos  horas  an- 
tes que  amaneciese  otro  dia  Jueves,  el  Marqués  lle- 
gó cerca  de  Alhama;  é  envió  delante  á  Martin  Ga- 
lindo,  Comendador  de  la  Reyna,  Alcayde  que  era 
estonce  de  Marchena,  é  con  él  otros  Alcaydes  y  es- 
cuderos de  los  mas  esforzados  do  quien  él  confiaba 
que  por  la  honra  habían  de  osar  morir ,  antes  que 
recibir  mengua ;  ó  fueron  con  el  escalador  Ortega 
de  Prado ,  número  de  fasta  de  treinta  hombres ;  ó 
echaron  las  escalas  por  la  fortaleza  por  donde  man- 
dó el  Escalador,  é  plugo  á  nuestro  Señor  que  no  fue- 
ron sentidos,  é  el  primer  hombre  que  subió  en  pos 
del  escalador  fué  Martin  Galindo,  é  el  segundo  Juan 
de  Toledo  su  criado,  é  el  tercero  también  su  criado 
Estremera  ;  é  luego  el  Alcayde  de  Archidona,  é  lue- 
go los  otros  Alcaydes,  los  quales  montaron,  é  mata- 
ron las  velas,  é  alcaydes,  é  tomaron  la  fortaleza ;  é 
ficiéronlo  saber  al  Marqués  que  estaba  ahí  cerca  en 
la  celada  con  la  gente,  el  qual,  como  lo  supo,  fizo 
tocar  las  trompetas  é  atabales  é  la  gente  dieron  gri- 
ta y  allegaron  cerca  de  la  villa  é  descansaron,  é  die- 
ron cebada,  é  almorzaron  ;  é  los  moros  trabaron  po- 
lea con  los  christianos  que  habían  escalado  la  for- 
taleza ;  é  algunos  de  aquellos  que  habían  escalado 
descendieron  dentro  á  lo  llano,  por  echar  de  allí  4 
unos  moros  que  les  tiraban  saetas,  é  trabaron  pe^ 


606 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


lea.  Murieron  allí  dos  alcaydes  honrados ,  los  quales 
eran  Nicolás  de  Rojas,  Alcayde  de  Arcos ,  é  Sancho 
de  Avila,  Alcayde  de  Carmona.  E  desque  la  gente  fué 
descansada  el  Marqués  fizo  apregonar  combate  es- 
cala franca  é  luego  oradaron  el  muro  por  un  cabo, 
é  diéronle  combate  por  muchas  partes  é  entráronles 
por  fuerza ;  é  desque  entraron  pelearon  dentro  en 
la  villa  con  los  moros  por  las  calles ,  que  se  les  te- 
nían muy  fuertemente,  é  ficieron  en  ellos  muy  grande 
estrago  metiendo  á  espada  todos  los  varones,  é  to- 
maron la  villa  é  todas  las  personas  que  ende  habia 
hombres  é  mujeres  chicos  é  grandes  que  no  escapó 
ninguno,  salvo  algunos  hombres  que  fueron  f uyen- 
do  á  la  vuelta  por  la  mina  ó  por  otras  partes,  é  allí  se 
tuvieron  ciertos  moros  con  sus  mujeres  é  jente  me- 
nuda en  una  Alhima,  que  no  les  pudieron  entrar 
fasta  el  tercero  dia  que  se  dieron.  E  en  lo  que  se 
pudo  saber  murieron  allí  ochocientos  moros  varo- 
nes dejando  algunas  moras  que  murieron  también 
á  las  vueltas.  Fueron  presos  cautivos  tres  mil  áni- 
mas, poco  mas  ó  menos,  entre  chicos  y  grandes ;  la 
villa  era  de  seiscientos  vecinos.  Ansí  fué  tomada  la 
villa  de  Alhama,  que  era  la  ma»  rica  pieza  de  su  ta- 
maño que  habia  en  tierra  de  moros.  Ovieron  en  ella 
el  Marqués,  é  todos  los  que  con  él  fueron  infinitas 
riquezas  de  oro  y  plata  y  aljófar  é  sedas  é  ropas  de 
seda  de  Zarzaham  é  tafetán ,  é  alhajas  de  muchas 
maneras,  é  caballos  é  acémilas,  é  infinito  trigo  é  ce- 
bada, é  aceite,  é  miel,  é  almendras,  é  muchas  ropas 
de  finos  paños ,  é  de  arreos  de  casas.  Deliberaron 
ende  todos  los  christianofi  que  habia  en  ella  cauti- 
vos, que  hallaron  en  una  mazmorra,  é  hicieron  jus- 
ticia de  un  tornadizo  que  allí  tomaron.  Elche,  traidor 
renegado  que  habia  hecho  muchos  males,  entrando 
á  tierra  de  christianos ,  como  sabia  la  tierra  de 
cuando  él  era  christiano.  La  villa  tomada,  pusieron 
sus  guardas  é  todo  á  buen  recaudo ;  é  estubieron  allí 
holgando  Viernes,  é  Sábado,  é  Domingo  é  Lunes,  é 
fasta  que  el  Martes  que  vino  sobre  ellos  el  Rey  Mu- 
ley  Hacen  de  Granada,  con  cinco  mil  y  quinientos 
de  á  caballo,  y  ochenta  mil  peones  á  cercallos,  é  aún 
el  fardaje  del  Marqués  no  era  llegado ,  que  habia 
estado  detenido  en  el  camino  esperando  jente  de 
á  caballo  para  entrar,  é  en  tanto  vino  el  señor  Don 
Alonso  de  Aguilar  con  su  jente  de  á  pié  é  de  á  ca- 
ballo é  tomó  el  fardaje  para  llevarlo  é  meterlo  en 
Alhama.  E  visto  por  el  Marqués,  el  dicho  Martes  de 
mañana,  como  los  moros  les  venían  á  poner  cerco, 
é  sabia  que  ese  dia  habia  de  llegar  Don  Alonso  con 
el  fardaje  é  repuesto,  envióle  á  decir  á  uña  de  caba- 
llo que  se  volviese  presto  que  ya  no  era  tiempo  que 
en  Alhama  pudiese  entrar ,  porque  el  Rey  de  Gra- 
nada era  venido  á  los  cercar,  el  qual,  viendo  el  men- 
sajero dio  vuelta  con  el  fardaje,  é  anduvieron  toda 
aquella  noche  hacia  Antequera ;  y  el  Rey  de  Gra- 
nada supo  la  nueva  de  aquella  gente  é  fardaje  como 
iban,  é  como  daban  la  vuelta,  é  abajo  Miércoles  de 
mañana  con  todo  su  Real  en  pos  de  ellos  y  no  los 
pudieron  alcanzar  á  causa  que  no  curaron  mucho 
de  los  seguir  é  volviéronse  los  moros  é   asentaron 


daje  fasta  Antequera,  y  dendo  cada  uno  se  íaé 
para  su  tierra. 

CAPÍTULO  Lili. 

Como  el  Rey  de  Granada  combatió  al  Marqués  é  5  el  Adelantado, 
é  á  el  Asistente  de  Sevilla  é;á  todos  ¡los  christianos  que  esta- 
ban en  Alhama. 

E  como  el  Rey  moro  volvió  sobre  Alhama  dejan- 
do de  seguir  los  que  se  volvieron  con  el  fardaje, 
mandóle  dar  combate  por  todas  partes ,  é  llegaron 
los  moros  con  las  escalas  hasta  los  muros,  é  comba- 
tían muy  bravamente  osando  morir ;  é  el  Señor  Mar- 
qués y  los  otros  señores  capitanes  cada  uno  por  su 
cabo  esforzaron  su  gente,  y  diéronse  á  tal  recaudo 
que  mataron  é  firieron  de  los  moros  muy  muchos, 
y  defendieron  bien  sus  vidas  y  la  villa,  en  tal  ma- 
nera que  los  moros  se  enojaron  é  dejaron  el  com- 
bate desque  vieron  que  tanto  daño  les  facían.  El 
Domingo  siguiente  dieron  otro  muy  gran  combate, 
é  minaron  el  muro,  é  vieron  é  vinieron  á  lo  dar  muy 
armados  é  pertrechados  y  dando  muy  grandes  ala- 
ridos é  gritos,  el  qual  duró  por  muy  grande  espacio 
en  que  al  fin  fueron  mas  de  dos  mil  moros  muertos 
é  heridos.  E  dende  este  dia ,  no  osaron  dar  maa 
combate  Real ,  salvo  en  el  agua  que  quitaron  mu- 
chas veces  á  los  de  la  villa  ,  é  hacían  mucho  daño 
que  echaban  el  arroyo  por  otra  parte,  é  salían  loa 
de  la  villa  por  la  mina  é  volvíanla  á  echar  por  do 
solía  ir ;  y  sobre  esta  agua  recibieron  asaz  daño  los 
christianos  que  de  algunos  que  murieron  los  mas 
fueron  sobre  el  agua,  porque  no  tenían  sino  un  po- 
zo en  la  villa,  é  padecieron  los  cercados  muy  gran- 
des penas  de  sed  á  causa  que  los  moros  les  quita- 
ban así  el  rio.  Estuvieron  cercados  el  Marqués  á 
aquellos  señores  é  gente  que  la  tomaron  veinte  y 
cinco  días ,  tanto  se  estuvo  el  Rey  de  Granada  so- 
bre ellos.  El  Rey  Don  Fernando  supo  en  breve 
tiempo  la  nueva  de  lo  que  estaba  fecho,  aunque  es- 
taba lejos  en  Castilla,  é  envió  á  mandar  á  todos  los 
caballeros  del  Andalucía ,  é  comunidades  que  fue- 
sen en  socorro  del  Marqués  á  descercar  á  Alhama, 
y  luego  se  juntaron  con  el  señor  Duque  de  Medina 
Don  Enrique,  Conde  de  Niebla,  grandes  gentes  de 
Sevilla  y  su  tierra  é  sus  comarcas,  é  juntáronse  el 
Conde  de  Cabra  é  Don  Alonso  de  Aguilar,  é  Martin 
Alonso  de  Montemayor,  é  el  Maestre  de  Calatrava 
Don  Rodrigo  Jirón,  é  el  Adelantado  de  Cazorla,  ó 
el  Marqués  de  Víllena,  con  muchas  gentes  de  sus 
tierras  é  de  el  Andalucía,  de  manera  que  se  hizo  una 
muy  grande  y  muy  hermosa  hueste  de  muy  gran 
caballería ,  y  peonaje,  y  juntáronse  todos  cerca  de 
Antequera,  y  el  Rey  Moro  de  Granada  desque  supo 
que  iban  sobre  él  alzó  su  Real  y  fuese  huyendo  á 
Granada.  E  alzó  el  Real  un  Viernes  de  mañana  á  29 
días  de  Marzo.  E  la  gran  gente  de  los  christianos 
del  socorro  llegaron  á  Alhama  el  Domingo  siguien- 
te de  mañana  donde  fueron  recibidos  con  mucha 
alegría  de  los  que  dentro  estaban ;  é  allí  salió  el  se- 
ñor Marqués  de  Cádiz,  y  el  Adelantado  de  Andalu- 
cía con  muchos  caballeros  á  recibir  el  socorro  y  ék 


DON  FERNANDO 
los  señores  eobredichos,  los  quales  todos  abrazaron 
y  besaron,  al  Marqués  primero,  y  después  á  el  Ade- 
lantado del  Andalucía ;  alli  se  ficieron  aquel  dia 
muchas  amistades  entre  dichos  señores  de  algunos 
enojos  y  diferencias,  que  en  algunos  tiempos  ha- 
blan pasado.  Fornecieron  la  villa  de  viandas  é  ar- 
mas, é  de  gente  de  refresco  con  algunos  de  los  que 
dentro  estaban,  y  dejáronla  por  el  Rey  y  Reyna  de 
Castilla,  é  por  Capitán  é  Alcayde  de  ella  al  dicho 
Diego  de  Merlo,  Asistente  de  Sevilla,  con  ochocien- 
tos hombres  de  pelea,  en  los  quales  dejó  el  Maes- 
tre cinco  alcaides  suyos  con  la  gente  de  su  tierra 
que  ende  quedó.  E  volviéronse  todos  por  Anteque- 
ra como  uno  en  sus  tierras,  é  supieron  como  el  Rey 
Don  Fernando  estaba  en  Lucena  que  venia  al  so- 
corro ,  é  dende  dio  vuelta  á  Córdoba,  que  supo  lo 
que  era  fecho  y  que  la  gente  se  volvía. 

CAPÍTULO  LIV. 

Como  tornó  el  Rey  Moro  á  cercar  á  Alhama  y  entraron  en  ella 
por  combate  ciertos  moros. 

Tornó  el  Rey  Muley  Hacen,  moro  Rey  de  Grana- 
da dende  á  pocos  días  sobre  Alhama  é  púsole  cer- 
co é  túvola  cercada  cinco  días,  en  los  quales  la  com- 
batió muy  fuertemente  é  fizo  tirar  con  una  gruesa 
lombarda  tres  tiros ;  é  entraron  los  moros  por  una 
escala  que  de  ante  noche  habían  puesto  en  un  lugar 
pequeño  de  unas  peñas  é  vuelta  del  adarbe  en  la 
villa  al  tiempo  del  combate,  é  estaban  ya  dentro  se- 
cretamente quarenta  moros  sobidos  en  el  Adarbe, 
en  un  compás  secreto,  que  no  los  veía  nadie  é  por 
subir  mas  quebróseles  el  escala  é  no  pudieron  subir 
mas.  En  esto  los  christianos  ovieron  vista  de  mo- 
ros, é  desque  ellos  vieron  que  los  habían  visto  sa- 
lieron peleando  é  dando  grita  ,  é  muchos  christia- 
nos se  alteraron  é  dieron  á  huir  diciendo  que  sin 
remedio  la  villa  era  tomada,  é  los  moros  mataron 
dos  christianos,  é  otros  christianos  que  estaban  cer- 
ca de  allí  se  esforzaron ,  y  arremetieron  donde  sin- 
tieron que  estaba  el  escala  é  vieron  que  se  les  ha- 
bía quebrado,  é  atajaron  los  moros  entrados,  é  ma- 
taron de  ellos  doce,  é  prendieron  veinte  y  ocho,  é 
murieron  muchos  moros  en  aquel  combate,  é  fue- 
ron muchos  heridos.  E  desque  el  Rey  moro  esto 
vído,  alzó  el  Real,  é  volvióse  á  Granada.  E  así 
ovieron  allí  el  Asistente  con  todos  los  otros  capi- 
tanes, con  todos  los  demás  que  ende  estaban  la  vic- 
toria aquel  dia  é  mucha  honra.  E  entre  los  moros 
que  tomaron  ovo  ocho  moros  de  buen  rescate,  é  re- 
partieron la  presa  entre  todos. 

CAPÍTULO  LV. 
De  como  el  Rey  D.  Femando  faé  á  ver  i  Alhama. 

A  catorce  días  del  mes  de  Mayo  del  dicho  año  de 
mil  quatrocientos  ochenta  y  dos,  fué  el  Rey  Don 
Fernando  á  ver  á  Alhama  con  muy  grande  hueste 
de  gente  é  entró  en  ella,  é  ovo  ende  mucho  placer, 
é  mandóla  mucho  adobar  é  fortalecer,  é  mudó  la 
gente,  é  sacó  al  asistente,  y  á  todos  los  que  ende 


É  DO^A  ISABEL.  607 

habían  quedado  é  paso  gente  de  refresco,  é  puso 
por  capitán  y  Alcayde  al  Señor  Luis  Puertocarrero, 
Señor  de  Palma,  del  qual  estuvo  su  domada ;  y  des- 
pués lo  mandaron,  é  pusieron  al  Comendador  Juan 
de  Vera  Alcaide  que  fué  de  Jaén.  E  otro  sí  de  esta 
vez  que  el  Rey  Don  Fernando  fué  á  ver  á  Alhama, 
vino  á  Lo  ja,  é  otros  lugares  de  los  moros. 

CAPÍTULO  LVI. 
De  como  en  Granada  alzaron  otro  Rey,  é  dejaron  al  Rey  viejo. 

Después  que  el  Rey  moro  Muley  Hacen  volvió 
de  Alhama  en  Granada  sin  la  tomar,  luego  fué 
gran  división  entre  los  moros ,  é  alzaron  por  Rey  á 
Muley  Baudili  su  fijo  en  Granada  los  grandes  de  la 
ciudad.  Y  alzóse  también  su  hermano  Muley  Bula- 
haique ;  é  fuese  de  Granada  é  tomó  contra  su  Padre 
á  Almería,  é  el  otro  quedó  Rey  en  Granada ;  y  des- 
que esto  vído  el  Rey  viejo  Muley  Hacen  fuese  á 
Málaga  é  con  toda  su  casa  é  tesoros ;  é  la  mayor 
parte  de  este  daño  le  vino  al  Rey  viejo  por  envidia 
que  habían  los  caballeros  de  Granada ,  por  la  gran 
privanza  que  con  él  tenia  el  Ibocacim  Venegas,  Al- 
guacil de  Guarda,  que  mandaba  á  Granada  é  todo 
el  Reyno  mucho  mejor  que  el  Rey.  Este  Alguacil, 
era  de  linaje  de  christianos  de  los  Venegas  de  Cór- 
doba, é  su  padre  é  abuelos  fueron  christianos  é  él 
nació  en  tierra  de  moros,  é  era  muy  gran  servidor 
del  Rey. 

CAPÍTULO  LVIL 

De  la  batalla  del  Lomo  del  Judio  que  vencieron  los  christianos 
de  Utrera. 

Viernes  primero  dia  del  mes  de  Marzo  año  suso- 
dicho de  1482,  que  fué  un  día  después  de  la  toma 
de  Alhama  ,  acaeció  que  los  caballeros  de  Utrera 
que  quedaron  en  guarda  de  la  tierra,  los  quales  fue- 
ron quarenta  y  ocho,  todos  los  mas  ancianos,  mas 
viejos  que  mozos,  los  quales  sabida  la  nueva  que 
entraban  los  moros,  que  como  tenían  á  Zahara,  no 
eran  sentidos  muchas  veces  fasta  que  corrían ;  é 
por  esto  f  uéronse  á  Bomos,  llevando  por  Capitán  al 
Alcayde  de  Utrera ,  Gómez  Méndez  de  Sotomayor, 
é  jimtáronse  con  algunos  caballeros  muy  pocos  que 
ahí  estaban  é  con  algunos  peones,  é  estando  en 
Bornes  el  dicho  Viernes  de  mañana,  amanecieron 
los  dichos  moros  de  Ronda  é  de  su  tierra  sobre  ellos, 
los  quales  eran  doscientos  y  sesenta  de  á  caballo 
los  que  allí  vinieron,  é  algunos  peones,  é  el  peona- 
je dejáronlo  en  la  Sierra ,  é  corrieron  el  campo  de 
Bornes  é  de  Espera,  é  de  Sevilla,  é  recojieron  quan- 
to  ganado  hallaron,  élos  pastores  que  pudieron  ha- 
ber, en  que  llevaban  once  mil  cabezas  poco  mas  ó 
menos,  íbanse  poco  á  poco  con  ellas  que  como  no 
había  gente,  que  eran  idos  á  Alhama,  no  había  quien 
se  lo  contradijese.  E  desque  esto  vieron  los  chris- 
tianos que  estaban  en  Bornes ,  los  quarenta  y  ocho 
de  Utrera  é  diez  de  á  caballo  del  mismo  lugar,  é  de 
Arcos  seis  de  á  caballo,  de  Espera  otro  do  á  caballo, 
que  fueron  todos  setenta  y  dos  de  á  caballo  con  I09 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Alcaydes  de  Utrera  Sotomayor,  é  Matlieo  Sánchez, 
Alcayde  de  Bornos,  todos  los  mas  hombrea  viejos 
canos,  salieron  á  trecho  de  los  moros  con  obra  de 
treinta  peones  y  fuéronse  en  pos  de  ellos,  fasta  el 
cerro  que  dicen  el  Lomo  del  Judío,  á  dos  leguas  de 
Bornos  ;  ó  allí  los  moros  desque  vieron  tan  poca 
gente,  habido  su  consejo,  diciendo  que  también  los 
podrían  llevar  como  la  cabalgada,  volvieron  sobre 
ellos ,  pensando  que  les  f  uirian  ;  é  los  christianos 
desque  los  vieron  venir,  ficiéronse  un  cuño  y  apre- 
táronse, é  pusieron  los  peones  al  un  cabo,  y  esfor- 
zándose los  unos  con  los  otros,  diciendo  unos  á  otros 
que  todos  ficiesen  como  buenos,  que  Dios,  é  la  Vir- 
gen Santa  María  é  el  Apóstol  Santiago  les  ayuda- 
rían ;  y  los  Alcaydes  ambos  eran  hombres  esforza- 
dos, y  esforzaron  mucho  la  gente  é  pusiéronla  en 
orden,  y  apretáronse  mucho  todos ,  puestas  sus  lan- 
zas de  encuentro ;  y  los  moros  viniéronse  para  ellos, 
y  queriendo  encontrarse  soltaron  los  moros  tres  es- 
pingardas á  caballo  facía  los  christianos,  é  non  les 
ficieron  daño  ;  arremetieron  los  unos  con  los  otros 
diciendo  los  christianos  Santiago ,  é  rompieron  los 
unos  en  los  otros ;  los  peones  se  estuvieron  quedos 
fecho  adarbe  con  las  puntas  de  sus  lanzas  que  les 
non  pudieron  entrar;  é  volvióse  la  pelea;  mas  los 
christianos  horadaron  luego  la  batalla  de  los  moros 
andando  muy  apretados,  é  acaudillados,  é  dieron 
vuelta  otra  vez  sobre  ellos  ,  derribando  é  matando 
muchos.  Los  peones,  desque  vieron  derribados  mu- 
chos moros ,  comenzaron  de  matar  é  ayudar  á  los 
suyos.  Los  moros  como  vieron  tantos  caídos  de  ellos 
é  los  christianos  en  su  vigor,  comenzaron   de  huir 
vencidos,  é  muertos,  é  desbaratados ;  los  christianos 
siguieron  el  alcance  gran  rato,  é  fueron  muertos 
mas  de  cíen  moros  y  cautivos  no  mas  do  tres,  é 
murieron  quatro  christianos,  tres  de  Utrera,  y  uno 
de  Arcos  ;  y  volvieron  todo  el  ganado  que  llevaban 
los  moros,  é  cojieron  el  campo,  en  que  ovieron  no- 
venta caballos  é  muchas  armas,  ó  volvieron  toda  la 
presa  que  los  moros  llevaban,  é  tornaron  con  mu- 
cha honra  á  sus  casas,  é^repartieron  la  presa  por  to- 
dos los  que  allí  so  hallaron  y  pelearon.  Este  año 
fué  Juan  de  Vera ,  fijo  del  Comendador  Diego  de 
Vera,  enviado  á  Granada  por  Embaxador,  é  estando 
en  la  Alhambra  ovieron  unos  moros  disputa  do  co- 
sas de  la  fé,  é  un  moro  Benzorraje  dijo  que  nuestra 
Señora  la  Virgen  María  no  quedó  Virgen  después 
quo  parió  á  Nuestro  Señor  Jeauchristo,  y  Juan  de 
Vera  dijo  que  mentía ,  y  lo  hirió  con  la  espada  en 
la  cabeza,  é  el  Rey  Don  Fernando  se  lo  agradeció 
mucho  é  le  dio  mercedes. 

CAPÍTULO  LVIII. 

De  como  el  Rey  fué  primera  vez  sobre  LoXa,  y  tío  DZo  lo  ^ue  qui- 
siera. 

En  el  dicho  año  do  1482  después  de  San  Juan  de 
Junio ,  sacó  el  Rey  Don  Fernando  su  hueste  con 
muchos  de  los  Grandes  de  Castilla,  ó  fué  sobre  Lo- 
xa  con  asaz  artillería ,  é  púsolo  cerco  del  un  cabo  é 
túvola  cercada  cuatro  6  cinco  días,  é  los  rucres  ea 


lían  á  pelear  muchas  veces  por  dónde  más  á  mand 
hallaban  las  estancias ,  é  cada  día  les  entraban  mo- 
ros de  refresco  en  la  villa ,  que  el  real  no  lo  podía 
defender,  que  estaba  entre  la  villa  y  el  Real  é  estan- 
cias ,  el  río  Guadajeníl.  E  un  día  salieron  loe  moros 
do  la  villa  á  pelear  por  estancia  donde  estaba  el  Maes- 
tre de  Calatrava  Don  Rodrigo  Girón ,  é  él  saüié  á 
pelear  con  ellos,  é  diéronle  una  saetada  de  que  mu-    ; 
rió  luego,  é  acudió  gente  del  real  é  ñcieron  huir  los 
moros.  E  viendo  esto  el  Rey  é  los  Caballeros,  é  vis- 
to como  tenían  poca  gente,  é  estaban  cerca  de  Gra- 
nada donde  muy  presto  se  podían  recrecer ,  é  socor- 
rer á  aquella  villa  mucha  gente,  ordenaron  de  alzur 
el  real ,  porque  no  se  fallaron  mas  de  quatro  mil  de 
á  caballo  é  doce  mil  peones,  é  según  la  calidad  do 
la  tierra  eran  menester  para  aquel  cerco  aquellos ,  y 
otros  tantos ;  é  como  los  moros  de  la  villa  vieron 
que  el  real  se  alzaba  salieron  á  pelear  ya  que  la  ma- 
yor parte  era  alzado ,  é  ficieron  muy  grande  alboro-^ 
to  en  el  real,  é  muchos  caballeros  é peones  dieron  á 
f  uir  al  Rey  mesmo  ;  é  como  vido  aquello  acudió  por 
aquel  lugar  con  algunos  pocos  do  caballeros,  dicien- 
do á  voces  :  « tener  caballeros ,  tener  caballeros  » ;  ó 
peleó  allí  el  mesmo  con  los  moros  é  desbarató  una 
batalla,  y  atajó  otra  de  cinqüenta  moros  que  no  pu- 
dieron tomar  el  paso,  é  no  tuvieron  otro  remedio  si- 
no echáronse  los  mas  de  ellos  en  el  río  donde  se  aho- 
garon ,  é  los  otros  murieron  á  lanzadas  y  en  esto  el 
real  tuvo  algún  tanto  de  lugar  lo  que  no  era  alzado 
de  se  alzar  y  poner  en  cobro.  E  como  el  Roy  en  esto 
andaba  peleando  con  los  moros  recrecíanse  mas  mo-   í' 
ros ,  é  vídolo  el  Marqués  de  Cádiz  é  socorriólo  con 
sesenta  lanzas,  dejando  el  cabo  donde  estaba,  évino 
allí  é  fizo  quitar  al  Rey  de  aquel  peligro  é  púsose 
él  allí,  é  salieron  otra  vez  los  moros  por  allí ;  é  fizo 
el  Marqués  tres  ó  quatro  vueltas  sobre  ellos  muy  es- 
forzadamente con  los  que  con  él  estaban ,  é  echó  una 
lanza  á  un  moro  é  atravesólo ,  é  quedó  sin  lanza,  6 
firíéronle   el  caballo  de  una  saetada,  é  con  estas 
vueltas  que  fizo  escusó  que  no  se  perdió  parto  del 
real.  Con  todo  eso  se  perdió  mucha  harina,  vino,  é 
algunos  tiros  de  pólvora,  en  los  quales  fueron  qua- 
tro ó  cinco  robadoquines.  E  esto  fecho  el  Rey  fizo 
bastecer  á  Alhama  de  aquellos  bastimentos  que  ha- 
bían ido  al  real,  é  vínose  sin  facer  lo  que  quería ,  é 
fué  esquela  al  Roy  este  cerco  primero  de  Loxa  en 
que  tomó  lición ,  y  deprendió  ciencia  con  que  des- 
pués fizo  la  guerra,  é  con  ayuda  de  Dios  ganó  la 
tierra',  según  adelante  será  dicho.  E  desde  esta  vea 
le  creció  contra  los  moros  muy  gran  omezillos  éfizo 
facer  sobre  la  que  tenia  muy  gran  artillería  de  tiroa 
de  pólvora  en  Huezna ,  é  muchos  robadores,  é  guar-» 
necióse  mucho  de  todas  las  cosas  necesarias  para 
la  guerra ;  é  fizo  facer  sobre  la  que  tenia  muy  gran 
artillería  y  muchas  gruesas  lombardas ,  é  labrar  en 
esta  Andalucía  muchas  piedras  para  ella,  é  en  la 
sierra  de  Constantina  muy  mucha  madera  para  Isk 
dicha  artillería. 


DON  FEEÑANDO 

CAPÍTULO  LIX. 

Como  el  Rey  Muley  Hacem  corrió  el  campo  de  Tarifa. 

En  el  dicho  año  de  1482  mientras  el  Rey  estaba 
sobre  Loxa,  corrió  el  Rey  Muley  Hacem  el  Viejo 
el  campo  de  Tarifa,  en  que  llevó  mucho  ganado  va- 
cuno, como  no  había  caballeros  que  so  lo  resistie- 
sen ,  que  estaban  en  el  cerco  de  Loxa ;  é  á  la  salida 
cerca  de  Castellar ,  dieron  en  la  delantera  de  los  mo- 
ros Pedro  de  Vera,  Alcayde  de  Gibraltar,  é  Christó- 
bal  de  Mesa,  Alcayde  de  Castellar,  con  fasta  sesenta 
de  á  caballo,  é  desbarataron  ciento  y  cinqüenta  de 
á  caballo  moros  muertos  é  heridos ,  é  con  aquel  al- 
boroto se  volvieron  mas  de  dos  mil  vacas  de  las  que 
llevaban  los  moros,  é  con  todo  eso  llevaron  todavía 
mas  de  tres  mil  vacas ,  é  ansí  el  Rey  moro  se  vol- 
vió á  Málaga,  donde  estonce  reynaba ,  después  que 
Granada  lo  despidió,  tomando  por  Rey  á  su  hijo  Mu- 
ley Boabdelin. 

CAPÍTULO  LX. 

Del  desbarato  que  los  moros  ficieron  en  los  christianos  en  el 
Axarquía  de  Málaga. 

En  el  mes  de  Marzo  de  1483  años  entraron  á  cor- 
rer tierra  de  moros  por  Antequera  el  Maestre  de 
Santiago  Don  Alfonso  de  Cárdenas,  é  el  Marqués  de 
Cádiz,  é  Don  Alonso  de  Aguilar,  é  Juan  de  Vera  é 
el  Adelantado  de  Andalucía ,  é  el  Conde  de  Cifuen- 
tes,  Asistente  de  Sevilla,  que  sucedió  después  de  la 
muerte  del  virtuoso  Señor  Diego  de  Merlo,  ó  Juan 
de  Robles,  Corregidor  é  Alcayde  de  Jerez,  é  recogie- 
ron la  gente  en  Antequera ,  é  falláronse  con  mas  de 
tres  mil  de  á  caballo  é  con  pocos  peones,  según  fue- 
ron menester  para  la  tierra  donde  iban.  El  consejo 
del  Marqués  era  de  combatir  á  Almejía ,  é  el  Maes- 
tre no  quiso  sino  que  fuesen  á  destruir  los  lugares 
del  Axarquía,  para  lo  qual  habían  sido  munidos  é 
allegados,  é  para  dar  vista  á  Málaga ,  é  ovieron  di- 
visión en  el  concierto  de  la  entrada  á  causa  que  el 
Maestre  tenia  adalides  que  habían  sido  moros,  ó 
decíanle  de  una  manera,  faciéndole  muy  llana  y  sin 
peligro  la  entrada.  El  Marqués  tenia  también  sus 
adalides  tornadizos,  entre  los  quales  uno  era  Luis 
Amar,  uno  de  los  que  le  dieron  á  Montecorto,  é  fa- 
cían la  entrada  por  allí  muy  peligrosa  ;  y  en  fin  si- 
guieron todos  la  voluntad  del  Maestre ,  é  dejaron  el 
fardaje  en  Antequera ,  é  todos  los  que  tenían  fla- 
cos caballos.  Partieron  de  Antequera  los  dichos  se- 
ñores con  pocos  menos  de  tres  mil  de  á  caballo ,  y 
obra  de  mil  peones  ;  é  entraron  en  la  Axarquía  de 
Málaga  comenzando  de  correr,  é  quemar  lugares ,  é 
matar  é  robar,  un  Jueves  de  mañana  víspera  de  San 
Benito  á  veinte  días  de  Marzo,  fasta  la  tarde  que  se 
apellidó  toda  la  tierra  de  los  moros  sobre  ellos  ;  la 
tierra  era  muy  fragosa  y  áspera  de  muchos  collizos 
é  lomas,  ó  barrancos ,  é  dieron  los  moros  en  la  bata- 
lla de  la  rezaga  é  ficieron  mucho  daño  á  saetadas 
desde  arriba  de  aquellos  barrancos ,  como  los  caba- 
lleros po  podían  dar  vuelta  Bobre  ellos ,  y  tai  mata- 
Cr.-m. 


É  DOÑA  ISABEL.  609 

ban  é  desbarataban  mucha  gente  á  cada  paso,  de 
manera  que  se  erró  en  los  christianos,  é  ovo  tan  mal 
acuerdo  é  tan  gran  desmán ,  que  no  tenían  valor 
para  pelear  los  mas  de  ellos ,  temiendo  la  grita  do 
los  moros,  é  las  infinitas  saetas  que  cada  uno  les 
echaban.  El  Marqués,  por  guarecer  la  gente  de  la 
rezaga,  quedó  atajado  aquella  noche  que  no  pudo 
llegar  ni  pasar  á  la  gran  batalla  del  Maestre  y  do 
los  otros  señores ,  y  allí  por  amparar  la  rezaga  le 
mataron  el  caballo ,  é  quedó  con  fasta  cinqüenta  do 
á  caballo  atajado,  é  habia  muchos  moros  entre  él  ó 
la  otra  gente ,  é  estuvo  gran  parte  de  la  noche  allí, 
é  los  tornadizos  le  amonestaron  é  aconsejaron  que 
saliese  por  una  parte  por  do  le  guiarían,  pues  no 
podía  juntarse  con  los  demás  sin  peligro  de  su  per- 
sona; é  que  si  allí  aguardaba  á  la  mañana  amanece- 
rían sobre  aquellos  moros  que  lo  tenían  cercado, 
otros  en  gran  suma ,  é  que  estonce  no  se  podría  qui- 
zá poner  en  cobro ;  é  de  tal  manera  se  vido  afren- 
tado aquella  noche,  que  ovo  de  tomar  el  consejo  de 
los  tornadizos  ,  é  no  pudo  facer  sino  escapar  su  vida 
á  uña  de  caballo  por  donde  lo  guiaron  los  adalides 
suyos  tornadizos  y  Luis  Amar,  y  al  fin  salió  de  An- 
tequera. 

El  Maestre  é  los  otros  señores  con  toda  la  otra 
gente  estuvieron  toda  esta  noche  cercados  de  loa 
moros,  con  diez  mil  candelas  de  fuego  ardiendo  al- 
rededor que  no  habia  por  donde  saliese  uno ,  ni  en- 
trase otro,  recibiendo  de  cada  parte  muchas  saeta- 
das que  le  tiraban  á  montón,  en  que  se  recibían 
muchos  daños  de  f  eridos  é  muertos.  Los  moros  nun- 
ca cesaron  aquella  noche  de  velar  toda  la  hueste  al 
derredor,  dando  gritos  é  faciendo  tantas  algazaras 
fasta  otro  día  Viernes  de  San  Benito,  de  manera  que 
se  movió  la  hueste  de  los  christianos  para  se  venir 
puesta  su  retaguardia  á  la  zaga,  é  comenzaron  de 
pasar  cuestas  é  barrancos  ,  y  los  moros  con  ellos  á 
cada  paso  revueltos  por  unas  lomas  y  pasos  muy 
inustos ,  é  echaban  muchas  piedras  á  rodar  é  con  las 
manos  muchas  saetas,  é  salían  á  las  delanteras  por 
donde  no  podían  subir  los  christianos,  é  así  mata- 
ban é  herían ;  y  los  christianos,  como  iban  ahilados, 
la  tierra  era  tal  que  no  podían  facer  vuelta,  ni  se  po- 
dían valer  unosá  otros ;  y  desque  vieron  que  la  gen- 
te se  ponía  en  huida,  ó  según  la  aspereza  y  bacana - 
miento  de  la  tierra ,  la  gente  de  á  caballo  no  podía 
pelear,  dixeron  al  Maestre  y  á  los  señores  que  iban 
con  él  en  las  delanteras  los  adalides  que  si  querían 
escapar  que  anduviesen  presto,  antes  que  los  moros 
les  tomaran  un  puesto  grande  que  adelante  estaba; 
de  manera  que  el  Maestre  é  los  otros  señores  comen- 
zaron de  meter  espuelas  é  andar  cuanto  podían;  é 
como  esto  vieron  los  de  la  hueste  é  de  la  rezaga^ 
toda  la  gente  se  puso  en  huida ,  cada  uno  cuanto 
mas  podía ;  é  dejaron  la  vía  por  donde  iba  el  Maes- 
tre muchos  caballeros ,  ó  tomaron  la  vía  de  Alora,  é 
los  moros  siguieron  el  alcance,  é  mataron  ó  cauti- 
varon mil  é  ochocientos  hombres  christianos  6  pocos 
menos  ,  en  que  fueron  muertos  dos  hermanos  del 
Marqués  de  Cádiz,  Don  Lope  é  Don  Beltran ,  é  Pe- 
dro Vázquez,  hermano  del  Mariscal ,  é  Gómez  Men- 

39 


610 

dez  de  Sotomayor  Alcay do  de  Utrera ,  é  Alonso  de 
las  Casas,  é  otros  muchos  caballeros  de  Sevilla  y 
de  Jerez  y  do  toda  el  Andalucía ,  fueron  muertos  é 
cautivos,  é  fué  preso  el  Conde  de  Cifuentes,  Asis- 
tente de  Sevilla,  y  Don  Diego  Ponce  de  León,  her- 
mano del  Marqués,  ó  su  sobrino  Juan  do  Pineda, 
nieto  del  Conde  Don  Juan ,  y  otros  muchos  criados 
y  parientes  del  dicho  señor  Marqués.  E  fueron  muer- 
tos é  presos  muchos  Comendadores  do  la  Orden  de 
Santiago,  entre  los  quales  fué  muerto  Juan  de  Ba- 
zan.  Comendador  de  Almendralejo,  que  fué  un 
muy  esforzado  y  honrado  caballero.  E  fueron  presos 
Don  Lorenzo  Ponce  de  León ,  Señor  de  Villagarcía 
que  era  paje  del  Maestre,  é  Juan  Zapata  sobrino 
del  Maestre ,  fijo  de  Pedro  Zapata,  Comendador  de 
Hornachos.  Afirmábase  entre  muchos  muertos  y 
cautivos  mas  de  treinta  Comendadores  faltaban  ;  é 
fueron  presos  é  cautivos  otros  muchos  caballeros, 
criados  é  parientes  de  los  señores  Adelantados  é  se- 
ñores Don  Alonso  de  Aguilar,  é  Alcaydes  desta  An- 
dalucía ,  entre  los  quales  fueron  presos  Juan  de  Ro- 
bles ,  Corregidor,  é  Alcayde  é  Capitán  de  la  gen- 
te de  Jerez ,  Don  Juan  hermano  del  Duque  de  Me- 
dina Sidonia,  Don  Manuel  sobrino  del  Marqués  fijo 
de  Don  Pedro  de  Guzraan  el  Vayo,  Monsalvo,  Juan 
Gutiérrez  Tello,  Diego  de  Fuentes,  é  Pedro  Esqui- 
vel ,  veinte  y  quatro  de  Sevilla,  é  Gómez  de  Figue- 
roa,  é  Gonzalo  de  Saavedra,  Alcalde  mayor  é  vein- 
te y  quatro  de  Córdoba ,  é  otros  semejantes  fidalgos 
é  ricos  hombres. 

Así  que  el  desbarato  fecho ,  los  moros  cojieron  el 
campo  é  juntaron  la  cabalgada  en  Málaga  en  que 
juntaron  ochocientos  veinte  y  cinco  hombres  ,  en 
que  habia  en  ellos  doscientos  ciuquenta  hombres, 
principales  caballeros,  é  Alcaydes,  é  Comendadores, 
é  generosos  é  fidalgos  de  grandes  rescates,  alas  qua- 
les apartaron  luego  é  llevaron  á  la  Alcazaba,  é  pu- 
siéronlos aparte,  é  quedaron  allí  en  el  corral  qui- 
nientos setenta  y  cinco ,  estos  fueron  sin  algunos 
que  los  mas  hurtaron  los  moros,  y  sin  algunos  que 
después  fallaron. 

Este  desbarato  hicieron  muy  pocos  moros  mara- 
villosamente, é pareció  que  nuestro  Señorío  consin- 
tió, porque  es  cierto  que  la  mayor  parte  do  la  gente 
iba  con  intención  de  robar  é  mercadear ;  mas  que  no 
de  servir  á  Dios ,  como  fué  probado  é  confesado  por 
muchos  de  ellos  mesmos  que  no  llevaban  la  inten- 
ción que  los  buenos  christianos  han  de  llevar  á  la 
pelea  é  batalla  de  los  infieles ,  que  han  de  ir  confe- 
sados, é  comulgados  é  fecho  testamento,  é  con  in- 
tención de  pelear  é  vencer  á  los  enemigos  en  favo^ 
de  la  Santa  fé  cathólica,  é  ovo  muy  pocos  que  la 
tal  intención  llevasen ;  mas  por  la  mayor  parte  iban 
todos  puestos  en  cobdicia  de  haber  por  robo  cosas 
é  alhajas  como  las  doAlhama,  diciendo  que  muchos 
fueron  ricos  do  Alhama ;  y  otro»  muchos  llevaron 
muchos  dineros  y  encomiendas  de  sus  amigos  para 
comprar  do  las  cabalgadas  que  habían  de  hacer,  es- 
clavos y  esclavas,  y  ropas  de  seda  como  si  hecho  lo 
tuvieran,  y  pensaban  sin  dar  é  temer  á  nuestro  Se- 
ñor Dios  el  mal  propósito  q,ue  para  esto  llevaban, 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


quiso  por  castigar  los  malos  que  recibiesen  pena 
los  buenos  ;  que  dijeron  los  christianos  que  fueron 
presos,  que  puesto  caso  que  había  muchos  moros  en 
los  cerros  y  de  cada  cabo ,  que  todos  los  moros  que 
ficieron  el  destrozo  ó  daño  que  no  fueron  sino  fasta 
quinientos  peones  é  cinqüeuta  de  á  caballo ,  é  quo 
todos  los  otros  no  llegaron  fasta  quo  estaba  fecho 
el  desbarato. 

Los  señores  Marqués,  é  el  Maestre ,  é  Adelantado 
Don  Alonso  de  Aguilar,  é  todos  los  que  escaparon 
vinieron  á  Antequera ,  é  muclios  fueron  á  parar  á 
Alhama  é  otras  partes,  é  muchos  estuvieron  por  los 
montes  ocho  días  comiendo  yerbas  é  bebiendo  agua, 
y  después  salían  andando  de  noche,  é  de  dia  escon- 
didos ;  é  acaeció  que  venían  ftiyendo  é  venian  á  pa- 
rar á  Herbar,  que  es  un  castillo  que  tenían  los  moros, 
donde  estaban  tres  ó  quatro  moros,  que  estaba  á 
quatro  leguas  de  Antequera;  é  como  vieron  aquellos 
moros  venir  por  allí  dos  ó  tres  christianos  ,  presu- 
mieron lo  que  era  que  venian  desbaratados,  é  salie- 
ron 'é  cautiváronlos  ;  é  después  vieron  venir  mas ,  ó 
dejaron  en  la  fortaleza  dos  moros  con  los  presos ,  é 
soltóse  uno  de  los  christianos,  é  mató  á  el  un  moro 
y  firió  el  otro,  ó  alzóse  con  la  fortaleza,  é  tuvieron  él 
é  los  otros  dos  que  él  desató  fasta  que  le  vinieron  á 
poner  cobro  los  señores.  E  aquellos  que  escaparon 
juntos  en  Antequera,  esperaron  todos  los  que  ve- 
nian, é  recojído  cada  uno  los  suyos,  é  visto  que  le 
faltaban  con  mucho  enojo,  dolor  y  angustia,  se  fué 
cada  uno  en  su  tierra  donde  ya  se  os  entiende  con 
que  placer  podrían  recibirlos.  Y  fué  llamada  por 
mal  de  los  christianos  ,  y  es  hoy  día  la  de  la  Axar- 
quía,  otros" Jo  llaman  la  de  las  Lomas,  é  de  aquí 
creció  mas  la  enemiga  entre  chisíianos  y  moros. 

CAPÍTULO  LXL 
De  como  fué  preso  el  Rey  mozo  Muley  Baudili  cerca  de  Lucena. 

La  fortuna  que  nunca  para,  ni  deja  en  un  ser  mu- 
cho tiempo  permanecer  las  glorias  mundanas,  ni  á 
los  malos  disimula  sus  maldades  y  yerros  luenga- 
mente para  que  siempre  hayan  de  perseguir  á  los 
buenos,  mas  por  divina  ordenación  vemos  que  los 
malos,  aunque  en  algún  tiempo  prevalecen  ,  presto 
son  consumidos,  y  los  buenos  ,  aunque  algunas  ve- 
ces perseguidos  por  que  no  conozcan  á  Dios ,  siem- 
pre Dios  los  socorre  y  consuela  ;  y  así  estando  esta 
Andalucía  en  muy  gran  tristeza  y  no  limpios  los 
ojos  de  llorar  en  ella  ó  en  gran  parte  de  Castilla 
donde  tocó  el  dolor;  los  moros  muy  enlo9anados  por 
la  victoria,  y  no  contentos  con  lo  pasado  que  se  ha- 
bia fecho  en  las  Lomas,  ordenaron  entrar  á  correr 
Loxa  tierra  de  christianos,  peusandoque  por  temor 
del  estrago  fecho  no  habría  quien  les  ficiese  resis- 
tencia ;  y  fué  de  esta  manera,  que  el  Rey  moro  Mu- 
ley  Baudily  que  reynaba  en  Granada,  desque  supo  el 
desbarato  que  se  habia  fecho  en  los  christianos  ade- 
rezó su  gente  é  sacó  su  hueste  desde  Granada  en  que 
habia  nueve  mil  peones  y  setecientos  de  á  caballo, 
y  entró  á  correr  el  campo  de  Aguilar  é  de  Lucena,  ó 
desque  fueron  vistos  por  los  christianos ,  apellidósa 


Don  FERNANDO 
la  tierra  é  salió  el  Alcayde  de  los  Donceles ,  con  fas- 
ta setenta  de  á  caballo,  é  unos  pocos  de  peones,  é 
asomó  por  un  cabo  ó  lado  de  los  moros  ;  é  asomó  el 
Conde  de  Cabra  por  el  otro  cabo  é  lado  de  los]  mo- 
ros, con  fasta  doscientos  de  á  caballo  é  quatrocien- 
tos  peones.  E  los  moros  en  el  campo  volvían  ya  de 
vuelta,  é  el  Alcayde  de  los  Donceles  fizo  tocar  una 
trompeta  cerca  de  la  delantera  de  los  moros,  é  el 
Conde  de  Cabra  fizo  tocar  sus  trompetas,  y  los  unos 
christianos  con  los  otros  esforzáronse,  puesto  caso 
que  eran  muy  pocos  en  comparación  de  tantos  mo- 
ros, se  esforzaron  unos  con  otros.  Y  el  Rey  de  Gra- 
nada y  su  hueste  estaban  en  un  llano,  y  como  los 
christianos  asomaron  por  los  cabezos,  no  podían 
bien  juzgar  si  eran  pocos  ó  muchos,  é  comenzaron  á 
desmayar  por  el  sonido  de  las  trompetas  de  cada 
parte,  y  el  Conde  por  su  cabo  con  su  gente  bien  co- 
gida rompió  por  medio  de  los  moros,  y  no  menos 
hizo  el  Alcaide,  aunque  tenia  muy  poca  gente,  por 
la  otra  parte  ;  é  desque  los  moros  se  vieron  cometi- 
dos por  dos  partes,  pensaron  que  toda  Castilla  esta- 
ba allí,  é  comenzaron  á  f  uir  como  cobardes  é  corta- 
dos, no  mirando  la  honra  de  su  Rey  toda  la  peonaje; 
y  de  la  gente  de  á  caballo  algunos,  é  otros,  recibie- 
ron ferozmente  los  primeros  encuentros  en  que  los 
christianos  derribaron  muchos  de  ellos,  como  ellos 
usan  cabalgar  corto,  ficieron  por  cada  parte  entra- 
da é  salida  en  ellos,  é  desbaratáronlos,  é  estonce 
comenzaron  todos  á  fuir,  y  los  christianos  á  los  se- 
guir, derribando,  é  matando  en  ellos  hasta  el  rio  de 
Guadaxenil,  el  qual  iba  estonce  crecido,  é  no  lo  po- 
dían pasar  salvo  por  ciertos  vados;  é  de  los  que  allí 
llagaron  muchos  se  metieron  á  el  agua  é  fueron 
ahogados;  así  que  orilla  del  rio  fueron  muchos 
muertos  á  lanzadas,  é  muchos  ahogados  en  el  rio,  en 
tal  manera  que  de  todos  los  moros,  así  de  á  caballo 
como  de  á  pié,  escaparon  muy  pocos  en  esta  batalla 
y  alcance  á  lo  que  se  pudo  ver  ;  es  á  saber :  fueron 
muertos  é  presos  todos  los  setecientos  de  á  caballo 
que  nó  escaparon,  salvo  algunos  pocos  que  ovieron 
lugar  de  pasar  el  rio,  é  otros  escondidos  ;  é  fueron 
muertos  é  presos  siete  mil  peones  poco  mas  ó  me- 
nos. Así  que  se  estragó  y  pereció  casi  toda  la  hues- 
te de  los  moros  que  habían  entrado,  entre  los  quales 
el  Rey  moro  fué  preso;  y  el  Alatar  viejo,  Alcayde  de 
Lora.'"'que  era  un  esforzado  y  nombrado  moro ,  fué 
muerto  y  ahogado  en  el  rio  que  nunca  jamas  pare- 
ció ni  entre  los  muertos  pudo  ser  conocido;  era 
hombre  de  mas  de  sesenta  años,  el  qual  había  fecho 
desde  su  mocedad  guerra  á  los  christianos.  E  habida 
la  victoria,  los  christianos  cojieron  el  campo,  don- 
de ovieron  muy  gran  cabalgada  é  riquezas  ;  prime- 
ramente ,  el  Rey  moro  cautivo  con  otros  caballeros 
moros ,  muchos  y  de  grande  rescate,  é  otros  muchos 
cautivos  de  mediano  rescate ,  é  otros  muchos  de  co- 
mún rescate  y  valores ,  y  muchas  acémilas,  é  fue- 
ron tantas,  que  se  maravillaron  los  christianos  don- 
de había  tantas  scémilas,  y  los  moros  cautivos  les 
dixeron  que  cada  peón  traía  una  acémila,  ó  al  me- 
nos entre  dos  peones  una  acémila,  por  amor  del  tra- 
bajo de  las  tres  marchadas,  é  por  las  vituallas  del 


É  DONA  ISABEL.  611 

comer,  é  aun  por  parecer  mas  gente  de  á  caballo ;  ó 
ovieron  muchas  armas  é  ropas  ,  é  oro  ,  é  plata ,  é  ca- 
ballos ;  é  ansí  volvieron  el  Conde  de  Cabra  ,  é  el  Al- 
cayde los  Donceles,  con  la  cabalgada  é  muy  hon- 
rados. 

E  Don  Alonso  de  Aguilar,  en  este  medio  tiempo 
estando  en  Anteqnera,  supo  el  desbarato  de  los  mo- 
ros, é  salió  al  campo  á  la  delantera  de  los  que  ha- 
bían escapado,  é  ¡ovo  mas  de  ochenta  moros  que 
tomaron  él  y  los  suyos.  El  primer  moro  de  los  de  á 
caballo  que  entró  solo  en  Loxa,  fué  uno  que  se  lla- 
maba Cidi  Caleb ,  sobrino  del  Alf aquí  mayor  del 
Albaicinde  Granada;  é  como  lo  vieron  ansí  solo,  fué 
muy  grande  alboroto  por  un  poco  en  la  villa ,  y 
dixéronle  «¿caballero,  dó  el  Rey  y  la  gente?»  y  él 
respondió :  « allá  quedan,  que  el  Cielo  cayó  sobro 
ellos,  é  todos  son  perdidos  é  muertos.»  Estonce  co- 
menzaron en  Loxa  muy  gran  llanto ,  é  muy  gran 
lloro  y  tristeza,  é  este  moro  mesmo  llevó  la  nueva 
á  Granada,  donde  la  gente  de  ella  fué  muy  triste  y 
cuitada,  é  fué  muy  llorada  por  los  moros  la  pérdida 
del  Rey ;  é  sabed  que  los  que  con  él  se  perdieron, 
eran  todos  los  mas  caballeros  de  los  mejores  é  mas 
principales  de  Granada ,  ó  de  Loxa  é  de  toda  la 
frontera.  El  Conde  de  Cabra ,  é  el  Alcayde  de  los 
Donceles,  desque  conocieron  al  Rey  moro  entre  los 
presos,  guardáronle  é  ficiéronle  mucha  honra,  é  pre- 
sen tárenlo  al  Rey  Don  Fernando  desque  vino  á 
Córdoba,  el  qual  no  tardó  de  venir  de  Castilla,  des- 
que supo  la  victoria  habida  por  los  christianos,  al 
qual  el  Rey  lo  tuvo  preso  algún  tiempo,  é  después 
lo  soltó  sobre  rehenes,  é  volvió  en  tierra  de  moros, 
é  algunos  de  los  caballeros  moros  no  lo  obedecieron, 
en  algunos  lugares  lo  recibieron,  é  en  algunos  no. 
Fué  llamada  esta  batalla  por  mal  de  los  moros,  la 
de  Lucena,  otros  la  llamaron  la  del  Rey  moro,  por 
que  fué  allí  cautivo. 

CAPÍTULO  LXII. 
De  cómo  los  moros  tornaron  á  tomar  por  Rey  al  Rey  viejo. 

En  el  dicho  año  de  1483,  luego  como  los  moros 
de  Granada  vieron  perdido  á  el  Rey ,  é  vieron  que 
era  tanta  gente  con  él  estragada  é  perdida ,  envia- 
ron por  el  viejo  á  Málaga  que  volviese  á  reynar ,  ó 
vino  luego  é  apoderóse  en  Granada  como  antes  es- 
taba, y  tuvo  la  ciudad  fasta  San  Juan  del  ftio  de 
1485  que  fueron  tres  años,  en  su  honra  y  prosperi- 
dad; y  en  aquel  tiempo  todo,  tenia  la  ciudad  do 
Almería  contra  él,  su  fijo  Muley  Baudili  Agije  el 
Infante,  por  su  hermano,  el  que  se  había  perdido 
cerca  de  Lucena,  é  en  este  tiempo  el  Rey  cautivo 
se  deliberó  por  rehenes  é  ciertos  partidos  secretos, 
de  poder  del  Rey  Don  Fernando,  é  fué  á  Granada, 
é  no  le  quisieron  recibir,  é  fuese  á  Guadix,  é  allí  lo 
recibieron,  é  allí  estuvo  algún  tiempo  fasta  que  sa- 
lió de  alh'  para  ir  á  Vera,  é  desque  salió  de  Guadix, 
nunca  mas  lo  quisieron  acojer  en  ella,  é  estuvo  en 
Vera  fasta  que  mataron  á  su  hermano  el  Infante 
en  Almería,  é  estonce  huyó  él  é  vínose  á  Castilla,  é 
estuvo  acá  algunos  dias,  é  después  volvióse  á  Vera, 


612 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


é  estuvo  allá  fasta  quo  se  tomó  Loxa,  que  se  vino 
á  Granada,  é  lo  acojieron  en  el  Albaicin ,  é  en  todo 
este  tiempo  habia  división  entro  los  moros  como 
adelante  se  dirá. 

CAPÍTULO  LXIII. 
Como  el  Rey  Don  Fernando  tomó  á  Zahara  á  los  moros. 

En  el  mes  de  Junio  año  susodicho  de  1483^  fué 
el  Eey  Don  Fernando  á  meter  la  recua  á  Alhama 
poderosamente,  é  combatió  á  Zahara,  é  tomóla  por 
fuerza  'de  armas ,  é  tomó  los  moros  cautivos  que 
fueron  ciento,  ó  poco  mas  ó  menos,  que  guardaban 
la  fortaleza  ó  villa  que  la  gente  menuda  no  osó  to- 
da aguardar,  é  fizo  talar  la  Vega  de  Granada,  é  tu- 
vo allá  el  San  Juan ;  y  en  Zahara  hubo  mucho  trigo, 
é  cebada  é  gran  presa,  de  lo  qual  fizo  bastecer  á  Al- 
hama, é  sacó  de  ella  á  Luis  Puertocarrero,  é  dejó  al 
Conde  de  Tendilla  por  Capitán  é  Alcalde  ;  é  de  esta 
vez  quedaron  los  moros  de  Granada  muy  atemori- 
zados de  el  Rey  Don  Fernando  de  ver  tanta  y  tan 
noble  caballería  y  gente  como  llevaba,  entró  y  salió 
eata  vez  en  Alhama,  dando  vista  á  Granada. 

CAPÍTULO  LXIV. 

De  las  siete  islas  de  Canarias. 

Las  islas  de  Canarias  son  siete  situadas  dentro  en 
el  mar  Océano,  mas  vecinas  y  cercanas  de  tierra  de 
Añ-ica  que  de  otra  tierra ;  yendo  de  Cádiz  á  ellas 
queda  la  tierra  á  la  mano  siniestra  ;  son  vecinas  á 
la  tierra  de  la  mas  pequeña  algunas  quince  leguas, 
¿algunas  treinta  leguas,  ó  algunas  cinqüenta  le- 
guas, poco  mas  ó  menos.  La  mas  pequeña  linda  con 
la  tierra  de  Tagaos  é  Desa ;  es  la  primera  isla  como 
van  do  Castilla ,  Lanzaroto ,  que  es  tierra  de  mucho 
pan  y  ganado  ,  especialmente  cabras ;  es  tierra  para 
plantar  viñas  é  árboles,  salvo  que  no  las  ponen  por 
el  mucho  ganado  que  los  comen  é  destruyen ;  no 
tienen  aguas  dulces,  beben  los  hombres  y  ganados 
aguas  llovedizas  que  cojen  en  cisternas  que  llaman 
maretas ;  es  tierra  de  muchos  conejos  é  palomas,  po- 
cos vecinos ,  é  moradores  menos  de  ciento ,  tienen 
buenos  pescados,  hay  desde  Cádiz  allá  doscientas 
leguas. 

Es  luego  Fuerte  Ventura :  llámase  la  población  el 
Valle  c||  Santa  María;  es  tierra  de  muchas  aguas 
dulces  de  rios,  hay  muchas  cabras,  pocas  vacas, 
parras  de  uvas,  huertas,  é  almendras  y  otros  árbo- 
les ;  está  tres  leguas  mas  allá  de  Lanzarote. 

Gran  Canaria  es  luego ,  que  es  grande  isla,  muy 
virtuosa,  de  muchas  aguas  é  rios  dulces ,  é  muchod 
cañaverales  de  azúcar,  é  tierra  de  mucho  pan,  trigo, 
é  cebada,  é  vino,  é  higuerales,  é  muchas  palmas  de 
dátiles,  é  es  tierra  para  muchas  plantas  ,  tiene  bue- 
nas viñas  y  muchos  conejos ;  está  diez  y  ocho  leguas 
adelante  de  Fuerte  Ventura. 

Tenerife  es  luego  que  es  tieiTa  muy  virtuosa  de 
pan  y  ganados,  y  de  aguas  dulces,  donde  hay  una 
sierra  de  las  mas  altas  del  mundo ,  que  ven  encima 
de  ella  algunas  veces  arder  llamas  de  fuego  como 


hace  el  Monjebel  en  Cecilia ;  es  grande  isla ;  hahíá 
en  ella  nueve  Reyes  é  nueve  parcialidades  que  so- 
juzgaban toda  la  otra  gente,  es  tierra  de  mucho  pan, 
como  dicho  es,  é  muy  aparejada  para  plantar  vi- 
ñas é  huertas  é  todas  las  otras  cosas  necesarias  á  la 
vida  de  los  hombres  ;  está  doce  leguas  adelante  de 
la  Gran  Canaria. 

La  Gomera  es  luego  seis  leguas  de  Tenerife ;  es 
muy  virtuosa  tierra  do  pan,  é  do  ganados,  é  de  azú- 
cares, é  aparejada  para  plantar  viñas  é  árboles  de 
todas  plantas. 

La  Palma  es  luego ,  é  es  tierra  de  mucho  pan  y 
azúcar,  é  aguas  dulces  de  la  calidad  de  la  Gomera, 
hay  en  ella  pastel  y  no  hay  en  todas  estas  islas ;  Ar- 
chila  está  quatro  leguas  adelante  de  la  Gomera,  y 
no  hay  pastel  sino  en  ella. 

El  Fierro  es  la  cabeza  de  todas ,  é  mas  lejos  es 
tierra  áspera  ,  á  lugares;  tiene  muchos  puercos ,  y 
de  todos  ganados  hay  en  ella ;  no  tiene  ningunas 
aguas  dulces,  salvo  de  cisternas  é  maretas:  del  agua 
lluvia  beben  los  ganados. 

En  esta  isla  hay  una  gran  maravilla  de  laa  del 
mundo,  que  el  pueblo  bebe  del  agua  que  un  árbol 
suda  por  las  hojas.  Hay  un  árbol  de  manera  de  un 
álamo,  y  es  verde  todavía  que  nunca  pierde  la  hoja 
y  su  fruto  que  da  es  unas  bellotillas  que  amargan 
como  hiél ,  é  si  las  comen  son  medicinales ,  y  no 
hacen  daño  al  cuerpo,  y  es  de  altura  de  una  lanza 
mediana ;  tiene  grandes  ramas  é  copa ;  es  de  gor- 
dor  cuanto  pueden  abrazar  dos  hombres  ;  el  pié  de 
él  suda  maravillosamente  gotas  de  agua  continua- 
mente, que  caen  en  una  alberca  que  está  abajo  do 
él,  de  tal  manera  que  una  gota  de  agua  no  se  puede 
perder.  De  allí  han  abasto  de  agua  toda  la  que 
pueden  beber  todos  los  de  la  isla,  que  solia  haber 
ochenta  vecinos ,  é  todos  é  sus  casas  son  hartos  y 
abastados  de  aquel  árbol;  son  las  hojas  y  color  co- 
mo de  laurel,  sino  que  son  un  poco  mayores.  No  hay 
en  todas  siete  islas  árbol  de  aquella  natura ,  ni  en 
toda  España ;  ni  hay  hombre  que  otro  tal  haya  vis- 
to en  parte  ninguna  ;  y  por  esto  parece  bien  que  es 
misterio  de  Dios,  y  que  quiso  dar  allí  aquel  agua  de 
tal  manera  por  dar  consolación  á  las  gentes  que  en 
otro  tiempo  allí  fueron  echadas,  donde  otro  pozo  ni 
fuente  dulce  se  falló  jamás,  ni  falla. 

Estas  siete  islas  tenían  siete  lenguajes,  en  cada 
una  el  suyo,  que  no  se  entendían  ni  parecían  unos 
á  otros,  los  quales  ahora  los  de  la  nación  de  ellas,  se 
retienen  entre  ellos.  Antes  de  ser  ganadas  de  chris- 
tianos,  en  todas  andaban  desnudos  como  nacieron, 
ellos  é'ellas,  salvo  en  la  Gran  Canaria  traían  unas 
bragas  de  palmas  como  por  gala,  ellos  y  ellas  ;  em- 
pero no  cubrían  bien  los  lugares  inhonestos,  porque 
no  eran  cerrados  por  abajo,  salvo  una  cuerda  ceñi- 
da por  las  caderas,  y  de  allí  colgaban  unas  flocadu- 
ras de  palmas  ripiadas. 

En  todas  estas  siete  islas  tenían  mucho  ganado 
do  que  parecía  que  Dios  les  proveyó ,  en  especial 
cabras  de  que  comían  carne,  y  leche,  é  manteca,  é 
queso,  é  hacían  mantas  de  los  pellejos  con  su  pelo 
muy  sobados  é  adobados,  en  que  se  echaban,  é  ta- 


DON  FERNANDO 
marcos,  que  se  cobijaban  algunas  veces  por  el  sol, 
y  por  el  aire,  que  traian  en  los  hombros  é  en  las  es- 
paldas. Criaban  los  niños  desque  nacian,  envueltos 
en  pellejos  de  cabritos  chiquitos  ;  é  de  los  matrimo- 
nios cada  uno  tenia  su  mujer  ó  mujeres,  empero  por 
muy  livianas  cosas  se  partia  el  matrimonio,  é  ellas, 
é  ellos,  se  comunicaban  con  quien  querían.  Eran 
idólatras  sin  ley :  en  la  Gran  Canaria  tenian  una 
casa  de  oración  llamada  allí  Toriña,  é  tenian  alli 
una  imájen  de  palo  tan  luenga  como  media  lanza, 
entallada,  con  todos  sus  niervos,  de  mujer  desnuda, 
con  sus  miembros  de  fuera,  y  delante  de  ella  una 
cabra  de  un  madero  entallada,  con  sus  figuras  de 
hembra  que  queria  concebir,  y  tras  de  ella  un  ca- 
brón entallado  de  otro  madero,  puesto  como  que 
queria  sobir  á  enjendrar  sobre  la  cabra.  Allí  derra- 
maban leche  y  manteca,  parece  que  en  ofrenda,  ó 
diezmo  ó  primicia,  é  olia  aquello  allí  mal  á  la  leche 
6  manteca.  No  tenian  hierro  de  que  se  servir,  salvo 
de  algunos  desbaratos  que  hacian  en  los  christianos 
que  les  facían  guerra,  algunas  armas  é  cuchillos 
se  servían.  Sembraban  el  trigo  y  cebada  con  cuer- 
nos de  cabra  metidos  en  varas,  especialmente  en 
Gran  Canaria  en  lugar  de  arados ,  é  así  volvían  la 
tierra  y  cubrían  el  grano,  é  cojían  en  gran  multi- 
plicación de  una  medida  cínqüenta  é  mas  ;  no  ha- 
cian pan,  salvo  gofio  envuelto  el  grano  majado  con 
la  leche  é  con  la  manteca.  Fué  preguntado  á  los  mas 
ancianos  de  Gran  Canaria,  que  si  tenian  alguna 
memoria  de  su  nacimiento,  ó  de  quien  los  dejó  allí, 
é  respondían :  nuestros  antepasados  nos  dijeron  que 
Dios  nos  puso  y  dejó  aquí ,  é  olvidónos,  ó  dijéron- 
nos,  que  por  la  vía  de  tal  parte  se  nos  abriría  é 
mostraria  un  ojo  ó  luz  por  donde  viésemos,  y  seña- 
laban hacía  España,  que  por  allí  habían  de  ver,  é 
se  les  había  de  abrir  el  ojo  por  donde  habían  de  ver. 
Son  en  todas  estas  islas  hombres  de  buen  esfuerzo, 
y  de  grandes  fuerzas,  y  grandes  braceros,  y  hom- 
bres livianos  y  lijeros,  y  mas  los  de  la  Gran  Cana- 
ria. Son  en  todas  las  islas  hombres  razonables  de 
buenos  entendimientos,  y  de  agudo  injenío,  por  ser 
silvestre  é  pastores  ellos  y  ellas,  y  son  gente  fiel,  y 
caritativa,  y  de  verdad,  y  buenos  christianos. 

CAPÍTULO  LXV. 

Como  fueron  conquistadas  primero  estas  islas. 

Fueron  conquistadas  estas  islas  la  primera  vez 
por  un  capitán  francés  que  andaba  de  armada  por 
la  mar,  llamado  Monsen  de  Bethenchohurt,  en  el 
año  de  1400  ó  muy  poco  antes  ó  después,  según  pa- 
rece por  razón  de  los  tiempos ,  creo  que  seria  en 
tiempo  del  Rey  Don  Enrique  III,  en  aquellos  diez 
años  que  reinó,  6  en  el  comienzo  de  la  tutela  del 
Rey  Don  Juan  II  su  fijo,  que  comenzó  á  'reynar  de 
veinte  meses  en  el  año  de  1407  años.  E  ovo  victo- 
ria aquel  capitán  de  las  quatro  islas,  de  ellas  de  las 
mas  pequeñas  é  menos  poderosas,  conviene  á  saber: 
Lanzarote,  Fuerte-ventura,  La  Gomera,  El  Hierro. 
Estas  ganó,  é  tomó  é  sojuzgó ,  é  con  las  otras  no 
pudo,  é  quedaron  por  ganar  en  su  vigor.  Este  capi- 


É  DOÑA  ISABEL.  613 

tan  Monsen  de  Bethenchohtirt ,  no  contento  con 
ellas,  buscó  quien  se  las  comprase  en  Sevilla,  ó  com- 
próselas  el  Conde  de  Niebla  Don  Juan  Alonso,  pa- 
dre del  primer  Duque  de  Medina,  quo  fué  el  Du- 
que viejo  Don  Enrique ,  y  el  dicho  Conde,  no  con- 
tento con  ellas,  las  vendió  é  trocó  por  ciertos  luga- 
res á  Fernán  Peraza  caballero  de  Sevilla  que  vivía 
con  él,  é  Fernán  Peraza  las  tuvo,  é  señoreó  ó  poseyó 
quanto  vivió,  y  aun  fizo  guerra  á  las  otras  tres,  don- 
de en  la  conquista  de  la  Palma  le  mataron  los  pal- 
meses  un  hijo  llamado  Guillen  Peraza,  soltero,  que 
no  tenía  otro  varón ,  é  por  eso  quedó  su  fija  doña 
Inés  Peraza  por  heredera  y  señora  de  las  islas ,  é  el 
dicho  Fernán  Peraza  nunca  pudo  ganar  ni  señorear 
las  tres  islas ,  conviene  sabor :  Gran  Canaria.  Tene- 
rife y  la  Palma  ;  empero  por  halagos,  ó  como  quier 
que  fué,  los  regimientos  de  todas  tres  le  besaron  la 
mano  por  su  Rey  y  Señor,  y  llamábanle  las  gentes 
Rey  de  Canaria.  No  sé  yo  si  él  se  intituló  de  ello. 
Murió  Fernán  Peraza  ,  señor  de  las  dichas  islas,  en 
buena  fama  de  muy  buen  caballero  que  fué,  é  dejó 
casada  á  su  fija  doña  Inés  Peraza  con  Diego  de 
Herrera,  caballero  de  Castilla,  hermano  del  maris- 
cal do  Ampudia,  é  quedaron  ella  y  su  marido  señor 
de  las  dichas  islas,  é  llamábanlos  Rey  é  Reyna  de 
Canaria,  y  durante  su  matrimonio  ovieron  tres  fijos 
é  desfijas,  á  Pedro  García  de  Herrera,  é  Fernán  Pe- 
raza,  é  Sancho  de  Herrera,  é  á  doña  María  de  Aya- 
la,  que  casó  en  Portugal  con  el  conde  de  Porto-ále- 
gre  Don  Diego  de  Silva,  é  á  doña  Fulana  que  casó 
con  Pedro  Fernandez  de  Saavedra ,  fijo  del  maris- 
cal de  Zahara,  é  señorearon  las  quatro  islas  suyas, 
empero  nunca  pudieron  sojuzgar  las  tres.  E  luego 
como  el  Rey  Don  Fernando  y  la  Reyna  doña  Isabel 
vinieron  á  Sevilla  á  la  primera  vez,  sabiendo  la  fe- 
rocidad de  aquella  gente  de  aquellas  tres  islas,  y  la 
fertilidad  de  la  tierra,  propusieron  conquistarlas,  y 
enviaron  á  la  Gran  Canaria  á  Juan  de  Rejón,  é  Pe- 
dro del  Algaba,  dos  capitanes  con  quinientos  hom- 
bres ,  é  ficieron  la  torre  donde  es  ahora  la  pobla- 
ción, é  ovieron  discordia  entre  ambos  capitanes  é 
envidias,  é  siendo  compadres  é  muchos  amigos, 
mató  Juan  de  Rejón  á  Pedro  del  Algaba  ;  é  después 
fizo  matar  Fernán  Peraza,  fijo  de  Diego  do  Her- 
rera, á  Juan  Rejón  :  ansí  el  malo  feneció  mal. 

No  contentos  de  está  conquista  Diego  de  Herrera 
y  doña  Inés  Peraza,  pusiéronse  á  justicia  con  el 
Rey  y  la  Reyna ,  diciendo  que  era  la  conquista  su- 
ya. Hallóse  por  justicia,  que  pues  eran  vasallos,  no 
se  podían  llamar  Reyes,  y  que  á  ellos  seria  imposi- 
ble sojuzgar  ni  ganar  aquellas  tres  islas ,  que  per- 
diesen la  acción  que  á  ellas  tenían,  y  recibiesen  cin- 
co qüentos  de  maravedís ,  é  tanto  les  dieron.  Y  así 
quedó  la  conquista  de  aquellas  tres  islas  al  Rey  y 
Reyna  de  Castilla,  é  la  obediencia  de  todas ;  ó  vista 
la  discordia  de  aquellos  dos  capitanes ,  enviaron  el 
Rey  y  Reyna  allá  á  Pedro  de  Vera  por  capitán  ma- 
yor como  dicho  es,  é  quedaron  señores  de  sus  qua- 
tro islas  Diego  do  Herrera  y  doña  Inés  Peraza,  é 
falleció  él  do  esta  presente  vida  dende  á  pocos  días, 
después  de  hecho  el  partido ,  é  vivió  ella  después 


614 

jnas  de  veinte  años  viuda,  ó  gobernóse  muy  bien 
como  muy  noble,  é  muy  varonil  é  virtuosa  dueña, 
y  falleció  en  Sevilla  en  buena  vejez  de  eciad  de  mas 
«le  ochenta  siSos, 

CAPÍTULO  LXVI. 

De  la  isla  déla  Gran  Canaria,  é  quien  6  como  las  ganó,  y  de  sus 
cosas. 

En  la  Gran  Canaria  habia  dos  Guárdateme  s,  é 
dos  Fagzames,  los  Guardatemes  eran  reyes  en  lo 
seglar,  é  en  todo  mayores ,  los  Fagzames  eran  así 
como  en  lo  espiritual  como  obispos  ;  el  uno  era  rey, 
é  el  otro  obispo  de  Galda,  é  el  otro  rey  de  Telde,  ó 
el  otro  Obispo  de  Telde,  que  eran  dos  parcialidades 
é  dos  reynos  en  toda  la  isla  ;  y  era  mayor  el  rey  de 
Telde  de  mas  gente  que  el  otro,  é  el  rey  de  Galda 
66  fizo  amigo  de  los  cbristianos  é  aseguróse  é  fizóse 
vasallo  del  Key  de  Castilla,  é  enviólo  Pedro  de  Ve- 
ra á  Castilla,  donde  el  Eey  y  la  Reyna  le  ficieron 
mucha  honra,  é  lo  vistieron,  é  fizo  con  ellos  su 
amistad  é  prometió  de  serles  siempre  leal,  é  volvió 
en  Gran  Canaria ,  é  ayudó  mucho  á  hacer  la  guerra 
al  Rey,  y  hubieron  un  dia  una  batalla  en  el  invier- 
no del  año  de  1483  en  una  sierra,  fortaleza  de  po- 
nas é  puertos,  que  llaman  Ventangay  é  tenian  la 
fortaleza  del  risco  los  de  Telde ,  é  los  cbristianos  é 
Pedro  de  Vera,  su  capitán  mayor,  é  un  vizcaíno  que 
llamaban  Michel,  que  era  capitán  debajo  de  Pedro 
de  Vera  ;  el  rey  de  Galda  con  sus  canarios  tenian  la 
cuesta  abajo,  y  llevaron  de  vencida  al  rey  de  Telde, 
é  retrajese  con  su  gente  á  Ventangay ,  y  volvieron 
sobre  loa  cbristianos  á  pedradas,  é  mataron  muchos 
de  los  delanteros ,  y  entre  ellos  al  capitán  Michel 
que  se  habia  metido  mucho  en  ellos,  y  los  cbristia- 
nos desmayaron,  é  volvieron  á  huir,  é  los  canarios 
de  la  parcialidad  se  pusieron  á  la  frente,  é  el  mis- 
mo rey  de  Galda,  é  defendieron  á  los  cbristianos, 
que  si  así  el  rey  de  Galda  no  lo  ficiera,  no  escaparan 
aquel  dia  sino  á  uña  de  caballo.  E  vista  la  flaqueza 
de  los  cbristianos,  la  hueste  de  Telde  al  Guárdate- 
me de  Galda  dijo  :  a  Conoce  este  dia  y  quítate  de  en- 
medio,  y  mataremos  todos  esos  cbristianos,  y  que- 
daremos libres  vosotros,  y  nosotros,  é  nunca  nos 
podrán  sojuzgar»  :  y  dijo  el  Guárdateme,  no  quie- 
ro que  no  faré  traición  por  cierto,  que  así  lo  tengo 
prometido  ;  é  aquel  dia  se  volvieron  los  cbristianos 
vencidos  poco  á  poco  dejando  muertos  mas  de  dos- 
cientos hombres  con  Michel ,  é  murieron  de  los  ca- 
narios contrarios  mas  de  cien  hombres ,  é  dendc  á 
quince  días  tomaron  los  cbristianos  de  noche  á  Ve^;!- 
tangay ;  é  los  de  Telde  viendo  que  no  se  podían 
amparar  ni  defender,  diéronse  á  partido  á  Pedro  de 
Vera,  con  su  Guárdateme,  diciendo  que  querían  ser 
cbristianos  é  los  dejasen  libres,  é  ansí  los  recibieron, 
é  bautizólos  el  Obispo  de  Canarias  Don  Juan  de 
Frías;  é  Pedro  de  Vera,  diciendo  que  fuesen  con  él 
en  las  carabelas  á  facer  cabalgada  é  correr  á  Tene- 
rife, para  ganar  para  los  vestir,  con  este  engaño,  de- 
bajo de  tilla,  en  las  Carabelas  los  envió  á  España,  é 
|os  trajeron  á  Cádiz,  é  á  el  Puerto,  é  dende  á  Sevilla 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


el  año  de  1483  años ,  cerca  de  San  Juan  de  Junio. 
Fué  Alonso  de  Lugo  en  esta  conquista  capitán,  al 
qual  los  canarios  querían  mucho  ,  porque  con  mu- 
cho amor  los  trataba  é  conquistaba  ;  era  medianero 
muchas  veces  entre  ellos  ó  Pedro  de  Vera  en  laa 
paces,  é  treguas  é  conciertos.  Y  si  de  la  ¡manera  su- 
sodicha Pedro  de  Vera  no  sacara  los  isleños  do 
aquella  isla  con  aquel  engaño ,  fuera  gran  maravi- 
lla poderlos  sojuzgar,  que  habia  entre  ellos  seiscien- 
tos hombres  de  pelea,  grandes  ó  muy  lijeros,  y  bra- 
ceros y  esforzados,  é  muy  feroces ,  é  tenian  en  lu- 
gares muy  fuertes,  tierra  é  pasos  para  se  poder  de- 
fender. Quedaron  estonce  en  Canarias  las  mujeres 
todas  é  la  gente  menuda,  las  quales  después  las  en- 
viaron en  Castilla,  é  les  dieron  casa  en  Sevilla,  y 
toda  la  parcialidad  del  rey  de  Telde  vino  á  Sevilla, 
y  fueron  allí  vecinos  á  la  puerta  de  Mihojar;  é  mu- 
chos se  mudaron  donde  quisieron  libremente,  y  mu- 
chos se  finaron  que  no  los  probó  la  tierra,  y  después 
los  volvieron  por  su  grado  en  las  islas  en  la  misma 
Gran  Canaria,  desque  estaba  poblada  de  gente  do 
Castilla,  los  que  quedaron  ;  é  muchos  UcA^aron  á  la 
conquista  de  Tenerife,  donde  murieron  asaz  de 
ellos.  E  así  el  Rey  Don  Fernando  é  la  Reyna  Doña 
Isabel  conquistaron  é  ganaron  la  Gran  Canaria,  ó 
habia  en  ella  los  lugares  é  aldeas  siguientes  po- 
blados. 

Telde,  de  donde  se  intitulaban  el  Rey  y  un  Obis- 
po.— Galda,  de  donde  se  intitulaban  el  otro  Rey  y  el 
otro  Obispo. — Araguacad. — Arajínes. — Themensay. 
— Atrahanaca. — Atairia. —  Atagad.—  Adf  alagad. — 
Furic. — Artenaran.  — Afaganige . — Areaganigui. — 
Arecacasumaga, — Atasarti. — Aeragraca.  —  Arbenu- 
gania. —  Arerehuy. — Atirma.— -  Aracuzem.— Artu- 
brirgains. — Atamaraseid.— Artagude. — Aregayeda. 
Aregaldan.  — Areagraxa,  — Areagamasten. — Area- 
chu. — Af  urgad.  —  Areh  ucas.  —  A  terura. — Atenoya. 
— Aráremigada. — Ateribiti. — Arautiagata. 

Todos  estos  lugares  tenian  poblados  al  tiempo 
que  la  conquista  se  comenzó.  Habia  entre  estos  ca- 
narios hombres  fidalgos  y  caballeros,  á  quien  los 
otros  tenian  acatamiento.  Habia  entre  ellos  y  ellas, 
diversas  leyes  y  costumbres :  cuando  habían  de 
casar  alguna  doncella,  poníanla  después  de  concer- 
tado el  matrimonio  ciertos  días  en  vicio  á  engor- 
dar, y  salía  de  allí  y  desposábanlos ,  y  venían  los 
caballeros  é  fidalgos  del  pueblo  ante  ella,  é  habia 
de  dormir  con  ella  uno  de  ellos  primero  que  el  des- 
posado, qual  ella  quisiese,  y  si  quedaba  preñada  do 
aquel  caballero,  el  hijo  que  nacía  era  caballero,  y 
si  no  los  fijos  de  su  marido  eran  comunes  ,  y  para 
ver  si  quedaba  preñada,  el  esposo  no  llegaba  á  ella 
fasta  saberlo  por  cierto  ,  por  vía  de  la  purgación. 
Esta  y  otras  costumbres  gentílicas  y  como  de  ali- 
mañas, tenian,  y  ansí  como  bestias  no  habían  em- 
pacho de  sus  vergüenzas ,  ellas  y  ellos.  Eran  gran- 
des criadores  de  cabras  y  ovejas,  é  las  mujeres  ejer- 
citaban tanto  el  trabajo  como  los  hombres,  é  aun 
mas,  para  los  mantenimientos  de  sus  casas.  No  te- 
nian viñas,  ni  cañas  de  azúcar,  ni  había  en  la  isla 
la  riqueza  y  fertilidad  que  hoy ,  salvo  figueras  mu- 


DON  FERNANDO 

chas  y  desque  fueron  los  chistianoB,  pusieron  par- 
ras é  vinas,  é  cañaverales  de  azúcar,  y  llevaron  ga- 
nados, quo  ellos  no  tenían  sino  muchas  cabras,  é 
trigo,  é  cebada ;  no  tenian  caza  de  conejos  ;  ó  de  un 
conejo  é  una  coneja  que  los  christianos  llevaron, 
se  hicieron  tantos  en  tan  poco  tiempo,  que  toda  la 
isla  era  llena  de  ellos,  é  les  comian  las  cañas  de 
azúcar,  é  plantas ,  é  quanto  tenian  que  no  sabían 
que  remedio  poner  j  é  llevaron  muchos  perros,  é 
dieron  por  mucha  manera  á  los  destruir  y  apocar, 
y  cercaron  las  heredades  que  pudieron,  y  así  se  re- 
mediaron, y  tienen  de  ellos  cuanta  caza  quisieren  é 
los  toman  con  poco  trabajo. 

CAPÍTULO  LXVII. 
De  la  batalla  que  comunmente  se  dice  la  de  la  Lopera. 

En  el  mes  de  septiembre  á  diez  y  siete,  Miérco- 
les, año  susodicho  de  1483,  después  que  el  Rey  mo- 
ro viejo  fué  recibido  en  Granada  por  Roy  á  causa 
del  cautiverio  de  su  fijo  ,  vinieron  de  su  licencia  y 
mandado  mil  y  doscientos  de  á  caballo,  ó  pocos 
mas,  escojidos,  á  correr  tierra  de  christianos,  en  los 
quales  vinieron  muchos  Alcaydes  y  hombres  prin- 
cipales, é  recojiéronse  en  Ronda,  é  entraron  por 
Zahara,  y  trujeron  consigo  gran  peonaje,  el  qual  de- 
jaron en  la  sierra,  é  todos  los  caballeros  entraron 
por  Lopera  á  correr  el  campo  de  Utrera,  é  el  Coro- 
nil,  é  los  Molares ;  é  echaron  trescientos  de  á  caba- 
llo á  correr  la  vía  de  Utrera,  los  quales  llegaron  á 
dos  leguas  de  él,  y  ciento  y  cinqüenta  al  Coronil, 
que  llegaron  cerca  del  lugar,  y  quedaron  los  otros 
en  la  celada";  y  los  que  fueron  al  Coronil  corrieron 
el  campo  y  recogieron  el  ganado,  que  fué  una  gran 
boyada  é  vacas,  c  todo  lo  que  hallaron;  é  al  rebato 
salieron  de  Utrera  sesenta  de  á  caballo  é  algunos 
peones,  é  dieron  en  la  zaga  de  los  corredores  moros, 
no  acobardando  de  pelear  con  ellos  ;  é  en  chico  es- 
pacio por  una  tierra  mas  áspera  que  llana,  derriba- 
ron fasta  treinta  moros,  de  los  quales  algunos  ma- 
taron del  todo ;  y  desque  los  moros  vieron  á  los 
christianos  salidos  de  lo  áspero  á  un  llano,  ya  esta- 
ban todos  cerca  de  la  celada ,  é  volvieron  gran  par- 
te do  los  trescientos  corredores  sobre  los  christia- 
nos, y  los  christianos  huyeron  á  meterse  en  un 
monte  que  estaba  allí  cerca ;  é  en  aquella  vuelta 
mataron  los  moros  siete  ó  ocho  christianos,  é  en  es- 
to vínoles  á  los  moros  nueva  que  fuesen  presto  que 
tenian  en  la  celada  la  batalla  aparejada,  y  los  chris- 
tianos al  rostro ,  que  no  curasen  de  la  cabalgada. 
En  esto  vino  otra  nueva  que  la  celada  era  desbara- 
tada, y  quo  los  christianos  venían  ya  sobre  los  mis- 
mos corredores,  é  parecían  ya  muchos  christianos 
en  el  campo.  Estonce  los  moros  corredores  se  fue- 
ron huyendo,  de  ellos  al  monte  donde  los  christianos 
de  Utrera  se  habían  metido,  de  ellos  por  otras  partes; 
é  en  aquel  monte  acaeció ,  donde  estaban  los  chris- 
tianos meterse  los  moros  en  las  mismas  matas  d  es- 
conder, dejados  los  unos  y  los  otros  los  caballos 
desamparados,  é  desque  los  christianos  conocieron 
quo  los  moros  huiau,  salieron  ó  tomaron  sus  caba- 


É  DOÑA  Isabel;  bis 

líos  é  otros,  é  cautivaron  de  aquellos  moros  los  quo 
pudieron  fallar,  é  de  ellos  siguieron  el  alcance. 

E  la  pelea  de  la  celada  fué  de  esta  manera :  quo 
de  la  entrada  de  estos  moros  habian  avisado  las 
guardias  de  la  frontera  al  Alcayde  de  Morón  FiguQ« 
redo,  que  era  un  esforzado  caballero,  é  él  lo  fizo  sa- 
ber luego  é  muy  aprisa  en  toda  la  comarca,  é  jun^ 
táronso  cerca  del  Coronil,  el  Alcayde  de  Morón,  ó 
Martin  Galindo,  é  el  Señor  de  Palma  de  Micergilio 
Luis  de  Puertocarrero,  é  otros  capitanes,  con  la 
gente  de  Ecija,  y  Morón,  é  Osuna,  é  Antón  Rodrí- 
guez Alcaide  que  después  fué  de  Zahara,  con  la  gen- 
te de  Marchena,  é  tenia  señase  trompetas,  é  asoma- 
ron sobre  la  celada,  después  de  haber  comido  é  be- 
bido, é  aderezado  cada  uno  su  caballo  é  armas  como 
convenia  para  el  tan  cierto  ejercicio  que  habían  de 
haber  de  batalla,  é  asomaron  sobre  los  moros  que 
estaban  quedos  ó  mal  aparejados  en  un  llano,  y  los 
christianos  se  apretaron  é  estuvieron  un  poco  para- 
dos, y  los  moros  se  apercibieron  muy  bien,  y  los 
christianos  mandaron  tocar  una  trompeta  é  se  fue- 
ron á  los  moros,  é  los  moros  se  vinieron  á  ellos  es- 
forzadamente, é  rompieron  los  unos  con  los  otros,  é 
volvióse  la  pelea,  é  á  los  primeros  encuentros  fue- 
ron derribados  é  muertos  muchos  moros ,  é  hecho 
muy  gran  destrozo  en  ellos,  y  comenzaron  á  huir 
é  los  christianos  ú  los  seguir ,  é  en  torno  de  media 
legua,  con  los  que  murieron  en  la  batalla ,  queda- 
ron muertos  mas  de  quatrocientos  moros ;  é  no  mu- 
rieron christianos  ningunos  en  esta  batalla,  que  sa- 
bido fuese.  Cá  Nuestro  Señor  y  Santiago,  cuyo  ape- 
llido invocaron,  los  guardó,  y  los  christianos  siguie- 
ron el  alcance  quanto  vieron  que  convenia,  y  mata- 
ron en  la  dicha  batalla  y  alcance  los  caballeros  su- 
sodichos, en  los  que  pudieron  ser  contados  seiscien- 
tos moros  en  trecho  de  una  legua  ;  é  fué  esta  bata- 
lla en  la  Fuente  de  la  Higuera,  cerca  de  Lopera,  é 
loa  christianos  cogieron  el  campo  donde  ovieron 
moros  cautivos  é muertos,  é  caballos  é  armas,  é  ro- 
pas, é  volvieron  con  mucha  honra  á  sus  casas. 

El  Marqués  de  Cádiz  estaba  en  Jerez  al  tiempo 
que  le  avisaron  de  la  entrada  de  estos  moros ,  é  ví- 
nose á  Arcos,  é  dende  al  rio  Guadalete  del  cabo  de 
Zahara ,  é  cuando  llegó  allí  ya  los  moros  que  ha« 
bian  escapado  iban  f uyeudo  pasado  el  río,  y  siguió- 
les, é  ovo  noventa  moroso  cien  caballos  que  llevó  á 
Arcos,  y  los  caballeros  de  Jerez  llevaron  cerca  de 
otros  tantos  que  les  dio,  que  les  tocaron  de  sus  par- 
tes, que  se  hallaron  con  él ,  é  envió  el  Marqués  em- 
presentados de  aquellos  caballos  al  Rey,  ocho  caba- 
llos ;  é  el  Alcayde  do  Ronda,  é  el  de  Setenil  escapa- 
ron desta  manera.  Eran  ellos  los  que  llevaban  la 
boyada  delacampiñade  Utrera,  é  desque  vieron  qne 
la  celada  era  desbaratada,  tomaron  con  fasta  treinta 
de  á  caballo,  é  metiéronse  en  tierra  de  christianos  la 
viadeLebrixa,  guiándolosuuElche  quesab.ia  la  len- 
gua é  tierra,  é  anduvieron  aquel  día  fuera  de  earaiao 
fasta  la  noche,  que  fueron  á  pasar  á  Guadalete  por 
cerca  de  Arcos,  guiándolos  el  dicho  Elche ,  que  era 
un  traidor  que  había  sido  christiano  y  era  moro,  el 
qual  sabia  bien  la  tierra,  é  llamábanlo  el  Panero,  y 


616 


CEÓNICAS  DE  LOS  HE  ÍES  DE  CASTILLA. 


oí  decir  que  era  de  Arcos.  Allí  fueron  aquel  dia 
muertos  é  cautivos  muchos  caballeros  y  Alcaydea 
moros  ricos,  é  de  grandes  resgates ;  entre  los  quales 
fueron  cautivos  el  Alcayde  de  Málaga,  é  el  de  Alo- 
ra, é  el  Alcayde  de  Marbella,  é  el  del  Burgo,  é  el  de 
Gomares,  é  el  de  Coin,  y  el  de  Velez  Málaga.  Y  de 
los  peones  moros  no  peligraron,  salvo  algunos  man- 
cebos que  entraron  entre  los  caballeros  á  las  espue- 
las, é  otros  que  se  [atrevieron  á  su  lijereza,  porque 
todo  el  peonaje  quedó  en  la  sierra.  Fué  esta  batalla 
Miércoles  diez  y  siete  de  septiembre,  dia  de  las 
quatro  témporas  de  Santa  Cruz,  año  susodicho  de 
mil  quatrocientos  ochenta  y  tres.  Quedó  de  esta  vez 
muy  turbado  el  rey  no  de  Granada,  en  especial  Má- 
laga y  Ronda,  é  sus  comarcas,  que  perdieron  lamas 
de  la  caballería ;  é  en  el  despojo  de  la  batalla  se 
ovieron  muchas  ricas  corazas ,   é  capacetes  é  babe- 
ras,  de  las  que  se  hablan  perdido  en  el  Axarquía,  ó 
otras  muchas  armas,  é  algunas  fueron  conocidas 
de  sus  dueños  que  las  hablan  dejado  por  huir ;  é 
otras  fueron  conocidas  que  eran  muy  señaladas  de 
hombres  principales  que  habían  quedado  muertos 
ó  cautivos ;   é  fueron  tomados  muchos  de  los  mis- 
mos caballos  con  sus  ricas  sillas,  de  los  que  queda- 
ron en  la  Axarquía,  é  fueron  conocidos  cuyos  eran. 
Ansí  en  pago  de  la  de  la  Axarquía,  esta  era  la  se- 
gunda, en  que  por  la  misma  forma  que  los  moros 
ofendieron  fueron  ofendidos,  y  aquellos  que  lo  fi- 
cieron,  aquellos  lo  vinieron  á  pagar  por  mal  de  los 
moros.  Fué  esta  llamada  la  de  Lopera,  que  de  mil  ó 
doscientos  de  á  caballo  que  entraron,  no  se  salva- 
ron los  doscientos,  y  do  estos  los  mas  sin  caballo, 
apeados  y  escondidos  por  los  montes.  No  ee  halla- 
ron otros  christianos  muertos  en]  toda  esta  batalla, 
salvo  los  siete  ú  ocho  hombres  que  mataron  los 
corredores  moros,  de  los  de  Utrera.  En  esta  se  cau- 
tivó el  Alcayde  de  Burgo  que  era  un  grande  escala- 
dor, el  qual  habia  escalado  áMontecorto,  quando 
lo  tenia  el  Marqués  de  Cádiz,  que  lo  habia  también 
habido  por  otro  escalador.  Este  ovo  el  Marqués,  é 
nunca  fué  rescatado  é  acá  pereció  é  murió. 

CAPÍTULO  LXVIIL 
De  cómo  el  Marqués  tomó  á  Zahara. 

Tenia  por  costumbre  el  Marqués  de  Cádiz  de  te- 
ner los  hombres  especiales  é  adalides  que  osasan 
de  noche  andar  en  tierra  de  moros,  é  saber  quales 
fortalezas  se  velaban  bien,  é  quales  estaban  á  mal 
recaudo,  é  asi  tomó  á  Cárdela  en  tiempo  que  tenia 
la  guerra  con  el  Duque  de  Medina,  é  tomó  á  Monte- 
corto  é  tomara  á  Setenil ,  si  no  fuera  por  la  cobar- 
día de  los  escuderos,  que  lo  envió  á  escalar;  é  facía 
mercedes  á  los  dichos  adalides  ,  é  sabia  de  qué  ma- 
nera se  velaban  los  castillos  de  la  Frontera.  E  así 
fué  informado  para  tomar  á  Zahara,  é  la  escaló,  é 
tomó  por  sí  mismo,  é  fué  en  esta  manera.  Día  de  los 
gloriosos  Apóstoles  San  Simón  y  San  Judas  á  vein- 
te y  ocho  días  de  Octubre,  Jueves,  año  susodicho  do 
mil  quatrocientos  ochenta  y  tres,  púsose  con  su  gen- 
fe  antes  que  amaneciese  en  la  celada  cerca  de  ella,  é 


envió  treinta  escuderos  con  sus  escalas  á  meter,  ca- 
be el  muro  de  la  villa,  en  fondo  de  una  peña,  é 
puso  una  atalaya  á  vista  de  la  celada  de  los  esca- 
ladores, cu  manera  que  los  de  la  villa  la  non  pudie- 
sen ver.  E  esto  que  fué  fecho  amaneció,  é  estuvie- 
ron asi  fasta  cerca  de  medio  día,  é  los  moros  estu» 
vieron  seguros  de  que  no  vieron  nadie  por  el  cam- 
po, y  descendiéronse  los  moros  á  la  villa',  é  hizo  el 
atalaya  que  lo  veía  señas  á  los  escaladores  ¡que  es- 
lasen, é  á  la  celada  que  saliese  é  fuese  á  dar  com- 
bate por  la  puerta  de  la  villa ,  porque  los  escalado- 
res escalaban  por  la  otra  parte ;  é  los  escaladores 
echaron  la  escala,  y  la  mayor  parte  de  la  celada  á 
rienda  suelta  fueron  á  hacer  rebato  á  las  puertas  de 
Zahara,  y  el  Marqués  arremetió  fuertemente  con  su 
caballo  al  lugar  por  donde  escalaban,   y  llegó  y 
apeóse,  y  entró  por  las  escalas  en  pos  de  quince 
hombres  que  habían  entrado ;  y  como  los  moros  so 
habían  socorrido  á  la  puerta  con  el  alboroto  de  los 
de  la  celada  que  á  cerca  de  ella  habían  llegado, 
ovieron  lugar  los  escaladores  y  el  Marqués  de  en- 
trar por  la  otra  parte ,  é  tomar  la  villa ;  é  como  los 
moros  los  vieron,  huyeron  y  metiéronse  todos  en  la 
fortaleza,  donde  el  Marqués  los  tuvo  aquel  dia  cer- 
cados y  se  le  dieron  luego  con  temor  á  partido  que 
los  dejase  ir  libres  sus  personas  con  lo  que  pudie- 
sen llevar  de  lo  suyo  dejando  las  armas],  y  así  los 
dejó.  No  habia  allí  mujeres  ni  muchachos ,  salvo 
hombres  de  pelea :  así  Nuestro  Señor  se  lo  aderezó 
todo  bien  al  Marqués,  é  tomó  á  Zahara  sin  peligro 
ni  muerte  de  su  gente.  Fallaron  dentro  un  captivo 
no  mas,  llamado  Frutos,  natural  de  Fuentes  dondo 
yo  nací,  fijo  de  Juan  Alonso,  hombre  bueno.  Fizo  el 
Marqués  bastecer  muy  bien  la  fortaleza  de  viandas 
y  armas  y  gente,  y  eso  mesmo  la  villa,  y  estuvo  ende 
fasta  que  lo  dejó  todo  á  buen  recaudo ,  y  volvióse  á 
Marchena  con  mucha  honra.  E  sabida  por  el  Rey  é 
por  la  Reyna  la  buena  andanza  y  ventura  que  el 
Marqués  ovo  en   tomar  á  Zahara  en  tal   manera, 
ovieron  por  bien  de  le  hacer  merced  de  ella  para 
siempre,  é  mandáronle  intitular  Duque  de  Cádiz  é 
Marqués  de  Zahara  dende  en  adelante,  y  él  en  quan- 
tas  cartas  firmaba,  nunca  dejó  este  nombre  de  Mar- 
qués, é  primero  ponía  Marqués  que  no  Duque,  en 
esta  manera  :  Marqués  Duque  de  Cádiz. 

CAPÍTULO  LXIX. 

De  como  cobró  el  Rey  Moro  Mulcy  Hacen  á  Almería ,  é  fué  dego- 
llado su  fijo  Benahajitc,  é  de  la  gran  tala  que  ficieron  los  chris- 
tianos en  tierra  de  moros. 

En  el  año  del  nacimiento  de  Nuestro  Rederaptor, 
en  el  mes  de  Febrero  de  mil  quatrocientos  ochenta 
y  quatro ,  recobró  el  Rey  Moro  Muley  Hacen  la 
ciudad  de  Almería,  que  se  la  tenía  contra  su  volun- 
tad el  segundo  hijo  suyo  Muley  Benahajite,  é  dió- 
sela  por  traición  un  Alfaquí,  é  envió  á  la  tomar  á 
su  hermano  el  Infante  Muley  Baudílí  Azagal,  quo 
reynó  después  de  él ;  el  qual  desque  la  tomó,  dego- 
lló al  Infante  Benahajite  su  sobrino,  y  á  un  caballe- 
ro de  valia  de  loa  Abenzerrajes  ,  é  á  otro  caballero 


DON  FERNANDO  É  DOSíA  ISABEL. 
Benalhagzar,  é  á  otros  mnclios  de  los  que  con  ol 
Infante  falló,  é  tomóles  las  mujeres  é  fijos,  ó  quan- 
to  tenían,  y  puso  Alcaydes  y  justicias  por  el  Rey 
viejo  su  hermano,  el  qual  después  tomó  el  reyno. 


617 


CAPITULO  LXX. 
De  la  gran  tala. 

Fueron  á  hacer  una  gran  tala  en  tierra  de  moros 
por  mandado  del  Rey  Don  Fernando  en  el  mes  do 
Marzo  del  año  de  mil  quatrocientos  ochenta  y  qua- 
tro,  el  Maestre  de  Santiago,  é  el  Marqués  Duque  de 
Cádiz,  é  Don  Alonso  de  Aguilar ,  ó  el  Adelantado 
del  Andalucía,  é  Luis  Puertocarrero ,  Señor  de  Pal- 
ma, y  ciertos  capitanes  del  Rey,  con  los  caballeros 
y  gente  de  las  guarniciones  con  mas  de  tres  mil  do 
á  caballo,  é  fasta  quince  mil  peones ;  é  entraron  por 
Alora  é  el  Val  de  Cártama  é  bajo,  é  taláronlo  todo; 
é  fueron  sobre  Málaga,  é  taláronle  todas  sus  co- 
marcas, panes  y  viñas,  huertas  y  olivares,  é  almen- 
drales, é  talaron  todos  los  lugares  del  Axaquía,  don- 
de se  habian  perdido  los  christianos  el  año  antes,  é 
otros  muchos  lugares.  Ficieron  muchos  daños  en 
toda  aquella  tierra  de  moros ,  fasta  que  por  la  mar 
les  llevaron  bastimentos  de  Sevilla,  y  aun  les  fizo 
el  tiempo  contrario  á  los  navios  con  los  vientos,  é 
padeció  la  gente  mucha  hambre.  Tuvieron  en  esta 
tala  muchas  escaramuzas,  especialmente  una  que 
ovo  Bernal  Francés,  capitán  del  Rc}',  en  que  mu- 
rieron ochenta  moros,  los  mas  de  ellos  de  los  de 
Coin,  é  ellos  nos  mataron  mas  de  veinte  caballos  de 
los  escuderos  del  dicho  capitán.  E  desque  la  tala 
fué  fecha  muy  largamente,  viniéronse  los  dichos 
señores  é  gente  con  bu  honra. 

CAPÍTULO  LXXL 

De  cómo  el  Rey  tomó  á  Alora. 

En  el  mes  de  Junio  año  susodicho,  fué  el  Rey 
Don  Fernando  sobre  Alora  con  gran  hueste  é  con 
muchos  de  los  grandes  de  Castilla  que  iban  con  él, 
en  especial  el  Maestre  de  Santiago,  é  el  Marqués 
Duque  de  Cádiz,  y  el  Adelantado,  y  Don  Alonso  de 
Aguilar,  é  otros  muchos,  é  con  mucha  artillería ;  ó 
púsole  cerco  y  tomóla  en  dentro  de  ocho  días  por 
la  fuerza  délas  lombardas,  que  á  los  primeros  tiros 
derribaron  gran  parte  de  la  villa  ó  fortaleza,  é  lue- 
go los  moros  se  dieron  á  partido  y  los  dejaron  ir. 
Estando  el  real  sobre  Alora ,  fueron  del  gentes  á 
talar  á  Casarabonela,  y  mataron  los  moros  al  Conde 
de  Benalcázar  de  una  saetada ;  é  era  muy  gentil 
hombre  y  muy  dispuesto,  é  llamábanle  en  la  Corte 
el  Conde  Lozano,  é  á  Rodrigo  de  Vera.  El  Rey  fizo 
adobar  los  muros  de  Alora  y  bastecióla  de  gente  é 
de  municiones,  é  fué  menester  bastimento  á  Alha- 
ma;  y  vínose  por  la  vega  de  Granada,  é  talóla,  é 
quemó  los  panes  y  fizóles  nmchos  daños,  é  volvió- 
Be  con  mucha  honra  á  Castilla. 


CAPÍTULO  LXXIL 

De  lo  que  hallaron  los  marmoleros. 


En  ol  año  susodicho  de  mil  quatrocientos  ochen- 
ta y  quatro  murió  ol  Papa  Sixto  IV,  habiendo  im- 
perado y  reynado  en  Roma  trece  años ;  y  fué  elejido 
por  Papa  Inocencio  VIII  genovés,  el  qual  imperó 
en  Roma  ocho  años.  En  su  tiempo  acaeció  que  an- 
dando cavando  en  Roma  unos  liombres  marmole- 
ros, allende  de  Roma,  cerca  de  San  Sebastian,  halla- 
ron una  sepultura  entrada  en  un  mármol  blanco,  do 
hechura  de  una  grande  arca  con  su  tapa  de  mármol 
blanco  encima  muy  justa,  é  dentro  una  doncella  de 
fasta  veinte  años  sepultada ,  cubierta  de  un  bálsa- 
mo muy  precioso  en  manera  que  toda  la  bañaba  y 
conservaba,  y  estaba  abierta  por  el  hijar,  y  no  te- 
nia consigo  las  tripas,  ni  lo  de  dentro  del  cuerpo 
entraño,  que  son  los  livianos  ;  y  por  allí  entraba  el 
bálsamo  dentro  del  cuerpo.  Estaba  desnuda,  é  tan 
fresca,  é  tan  hermosa  como  si  estuviera  viva,  y  casi 
se  le  doblaban  é  mandaban  todos  sus  miembros  ó 
coyunturas ;  la  qual  trojeron  por  cosa  maravillosa 
á  Roma,  y  la  pusieron  en  el  Capitolio  sobre  una 
estera  con  mucha  juncia  é  arrayan  donde  todos  la 
vieron,  é  no  parecía  sino  que  en  aquel  punto  había 
acabado  de  espirar ;  decían  todos  que  los  que  la  ha- 
llaron, le  quitaron  muchas  manillas  de  oro  é  ani- 
llos, é  mucha  riqueza  que  tenia  consigo  ;  é  allí  no 
tenia  sino  una  albadena  de  seda,  tocada  con  franja 
de  oro.  Todo  el  bálsamo  cojieron,  é  guardaron  por 
cosa  de  gran  valor.  E  la  doncella  estuvo  allí  tres 
días  que  la  guardaron  á  ver  que  seria ,  é  en  cabo 
de  tres  dias  se  corrompió  é  olió  mal  como  si  fuera 
recien  muerta,  é  quemáronla.  De  esto  me  certifiqué 
de  muchas  personas  dignas  de  fé  que  vinieron  de 
Roma ,  y  de  la  fama  pública  que  de  ello  fué ;  des- 
pués me  certificó  un  fraile  romano  de  Señor  San 
Francisco,  que  en  el  letrel  de  la  sepultura  aun  han 
fallado  que  era  una  doncella  fija  de  Q.  Curcio  philó- 
sopho  que  fué  en  tiempo  del  Gran  Alexandro,  tres- 
cientos años  y  mas  antes  del  nacimiento  de  Nues- 
tro Redemptor  ;  el  qual  disputó  con  Alexandro  re- 
putándole su  codicia,  así  como  dice  el  Especulo  na- 
tural. 

CAPÍTULO  LXXIII. 
Del  título  Jesús  Nazareno. 

En  el  tiempo  de  dicho  Papa  Inocencio  VIII, 
acaeció  que  andando  labrando  la  Iglesia  do  Santa 
Cruz  en  Roma,  los  maestros  fallaron  éti  una  oque- 
dad de  una  pared  una  caja  de  plata,  y  dentro  el  tí- 
tulo que  fué  puesto  en  la  Cruz  de  nuestro  Señor  Je- 
sucliristo  quando  fué  crucificado ,  con  las  letras  en 
tres  lenguajes  que  decían  :  Jesús  Nazarenus ,  etc.  El 
Papa  fué  allá  y  con  gran  reverencia  lo  adoró  y 
mostró  al  pueblo  como  estaba,  é  estaban  con  él  tres 
anillos  de  oro,  é  tres  torzales  de  seda  colorada,  en 
que  estaba  metido  cada  anillo  en  un  torzal,  é  decían 
que  esto  pusiera  allí  la  Reyna^anta  ¡Elena ,  madre 


618 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


del  Emperador  Constantiuo,  é  el  Papa  lo  tomó  todo 
é  puso  eo  muy  honrado  lugar. 

CAPÍTULO  LXXIV. 

Como  el  Rey  tomó  á  Setenil  á  los  moros. 

En  el  mes  de  Septiembre  del  dicho  año  de  mil 
qnatrocientos  ochenta  y  quatro,  sacó  el  Rey  Don  Fer- 
nando su  hueste  y  fué  sobre  Setenil,  é  envió  delan- 
te al  Marqués  Duque  de  Cádiz  por  cercador,  el  qual 
amaneció  una  mañana  sobre  la  villa  y  cercóla  de 
todas  partes,  de  manera  que  no  pudo  entrar  uno, 
ni  salir  otro  ;  é  túvola  cercada  ocho  dias,  fasta  que 
el  Rey  llegó  con  el  artillería,  é  con  él  algunos  Gran- 
des de  Castilla ;  é  asentados  los  tiros  combatieron 
la  Villa  é  no  la  podian  mucho  empezar,  porque  los 
tiros  no  la  podian  empecer  ni  cojer ;  é  ovo  alguna 
murmuración  contra  el  Marqués  entre  los  caballe- 
ros, diciendo  que  nohabia  dado  buen  consejo  al  Rey 
que  cercase  á  Setenil  en  tal  tiempo  sobre  invierno, 
que  creian  que  la  no  podria  ganar ,  y  fué  á  bu  no- 
ticia, y  luego  aquel  dia  en  la  noche  quiso  poner  las 
lombardas  debajo  de  los  muros  é  á  raiz  de  la  puer- 
ta de  Setenil,  é  tiraron,  é  ficieron  tanto  daño,  que 
luego  los  moros  ficieron  partido ,  é  así  en  quince 
días  que  la  tuvo  cercada  el  Rey  Don  Fernando  tomó 
á  Setenil,  é  los  moros  se  dieron  á  partido  que  les  de- 
jasen ir  con  lo  suyo,  é  ansí  se  lo  aseguró,  é  los  en- 
vió á  Ronda  con  gente  del  real  é  con  el  Marqués, 
fasta  que  los  puso  en  salvo ,  y  el  Rey  se  tuvo  en 
este  cerco  por  muy  bien  aconsejado  é  servido  del 
Marqués  Duque  de  Cádiz,  ó  le  tuvo  en  mucho  ser- 
vicio el  consejo,  é  gran  trabajo,  é  mucha  diligencia 
que  puso  noche  y  dia,  que  no  cesaba  mientras  el 
fierco  duró.  E  sacaron  de  Setenil  veinte  y  quatro 
cautivos  chrístíanos  que  fueron  redimidos  en  esta 
victoria.  Fizo  el  Rey  adobar  lo  derribado  de  la  villa 
y  fortaleza  ó  guarnecióla  de  gente  y  manteni- 
mientos y  armas,  é  dejó  por  Alcayde  de  ella  á  Don 
Francisco  Enriquez ,  hermano  del  Almirante ,  é  del 
Adelantado,  é  volvióse  en  Castilla  con  mucha  honra. 

CAPÍTULO  LXXV. 
De  U  hermosa  entrada  que  el  Rey  fizo  en  tierra  de  moros. 

En  el  nombre  de  Jesuchristo  Salvador  y  Re- 
demptor  del  mundo,  en  quince  dias  del  mes  de  Abril 
año  del  nacimiento  de  Nuestro  Redemptor  de  mil 
quatrocientos  ochenta  y  cinco,  sacó  el  ínclito  y  fa- 
moso Rey  Don  Fernando  su  hueste  muy  grande,  é 
muy  maravillosa,  é  muy  fermosa,  de  Castill&para 
ir  á  facer  guerra  á  los  moros.  Su  partida  fué  de  Cór- 
doba el  dicho  dia,  é  dende  á  Ezija,  con  muy  gran- 
de artillería,  é  entró  por  el  Val  de  Cártama  á  yuso, 
muy  poderosamente  con  los  mas  de  los  Grandes  de 
Castilla;  los  nombres  de  algunos  de  ellos  son  los 
BÍguientes.  El  Maestro  de  Santiago,  Don  Alonso  de 
Cárdenas,  el  Maestre  de  Alcántara  Don  Juan  de  Zú- 
fiiga,  el  Duque  de  Medinaceli  Don  Luis  de  la  Cerda, 
é  el  Duque  do  Alburqu erque  Don  Beltran  de  la 
Cueva,  é  el  Condestable  de  Castilla,  Conde  de  Haro 


Don  Pedro  de  Velasco ,  é  el  Duque  de  Alba,  Don 
García  de  Toledo,  su  fijo  con  su  gente,  é  el  Conde 
de  Ureña,  ó  el  Conde  de  Treviño,  Duque  de  ¡Nájera, 
Don  Pedro  Manrique,  ó  el  Conde  de  Benavente  Don 
Juan  Pimentel ,  é  el  Conde  de  Cabra ,  é  el  Conde  do 
Feria  Don  Gómez  Suarez  de  Figueroa,  é  Don  Alon- 
so Fernandez  de  Córdoba,  señor  de  la  Casa  do  Agui- 
lar,  é  otros  muchos  Grandes,  Condes,  Duques,  é 
Señores,  que  seria  luengo  de  contar,  en  que  el  Rey 
allegó  mas  de  doce  ó  trece  mil  de  á  caballo.  En  los 
peones  de  pelea  no  hay  qüenta ;  empero  decían  que 
había  mas  de  ochenta  mil  peones,  é  ministros,  é  ar- 
tilleros, é  carreteros,  é  de  todos  oficios ;  y  habia  mas 
de  rail  y  quinientas  carretas  do  artillería  en  qua 
iban  muy  gruesas  lombardas,  y  entrando  el  Rey  en 
el  dicho  Val  de  Cártama,  fizo  poner  tres  cercos  jun- 
tamente, el  uno  sobre  Cártama,  el  qual  encomendó 
al  Maestre  de  Santiago,  el  otro  en  Benamaquis ,  el 
otro  en  Coin ;  é  él  asentó  su  real  en  comarca  de  to- 
dos. El  de  Benamaquis  fué  encomendado  al  Mar- 
qués Duque  de  Cádiz,  é  fué  tomado  por  fuerza  da 
armas  por  combate  que  les  dieron  á  los  moros ,  por 
que  no  quisieron  darse  en  tiempo ,  é  mataron  algu- 
nos chrístíanos  en  las  estancias,  fizólos  el  Rey  me- 
ter á  espada  á  todos,  é  así  murieron  mas  de  cíen 
moros  por  armas  feobos  pedazos,  é  quedó  tomada  la 
villa  é  fortaleza. 

E  luego  dieron  eombat©  á  Coin  con  las  lombar- 
das, y  rompiéronle  por  muchas  partes  los  muros, 
y  los  moros  se  dieron  á  partido  que  se  fuesen  con 
lo  suyo,  é  dejasen  la  villa,  é  así  se  fizo.  En  este  me-  i 
dio  tiempo,  el  Maestre  fizo  combatir  á  Cártama  con 
las  lombardas  muy  fuertemente  ;  é  díósele  á  parti- 
do como  los  de  Coin  ;  y  el  Rey  mandó  fortalecer  & 
Cártama  y  abastecer  de  armas  y  viandas,  y  adere- 
zar lo  derribado ,  é  dejóla  con  gente  á  buen  recau- 
do, é  fizo  aportillar  por  muchas  partes  á  Benama- 
quis é  á  Coin  ;  é  dejó  los  yermos,  é  fizo  cargar  toda 
la  artillería  é  ir  la  vía  de  Málaga,  é  echó  fama  por 
todo  el  real  que  iba  á  poner  cerco  sobre  Málaga ;  é 
los  moros  que  estaban  por  cima  del  real  á  su  vista 
metidos  en  riscos,  todos  pensaron  que  así  era,  é 
ficiéronlo  saber  los  unos  á  los  otros,  é  por  ir  á  de- 
fender la  ciudad,  fuéronse  á  meter  dentro;  é  el  Rey,- 
desque  fueron  dentro,  envió  al  Marqués  Duque  de 
Cádiz  con  dos  mil  do  á  caballo  á  cercar  la  ciudad 
de  Ronda,  el  qual  amaneció  sobre  ella  una  mañana 
é  púsole  sobre  ella  cerco ,  é  siguióle  mas  gente  del 
real,  con  que  en  tal  manera  lo  cercó  que  ninguno 
salió  de  quantos  dentro  estaban ,  ni  entró  otro.  Y  el 
Rey,  fecho  este  engaño  á  los  moros,  dio  vuelta  otro 
dia  con  todo  el  real  y  artillería  dejando  muchos  lu- 
gares despoblados  y  destruidos,  é  de  los  que  los 
moros  en  aquella  comarca  tenían  ;  é  vino  por  la  vía 
que  habia  entrado  fasta  Alora,  é  dende  á  Ronda,  y 
como  los  moros  esto  vieron  otro  dia,  entendieron  el 
engaño.  E  los  mancebos  de  Ronda  que  estaban  en 
la  Sierra  mirando  donde  declinaría  el  real ,  é  se  ha- 
bían ido  á  meter  en  Málaga,  dieron  vuelta  á  Ronda, 
é  quando  llegaron  halláronla  cercada  y  no  pudieron 
entrar,  é  de  esta  manera  quedó  la  mayor  parte  de  I* 


DON  FERNANDO 
taancebia  de  la  Ronda  fuera ,  y  no  había  en  la  ciu- 
dad tanta  fuerza  cuanta  hubiera ,  ei  todos  los  man- 
cebos dentro  se  hallaran.  Y  desque  el  Rey  llegó 
con  el  real  de  la  gente,  é  gran  artillería,  fizo  poner 
sobre  Ronda  tres  reales,  y  en  cerco  el  mas  pequeño 
entre  Ronda  y  la  Torre  del  Mercadillo ,  en  medio 
del  real,  y  de  Ronda  el  rio  y  muy  grandes  barrancas 
de  él.  En  este  estaba  la  gente  de  Córdoba,  é  de  Ézi- 
ja,  é  la  do  Carmena  con  sus  capitanes,  cercados  de 
paredes  de  piedra  é  cavas.  El  arroyo  arriba  hacía 
donde  nace  el  sol,  estaba  el  real  del  Marqués  Duque 
de  Cádiz  por  sí,  en  el  mayor  peligro  por  el  arroyo  é 
una  ladera  muy  inhiesta,  con  algunos  capitanes  de 
las  guarniciones  del  Rey  que  estaban  á  su  goberna- 
ción y  mandado,  ó  por  la  parte  del  mayor  peligro  se 
acercaron  de  un  vallado ,  é  á  lugares  de  pared  de 
piedra  seca.  E  el  gran  real  donde  el  Rey  Don  Fer- 
nando, estaba  asentado  del  cabo  de  Ronda  facía  al 
mediodía,  é  estaba  tan  grande  é  tan  fermoso  que 
parecía  á  la  ciudad  de  Sevilla.  Las  tiendas  del  Rey 
estaban  asentadas  en  medio  del  Real ,  y  el  Rey  se 
aposentaba  en  una  torrecilla  que  ende  estaba  en  los 
olivares  |y  viñas*  {y  al  derredor  de  sus  tiendas  y  de 
aquella  torrecilla  estaban  las  tiendas  de  los  Grandes 
de  Castilla  ya  dichos.  Y  entre  este  gran  rsal  y  el  real 
del  Marqués  Duque  de  Cádiz,  tiraba  la  artillería  de 
las  grandes  bombardas,  quede  los  tiros  que  de  cada 
cabo  tiraban  ;  y  entre  estos  dos  reales  ya  dichos,  es- 
taba la  carretería  y  dormía  la  gran  boyada  de  ella ; 
y  desde  el  real  del  Rey  hacía  al  poniente,  abajo  de 
la  ciudad,  fasta  cerca  del  río,  descendía  por  hilo  un 
gran  real  fasta  un  cerrillo,  donde  estaba  una  gruesa 
batalla  aposentada  con  sus  tiendas ,  donde  estaba 
el  Maestre  de  Alcántara  por  caudillo ,  y  de  todas 
partes  de  estos  reales  tiraban  robadoquines  é  otros  ti- 
ros á  Ronda.  Tenían  en  Ronda  una  mina  los  moros  se- 
creta, descendía  de  la  altura  de  la  ciudad  por  esca- 
lones, en  la  qual  yo  conté  ciento  y  treinta  pasos  de 
descendida,  por  donde  venían  y  tomaban  el  agua 
que  habían  menester  de  tres  pozos,  que  abajo  al 
peso  del  agua  del  rio ,  tenían  fechos  é  llenos  de 
agua:  desto  supo  ol  Marqués,  é  él  mesmo  con  los 
suyos  combatió  por  allí,  y  fizo  facer  un  portillo 
por  la  pared  del  gran  barranco  rpor  donde  descu- 
brió el  escalera  de  los  posos ,  é  metió  gente  que 
guardaron  el  agua  de  dentro  de  la  bóveda  de  la 
mina,  y  así  el  Marqués  Duque  de  Cádiz  les  quitó  el 
agua,  por  lo  qual  los  moros  fueron  muy  aflijidos,  é 
310  se  pudieron  tener.  Dieron  combate  á  los  arraba- 
les, Jueves  doce  de  Mayo,  é  entráronlos  por  fuerza 
de  armas  por  donde  habían  aportillado  las  lombar- 
das, con  muy  poco  peligro  de  los  christíanos ,  é  pu- 
sieron las  estancias  dentro  al  pié  de  la  Alcazaba,  é 
comenzaron  de  horadarlas  dentro  de  bancos,  y  de- 
bajo de  ellos  pinjados.  E  desque  los  moros  vieron 
las  torres  do  la  Alcazaba  derribadas  á  pedazos,  é  los 
muros  aportillados  del  grande  estrago  do  las  lom- 
bardas por  el  cabo  do  facía  donde  el  Rey  estaba, 
hacía  el  mediodía  de  la  Ciudad,  que  es  lo  mas  fla- 
co, que  por  las  otras  partes  no  tienen  combates,  ni 
eepodia  tpmar,  é  vierpn  tanto  fuego  de  ali^uitran 


É  DOÑA  ISABEL.  615 

que  les  echaban  con  los  cuartagos  que  ardía  la  ciu- 
dad, temieron  la  muerte,  y  que  les  entrarían  por 
fuerza  de  armas  ;  é  demandaron  partido,  é  que  ce- 
sase el  combate,  y  el  Rey  mandó  cesar,  y  los  moroa 
de  Ronda  pidieron  que  los  dejasen  ir  con  los  su- 
yos dó  quisiesen,  é  les  asegurasen  fasta  que  fuesen 
en  salvo,  é  él  se  lo  otorgó,  que  había  de  ser  con  con- 
dición que  luego  ante  todas  cosas  le  entregasen  todoa 
los  christíanos  que  tenían  cautivos,  é  los  moros  seles 
presentaron  luego  al  real ,  y  era  por  cuenta  quatro- 
cíentas  personas,  poco  mas  ó  menos,  los  quales  fue- 
ron con  sus  hierros  á  los  pies  á  besar  ios  píes  y  ma- 
nos al  Rey,  llorando  con  gozo  de  alegría  diciendo : 
¡Oh  Rey  alto,  poderoso  y  esforzado!  ensálcevos  Dios 
el  estado,  y  sea  siempre  en  vuestros  fechos ;  quite  do 
nuestros  días,  y  ponga  en  los  vuestros.  Decían  al  Rey 
estas  cosas  y  otras  semejantes,  que  no  había  perso- 
na que  los  viese,  que  propter  gaudium  con  ellos  no 
llorase,  viéndoles  los  cabellos  é  barbas  fasta  las  cin- 
tas, desnudos,  é  desarrapados,  é  aherrojados  é  ham- 
brientos. Salieron  allí  hombres  de  grandes  rescates, 
especialmente  Don  Manuel,  sobrino  del  Duque  de 
Cádiz,  fijo  de  Don  Pedro  el  Bayo,  é  dos  fijos  de  Die- 
go de  Fuentes,  é  un  fijo  de  Pedro  Matheos,  Alcayde 
de  Espera,  vecino  de  Utrera,  é  otros  muchos  que  al- 

•\  gunos  de  ellos  estaban  en  rehenes  por  sus  padres  é 
por  otras  personas  que  se  habían  perdido  en  el 
Axarquia.  E  desde  el  Jueves  que  les  entraron  los 
arrabales  por  fuerza,  en  tres  días  siguientes  que  fué 
el  día  de  Pascua  del  Espíritu  Santo,  dieron  la  ciu- 
dad al  Rey,  é  le  entregaron  todo  lo  alto  y  bajo,  y 
el  Rey  les  dio  quince  días  de  plazo  para  que  se  fue- 
sen donde  quisieran  con  todo  lo  suyo ;  en  el  qual 
término  todos  salieron,  é  de  ellos  fueron  á  tierra  de 
moros ,  é  de  ellos  vinieron  á  poblar  en  Alcalá  del 
Río  cerca  de  Sevilla,  los  quales  fueron  el  Cordo,  Al- 
cayde de  Setenil ,  é  el  Alguacil  de  Ronda  que  eran 
las  cabezeras,  con  mas  de  cíen  casas,  é  díóles  el  Rey 
bestias  en  que  vinieron  fasta  Alcalá,  con  sus  fijos  y 
familias. 

É  quand©  esto  fué  fecho  y  1»  ciudad  despachada 
de  los  moros,  ya  las  caleras  estaban  fechas  y  coci- 
das con  la  cal,  é  el  Rey  tomó  este  estilo  desque 
tomó  á  Alora,  que  en  asentando  el  real,  comenza- 
ban los  caleros  á  facer  cal,  é  mandó  adobar  todo  lo 
derribado  de  Ronda.  Desque  el  Rey  tuvo  a  Ronda 
envió  al  Marqués  de  Cádiz,  el  qual  era  el  todo  del 
ardid  de  aquel  cerco,  é  por  su  consejo  se  había 
dado  la  vuelta  de  Málaga  é  cercado  á  Ronda,  que 
fuese  á  requerir  á  los  lugares  déla  Sierra  de  Villa- 
luenga  é  Benaocáz,  é  Archite,  é  Obriquo,  é  Cardo- 
la,  é  Cuidita  é  otros;  é  tomó  el  Marqués  las  fuer- 
zas ,  é  envió  mensaje  al  Rey  á  dar  la  obediencia  Ca- 
sares, é  Haucín,  é  todo  el  Alhavaral,  y  Sierra  Ber- 
meja é  Marbella  ;  é  de  esta  otra  parte,  el  Burgo  é 
Yunquera  aquella  semana  de  Pasqua.  É  en  ciertos 
días  después  se  hicieron  los  partidos  con  los  moros, 
de  manera  que  dieron  las  fuerzas  de  las  villas  é  las 
armas,  é  quedaron  por  estonce  en  lo  suyo,  fasta  que 
el  Rey  después  determinó  lo3  lugares  que  queda- 
ron. Por  estonce ,  Viernes  d©  esta  semana  de  Pus- 


620 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


qua,  partieron  los  christíanos  cautivos  quo  salieron 
de  Honda  é  del  Val  de  Cártama ,  por  mandado  del 
Bey,  para  Córdoba  á  facer  reverencia  é  besar  las 
manos  ala  Reyna  doña  Isabel,  los  quales  fueron 
por  qüenta  quatrocientas  diez  y  siete  personas,  hom- 
bres y  mujeres,  é  muchachos,  é  fizóles  el  Eey  dar 
bestias  y  despensas  para  el  camino,  y  fueron  de  la 
Eeyna  é  de  la  Infanta,  é  de  otras  muchas  gentes, 
muy  bien  recibidos,  é  entraron  en  la  ciudad  con 
gran  procesión  fasta  donde  estaba  la  Reyna  é  la  In- 
fanta en  ordenada  manera ,  é  besáronles  las  manos 
con  humilde  reverencia ,  y  siguieron  su  procesión 
fasta  la  Iglesia  mayor ;  é  la  Reyna  les  mandó  dar  de 
comer  é  á  cada  uno  ocho  reales  de  limosna,  para 
con  que  fuesen  en  sus  tierras ;  eran  de  aquellos  cau- 
tivos quarenta  mujeres.  Ovo  una  mora  moza  que  al 
tiempo  que  iba  con  su  padre  é  madro,  dijo  que  que- 
ría ser  christiana,  y  que  no  queria  ir  en  tierra  de 
moros.  É  un  mancebo  de  los  christianos  que  hablan 
salido  de  Ronda,  estando  en  el  real  del  Serenísimo 
Rey  Don  Fernando  ,  dijo  que  se  la  diesen  por  mu- 
jer, é  ella  plugo ,  é  asi  so  la  dieron  por  mujer  des- 
pués de  bautizada. 

Envió  el  Rey  á  requerir  á  Casarabonela  que  se  le 
diesen,  puesto  que  no  se  podían  defender  ni  escu- 
sar  de  se  le  dar,  pues  que  ya  habían  tomado  toda  la 
comarca,  é  que  antes  que  moviesen  el  real  para  ir 
sobre  ella,  que  tuviesen  por  bien  de  lo  dar  la  villa 
é  la  fortaleza.  E  los  moros  le  enviaron  por  escrito 
en  respuesta  una  carta  que  decía  así : 

CARTA  DE  CASARABONELA  AL  RE.Y. 

«Alabado  Dios  poderoso  en  "unidad ,  que  no  hay 
criador  sino  él,  ni  hay  otro  á  su  faz  igual  del,  é  dé 
BU  gracia  é  salvación  ,  con  Mahomat  nuestro  Profe- 
ta y  su  mensajero.  Escribimos  la  presente  carta  al 
gran  Rey  muy  poderoso  Señor  de  muy  grandes  rey- 
nos  é  señoríos,  é  de  muchas  provincias,  poderoso  y 
justo  en  sus  sentencias,  amado  de  la  justicia,  Rey 
de  Castilla,  ensálcelo  Dios  é  esfuércelo.  Nos  la  Co- 
munidad y  Alguacil  y  Alcayde  del  castillo  de  Casa- 
rabonela, junto  con  esto  acreciente  Dios  vuestro 
Real  Estado.  Recibimos  vuestra  carta  é  la  leímos,  y 
entendimos  lo  en  ella  contenido  ;  luego  pusimos  en 
obra  de  enviar  á  dar  la  obediencia  á  vuestra  gran- 
deza y  muy  gran  virtud  y  bondad ,  é  estamos  con 
voluntad  de  todos  obedecer  á  V.  A.  porque  oímos 
y  vimos  que  vuestra  palabra  es  cierta  y  verdad  en 
dicho  y  en  fecho  por  quanto  nos  dijeron  de  Vuestra 
Alteza  dijo  :  quando  los  moros  de  Casarabonela  vi- 
nieren á  darme  obediencia,  entonces  f  aré  yo  lo  que 
ellos  querrán ,  y  nosotros ,  ensalce  Dios  V.  A.,  nunca 
obedecimos  ni  servimos  á  ningún  Rey  en  toda 
nuestra  vida  ni  á  ningún  caballero  ;  y  fuimos  hon- 
rados y  acatados  de  todos  los  reyes  ;  pero  á  Vuestra 
Alteza  nos  conviene  servir  y  acatar,  pues  Dios  os 
fizo  tan  poderoso  y  dichoso ,  y  en  todas  las  cosas 
quiere  cumplir  vuestra  voluntad.  Placerá  á  Dios  po- 
deroso que  siempre  será  así ;  por  ende,  pues  que  nos 
ponemos  en  mano  de  V.  A.,  seamos  bien  tratados  y 


honrados ,  como  siempre  fuimos  de  todos  los  otroa 
reyes,  cuantimás  siendo  V.  A.  mas  poderoso,  y  ma- 
yor y  mejor  que  ellos.» 

E  luego,  como  el  Rey  recibió  esta  carta,  envió  á 
tomar  la  fortaleza  de  Casarabonela ,  é  asentó  con  los 
moros  que  quedasen  en  la  villa  por  mudejares,  é 
entregáronle  la  fortaleza  y  fornecióla  de  jente  y  Al- 
cayde, é  viandas,  é  armas,  la  que  es  de  las  más 
fuertes  del  Reyno  de  Granada,  é  entregáronla  é  die- 
re nía  al  Rey,  Jueves,  día  de  Corpus  Chrísti  á  dos  de 
Junio  de  dicho  año. 

Este  día  se  celebró  la  fiesta  de  Corpus  Chrísti  en 
Ronda,  siendo  la  mezquita  mayor  convertida  en 
Iglesia  é  bendita  por  Don  Fray  Luis  de  Soria,  Obis- 
po de  Málaga ;  é  llevaron  los  cetros  con  el  cielo  bo- 
bre  el  arca  de  la  amistancia  de  nuestro  Redemptor 
Jesuchristo ,  el  Rey  y  el  Maestre  de  Santiago ,  é  el 
Condestable,  é  el  Duque  de  Medina  Sidonía ,  é  el 
Duque  de  Nájera,  é  el  Conde  de  Ureña,  é  el  Maestre 
de  Alcántara,  é  otros  grandes.  Fizóse  muy  solemne 
fiesta  con  los  instrumentos ,  músicas  y  cantares  de 
él,  y  de  los  grandes  Señores.  Llevaban  el  arca  cier- 
tos Obispos  é  Prelados  de  Sevilla^  é  de  Castilla,  ó 
ficieron  la  misa  muy  ricamente  y  solemnes  canta- 
res, y  músicas  acordadas.  Mandó  el  Rey  adobar 
muy  bien  los  muros  de  Ronda,  para  lo  qual  hicie- 
ron ir  albañiles,  é  carpinteros  de  Sevilla,  y  allí  pu- 
sieron en  la  obra  algunas  pelotas  de  las  grandes 
lombardas  en  memoria  de  esta  victoria;  é  dejóla 
Ciudad  á  buen  recaudo  y  movió  su  hueste  para  ir 
á  Marvella,  dejando  la  gran  artillería  cerca  de  Zaha- 
ra,  y  llevando  algunos  tiros  livianos  en  acémilas,  ó 
fué  por  la  ciudad  de  Arcos ,  y  reposó  allí  algunos 
días ,  y  dende  siguió  su  vía  fasta  Marvella,  y  dióse- 
le  luego,  y  echó  los  moros  fuera  á  las  aldeas,  ó 
puso  en  ella  gente  de  su  guarnición,  é  Alcayde,  é 
puso  en  Guacin  y  Cazares,  Alcaydes  christianos,  é 
en  la  Fonjíronla,  é  dejó  los  moros  por  allí  por  mu- 
dejares en  sus  f  aciendas ,  y  fuese  rodeando  la  sierra 
fasta  cerca  de  Málaga,  é  salió  por  Alora,  é  Ante- 
quera por  donde  había  entrado,  é  volvióse  á  Córdo- 
ba de  donde  había  partido ,  venturoso  y  victoriado 
donde  con  mucha  honra  y  solemnidad  fué  recibido. 
Los  nombres  de  los  lugares  que  el  Rey  Don  Fer- 
nando ganó  de  esta  entrada ,  son  los  siguientes  : 

Primeramente  en  el  valle  de  Cártama. 


Cártama. 

Coin. 

Benamaquis. 

Fadala. 

El  Haurin. 

Campanillas. 

Esquinillas. 

Guaro. 

Monda. 

Locaina. 

Benalmadayna. 

Casarabonela. 


Yunquera. 

El  Burgo. 

La  ciudad  de  Ronda. 

Venaoxan. 

Monte  corto. 

Audita. 

Cagracalima. 

Asnalmara. 

Archite. 

Oblique. 

Benaocaz. 

Cárdela. 


t)ON  FERNANDO 

JSn  el  Algabaral  é  sierra  Bermeja. 
Guacin.  Alulea.  Benestepar. 


Casares. 

Cristalina. 

Himenea. 

Alcastin. 

Vida  cara. 

Bautadari. 


Benicami. 

Oxera. 

Alcabar. 

Achucár. 

Motron. 

Tolos. 


Xubrique. 

Boleron. 

Ginalgacin. 

Benameda. 

Monarda. 

Almachar. 

Cortes. 

Alvasmeria. 

Venatis. 

Dardio. 

Marvella. 

Oxen. 

Frixiana. 


San  Ablastar.      Benamaya. 
Faraxan,  Taxete. 

Benayon.  Albacete. 

Jucar.  Benadalid. 

Caritalxime.        Benarraba. 
Benajeriz.  Benalaba. 

Bena  Acín.  Algatucin. 

Faraca.  Botillas. 

É  otros,  é  quedaron  allí  estonce  Mijas  y  Osuna, 
dos  leguas,  lugares  nauy  fuertes  enriscados,  que  se 
no  quisieron  dar  hasta  quo  se  ganó  Málaga. 

CAPÍTULO  LXXVI. 

De  lo  que  hizo Muley  Baudili  Alzagal  porque  lo  alzaron  por  Rey. 

En  el  dicho  año  en  el  tiempo  que  el  Rey  Don 
Fernando  ganó  á  Ronda,  acaeció  que  salió  de  Gra- 
nada el  Infante  Muley  Baudili  Alzagal  á  socorrer  á 
Málaga,  dicen  que  el  cerco  se  enderezaba  á  ella  ;  é 
después ,  volviéndose  á  Granada  con  mas  de  seis- 
'  cientos  de  á  caballo  é  muchos  peones,  encontró 
cerca  de  Alhama  con  Juan  de  Ángulo,  capitán  del 
Rey  que  estaba  en  Alhama  por  frontero,  que  traia 
una  cabalgada  de  cerca  do  Granada  con  ciento  y 
veinte  de  á  caballo ;  é  el  Infante  moro  le  fizo  un 
engaño ,  púsose  en  celada ,  y  echó  veinte  de  á  ca- 
ballo delante,  é  armóle  de  tal  manera  que  le  quitó 
la  cabalgada,  é  mató,  é  llevó  cautivos  muchos,  é 
los  que  se  escaparon  fué  á  uña  de  caballo,  é  fuese 
con  la  cabalgada  á  los  lugares  cerca  de  Granada,  ó 
no  quiso  entrar  en  Granada  fasta  que  lo  alzaron 
por  Rey  do  olla  ;  é  como  los  moros  vieron  que  fizo 
aquello  aficionáronse  á  él ,  é  él  tuvo  tal  manera  con 
ellos  que  lo  alzaron  por  Rey  de  Granada,  é  depuso 
á  su  hermano  y  despojólo  del  reyno  diciendo  que  era 
viejo,  é  ciego,  é  que  no  era  para  defender  el  reyno. 

CAPÍTULO  LXXVII. 
De  las  grandes  lluvias  del  año  de  i84&en  los  meses  postreros. 

En  el  dicho  año  de  1485  años  en  el  mes  de  Agos- 
to, después  de  haber  reposado  la  gente  algunos 
dias  del  trabajo  de  la  entrada  primera,  el  Rey  sacó 
BU  hueste  para  ir  sobre  Moclin  é  Illora,  é  envió  de- 
lante por  cercador  al  conde  de  Cabra,  é  con  él  á 
Martin  Alonso  do  Montemayor  é  otros  caballeros 
para  que  cercasen  á  Moclin.  Una  madrugada  acae- 
ció, que  estaban  allí  el  Rey  que  habían  alzado  en 
Granada  los  moros,  Muley  Baudili  Alzagal,  y  aun- 
que lo  supo  el  conde  no  se  le  dio  nada  por  ello,  ni 
quiso  aguardar  mas  gente,  é  comenzóse  la  batalla 
antes  que  amaneciese ,  é  huyó  la  gente  al  conde ,  é 


É  DOÑA  ISABEL.  621 

quedó  con  muy  pocos  fasta  la  mañana ;  é  desque 
vido  el  mal  recaudo ,  ovo  de  volver  las  espaldas  á 
huir,  por  guarecer  su  persona,  después  de  haber 
mucho  peleado  y  trabajado  por  defender  los  peo- 
nes que  habían  desbaratado  los  mesmos  christíanos 
de  á  caballo,  cuando  volvieron  á  fuir  antes  quo  el 
día  fuese  claro.  É  allá  perdió  el  conde  un  hermano 
que  decían  Don  Gonzalo ;  é  salváronse  aquel  día 
los  de  á  caballo,  que  no  murieron  sino  muy  pocos, 
y  mataron  los  moros  mas  de  seiscientos  peones 
christíanos  á  hilo  como  iban ;  é  visto  por  el  Rey  el 
mal  recaudo  volvió  de  Alcalá  la  Real  y  fué  la  vía 
de  Cambíles,  que  está  7  leguas  de  Sevilla,  digo  da 
Jaén ,  y  estando  é  habiendo  llegado  púsole  cerco,  ó 
combatiólo  con  las  lombardas  y  tomólo  y  fortale- 
ciólo ,  é  luego  los  moros  de  la  comarca  dejaron  ú 
Arenas  y  Apiñes  é  Asnallos,  Esta  fortaleza  de  Cam- 
bíles es  muy  fuerte,  é  combatiéronla  con  las  lom-« 
bardas  tres  dias ,  y  los  moros  so  dieron  á  partido 
que  los  dejasen  ir  libres  á  Granada. 

En  este  medio  tiempo  que  el  Rey  estaba  sobra 
Cambíles  tomaron  los  christíanos  de  Alhama  una 
villa  una  noche ,  por  el  concierto  de  dos  moros  que 
en  ella  vivían  6  estaban,  que  eran  de  linaje  de  chris- 
tíanos, é  la  villa  se  llamaba  Acaleha,  é  cautivaron 
toda  la  gente  de  ella ,  é  mataron  á  algunos  por  quo 
se  defendían,  é  fornecieron  la  villa  y  fortaleza,  é 
tuviéronla  á  buen  recaudo  fasta  que  el  Rey  los  pro-» 
veyó. 

En  este  tiempo  murió  el  Rey  viejo  Muley  Hacen, 
en  Salobreña,  que  es  un  lugar  pequeño  donde  el 
hermano  lo  había  desterrado  é  mandado  estar  quan- 
do  lo  ficieron  rey  en  Granada,  que  luego  lo  mandó 
salir  de  la  ciudad  á  él  é  á  su  mujer,  é  aun  les  tomó 
el  oro  y  plata  y  haber  que  tenían ,  é  trujéronle  á 
Granada  def unto  en  una  azémíla ,  é  fué  enterrado 
muy  pobre  é  abultadamente,  por  mano  de  dos  chris- 
tíanos cautivos  en  su  osario. 

CAPÍTULO   LXXVIII. 
Otra  vez  de  muchas  aguas. 

En  este  dicho  año  do  1485  á  11  de  Noviembre, 
comenzó  de  llover  hasta  el  día  do  la  Natividad  de 
Nuestro  Redemptor,  que  son  seis  semanas,  que  nun- 
ca en  este  tiempo  ovo  sino  dos  ó  tres  en  que  des- 
campase, é  llovió  tan  recio  é  tantas  aguas,  que 
nunca  los  que  eran  nacidos  estonces  vieron  ni  tan- 
tas aguas,  ni  tantas  avenidas  en  tan  poco  tiempo; 
é  subió  el  agua  del  Guadalquivir  en  las  mas  altas 
señales  de  la  almenilla  de  Sevilla  é  de  la  Barranca 
de  Coria,  é  duró  una  vez  once  días  en  aquel  peso 
que  poco  mas  ó  menos  no  abajaba,  y  estuvo  la  ciu- 
dad aquellos  once  dias  en  muy  grande  temor  de  ser 
perdida  por  agua ,  é  entró  el  agua  por  ella  por  laa 
atarazanas ;  andaban  cópanos  por  la  ciudad  é  por 
la  laguna  andaban  barcos,  que  pasaban  la  gente  de 
un  cabo  á  otro  ;  cayéronse  infinitas  casas  ;  derribó 
el  rio  gran  parte  de  Triana  é  bañó  todo  el  monaste- 
rio de  las  Cuevas ,  é  sacaron  los  monjes  en  barcos, 
ó  recibió  muy  gran  daño  el  monasterio.  Destruyó  y 


622 


CBÓNICAS  DE  LOS  EEYES  DE  CAStlLLA. 


llevó  de  esta  vez  el  Guadalquivir  muchos  lugares 
BUS  vecinos,  especialmente  desde  Córdoba  á  acá, 
gran  parte  de  Écija  y  parto  de  Cantillana,  é  todo 
Brenes,  é  del  Algaba,  y  Einconada  gran  parte,  lo 
que  habia  quedado  del  Copero  del  año  1481,  tornó- 
lo á  bañar,  llevó  todo  el  rincón  que  la  otra  vez  no 
habia  llegado  á  él.  Fueron  en  toda  Castilla  estas 
muy  grandes  avenidas,  en  que  se  perdieron  total- 
mente muchos  hombres,  y  muchas  haciendas,  cayé- 
ronse infinitas  casas  y  edificios,  muriéronse  infinitos 
ganados,  muchas  arboledas  y  viñas  arrancadas,  é 
otras  cubiertas  del  légamo  del  rio.  Derribó  el  rio  la 
mayor  parte  de  los  arrabales  de  Sevilla  que  dicen 
Cestería  é  Carretería,  é  estuvo  Sevilla  cercada  de 
aguas  en  todas  partes,  en  manera  que  en  tres  dias 
lio  le  entró  pan  cocido  de  fuera  ni  oti*a  cosa,  nin 
podian  entrar  en  ella,  nin  salir  con  las  muchas 
aguas. 

CAPÍTULO  LXXIX. 
De  cómo  el  Rey  tomó  á  Loxa  é  Illora. 

Sacó  su  hueste  el  Ecy  Don  Fernando  muy  pode- 
rosa con  muchos  de  los  grandes  de  Castilla,  el  qual 
partió  de  Córdoba  en  un  di  a  del  mes  de  Mayo  del 
año  1486,  y  puso  cerco  a  la  villa  de  Loxa  con  me- 
nos jente  que  el  año  antes  sobre  Konda  habia  lleva- 
do ;  y  llevó  esta  vez  consigo  un  Conde  de  Inglatera, 
pariente  de  la  Keyna  que  sedecia  el  Conde  de  Esca- 
las ,  que  pasó  acá  en  aquel  tiempo  por  servir  á  Dios  y 
facer  guerra  á  los  moros  con  trescientos  hombres 
artilleros  é  flecheros  muy  esforzados ;  y  como  el  Key 
llegó,  salieron  muchos  moros  de  á  pié  y  de  á  caba- 
llo por  defender  que  el  real  no  se  asentase,  y  co- 
menearon  de  pelear  defendiéndolo  á  saetadas  é  es- 
pingardadas  desde  entre  las  huertas,  y  trabóse  la  pe- 
lea con  los  moros,  los  dichos  ingleses,  y  ciertos  hom- 
bres de  las  montañas  que  hablan  venido  con  el  Du- 
que del  Infantado,  y  con  el  Duque  de  Nájera  de  los 
quo  acá  dicen  lacayos  é  vizcaínos;  é  como  el  Conde 
de  Escalas  vido  la  pelea,  dijo,  que  pues  la  pelea  es- 
estaba trabada  y  los  moros  se  defendían,  que  queria 
pelear  á  uso  de  su  tierra ,  y  descabalgó  del  caballo, 
armado  en  blanco ,  y  con  una  espada  ceñida ,  é  una 
hacha  de  armas  en  las  manos,  y  con  una  cuadrilla  de 
los  suyos ,  así  mismo  armados  de  blanco  con  sus  ha- 
chas, se  lanzó  delante  de  todos  en  los  moros,  y  con 
viril  y  esforzado  corazón ,  dando  golpes  en  unos  y 
otros,  matando  y  derribando,  que  ni  le  faltó  cora- 
zón ni  fuerza ;  é  como  esto  vieron  los  castellanos 
montañeses  ya  dichos ,  no  menos  ficieron  al  moiiien- 
to  siguiendo  tras  los  ingleses ,  é  dieron  tal  prisa  á 
los  moros  que  les  hicieron  volver  las  espaldas  á 
huir,  é  los  christianos  revueltos  con  ellos  se  encon- 
traron en  los  arrabales  do  Loxa,  los  quales  nunca 
perdieron  ni  dejaron.  El  Rey  socorrió  luego  en  per- 
sona á  los  suyos.  Murieron  muchos  moros  en  esta 
entrada,  é  algunos  christianos ,  é  fué  ferido  el  Con- 
de inglés  de  una  pedrada,  que  le  quebraron  un  dien- 
te ;  é  murieron  tres  ó  quatro  hombres  de  los  suyos. 
^  tomado  el  arrabal  pusieron  en  él  sus  estancias ;  é 


el  Eey  asentó  su  gran  real ,  é  cercó  al  derredor  de 
Loxa,  y  asestadas  las  lombardas  mandó  tirar  y  en 
chico  espacio  les  derribaron  un  gran  lienzo  de  loa 
muros  de  la  villa ;  é  desque  los  moros  vieron  esto 
diéronse  al  Eey  á  partido,  que  los  dejase  ir  con  lo 
suyo  que  pudiesen  ;  é  el  Eey  asi  se  lo  otorgó,  é  se 
fueron,  é  le  dejaron  la  villa,  é  pidieron  por  merced 
al  Eey  que  los  enviase  á  Granada  seguros  con  el 
Marqués  de  Cádiz,  porque  no  los  robasen,  é  mata- 
sen en  el  camino,  é  el  Eey  ansí  lo  fizo,  que  envió  al 
Marqués  por  capitán  é  guarda  de  ellos  con  otros 
caballeros,  é  mucha  gente,  fasta  que  los  pusieron 
en  salvo ;  los  quales  moros  y  moras  iban  haciendo 
muy  grandes  llantos  y  amarguras.  Salió  estonce  do 
Loxa  con  ellos  el  Eey  Muley  Baudili,  prisionero  del 
Eey  de  Castilla,  que  decían  que  lo  tenían  allí  los 
moros  en  son  de  preso  por  que  se  había  acontecido 
estar  allí  en  este  tiempo.  Los  christianos  cautivos 
que  el  Eey  redimió  no  pude  saber  enantes  eran, 
salvo  que  fueron  sueltos  y  presentados  al  Eey  an- 
tes que  los  moros  saliesen.  Fué  el  día  que  la  villa 
de  Loxa  entregaron  al  Eey,  Lunes  28  dias  de  Mayo 
del  dicho  año  de  86.  Fortalecióla  luego  el  Eey,  é 
fizóla  muy  bien  adobar  é  guarnecióla  de  gentes ,  é 
viandas,  é  armas,  é  puso  en  ella  gente  de  gnarni- 
cion,  é  movió  su  hueste,  é  artillería,  é  fué  á  cercar 
á  Illora ;  é  envió  delante  por  cercador  al  Duque  del 
Infantado ,  é  á  el  Conde  de  Cabra  con  sus  gentes, 
la  qual  cercaron  Domingo,  4  dias  del  mes  de  Junio 
del  dicho  año ,  é  luego  el  Lunes  los  dichos  señores 
Conde  y  Duque,  con  la  gente  que  tenían,  entraron 
en  el  arrabal  por  fuerza  de  armas,  é  este  día  llegó 
el  Eey  y  se  asentaron  las  lombardas ,  é  el  real ;  y  el 
Miércoles  tiró  la  artillería,  é  derribaron  gran  parte 
de  la  villa,  é  mataron  algunos  moros  de  dentro  los 
tiros  de  las  lombardas,  de  lo  qual  ovieron  muy  gran 
temor  los  moros ,  y  no  osaron  mas  esperar ;  é  dié- 
ronse Jueves  bien  de  mañana  á  partido,  el  qual  el 
Eey  les  otorgó  como  los  de  Loxa,  que  llevasen  todo 
lo  suyo  ;  los  quales  tenían  ya  muy  poco  que  llevar, 
que  todo  lo  habían  llevado  esperando  lo  que  lea 
vino.  E  había  en  Illora  ochocientos  moros  de  pelea, 
en  que  eran  los  doscientos  negros ;  é  había  cínqüen- 
ta  mujeres,  é  habia  entre  ellos  fasta  treinta  de  á 
caballo;  é  el  Viernes  siguiente,  9  dias  de  el  dicho 
mes ,  dejaron  la  villa  desembargada  los  dichos  mo- 
ros, c  enviólos  el  Eey  á  Granada,  seguros  con  loa 
dichos  señores  Duque  del  Infantado  é  Conde  de  Ca- 
bra, con  tres  mil  de  á  caballo,  é  fueron  con  ellos  fas- 
ta la  Puente  de  Pinos ;  é  por  once  christianos  cau- 
tivos que  estaban  en  Illora,  que  los  moros  habían 
llevado  a  Granada  mientras  que  se  tomó  Loxa,  tom6 
el  Eey  otros  tantos  moros  de  Illora,  é  los  tuvo  has- 
ta que  trujeron  los  christianos ;  é  el  Eey  fizo  adovar 
é  guarnecer  á  Illora  y  ponerla  á  buen  recaudo. 

CAPÍTULO  LXXX. 
De  como  vino  la  Reyna  al  real  y  la  recibieron. 

El  Viernes  que  los  moros  partieron  de  Illora  para 
Granada,  partieron  del  real  el  Marqués  Duquo  d« 


Don  FERNANDO 
Cádiz,  é  el  Adelantado  del  Andalucía  con  gran  ca- 
ballería á  recibir  la  lleyna  doña  Isabel  ala  Peña  do 
los  Enamorados,  que  venia  á  ver  el  Real  y  haber 
parte  de  la  victoria  y  buena  ventura  del  Rey  su 
marido  ;  la  qual  llegó  al  Real,  el  Limes  11  de  dicho 
n-es  á  Illora,  donde  el  Rey  estaba.  Traia  consigo 
dejando  la  gente  que  la  fué  á  recibir,  hasta  quarcn- 
ta  cabalgaduras  en  que  habia  fasta  diez  mujeres.  El 
recibimiento  que  le  fué  fecho  fué  muy  singular,  en 
que  salieron  al  camino  los  primeros  el  Duque  del 
Infantado,  que  habia  venido  de  esta  vez  á  la  guerra 
en  persona  muy  poderoso  y  muy  pomposo ,  é  el 
Fondón  de  Sevilla  y  su  gente,  é  el  Prior  de  San  Juan, 
fasta  una  legua  y  media  del  Real ;  é  púsose  una  ba- 
talla á  la  mano  izquierda  del  camino  por  donde  ella 
Tenia,  todos  bien  aderezados  y  como  para  pelear ;  y 
como  la  Reyna  llegó  fizo  reverencia  al  Pendón  de 
Suvilla,  y  mandólo  pasar  á  la  mano  derecha,  é  co- 
mo la  recibieron ,  salió  toda  la  gente  delante  con 
mucha  alegría  corriendo  á  todo  correr,  de  que  su 
Alteza  ovo  muy  gran  placer,  é  luego  vinieron  to- 
das las  batallas,  é  las  banderas  del  real  á  le  facer 
recibimiento,  é  todas  las  banderas  se  abajaban  quan- 
do  la  Reyna  pasaba ;  é  luego  llegó  el  Rey  con  mu- 
chos grandes  de  Castilla  ú  la  recibir^  é  antes  que  so 
abrazasen  se  hicieron  cada  uno  tres  reverencias,  en 
que  la  Reyna  se  destocó  ,  y  quedó  en  una  cofia  el 
rostro  descubierto,  y  llegó  el  Roy  y  abrazóla  y  be- 
sóla en  el  rostro  ;  y  luego  el  Rey  se  fué  á  la  Infan- 
ta su  hija,  y  abrazóla  y  besóla  en  la  boca,  y  santi- 
guóla. Venía  la  Reyna  en  una  muía  castaña  en  una 
silla  andas  guarnecidas  de  plata  dorada  ;  traia  un 
paño  de  carmesí  de  pelo,  y  las  falsas  riendas  y  ca- 
bezadas do  la  muía  eran  rasas,  labradas  de  seda,  do 
letras  de  oro  entretalladas,  y  las  orladuras  borda- 
das de  oro  ;  y  traia  un  brial  de  terciopelo,  y  debajo 
unasfaldetas  de  brocado  y  un  capuz  do  grana; 
vestido  guarnecido  morisco,  é  un  sombrero  negro 
guarnecido  de  brocado  al  derredor  de  la  copa  y  rue- 
do. Y  la  Infanta  venia  en  otra  muía  castaña  guar- 
necida de  plata  blanca,  y  por  orladura  bordados  de 
oro,  é  ella  vestido  un  brial  de  brocado  negro,  y  un 
capuz  negro  guarnecido  de  la  guarnición  del  de  la 
Reyna. 

El  Rey  tenia  vestido  un  jubón  de  demesin,  de 
pelo,  é  un  quísote  de  seda  rasa  amarillo  y  encima 
un  sayo  de  brocado,  y  unas  corazas  de  brocado, 
vestidas,  é  una  espada  morisca  ceñida  muy  rica ,  é 
una  toca,  é  un  sombrero,  y  en  cuerpo  en  un  caballo 
castaño  muy  jaezado.  E  los  atavíos  de  los  grandes 
que  ahí  estaban,  eran  muy  maravillosos  é  muy  ricos 
é  de  diversas  maneras,  ansí  de  guerra  como  de 
fiesta,  que  seria  muy  luengo  de  escribir.  Allegó  el 
Conde  de  Inglaterra  luego  en  pos  dgl  Rey  á  hacer 
recibimiento  á  la  Reyna  y  á  la  Infanta,  muy  pom- 
poso en  estraña  manera,  á  la  postre  de  todos,  arma- 
do en  blanco  á  la  guisa,  encima  de  un' caballo  cas- 
taño con  los  paramentos  fasta  el  suelo  de  seda  azul, 
y  las  orladuras  tan  anchas  como  una  mano  de  seda 
rasa  blanca,  y  todos  los  paramentos  estrellados  de 
oro  en  forrados  en  ceptí  morado  j  y  él  traía  sobre 


É  DOfíA  ISABEL.  623 

las  armas  una  ropata  francesa  de  brocado  negro 
raso,  un  sombrero  blanco  francés  con  un  plumaje, 
é  traía  en  su  brazo  izquierdo  un  broquelóte  redon- 
do é  varas  de  oro,  ó  una  cimera  muy  pomposa,  fe- 
cha do  tan  nueva  manera  que  á  todos  parecía  bien; 
é  traía  consigo  cinco  caballos  encobertados  con  sus 
pajes  encima  todos  vestidos  de  seda  y  brocado  ;  y 
venían  con  él  ciertos  gentiles  hombres  de  los  suyoa 
muy  ataviados,  é  ansi  llegó  á  facer  reverencia  y  re- 
cibimiento á  la  Reyna  y  a  la  Infanta,  é  después  fizo 
reverencia  al  Rey,  y  anduvo  un  rato  festejando  an- 
te todos  encima  de  su  caballo,  é  saltando  á  un  cabo 
é  á  otro  muy  concertadamente,  mirándolo  todos  los 
grandes  é  toda  la  jente,  é  á  todos  pareció  bien  do 
esto;  sus  Altezas  ovíeron  mucho  placer,  é  ansi  vi- 
nieron fasta  las  tiendas  reales ,  donde  los  señores 
Reyes  é  su  fija  fueron  bien  aposentados,  é  las  da- 
mas y  señoras  que  las  acompañaban  en  este  viaje, 

CAPÍTULO  LXXXI. 

De  Moclin  c  Monlcfrio,  é  Colomera.  Como  el  Rey  y  la  Reyna  IíTS 
tomaron,  6  de  las  cosas  que  allí  acaecieron. 

Después  que  fueron  hechos  los  carriles  para  lle- 
var y  subir  el  artillería  á  Moclin,  el  Rey  lo  fizo  cer- 
car y  alzó  su  real,  y  f uelo  á  poner  cerca  del,  é  fizólo 
combatir  con  las  lombardas,  é  á  los  primeros  tiros 
una  pelota  les  horadó  una  bóveda  donde  tenían  la 
pólvora,  é  ardióles  toda  á  muy  grandes  llamas,  é 
desque  los  moros  vieron  esto  diéronse  al  Marques 
Duque  de  Cádiz,  é  encomendáronse  que  les  ficiese  el 
partido  con  el  Rey,  el  qual  el  Rey  les  fizo  como  á 
los  otros  que  se  fuesen  con  lo  suyo ,  é  así  fué  he- 
cho, ó  la  Reyna  se  aposentó  dentro  en  Moclin,  é  el 
Rey  fizo  allí  su  jente  tros  partes,  la  una  fué  á  cer- 
car á  Montef  rio,  la  otra  quedó  en  guarda  del  Real, 
é  de  la  Señora  Reyna,  é  él  fué  con  la  otra  que  fué  la 
mayor  parte  de  la  gente  caballería ,  á  talar  é  correr 
la  vega  de  Granada,  en  la  qual  fizo  á  los  moros  mu- 
chos daños,  que  les  taló  los  panes  y  panizos,  oliva- 
res y  huertas,  é  fecho  esto  dio  vuelta  á  su  Real,  é 
falló  como  los  moros  de  Montefrio  se  querían  dar 
é  habían  demandado  partido  á  la  Reyna,  é  todos  los 
grandes  con  toda  la  hueste  é  artillería  asentaron  el 
Real  y  tiendas  ahí  cerca ,  en  el  qual  lugar  estuvie- 
ron quatro  ó  cinco  días,  y  el  Rey  afirmó  el  partido, 
é  envió  los  moros ,  é  tomó  la  fortaleza  é  lugar  de 
Montefrio ,  é  forníólo,  é  púsolo  á  buen  cobro,  é  re- 
dimió allí  veinte  y  seis  christianos  hombres  é  mu- 
jeres que  estaban  cautivos,  é  envió  a  requerir  á  los 
moros  de  Colomera  que  le  diesen  la  fortaleza,  é  lu- 
gar, é  ellos  lo  tuvieron  por  bien  ,  é  se  la  dieron  sin 
recibir  afrenta  ni  combate  con  temor,  é  se  fueron 
con  lo  suyo  como  los  otros ;  y  así  de  esta  entrada 
dio  Nuestro  Señor  en  manos  del  Rey  y  de  la  Reyna, 
las  sobredichas  villas  y  fortalezas,  Loja,  Illora, 
Montefrio,  Colomera ,  en  obra  de  un  mes ;  que  en 
otro  tiempo  la  menor  era  bastante  tenerse  un  año  y 
no  poderse  tomar  sino  con  hambre.  Y  con  estas 
victorias  y  honra,  el  Rey  y  la  Reyna  con  todo  su 
real  se  volvieron,  é  con  toda  su  artillería,  é  saliei 


62Í 


CEÓNICAS  DE  LOS  ílEtES  DE  CASTILLA. 


ron  por  la  villa  de  Priego ,  é  dende  por  sus  iorna- 
das  á  Córdoba  donde  ee  había  partido  de  primero; 
y  allí  el  Príncipe  Don  Juan  su  fijo  con  toda  la  Ciu- 
dad, les  salieron  á  recibir. 

CAPÍTULO  LXXXn. 

De  Velez  Málaga,  é  como  la  tomó  el  Rey. 

En  el  nombre  de  Nuestro  Redemptor  Jesuchrís- 
to,  Sábado  17  días  del  mes  de  Abril ,  año  del  naci- 
miento de  Nuestro  Redemptor  de  1487  años,  partió 
el  Rey  de  Córdoba  por  hacer  servicio  á  Dios  y 
guerra  á  los  moros  con  muy  gran  caballería,  y  con 
su  artillería  é  gente  de  todos  sus  Reynos,  é  muy  gran 
gana  é  disposición  de  pelear  con  los  moros ,  é  fué 
por  sus  jornadas  hasta  Velez  Málaga.  El  Sábado 
que  partió  de  Córdoba  era  víspera  de  Ramos ,  é  fué 
á  dormir  á  La  Rambla,  é  dende  fué  otro  día  al  rio 
de  las  Yeguas  donde  recojió  é  guardó  su  gente ,  é 
estuvo  hasta  el  Jueves  de  la  Cena,  é  dende  fué  á 
Archidona,  y  de  allí  á  Calza,  é  el  Lunes  de  Pascua 
de  Resurrección  volvió ,  y  llegó  á  Velez  Málaga, 
donde  los  moros  salieron  á  escaramucear  con  los 
christianos  con  muy  buen  esfuerzo  defendiendo  la 
villa,  é  el  Mariis  de  Pasqua  siguiente,  el  Rey  man- 
dó entrar  en  los  arrabales  por  fuerza  de  armas ;  é 
como  toda  la  gente  venia]con  ánimo  de  pelear  é  des- 
truir los  moros,  dieron  combate  por  muchas  partes, 
é  matando  é  firiendo  en  los  moros  los  desbarataron 
é  les  entraron  por  muchas  partes ,  é  tomaron  los  ar- 
rabales por  fuerza  de  armas ,  lo  qual  el  Duque  de 
Nájera  cometió  primero,  é  fizo  con  los  suyos  que 
los  moros  se  metieron  f  uyendo  en  la  villa  y  cerra- 
ron las  puertas ;  é  allí  ovieron  los  christianos  gran 
despojo  de  joyas  é  ropas,  é  arreos  de  casas  y  frutas; 
é  como  los  moros  se  vieron  todos  encerrados  en  la 
villa,  comenzaron  á  la  defender  muy  bien,  é  él  fizo 
cercar  la  villa  de  tal  manera,  que  ni  podía  entrar 
uno  ni  salir  otro.  En  este  tiempo  había  dos  reyes 
en  Granada,  como  es  dicho,  Muley  Baudíli  Alzagal, 
é  este  tenia  el  señorío  de  la  mayor  parte  de  la  Ciu- 
dad, é  Muley  su  sobrino ,  prisionero  del  Rey  de  Cas- 
tilla ;  é  los  moros  de  Granada  afincaron  su  Rey  ma- 
yor que  fuese  á  socorrer  ú  Velez,  é  ovo  de  salir  de 
Granada,  y  fué  con  mucha  gente  de  caballo,  y  de 
pié',  y  asomó  un  di  a  por  unos  cerros  altos  sobre 
Velez,  á  vista  del  real  de  los  christianos,  y  fué  que 
quiso  tomar  á  Ventomiz,  una  fortaleza  de  moros 
que  estaba  allí,  é  no  se  la  quisieron  dar  los  moros 
porque  habían  dado  la  obediencia  al  Rey  Don  i 'or- 
nando desde  el  primer  día  que  cercó  á  Velez.  Y  los 
moros,  desque  vieron  el  cerco,  esforzáronse  pensando 
ser  descercados,  é  el  Rey  moro  y  su  Consejo  envia- 
ron un  tornadizo  christiano  á  los  moros  do  Velez, 
con  cartas  que  tal  noche  á  tales  horas  hiciesen  se- 
ñas y  saliesen  de  la  villa,  é  diesen  en  las  estancias, 
é  estonce  daria  el  Rey  con  los  del  socorro  sobre  el 
real  de  los  christianos ;  el  qual  tornadizo  fué  toma- 
do de  los  guardas  del  Rey  Don  Fernando,  é  vistas 
las  cartas,  é  sabido  el  secreto  del  Rey],  hizo  poner 
gran  recaudo  en  su  real,  é  mandó  eaforcar  el  torna- 


dizo, y  el  Rey  moro  se  movió  y  abajo  fácia  el  real 
de  los  christianos  de  una  sierra  donde  estaba  con 
muy  gran  suma  de  moros  que  allí  tenía,  é  pusiéron- 
se en  una  ladera,  y  desque  vieron  que  los  de  la 
villa  no  acudían  con  el  concierto  aquella  noche,  es- 
tuviéronse allí  fasta  otro  dia,  é  el  Rey  mandó  ir  allá 
al  Marqués  Duque  de  Cádiz  con  mucha  gente  de  á 
pié  y  de  á  caballo,  é  con  muchos  robadoquínes  para 
que  les  tirasen ;  é  fueron  á  cerca  de  ellos  al  pió  de 
una  ladera  donde  estaba  un  grueso  batallón,  é  tirá- 
ronle muchos  tiros,  é  ficieron  huir  aquella  batalla, 
que  era  la  mas  cercana  de  los  christianos,  por  la 
sierra  arriba ,  que  no  pararon  fasta  encima  de  la 
sierra  donde  estaba  el  real  del  Rey  moro.  Y  desque 
los  moros  del  real  vieron  que  los  otros  iban  huyen- 
do, cayó  entre  ellos  un  temor  y  comenzáronse  de 
irá  mas  andar,  ni  el  Rey,  ni  los  caballeros  los  pu- 
dieron detener  ni  escusar  de  f  uir,  que  según  el  lugar 
donde  estaba  el  real ,  ellos  estaban  muy  seguros  ó 
muy  fuertes  para  se  defender,  y  así  ellos  mesmos 
se  desbarataron  en  f uir  y  no  defender  la  sierra ,  á 
los  quales  los  christianos  no  habían  de  cometer  por 
allí  si  ellos  estuvieran  quedos  donde  el  real  estaba. 
Y  quando  el  Marqués  y  los  caballeros,  y  gente  que 
con  él  iba,  vieron  que  ninguno  les  defendía  la  cues- 
ta, encumbraron  la  sierra  y  vieron  que  todo  el  real 
iba  f uyendo,  y  fueron  en  alcance  salvo  que  se  ha- 
llaron pocos  y  los  moros  eran  muchos.  Hallaron  in- 
finito despojo  de  armas ,  y  otras  muchas  cosas  que 
los  moros  no  pudieron  llevar,  y  volviéronse  al  real 
con  todo  aquel  despojo.  Y  los  grandes  de  Granada, 
desque  supieron  la  poca  honra  con  que  su  Rey  iba, 
cerráronle  las  puertas ,  é  no  lo  dejaron  entrar  en 
Granada,  y  dijéronle  que  no  querían  que  rey n ase 
sobre  ellos,  y  alzaron  por  Rey  al  Rey  Muley  Bau- 
díli BU  sobrino ,  que  estaba  retraído  en  el  Albaícin 
de  Granada,  é  el  otro  fuese  á  reynar  sobre  Baza  é 
Guadíx,  é  Alpujarras,  é  otras  tierras. 

El  Rey  Don  Fernando  puso  gran  recaudo  en  el 
cerco,  y  fizo  requirímiento  á  los  de  Velez  que  le 
diesen  la  villa,  pues  el  socorro  les  era  f  uido ;  é  ellos 
no  quisieron,  que  creían  que  la  gran  artillería  no 
podía  pasar  los  puertos  ni  llegar  á  Velez,  que  aun 
no  era  llegada  estonce,  é  dende  á  quatro  ó  cinco  días 
vieron  asomar  la  dicha  gran  artillería ,  é  todos  los 
cerros  é  puertos  hechos  caminos  y  carriles  llenos  do 
carretas  y  bueyes  con  las  grandes  lombardas,  y 
con  la  multitud  de  tiros  de  pólvora  ,  é  ingenios,  ó 
robadoquínes ;  é  aun  quedaba  la  memoria  de  este 
ínclito  ó  famoso  Rey  para  siempre,  por  razón  de 
aquellos  caminos  de  tantas  sierras  y  laderas,  é  puer- 
tos, é  peñas,  é  ajosinamientos  como  hizo  llanos  á 
azadón,  y  barrapala,  y  almádana,  en  toda  la  tierra 
que  ganó  á  los  moros,  que  es  cosa  increíble  á  quien 
no  ha  visto  los  pasos  por  dó  tan  gruesas  lombardas 
é  tan  grande  artillería  pasaba,  é  así  mismo  vieron 
venir  tan  gran  gente  de  guardia  con  la  dicha  arti- 
llería, que  fueron  muy  espantados  é  desmayados  ; 
é  llegó  la  artillería  y  el  Maestre  de  Alcántara  que 
fué  estonce  por  caudillo  mayor  de  ella  ;  é  los  moros 
no  osaron  aguardar  que  tirasen,  antes  demandaroa 


DON  FERNANDO 
luego  al  Rey  partido,  que  los  dejase  ir  con  sus  ha- 
ciendas, y  el  Rey  se  lo  otorgó ,  y  los  moros  entre- 
garon la  fortaleza  y  la  villa,  y  se  fueron  con  lo  que 
pudieron  llevar,  é  algunos  se  fueron  á  Granada,  6 
otros  allende,  é  algunos  al  real  para  venir  á  Casti- 
lla á  vivir,  é  á  todos  el  Rey  Don  Fernando  envió  se- 
guros, y  fizo  poner  en  salvo  en  ella,  dia  de  Santa 
Cruz,  á  tres  de  Mayo,  año  susodicho  de  1487  ;  y  es- 
taba ya  dentro  su  guión,  é  la  cruz  de  la  Santa  Cru- 
zada que  siempre  traia  en  su  hueste ,  é  el  Conde  de 
Cifuentes,  Asistente  de  Sevilla,  su  Alférez  mayor, 
que  hablan  primero  en  la  fortaleza  entrado  ;  é  reci- 
bieron al  Rey  quando  entró  en  procesión ,  é  fueron 
con  la  procesión  á  la  Mezquita  mayor  é  mas  hon- 
rada, ó  bendijéronla ,  á  ficiéronla  iglesia,  é  púsole 
e!  Rey  con  muy  gran  devoción  Santa  María  de  En- 
carnación, por  vocación.  E  luego  el  Rey  fizo  poner 
gran  recaudo  en  la  fortaleza  é  la  villa,  é  envió  por 
la  comarca  á  requerir  los  lugares  de  los  moros  que 
viniesen  á  le  dar  la  obediencia,  é  vinierónsela  á  dar 
todos  los  lugares  de  la  Axarquia  que  están  entre  la 
villa  de  Velez,  é  la  ciudad  de  Málaga.  Los  nombres 
de  algunos  de  ellos  son  los  siguientes,  de  los  que  se 
dieron  en  esta  entrada,  desque  asentó  sobre  Velez. 
Primeramente  la  villa  de 
Velez  Malaga.  Alcoche.  Nereja. 

Abentomiz.  Ahnayate.  Torronilla. 

Cantinas.  Alarroba.  Xaraba. 

Gomares.  Albaida.  Pancaxe. 

Sédala.  Atiadar.  Lacus. 

Xavales.  Alisan.  Dairaalos. 

Compata.  Aximas.  Escalera. 

Torrox.  Almohia.  Mará  é  otros. 

E  estando  el  Rey  en  Velez,  le  trajeron  los  moros 
en  presentado  á  Juan  de  Robles,  Alcayde  é  Corre- 
gidor de  Xerez,  de  Málaga,  é  fizóle  presento  de  él  el 
Alcayde  de  Málaga  que  llamaban  Albocin  Aben  Co- 
mix,  el  qual  se  lo  trujo,  é  vino  con  élá  Velez,  édejó 
por  Alcayde  á  un  su  hermano  en  el  Alcazaba,  é  pre- 
sumióse que  venían  por  parte  de  la  ciudad  á  facer 
partido  con  el  Rey,  el  qual  el  Rey  les  ficiera  en  que  no 
perdieran  nada  de  sus  bienes  muebles ;  é  como  los 
moros  son  voltarios  é  muy  livianos  en  sus  fechos, 
mientras  el  Alcayde  con  el  Rey  estaba,  juntáronse 
con  un  moro  llamado  el  Cegrí,  que  era  Alcayde  del 
Castillo  de  Gibra-alfaro,  los  cabeceras  de  la  ciu- 
dad, é  tomaron  el  Alcazaba,  é  pusieron  otro  Alcay- 
de, é  pusieron  recaudo  en  todas  las  fuerzas  de  la 
ciudad ,  é  alzáronse  por  el  Rey  viejo  Muley  Baudili 
Azagal,  lo  qual  fue  ocasión  de  su  total  y  perpetuo 
perdimiento  de  todos  los  de  Málaga,  chicóse  gran- 
des. Sacó  el  Rey  Don  Fernando  y  redimió  ciento  y 
ocho  christianos  y  christianas  cautivos,  que  estaban 
en  fierros,  é  supo  como  poco  habia,  hablan  pasado 
de  Velez  á  Almuñecar  catorce,  temiendo  lo  que  les 
vino,  que  eran  hombres  de  comunales  rescates;  é 
por  esto  el  Rey  quando  libertó  los  moros  de  la  villa 
,tomó  en  prenda  á  sus  amos,  é  túvolos  en  hierros 
¡fasta  que  lo  trujeron  los  catorce  christianos,  é  ansí 
joltó  á  los  amos ;  é  envió  el  Rey  estos  christianos 
^ue  estaban  cautivos  y  redimidos,  á  la  Reyna  su  mu- 


É  DOÑA  ISABEL.  626 

jer  á  Córdoba ,  á  los  quales  ella  mandó  recibir  con 
gran  procesión,  é  ella  los  recibió  dentro  en  la  igle- 
sia mayor,  estando  con  su  fija  la  Infanta  doña  Isa- 
bel dentro  de  la  dicha  iglesia ,  donde  los  podia  bien 
mirar ;  é  todos  pasaban  por  dó  ella  estaba  uno  á 
uno,  é  le  besaron  la  mano,  é  eso  mesmo  á  la  Infan- 
ta, é  mandólos  aposentar,  é  mandólos  dar  limosna  á 
cada  uno  un  florín  de  oro.  Pública  fama  era  en  el 
real  de  Velez  que  tenia  el  Rey  diez  mil  de  á  caballo 
é  ochenta  mil  peones.  Salió  de  Velez  con  los  moros 
vencidos  un  caballero  moro  de  Málaga,  que  llama- 
ban Mahomad  Meque,  que  tenia  su  casa,  é  mujer  é 
fijos  en  Málaga,  é  tenia  mucha  parte  en  ella ;  é  co- 
nociólo un  criado  del  Marqués  Duque  de  Cádiz,  lla- 
mado JuanlDiaz,  é  trúxolo  á  su  tienda  del  Marqués, 
é  díxole:  «Señor,  á  este  debe  V.  S.  hacer  mucha 
honra,  que  es  caballero  de  Málaga,  é  tiene  en  ella 
mucha  parte,  é  puede  en  la  toma  de  ella  aprovechar 
mucho»;  é  luego  el  Marqués  le  fizo  facer  mucha 
honra,  é  fizo  f  ablar  con  él  á  sus  adalides  en  el  caso, 
é  rogóle  que  tuviese  manera  de  facer  que  Málaga  se 
diese  al  Rey  antes  que  allá  fuesen,  pues  via  que  lo 
por  todas  maneras  no  podia  escusar,  según  via  en  el 
aparejo ;  y  el  moro  se  lo  prometió  de  lo  procurar 
con  todas  sus  fuerzas  é  maneras,  que  él  f aria  dar  la 
ciudad,  ó  ál  menos  el  castillo  de  Gibra-alfaro,  al 
Rey.  El  Marqués  díjole  al  Rey  esto  luego ,  é  el  Rey 
ovo  de  ello  placer,  é  dijo  al  Marqués:  «Duque,  yo 
dejo  en  vuestras  manos  este  concierto,  que  lo  procu- 
réis, ó  pongo  mis  tesoros  que  los  repartáis  en  el  par- 
tido de  Málaga ,  si  la  podéis  haber  en  mi  nombro, 
como  vos  quisiéredes  »  ;  é  luego  el  Marqués  con  au- 
toridad del  Rey  armó  caballero  al  moro  Mahomad 
Meque ,  é  le  dio  un  caballo  suyo,  é  sus  propias  co- 
razas, é  su  propia  lanza,  é  su  propia  adarga,  é  dio 
otro  tanto  á  otro  moro  su  compañero  é  pariente,  ó 
los  envió  á  Málaga  con  el  dicho  su  criado  Juan 
Diaz,  que  sabia  bien  la  lengua  arábiga  é  pláticas  de 
los  moros,  con  cartas  de  creencia  de  partido,  en 
que  daba  al  Cegrí,  alcaide  de  Gibra-alfaro,  porque 
entregase  al  Rey  la  fortaleza,  la  villa  de  Coin,  de 
jMo  y  heredad,  é  cuatro  mil  doblas  en  oro.  E  daba 
á  otro  capitán,  llamado  Abrahen  Cénete,  que  estaba 
en  s«  compañía  é  liga,  una  alquería,  qual  escojiese, 
é  dos  mil  doblas  en  oro.  E  daba  á  Hazan  de  Santa 
Cruz,  que  era  un  caballero  que  se  habia  criado  en 

'  Castilla,  y  habia  vivido  con  el  Marqués,  otra  alque- 
ría é  dos  mil  doblas  de  oro  ;  é  daba  á  las  gentes  de 
Gibra-alfaro  quatro  mil  doblas  de  oro,  que  repartie- 
sen en  la  ciudad ;  daba  cualquier  partido  que  de- 
mandasen, que  el  Rey  se  lo  daria  en  tal  que  deja- 
sen la  ciudad,  é  que  él  con  gente  se  fuese  ó  saliese 
á  vivir  por  las  aldeas.  E  idos  con  esta  embaxada 
entraron  en  Gibra-alfaro,  é  comunicada  la  embaja- 
da, el  alcaide  del  Cegrí,  con  quien  le  convenia,  des- 
pués de  haber  fecho  mucha  honra  á  los  mensaje- 
ros, respondió  diciendo:  «Decid  al  Sr.  Marqués,  que 
si  no  nos  hubiéramos  concertado  la  ciudad  é  nos- 
otros, que  aun  ayer  nos  acabamos  de  concertar,  que 
luego  á  la  hora  ficiéramos  lo  que  nos  manda  á  de- 
cir. Empero,  que  puea  me  oacojieron  á  mí  en  egt^ 

40 


t!EÓNICÁS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


626 

ciudad  gor  el  mejor  de  los  moros  en  ella,  é  me  en- 
tregaron la  ciudad  é  este  castillo  de  Gibra-alfaro,  é 
le  teugo  muy  bien  bastecido ,  é  la  ciudad  asimismo 
está  muy  bien  lastrada  de  todo  lo  que  es  menester, 
que  si  yo  liciese  algo  de  lo  que  me  envia  á  mandar, 
sin  ver  por  que,  me  tenia  por  el  mas  malo  é  cobarde 
moro  de  todos  los  moros.  Empero  decid  á  su  seño- 
ría, que  viniendo  el  Key  sobre  nosotros,  que  yo  le 
doy  mi  fé  al  Marqués,  que  quando  oviéremos  de  fa- 
cer partido,  é  nos  oviéremos  de  dar  al  Rey,  que  no 
f ablará  ni  fará  en  nuestro  partido  sino  él,  ni  menos 
nos  daremos  á  otro  sino  á  él ;  y  para  que  vea  su  se- 
fioría  que  yo  digo  esto,  decidle  por  señas,  que  fabló 
conmigo  ciertas  razones  quando  nos  tomaron  á 
Loja.»  E  los  mensajeros  se  partieron -con  esto  de 
noche  de  Gibra-alfaro  é  vinieron  é  lo  contaron  al 
Marqués  é  al  Eey  ;  é  el  Rey  mandó  que  volviesen 
otra  vez,  é  volvieron,  é  fallaron  muchas  guardas  de 
noche,  é  no  pudieron  entrar  de  noche  con  esta  em- 
baxada  secreta,  é  oviéranse  perdido  si  no  fueran  por 
dó  sabían  la  tierra ;  é  después  de  esto,  que  no  pudo 
ser  por  vía  secreta ,  envió  el  Marqués  de  parte  del 
Rey  por  vía  pública  á  requerir  al  Cegrí  é  cabeceras, 
que  mirasen  si  se  querian  dar  al  Rey,  que  les  faria 
buenos  partidos,  y  antes  que  moviese  el  real  para 
ir  á  ellos,  viniesen  á  darse :  donde  no,  que  podía  ser 
y  creía  que  sí  no  venían ,  y  el  real  se  movía  para 
irlos  á  cercar,  que  otro  partido  no  hubiesen,  salvo 
el  hacer  á  todos  cautivos.  E  ni  por  eso  la  dura  cer- 
viz é  soberbia  del  Cegrí  quiso  conocer  del  caso,  pen- 
sando ganar  mucha  honra. 

CAPÍTULO  LXXXIII. 
Del  cerco  de  Málaga,  é  de  las  cosas  que  en  él  acaecieron. 

Movió  el  Rey  de  Velez  su  gran  real  y  artillería 
para  ir  á  cercar  á  la  ciudad  de  Málaga,  é  llegó  allá 
un  lunes,  siete  días  del  mes  de  Mayo,  año  del  Señor 
de  1487.  E  los  moros  salieron  á  defender  que  no  se 
asentase  el  real,  peleando  muy  ferozmente  como 
hombres  muy  esforzados,  con  muchas  saetas  é  es- 
pingardas, é  escaramuzas,  como  aquellos  que  por  k) 
suyo  querían  morir  é  defenderlo  ;  é  los  chrístíaij<ps, 
como  llegaron  los  delanteros,  como  aquellos^ue 
lo  habían  gana  de  lo  facer,  que  ¿  otra  cosa  ejercitar 
no  habían  ido,  sino  á  pelear  con  los  moros ,  les  die. 
ron  tanta  prisa  por  muchas  partes. 

Aquí  á  los  primeros  encuentros  quedaron  muer- 
tos mas  de  ochenta  moros  por  entro  las  huertas,  y 
los  enterraron,  y  encerraron  los  moros  en  la  tiudad 
y  en  Gibra-alfaro,  no  sin  pérdida  de  los  christianos 
é  tomaron  las  huertas,  que  eran  pasos  fuertes,  é 
asentaron  el  real,  é  tomaron  é  pusieron  el  cerco,  á 
pesar  de  todos  los  moros;  é  tomó  el  Marqués-Duque 
de  Cádiz  las  estancias  é  parte  de  Gibra-alfaro,  don- 
de era  el  más  peligro,  que  así  lo  tenía  por  costum- 
bre, ponerse  siempre  en  los  cercos  en  el  mayor  pe- 
ligro, donde  do  necesario  hubiese  de  estar  siempre 
á  buen  recaudo.  El  Maestre  de  Alcántara  tomó  el 
otro  cabo  facía  el  poniente,  orilla  del  mar,  é  luego 
cabe  el  Maestre  de  Santiago  los  otros  Duques,  Con- 


des, Marqueses  é  grandes  señores  é  capitanes  de  las 
ciudades  de  Sevilla,  é  Córdoba,  é  Écija,  é  Xerez,  é 
de  las  otras  ciudades  de  Castilla  tenían  sus  estancias 
é  reales  cerca  unos  de  otros  en  derredor  de  la  ciudad 
de  Málaga,  por  el  cabo  de  la  tierra,  é  terminábase 
desde  el  real  é  estancia  del  Marqués-Duque  de  Cá- 
diz que  tenia  la  vera  de  la  mar.  Ansí  estaban  laa 
estancias  é  cerco  desde  el  un  cabo  de  la  mar  fasta 
el  otro.  E  el  Rey  tenia  sus  tiendas  é  gran  real  á  de 
fuera  en  el  comedio,  de  donde  podía  socorrer  á  todas 
partes  presto.  E  luego  como  llegó  sobre  Málaga,  en- 
vió á  requerir  los  Alcaydes  é  Comunidad,  que  le  die- 
sen la  ciudad,  antes  que  más  sobre  ella  se  ficiese,  y 
púsoles  término  para  ello,  diciendo  que  les  faria 
buen  partido;  é  fué  endurecido  el  corazón  del  Cegrí 
como  el  de  Faraón,  é  fizo  endurecer  con  vanas  es- 
peranzas el  corazón  del  pueblo;  é  el  Rey  lea  envió 
á  decir  y  á  amenazar,  que  si  fasta  tal  día  no  se  da- 
ban, que  les  f acia  saber  que  con  la  ayuda  de  Dios 
los  había  de  sacar  á  todos  cautivos  de  la  ciudad;  ó 
ni  por  eso  se  dieron  mucho  el  Cegrí  y  Abrahen  Cé- 
nete, alcaydes  é  capitanes  nuevos  mayores  de  lá  ciu- 
dad, é  otros  cabeceras  semejantes  de  la  ciudad,  é 
nunca  quisieron  fablar  por  entonce  en  partido,  ni 
dar  la  ciudad  al  Rey.  E  desque  esto  vido  el  Rey, 
mandó  asestar  el  artillería,  é  mandó  tirar  con  los  ro- 
badoquines,  y  con  algunos  tiros  medíanos  por  todas 
partes,  por  les  facer  mal  y  daño;  mas  la  ciudad  era 
muy  grande  é  muy  fuerte,  adarbada  y  torreada, 
é  no  le  podían  hacer  daño  mucho,  é  no  le  podían 
tirar  con  las  lombardas  grandes  por  no  dañar  la 
ciudad.  Por  el  cabo  de  la  mar  estaba  cercada  Ma- 
laga con  la  armada  del  Rey,  de  muchas  galeras 
é  naos,  é  carávelas,  en  que  había  mucha  gente  é 
muchas  armas,  é  combatían  la  ciudad  por  la  mar 
con  los  tiros  de  pólvora.  Era  una  gran  fermosura 
ver  el  real  sobre  Málaga  por  tierra  y  por  mar,  había 
una  gran  flota  de  la  armada  que  siempre  estaba  en 
el  cerco,  é  otros  muchos  navios  que  nunca  paraban 
trayendo  mantenimientos  al  real;  é  pasaron  mas  do 
treinta  días,  que  parecía  que  los  moros  no  se  les 
daba  mucho  por  el  cerco,  é  mandó  el  Rey  asestar 
siete  gruesas  lombardas,  que  se  llamaban  las  siete 
hermanas  Ximonas,  é  muchos  coartagos  é  engeños 
con  que  tiraban  algunos  tiros  de  alquitrán  por  ate- 
morizar á  los  moros  porque  se  diesen.  E  en  este 
tiempo  vino  la  Reyna  Doña  Isabel  al  real,  é  la  In- 
fanta mayor,  su  fija,  por  ver  el  real,  y  ser  en  la  toma 
de  Málaga,  é  vino  bien  acompañada  de  caballeros, 
é  dueñas,  é  damas  de  su  corte,  y  saliéronla  á  recibir 
los  Grandes  de  Castilla  que  allí  estaban,  algunos  da 
ellos,  en  especial  el  Marqués,  y  el  Maestre  de  San- 
tiago, é  después  que  llegó  cerca  del  lugar  salió  el 
Rey  á  la  recibir  muy  triunfalmente;  é  todos  los  del 
real  pensaban,  que  por  la  venida  de  la  Reyna  se 
habían  de  dar  los  moros;  y  ellos  como  personas  de 
España  é  según  los  zamoranos  en  su  tema,  esforza- 
damente salían  á  pelear  y  dar  en  las  estancias,  mu- 
chas veces  concertadamente,  mejor  que  de  primero, 
é  ninguna  mención  facían  de  entender  en  partido, 
sino  de  pelear  é  defender  su  ciudad,  ofendíendq 


DON  FERNANDO 
quanto  mas  podían,  é  recibiendo  ellos  también  mu- 
chos da508  é  muertes ;  é  de  las  salidas  que  ficieron 
á  pelear  fueron  dos  mas  de  notar  que  las  otras,  se- 
gún se  sigue. 

Salieron  un  dia  de  la  ciudad  por  el  castillo  de 
Gibra-alfaro  muchos  moros,  é  quisieron  dar  en  las 
estancias  del  Marqués -Duque,  tomando  la  gente 
segura;  el  Marqués  tenía  tal  recaudo,  que  fueron 
justamente  vistas  ya  que  estaban  fuera,  desde  la 
tienda  ó  estancia  del  Marqués;  é  había  una  estan- 
cia, la  mas  cercana  al  castillo,  que  aquella  noche 
los  escuderos  de  ella  habían  mudado  y  acercado 
bacía  Gibra-alfaro,  é  la  gente  de  ella  estaba  muy 
cansada,  que  no  habia  dormido,  ni  descansado  dos 
días  habia.  E  con  este  despecho  de  aquel  estancia 
que  se  les  acercaba,  se  creyó  que  los  moros  ordena- 
sen de  salir  á  pelear  por  allí;  é  el  estancia  del  Mar- 
qués estaba  arriba  mas  .afuera  casi  un  tiro  de  ba- 
llesta; é  el  Marqués,  como  vido  los  moros  salir,  aper- 
cibióse para  ir  allá,  é  los  moros  arremetieron  con  la 
estancia  é  dieron  en  los  christianos,  é  los  christía- 
nos  dieron  á  huir  los  de  aquella  estancia  y  de  otras 
cercanas  á  ella;  é  arremetió  á  pié  muy  bien  armado, 
dando  grandes  voces,  desque  vido  que  todos  huían, 
diciendo:  «vuelta,  hidalgos,  vuelta,  hidalgos,  que 
yo  soy  el  Marqués,  á  ellos,  á  ellos,  no  temáis»:  é  iba 
BU  bandera  ante  él.  E  desque  los  escuderos  que  huían 
vieron  al  Marqués  con  su  gente  y  bandera,  cobra- 
ron esfuerzo  é  volvieron  sobre  los  moros  é  pelearon 
muy  fuertemente  los  unos  con  los  otros,  é  la  bande- 
ra del  Marqués  en  medio  en  lo  mas  áspero  de  la  pe- 
lea, la  qual  estuvo  muy  cerca  de  ser  perdida,  si  el 
mesmo  Marqués  con  su  persona,  y  los  que  la  guar- 
daban no  los  socorriese.  En  fin,  los  moros  fueron 
vencidos  y  volvieron  fuyendo  é  se  metieron  en  Gi- 
bra-alfaro, é  fueron  de  ellos  feridos  y  muertos  mas 
de  quatrocíentos,  y  de  los  christianos  murieron  lue- 
go mas  de  treinta  hombres,  y  fueron  feridos  mas  de 
trescientos;  é  fué  ferido  el  Señor  Don  Diego  Ponce 
de  León,  de  una  saetada,  que  era  hermano  del  Mar- 
qués, y  los  moros  vencidos.  El  Marqués  fizo  proveer 
las  estancias  susodichas  cercanas  á  Gibra-alfaro,  de 
gente,  é  ballesteros,  é  espingarderos;  é  estando  allí 
en  una  de  aquellas  estancias,  los  moros  de  la  forta- 
leza tiraban  muchos  tiros  de  espingarda  allí,  y  de 
ballestas;  é  pareció  que  desde  el  castillo  lo  conocie- 
ron, é  tiraron  una  espingardada  al  Marqués,  de  la 
qual  pareció  que  Dios  milagrosamente  lo  quiso  guar- 
dar, que  le  dio  en  el  adarga  que  ante  sí  tenía  por 
medio  de  los  cordones,  é  dióle  la  pelota  en  la  barri- 
ga por  bajo  de  las  corazaBj^é  paró  en  el  sayo,  que 
ninguna  cosa  le  firió  ni  empeció.  Fué  ferido  tam- 
bién el  Señor  Don  Luis  Ponce,  su  yerno,  aquel  dia, 
é  el  alcayde  de  Utrera  Garci  Goraez  de  Sotomayor, 
é  el  alcayde  de  Atienza  y  otros  muchos  escuderos 
honrados.  Entre  los  que  murieron  é  fueron  feridos 
el  mas  daño  que  recibieron  fué  quando  dejaron  las 
estancias,  que  si  se  tuvieran  é  no  f  uyeran,  no  reci- 
bieran tanto  daño,  pues  tenían  el  socorro  tan  cerca, 
é  el  Marqués  se  lo  reputó  á  muy  mal  aquella  huida, 
é  si  no  fuera  por  su  esfuerzo,  todo  aquel  real  de  so* 


É  DOÑA  ISABEL.  G27 

bre  Gibra-alfaro  desbarataran.  En  esta  pelea  truxe- 
ron  los  moros  por  principal  capitán  á  Abrahemtreta, 
que  era  un  muy  esforzado  moro,  el  qual  allí  fué 
herido. 

CAPÍTULO  LXXXIV. 

De  como  una  noche  entraron  ciertos  moros  por  vera  de  la  mar  en 
Málaga,  y  tomaron  algunos  de  ellos;  é  el  uno  que  decían  Moro 
Santo,  é  de  lo  que  acaeció  con  él,  é  como  pensando  que  daba  al 
Rey  acuchilló  á  Don  Alvaro,  é  á  la  Bobadilla. 

Cerca  de  este  tiempo  vinieron  una  noche  á  entrar 
en  Málaga  por  la  orilla  de  la  mar  por  el  cabo  de 
Gibra-alfaro,  por  donde  estaba  el  real  del  dicho  Se- 
ñor Marqués-Duque  de  Cádiz,  ciento  y  cinqüenta 
moros,  y  fueron  sentidos  de  las  guardas,  é  prendie- 
ron la  mitad  de  ellos,  é  la  otra  mitad  se  les  entra- 
ron, porque  no  pudieron  mas,  porque  ovo  mal  re- 
caudo en  las  guardas,  que  quando  los  sintieron  iban 
ya  dentro;  é  como  era  de  noche  no  se  pudo  mas  fa- 
cer, é  todos  venían  á  pié,  ó  traían  armas  é  pólvora 
para  socorrer  é  esforzar  los  de  la  ciudad.  E  estos 
moros  que  así  tomaron,  hubo  uno  que  teniéndolo  el 
Marqués  preso,  dijo:  «Señor,  lléveme  al  Rey,  é  yo  le 
daré  orden  como  tome  á  Málaga»;  é  el  Marqués  no 
dando  crédito  á  su  decir,  no  se  daba  nada  por  él,  é 
algunos  de  los  suyos  le  aquejaron  que  lo  enviase  y 
que  ellos  irían  con  él;  é  el  Marqués  díxo,  que  lo  lle- 
vasen aquellos  que  lo  decían;  é  el  moro  ganó  de 
ellos  que  lo  llevasen  en  la  forma  que  lo  habían  to- 
mado, porque  el  Rey  le  escuchase;  é  estonce  diéronle 
su  albornoz  é  un  alfanje,  é  lleváronlo  así;  é  el  perro 
moro  llevaba  concebido  de  matar  al  Rey,  porque 
muriese  su  vida,  y  viviese  su  fama,  queriendo  pa- 
recer á  Mucio  Scevola  Romano,  que  salió  de  Roma 
por  matar  al  Rey  que  tenía  cercada  la  ciudad  de 
Sena,  é  pensando  que  mataba  al  Rey,  con  la  espada 
dio  á  otro  y  matólo,  y  maguer  preso  por  ello  se  que- 
mó el  brazo,  porque  no  mató  al  Rey  que  tenía  cer- 
cada la  ciudad.  E  los  romanos  por  esta  osadía  y 
atrevimiento  facen  de  él  gran  memoria  de  hombro 
desesperado.  O  quiso  aquel  moro  parecer  á  Fabio, 
que  se  lanzó  en  el  lago  boca  de  infierno  que  en  Ro- 
ma se  abrió,  donde  muchos  perecían  por  librar  á 
Roma,  é  libróse  por  su  perdimiento  Roma,  que  lo  sor- 
bió aquella  sima  infernal  y  cerróse,  y  contentóse 
con  aquel  que  nunca  mas  fué  visto.  Y  aquel  perro, 
como  hombre  gentílico,  pensó  asi  dar  su  vida  á  la 
muerte  por  facer  descercar  la  ciudad  y  ganar  fama 
desesperada  entre  los  moros.  Y  lleváronle  así  al 
Rey,  é  quando  llegaron  á  las  tiendas  con  él,  el  Rey 
é  la  Reyna  estaban  retraídos,  é  entráronse  con  él  en 
una  tienda,  donde  estaba  Don  Alvaro  de  Portugal, 
hermano  del  Duque  de  Berganza,  é  la  señora  Boba- 
dilla, Marquesa  de  Moya,  é  como  vido  que  les  facían 
todos  mucho  acatamiento,  como  no  entendía  la  len- 
gua castellana,  demandó  un  jarro  de  agua  por  dar 
lugar  á  su  brazo  é  alzar  el  albornoz,  é  estonce  sacó 
el  alfanje  por  debajo,  é  comenzó  de  dar  de  cuchilla- 
das á  Don  Alvaro,  é  á  la  Condesa  que  estaban  ju- 
gando tablas,  pensando  que  eran  el  Rey,  é  la  Reyna, 
y  firió  muy  mal  al  dicho  Señor  Don  Alvaro,  de  una 


628 

cuchillada  por  la  cara  é  cabeza.  E  la  Marquesa  como 
aquello  vido  se  dejó  caer  de  bruzas,  é  cortóle  de 
ciertas  cuchilladas  la  ropa ,  empero  no  la  firió,  y  si 
no  fuera  porque  cada  vez  topaba  con  el  alfanje  ar- 
riba en  la  tienda,  no  hay  duda  sino  que  los  matara. 
E  estonce  Martin  de  Lccena,  asturiano,  que  estaba 
allí,  y  Luis  Amar  de  León,  adalid  del  Marqués,  é 
Tristan  de  Eivera,  que  hablan  ido  con  él,  diéronlo 
tantas  cuchilladas  que  le  hicieron  pedazos,  é  el  Rey 
é  la  Reyná  salieron  al  alboroto  y  se  hicieron  mara- 
villados de  tal  hazaña,  y  no  quisieran  que  lo  hubie- 
ran muerto;  é  después  echáronlo  así  por  un  trabuco 
en  la  ciudad;  ó  los  moros  desque  aquello  vieron, 
mataron  un  christiano  gallego,  que  hablan  cautiva- 
do en  Velez,  quando  el  Rey  tomó  los  arrabales,  é 
cargáronlo  encima  de  un  pollino,  é  echáronlo  por 
una  puerta  afuera,  é  ansí  lo  tomaron  en  el  real  los 
christianos.  E  esto  ficieron  en  pago  del  otro  que  les 
enviaron  con  el  trabuco.  Pasaron  estas  cosas  é  otras 
muchas  é  pasó  el  mes  de  Mayo,  Junio  é  Julio,  é 
siempre  en  el  real  facían  engaños  y  escalas,  é  ficie- 
ron una  escala  real,  que  llamaron  Gra,  que  era  tan 
alta  como  una  torre,  para  el  día  que  habian  de  dar 
combate  real,  é  los  de  la  estancia  minaron,  é  el  ar- 
tillería tiraba,  é  facían  mucho  daño  en  la  ciudad,  é 
todavía  mostraban  esfuerzo  los  moros  é  salían  á  pe- 
lear muy  ferozmente,  é  faltó  la  pólvora  en  el  real,  é 
envió  el  Roy  una  galera  por  pólvora  á  Valencia,  y 
prestamente  fuá  venida  con  ella;  é  envió  al  Rey  de 
Portugal  por  pólvora  en  una  caravela,  é  también  se 
la  envió  y  vino  muy  prestamente. 

Ordenaron  muchas  veces  de  entrar  la  ciudad  por 
combate,  é  dejábanlo  de  dar  temiendo  la  muerte  de 
la  gente,  é  temiendo  comenzarlo  y  no  acabarlo,  por 
que  la  ciudad  era  muy  fuerte  é  muy  torreada,  é  de- 
cíase haber  en  ella  ocho  mil  hombres  de  pelea,  é  para 
dar  el  combate  envió  el  Rey  por  mucha  gente,  mas 
de  la  que  tenia,  é  envió  á  llamar  al  Duque  de  Medina 
Sidonia,  Conde  de  Niebla,  el  qual  vino  luego  al  real, 
con  mucha  gente  y  muchos  bastecimientos  y  mante- 
nimientos por  mar  y  por  tierra,  y  dio  en  el  real  muy 
gran  refresco  y  placer,  que  ya  la  gente  estaba  eno- 
jada en  dos  meses  y  medio  que  estaban  en  el  cerco 
y  aun  mas;  é  la  pólvora  venida,  é  el  refresco  de  la 
gente,  ordenaba  el  Rey  dar  el  combate  el  día  de 
Santiago,  é  algunos  de  los  Grandes  eran  de  opinión 
que  po  se  diese  combate,  y  todos  los  Grandes  se 
prefirieron  de  ayudar  al  Rey  con  sus  tesoros  é  fa- 
ciendas  fasta  que  por  hambre  tomase  la  ciudad,  é 
que  no  quisiese  poner  á  riesgo  el  real.  E  los  moros 
deseaban  mucho  el  combate  porque  tenían  ya  muy 
pocos  mantenimientos;  é  como  son  agoreros,  tenían 
un  moYo  que  decían  el  moro  Santo,  que  debía  ser 
algún  alf aquí,  el  qual  les  ofrecía  y  certificaba,  que 
los  montes  de  harina  que  veían  en  el  real  blan- 
queando, ellos  comerían  aquella  harina,  y  que  no 
temiesen,  que  los  del  real  les  huirían;  y  en  algo  dijo 
verdad,  que  ellos  comerían  después  de  la  harina  de 
aquellos  montones  gran  parte,  empero  estando  cau- 
tivos. E  este  moro  Santo  agorero,  había  entrado 
(juando  entró  ol  otro  desesperado  que  pensó  matar 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


al  Rey,  y  este  los  esforzaba  con  vanas  esperanzad, 
é  les  fizo  detener  tanto,  díciéndoles,  que  habian  de 
ser  descercados  é  vencedores,  que  así  le  era  á  él  re- 
velado de  Mahomad,  y  con  esto  les  facía  salir  á  pe- 
lear muchas  veces.  La  segunda  vez,  de  las  dos  que 
fueron  mas  de  notar,  que  salieron  los  moros  de  Má- 
laga á  pelear,  fué  desque  no  tenían  sino  muy  pocos 
mantenimientos;  y  salieron  una  madrugada  más  do 
mil  moros,  é  pelearon  é  dieron  en  las  estancias  ó 
gentes  del  Maestre  de  Alcántara  por  orilla  de  la 
mar,  y  mataron  y  hirieron  algunos  christianos  que 
hallaron  durmiendo  á  mal  recaudo,  é  ficieron  albo- 
roto y  rebato  en  el  real;  é  llegó  Abrehen  Senete  en- 
cima de  un  caballo  á  unos  mozuelos,  donde  pudiera 
matar  siete  ú  ocho  de  ellos,  é  volvió  el  encuentro  de 
la  lanza,  é  dióles  de  coscorrones  díciéndoles:  «andar, 
andar,  rapaces,  á  vuestras  madres»,  é  los  otros  ca- 
balleros moros,  desque  viefon  los  muchachos  ir  hu- 
yendo, comenzaron  de  reñir  con  él  porque  había 
llegado  á  ellos  é  no  los  había  matado,  é  él  les  res- 
pondió: ftno  maté  porque  no  vide  barbas»;  é  esto  le 
fué  contado  á  gran  virtud,  que  aunque  era  moro, 
fizo  virtud  como  hidalgo;  y  acudieron  al  rebato  loa 
Maestres  é  los  otros  mas  cercanos;  é  pelearon  con 
los  moros,  é  metiéronlos  á  lanzadas  por  la  ciudad,  y 
quedaron  muertos  mas  de  doscientos  moros,  que  se 
non  pudieron  valer,  é  desde  esta  vez  quedaron  los 
moros  muy  desmayados,  é  no  osaron  salir  á  pelear; 
é  como  no  tenían  que  comer,  salíanse  de  la  ciudad 
algunos  moros,  é  venían  al  real,  é  llevábanlos  al  Rey 
y  sabia  de  ellos  la  necesidad  de  la  ciudad,  y  que 
tanto  se  podrían  tener,  y  con  esto  los  del  real  so 
esforzaron. 

En  este  tiempo  vinieron  embaxadores  de  las  par- 
tes de  África  al  Rey  Don  Fernando,  con  un  presente 
en  que  le  truxeron  de  las  cosas  de  allá  que  acá  no 
hay,  y  envióle  á  suplicar,  que  se  oviese  en  la  toma 
de  aquella  ciudad  piadosamente  con  los  moros  do 
ella,  como  había  fecho  con  los  otros  de  los  otros  lu- 
gares, ciudades  é  villas  que  había  tomado;  é  envió 
á  pedir  por  merced  al  Rey,  que  le  enviase  pintadas 
sus  armas,  que  quería  ver  la  forma  de  ellas  á  saber 
qué  tales  eran.  E  el  Roy  Don  Fernando  se  las  envió 
moldadas  en  ciertos  escudetes  de  oro,  acerca  tan 
anchos  como  la  mano,  é  respondió  al  Rey  de  Treme- 
cen,  é  envió  honradamente  los  mensajeros,  é  pasó  el 
mes  do  Julio  é  parte  de  Agosto,  é  la  comunidad  de 
Málaga  recibía  mucha  pena  é  laceria  de  hambre,  y 
de  los  tiros  y  combates,  que  no  cesaban  cada  día. 
Suplicaban  á  las  cabeceras  y  al  Cegrí  que  pidieso 
partido  al  Rey,  é  el  Cegrí,  y  los  que  seguían  su  opi- 
nión era  que  matasen  las  mujeres,  niños  y  viejos, 
que  no  eran  para  pelear,  é  después  que  saliesen  pe- 
leando é  muriesen,  que  no  que  diesen  tal  honra  y 
victoria  á  los  christianos  de  darse  á  partido. 

E  desque  vido  su  locura  del  Cegrí  y  sus  sequaces, 
un  moro  muy  honrado  y  muy  rico  mercader  de  la 
ciudad,  llamado  el  Dordux,  tuvo  manera  como  ami- 
gablemente tomó  á  los  alcaides  el  Alcazaba  é  el 
castillo  de  Genoveses,  é  apoderóse  de  ellos,  que  son 
dos  fortalezas  grandes  y  muy  fuertes,  é  túvolas  al- 


DON  FERNANDO 
gunos  días,  é  ya  pasados  algunos  dias  de  Agosto, 
que  ya  no  tenían  qué  comer,  envió  al  real  á  deman- 
dar partido  en  nombre  de  todo  el  común.  E  en  este 
tiempo  el  Cegrí,  alcayde  de  Málaga,  estaba  en  Gibra- 
alfaro,  ansí  como  retraído,  que  no  entraba  en  las 
otras  fortalezas,  é  estaba  con  ál  el  ijaoro  Santo  ago- 
rero, huido  por  miedo  de  la  comunidad,  porque  lo 
querían  matar,  por  las  esperanzas  é  promesas  men- 
tirosas que  les  había  dicho.  E  el  Dordux  demanda- 
ba al  Rey  que  tomase  las  fortalezas  é  les  dejase 
mudejalmente  con  lo  suyo  en  la  ciudad,  é  salieron 
'los  farautes  con  esta  mensajería  por  las  estancias 
del  Comendador  mayor  de  León,  Gutierre  de  Cár- 
denas, Mayordomo  y  Contador  mayor  del  Rey,  é  él 
jnesmo  los  llevó  al  Rey,  é  vista  su  embaxada,  el 
Bey  ovo  de  ello  muy  grande  enojo,  y  los  mandó 
volver  á  la  ciudad,  é  les  dijo  que  les  dixesen,  que 
se  tuviesen  quanto  pudiesen,  que  con  la  ayuda  de 
Dios  muertos  ó  cautivos  los  entendía  de  sacar  todos 
de  allí;  é  con  esto  los  mensajeros  se  fueron,  é  otro 
día  la  ciudad  envió  con  sus  mensajeros  á  rogar  al 
Marqués-Duque  de  Cádiz  á  sus  tiendas,  por  la  vía 
de  Gibra-alfaro,  que  le  pedían  por  merced  hiciese 
el  partido  con  el  Rey,  é  el  Marqués  le  respondió  que 
no  podía,  pues  que  tan  al  cabo  se  liabian  dejado  lle- 
gar, é  que  se  tornasen  al  Comendador  mayor,  pues 
á  él  se  habían  primero  encomendado,  que  él  lo  tra- 
taría; é  con  esto  los  mensajeros  se  volvieron;  é  visto 
esto,  el  Dordux  é  la  Comunidad  fablaron  é  abajaron 
en  el  partido,  ó  salió  el  Dordux  mesmo,  por  donde 
primero  los  primeros  mensajeros  habían  salido,  é  el 
Comendador  mayor  los  llevó  al  Rey,  é  denunció  al 
Rey  la  embaxada  é  la  comisión  que  el  Dordux  traía 
para  el  partido,  según  el  Dordux  por  la  lengua  do 
los  que  la  sabían  al  Comendador  mayor  habían  con- 
tado; é  entendido  por  el  Rey  lo  que  pedían,  dijo  con 
gran  enojo  al  Comendador  mayor:  «Dadlos  al  dia- 
blo, que  no  los  quiero  ver,  facedlos  volver  á  la  ciu- 
dad, y  no  loa  he  de  tomar  sino  como  á  vencidos 
del  todo,  dándose  á  mi  merced»:  y  con  esto  el  Dor- 
dux y  los  que  con  él  habían  venido  se  volvieron, 
é  entrados  en  la  ciudad  mandó  el  Rey  tirar  toda 
la  artillería,  é  dieron  una  gran  grita  todos  los  del 
real,  é  tiraron  todas  las  lombardas  é  injeníos,  é  fi- 
cíeron  muchos  daños  en  la  ciudad,  é  con  Ja  res- 
puesta de  los  embaxadores  oida  por  la  comunidad, 
ovieron  en  Málaga  muy  gran  ruido  é  muy  gran  tur- 
bación, é  ficieron  las  gentes  de  ella  muy  grandes 
llantos  é  lloros,  así  los  hombres  como  las  mujeres  ó 
pequeños,  é  ya  á  este  tiempo  comían  los  caballos,  é 
asnos,  é  perros,  é  gatos;  é  comían  de  los  troncones 
de  las  palmas  altas  molidos  hechos  pan,  é  muchos 
de  los  que  comían  aquel  pan  desque  bebían  el  agua 
sobre  ello  morían,  é  ansí  murieron  muchos,  que  se 
hinchaban  con  ello  é  morían ;  é  llegaron  á  tanta  ne- 
cesidad antes  que  se  diesen,  que  se  murieron  de 
hambre  muchos.  E  vistas  las  respuestas  del  Rey, 
entraron  en  su  cabildo  y  ordenaron  de  se  dar  á  mer- 
ced del  Rey  é  de  la  Reyna,  pues  que  ya  no  podía  ser 
de  otra  manera;  é  ficieron  la  siguiente  carta,  con  la 
qual  el  Dordux  volvió  al  Comendador  mayor,  é  lo 


E  DOÑA  ISABEL.  629 

llevó  al  Rey  ó  dio  por  él  la  carta  al  Rey  é  á  la 
Reyna ,  y  es  la  siguiente : 

«  Alabado  Dios  Poderoso. 

«Nuestros  Señores  Reyes,  el  Rey  y  la  Reyna,  ma" 
yores  que  todos  los  Reyes ,  é  que  todos  los  Prínci- 
pes ,  ensálcelos  Dios ;  encomendándose  en  la  gran- 
deza de  vuestro  estado ,  é  besando  la  tierra  debajo 
de  vuestros  pies ,  vuestros  servidores  y  esclavos  loa 
de  Málaga,  grandes  y  pequeños,  remedíelos  Dios, 
Después  de  esto  los  servidores  vuestros  suplicamos 
á  vuestro  estado  real ,  que  nos  remedie  como  con- 
viene hacer  á  vuestra  grandeza ,  habiendo  piedad  y 
misericordia  de  nos,  según  á  vuestro  real  estado 
conviene,  y  según  ficieron  vuestros  antepasados,  ó 
vuestros  abuelos  los  Reyes  grandes  é  poderosos.  Ya 
habéis  sabido,  ensálcevos  Dios,  como  Córdoba  fué 
cercada  gran  tiempo  fasta  que  se  tomó  la  mitad,  é 
quedaron  los  moros  en  la  otra  mitad  fasta  que  aca- 
baron todo  el  pan  que  tenían ,  é  fueron  estrechados 
mas  que  nosotros  ;  y  después  suplicaron  al  gran  Rey 
vuestro  abuelo,  é  rogáronle  que  los  asegurase,  é 
asegurólos ,  é  recibióles  sus  suplicaciones ,  é  oyó  su 
fabla,  y  perdonóles,  é  dióles  todo  lo  que  tenían  en 
su  poder,  así  facienda,  como  joyas,  ó  ganó  la  gran, 
fama  fasta  el  día  del  juicio.  Ansimesmo  en  Ante- 
quera con  vuestro  abuelo,  el  grande,  esforzado  y 
nombrado  Infante,  que  la  cercó  seis  meses  y  medio 
y  tomó  la  ciudad  y  quedó  el  Alcazaba  obra  de  seis 
meses,  fasta  que  se  les  acabó  el  agua,  y  estonces  le 
suplicaron  é  echaron  á  su  favor,  ó  le  demandaron 
que  les  asegurase  para  que  saliesen,  é  recibió  sus 
suplicaciones,  ó  sacóles,  é  dióles  todos  sus  bienes  é 
mercaderías,  é  quedó  su  fama  é  el  bien  que  fizo 
fasta  el  día  del  juicio,  perdónelo  Dios,  y  á  vosr 
otros  ensálcevos  Dios,  nuestros  señores  Reyes,  mas 
honrados  que  todos  los  Reyes  é  Príncipes.  Pública 
es  vuestra  buena  fama,  é  vuestro  favor,  é  vuestra 
honra,  é  vuestra  piedad,  é  ha  parecido  con  las  gen- 
tes que  se  dieron  antes  que  nosotros ;  ha  ido  vues- 
tra buena  fama  á  allende  é  aquende  entre  los  chrís- 
tianos  é  entre  los  moros ;  y  nosotros  vuestros  servi- 
dores y  esclavos,  bien  conocemos  vuestro  yerro,  y 
nos  ponemos  en  vuestras  manos ,  é  echamos  nues- 
tras personas  á  vuestra  merced.  Suplicámosvos, 
nos  aseguréis  é  libréis  en  ahorras  nuestras  personas, 
é  nos  otorguéis  esto  como  parecerá  al  seguro  é  hon- 
ra que  está  con  vos  señores  de  poder.  Nosotros  es- 
tamos degollados  en  vuestro  favor,  ó  nos  metemos 
só  vuestro  amparo  ;  faced  con  vuestros  siervos  como 
conviene  á  V.  A.  y  Dios  Poderoso  ponga  en  vuestra 
voluntad ,  que  lo  fagáis  bien  con  vuestros  siervos. 
Pues  ensálcevos  Dios  mayores  que  los  Reyes  ó  Prín- 
cipes ,  é  no  plegué  á  Dios  que  fagáis  con  nosotros 
sino  lo  que  conviniere  á  la  vuestra  grandeza  é  hon- 
ra de  toda  virtud ;  esto  es  lo  que  suplicamos  á 
V.  A.  é  pedímos  vuestros  siervos :  en  manos  da 
VV.  AA.  nos  ponemos.  Dios  Poderoso  acredite  el 
ensalzamiento  de  VV.  AA.» 

Y  luego  respondió  el  Rey : 

«YO  EL  REY. 

))  Qoncejo  é  viejos  é  vecino»  4©  la  ciudad  de  Má" 


630 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


]aga:  vi  vuestra  carta,  por  la  qual  me  enviades  á 
facer  saber,  que  me  queriedes  entregar  esa  ciudad 
con  todo  lo  que  en  ella  estaba,  y  que  vos  dejase 
vuestras  personas  libres  ir  á  donde  quisiérades ;  y 
esa  suplicación  si  la  ficiérades  al  tiempo  que  os  en- 
vié á  requerir  desde  Velez-Málaga,  ó  luego  que  aquí 
sentó  el  real ,  pareciera  que  con  voluntad  de  mi  ser- 
vicio 08  movíades  á  ello,  estonces  oviera  placer  de 
lo  facer ;  pero  visto  que  habéis  esperado  fasta  lo 
postrimero  que  os  podéis  detener,  á  mi  servicio  no 
cumple  os  recibir  do  otra  manera,  §alvo  dándoos  á 
mi  merced,  como  determinadamente  os  lo  he  envia- 
do á  decir  con  vuestros  mensajeros ;  y  este  es  muy 
menor  mconveniente  que  no  haber  de  esperar  mas, 
eegua  el  estado  en  que  estáis. » 

CAPÍTULO  LXXXV. 
Como  se  dio  Málaga. 

Vista  esta  respuesta  por  los  moros  de  Málaga,  el 
Dordux,  antes  que  entregase  las  fortalezas,  fué  é 
vino  muchas  veces  á  el  Rey  é  á  la  Reyna,  é  ganó, 
que  puesto  caso  que  todos  los  moros  fuesen  escla- 
vos, empero  que  el  Rey  les  asegurase  la  vida  á  to- 
dos, é  fuéle  otorgado.  Mas  ganó,  con  ayuda  de  rue- 
gos de  caballeros ,  perdón  para  si ,  y  para  quarenta 
casas  de  sus  parientes,  que  quedasen  libres  é  francos 
en  la  ciudad  con  todo  lo  suyo  por  mudejares ;  y  así 
le  fué  concedido,  é  quedaron.  En  esto  así  concerta- 
do ,  luego  el  Dordux  entregó  al  Rey  las  fortalezas 
é  torres,  é  aljimas ,  é  sobre  puertas  de  la  ciudad ,  de- 
jando á  Gibra-alf  aro ,  que  lo  tenia  el  Cegrí.  É  el  Rey 
mandó  á  pregonar,  que  qualquiora  que  tomase  cosa 
de  los  moros  ó  les  faciese  desaguisado ,  muriese  por 
ello,  é  envió  su  guión  é  la  cruz  de  la  Cruzada ,  é  el 
pendón  de  las  hermandades ,  acompañados  de  mu- 
chos caballeros  é  muy  armados,  después  de  haber 
tomado  rehenes  del  Dordux ,  á  tomar  las  fortalezas 
de  Málaga.  E  desque  vido ,  empinados  sobre  las  mas 
altas  torres  su  gente  señorear  las  fuerzas  de  la  ciu- 
dad, dio  muchas  gracias  al  Señor  nuestro  Dios  y 
agradecióle  mucho  la  victoria  grande  que  allí  le  ha- 
bia  dado.  E  la  Reyna  é  la  Infanta,  con  sus  dueñas  é 
damas  é  toda  la  campaña  real,  hincadas  de  rodillas 
en  tierra,  presentaron  á  nuestro  Señor  é  á  la  Vírjen 
Santa  María  gloriosísima  muchas  oraciones  y  ala- 
banzas, y  al  Apóstol  Santiago.  E  eso  mesmo  hicie- 
ron todos  los  devotos  christianos  del  real.  E  los 
Obispos  é  clerecía  que  allí  se  hallaron,  cantaron  Te 
Deum  laudamus  é  Gloria  in  excelsis  Deo.   i 

Fué  este  dia  que  la  ciudad  se  entregó  Sábado  18 
dias  andados  del  mes  de  Agosto,  año  susodicho  de 
nuestro  Señor  Jesuchristo  de  1487  años.  Habia  esta- 
do cercada  desde  siete  dias  andados  de  Mayo  ;  ansí 
el  Rey  la  tuvo  cercada  tres  meses  é  once  dias,  fasta 
que  la  entregaron  como  dicho  es.  E  luego  el  Rey 
mandó  á  pregonar  por  toda  la  ciudad  entre  los  mo- 
ros, que  cada  uno  con  lo  suyo  estuviesen  seguros 
en  BUS  casas,  é  fizo  entre  ellos  poner  muy  grandes 
guardas  por  las  calles  é  puertas,  porque  ninguno  no 
60  fuese,  ni  ninguno  los  agraviase,  ni  los  enojase, 


ni  tomase  lo  que  tenían.  É  luego  demandó  los  cau- 
tivos christianos  que  en  Málaga  estaban ,  é  fizo  po- 
ner una  tienda  cerca  de  la  puerta  de  Granada,  don- 
de él  é  la  Reyna  ó  la  Infanta,  su  fija,  los  recibieron, 
y  fueron  entre  hombres  y  mujeres  los  que  allí  lo» 
moros  les  trajeron  fasta  seiscientas  personas;  é  ala 
puerta  por  dó  salieron  estaban  muchas  personas  con 
cruces  é  pendones  del  real,  é  fueron  en  procesión 
con  ellos  fasta  donde  estaba  el  Rey  y  la  Reyna  aten- 
diéndolos. E  llegando  donde  SS.  AA.  estaban,  todo» 
se  humillaban  é  caían  por  el  suelo,  é  les  querían  be- 
sar los  pies,  é  ellos  no  lo  consentían,  mas  dábanles 
las  manos,  é  cuantos  los  veian  daban  loores  á  Dios, 
é  lloraban  con  ellos  con  alegría ;  los  quales  salieron 
tan  flacos  y  amarillos  con  la  gran  hambre,  que  que- 
rían perecer  todos ,  con  los  hierros ,  é  adovones  á  los 
pies ,  é  los  cuellos  é  barbas  muy  cumplidos.  É  des- 
que besaron  los  pies  al  Rey  y  ala  Reyna,  loaron  to- 
dos á  Dios  mucho,  rogándole  por  la  vida  y  acrecen- 
tamiento de  SS.  AA.  É  luego  el  Rey  les  mandó  dar 
de  comer  é  de  beber,  é  les  mandó  desherrar,  é  los 
mandaron  vestir  é  dar  limosnas ,  para  despensa  de 
cada  uno  donde  quisiese  ir ,  y  así  fué  fecho  y  cum- 
plido. É  en  estos  cautivos  habia  personas  de  gran- 
des rescates  que  estaban  rescatados ;  é  habia  perso- 
nas que  habia  diez  é  quince  é  veinte  años  que  es- 
taban cautivos,  é  otros  menos. 

E  desque  el  Cegrí ,  Alcayde  do  Gibra-alf  aro,  vido 
la  ciudad  tomada,  demandó  partido,  é  el  Rey  no  le 
quiso  dar  otro  sino  como  al  común  de  Málaga,  é  en- 
tregó la  fortaleza  dos  dias  después  que  Málaga  se 
entregó.  E  luego  el  Rey  mandó  tomar  todas  las  ar- 
mas á  los  moros  é  metiéronlas  en  la  Alcazaba,  ansí 
defensivas  como  ofensivas.  Y  así  el  Rey  é  la  Reyna 
fueron  señores  de  Málaga,  é  la  tomaron  con  todos 
los  moros. 

capítulo  LXXXVI. 

De  como  se  dieron  Mijas  y  Osuna. 

Dos  fuertes  lugares  é  fortalezas ,  que  estaban  en- 
tre Málaga  é  Fonjirola,  que  llaman  al  uno  Mijas,  é 
á  otro  Osuna,  que  no  se  quisieron  dar  en  todo  el 
tiempo  del  cerco  de  Málaga ,  é  siempre  el  Rey  tuvo 
guarnición  sobre  ellos,  tomada  Málaga  fueron  re- 
queridos, é  pensando  que  los  de  Málaga  habían  he- 
cho buen  partido,  diéronse  al  partido  de  los  de  Má- 
laga ,  é  entregaron  las  fortalezas ,  é  el  Rey  envió  las 
galeras  de  la  armada  por  la  gente  de  ellos,  en  que 
trujeron  ochocientas  personas  con  sus  haciendas 
muebles,  é  quando  se  hallaron  en  Málaga  todos  á  su 
partido ,  halláronse  todos  cautivos  perdidos.  É  de 
estos,  é  de  los  que  se  hallaron  en  Málaga  huéspe- 
des ,  que  entraron  á  defender  la  ciudad ,  que  no  eran 
naturales  ni  vecinos,  repartió  el  Rey  por  los  caba- 
lleros é  les  dio  á  cada  según  quien  era ;  á  los  Duques 
cien  moros  á  cada  uno ,  é  al  Maestre  de  Santiago 
cien  moros;  y  á  los  Condes  y  demás  señores  cin- 
quenta,  é  á  otros  mas,  é  á  otros  menos;  é  fizo  pre- 
sente de  ellos  al  Rey  de  Ñapóles  y  al  Rey  de  Portu- 
gal ;  é  envió  al  Papa  Inocencio  VIII,  que  ímperab» 


DON  FERNANDO  t  D05ÍA  ISABEL. 


estonces  en  Roma,  cien  moroB  empresentados ,  los 
quales  el  Papa  recibió  é  hizo  traer  en  procesión  por 
toda  Roma,  por  cosa  hazañosa,  en  memoria  de  la 
victoria  de  los  christianos,  á  los  quales  hizo  con- 
vertir é  volverse  christianos,  y  allí  se  remembraron 
las  victorias  romanas,  que  los  claros  varones  de 
Roma  hicieron,  en  especial  los  Escipiones,  é  Lucios 
Metelius,  Fabius,  Quintius,  Publiua,  Lucius,  Syla, 
Marius,  Gayus,  Pompeyus,  Marcelus ,  Julius  César, 
é  otros  muchos  que  por  Roma  conquistaron  por  di- 
versas partes  del  mundo.  E  cuando  venían  con  las 
victorias  ó  enviaban  las  cabalgadas  que  habían,  era 
la  ciudad  toda  conmovida  á  los  recibir,  y  ver.  Así 
por  ver  aquella  parte  de  la  cabalgada,  que  el  Rey 
Don  Fernando  envió  en  Roma  al  Santo  Padre,  de  la 
victoria  que  Dios  le  dio  de  la  ciudad  de  Málaga  é 
BU  tierra,  la  ciudad  de  Roma  fué  conmovida  toda  á 
lo  ver ,  y  el  Santo  Padre  se  lo  agradeció  mucho ,  é 
fizo  facer  plegarias  é  conmemoraciones  muchas  á 
Dios  nuestro  Señor  por  él. 

Antes  que  el  Rey  se  partiese  de  Málaga,  quitó  á 
todos  los  moros  mudejares  de  la  Sierra  sus  vasa- 
llos, las  armas  todas  ofensivas  y  defensivas. 

Había  en  Málaga  al  tiempo  que  el  Rey  la  tomó 
quatrocíentas  cinqüenta  personas,  judíos  é  judías 
moriscos,  chicos  é  grandes.  Estos  rescatólos  un  ju- 
dío de  Castilla,  llamado  Abrahan  Señor,  arrendador 
é  facedor  mayor  de  las  rentas  del  Rey,  en  fiducia, 
de  las  alhamas  é  juderías  de  Castilla;  los  quales  res- 
cató por  veinte  mil  doblas  jayenes,  á  pagar  en  cier- 
to tiempo ,  y  apartáronlos  luego  de  los  moros,  é  to- 
máronles todas  sus  buenas  alhajas ,  é  joyas ,  é  do- 
blas, é  monedas  que  tenían  á  todos  para  en  cuenta 
del  rescate ;  é  ficieron  líos  las  cosas  de  cada  casa  so- 
bre sí,  é  sellaron  los  líos  y  escribieron  en  cada  uno 
cuyo  era,  é  todo  el  rescate  ficieron  junto,  é  ansí 
para  ello  ficieron  común  todo  lo  que  tenían ,  puesto 
caso  que  unos  tenían  mucho  é  otros  poco,  é  el  dicho 
judío  tomó  el  rescate  á  su  cargo. 

CAPÍTULO  LXXXVIL 

De  la  manera  que  se  tuvo  con  los  moros  de  Málaga,  é  con  sus  bie- 
nes ,  é  como  vinieron  cautivos,  é  de  los  judíos,  é  de  las  cosas 
del  cerco  de  Málaga. 

Los  moros  de  Málaga  suplicaren  al  Rey,  luego 
como  entregaron  las  fortalezas,  que  les  mandase 
dar  pan  por  sus  dineros ,  que  se  morían  de  hambre, 
y  el  Rey  les  mandó  dar  pan  y  harina  de  los  monto- 
nes que  ellos  miraban  que  estaban  en  el  real»,  que  el 
moro  Santo  les  certificaba  que  comerían  ;  é  aqui  se 
cumplieron  sus  agüeros,  en  que  dijo  verdad,  que 
comerían  de  aquella  harina,  y  asi  la  comieron,  em- 
pero cautivos. 

Suplicaron  eso  mesmo  al  Rey  y  á  la  Reyna  que, 
pues  eran  sus  cautivos ,  los  quisiesen  rescatar ;  é  sus 
Altezas  mandaron  entender  en  ello  en  sus  Consejos. 
E  visto  sobre  ello  ficieron  entender  al  Rey,  que  era 
mejor  rescatarlos,  é  tomarles  en  qüenta  sus  bienes 
muebles,  é  oro,  é  plata,  que  ííb  sacarlos  remota- 
paente  que  supiesen  ellos  que  iban  cautivos  sin  re- 


63Í 

medio ;  porque  esconderían  é  echarían  en  pozos  su 
oro ,  é  plata  é  aljófar ,  é  joyas ;  é  el  Rey  tuvo  á  bien 
de  los  rescatar ;  é  el  concierto  del  rescate  fué  de  esta 
manera :  Que  le  dieran  por  todos  los  que  aquel  dia 
se  hallaron  vivos,  así  chicos  como  grandes,  á  trein* 
►  ta  doblas  jayenes  por  cada  uno  varones  é  mujeres, 
chicos  é  grandes ,  é  que  diesen  luego  en  señal  todo 
el  oro,  é  plata,  é  aljófar,  é  ropa,  é  alhajas,  é  seda,  é 
riquezas,  apreciado  todo  en  su  valor,  é  que  por  lo 
restante  aguardase  el  Rey  ocho  meses  ó  poco  mas 
tiempo ,  y  que  el  rescate  fuese  en  todos  á  voz  da 
uno  enmancomunados,  é  que  por  los  que  estonce 
eran  vivos,  aunque  después  se  muriesen,  sepagaso 
como  por  los  otros ;  y  que  si  no  cumpliesen  el  res- 
cate en  los  ocho  meses,  ó  tiempo  aceptado,  que  fue- 
sen esclavos,  y  que  por  tales  los  pudiesen  vender  é 
facer  de  ellos  lo  que  quisiesen,  é  que  si  al  dicho 
plazo  pagasen  el  rescate  é  lo  cumpliesen  todo,  qua 
fuesen  libres  donde  quisiesen.  É  desque  este  parti- 
do plugo  á  los  moros ,  como  ningún  remedio  tuvie- 
sen ,  pensaron  poder  cumplir  y  salvarse  por  esta 
vía  ;  é  ansí  fué  celebrado  é  concertado  el  concierto 
del  rescate.  É  el  Comendador  mayor  Gutierre  de 
Cárdenas,  fizo  por  parte  del  Rey  los  contratos  de 
esto  con  ellos,  é  con  condición ,  que  viniesen  todos 
presos  á  Castilla ,  salvo  los  que  habían  de  procurar 
el  rescate  allende  y  aquende.  E  esto  hecho ,  y  asen- 
tados contadores  é  diputados  para  ello,  con  muy 
gran  recaudo,  los  llamaron  por  los  barrios,  é  colla- 
ciones, é  casas,  é  á  cada  casa  sobre  sí  con  todas  las 
personas  é  haciendas ,  é  como  venían  escribían 
cuantos  eran,  é  como  les  llamaban  á  cada  uno,  es- 
cribían sus  bienes,  é  facienda,  é  facían  los  líos  ó 
sellábanlos ,  é  escribían  encima  cuyos  eran ,  é  man- 
dábanlos ir  con  ello  cada  uno  con  lo  suyo  al  corral 
de  Málaga,  salvo  el  oro  é  plata,  é  doblas  que  les  to- 
maban luego,  é  el  aljófar,  perlas,  é  corales,  é  pie- 
dras preciosas,  é  manillas,  é  ahorcas,  y  al  salir 
buscábanlos  á  todos  y  á  todas  en  tal  manera  y  tan 
sagaz,  que  no  pudieran  esconder  ninguna  cosa,  ni 
sabían  los  unos  de  los  otros  si  los  buscaban ;  y  por 
esta  arte  ovo  el  Rey  Don  Fernando  todos  los  teso- 
ros é  riquezas  de  Málaga ;  y  ansí  los  sacaron  de  sus 
casas  por  qüenta  extremados  ó  contados,  como  quien 
extrema  ovejas,  á  los  que  si  con  tiempo  al  Rey  sq 
dieran,  fueran  libres  con  todo  lo  suyo,  y  aun  reci- 
bieran mercedes ;  mas  parece  que  nuestro  Señor  di6 
lugar  que  asi  sus  corazones  fuesen  endurecidos, 
como  Faraón  con  sus  ejipcíos  cuando  fatigaban  el 
pueblo  de  Dios,  porque  fuese  vengado  en  ellos  el 
derramamiento  de  sangre  de  los  christianos,  que 
los  moros  de  aquella  ciudad  habían,  desde  el  tiem- 
po del  Rey  Don  Rodrigo ,  é  el  estrago  y  perdimien- 
to de  los  que  por  allí  habían  pasado  allende  y  se 
habían  perdido  ;  así  ellos  se  ovieron  de  perder  total- 
mente, é  allí  donde  ellos  acorralaron  los  christianos, 
de  la  gran  cabalgada  que  hicieron  de  la  Axarquía 
el  año  de  1483,  é  donde  por  costumbre  tenían  de 
meter  la  cabalgada  de  christianos  que  traian  cauti- 
vos, para  los  partir  ó  vender,  allí  fueron  ellos  metí- 
dos  y  acorralado^  eu  aquel  corral,  ó  acorralado»  é 


ft32 


CRÓNIOÁS  DS  LOS  REYES  DE  CASTILLA: 


contados,  ¿cautivos  é  vendidos;  ó  alli  apartaron  los 
gandules  de  los  naturales,  é  vendieron,  é  estuvie- 
ron alli  en  aquel'corral  hasta  que  dieron  forma  de 
los  llevar  á  Castilla,  los  quales  trujeron  por  mar  á 
Castilla  en  las  galeras  é  navios  de  la  armada  fasta 
Sevilla,  é  otros  muchos  por  tierra,  é  repartiéronlos 
por  las  ciudades,  é  villas,  é  lugares  por  casas  délos 
vecinos,  á  cada  uno  uno,  ó  dos,  é  que  les  diesen  de 
comer  é  se  sirviesen  de  ellos,  fasta  cumplido  el 
tiempo  en  que  hablan  de  pagar  todo  el  cumpli- 
miento del  resgate.  Nunca  pude  saber  quantas  áni- 
mas fueron  las  del  resgate,  empero  la  ciudad  era 
de  mas  de  tres  mil  yecinos ;  por  aqui  podréis  en- 
tender quantas  ánimas  habria  poco  mas  ó  menos, 
que  yo  creo  que  pasaban  de  once  mil  ánimas  :  Aun- 
que algunos  de  ellos  vinieron  por  la  tierra,  la  ma- 
yor parte  vinieron  en  los  navios,  é  se  repartieron 
en  Xerez  é  en  Sevilla,  como  dicho  es,  é  en  su  tierra. 

É  después  pasó  el  tiempo  é  no  pudieron  cumplir 
el  resto  del  rescate,  y  quedaron  todos  cautivos  del 
Key  é  de  la  Reyna. 

Los  judios  partieron  postreros  de  Málaga  en  dos 
galeras  de  la  armada,  y  echáronlos  en  el  Bodegón 
del  Rubio ,  é  allí  los  dieron  por  qüenta  en  primero 
dia  del  mes  de  Octubre  del  dicho  año ,  ó  fallaron 
quatrocientas  cinqüenta  ánimas ,  las  mas  eran  mu- 
jeres en  la  lengua  arábiga ,  é  vestían  á  la  morisca. 

El  Rey,  antes  que  partiese  de  Málaga,  fizo  ado- 
bar lo  derribado  ,  é  dio  vecindad  á  muchos  vecinos 
que  la  venian  demandando ;  dejó  sus  guarniciones, 
é  puso  por  alcaide  é  justicia  mayor  á  Don  Manri- 
que ,  de  Málaga  é  toda  su  tierra ,  é  puso  sus  alcai- 
des en  Mi  jas,  é  Osuna,  é  en  todas  las  otras  fortale- 
zas que  ganó  de  esta  entrada.  Las  cosas  del  cerco  do 
Málaga  no  hay  quien  contarlas  todas  pueda. 

El  Rey  tenia  cruces  y  campanas ,  con  lo  qual  les 
daba  muy  mal  solaz  álos  moros,  que  continuamen- 
te velan  la  cruz ,  é  oian  las  campanas  tañer  á  todas 
las  horas  y  repicar  á  todos  los  rebatos,  desde  la  pri- 
mera fortificación  que  ganó ,  que  á  la  hora  siempre 
llevaba  el  Rey  campanas  en  sus  huestes  y  reales;  y 
al  comienzo  les  decian  los  moros :  ¿  cómo ,  no  tienes 
las  vacas,  y  traes  los  cencerros?  las  quales  campa- 
nas andaban  con  el  artillería ,  y  do  allí  se  repartían 
por  el  real.  Al  comienzo  de  esta  santa  guerra,  el 
Papa  Sixto  le  dio  cruz  por  estandarte,  é  dejó  en  las 
iglesias,  que  de  mezquitas  se  consagraron  en  igle- 
Bias  en  Málaga,  mas  do  quarenta  campanas  grandes 
é  muy  hermosas,  é  en  los  lugares  que  se  ganaron 
de  esta  entrada.  Fué  el  real  de  Málaga  muy  'baste- 
cido de  todas  las  cosas,  salvo  de  paja  para  las  bes- 
tias é  caballos ,  que  ovo  mucha  mengua :  porque  no 
80  encareciese  el  pan  en  el  real ,  que  aquel  año  no 
Bo  cojió  muy  sobrado  ,  puso  el  Rey  tasa  por  quatro 
años ,  al  trigo  á  quatro  reales,  é  la  cebada  á  dos  rea- 
les; é  húbose  é  mantúvose.  Había  en  el  real  de  Má- 
laga muchos  clérigos  é  frailes  de  todas  órdenes,  que 
decian  misas ,  é  predicaban  por  todo  el  real ,  así  á  los 
sanos  como  á  los  enfermos,  é  absolvían  plenaria- 
mente á  todos  por  virtud  de  la  Santa  Cruzada ; 
liUende  de  los  clérigos,  de  los  cantores  de  la  capilla 


del  Rey  é  de  la  Reyna ,  ó  do  otras  capillas  de  Gran- 
des, que  asi  era  honrado  el  culto  divino  en  aquel 
real  como  en  una  muy  gran  ciudad,  y  asi  parecía 
que  lo  ordenaba  Dios  con  infinitas  músicas  y  canto- 
res. Habia  un  hospital  muy  grande  ,  de  tiendas  que 
el  Rey  mandó  facer ,  donde  todos  los  enfermos  ó  he- 
ridos eran  curados  é  mantenidos  á  costa  del  Rey, 
así  de  heridas  de  los  moros ,  como  de  qualesquier 
enfermedades  que  enfermaban.  Habia  físicos  y  ci- 
rujanos cuantos  eran  menester,  que  los  curaban. 

CAPÍTULO  LXXXVni. 

Como  esluvieroa  en  el  cerco  de  Málaga  la  flor  de  Grandes 
y  caballeros  de  Castilla. 

Los  nombres  de  los  Grandes  de  Castilla  que  se 
hallaron  presentes  en  la  dicha  victoria,  no  es  razón 
que  queden  en  silencio,  pues  que  ovieron  parte  de 
la  gloria  de  ella,  é  fueron  victoriosos  sirviendo  á  su 
Rey;  fueron  los  siguientes : 

Primeramente  el  Cardenal  de  España ,  Arzobispo 
do  Toledo,  Don  Pedro  González  de  Mendoza,  quo 
vino  con  la  Reyna  al  medio  tiempo  del  cerco,  c  al- 
gunos Obispos. 

El  Maestre  de  Santiago,  Don  Alonso  de  Cárdenas. 

El  Maestro  de  Alcántara,  Don  Juan  de  Estúñiga. 

El  Maestre  de  Calatrava ,  Don  Juan  García  do 
Padilla,  no  vino  á  esta  ni  á  la  de  Ronda,  porque 
quedaba  siempre  en  la  frontera  de  Granada  para 
guarda  de  la  tierra. 

El  Marqués-Duque  de  Cádiz,  Don  Rodrigo  Pone© 
de  León. 

El  Duque  de  Medina-Sidonia ,  Conde  de  Niebla, 
Don  Henrique  de  Guzman,  que  vino  en  medio  tiem- 
po del  cerco  con  muchos  mantenimientos  y  gente 
de  refresco. 

El  Duque  de  Nájera,  Conde  de  Treviño,  Don  Po- 
dro Manrique. 

El  Duque  de  Escalona,  Marqués  de  Villena,  Don 
Juan  Pacheco. 

El  Coride  de  Benavente,  Don  Juan  Pimentel. 

El  fijo  del  Duque  de  Alva,  Don  Fadrique  de  Toledo. 

El  Conde  de  Cabra,  Mariscal  de  Baena,  Don  Die- 
go Fernandez  de  Córdoba. 

El  Conde  de  Feria,  Don  Gómez  Suarez  de  Fi- 
gueroa. 

El  Conde  de  Ureña,  Don  Alvaro  Tellez  Girón. 

El  Conde  de  Cifuentes,  Don  Juan  de  Silva. 

El  Adelantado  de  Andalucía  Don  Fadrique  En- 
riquez.» 

El  Señor  de  la  Casa  de  Aguílar,  Don  Alonso  Fer- 
nandez de  Córdoba. 

Don  Pedro  Puerto  carrero.  Señor  de  Moguer. 

Don  Luis  Puertocarrero,  Señor  de  Palma. 

El  Comendador  mayor  de  León,  Don  Gutierre  do 
Cárdenas. 

El  Conde  de  Miranda. 

El  Conde  de  Ribadeo. 

El  Adelantado  de  Murcia ,  Don  Juan  Chacón ,  ó 
otros  muchos  Caballeros,  Condes  y  Señores,  que  sq- 
ria  luengo  de  escribir. 


DON  FERNANDO 
'    El    Condestable  de  Castilla  no    vino   acá    esta 
vez ,  empero  vino  su  hijo  Don  Bernardino  con  su 
gente. 

El  Duque  de  Alburquerque  no  vino,  pero  vino  su 
fijo  con  su  gente,  en  manera  que  de  todos  los  Ca- 
balleros de  Castilla,  ó  de  la  mayor  parte  de  ellos,  el 
Eey  y  la  Reyna  fueron  servidos  en  esta  victoria. 

Llegó  el  Eey  sobre  Málaga  mas  de  diez  mil  do 
caballo,  é  decían  que  mas  de  ochenta  mil  peones: 

Fatigáronse  algo  los  pueblos  con  los  reparti- 
mientos de  los  pechos,  para  los  grandes  gastos  do 
aquel  cerco,  y  ayudaron  la  clerecía  é  iglesias  con 
subsidios. 

La  ciudad  puesta  en  cobro,  el  Rey  y  la  Reyna ,  y 
los  Grandes  de  Castilla  se  volvieron  en  Castilla  con 
victoria,  é  mucha  honra  con  su  ejército  é  artillería. 

Los  moros  de  Málaga  enviaron  á  Granada,  é  Ba- 
sa, é  Guadix,  é  Almería,  é  por  todo  el  reyno  de  Gra- 
nada, é  enviaron  á  los  moros  é  Reyes  de  allende  á 
demandar  limosnas  para  dar  el  rescate,  é  todos  tu- 
vieron por  respuesta,  que  tenían  tantas  necesidades, 
ijue  les  non  podían  socorrer ;  así  que  de  aquende  ni 
de  allende  no  pudieron  remediarse ,  é  cumplido  el 
plazo  del  partido  el  Rey  los  mandó  vender,  é  fue- 
ron vendidos  mas  de  once  mil  ánimas  de  Málaga, 
dejando  los  gandules  é  loa  valederos  estranjeros 
que  les  vinieron  á  ayudar. 

CAPÍTULO  LXXXIX. 

Como  el  Rey  tomó  á  Vera  con  toda  su  tierra. 

En  el  nombro  de  Dios ,  en  el  mes  de  Mayo  del 
año    del  nacimiento  de  nuestro  Eedemptor  Jesu- 
christo  do  1488  años,  el  Rey  Don  Fernando  sacó  su 
hueste  por  la  vía  de  Murcia,  estando  él  é  la  Reyna 
8u  mujer  allí,  é  juntó  poco  mas  de  quatro  mil  do 
caballo,  é  catorce   mil  peones,  é   algunos  do   los 
grandes  de  Castilla ;  é  quedó  la  Reyna  é  el  Cardenal 
de  España  en  su  compañía,  é  el  Maestre  de  Santia- 
\  go,  que  se  sentía  malo,  en  Murcia ;  é  el  Rey  fué  con 
'eu  gente,  pasando  por  Lorca,  sobre  la  ciudad  de 
.  Vera,  é  envió  al  Marqués-Duque  de  Cádiz  delante, 
con  una  gran  batalla  de  caballeros  ,  á  les  facer  re- 
4iuerimientos  á  los  moros  de  Vera,  que  le  quisiesen 
■desempachar  la  villa  é  entregársela ;  é  el  Marqués 
hizo  sus  dilíjencias,  y  requerimientos,  y  protesta- 
ciones, que  si  no  se  daban  y  el  cerco  consentían  po- 
ner, que  no  so  les  daría  otro  partido  sino  como  á  los 
de  Málaga,  que  fueron  todos  cautivos ;  é  los  moros 
de  Vera,  con  temor  que  ovieron,  concedieron  todo 
lo  que  el  Marqués  les  dijo ,  é  con  ciertos  partidos, 
que  de  parte  del  Rey  les  prometió  ,  luego  entrega- 
ron la  fortaleza,  sin  mas  esperar  cerco  ni  combate; 
é  el  Marqués  puso  en  ella  al  Señor  Don  Diego,  su 
hermano,  el  qual  entró  con  ciertos  escuderos  é  se 
apoderó  de  ella,  é  la  tuvo  fasta  que  el  Rey  llegó.  E 
el  partido  fué,  que  los  moros  se  fueron  con  todo  lo 
Buyo  á  donde  quisieron,  é  desempacharon  la  ciudad 
en  ciertos  días.  E  como  el  Rey  lleg4  fizo  bastecer 
la  fortaleza  de  Vera  do  gente  de  armas  é  manteni- 
laieutoíi,  é  dip  la  tenencia  de,©Ua  á  G^rci-Laeso  d? 


E  DONA  ISABEL.       ^  63T 

la  Vega.  E  envió  por  toda  la  comarca  de  Vera  á 
requerir  á  todos  los  lugares  que  le  vengan  á  dar* 
obediencia,  é  siguió  su  vía  con  su  hueste  hacia  Al- 
mería, tomando  muchos  lugares,  é  allegó  fasta  Al- 
mería; y  estaba  dentro  el  Rey  moro  Muley  Baudili 
Alzagal,  é  fizóle  talar  la  tierra,  é  dio  vuelta  por  to- 
da esa  cercanía  de  los  moros,  y  contando  desde  Ve- 
ra, tomó  los  lugares  siguientes,  de  los  quales  ó  do 
la  mayor  parte  Vera  es  cabeza  : 
La  ciudad  de  Vera.     Lijar.  Filambre. 

Las  Cuevas.  Mijar.  Vidari. 

Hueral.  Cantoría.  Lubrir. 

Curgena.  Oria.  La  Caynera. 

Moxacar.  Cantalobo.        Huero. 

Alborea.  Torbal.  CurríUas. 

Bedar.  .  Riñes.  Aliynor. 

Serena.  Atahalic.  Ulela. 

Teresa.  Axameyto.        Sornas. 

Cabrera.  Benalibre.        Huesear. 

Overa.  Benazaron.       Castilleja. 

Beuatarafa.  Baulirba.  CuUar. 

Alhambra.  Benechamir.     Velez  el  Blanco. 

Bena  Alagracis.         Alva.  Velez  el  Rubio, 

Albos.  Alcudia.  Benamaurel. 

Almanchez.  Chercos.  Galera. 

E  otros  lugares  y  alcaydias  de  que  no  es  de  hacer 
mención.  E  todos  estos  lugares,  é  villas,  é  fortale- 
zas se  dieron  al  Rey  sin  combate  é  sin  cerco,  que 
así  pareció  que  plugo  á  la  Providencia  divina ;  ó 
entregaron  lo  fuerte,  é  quedaron  por  estonce  en  lo 
otro  por  mudejares,  é  el  Rey  puso  alcaides  chrístia- 
nos  en  las  fortalezas,  é  echó  los  moros  de  algunos 
de  aquellos  lugares  á  lo  llano ;  y  dejándolos  todos 
por  vasallos',  fizo  la  Salida  por  Baza,  donde  los  mo- 
ros de  ella  salieron  á  escaramucear  con  los  christía- 
nos,  y  á  la  fin  se  encerraron  huyendo ;  y  allí  murió 
un  sobrino  del  Rey,  que  llamaban  Don  Luis,  Maes- 
tre de  Montesa^  del  reyno  de  Valencia,  en  Aragón ; 
murió  en  la  escaramuza  de  una  saetada,  é  Don  Luis 
era  fijo  bastardo  de  Don  Carlos ,  hermano  del  Rey 
Don  Fernando.  Esto  así  fecho  el  Rey  se  volvió  con 
mucha  honra  á  Murcia,  donde  estaba  la  Reyna,  y  la 
Infanta  y  la  corte,  é  dende  en  Castilla. 

CAPÍTULO  XC. 

Como  los  moros  de  Guacia  se  alzaron. 

En  el  mes  de  Octubre  del  sobredicho  año  de  1488, 
hicieron  movimiento  los  moros  mudejares  de  la 
Sierra  Bermeja,  é  se  alzaron  conGuacín,  que  lo 
hurtaron  al  alcayde  chrístiano  que  lo  tenia,  y  súpolo 
el  Marqués-Duque  de  Cádiz  una  noche ,  estando  en 
su  palacio  de  los  Palacios,  é  despachó  cartas  de  lla- 
mamiento á  un  cabo  y  á  otro,  donde  convenia,  lue- 
go aquella  noche,  é  partió  para  allá,  é  llegó  con  la 
gente  que  pudo ,  é  asentó  su  real  sobre  Guacín ,  é 
allí  acudió  luego  el  Conde  de  Ureña,  é  el  Adelanta- 
do, é  el  Conde  de  Cifuentes  con  la  gente  de  Sevilla, 
é  la  gente  de  Xerez,  en  los  quales  todos  se  allegó 
poca  .gente,  y  hízoles  el  tiempo  de  muchas  aguas, 
que.sfliieron  todos  los  ríos  ea  esta  tierra  de  madre, 


634 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


cosa  que  pocas  veces  se  ve  en  el  mes  de  Octubre,  é 
por  el  tiempo  no  se  atrevieron  por  armas  á  sojuz- 
garlos. El  Marqués  los  envió  á  llamar,  ó  asegurólos 
de  parte  del  Rey  del  alboroto  y  mal  caso,  é  diéron- 
le  la  fortaleza ;  é  diéronle  por  descargo,  que  lo  ha- 
bían hecho  por  muchas  sinrazones  que  del  alcayde 
recibían.  Este  fué  el  primer  alboroto  que  los  moros 
mudejares  de  la  Sierra  Bermeja  é  sus  comarcas 
ficieron ;  como  la  tierra  es  la  mas  áspera  embreña- 
da del  mundo ,  é  fértil  de  muchas  frutas  é  aguas, 
cuevas,  capas,  é  riscos  para  se  mantener  é  huir  é 
tenerlos,  dio  ocasión  á  hacer  muchas  veces  movi- 
mientos, é  matar  é  hurtar  muchas  veces. 

CAPÍTULO  XCI. 

De  la  fertilidad  del  año  de  1488,  é  de  las  aguas  de  la  otoiiadadel 
89  siguiente,  é  de  como  tomó  el  Rey  á  Placencia  ó  ovo  el  Maes- 
tradgo  de  Calatrava. 

Este  año  sobredicho  de  1488  fué  mucho  vicioso 
y  abundoso  de  pan,  tñgo  é  cebada,  é  vino,  é  aceite, 
é  de  muchas  frutas ,  generalmente  en  toda  España. 
Ovo  pestilencia  en  algunas  partes,  especialmente 
en  Sevilla  é  en  Toledo.  Valió  el  pan  desque  se  co- 
jió  hasta  pasado  el  mes  de  abril  del  siguiente  año 
de  1489  en  esta  Andalucía  y  comarca  de  Sevilla  á 
cinqüenta  maravedís  la  fanega  y  menos,  que  en  al- 
gunas partes,  especialmente  Sevilla  é  Toledo  é  su 
tierra,  valió  á  real,  que  era  estonce  un  real  treinta 
maravedís,  é  la  fanega  de  cebada  á  real.  La  semen- 
tera que  se  fizo  este  dicho  año  de  1488  en  Octubre 
é  Diciembre  fué  muy  mala  é  lloviosa  é  con  muchas 
avenidas,  é  por  esta  causa  se  perdieron  muchos  pa- 
nes de  los  sembrados  ,  é  después  de  hechas  las  se- 
menteras, fizo  tan  grandes  aguas  en  el  mes  de  Ene- 
ro, que  subió  el  agua  del  rio  Guadalquivir  á  la  se- 
ñales del  año  de  1485  en  los  muros  de  Sevilla,  y  en 
las  otras  partes  donde  suele  llegar  é  están  por  me- 
moria ;  y  aun  en  algunas  partes  pasó,  é  estuvo  Se- 
villa en  gran  temor,  empero  asi  como  aquella  gran- 
de ímpetu  de  corriente  vino,  pasó  á  plazo,  que  no 
duró  el  enracamiento  de  lo  mas  alto  por  mas  de  una 
hora.  Llevó  el  rio  los  lugares  que  había  llegado  y 
pasado  el  año  1485,  é  llevó  todas  las  simenteras  de 
BUS  vecindades ,  en  que  echó  á  perder  y  llevó  desde 
Cantillana  abajo,  mas  de  ciento  cinqüenta  cahíces 
de  pan  sembrado.  Cojióse  muy  poco  pan  en  esta 
Andalucía  el  año  de  89,  de  esta  causa;  é  habian 
quedado  las  alturas  con  algunos  panes,  é  ^sin  se  co- 
jiera  de  allí  común  el  pan,  salvo  que  en  fin  de  Ma- 
yo vinieron  quatro  ó  cinco  dias  de  agua  é  niebla, 
como  de  invierno,  y  anubló  los  panes  en  muchas  par- 
tes, y  de  esta  causa  alzó  el  trigo  hasta  cien  mara- 
vedís la  fanega ,  é  la  cebada  á  cinqüenta  maravedís 
la  fanega,  poco  mas  ó  menos,  é  duró  estos  precios 
fasta  San  Miguel.  E  íué  este  año  de  89  muy  vicioso 
páralos  ganados,  de  muchas  yerbas.  Criáronse  muy 
muchos  puercos,  como  habia  mucho  pan  del  año  de 
ochenta  y  ocho. 

Cerca  de  Todos-los-Santos  del  dicho  año  de  1488, 
tecibió  el  Rey  Don  Feraando  la  ciudad  de  Placen- 


cia de  poder  de  la  casa  de  Estúfiíga,  después  de  la 
muerte  del  Duque  Don  Alvaro  de  Estúñiga,  Conde 
de  Bajar ,  Duque  que  se  llamó  de  Arévalo,  en  tiem- 
po de  su  nieto  Don  Alvaro,  nieto  del  dicho  Duque, 
fijo  de  su  fijo  mayor  Don  Pedro  de  Estúñiga,  ha- 
biendo heredado  el  mayorazgo  y  señoreado  la  casa 
de  Béjar. 

Falleció  de  esta  presente  vida  el  Maestre  de  Ca- 
latrava, García  de  Padilla,  el  año  de  1489,  el  qual 
habia  sucedido  en  el  Maestradgo  por  muerte  de 
Don  Rodrigo  Xiron,  que  mataron  los  moros  en  Lo- 
ja,  é  el  Rey  tomó  en  sí  luego  el  Maestradgo  é  rentas 
de  él,  é  trujo  bulas  del  Papa  para  ello ,  porque  da 
ello  se  ayudase  para  los  grandes  gastos  de  la  guer- 
ra. E  este  fué  el  primero  de  los  Maestradgos  en  que 
el  Rey  y  la  Reyna  sucedieron  por  sus  vidas,  con  bu- 
la del  Santo  Padre,  para  ayuda  de  los  gastos  de  la 
guerra. 

CAPÍTULO  XCIL 

Del  gran  cerco  de  Baza  y  de  las  cosas  que  en  él  se  flcieron  8 
acaecieron,  é  de  como  la  Reyna  fué  al  real,  é  de  como  se  di(S 
Baza  al  Rey  é  á  la  Reyna  á  partido,  é  entraron  en  el  partido  Al- 
mería é  Guadix  é  otras  muchas  villas. 

En  el  nombre  del  muy  alto  Rey  de  los  Reyes,  en 
cuyo  poder  es  dar  la  victoria  á  las  huestes,  é  bata- 
llas á  quien  le  place,  en  el  año  sobredicho  del  Se- 
ñor de  1489  años,  el  Rey  Don  Fernando,  por  servir 
á  Dios,  é  facer  guerra  á  los  moros ,  estando  en  la 
ciudad  de  Jaén,  invocó  grandes  huestes ,  é  gentes 
de  todos  sus  reynos  de  Castilla,  y  hizo  aparejar  mu- 
chos mantenimientos,  é  principios,  é  provisiones, 
para  ir  sobre  la  ciudad  de  Baza,  é  fueron  con  él  en 
el  mes  de  Mayo,  á  cerca  del  fin  del  mes ;  y  la  Reyna 
y  corte  quedó  en  Jaén,  y  el  Rey  partió  con  su  hues- 
te, y  fué  la  vía  de  Baza,  y  cercó  la  villa  de  Cu- 
xar  é  combatióla  con  las  lombardas ;  sobre  la  qual 
estuvo  ocho  dias,  fasta  que  se  dio  á  partido,  de  ma- 
nera que  entregaron  la  fortaleza  é  la  villa,  é  se  fue- 
ron con  todo  lo  suyo,  que  pudieron  llevar ;  y  el  Rey 
fizo  poner  luego  gran  recaudo  en  la  villa  é  fortale- 
za, é  puso  allí  gran  guarnición ,  é  luego  los  moros 
dejaron  de  miedo  á  Venzalema,  un  castillo  muy  cer- 
cano allí,  y  despoblaron  Canilla,  una  villa  muy 
cerca  de  allí ;  é  el  Rey  la  mandó  despoblar,  y  ai- 
guiendo  su  vía  fué  á  poner  cerco  á  la  ciudad  de 
Baza,  é  llegó  un  día  del  mes  de  Junio  y  entraron 
en  las  huertas  para  asentar  el  real,  é  estando  la  gen- 
te del  real  ya  entrada  en  gran  parte  de  las  huertas, 
los  moros  que  estaban  en  defensa  de  la  ciudad  eran 
muchos,  y  de  los  mas  honrados  ó  esforzados  del 
reyno  de  Granada;  salieron  y  pelearon  muy  fuerte- 
mente con  los  christianos ,  de  manera  que  de  ambas 
partes  murió  gente ;  y  como  las  huertas  estaban  cer- 
cadas de  muchas  acequias,  é  caoces,  é  cerraduras, 
los  christianos  no  quisieron  señorearlas ,  antes  me- 
dio huyendo  se  ovieron  de  retraer  atrás,  por  la  re- 
sistencia é  gran  fuerza  de  los  moros,  é  visto  esto 
por  el  Rey ,  y  sabido  que  en  la  ciudad  habia  gran 
gente  de  pelea,  que  decían  que  había  veinte  mil  mo- 


DON  FERNANDO 
ros  de  pelea,  en  los  quales  había  setecientos  de  á 
caballo,  fizo  retraer  la  gente  atrás ,  y  asentó  su  real 
alderrredor  de  Baza  en  forma,  é  puso  sus  estancias 
é  guardas  en  derredor  de  la  ciudad,  é  túvola  cerca- 
da seis  meses,  que  no  pudo  entrar  á  los  moros  la 
entrada  é  salida  de  la  ciudad,  fasta  que  la  cercó  to- 
da alderredor  de  muy  hondas  cavas  é  altas  albara- 
das  é  paredes,  en  las  quales  fizo  facer  catprce  cas- 
tillos por  sus  trechos  de  tapias  muy  fuertes,  é  fizo 
poner  en  cada  uno  trescientos  hombres,  en  algunos 
mas,  é  en  algunos  menos ,  según  en  cada  cabo  la 
afrenta  se  esperaba ;  y  esto  acabado  do  facer,  luego 
los  moros  no  pudieron  mas  entrar  ni  salir  ;  acaeció 
algunas  veces,  que  salieron  los  moros  de  la  ciudad 
á  los  que  andaban  faciendo  las  cava'te  por  algunas 
partes  que  los  vian  á  mal  recaudo,  y  mataron  algu- 
nos é  llevaron  los  azadones.  Y  el  líey  tuvo  forma 
como  un  dia  les  armó  una  celada,  antes  que  amane- 
ciese echó  fuera  los  azadoneros,  é  los  moros  salie- 
ron á  ellos,  é  salió  la  celada  de  muchos  caballeros 
de  lugar  de  donde  los  moros  no  se  guardaban,  é 
fueron  matando  en  ellos  fasta  los  muros  de  la  ciu- 
dad, en  que  fueron  muertos  é  presos  mas  de  tres- 
cientos moros,  y  de  esta  vez  no  se  osaron  ú  salir  por 
allí  mas. 

Habia  en  Baza  tres  principales  caudillos,  el  ma- 
yor era,  que  se  llamaba  Hacen  el  viejo,  á  quien  to- 
dos acataban  ;  el  otro,  llamado  Audali,  era  capitán 
de  la  gente;  el  otro  era Tube  Corazagan,  alcaide  de 
Cuxar,  que  era  muy  esforzado  caballero,  á  los  qua- 
les el  Rey  mandó  requerir  que  le  diesen  la  ciudad,  é 
les  faria  mercedes ;  ordenó  que  supiesen  de  cierto, 
que  con  la  ayuda  de  Dios  se  le  habia  de  tomar,  é 
que  no  habia  de  alzarse  de  alli  fasta  que  fuese  se- 
ñor de  ella ;  é  la  respuesta  fué ,  que  no  estaban  allí 
para  dársela,  sino  para  defendella.  Esta  vez,  ó  otras 
que  les  envió  á  requerir ,  nunca  por  estonce  quisie- 
ron venir  en  partido.  Estonce  fizo  facer  casas  é  pa- 
lacios en  el  real,  de  tapias,  é  madera,  é  teja,  que 
traían  de  los  lugares  que  los  moros  despoblaron,  é 
de  las  casas  de  las  huertas,  é  fizo  facer  para  sí  unos 
fuertes  palacios  é  bien  altos,  de  á  donde  podía  mi- 
rar la  ciudad.  E  otro  tanto  ficieron  facer  el  Maestre 
de  Santiago  é  los  Duques  é  grandes  Señores,  que 
ficieron  casas  muy  fuertes  donde  estaban.  El  Mar- 
qués-Duque de  Cádiz  tenía  real  por  sí  en  la  gran  ar- 
tillería, la  qual  él  tuvo  á  cargo  en  este  cerco,  é  no 
quiso  facer  casa  de  _teja,  salvo  de  paja.  E  todos 
quantos  en  el  real  había  ficieron  casas,  de  ellos  de 
teja,  de  ellos  de  paja,  de  forma  que  parecía  el  real 
una  gran  ciudad  con  sus  calles  é  hincados. 

Ovieron  sobre  quitar  el  agua  de  una  fuente,  que 
mantenía  gran  parte  de  la  ciudad  de  aguas,  muchas 
peleas  los  christianos  con  los  moros,  en  que  de  am- 
bas partes  murieron  gentes,  é  á  las  veces  la  quita- 
ban, é  á  las  veces  la  dejaban. 

Fueron  muchas  veces  capitanes  á  correr  á  Guadíx 
é  á  Almería,  é  á  otras  muchas  villas  y  lugares  de 
tierra  de  moros ,  é  trujeron  muchas  cabalgadas  é 
ficicronIc3  muchos  daños,  siempre  los  christianos 
siendo  vencedores  j  tenía  el  Rey  sus  guarniciones 


É  DOÑA  ISABEL.  635 

por  los  caminos,  por"sus  trechos,  y  donde  convenia, 
desde  Quesada  fasta  el  real,  por  guarda  de  los  arrie- 
ros, é  acemileros,  é  gente  que  abastecía  el  real  de 
mantenimientos.  No  se  pudo  el  Rey  en  este  cerco 
mucho  ayudar  de  su  gran  artillería,  porque  con  las 
muchas  huertas ,  acequias  é  cerraduras  de  una  par- 
te, é  áspera  sierra  de  otra,  nunca  pudieron  allegar 
á  los  muros  de  Baza. 

En  el  mes  de  Julio ,  estando  el  Rey  en  este  cerco, 
vinieron  á  él  dos  frayles  de  Jerusalem  por  embaxa- 
dores  del  Soldán  de  Babilonia,  de  la  orden  del  Se- 
ñor San  Francisco,  el  uno  castellano  y  el  otro  ita- 
liano, y  el  Soldán  los  envió  al  Rey  á  le  demandar 
ayuda  de  Sicilia,  para  sus  guerras;  y  el  Rey  ovo 
gran  placer  en  ello,  y  eso  mesmo  la  Reyna,  á  la  qual 
fueron  á  visitar  á  Jaén ,  y  el  Rey  y  la  Reyna  les 
ficieron  mucha  honra ,  é  les  dieron  respuesta  de  lo 
que  querían,  é  les  libraron  cierta  suma  para  el  repa- 
ro del  monasterio,  é  de  los  frayles,  é  de  la  Santa 
iglesia  de  Jerusalen,  é  del  Santo  Sepulcro  de  nues- 
tro Redemptor  Jesuchristo. 

Después  de  tornados  á  requerir  los  moros  de  Ba- 
za, que  diesen  la  ciudad  al  Rey,  é  de  ver  su  contu- 
macia é  respuesta,  el  Rey  hizo  pertrechar  é  bastecer 
el  real,  para  tener  allí  el  invierno,  é  los  moros  pen- 
saban ser  imposible  al  Rey,  porque  la  tierra  es  muy 
fría  y  natural  de  muchas  nieves;  y  esperaban  que 
en  todo  el  compás  donde  el  real  estaba ,  no  queda- 
ría cosa  por  cubrirse  de  nieve,  según  que  en  todos 
los  años  ende  acaecía ;  mas  nuestro  Señor,  en  cuyas 
manos  son  todas  las  cosas,  al  qual  obedecen  las 
plantas  ó  signos,  fizo  lo  contrarío  de  lo  que  ellos 
pensaron,  que  el  mes  de  Septiembre  llovió  ni  mas  ni 
menos  de  lo  que  era  menester  para  el  Otoño,  de  ma- 
nera que  aprovechó  y  no  empeció,  y  el  mes  de  Oc- 
tubre llovió  lo  que  era  menester  para  sembrar,  y  no 
empeció  al  real ,  y  ficiéronse  muchas  é  buenas  se- 
menteras en  todas  partes,  que  se  cojieron  el  año  si- 
guiente muchos  é  infinitos  panes ;  y  el  mes  de  No- 
viembre no  llovió  poco  ni  mucho  en  toda  España 
antes  parecía  verano,  siendo  natural  invierno,  é 
tiempo  de  aguas  é  los  mas  chicos  días  del  año.  Esto 
parecía  ser  fecho  proveído  por  la  divina  Providen- 
cia, y  así  fué  tenido  por  todos  los  christianos,  que 
milagrosamente  Dios  proveyó  tales  tiempos. 

Partió  la  Reyna  de  Jaén,  é  llegó  al  real,  á  cinco 
días  de  Noviembre,  donde  le  fué  fecho  solemne  re- 
cibimiento, como  solía  en  los  otros  reales  ;  con  sa 
venida  todos  los  del  real  fueron  muy  alegres  y  es- 
forzados, porque  en  pos  de  sí  llevaba  muchos  man- 
tenimientos siempre,  y  gente,  y  creían  que  por  su 
venida  se  les  haría  mas  aína  el  partido  con  los;  mo- 
ros. Los  moros  fueron  mucho  maravillados  con  su 
venida  en  invierno,  y  se  asomaron  de  todas  las  tor- 
res y  alturas  de  la  ciudad,  ellos  y  ellas ,  á  ver  la 
gente  del  recibimiento ,  y  oír  las  músicas  de  tantas 
bastardas,  clarines  y  trompetas  italianas,  é  chiri- 
mías, é  sacabuches,  é  dulzainas,  é  atabales,  que  pa- 
recía que  el  sonido  llegaba  al  cielo.  Iba  con  la  Rey- 
nr  la  Infanta  Doña  Isabel,  su  mayor  fija,  la  qual 
nunca  de  sí  partía,  é  algunas  damas  é  dueñas  de  sa 


636 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


casa  ;  é  después  de  esto,  pasados  algunos  días,  des- 
que los  moros  conocieron  la  voluntad  del  Rey,  que 
no  habia  de  alzar  de  sobre  ellos  fasta  cumplir  su 
propósito,  ordenaron  demandar  partido,  y  deman- 
daron seguro,  é  salió  el  caudillo  mayor  de  Baza  Ha- 
zen  el  viejo,  é  vino  al  real  á  f  ablar  en  el  partido 
con  el  Rey  y  Reyna ,  é  demandó  plazo  para  ir  á  f  a- 
blar  con  el  Rey  Muley  Baudili  Alzagal ,  que  estaba 
en  Guadix,  el  qual  le  dieron,  y  fué  y  fabló,  y  estuvo 
con  él  é  con  los  de  su  consejo  ,  é  con  los  de  Guadix, 
é  habido  su  consejo  entre  el  Rey  é  los  caudillos  y 
alcaydes  de  la  tierra,  que  le  obedecían,  hallaron  que 
bí  Baza  lies  tomaban  por  fuerza  ó  hambre,  lo  qual 
ya  no  tenia  remedio  de  se  poder  sostener ,  que  toda 
la  tierra  perderla,  y  que  mas  valia  darla  al  Rey  á 
partido,  en  la  mejor  forma  que  pudiesen,  de  mane- 
ra que  diesen  fin  ala  guerra,  pues  tenian  á  Granada 
en  contra,  y  allí  ordenaron  de  hacer  el  partido  por 
toda  la  tierra  que  tenia  el  Rey  Muley  Baudili  Alza- 
gal,  el  qual  envió  al  Rey  y  á  la  Reyna  el  mismo  Ha- 
zen  el  viejo,  el  qual  con  otros  farautes  c  mensajeros, 
vinieron  fasta  que  los  Reyes  se  concertaron  en  los 
partidos ;  de  manera  que  entregaron  á  Baza  luego 
al  Rey,  la  fortaleza  é  la  ciudad,  la  qual  le  entrega- 
ron en  quatro  dias  del  mes  de  Diciembre  del  dicho 
año  de  1489,  dia  de  la  gloriosa  Santa  Bárbara,  é  los 
moros  de  guerra  é  los  gandules  se  fueron  ;  é  de  los 
de  la  ciudad  los  que  se  quisieron  ir  con  lo  suyo,  é 
los  naturales  é  vecinos  dende  salieron  con  lo  suyo  á 
los  arrabales,  é  quedaron  allí  por  estonce.  E  en  el 
partido  de  Baza  entró  Guadix  é  Almería,  é  toda  la 
tierra  del  dicho  Rey  moro ;  é  toda  so  la  otorgó  de 
dar  y  entregar,  é  toda  entró  en  el  partido  de  Baza. 
E  puesta  en  muy  gran  recaudo  la  ciudad  é  la  forta- 
leza de  gente  christiana,  é  con  muchas  armas  é 
mantenimientos,  el  Rey  despidió  mucha  de  la  gente 
del  gran  real  de  las  comunidades,  dejando  las  que 
habia  menester  para  lo  que  le  quedaba  de  hacer. 

CAPÍTULO  XCIIL 
Como  el  Rey  tomó  á  Almería  é  Almufiecar. 

Partió  el  Rey  de  Baza  con  su  caballería  é  hueste, 
é  fué  la  via  de  Almería,  y  la  Reyna  y  la  Infanta  su 
fija,  en  pos  de  él,  una  jomada  atrás  y  fueron  toman- 
do las  fortalezas,  é  poniendo  alcaydes  christianos 
en  ellas,  ó  guarniciones,  ó  el  viaje  fué  de  esta 
manera : 

Partió  el  Rey  de  Baza,  é  fué  á  Canillas,  é  deudo 
á  Purchena,  é  á  Tabernas,  é  á  Almería,  á  la  qual 
llegó  Mái-tes  á  veinte  y  dos  del  mes  de  Diciembre; 
é  habia  partido  de  Baza  á  diez  y  siete  dias  del  di- 
cho mes  ;  ansí  estuvo  seis  dias  en  aquel  viaje  hasta 
allí,  é  hasta  Almería.  É  llegando  el  Rey  Don  Fer- 
nando cerca  de  Almería,  el  Rey  moro  Muley  Bau- 
dili Alzagal  lo  salió  á  recibir  con  ciertos  moros  de 
á  caballo,  é  so  apeó  de  un  caballo  en  que  iba,  é  fué 
á  pié  un  rato ,  fasta  que  llegó  á  él ,  é  le  besó  el  pié 
y  la  mano ,  estando  el  Rey  Don  Fernando  á  caba- 
llo, el  qual  se  abajó  un  poco  y  lo  abrazó  desde  en- 
cima de  su  caballo,  é  lo  recibió  de  mucho  placer,  é 


lo  fizo  cabalgar  en  su  caballo,  ó  ansí  fué  fasta 
donde  el  Rey  paró  é  su  gente.  É  otro  dia  Miérco- 
les, el  Rey  moro  entregó  al  Rey  Don  Fernando  la 
ciudad  de  Almería,  é  fortaleza,  é  fuerzas  de  ella,  é 
el  Rey  Don  Fernando  forneció  la  fortaleza  de  gen- 
te, é  de  armas  é  mantenimientos;  y  otro  dia,  Jue- 
ves, víspera  de  Pasqua  de  Navidad,  llegó  la  Reyna 
Doña  Isabel ,  é  su  fija,  é  su  hueste,  é  holgaron  allí 
las  Pasquas  del  Nacimiento  de  nuestro  Rederaptor 
Jesuchristo;  é  de  allí  el  Rey  moro  envió  á  entregar 
á  Almuñecar  al  Rey  Don  Fernando ,  é  otras  muchas 
fortalezas,  á  las  quales  el  Rey  Don  Fernando  llevó 
alcaydes  é  guarniciones  de  gente,  é  se  apoderó  en 
ellas. 

Estando  en  Almería  el  Rey  Don  Fernando,  é  la 
Reyna,  con  su  corte  é  hueste,  concertaron  monte- 
ría, para  que  f uesen  á  haber  placer,  é  fueron  el 
Rey,  y  la  Reyna,  é  la  Infanta,  é  fueron  con  ellos  el 
Maestre  de  Santiago,  é  el  Marqués-Duque  de  Cádiz, 
é  otros  caballeros  grandes,  é  el  Rey  moro,  é  la  Rey- 
na su  mujer  ;  é  el  monte  era  ahí  cerca  orilla  de  la 
mar,  ¿mataron  quatro  puercos  monteses,  en  que 
ovieron  mucho  placer,  é  acaeció  que  estaba  en  el 
monte  un  lobo  é  salió  á  lo  raso ,  é  como  se  vido 
aquejado  de  la  gente,  metióse  en  la  mar,  huyendo 
á  nado ;  y  como  aquello  vido  un  mozo  de  la  villa  de 
Utrera,  llamado  Alonso  Donayre,  desnudóse  é  echó- 
se á  nado  en  la  mar  en  pos  del  lobo,  en  presencia 
de  todos ,  é  toda  la  caballería  no  miraba  otra  cosa, 
é  siguiólo  tanto  hasta  que  con  las  ondas  no  se  veía 
el  lobo  ni  el  mozo ,  é  todos  pensaban  que  eran  aho-  ^ 
gados,  é  dende  poco  dieron  vuelta,  el  lobo  delante, 
á  el  mozo  detras  de  él ,  acarreándolo  hacia  donde  la 
gente  estaba,  é  llegando  cerca  de  tierra,  el  Rey  Don 
Fernando  entró  en  su  caballo  en  la  mar,  hasta  que 
le  daba  el  agua  á  las  cinchas,  é  mató  el  lobo  á  lan- 
zadas, y  el  mozo  salió  y  fuese  por  otra  parte ;  y  to- 
dos ovieron  mucho  placer  de  esto,  y  el  Rey  pregun- 
tó por  el  mozo,  y  nunca  vino  ante  él,  que  se  creyó 
que  le  hiciera  merced. 

CAPÍTULO  XCIV. 

Como  el  Rey  tomó  i  Guadix;  é  del  número  de  los  christianos  cau- 
tivos que  sacó  de  esta  entrada ,  é  de  los  partidos  con  que  eston- 
ce quedaron  los  moros  en  la  tierra. 

Pasada  la  Pasqua ,  el  Martes  siguiente ,  á  veinte 
y  nuevo  dias  del  mes  de  Diciembre,  partieron  de 
Almería  el  Rey  é  la  Reyna,  é  corte,  é  hueste,  dando 
la  vuelta  para  Guadix,  é  durmieron  esa  noche  en 
Finana,  é  el  Rey  moro  con  ellos ;  é  el  Miércoles 
llegaron  á  Guadix,  é  llegando  luego  el  Rey  Muley 
Baudili  é  sus  alcaydes,  entregaron  la  ciudad  é  for- 
taleza, é  alcazaba ,  é  fuerzas  de  Guadix  al  Rey  Don 
Fernando,  el  qual  fizo  bastecer  luego  muy  bien  la 
fortaleza ,  é  dejó  allí  guarnición  é  buen  recaudo.  É 
los  partidos  de  estas  ciudades,  villas,  é  lugares  eran 
secretos  entro  los  Reyes ,  empero  lo  que  se  alcanzó 
á  saber  era,  que  los  moros  quedasen  mudejares  en 
BUS  haciendas,  dejando  las  ciudades  cercadas,  que 
no  viviesen  dentro ,  salvo  en  los  arrabales  y  en  las 


DON  FEENANDO 
alcazabaa ;  é  donde  quiera  que  habia  fuerza  ó  for- 
taleza, que  no  viviesen,  salvo  en  los  llanos ;  é  que- 
dó el  Rey  Muley  Baudili  por  Señor  é  Rey  de  Fan- 
darax ,  que  es  una  villa  fuerte  de  trescientos  veci- 
nos, con  otros  lugares  é  alquerías  de  su  comarca,  é 
por  vasallo  del  Rey  de  Castilla;  é  estuvieron  en 
Guadix  Jueves  é  Viernes,  é  partiófle  el  Rey  moro 
para  Fandarax,  el  Sábado  segundo  dia  de  Enero, 
buen  comienzo  del  año  1490,  que  el  Rey  y  Reyna  y 
corte  y  hueste  se  partieron  para  Jaén  con  la  gracia 
de  Dios,  victoriosos  con  tanto  triunfo  é  honra, 
cuanto  nuestro  Señor  ministrarles  quiso ,  de  donde 
llegados ,  despidieron  toda  la  gente.  Ansí  que  de 
esta  entrada ,  siete  meses  ó  mas  duró  el  real  é  gente 
«n  el  ejército  de  la  guerra ,  donde  se  hicieron  tantos 
gastos,  que  son  innumerables  de  contar.  Pechaban 
de  veinte  en  veinte  dias  todos  los  vecinos  é  mora- 
dores de  todas  las  villas ,  é  ciudades ,  é  lugares",  por 
contía  de  lo  que  cada  vecino  tenia,  en  manera  que 
ya  no  lo  podían  cumplir;  ovo  subsidios  do  las  igle- 
sias y  clerecía,  é  dineros  de  hermandades,  é  del 
fisco  de  los  herejes,  que  todo  se  adquiría  é  era  me- 
nester para  los  muy  grandes  gastos  de  la  dicha  san- 
ta guerra.  Ayudóse  estonce  el  Rey,  para  la  dicha 
guerra,  con  prestidos  de  dineros,  que  echó  á  las  ciu- 
dades, ■^llas  é  lugares  de  sus  Reynos  de  Castilla,  en 
esta  Andalucía  con  prestidos  que  echó  de  mucho 
trigo  é  cebada ,  lo  qual  muy  bien  después  pagó.  E 
ovo  en  las  comunidades  con  la  fortuna  del  mucho 
pechar,  é  de  los  prestidos,  muchas  mormuraciones, 
diciendo,  que  tomase  el  Rey  todas  sus  haciendas  é 
cumpliese  por  ellos ,  que  no  lo  podian  cumplir.  E 
como  en  esta  España  para  tal  caso  los  vasallos  ó  lo 
suyo  todo  sea  del  Rey,  mas  quiso  fatigar  los  Rey- 
nos  suyos  é  atreverse  á  sus  vasallos,  é  á  sus  bienes, 
que  no  dejar  los  moros  allí  por  siempre ;  los  quales 
desipaban,  é  despachaban,  é  mataban  en  los  chris- 
tianos  lo  que  numerarse  no  podía,  é  conoció  el  tiem- 
po en  que  nuestro  Señor  permitía  llevarlos  de  ven- 
cida ;  é  f uéle  forzoso  fatigar  asimismo  á  todos  sus 
;  Eeynos  y  señoríos ,  y  pareció  que  quiso  nuestro  Se- 
ñor que  todos  recibiesen  fatiga  por  quitar  la  fatiga 
y  el  trabajo ,  que  tantos  tiempos  habia  que  les  fati- 
gaba, y  según  lo  que  de  esta  victoria  y  entrada  flo- 
reció, aquellos  pechos  y  servicios  aprovecharon  en 
eer  empleados  y  gastados  en  tan  santo  acto  de  guer- 
ra ;  los  que  lo  dieron  so  hallaron  más  ricos  con  lo 
que  les  quedó ,  que  no  de  antes ;  con  todo  esto  se 
entendió  por  aquellos,  que  los  ánjeles  dijeron  en  el 
glorioso  nacimiento  de  nuestro  Redemptor,  quando 
cantaron  la  Gloria  in  excelsis  Deo,  et  in  térra  pax 
,  Jiominihus  honce  voluntatis.  Halláronse  ricos  con  lo 
•  que  les  quedó,  los  buenos  christianos  é  de  buena 
voluntad,  llegados  á razón,  temerosos  de  Dios,  que 
atribuyendo  todas  las  buenas  cosas  que  los  Reyes 
hacen  á  Dios,  porque  el  corazón  del  Rey  bueno 
Dios  lo  rije ,  y  no  puede  el  Rey  facer  la  guerra  por 
8Í  sola,  ni  con  lo  suyo ,  sino  con  ayuda  de  sus  vasa- 
.  Uos  é  de  sus  bienes.  Redimió  é  sacó  de  cautiverio  el 
Bey  Don  Fernando ,  de  Baza,  Almería,  é  Guadix,  é 
00  las  otras  villas  é  lugares,  que  ganó  en  el  viaje 


É  DOÑA  ISABEL.  637 

susodicho,  mil  y  quinientos  christiánOs,  hombres  ó 
mujeres ,  que  estaban  cautivos  en  poder  de  los  mo- 
ros enemigos  de  nuestra  santa  fé  cathólica ,  los  qua- 
les con  mucha  dilijencia  demandó  é  fizo  buscar 
fasta  en  todas  las  aldeas  é  alcaydías  de  los  moros,  y 
le  fueron  traídos  é  entregados.  Estuvo  muy  baste- 
cido el  real,  en  todo  el  tiempo  que  el  Rey  estuvo 
sobre  Baza,  de  pan,  é  harina,  é  cebada,  é  carnes  ; 
falleció  algunas  veces  el  vino  ;  no  ovo  cosa  de  que 
mas  mengua  oviese,  que  de  paja  para  los  caballos 
é  bestias  del  servicio  ;  proveyó  nuestro  Señor,  que 
les  daba  astocha  de  esparto,  é  ansi  lo  comían,  é  des- 
que á  ello  se  hicieron  no  hacia  mengua  la  paja. 

Sirvieron  á  el  Rey  y  á  la  Reyna  en  el  cerco  de 
Baza  todos  los  caballeros  de  Castilla  muy  lealmen- 
te,  de  ellos  en  personas,  é  de  ellos  con  sus  capita- 
nes. É  eso  mesmo  todas  las  ciudades  de  Castilla  en- 
viaron sus  capitanes  con  sus  gentes,  con  sus  pen- 
dones é  banderas,  tan  ordenadamente,  que  parecía 
que  Dios  lo  ordenaba  todo.  Fué  por  capitán  de  Se- 
villa y  su  tierra,  el  Conde  de  Cifuentes,  su  Asis- 
tente, y  salió  con  el  pendón  de  Sevilla  é  su  tierra 
el  Conde  dicho,  a  quince  dias  de  Mayo  de  1489 ,  é 
volvió  á  entrar  en  Sevilla  á  doce  dias  de  Enero  de 
1490 ;  ansí  pasaron  casi  ocho  meses. 

Los  partidos,  que  vulgarmente  se  decia,  que  el 
Rey  había  hecho  con  el  Rey  Muley  Baudili  Alza- 
gal  ,  que  le  entregó  á  Baza  é  Almería,  é  Guadix,  á 
Almuñecar,  é  sus  tierras  donde  él  reynaba,  fué  que 
le  quedó  Fandarax ,  donde  se  intitulaba  Rey ,  con 
ciertos  lugares  é  provincias ,  é  que  oviese  cumpli- 
miento de  dos  mil  vasallos  con  sus  rentas  ;  é  sobre 
lo  que  rentase ,  que  el  Rey  Don  Fernando  le  cum- 
pliese á  cuatro  qüentos  de  renta,  é  mas,  que  le  die- 
se luego  cierta  suma  de  dineros,  é  que  quedasen 
por  iiTJdejares  en  su  ley,  él  é  sus  vasallos.  Eso  mis- 
mo se  hizo  con  el  caudillo  de  Baza,  é  con  el  Algua- 
cil ,  que  les  dio  el  Rey  vasallos ,  é  les  dio  é  fizo  mer- 
cedes, porque  quedaron  estonces  todos  mudejares  y 
en  lo  llano,  sin  fortalezas  ningunas,  y  así  quedaron 
todos  por  estonce ,  é  después  ellos  quebraron  el  par- 
tido é  plugo  á  Dios  que  quedase  el  Rey  moro  aquen- 
de la  mar,  que  ellos  hicieron  después  tales  livian- 
dades y  alborotos,  con  que  quebrantaron  lo  que 
prometieron ,  en  manera  que  fueron  echados  de  las 
ciudades  y  villas,  é  el  Rey  moro  les  fué  tirado,  é 
se  pasó  allende. 

CAPÍTULO  XCV. 

Del  casamiento  de  la  Infanta  Doña  Isabel. 

Estando  la  corte  en  Sevilla,  en  el  mes  de  Abril 
se  celebró  el  matrimonio  de  la  Infanta  Doña  Isabel, 
con  el  Príncipe  Don  Juan  de  Portugal,  ala  qual  el 
Rey  Don  Juan  de  Portugal  enVió  á  demandar  á  el 
Rey  y  la  Reyna,  é  á  ellos  plugo  de  se  la  otorgar,  é 
celebróse  el  desposorio  por  escriptura  é  anillos  por 
los  embaxadores,  el  dia  de  Quasimodo,  á  diez  y 
ocho  dias  del  mes  de  Abril  de  1490  años.  Fueron 
fechas  en  Sevilla  por  ello  muy  grandes  fiestas,  é 
justas,  é  torneos  por  loa  caballeros  cortesanos  de 


638 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


estos  Reynos,  é  justó  el  Roy,  é  quebró  muchas  va- 
ras. Estaba  la  tela  é  los  cadahalsos,  donde  estaba 
la  Reyna  é  sus  fijas ,  é  el  Principe,  é  los  Prelados» 
é  las  grandes  Señoras,  é  las  damas  acerca  de  las 
atarazanas,  en  aquel  compás  de  entre  ellas  é  el  rio. 
Estuvieron  presentes  al  matrimonio  los  Grandes  de 
Castilla,  é  á  las  dichas  fiestas  el  Cardenal  de  España 
Arzobispo  de  Toledo ,  Don  Francisco  González  de 
Mendoza,  el  Duque  de  Medina-Celi,  el  Duque  de 
Medina-Sidonia,  é  el  Marqués-Duque  de  Cádiz,  é 
otros  muchos  Condes,  é  grandes  Señores,  é  ricos 
hombres.  Duraron  las  dichas  fiestas  hasta  el  dia  de 
Santa  Cruz  de  Mayo.  Estaba  en  Sevilla  estonce  con 
su  padre  é  madre  el  Príncipe  Don  Juan  é  las  In- 
fantas Doña  Juana,  é  Doña  Cathalina  é  Doña  Ma- 
ría. Este  fué  el  primer  placer  que  el  Eey  é  la  Rey- 
na ovieron  del  matrimonio  de  sus  fijos.  ¡Quien  pu- 
diera contar  el  triunfo,  las  galas,  las  justas,  las 
músicas  de  tantas  maneras,  el  recibimiento  que  hi- 
cieron é  los  embaxadores  de  Portugal,  la  regla,  el 
concierto,  las  galas  de  las  damas,  los  jaeces  é  ri- 
quezas de  los  Grandes  é  de  los  galanes  de  la  corte, 
el  concierto  de  quando  sallan  á  ver  las  justas  la 
Reyna  y  su  fijo  el  Príncipe,  é  sus  fijas,  é  las  damas, 
y  señoras  que  las  acompañaban,  que  fué  todo  cum- 
plido tan  sobrado,  con  tanto  concierto,  que  decir 
mas  no  se  puede !  Iban  de  dia  á  las  justas,  y  venían 
de  noche  con  antorchas  á  los  alcázares  ;  y  la  dama 
que  menos  servicio ,  traía  ocho  ó  nueve  antorchas 
ante,  cabalgando  en  muy  ricas  muías  todas ,  é  muy 
jaezadas  de  terciopelos  y  carmesíes ,  é  brocados. 

CAPÍTULO  XCVI. 

De  la  tala  de  Granada,  ¿  de  la  torre  Roma  é  Alhendin. 

El  Eey  Don  Fernando,  después  de  pasadas  las 
fiestas  del  desposorio  de  su  fija,  prosiguiendo  eu 
conquista  contra  los  moros  de  Granada ,  envió  des- 
de Sevilla  sus  mensajeros  á  la  ciudad  de  Granada, 
é  á  los  caudillos  é  rejimiento  de  ella,  amonestándo- 
les que  le  entregasen  la  ciudad ,  é  le  trajesen  todas 
las  armas  que  en  ella  tenian  á  tierra  de  christianos, 
y  que  si  esto  facían ,  que  él  lo  f aria  muy  bien  con 
ellos,  é  les  faria  bienes  y  mercedes,  como  facía  á 
los  otros  que  se  le  habían  dado  ;  donde  no,  lo  con- 
trario haciendo ,  que  les  destruiría  los  panes  é  vi- 
ñas, é  frutos,  é  les  faria  cruel  guerra  ;  é  esto  envió 
el  Rey  á  decir  al  rejimiento  de  Granaba,  y  no  al 
Rey,  porque  el  Rey  Muley  Baudili,  prisionero  del 
Rey  Don  Fernando ,  puesto  caso  que  estaba  en  Gra- 
nada en  el  Albaicin ,  é  le  tenian  por  su  Rey ,  des- 
pués que  cerraron  las  puertas  á  Muley  Baudili,  su 
tio,  porque  huyó  de  Velez,  y  no  la  descercó,  ni  él 
se  fiaba  de  ellos,  ni  ellos  de  él,  y  creyóse  que  mu- 
chas veces  vívia  con  mucho  temor  entre  ellos,  é  no 
los  podía  sojuzgar;  y  muchas  veces  lo  hubieran 
matado ,  sino  fuera  por  miedo  del  Rey  Don  Fer- 
nando. E  vista  la  embaxada  del  Rey  Don  Fernando, 
en  Granada  los  moros  fueron  por  ello  muy  tristes, 
y  respondieron,  que  antes  morirían,  que  no  dar  la 
ciudad ,  y  otras  cosas  que  no  convenían  al  servicio 


de  Dios  ni  pro  de  Castilla,  é  enviaron  al  alguacií 
de  Granada,  Aben-Gomix,  con  la  confirmatoria  res- 
puesta á  Sevilla  al  Rey  é  la  Reyna,  de  lo  qual  el 
Rey  ovo  un  enojo;  é  invocó  toda  la  gente  de  Ex- 
tremadura ó  maestradgo,  é  Andalucía,  é  partieron 
de  Sevilla  un  Lunes  á  diez  de  Mayo,  él,  é  la  Reyna, 
é  la  Princesa  de  Portugal ,  é  la  Reyna  quedó  en  Mo- 
clin ,  é  el  Rey  é  el  Príncipe ,  é  todos  los  caballeros 
é  gente,  fueron  á  la  Vega  de  Granada,  y  sus  co- 
marcas, donde  estuvieron  diez  ó  doce  días  talando, 
ó  faciendo  mal  é  daño  en  los  bienes  é  hacienda  de 
los  moros,  donde  les  talaron  panes,  viñas,  huertas, 
é  habales ;  é  vino  á  esta  tala  el  caudillo  de  Baza, 
vasallo  del  Rey  Don  Fernando,  con  ciento  cinqüen- 
ta  de  á  caballo,  y  eso  mesmo  vino  con  él  el  algua- 
cil de  Baza,  é  desque  besaron  las  manos  al  Eey  ó  al 
Príncipe ,  fuéronse  á  poner  en  los  mas  peligrosos 
pasos  de  la  tala ,  donde  hicieron  mucho  servicio  al 
Rey,  que  ellos  tomaron  la  torre  de  Roma,  que  está 
dos  leguas  de  Granada,  por  ima  muy  gentil  arto. 
Tomaron  ciertos  moros  de  ellos  una  mañana  ciertas 
reses,  é  dos  christianos  maniatados,  é  fuéronse  para 
la  torre,  diciendo  que  traían  cabalgada,  que  les 
abriesen,  que  no  había  donde  ir  á  guarecerse  sino 
allí;  é  como  los  de  la  torre  conocieran  que  eran 
moros,  abrieron  é  saliéronlos  á  recibir,  y  |llos  es- 
tonce tomáronles  la  torre ,  con  quanto  en  ella  esta- 
ba, y  á  ellos  enviáronlos  libres  á  Granada,  porque 
todos  eran  moros,  é  ovo  de  esto  el  Rey  muy  gran 
placer,  é  fizo  mucho  pertrechar  aquella  torre,  é  puso 
en  ella  guarnición. 

El  Rey  moro  Muley  Baudili  Alzagal ,  de  Granada 
asimismo,  vino  allí  como  vasallo  del  Rey,  á  servir 
con  doscientos  de  á  caballo.  Los  moros  de  Granada 
pusiéronse  á  defender  su  ciudad,  y  salieron  fuera 
muy  gran  cantidad ,  é  pusiéronse  muy  cerca  de  la 
ciudad,  é  no  pudieron  escusar  la  tala,  salvo  muy  poco 
de  lo  que  estaba  muy  cercano,  é  allí  ovo  escaramu- 
zas, de  que  murieron  algunos  de  ambas  partes. 

Fueron  en  persona  á  esta  guerra  é  tala  los  Gran- 
des de  Castilla  siguientes  :  Los  Arzobispos  de  To- 
ledo é  Sevilla,  Duque  de  Medina-Sidonia,  Marqués- 
Duque  de  Cádiz,  Conde  de  Cabra,  Conde  de  Urefia, 
Duque  de  Escalona,  Marqués  de  Villena,  al  qual  fi- 
rieron  los  moros  muy  mal  en  un  brazo,  al  pasar  de 
una  acequia,  de  que  quedó  hsiado  ;  Don  Alonso  de 
Aguilar,  los  Adelantados  de  Andalucía  é  Murcia,  el 
Comendador  mayor  Cárdenas ,  é  otros  muchos  Se- 
ñores y  Condes ,  en  presencia  de  los  quales  el  Prín- 
cipe Don  Juan  fue  armado  caballero  en  la  vega  de 
Granada  por  el  Rey  Don  Fernando,  su  padre;  fue- 
ron sus  padrinos  los  Duques  de  Cádiz  é  Medina-Si- 
donia. 

Basteció  el  Rey  esta  vez  el  castillo  de  Alhendin, 
que  estaba  por  él ,  y  lo  tenia  un  alcayde  moro ,  y 
entregóselo  estonce ,  el  qual  lo  había  tenido  desde 
un  dia  despuep  de  la  toma  de  Baza,  é  dejó  el  Rey 
esta  vex  un  capitán  que  lo  defendiese ,  con  doscien- 
tos hombres.  É  esto  fecho,  el  Rey  volvió  por  don- 
de había  quedado  la  Reyna,  é  la  Princesa  de  Portu*» 
gal ,  é  dende  se  vinieron  á  Córdoba, 


DOií  FERNANDO 
Dejó  el  Rey  esta  vez  en  la  frontera  de  Granada 
por  Capitán  general  á  Don  Fadrique  de  Toledo, 
muy  noble  eeñor,  hermano  del  Duque  de  Alba. 

CAPÍTULO  XCVII. 

Como  los  moros  de  Granada  ganaron  i  Alhendin ,  é  llevaron  todos 
los  chrlstianos  que  ahí  estaban  cautivos;  é  como  se  alzaron  los 
moros  vasallos  del  Rey  moro  Baudili  Alzagal,  contra  él,  6  de 
como  se  cartearon  los  moros  de  Guadix  con  los  de  Granada,  é  de 
lo  que  el  Marqués  de  Villena,  que  era  Capitán  general,  fizo  so- 
bre ello. 

Los  moros  de  Granada ,  y  el  Rey  Muley  Baudili, 
salieron  á  quince  dias  del  mes  de  Julio,  de  Granada 
muy  gran  multitud  de  ellos,  é  fueron  Bobre  Alhen- 
din, é  tuviéronlo  cercado  quatro  dias,  é  combatié- 
ronlo ,  y  entre  los  que  dentro  estaban  ovo  división; 
y  diéronse,  y  fueron  cautivos  todos  á  Granada,  y 
quando  fué  el  socorro  ya  eran  dados ,  y  los  moros 
derribaron  todo  el  castillo  por  el  suelo. 

En  este  tiempo  se  alzaron  los  mas  de  los  vasa- 
llos moros  al  Rey  Baudili  Alzagal,  Rey  de  Fanda- 
rax,  vasallo  del  Rey  Don  Fernando,  é  los  moros  de 
Guadix  se  cartearon  con  los  de  Granada,  y  tenian 
ordenado  de  matar  á  todos  los  christianos  que  esta- 
ban en  la  fortaleza,  é  de  alzarse  con  ella,  é  con  la 
ciudad  por  Granada  ;  y  algunos  de  los  mismos  mo- 
ros, no  siendo  de  ello  contentos,  lo  revelaron  ;  y  el 
Marqués  de  Villena,  que  habia  quedado  por  Capi- 
tán general,  entró  allá  con  dos  mil  de  á  caballo,  é 
asaz  peones,  é  diciendo  que  iba  á  Fandarax  álos  lu- 
gares que  se  habían  rebelado  contra  el  Rey  Baudili 
Alzagal ,  hizo  el  viaje  por  la  ciudad  de  Guadix ,  y 
Aposentándose  allí  cerca  de  la  fortaleza ,  bastecióla 
muy  bien ,  é  hizo  salir  todos  los  moros  de  la  ciudad 
á  facer  alarde,  é  desque  estuvieron  fuera,  fizo  cer- 
rar muy  bien  las  puertas  de  la  ciudad,  é  no  dejó  en- 
trar en  ella  mas  los  moros ,  salvo  de  dos  en  dos ,  é 
de  tres  en  tres,  les  mandó  que  fueran  á  sacar  sua 
mujeres  é  fijos,  é  hacienda,  y  así  los  echó  todos 
fuera,  y  ellos  quejábanse,  y  él  decía  qué  lo  hacia 
con  causa,  que  oviesen  paciencia,  que  por  lo  que 
ellos  ordenaban  contra  el  servicio  del  Rey  en  esta 
ciudad,  los  mandaba  salir  de  ella;  é  el  Marqués  con 
muy  buenas  razones  les  rogó  que  se  aposentasen 
por  ahí  cerca,  y  que  él  escribiría  al  Rey  sobre  ello, 
para  que  los  culpados  fuesen  castigados,  é  los  sin 
culpa  se  volviesen  é  sus  casas.  E  los  moros  se  apo- 
sentaron en  las  huertas ,  é  por  eso  enviáronse  á  que- 
xar  al  Rey  de  el  Marqués  de  Villena,  é  el  Rey  les 
envió  á  decir  desde  Córdoba ,  que  no  oviesen  enojo, 
que  él  volvería  muy  presto  á  Guadix ,  é  les  guarda- 
rla su  justicia,  y  volverían  á  sus  casas. 

CAPÍTULO  xcvin. 

De  como  el  Re;  moro  se  pasó  allende  con  machos  moros. 

Partió  el  Rey  Don  Fernando  otra  vez,  el  dicho 
año  de  1490,  de  Córdoba,  á  los  veinte  días  del  mes 
de  Agosto,  para  Granada,  á  le  talar  los  panes,  é  le 
facer  guerra,  con  siete  mil  de  á  caballo,  é  veinte 
mil  peone»,  é  de  esta  vez  no  fué  con  él  el  Marqués- 


É  DO^A  ISABEL.  639 

Duque  de  Cádiz,  que  quedó  enfermo  en  su  Marehe- 
na;  é  corrió  é  taló  toda  la  vega  é  confines  de  Grana- 
da, é  fizóles  á  los  moros  muchos  daños,  é  envió 
gente  á  descercar  á  Salobreña,  que  se  la  tenían  los 
moros  cercada,  é  fué  la  vía  de  Guadix,  donde  el 
Marqués  de  Villena  estaba,  é  hizo  pesquisa  de  la 
traición  que  los  moros  ordenaban,  primero  que  el 
Marqués  los  sacase  de  le  ciudad,  é  supo  la  verdad 
de  todo,  é  los  moros  le  suplicaron,  quejándose  del 
Marqués  de  Villena,  que  les  dejase  entrar  á  vivir  en 
sus  casas,  como  les  habia  prometido,  é  el  Rey  les 
respondió,  diciendo:  «Amigos,  yo  soy  bien  informa- 
do do  la  traición  que  entre  vosotros  me  teníades 
ordenada,  de  matar  mi  alcaide  ó  escuderos,  que 
guardaban  mi  Alcazaba,  y  alzaros  con.  ella,  é  con 
la  ciudad  contra  mí,  por  el  Rey  é  común  de. Grana- 
da; por  esto  veis  que  sois  dignos  y  merecedores  de 
grandes  penas;  empero  porque  no  digáis  que  no 
uso  con  vosotros  dé  piedad ,  y  que  no  vos  quiero  oír 
justicia,  á  mí  place  que  sea  do  esta  manera:  que  se 
haga  la  pequisa  mas  larga  é  mas  en  forma,  y  que 
todos  los  que  se  hallaren  culpados  padezcan  por 
ello,  é  que  los  que  no,  sean  libres;  é  de  cierto  os 
fago  saber  y  digo,  que  miréis  que  de  quantos  fa- 
llare culpados  no  ha  de  escapar  uno;  por  ende,  yo 
vos  doy  plazo  para  que  os  vais  é  escojáis  de  doa 
cosas  una;  lo  que  dicho  tengo,  ó  que  os  vais  con 
vuestras  mujeres,  é  fijos  ó  vecinos,  donde  quisiére- 
des,  é  yo  vos  mandaré  poner  en  salvo,  ó  me  entre- 
gareis todos  los  que  eran  en  esta  traición,  para  que 
haga  justicia  de  ellos,  é  sabed  que  no  ha  de  esca- 
par ninguno  de  ellos».  Y  los  moros  de  Guadix,  como 
todos,  ó  la  mayor  parte  de  ellos ,  fuesen  culpados  ó 
consentidores  de  la  traición  que  ordenaban,  habido 
su  consejo  é  acuerdo  sobre  ello,  pidieron  por  merced 
al  Rey  que  los  dejase  ir  libres  con  todo  lo  suyo  por 
dó  quisiesen,  y  quedase  con  su  ciudad,  y  el  Rey  los 
envió  seguros  á  cada  uno  con  lo  suyo  donde  quiso 
ir;  y  así  deliberó  el  Rey  del  todo  la  ciudad  de  Gua- 
dix do  mano  de  los  enemigos  de  nuestra  santa  fé 
cathólica,  á  cabo  de  setecientos  setenta  años  que 
había  que  la  poseian,  desde  el  tiempo  del  Rey  Don 
Rodrigo,  que  la  ganaron  é  tomaron  á  los  christia- 
nos; é  esto  fué  misterio  de  nuestro  Señor,  que  no 
quiso  consentir  que  tan  noble  ciudad  dejase  mude- 
jar en  poder  de  moros  mas  tiempo  de  lo  pasado;  é 
el  Rey  fizo  luego  bendecir  todas  las  mezquitas  é 
iglesias  en  toda  la  ciudad,  donde  fizo  luego  decir 
misas  y  horas,  y  dio  vecindades,  y  pobló  la  dicha 
ciudad  de  Guadix  de  christianos,  donde  Jesuchristo 
fuese  adorado  como  los  tiempo  antiguos,  ante  que 
fuese  de  moros,  ó  por  ventura  mejor. 

El  Rey  Baudili  Alzagal  había  quedado  por  Rey 
y  señor  de  Fandarax,  con  dos  mil  vasallos  moros  de 
aquella  comarca,  que  le  rentase  dos  cuentos,  é  que 
el  Rey  le  diese  de  Castilla  otros  dos  cuentos,  que 
fuesen  quatro  cuentos  de  renta  de  cada  año,  para 
siempre,  é  que  quedase,  él  é  sus  moros,  mudejares, 
vasallos  de  Castilla  del  Rey  é  de  la  Reyna.  Coma 
en  los  partidos  de  Baza,  que  Dios  hizo  á  los  moroi^ 
por  abreviar  la  guerra,  é  escusar  las  muertes  de  lo^ 


m  CRÓNICAS  m  LOS 

christianos,  é  grandes  gastos,  habían  quedado  tan- 
tos mudejares,  que  con  toda  aquella  tierra  quedaba 
en  muy  gran  peligro,  no  plugo  á  nuestro  Señor  que 
entre  los  christianos  oviese  é  quedase  tal  ocupación, 
ni  oviese  Rey  moro  por  tantos  tiempos,  como  del 
partido  se  publicaba;  puso  en  corazón  de  los  moros 
la  división,  como  ellos  sean  muy  livianos  en  sus 
movimientos,  é  muy  voltarios,  alzáronse  los  vasa- 
llos del  Rey  Baudili  Alzagal,  Rey  de  Fandarax, 
contra  él,  todos  los  mas,  y  aun  lo  mataran  si  pudie- 
ran. Esto  ficieron  quando  los  moros  de  Granada  to- 
maron á  Alhendin,  y  alzáronse  por  el  común  y  Rey 
de  Granada;  é  como  esto  viese  el  Rey  moro  susodi- 
cho, par  dar  seguridad  á  su  vida,  la  qual  él  no  podia 
seguramente  tener  entre  aquellos  moros,  vino  á 
truadix,  y  Suplicó  al  Rey  Don  Fernando  que  reci- 
Ibiese  las  fortalezas  que  le  habían  quedado,  y  cum- 
pliese con  él  lo  que  entre  ellos  había  quedado;  é  que 
¿1  se  quería  pasar  allende,  que  el  Rey  Don  Fernan- 
do le  diese  pasaje  seguro,  y  al  Rey  Don  Fernando 
plugo  mucho  de  esto,  é  cumplió  con  él  todo  lo  que 
le  había  prometido,  y  díóle  pasaje  á  él  y  á  quantos 
moros  con  él  quisieron  ir  allende;  habiendo  primero 
recibido  de  él,  é  de  los  alcaydes  que  por  él  estaban, 
íodas  las  fortalezas,  é  derribado  algunas  no  prove- 
chosas; é  de  esta  vez  se  pasaron  allende  con  el  Rey 
Baudili  Alzagal  muchas  casas  de  moros,  á  los  qua- 
les  el  Rey  Don  Fernando  permitió  pasar,  é  pasaron 
Seguramente,  porque  en  los  partidos  había  quedado, 
que  cada  y  quando  que  el  Rey,  ó  qualquiera  de  los 
moros  que  se  dieron  en  su  partido,  se  quisiesen  pa- 
sar allende,  que  el  Rey  Don  Fernando  les  diese  pa- 
saje seguro.  E  esto  fecho,  é  bastecidas  las  fortalezas 
que  el  Rey  le  dio  de  gente  é  mantenimientos,  y 
gentes,  é  armas,  dejando  sus  guarniciones  donde 
(Convenía,  é  al  Marqués  de  Villena  por  Capitán  ge- 
neral, el  Rey  Don  Fernando,  victorioso  é  muy  hon- 
rado, se  volvió  á  Córdoba. 

CAPÍTULO  XCIX. 

Como  fué  la  infanta  Doña  Isabel  la  primera  vez  á  Portugal, 
casada  con  el  Príncipe  Don  Juan. 

En  Jueves ,  once  días  del  mes  de  Noviembre  del 
dicho  año  de  1490  años,  ficieron  el  Rey  y  la  Reyna, 
y  su  corte,  estando  en  Constantina,  villa  de  la  ciu- 
dad de  Sevilla,  las  fiestas  de  la  partida  de  la  Prin- 
cesa, de  Portugal,  su  fija;  y  desde  allí  ía  enviaron  á 
Portugal  al  Príncipe  Don  Juan,  su  esposo;  é  fueron 
con  ella,  con  los  poderes  para  la  entregar,  el  Conde 
de  Feria,  Don  Gómez  Suarez  de  Figueroa,  é  el  Obis- 
po de  Jaén,  Don  Luis  Osorio,  é  Rodrigo  de  ülloa, 
Contador  mayor  de  Castilla,  é  acompañáronla  fasta 
Monzón  de  Portugal,  el  Cardenal  de  España,  é  el 
Conde  de  Benavente,  é  dos  hermanos  suyos,  é  otros 
muchos  caballeros  é  fidalgos,  que  partieron  de  la 
corte  con  ella;  é  en  el  camino  salieron  otros  muchos 
caballeros,  que  la  acompañaron,  ansí  como  Don  Pe- 
dro Puertocarrero,  con  muchos  Comendadores  de  la 
Orden  de  Santiago,  é  el  Maestre  de  Alcántara. 
.^Partieron  de  Constantina,  é  fueron  á  Guadalca- 


REYES  DE  CASTILLA. 

nal,  é  dende  á  Llerena,  donde  el  Maestre  Don  Al- 
fonso do  Cárdenas  les  fizo  gran  recebimíento  é  hon- 
radamente hospedar,  é  les  fizo  grandes  convites  é 
salas,  é  dende  por  sus  jornadas  fasta  Portugal  don- 
do  la  entregaron  al  Rey  de  Portugal,  é  al  Príncipe 
de  Portugal  Don  Juan,  su  fijo,  al  mojón  de  Castilla 
entre  Portugal,  al  mojón  entre  Badajoz  y  Sílves  en 
la  puente  del  rio  Caya,  donde  la  salieron  á  recebir 
con  muy  noble  recebimíento  de  gente;  é  dende  el 
Cardenal  y  los  otros  caballeros  se  volvieron;  é  en- 
traron con  la  Princesa  en  Portugal  el  Conde  de  Fe- 
ria, é  el  Obispo  de  Jaén,  é  Rodrigo  de  Ulloa,  suso- 
dichos, é  fueron  fasta  Ebora,  donde  le  fué  fecho 
solemne  recebimíento,  é  se  celebró  el  matrimonio, 
é  ficieron  las  fiestas,  é  justas  é  muchas  alegrías,  ó 
grandes  gastos,  é  el  Rey,  é  la  Reyna,  é  el  Príncipe 
dieron  grandes  dádivas  á  los  caballeros  que  fueron 
con  la  Princesa,  é  á  las  dueñas  é  damas;  é  pasadas 
las  fiestas,  la  Princesa  se  quedó  en  paz  con  su  ma- 
rido, é  los  que  la  entregaron  se  volvieron  en  Casti- 
lla á  la  corte  á  Sevilla,  á  dar  razón  de  su  viaje. 

CAPÍTULO  C. 
Del  cerco  de  Granada,  y  de  lo  que  acaeció  al  comienzo. 

Partieron  de  Sevilla  á  once  días  del  mes  de  Abril 
del  Nacimiento  de  nuestro  Salvador  Jesuchristo  de 
1491  años,  ol  Rey  Don  Fernando  y  la  Reyna  Doña 
Isabel,  é  el  Príncipe  Don  Juan,  su  hijo,  é  las  Infan- 
tas y  corte,  para  ir  á  poner  cerco  sobre  Granada;  é 
primera  jornada  fueron  á  Carmena,  y  dende  á  Cór- 
doba, é  dende  á  Alcalá  la  Real  donde  por  estonco 
quedó  la  Reyna  y  el  Príncipe  y  las  tres  Infantas. 
Partió  el  Rey  de  Alcalá  la  Real  con  su  hueste,  con  la 
gracia  de  Dios,  «n  Miércoles  veinte  días  del  dicho 
mes  de  Abril  del  dicho  año;  é  asentó  su  real  en  la 
cabeza  de  los  Ojinetes,  é  esperó  allí  el  Jueves  las 
gentes  que  le  seguían ,  y  movió  de  allí  el  Viernes 
siguiente,  é  fué  al  valle  de  Velillos,  cerca  do  la 
puente  de  Pino,  é  allí  llegó  á  él  la  gente  de  Sevilla 
é  de  su  tierra,  que  iban  por  la  parte  de  Loxa,  é  el 
Sábado  siguiente  partieron  de  allí,  é  fueron  á  los 
Ojos  de  Huecar,  que  es  una  legua  de  Granada,  poco 
mas,  é  allí  parecieron  estonce  algunos  caballeros 
moros  de  Granada. 

Esa  noche,  Sábado,  el  Rey  mandó  ir  al  Duque  de 
Escalona,  Capitán  general  de  la  frontera,  con  fasta 
tres  mil  de  á  caballo  é  diez  mil  peones  al  Alaceria, 
que  son  unos  valles  que  están  á  la  entrada  de  la 
Alpuxarra  donde  hay  muchas  aldeas,  á  las  destruir, 
porque  era  tierra  muy  rica,  de  donde  Granada  ha- 
bia  mucho  reparo,  é  partido  ol  Marqués-Duque  de 
Escalona,  dijeron  al  Rey  que  se  podrían  juntar  del 
Alpuxarra  treinta  mil  hombres  de  pelea,  é  por  eso 
movió  su  real  para  ir  á  facer  espaldas  á  la  gento 
enviada,  y  fué  la  vía  de  Padul,  é  á  la  pasada  de 
Granada  salieron  todos  los  caballeros  de  Granada 
á  dar  en  la  falda  de  la  gente,  é  trabaron  la  es- 
caramuza con  ellos  por  mandado  del  Rey;  y  el 
Conde  de  Tendilla,  y  el  Conde  de  Cabra  salieron  á 
la  escaramuza,  y  dieron  tan  gran  prisa  con  ella,  que 


DON  FERNANDO 
los  moros  ovieron  de  huir  é  fueron  algunos  muer- 
tos, é  fueron  tomados  algunos  de  ellos,  é  presos, 
ansí  á  caballo  como  estaban,  y  hecho,  pasó  todo  el 
real  sin  peligro,  y  llegó  á  Padul,  donde  fallaron 
que  venia  el  Marqués  Duque  de  Escalona  con  la 
presa,  y  con  la  gente  que  habían  tomado,  que  ellos 
habían  entrado  en  las  aldeas  del  Alazarin,  é  como 
los  moros  estaban  descuidados,  diciendo  que  no  ha- 
bría quien  osase  allí  entrar,  tomáronlos  de  salto  é 
robaron,  é  destruyeron  nueve  aldeas,  á  mataron  mas 
de  quinientos  moros,  é  ovieron  nluy  gran  presa  de 
moros  ó  ganados,  é  ropas,  é  joyas,  é  oro,  é  plata,  é 
destruyeron  lo  que  pudieron,  é  allí  todos  juntos  con 
©1  real  durmieron  aquella  noche,  Domingo  en-  la 
noche;  y  otro  día  de  mañana,  Lunes,  el  Rey  acordó 
de  tornar  á  entrar  á  destruir  del  todo  los  lugares 
que  el  dicho  Marqués  habia  destruido,  é  otros  que 
estaban  mas  adelanle,  enmedío  de  las  Alpuxarras. 
E  esa  noche,  Domingo,  vinieron  de  Granada  por  la 
sierra  tres  capitanes  moros  con  mucha  gente  de  á 
caballo,  é  de  á  pié,  ballesteros,  á  ponerse  en  un  paso 
áspero,  por  defender  á  que  la  gente  del  real  no  pa- 
sase adelante;  é  el  Rey  otro  dia,  Lunes,  partió  de 
allí  con  su  hueste,  é  el  Duque  de  Cádiz,  con  otros 
Grandes  del  real,  con  algunos  capitanes  de  los  con- 
trarios de  el  Rey,  enderezaron  al  paso  donde  los 
moros  estaban,  y  pelearon  con  ellos,  y  desbaratá- 
ronlos, y  los  moros  huyeron,  y  quedaron  allí  muer- 
tos mas  de  ciento,  é  tomaron  á  vida  mas  de  sesenta, 
é  pasaron  adelante  á  las  Alpuxarras,  é  quemaron  é 
destruyeron  del  todo  los  nueve  lugares  primeros,  y 
robaron,  quemaron  y  destruyeron  otros  quince  lu- 
gares adelante  de  las  Alpuxarras,  en  que  fueron 
muchos  moros  muertos,  é  muchas  moras,  chicos  é 
grandes  cautivos,  é  ovieron  los  christíanos  muchos 
despojos  de  sedas,  oro,  plata,  alhajas,  ropa,  gana- 
dos, é  otras  muchas  cosas,  que  aquella  tierra  estaba 
muy  guardada  é  rica,  y  bien  creían  los  moros,  que 
primero  se  perdería  Granada,  que  allí  les  entrasen; 
é  después  de  esto,  el  Rey  mandó  talar  los  panes,  é 
taláronlos  todos  quantos  en  esa  tierra  habia,  y  este 
dicho  dia.  Lunes,  dia  de  San  Marcos,  el  Rey  y  todo 
el  real  se  volvieron  á  dormir  á  Padul.  E  en  todo 
esto  no  ovo  muerte  ni  daño  en  los  christíanos,  sal- 
■vo  algunos  pocos  peones  que  fueron  heridos  de 
saetas,  ni  ovo  daño  de  muerte  en  persona  señalada, 
salvo  en  un  paje  de  la  Reyna,  llamado  Avellaneda, 
que  murió  de  una  herida  que  le  dieron  los  moros 
en  la  pelea;  é  el  Rey  volvió  á  la  vega  de  Granada, 
é  de  vuelta  tomaron  la  torre  de  Gandía,  donde  se 
tomaron  treinta  moros,  é  asentó  su  real  en  el  Agosto 
donde  edificó  la  villa  de  Santa- Fé,  cerca  de  los  Ojos 
de  Huecar,  á  vista  de  la  ciudad  de  Granada,  muy 
fuerte,  é  de  muy  fuertes  edificios  y  de  muy  gentil 
hechura,  en  cuadro,  como  hoy  parece,  para  enfrenar 
á  Granada,  é  el  Rey  le'puso  Santa-Fé,  porque  su  de- 
seo é  el  de  la  Reyna  su  mujer,  era  siempre  én  acre- 
jcentamiento  é  favor  de  la  Santa  Fé  Cathólica  de 
■Jesuchristo.  Puédese  contar  el  comienzo  del  cerco 
de  este  vencimiento  desde  veinte  y  seis  de  Abril,  un 
dia  después  de  San  Marcos,  ^ue  volvió  el  Rey  desde 


B  DO^A  ISABEL.  Uí 

el  Padul,  asentó  acerca  de  donde  está  ahora  la  villa 
de  Santa-Fé,  enduró  el  cerco  ocho  meses,  fasta  el  di» 
de  los  Reyes  Magos,  é  más  ocho  días,  dejando  loa 
días  de  Abril,  pasados  en  el  ejercicio  susodicho. 

CAPÍTULO  CI. 

Del  ejército,  del  real,  é  de  los  Capitanes,  é  de  como  emprestó  el 
Duqae  de  Cádiz  su  tienda  al  Rer,  é  de  los  moros  que  murieron 
un  dia  que  la  Reyna  fué  á  ver  la  ciudad. 

El  Rey  asentó  su  real  muy  ordenadamente  á  la 
parte  donde  edificó  la  villa  de  Santa-Fé,  dos  leguas 
de  Granada,  donde  continuamente  tuvo  mas  de 
quarenta  ó  cinqüenta  mil  hombres  de  pelea,  en  que 
había  diez  mil  de  caballo ;  é  de  allí  salian  concer- 
tadamente capitanes  con  gente  á  correr  é  talar  con- 
tinuamente á  Granada  por  todas  partes;  en  el  qual 
tiempo  el  Rey  fizo  combatir  muchas  fortalezas  de 
acerca  de  la  ciudad,  é  tomólas  por  fuerza  de  tiros  ó 
lombardas,  é  de  ellas  derribó  de  el  todo  por  el  sue- 
lo, é  de  ellas  fortaleció  é  puso  guarnición  en  ellas; 
y  sobre  las  talas  ovieron  muchas  escaramuzas  é  pe- 
leas entro  los  moros  é  los  christíanos,  de  que  siem- 
pre volvieron  huyendo  los  moros  á  la  ciudad. 

Los  Capitanes  mayores  que  el  Rey  tuvo  en  aquel 
cerco  fueron :  el  Maestre  de  Santiago,  el  Marqués- 
Duque  de  Cádiz,  el  Duque  de  Escalona,  el  Conde 
de  Tendilla,  el  Conde  de  Cifuentes,  el  Conde  de 
Cabra,  Don  Alonso  de  Aguilar,  el  Conde  de  Ureña, 
caballeros  de  Andalucía,  que  corno  estaban  cerca 
vinieron  á  este  cerco,  estos  é  todos  los  otros  caba- 
lleros del  Andalucía;  é  de  los  Grandes  de  Castilla, 
como  estaban  cansados  de  venir  tan  lejos,  á  las 
otras  guerras  é  cercos,  muchos  no  vinieron  á  este 
cerco  en  persona,  salvo  enviaron  sus  capitanes  con 
gente,  y  de  muchas  partes  de  Castilla  no  vinieron, 
por  las  grandes  fatigas  padecidas  de  cada  año.  Y 
porque  en  este  cerco,  puesto  caso  que  era  la  mayor 
priesa  é  honra,  no  se  temía  tanta  afrenta  como  en 
lo  pasado,  fizo  el  Rey  cercar  el  real  muy  bien  de 
paredes  é  cavas,  como  lo  tenia  por  costumbre  en 
los  otros  cercos,  é  desque  el  real  fué  fortalecido,  la 
Reina,  y  el  Príncipe,  é  la  Infanta  Doña  Juana  vi- 
nieron al  real  desde  Alcalá  la  Real,  donde  habían 
quedado;  á  los  quales  el  Maestre  de  Santiago,  é  el 
Marqués-Duque  de  Cádiz,  é  otros  Grandes,  salieron 
á  recibir,  é  después  el  Rey,  desque  allegaron  cerca 
del  real.  E  viendo  el  Duque  de  Cádiz,  que  la  Reyna 
habia  necesidad  de  una  tienda,  emprestóle  la  suya, 
que  era  la  mayor,  pieza  por  pieza,  que  habia  en  el 
real,  é  de  las  mas  fuertes,  é  mas  gentiles  del  mundo, 
la  qual  él  habia  mandado  hacer  con  intención  de  la 
Santa  guerra,  y  servía  desde  el  comienzo  de  los  cer- 
cos do  Alora  y  Setenil,  é  Ronda;  é  allí  en  aquella 
tienda  del  Duque  de  Cádiz  fué  la  Reyna  Doña  Isa- 
bel muy  bien  aposentada,  é  el  Duque  tenia  muchas 
tiendas,  de  que  se  amparó  en  el  dicho  cerco;  é  el 
Rey,  é  la  Reyna,  é  el  Príncipe,  é  Infantas,  é  Damas 
é  Señoras,  tenían  sus  tiendas  é  posadas  en  lo  mas 
fuerte  é  seguro  del  real;  é  la  Reyna  é  su  fija  cabal 
gabán  muchas  veces  por  ver  el  real  é  la  '^iudad  dQ 

41 


642  CRÓNICAS  DE  LOS 

Granada,  é  tenían  muchos  refrijerios  y  placeres  de 
muchas  trompetas  bastardas,  é  chirimías,  é  sacabu- 
ches, é  atabales,  é  atambores  continamente,  que  en 
el  real  no  cesaban. 

E  un  dia.  Sábado,  á  diez  y  ocho  dias  del  mes  de 
Junio,  la  Reyna  dijo  que  quería  ir  á  ver  de  mas  cer- 
ca á  Granada,  de  donde  la  pudiese  bien  mirar  lo 
alto  y  lo  bajo;  é  cabalgaron  el  Rey  y  el  Príncipe, 
con  ella  é  con  la  Infanta,  é  fueron  con  ella  una 
gran  batalla  de  caballeros  é  peones,  é  fuéronse  á 
poner  á  unas  aldeas,  que  llaman  las  Julias,  que  es- 
tán como  fuera  del  real  á  la  mano  izquierda  do  la 
ciudad,  muy  cerca  de  ella,  de  donde  se  parece  lo 
llano  de  la  ciudad,  y  mandaron  al  Duque  de  Esca- 
lona, y  al  Conde  de  Ureña  y  á  Don  Alonso  de  Cár- 
denas, Señor  de  Aguilar,  y  á  otros  caballeros,  que 
se  pusiesen  con  sus  batallas  en  la  aldea  de  la  Sier- 
ra, que  está  encima  de  la  aldea,  donde  sus  Altezas 
se  pusieron  á  mirar  desde  una  ventana  de  una  casa 
muy  buena,  donde  se  apearon  é  metieron;  é  el  Mar- 
qués-Duque de  Cádiz,  é  el  Conde  de  Tendilla,  é  el 
Conde  de  Cabra,  y  Don  Alonso  Fernandez,  Señor 
de  Alcaudete  é  Monteraayor,  se  pusieron  al  rostro 
de  la  ciudad  con  sus  batallas,  entre  el  lugar  donde 
el  Rey  é  la  Reyna  estaban  é  la  ciudad.  E  la  Reyna 
envió  á  mandar  al  Duque  de  Cádiz,  que  no  oviese 
escaramuza  con  los  moros,  porque  no  muriese  gen- 
te, é  que  la  escusase  quanto  pudiese,  porque  los  mo- 
ros sallan  á  defender  su  ciudad,  muchos  é  muy  ar- 
mados, é  el  Duque  la  escusó  fasta  medio  dia.  Y  los 
moros  salieron  fuera  de  la  ciudad  muchos  de  ellos, 
ó  sacaron  dos  tiros  gruesos  de  pólvora,  con  que 
tiraban  á  las  batallas  del  Duque,  é  salieron  muy 
muchos  moros  á  caballo  é  á  pié,  é  apretaron  á  unos 
pocos  de  caballeros  christianos  mucho  fasta  las  ba- 
tallas del  Duque,  por  trabar  el  escaramuza,  en  ma- 
nera que  no  se  pudo  escusar  el  escaramuza,  ni  se 
pudo  guardar  el  mandamiento  de  la  Reyna,  é  los 
moros  se  alejaron  un  poco  de  la  ciudad  afuera  de 
las  huestes,  é  fasta  quarenta  de  á  caballo  chris- 
tianos, é  algunos  peones  de  los  do  las  batallas 
del  Duque  entraron  en  la  escaramuza  con  los  mo- 
ros, é  como  los  christianos  eran  pocos,  los  moros 
los  apretaban  mucho;  é  el  Duque  acordó  de  arre- 
meter con  toda  la  gente  á  ellos,  é  arremetió  con 
su  batalla,  en  la  qual  había  fasta  mil  y  doscien- 
tas lanzas,  contra  los  moros,  v  el  Conde  de  Ten- 
dilla con  su  batalla,  por  la  mano  derecha  del  Duque, 
y  el  Conde  de  Cabra,  é  Don  Alonso  Fernandez  do 
Montemayor  por  la  mano  izquierda  del  Duque  con 
la  suya  y  fueron  á  dar  con  los  moros,  y  desba- 
ratáronlos, y  mataron  muchos  moros,  y  fueron  en 
el  alcance  fasta  las  puertas  de  la  ciudad,  en  que 
fueron  mas  de  seiscientos  moros,  y  heridos  y  cau- 
tivos; ansí  que  entre  muertos,  y  heridos  y  cauti- 
vos fueron  mas  de  dos  mil  moros,  é  tomáronles 
los  tiros  de  pólvora  que  habían  sacado;  é  muchos 
moros  escaparon  huyendo  por  la  sierra.  Todo  lo 
qual  vieron  muy  bien  el  Rey  é  la  Reyna,  y  Prín- 
cipe é  Infanta  desde  la  ventana  de  la  casa  donde 
«Rtaban;y  el  Rey,  y  la  Reyna  y  la  Infanta,  quando 


REYES  DE  CASTILLA. 

vieron  pelear,  se  hincaron  de  rodillas,  rogando  á 
Dios  nuestro  Señor  que  quisiese  guardar  los  chris- 
tianos, é  ansí  ficieron  las  Damas,  é  las  señoras  que 
las  acompañaban;  é  los  moros,  aunque  eran  muchos, 
no  se  pudieron  valer  con  la  priesa  é  impetuosa  vuel- 
ta que  el  Marqués-Duque  de  Cádiz,  con  su  batalla, 
que  iba  delante,  les  dio;  é  los  otros,  Conde  de  Ten- 
dilla, é  Conde  de  Cabra,  ó  Don  Alonso  Fernandez 
con  las  suyas,  que  iban  de  un  cabo  y  del  otro,  según 
dicho  es;  é  los  moros  mesmos,  desque  empezaron  á 
huir,  se  derribabais,  unos  á  otros;  é  no  ovo  allí  caba- 
llero christiano  aquel  dia  de  aquellas  batallas,  que 
no  fincase  su  lanza  en  moro;  é  no  ovo  daño  allí 
aquel  dia  en  los  christianos,  salvo  algunos  pocos 
heridos,  é  ovo  caballos  muertos;  é  el  Rey  é  la  Reyna 
ovieron  de  este  vencimiento  mucho  placer,  y  mas 
porque  fué  la  Reyna  la  causa  de  ello.  E  después  de 
fecho  el  desbarate,  é  de  cojido  el  despojo,  sus  Alte- 
zas vinieron  por  donde  el  Duque  estaba;  y  dijo  el 
Duque:  «Señora,  de  Dios  y  de  la  buena  ventura  da 
Vtra.  Alteza,  se  cometió  este  desbarato»:  y  la  Rey- 
na y  el  Rey  dijeron:  «Duque,  antes  habernos  sida 
servidos  de  vuestra  buena  dicha,  por  lo  vos  así  ha- 
ber cometido.»  Los  moros  quedaron  esta  vez  muy 
espantados,  y  no  osaban  salir  de  la  ciudad  tan  suel- 
tamente como  antes. 

Acaeció  en  el  real ,  un  Jueves  en  la  noche,  catorce 
dias  del  mes  de  Julio ,  que  la  Reyna  mandó  quitas© 
una  vela  á  una  doncella  en  su  tienda  de  un  cabo,  y 
poner  en  otro  á  la  hora  de  dormir ,  porque  le  impe- 
dia la  lumbre  ;  pero  durmiendo  la  Reyna  y  la  de- 
más gente  del  real ,  dejando  los  que  velaban  y  ron- 
daban, como  quiera  que  fué,  ó  de  la  flama  de  la  di- 
cha vela,  que  alcanzó  á  la  tienda,  ó  cayó  sobre  la 
vela  alguna  cosa,  que  encendió  la  tienda  é  alzó  lla- 
mas de  fuego,  alcanzó  de  ella  el  fuego  á  otras,  é 
como  había  muchas  ramadas,  encendióse  un  gran 
fuego  ;  y  como  la  Reyna  lo  sintió ,  salió  huyendo  de 
su  tienda ,  y  fuese  á  la  tienda  del  Rey ,  que  estaba 
allí  cerca  de  la  suya,  y  recordó  al  Rey,  que  dormía, 
y  cabalgaron  luego  ambos  á  caballo,  y  en  tanto  el 
Príncipe  é  la  Infanta ,  Damas  y  Señoras ,  todos  sa- 
lieron fuera  de  las  tiendas ,  en  tanto  que  la  gente 
apagaba  el  fuego ,  que  fué  muy  grande  y  espanto- 
so, con  aquellas  casas  de  ramas  que  había,  que  so 
quemaban ,  é  mandó  el  Rey  ir  mucha  gente  la  vía 
de  Granada,  porque  si  los  moros  viniesen,  viend» 
el  fuego  al  real ,  que  hallasen  quien  los  detuviese. 
Y  como  el  Marqués-Duque  de  Cádiz  vido  el  fuego, 
luego  cabalgó  é  salió  al  campo  la  vía  de  Granada,  ó 
le  siguieron  mas  de  tres  mil  de  caballo,  y  se  puso 
en  el  lugar  por  donde  mayor  peligro  esperaba.  Que- 
máronse muchas  tiendas^  ropas  é  joyas,  que  no  pu- 
dieron ser  socorridas ;  quemóse  la  tienda  donde  la 
Reyna  estaba,  que  era  la  primera  en  donde  el  fue- 
go se  encendió,  é  otras  tiendas  del  Rey,  que  esta- 
ban juntas  con  ella,  é  muchas  ramadas,  que  estaban 
por  allí  cerca.  Era  aquella  tienda  que  se  le  quemó  á 
la  Reyna,  la  tienda  alfaneque,  muy  singular,  la 
mejor  que  en  el  real  había,  que  el  Duque  de  Cádiz 
la  habia  prestado  en  que  se  aposentase.  Ovo  gran* 


DON  FERNANDO 
de  alboroto  en  todo  aquel  real  sobre  aquel  fuego, 
diciendo  quien  lo  liabia  puesto,  y  la  Reyna  dixo, 
que  no  pensasen  otra  cosa ,  sino  que  una  doncella 
Buya  lo  habia  puesto,  no  queriéndolo  liacer,  salvo 
por  mal  recaudo.  Cerca  de  este  tiempo ,  en  este  mis- 
mo mes  de  Julio,  se  encendió  un  fuego  en  Medina 
del  Campo,  en  que  se  quemaron  mas  de  doscientos 
pares  de  casas,  que  nunca  les  pudieron  poner  re- 
medio. 

En  este  mismo  mes  de  Julio,  no  pude  saber  si  fué 
el  propio  dia,  antes  ó  después  siete  ú  ocho  dias, 
acaeció  la  gran  desdicha  é  desastrada  muerte  del 
Príncipe  de  Portugal,  yerno  del  Rey  é  de  la  Reyna, 
marido  de  la  Infanta  Doña  Isabel,  que  corriendo  á 
la  par  con  un  escudero ,  que  iba  en  otro  caballo , 
cayó  de  él ,  é  murió  luego  súpito.  Esto  acaeció  en 
la  villa  de  Santarem ;  é  aun  antes  que  el  cerco  so 
alzase ,  vino  la  Infanta  cubierta  de  luto  á  sus  padres 
á  Illora,  é  estuvo  ende,  donde  el  Rey  é  la  Reyna  la 
fueron  á  visitar,  é  haber  con  ella  parte  de  su  dolor 
é  desventura. 

CAPÍTULO  CU. 

Del  partido  de  la  Alhambra ,  y  como  se  dio  Granada. 

Pasaron  Julio,  é  Agosto,  é  Septiembre,  é  Octubre, 
.<é  Noviembre,  que  nunca  los  moros  se  quisieron  dar, 
y  ya  en  el  mes  de  Diciembre,  que  no  teuian  que  co- 
mer sino  pocos  mantenimientos,  demandaron  par- 
tido al  Rey  é  á  la  Reyna,  el  qual  se  concertó  entre 
el  Rey  y  los  moros  en  treinta  dias  del  mes  de  Di- 
ciembre ,  de  entregar  todas  las  fortalezas ,  que  ellos 
y  el  Rey  Baudili  tenian,  é  el  Alhambra,  á  el  Rey 
Don  Fernando ,  que  los  dejase  en  su  ley  é  en  lo 
suyo ,  é  en  este  partido  fueron  conformes  todos ;  é 
él  Rey  y  la  Reyna  se  lo  otorgaron,  con  otras  condi- 
ciones y  capítulos,  que  se  fuesen  los  que  quisiesen, 
y  donde  quisiesen,  é  cuando  quisiesen,  é  que  les  die- 
een  pasaje,  é  diesen  ellos  todos  los  christianos  cau- 
tivos, é  los  que  hablan  pasado  allende  de  tanto 
iiempo  fasta  allí;  y  en  firmeza  de  esto,  ol  común  y 
caudillos  de  Granada ,  é  el  Rey  Muley  Baudili,  jun- 
to con  ellos,  enviaron  al  real  quatrocientos  moros, 
chicos  é  grandes,  personas  de  valor  para  rehenes, 
hasta  que  entregasen  á  Granada,  conviene  á  saber, 
las  fuerzas  de  ella ;  y  los  dichos  rehenes  entregados, 
como  los  moros  son  movibles  é  muy  livianos  en  sus 
movimientos,  é  alboroto  y  agüero,  creyeron  mu- 
chos de  ellos  á  un  moro  que  se  levantó  por  la  ciu- 
dad, diciendo :  «que  hablan  de  vencer  ellos,  ensal- 
zando áMahomad,  é  reptando  el  partido»;  é  ando- 
vo  por  la  ciudad  dando  voces,  é  levantáronse  con 
él  mas  de  veinte  mil  moros.  É  el  Rey  Baudili,  des- 
que vido  el  alboroto ,  no  osó  íjalir  de  la  Alhambra  á 
Be  lo  resistir,  hasta  otro  dia,  que  era  Sábado,  que 
salió  al  Albaycin,  y  mandó  llamar  los  de  aquel 
Concejo  ,  é  ellos  vinieron  alborotados,  é  preguntó- 
les que  qué  era  aquello,  y  ellos  se  lo  contaron,  y  él 
i]es  dijo  su  parecer ,  y  amansólos  lo  mejor  que  pudo, 
¡diciendo  :  que  ya  no  era  tiempo  de  facer  movimien- 
•jto ,  lo  uno  por  la  necesidad^  en  que  estaban ,  la  qual 


É  DOÑA  ISABEL.  643 

no  daba  lugar  á  se  poder  mas  sustentar,  lo  otro  por 
los  rehenes  ser  ya  entregados,  que  mirasen  bien  el 
gran  daño,  y  la  muerte  que  tenian  delante  de  si,  sin 
ningún  remedio  de  socorro  ;  á  esto  dicho,  volvióse 
á  su  Alhambra.  Y  el  concierto  era,  que  las  fuerzas 
de  la  ciudad  se  hablan  de  entregar  el  dia  de  los 
Reyes  Magos,  como  dicho  es;  y  el  Rey  Baudili, 
viendo  aquel  impedimento  de  liviandad  de  los  mo- 
ros, é  aquel  alboroto,  escribió  al  Rey  Don  Fernan- 
do todo  el  fecho  del  alboroto,  é  como  los  moros 
hablan  fecho  movimiento  en  lo  capitulado  é  asen- 
tado, como  hombres  de  poco  saber,  y  que  él  no  es- 
cedia  ni  desviaba  de  lo  que  habia  concertado  ;  que 
antes  suplicaba  á  su  Alteza,  que  viniese  luego  sin 
más  tardar  á  recibir  el  Alhambra,  é  no  aguardase  á 
los  seis  dias  de  Enero ,  pues  tenia  los  rehenes ,  y  sin 
embargo  del  alboroto,  prosiguiese  en  lo  primero 
asentado  y  capitulado.  É  el  Rey  é  la  Reyna,  vista 
la  carta  é  embaxada  del  Rey  Baudili,  aderezaron  de 
ir  á  tomar  el  Alhambra,  y  partieron  del  lugar  del 
real,  Lunes  dos  de  Enero,  con  sus  huestes,  muy  or- 
denadas sus  batallas ;  é  llegando  cerca  de  la  Alham- 
bra, salió  el  Rey  Muley  Baudili,  acompañado  de 
muchos  caballeros ,  con  las  llaves  en  las  manos,  en- 
cima de  un  caballo,  y  quísose  apear  á  besar  la  mano 
al  Rey,  y  el  Rey  no  se  lo  consintió  descabalgar  del 
caballo,  ni  le  quiso  dar  la  mano,  é  el  Rey  moro  le 
besó  en  el  brazo  y  le  dio  las  llaves,  é  dijo  :  «Toma, 
Señor,  las  llaves  de  tu  ciudad  ,  que  yo,  y  los  que  es- 
tamos dentro  somos  tuyos»,  y  el  Rey  Don  Fernando 
tomó  las  llaves  é  dióselas  á  la  Reyna,  y  la  Reyna  se 
las  dio  al  Príncipe ,  y  el  Príncipe  las  dio  al  Conde 
de  Tendilla ,  al  qual ,  con  el  Duque  do  Escalona, 
Marqués  de  Villena,  é  con  otros  muchos  caballeros 
é  con  tres  mil  do  á  caballo  é  dos  mil  espingarderos, 
envió  entrar  en  el  Alhambra  é  se  apoderar  de  ella 
é  fueron,  é  entraron,  é  la  tomaron,  é  se  apoderaron 
de  lo  alto  y  bajo  de  ella,  é  fueron,  é  entraron,  é  mos- 
traron en  la  mas  alta  torre  primeramente  el  estan- 
darte de  Jesuchristo,  que  fué  la  Santa  Cruz,  que  el 
Rey  traia  siempre  en  la  santa  conquista  consigo;  é 
el  Rey,  é  la  Reyna,  é  el  Príncipe  ,  á  toda  la  hueste 
se  humillaron  á  la  Santa  Cruz,  é  dieron  muchas  gra- 
cias é  loores  á  nuestro  Señor ;  é  los  Arzobispos  é 
clerecía  dijeron  Te  Deum  laudamus;  é  luego  mos- 
traron los  de  dtntro  el  pendón  de  Santiago ,  que  el 
Maestre  de  Santiago  traia  en  su  hueste,  y  junto  con 
él  el  pendón  Real  del  Rey  Don  Fernando ,  y  los  re- 
yes de  armas  del  Rey  dijeron  á  altas  voces:  «¡Cas- 
tilla, Castilla!»  é  ficieron  allí  é  dijeron  allí  aquellos 
reyes  de  armas  lo  que  á  su  oficio  era  debido  de  fa- 
cer, é  dieron  sus  pregones,  é  fueron  presentes  á  este 
acto  é  bienaventurada  victoria,  con  el  Rey  é  con  la 
Reyna,  el  Príncipe  Don  Juan  é  la  Infanta  Doña 
Juana,  sus  fijos,  é  el  Cardenal  de  España,  Arzobis- 
po de  Sevilla,  é  el  Maestre  de  Santiago,  é  el  Duque 
de  Cádiz,  é  otros  muchos  Caballeros,  é  Condes,  ó 
Prelados ,  é  Obispos ,  é  grandes  Señores,  que  seria 
prolijo  de  escribir ;  é  otros  muchos  quedaron  guar- 
dando el  real,  que  no  fueron  allí.  E  esto  fecho,  el 
Bey  y  la  Reyna  con  todas  las  huestes  se  volvieron 


6I« 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DÉ  CASTILLA: 


al  real,  dejando  en  el  Alhambra  al  Conde  de  Tendi- 
11a  con  toda  la  gente  que  era  menester  para  la  guar- 
dar ;  é  los  moros  de  Granada  entregaron  luego  al 
Rey  todas  las  sobre-puertas,  é  torres,  é  fortalezas 
de  Granada,  é  el  Rey  envió  alcaydes  á  todas,  é  s© 
apoderó  en  todo  lo  fuerte  de  Granada,  é  esto  fecho, 
el  Rey  fizo  tomar  las  armas  é  fortalezas,  así  ofen- 
sivas como  defensivas,  y  se  las  truxeron  todas  á  el 
Alhambra,  y  quedaron  todos  sin  armas,  salvo  algu- 
nas que  escondieron.  El  Rey  moro  Muley  Baudili, 
con  los  caballeros  mayores  de  Granada,  é  con  otros 
muchos,  salieron  de  la  ciudad  é  se  fueron,  según 
las  condiciones  del  partido;  muchos  se  fueron  allen- 
de ,  y  otros  á  los  lugares  de  los  moros  mudejares,  ya 
ganados,  y  el  Rey  Muley  Baudili  se  fué  á  vivir  y  á 
reinar  al  Val  de  Purchena,  que  es  en  las  tierras  que 
el  Rey  habia  ganado  cuando  ganó  á  Vera ,  que  era 
todo  de  mudejares,  donde  el  Rey  le  dio  señorío,  é 
renta  en  que  viviese,  é  muchos  vasallos,  é  le  alzó 
la  pensión  que  de  antes  le  debia ,  y  le  dio  sus  rehe- 
nes, que  le  tenia  desque  lo  soltó  sobre  rehenes. 

El  Rey  é  la  Reyna,  é  la  corte  se  estuvieron  en 
Santa-Fé,  en  la  qual  todo  el  tiempo  del  cerco  fabri- 
caron é  labraron ,  é  en  el  real ,  y  á  veces  en  tiempos 
en  el  Alhambra,  fasta  fin  de  todo  el  mes  de  Mayo 
del  año  de  1492  años,  y  aun  parte  del  mes  de  Junio, 
que  no  osaron  de  allí  partir  fasta  dejar  quieta  la 
ciudad ,  en  el  qual  tiempo  ovo  algunos  alborotos  en 
los  moros,  y  les  hallaron  una  mina  llena  de  armas, 
é  el  Rey  puso  en  la  ciudad  muchas  justicias  é  al- 
caydes, é  tan  buen  concierto,  que  sojuzgó  muy  bien 
la  muchedumbre  de  los  moros,  que  en  ella  habiá, 
que  pasaban  de  quarenta  mil  vecinos ;  y  por  los  al- 
borotos y  desconciertos  que  algunos  moros  ficieron 
mientras  la  corte  allí  estuvo ,  que  se  alborotaron 
dos  ó  tres  veces,  mataron  muchos  por  justicia,  é 
quartearon,  é  despedazaron  otros,  en  tal  manera, 
que  los  pusieron  sobre  el  yugo  del  temor  y  obedien- 
cia que  convenia.  E  ganada  é  sojuzgada ,  é  puesta 
debajo  del  yugo  de  Castilla  la  gran  ciudad  de  Gra- 
nada, el  Rey,  y  la  Reyna  y  la  corte,  en  los  primeros 
dias  de  Junio,  se  partieron  del  Alhambra  é  vinie- 
ron á  tener  la  Pasqua  del  Espíritu  Santo  á  Córdoba, 
que  fué  aquel  año  á  diez  dias  de  Junio,  victoriosos 
y  bien  afortunados  con  tanto  triunfo  de  honra  y 
bienaventuranza  quanta  la  honra  le  manifiesta.  E 
ansí  dieron  glorioso  fin  á  su  santa  y  loable  con- 
quista, é  vieron  sus  ojos,  lo  que  Aiuchos  Reyes  é 
Príncipes  desearon  ver,  un  reyno  de  tantas  ciudades 
é  villas ,  é  de  tanta  multitud  de  lugares,  situados  en 
tan  f ortísimas  y  fragosas  tierras ,  ganado  en  diez 
años.  ¿  Qué  fué  esto  sino  que  Dios  les  quiso  proveer 
de  eUo  é  darlo  en  sus  manos  ? 

CAPÍTULO  CIIL 

De  c6mo,  y  porqué,  y  cuándo  empresentó  el  Gran  Turco  Bayace- 
to  al  Papa  el  fierro  de  la  lanza  con  que  nuestro  Redemptor  Je- 
snchristo  fué  herido  en  el  costado  ;  é  de  la  hechura  del  santo 
hierro,  é  de  las  reliquias  que  están  en  Constantinopla. 

En  el  año  de  1492  envió  el  Turco  Bayaceto ,  Em- 
perador de  Constantinopla ,  Soldán  de  la  Turquía, 


al  Papa  Inocencio  VIII,  quarenta  mil  ducados  áo 
la  pensión  é  tributo  que  cada  año  le  daba,  porqua 
tuviese  en  Roma  á  buen  recaudo  á  su  hermano  Za- 
liacio ,  del  qual  ya  oísteis  en  el  XLIV  capítulo  da 
este  libro ,  como  viniéndose  vencido  por  la  mar  á 
tierra  de  christianos,  antes  de  demandar  seguro,, 
gente  del  gran  Maestre  de  Bodas  lo  envió  al  Rey 
Luis  de  Francia,  el  qual  no  lo  quiso  recebir,  é  dijo 
que  no  lo  quería,  ni  quería  que  estuviese  en  sus  rey- 
nos,  ni  los  viese,  é  pusieron  en  poder  del  dicho 
Papa  Inocencio  ;  é  sabido  por  el  Turco  su  hermano, 
que  estaba  en  Roma,  envió  á  hacer  su  amistad  con 
el  Papa,  y  ofrecióle  de  le  dar  cada  año,  porque  la 
tuviese  á  buen  recaudo,  cierta  suma  de  ducados, 
decían  que  quarenta  mil  ducados,  porque  se  temía 
mucho  de  él ,  y  el  Papa  lo  tuvo  en  Roma  á  buen  re- 
caudo todo  el  tiempo  que  vivió,  dejándolo  vivir  é 
ser  servido  como  gran  señor,  empero  con  muy  gran- 
des guardas ,  de  manera  que  no  se  pudiese  ir ,  y  el 
Papa  Inocencio  VIII,  entre  sus  embaxadas,  se  crea 
le  enviaría  á  pedir  el  hierro  de  la  lanza  con  que  el 
caballero  hirió  á  nuestro  Redemptor  Jesuchristo  es- 
tando en  la  Cruz,  en  el  costado,  que  estaba  con  las 
reliquias  que  estaban  en  Constantinopla,  y  el  Turco 
se  lo  envió,  con  la  dicha  pensión  de  los  dichos  du- 
cados, aunque  le  fué  muy  costoso  de  darlo,  según 
la  estimación  y  reverencia,  y  precio  que  sabe  que 
los  christianos  tenian  allá,  y  la  gran  devoción  en 
aquel  santo  hierro ,  y  en  las  otras  santas  reliquias 
que  están  en  Constantinopla  en  poder  de  los  chris- 
tianos grecos.  Y  el  Papa,  sabiendo  que  venían  los 
embaxadores,  y  traían  el  santo  hierro,  enviólo  á 
recibir  con  dos  Obispos  á  la  Marca  de  Ancona,  los 
quales  le  truxeron  de  allí  á  Roma,  é  salió  el  Papa» 
vestido  de  Pontifical,  con  todos  los  Cardenales  á  lo 
recibir  con  grandes  procesiones,  todos  á  pié;  y  el 
Papa  se  sentía  mal,  é  iba  en  unas  andas,  y  salieron, 
por  la  puerta  del  Pópulo  á  recibirlo,  y  el  Papa  so 
apeó  de  las  andas,  é  se  humilló  en  tierra  con  muy 
^ran  acatamiento,  é  lo  tomó  en  las  manos  en  una 
caja  de  oro ,  donde  venia  engastonado ,  en  un  viril 
christalino  de  muy  fermosa  hechura,  y  por  todas 
partes^  se  parecía  el  propio  hierro  la  punta  hacia  ar- 
riba. E  el  Papa  lo  mostró  al  pueblo ,  donde  todos  lo 
adoraron  como  ámuy  santa  reliquia,  que  tocó  en  et 
costado  de  nuestro  Redemptor ,  é  fué  en  tiempo  da 
su  pasión  allí  presente.  Y  así  en  las  andas  lo  trujo 
el  Papa  fasta  la  iglesia  de  San  Pedro ,  donde  lo  pu- 
sieron en  muy  honrado  lugar ;  y  el  hierro  era  corto, 
según  parecía  á  todos  los  que  lo  adoraron,  y  pudo 
ser,  que  algún  gran  señor  ó  Rey,  de  los  que  han  te- 
nido aquellas  santas  reliquias  en  guarda,  la  quitase 
algo  de  lo  que  entró  en  el  santo  costado  y  glorioso, 
para  mas  devoción,  así  como  hizo  un  Emperador  da 
Grecia,  que  hizo  una  barbada  para  el  freno  de  su 
caballo ,  en  que  gastó  uno  de  los  clavos  con  que 
nuestro  Redemptor  fué  clavado  en  la  Cruz,  é  sojuz- 
gó é  ganó  muy  grandes  tierras  é  reynos ,  é  tuvo  que 
por  virtud  de  aquel  freno  lo  habia  Dios  hecho  vic- 
torioso, segr.n  cuenta^  Mosen  Juan  de  Mandavilla  j 
y  el  dicho  fierro  es  de  esta  hechura  y  tamafio  de  ía^ 


DON  FERNANDO 
íanza,  &  lo  que  parecía,  la  mitad  de  la  verdadera 
Cruz  en  que  nuestro  Redemptor  padeció ;  é  era  fas- 
ta estonces ,  que  fué  enviado  al  Papa  como  he  di- 
cho ,  el  fierro  de  la  lanza  con  que  el  caballero  firió 
el  costado  de  nuestro  Redemptor  después  de  haber 
espirado ,  é  una  de  sus  ropas  sin  costura,  é  la  espon- 
ja, é  el  vaso  con  que  le  dieron  á  beber  el  hiél  y  vi- 
nagre ,  quando  estaba  en  la  Cruz ,  é  una  parte  de  la 
corona  con  que  nuestro  Redemptor  fué  coronado,  é 
la  Cruz,  é  uno  de  los  clavos,  é  otras  muchas  reli- 
quias; é  eso  mesmo  está  en  Constantinopla,  el  cuer- 
po de  Señora  Santa  Ana ,  madre  de  nuestra  Señora 
Santa  María,  que  lo  fizo  traer  allí  Santa  Elena,  é 
yace  el  cuerpo  do  San  Lúeas  é  otros  muchos  cuer- 
pos santos. 

Murió  el  Papa  Inocencio  VIII  desde  á  poco 
tiempo  después  de  haber  recibido  el  santo  fierro,  en 
el  año  de  1492,  á  veinte  y  siete  de  Julio;  é  crearon 
Papa  los  Cardenales  al  Vice-canciller,  Cardenal  Ar- 
zobispo de  Valencia,  el  qual  se  llamó  Alejandro  VI; 
fuéle  muy  contrario  el  Cardenal  Advíncula  Sancti 
Petri,  en  la  elección,  y  aun  después  en  algunas 
óosas. 

CAPÍTULO  CIV. 

Del  fallccimionto  de  algunos  Grandes ,  é  del  Marqüés-Duqüe 
de  Cádiz. 

En  el  tiempo  del  cerco  de  Granada  murió  en  Cas- 
tilla en  su  tierra  é  casa  el  noble  caballero  Don  Pe- 
dro Fernandez  de  Velasco,  Conde  de  Haro,  Condes- 
table de  Castilla ;  sucedióle  el  Señor  Don  Bernardi- 
no,  su  hijo.  Murió  el  Adelantado  del  Andalucía, 
Don  Fadrique,  viniendo  del  real  do  Granada,  de  su 
muerte  natural ,  en  el  campo  cerca  de  Antequera  en 
una  tienda ;  allí  le  truxeron  los  Sacramentos ,  é  dio 
eu  ánima  á  Dios  gimiendo  sus  pecados  y  con  muy 
gran  contriccion,  en  quatro  dias  de  Febrero,  año 
de  1492.  Subcedióle  su  hijo  Don  Francisco  Hen- 
riquez. 

Murió  el  Duque  de  Medina-Sidonia,  Don  Enri- 
que de  Guzman,  en  su  villa  de  Sanlúcar,  en  sus 
palacios,  este  dicho  año  de  1492,  Viernes  noche, 
amaneció  Sábado  de  mañana  finado,  á  veinte  dias 
del  mes  de  Agosto ;  subcedióle  su  hijo  Don  Juan  de 
Guzman,  Murió  el  esforzado  caballero  Marqués-Du- 
que de  Cádiz,  Don  Rodrigo  Ponce  de  León,  en  la 
ciudad  de  Sevilla,  dentro  de  sus  casas,  de  achaque 
de  una  opilación  que  se  le  hizo  andando  en  la  guer- 
ra contra  los  moros.  Recibió  todos  los  Sacramentos, 
é  dejó  por  subcesor  á  su  nieto  Don  Rodrigo.  Este 
fué  el  caballero  que  mas  trabajó  de  los  Grandes  de 
Castilla  en  la  guerra,  que  desque  Alhama  tomó  no 
'ovo  entrada  que  el  Rey  ficiese,  que  él  no  fuese  en 
ella,  en  todos  los  diez  años  que  duró  la  conquista 
del  reyno  de  Granada.  Él  fizo  el  comienzo  y  vido 
el  fin,  é  ovo  su  parto  de  la  gloria^  victoria,  que  él 
fué  presente  en  la  entrega  de  Granada,  que  fué  el 
sello  de  la  conquista,  y  asimismo  fué  honrado  en 
la  muerte ;  pasó  de  esta  presente  vida  en  Lunes 
veinte  y  siete  de  Agosto  del  dicho  año  de  1492,  dada 


i  DO^A  ISABEL.  645 

la  una ,  en  presencia  del  Prior  é  del  Vicario  de  Saa 
Gerónimo ,  que  lo  absolvieron  con  la  Santa  Cruza- 
da é  consolaron  hasta  la  fin,  la  qual  esperó  como 
él  era,  é  ovo  muy  buena  é  con  mucho  arrepenti- 
miento de  sus  pecados,  é  fizo  christianos  actos  ea 
su  testamento ,  é  firmólo  ante  Christóbal  Gutiérrez, 
ó  Francisco  Sánchez,  escribanos  públicos  de  Sevilla, 
en  presencia  de  todos  los  quales  estaban,  así  caba- 
lleros como  dueñas.  Desque  ovo  espirado,  luego  el 
Señor  Don  Luis  Ponce,  é  su  Padre  Don  Pedro  Ponce, 
Señor  de  Villagarcía,  é  todos  sus  parientes,  ó  herma- 
nos ,  é  criados ,  é  escuderos  de  casa  se  cubrieron  do 
jerga,  y  eran  tantos,  que  no  cabían  en  toda  la  casa; 
é  alcanzó  mucha  honra  en  su  fin ,  que  estuvieron  á 
su  fallecimiento  é  enterramiento  y  se  cubrieron  por 
él  de  luto  el  Señor  Don  Alonso  de  Aguilar,  que  era 
mucho  su  amigo,  y  Don  Pedro  Puertocarrero,  her- 
mano de  la  Señora  Duquesa,  Señor  de  Moguer ;  é  el 
Señor  Don  Luis  Paertocarrero,  Señor  de  Palma  ;  y 
otros  muchos  honrados  señores ;  Fernán  Darías,  Se* 
ñor  del  Viso,  é  Pedro  de  Vera,  é  Don  Luis  Méndez 
Puertocarrero,  é  Francisco  Cataño,  ó  otros;  todos 
estos  se  cubrieron  de  luto,  que  faltó  la  jerga  con  el 
fallecimiento  del  Duque  de  Medina ;  é  pusiéronlo 
en  un  atahud  aforrado  en  terciopelo  negro  é  una 
Cruz  blanca  de  Damasco ,  en  presencia  de  los  dos 
frailes,  vestido  de  una  rica  camisa  é  un  jubón  de 
brocado ,  é  un  sayo  de  terciopelo  negro ,  é  una  mar- 
Iota  de  brocado  fasta  en  pies,  é  unas  calzas  de  gra- 
na, é  unos  borceguíes  negros ,  é  itn  cinto  de  hilo  de 
oro,  é  su  espada  dorada  ceñida,  según  él  acostum- 
braba traer  quando  era  é  andaba  en  las  guerras  de 
los  moros, é  ansí  decindieron  el  atahud  con  él  déla 
sala  é  lo  pusieron  en  unas  andas  enf erradas  de  ter- 
ciopelo negro,  abajo  en  el  cuerpo  de  las  casas,  don- 
de los  Ronces  sus  hermanos  y  parientes ,  y  la  Du- 
quesa su  mujer  y  otras  muchas  dueñas  hicieron  so- 
bre él  grandes  lloros  é  sentimiento  ;  eso  mesmo 
hicieron  sus  escuderos  é  criados,  é  doncellas,  é  gen- 
te de  su  casa ,  é  otros  é  otras  muchas  de  su  tierra  é 
también  de  la  ciudad ,  que  era  muy  bien  quisto  ca- 
ballero. Desque  fué  noche,  antes  del  Ave  María,  vi- 
nieron mas  de  ochenta  clérigos  con  la  Cruz  de  Santa 
Cath aliña,  y  tres  órdenes  de  frailes  del  Carmen,  de 
la  Merced  é  de  San  Francisco ,  y  encomendáronlo  ó 
sacáronlo  en  las  andas,  acompañándolo  los  de  los 
eclesiásticos,  el  Provisor  é  todos  los  mas  honrados 
Canónigos  de  la  iglesia  mayor,  é  Arcedianos,  é  Dig- 
nidades ,  é  los  Obispos  que  se  hallaron  en  la  ciudad; 
é  de  lo  seglar  el  Conde  de  Cifuentes,  Asistente  de 
Sevilla,  y  la  mayor  parte  del  Rejimiento  de  la  Ciu- 
dad  de  Veintíquatros  y  Alcaydes  mayores,  é  otras 
gentes,  que  no  cabían  por  todas  las  calles ;  llevá- 
ronlo por  la  calle  de  la  Albóndiga  é  por  San  Lean- 
dro, faciendo  por  sus  trechos  sus  paradas,  donde  la 
clerecía  le  decía  sus  (responsos ;  é  las  gentes  que 
seguían  sus  plores,  y  les  ayudaban  las  dueñas ,  que 
salían  á  mirar  desde  sus  puertas  é  ventanas  á  lo  llo- 
rar, é  daban  tan  grandes  gritos  las  mujeres  de  la  . 
ciudad  por  donde  lo  llevaban,  como  si  fuese  su  pa- 
dre, ó  fijo,  ó  hermano  4^  todas,  siguiéronlo  é  acom* 


ei6 


CKÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


pafiáronlo  tantas  gentes  fasta  San  Agustin ,  que  no 
cabían  por  las  calles,  ni  por  los  adarves,  ni  en  la 
iglesia  de  San  Agustin;  é  ansí  iban  gentes  acompa- 
ñándolo y  honrándolo  como  cuando  facen  la  fiesta 
del  Corpus  Christi  en  Sevilla,  aunque  era  de  noche. 
Salieron  con  él  desde  su  casa  doscientas  quarenta 
hachas  de  cera  encendidas ,  que  parecía  por  donde 
iban  que  era  en  mitad  del  día.  Acompañáronle  asi- 
mismo desde  su  casa  hasta  la  sepultura  diez  bande- 
ras, que  por  sus  fuerzas  é  guerras  que  hizo  á  los 
moros  antes  que  el  Key  Don  Fernando  comenzase 
la  conquista  del  reyno  de  Granada  las  ganó,  las 
quales  en  testimonio  allí  iban  cerca  del,  c  las  pu- 
sieron sobro  BU  tumba,  donde  ahora  están  susten- 
tando la  fama  de  este  buen  caballero ,  la  qual  no 
puede  morir  é  es  inmortal ,  así  como  el  ánima ;  é 
quedaron  allí  en  memoria.  Saliéronlo  á  recebir  los 
frailes  de  San  Agustin  con  la  Cruz  é  cirios,  é  ocho 
incensarios  vestidos  de  almástigas  negras ,  é  así  lo 
metieron  muy  honradamente  en  la  iglesia  y  pusie- 
ron las  andas  en  una  muy  alta  cama,  donde  estuvo 
hasta  que  le  dijeron  quatro  vijilias,  cada  orden  la 
suya,  é  otra  la  clerecía,  é  dichas  lo  depositaron  en 
BU  tumba,  cerca  de  los  Condes  Don  Juan  su  padre, 
é  Don  Pedro  Ponce,  su  abuelo.  Nue&tro  Señor  le  dé 
santa  gloria.  Otro  día  le  dixeron  muchas  misas. 

El  Rey  é  la  Rey  na,  desque  supieron  la  muerte  del 
Marqués-Duque  de  Cádiz,  se  retrajeron,  é  encerra- 
ron, é  ovieron  mucho  sentimiento  ;  é  pusieron  luto 
negro  por  él,  y  las  damas  Uorarqn  mucho  en  la 
casa  del  Rey,  que  lo  amaban  mucho,  que  las  servia 
é  daba  mucho,  é  lo  conocían  de  como  recibía  y 
acompañaba  á  la  Reyna  y  á  ellas  en  tierra  de  mo- 
ros, porque  llevándolo  la  Reyna  é  ellas  cerca  de  si, 
hacían  cuenta  que  llevaban  al  Cid  Ruy  Díaz  en  su 
tiempo,  porque  los  moros  lo  temían  mucho ,  tanto, 
que  donde  quiera  que  sabían  que  iba ,  conocían  su 
bandera,  no  esperaban  ni  osaban  pelear. 

Dares  y  Homero,  coronistas,  escribieron  muy  por 
estenso  en  las  historias  de  las  conquistas  de  Troya 
las  facciones  de  Héctor,  é  París,  é  Troilo,  sus  her- 
manos, é  de  los  otros  troyanos  que  fueron  famosos 
en  las  armas  ;  c  eso  mesrao  los  de  Diomedcs  é  Uli- 
ses,  é  de  Menelao,  é  Agamenón,  é  Aquilea  Griego, 
que  fasta  hoy  viven,  por  ser  escritas,  aunque  fue- 
ron gentiles  y  sin  ley  ;  pues  ¿quauto  mas  debían 
ser  escritas  las  cosas  hazañosas  y  virtuosas  que  los 
nobles  caballeros  de  España  haceu  j^han  hecho  en 
las  guerras,  y  junto  con  ellas  las  faccionos  y  con- 
diciones de  cada  imo?  y  poi'que  las  de  este  noble  ca- 
ballero Duque  de  Cádiz  merecen  ser  escritas,  son 
las  siguientes  : 

Era  hombre  de  buen  cuerpo,  derecho  ,  mas  me- 
diano que  grande,  de  muy  recios  miembros,  brazos 
é  piernas,  muy  gran  caballero  de  la  gineta ;  era 
blanco  en  el  cuerpo  ó  rojo  en  la  cara,  é  cabellos  é 
pescuezo,  é  tenía  algunas  pintas  por  ol  pescuezo  é 
manos;  era  hermoso  de  gesto,  la  cara  mas  larga  que 
angosta  ni  luenga,  no  había  en  ella  reprehensión  ; 
la  habla  é  órgano  de  ella  muy  clara,  é  muy  buena ; 
los  cabellos  rojos  é  crespos,  é  las  barbas  rojas  ;  era 


muy  esforzado  c  bravo,  é  muy  feroz  á  sus  enemi- 
gos, ó  muy  verdadero  amigo  de  sus  amigos  ;  amaba 
mucho  sus  vasalles ,  é  volvía  por  ellos  quando  lo 
habían  menester,  é  era  muy  bien  templado  en  co- 
mer é  dormir  ;  era  casto,  é  cauto ,  é  muy  celoso  de  ' 
todas  las  mujeres  de  su  tierra,  é  deseaba  que  no  hu- 
biese ninguna  mala,  y  no  consentía  que  ninguno 
suyo  burlase  á  ninguna  mujer,  ni  la  infamase,  y  so- 
bre esto  hacia  tanto,  que  el  que  algo  de  esto  peca- 
ba no  osaba  parar  en  toda  su  tierra.  Quería  que  sus 
vasallos  así  honraran  á  los  alcaydes  é  alguaciles  do 
su  tierra  como  á  él  mesmo.  Retenía  mucho  los  eno- 
jos, y  no  podía  haber  tan  ahina  la  templanza  de  la 
paciencia  ;  perdonaba  tarde  á  quien  lo  enojaha ;  no 
le  aplacia  facer  burla  de  los  locos  ,  nin  de  simples, 
nin  le  aplacian  los  truanes,  nin  trompadores;  tenia 
continuamente  asaz  aleones,  y  no  le  aplacia  mucho 
la  caza,  luego  so  enojaba;  era  muy  cobdicioso  y 
cuidadoso  por  acrecentar  el  patrimonio  de  sus  an- 
tepasados, y  compró  castillos,  vasallos,  donadíos, 
lugares  y  heredamientos ;  con  que  mas  de  medio  á 
medio  acrecentó  en  la  renta  de  su  patrimonio  ;  era 
muy  amador  de  la  justicia,  y  hacíala,  y  continua- 
mente tenia  sus  vasallos,  en  justicia,  é  toda  su 
tierra,  é  oía  sus  vasallos,  é  deliberábalos  é  proveía- 
los muy  presto  cuando  ante  él  venian,  y  enviába- 
los á  sus  casas,  porque  no   se  gastase;  pugnaba  y 
hacía  mucho  por  la  honra  suya  ó  de  sus  parientes  ; 
hacía  bien  á  sus  parientes,  no  quería  en  su  compa- 
ñía hombres  cobardes,  ni  lisonjeros,  ni  de  malos 
artes ;  ni  quería  ver  ni  oír  hombres  traidores  ni  la- 
drones ;  agradábale  la  música  algo,  especialmente 
trompetas  bastardas  é  chirimías,  é  sacabuches,   é 
atabales,  é  de  aquella  que  alegran  las  gentes  en  la 
guerra  ;  era  muy  devoto   de  Santa  María  Nuestra 
Sonora,  y  de  la  Iglesia,  y  ordinariamente  oía  misa 
cada  día,  y  rezaba  sus  oraciones  por  libro,  y  des- 
pués en  unos  corales ;  y  desde  la  conf es'on  hasta 
« ite  misa  est»  nunca  hablaba  á  ninguna  persona,  ni 
alzaba  las  rodillas  del  suelo  ;  comunmente  hacía  ce- 
lebrar con  mucha  solemnidad  las  fiestas  de  Nuestra 
Señora  de  la  O  y  la  fiesta  de  la  Anunciación  ,  que 
cae  en  Marzo,  y  aun  las  mandaba  celebrar  en  sus 
ciudades,  villas  y  lugares,  en  las  quales  hacia  dar 
grandes  colaciones  é  limosnas ;  tenia  una  capilla  de 
vestimentos,  cálices  é  ornamentos,  como  convenía, 
con  que  le  decían  la  misa  en  su  casa  é  posada,  era- 
pero  nunca  se  hacía  perezoso  de  ir  á  oír  misa  á  la 
iglesia  del  pueblo  donde  se  hallaba  ;  era  caballero 
que  le  placía  mucho  la  geometría  de  labrar  y  repa- 
rar castillos,  y  casas  y  cercas  y  fortalezas,  y  labró 
y  gastó  en  ella,  con  lo  que  labró  y  fortaleció  en  Al- 
calá de  Guadáira  y  en  la  ciudad  de  Xerés,  é  Alanís, 
quando  la  tomó  en  tiempo  del  Rey   Don  Enrique, 
mas  de  diez  y   siete  quentos,  según  él  decía  é  sus 
mayordomos.  De  sus  fechos  é  victorias  ya  es  dicho 
en  sus  tiempos  é  Jugares.  Nuestro  Señor  le  quiera 
perdonar  y  poner  en  su  santa  gloría.  Amen. 


DON  FERNANDO 

CAPÍTULO  CV. 

De  Bretaña,  é  de  como  el  Rey  de  Francia  la  tomó  é  se  casó 
con  la  Duquesa. 

Cerca  de  estos  tiempos  murió  el  Duque  de  Breta- 
ña, é  subcedióle  una  fija,  que  no  tenia  otro  fijo  va- 
ron  ni  fija,  el  qual  Duque  no  estaba  bien  quisto  con 
el  Eey  de  Francia,  antes  en  guerra ,  porque  favore- 
cía á  algunos  caballeros  de  Francia,  que  deservían 
al  Rey,  y  los  acojia  en  su  tierra,  así  como  á  Mon- 
seor  de  Labrit,  é  á  otros.  E  ya  oísteis  como  el  Rey 
Luis  de  Francia  falleció  el  afio  de  1482  y  le  sucedió 
Carlos  su  hijo,  é  quedó  pequeño  é  desposado  con 
Margarita,  fija  del  Rey  délos  Romanos,  niña  de 
quatro  años,  ó  ambos  quedaron  cada  uno  á  su  parte 
en  el  reyno  de  Francia ,  en  tutela  é  gobernación  del 
Parlamento  de  Paris,  é  de  algunos  de  'los  Grandes 
de  Francia ;  é  el  Rey  Carlos  salió  mozo  mal  dispues- 
to é  feo  de  miembros  y  gesto  ;  é  luego  como  fué  de 
edad  é  le  dieron  la  gobernación  del  reyno,  comenzó 
á  hacer  la  guerra  á  la  Duquesa  de  Bretaña,  porque 
otros  tiempos  habia  sido  sujeta  á  la  Francia,  y  la 
Duquesa  estaba  desposada  por  cartas  y  embaxado- 
res  con  el  Rey  de  los  Romanos ,  Duque  de  Austria, 
Maximiliano,  fijo  del  Emperador  Federico  de  Ale- 
mania é  Roma,  yerno  que  fué  del  Gran  Duque  Car- 
los de  Borgoña,  Conde  de  Flándes ;  y  la  Duquesa 
de  Bretaña  comenzóse  de  amparar,  y  defender,  y 
apercibir  de  valedores,  y  vino  en  su  favor  el  Conde 
de  Escalas,  inglés,  que  fué  en  la  batalla  de  Loxa, 
el  qual  murió  en  una  batalla  que  ovo  entre  france- 
ses é  bretones  ;  é  el  Rey  Don  Fernando  de  Castilla 
fué  valedor  de  la  dicha  Duquesa,  é  como  andaba 
en  guerra  de  los  moros  de  la  conquista  de  Grana- 
da, aunque  le  socorrió  no  fué  tanto  como  quisiera, 
y  Monseor  Labrit,  caballero  de  Francia,  Señor  de 
gran  parte  de  la  Gasconia,  andaba  ausentado  de 
Francia,  por  enojo  que  á  el  Rey  habia  fecho ,  é  el 
Eey  de  Francia  le  habia  tomado  la  tierra,  y  era 
también  valedor  de  la  Duquesa  ;  y  este  estaba  tam- 
bién enemistado  con  el  Rey  Don  Fernando  de  Casti- 
lla, por  partes  del  reyno  de  Navarra,  que  habia  ca- 
sado su  fijo  con  la  Reyna  de  Navarra  contra  la  vo- 
luntad del  Rey  Don  Fernando,  y  tuvo  Monseor  de 
Labrit  forma  como  se  hiciese  amigo  del  Rey  Don 
Fernando,  é  el  Rey  le  dio  gentes  y  facultad  con  que 
fuese  á  socorrer  á  la  Duquesa  de  Bretaña,  é  envió 
con  él  otros  capitanes  é  á  Pedro  de  Mosquera,  con 
mas  de  cinco  mil  hombres  de  España,  de  á  caballo 
é  de  á  pié.  E  el  Rey  de  los  Romanos,  su  esposo  de 
la  Duquesa,  no  pudo  socorrerla  ni  venir  á  facer  el 
matrimonio  personalmente ,  porque  habia  morido 
estonces  el  Rey  Mathías  de  Ungría,  su  legítimo  her- 
mano, el  qual  era  casado  con  fija  del  Rey  Don  Fer- 
nando de  Ñápeles  ;  é  el  Rey  de  los  Romanos  habia 
guerra  allá  sobre  aquel  reyno,  diciendo  que  le  per- 
tenecía gran  parte  de  él,  é  conquistábalo,  é  después 
no  salió  con  él,  é  por  esto  no  socorrió  á  la  Duquesa 
en  la  dicha  guerra  ,  que  el  Rey  de  Francia  la  mo- 
vió. E  eetaqdo  el  Rey  Don  Fernando  en  la  guerra 


É  DOÑA  ISABEL.  64? 

de  la  conquista  del  reyno  de  Granada,  el  Rey  suso- 
dicho Carlos,  mozo  que  comenzaba  á  reynar  eu 
Francia,  se  movió  en  persona  con  muy  gran  hueste 
é  artillería,  é  fué  sobre  Nántes  de  Bretaña,  que  es  la 
más  principal  ciudad  y  la  mayor  de  Bretaña,  y  cer- 
cóla, estando  dentro  la  Duquesa  ;  é  Monseor  de  La- 
brit fué  traidor  á  la  Duquesa  y  al  Rey  Don  Fernan- 
do, á  quien  se  habia  ofrecido  por  suyo,  é  le  habia 
dado  gente  con  que  ficiese  la  guerra  al  Rey  do 
Francia,  en  defensa  de  la  dicha  Duquesa  de  Breta- 
ña ,  ó  vendió  la  ciudad  é  la  Duquesa  al  Rey  ds 
Francia,  é  desque  pensó  la  traición ,  según  decían, 
él  hizo  ir  en  persona  al  Rey  de  Francia  ,  y  le  pro- 
metió dar  la  ciudad  y  la  Duquesa,  y  que  le  perdo- 
nase del  enojo  que  del  tenia ,  y  diese  sus  tierras ,  é 
el  Rey  se  lo  prometió ,  y  aun  le  mandó  gran  suma 
de  dineros,  é  le  fizo  otras  muchas  mercedes,  é  le 
volvió  sus  tierras ;  é  como  el  Rey  de  Francia  llegó 
á  Nántes,  é  la  cercó  é  comenzó  de  combatir,  Mon- 
seor de  Labrit,  después  de  hecho  el  concierto,  abrió 
las  puertas,  y  entraron  los  franceses ,  é  tomaron  la 
ciudad  y  la  Duquesa  y  despojaron  á  todos  los  espa- 
ñoles é  echáronlos  de  la  ciudad,  é  así  se  vinieron  á 
mal  recaudo,  por  la  gran  traición  de  Monseor  de 
Labrit,  que  los  vendió  ;  é  el  Rey  tomó  la  ciudad  é 
se  apoderó  de  ella,  y  dende  toda  Bretaña,  é  fizo  un 
cuerpo  de  Bretaña  y  Francia,  y  de  aquí  creció  sus 
reynos,  é  tomó  mujer  por  fuerza,  y  dejó  la  mujer  con 
quien  su  padre  lo  habia  desposado  y  mandado  casar, 
Margarita,  su  hija  del  dicho  Rey  de  los  Romanos, 
con  la  qual  se  habia  desposado  el  año  de  1481,  sien- 
do ella  de  tres  ó  quatro  años,  ó  fué  tenida  por  Reyna 
de  Francia  cerca  de  diez  años ;  y  dentro  en  Fran- 
cia, en  ese  mesmo  trono  é  honra  tenida,  é  habida  su 
gobernación  y  tutela  de  el  Parlamento  de  Paris  é 
de  los  grandes  de  Francia,  así  como  estaba  el  mes- 
mo Rey  Carlos  su  esposo ;  é  desque  el  Rey  de  Fran- 
cia ovo  tomado  á  Bretaña,  dijo  que  Margarita  no 
era  su  mujer,  é  mandóla  llevar  á  su  padre,  y  como 
fuese  ya  mujer,  doncella  de  discreción,  de  trece  años 
poco  mas  ó  menos,  habiendo  reynado  en  Francia  los 
mas  de  ellos,  ved  qué  sentiría  su  ánima  ;  hizo  gran- 
des llantos  ó  lamentaciones,  ella  ó  todos  los  suyos, 
quejándose  de  la  sin  ventura  acaecida,  por  ella  ve- 
nida por  tal  manera  ;  é  envió  la  triste  nueva  á  su 
padre  el  Rey  de  los  Romanos,  é  envióle  el  Rey  á 
decir,  que  no  saliese  de  Francia,  sino  que  si  á  él  iba 
y  de  tal  manera,  que  él  haría  presente  de  su  cabeza 
al  Rey  de  Francia,  su  marido ;  ved  qué  haría  la  sin 
ventura  en  tan  terrible  caso;  mucho  mas  amaba 
perder  la  vida,  que  verse  despojada  de  tal  manera 
de  reynos  y  marido ;  maldecía  á  su  fortuna  é  sinies- 
tra ventura,  su  nacimiento ,  su  vida  ,  su  crianza,  su 
mala  suerte  ,  y  quejábase  á  Dios  de  los  cielos  con 
muchas  lágrimas,  demandando  justicia  del  cielo ;  é 
todos  los  suyos,  é  las  dueñas  é  doncellas  de  su  casa 
hacían  muy  gran  llanto  con  ella,  é  todos  quantos  la 
conocían.  E  la  Reyna  desdichada  ovo  de  salir  de 
Francia  con  muy  gran  dolor  ó  sentimiento  de  su 
corazón  ó  de  su  ánima,  con  fiucia  que  Dios  le  haría 
justicia  de  aquella  injuria,  que  el  Rey  do  Francia 


648  CRÓNICAS  DE  LOS 

8U  marido  lo  había  fecho ,  é  privaría  del  reyno  de 
Francia,  como  él  á  ella  habia  fecho.  E  ansí  fué,  que 
el  Parlamento  é  Grandes  de  Francia,  desque  vieron 
que  el  Roy  Carlos  se  habia  así  casado  con  la  Du- 
quesa de  Bretaña,  enviaron  á  Margarita  en  Flándes 
y  Alemania  á  tierras  de  su  padre,  é  Carlos  quedó  ca- 
sado con  la  Duquesa,  é  ovo  un  fijo,  del  qual  no  go- 
zó, que  finóscle ;  é  él  logró  mal  el  reyno  de  Francia, 
que  no  reinó  después  de  casado  sino  obra  de  quatro 
años,  y  murió  sin  loor ,  y  casó  su  mujer  con  el  Du- 
que de  Orliens,  que  reynó  en  Francia  después  de  él, 
según  mas  adelante  se  dirá ;  y  ansí  castiga  Dios 
también  á  los  reyes  como  á  los  otros  de  qualquier 
estado,  que  hacen  lo  que  no  debían  hacer,  y  no  mi- 
ran que  hay  Dios,  que  es  mayor  que  todos,  el  qual 
en  los  malos  y  perversos,  continuamente  vemos  que 
cumple  aquello  que  dijo  David  por  el  Espíritu  San- 
to :  Viri  aanguinum  et  dolosi  non  dimidiahunt  dies 
stios. 

Los  capitanes  que  el  Rey  Don  Fernando  envió  á 
Bretaña,  fueron  :  Pedro  Carrillo ,  Señor  de  Pliego  é 
Torralva,  que  son  en  el  Obispado  de  Cuenca,  con 
trescientas  lanzas;  Pedro  Quijada,  Señor  de  Villa- 
garcia,  que  es  cerca  de  Medina  de  Rioseco,  con 
trescientas  lanzas,  el  qual  ovo  fortuna  en  la  mar,  é 
volviólo  el  tiempo  dos  veces  á  Castilla ,  una  á  San- 
tiago, é  otra  á  Bilbao  é  Santander ,  é  volvió  otra 
vez  hasta  que  llegó  en  Bretaña  ;  é  sobre  todos  fué 
Pedro  Mosquera,  para  proveer;  é  desque  vido  el 
i  Tencimiento  fecho  por  el  Rey  de  Francia,  queríase 
i  quedar  allá,  después  que  él  fué  en  dar  la  ciudad  en 
rehenes;  é  los  capitanes  no  lo  dejaron,  é  viniendo 
por  la  mar,  desde  la  nao  se  echó  en  el  mar  y  se  aho- 
gó, el  día  de  San  Benito  de  Julio,  estando  el  Rey 
Don  Fernando  en  el  cerco  de  Granada. 

CAPÍTULO  CVI. 

De  el  reyno  de  Navarra,  é  de  sus  cosas  é  guerras,  é  como  reynó  en 
él  el  Rey  Don  Juan,  Rey  de  Aragón  que  después  fué,  é  de  como 
su  fijo  Don  Cirios  fué  contra  él. 

El  Rey  Don  Juan  de  Aragón,  padre  del  Rey  Don 
Fernando,  ovo  el  reyno  de  Navarra  con  su  primera 
mujer,  siendo  Infante  do  Castilla  é  Príncipe  de  Ara- 
gón, y  fué  de  esta  manera :  Ovo  en  Navarra  un  Rey 
llamado  Don  Carlos,  é  no  ovo  fijo  varón,  é  ovo  una 
fija,  que  se  , llamó  Doña  Blanca,  -^ue  le  sucedió  en 
el  reyno,  que  casó  con  el  dicho  Don  Juan,  de  la  qual 
el  dicho  Rey  Don  Juan  ovo  dos  fijas,  la  mayor,  lla- 
mada Doña  Brianda,  que  casó  con  el  Conde  de  Fox, 
Febus  en  Francia,  en  la  Gasconia,  é  la  otra,  nom- 
brada Doña  Blanca,  que  casó  con  el  Rey  Don  En- 
rique de  Castilla,  siendo  Príncipe,  y  después  ovo  un 
fijo,  que  llamaron  Don  Carlos,  que  fué  Príncipe  de 
Navarra,  é  después  de  Aragou,  é  murió  la  Reyna 
Doña  Blanca  de  Navarra  tempranamente,  é  casó  el 
Rey  Don  Juan  segunda  vez  con  Doña  Juana,  fija 
del  Almirante  de  Castilla  Don  Fidiricus,  y  siendo 
el  Príncipe  Don  Carlos  de  catorce  años  arriba,  jun- 
táronse con  él  do  dos  parcialidades  que  habia  en 
Navarra,  l^unfi  la  ele  los  Lusitanos,  que  era  el  Con- 


REYES  DE  CASTILLA. 

destable  de  Navarra,  Mosen  Fierres  de  Peralta,  é  su 
hermano  el  thesorero,  é  metieron  bullicio  y  escán- 
dalo en  el  reyno ,  é  requiriendo  al  Rey  Don  Juan 
que  se  lo  entregase  al  Príncipe  su  hijo,  pues  era 
suyo  ;  y  el  Rey  alegaba  que  aun  no  era  tiempo,  que 
aun  no  era  de  pdad  para  gobernar;  ó  estuvieron 
con  el  Rey  la  parcialidad  de  los  Agrimonteses,  que 
es  el  Conde  de  Lerin ,  é  otros  muchos  caballeros,  ó 
siguióse  multa  mala  entre  ellos  ;  y  los  del  Príncipe 
tomaron  á  Pamplona,  que  es  la  mayor  ciudad  de 
Navarra,  y  dende  el  Príncipe  fué  á  cercar  una  villa, 
que  llaman  Sangüesa,  la  qual  estaba  por  el  Rey,  y 
el  Rey  salió  á  la  descercar,  é  sabiéndolo  el  Principo 
Don  Carlos,  su  fijo,  salióle  al  camino ,  partiendo  de 
Olite  con  su  hueste ,  é  ovieron  su  batalla  campal,  el 
fijo  con  el  padre,  donde  murieron  algunos  de  una 
parte  y  otra,  y  el  padre  fué  vencedor,  é  venció  al 
hijo,  é  le  desbarató  é  prendió  con  otros  muchos,  y 
lo  trujo  preso  á  Zaragoza,  de  Aragón,  y  lo  tuvo  allí 
aprisionado,  y  á  ruego  de  la  Reyna  Doña  Juana,  su 
mujer,  lo  soltó,  y  juró  estonces  el  Príncipe  Don  Car- 
los é  puso  las  manos  corporalmente  sobre  la  hostia 
consagrada,  de  no  ser  mas  contra  su  padre,  sino  es- 
tar siempre  á  su  obediencia  y  mandado  ;  é  como  se 
vido  suelto,  tornóse  otra  vez  á  alzar  é  hizo  cuanto 
pudo  contra  el  padre,  por  lo  echar  del  reyno,  y  vien- 
do que  no  podía  prevalecer  contra  el  padre  con  el 
reyno  de  Navarra  ni  su  favor,  fué  á  demandar  fa- 
vor al  Conde  de  Almiñanque,  el  qual  no  se  lo  dio ; 
é  fué  á  demandar  favor  al  Conde  de  Febus  de  Fox, 
su  cuñado,  ,y  tampoco  se  lo  dio;  é  desque  esto  vido, 
fué  á  demandar  favor  ai  Rey  Luis  de  Francia,  padre 
del  Rey  Luis,  el  qual  tenia  estonce  cuestión  con  el 
Delfin  Luis,  su  fijo,  y  con  algunos  caballeros  de 
Francia,  y  respondió  al  Príncipe  Don  Carlos,  su  pa- 
riente, diciendo:  «¿qué  ejemplo  daré  yo  á  mi  fijo 
ayudándovos  á  vos  contra  vuestro  padre?»  é  con 
esto  respondió  ;  y  el  Príncipe  Don  Carlos  anduvo  y 
tornó  á  Navarra  en  persona,  pugnando  si  pudiera 
echar  del  reyno  á  su  padre,  é  desque  vido  que  no 
podía,  fuese  á  Ñapóles  á  su  tio  el  Rey  Don  Alon- 
so, hermano  del  Rey  su  padre,  el  qual  lo  recibió  de 
muy  buen  grado,  é  le  riñó  mucho  é  castigó  los  yer- 
ros que  contra  su  padre  habia  fecho,  y  le  dijo  :  aso- 
brino,  pues  has  ido  contra  tu  padre,  huye  delante  de 
su  cara  »  ;  é  enviólo  en  Sicilia  ultraf aro,  é  fizóle 
Príncipe  de  ella  ;  é  así  vivió  Don  Carlos  en  aquella 
tierra  en  mucha  honra  fasta  que  falleció  el  Rey  Don 
Alonso  su  tio ;  é  fallecido  el  Rey  Don  Alonso,  los 
catalanes  dijeron  que  querían  que  viniese  su  Prín- 
cipe y  estuviese  en  la  tierra,  y  el  Rey  Don  Juan, 
ya  Rey  de  Aragón,  que  sucedió  al  Rey  Don  Alonso 
su  hermano,  plugo  de  ello,  é  enviaron  por  el  Prín- 
cipe Don  Carlos  á  Sicilia  los  catalanes  de  Barcelona, 
donde  le  fué  fecho  muy  grande  y  solemne  recebi- 
miento  de  los  barceloneses.  Y  á  este  tiempo  estaba 
el  Rey  Don  Juan  haciendo  Cortes  en  Fraga  y  en 
Lérida,  y  el  Principe,  después  de  haber  reposado 
tu  Barcelona,  partió  con  los  Grandes  de  Barcelona 
á  ver  y  besar  las  manos  al  Rey  su  padre ;  y  en  Lé- 
rida la  Reyna  Doña  Juana  y  los  Grandes  de  la  corto 


DON  FERNANDO 
le  salieron  á  recebir  y  fueron  con  él  á  Fraga,  donde 
el  Eey  estaba,  y  el  Rey  salió  de  la  villa  á  un  llano 
fuera  de  ella  á  recibir  á  la  Reyna  y  al  Príncipe,  y 
la  Reyna  descabalgó  é  se  hincó  de  rodillas  y  dixo 
al  Rey  :  «  Señor,  suplico  á  V.  A.  que  perdonéis  al 
Príncipe  mi  hijo  Don  Carlos»,  y  el  Rey  calló;  y  es- 
tonces el  Príncipe,  estando  hincado  do  rodillas,  di- 
jo :  «  Suplico  á  V.  A.  me  perdone  »  ;  y  estonce  habló 
el  Rey  y  dijo  :  «Hijo,  por  amor  de  la  Reyna,  que 
me  lo  suplica,  te  perdono,  y  no  te  tornes  mas»  ;  y 
estonce  el  Príncipe  le  fué  á  besar  el  pió  y  el  Rey 
huyó  el  pié  del  estribo,  y  dióle  la  mano  á  besar,  y 
besólo  en  la  boca,  y  así  con  grandes  alegrías,  y  con 
mucha  solemnidad  de  trompetas  y  atabales  y  mu- 
chas músicas,  se  entraron  en  Fraga,  y  en  la  mesma 
posada  que  el  Príncipe  había  de  posar,  quando  pa- 
saban, estaba  un  loco  á  la  ventana,  y  dijo  pasando 
el  Rey :  «  Ved  que  encara  lo  has  de  tornar  á  prender.» 
Y  estando  el  Rey  y  la  Reyna  en  aquellas  Cortes  y 
el  Príncipe  Don  Carlos,  que  tenia  el  Rey  Cortes  con 
aragoneses  é  valencianos,  vinieron  allí  embajado- 
res de  muchas  partes,  é  fueron  allí  por  embaxado- 
Tea  del  Rey  Don  Enrique  de  Castilla ,  un  caballero 
alcayde  de  Burgos',  é  un  frayle ;  é  un  dia  dijo  al 
Príncipe  el  Rey  :  «  Hijo,  bueno  será  que  te  cases  con 
la  Infanta  de  Portugal»;  y  respondió  el  Príncipe  : 
«Señor,  mas  con  estotra,  pues  se  ha  hablado  y  está 
ya  de  concierto  »;  y  dijo  el  Rey;  «¿De  concierto? 
luego  mas  sabe  en  ello,  que  no  yo.»  Luego  envió 
por  el  frayle,  embaxador,  y  preguntóle,  que  qué 
concierto  traía  con  su  hijo,  y'  el  frayle  le  respondió, 
que  él  no  sabia  nada,  que  no  le  habían  á  él  dado 
parte  de  tal  secreto  :  y  estonco  huyó  el  otro  emba- 
xador, y  vínose  en  Castilla,  y  fué  fama  estonce  que 
el  Rey  Don  Enrique  lo  quería  casar  con  Doña  Isa- 
bel ,  su  hermana,  y  lo  facía  Maestre  de  Santiago,  y 
le  quería  dar  favor  para  que  destruyese  á  su  padre; 
y  estonce  su  padre  le  tornó  á  prender,  y  moviéronse 
los  catalanes  ádemandallo,  y  el  padre  lo  llevó  pre- 
so á  Fraga,  desde  Lérida,  y  los  catalanes  y  barcelo- 
neses lo  cercaron  en  Fraga  al  Rey,  porfiando  que  les 
diese  al  Príncipe,  fasta  que  se  lo  ovo  de  otorgar,  é 
partieron  de  Fraga  el  Rey  é  la  Reyna,  é  el  Príncipe, 
en  son  de  preso,  para  Cataluña  con  los  catalanes ,  é 
vinieron  todos  á  Villaf ranea  de  Panadés,  que  está 
á  seis  leguas  de  Barcelona,  é  allí  dio  el  Rey  el  Prín- 
cipe á  los  catalanes,  é  juró  el  Príncipe  allí  otra  vez 
no  salir  de  la  obediencia  é  querer  de  su  padre,  é  los 
barceloneses  acordaron  y  pacificaron  con  el  Rey,  é 
llevaron  al  Príncipe  consigo  á  Barcelona ;  á  desque 
el  Príncipe  se  vido  en  Barcelona ,  él  ni  los  catala- 
nes no  osaron  mas  de  acudir  con  la  obediencia  al 
Rey,  fasta  que  murió  Don  Carlos  dende  á  cierto 
tiempo,  y  de  allí  decían  los  catalanes,  que  había  lle- 
vado el  mal  de  la  corte  de  su  padre.  Y  muerto  Don 
Carlos,  demandaron  los  de  Barcelona  al  Rey,  que 
les  diese  á  su  fijo  Don  Fernando  por  Príncipe,  con 
condición  que  el  Rey  no  entrase  en  Barcelona  ;  y  el 
Bey  les  dijo,  que  ni  él  quería  estar  en  Barcelona,  y 
que  le  placía  que  lo  oviesen  por  su  parte  ;  y  la  Rey- 
pa  dijo,  que  si  así  querían  tener  á  su  hijo  por  Prín- 


É  DO^A  ISABEL.  649 

cipe ,  que  ella  había  de  estar  con  su  hijo  en  doudo 
él  estuviese,  y  así  se  concertó,  que  la  Reyna  y  el 
Príncipe  estuviesen  en  Barcelona,  y  el  Rey  no  en- 
trase, y  esto  era  porque  los  catalanes  barceloneses 
desamaban  mucho  al  Rey  Don  Juan.  E  como  la 
Rej-na  estuviese  en  Barcelona  con  su  hijo  el  Prín- 
cipe Don  Fernando,  el  Rey  ovo  de  entrar  un  dia  en 
Barcelona  á  ver  á  su  mujer  la  Reyna,  é  su  fijo,  é  su 
casa;  é  como  esto  vieron  é  supieron  los  del  Consejo 
de  Barcelona,  ordenaron  y  mandaron  ,  que  al  Rey, 
Reyna  é  Príncipe  los  botaran  fuera  de  Barcelona;  y 
luego  salieron  fuera  el  Rey,  Reyna  é  Príncipe,  coa 
toda  su  casa,  y  desde  aquel  dia  se  rebelló  Barcelo- 
na contra  el  Rey  Don  Juan,  y  toda  Cataluña,  y  re- 
quirió al  Rey  Don  Enrique  de  Castilla  con  su  obe- 
diencia, y  no  lo  quiso,  y  truxeron  al  Infante  Don 
Pedro  de  Portugal,  por  Señor,  el  qual  tuvieron  dos 
años,  ó  poco  mas  ó  menos,  fasta  que  murió,  é  muer- 
to invocaron  al  Conde  de  Proenza,  hijo  del  Rey 
Reynel,  que  se  llamaba  Duque  de  Calabria,  y  á  otros 
grandes  Señores,  los  quales,  viendo  que  habían  ne- 
gado y  rebelado  á  su  Rey,  no  quisieron  su  partido^ 
y  así  quedaron  sobre  sí  los  catalanes  ;  é  desque  se 
comenzó  la  guerra  entre  ellos  y  el  Rey  Don  Juan, 
fasta  que  se  acabó,  pasaron  diez  años,  en  los  quales 
muchos  males  y  muertes  y  robos  se  siguieron  en 
aquellos  reynos  de  Aragón,  entre  los  catalanes  y  el 
Rey  Don  Juan. 

CAPÍTULO  CVII. 
De  la  subcesion  de  los  reynos  de  Aragón. 

Muerto  el  famoso  Rey  y  esforzado  Don  Alonso, 
Eey  de  Aragón,  de  Valencia,  é  Ñápeles,  Sicilia  ó 
Mallorca,  Cerdeña,  Iviza  é  Barcelona,  y  Señor  de  los 
otros  señoríos  á  la  casa  de  Aragón  pertenecientes  é 
anejos,  é  Infante  de  Castilla,  subcedióle  su  hermano 
el  Rey  Don  Juan  de  Navarra,  Infante  de  Castilla, 
conforme  á  su  testamento  y  al  derecho,  en  todos  los 
reynos  y  señoríos,  dejando  el  reyno  de  Ñapóles,  que 
se  llama  la  gran  Sicilia  Citrafaro,  porque  la  ganó  el 
Conde  con  mucho  trabajo  por  curso  de  muchos  años, 
porque  venia  á  la  casa  de  Aragón  de  derecho,  y  es- 
taba anexado  en  poder  de  quien  no  le  venia  de  de- 
recho, según  la  antigüedad  de  ello  lo  cuenta,  y  por 
eso,  no  con  sentimiento  de  la  casa  de  Aragón,  sino 
de  su  hermano,  que  lo  dexó  á  Don  Fernando,  su  hijo 
bastardo,  el  qual  fué  muy  buen  Roy  después  de  su 
padre  en  Ñápeles;  é  como  el  Rey  Don  Juan  comen- 
zó de  reynar  en  los  dichos  reynos  é  señoríos,  vino  el 
Príncipe  Don  Carlos,  su  fijo,  como  ya  oísteis,  de  la 
Italia  en  Barcelona,  y  sembróse  la  discordia  entre  él 
y  su  padre  y  los  catalanes  é  tomáronlo  los  catalanes 
á  su  padre  ,é  tuviéronlo  en  Barcelona  fasta  que  mu- 
rió tempranamente ;  é  desque  el  Rey  Don  Juan  vido 
que  su  fijo  era  muerto,  á  quien  pertenecía  el  reyno 
de  Navarra,  envió  por  el  Conde  de  Febus  de  Fox,  é 
sucedió  á  Don  Carlos,  y  entrególe  el  Reyno  de  Na- 
varra ;  y  en  este  tiempo  envió  también  por  la  Con- 
desa Doña  Brianda,  su  fija.  Princesa  de  Navarra 
que  es  quien  como  tengo  dicho  subcedió  á  Don  Car-  * 


650  CKÓNICAS  DE  LOS 

los,  y  á  quien  tocaba,  y  en  este  tiempo  siempre  cre- 
cia  la  discordia  y  mal  quista,  que  estaba  entre  los 
catalanes  y  el  Rey,  y  estando  la  Reyna  Doña  Jua- 
na y  el  Príncipe  Don  Fernando  en  Girona ,  el  Rey 
ausente  [de  la  tierra,  salió  Barcelona ,  y  cercáronlos 
allí  para  los  prender  é  destruir,  y  tuviéronlos  cerca- 
dos hasta  que  el  Conde  Febus  vino  de  Navarra  con 
mucha  gente  de  [armas  y  los  socorrió  y  descercó,  y 
fizo  fuir  los  catalanes. 

CAPÍTULO  CVIII. 

Como  fué  empeñado  Perpiñan  al  Rey  de  Navarra,  y  sus  guerras. 

Volviendo  á  la  subcesion  del  rey  no  de  Navarra, 
como  murió  el  Príncipe  Don  Carlos,  reynaron  en  Na- 
varra Doña  Brianda  y  Don  Phebo  su  marido ,  Con- 
des de  Fox,  los  quales  ovieron  quatro  fijos  é  cinco 
fijas,  y  el  mayor,  á  quien  convino  la  subcesion  del 
reyno,  fué  llamado  Felipo,  é  fué  casado  con  una  her- 
mana del  Rey  Luis  de  Francia,  ó  este  murió  tempra- 
na muerte,  antes  que  el  Rey  Don  Juan  su  abuelo,  é 
subcediéronle  un  fijo  é  una  fija,  Phebo  é  Doña 
Brianda,  é  Don  Phebo  reynó  en  Navarra  siendo  ni- 
ño, so  la  guarda  é  tutela  del  Rey  Don  Juan,  su  abue- 
lo, é  murió  siendo  mozuelo,  é  subcedió  Doña  Brian- 
da, que  quedó  ¡en  poder  de  su  madre  ;  é  mientras  el 
Rey  Don  Juan  vivió,  siempre  tuvo  muy  gran  parte 
y  favor  en  Navarra,  y  fortalezas  á  su  mandar,  las 
quales  nunca  osó  soltar,  por  temor  del  daño  que  del 
Rey  de  Francia  le  podia  venir  ;  y  en  aquel  mesmo 
grado  entró  el  Rey  Don  Fernando  su  fijo ,  después 
que  murió  el  Rey  Don  Juan  ;  é  como  murió  el  Rey 
Don  Phebo,  Rey  de  Navarra,  quedó  en  la  encomien- 
da del  reyno  el  Rey  Don  Fernando,  é  como  Don  Phe- 
bo murió ,  quedó  la  subcesion  del  reyno  á  Doña 
Brianda,  su  hermana,  la  qual  ee  llamó  luego  Reyna 
de  Navarra,  y  el  Rey  Don  Fernando  la  quisiera  ca- 
sar con  el  Príncipe  Don  Juan  ,  su  fijo  ,  puesto  caso 
que  ella  era  de  mas  años  que  no  él,  é  nunca  la  pudo 
haber,  ni  su  madre,  que  la  tenia  en  poder,  se  la  qui- 
so dar,  ni  el  Rey  de  Francia  fué  de  este  casamiento 
contento,  cobdiciándola  casar  en  Francia,  por  tener 
de  su  mano  el  reyno  de  Navarra  ;  é  su  madre  de  la 
dicha  Reyna ,  sin  placer  ni  consentimiento  del  Rey 
Don  Fernando  ,  ni  del  Rey  de  Francia,  sus  tios  ,  la 
casó  con  un  fijo  de  Monseor  de  \iabrit,  Señor  de  la 
Gasconia,  ya  dicho  en  el  capítulo  de  Bretaña,  del 
qual  casamiento  ovo  mucho  enojo  los  reyes  susodi- 
chos de  Castilla  y  Francia,  sus  tios  ;  y  eso  mesmo 
Jos  navarros,  é  una  gran  parcialidad  de  ellos  tuvie- 
ron tanto  enojo,  que  no  querían  recebir  por  Rey  al 
marido  de  su  Señora,  y  decían  que  no  reynaria  so- 
bre ellos,  é  tuvieron  en  Navarra  diversas  opiniones 
é  las  villas  é  fortalezas  que  estaban  por  el  Rey  Don 
Fernando  nunca  se  las  quiso  entregar,  no  embar- 
gante que  le  mandó  dar  sus  rentas,  recelando  que 
podia  el  Rey  de  Francia  entrar  é  ofender  á  Castilla, 
é  á  Aragón ,  é  siempre  ovo  en  Navarra  dos  parciali- 
dades, las  antiguas  é  las  de  Mosen  Pierres  de  Peral- 
ta, y  otros  caballeros  tenían  con  el  Rey  é  Reyna  de 
Navarra,  bus  Señores ;  é  el  Conde  de  Lerin ,  Mosen 


REYES  DE  CASTILLA. 

Juan  de  Piamonte,  yerno  del  Rey,  y  Juan  de  Ara- 
gón ,  casado  con  su  fija  bastarda ,  y  otros  muchos 
caballeros  é  comunidades,  de  que  era  cabeza  el  Con- 
de de  Lerín ,  tenían  con  el  Rey  Don  Fernando ;  ó 
ovo  sobre  esto  con  el  Rey  Don  Fernando,  é  la  Rey- 
na Doña  Brianda,  é  el  Rey  de  Navarra,  su  marido, 
muchas  divisiones  y  conciertos  é  rehenes,  é  concor- 
dias, é  vino  la  Reyna  de  Navarra  á ¡Castilla,  donde 
el  Rey  Don  Fernando  y  la  Reyna  Doña  Isabel ,  su 
mujer,  le  ficieron  muchas  honras ,  é  le  dieron  muy 
grandes  dádivas ,  é  alhajas,  é  oro,  é  plata,  é  ropa ,  ó 
riquezas  sin  medida,  é  todavía  se  retuvieron  las  for- 
talezas, ó  sobre  ciertos  conciertos  quedó  en  rehenes 
una  fija  del  Rey  de  Navarra,  que  murió  acá  en  Cas- 
tilla, y  el  Rey  Don  Fernando  le  desempeñó  algunas 
villas  é  fortalezas ,  é  afirmaron  su  concordia  é  paz 
con  él ,  é  reynaron  en  Navarra  pacíficamente. 

CAPÍTULO  CIX. 

De  el  Rey  Don  Juan  de  Araron. 

E  el  Rey  Don  Juan ,  desque  vido  la  enemiga  de 
los  catalanes  é  rebelión ,  y  que  no  tan  solamente  se 
la  defendían  ,  mas  antes  le  ofendían  y  querían  des- 
truir, fué  demandar  socorro  al  Rey  de  Francia  Luis, 
al  qual  empeñó  los  quatro  castillos  en  el  condado  de 
Rosel Ion,  [Perpiñan ,  la  Vellaguarda,  Roca  y  Coli- 
bre, por  cierta  suma  de  coronas  de  oro,  con  lo  qual 
é  con  la  ayuda  de  Dios  é  del  dicho  Rey  de  Francia, 
domó  é  sojuzgó  á  Barcelona,  é  toda  Cataluña,  é  que- 
daron las  dichas  quatro  fuerzas  al  Rey  de  Francia,  ó 
llevó  mucho  tiempo  las  rentas  de  aquellas  tierras; 
é  después  con  concierto  los  ciudadanos  de  Perpiñan 
alzáronse  contra  el  Rey  de  Francia,  é  dieron  la  ciu- 
dad al  Rey  Don  Juan,  é  vínolos  á  cercar  el  Rey  do 
Francia  con  gran  poder,  estando  el  Rey  Don  Juan 
dentro  de  la  ciudad ;  é  fué  sobre  los  cercadores  el 
Príncipe  Don  Fernando,  Rey  de  Sicilia,  que  se  lla- 
maba, é  desbaratólos  é  fizo  alzar  el  cerco,  é  quedó  la 
ciudad  por  el  Rey  Don  Juan  ;  é  siguióse  guerra  en- 
tre el  Rey  de  Francia,  é  el  Rey  Don  Juan  é  sus  tier- 
ras, é  volvió  el  Rey  de  Francia  otra  vez  sobre  Perpi- 
ñan ,  mas  poderoso,  é  púsole  cerco,  é  tomóla,  é  sojus- 
góla  en  todo  lo  empeñado,  é  tóvola  fasta  que  murió 
el  Rey  Don  Juan,  que  murió  año  de  1479  que  nunca 
pagó  la  suma  del  desempeño  ;  é  túvola  más  el  dicho 
Rey  de  Francia  todos  los  días  de  su  vida  fasta  que 
murió  el  año  de  1481 ,  y  mandó  en  su  testamento, 
que  dando  el  Rey  Don  Fernando  la  suma  y  desem- 
peño que  su  padre  el  Rey  Don  Juan  había  recibido, 
le  diesen  á  Perpiñan,  é  todo  lo  empeñado  é  esto  man- 
dó á  su  fijo  Carlos,  Delfin  ,  que  así  lo  hiciese  á  cum- 
pliese; é  el  dicho  Rey  Carlos  de  Francia,  que  subce- 
dió al  Rey  Luis  su  padre,  é  sus  tutores,  aunque  por 
el  Rey  Don  Fernando  por  muchas  veces  fueron  re- 
queridos, nunca  deliberaron  de  dar  los  dichos  empe- 
ños, fasta  que  Dios  lo  permitió. 


DON  FERNANDO 


CAPITULO  ex. 

I)e  como  fueron  los  Judíos  echados  de  España. 

En  el  nombre  del  muy  alto  Dios  nuestro  Señor, 
Visto  por  los  cathólicos  cliristianísimos  Rey  é  Rey- 
na,  el  muy  gran  daño  procedido  de  la  endurecida 
opinión  y  perpetua  ceguedad  de  los  judíos,  y  como 
de  allí  habían  su  nudrimento  la  herética  pravedad 
mosaica  ;  estando  en  el  cerco  de  Granada  el  año  de 
1492,  mandaron  y  ordenaron,  que  á  todos  los  judíos 
de  toda  España,  é  todos  los  Reynos  de  ella,  les  fue- 
se predicado  el  Santo  Evangelio  é  fé  cathólica,  é 
doctrina  christiana,  é  que  los  que  quisiesen  se  con- 
vertir é  baptizarse,  permanecieran  en  sus  Reynos;  así 
como  sus  vasallos  ,  con  todo  lo  suyo,  y  los  que  no 
ee  quisiesen  convertir,  que  dentro  de  seis  meses  se 
fuesen  é  partiesen  de  sus  Reynos;  é  so  pena  de 
muerte  no  volviesen  mas  á  ellos,  é  que  llevasen  to- 
do lo  suyo,  ó  lo  vendiesen  en  lo  que  quisiesen,  salvo 
no  sacasen  oro  ni  plata.  E  salido  este  edicto  é  man- 
dado en  todas  las  sinagogas,  é  plazas  é  iglesias, 
por  los  sabios  varones  de  España  les  fué  predicado 
el  Sauto  Evangelio  é  doctrina  de  nuestra  Santa  Ma- 
dre la  Iglesia,  ó  probado  por  sus  mismas  escrituras, 
como  el  Mesías  que  aguardaban  era  nuestro  Re- 
demptor  Jesuchristo,  que  vino  en  el  tiempo  conve- 
nible, el  qual  sus  antepasados  con  malicia  ignora- 
ron, y  todos  los  otros  que  después  de  ellos  vinieron, 
nunca  quisieron  dar  el  oído  á  la  verdad,  antes  enga- 
ñados por  el  f  ¿liso  libro  del  Talmud,  teniendo  la  ver- 
dad ante  sus  ojos  y  leyéndola  en  su  Ley  cada  día,  la 
ignoraban,  embriagados  así  los  sabios  de  ellos  como 
los  simples,  por  el  edicto  y  doctrina  do  Revase  é  de 
Ravina,  que  compusieron  el  dicho  Talmud.  Y  porque 
sepáis  de  qué  manera  y  en  ;qué  tiempo  fué  fecho  el 
dicho  descomulgado  Talmud,  los  que  no  lo  habéis 
leido,  me  pareció  ser  bien  en  este  lugar  poner  el  ca- 
pítulo siguiente  ,  sacado  del  Fasciculum  temporum, 
que  dice  así : 

{{Talmud  Judeorum,  quodsonat  apud  eos  Doctrina, 
cirea  licec  témpora  anno  CCCC.áduohussummisRab- 
hi8  S.  Rahina,  etRahase,  liberutique  gramUs  etmaior 
decem  Biblis,  in  quo  sunt  inexecrabilia  mendatia,  tur- 
pia  facta,  abominabilia  contra  legem  Dei,  contra  le- 
gan naturoc,  contra  legem  scriptam.  Videntes  namque 
Judei  legem  suam  quotídie  deficere,  etfidcm  christia- 
nam  projicere  in  tota  orbe  etiam  cum  gloria  tempora- 
lium,  hi  dúo  deceptores,  instigarunt  quatenus  hunc  U- 
hrum  componerent,  et  tamque  3Ioysi  scríptus  firmari, 
adhibcrent  Jidem,prohiberent  que,  sub  penamortis,  ne- 
quis  aliquid  negaretdc  his  quce  in  eo  continentur.  Fac- 
tum  est  ita  ad  suam  infelicem  excerationem  et  suorum 
perpetuam  damnationem.  Ne  autem  simplices  Tiabeant 
ocasionem  recedend  ia  tanta  falsitate,  innuerunt  eis,  ut 
interrogati  de  dificilíbus,  responderent :  <s.Nos  hcec  non 
))intellegimus,  sed  Rabhi  nostri  poterunt  responderé  vo- 
))his.))  Sic  traddíti  sunt  inreprobum  sensum,  utplus  his 
nugis  creddant,  quam  Moyse,  aut  Christo ,  verum  ta- 
mem  piaren  in  divcrsis  mundi  partibus  conversis  ere. 


É  DOÑA  ISABEL.  651 

bro  leguntur,  et  aliqui  profide  magna  fecerunt,  etuti- 
lissima  scripta  reliquerunt,)) 
Que  quiere  decir  en  nuestro  lenguaje  castellano  : 
<r  El  libro  de  los  judíos  ,  llamado  Talmud,  suena 
»  acerca  de  ellos  doctrina  ;  fué  compuesto  cerca  de 
«aquellos  tiempos,  en  el  año  del  Nacimiento  de 
»  nuestro  Redemptor  Jesuchristo  de  quatrocienlos 
»  años,  de  dos  grandes  Rabies,  llamados  el  uno  Ra- 
»  base,  y  el  otro  Rabina,  y  fué  ciertamente  un  libro 
B  grande  mayor  que  diez  Biblias,  en  el  qual  hay  men- 
))  tiras  muy  escuras ,  y  abominables  cosas  de  locu- 
»ra,  contra  la  ley  de  Dios ,  y  contra  la  ley  de  natu- 
»ra,  y  contra  la  ley  de  escriptura.  Viendo  los  judíos 
»  en  aquel  tiempo  ya  dicho  amenguarse,  y  crecer  la 
n  ley  christiana  en  todo  el  mundo,  y  aun  con  gloria 
))  de  bienes  temporales  ,  buscaron  estos  dos  engafia- 
))  dores,  conviene  á  saber,  Rabina  y  Rabase,para  que 
»  compusiesen  este  libro,  y  tan  como  á  los  libros 
B  de  Moisen,  y'defendieron,  so  pena  de  muerte,  que 
» ninguno  negase  cosa  alguna  de  lo  que  en  él  era 
»  escripto,  y  fué  así  compuesto  para  su  ceguedad  y 
»  perpetua  pena,  mal  aventurada  de  los  suyos;  y  por- 
«  que  no  hubiesen  los  simples  ocasión  de  apartarse 
»de  su  ceguedad,  mandáronles  que  cuando  fuesen 
» preguntados  de  algunas  cosas  dificultosas,  que 
»  respondiesen :  «  Nosotros  no  entendemos  eso,  mas 
»  nuestros  Rabies  vos  responderán  ;  é  de  esta  mane- 
»  ra  fueron  caldos  en  reprobado  entendimiento,  cre- 
»  yendo  mas  á  las  mentiras  de  este  libro,  que  no  á 
o  Moysen  y  á  Christo.  Empero  muchas  veces  se  lee 
B  muchos  de  ellos  ser  convertidos  en  diversas  partes 
»  del  mundo.  Otro  sí  ficieron  grandes  cosas  por  la  fe, 
»é  después  de  sus  días  dejaron  escripturas  muy 
»  provechosas.» 

É  cebados  con  la  dicha  descomulgada  doctrina 
del  Talmud  los  judíos  que  en  aquel  tiempo  vivían 
en  España,  aunque  ante  los  ojos  vian  el  destierro 
y  la  perdición  suya,  aunque  requeridos  fueron  y 
amonestados  por  la  dichas  predicaciones  y  amones- 
tamientos, siempre  quedaron  pertinaces  é  incrédu- 
los, y  aunque  de  fuerza  dieron  el  oído,  nunca  de  gra- 
do recojieron  en  el  corazón  cosa  que  les  aprovecha- 
se, antes  quitados  de  oir  la  predicación  evanjélica, 
les  predicaban  sus  Rabies  la  contraria,  é  los  esforza- 
ban y  ponían  esperanzas  vanas ,  y  les  decían ,  que 
supiesen  por  cierto  que  aquello  venia  por  parte  de 
Dios,  que  los  quería  sacar  de  cautivos,  y  llevarlos  á 
la  tierra  de  promisión  ;  y  que  en  esta  salida  verían 
Israel,  pues  que  del  pueblo  de  Israel  ovieron  co- 
mienzo de  salvación ,  é  ovieron  ley,  é  conocieron  ó 
recibieron  el  Mesías  verdadero,  que  los  redimió,  que 
fué  Nuestro  Redemptor  Jesuchristo  ,  Dios  y  hom- 
bre ,  que  Dios  había  prometido  enviar  é  envió,  el 
qual  ellos  por  su  malicia  no  conocieron  é  reci- 
bieron los  que  estonce  eran,  ni  quisieron  dar  el 
oido  á  sus  grandes  milagros  é  maravillas  que  fizo, 
antes  con  malicia  lo  persiguieron  é  mataron ;  y  el 
yerro  hecho,  nunca  se  arrepintieron,  ni  quisieron 
creer  la  verdad,  ni  por  la  muchedumbre  de  los  mi- 
lagros de  los  Apóstoles  y  discípulos  de  Jesuchristo, 
que  eran  de  su  linaje,  por  lo  qual  Dios  los  guardó 


652 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


para  que  se  conociesen  y  arrepintiesen,  y  recibiesen 
la  santa  doctrina  de  el  su  Santo  Mesías ,  que  les  en- 
vió, que  era  Nuestro  Redemptor  Jesuchristo  quarenta 
años  y  en  cabo  de  los  quarenta  años,  viendo  Nuestro 
Señor  como  era  pueblo  rebelde,  incrédulo  y  duro  de 
cerviz  y  sin  provecho,  envió  sobre  ellos  la  su  ira ,  é 
del  Emperador  de  Roma  Vespasiano,  é  Tito  su  hijo, 
que  destruyeron  á  Jerusalen  y  á  toda  su  comarca,  y 
mataron  un  cuento  y  cien  mil  judíos ,  é  vendieron 
ochenta  mil,  é  cautivaron  é  prendieron  toda  la  tier- 
ra de  ellos,  é  trujeron  á  Roma  é  todas  sus  tierras  mu- 
chos cautivos,  é  de  todos  aquellos  ochenta  mil  ven- 
didos, é  de  los  otros  cautivos  é  desterrados,  vinieron 
á  Francia  y  á  España  muchos  en  muchas  veces,  que 
Be  libertaron  por  diversas  maneras,  é  modos,  de  don- 
de estos  que  este  tiempo  eran  vivos  procedieron,  asi 
en  linaje  como  en  contumacia;  de  los  quales  se  fa- 
llaron en  los  Reyuos  de  Castilla  treinta  mil  vasallos 
y  mas,  que  eran  treinta  mil  casas  y  mas;  de  lo  qual 
escribió  Rabí  Mair  al  Rabi  mayor  Don  Abrahan  Se- 
£or,  su  suegro,  por  verdad  supiese,  que  desterraba 
el  Rey  y  la  Reyna  treinta  y  cinco  mil  vasallos,  que 
eran  treinta  y  cinco  mil  casas  de  judíos.  E  de  loa 
Rabíes  que  yo  baptizó  á  la  vuelta  que  volvieron  de 
allende,  que  fueron  diez  ó  doce,  é  de  uno  que  era 
muy  agudo  á  natura,  que  llamaban  Zentollo,  que 
era  de  Vitoria,  al  qual  yo  puse  nombre  Tristan  Bo- 
gado, fui  yo  certificado  que  habia  en  Castilla  mas  de 
treinta  mil  judíos  casados,  y  que  habia  en  Aragón 
como  Dios  hacia  por  ellos  muchos  milagros,  y  los  sa- 
caría de  España  ricos  y  con  mucha  honra,  según  lo 
esperaban,  que  si  en  la  tierra  oviesen  alguna  fortu- 
na ó  siniestra,  que  en  entrando  en  la  mar  verían  co- 
mo Dios  era  su  guiador,  como  habia  fecho  á  sus  an- 
tepasados en  Egipto.  Los  judíos  ricos  hacían  la  cos- 
ta de  la  salida  de  los  judíos  pobres,  y  usaban  los 
unos  con  los  otros  en  aquella  partida  de  mucha  ca- 
ridad; ansi  que  en  ninguna  manera  se  quisieron  con- 
vertir, salvo  algunos ,  muy  pocos ,  de  los  mas  nece- 
sitados. Comunmente  entre  los  judíos,  así  simples 
como  letrados,  en  aquel  tiempo,  habían  opinión  y 
creían  todos,  do  quiera  que  habitaban,  que  ansí  co- 
mo con  mano  fuerte  y  brazo  estendido  y  mucha 
honra  y  riquezas.  Dios  por  Moysen  habia  sacado  el 
otro  pueblo  de  Israel  de  Egipto  milagrosamente;  que 
así  de  estas  partidas  de  Espina  habían  de  volver 
ellos  y  salir  con  mucha  honra  y  riquezas,  sin  perder 
nada  de  lo  suyo  á  poseer  la  santa  tierra  de  promi- 
sión, la  qual  confesaban  haber  perdido  por  sus 
grandes  é  abominables  pecados,  que  contra  Dios  sus 
antepasados  habían  fecho  ;  de  lo  qual  en  esta  salida 
todo  á  la  contra  de  lo  que  esperaban  les  acaeció,  co- 
mo ellos  negasen  y  enemigos  do  la  verdad  fuesen; 
ca  en  la  otra  salida  que  salieron  del  cautiverio  de 
Egipto;  por  mandado  de  Nuestro  Señor,  que  era  su 
valedor  y  los  quería  bien ,  en  pago  de  los  trabajos 
é  majamientos  que  los  egipcios  les  habían  dado  é  les 
debían,  les  mandó  robar  á  Egipto  seguramente,  é  los 
robaron  cuando  quisieron  salir  para  ir  al  desierto, 
donde  Dios  los  mandó  ;  diciendo  que  habían  de  vol- 
ver, demandaron  prestadas  joyas  de  oro,  é  plata,  ó 


seda,  é  paños,  é  otras  cosas  á  los  egipcios,  qne  les 
prestaron,  según  dice  el  capítulo  XII  del  Éxodo,  y 
estonce  muy  bien  cupo,  ca  ellos  eran  buenos  y  hu- 
mildes, y  creían  en  Dios  soberano  y  eterno,  criador 
del  cielo  y  de  la  tierra  ;  los  egipcios  eran  malos  y 
gentiles  é  idólatras,  y  ahora  por  la  contra,  los  judíos 
eran  malos  y  descreídos ,  é  idólatras  ,  y  no  fijos  de 
Israel ,  salvo  fijos  de  Canaám ,  y  de  perdición ,  y  los 
christianos  son  buenos  é fijos  de  Dios,  de  ley  de  ben- 
dición y  de  obediencia,  é  pueblo  de  Dios  ,  é  fijos  de 
seis  mil  casados,  esto  se  entiende  con  Cataluña  y  Va- 
lencia, en  que  habia  masde  ciento  y  sesenta  mil  áni- 
mas, al  tiempo  que  el  Rey  y  la  Reyna  dieron  la  sen- 
tencia que  los  que  no  quisiesen  ser  christianos  que 
fuesen  desterrados  de  España  para  siempre.  En  el 
tiempo  del  edicto  de  los  seis  meses  vendieron  é  mal- 
barataron cuanto  pudieron  de  sus  haciendas,  é  apa- 
rejaron su  viaje  los  chicos  y  los  grandes,  mostran- 
do grande  esfuerzo  y  esperanza  de  haber  próspera 
salida  é  cosas  divinas,  y  en  todo  ovieron  siniestras 
venturas ;  ca  ovieron  los  christianos  sus  faciendas 
muy  muchas,  é  muy  ricas  casas  y  heredamientos  por 
pocos  dineros,  y  andaban  rogando  con  ellas ,  y  no 
habia  quien  se  las  comprase ,  é  daban  una  casa  por 
un  asno  ,  y  una  viña  por  un  poco  paño  ó  lienzo,  por- 
que no  podían  sacar  oro  ni  plata  ;  empero  es  verdad 
que  sacaron  infinito  oro  é  plata  escondidamente ,  y 
en  especial  muchos  [cruzados  é  ducados  abollados 
con  los  dientes  ,  que  los  tragaban  é  sacaban  en  los 
vientres,  ó  en  los  pasos  donde  habían  de  ser  busca- 
dos ,  ó  en  los  puertos  de  la  tierra  é  de  la  mar ,  y  en 
especial  las  mujeres  tragaban  mas,  cá  á  persona 
le  acontecía  tragar  treinta  ducados  de  una  vez. 

CAPÍTULO  CXL 

De  como  salieron  é  por  donde  los  jadíos  de  Castilla. 

En  el  plazo  de  los  seis  meses  vendieron  é  malba- 
rataron los  judíos  lo  que  pudieron  de  sus  haciendas, 
é  casaron  todos  los  mozos  é  mozas  que  eran  de  doce 
años  arriba,  unos  con  otros,  porque  todas  las  hem- 
bras de  esta  edad  arriba  fuesen  á  sombra  é  compa- 
ñía de  marido  ;  é  comenzaron  á  salir  de  Castilla  los 
primeros  en  la  primera  semana  del  mes  de  Julio, 
año  del  Nacimiento  de  nuestro  Redemptor  Jesu- 
christo de  1492  años.  Salieron  de  Castilla  é  entraron 
en  Portugal  con  consentimiento  del  Rey  Don  Juan 
los  siguientes;  salieron  por  Benavente,  tres  mil 
ánimas  y  mas,  que  entraron  en  Portugal  por  Ber- 
ganza ;  salieron  por  Zamora  treinta  mil  ánimas  á 
Miranda,  que  entraron  en  Portugal;  salieron  por 
Gudad-Rodrigo  á  Villar  treinta  y  cinco  mil  áni- 
mas, y  salieron  por  Miranda  de  Alcántara  á  Ma- 
man, quince  mil;  salieron  por  Badajoz  á  Helves 
diez  mil  ánimas.  De  los  que  estaban  en  frontera  de 
Navarra ,  metiéronse  en  Navarra  dos  mil  ánimas. 
De  los  que  moraban  en  frontera  de  Vizcaya,  entra- 
ron por  Laredo  en  la  mar ,  é  de  los  de  Medina  de 
Pumar  é  su  tierra  trescientas  casas ;  y  entraron  por 
Cádiz  en  la  mar  ocho  mil  casas  de  los  del  Andalu- 
cía; é  de  los  del  Maestradgo  de  Santiago.  Otros  mu- 


DON  FERNANDO 
chos  fueron  por  Cartajena  é  por  los  puertos  de  Ara- 
gón y  de  aquellas  comarcas,  é  otros  fueron  á  em- 
barcar por  los  puertos  de  Aragón  é  sus  confines. 
Los  de  los  reynos  de  Aragón  é  Cataluña  embarca- 
ron por  los  puertos  de  Cataluña  ó  Aragón ,  é  entra- 
ron por  la  mar,  y  muchos  de  ellos  entraron  en  la 
Italia,  é  otros  á  tierra  de  moros  al  reyno  de  Túnez  é 
Tremecen  é  otros  reynos,  donde  su  ventura  los  echa- 
ba. Estos  fueron  los  de  los  reynos  de  Aragón  é  de 
Cataluña,  é  los  de  Castilla,  que  embarcaron  por  los 
puertos  de  Cartajena  é  confines  del  reyno  de  Valen- 
cia, de  los  quales  los  mas  ovieron  siniestras  fortu- 
nas, robos  é  muertes  en  la  mar  y  en  la  tierra  por 
donde  iban  y  arribaban,  ansí  de  los  christianos  como 
de  los  moros. 

CAPÍTULO  CXII. 

De  como  los  moros  vivían  en  España ,  y  de  sus  riquezas  é  oficios, 
é  de  la  fortuna  que  llevaban. 

Volviendo  á  contar  de  los  otros  judíos  que  embar- 
caron en  el  Puerto  de  Santa  María  é  en  Cádiz,  é  de 
los  siniestros  é  fortunas  que  acontecieron  á  los  unos 
é  á  los  otros  en  este  destierro ,  digo  :  que  estos  ju- 
díos de  Castilla,  en  cuyo  tiempo  fué  este  edicto  del 
Rey  y  de  la  Reyna,  estaban  heredados  en  las  mejo- 
res ciudades,  villas  é  lugares,  é  en  las  tierras  mas 
gruesas  é  mejores,  y  por  la  mayor  parte  moraban 
en  las  tierras  de  los  señoríos,  é  todos  eran  mercade- 
res é  vendedores,  é  arrendadores  de  alcabalas  é  ren- 
tas de  achaques,  y  hacedores  de  señores,  tundidores, 
sastres,  zapateros,  curtidores,  zurradores,  tejedores, 
especieros,  buhoneros,  sederos,  plateros,  y  de  otros 
semejantes  oficios ;  que  ninguno  rompía  la  tierra, 
ni  era  labrador,  ni  carpintero ,  ni  albañiles,  sino  to- 
dos buscaban  oficios  holgados ,  é  de  modos  de  ga- 
nar con  poco  trabajo  ;  eran  gente  muy  sotil,  y  gente 
que  vivía  comunmente  de  muchos  logros  y  osuras 
con  los  christianos,  y  en  poco  tiempo  muchos  po- 
bres de  ellos  eran  ricos.  Eran  entre  sí  muy  caritati- 
tivos  los  unos  con  los  otros.  Aunque  pagaban  sus 
tributos  á  los  señores  y  reyes  de  las  tierras  de  don- 
de vivían,  nunca  por  ello  venían  en  mucha  necesi- 
dad, porque  los  Concejos  de  ellos,  que  llamaban 
Aljamas,  suplían  por  los  necesitados.  Eran  bien  se- 
ñores de  lo  suyo ;  do  quiera  que  vivían,  había  entre 
ellos  muy  ricos  hombres,  que  tenían  muy  grandes 
riquezas  y  faciendas,  que  valían  un  cuento  y  dos 
cuentos,  y  tres;  personas  de  diez  cuentos,  donde 
eran,  así  como  Abraham  Señor  que  arrendaba  la 
masa  de  Castilla,  y  otros  que  eran  mercaderes,  que 
tenían  gran  suma  de  dineros  ;  y  propuesta  la  gloria 
de  todo  esto ,  y  confiando  en  las  vanas  esperanzas 
de  su  ceguedad,  se  metieron  al  trabajo  del  camino, 
y  salieron  de  las  tierras  de  sus  nacimientos,  chicos  ó 
grandes ,  viejos  é  niños ,  á  pié  y  caballeros  en  asnos 
y  otras  bestias,  y  en  carretas,  y  continuaron  sus 
viajes  cada  uno  á  los  puertos  que  habían  de  ir  ;  é 
iban  por  los  caminos  y  campos  por  donde  iban  con 
muchos  trabajos  y  fortunas,  unos  cayendo,  otros 
levantando,  otros  moliendo,  otros  naciendo ,  otros 


É  DOÑA  ISABEL.  655 

enfermando,  que  no  había  chrístiano  que  no  oviese 
dolor  de  ellos,  y  siempre  por  do  iban  los  convidaban 
al  baptísmo,  y  algunos  con  la  cuita  se  convertían  é 
quedaban,  pero  muy  pocos,  y  los  Rabies  los  iban 
esforzando,  y  facían  cantar  á  las  mujeres  y  mance- 
bos, y  tañer  panderos  y  adufes  para  alegrar  la  gen- 
te, y  así  salieron  fuera  de  Castilla  y  llegaron  á  los 
puertos,  donde  embarcaron  los  unos,  y  los  otros  á 
Portugal. 

Los  que  fueron  á  embarcar  por  el  Puerto  de  San- 
ta María  é  Cádiz,  ansí  como  vieron  la  mar,  daban 
muy  grandes  gritos  é  voces,  hombres  é  mujeres, 
grandes  y  chicos,  en  sus  oraciones  demandando  á 
Dios  misericordia,  y  pensaban  ver  algunas  maravi- 
llas de  Dios  y  que  se  les  había  de  abrir  camino  por 
la  mar,  y  desque  estuvieron  allí  muchos  días,  y  no 
vieron  sobre  sí  sino  mucha  fortuna,  algunos  no  qui- 
sieran ser  nacidos  ;  é  ovieron  de  embarcar  en  vein- 
te y  cinco  navios  é  naos,  en  que  iban  siete  naos  do 
gavia,  é  fué  por  Capitán  Pero  Cabrón,  é  tomaron  la 
vía  de  Oran ,  donde  estaba  en  el  puerto  el  corsario 
Fragoso  con  su  armada,  y  viendo  esto,  enviaron  un 
Rabí,  que  allí  llevaban,  ansí  como  por  caudillo  ma- 
yor de  los  judíos  entre  sí,  que  llamaban  Rabí  Leví, 
y  llegando  al  Fragoso  en  la  barca,  le  contó  el  hecho 
de  su  embaxada,  y  le  prometió  diez  mil  ducados 
porque  no  les  ficiese  mal,  y  les  dejase  allí  desem- 
barcar, con  esto  el  corsario  se  aseguró,  é  volvió  el 
Rabí  á  la  flota  y  al  capitán  Pero  Cabrón.  En  tanto 
anocheció,  é  habido  su  consejo,  dieron  la  vuelta 
para  Arcilla,  é  ovieron  fortuna,  é  fueron  los  diez  y 
siete  navios  á  parar  al  puerto  de  Cartajena,  donde 
salieron  ciento  y  cinqüenta  ánimas  demandando 
bastimento,  é  se  lo  dieron,  é  se  volvieron  en  Casti- 
lla hechos  christianos ;  é  dende  la  flota  volvió  á  Má- 
laga, donde  asimismo  demandaron  baptísmo  qua- 
trocientas  personas,  hombres  y  mujeres ,  é  los  saca- 
ron de  los  navios  é  fueron  baptizados,  é  se  volvie- 
ron en  Castilla ;  todos  los  otros  llevaron  fasta  Arci- 
lla é  allí  los  echaron  á  tierra,  é  dende  se  fueron 
áFez. 

CAPÍTULO  CXIII. 

De  lo  que  fué  de  los  judíos  que  entraron  en  Portugal. 

Los  judíos  que  entraron  en  Portugal  dieron  al 
Rey  Don  Juan  á  cruzado  por  cabeza,  porque  los  de- 
jaso  estar  ende  seis  meses ,  é  cumplido  el  plazo  em- 
barcaron en  el  puerto  de  Portugal,  y  salieron  en  el 
mes  de  Marzo  de  1493  para  ir  en  África  al  reyno  do 
Fez,  y  quedaron  en  Portugal  seiscientas  casas  da 
los  mas  ricos,  por  cierto  tiempo,  dando  al  Rey  á 
cien  cruzados  por  casa ,  é  quedaron  otras  cien  ca- 
sas ,  que  dieron  á  ocho  cruzados  por  cabeza  de  cada 
persona,  de  las  que  en  ella  había ;  é  esto  ficieron  ó 
dilataron  fasta  saber  cómo  iba  á  los  demás  que  sa 
partían  ;  y  porque  ya  sabían  la  mala  andanza  de  los 
que  primero  habían  embarcado,  y  quedaron  mas  de 
mil  ánimas  cautivas  en  poder  del  Rey,  porque  no 
pagaron  los  cruzados  de  los  derechos  de  la  entrada. 
Los  maa  de  los  navios ,  de  la  muchedumbre  de  ju~ 


654 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dios  que  embarcaron  en  Gibraltar,  fueron  á  desem- 
barcar en  Arcilla,  é  de  allí  los  llevaron  por  sus  con- 
ciertos en  guarda  ciertas  capitanías  de  moros ,  por 
sus  dineros,  á  Fez,  por  mandado  del  Rey  de  Fez, 
donde  en  el  viaje  eran  robados  por  diversas  mane- 
ras, é  les  tomaban  las  mozas,  é  las  mujeres,  ó  los 
lios  de  la  hacienda,  é  echábanse  con  las  mujeres  á 
vista  de  sus  padres  é  de  sus  maridos,  faciéndoles 
mil  plagas  é  mil  desventuras;  de  manera  que  tam- 
bién los  que  estaban  en  Fez ,  puesto  caso  que  tam- 
bién allá  habia  muchos  judíos  moriscos,  también 
eran  muy  mal  tratados ,  y  estaban  desesperados  ;  y 
sabido  esto  por  los  que  iban,  unos  y  otros  no  facían 
(sino  desembarcar,  y  estarse  en  el  campo  allí  en  Ar- 
cilla, como  quien  está  en  feria,  donde  se  allegó  un 
gran  real  de  gente ;  é  estando  allí  aquella  muche- 
dumbre, habían  su  consejo,  é  muchos  se  venían  á  la 
villa  y  se  hacían  baptizar ;  é  muchos  se  volvían  de 
Fez,  viendo  la  mala  andanza  de  allá,  de  donde  los 
del  real  sabían  como  los  trataban.  Allí,  habido  bu 
acuerdo,  se ficieron  dos  partes,  la  una  se  fué  su  vía 
por  el  reino  de  Fez,  la  otra  parte  demandaron  al 
Conde  de  Borva,  que  estaba  por  Capitán  general 
en  Arcilla,  que  por  amor  de  Jesuchristo,  en  el  qual 
ellos  creían,  que  los  ficíese  baptizar,  é  los  ficiese 
volver  á  España ;  el  qual  los  recibió  é  fizo  mucha  ca- 
ridad ;  y  los  clérigos  los  baptizaban  echándoles  agua 
con  un  hisopo  por  encima,  que  eran  muchos,  lo 
qual  después  acá  supimos  los  curas  y  los  clérigos 
por  donde  vinieron,  los  quales  despedidos  de  Arci- 
lla por  todo  el  año  de  1493 ,  desque  comenzaron  á 
dar  vuelta  á  Castilla,  fasta  el  año  de  1496,  no  cesa- 
ron de  pasar  de  allende  acá  en  Castilla  á  volverse 
christianos.  Aquí  en  este  lugar  de  los  Palacios,  apor- 
taron cien  ánimas ,  que  yo  baptizé ,  en  que  habia 
algunos  Rabíes ,  que  traian  por  escudo  de  lo  que 
habían  leído  una  autoridad  del  capítulo  X  de  Isaías  : 
« Aperiam  in  montibus  flumina ,  et  in  mediis  campis 
fontes  disrumpam,  et  terram  sitientcm  sine  aquas 
confundam.  Ecce  puer  meus  exaltabitur ,  et  elevahi- 
tur  et  suUimis  erit  valde.  Haurietis  aquas  in  gaudiis 
defontibus  Salvatoris,  et  dicetis  in  illa  die ,  confite- 
<mini  Domino ,  et  invócate  nomen  ejus,  cántate  Domino 
quoniam  magnijicefecit,  anunciate  hoc  in  universam 
terram^  etc.y>  Que  quiere  decir:  «Abriré  rics  en  mon- 
otes ,  en  medio  de  los  campos  abriré,  romperé  fuen- 
3)tes,  y  confundiré  la  tierra  sedienta  sin  agua.  Hé 
3>ahí  mi  niño  será  ensalzado  é  levantado  será  muy 
Dalto ;  sacareis  agua  con  gozo  de  las  fuentes  del 
«Salvador ,  y  diréis  en  aquel  día  confesaos  al  Señor, 
))invocad  su  nombre,  dad  á  conocer  á  los  pueblos 
))8U8  invenciones,  recordadvos  cá  ensalzado  es  su 
3)nombre,  cantad  al  Señor,  cá  maravillas  fizo,  anun- 
3)ciad  esto  en  toda  la  tierra.»  Esta  y  otras  muchas 
profecías  del  advenimiento,  encarnación,  nacimien- 
to y  pasión  y  resurrección  de  Nuestro  Señor  Jesu- 
christo ,  venían  confesando  en  hebraico ,  ser  verda- 
dero y  haberse  cumplido  en  el  advenimiento  de 
Nuestro  Señor  Jesuchristo ,  el  qual  confesaban  que 
verdaderamente  creían  ser  el  verdadero  Mesías,  del 
fjnal  decían,  que  habían  estado  ignorantes  por  im- 


pedimento de  sus  antepasados,  que  les  habían  deja- 
do, so  pena  de  descomunión,  que  no  leyesen  ni  oye- 
sen las  EscTÍpturas  de  los  christianos. 

Todos  cuantos  judíos  pasaron  al  reyno  de  Fez 
que  volvieron  por  aquí,  venían  desnudos,  descalzos 
y  llenos  de  piojos,  muertos  de  hambre  é  muy  mal 
aventurados,  que  era  dolor  de  los  ver,  y  esto  fué 
dentro  en  pocos  días,  porque  viendo  el  Rey,  des- 
pués de  habellos  recojído  aquella  gente  en  Fez, 
que  era  perdición  suya,  y  que  era  gente  robada 'y 
pobre,  de  quien  él  no  podía  haber  provecho,  díóles 
licencia  que  se  volviesen  ó  fuesen  do  quisiesen ,  é 
con  esto  hubo  lugar  á  que  muchos  de  los  de  Fez, 
así  hombres  como  mujeres,  se  volvieron  en  Casti- 
lla, y  venían  todos  como  dicho  es;  y  por  los  cami- 
nos por  donde  venían  desde  Fez  á  Malzalquívir,  ó 
dende  á  Arcilla,  saheron  los  moros  y  los  desnuda- 
ban en  cueros  vivos,  y  se  echaban  con  las  mujeres 
por  fuerza,  y  mataban  los  hombres,  y  los  abrían 
por  medio ,  buscándoles  el  oro  en  el  vientre,  porque 
supieron  que  lo  tragaban ;  é  á  ellos  é  á  ellas  aparta- 
ban del  camino ,  y  les  hacían  abrir  las  bocas  para 
que  les  diesen  el  oro,  metiéndoles  así  mesmo  las 
manos  abajo  para  esto  mismo  ;  y  después  de  haber 
padecido  tantos  males,  viéndose  libres  acá,  daban 
gracias  á  Dios  porque  los  había  sacado  de  entre  ta- 
les bestias ,  y  traídolos  á  tierra  de  gentes  de  razón 
y  aun  las  mujeres  confesaban  cosas  muy  feas  quo 
aquellos  brutos  animales  moros  alarbes  con  ellas 
cometian,  y  con  muchachos,  que  no  conviene  escri- 
birlas; ved  qué  desventuras,  qué  deshonras,  qué 
plagas,  qué  mancillas,  qué  majamientos  vinieron 
en  esta  generación  por  el  pecado  de  la  incredulidad, 
y  porfiada  y  vana  afección  que  tomaron  de  nogar  al 
Salvador  y  verdadero  Mesías  suyo,  que  es  Nuestro 
Señor  y  Redemptor  Jesuchristo ,  el  qual  siempre  lea 
tuvo  los  brazos  abiertos  para  los  recibir,  y  nunca 
de  grado  quisieron ,  fasta  que  por  fuerza  ovieron 
de  venir,  por  las  plagas  ya  dichas,  y  aquí  pareco 
que  se  cumphó  la  profecía,  que  dice  David  en  el 
Psalmo:  Convertentur  advesperam,  et  famem  palien- 
tur  ut  canes,  et  circundabunt  civitatem;  que  quiere 
decir  :  «Convertirse  han  en  la  tarde,  y  habrán  ham- 
))bre  como  perros,  y  andarán  cercando  la  ciudad»  ; 
así  estos  fueron  convertidos  muy  tarde  por  fuerza 
é  por  muchas  penas,  como  dicho  es.  É  como  vieron 
que  continuamente  se  venían  á  ser  christianos  cuan- 
tos podían ,  mandó  el  Rey  poner  guardas  que  non 
dejasen  venir  mas  de  los  que  ya  eran  venidos,  y  si 
licencia  tuvieran  para  se  volver,  ó  dineros  para  se 
libertar,  de  cuantos  jxidíos  de  Castilla  Centraron  en 
el  reyno  de  Fez,  no  quedara  allí  ninguno  que  no  se 
viniese  á  ser  christiano.  De  las  setecientas  casas 
que  entraron  en  Portugal ,  algunos  se  embarcaron 
para  Italia,  y  otros  para  tierra  del  Turco,  é  muchos 
se  convirtieron  é  bautizaron  é  volvieron  en  Castilla 
á  sus  mesnias  tierras.  Debéis  saber,  que  estos  ju- 
díos, que  en  España  habitaban,  no  todos  venían  de 
el  derramamiento  de  la  destrucción  de  Jerusalen, 
que  fué  quarenta  años  después  do  la  pasión  de 
nuestro  Redemptor,  que  antes  de  aquellos  había  ju- 


Don  Fernando 

áío9  en  España,  especialmente  en  Toledo,  los  qua- 
les,  eegun  contaban  algunos  judíos  de  estos  é  algu- 
nos de  los  confesos  que  venían  de  aquellos ,  vinie- 
ron en  el  tiempo  que  Koma  sefioreaba  la  mayor 
parte  del  mundo,  é  señoreaba  á  Jerusalen  é  á  Espa- 
ña; é  otros  decían,  que  quando  Roma  pobló  á  Tole- 
do é  á  Segovia ;  é  que  los  libros  de  memorias  de 
esto ,  fueron  quemados  en  el  robo  de  la  judería  en 
tiempo  de  Fr.  Vicente ,  en  el  qual  tiempo  se  halla- 
ban en  Castilla  cien  mil  casados  é  aun  mas;  porque 
seria  prolijo  y  sin  provecho  escribir  mas  de  estos 
judíos,  no  quiero  aquí  mas  de  ellos  escribir,  salvo 
que  en  Fez  el  nuevo  hicieron  una  muy  gran  judería 
de  casas  de  paja ,  los  que  allí  asentaron ,  y  un  dia 
no  supieron  cómo,  se  encendió  la  villa  de  muy  gran 
fuego,  que  quemó  mas  de  dos  mil  casas,  con  todas 
las  haciendas  y  alhajas  que  en  ellas  estaban  é  con 
muchas  librerías  de  su  hebraico ,  é  ovieron  que  ha- 
cer en  poner  las  personas  en  salvo ,  y  con  todo  eso 
se  quemaron ,  que  murieron  luego  diez  y  ocho  per- 
sonas é  quedaron  muchos  quemados  vivos ,  que  se 
escaparon  huyendo,  de  lo  qual  murieron  después 
mas  de  ochenta  personas,  y  después  dio  pestilencia 
en  la  judería  que  de  acá  fué,  que  en  muy  pocos  días 
murieron  de  ellos  mas  de  quatro  mil  personas  do 
pestilencia ,  y  de  cámaras  mas  de  dos  mil. 

CAPÍTULO  CXIV. 

De  los  judíos  de  la  ciudad  de  Fez. 

Podéis  saber,  que  en  el  reino  de  Fez ,  y  en  la  ciu- 
dad mesma  ovo  anexamente  muchos  judíos,  así 
como  acá  en  España ,  ca  se  hallaban  mas  de  cien 
mil  vecinos,  é  también  fueron  robados  é  muertos 
no  ha  muchos  años,  como  en  Castilla,  todos  en  un 
tiempo.  Ovo  un  judío,  que  llamaron  Aaron,  sabio 
muy  sotil ,  que  privaba  mucho  en  demasiada  mane- 
ra con  el  Rey  de  Fez,  en  manera,  que  él  rejia  y 
mandaba  en  el  reyno  quanto  él  quería,  de  lo  qual 
los  moros  eran  muy  mal  contentos ,  los  que  algo  va- 
lían, é  alborotaron  el  común  contra  el  Rey  y  contra 
los  judíos,  y  levantóse  el  común  de  Fez,  y  mataron 
al  Rey  y  al  privado  Aaron,  é  dende  entraron  en  las 
juderías,  donde  había  en  la  ciudad  mas  de  dos  mil 
casas,  y  metiéronlas  á  espada,  y  mataron  é  robarpn 
y  no  dejaron  mas  de  los  que  decian  que  querían  ser 
moros ,  é  ansí  ficieron  en  todas  aquellas  comarcas, 
é  ficieron  Rey  en  Fez ;  y  en  su  tiempo  aquellos  tor- 
nadizos judíos  no  tenian  mas  ley  de  Mahomad,  que 
de  antes ,  como  hacían  acá  los  malos  conversos  so- 
bre quien  vino  la  Inquisición,  é  ovo  quien  dijo  al 
Rey  como  aquellos  judíos  habían  sido  moros  por 
fuerza,  y  que  proveyese  sobre  ellos,  á  ver  si  eran 
moros  6  no ,  é  el  Rey  mandó  salir  al  campo  todos 
los  judíos  moros  tornadizos  que  habia  en  Fez,  é 
mandó  que  los  que  quisiesen  ser  judíos  quedasen,  y 
los  que  quisiesen  quedar  moros  por  su  grado,  que  lo 
quedasen  é  que  fuesen  libres  como  los  otros  moros, 
é  los  que  quedasen  judíos,  que  fuesen  sujetos  á 
ciertas  leyes  é  condición  que  les  puso ,  que  no  cal- 
casen zapatos,  salvo  alpargatas  de  esparto,  que 


É  DO^A  fSÁBEt.  655 

no  cabalguen  en  caballo  ensillado ,  y  que  nunca  ca- 
balguen en  la  ciudad,  salvo  que  todos  andan,  é  an- 
den á  pié,  que  no  tomen  ni  traigan  armas,  que  los 
hombres  nunca  vistan  albornoces,  nin  toquen  to- 
cas, salvo  todo  negro  ;  que  las  mujeres  judías  non 
traigan  caragueles,  nin  la  cara  tapada,  nin  trajesen 
tocas  moradas,  nin  vistiesen  almejía;  y  sobre  todo 
ficieron  otras  muchas  ordenanzas  en  perjuicio  de 
los  judíos.  B  estando  en  el  campo  mandaron  que  so 
apartasen  los  judíos,  y  los  moros  que  quedasen  par 
de  ellos  á  otra  parte ,  é  ellos  temieron  que  lo  que- 
rían facer  por  matarlos,  que  dijesen  que  querían  ser 
judíos,  y  no  quedaron  sino  muy  pocos  judíos,  todos 
los  mas  quedaron  moros  tornadizos,  y  de  estos  que- 
dó la  ciudad  y  toda  la  tierra  llenas ,  de  donde  ahora 
hay  infinitos  de  ellos,  y  después  acá  se  han  liberta- 
do y  tornado  á  ser  judíos  muy  muchos  de  ellos,  que 
hay  de  aquel  metal ,  dando  al  Rey  una  pieza  de  oro, 
é  les  da  licencia  que  sean  judíos ;  así  lo  acostum- 
bran é  hacen  aun  ahora. 

CAPÍTULO  CXV. 

De  como  el  Rey  Don  Fernando  demandó  á  Perpiáan. 

Quando  el  Rey  Don  Fernando  estaba  sobre  Gra- 
nada envió  embajadores  al  Rey  Carlos  de  Valois,  de 
Francia ,  demandándole  á  Perpiñan  é  el  condado  de 
Rosellon,  el  qual  se  lo  prometió,  que  en  alzando  de 
sobre  Granada  se  lo  daría ,  dándole  la  suma  del  di- 
nero que  sobre  ello  se  le  debía  hizo  esta  esperanza. 
Después  de  ganada  Granada  é  puesta  en  concierto, 
partió  el  Rey  de  Córdoba  con  la  Reyna  é  Príncipe, 
é  toda  la  corte  para  Barcelona  y  fueron  á  Zaragoza, 
donde  estuvieron  algunos  días,  y  dende  á  Barcelo- 
na, en  el  agosto  del  año  de  1492,  E  estando  allí  vi- 
nieron los  embaxadores  del  Rey  de  Francia  con  el 
concierto  de  le  entregar  á  Perpiñan,  á  los  quales 
dio  el  Rey  Don  Fernando  muy  grandes  dádivas  do 
oro,  plata,  caballos  é  joyas,  con  que  se  volvieron 
en  Francia,  é  vueltos,  el  Rey  Carlos  habia  mudado 
propósito ,  é  dilató  la  data  de  Perpiñan,  é  ovo  mu- 
cha dilación ;  é  el  Rey  Don  Fernando  ovo  mucha 
turbación  de  ello,  é  ovo  algunos  desconciertos  en- 
tre los  fronteros  de  ambas  partes ,  é  el  Rey  Don 
Femando  comenzó  de  demandar  por  vía  del  Papa 
su  condado,  y  el  Papa,  vista  la  justicia,  mandó  al 
Rey  de  Francia  que  le  diese  lo  suyo  á  su  dueño ,  y 
en  esto  se  dilató  un  año ,  que  no  lo  quiso  entregar, 
y  por  ventura  no  lo  entregara,  si  la  muerte  del  Rey 
Don  Fernando  de  Ñapóles  no  interviniera  en  ello; 
lo  qual  intervino  de  esta  manera ;  que  por  cobdicia 
de  tomar  é  señorear  el  reino  de  Ñápeles ,  y  porque 
eabia  que  le  habían  de  conquistar  á  Perpiñan  mien- 
tras él  ausente,  lo  quiso  entregar,  como  adelante  fie 
seguirá,  por  ir  maa  seguro  sobre  Ñapóles. 

CAPÍTULO  CXVI. 

De  la  cachillada  que  un  mal  hombre  dio  al  Rey  Don  Fernando, 

Estando  el  Rey  Don  Fernando  allí  en  la  ciudad 
de  Barcelona,  esperando  de  recobrar  á  Perpiñan. 


656 


CRÓNICAS  Í)E  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


con  su  condado  do  Éosellon,  por  trato  de  los  emba- 
xadores,  el  diablo  envidioso  de  los  santos  misterios 
y  cosas  que  nuestro  Señor  Labia  fecho  y  mostrado 
por  este  muy  noble  Rey,  envidioso  y  pesante  de  to- 
das sus  cosas,  honras  y  prosperidades,  puso  en  co- 
razón de  un  maligno  y  dañado  hombre  que  lo  ovie- 
ee  de  matar,  y  acaeció,  que  estando  el  Rey  un  Vier- 
nes, vigilia  de  la  Concepción  de  la  Vírjen  nuestra 
Beñora,  siete  dias  del  mes  de  Diciembre  del  dicho 
año  de  1492  años,  en  la  casa  del  judgado,  asentado 
en  juicio,  juzgando  y  oyendo  el  pueblo,  en  lo  qual 
había  estado  desde  las  ocho  horas  hasta  las  doce,  é 
desque  se  levantó  del  juicio,  descendió  por  unas 
gradas  abajo  fasta  una  plaza,  qué  dicen  «  Plaza  del 
Bey»,  con  muchos  caballeros  y  ciudadanos  con  él, 
los  quales  todos  cada  uno  se  fué  á  cabalgar  en  sus 
caballos  é  muías,  y  el  Rey  se  paró  en  lo  mas  cerca 
de  las  gradas  abajo  cerca  del  suelo,  á  [departir  con 
su  tesorero,  y  allegóse  cerca  de  él,  por  detras,  aquel 
dañado  y  traidor  hombre,  y  así  como  el  Rey  acabó 
de  departir  con  el  tesorero,  abajó  un  paso  para  ca- 
balgar en  su  muía,  y  él  que  tendía  el  paso,  y  el 
traidor  que  tiraba  el  golpe  con  un  alfanje  ó  espada, 
cortanchano,  de  fasta  tres  palmos,  y  quiso  Nuestro 
Señor  milagrosamente  guardarlo ,  que  si  le  diera 
antes  que  se  mudara,  partiérale  por  medio  la  cabe- 
za hasta  los  hombros,  y  como  se  mudó,  alcanzólo 
con  la  punta  de  aquel  mucron  una  cuchillada,  desde 
encima  de  la  cabeza  por  cerca  de  la  oreja,  el  pes- 
cuezo ayuso,  fasta  los  hombros.  Y  como  el  Rey  se 
sintió  é  vido  herido,  púsose  las  manos  en  la  cabeza 
é  dijo :  «Santa  María,  val»  ;  y  comenzó  do  mirar  á 
todos,  y  de  decir:  «¡Oh  qué  traición!  ¡oh  qué  trai- 
ción!» que  pensó  que  era  ordenada  allí  entre  mu- 
chos traición  contra  él,  y  mirando  á  todos,  no  vido 
ir  ninguno  contra  sí ;  mas  vido  un  mozo  de  espue- 
las Sauzedo,  que  este  era  su  nombre ,  é  un  su  trin- 
chante, llamado  Ferrol,  que  daban  de  puñaladas 
allí  al  traidor,  y  otros  allí  tomándolo  y  teniéndolo, 
los  quales  le  impidieron  de  manera  que  él  no  le  pu- 
do dar  al  Rey  mas  de  un  golpe ;  y  estonce  el  Rey  di- 
jo: «No  muera  ese  hombre»,  y  así  quedó,  que  no  lo 
mataron,  herido  de  ciertas  puñaladas,  y  lleváronlo 
preso,  y  metiéronlo  al  Rey  en  su  palacio  á  curar,  y 
el  traidor  curáronle  también  por  estonce.  ¡  Oh  áni- 
ma! advierte  quién  podrá  contar  V  turbación  y  llo- 
ro, la  grita  que  ovo  en  la  ciudad,  diciendo :  «Trai- 
ción, traición,  mataron  al  Rey,  muerto  es  el  Rey.» 
Armáronse  los  cortesanos  y  armáronse  los  de  la  ciu- 
dad en  favor  del  Rey,  y  andaban  por  las  calles  de 
la  ciudad  todos  á  una  parte  y  á  otra,  corriendo,  to- 
dos espantados,  llorando  á  muy  grandes  gritos  y 
tristezas,  así  hombres  como  mujeres,  que  no  se  vian 
los  unos  á  los  otros  por  toda  la  ciudad  ;  y  en  este 
caso  muchas  eran  las  opiniones ,  unos  decían : 
((Francés  es  el  traidor»;  otros  decían:  «Navarro  es 
el  traidor»  ;  otros  decían  :  «No  es  sino  castellano»  ; 
otros  decían  :  «Catalán  es  el  traidor»;  y  nuestro  Se- 
ñor no  quiso  dar  lugar  milagrosamente  que  murie- 
/sen  gentes,  que  maravilla  fué  no  perderse  la  ciu- 
dpd ,  según  que  so  decían  las  naciones,  y  estando 


ellos  ofuscados  con  esto,  salió  otro  sonido  por  toda 
la  ciudad,  «  vivo  es  el  Rey,  vivo  es  el  Rey  »,  y  el  Rey, 
como  fué  curado,  envió  á  decir  por  toda  la  ciudad, 
que  supiesen  que  era  vivo  y  sin  peligro,  que  diesen 
gracias  á  Dios  é  oviesen  placer ;  ó  estaban  en  derre- 
dor del  palacio  del,  donde  lo  curaban ,  y  por  todas 
las  plazas  y  calles  muy  gran  multitud  de  gente  ar- 
mada, y  todos  decían,  que  querian  ver  al  Rey  si  era 
vivo,  y  el  Rey  se  asomó  á  una  ventana ,  donde  lo 
vieron,  y  les  f abló  y  dijo,  que  se  fuesen  en  buen 
hora  á  sus  posadas.  Aquí  podréis  sentir ,  qué  turba- 
ción habrían  la  Reyna,  el  Príncipe,  la  Infanta  ,  las 
señoras  continuas  de  la  corte,  las  damas,  los  seño- 
res del  Consejo ,  todos  los  de  casa  del  Rey  y  de  la 
Reyna,  todos  fueron  en  muy  gran  sobresalto,  y  en 
muy  gran  turbación  y  temor,  y  pensaban  que  la 
traición  era  de  la  ciudad,  hecha  pensada,  y  que  to- 
da la  ciudad  era  contra  ellos ,  y  apercibieron  luego 
las  galeras  para  se  meter  luego  dentro  ;  el  Rey  en- 
vió á  los  confortar  diciendo  ,  que  creyeran  con  la 
ayuda  de  Dios  ser  sin  peligro,  que  no  se  turbasen. 
El  traidor  dañado  pareció  ser  catalán  y  loco  imají- 
nativo  y  malicioso,  y  muy  mal  hombre  á  natura,  y 
de  muy  mal  gesto  y  figura,  y  por  eso  halló  el  diablo 
en  él  morada,  y  confesó  que  había  envidiado  al  Rey 
por  sus  buenas  venturas  ;  y  confesó,  que  el  diablo  le 
decía  cada  día  á  las  orejas,  «mata  á  este  Rey,  y  tú 
serás  Rey,  que  este  te  tiene  lo  tuyo  por  fuerza»:  y 
en  esta  manera  todas  las  naciones  de  gentes  que  ha- 
bía en  Barcelona  fueron  claramente  limpias  sin  cul- 
pas. La  ciudad  de  Barcelona  y  los  caballeros  y  cón- 
sules fueron  en  muy  gran  tristeza,  y  mostraron  mu- 
cho sentimiento  por  haber  acaecido  un  caso  como  en 
ella  y  por  manos  de  catalan,'y  mostraron  su  lealtad 
y  limpieza  muy  cumplida  y  abundantemente. 

El  Rey  llegó  á  ser  en  gran  peligro  de  la  herida, 
y  tomaba  tanta  paciencia,  que  decía,  que  él  atribuía 
aquella  pena  serle  dada  por  sus  pecados. 

El  traidor  fué  condenado  por  la  justicia  de  la 
ciudad  á  muy  cruelísima  muerte ;  fué  puesto  en  un 
carro  y  traído  por  toda  la  ciudad,  y  primeramente 
le  cortaron  la  mano  con  que  le  dio  al  Rey,  y  luego 
con  tenazas  de  hierro  ardiendo  le  sacaron  una  teta, 
y  después  le  sacaron  un  ojo,  y  después  le  cortaron 
la  fttra  mano,  y  luego  le  sacaron  el  otro  ojo,  y  lue- 
go la  otra  teta,  y  luego  las  narices,  y  todo  el  cuer- 
po le  abocadaron  los  herreros  con  tenazas  ardiendo, 
é  fuéronle  cortando  los  pies  ,  y  después  que  todofl 
los  miembros  le  fueron  cortados,  sacáronle  el  cora- 
zón por  las  espaldas  y  echáronlo  fuera  de  la  ciudad, 
lo  apedrearon,  é  lo  quemaron  en  fuego  é  aventaron 
la  ceniza  al  viento :  llamábase  este  traidor  Juan  do 
Cañamas. 

El  Rey  fué  bien  curado,  y  en  su  fatiga  é  trabajo 
visitado  de  todos  los  Reyes  sus  amigos,  y  del  Rey 
de  Francia,  que  enviaron  á  él  sus  nuncios  á  lo  ver 
y  visitar  en  tan  terrible  y  espantoso  caso  ;  é  sanó 
después  de  haber  sacado  huesos  é  de  haber  recibido 
muchas  penas,  é  mientras  que  estuvo  malo  no  se 
negoció  ninguna  cosa  de  Perpifian,  empero  uo  cesQ 
la  demanda. 


t)ON  FERNANDO 

CAPÍTULO  CXVII. 

De  la  mnerte  del  Rey  de  Ñapóles  y  entrega  de  Perpifian. 

Andando  en  los  tratos  de  Perpifian  y  cosas  del 
Bosellon ,  en  el  año  de  1493,  entre  el  Rey  Don  Fer- 
nando y  el  Rey  de  Francia,  murió  el  Rey  mny  fa- 
moso y  honrado  Don  Fernando  de  Ñápeles,  fijo  del 
muy  famoso  ínclito  Rey  Don  Alonso  de  Aragón,  y 
sucedió  su  fijo  Don  Alonso  ,  Duque  de  Calabria  el 
Garzo,  que  llamaban,  fijo  de  su  primera  mujer,  el 
qual  era  muy  mal  quisto  en  bu  tierra  é  en  todo  el 
reyno  de  Ñapóles,  é  comenzó  de  reynar  en  Ñapóles, 
é  el  Rey  de  Francia  tenia  muy  gran  cobdicia  jde  el 
reyno  de  Ñapóles,  porque  le  decian  que  le  pertene- 
cía de  antiguo,  y  por  poderlo  ir  á  tomar  mas  dea- 
empachadamente,  deliberó  de  entregar  á  Perpifian» 
finjiendo  que  lo  hacía  por  descargar  el  ánima  de  su 
padre,  y  antes  que  entrase  fizo  su  paz ,  amistad  y 
hermandad,  sobre  lo  qual  ficieron  é  firmaron  cierta 
capitulación,  y  prometieron  de  ser  amigos  y  herma- 
nos, amigos  de  amigos ,  y  enemigos  de  enemigos, 
ealvo  que  si  el  Rey  de  Francia  fuese  contra  la  Igle- 
sia, que  estonce  no  fuese  el  Rey  Don  Fernando  obe- 
decido á  la  capitulación.  Fecho  esto  concierto ,  el 
Rey  Don  Fernando  envió  la  suma  de  dinero  del  des- 
empeño al  Rey  de  Francia,  y  entrególe  á  Perpifian 
y  laa  otras  fortalezas  del  condado,  y  fizo  presente 
de  toda  la  suma  del  dinero  á  la  Reyna  Doña  Isabel, 
para  ayuda  á  los  gastos  fechos  en  las  guerras  de  los 
moros,  por  mostrar  magnificencia  y  grandeza ;  otros 
dijeron,  que  lo  había  fecho,  porque  mas  que  aquello 
ee  debía  de  las  rentas  corridas,  y  por  descargo  del 
ánima  de  su  padre,  que  había  fecho  y  fizo  muchos 
dafios  en  aquel  condado  de  Rosellon,  que  destruyó, 
cuando  se  rebeló  Perpifian,  y  en  muchas  villas  y  lu- 
gares que  destruyó  totalmente,   que  nunca  jamas 
después  acá  se  poblaron  ;  é  también  el  Papa,  ante 
quien  el  Rey  Don  Fernando  la  demandaba,  le  man- 
dó, so  pena  de  excomunión,  que  diese  lo  suyo  á  su 
dueño.  El  día  de  Nuestra  Sefiora  de  Setiembres  e  en- 
tregó Perpifian,  y  luego  partieron  para  alia  el  Rey, 
y  la  Reyna  y  el  Príncipe  y  corte  desde  Barcelona,  y 
ficieron  por  ello  muchas  alegrías ,  y  dio  el  Rey  á  los 
franceses  muchas  dádivas  y  joyas  de  oro  é  plata, 
con  que  se  fueron  á  su  tierra  é  le  dejaron  sus  for- 
talezas d«l  condado  de  Rosellon ;  así  vieron  sus  ojos 
lo  que  deseaban,  y  cobró  aquellas  fortalezas  y  ciu- 
dad, en  cabo  de  mas  de  treinta  años  que  habia  que 
estaban  empeñadas  y  en  poder  del  Rey  de  Francia. 

CAPÍTULO  CXVIII. 

De  como  faeron  descubiertas  las  Indias. 

En  el  nombre  de  Dios  Todo-poderoso,  ovo  tin 
hombre  de  tierra  de  Genova ,  mercader  de  libros  de 
estampa,  que  trataba  en  esta  tierra  de  Andalucía, 
que  llamaban  Chrístobal  Colon,  hombre  de  muy  al- 
to injenio,  sin  saber  muchas  letras,  muy  diestro  de 
la  arte  de  la  Cosmographía,  é  del  repartir  del  mun- 
do, el  qual  sintíé,  por  lo  que  en  Ptolomeo  leyó,  y 
Cr.~III. 


É  DO^A  ISABEL.  éti 

por  otros  libros  y  su  delgadez,  cómo  y  en  qué  ma- 
nera el  mundo  este  en  que  nacemos  y  andamos  está 
fijo  entre  la  esfera  de  los  cielos,  que  no  llega  por 
ninguna  parte  á  los  cielos,  ni  á  otra  cosa  de  firmeza 
á  que  se  arrime ;  salvo  tierra  é  agua ,  abrazadas  en 
redondez,  entre  la  vaguidad  de  los  cielos ;  y  sintió 
por  qué  vía  se  hallaba  tierra  de  mucho  oro  ;  y  sintió 
como  este  mundo  y  firmamento  de  tierra  y  agua 
es  todo  andable  en  derredor  por  tierra  y  por  agua, 
según  cuenta  Juan  de  Mandavilla;  quien  tuviese 
tales  navios,  y  á  quien  quisiese  guardar  por  mar  y 
por  tierra  por  cierto  él  podía  ir  y  trasponer  por  el  Po- 
niente, de  en  derecho  de  San  Vicente,  y  volver  por 
Jerusalen,  y  en  Roma  y  en  Sevilla,  que  seria  cercar 
toda  la  tierra  y  redondez  del  mundo,  é  hizo  su  in- 
jenio un  mapa-mundi,  y  estudió  mucho  en  ello,  y 
sintió  que  por  qualquier  parte  del  mar  Océano,  an- 
dando y  travesando  no  se  podía  errar  tierra,  y  sin- 
tió porque  vído  se  f allaria  tierra  de  mucho  oro  ;  y 
leto  de  su  imajinacion ,  sabiendo  que  al  Rey  Don 
Juan  de  Portugal  api  acia  mucho  el  descubrir,  él  le 
fué  á  convidar,  y  recontado  el  fecho  de  su  imagina- 
ción, no  le  fué  dado  crédito ,  porque  el  Rey  de  Por- 
tugal tenía  muy  altos  y  bien  fundados  marineros, 
que  no  lo  estimaron,  y  presumían  en  el  mundo  no 
haber  otros  mayores  descubridores  que  ellos.  Asi 
que  Chrístobal  Colon  se  vino  á  la  corte  del  Rey 
Don  Fernando  y  de  la  Reyna  Doña  Isabel ,  y  les 
hizo  relación  de  su  imajinacion,  á  la  qual  tampoco 
no  daban  mucho  crédito,  y  él  les  platicó  y  dijo  ser 
cierto  lo  que  les  decía,  y  les  ensefió  el  mapa-mundi, 
de  manera  que  les  puso  en  deseo  de  saber  de  aque- 
llas tierras  ;  y  dejado  á  él,  llamaron  hombres  sabios 
astrólogos,  y  á  astrónomos,  y  hombres  de  la  corte 
sabidores  de  la  cosmographía,  de  quien  se  informa- 
ron, y  la  opinión  de  los  mas  de  ellos,  oida  la  plática 
de  Chrístobal  Colon,  fué  que  decía  verdad,  de  mane- 
ra que  el  Rey  y  la  Reyna  se  afirmaron  á  él,  y  le  man- 
daron dar  tres  navios  en  Sevilla,  bastecidos,  por  el 
tiempo  que  él  pidió,  de  gente  é  vituallas,  y  lo  envia- 
ron en  el  nombre  de  Dios  nuestro  Señor  é  de  nuestra 
Señora,  á  descubrir;  el  qual  partió  de  Palos  en  el  mes 
de  Setiembre  de  1492,  é  tomó  su  viaje  por  el  mar,  ade- 
lantando á  las  islas  de  Cabo-verde,  y  dende  siempre 
al  Occidente,  siempre  en  popa  hacía  donde  nos  ve- 
mos poner  el  sol  en  el  mes  de    Marzo,  por  donde 
todos  los  marinos  creían  ser  imposible  hallar  tierra, 
y  muchas  veces  los  reyes  de  Portugal  enviaron  por 
aquella  vía  á  descubrir  tierras ,  pues  la  opinión  de 
muchos  era,  que  por  aquella  vía  se  habían  de  hallar 
tierras  muy  ricas  do  oro,  y  nunca  pudieron  fallar 
ni  descubrir  tierra  alguna,  siempre  se  volvían  con 
el  trabajo  perdido  ;  y  la  buena  ventura  del  Rey  y 
de  la  Reyna,  y  su  merecer ,  quiso  Dios  que  en  sus 
días  y  tiempos  se  hallasen   y  descubriesen.  Ellos 
ansí,  en  uno  de  los  navios  iba  de  capitán  Martin 
Alonso  Pinzón,  vecino  de  Palos,  gran  marinero ,  é 
hombre  de  buen  consejo  para  la  mar,  y  desde  la  isla 
de  Cabo-verde,  fueron  hacía  donde  era  la  creencia 
de  Colon,  el  capitán  de  la  armada,  é  anduvieron 
treinta  y  dos  días,  fasta  que  hallaron  tierra  ;  y  en  loq 

42 


658 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


postreros  días  de  esto,  viendo  que  habían  andado 
laas  de  mil  leguas  y  no  se  descubría,  las  opiniones 
de  los  marineros  eran  muchas,  que  de  ellos  decian, 
que  ya  no  era  razón  de  andar  mas,  que  iban  sin  re- 
medio perdidos,  y  que  seria  maravilla  acertar  á  vol- 
ver ;  y  de  esta  opinión  eran  los  mas ;  y  Colon  y  los 
otros  capitanes,  con  dulces  palabras,  los  convencie- 
ron que  anduviesen  mas,  y  que  fuesen  ciertos,  que 
con  la  ayuda  de  Dios  fallarían  tierra.  E  Christobal 
Colon  miró  al  cielo  un  dia,  y  vido  aves  ir  volando 
muy  altas,  de  una  parte  hacia  otra,  é  mostrólas  á 
los  compañeros,  diciéndoles,  buenas  nuevas  ;  y  de 
allí  á  medio  dia  descubrieron  tierra,  y  llegados  á 
ella  perdieron  el  navio  mayor  de  los  tres  que  lleva- 
ban, en  la  Española,  que  encalló  en  bajo,  empero  no 
se  perdió  ningún  hombre,  y  en  la  primera  isla  sa- 
lieron, é  Colon  tomó  posesión  en  forma  por  el  Rey 
y  por  la  Reyna,  con  pendón  y  bandera  estendida,  y 
púsole  nombre  la  isla  de  San  Salvador,  y  llámanla 
los  de  ella  Guanahani,  y  allí  vieron  como  todas  las 
gentes  de  aquellas  tierras  andaban  desnudas  como 
nacieron,  ansí  hombres  como  mujeres  ;  y  allí,  aun- 
que huían  de  las  gentes  de  acá,  ovieron  de  llegar  á 
hablar  con  algunos  de  aquellos  indios,  é  diéronles 
de  lo  que  llevaban,  con  que  los  aseguraron.  E  á  la 
segunda  isla  que  halló,  puso  nombre  Santa  María, 
á  honra  de  Nuestra  Señora. 

A  la  tercera  isla  que  halló ,  puso  nombre  Fernán- 
dina,  en  memoria  del  Rey  Don  Fernando  ;  á  la  quar- 
ta.  isla  que  halló,  puso  el  nombre  la  Isabela,  en  me- 
moria de  la  Reyna  Doña  Isabel ;  á  la  quinta  isla  que 
halló,  puso  nombre  Juana,  en  memoria  del  Principe 
Don  Juan, y  así  ácada  isla  de  las  que  hallaron  no- 
minaron de  nombre  nuevo ;  y  esta  isla  Juana  si- 
guieron el  costado  de  ella  al  Poniente,  y  halláronla 
tan  grande ,  que  pensaron  que  seria  tierra  firme  y 
como  no  hallaron  villas  ni  lugares  en  la  costa  de 
la  mar  de  ella,  salvo  pequeñas  poblaciones  con  la 
gente,  de  las  quales  no  podían  haber  f  abla,  por  que 
luego  huían  como  los  vían,  volvieron  atrás  á  un  se- 
ñalado puerto,  donde  Christobal  Colon  envió  dos 
hombres  la  tierra  á  dentro  para  saber  sí  había  Rey 
ó  grandes  ciudadanos ,  los  quales  anduvieron  tres 
jornadas,  é  hallaron  infinitas  poblaciones  de  ma- 
dera y  paja ,  todas  con  gent  A  sin  número ,  mas  no 
cosa  de  rejimiento ,  por  lo  qual  se  volvieron ,  é  los 
indios  que  ya  tenían  tomados  dijeron  por  señas,  quo 
allá  no  era  tierra  firme ,  salvo  isla  ;  é  siguiendo  la 
costa  de  ella  al  Oriente  fasta  ciento  y  siete  leguas, 
donde  le  fallaron  fin  por  aquel  cabo,  y  desde  allí 
vieron  otra  isla  al  Oriente  distante  de  estas  diez  y 
ocho  leguas,  á  la  qual  puso  nombre  Christobal  Co- 
lon, la  Española,  é  fueron  allá,  y  siguiendo  la  parte 
del  Septentrión,  ansí  como  de  la  Juana,  de  la  qual 
todas  las  otras  y  esta,  vieron  ser  hermosísimas  á 
maravilla,  y  esta  Española  mucho  mas  famosa  que 
todas  las  otras,  que  en  ella  hay  muchos  puertos  de 
mar  muy  singulares,  sin  comparación  de  buenos,  y 
los  mejores  que  en  tierra  de  christianos  se  pueden 
hallar;  y  muchos  ríos  y  grandes  á  maravilla;  las  tier- 
ras de  ella  bou  altas  y  en  ellas  hay  muy  altas  sier- 


ras y  montañívs  altísimas,  hermosas  y  de  mil  hechu- 
ras, todasandablesy  llenas  de  árboles,  demil  hechu- 
ras y  naturas,  muy  altos,  que  parece  llegan  al  cie- 
lo, creo¡  que  jamas  pierden  la  hoja,  según  por  ellos 
parecía,  que  era  en  el  tiempo  cuando  acá  es  ivierno, 
que  todos  los  árboles  pierden  la  hoja,  é  allá  estaban 
todos  como  están  acá  en  el  mes  de  Mayo ;  y  de  ellos 
estaban  floridos,  y  de  ellos  en  sus  frutos  y  granas; 
y  allí  en  aquellas  arboledas  cantaban  el  ruiseñor,  y 
otros  pájaros  en  las  mañanas  en  el  mes  de  Noviem- 
bre como  hacen  acá  en  Mayo ;  allí  hay  palmas  de 
seis  ó  siete  maneras,  que  es  admiración  verlas,  por 
la  diversidad  de  ellas  ;  de  las  frutas ,  árboles  yer- 
bas que  en  ella  hay  es  maravilla ;  hay  en  ella  pi- 
nares, vegas  y  campiñas  muy  grandísimas ;  los  ár- 
boles y  frutas  no  son  como  los  de  acá;  hay  minas 
de  metales  de  oro,  el  qual  no  era  estimado  de  ella 
en  su  valor.  Pareció  á  Christobal  Colon,  y  á  los  de- 
mas  que  con  él  fueron,  que  según  la  grosedad  y 
hermosura  de  las  tierras,  que  serian  de  mucho  pro- 
vecho para  labrar,  plantar  y  criar  mieses  y  ganados 
de  acá  de  España,  y  por  tales  las  reputaron.  Vieron 
en  esta  isla  Española  muy  grandes  ríos  y  muy  dul- 
ces, y  supieron  que  había  mucho  oro  en  ellos  entre 
las  arenas.  Vieron  que  los  árboles  montesinos  no 
parecían  á  los  de  acá.  Vieron  y  supieron  por  los  in- 
dios, como  en  aquella  isla  había  grandes  minas  do 
fino  oro,  y  de  otros  metales.  Las  gentes  de  éstas 
islas  y  de  las  sobredichas  andaban  todas  desnudas, 
así  hombres  como  mujeres  como  nacieron,  tan  sin 
empacho,  y  tan  sin  vergüenza,  como  las  gentes  de 
Castilla  vestidas  ;  algunas  mujeres  traían  cojido  un 
solo  lugar  abajo,  con  una  hondilla  de  algodón  y  con 
una  cuerda  de  cintura  por  entre  las  piernas ,  que 
cubrían  no  mas  de  lo  bajo  por  honestidad.  Otras 
traían  tapado  aquello  con  una  hoja  de  un  árbol  que 
era  larga  y  propia  para  ello.  Otras  traían  una  man- 
tilla tejida  con  algodón  recinchada,  que  cubría  las 
caderas,  y  fasta  medio  muslo,  y  creo  que  esto  traían 
cuando  parían.  Ellos  no  tenían  hierro  ni  acero,  ni 
armas,  ni  cosa  que  de  ello  se  hiciese,  ni  de  otro  nin- 
gún metal,  salvo  de  oro ;  eran  é  son  gente  muy  te- 
merosa de  la  de  acá ,  que  de  tres  hombres  con  ar- 
mas huían  mil,  y  no  tienen  armas ,  sino  de  cañas,  6 
de  varas  sin  hierro ,  con  alguna  cosa  aguda  en  el 
cabo,  que  pueden  á  los  hombres  de  acá  empecer 
muy  poco  ;  y  aunque  aquellas  armas  tenían,  no  sa- 
bían usar  de  ellas,  ni  de  piedras ,  que  es  fuerte  ar- 
ma, porque  el  corazón  para  ello  les  faltaba.  En  el 
dicho  viaje  aconteció  á  Christobal  Colon  enviar  del 
navio  dos  ó  tres  hombres  á  alguna  villa  para  haber 
habla  con  aquellas  gentes,  y  salir  á  ellos  gente  sin 
número,  y  después  que  los  vian  llegar  cerca,  huían 
todos,  y  no  quedar  ninguno ;  y  después  que  se  ase- 
guraban algunos  é  perdían  el  miedo,  eran  muy  man- 
sos y  muy  alegres,  y  holgábanse  mucho  de  platicar 
con  los  de  acá.  Ellos  eran  todos  gentes  sin  injenio  y 
BÍn  malicia,  liberales  y  de  muy  buena  voluntad, 
partiendo  lo  que  tienen  los  unos  con  los  otros,  y 
convidan  con  lo  que  tienen  dándolo  sin  escasear, 
los  quales  después  de  perdido  el  temor  venían  á  los 


DON  FERNANDO 
navios,  mostraban  á  la  gente  de  acá  muy  grande 
amor  y  caridad,  y  por  qualquier  cosa  que  de  los  na- 
vios les  daban ,  daban  ellos  mucbas  gracias  y  lo 
recibian  con  mucha  merced  y  como  reliquia,  y  da- 
ban ellos  á  los  de  acá  cuanto  tenian  allí.  Acaeció  á 
un  marinero  por  una  agujeta,  haber  un  peso  de  dos 
castellanos  y  medio  de  oro,  y  á  otros,  por  cositas  de 
poco  valor  así  mesmo,  mucho  mas,  y  por  blancas 
nuevas  daban  por  uno  dos  pesos  de  oro  de  tres  cas- 
tellanos; é  una  aiToba,  é  dos  de  algodón,  hiladO; 
que  tienen  mucho  en  aquellas  tierras.  No  conoció 
Christobal  Colon,  ni  los  que  con  él  en  este  viaje 
fueron,  la  creencia  ni  seta  de  estas  gentes,  y  al  cie- 
lo señalaban  que  creían  que  allí  era  la  fuerza  y 
santidad  toda,  é  pensaban  é  creían  que  aquella  gen- 
te con  aquella  armada  que  allí  habia  ido  era  salida 
del  cielo  y  que  eran  gente  de  otro  mundo,  y  con  aquel 
acatamiento  y  reverencia  los  reverenciaban  en  todo 
lugar,  después  de  haber  perdido  el  temor  ;  y  esto  no 
por  que  ellos  fuesen  tan  inocentes  y  de  tan  poco  en- 
tender, que  es  gente  muy  sutil  y  de  muy  agudo  inje- 
nio,  y  hombres  que  navegan  en  todas  aquellas  ma- 
res, y  es  maravilla  la  cuenta  que  dan  de  todo,  salvo 
que  nunca  vieron  gente  vestida  ni  semejantes  navios 
ni  los  habian  oído  decir. 

Luego  como  Christobal  Colon  llegó  á  las  Indias 
con  su  armada,  en  la  primera  isla  tomó  algunos  in- 
dios por  fuerza  para  haber  noticia  de  las  cosas  de 
allá,  y  fué  así  que  ora  por  señas  ora  por  hablas,  muy 
presto  se  entendieron  ios  de  los  navios  con  ellos;  y 
estos  aprovecharon  mucho  en  el  viaje;  que  por  don- 
de llegaban  soltaban  y  enviaban  algunos,  y  ellos 
iban  diciendo  por  la  tierra  á  grandes  voces:  avenid, 
venid  á  ver  gente  que  vino  del  cielo»,  y  los  que 
oían,  desque  se  informaban  bien  de  ello  iban  á  de- 
cirlo á  otros  por  la  tierra  de  lugar  en  lugar,  y  de 
villa  en  villa,  que  viniesen  á  ver  tan  maravillosa 
gente  que  venia  del  cielo,  y  así  todos,  hombres  y 
mujeres,  venían  á  ver  tan  gran  maravilla,  y  después 
de  haber  perdido  el  miedo,  y  los  corazones  seguros 
todos  86  llegaban  sin  temor  á  los  hombres  de  acá  de 
la  armada,  y  les  traían  de  comer  y  beber  maravillo- 
samente, de  lo  que  tenian  ellos.  Tenian  en  todas 
aquellas  islas  unas  naves  con  que  navegaban,  que 
llaman  canoas,  que  son  y  eran  de  longura  de  fustas 
de  ellas  grandes,  y  de  ellas  chicas ,  salvo  que  son 
angostas,  por  que  no  es  cada  una  mas  que  de  un 
tronco  de  un  árbol,  y  los  facen  con  piedras  de  pe- 
dernales muy  agudas;  y  tales  hay  que  son  tamañas 
como  una  fusta  de  ocho  bancos,  mas  una  fusta  no 
tendrá  con  ellas  al  remo,  por  que  van  tan  recias 
que  no  es  de  creer;  y  con  estas  canoas  navegan  las 
gentes  de  aquellas  islas  todas  aquellas  mares  por 
allí,  y  tratan  sue  cosas  unos  con  otros.  Algunas 
canoas  habia  en  que  cabían  y  navegaban  sesenta 
hombres,  y  otras  habia  mayores,  en  que  cabían  y 
navegaban  ochenta  hombres;  cada  uno  con  su  remo 
en  las  manos,  y  en  todas  aquellas  dichas  islas  no 
vieron  diversidad  en  la  hechura  y  costumbres  de 
las  gentes,  ni  en  la  lengua,  salvo  que  todos  eran 
las  gentes,  las  frentes  y  laa  caras  largas,  las  cabezas 


É  DOÑA  ISABEL.  é50 

redondas,  tan  anchas  de  sien  á  sien,  como  de  U 
frente  al  colodrillo,  los  cabellos  prietos  corrientes, 
de  medíanos  cuerpos,  de  color  rojos,  y  blancos  mas 
que  negros;  todos  parecia  que  se  entendían  y  eran 
de  una  misma  lengua,  que  es  cosa  maravillosa  on 
tantas  islas,  no  haber  diversidad  de  lengua,  y  po- 
díalo causar  el  navegar,  que  era  señores  de  la  mar, 
y  por  eso  en  las  islas  Canarias  no  se  entendían  por 
que  no  tenian  con  que  navegar,  y  en  cada  isla  habia 
una  lengua.  Ya  dije  como  Colon  habia  andado  en 
derredor  de  la  isla  á  que  puso  nombre  Juana,  con 
su  navio  ciento  y  siete  leguas  por  la  costa  de  la 
mar,  por  derecha  línea,  por  lo  qual  dijo  que  le  pa- 
recia ser  mayor  isla  que  Inglaterra  y  Escocia  jun- 
tas. De  la  parte  del  Poniente  de  la  isla  Juana  que- 
daron dos  provincias  que  Colon  no  anduvo,  á  la  una 
llaman  los  indios  Naan,  donde  dicen  que  nacen  lo9 
hombres  con  la  cola,  empero  yo  no  creo  que  sea  allí, 
según  se  señala  en  el  mapa-mundi,  en  lo  que  yo  he 
leído,  y  si  es  allí,  no  tardará  mucho  en  se  ver,  con 
la  ayuda  de  Dios;  las  quales  islas  y  provincias,  se- 
gún los  indios  decían,  podían  tener  cinqüenta  ó  se- 
senta leguas  cada  una  de  longura. 

La  isla  Española,  á  quien  los  indios  llaman  HaiH, 
es  entre  las  otras  ya  dichas  ansí  como  oro  entre 
plata;  es  muy  grande,  é  muy  fermosa,  de  árboles  de 
ríos,  de  montes  de  campos,  es  de  muy  fermosos 
mares  é  puertos;  tiene  un  circuito  mas  que  toda 
España  desde  Colibre,  que  es  en  Cataluña,  cerca  de 
Pefpiñan,  por  la  costa  del  mar  de  España  en  derre- 
dor de  Granada,  y  Portugal  y  Galicia,  é  Vizcaya  fas- 
ta Fuenterrabía,  que  es  en  cabo  de  Vizcaya;  é  ellos 
anduvieron  ciento  y  ochenta  y  ocho  leguas  en  qua- 
dro  por  derecha  línea  de  Occidente  á  Oriente,  y  por 
aquí  pareció  bu  grandeza  de  esta  Española,  que  es 
muy  grande,  y  está  en  lugar  mas  convenible  y  me- 
jor comarca  para  las  minas  del  oro  y  para  todo  tra- 
to, así  de  la  tierra  firme  de  acá,  como  de  la  tierra 
firme  de  allá.  Tomó  asiento  Christobal  Colon  allí  en 
la  Española,  Haití  llamada  por  loa  indios,  en  una 
villa  á  la  qual  puso  nombre  la  villa  de  la  Navidad^ 
y  dejó  allí  quarenta  hombres  con  artillería  é  armas 
é  vituallas,  comenzando  á  hacer  una  fortaleza,  y 
dejó  maestros  para  la  facer,  y  dejóles  que  comiesen 
fasta  cierto  tiempo,  y  dejó  allí  hombres  de  los  que 
llevó  especiales  y  de  buen  saber  y  entender  para 
todo,  y  fué  forzoso,  según  pareció,  dejarlos,  por  que 
como  se  perdió  el  un  navio,  no  habia  en  qué  vinie- 
sen, y  esto  se  calló  acá  y  se  dijo  que  no  quedaban 
sino  por  comienzo  de  pobladores;  y  puso  su  amistad 
Colon  con  un  Rey  de  aquella  comarca,  donde  dej6 
la  gente,  y  otorgáronse  muchos  por  amigos  como 
hermanos,  y  encomendóle  Colon  aquellos  hombres 
que  allá  dejaba.  La  nao  se  perdió  en  la  Española 
cerca  de  donde  dejó  aquellos  quarenta  hombres. 

Hay  allí  en  la  entrada  de  las  Indias  ciertas  islas, 
que  llaman  los  indios  de  las  islas  ya  dichas  Caribes, 
que  son  pobladas  de  unas  gentes  que  estos  tienen 
por  muy  f  er'Vies,  y  han  de  ellos  gran  temor,  por  que 
comen  carne  humana;  estos  tienen  muchas  canoas 
con  las  quales  corren  todas  aquellas  islas  comarca- 


660 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ñas  y  roban  cuanto  pueden  y  fallan,  y  llevan  pre- 
sos los  hombres  y  mujeres  que  pueden,  y  mátanlos 
y  Gómenlos,  lo  qual  es  cosa  de  muy  grande  admi- 
ración y  espanto.  Ellos  no  son  mas  disformes  que 
los  otros,  salvo  que  tienen  esta  mala  costumbre,  y 
son  gente  mas  esforzada,  y  tienen  muchas  armas, 
que  usan  flechas  é  arcos  de  cañas,  y  ponen  en  las 
flechas  un  palillo  agudo  al  cabo,  ó  espinas  de  pes- 
cados por  defecto  de  hierro,  que  no  tienen.  Estos 
traen  los  cabellos  luengos  como  mugcres,  y  son  te- 
midos por  feroces,  entre  estos  pueblos  é  islas  suso- 
dichas, y  esto  es  por  que  los  otros  son  gentes  muy 
cobardes,  y  muy  domésticas  y  sin  malicia;  mas  no 
por  que  ellos  sean  fuertes,  ni  las  gentes  de  acá  los 
hayan  de  tener  en  mas  que  á  los  otros.  Y  en  las  is- 
las de  estos  Caribes,  y  en  las  otras  susodichas  hay 
oro  sin  cuento,  é  infinito  algodón,  especialmente 
muchas  especias  como  es  pimienta,  que  quema  y 
tiene  mayor  fuerza  que  la  pimienta  que  usamos  en 
España  quatro  tantos,  la  qual  todas  aquellas  gentes 
tienen  por  cosa  muy  provechosa  y  muy  medicinal, 
y  hay  árboles  de  lino,  aloe,  y  almástiga,  y  ruibarbo, 
y  otras  muchas  buenas  cosas,  según  pareció  al  dicho 
Colon.  No  habia  res  de  quatro  pies,  ni  alimaña  de 
las  de  acá  pudieron  ver  en  quantas  islas  de  esta  vez 
descubrieron,  salvo  unos  gozquillos  chiquitos,  y  en 
los  campos  unos  ratones  grandísimos,  que  llaman 
nutras,  que  comen  y  son  muy  sabrosos,  y  cómenlo 
como  acá  los  conejos,  y  en  tal  precio  los  tienen.  Hay 
muchas  aves  diferentes  todas  á  las  de  acá,  especial- 
mente muchos  papagayos. 

Descubierta  la  tierra  susodicha  por  el  dicho  Cris- 
tóbal Colon,  se  vino  á  Castilla,  é  llegó  á  Palos  á 
veinte  y  tres  de  Marzo,  año  de  1493  años,  y  entró 
en  Sevilla  con  mucha  honra  á  treinta  y  un  dias  del 
mes  de  Marzo,  Domingo  de  Ramos,  bien  probada 
8u  intención,  donde  le  fué  fecho  buen  recibimiento; 
trujo  diez  indios,  de  los  quales  dejó  en  Sevilla  quatro 
y  llevó  á  Barcelona  á  enseñar  á  la  Reyna  y  al  Rey 
Seis,  donde  fué  muy  bien  recibido,  y  el  Rey  y  la 
Beyna  le  dieron  gran  crédito  y  le  mandaron  adere- 
zar otra  armada  mayor  y  volver  con  ella,  y  le  die- 
ron titulo  de  Almirante  mayor  de  la  mar  Océano, 
de  las  Indias,  y  le  mandaron  llamar  Don  Cristóbal 
Colon,  por  honra  de  la  dign*5clad;  é  él  se  partió  de 
Barcelona,  encomendado  al  muy  honrado  y  discreto 
varón  Don  Juan  de  Fonseca,  Arcediano  que  era  en- 
tonces de  Sevilla,  Obispo  que  fué  de  Badajoz,  é  des- 
pués de  Córdoba,  é  después  de  Falencia,  y  Conde 
de  Pemia,  que  tenia  el  cargo  estonce  por  Sus  Alte- 
zas de  las  armadas  y  grandes  negocios  de  Sevilla, 
y  de  esta  Andalucía;  y  de  allí  con  este  concierto  se 
vino  á  Sevilla,  donde  en  breve  tiempo  fué  proveído 
de  la  dicha  armada,  y  de  la  gente,  y  vituallas  y 
mantenimientos  que  para  ella  fueron  menester,  y 
de  capitanes,  y  de  justicias  y  de  hombres  letrados, 
y  físicos,  y  hombres  de  muy  buen  consejo,  y  de  ar- 
mas, y  de  todas  las  otras  cosas  que  para  ello  era 
menester,  y  de  muy  buenos  navios,  y  de  muy  esco- 
gidos marineros,  y  de  hombres  buenos  cribes  para 
saber  conocer  y  apurar  el  oro, 


CAPÍTULO  CXIX. 
De  la  segunda  Armada  de  las  Indias. 

Partió  con  la  gracia  de  Dios  el  Almirante  Don 
Christóbal  Colon,  por  mandado  del  Rey  Don  Fer- 
nando, y  de  la  Rejma  Doña  Isabel,  con  la  flota  que 
Sus  Altezas  enviaron  de  España  para  las  Indias, 
desde  Cádiz  á  22  de  Septiembre  del  dicho  año  de 
1493,  con  diez  y  siete  navios  bien  aderezados,  y  con 
mil  é  doscientos  hombres  de  pelea  en  ellos,  ó  pocos 
menos,  con  viento  y  tiempo  convenible  al  viaje,  y 
duróles  aquel  tiempo  dos  dias,  en  los  quales  andubie- 
ron  poco,  y  luego  les  hizo  buen  tiempo,  de  manera 
que  en  otros  dos  dias  llegaron  á  la  Gran  Canaria, 
donde  tomaron  puerto,  lo  qual  les  fué  necesario  por 
reparar  un  navio  que  hacia  mucha  agua,  é  estuvie- 
ron allí  todo  aquel  día,  y  luego  otro  día  partieron, 
y  hízoles  algunas  calmas,  de  manera  que  estuvieron 
en  llegar  á  la  Gomera  quatro  ó  cinco  dias,  y  allí 
fuese  necesario  estar  algunos  dias,  donde  hicieron 
provisiones  de  carne,  é  leña,  é  agua  para  su  grande 
jornada,  así  que  en  aquellos  tiempos  y  puertos,  y 
un  día  que  les  hizo  calma,  desde  la  Gomera  tarda- 
ron de  llegar  á  la  isla  del  Yerro  veinte  dias;  desdo 
allí  por  la  bondad  de  Dios  les  tornó  el  mejor  tiempo, 
que  nunca  flota  llevó  tan  buen  viaje,  tal  que  dentro 
de  veinte  dias  estuvieron  á  vista  de  tierra,  y  ovié- 
ranla  en  catorce  ó  quince  dias  si  la  Nao  Capitana 
fuera  tan  buena  velera  como  los  otros  navios;  y  en 
todo  este  tiempo  nunca  ovieron  fortuna,  salvo  la 
víspera  de  San  Simón  y  Judas,  que  ovieron  fortuna 
que  les  duró,  que  los  puso  en  harto  estrecho;  y  el 
primer  Domingo  después  de  todos  Santos,  cerca  del 
alba,  dijo  un  piloto  de  la  Nao  Capitana,  albricias 
que  tenemos  tierra,  de  lo  qual  muchos  ovieron  mu- 
cho placer.  Contaron  aquel  día  los  pilotos  del  Ar- 
mada desde  la  isla  del  Yerro  de  Canarias  hasta  la 
primera  tierra  que  vieron,  unos  ochocientas  leguas; 
otros,  ochocientas  menos  veinte,  de  manera  que  la 
diferencia  no  era  mucha;  é  trescientas  que  ponen 
desde  la  isla  del  Yerro  hasta  Cádiz,  que  son  por  to- 
das desde  los  fines  de  España,  que  son  Cádiz  y  los 
puertos  de  esta  Andalucía,  hasta  los  primeros  puer- 
tos de  las  Indias,  mil  y  cien  leguas.  Vieron  el  Do- 
mingo de  mañana  por  proa  una  isla  y  luego  á  ma- 
no derecha  pareció  otra  primera  tierra  alta  de  sier- 
ras, por  aquella  parte  que  vieron  la  otra,  era  tierra 
llena  de  árboles  muy  espesos,  é  luego  que  fué  mas 
de  día  comenzaron  á  parecer  de  una  parte  y  de  otra 
árboles  é  islas,  de  manera  que  aquel  día  vieron  seis 
islas,  por  diferentes  partes,  y  las  mas  harto  gran- 
des, y  fueron  enderezados  hacia  la  que  primero  vie- 
ron, y  llegaron  por  la  costa  andando  mas  de  veinte 
leguas,  buscando  otro  puerto  para  seguir  el  qual 
todo  aquel  espacio  jamas  se  pudo  hallar.  Era  todo 
aquello  que  parecía  de  esta  isla  montaña  muy  her- 
mosa y  muy  verde  hasta  el  agua  que  era  alegria  de 
mirarla,  porque  en  España  á  tal  tiempo  apenas  hay 
cosa  verde. 

Después  que  alli  no  hallaron  puerto,  acordó  ©1 


DON  FERNANDO 
Almirante  de  volver  á  la  otra  isla  que  parecia  á  la 
mano  derecha,  que  estaba  de  esta  otra  quatro  6  cin- 
co leguas,  y  quedó  por  estonce  un  navio  en  esta  isla 
primera  buscando  puerto  aquel  dia  para  cuando 
fuese  necesario  venir  á  ella,  el  qual  halló  buen  puer- 
to, y  vido  las  casas  y  gentes,  y  luego  se  partió  aque- 
lla noche  para  á  donde  estaba  [la  flota  que  habia  ya 
tomado  puerto  en  otra  isla  donde  descindió  el  Al- 
mirante en  tierra,  y  mucha  gente  con  él  con  la  ban- 
dera real  en  las  manos,  á  donde  tomó  posesión  por 
BUS  Altezas  el  Rey  Don  Fernando  y  Doña  Isabel  su 
muger,  Reyes  de  España  en  forma  de  derecho.  En 
esta  isla  habia  tanta  espesura  de  árboles  que  era 
maravilla,  é  tanta  diferencia  de  árboles  no  conoci- 
dos de  nadie,  que  era  para  espantar  de  los  frutos, 
de  ellos  con  color,  y  de  ellos  verdes;  ansí  que  todos 
los  árboles  eran  verdes;  allí  hallaron  un  árbol  cuya 
hoja  tenía  el  mas  fino  olor  de  clavos  que  ser  podía, 
y  era  como  laurel,  salvo  que  no  era  ansí  de  grande. 
Allí  habia  frutas  salvaginas  de  diferentes  maneras, 
é  algunos  no  muy  sabios  probaron  de  ellas,  de  los 
quales  ovo  algunos  que  del  gusto  solamente,  tocán- 
doles con  la  lengua  ss  inchaban  las  caras,  é  le  ve* 
nía  tan  grande  ardor,  é  dolor  que  parecia  que  rabia- 
ban, los  quales  se  remediaban  con  cosas  frias.  En 
esta  isla  no  hallaron  gente  ni  señal  de  ella,  creyóse 
Ber  despoblada,  en  la  qual  estuvieron  dos  horas  del 
dia,  porque  quando  allí  llegaron  era  tarde;  luego 
Otro  dia  por  la  mañana  partieron  para  otra  isla,  que 
parecia  á  vista  de  esta,  que  era  muy  grande,  fasta 
la  qual  habrá  siete  ú  ocho  leguas,  y  llegaron  allá 
hacia  la  parte  de  una  gran  montaña  que  parecia  que 
quería  llegar  al  cielo,  en  medio  de  la  qual  montaña 
estaba  un  pico  más  alto  que  toda  la  otra  montaña, 
del  qual  se  vertían  á  diversas  partes  aguas  muchas 
en  especial  á  la  parte  de  facía  la  flota,  que  de  tres 
leguas  parecia  un  golpe  de  agua  tan  gordo  como  un 
buey,  que  se  despeñaba  tan  alto  como  si  se  cayera 
del  cielo,  é  como  se  parecia  de  tan  lejos,  ovo  en  los 
navios  muchas  apuestas  y  porfías  que  unos  decían 
que  eran  peñas  blancas,  é  otros  que  era  agua;  é  des- 
que llegaron  mas  cerca  vídose  lo  cierto,  y  era  muy 
f  ermosa  cosa  de  ver,  y  muy  maravillosa  de  tan  pe- 
queño lugar  como  nacía  tan  gran  golpe  de  agua,  y 
de  cuan  alto  se  despeñaba;  é  luego  que  llegaron 
mandó  el  Almirante  á  una  caravela  ligera  que  fuese 
á  buscar  puerto,  la  qual  se  adelantó,  y  llegando  á 
la  tierra  vido  unas  casas,  en  las  quales  halló  gente, 
é  luego  que  los  vieron  al  capitán  é  á  los  que  iban 
con  él  huyeron  las  gentes,  y  el  capitán  entró  en  las 
casas  y  hallaron  las  cosas  que  ellos  allí  tenían,  que 
no  habían  llevado  nada;  donde  tomó  y  halló  dos  pa- 
pagayos muy  grandes,  y  muy  diferenciados  de  to- 
dos quantos  se  habían  visto,  y  halló  mucho  algodón 
hilado,  y  por  hilar,  y  cosas  de  sus  mantenimientos, 
y  de  todo  trujo  un  poco,  é  trajo  quatro  ó  cinco  hue- 
sos de  piernas  é  brazos  de  hombres,  é  luego  como 
aquello  vieron  conocieron  ser  aquellas  las  islas  de 
los  Caribes  que  son  habitadas  de  gente  que  comen 
carne  humana;  y  el  Almirante,  por  las  señas  que  á 
©1  otro  primer  viaje  le  habían  dado  los  indios  dg 


E  DOÑA  ISABEL.  66Í 

las  islas  que  descubrió  del  sitio  donde  estaban,  hizo 
el  viaje  por  allí  por  descubrirlas,  y  por  que  esta^ 
ba  mas  cerca  de  España,  y  también  por  que  por 
allí  se  hacia  el  camino  mas  derecho  para  la  Es- 
pañola, á  8U  parecer,  donde  antes  habia  dejado  la 
gente,  á  la  qual  por  la  bondad  de  Dios,  y  por  el 
buen  saber  del  Almirante,  fueron  tan  derechos  coma 
si  por  un  camino  sabido  y  seguido  fueran  á  aque* 
lia  isla.  Es  grande,  que  por  el  lado  que  la  vieron 
pareció  que  habia  de  luengo  de  costa  veinte  y  cinco 
leguas;  fueron  costeando  por  el  lado  de  ella  bus- 
cando puerto  mas  de  dos  leguas,  y  por  la  parte 
donde  iban  eran  montañas  muy  altas,  y  á  la  otra 
parte  que  dejaron  parecían  grandes  llanuras,  é  por 
la  vía  de  la  mar,  habia  algunos  poblados  peque- 
ños, é  luego  que  vían  las  velas  huían  todos;  an- 
dadas dos  leguas  fallaron  puerto  ya  muy  tarde,  9 
esa  noche  acordó  el  Almirante  que  á  la  madru- 
gada saliesen  algunos  á  tierra  para  tomar  lengua, 
á  saber  qué  gente  era,  no  embargante  la  sospechar 
de  lo  que  ya  habían  visto. 

Salieron  esa  madrugada  algunos  capitanes  por 
la  tierra,  é  los  unos  vinieron  á  hora  de  comer,  é 
trujeron  un  mozo  de  fasta  catorce  años,  y  á  lo  que 
después  se  supo  y  él  dijo,  era  de  los  que  aquella 
gente  tenían  cautivos,  é  los  otros  se  dividieron,  é 
trujeron  un  muchacho  pequeño,  el  qual  tenia  ua 
hombre  por  la  mano,  y  por  huir  lo  desamparó;  es- 
te enviaron  luego  con  algunos  de  ellos,  y  los  otros 
quedaron,  é  de  los  que  quedaron,  unos  tomaron  cier- 
tas mugeres  naturales  de  la  isla  que  trujeron,  6 
otras  mugeres  se  vinieron  de  grado  con  ellos  quo 
eran  de  las  cautivas.  De  esta  compañía  se  apartó 
un  capitán,  no  sabiendo  si  habia  lengua,  con  seis 
hombres,  el  qual  se  perdió  con  ellos,  que  jamás 
supieron  tomar  fasta  que  en  cabo  de  quatro  diaa 
toparon  la  costa  de  la  mar,  y  siguiendo  por  ella  tor- 
naron á  topar  con  la  flota;  ya  los  tenían  por  perdi- 
dos é  comidos  de  los  Caribes ,  porque  ya  no  bastaba 
razón  á  creerlo  de  otra  manera;  y  entre  ellos  iban 
pilotos  y  marineros,  que  por  la  estrella  sabían  ir  y 
venir  hasta  España,  y  creíanse  que  en  tan  pequeña 
espacio  no  se  podían  desatinar  ni  perder.  Aquel  dia 
que  allí  descendieron,  andaban  por  la  playa  junta 
á  el  agua  muchos  hombres  y  mugeres,  mirando  la 
flota,  é  maravillándose  mucho  de  cosa  tan  nueva;  é 
allegando  alguna  barca  á  tierra  á  hablar  con  ellos, 
decían:  tainon,  tainon,  que  quería  decir,  bueno,  bue- 
no, y  esperaban  en  tanto  que  no  salian  del  agua 
juntos  con  el  monte,  de  manera  que  cuando  ellos  se 
querían,  se  podían  salvar;  en  conclusión,  que  de  los 
hombres  ninguno  se  pudo  tomar  por  fuerza,  ni  por 
grado,  salvo  dos  que  se  aseguraron,  y  después  los 
trujeron  por  fuerza  allí;  se  tomaron  mas  de  veinte 
mugeres,  de  ellas  de  las  cautivas,  que  de  bu  grado 
se  venían,  y  otras  naturales  de  la  isla  que  fueron 
salteadas,  é  tomadas  por  fuerza,  y  ciertos  mucha- 
chos cautivos  se  vinieron  á  la  flota  huyendo  de  los 
naturales  de  la  isla  que  los  tenían  para  comer ;  y  es- 
tuvieron en  aquel  puerto  ocho  días,  acaso  de  la  pér- 
dida del  capitán  susodicho,  donde  muchas  veceg 


662 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Balió  gente  de  la  flota  á  tierra  á  andar  por  bus  nao- 
radas,  é  pueblos  que  estaban  á  la  costa,  donde  ha- 
llaron infinitos  huesos  de  hombres,  é  los  cascos  de 
las  cabezas  colgadas  por  las  casas  á  manera  de  va- 
sijas para  tener  cosas  del  servicio  de  casa;  esto  era 
de  la  gente  que  comian.  En  todo  este  espacio  no  se 
vieron  muchos  hombres ,  porque  diz  que  eran  idos, 
y  según  las  mugeres  dijeron,  á  saltear  en  diez  ca- 
noas á  otras  islas,  é  las  saltear.  E  la  gente  de  esta 
isla  parece  mas  política  que  no  la  de  las  otras  islas 
que  vieron  de  por  allí,  y  tenían  mucho  mejores  ca- 
sas, aunque  todas  eran  de  paja,  y  estos  las  tenían 
de  mejor  hechura,  y  mas  proveídas  de  manteni- 
mientos, é  parecía  mas  industria  de  ellos,  y  en  ellas 
que  en  los  otros,  tenían  mucho  algodón  hilado  y  por 
hilar  en  sus  casas,  y  muchas  mantas  del  mismo  al- 
godón tan  bien  tejidas  que  no  debían  nada  á  las  do 
Castilla. 

Preguntando  á  las  mujeres  que  eran  cautivas  en 
esta  isla ,  qué  gente  era  esta  que  las  tenia  cautivas, 
respondían  que  eran  Caribes,  y  después  que  enten- 
dieron que  los  castellanos  tal  por  su  mal  uso  de  comer 
hombres,  holgábanse  mucho  de  ello ;  y  sí  de  nuevo 
traían  algún  hombre  ó  mujer  de  los  Caribes ,  secre- 
tamente decían  á  los  de  los  navios  como  eran  Cari- 
bes ;  y  aun  allí  donde  estaban  en  poder  de  los  cas- 
tellanos mostraban  haber  gran  temor  de  ellos,  y  de 
esto  se  conoció  quales  eran  Caribes,  é  quales  eran 
los  otros,  porque  los  Caribes  traían  en  cada  una 
pierna  dos  argollas  tejidas  de  algodón,  la  una  jun- 
to con  la  rodilla,  é  la  otra  junto  á  los  tobillos,  de 
manera  que  les  facían  las  pantorrillas  grandes,  é 
de  los  dichos  lugares  muy  ceñidas,  y  esto  pareció 
que  ellos  tenían  por  gentileza ;  asi  que  por  esta  di- 
f  eriencia  conocieron  los  unos  é  los  otros  los  Cari- 
bes, de  mala  costumbre.  E  las  costumbres  de  los  Ca- 
ribes son  tales.  Esta  susodicha  se  llama  Quaréque- 
na ;  la  otra  que  primero  se  vido  se  llama  Quariquí ; 
otra  se  llama  Ayan.  Estos  todos  son  como  si  fue- 
sen de  un  linage ,  y  no  se  facen  mal  unos  á  otros, 
empero  facen  guerra  á  todas  las  otras  islas  comar- 
canas, los  quales  van  por  mar  á  ciento  y  cinqüenta 
leguas  á  lo  mas  lejos  á  saltear  con  muchas  canoas 
que  tienen ,  que  son  fustas  pequeñas  hechas  de  un 
solo  madero  cada  una,  según  dicho  es  en  el  capi- 
tulo antes  de  éste.  E  sus  armas,  son  flechas ,  é  en  lu- 
gar de  fierro,  porque  ellos  no  poseen  ningún  fierro, 
ponen  unas  puntas  fechas  do  huesos  de  tortugas; 
otros  ponen  unas  espinas  de  un  pez,  de  que  parecen 
naturalmente  hechas  como  si  fueran  de  fierro,  con 
que  pueden  bien  ofender  é  matar,  empero  para  gen- 
te de  acá  de  España  no  son  armas  para  mucho  ofen- 
der. Esta  gente  saltea  en  las  otras  islas,  y  traen  las 
mugeres  que  pueden  haber,  en  especial  mozas  her- 
mosas, las  quales  tienen  para  su  servicio  y  para  te- 
ner por  mancebas ;  y  esto  se  supo  por  que  mas  de 
veinte  mozas  de  las  cautivas  fueron  las  que  se  vi- 
nieron á  la  flota ,  é  decian  que  también  usaban  con 
ellas  de  una  terrible  crueldad  aquellos  hombres  Ca- 
ribes, que  parece  increíble  cosa,  que  los  hijos  que 
en  ellas  engendraban  se  loa  comian,  y  que  solamen- 


te crian  los  que  han  en  las  mugeres  naturaleb.  Los 
hombres  que  pueden  haber  tráenlos  á  sus  casas ,  é 
facen  carnicería  de  ellos  cuando  quieren ,  é  que  los 
que  matan  por  los  prender,  cómenlos  luego,  é  di- 
cen que  la  carne  del  hombre  es  tan  buena  cosa  que 
no  hay  tal  cosa  de  comer  en  el  mundo ,  é  bien  pa- 
recía en  su  mal  vicio  y  costumbre ,  porque  los  hue- 
sos que  en  su  casa  se  hallaron,  todo  lo  que  se  po- 
día comer  estaba  muy  roído ,  que  no  había  sino  lo 
que  por  su  mucha  dureza  no  se  podía  comer.  Ha- 
llóse en  una  casa  cociendo  un  pescuezo  de  hombre; 
é  los  muchachos  que  cautivan  chicos,  cóltaules  á 
cada  uno  su  miembro  generativo,  é  sírvense  de  ellos 
fasta  que  son  hombres,  ó  fasta  que  quieren,  é  des- 
pués facen  fiesta,  é  mátanlos,  é  cómenlos,  é  dicen 
que  la  carne  de  los  muchachos,  é  de  las  mujeres  no 
es  bu3na,  ni  tal  como  la  de  los  hombres;  de  estos 
muchachos  se  vinieron  huyendo  á  la  flota  tres,  to- 
dos cortados  los  miembros  generativos  á  raíz  de  las 
redi  jas. 

En  cabo  de  quatro  días  vino  el  capitán  que  se 
había  perdido  con  los  compañeros,  porque  de  su 
jenida  estaban  ya  bien  deeafuciados,  que  los  habían 
ido  á  buscar  otras  quadrillas,  é  aquel  día  vino  la 
una,  y  todas  volvieron  sin  saber  de  ellos,  é  con  su 
venida  holgaron  mucho  los  de  la  flota  como  si  nue- 
vamente se  hubieran  fallado.  Trajo  este  capitán ,  é 
los  que  con  él  fueron  diez  personas  entre  mucha- 
chos é  mugeres.  Estos  é  los  otros  que  los  fueron  á 
buscar  nunca  fallaron  hombres,  ó  porque  se  habían 
huido,  ó  porque  había  pocos  en  aquella  comarca, 
habían  á  encontrar  Como  dijeron  las  mugeres.  Vino 
el  dicho  capitán ,  y  los  que  con  él  fueron ,  tan  des- 
trozados del  monte,  que  era  lástima  de  los  ver ;  de- 
cian que  se  habían  perdido  por  la  aspereza  de  los 
árboles,  que  era  tanta  que  el  cielo  no  podían  ver,  ó 
que  algunos  de  ellos  que  eran  marineros,  habían 
subido  por  los  árboles  de  noche  para  mirar  la  estre- 
lla del  norte,  é  nunca  la  pudieron  ver,  é  si  no  topa- 
ran con  la  mar,  no  pudieran  tornar  á  la  flota  ;  la 
qual  partió  de  aquella  isla  con  la  gracia  de  Dios 
ocho  días  pasados  después  que  allí  llegaron ;  é  lue- 
go otro  día  vinieron  á  otra  isla  no  muy  grande  á 
hora  de  medio  día,  que  distaba  de  esta  otra  doce 
leguas ;  é  porque  el  primer  día  que  partieron  les 
fizo  calma,  fueron  juntos  con  la  costa  de  esta  isla, 
y  dijeron  las  mugeres  indias  que  aquella  isla  no  era 
habitada  de  gentes,  porque  los  Caribes  la  habían 
despoblado,  é  por  eso  la  flota  no  paró  allí;  é  luego 
esa  tarde  vieron  otra  isla,  y  esa  noche  cerca  de  ella 
hallaron  unas  bajas,  é  no  osaron  á  andar  hasta  que 
fué  de  día,  é  luego  á  la  mañana  pareció  otra  isla 
asaz  grande,  éá  ninguna  no  llegaron,  por  ir  á  con- 
solar los  hombres  que  habían  dejado  esotro  viaje 
en  la  isla  Española,  é  no  plugo  á  Dios  que  los  fa- 
llasen vivos  como  adelante  se  dirá.  Otro  día  llega- 
ron á  otra  isla,  que  parecía  muy  bien,  é  muy  po- 
blada, é  fueron,  é  tomaron  puerto  en  ella;  luego  ol 
Almirante  mandó  ir  á  tierra  una  barca  guarnecida 
de  gente  para  sí  pudiesen  tomar  lengua,  é  saber 
qué  gente  era,  é  para  haber  información  de  bu  via- 


DON  FERNANDO 
je  que  era  menester,  no  embargante  que  el  Almi- 
rante, aunque  no  liabia  fecho  aquel  camino,  iba 
muy  bien  encaminado  según  pareció.  E  saltaron 
ciertas  personas  en  tierra  de  la  dicha  barca,  é  lle- 
garon á  un  poblado  donde  la  gente  ya  se  habia  es- 
condido, é  tomaron  cinco  ó  seis  mugeres,  é  mucha- 
chos, de  las  quales  supieron  que  eran  las  mas  cau- 
tivas como  en  la  otra  isla,  por  que  allí  también  eran 
Caribes.  Esta  barca  so  queria  tornar  á  los  navios 
con  priesa ,  é  por  parte  de  abajo  venia  una  canoa, 
en  que  venían  quatro  hombres  é  dos  mugeres,  é  un 
muchacho,  é  después  vieron  la  flota,  maravillado^ 
Be  embebecieron  tanto,  que  por  una  grande  hora  no 
Bo  movieron  de  un  lugar,  casi  dos  tiros  de  lombarda 
de  los  navios ;  en  esto  fueron  vistos  de  los  que  es- 
taban en  la  barca ,  é  de  toda  la  flota ;  luego  los  de 
la  barca  fueron  á  ellos  tan  juntos  con  la  tierra,  que 
con  el  embebecimiento  que  tenian,  maravillándose 
y  pensando  qué  cosa  seria  aquella  que  nunca  los 
vieron  hasta  que  estuvieron  muy  cerca  de  ellos  que 
no  los  pudieron  mucho  fuir,  aunque  farto  trabaja- 
ron por  ello,  y  los  de  la  barca  trabajaron  harto  que 
no  se  pudieran  ir.  Los  Caribes,  desque  vieron  que 
el  huir  no  les  aprovechaba,  con  mucha  osadia  pu- 
sieron mano  á  los  arcos ,  también  las  mugeres  como 
los  hombres,  é  digo  con  mucha  osadía,  porque  ellos 
no  eran  mas  de  quatro  hombres ,  é  dos  mugeres ,  é 
eran  los  de  la  barca,  é  de  toda  la  flota ;  luego  los 
de  la  barca  fueron  á  ellos  tan  juntos  con  la  tierra 
que  con  el  embebecimiento  ,  siendo  así  que  loa  Ca- 
ribes eran  quatro  hombres  é  dos  mugeres ,  é  eran 
los  de  la  barca  veinte  y  cinco,  de  los  quales  firieron 
dos ,  al  uno  dieron  dos  flechadas ,  y  al  otro  una  por 
el  costado ,  é  si  no  fuera  porque  llevaban  adargas, 
é  tablachinas,  é  por  que  los  embistieron  presto  con 
la  barca,  é  les  trastornaron  la  canoa,  asaetaran  los 
mas  de  ellos  con  sus  flechas.  Después  de  trastorna- 
da la  canoa  quedaron  en  el  agua  nadando,  é  habia 
allí  unos  bajos,  é  tuvieron  farto  que  hacer  en  to- 
marlos, que  todavía  trabajaban  por  tirar,  é  con  todo 
eso  se  les  f  uyó  el  uno ,  é  no  lo  pudieron  tomar  si  no 
mal  herido  de  una  lanzada,  de  que  murió.  La  dife- 
rencia de  estos  indios  Caribes  á  los  otros  dichos,  es 
en  el  hábito,  que  los  de  Caribi  tienen  el  cabello 
muy  largo,  son  trasquilados,  é  fechas  muchas  di- 
ferencias en  las  cabezas  de  cruces,  é  otras  pinturas 
en  diversas  maneras ,  cada  uno  como  se  le  antoja, 
lo  qual  hacen  con  cañas  agudas;  é  todos,  ansí  de 
Caribi  como  los  otros ,  es  gente  sin  barbas ,  que  por 
maravilla  hallareis  hombre  que  las  tenga,  que  to- 
das se  las  pelan ,  é  quitan  antes  que  crezcan,  de  ma- 
nera que  parece  que  no  les  nacen.  Estos  Caribes  que 
allí  tomaron ,  venían  tiznados  los  ojos  y  las  cejas, 
lo  cual  parece  que  hacen  por  gala ,  é  con  aquello 
parecían  cosa  espantable ;  el  uno  de  ellos  dijo  que 
en  una  isla  de  aquellas  llamada  Cario,  que  es  la 
primera  que  se  vído  ,  á  la  qual  la  flota  no  llegó,  que 
había  mucho  oro,  y  que  si  allá  fuesen  y  llevasen 
fizadones ,  é  cosas  para  hacer  sus  caminos ,  que  trae- 
rían cuanto  oro  quisiesen. 
E  lue^o  aquel  día  partió  de  allí  la  flota  en  cabo 


É  DOÑA  ISABEL.  663 

de  seis  ú  siete  horas  ,  y  después  de  haber  allí  llega- 
do ,  fueron  á  otra  tierra  que  parecía  á  ojo ,  é  esta 
isla  estaba  en  el  camino  que  habían  de  llevar,  é  lle- 
garon noche  cerca  do  ella ,  é  otro  día  de  mañana 
fueron  por  la  costa,  é  era  muy  gran  tierra,  aunque 
no  era  muy  continua,  que  eran  mas  de  quarenta 
islas  é  tierra  muy  é  alta,  la  mas  della  pelada,  lo 
qual  no  es  ninguna  de  las  que  habían  visto ;  á  esta 
no  llegaron  para  saltar  en  tierra ,  salvo  una  carabe- 
la latina  que  llegó  á  un  islon  de  aquellos,  en  el 
cual  hallaron  ciertas  casas  de  pescadores,  é  las  mu- 
jeres indias  que  traían  dijeron  que  no  eran  pobla- 
das aquellas  tierras ;  anduvieron  por  aquella  costa 
lo  mas  de  aquel  día ,  fasta  otro  día  en  la  tarde  quo 
llegaron  á  otra  isla  llamada  Boriqui ,  cuya  costa 
corrieron  todo  un  día,  é  se  juzgaba  que  tenía  por 
aquella  costa  treinta  leguas.  Esta  isla  es  muy  fer- 
mosa  y  muy  fértil  al  parecer ,  é  á  esta  vienen  los 
caribes  á  saltear  y  conquistar,  de  la  qual  llevan  mu- 
cha gente  para  comer,  é  no  tienen  estos  canoas 
ningunas,  nín  saben  andar  por  mar,  empero  usan 
de  arcos  y  flechas  como  los  caribes,  con  que  pelean 
é  se  defienden  ,  é  si  por  ventura  han  victoria  de  los 
que  los  vienen  á  saltear,  también  se  los  comen, 
como  los  caribes  á  ellos.  En  un  puerto  de  esta  isla 
estuvo  la  flota  dos  dí*s,  donde  saltó  mucha  gente 
en  tierra,  empero  nunca  pudieron  haber  lengua, 
que  todos  huyeron  como  gente  atemorizada  de  los 
caribes.  Todas  estas  islas  fueron  descubiertas  en 
este  viaje,  que  en  el  otro  ninguna  había  visto  el 
Almirante  ;  y  aunque  todas  parecían  muy  fermosas 
islas,  empero  ésta  parecía  mejor. 

Aquí  se  acabaron  las  islas  que  facía  á  la  parte  de 
España  atrás  había  dejado  por  ver  el  Almirante  en 
el  primero  viaje,  y  aun  se  cree  haber  algunas  islas 
antes  que  estas,  quarenta  6  cinqüenta  leguas  facía 
España,  porque  antes  que  viesen  tierra  los  de  esta 
flota  vieron  unas  aves  que  llaman  rabihorcadas  vo- 
lar, é  son  aves  de  rapiña  marinas,  y  no  sientan  ni 
duermen  sobre  el  agua,  y  viéronlas  sobre  tarde  ro- 
deando subir  en  alto ,  después  seguir  su  vía  buscan- 
do tierra  para  dormir,  las  quales  no  podían  ir,  se- 
gún era  tarde ,  á  dormir  mas  de  doce  ó  quince  le- 
guas, é  esto  era  sobre  mano  derecha  de  la  flota  fa- 
cía España,  de  donde  todos  juzgaron  quedar  allí 
tierra,  la  qual  no  se  buscó  porque  se  facía  rodeo  y 
tardanza  para  el  viaje. 

De  esta  isla  de  Boríquí  partió  la  flota  una  ma- 
drugada, y  aquel  día  antes  que  fuese  noche  ovieron 
vista  de  tierra,  lo  qual  no  era  conocida  tampoco  de 
los  del  otro  viaje ,  empero  por  las  nuevas  de  las  mu- 
jeres indias  que  llevaban,  sospecharon  que  sería  la 
Española,  que  iban  á  buscar,  y  érala  misma  Espa- 
ñola, así  llamada  por  los  indios,  y  entre  ella  y  la  do 
Boriquen  parecía  otra  isla ,  aunque  no  era  grande. 

CAPÍTULO  CXX. 

Como  llegaron  á  la  Espafiola  y  hallaron  muertos  los  hombres 
que  habían  dejado. 

Llegados  á  la  Espafiola  el  Almirante  y  toda  la 
flota,  á  donde  arribaron  por  aquel  comienzo,  ert^ 


664 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA, 


toda  la  tierra  llana  y  muy  baja;  mas  del  conoci- 
miento dalla  estaban  todos  dudosos,  porque  por 
aquella  parte  ni  el  Almirante  ni  los  otros  que  con 
él  fueron  non  la  hablan  visto.  Esta  isla  es  muy 
grande,  y  es  nombrada  por  provincias,  y  á  esta 
parte  por  donde  llegaron  llaman  Ahia,  é  á  otra  pro- 
vincia junto  con  esta  llaman  Samana,  é  á  otra  Boio, 
é  á  otra  Albao;  é  hay  otras  muchas  provincias,  así 
como  acá  en  España.  Por  la  costa  de  esta  isla  cor- 
rió la  flota  al  pié  de  cien  leguas,  porque  hasta  don- 
de el  Almirante  habia  dejado  la  gente  habia  este 
compás,  que  seria  el  medio  de  la  isla. 

Andando  por  derecho  de  la  provincia  llamada  Sa- 
mana, echó  el  Almirante  en  tierra  uno  de  los  indios 
que  el  otro  viaje  habia  traido  á  España,  vestido  y 
con  algunas  cosillas ;  aquel  dia  se  finó  el  marinero 
vizcaíno  herido  que  habia  sido  de  los  caribes  ya  di- 
chos que  tomaron,  é  murió  por  su  mala  guarda  ,  é 
porque  iban  por  costas  dióse  lugar  que  saliesen  en 
una  barca  á  enterrarlo,  é fueron  en  guardado  labar- 
ca  dos  carabelas,  é  acercáronse  á  tierra,  é  salieron  á 
la  barca,  desque  salió  á  tierra,  muchos  indios,  délos 
quales  algunos  traian  oro  al  cuello  é  á  las  orejas,  é 
querían  venir  con  los  christianos  á  los  navios ;  y  no 
los  quisieron  traer ,  porque  no  llevaban  licencia  del 
Almirante,  los  quales  desque  vieron  que  no  los  que- 
rían traer, se  metieron  dos  de  ellos  en  una  canoa,  é 
Be  vinieron  á  una  de  las  dos  carabelas ,  en  la  qual 
los  recibieron  con  su  canoa,  é  trujéronlos  á  la  nao 
del  Almirante;  dijeron  medíante  un  intérprete  indio, 
de  los  que  iban  de  acá  de  España,  que  un  Rey  de 
aquella  provincia  los  enviaba  á  saber  qué  gente  era, 
é  que  les  rogaba  que  se  saliesen  á  tierra,  é  que  da- 
ría al  Almirante  mucho  oro  que  tenia  é  de  comer  de 
lo  que  tuviese,  é  el  Almirante  les  mandó  dar  sendas 
camisas  é  bonetes  é  otras  cosillas,  éles  dijo,  que  por- 
que iba  donde  estaba  Guacanari,  no  se  podía  dete- 
ner, que  otro  tiempo  habría  para  que  lo  pudiese  ver; 
é  con  esto  se  fueron. 

E  la  flota  no  cesó  su  viaje  hasta  llegar  á  un  puer- 
to que  el  Almirante  llamó  Monte  Juan,  donde  estu- 
bieron  dos  días  para  ver  la  disposición  de  la  tierra; 
porque  no  habia  parecido  al  Almirante  el  lugar  don- 
de habia  dejado  la  gente  que  estaba  en  un  asiento. 
Para  hacer  asiento  descindieron  en  tierra,  había 
muy  cerca  de  allí  un  gran  río  de  muy  buena  agua, 
empero  era  toda  tierra  muy  anf^ada  y  muy  indis- 
puesta para  habitar.  Andando  viendo  el  río  é  tierra 
algunos  de  la  flota,  hallaron  dos  hombres  muertos 
juntos  con  el  río:  el  uno  con  un  lazo  al  pescuezo,  y 
el  otro  con  un  lazo  al  pié  :  esto  fué  el  primero  día  ; 
é  otro  dia  siguiente  hallaron  otros  dos  hombrea 
muertos  mas  adelante  de  aquellos,  el  uno  dellos  es- 
taba en  disposición  de  que  se  le  pudo  conocer  tener 
muchas  barbas,  é  algunos  de  la  armada  sospecharon 
mas  mal  que  bien,  en  razón  porque  los  indios  son 
todos  sin  barbas,  como  dicho  es,  é  este  puerto  está 
del  lugar  donde  habia  quedado  la  gente  christíana 
el  primer  viaje  doce  leguas.  Pasados  dos  días  alza- 
ron velas  para  ir  donde  el  Almirante  habia  dejado 
la  sobre  dicha  gente  en  compañía  del  Rey  de  los  in- 


dios de  aquella  provincia,  llamado  Guacanari,  que 
parecía  ser  de  los  principales  de  la  isla ;  Jaquel  día 
llegaron  en  derecho  de  aquel  lugar  ya  tarde ,  é  por- 
que allí  había  unos  bajos  donde  el  otro  viaje  se  ha- 
bia perdido  la  nao  en  que  habia  ido  el  Almirante,  no 
osaron  tomar  el  puerto  cerca  de  tierra,  fasta  que  otro 
día  de  mañana  se  sondase,  é  pudiesen  entrar  segu- 
ramente ;  quedaron  aquella  noche  una  legua  de  tier- 
ra ,  é  esa  tarde  yendo  por  allí  de  lejos,  salió  una  ca- 
noa en  que  parecían  cinco  ó  seis  indios ,  los  quales 
venían  aprisa  para  la  flota,  é  el  Almirante  creyen- 
do que  lo  siguieran  hasta  alcanzarlo,  no  quiso  que 
los  esperasen,  y  ellos  porfiando  llegar,  llegaron  fas- 
ta un  tiro  de  lombarda  de  la  flota,  é  parábanse  á  mi- 
rar, é  desque  vieron  que  no  los  esperaban,  dieron 
vuelta;  é  después  que  surjieron  en  aquel  lugar,  so- 
bre tarde,  el  Almirante  mandó  tirar  dos  lombarda» 
á  ver  si  respondían  los  christianos  que  habían  que- 
dado cerca  del  dicho  Guacanari,  porque  también  les 
habían  quedado  lombardas,  de  lo  qual  se  desconso- 
ló mucho  la  gente,  é  tomaron  la  sospecha  que  de- 
bían tomar;  estando  así  todos  tristes,  pasadas  quatro 
ó  cinco  horas  de  la  noche,  vino  la  misma  canoa  que 
esta  tarde  habían  visto,  é  venia  á  la  flota  dando  vo- 
ces, preguntando  por  el  Almirante  ;  é  un  capitán  de 
una  carabela  donde  primero  llegaron,  trújulos  ala 
nao  del  Almirante,  los  quales  nunca  quisieron  ha- 
blar hasta  que  el  Almirante  les  hablase,  y  deman- 
daron lumbre  para  le  conocer  ,  y  después  que  le  co- 
nocieron entraron  en  la  nao  ;  era  el  uno  privado  de 
Guacífnari ,  el  qual  Guacanari  los  habia  tornado  á 
enviar  después  que  ellos  se  habían  vuelto  aquella 
tarde,  é  trujeron  dos  carántulas  de  oro  que  Guaca- 
nari enviaba  en  presente,  la  una  para  el  Almirante, 
y  la  otra  para  el  capitán  que  el  otro  viaje  habia  ido 
con  él ,  y  estuvieron  en  la  nao  fablando  con  el  Al- 
mirante en  presencia  de  todos  por  tres  horas ,  mos- 
trando mucho  placer;  é  preguntándoles  por  los  chris- 
tianos que  allí  habían  quedado  qué  tales  estaban* 
aquel  privado  dijo  que  todos  estaban  buenos ,  aun- 
que entre  ellos  habían  muerto  algunos  de  dolencia, 
y  otros  de  diferencias  que  habían  acontecido  entre, 
ellos  ;  é  que  Guacanari  estaba  en  otro  lugar  herido 
en  una  pierna,  ó  que  por  eso  no  habia  venido  ;  pero 
que  otro  dia  vendría,  porque  otros  dos  Reyes,  lla- 
mado el  uno  Caonaboa,  y  el  otro  Maríema  habían 
venido  á  pelear  con  él  y  que  le  habían  quemado  el 
lugar.  Luego  esa  noche  se  volvieron  diciendo  que 
otro  dia  vernian  con  el  dicho  Guacanari,  é  con  esto 
dejaron  esa  noche  consolada  la  gente  de  la  armada 
y  se  partieron.  Otro  dia  de  mañana  estuvieron  es- 
perando al  Guacanari,  é  nunca  vino,  y  entretanto 
saltaron  á  tierra  algunos  por  mandado  del  Almiran- 
te, é  fueron  al  lugar  donde  solía  estar  Guacanari, 
é  halláronlo  quemado,  é  un  cortijo  algo  fuerte  con 
una  palizada,  donde  los  christianos  habitaban  é  te- 
nían lo  suyo,  estaba  también  quemado  é  derribado, 
é  ciertas  vernías  é  ropas  que  los  indios  habían  trai- 
do á  echar  en  la  casa  ;  y  los  indios  que  por  allí  pa- 
recían andaban  muy  estrafios,  é  no  se  osaban  llegar 
á  los  christianos,  é  arrojándoles  cuentas,  é  cascabe- 


DON  FERNANDO 
les,  é  otras  cosas,  ovo  de  asegurarse  un  pariente  de 
Guacanari  é  otros  tres,  los  quales  entraron  en  la  bar- 
ca, é  trujéronlos  á  la  nao,  é  preguntáronles  por  los 
cliristlanos,  é  dijeron  que  todos  eran  muertos,  em- 
pero no  lo  habian  creido;  preguntando  á  este  indio 
pariente  del  Guacanari  quién  los  habia  muerto,  dijo 
que  el  Rey  Caonaboa,  y  el  Rey  Mariema,  é  que  les 
quemaron  las  casas  del  lugar,  é  que  estaban  muchos 
heridos ,  é  que  también  el  Guacanari  lo  estaba  en 
otro  lugar,  y  que  él  queria  luego  á  lo  llamar,  al  qual 
dieron  algunas  cosas ,  é  luego  se  partió  para  donde 
estaba  Guacanari,  al  qual  todo  aquel  dia  estuvieron 
esperando,  é  nunca  vino.  Otro  dia  saltó  en  tierra  el 
Almirante  é  algunos  con  él,  é  fueron  á  donde  solia 
estar  la  villa  y  habian  quedado  los  christianos,  la 
qual  estaba  toda  quemada;  élos  vestidos  délos  chris- 
tianos ee  hallaban  por  aquella  yerba,  é  no  se  vido 
estonce  ningún  muerto;  habia  sospecha  si  el  Gua- 
nacari  los  oviese  muerto,  otros  decian,  que  como  ha- 
bia él  de  quemar  su  villa.  El  Almirante  mandó  ca- 
var todo  el  sitio  donde  los  christianos  estaban  for- 
talecidos, porque  él  les  habia  mandado  que  des- 
que tuviesen  alguna  cantidad  de  oro  que  lo  enter- 
rasen, y  entretanto  que  esto  se  hacia  quiso  llegar 
cerca  de  una  legua  de  allí,  donde  le  habia  parecido 
haber  buen  sitio  para  edificar  una  villa ,  é  llegaron 
á  un  poblado  donde  habia  siete  ú  ocho  chozas,  las 
quales  los  indios  luego  que  vieron  ir  los  christianos 
desampararon,  é  llevaron  lo  que  pudieron,  que  era 
gente  bestial  que  no  tenia  discreción  para  escojer 
donde  hurtar,  que  los  que  vivian  á  la  marina  era 
maravilla  cuan  bestialmente  vivian,  las  casas  llenas 
de  yerba  en  derredor  y  de  humidad,  que  era  maravi- 
lla como  vivian  ;  fallaron  alli  muchas  cosas  de  los 
christianos',  así  como  una  almalafa  muy  gentil,  la 
qual  nunca  se  habia  descosido  de  como  se  habia  lle- 
vado de  Castilla,  é  calzas,  é  una  azuella  de  la  nao 
que  el  Almirante  allí  habia  perdido  el  otro  viaje,  é 
pedazos  de  pafio,  é  otras  cosas, é  aun  hallaron  las  co- 
sas que  tenían  guardadas,  en  una  esportilla  muy  co- 
gida ó  á  mucho  recaudo  una  cabeza  de  hombre  muy 
guardada,  é  creyeron  que  seria  la  cabeza  de  alguno 
que  tenían  por  reliquia  de  padre  ó  madre,  ó  de  al- 
gún Rey,  ó  por  alguna  costumbre  de  la  tierra  ;  de 
allí  el  Almirante  se  volvió  y  los  que  con  él  iban,  por 
donde  estaba  la  villa,  y  halló  muchos  indios  que  se 
habian  asegurado  con  los  que  quedaron  allí,  cavan- 
do, buscando  si  los  christianos  oviesen  dejado  oro 
escondido,  é  con  otros  christianos  de  la  flota  que  allí 
habian  quedado,  é  habian  resgatado  con  ellos  oro 
fasta  un  marco,  é  habian  mostrado  donde  estaban 
muertos  once  hombres  de  los  christianos  cubiertos 
ya  de  la  yerba  que  habia  crecido  sobre  ellos,  é  todos 
aquellos  indios  hablaban  por  una  boca,  que  Caona- 
boa é  Mariema  los  habian  muerto;  empero  afirma- 
ban y  decian  que  los  christianos  tenia  cada  uno  tres 
ó  quatro  mujeres,  de  donde  se  creyó  quel  mal  que  les 
vino  á  aquellos  christianos  que  allí  sin  dicha  habian 
quedado,  fué  por  su  desconcierto,  é  por  se  envolver 
con  las  mujeres  indias,  los  indios  de  zelos  los  ma- 
taron, ó  por  algunas  cosas  de  desaguisados  que  ha- 


É  DOÑA  ISABEL.  665 

cían  en  la  tierra,  se  invocarían  para  los  matar.  Otro 
dia  de  mañana,  porque  por  todo  aquello  no  habia  lu- 
gar dispuesto  para  poblar,  envió  el  Almirante  una 
carabela  á  buscar  por  una  parte,  y  él  fué  por  otra, 
y  él  falló  un  puerto  muy  seguro  con  muy  gentil  dis- 
posición de  tierra  para  hincar,  é  quando  volvió  era 
venida  la  carabela  que  habia  ido  por  la  otra  parte, 
en  la  qual  habia  ido  Melchor,  y  otros  cuatro  ó  cinco 
caballeros ,  hombres  de  pro;  é  yendo  costeando  por 
su  viaje  salió  á  ellos  una  canoa  con  dos  indios,  el  uno 
hermano  de  Guacanari,  el  qual  conocido  por  un  pi- 
loto que  iba  en  la  carabela  ,  le  preguntó  que  quién 
iba  allí,  é  el  piloto  les  dijo:  hombres  principales  del 
Almirante,  y  el  indio  les  dijo,  que  Guacanari  les  ro- 
gaba saliesen  á  tierra  donde  él  tenia  su  asentamien- 
to, el  qual  era  hasta  sesenta  casas,  é  salieron  en  tier- 
ra los  mas  principales  que  iban  en  la  carabela,  y  fue- 
ron donde  estaba  el  Guacanari,  al  qual  hallaron  en 
su  cama  echado  é  haciendo  del  doliente  herido ,  ha- 
blaron con  él  preguntándole  por  los  christianos, 
respondió  concertado  con  la  misma  razón  que  los 
otros,  que  Caonaboa  y  Mariema  los  habian  muerto  é 
que  á  él  lo  habian  herido  en  un  muslo,  el  qual  mos- 
tró ligado,  los  que  estonces  lo  vieron  así  les  pareció 
que  seria  como  él  lo  dijo,  á  tiempo  de  depesdirse  á 
cada  uno  de  ellos  dio  una  joya  de  oro ,  á  cada  uno 
como  le  pareció  que  lo  merecía  según  el  hábito  en 
que  lo  vía.  Este  oro  hacían  ellos  en  hojas  muy  del- 
gadas para  carátulas  é  para  poderse  asentar  sobre 
betumen  que  ellos  facían  ;  y  si  así  no  fuera  no  se 
asentara  de  otra  manera  ;  facían  para  asentar  en  la 
cabeza  é  para  colgar  en  las  orejas  é  narices,  é  para 
todo  lo  facían  delgado,  que  asi  era  menester,  é  ellos 
no  tenían  nada  de  ello  por  riqueza  ni  cosa  de  gran 
valor,  salvo  por  bien  parecer. 

Dijo  el  Guacanari  por  señas,  como  mejor  él  pudo, 
que  dijesen  al  Almirante  como  él  estaba  ansí  heri- 
do, que  lo  viniese  á  ver  ;  é  luego  como  el  Almiran- 
te llegó  los  sobredichos  le  contaron  todo  lo  dicho,  é 
otro  dia  de  mañana  acordó  el  Almirante  de  ir  allá, 
al  qual  lugar  llegó  con  los  que  iban  con  él  dentro  de 
tres  horas,  que  la  jornada  era  tres  leguas  y  aun  me- 
nos desde  donde  estaba  la  flota  fasta  allí,  é  cuando 
allí  llegaron  era  hora  de  comer ,  é  el  Almirante  co- 
mió antes  de  salir  en  tierra,  é  luego  mandó  que  todos 
los  capitanes  viniesen  con  sus  barcas  para  ir  en  tier- 
ra, porque  ya  esa  mañana  antes  que  partiesen  da 
donde  estaban  habia  venido  el  hermano  de  Guaca- 
nari, y  habia  hablado  con  el  Almirante  á  darle  prie- 
sa que  fuese  donde  estaba  el  dicho  Guacanari ;  allí 
fué  el  Almirante  á  tierra  é  toda  la  mas  gente  de  pro 
con  él ,  tan  ataviados  que  en  una  ciudad  principal 
parecerían  bien;  llevó  algunas  cosas  para  le  presen- 
tar, porque  ya  habia  recibido  de  él  alguna  cantidad 
de  oro  y  era  razón  responder  con  la  obra  y  voluntad 
que  él  habia  mostrado.  El  dicho  Guacanari ,  tenia 
asi  mismo  para  le  hacer  presente  aparejado;  é  cuan- 
do el  Almirante  llegó  con  los  capitanes  é  gente  de 
pro  al  lugar  é  casa  donde  estaba  Guacanari,  hallá- 
ronlo echado  en  su  cama  como  ellos  la  usan,  col- 
gada en  el  aire  hecha  de  algodón  como  de  red,  no 


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CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Be  levantó,  salvo  desde  la  cama  hizo  el  semblante  de 
cortesía  como  él  mejor  supo  :  mostró  mucho  senti- 
miento con  lagrimasen  los  ojos  por  la  muerte  de  los 
christianos,  y  comenzó  á  hablar  con  ellos  mostran- 
do como  mejor  podia,  como  unos  murieron  de  do- 
lencia é  como  otros  se  hablan  ido  á  Caonaboa ,  á 
buscar  la  mina  de  oro,  y  que  allí  los  hablan  muerto, 
y  que  los  otros  que  se  los  hablan  venido  á  matar  en 
BU  villa,  é  á  lo  que  pareció  en  los  cuerpos  muertos 
podia  haber  dos  meses  que  eran  muertos  é  que  ha- 
bla acontecido  aquello.  A  esa  ora  presentó  al  Almi- 
rante ocho  marcos  y  medio  de  oro,  é  cinco  ó  seis  la- 
brados de  pedrería  de  diversas  colores,  é  en  un  bo- 
nete de  la  misma  pedrería  estaba  un  joyel,  lo  qual 
le  dio  con  mucha  veneración.  Estaban  allí  presentes 
el  Dr.  Chanca,  vecino  de  Sevilla,  y  otro  cirujano  de 
la  armada,  y  dijo  el  Almirante  á  Guacanari  como 
eran  aquellos  sabios  para  curar  las  enfermedades  de 
los  hombres,  que  les  quisiese  mostrar  la  herida,  y  él 
respondió  que  le  placía,  para  lo  qual  el  dicho  Doc- 
tor le  dijo  que  seria  necesario  si  pudiese  que  saliese 
de  casa,  porque  la  casa  estaba  obscura  que  no  se  po- 
dría bien  ver,  lo  qual  él  hizo  luego,  creo  que  seria 
mas  de  empacho  que  no  de  gana,  y  arrimándose  á 
él  salió  fuera  ;  después  de  asentado  llegó  el  ciruja- 
no, é  comenzó  de  desliarle;  estonce  dijo  el  Guaca- 
nari al  Almirante  que  era  herida  hecha  con  piedra; 
después  que  fué  desatado,  llegáronle  á  tentar  el  Doc- 
tor y  el  cirujano,  y  no  tenia  mas  en  aquella  pierna 
que  en  la  otra ,  aunque  él  hacia  del  raposo  que  le 
dolía  mucho.  Ciertamente  este  caso  puso  á  todos 
mayor  sospecha  de  la  que  tenían ;  pero  ni  aun  con 
todo  eso  ningún  hombre  cuerdo  se  pudo  bien  deter- 
minar para  juzgar  en  este  caso  la  verdad,  porque  las 
razones  eran  tan  ignotas,  que  ciertamente  muchas 
cosas  había  que  mostraban  haber  venido  gente  con- 
traria. Asi  mismo  el  Almirante  no  sabia  qué  se  ha- 
cer, pareciéndole  y  á  otros  muchos,  que  por  estonce 
hasta  bien  saber  la  verdad  que  se  debía  disimular, 
porque  después  de  sabido  cada  que  quisiese  se  po- 
dría tomar  enmienda. 

Aquella  tarde  se  vino  con  el  Almirante  á  la  flota, 
y  mostráronle  caballos  y  cuanto  allí  había,  de  lo 
cual  quedó  muy  maravillado  como  de  cosa  estraña, 
tomó  colación  en  la  nao  y  esa  tarde  se  volvió  á  su 
casa;  el  Almirante  le  dijo  queflueria  habitar  allí  con 
él  y  que  quería  hacer  allí  casas,  y  respondió  le  pla- 
cia,  pero  que  el  lugar  era  mal  sano  y  inimedo,  y  tal 
era  él  por  cierto.  Esto  todo  pasaba  por  intérprete  de 
dos  indios  de  los  que  habían  venido  con  él  en  Casti- 
lla, que  andaban  allí  con  el  Almirante,  y  éstos  ha- 
bían quedado  de  siete  que  partieron  do  Sevilla,  que 
los  cinco  se  murieron  en  el  camino ,  y  aquellos  dos 
se  escaparon  por  maravilla,  habiendo  llegado  á  gran 
peligro. 

Otro  día  estuvieron  surtos  en  aquel  puerto,  y  qui- 
so saber  Guacanari  cuando  se  partía  el  Almirante,  y 
el  Almirante  le  mandó  decir  que  otro  día,  é  aquel 
día  vino  á  la  nao  el  sobro  dicho  hermano  suyo,  é 
otros  con  él,  y  trujeron  algún  oro  para  resgatar. 
En  la  nao  había  diez  mujeres  de  las  que  se  habían 


tomado,  que  estaban  cautivas  en  las  islas  de  Caribí, 
y  eran  las  mas  de  ellas  de  las  islas  de  Boriquen,  é 
aquel  hermano  del  Guacanari  habló  con  ellas,  y  les 
dijo  lo  que  luego  esa  noche  pusieron  por  obra,  y  eS 
que  al  primer  sueño  muy  mansamente  se  echaron  al 
agua,  é  se  fueron  á  tierra,  de  manera  que  cuando 
fueron  halladas  menos  iban  tanto  trecho  que  con  las 
barcas  no  se  pudieron  tomar  mas  de  las  quatro,  las 
quales  tomaron  al  salir  del  agua  ;  fueron  nadando 
una  gran  media  legua.  Otro  día  de  mañana  el  Al- 
mirante envió  á  Guacanari  le  enviase  aquellas  mu- 
jeres, que  la  noche  antes  se  le  habían  huido,  y  que 
luego  las  mandase  buscar,  y  cuando  fueron  hallaron 
el  lugar  despoblado,  que  no  hallaron  persona  en  él. 
Aquel  día  estuvo  la  flota  queda  ,  porque  el  tiempo 
era  contrarío  para  salir.  Otro  día  acordó  el  Almiran- 
te de  mañana  que  fuesen  todas  las  barcas  á  buscar 
puerto,  é  fueron  por  la  costa  buscando  tierra  de  bue- 
na disposición  para  hacer  habitación:  y  también  los 
habitadores  indios  de  por  allí  no  se  aseguraban  de 
los  castellanos,  é  llegaron  á  un  lugar  á  donde  todos 
oran  fuidos,  adonde  hallaron  fuera  do  las  casas  me- 
tido en  el  monte  un  indio  herido  de  una  vara  con 
una  herida  que  resollaba  por  las  espaldas,  el  cual 
no  había  podido  huir  mas  lejos.  Los  indios  de  esta 
Isla  ¡Española,  Ha'iti  por  ellos  llamada,  pelean  con 
varas  agudas,  las  quales  tiran  con  unas  tiraderas  co- 
mo facen  los  muchachos  acá  en  Castilla,  con  las  qua- 
les tiran  muy  lejos  y  asaz  certero,  que  para  gente 
desarmada  pueden  hacer  harto  daño. 

Este  indio  herido  dijo  al  Almirante  que  Caonaboa 
y  los  suyos  le  habían  herido  é  habían  quemado  las 
casas  de  Guacanari ;  así  que  el  poco  entender  que 
les  entendía,  y  las  razones  y  notas,  tenían  confusos 
al  Almirante  y  á  todos,  que  no  podían  saber  de  cier- 
to cómo  hubiese  sido  la  muerte  de  los  christianos. 

No  hallaron  en  aquel  puerto  disposición  salada- 
ble  para  trazar  pueblo;  acordó  el  Almirante  volver- 
se por  la  costa  donde  había  venido  allí  de  Castilla, 
porque  la  nueva  del  oro  er  a  f  acia  allá.  Fué  el  tiem- 
po tan  contrario,  que  mayor  pena  les  fué  andar  trein- 
ta leguas  que  ir  allá  desde  Castilla ,  que  en  el  tiempo 
contrario  é  largueza  del  camino,  ya  eran  tres  meses 
pasados  cuando  descendieron  en  tierra ;  plugo  á 
Nuestro  Señor  que  por  la  contrariedad  del  tiempo 
que  no  los  dejo  ir  mas  adelante,  ovieron  de  tomar 
tierra  en  el  mejor  sitio  y  disposición  que  se  pudiera 
escojer,  donde  había  muy  gran  puerto  y  bueno ,  y 
mucha  pesquería ,  de  la  qual  tenían  mucha  necesi- 
dad por  el  cansamíento  de  las  carnes,  que  no  había 
en  toda  aquella  tierra,  la  qual  era  muy  gruesa  para 
todas  cosas.  Tenia  junto  un  rio  principal,  y  muy  cer- 
ca otro  razonable,  de  muy  singular  agua;  allí  comen- 
zó á  edificar  una  ciudad,  ala  qual  puso  nombre  Isa- 
Vela.  Comenzóse  á  edificar  una  villa  sobre  la  ribera 
del  mar ,  en  muy  hndo  lugar,  que  un  corral  se  des- 
lindaba con  el  agua  con  una  barranca  de  peña  taxa- 
da  tal,  que  por  allí  no  había  menester  defensa  nin- 
guna, la  otra  mitad  estaba  cercada  de  una  arboleda 
tan  espesa,  que  apenas  pudiera  un  conejo  andar,  é 
tan  verde  que  en  ningún  tiempo  del  mundo  fuego 


DON  FERNANDO 
le  podia  quemar.  Comenzaron  de  sembrar  hortalizas 
y  muchas  cosas  de  las  de  acá,  y  crecían  mas  allá  en 
ocho  días,  que  acá  en  Castilla  en  veinte.  Fecho  allí 
el  asiento  y  comienzo  del  pueblo,  luego  el  Almiran- 
te se  conoció  con  los  capitanes  ó  reyes  de  aquella 
comarca,  que  ellos  llamaban  allá  Caciques,  é  traían- 
les de  sus  viandas,  y  venian  allí  continuamente  mu- 
chos indios  con  oro,  y  á  resgatar  y  cargados  de  maíz, 
que  es  un  buen  manjar,  y  es  como  nabos,  que  se 
cria  debajo  de  la  tierra,  del  qual  se  hacen  muchos 
manjares  en  muchas  maneras,  el  qual  es  muy  cor- 
dial manjar  con  que  se  mantienen  allá  las  gentes  en 
lugar  de  pan.  Hay  otro  manjar  que  llaman  ajes;  tam- 
bién cria  debajo  de  la  tierra,  y  hay  otro  que  llaman 
cazabi.  Había  allí  otras  muchas  maneras  de  man- 
jares y  frutas,  todos  muy  diferentes  de  los  de  acá 
de  Castilla. 

Lo  que  de  esta  gente  se  pudo  luego  conocer  fué 
que  eran  muy  simples,  sin  letras  de  ninguno;   no 
habían  empacho  de  andar  desnudos  como  nacieron, 
como  andan ;  las  mujeres,  por  la  mayor  parto  traían 
cubiertas  sus  vergüenzas  recinchado  una  mantilla 
de  algodón  en  derredor  de  las  caderas,  é  otras  con 
fojas  de  árboles ;  sus  galas  de  ellos  é  de  ellas  era 
pintarse,  unos  de  negro,  otros  de  blanco  y  colorado, 
é  de  otras  colores,  é  de  tantos  visajes  que  verlos  era 
cosa  para  reír,  las  cabezas  rapadas  en  lugares,  y  en 
lugares  con  vedijas  de  tantas  maneras  que  no  se 
podia  escribir,  é  todo  lo  que  hacen  acá  en  la  cabeza 
de  un  loco,  el  mejor  de  ellos  lo  había  allá  en  muy 
buena  ventura  que  lo  ficiesen  en  la  suya.  Lo  que 
luego  pareció  desta  gente  que  sí  luego  tuvieran  len- 
gua á  los  castellanos  con  que  los  bien  entendieran, 
luego  se  querían  tornar  christianos  ;  é  cuanto  vían 
que  facían  los  christianos,  todo  lo  hacían  ellos,  é 
fincar  las  rodillas,  poner  las  manos ,  decir  el  Pater 
noster,  el  Ave  María  é  las  otras  devociones,  é  santi- 
guarse, é  decían  que  querían  ser  christianos,  puesto 
caso  verdaderamente  que  eran  idólatras,  porque  en 
BUS  casas  había  figuras  de  muchas  maneras  y  todas 
muy  disformes  y  feas  ,  que  parecían  al  diablo,  las 
quales  también  traían  en  las  carátulas  que  se  tocaban 
y  en  los  cintos  de  algodón  ;  y  preguntándoles  que 
era  aquello,  decían  qnefurey,  que  quiere  decir  cosa 
del  cielo,  y  si  les  querían  tomar  aquellas  figuras,  dí- 
cíéndoles  que  era  cosa  aborrecible,  que  lo  echasen 
en  el  fuego,  mostraban  por  ello  tristeza ,  y  parecía 
que  tenían  en  aquello  mucha  devoción,  y  asi  mismo 
pensaban,  que  cuanto  los  castellanos  tenían  y  ellos, 
todo  había  venido  del  cielo,  y  á  todo  llamaban  fu- 
rey,  que  quiere  decir  en  su  lengua  cielo.  Luego  que 
allí  asentaron  é  comenzaron  de  hacer  población,  se 
tendió  gente  de  los  castellanos  por  aquella  comar- 
ca, é  vieron  en  poco  tiempo  cosas  por  la  tierra  bien 
hazañosas  que  hay  por  allí,  y  vieron  que  hay  árbo- 
les que  llevan  lana,  y  harto  fina  y. tal,  que  los  que 
Babían  del  arte  decían  que  se  podrían  hacer  buenos 
paños  de  ella,  y  de  estos  árboles  hay  tantos  que  se 
podian  cargar  carabelas  de  lana,  aunque  es  trabajo- 
sa de  cojer,  porque  los  árboles   son  muy  espinosos, 
lampero  biea  se  podia  hallar  injenio  para  la  cojer. 


E  DONA  ISABEL.  667 

Hay  que  se  vido  infinito  algodón  de  árboles  perpe- 
tuos que  lo  dan ,  que  son  del  tamaño  de  un  duraz- 
no ;  é  árboles  que  llevan  cera  en  color  é  en  sabor  y 
arde  tan  bien  como  la  de  abejas,  tal  que  no  hay  di- 
ferencia mucha  de  una  á  otra.  Hay  infinitos  árbo- 
les de  trementina  muy  singular  y  muy  fina;  hay 
mucha  alquitara  también  muy  buena ;  hay  árboles 
que  pareció  á  los  físicos  que  allí  iban  que  eran  de 
los  que  llevan  nuez  moscada :  salvo  que  estaban  es- 
tonce sin  fruto,  y  juzgáronlo  ser  dello  porque  la  sa- 
bor y  el  olor  de  la  corteza  era  como  de  nuez  mos- 
cada. Vídose  una  raíz  de  genjíbre  que  la  traía  un 
indio  colgada  del  pescuezo  ;  hay  también  lino  aloe, 
aunque  no  es  de  la  manera  del  que  se  ha  visto  acá 
en  Castilla,  pero  no  es  de  dudar  que  sea  una  de  las 
especies  de  lino  aloe  que  los  dotores  ponen.  Vieron 
también  que  hay  una  manera  de  canela,  empero  no 
tan  fina  como  la  que  acá  vemos ,  que  viene  por  la 
vía  de  Alejandría,  é  lo  podría  facer  no  ser  tan  fina 
el  defecto  de  no  la  saber  cojer  en  tiempo ;  ó  por 
ventura  críala  así  la  naturaleza  de  la  tierra  ;  tam- 
bién hallaron  mirabolanos  cerinos,  salvo  que  eston- 
ce estaban  debajo  del  árbol,  y  como  la  tierra  era 
muy  húmeda,  estaban  podridos ,  y  tenían  el  sabor 
muy  amargo,  é  creyóse  que  sería  del  pudrimiento, 
empero  lo  otro,  salvo  el  sabor  que  es  corrompido, 
es  de  mirabolanos  verdaderos ;  y  también  almártí- 
ga  muy  buena,  hay  también  pimienta  muy  buena, 
y  quema  dos  veces  mas  que  la  que  acá  tomamos, 
críase  en  arbolíUos  como  de  hortaliza,  es  floja,  no 
tan  dura  como  ésta  que  acá  viene  por  la  vía  de  Ale- 
jandría, é  mayor  un  poco,  la  qual  tienen  los  indios 
por  cosa  muy  medicinal  y  muy  buena,  é  la  siem- 
bran y  cojen. 

Es  maravilla  de  como  las  gentes  de  todas  aque- 
llas islas  no  tienen  ni  poseen  fierro,  de  las  ferra- 
míentas  que  tienen  de  piedras  muy  agudas  y  hechas 
á  maravilla,  asi  como  hachas  y  azuelas  é  otras  fer- 
ramientas  con  que  se  sirven  y  facen  sus  cosas.  Sus 
mantenimientos  son  pan  de  raices  que  Dios  les 
echó  y  dio  en  aquella  tierra  en  lugar  de  trigo,  que 
trigo,  ni  centeno,  ni  cebada,  ni  avena,  nín  escaña, 
nin  piuizo,  nín  saina,  nin  mijo  no  hay  allá,  nin  cosa 
que  se  les  parezca  ;  hay  cazabí,  que  se  coje  en  unos 
racimos  como  que  quieren  parecer  al  panizo ,  sino 
que  son  mucho  mayores  los  granos  é  mas  blan- 
cos;  hay  maiz,é  ajes,  é  otros  manjares  é  raices, 
con  que  han  vivido  fasta  agora,  y  otras  frutas  y 
mantenimientos  salvajes  é  cosas  que  Dios  allí  les 
dio  con  que  se  crian  y  mantienen ,  y  han  criado  y 
mantenido  desque  Dios  Nuestro  Señor  allí  los  echó. 
No  había  cosa  de  mantenimientos  hasta  aquel  tiem- 
po que  los  castellanos  fueron  allá  probar  de  las  que 
acá  hay,  ni  que  se  le  pareciese;  no  había  habas,  ni. 
garbanzos,  ni  yeros,  ni  lantejas,  ni  atramuces,  ni 
res  de  quatro  pies,  ni  alimaña,  salvo  unos  gozeos 
pequeños,  y  aquellas  utias,  que  son  como  grandes 
ratones,  y  son  como  entre  ratones  y  conejos,  y  son 
muy  buenas  y  sabrosas  de  comer,  y  tienen  pies  y 
manos  como  de  ratón,  y  suben  por  los  árboles  ;  son 
del  tamaño  de  un  conejo  uueyoj  los  gozeos  so^ 


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CRÓNICAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


blancos  é  prietos  é  de  todas  maneras  de  colores.  Hay- 
lagartos  y  culebras  ,  y  no  muchas  ,  porque  los  co- 
men los  indios,  y  facen  tanta  fiesta  dellos,  como  nos 
los  castellanos  de  perdices ;  son  los  lagartos  de  allá 
como  los  de  acá,  en  el  tamaño  ,  salvo  que  en  la  he- 
chura son  diferentes  ;  aunque  en  una  isla  pequeña 
que  está  junto  con  un  puerto  que  se  llama  Monte 
Juan,  donde  la  flota  estuvo  algunos  dias,  se  vido 
un  lagarto  muchas  veces  de  gordura  de  un  becerro 
y  tan  cumplido  como  una  lanza,  y  muchas  veces  sa- 
lieron por  lo  matar,  y  no  podian  con  la  espesura  y 
huia  y  metiaseles  en  la  mar.  Otro  sí  comen  los  in- 
dios allende  de  comer  lagartos  y  culebras,  cuantas 
arañas  y  gusanos  hallan  por  el  suelo ,  ansí  que  pa- 
rece de  su  bestialidad  mayor  que  la  de  ninguna  bes- 
tia del  mundo. 

Llevó  ei  Almirante  de  este  viaje  diez  y  siete  na- 
vios, como  dicho  tengo,  en  que  iban  cuatro  naos  y 
trece  carabelas,  y  mil  y  doscientos  hombres  de  pe- 
lea para  quedar  allá  prosiguiendo  la  posesión  de  la 
tierra,  é  para  ejercitar  y  saber  del  oro  lo  cierto  y 
adquirirlo  para  el  Rey  é  Reyna ,  quier  por  grado, 
quier  por  fuerza,  de  los  habitadores  ;  é  llevó  veinte 
y  quatro  caballos,  é  diez  yeguas,  é  tres  muías,  é  lle- 
vó puercos  y  puercas ,  becerros  y  cabras ,  y  vacas  y 
ovejas,  de  todo  un  poco  para  criar ,  para  lo  qual  la 
tierra  fué  muy   conforme  y  aprovechable,  y  muy 
mas  sana  que  para  los  hombres.  El  Almirante  ha- 
bía determinado  una  vez  de  enviar  los  navios  en 
Castilla  antes  de  ir  á  buscar  las  minas  del  oro,  se- 
gún el  aviso  que  tenia  de  los  indios,  la  una  en  Ci- 
bao,  que  es  una  provincia  donde  hay  mucho  oro,  y 
la  otra  en  Atti,  tierras  del  Rey  Caonoboa,  que  era 
muy  poderoso  en  aquella  tierra,  los  quales  hallaron 
muchas  muestras  donde  se  podia  hallar  mucho  oro, 
é  en  mas  de  cinquenta  ríos  é  arroyos  é  fuentes  ha- 
llaron que  había  mucho  oro,  y  se  podia  cojer,  y  tru- 
jeron  muestras  de  todas  partes,  y  creyendo  que  ca- 
vando la  tierra  bien  honda  se  hallaría  mucha  can- 
tidad de  oro,  pues  que  en  las  arenas  de  los  arroya- 
deros del  agua  se  hallaban ,  y  pues  que  los  indios 
no  cavaban  mas  en  hondo  la  tierra  de  un  palmo, 
que  no  tenían  con  qué  ni  lo  hallaban.  Esto  sabido, 
el  Almirante  despidió  los  navios  para  acá  para  Cas- 
tilla, y  dejó  allá  los  que  vido  que  eran  necesarios 
quedar,  y  envió  el  oro  que  mas  pudo  haber  al  Rey 
y  á  la  Reyna,  é  vinieron  los  lAvíos  á  Cádix,  donde 
fasta  que  el  Sr.  Obispo  Don  Juan  de  Fonseca  fué, 
no  osaron  salir  á  tierra  fasta  le  entregar  el  oro,  y 
donde  en  adelante  se  tuvo  esta  forma :  que  todos 
los  navios  que  venían  délas  Indias  venían  á  Cádix 
y  allí  entregaban  lo  que  traían  al  dicho  Señor  fasta 
que  Sus  Altezas  lo  pusieron  en  otros  negocios  mas 
altos  que  no  éste,  y  lo  subieron  en  honra  como  lo 
él  merecía,  de  Embaxador  entre  Sus  Altezas  y  el 
Emperador  y  Flándes  sobre  los  casamientos  de  sus 
lijos,  y  le  hicieron  Obispo  de  Badajoz,  é  después  de 
Córdoba,  é  después  de  Valencia,  de  bien  en  mejor, 
y  todo  bien  empleado ;  é   después  que  este  Señor 
dejó  el  cargo  de  las  armadas  y  receptoría  del  oro, 
ovo  otras  formas  y  ordenamiento  en  lo  recibir.  En 


este  mismo  año  de  94,  que  vinieron  los  navios  dé 
las  Indias,  dejando  en  la  Española  el  Almirante  y 
la  gente  castellana  en  el  pueblo  comenzado  de  edifi- 
car, envió  otra  armada  el  Señor  Don  Juan  de  Fonse- 
ca con  refresco  para  la  dicha  gente  de  mucho  pan, 
é  vino,  é  vituallas ,  la  qual  fué  á  buen  tiempo  y  lea 
hizo  mucho  provecho ,  é  vinieron  en  marzo  de  1494 
los  navios  de  las  Indias,  y  volvió  la  armada  con  los 
mantenimientos  dende  á  pocos  dias. 

El  Almirante  no  echó  en  olvido  la  muerte  de  los 
treinta  y  nueve  hombres  que  le  mataron,  é  hizo  su 
inquÍBÍcion,  y  supo  de  los  mismos  indios  quien  los 
habia  muerto,  y  entró  por  la  tierra,  y  cautivó  infi- 
nitos dellos,  de  los  quales  envió  en  la  segunda  vez 
que  invió  los  navios  quinientas  ánimas  de  indios  é 
indias,  todos  de  buena  edad,  dende  doce  años  hasta 
treinta  y  cinco,  poco  mas  ó  menos,  los  quales  todos 
se  entregaron  en  Sevilla  al  dicho  Señor  Don  Juan  de 
Fonseca,  é  vinieron  ansí  como  andaban  en  su  tierra, 
como  nacieron ,  de  lo  qual  no  habían  mas  empacho 
que  alimañas,  los  quales  todos  vendieron,  y  aprove- 
charon muy  mal,  que  murieron  todos  los  mas,  que 
no  les  probó  la  tierra. 

Ovo  cisma  entre  el  Almirante  y  algunos  de  los 
que  fueron  debajo  de  su  mandado,  que  no  le  querían 
obedecer,  y  decían  que  habían  engañado  al  Rey  y 
á  la  Reyna  en  les  decir  que  habia  tanto  oro,  lo  qual 
afirmaban  que  no  era  verdad ,  y  que  sí  algo  habia 
que  sería  mas  el  gasto  que  se  pondría  en  buscar  y 
sacar  ;  muchos  creyeron  esto  acá  en  Castilla  y  ovo 
muy  grandes  mormuraciones  contra  el  Almirante, 
y  él  como  soberano  sobre  ellos,  envió  presos  algunos 
dellos,  así  como  á  Fermín  Zedo ,  vecino  de  Sevilla, 
que  había  ido  por  maestro  para  conocer  y  apurar  el 
oro,  el  qual  hacia  escarnio  del  oro,  y  él  y  otros  de- 
cían que  aquel  oro  que  aquellos  indios  poseían  é 
daban  al  Almirante,  que  lo  tenían  de  mucho  tiem- 
po, é  lo  habían  habido  sucesivamente  de  sus  ante- 
cesores; é  envió  preso  á  Bernardo  de  Pisa,  alguacil 
de  la  corte ,  y  á  otros  muchos ,  y  los  entregaron  en 
Sevilla  presos ;  y  de  aquí  se  siguieron  muchas  di- 
sensiones contra  el  Almirante ,  y  todas  á  muy  gran 
sinrazón,  según  pareció  la  verdad.  Esto  acaeció  des- 
pués que  él  vino  de  descubrir  la  tierra  firme  de  la 
parte  del  austro,  donde  se  engorró  y  tardó  allá  qua- 
tro 6  cinco  meses  del  año  de  94. 

CAPÍTULO  CXXI. 

De  como  el  Almirante  fué  por  la  tierra  á  bascar  el  oro  á  la  pro- 
vincia de  Cibao,  y  lo  que  le  pareció  de  la  tierra,  é  de  la  forta- 
leza que  hizo. 

Después  de  partidos  los  navios  en  que  fué  la  di- 
cha armada  de  la  ciudad  Isabela,  comenzada  de 
fundar,  los  quales  vinieron  debajo  de  la  capitanía 
de  Antonio  de  Torres,  hermano  del  ama  del  Prínci- 
pe Don  Juan,  que  partieron  de  la  dicha  ciudad  Isa- 
bela á  3  de  Febrero  del  año  de  94,  el  Almirante  dio 
priesa  en  fortalecer  la  ciudad,  y  en  aderezar  las  co- 
sas que  para  allá  convenían  para  remediar  las  vi- 
das, y  la  vivienda  de  toda  aquella  gente  que  all4 


DON  FERNANDO 
quedó,  y  fecho  algo  dello  á  12  de  Marzo  se  partió 
con  toda  la  gente  que  fué  menester,  de  á  pié  é  de  á 
caballo,  para  ir  á  ver  la  provincia  de  Cibao,  que  es- 
tá de  la  ciudad  18  leguas,  al  austro  de  la  dicha  ciu- 
dad, y  atravesó  vegas  y  puertos,  é  fué  é  halló  la  di- 
cha provincia,  é  hizo  caminos  llanos  algunos  puer- 
tos, é  fizo  allá  una  fortaleza  en  Cibao ,  en  que  puso 
gente,  alcayde  y  maestros  para  el  edificio  é  para  po- 
der señorear  la  gente  della.  Cibao  es  nombre  de 
provincia,  como  ya  es  dicho,  y  quiere  decir  Pedre- 
gal^ porque  es  áspera,  tierra  de  cabezos  y  montañas 
muy  altas,  llenas  de  piedras  todas  ó  la  mayor  parte 
dellas,  no  muy  agrias,  y  sin  árboles,  mas  no  sin 
yerbas,  ca  es  tierra  muy  fértil  de  mucha  yerba,  la 
cual  es  toda  como  grama,  y  mas  espesa  é  mas  alta 
que  alcacel,  y  en  algunas  partes  hasta  las  sillas  de 
los  caballos,  y  así  está  continuamente  espesa  si  no 
la  queman ;  debajo  de  la  qual  todas  aquellas  mon- 
tañas y  cabezos  son  llenas  de  guijarros  grandes  y 
redondos  como  en  una  ribera  ó  playa,  é  todos  ó  la 
mayor  parte  son  azules.  Esta  provincia  es  toda  tier- 
ra muy  fuerte  é  defensible,  templada  é  sanísima,  y 
en  ella  llueve  muy  amenudo ;  al  pié  de  cada  cabezo 
hay  un  arroyo  y  un  rio  chico  ó  grande ,  según  la 
montaña ;  y  el  agua  es  delgada  y  sabrosa,  f ria  y  no 
cruda,  como  otras  aguas  que  dañan  é  hacen  mal  á 
la  persona,  é  esta  agua  es  como  medicinal,  que  que- 
branta la  piedra  de  los  ríñones,  é  muchas  personas 
so  sintieron  muy  bien  é  sanos  con  ella.  En  todos 
•  aquellos  cabezos  é  arroyos  hay  mucho  oro  y  todo 
en  granos. 

CAPÍTULO  CXXII. 

De  los  granos  de  oro  y  experimentos  de  él,  é  de  cómo  los  indios 
los  cogían. 

La  fortaleza  que  el  Almirante  hizo  en  Cibao  lla- 
móla Santo  Thomás ,  y  al  tiempo  que  allí  estuvo 
edificándola  vinieron  muchos  indios  con  gana  de 
cascabeles  y  otras  cosillas,  de  lo  qual  no  se  les  daba 
nada  hasta  que  trajesen  oro,  y  como  esto  se  les  de- 
cía, corrían  á  la  ribera  y  en  menos  de  una  hora  traía 
cada  uno  de  ellos  una  hoja  ó  un  caracol  lleno  de 
granos  de  oro,  y  un  indio  viejo  trujo  dos  granos  do 
peso  de  tres  castellanos,  que  fasta  entonces  el  Al- 
mirante no  había  visto  tan  grandes,  salvo  uno  que 
le  había  presentado  Guacanarí,  que  había  enviado 
con  el  capitán  Antonio  de  Torres  al  Rey  y  á  la  Rey- 
na,  con  otros  menudos  que  les  envió  ;  empero  los 
mas  de  ellos  fueron  fundidos,  creyendo  á  Fermín 
Zedo,  que  estaba  allá  por  hombre  de  mucho  saber 
en  el  oro,  el  qual  erró  en  esto  destos  granos,  porque 
eran  de  nacimiento  y  no  fundidos ,  como  él  dijo,  y 
después  se  supo  lo  cierto  que  Fermín  Zedo  sabía 
muy  poco  en  ello ,  que  también  dijo  al  Almirante 
de  unos  granos  que  había  entre  los  otros,  que  eran 
de  oro  bajo  ,  que  había  sido  falsificado  con  latón, 
de  que  no  supo  lo  que  dijo,  y  también  andaba  erra- 
do porque  supo  que  aquello  procedía  de  la  mina 
donde  nació ;  ni  es  de  creer  que  los  indios  aunque 
¡supiesen  fundir  que  mezclasen  el  latón  con  el  oro, 


É  DO^A  ISABEL.  669 

pues  que  tienen  en  mas  estima  el  latón  cien  veces 
mas  que  el  oro.  Ansí  que  recibidos  los  dos  granos 
del  viejo,  el  Almirante  le  dio  un  cascabel ,  el  qual 
recibió  en  tanta  estima  como  si  recibiera  alguna 
buena  villa,  y  dijo  al  Almirante  que  eran  pequeños 
aquellos  á  comparación  de  otros  que  habia  en  su 
tierra,  que  era  cinco  leguas  de  allí,  y  figuró  en  pie- 
dras tamañas  como  una  nuez ,  é  dijo  que  tamaños 
granos  de  oro  habia  él  hallado  é  mayores,  y  otros  fi- 
guraban que  habia  granos  tamaños  como  naranjas, 
y  mayores  se  hallaban  algunas  veces ;  otros  de- 
cían ,  que  entre  ellos  se  habían  visto  tan  grandes 
como  una  piedra,  que  señalaban,  que  pesaría  media 
arroba ,  en  fin ,  de  los  que  se  vido  fasta  entonces 
hubo  grano  de  ocho  castellanos. 

Los  indios,  allende  de  ser  gente  bestial  son  pe- 
rezosos y  malos  trabajadores ,  porque  su  hábito  lo 
hacía  manifiesto ,  porque  el  invierno  que  allá  se 
siente  hace  asaz  frío,  aunque  no  hay  lana  hay  mu- 
cho algodón,  de  que  se  podrían  vestir  y  hacer  mu- 
cha ropa  é  repararse,  é  déjanse  andar  así  como 
bestias  por  pereza,  sufriendo  en  sus  personas  el  frío 
y  el  calor. 

Volvió  el  Almirante  á  la  ciudad  Isabela  desde 
Cibao,  é  dejada  en  concierto  la  gente,  aderezó  de  irá 
descubrir  la  tierra  firme  de  las  Indias ,  pensando 
hallar  por  aquella  vía  la  grande  y  muy  riquísima 
ciudad  del  Catayo,  que  ea  del  gran  Kan. 

CAPÍTULO  CXXIII. 

Como  fué  á  descubrir  el  Almirante. 

Partió  el  Almirante  á  descubrir  la  tierra  firme  de 
las  Indias  á  24  días  del  mes  de  Abril  del  dicho  año 
de  1494 :  dejó  en  la  ciudad  por  presidentes  ásu  her- 
mano é  un  frayle,  que  se  decía  Fr.  Benito ,  y  orde- 
nado lo  que  cada  uno  habia  de  hacer ;  partió  con 
tres  carabelas  de  vela  redonda ,  y  en  pocos  dias  lle- 
gó al  muy  señalado  puerto  de  San  Nicolao,  el  qual 
está  en  la  Isla  Española  frontero  del  cabo  de  Alf ac- 
to, que  es  en  la  Juana,  que  él  judgaba  por  isla  y  es 
tierra  firme,  fin  y  cabo  de  ¡las  Indias  por  el  Oriente, 
y  enderezó  al  dicho  cabo,  llegó  á  él  é  dejó  de  seguir 
la  costa  de  la  tierra  del  Septentrión ,  por  donde  el 
viaje  primero  había  andado,  y  navegó  al  Poniente 
corriendo  la  otra  costa  de  la  parte  del  austro,  las 
quales  costas  van  ansí  ambas  al  Poniente ,  desvián- 
dose la  una  del  Polo  Ártico  y  la  otra  acercándose  á 
él  por  la  anchura  de  la  tierra,  que  comienza  por 
angosto  y  va  subiendo  al  Septentrión  por  la  parte 
del  Austro,  dejando  la  tierra  de  la  Juana  sobre  la 
mano  derecha ;  navegó  pensando  dar  la  vuelta  al 
rededor  y  correr  después  de  ver  el  cabo  la  vía  de 
su  deseo,  que  era  buscar  la  provincia  y  ciudad  del 
Catayo,  diciendo  que  la  podía  hallar  por  allí,  que  ea 
en  el  señorío  del  gran  Kan,  la  qual  se  lee,  según  di- 
ce Juan  de  Mandavilla  y  otros  que  la  vieron ,  que 
es  la  mas  rica  provincia  del  mundo,  y  la  mas  abun- 
dosa de  oro  y  plata,  y  de  todos  metales  y  sedas; 
pero  son  todos  idólatras  y  gente  muy  agudísima,  y 
nigromántica,  y  sabia  en  todas  artes  é  caballerosa. 


670 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


é  dellag  escriben  muchas  maravillas,  según  cuenta 
el  noble  caballero  inglés  Juan  de  Mandavilla,  que 
lo  anduvo  ó  vido  é  vivió  con  el  gran  Kan  algún 
tiempo.  Quien  de  esto  quisiere  saber  lo  cierto  lea  en 
su  libro  en  el  85,  87  y  88  capítulos,  é  allí  verá  como 
la  ciudad  de  Catayo  es  muy  noble  é  rica ,  é  como  la 
provincia  suya  tiene  el  nombre  de  la  ciudad.  La 
qual  provincia  é  ciudad  es  en  las  partidas  de  hacia 
cerca  de  las  tierras  del  Preste  Juan  de  las  Indias  en 
la  parte  que  señorea  y  mira  al  Norte ,  por  donde  el 
Almirante  lo  buscaba.  Yo  digo  que  habia  menester 
muy  grande  distancia  de  tiempo  para  lo  hallar, 
porque  el  gran  Kan  fué  antiguamente  Señor  de  los 
Tártaros ;  y  desde  la  Gran  Tartaria,  que  es  en  loa 
confines  de  Buxia  é  Bahía,  é  podemos  decir  que  se 
comienza  la  Gran  Tartaria  desde  Ungría,  que  son 
tierras  que  están  mirando  desde  esta  Andalucía  por 
el  derecho  á  donde  sale  el  sol  en  el  mes  de  los  ma- 
yores dias  del  año,  é  por  aquel  derecho  solían  ir  los 
mercaderes  en  aquella  tierra,  que  por  la  banda  que 
el  Almirante  buscaba  el  Catayo,  es  mi  creer  que  con 
otras  mil  é  decientas  leguas,  andando  el  firmamento 
de  la  mar  é  tierra  en  derredor  no  llegare  allá ,  y  ansí 
se  lo  dije  é  hice  entender  yo  el  año  de  1496,  cuan- 
do vino  en  Castilla  la  primera  vez  después  de  haber 
ido  á  descubrir,  que  fué  mi  huésped  é  me  dejó  algu- 
nas escripturas,  en  presencia  del  Señor  Don  Juan 
de  Fonseca,  de  donde  yo  saqué  y  cotéjelas  con  las 
otras  que  escribieron  el  honrado  señor  el  Dr.  Anca 
ó  Chanca  y  otros  nobles  caballeros  que  con  él  fue- 
ron en  los  viajes  ya  dichos,  que  escribieron  lo  que 
vieron,  de  donde  yo  fui  informado,  y  escribí  esto 
de  las  Indias,  por  cosa  maravillosa  é  hazañosa,  que 
Nuestro  Señor  quiso  demostrar  en  la  buena  ventura 
é  tiempo  del  Rey  Don  Fernando  é  de  la  Reyna  Doña 
Isabel,  su  primera  mujer. 

Ansí  que  el  Almirante  pensando  que  la  Juana  era 
isla,  andubo  mucho  por  la  costa  della ,  y  pregunta- 
ba á  los  indios  si  era  isla  ó  tierra  firme,  y  como  ellos 
son  gente  bestial  y  piensan  que  todo  el  mundo  es 
isla  y  no  saben  qué  cosa  sea  tierra  firme,  ni  tienen 
letras  ni  memorias  antiguas,  ni  se  deleitan  en  otra 
cosa  sino  en  comer  é  en  mujeres,  decían  que  era  isla, 
empero  algunos  le  dijeron  que  no  la  andaría  en  qua- 
renta  lunas,  é  mientras  mas  seguían  la  costa ,  mas 
los  echaba  la  tierra  al  Austro;  .tie  él  bien  pensó  dar 
vuelta  á  la  Juana  y  volver  al  Poniente  ,  é  dende  al 
Septentrión  donde  pensaba  hallar  la  noble  ciudad  ó 
provincia  riquísima  del  Catay,  é  ovo  por  fuerza  de 
seguir  aquella  banda  por  donde  la  tierra  lo  desvia- 
ba de  sí,  é  descubrió  por  aquella  vía  la  isla  de  Ja- 
maica, y  volvió  á  seguir  la  costa  de  tierra  firme  se- 
tenta dias  andando  por  ella,  hasta  haber  pasado  á  es- 
tar muy  cerca  al  Áurea  é  Forneso,  á  donde  tomó  la 
vuelta  por  temor  de  los  tiempos  y  por  la  grandísima 
navegación  é  mengua  de  mantenimientos,  é  de  allí 
le  vino  en  mente,  que  si  próspero  se  hallara,  que  pro- 
bara á  volver  á  España  por  Oriente,  viniendo  por  el 
Ganges,  y  dende  al  Seno  Arábico, é  después  por  Etio- 
pia, é  después  pudiera  venir  por  la  tierra  á  Jerusa- 
len ,  é  dende  á  Japha,  y  embarcar  y  entrar  en  el  mar 


Mediterráneo,  é  dende  á  Cádiz.  El  viaje  bien  se  pti- 
diera hacer  desta  manera,  empero  muy  peligroso  por 
la  tierra,  porque  todos  son  moros  dende  Etiopía  á 
Jerusalen ,  empero  él  pudiera  ir  por  la  mar  todavía, 
ir  desde  allí  fasta  Calicud ,  que  es  la  ciudad  que  sa- 
lieron los  portugueses  é  la  descubrieron,  y  para 
no  salir  por  tierra  sino  todavía  por  agua,  él  habia  de 
volver  por  el  mismo  mar  Océno  rodeando  toda  la  Ly- 
bia ,  que  es  la  tierra  de  los  negros,  é  volver  por  don- 
de vienen  los  portugueses  con  la  especería  de  clavo 
á  Barta,  que  después  de  haber  andado  el  Almirante 
trescientas  veinte  é  dos  leguas  á  quatro  millas  cada 
una,  ansí  como  acostumbran  en  la  mar,  desde  el  ca- 
bo de  Alfaeto,  se  volvió  sino  por  el  camino  donde 
había  ido  cuando  pasó  por  aquel  cabo  de  Alfaeto, 
que  está  al  comienzo  de  la  tierra  Juana,  puso  allí 
columnas  de  cruces,  tomada  la  posesión  por  sus 
Altezas  ,  é  fué  muy  bien  fecho  ,  pues  remaneció  ser 
el  estremo  cabo  é  puerto,  que  debéis  saber  aquel 
es  estremo  cabero,  cabo  de  la  tierra  firme  del  Po- 
niente, el  cabo  de  San  Vicente,  que  está  en  Por- 
tugal, enmedio  de  los  quales  cabos  ambos  se  con- 
tiene todo  el  poblado  del  mundo,  que  por  tierra 
desde  el  cabo  de  San  Vicente  podrá  ir  siempre  á  Le- 
vante sin  pasar  ninguna  cosa  del  mar  Océano  hasta 
llegar  al  cabo  de  Alfaeto  é  desde  Alfaeto,  por  la 
contra,  venir  fasta  el  cabo  de  San  Vicente  por 
tierra  firme  á  quien  Dios  ayude  en  el  viaje. 

CAPÍTULO  CXXIV. 

De  como  el  Almirante  llegó  á  tierra  donde  los  árboles  llevan  dos 
veces  fruto,  é  del  pescado  é  serpientes  que  hallaron,  é  como  fue- 
ron á  la  isla  de  Jamaica. 

Tornando  á  proseguir  é  recontar  mas  amenudo 
las  islas  é  tierras  é  mares  que  el  dicho  Almirante 
descubrió  de  aquel  viaje,  siguió  por  la  mar,  como  di- 
cho es,  dejando  la  tierra  firme  á  la  mano  derecha, 
fasta  un  puerto  muy  singularísimo,  al  qual  llamó 
Puerto  grande.  En  aquella  tierra  los  árboles  y  las 
yerbas  llevan  dos  veces  en  el  año  fruto,  esto  se  supo 
y  experimentó  por  verdad,  de  los  quales  muy  suaví- 
simo olor  salía,  que  alcanzaba  en  gran  parte  á  la 
mar.  En  aquel  puerto  no  habia  población,  é  como  en- 
traron en  él  vieron  á  mano  derecha  muchos  fuegos 
juntos  con  el  agua,  y  un  perro  y  dos  camas  sin  per- 
sonas; descindieron  en  tierra  é  hallaron  mas  de  qua- 
tro quintales  de  peces  en  asadores  al  fuego  ,  é  co- 
nejos, é  dos  serpientes,  é  allí  en  muy  cerca  estaban 
puestas  á  los  pies  de  los  árboles  en  muchos  lugares 
muchas  serpientes,  las  mas  asquerosas  é  feas  cosas 
que  los  hombres  vieron,  é  todas  cosidas  ;  las  bocas 
eran  todas  de  color  de  madera  seca,  y  el  cuero  de 
todo  el  cuerpo  muy  arrugado,  en  especial  en  la  ca- 
beza, que  les  descendía  sobre  los  ojos,  los  cuales  te- 
man venenosos  y  espantables ,  é  todas  eran  cubier- 
tas de  conchas  muy  fuertes  como  un  peze  de  esca- 
ma; é  desde  la  cabeza  hasta  la  punta  de  la  cola  por 
medio  del  cuerpo  tenían  unas  conchas  altas  é  feas 
é  agudas  como  puntas  de  diamantes ;  é  mandó  el  Al- 
mirante tomar  el  pescado,  con  que  ovo  refresco  U 


DON  FERNANDO 
gente,  é  después  andando  buscando  puerto  con  la 
barca,  vieron  del  cabo  de  un  cerro  mucha  gente  des- 
nuda á  la  costumbre  de  allá ,  y  haciéndoles  señales 
que  se  llegasen ,  allegóse  uno  y  f  abló  un  indio  que 
el  Almirante  llevaba  por  intérprete  de  los  que  ha- 
bían venido  á  Castilla,  que  entendía  ya  bien  el  cas- 
tellano, y  entendía  también  á  los  indios ,  é  el  indio 
estrafio  fablaba  desde  encima  de  una  piedra,  é  co- 
mo entendió  al  otro  aseguróse  é  llamó  á  la  otra  gen- 
te, que  era  obra  de  setenta  hombres,  los  quales  dije- 
ron que  andaban  cazando  por  mandado  de  su  cazi- 
que  para  una  fiesta  que  querían  facer,  y  el  Almiran- 
te les  mandó  dar  cascabeles  é  otras  cosillas,  é  man- 
dóles decir  que  perdonasen  que  él  habia  tomado  el 
pescado  é  no  otra  cosa,  é  holgaron  mucho  cuando 
supieron  que  no  les  habia  tomado  las  serpientes ,  é 
respondieron  que  fuese  todo  en  buen  hora,  que  ellos 
pescarían  mas  á  la  noche.  Salió  de  allí  otro  día  an- 
tes que  saliese  el  sol ,  siguió  al  Poniente  la  costa  de 
la  tierra,  la  qual  veían  ser  muy  f  ermosa  é  muy  po- 
blada tierra,  y  como  veían  tales  navios,  venían  á  las 
playas  á  ver  mucha  gente  é  niños  chicos  y  grandes, 
trayéndoles  pan  y  cosas  de  comer ,  corriendo  mos- 
trando el  pan  y  las  calabazas  llenas  de  agua,  llaman- 
do «comed,  tomad,  gente  del  cíelo»,  y  rogábanles 
que  descindieran  y  fuesen  á  sus  casas ,  y  otros  ve- 
nían en  canoas  á  lo  mismo,  ansí  navegaron  fasta  un 
golfo  donde  habia  infinitas  poblaciones,  y  las  tier- 
ras y  campos  eran  talesj  que  todas  parecían  huertas 
las  mas  famosas  del  mundo  y  todas  tierras  altas  é 
montañosas ;  surjieron  allí  y  la  gente  de  la  comarca 
luego  vinieron,  é  trajéronles  pan  y  agua  y  pescado; 
y  luego  otro  día  siguiente  en  amaneciendo  partie- 
ron de  allí,  é  andando  hacia  un  cabo,  después  deter. 
minó  el  Almirante  dejar  aquel  camino  y  aquella 
tierra  y  navegaron  en  busca  de  la  isla  Jamaica  al 
Austro,  y  en  cabo  de  dos  días  y  dos  noches  allega- 
ron á  ella  con  buen  viento  é  fueron  á  dar  en  el  me- 
dio della,  la  qual  es  la  mas  f  ermosa  que  los  ojos  vie- 
ron, ella  no  es  montañosa,  y  parece  que  llega  la  tier- 
ra al  cielo,  es  muy  grande,  mayor  que  la  Cícilía,  tie- 
ne en  cerco  ochocientas  millas,  y  es  toda  llena  de 
valles  é  campos  é  planos;  es  fértilísima  ultra  modo, 
que  ansí  á  la  lengua  del  mar  como  en  la  tierra  aden- 
tro toda  es  llena  de  poblaciones  y  muy  grandes  y 
muy  cerca  unos  de  otros  á  quatro  leguas;  tiene  ca- 
noas mas  que  en  ninguna  otra  parte  de  por  allí,  y 
las  mas  grande  que  fasta  entonces  habían  visto,  to- 
das de  un  tronco  como  dicho  es,  enteras  de  un  árbol, 
y  cada  Cacique  de  todas  aquellas  partes  tiene  una 
canoa  grande  de  que  se  precia  de  tener  una  nao 
grande  y  f  ermosa ;  ansí  traen  labradas  aquellas  ca- 
noas en  proa  y  popa  á  lazos  y  pinturas,  que  es  ma- 
ravilla la  fermosura  dellas;  en  una  de  aquellas  gran- 
des midió  el  Almirante  noventa  y  seis  pies  de  luen- 
go y  ocho  pies  de  ancho, 

CAPÍTULO  CXXV. 

De  la  isla  Jamaica. 
Ansí  como  el  Almirante  llegó  cerca  de  la  tierra 
de  Jamaica,  luego  salieron  contra  él  bien  setenta 


É  DotÁ  ISABEL.  en 

canoas  todas  cargadas  de  gente  y  varas  por  armas, 
una  legua  á  la  mar,  en  son  y  forma  de  pelear,  y  el 
Almirante  con  sus  tres  carabelas  y  gente  no  dio  por 
ellos  nada,  é  siguió  todavía  el  camino  de  la  tierra, 
é  desque  esto  vieron,  ovieron  miedo  é  volvieron  hu- 
yendo, y  el  Almirante  tuvo  forma  con  su  carabela 
é  faraute,  como  una  de  aquellas  canoas  se  aseguró 
é  vino  á  él  con  la  gente ,  é  dióles  vestidos  é  otras 
muchas  cosas  que  ellos  tuvieron  en  gran  precio,  é 
dióles  licencia  que  se  fuesen,  y  él  fué  á  surjir  á  un 
lugar  que  puso  nombre  Santa  Gloria,  por  la  estrema 
hermosura  de  su  gloriosa  tierra,  porque  ninguna 
comparación  tienen  á  ella  las  huertas  de  Valencia, 
ni  de  otra  parte,  y  esto  es  en  toda  la  isla  ;  y  dur- 
mieron allí  aquella  noche,  y  otro  día  en  amanecien- 
do fueron  á  buscar  puerto  cerrado  para  despalmar  y 
adobar  los  navios,  y  andando  al  Poniente  quatro  le- 
guas, hallaron  un  singularísimo  puerto,  y  el  Almi- 
rante envió  la  barca  á  ver  la  entrada ,  é  salieron  á 
ella  dos  conoas  con  mucha  gente  y  le  tiraron  mu- 
chas varas,  empero  luego  huyeron  desque  vieron  re- 
sistencia, pero  no  tan  presto  que  no  recibieran  cas- 
tigo, y  el  Almirante  entró  en  el  puerto  y  surgió,  y 
vinieron  tantos  indios  sobre  él  que  cubrían  la  tier- 
ra, y  todos  teñidos  de  mil  colores  y  la  mayor  parte 
de  negro,  y  todos  desnudos  á  su  uso,  y  traían  plu- 
majes en  las  cabezas,  de  diversas  maneras,  y  traían 
el  pecho  y  el  vientre  cubiertos  con  hojas  de  palma, 
dando  la  mayor  grita  del  mundo,  y  tirando  varas, 
aunque  no  alcanzaban;  y  en  los  navios  tenían  nece- 
sidad de  agua  y  de  lefia  allende  de  adobar  los  na- 
vios; y  el  Almirante  vio  que  no  era  razón  dejarlos 
en  aquella  osadía  sin  pena,  porque  otra  vez  no  se 
atreviesen  ansí.  Arrimó  todas  tres  barcas,  porque 
las  carabelas  no  podían  andar  y  llegar  donde  ellos 
estaban  por  el  poco  hondo,  y  porque  conociesen  las 
armas  de  Castilla  allegáronse  cerca  dellos  con  las 
barcas  y  tiráronles  con  las  ballestas  y  desque  los  pi- 
caron bien,  y  comenzaron  de  coger  miedo,  saltaron 
en  tierra  á  ellos  despeldando  tiros,  y  como  los  indios 
vieron  que  los  castellanos  descindieron  á  ellos ,  die- 
ron todos  los  indios  á  huir,  hombres  y  mujeres,  que 
no  pararon  ninguno  en  toda  la  comarca,  é  un  perro 
que  soltaron  de  un  navio  los  seguía  é  mordía,  é  les 
fizo  gran  daño,  que  un  perro  vale  para  contra  los  in- 
dios como  diez  hombres.  El  día  siguiente  antes  del 
sol  salido,  volvieron  seis  hombres  de  aquellos  in- 
dios á  la  playa,  llamando  y  diciendo  al  Almirante 
que  aquellos  Caciques  todos  le  rogaban ,  que  no  se 
fuese,  que  los  querían  ver  é  traer  pan  é  pescado  ó 
frutas ;  al  Almirante  le  plugo  mucho  de  la  embaja- 
da, é  ficieron  su  amistanza  é  seguro,  é  vinieron  loa 
Caciques  é  muchos  indios  á  él ,  é  trujéronle  muchos 
mantenimientos  con  que  refrescó  mucho  la  gente, 
é  estuvieron  muy  abundosos  de  todo  todos  los  dias 
que  allí  estuvieron,  y  los  indios  quedaron  muy  con- 
tentos con  las  cosas  que  el  Almirante  les  dio;  é  ado- 
bados los  navios  é  descansada  la  gente  partieroq 
de  allí. 


m 


CRÓNICAS  t)E  LOS  HEYES  DE  CASTILLA. 


CAPÍTULO  CXXVI. 


De  muchas  islas  que  se  descubrieron. 

Partió  el  Almirante  con  sns  tres  carabelas  de  Ja 
máica,  y  navegó  treinta  y  quatro  leguas  facia  el  Po- 
niente, fasta  el  golfo  de  buen  tiempo,  é  allí  ovieron 
los  vientos  contrarios  para  seguir  la  costa  adelante 
de  la  dicha  isla  de  Jamaica,  de  la  qual  su  calidad 
era  bien  conocida  y  vista  que  no  habia  en  ella  oro 
ni  metal  ninguno,  aunque  de  lo  otro  era  como  un 
paraíso,  y  por  mas  que  oro  tenida ;  ficieron  del  vien- 
to contrario  bueno  y  volvieron  á  la  tierra  firme  de 
la  Juana  con  propósito  de  seguir  la  costa  de  ella  que 
habían  dejado  por  saber  cierto  sí  era  tierra  firme  ;  é 
fueron  á  parar  á  una  provincia  que  llaman  Macaca, 
quo'  es  muy  f ermosa,  y  fueron  á  surjir  á  una  pobla- 
ción muy  grande,  el  Cacique  de  la  cual  ya  conocía 
al  Almirante  y  las  carabelas  de  antes  que  fuesen  á 
esta  jornada,  que  allegaron  por  aquella  costa  las 
idas  de  la  primera  vez  que  el  Almirante  fué  á  des- 
cubrir, que  todos  los  Caciques  de  aquella  tierra  lo 
supieron ,  é  fué  toda  aquella  tierra  é  islas  alborota- 
das de  tan  nueva  coea  é  navios,  é  todos  decían  que 
eran  gente  del  cielo ,  no  embargante  que  él  no  ha- 
bía navegado  á  aquella  costa,  salvo  la  otra  del  Sep- 
tentrión; y  llegados  allí  el  Almirante  envió  presen- 
tes al  dicho  Cacique  de  las  cosas  que  ellos  allá  te- 
nían en  mucho  precio  ;  y  el  Cacique  les  envió  buen 
refresco,  y  á  decir  como  le  conocían  y  al  Almirante 
por  oídas,  y  conocían  á  su  padre  de  Simón  ,  un  in- 
dio que  el  Almirante  había  traído  á  Castilla  é  dado 
al  Príncipe  Don  Juan  ;  y  el  Almirante  descindió  en 
tierra  y  preguntó  al  dicho  Cacique  y  á  los  indios  de 
aquel  lugar ,  si  aquello  era  tierra  firme  ó  isla ;  y  él 
con  todos  los  otros  le  respondieron  que  era  tierra  in- 
finita de  que  nadie  habia  visto  el  cabo ,  aunque  era 
isla.  Esta  era  gente  muy  mansa,  y  desviada  de  ma- 
los pensamientos ;  hay  diferencia  en  gran  mane- 
ra de  esta  gente  de  esta  tierra  Juana,  á  las  otras  de 
todas  las  islas  comarcanas,  y  eso  mesmo  hay  en  las 
aves,  y  en  todas  las  otras  cosas  ,  que  estas  de  esta 
isla  Juana  son  de  mejor  condición  é  mas  mansas. 
Otro  dia  partieron  de  allí  é  navegaron  al  Septentrión 
declinando  al  noroeste  siguiendo  la  costa  de  la  tier- 
ra ;  á  oras  de  vísperas  vieron  tie  lejos  que  aquella 
costa  volvía  al  Poniente  y  tomaron  aquel  camino 
por  atajar,  dejando  la  tierra  á  mano  derecha.  Otro 
dia  al  salir  el  sol  miraron  de  encima  del  mastelero 
y  vieron  la  mar  llena  de  islas  á  todos  cuantro  vien- 
tos: y  todas  verdes  y  llenas  de  árboles,  la  cosa  mas 
fermosa  que  ojos  vieron,  y  el  Almirante  quisiera 
pasar  al  Austro,  y  dejar  estas  islas  á  la  mano  dere- 
cha, mas  acordándose  haber  leído  que  toda  aquella 
mar  es  así  llena  de  islas,  y  Juan  de  Mandavilla  di- 
ce que  en  las  Indias  hay  mas  de  cinco  mil  islas,  de- 
terminó de  andar  adelante,  y  no  dejar  la  vista  de  ¡a 
tierra  firme  de  la  Juana  y  ver  lo  cierto  si  era  isla  ó 
no ,  y  cuanto  mas  andaban  mas  islas  descubrían  ,  y 
dia  se  fizo  anotar  164  islas ,  y  el  tiempo  para  nave- 
gar entre  ellas  siempre  se  lo  dio  Dios  bueno,  que 


corrían  los  navios  por  aquellos  mares  que  parecía 
que  volaban  ;  y  llegaron  el  día  de  Pascua  de  Espí- 
ritu Santo  de  1494  á  posar  á  la  costa  de  tierra  firme, 
á  un  lugar  despoblado,  y  no  por  destemperanza  del 
cíelo  ni  esterilidad  de  la  tierra ;  y  en  un  grande  pal- 
mar de  palmas  que  parecía  que  llegaban  al  cielo; 
allí  en  orilla  de  la  mar  salían  de  la  tierra  dos  ojos 
de  agua  de  debajo  de  ella,  tan  grandes  que  en  el 
ahujero  cupiera  una  gorda  naranja ,  y  venia  esto 
en  alto  con  ímpetu,  cuando  la  marea  era  decrecien- 
te; era  tan  fria  y  tal  y  tan  dulce,  que  no  la  habrá  me- 
jor en  el  mundo  ;  y  este  frío   no  es  salvaje  como 
otros  que  dañan  el  estómago,  sino  sanísimo;  y  des- 
cansaron allí  todos  en  las  yerbas  de  aquellas  fuen- 
tes, y  al  olor  de  las  flores,  que  allí  se  sentía  maravi- 
lloso ,  y  al  dulzor  del  cantar  de  los  pajaritos,  tantos 
eran  y  tan  suaves,  y  la  sombra  de  aquellas  palmas 
tan  grandes  y  tan  fermosas,  que  era  maravilla  ver 
lo  uno  y  lo  otro.  Allí  no  parecía  gente  ninguna,  em- 
pero señal  habia  de  andar  gente  por  allí,  que  habia 
señales  de  ramas  de  palmas  cortadas.  De  allí  el  Al- 
mirante entró  en  una  barca  y  fué  con  ella  y  con  las 
otras  á  ver  un  rio  al  Levante  de  allí  una  legua,  y 
hallaron  el  agua  tan  caliente  que  escasamente  se 
sufría  la  mano  en  ella;  y  anduvieron  por  él  arriba 
dos  leguas  sin  hallar  gente  ni  casas ,  y  siempre  la 
tierra  era  en  aquella  hermosura  y  los  campos  muy 
verdes  y  llenos  de  infinitas  uvas  y  tan  coloradas  co- 
mo escarlatas,  y  en  toda  paiie  por  allí  habia  el  olor 
de  las  flores  y  el  cantar  de  los  pájaros  muy  suave, 
lo  qual  todos  vieron  y  sintieron  en  cuantas  islas  por 
allí  llegaron,  y  porque  eran  tantas  que  no  se  podían 
en  singular  nombrar  cada  una,  púsoles  el  Almiran- 
te por  nombre  el  Jardín  de  la  Reyna.  Y  el  dia  siguien- 
te, estando  el  Almirante  en  mucho  deseo  de  haber 
lengua,  vino  una  canoa  á  caza  de  peces,  que  así  lla- 
man ellos,  caza,  que  cazan  con  unos  peces  otros,  qu© 
traían  atados  unos  peces  por  la  cola  con  unos  cor- 
deles, y  aquellos  peces  son  de  hechura  de  congrios 
y  tienen  la  boca  larga,  toda  llena  de  sosas,  ansí  co- 
mo de  pulpo,  y  son  muy  osados,  como  acá  los  uro- 
nes,  é  lanzándolos  en  el  agua  ellos  van  á  pegarse  á 
cualquier  pece,  de  estos  en  el  agua  non  los  despe- 
garán fasta  que  los  saquen  fuera  ,  antes  morirá,  y 
es  pece  muy  ligero,  y  desque  se  apega  ,  tiran  por  el 
cordel  muy  luego  en  que  lo  traen  atado,  y  sacan  ca- 
da vez  uno,  y  tómanlo  en  llegando  á  la  lumbre  del 
agua,  ansí  que  aquellos   cazadores  andaban  muy 
desviados  de  las  carabelas  y  el  Almirante  envió  las 
barcas  armadas  y  con  arte  que  no  les  f  uyesen  á  tier- 
ra, y  llegados  á  ellos,  les  hablaron  todos  aquellos  ca- 
zadores como  corderos  mansos  sin  malicia,  como  si 
toda  su  vida  los  ovieran  visto,  que  se  detuviesen 
con  las  barcas,  porque  tenían  uno  de  estos  peces  pe- 
gado en  fondo  á  una  grande  tortuga,  fasta  que  la 
oviesen  recojido  dentro  en  la  canoa,  y  así  lo  hicie- 
ron, y  después  tomaron  la  canoa,  y  á  ellos  con  qua- 
tro tortugas,  que  cada  una  tenia  tres  codos  en  luen- 
go, é  los  trujeron  á  los  navios  al  Almirante  ;  y  allí 
aquellos  le  dieron  nuevas  de  toda  aquella  tierra  é 
islas,  y  do  su  cacique ,  que  estaba  allí  »uy  cerco, 


DON  FEENANDO 
que  los  había  enviado  á  cazar ,  y  rogaron  al  Almi- 
rante que  Be  fuese  allá,  y  que  le  harian  gran  fiesta, 
y  diéronle  todas  quatro  tortugas  ,  y  él  les  dio  mu- 
chas cosas  de  las  que  llevaba,  con  que  fueron  muy 
contentos  ,  y  preguntóles  si  aquella  tierra  era  muy 
grande,  y  ellos  respondieron  que  al  Poniente  no  te- 
nia cabo,  y  dijeron  que  toda  aquella  mar  al  Austro 
é  Poniente  era  llena  de  islas,  é  dióles  licencia;  y  ellos 
le  preguntaron  cómo  se  llamaba,  y  ellos  le  dijeron 
el  nombre  de  eu  Cacique,  y  volvieron  á  su 'ejercicio 
de  pescar. 

CAPÍTULO  CXXVII. 

De  la  tierra  donde  los  hombres  comen  perros,  y  los  engordan 
con  pescado  para  ello ,  é  del  suavísimo  olor  de  la  tierra. 

Partió  el  Almirante  de  allí,  por  entre  aquellas  is- 
las por  las  canales  mas  navegables ,  siguiendo  al 
Poniente,  no  se  desviando  de  tierra  firme,  y  des- 
pués de  con  buen  tiempo  haber  andado  muchas  le- 
guas ,  falló  una  isla  grande  y  al  cabo  de  ella  una 
gran  población ;  y  aunque  las  carabelas  llevaban 
buen  tiempo ,  surjieron  allí  y  fueron  á  tierra ;  mas 
no  hallaron  persona  alguna,  que  todos  huyeron  y 
dejaron  el  lugar  ;  creyóse  ser  gente  que  se  gober- 
naba de  pescados  ;  allí  hallaron  infinitas  conchas  de 
tortugas  que  tenian  por  aquella  playa ;  allí  halla- 
ron todos  juntos  quarenta  perros,  no  grandes  ni 
muy  feos :  no  ladraban ,  parecía  estar  criados  á  pes- 
cado ,  y  cebados.  Supieron  como  los  indios  los  co- 
mían, y  que  tienen  tan  buen  sabor  como  acá  cabri- 
tos en  Castilla ,  porque  algunos  castellanos  los  pro- 
baron. Tenian  allí  aquellos  indios  muchas  garzotas 
mansas,  é  otras  muchas  aves,  é  el  Almirante  man- 
dó que  no  les  tomasen  ninguna  cosa ,  y  partióse  de 
allí  con  sus  navios,  y  luego  hallaron  otra  isla  ma- 
yor que  aquella ,  y  no  curaron  de  ella ,  mas  ende- 
rezaron á  unas  montañas  que  vieron  muy  altas  de 
la  tierra  firme ,  que  estaban  de  allí  catorce  leguas, 
y  allí  hallaron  una  gran  población ,  y  el  Cacique  y 
los  demás  habitadores  de  muy  buena  conversación, 
y  de  muy  buen  trato ,  y  allí  dieron  muy  buen  re- 
fresco al  Almirante  y  á  su  gente  de  pan  y  frutas  y 
agua ;  y  preguntóles  el  Almirante  si  aquella  tierra 
8e  andaba  mucho  al  Poniente  adelante ,  y  respondió 
el  Cacique,  que  con  otros  viejos  de  su  tiempo  que 
lo  sabían,  cá  era  hombre  viejo,  que  aquella  tierra 
era  grandísima  y  jamas  oyó  decir  que  tuviese  cabo, 
mas  que  adelante  sabría  mas  de  la  gente  de  Ma- 
gon,  de  la  qual  provincia  ellos  estaban  comarcanos. 
Navegaron  el  siguiente  día  al  Poniente,  siguien- 
do siempre  la  costa  de  la  tierra,  y  anduvieron  mu- 
chas leguas  siempre  por  islas  mas  grandes ,  y  no 
tan  espesas  como  primero;  llegaron  á  una  sierra 
muy  grande  y  muy  alta,  que  andaba  mucho  aden- 
tro en  la  tierra,  tanto  que  no  se  pudo  ver  el  fin  de 
ella;  y  de  la  parte  de  la  mar  de  ella  había  pobla- 
ciones infinitas,  de  las  quales  luego  vinieron  á  los 
navios  gente  infinita  con  fruta  y  pan,  y  agua,  y 
algodón  hilado,  y  conejos,  y  palomas,  y  de  otras 
mil  maravillas  de  aves  de  otras  maneras,  que  no 
Cr,~IU. 


É  DOÑA  ISABED.  673 

hay  acá,  cantando  por  fiesta,  creyendo  que  aquella 
gente  y  navios  venían  del  cielo;  y  aunque  el  indio 
intérprete  que  llevaba  el  Almirante  les  decía  que 
era  gente  de  Castilla,  creían  que  Castilla  era  el  cie- 
lo, y  que  el  Rey  y  la  Reyna  Señores  de  aquellos 
navios  cuya  era  aquella  gente,  estaban  en  el  cielo. 
Llámase  aquella  provincia  Ornophay ;  llegaron  allí 
una  tarde  y  habían  andado  en  poca  agua ,  y  allá  no 
pudieron  hallar  hondo ,  y  el  viento  de  la  tierra  loa 
echaba  fuera  y  estuvieron  una  noche  allí  á  la  cuer- 
da pairando ,  que  no  les  pareció  una  hora  de  mano 
por  el  suavísimo  olor  que  de  la  tierra  venia,  y  el 
cantar  de  los  pájaros  y  de  los  indios ,  que  era  muy 
maravilloso  y  contentable ;  allí  dijeron  al  Almiran- 
te que  adelante  de  allí  era  Magon ,  donde  todas  las 
gentes  tenian  rabo ,  como  las  bestias  ó  alimañas ,  y 
que  á  esta  causa  los  hallarían  vestidos,  lo  qual  no 
era  ansí,  mas  parece  que  entre  ellos  hay  este  crédi- 
to de  oídas ,  y  los  simples  dellos  lo  creen  ser  ansí 
con  su  simpleza ,  y  los  discretos  creo  yo  que  no  lo 
creerán ,  porque  parece  que  ello  fué  dicho  primera- 
mente por  burla,  faciendo  escarnio  de  los  que  an- 
daban vestidos,  como  dice  Juan  de  Mandavilla  en 
el  74  cap.  de  su  libro ,  que  en  las  ludias  en  la  pro- 
vincia de  la  Moré  todos  andan  desnudos  como  na- 
cieron, y  que  hacen  burla  de  los  que  andan  vesti- 
dos ;  y  dicen  que  es  gente  que  no  creen  en  Dios, 
que  hizo  á  Adán  y  á  Eva  nuestros  padres ,  el  qual 
los  hizo  desnudos,  y  dicen  que  de  lo  que  es  natural, 
ninguno  debe  haber  vergüenza ;  y  ansí  los  de  esta 
provincia  de  Ornophay,  como  ellos  todos  andan 
desnudos,  hombres  y  mujeres,  facen  escarnio  de 
los  que  oyen  decir  que  andan  vestidos,  y  el  Almi- 
rante supo  ser  burla,  que  si  algunos  donde  ellos  de- 
cían andan  vestidos,  tampoco  tienen  rabo,  como 
ellos  dijeron.  Dijeron  allí  también  al  Almirante  quo 
adelante  había  islas  innumerables  y  poco  hondo,  y 
que  el  fin  de  aquella  tierra  era  muy  lejos,  é  tanto 
que  en  quarenta  lunas  no  le  podría  llegar  á  cabo ;  y 
ellos  fablaban  según  el  andar  de  sus  canoas,  que  es 
muy  poco ,  que  una  carabela  andaría  mas  en  un  día, 
que  ellos  en  siete. 

CAPÍTULO  CXXVIII. 

De  la  mar  blanca. 

Partió  el  Almirante  de  Ornophay  el  día  siguiente 
con  buen  viento  con  sus  carabelas,  é  cargó  de  velas, 
é  anduvo  muy  gran  camino  fasta  que  entró  en  una 
mar  blanca  todo  de  un  golpe,  é  pasó  muchos  bajos 
antes  de  llegar  á  ella ,  la  qual  mar  era  blanca  como 
leche  y  espesa  como  el  agua  en  que  los  zurradores 
adoban  los  cueros ;  y  luego  les  faltó  el  agua,  y  que- 
daron en  dos  brazas  de  hondo ,  é  el  viento  les  acu- 
dió, é  estando  en  una  canal  muy  peligrosa  para 
volver  atrás  ni  para  surjir  con  los  navios,  porque 
no  podían  volver  atrás ,  ni  virar  sobre  el  ancla  la 
proa  al  viento ,  ni  había  hondo  para  ello ,  porque 
siempre  andaban  rastraendo  el  ancla  por  el  suelo,  é 
anduvieron  así  por  estas  canales  de  dentro  do  estas 
islas  las  diez  leguas  fasta  una  isla  donde  hallaron 

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674  CRÓNICAS  DE  LOS 

dos  brazas  é  un  codo  de  agua ,  y  largura  para  estar 
las  carabelas ,  é  allí  surjieron  y  estuvieron  con  muy 
grande  pena  pensando  dejar  la  empresa ,  y  que  no 
harian  poco  en  volver  á  donde  habían  partido  ;  mas 
nuestro  Señor,  que  siempre  socorre  á  los  hombres 
humillados  de  buena  voluntad,  les  puso  esfuerzo  y 
puso  en  corazón  al  Almirante  que  siguiese  adelan- 
te, y  el  día  siguiente  envió  una  carabela  pequeña  al 
fondo  de  aquella  mar  allí  cerca  á  ver  si  fallaría 
agua  dulce  en  la  tierra  firme,  de  que  tenían  todos 
los  navios  mucha  necesidad,  volvió  con  la  respuesta 
que  á  la  orilla  de  la  tierra  era  el  lodo  muy  hondo  y 
estaba  dentro  en  la  mar  el  arboleda  tan  espesa,  que 
no  entraría  por  allí  un  gato  ;  había  por  allí  tantas 
islas  que  eran  tan  espesas,  y  mas  que  en  el  Jardín 
ya  dicho,  y  tantas  arboledas  en  derredor  de  la  ori- 
lla de  la  mar,  que  parecían  muros,  y  juntos  con 
aquellas  arboledas  había  tierra  alta,  y  muchas  mon- 
tañas y  muy  verdes,  y  en  ellas  parecían  muchas  hu- 
madas y  grandes  fuegos,  é  el  Almirante  determinó 
ir  adelante,  y  navegó  por  aquellas  canales  entre 
aquellas  islas,  las  quales,  como  dicho  es,  eran  mas 
espesas  que  en  el  Jardín  de  la  Reyna,  y  navegó  fas- 
ta que  llegaron  á  una  punta  muy  baja  de  tierra,  á 
la  qual  el  Almirante  le  puso  nombre  la  Punta  del 
Serajin;  allí  ovieron  muchos  trabajos,  que  muchas 
veces  se  vieron  con  los  navios  en  seco  ;  y  dentro  de 
esta  punta  la  tierra  bajaba  al  Oriente ,  y  se  descu- 
brían al  Septentrión  montañas  muy  altas  lejos  de 
esta  punta  y  entre  medías  limpio  de  islas,  que  to- 
das quedaban  al  Austro  y  al  Poniente.  Ovieron  allí 
el  viento  bueno  y  hallaron  allí  tres  brazas  de  hondo 
de  agua,  y  el  Almirante  determinó  tomar  el  camino 
de  aquellas  montañas,  á  las  quales  llegó  otro  día  si- 
guiente y  fueron  á  surjir  á  un  palmar  muy  fermo- 
so  é  muy  grande,  donde  hallaron  fuentes  de  agua 
muy  dulce  y  buena  y  señal  que  allí  había  estado 
gente. 

Acaeció  allí  que  estando  forneciendo  los  navios 
de  leña  é  agua,  salió  un  ballestero  de  las  carabelas 
á  caza  por  la  tierra  con  su  ballesta,  é  alejado  un 
poco  se  halló  con  obra  de  treinta  indios,  y  el  uno 
de  ellos  era  vestido  con  una  túnica  blanca  hasta  los 
pies;  y  se  halló  tan  súpito  sobre  ellos,  que  pensó 
por  aquel  vestido  que  era  up  fraile  de  la  Trinidad 
que  allí  iba  en  la  compañía^,  y  después  vinieron  á 
él  otros  dos  con  túnicas  blancas,  que  les  llegaban 
abajo  de  las  rodillas ,  los  quales  eran  tan  blancos 
como  hombres  de  Castilla  en  color ;  estonces  ovo 
miedo ,  y  dio  voces ,  é  volvió  huyendo  á  la  mar ,  y 
vido  que  los  otros  se  estaban  quedos  y  el  de  la  tú- 
nica cumplida  venia  tras  de  él  llamándolo,  y  él 
nunca  osó  esperar ;  y  ansí  f  uyendo  se  vino  á  los 
navios ,  y  el  Almirante  desque  lo  supo  envió  allá 
por  saber  qué  gente  era,  é  quando  fueron  no  halla- 
ron á  ninguno  ,  é  creyeron  que  aquel  de  la  túnica 
cumplida  sería  el  Cacique  de  ellos. 

El  día  siguiente  envió  el  Almirante  veinte  y  cin- 
co hombres  bien  armados,  que  anduviesen  ocho  ó 
diez  leguas  por  la  tierra  adentro ,  hasta  hallar  gen- 
te, y  andando  un  quarto  de  legua  hallaron  una  vega 


REYES  DE  CASTILLA. 

que  andaba  de  Poniente  á  Levante  é  luengo  de  ía 
costa,  é  por  no  saber  el  camino  quisieron  travesar 
la  vega,  y  nunca  pudieron  andar  con  yerba  tanta  y 
tan  entretejida,  y  volviéronse  cansados  como  si 
ovieran  andado  veinte  leguas,  y  dijeron  que  por  allí 
era  imposible  poder  andar  la  tierra,  que  no  había 
caminos  ni  vereda.  Otro  día  fueron  otros  al  luengo 
de  la  playa  y  hallaron  rastros  de  bestias  grandísi- 
mas de  cinco  uñas,  cosa  espantable,  ó  juzgaban 
que  fuesen  grifos,  é  de  otras  bestias,  que  juzgaban 
que  fuesen  leones,  y  también  se  volvieron  atrás. 
Allí  hallaron  muchas  parras  y  muy  grandes,  y  car- 
gadas de  agraz,  que  cubrían  todos  aquellos  árboles, 
que  era  maravilla  de  ver.  Tomó  el  Almirante  da 
aquel  agraz  una  espuerta  llena,  é  de  los  trozos  de 
las  parras,  é  de  la  tierra  blanca  de  la  mar  para  mos- 
trar, é  para  enviar  á  el  Rey  y  á  la  Reyna;  también 
allí  habia  muchas  aromáticas  frutas,  como  en  los 
otros  lugares  susodichos ;  también  habia  allí  gru- 
llas, mayores  dos  veces  que  las  de  acá  de  Castilla. 
Visto  el  Almirante  que  habia  dejado  la  punta  del 
Serafín,  á  donde  la  tierra  bajaba  á  el  Oriente  y  ha- 
bia atravesado  á  las  montañas  al  Septentrión,  nave- 
gó de  allí  al  Oriente  por  la  misma  costa  hasta  que 
vido  que  la  una  costa  y  la  otra  se  juntaban  y  hacían 
seco  ;  volvieron  atrás  otra  vez  al  Poniente,  y  aunque 
andaban  los  navios  y  gente  muy  cansada ,  pensó  el 
Almirante  navegar  al  Poniente  á  unas  montañas 
que  habia  visto  lejos  treinta  y  cinco  leguas  de  donde 
habia  tomado  el  agua,  y  andando  las  nueve  leguas 
hallaron  una  playa  y  tomaron  el  Cacique  de  ella, 
el  qual,  como  ignorante  y  persona  que  no  habia 
salido  de  aquellas  montañais,  que  les  dijo  que  era 
la  mar  muy  honda  y  baja  al  Septentrión  é  muy 
gran  número  de  jornadas ,  levantaron  las  áncoras, 
y  siguieron  su  viaje  muy  alegres ,  pensando  que  se- 
ría como  él  les  habia  dicho,  y  andando  ciertas  le- 
guas se  hallaron  embarazados  entre  muchas  islas,  y 
en  muy  poco  fondo ,  de  manera  que  no  hallaban  ca- 
nal que  los  consintiese  pasar  adelante,  é  á  cabo  de 
un  día  y  medio  por  una  canal  muy  angosta  é  baja 
por  fuerza  de  anclas  y  cabestral  ovieron  de  pasar 
los  navios  casi  una  braza  por  la  tierra  en  seco,  has- 
ta haber  andado  bien  dos  leguaíi,  á  donde  hallaron 
dos  brazas  y  medio  de  agua,  en  que  navegaron  los 
navios,  y  anclando  mas  adelante  hallaron  tres  bra- 
zas; allí  vinieron  muchas  canoas  á  los  navios,  y  las 
gentes  de  ellas  decían  que  las  gentes  de  aquellas 
montañas  tenían  un  rey  de  grande  estado ;  é  ellos 
parecia  lo  tenían  en  maravilla,  el  modo  é  suma  de 
religión  y  su  grande  estado,  diciendo  que  tenía  infi- 
nitas provincias,  y  que  le  llamaban  Santo,  y  que 
traía  túnica  blanca  que  le  arrastraba  por  el  suelo,  y 
ansí  siguieran  aquel  camino  siempre  por  la  costa 
de  la  mar  con  tres  brazas  de  agua  de  hondo ,  y  des- 
pués de  navegado  cuatro  días  y  pasadas  las  mon- 
tañas, que  quedaban  mucho  al  Oriente,  y  siempre 
hallaron  la  costa  de  la  mar  ansí  anegada  y  arbole- 
das espesas  cerca  do  ella,  como  dicho  es,  que  era 
imposible  entrar  por  ellas,  y  estando  metidos  con 
los  navios  en  un  seno  por  donde  otra  vez  la  tierra 


Don  FERNANDO 
voivia  al  Oriente,  vieron  unas  montañas  muy  altas 
allí  donde  aquella  tierra  Lacia  cabo  ,  lejos  de  ellos 
veinte  leguas.  Determinó  el  Almirante  ir  á  ella, 
pues  la  mar  no  cojia  al  Septentrión,  y  era  de  muy 
grandísimo  hondo,  como  el  Cacique  habia  dicho  y 
dijo  que  por  allí  por  donde  el  Almirante  quería  ir, 
que  en  cinqüenta  lunas  no  hallaría  cabo,  y  que  así 
lo  habia  oído  decir.  Navegaron  por  de  dentro  de 
muchas  islas ,  y  al  cabo  de  dos  días  con  sus  noches 
llegaron  á  las  montañas  que  habían  visto,  que  era 
un  Chererrojo  tan  grande  como  el  de  la  Áurea  como 
la  isla  de  Córcega.  Cercáronla  toda,  y  nunca  pudie- 
ron hallar  entrada  para  ir  á  la  tierra  adentro ,  por- 
que era  la  tierra  ansí  llena  de  lodo  ó  de  árboles  es- 
pesos, como  la  otra  que  dicho  es,  é  las  ahumadas 
do  gentes  eran  en  la  tierra  adentro  muy  grandes  é 
muchas.  Estuvieron  allí  por  aquella  costa  siete  dias 
buscando  agua  dulce,  de  que  tenian  necesidad,  la 
qual  hallaron  en  la  tierra  de  parte  de  Oriente  en 
unos  palmares  muy  lindos,  y  allí  hallaron  nácares 
y  grandísimas  perlas ;  vieron  que  allí  habría  bue- 
nas pesquerías  si  las  continuasen ;  después  que  to- 
maron agua  y  leña  navegaron  al  Austro  y  siguien- 
do la  costa  de  la  tierra,  y  después  al  Poniente,  si- 
guiendo siempre  la  costa  de  la  tierra  firme ,  fasta 
que  los  llevaba  al  Suroeste  y  parecía  que  habían  de 
llevar  por  aquella  grande  número  de  jornadas,  y  al 
Aiistro  vieron  toda  la  mar  llena  de  islas  después  de 
haber  andado  gran  pieza  de  donde  habían  partido, 
y  aquí  los  navios  estaban  muy  desconcertados  por 
las  muchas  dadas  en  lo  bajo,  y  las  cuerdas  y  apare- 
jos gastados,  é  la  mayor  parte  de  los  mantenimien- 
tos muy  perdidos,  en  especial  el  bizcocho,  por  la 
mucha  agua  que  hacían  los  navios,  y  toda  la  gente 
estaba  muy  cansada  y  temerosa  de  mantenimien- 
tos, y  dudando  que  la  sazón  de  los  vientos  á  la  vuel- 
ta les  podrían  ser  adversos ;  habían  andado  hasta 
alli  desde  el  cabo  de  Alfaeto  mil  é  doscientas  é 
ochenta  é  ocho  millas ,  que  son  trescientas  veinte  y 
dos  leguas,  en  que  habían  descubierto  muy  muchas 
islas,  según  dicho  es,  y  la  tierra  firme. 

Estonce  acordó  el  Almirante  dar  la  vuelta  por 
otro  camino  ,  y  no  por  donde  habían  ido,  y  volver 
por  Jaime ,  el  qual  nombre  de  Santiago  el  Almiran- 
te le  habia  puesto ,  y  acabar  de  redondear  toda  la 
parte  del  Austro  que  les  habia  quedado  por  andar, 
y  así  dieron  la  vuelta  pensando  poder  pasar  dentro 
de  unas  islas  que  allí  estaban,  en  las  quales  nunca 
hallaron  canal,  y  les  fué  forzado  volver  atrás  por 
un  brazo  de  mar  por  donde  habían  navegado  hasta 
la  punta  del  Serafín  á  las  islas  donde  primero  ha- 
bían surjido  en  la  mar  blanca. 

CAPÍTULO  CXXIX. 

De  los  cuervos  marinos  que  vieron,  é  mariposas,  é  tortugas  muy 
grandes. 

Viniendo  de  vuelta,  después  que  ovieron  pasado 
las  casas  del  cacique  susodicho  una  jornada,  un  día 
antes  que  el  sol  saliese,  vieron  venir  de  mar  en  fue- 
ra al  camino  de  la  tierra  mas  de  un  cuento  y  medio 


E  DOÑA  ISABEL.  675 

de  cuervos  marinos  todos  juntos,  é  lo  ovieron  por 
maravilla  tanta  multitud  de  cuervos;  y  el  día  si- 
guiente vinieron  á  los  navios  tantas  mariposas,  que 
escurecían  el  aire  del  cielo  y  duraron  así  hasta  la 
noche,  que  las  destruyó  una  grande  agua  que  llo- 
vía ,  y  truenos  con  ella ;  también  desde  donde  deja- 
ron la  tierra  donde  decían  que  estaba  el  Rey  Santo 
para  ir  al  Teroneso  á  quien  de  San  Juan  Evanjelis- 
ta  pusieron  el  nombre,  bien  que  en  todo  el  viaje 
vieron  que  habia  muchas  tortugas  é  muy  grandes; 
empero  muchas  mas  vieron  en  estas  veinte  leguas, 
cá  la  mar  era  toda  cuajada  de  ellas  y  muy  grandí- 
simas ,  é  tantas  que  parecía  que  los  navios  se  que- 
rían encallar  en  ellas ,  y  así  rujian  entre  ellas.  Tié- 
nenlas  los  indios  en  gran  precio  y  por  muy  buen 
manjar,  y  sanas  y  sabrosas. 

CAPÍTULO  CXXX. 

De  la  provincia  de  Omopliay  é  de  donde  el  Almirante  flzo  decir 
misa ,  é  del  recibimiento  que  el  cacique  de  aquella  tierra  le  fizo. 

Partieron  de  allí  é  navegaron  por  un  brazo  de 
mar  blanco,  como  lo  es  todo  lo  otro  de  por  allí,  y 
muy  poco  hondo ,  y  andadas  pocas  leguas  llegaron 
al  cabo  de  las  muchas  islas  donde  habían  surjido  la 
primera  vez  en  la  mar  blanca,  que  fué  maravilla  de 
nuestro  Señor  acertar  á  venir  allí  y  milagro ,  mas 
que  no  por  saber  ni  injenio  del  hombre.  Dende  vi- 
nieron fasta  la  provincia  de  Ornophay  con  no  me- 
nos peligro  del  pasado,  é  allí  surjieron  en  un  río,  é 
fornecieron  los  navios  de  agua  é  lefia  para  navegar 
á  el  Austro  é  no  volver  por  donde  habían  ido,  é  de- 
jar el  Jardín  de  la  Reyna  á  la  mano  izquierda,  y 
así  vinieron ,  é  no  se  pudieron  escusar  de  comuni- 
car con  muchas  islas  que  hasta  estonce  no  habían 
visto.  Aquí,  como  es  dicho,  es  la  tierra  montañosa  y 
fértilísima,  y  gente  mansa  en  gran  manera,  y  muy 
abundosa  de  fi-utas,  y  de  viandas,  que  de  todos  les 
dieron  muy  gran  parte,  é  eran  frutas  suavísimas  y 
aromáticas ;  allí  les  trujeron  infinitas  aves,  papaga- 
yos, y  de  otras  aves,  é  las  mas  de  ellas  eran  palo- 
mas y  muy  grandes ,  y  tan  sabrosas  como  perdices 
de  acá  de  Castilla,  y  tenian  el  papo  lleno  de  flores, 
que  olían  mas  que  azahar  de  los  naranjos ;  allí  hizo 
el  Almirante  decir  misa,  hizo  plantar  una  cruz  de 
un  gran  madero ,  así  como  acostumbraba  facer  en 
todos  los  otros  cabos  donde  llegaban  y  le  parecía 
que  convenia ;  era  Domingo  cuando  al  Almirante 
dijeron  misa,  y  él  descindió  en  tierra,  y  el  Cacique 
de  allí  era  hombre  muy  honrado,  y  Señor  de  mucha 
gente  é  familia ,  cuando  vido  al  Almirante  descen- 
dido de  la  barca  en  tierra ,  le  tomó  de  la  mano ,  y 
otro  indio  de  mas  de  ochenta  años  que  venia  con  él 
le  tomó  de  la  otra  mano  haciéndole  mucha  fiesta ,  y 
traía  aquel  viejo  un  ramal  de  qüentas  de  piedra 
mármol  al  pescuezo,  las  quales  tienen  ellos  allá  en 
gran  precio ,  un  cestillo  de  manzanas  en  la  mano, 
las  quales  luego  dio  al  Almirante  ansí  como  díscin- 
dió  de  la  barca  en  presente ;  y  el  Cacique ,  y  el  viejo 
y  los  otros  andaban  desnudos  como  nacieron  sin 
ningún  empacho ,  así  como  andan  en  todas  las  otra 


676 


CRÓNICA  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


partes  de  la  tierra  descubierta  por  el  Almirante  Co- 
lon ;  y  ansí  por  las  manos  fueron  y  todos  los  otros 
indios  en  pos  de  ellos  fasta  donde  el  Almirante  fué 
á  facer  su  oración  y  oir  misa  adonde  habia  manda- 
do aparejar  para  ello,  y  después  que  el  Almirante 
acabó  su  oración  ,  el  viejo  indio  con  muy  buen  sem- 
blante y  osadía  fizo  allí  razonamiento  y  dijo  que  él 
habia  sabido  como  el  Almirante  corría  y  buscaba 
todas  las  islas  y  tierra  firme  de  aquellas  partes ,  y 
que  supiesen  que  allí  estaban  en  la  tierra  firme  de 
allá ,  y  dijo  al  Almirante  que  no  tomase  vanagloria, 
puesto  caso  que  toda  la  gente  le  oviese  miedo ,  por- 
que él  era  mortal  como  los  otros  hombres,  y  comen- 
zó por  palabras  y  señas  figurando  en  su  persona  como 
todos  los  hombres  nacieron  desnudos  y  tenían  alma 
inmortal ,  y  que  del  mal  de  cada  miembro  el  ánima 
•era  la  que  se  dolía  y  que  al  tiempo  de  la  muerte  del 
desprendimiento  del  cuerpo  sentia  muy  gran  pena, 
y  que  iban  al  Rey  del  Cielo,  ó  en  el  abismo  de  la 
tierra,  según  el  bien  ó  mal  que  habían  fecho  ó  obra- 
do en  el  mundo ;  y  porque  él  conoció  del  Almirante 
que  habia  placer  de  lo  oír,  él  se  alargaba  mas  en  el 
razonamiento  con  tales  señas  que  todo  lo  entendía 
el  Almirante ;  y  el  Almirante  le  respondió  por  in- 
tercesión del  indio  intérprete  que  traía,  que  habia 
venido  á  Castilla ,  el  qual  entendía  bien  la  lengua 
castellana  y  la  pronunciaba ,  y  era  muy  buen  hom- 
bre y  de  muy  buen  injenio;  y  respondió  que  él  no 
habia  fecho  á  persona  ninguna  mal,  ni  era  venido 
por  facer  mal  á  los  buenos,  salvo  á  los  malos,  y  que 
antes  facía  bienes  y  mercedes  á  los  buenos  y  mucha 
honra ,  y  que  esto  era  lo  que  los  Señores  suyos  el 
Rey  Don  Fernando  y  la  Reyna  Doña  Isabel ,  muy 
grandes  Reyes  de  España,  le  habían  mandado,  y  el 
indio  respondió,  muy  maravillado  al  intérprete,  di- 
ciendo :  «  ¿  cómo,  este  Almirante  tieno  otro  Señor  á 
quien  obedece?»  Y  el  intérprete  indio  di  jo :  «al  Rey 
y  á  la  Reyna  de  Castilla,  que  son  los  mayores  Se- 
ñores del  mundo» ;  y  de  aquí  les  contó  al  Cacique  y 
al  viejo ,  y  á  todos  los  otros  indios  las  cosas  que  él 
habia  visto  en  Castilla  y  las  maravillas  de  España, 
y  de  las  grandes  ciudades  y  fortalezas,  é  iglesias,  y 
gentes ,  y  caballos ,  y  alimañas ,  y  de  la  grande  no- 
bleza y  riqueza  de  los  Reyes  y  grandes  señores ,  y 
de  los  mantenimientos,  y  de  las  fiestas  y  justas  que 
habia  visto,  y  del  correr  de  los  toros,  y  de  las  guer- 
ras lo  que  habia  sabido,  y  todo  se  lo  recontó  muy 
bien  y  en  forma  que  el  viejo  y  los  demás  se  goza- 
ron y  holgaron  mucho  por  lo  saber  ;  é  lo  comunica- 
ban los  unos  á  los  otros ;  é  el  viejo  dijo  que  él  que- 
ría venir  á  ver  tales  cosas,  é  se  determinaba  de  se 
venir  con  el  Almirante ,  salvo  por  impedimento  de 
su  mujer  é  fijos  que  lloraban,  y  por  esto  por  piedad 
de  ellos  lo  dejó  con  mucha  pena,  y  el  Almirante 
tomó  otro  mancebo  allí ,  que  trujo  sin  escándalo  de 
la  tierra,  el  qual  con  el  otro  Cacique  que  traía,  que 
habia  tomado ,  envió  á  el  Rey  y  á  la  Reyna,  después 
de  él  venido  del  viaje  á  la  Española. 

Todas  aquellas  gentes  isleñas  y  de  la  tierra  firme 
de  allá,  aunque  parecen  bestiales  y  andan  desnudos, 
según  el  Almirante  y  los  que  con  él  fueron  este  yia- 


je,  les  parecieron  ser  bien  razonables  y  de  agudos 
injenios,  los  quales  todos  huelgan  mucho  de  saber 
cosas  nuevas,  como  hacen  acá  los  hombres  que  de- 
sean saber  todas  las  cosas,  que  aquello  no  nace  sino 
de  viveza  y  agudo  injenio,  y  son  aquellas  gentes 
muy  obedientes  y  muy  leales  á  sus  Caciques,  que 
son  sus  Reyes  é  señores,  é  los  tienen  en  muy  grau 
quenta  é  honra;  é  luego  donde  quiera  que  las  cara- 
belas llegaban  hacían  saber  cualesquier  indios  que 
allí  estuviesen  el  nombre  de  su  Cacique,  y  pregun- 
taban por  el  nombre  del  Cacique  de  las  carabelas 
para  replicarlo  entre  ellos,  y  el  uno  con  el  otro  lo 
replicaban  porque  no  se  les  olvidase,  y  después  pre- 
guntaban cómo  llamaban  á  los  navios,  y  si  venían 
del  Cielo,  ó  donde  venían,  y  aunque  les  decían  que 
era  gente  de  Castilla,  ellos  pensaban  que  Castilla 
era  en  el  Cielo,  porque  ellos  no  tienen  ningunas  le- 
tras, ni  saben  de  leyes,  ni  de  historias,  ni  saben  qué 
cosa  es  leer,  ni  leyenda,  ni  escríptura,  y  por  esto  es- 
tán tan  ignorantes;  é  ellos  dicen  que  los  de  Magou 
andan  vestidos  porque  tienen  rabo,  por  cobijar  aque- 
lla fealdad,  é  tienen  por  injuria  entre  ellos  andar 
vestidos,  como  dicho  es.  La  tierra  es  tan  fértil  en  lo 
que  se  puede  conocer  por  todas  aquellas  islas  y  tierra 
de  aquellas  mares ,  que  aunque  fuesen  muchas  mas 
gentes  y  fuesen  cien  veces  otros  tantos  les  sobra- 
rían los  mantenimientos.  Bien  puede  haber  en  la 
tierra  á  dentro  otros  regimientos  é  otras  diferiencias 
é  modos  de  gentes  é  cosas  extrañas,  que  no  puede 
ser  menos,  las  quales  de  este  viaje  no  se  pudieron 
ver  ni  saber.  Despidióse  el  Almirante  de  aquel  Ca- 
cique, y  de  aquel  viejo  honrado,  su  privado  ó  pa- 
riente, de  Ornophay,  é  con  mucha  amistanza  ó  cou 
muchas  obligaciones. 

CAPÍTULO  CXXXI. 

De  como  el  Almirante  se  partió  de  allí;  é  de  lo  que  anduvo,  é  de 
cuantas  leguas  puede  andar  una  carabela,  y  de  como  aportaron 
á  una  isla  de  muchas  poblaciones,  é  del  Cacique  que  se  metió 
con  su  muger  é  su  casa  en  la  carabela  para  venir  con  el  Almi- 
rante; é  de  como  volvió  á  la  Española;  y  del  fin  de  esta  escríp- 
tura, é  de  la  muerte  del  dicho  Almirante. 

Partió  el  Almirante  de  la  provincia  de  Ornophay 
del  Rio  de  las  Misas  á  que  puso  nombre,  navegaron 
al  Austro  para  dejar  el  Jardín  de  la  Reyna,  que  eran 
muchas  islas  verdes  y  hermosas,  á  la  mano  izquier- 
da, por  el  peligro  de  navegar  que  primero  á  la  ida 
habían  pasado,  vinieron  á  tener  á  la  provincia  de 
Macaca  por  causa  de  los  vientos  que  le  resistieron, 
y  allí  en  toda  la  provincia  los  recibieron  muy  bien, 
y  allí  en  un  golfo  muy  grande,  á  donde  puso  el  Al- 
mirante Buen- tiempo  por  nombre;  allí  navegaron  al 
Poniente  hasta  que  llegaron  al  cabo  de  la  isla,  y 
dende  al  Austro,  hasta  que  llegaron  á  la  tierra  Bo- 
jía  al  Oriente,  y  ansí  al  cabo  de  ciertos  días  llegaron 
al  monte  Chrístalíno,  y  de  allí  á  la  punta  del  Farol, 
y  á  la  Baja,  que  es  mas  al  Levante  once  leguas, 
á  donde  hace  fin  la  isla  sobredicha;  allí  ovierou 
ciertos  días  de  vientos  contrarios.  Los  marineroa. 
tienen  que  el  común  navegar  de  una  carabela  en 
un  día  son  doscientas  millas  de  qnatro  e»  legua, 


DON  FERNANDO 
que  son  en  un  día  natural  cinqüenta  leguas,  en  un 
dia  grande  setenta  é  dos  leguas,  destas  les  acaecie- 
ron al  Almirante  y  á  su  gente  en  este  viaje  hartas 
jomadas,  según  ellos  contaban,  y  escribió  el  Almi- 
rante en  el  libro  que  de  ello  hizo,  y  no  parezca  ma- 
ravilla que  navegando  se  pueda  arbitrar  el  camino 
en  cierto,  mas  antes  se  prueba  por  muy  verdadero; 
porque  muchas  veces  se  vuelve  el  navio  á  la  isla 
otra  de  donde  salió,  y  no  con  el  mesmo  tiempo  y 
viento,  salvo  con  el  contrario  y  adverso;  aquí  con- 
siste el  saber  del  maestro  y  el  remediarse  al  tiempo 
de  la  tormenta:  nin  se  tiene  por  buen  piloto  ó  maes- 
tro aquel  que  aunque  haya  de  pasar  de  una  tierra  á 
otra  muy  lejos  sin  ver  señal  de  otra  tierra  alguna, 
que  yerre  diez  leguas,  aunque  el  tránsito  sea  de  mil 
leguas,  salvo  si  la  fuerza  de  la  tormenta  le  fuerza  é 
priva  de  usar  del  injenio;  ansí  que  navegando  ellos 
á  la  partida  del  Austro,  fueron  á  surjir  una  tarde  á 
una  bahía  adonde  allí  en  aquella  comarca  habia 
muchas  poblaciones,  y  vino  un  Cacique  de  una  muy 
grande  población,  que  está  en  un  alto,  á  los  navios, 
y  trujóles  muy  buen  refresco,  y  el  Almirante  les  dio 
á  él  y  á  los  suyos  de  las  cosas  que  él  tenia  é  les 
agradaban,  é  el  Cacique  preguntó  de  dónde  venían, 
é  cómo  llamaban  al  Almirante,  y  el  Almirante  res- 
pondió que  él  era  vasallo  de  los  altos  y  esclarecidos 
Keyes  el  Rey  y  Rey  na  de  Castilla,  sus  Señores,  los 
quales  le  habían  enviado  en  aquellas  partes  á  saber 
y  descubrir  aquellas  tierras  y  honrar  mucho  á  los 
buenos  y  destruir  á  los  malos,  y  esto  fué  por  inter- 
cesión del  indio  intérprete  que  fablaba,  de  lo  qual 
el  dicho  Cacique  se  holgó  mucho,  y  preguntó  muy 
por  extenso  al  indio  de  las  cosas  de  acá,  y  él  se  las 
contó  mucho  por  extenso,  de  lo  qual  el  Cacique  y 
los  otros  indios  muy  maravillados  se  holgaron  mu- 
cho, y  estuvieron  allí  hasta  la  noche,  é  se  despidie- 
ron del  Almirante;  y  otro  dia  partió  el  Almirante 
de  allí  y  ya  que  iba  á  la  vela  con  poco  viento,  vino 
el  Cacique  con  tres  canoas  y  alcanzó  al  Almirante, 
el  qual  venia  tan  concertado  que  no  es  dejar  de  es- 
cribir la  forma  de  su  estado;  la  una  de  las  canoas 
era  muy  grande  como  una  grande  fusta  y  muy  pin- 
tada; allí  venia  su  persona  é  la  mujer  é  dos  fijas,  la 
una  de  fasta  diez  y  ocho  años,  muy  fermosa,  des- 
nuda del  todo  como  allá  acostumbran ,  muy  hones- 
ta, la  otra  era  menor,  y  dos  niños  muchachos  sus 
íijos ,  y  cinco  hermanos,  y  otros  criados,  y  los  otros 
todos  debían  de  ser  sus  criados  y  vasallos ;  traía  él 
en  su  canoa  á  un  hombre  como  alférez,  éste  solo 
venia  en  pié  á  la  proa  de  la  canoa  con  un  sayo  de 
plumas  coloradas,  de  hechura  de  cota  de  armas,  y 
en  la  cabeza  traía  un  grande  plumaje  que  parecía 
muy  bien,  y  traía  en  la  mano  una  bandera  blanca 
eín  señal  alguna;  dos  ó  tres  hombres  venían  con  las 
caras  pintadas  de  colores  de  una  mesma  manera,  y 
cada  uno  traía  en  la  cabeza  un  gran  plumaje  de  he- 
chura de  zelada,  y  en  la  frente  una  tableta  redonda 
tan  grande  como  un  plato,  y  pintadas  así  la  una 
como  la  otra  de  una  misma  obra  y  color,  que  no 
habia  diferencia,  ansí  como  en  los  plumajes,  é  traían 
?8to8  en  la  mano  un  juguete  con  que  tañían ;  había 


É  DO^A  ISABEL.  67Í 

otros  dos  hombres  ausí  pintados  en  otra  forma;  es- 
tos traían  dos  trompetas  de  palo  muy  labradas  de 
pájaros  y  otras  sutilezas;  el  leño  de  que  eran  era  muy 
negro,  fino,  cada  uno  de  estos  traía  un  muy  lindo 
sombrero  de  plumas  verdes  muy  espesas,  de  muy 
Botil  obra;  otros  seis  traían  sombreros  de  pluma» 
blancas,  y  venían  todos  juntos  en  guarda  de  las  co- 
sas del  Cacique.  El  Cacique  traía  al  pescuezo  una 
joya  de  arambre  de  una  isla,  que  es  en  aquella  co- 
marca que  se  llama  Guaíiique,  es  muy  fino,  y  tanto 
que  parece  oro  de  ocho  quilates,  era  de  hechura  de 
uña  flor  de  lis,  tamaña  como  un  plato,  traíala  al 
pescuezo  con  un  sartal  de  quentas  gordas  de  piedra 
mármol,  que  también  tienen  ellos  allá  en  muy  gran 
precio,  y  en  la  cabeza  traía  una  gran  guirnalda  d© 
piedras  menudas  verdes  y  coloradas  puestas  en  or- 
den, y  entremedias  algunas  blancas  mayores,  á  don- 
de bien  parecían,  y  traia  mas  una  joya  grande  col- 
gada sobre  la  frente,  y  á  las"  orejas  le  colgaban  dos 
grandes  tabletas  de  oro  con  unas  sartitas  de  cuentas 
verdes  muy  menudas;  traia  un  cinto,  aunque  anda- 
ba desnudo,  ceñido  de  la  misma  obra  de  la  guirnal- 
da, y  todo  lo  otro  del  cuerpo  descubierto;  y  así  mis- 
mo su  mujer  venia  adornada,  desnuda,  descubiertai 
salvo  un  solo  lugar  de  su  miembro,  que  de  una  co- 
BÍlla  no  mayor  que  una  hoja  de  naranjo  do  algodón 
traía  tapado;  traia  en  los  brazos  debajo  del  sobaco 
un  bulto  de  algodón  hecho  como  los  brahones  de 
los  jubones  antiguos  de  los  franceses,  traia  otros  dos 
como  aquellos  y  mas  grandes  en  cada  pierna  el  suyo 
como  ahorcas ,  también  de  algodón,  abajo  de  las  ro- 
dillas; la  hija  mayor  y  mas  hermosa  toda  andaba 
desnuda,  un  solo  cordón  de  piedras  muy  negras  y 
muy  menudas  solamente  traía  ceñido  del  qual  col- 
gaba una  cosa  de  hechura  de  hoja  de  yedra  de  pie- 
dras verdes  y  coloradas  pegadas  sobre  algodón  te- 
jido; la  canoa  grande  venia  entre  las  dos,  y  mas  con 
una  poca  de  ventaja  adelante,  y  luego  como  llegó 
este  Cacique  á  bordo  del  navio  comenzó  de  dar  á 
los  maestros  y  gente  cosas  de  su  comarca.  Era  de 
mañana  y  el  Almirante  estaba  rezando,  y  no  vído 
tan  ahina  las  dádivas  y  determinación  de  la  venida 
de  este  Cacique,  el  qual  luego  entró  en  la  carabela 
con  toda  su  gente,  y  quando  el  Almirante  salió  ya 
tenia  enviados  los  vasallos  que  volviesen  las  canoas 
á  tierra,  y  iban  ya  lejos,  y  luego  vído  al  Almirante 
se  fué  á  él  con  cara  muy  alegre,  diciendo:  «Amigo, 
yo  tengo  determinado  dejar  la  tierra  y  irme  contigo 
y  ver  al  Rey  y  á  la  Reyna  y  al  Príncipe  su  hijo,  los 
mayores  Señores  del  mundo,  los  quales  tienen  tanto 
poder  que  han  sojuzgado  acá  tantas  tierras  por  tí, 
que  los  obedeces  y  vas  por  su  mandado  todo  este 
mundo  sojuzgando,  como  he  sabido  de  estos  indios 
que  contigo  traes,  y  que  en  todo  cabo  están  las  gen- 
tes de  tí  tan  temerosos  que  es  maravilla,  y  á  los  ca- 
ribes, que  es  gente  innumerable  y  muy  brava,  les 
has  destruido  las  canoas  é  casas  é  tomado  las  mu- 
jeres é  fijos,  é  muerto  de  ellos  los  que  no  huían.  Yo 
sé  que  en  todas  las  islas  de  esta  comarca,  que  es  in- 
finito número  de  gente  y  gran  mundo,  te  temen  y 
han  gran  miedo,  y  les  puedes  facer  mucho  mal  é 


678 

daño  si  no  obedecen  al  gran  Rey  de  Castilla,  tu  Se- 
ñor, pues  ya  conoces  las  gentes  de  estas  islas  y  su 
flaqueza  y  sabes  la  tierra ;  pues  antes  que  rae  tomes 
mis  tierras  y  señoríos,  yo  me  quiero  ir  contigo  con 
mi  casa  en  tus  navios  á  ver  los  grandes  Rey  y  Rey- 
na  tus  Señores  y  á  ver  la  tierra  mas  abundosa  y  rica 
del  mundo,  donde  ellos  están,  y  á  ver  las  maravillas 
de  Castilla,  que  son  muchas,  según  tu  indio  me  ha 
dicho.»  Y  el  Almirante,  habiendo  compasión  de  él 
y  de  su  fija,  y  de  sus  hijos  y  de  su  mujer,  se  lo  es- 
torbó viendo  su  inocencia  y  sana  voluntad,  y  dijo, 
que  él  lo  recibía  por  vasallo  del  Rey  de  España  y 
de  la  Reyna ,  y  que  por  entonces  se  quedase ,  que 
aun  le  faltaba  mucho  por  descubrir,  y  que  tiempo 
habria  de  otra  vuelta  para  cumplir  su  deseo,  é  ficie- 
ron  amistad,  é  así  se  ovo  de  quedar  con  su  gente  é 
casa. 

El  Almirante  navegó  dende  al  Austro  y  al  Orien- 
te por  aquellas  mares,  entre  otras  islas  pobladas  de 
aquellas  mesmas  gentes  desnudas ,  según  escribió 
dello  el  Almirante ,  de  las  quales  por  no  hacer  tan 
larga  escriptura  dejo  de  escribir,  y  basta  esto,  por- 
que toda  la  gente  era  como  la  susodicha.  Cuando 
volvió  para  la  Española  de  donde  habia  partido,  vino 
á  salir  por  entre  las  islas  de  los  Caribes  f acia  por 
donde  habia  ido  el  segundo  viaje.  Ya  no  hacían 
cuenta  de  él  en  la  Española  ni  de  sus  navios,  sino 
que  pensaban  que  él  fuese  perdido,  y  en  Castilla  así 
mismo  lo  tenían,  que  habían  escrito  de  la  Española 
como  no  parecía  tanto  tiempo  había  ;  alegráronse 
con  su  venida  los  que  lo  bien  querían,  y  por  la  con- 
tra otros  que  le  non  tenían  voluntad  les  pesó,  por- 
que no  les  dejó  aprovechar  á  ninguno,  ni  resgatar 
cosa  alguna,  salvo  todo  para  el  Rey  y  Reyna,  por- 
que había  muy  grandes  gastos  hechos  en  la  deman- 
da, y  habia  muy  grandes  murmuraciones  contra  él. 
No  halló  cojido  oro,  ni  hubo  quien  procurase  de  lo 
haber,  ni  quien  lo  supiese  ni  osase  buscar  por  temor 
de  los  indios,  mientras  él  fué  en  el  dicho  viaje.  Des- 
que fué  venido,  luego  puso  en  obra  de  haber  lo  mas 
que  pudo,  y  por  las  discordias  que  ovo  entre  ellos 
fizo  justicia  de  algunos  de  ellos  ,  y  otros  envió  pre- 
sos al  Rey  como  hemos  dicho  ;  los  gastos  eran  muy 
muchos,  los  provechos  eran  pocos  hasta  entonces, 
la  sospecha  que  no  habia  oro  era  muy  grande  ansí 
allá  como  acá  en  Castilla.  Ovieron  falta  de  man- 
tenimientos é  llegó  la  gente^á  estar  en  mucha  ne- 
cesidad y  necesidades,  lo  qual  remedió  de  acá  el 
Señor  Don  Juan  de  Fonseca,  Obispo  de  Badajoz  que 
fué ,  é  después  do  Córdoba ,  é  después  de  Falen- 
cia que  tenia  el  cargo  de  proveer.  Ovo  quien  fizo 
entender  al  Rey  y  á  la  Reyna  que  siempre  sería 
mas  ol  gasto  que  el  provecho ,  de  manera  que  en- 
viaron por  el  Almirante ,  y  vino  en  Castilla  en  el 
mes  de  Junio  de  1496  años,  vestido  de  unas  ro- 
pas de  color  de  hábito  de  fraile  de  San  Francisco, 
de  la  observancia,  y  en  la  hechura  poco  menos  que 
hábito,  é  un  cordón  de  San  Francisco  por  devoción, 
y  trujo  consigo  algunos  indios  que  antes  que  él  de 
allí  partiese  él  habia  prendido,  al  gran  Cacique 
Caonaboa,  é  á  un  su  hermano,  é  á  un  su  fijo  de  fas- 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


ta  diez  años,  no  en  pelea ,  salvo  desque  los  aseguró 
y  después  diz  que  dijo  que  los  traía  á  ver  al  Rey  y 
á  la  Reyna  para  después  volverles  en  eu  honra  y  es- 
tado. Traía  al  Caonaboa  y  aun  su  hermano  de  fasta 
3o  años,  á  quien  puso  por  nombre  Don  Diego  éá  un 
mozuelo  sobrino  suyo,  fijo  de  otro  hermano ,  y  mu- 
rióse el  Caonaboa  en  la  mar  ó  de  dolencia  ó  poco 
placer.  Traía  un  collar  de  oro  el  dicho  Don  Diego, 
hermano  del  dicho  Caonaboa  ,  que  le  facía  el  Almi- 
rante poner  cuando  entraba  por  las  ciudades  ó  lu- 
gares, hecho  de  eslabones  de  cadena,  que  pesaba 
seiscientos  castellanos,  el  qual  yo  vi  y  tuve  en  mis 
manos,  y  por  huéspedes  en  mi  casa  al  dicho  Señor 
Obispo,  é  al  Almirante,  é  al  dicho  Don  Diego.  Trujo 
estonce  el  Almirante  muchas  cosas  de  allá  de  las  del 
uso  de  los  indios,  coronas,  carátulas,  cintos,  collares 
y  otras  muchas  cosas  entretejidas  de  algodón,  y  en 
todas  figurado  el  diablo  en  figura  de  gato,  ó  de  cara 
de  lechuza,  ó  de  otras  peores  figuras,  de  ellas  enta- 
lladas en  madera,  de  ellas  hechas  de  bulto  del  mes- 
mo  algodón,  ó  de  lo  que  era  la  alhaja.  Trujo  unas 
coronas  con  unas  alas  y  en  ellas  unos  ojos  á  los  la- 
dos de  oro,  y  en  especial  traía  una  corona  que  de- 
cían que  era  del  Cacique  Caonaboa,  que  era  muy 
grande  y  alta,  y  tenía  á  los  lados  estando  tocada 
unas  alas  como  adarga  y  unos  ojos  de  oro  tamaños 
como  tazas  de  plata  de  medio  marco  ,  cada  uno  allí 
asentado,  como  esmaltado,  con  muy  sotil  y  extraña 
manera  y  allí  el  diablo  figurado  en  aquella  corona, 
y  créese  que  así  se  les  aparecía,  y  que  eran  idólatras 
y  tenían  al  diablo  por  señor.  Los  que  de  aquellos 
indios  que  trujo  vivieron  presentó  con  las  cosas  y 
oro  que  trujo  á  el  Rey  y  á  la  Reyna,  de  los  quales 
fué  muy  bien  recibido,  é  ovieron  mucho  placer  de 
ver  las  cosas  extrañas  é  de  saber  de  lo  descubierto; 
y  aunque  el  Almirante  tenia  hartos  contrarios,  quo 
no  lo  podían  tragar  por  ser  de  otra  nación  y  porque 
sojuzgaba  mucho  en  su  capitanía  é  cargo,  á  los  so- 
berbios y  adversos.  E  estuvo  esta  vez  el  Almirante 
en  la  corte  de  Castilla,  é  en  Aragón,  mas  de  un  año, 
que  con  las  guerras  de  Francia  no  le  podían  despa- 
char, é  después  ovo  licencia  y  flota,  y  despachos  de 
Sus  Altezas,  y  estando  él  en  la  corte  se  negoció  é 
concertó  é  se  dio  licencia  á  otros  muchos  capitanes 
que  la  procuraron  para  ir  á  descubrir,  é  fueron  é 
descubrieron  diversas  islas. 

Partió  el  Almirante  de  vuelta  á  las  Indias  en  fin 
del  mes  de  Agosto  del  año  de  1497  con  tres  carabe- 
las, y  atinó  hacia  ciertas  islas  donde  no  habia  lle- 
gado en  las  partes  del  Austro  en  par  de  las  islas  de 
los  Caribes,  y  descubrió  y  halló  la  isla  de  las  perlas 
y  no  quiso  que  resgatasen,  salvo  muy  poca  cosa  por 
de  muestra,  de  que  los  marineros  fueron  del  muy 
mal  contentos,  porque  les  habia  dicho  que  de  lo  que 
Dios  les  diese  é  echase  en  encuentro  en  aquel  viaje, 
que  partiría  con  ellos,  é  después  díjoles  que  el  Rey 
y  la  Reyna  lo  enviaban  á  descubrir  por  aquella  via, 
y  no  á  resgatar,  y  siguió  su  viaje  de  vuelta  á  la  Es- 
pañola, y  llegado  en  ella  dio  forma  en  las  minas  de 
oro  y  en  las  poblaciones,  donde  trabajó  muclio,  y 
halló  muy  grandes  minas  de  oro  como  él  creía  que 


DON  FERNANDO 
las  había,  y  lo  decia,  y  no  era  creído  de  muchos, 
así  caballeros  como  marineros  é  escuderos,  é  gente 
común,  que  hacían  burla  de  su  f ablar;  y  fechas  mi- 
nas y  dada  orden  muy  agudísima  en  el  buscar  el 
oro,  pasó  cerca  de  un  año,  que  no  pudo  hallar  la 
abundancia  de  él,  é  en  el  año  de  1499  comenzó  de 
hallar  la  abundancia  y  en  el  año  de  1500,  y  como 
Se  cojia  todo  en  nombre  del  Rey  y  de  la  Reyna, 
aunque  pagaban  algo  á  los  que  trabajaban  en  las 
minas,  como  el  Almirante  lo  recibía  y  adquiría 
todo,  había  muchas  murmuraciones  contra  él,  y  él 
se  engorró  y  tardó  de  enviar  el  oro  al  Rey  algo  mas 
de  lo  que  debía,  en  tal  manera  que  ovo  quien  escri- 
bió de  allá  ó  vino  acá  á  decir  á  el  Rey  y  á  la  Reyna 
que  encubría  el  oro,  y  que  se  quería  ensefiorear  de 
la  isla,  é  otros  que  la  quería  dar  á  genoveses,  é  otras 
muchas  cosas  de  lo  qual  lo  menos,  ó  ninguna  cosa 
se  debiera  creer  que  él  tal  hiciera,  y  el  Rey  man- 
dó un  gobernador  llamado  Fulano  de  Bobadilla,  á 
la  Española,  é  envió  por  el  Almirante,  el  qual  di- 
cho gobernador  se  lo  envió  en  ramo  de  preso  con  el 
oro  que  tenía ,  el  qual  aportó  á  Cádiz  en  el  verano 
del  año  de  1501,  y  presentado  al  Rey  con  el  oro  que 
trujo,  y  él  dado  su  descargo,  el  Rey  le  mandó,  que 
porquG  así  convenía  á  su  servicio,  que  no  entrase  ja- 
mas en  la  isla  Española,  y  por  los  servicios  que  ha- 
bía fecho  confirmóle  su  Almirantazgo  para  siempre 
con  sus  derechos  é  rentas,  é  que  andubiese  en  la  cor- 
te ó  estuviese  en  Castilla  donde  él  quisiese,  é  díjole 
que  en  esto  creyese  que  le  hacia  mucha  honra  y 
merced  y  que  le  quitaba  del  peligro  de  los  castella- 
nos, que  estaban  muy  indignados  contra  él,  y  que 
BÍ  allá  volviese  no  podría  escusar  el  alboroto  y  es- 
cándalo, que  sería  dar  á  los  indios  mal  ejemplo. 

El  Almirante,  vista  la  voluntad  del  Rey  y  de  la 
Reyna,  le  suplicó  á  Sus  Altezas,  le  diesen  licencia 
para  ir  á  descubrir  por  la  vía  del  Septentrión  el  cos- 
tado derecho  de  la  tierra  firme,  que  le  había  queda- 
do por  descubrir,  porque  aun  cuando  su  voluntad 
fué  el  ir  aquella  vía  cuando  desde  allá  fué  á  descu- 
brir la  tierra  firme,  lo  echó  por  la  otra  banda,  y  el 
Rey  le  dio  licencia,  y  fué  con  tres  navios  á  descubrir 
por  el  Septentrión,  y  ovo  en  el  viaje  muchos  sinies- 
tros y  afrentas  y  fortunas,  después  de  haber  pasado 
allende  de  la  Española,  que  halló  las  mares  muy 
bravas,  y  no  pudo  andar  tanto  cuanto  él  quisiera,  é 
aunque  descubrió  en  el  viaje  muchas  islas,  según  él 
escribió,  su  propósito  no  pudo  haber  el  efecto  que 
deseaba,  é  en  algunos  puertos  con  las  fortunas  es- 
tuvo retraído  algunas  distancias  de  tiempo,  que  le 
impidieron  el  descubrir,  y  del  mucho  navegar,  6  del 
mucho  trabajo,  ó  del  humor  de  aquellos  mares,  que 
de  tal  manera  pegan  en  los  navios,  se  les  comieron 
de  bruma,  y  maravillosamente  él  y  la  gente  esca- 
paron en  uno  á  una  isla  cerca  de  la  Española.  El 
navio  iba  también  muy  perdido,  donde  por  vía  de 
indios  el  gobernador  supo  del,  y  enviaron  por  él,  y 
lo  trujeron  con  la  gente  que  habia  ido  con  él  á  la 
Española,  é  dende  lo  envió  en  Castilla,  y  lo  trujo 
Diego  Rodríguez  Cómitre,  vecino  de  Triana,  el  año 
do  150áj  á  c§,r9a  dp  Navidad,  el  qual  dicho  Almi- 


É  DOÑA  ISABEL.  6ͧ 

rante  Don  Christobal  Colon,  de  maravillosa  y  hon- 
rada memoria,  natural  de  la  provincia  de  Geno- 
va (1),  estando  en  Valladolid  el  año  de  1506,  en 
el  mes  de  Mayo,  murió  in  senectute  bona,  inventor 
de  las  Indias,  de  edad  de  70  años  poco  mas  ó  me- 
nos. Nuestro  Señor  lo  ponga  en  gloria.  Amen. 

DEO  GRATIAS. 

Por  ahora  no  quiero  escribir  mas  del  descubrir  de 
las  Indias,  pues  á  todos  es  notorio,  y  hay  otros  mu- 
chos que  lo  descubren,  y  sábenlo  escribir,  y  recuen- 
tan lo  que  ven  por  toda  España.  Sucedióle  su  ma- 
yor hijo  en  el  Almirantazgo  é  rentas  é  honras  quo 
él  por  su  trabajo,  é  industria  é  buena  ventura  ganó 
en  la  buena  ventura  é  buena  dicha  del  Rey  y  de  la 
Reyna  que  para  ello  le  aparejaron  y  dieron. 

CAPÍTULO  CXXXII. 

De  la  isla  de  la  Palma  en  Canarias. 

En  el  nombre  de  Dios :  aunque  sepáis  muy  breve 
la  toma  de  la  isla  de  la  Palma,  porque  esplicada- 
meute  no  lo  supe,  me  pareció  no  ser  cosa  para  dejalla 
de  escribir,  pues  no  hay  memoria  nin  escriptura  quo 
de  infieles  é  gente  bestial  la  viese  quitada,  nin  se- 
ñoreada pacífica  de  otra  nación,  fasta  el  tiempo  de 
la  buena  ventura  del  Rey  Don  Fernando  y  de  la 
Reyna  Doña  Isabel;  fué  de  esta  manera:  Alonso 
de  Lugo,  caballero  ciudadano  de  la  ciudad  de  Se- 
villa, de  noble  generación,  hombre  pacífico  y  do 
muy  buena  condición  y  sana  conciencia,  agudo  y 
de  buen  corazón,  é  injenio,  cuidadoso  de  ganar 
honra,  é  de  servir  á  Dios  y  á  Sus  Altezas  del  Rey 
é  de  la  Reyna,  en  conquistar  las  gentes  bárbaras 
é  idóilatras,  ignorantes  y  enemigas  de  la  fé  cathó- 
lica;  este  fué  un  capitán  con  Pedro  de  Vera,  el 
gobernador,  en  ganar  la  isla  de  la  Gran  Canaria, 
como  atrás  dicho  es.  Este  ovo  heredamiento  allí 
en  Gran  Canarias,  y  quedóse  allí  viviendo,  y  quan* 
do  vido  tiempo  convenible  demandó  á  el  Rey  y 
á  la  Reyna  la  conquista  de  la  isla  de  la  Palma, 
que  es  una  de  las  siete  islas  de  Canarias,  la  qual 
tomó  y  se  obligó  con  la  ayuda  de  Dios  de  la  con- 
quistar y  ganar  á  su  costa  y  expensas,  con  con- 
dición que  las  cabalgadas  y  despojos  que  dello 
oviese  fuesen  para  él,  para  el  gasto  de  la  gente; 
y  conquistóla  el  año  de  1493  años,  é  ovo  de  ella 
la  victoria,  é  ganóla,  ó  ovo  de  cabalgada  é  des- 
pojos mil  é  ducientas  ánimas  varones  é  mujeres, 
chicos  y  grandes,  é  veinte  mil  cabezas  de  ganados 
cabnmo  é  ovejuno,  y  dio  la  isla  desempeñada  á 
Sus  Altezas.  Eran  las  gentes  de  esta  isla  todos  des- 
nudos, salvo  de  pellejos  de  cabras  se  cubrían  y 
aprovechaban  en  lugar  de  paños  é  de  lienzo;  al- 
canzaban asaz  mantenimientos  de  raíces  de  yer- 
bas y  de  granas,  y  con  leche  y  manteca  y  carne 
se  mantenían,  y  con  pescado. 

(Ij  El  texto  (le  Rodrigo  Caro  dice  «Miljin», 


680 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


CAPITULO  CXXXIII. 

Del  Haestradgo  de  Santiago. 

Murió  el  muy  honrado  caballero  é  muy  leal  á  la 
corona  real  el  Maestre  de  Santiago  Don  Alfonso  de 
Cárdenas,  en  la  villa  de  Llerena,  el  año  de  1493 
años,  de  su  muerte  natural,  en  el  mes  de  Julio,  in 
senectute  hona,  de  setenta  años,  6  poco  menos;  fué 
sepultado  allí  en  la  iglesia  del  Apóstol  Santiago;  el 
Señorío  pasó  al  Rey  é  á  la  Reyna,  del  qual  el  Papa 
Alejandro  VI  les  fizo  merced  por  sus  vidas,  en  ga- 
lardón de  los  trabajos  y  gastos  de  la  santa  guerra 
que  á  los  'moros  ficieron ;  y  así  ol  Rey  y  la  Reyna 
Bucedieron  en  el  Maestradgo  de  Santiago,  después 
de  haber  tomado  el  de  Calatrava. 

CAPÍTULO  CXXXIV. 
De  Tenerife,  isla  de  Canarias. 

Despuep  que  Alonso  de  Lugo  ovo  la  victoria  de 
la  isla  de  Palma,  demandó  al  Rey  y  á  la  Reyna  la 
conquista  de  la  isla  de  Tenerife ,  que  era  la  última 
y  setena  de  las  Canarias,  y  una  de  las  mejores,  y  la 
mayor  de  gentes,  que  en  ella  habia  infinitos  gana- 
dos y  de  cabras,  y  ovejas,  y  puercos,  y  muchas  gen- 
tes y  señoríos,  en  que  habia  nueve  grandes  señores 
6  capitanes  á  quien  ellos  llamaban. 

Esta  tierra  es  por  la  mayor  parto  fortísiraa  y 
3  muy  áspera  de  hollar,  de  sierras  y  cabezos,  y  en  ella 
hay  una  sierra  la  mas  alta  que  hay  en  todas  las 
islas  de  la, mar,  de  quien  los  naturales  de  España 
dan  noticia,  que  ella  descubre  por  la  mar  cinqüen- 
ta  leguas  ó  mas  ;  y  visto  por  Sus  Altezas  la  buena 
cuenta  que  de  sí  dio  en  la  conquista  de  la  Palma, 
cometiéronle  el  cargo  de  la  conquista  de  Tenerife, 
el  qual  fizo  su  armada  con  gente  de  Sevilla  y  desta 
Andalucía,  y  de  las  mismas  islas  de  Canaria  en  los 
navios  que  fueron  menester,  é  arribaron  en  Tenerife, 
é  tomaron  tierra,  é  comenzaron  de  hacer  la  guerra 
á  los  guauchos,  que  ansí  se  llamaba  aquella  nación 
de  gente  de  aquella  isla,  guanchez ,  y  ellos  respon- 
dieron que  querían  ser  christianos  y  libres,  y  no 
querían  guerra ,  y  que  los  dejasen  en  sus  casas  é 
sierras  por  vasallos  del  Rey  é  la  Reyna  de  Castilla, 
lo  qual  no  le  fué  acogido  por  muchas  causas;  lo 
primero  por  los  grandes  gastos  que  estaban  ya  he- 
chos de  las  gentes  que  sobre  ellos  iba ,  lo  segundo 
porque  ellos  habían  sido  requeridos  muchas  veces 
que  se  diesen  ál  Rey  y  á  la  Reyna  de  Castilla  y  que 
fuesen  christianos  y  libres,  y  no  habían  querido  ;  lo 
tercero  que  no  confiaban  en  ellos  aunque  se  diesen, 
y  siendo  ellos  naturales  y  señores  en  sus  tierras,  te- 
míase que  cada  que  quisiesen  se  podían  rebelar  y 
alzar,  por  ser  la  tierra  áspera;  y  por  otras  muchas 
razones  no  los  recibieron :  salvo  los  christianos,  con 
mucha  cobdicia  antes  de  haber  esclavos,  y  esclavas 
y  despojos,  que  no  por  servir  á  Dios,  que  así  se  de- 
cía que  en  la  hueste  no  hablaban  sino  de  las  ganan- 
cias que  de  allí  habían  de  haber :  les  cometieron  un 
día  después  de  haber  habido  algunas  divÍHiones  en- 


tre los  de  la  hueste ;  é  yendo  peleando  en  pos  de  lo9 
guanches!  por  una  sierra,  diéronse  á  flojura  los 
christianos  y  á  mal  recaudo,  y  los  guanchez  volvie- 
ron sobre  ellos  á  pedradas  muy  esforzadamente,  y 
los  christianos  con  su  mal  concierto  volvieron  hu- 
yendo malaventuradamente,  que  nunca  el  buen  ca- 
pitán Alonso  de  Lugo  se  lo  pudo  resistir ,  y  los 
guanchez  tomaron  tanto  esfuerzo  á  pelear  y  seguir 
en  pos  de  los  que  huían,  que  desbarataron  toda  la 
hueste  y  siguieron  el  alcance  hasta  la  mar,  y  allí 
de  ellos  se  metieron  en  los  navios,  y  de  ellos  se  ar- 
rojaron á  la  mar,  y  de  ellos  se  enrocaban  en  los  pe- 
ñascos, barrancos  y  veras  donde  bate  el  mar,  y  allí 
los  mataban,  y  de  ellos  ,  desque  crecía  la  mar,  los 
ahogaba;  ansí  que  murieron  de  los  christianos 
ochocientos  hombres  ó  poco  menos  ;  ansí  fué  aquel 
dia  la  pelea  malaventurada  para  los  christianos,  y 
los  que  escaparon  se  volvieron  con  los  navios  á  la 
Gran  Canaria,  é  dende  cada  nno  en  sus  tierras. 
Fué  este  gran  desconcierto ,  ó  por  los  pecados  de 
los  christianos  y  de  su  mala  codicia  ¡que  lleva- 
ban, ó  por  la  inobediencia  que  muchos  de  la  hues- 
te tuvieron  al  capitán  mayor  Alonso  de  Lugo,  el 
consejo  y  mandado  del  qual  muchos  no  quisieron 
tomar. 

Esto  así  fecho ,  creció  mucho  la  enemiga  en 
el  corazón  del  capitán  Alonso  de  Lugo  y  en  los 
corazones  de  sus  amigos  y  valedores  contra  los 
guanchez,  y  vino  en  Castilla  Alonso  de  Lugo,  y  de- 
mandó favor  al  Duque  do  Medina ,  Conde  de  Niebla 
Don  Juan  de  Guzman,  é  fizo  su  partido  con  él,  é  le 
dio  favor  é  ayuda  é  gente,  con  que  luego  el  siguien- 
te año  de  1495  volvió  con  gran  ilota  é  gente  sobre 
Tenerife  con  nobles  capitanes,  é  tomaron  tierra 
como  la  otra  vez,  é  con  mejor  orden  é  concierto  pe- 
learon con  los  guanchez  y  los  vencieron,  y  tomaron 
cautivos  chicos  é  grandes,  que  uno  no  quedó,  con 
todas  sus  haciendas  é  ganados,  y  ansí  ovieron  la  vic- 
toria de  la  isla  de  Tenerife,  é  la  metieron  en  el  se- 
ñorío de  Castilla,  del  Rey  y  de  la  Reyna ,  y  aquí  se 
acabó  la  conquista  de  las  islas  de  Canarias.  Nuestro 
Señor  Jesuchristo  sea  loado  por  siempre  jamás, 
Amen.  El  desbarato  de  los  christianos  que  en  ella 
ovieron  déla  primera  conquista  fué  en  el  año  de 

1494  en  el  mes  de  Abril.  La  toma  é  vencimiento 
que  ovieron  los  christianos  fueron  el  siguiente  de 

1495  años;  en  las  quales  guerras  y  tomas  el  dicho 
Alonso  de  Lugo  ganó  mucha  honra ,  y  riquezas  y 
título  que  le  dio  el  Rey  y  la  Reyna  de  Adelantado 
de  las  Canarias. 

CAPÍTULO  CXXXV. 

De  como  pusieron  defendimiento  sobre  las  muías  el  Rey  y  la  Rey- 
na porque  se  perdía  la  caballería  de  Espafta. 

En  el  año  de  1494,  habiendo  visto  el  Rey  y  la 
Reyna  que  do  todos  sus  Ileynos  de  Castilla  y  León 
para  la  guerra  de  los  moros,  á  duras  penas  podían 
llegar  diez  ó  doce  mil  hombres  de  á  caballo,  y  ha- 
bia mas  de  cien  mil  encabalgados  en  muías,  prove- 
yeron de  una  premática   con  muy  grandes  penas, 


DON  FERNANDO 
qne  ninguno,  ni  alguno  caballero,  Duque,  ni  Conde, 
ni  otra  dignidad,  escudero  ni  labrador  viejo  ni  mo- 
zo, no  fuese  osado  de  cabalgar  en  muía  enfrenada 
y  en  silla,  so  pena  de  que  se  la  matasen,  salvo  la 
clerecía  de  orden  sacra  y  las  mujeres.  Hicieron  al 
comienzo  tales  ejecuciones  sobre  ello  las  justicias 
del  Rey,  que  se  tuvo  y  mantuvo  en  tal  manera,  que 
Duques,  Condes  y  Marqueses  y  todos  los  otros  se- 
fiores  la  temieron  y  mantuvieron  todo  el  tiempo  que 
vivió  la  Reyna  Doña  Isabel,  como  si  en  la  quebran- 
tar oviesen  de  perder  la  vida,  y  deshízose  la  caba- 
llería de  las  muías  muy  presto,  é  valieron  muy  de 
valde,  echáronlas  á  el  uso  de  la  albarda,  y  del  tra- 
bajo de  arar,  moler,  carretas,  andar  en  harrias,  y  las 
muy  famosas  fueron  vendidas  fuera  de  los  Reynos; 
y  el  Rey  mesmo  dio  tal  ejemplo  en  esto,  que  jamás 
cabalgaba  en  muía,  salvo  siempre  á  caballo.  Algu- 
nos dijeron  que  esto  se  hizo  por  las  guerras  que  se 
esperaban  de  Francia,  porque  la  gente  se  encabal- 
gase á  caballos,  é  oviese  mas  gente  de  á  caballo. 
Dije  que  se  mantuvo  esta  premática  muy  bien  y 
muy  temidamente  fasta  que  la  Reina  Doña  Isabel 
falleció,  y  ansí  lo  dijo,  y  aun  se  tuvo  y  mantuvo 
hasta  la  venida  del  Rey  Don  Felipe  é  salida  del  Rey 
Don  Fernando ,  que  hasta  allí  ninguno  la  osó  que- 
brantar, salvo  desque  la  Reyna  falleció;  algunos  de 
los  Grandes  del  Andalucía,  que  por  sus  obras  pare- 
cía desamar  al  Rey  Don  Fernando,  la  quebrantaron 
luego  como  la  Reyna  falleció,  algunos  de  los  quales 
quisieron  luego  ver  vuelta  en  estos  Reynos ,  salvo 
que  Nuestro  Señor  lo  impidió,  y  en  los  comunes 
nunca  ovo  mudamiento,  por  la  gracia  y  querer  de 
Dios.  Como  comenzó  de  reynar  Don  Plielipe  luego  se 
quebrantó  y  cabalgaron  en  muías  todos  los  que  la 
pudieron  alcanzar  y  los  que  quisieron.  Esta  premá- 
tica y  otras  muy  provechosas  y  conformes  á  justi- 
cia y  &  la  pro  y  bien  del  Común  se  quebrantaron 
luego,  y  nunca  ovo  quien  lo  resistiese,  é  comenzó 
de  reynar  el  Rey  Don  Phelipe. 

CAPÍTULO  CXXXVI. 

Caándo  y  crtmo  el  Rey  Carlos  de  Francia  ,  fijo  del  Rey  Luis 
de  Francia,  entró  con  gran  poder  en  la  Italia. 

Este  Rey  de  Francia  fué  hombre  de  mediano 
cuerpo ,  é  feo  de  gesto  é  cuerpo,  é  de  mala  é  fea 
composición,  é  ansi  fueron  sus  fechos  :  no  recibía 
consejo  de  los  sabios  ni  de  los  antiguos ,  según  dé! 
Be  decia ,  antes  seguía  los  apetitos  de  su  voluntad. 
Era  llevado  en  adquirir ,  de  la  honra ,  y  grandes  se- 
ñoríos ;  placíanle  mucho  caballerías,  batallas,  gente 
de  guerra ;  no  creía  que  en  el  mundo  habia  su  par. 
Do  lijero  movimiento,  sin  pensar  muy  bien,  y  sin 
cotejar  la  victoria  y  honra  que  de  salir  de  sus  rey- 
nos  á  tan  lejanas  tierras  podría  alcanzar,  siendo 
vencedor,  con  la  mengua  y  gastos,  é  pérdidas,  é 
muertes  de  sus  gentes  que  le  podrían  venir,  siendo 
vencido ,  sin  tener  necesidad  de  justo  título,  salió 
de  Francia  en  el  mes  de  Septiembre  del  afio  de  1494 
años  con  quarenta  mil  hombres  de  guerra,  y  con 
muy  grandes  artillerías  por  tierra  y  mar,  con  inten- 


É  DOÑA  ISABEL.  681 

clon  de  tomar  para  sí  el  reyno  do  Nápolee,  é  por  so- 
juzgar la  Italia.  La  causa  é  primero  movimiento  de 
esta  guerra  fué  la  muerte  del  buen  Rey  Don  Fernan- 
do de  Ñapóles,  fijo  del  ínclito  y  muy  buen  Rey  y 
esforzado  Don  Alonso  de  Aragón  ;  que  como  murió 
le  subcedió  su  fijo  Don  Alonso,  Duque  de  Calabria; 
llamábanle  el  Garcho ,  por  lo  mal  señalado  de  ojos  ; 
el  qual  era  hombre  muy  mal  quisto  en  el  reyno,  y 
habíanle  muy  gran  miedo  todos  los  caballeros  de 
Ñapóles,  cá  era  muy  esforzado,  y  muy  osado  para 
lo  que  quería  facer  ;  el  qual  habia  mandado  matar 
é  mató  algunos  grandes  señores  del  reino ,  siendo 
Duque  de  Calabria,  especialmente  al  Príncipe  de 
Salerno  y  al  Príncipe  do  Bisiniano,  y  mató  de  un 
linaje  de  Ñápeles,  que  dicen  los  Garrafos,  que  son 
grandes  señores,  muchos,  y  comenzando  de  reynar 
publicóse  que  el  Papa  Alejandro  VI,  que  entonces 
tenia  la  silla,  le  envió  á  demandar  setenta  mil  du- 
cados de  oro  de  tributo  del  reyno  de  cada  un  año 
de  los  pasados,  que  se  debían  á  la  Iglesia  de  los 
años  del  tiempo  do  su  padre,  porque  diz  que  tanto 
tiene  la  Iglesia  Romana  sobre  aquel  reyno ;  y  él 
diz  que  no  respondió  bien  á  el  Papa,  ni  le  enten- 
dió pagar  tal  tributo,  salvo  como  lo  pagaban  los 
Reyes  antepasados,  que  íiaciau  pago  con  una  ha- 
canea  adornada,  que  presentaban  cada  año  al  Papa, 
con  lo  qual  se  contentaba  ;  y  como  aquellos  caba- 
lleros de  Ñapóles  tuviesen  muy  mala  voluntad  al 
Rey  Don  Alonso,  que  nuevamente  comenzaba  á rey- 
nar, no  queriendo  estender  la  cerviz  al  yugo,  y  fi- 
cieron  liga,  según  pareció  por  la  obra,  de  dar  el 
reyno  al  Rey  de  Francia,  y  antes  morir  ó  perder  sus 
estados,  que  no  sufrir  por  su  Rey  al  Duque  de  Ca- 
labria Don  Alonso  el  Garcho. 

Los  quales  caballeros  traidores  de  Ñapóles  fue- 
ron estos  :  el  Príncipe  de  Salerno,  el  Príncipe  de  Bi- 
Bíuiano,  el  Príncipe  de  Altamura,  el  Señor  Virjilio, 
capitán  mayor  de  todo  el  Reamen  de  Ñapóles,  yer- 
no del  mismo  Don  Alonso  de  una  su  hija  bastarda,  y 
otros  muchos.  De  algunos  de  estos  se  publicó  lue- 
go la  traición,  y  del  Señor  Virjilio  Ursino  no,  hasta 
que  después  lo  puso  por  obra.  Estos  y  |sus  secuaces 
se  fueron  é  enviaron  á  convidar  al  Rey  Carlos  de 
Francia  con  el  reyno  de  Ñapóles,  é  se  ficieron  sus 
vasallos,  é  le  suplicaron  que  viniese  á  tomar  el  rey- 
no  de  Ñapóles,  que  estaba  aparejado  para  se  le  dar. 
Algunos  dijeron  que  el  mismo  Papa  fué  consenti- 
dor en  este  mesmo  concierto ,  porque  el  Rey  Don 
Alonso  le  rebeló  el  tributo,  y  por  otros  enojos  que 
tenia  del  de  sinrazones  que  le  habia  fecho,  en  es- 
pecial que  diz  que  el  Papa  habia  comprado  del  Rey 
Don  Fernando  una  provincia  en  la  Pulla  plana  in 
finihus  Campamos,  que  son  doce  ó  trece  villas,  y  una 
ciudad  que  llaman  Trípoli,  y  estas  habían  sido  de 
los  Garrafos  que  habia  muerto  el  Rey  Don  Alonso 
siendo  Duque  de  Calabria  é  Príncipe  de  Ñapóles  en 
vida  de  su  padre ,  y  él  no  las  quiso  dar  al  Papa  ; 
por  esto  se  dijo  que  el  Papa  hizo  liga  con  los  caba- 
lleros de  la  Italia  contra  él,  y  que  él  fué  inprimis 
consentidor  que  viniese  á  Ñapóles  el  Rey  de  Bran- 
cia,  é  aun  se  dijo  que  le  envió  un  breve  para  que 


682 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


viniese,  y  después  de  visto  que  habia  sido  mal  con- 
Bejo  aquel,  le  envió  otro  breve  para  que  no  viniese 
ni  en  ninguna  manera  se  moviese  de  su  tierra  para 
Italia,  por  cuanto  si  al  camino  de  tal  viaje  se  me- 
tía no  se  podia  facer  sin  muy  gran  dafio  y  estrago 
así  del  Imperio  Eomano  como  de  su  gente  france- 
sa, y  amonestóle  y  requirióle  en  el  segundo  breve 
como  hijo  obediente  que  no  quisiese  tomar  el  tal 
camino,  y  el  Rey  de  Francia  echólo  en  disimula- 
ciones, y  echó  fama  que  queria  ir  contra  el  Turco, 
é  otros  decian  que  iba  á  conquistar  á  Jerusalen,  é 
no  dejó  por  eso  de  moverse  con  ios  quarenta  mil 
hombres  por  la  tierra  é  por  la  mar  con  su  armada, 
dejando  primero  hechas  las  amistades  y  hermanda- 
des con  el  invictísimo  Rey  Don  Fernando  de  España 
y  con  el  Rey  de  Inglaterra  y  con  los  grandes  seño- 
res sus  comarcanos.  Entró  por  la  Italia  con  su  gran 
poder,  y  el  Duque  de  Milán  le  fué  favorable  y  dio 
lugar  por  su  tierra.  Las  señorías  de  Genova ,  é  Flo- 
rencia, é  Pisa,  é  Luca,é  Sena,  todas  se  le  humillaron, 
y  dieron  lugar  que  pasase ,  é  mantenimientos  por 
BUS  dineros,  é  pasó  por  todas  estas  señorías,  y  acer- 
cándose á  Roma,  el  Papa  fué  muy  pesante  y  teme- 
roso de  su  ida. 

CAPÍTULO  CXXXVIL 

De  como  el  Rey  de  Francia  entró  en  Roma. 

El  Santo  Padre  Alejandro  VI,  viendo  que  el  Rey 
de  Francia  se  acercaba  á  Roma,  y  oyendo  los  es- 
tragos y  robos  que  la  gente  de  guerra  iba  haciendo, 
le  envió  á  decir  al  Rey  de  Francia ,  que  le  ficiese 
saber  dónde  iba,  ó  qué  queria  en  aquellas  tierras  de 
Roma  y  de  la  Santa  Iglesia.  El  Rey  de  Francia  le 
envió  á  decir,  que  él  iba  á  Roma,  primeramente  por 
le  besar  las  manos ,  y  que  allá  le  hablaría  á  su  vo- 
luntad, empero  que  su  partida  de  Francia  habia 
sido  á  tomar  el  reyno  de  Ñapóles,  que  era  suyo  y  le 
pertenecía ;  de  donde  después  que  lo  tuviese  con  la 
ayuda  de  Dios,  entendía  pasar  á  conquistar  á  Jeru- 
salen, é  la  Santa  Tierra  de  promisión,  y  que  para 
esto  suplicaba  á  Su  Santidad  que  le  dejase  pasar 
por  la  ciudad  de  Roma,  de  lo  qual  el  Papa  fué  muy 
mal  contento  y  dijo  que  lo  otorgaba,  con  intención 
y  condición  que  entrase  en  Roma  con  mil  hombres 
de  armas  y  quatro  mil  peones  y  no  mas,  y  este  con- 
cierto fué  entre  el  Rey  y  el  Papa ,  y  el  Rey  entró 
en  Roma  con  la  condición  dicha,  con  mil  hombres 
de  armas,  é  cuatro  mil  peones  arqueros  y  artille- 
ros, é  gente  de  guerra,  el  tercero  dia  de  la  Pasqua 
de  Navidad  ,  dia  de  San  Juan  Evanjelista,  tarde  á 
27  dias  del  mes  de  Diciembre,  tres  dias  andados  del 
año  del  Nacimiento  de  Nuestro  Redemptor  Jesu- 
christo  de  1495  años;  y  el  Papa  le  hizo  muy  solem- 
ne recibimiento,  cá  salió  con  toda  Roma  á  lo  reci- 
bir, é  el  mesmo  Papa  lo  recibió  en  las  gradas  de 
San  Pedro,  é  allí  se  vieron,  é  besó  el  Rey  el  pié  al 
Papa  dentro  de  la  iglesia  de  San  Pedro  ;  y  el  Papa 
le  hizo  muy  gran  fiesta,  y  dio  muchas  colaciones 
allí  dííhtro  en  San  Pedro ;  y  de  allí  el  Rey  se  fué  á 
aposentar  qon  aquella  gente  en  la  casa  de  San  Mar- 


co, donde  el  Papa  lo  mandó,  y  el  Papa  se  quedó 
allí  en  su  sacro  palacio.  La  otra  gente  habia  que- 
dado aquel  dia  media  jornada  de  la  ciudad,  con  con- 
dición que  no  habían  de  entrar  por  Roma ,  salvo 
que  so  pasasen  por  de  fuera ,  desque  llegasen  del 
Montefrasco  y  de  Viterbo,  donde  quedaban ;  y  lue- 
go otro  dia  de  los  no  merecientes,  llegó  toda  la  otra 
gente  francesa  de  guerra  é  lanzóse  en  Roma  á  po- 
sar del  Papa  é  común  romano ;  é  el  Rey  le  envió  á 
decir  al  Papa,  que  no  oviese  enojo,  é  estuviese  se- 
guro que  él  le  prometía  de  no  le  enojar,  nin  tomar, 
nin  demandar  cosa  alguna  de  lo  suyo  ni  de  la  Igle- 
sia, y  que  esto  lo  prometía  sobre  su  real  fee.  Y  en- 
trada la  multitud  de  gente  francesa  en  Roma ,  se 
aposentaron  en  campo  de  Flor,  en  lo  mejor  de  Ro- 
ma ;  á  pesar  de  los  vecinos  tomaban  las  posadas 
que  querían ,  y  sobre  el  aposentar  y  después  de 
aposentados  ficieron  muchos  robos  y  fuerzas  y 
muertes  de  hombres,  y  metieron  á  saco  mano  gran 
parte  de  la  Judería,  donde  habia  pasado  de  tres  mil 
vecinos  judíos,  y  forzaron  muchas  mujeres  de  to- 
das suertes,  casadas  y  doncellas;  y  los  romanos  por 
defender  sus  casas  peleaban  con  ellos,  y  también 
mataron  de  ellos,  en  que  murieron  de  una  parte  y 
de  otra,  mientras  allí  estuvieron,  mas  de  mil  hom- 
bres, según  se  decía ;  otros  decían  que  fueron  mu- 
chos mas.  El  Papa,  sabiendo  y  viendo  tan  grandes 
estragos,  y  robos,  é  fuerzas,  é  descortesías ,  ó  muer- 
tes que  los  franceses  hacían,  fué  muy  turbado,  y 
envió  á  suplicar  al  Rey  sobre  ello  lo  ficiese  enmen- 
dar; y  era  sospecha  entre  el  Papa  y  los  de  su  Con- 
sejo que  el  Rey  tenia  algún  mal  propósito ,  como 
después  pareció.  Pasaron  algunos  dias  ansí,  y  un 
Domingo  siguiente,  que  fueron  6  dias  de  Enero  del 
año  de  1495  el  Rey  descubrió  su  mal  propósito  del 
todo.  Envió  á  demandar  al  Papa  quatro  cosas ,  6 
mas  especial,  á  Civita-vieja ,  y  á  Terrachina,  dos 
fortalezas  de  Roma ,  é  al  Cardenal  Don  César,  hijo 
del  Papa ,  que  era  entonces  Cardenal  de  Valencia 
por  Legado,  y  al  fijo  del  Gran  Turco,  hermano  del 
Turco  Emperador,  Señor  de  Turquía  é  Constantino- 
pla,  que  el  Papa  tenia  preso  gran  tiempo  habia,  é 
porque  le  tuviese  á  buen  r^audo  é  no  le  soltase  le 
daba  el  Turco  su  hermano  cada  año  al  P^pa  seten- 
ta mil  ducados,  porque  se  temía  mucho  de  él,  que 
era  muy  varonil  é  belicosc  hombre,  que  si  se  sol- 
tase que  le  tomaría  el  imperio  y  señorío.  El  Papa, 
visto  su  propósito  del  Rey,  le  concedió  y  dio  todas 
estas  quatro  cosas,  por  le  contentar,  é  con  condi- 
ción que  otra  cosa  ninguna  non  le  demandase,  y  el 
Rey  se  lo  prometió  por  su  fee  Real,  de  no  le  de- 
mandar mas  cosa  alguna,  como  otra  vez  primero  lo 
habia  dicho ;  y  así  habido  esto,  elRey  estándose 
en  Roma,  prosiguió  su  dañado  propósito  y  mala  vo- 
luntad, y  envió  á  demandar  al  Papa  el  castillo  de 
Sanct  Angelo,  y  el  tesoro  de  la  Iglesia.  El  Papa  es- 
tonce envióle  por  embajador  al  Cardenal  Don  Ber- 
nardino  de  Carvajal,  castellano,  diciendo  que  se 
maravillaba  mucho  de  haberlo  prometido  por  su 
fee  Real  no  le  enojar  ni  demandar  cosa  alguna  do 
la  Iglesia,  y  habiéndole  dado  lo  que  fasta  allí  de- 


DON  FERNANDO 
mandó,  quería  ir  contra  la  Santa  Madre  Iglesia  y 
demandar  lo  que  era  imposible  darle ;  que  supiese 
por  cierto  que  él  no  le  podia  dar  en  ninguna  mane- 
ra el  castillo  de  Sanct  Angelo,  ni  menos  le  podia 
dar  thesoros  de  la  Iglesia ;  el  castillo  es  de  la  Igle- 
sia, y  la  Iglesia  no  tenia  otros  thesoros  sino  cruces 
y  cálices,  y  cuerpos  santos,'  y  esto  le  platicó  muy 
bien  el  dicho  Cardenal  Don  Bernardino  de  Carvajal, 
el  qual  le  habia  llevado  el  turco,  é  ni  por  esa  mu- 
daba su  monstruosa  é  dañada  intención,  antes  man- 
dó luego  aderezar  la  artillería  para  tirar  é  comba- 
tir el  castillo,  diciendo  que  si  no  se  lo  daba  que  él 
lo  allanaría  por  el  suelo,  é  lo  tomaría  por  fuerza,  é 
muy  airado  no  lo  podia  tirar  de  este  mal  pensa- 
miento. 

CAPÍTULO  CXXXVIII. 

De  los  remedios  que  el  Papa  proveyó  de  secreto  para  protejerse 
y  defenderse  del  Rey  de  Francia,  é  de  la  conformidad  que  des- 
pués ovo  entre  el  Santo  Padre  y  el  Rey  de  Francia. 

Los  remedios  que  el  Papa  de  secreto  proveía  y 
mandaba  hacer  para  su  defensa  y  del  castillo,  era 
mandar  poner  por  los  adarves,  torres  y  almenas  por 
donde  habían  de  tirar,  las  cruces  y  las  reliquias  de 
los  Santos ,  y  el  arca  con  el  Corpus  Christi ,  de  ma- 
nera que  todo  en  derredor  lo  guarneciesen  con  co- 
Bas  sagradas,  con  flucia  que,  cuando  á  ollas  manda- 
se tirar,  que  Dios  lo  hundiría  como  á  Datan  y  Aví- 
ron  ;  y  sabido  por  los  nobles  caballeros  romanos  Ur- 
sinos el  propósito  del  Re}',  allegaron  á  él  é  detrajé- 
ronselo  mucho ,  é  hicí érenle  entender  en  cuan  gran 
peligro  de  su  alma ,  é  de  su  cuerpo  se  quería  poner, 
y  cuan  gran  bofetada  quería  dar  á  los  christianísi- 
mos  Reyes  de  Francia  sus  predecesores,  que  siem- 
pre fueron  obedientes  fijos  de  la  Santa  Madre  Igle- 
sia de  Roma,  y  ficiéronle  saber  cómo  le  habían  de 
defender  el  castillo  con  gente  mas  esforzada  que  la 
que  él  traía ;  que  habían  de  poner  el  arca  sagrada 
con  el  Cuerpo  de  Nuestro  Redemptor,  y  las  reliquias 
de  San  Pedro  y  San  Juan  Baptista ;  é  de  los  otros 
Santos,  y  las  cruces  y  reliquias  sagradas  de  la  Igle- 
BÍa  en  los  lugares  de  la  afrenta  por  donde  él  habia 
de  mandar  tirar  las  lombardas ,  que  no  dudase  que 
por  ventura,  sí  tal  combate  comenzase,  toda  la 
christiandad  se  levantaría  contra  él ;  y  de  aquí  plugo 
á  Nuestro  Señor  que  el  Rey  se  retrujo  de  su  maligni- 
dad que  quería  facer,  y  mudó  su  propósito,  y  envió 
á  demandar  perdón  al  Papa.  Hízose  entre  ellos  paz 
y  concordia,  y  el  Rey  envió  por  merced  á  pedir  al 
Papa  que  se  viesen,  y  que  quería  oír  su  misa,  y  con- 
certóse que  fuese  el  día  de  San  Sebastian  el  día  que 
el  Papa  habia  de  decir  la  misa ;  el  qual  día  el  Papa 
salió  acompañado  de  muchos  Cardenales,  y  Arzo- 
bispos, y  Prelados,  y  Clerecía,  y  Caballeros  roma- 
nos, dejando  en  el  castillo  muy  buen  recaudo  de 
caballeros  castellanos ,  entre  los  quales  estaba  Don 
Garci-Laso  de  la  Vega ,  el  qual  estaba  por  capitán 
y  alcaide  del  castillo,  que  el  Papa  no  lo  osaba  fiar 
de  otra  nación,  salvo  de  hombres  de  Castilla,  pro- 
veídos para  ello  por  el  Rey  Don  Fernando  de  Cas- 
tilla ;  y  como  el  Papa  salió,  el  Rey  lo  aguardó  y  le 


É  DOÑA  ISABEL.  683 

fizo  gran  recibimiento  vestido  á  la  francesa  con 
muchos  de  los  nobles  de  Francia,  en  la  casa  de  San 
Pedro  ;  y  como  llegó  el  Papa  á  la  entrada  del  huer- 
to que  se  juntaron,  el  Rey  se  inclinó  por  el  suelo,  y 
le  besó  los  pies  y  le  hizo  muy  grande  acatamiento. 
El  Papa  dijo  misa  allí  aquel  día  al  Rey  y  á  los 
Grandes  de  Francia,  y  el  Roy  dio  allí  aguamanos 
al  Papa,  y  el  Papa,  acabada  la  misa,  dio  la  absolu- 
ción é  indulgencia  plenaria  al  Rey  y  á  los  suyos,  y 
allí  se  despidieron,  y  el  Rey  se  fué  á  la  casa  de  San 
Mm-cos  ásu  posada,  y  mandó  el  Papa  que  lo  acom- 
pañasen y  acompañáronlo  hasta  su  posada  de  la 
gente  del  Papa  veinte  y  dos  Cardenales.  El  Rey 
fué  muy  maravillado  de  la  solemnidad  de  la  misa 
del  Papa,  y  de  las  muy  grandes  riquezas  y  vestí- 
mento,  y  de  los  trajes  de  los  Cardenales  y  de  la 
gente  del  Papa,  y  ovo  mucho  placer  en  ver  las  co- 
sas que  aquel  día  vido.  Luego  el  día  de  San  Vicen- 
te ,  que  fueron  22  de  Enero,  hicieron  sacar  su  tesoro 
de  8U  moneda  y  poner  en  un  montón  en  Campo  de 
Flora,  dentro  do  la  ciudad ,  y  pagó  el  sueldo  de  to- 
dos. Allegó  el  Duque  de  Borbon  al  Rey  y  deman- 
dóle á  Sicilia  ultra  faro ,  diciendo  que  le  pertenecía, 
y  el  Rey  dijo  que  vería  los  capítulos  que  tenia  fe- 
chos con  su  hermano  el  Rey  de  Castilla  Don  Fer- 
nando, y  le  respondería. 

CAPÍTULO  CXXXIX. 

De  como  el  Rey  de  Francia  partió  de  Rema ,  é  de  como  Don  Anto- 
nio de  Fonseca,  Embaxador  de  España,  le  rasgó  los  capítulos 
porque  se  quitaba  de  lo  capitulado,  y  de  las  \illas  que  el  Rey 
tomó  y  de  como  llevó  consigo  al  Cardenal  Don  César  é  al  turco 
prisionero  del  Papa,  é  de  como  se  liuyó  Don  César. 

Después  de  dado  el  sueldo,  otro  dia  mandó  el  Rey 
cabalgar  é  partir  de  Roma  toda  su  gente;  y  él  ar- 
mado de  blanco  fué  á  besar  la  mano  al  Papa  é  á  se 
despedir  do  la  casa  de  San  Pedro,  é  descabalgó  y 
entró  ante  un  altar  donde  el  Papa  estaba ,  é  inclinó- 
se á  él  y  besóle  el  pié  y  así  se  despidió  de  él.  Y  el 
Papa  ovo  muy  gran  temor  en  ver  así  humillado  al 
Rey  de  Francia  y  con  tanta  gente ,  y  le  vino  un 
desmayo  de  grande  vapor ;  el  Rey  se  partió  luego 
de  Roma  con  toda  su  gente,  y  llevó  consigo  á  Don 
César,  Cardenal  de  Valencia,  hijo  del  Papa,  por  Le- 
gado y  por  rehenes,  y  al  gran  turco  Sizíno  ó  Saha- 
bo,  que  dicho  es,  y  olvidado  de  las  promesas  que 
había  prometido  por  su  Real  fee  de  no  tomar  cosa 
de  la  Iglesia,  ni  ser  contra  ella,  ni  contra  el  Papa, 
fué  luego  y  tomó  á  Marino,  una  villa  muy  rica  de 
Roma,  de  los  Coloneses,  que  está  de  Roma  diez  mi- 
llas, y  tomó  á  Petíche  y  á  Terrachina,  que  son  dos 
villas  del  Santo  Padre,  y  sobre  la  demanda  del  Du- 
que de  Borbon ,  francés ,  y  por  ver  lo  que  tenía  ca- 
pitulado con  el  Rey  de  España,  mandó  llamar  al 
Embaxador  del  Rey  Don  Fernando,  que  era  Don 
Antonio  de  Fonseca,  hermano  de  Don  Juan  de  Fon- 
seca,  Obispo  de  Córdoba, y  que  iba  allí  con  él  desdo 
Francia,  el  qual  pareció  ante  el  Rey  con  los  capítu- 
los, que  no  deseaba  otra  cosa  por  tener  lugar  de  le 
decir  lo  que  debia  y  convenía  al  Rey  de  España,  su 
señor,  y  puso  los  capítulos  en  la  mano  al  Rey,  é  el 


C84 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


Rey  se  los  volvió  y  se  los  mandó  leer,  los  quales  es- 
taban en  latin ,  y  leyéndolos  Don  Antonio ,  los  que 
le  parecían  bien  al  Rey  decia,  está  bien  fecho,  y  el 
que  no  le  agradaba,  decia  que  no  estaba  bien,  y  él 
mesmo  lo  borraba  y  rayaba,  y  ansí  borró  y  chán- 
celo siete  capítulos  de  los  que  eran  necesarios  á  la 
honra  y  pro  del  Rey  Don  Fernando  y  de  sus  Reynos 
y  del  Santo  Padre  y  de  la  Santa  Iglesia  de  Roma ;  y 
desque  Don  Antonio  deFonseca  vido  borrados  y  da- 
dos por  ningunos  aquellos  siete  capítulos,  y  cómo 
el  Rey  de  Francia  se  quitaba  de  la  verdad  y  prose- 
guía su  interés  y  mal  propósito  contra  el  Papa,  to- 
mándole y  dematndándole  lo  de  la  Iglesia ,  dijo  al 
Rey  :  «Mirad,  señor , que  V.  A.  firmó  todos  estos  ca- 
5>  pítalos  y  prometió  de  estar  por  ellos  ;  y  pues  que 
3)no  valen  estos  que  V.  A.  borró,  de  parte  del  Rey 
»de  España  mi  señor  digo  que  tampoco  valdrán  es- 
»tos  otros,  y  todos  los  doy  por  ningunos» :  y  eston- 
ce con  ambas  manos,  como  caballero  muy  esforza- 
do y  muy  leal  á  su  señor,  pospuesto  el  temor  al 
gran  Rey,  rasgó  y  hizo  pedazos  todos  los  capítulos, 
y  echó  los  pedazos  en  el  suelo  á  los  pies  del ,  y  se 
inclinó  ante  el  Rey,  y  el  Rey  le  echó  mano  de  los 
corbejones  espantado  de  tal  osadía,  y  le  mandó  y 
dijo :  (( no  te  partas  de  mí ,  porque  no  te  maten  »  ;  y 
Don  Antonio  no  se  osaba  quitar  de  par  del  Rey,  y  el 
Rey  le  envió  á  poner  en  salvo  en  Roma  con  un  ca- 
pitán y  gente  que  le  guardaron  y  pusieron  en  sal- 
vo ;  el  qual  luego  se  metió  en  el  castillo  de  Sanct 
Angelo,  con  Garci-Laso  de  la  Vega.  Y  desque  el 
Cardenal  Don  César,  hijo  del  Santo  Padre ,  vido  que 
el  Rey  habia  tomado  aquellas  villas  de  la  iglesia, 
aquella  noche  de  la  toma  de  ellas,  volvió  huyendo 
á  Roma,  é  el  Rey  volvió  á  Roma,  é  volvió  á  pasar  el 
Tíber  por  la  puente  Sixto,  y  tomó  á  Civitavieja  é  á 
Viterbo ,  é  á  Montero ,  é  á  Torrevacano,  é  tornó  á  Os- 
tia, que  es  un  muy  gran  fuerte  que  está  sobre  el  Tí- 
ber, que  se  la  entregó  el  Cardenal  de  Ad vincula, 
el  qual  quería  mal  al  Papa  é  andaba  fuera  de 
Roma,  é  por  allí  volvió  el  Rey  á  pasar  el  Tíber,  que 
es  el  rio  de  Roma,  aunque  creo  que  es  un  brazo  del, 
que  después  que  se  despide  de  Roma  se  hace  en 
tres  brazos;  é  pasado  por  allí  fué  á  el  Águila  é  dió- 
sele ,  é  dende  á  Sundi ,  que  es  por  allí  principio  del 
Reamen  de  Ñápeles,  é  diósele  ;  y  fué  á  San  Germán, 
y  def endiósele ,  cá  era  una  fuerte  villa,  é  comba- 
tióla, é  tomóla  por  fuerza  de  armas,  aunque  era 
muy  murada  y  muy  fuerte  villa,  é  metióla  á  saco- 
mano y  cuchillo,  como  si  fueran  turcos  ó  moros,  é 
dende  tomó  á  Traino  ;  é  dende  tomó  el  principado 
de  Capuano  ;  é  dende  fué  sobre  Gaeta,  donde  esta- 
ba el  Rey  Don  Alonso,  el  qual  no  lo  osó  allí  aguar- 
dar, por  la  desconfianza  que  tenia  de  los  caballeros 
del  reyno,  salvo  dejóla  al  mejor  cobro  que  pudo ,  y 
fuese  á  la  ciudad  de  Nápjiües ,  y  el  Rey  de  Francia 
cercó  á  Gaeta  é  tomóla,  algo  por  fuerza,  y  algo  de 
grado  é  querer  que  so  le  dio,  étomó  áSesa,  é  Mola, 
é  prosiguió  el  viaje  por  unas  partes  é  por  otras,  ga- 
nando toda  la  tierra.  Allí  en  Gaeta  murió  el  Gran 
Turco,  ó  le  dieron  con  qué,  ó  de  muy  grande  enojo 
de  verso  preso  é  maltratado  entre  los  franceses, 


porque  él  primero  estaba  en  Roma  muy  vicioso, 
aunque  detenido,  y  á  su  placer  y  muy  servido. 

CAPÍTULO  CXL. 

De  lo  que  hiio  el  Rey  Don  Alonso  de  Ñapóles  desque  vido  que  el 
Rey  de  Francia  le  entraba  á  mas  andar  en  su  reyno. 

El  Rey  Don  Alonso  no  osó  aguardar  en  Gaeta  al 
Rey  de  Francia ,  é  partido  de  alK  fué  á  mas  andar 
á  Ñápeles,  y  demandó  socorro  á  la  ciudad,  y  la  ciu- 
dad le  respondió  bien ,  y  los  caballeros  de  ella  se  le 
ofrecieron  de  le  ayudar  é  poner  por  él  sus  estados 
é  haciendas ;  é  estonce  con  la  mas  gente  que  pudo 
volvió  á  Cápua  á  resistir  el  paso  al  Rey  de  Francia, 
que  venia  enderezado  allí  á  pasar  por  la  puente  de 
la  ciudad,  que  está  sobre  un  gran  rio,  llamado  Vol- 
turno,  é  cuando  llegó  halló  pasados  los  capitanes 
suyos  al  Rey  de  Francia  con  toda  la  gente  de  ar- 
mas, especialmente  al  Señor  Virgilio  Vicino,  señor  de 
vasallos ,  que  era  capitán  general  del  reyno,  é  todos 
los  otros  que  estaban  puestos  para  la  resistencia  del 
Rey  de  Francia ;  y  de  que  vido  toda  la  traición  y  la 
poca  lealtad  de  aquellos  suyos  en  que  él  confiaba  y 
tenia  su  esperanza,  que  antes  murieran  por  él  que 
no  hacerle  vileza ,  volvióse  á  Ñapóles  con  muy  gran 
dolor  de  su  corazón  viendo  el  perdimiento  de  su 
reyno,  é  aderezó  luego  de  se  pasar  á  Sicilia,  é  sacó 
sus  tesoros  y  joyas,  é  casa  é  familia,  é  púsolo  todo 
en  las  galeras  de  su  armada  ;  y  ovo  quien  dijo,  que 
pues  ya  masnopodia  hacer,  que  renunciase  el  reyno 
en  su  hijo  Don  Fernando,  Duque  de  Calabria,  que 
era  mozo  de  menos  de  veinte  años,  é  muy  esforzado 
y  de  muy  buen  sentido  ó  consejo.  Estonce  el  Rey 
Don  Alonso  llamó  á  su  hijo  Don  Fernando  é  le  re- 
nunció el  reyno,  é  se  lo  dio  é  confirmó,  é  crió  nuevo 
Rey,  y  juró  sobre  un  libro  misal  de  nunca  jamás  rey- 
nar  en  Ñapóles,  é  rogó  á  todos  los  caballeros  de  la 
ciudad  que  lo  recibiesen  por  su  Rey  y  señor  é  le  fue- 
sen leales ,  que  él  creía  que  por  sus  grandes  peca- 
dos permitía  Dios  que  perdiese  el  reyno,  con  lo  qual 
plugo  mucho  á  todos  los  de  la  ciudad ,  é  recibieron 
á  Don  Fernando  por  su  Rey  ele  besaron  la  mano;  ó 
esto  así  pasado ,  en  quatro  galeras  cargadas  de  sus 
joyas  y  tesoros,  se  metió  con  su  hijo  el  Rey  Don  Fer- 
nando segundo  ya  dicho,  y  con  la  Reyna  de  Ñapo- 
Íes  ,  mujer  que  fué  del  Rey  Don  Fernando  su  padre, 
hermana  del  Rey  Don  Fernando,  de  Castilla,  é  con  su 
fija,  hermana  suya,  que  después,  aunque  tía  y  so- 
brino, casó  con  el  dicho  Don  Fernando,  Rey  nueva- 
mente constituido ,  y  con  todas  sus  joyas  y  familias, 
ó  lo  mas  que  pudieron  llevarse ,  pasaron  en  Sicilia, 
en  la  ciudad  de  Mesina,  y  aun  no  era  partido  el  Rey 
Don  Alonso  do  Ñápeles  ni  entrado  en  las  galeras, 
que  aun  estaba  en  Castilnovo ,  é  vino  por  la  otra 
parte  un  gran  capitán  de  Francia,  llamado  Antonio 
el  Bastardo,  con  mucha  gente  francesa,  é  de  la  del 
Reamen  de  guerra,  y  en  presencia  del  Rey  Don  Alon- 
so le  abrieron  las  puertaa  los  traidores  déla  ciudad, 
é  lo  recibieron  é  alzaron  banderas  por  todas  las 
torres,  diciendo :  «¡Francia,  Francia!»  é  estonce  se 
metió  el  Re^  Don  Alonsp  en  una  de  sus  quatro  gale-? 


jDOÑ  FERNANDO 
ras ,  é  fizo  poner  fuego  á  tres  naos  suyas  que  que- 
daban en  el  puerto,  que  no  ovo  quien  las  poblase,  é 
así  se  pasó  por  el  faro  en  Sicilia,  donde  ese  propio 
año  murió  de  dolencia  y  enojo. 

Dijese  comunmente  que  el  Eey  Don  Alonso  fué 
causa  de  su  perdimiento ,  porque  no  quiso  con  tiem- 
po obedecer  é  llamar  socorro  del  Rey  Don  Fernando 
de  España  su  primo ;  antes  decían  que  decía  mal 
de  los  españoles  y  de  la  Reyna  Doña  Isabel,  y  de- 
cían que  no  tenía  en  nada  á  ninguno,  y  esto  junto 
con  lo  otro  ayudó  á  su  perdimiento. 

CAPÍTULO  CXLI. 
De  la  traición  de  los  capitanes  del  Rey  Don  Alonso. 

Antes  que  el  Eey  de  Francia  llegase  á  la  ciudad 
de  Cápua,  donde  estaba  el  Capitán  general  del  Rey 
de  Ñapóles,  que  era  el  Señor  Virgilio  Vi  ciño,  y  otros 
capitanes  con  la  gente  de  guerra,  lo  salieron  á  reci- 
bir el  mismo  Virgilio  é  los  otros,  é  lo  recibieron  por 
Señor  é  por  su  Rey,  y  sin  afrenta  ni  combate  lo 
metieron  en  la  ciudad  de  Cápua,  que  es  llave  y 
puerta  de  todo  el  Reamen ,  é  el  Rey  la  tomó  pacíñ- 
caniente ,  é  se  apoderó  della ,  é  como  fuese  sabido 
por  toda  la  tierra  de  Bruto  con  la  Pulla,  se  dieron 
al  Rey  de  Francia  sin  ver  ninguna  afrenta,  que  son 
muchas  ciudadep,  é  villas,  é  lugares;  é  Bruto,  Mar- 
fedronia,  Carleta,  Ascoli,  Barí  con  Trizana,  Foja 
GalipoIjTarento.  No  quedaron  sino  Brindis  y  Otran- 
to.  Diéronse  otras  muchas  ciudades,  Ñapóles,  Ve- 
nosa, Marfeta,  Altamura,  Astoní,  Leche.  Estas  son 
todas  muy  buenas  ciudades,  y  creyó  que  con  solo 
temor  de  él  lo  hacían ,  por  la  crueldad  que  hizo  en 
San  Germán  y  en  su  comarca,  y  dejó  en  Gaeta  á 
Monseñor  Dulatte,  é  envió  á  la  Pulla  á  Monseñor 
de  Borbon,  é  él  en  persona  fué  á  Ñapóles,  donde  es- 
taba don  Antonio  el  Bastardo,  que  era  capitán  gene- 
ral, é  halló  las  puertas  abiertas,  é  entró,  é  hizo  luego 
poner  cerco  á  los  seis  castillos  que  tiene  Ñapóles, 
conviene  á  saber:  San  Telmo,  Castil  del  Ovo,  Peti- 
falcon,  Capuana,  San  Vicente,  Castilnovo.  De  estos 
con  poca  afrenta  se  le  dieron  los  quatro,  y  túvose 
Castilnovo,  y  túvose  San  Telmo  á  merced ,  y  ahor- 
có de  los  que  estaban  dentro,  veinte  y  siete  hom- 
bres españoles,  y  ansí  se  apoderó  de  Ñápeles,  y  se 
vido  Señor  della,  y  pdo  ende  entalladas  las  victo- 
rias del  buen  Rey  Don  Alonso  de  Aragón,  Infante  de 
Castilla,  en  alabastro,  y  otras  muchas  maravillas  y 
antigüedades  de  Ñapóles  y  las  puertas  fechas  á  mil 
maravillas  de  oro  éazul,  é  fizólas  arrancar  de  don- 
de estaban,  é  por  la  mar  enviólas  en  Francia,  con 
envidia,  porque  el  loor  y  fama  de  aquellos  Royes 
de  Ñapóles  de  gloriosa  memoria,  cesase,  y  el  suyo 
ee  levantase.  Y  habida  la  victoria  de  Ñapóles,  ansí 
de  la  ciudad,  que  es  de  las  mas  gentiles  del  mundo 
y  de  las  más  hermosas  y  ricas  de  todo  el  reyno  del 
orbe  poblado  de  el  mundo,  como  de  toda  la  mayor 
parte  del  Reamen,  enlevado  y  tan  sublimado  fué  de 
vana  gloria,  que  ee  tituló  y  nombró  Mex  Regum  et 
Dominus  dominantium.  Rey  de  Reyes ,  y  Señor  de 
ios  Señores,  título  que  á  solo  Dios  pertenece;  no 


É  DO^A  ISABBt.  685 

miró  lo  que  por  el  espejo  de  la  Santa  madre  Igíesía 
tenemos :  deposuit  potentes  et  exaltavit  humiles ,  di- 
cho por  Nuestra  Señora  la  gloriosa  Vírjen  madre  de 
Dios  ;  y  lo  que  dijo  la  boca  del  Redemptor  Nuestro 
al  xviu  capítulo  de  San  Lúeas :  Omnisqui  se  exaltat 
humiliabitur ;  et  qui  se  humiliat  exaltabitur ;  y  el 
siervo  mortal  que  usurpa  el  título  á  su  Criador  Dios 
inmortal,  soberano  Rey  de  Reyes  é  Señor  de  Seño- 
res, ved  sí  es  razón  quedar  sin  pena ;  aquí  es  razón 
decir  lo  que  dijo  Martin  Clavero,  criado  del  Duque 

de  Gandía : 

Dios  depone  los  potentes 
de  sos  grandes  poderíos, 
quítales  los  señoríos 
por  serle  desobedientes. 
A  los  que  son  obedientes, 
Él  los  hace  prosperados; 
hace  ser  en  so  alzados 
los  humildes  exurientes. 

CAPÍTULO  CXLIL 

De  la  gran  liga  que  se  hizo  conlra  el  Rey  de  Francia,  é  de  la  ba- 
talla que  se  dio  en  la  Mota  entre  el  Rey  de  Francia  é  el  Rey 
Don  Fernando  de  Ñapóles  é  Gonzalo  Fernandez,  é  de  otras 
cosas. 

Bien  sabéis  que  desque  el  Rey  Carlos  partió  de 
Francia  para  la  Italia,  nunca  se  despidió  ni  apartó 
del  el  Embaxador  de  España  Don  Antonio  de  Fonse- 
ca,  ya  dicho ,  fasta  Roma,  y  llegado  el  Rey  en  Ro- 
ma, ya  es  dicho  de  los  desconciertos  que  hizo,  y  co- 
mo fué  contra  la  Iglesia  y  contra  el  Papa,  y  no  cum- 
plió lo  capitulado  del  compromiso  que  había  firmado 
y  prometido  al  Rey  Don  Fernando  de  España,  por 
lo  qual  Don  Antonio  de  gran  loor  le  rompió  los  capí- 
tulos delante,  en  que  se  quebrantó  la  amistad  délos 
dos  muy  grandes  Reyes ,  é  se  volvió  en  enemistad, 
é  luego  Don  Antonio  le  fizo  saber  al  Rey  de  España 
todo  lo  que  en  Roma  y  en  Italia  era  pasado,  para 
que  proveyese  como  á  su  honra  y  Estado  convenia. 
Y  el  Papa  muy  quejoso,  injuriado  y  robado,  se  que- 
jó al  Rey  de  España  y  á  toda  la  Señoría  de  Italia 
que  se  adoleciese  de  Roma ,  que  era  cabeza  de  la 
Iglesia  y  de  la  christiandad,  y  recontando  á  cada  uno 
las  demasías,  los  robos,  las  injurias  que  el  Rey  de 
Francia  con  la  gente  francesa  había  fecho ,  y  facía 
de  cada  dia,  y  rogándoles  y  mandándoles  que  luego 
ficiesen  liga  y  hermandad  contra  él  para  lo  echar  de 
la  Italia ,  la  qual  luego  fué  fecha  'y  concertada, 
y  fueron  en  ella  el  Papa  mesmo ,  y  el  Rey  Don 
Femando  de  España,  el  Duque  de  Milán,  la  Se- 
ñoría do  Venecía  con  el  estandarte  de  S,  Marcos, 
y  otras  muchas  señorías  y  reynos  ,  los  quales  luego 
se  pusieron  todos  en  armas  contra  el  Rey  de  Fran- 
cia, y  se  pusieron  con  sus  tierras  al  ejercicio  de  la 
guerra,  y  el  Rey  Don  Femando,  así  como  supo  de  los 
capítulos  rompidos  antes  ae  la  liga  concertada,  lue- 
go proveyó  é  envió  á  Gonzalo  Fernandez ,  segundo 
hijo  de  la  noble  casa  de  Aguilar,  con  setecientos  da 
á  caballo  é  tres  mil  peones  al  socorro  de  Ñápeles, 
por  cuanto  en  lo  capitulado  era  la  amistad,  con  con- 
dición de  que  el  Rey  de  Francia  no  fuese  contra  la 
Iglesia  ni  contra  el  Papa,  lo  qual  así  como  fué  en 


íj86 


CílÓNtCAS  DE  LOS  BEYES  DE  CASTILLA. 


Roma  quebrantó  el  dicho  Rey  ;  y  aun  cuando  le  le- 
yeron delante  del  los  capítulos  firmados  de  su  nom- 
bre, no  se  quiso  retraer  ni  enmendar  dello,  antes 
borró  como  dicho  es  siete  capítulos ,  y  temiendo  lo 
qual  él  fizo  que  lo  haria  é  por  amparo  y  guarda  de 
Sicilia,  el  Rey  proveyó  do  España  antes  de  tiempo, 
lo  que  fué  á  tiempo,  á  dicho  Gonzalo  Fernandeíj 
con  la  dicha  gente  española  ;  y  el  amistad  quebra- 
da ,  mandó  en  todos  sus  Rey  nos  pregonar  guerra 
contra  Francia,  y  prosiguiendo  la  liga,  Gonzalo  Fer- 
nandez arribó  con  toda  su  gente  en  Sicilia  Ultraf  aro, 
Reyno  del  Rey  Don  Fernando  de  España.  E  invocó 
la  gente  de  Sicilia  con  cartas  del  Rey  Don  Fernando, 
é  juntóse  con  el  Rey  mozo  de  Ñapóles  Don  Fernando 
Segundo,  é  fué  é  descindió  en  tierra  en  el  Reamen 
de  Ñápeles,  é  juntaron  su  gente  el  Rey  mozo  é  Gon- 
zalo Fernandez,  é  había  en  su  favor  tres  mil  hom- 
bres de  armas  do  Sicilia^  y  el  Rey  de  Francia,  des- 
que supo  la  venida  del  Reamen  de  aquella  gente, 
fuese  á  la  Mota  á  buscar  á  Gonzalo  Fernand-ez  para 
pelear,  y  alli  se  hallaron  los  unos  con  los  otros,  éhu- 
bieron  su  batalla,  é  pelearon  muy  valientemente  los 
franceses  con  Gonzalo  Fernandez  é  con  el  Rey  de 
Ñapóles  el  mozo,  la  qual  batalla  fué  muy  bien  reñi- 
da de  ambas  partes,  y  los  franceses  fueron  vence- 
dores, y  Gonzalo  Fernandez  con  la  gente  española 
é  el  Rey  Don  Fernando  fueron  vencidos ,  y  estonce 
Martin  Alonso,  y  Pedro  de  Paz,  y  Diego  de  Arella- 
no,  españoles,  capitanes  de  la  gente  de  España  con 
Gonzalo  Fernandez,  como  hombres  diestros  en  la 
guerra,  conocieron  ser  vencidos  por  defecto  de  se 
haber  flojamente  en  la  batalla  algunos  de  su  favor 
é  batallas  ;  recojieron  é  rehicieron  seiscientos  de  á 
caballo,  é  volvieron  de  súpito  sobre  los  franceses,  é 
ovieron  otra  vez  batalla,  é  volvieron  Gonzalo  do 
Córdoba  é  el  Rey  Don  Fernando  á  la  batalla  á  socor- 
rer á  los  suyos  con  toda  la  gente  que  habia  huido  y 
escapado  de  la  batalla  primera ,  é  pelearon  de  tal 
manera  que  vencieron  á  los  franceses  é  los  desbara- 
taron, é  Gonzalo  Fernandez  y  el  Rey  Don  Fernando 
el  mozo  quedaron  señores  del  campo,  é  lo  cojieron, 
donde  ovieron  muchos  caballos  é  armas  é  muy  gran 
presa,  é  murieron  en  aquella  batalla,  según  lo  que  se 
pudo  saber  é  dijo  en  ambas  á  dos,  doce  mil  france- 
ses ó  poco  mas  ó  menos,  y  de  lá  gente  de  Gonzalo 
Fernandez  é  del  Rey  mozo  quatrocientos  de  á  caba- 
llo y  setecientos  peones.  E  en  este  medio  tiempo  vi- 
no la  nueva  al  Rey  de  Francia  de  la  gran  liga  que 
era  fecha  contra  él,  é  aun  tenia  dos  castillos  de  Ñá- 
peles por  tomar,  que  se  le  no  habían  dado,  Capua  é 
Pizifalcone;  ó  como  supo  la  nueva  de  la  liga,  guar- 
neció todas  las  fortalezas  que  tenia  de  gente  de  ar- 
mas é  artillería,  é  con  gran  temor  dio  la  vuelta  á 
Gaeta,  é  dende,  cojida  bu  hueste,  comenzó  su  viaje 
para  Francia,  é  vino  y  entró  con  toda  su  gente  por 
la  ciudad  de  Roma,  y  no  halló  al  Papa  en  Roma,  que 
ansí  como  supo  de  su  vuelta  no  lo  osó  allí  aguardar, 
é  dejó  á  Garcilaso  de  la  Vega  ,  Embaxador  del  Rey 
de  España,  por  Alcayde  del  Castillo  de  Sanct  Angelo 
con  otros  muchos  españoles,  que  no  se  fiaba  de  otra 
nación,  é  fuese  á  su  ciudad  do  Perosa  huyendo,  por 


no  ser  mas  afrentado  del.  É  entrada  la  gente  ír&ú- 
cesa  en  la  ciudad  de  Roma,  como  gente  muy  cruel  y 
de  mal  concierto,  si  primero  le  ficieron  muchos  ma- 
les, y  fuerzas  y  robos,  muy  peor  lo  volvieron  á  fa- 
cer en  esta  vuelta,  ca  estuvieron  en  punto  de  meter 
lá  ciudad  á  fuego  y  sangre,y  ficieron  muchos  robos; 
y  metieron  muchas  casas  y  palacios  de  caballeros  á 
sacomano,  y  mataron  muchos  varones  romanos,  y 
forzaron  muchas  mujeres  casadas  y  vírgenes,  y  ma- 
taban sobre  ello  á  sus  maridos  é  padres,  y  robában- 
les las  casas  á  los  que  huían  á  las  iglesias,  y  allí  siii 
temor  de  Dios  los  degollaban  y  mataban,  aunque  se 
abrazaban  á  las  imágenes  de  los  santos ;  y  de  las 
mismas  iglesias  robaban  cuanto  hallaban,  y  por  mu- 
chas quejas  que  iban  de  ellos  al  Rey  de  Francia  no 
curaba  de  lo  remediar  ni  castigar.  Desque  pasaron 
de  Roma  prosiguiendo  sus  crueldades  enToscanela, 
que  es  una  ciudad  del  Papa,  ficieron  muy  grandes 
daños  y  crueldades,  y  forzaron  muchas  mujeres,  y 
robaron  la  ciudad  y  las  iglesias  della,  y  derramaron 
en  ella  mucha  sangre;  y  así  por  donde  aquella  gen- 
te mal  gobernada  iban,  no  era  sino  como  fuego,  y 
sonó  por  toda  la  Italia  sus  crueldades,  y  toda  la  gen- 
te de  la  tierra  alborotada  y  amedrentada  se  ponía  en 
armas  para  se  defender,  é  algunos  fuián  de  su  en- 
cuentro, y  otros  muchos  se  pusieron  en  armas  y  les 
salieron  á  les  ofender.  E  alejados  mas  acá  de  Roma 
en  la  Toscana,  malpararon  áSena  y  Pisa  é  otras  ciu- 
dades é  villas  é  lugares  de  la  Toscana,  ansí  como  en 
Montefortino  y  en  Monte  San  Juan,  que  ficieron  mu- 
chas crueldades  é  robos,  de  lo  qual  pareció  que  non 
plugo  á  Dios  que  se  fuesen  sin  hacer  enmienda. 

CAPÍTULO  CXLIIL 

Cómo  fu6  desbaratado  el  Rey  Carlos  en  la  Italia. 

Después  de  haber  estado  el  Rey  de  Francia  en 
Roma  y  en  el  Reamen  de  Ñápeles  poco  mas  de  seis 
meses,  en  el  qual  tiempo  ganó  é  se  dio  todo  el  reyno 
de  Ñapóles ,  é  fizo  las  fuerzas  é  sinrazones  á  ida  y 
venida  en  Roma  y  su  tierra,  en  esta  vuelta  que  die- 
ron por  medio  de  la  liga,  é  llegado  el  Rey  é  los  su- 
yos en  tierra  de  Genova  á  Pontremol,  en  el  mes  de 
Julio  del  año  sobredicho  de  1495,  salió  un  capitán 
de  la  liga,  llamado  Micer  Juan  de  Bentebolla,  capi- 
tán de  Boloña,  con  ochocientos  de  á  caballo  é  con 
cierta  gente  de  á  pié,  é  dio  con  el  fardaje  del  Rey  de 
Francia  en  un  puerto,  que  iban  á  hilo ,  é  mató  mu- 
chos de  los  franceses,  é  despojó  étomó  gran  parte 
del  fardaje  é  de  la  artillería  é  quedóse  con  ello.  E 
el  Rey  y  la  gente  francesa  no  cesaron  de  andar  ade- 
lante cuanto  mas  podían,  por  salir  de  la  tierra  áspe- 
ra, y  porque  ya  creían  haber  otros  mayores  encuen- 
tros que  aquel,  y  saliendo  cerca  de  Fariña  en  el  lla- 
no, saUó  en  el  encuentro  el  Marqués  de  Mantua,  ca- 
pitán de  venecianos,  con  mucha  gente  de  armas  de 
á  pié  é  de  á  caballo ,  é  salió  el  Duque  de  Milán  de 
otra  parte,  eso  mesmo,  con  mucha  gente  de  armas 
é  peonaje,  puesta  á  punto  de  dar  batalla  de  concier- 
to con  el  dicho  Marqués  de  Mantua;  é  los  franceses 
desque  vieron  el  paso  tomado,  ú  no  podían  pasar  sin 


Í)ÓN  FEBNANDO 
batalla,  se  pusieron  en  son  de  la  dar,  é  de  consejo  de 

un  caballero  italiano ,  llamado ,  echaron  todo  el 

fardaje  é  carruaje  de  las  bestias  adelante,  para  que 
se  detuviesen  é  embarazasen  á  robar  los  italianos  de 
la  liga,  mientras  el  Eey  huia  y  pasaba  el  rio ;  é  lue- 
go muchos  comenzaron  de  robar  y  detenerse  en  ello, 
é  otros  dieron  batalla  y  pelearon,  donde  fueron  mu- 
chos muertos  de  ambas  partes,  é  aun  el  Bey  fué  he- 
rido un  poco  en  la  cara  de  una  lanza  ,  que  lo  hirió 
un  caballero  gentil-hombre  italiano,  é  á  causa  del 
robar  se  ovieron  flojamente  los  italianos.  El  Rey  tuvo 
lugar  de  pasar  el  rio  del  Pó,  que  pasa  por  allí ,  que 
es  un  gran  rio  y  de  muchas  aguas  cuando  crece,  y 
pasó  con  harta  priesa  y  peligro  de  su  persona  él  ó 
todos  los  que  pudieron  pasar  de  los  suyos  huyendo, 
é  toda  su  gente  que  llevaba  consigo  fué  allí  desba- 
ratada aquel  dia,  é  muerta,  é  despojada,  é  los  que 
escaparon  fueron  huyendo  de  noche  y  de  dia  por  log 
montes.  El  Rey  aportó  en  cabo  de  ciertos  dias  hasta 
después  de  verse  andar  perdido  noches  y  dias  por 
los  bosques  y  montes,  y  aun  algunos  dicen  que  si  el 
rio  no  creciera  como  él  ovo  pasado ,  que  él  fuera 
muerto  ó  preso,  é  aun  se  dijo  que  aportó  á  Este  en 
cabo  de  siete  dias  á  pié,  en  su  cabo,  que  está  cin- 
qüenta  millas  de  donde  fué  la  batalla;  no  sé  si  fué 
verdad ,  empero  el  Rey  y  todos  los  que  escaparon 
con  la  vida  que  no  fueron  presos  de  sus  franceses, 
todos  aportaron  á  la  ciudad  de  Hasto,  que  es  de 
Francia.  Los  dichos  Duque  de  Milán  ó  Marqués  é 
sus  gentes  fueron  vencedores  en  esta  batalla,  é  ovie- 
ron muy  gran  cabalgada  de  caballos  é  acémilas  ,  é 
artillería,  é  armas,  é  oro,  é  plata,  é  otras  muchas  co- 
sas. Allí  ovo  el  Duque  de  Milán  la  bandera  del  títu- 
lo, que  decía  :  Mex  Eegum,  Dominus  dominant¿um:s>, 
la  cual  era  la  principal  bandera  del  Rey.  Esta  bata- 
lla se  dio  é  fué  cerca  de  una  villa  del  Duque  do  Mi- 
lán que  llaman  Fornova,  y  pasa  aquel  rio  llamado  el 
Pó,  que  es  muy  grande ,  en  el  qual  se  anegaron  y 
ahogaron  aquel  dia  muchos  franceses  huyendo  por 
pasar  y  escapar,  é  otros  peleando.  Ved  cuan  presto 
el  Rey  Carlos  é  su  gente  ovieron  el  pago  é  galardón 
de  su  soberbia  é  crueldades  que  ñcieron  en  Roma  é 
sus  tierras,  siendo  contra  la  Iglesia  y  contra  el  Pa- 
pa, robando  y  derramando  sin  causa  la  sangre  ino- 
cente de  los  do  San  Germán  é  de  los  otros  lugares. 
Ved  cuan  gran  castigo  Nuestro  Señor  permitió  que 
dello  oviese  el  Rey  de  Francia,  donde  por  ejemplo 
quedará  para  siempre  que  un  Rey,  el  mayor  de  la 
christiandad,  fuese  asi  vencido  y  perdido,  sólo  por 
los  montes ,  á  pié  y  muerto  de  hambre  y  de  sed,  y 
padecido  sin  honra,  en  cabo  de  siete  dias,por  se  mo- 
ver sin  tener  razón  y  justicia,  de  lijero  movimiento, 
tantas  jornadas  de  su  tierra,  faciendo  mal  por  tier- 
ra de  christianos ;  é  aquí  parece  muy  bien  lo  que  dijo 
el  dicho  Martin  Clavero  en  persona  del  Rey  Carlos 
de  Francia : 

Muy  tristes  fueron  las  fiestas 
Que  nos  dio  la  Lombardía : 
Mi  ánima  triste  sentía 
Mil  veces  la  cruel  muerte; 
Aquella  batalla  fuerte 
De  aquel  sanguinoso  dia. 


E  DOíÍA  ISABEL.  £41 

Rey  glorioso,  ¿qué  sentí 
En  lo  mas  alto  sentado, 
Desque  ove  conquistado 
Aquel  Reyno  que  vencí? 
¡Oh  cuan  presto  le  perdí. 
Sin  gozar  del  quatro  meses, 
Por  los  falsos  entremeses 
De  fortuna  contra  mi ! 

Allí  donde  se  dio  la  batalla  está  una  villa  que  se 
llama  Fornova,  es  en  el  Ducado  de  Milán ,  y  va  un 
gran  rio ,  donde  se  anegaron  muchas  gentes. 

CAPÍTULO  CXLIV. 

Como  fué  presa  la  armada  de  la  mar  del  Rey  de  Francia, 

Aquel  proprodia  del  vencimiento  de  la  batalla  su- 
sodicha, viniendo  el  armada  del  dicho  Rey  de  Fran- 
cia por  la  mar  cerca  de  Genova,  salió  la  grande  ar- 
mada de  genoveses  é  del  Rey  de  España,  vizcaínos 
é  de  otras  naciones  de  la  liga  ,  é  la  prendieron  é  to- 
maron toda,  de  donde  ovieron  infinitas  riquezas,  que 
valió  más  de  cien  mil  ducados  ;  y  debéis  saber  que 
allí  venían  todas  las  antiquitates  y  cosas  riquísimas 
y  gentiles  entalladas  en  alabastro,  y  las  puertas  do- 
radas y  las  otras  bellas  cosas  de  Ñápeles,  que  el  Rey 
Carlos  habia  quitado  de  sus  lugares  donde  están 
asentadas,  é  las  embarcó  para  enviar  en  Francia  en 
señal  de  vencimiento,  y  -^enía  toda  la  artillería  de 
Ñápeles,  que  era  la  mas  hermosa  del  mundo,  toda 
de  cobre,  la  qual  toda  venia  cargada  en  galeras  y 
galeazas,  y  desque  se  supo  que  habia  de  venir  aque- 
lla armada  de  Francia  con  aquellas  cosas  ricas  do 
Ñapóles,  siempre  la  aguardaron  la  armada  de  los 
genoveses,  é  vizcaínos,  é  españoles^  é  gente  de  la  li- 
ga, que  estaban  de  la  parcialidad  é  favor  del  Rey 
de  Ñápeles ,  y  los  franceses  desque  vieron  á  el  en- 
cuentro la  dicha  armada,  fueron  al  puerto  de  Pisa, 
y  allí  los  genoveses  y  vizcaínos  pelearon  con  loa 
franceses  muy  fuertemente,  y  venciéronlos  y  tomá- 
ronles toda  la  flota  y  cuanto  traían,  y  los  franceses 
saltaron  en  tierra  los  que  pudieron,  y  escaparon  las 
vidas,  y  todos  los  otros  fueron  presos  é  echados  en 
las  galeras. 

CAPÍTULO  CXLV. 

Del  cerco  de  Novara,  y  del  cerco  de  Salzas, 

Cuando  el  Rey  Carlos  pasó  por  la  Lombardía  para 
Roma  quedó  el  Duque  de  Orliens  su  tio  en  Novara, 
que  es  en  el  Ducado  de  Milán ,  que  es  suya,  que  él 
no  fué  á  Roma  ni  á  Ñapóles,  y  al  tiempo  que  el  Rey 
Carlos  fué  desbaratado,  eso  inesmo  estaba  allí,  y 
desque  los  de  la  liga  fueren  vencedores,  el  Duque 
de  Milán  y  el  Marqués  de  Mantua  lo  cercaron  allí, 
é  tuvieron  cercado  hasta  que  el  Rey  de  Francia  fué 
á  Francia  é  se  tornó  á  rehacer,  é  volvió  á  lo  descer- 
car y  lo  sacó  de  allí  por  partido,  y  estonces  pusie- 
ron tregua  entre  el  Rey  de  Francia  y  los  de  la  li- 
ga por  ciertos  meses ,  y  con  condición  que  acabadas 
aquellas  habían  de  poner  otras  treguas  generales;  y 
aquellas  cumplían  en  fin  del  mes  de  Octubre  y  dos 
dias  antes,  y  las  generales  se  habían  de  asentar  el 


CRÓNICAS  DE  LOS  HEYÉS  DE  CASTILLA. 


dia  de  Todos  los  Santos,  año  de  1496,  y  los  france- 
ses antes  que  se  asentasen  vinieron  de  salto  podero- 
samente á  Salzas  en  Cataluña,  é  entráronla  por  fuer- 
za de  armas,  é  mataron  é  prendieron  cuantos  en  ella 
estaban.  Esto  fué  en  30  días  del  mes  de  Octubre  de 
1496,  como  adelante  mas  largo  dirá. 

CAPÍTULO  CXLVI. 

De  el  Rey  Don  Juan  de  Portugal. 

Afio  de  1495  murió  el  Rey  Don  Juan  de  Portugal, 
y  sucedióle  en  e*  reyno  su  primo  Don  Manuel,  Duque 
de  Viseo,  hijo  del  Infanto  Don  Fernando,  hermano 
que  fué  del  Rey  Don  Alonso ,  que  entró  en  Castilla, 
padre  del  dicho  Rey  Don  Juan ;  el  qual  dicho  Don 
Manuel  se  halló  el  más  cercano  y  lejítimo  en  la  línea 
Real  de  Portugal ;  ó  casó  primera  vez  con  Doña  Isa- 
bel, Princesa  que  habia  sido  de  Portugal,  fija  prime- 
ra del  Rey  Don  Femando  é  de  la  Reyna  Doña  Isabel, 
Reyes  de  España ,  é  segunda  vez  con  Doña  María, 
fija  de  los  dichos  Rey  é  Reyna,  hermana  de  la  dicha 
Doña  Isabel,  según  se  dirá  donde  conviene. 

CAPÍTULO  CXLVIL 

De  como  el  Rey  D.  Fernando  II  ganó  á  Ñapóles,  é  Gonzalo  Fer- 
nandez vencieron  la  batalla. 

El  Rey  Don  Fernando  de  Ñapóles,  segundo  deste 
nombre,  después  de  la  batalla  vencida  é  salido  el 
Rey  Carlos  del  Reamen  para  su  tierra,  él  y  Gonzalo 
Fernandez  rehicieron  su  gente  é  allegaron  setecien- 
tos hombres  de  armas  ,  é  seiscientos  ginetes,  é  qua- 
tro  mil  hombres  de  á  pié,  á  que  llaman  allá  Infan- 
tes, é  comenzaron  de  hacer  la  guerra  á  la  gente  fran- 
cesa que  habia  dejado  el  Rey  Carlos,  el  qual  habia 
dejado  mas  de  quince  mil  hombres  de  armas  y  de 
guerra  ,  y  con  ellos  los  Príncipes  de  Salerno  y  Besi- 
niano,  naturales  del  reyno,  traidores  ,  que  cada  uno 
de  ellos  tenia  tanta  gente  como  el  Rey  Don  Fernan- 
do mozo  susodicho,  é  apartados  el  Rey  por  un  cabo 
é  Gonzalo  Fernandez  con  la  gente  española  por  otro, 
facían  la  guerra;  el  Rey  vino  sobre  la  ciudad  de 
Ñapóles  lo  mas  poderoso  que  pudo,  é  abriéronle  las 
puertas,  é  tomóla  sin  lanzada  é  sin  combate  ,  como 
primero  se  habia  perdido  ,  é  fizo  poner  cerco  á  los 
castillos,  é  diéronse  en  breve  tiempo  Castilnovo,  é  la 
torre  de  San  Vicente,  é  Petifalcon,  éhizo  venir  lue- 
go á  las  señoras  Reynas  la  Reyna  Doña  Juana,  que 
fué  segunda  mujer  de  su  abuelo,  é  su  fija  Doña  Jua- 
na, con  la  qual  se  casó,  é  con  sus  familias  é  casas 
las  aposentó  en  Castilnovo,  Gonzalo  Fernandez  con 
BU  gente  española  y  con  la  otra  que  traía  á  su  cargo 
hizo  en  aquel  año  de  95  é  en  el  de  96  muchos  des- 
trozos en  los  franceses,  é  ganóles  muchas  ciudades, 
é  villas,  é  castillos  que  estaban  por  ellos  en  la  Cala- 
bria é  en  la  Pulla  ;  é  ovo  batalla  con  el  Virey  fran- 
cés Mosiur  de  Obeni,  campal,  de  la  qual  Gonzalo 
Fernandez  fué  vencedor  y  el  Virey  vencido  ,  é  mu- 
rieron en  aquella  batalla  mas  de  mil  franceses,  é 
Gonzalo  Fernandez  é  los  suyos  cojieron  el  campo, 
doude  ovieroü  gran  presa  é  despojo,  é  muchos  ca- 


ballos é  armas,  de  donde  Gonzalo  Fernandez  rehizo 
su  gente,  é  hizo  muchos  hombres  de  armas,  é  fué  é 
puso  cerco  á  Besiniano,  é  ovo  otras  muchas  peleas  é 
victorias  contra  los  franceses ,  de  que  siempre  fué 
vencedor,  en  tal  manera,  que  en  todo  el  Reamen  los 
contrarios  habían  del  gran  temor,  y  el  Rey  Fernan- 
do lo  liizo  luego  Duque  de  Monte  Gargano. 

CAPÍTULO  CXLVIII. 

De  lo  que  hizo  el  Rey  Don  Fernando,  é  del  cerco  de  Gaeta. 

El  Rey  Femando  siguiendo  como  comenzó  de 
reynar,  desque  tuvo  la  ciudad  de  Ñapóles  recobrada, 
por  recobrar  el  Reamen  mas  presto,  envió  sus  em- 
baxadores  á  se  concertar  con  la  Señoría  de  Venecia 
y  Genova,  y  les  empeñó  tres  ciudades  por  doscien- 
tos cinqüenta  mil  ducados,  é  enviáronle  al  Marqués 
de  Mantua  con  setecientos  hombres  de  armas  é  mil 
peones  pagados  por  seis  meses,  é  enviáronle  al  Se- 
ñor Gerónimo  Tocavilla,  con  setecientos  caballos 
lijeros  é  otros  mil  peones  pagados  por  seis  meses,  ó 
vinieron  en  Ñapóles  en  veinte  y  dos  galeazas  en  el 
comienzo  del  año  de  1496;  é  las  ciudades  que  el 
Rey  empeñó  é  entregó  á  la  Señoría  de  Venecia  para 
pagar  esta  gente,  fueron  Brindis,  é  Otranto,  é  Mo- 
nopoli;  é  duró  la  guerra  en  el  Reamen  todo  lo  que 
quedaba  del  año  de  1495,  desque  el  Rey  de  Francia 
salió,  é  todo  el  año  de  1496.  En  fin  de  Febrero  do 
1496  se  acabaron  de  dar  los  castillos  de  Ñapóles 
que  quedaron  á  la  postre,  conviene  á  saber,  Castil 
del  Ovo  é  San  Telmo,  é  Capuana,  é  diéronse  á  par- 
tido que  los  pusiesen  seguros  en  Marsella,  é  ansí  se 
fizo :  quedaron  por  ganar  la  ciudad  de  Gaeta  é  el 
castillo  de  Salerno,  sobre  los  quales  el  Rey  tenia  sus 
cercos  bien  fuertes  é  bastecidos.  En  este  tiempo 
acaecieron  muchas  cosas  en  la  Italia  sobre  esta 
guerra,  que  serian  muy  luengas  de  contar.  Por  mar 
y  tierra  el  Duque  de  Milán  guardaba  que  por  tierra 
el  Rey  de  Francia  no  podia  socorrer  á  Gaeta  ni  á 
la  gente  de  Francia  que  estaba  en  el  Reamen.  Las 
annadas  de  España  é  de  la  liga,  que  andaban  por 
la  mar,  no  dejaban  entrar  socorro  por  la  mar  á 
Gaeta,  é  en  el  mes  de  Diciembre  de  1495  vino  una 
armada  de  Francia  con  mantenimientos  y  vituallas 
en  socorro  de  Gaeta,  é  estaba  la  armada  de  España 
en  contra ;  el  Conde  de  Trebento  y  otros  capitanes 
de  ella  con  el  tiempo  no  pudieron  escusar  ni  defen- 
der la  entrada  en  Gaeta  á  seis  naos  francesas  con 
el  refresco,  é  otras  se  volvieron,  que  no  pudieron 
entrar;  é  estonces  el  Conde  é  los  otros  capitanes  to- 
maron una  nao  francesa  con  trescientos  liombrea 
de  pelea,  é  mil  é  trescientos  quintales  de  pan-bizco- 
cho, y  setecientos  presutos,  que  son  tocinos,  é  se- 
senta y  cinco  botas  de  vino  y  otras  umchas  vitua- 
llas; y  en  este  tiempo  estaba  por  capitán  sobre 
Gaeta  el  Príncipe  Don  Federico,  tío  del  Rey,  por 
tierra,  y  el  armada  de  España,  catalanes  y  españo- 
les y  vizcainos  por  la  mar;  y  ansí  estuvo  cercada 
Gaeta  parte  de  el  año  de  1495,  que  se  tomó  después 
de  la  muerte  de  el  dicho  Rey  Don  Fernando. 


CAPITULO  CXLIX 

Oe  una  gran  lluvia. 


Acaeció  en  Roma  un  diluvio  ó  tempestad  de 
aguas  súpitamente,  á  diez  dias  de  Diciembre  de 
1495  años,  que  fué  una  cosa  muy  espantable,  que 
cayó  tanta  agua  del  cielo  en  tan  breve  espacio,  que 
en  Camponason  pudiera  andar  una  nao  de  ducien- 
tas  botas,  y  á  los  bancos  desde  las  finiestras  toma- 
ban el  agua  con  la  mano;  y  demás  en  Santiago  de 
los  españoles  subió  un  codo  el  agua  sobre  el  altar; 
y  decian  que  habia  hecho  de  daño  mas  de  un  mi- 
llón de  ducados. 

CAPÍTULO  CL. 

De  la  muerte  del  Rey  Don  Fernanda. 

Don  Femando,  el  Rey  de  Ñapóles,  el  segundo  de 
tal  nombre,  comenzó  de  reynar  en  Ñapóles  desde  el 
comienzo  del  año  de  1495,  que  su  padre  le  renun- 
ció el  reyno,  y  casó  con  la  hija  del  Rey  Don  Fernan- 
do su  abuelo,  primero  de  este  nombre.  Rey  de  Ñá- 
peles, é  hija  de  su  segunda  mujer,  hermana  del  Rey 
Don  Fernando  de  España.  Este  Rey,  habiendo  reco- 
brado la  ciudad  de  Ñapóles  ó  la  mayor  parte  del 
reyno  con  muchos  trabajos  é  con  la  ayuda  de  Espa- 
ña é  de  sus  amigos  é  teniendo  el  cerco  de  Gaeta,  en 
el  qual  estuvo  Gonzalo  Fernandez  de  Aguilar,  Gran 
Capitán,  con  la  gente  de  España,  murió  temprana 
muerte  á  trece  dias  de  Diciembre  del  año  de  1496 
años,  dia  de  Santa  Lucía,  en  la  ciudad  de  Puzzol, 
decian  que  atoxicato,  ó  como  fuese  su  desventura. 
Quedó  la  Reyna  su  mujer  desdichada,  quejosa  de  la 
fortuna  de  su  madre  la  Reyna  Doña  Juana,  y  del 
Príncipe  Don  Federico  su  hermano,  al  cual  quedó  la 
sucesión  del  Reyno  por  estonces;  y  á  este  tiempo  los 
de  Gaeta  no  se  podían  sostener,  y  andaban  en  par- 
tidos en  vida  del  dicho  Rey,  é  no  se  habían  podido 
concertar;  y  muerto  Don  Fernando  comenzó  de  rey- 
nar en  Ñapóles  Federico,  segundo  hijo  del  Rey  Don 
Fernando  primero,  é  luego  fizo  partido  con  los  fran- 
ceses, é  le  dieron  la  ciudad,  é  escaparon  con  sus  vi- 
das, é  f  uéronse  en  Francia  á  do  quisieron. 

CAPÍTULO  CLI. 

De  como  comenzó  i  reinar  Federico  en  Ñapóles. 

Don  Federico,  hijo  del  Rey  Don  Fernando  de 
Ñapóles,  comenzó  de  reinar  en  Ñapóles  desde  el 
dia  de  Santo  Thomé  Apóstol,  21  dias  del  mes  de 
Diciembre  año  de  1496,  después  de  la  muerte  de  su 
sobrino  el  Rey  D.  Fernando  el  mozo,  el  qual  reci- 
bieron por  su  Rey  los  caballeros  y  comunidades  del 
reino  de  Ñapóles,  y  el  Gran  Capitán  de  España 
Gonzalo  Fernandez,  é  siendo  Rey  luego  perdonó  á 
los  Duques  de  Salerno  é  Besiniano,  que  habían  sido 
traidores  á  los  Reyes  de  Ñapóles  su  hermano  y  so- 
brino, é  ansí  fueron  luego  á  él  é  le  dieron  el  galar- 
dón que  suelen  dar  los  tales,  é  en  comienzo  de  su 
reynar  se  dio  la  ciudad  de  Gaeta,  que  habia  estado 
%-III. 


DON  FERNANDO  É  DO^A  ISABEL.  é89 

mucho  tiempo  cercada,  é  Gonzalo  Fernandez,  el 
Gran  Capitán  de  España,  le  dejó  todo  el  reyno  de 
Ñapóles  ganado  é  obediente,  é  quedaron  las  susodi- 
chas ciudades  empeñadas  á  la  Señoría  de  Venecia, 
é  tenia  eso  mesmo  el  Gran  Capitán  muchas  fortale- 
zas en  la  Calabria  por  el  Rey  Don  Fernando  de  Es- 
paña, por  los  gastos  que  habían  hecho  en  la  guerra, 
que  no  le  entregó. 


CAPÍTULO  CLII. 

Como  el  Gran  Capitán  fué  á  Roma,  é  por  mandado  del  Papa  tomó 
i  Ostia. 

El  Gran  Capitán  vino  á  Roma  á  ruego  del  Papa 
Alejandro  para  ir  á  combatir  á  Ostia,  que  aun  esta- 
ba por  la  parcialidad  de  los  franceses  contra  Roma, 
y  como  estaba  sobre  el  rio  Tiber  de  Roma,  impedia 
los  mantenimientos  que  no  fuesen  á  Roma,  de  lo 
cual  se  recibía  en  Roma  mucha  fatiga  y  mengua 
de  cosas  necesarias;  la  qual  fortaleza  de  Ostia  habia 
estado  así  contra  Roma  desque  el  Rey  Carlos  pasó 
á  Ñapóles;  é  partió  Gonzalo  Fernandez  de  Roma  á 
poner  el  cerco  á  Ostia,  é  con  él  un  capitán  llamado 
Esforza,  sobrino  del  Duque  de  Milán  é  del  Cardenal 
Ascanio,  fijo  de  su  hermano,  que  era  capitán  de  ve- 
necianos por  el  Marqués  de  Mantua,  é  habia  queda- 
do en  Roma  doliente,  é  el  Duque  de  Candía,  fijo 
del  Papa,  yerno  de  Don  Enrique  Enriquez  de  Cas- 
tilla; é  Gonzalo  Fernandez  sentó  el  cerco  con  su 
gente  española  é  con  la  gente  que  le  seguía  desde 
Roma,  é  tuvieron  cercada  á  Ostia  trece  dias  com- 
batiéndola ;  en  cabo  de  trece  dias  se  dio  á  partido 
que  se  fuesen  con  sus  vidas  los  cercados,  é  derriba- 
ron toda  la  fortaleza  por  el  suelo,  porque  traia  muy 
gran  daño  á  Roma,  que  no  dejaba  ir  los  manteni- 
mientos é  mercadurías  que  iban  de  otras  tierras  por 
la  mar;  y  estando  allí  en  el  cerco  riñeron  el  Duque 
de  Candía  é  Esforza,  é  injuriáronse  de  palabra,  y 
venidos  á  Roma  con  el  vencimiento  de  Ostia,  Gon- 
zalo Fernandez  se  despidió  del  Papa  y  se  volvió  al 
Reamen :  todo  esto  pasó  en  el  año  de  1497  al  co- 
mienzo. 

El  Duque  de  Candía,  que  era  un  mtíy  mal  hom- 
bre, no  echando  en  olvido  las  palabras  y  enojo  que 
habia  habido  con  Esforza,  puesto  caso  que  Gonzalo 
Fernandez  los  habia  hecho  amigos,  como  era  mal 
hombre  y  soberbio  y  muy  enlodado  de  grandeza,  6 
de  mal  pensamiento,  é  era  muy  cruel,  y  muy  fuera 
de  razón,  tomó  un  dia  quatro  hombres  atados  do 
Esforza,  y  hízolos  ahorcar  en  la  plaza  de  San  Pedro, 
y  sobre  esto  hicieron  amigos  el  Papa  y  el  Cardenal 
á  el  Duque  y  á  Esforza ;  y  Esforza  túvosela  guar- 
dada, y  en  el  dicho  año  de  1497,  Martes  á  19  dias 
de  Mayo,  sabiendo  Esforza  de  una  enamorada  que 
el  Duque  tenia,  llamada  Madama  Damiata,  hizo  ir 
en  la  noche  una  mujer  con  una  máscara,  que  es  de 
aquellas  carátulas  que  usan  en  Roma  para  ir  disfra- 
zados, la  qual  llegó  al  Duque  donde  estaba,  y  dijo 
que  lo  llamaba  Madama  Damiata,  y  lo  esperaba  á 
la  hora  en  el  Campo  Santo,  y  salió  solo,  como  hom- 
bre de  mal  consejo,  y  embriagado,  y  captivo  dg 


é90 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


maloB  vicios,  y  matáronlo  á  puñaladas  y  cortáronle 
la  cabeza,  y  metido  en  un  saco,  desde  ponte  Sixto 
lo  echaron  con  todo  lo  que  tenia  vestido  y  calzado 
en  el  rio  Tíber ;  y  después  Viernes  á  22  de  Mayo 
siguiente  lo  hallaron  en  el  saco  con  su  cadena  de 
oro,  y  joyas  y  dineros,  y  lo  enterraron  en  la  capilla 
del  Papa  Calixto,  y  Esforza  se  retnijo  en  las  casas 
de  Ascanio  su  tio  el  Cardenal,  y  entonces  se  dijo 
que  el  mismo  Esforza  lo  había  matado  al  Duque  á 
puñaladas  y  lo  habia  cortado  la  cabeza,  y  antes  que 
lo  hallasen  no  sabian  qué  fuese  del,  antes  sospecha- 
ban que  en  la  ciudad  lo  hablan  muerto  y  enterrado. 
Y  el  Papa  mandó  á  pregonar  y  prometer  muchos 
dineros  á  quien  del  dijese  donde  estaba  muerto  ó 
vivo,  é  ovo  un  labrador  que  dijo  que  tal  noche  á 
media  noche  oyó  un  gran  golpe  en  el  rio  que  le 
echaron  de  la  puente  Sixto  abajo,  y  por  esto  lo  bus- 
caron é  lo  hallaron  en  el  rio.  El  Papa  hizo  muy  gran 
sentimiento  por  su  hijo,  é  mandó  combatir  la  casa 
donde  estaba  Esforza  y  la  vecindad,  é  ficieron  mu- 
cho daño  con  los  tiros  la  gente  del  Papa  en  Roma; 
é  Esforza  é  los  de  su  parte  se  defendieron  muy  bien, 
é  defendieron  las  casas  donde  estaban;  é  murieron 
en  la  pelea  é  combate  mas  de  doscientos  hombres 
de  ambas  partes,  y  allí  hirieron  á  Garcilaso  de  la 
Vega  y  al  Obispo  de  Segovia  Don  Juan  Arias,  que 
eran  parte  del  Papa;  y  viendo  el  mucho  daño  que 
la  gente  del  Papa  hacía,  y  como  destruían  por  una 
parte  á  Roma  con  las  lombardas,  Roma  se  alzaba 
contra  el  Papa;  el  Papa  la  quisiera  destruir,  y  el 
consejo  suyo  y  Cardenales  no  le  dejaron  mas  facer 
porque  no  convenia  á  Su  Santidad  dar  causa  que 
toda  la  ciudad  se  alzase  contra  él.  Ovo  otro  hijo  é 
una  hija  el  Papa  Alejandro,  por  los  quales  é  por  el 
Duque  ya  dicho,  siendo  vivo,  se  vido  en  muchas 
congojas  y  enojos  y  afrentas ;  el  qual  dicho  segun- 
do era  el  Cardenal  de  Valencia,  que  habia  ido  por 
Legado  y  rehenes  con  el  Rey  Carlos  de  Francia 
cuando  pasó  por  Roma,  al  qual  después  de  muerto 
el  Duque  de  Candía,  quitó  el  capelo,  é  desf izólo  de 
Cardenal,  é  llamóse  el  Duque  de  Valentino,  é  fué 
casado  con  una  hija  de  Monsieur  Labrit,  señor  de 
Gasconia  de  Francia,  hermano  del  Rey  de  Navarra, 
é  fué  muy  mal  hombre,  é  soberbio  é  cruel,  é  enle- 
vado  de  soberbia  é  grandeza,  como  el  otro,  ó  vicio- 
so, é  mañoso,  é  de  malas  artes,  al  qual  prendió  en 
Ñápeles  el  Gran  Capitán  Gonzalo  Fernandez,  des- 
pués de  la  muerte  del  Papa  su  padre,  porque  le  fué 
con  arte  á  quererle  engañar,  é  envióle  preso  á  Espa- 
ña, ó  estuvo  preso  por  traidor  en  Játiva  é  en  Medi- 
na del  Campo,  é  después  soltóse,  é  fuese  en  Navarra, 
tierra  de  su  cufiado,  que  tenia  guerra  con  el  Conde 
do  Lerin,  y  allí  murió  un  día  en  contra  con  un  hom- 
bre de  armas  del  Conde  mala  muerte,  el  qual  era  de 
Agreda  de  Castilla. 

CAPÍTULO  CLIIL 

De  la  guerra  entre  Francia  y  España,  é  de  Salías. 

El  Rey  Carlos  de  Francia  quedó  muy  enemigo  y 
muy  quejoso  del  Rey  Don  Fernando  de  España  por 


la  liga  y  por  el  favor  que  dio  al  Rey  Don  Fernanáo 
de  Ñápeles :  decia  que  siendo  su  amigo  no  quería 
considerar  la  culpa,  ni  conocer  que  él  quebrantó  el 
amistad  el  dia  que  borró  los  capítulos  y  fué  contra 
la  Iglesia;  y  en  el  mes  de  Julio  del  año  de  1496  hizo 
gran  allegamiento  de  gente  en  Narbona  y  en  aque- 
lla comarca  de  armas  y  artillería,  para  entrar  á  des- 
truir la  tierra  de  Perpiñan ;  y  como  lo  supo  el  Rey 
Don  Fernando,  fué  de  Castilla  en  persona  con  mucha 
gente  de  guerra  para  se  lo  resistir  y  defender,  y  en 
29  de  Julio  del  dicho  año  de  96  entró  en  Barcelona, 
y  salió  de  ella  en  8  de  Agosto  é  fué  para  Gerona ,  é 
dende  al  campo  por  donde  los  franceses  habían  do 
entrar  en  sn  tierra,  porque  se  habían  mucho  acer- 
cado, é  allegaron  gran  gente  de  cada  parte,  é  loa 
franceses  no  osaron  entrar,  antes  ovieron  por  bien 
una  tregua  que  se  trató  entre  ambos  Reyes,  que  es- 
tando la  una  hueste  de  la  otra  cinco  leguas  nunca 
osaron  entrar,  que  su  pensamiento  parece  que  era 
entrar  de  salto  é  robar  toda  la  tierra,  pensando  que 
no  se  pudiera  llegar  tan  aína  gente  tanta  que  lea 
resistiera;  ó  la  tregua  fué  por  cierto  tiempo  que  se 
cumplía  en  fin  del  mes  de  Octubre,  6  dos  días  antes, 
y  que  estonces  entrarían  y  asentarían  otras  treguaa 
generales  el  día  de  Todos  los  Santos;  y  el  Rey  da 
Francia  tuvo  este  aviso,  mandó  secretamente  alle- 
gar mucha  gente  y  ponerse  cerca  de  la  comarca  del 
condado  de  Rosellon,  y  el  día  que  se  acabó  la  tre- 
gua, luego  esa  noche  é  otro  dia  fueron  treinta  días 
del  mes  de  Octubre  del  dicho  año  de  1496  amane- 
cieron sobre  Salzas,  Domingo,  y  la  combatieron 
muy  fuertemente  y  la  tomaron  por  fuerza  de  ar- 
mas, y  tomáronla  tan  aina  porque  algunos  de  loa 
de  dentro  se  dieron  flojura,  é  no  creyeron  al  capi- 
tán Don  Diego  de  Acevedo,  que  murió  peleando,  y 
los  de  la  ciudad  estaban  casi  seguros  y  oviéronso 
flojamente  en  las  armas,  ca  si  algo  se  tuvieran  fue- 
ran socorridos:  y  así  entrada  Salzas,  los  franceses 
entraron  y  degollaron  mas  de  quinientos  hombres, 
é  llevaron  cuanto  en  ella  habia  de  cabalgada  é  des- 
pojo. Murió  allí,  como  dicho  es,  el  capitán  y  el  al- 
cayde  Don  Diego  de  Acevedo,  hijo  del  Arzobispo  de 
Santiago.  E  luego  el  Rey  D.  Fernando  mandó  ado- 
var é  tornó  á  redificar  la  fortaleza  é  villa  de  Salzas 
muy  mas  fuerte  que  no  era  de  primero. 

CAPÍTULO  CLIV. 

De  los  easamientos  del  Príncipe  y  del  Archiduque. 

En  el  año  de  1490  se  concertaron  los  casamientos 
del  Príncipe  Don  Juan  de  Castilla  é  de  su  hermana 
la  Infanta  Doña  Juana,  hijos  del  Rey  Don  Fernando 
é  de  la  Reyna  Doña  Isabel,  Reyes  de  España,  con  el 
Archiduque  de  Borgoña  é  con  Doña  Margarita  su 
hermana,  fijos  del  Emperador  de  Alemania  Maxi- 
miliano, nietos  del  gran  Duque  Carlos,  Conde  de 
Flándes,  Duque  de  Borgoña,  Rey  en  Frisa,  que  fué 
un  famoso  caballero  é  gran  señor,  á  quien  sucedió 
el  dicho  Archiduque  Don  Felipe  por  parte  de  su  ma- 
dre, que  fué  fija  del  dicho  Duque  de  Borgoña,  Con- 
de de  Flándes,  é  casó  con  el  dicho  Maximiliano, 


DON  PT3TIÑAND0 
elendo  Bey  de  los  ílomanos,  hijo  del  Emperador 
Federico  y  de  su  primera  mujer,  hija  del  Rey  Duar- 
te  de  Portugal ;  ansi  que  trocaron,  que  casó  el  dicho 
Príncipe  Don  Juan  con  Doña  Margarita,  é  el  dicho 
Archiduque  Don  Felipe  con  Doña  Juana,  é  partió  la 
flota  de  España,  en  que  fueron  ciento  treinta  naos 
é  navios  é  mas  de  veinte  ó  veinte  y  cinco  mil  hom- 
bres de  armada  en  ella,  con  la  Infanta  Doña  Juana, 
é  la  llevaron  á  Flandes  para  traer  á  la  Princesa 
Doña  Margarita;  é  partieron  en  el  mes  de  Septiem- 
bre del  dicho  año  de  96  de  Castilla  do  los  puertos 
de  Vizcaya,  é  fué  tan  grande  armada  por  la  guerra 
que  había  con  Francia;  é  fué  por  capitán  desta  ar- 
mada el  Almirante  de  Castilla,  y  por  Prelado  Don 
Luis  Osorio,  Obispo  de  Jaén,  á  quien  iba  encomen- 
dada la  dicha  Doña  Juana,  Archiduquesa  de  Flan- 
des  é  Infanta  de  Castilla.  Estuvieron  en  Flandes, 
después  de  entregarla  al  dicho  señor  su  marido, 
todo  el  invierno,  donde  murieron  de  la  campaña  y 
armada  mas  de  diez  mil  hombres  é  mas,  de  mal  go- 
bierno é  de  frío,  é  los  probó  la  tierra;  é  vinieron 
con  la  Princesa  de  Castilla  Doña  Margarita  en  el 
mes  de  Marzo  del  año  de  97,  en  cabo  de  siete  me- 
ses ó  poco  menos,  é  aportaron  en  Santander  los  do 
la  flota,  que  escaparon,  con  la  dicha  Princesa  é  con 
el  Almirante,  que  el  Obispo  Don  Luis  Osorio  allá  mu- 
rió con  los  otros  muchos  que  murieron  en  Flandes; 
é  decindió  en  tierra  la  Princesa  en  Santander,  é 
fuéle  hecho  el  recibimiento  de  Castilla  en  Burgos, 
y  desposáronla  luego  allí  á  19  de  Marzo,  Domingo 
de  Ramos,  y  veláronlos  en  el  Cuasimodo  adelante 
2  de  Abril.  Triunfaron  por  España  aquel  año  é  o  vie- 
ron placer  el  Príncipe  y  la  Princesa  gozando  ma- 
trimonio como  buenos  casados  asaz  poco  tiempo,  y 
como  la  rueda  de  la  fortuna  nunca  para  en  este 
mundo,  á  unos  dando,  á  otros  quitando,  á  unos  fa- 
ciendo, á  otros  desfaciendo,  á  unos  con  mucha  mi- 
seria y  pobreza  dando  muy  luenga  vida  de  años, 
hasta  que  se  enojan  de  vivir  y  querrían  la  muerte; 
á  otros  que  son  ricos,  príncipes,  reyes  y  grandes 
sefioreS;  y  á  nuestro  ver  muy  necesarios  en  el  mun- 
do para  que  viviesen,  dando  la  muerte  en  el  tiempo 
de  su  mayor  empinacion ,  y  no  se  cura  la  dicha  for- 
tuna que  sean  grandes  ni  pequeños,  ricos  ni  pobres, 
Papas  ni  Emperadores ;  llegó  al  Príncipe  Don  Juan 
susodicho  por  sus  ciertas  jornadas  el  cabo  del  viajo 
de  su  peregrinación  que  vino  á  andar  en  este  míse- 
ro mundo,  y  envióle  á  llamar  el  Señor  del  mundo 
que  lo  crió,  al  cual  ninguno  de  nos  puede  ir  sin  que 
primero  pase  por  el  trago  de  la  muerte,  é  llegaron 
á  él  los  mensajeros  de  la  muerte  natural  en  el  mes 
de  Octubre  el  dicho  año  que  se  casó  de  1497,  y  par- 
tió desta  vida  de  su  muerte  natural  la  víspera  de 
San  Francisco,  á  3  dias  de  Octubre  en  la  ciudad  de 
Salamanca,  é  su  cuerpo  fué  depositado  ende  algún 
tiempo,  y  después  fué  llevado  á  Avila,  de  la  qual 
muerte  é  fallecimiento  quedó  mucha  desconsola- 
ción á  BU  padre  é  madre,  é  á  la  sin  ventura  Marga- 
rita, su  mujer,  Reyna  que  fué  en  su  niñez  de  Fran- 
cia, y  después  Princesa  de  Castilla  é  de  España,  la 
cual  quedó  preñada  y  malparió  sin  dias  una  fija ;  y 


É  t»O^A  ISABEL:  691 

después  el  Rey  y  la  Reyna  la  enviaron  á  bu  padre  á 
su  tierra  á  Flandes,  en  el  mes  de  Setiembre  del  año 
de  99,  con  el  Obispo  de  Córdoba  Don  Juan  de  Fonse- 
ca  é  con  noble  compañía  por  tierra  por  Francia,  é 
de  allí  casó  con  el  Duque  de  Saboya  en  Píamente, 
é  en  cabo  de  pocos  años  murió  el  Duque  de  Saboya, 
é  tornó  á  ser  viuda  Margarita. 

CAPÍTULO  CLV. 

Como  tornó  la  Infanta  Dofia  Isabel  á  Portagal. 

En  el  mes  de  Septiembre  año  susodicho  del  Se- 
ñor de  1497,  se  concertó  el  casamiento  de  Doña 
Isabel,  Infanta  de  Castilla,  Princesa  que  habia  sido 
de  Portugal ,  con  el  Rey  Don  Manuel  de  Portugal ,  y 
quedando  el  Príncipe  de  Castilla  enfermo  en  Sala- 
manca, donde  falleció,  fué  la  Reyna  Doña  Isabel  á 
Alcántara  con  la  dicha  su  hija,  Princesa  de  Portu- 
gal ,  á  la  entregar  al  Rey  su  marido,  é  se  la  entregó 
é  dio  por  mujer  ;  é  mientras  ella  fué  allá  falleció  el 
Príncipe  Don  Juan  de  Castilla  en  Salamanca,  estando 
presente  el  Rey  su  padre ,  el  qual  lo  confortó  mucho 
en  su  muerte,  diciéndole :  «Fijo  mucho  amado,  aved 
«paciencia,  pues  que  vos  llama  Dios,  que  es  mayor 
»Rey  que  ninguno  otro,  y  tiene  oti-os  reinos  y  se- 
Dñoríos  mayores  é  mejores  que  non  estos  que  vos 
jíteniades  y  esperábades  para  vos  dar,  que  os  dura- 
»rán  para  siempre  jamás ,  y  tened  corazón  para  re- 
«cibir  la  muerte ,  que  es  forzoso  á  cada  uno  recibir- 
»la  una  vez ,  con  esperanza  que  es  para  siempre  in- 
smortal  é  vivir  en  gloria» :  y  otras  semejantes  co- 
sas dijeron  que  decía  el  padre  al  hijo  muy  consola- 
torias ;  y  acabado  de  depositar  su  cuerpo  en  Sala- 
manca, se  partió  para  Alcántara,  donde  la  Reyna 
habia  entregado  la  Reyna  de  Portugal  su  fija  al  Rey 
Don  Manuel  su  marido;  y  con  gesto  agradable  llegó 
á  la  Reyna ,  la  qual  le  preguntó  luego  por  el  Prínci- 
pe, y  le  dijo  que  estaba  bueno,  é  no  le  dijo  otra 
cosa,  fasta  que  de  otro  lo  supo.  Ansí  fueron  las  ale- 
grías del  matrimonio,  llantos,  lloros  y  lutos  por  el 
Príncipe,  todo  en  una  semana;  y  fechas  las  honras 
y  obsequias  por  el  Príncipe,  dende  á  cinco  meses 
enviaron  el  Rey  y  la  Reyna  por  el  Rey  Don  Manuel 
é  por  la  Reyna  su  mujer  á  Portugal,  que  viniesen 
como  Príncipes  de  Castilla,  para  que  fuesen  recibi- 
dos y  jurados  por  Príncipes,  é  vinieron,  é  entraron 
en  Castilla,  é  ficieron  el  viaje  por  Guadalupe,  don- 
de llegaron  víspera  de  Ramos,  á  7  de  Abril,  año  de 
1498,  é  dende  fueron  á  la  corte ,  donde  los  recibie- 
ron é  juraron  por  Príncipes  los  grandes  de  España, 
é  andubieron  en  la  corte,  hasta  que  después  la 
muerte  della  los  apartó. 

Estando  la  corte  del  Rey  y  la  Reyna  en  Aragón 
en  Zaragoza ,  en  el  mea  de  Octubre  del  dicho  año 
de  1498,  parió  un  hijo,  á  quien  ella  mandó  llamar 
Don  Miguel,  é  murió  de  aquel  parto  dende  á  dos  ho- 
ras desque  parió,  é  vivió  Don  Miguel  siendo  Príncipe 
de  Castilla  un  año  y  siete  meses,  hasta  el  mes  de 
Julio  del  año  de  1600,  que  murió  do  su  natural 
muerte  en  Granada,  estando  allí  la  corte.  El  prime- 
ro cuchillo  de  dolor  que  traspasó  el  ánima  de  la  Rey- 


692  CEONICAS  DE  LOS 

na  Doña  Isabel,  fué  la  muerte  del  Principe,  el  se- 
gundo fué  la  muerte  de  Doña  Isabel  su  primera 
hija,  Reyna  de  Portugal ;  el  tercero  cuchillo  de  dolor 
fué  la  muerte  de  D.  Miguel  su  nieto ,  que  ya  con  él 
se  consolaba,  y  (Jesde  estos  tiempos  vivió  sin  placer 
la  ínclita  y  muy  virtuosísima  y  muy  necesaria  en 
Castilla  Reyna  Dofia  Isabel,  y  se  acortó  su  vida  y 
su  salud.  * 

CAPÍTULO  CLVL 

De  Melilla. 

Afio  de  1497  susodicho,  en  el  mes  de  Septiembre, 
por  mandado  del  Rey  Don  Fernando  fizo  el  Duque 
de  Medina  Sidonia,  Conde  de  Niebla ,  Don  Juan  de 
Guzman,  una  armada  que  había  de  ir  allende  á  to- 
mar y  poblar  á  Melilla,  que  es  en  el  reyno  de  Tre- 
mecen,  linde  con  el  reino  de  Fez,  porque  se  supo 
por  ciertas  diferencias  que  los  moros  lo  habían  despo- 
blado ;  é  fueron  en  la  dicha  armada  cinco  mil  hom- 
bres, y  descíndieron  en  Melilla,  la  qual  hallaron  va- 
cía de  gente  y  despoblada ,  é  pobláronla ,  é  repará- 
ronla ,  é  fortaleciéronla  mucho ,  é  el  Rey  fizo  gober- 
nador della  al  dicho  Duque ,  é  le  dio  la  tenencia ,  el 
qual  á  costa  del  Rey  la  mantuvo  é  gobernó  mien- 
tras vivió,  é  tuvo  ende  alcaides  é  capitanes  que 
ficieron  mucha  guerra  á  los  moros  de  la  comarca, 
en  especial  á  Mariano  de  Rivera,  que  fué  su  primo, 
muy  esforzado,  é  fizo  muchas  cosas  buenas  é  cabal- 
gadas en  los  moros ,  estando  allí ,  dándolas  é  reci- 
biéndolas á  veces ,  é  tomó  á  Cazaca  desde  allí  á  los 
moros. 

CAPÍTULO    CLVIL 

Del  Capitán  de  Perpiñan. 

En  él  dicho  afio  de  97  murió  el  capitán  general  de 
Perpifian,  Don  Enrique  de  Guzman,  hijo  del  Conde 
de  Alva  de  Liste,  señor  de  las  Garrovillas,  que  fué 
pr.eso  en  la  batalla  de  Zamora  é  llevado  á  Portugal, 
saliendo  á  un  ruido  que  había  entre  la  gente  de  la 
guarnición  que  estaba  contra  la  Francia,  é  de  la 
ciudad  cayó  una  piedra,  no  supieron  de  dónde,  y  le 
dio  en  la  cabeza ,  de  que  murió.  El  qual  era  muy 
devoto  y  muy  virtuoso  caballero,  y  pariente  del 
Rey.  Era  casado  con  hija  de  su  primo  Enrique  En- 
riquez,  hermano  de  la  mujer  del  Duque  de  Candía, 
hijo  del  Papa  Al*3Jandro,  que  murió  en  Roma,  como 
es  dicho.  Era  este  dicho  capitán  fijo  del  dicho  Con- 
de de  Alva  de  Liste  Don  Enrique  Enriquez,  que  fué 
hijo  del  Almirante  Don  Alonso  Enriquez ,  que  fué 
hijo  del  Maestre  de  Santiago  Don  Fadrique,  que 
mató  el  Rey  Don  Pedro ,  su  hermano. 

CAPÍTULO  CLVIII. 

De  la  muerte  del  Rey  Garlos  de  Franela. 

Afio  del  Sefior  de  1498,  á  7  días  del  mes  de  Abril, 
víspera  del  Domingo  de  Ramos,  murió  el  Rey  Car- 
los de  Francia,  que  habia  entrado  en  la  Italia,  se- 
gún ea  4iíhQ,  Murió  ea  Francia,  en  la  ciudad  de 


REYES  DE  CASTILLA. 

Molius,  en  Barbones.  Reynó  en  los  años  de  su  nifiea 
é  tutela  diez  y  seis  años  y  ocho  meses ,  desde  la 
muerte  del  Rey  Luis  su  padre.  Sucedióle  en  el  rey- 
no  el  Duque  de  Orliens  su  tío,  primo  de  su  padre,  á 
quien  por  la  línea  masculina  de  derecho  mas  lejíti- 
mamente  vino  é  perteneció  el  reino  de  Francia ,  ó 
luego  lo  elijieron  y  alzaron  por  Rey  los  grandes  de 
Francia  pacificamente.  El  qual  luego  á  la  hora  que 
vido  muerto  al  Rey  Carlos,  envió  mensajeros  al  Rey 
Don  Fernando  de  España  haciéndole  saber  la  muer- 
te del  Rey  Carlos,  y  como  él  era  Rey  de  Francia  é 
quería  su  amistad  y  hermandad,  según  lo  acostum- 
braban é  solían  tener  los  Reyes  de  Castilla  con  los 
de  Francia  los  tiempos  pasados ;  y  el  Rey  Don  Fer- 
nando fizo  sentimiento  por  la  muerte  del  Rey  Car- 
los de  Francia,  y  concedió  al  Rey  Luís,  Duque  de 
Orliens,  que  nuevamente  comenzó  de  reynar,  su  em- 
baxada  y  amistad ;  y  con  esto  los  mensajeros  se  vol- 
vieron en  Francia  ;  é  al  tanto  fizo  el  liey  con  los 
otros  Reyes  y  grandes  Señores,  que  les  fizo  saber  de 
la  muerte  del  Rey  Carlos  su  sobrino ,  y  les  pidió 
amistad. 

CAPÍTULO  CLIX. 

De  la  especería  de  Calecnd,  cómo  se  halló. 

A  diez  días  de  Junio,  año  de  1499,  vino  á  Lisboa 
en  Portugal  uno  de  los  dos  navios  que  el  Rey  Don 
Juan  de  Portugal  había  mandado  á  descubrir,  el 
qual  ya  pasaba  de  dos  años  que  habia  partido  de 
Lisboa,  los  quales  por  el  mar  Océano  del  costado  de 
la  Mina  fueron  la  tierra  siempre  á  la  mano  izquier- 
da ,  mas  adelante  de  lo  descubierto  hasta  alh'  mil 
ochocientas  leguas,  hasta  que  llegaron  en  Indias, 
donde  hallaron  una  ciudad  mayor  que  Lisboa,  po- 
blada, llamada  Calecud,  y  estaba  poblada  do  chris- 
tianos  indianos,  los  quales  tienen  iglesias  y  campa- 
nas, y  casas  hechas  de  piedra  á  la  morisca,  y  las 
calles  derechas,  y  el  Rey  de  la  dicha  ciudad  se  hace 
muy  bien  servir,  é  tiene  su  palacio  muy  bien  orde- 
nado, con  sus  escuderos,  é  camareros,  é  porteros,  en 
la  qual  ciudad  hay  muchos  mercaderes  moros  riquí- 
simos ,  y  todo  el  trabajo  es  en  sus  manos,  y  el  Rey 
se  gobierna  y  rije  por  consejo  de  los  dichos  moros. 
Toda  la  escala  de  las  especias  es  en  la  dicha  ciudad. 
Vale  un  peso  de  canela,  que  son  cinco  quintales, 
diez  ó  ocho  ducados  de  oro ;  hay  pimienta  y  clavos 
á  aquel  respecto,  genjibre  la  mitad  menos,  las  qua- 
les especias  nacen  en  ciertas  islas,  de  la  dicha  ciu- 
dad cerca  de  ciento  y  setenta  leguas,  y  son  cerca  de 
la  tierra  firme  una  legua,  y  son  pobladas  de  moros, 
y  ellos  son  señores  de  las  dichas  islas.  Hay  infini- 
tas naos  allí  por  aquella  comarca ,  que  dicen  hay 
mil  y  quinientas,  y  la  mayor  no  pasa  de  setenta 
toneles,  y  no  llevan  mas  de  un  mástil,  y  no  pueden 
navegar  sino  á  popa,  y  son  débiles  y  sin  ninguna 
artillería  ni  armas,  y  todas  son  de  moros  y  navega- 
das por  manos  de  moros,  y  las  naos  que  van  á  las 
dichas  islas  por  las  especias  y  llanas,  porque  hay 
poco  hondo  y  algunas  hay  que  no  llevan  hierro, 
porque  han  de  pasar  por  la  piedra  imán,  que  es  d^ 


DON  FERNANDO 
la  dicha  isla  poco ;  en  la  qual  isla  no  vale  un  quin- 
tal de  canela  mas  de  un  ducado  y  medio ,  é  á  sus 
naos  vienen  con  las  dichas  especias  un  gran  golfo 
que  es  adelante  de  la  dicha  ciudad ,  que  atravesa- 
ron los  dichos  navios  que  fueron  á  descubrir,  é  fue- 
ron bien  setecientas  leguas  de  traviesa ,  en  el  qual 
golfo  hay  infinitas  ciudades,  é  villas,  é  castillos, 
todos  de  moros ;  y  después  á  la  fin  del  dicho  golfo 
pasa  un  estrecho  como  el  de  Gibraltar,  y  entran  en 
otro  golfo  donde  de  la  parte  derecha  es  el  mar  Ru- 
bio, y  allí  descargan  las  dichas  especias,  y  allí  hay 
otros  navios  mas  pequeños ,  por  respecto  que  hay 
poco  hondo ,  é  de  allí  las  llevan  á  otro  puerto,  que 
es  cerca  de  la  casa  de  la  Meca,  que  es  una  ciudad 
asentada  en  los  desiertos  de  Arabia :  allí  yace  el 
cuerpo  del  malaventurado  Mahoma  enterrado  tres 
jornadas  adelante  del  dicho  puerto,  é  después  van 
BUS  jornadas  y  su  camino  al  Cairo  con  camellos ,  y 
pasan  al  pié  del  monte  Sinay.  E  todas  las  dichas 
villas  son  habitadas,  é  muradas,  é  fermosas,  é  fe- 
chas á  la  morisca,  é  los  portugueses  descindieron  é 
fueron  en  buena  compañía.  Y  este  no  pudo  ser  sino 
el  golfo  de  Arabia,  de  que  escribió  Plinio.  Las  gen- 
tes de  aquellas  ciudades  son  christianos,  vestidos 
de  la  cintura  abajo,  é  también  ansí  las  mujeres; 
é  aquellas  de  los  hombres  honrados  se  cubren  tam- 
bién de  la  cintura  arriba  de  cierta  tela  delgada. 
Hay  allá  terciopelo,  damasco,  raso,  tafetanes  de 
cada  color,  é  paños  de  Luca  é  de  otras  suertes,  é 
telas  muy  delgadas,  y  latón,  y  estaño  muy  bien  la- 
brados, hay  de  todo  mucha  abundancia ;  hay  mal- 
vacía  de  Candía  en  barriles,  y  mi  opinión  es  que 
toda  esta  viene  del  Cairo,  donde  vienen  á  parar  la 
mayor  suma  de  aquellas  especias  :  hay  trigo ,  mu- 
cho de  acarreto ,  que  se  lo  llevan  aquellos  moros 
con  las  dichas  naos  ;  hay  bueyes  y  vacas,  y  son  pe- 
queños; hay  naranjas  y  todas  dulces,  limones,  ci- 
dras, melones,  duraznos  é  otras  muchas  frutas,  dá- 
tiles verdes  y  secos ;  hay  azúcar  é  facen  conservas ; 
tienen  algodón  y  nácar  infinita,  y  brasil  los  mon- 
tes llenos,  y  estoraque,  y  menjuí,  y  algalia,  é  joyas 
de  todas  suertes ,  aunque  son  caras ,  y  no  es  mara- 
villa ,  porque  los  moros  lo  atraviesan  todo  é  lo  que 
quieren  allá  por  estas  mercaderías  no  es  sino  oro  é 
plata ;  allí  corre  la  moneda  del  Soldán  del  Cairo, 
que  son  serafines  de  oro ,  que  pesan  menos  que  el 
ducado  dos  6  tres  granos  ;  corren  ducados  venecia- 
nos é  de  Genova ;  hay  moneda  de  plata  menuda, 
que  asimismo  debe  ser  del  Soldán.  Hay  marea  como 
acá,  y  crece  la  mar  y  mengua  ;  hay  grandes  more- 
rías en  aquellas  partes  y  todos  loros  como  los  india- 
nos ;  é  más  acá  del  dicho  golfo  obra  de  cien  leguas 
hallaron  una  mina  de  oro  en  tierra  de  negros ,  que 
casi  Bon  subditos  moros.  E  porque  del  primer  viaje, 
como  dicho  es,  descubrieron  é  supieron  los  portu- 
gueses que'  fueron  descubrir  en  el  tiempo  y  vida  del 
Rey  Don  Juan ,  fijo  del  Rey  Don  Alonso  é  por  su 
mandado  lo  susodicho,  é  vinieron  reinando  el  Rey 
que  le  sucedió  en  el  reyno,  que  fué  Don  Manuel,  fué 
mi  voluntad  asentarlo  aquí  en  este  libro  de  memorias, 
porque  esto  fué  in  primis.  Y  de  aquí  se  prosiguió 


É  DOÑA  ISABEL.  69á! 

que  el  Rey  Don  Manuel  de  Portugal  envió  muchaíí 
veces  sus  armadas  por  aquellas  vías,  y  descubrieron 
mucho  mas  en  aquellas  partes ,  é  tomaron  la  pose- 
sión por  él  de  la  conquista,  é  del  resgatar  é  descu- 
brir ,  y  le  trujeron  á  Portugal  el  uso  de  las  merca- 
derías de  las  especias  de  aquellas  tierras,  que  nun- 
ca tal  fué  visto  por  tantas  leguas  del  mar  Océano 
que  se  cree  ser  de  viaje  desde  Portugal  hasta  allá 
cerca  de  tres  mil  leguas  con  los  rodeos  que  se  ha- 
cen ;  é  en  las  riquezas  de  las  especias ,  desque  lo  su- 
sodicho se  descubrió ,  Lisbona  y  Setubal  se  volvie- 
ron Alejandría :  lo  qual  fué  muy  gran  perjuicio  del 
Soldán  del  Cairo  y  Babilonia,  enemigo  de  nuestra 
santa  fée  cathólica,  é  fué  en  amenguamiento  de  sus 
rentas;  que  todos  los  mercaderes  de  Venecia,  Ge- 
nova ó  Florencia ,  que  son  los  mas  ricos  mercade- 
res del  mundo,  iban  á  la  ciudad  de  Alejandría,  quo 
es  suya  y  el  puerto  mas  principal  que  él  tiene,  é  á 
otras  partes  de  su  tierra  á  cargar  de  las  dichas  de 
las  especias  é  mercaderías  para  proveer  toda  la 
christiandad  latina,  que  es  Italia,  Francia,  Alema- 
nia, Inglaterra,  España  y  Flandes,  é  agora  todo  lo 
mas  es  quitado,  y  se  provee  de  Portugal ,  de  donde 
el  Rey  de  Portugal  acrecentó  mucho  en  su  honra  y 
renta. 

CAPÍTULO  CLX. 

De  las  Reynas  de  Ñapóles  é  del  bautismo  de  los  moros.' 

Año  de  1499  vinieron  las  Reynas  de  Ñapóles  ma- 
dre é  fija,  de  Ñapóles  en  España,  hermana  y  sobri- 
na del  Rey  Don  Fernando,  y  con  ellas  el  Gran  Capi- 
tán Gonzalo  Fernandez,  Duque  de  Montegargano, 
é  tres  ó  quatro  Prelados  muy  honrados.  Arzobispos 
é  Obispos,  é  quedó  en  Aragón  la  Reyna  moza  en  uu 
lugar  cerca  de  Valencia,  é  la  madre  vino  á  Grana- 
da en  el  mes  de  Julio  del  dicho  año,  donde  estonces 
estaba  la  corte,  donde  le  ficieron  honrado  recibi- 
miento el  Rey  su  hermano  y  la  Reyna.  Estuvo  allí 
la  corte  ciertos  meses  dando  forma  como  se  bauti- 
zasen aquella  multitud  de  moros  que  había  en  la 
dicha  ciudad,  por  quitar  muchos  daños  que  dello  se 
recrecían,  é  muertes,  é  cautiverios  que  los  moros 
de  las  veras  de  la  mar  hacían  y  consentían  hacer, 
que  venian  los  moros  de  allende  y  llevaban  de  no- 
che los  lugares  enteros  y  á  vueltas  todos  los  chris- 
tianos que  en  ellos  había ;  y  partióse  la  corte  para 
Sevilla ,  y  quedó  el  Arzobispo  de  Toledo  con  el  de 
Granada  dando  forma  en  el  convertimiento  de  la 
ciudad,  y  buscaron  todos  los  linajes  que  venian  de 
christianos  y  convirtieron  y  bautizaron  muchos  de 
ellos,  y  los  moros  tuvieron  esto  por  muy  mal,  y  al- 
borotáronse unos  con  otros  y  escandalizaron  la  ciu- 
dad de  manera  que  se  alzaron  unos  y  otros,  se  fue- 
ron (le  la  ciudad  y  alborotaron  los  lugares  comar- 
canos é  las  Alpujarras,  é  alzáronse  contra  los  chris- 
tiattos,  é  socorrieron  luego  los  christianos  mas  cer- 
canos, é  ficieron  algunos  destrozos  en  los  moros,  é 
partió  el  Rey  de  Sevilla  á  mas  andar ,  y  fué  á  Gra- 
nada ;  é  esto  fué  en  el  comienzo  de  el  año  de  500,  6 
apaciguó  la  ciudad  1q  mejor  que  pudo ,  é  fué  sobr^ 


694  CRÓNICAS  DE  LOS 

Lanxaron,  é  tomólo  por  fuerza  de  armas,  é  mató  ó 
captivo  los  moros  de  aquella  comarca,  é  tomó  por 
partido  todas  las  Alpiijarras,  é  dejó  á  buen  recaudo 
todas  las  fortalezas,  é  á  todo  esto  fué  presente  el 
Gran  Capitán  Don  Gonzalo  Fernandez,  é  volvióse  en 
Granada  é  dejó  orden  como  predicasen  á  los  moros 
la  santa  fée  é  bautismo,  é  los  convirtiesen  por  cien- 
cia é  por  buena  razón ,  é  les  ficiesen  saber  como  la 
voluntad  suya  é  de  la  Reyna  era  que  todos  fuesen 
christianos,  pues  en  otra  ley  no  habia  salvación 
para  el  ánima  sino  en  la  de  Jesuchristo  ;é  dado  este 
concierto  se  volvió  en  Sevilla,  é  dende  á  pocos  dias 
prosiguiendo  lo  susodicho  los  dichos  Arzobispos  y 
la  clerecía  de  Granada,  convirtieron  la  ciudad  y 
bautizaron  mas  de  setenta  mil  personas  grandes  é 
chicas  en  Granada  y  su  comarca,  de  manera  que  en 
toda  la  ciudad  no  quedó  ninguno  por  bautizar. 

CAPÍTULO  CLXI. 

De  la  división  entre  el  Rey  de  Ñapóles  Federico  y  el  Rey 
de  España. 

Las  Reynas  de  Ñapóles  se  dijo  venir  en  España 
por  la  desconsolación  que  tenían  después  de  la 
muerte  del  Rey  Don  Fernando  segundo  deste  nom- 
bre, el  mozo  ;  é  como  reinó  Federico,  el  Rey  de  Es- 
paña quisiera,  é  también  la  Reyna  su  hermana,  que 
casara  su  hijo  de  Federico,  Duque  de  Calabria,  con 
la  mujer  del  Rey  Fernando  el  mozo,  su  sobrina, 
que  era  asaz  moza  y  de  muj'  gran  merecimiento ;  el 
qual  casamiento  Federico  ni  bu  hijo  diz  que  no  qui- 
Bieron  conceder ;  y  diz  que  el  Rey  Don  Fernando  es- 
cribió algunas  cartas  á  Federico  su  sobrino ,  Rey  do 
Ñapóles,  sobre  el  mismo  casamiento  y  sobre  otras 
cosas  convenientes  para  entre  ellos,  y  que  teniendo 
á  él  no  temiese  al  Rey  de  Francia  ni  á  otro  ,  que  él 
le  ayudaría  á  defender  el  reino  de  Ñápeles  ;  porque 
el  Rey  Don  Fernando  temia  que  el  Rey  de  Francia 
habia  de  volver  á  conquistar  aquel  rey  no  ;  y  el  Rey 
Federico  diz  que  era  mucho  mas  aficionado  á  Fran- 
cia que  no  á  España,  porque  diz  que  casó  en  Fran- 
cia una  vez,  y  vivió  allá  con  el  Rey  de  Francia  gran 
tiempo ,  y  diz  que  las  cartas  que  el  Rey  de  España 
le  enviaba,  mostraba  el  Rey  de  Francia  á  los  em- 
baxadores  del  Rey  Don  Fernando  de  España,  de  lo 
qual  el  Roy  hubo  asaz  enojo ,  é  no  se  pudo  acabar 
con  Federico  y  bu  hijo  que  el  dicho  casamiento  se 
liciese,  é  por  esta  causa  é  desconsolación,  é  por 
otras  cosas,  les  convino  venir  á  las  dichas  Reynas 
en  España ,  é  asimismo  vino  el  Gran  Capitán  con 
ellas ,  é  dejó  en  la  Pulla  y  Calabria  del  Reamen  de 
Ñápeles  muchas  fortalezas  á  buen  recaudo  por  el 
Bey  de  España,  por  ciertas  deudas  é  gastos  que  so- 
bre la  conquista  se  seguían,  ó  no  las  habia  entrega- 
do al  Rey  Federico.  E  estuvieron  desta  vez  acá  las 
Bcfíoras  Reynas  en  España  hasta  que  el  Rey  Don  Fer- 
nando las  volvió  en  Ñápeles  en  fin  de  la  segunda 
conquista  de  Ñapóles,  y  aun  mucho  tiempo  después; 
é  lo  mas  deste  tiempo  estuvieron  en  Valencia  de 
Aragón  la  madre  é  la  fija. 


REYES  DE  CASTILLA. 

CAPÍTULO  CLXIl. 

Del  Rey  de  Francia,  é  de  Milán. 

Don  Luis  de  Valois,  Duque  de  Orliens,  Rey  de 
Francia,  comenzó  de  reynar  después  de  la  muerte  del 
Rey  Carlos  su  sobrino:  en  el  comienzo  de  su  reynar 
sacó  su  hueste  de  Francia  muy  grande  ó  entró  por 
la  Lombardía  muy  poderoso  sobre  el  Ducado  de  Mi- 
lán, con  título  de  Duque  de  Milán,  diciendo  que  era 
suyo  é  le  pertenecía  por  lejítiraa  causa  de  antigüe- 
dad, é  diéronsele  luego  en  la  Lombardía  quatro  vi- 
llas, de  ellas  por  fuerza,  de  ellas  por  grado ;  y  el 
Duque  de  Milán  Ludovico,  hubo  temor  de  su  propia 
ciudad  de  Milán  é  de  la  gente  della  que  le  ficiesen 
traición ,  é  vido  tales  esperiencías  que  no  osó  espe- 
rar al  Rey  de  Francia  en  Milán ,  é  salió  della  con 
trescientos  hombres  de  armas  y  sus  tesoros,  é  fuese 
en  Alemania  al  Emperador  Maximiliano,  que  era  su 
cufiado,  casado  con  su  hermana ,  y  el  Rey  de  Fran- 
cia fué  sobre  Milán ,  y  abriéronle  las  puertas ,  y  en- 
tróse dentro ,  é  tomóla ,  é  diósele  luego  todo  el  Du- 
cado de  Milán,  é  diósele  Genova  é  toda  su  señoría, 
é  el  Rey  dejó  sus  guarniciones,  é  capitanes  é  alcay- 
des  en  lo  ganado,  é  volvióse  á  Francia. 

Estando  así  Milán  en  la  gobernación  de  franceses, 
como  loH  franceses  dicen  ser  gente  de  mal  sufri- 
miento é  horrible  de  comportar ,  los  luilaneses  des- 
contentos dellos  é  de  sus  importunidades,  enviaron 
por  el  Duque  'de  Milán  su  señor,  diciendo  que  le 
querían  dar  la  ciudad  ;  é  vino  muy  poderoso  con  la 
ayuda  del  Emperador  é  con  mucha  gente  de  suizos 
que  trujo  á  sueldo,  é  con  ayuda  de  sus  amigos,  y  co- 
mo allegó  á  Milán,  sin  embargo  de  los  franceses,  los 
de  la  ciudad  le  abrieron  las  puertas  de  la  ciudad ,  ó 
se  entró  en  ella  é  la  tomó. 

El  Rey  do  Francia ,  como  era  hombre  mañoso  é 
muy  esforzado,  é  traía  buen  concierto  en  la  guer- 
ra ,  é  tenia  gran  hueste  de  mucha  gente  de  Francia 
y  muchos  suizos  á  sueldo,  y  tenia  gran  parte  y  fa- 
vor en  la  Italia,  díó  luego  vuelta  con  la  hueste  so- 
bre Lombardía  é  sobre  el  Ducado  de  Milán. 

El  Duque  de  Milán,  con  intención  de  pelear  y  de- 
fender su  tierra,  se  puso  con  su  gente  é  con  muchos 
suyos  que  tenia  á  su  lado  en  Novara,  é  vino  el  Rey 
de  Francia  allí  sobre  él  en  el  mes  de  Abril  del  año 
de  1500,  é  cercó  al  Duque  allí  en  la  ciudad  de  No- 
vara, é  ovo  traición  en  los  suizos  que  tenia  á  sueldo 
el  Duque  de  Milán,  y  nunca  quisieron  pelear  ni  ha- 
cer lo  que  debían  contra  el  Rey  de  Francia  ni  con- 
tra su  hueste,  porque  dijeron  que  veían  un  pendón 
ó  bandera  do  suizos  allí  en  la  hueste  del  Rey  de 
Francia,  y  que  en  ninguna  manera  no  podían  pelear 
ni  ir  contra  él  sin  caer  en  descomunión  y  mal  caso, 
de  manera  que  dieron  gran  turbación  y  desmayo  en 
la  hueste  del  Duque,  y  el  Duque  estaba  dentro  en 
Novara,  y  quejoso  y  muy  turbado  de  la  traición  de 
los  suizos,  que  no  quisieron  pelear  ni  hacer  su  de- 
ber, maldecía  la  fortuna  ó  la  siniestra  é  desastrada 
suya ;  é  los  suizos  les  dijeron  que  ellos  tenían  segu- 
ro del  Rey  de  Francia  para  salir  ahorrados  y  para 


DON  FERNANDO 
fee  ir  do  quisiesen ,  que  saliese  entre  ellos  ansí  ahor- 
rado y  disfrazado  como  suizo  si  queria  escapar,  y  el 
desdichado  Duque  viendo  su  perdimiento ,  causado 
de  la  gran  traición,  considerando  que  no  vive  el  leal 
mas  que  lo  que  quiere  el  traidor,  viendo  su  gente 
salir  de  la  ciudad  y  pasar  segura  por  los  reales  de 
los  enemigos  franceses ,  pensó  pasar  por  suizo,  co- 
mo le  dijeron,  é  metióse  entre  ellos  á  salir  disfraza- 
do, é  fué  conocido  y  tomado  preso  ;  y  el  Key  tomó 
á  Novara,  é  prendió  al  Duque  é  al  Cardenal  de  As- 
canio,  su  hermano,  é  á  todos  los  caballeros  é  nobles 
que  con  ellos  estaban  de  la  familia  y  casa  del  Du- 
que, y  enviólos  presos  á  Francia,  donde  tuvo  al  Du- 
que preso  hasta  que  murió  dende  á  quatro  ó  cinco 
afios ;  é  de  allí  el  Rey  fué  sobre  la  gran  ciudad  de 
Milán,  é  sobre  todas  las  ciudades  é  villas  del  Duca- 
do, é  todo  se  le  entregó  sin  recibir  mucha  afrenta  ; 
é  el  Rey  de  Francia  estonces  confirmó  su  amistad 
con  las  señorías  de  Genova,  é  Florencia,  é  Pisa,  é 
quedó  señor  de  la  Lombardía :  en  esto  sobrepujó  en 
renta  y  señorío  á  todos  los  otros  Reyes  de  Francia 
antes  del  pasados  ;  é  esto  todo  pasó  en  el  verano  del 
año  de  1500,  y  ya  en  este  tiempo  era  fecha  amistad 
entre  el  Rey  de  Francia  y  el  Rey  Don  Fernando  de 
España,  é  estaban  de  acuerdo  é  buena  amistad;  é  so- 
nábase que  el  Gran  Turco,  Emperador  de  Constan- 
tinopla ,  queria  venir  con  muy  gran  armada  sobre 
esta  tierra  de  christianos ,  y  de  aquí  tuvo  color  el 
Rey  Don  Fernando  de  ordenar  la  armada  que  envió 
con  el  Gran  Capitán ,  diciendo  que  para  defender  á 
Sicilia  si  el  Turco  allí  aportase,  y  fué  mas  que  el 
Rey  de  Francia  estaba  tan  pujante  en  la  Italia  tan 
cerca  del  Reamen  de  Ñapóles  é  Sicilia  para  le  resis- 
tir, si  algo  quisiese  hacer,  y  fué  muy  bien  mirado  y 
pensado  del  Rey  Don  Fernando,  según  lo  que  des- 
pues  sobrevino  ,  como  se  dirá  donde  conviene  ade- 
lante. 

CAPÍTULO  CLXIII. 

De  como  el  Gran  Turco  destruyó  á  Corfú  y  Modon. 

El  Gran  Turco  Bayaceto,  Emperador  de  Constan- 
tinopla,  señor  de  la  Turquía  é  Grecia,  en  este  tiem- 
po aderezó  una  muy  grande  armada  para  ir  contra 
los  christianos,  y  no  se  sabia  á  donde  iria ,  é  la  se- 
ñoría de  Venecia  lo  hizo  saber  é  los  Reyes  é  señores 
comarcanos ;  é  esto  fué  en  comienzo  del  año  de 
1500,  é  luego  el  Rey  D.  Fernando  ordenó  su  arma- 
da con  el  Gran  Capitán  ;  y  dijeron  que  el  Rey  de 
Francia  envió  otra  armada,  é  no  llegaron  á  tiempo, 
é  los  turcos  vinieron  sobre  Corfú  é  Modon,  ciudades 
de  la  Señoría  de  Venecia,  é  los  turcos  vinieron  muy 
poderosos,  que  la  señoría  no  los  pudo  resistir,  ó  co- 
mo que  ello  fué ,  los  turcos  entraron  en  las  dichas 
ciudades  por  fuerza  de  armas,  é  las  destruyeron  é 
metieron  á  sacomano,  é  mataron  ó  captivaron  toda 
la  gente  de  ellas  ;  é  los  turcos  fueron  mañosos  en 
esto,  que  finjieron  y  enderezaron  que  iban  á  otra 
parte,  é  volvieron  é  dieron  de  súpito  sobre  las  dichas 
ciudades,  y  las  entraron  antes  que  ningún  socorro 
hs  viniese ;  é  cuando  el  Gran  Capitán  llegó  gon  su 


É  DOÑA  ISABEL.  695 

armada  ya  el  dafio  era  fecho,  como  ip.as  adelante  69 
dirá. 

CAPÍTULO  CLXIV. 
Del  Rey  de  Navarra. 

Postrero  dia  de  Abril ,  año  de  mil  y  quinientos^ 
estando  la  corte  en  Sevilla ,  vino  el  Rey  de  Navar- 
ra ahorrado  con  obra  de  veinte  de  caballo  á  Sevilla, 
á  negociar  con  el  Rey  y  con  la  Reyna,  al  qual  el  Rey 
mandó  facer  muy  honrado  recibimiento  en  esta  ma- 
nera :  la  Ciudad  delante,  todos  los  Veinte-y-quatros 
y  Regimiento  delante,  al  qual  besaron  la  mano  por 
mandado  del  Rey,  é  luego  la  clerecía  toda  por  sí  y 
capellanes  de  la  corte ,  luego  los  priores  muy  orde- 
nadamente, y  luego  el  Rey  Don  Fernando  á  la  pos- 
tre con  el  Patriarcha  Arzobispo  de  Sevilla,  Don  Diego 
Hurtado  de  Mendoza,  écon  un  Cardenal  é  dos  ó  tres 
Obispos  italianos,  que  habían  venido  con  la  Reyna 
de  Ñapóles,  y  con  los  grandes  y  con  los  Obispos  de 
la  corte  salieron  camino  de  Alcalá  media  legua  á  los 
recibir,  y  llegados  se  abrazaron  é  humillaron ,  é  vi- 
nieron á  la  ciudad  por  la  puerta  de  Carmona,  é  de- 
cían que  el  Rey  le  había  dado  muchos  ducados ,  é 
en  Sevilla  le  hicieron  muchas  fiestas. 

En  este  mismo  año  de  1500  adelante  ,  en  el  mes 
de  Octubre  se  ficieron  las  fiestas  del  casamiento  de 
Doña  María,  tercera  fija  del  Rey  Don  Femando  é  de 
la  Reyna  Isabel,  é  casó  con  el  Rey  Don  Manuel  de 
Portugal,  é  la  enviaron  Sus  Altezas  á  reynar  á  Por- 
tugal con  el  Arzobispo  de  Sevilla,  que  era  entonces 
Don  Diego  Hurtado  de  Mendoza,  ó  con  Don  Alonso 
de  Aguilar,  é  con  otros  caballeros  é  noble  compañía, 
é  la  entregaron  al  Rey  Don  Manuel  su  marido  en 
Portugal,  por  la  vía  de  Mora,  é  la  salieron  á  recibir 
el  Rey  é  los  grandes  de  Portugal ,  é  les  ficieron  muy 
gran  recibimiento. 

CAPÍTULO  CLXV. 

De  DoSa  Catalina  su  hermana,  hija  menor  del  Rey  Don  Fernando 
é  de  la  Reyna  Doña  Isabel,  su  mujer. 

Estando  en  Granada  el  Rey  é  la  Reyna,  en  el  año 
de  1501,  vinieron  Embasadores  del  Rey  de  Ingla- 
terra á  su  corte,  á  le  demandar  para  el  Príncipe  de 
Inglaterra  su  hijo,  llamado  Artus,  á  la  Infanta  Doña 
Catalina,  su  quarta  é  menor  fija,  é  el  casamiento  se 
concertó,  é  finalmente  la  enviaron  á  Inglaterra  des- 
de Granada,  á  veinte  y  un  días  de  Mayo  del  dicho 
año  de  1501  :  fueron  con  ella  á  la  entregar  el  Arzo- 
bispo de  Santiago  Don  Alonso  de  Azevedo,  y  el 
Obispo  de  Osma,  y  el  Obispo  de  Salamanca,  y  el 
Conde  de  Cabra,  y  el  Comendador  mayor  de  Cárde- 
nas, y  la  Condesa  de  Cabra  vieja,  y  Doña  Elvira  Ma- 
nuel por  su  dama  de  honor,  y  fueron  á  embarcar  en 
la  ciudad  de  la  Coruña  en  Galicia ,  é  embarcaron  á 
diez  y  siete  días  de  Agosto,  é  yendo  por  la  mar  vol- 
vióles el  tiempo  contrario,  é  aportaron  en  Laredo, 
en  Castilla  la  Vieja,  en  donde  adoleció  muy  mal 
Doña  Catalina,  é  después  de  convalecida  é  buena 
embarcó  ea  veinte  j  seis  dias  de  Setiembre  en  unft 


696 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


nao,  la  mejor  que  llevaba  de  quatro  naos  que  lleva- 
ba de  trescientos  toneles:  ovieron  buen  viaje,  y  fue- 
ron á  desembarcar  en  un  puerto  que  llaman  Fala- 
monte,  á  dos  di  as  de  Octubre,  donde  fué  fecho  á  la 
Señora  Dofia  Catalina  muy  gran  recibimiento  é  mu- 
chas fiestas,  y  fué  desposada  y  velada  con  el  Prín- 
cipe Artus,  hijo  mayor  del  Rey  Hafo  de  Inglater- 
ra, el  qual  le  duró  poco,  ca  falleció  de  pestilencia 
estando  en  su  Principado  de  Gales,  á  dos  dias  de 
Abril  afio  de  1502,  en  una  villa  que  sollama  Budlo; 
é  ansí  fué  casada  Dofia  Catalina  Princesa  de  In- 
glaterra seis  meses,  y  estuvo  viuda  en  Inglaterra,  y 
casó  segunda  vez  con  el  Reyjhermano  del  primero  ma- 
rido menor,  llamado  Henrique,  en  un  lugar  que  se 
llama  Granuche,  diade  San  Bernabé  del  afio  de  1503; 
coronáronse  el  dia  de  San  Juan  adelante  con  las  ma- 
yores fiestas  del  mundo. 

CAPÍTULO  CLXVI. 

De  como  enviaron  á  bautizar  los  moros,  é  como  los  de  Sierra  Ber- 
meja se  alborotaron  é  se  alzaron,  é  de  como  pelearon,  é  como 
murió  Don  Alonso  de  Aguilar,éde  otras  cosas. 

En  el  afio  del  Sefiordel500  desde  el  comienzo  del 
afio,  comenzaron  de  enviar  é  enviaron  el  Arzobispo 
de  Sevilla  é  los  Obispos  de  la  comarca  de  Granada 
á  les  predicar  é  convertir  y  bautizar,  donde  algunos 
fueron  muertos  é  martirizados,  ansí  como  en  Day- 
din  é  Benahabis ,  dos  de  Alcalá  de  Guadaira ,  An- 
tón de  Medellin  é  Alonso  Gascón,  que  los  mataron 
las  mujeres  y  muchachos  á  cañibetadas  porque  no 
se  quisieron  tornar  moros  ,  é  otros  fueron  llevados 
captivos;  quelos  moros  desque  vieron  que  los  torna- 
ban christianos  por  fuerza,  se  concertaban  con  los 
moros  de  allende,  é  venían  de  noche  con  las  fustas 
é  llevábanlos,  é  con  ellos  los  clérigos  y  quantos  ha- 
llaban, y  llevaron  ansí  muchos  lugares  y  alearías 
de  los  que  estaban  cerca  de  la  mar  por  toda  la  cos- 
ta; y  como  vieron  que  por  toda  la  tierra  les  amones- 
taban que  fuesen  christianos,  alborotáronse  ,  y  ha- 
cían sus  ayuntamientos  y  levantamientos. 

En  el  mes  de  Enero  del  afio  de  1 501 ,  estando  la 
la  corte  en  Granada,  alborotáronse  los  moros  de 
Sierra  Bermeja  é  de  las  comarcas  de  Ronda,  é  alzá- 
ronse para  se  defender  ó  pasarse  allende,  antes  que 
no  ser  christianos,  é  por  temor  que  habían  fecho  mu- 
chos dafios  é  muertes  en  los  christianos ,  é  habían 
matado  entonces  á  los  doa  clérigos  de  Alcalá  An- 
tón de  Medellin  é  Alonso  Gascón  en  Daiden ,  é  los 
quemaron,  después  do  los  haber  muerto  atados  á  sen- 
dos árboles  á  cañaveradas  é  pedradas,  é  retrujéron- 
86  de  las  alearías  á  los  lugares  mas  fuertes  de  las 
tierras  bermejas  ansí  como  á  Monardo  é  á  otros  lu- 
gares de  por  allí.  É  desque  esto  se  supo  de  toda  es- 
ta Andalucía,  apellidáronse  muchos  hombres  sin 
concierto,  é  sin  mando  do  Rey  fueron  sobre  ellos 
mas  de  ochocientos  hombres  por  matarlos  é  robar- 
los, é  robaron  muchos  lugares  é  alearías,  é  con  esto 
se  alborotaron  mucho  mas  los  moros,  éseretrujeron 
los  df»  aquella  comarca  á  sierra  Bermeja,  é  los  de  la 
Sierra  luenga  también  se  alzaron  é  pusieron  en  ar- 


mas é  defensa,  viendo  el  daño  que  los  otros  reci- 
bían de  la  gente  desmandada  que  había  ido  sobre 
ellos.  Estonce  el  Rey  envió  á  mandar  al  Conde  de 
Cif  uentes.  Asistente  de  Sevilla,  que  fuese  con  la  gen 
te  de  Sevilla  é  de  toda  la  tierra  sobre  ellos,  é  fué , 
é  acudió  luego  el  Conde  de  Urefia  con  su  gente,  6 
Don  Alonso  de  Aguilar  con  la  suya,  é  la  ciudad  de 
Jerez  é  la  gente  de  toda  la  comarca  fueron  sobre 
ellos,  é  fizóse  un  gran  Real  de  gente ,  que  se  asen- 
tó cerca  de  Monarda,  al  pié  de  lo  alto  ó  mas  fuerte 
de  la  Sierra  Bermeja,  un  gran  arroyo  de  un  gran 
gollizo  é  espesura  enmedío  del  Real  y  de  los  moros 
y  sierra,  y  de  aquel  Real  entraban  algunos  caballe- 
ros y  peones  á  los  lugares  que  los  moros  habían  de 
jado,  é  traían  cuanto  podían ,  trigo ,  cebada ,  pasas, 
semillas,  vacas  é  cabras,  con  que  mantenían  el  Real; 
y  estuvieron  ansí  algunos  días ,  que  no  se  querían 
dar,  y  una  tarde,  estando  los  moros  en  la  ladera  de 
la  sierra,  cerca  del  Real  en  su  defensa,  porque  no 
les  subiesen  por  allí  é  entrasen  la  sierra,  sin  ningún 
concierto,  uno,  dos  ó  tres  hombres  de  mala  ventura, 
consejados  parece  que  por  el  diablo,  tomaron  una 
bandera  y  comenzaron  pasados  el  arroyo  de  subir  en 
pos  de  los  moros ,  y  el  Real  se  desmandó  y  comen- 
zaron pasados  el  arroyo  de  subir  en  pos  de  los  mo- 
ros muchas  gentes ,  y  subir  á  la  sierra  arriba,  é  Don 
Alonso  de  Aguilar  movióse  con  los  suyos  é  siguió 
en  pos  dellos  la  sierra  arriba  peleando  con  los  mo- 
ros, y  en  la  sierra  había  á  trechos  algunas  llanadas 
en  la  ladera,  é  los  moros  peleaban  é  defendíanse ,  ó 
iban  retrayendo,  é  cuando  llegaban  á  aquellos  lla- 
nos que  se  hacían  en  la  ladera,  huían  hasta  la  fuen- 
te, y  ansí  se  fueron  retrayendo  hasta  un  gran  llano 
encima  de  la  sierra  que  se  hacia  fuerte  de  ciertas 
partes  con  pefias  é  aspesuras,  donde  tenían  el  Real, 
é  las  mujeres,  é  los  muchachos,  é  las  haciendas  ;  ó 
como  allegaron  allí  los  moros  que  iban  huyendo  de- 
lante de  los  christianos,  el  real  de  las  mujeres  é  chi- 
cos é  grandes  por  el  cabo  que  los  christianos  llega- 
ron comenzaron  de  huir  ,  y  Don  Alonso  de  Aguilar 
y  su  fijo,  y  el  Conde  de  Urefia  y  su  fijo  Don  Pedro 
Girón  iban  allí  en  la  delantera  dando  en  los  moros, 
y  la  gente  común  de  los  christianos  desque  vieron 
que  los  moros  desampararon  su  real ,  comenzaron 
de  robar  é  tomar  líos  de  las  ropas  de  los  moros,  ca- 
da uno  cuanto  podía,  y  las  moras  y  los  muchachos 
comenzaron  á  dar  muy  grandes  voces  y  grítos,y  era 
ya  noche  que  escurecía,  y  el  apellido  de  las  moras 
y  de  los  morenos  muchachos,  doliéndose  de  sus  mu- 
jeres y  fijos  y  viendo  que  había  añejado  el  comba- 
te de  los  christianos ,  que  no  los  seguían  é  que  se 
habían  metido  á  robar,  aunque  en  este  medio  tiem- 
po los  caballeros  Don  Alonso  de  Aguilar  y  el  Conde 
de  Urefia  y  otros  capitanes  no  les  dejaban  dando  vo- 
ces «adelante,  sofiores,  no  se  robe  ni  se  pare  ningu 
no»,  volvió  la  multitud  de  los  moros  sobre  los  chris 
tidnos  en  gran  furiosidad  súpitamente  peleando,  y 
como  los  mas  andaban  robando,  halláronlos  tan  flo- 
jos, que  luego  volvieron  las  espaldas  á  huir  todos 
los  mas,  salvo  Don  Alonso  de  Aguilar  é  su  bandera, 
é  el  Alcayde  é  capitán  de  Marchena  Eslaba ,  é  otroa 


DON  FP]RNANDO 
buenos  é  esforzados  caballeros,  que  tuvieron  pelean- 
do el  rostro  á  los  moros ;  y  unos  huyendo,  otros  pe- 
leando, cerró  la  nochey  escureció ,  y  quiso  la  sinies- 
tra fortuna  que  entre  los  christianos  que  peleaban 
se  pegó  fuego  á  un  barril  de  pólvora,  y  dio  tales  lla- 
maradas, que  alumbró  toda  el  compás  de  la  pelea  é 
toda  la  cuesta  de  la  sierra,  de  manera  que  vieron  los 
moros  como  los  christianos  iban  huyendo  y  no  ha- 
blan quedado  sino  muy  pocos  con  Don  Alonso  de 
de  Aguilar,  é  diéronles  entonces  tan  gran  combate 
de  saetadas  é  pedradas ,  fasta  que  los  vencieron  é 
mataron  á  todos  cuantos  allí  quedaron ,  que  no  es- 
caparon sino  algunos  que  pudieron  huir  á  pié  á  las 
veces  despeñándose,  á  las  veces  rodando,  como  no 
sabian  ni  vian  las  entradas  y  salidas  y  veredas  de 
la  dicha  sierra,  é  muchos  no  acertaron  aquella  no- 
che al  real  fasta  otro  dia,  é  fasta  otros  dias,  porque 
fueron  á  salir  lejos  de  allí  por  la  otra  parte  de  la 
sierra.  Quedaron  allí  muertos  Don  Alonso  de  Agui- 
lar é  otros  mas  de  ochenta  hombres  escuderos  é  caba- 
lleros ,  é  alcaydes  hombres  de  bien,  y  el  Conde  de 
Urefia,  y  su  fijo  Don  Pedro  Girón,  y  Don  Pedro,  fijo 
del  dicho  Don  Alonso  de  Aguilar,  é  otros  muchos  ca- 
balleros é  escuderos,  escaparon  huyendo  despeñados 
y  con  mucho  trabajo  unos  por  un  cabo,  otros  por  otro, 
y  quedaron  por  aquellas  laderas  muchos  caballos 
despeñados  y  muertos  también  como  hombres.  Des- 
que los  moros  se  vieron  vencedores,  siguieron  el  al- 
cance las  laderas  ayuso,  hasta  donde  estaba  el  pen- 
dón de  Sevilla  é  el  Conde  de  Ci fuentes  con  la  gente 
de  Sevilla  en  una  llana  de  la  ladera,  que  hablan  pa- 
sado el  arroyo  en  pos  de  la  otra  gente  ,  y  desque 
sintió  que  venian  desbaratados  los  christianos  reco- 
jia  allí  los  que  venian,  y  los  moros  vinieron  á  parar 
allí  aquella  noche  y  comenzaron  de  combatir  el  real 
aquella  noche  á  muchas  pedradas  é  saetadas,  y  el 
conde  fizo  poner  tal  recaudo  y  esforzó  la  gente  en 
tal  manera,  que  resistiéronse  de  los  moros  con  mu- 
chas saetas  y  espingardas,  y  fué  á  tiempo  que  si  no 
fuera  por  el  esfuerzo  del  conde  é  de  ciertos  capita- 
nes y  escuderos  que  tenia  consigo,  toda  la  gente  que- 
ría huir  é  pasar  el  otro  arroyo  real  del  asiento,  y  hu- 
yeran si  vieran  que  la  gente  de  Sevilla  huía,  y  si 
huyeran  fuera  peor  ó  tan  malo  como  lo  de  las  lomas 
é  Axarquía ,  é  quiso  Dios  remediarlo  como  dicho  es, 
por  esfuerzo  é  buen  concierto  del  Conde  de  Cifuen- 
tes  é  de  sus  buenos  capitanes  é  escuderos  ;  é  estuvo 
el  real  ansí  toda  aquella  noche  hasta  que  los  moros 
se  fueron ,  é  otro  dia  pasó  el  arroyo,  é  viniéronse  al 
real  donde  habían  partido,  é  estuvo  el  real  allí  al- 
gunos dias,  hasta  que  sabido  en  Granada  el  desba- 
rato, el  Rey  partió  luego  de  6h-anada  á.  mas  andar  é 
vino  á  Ronda,  é  dende  al  real ,  é  tomó  los  moros  á 
partido,  aquellos  y  todos  los  de  la  sierra  Bermeja, 
que  se  pasasen  allende  despojados  é  perdiesen  todo 
cuanto  tenían,  y  así  fué  fecho.  También  tomó  el 
Rey  estonces  á  partido  los  moros  de  la  sierra  de  Vi- 
llaluenga,  que  estaban  también  alzados,  que  se  fue- 
sen despojados  allende,  é  dióles  pasaje,  é  despojá- 
ronlos á  todos,  é  fuéronse  allende  con  el  diablo. 
Aquella  desdicha  y  mala  aventurada  pelea  fué  en 


É  DO^Á  ISABEL.  697 

diezy  seis  dias  del  mes  de  Marzo,  año  del  nacimien- 
to de  nuestro  Redentor  de  mil  y  quinientos  é  un  años 
y  la  causa  de  aquella  perdición  fué  por  el  pecado  de 
la  mala  codicia  de  la  gente  común  de  los  christia- 
nos, que  como  llegaron  á  las  tiendas  de  los  moros 
llevándolos  de  vencida,  es  cierto  y  verdad  que  echa- 
ban las  armas  de  las  manos  y  se  cargaban  de  ropas 
é  líos  de  las  haciendas  de  los  moros,  aechaban  mano 
de  las  moras  é  los  muchachos,  sin  haber  vencido;  ó 
aun  de  aquel  despojo  vino  harto  á  tierra  de  chris- 
tianos, que  los  que  sabian  la  tierra ,  pudiéronlo  sa- 
car é  salvar  ,  é  ansí  los  malaventurados  que  con  su 
codicia  comenzaron  de  robar  dejando  de  pelear, 
dieron  causa  á  la  muerte  de  tan  noble  y  leal,  esfor- 
zado y  loable  caballero  Don  Alfonso  de  Aguilar, 
que  valia  mas  que  todos  los  moros.  Algunos  luga- 
res é  alearías  quedaron  en  la  comarca  susodicha  es- 
tonce que  no  fueron  en  aquel  alboroto,  é  dijeron  que 
más  querían  ser  christianos  que  no  pasar  allende,  y 
quedaron,  y  nunca  fueron  leales. 

CAPÍTULO  CLXVII. 
Del  Rey  de  Francia,  Duque  de  Orliens. 

El  Rey  Luis  de  Valois  de  Francia,  Duque  de  Or- 
liens, desque  comenzó  á  reynar  él  se  supo  gobernar 
muy  bien,  como  muy  sagaz  y  mañoso  é  esforzado, 
y  su  fama  siempre  fué  tal.  En  comienzo  de  su  rey- 
nar dejó  su  mujer  la  Duquesa  de  Orliens,  hermana 
del  Rey  Luis,  con  bula  del  Sto.  Padre,  á  su  grado 
della,  según  se  dijo,  porque  no  paria ,  ca  era  muy 
gibada  é  no  bien  proporcionada,  é  era  doliente,  é 
fizóla  meter  en  orden;  é  casóse  con  la  Duquesa 
Reyna  de  Bretaña,  mujer  de  su  sobrino  el  Rey  Car- 
los, por  haber  fijos,  y  porque  no  saliese  el  Ducado 
de  Bretaña  de  la  casa  de  Francia ;  y  desque  reynó, 
ganó,  como  dicho  es,  á  Milán  con  toda  su  tierra,  de 
que  mostraba  título  que  por  derecha  línea  le  venia, 
é  que  el  Duque  de  Milán  lo  tenia  usurpado  é  toma- 
do injustamente,  y  había  sucedido  en  él  por  una 
vía  de  fuerza  é  bastardía  de  una  mujer,  el  qual  él 
siendo  Duque  de  Orliens  lo  había  demandado  é  uo 
podía  haber  fasta  que  fué  Rey ,  que  lo  hubo  en  la 
forma  y  manera  ya  dicho  en  el  capítulo  atrás. 

E  viéndose  este  Rey  tan  sublimado  Rey  de  Fran- 
cia, pacífico  Gran  Duque  de  Bretaña,  Gran  Duque 
de  Milán,  pacífico  Señor  de  la  Lombardia  é  de  las 
Señorías  de  Genova,  Florencia  é  Pisa,  é  amigo  del 
Rey  Don  Fernando  de  España,  é  puesto  caso  que  sa- 
bia bien  cuan  caro  había  costado  á  Francia  la  con- 
quista del  Reyno  de  Ñápeles,  cuando  el  Rey  Carlos 
la  tomó,  descubrió  su  corazón  é  intención  y  propó- 
sito, é  dijo  que  el  Reyno  de  Ñapóles  le  pertenecía  ó 
venia  de  justicia,  y  que  lo  quería  ir  á  conquistar  é 
tomar,  é  aderezó  todas  las  cosas  que  le  convenían 
de  vituallas  é  armas,  é  muy  gran  gente,  é  fué  sabi- 
do por  toda  la  tierra  como  quería  ir  sobre  Ñápeles, 
reynando  en  él  Federico  II,  hijo  del  buen  Rey  Fer- 
nando I  de  este  nombre.  Rey  de  Ñápeles,  el  qual 
era  mas  aficionado  á  Francia  que  no  á  España ,  se- 
gún se  decía,  el  qual  por  su  culpa  perdió  el  Reyno, 


698  CRÓNICAS  DE  LOS 

porque  quiso  Dios  volverlo  á  la  lejítima  de  Aragón, 
cuyo  era ;  é  decian  que  este  Federico  fué  ingrato  al 
Bey  de  España  su  tío,  é  no  quiso  desque  comenzó 
de  reinar  estar  á  su  consejo,  antes  se  decia  que  las 
cartas  que  le  enviaba  para  su  pro  é  favor  hallaban 
los  embajadores  de  España  en  poder  del  Rey  de 
Francia.  Ordenada  así  su  hueste,  el  Rey  de  Fran- 
cia muy  grande  y  muy  poderoso  por  tierra  é  por 
mar,  la  envió  sobre  el  Reyno  de  Ñápeles,  sin  ir  él 
allá,  é  como  llegaron  al  Reamen  la  gente  francesa 
toda  se  le  dio ,  é  en  la  ciudad  de  Ñapóles  les  abrie- 
ron las  puertas  como  la  otra  vez,  sin  recibir  afrenta. 
El  Rey  Federico  desde  que  esto  vido,  muy  cuitado 
c  muy  mancillado,  viendo  ansí  perder  su  Reyno,  é 
como  ya  sabia  antes'de  estonces  la  voluntad  del  Rey 
de  Francia,  é  tenia  f  ucia  que  lo  no  dejaria  sin  darle 
parte  en  el  Reyno  ó  gran  renta  con  que  viviese  en 
otra  parte,  fuese  á  Francia  6  á  donde  el  Rey  estaba, 
á  ponerse  en  su  poder  con  su  casa ,  é  antes  que  la 
gente  francesa  partiese  desta  vez  para  tomar  á  Ña- 
póles, sabiendo  el  Rey  de  España  la  intención  del 
Rey  de  Francia ,  y  que  por  cosa  del  mundo  no  le 
pudieran  estorbar,  ni  facer  revocar  su  propósito,  y 
como  lo  vido  tan  empinado  y  en  tan  gran  cantidad 
mas  crecido  y  mayor  que  los  otros  Reyes  de  Fran- 
cia, capituló  con  él  la  amistad  que  ficieron,  é  le  fizo 
saber  que  él  tenia  casi  la  mitad  de  aquel  Reyno  de 
Ñápeles  por  dos  cosas  :  primero,  porque  le  venia  de 
patrimonio  y  justicia  por  la  casa  de  Aragón,  é  lo 
habia  ganado  habiéndolo  perdido  el  Rey  su  sobri- 
no;  é  lo  segundo,  que  no  lo  habia  entregado  al  Rey 
Federico  por  los  grandes  gastos  é  despensas  que  so- 
bre ello  habia  fecho,  que  se  le  debían  de  cuando  lo 
recibió  de  la  gente  de  Francia,  é  por  amparar  al 
Rey  Fernando  el  mozo,  que  era  hombre  de  su  li- 
naje é  casado  con  hermana  suya,  los  quales  á  él 
placía  que  reynasen  en  aquel  Reyno,  puesto  caso  que 
á  él  pertenecía  por  justo  título  de  la  casa  de  Ara- 
gón :,  é  pues  que  eran  amigos  y  hermanos,  que  en  lo 
que  él  tenia  que  él  no  curase  dello,  ni  enojase  en 
cosa  dello  ;  y  el  Rey  de  Francia  dijo  que  le  placía, 
é  fué  capitulado  entre  ellos  aun  mas  que  esto,  é  par- 
tieron de  concierto  el  Reyno  por  medio,  por  guar- 
darse la  amistad  el  uno  al  otro,  é  proveyeron  lo 
mejor,  que  la  propia  ciudad  de  Ñapóles  é  toda  su 
comarca,  que  es  la  parte  de  Poniente  del  Reyno, 
quedase  al  Rey  de  Francia,  é  la  Calabria,  é  Pulla,  é 
tierra  de  Labor,  que  es  en  la  parte  de  Levante  del 
Reyno,  quedase  al  Rey  de  España;  é  ansí  se  partió 
entre  los  capitanes  franceses  é  el  Duque  Gonzalo 
Fernandez,  el  qual  estaba  allá ;  é  los  embaxadores 
de  ambos  Rayese  Gonzalo  Fernandez  tenían  á  muy 
buen  recaudo  todas  las  fortalezas  y  ciudades  de  la 
Calabria  é  Pulla  que  estaban  por  el  Rey  de  España, 
con  intención  de  las  defender  de  los  franceses,  al 
qual  dicho  Gonzalo  Fernandez  el  Rey  había  envía- 
do,  como  atrases  dicho,  con  muy  grande  armada 
contra  el  Turco  en  favor  de  los  venecianos,  y  por- 
que estuviese  allá  por  amparo  del  reyno  de  Ñápeles, 
Bospechando  lo  que  después  nació.  E  desque  los 
franceses  partieron  el  reyno  de  Nápolee  con  Gonza- 


REYES  DE  CASTILLA. 

lo  Fernandez,  según  la  capitulación  que  ambos  Re- 
yes asentaron  é  ficieron ,  muy  poco  estuvieron  en 
paz,  porque  los  franceses  tenían  en  poca  estimación 
á  Gonzalo  Fernandez  é  á  los  españoles,  é  siempre 
buscaban  insidias  para  quebrar  con  ellos,  ca  en  todo 
les  mostraban  muy  mortal  enemiga,  y  con  todo  eso, 
desque  partieron,  cada  uno  sabia  bien  lo  que  que- 
dó al  Rey  de  Francia  é  lo  que  quedó  al  Rey  de 
España,  é  dende  á  pocos  días  comenzaron  á  haber 
diferencias. 

CAPÍTULO  CLXVIII. 

De  las  victorias  del  Gran  Capitán,  é  de  como  partió  de  Espafia,  é 
del  viaje  que  Dzo,  é  de  las  diferencias  con  los  franceses  y  otras 
cosas. 

Partió  el  Gran  Capitán  Don  Gonzalo  Fernandez, 
fijo  segundo  de  la  casa  noble  de  Aguilar,  del  puer- 
to de  Málaga,  á  quatro  días  de  Julio  año  de  1500, 
por  mandado  del  Rey  Don  Fernando,  para  ir  en  la 
Italia  con  trescientos  hombres  de  armas,  é  por  ca- 
pitanes de  ellos  fueron  Don  Diego  de  Mendoza ,  é 
Mosen  Peñalosa,  teniente  del  Clavero  de  Calatra- 
va;  é  Pedro  de  Paz ,  teniente  de  Don  Juan  Manuel, 
llevó  mas  de  trescientos  ginetes,  de  los  quales  fue- 
ron capitanes  el  Comendador  Mendoza  é  Luis  de 
Herrera  é  Mosen  Hoces.  La  gente  de  pié  que  llevó 
fueron  quatro  mil  peones  para  por  la  tierra,  y  otros 
quatro  mil  para  por  la  mar,  con  capitanes,  é  la  ar- 
mada de  la  mar  fueron  tres  carracas,  é  veinte  y  sie- 
te navios,  é  veinte  y  cinco  carabelas  é  gallas,  é  al- 
gunas fustas  é  bergantines,  con  que  se  fizo  unamuy 
fermosa  flota  é  armada.  Allegaron  á  Mallorca  á  seis 
días  del  dicho  mes,  víspera  del  Corpus  Chrístí ;  allí 
decindió  en  tierra  el  Gran  Capitán  é  fizo  la  proce- 
sión de  aquel  día  con  mucha  honra  y  solemnidad,  ó 
tornóse  á  la  flota  aquel  día,  é  siguió  la  vía  de  Sici- 
cia  é  fizóles  calma,  y  estuvo  en  llegar  allá  veinte 
dias,  é  llegado  á  Mesina  en  28  días  del  dicho  mes, 
desembarcaron  allí  en  fin  del  mes  de  Setiembre  para 
Corfú  é  Modo,  que  supieron  como  los  turcos  les  te- 
nían cercadas  aquellas  dos  ciudades  de  la  Señoría 
de  Venecia,  para  las  socorrer,  é  antes  que  llegasen 
los  turcos  se  fueron  con  la  cabalgada  é  hallaron  la 
armada  de  Venecia,  que  tampoco  había  llegado  á 
tiempo  el  socorro  y  se  volvían,  é  el  Gran  Capitán  so 
fué  con  su  armada  al  Puerto  de  Jacanto,  é  allí  en 
el  dicho  Puerto  se  juntaron  ambas  armadas  españo- 
la y  veneciana  en  Miércoles  28  de  Octubre  del  dicho 
año  de  1500,  é  se  ficieron  muchas  fiestas  é  solemni- 
dades los  unos  á  los  otros. 

Habia  en  la  armada  veneciana  dos  carracas  ó 
diez  y  nueve  galeazas  é  once  naos,  é  treinta  cara- 
belas é  galeras ;  allí  se  concertaron  el  Gran  Capitán 
y  los  capitanes  de  la  armada  veneciana  de  ir  sobre 
la  Papaloneta,  que  la  tenían  los  turcos,  que  es  una 
villa  muy  fuerte  en  una  isla  en  aquella  mar:  llega- 
ron allá  á  dos  de  Noviembre,  é  tuviéronla  cercada 
dos  meses  poco  menos,  ó  combatiéronla  muchas  ve- 
ces muy  fuertemente,  é  estaban  dentro  seiscientos 
hombres  turcos,  que  el  Turco  habia  dejado,  los  mas 
esforzados  de  su  tierra  é  los  mas  escojidos,  é  de 


DON  FERNANDO 
quien  confiaba  que  harían  su  deber,  porque  el  Tur- 
co supo  de  las  armas  que  iban,  y  sospechó  que  no 
hallando  con  quien  pelear  que  irian  á  parar  alli,  ó 
proveyó  destos  600  hombres  para  allí,  los  qaales  de- 
fendieron la  villa  é  fortaleza  acerca  de  dos  meses 
muy  esforzada  y  varonilmente,  y  con  las  artillerías 
española  y  veneciana  que  les  tiraban  los  allanaban 
y  destruyeron  toda  la  muralla,  y  combatiéronlos 
muy  fuertemente,  y  ellos  se  defendían  tan  bien  y 
tan  varonilmente  que  fueron  muchos  heridos  y 
muertos;  y  en  cabo  los  turcos  fueron  vencidos  y  to- 
mados un  día  víspera  de  Navidad  ;  y  el  Gran  Capi- 
tán luego  entregó  la  fortaleza  á  los  venecianos,  y 
de  allí  se  despidió  dellos  con  la  gracia  de  Dios,  é  se 
vino  á  Zaragoza  con  su  aunada,  é  allegó  allí  á  vein- 
te y  dos  días  del  mes  de  Enero  año  de  1501.  Como 
el  Gran  Capitán  volvió  á  Zaragoza,  quitó  el  cargo 
de  la  gobernación  de  la  ciudad  á  Mosen  Margarite, 
según  del  Rey  le  fué  enviado  á  mandar,  y  la  dio  á 
Mosen  Luis  Pexo.  Y  de  allí  se  fué  á  Palermo,  á  pro- 
veer algunas  cosas  que  cumplían  para  el  armada,  y 
dejó  la  gente  aposentada  en  ciertos  lugares  alder- 
redor de  la  ciudad,  y  antes  que  de  allí  se  partiese 
vino  Gabriel  Mora,  embaxador  de  los  venecianos,  y 
le  trajo  un  presente  de  cinquenta  y  dos  piezas  de 
plata  labrada  y  dos  piezas  de  carmesí  pelo,  y  el  pri- 
vilejio  de  Gentil-hombre  de  Venecia ;  y  luego  el 
Gran  Capitán  envió  las  dos  piezas  de  seda  á  la  Rey- 
na  de  España,  su  Señora ,  con  otras  cosas  de  allá. 
Allegó  el  Gran  Capitán  á  Palermo  á  27  de  Mayo  de 
1501,  y  aposentóse  en  un  jardín,  que  no  entró  den- 
tro porque  venia  de  donde  morían,  é  halló  allí  que 
entonce  había  llegado  San  Vicente,  el  aposentador 
del  Rey  Don  Fernando,  con  la  capitulación  que  traía 
del  reyno  de  Ñápeles,  de  cómo  habia  de  ser  partido 
entre  el  Rey  de  Francia  y  el  Rey  de  España. 

En  la  capitulación  fué  acordado  que  cupiese  en 
la  parte  del  Rey  de  Francia  Ñapóles  é  Gaeta  con 
toda  la  tierra  de  Labor,  que  es  la  mejor  del  Reyno; 
é  Pulla  é  Calabria,  que  son  provincias  del  dicho  rei- 
no de  Ñápeles,  situadas  en  la  parte  de  Levante  del 
dicho  Reyno,  que  es  la  menor,  cupiesen  al  Rey  Don 
Fernando  de  España,  é  que  las  otras  provincias  ó 
tierras  que  no  quedaban  nombradas,  fuesen  para 
igualar  las  partes  é  rentas  de  entre  ellos  como  fue- 
sen iguales  ;  é  luego  como  comenzó  la  partija ,  co- 
menzó á  faltar  la  verdad  entre  los  franceses,  é  á 
crecer  la  soberbia  é  la  envidia  de  ellos,  porque  lue- 
go tuvieron  manera  que  Taranto,  que  era  en  la 
parte  del  Rey  de  España,  se  tuviese  é  no  se  diese  al 
Gran  Capitán,  por  manera  que  al  Duque  Don  Fer- 
nando no  se  entregase,  como  en  la  capitulación 
estaba. 

Púsose  cobro  Taranto  á  28  días  de  Septiembre  del 
dicho  año  de  1502 ,  y  el  Martes  primero  de  Marzo 
Be  entregó  la  ciudad  é  salió  el  Duque  della  é  se  pasó 
en  Mesina  en  fin  del  mes  de  Agosto ;  é  este  es  el 
Duque  de  la  Calabria,  hijo  del  Rey  Federico,  que 
perdió  el  Reyno. 

El  Duque  de  Nemours  é  Monsiur  de  Obeni,  Vi- 
reyes  é  Capitanes  generales  del  Rey  de  Francia  en 


É  DOÑA  ISABEL.  699 

este  tiempo,  enviaron  á  decir  al  Gran  Capitán  que 
mandase  dejar  una  provincia  que  llaman  Capitana- 
ra,  que  es  la  cabeza  de  Pulla ,  y  siempre  por  tal  se 
tuvo  ó  nombró,  é  los  dichos  Capitanes  franceses  de- 
cían, que  puesto  caso  que  así  oviese  sido ,  que  ellos 
la  querían,  por  quanto  Ñapóles  no  podía  vivir  sin 
aquella  provincia  ;  é  á  esto  respondió  el  Gran  Capi- 
tán, que  ninguna  razón  para  ello  tenían,  y  que  si 
pensaban  que  la  tenían ,  que  se  viesen  el  Gran  Ca- 
pitán é  el  Duque  de  Nemours  entre  Melfa  y  Látela; 
é  Jueves  quatro  de  Abril  de  1502  se  vieron  en  una 
ermita  de  San  Antonio  que  estaba  enmedio  del  ca- 
mino donde  estaban  aposentados,  é  fué  acordado 
entre  ellos  que  se  viese  por  justicia  entre  los  Doc- 
tores, que  podían  muy  bien  determinar  la  justicia ; 
é  andando  en  esto  dieron  dilación  en  el  concierto 
los  franceses,  y  secretamente  enviaron  por  gente  al 
Rey  de  Francia,  mañeando  siempre  en  la  concesión 
de  la  justicia,  y  dilatando  tiempo  en  tanto  que  su 
gente  llegaba,  á  desque  la  gente  llegó,  dijeron  que 
no  querían  justicia,  sino  que  de  necesidad  se  les 
había  de  dejar  aquella  provincia  ;  é  requirióles  mu- 
chas veces  el  Gran  Capitán  que  se  viese  por  justi- 
cia, que  él  no  quería  que  por  ninguna  manera  se 
rompiese  el  amistad  y  la  capitulación,  porque  ansí 
le  era  mandado,  é  jamás  con  ellos  pudo,  ni  su 
templanza  que  con  ellos  quería  tener  le  valió,  é  so- 
bre esto  los  dichos  Duque  de  Nemours  y  Monsiur 
de  Obeni  enviaron  al  Gran  Capitán  un  trompeta 
con  requerimientos  que  luego  dejase  la  dicha  pro- 
vincia deCapitanara  é  luego  della  saliese,  é  man- 
dase salir  toda  la  gente  que  en  ella  estaba  aposen- 
tada, porque  tenían  mucha  necesidad ;  é  el  Gran 
Capitán  les  respondió,  que  se  viese  por  justicia ;  é 
luego  el  dicho  trompeta  sacó  otro  requerimiento 
del  seno  é  se  lo  puso  en  la  mano  al  Gran  Capitán, 
en  el  qual  le  enviaban  á  decir,  que  si  luego  á  la  hora 
no  salía  déla  dicha  provincia  é  la  dejaba,  que  se  la 
tomaria  por  fuerza,  é  que  no  querían  otra  justicia. 
Como  esto  oyó  el  Gran  Capitán  ,  'en  presencia  de 
todos  los  que  ende  estaban,  tomó  el  postrero  reque- 
rimiento en  la  mano  y  púsose  de  rodillas  en  el  sue- 
lo é  alzó  los  ojos  al  cielo  é  dijo  estas  palabras  :  «Yo 
))presento  esta  escriptura,  Señor  Dios,  delante  de  tu 
«justicia,  pues  sé  que  eres  verdadero  Juez,  é  sabes 
))é  ves  la  mucha  justicia  que  el  Rey  é  Reyna  mis  se- 
Dñores  en  este  caso  tienen,  é  la  mucha  soberbia  que 
»el  Rey  de  Francia  muestra  é  sus  ministros  quic- 
»ren ;  yo  te  ruego.  Señor ,  que  Tú  muestres  en  esto 
»tu  Justicia,  que  yo  espero  en  tu  infinita  misericor- 
»día,  que  anssí  lo  farás.»  É  tornó  é  dio  la  respuesta 
que  se  sigue  al  trompeta : 

Respuesta  que  dio  el  Gran  Capitán  al  trompeta. 

«  Hermano,  andad  con  la  gracia  de  Dios,  y  decid 
»al  Duque  de  Nemours  é  á  Monsiur  de  Obeni,  que 
«puesto  tantas  veces  les  he  dicho  é  requerido  que 
»esta  diferencia  se  vea  por  justicia,  y  no  quieren, 
«y  envíanme  á  decir  que  por  fuerza  me  la  lian  de 
»tomar,  que  espero  en  Dios  y  en  bu  bendita  Madre 


too 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


lode  defendérselo  é  aun  ganarles  lo  suyo ,  é  ver  muy 
«presto  al  Rey  de  España  mi  señor,  ser  señor  de  to- 
»do  este  Reyno,  por  la  justicia  que  á  todo  ello  tie- 
rno; ó  que  vengan  cuando  quisieren,  que  aquí  me 
«hallarán,  ó  que  me  esperen,  que  yo  seré  lo  mas 
«presto  que  pueda  con  ellos;  y  decidle  á  Monsieur 
»de  Obeni,  que  palabras  demasiadas  en  esto  son  es- 
»cueadas,  é  que  si  él  quiere  que  de  mi  persona  á  la 
»suya  esto  se  determine,  yo  recibiré  merced  de 
»  ello,  porque  se  escusarán  muertes  de  otros  muchos 
»é  dilación  de  tiempo.»  E  con  esto  despachó  el  trom- 
peta. Y  los  capitanes  franceses  no  tornaron  mas  á 
replicar  en  ello,  ni  Monsiur  de  Obeni  respondió  al 
desafío.  Tenian  entonces  los  franceses  doblada  gen- 
te que  el  Gran  Capitán  ,  é  estaba  junta  la  que  nue- 
vamente habia  venido  de  Francia  con  la  que  esta- 
ba de  antes,  y  la  que  por  los  aposentos  estaba  se  iba 
juntando  ;  é  como  esto  vio  el  Gran  Capitán,  dio  mu- 
cha priesa  á  juntar  la  suya,  que  también  estaba  por 
los  aposentos,  para  se  hacer  fuerte  en  alguna  psrte 
donde  esperase  algún  socorro  de  gente,  de  la  qual 
él  tenia  necesidad  harta,  é  también  de  dineros  para 
pagar  la  que  tenia. 

CAPÍTULO  CLXIX. 

Como  el  Gran  Capitán  hizo  saber  al  Rey  de  España  las  cosas  de 
Ñapóles,  é  de  como  el  Rey  proveyó  é  envió  socorro  á  Puerto- 
carrero,  é  de  la  guerra. 

El  Gran  Capitán  juntó  su  gente  en  Barletta,  que 
es  una  ciudad  en  la  Pulla,  donde  tenia  los  rostros 
en  los  enemigos  é  las  espaldas  á  la  mar,  por  donde 
podia  ser  socorrido  ansí  de  gente  como  do  mante- 
nimientos :  entró  en  Barletta  á  10  de  Julio  de  1502, 
é  estuvo  en  ella  cerca  de  nueve  meses. 

De  como  los  franceses  comenzaron  la  guerra. 

A  quince  dias  de  Agosto  del  dicho  año  comenza- 
ron los  franceses  á  romper  la  capitulación,  que  fue- 
ron á  cercar  á  Canosa,  un  lugar  donde  estaba  por 
capitán  de  peones  Pedro  Navarro  con  otros  dos  ca- 
pitanes con  hasta  600  hombres,  é  el  ejército  de  los 
franceses  con  mucha  gente  de  pié  é  de  caballo  é 
muy  grande  artillería  les  cercó  allí,  é  les  dieron  has- 
ta catorce  combates,  é  les  derribaron  con  artillería 
la  mitad  de  la  muralla,  é  nunca  les  pudieron  entrar, 
é  mataron  los  cercados  de  los  cercadores  mas  de 
mil  hombres  con  los  combates ,  sin  perder  quince 
hombres  de  los  suyos ;  é  el  Gran  Capitán  envió  á 
decir  á  Pedro  Navarro,  que  ansí  por  la  villa  ser  fla- 
ca, como  por  no  tener  él  aparejo  para  le  socorrer  por 
estar  todo  el  ejército  de  Francia  allí  junto  sobre 
él,  que  si  no  se  podia  tener,  que  hiciese  el  mejor 
partido  que  pudiese,  é  que  si  algunos  dias  se  podia 
tener  que  él  le  socorrería,  aunque  á  mucho  peligro 
le  fuese ;  é  el  dicho  Pedro  Navarro  no  tenía  gana 
de  hacer  partido,  sino  tenerse  hasta  ser  socorrido,  é 
uno  de  los  otros  dos  capitanes  secretamente  trataba 
partido,  por  el  peligro  que  esperaban.  E  ansí  que 
cuando  supo  esto  Pedro  Navarro,  é  vio  que  medio 
no  le  quedaba  de  se  poder  defender,  acordó  de  ha- 


cer el  mas  honroso  partido  que  jamas  ninguno  hízft 
en  esta  manera :  que  le  dejasen  salir  al  dicho  Na- 
varro é  á  los  otros  dos  capitanes  con  toda  su  gente 
armados  por  medio  de  su  real,  con  sus  banderas 
tendidas,  é  con  sus  atambores  é  trompetas  tañendo, 
diciendo:  «¡España,  España!»  y  que  dejasen  salir 
á  todos  los  del  lugar  que  con  él  quisiesen  ir,  con 
toda  la  hacienda  que  quisiesen  llevar,  é  que  los  que 
quedasen  no  les  fuese  fecho  enojo  ninguno.  E  ansí 
salieron  é  fué  fecho,  é  se  fueron  camino  de  Barletta, 
é  los  salió  á  recibir  el  Gran  Capitán  mas  de  una 
milla  del  lugar,  é  abrazó  é  besó  en  el  rostro  á  Pedro 
Navarro,  é  le  dijo  muchas  palabras  de  honra  y  de 
amor. 

Después  desto,  á  22  dias  del  mes  de  Agosto  del 
dicho  año  de  1502,  pasó  toda  la  hueste  de  los  fran- 
ceses por  delante  de  las  puertas  de  Barletta,  é  sa- 
lieron á  ellos  algunos  ginetes,  é  lancearon  en  la 
zaga  algunos  dellos,  é  fueron  á  asentar  su  real  en 
las  faldas  de  las  viñas  de  la  ciudad,  del  cabo  de  un 
rio  que  llaman  Lefanto,  é  estuvieron  allí  tres  días, 
é  iban  á  comer  uvas  de  las  viñas,  é  salieron  por 
mandado  del  Gran  Capitán  Don  Pedro  de  Acuña,  y 
Pero  Ort  de  Mesina  é  Mosen  Peñalosa  con  cierta 
gente,  é  atajaron  hasta  doscientos  suyos,  de  loa 
cuales  no  escapó  ninguno,  é  entonces  los  franceses 
alzaron  su  real  é  f  uéronse  á  poner  por  aposentos  por 
los  lugares  que  habia  por  allí,  é  dende  á  pocos  diaa 
partió  Monsieur  Obeni  para  Calabria. 

Prosigue  la  guerra; 

A  treinta  dias  del  mes  de  Septiembre  fué  el  Des- 
pensero mayor  á  correr  á  Canosa  con  cierta  gente, 
por  aviso  que  ovo  de  Mosen  Theodoro,  capitán  de 
los  griegos,  é  trujo  cierto  ganado,  é  siguiendo  el 
alcance  le  prendieron  á  él  y  á  treinta  de  los  suyos, 
é  concertáronse  los  rescates  de  unos  por  otros,  ó 
quedaron  debiendo  los  franceses  cierto  dinero,  lo 
qual  dentro  de  ciertos  dias  quedaron  de  dar  dentro 
de  una  ciudad  que  llaman  Trana,  que  enviasen  loa 
españoles  allí  por  ellos,  que  luego  se  los  darían. 

CAPÍTULO  CLXX. 

Del  desafío  de  doce  á  doce  franceses  é  españoles. 

Los  franceses  demandaron  campo  á  los  españoles 
que  se  matasen  doce  por  doce  hombres  de  armas 
sobre  el  derecho  del  Reyno,  porque  Dios  mostrase 
su  justicia,  é  los  que  fuesen  vencedores  pareciese 
que  su  Rey  tenía  mejor  justicia  y  acción  al  Reyno; 
é  ansí  fueron  señalados  de  cada  parte  doce,  é  salie- 
ron al  campo,  é  elijieron  de  cada  parte  uno  para 
jueces,  é  pelearon  once  por  once,  los  quales  pelearon 
nueve  horas,  en  que  descansaron  y  se  apartaron  di- 
versas veces,  é  después  de  los  primeros  encuentros 
cayeron  á  tierra  cuatro  franceses  y  un  español,  é  de 
los  franceses  murió  uno,  é  de  los  que  quedaron  á 
caballo  se  rindió  uno,  y  los  tres  que  quedaron  á  pió 
se  rindieron :  murieron  nueve  caballos  de  los  fran- 
ceses, de  los  quales  ficieron  reparo  dentro  del  qual 


DON  FERNANDO 
¿d  pusieron  que  nunca  de  allí  quisieron  salir,  de 
manera  que  cuando  querian  llegar  los  españoles  á 
afrontarlos  se  espantaban  los  caballos  de  los  otros 
caballos  muertos ;  é  ansí  estuvieron  todo  aquel  dia 
hasta  que  la  noche  los  despartió,  é  todos  los  espa- 
ñoles rompieron  sus  lanzas,  y  en  los  franceses  ha- 
bla nueve  lanzas  cañas.  Dentro  de  tercero  dia  el  es- 
pañol que  se  rindió  desafió  al  francés  rendido,  di- 
ciendo que  él  tuvo  muy  mayor  causa  para  rendirse 
que  no  él,  porque  él  se  habia  rendido  caido  en  el 
suelo  á  tres  hombres  armados  que  sobre  él  cargaron, 
y  él  se  habia  rendido  estando  á  caballo  á  otro  ca- 
ballero solo  como  él.  Concertóse  el  desafío  para  dia 
señalado:  el  español  salió  al  campo  y  esperó  en  el 
campo  todo  el  dia,  y  el  francés  no  osó  salir,  y  el 
español  hizo  allí  todas  sus  dilijencias,  é  volvióse  del 
campo  con  mucha  honra. 

Y  acaeció  que  el  Gran  Capitán  envió  cierta  gente 
á  sacar  cierto  ganado  que  estaba  herbajando,  que  era 
en  asaz  cantidad,  é  era  dentro  de  donde  habia  gen- 
te gruesa  de  los  franceses,  é  iban  hasta  ochenta 
de  caballo  corredores  para  tomar  el  ganado  á  la 
parte  donde  estaba  la  gente  francesa,  de  manera 
que  fuesen  vistos,  é  saliesen  á  ellos,  é  el  Gran  Ca- 
pitán púsose  en  celada  con  quinientas  Janzas,  é  los 
franceses  salieron  con  hasta  quinientos  hombres  de 
armas  á  los  españoles  coiredores,  é  ansí  viniendo 
en  huida  los  corredores,  salió  el  Gran  Capitán  con 
la  celada  é  desbarató  los  franceses,  donde  fueron 
presos  doscientos  hombres  de  armas,  é  trajeron  el 
despojo  é  treinta  mil  cabezas  de  ganado  poco  me- 
nos, con  que  se  quedaron,  é  volvieron  con  su  victo- 
ria; é  esto  fué  á  diez  de  Diciembre  del  dicho  año  de 
mil  y  quinientos  y  dos. 

CAPÍTULO  CLXXl. 

De  Don  Diego  de  Mendoza. 

A  diez  y  nueve  de  Enero,  víspera  de  San  Sebas- 
tian, de  1503  años,  fué  el  Comendador  Mendoza  por 
el  dinero  resto  del  resgate,  según  es  dicho,  á  Trana 
con  quince  de  caballo;  é  acordaron  los  franceses  de 
le  poner  una  celada  en  el  camino  de  cinqüenta  y 
cinco  de  á  caballo  para  que  le  tomasen  el  dinero  é 
lo  prendiesen  é  tomasen;  é  fué  dello  avisado  el 
Gran  Capitán,  é  proveyó  que  Don  Diego  de  Mendoza 
naliese  con  ciertos  ginetes  é  hombres  de  armas  á  se 
poner  en  una  sobre  celada,  é  como  los  franceses 
estaban  ya  envueltos  con  el  dicho  Comendador,  lle- 
gó el  dicho  Don  Diego  de  Mendoza  con  la  gente 
que  llevaba,  é  de  los  cinqüenta  y  cinco  franceses 
mataron  los  cinqüenta,  é  los  cinco  fueron  heridos,  é 
se  acojieron  á  uña  de  caballo,  é  no  se  pudo  sufrir 
el  Gran  Capitán,  é  fué  á  ver  cómo  se  hacia  con  sie- 
te de  á  caballo,  é  fué  á  tiempo  que  hizo  su  parte. 

CAPÍTULO  CLXXII. 
De  Castellaneta,  é  de  lo  que  allí  aconteció. 
A  doce  de  Febrero  de  dicho  año  de  1504,  acaeció 
^ue  en  Castellaneta  estaban  aposentadas  cien  lan-  | 


É  DOÍÍA  ISABEL  701 

zas  f ancesas,  y  sobre  una  bota  de  vino  los  france- 
ses mataron  un  clérigo  de  misa,  y  del  despecho 
desto  los  del  lugar  enviaron  á  llamar  á  Pedro  Na- 
varro é  á  Luis  de  Herrera,  que  estaban  seis  millas 
de  allí,  y  que  ellos  les  abrirían  las  puertas;  é  vinie- 
ron é  entraron  el  lugar,  é  fueron  sentidos,  y  los 
franceses  se  quisieron  defender  y  los  españoles  ma- 
taron 40  de  ellos,  é  prendieron  60,  é  ovieron  todo 
el  despojo,  é  vino  sobre  ellos  el  Duque  de  Nemours 
con  mucha  gente,  é  combatiéronlos,  é  los  castella- 
nos le  mataron  50  hombres,  é  desque  vido  esto, 
volvióse,  que  no  hizo  nada. 

CAPÍTULO  CLXXIII. 

Del  desafio  de  los  italianos  y  franceses. 

A  trece  de  Febrero  del  dicho  año  de  1503,  se  de- 
safiaron trece  franceses  con  trece  italianos,  y  fué  el 
concierto,  que  de  los  que  destos  fuesen  vencidos  ó 
rendidos,  ó  echados  del  campo,  perdiesen  por  cada 
uno  cien  ducados,  é  las  armas,  é  el  caballo;  fueron 
vencidos  todos  trece  franceses  y  echados  del  campo, 
y  pagaron  el  precio,  é  los  italianos  quedaron  ven- 
cedores :  fué  dellos  capitán  Jacobo  Torre  Fieremos- 
ta.  Fizóles  el  Gran  Capitán  mucha  honra,  é  diólea 
para  salir  al  desafío  á  cada  uno  un  sayo  de  raso,  la 
mitad  morado  é  la  mitad  blanco,  para  sobre  laa 
armas. 

CAPÍTULO  CLXXIV. 

De  lo  que  hizo  el  Comendador  Solis. 

En  estos  mesmos  dias  fué  el  Comendador  Solis  á 
Cosencia,  que  tenían  cercada  la  fortaleza  los  Prín- 
cipes y  estaban  con  la  ciudad  aposentados,  y  entró 
de  noche  el  dicho  Comendador  con  fasta  cinqüen- 
ta de  caballo,  é  púsose  en  la  plaza,  diciendo:  «¡Es- 
paña, España!»  é  mató  mas  de  treinta  dellos,  é 
prendió  mas  de  sesenta,  é  toda  la  otra  gente  se  des- 
colgaron por  la  muralla  abajo.  Tras  esto  salió  Don 
Diego  de  Mendoza  con  cien  hombres  de  armas  ó 
cinqüenta  ginetes,  é  púsose  en  una  celada  para  la 
gente  que  salía  de  Visella  á  hacer  el  herbaje,  é  cor- 
riéronlos el  campo,  é  alancearon  los  que  alcanzaron, 
é  alcanzaron  una  ordenanza  de  70  suizos  bien  ar- 
mados, los  quales  se  metieron  en  una  torre,  é  llegó 
allí  Don  Diego  á  los  requerir  que  se  diesen,  é  na 
quisieron,  é  combatiéronlos  é  tomáronlos,  é  despe- 
ñáronlos de  la  torre  abajo  á  todos,  salvo  uno  que 
enviaron  con  la  nueva  con  dos  cuchilladas  por  la 
cara. 

CAPÍTULO  CLXXV. 

De  Lezcano. 

A  veinte  de  Febrero  del  dicho  año  fué  Lezcano 
el  capitán  en  busca  de  las  quatro  galeazas  del  Piti- 
Juan,  con  su  armada,  ó  las  corrió  é  metió  en  el 
puerto  de  Tranto,  que  es  de  venecianos,  é  prendió 
algunos,  porque  toda  la  gente  huyó,  é  libró  del  cap^ 
tiveri^  á  muchos  españoles  que  andaban  aherroja» 


Í02 


CRÓNICAS  DE    LOS  REYES  DE  CASTILLA. 


dos :  las  quales  geleazas  hacían  mucho  daño,  porque 
corrían  toda  la  costa,  é  quitaban  todos  los  mante- 
nimientos que  venían  al  real  de  los  españoles,  é 
tomó  las  dichas  galeras  el  dicho  Lezcano,  é  si  no 
fuera  por  no  quebrar  con  los  venecianos,  no  esca- 
para hombre  d©  los  que  en  ellas  andaban. 

CAPÍTULO  CLXXVL 
De  lo  que  hizo  el  Gran  Capitán  en  Renubo. 

A  22  días  del  mes  de  Febrero,  Jueves  en  la  no- 
che, salió  el  Gran  Capitán  de  Barletta  y  fué  sobro 
un  lugar  que  llaman  Renubo,  que  está  diez  leguas 
de  Barletta,  é  amaneció  otro  día,  Viernes,  sobre  el 
lugar,  é  en  llegando  le  combatió  con  el  artillería 
casi  dos  horas,  é  luego  le  dieron  otro  combate  de 
manos  tan  reciamente,  que  le  entraron  por  fuerza 
de  armas,  é  mataron  hasta  sesenta  hombres  de  ar- 
mas, é  prendieron  á  Monsicur  de  la  Paliza  é  á  un 
capitán  de  la  gente  del  Duque  de  Saboya,  é  con 
ellos  hasta  seiscientos  hombres  franceses,  entre 
hombres  de  armas  y  archeros,  é  tomaron  mil  caba- 
llos, con  los  quales  se  encabalgaron  muchos  hom- 
bres del  Gran  Capitán,  é  obieron  allí  otro  mucho 
despojo;  é  el  Gran  Capitán  se  puso  á  la  puerta,  é  no 
dejó  sacar  cosa  alguna  de  la  iglesia  ni  ninguna 
mujer,  é  no  consintió  que  les  ficiesen  á  las  mujeres 
ninguna  descortesía,  é  ansí  se  volvieron  aquel  día 
á  Barletta  con  aquella  victoria;  é  á  seis  de  Marzo 
del  dicho  año  enviaron  á  decir  los  de  San  Juan  Re- 
dondo al  Gran  Capitán,  que  ellos  eran  muy  maltra- 
tados de  los  franceses  que  allí  estaban  aposentados, 
que  se  querían  dar  á  él,  que  les  enviase  algún  capi- 
tán con  gente,  é  quoUos  les  abrirían  las  puertas  ;  é 
el  Gran  Capitán  envió  á  Arriarán  con  trescientos 
peones;  é  salteólos  una  noche,  é  mató  trescientos  é 
ochenta  franceses  é  prendió  otros  ciento  é  tomó  el 
lugar.  Después  desto,  á  13  de  Marzo,  viniendo  Pe- 
dro Navarro  é  Luís  de  Herrera  de  Taranto,  en  las 
Argentallas  toparon  con  una  batalla  de  franceses 
que  los  estaban  esperando  en  el  camino,  é  los  des- 
barataron, é  mataron  200  é  prendieron  50,  é  dende 
á  doce  días  se  topó  Pedro  Navarro  en  otro  camino 
cerca  de  Villasella  con  el  hijo  del  Conde  de  Conca, 
é  lo  desbarató  é  prendió  á  él  é  á  otros  15  é  mataron 
80  de  ellos.  Tras  este  desbarato  fué  otro  que  hizo 
el  capitán  Nolíba  pasando  de  un  lugar  á  otro  con 
su  gente :  se  topó  con  ciertos  franceses  é  los  desba- 
rató é  mató  30  dellos.  Viniendo  Pedro  Navarro,  é 
Lezcano,  é  Luis  de  Herrera  de  Tarento  á  Barletta, 
toparon  en  el  camino  con  el  Marqués  de  Bitonto  é 
con  el  Señor  Juan,  bu  cufiado,  con  muy  buena  gente 
que  traían,  así  de  hombres  de  armas  como  de  caba- 
lleros lijeros,  que  se  iban  á  juntar  y  ayudar  á  los 
franceses,  y  pelearon  con  ellos,  é  desbaratáronles,  é 
prendieron  al  dicho  Marqués  de  Bitonto  y  á  otros 
con  él,  y  mataron  á  su  cufiado  el  Señor  Juan  con 
otros  60  hombres,  y  con  esta  victoria  se  vinieron  al 
Gran  Capitán. 

En  estos  mesmos  días  un  capitán  de  peones,  que 
llamaban  Bemardino  de  Valmaseda,  estaba  én  un 


lugar  aposentado  con  su  gente,  con  150  hombrea 
de  pié,  é  por  veces  mató  mas  de  doscientos  y  cín- 
qüenta  franceses,  y  un  día  se  halló  en  un  paso  con 
33  hombres  suyos  é  desbarató  400  franceses,  é  mató 
cínqüenta  dellos,  é  prendió  mas  de  otros  tantos. 
Muchas  otras  cosas  ovo  é  pasaron  entre  españolea 
y  franceses  en  aquel  tiempo  que  el  Gran  Capitán 
estuvo  en  Barletta,  que  no  son  aquí  escritas,  de  qua 
siempre  los  españoles  fueron  vencedores  y  los  fran- 
ceses vencidos. 

CAPÍTULO  CLXXVIL 

De  la  batalla  qne  ovieron  los  castellanos  con  Mosen  de  Obeni,  ea> 
pitan  general  de  Francia,  é  con  los  franceses  en  Calabria,  é  los 
franceses  fueron  vencidos. 

Como  los  Príncipes  de  Salerno  é  Visiniano,  é  Ro- 
sano,  é  Condes  de  ¡Capacho  é  de  Melíto,  que  todos 
estos  estaban  en  Calabria,  é  otros  Señores  é  Barones 
supieron  la  discordia  entre  el  Gran  Capitán  é  el 
Duque  de  Nemours  é  Monsieur  de  Obeni,  é  como 
llegaban  gente  los  unos  y  los  otros,  é  la  guerra  era 
rota,  comenzaron  de  decir  por  Calabria:  «¡Francia, 
Francia!»  é  ficieron  rebelar  toda  la  tierra;  é  la  pri- 
mera cosa  que  ficieron  fueron  á  cercar  á  Terranova, 
é  tomaron  la  ciudad  é  tomaron  la  fortaleza,  é  tu- 
viéronla 36  días  cercada,  é  fué  por  capitán  el  Con- 
de de  Melíto.  E  como  el  Virey  de  Sicilia  supo  la 
revuelta  de  Calabria,  fuese  de  Palermo  para  Me- 
sina  por  ver  sí  podía  poner  algún  remedio  desda 
allí,  é  no  halló  con  que  socorrer  gente  ninguna  es- 
tranjera,  y  estando  en  esto  llegó  Don  Hugo  de  Car- 
dona, que  venia  de  Roma  con  hasta  250  peones,  y 
el  VirQy  habia  hecho  otros  tantos,  con  fasta  100  de 
á  caballo  sicilianos,  é  pasó  en  Calabria;  esto  fué  en 
comienzo  á  6  de  Octubre  de  1502;  y  dende  á  dos 
días  llegó  García  Alvarez  Osorío  con  otros  250  peo- 
nes, é  luego  le  pasó  el  Virey  la  gente,  é  pasó  á  jun- 
tarse con  Don  Hugo  á  un  lugar  de  Calabria  que 
llaman  Semanara,  á  ocho  millas  de  Terranova,  é 
juntóse  con  ellos  Ñuño  de  Campo  con  cierta  gente, 
á  fueron  á  Terranova  á  socorrerla.  El  Conde  de  Me- 
líto, como  supo  que  iban,  salió  de  la  ciudad  con 
trescientas  lanzas,  y  pelearon  un  Martes  á  once  de 
Octubre  é  fué  desbaratado  el  Conde  de  Melíto,  é 
muertos  cínqüenta  hombres  de  armas  de  los  suyos, 
é  él  fuyó  é  acojióse  á  MelíLo. 

CAPÍTULO  CLXXVIir. 

Del  socorro  de  España. 

Sabido  por  el  Rey  de  España  que  era  menester 
socorro  en  Calabria ,  envió  á  Manuel  de  Benavidea 
con  quince  naos,  en  que  llevó  200  hombres  de  ar- 
mas :  eran  capitanes  Antonio  de  Leyva  y  Alvaro,  ó 
más  llevó  300  peones,  é  desembarcaron  en  Rijoles 
á  18  días  del  mes,  é  fallóse  haber  muerto  por  la  mar 
hasta  allí  80  caballos.  Juntóse  esta  gente  con  la  de 
Don  Hugo  en  San  Jorje  á  25  del  dicho  mes,  y  de 
allí  se  fueron  apoderando  en  algunos  lugares  de  la 
Calabria,  á  la  qual  hubo  de  venir  Monsieur  de  Obe- 


t)ON  FERNANDO 
ni  de  Pulla,  é  partió  su  ejército  en  dos  partes,  é  vino 
á  juntarse  con  los  Príncipes  en  Calabria,  y  quedó  el 
Duque  de  Nemours  con  la  mayor  parte  de  la  hues- 
te en  Pulla,  el  rostro  al  Gran  Capitán. 

Manuel  Benavides  é  los  otros  capitanes  ya  dichos 
estando  en  Terranova,  vino  sobre  ellos  Mr.  de  Obe- 
oi  con  los  Príncipes  del  Reyno  susodichos  é  con  mu- 
cha gente  de  franceses;  é  los  españoles  acordaron 
dejar  la  ciudad,  porque  era  flaco  lugar,  é  porque 
tenían  necesidad  de  los  mantenimientos  é  de  otras 
cosas ;  tomaron  su  recuaje  delante  ,  é  salieron  por 
una  puerta  un  Domingo  de  mañana,  é  salió  la  gen- 
te algo  ahilada  y  cada  uno  con  su  recuaje  ;  quedó 
en  la  zaga  algún  cuerpo  de  gente,  ó  saliendo  de 
Terranova  por  una  puerta,  entró  Monsieur  de  Obe- 
ni  por  la  otra,  é  salieron  en  pos  de  los  españoles 
toda  la  gente  de  armas  de  los  franceses,  é  como  era 
mucha  gente  no  los  podían  sufrir  los  españoles,  é 
Manuel  de  Benavides  recojió  su  gente  é  volvió  so- 
bre loa  franceses,  en  que  de  aquella  vuelta  mataron 
á  Monsieur  de  Jerani,  é  á  otros  veinte  hombres,  é 
á  otro  capitán,  é  los  franceses  atajaron  á  Gonzalo 
de  Avales,  é  lo  prendieron  con  otros  con  él  de  los 
españoles ;  é  los  españoles  se  fueron  ordenadamen- 
te para  un  puerto  arriba  que  no  perdieron  seis  hom- 
bres :  é  vínose  á  aposentar  Manuel  do  Benavides  á 
un  lugar  quejllaman  Tura,  é  los  franceses  se  vol- 
vieron á  Terranova,  é  otras  muchas  cosas  le  acae- 
cieron en  la  Calabria  con  los  franceses  ,  que  seria 
luengo  de  escribir,  hasta  que  llegó  el  segundo  so- 
corro de  España,  que  fué  Portocarrerro  con  la  gen- 
te de  España. 

CAPÍTULO  CLXXIX. 

De  la  batalla  de  Calabria. 

Sabido  por  el  Rey  Don  Fernando  de  España  la  ne- 
cesidad que  su  gente  española  tenia  en  el  Reamen, 
y  como  los  franceses  eran  muchos,  mas  querían 
guerra  que  no  paz,  y  como  habían  rompido  la  ca- 
pitulación de  entre  él  y  el  Rey  de  Francia,  é  como 
la  Calabria  estaba  en  peso  de  perder  é  tornar  dellos, 
ordenó  muy  presto  una  armada  que  envió  de  Espa- 
ña, en  la  qual  envió  á  Luís  Puertocarrero,  Señor  de 
Palma,  é  Meser  Filio  por  capitán  general,  el  qual  lle- 
gó en  Mesina  á  5  días  de  Marzo  año  de  mil  y  qui- 
nientos y  tres  años,  con  300  hombres  de  armas,  ó 
300  ginetes,  é  2500  peones:  iban  con  él  por  capitanes 
Don  Femando  de  Andrada  é  Don  García  de  Ayala, 
que  murió  en  Cerdeña,  é  Alonso  Ñuño,  é  Carvajal,  é 
Figueredo,  alcayde  de  Morón,  é  Fernando  de  Quija- 
da ;  é  como  llegaron  á  Rijoles  plugo  á  Nuestro  Señor 
murió  el  dicho  Luis  Puertocarrero  de  dolencia,  é  fizo 
BU  testamento  como  hombre  muy  cathólíco  chrístia- 
no  que  él  era,  de  la  cual  muerte  no  poco  dolor  dejó 
en  todos  los  que  con  él  pasaron  y  allá  estaban  de  la 
parte  del  Rey  de  España,  é  dejó  en  su  lugar  á  Don 
Femando  de  Andrada,  al  qual  luego  elijieron  todos 
aquellos  capitanes  por  capitán  general ,  é  fué  muy 
temido  y  obedecido  por  todos  como  él  lo  merecía, 
porque  segua  bu  nobleza  todos  le  tenían  mucho 


É  DOÑA  ISABEÍi.  ?08 

amor  é  lo  tuvieron  en  aquel  acatamiento  que  tuvie- 
ran al  dicho  Puertocarrero  si  viviera.  E  puesto  caso 
que  Manuel  de  Benavides  había  ido  primero  por 
capitán  de  su  gente,  fué  el  primero  que  lo  elijió; 
é  cierto  el  dicho  Don  Fernando  dio  muy  buena 
cuenta  de  su  cargo.  Y  luego  como  Mr.  de  Obeni, 
Virey  y  capitán  general,  supo  de  la  gente  española 
quo  era  llegada  á  Rijoles,  los  envió  á  desafiar  á  ba- 
talla, é  vínose  para  un  lugar  que  llaman  Joya,  que 
es  á  seis  millas  de  Palma,  que  es  un  lugar  donde 
estaba  la  gente  castellana,  é  allí  se  concertó  la  bata- 
lla para  Viernes  d©  mañana  21  días  de  Abril,  la  qual 
los  españoles  no  quisieran  dar  porque  lo  llovabau 
ansí  mandado  del  Rey,  y  por  importunidad  de  di- 
cho Monsieur  de  Obeni  la  ovieron  de  dar ,  porqua 
no  tenían  en  cosa  alguna  de  estimación  á  los  espa- 
ñoles ó  les  enviaba  á  decir  muchos  ultrajes,  é  ultra- 
jados de  su  gran  soberbia  fué  forzado  de  se  la  dar; 
aun  primeramente  cuando  envió  á  la  demandar 
con  un  trompeta ,  le  fué  respondido  donosamente, 
por  deferir  algunos  d¡as|Fernando  de  Andrada  para 
juntar  consigo  á  Manuel  de  Benavides ,  é  á  Alvara- 
do,  é  Antonio  de  Leyva,  capitanes  que  estaban  re~ 
partidos  en  ciertas  fortalezas,  ó  ansí  ovieron  lugar 
de  se  juntar  en  tres  días  300  hombres  de  armas,  ó 
300  ginetes  é  3500  peones,  é  la  otra  gente  quedó  eix 
guarda  délos  lugares;  é  el  dicho  día  Viernes  22  do 
Abril  de  1503  salieron  al  campo  los  unos  y  los  otros, 
ó  los  españoles  pasaron  un  rio ,  ó  vino  sobre  ellos 
Monsieur  de  Obeni  con  toda  su  hueste,  que  nunca 
los  castellanos  lo  vieron  hasta  que  los  franceses  díe-« 
ron  en  las  guardas,  y  los  castellanos  iban  ordena- 
dos en  esta  manera :  en  la  delantera  200  hombrea 
de  armas,  á  la  mano  derecha  de  ellos  300  ginetes,  á 
ala  mano  izquierda  el  peonaje;  en  la  rezaga  Don 
Fernando  de  Andrada  con  100  hombres  de  armas  é 
500  peones  para  añadir  á  la  parte  donde  fuese  ma- 
nester. 

Los  franceses  se  hicieron  dos  batallas,  é  echaron 
en  la  delantera  300  hombres  de  armas  mas  escoji- 
dos,  en  otra  batalla  atrás  otros  500  hombres  de  ar- 
mas, luego  allí  con  ellos  el  peonaje,  é  luego  como  so 
vieron  juntos  arremetieron  los  franceses  á  los  cas- 
tellanos los  mas  furiosos  del  mundo,  y  fueron  por 
semejante  recibidos  por  los  castellanos  en  tal  ma- 
nera, que  pronto  amansaron  la  furia ,  é  tan  presto 
como  fueron  envueltos  lo»  unos  con  los  otros,  acu- 
dieron los  ginetes  castellanos  sobre  ellos  é  ficieron 
tanto  daño  en  ellos ,  que  en  poco  espacio  volvieron 
las  espaldas  á  huir,  ansí  los  que  quedaron  enhestoíi 
de  los  300  como  de  los  500,  después  de  se  haber  en- 
contrado, é  eso  mesmo  el  peonaje  francés  se  puso 
en  huida,  de  manera  que  los  castellanos  ovieron  la 
honra  de  la  batalla  é  fueron  vencedores,  é  los  fran- 
ceses fueron  vencidos  é  desbaratados,  é  quedaron 
dellos  mueítos  en  el  campo  dos  mil  doscientos  hom- 
bres, é  los  que  escaparon  fueron  huyendo  por  el 
campo  de  Hoya  por  donde  habían  venido,  é  los  cas- 
tellanos fueron  en  pos  dellos  hasta  que  los  encerra- 
ron en  el  dicho  lugar  de  donde  habían  salido,  é  allí 
los  cercaron,  é  tomaron,  ó  despojaron  ;  ó  Monsieur 


m 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DÉ  CASTILLA. 


de  Obení  pot  Se  salvar  tomó  el  camino  de  Melito,  é 
Baoza  de  Benavides  é  Alvarado  los  siguieron  hasta 
que  se  les  encerró  en  Rocaganjito,  é  con  la  gente  que 
otro  dia  les  siguió  les  cercaron,  é  enviaron  por  arti- 
llería á  Mesina,  y  lo  tuvieron  cercado  treinta  dias, 
y  en  fin  le  tomaron  é  prendieron ,  é  después  lo  lle- 
varon á  Ñapóles,  desque  se  ganó,  é  llegó  allá  en  11 
de  Julio,  é  lo  llevó  Don  Fernando  é  puso  preso  en 
Castilnovo.  E  en  dicho  desbarate  é  vencimiento  é  en 
la  villa  de  Hoya  tomaron  los  castellanos  600  prisio- 
neros ;  ansí  que  esta  batalla  fué  en  Calabria  como 
dicho  es,  ovieron  los  castellanos  mas  de  800  caba- 
llos é  400  acémilas  é  mucho  otro  despojo  que  seria 
luengo  de  escribir,  sin  morir  hombre  de  los  caste- 
llanos, peón  ni  caballero,  salvo  algunos  pocos  he- 
ridos :  ¿  que  se  puede  aquí  decir  sino  que  «  á  Dómino 
Dfactum  est  istud  mirabile  in  oculia  nostris))?  Esta  ba- 
talla fué  antes  que  la  que  ovo  el  Gran  Capitán  en  la 
Chirinola  otro  dia,  é  luego  se  dio  la  Calabria  toda  al 
Bey  de  España  Don  Fernando.  Agora  volveremos  á 
contar  las  cosas  del  Gran  Capitán  que  atraa  dejamos. 

CAPÍTULO  CLXXX. 

De  la  batalla  que  el  Gran  Capitán  ovo  con  el  Virrey  Doqne  de 
Nemours  de  Fraacia. 

La  batalla  que  el  Gran  Capitán  ovo  en  Pulla  con 
el  Virey  francés  Duque  de  Nemours  fué  desta  ma- 
nera :  El  Gran  Capitán  estaba  de  asiento  en  la  ciu- 
dad de  Barletta,  é  salió  de  Barletta  á  pelear  con  los 
franceses  un  Jueves  tarde  á  27  de  Abril,  año  de  1503, 
é  salió  porque  de  pura  necesidad  no  podia  hacer 
otra  cosa,  porque  el  Virey  francés  Duque  de  Ne- 
mours lo  tenia  casi  cercado ,  é  porque  morían  de 
pestilencia  en  la  ciudad,  é  porque  tenían  mucha  ne- 
cesidad de  los  mantenimientos  é  de  otras  cosas;  é 
antes  desto,  hallándose  con  poca  gente  é  pocos  di- 
neros, el  Gran  Capitán  al  comienzo  de  la  guerra  en- 
vió sus  embaxadores  al  Emperador  de  Alemania 
Maximiliano,  consuegro  del  Rey  de  España,  rogán- 
dole á  Su  Alteza  le  socorriese  con  alguna  gente ,  é 
el  Emperador  le  envió  dos  mil  alemanes,  é  con  ellos 
nn  sobrino  suyo  por  coronel,  que  quiere  decir  capi- 
tán, é  antes  que  enviase  al  Emperador  envió  á  decir 
al  Rey  Don  Femando  que  enviase  socorro  é  gente  en 
Calabria,  de  donde  procedió  que  le  fué  socorro  de 
España  dos  veces,  como  dicho  es,  antes  de  la  bata- 
lla de  la  Calabria,  y  los  dichos  alemanes  vinieron  y 
allegaron  á  diez  de  Abril  en  Monfredonia;  é  como 
el  Gran  Capitán  lo  supo,  luego  dio  priesa  en  allegar 
toda  la  gente  que  estaba  por  los  aposentos,  y  envió 
á  llamar  todos  los  'capitanes ,  é  recojidos  todos  á 
Barletta,  así  los  alemanes  como  los  españoles,  salió 
el  Gran  Capitán,  como  dicho  es ,  de  Barletta  aquel 
Jueves  tarde ,  é  tomó  el  camino  de  la  Chirinola ,  y 
f  uéles  hacer  noche  cabe  un  rio  que  llaman  Lef  anto, 
que  estaba  á  seis  millas  del  real  de  los  franceses, 
porque  ellos  tenían  su  real  asentado  en  «el  campo 
acerca  de  Canosa ;  é  otro  dia  de  mañana,  Viernes  28 
de  Abril ,  el  Gran  Capitán  con  todo  su  campo  toma- 
fQu  el  camino  de  la  Chirinola,  que  es  una  villa  é  for- 


taleza que  estaba  por  los  franceses,  é  estaba  de  allí 
diez  y  ocho  millas,  é  fizo  aquel  dia  tan  grande  sol  é 
calor,  que  pensaron  todos  ser  perdidos  de  sed,  por 
que  en  todo  el  camino  no  habia  poblado  ni  gota  de 
agua,  y  hallóse  que  aquel  dia  murieron  treinta  y  dos 
personas  del  ejército  de  sed,  que  en  ninguna  mane- 
ra se  pudieron  remediar,  porque  fueron  todas  diez  y 
ocho  millas  sin  reposar,  y  como  los  franceses  loa 
vieron  ir  y  pasar  y  vieron  la  necesidad  que  lleva- 
ban, é  cuan  casados  llegaron ,  acordaron  de  ir  á  dar 
sobre  ellos.  Puso  el  Gran  Capitán  tanta  diligencia 
aquel  dia,  que  él  mesmo  tomaba  á  los  hombres  de 
pié  que  venían  cansados  ó  aquejados  de  sed,  é  los 
llevaba  á  las  ancas  de  su  caballo  ;  é  ansí  hizo  que 
hiciesen  los  hombres  de  armas,  é  los  ginetes,  é  da 
esta  manera  escaparon  muchos  de  los  peones  y  no 
dejaron  rezagado  ninguno,  y  en  todo  aquel  camino 
no  cesó  el  Gran  Capitán  de  dar  con  un  frasco  é  un 
tazón  de  beber  á  la  gente,  que  si  esto  no  hiciera 
mucha  mas  gente  se  le  ahogara.  De  los  alemanes, 
aunque  era  toda  gente  de  á  pié  no  se  ahogó  ningu- 
no, porque  iban  pertrechados  entre  cada  dos  un 
frasco  lleno  de  vino  é  agua,  que  es  un  barril  de  ma- 
dera. Llegó  el  Gran  Capitán  con  su  ejército  á  la  Chi- 
rinola aquel  dia  dos  horas  antes  que  fuese  de  noche, 
y  la  gente  cansada  con  mas  gana  de  descansar  quo 
de  pelear,  ca  venían  muy  deseosos  de  se  hartar  de 
agua,  y  allí  cabe  la  Chirinola  están  ciertos  pozos,  en 
los  cuales  toda  la  gente  cargó  á  beber,  y  los  france- 
ses que  estaban  en  la  villa  y  fortaleza,  no  hacían 
sino  tirar  á  la  gente  con  la  artillería  á  los  pozos ,  é 
plugo  á  Nuestro  Señor  que  toda  iba  por  alto  y  á  nin- 
guno ofendieron  ni  mataron.  Estando  la  gente  en 
esto  como  dicho  es,  venia  un  trompeta  francés  so- 
nando, é  preguntando  por  el  Gran  Capitán,  y  el  Gran 
Capitán  mandó  que  se  lo  trajesen ;  y  traído  le  pre- 
guntó y  el  trompeta  le  dijo :  «el  Virrey  mi  señor  haco 
saber  á  tu  Señoría  que  ha  sabido  tu  salida,  y  que  to 
ruega  que  le  esperes,  que  mañana  será  contigo  y  te 
dará  la  batalla,  y  de  su  parte  y  de  todos  los  prínci- 
pes te  lo  digo  y  lo  requiero.»  El  Gran  Capitán  res- 
pondió :  «Dile  á  su  Señoría  que  yo  soy  salido  de  Bar- 
letta á  destruir  todos  aquellos  que  el  mandamiento 
del  Rey  de  España,  mi  señor,  no  quisieren  obedecer, 
y  que  si  su  Señoría  viniere,  que  aquí  me  hallará,  y 
que  yo  con  la  ayuda  de  Dios ,  de  esta  tierra  no  me 
partiré  hasta  que  vea  la  bandera  de  España  sobre  la 
mas  alta  torre,  con  vencimiento ,  y  de  esto  le  hago 
saber»;  al  qual  trompeta  mandó  el  Gran  Capitán  dar 
de  comer  y  beber,  y  le  dio  una  cadena  de  oro  é  un 
jarro,  é  un  tazón  de  plata,  é  con  esto  se  fué.  E  aquí 
parece  que  los  franceses  engañosamente  enviaron 
el  trompeta  á  aplazar  la  batalla  para  otro  dia ,  pues 
que  luego  á  la  hora  vinieron  en  pos  del  trompeta ;  y 
estando  así  la  gente  del  Gran  Capitán  aun  no  bien 
aposentada,  sonaban  los  tiros  de  pólvora  de  loa 
franceses  é  venían  las  pelotas  por  cima  del  Real  ¡ 
luego  el  Gran  Capitán  envió  treinta  y  dos  de  á  ca- 
ballo ginetes  á  ver  sí  el  Virrey  venia  ó  estaba  que~ 
do,  los  quales  luego  volvieron  corriendo,  é  dijerou 
como  loa  franceses  venían  con  toda  bu  hueste  ma^ 


DON  FERNANDO 
éérca,  ordenada  para  dar  en  ellos,  é  estonces  todo 
el  ejército  de  España  se  alborotó  é  puso  en  arma ;  é 
el  Gran  Capitán  mandó  tocar  sus  trompetas  é  tam- 
bores, é  mandó  poner  toda  su  gente  en  orden ,  para 
pelear  ;  é  mandó  meter  toda  la  gente  en  un  circuito 
grande  que  allí  estaba  de  tiempo  viejo  que  solia  ser 
viñas,  é  estaban  allí  unos  valladares  viejos  derri- 
bados, á  la  parte  por  donde  los  franceses  habían  de 
venir,  é  mandó  poner  artillería  á  fuera  de  los  valla- 
dares, é  mandó  estar  la  gente  de  armas  todas  juntas 
dentro  del  circuito,  hacia  la  mano  izquierda,  é  los 
ginetes  repartidos ,  la  mitad  con  los  hombres  de  ar- 
mas, é  la  mitad  con  cinqüenta  estradiotes  griegos,  á 
la  mano  derecha,  y  cabe  ellos  todos  los  alemanes,  y 
en  la  delantera  de  los  alemanes  ochocientos  estoperos 
de  los  mesmos  alemanes,  y  en  medio  toda  la  gente 
española  delante  de  todos,  é  junto  á  Cindaro  mandó 
que  estubiesen  mil  y  quinientos  soldados  todos  con 
lanzas  cebaderas  y  rodelas  para  que  á  la  ordenanza 
que  por  allí  viniese  se  las  arrojasen  todas  á  la  par; 
y  juntos  con  ellos  toda  la  ballestería  y  luego  la  pi- 
quería, y  los  alabarderos ;  y  luego  mandó  que  cuan- 
do los  trompetas  tecasen  que  toda  la  gente  en  su 
concierto  fuese  con  ellos. 

CAPÍTULO  CLXXXI. 

De  la  gente  qae  el  Gran  Capitán  tavu  en  esta  batalla,  é  de  la  que 
tuvo  el  Virrey  de  Francia. 

El  Gran  Capitán  tenia  de  nómina,  con  los  dos  mil 
alemanes,  cinco  mil  y  quinientos  soldados,  que  eran 
de  á  pié,  é  mil  é  quinientos  de  á  caballo,  que  eran 
los  setecientos  de  ellos  hombres  de  armas,  é  doscien- 
tos archeros,  é  ciento  y  cinqüenta  estoperos,  é  qua- 
trocientos  ginetes. 

El  Virrey  y  los  príncipes  del  Reyno  que  estaban 
con  él  en  el  campo  puestos,  tenían  mil  y  quinientos 
hombres  de  armas  é  ginetes,  é  siete  mil  peones,  en 
que  era  poca  la  ventaja  de  los  unos  á  los  otros,  cá  la 
otra  gente  de  mas  que  había  de  los  unos  y  de  los 
otros  guardaban  las  fortalezas,  y  los  franceses  pen- 
saron que  por  estar  la  gente  del  Gran  Capitán  tan 
cansada  y  fatigada  del  camino  que  no  hubiera  mu- 
cho que  hacer  en  vencer  la  batalla ,  y  parece  ser 
engaño  lo  que  el  Virrey  envió  á  decir  con  el 
trompeta. 

CAPÍTULO  CLXXXII. 

Del  razonamiento  que  el  Gran  Capitán  hizo  á  los  suyos. 

« Señores :  mirad  que  las  honras  que  los  buenos 
ganan  venciendo  á  sus  enemigos,  en  ningún  ven- 
cimiento se  pueden  ganar  sin  algún  trabajo ;  cum- 
ple agora  que  todos  trabajemos  por  vencer,  porque 
con  este  trabajo  acabaremos  de  ganar  lo  que  mucho 
ya  nos  cuesta ;  tomando  esperanza  en  nuestro  Se- 
ñor, que  los  pocos  á  los  muchos  suelen  vencer  con 
justicia,  como  nosotros  la  tenemos ;  é  acordaos  de  la 
bondad  de  Nuestro  Rey  é  Reyna  á  quien  servimos, 
y  del  mucho  derecho  que  tienen  é  esto  Reyno  sobre 
que  andauíoa  y  estaüios;  é  llamad  á  nuestro  aboga- 


Ú  DOÑA  ISABEL. 


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do  Santiago  que  bien  podéis  tener  cierto  que  los 
habernos  de  vencer,  é  sus,  á  ellos.»  E  los  franceses 
asomaron  por  un  cerro  muy  llano,  tirando  con  los 
tiros  de  su  artillería  los  mas  furiosos  del  mundo,  y 
toda  la  gente  del  Gran  Capitán  se  tendió  en  el  sue- 
lo, y  los  de  á  caballo  sobre  los  arzones  de  las  sillas 
se  acostaban  porque  no  los  cojiesen  los  tiros  de  las 
lombardas,  y  allegados  ya  muy  cerca  del  Real  del 
Gran  Capitán  cuanto  un  tiro  de  ballesta,  ya  el  sol 
se  quería  poner,  mandó  el  Gran  Capitán  que  la  ar- 
tillería suya  jugase,  la  qual  fué  tal  que  ovo  cañón 
que  dio  por  la  batalla  del  Virrey,  é  del  primer  gol- 
pe llevó  quarenta  hombres  de  armas  ;  y  visto  por  el 
Virrey  y  Capitanes  franceses  el  daño  que  la  artille- 
ría les  facía,  arremetieron  de  hecho  con  sus  lanzas 
en  ristre  en  la  delantera  del  Virrey  con  ochocientos 
hombres  de  armas,  y  en  la  rezaga  los  Príncipes  del 
Reyno,  y  ellos  allegaron  tan  derechos  y  con  tanta 
ferocidad  que  fué  cosa  de  maravilla  ;  y  como  al  en- 
cuentro primero  no  hallaron  con  quien  encontrar, 
dieron  con  el  valladar  viejo  que  allí  estaba  de  pri- 
mera necesidad,  á  dó  ovieron  de  dar  lado  para  tornar 
á  enristrar  y  al  lado  que  dieron ,  los  espingarderos 
alemanes  que  eran  los  mayores  espingarderos  del 
mundo,  que  el  Emperador  los  envió  los  mas  escogi- 
dos entre  cuantos  tenia ,  asestaron  á  la  batalla  en 
que  mataron  muchos  de  los  franceses.  Junto  con 
esta  batalla  allegó  Monsiur  de  Sander  el  qual  era  Co- 
ronel de  todos  los  Suizos  franceses,  con  todas  las  or- 
denanzas, con  las  quales  saltaron  todos  los  soldados 
arrojando  las  lanzas  é  saltaron  con  ellos  toda  la 
gente  del  Gran  Capitán  diciendo  juntamente  victo- 
ria, victoria,  agrandes  voces  ;  é  la  otra  gente  decían 
que  huyen  que  huyen ;  é  el  Gran  Capitán  arreme- 
tió á  ellos  con  la  gente  de  armas  muy  esforzadamen- 
te, é  los  príncipes  que  traían  la  retaguardia  atrás, 
entráronse  por  la  batalla  adelante  peleando  con  su 
gente  de  armas  é  ginetes,  y  el  Gran  Capitán  é  loa 
suyos  los  recibieron  como  convenia,  é  los  ginetes  y 
estradiotus  del  Gran  Capitán  iban  cerca  de  él,  y  to- 
dos pelearon  y  trabajaron  de  tal  manera ,  y  se  es- 
forzaron á  vencer,  que  los  franceses  no  lo  pudieron 
sufrir,  é  volvieron  su  gente,  y  puestos  en  huida ,  la 
gente  del  Gran  Capitán  siguieron  el  alcance  aque- 
lla noche  hasta  su  Real,  é  como  cerró  la  noche  no 
murieron  mas,  ca  si  de  día  fuera  no  fuera  maravilla 
no  quedar  hombre  de  ellos  para  que  llevara  la  nueva 
á  Francia  que  no  fuera  muerto  ó  preso.  Esto  fecho 
mandó  el  Gran  Capitán  tocar  las  trompetas  á  reco- 
ger la  gente,  y  mandó  asentar  su  Real  donde  pri- 
mero se  habia  dado  la  batalla  é  allí  asentaron  sus 
tiendas.  É  Próspero  Colona ,  capitán ,  siguió  aquella 
noche  hasta  el  campo  de  los  franceses,  el  qual  se  es- 
taba asentado  en  la  manera  que  el  Virrey  lo  había 
dejado,  con  sus  tiendas  armadas  con  cuantas  rique- 
zas y  joyas  tenían.  El  Próspero,  y  los  que  con  él  si- 
guieron dieron  por  el  Real,  é  mataron  é  robaron,  ó 
ficieron  cuanto  quisieron ,  y  tomaron  muy  grandes 
riquezas,  é  ovieron  é  trujeron  el  dinero  todo  que  el 
Virrey  tenia  cogido  del  Reyno. 
Murió  en  la  batalla  el  Virrey  Duque  de  Nemours,  ó 

45 


706 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DE  CASTILLA: 


BU  Capitán  General ,  é  murieron  otros  quince  Capi- 
tanes é  mucha  gente  con  ellos,  que  adelante  se  dirá 
la  suma  de  ella.  Otro  dia  Sábado  de  mañana  el  Gran 
Capitán  estaba  el  mas  pensativo  hombre  del  mundo, 
en  non  saber  que  había  acaecido  del  Virrey,  si  era 
vivo  ó  muerto,  é  mandó  á  pregonar  por  el  Real  que 
qualquiera  que  le  diese  nuevas  del  Virrey  muerto  ó 
vivo  que  le  daria  quarenta  ducados  de  oro,  en  que 
se  halló  que  un  soldado  trujo  un  prisionero  de  la 
Cámara  é  casa  del  Virrey,  que  habia  aprendido  en 
el  campo  en  las  tiendas  de  los  franceses,  el  qual  dijo 
que  si  él  viese  al  Duque  su  Señor  si  era  muerto  que 
él  le  conocerla,  y  luego  el  Gran  Capitán  le  mandó 
ir  con  dos  capitanes  á  lo  buscar,  é  yendo  ansí  el  ca- 
marero con  los  dos  capitanes,  vido  á  un  soldado 
llevar  un  pedazo  de  la  ropa  de  brocado  del  Virrey 
y  luego  lo  llamó,  y  conoció  el  brocado,  y  comenzó  de 
llorar  por  su  señor,  diciendo  que  su  señor  era  muer- 
to ;  é  andándole  á  buscar  con  las  señas  que  el  ca- 
marero habia  dado,  las  cuales  eran  que  el  Virrey 
era  mancebo  de  fasta  veinte  y  un  años,  y  de  gran 
cuerpo  é  linda  persona ,  y  en  la  mano  derecha  dos 
anillos ,  y  que  el  Jueves  pasado  se  habia  bañado  y 
raido  el  cabello  de  abajo :  el  qual  por  estas  señas 
hallaron,  con  tres  heridas,  la  una  en  la  teta  izquier- 
da, la  otra  en  el  vientre,  é  la  otra  en  la  cara;  y  sa- 
bido por  el  Gran  Capitán,  mandólo  traer  á  sus  tien- 
das, con  el  qual  el  recibió  gran  dolor,  y  lloró  mucho 
de  sus  ojos,  é  llorando  se  retrajo  á  una  cámara  de 
BU  tienda,  é  se  puso  de  pechos  sobre  una  cama  llo- 
rando la  muerte  de  tan  lindo  hombre,  é  luego  man- 
dó que  lo  abriesen  y  salasen ,  y  mandó  encender 
viente  y  quatro  hachas  de  cera  que  ardieron  mien- 
tras se  aparejaron  las  andas  para  lo  llevar,  é  mandó 
á  Don  Tristan  de  Acuña  que  lo  hiciese  llevar  á  Bar- 
letta  muy  honradamente,  é  lo  ficiese  enterrar  en  el 
monesterio  {^e  San  Francisco ;  é  después  que  esto 
oviese  fecho,  que  ficiese  enterrar  todos  los  otros 
muertos;  é  el  Capitán  hizo  ir  con  el  cuerpo  del 
Virrey  cien  hombres  de  armas  é  una  compañía  de 
Beldados,  é  los  hombres  de  armas  llevaban  todos 
sus  hachas  de  cera  encendidas  en  las  manos,  y  al 
tiempo  que  partió  el  cuerpo  del  Virrey  así  en  las 
andas  para  Barletta,  quedó  el  Gran  Capitán  hacien- 
do el  mayor  llanto  del  mundo  de  maravilla  y  do- 
lor del. 

El  Gran  Capitán  mandó  saber  é  facer  copia  de 
loB  muertos  que  murieron  de  los  franceses  en  bata- 
lla antes  que  los  enterrasen ,  é  dio  cuenta  el  dicho 
Don  Tristan  de  Acuña  que  él  hizo  enterrar  tres  mil 
y  seis  cientos  y  sesenta  y  quatro  hombres,  sin  los 
que  él  no  vido  que  creía  serian  mas  de  otros  cien. 
Murió  allí  Monsiur  de  Sander,  el  qual  era  coronel  de 
todos  los  Suizos  franceses ;  é  ovieron  en  aquella  ba- 
talla mas  de  mil  prisioneros  de  los  franceses,  que 
después  resgató  el  Gran  Capitán ;  é  luego  aquel  día 
Sábado  se  entregó  é  dio  la  Chirinola  al  Gran  Ca< 
pitan.  E  luego  aquel  Sábado,  otro  dia  después  de  la 
batalla,  el  Gran  Capitán  envió  á  Pedro  de  Paz,  ca- 
pitán de  hombres  de  armas,  que  fuese  en  pos  de  los 
que  habían  escapado  de  la  batalla  francesa,  el  qual 


partió  luego  con  doscientos  hombree  de  armas  á 
cinqüenta  ginetes  ;  el  qual ,  anduvo  tanto,  que  llegó 
áCapua,  é  halló  que  habían  pasado  los  ¿anceses 
la  puente  por  allí,  é  iban  la  vía  de  Gaeta,  los  qualea 
al  pasar  dijeron  que  iban  á  proveer  la  Ciudad,  quo 
tenían  nueva  de  la  gran  armada  de  España  que 
iba,  que  no  osaron  decir  que  iban  desbaratados 
huyendo.  La  ciudad  de  Capua,  sabida  la  verdad  por 
el  capitán  Pedro  de  Paz  de  la  victoria  del  Gran 
Capitán,  alzaron  sus  banderas  por  el  Rey  de  Es- 
paña ;  y  juntáronse  con  el  dicho  Capitán  quinientos 
mancebos  de  la  ciudad  y  fueron  detrás  de  los  fran- 
ceses, é  alcanzaron  hasta  cinqüenta  hombres  de 
armas,  é  ciento  infantes  é  hombres  de  á  pié,  que 
prendieron  é  mataron,  y  Pedro  de  Paz  dio  la  presa 
á  los  Capuanos ;  y  ovo  prisionero  de  ellos  que  les 
valió  quatro  mil  ducados  de  resgate.  E  el  Gran 
Capitán  estuvo  tres  días  en  la  Chirinola  donde  fué 
la  batalla,  é  de  allí  partió  para  Ñápeles  señoreando 
la  tierra,  y  de  esta  manera  que  dicha  es  acaeció  y 
mas  que  he  dicho,  en  la  batalla  de  la  Fulla  que 
ovieron  franceses  y  españoles,  donde  totalmente  la 
gente  é  hueste  francesa  fué  venoida  ó  perdida ,  é  su 
capitán  el  Duque  de  Nemurs,  Viso-Rey  por  el  Rey 
de  Francia  muerto  con  los  dichos  capitanes  de 
Francia.  Sólo  el  Gran  Capitán  Gonzalo  Fernandez, 
Capitán  General  por  el  Rey,  é  los  españoles ,  fueron 
vencedores  é  por  maravilla  que  Nuestro  Señor  quiso 
hacer  de  los  españoles  no  murieron  sino  muy  pocos; 
la  qual  dicha  batalla  fué  Viernes  noche  á  28  días  de 
Abril  del  Nacimiento  de  Nuestro  Redemptor  de  1503 
años ,  é  ocho  días  después  de  la  batalla  de  Calabria 
que  vencieron  los  castellanos. 

CAPÍTULO  CLXXXIIL 

De  como  Pedro  de  Paz,  yendo  en  seguimiento  de  los  réncidos, 
tomó  el  castillo  en  el  Careliano,  é  comenzó  á  facer  gaeru  i 
Gaeta,  é  de  como  el  Gran  Capitán  tomó  á  Melfa,  y  prendió  al 
Duque  della;  y  de  como  se  le  dio  la  Pulla  é  Ñápeles,  é  tomó 
á  Castiluovo. 

Partió  el  Gran  Capitán  de  la  Chirinola  Lunes 
primero  dia  de  Mayo,  la  vía  de  Melfa  é  cercóla  é 
tomóla,  é  tomó  al  Duque  de  ella  dentro,  el  qual  dióse 
luego  con  condición  que  lo  dejasen  estar  en  una 
villa  suya  que  se  llama  Trana,  á  él  é  á  su  mujer  é 
fijos,  hasta  esperar  lo  que  el  Rey  de  España  mandara 
á  hacer  de  él.  Esto  fecho,  luego  pasado  adelante  el 
Gran  Capitán  camino  de  Ñapóles,  el  dicho  Príncipe 
de  Melfa  se  fué  para  los  franceses,  é  dende  á  dos 
dias  que  el  Gran  Capitán  tomó  á  Melfa,  se  le  vino 
á  dar  toda  la  Pulla,  con  las  llaves  en  las  manos,  de 
las  ciudades,  villas  é  lugares  é  castillos  que  en  ella 
habia. 

E  de  allí  el  Gran  Capitán  fué  sobre  Ñapóles ,  y 
asentó  su  campo  en  un  lugar  que  llaman  la  Cherra, 
y  de  allí  envió  sus  embaladores  á  Ñápeles,  al  Re- 
gimiento y  Señores,  á  les  rogar  y  requerir  que  se 
diesen  y  alzasen  banderas  por  España ;  y  la  ciudad 
acordó  luego  de  le  enviar  y  entregarla  ciudad,  con 
tal  que  les  confirmase  sus  privilegios,  é  el  Graq, 
Capitán  fué  á  Algandelo,  que  es  ocho  millas  dg 


DON  FERNANDO 
Ñapóles ,  é  allí  salieron  á  contratar  con  él  el  conde 
de  Matera,  y  los  síndicos  de  Ñapóles,  y  asentaron 
eu  capitulación  para  entregarle  la  ciudad,  é  á  15  de 
Mayo  entró  en  la  ciudad  al  Gran  Capitán  con  todo 
Bn  campo,  é  le  ficieron  muy  noble  recibimiento  los 
de  la  ciudad  con  toda  la  clerecía,  y  fué  metido  de- 
bajo de  un  muy  rico  paño  de  brocado,  en  sus  cetros 
que  llevaban  los  mayores  de  la  ciudad,  é  fueron 
ansí  hasta  donde  se  aposentó  que  fué  en  las  casas  del 
conde  de  Matalón,  que  son  al  collegio  de  la  Capua- 
na, y  puso  un  alcaide  que  luego  alzo  banderas  por 
todas  las  torres,  diciendo  «España,  España.» 

La  gente  de  ordenanza  se  aposentó  en  la  Rúa  Ca- 
talana, cerca  de  Castilnovo;  y  de  allí  salian  dende 
adelante  cada  tarde  á  dar  vista  á  Castilnovo  todos, 
é  los  franceses  del  castillo  salian  á  escaramucear  á 
pié  con  ellos,  é  en  tal  manera,  é  en  tales  lugares  se 
ponían  los  españoles,  que  siempre  los  franceses  iban 
descalabrados,  cada  vez  que  salian,  é  por  otra 
parte  los  minaba  el  Gran  Capitán  como  no  lo  sen- 
tían. 

Domingo  á  28  del  dicho  mes,  se  tomó  la  torre  de 
San  Vicente,  la  qual  tomó  Pedro  Navarro,  con 
solo  30  hombres,  que  fué  cosa  de  maravilla,  é  pasó 
en  una  barca  allá;  é  estaban  en  la  torre  quarenta 
hombres  con  mucha  artillería,  é  apretó  tan  recio  con 
ellos,  é  comenzó  de  cabar  para  hacer  reparo  por 
amor  de  los  tiros,  y  ellos  pensaban  que  los  mina- 
ban, y  dentro  en  quatro  oras  se  les  dieron,  y  luego 
de  allí  dio  tanta  guerra  á  Castilnovo  y  al  del  Ovo 
que  no  dejaba  asomar  persona. 

CAPÍTULO  CLXXXIV. 

De  el  Castil  Novo. 

El  Gran  Capitán  fizo  minar  el  Castilnovo  y  nun- 
ca sintieron  los  franceses  que  en  él  había  que  es- 
taban cercados,  y  esto  se  hacia  al  tiempo  que  los 
cercadores  les  combatían  é  escaramuceaban  con 
ellos ,  por  que  no  lo  oyesen ,  y  fué  tanta  la  ventura 
y  los  engaños  que  el  Capitán  Pedro  Navarro  les 
hizo,  que  no  miraron  ni  sintieron  los  franceses  nada 
basta  que  la  mina  fué  acabada ;  é  la  mina  acabada, 
mandó  el  Gran  Capitán  tocar  las  trompetas  dicien- 
do que  les  quería  dar  batalla ;  é  había  en  el  Castil- 
novo setecientos  hombres  escogidos  de  pelea ,  con 
mas  artillería,  municiones  y  bastimentos  que  nunca 
Castilnovo  tuvo,  ca  diz  que  tenian  recado  para  diez 
años;  é  los  franceses  como  oyeron  las  trompetas, 
salieron  luego  fuera  á  la  Ciudad  al  lado  del  Castillo 
donde  estaba  el  Gran  Capitán  creyendo  que  les 
quería  escalar;  y  allí  mandó  el  Gran  Capitán  que  les 
tirasen  con  los  peltrechos  de  todas  partes,  y  como 
el  Gran  Capitán  vido  que  los  franceses  estaban 
embebidos  en  pelear,  mandó  á  todos  los  capitanea 
que  retrujesen  á  fuera  toda  la  gente  española  ;  y 
la  gente  tirada  á  fuera,  mandó  que  le  diesen  fuego 
á  la  mina,  é  ansí  que  le  dio  fuego  vino  abajo  un 
lienzo  del  adarbe  de  la  Ciudadela,  con  toda  la 
gente  que  en  él  estaba,  muy  súpitamente,  con  un 
ftstruendo  que  pareció  que  toda  la  ciudad  se  hundía. 


K  DOÑA  ISABEIi.  707 

Arremetió  la  gente  del  Gran  Capitán,  é  entrároust* 
á  las  vueltas  peleando  con  los  franceses  en  la 
Ciudadela,  é  los  franceses  huyeron  á  meterse  en  el 
castillo  por  la  puente  levadiza,  é  los  españoles  lea 
dieron  tanta  prisa,  que  nunca  pudieron,  alzar  la 
puente  ni  cerrar  las  puertas,  é  todos  de  tropel  se 
entraron  dentro  en  el  castillo  juntos.  A  las  vueltas, 
el  Gran  Capitán  y  dentro  pelearon  muy  fuerte- 
mente, y  de  los  primeros  que  entraron  en  el  patío 
por  la  puerta  del  castillo  fueron  quatro  que  dijeron 
en  el  patio  «España ,  España.»  A  los  tres  dellos  hi- 
cieron los  franceses  pedazos,  y  el  otro  escapó  con 
seis  heridas ;  y  los  españoles  que  por  la  puerta  del 
castillo  no  podían  entrar  los  viérades  entrar  por  loa 
adárvese  por  las  ventanas,  é  aun  por  las  picas 
arriba  se  subían ,  é  andaban  tanto  por  cada  parte 
peleando,  cubiertos  todos  de  pólvora  del  artillería, 
que  era  espanto  de  lo  ver;  é  en  fin  el  Gran  Capitán 
fué  vencedor,  é  los  suyos  en  espacio  de  dos  horas 
tomaron  el  castillo,  é  ovo  en  él  tantos  muertos  y 
heridos,  que  todo  el  patio  del  castillo  era  lleno  de 
chorros  de  sangre,  é  había  tantos  brazos  é  pier- 
nas, é  cabezas  cortadas  que  no  había  hombre  que 
no  se  espantase.  E  murieron  de  los  franceses,  según 
lo  que  se  pudo  saber,  quatrocientos  ó  mas  hombres, 
é  de  los  españoles  treinta  no  mas,  ansí  heridos  como 
quemados  con  pólvora ;  é  tomado  el  castillo,  luego 
alzaron  las  banderas  por  todas  las  torres ,  diciendo 
«España,  España  »;  de  lo  cual  todos  los  de  la  ciudad 
fueron  muy  espantados  y  maravillados  del  gran  es- 
fuerzo del  Gran  Capitán,  y  de  la  gente  española. 
Ovieron  allí  el  Gran  Capitán  y  su  gente  muy  gran 
cabalgada,  de  mucha  moneda,  oro  é  plata,  joyas, 
armas,  mantenimientos,  é  muchos  atavíos,  é  ha- 
ciendas que  otros  habían  allí  puesto,  en  guarda  de 
los  contrarios  del  Gran  Capitán,  y  todos  prisioneros, 
lo  qual  fué  en  muy  gran  suma:  á  la  munición  no 
tocaron  en  ninguna  cosa. 

El  Gran  Capitán,  viéndose  así  victorioso,  dio 
muchas  gracias  á  Dios  y  á  Nuestra  Señora,  por  tan- 
tas mercedes  como  le  habían  fecho,  é  mandó  enter- 
rar los  muertos,  é  curar  los  heridos,  é  aposentóse  lue- 
go en  el  dicho  castillo.  Fué  tomado  el  dicho  casti- 
llo Novo,  como  dicho  es,  en  11  de  Junio  de  1503  años. 

Acordó  el  Gran  Capitán  dejar  sitiado  el  Castillo 
del  Ovo,  que  de  los  cuatro  castillos  no  habia  otro 
por  tomar,  é  ir  sobre  Gaeta,  é  puso  por  Capitán  del 
cerco  á  Pedro  Navarro,  é  dejó  por  Alcayde  en  el 
Castilnovo  que  ganó  á  Ñuño  de  Ocampo,  un  capitán,. 
y  concertó  ir  sobre  Gaeta,  y  así  lo  hizo,  ca  dejó  el 
cerco  sobre  el  Castil  del  Ovo,  y  á  buen  recaudo  como 
dicho  es. 

En  fin  del  mes  de  Julio  se  juntaron  Don  Fernando 
de  Andrada  é  los  otros  capitanes  de  Calabria  con 
la  hueste  del  Gran  Capitán  sobre  Gaeta. 

CAPÍTULO  CLXXXV. 

De  Gaeta  ¿  sas  cercos  que  tavo. 

Partió  el  Gran  Capitán  de  Nápolea  para  poner  ei 
cerco  á  Gaeta  á  18  d^m  d©  Junio,  año  Je  1503,  y 


70S 


CRÓNICAS  DE  LOS  REYES  DÉ  CASTILLA. 


fué  con  su  campo  por  Aversa  é  Capua  é  otros  lu- 
gares, donde  fué  recibido  con  mucho  placer  é  ale- 
gría y  honra,  y  fué  el  dia  de  San  Juan  á  San 
Germán ,  el  qual  estaba  tomado  por  los  españoles 
desde  el  dia  propio  que  se  tomó  Oastilnovo;  é  tomá- 
ronle Diego  García  Coronel ,  é  Samudio,  capitanes, 
con  mil  y  quinientos  peones :  quedó  entonces  cerca 
de  allá  en  el  monasterio  de  San  Benito  en  el  Monte 
Cansino,  Pedro  de  Medices,  con  fasta  doscientos 
franceses;  púsose  con  ellos  el  Gran  Capitán  en  trato, 
por  no  se  detener,  que  iba  la  via  de  Gaeta,  y  que- 
daron de  se  dar  dentro  de  12  dias,  lo  qual  no  cum- 
plieron, é  ansí  quedaron  por  estonce,  que  no  se  pudo 
facer  mas ;  que  iba  mas  en  lo  de  delante. 

Fué  á  asentar  su  campo  á  las  viñas  de  Ponto 
Corvo  á  26  dias  del  dicho  mes,  ribera  del  rio  Ga- 
rellano;  é  víspera  de  San  Pedro  se  levantó  el  campo 
é  pasó  el  dicho  rio,  y  se  fué  á  asentar  al  pié  de  Roca 
Guillermo,  que  estaba  por  los  franceses,  los  qual  es 
80  pusieron  en  defender,  y  á  otro  dia  acordó  el 
Gran  Capitán  de  la  combatir,  y  sacó  toda  su  gente 
y  ordenó  todos  sus  escuadrones  para  subir  á  ellos: 
y  cuando  esto  vieron  los  franceses  desampararon  la 
fortaleza  y  el  lugar,  y  f uéronse  por  el  cuchillo  de 
una  sierra  camino  de  Gáeta,  é  abajaron  los  del 
lugar  con  las  llaves  en  las  manos  al  Gran  Capitán 
y  entregáronle  la  villa  y  la  fortaleza  con  condición 
que  la  gente  del  ejército  no  entrase  dentro  por  que 
no  los  robasen ,  y  que  darían  de  servicio  cinco  mil 
ducados  para  ayuda  de  pagar  la  gente,  y  así  se 
concertaron,  y  quedó  allí  por  Gobernador  y  Al- 
cayde  DonTristan  de  Acuña,  y  pasó  el  campo  ade- 
lante. 

A  primero  de  Julio  se  fué  á  asentar  el  campo  en 
el  Burgo  de  Gaeta ,  año  de  1503,  é  fué  puesto  el 
cerco  á  la  ciudad ,  y  había  dentro  tres  mil  y  qui- 
nientos hombres  útiles  de  guerra,  é  había  mil  y 
quinientos  caballos  é  tenian  hechos  tantos  reparos 
dentro  en  Gaeta  y  en  el  monte  de  ella,  é  tanta  arti- 
llería asentada  que  no  se  podría  decir;  y  era  la 
entrada  tan  angosta  al  lugar  é  monte,  que  causaba 
mucho  peligro,  porque  toda  la  cerca  la  mar,  salvo 
aquella  entrada,  que  podía  ser  un  tiro  de  ballesta 
de  pié. 

Tiraban  al  real  del  Gran  Capitán  de  trece  partes 
con  su  artillería,  de  que  les  facían  muchos  daños, 
en  especial  antes  que  se  asentase  el  artillería  del 
Gran  Capitán,  con  la  qual  después  de  asentada,  les 
derribaron  dos  paños  de  la  cerca ,  con  una  torre  en 
medio,  y  por  allí  acordaron  de  la  combatir ;  y  el  dia 
que  se  acordó  se  halló  que  tenia  el  reparo  que  esta- 
ba dentro  fecho  mas  fuerte  que  la  muralla,  é  por 
aquello  se  dejó  el  combate ;  é  estando  en  el  dicho 
cerco,  vino  la  nueva  como  era  tomado  el  Castil  del 
Ovo. 

CAPÍTULO  CLXXXVI. 

De  como  8e  tomó  el  Castil  del  Ovo  en  Ñapóles. 

A  11  días  de  Julio  se  tomó  el  Castil  del  Ovo  y  fué 
desta  manera:  Que  Pedro  Navarro,  que  allí  habia 


quedado  por  capitán,  les  fizo  una  mina  y  les  pusd 
fuego,  y  cayó  un  gran  pedazo  delantero,  en  que  ca- 
yó el  Alcayde  y  otros  treinta  hombres  con  él,  y  en 
cayendo  arremetió  la  gente  por  lo  caído,  y  lo  toma- 
ron por  fuerza  de  armas  é  ovieron  allí  mucho  des- 
pojo de  armas  é  ropas,  dineros,  vituallas  é  prisione- 
ros ;  é  dende  se  vino  Pedro  Navarro  á  Gaeta. 

Volviendo  á  lo  de  Gaeta. 

Acordó  el  Gran  Capitán  con  los  otros  capitanes 
de  retraer  el  cerco  por  el  gran  daño  que  recibían  del 
artillería  francesa,  ansí  de  la  que  tiraban  de  la  ciu- 
dad, como  de  la  que  tiraban  de  la  armada  de  la  mar, 
ca  como  la  armada  francesa  de  la  mar  era  mas  po- 
derosa que  la  de  España  entonces,  por  eso  no  podía 
allí  venir  la  armada  del  Gran  Capitán,  é  estuvo  si- 
tiada treinta  y  seis  dias,  é  pegado  el  Real  del  Gran 
Capitán  á  la  muralla,  que  en  este  tiempo  ovo  pocas 
escaramuzas,  que  no  osaban  salir ;  una  vez  que  sa- 
lieron hasta  veinte  de  ellos  fueron  atajados  por  los 
ginetes  castellanos,  por  ardid  que  dio  Ñuño  de  Ma- 
ta por  detras  de  unos  jardines  ;  ansi  que  aquellos  se 
tomaron  y  después  no  osaba  hombre  salir,  é  cuan- 
tos salían  no  tornaba  hombre  de  ello  que  no  fuese 
tomado. 

E  vínole  de  socorro  á  la  ciudad  mil  y  quinientos 
hombres  en  dos  carracas  é  cinco  galeones,  á  quatro 
dias  del  mes  de  Agosto,  é  á  cinco  días  del  dicho 
mes  se  retiró  el  real,  é  aquel  dia  murió  el  coronel  d© 
los  alemanes  de  un  tiro  de  la  artillería  francesa, 
que  le  llevó  la  cabeza,  é  el  Real  se  retrujo  á  los  jar- 
dines que  estaban  fuera  del  Burgo  cerca  de  una 
Iglesia  que  se  llama  Santiago.  Otro  dia  se  alzó  da 
allí  y  fueron  una  milla  mas  adelante^,  camino  do 
Castillon ;  é  salieron  aquel  dia  de  Gaeta  hasta  dos 
mil  é  quinientos  franceses  á  dar  en  la  rezaga  del 
campo  de  el  Gran  Capitán  ;  é  el  Gran  Capitán  venia 
á  la  postre,  é  tuvo  su  gente  que  no  volviese  ninguno 
hasta  sacarlos  mas  afuera  del  Burgo  suyo ,  y  des- 
pués que  los  vio  en  el  arrabal  soltó  hasta  quatrocien- 
tos  peones,  los  quales  volvieron  á  ellos  tan  recia- 
mente, que  los  desbarataron  é  hicieron  poner  en 
huida  y  en  el  alcance  mataron  hasta  doscientos  do 
ellos  hasta  meterlos  por  las  puertas  de  Gaeta,  E  ti- 
rado el  Real  de  donde  estaba ,  se  arredró  quatro  mi- 
llas de  Gaeta ,  donde  los  franceses  se  estaban  tan 
cercados  como  de  antes  é  mas  sin  peligro  el  campo 
de  España  de  su  artillería  de  Francia,  y  no  salía 
hombre  de  los  franceses  á  comer  uvas,  que  luego  no 
era  tomado. 

CAPÍTULO  CLXXXVII. 

De  la  traición  que  hicieron  los  de  Roca  Guillermo. 

A  14  de  Agosto  los  de  Roca  Guillermo  enviaron  á 
decir  á  los  franceses  que  estaban  en  Gaeta  é  á  Mon- 
sieur  de  Alegre,  que  les  embiasen  allí  gente  que 
ellos  se  les  darían,  y  prenderían  al  Alcayde  el  qual 
era  Don  Tristan  de  Acuña,  que  sabían  muy  bien  co- 
mo otro  día  habia  do  bajar  á  misa,  y  que  allí  lo  pren- 
derían ,  é  se  lo  entregarían  con  la  fortaleza  ;  y  asi 
como  lo  dijeron  se  concertó :  y  prendieron  á  el  AU 


DON  FERNANDO 
cayde  y  lo  llevaron  al  pié  de  la  fortaleza ,  y  requi- 
rieron á  tres  hombrea  que  estaban  dentro  quo  se 
diesen,  que  sino  que  degoUarian  al  Alcayde ,  y  res- 
pondió uno  de  ellos  que  si  lo  dejaban  de  degollar 
por  falta  de  cuchillo  que  tomasen  su  puñal,  que  les 
echaba,  y  echóles  su  puñal ;  y  que  si  gana  tenian, 
que  lo  degollasen,  que  ni  por  eso  se  le  habia  de  dar 
el  Castillo  hasta  que  se  lo  echaran  encima,  y  que 
ellos  lo  entendían  defender  c  comenzáronles  de  ti- 
rar, E  como  el  Gran  Capitán  supo  la  nueva,  envió 
allá  á  Pedro  Navarro  con  mil  peones  á  socorrerlos,  é 
fué  aquella  noche  por  partes  de  la  sierra  y  llegó 
á  media  noche  á  la  fortaleza ,  y  preguntóles  quien 
vivia  y  dijéronle  los  de  adentro  España,  España  ,  é 
díjoles  estonce  como  era  Pedro  Navarro,  é  fizo  su 
gente  dos  partes,  y  la  mitad  mandó  que  entrasen 
por  debajo  en  la  Villa,  é  el  con  la  otra  mitad  entró 
por  lo  alto,  de  manera  que  de  stis  cientos  franceses 
que  dentro  estaban ,  pocos  escaparon  de  muertos  ó 
presos;  é estos  seiscientos  franceses  que  allí  estaban 
é  vinieron  á  prender  el  Alcayde  é  tomar  la  villa,  en 
la  hora  que  allí  litigaron  enviaron  á  pedir  mas  gen- 
te á  Gaeta,  para  sostener  Roca  Guillermo ,  y  los  de 
Gaeta  les  tornaron  á  enviar  otros  seiscientos  hom- 
bres ;  los  quales  yendo  por  el  camino ,  los  villanos 
de  un  lugar  que  estaba  par  del  camino,  el  cual  se  lla- 
ma Itro,  supieron  el  desbarato  que  habia  echo  Pedro 
Navarro  en  los  de  Roca  Guillermo ,  é  pusiéronse 
ellos  en  un  paso,  y  prendieron  y  mataron  todos  los 
seiscientos  franceses,  que  iban  al  socorro ;  y  con  los 
que  prendieron  vinieron  ante  el  Gran  Capitán ;  é 
traíanlos  atadas  las  manos,  y  muchos  de  ellos  traían 
mugeres  que  se  habían  hallado  aquel  día  al  pozo 
peleando ;  é  así  entraron  aquel  día  al  Gran  Capitán 
por  Castellón  donde  estubieron  fasta  cinco  de  Oc- 
tubre. 

CAPÍTULO  CLXXXVIII. 

De  como  el  Duque  Valentino  escribió  al  Gran  Capitán. 

Murió  el  Papa  Alejandro  á  18  días  de  Agosto,  año 
susodicho  de  1503,  y  el  Duque  Valentino,  su  hijo, 
escribió  al  Gran  Capitán  ofreciéndose  al  servicio  del 
Rey  de  España,  y  envió  á  llamar  á  Próspero  Colona 
diciendo  que  le  quería  entregar  su  estado,  é  con 
esto  el  Gran  Capitán  envió  al  Próspero  Colona,  é  con 
él  á  Don  Diego  de  Mendoza,  con  muy  buena  gente  de 
hombres  de  armas  y  peonaje.  Y  después  de  la  muer- 
te del  Papa  Alejandro  eligieron  por  Papa  en  Roma 
aun  Cardenal  muy  viejo,  é  ovo  alguna  contienda 
en  la  elección  entre  los  Cardenales,  é  detúvose  la 
elección  algunos  días,  é  en  cabo  eligieron  al  dicho 
Cardenal,  el  cual  se  llamó  Pió  tercero,  é  murió  quo 
aun  no  vivió  treinta  dias  cabales ;  é  después  eligie- 
ron al  Papa  Julio  Segundo,  quo  fué  el  Cardenal  de 
Vincula  Sancti  Petri ;  ó  la  gente  que  llevó  el  dicho 
Próspero  Colona  para  Roma,  que  el  Gran  Capitán 
dio,  fueron  quinientos  hombres  de  armas  é  doscien- 
tos ginetes,  é  dos  mil  y  quinientos  infantes  de  or- 
denanza, y  cuando  llegaron  ya  habían  elegido  Papa 
en  Roma,  ca  Próspero  Col-^na  iba  onn  su  intención 


É  DOÑA  ISABEL.  70§ 

de  dar  favor  al  Cardenal  Colona  8U  hermano  para 
si  pudiese  ser  Papa.  El  Próspero  Colona  y  Don  Diego 
de  Mendoza,  con  toda  aquella  gente  entraron  en 
Roma,  y  el  Duque  Valentino  después  de  les  haber 
entregado  el  Próspero  lo  suyo,  acordó  de  se  ir  par» 
los  franceses  que  venían  al  socorro  de  Gaeta,  y  allí 
conocieron  el  engaño  del  Duque  Valentino. 

B  los  españoles  en  Roma,  vino  el  grande  socorro 
de  Francia  que  venia  á  Gaeta,  é  cerraron  las  puer- 
tas de  Roma  los  de  la  ciudad  que  no  los  dejaron  en- 
trar hasta  que  saliesen  Próspero  y^Don  Diego^de  Men- 
doza ,  y  así  salidos  de  Roma  se  volvieron  al  Gran 
Capitán. 

Partió  el  Gran  Capitán  de  Castellón,  Viernes  á  6  de 
Octubre,  é  como  supo  la  venida  de  los  franceses,  é 
fué  aquella  noche  al  rio  Careliano,  y  otro  día  pasó 
el  rio  é  fué  á  Roca  de  Vanda,  que  estaba  por  los 
franceses,  y  así  dejó  gente  sobre  ella  é  se  pasó  otro 
día  Domingo  á  San  Germán,  é  allí  se  hizo  fuerte. 

Viernes  á  13  dias  del  mes  de  Octubre  se  juntó  la 
gente  francesa  toda,  así  los  que  venían  como  los  de 
Gaeta,  al  río  Careliano.  Venia  por  Capitán  general 
de  la  gente  del  socoro  el  Marqués  de  Mantua,  é  fizó- 
se un  muy  gran  número  de  gente  é  muy  armada  é 
con  mucha  artillería,  porque  allende  de  la  gente 
francesa,  venia  gente  de  Florencia  ó  Boloña,  é  Sena, 
é  Mantua,  é  Ferrara,  donde  es  cierto  que  era  muy 
mayor  ejército  que  no  el  del  Gran  Capitán,  é  toda 
la  dicha  gente  junta  pasó  aquel  dia  el  rio  Garellano, 

CAPÍTULO  CLXXXIX. 

De  Roca  Seca,  y  de  lo  que  ende  acaeció. 

Asentaron  los  franceses  cerco  sobre  Roca  Seca  á 
15  del  dicho  mes,  que  es  junto  con  el  Careliano,  y 
tenia  puestos  allí  el  Gran  Capitán  mil  é  doscientos 
hombres,  y  los  capitanes  de  ellos  eran  Pizarro ,  Ví- 
llalva  ,  Zamudio,  Mercado  y  Espejo.  E  el  Marqués 
de  Mantua  lea  envió  un  trompeta  amonestándoles 
que  saliesen  é  dejasen  el  lugar,  donde  no,  que  los 
haría  piezas  si  lo  tomaba ;  esto  era  por  que  primero 
al  pasar,  cuando  la  gente  de  Francia  pasó  por  allí 
viniendo  de  Roma,  les  habia  fecho  otros  requeri- 
mientca  que  sacasen  provisiones  al  campo,  y  ellos 
respondieron  que  no  habia  provisiones  alli,  que  fue- 
sen á  San  Germán  que  allí  se  las  darían  ;  é  como  vie- 
ron venir  el  trompeta,  Villalva  y  Pizarro  salieron  á 
él  é  oida  su  embaxada ,  Villalva  sacó  un  cordel ,  y 
con  él  lo  ahorcaron  de  un  olivo,  de  lo  qual  el  Mar- 
qués recibió  muy  grande  enojo  de  la  muerte  del 
trompeta,  porque  era  hombre  á  quien  tenia  mucho 
amor,  y  decía  que  no  daría  vida  á  ningún  español 
que  tomase,  é  acordó  luego  de  combatirlos,  é  luego 
batió  la  artillería  ó  allanólea  un  gran  pedazo  de  la 
muralla  ;  y  luego  los  franceses  apretaron  el  comba- 
te ;  é  los  españoles  no  tan  solamente  se  contentaron 
con  defender  el  lugar ,  mas  salieron  á  pelear  é  ficié- 
ronlos  retraer  fasta  detrás  de  su  artillería,  é  matáron- 
le-? mas  de  quatrocientos  hombres,  é  ganáronles  la 
artillería,  é  porque  cargó  todo  el  exército  é  era  me- 
nester mucha  gente  para  arrancarla,  no  la  pudiercr| 


710 


CRÓNICAS  DE  LOS  RE  ÍES  DE  CASTILLA. 


llevar,  y  asi  tornaron  al  dicho  lugar  con  esta  victo- 
ria, é  estuvieron  allí  los  franceses  en  la  llana  de 
Koca  Seca  impedidos  con  las  muchas  aguas  que  11o- 
via,  que  llovió  en  aquel  medio  tiempo  tantas  aguas 
que  era  espanto ;  y  el  Gran  Capitán  nunca  hacia 
Bino  pensar  cómo  les  burlaria,  y  los  franceses  traba- 
jaban de  dar  batalla,  y  el  Gran  Capitán  decia :  si 
jne  quieren  aqui  estoy ;  los  quales  nunca  osaron  ir 
donde  estaba  el  Gran  Capitán.  E  otro  dia,  después 
de  la  pelea  susodicha,  acordáronlos  franceses  de 
tornar  á  combatir  á  Roca  Seca,  é  súpolo  el  Gran 
Capitán  que  estaba  ocho  millas  de  allí,  como  dicho 
es,  en  San  Germán,  y  acordó  de  venir  á  los  socor- 
rer luego  si  les  diesen  el  dicho  combate ;  é  supiéron- 
lo, é  díjose  por  el  Real  de  los  franceses  que  venia  el 
Gran  Capitán  sobre  ellos,  é  levantaron  el  Real  é  tor- 
naron á  pasar  el  Careliano,  é  como  el  Gran  Capitán 
ya  venia  é  supo  la  levantada  del  exército  de  los 
franceses,  volvióse  para  San  Germán,  donde  á  dos 
dias  tornaron  otra  vez  los  franceses  á  pasar  el  Ga- 
rellano  hacia  la  parte  donde  estaba  el  Gran  Capi- 
tán, é  fueron  á  aposentar  á  un  lugar  que  llaman 
Aquino,  de  donde  fué  Santo  Thomás  de  Aquino,  que 
era  seis  millas  de  San  Germán ;  é  des  que  vieron  que 
el  Gran  Capitán  estaba  de  asiento ,  f uéronse  de  allí 
é  retrajéronse  hasta  Ponte  Corvo  que  estaba  quatro 
millas  atrás,  é  á  causa  de  ser  el  dia  muy  lluvioso,  ó 
muy  fortunoso  de  aguas  é  Jvientos,  no  los  alcanzó 
el  Gran  Capitán,  é  no  se  dio  batalla  ;  que  así  como 
Be  supo  que  se  movia,  salió  de  San  Germán  con  toda 
la  gente  ,  é  fué  tanta  el  agua  que  llovió  aquel  dia, 
que  aunque  el  Gran  Capitán  se  dio  priesa,  no  pudo 
allegar  hasta  que  los  franceses  acabaron  de  pasar  el 
lio,  é  desque  esto  vido  se  volvió  á  San  Germán. 
jEsto  fué  á  21  dias  del  mes  de  Octubre,  é  de  allí  en- 
vió estonces  socorro  á  Pedro  de  Paz ,  capitán  que 
estaba  del  cabo  de  Careliano,  é  envióle  doscientos 
ginetes  é  por  capitán  de  ellos  á  Figueredo,  Alcayde 
de  Morón ,  y  en  su  compañía  al  capitán  Carbajal, 
porque  creyó  que  los  franceses  iban  allá  sobre  ellos 
»1  castillo  que  estaba  cabe  la  puente,  por  donde  ha- 
bían de  pasar ;  y  el  dicho  Pedro  de  Paz  tenia  sus 
reparos  hechos  de  la  parte  de  Ñápeles,  en  canto  del 
agua  con  sus  minas,  por  donde  andaban,  por  causa 
de  la  artillería  que  los  franceses  allí  habían  envia- 
do delante,  la  qual  les  daba  mucha  guerra  y  todo 
cuanto  en  el  castillo  tenían  pasaron  á  las  minas;  y 
tenia  consigo  doscientos  hombres  de  armas,  é  qui- 
nientos soldados  del  Reamen,  los  quales  como  vie- 
ron venir  los  franceses ,  tan  de  hecho  desampararon 
pus  reparos  y  comenzaron  á  huir,  que  si  los  hombres 
de  armas  allí  no  estubieran,  pasaran  los  franceses  á 
donde  quisieran ;  lo  qual  como  Pedro  de  Paz  vido 
huir  los  villanos,  cabalgó  en  un  caballo  y  comenzó  á 
detenerlos  á  palos  y  lanzadas,  los  quales  dejaron  las 
armas  y  votaban  á  huir  que  no  podía  con  ellos;  tanto 
fué  el  miedo  que  ovieron  de  la  mucha  gente  france- 
ea,  y  gran  artillería  que  vieron  venir  ;  é  allí  le  mata- 
ron á  Pedro  de  Paz  el  caballo  de  un  tiro  de  artillería; 
é  tomó  luego  otro  trabajando  por  volver  alguna 
gente,  y  fueron  muy  pocos  los  que  volvieron. 


E  llegados  los  franceses,  trabajaron  de  pasar  la 
puente  de  piedra,  é  Pedro  de  Paz  con  los  que  tenia 
la  defendieron  muy  esforzadamente ,  é  fué  cosa  de 
maravilla  que  á  tanta  gente  la  pudieron  defender ; 
y  con  la  gente  que  el  Gran  Capitán  les  envió,  como 
dicho  es,  de  socorro  ,  se  esforzaron  mucho  é  la  de- 
fendieron ,  ó  pelearon  con  los  franceses  tres  dias 
con  sus  noches  á  botes  de  lanzas,  sobre  la  puente,  y 
siempre  la  defendieron  hasta  tanto  que  el  Gran 
Capitán  vino  y  se  asentó  á  vista  de  los  franceses  á 
tres  tiros  de  ballesta  del  Careliano  de  la  parte  don- 
de estaban  los  españoles,  é  mandó  á  Pedro  de  Paz 
que  dejase  la  puente  desamparada  para  que  pasasen 
si  quisiesen  los  franceses ;  é  estonce  asentó  bien  su 
campo  y  mandó  á  Pedro  Navarro  quemase  la  puen- 
te, el  cual  fué  y  quemó  lo  que  era  de  madera  ;  y  los 
campos  asentados  uno  de  un  cabo  del  rio  y  otro  del 
otro,  el  Gran  Capitán  mandó  asentar  el  artillería  ha- 
cia los  franceses,  y  tirar,  y  así  mismo  hacían  los  fran- 
ceses, donde  se  mataba  harta  gente,  y  fué  maravi- 
lla que  en  cuanto  tiempo  allí  estubieron  los  campos 
el  uno  á  vista  del  otro,  no  murió  hombre  del  campo 
del  Gran  Capitán  de  tiro  de  la  artillería  francesa, 
salvo  un  dia  que  á  causa  de  la  gran  hambre  que 
había  en  el  campo  del  Gran  Capitán,  toda  la  mas  do 
la  gente  andaba  fuera  del  campo,  buscando  provi- 
siones para  comer,  é  los  franceses  sintieron  la  fla- 
queza de  la  hambre  y  necesidad  que  en  el  campo 
del  Gran  Capitán  había,  y  ordenaron  de  pasar  so- 
bre una  puente  que  habían  hecho  sobre  galeras  en  lo 
quebrado  de  la  puente ;  y  pasaron  á  mas  andar 
cuantos  pudieron ,  y  el  Gran  Capitán  desque  supo 
que  pasaban  mandó  tocar  las  trompetas  y  tambo- 
res, el  qual  se  halló  con  muy  poca  ¿fente,  que  en 
todo  su  campo  no  había  de  hombres  de  armas  é  gi- 
netes é  infantes  cinco  mil  hombres,  con  los  qualea 
fué  á  la  puente,  y  ya  habían  pasado  hasta  quatro  mil 
franceses  en  los  quales  dio  é  peleó  con  ellos  en  qu© 
los  desbarató  ;  é  de  muertos  é  de  ahogados  ovo  en 
los  franceses  mas  de  dos  mil,  que  por  huir  se  lanza- 
ban en  el  agua,  en  el  rio,  y  todo  esto  á  vista  del  cam- 
po de  los  franceses,  el  rio  en  medio,  é  asestada  su 
artillería  é  flechería  de  los  franceses. 

El  Gran  Capitán  andubo  en  esta  pelea,  peleando 
á  pié,  con  una  alabarda  en  las  manos,  como  muy 
esforzado  varón,  y  llegó  hasta  la  puente  peleando, 
y  no  cesó  hasta  que  los  hizo  tornar  á  pasar  de  la 
otra  parte,  é  ovo  banderas  de  las  del  Gran  Capitán 
que  pasaron  detras  de  los  franceses  á  la  otra  parte 
con  ellos  ;  y  el  Gran  Capitán, des  que  vido  la  buena 
ventura  y  el  vencimiento  que  Dios  le  había  dado, 
mandó  tocar  las  trompetas  á  retraer  toda  su  gente: 
y  al  volver  que  se  volvían  disparó  la  gran  artille- 
ría francesa,  é  matóles  treinta  hombres  de  ordenan- 
za é  dos  ginetes  é  cinco  hombres  de  armas  :  é  lue- 
go esa  noche  volvió  á  mandar  el  Gran  Capitán  á 
Pedro  Navarro  que  fuese  y  quemase  aquella  puen- 
te, el  qual  fué  y  la  quemó  aquella  noche  con  toda  la 
guardia  que  en  ella  estaba  guardándola,  de  lo  qual 
los  franceses  fueron  muy  espantados,  y  llenos  de 
temor,  y  de  alli  en  adelante  no  curaron  de  hacer 


DON  FERNANDO 
toas  puentes.  E  des  que  el  Marqués  de  Mantua,  Ca- 
pitán general  de  los  franceses,  vido  la  ferocidad 
del  Gran  Capitán,  y  de  todos  los  suyos,  y  de  como 
Be  metían  tan  sin  temor  en  los  franceses  y  no  les  te- 
mian,ni  á  sus  grandes  artillerías  dijo:  «agora  creo 
yo  que  ios  españoles  no  son  hombres ,  sino  diablos, 
pues  que  pocos  á  muchos,  ni  muchos  á  pocos  ningún 
temor  enseñan  »;  é  como  caballero  docto  é  diestro  en 
la  guerra,  que  él  era,  conoció  la  gran  prudencia  del 
Gran  Capitán,  y  su  muy  grande  esfuerzo  y  habili- 
dad, y  la  obediencia  y  lealtad  y  muy  buena  volun- 
tad que  todos  los  españoles  le  tenían,  é  vido  la  gran 
gana  con  que  todos  peleaban,  conoció  que  era  im- 
posible los  franceses  prevalecer  en  esta  demanda, 
cuanto  y  mas  por  las  victorias  habidas  por  el  Gran 
Capitán,  que  en  recordarse  de  ellas  no  había  cora- 
zón contra  el  Gran  Capitán  ni  sentido  que  bastare, 
y  fingió  que  estaba  malo  y  que  se  quería  ir  á  Roma 
á  curar,  de  lo  qual  los  franceses  fueron  muy  mal 
contentos  é  ovieron  enojo.  Mosiur  de  la  Tramulla, 
é  Mosiur  da  Alegre,  é  Mosiur  de  la  Vite  é  otros  ca- 
pitanes, diciendo  contra  el  Marqués  de  Mantua  que 
para  qué  se  había  encargado  del  campo  si  entendía 
dejallo  ;  el  qual  respondió  que  el  había  prometido 
al  Rey  de  Francia  de  descercar  á  Gaeta ,  y  que  ya 
lo  había  hecho,  que  el  no  quería  pelear  con  el  Gran 
Capitán,  ni  con  los  españoles,  que  ya  los  conocía,  y 
con  esto  se  despidió,  y  se  fué  en  Roma,  y  quedaron 
por  capitanes  mayores  Mosiur  de  la  Tramulla,  é  Mo- 
siur de  Alegre ,  é  por  Capitán  ¡general  sobre  todos 
el  Marqués  de  Salucia,  que  era  Mosiur  de  Saluces. 

Antes  desto  el  Domingo,  6  días  del  mes  de  No- 
TÍembre,  había  entrado  el  Gran  Capitán  en  consejo 
con  los  otros  sus  capitanes  sobre  ver  lo  que  se  debía 
facer  sobre  las  muchas  necesidades  que  había  en 
el  Real,  á  la  qual  causa  la  gente  se  iba,  y  el  parecer 
de  todos  los  capitanes  fué  que  se  retragesen  atrás 
á  la  ciudad  de  Capua  que  es  muy  fuerte,  y  que  allí 
86  podía  sofrir,  y  que  allí  esperasen  á  los  franceses, 
6  esperasen  á  que  pasase  el  tiempo  fortuno ;  é  res- 
pondió el  Gran  Capitán,  después  quo  todos  habían 
dicho,  é  dijo:  «Señores,  lo  que  á  mí  me  parece  es  que 
nunca  Dios  quiera  que  tal  cosa  se  haga,  que  yo 
acuerdo  de  antes  ganar  dos  pasos  adelante,  aun- 
que sean  para  mi  sepultura,  que  tornados  atrás  para 
mi  salvación  y  remedio»:  y  con  este  acuerdo  queda- 
ron el  Domingo  5  días  del  mes  de  Noviembre,  un 
día  antes  de  la  batalla;  y  luego  Lunes  6  de  Noviem- 
bre fué  la  dicha  batalla  de  la  puente,  que  los  fran- 
ceses hicieron  como  dicho  es. 

CAPÍTULO  CXC. 

De  como  se  tomó  á  Gaeta. 

Martes  siguiente,  á  7  de  Noviembre,  se  pregonó 
la  batalla  en  el  campo  del  Gran  Capitán  contra  los 
franceses,  porque  ellos  la  enviaron  á  demandar  al 
Gran  Capitán,  é  el  Gran  Capitán  se  la  otorgó,  y  les 
envió  á  decir  que  él  se  proferia,  que  hasta  que  toda 
BU  gente  fuese  pasada  y  toda  su  artillería,  que  nin- 
gún acometimiento  les  faria.  por  ende  que  todog 


É  DOÑA  ISABEL.  711 

pasasen  que  á  todos  juntos  quería  esperar,  y  aco" 
meter  ;  é  los  franceses  no  osaron  pasar,  é  por  mos- 
trar cora